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  • Comida para llevar

    Comida para llevar

    Hola: Mi nombre, es Dulce, soy soltera, de momento. Tengo treinta y seis años. Sin compromiso.

    Trabajo de auxiliar de empaquetado, en una fábrica de compresas. Ahora, me han ascendido y soy encargada de grupo. Vivo, de alquiler. Con, Run-run mi gatito.

    Tengo bastante sentido del humor, pero soy, muy introvertida. No soy de tener muchos amigos. Ahora, con los pocos que salgo, me lo paso “pipa”, no suelo salir mucho, por ahí. Más bien, una chica, casera y solitaria. Hace unos días, decidí celebrar, yo sola, mi ascenso en el trabajo. Lo tenía todo pensado, una botellita de vino blanco, sofá, palomitas, chuches y algo para cenar. La cena, que la tenía que recoger, justo debajo de casa.

    En un establecimiento, de comida para llevar. Antes de las 20 h. El local, es de un matrimonio mayor, lo hacen todo muy bueno, pero son, muy puntuales.

    A las 20h. en punto, bajan la persiana. No me podía despistar o me quedaba sin cenar.

    Tenía tiempo de sobra para ducharme y bajar a por la cena. Me metí en la ducha, pensando, en la noche que me iba a pegar, la película que iba a ver etc.

    Estaba contentísima, con mi plan.

    Terminé de ducharme, me sequé un poco el pelo y empecé a ponerme un poco de crema, por el cuerpo.

    Al llegar a la ingle. Me di cuenta. La “pelambrera” que tenía.

    Una selva, perecía. Y decidí rasurarme. Estuve un rato ahí, con mucho cuidadito. Bien rasurada. Me deje un triangulito de pelo. Era la primera vez que lo hacía.

    Pero como ahora se lleva, pues me lo hice. Ese día estaba graciosita.

    A esto, que miro la hora, nooo.

    Eran las 20h y tres. Pegue un salto y casi me corto, con la rasuradora.

    -Mi ceeena

    Cogí una camiseta, que estaba allí encima y que me tapaba el culo, me

    puse los tacones, que me acababa de quitar y baje corriendo, a ver si los pillaba. Con esas pintas, sin peinar y tacones. Parecía una chica Almodóvar.

    –Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón- jajaja

    Cuando llegué abajo, estaba la persiana medio bajada. Me extraño un poco.

    Me agache y entré, llamando a Pedro.

    – Pedro, -Pedro, llamaba al dueño, y no me contestaba dije:

    -Carmen, su mujer. Tampoco contestaba.

    Al momento, sale de la cocina un chico alto, moreno, con pelo corto y rizado, ojos verdes y fuerte, muy fuerte.

    Me dejó impresionada y se me aceleró el corazón. Me asuste. Le dije:

    D– Tú quién eres? Donde están Pedro y Carmen?

    Estaba preocupada. Miraba de arriba abajo, a ese tiarrón, desconocido y allí, solo. Pensé lo peor.

    – Han tenido que ir al pueblo, a firmar unos documentos. – Hace un mes murió mi tía Fina…

    Yo asentía con la cabeza, Carmen me contó que había muerto su hermana y cerraron, un día por defunción.

    Ya, respire tranquila. Le mire, de arriba abajo y la vista, se quedó clavada en el paquete. Me lo comía, con la mirada. Qué vergüenza.

    … ahora, están arreglando los papeleos de la herencia. Me dijo.

    L- Perdona, Soy Luis, hijo de Pedro y Carmen.

    Me dio la mano, y sentí como un chispazo, me puse un poco nerviosa. Quedé muda, por un momento y le dije:

    D- El fisio?, que vive en Madrid? Tu madre me ha hablado de ti alguna vez.

    Asintió con la cabeza, mientras me dijo:

    Que había venido, a pasar el fin de semana con sus padres. Y él se quedaba aquí, para abrir el local. Sábado y domingo lo pasan juntos, bla.bla.blá.

    D-Te queda algo de comida para llevarme? Le pregunté.

    L- Algo queda, contestó.

    L- Espera, que bajo la persiana, no quiero que se cuele más gente.

    Mientras, me decía, qué le quedaba de comer. Yo le miraba, el culazo que tenía. Se dio la vuelta. -Que corte-

    -Ese culito, que no pase hambre-. Pensaba

    Y, rápido le conteste: Ensalada y pollo.

    Quería irme rápido, me estaba cortando, de tanto mirarle. Y él tan serio.

    En un momento, ya me sacaba la comida, con su bolsita. Él salía de la barra, para dármela en mano, yo me acercaba. Mirándole de arriba abajo, para recogerla.

    Justo, cuando estire la mano, para coger la bolsa. Se rompió el tacón de mi zapato. Me doble el pie y aaah, que dolor.

    Me iba al suelo de cabeza.

    Luis, que estaba justo al lado, sin soltar la bolsa de comida, que llevaba en la mano, me cogió al vuelo.

    Como a una pluma por las caderas y me dejo sentada, en una mesa.

    Al subirme, también se subió la camiseta. Me quede, con el culo sobre la mesa y el “potorro” al aire.

    Él, me cogió el pie, rápidamente, y empezó a masajearlo. Sin inmutarse,

    L- Es, para que no se inflame el pie, me dijo…

    L- Soy fisio, te lo dejo como nuevo. No te preocupes

    D- Ya, ya. Dije yo.

    Yo, muerta de vergüenza, diciéndole, perdona, he salido corriendo, cuando he visto la hora y no me ha daba tiempo ni para vestirme. Bla, bla, bla.

    L- No te preocupes me dijo. Mientras me masajeaba.

    De vez en cuando se le iban los ojos a la entrepierna.

    Estaba un poco cortada, a veces me quejaba del dolor, pero estaba a gusto

    – La “almejilla”, empezaba a hacerme palmas- Me estaba humedeciendo.

    Ese masaje, que no sé, qué hacía, pero el guapetón, me tenía estremecida.

    Al ratito me dice:

    L- Me encanta tu rasurado “Brasileño”.

    Me quedé helada. Estaba súper cortada, Y le digo:

    D- No es un rasurado brasileño. Es un rasurado de “Dulce”, que lo he hecho yo. Jajaja, jajaja. Nos reímos un rato y le digo:

    D- Gracias, tienes buen gusto.

    Con la tontería, nos echamos unas risas, Y parece que se rompió un poco el hielo.

    Seguía masajeando, a la altura justa, para cuando se acercaba. Yo, decía Ahh, me duele, e intentaba rozarle el paquete, con los dedos del pie.

    Se queda mirando, fijamente, a la entrepierna y me dice:

    L-Tienes un poco de sangre, en la esquina del triangulito.

    Miro, a ver qué pasaba. Era una mini gota del rasurado.

    D- No pasa nada, le dije.

    Trajo una venda y la puso en torcedura, y seguía.

    El masaje, que su mano ya estaba llegando al muslo y subía. Yo encantada. Ya tenía, el paquete, pegado a la planta del pie.

    Masajeaba, de la rodilla a la ingle, con la mano, suavemente, mientras movía los dedos, de abajo arriba y repetía.

    –Para circulación- Me dice el tío.

    Mientras, notaba ese restregón, del paquete, en la planta del pie. Se estaba poniendo, “morcillon”.

    Va el carbón, que me tenía con el corazón, a mil por hora, y me dice:

    L- Te puedo la quitar?

    Me dio un sofoco, de la impresión, no me esperaba nada ya. Abrí más los ojos, incline un poco la cabeza.

    D- Vale, le dije

    Pensé, que cogería una servilleta o con el dedo, para quitarme la gotita de sangre. No sabía que pensar. Yo, deseando que se lanzara, que me tocara el culo, me comiera la boca, o lo que fuera.

    -Estaba loca por la música-

    Pero ahí estaba, quietecita, calladita. Con las piernas cruzadas y cogida a los laterales de la mesa. Como si nada. Esperando, no sé qué…

    – A ver, si se arrimaba-

    Quería tirarme al cuello. Darle un achuchón o algo. Y él, tan serio, con una leve sonrisa. Tan guapo, tan bueno y tan todo. Uhhhuh

    Me puso, una mano en la rodilla, como para abrirme las piernas. Tampoco, tuvo que hacer mucho esfuerzo.

    -Se abrieron, como las puertas automáticas-

    Metió la cabeza, y con la punta de la lengua, me quito la gotita sangre, muy suavemente.

    L- Ummm. Que rico. Dijo.

    Vuelve a meter la cabeza. Pone la lengua en la vagina, me da un lengüetazo, desde abajo hasta arriba. Ahhhoh ¡qué bueno! Me dieron unos calores, me dejo, erizada, la cara ardiendo y el “Tema” que estaba como:

    – El cráter de un volcán

    Puso, el clítoris entre sus labios, como si fuese un caramelo, y me dio un par de chupaditas. Suavecito. Mientras me acariciaba a dos manos por los costados, bajando despacio a las caderas y los muslos. Y volvía a subir. Como se nota, que trabaja con las manos. Qué, manos.

    Ahora, que el fisio… -De “piquito” tampoco iba mal- jajaja

    Todos los pelos de punta, me puso. Me gustaba tanto, que se me escapó un Aam del gustito. Me dejó, a punto de caramelo.

    Él seguía, jugando, me cogía los labios superiores, como dando bocaditos, suave, aun lado, al otro lado. Me pasaba la lengua de arriba y abajo, Otra vez los bocaditos.

    Umm. Estaba excitada, que pena, que no podía tocarlo. Solo quería contacto físico.

    –Vamos, que me lo quería “coger”

    No sabía dónde meter las manos. Me cogía, a la mesa. Apretando con fuerza. Eso no era normal, tanto “sudar” Puso su lengua en los labios interiores, empezó a moverla, despacito, a un lado y a otro.

    – Qué bueno, era el jodío, como me ponía.

    Le cogí de los pelos, para que no, se separara. Ufh Ufh me estaba viniendo. Ya empezaba ahh.

    Fue cogerlo, de los pelos y arrimármelo un poco. Estaba a cien. Dos movimientos de pelvis y dos restregones. Hoohohh ¡Qué bueenohohoo!

    Me fuiii, Ufff. Me dejó temblando y apretando los muslos, en su cabeza. La almeja la tenía al vapor.

    “Empapada y Ardiendo”

    El corazón, a tope, se salía del pecho. Me puso cardiaca perdida. Y con una cara de felicidad, que no podía con ella. Pensaba:

    -Como estar en el “paraíso”

    ¡Onténta toy!

    Fue increíble, Con todo el bello, como escarpias, esos calores, que me daban de vez en cuando. Con unas ganas, de seguir. Yo tenía, “La Almeja”

    – Más abierta, que la cueva de, Ali- Baba

    Como en la vida. Fue un orgasmo, largo. Me empezó a soplar, un poquito, entre los labios y…

    Ohh, soplaba y Um y seguía ohih. No podía más. Era maravilloso. ¡Qué gustaazo!

    Me deje caer para atrás y me tumbe en la mesa, con los brazos en cruz. Estirándome. Y respirando fuerte.

    Me sacó, un poco más el culo, al borde de la mesa. Pensaba, que me iba a penetrar. Tenía unas ganas increíbles, tenía el “potorro”…

    -Más encendido que una antorcha a media noche

    Se acercó una silla y se sentó entre mis piernas. Me cogió los pies, que tenía colgando y los subió a la mesa.

    Estaba bastante incomoda, le puse las piernas sobre los hombros.

    -Una pierna a cada lado. Y en medio, lo que caiga- jajaja

    No poder tocarlo, me ponía más nerviosa aún, me encendía más. Estaba ansiosa. Ya estaba deseando, Pero, me daba corte decirle nada. Yo me dejaba llevar. Me lo estaba pasando tan bien, que casi me daba igual.

    -No quería cortarle el rollo- jajaja

    Él, Seguía jugueteando con su lengua. Hacia círculos, alrededor del clítoris

    -Como me ponía, el cabronazo

    Empezó a jugar, con el dedo meñique, en mi vagina chorreando, dando vueltecitas, alrededor.

    No estaba mojada, lo siguiente.

    Cuando saca el dedo, todo mojado y me mete la puntita, por el culo.

    D- Que haces, le pregunte

    L- Es, tu “anillito de cuero”, tranquila que te va a gustar, me dijo.

    Le iba a decir que lo sacara. Pero me quede callada. Pensando:

    No puede ser, creía que me iba a doler. Pero entro tan suave esa uñita, tan mojada, que me dio un gustazo. Que no lo podía creer. Los ojos como platos. Le apretaba, como, con contracciones. Uhm. Me encanto.

    Empezó a hacer círculos, con el dedo, despacito, en el “anillito de cuero”.

    Mientras, jugaba con la lengua, arriba y bajo, muy despacito.

    Ya estaba empezando con los Ahahh.

    Estaba gozado más que nunca. Era un escalofrío constante. Me tenía excitadísima. Me metió, el dedo meñique un poco más. Qué gusto me dio, Diooos. Que subidón. Se me cruzaron hasta los ojos.

    Empecé Uhh, Uhh, Uhh otra vez, más fuerte y él, a lo suyo. Con la lengua,

    – Dale que te pego

    Se separó un poco. Me Hizo:

    – Shiiit, para que me callara.

    Ese airecito en mis labios calientes, abiertos y:

    – locos por la música-

    Ese meñique moviéndose arriba y abajo.

    – Estaba muerta, y de gusto también –

    Tardé cero-coma en, Uf Uf Uf. Oheohh. Era lo más.

    -Antes me fui, y ahora me ha, “venido” – jajaja.

    Estaba, como una sopa, el mantel de la mesa, era de papel. Casi no había ya. Con el “chorreteo,” iba desapareciendo.

    Bajó, las piernas de sus hombros. Se puso de pie. Tenía, el morro y la cara chorreando de sudor y babas. Sonríe. Y dice:

    L- Rico, rico

    D- Y con fundamento. Le dije. Y jajaja. Nos miramos a la cara. No podíamos parar, jajaja.

    -Que cabrón-, pensé. Era…

    ¡el rey de las comidas!

    Me quite la camiseta y seguía tumbada, con los pies colgando de la mesa. Se limpió la cara con unas servilletas de papel. ¡Por fin! Pensé:

    – Parece que va haber “temita”

    Me acariciaba, como antes, del costado al muslo, seguía hasta el culo, y al revés.

    -Me ponía como un flan

    Mientras, con la otra mano, se soltó el cinturón y cayeron de golpe, los pantalones. Yo suspiré: Uff.

    No llevaba nada debajo. Yo, no dejaba de mirarle, ese “trabuco”, todo tieso, como apuntándome.

    -Aquí, aquí. Maaatame- jajaja

    Ahora estaba de pie y nos veíamos las caras.

