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  • Otro encuentro con un moreno grande y alto

    Otro encuentro con un moreno grande y alto

    Este fue mi segundo encuentro con un moreno, era muy alto, grueso, y varonil.

    Hace unos 6 años cuando trabajaba en una empresa en la ciudad de Cali Colombia, lo conocí por una red social, todo empezó con un hola como estas, le dije que yo estaba experimentando salir con chicos que si de pronto le interesaba el sexo casual, no lo dudo y me dijo que si, que le mandara fotos.

    Yo le envié fotos discretas, no le pedía a él pues en su red social se veía un tipo alto y grueso y eso suficiente para excitarme pensando en ese momento de un encuentro. Nos pusimos de acuerdo un día en horas de la mañana que yo tenía que salir de la empresa para hacer una diligencia, en un pueblo cercano, entonces pensé que me podía escapar una hora y después decir que había mucho trancón. El chico se llamaba Cristian por, yo le calculo que tenía unos 35 años, yo tenía esa edad más o menos también.

    Él me dijo que vivía en un apartamento acompañado pero ese día estaba solo y me podía atender, me dio la dirección y me dijo que me recogía en una moto. Yo fui y estaba muy nervioso, lo esperé en una esquina y él llegó en una moto grande y en pantaloneta, mostrando unas largas y gruesas piernas, con un casco y no le pude ver bien su rostro, de verdad era muy grande yo me sentí intimidado.

    Me dijo súbete y me saludó. Dijo que estábamos cerca. Fuimos en la moto a unas pocas cuadras y entramos sin decir nada a un conjunto cerrado de edificios pequeños. Dejo la moto en el parqueadero y subimos por unas gradas a un tercer piso donde estaba el apartamento, abrió la puerta me hizo seguir y yo nervioso mire el lugar, era pequeño pero agradable, tenía un ventanal abierto en sala. Me hizo seguir a la habitación que estaba algo oscura y me senté en su cama, él se paró frente de mí y yo miraba su pantaloneta azul, y una camisilla blanca esqueleto que dejaba ver sus largos brazos, el frente de mi empezó a tocar su miembro por encima de la pantaloneta, mirándome yo no lo miraba a los ojos sentía algo de pena, estábamos en silencio. Me quité la gorra y la camiseta para sentirme más dispuesto, ese moreno tan alto de piernas gruesas me tenía intimidado, tocaba su pene que ya se veía grande a través de la pantaloneta azul, se bajó la pantaloneta y tenía unos interiores negros y pude ver ese gran bulto. Le mande mi mano para tocarlo y excitarme más.

    Lo toque, lo apreté, me asuste de lo grande y grueso, yo solo había empezado a experimentar con tres hombres, no tenía mucha experiencia, y sabía que eso no me iba a caber, me iba a doler. Pero él la sacó y me puso a mamar verga, que cosa tan grande y gruesa color café muy oscuro, pero me sabía rico estaba recién bañado. Yo chupaba solo su cabeza que era lo único que me cabía en la boca. Chupaba con ganas y le pasaba la lengua. Yo me existe mucho y tuve una erección, empecé a tocarle sus largas piernas, él hacía gemidos de placer mientras yo le babeaba su grande polla… Yo la miraba y parecía de esas películas porno, grande no tan larga pero gruesa. Él se quitó la camisilla y se acostó en la cama boca arriba, me dijo sigue chupando, yo me quite el pantalón, quede en ropa interior y me lance encima de él a besar sus tetillas y le busqué sus labios gruesos, muy gruesos, y le empecé a chupar sus labios, eso me dio mucho placer. Le besé sus tetillas, abdomen, ombligo, y otra vez me metí su cosota a mi boca, sintiendo su calor en sus venas y su líquido saladito que salía de su glande. Al rato de chupar tanto yo sabía que era hora de ser penetrado, yo iba preparado compre un sobre de lubricante y condones.

    Los saqué de mi pantalón, le puede el condón con cuidado, casi no entraba, me voltee encima de el para poner las nalgas sobre su cara, para que me dilata con su lengua grande y gruesa como la de un toro…me lamio, me metió la lengua y yo sentí que estremecía de placer. Mi trasero se lo comía el con su boca, que sensación más deliciosa, yo me agarraba de su verga con las dos manos, mientras el me metía su lengua y sus dedos en la puerta de mi ano. Entró un solo dedo era tan grueso su dedo que me dolió, le pase el sobre de lubricante para que me untara, así fue y me metió dos dedos ¡que dolor y que placer tan grande!, yo sabía que era ya era el momento de meterme su pene en mi trasero.

    Me di la vuelta y el acostado bocarriba, yo acomodé mis piernas para sentarme sobre el suavemente. Incline mi cola y con la mano puse la cabeza de su polla en mi entrada, primero unte el lubricante sobre su miembro para que deslizara bien. Sentí que solo entro la cabeza y un poquito más, eso dolió y yo no me podía mover, quede como paralizado, cerré los ojos me daba pena mirarle su cara, el me cogía de las caderas y me empujaba un poco como para que entrara más, yo solo sentía un taco en mi trasero y una sensación de placer con dolor.

    Me hice más hacia atrás, trate de moverme para que él también sintiera, entro más pero no toda, el empezó el saca y mete suavemente y eso era delicioso, yo me sentía como una puta de esas de las películas porno, se me venían a la mente escenas de mujeres montadas encima de un moreno ensartadas por su grande verga y eso me gustaba. Me agachaba y besaba sus labios carnosos, él estaba muy excitado, yo no podía mover mucho mis caderas, entonces yo hacía un sube y baja. Parece que él se cansó de esa posición y me dijo que saliéramos del cuarto. Al pararme con cuidado sentí como salió esa enorme polla dentro de mí, estaba dura y doblada hacia un lado, mire el condón pero afortunadamente no estaba sucio, me llevó a la ducha, estábamos desnudos, era un baño oscuro, empezó a mojar su verga con jabón él quería que yo le volviera a chupar, me puse de rodillas y le chupe sus huevos, yo miraba hacia arriba y veía lo alto que era, bese sus piernas gruesas, todo me sabía delicioso de él, los dos sabíamos que la posición en cuatro no iba a dar resultado, pues no iba a entrar bien y me iba a doler, lo mejor que hicimos era eso entrar a la ducha y chuparle hasta que se viniera. Le bese sus huevos negros, estaba bien depilado.

    Se pajeaba y después metía su cabeza en mi boca, ya me dolían las rodillas de estar arrodillado en la baldosa del baño. Con su grande mano derecha empezó a pajear su miembro, yo sabía que ese iba a venir, yo abrí mi boca y saque la lengua pensando en cómo lo hacían las chicas en las películas porno, invitándolo a que me diera su leche, y así fue, boto un chorro grande y me callo en el ojo y la frente, le tome con mi mano su cabeza del pene y me lo lleve bien en dirección a mi boca, sentí el segundo chorro de leche espesa y caliente, que rico como llenaba mi boca, la mezcla con saliva y después la bote en la baldosa, lo lamí y podía ver el contraste blanco de su leche en su piel oscura de su verga, me unte en mi nariz para sentir bien su olor a semen y eso me tenía a mi con mi verga bien dura, me puse en cuclillas y con el olor y sabor de su leche untada en mi cara, labios y nariz, con mi mano en su polla que escurrida sus últimas gotas de esperma, me hice una paja y sentí un orgasmo delicioso. Eche mi leche en la baldosa del baño, y mis piernas temblaban de tanto rato arrodillado, mis rodillas estaban rojas y me dolía.

    Nos duchamos con jabón nos acariciamos y nos besamos el me paso una toalla y me dijo sal espera en el cuarto. Me fui a su cama a secar con el sabor a semen en mi boca, me sentía muy satisfecho, el trasero me dolía y mis rodillas, me seque, yo estaba sentado en su cama el llego desnudo y con su piel mojada, su verga ya estaba flácida pero yo la veía grande y gruesa, me la puso en la cara y yo le volví a chupar un ratito, el tomo la toalla se secó y se empezó a vestir, yo también y sabía que debía irme, pues tenía que hacer mi diligencia de trabajo, él era muy callado yo también pero fue una gran experiencia, con un moreno tan grande, yo sabía que esos gustos no se los daba cualquiera y fui afortunado en conocerlo, la segunda vez nos encontramos en un motel, después le cuento como fue.

    Todo esto fue 100% real, espero les guste mis experiencias.

  • Me coge un taxista de camino a casa

    Me coge un taxista de camino a casa

    Todo empezó en una noche fría, estaba oscuro y me daba miedo caminar hasta casa, salí de la casa de mi amiga ese día iba vestida con una falda lisa de color negro y una blusa de manga larga en la que se marcaban muy bien mis pechos después de toda una tarde platicando entre demás cosas, mi cabello negro caía por mis hombros y llevaba unos tenis negros que hacían eco en las calles desoladas, pasan unos minutos llegó a esquina en la que podía pedir hacer la parada a un taxi.

    Tenía sueño y mis párpados se cerraban, vi un taxi a una cuadra de distancia y le pedí la parada, al subirme al asiento trasero en busca de protección y calor, me di cuenta del físico del taxista, un viejo gordo y un poco peludo, en sus cincuentas tal vez, me dio una rara mirada desde su asiento.

    -¿A dónde la llevo señorita? -preguntó con voz amable.

    Le di mi dirección, para posteriormente poner en marcha el taxi al cabo de unos minutos me quedé profundamente dormida.

    En algún momento del trayecto despierto, pero ahora estoy acostada, ¿Qué carajos?, veo hacia los lados y me doy cuenta de que estoy extendida en el asiento trasero, la puerta enfrente de mí se abre y veo al taxista mirándome con una mirada asquerosa.

    Trato de pararme pero me duele la cabeza.

    -A ver amor, cálmate y esto será placentero

    Ante esas palabras me tenso por completo y me quedo acostada, el taxista abre mis piernas y se mete entre ellas, trato de cerrarlas pero mi fuerza es casi nula; solo estamos él y yo en completa oscuridad, nadie podría ayudarme siquiera.

    Acerca su cara a mi cuello y empieza a lamerme de arriba a abajo, centra su lengua en mi oreja y me dan escalofríos, siento que me da besos húmedos en el cuello y sin poder contenerlo empiezo a dar gemiditos.

    -Ah – digo en voz baja cerrando los ojos y exponiendo más mi cuello.

    Siento como un poco de humedad se va asentando en mi vagina. todo ese calor se va cuando me sube la falda a mi cintura, sube mi blusa para posteriormente quitarte el brasier dejando mis pechos hacia afuera.

    -Estás perfecta cariño -se relame los labios – no sabes lo que te voy a hacer.

    Mis nervios vuelven pero mi mente se nubla cuando siento su lengua agarrar mi pezón, dándole lametones lentos y luego rápidos, va dejando rastros de baba en mi pecho, se siente tan caliente, cambia a mi otro pecho y siento sus manos quitándome mi tanga negra, la tira al asiento de adelante, siento el frio en mi vagina, antes de sentir dos dedos rozarme el clítoris, involuntariamente muevo la cadera hacia arriba buscando contacto, mis piernas están al aire y mis tenis tocan el techo del taxi.

    Escucho que suelta una risilla, se agacha hasta quedar a la altura de mi vagina, separa mis labios mayores y empieza a dar lametones en mi clítoris, suelto un quejido, absorbe mi clítoris y mi vagina empieza a humedecerse de mis fluidos y su baba, abre más mis labios y mete su lengua, follándome con ella de arriba abajo, de adentro hacia fuera.

    -Ya te divertiste mucho – me dice

    -me toca a mi.

