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  • En pijama y zapatillas

    En pijama y zapatillas

    Se pasea en casa mi esposa
    en pijama y zapatillas, 
    y yo la miro a hurtadillas:
    ya mi vista va y la acosa. 
    Ah, mi esposa, qué preciosa;
    la veo un ratito y me empalmo, 
    si no follo no me calmo, 
    le diré algo por probar. 
    Esta noche quiero amar, 
    que su cuerpo sea mi ensalmo.
    Le hablo de la lejanía
    que siento de los placeres, 
    siendo que estos menesteres
    deben ir en sintonía.
    Me habla de que su día a día, 
    demasiado complicado, 
    tiene su tiempo ocupado, 
    «yo te amo, querido mío».
    Le hablo que su piel ansío. 
    Me habla «yo estoy de tu lado».
    Me acerco a ella muy despacio;
    me mira y está confundida, 
    tiene la vista perdida:
    voy reduciendo el espacio.
    Mi físico era antes lacio, 
    ya se va robusteciendo:
    mi polla ya está creciendo;
    su boca empapa mi baba. 
    Elvira, que antes no estaba, 
    me da su boca gimiendo.
    Libres del sujetador, 
    ella sus tetas ofrece. 
    Las chupo como merece, 
    entusiasmado fervor. 
    Me quiere hacer un favor
    y comienza una mamada. 
    Ah, sí, cuánto lo deseaba,
    ahora parece una zorra.
    Quieres que pronto me corra, 
    mas quiero follarte amada.
    En la cama la desnudo;
    voy a sus muslos impaciente; 
    le lamo el chocho caliente;
    a mí me gusta peludo.
    Y que me llamen suertudo 
    porque penetro en Elvira:
    dentro dentro es una pira, 
    qué me arde polla y cabeza.
    Follo a mi amor con fiereza, 
    y ella suspira, suspira.
    «Oh, querido, más, oh deo», 
    dice Elvira mientras yo…, 
    «Oh, querido, más, más, no
    pares», de gusto jadeo.
    De fondo escucho el jaleo
    del somier y el cabecero, 
    ecos de un amor sincero
    que se consuma en el acto.
    Me voy a correr ipso facto:
    «uf, Elvira» y fue el primero.
    No necesito decir
    «follamos toda la noche»;
    eso fue todo un derroche
    de semen, líquidos fluir. 
    Tampoco quiero insistir 
    en la atracción que profeso
    a mi esposa: soy un obseso, 
    (ahí está, viene del trabajo). 
    Ahora me he puesto debajo 
    y ella me goza, pues eso. 

  • Cuanto deseo

    Cuanto deseo

    Amo verte así cuando estamos en cualquier lugar. Hoy en particular, en la universidad. Adoro la forma tan conservadora de lucir tus curvas, tu hermoso cuerpo, como deseo que sea mío otra vez. Vas de forma tan provocadora, solo yo soy capaz de notarlo. Ante la vista de los demás, te ves tan normal, una chica entre el montón tal vez, para mí, una mujer con una feminidad tan grande como mis ganas de tomarte entre mis brazos y comerte a besos.

    Hoy te he notado de nuevo, deseando que me veas, lo erecto que me pones. Te deseo a cada paso. Imagino como seria estar de nuevo contigo. Como deseo enserio que nos apartemos de todos y nos pongamos creativos al besarnos. Ya no es besarnos sino comernos la boca. Tu lengua peleando con la mía, mi lengua provocando tu delicado cuello, mi lengua lamiendo tu oreja, mi lengua no se calma contigo. Solo imagino, como seria llevarte a un lugar apartado de todos, estar solos como hace mucho no lo estamos. Te sientas en una mesa para quedar a mi altura, acercarme tomándote del cuello con una ligera presión para aumentar tu adrenalina y tu deseo.

    Pegar mi cuerpo con el tuyo, notar nuestro calor en un momento de inevitable ardor de pasión. Te sostengo del cuello y te acerco a mi cara mientras yo me acerco a la tuya. Ese aroma, tan embriagante. No podemos dejar de vernos a los ojos desviándonos de vez en cuando a nuestros labios porque ambos sabemos que es ahí donde empieza nuestra pasión. En silencio, solo una respiración agitada, tantas emociones, tanto calor, siento que el pantalón me aprieta y comienzo a frotarlo lentamente en el calor de tu paraíso. Tomo la iniciativa, lentamente me acerco a tus labios con mis labios palpitando, deseando desfogar tanta tensión.

    Siento tu respiración tan cerca de mis labios, no puedo con tanto, solo estoy tentándote, pero a la vez me frustra no estarnos besando, desgarrando nuestra ropa, coger con tanta desesperación hasta acabar jadeando y sudorosos, creyendo que nuestros gritos no los escucho nadie aun sabiendo que era imposible ocultar nuestra pasión. Al fin, tocó con mis labios ardiendo los tuyos que son de fuego, abrimos la boca con los ojos cerrados, disfrutando cada centímetro de nuestras bocas pegadas. Esa humedad tan caliente, característica de un beso cargado de sentimientos.

    Llevamos el ritmo en aumento, ya no solo participan nuestros labios, nuestras lenguas calientes peleando su lugar. Tomas mi cabeza por detrás con tu delicada mano y me presionas hacia ti.

    Es inevitable, estamos desencadenando toda la lujuria guardada por tanto tiempo. Inconscientemente, nuestros cuerpos se mueven a un mismo ritmo, te tengo agarrada de la cintura, que delicioso beso, nuestras cabezas giran de un lado a otro sin separar nuestras bocas y la saliva va entrando en el juego para arrastrar cada vez más nuestros labios. Aquella saliva que más tarde jugará un papel aún más importante del que hace en estos momentos. Nos pegamos cada vez más, nuestras respiraciones dejan de estar cada vez más fuertes para convertirse en pequeños gemidos de placer. No puedo con tanto, adoro tus labios, pero tu cuerpo se sentirá celoso de que no lo beso también. Bajo a tu cuello y recorro cada parte con mi lengua. Subo hasta tu oreja y de forma juguetona la muerdo un poco.

    Saco mi lengua y procedo a darte un estímulo generoso en esa área, para acabar diciéndote en un suspiro con voz ronca “cuanto te deseo”. Esto estremece tu cuerpo, me separo para admirar esa fase tuya de alto éxtasis. Tus gemidos no se hacen esperar, tienen bastante resonando en aquel salón de clases. No abres los ojos, no retiras tus manos de mi cuerpo, esto me permite seguir un poco más. Bajo con mi lengua recorriendo tu cuello hasta llegar al triángulo de las bermudas, cualquier hombre se sentiría perdido en una zona tan peligrosa como esa. Decido separarme, quiero admirarte una vez más antes de proceder.

    Esa figura, despeinada, roja, caliente, tan hermosa, tan mía. Me alejo solo un poco más mientras subes tu mano derecha para de forma coqueta morderte un dedo. Te bajas del escritorio víctima de nuestra pasión incontrolable y la alta adrenalina de lo prohibido de nuestras acciones. “Te tengo una sorpresa” dices al fin con una mirada provocadora y lasciva, una sonrisa con tintes pícaros.

    Procedes a quitarte la blusa mientras sin quitarte la mirada de encima atraigo una silla y así admirar un precioso espectáculo que venía. Con un lento pero sensual ritmo te despojas de toda tu ropa, es increíble como todo el día estuviste vestida así para mí, una fina y perversa lencería negra con mallas y ligueros, una tanga metida de forma perfecta para mi deleite y un brasier que parecía listón de regalo que ridículamente apenas ocultaba tus pezones, pero este supuesto misterio no hacía más que aumentar mi calentura. Por fuera, una vestimenta conservadora que aparenta ser niña buena y por debajo una deliciosa lencería digna de la más perversa mujer.

    Así eres tu, dulce por fuera, perversa por dentro. Te acercas con un contoneo sensual, cada paso que das marca los latidos de mi corazón inquieto por descargar tanta pasión acumulada. Intento pararme de la silla para tocarte toda y procedes a empujarme con tu mano derecha que antes me parecía tan delicada y ahora tiene control sobre mí. Te sientas arriba de mí, de frente, poniendo tus manos sobre mis hombros y acercando tus labios a los míos de la manera más provocativa posible, aunque a este paso, cualquier cosa que hagas me tiene en un trance de pura provocación.

    Me comes entera la boca, dominas todo con tu lengua tan juguetona y caliente. Te tomo de la cintura mientras poco a poco bajo a mi zona favorita de tu hermoso cuerpo. Tomo con mis manos aquella retaguardia que todo el día me tenia como loco. Hago círculos con mis manos acercando intencionalmente mis dedos tanto a esa zona húmeda y prohibida. Aumentas tus besos, aumento mis intenciones. Me salto la tanga, no puedo hacerte esperar tanto y procedo a tocar toda la extensión de tus labios vaginales.

    Separas tu boca un momento para soltar un gemido de satisfacción, pero querida, este momento ya es mío, eres mía. Subo mi mano libre recorriendo tu espalda, pensaba en desatar tu brasier, aunque prefiero dejarlo un rato más. Subo por detrás de tu cuello y aprieto un poco para atraerte a mi boca de nuevo; no hemos acabado. Mi mano en tu deliciosa vagina ya esta mojada de lo mucho que la he masajeado, es un excelente momento para meter mis dedos en el paraíso. Mientras hago esto sueltas un gemido fuerte de placer, pues metí dos de mis dedos sin problema y los muevo con habilidad dentro de ti para que alcances el mayor placer del momento. Bajas tu cabeza cerca de mi pecho, yo no lo permito, te agarro del cabello y jalo fuerte hacia abajo.

    Parece que te gusta mientras sientes mis dedos en tu interior y otro dedo travieso aparece para masajear tu clítoris en círculos pequeños. Aumentas tu respiración, tus gemidos, tus ojos cerrados, tu sudor en nuestros cuerpos se hace presente. Aprovechando la situación y sin soltarte del cabello, tengo tu cuello a mi disposición para mi deleite aparte de todo lo anterior. Paso mi lengua con cierta presión en medio para que sientas como si quisiera de cortar un poco tu respiración mientras gimes con amplitud y sopleteas por el calor. Tus manos no atinan más que tomarme de la cabeza de pegar tus pechos a mi cara. Tus caderas se mueven inquietas rozando un poco mi erecto miembro aun prisionero debajo del pantalón.

    Suelto al fin tu cabello, ya sabes a donde voy, lo he estado esperando. Impacientemente suelto al fin tu brasier y sin mucha admiración, falta de cortesía de mi parte a rasgos de la excitación, hago a mi merced lo que mi boca quiera con tus pechos. Lamo en círculos, muerdo y aprisiono uno por uno tus pezones tan delicados. Es tan sencillo, están tan erectos para mí. Esos dedos dentro de ti tienen rato que, en vez de jugar adentro, entran y salen; acelero el movimiento, quiero que llegues, quieres que te haga venir. Entre gemidos, jadeos y un agresivo movimiento de parte de tus caderas que hasta hacen que la silla de mueva, me dices “dímelo, quiero venirme mientras me lo dices”.

    Este es un llamado de que tu primer orgasmo esta en puerta, tocando con todas sus fuerzas para salir. Me doy mi tiempo acelerando mis movimientos, meto y saco mis dedos, adentro masajeo tu punto G mientras tu amado clítoris ya esta palpitante ante tu inevitable orgasmo. Saco de mi boca tu pezón húmedo víctima de mis lamidas y al fin te complazco cuando lo veo oportuno “quiero que te vengas para mí, perrita”. Tengo mis dedos adentro cuando empiezas a temblar incontrolablemente, callas tus gemidos para proceder a casi gritar mientras con tus manos aprietas la camisa que tengo puesta. Muevo lentamente mis dedos para sacarlos de tu vagina, toda mi mano está completamente mojada de tus fluidos. Tu orgasmo bajo de intensidad y quedas reposada con cuerpo completo cobre el mío mientras respiras agitada.

    Algo agitado también, alcanzo a decirte sobre tu oído casi como un suspiro “tu turno”.

  • A cien grados

    A cien grados

    Ella se llama Carla. Hermosa morocha de 20 años, baja con unas curvas deliciosas con unas tetas de buen tamaño y un culito de ensueño. Yo me llamo Martín, 23 años, alto, joven y con ganas de garchar cada vez que puedo con mi novia.

    Esta aventura nos sucedió hace un par de años, los dos éramos jóvenes y como cualquier relación que recién comienza, con mucha calentura de por medio.

    Jueves de diciembre. Yo no había ido a trabajar porque era un día no laboral en mi empresa, mientras que ella no estaba trabajando, solo estudiando y para esa época del año ya había terminado. Decidimos encontrarnos en su casa, o mejor dicho en la de sus viejos, ella vivía con su papá, mamá y perra en una tranquila casita del barrio de Almagro.

    -Che hace calor, ¿por qué no nos damos una duchita?

    -Nono, mirá si mamá viene.

    -¿Por qué vendría? Está trabajando, hasta el mediodía seguro no viene y tu viejo menos, no sale de la oficina hasta la tarde.

    -¡Qué lástima! Tenía ganas… bueno, me voy a pegar una ducha yo -le dije mientras le sonreía a Car y me dirigía al baño. Mi anzuelo lo había dejado, carnada estaba puesta, ahora con un poquito de suerte ella picaba…

    Unos pocos minutos que llevo en la ducha y en lugar de escuchar el ruido de la tele prendida, hay silencio… sonrió, confió y todo mi cuerpo comienza a tensionarse.

    Rápidamente se mueve la mampara de la ducha y me devuelve una sonrisa Car, ya completamente desvestida con su cuerpo pidiéndome a gritos ser tomado. Le tiendo la mano para entrar y ya bajo el agua nos unimos en un profundo beso. Mis manos recorren su espalda pero sin lugar a dudas se detienen en su cola, acariciándola primero, pero con el paso de los segundos comenzando a masajearlo y apretarlo. Ella mientras tanto apoya sus manos en mi pecho y baja acariciándome hasta llegar a donde quería realmente: lo toma conociéndose dueña de él, con respeto pero intensidad, y comienza a masajearlo.

    Con el paso de los segundos las respiraciones se volvieron más entre cortadas, yo comencé a besarle el cuello mientras ella casi susurrando me decía: -Sos terrible eh… no pude contenerme… no pensé hacer esto hoy…

    Yo ya quería cogerla, pero sabía que recién arrancábamos y había que ir subiendo la temperatura. Con sus palabras, me prendieron más, asi que junto a los besos en su cuello hice propia sus tetas. sus pezones bien erectos como ya tenía yo mi miembro. La clave del éxito es no pasarse de revoluciones antes de tiempo, asi que fui tocándolas suavemente con mis dedos, en forma circular alrededor de los pezones. Sus movimientos bruscos eran señales de que iba por el camino correcto. Era momento de dirigirme a su vagina. Mientras mi mano derecha fue hacia abajo, mi izquierda fue a su cintura y mi boca a sus tetas.

    Sus brazos se tensionaron hacia los laterales de la ducha, ya no podía aguantar más que para mantenerse de pie y gemir con ganas. Mi lengua saboreaba sus pezones y le realizaba mordisquitos a los mismos. Mientras tanto, un dedo y rapidamente dos, entraban y salían en su vagina con intensidad creciente.

    -Ay dios, Martín, me vas a matar… cogeme, por favor… cogeme

    -¿Si? ¿Te gusta? le susurraba en su oído mientras mis dedosse movían con mucha facilidad.

    -¡Me encanta!, gritaba acompañado de unos gemidos enajenados.

    Yo no podía más de calentura tampoco, asi que me frené y di un paso para atrás. Ella recobró un poco su postura y con una mirada casi ida se arrodilló ente mi y enseguida se embucó adentro mi pija. Iba y venía como si le fuera imposible contenerse. EL agua de la ducha ya parecía que hervía porque nosotros éramos fuego. Acompañaba su movimiento con una mano en su nuca mientras le decía:

    – ¿A ver cómo me mostrás que la querés? Dale, dale, dale.. sos una putita bárbara… ¿Sabés ahora cómo te voy a coger?

    – ¿Me vas a dar duro? me respondió sacándose el paquete de la boca y con un tono de inocente y sonrisa picarona que me impactó.

    -Vení que te muestro. Le dije ya no pudiendo más. Tenía la pija bien dura y quería cogerla.

    Apoyó sus dos manos contra la pared y e inclinó su cola para mi. La agarré y fui metiendole la pija de a poquito hasta llegar al fondo. Me acerqué con la pija adentro hasta su oído, le mordisquié la oreja y le dije: -Quiero que escuchen hasta tus vecinos.

    Y empecé a garcharla como nunca lo había hecho. Agarrándola fuerte de la cintura mentía toda mi pija con fuerza y ella respondía con un gemido. EL movimiento era acompañado por el agua de la ducha pero que de ninguna manera ahogaba los gritos de Car.

    -¿Quién es mi puta?

    -¡YO!

    -¿Te gusta?

    -Si, si cogeme por dios.

    Termina esa frase y escuchamos la cerradura de la puerta. Fueron unos segundos que parecieron minutos que nos frenamos y separamos e hicimos inmediato silencio.

    No podía ser, su mamá no volvía hasta el mediodía. Ella luego de trabajar pasaba al mediodía almorzaba algo y volvía a salir. Pero serían alrededor de las 11hs, ¿por qué había vuelto?

    -Hola Carlu- se escucha desde la cocina. Pero no era la voz femenina de la mamá de Carla, sino del papá.

    -Hola pa me estoy duchando- atinó a responder Carla con un hilo de voz.

    -Ah bueno bueno está bien. Vine a buscar unos papeles de la oficina y vuelvo a salir.

    -Ah bueno bueno- Carla tenía cara de pánico y estaba colorada como un tomate. Yo después del sacudón inicial y con la puerta del baño cerrada comencé a calmarme.