    No sabía que cara poner. Al verlo, me puse, nerviosa. Me humedecía los labios con la lengua? ponía cara de deseo?

    Mientras, me recogía los pelos de loca, que llevaba. Me quedé, con cara de boba y sonriendo.

    Seguro, que parecía una guarra, allí tumbada desnuda y poniendo caritas.

    -Si me viera mi madre- jajaja

    Se la cogió, con una mano. Me pasaba la puntita, entre mis labios mojados. Rozándome, de arriba abajo y de abajo arriba. Unas cuantas veces.

    Estaba agotada y temblorosa.

    Pero el cabrón éste, me tocaba, con las yemas de los dedos, muy suavecito. Me encantaba. Y los calores subían. En una de estas, que estaba para arriba y para abajo, tan mojadito…

    … Umm, como me gustaba. Hace como que se arrima, y pum,

    -Me la coló hasta la garganta-

    D- Ahhm. Dije sorprendida y la sensación de, satisfacción que me dió.

    Lo que llevaba soñando, toda la tarde. Ya lo tenía dentro, me estremecía de notarlo, tan durito, tan calentito.

    Me cogió por el culo, con una mano en cada cachete. Me saco un poco más, de la mesa. Estaba casi colgando.

    Empezó a moverse despacito, como haciendo círculos. Ya me había puesto, atacada. Como me “Activaba”, el guapetón.

    Estaba harta, de coger la mesa. Me cogí, las tetas con las dos manos y empecé a tocármelas. Ahí tumbada, con los ojos en blanco. Aunque, no me podía mover, estaba:

    -Más contenta que, unas “castañuelas-”

    ¡Qué bueeno! El tío.

    Menos mal, que me “toqueteaba”, sino, parecía que estaba muerta.

    –Esta muerta está muy viva- jajaja.

    Mientras, él empezaba a acelerar el ritmo. Como me ponía, estaba que me salía, de satisfacción. Me entraba, el cosquilleo. Ya estaba, otra vez:

    ah, ah, ohh me cogió con un una mano del cachete del culo,

    Empezó a darme caña, pim pam, pim pam,

    Yo, como una loca Ahhiiiii y me decía calla, calla. Umm.

    No podía parar Uhf, siempre, me pasa lo mismo. Soy muy escandalosa, no lo puedo evitar. Ahuhúu

    A la cabeza, me venía[D1] la canción ¡Satisfaccion! de los Roling. Estiraba los pies y las manos, pensando:

    – Satisssfaccioonn wo hoo o ó

    Me coge las piernas, y se las pone en los hombros. Se arrima, otra vez.

    Me cogió el culo, con una mano. Con la otra, me tapó la boca.

    Y empezó, plahs plahs plahs. Me empujaba hacia él. Apretando los cachetes. Como me gustaba, y con ese ruido del choque, entre su pelvis y la mía, cuando me daba caña.

    Cada vez más rápido y más fuerte. Bueniiisimo. Ya lo tenía.

    D- Ahii, iAhiiii, aihh ahiií, Aahh. -Era lo más.

    Con la boca tapada, casi sin poder respirar. Uhmmm, uhmmm, lo único que se me oía.

    -Como se lo curraba el Luisito

    Me dio cuatro o cinco empujones más y se para. La saca, se separa un poco.

    Menos mal, pensé. Que me vino a tiempo. Estaba con las últimas contracciones y respirando fuerte aún.

    La saca, un minuto antes. Y me deja:

    -Mirando el palomo- jajaja

    Se acercó, se la cogió con la mano, se dio dos toques y me salpicó todo el semen, por los pechos. Seguía con la mano, bombeando, despacito.

    -Vaciándose el cartucho

    Mientras dijo: Guaaau. ¡Qué bueno nena!

    Al caerme, el semen, tan calentito, por los pechos. Ummm

    Como que, se reactivó el orgasmo, que ya, se me estaba pasando Uhhah. Me dio, unos segundos maravillosos de propina.

    Era increíble lo que estaba disfrutando Tuve una sensación muy extraña, entre placer, relax, taquicardia y felicidad. Un todo en uno:

    “-MUERTA-”

    Un montón de sensaciones nuevas. Cuál de ellas mejor. Todas tan excitantes. No sabría ni cómo explicarlas.

    Cada orgasmo, era mejor que el otro. Fue:

    -Un final “apoteósico”-

    Se subió los pantalones y mientras se los abrochaba, se iba hacia la barra.

    D- Agua, por favor. Estaba más seca, que el ojo de un tuerto. jajaja

    La boca pastosa. Y muerta de calor. Me quede, tumbada un rato.

    Estaba en estado de shoc. No podía imaginar, que se podía disfrutar tanto. Se me quedo la cara, de:

    -La tonta del bote

    Al momento, viene, con dos botellas de agua y una toalla limpita.

    Le di un trago, de más, media botella. Uhmm, que rica, tan fresquita. La otra, me la eche por encima de la cabeza y la cara.

    Él, se la hizo de trago.

    D- Por qué no has traído agua antes? Le pregunto, y me dice:

    L- No quería que te enfriases, y jajaja

    Empieza a limpiarme el pecho con la toalla. Súper atento el guapetón y mientras, me dice:

    L- Sí, es verdad, lo tienes de dulce, me encanta. Nada que ver con el “Brasileño”. jajaja…

    D- Dulce soy yo. Le dije.

    L- Ya, me he dado cuenta, estas buenísima. Me ha encantado comerte.

    Y Jajaja…

    Me senté en la mesa, me puse la camiseta, le señalo y le digo: – Tú, Luis, le extiendo la mano, como para presentarme. Yo Dulce.

    Me da la mano, le digo:

    – Encantada.

    Los dos jajaja jajaja.

    Y me contesta:

    D- Por fin nos conocemos. Otra vez, jajaja.

    Entre risas me dice:

    L- Te voy a dar un regalo y te voy hacer un préstamo. Fue hacia la cocina a coger algo.

    D- Más agua porfa. Le pedí. Mientras, yo pensando:

    – El regalo, ya me lo has dado, guapetón

    No sabía, que iba atraer. Yo alucinaba con este tío. Todo eran sorpresas.

    Vuelve de la cocina, con unas zapatillas en la mano, yo estaba flipando. No dejaba de sorprenderme. Coge la bolsa de comida de la otra mesa, y la deja en la mía.

    Se acerca sigilosamente. Empieza a ponerme las zapatillas, mientras me dice: la comida te la regalo. Las zapatillas te las presto.

    Señaló mis zapatos. Y dijo:

    L – Con eso no puedes andar. El lunes se las devuelves a mi madre. Dile, que se rompió tu tacón. Me mira sonriente, y dice:

    L- No hace falta que le cuentes los “detalles” y, jajaja

    D- Gracias Luis, estas en todo.

    Al bajar de la mesa, para irme. Como aún estaba, asimilando la taquicardia, el sofoco y medio mareada, di, como un traspié.

    Me volvió a coger, de la cintura y le digo muy rápido:

    D- Nooo Luís, no, me subas a la mesa, por Dios.

    Nos miramos y jajaja.

    Cogí la bolsa, para irme y sonriendo me dice:

    L- He disfrutado mucho, ha sido estupendo. Lo he pasado de lujo, dulce, Dulce.

    D- Ha sido una maravilla. Lo mismo que tú, solo que multiplicado por tres. Le dije. Y jajaja.

    Estaba muy a gusto, pero me quería ir a casa, no podía más. Me iba derecha, a la ducha.

    D- Encantada Luis, me acerque para darle dos besos, mientras, le cogía, del cuello con una mano, para acercarme. Le cogí el culo, con la otra y le dí un apretón. Lo tenía súper duro

    D- Quien lo hubiese pillado antes, le dije.

    Me contesta, con cara seria:

    L- Antes, antes de qué?

    Nos quedamos mirándonos, serios, pensando unos segundos y jajaja.

    Ahora sí, le di dos besos y me iba a la salida

    D- Adiós Luis.

    L- Te abro la puerta. Si no, no sales

    Mientras salíamos, le iba diciendo:

    D- Cuando vuelvas por aquí, si te apetece, me llamas y tomamos algo, y nos echamos unas risas.

    L- Claro. No lo dudes. Contesto él.

    Llegando a la puerta, le: digo

    D -A sido un placer, pero literal. Con la sonrisa de oreja a oreja.

    Me dice, sonriendo: el placer ha sido mío. Nos miramos fijamente y otra vez, le digo:

    D- Yo más. Y venga otra vez, jajaja.

    Me cogió de la cadera y acariciaba mi nuca.

    Me acercó, hacia él. Me dejó, pegada a su cuerpo. Me suelta un “morreo”.

    -Que, no se lo salta, ni un gitano-

    Lo que menos me esperaba, ya.

    -ma besao, ma besao- jajaja

    Mientras, le miraba con cara de felicidad. Y ese escalofrío, que me produjo cuando, rozo sus labios con los míos. Parecía serio el chaval, pero tiene su punto.

    – Bueno un puntazo

    Me rodeó entera, durante unos segundos, con esos brazos, que parecían jamones. Se acercó a mi oído, y Me dijo:

    L- Eres estupenda.

    Me dejó estremecida. Hablaba poco, pero sabía tocar la fibra, el guapetón.

    Con esa cara de no haber roto un plato en su vida. Que bien lo hacía todo. Tan serio que parecía.

    -el cabronazo-.

    Me iba de allí como flotando, en una nube.

    – Más feliz que una perdiz.

    Abrió la puerta y me dijo:

    L- Hasta pronto.

    D- Adiós, le dije.

    Le di, un piquito rápido y me fui corriendo.

    Me vuelvo y sin parar y le digo:

    – Luis, ¡PROFESIONAL, MUY PROFESIONAL!

    Me iba: jajaja

    MORALEJA

    Más vale una buena, comida para llevar, en mano.

    Que cien aperitivos pasando.

    confundio

    María Grindder

  • Mi mujer y su amigo

    Mi mujer y su amigo

    Creo que en alguna que otra ocasión ya os he explicado mi filia sobre el hecho de ver a mi querida mujer, acostándose con otro hombre.

    A veces, no obstante, sin querer planificar las cosas surgen de una manera asombrosa.

    Ni con toda la imaginación del mundo hubiera creído lo que iba a suceder una tarde de sábado en la que invitamos a mi mejor amigo a nuestra casa para tomar algo y charlar sobre cómo nos iba la vida.

    Él es dibujante de cómics eróticos y tiene un estilo maravilloso, con unas tiras a color espectacular.

    Se llama Andrés y su cuerpo es atlético, pelo rubio y perilla, viste a la moda y con camisetas muy ajustadas, lo que le hace resaltar su corpóreo torso.

    Mi mujer ya la he descrito en alguna que otra ocasión, es más bien gordita, pecho prominente, un trasero espectacular, ojos marrones, un piercing discreto en la nariz y tiene tattoos en zonas muy íntimas de su cuerpo, pero de los que más me gustan es uno que tiene entre la espalda y su impresionante y erótico trasero y es una flor de loto.

    Estábamos cenando animadamente y entre mi mujer y mi amigo empezaron a comentar que podríamos beber una botella de vino blanco, para celebrar que pronto iban a publicar mi nueva novela.

    Con la tontería, nos bebimos tres botellas y ellos me animaban a ir bebiendo a salilari.

    La cuestión, se hacía tarde y empezó a caer un tormentón de mil diablos, con rayos, truenos y granizo.

    Mi mujer comentó a mi amigo que con el temporal no podía salir así en coche y al final se decidió que se quedaría a dormir en el sofá, pero en último momento, el que al final durmió en el sofá fui yo con mi borrachera.

    Y así empezó una de las noches más calientes y lujuriosas de toda mi existencia.

    El sopor del alcohol hizo que me quedara grogui en el sofá tal y como iba vestido y cuando desperté la luz del comedor estaba apagada, en cambio desde la habitación venía lumbre, de velas y olor a incienso, oía unos susurros y sonrisas…

    Mareado, me fui acercando a nuestra habitación y al abrir la puerta me encontré con un espectáculo increíble.

    Susana, mi mujer, cabalgaba suavemente encima de mi amigo, gimiendo ambos de placer. Andrés lamía las grandes tetas de mi esposa y podía ver como los dos cuerpos sudaban muy probablemente del tiempo que llevarían follando.

    -Diosss, cariño, que bueno es esto. Vaya polla tan hermosa y grande tienes. ¡Métemela hasta el fondo, joder!

    Y él se esforzaba en obedecer y presionaba mientras ella respondía aumentando el ritmo.

    Era realmente una escena tórrida y brutal. Y más aún en cuanto a la conversación de ambos.

    – Mi marido no debe saber nunca lo nuestro.

    – Tranquila, que no se enterará de nada, además, está durmiendo la mona.

    – Si supiera que tu y yo ya nos hemos visto alguna vez más… y mira que insiste en su fantasía de querer verme en la cama con otro hombre, pero yo siempre le digo que no, que solo lo amo a él, pero con sinceridad, tu polla es tan sabrosa cuando me he agachado a lamértela…

    -Vale, cariño, deja de hablar y sigue moviéndote…

    -Sí, amor, ufff…

    Y mi mujer se entregó a mi amigo con su increíble y fabuloso cuerpo, los pechos bailaban con una pasión desbordante, desde mi ángulo podía ver el trasero de susana como se movía con destreza y total entrega y eso hizo que mi borrachera se pasara de golpe y que mi miembro empezara a crecer de manera mágica y mi excitación subía como la espuma.

    – Diosss, ya llego- gritó mi mujer.

    Y empezó a cabalgar sobre mi amigo con absoluto énfasis y excitación sublime.

    El grito que sonó fue bestial, no reconocía a mi esposa. Conmigo se corría, pero sus orgasmos eran gritos suaves, tranquilos. Lo que yo estaba viendo era una mujer distinta, salvaje, apasionada y entregada.

    Y mi amigo avisó de su corrida y en ese instante ella se quitó de encima y puso sus labios rodeando el miembro y Andrés se convulsionó como un loco, aullando de gusto y placer absoluto, mientras pringaba la cara y labios de mi mujer.

    Se quedaron ambos uno al lado del otro, relajados y sonriendo del gran orgasmo que habían acabado de hacer.

    Yo me fui al sofá y me masturbé, corriéndome salvajemente y pensando en la maravilla que había acabado de presenciar.

    Lo bueno era, que la noche no había hecho más que empezar…

    Continuará…

  • Mi regreso a la reserva ecológica de Buenos Aires

    Mi regreso a la reserva ecológica de Buenos Aires

    Después de mi primera vez en donde cogí con esos 3 putitos que me entregaron todo, quedé muy cebado con la situación y quería repetirlo. Se transformó en mi nuevo fetiche. Sobre todo, el hecho de que nos miren y se prenda gente que no estaba en la cogida inicial. Pero necesitaba ponerle algo de morbo.