    Se baja el pantalón junto con su bóxer y veo su pene, esa cosa es ancha y ha de medir unos 15 centímetros, tiene una cabeza grande y húmeda por el líquido preseminal contenido, se recarga sobre mi, y siento su peso aplastarme, su gran panza me cubre toda, en un movimiento brusco me mete su pene y suelto un grito por la interrupción.

    Empiezo a llorar por el dolor, mi vagina hace un esfuerzo enorme por retener su gran pene.

    -Deja de llorar puta, ¿a dónde ibas vestida tan puta?, ¿ah? – sigo llorando y no contesto.

    -¡Dime hija de puta? – sigue dándome estocadas, el sonido de aplausos se escucha entre nuestros sexos mojados y excitados.

    Minutos después y con la poca fuerza que me queda respondo -A ningún lado, solo mi casa – para este punto estoy gimiendo como una puta, me avergüenzo pero no puedo hacer nada más que disfrutar.

    Se queda callado ante esa respuesta, pero sigue penetrándome la vagina, está sudando y no creo que esto termine pronto, sus embestidas se vuelven más rápidas y constantes, me siento vibrar y mis piernas están temblando, mi útero se comprime ante tal intrusión placentera.

    -Anda, perra, córrete, sé que lo quieres – me dice mientras me penetra más rápido, siento lágrimas en mis ojos de tanto placer.

    Sin poder resistirme más tengo un orgasmo prolongado, chorros de líquido salen de mi, mojándonos y mojando el asiento, esto lo emociona más, siento su pene hincharse y me dejo ir ante las sensaciones post orgasmo, mi vagina está más delicada que el inicio.

    -Saca la lengua hija de puta – la saco como él dice y empieza a absorber mi lengua de arriba a abajo, esto me prende a mil y de mi garganta salen gemidos que son sofocados por nuestras lenguas mojadas.

    Sus embestidas son vacilantes y más fuertes, antes de sentir chorros de semen caliente ir por mi cuello uterino, sale de mi y mis labios vaginales están hinchados y mojados por su semen.

    El carro se queda en silencio por unos segundos antes de que se siente, y me ponga a horcadas de él, me agarra del cuello y me empieza a besar como si fuéramos novios, el sonido de bocas mojadas se escucha y su pene agarra dureza de nuevo.

    -Móntame -me dice con voz gruesa. No me lo dice dos veces antes de que yo me meta ese gran pene, mis labios vaginales se abren y empiezo a moverme de arriba a abajo, su boca agarra de nuevo mi pecho y dos de sus dedos me acarician el clítoris. Estoy sudando pero no puedo parar, mi clítoris se hincha y la necesidad de correrme con el pene de este hombre es más grande.

    Unas estocadas más para que los dos nos corramos, me pasa sus brazos por mi espalda y mis pechos quedan pegados a su pecho peludo, me da besos en el cuello hasta que nuestras respiraciones se calman, su pene sigue dentro mío, dejó de estar duro, pero todavía lo siento dentro de mi. Nos empezamos a poner la ropa sin decir nada, cada movimiento que hago siento semen saliendo de mi vulva.

    Arranca el carro y pone su mano en el interior de mis piernas, un largo trayecto después, cuando estoy a punto de bajarme me detiene y me dice.

    -Si le dices a alguien sobre esto estás muerta.

    Pasan unos segundos antes de que le dé un beso de lengua y me despida con una sonrisa burlesca.

    Saludos y besos…!!!

  • Un paseo por el río con mi compañero de clase y mi vecino

    Un paseo por el río con mi compañero de clase y mi vecino

    El sábado por la mañana me despertó un mensaje de Mateo, un amigo del barrio para recordarme que habíamos quedado en ir al río.

    Hacía mucho tiempo que no salíamos juntos, pues yo estaba muy dedicado al estudio y él a la práctica de patinaje. Antes de responder, le pregunté a Nico si quería ir al río, pero me dijo que no tenía traje de baño.

    -Te presto un speedo que no uso porque me queda muy justo.

    Asintió, nos fuimos a lavar los dientes, los genitales y el trasero en el bidé. Antes de vestirnos, nos besamos y franeleamos en el baño un rato largo, porque el slip rojo que le di también le quedaba bien ceñido, resaltando su paquete, ya duro.

    -No podemos salir así, me dijo.

    Le bajé el slip, le agarré la pija y los huevos y le di una buena mamada y muchos besos. Estábamos a mil y no podíamos soltarnos, hasta que sonó el timbre. Nos pusimos los slips y unas bermudas y remeras, metimos toallas, gel de baño y protector solar en las mochilas ya sin libros, nos tapamos los bultos y salimos para subir al auto de los papás de Mateo, que también se iban el fin de semana largo a la casa de unos familiares en las afueras y nos dejarían en el balneario.

    Entre los asientos de los padres colocamos un bolso de ellos y nosotros tres nos ubicamos en el asiento trasero, algo apretados por otro bolso de ropa. Con un guiño de Nico, empezamos a acariciarle las piernas a Mateo por encima de la tela fina de su ajustado pantalón deportivo chupín, a tres cuartos de pierna. Siempre había sido un chico sexy y me gustaba, pero jamás me atreví a insinuar nada. Se ruborizó, pero notamos y palpamos que se había calentado, así que dejamos las mochilas en nuestros regazos y seguimos metiéndole mano, sobándole bien la pija sobre la tela del pantalón.

    La tenía dura, se notaba su buen tamaño y respiraba fuerte. Nico se relamió guiñándome un ojo, nos reímos, Mateo se tentó y se puso a reír con nosotros, también por los nervios. En una hora llegamos a la zona del balneario y quedamos con sus padres en que volveríamos al barrio en el colectivo de la tardecita.

    Por un sendero que Mateo conocía nos condujo hasta un recodo del río, él siempre por delante, yo con mis ojos fijos en su ceñido pantalón gris que le resaltaba sus nalgas redondas y firmes, y detrás mío Nico, que no dejaba de tocarme el culo y apoyarme, el muy calentón.

    Llegamos a un claro donde no había nadie que nos pudiera ver, para estar a nuestras anchas. Pusimos unas lonas en el pasto y Nico dijo que fuéramos al agua para refrescarnos. Estaba buena, no muy fría y la corriente era suave. Mateo calzaba un bañador bóxer también gris claro, de lycra, muy fino, ya húmedo en uno de sus lados, que hacía juego con su pantalón y le quedaba pintado a su cuerpo estilizado, resaltando su paquete y sus nalgas firmes y redondas como un durazno.

    Empezamos a chapotear mientras nos íbamos a lo más profundo hasta que sólo nos quedaron los hombros fuera del agua. Los juegos se volvieron calientes y nos apretamos entre los tres, con caricias y sobadas mutuas, aunque Mateo se mostraba reticente y trataba de escapar a nuestros manoseos. Les propuse un trencito así que hice que mi vecino se montase en mi espalda, con su duro bulto casi entre mis nalgas. Sólo pudimos hacer un trecho porque estábamos muy calientes y Nico había empezado a besarle la espalda y acariciarle la pija debajo del agua.

    Mateo quiso salir y que nos pusiéramos protector solar. Empezamos a pasarnos entre los tres en pecho y espalda. Me puse más atrevido y fui untando las piernas bien torneadas de Mateo, para ver de cerca su precioso culo respingado de patinador, enfundado en su bóxer corto de lycra, mientras él le ponía protector a Nico en la espalda. Seguíamos los tres empalmados y Nico insistía en arrimar su culo al bulto de Mateo, que se retiraba para atrás, pero chocaba con mi erección que se le metía entre las nalgas y lo hacía jadear.

    -¡Qué putos están hoy!, dijo y fue la señal para que lo abrazáramos de frente y por detrás, sin dejar de acariciarlo, y ya no se molestó tanto.

    -Podríamos tomar sol en bolas, le susurré a Mateo.

    -Le saco el bóxer, dijo Nico,

    Mateo se resistió un poco, pero Nico ya había empezado a bajárselo desde las nalgas y de paso me acariciaba el bulto. Lo ayudé y entre ambos desnudamos a Mateo, dejando libre su pija bien parada.

    -¡Guau!, dijo Nico, qué buen pedazo tenés, mientras yo terminaba de quitarle el bóxer.

    -Mateo está al palo.

    -No lo puedo creer, dije yo, que estaba detrás.

    -Agarrasela y vas a ver qué dura se le puso, me dijo Nico.

    Le pasé las manos por entre los brazos a Mateo y fui acariciándole el tórax hasta agarrarle la pija.

    ¡Qué dura tenés la pija, está buenísima!, y empecé a sobársela.

    Gimió un poco y se dejó llevar.

    -¿Te gusta, Matu?

    Otro gemido y asintió, mientras yo arrimaba mi poronga entre sus glúteos.

    -No te escuché, le dije.

    -Sí, me gusta, respondió sofocado por el deseo, y se recostó sobre mí.

    Con una mano lo pajeaba y con la otra le acariciaba los abdominales, apenas definidos, pero muy suaves. Nico dijo que estaba para comérsela y yo le susurré al oído a Mateo si quería que se la comiese.

    -No sé, nunca me lo hiceron, dijo con voz ronca.

    Nico se inclinó y empezó a besarle el glande, con piquitos.

    -¡Qué lindo y morado está!, dijo y comenzó a lamerlo.

    Yo le solté la pija a Mateo para que Nico se la pudiera mamar y lo empecé a besar y lamer el cuello, mientras seguía acariciándole el pecho.

    -¡Qué rico se siente!, me dijo mirándome a los ojos.

    -¿La mamada o la lengua?

    ¡Todo!

    No dudé más y le di un beso, algo resistido por él, pero luego abrió la boca y respondió a mis lengüetazos. Estábamos muy calientes y empecé a mover mi pija entre sus glúteos, abrazándolo y besándolo. Se soltó unos segundos y me miró a los ojos. -Son muy putos ustedes, me dijo con voz ahogada.

    -¿No te gusta? ¿Querés que paremos?, le pregunté.

    -¡No, por favor, no!

    -Te voy a comer la boca le dije y se relajó, moviendo su culo contra mi pija y tomando a Nico de la cabeza mientras se la chupaba a fondo.

    Tras unos minutos, gimió y dijo que estaba por acabar. Nico le apretó bien fuerte la base del pene para calmarlo, mientras yo no dejaba de franelearlo y apoyarlo. De a poco, fuimos cambiando roles con Nico, que se irguió para besarlo y yo me puse frente a ellos para tomarles sus pijas con las manos y me arrodillé para mamarlas, de a poco, sin soltarlas. Lamía y chupaba una a la vez mientras sobaba la otra. Por momentos me ponía las dos en la boca al mismo tiempo, pero no me entraban juntas más allá del glande.

    Seguí chupándoselas de a uno, mientras ellos se besaban desesperados. Ya era abundante el líquido pre seminal que chorreaban los dos, así que les apreté bien la base de la poronga y me alcé para unirme al franeleo y los besos. Nos recostamos en las toallas, desnudos y al palo, me puse en el medio y empecé a pajearlos mientras ellos me sobaban a mí. Era un delirio, hasta que no pude más y me puse en cuclillas para chupárselas de nuevo a los dos.

    Ellos seguían besándose abrazados, mientras yo iba de un glande a otro y les empecé a meter un dedo en cada culo. Nico alcanzó la crema enjuague en la mochila y me la lanzó. Unté dos dedos en cada mano y se los metí despacito. Gimieron y resoplaron entre beso y beso hasta que Nico dijo que era injusto para mí y que hiciéramos una rueda.