    Y de repente entendí que estaba en la ducha con mi pareja y su papá buscando papeles. Y la idea en lugar de avergonzarme comenzó a calentarme. Me acerqué a Carla y traté de besarla pero ella muy nerviosa me saca la cara y me hace con su dedo el gesto de silencio. Yo le respondí con el mismo gesto de silencio, pero mi otra mano buscó su concha. Ese segundo de indecisión de ella me bastó para meter mi dedo índice. A partir de ahí su cara de duda comenzó a transformarse de placer, cedió ante el mismo y usó su mano para taparse la boca. Ya eran dos los dedos que la penetraban y sus gemidos eran ahogados solo por su mano.

    -¿Vas a hacer algo para almorzar con mamá?

    -Sisi. Respondió casi gritando ella y volvió a taparse la boca.

    Yo quería ir por más, quería disfrutar también, asi que la di vuelta nuevamente a Car y comencé a embestirla. Primero suavemente para que fuera controlando sus gemidos y no se escuchara el ruido seco de nuestros cuerpos chocar, pero con el paso de los segundos y el aumento de nuestra calentura, fuimos perdiendo el control.

    – Chau hija.

    -¡Cha chau paaa!, respondió a los gritos ella ahogando gemidos. Yo estaba desaforado en mis embestidas y quería lograr que gimiera.

    A los segundos se escuchó nuevamente la cerradura y ahora si Car soltó todo de ella:

    -¡Ay dios, me estás matando hijo de puta. con mi papá afuera!

    – Ya se fue, ahora quiero oirte cómo te gusta esta pija.

    -¡Ay si, dame más, cogeme, cogeme, haceme tu puta!

    Yo la cogía y la nalgueaba con fuerza hasta que anticipando que me venía, le dije que se arrodillara y le acabé la cara.

    Sin lugar a dudas una de las experiencias más calientes que viví en mi vida. Busquen este tipo de experiencias, valen el riesgo.

    Déjenme sus comentarios y tal vez subo segundo parte.

  • Fantasía con mi suegra

    Fantasía con mi suegra

    En cada salto se le sube la falda, que es bien respaldado por el short pegado que tiene incluido ese uniforme de porrista.

    He viajado en el tiempo solamente para verla en su juventud, para conquistarla. No será fácil, pero tengo armas para pelear.

    He venido a conocer a Florencia, sí, la mujer de mis sueños, la del culo perfecto.

    Es una belleza espectacular. Es popular, sociable, coqueta, vamos, por algo es del equipo de animación.

    Vengo con poderes de seducción, así que no habrá rechazo alguno.

    En la culminación del primer ensayo de su equipo de animación, la espero en el pasillo hacia los vestidores. “Hola” – Le dije – Y ella, tras una sonrisa coqueta pero discreta, contesta, “Hola, ¿nuevo por aquí?”. – “Sí, acertaste, pero vengo a que me des a oler tu uniforme” – “¿Qué”? – Exclamó ella. Ahí fue donde mis habilidades salieron a flote; entrar en su mente para que dijera la verdad. “Mira, si tienes menos de 19 cm ya sabes donde, no me interesa” – Sonreí y le dije: “No vengo de tan lejos a ofrecerte miserias, guapa”.

    “Oh, alguien muy seguro de sí mismo ha aparecido”. “¿Por qué me resultas familiar? – “Tal vez nos hayamos conocido en otra vida” – Le contesté -.

    Me llamo Gerardo, ¿y tú? “Yo Florencia, mucho gusto, Gera”. “El gusto es mío… por cierto, me encanta tu uniforme” – “Graciaaas, a mí también me gusta mucho”.

    “Oye, tengo qué pasar a bañarme” – “No”, le dije, “el baño es en otro lugar, ven conmigo”.

    Sin dudarlo, agarro de mi mano y fuimos camino al carro e insistía que sentía que ya me conocía, a lo que yo le respondía que quizás en otra vida.

    Subimos al carro y le dije: “Yo te prometí que aquí no había miserias, compruébalo”.

    Ella titubeó, pero para ese momento, yo ya estaba tan duro como excitado, lo cual era imposible esconder.

    Puso su mano izquierda en mi verga, expresando facialmente satisfacción e incertidumbre. Puso su mano derecha y dijo “Dime que esto no es un truco”. – “Si no me bajas el pantalón, no lo sabrás”.

    Desabrochó el botón del pantalón, bajó la bragueta y quedaron mis bóxers…

    Se notaba todo. Esperé tanto ese momento. “Gerardo, si esta cosa te mide más de 20 cm, te juro que haré lo que me pidas” – “Jaja, muy bien, ¿tienes cómo medirla?” – “No, pero yo sabré”… Bajó mi bóxer y salió rebotando mi orgulloso miembro. – “Son 22,8 cm para ti, Florencia” – Su cara de sorpresa y satisfacción quedarán siempre en mi mente.

    “Pues te lo dije, voy a hacer lo que quieras” Y le dije, es sencillo. Traigo varios shorts de licra que quiero que te pongas, para empezar con esto. Oh, y traigo tops también.

    Al momento de quitarse el uniforme y ver su cuerpo, fue un momento sublime. Su abdomen marcado…

    “¿Cuál me pongo primero, galán” – Me preguntó – “El negro, por favor, pero sin ropa interior”. Mi habilidad surtía efecto, hacía las cosas sin preguntar. Se puso el top negro y le dije, vamos a este hotel…

    Cuando baja del auto, pude ver el éxtasis. Su tremendo culo en esos shorts de licra, marcando su cadera, dejando al aire sus piernas. Su cintura definida.

    Al llegar al hotel, repite el comentario “Gerardo, sé que te conozco, pero no puedo recordarlo” – A lo que le contesté – “Vamos a la alberca y te explico”.

    Al hacer su pasarela, todos los hombres que estaban en los alrededores de la alberca la violaron con la mirada, obvio no era un problema para ella.

    Nos sentamos a la orilla de la alberca y le dije: “Mira, guapa, vengo del futuro. En realidad me conoces en otra vida. En esa vida soy tu yerno, me casé con tu hija y tenemos una hija hermosa. Pero desde que te vi, me hechizaste. Siempre fuiste mi mayor fantasía y casi creo que yo también la tuya”.

    “No puede ser, dejaste todo por venir aquí”. Sí, dije con seguridad. Vine a conocer a la Florencia libre, con este cuerpo de locura.

    “Nadie me había dicho eso, pero sigo en shock”.

    “Deja el shock para después, guapa. Lo que quiero hoy y siempre es que te sientas sexy, que aproveches tu sensualidad cada minuto”.

    Yo no estoy aquí para detenerte ni limitarte. Traigo 8 shorts y quiero que te los pongas todos. Quiero que entres a la alberca con ellos y cada cierto lapso vayas a cambiarte para que todos los que estamos aquí, nos deleitemos con tu belleza.

    “¿Sólo eso, Gerardo”? ¿Viniste de muy lejos para solamente contemplar y no tomar?

    “Primero lo primero, Florencia”.

    “Estás loco”… – “Sí, por ti” – Sonrió, se levantó, se soltó el cabello y de un clavado entró a la alberca. Se fue a la orilla y se apoyó para salirse, sabiendo que el agua había cubierto ese culo majestuoso. “Ven acá” – Me dijo – Y sin dudarlo, me besó apasionadamente, me puso de pie y no dudé en agarrarle ese glorioso culo. “Agárralo bien, hijo, es tuyo” – La sangre se me fue rápido a mi verga y se puso aún más dura. El escuchar que me dijo “hijo” me voló la mente.

    Me dijo: “En otra vida fuiste mi hijo y hubo cierta tensión sexual” sé que eres tú.

    “Hijo, ¿qué quieres que me ponga?” – “Sorpréndeme, mami”

    Y ahí va la mamacita, cruzando la alberca, rumbo a la habitación a cambiarse. Los ojos de los presentes sobre ella… 11 minutos pasaron. Top blanco y short gris claro hacían notar aún más su escultural figura.

    Se acercó a mí y me dio un beso riquísimo, le agarré el culo muy duro y me dijo: “Hijo, voy a meterme a la alberca para platicar con ellos”

    Platicó con ellos, jugó volleyball y llegó el momento de cambiarse de nuevo.

    Sale de la alberca por las escaleras, con el agua escurriendo por todo su cuerpo y el short gris siendo prácticamente un color oscuro perfecto para marcar esas dos nalgas grandes y perfectas. Los ojos de los 8 hombres en la alberca estaban fijos en ella y no era para menos…

    A los pocos minutos, recibo un mensaje de ella a mi celular: “Ven al cuarto, hijo”. Claro que fui.

    Al entrar a la habitación, Florencia estaba de espaldas, mirando la perfecta vista que daba la ventana de la habitación.

    Un short café marcaba ese culo de ensueño, esa cadera de diosa, – “¿Me puedes hacer un favor, hijo?” – “Claro, mami” – Le respondí. “Ven aquí” – Dirigiéndose al sillón del cuarto. Me bajó el traje de baño y de inmediato hizo ese gesto de excitación, mordiéndose los labios.

    Lo escupió, lo lamió, lo chupó y jaló hasta que me iba a venirme, pero antes, me dijo: “Vente en mi culo, hijo”. Como buen obediente dejé todo en ese culo cubierto por ese short.

    Para mi sorpresa, ella me dice que quiere salir así… Mi estómago, mi líbido, subieron al 200%.

    Salimos de la habitación; el culo de Florencia claramente tenía manchas de semen en esos shorts de spandex.

    Llegamos de nuevo a la alberca y se puso boca abajo en una cama para tomar el sol…

    Claramente se notaba mi semen seco.

    Los ojos de los presentes, eran aún más evidentes y obvios.

    Yo tocaba el culo de Florencia, lo nalgueaba, la besaba a ella con fuerza. En ese momento, dos hombres salieron de la alberca a tomarse una cerveza enseguida de nosotros.

    Eran estadunidenses, típicos rubios con buena forma, jóvenes y bien parecidos.

    ¿No van a jugar más en la alberca? “No, por el momento guapo, estoy esperando a que se seque mi short, ¿les explicas, hijo?”.

    “Claro, madre”. – Miren, la verdad, es que terminé corriéndome en su short hace unos minutos, no sé si puedan notarlo.

    Un silencio incómodo se apoderó del momento, pero los ojos de los tipos se centraron en ese par de nalgas que daban la cara al sol…

    “Wow” – Dijo uno de ellos – “¿Y no les importa nada? ¿Son esposos, pareja?”

    “Él esposo de mi hija” “Prácticamente es mi hijo, pero tiene una manera de cogerme (but he has a way to fuck me and make me feel so excited) que ni yo lo entiendo”.

    “¿O sea que son amantes?” -Preguntó sorprendido el otro hombre – “Somos madre e hijo satisfaciendo nuestros más bajos y sucios deseos sexuales, guapo”. “Si quieres llamarlo “amantes”, está bien, pero Gerardo es el hijo que nunca tuve y que me coge como nadie”.

    “Él me tiene a su merced, hago lo me diga… pero, ¿qué tal se ven estos shorts ya secos de su semen?” “Díganme”.

    “Antes de que contesten. Todo lo que dice esta sabrosura de madre que tengo, es verdad. Dicho esto, por favor, respondan du pregunta”.

    “No hemos dejado de verte el culo… ¿Florencia? ¿Florencia es tu nombre?”.

    “Sí, guapo”.

    “Tienes un cuerpo increíble, además de ser muy bella”. “¿Cuántos años tienes?”.

    “Diles, hijo” – Pidió sonriendo.

    “Tiene 53 años, amigos míos”

    “Nooo waaay”

    “Es una diosa, ni los vinos envejecen como ella”.

    “Hijo, voy a cambiarme, ¿te quedas platicando con los curiosos?”.

    “¿Por qué no mejor nos vamos contigo y te esperamos en el lobby, sexy?”.

    “Suena bien, vamos…”

    En el camino al lobby del hotel, le di una nalgada muy fuerte, a lo cual, ella gimió rico y dijo que teníamos que ser justos. “Es el turno de uno de ustedes” – Dijo a los tipos.

    Ellos sonrieron y dudaron y les dije “¡VAMOS!” Y en eso, el tipo de nombre Jason, le da una nalgada en la pompa izquierda que hizo gritar a Florencia… “¡Ohhh!” “Falta alguien…” Cameron le dio tremenda nalgada en la nalga derecha, haciéndola gritar justo antes de llegar al lobby.

    Todos estábamos ya casi pasados de copas.

    En el lobby, Florencia habló conmigo. Me dijo que era la ocasión perfecta…

    Hablé con ellos. Les dije que teníamos una fantasía. Que ella se la jalara y chupara a dos tipos al mismo tiempo mientras yo veía. Sin coger, ella de rodillas y que se corrieran en su cara.

    “La pueden manosear sin quitarle la ropa”

    “Claro, estamos dentro de su plan”

    Les pedí que me esperaran ahí, Florencia ya se había adelantado y fui a alcanzarla.

    “Sexy…” – La llamé al entrar a la habitación – “¿Sí?” – Responde saliendo del baño, con un short de licra color azul claro, con una blusa de tirantes interior de color blanca. Su cabello corto suelto… una diosa.

    “¿Van a venir los güeros para tu mami, hijo?” – “Sí, mamita”.

    Fui por ellos al lobby. Aproximadamente, cada uno medía 1.85 metros, nada mal para lo que ella quería…

    “Pasen… dije con temor, celos y excitación”.

    Ella, sentada en uno de los sillones de la sala de la habitación, expresó: “Las reglas son claras, chicos. Me pueden tocar, acariciar, besar, pero no adentro de la ropa que traigo. Yo voy a jalar, chupar, mamar sus vergas hasta que se vengan en mi cara, no en otra parte.”

    “Acérquense”. Ellos se acercaron y Jason empezó a besarla tan apasionadamente, que pensaba en mi mente que se la iba a terminar, pero no era lo más excitante. Sus grandes manos tomaron el culo de Florencia tan fuerte que ella gemía… Ella se colocó de espaldas a él para sentir su erección con el culo. “Ponte frente a mí, Jason”. – Le ordenó la mujer – Florencia se puso de rodillas, frente a él y empezó a acariciarle el miembro (el cual ya avisaba su excitación).

    “Se siente grande, corazón, quiero ver qué tan grande es” – Dijo una excitadísima Florencia – Bajó ese traje de baño negro y se encontró con un amigo que parecía tener vida propia. Rebotó en su mejilla y la cara de ella fue de sorpresa, satisfacción, emoción… “¿Este es tu pito, Jason?, es… enormeee!!!”

    “Hijo, es más grande que el tuyo” – Dijo Florencia mientras se mordía los labios y veía tal majestuosidad. “¡Es del tamaño de mi brazo!”

    Jason sonreía y le pidió que se la jalara, a lo que ella accedió con gusto.

    “Cameron, ven” – Ordenó Florencia -. Él la levantó, la besó, la saboreó, manoseó, hasta que ella le pidió que se pusiera enfrente, a un lado de Jason.

    Le bajó el traje de baño y salió disparada una verga enorme, que hizo gemir a Florencia.

    Tomó la verga de Jason con la mano derecha y con la izquierda la de Cameron. Los masturbaba y se las chupaba a un ritmo perfecto. Escupía una y otra, se las tenía empapadas, escurriendo de saliva. Le pegaban con sus vergas enormes en la cara, hasta que los dos, en tiempo perfecto, no pudieron más y escupieron su semen en su cara.

  • Infidelidad con mi amigo de la Universidad

    Infidelidad con mi amigo de la Universidad

    Todo comenzó cuando hablamos por teléfono y lo invité a casa, cuando llegó pasamos a la sala cada quien en un sillón diferente y platicamos un rato, después me pidió que me acercara junto a él, casi de inmediato acarició mis bubis, las tocaba suavemente.

    Me desabotonó la blusa y comenzó a besarlas, yo sentía rico, me recosté un poco en el sillón y él me tocaba la entrepierna y no dejaba de besar y succionar mis bubis, yo lo disfrutaba mucho, paramos y nos pusimos de pie, hacía mucho frio y mientras yo me quitaba la blusa y mi bra, él se desnudaba todo, se sentó y me abrazó para continuar besándome las bubis mientras manoseaba mis nalgas, me desabotonó el pantalón y me lo quitó, me acarició las piernas y con suavidad me quitó las pantaletas, yo sentía rico sólo de pensar lo que continuaría, me senté junto a él y comenzó a besarme con pasión los labios el cuello, yo aproveché y le tomé su enorme verga para acariciarla pensando que la quería toda adentro de mi, él me recostó y como todo un buen amante comenzó a besar mi clítoris, lo acariciaba con su lengua suavemente y en ocasiones un poco fuerte y rápido, quedamos listos…

    Le pedí que me la metiera yaaaa, me puso de pie y viendo hacía mi ventana me incliné con el único deseo de sentir su verga toda adentro… La metió lento, suave, asi como preparando terreno, y poco después inició su embate fuerte y rápido, yo lo disfrutaba como nunca, sentía riquísimo y le pedí que lo sacara un poco, me complació y empezó un juego de meter y sacar que me llevo al mismisimo paraiso, me hacía gritar, lo sentía todo, grande y duro penetrando mi vagina.

    Debo confesar que aguanta más de lo normal porque no dejo de metermela mucho tiempo, lo hice varias veces. Después simplemente me volteo y me recostó para volver a meterla esta vez más fuerte y mas duro, gritaba, reía, lo disfrutaba, me cogía tan rico que no quería que terminara, me cogío me cogio y me siguió cogiendo… hasta que para su placer lo saco y todo su semen lo vertió en mi cuerpo, caliente y placentero.Nos limpiamos para sentarnos juntos y acariciarnos, yo estaba muy caliente y quería continuar, así que tome su enorme verga y la lleve a mi boca, mmmm, se la chupaba y deseaba ponerla dura otra vez, la metía y sacaba suavemente de mi boca, le recorría toda con mi lengua y a veces intentaba comermela toda sin lograr mi cometido por lo grande que era, así fue un rato más pero él estaba muy cansado por lo que nos detuvimos para platicar mientras se vestía y yo deseando poner una nueva fecha para continuar con esta experiencia erótica sensacional.

  • Lupe, mi sueño erótico

    Lupe, mi sueño erótico

    Hoy por la mañana me desperté con el pene bien duro,  y fue porque soñé que hice el amor con Lupe y eso me dejó bien picado al grado masturbarme 2 veces y aun así no lograba contener la erección de aquel rico sueño.