    Los invito a leer mi relato anterior de Fitness en la Reserva Ecológica, para quienes no saben quien soy, allí tienen mi descripción.

    Pasadas dos semanas de esa experiencia, comencé a maquinar una nueva visita. Quería que fuera nuevamente en ese horario, entre las 14 y las 17hs donde según entiendo, hay mas gente. Recordaba por que parte se ingresaba y mas o menos, que recorrido debia hacer para toparme con alguien.

    Mis horarios y tiempos laborales eran desastrosos, era dificil poder planificar algo y hacerlo. Tenía que tomarme un par de días de vacaciones, ya que mis vacaciones reales son durante la feria judicial en enero o a mitad de año. Pero siendo una empresa privada donde estoy, había excepciones.

    Llamo a la responsable de las vacaciones e incentivos de RRHH y como sé que siempre estuvo enamorada de mi y hasta hace poco, me tiraba onda, haciendome el simpatico le pregunte: Hola Sil, como estas?

    Sil: Todo bien Juani, vos que contas?

    Yo: acá intentando tomarme un par de días de vacaciones para poder terminar unos trámites familiares pendientes. Me podes decir cuantos días de vacaciones tengo disponibles?

    Sil: a ver, dejame ver… Mirá, te vencen antes del 30/4, unos 7 días. Si queres te los cargo, y me decis desde que día los querés.

    Yo: Ahh genial, igual con dos serían suficientes, te pido este miercoles y jueves, podrá ser?

    Sil: dale, ya te los cargo. Te quedan 5 disponibles para antes del 30 de abril, acordate.

    Yo: ya me lo anoto. Te agradezco el tiempo.

    Salí de la oficina ese día, y antes de ir al gimnasio, pasé por un local de ropa deportiva. Días anteriores había visto una calza Adidas amarilla fluo que dije: que mejor que este tipo de calza para que se me marque bien todo. Me compré además una riñonera que tranquilamente puede ser un cinturon o puede ir a la altura del pecho o con un par de vueltas alrededor del brazo para que puedas llevar cosas chiquitas y no te las roben.

    Al día siguiente siendo miércoles, fui al gimnasio a la mañana, era un día con 34 grados de temperatura pronosticados, me duché, me puse protector solar, repelente de mosquitos, almorcé super liviano, y me pusé la calza amarilla flúo cortita con una musculosa. Agarré el auto, y me fui para la costanera. Lo dejé estacionado en un garaje que está a escasos metros por donde se entra ya que no quería que me estuviera viendo mucha gente con esta calza y que abajo no llevaba nada. Eso si, el muchacho de la caja del estacionamiento se quedó medio boquiabierto mirandome. Me dio el ticket y me fui. Me hice el runner y sali corriendo del lugar. Crucé la avenida (muy poco transitada a esa hora), corrí unos 200 metros y llegué al ingreso. Nuevamente, paré en el puesto de bomberos que se encuentra al ingreso, pasé al baño, me mojé bien el pelo, y retome esa vuelta para ingresar. Me saqué la musculosa y solo me quedé con la calza y las zapatillas. El sol, hacía que el suelo, la tierra, arda. Menos mal que me puse protector y llevaba botella de un litro de agua fría. Llegué al matorral por donde ingresé la otra vez. Lo curioso que en esta ocasión no me crucé con nadie fuera del matorral y tampoco adentro. Poca gente, poquisima.

    Seguí avanzando y explorando. No veía a nadie. Creí recordar el trayecto donde fue lo de los 3 putitos de la otra vez y encaré para esa dirección, pero seguía sin ver a nadie. De hecho, suelo tener buena memoria fotográfica así que si reconocí el tronco tirado donde esperaban y donde cogimos. Por lo que al reconocer la zona, me quedé ahí y me puse a esperar. Gran error, no haberme traido una toalla. Seguí esperando y no pasaba nadie. Creo que el calor y el sol abrasador no eran formula para que la gente quiera ir.

    Avancé unos metros más y escuché unos ruidos, era un señor como de 60 años, extremadamente flaco y con un slip negro desalineado, por lo visto buscando acción. No, realmente no era mi tipo. Veo que se aleja, pero avancé unos metros más, vi un espacio donde evidentemente hubo gente en algun momento, porque se olvidaron una toalla apoyada sobre unas ramas, que se apoyaban sobre unas piedras altas formando una especie de asiento. Agarré esa toalla, la doble y la puse sobre ese improvisado asiento. Escuché unas voces jovenes que se alejaban o pasaban por la zona. Medio frustrado de que se me haya frustrado la expectativa, decidí quedarme a esperar ahí 20 minutos. Me recosté sobre la toalla en ese improvisado asiento, dejé mi botella de agua y musculosa a un costado, crucé mi brazo izquierdo sobre mi cabeza tapando mis ojos, como dedicandome a esperar y sin querer queriendo, me quedé dormido.

    A los 10 minutos, siento ruidos de succión y mi pija erecta, sacó mi brazo de mi cara y medio como sobre exaltado, veo al señor mayor de 60 que había pasado hace un rato, mamandomela de una manera magistral. Como hacía tiempo nadie me la chupaba. Me incorporé y me salí y el señor me dice: Uhhh perdón, te desperté, te gusta como te la chupo?

    Yo: Si señor, el tema que Ud. No es de mi gusto personal, pero buena mamada eh.

    El señor me la vuelve a agarrar y le digo: No señor, deje. Y me la guardo adentro de la calza.

    El señor que se encontraba arrodillado, me agarra del bulto, que se formaba con mi vieja semi tiesa dentro de la calza y me dice: Ya se que no soy de tu gusto, pero si estabas disfrutando la mamada, quedate. No se encuentran muchos tipos como vos por acá. Y una vez que encuentro uno a mi disposición dormidito acá, dejame disfrutarla. Además, estabas recostado sobre mi toalla, por lo menos tomame la mamada como alquiler de la toalla.

    Yo: uhh disculpe, acá tiene su toalla, pensé que alguien se fue y se la olvidó.

    No pasa nada precioso. Vení sentate acá que yo me encargo.

    Yo dudé un segundo, pero me senté ante su insistencia, y que la mamada que me estaba dando era de las mejores de mi vida.

    Me senté, él me empezó a acariciar los pectorales y los brazos, y me dice: que hace un pibe como vos por acá? No te deben faltar flacos.

    Yo: morbo señor, morbo. Va a chupar o me voy?

    Él: jaja, salió el tigre que esperaba.

    Bajo su cara a mi bulto, me bajó la calza y se volvió a poner la pija en la boca.

    Le faltaban algunos dientes, no todos, pero lo que mas se podía sentir era su lengua, y entraba entera en su boca sin que se le noten las arcadas propias que le dan a todos los que me la chupan, que a la mayoría le dan arcadas o ganas de vomitar. O no llegan a metersela toda. Este Señor hizo uso de sus años de experiencia y la mamaba de una manera que no tengo palabras de explicación, entre la suavidad con que la trataba, y las sensaciones que me producía siendo que es una verga gruesa. No no, tengo explicación.

    Su cabeza subía y bajaba y con una mano me acariciaba los pezones. Mis ojos se hacían para atrás de lo rico que se sentía todo.

    El: te gusta precioso?

    Yo: Increíble, siga por favor.

    El, obedeció y siguió mamando. En un momento se lo notaba cansado así que me masturbaba como para darse un respiro.

    Yo: se encuentra bien?

    Él: si si, pasa que es gruesa, no tenía tanta práctica con tan gruesas.

    Siguió mamando y en eso escuchamos ruidos de pisadas, y era un travesti conocido de él. Que vestía un top negro, tenía el pelo largo teñido de un rubio medio barato. Y una especie de short muy corto de simil jean y unas medias de red pero en sandalias. Medio bizarro todo.

    El: bonito, te presento a mi amiga Dani.

    Yo: Hola que tal? Me paré, me acomodé la pija dentro de la calza.

    El señor me dijo: pero pará no acabaste, así te queres ir? No queres probar a mi amiga. Mirá la colita que tiene…

    Dani: pero de donde sacaste a este Dios?? Mira lo que es?

    Él: me lo encontré acá, reposando tipo una escultura. Viste lo que es? Cuantas veces ves un bombon así acá?

    Dani: no, nunca, me alegro que lo estes aprovechando. Mira la poronga que se le marca!! Impresionante. Mirá, no te interesa aprovechar papito?

    Y se bajó esa especie de shortcito cortito de jean mostrando un ojete nada envidiable, bien redondo, y cubierto solo por la media de red que le llegaba a la cintura.

    Dani: mira papi, suelo cobrar cuando estoy por acá, pero con vos me dejo hacer lo que quieras y gratis. Esperando que te guste y tengas ganas de volver.

    El señor seguía manoteandome el bulto. Yo a todo esto parado, pensando que hacer, si irme, si cogerme a la Dani, si dejar que el viejo siga chupandome la pija, no sé. Trataba de sonreir y hacerme el pensativo. Mientras lo hacía el señor me bajó la calza y se puso de nuevo mi verga en su boca y se me volvió a poner a full.

    Dani, dale hermoso, no me queres aprovechar? Mira que está todo limpito y soy una lady.

    Ok dale, le respondí.

    Ella se acercó, se arrodilló, me la chupaba junto con el señor. Y él le dice: si, que te agarré a vos, yo a esta edad no estoy para bancarme este caño.

    La levanté y le pedi que se pusiera en 4 sobre esa especie de asiento improvisado. Primero le baje ese shortcito que usaba sobre la red, pero las medias de red no se las bajé, debido a que por esos rombos pasaba mi pija. Sacó de su mini carterita un lubricante y un forro. Y le pregunté: no queres que te entre sin forro?

    Ella: No papi, yo seré lo que quieras pero boluda no.

    Ok, me puse el forro, me puse bastante lubricante, y con mi dedo le corri un poco la red para abrir mas el rombo posicionado sobre su orto, y la empecé a meter.

    Ella: ay ay ay… para papi, despacio. Despacio.

    Agarré mas lubricante, me lo pusé y se la volví a meter.

    Ella: ayyy ayyy mijo, tremendo ese tronco. Ahhh… Despacio mi amor.

    Fui despacio como me pidió. El señor mayor observaba y se masturbaba.

    Ella, ahí va papi, ahi se me está dilatando la conchita… que sable tenes mi amor, ayy… A vos te rompe y te tenes que hacer una protesis de cadera viejo! Le dice al señor mayor.

    Nos reímos los tres y ahí empuje y se la meti toda y empecé con el mete y saca mas fuerte.

    Ella: ayyy si papito, así, así, rompeme, ayy Dios… Si, así… Ayyy… Si., si, así papi.

    Cuando uso preservativo, uso los magnum. El que ella me dió era uno normal que me apretaba bastante, por lo que no estaba cómodo, pero seguí con la cogida.

    Sus quejidos y su tono de voz, atrajeron finalmente a observadores que a su distancia (parece que lo conocían y lo respetaban al señor mayor). De todas formas mire y no había ningún pendejo pasable como la otra vez, pero el ojete de Dani había sido un gran hallazgo.

    El señor mayor observó que el preservativo no era para mi tamaño de pija. En eso mientras me cogía a Dani, se sienta en un costado mientras se pajeaba, miraba mi embestida y me miraba a los ojos como suponiendo algo o queriendome decir algo. No sacaba con precisión.

    En ese momento Dani me dice: a ver papito, que me duelen las rodillas, sentate que me siento encima tuyo.

    Me saqué la calza que la tenía en los pies, me senté cuando ella se va a sentar el viejo le dice: anda sentandote que yo ayudo a que te entre esta pijota.

    Dale, responde ella.

    Él lo que hizo fue sacarme ese preservativo y hacer que me coja a Dani sin forro. Y me hace el gesto de shhh…

    Eso Dani, eso, dale, vos podes, cometela toda. Ella gemía y decía: ayyy que verga mi amor, ayyy… Movete vos bombón.

    Empecé a cogermela con todo, y ella trataba de calmarme pero no paraba. La agarré de las nalgas y la empujaba de arriba a abajo (de paso hacía laburo de bíceps). Le dije: no puedo más, voy a acabar. Saqué mi pija del orto de Dani y la puse directo en la boca del viejo que estaba arrodillado y esperando a que ocurra el momento. Lo agarre de las orejas, se movió dos veces y exploté… El viejo se ahogaba, tosia y le escurría leche por la boca y un poco por la nariz, pero permaneció ahí inmovil haciendo que mi pija desagote hasta la ultima gota en su tráquea.

    Dani jadeaba, tomaba agua y se la pasaba diciendo: no saben el pedazo de pija de este chabon. Encima mira lo que es, es un monumento el hdp. Y seguía tomando agua. El señor mayor, se trago todo lo que pudo de mi leche. El resto se le escapo por varios lados, pero se la aguanto como un Dios. Se escuchaban cuchicheos de los que miraban y yo ya quería salir de esa situación.

    Lo ayudé a levantarse, Dani le da agua para que se recomponga, yo me puse la calza y la musculosa. Los mirones empezaron a alejarse y otros se acercaban como buscando a Dani.

    Yo: alguno me acompaña para salir de acá y volver al caminito que usan todos.

    Dani: yo te acompaño papu, es fácil. Y nos vamos de acá que ninguno trae un peso. Vamos.

    En el camino de vuelta Dani me preguntaba si me gustó, si lo disfruté. Como fue mi vez anterior, y ella me explicó, aca ves de todo y te vas a encontrar con de todo. Hoy no hay mucha gente, primero por el calor, y segundo porque ya se corrió la voz de lo que pasa acá y baja la seguridad a mirar. Asi que eso espantó a varios. Pero yo acá vengo a ver al viejo que es como un padre mío y a buscar clientes que de vez en cuando, algo hay porque vienen acá porque nadie te jode.

    Yo: que edad tenes?

    Dani: 40 voy a cumplir. (Yo iba a decir que 44 mínimo) tenía un baqueteo importante. Vos muñeco?

    Yo: 36 respondí…

    Dani: ayyy que hijo de puta, estas divino, iba a tirar un 32 como mucho. Te debes cuidar muchisimo. Antes de llegar por fin al ingreso de matorrales, abre la cartera y en una especie de cartoncito rustico y con lapicera, tenía escrito su número de contacto. Me dijo: toma corazón, si queres repetir en otro lado, y mas tranquilos, escribime o llamame, incluso tengo amigas, pero a vos, no te cobramos. Ojalá tuvieramos mas clientes como vos mira. Me agarrá la pija y me dice: y cuida esto que es impresionante, no se ve seguido esto.

    Yo: dale, Dani. Gracias eh. La pase muy bien.

    Ella retomo su vuelta y yo la mía. Mas allá de su manera o expresiones algo vulgares, Dani tenía una buena actitud.