    Mateo no entendió, hasta que nos pusimos de costado y armamos un triángulo, yo chupando la suya y Nico la mía. Mi vecino no sabía qué hacer hasta que llegó a un nivel de calentura tal que empezó a besarle la pija a Nico también él y de los besos en el glande pasó a chuparla toda. Tras un buen rato, Nico propuso girar, de modo que yo pasé a chupársela a Nico, éste a Mateo y mi vecino a mí. Volvimos a girar una vez más, pero ahora yo le empujaba las nalgas a Mateo para que me cogiera por la boca y saqué mi pija de la boca de Nico, poniéndome en cuatro patas.

    Nico no dudó, me lubricó el ano con los dedos y me la puso como sólo sabía él. Con su vaivén provocaba que me entrara la pija de Mateo casi hasta la garganta. Le pedí que fuera más suave, porque la quería gozar y no atragantarme, mientras seguía masajeando con los dedos el culito virgen de Mateo y empujaba el mío contra la pelvis de Nico. Me estaba volviendo loco de placer cuando Nico acabó dentro de mí.

    -¡Más, dame más!, le pedí sacando la boca de la poronga de Mateo, que estaba a punto de caramelo.

    No quería que Nico se saliera porque la seguía teniendo dura, el choque de su pelvis contra mis nalgas me ponía fuera de control y entraba y salía con mucha facilidad. Me siguió bombeando hasta que se le aflojó un poco y se retiró de mi interior muy a mi pesar. Nico se recostó al lado de Mateo y al oído le dijo que ahora le tocaba a él cogerme.

    Mientras mi vecino fue a ponerse detrás de mí, mi compañero de banco se puso boca arriba y se abrió las nalgas, ofreciéndome su culo. Mateo estaba nervioso y con alguna torpeza, me penetró. Entró fácil porque mi culo estaba bien lubricado por el semen de Nico, a quien ya me estaba cogiendo, recostado sobre su pecho y morreándolo desesperadamente. Mateo me tomó de la cintura y empezó a cogerme con ganas. Su mismo vaivén me empujaba más adentro del culo de Nico, hasta que le pedí que dejara que me moviera yo.

    Empecé a menearme hacía atrás y adelante para que me entrara toda su pija y para encular bien a Nico. Tras algunos minutos sentí como Mateo aceleraba sus embestidas y me apretaba con fuerza la cintura atrayéndome hacia su cuerpo y acompañé sus acometidas contrayendo y dilatando mi ano, hasta que acabamos en simultáneo con Mateo, jadeando, resoplando y gritando con la voz sofocada por el placer.

    Nos desplomamos lentamente uno sobre el otro, con Nico nos besábamos como si fuésemos novios y Mateo no atinaba siquiera a salir de mi culo, cosa que me daba mucho gusto, contrayendo y aflojando mi ano, hasta que se puso otra vez al palo. Me salí de adentro de Nico y le ofrecí su culo, mientras le sobaba la pija y le daba un soberano morreo.

    -Qué calentón, todavía la tenés re dura, le dije.

    Lo besé de nuevo con mucha lengua, lo fui llevando hasta el ano de Nico y lo guie para que se la metiese subiendo las piernas de Nico a sus hombros para que le entrase toda la pija de Mateo. Como recién había eyaculado, estuvo largos minutos bombeando y pajeando a Nico, mientras yo no dejaba de besarlo y acariciarlo. Me calenté de nuevo y empecé a masajearle el culito a Mateo, mientras él empalaba a mi compañero de clase.

    Cuando empezó a acelerar sus embestidas, aproveché para arrimar mi poronga a su puerta virgen y casi se la fue metiendo él solo, lo que lo hizo vacilar, pero Nico le pedía más y más y se movía como una anguila. Con mucho cuidado volví a arrimar la punta de mi poronga en el culo a Mateo y lo dejé que se moviera, ya de nuevo concentrado en la tremenda cogida que le daba a Nico. Se fue acomodando de a poco y pude penetrarlo, quedándome quieto.

    Él se movía para adelante y para atrás con placer, Nico lo alentaba a darle más. Bufábamos y jadeábamos como perros en celo en un trencito interminable de placer y tras varios minutos de vaivén, Mateo estalló en una acabada muy intensa, que lo hizo arquear primero y desplomarse sobre Nico después, lo que me puso a mil y acabé en su culo casi enseguida, también fuerte, echando lo poco de leche que me quedaba. Caímos rendidos uno al lado del otro, con Nico en el medio, chorreando los tres un montón de semen de nuestros culos.

    Se agradecerán comentarios positivos a: [email protected]

    Acepto comentarios negativos, si son razonables y no agresivos. Saludos.

  • Los hombres en mi vida

    Los hombres en mi vida

    Hola a todos, espero que les estén gustando mis relatos. Ojalá esté también sea de su agrado, aquí resumiré cinco experiencias, las más interesantes se las contaré más adelante detalladamente.

    Mis otros relatos por si gustan leerlos:

    “Una mujer doble cara”

    “Mi primera vez con mi primo”

    “Fui la puta de mi compañero “

    “Fake taxi. Le hice sexo oral”

    Espero que les gusten estos relatos cortos

    Esto fue con un novio, teníamos la misma edad, salimos como por un año aproximadamente, cada vez que salimos no eran citas inocentes, podría decir que él tenía un fetiche el cual era masturbarnos en la calle. Me daba pena hacerlo y solo esperaba que no fuera notorio. Cuando viajábamos en metro a él le encantaba estar detrás de mí, siempre iba sujetándome de la cintura, me pegaba él aprovechando el moviendo del vagón, lo más excitante que llegamos a hacer fue en un parque.

    Un día entre semana fuimos a un parque grande en donde hay muchos árboles y la hierba suele estar alta, como mencioné anteriormente, no me gusta usar faldas o vestidos, así que, ese día para estar cómoda a cualquier cosa que fuéramos a hacer llevaba ropa deportiva.

    Al ser entre semana había muy poca gente así que estuvimos recorriendo un rato el parque hasta encontrar un lugar que estuviera solo, nos quedamos frente a un árbol, él se sentó y yo me senté delante de él en medio de sus piernas, me abrazaba desde atrás y comenzaba a besar mi cuello, lo iba recorriendo desde mi nuca hasta llegar a mi oreja. Ese día llevaba una manta, la puso sobre mi cubriendo desde mi abdomen hasta mis rodillas, mientras me besaba metió su mano debajo de mi ropa acariciaba mi clítoris rápidamente, me apretaba para pegarme más a él y sentir su pene erecto con mis nalgas, me movía para sentirlo mejor mientras el continuaba masturbándome, mis gemidos eran más fuertes cada que me iba acercando al orgasmo, mi cuerpo temblaba hasta que me hizo tenerlo, saco sus dedos y los metió en mi boca.

    Me acosté en sus piernas y me cubrió con la manta, saqué su pene del pantalón y lo empecé a mamar, primero recorrí con mi lengua lo largo y lo metí a mí a boca, al mismo tiempo que lo metía y sacaba de mi boca también lo masturbaba con mi mano, metía en mi boca solo la punta de su pene y con mi lengua lo recorría todo al rededor.

    Después de un rato me volví a sentar está vez a lado de él, continuaba masturbándolo con mi mano mientras nos besábamos, hasta que lo sentí terminar, con sus dedos agarro un poco de su semen y lo metió a mi boca.

    Eso fue lo más excitante que llegue a hacer con él.

    Cuando tenía 19 años fui con un chico que era 4 años mayor que yo, tenía tiempo de platicar con él, lo conocí por Facebook, había salido con él un par de veces, desde esas veces que salimos o incluso cuando platicábamos por chat me decía te quería cogerme, la tercera vez que salí con él íbamos a ir a una plaza en el centro, se empezó a nublar y me dijo que lo acompañará por su chamarra, él vivía cerca de donde estábamos, llegamos a un edificio de departamentos, el suyo estaba en el segundo piso.

    Al entrar me tomo por detrás y empezó a apretar mis senos, los estrujaba fuerte mientras besaba mi cuello, quería alejarme de él un momento para acomodarme un poco antes de seguir pero no me dejó, me acostó en un sofá que tenía en su sala y siguió besándome, desabrochó mi pantalón y metió su mano por debajo de mi ropa, sentí como metió su dedos en mi vagina, los metía y sacaba rápidamente, sentía como escurría y cuerpo empezaba a vibrar de placer, alzó mi playera y comenzó a succionar mis senos y jalaba mi pezón con sus labios, arqueaba mi espalda de la excitación que sentía.

    Me dijo ya no aguantaba, que ya quería cogerme, me quitó la playera, el pantalón y mi pantaleta, desabrochó su pantalón y antes de que me penetrara le pedí que usará condón, cuando se lo puso abrió mis piernas y comenzó a penetrarme, metió su pene sin dudar en mi vagina haciéndome pegar un pequeño grito que poco a poco fue volviéndose gemido.

    Me cogía duro y rápido, en momentos estrujaba mis senos o los besaba, después de un rato él se sentó el sofá y yo sobre continuamos mientras daba sentones sobre su pene, nos detuvimos porque un vecino de él tocó a su puerta, nos pidió que fuéramos discretos y se fue, nos reímos y nos quedamos sentados, platicábamos, nos acomodamos la ropa y nos fuimos.

    Cuando tenía como 21 años salí con un chico que conocí en una fiesta de una amiga, teníamos la misma edad, intercambiamos número y platicábamos de vez en cuando en cuando, me dijo que un saliéramos él y yo, por la conversación que teníamos era obvio a qué iba conmigo.

    Un día acepte, quedamos de vernos en el metro y fuimos a un hotel, al entrar me quitó el suéter y me empezó a besar, me acostó en la cama y siguió besándome, me quitó mi la playera y empezó a masajear mis senos, le desabroche el pantalón, saque su pene para empezar a masturbarlo, se sentó en la cama y yo me puse de rodillas frente a él y se lo empecé a mamar, lo hacía primero lentamente, luego me agarró del cabello e hizo que se lo chupara más rápido, detenía mi cabeza con su verga lo más adentro de mi boca que podía, me dejaba tomar aire y de nuevo me mantenía con su pene en mi boca.

    Me hizo levantar y nos quitamos la demás ropa que quedaba en nuestros cuerpos, se acostó en la cama y yo quedé sobre él, metió su pene en mi vagina y empecé a moverme, levantaba y volvía a bajar mi culo sintiendo como entraba y salía su pene de mi vagina, luego me acosté en la cama, puso mis piernas en sus hombros y me siguió cogiendo hasta que lo sentí terminar dentro de mí.

    Ese día hacía calor, así que entramos en la ducha, mientras nos caía el agua me empinó y continuó penetrando, me agarraba de las llaves de la regadera mientras sentía como me cogía. Cuando terminamos nos arreglamos y nos fuimos, fue la única vez que salí con él.

    Conocí a esta persona por medio de una app de chat, yo tenía 21 años y el 30, llevaba poco tiempo platicando con él. Un día me disponía a salir con una amiga, íbamos a vernos temprano, cuando llegue a los pocos minutos ella me marcó y me dijo que había surgido algo de imprevisto y no podría llegar, en el camino iba platicando con esta otra persona y me dijo que si gustaba podíamos ir a su casa y acepte.

    En el tiempo que llevaba platicando con él, nunca salió el tema de tener sexo, así que cuando lo vi, no iba yo con esa idea. Ingenuamente creí que haríamos otra cosa. al encontrarme con él, fuimos caminando a su casa, íbamos platicando de deportes y de música.