    Soñé que llegaba de trabajar y al llegar a la casa noté que no había nadie ya todos se habían ido aúna reunión, y me acosté a descansar, me sentía agotado que no tarde en conciliar el sueño, entre sueño sentía una mirada que me comía en eso abro los ojos y para mi sorpresa era la chica de mis sueños Lupe que me decía.

    Lupe: ya te dormiste y no te bañaste.

    Yo: disculpa no escuche que entres si me siento algo cansado que me gano el sueño y se cerraron mis ojos…

    Lupe: eso veo, y no piensas bañarte así dormirás.

    Yo: si claro me cambiaré de ropa para refrescarme y ya me baño.

    Ella al igual que yo estaba llegando del trabajo así que igualmente opto por cambiarse de ropa. En eso entre corriendo al baño a cambiarme antes que me ganara el baño. Y ella pensó lo mismo así que los dos chocamos en el pasillo que hay para llegar al baño.

    Yo: entras tu o entro yo

    Lupe: y si entramos los 2

    Y si entramos los 2 y allí empezó todo cuando empezamos a cambiarnos y tuvo ella la iniciativa de decir.

    Lupe: y si tú me cambias y yo te cambio.

    Yo: bueno estaría padre empiezo yo a cambiarte.

    Empecé por quitarle la blusa y con la intención de broma le desabroche el sostén pensé que me diría algo y no dijo nada, después ella me quito la playera yo le quite el pantalón pero mis manos traviesas fueron un poco más allá y al momento de bajarle el pantalón le baje sus lindo calzoncito que guardaban unas lindas y hermosas nalgas ella no decía nada.

    Acto seguido ella me empezó a quitarme el pantalón y me devolvió la broma bajándome el bóxer y dejando mi pene al descubierto, que con su delicada mano empezó a tocarme el pene que cada vez lo sentía más duro y como tuvo que agacharse mi pene quedo a la altura de mi pene empezó a besarlo y luego lo metía y sacaba de su boca lentamente que me hacía cerrar los ojos de lo rico que lo hacía y ni que decir cuando en su boca metía mis testículos y los jugaba cual caramelo anolaba. Ella notaba que me gustaba lo que hacía.

    Lupe: te gusta.

    Yo: si se siente rico pero ahora me toca a mi así que vamos a tu cuarto.

    Ya recostada Empecé a besarla por todos llegando a su rica vagina húmeda. Y fue allí cuando sentí su rico aroma de mujer y eso me volvió loco que sin pensarlo empecé a pasarle la lengua por sus ricos labios vaginales en busca de clítoris, el rico aroma que emanaba de su vagina después de un largo día de trabajo me volvía loco que no pare con lengua hasta arrebatarle un rico squirt que me mojo la cara.

    Lupe: que rico sigue sigue no pares sigue.

    Yo: que rico me vuelves loco mujer (le dije)

    Lupe: que rico ya quiero sentirte dentro de mi métemelo (me dijo)

    Yo: con mucho gusto mi reina…

    Y empecé por metérselo poco a poco hasta ya metérselo completo y empezar con el mete y saca. Este rico sueño me tenía tan excitado que mientras dormía que lo sentía tan real que el pene ya me dolía de lo tan eructo que lo tenía.

    Lupe: sabes quiero sentirlo por atrás métemelo si no se va a poner celoso.

    Sin pensarlo 2 veces accedí a su petición y le lubrique bien el ano, bueno debo decir que ya estaba bastante lubricada que sus flujos vaginales ya le llegaban al ano y se lo coloque para empezar a metérselo solo sentía como su rico culo se iba a moldando a mi pene ella gemía de dolor.

    Yo: ¿te duele?

    Lupe: si pero no pares sigue es un dolor rico y placentero.

    Ya con el pene dentro de culo me empecé a mover que en el séptimo movimiento se despachó con otro rico squirt que al anterior este estuvo más fuerte mojando el piso y todo lo que se encontraba cerca y seguí moviéndome hasta sentir que Ya no podía más y le dije.

    Yo: ya no aguanto me voy a venir.

    Lupe: si lléname el culo de leche llénalo.

    Y así fue sentí como un rico escalofrío recorrió mi cuerpo mientras en ella depositaba toda mi descarga de leche llenándole el culo de leche cálida.

    Que rico sueño que esté mientras escribo siento una erección que voy a masturbarme pensando en ese sueño hermoso, pero la cobija me estorba así que adiós cobija no hay nada mejor que masturbarse sin sabana y complemente desnudo es más excitante y delicioso.

    Espero les guste esta historia…

  • En las duchas con Adriana

    En las duchas con Adriana

    Ha llovido mucho desde la última vez que escribí y compartí un relato aquí. Como con los anteriores, este nuevo relato está basado en una mezcla de sueños y fantasías que hacen volar de vez en cuando mi imaginación. Espero que os guste.

    —La sesión de hoy ha sido especialmente dura —dije mientras me dirigía a las duchas—. No veo el momento de relajarme con una buena ducha de agua caliente y de descansar en casa.

    Elegí la cabina que estaba más alejada de todas, cerré la puerta y comencé a quitarme la ropa deportiva que llevaba puesta. Ambos, la ropa y yo, estábamos empapados en sudor. Lo cual era algo bueno, pues significaba que lo había dado todo en el entrenamiento y poco a poco iría viendo los resultados.

    Tras desnudarme y coger una toalla, me fui rumbo a una de las duchas que había más allá de las cabinas. Colgué la toalla por fuera, cerré la cortina y abrí la llave para que el agua empezara a mojar mi cuerpo. Unos veinte minutos pasaron, entre que me limpiaba y me relajaba, y cuando iba a coger mi toalla para empezar a secar mi cuerpo, pude ver como alguien se había colocado en la cabina anterior a la mía y había salido para mirarse en el espejo.

    —Disculpa —dijo una voz que inmediatamente asocié a una mujer—. No sabía que ya había alguien aquí ¿No te importa?

    Miré por una abertura de la cortina y pude confirmar que, efectivamente, era una chica la que había entrado a las duchas y en ese momento me acordé. Habían remodelado todas las duchas del centro y ahora todas las personas las podían usar a la vez ya fuesen hombres o mujeres. Me chocó un poco, pero algo tenía que contestarle.

    —Bueno, a mí no me importa, pero me tengo que secar y obviamente estoy desnudo ¿No debería de importante más a ti?

    Yo seguía mirando por la abertura y vi como se quedó parada, mirando a mi dirección y una sonrisa sincera se dibujó en su rostro.

    —No te preocupes, no me voy a asustar ni te voy a morder —tras acabar la frase, se metió en su cabina.

    Yo salí un poco nervioso de la ducha y comencé a secarme. Cuando ya había terminado con la parte superior de mi cuerpo e iba a empezar por la inferior, vi como se abría la puerta de la cabina. Ella salía completamente desnuda, con la excepción de la toalla que la cubría desde el pecho hasta un poco por encima de las rodillas y unas cholas.

    Ya que me había dicho que no me preocupara, yo seguí a lo mío y comencé a secarme las piernas y las parte del bañador. En ese momento, ella se acercó a mí, hasta ponerse justo enfrente y se quitó la toalla.

    No sabía qué hacer y mucho menos que decir. Esa sonrisa que había visto en el espejo, se dibujó de nuevo en su rostro mientras me miraba a los ojos. Los suyos eran un poco pequeños pero de un bonito azul claro, su pelo castaño le llegaba hasta un poco por encima de sus hombros. Su pecho, también pequeño, estaba un poco caído pero tenía mucho encanto, al menos para mí. Seguí bajando mi mirada, pasando por su delgada cintura, su pubis velloso hasta llegar a sus pies. Los tenía cuidados y con las uñas pintadas de negro.

    Era, en su conjunto, una mujer de unos treinta y pocos, muy hermosa. Al menos, a mí me lo parecía. Y como era de esperarse, sobre todo cuando tu mente ha perdido el rumbo, una erección más que evidente hizo que despertara de mi ensoñación. Iba a taparme como un acto reflejo, pero ella dio un paso más hacia mí y me dio un beso en la mejilla.

    —Gracias por el piropo, aunque no te hayan hecho falta palabras para decirlo —me dijo sin borrar esa bonita sonrisa de su boca.

    Tras esas dulces palabras, pasó por mi lado y se dirigió a otra de las duchas. Antes de cerrar la cortina, me miró de nuevo a los ojos y me hizo una señal, moviendo su dedo a modo de invitación. Casi se me cae la mandíbula al suelo ante lo que estaba sucediendo. Sacudí mi cabeza y comencé a caminar hasta llegar de nuevo frente a ella.

    —Creo que te debo un beso para igualar las cosas —dije prácticamente sin pensar-. ¿Puedo dártelo en los labios?

    Ella soltó una risa, se puso un poco de puntillas y rodeó mi cuello con sus brazos.

    —Adelante, no creo que puedas fallar estando tan cerca.

    En ese instante, puse mi mano derecha rodeando su cintura y con la izquierda comencé a acariciar su pelo, era muy suave y agradable al tacto. Por último, la besé en los labios y nuevamente, la sensación de suavidad hizo acto de presencia. Así como de nuevo, otra erección por mi parte.

    Estábamos tan cerca, que rocé sin querer su vulva y un ligero suspiro de sorpresa por parte de ella interrumpió nuestro beso.

    —Disculpa —dije dando un paso hacia atrás—. No es algo que uno pueda controlar en una situación como esta.

    Esta vez, ella se echó a reír. Su risa, mezclada con el sonido del agua al caer, era una música realmente hipnótica. Cuando terminó de reír, me cogió del brazo y tiró de el para que nos volviéramos a juntar.

    Yo me dejé hacer y fui nuevamente a besarle los labios. Ella, por su parte, había comenzado a frotar su vulva en mi pene. Lo estaba haciendo lento y poco a poco, notaba como se iba mojando cada vez más y más.

    Tras finalizar nuestro beso esta segunda vez, bajé un poco y comencé a besarla por su cuello. Mientras lo hacía, pude notar como se le iba erizando la piel allí por donde la besaba. También se hizo obvio que su pelvis iba moviéndose cada vez más rápido.

    Yo la dejé hacer mientras seguía dándole besos. Para llevar las cosas un poco más lejos, comencé a jugar con sus pechos con mi mano derecha, mientras que con la izquierda me entretenía jugando y acariciando su cabello. En ese momento, ella se acercó a mi oído y me susurró

    —Me voy a correr, por favor, no pares.

    Yo me quedé nuevamente sin palabras, que decir. Pero, por suerte, algo dentro de mí consiguió articular una frase.

    —Yo también me vengo.

    Cuando el intercambio de palabras terminó, ella comenzó a frotarse más furiosamente en mi pene. Yo por mi parte, volví a besarla en los labios y pasé a acariciar suavemente sus pechos y a pellizcar sus ya duros pezones.

    Pocos instantes después, los dos llegamos al orgasmo. Y como si nos hubiésemos leído la mente, nos tapamos la boca el uno al otro para evitar que nuestros gemidos se oyesen en la sala. Tras eso, nuestras piernas cedieron y abrazados nos fuimos cayendo poco a poco hasta quedar sentados en el suelo. Había sido una experiencia increíble.

    Ambos nos miramos de nuevo a los ojos y comenzamos a reír como si fuéramos unos críos. Luego de unos minutos, en los que descansamos en esa posición y dejamos que el agua se llevara el cansancio de nuestros cuerpos, nos comenzamos a levantar.

    —Me lo he pasado como nunca —dijo ella—. Me gustaría repetir otro día, pero esta vez con un poco más de tiempo e intimidad —comentó mientras me guiñaba un ojo.

    —Yo también lo he pasado genial—respondí—. Y por supuesto que me gustaría repetir. Sobre todo sí tenemos una cama blanda en la que estar acostados a gusto.

    —Me parece una buena idea. Ahora, cuando salgamos de la ducha, deja que te dé mi número de teléfono. Prométeme que me llamarás —dijo mientras volvía a guiñar el ojo y tocaba mi nariz con su dedo índice.

    —¡Por supuesto! —respondí mientras cogía su mano entre las mías—. Tendría que estar loco para no hacerlo.

    —Así me gusta. ¡Por cierto! Si ni siquiera te he dicho mi nombre, qué cabeza la mía. Me llamo Adriana ¿y tú?

    —Cierto, estábamos ocupados con otras cosas y ninguno nos habíamos dado cuenta. Mi nombre es Sam.

    —Encantada —respondió mientras salía de la ducha y cogía su toalla—. Esperaré tú llamadas —dijo mientras se ponía la toalla sobre los hombros y me lanzaba un beso.

    Yo me quedé un rato más bajo el agua. Vi como dejaba un trozo de papel con su número sobre mi mochila, para acto seguido volver a su cabina para vestirse. La vi marchar y antes de abandonar la sala, me lanzó un último beso.

    Finalmente, pude despertar del trance en el que estaba y cerré la ducha. Fui a mi cabina y rápidamente guardé su número en la agenda de mi móvil. Después, me vestí y salí rumbo a mi coche.

    Cuando llegué a casa, me tiré sobre mi cama y repasé mentalmente todo lo que había pasado. Aún me costaba creerlo, pero había pasado de verdad. Miré de nuevo el número de Adriana en mi móvil y ahí estaba, la última prueba de que era verdad.

    Una sonrisa se dibujó en mi cara y cerré mis ojos. Era el momento de descansar. Mañana, lo más seguro, es que la llamase para poder vernos de nuevo.

  • Con mi compañero de clase en mi casa (parte 2)

    Con mi compañero de clase en mi casa (parte 2)

    En mi casa vivía un tío viudo que justo se iba también de fin de semana y estaba cerrando la puerta cuando llegamos con Nico,  siempre con las mochilas por delante.

    -No sabía que venías con un amigo, pero te dejé un par de sándwiches.

    -Tenemos que preparar una materia. Igual, gracias, tío y buen viaje, nosotros cerramos, le dije y se fue.

    Entramos, cerré la puerta con llave y los pasadores, por si acaso, mientras Nico me apoyaba por detrás y me agarraba bien el bulto con las dos manos. Yo me movía haciendo presión para apretar mi culo contra su pija bien parada hasta que me di vuelta y volvimos a besarnos muy calientes durante varios minutos. Sin dejar de besarme, me desabrochó el cinturón, me bajó los pantalones y el bóxer, y comenzó a hacerme una paja hermosa. Estaba a punto de acabar y se dio cuenta, así que se detuvo y mirándome a los ojos, me apretó con fuerza la base del pene para que no eyaculara ahí mismo.

    -¿Viste cómo te paré la acabada?

    -Sí, estuvo genial. Quiero que dure.

    Fuimos acariciándonos y besándonos hasta la cocina.

    -Tenemos que parar un poco para comer, así después nos duchamos.

    -Estoy muy caliente, me dijo.

    -Yo también, pero tengo hambre, además de comerte la pija, también tengo hambre.

    -¡Dale!

    Comimos rápido, fuimos al baño y nos desvestimos sin dejar de besarnos y tocarnos la pija mutuamente. Nos pusimos bajo la ducha y fue la gloria. Nos enjabonamos todo el cuerpo y nos lavamos bien los genitales y las nalgas, hasta que empezamos a besarnos a fondo mientras nos íbamos metiendo los dedos en el ano. Primero un dedo hasta que entraba bien enjabonado.

    – ¿Probamos con dos?, me pidió.

    -Sí, dale.

    -Pero despacio, me dijo.

    Y nos fuimos metiendo dos dedos, me molestó un poco, pero enseguida me gustó como me masajeaba el ano. Yo no podía dejar de besarlo y de pajearlo, mientras él dilataba mi culito virgen. También le puse mis dedos y me dio la impresión de que su ano se amoldaba más rápido, porque se contraía y relajaba alternativamente.

    -Hacé como yo, ya te puse tres dedos adentro. Vas a ver cómo te gusta más.

    Su manejo de los dedos me había puesto como un burro y ni me había dado cuenta de que eran tres.

    -Probá vos también y se dio la vuelta.

    Lo hice con mucho cuidado, mientras con la otra mano seguía sobándole la pija que no podía soltar. Dio vuelta la cabeza y nos besamos bien húmedo y profundo, mientras el agua seguía cayendo, por un rato largo. Después se apoyó en la pared y me ofreció sus nalgas firmes y enjabonadas. Me pidió que le masajeara el agujero con los dedos untados con crema enjuague para lubricarlo bien, mientras él también me ponía crema enjuague en la pija sin volverse.

    -Así Flavi, así, respondió a mis masajes metiéndome dedos en la boca como demostración y separando las nalgas.

    -Poneme los tres dedos ahora y abrió las piernas.

    Yo estaba muy caliente y no podía parar de besarlo y pajearlo con la otra mano. Le masajeé el ano con tres dedos bien despacio, al compás de su meneo hasta que me pidió:

    -Ponemela despacito.

    Le separé más los glúteos para ver bien su ano y se la fui metiendo despacio, entrando apenas el glande, saliendo y entrando cada vez más, pero bien de a poco. Él gemía de placer y yo no daba más de la calentura, cuando noté que vencía cierta resistencia, el gimió como una perrita en celo y empujó su culo para atrás para meterse mi pija despacio hasta el fondo, y mi pelvis tocaba sus nalgas.

    -Quedate quieto adentro, así bien adentro, por favor, me dijo.

    Había llegado a su próstata y yo ni sabía.

    -Está buenísima tu pija, ¿te gusta mi culo para cogerme?

    -Me encanta tu culo, está buenísimo, me calza como un guante.

    Lo atraje hacia mí con una mano, le hice girar la cabeza y nos besamos en una postura imposible, sin salirme de su interior. Fui bajando la mano hasta agarrarle bien la pija para pajearlo con intensidad.

    -Pará, que voy a acabar. Quedate quieto y déjame hacer a mí.