    Volví al coche y en el regreso me tope con mas gente y con varios pendejos de los que esperaba cruzarme un rato antes, pero ya está, ya había descargado. Ya en el coche y de regreso a casa, pensaba en toda la situación. Volvería, no, no sé. Ya está ya hice la experiencia. Ya sé como es. Volver a cruzarme a los 3 putitos de la otra vez, era una tombola, ya por lo que contó Dani era medio imposible, y yo dejé pasar tiempo. Quizás si iba una tercera vez, podía llegar a tener problemas en serio con la seguridad. Ok, guardemos el número de Dani por si las dudas, son contactos que no se sabe si se pueden llegar a utilizar. Las travestis son un buen recurso.

  • Ese mundo habanero (cap. 6): Ramiro y Roger

    Ese mundo habanero (cap. 6): Ramiro y Roger

    En una de mis paseos por la capital pasando por el Parque Central,  alguien me llamó, era Ramiro, aquel mulato grande del cumpleaños y donde yo fui el regalo que José le llevó.

    – ¡Cuánto sin verte! Levantaste la pata y nadie te ha visto más.

    Me dijo sonriente. Claro que era cierto, después de aquella noche me perdí como acostumbraba cuando alguien me trataba así como lo había hecho José, pero Ramiro no tenía la culpa de nada. Me preguntó que si estaba apurado, le dije que no y nos fuimos caminando hacia Prado. Me contó que José había preguntado por mí y yo, pues le contesté que él sabía cómo localizarme, que eso de preguntar era un cuento. Por supuesto que no ponía en duda lo que Ramiro me decía, sólo le quería aclarar cuál era la verdadera posición de cada uno. Ramiro comprendió y no volvió a mentarlo más, aunque sí ironizó.

    – ¡Bueno, yo estoy contento de haber encontrado mi regalo! ¡Es que lo había perdido! – me dijo dándome un abrazo.

    Nos fuimos a una casa donde había una fiesta, cuando entramos después de saludar y de presentarme a algunos, me aclaró que había muchos extranjeros allí, que todo con preservativo porque con esos no se sabía nada seguro. Bebimos y charlamos un rato, el dueño de la casa vino a nosotros.

    – ¿Qué bolá? Está esto bueno hoy.

    – Veo que tienes el garito lleno. – dijo Ramiro. – ¡Mira, te traigo algo bueno!

    Me miró el dueño de la casa que ni me acuerdo cómo se llamaba.

    – Lo importante es que sea buena maricón, ya ves, los bugarrones los tenemos, por ahora hay dos pasivos con este.

    Se disculpó porque alguien lo llamaba, yo le pedí explicaciones a Ramiro.

    – ¡Oye! ¿qué coño pasa?

    – Mira, aquí se reúnen los turistas, pagan fulas y singan…yo estoy en la lista de los activos, me quiero ganar algunos fulas. Tú puedes ganar algo también, después nos vamos juntos.

    – Pero…, pero….

    – A ver, esto no es obligado, vienes y aceptas, si aceptas pues aquí tendrás un sitio pa que te den pinga y ganes algo. Eso sí, me lo dices porque no quiero quedar mal con Papito, el dueño de esto. A veces tienes suerte y singas y el turista se queda toda la noche contigo, hay días que me singo a tres o dos, depende porque esto tiene sus mañas. Te he visto cómo aguantas en la singueta y como lo gozas, eres una mina de oro, así que mejor dime que sí.

    Me proponía que me prostituyera, estaba claro, había habitaciones para los que quisieran irse a singar. Me quedé porque de todas maneras ya había llegado hasta allí. Papito pasó por la sala hablando con los cubanos que había poniendo lacitos rosa a los pasivos y azul a los activos. A mí me llevó hasta el fondo para mostrarme un dormitorio, donde había una cama, una mesita de noche con preservativos, lidocaína y otras cremas, una lata con agua para si tenía que hacer algo a modo de baño, después me mostró la ducha, había varias pero era para todos.

    – Mira, sé que eres nuevo en esto, ahora todos en la sala y sí alguien se decide por ti, pues ya sabes adonde tienes que ir. Yo estaré en la puerta y después hacemos cuentas. ¿Está claro?

    Yo estaba como adormecido con aquello, en fin, que volví a la sala. Ramiro manoseaba a un turista más viejo que él, alguien me tocó por el hombro.

    – Mi llamo Roger.

    Vaya un yanqui, pero al menos estaba bien, mayor eso sí, tendría sus cincuenta y tanto, con su pelo blanco y el bigote igual. Hablamos algo y me dijo al oído que quería singar con ese acento americano que daba risa. Nos fuimos, al pasar Papito me deseo suerte y acentuó que era el primero en ligar.

    Roger se abalanzó sobre mí besándome mientras nos desnudábamos, cuando caí de rodillas para mamar la pinga vi el tronco que tenía y la circuncisión hecha. Nunca había tenido a nadie así. A Roger le preocupó por qué me había quedado así mirando.

    – ¿Te gustar?

    Mi respuesta fue acercar mis labios y besar el glande descubierto, para después tragarme la pinga del yanqui. Roger gritaba cosas en inglés, muchas y decía «oh, yes, oh yes». Al rato me tiró sobre la cama y se puso un condón, yo me puse lidocaína para evitar dolor y abrí mis piernas. Qué manera de singar el muy cabrón, era como una máquina, la metía y sacaba a una velocidad increíble, parecía que lo gozaba aunque era distinto al singar de los cubanos que parecían disfrutar mejor. Después cambiamos de posición y me senté encima, no duró mucho porque se vino enseguida entre gritos y revolcones. Cayó a mi lado sudando, me besó.

    – Mi ha gustado mucho.

    Al rato nos vestimos, él salió primero y yo arreglé el cuarto. Al salir Papito me dijo.

    – Eres un bestia, que a ese yanqui cuesta hacerlo venir.

    Ramiro no estaba, por lo que me senté con Roger a beber algo. Al rato se me acercó un turista bajo y calvo que se dirigió a Roger en inglés y después a mí en español para invitarme. Como una puta me levanté y me fui con él, era español y no me costó trabajo porque lo único que quería era que se la chupara.

    – Nada de sexo, solo que me chupes la polla. – me dijo.

    Duró aquel martirio más de lo que esperaba pero por suerte se vino el muy cabrón, se levantó y se largó. No tuve que salir del cuarto porque ya Papito traía a otro.

    – Mira, esté quiere fiesta contigo… – antes de largarse me dijo al oído, Roger está esperando.

    A mí pregunta de dónde era recibí un Germany tajante, y con gestos para que me tirara en la cama con las nalgas abiertas. Rompió el primer condón que quiso ponerse, por lo que el segundo se lo puse y volvía la posición que él quería. Me singo duro, no como Roger rápido pero con dureza, me daba nalgadas y bufaba sobre mi espalda. Por suerte tenía buen rabo y lo usaba bien. Cuando se vino me hizo que le quitara el condón y que le mamará la pinga, me sorprendió que siguiera tan dura como si nada después de haber soltado tanta leche. Al rato me puso delante de las narices el condón, comprendí, se lo puse y volví a acostarme. Él sobre mí me estuvo singando no sé qué tiempo, habla en su lengua, me besuqueaba la nuca hasta que se vino. Respiré con alivio cuando vi que ya no tenía la pinga parada, eso significaba que se iría.

    Roger entró casi cuando se abrió la puerta. Yo seguía en la cama tendido, desnudo, los condones por el suelo. Roger se desnudó y se acostó a mi lado, al rato me hizo volverme, abrir las piernas y empezó a hacer algo que no esperaba: a mamar mi culo recién singado, claro que al comprobar que tenía crema, se levantó y humedeciendo la toalla me lavó y regresó para dar lengua en mi culo. A Roger le gustaba, lo tenía claro porque los anteriores habían singado y ya, a lo macho, sin mucho miramiento.

    – Roger…

    – Sí, tell me.

    – Fuck me, please.- le dije

    Él me complació, esta vez no fue como la anterior, sino más pasional, más despacio. Parecía que quería demostrarme que la primera vez había sido un impulso, una rabia contenida. Al rato me hizo sentarme sobre él, nos abrazamos y me besó metiendo su lengua en mi boca. Singaba rico el yanqui. Se vino pero seguimos jugando los dos, no se vino por tercera vez pero seguimos singando. Cuando se fue me dio la dirección de su hotel para que fuera a verle, me regaló cien fulas diciendo que no le dijera a nadie, me besó y se fue. Cuando salí pues le dije a Papito que ya no podía más, que me iba, quiso convencerme pero le dije que no podía más, me dijo:

    – Mira ya tienes cincuenta fulas, si te singas a uno más, te doy otros cincuenta y quedamos en paz.

    Le dije que no, me dio el dinero de mala gana, cincuenta, pero que hideputa, seguro que se había metido tremenda cantidad y a mí me daba aquello. Le pregunté por Ramiro y me dijo que estaba adentro. Salí a la calle, el fresco de la madrugada me reanimó, me fui al malecón, pensaba que no estaba mal la cosa. Había singado, había salido con 150 fulas y había conocido a Roger, pero la idea de regresar a aquel sitio no me apetecía mucho.

    En la calle me dirigí al malecón pues todavía era de madrugada, no habría ningún transporte hasta el amanecer. Como de costumbre en el malecón había gente, es el sitio de la capital más concurrido sobre todo por la noche, como si la ciudad no durmiera nunca. Al rato se pareció Ramiro, venía sonriente.

    – ¡Oye, niño, qué dejaste aquello encendido!

    – ¿Pero qué se pensaba ese que iba a estar allí toda la noche poniendo el culo? ¡Oye, que no es de goma!

    Ramiro rio como él sabe hacer, me tiró el brazo por el hombro y me dijo, al oído.

    – Lo sé, papo, lo sé… para mí es duro porque si me vengo pues ya, tengo que esperar para que se me pare de nuevo, por suerte mi tranca siempre está dura, LPV… bueno, y lo tuyo, pues nada, tú te abres y ya, puedes meterte todo lo que venga… pero sé que eso cansa.

    – ¡Coño un alemán me singó como una bestia!

    – Pero con el americano te pusiste las botas ¿no?

    Ya Ramiro estaba al tanto del americano y de que repitió conmigo. Le conté y me dijo, que se lo habían dicho, que pocas veces el americano repite con alguien, que va y singa pero con diferentes, pero conmigo pues pidió que fueras de él, por eso se encabronó el dueño de la casa cuando yo me había ido. Era de risa aquello, pero Ramiro me dijo, de todas maneras si quieres singar y ganarte algo, puedes ir a su casa, que siempre serás bien recibido. Eso fue el recado que le mandó el dueño. Al rato de estar allí sentados, Ramiro me dijo que ya iba siendo hora de ir a dormir, que si quería me fuera con él a su casa. Nos fuimos, él cogió un carro que le cobró veinte pesos y en casi nada estábamos en su casa. Nos desnudamos y nos metimos en la cama. Ramiro tenía su pingón amorcillado, gordote, se lo acaricié y me dijo que cuando nos levantáramos singaríamos. Yo le dije que claro que yo tampoco podía más porque tenía el culo ardiendo, se levanto y trajo una crema y me untó con cariño.

    – Nene, tienes que aprender a tener cremas para cuidarte… – me besó el culo. – cojones lo tienes como un chocho de abierto.

    Nos despertamos como a las once de la mañana y por el ruido de un radio que tenía una música a todo volumen. Ramiro me dio un beso y me dijo:

    – Quiero que te sientes en mi pinga, despacio, y la goces como tú sabes hacer…

    El muy cabrón la tenía bien dura ya, yo lo obedecí, dejando deslizar su pinga en mi interior con facilidad pues antes de acostarnos me había untado mucha crema. Cuando estaba ya sentado y con su pinga bien adentro, me incliné para besarlo. Me gustaba aquel mulato claro y sobre todo aquel bigote que tenía.

    – Papi, sé que te sientes bien así…

    Fue lo que me dijo antes de empezar a moverse dándome placer y recibiendo él. Nos hundimos en un forcejeo tremendo, cambiando de posiciones pero siempre sin sacar su pinga de mi culo caliente como él no se cansaba de repetir. Me hizo levantarme y me llevó ante el espejo para que nos viéramos, después a una silla, de nuevo a la cama. Me sentí feliz cuando me dijo que nos viéramos juntos y así lo hicimos para fundirnos en un abrazo fuerte al final, agotados pero contentos.

    – Me gustaría que fueras mi gente… – me propuso de pronto.

    Yo guardé silencio, lo besé.

    – Tú sabes que yo tengo mi compromiso en donde yo vivo…, no sé…

    – Pues nada, vienes a vivir conmigo y ya…

    Estuvimos hablando, quería de todas maneras que fuera su gente, sin mirar lo que había pasado hasta ese momento. Le dije que tenía que hablarlo porque mi gente no se merecía que lo dejará así como así, que él me gustaba, que me sentía bien con él, pero que así de pronto no podía decirle nada. En eso tocaron a la puerta, él se levantó y preguntó quién era, abrió la puerta y dejó entrar a Julián, el negro que había conocido cuando me había quedado con ellos a dormir en el cumpleaños de Ramiro.

    – ¡Vaya, vaya, pero que bien acompañado estás!

    Julián se sentó en una silla mientras nosotros seguimos en la cama, Ramiro abrazado a mí. Julián había venido porque tenía que vender carne y le preguntaba si él, Ramiro, quería y si no, pues tendría que venderla en otro sitio. Hablaron de negocio un rato, Ramiro le compró parte de la carne así que la otra se la propuso a no sé quien por teléfono.

    – ¡Oye, negro que se te ha parado la pinga! ¿En qué piensas? – le dijo Ramiro en tono de broma al ver el paquete que se le marcaba a Julián.

    – ¡Asere, que no soy de piedra y además ya sabes que recuerdo bien cuando nos singamos a ese blanquito!

    – Pues no sé, habrá que preguntarle a él. – dijo Ramiro refiriéndose a mí.

    – ¡Yo hago lo que tú quieras! – le dije.

    Ramiro le hizo una seña a Julián para que se acercara y desnudara, a mí me puso bocabajo y le dijo.

    – Negro, trátalo bien que está recién singado.

    Julián se acomodó entre mis piernas, mientras Ramiro me miraba a los ojos, decía que quería verme la cara mientras me singaba en negro. Julián metió su pinga sin trabajo aunque me hizo sentirla, Ramiro me besaba y me decía «aguanta, papi, aguanta». Julián estuvo encima de mí dando pinga, hasta que se vino y cayó sudado sobre mi espalda. Ramiro me llevó mi mano a su pinga que estaba bien dura, me imaginé que pasaría, Julián dio paso a Ramiro que me volvió a singar, esta vez muy despacio, incluso Julián se vistió y se fue mientras nosotros seguíamos allí amándonos como dos locos. Ramiro no se vino, al rato caímos ambos agotados y nos volvimos a dormir.

