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  • Siempre hay secretos que contar

    Siempre hay secretos que contar

    Estábamos en casa, con una nueva amiga tuya, Laura.  Era la primera vez que la llevabas a nuestro refugio y, aunque ya me habías contado algunas cosas breves sobre ella, era la ocasión de que me la presentarías.

    Entre otras cosas, me habías dicho dónde la habías conocido y de algún par de ocasiones que habían quedado de verse en un café, acabaron en su departamento, compartiendo algo más que emulsiones y caricias, llegando a otorgarse unos buenos orgasmos cada una de ustedes. Esas relaciones con eventuales amigas y amigos no son ajenas en nuestra vida.

    En la sala de la casa, después de un par de margaritas, música agradable y conversaciones que pasaron de los temas banales a cosas más íntimas y candentes, las caricias empezaron entre ustedes, primero en manos, piernas, cuello y espalda. Después dieron lugar a besos ardientes, y caricias más enfocadas, lo que disparó todas las demás acciones, regalándome un espectáculo extraordinariamente sensual, lleno de erotismo, pasional, de una belleza natural exquisita. Ella te prendía mucho y tú a ella sin duda.

    En poco tiempo, te puso de pie frente a mí, haciéndote mantener tus brazos arriba de la cabeza, mientras ella movía de lado la parte superior de tu vestido, dejando al descubierto el torso, retirando el sujetador y liberando tus siempre admirados senos, que ya reflejaban parte de tu excitación.

    Se paró detrás de ti y pasó sus brazos al frente, extendiéndolos para acariciar tus pezones, que respondieron de inmediato, mientras que ella me preguntaba que si me gustaba verte siendo tocada por otra mujer, a lo que yo le contesté que sí, que era excitante y que ya lo habíamos experimentado con algunas amigas en otras ocasiones.

    Rápidamente te fue despojando del resto de tu ropa, hasta quedar desnuda, sólo con tus zapatos de tacón y las medias a medio muslo. Sus caricias, besos en tu cuello, y mejillas te tenían muy excitada para ese entonces, y tus pezones, sobresaliendo duros, eran los mejores testigos de ello.

    Laura ya acariciaba por igual tu cadera, besaba tus hombros y pegaba sus voluptuosos senos, libres también de cualquier prenda, frotando sus pezones con la parte media alta de tu espalda. Ella decía cosas como: «ahora le vamos a enseñar a tu esposo cómo disfrutas de nuestros encuentros», o «le voy a dejar ver lo sensible que eres y lo excitada que te pones», entre otras cosas que te encendían más y sólo lograbas asentir. Muchas ocasiones tu acostumbras llevar un rol más activo, pero con ella en particular, te dejabas llevar pasivamente.

    Tus manos seguían arriba de tu cabeza a solicitud de ella. Laura acariciaba tu abdomen y empezaba a perder sus dedos en tu entrepierna que ya presentaba un buen nivel de humedad, frotando tu clítoris de forma tal que te provocaba gemir de la excitación con cada caricia, mientras entrecerrabas tus ojos tratando de mantener el equilibrio ante el ataque de sus experimentadas manos. Ella sabía cómo tocarte y cómo disparar tus sensaciones.

    Eventualmente, comenzó a meter primero uno y luego dos dedos en tu vagina, para lo cual separaste tus piernas dándole pleno acceso a tu sexo. Los sacaba empapados de tus líquidos y los llevaba a tu boca, donde los chupabas ávidamente hasta dejarlos limpios, para que ella te volviera a acariciar. Mientras, Laura volteaba para asegurarse que yo no perdiera detalle de lo que sucedía. No le costó trabajo observar mi erección a traves de mi pantalón.

    Ella te inclinó hacia mi y te ordenó liberar mi pene de su encierro. Mientras, Laura acariciaba tu espalda, rozando con sus cuidadas uñas tu piel, bajando hasta tus siempre sensibles nalgas que reaccionaron como siempre al toque. Después de acariciarlas un poco, las separó y sus dedos comenzaron a tocar tu culito, tu vagina y tu clítoris, agregando su lengua para incrementar las sensaciones al succionar tus labios vaginales. Para evitar caerte, te apoyabas en el descansabrazos del sillón donde yo estaba sentado, mientras con tu boca ya chupabas mi pene con esa forma tan excitante que lo haces, con pasión e intensidad.