    Se empezó a mover de atrás para adelante en un vaivén que me enloquecía de placer y me hizo acompañarlo, cuando él se separaba yo también lo hacía hasta dejarle solo la cabeza de mi verga en su ano, y luego nos juntábamos a la vez. Llegamos a coordinarlo bien y tras unos cinco minutos de meta y ponga no pude contenerme y acabé a los gritos echando mi semen en su interior. Se me aflojaron las piernas de las sacudidas, gimiendo de placer y sin querer salirme. Él empujaba y se meneaba como una anguila, hasta que me aflojé y me retiré de su culo para sentarme en el borde de la bañera estremecido.

    Nico se volvió con una sonrisa amplia dejando su pija húmeda y brillante a la altura de mi boca. Recuperé el aliento, lo tomé de las nalgas y me la fui metiendo en la boca de a poco, para saborearla mejor, como un helado, le lamía el glande y me la metía hasta el fondo. Hice así varias veces hasta que lo insté con las manos a que me cogiera por la boca, despacio, bien de a poco lo fue haciendo y cada tanto se apretaba la base del pene para evitar la eyaculación.

    -¿No querés acabar?

    -Sí, me dijo, pero en tu culito, y me dio un beso húmedo y prolongado.

    Me puse de pie e imité su postura anterior, tomándome de la grifería y dejándole mi culo en pompa. Me lo lubricó con sus dedos embadurnados en crema enjuague y me fue penetrando de a poco.

    -Decime si te molesta o te duele.

    -Para nada, le respondí, me gusta, mucho.

    -No sos virgen entonces, me dijo.

    -Sí, soy virgen, nunca me la habían metido. Me estás desvirgando ahora y no me duele nada.

    -¿Te gusta?

    -¡Muuucho!, le dije cuando llegó a metérmela hasta el fondo y cuando sentí su pelvis contra mis glúteos se me paró la pija otra vez.

    -Quedate adentro, por favor y empecé a usar su mismo sistema de contraer y relajar mi ano.

    -¡Muy bueno! ¡Qué bien lo hacés, puto!, me dijo. ¿Seguro que nunca te la pusieron?

    -¡Siii!, respondí con la voz sofocada y resoplando.

    Me puso a mil y empecé a moverme para atrás y adelante. Entró y salió muchas veces, me enloquecía de placer hasta que volvió a quedarse quieto con toda su pija dentro de mí, y me gustó más. Hice presión hacia atrás y volvió a tocarme el punto G, así que me moví hacia los lados y a él le gustó también. Empezó a bombearme a fondo mientras yo acompasaba mis movimientos a su ritmo. Paró un minuto, me hizo girar la cabeza y nos besamos de nuevo, mientras yo lo tomaba de sus nalgas para que no se alejara y su pija quedase dentro de mí. Retomó el vaivén otros cinco minutos hasta que empezó a gemir, a resoplar y gritando acabó dentro de mí varios chorros de semen caliente.

    -Quedate adentro, por favor, le pedí.

    Notaba como me chorreaba leche por las piernas, porque habíamos cerrado el grifo de la ducha. Se recostó sobre mi espalda sin salirse, me seguí moviendo, dilatando y contrayendo, nos besamos varias veces, muy profundo, pero no tan frenéticamente, sino con más suavidad y sin dejar de acariciarnos mutuamente, hasta que se le bajó algo la erección y se fue retirando lentamente, muy a mi pesar.

    Terminamos de ducharnos, nos limpiamos bien los genitales y el culo, mientras nos besábamos a fondo a cada momento y nos calentábamos de nuevo. Fuimos a acostarnos en la cama de mis viejos, desnudos y él puso los toallones húmedos sobre las sábanas.

    Yo deliraba de placer con sus besos y le recordé que era una novia muy atrevida por la cogida que me había dado.

    -Soy tu novia todo el fin de semana, no tengas dudas, puto.

    -Soy tu puto y vos sos mi novia.

    -¿Querés probarme?

    -Sí, dale.

    Se dio la vuelta acostándose con la cabeza a los pies de la cama y me la empezó a chupar de una manera increíble, mientras metía sus dedos en mi culito recién desvirgado. Gemía de placer, así que me acomodé para un 69 y comencé a chupársela y a meterle los dedos yo también. Estuvimos así un buen rato, cogiéndonos por la boca y cada tanto apretando las bases de nuestras pijas para no acabar enseguida.

    De pronto, detuvo la faena y, con voz agitada, me propuso que el que acabase primero en la boca del otro sería pasivo esa noche.

    -Hay que chuparla bien a fondo, le respondí.

    -¡Tal cual! El que la chupa mejor, se coge al otro.

    -¡Dale!

    Y me dediqué a mamársela con fruición, lamiendo muy despacio su glande y comiéndole el tronco, por momentos. Mientras tanto, él me daba una chupada espectacular, bien hasta el fondo y acompasada. Nos empezamos a mover al mismo tiempo, yo siempre agarrando sus glúteos y chupando despacio, saboreando el manjar. Él aceleró su mamada con maestría más de diez minutos hasta que no me pude contener y acabé en su boca. No dejó de mamarla hasta que salió la última gota de semen y yo sofocaba mis berridos y gemidos de placer. Ganó la apuesta y se fue a enjuagar la boca, mientras se calmaban mis espasmos de placer.

    Volvió con la crema enjuague y se acostó sobre mí dándome beso de lengua increíble y prolongado, hasta que empezó a lubricarme el ano con mucho esmero y paciencia. De a poco me puse boca abajo, me puso las almohadas debajo del abdomen, para dejar mi culo alzado. Me tomó de la cintura y abrió mis piernas, para ir poniéndomela de a poco, entrando y saliendo de una forma que me daba mucho gusto, gemía y él lo notaba.

    -¿Te gusta puto?

    -Ya sabés que me gusta mucho, mi amor.

    Me la metió hasta el fondo, quedándose quieto. Sentí un inmenso placer, y empecé a moverme yo, hasta que pudimos acompasar el ritmo. Me indicó cómo abrir y cerrar mi ano mientras él entraba y salía, y yo miraba su meneo reflejado en el espejo.

    -¡Qué rico que me estás dando! Fijate en el espejo, le dije.

    Cuando se vio, se puso como una moto y me cogió un cuarto de hora o más, hasta que le dije que quería verlo de frente. Me acosté boca arriba, llevó mis piernas sobre sus hombros y me empaló de nuevo, mucho más fácil con mi ano bien dilatado y lubricado, se inclinó sobre mí y me dio un soberano morreo mientras yo le cruzaba mis piernas sobre su cadera para empujarlo más hacia dentro de mi culo. Me miró a los ojos, nos besamos con frenesí y me volvió a mirar.

    -¿Seguro que no cogiste con nadie antes?

    -Sí, seguro. ¿Por qué me preguntás tanto?

    -Porque cogés muy bien, puto.

    -Me sale natural y vos me estás enseñando muy bien, le dije mirándolo a los ojos y besándolo con pasión.

    Tras un largo bombeo, se puso detrás de mí, de costado, en cucharita, levantándome una pierna sobre la suya y me siguió cogiendo, con besos y lamidas sin pausa y al final me penetró de nuevo boca abajo, él sobre mi espalda y yo con las piernas cerradas, forzando a mi culo a apretar bien su verga.

    Al voltear mi cabeza hacia el espejo del tocador volví a ver como su precioso traste con las piernas abiertas subía y se contraía para embestirme.

    -¡Qué hermoso culo tenés!, le dije.

    Con voz entrecortada me respondió:

    -El tuyo está muy bueno también y cómo se deja entrar.

    Me besó en todas las posiciones, con profundos lengüetazos mutuos, y así, tras un largo rato de acometidas, se corrió dentro de mí otra vez. Nos quedamos quietos unos minutos, ya cansados, hasta que fuimos al baño a lavarnos mutuamente la pija y los huevos en el lavatorio, mientras seguíamos besándonos.

    Ya se nos había parado a los dos de nuevo cuando se sentó en el bidé para enjuagarse bien el ano. Terminé de lavarme en el lavatorio, mientras él me acariciaba los glúteos y me excitaba de nuevo. Me volví y le puse mi pija a la altura de su boca, me miró con una sonrisa que me derretía y no vaciló en chupármela otra vez. Lo cogía por la boca, mientras él me apretaba las nalgas para metérsela toda adentro. Pero ya no daba más, así que lo alcé, lo besé y nos fuimos abrazados hasta la cama desnudos y al palo. Nos acostamos en cucharita sin dejar de besarnos de costado, él detrás de mí, con su pija entre mis nalgas.

    Cada tanto intercambiábamos posiciones y nos pusimos calientes otra vez, resoplábamos, jadeábamos como burros, nos volvimos a chupar la pìja, de nuevo paradas, y me puse boca arriba para tenerlo acostado sobre mí, besarlo y atrapar sus nalgas firmes para atraerlo y que se meneara sobre mí, mucho rato de besos, chupones, caricias, franeleos, pajas, pija con pija, estábamos por estallar hasta que lo tomé de la cara, lo besé larga y profundamente, lo miré a los ojos y le pedí que me cogiera otra vez.

    Se acomodó muy despacio retirándose hacia atrás, me tomó de la cintura y me la volvió a meter, siempre mirándonos a los ojos, respirando pesadamente, besándonos cada tanto hasta quedar sin aliento y tras largos minutos de meta y ponga, se puso tieso, arqueó su cuerpo hacia atrás, me embistió a fondo y acabó lo que le quedaba de leche en mi culo.

    Yo me pajeaba porque no había terminado, así que tras recobrar la calma se dedicó a chuparme la pija un rato largo hasta que pude acabar unos chorros espasmódicos en su boca. Volvió a ponerse en cucharita detrás de mí, nos relamimos las bocas con mi propio semen que me sabía a gloria y nos quedamos dormidos.

  • Escapada a la montaña con mi madre (X)

    Escapada a la montaña con mi madre (X)

    Hicimos todo lo posible por dejar el coche bien limpio, ya que no podíamos dejar un solo indicio de aquella depravada imagen incestuosa que habíamos plasmado en nuestro coche familiar de toda la vida. Tras esto volvimos a casa, aparcando a la puerta y entrando rápidamente para refugiarnos de la lluvia.

    Fueron apenas unos segundos los que estuvimos bajo el agua, pero suficientes para llegar completamente empapados. Eso sumado a que nuestros cuerpos estaban bien sudados y todavía llenos de nuestros recientes y calientes fluidos, nos hizo meternos en la ducha nada más llegar. Sin pensármelo dos veces, y ya casi como una costumbre familiar, fui directo detrás de mi madre para meterme con ella en la ducha, sin recordar que ahora mismo estábamos en su turno, y obviamente ella no me pondría a las cosas fáciles, ya que sabía lo mucho que le gustaba jugar y hacerse de rogar. Efectivamente así fue, después de quitarme la ropa en mi cuarto me dispuse a meterme en el baño con ella, pero para cuando llegué ya había cerrado con pestillo la puerta. Con ese pequeño gesto fui consciente de que mi madre había empezado a usar su turno. Me tocó ir al otro baño, el cual tenía una ducha mucho más pequeña, pero lo justo para una persona. No os voy a mentir, ya casi por costumbre pensé en masturbarme, pero razonando unos segundos caí en que era mucho más divertido dejar que mi madre eligiera al cien por cien lo que hacer conmigo, por lo que me di una ducha rápida y fui a mi habitación a vestirme. Por el camino me encontré con ella envuelta en su albornoz y con una toalla anudada al pelo, recién salida de la ducha.

    -¿Qué tal mamí? ¿Te sentó bien la ducha?

    -Uy genial cariño, no veas el frío que traía. Una pena que se pusiera a llover tan fuerte, yo que quería tomar el sol un poco antes de la cena.

    -Bueno no te preocupes, que esta tiene pinta de ser de esas tormentas rápidas de verano. Además, seguro que se nos ocurre algún plan mejor -yo no lo dije con ningún tono insinuante, pero obviamente el doble sentido estaba sobre la mesa-.

    -Algún plan mejor eh… Uy eso me recuerda a que ahora estamos en mi turno ¿verdad? -como si no lo supieras tú bien, pensé yo-.

    -Pues ahora que lo dices sí que lo es sí, es tu momento de hacerme sufrir.

    -Anda anda no digas esas cosas burro -ambos reímos-. Yo sería incapaz de hacerle algo malo a mi pequeñín -dijo con voz maternal mientras me pellizcaba la cara entre risas-.

    -Vale vale tendré que creerte, pero que sepas que no me fio ni un pelo. ¿Tienes algo en mente ya?

    -Oye pues ahora que lo dices sí que se me ocurre una cosilla.

    -Soy todo oídos -me hice el serio, pero por dentro ya empezaba a notar ese morbo y esa euforia esperando alguna perversa propuesta-.

    -Quiero que me enseñes el resto de mis regalos.

    -¿Cómo? ¿Y por qué debería hacerlo?

    -Anda mira el niño, que se acuerda de lo que quiere. Si no recuerdo mal dijimos que el turno servía para ordenar cualquier cosa, ¿no? Pues esto es mi primera orden.

    -Serás… -efectivamente estaba en lo cierto, ya que la noche anterior habíamos acordado que los mandatos no se ceñirían solo a cosas sexuales, por lo que esto se ajustaba perfectamente a la norma-. Vale pues no me queda otra, déjame ponerme algo de ropa y te daré tus regalos.

    -Bieen -reía ella dando suaves saltitos de alegría-. Pues yo voy a a cambiarme también. ¿Nos vemos en el salón?

    -Perfecto ahora mismo bajo.

    No podía negar que mi madre astuta era un rato. Se notaba también que era una mujer adulta, por lo que es obvio que sus órdenes no fueran tan depravadas como las mías, un chico joven recién salido de la pubertad y con las hormonas por las nubes. Ahí me di cuenta de que no me esperaba tanta caña como yo me imaginaba, simplemente disfrutaría puteándome un poco y ya está. Esto me desilusionó un poco, pero al menos todavía me quedaba un turno por aprovechar, por lo que no todo iba a ser malo.

    Llegué a la habitación y me puse como de costumbre un pantalón corto y una camiseta, ya que hacía algo más de frío. Saqué los regalos de el armario donde los había escondido y me puse a hacer un leve recuento. Esposas, pack de dominación, lencería y lubricantes, eso era lo que me quedaba después de haberle dado el vibrador a control remoto. En ese momento se me ocurrió una idea, la cual iba un poco en contra de las normas establecidas, pero que vi necesaria. Mi turno hubiera sido muy aburrido sin alguno de estos objetos como sorpresa, por lo que decidí ocultarle un par de estos. De esta manera lo que le daría ahora serian las esposas, el pack de dominación con la lencería que incluía y los botes de lubricantes para anal y el normal. De esta manera me reservé el otro conjunto de lencería y el lubricante especial para retardar el orgasmo.

    Tras guardar estos últimos metí el resto en sus bolsas y baje al salón, donde me encontré a mi madre ya sentada en el sofá. Iba con uno de esos nuevos conjuntos que se había comprado, ya que nunca lo había visto. He de decir que era bastante sencillito, formado por un camisón y un pantalón corto, ambos color morado.

    -Bueno pues aquí estoy -dije sentándome a su lado y poniendo las bolsas en la mesa-.

    -A ver a ver, que vayan saliendo esos regalitos.

    -Ya te he dicho que no son para tanto eh, no te esperes algo al nivel del que te di en el restaurante.

    -Uf no me lo recuerdes que me pongo mala. Si todos los regalos fueran como ese ya es que me caso contigo cariño -yo sabía que era una frase hecha, pero algo en mí se revolvió al escuchar esas palabras salir de su boca-.

    -Bueno pues entonces ahí los tienes. ¿Quieres abrirlos tú o te los voy pasando?

    -Mmm… Va dámelos tú que me hace ilusión.

    -Allá vamos pues -dije sacando primero los dos botes de lubricante-. Como ya te dije es una tontería, pero me pareció curioso.

    -Esto es lubricante como el que ya tenemos, ¿no?

    -Bueno este grande sí que es parecido, pero está centrado para dar masajes. Además es de mucha mejor calidad del que tienes tú, me lo recomendó la chica que me atendió en el sex shop.

    -Así que sex shop eh pillín. Yo fui a una tienda de esas para comprar el juguetito que ya conoces, pero tuve que ir a la ciudad de al lado claro. Imagínate que me cruzo a alguien conocido. ¿Oye y este pequeñito que diferencia tiene?

    -Ah pues mira ese ya es algo más especial, está pensado para sexo anal.

    -¿Sexo anal? Uy cariño a esto ya sí que no se que decirte.

    -Nunca lo has probado imagino, ¿no?

    -Cielo no me había hecho ni sexo oral en la vida… -ambos reímos-

    -Bueno me lo imaginaba jajaja. Igualmente no te preocupes, lo compré por si surgía la cosa, por eso pillé el pequeño. Además como estos días hemos… ya sabes hemos experimentado un poco por ahí.

    -No, si he de admitirte que es una buena compra. Y tienes razón, estos días me ha gustado mucho cuando… -otra vez salía su versión más pudorosa-.

    -¿Cuando te metí algún dedo?

    -Sí… Es algo que ni yo misma había probado, y he de confesar que se siente bastante bien.

    -Me alegro de que te gustara. Además he de decir que tienes bastante facilidad, o sea las primeras veces es complicado hasta meter un dedo.

    -¿En serio? ¿Tú lo has hecho así con alguna chica entonces?

    -Bueno con una medio novia que tuve hace un tiempo sí que lo intentamos, pero no había manera. Le dolía mucho y no dilataba nada, aún usando lubricante y de todo.

    -Vaya que pena. Pues sí que es verdad que a mí no me ha dolido para nada -tras esto unos segundos de silencio comenzaron a mostrar la tensión sexual que se estaba creando de nuevo-. Bueno va enséñame el resto.

    -Ah sí. Mira abre este, es algo atrevido y dudé si comprarlo o no pero bueno -dije mientras le pasaba la bolsa con el pack de dominación y las esposas.

    -Anda unas esposas. Pues mira con estas cosas sí que estoy perdida del todo. O sea las he visto en pelis y siempre me han dado curiosidad, pero nunca me ha dado por probar unas, y mucho menos proponérselo a tu padre claro está. ¿Y esto qué es? -decía mientras sacaba el pack-

    -Eso me lo describió la chica como un pack de dominación. Tiene cosas parecidas a las esposas, por ejemplo ese collar. Pensé que como te gusta que te agarren del cuello y esas cosas esto te podría gustar también.