    Ya por la tarde nos despertamos, comimos algo y salimos a la calle había que pagarle a Julián lo de la carne que traería por la noche. Yo le conté lo de Roger y que me había dado la dirección.

    – Pues no hay que perder tiempo, vas a ver al yanqui ese y si él quiere, yo me les uno.

    Me dijo que fuera, que eso no se pensaba y que no le daba celos. Eso sí que lo llamara si no iba a venir por la noche. De la casa llamamos a Roger al hotel, quedé con él en la esquina del hotel Sevilla donde estaba. Cuando llegué allí estaba, limpio y oliente a perfume bueno, me abrazo y besó. Nos fuimos a comer algo a un restaurante, mientras me contaba mil cosas y sobre todo lo que le había gustado estar conmigo. Estaba deseoso de volver a tenerme, de poder hacer el amor conmigo pero en un sitio bueno. Resultó que ya había hablado con el guardia del hotel, éste me llevó a la habitación de Roger y me dijo que por la mañana me vendría a buscar. Roger le pagó y quedamos solos en la habitación del hotel, llamé a Ramiro para decirle que me quedaba y éste me recordó que le propusiera un trío, pero le dije que ya se lo había dicho, que para mañana.

    Roger sirvió unos tragos y me abrazó con dulzura.

    – I like you… yo querer a ti. – me dijo con ese acento inconfundible de americano.

    Yo lo besé y le acaricié la pinga que se quería salir del pantalón.

    – You like my cock? Dear…

    No tuve que decirle que sí, que me gustaba él aunque me gustaba Ramiro y Gustavo y William…, era algo que no era un problema. Roger me besó por todas partes, por todo el cuerpo, nos metimos en la ducha, nos duchamos, yo empecé a comerle su pinga allí mismo, él decía cosas en inglés y salimos para la cama. Abrió la gaveta de la mesita de noche y sacó los preservativos y el lubricante.

    -Sorry, my dear, but I want to fuck you…, querer singar ahora.

    Era comprensible y yo lo deseaba, mientras le ponía yo el condón, él me untaba lubricante con sus dedos. Era la primera vez que singaba usando lubricante y de verdad que resultó bien, porque cuando me penetró no sentí ningún dolor sino placer y goce. No era el Roger que había conocido en aquella casa, era muy suave, muy amante, aunque su pinga seguía siendo tan viril y dura como la primera vez.

    – Gustar my cock?

    – Yes, yes… sí, Roger, sí…

    Y sellaba mi boca con sus besos. Me hizo acostarme bocarriba, me penetró y me llevó las piernas al ras de la cama, como su pinga era gorda y grande pues seguía dentro y estábamos frente a frente, él sobre mí y yo debajo. Nunca había probado esa pose ni nadie me la había hecho, era mejor, porque nos mirábamos, nos besábamos y me singaba pasando por entre las piernas. Yo me vine pronto con el roce del torso velludo de Roger, él se apuró en terminar aunque si hubiera seguido, me habría dado lo mismo. Se levantó, tiró el condón y fue al escaparate y vino con una maleta, sacó un consolador de plástico de color negro, de forma rara, no muy grande y abultada en el centro y delgada al final. Me lo puso, me hizo sofocar cuando pasó la parte gruesa pero después quedó cómodo. Después supe que era un plug o tapón, que se usaba para mantener abierto el culo en los juegos. Me mostró la maleta que tenía llena de consoladores y cosas. Nos levantamos, me puse un short que él me dio y salimos al balcón.

    Me sentía algo raro con aquel tapón en el culo, pero era cuestión de acostumbrarse. Roger me contó de sí, que estaba casado en San Francisco pero que venía a Cuba porque le gustaba como singaban los cubanos, que le gustaría tener a alguien así allá, que eso sería lo mejor.

    – A ti gusta mucho el sexo, la pinga y dar culo… – Me dijo sonriente. – y a mí gustar mucho tu culo y singar a ti.

    Al rato volvimos, me dijo que le mamara la pinga de nuevo para que se le parara. Él encendió un puro y se puso a fumar mientras yo jugueteaba con su pinga que no se dio a rogar mucho, en poco tiempo estaba tan dura como al principio. Fui a la mesita de noche y cogí un condón negro y se lo puse, le unté lubricante y Roger me sacó el tapón para meterme su pinga de nuevo. Singamos de pie, frente a la cómoda, yo apoyado a la cómoda viendo como Roger me singaba y fumaba. Terminamos en la cama y se vino. Después nos pusimos a hablar, yo le acariciaba su sexo que era bonito.

    – Yo te singar más…, pero ya no poder…

    Me dijo, pero se levantó y sacó un consolador grande, era más gordo y grande, me dijo que me relajara y empezó a meter ya sacar aquel trozo de goma, me hizo gemir, casi gritar y a él le gustaba verme así. Me vine al rato y entonces Roger trajo un espejo para que viera cómo estaba yo con aquel trozo dentro. De vedad que impresionaba y me gustaba. Al final nos acostamos a hablar, le dije lo de Ramiro y me dijo que lo llamara, que viniera.

    Ramiro estaba allí en la puerta a la hora, Roger se acordó de él y fue entonces mejor la bienvenida. Le conté que ya habíamos singado pero que Roger quería seguir en la fiesta, le conté lo de los juguetes. Roger le enseñó los consoladores y Ramiro en un gesto de macho cubano se sacó su pinga poniéndola en las manos de Roger que se arrodilló y empezó a mamar como un ternero.

    – ¡Tú empieza a trabajarle el culo! – me ordenó Ramiro.

    Yo empecé a pasar mi lengua por el culo del americano que empezó a gemir y gritar que quería pinga. Le puse el condón a Ramiro con trabajo y lo dejé para que se singara a Roger que disfrutaba como el que más cuando sintió el trozo de pinga del mulato. Al rato Roger estaba con la pinga tiesa de nuevo, me dijo que le pusiera el condón y me metiera debajo de él para singarme, así lo hice y empezamos a singar los tres. Roger se llevaba lo mejor porque estando en el centro sentía por todos los lados. Cuando Roger se vino dijo que no podía más, Ramiro se quitó el preservativo y me metió la pinga. Roger quedó asombrado de que singáramos sin condón, pero pronto se nos unió lamiendo mi culo y la pinga de Ramiro. Cuando Ramiro se vino y la sacó, Roger se quedó mirando cómo salía la leche de mi culo, decía que era bello, que era lo mejor. Ramiro empezó a mamarme el culo y después me dio su leche en un beso. Roger estaba en el cielo con aquello y no hacía más que decir que desde hacía mucho tiempo no veía algo así.

    La noche pasó entre juegos y sexo, por la mañana vino el guardia a buscarnos para sacarnos. Cuando bajábamos en el elevador le dijo a Ramiro.

    – ¡Oye, porque no le dices que me dé una mamadita rápida! Es que estoy con tremendo queso…

    Ramiro lo miró, le dijo que eso costaba, qué cuanto le daba, le dijo que cinco fulas y allí en el elevador me tuve que arrodillar y mamar la pinga al guardia, mientras Ramiro me miraba y acariciaba la cabeza. Por suerte el tipo no aguantó mucho y se vino en mi boca llenando mi boca de semen. Salimos a la calle, Ramiro me dio los cinco verdes diciendo que eran míos, durante todo el camino yo iba con el sabor a leche en la boca. Llegamos a su casa para acostarnos, Roger nos había dado doscientos verdes, mucho, cien para cada uno.

  • Sorpresa en la fiesta de graduación

    Sorpresa en la fiesta de graduación

    Llega el fin de curso y me avisan un día antes que estoy convocada para la mesa de honor y entrega de diplomas, en el comunicado indica que la vestimenta debe ser traje sastre mujeres saco y corbata hombres.

    Llego tarde a casa después de dejar todo listo para la ceremonia, me apuro a tomar algo ligero de cena y voy a buscar el traje sastre, tomo uno que es color gris Oxford con una panti blusa de licra y unas zapatillas negras, me voy a la cama ya que fue un largo día y mañana hay que madrugar, ya por la mañana entro a la ducha y comienzo mi ritual, termino y comienzo a secar mi cuerpo, frente al espejo, no soy alta sin zapatillas llego al 1.60, de busto soy copa “C” y mi trasero es grande y bien formado, al roce de la toalla mi cuerpo reacciona es deliciosa la sensación, noto que estoy más sensible que otros días, tomo el tarro de crema y unto mis senos mis pezones se ponen duros al tacto el solo roce de mis manos por todo mi cuerpo me puso cachonda, me apresuro voy al cajón de la lencería y tomo una tanga negra de encaje, peor al sacarla salió un liguero, sin pensarlo lo tomo me coloco la tanga y el liguero, de otro cajón saco unas medias negras, me las pongo y me miro al espejo me gusta como se ve, tomo la blusa y decido ponérmela sin brasier, se abrocha por debajo con unos broches, tomo la falda que es un poco arriba de la rodilla, pero no recordaba que tiene una abertura al frente que se abre casi hasta medio muslo, tomo el saco y mi bolsa y salgo al evento, llego y estaciono, antes de bajar me pongo el saco y lo abrocho, entro tomo mi lugar y comienza el evento es cansado y un poco tedioso pero finalmente termina, tomo asiento y reviso las ligas de mis medias, pero no tuve la precaución de ver si alguien me miraba, levanto l vista y veo que esta el sub director que es esposo de la directora una mujer muy difícil y no quiero problemas, bajo la falda y nos llaman a la sala de maestros.

    Nos informan que este año hubo varias fiestas de graduación por lo cual se escogieron a parejas para que asistan en representación de la escuela y nos indican que en el pizarrón de avisos están las parejas y la dirección de las fiestas, me aproximó y veo que si fui seleccionada y como pareja esta la directora uff va a ser una larga fiesta, tomo mis cosas y salgo ya que la fiesta es en la noche y apenas tengo tiempo de arreglarme, saliendo me topo con el sub director se cruzan nuestras miradas le sonrío y sigo mi camino, subo al coche y voy a casa, paso por algo de comer y a comprar unas cosas que tenía pendientes, ya en casa como y tomo una ducha para relajarme son casi las 6 y tengo que estar a las 9 en el salón de fiestas que esta como a media hora de mi casa, salgo de la ducha, voy al vestidor a escoger el vestido tengo uno negro tipo halter que es pegado y enfrente son dos tiras y la espalda descubierta, me encanta la tela se pega la cuerpo y es una deliciosa sensación, lo dejo en la cama y voy al cajón de la lencería tomo una tanga que es negra de algodón bra no saco por el escote de la espada me pongo la tanga y las zapatillas, y voy maquillarme y peinarme me encanta hacerlo así desnuda es una sensación que me pone cachonda me excita ese momento termino y mis pezones están un poco duros, tomo el vestido y me lo acomodo en la parte de enfrente tiene tela plisada por lo cual es poco probable que se transparenten aun que se pongan duros, me miro al espejo y veo que se marca la tanga, no me gusta como se ve pero buscar otro vestido no hay tiempo, ni modo el plan B, me quito la tanga, vuelvo a verme y no se marca nada esta mejor tomo mi bolsa y una abrigo que me llega a la cadera, subo al coche, apenas llevo el tiempo justo para llegar, llego al salón dejo el coche en el valet parking me pongo el abrigo y entro al salón, ya ha llegado más de la mitad de los invitados, me recibe la organizadora quien me indica la mesa en la que me voy a sentar, aún no ha llegado mi acompañante espero y no llegue, es una mesa de 10 personas solo hay 3 sentadas, me quito el abrigo y me ofrecen de tomar, hay ron tequila brandy y vino tinto, opto por el vino siempre me pone en un estado muy cachondo, algunos graduados a saludarme y presentarme a sus papas yo me paro y cuando me doy cuenta ya estoy del otro lado del salón, apagan las luces para comenzar la cena, me apresuro para llegar a mi lugar, me siento y comienzan los meceros a desfilar.

    No me percato que la silla a mi lado ya está ocupada, cuando encienden nuevamente las luces que veo quien es, sorpresa es el subdirector, me saluda y me comenta que su esposa se sintió indispuesta por eso asistió el, me tranquilizo un poco pero inmediatamente recuerdo el evento de la mañana, me ruborizo y brindamos, pasa la cena cruzamos algunas palabras y ya después comienza la música para bailar, no es mi intención pararme por lo cual comienzo una plática con mi acompañante, no pasan más de dos canciones cuando uno de los graduados me invita a bailar, accedo y vamos a la pista, está llena no hay espacio como podemos me lleva casi al centro de la pista, hubiera preferido algo más desahogado, a media canción descubro por qué, cuando siento que me toma por la cintura y su mano baja a mi cadera, rápidamente lo tomo de las manos y seguimos bailando terminando la pieza voy a la mesa, llego tomo mi copa, brindo con mi acompañante y me dirijo al tocador, está justo detrás de mi mesa, la entrada es un pasillo que parece una pasarela con luces, al final una pequeña estancia y los servicios, entro y retoco mi maquillaje y regreso a la mesa, me llama la atención que el subdirector me está esperando y me sigue todo el pasillo, así pasan una cuantas canciones más y algunos que me sacan a bailar al parecer todos tienen un objetivo, hay dos que son insistentes y se están turnando, me tomo un respiro, mientras termino mi segunda copa y sin decir nada como magia aparece el mesero y la rellena y mi acompañante presto a brindar, doy un pequeño sorbo y conversamos de la fiesta y temas sueltos, pasa dos o tres canciones y al sonar un merengue, la pista se abarrota u uno de los insistentes va por mí para bailar.

    Y voy con el comenzamos a bailar y entramos en la multitud estamos bailando muy pegados y no podemos evitar roces, eso me está calentando, cada vez son más intencionales, y descarados de repente me toma de los hombros y me hace para atrás, y topo con una persona me volteo y es su amigo, ahora me tienen los dos estamos bailando y uno se me pega atrás puedo sentir que esta excitadísimo, me aprieta su paquete en el trasero, el de adelante se pega a mi y recorre mi cintura buscando llegar a mis tetas, así pasa la canción me pusieron al 100 pero no es el lugar como puedo me libro y voy a la mesa, tomo mi copa doy un gran trago solo me miran y sigo al tocador, necesito un respiro, entro a un baño y me repongo me tranquilizo estoy mojada me arreglo el vestido y salgo, me dirijo a la mesa, antes de terminar la pequeña pasarela me doy cuenta que esta un espejo y me detengo, me miro y por la luz del pasillo, mi vestido se transparenta, mi figura se marca perfecto, volteo a la mesa y el sub director me observa con su copa en la mano y sonríe, me aproximo y me siento lo veo y reímos ambos, le comento ahora si se por qué tan atento a lo que me contesta yo siempre y más con tan bella imagen, nunca pensé que fuera a ver algo así, me sonrió y la plática se torna un tanto picante, me dice que es la segunda vez en ese día que me mi ropa interior y comienzo a reír, en la mañana solo el liguero creo pero ahorita que viste?, me mira y me dice entonces si es cierto lo que no vi y ambos reímos terminaos la copa y me invita a tomar un trago en otro lado, acepto y me dice te espero afuera se levanta y sale, tomo mi abrigo y me dirijo a la puerta solo me despido de la anfitriona.