    Era un espectáculo muy excitante ver a Laura proporcionarte sexo oral, penetrarte ya con un ritmo marcado con sus dedos y los efectos que todo ello ocasionaba en ti, levantando la cadera para hacerle más fácil el acceso a tu cuerpo, incrementando la humedad en tu sexo.

    No tardó tu primer orgasmo en presentarse, mojando copiosamente a Laura, nuestra invitada. Tus piernas temblaban en señal de lo intenso que había sido éste, el movimiento de tus senos, por tu respiración agitada y tus gemidos, eran claras muestras de lo mucho que estabas disfrutando al ser destinataria de esas caricias.

    Te dejó recargarte sobre mi cuerpo y Laura se acercó a mí para besarme y decirme que le encantaba que fueras muy pasional y tenías una respuesta sexual maravillosa. Entonces, te jaló hacia arriba para tenernos cerca y comenzó a besarte con delicadeza. Tu boca se abría a sus caricias de labios y lengua, dejándote hacer y, mientras te iba diciendo lo rico que era hacerte venir. Al momento te preguntó si seguías guardando el secreto o ya me habías comentado algo. Tú respondiste entre suspiros que aún no me habías dicho nada.

    – ¿No le has dicho? – te preguntaba

    – No, aún no.

    Y entonces se dirigió a mí para saber si yo tenía conocimiento que tú estabas cogiendo en estos días recientes con un amigo de ella, ya que te habían dicho que mantuvieras el secreto. A lo que yo le contesté que sí bien no sabía, no me era extraño, ya que siempre habría algún secreto por allí guardado, que le daba sabor a nuestra relación. Además, que lo nuestro era plenamente abierto y tarde que temprano, nos comunicábamos todo.

    Entonces ella volteaba contigo, te apretaba uno de tus pezones con sus dedos y te indicaba que me contaras lo que hacías con su amigo Toño. Te ponías toda roja y el dolor que te generaba de momento empezaba a convertirse en placer y gemías de excitación, mojandote de nuevo.

    Laura aflojaba un poco la presión, besándote en la boca, sin soltar tu duro pezón, y su otra mano regresaba a penetrar tu sexo de nueva cuenta. Tu respiración, al sentirte sometida, no te dejaba hablar.

    Entonces, ella me contaba que, después de la segunda vez que estuvieron juntas, te dijo que ella tenía un amigo de nombre Toño, con quien Laura acostumbra coger con cierta frecuencia, y que ella pensaba que, con tu intensidad y pasión al coger, a él le gustaría conocerte y y de seguro pasarían un buen rato los tres. Te enseñó una foto de él en su celular, literalmente de cuerpo completo, donde apreciaste que Toño era un amigo bien formado, marcado del gym, con buena herramienta y grata apariencia, a lo que tú le dijiste que sí, que te interesaba. Sólo había una condición, que no me dijeras de ello por el momento, situación que aceptaste de inmediato.

    Entonces, mientras Laura seguía penetrándote con sus dedos y tú me mamabas mi pene, me dijo que, en la tercera ocasión que te había llevado a su departamento, invitó a Toño para que estuvieran los tres.

    Apenas llegó, y despues de las presentaciones de rigor, lo desnudaron y entre ambos te llevaron a chuparle su pene, lo que hiciste con tu acostumbrada pasión y deseo por ello, logrando rápidamente una erección importante, mientras ella te acariciaba y cogía con sus dedos. En pocos minutos, ya con su pene todo erecto, Toño te inclinó sobre el sofá de la sala y comenzó a montarte, penetrándote por detrás profundamente, enterrando su largo y grueso pene en forma rápida e intensa, lo que te agrada de sobremanera sentir, mojándote rápidamente, y provocando un par de orgasmos en poco tiempo.

    Esa tarde -comentó Laura- Toño te había hecho suya de todas las formas posibles, provocándote varios orgasmos, con la complicidad total de ella y tu disposición a ser cogida. Laura no dejaba de acariciarte, penetrarte con sus dedos, besarte y provocar más corridas, mientras Toño te hundía su pene de diferentes maneras, dejando en ti su semen en múltiples ocasiones.