    -Uy qué rara me siento cuando me dices esas cosas hijo. Si ya de normal me da cosa imaginarme así que me lo digas tú…

    -¿Bueno pero es verdad que te gusta no?

    -Hombre mentiría si te dijera que no, solo que ahora es la primera vez que lo exteriorizo con alguien. ¿No sé si me entiendes?

    -Si claro, entiendo que a papá nunca le dijiste nada así.

    -Uy no no, me hubiera llamado loca o algo por el estilo -dijo entre risas-. Empecé a hacérmelo a mi misma mientras usaba alguno de mis juguetes, pero pedírselo a una persona es algo muy distinto.

    -¿Con distinto quieres decir mejor?

    -Puede ser…

    -Bueno entonces algo he acertado, ¿no?

    -Pues sí que has acertado sí. Obviamente el primer regalo ha sido el mejor con diferencia, pero estos me han gustado mucho cariño -dijo mientras se alargaba para darme un cariñoso pico en los labios-.

    -Me alegro de que te guste amor -llamar a mi madre de esas maneras de forma normal era algo que todavía me costaba, pero que cada vez me gustaba más-. Pero todavía te queda un regalo eh, de hecho es algo que venía junto al pack.

    -Ay cariño pero esto es demasiado, ¿cuanto dinero te has dejado?

    -Oye que esto es un regalo, está feo decir el precio. Además no te preocupes, todas estas cosas no son demasiado caras. Si tuviera novia estaría todo el día probando tonterías de estas con ella.

    -¿Yo no te sirvo? -casi me da un vuelco al corazón escucharla decir eso mientras ponía morritos-. Es broma tonto, mira que cara se te ha puesto -ambos reímos, aunque yo algo más incómodo que ella-. Bueno pues a ver qué tenemos aquí.

    -No sé si será tu talla, pero creo que te puede quedar muy bien -dije mientras sacaba el conjunto que venía con el pack de dominación, aquel conjunto blanco de encaje al que se le podían sacar algunas piezas para dejar la vagina y los pechos al aire. Me estaba volviendo loco de solo pensar como le quedaría eso-.

    -Pero cariño… -dijo sorprendida con llevándose la mano a la boca-. Es precioso cielo. Siempre he querido comprar lencería de este estilo, pero para cuando me quise animar ya era demasiado mayor, y me daba vergüenza que tu padre me viera así.

    -¿Vergüenza? Vamos mamá pero si tienes un cuerazo de escándalo. En cuanto lo vi en la tienda supe que te quedaría de lujo.

    -Tanto decírmelo me lo voy a acabar creyendo -decía ella sonriente sin quitar ojo del conjunto-.

    -Bueno pues no hay mejor manera de creértelo que viéndolo con tus ojos. Va vete a probártelo a ver si te gusta.

    -No me lo digas dos veces.

    Tras esto se levantó y subió directa a su cuarto con todas las bolsas. Yo me quede en el salón, sin parar de pensar ni un segundo en lo que estaría pasando ahí arriba. Mi madre desnudándose, poniéndose las medias mientras acariciaba su piel, encajando cada liguero mientras se miraba al espejo. Mi polla por supuesto comenzó a empalmarse, y las ganas de subir tras ella y hacerle de todo eran inhumanas. No se ni como aguanté unos diez minutos, minutos que para mí fueron horas, cuando comencé a escuchar sus pasos bajar por la escalera a mi espalda. Nervioso como estaba me giré para llevarme una sorpresa, y no precisamente la que me estaba esperando.

    -Pero mamá, ¿y el conjunto?

    -Ay cielo ya me lo he probado. ¡Me encanta! Al principio me parecía un poco exagerado y se me hacía raro verme así, pero he de reconocer que me veo bastante sexy con él.

    -Ah bueno, me alegro mucho de que te gustara pero, ¿por qué te lo quitaste?

    -Hombre no querrás que ande por casa con eso puesto como si fuera una cualquiera, y encima delante de mi hijo.

    Ahí entendí lo que estaba pasando. Mi madre quería jugar conmigo, hacerse la loca hasta que yo rogara por deleitarme con ella, prácticamente como yo había hecho esa misma mañana. He de admitir que me pareció un poco cruel por su parte, pero luego me comenzó a invadir un morbo que difícilmente puedo explicar. ¿Quería jugar conmigo? Pues entonces yo iba a ser el mejor juguete.

    -Tienes razón mamá, hay que ver qué cabeza tengo. Pedirle a mi madre verla en lencería. No se como se me ha ocurrido la verdad.

    -Bueno si te portas bien puede que te deje ver algo más tarde -dijo entre risas sentándose a mi lado en el sofá-. Oye ya que no podemos hacer mucho más, ¿te apetece que pongamos una peli hasta la cena?

    -Va me parece genial, ¿tienes alguna en mente?

    -Pues no la verdad, vamos a echar un ojo a ver qué encontramos.

    Y así hicimos, encendimos la tele y fuimos pasando por varios canales. Después de un rato encontramos peli una que acababa de empezar, uno de estos típicos telefilms sobre unos chicos que se mudaban a una universidad o algo así. La verdad que apenas recuerdo nada de la película, ya que mi mente estaba en otro lado. En cierto momento de esta hubo una escena en la cual los protas se colaban en una fiesta y acababan jugando a verdad o atrevimiento, obviamente rodeados de gente popular y un poco obligados por la situación. Sí, como podéis ver era la típica americanada más bien cutre.

    -Hay que ver estos americanos, vaya juegos más raros que hacen en las fiestas -dijo mi madre-.

    -Hombre eso precisamente no es tan raro, yo alguna que otra vez he jugado con mis colegas.

    -¿En serio? ¿Pero no preferís bailar o cosas así?

    -Hombre eso también se hace claro, pero la noche es muy larga y hay momentos que también mola un poco de relax.

    -Pues no estoy viendo mucho relax que digamos -dijo ella mientras en la peli se veía como un chaval saltaba desde el tejado de la casa-.

    -A ver no a tanto no llega -dije entre risas-. Normalmente son retos tontos, como besar a alguien o mandar un mensaje o cosas así. Pero bueno lo que más se suelen hacer son preguntas, que es lo que más juego da.

    -Entiendo entiendo. Oye y qué tal si jugamos nosotros.

    -¿Nosotros? ¿Ahora?

    -¿Por qué no? La peli no es muy allá, y me llama bastante la atención.

    -Bueno por mi vale pero, ¿como lo quieres hacer? Porque normalmente se hace con más gente y bebiendo.

    -Bueno pero con dos seguro que también se puede. ¿Te apetece una cerveza? -dijo levantándose hacia la cocina-

    -Va ahora que lo dices una me tomaba. Y mira para hacerlo rápido podemos jugar con una moneda a cara y cruz. El que pierda tiene que recibir pregunta o reto del otro.

    -Venga me parece divertido.

    Ella abrió las cervezas mientras yo fui en busca de una moneda. La tarde por fin comenzaba a ponerse interesante, pero sabía que tenía que haber algún tipo de trampa, ya que estando en su turno no tenía sentido que se dejara mandar pruebas por mi. Después de unos segundos pensándolo decidí que lo mejor sería tirar más por preguntas, ya que tenía el presentimiento de que si me pasaba con algún mandato, ella se vengaría de alguna forma. Además, tenía su morbo poder preguntarle cualquier cosa. Una vez eso decidido baje al salón, donde ella se encontraba en el sofá con las dos cervezas ya servidas.

    -Aquí estoy. Bueno antes de empezar, ¿quieres poner algún tipo de norma? -dije sentándome a su lado-

    -¿Norma? ¿A qué te refieres?

    -Pues no se, algo que quieras vetar, como un tema o algo así.

    -Uy no no, que entonces el juego no tiene gracia. Va yo por mi empezamos.

    -Miedo me das. Venga pues no se hable más, yo elijo cara.

    -Pues me toca cruz.

    De esta manera comenzamos a jugar. Al principio íbamos bastante parejos, más o menos ganamos cada uno unas tres o cuatro veces, y fueron todo preguntas. Eso sí, estas no fueron nada comprometedoras, simplemente tonterías sin mucho trasfondo. Ahí empecé a pensar que en verdad no conocía demasiado de mi madre. O sea obviamente sabía de su vida y tal, pero no la conocía como puedo conocer a una amiga o pareja. Supongo que es lo que tienen las relaciones madre e hijo, que parecen muy cercanas pero al final suelen caer en unos roles muy específicos. Después de este pequeño razonamiento decidí que ya era hora de poner el juego algo más comprometedor, y justo una victoria hizo que fuera mi turno de jugar fuerte.

    -Vale es mi turno mamá. Acuérdate de que si no quieres contestar tienes que beber eh.

    -Mmm… Con eso ya me imagino que no va a ser una pregunta fácil.

    -Bueno bueno yo solo aviso.

    -Ya ya… Pues venga la vas a hacer hoy o qué.

    -Oye tampoco te pongas así -ambos reímos-. Va allá va. ¿Con cuántos hombres te has acostado?

    -Serás cabrón…

    -Acuérdate de que si no te atreves a contestar puedes beber.

    -No no, tranquilo que te voy a contestar. Eso sí, con acostado te refieres a… ya sabes…

    -Sí, con penetración y todo.

    -Ya veo… Pues en ese caso con seis.

    -¿Con seis? Oye pues si te soy sincero me esperaba menos.

    -Bueno tu madre es recatada, pero tampoco una monja eh.

    -A mi me lo vas a decir sí… -tras esto ella me dio un suave codazo entre risas-.

    Después de volver a tirar la moneda fue ella la que salió victoriosa. Su pregunta fue exactamente la misma a la mía, y mi respuesta fueron 4 chicas. La verdad que no hubo mucha conversación en lo referente, ya que es una cifra muy normalita para alguien de mi edad. Después de esto las preguntas se fueron tornando más y más comprometidas, comenzando a conocer más de nuestra vida, sobre todo en lo referente a sexo.

    Seguimos jugando y yo tuve la suerte de acertar dos seguidas. Las preguntas no fueron demasiado explícitas, ya que supuse que sí tornaba el juego demasiado incómodo ella decidiría cortarlo en algún momento. Después de que ella respondiera volvimos a tirar la moneda, y este sí o sí era momento de empezar a calentar más aún la cosa.

    -¡Bien, volví a ganar! -dije yo después de que cayera la moneda-

    -No me lo puedo creer, estaba segura de que esta iba a salir cara.

    -Bueno bueno no lo pienses más que ahí va mi pregunta, y te aviso de que esta viene fuerte.

    -Veras…

    – Va ¿Alguna vez le has sido infiel a papá? Y antes de que digas nada, yo obviamente no cuento.

    -Cariño no sé si quiero hablar de estos temas contigo.

    -¿Eso es que sí?

    -No por dios no, ya hemos hablado de esto. Yo siempre he estado muy enamorada de tu padre, ni se me ocurriría acostarme con otro hombre -obviamente sonaba brutalmente ilógico, teniendo en cuenta todo lo que había pasado entre nosotros. Igualmente esa charla ya la habíamos tenido, por lo que decidí no hacer ningún comentario al respecto y seguir con la pregunta-.

    -A ver si dices que no quieres hablar de eso es que algo pasó. Ademas, por mí no te preocupes mamá. Se perfectamente que quieres a papá, y nada de lo que me digas va a cambiar la imagen que tengo sobre vosotros.

    -Ya hijo, se que tú en este aspecto eres muy comprensivo, de hecho diría que demasiado -dijo ella ya algo menos tensa pero todavía cortada-. A ver digamos que una vez hubo algo, pero supe pararlo antes de que las cosas se descontrolaran.

    -Ves, sabía yo que algo si había. Pero no me puedes dejar así eh, ahora tienes que contarme la historia.

    -¿En serio tengo que contarte todo?

    -Oye que yo no diseñé el juego -dije encogiéndome de hombros-.

    -Bueno está bien. A ver esto fue hace algunos años, cuando todavía jugabas a baloncesto.

    -Pues si que hace tiempo sí, porque lo dejé como en tercero o cuarto de la ESO, así que yo tendría unos catorce o quince años.

    -Por esa época sí. ¿Te acuerdas de un chico con el que jugabas? Javi creo que se llamaba.

    -Mamá, ¿me estás diciendo que….

    -¡No hombre no! -dijo ella alzando la voz-. Su padre, iba a hablarte de su padre.

    -Tranquila mujer que sólo era una broma -dije yo entre risas, aunque su cara dejaba bien claro que la broma no había sido precisamente graciosa-. Bueno sí me acuerdo de Javi sí. Su padre era el chico este alto, ¿no? ¿Mateo puede ser?

    -Ese mismo sí. Bueno la cosa es que él estaba divorciado, y claro lo típico que en los partidos hablas con el resto de padres, lo normal vaya.

    -Si claro. Recuerdo que tenías muy buena relación entre todo el grupo en general.

    -Sí la verdad es que todos nos llevábamos bien, pero con Mateo la cosa fue un poco más allá.

    -Soy todo oídos.

    -Al principio hablamos como con el resto de padres, pero poco a poco empezamos a hablar un poco más de nuestras vidas privadas. Además como tu padre casi nunca venía porque siempre estaba trabajando, la mayoría de las veces acababa hablando con Mateo. Incluso algún día quedamos para tomar un café.

    -Claro e imagino que empezaste a sentir algo por él.

    -Que va, yo siempre lo vi como un amigo, supongo que por el hecho de estar casada. Pero claro él era soltero, entonces pasado un tiempo comenzó intentar ligar conmigo y a hacerme alguna insinuación.

    -¿Y si no te gustaba por qué seguiste hablando con él?

    -Bueno ahora con los años lo pienso y supongo que siempre me gustó, porque de no ser a sí hubiera sabido cortar en ese momento como tú dices. Bueno la cosa es que él siguió detrás de mí durante varios meses, y claro yo no cedía pero tampoco le paraba los pies. Incluso alguna vez llegó a escribirme por WhatsApp y a mandarme alguna que otra foto algo provocativa.

    -Imagino que esas fotos eran más que “algo provocativas”.

    -No te voy a mentir, el hombre sabía que armas usar a su favor, y esta no era precisamente pequeña -dijo indicando con las manos un gran tamaño-. Total que la cosa siguió así un tiempo, hasta que un día él se cansó de insinuarse y decidió pasar a la acción.

    -Mamá he de decirte que se está poniendo un poco turbia la cosa.

    -No cariño no te preocupes, era sólo una expresión. Puede que Mateo pecara de provocador, pero siempre fue un caballero conmigo y nunca se pasó de la raya.

    -Bueno me alegra saber eso, me deja más tranquilo la verdad.

    -Aww cielo gracias por preocuparte por mi -dijo cogiéndome la mano y poniendo cara tierna-. Bueno va que si no nunca acabo. Un día tú tenías partido, y como de costumbre yo fui a verte con el resto de padres. Mateo obviamente estaba allí, y ese día pude notar que sus comentarios eran un poco más subidos de tono de lo normal. Yo no quise darle importancia, y en uno de los descansos fui al baño. Mi sorpresa vino cuando casi nada mas cerrar la puerta él entró detrás de mi, cerrando y echando el pestillo. Era uno de estos baños grandes e individuales, por lo que nadie nos molestaría. Antes de que yo apenas pudiera preguntarle qué estaba haciendo, él se abalanzó sobre mí y me besó sin previo aviso. Yo al principio obviamente me sorprendí, pero sin darme cuenta reaccioné devolviéndole el beso, por lo que comenzamos a… morrearnos -dijo ella con cara de culpa, probablemente esperando una mala reacción mía, cosa que obviamente no iba a tener-.

    -Wow parece que Mateo se cansó de esperar eh. Y dime dime, qué más pasó.

    -Emm bueno… Después de eso yo me separé y le dije que no podía, que esto no estaba bien y que teníamos que parar. Esto él obviamente ya lo tenía en cuenta. Me dijo que me deseaba más que a nadie, pero que sabía que nunca sería suya, y que lo respetaba, pero que sólo quería una cosa antes de dejarlo pasar.

    -Una mamada, ¿verdad?

    -Espera ¿Cómo lo has sabido? -su cara era de sorpresa total-.

    -No se me lo suponía. No te lo tomes a mal mamá, pero tienes cara de dar muy buenas mamadas, y obviamente puedo confirmarlo -dije yo entre risas, haciendo que ella se riera también un poco y rebajando la tensión que se había formado-.

    -Bueno pues así fue, esa fue su petición.

    -Supongo que no tengo que preguntarte lo que pasó después.

    -Si te digo la verdad ese fue uno de los momentos que más cachonda me he puesto en mi vida. No se si por la situación o por el hecho de que era algo que no debería estar pasando, pero nada más me lo dijo no pasaron ni dos segundos y yo ya estaba arrodillada ante él -yo no quise cortarla, rezando para que me siguiera contado esa historia que tan caliente me estaba poniendo-. Tras esto le baje los pantalones y pude confirmar lo que había visto en fotos, por lo que ni me lo pensé y ahí que fui, directa al lío. Empecé a chuparsela sin reparar en preliminares, directamente intentando metérmela entera en la boca, ya que nunca había tenido delante algo de tal tamaño.

    -¿Tan grande era?

    -Y tanto que sí, más que la tuya incluso, y eso que no es que tú vayas poco armado precisamente.

    -Vaya ahora me vas a crear complejo -dije yo haciéndome el deprimido de broma-.

    -Uy calla calla, de complejo nada. En ese momento me sorprendió por la novedad, pero ya te digo yo que no quiero una de esas ni regaladas. Vamos porque tenía que metérmela en la boca, que si llega a ser en otro sitio salgo corriendo.

    -Vaya supongo que grande no siempre es mejor -dije yo mientras ambos reímos-. ¿Pero en ese momento podemos decir que lo disfrutaste no?