    Y salgo subo a mi carro y me está esperando afuera, avanzamos y no más de 5 minutos llegamos a un bar, entra al estacionamiento y lo sigo, nos bajamos y me dice que si la copa la tomamos en el bar o en una habitación, lo miro y me dice la habitación está bien, va a pedir la habitación, regresa por mí y subimos, entrando al a la habitación me abraza y me da un beso muy apasionado rico muy cachondo, de repente tocan a la puerta y nos sacan del trance, va a la puerta y le llevan lo que pidió, paga y deja las copas en la mesa, se sienta en una silla y me dice quiero verte caminar, me alejo y su mirada lo dice todo es una sensación de deseo y lujuria me excita me detengo y llevo mis manos al cuello desabrocho el vestido y lo dejo caer, quedo completamente desnuda, el se levanta y me da un beso apasionado, sus manos recorren todo mi cuerpo me hacen temblar me lleva a la cama y me recuesta, separa mis piernas y me comienza a besar y dar pequeños mordiscos, por dentro de las piernas des las rodillas hasta llegar a mi conchita, las sensaciones que me producen son deliciosas, comienza a hacerme sexo oral es un experto, lo hace delicioso justo donde debe y al ritmo preciso, no pasa ni dos minutos cuando tengo mi primer orgasmo es intenso y no deja que termine lo extiende lo más que puede y yo tengo que pararlo, me da un respiro, se incorpora y se desviste, tiene un pene de muy buen tamaño, me incorporo y me siento en la cama y ahora soy yo quien le hace sexo oral lo tomo por los testículos y lamo todo su pene, lo tomo y lo masturbo no pasa ni un minuto y ya está al 100 ambos estábamos a punto de reventar, se hace hacia atrás y no le doy respiro solo me volteo y me pongo en 4 en la cama.

    Él se aproxima pone su pene en la entrada de mi conchita y de un solo empujón entra toda estoy muy lubricada, me lo hace con un ritmo semi lento, mientras toma mis senos y pellizca ligeramente mis pezones me prende y me hace desear mas pero él me controla sigue en ese ritmo y me hace desear más, finalmente me zafo y ahora yo lo tomo de lo tomo de la mano y lo jalo a la cama para que se acueste, ya tumbado me monto en el pero me toma por las caderas y hace que me suba hasta quedar sentada en su cara y nuevamente me hace sexo oral, humm es delicioso lo sé y lo presiento viene otro orgasmo pero me zafo y me monto en el tomo su pene y lo meto en mi concha, comienzo a cabalgar al ritmo que yo quiero y eso me hace explotar de una manera deliciosa me tumbo sobre su pecho y me da un beso, ahora soy yo la que esta recostada él se pone entre mis piernas y me penetra pero ahora es un ritmo más enérgico me está matando me está poniendo nuevamente a punto de estallar, incrementa el ritmo y su cuerpo se tensa y eyacula y segundos después yo tengo otro orgasmo nuestros cuerpos unidos están temblando, se recuesta a mi lado y nos quedamos en silencio unos minutos.

    Me incorporo voy al baño y de regreso él ya se está vistiendo, me visto nos miramos y nos damos un beso nos despedimos sabiendo que no volverá a pasar.

  • Confesiones de mi esposa (3)

    Confesiones de mi esposa (3)

    Entre las confesiones de la vida sexual de su tiempo de soltera de mi esposa hay una que sin duda me para el pico cuando la recuerdo.

    Como antes lo he dicho ella es médico al igual que yo, y durante sus años de especialización mantuvo relaciones sexuales con otros residentes de entre estos con uno que era de mayor jerarquía que ella y además casado, este tipo la follo a placer, ya que a ella se le mojaba la conchita cada que lo veía; según me confesó la primera vez que lo vio sintió un cosquilleo en su rajita y humedeció su calzón pues le pareció muy atractivo; fue tal esa relación prohibida que se la follo por última vez cuando teníamos poco de novios y bueno esto lo supe de ella misma poco antes de casarnos y la verdad no me sorprendió pues algo sospechaba debido a lo siguiente.

    Teníamos poco más de un mes de novios, cuando iba a hacer ella una fiesta en su departamento y me invitó sin embargo le respondí “No sé si pueda ir, tengo que estudiar para un examen, pero igual llego un rato” sin embargo ella me dijo “No, dime si irás o no”, eso me pareció muy raro y yo me puse más terco diciéndole “pues será una sorpresa “a lo que ella casi rogándome me decía “No seas así, dime si vas o no, no hagas eso de no decirme, ¿no confías en mí o que?”. Luego de un rato de lo mismo le dije que no iría (a pesar que me parecía raro, y no me equivocaría luego cuando me confesó).

    Resulta que este tipo seguía escribiéndole y buscando tener sexo con ella, con el argumento de “una despedía” que luego la dejaría en paz, ella primero con seguridad decía que no, pero poco a poco al recordar aquellas tardes de sexo o aquel sexo en un congreso en la playa pues tuvo antojó hasta que deseaba ser penetrada otra vez por ese tipo casado y cabron. Dado que ese fin de semana el tipo (que ya había terminado su especialidad y no vivía en la ciudad) iría a la ciudad por unos papeles y ella sabía que podía ocurrir el encuentro por lo que traía la pantaleta chorreada de emoción ocupando solamente que yo no fuera.

    En cuanto supo que no iría le mando un mensaje al tipo donde le dice que no iría, que podían verse en su departamento durante la fiesta.

    Esa noche ella; que gustaba mucho de vestir sexy; se puso un minivestido negro de faldita volada que apenas cubría sus nalgas que se comían una tanguita blanca ceñida a su conchita depiladita dejando ver una rica rajita, lucia sus espectaculares piernas largas que terminaban en uno tacones negros altos, sin brasier pues sus pechos eran pequeños (hoy los tiene operados), estuvo platicando bebiendo y fumando con amigas y “amigos” (entre comillas pues a dos de ellos ya les conocía el sabor de la verga pues se la culeaban en ocasiones), cuando ve llegar el carro que ya conocía ;pues muchas veces fue follada en este; y baja él tipo que saluda en breve a todos y llega con ella saludándola de beso y abrazo y quedándose con ella ante la mirada de todos, que sabían a la perfección lo que había pasado entre ellos, pues no era algo que se guardara él ni ella que en algún momento clavada con el tipo no ocultaba que era suya.

    Luego de una hora platicando y bebiendo mientras se forzaban a platicar trivialidades y donde hasta el tipo le dijo que le daba mucho gusto que alguien estuviera con ella “cuidándola“. Ella con su tanga empapada de ganas de sexo por fin le dice que suba al cuarto y que lo alcanzaría, va y le dice a su amiga, con la que compartía departamento, que no deje subir a nadie (su amiga ya sabía que eso era la clave para “me van a culear que no molesten” ya que había estado antes con tipos; incluidos los disque amigos allí presentes; con él mismo protocolo) a lo que sube ella muy caliente y con la rajita exudando fluidos sexuales que absorbía su tanguita ya que sabía pronto le daría verga el vato ese que tanto le gustaba y hasta llegó a sentir algo por él.

    Entrando al cuarto el tipo la esperaba con la bragueta abajo la verga dura de 17cm, venosa palpitante de fuera en mano (el sabía que ella disfrutaba de esas cosas) y le dice “dime que no quieres que te dé esta verga” ella le responde mientras se acerca “Si, si quiero me des de tu verga mi rey” al llegar a él sin dejar de ver su verga le da un pequeño empujo y sienta en la cama, se hinca entre sus piernas, toma esa verga ya conocida y la masturba lentamente mientras lo ve a los ojos y dice “Está tan dura, ¿está así por mi?” El tipo le dice “Si chiquita, mamamela para que te la ganes” entonces mi princesa acerca su carita al vergon ese y comienza a lamerlo desde las bolas hasta la cabeza lentamente, una y otra vez, dandole pequeños besos en la cabeza húmeda y volviendo a lamer en toda su longitud para luego introducirla en su boca mientras succionaba y frotaba con la lengua el tronco venoso del tipo, y es que mamarle la verga a ese tipo era algo que la volvía loca que el tipo siempre tenía la verga rasurada hasta las bolas y eso a ella le excitaba mucho, así que mamarsela era casi una regla cada que iba a la cama con el. Esté la miraba con cierto orgullo de tenerla de nuevo ahí mamandosela.

    Curiosamente yo interrumpí el acto pues le marqué para dar las buenas noches Justo cuando tenía 2/3 de la verga del tipo en su boca, se la sacó y contestó ;puesto que no hacerlo podría significar que yo fuera a buscarla; con una voz rara que pensé era por alcohol y hoy se era por excitación me dijo que ella igual estaba por acostarse (pero con el tipo) inclusive me deseo buenas noches y tiro un beso antes de colgarme mientras sostenía con su mano y pelaba la verga del tipo, según supe no hubo comentarios luego de colgar solo volvió a chuparle la verga al instante de colgar durante otro rato más.

    Luego de un rato el tipo la apartó de su verga la levantó y lanzó a la cama, ella aún traía su mini vestidito y tacones, al caer en la cama abrió sus largas piernas ofreciendo así su panochita (conchita) ;solo cubierta por una blanca tanguita empapada y olorosa a su sexo; para ser atravesada por la sólida verga de 17 cm del vato, este se colocó un condon que traía en mano mientras observaba la rica rajadita húmeda bajo la tanga de mi novia y abalanzó sobre ella besándola de boca a cuello, dedeando su conchita húmeda mientras apartaba la tanguita y apuntaba su verga sobre la concha húmeda de mi novia para luego meterle toda la verga mientras ella gemía de placer al sentirse penetrada y poseída por el tipo, se la clavó así en misionero besando su cuello y oliendo su piel sin dejar de bombearla rítmicamente, la cama rechinaba al ritmo de las bombeadas a mi novia, un rato después paro y la volteo poniéndola en 4 o de perrito, mi novia paro y abrió las nalgas separó ligeramente sus muslos para dejar expuesto el culito tapado por el hilo dental de su tanguita y su rajita que se asomaba como tamalito envuelto en la tanga humeda, el tipo dejó caer su macana entre las nalgas abiertas y froto está a las nalgas, el culito de mi princesa se estremecía, mientras jalaba su pelo y la nalgueaba; ella adoraba esa posición pues sentía entraba más la verga pero principalmente le encantaba sentir los huevos del tipo chocar en sus nalgas en cada sambutida; mi novia gemía y le pedía más verga, la panochita lubricadita calientita facilitaba el vaivén de la verga del tipo dentro de mi novia.

    A más se excitaba el tipo más duro le daba verga a su hembra; la cual ya había tenido 2 o 3 orgasmos para ese momento; hasta que se vació en una última sambutida en esa sabrosa panocha que de perrito se le ponía para ser clavada, el tipo se retiro el condon lleno de leche para vaciarlo en las nalgas y tanga de mi novia mientras limpiaba su verga frotándola entre las nalgas de mi muñeca (Era un fetiche del tipo llenar de leche a sus putas) mi novia estaba plena y muy satisfecha, relajada luego de los orgasmos.

  • Una cita casi médica (cuarta parte, final)

    Una cita casi médica (cuarta parte, final)

    Esta es la última parte de esta historia de fantasía, confieso que he disfrutado mucho mientras escribo cada una de mis fantasías en una clínica, pues cosas como una silla ginecológica siempre despiertan mi interés, debido a esa curiosidad ahora estaba conociendo que existía en un lugar como fisiatría, allá estaba vestida como una puta barata, atada a un potro, limpiando la verga del vigilante que había acabado de llenar mi culito con su leche, todo porque con las drogas que mi amigo me había dado solo servía para obedecer sus órdenes, así cuando termine de limpiar las vergas de los vigilantes, el más grande de ellos le dijo que le ayudaría a colocarme como quería, así mientras mi amigo volvía a poner la mordaza en mi boquita, ordenaba mi ropa y me soltaba de donde estaba amarrada pude escuchar como movían un interruptor y luego un aparato, lo cual no me asusto, sino que me excito aún más, no tuve que moverme y ya tenía un arnés en la barra que tenía entre mis piernas que comenzó a levantarlas hacia arriba, mientras subía el vigilante me fue ayudando para que quedara en el aire atada, con las piernas abiertas justo a la altura para que mi boquita chupara la verga de mi amigo, él nos dejó llevándose el aparato donde había estado amarrada y mientras mi amigo pasaba su verga por mi carita me decía lo puta que era, mientras lo hacía me dijo que quería abrir más mis piernas y tomando una silla la coloco al lado, luego tomo un dildo vibrador y un vibrador con control, los prendió y los coloco entre mis piernas, eso fue fácil, como estaba vestida con mi faldita y de cabeza solo fue ponerlo entre mis piernas, luego se paró en la silla y puede ver como movía algo en la mitad de la varilla haciendo que se pusiera más larga, abriendo más mis piernas hasta que mi faldita no soporto más y comenzó de subirse por mis piernas.

    El bajo de la silla y quito la mordaza de mi boquita para meter su verga, yo obediente la comencé a mamar mientras acariciaba sus bolas con mis manitos, las cuales seguían atadas a mi correa de perrita, mientras lo hacia el tomo los juguetes eróticos, luego de meter un vibrador entre mis pantimedias justo en donde estaba el plug que tenía el culito y el dildo vibrador entre mis tetas falsas, soltando botones de mi camisa, me quito la faldita. Entonces comenzó su juego de humillación y castigo, todo por tener las pantis tan mojadas, primero rompió mis pantimedias y corriendo mis pantis estuvo metiéndome el plug, el vibrador y luego el dildo por mi culito hasta que me hizo mojar toda en los pantis, gimiendo y mamando como una puta, cuando me vio asi toda mojada comenzó a pegarme más fuerte, me humillo más, me sometió mas dándome nalgadas mientras me comía por la boquita, entonces se separó y tomando el control me bajo justo lo suficiente para que mi culito estuviera a su disposición y me metió la verga toda hasta adentro haciéndome gemir como una puta, así me tenía toda mojada, sometida y atada, abusada como una puta y llena de semen, y me comía toda mientras me ordenaba que repitiera que era una puta, una perra sucia, una hembra en calor que deseaba verga, que quería verga, yo obedecía extasiada y excitada mientras gracias a un espejo podía mirar cómo era tratada como una hembra sucia, como una puta, como una perra caliente, el me comió toda por el culito durante un rato, siempre muy fuerte, muy duro y mientras me hacía sentir como la más sucia de las putas, hasta que lo saco de mi culito, metiendo el plug de inmediato y tomando la silla se sentó acomodando mi cabeza entre sus piernas y mi boquita en sus testículos, así se masturbo hasta venirse en mi carita, entonces metió su verga en mi boquita para que la limpiara y tomara las ultimas gotas de su leche que salían de su deliciosa verga y con ella llevo también toda la leche de mi carita a mi boquita mientras yo disfrutaba de su delicioso sabor.