    Al llegar nos quedamos en su sala, tomamos un café y seguimos platicando, tenía muchos cuadros de pintura que él había hecho, me dijo que tenía más en su habitación que si gustaba me los podría mostrar, cuando me dijo eso pensé que era un tipo de señal de lo que pasaría después, fuimos a su habitación y tenía solo un cuadro colgado, luego le dije «creo que no me trajiste a tu cuarto para ver pinturas o si?» a lo que él respondió «no creí que fuera tan inocente para pensar que te traía a mi casa en plan de amistad» cerro su puerta y le puso el seguro, dijo que era por si llegaba su papá o su hermano, me quito mi blusa y me empezó a besar, desabrocho mi pantalón y metió sus dedos en mi vagina, los metía y sacaba suavemente, le desabroche su pantalón para también masturbarlo, su pene no era grueso pero si largo, nos quitamos el resto de la ropa y nos acostamos en la cama, el sobre mí, abrió mis piernas y continuo masturbándome, dijo que me quería dejar bien lubricada porque me lo quería hacer duro, cuando sentí que estaba lo suficientemente mojada de mi vagina me empezó a penetrar y fue tal como dijo, metía y sacaba su verga duro y rápido, me agarraba fuerte de sus brazos ya que por el tamaño de su miembro me dolió al principio pero también me excitaba, después cambiamos de posición, me puso en cuatro frente a él y me siguió penetrándome, continuaba haciéndolo duro y rápido y mientras lo hacía me sujetaba fuerte del cabello y me nalgueaba, estuvimos así por un rato hasta que recibió una llamada, creí que dejaría de cogerme para contestar pero siguió penetrándome mientras hablaba, por lo que difícilmente contuve mis gemidos.

    Colgó y volvió a ponerme frente a él, alzo mis piernas lo más que pudo y siguió cogiéndome duro y rápido, era la primera que alguien me cogia así por lo que en cuanto terminamos sentía un pequeño dolor en mi vagina. Me dijo que no tardaba su padre en llegar y que podríamos hacer un trio o parábamos.

    No me sentí tan atrevida para hacer un trío en ese momento así que le dije que mejor me iba.

  • Mi vecina desconocida

    Mi vecina desconocida

    De pura coincidencia puedo clasificar estas experiencias sexuales que he vivido, y que ha finalizado en una estrecha relación de amistad, vecindad y sexo consentido por ambos, que nos ha llevado a la realización de nuestras fantasías sexuales.

    Hace unos días he visto en el supermercado del barrio, a una joven que me ha llamado la atención, su cuerpo atlético, con un top ajustado en sus pechos y unas mallas cortas ceñidas, que dejaban prever su belleza y atractiva figura, la joven de piel morena, por tratamientos de rayos uva, con su pelo medio ondulado y de color negro. Me he quedado observándola, porque me ha llamado la atención, luego hemos vuelto a coincidir en la caja, ella delante de mí, donde me he podido recrear en su cuerpo, el cual me ha excitado.

    Ha pasado unas semana, y hoy nuevamente he vuelto a ver a la joven, en esta ocasión vestía unas mismas prendas que la vez anterior, pero de color rosa, hemos coincidido en la zona de los lácteos, y ella se disponía a coger unas botellas de yogur bebido, pero al no alcanzar porque estaban en el fondo del estante, le he hecho el favor de cogerlas y ofrecérselas a ella, que con una sonrisa y unas gracias, me lo ha agradecido, luego volvemos a coincidir en la caja, en esta ocasión yo estoy delante de ella, y de forma picaresca le cedo mi lugar, para que ella pase, (al ser poco los productos que lleva), ella pasa delante de mí, y nuevamente mi vista se vuelve a recrear en ese delicioso cuerpo moreno, y esa silueta ceñida de sus partes más atractivas, ella pasa y se queda al lado de la caja, una vez he pasado por caja, y me dispongo a salir del supermercado, ella se acerca y me da nuevamente las gracias, nos presentamos, ella me indica su nombre Nerea y yo el mío Carlos, salimos del supermercado conversando, nos dirigimos los dos hacia la misma zona, pero al finalizar la calle, giro a la derecha y ella me acompaña, me paro en mi portal, y me comenta ella.

    Aquí es donde vives, si Nerea, aquí tienes tú casa, en el 1ºC, pero mira por donde somos vecinos, yo vivo desde hace unos meses en el 2º C de este edificio. Como el edificio tiene tres plantas, tomamos el ascensor los dos, yo me bajo en el primer piso y ella continua su ascenso hasta el segundo. Que coincidencia de la vida, ahora puedo decir como aquella película de Marlyn Monroe «la tentación vive arriba».

    Hoy ha subido Nerea a casa, ha llamado al timbre y me he levanto del sofá, para abrir la puerta, y me encuentro a una belleza amiga, ella me dice, hola Carlos, perdona que te moleste, pero me he quedado sin bombona de gas, y me disponía a ducharme, ¿me puedes prestar tú una, si tienes de repuesto?. No te preocupes Nerea, voy a ver si tengo llena la de reserva, pero pasa, no te quedes en la puerta; al comprobar la bombona de reserva está vacía, le comento, lo siento la de reserva está vacía, pero si quieres puedes usar mi baño.

    Ella me dice que no quiere molestar, y que pensaran los vecinos restantes, yo le comento, que eso me da igual, que estoy ayudando a una amiga que además es vecina. Ella, acede a ello y me comenta, bajo por mis ropas y potingues cosméticos, a lo que le comento que baje por ellos, mientras te voy a encender el calentador.

    A los pocos minutos regresa Nerea, y le acompaño hasta el baño, es el mismo recorrido que el de ella en su casa de alquiler, le indico donde tiene los productos del baño, las toallas, por si los desea utilizar, ella me comenta que trae los suyos.

    Salgo y cierro la puerta y siento como se inicia la caída del agua de la ducha y pienso – uff quien pudiera estar ahora hay y poder jabonarla y acaricia sus ricos y llamativos pechos, besar todo su cuerpo, uff me he puesto caliente nada más que pensar- una voz desde el baño «Carlos, puedes venir», esto me hace volver a la realidad y abandonar mis fantasías.

    Si voy Nerea, la puerta del baño esta entreabierta, y pegunto ¿puedo pasar?, si por favor, al entrar en un baño lleno de vapor por el agua caliente, me encuentro a esta hermosa mujer envuelta en una toalla blanca de baño. ¿Dime Nerea?, ¿me puedes fijar esta gargantilla, que no atino a enganchar?, si, por supuesto, aunque te digo que soy poco mañoso para estos menesteres, al darme la gargantilla, se le ha caído la toalla, que la envuelve, ella mira a través del espejo y yo me inclino a coger la tolla, para volver a taparla, pero ella se agacha intuitivamente para recoger la toalla, y mi boca, se posa por coincidencia en sus caderas (he sentido una piel muy suave, sedosa, que me ha erizado la piel), ella me dice, no te preocupes, son cosas que pueden pasar, noto como ella está algo excitada, al final le coloco la gargantilla, y ella se gira y quedamos frente a frente los dos, mirándonos detenidamente, ella entre abre sus labios y yo mojo los míos con mi lengua, no sé quién fue el primero en adelantarse a besarnos, nuestros labios se unen muy suavemente, y los retiro rápidamente, pidiéndole disculpas, por ser tan…

    Ella me dice que no me disculpa, porque es ella la que me ha besado, y se ha quedado a medias, ¿volvemos hacerlo?, ofrecimiento que a mí me llena de placer, así que vuelvo a besarla, esta vez con más energía y entrelazamos nuestras lenguas, la toalla cae definitivamente al suelo, y puedo acariciar su espalda muy suave, y sedosa, ella me pide marcharnos a la habitación grande, una vez en la habitación donde ella me lleva de la mano, ella se sienta sobre el filo de la cama, y ve como me desnudo, observa detenidamente mi cuerpo, y me baja ella los bóxer negros, una vez desnudo delante de ella, me arrodillo para dejar mi boca a la altura de la suya, pues está sentada en la cama, la beso y enredo mi lengua con la suya, poco a poco la voy llevando hasta que todo su cuerpo cae transversalmente en la cama, me coloco sobre ella, para recorrer su cuerpo desde su boca hasta sus partes íntimas, besos caricias suaves, siento como ella se estremece y sigo bajando desde sus ricos pechos, con esos pezones medianos erectos, paso mi lengua por su ombligo y llego a su pelvi, una pelvi con pocos vellos, casi ninguna, rasurada de hace unos días, la beso y acaricio con mis manos sus ingles, ella respira profundo y arquea su cuerpo, bajo mi lengua hasta su vulva, que es una vulva de ojo cerrado (Este tipo de vulva, con apariencia de un ojo cerrado.

    Suelen ser vaginas ligeramente estrechas y aparecen como cerradas debido a que los labios mayores son más grandes que los menores y los tapan. Es la más prototípica y considerada estética, pero curiosamente está entre las menos comunes. También se denomina a esta forma Barbie, dado que se asemeja a la típica que suele ponerse a una muñeca),separo sus labios para descubrir ese clítoris, que me he encontrado jugos, Nerea tienes un clítoris grande y sobre saliente, fácil para chupar cual si fuese un mini pene, lo lamio y chupo fuerte dentro de mi boca, una vez la he puesto en buena situación y disponibilidad, le doy la vuelta en la cama y veo toda la hermosura de su culo y su espalda derecha, inicio el recorrido a la inversa besando sus piernas, sus muslos, y sus nalgas, abriendo el ano, para lamérselo, subo por la espalda jugando con la lengua y llegar a su cuello, el que besos por ambos lados, ella se estremece y se le eriza la piel, finalizado el recorrido por todo su cuerpo, ella se gira y se levanta, coloca sus piernas al lado de mi cabeza, y baja suavemente de forma que me ha quedado su rica vulva y su culo, sobre mi cara, para iniciar entre los dos un 69, nos comemos y besamos nuestros sexos, y penetrando en el ano dedos primero uno, luego dos, y mi lengua en su vulva los más profunda que puedo, ella y yo gemimos, una vez hemos jugado con nuestros sexo, ella toma la rienda y se incorpora, dándome la espalda, se levantó e introduce mi pene en su vulva e inicia una maravillosa cabalgada, donde la sujeto por la cintura, uff que placer mi vida le grito, y ella acelera sus movimientos de subida y bajada, acompañándolos de giros de su cintura cuando estaba en la zona baja, con todo mi pene dentro de ella.

    Ella me grita Carlos dame tu leche caliente, y sigue cabalgándome, ahora para para subir y volver a bajar, pero ahora lo hace lentamente, y se va penetrando mi pene en su estrecho y cálido culo, e inicia otra impresionante cabalgada, que me lleva a una enorme corrida, coincidiendo con su squirting, terminamos los dos bien, al colocarse ahora a mi lado tumbados los dos boca arriba en la cama, su mano para por mi pene, y me dice ahora te correrás como yo, y empieza a acariciar mi glande, todo fuera, con giros de sus manos sobre él, de forma rápida y fuerte, esto me hace arquearme y soltar un chorro de leche caliente, que ella recibe en su boca, para finalizar en una mamada final de ella, que limpia mi pene, uff que experiencia.

    Siempre he soñado algún día tener sexo con mi vecina. Al final ella se vuelve a la ducha y yo una vez que ella ha terminado me ducho y preparo, ya en el salón tomando un café, le doy las gracias por la experiencia vivida y ella me dice que ha sido maravillosa que habrá que repetir otro día, a lo que le confirmo mi disponibilidad.

    Un beso de despedida y un deseo de que ese día regrese pronto.

    Besos para Nerea.

  • Coronas, de compras

    Coronas, de compras

    Estaba de compras, algo de ropa nueva. No era época de rebajas y en las tiendas no había mucha gente y como hacía calor nadie llevaba mucha ropa. Mañana de un día laborable y en la tercera tienda en la que entré los modelos eran francamente escandalosos.