    -Bueno y tanto. Supongo que te puedes imaginar como estaba yo de mojada en ese momento. Claro que yo no quise tocarme ni nada por el estilo, ya que sabía que si daba indicios de querer ir más lejos la cosa hubiera ido muucho más que lejos, por lo que me dediqué a hacer mi trabajo e intentar que el tipo acabara pronto. Él por su parte se notaba que llevaba esperando esto bastante tiempo. A ratos era él el que me follaba la boca prácticamente sin que yo hiciera nada, incluso cogiéndome alguna vez del pelo para ayudarse. Si te digo la verdad esa fue de las primeras veces que me hicieron algo así, y no sabes lo cachonda que me estaba poniendo. De hecho hubo un momento que estuve a punto de mandarlo todo a la mierda y dar un paso más, pero justo él me sorprendió corriendose sin previo aviso. Después de esto se tuvo que sentar en la taza del wáter para recuperar el aliento, mientras yo me tragaba y recogía de mi cara los restos de semen. Tras esto no dijimos nada, yo me levanté y me arreglé un poco mientras él, todavía desnudo de cintura para abajo, me admiraba sin soltar palabra a la vez que yo abandonaba ese baño. Sé que esto va a sonar un poco egocéntrico, pero en ese momento me sentí, no se, poderosa.

    -Wow mamá, sí que tuvo que ser toda una experiencia. Y egocéntrica para nada, piensa que un hombre estuvo rogando por tus huesos hasta el punto de conformarse con una simple mamada. No todas las mujeres pueden decir que han vivido eso. ¿Oye y después de eso que pasó? ¿Seguisteis en contacto?

    -Bueno mantuvimos el contacto que teníamos todos los padres, pero nunca hablamos de lo que había ocurrido ni volvimos a quedar a solas. Después de eso yo obviamente borré todos los mensajes y las fotos, así que ambos nos olvidamos del tema.

    -Estoy seguro de que él no se olvido tanto…

    -Anda tonto corta el rollo -dijo de broma-. Bueno creo que he respondido con creces tu pregunta, así que venga que el juego no pare.

    Mientras acababa la frase cogió la moneda y la tiro al aire eligiendo cara antes de que cayera, con tan mala suerte de que finalmente salió cruz. Y digo mala suerte obviamente para ella, por qué para mí era todo un regalo. En ese momento decidí que era momento de dejar de jugar y pasar a algo serio de verdad. Si la anterior pregunta había sido tan fuerte esta tenía que serlo mucho más, por lo que no me corte ni un pelo y le solté una que llevaba pensando desde el día que llegamos a esa casa.

    -No voy ni a darte tiempo para que te quejes -dije cortando el inminente comentario que se venía por volver a perder-. Ahí va pues ¿Alguna vez has fantaseado con acostarte conmigo?

    -Bueno y yo que pensaba que la pregunta iba a ser más difícil. Desde que estamos aquí apenas pienso en otra cosa -dijo ella con algo de timidez-.

    -No no, me refiero a antes de estas vacaciones, antes de que pasara todo esto entre nosotros.

    -Cielo creo que no debería contestar a eso… Prefiero beber…

    -Lo respeto mamá, pero creo que beber es un castigo muy suave para lo fuertes que están siendo las preguntas, ¿no crees?

    -La verdad es que yo también lo creo, aunque en este momento me joda admitirlo. ¿Alguna propuesta?

    -Mmm… Se me había ocurrido que si uno no quiere responder a una pregunta, el otro debe mandarle un reto el cual debe de cumplir sí o sí.

    -Qué miedo me das cuando piensas estas cosas… Pero bueno la verdad es que me parece justo, al fin y al cabo en algún momento me tocará a mí preguntar a mí. ¿Tienes ya el reto pensado?

    -Y tanto que lo tengo. Quiero que te pruebes de nuevo la lencería, pero esta vez quiero verte con ella puesta -desde que empezó el juego tenía pensado proponerle esto como uno de los retos, y creo que no pude elegir mejor momento-.

    -Así que te quedaste con las ganas eh.

    -Claro, y bien que lo sabes.

    -Bueno pues supongo que debo hacerlo -dijo mientras se levantaba en dirección a las escaleras-.

    -No tan deprisa -dije yo levantándome a la vez-. Se me ocurre que mejor podríamos seguir jugando en el piso de arriba. Te espero en mi cuarto mientras te cambias. ¿Te parece bien?

    -No veo por qué no. Dame un par de minutos y estaré lista.

    Tras esto cada uno nos dirigimos a nuestros cuartos. El momento que llevaba toda la tarde esperando por fin estaba a punto de llegar. Mi cuarto era prácticamente igual al de mi madre, con una gran cama y un sillón junto a la ventana, por lo que decidí sentarme en este a esperarla. No pasaron ni diez minutos cuando unos tacones me despertaron de mis fantasías y me devolvieron a esa habitación, habitación donde en apenas unos segundos mi madre iba a entrar ceñida en una lencería digna de las mejores actrices porno. Y eso, fue exactamente lo que pasó.

    La puerta se abrió lentamente y pude ver una de las imágenes más imponentes de mi vida, una que de seguro no se me olvidará hasta el fin de mis días. Poco a poco pude observar como aquella bomba sexual entraba contoneando las caderas en mi habitación, mientras yo observaba cada detalle de su cuerpo. Llevaba un par de tacones blancos, ninguna locura pero lo justo para realzar sus preciosas piernas. Piernas embutidas en unas finas y blancas medias, las cuales llegaban hasta la mitad de sus muslos, haciéndolos aún más jugosos y apetecibles que de costumbre. Unido a estas medias llevaba un par de ligueros de encaje, los cuales conectaban con unas braguitas que apenas llegaban a cubrir sus anchas caderas. Según se iba acercando dio una vuelta sobre sí misma, los cual me sirvió para apreciar como ese fino tanga se perdía entre sus grandes pero firmes nalgas, dejando ese culo que tanto me gustaba prácticamente desnudo. Finalmente, y ya casi a mi lado, se volvió a poner de frente, ofreciéndome una perfecta visión de la parte de su cuerpo que más me gusta, ese precioso par de tetas. Apenas cabían en un sostén también de color blanco, el cual por sus fina tela trasparentaba al nivel de prácticamente verle a la perfección sus oscuros pezones, los cuales se notaban ya bastante duros, como era costumbre.

    -Wow mamá… Estás… -dije yo levantándome y acercándome poco a poco-

    -Alto cariño, no vayas tan rápido -dijo ella parándome en seco y poniéndome contra en armario con un leve empujón en el pecho-. He estado pensando y creo que el juego se ha acabado. He decidido que es hora de que mami empiece a mandar en esta casa…

    En ese momento mi corazón se aceleró a tal punto que creía que se me saldría por la boca. Sin duda mi madre había tomado las riendas de la situación, y escucharla decir esas cosas con un tono serio y sexy hizo que me encendiera a unos niveles inimaginables. Tras esto me ordenó que me desnudara y, a continuación, me tiró las esposas que yo mismo había comprado, obligándome a ponérmelas detrás de la espalda. Una vez hecho esto me vendó los ojos con antifaz que ella usaba a veces para dormir, impidiéndome desde ese momento ver nada de lo que pasaría en esa habitación. Lo siguiente que pude notar fueron caricias, mi madre recorriendo todo mi cuerpo de arriba a abajo, rozando por breves momentos también mi erecto pene, el cual llevaba duro como una roca desde antes de su adúltera historieta.

    -Hijo que sepas que no te has portado nada bien con mamá estos días -me dijo cerca de la boca, ya que podía notar perfectamente su cálido aliento-.

    -¿Que no me he portado bien? Y eso por qué, si se puede saber -yo ya estaba metido del todo en el rol-.

    -Porque me has hecho hacer cosas muy malas.

    -Pues yo creo que te han encantado esas «cosas malas», como tú las llamas. De hecho creo que las deseabas aún más que yo.

    -¿Ah sí? ¿Eso crees? ¿Crees que a mamá le gusta hacer cositas sucias con su propio hijo? -su voz se tornaba susurrante su aliento cada vez se aproximaba más a mi boca, sintiendo por momentos incluso leves roces entre nuestros labios-.

    -No lo creo, sé que a mi madre le encanta hacer cosas muuy sucias con su hijo. ¿Y sabes por qué lo se?

    -¿Por qué?

    -Por lo mismo que le hiciste una mamada a aquel hombre, porque eres una puta -dije con algo de miedo por la gravedad de la palabra, pero al mismo tiempo desafiante, esta vez siendo yo el que se acercara a su boca.

    -¿Eso piensas de tu madre? -dijo ella agarrándome suavemente del cuello y poniéndome de nuevo contra el armario- En ese caso sólo me queda una cosa por hacer.

    Tras esto pude sentir como se separaba de mi, sin saber muy bien lo que sucedería a continuación. Después de unos segundos que se me hicieron eternos, noté de golpe su cálida boca envolviendo mi pene prácticamente es su totalidad. Sin darme un respiro y con mis piernas casi temblando, comenzó a chupar dándome una mamada de esas que sólo ella sabía hacer, no lenta pero tampoco brusca, haciéndome sentir cada rincón de su boca y de su garganta. Tuve que apoyarme de espaldas en el armario, ya que por momentos pensaba que no aguantaría de pie con las chupadas que estaba recibiendo. No se si fueron varios minutos o apenas un par, pero sí se que llegó un momento que no aguante más, y todo lo acumulado esa tarde fue directo a parar a su garganta. Note como varios chorros salieron de mis entrañas mientras oía perfectamente como ella intentaba tragar tanto como podía, eso sí sin sacarse mi polla de la boca en un solo momento.

    Mi sorpresa vino cuando, una vez dejé de eyacular, mi madre siguió chupando, y no de una forma lenta, sino al mismo ritmo que antes. Me estaba volviendo a hacer una mamada sin pausa entre la anterior. Esto en un principio me puso bastante tenso, ya que todos sabréis lo sensible que queda el pene una vez eyacula, haciendo que cada roce se sienta mil veces más. Debido a esto estuve a punto de rogarle que parara, pero pasados unos segundos esa mala sensación se fue reduciendo poco a poco, dando lugar a un placer que nunca antes había experimentado y haciendo que literalmente me retorciera del gusto. No hicieron falta más de diez chupadas para que, sin aguantarme ni un segundo más, me corriera de nuevo en su boca, esta vez acompañado del orgasmo más intenso que he sentido en mi vida. Debido a esto caí rendido sentándome en el suelo, y lo siguiente que pude sentir fue mi madre besándome con una pasión increíble. Pude sentir perfectamente restos de mi propio semen en su boca, cosa que por otro lado no me importó lo más mínimo, ya que en ese momento solo podía sentir mi polla palpitando y su lengua recorriendo mi boca de arriba a abajo.

    -Dios mamá… Eso… Eso ha sido… -yo apenas podía respirar de la excitación-

    -Lo se cariño… No hace falta que digas nada… -ella también se notaba agitada- Dios me moría de ganas por volver a chupártela, y eso que solo hace unas horas desde la ultima vez.

    -Pues ya sabes que soy todo tuyo siempre que quieras.

    -Ya lo sé ya, menudo estás hecho. Madre mía dos corridas en apenas unos segundos.

    -La verdad es que me has sorprendido cuando has seguido después de la primera, de hecho casi te pido que pares, pero luego…

    -Ya perdón por eso cielo… No se que me ha pasado pero no he podido parar.

    -Tranquila mamá porque me ha encantado. De hecho ha sido el mejor orgasmo que he tenido en mi vida.

    -¿En serio me lo estás diciendo?

    -Claro que te lo digo en serio. Contigo he tenido el mejor sexo de mi vida mamá, eso te lo puedo asegurar.

    -Ayy cielo eres un amor. Yo supongo que no hace falta que te lo diga, pero tú también has sido el mejor amante que he tenido.

    -No sabes lo feliz que me hace oír eso mami. Oye por cierto, ¿me puedo quitar ya esta venda no? -dije comenzando a subirla-

    -Noo no no. Espera un momento, que ahora tengo una sorpresa para ti.

    -Buf me has pegado tal meneo que me he tenido que tirar al suelo mamá, no sé si estoy yo para más sorpresas -de nuevo ambos reímos-.

    -Tranquilo mi amor, que por hoy ya te he hecho sufrir suficiente. Mira tú siéntate aquí -dijo guiándome hasta el sillón- y espera un poquito a que yo prepare todo.

    Una vez sentado en el sillón pude oír un poco de movimiento por la habitación, incluso noté como mi madre salió y entró un par de veces de esta. Igualmente yo estaba bastante ocupado pensando en lo que acababa de pasar, y sobre todo pensando en lo mucho que había cambiado nuestra relación en menos de una semana. Apenas hace unos cuantos días ni siquiera me hubiera lanzado a hablar sobre alguna novia o rollete con mi madre, y ahora ella me contaba sus experiencias más intimas. Y no solo eso, sino que la tenía esposándome y dándome órdenes cual esclavo sexual. Estos pensamientos revolvieron algo en mi interior, pero sobre todo hicieron que me empezara a excitar de nuevo. Sigo sin entender de donde me salía todo ese aguante y esa calentura, ya que si bien nunca he sido precoz o de durar muy poco en la cama, tampoco he sido de los que aguantan más de dos rondas sin tomar un buen descanso para recuperar fuerzas. Con mi madre sin embargo siempre tenía ganas, a los minutos o incluso segundos estaba de nuevo cargado y listo para la guerra. Después de un par de minutos perdido en mis pajas mentales (nunca mejor dicho) oí como entraba en el cuarto y se dirigía hacia mí.

    -Bueno parece que ya está todo listo.

    -Miedo me da pensar lo que has preparado.

    -No te preocupes amor, ya te he dicho que voy a ser buena. De hecho te voy a dar un regalo muy especial.

    -La verdad es que no suena nada mal -dije divertido mientras me mentalizaba para lo que se me venía-.

    -Pues ven aquí, que te voy a quitar las esposas. Eso sí, no puedes quitarte la venda hasta que yo te lo diga. ¿De acuerdo?

    -A sus órdenes señora.

    No pasó ni un minuto cuando pude escuchar su suave voz dándome permiso para destaparme los ojos, y si os soy sincero, tuve una de las mejores vistas con las que me he topado nunca. Mi madre a cuatro patas sobre la cama, con el culo apuntando directamente hacia mi, y con el bote de lubricante anal justo a su lado. He de admitir que me puse malo con solo un segundo de esa maravillosa imagen. Estaba todavía con la lencería puesta, todo menos el tanga obviamente, con esas medias que realzaban aún más su prominente culo, el cual me tenía totalmente hipnotizado.

    -Vaya vaya… Pues sí que es una sorpresa… -dije acercándome poco a poco a acariciar sus piernas-

    -Este es mi regalo para ti cariño. Te voy a regalar la virginidad de mi culito.

    -Mami no se que decir. ¿Estás segura?

    -Y tanto que lo estoy cielo. No hay mejor persona que tú para estrenarme en esto.

    -Es todo un honor cariño. Te juro que voy a estar a la altura.

    No acabé mi frase cuando ya estaba casi arrodillado frente a ese manjar. Su culo se veía perfecto, pero mis ojos iban como siempre directos a ese precioso coño, bien empapado y pidiendo a gritos ser comido, por lo que sin pensarlo dos veces quise comenzar por ahí. Hundí mi lengua entre sus labios y empecé a lamer de arriba a abajo, rozando con la punta su clitoris y saboreando esos ricos jugos que emanaban de su interior. Ella comenzó a derretirse del gusto, aumentando su respiración y cayendo rendida sobre una almohada que había colocado bajo su cabeza. Esto hizo que su culazo quedará aún más en pompa de lo que ya estaba, por lo que decidí dar un paso más y subir hacia su apetecible ojete. Cuando comencé a acercar mi lengua hacia la zona, pude notar un olor muy perfumado, lo cual delataba que mi madre se había preparado a conciencia para este momento. No alargué más la situación y empecé a chuparlo, con calma pero manteniendo la lengua algo dura, haciendo que este poco a poco se ablandara ante mí. Así estuvimos unos minutos, conmigo intercalando lamidas entre su culo y su coño, mientras ella se tocaba de vez en cuando y disfrutaba soltando algún que otro gemidito.

    -Qué me dices mami, ¿crees que estás lista para ir un poco más allá?

    -Estoy deseándolo cariño…

    Tras esto me puse de pie, quedando a la altura perfecta para la ocasión. Cogí el bote de lubricante y me eche un poco sobre un par de dedos para poder esparcirlo por la zona. Una vez este quedó bien repartido, mezclándose incluso con mi propia saliva, comencé a introducir muy suavemente algún dedo, abriendo espacio con el índice para, más tarde, meter también el corazón al mismo tiempo. De esta manera comencé un suave mete y saca, el cual hizo que la zona se relajara bastante, al igual que mi propia madre, la cual se masturbaba mientras se dejaba hacer.

    No pasó mucho tiempo cuando decidí que era momento de pasar a mayores. Me eché algo más de lubricante sobre el pene y comencé a restregarlo por toda la zona, encaminando mi glande poco a poco hacia esa pequeña, oscura e inexplorada cueva. Después de varias pasadas probé a meter simplemente la punta, para ver cómo respondía ella. Poco a poco comencé a introducir cada vez más, a lo que mi madre sorprendentemente no puso ninguna objeción, es más, diría que lo estaba disfrutando bastante y que incluso era ella misma la que se echaba hacia atrás, haciendo que la penetración fuera cada vez más profunda. La verdad es que he de admitir que es una sensación algo extraña, sin duda diferente de cómo se siente una vagina. Aquí todo era más apretado y ofrecía más resistencia, dejando claro que ese agujero no está hecho para hacer esas cosas, aunque, en mi opinión, eso precisamente es lo que le da morbo a la situación.

    -¿Que tal mamá? ¿Te sientes bien? -dije mientras poco a poco iba abriendo camino, con mi polla introducida ya casi hasta la mitad-.

    -Si cielo no te preocupes… Es una sensación un poco, rara, pero creo que no me disgusta.

    -Vale pues voy a probar a meterla un poco más, pero si te duele o quieres que pare dímelo eh.