    Luego de que dejara su verga bien limpia me soltó mis manitos y se paró para ayudarme a bajar lentamente, cuando estuve en el piso acostada me dijo que me pusiera de pie y me quito la correa dejándome mi collar de perrita, mientras me ordenaba que recogiera todo, yo lo obedecí mientras sentía mis piernas muy débiles, mi culito todo abierto y lleno de leche que no podía salir por el plug, cuando termine me entrego una sudadera negra y me dijo que me la colocara, yo obedecí y salimos hacia su carro llevando nuestras cosas, en mi maleta había un par de juguetes y ropita nueva, además todavía tenía mis pantis y sostenes nuevos, el plug en mi culito, él me dijo que todo eran regalos para mi mientras salíamos de la propiedad, luego de salir el saco su verga y me ordeno que a metiera en mi boquita el resto del camino, yo obedecí sumisa y me coloque en la silla para ir el resto del camino con su verga en mi boquita hasta llegar a mi casa, allí el me beso y me ordeno que me fuera directo a la cama así como estaba. Yo me baje del carro y caminando de la forma más femenina que pude, lo cual fue fácil cuando note que aún estaba usando mis tacones la bajar de carro, entre a mi edificio sacando las llaves de mi maleta y subí rápidamente por las escaleras hasta mi apartamento, agradecí no encontrarme con nadie y estar solita en casa en ese momento.

    Entre directo al baño en donde deje la maleta y luego de lavar mi dientes, saque una manta y me acosté tal y como había llegado, pues no sabía hacer otra cosa que obedecer sus órdenes en ese momento, desperté a la mañana siguiente, el plug había salido de mi culito y aún estaba en mis pantis, yo seguía en sostenes, sudadera, pantis, pantimedias rotas y sudadera, después de entrar al baño me mire en el espejo y note que mi sudadera decía en mi espalda y en mi nalga perra sucia, me excito mirarme así, tenía restos de semen en mi cara y en mi pelo, un plug en mis pantis mojados y estaba completamente sucia y con el culito muy abierto, rápidamente comencé a tocarme así vestida, a tocarme como una hembra sin quitarme la ropa, me sobaba mi verguita así vestida, sintiendo el encaje en mi colita y mis nalguitas, entonces primero volví a meter el plug en mi culito notando que estaba todo mojado y lleno de semen, lo cual me calentó más, luego tome el vibrador y después de ponerlo entre mis piernas me seguí tocando hasta mojarme toda en mis calzones mientras repetía que era una perra sucia.

    Espero quienes hayan seguido esta historia la disfrutaran, confieso que me extendí más de lo que había pensado al principio pero me gusta mucho el resultado final de esta historia, agradezco a quienes me escribieron y me animan a seguir publicando mis relatos, adoro saber que los disfrutan y se excitan imaginando todas las situaciones que describo. Espero comenzar un nuevo relato pronto y recibo todo tipo de sugerencias.

    Besos.

  • Mi cuñada favorita

    Mi cuñada favorita

    La hermana mayor de mi esposa esta buenísima, tiene 33 años, va a diario al gimnasio, hace yoga, se alimenta bien, su esposo le operó las bubis y quedó más buena y antojable.

    Él se va a trabajar por 8 meses en cruceros turísticos, y la deja sola, todos los fines de semana nos reunimos en mi casa o con mi suegra, la veo muy seguido, en una de esas reuniones se le pasaron las copas, y la tuve que llevar a su casa, tomé su coche y la llevé con todo y sus hijos.

    Todos estaban dormidos al llegar, bajé a los niños, uno por uno y los acosté, y después regresé por mi cuñada, cuando la cargué, me abrazó, y empezó a hablar, no le entendía nada, la subí a su recámara, y quiso vomitar, la llevé al baño, y se le quitaron las ganas, la metí a la regadera con todo y vestido y empecé a bañarla, la senté en el piso y le quité la ropa, me senté a platicar con ella.

    Y después de un rato me pidió que la sacara de ahí, no podía creer que la tenía desnuda frente a mí, la llevé a su cama y se acostó, tomé una toalla y empecé a secarla, de pronto escuché un ronquido, se había quedado dormida.

    Me paré y no podía dejar de mirarla, puse mi mano sobre su pierna y empecé a acariciar subiendo lentamente, al llegar a su vulva, me detuve mientras acariciaba con mi dedo índice, me acerqué y le besé al puro estilo francés, me acomodé y no me detuve, le mordía los labios, le lamía de arriba abajo, le metía los dedos, y sentí cómo se empezó a humedecer, gemía suavemente, subí a sus pechos y le hice lo mismo, los saboreaba con tanto placer, mientras con mi mano acariciaba su vulva.

    Me paré y me quité la ropa, sobre su boca puse mi verga, que goteaba de la excitación, abrió lentamente la boca y se la metí, sentía como con su lengua acariciaba mi glande, giró su cuerpo y quedó bocabajo hacia mí, parecía que se acomodaba para mamar a gusto, no le despegaba la mirada me encantaba lo que veía, por dos pude ver cuándo abrió sus ojos, y me miró.

    Se levantó y se arrodilló frente a mí, me senté en la orilla de la cama, y con sus manos sujetó mi verga, y siguió disfrutándola, no podía contenerme más, se paró y me tumbó en la cama, se subió su rodilla izquierda y luego la derecha con su mano tomó mi verga y se sentó de golpe sobre ella, sacudió su cabello, y puso su cara contra la mía, su cara transmitía locura, éxtasis, lujuria, se levantó y comenzó a moverse, era increíble ver aquella morena espectacular sobre mí, le tomé los senos con mis manos, me quitó las manos y las puso sobre sus nalgas.

    Creo que estaba desubicada porque gritaba sin control, sus manos arañando mi pecho con agresividad alertaban lo que vendría, se levantó y dejó caer una cascada de su vagina, sus piernas temblaban, y quedó tendida boca abajo, con mis manos levanté sus caderas y se acomodó, me hinqué y le pasé la lengua por toda la hendidura de sus nalgas, y la penetré, era increíble tenerla así, dominada completamente, sentía que no podía controlarme, se la saqué y al verme se giró de inmediato hacia mí.

    “Dame tu lechita”, me dijo y abrió su boca para recibirla, se la tragó, encantada.

  • Con el que sea…

    Con el que sea…

    Habían pasado los días y mi esposa empezaba a sentir la necesidad de copular para salir de la rutina y satisfacer sus necesidades sexuales. Es posible que estuviera próxima a experimentar su período menstrual y, por lo tanto, tenía disparados sus apetitos y deseos. Consecuente con esto, tomó contacto con su corneador, pues para estas urgencias, nada mejor que contar con el concurso de un hombre bien dotado, aguantador y vigoroso que la llenara hasta lo más profundo de su cuerpo.

    Su macho estaba dispuesto a satisfacerla, como siempre, y habían quedado de verse el fin de semana. Ella estaba esperanzada y se le notaba ansiosa y radiante. Ese viernes acudió al salón de belleza y procuró tener disponibles sus mejores galas para acudir a la cita. Sus expectativas eran elevadas y se notaba, sin duda, bastante dispuesta a encontrarse con aquel y disfrutar, como siempre lo había hecho, de una sesión de sexo memorable. Entre llamada y llamada, mi esposa y su amante habían acordado fecha, hora y lugar para su encuentro y todo parecía estar fluyendo positivamente.

    Llegado el sábado, día elegido, mi esposa estuvo especialmente activa para que todo funcionara y no se presentaran inconvenientes. Para nada quería perder la oportunidad y procuró que saliéramos al encuentro de su hombre con suficiente anticipación. Y así lo hicimos. Pero, una vez llegado al lugar, su corneador llamó para disculparse y notificar que una situación de fuerza mayor se había presentado y que no sería posible acudir a la cita, tal como se había planeado.

    Aunque mi mujer le manifestó que no se preocupara por eso, ciertamente se le notó su contrariedad y disgusto, aunque su comportamiento no lo hizo tan evidente. Yo ni siquiera me atreví a preguntar qué había pasado y seguí como si nada hubiera sucedido. Sin embargo, dado el cambio de planes, continuamos nuestro recorrido hasta el lugar acostumbrado para realizar sus aventuras.

    Al rato de haber llegado allí, y dado que aquel no se hacía presente, ella sugirió que nos diéramos una vuelta por ahí, tal vez para pasar el tiempo y dejar que la noche transcurriera. Yo no sabía que aquella cita se había malogrado, pero ella no me lo había hecho saber. Quizá, para ese momento, ella estaba pensando en las posibilidades que podían darse, pero no había plan ni alternativas disponibles al momento.

    Así que fuimos a una discoteca adyacente al sitio de encuentro para pasar el tiempo. Estuvimos bailando un largo rato, pero era notorio que ella no estaba a gusto con lo sucedido. Miraba y miraba a su alrededor, tal vez esperando que su cita apareciera, lo cual, como sabría después, nunca iba a suceder. Pasaban las horas, la noche avanzaba y nada hacía prever que las cosas podían mejorar. Así que ella, por propia iniciativa, decidió explorar alternativas con la gente que allí se encontraba.

    Me dijo que iba a darse una vuelta por ahí para tantear el ambiente. Se dio una vuelta por el lugar, mirando aquí y allá, analizando las personas que allí se encontraban. Y después de un rato se instaló en la barra del bar, pidiendo una bebida. Lógicamente, al estar allí, se dispararon los deseos de los hombres que también estaban allí tomándose un trago.

    No pasó mucho tiempo hasta que pudo entablar conversación con algunos de ellos, y bien pronto se la vio asediada por dos o tres hombres, que, a su alrededor, procuraban hacerse notar y ser agradable compañía. En principio se notaron considerados y respetuosos, tal vez porque ella advertía de su condición de mujer casada y de mi presencia en el lugar. Sin embargo, al poco rato bailaba con uno y otro, al parecer disfrutando de su compañía.

    Estuvo en esas casi una hora y, poco a poco, los hombres que la acompañaban se dispersaron, quedando tan solo acompañada por un hombre, moreno él, tal vez algo mayor que ella, bastante alto y acuerpado. Casi que la doblaba a ella en estatura. Pero, al parecer, se encontraba a gusto con su compañía y no se desprendía de su lado. Así que bailaron y bailaron bastante tiempo. No llegué a pensar que aquella actividad y compañía fuera a trascender en algo diferente, porque se veía al hombre bastante respetuoso con ella.

    Sin embargo, más tarde, ella me hizo señas para que me acercara y acudí a donde se encontraban. Mira, dijo cuando llegué a su encuentro, te presento a David José. Me ha estado acompañando y nos hemos divertido. Hola, le saludé estrechándole la mano. ¿cómo la ha pasado? Bien, contestó, pero su charla no era tan fluida. Pensé que mi presencia no era de su gusto, así que le dije a mi esposa que, tal vez, lo mejor era que yo volviera a mi lugar. No, dijo ella, ¡quédate aquí!

    Ella siguió bailando y conversando con él, haciéndome partícipe de su charla muy de vez en cuando, por lo que interpreté que habían establecido una buena conexión y que estaban disfrutando de la velada con lo que hacían. En algún momento, sin embargo, David manifestó su intención de abandonarnos, porque ya se hacía tarde, y fue mi mujer quien, entonces, tomó el control de la situación y precipitó lo que vendría a continuación.

    Sugiriendo despedirse, consecuente a los deseos de David José, bailaron una última vez, quizá a manera de despedida, o tal vez para mover las cosas si había alguna intención de parte y parte. Era claro, por parte de mi mujer, que aún estaba ansiosa sexualmente ante su malograda cita, pero no veía yo que aquel hombre fuera el candidato para aplacar sus deseos. Le veía muy grandote y me parecía que no hacían pareja. Sin embargo, mi mujer estaba pensado otra cosa.

    Llegados a la mesa, ella me sugirió que fuera a ver si conseguíamos habitación en el motel y que, si así fuera, se lo hiciera saber. Me quedé un tanto sorprendido, pero, acostumbrado a sus arranques de acción, no me quedó más remedio que obedecer e ir a averiguar su encargo. Así que fui al lugar, adyacente a dónde estábamos y pregunté. Había disponibilidad, ciertamente, de modo que alquilé el precio y volví a la discoteca para comunicar la noticia.

    Cuando llegué al lugar, el encuentro sexual, al parecer, ya había empezado. Mi mujer estaba sentada en las piernas de aquel grandulón, quien acariciaba sus piernas desnudas y ella lo besaba con aparente pasión. ¿A qué hora se habrá quitado ella las medias? Me pregunté, pero no los interrumpí. Simplemente me quedé viéndolos un rato para apreciar como aquel hombre manoseaba a mi mujer a sus anchas sin que ella se perturbara en lo más mínimo. Lo disfrutaba.

    En medio de la oscuridad del lugar y entretenidos como estaban, indiferentes con la gente a su alrededor, poca oportunidad había para comunicarle a mi esposa que ya había conseguido el lugar, así que esperé. Y como si estuviéramos pensando en lo mismo, en aquel instante, ella se levantó para indagar qué había pasado. Ella me vio allí, parado frente a ellos, de modo que hice señal con el dedo pulgar arriba, indicándole que todo estaba dispuesto. Vi como se acercaba a su pareja para decirle algo al oído. En respuesta, el hombre se levantó y la siguió.

    Ella pasó a mi lado con su pareja, como si nada. Le dije habitación 303 y le puse las llaves en una de sus manos. El tipo ni me miró. Estaba distraído mirando para otro lado. Entonces, sin más que hacer, les seguí. Avanzaron sin hablar. Me distancié de ellos un tanto y vi como cruzaron la calle para entrar a “Palo de Rosa”, el lugar escogido. Me demoré unos minutos mientras cancelaba la cuenta. Supuse, sin duda, que al llegar a la habitación el encuentro ya debería haber avanzado. Y, sin tardar, acudí presuroso.