    Ya no suelo vestir demasiado provocativa pero me apetecía probarme algunas de las prendas. Fui seleccionando de entre lo mas sexi, sensual, que fui encontrando y me dirigí a los probadores cuando me interceptó la vendedora.

    Pretendía mostrarme un estantería que se me había pasado desapercibida y que podía interesarme. Se había fijado en el tipo de prendas que había estado escogiendo.

    – ¡Hola!, ¿puedo ayudarte en algo?

    Me preguntó mientras repasaba toda mi figura de arriba abajo con su mirada azul.

    – Me he fijado en la ropa que estás eligiendo, aquí a la vuelta hay algunas prendas más que podrían gustarte.

    -No sé, lo que tengo en la mano ya me parece demasiado.

    – Nunca es demasiado si ser trata de sentirse bonita y sexi, de seducir aunque sea a una misma. Me llamo Coronas.

    – Un nombre bonito, pero no muy común.

    – Fue un capricho de mi padre, pero ahora me gusta mucho.

    Yo nunca había tenido nada con otra chica. Ni siquiera un beso cariñoso entre amigas estando algo borracha. Pero si sabía apreciar la belleza de la figura femenina y si es voluptuosa aún me llamaba más.

    Y no sé si eran cosas mías pero aquella chica parecía que me estaba tirando los trastos. Su voz, sus palabras, sus gestos, no estaba tan desentrenada en eso del ligoteo.

    Era una chica guapa y simpática con un bonito cuerpo algo rellenita, toda una curvy muy sexi. Vestía un ajustado mono de lycra negro y aparte de las sandalias y el cinturón ancho sobre la cadera, era imposible saber si llevaba algo mas.

    Los pezones duros de sus pechos, talla ciento cinco o ciento diez a ojo de buen cubero, competían con los míos algo menos marcados en mi camiseta de algodón.

    En los probadores ella se quedó conmigo, hablando de naderías, desde una posición en la que podía controlar la puerta y mi cubículo. Para desnudarme no eché la cortina, ya que estábamos solas.

    Procedí a sacarme la camiseta de algodón para probarme un top sin espalda, de seda, como no llevaba sujetador no tuve mas que ponérmelo, todo eso bajo su atenta mirada. Los pezones se me marcaban durísimos.

    -¿Que tal me sienta?

    -Fantástico, me contestó, se ven preciosas tus tetas con eso y la espalda desnuda genial. Ahora el mini short.

    Sin mas dejé caer la falda al suelo, dejándome el tanga que no tapaba gran cosa. Me excitaba sentirme observada allí casi desnuda en el pasillo de los probadores. Me enfundé el pantaloncito que casi dejaba al aire la mitad inferior de mis nalgas. Y casi todo el vientre porque era tan bajo de cintura que me llegaría a ras del vello púbico si no lo tuviera depilado por entero.

    Girándome ante la enorme luna del espejo me veia sexi con los largos muslos saliendo de aquella miniatura. El vientre desnudo hasta llegar al top, tan fino que la forma de mis pechos cónicos y duros y los pezones rosados de enorme areola se marcaban perfectamente y la espalda completamente desnuda.

    Me sentía atractiva, casi un poco, mucho, putón. Decidí seguir con lo de la ropa y volví a quitármelo, esta vez absolutamente todo incluido el tanga.

    Además lo hice en medio del pasillo ante sus ojos. Fue porque me dijo que con esa nueva prenda no se podía llevar nada debajo. Era un mono de licra tan ajustado como el que ella llevaba. Si me hubiera dejado el tanga se habría notado perfectamente.

    Me lo fui subiendo contoneándome. Ella se fijó en mi pubis depilado y me dijo que me iba a quedar estupendo. Cuando conseguí pasar de la cadera metí los brazos por los agujeros que dejaban los tirantes. Descubrí que me dejaba un escote impresionante, de vértigo, tanto en el pecho como en la espalda y los brazos al aire.

    Girándome ante el espejo descubrí que tener aquello puesto era igual que estar desnuda del todo, como llevar una capa fina de pintura corporal. Le dije:

    -Me estoy excitando, a ver si te lo voy a manchar.

    -Bueno seguro que te lo quedas, te sienta genial.

    Volví a sacármelo para colocarme una faldita tableada tan corta que si me inclinaba un poco nada mas se me veia el culo entero por culpa de mis nalgas respingonas. Además de una blusa blanca de gasa completamente trasparente y en vez de abotonarla me la até con un nudo justo bajo los pechos.

    Si esas dos prendas no fueran completamente escandalosas una por corta y la otra por ser casi invisible hubiera parecido una colegiala con mi cabello liso y sin nada bajo ellas. Solo me faltaba hacerme un par de coletas.

    Por fin Coronas se me acercó y decidió poner las manos en mi cintura desnuda. Acercándose un poco más nuestros pechos se fueron juntando hasta quedar completamente aplastados entre las dos.

    Nuestros labios se fundieron en el beso mas apasionado que me han dado nunca. Cruzábamos las lenguas como si no hubiera un mañana. Su saliva entraba en mi boca y yo le daba la mía. Parecía que buscaba mi campanilla llegando a mi garganta.

    Una de sus atrevidas manos pasó a mi muslo rozándolo con suavidad por detrás, subiendo la falda hasta que pudo apoderarse de mi nalga y apretarla con firmeza.

    Las mías fueron de inmediato a por sus pechos enormes, algo caídos, preciosos, sosteniéndolos con la palma y jugando con sus pezones con dos dedos, pellizcándolos con suavidad.

    Mi lengua parecía pegada a la suya, jugando incansables y uno de sus dedos ya se insinuaba en mi ano y entre mis muslos buscando los labios de mi vulva. Yo lo tenía mas complicado para tocar su piel desnuda con lo que tenía puesto.

    Aunque no dejaba de recorrer su cuerpo al completo cubierto con lycra. Pude sacar uno de sus pechos por el escote de su mono y apoderarme de él con la boca y recorrerlo por fin con la lengua.

    Inclinada así sobre su hermoso torso le ofrecía mi culo al completo perfectamente ofrendado y ella no se cortó y me clavó un dedo en el ano, me pareció el pulgar por el grosor, y dos mas bajando un poco más acariciaban la entrada de mi coño, haciéndome suspirar. A duras penas conseguí centrarme lo suficiente para recordarle:

    – ¿No deberías cerrar la puerta? y asi podiamos estar tranquilas.

    Colocándose el abundante pecho dentro de su no muy discreta prenda cerró la puerta, puso un cartel y volvió conmigo a la carrera.

    La miraba acercarse con sus tetas moviéndose, saltando como flanes en una bandeja. Sonriéndola con descaro dejé caer la minifalda al suelo enmoquetado.

    Ella ya había dejado el cinturón por el camino y venia bajándose el mono descubriendo por fin su glorioso pecho al completo. Le costó algo más sacárselo de su ancha cadera pero al fin quedó desnuda para mi sola, para mi disfrute.

    Al llegar junto a mí lo primero que hizo fue ayudarme a quitarme la blusa para así quedar las dos iguales. Volvió a besarme introduciendo su lengua hasta el fondo de mi garganta. Mis manos recorrían su piel sin impedimentos, todo el cuerpo desnudo mientras las tetas se frotaban y nos apretábamos las caderas, los pubis libres de vello. Uno de mis muslos entre los suyos.

    Tirando de mí me arrastró hasta la moqueta donde quedé encima. Comencé a besarla por todo su cuerpo, el cuello fino, los hombros morenos los enormes pechos bronceados pues estaba claro que tomaba el sol en topless, la ligera curva del vientre, el ombligo donde juguetona metí la lengua.

    Hasta llegar por fin a su coño húmedo y bien depilado que abrí con la lengua mientras ella mantenía los muslos fuertes bien abiertos. Me estaba dejando llevar por mis deseos, por mi fantasía.

    Recorrí sus labios humedeciéndolos un poco más con mi saliva, abriéndolo sin usar los dedos, entrando despacio un poco mas en ella. Recorriendo sus pliegues hasta llegar por fin al clítoris.

    Fue arqueando la espalda levantando el culo y dejándomela cada vez más abierta. Cogiéndola de los muslos la levanté aún mas arqueando su espalda y pude seguir lamiéndola por el perineo buscando entre sus nalgas esta vez el ano.

    Ahí ella se volvió loca gimiendo y animándome diciéndome que se derretía. Clavando la lengua en el interior de su culo. Volviendo a por su coño y meneando el clítoris una y otra vez con la lengua. Todo eso sin usar los dedos y con ella apoyada ya prácticamente solo sobre su cuello y nuca.

    Tiene una flexibilidad y fuerza sorprendentes para alguien de su constitución. Parecía estar en un continuo orgasmo y no es de las que lo ocultan. En algún momento me daba la impresión de que sus gemidos podrían oírse en la calle. Me dijo:

    -Ahora túmbate tú que quiero hacerte disfrutar yo. No, espera, mejor solo ven aqui sobre mi cara.

    La dejé en el suelo suavemente y coloque mis muslos a ambos lados de su cabecita descendiendo despacio mis caderas sobre su cara. Casi de inmediato su lengua se apoderó de mi coño, con sus dedos abría mis labios.

    Si no fuera físicamente imposible habría jurado que la sentía a la entrada de mi utero por lo profundo que su lengua alcanzaba en mi interior.

    Como antes ella, yo no podía contener mis jadeos, gemidos y suspiros demostrando cada vez que me llegaba un orgasmo que estaba gozando. Coronas abría mis nalgas, sujetándolas y pasando la lengua por mi culo, penetrándome el ano como si fuera una polla.

    -¡Así!, le decía, ¡comeme el culo!, ¡chupame bien!, me estoy corriendo como una guarra, ¡trágate mi orgasmo!.

    Nunca había dicho algo así follando con nadie antes. Pero con ella me parecía que podía soltarme, dejarme llevar por mi imaginación y soltar cualquier barbaridad sin quedar mal o que ella piense mal de mí.

    También es verdad que era mi primer beso negro y me estaba pareciendo que era lo mejor que me había pasado nunca.

    He vuelto muchas veces a esa tienda.

  • Mi novia me comió el culo mientras mi cuñada dormía a lado

    Mi novia me comió el culo mientras mi cuñada dormía a lado

    Esto ocurrió un tiempo antes de que nuestra relación se deteriorara, en una de esas borracheras que organizábamos con nuestros amigos en casa,  y en una ocasión que mi cuñada Claudia se quedó a dormir.

    Es un relato corto pero una experiencia muy caliente, pues Viri y yo organizamos una fiesta en casa, donde normalmente terminábamos muy borrachos, esa ocasión no fue la excepción. Lo que sí fue excepción es que estabamos demasiado calientes, no sé bien qué fue lo que nos calentó, pero recuerdo que varias personas se quedaron a dormir, por lo que preparamos unas colchonetas y el sofá cama de la sala para los invitados. Recuerdo que estabamos con la calentura desde antes que terminara la fiesta, pues Viri me lanzaba miradas lascivas entre plática y plática. Pero cuando por fin nos fuimos a acostar, resulta que Clau, mi cuñada, se había quedado dormida en nuestra cama, lo cual me decepcionó un poco al principio cuando la vimos allí acostada, por lo que sólo le dijimos que nos hiciera un espacio. Ella también estaba un poco borracha pero alcanzó a reaccionar y dijo que no nos preocuparamos, mientras se levantaba, tendía una colchoneta a un lado de nuestra cama y se acomodaba para dormir.