    Después de cada corrida de él, tanto Laura como tú buscaban llevarse el pene de Toño a su boca y saborear los jugos que había en él, poniéndolo erecto de nuevo para que te volviera a coger.

    En un momento, Laura aprovechó para estimular tu culito y, ya con el pene de Toño nuevamente duro, llevó la punta a la entrada de tu ano, para que también te penetrara por allí. Ella decía que había sido todo un espectáculo ver cómo se iba abriendo paso, perdiendo su largo pene en tu cuerpo, donde descubrieron lo mucho que disfrutas que te cojan por tu culito.

    Todo esto me lo contaba Laura entre besos, mientras te seguía penetrando con sus dedos, arrancándote más orgasmos y tú mamabas y masturbabas mi pene.

    Laura no dejaba de decirme que a ella y a Toño les maravilló tu respuesta sexual tan intensa, a grado tal que, en días siguientes, Toño te había contactado directamente, pasó por ti a tu trabajo mucho antes de tu salida, para llevarte a coger toda la tarde en un motel, todo esto sin que tú me dijeras nada. Esperaban poder estar los dos con nosotros en futuras ocasiones.

    Ya atando cabos, y sabiendo la referencia de la fecha, recuerdo que esa noche en particular, llegaste un poco tarde a la casa. Lucías agotada, pero después de saludarme con tu pasión acostumbrada, te agachaste, abriste mi pantalón, te esmeraste como siempre en tu rica forma de mamar mi pene y testículos para hacerme venir intensamente en tu boca, y con ello, cumplir con tu acuerdo de guardar el secreto.

  • Mi esposa pasa la noche con su amiga y un mulato

    Mi esposa pasa la noche con su amiga y un mulato

    Seguí leyendo, cada vez más excitado, el diario escondido de mi esposa y llegué a un día que jamás olvidaré, pues ella y yo aún salíamos como novios y nos quedaba aún dos años para casarnos.

    Ese día había ido a cenar con un amigo y al salir para volver a casa de mis padres, pues susana y yo no vivíamos juntos aún, me llamó por teléfono diciendo que su mejor amiga había venido con un mulato y estaban en su casa, bebiendo bastante.

    Según susana solo estaban bebiendo su amiga marta y Ricardo, el chico que acompañaba a su amiga y asustada, susana me dijo que la habían intentado convencer para hacer un trio.

    Yo le dije que no se preocupara, que los echara de allí y punto.

    Ella me dijo ok.

    Luego me volvió a llamar y me dijo que todo resuelto, que ya se había quedado sola.

    Yo le dije que bravo, que bien hecho.

    Cada noche hablábamos 2 horas o 3, para ver cómo nos había ido el día. Esa noche, lo recuerdo bien, susana me dijo que se encontraba agotada y que necesitaba irse a la cama.

    Yo le dije que ningún problema.

    Y colgó bastante rápido.

    Ahora, al leer las siguientes páginas, entiendo completamente todo.

    Diario de susana, viernes 5 agosto 2018:

    Esta noche ha sido espectacular, después de crear un poco de tensión con mi pareja y decirle que marta ha venido con Ricardo, un mulato impresionante para pasar un rato en mi casa, luego le he hecho creer que se han marchado y me han dejado sola.

    Pero eso no es cierto.

    Cuando he colgado, mi amiga me estaba sacando los pantalones tejanos y luego las bragas y mientras su amigo se quedaba totalmente desnudo y enseñando su increíble cuerpo, marta ha empezado a lamer con su lengua mi almeja necesitada de amor.

    Ricardo se ha acercado hasta el sofá para ver como marta movía con gracia su ávida lengua en mi húmedo potorro, sediento de sexo. Y en ese instante, como se ha acercado con su duro y tenso falo, he aprovechado para empezar a lamérselo lenta y sabrosamente.

    Diosss. Que bueno, joder. Sentir ese impresionante aparato dentro de mi boca ha sido brutal.

    Ricardo gemía suavemente y yo también, pues marta me estaba llevando por un camino repleto de dulzura y placer.

    – Oye- Vamos a la cama mejor? Preguntó marta.