    -Tú tranquilo cariño. De hecho, creo que es momento de que me la metas entera.

    -¿Estás segura? Igual es mucho para la primera vez.

    -No te preocupes hijo, estoy preparada. Además, me muero de ganas. Así que vamos, desvirgame cariño.

    Esas palabras me dieron motivo suficiente para despreocuparme y pasar de una vez por todas a la acción. En verdad me resultó bastante cómico el hecho de que mi propia madre me pidiera que la desvirgara, aunque más que hacerme gracia me puso como una moto. Tras esto comencé a dejar de empujar tan lentamente, intercambiándolo por un suave mete saca, el cual iba haciendo que mi polla se clavara un poco más cada vez que la metía. Al principio iba con mucho cuidado, pero pasados unos minutos la cosa empezó a fluir mejor, su ojete comenzó a ensancharse y mis embestidas empezaron a tomar algo más de ritmo, dando inicio a una follada anal en toda regla.

    La experiencia era algo totalmente nuevo para ambos, y eso se pudo ver reflejado en varias cosas. Una por ejemplo era que apenas hablábamos ni nos comunicábamos, algo que a mí personalmente me encanta en el sexo, y sé de buena mano que a ella también. Esta vez los dos parecíamos estar concentrados en hacerlo bien, como una joven pareja perdiendo la virginidad en su primera vez. Eso sí, no puedo decir que la cosa fuera incómoda o seria, ni mucho menos vamos, ya que no nos hacían falta palabras para demostramos lo mucho que estábamos gozando. Ella estaba totalmente acostada sobre la almohada, alzando bien el culo para poder recibir mis penetraciones mientras a ratos se masturbaba. Obviamente todo esto acompañado de unos gemidos los cuales poco a poco iban subiendo de volumen. Yo si es verdad que estaba un poco más cohibido, ya que estaba seguro que si me ponía a bombear como de costumbre le acabaría haciendo daño. Igualmente me lo estaba pasando en grande, y no solo por el factor de estar desvirgando en culo de mi propia madre (lo cual a día de hoy me sigue pareciendo una locura), si no porque la sensación era de lo más placentera. Aunque si me preguntáis a mí la verdad es que prefiero hacerlo por delante, ya que todo es más suave y más «espontaneo» por así decirlo.

    No pasó mucho tiempo hasta que sus gemidos me dieron a entender de que estaba a punto de correrse. Su primer orgasmo mientras le rompían el culo, y era yo, su propio hijo, el que se lo estaba rompiendo. Sin duda un acontecimiento histórico que no se si se habrá dado en muchas familias. Así fue pues, sus gemidos se tornaron prácticamente en gritos mientras chorros de corrida comenzaron a salir de su coño, manchando el colchón a la vez que yo la penetraba sin cortarme apenas un pelo. Tras esto cayó rendida boca abajo sobre la cama, haciendo que mi pene saliera de golpe de su culo. He de decir que me sorprendió que saliera totalmente limpio, ya que, no voy a entrar en detalles, pero todos sabéis lo que suele pasar en estas situaciones. Por lo visto mi madre no solo se había asegurado de perfumarse la zona, si no que la había dejado bastante preparada para la acción.

    Ella se quedó un buen rato tirada sobre la cama intentando recobrar el aliento, por lo que yo decidí acostarme a su lado para acompañarla en su recuperación. Se notaba que apenas podía decir palabra, por lo que me dediqué a acariciarle el pelo y darle suaves besos por toda su sonrojada cara.

    -Iba a preguntarte si te había gustado, pero supongo que es un poco tontería, ¿no?

    -Dios hijo… No… No se como describirlo…

    -Confirmo entonces que te ha gustado -dije divertido mientras le acariciaba el cuerpo-.

    -Gustado se queda corto. Es una sensación que nunca había sentido… Es como… Como…

    -Tranquila tranquila, creo que me hago una idea -de nuevo ambos reímos mientras ella se incorporaba-.

    -Cariño lo has hecho genial. Me alegro que mi primera vez haya sido contigo.

    -¿En serio? ¿No te he hecho daño en ningún momento?

    -No no no cielo en serio. Al principio sí que lo notaba raro, pero luego ha ido todo genial. Es lo que tú decías, como si…

    -… como si nuestros cuerpos encajaran a la perfección -dijimos ambos a la vez para luego mirarnos a los ojos unos segundos-.

    -Ay cielo pero mira como estás -decía ella señalando mi todavía efecto pene, ya que a mi no me había dado tiempo a correrme-. Me he centrado tanto en mí misma que ni me he molestado en si tú acababas o no.

    -Tranquila mamá, no te sientas mal. Normalmente es el chico el que deja a la mujer a medias, por una vez que sea al revés no va a pasar nada -dije de broma para quitarle importancia-.

    -Pero es que me siento mal -ella acariciando mi duro pene-. Creo que voy a tener que encargarme de esto.

    -Bueno eso será si yo te dejo, porque te recuerdo que te has corrido, lo cual quiere decir que estamos en mi turno -dije yo con voy desafiante, lo cual hizo que ella se sonrojara aún más y se mordiera el labio inferior-.

    -¿Y te vas a negar a que mamá te haga sentirte bien? -dijo ella volviendo a usar su clásica voz de niña mala mientras se acercaba aún más hacia mi-.

    -Sería tonto si me negara, pero también sé que si acepto perderé muy rápidamente mi turno, ¿verdad? -ella no respondió, simplemente sonrió dejando claro que ese era su plan-. Por eso mismo te propongo un trato.

    -¿Un trato?

    -Exacto. Aunque bueno, más que un trato sería una tregua. Te propongo que esta noche hagamos un parón en el juego, el cual se reanudaría mañana por la mañana.

    -¿Y se puede saber por qué debería aceptar esa tregua?

    -Porque llevo desde que llegamos a esta casa deseando follar contigo durante toda una noche mamá. Quiero que tengamos una noche de pareja, una noche de amantes…

    -Cielo…

    Ella no dijo más y se abalanzó a comerme la boca. Estuvimos un buen rato besándonos y acariciándonos, efectivamente igual que dos novios que alquilan una noche de hotel para dar rienda suelta a sus deseos. Íbamos moviéndonos por toda la cama, masturbandonos el uno al otro y mirándonos a rato a los ojos, para más tarde seguir con nuestros lentos pero apasionados morreos. En un momento dado ella hizo amago de intentar desabrocharse el sostén, por lo que yo la corté rápidamente.

    -Espera amor no te lo quites. Mira no te lo había dicho, pero esta lencería tiene algo muy curioso.

    Me levanté de la cama y le extendí la mano para que me siguiera, llevándola directa frente al espejo de la habitación y poniéndome detrás de ella. Comencé a desabrochar los botones que unían la parte del sujetador que cubría los pechos con el resto del sostén, dejando así al aire esos preciosos melones. Si ya con la lencería completa estaba preciosa esto era otro nivel. Sus tetazas quedaban de lo más resaltadas, estando un poco más firmes que totalmente desnuda debido a las correas que las sujetaban, y con unos preciosos lacitos reposando sobre la parte alta de estas. Sin duda parecía toda una princesa, pero no una de Disney, sino de la mejor peli porno de la historia.

    -Dios hijo nunca había visto una lencería así… -decía ella acariciándose mientras se degustaba con su figura reflejada en el espejo-.

    -Mamá llevo todo el día pensando en lo bien que te quedaría esto, pero sin duda superas mis expectativas. ¿Te gusta?

    -¿Que si me gusta? Amor me encanta. Me pone muy cachonda llevar las tetas así… -decía mientras empezaba a acariciar suavemente su entrepierna-. Dios me pone muy cerda….

    -Mas cachondo me pone a mi verte -dije yo dándole la vuelta y abalanzándome sin poder aguantar ni un segundo más a comerle esas blanquitas tetazas que tanto me estaban llamando.

    De esta forma comenzó la que posiblemente fue la mejor noche de mi vida. Pusimos en práctica todo lo que habíamos hecho la última semana. Solo con deciros que ni siquiera paramos para cenar creo que os podréis hacer una idea de lo entregados que estábamos el uno con el otro a nuestros deseos más primitivos. No hubo momento en el que nos quedáramos sin hacer nada. Cuando ella se corría yo apenas le daba descanso, penetrandola sin casi bajar ritmo. Cuando era yo el que me corría, me tiraba directamente a comerle el coño para hacer que ella acabara a los pocos segundos. Me corrí en su boca, en sus tetas, en su coño, en su culo, en casi todos los rincones y agujeros de su cuerpo, y claro, ella soltó sus calientes jugos por todos los rincones del mío. Nos besamos, nos acariciamos, follamos en todas las posturas posibles y nos dijimos las mayores barbaridades que se han dicho nunca entre una madre y un hijo. La cama acabó hecha una piscina, llena de corridas, semen, sudor y, en general, fluidos de ambos, dejando un olor a lujuria propio del peor burdel.

    En un momento de la noche ella se acababa de correr después de que yo le hiciera un oral, ya que minutos antes era ella la que me hacía eyacular después de regalarme una rica cubana, dejando sus tetas bien llenas de lefada (aunque para ese momento ya habían recibido más de una corrida).

    -Ven aquí mamá -dije sentándome en la cama y poniéndola encima mío-.

    -Dios cariño… ¿Ya la tienes otra vez dura? Pero mira como me has puesto hace nada… -decía ella sentada sobre mis piernas mientras se restregaba los restos de semen por todos sus melones-.

    -Contigo sabes que tengo energía para esto y más.

    Tras esto la agarreñé por el culo y la dejé caer suavemente sobre mi pene, ensartandola con una facilidad pasmosa y haciendo que sus cálidas y jugosas paredes abrazaran de nuevo mi erecto miembro. Nuestros cuerpos quedaron bien enganchados, yo sentado con las rodillas algo flexionadas y ella rodeándome con sus piernas la cintura, quedando así nuestras bocas a la altura perfecta para comenzar a morrearnos de la forma más guarra posible. Su boca sabía a mi semen, y la mía seguramente a sus corridas, cosa que obviamente a ambos encantaba. Por momentos nuestras lenguas jugaban a llegar lo más hondo posible, haciendo que hilos de saliva cayeran de vez en cuando de nuestras bocas.

    -Mmm mamá me encanta como besas…

    -Cielo y a mi como besas tú… Aaghh… Además me pone mucho besarte después de que me comas el coño…

    -Pues yo… Aaghhh… Yo estaría todo el día comiendotelo… Ufff es el coño más rico que me he comido nunca…

    -¿Ah si? Mmm… Y dime cariño… Qué es más rico, ¿comerle el coñito a mami follartelo?

    -Sabes que follarte es lo que más me gusta en este mundo… -dije yo comenzando a moverme con algo más de ganas, haciendo que sus tetas empezaran a botar suavemente rozando mi pecho-.

    -Aaghhh así… Así cariño… Ufff ven aquí, comeme las tetas mientras me follas amor… -dijo agarrando sus ricos melones y poniendo sus pezones en mi boca, pezones que empecé a chupar con delicadeza mientras aceleraba mis penetraciones-.

    -Mmmm… Aghhhh joder mamá me encantan las tetazas que tienes… Ufff además así vestida pareces… Aaghh pareces…

    -¿Una puta amor? Parezco una puta, ¿verdad?

    -No pareces una puta no… Pareces MI puta -dije apretando una de sus tetas mientras aceleraba aún más el ritmo-.

    -Aaaghhhh sí cariño sí… -Dijo ella besándome y mirándome fijamente a los ojos-. Soy tu puta amor… Agghhh por favor folla a tu putita y haz que se corra…

    -Aaaghhh… Seguro que querías que Mateo te hubiera follado así aquel día eh…

    -No…. Agghhh no…. Yo le soy fiel a tu padre….

    -Claro… Y por eso ahora estás follandote a tu propio hijo… Aaghhh… Eres una cerda incestuosa mami…

    -Aaghh sii… Soy una mami muy cerdita.. Pero mi hijo es un depravado que lleva años pajeandose con su propia madre…

    Al oir esto yo no me corté un pelo y la agarre del cuello, como siempre con suavidad, pero acercando su boca hasta la mía y moviéndome con aún más ganas.

    -Aaaghhhh así bebe así… Sigue así que estoy a punto… -dijo rodeándome con sus brazos y sus piernas, aplastando sus tetas contra mi pecho y gimiendome al oído-.

    -Vamos correte para mí mami… Follate bien a tu hijo y haz que tu coñito se corra… ¡Aaghhh! -yo aceleré tanto cuanto pude, abrazándola también y embistiendo como si lo hubiera un mañana, frotando nuestros sudados cuerpos y haciendo que el cabecero de la cama chocara contra la pared, como si esta se fuera a derrumbar-.

    – ¡Uy uy uy así así! Ufff joder follame así de rico nene… ¡Aaaghhh me corro!

    -Vamos mami correte para mi… ¡Aaghhh joder yo estoy casi a punto!

    -¡Me corro hijo! Uff que rico amor… ¡Que rico que rico! ¡Aaaghhh me voy! ¡ME VOY ME VOY ME VOYYY ¡aaaggh!

    Y así lo hizo. Mi madre se empezó a correr como si ni hubiera un mañana, aferrándose a mi cuerpo con todas sus extremidades y clavando sus uñas en mi espalda. Pude sentir perfectamente como su coño se contraía entre espasmos de puro placer, estrujando mi polla entre los fluidos que intentaban escapar de aquella húmeda cueva. Yo estaba a punto de correrme, pero en el último momento me contuve, ya que después de haberme corrido un par de veces dentro de ella esa misma noche, esta vez me apeteció acabar en otro sitio. Sin pedirle permiso la agarré y la puse de rodillas en el suelo. Esto hizo que al sacar mi pene ella comenzara a liberar sus corrida sobre la alfombra, lo cual me puso más cachondo imposible. Yo no aguanté más y me puse enfrente de ella, arqueando un poco mis piernas y masturbándome rápidamente sobre su cara. Aquí ella comprendió mis intenciones, y sin decir nada abrió la boca tanto como pudo, sacando su lengua mientras sonreía y cerraba los ojos. Pocos segundos fueron los que me hicieron falta para comenzar a eyacular por toda su cara. Era ya como mi sexta corrida de la noche, por lo que la cantidad de semen que solté no fue de lo más abundante, pero si lo suficiente para llenar gran parte de su sonrojada y preciosa cara de una extensa corrida bien caliente.

    La noche obviamente no acabo ahí, sino que después de eso seguimos unas cuantas horas más. Fue la primera noche de sexo desenfrenado de toda mi vida, y estoy seguro que nunca volveré a vivir algo como eso, al menos con una mujer que no sea mi madre…

    Continuará…

  • Marta la sirvienta: relatos de fetichismo y sexo

    Marta la sirvienta: relatos de fetichismo y sexo

    Marta sacó las llaves del bolso y abrió la puerta de su pequeño piso. Eran las 12 de la mañana y acababan de despedirla.

    «Al menos no tendré que usar estos zapatos de tacón que me muelen los pies»

    Marta, 19 años, era una chica que medía metro cincuenta y seis, pelo liso y largo de color negro, delgada, buena figura en la que destacaba un culito redondo y respingón y unos ojos expresivos de color oscuro.

    Entró en el cuarto de baño, se quitó la camisa y comenzó a echarse agua en los sobacos mientras contemplaba sus pequeñas tetas enfundadas en un sujetador de color rojo bermellón.

    Tenía dinero para un par de semanas.

    Pensó en pedirle pasta a su madre, pero desechó la idea de inmediato, había tomado una decisión tan solo hace unos meses y no quería volver a casa bajo la férrea disciplina de su padrastro. Aquel hombre quería a su madre y su madre disfrutaba con su compañía, pero con ella no se llevaba bien. La consideraba una caprichosa y una vaga.

    Poco después de cumplir los 18, y habiendo aprobado sin demasiadas florituras, decidió comenzar enfermería en la universidad. Siempre le había llamado la atención ese mundo especial dónde el médico tenía el poder de curar. Se acordaba de su tío, que llevaba un pequeño consultorio en un pequeño pueblo. Allí acudían todo tipo de personas y él las auscultaba. Naturalmente, lo que más la llamaba la atención eran las inyecciones, daban miedo. Pero ese miedo se había convertido en morbo cuando un hombre de mediana edad había ido a que le pincharan en la nalga. Ella había estado allí, acompañando a su tío, pasándole el algodón empapado en alcohol, observando los nervios del paciente, la bajada de pantalones, su sumisión.

    Sin embargo toda esa pasión no se había convertido en capacidad para el estudio. Era vaga, en eso tenía que dar la razón a la pareja de su madre.

    Aquella tarde, cuando recibió las notas y los suspensos, su padrastro le gritó diciéndola que le estaba robando el dinero, que era incapaz de estudiar, la llamó de todo y le dio un guantazo. Pero la cosa no quedo ahí, por primera vez, se quitó el cinturón. Marta salió corriendo y se refugió en su habitación, desoyendo las ordenes de la pareja de su madre que le pedía salir. Sentada en la cama, oyó como su madre trataba de hacerle entrar en razón, pero esta vez no funcionó e incluso llegó a amenazarla con una paliza si continuaba metiéndose en medio.

    Finalmente, temiendo por la integridad de su madre que no tenía culpa alguna y armándose de valor, quitó el cerrojo del cuarto. El hombre, enfurecido, entró en la habitación. Marta recordaba sus brazos, la camisa de cuadros arremangada y el bulto en su pantalón. El muy cabrón se excitaba con todo aquello. Ordenó a Marta arrodillarse en la cama e inclinarse hacia delante y le pegó reiteradamente con el cinturón en el trasero y en los muslos. Su madre se interpuso, le dijo que ya era suficiente y él dejó el cinturón y salió con ella. Desde la cama, con sus nalgas al rojo vivo, Marta pudo oír como sus padres hacían el amor. Seguramente no habían sido necesarios muchos preliminares para que el pene de aquel tipo alcanzase su máximo tamaño.

    Dos días después, harta de tener que rendir cuentas, y con la confirmación de un empleo en una perfumería, se marchó de casa dejando una escueta nota de despedida.