    No habían pasado ni 5 minutos de esto, cuando Viri y yo comenzamos a tocarnos por debajo de las sábanas, nuestra calentura era tanta, que poco nos importaba si Claudia estaba en la colchoneta a un lado. Aunque tratamos de no hacer mucho ruido, nuestros, besos, gemidos y los rechinidos de la cama eran bastante audibles para cualquier persona sobria y en vigilia, pero aparentemente Claudia no estaba en ninguno de esos estados en ese momento. Después de 10 minutos Viri estaba que reventaba de caliente, pues yo la masturbaba apasionadamente, el ruido de sus fluidos chocando con mis dedos era inconfundible, solo voltéabamos a ver hacia donde Claudia y parecía que seguía en el séptimo sueño. Fue entonces cuando decidimos quitarnos nuestras ropas y coger bajo las sábanas. Empezamos ya con buen ritmo, pues estabamos bastante excitados, recuerdo que Viri me tapaba la boca porque al parecer estaba gimiendo algo fuerte, pero poco a poco dejaba de importarnos.

    Creo que el mero hecho de que Claudia estuviera en esa misma habitación nos ponía a mil por mil, cuando menos nos dimos cuenta, ninguna sábana nos cubría y cogíamos como conejos, mientras Claudia, con solo haber volteado hacia nosotros pudo tener una vista completa del culo de su hermana y mi verga entrando y saliendo de su conchita. Estuvimos un buen rato así, sin voltear a ver si Claudia había despertado. Ya en la cúspide de nuestra calentura, recuerdo que me puse de pie sobre la cama y me reacomodé, poniéndome de rodillas con mi verga a la altura de la cara de mi novia, para que me hiciera una mamada, a lo cual ella accedió, no solo comiéndose mi pedazo de carne, también lamiendo mis huevos y bajando cada vez más, y cuando menos me di cuenta, empezaba a pasar su lengua por mi ano. Yo nunca he pensado que eso sea algo malo, pero tampoco había platicado de eso con ella. De verdad, la sensación fue increíble, pues ni ella ni nadie antes me lo había hecho, cuando sentí esos primeros lengüetazos, me hice más adelante para que tuviera una mejor posición de entrada hacia mi culo. Viri comenzó a comerme de una manera magistral, metía su lengua hasta donde podía y yo estaba en el cielo. Para ese momento, ella ya había tenido al menos dos orgasmos, uno cuando la masturbaba y el otro cuando estábamos cogiendo. Yo ya no aguantaba las ganas de correrme, en ese momento volteé a ver a Claudia y seguía durmiendo sin enterarse de lo que pasaba, entonces comencé a jalarme la verga mientras veía la carita durmiente de mi cuñada y Viri me comía el culo, en ese momento un huracán recorrió mi cuerpo y sentí cómo explotaba, sacando chorros y chorros de semen que fueron a caer en mi abdomen, pero también en la cara de Viri, que se encontraba bajo de mi concentrada en su tarea. Solté un gemido que podrían incluso haber escuchado los invitados que dormían en la sala.

    Cuando me recuperé, seguía tan caliente que besé a mi novia y me comí todos los restos de semen que tenía en su carita. A pesar de nuestra borrachera, logramos tener uno de los mejores orgasmos de nuestra relación, pero casi inmediatamente después nos quedamos dormidos. Por la mañana que desperté, nosotros seguíamos sin ropa y mi cuñada seguía durmiendo plácidamente en la colchoneta de aun lado. Le dije a Viri que nos vistiéramos y esa fue la primera y última vez que se atrevió a comerme el culo.

    Ya en los tiempos que empecé a coger con mi cuñada, le pregunté si alguna vez nos vio cogiendo a su hermana y a mi, pero me dijo que no. Yo le conté lo que pasó ese día y nos calentamos mucho, terminamos cogiendo en cuanto pudimos y me vine dentro de ella.

    Quise escribir este recuerdo, porque ya hace casi 10 años que ocurrió y a veces se me olvida las cosas tan excitantes que viví en esa relación.

  • Tratada como una cualquiera por el chat

    Tratada como una cualquiera por el chat

    Estaba buscando algunas presentaciones de mis clases en mi viejo portátil, abrí mi WhatsApp desde hay para enviarlas por mi correo, vi que en la ventana esta un ingreso directo al Facebook de mi esposa, por matar la curiosidad ingresé y me puse a chismosear en su chat, encontré una conversación entre ella y Juan Carlos uno de sus amantes, la conversación es del año 2008, y dice así:

    JuanCI: Hola Nena, ingrata, ¿ya me olvidaste?

    Nena: Amooor, no como se te ocurre, siempre estás en mi mente mi vida.

    JuanCI: Si, como no, me tienes abandonado, no me has enviado fotos

    Nena: Perdóname lindo, he tenido mucho trabajo

    JuanCI: ¿el trabajo o el novio?

    Nena: Nooo, amor el trabajo y el estudio

    JuanCI: será creerte, que más se puede hacer.

    Nena: amor, en un rato voy al baño, me tomo unas fotos y te las envió

    JuanCI: de cuerpo entero las quiero

    Nena: bueno mi vida

    Nena: ¿cuándo vienes amor?

    JuanCI: el viernes, te escribía porque quiero que salgamos el viernes y aprovechemos que mi mamá no va a estar y te quedes conmigo hasta el sábado al mediodía.

    Nena: súper amor, ok, ya cuadro todo.

    JuanCI: la idea es que llegues al apartamento el viernes a las 5 pm, hagamos el amor y luego salgamos con mis amigos a bailar, regresemos al apartamento y sigamos haciendo el amor.

    Nena: deli tu plan amor, entonces traigo todo para salir desde el trabajo.

    JuanCI: mamasota quiero que ese día me salgas en minifalda, con una blusa escota y sin brasiere, en una de esas hermosas hilo dental que tienes, en unas plataformas bien altas.

    Nena: como tú quieras mi vida, sabes que me encanta complacerte, ¿qué color de hilo quieres que lleve?

    JuanCI: las rojas que tenías en nuestro primer encuentro, nunca olvidare la imagen de verte salir del baño en esas tangas, sin brasiere con esas tetotas al aire libre y entaconada, te veías como diosa.

    Nena: ese día también es inolvidable para mí, no sabes cuánto deseaba ser tuya.

    JuanCI: note y sigo notando tu deseo, jamás imagine que toda tu serias mía y que fueras tan caliente, no sabes cómo me masturbo viendo tus fotos y tus videos.

    Nena: envíame tu un video masturbándote viendo uno de mis videos, quiero ver cómo te vienes.

    JuanCI: claro hermosa, ahora en la noche lo grabo y te lo envió.

    JuanCI: me fascina lo caliente que eres, me imagino lo que mucho que has pichado en estos días.

    Nena: ayyy amor, no digas eso.

    JuanCI: por favor Nena, no niegues que has estado muy activa en estos casi dos meses que no nos hemos visto, y ambos sabemos que no solo te come tu noviecito.

    Nena: ummm

    JuanCI: ningún ummm, me masturbo imaginando también como te hacen gemir, como le pides a otro que no pare cuando te vas a venir, como le pides que se te vengan en la boca o en las tetas, y lo que más me excita es imaginar cómo te revientan ese culo y la cara que pones cuando te lo estan penetrando.

    Nena: ¡JUAN! Por Dios no sabía que me tenías en ese concepto, te desconozco.

    JuanCI: no me niegues, que lo que te digo es verdad, que te estas acostando con otros.

    Nena: tú sabes quién soy, no tengo porque mentirte, ¿en verdad me crees así?

    JuanCI: si te creo así, así te he sentido cuando estás conmigo, te me entregas como una puta y eso me gusta mucho.

    JuanCI: Además, sé que te acuestas con uno de tus profes de donde estudias y que la última vez que vino tu exnovio te repaso las dos semanas que estuvo acá.

    JuanCI: Por eso quiero que me cuentes con quienes a parte de tu novio te estas acostando en este tiempo.

    Nena: jejeje, ¿quién te conto todo eso?

    Nena: flaco siempre me entregare a ti completa pensando en complacerte en todo.

    JuanCI: te digo quien me conto, pero tú me cuentas quienes te estan comiendo.

    Nena: tramposo…

    JuanCI: ¿eres perra?

    Nena: ehhh, si ser perra es acostarse con alguien que te gusta y entregarle todo en la cama, sí, soy perra.

    JuanCI: ¿y puta?

    Nena: las putas cobran querido y no se entregan completamente.

    JuanCI: Entonces eres una perra, la perra más rica que me hubiera podido imaginar.

    Nena: ¿te gusta lo que hago contigo en la cama?

    JuanCI: eres la mejor, es delicioso escucharte gemir, te mueves muy rico, haces las mejores poses, montas como ninguna, ni hablar de tus mamadas, pocas gozan tragándose el semen como tú y lo que más me gusta en cuando tú misma te metes mi verga por el culo, para mi eres la perra más puta o la puta más perra, así no te guste que te lo diga.

    Nena: entonces para ti seré la más perra mi flaco, no sabes cómo me gusta escuchar que te satisfago por completo.

    JuanCI: cuéntame con quienes te estas acostando

    Nena: con mi novio, con mi profe, con mi ex, con un amigo de acá del trabajo y con un compañero de estudio. ¿Contento?

    JuanCI: ¡ves que si eres una puta!

    Nena: ummm, puta y perra para ti papi.

    JuanCI: y para los demás, me imagino lo que han de disfrutar de ti, ya se me paro de imaginar cómo te comen.

    Nena: ¡AMOR!

    JuanCI: ¿con quien de ellos te has acostado más veces en este tiempo, a parte de tu novio?

    Nena: ummm, con el profe y con mi ex.

    JuanCI: ¿te hicieron de todo?

    Nena: solo el profe y mi ex, los demás lo normal.

    JuanCI: te acostaste con dos el mismo día

    Nena: Ehhh, si

    Nena: con mi novio una tarde y con mi ex la noche de ese día.

    JuanCI: “PERRA” que rico.

    JuanCI: pero no solo con ellos, cuéntame todo.

    Nena: ahhh, con mi compañero de trabajo una mañana en la bodega y con el profe en la noche después de clase en su carro.

    JuanCI: eres la más perra de todas, no puedo dejar de pensar lo mucho que te voy a coger este fin de semana, quiero disfrutar de ti, cada minuto, quiero que saques todo lo puta que eres, te voy a dar mucho ron para que te desinhibas y te muestres como eres, perra.

    Nena: JUAN, amor, respétame.

    JuanCI: tú sabes que te quiero muchísimo, pero no puedes negar lo perra que eres.

    Nena: yo te amo, te extraño mucho, quiero que me hagas tuya, así como siempre mi flaco bello, quiero tragarme tu verga todo el fin de semana.

    JuanCI: dime que eres la más puta y perra.

    Nena: mi flaco tú sacas eso de mí, me encanta sentirme tuya y la verdad pues si, cuando estoy contigo se me sale lo puta por complacerte y soy una perra por no respetar mi relación ni la tuya, pero no me importa, quiero seguir siendo tuya por mucho tiempo.

    JuanCI: bueno mi hermosa, me voy, espero mis fotos para hacerte el video, TQM.

    Nena: ya mismo me las tomo mi flaco bello, te amo.

    JuanCI: besos por todo tu cuerpo, bye,

    Nena: chao mi vida, cuídate mucho.

    Así terminaron esa conversación, yo estoy más que seguro que mi esposa me ha sido infiel con este tipo, con su profesor y con un odontólogo donde ella trabajo, pero no tengo pruebas.

    Hasta un nuevo relato.

  • Con las manos en… el juguete

    Con las manos en… el juguete

    Aprovechando que sus hijos pasaban varias semanas del mes de agosto en un campamento de verano en El Robledal, organizado por la agrupación Cruz Roja Juventud, y que su marido iba a estar en viaje de negocios durante unos días en Córdoba, Merche decidió prolongar la charla que habíamos tenido durante la tarde en el Parque García Lorca y quedarse a pasar la noche en mi casa. Nos despedíamos a la salida del parque:

    ―¿Te parece bien a las siete? ―me pregunta.