    -Lo veo genial- respondí yo.

    -Vosotras mandáis chicas.

    -Lo dudas, campeón? -le dije yo

    -En absoluto, preciosa.

    Cuando nos tiramos los tres en el lecho, ya estábamos totalmente desnudos.

    Ricardo era un mulato con unos bíceps alucinantes y una fuerza descomunal.

    Él estaba en medio y entre marta y yo, empezamos suavemente a acariciar su torso, su piel, sus piernas con músculos flipante.

    – Que guapo eres Ricardo- le dije yo.

    -Gracias Susana, tu eres preciosa y tienes un cuerpo muy bello, además gordita y donde agarrar. Me gustas mucho y… Marta tu eres muy guapa también.

    -Gracias Ricardo.

    – Gracias a las dos…

    Empezamos a acariciarlo muy suavemente, recreándonos en sus pectorales y su tableta de chocolate y mientras Marta se metía con ganas toda la lubricada y necesitada polla de Ricardo, yo me acerqué a él y le besé con lentitud.

    Primero un suave pico.

    Él me miró y me respondió con otro, suave. Luego nos aventuramos en un beso algo más serio y a continuación, en un beso largo, profundo y lleno de pasión.

    Marta lamía con ganas la fuerte polla de su amigo y mientras ella chupaba y yo le besaba, empezó a sonar mi móvil.

    – quién coño es ahora?- dijo molesta Marta.

    – Es mi novio- respondí yo.

    -Cógelo- me aconsejó Ricardo.

    -En serio?

    -Sí, Susana, será divertido.

    Le hice caso y antes de responder, se acercó y me besó.

    Yo sonreí.

    -Dime? – respondí a mi novio- todo bien?

    -Sí, si, cariño solo era que te echo mucho de menos.

    -Yo también vida. Eres lo más importante de mi vida.

    En ese momento, Ricardo se incorporó y acercó su polla a mi boca. Yo, sin pensármelo dos veces, se la chupé y mientras, Marta se acercó detrás mío y mientras acariciaba mi espalda, besó mi cuello.

    Estaba rodeada.

    -Cariño? – oía a mi novio- todo bien?

    Aún sentía el sabor de la gorda polla de Ricardo.

    – umm, ummm.

    -perdón? Vida?

    Me la saqué para respirar.

    – siiii, cariño, me has pillado lavándome los dientes.

    -Ahh, vale, perdona. Oye y se ha enfadado mucho Marta con su amigo al echarlos de casa?

    En ese momento Ricardo bajó su rostro a mis pechos y los empezó a acariciar y a lamer con suavidad pero con mucho deseo. Y Marta, unió sus labios a los míos.

    Era una locura llena de deseo y lujuria.

    -No, no, que va. Lo han comprendido perfectamente. Oye, cariño, te llamo en un rato que voy a ducharme. Te… te… quiero.

    -ok. Y yo amor.

    Colgué el móvil y lo tiré a un lado.

    – Estáis locos, joder.

    Marta y Ricardo rieron.

    – no te ha gustado?

    – casi me pilla.

    En cinco minutos, no obstante, volvíamos a jugar entre los tres y cuando me di cuenta, Ricardo me estaba follando encima mío y mis entrañas se derretían de tanto placer. Me corrí una, tres, cinco veces y Marta otras tanto.

    Luego, nos hizo poner a cuatro patas y su gorda polla entraba y salía de una a otra, y ora a otra y ora a mi y así con una pasión alucinante.

    Luego, me escupió en mi culo y suavemente empezó a penetrarla, yo le dije fuera con cuidado pero el cabrón era un experto y cuando lo asimilé, la tenía toda en mis entrañas.

    La locura y el placer que sentí fueron de total éxtasis.

    Luego me corrí no sé cuántas veces más y marta gritó lo suyo y para acabar, Ricardo necesitaba explotar y poniéndose en medio de nosotras, se la chupamos con devoción, una todos los huevos y yo todo su tronco, venoso y húmedo.

    -Ricardo- le dije- me encantas cariño.

    -y tu a mi cariño… creo… ¡que voy a explotar… muy… muy… fuerte… ohhh… ahhh… hostia…. joder… diooos…!