    Ella había dejado la puerta cerrada, con las llaves puestas en cerradura. No me fue difícil ingresar al 303 y, como suponía, la aventura ya había avanzado. Encontré al hombre cubriendo con su cuerpo totalmente a mi mujer, accediendo a ella en posición de misionero. Estaban totalmente desnudos. ¡Caray! Pensé. En tan poco tiempo y ya están en estas. Pero, silencioso, entré y me acomodé. Ciertamente me había perdido los preliminares, si es que los hubo.

    Aquel hombre bombeaba y bombeaba profusamente dentro de mi mujer y ella, expuesta a sus embestidas, excitadísima, como no, debajo de ese gran macho, gemía y gemía con cada penetración. La estaba pasando rico, dada la intensidad de sus gritos. Su hombre, por supuesto, respondía a eso con mayor vigor en intensidad.

    Ella, simplemente, pasado un rato, no pudo más y explotó de la emoción tan tenaz que el contacto con el cuerpo y el pene aquel hombre le estaba generando. El tipo seguramente se vino dentro de ella, porque los alaridos de mi mujer no lo amilanaron para nada y, por el contrario, siguió en la tarea de presionar y presionar hasta que, también en la cúspide de sus sensaciones, llegó al final. Mi mujer debió experimentar excitación hasta el final, porque él descargó todo su contenido dentro de ella.

    Mi mujer permaneció inmóvil debajo del cuerpo de aquel hombre. ¿Te levantas un momento? Expresó. Casi no puedo respirar. Qué pena, respondió él. Por supuesto. Y, diciendo y haciendo, se levantó de inmediato, recostándose a un lado de ella. No dejó ni por un momento de repasar el cuerpo de mi mujer con sus manos, fascinado con el volumen de sus senos. Pude ver como su pene estaba al descubierto, sin condón, lo cual me molestó un poco porque hemos hablado que, por protección, es mejor que lo usen sus parejas. Pero vaya yo a saber en qué estaba pensado ella, que lo permitió y no le dio importancia.

    Ella tiene ojo para escoger a sus parejas. Siempre, como digo yo, le aparecen con la dotación que le satisface. Y esta vez tampoco fue la excepción. El miembro de aquel, aparte de su notoria longitud, también era un tanto grueso. La diferencia de tallas entre ella y él llamaban la atención sobre esas marcadas proporciones. Era apenas lógico pensar que, sabiendo lo que tenía entre manos, también lo quería sentir entre sus piernas. Y, pasados los minutos de reposo, fue ella misma quien empezó a buscar y masajear el miembro de aquel para poner de nuevo a punto.

    El tipo, en contraprestación, buscaba besarla con denodada pasión. Ella, entonces, para facilitar las cosas, se montó sobre él para besarlo y permitir que jugueteara con su cuerpo, acariciándole por donde quisiera. Como resultado, poco a poco, su miembro fue despertando, creciendo y endureciéndose. Ella lo percibió y fue abriendo sus piernas, montada como estaba encima de él, esperando que el macho, como en efecto lo estaba haciendo, apuntara de nuevo dentro de ella su herramienta. Lo intentó, pero la puntería falló en varias oportunidades. Fue mi esposa, entonces, quien tomó su miembro con una de sus manos y lo colocó en el punto preciso para ingresar dentro de ella.

    El miembro de aquel hombre, significativamente voluminoso, comenzó a taladrar lentamente dentro de mi mujer, quien, para disfrutarlo, empezó a contonear su cuerpo de un lado a otro, haciendo círculos, a su ritmo, explorando quizá los puntos donde las sensaciones eran más intensas. La escena de ella sobre él era bastante excitante, pues era ella quien imponía el vigor y velocidad de sus femeninas embestidas mientras el macho permanecía en modo pasivo, dejando que ella hiciera todo el trabajo.

    Y así lo hizo. No es usual verla a ella en esas faenas, porque, por lo general, disfruta sintiéndose sometida a los requerimientos de sus machos, pero en esta ocasión, y dado el tamaño de su pareja, decidió ser la protagonista en la búsqueda de placer, así que se movía y movía sobre aquel, tratando de alcanzar el clímax de sus propias sensaciones. Aquel hombre disfrutaba el que ella hiciera todo el trabajo, alentándola a seguir así. Dale, dale, le decía, se siente apretadito… que rico culeas. Y ella, por lo tanto, se movía aun con más intensidad.

    Sus movimientos y dinámicas ciertamente daban resultados porque, poco a poco, la emoción subía de tono y sus gemidos también. El hombre, aferrando a mi mujer por sus caderas, propiciaba penetraciones profundas, sin que ella se pudiera zafar de sus garras. Pero ella se deleitaba con esto y para nada se contrariaba con los comportamientos de aquel. ¡Oye! exclamó aquel cuando ella vociferaba a todo volumen, te quiero penetrar por detrás. Y ella, de inmediato, respondió a su pedido, disponiéndose para que su pareja la accediera desde atrás.

    El tipo, sin demora, se acomodó para penetrarla, tal como quería, haciendo gala ante mí del tamaño del miembro que iba a colocar dentro del cuerpo de mi mujer. Mi mujer se percibía muy vulnerable ante aquel grandulón. Y mucho morbo me dio cuando la empezó a penetrar. Mi mujer parecía estar a gusto. Y yo pensaba que aquello le debía doler o incomodar. Pero, ¡no! Ella estaba encantada. Aquel pene la invadía por completo y le generaba el placer que seguramente ella esperaba. Así que su macho, sintiéndose plenamente aceptado, empezó a saciar sus necesidades a placer con el cuerpo de ella.

    Bombeó y bombeó dentro de ella, quien rápidamente entró en sintonía con las embestidas masculinas, gimiendo y gimiendo cada vez más fuerte. El tipo acariciaba las tetas de mi mujer mientras la metía y sacaba su miembro, cada vez con más intensidad. Dale, dale, gemía ella. ¡Qué rico! Así que él, envalentonado con sus palabras, la sacudió a placer hasta que más no pudo. Tiró y tiró de ella hasta que alcanzó su máximo placer. Ella lo percibió y también experimento su orgasmo en simultáneo.

    Aquel, ya satisfechos sus apetitos, simplemente sacó su pene y se dirigió al baño, tomando su ropa. Mi esposa, mientras tanto, quedó tumbada en la cama, reponiéndose de las sensaciones que el contacto con aquel hombre había experimentado. Su sexo siguió palpitando unos instantes más. Ese inmenso pene había cumplido el propósito que ella tenía aquella noche. Tenía que saciar sus impulsos como fuera, con el que apareciera, y el tipo aquel había sido el medio perfecto para lograrlo.

    El hombre salió del baño, ya vestido, y, sin protocolo alguno, simplemente se despidió dando las gracias. Estuvo rico, dijo. Que se repita. Pero, hablando con ella después, comentó que no habían intercambiado números de teléfono, lo que significaba que muy seguramente no lo volveríamos a ver. Perfecto, pensé. Bueno, ¿y que tal estuvo? Muy intenso, contestó. Gracias. Tenía que hacerlo, con el que fuera. Ya estoy mejor…

  • Desde la terraza

    Desde la terraza

    El fin de semana, hizo mucho calor y aunque en verano duermo totalmente desnuda, me desperté temprano sin poder volver a dormir. Me sentía muy acalorada así que me puse una bata corta de verano que solo uso para estar fresca en casa y sin abotonarla salí a la terraza a tomar un poco el aire.

    Como soy de las que no sabe estar sin hacer nada, rápidamente me puse a quitar las hierbas que crecían alrededor de las plantas, arreglé las flores y limpié la terraza para luego poder tomar un poquito el sol.

    Lo que no podía imaginar era que desde el edificio de enfrente alguien estaría también despierto a esas horas y que estaba disfrutando de un bonito espectáculo viendo mi corta bata desabotonada.

    No sé el tiempo que llevaba observándome en la distancia, pero tampoco es que me importara mucho así que seguí con mi tarea simulando no haberlo visto.

    En cierta forma, la situación de verme observada me provocó cierto cosquilleo en el cuerpo y empecé a pensar en todo lo que había hecho desde que había salido a la terraza y lo que podía haber visto este desconocido.

    Recordé que estuve inclinada quitando las hierbas e imaginé que seguramente le ofrecí una inmejorable vista de mis nalgas desnudas ya que mi corta bata era una prenda insuficiente para ocultarlas.

    También recordé el rato que estuve de rodillas en el suelo de la terraza arreglando las flores, con mi bata abierta de par en par…

    Sea como sea, era demasiado tarde para ponerle remedio y dejé que esas ideas me siguieran acompañando mientras terminaba de limpiar.

    El sol ya empezaba a calentar un poco y ya era hora de terminar, refrescarme un poco y recostarme en la reposera para broncearme un poquito.

    Entré en casa para ducharme y ponerme el bikini y debo admitir…, que recordando a mi desconocido observador, jugué bajo la ducha imaginando que había despertado su excitación.

    Ya más relajada me puse una bikini que solo uso cuando tomo el sol en la terraza y acompañada de un jugo, un buen libro y unos lentes de sol me recosté en la hamaca no sin antes comprobar que mi observador ya había desaparecido.

    En cierta forma me sentí decepcionada al no poder seguir pensando que ese desconocido me observaba y mientras me ponía el bronceador, empecé a pensar que todo había sido imaginaciones mías y que probablemente nadie me había visto.

    Con esos pensamientos me fui quedando dormida en la reposera perdiendo la noción del tiempo y dejando que fuera el sol el que me recordara que era el momento de que me diera la vuelta antes de que mi piel se quemara.

    Fue entonces, cuando me di la vuelta para colocarme de espaldas, que me pareció verlo de nuevo. Sentí como mi corazón se alborotaba latiendo con fuerza.

    Al estar de espaldas no tenía la certeza de que siguiera ahí, pero mi imaginación de nuevo jugaba con la idea de que me estaría observando mientras yo tomaba sol.

    Desabroché el sujetador como siempre hago cuando tomo el sol de espaldas, aunque en esta ocasión me sentía algo nerviosa traicionada por mis pensamientos morbosos.

    Decidí seguir con el

    juego y me lo quite quedando tan solo con la tanga del bikini y pensando en lo nervioso que estaría esperando a que me diera la vuelta.

    Parecía que podía sentir sus ojos recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, y que la brisa que acariciaba mi cuerpo desnudo era el deseo que yo sentía en esos momentos. Con esos pensamientos me sentí muy acalorada y dispuesta a seguir con el juego me di la vuelta para ofrecerle una bonita vista de mis pechos desnudos.

    Ahora no me quedaba duda, a través de mis lentes de sol podía verlo perfectamente sin necesidad de tener que disimular. Me sentía protegida tras ellos y lo miraba con atención.

    Era un hombre joven, tendría alrededor de 20 años, un cuerpo atlético y su piel bronceada.

    Llevaba solo una prenda, un short ajustado de color blanco que rápidamente despertó aún más mi imaginación.

    Recordé que no me había puesto bronceador en mis pechos y decidí que era un buen momento para seguir con el juego. Desparramé una buena cantidad de crema blanca sobre mis pechos que esparcí con mis manos, entreteniéndome especialmente en mis pechos que masajeaba lentamente hasta sentir como mis pezones crecían y se endurecían ligeramente.

    Mis pezones se habían erguido, sentía como los rayos del sol y una ligera brisa los acariciaban, y mi imaginación jugueteaba con el que no dejaba de observarme descaradamente.

    Yo seguía simulando que tan solo estaba tomando sol ajena a lo que pudiera suceder a mi alrededor, como si estuviera aislada de cualquier elemento que pudiera enturbiar mi descanso. Pero… mis ojos seguían con mucha atención sus movimientos, noté que había llevado su mano a su entrepierna sobándola por encima del bañador.

    Una sonrisa traviesa se escapó de mis labios, pero rápidamente me reprimí pensando que podría ser una señal de que no estaba tan dormida como podía parecer.

    No había peligro, su mano seguía acariciando su entrepierna y daba la impresión de estar bastante excitado.

    Complacida por su reacción, decidí seguir con el juego que me mantenía también caliente y excitada.

    De nuevo tome el pote de bronceador para esparcir un poco en mis piernas y en mis muslos, la cremita blanca desaparecía bajo las caricias de mis manos que masajeaban mis muslos dejando su piel sedosa y brillante bajo los rayos del sol…

    Mis caricias parecían entretenerse eternamente mientras seguían un recorrido que no parecía tener fin… Mis muslos entreabiertos parecían toda una invitación de intenciones que sin duda lo mantenían atento y excitado.

    Su mano había quedado bajo su short y desde donde yo me encontraba podía ver claramente como agarraba su verga masturbándose ante mis ojos que seguían simulando no darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.

    Decidí prolongar un poco más ese momento sintiendo como mi excitación también iba en aumento y sin poder evitar que en ese recorrido por mis muslos mis dedos rozaran ligeramente mi sexo.

    Me sentía ardiendo, con unas ganas locas de sentir sus manos acariciar mi cuerpo y de sentir su verga entre mis manos.

    No podía seguir así, me levanté de la reposera para ir a buscar algo de beber y calmarme un poco. Al entrar en casa no pude evitar colar mis dedos por la bikini que estaba empapada.

    Intenté dejar de pensar en todo ello, agarré un vaso de agua fresca de la heladera y volví rápidamente a la terraza temerosa de que hubiera desaparecido…

    Pero ahí seguía, algo más calmado, sus manos se apoyaban en la baranda de su terraza, pero el bulto de su short dejaba bien claro cual era su estado de excitación.

    Yo seguí con mi juego de no descubrir que lo había visto todo, seguía simulando bien protegida por mis lentes de sol. Le di la espalda para inclinarme y dejar el vaso de agua en una mesilla y aprovechar para ofrecerle una preciosa vista de mis nalgas.

    Estaba dispuesta a seguir disfrutando del espectáculo, era consciente de que había empezado un juego de provocación y aunque tan solo era un juego lo estaba disfrutando y deseaba saber hasta dónde nos llevaría…

    Me recosté nuevamente en la reposera, la brisa acariciaba de nuevo mis pechos desnudos y el sol invitaba a vivir ese momento con plena naturalidad. Sentía la necesidad de que sus rayos me acariciaran totalmente desnuda. Me encanta sentir esa sensación de plena libertad y recordaba esos momentos que disfruté el verano pasado en la playa.

    Con esas sensaciones, decidí deshacerme del bikini y quedar totalmente desnuda bajo los rayos del sol y los ojos incrédulos de mi invitado que fuera de si se había sacado su verga del short para continuar masturbándose hasta correrse en sus manos.

    Excitada por lo que había visto, seguí observando lo que sucedía hasta que el desapareció. Disfruté durante un buen rato de esas deliciosas sensaciones hasta que no pude evitar retirarme a la ducha donde terminé complaciéndome…

    Y con esa imagen tan sensual los dejo hasta un próximo relato…