    ―Claro, cuando quieras. A mi mujer y a mis nueve hijos les parecerá bien cualquier hora ―le contesto yo riéndome y haciéndole ver lo innecesario de su precisión. Yo vivía solo.

    ―Qué simpático eres. No hace falta que te burles ―me dice tratando de parecer enojada. Yo sabía que estaba excitada, como una jovencita que se prepara para un baile de fin de curso. No quise preguntárselo, pero estaba bastante convencido de que no había hecho esto antes―. Venga, sobre las siete estoy en tu casa―sigue diciendo―. Al final, ¿en qué hemos quedado? ¿Llevo Los puentes de Madison?

    Habíamos elegido esta película para pasar la tarde. Ambos ya la habíamos visto. A ella le encantaban esas historias en las que la mujer tenía un papel predominante, donde hacía valer sus derechos y donde, de algún modo, lograba desprenderse de ciertas ataduras y abandonar ese rol de sumisión que se le suele asignar al lado del esposo.

    Esta era la faceta «feminista» de su personalidad, pero tenía otra casi contrapuesta: su carácter servicial y entregado al hombre, o, como ella decía, al objeto de su amor. De hecho, una de sus películas preferidas era Memorias de África, donde la protagonista era una mujer «guerrera». Sin embargo, adoraba esa escena en la que la heroína, Karen Blixen, se encuentra a su amante, Denys Finch-Hatton, en la terraza de su casa, dormido en una butaca de mimbre y sujetando un vaso de whisky en su mano. Karen se acerca, retira el vaso, coloca otra butaca a su lado y se queda junto a él, embelesada, viéndole dormir. El nirvana.

    ―Vale. No hace falta que traigas el pijama, que hace mucho calor ―le digo, picándola.

    ―Muy gracioso ―me dice riendo, con la miel en los labios―. Nos vemos después.

    Eran ya las ocho y pico y yo me encontraba en el salón, sentado en el sillón individual del tresillo, esperando a que regresara de «prepararse». Yo me había puesto un pantalón largo de pijama de cuadros y una camisa blanca. Mientras hacía tiempo mirando algo en la tele, me excitaba imaginándome su nerviosismo en ese momento, decidiendo qué ponerse para pasar estas horas conmigo viendo a Clint Eastwood enrollándose con Meryl Streep.

    Aunque estuviera vestida, pasar una noche en una casa que no era la suya, con un chico que no era su marido, su tío o su hermano, la debía hacer sentir poco menos que desnuda. Yo había sido capaz de ver su turbación en otras ocasiones que había venido a tomar un simple café o a ver algún arreglo que había añadido yo en la decoración. Se sentía relativamente incómoda, como en un lugar en el que «no debía estar».

    Se había demorado mucho tiempo acicalándose en el baño y, ahora, cambiándose en el cuarto que yo le había dejado para pasar la noche. Era mi habitación. Yo dormiría en la del fondo, donde se acumulaba algún trasto que otro. De repente, aparece por el umbral de la puerta.

    ―Hombre, por fin, ¡lo has conseguido! ―le digo burlándome, arrastrando las palabras―. Las palomitas han cogido moho. ¿Hacemos nuevas?

    ―No me des mucha caña, ¿vale, listito? ―me dice con retintín.

    Chincharnos era algo habitual entre los dos. Nos conocíamos desde hacía muchos años, y a menudo yo solía incidirle en esos detalles de su educación que sacaban a flote su pudor y su vergüenza, como cuando le decía que «no creo que sea correcto que lleves tanto escote», que qué iba a pensar su madre.

    En otra ocasión, tomando un café en una terraza, en medio de la conversación, me suelta: «córtate un poco, mi niño». Por lo visto, llevaba un rato mirándole demasiado fijamente a los labios, los cuales se había pintado ese día de un color pardo con mucho brillo. Yo, en realidad, no le veía mayor problema, así que le pregunté por curiosidad:

    ―Oye, ¿es que tú no miras nunca a los labios?

    ―Pues claro que miro, pero las mujeres logramos que los tíos no se den cuenta ―me respondió de un tirón.

    ―Toma, esa sí que es buena. Pues sí que deben hacerlo bien, porque yo no te he pillado ni una vez. Pero, a todo esto, ¿qué hay de malo en mirar a los labios?

    ―Pues… ―y antes de hablar se da cuenta de que va a pronunciar una de esas frases que despiertan su propio asombro―: Que no está bien ―y se echa la mano a la boca, negando con la cabeza y mordiéndose los labios―. Me enseñaron que no era correcto mirar a los labios ―termina de decir, riéndose. ¿Cómo no iba yo a excitarme con estas perlas eróticas?

    Entra tímidamente en el salón, con la cabeza gacha, visiblemente incómoda y con una ligera mancha rosada en sus mofletes. Va descalza. Se ha puesto un pijama de seda completo, color beis: camisa de manga corta, abrochada con botones hasta bastante arriba, y pantalón largo.

    Avanza por el salón, cruza por delante de mí, con paso rápido, se dirige aturullada hacia el sofá del tresillo, trastabillándose un poco cuando sortea la mesa de centro, y se sienta recogiendo las piernas y ocultándolas bajo un cojín. Lleva las uñas pintadas de color vino tinto, cosa que no suele hacer. Se ha recogido el pelo con unas pinzas que imitan al nácar. Se recuesta contra el apoyabrazos del sofá, con movimientos bruscos, y acomoda otro cojín detrás de su espalda

    ―Vaya modelito, ¿eh? ―le digo, prolongando todavía un poco más mis chanzas.

    ―Si no dices nada, revientas, vamos ―me responde «indignada».

    ―Vale, tranquila, Naomi Campbell ―le digo, reprimiendo mis carcajadas―, ya te dejo en paz. Bueno, ¿qué?, ¿la ponemos?

    ―Venga, y así te callas un poquito ―me dice, remarcando cada palabra, picada, siguiéndome el juego.

    Y así, sin más preámbulos, nos ponemos a ver la película. De vez en cuando hacemos algún comentario, pero la mayor parte del tiempo estamos en silencio, sobre todo en las escenas eróticas. En esos casos, se palpaba la tensión sexual en el ambiente, pues a cada uno le producía excitación saber que el otro estaba presenciando lo mismo.

    Yo instigaba un poco más, si cabía, esa tensión, haciéndole observaciones incómodas, como cuando el protagonista, el fotógrafo, se aseaba en el jardín y la anfitriona le espiaba desde la ventana de su cuarto, escondida tras el visillo:

    ―Merche, ¿qué haces espiando tras las cortinas? Eso no se hace.

    ―Tú te callas ―respondía―. Es mi casa, y en mi casa hago lo que quiero.

    ―Desde luego… ―seguía yo―. Mira que andar excitándose detrás de las ventanas…

    ―¿Te quieres callar? ―saltaba ella, «molesta», chasqueando la lengua, descojonada al mismo tiempo.

    Desde mi posición en el salón, algo más retrasada que la suya ante el televisor, podía observarla sin que me viera. Merche no era en absoluto mi tipo, nunca lo fue. Sin embargo, me excitaba su mentalidad mojigata, alimentaba mi morbo. Pude ver cómo se iba relajando poco a poco, cómo se recostaba sobre el sofá en una posición cada vez más cómoda, extendida, cómo sacaba los pies de debajo del cojín y jugueteaba con él, pellizcándolo con los dedos.

    Al acabar la película, nos quedamos charlando un rato, antes de irnos a acostar. Ella había cogido el cojín y lo apretaba contra sí misma, abrazándolo. Eran ya cerca de las doce.

    ―Bueno, ¿nos vamos? ―pregunto.

    ―Sí, ya va siendo hora. A ver qué tal se me da dormir en una casa que no es la mía ―me dice, riendo.

    ―¿Tú?, ¿con lo lirón que eres? Preocupadísimo me tienes.

    Nos vamos cada uno a su habitación, se oyen sonidos de cuerpos desvistiéndose, de sábanas que se descorren. Poco a poco se van amortiguando, se apagan las luces y se hace el silencio. Pero a mí todavía me quedan ganas de incordiar. Le grito desde mi cama:

    ―¿Te has quedado en ropa interior?

    Se oye un nuevo chasquido de fastidio, con la lengua. Me llega otro grito:

    ―No, bobo, me puse un anorak encima del pijama. ¿Quieres dejarme en paz de una vez?

    ―Era sólo por saber, mi niña, por conocer tus hábitos ―le digo descojonándome pero tratando de parecer serio. Después de unos instantes, vuelvo a la carga―: O sea, que ¿estás ahí acostada en ropa interior sobre la cama que uso todos los días?

    Durante medio minuto no se oye ni una mosca, hasta que de repente, pillándome totalmente de sorpresa, la oigo hablarme desde el umbral de mi puerta, en voz muy baja, su cuerpo cubierto con una manta y el mío a medio cubrir por la sábana:

    ―Mira, graciosito, ¿te queda mucha cuerda todavía? Porque yo quiero dormir, ¿eh? ―me dice aparentando un fastidio que no existe. Está visiblemente cachonda. Si fuera por ella, seguiría con este juego toda la noche.

    ―¡Vale, tía repelente!, sólo tenía curiosidad. Que duerma usted bien ―le digo tratando como puedo de sonar «indignado». Y luego, hablando por lo bajo, pero suficientemente alto como para que me oiga―: Desde luego, qué mala leche tienen algunas.

    ―Eso, tú sigue, ¿eh? A ver si voy a tener que dormir ahí para taparte la boca ―me llega su voz desde el pasillo, conforme se aleja caminando.

    Yo estoy teniendo una erección en ese momento. «¿Se le ocurrirá venir otra vez a reprenderme?», pienso yo para mí. Me pone cachondo la idea de verla de nuevo hablarme desde el umbral de la puerta estando empalmado bajo la sábana. Decido callarme la boca. Finalmente, dormimos.

    Son las siete menos cuarto de la mañana. En la casa reina el silencio. Me levanto para hacer pis. Sólo llevo puestos unos slips azules muy elásticos, de modo que dudo si ponerme el pantalón del pijama. Como la luz del día es aún muy débil, el pasillo está sólo levemente iluminado, pero tampoco me será necesario encender las luces. Decido ir al baño tal como estoy.

    Camino sin hacer ruido por el pasillo. Paso por delante de su habitación. Su puerta está entornada, quedando sólo una pequeña ranura. Entro en el baño, cierro la puerta sin hacer ruido y hago pis, procurando no hacer chocar el chorro de orina con el agua de la taza. Dejo la cisterna sin bajar. Me vuelvo a mi habitación de puntillas. Cuando paso por delante de su puerta, creo percibir un ruido como de rozamiento, quizás de una tela sobre otra. Escucho con más atención. «Quizás es que se ha dado la vuelta», pienso. Es un sonido leve, pero continuado. Retrocedo y pongo el oído junto a la abertura de la puerta. Sigo percibiendo un siseo repetido. «No está dormida», me digo. Toco en la puerta muy suavemente, con las uñas de los dedos, de tal modo que si duerme, no se despierte:

    ―¿Merche? ―digo muy suave.

    De repente, se oye un enérgico revuelo de sábanas y el crujir del somier. Silencio de nuevo.

    ―¿Merche?, ¿estás despierta? ―digo, desde el umbral, sin asomarme.

    ―Sí, sí… ―se oye una voz dubitativa, insegura, después de una pausa que considero excesiva.