    ****

    Una semana después del despido en la perfumería con el que iniciamos esta historia, Marta encontró trabajo fregando baños públicos. A pesar de la mascarilla que llevaba como protección, el olor a orín y restos de caca pegados en la taza se le metía por la nariz.

    El olor de los productos para desinfectar tampoco era mucho mejor.

    Un día, al volver a casa, notó que se mareaba, también tenía la tripa revuelta. La diarrea le hizo visitar el aseo de su apartamento varias veces seguidas.

    Después de aquel episodio decidió renunciar a limpiar retretes que olían a pedo.

    Durante una semana estuvo buscando. Llegó a plantearse volver a casa, incluso estuvo tentada con ejercer la prostitución. Era joven y la paga era muy buena, pero tenía que vender su cuerpo. No era especialmente vergonzosa, podría llevar bien eso de desnudarse delante de alguién pero, eso de que la follasen era otra cosa. Pensar que un tío cualquiera metiese el pene en su cuerpo, por mucho condón que usase, la horrorizaba.

    Sin mucha convicción volvió a conectarse con una web de empleo y para su sorpresa apareció una entrada nueva. Era una posición a tiempo completo como sirvienta, tendría que hacer las camas, planchar y ayudar a preparar la comida entre otras cosas. El sueldo era bueno y las horas extra se pagaban muy bien. Llamó y la citaron para una entrevista.

    La casa estaba a cuatro paradas en tren de cercanías. Era un chalet de dos plantas para ricos, con piscina, jardín y campo de pádel. El servicio doméstico se componía de un jardinero que venía dos veces por semana, un chofer y una cocinera de unos 50 años. En la casa vivía Laura de 45, su marido Richard diez años mayor que ella, y su hijo Juan que acababa de estrenar la mayoría de edad. La entrevista tuvo lugar en el salón. Laura interrogó a la candidata y Richard se unió a la conversación casi al final.

    Luego ambos abandonaron la estancia dejándola sola. Marta miró a su alrededor, la decoración era moderna y minimalista, de la pared colgaban cuadros abstractos y la luz se colaba por el ventanal creando sensación de amplitud.

    Quince minutos más tarde oyó el ruido de un motor y vio como salía un Mercedes. Poco después su anfitriona regresó al salón.

    – Marta, nos ha gustado tu perfil. ¿Podrías empezar mañana?

    – Sí, claro que sí, muchas gracias señora. – respondió la nueva sirvienta con genuino agradecimiento.

    **************

    Las dos primeras semanas transcurrieron sin novedad. Marta trabajaba de lunes a viernes. Se le asignó una habitación con cuarto de baño privado por si tenía que hacer noche algún día. Por las mañanas hacía las camas y limpiaba. Luego ayudaba en la cocina. Por la tarde, una vez servida la cena, regresaba a casa a eso de las siete.

    Durante la tercera semana, la señora contrató a una profesora de inglés para dar clases particulares a su hijo Juan. Venía por la tarde y estaba encerrada con él en su habitación durante una hora. Samantha, que así se llamaba la «teacher», rondaba los treinta, pechos generosos y ropa bastante clásica. Las gafas que llevaba puestas y el peinado parecían hechos con el único propósito de quitarle atractivo.

    El jueves de esa semana, Laura encargó una tarea a Marta. Acabada la tarea, la sirvienta reanudó su rutina sin caer en la cuenta de que era más tarde de lo habitual. Entró sin llamar en la habitación de Juan creyéndole ausente.

    – Perdón yo, creí que no estabas. – se disculpó inmediatamente.

    Luego, antes de salir, se percató de lo que pasaba, observó y ofreció nuevas disculpas, esta vez con el rostro colorado.

    El caso era que al entrar, Juan se encontraba sentado en el escritorio frente a su portátil, un libro de inglés abierto a un lado, los auriculares puestos, los pantalones a la altura de los tobillos y el pene fuera de los calzoncillos. El volumen del video porno no estaba alto y el muchacho oyó el ruido de la puerta al cerrarse. Se subió los pantalones y salió a ver que pasaba pillando a la criada camino de la otra habitación.

    – ¡Marta! Puedes venir un momento – la llamó.

    La chica obedeció y juntos entraron en la habitación.

    – Oye, yo no quise. – se disculpó la sirvienta.

    – Está mal eso de entrar en la habitación sin llamar. – espetó el chico.

    – Ya.

    – No dirás nada a mis padres, ¿verdad?

    – Vale.

    – Bueno, puedes hacerme un favor… si lo haces yo tampoco les diré nada.

    – ¿Qué quieres? – dijo Marta ignorando la amenaza.

    – Quiero que me mires mientras me masturbo… venga, seguro que ya me viste el pene… además, quiero que me enseñes una teta.

    La petición era de lo más pueril y Marta consideró opciones.

    – Bueno, si no quieres tu verás… ya me pensaré si cuento… – dijo el cabrito.

    – No es que me importe mucho, pero preferiría que estes callado, yo también tengo cosas que contar. Pero bueno, la idea es que todos trabajemos a gusto. Si me prometes que esto no saldrá de aquí.

    – Lo prometo.

    – Está bien.

    Marta echó el pestillo a la puerta de la habitación.

    Luego se desabrochó la camisa y bajando parte del sujetador sacó una teta. Juan contempló el seno coronado por un pezón oscuro y se excitó. Se bajó los pantalones y los calzoncillos, se sentó en la silla con las piernas separadas y cogiendo el pene con su mano, comenzó a masturbarse mientras era observado por la sirvienta. El orgasmo no tardó ni un minuto en llegar. El miembro hinchado, palpitante, lleno de venas jóvenes, escupió semen.

    Marta ofreció una servilleta de papel a Juan. Cuando este terminó de limpiarse, cubrió su pecho, se abrochó la camisa y tras quitar el cerrojo salió de la habitación salió en silencio.

    Los días siguientes trascurrieron sin novedad. El martes, al recoger la ropa para lavar en la habitación de Juan, se fijó en los calzoncillos. Estaban húmedos, probablemente fruto de una paja. «¿Pensaría en ella mientras se la meneaba?» La posibilidad, lejos de disgustarla, la halagaba y excitaba a un tiempo. Sin embargo estaba también esa profesora de inglés, con sus gafitas y su cara de mojigata sí, pero con esa delantera que no se podía disimular. No era difícil de imaginar, conociendo al hijo de la familia, que profesora y alumno hubieran tenido algún tipo de encuentro de carácter sexual. La idea, extrañamente, la molestaba. ¿De dónde salía ese afán de protagonismo? Era solo un crío imberbe que todavía parecía vivir en la adolescencia.

    Un mes después, Laura le comunicó que la hija de su marido, Susana, vendría a pasar una semana y que la cocinera tenía que ausentarse.

    – ¿Puedes quedarte esos días a vivir aquí? Por supuesto se te pagará todo como horas extra.

    – Sin problema. – respondió Marta pensando que el dinero la vendría muy bien.

    La primera noche pasó sin problemas. La hija de la familia era una chica regordeta y bastante abierta de carácter. Dirigía un hotel y estaba acostumbrada a mandar. Marta notó que había cierta química entre hija y madrastra, se llevaban bien.

    A la mañana siguiente, apareció por la cocina Richard.

    – La señora está mala, tiene fiebre. He mandado llamar al médico, pero me gustaría que tú, Marta, te hicieses cargo. – dijo mirando a la empleada.

    – Vale, sin problema. ¿Qué tengo que hacer?

    – Tienes conocimientos de enfermería y me siento más seguro si estás con ella y la atiendes. Yo tengo un viaje y no estaré de vuelta hasta dentro de tres días.

    Marta aseguró que no habría problema.

    Esa tarde, después de que Richard se fuese, llegó el médico.

    Auscultó a la señora con las gomas para oír su respiración y le tomó la tensión. Luego le miró la garganta.

    – Bien, parece un resfriado fuerte con infección algo severa. Te recetaré unos antibióticos.

    – Pastillas, ¿no afectarán al estómago?

    – Bueno, hagamos lo siguiente, prueba con ellas y si no las aguantas, siempre puedes ponerte unos supositorios.

    Cuando el médico salió de casa, Susana entró en la habitación.

    – ¿Qué ha dicho? –

    – Nada, todo bien. Además Marta es casi enfermera y se ocupará de mí.

    Susana miró a la criada con algo parecido a los celos y dejó la habitación.

    -Es un secreto. Luego si eres buena te lo cuento. – dijo la señora al notar la reacción de Marta.

    – Dormirás en esta cama gemela hoy. – añadió.

    Al llegar la noche Marta, vestida con un pijama de cuadros, se acostó en la cama, no muy lejos de dónde estaba Laura.

    – A la una le toca la pastilla otra vez. Pondré el despertador. – dijo.

    El zumbido del aparato la devolvió a la realidad. Fue a la cocina a por un vaso de agua y aprovechó para echarse agua en la cara y despejarse. De vuelta en la habitación le llevó la medicina a la enferma. La mujer tenía la frente ardiendo y el pijama mojado.

    – Tienes que cambiarte. Voy a por una toalla. – dijo Marta.

    Laura se quitó la camiseta del pijama. No llevaba sujetador y las tetas, anchas y temblonas, le colgaban vencidas por la fuerza de la gravedad.

    – Mi hijastra me chupa las tetas. – dijo la señora.

    – ¿Cómo dice?

    – Susana, sabes, es lesbiana y de vez en cuando nos tocamos. ¿Has echo el amor con alguna mujer? – continuó la mujer como si estuviese borracha.

    – No señora. La fiebre la está subiendo. – respondió Marta mientras secaba la espalda de su jefa.

    – Ya veo.

    Laura se puso la nueva camiseta de pijama y se llevó la mano a la barriga.

    – Malditas pastillas. – musitó.

    Marta, viendo que se quería levantar la ayudó.

    – Ya me arreglo yo, gracias. – dijo la paciente poniéndose de pie y tiritando. No llevaba pantalones de pijama y la tela de las bragas se colaba por la generosa raja de su trasero. Camino al baño se le escaparon dos pedetes. Luego la puerta se cerró y el ruido de la cadena ahogó el ruido del resto de ventosidades.

    Seis horas después Marta aguardaba con la pastilla y el vaso de agua.

    La mujer la miró hastiada y negó con la cabeza.

    – Las malditas pastillas me llenan de aire y no hago más que tirarme pedos.

    – Pero aun tenéis fiebre. – argumentó Marta tocándole la frente.

    – Ya… usaremos los supositorios. Sé una buena chica y ponme uno. Yo no tengo fuerzas.

    Marta sacó la cajita del cajón y se quedó con un supositorio en forma de cohete.

    – Puedes hacerlo verdad… esto es un poco humillante, lo de enseñar el culo y eso. Bueno, tú eres enfermera o casi, así que supongo.

    – No te preocupes, date la vuelta y yo me encargo de todo.

    Laura obedeció y se acostó sobre el estómago.

    Marta dejó el supositorio en la mesita, apartó las sábanas a un lado y bajó las braguitas de la paciente descubriendo el culete.

    – Podrías separar las nalgas. – pidió.

    Laura obedeció dejando su ano a la vista. Marta, con habilidad, introdujo el supositorio en el agujero del culo y metió el dedo para asegurar su retención.

    – Ahora aprieta el trasero para que no se escape. – añadió mientras le subía las bragas y la tapaba con la sábana.

    – ¿Me das un besito? – dijo Laura.

    Marta dudó.

    – Venga, esto quedará entre nosotras.

    – Cuando estes buena. – dijo finalmente la enfermera.

    Laura pensó un rato y luego sonriendo respondió.

    – Esta bien, cuando me recupere haremos un trío, mi hija, tú y yo.

    Marta no respondió a los delirios de la enferma.

    Dos días después la fiebre era solo un recuerdo y la dueña de la casa retomó el control. Su marido regresó por la tarde y llamó a su hijo al despacho.

    La hija de la señora movió la cabeza con desaprobación cuando entró en la habitación para cenar.

    – Parece que la profesora de inglés se ha quejado. – dijo.

    – Se ha quejado… ¿de qué? – preguntó con curiosidad Marta.

    – Dice el chofer que mi hermano le ha pellizcado en el culo varias veces.

    Y eso fue lo único que dijo.

    Una hora más tarde, fue el hijo el que se acercó a ella.

    – Mi padre te llama. – le dijo a Marta.

    – A mí… ¿por qué?

    – Ya lo verás.

    El tono empleado por el joven no ayudó a tranquilizarla.

    Marta fue al servició, orinó, se lavó las manos, se miró en el espejo y satisfecha con su imagen fue a ver que quería Richard.

    – Pasa y toma asiento. –

    Marta entró.

    – La puerta, ciérrala por favor.

    La sirvienta volvió sobre sus pasos cerró la puerta y nerviosa, se sentó.

    El caballero la observó durante unos segundos sin decir nada. Luego habló.

    – Mi hijo me lo ha contado todo.

    – ¿El qué?

    – Vamos, no hagas como que no lo sabes. El chaval miente alguna vez, pero esto no creo que se lo haya inventado.

    Marta enrojeció delatándose a si misma instantáneamente.

    – Yo, bueno, no era nada.

    – Ya veo… consideras que no es nada enseñar las tetas y mirar como un joven se masturba.

    La chica no sabía dónde meterse ni que decir.

    – Sabes lo que me dijo mi hijo… me dijo que hacerse la paja delante de ti le relajaba. Que transmites calma y confianza. Te voy a ser muy sincero, en mi trabajo se sufre estrés y muchas veces es difícil desconectar.

    Marta, que escuchaba en silencio con la cabeza baja, levantó la mirada cuando Richard dejó de hablar.

    Aquel hombre la estaba estudiando, quizás evaluando si lo que iba a decir a continuación sería apropiado.

    – Gracias por cuidar de mi esposa. He oído que has hecho un trabajo genial. Se que a Laura le gustan las chicas, que le gusta tener sexo con ellas y todo eso. Pero no siente admiración por cualquiera, suele juzgar bien a la gente y le has caído muy bien.

    – Gracias. – musitó Marta.

    – Esta es mi oferta. Me gustaría que trabajases para mí. Había pensado en contratar a una masajista y una secretaria y… bueno, el caso es que necesito algo más, necesito alguien de confianza que me relaje.

    Marta abrió los ojos y puso cara de susto.

    – No, no quiero una puta. Ese mundo es muy frío. Simplemente quiero a alguien que vaya más allá con el ánimo de curar cuerpo y alma.

    – ¿Y tú mujer? – preguntó la aludida.

    Richard sonrió.

    – Me gusta tu estilo y tu sinceridad, mi mujer conoce esto, puedes contárselo o comentarlo con ella cuando quieras si te sientes mejor. Ella tiene sus cosas, se enrolla con mi hija y bueno, si eso la hace feliz, para mí está bien.

    Marta dudaba, no tenía claro hasta dónde tenía que llegar, ni estaba convencida de que Laura no se pudiese mosquear con este asunto. Richard pareció leerle el pensamiento y dijo.

    – Lo mejor es probar, si esto no va contigo o no te sientes cómoda, pues siempre puedes dejarlo y seguir como hasta ahora. La paga, eso sí, es un poco mejor.

    **************

    Durante las siguientes semanas Marta se centró en sus nuevas tareas. La labor de secretaria consistía en mantener la agenda de Richard y hacer resumen de sus actividades. También, con frecuencia, hacía de psicóloga, escuchando los problemas y dando su opinión sobre los más variopintos temas.

    Un día, su jefe le pidió un masaje especial. Ante su sorpresa y sin el menor rubor, Richard se quitó los pantalones y los calzoncillos y se arrodilló sobre la silla.

    – ¿Podrías masajear mis nalgas?

    Marta se acercó. No sabía muy bien que hacer, así que improvisó sobando el culo con cierta intensidad. «Es un músculo más» se dijo mientras aplicaba presión sobre los glúteos desnudos.

    Richard, con los ojos semicerrados se concentró en disfrutar la experiencia.

    Al día siguiente, Laura llamó a la sirvienta ascendida a secretaria.

    – ¿Qué estás haciendo? – preguntó.

    – No sé a qué te refieres.

    – Sí que lo sabes. Ven conmigo.

    Marta fue llevada al dormitorio de su señora, allí, vestida con una falda, se encontraba la hijastra.

    La chica miró a la recién llegada con deseo.

    – Desnúdate

    – ¿Cómo? – dijo la aludida.

    – Sabemos que te dedicabas a mirar hombres desnudos, pero ahora has ido más lejos. – respondió la hija.

    – Nosotras también queremos pasárnoslo bien. – añadió la madre.

    La conversación se prolongó durante un tiempo y al final Marta, sin saber muy bien cómo ni por qué, se encontró en pelotas.

    La puerta de la habitación no estaba cerrada del todo y el hijo de la familia miraba mientras se rascaba el paquete.

    Madrastra e hija comenzaron a besar a la secretaria, una se ocupaba de la boca mientras que la otra dirigía su atención sobre los pezones.

    – ¿Qué haces? – dijo Richard dirigiéndote a su hijo.

    – Hay alguien fuera. – intervino Marta alarmada mientras se cubría con las manos pechos y chocho.

    – ¡Entrad y quitaos la ropa! Todo el mundo desnudo. – ordenó Laura.

    Los varones entraron y se desnudaron. Lo mismo hicieron hija y madre.

    – Es complicado, dijo Richard. Veamos. Tú sobre la cama boca arriba, tú boca abajo, tú de rodillas se la chupas y tú pasas la lengua por el ano y yo me encargo de meterle el dedo por el culo. Empecemos así y luego vamos cambiando.

    Pronto, la habitación se llenó de jadeos y gemidos. Las reticencias iniciales, la vergüenza, desapareció y siempre con respeto, el sexo oral ganó en originalidad.

    Minutos después alguien trajo condones.

    Luego una regla de madera.

    Luego… después eyacularon los hombres al tiempo que las mujeres, por turnos, llegaban al orgasmo varias veces.

    Tiempo después, exhaustos, repartidos en dos camas, los cuerpos desnudos, sudorosos, primitivos, entrelazados recibían las caricias de baja intensidad y algún que otro beso furtivo.