    Se convulsionó todo y la descarga fue espectacular.

    Nos manchó totalmente la cara, el pelo, los labios…

    Y una vez relajado, se quedó en medio de las dos.

    -os amo- nos dijo

    – y nosotras a ti, hermosura.

    Y esa fue la primera vez que fui infiel a mi futuro marido.

    Cuando acabé las páginas, me desnudé y me hice una gran paja, recordando lo maravillosamente zorra que es mi mujer y cuanto la amo.

    ¿A alguien le gustaría comentar algo?

    Me encantaría.

    Gracias.

    David caricias.

  • Mi cuñada por segunda vez

    Mi cuñada por segunda vez

    Hoy cuando hace unos meses, que mantuve una experiencia sexual maravillosa,  con mi cuñada, desde ese día, sueño, anhelo, deseo surja otro momento. Desde aquel día he soñado con esa posibilidad y como le haría gozar.

    Recibo una llamada de mi cuñada Linda, oye Carlos, ¿esta tarde, tienes algo que hacer?, le respondo que no y le pregunto ¿por qué, me lo preguntas?, por si puedes pasar por casa, para ver el ordenador, he instalado un programa y este no funciona. Bien, me paso sobre las seis de la tarde. Ok cuñado, aquí te espero.

    Sobre las seis, un poco pasadas, llamo a la puerta de la vivienda de mi cuñada, me abre ella (estaba sola en casa), y me saluda con un par de besos en la mejilla, ella viste una camisola corta hasta las rodillas, de color rosa con estampaciones blancas, sus pechos están como siempre perfectos y disponibles para ser mamados. Ella me comenta vamos a la habitación, donde está el ordenador, ya en la habitación veo el equipo encendido sobre una mesa de color nogal, y delante de la mesa una silla de oficina, con asiento ergonómico y reclinable. Tomo asiento en la silla, y me pongo a la revisión del equipo, veo que la aplicación no se ha instalado, y la localizo en internet, tras bajar la aplicación, inicio el proceso de instalación y al finalizar reinicio el equipo, este me pide una contraseña, y le pido a mi cuñada, me la de, mi sorpresa es que la contraseña es la fecha de nuestro primer encuentro sexual, la miro y me sonrió, ella me responde con un guiño de su ojo derecho.

    Ya con la aplicación en funcionamiento, le voy explicando cómo es su funcionamiento, y de pronto noto que por mi cuello bajan una manos cálidas, que entran por encima del cuello de mi camiseta, y acarician suavemente mis pezones, le digo Lidia, no sigas que me conozco, ella responde eso deseo yo conocerte mejor, ella saca las manos de dentro de mi camisa, momento en el que me giro en la silla, y abro las piernas para quedar con ella en el centro, la miro, y empiezo a subir mis manos por sus pantorrilla, sobrepasando la camisola, y llegando a sus partes íntimas, acaricio su coño por encima del tanga, lo siento muy mojado, dispuesto para iniciar una buena follada, ella se ha callado la boca y sólo escucho su respiración un poco acelerada.

    Me pongo de pie, y la beso, la giro y me coloco detrás de ella, pongo mi polla pegada a su culo y presiono sobre ella, y respiro cerca de sus orejas y beso su cuello, siento como su cuerpo comienza a arder y hormiguear con este movimiento, ella me sigua acariciando por debajo de mi camisa, me pidió que la besara, comencé a devolverle las caricias, acerque mi boca a la suya, nuestras lenguas se entrelazaron, mis manos acariciaban su cara, su cuello, le elevo los brazos, y le subo la camisola, la he dejado en tanga y en sujetador, meto una de mis manos por debajo del sujetador para acariciar sus tetas duras y esos pezones rosados que me atraen, la otra mano toca bajo su cintura, para acercarla hacia mí.