    ―¿Se… puede? ―digo extrañado.

    ―Sí… Pasa si quieres ―me dice.

    Abro muy despacio la puerta, asomando sólo la cabeza. La habitación, que tiene la ventana cubierta sólo con un visillo, está parcialmente iluminada con la vaga luz del día. La veo a ella recostada sobre la almohada, casi diría que sentada, apoyada contra el cabecero de la cama, y con las sábanas sujetas con los brazos sobre tu torso, por encima de los pechos, como se ve a menudo en las películas. Una pierna flexionada le asoma ligeramente bajo la sábana, la cual aprieta contra la otra. Se me antoja una postura extraña a esta hora de la mañana. Sin entrar aún, le digo:

    ―Buenos días. ¿Qué haces despierta?, ¿te desvelaste? No son ni las siete.

    ―No… Bueno, sí.

    Arrugo el entrecejo e intento comprender echando un amplio vistazo a la cama.

    ―Qué raro en ti, con lo bien que duermes siempre, ¿no? ―le digo sonriendo.

    ―Ya… Debe ser que no es mi casa ―me dice.

    De repente observo el brazo que aprieta la sábana contra sí y no encuentro ni la tira del sujetador que debería pasarle por el hombro, ni la que debería cruzar hacia atrás, hacia la espalda. Sigo paseando la mirada por su cuerpo y reparo en la pierna flexionada que sobresale bajo la sábana. Me doy cuenta de que la carne del muslo, justo allí donde nace y comienza la nalga, está igualmente desnuda. «Quizás duerme sin ropa interior», pienso. En ese momento hago el amago de entrar pero me doy cuenta de que sólo llevo puestos los slips. Tras un momento de duda, impulsado de nuevo por el morbo, decido entrar.

    ―¿Estás bien? ―le digo, avanzando por la habitación y comenzando a estar excitado por exponerme así delante de ella.

    ―Sí, sí, todo bien, tranquilo ―me responde, esquivando mi cuerpo con la mirada y mirándome a los ojos.

    La siento especialmente nerviosa, no sabría decir si excitada, pues en esta semipenumbra en que nos encontramos, creo notar unas manchas granate sobre sus mejillas.

    ―Pero, ¿qué hacías? ―le pregunto.

    ―Nada, ¿por qué lo dices?

    ―No sé, como estás así sentada… ¿Llevas mucho rato despierta? ―le digo. Se me hace raro pensar que se ha desvelado y se ha propuesto pasar el tiempo en esa postura.

    ―Sólo un rato ―me responde―. Es que me sorprendiste al tocar en la puerta. ¿Tú has dormido bien?

    ―Sí, perfecto. Sólo había ido al baño un momento ―le digo. Luego, haciéndole notar que me he fijado en que no lleva ropa interior, le suelto riéndome―: Veo que al final te quitaste el anorak.

    ―Sí… ―me dice, y se pone como un tomate maduro. He llegado a una conclusión: está excitada y nerviosa.

    ―Tú tramas algo ―le digo.

    ―¡Que yo no tramo nada! ―responde, enérgica, y noto que se contrae bajo las sábanas, que aprieta más las piernas, juntando las rodillas.

    ―¿Qué escondes? ―le digo con una sonrisa traviesa.

    ―¡Pero qué dices, niño! Que no escondo nada ―me dice, tratando de incorporarse un poco más, sujetando la sábana sobre sus pechos con un brazo y ayudándose con el otro sobre el colchón.

    Me acerco más a ella, invadiéndole la perspectiva. Gira la vista para no mirar el evidente bulto que ocultan mis calzoncillos. Me gusta observar los esfuerzos que hace por esquivarme. Tiendo un brazo hacia la sábana que cuelga sobre su pierna flexionada, la cojo con dos dedos, como con una pinza, y la levanto un poco.

    ―¿Qué haces? Estate quieto ―me suelta «enrabietada», tratando de deshacer lo que yo estoy tratando de hacer, tirando de la tela hacia abajo.

    ―Mi niña, ¿temes resfriarte en agosto? ―le digo yo, siguiendo con mis pesquisas.

    Sigo tirando un poco más de la sábana, descubriendo la carne blanca de su muslo. De repente, mi cuerpo se eriza por completo, abro mis ojos de par en par, me quedo en shock durante unos segundos. Observo que por el hueco que forman los dos muslos al juntarse, en la entrepierna, asoma la punta de un objeto de color beis. ¿Es lo que creo que es? No doy crédito. Tratando de recuperarme de la impresión, y adoptando la voz más pícara de que soy capaz, le digo:

    ―Merche, ¿qué estabas haciendo?

    ―Nada ―me dice por toda respuesta y ocultando su cara con los dedos, que hacen las veces de persiana. Sus mofletes están a punto de la ignición.

    ―¿Nada? ―digo. A estas alturas ya no puedo controlar mi excitación, y mi pene empieza a crecer bajo mis calzoncillos. Me acerco un poco más al borde de la cama y pongo mi mano sobre su rodilla. Trato de abrirla, de despegarla de la otra. Ella opone resistencia, pero no «demasiada». Poco a poco va cediendo.

    ―¿Qué escondes ahí? ―le digo.

    ―Nada ―responde martirizada, sin saber dónde meterse.

    Sigo tirando de su rodilla. Cuando he logrado abrir un hueco entre las dos, vuelvo a tomar la sábana con los dedos. Tiro despacio, haciéndola deslizar por su carne. Ella sigue sujetándola sobre sus pechos. Retiro la sábana de sus rodillas y la dejo caer al lado de su cuerpo. Sus piernas flexionadas quedan al descubierto, así como parte de su vientre y su entrepierna, de donde asoma la punta del dildo que le enseñé la última vez que estuvo en mi casa, circundado por una areola de vello parduzco. Me estremezco con esta visión. Luego la miro a la cara fijamente, que ella trata de cubrir nuevamente colocando su mano sobre la frente, como una visera. La noto respirar con agitación. Sus mejillas van a prenderse fuego.

    Mi paquete, ya sin remedio posible, ha crecido a su gusto y me cruza los calzoncillos como un retazo de culebra. Llevo mi mano a su entrepierna, hago una pinza con los dedos pulgar e índice y agarro la punta del dildo, del que comienzo a tirar muy despacio. El cuerpo brillante del juguete, húmedo de ella, va apareciendo despacio como los primeros vagones de un tren que asoman por un túnel oscuro: diez centímetros, quince, veinte… Finalmente, lo retiro de su vagina y lo sujeto en el aire en medio de los dos, evidenciando ante nuestras miradas «la prueba del delito»: un consolador de color crema con la punta imitando a un glande. Ella, para mi asombro, no cierra sus piernas: quiere mostrarme su intimidad, el escenario de sus juegos. Debe estar tan cachonda como yo.

    ―¿Y esto qué es? ―le digo sujetando el consolador delante de ella, brillante de su flujo, metido ya de lleno en mi papel de inquisidor. Mi miembro lagrimea de excitación.

    ―Nada… ―responde.

    ―¿Nada? ―pregunto de nuevo―. ¿Y qué hacía «ahí»?

    ―No lo sé ―me dice, visiblemente excitada. He visto granadas más pálidas que su cara.

    ―¿No lo sabes? ―le digo, tratando de adoptar el tono que se usa con un niño que hace una travesura. Ambos nos subimos por las paredes. La cara me arde. Mis calzoncillos empiezan a mostrar una mancha oscura allí donde desemboca el glande.

    ―No, no lo sé ―me dice. Y luego, como el delincuente que niega tener ninguna responsabilidad sobre el dinero que sujeta en la mano, agrega―: Si no te dejaras esas cosas por ahí…

    «Por ahí» significa mi segundo cajón de la mesa de noche, puesto que es ahí donde lo guardaba. Me excita no sólo lo que ha estado haciendo durante la noche con el juguete, estando yo a unos metros, y que se haya desnudado del todo para estar más cómoda mientras jugaba, sino también saber que ha estado hurgando en mis cajones hasta dar con lo que «iba buscando». Me pone a mil.

    Yo sigo de pie, junto a su cama, con una tremenda erección que deforma y moja mis calzoncillos, y con el dildo que, caliente aún, momentos antes estaba dentro de su vagina. Me llega levemente el olor que lo impregna. Tengo unas ganas irresistibles de masturbarme y aliviarme. Desearía sacarme ahora mismo la polla delante de ella, hacerla brotar y observar todos y cada uno de los gestos de su cara. Estoy que exploto. Tengo que terminar con esto, pero no sé cómo. Me acerco a ella, al cabecero de la cama, con el juguete húmedo en la mano, haciéndolo girar frente a su cara, tratando de martirizarla, y le digo, en el tono más «severo» que puedo adoptar:

    ―Pues bien, me parece muy bien, muy bonito ―y observo por última vez el dildo, sujetándolo con los dedos, alzándolo más arriba de la altura de mi cara, como examinando una prueba criminal. Y lo hago así con una clara intención: quiero tener mi mirada visiblemente «ocupada», lejos de la suya, de modo que se sienta libre para poder observar, sin que se vea intimidada, mi pene tieso, pujante y húmedo bajo mis calzoncillos. Y cuán grande no es mi sorpresa cuando logro atisbar, con un fugaz golpe de ojos, que ella, fingiendo atusarse el pelo, retirándolo de su cara y girando la cabeza, aprovecha para deleitarse echando una mirada provechosa a mi pene lacrimoso. Esta vez sí la he «pillado mirando», y una descarga de excitación me recorre el cuerpo. Finalmente, agrego:

    ―Pues nada, lo dejaré donde lo encontré, ¿te parece bien?

    ―Haz lo que quieras ―me responde desdeñosa, sin retirar la celosía que protege su mirada―, yo no sé nada y no he hecho nada.

    Y diciendo esto, vuelvo a poner mi mano en su rodilla, tiro de ella para abrirme hueco y dejar su vulva expuesta, y llevo la punta del consolador a la entrada. Hurgo con el glande la zona carnosa y húmeda y lo introduzco despacio. Ella sigue mis movimientos a través de los huecos de sus dedos. Una vez dentro, no puedo resistirme y lo vuelvo a sacar casi por completo, para volver a introducirlo. Tras repetirlo varias veces, y ver cómo ella respira agitada, lo dejo dentro tal como lo encontré. No puedo aguantarme más, así que cierro sus piernas flexionadas y las cubro con la sábana. Me giro y camino despacio hacia la puerta. Una vez en el umbral, me doy la vuelta, exponiendo por última vez a su mirada la prueba de mi excitación, y le digo:

    ―Bueno, pues ahí te dejo haciendo «nada» ―le digo remarcando la última palabra―. Cuando acabes, deja el juguetito sobre mi mesa de noche. Se habrá debido caer y se te habrá metido «ahí» por accidente.

    Me dirijo a la cocina, cojo dos servilletas y regreso a mi cuarto. Me tiendo sobre la cama, me quito los slips, quedándome en pelotas, y empiezo a hacerme un pedazo de paja recordando cada detalle de esta escena perturbadora sobrevenida del cielo, por culpa, gracias a Dios, de mis ganas de mear. Me masturbo y me alivio sin poner ningún cuidado en que ella no me oiga. Es más: quiero que me oiga.

  • Gástame los labios

    Gástame los labios

    Gastame los labios 

    Al oído me pedias

    Linda utopía para cada día

     

    Con ese fin los besaría,

    Los mordería, los lamería,

    Los succionaría, los acariciaría,

    Los secaría, los lubricaría,

    Los contemplaría, te sentiría…

     

    Recorreria todo tu cuerpo

    Buscando labios.

    Para volver a la utopia

    De gastarlos

    y así

    Cada día, todos los días.