    Mientras sus manos recorrían mi pecho, sus pechos los notaba firmes y muy suaves, me dijo, vamos a dejarnos caer en la cama (una cama que había en la misma habitación), ya en la cama, ella acaricia mi pene erecto por encima del pantalón corto que llevo, me desprende del pantalón y los bóxer y me quedo desnudo completamente, ella continua sobando mi pene, y acariciando mi pecho y espaldas, yo hago lo mismo con su cuerpo, ya liberado del sujetador y tan solo con el tanga rojo, me quede embelesado mirando ese cuerpo tan perfecto y llamativo, y ella me comenta ¿te gusta?, pues disfrútalo, mientras me hablaba empezó a acariciar mi pene, mientras me besaba con frenesí, yo sentía sus pechos rosar contra el mío, sus pezones suaves y firmes.

    Yo con mis manos recorría todo su cuerpo, espalda, nalgas, sus piernas, las ingles, donde sentía la humedad caliente que desprendía su vagina, subo besándola y me paro en su vientre para besar su ombligo y con mis manos, recorro y froto sus curva desde la cintura, hacia riba, hasta donde me dejan llegar mis brazos, vuelvo bajando hasta las ingles y ahora me detengo besando su coño, separo los labios, y veo un clítoris jugoso, y lo llevo a mi boca, mientras chupo su clítoris presiono sus pantorrillas, entonces mi cuñada ya muy excitada, me pide Carlos, no me hagas más de esperar mete tu pene en mi coño, pero por favor no tardes. Obedezco sus indicaciones y dejo de lamer su clítoris, para colocarme en mejor posición, ella queda debajo de mí con las piernas abiertas y su jugoso y rosado coño, esperando la llegada de mi duro pene.

    Inicio una penetración lenta, para después aplicar más rapidez, cada vez voy más rápido hasta sentir más calor y humedad tanto en su coño como en mi pene, Linda apretaba el pene con su vagina y sus manos apretaban mi espalda y me gritaba, “no pares cuñado, no pares” no pude aguantar más y vacié topa mi leche dentro de ella.

    Finalizada la corrida anterior y dando un gran suspiro de relax, Linda me pide que lleve mi pene ahora a su culo, mi pene aún seguía duro, pero no lo suficiente como para acometer la envestida que ella me estaba pidiendo, viendo ella que mi pene no podría saciar sus ansias de ser penetrada, tomo mi pene en sus manos y lo llevó a su boca, empezó a lamerlo, con su lengua limpio todo el residuo de mi semen, y fue introduciéndose el pene poco a poco en su boca, hasta tenerlo dentro muy dentro de su boca, yo sentía sus amígdalas tocando la cabeza de mi pene, una vez Linda, alcanzo la dureza que deseaba de mi pene, mientras me comía la polla, yo manoseaba sus pechos y acariciaba su coño, aun jugoso, Lidia saca el pene de su boca, y se coloca a cuatro patas, métemela en el culo ahora cuñado.

    Ya colocada Linda a cuatro patas, se lubrica alrededor del culo nuestro fluidos anteriores, metiendo sus dedos en su redondo y duro culo, me acerque a ella, y comencé la penetración de su culo, primero muy suave y despacio, (era la primera vez que le penetraban el ano, seria yo su cuñado, la que le desvirgaría su culo), era un culo espectacular, coloque la cabeza de mi pene en su ano, ella suspiro un poco, a lo que le siguió un pequeño grito, y me decía, ya métela toda, yo fui obediente y poco a poco metí todo me pene suavemente cada vez mi pene entraba y salía de aquel culo con mayor rapidez, ahora una vez abierto el camino, en la siguiente enculado, meto todo el pene de un solo golpe, y sentía como mis huevos golpeaban con su mojado coño, los gritos y movientes de Linda, se intensificaron más rápido.

    Intenso y fuerte, dando un fuerte apretón de mi pene con su culo, y me pedía que volcara mi leche caliente en su culo, Carlos, córrete ya, la excitación que tenía y sus gritos unido a sus movimientos me provocaron a correrme, vacié toda mi lecho dentro de ese culo. Ella se relaja, y se tumba boca abajo en la cama, y me pide que la bese, la abrace, y así nos quedamos una media hora.

    Antes de irme, me beso fuertemente en la boca, y me pidió que si ella deseaba otra vez sentir placer, yo estaría dispuesto a dárselo. A lo que le respondí Linda, tú crees que con ese cuerpo me puedo negar. Cuanta conmigo cuantas veces desees follar y sentir nuevas sensaciones sexuales. Pues bien, ya me follaste la primera vez, hoy me has dado mi primer anal, estoy pensando en un trio próximamente. A lo que le responde ok, avísame esta vez con tiempo para venir preparado. Volví a besarla, fuertemente y le acaricié el culo, para decirle hasta pronto mi vida.

    Con cariño a mi amada cuñada Lidia. Caso real.

  • Quiero follarte

    Quiero follarte

    Me dijo: «Voy detrás de ti», en la cola del supermercado. Me giré y tuve una visión mágica: la mujer que me había interpelado era joven, alta, guapa. Iba también un poco desastrada, todo hay que decirlo: vestía leggings y una chaqueta de chándal y calzaba unas zapatillas playeras de las que sobresalían por la puntera los dedos de los pies cubiertos por unos calcetines azules. «Vale», le respondí. «Vale», le dije tres horas después en mi cama cuando me propuso hacerme una mamada. Desnuda, Lucía, este es su nombre, era irresistible. Su piel era suavísima; su culo era pequeño y apretado, de bonitas curvas; sus tetas, grandes y redondas, estaban adornadas por unos pezones muy morenos dentro de una pequeña areola; su cintura era fina, y sus piernas delgadas y bien formadas. «Pero quiero follarte», objeté, «si me haces la mamada, no hagas que me corra…, soy hombre de pocos disparos», reí. Agarró con una mano mi polla y se la metió en la boca. Empezó a cabecear, abajo arriba, abajo arriba, sin ayuda de sus manos. Cerré los ojos e introduje mis dedos entre mi pubis y su torso para acariciar sus tetas. De vez en cuando la oía gemir. Esto me satisfacía, pues era una señal de que le estaba gustando mamármela. «Ah, Lucía, me gusta», murmuré. Empecé a pensar en que estaría mejor que Lucía me terminara, en derramar mi semen en su boca. Así se lo hice saber: «Sigue, Lucía, sigue», dije muy excitado. «Mmm, mmm, mmm»; «Sigue, Lucía»; «¡Mmm!»; «Oh, uf, Lucía-a-aahh». Me corrí. Tragó mi semen.

    Lucía gateó sobre mi cuerpo y, al acercar su rostro al mío, me besó en los labios cariñosamente. Luego sé dejó caer de costado y, pegada a mí, acostó su linda cabeza en mi pecho; dio un suspiro. Habló en voz baja: «Me ha gustado mucho tu polla, me la tienes que meter, Juan», este es mi nombre; «Vale, pero deja que me reponga», dije, «a mi edad, ya te avisé, tengo pocos disparos»; «Bah, qué edad tienes, tonto…»; «Treinta más que tú seguro»; «Oye, no soy una niña», dijo Lucía fingiendo indignación; «Ja, ja, no, no lo eres», reí; «¿Serás mi novio, Juan?»; «Búscate a uno más joven…»; «No me gustan los niñatos, me gustan los hombres»: dicho esto me besó en los labios de nuevo. Así, acurrucado junto a Lucía, acaricié sus caderas, sus muslos, sus tetas: todo un placer para mi sentido. Mi dormitorio, tenuemente iluminado por una lamparita de mesa, cálido por el calor que habían emanado nuestros cuerpos, era un nidito de amor perfecto. Así por la nuca a Lucía y la besé largamente, introduciendo mi lengua en su boca hasta rozar su paladar y recorrer sus encías.

    Lo del supermercado fue por la tarde; en mi casa era de noche: nos entró hambre.

    «¿Qué tienes para comer?», me preguntó Lucía; «En la nevera hay cosas», respondí; «Te advierto que cocino de maravilla», dijo Lucía, juguetona. Se levantó de la cama y cubrió su desnudez con un jersey rojo y ancho que estaba colgado en el respaldo de una silla, le quedaba grande. La miré con detenimiento mientras ella se recogía su melena en un moño. No pude menos que elogiar mi suerte por haber dado con una mujer como Lucía.

    Acostado, oía el trajín de Lucía en la cocina: el abrir y cerrar de nevera y armarios, el chasquido de un mechero, el golpeteo de un cuchillo… Me decidí a levantarme para ver qué preparaba Lucía. Cuando entré en la cocina, un agradable olor a cebollas sofriéndose en aceite de oliva satisfizo a mi olfato: era un olor familiar, hogareño ese. Emprendí unos pasos hacia Lucía que, dándome la espalda, se empeñaba en remover algo en una sartén. Me puse justo detrás de ella, me pegué a ella. Mi polla creció bajo el pantalón del pijama que me había puesto. Metí una mano entre sus muslos bajo la falda del jersey. «Mmm, Juan, deja que me concentre»; «Lucía». Seguidamente me bajé el pantalón, le subí el jersey y pasé mi polla por la rajita de su culo. «Mmm, Juan, qué dura la tienes»; «Lucía». Separó los muslos Lucía y puso el culo en pompa. Yo sostuve mi polla y la apunté más abajo, hacia su coño; y moví mi cadera hacia delante cuidadosamente hasta conseguir penetrarla; en ese momento, Lucía dio un gritito de cuyo significado y consecuencias no tenía duda: me voy a follar a Lucía, aquí, de pie, en la cocina. «Ay, sí, sí, sí, sí, Juan, ah, ay, fu, oohh…, sí, sí…, más, más…, aahh, oohh». Mi polla, entrando y saliendo, cada vez estaba más mojada por sus fluidos. «Se va a correr», pensé, y di más vigor a mis arremetidas. «Oh, oh, hu, sí, sí, Juan, no puedo más…, córrete, córrete por favor». Me costaba correrme debido a la reciente mamada; no obstante, me concentré admirando la belleza de los hombros y espalda de Lucía y eyaculé.

    Si olía a cebolla quemada, no nos importó después de semejante polvo.

    Después de cenar, nos volvimos a acostar. Chupé con deleite las tetas de Lucía, lamí los pliegues de su cuello… ¿Todo eso era para mí? Ella me estuvo chupando la polla durante casi una hora: ya sabéis: lo de los disparos…

    Me desperté muy temprano la mañana siguiente. Lucía aún dormía. Metí dos dedos en su coño caliente y lo estuve excitando hasta que se humedeció. Entonces, me subí sobre Lucía y la penetré. Ella dio un suspiro lastimero y entreabrió los ojos; sólo susurró: «Juan», me abrazó y se dejó hacer. Ah, qué placer, ah, qué delicioso es el olor del amor, el sudor, el semen, los flujos se entremezclan creando un perfume único; los sonidos del amor, únicamente resuellos y gemidos se oyen. Follar en la intimidad, amorosamente a una mujer es una experiencia única. Sí, Lucía, sí, mi amor, seré tu novio; sí, Lucía, y nos casaremos.

  • Decía que respetaba a la mujer de los amigos

    Decía que respetaba a la mujer de los amigos

    Con cierta frecuencia los integrantes de la parte administrativa de la empresa nos reunimos. La vez que fue en la casa-quinta del jefe de departamento, Carlos Soler, duró todo el día; pileta con intervalo para el asado y luego más pileta o juegos hasta el momento de la partida al anochecer. Faltando un rato para el almuerzo se acerca el anfitrión.

    – “Entre las presentes el físico de tu mujer se lleva el primer premio”.

    – “No sé si tendrá el primer puesto pero tenés razón en que mi señora es una hermosa mujer”.

    – “Es así, aparte de su aspecto tiene una manera de moverse, hablar y gestualizar que lleva a la imaginación en direcciones un tanto escabrosas”.

    – “Esos enfoques particulares, que cada uno maneja a su antojo, no me parecen tema de charla adecuado siendo el esposo de la dama en cuestión”.

    – “Perdón, se me fue la mano fruto del entusiasmo que provoca verla en malla. Teniendo en cuenta la teoría de que todas las mujeres son putas en potencia, hasta que encuentran la oportunidad y ahí concretan su deseo oculto, confiás en ella?”

    – “Naturalmente, yo no estaría unido a una mujer de la cual desconfiara. Vivir pensando que tu pareja, en cualquier momento te va a convertir en astado, no es vivir, es estar en el infierno.

    – “Entonces descatás totalmente la posibilidad de engaño”.

    – “Si hiciera eso estaría negando que es un ser humano. Nadie está exento de un calentón, nadie está inmune a un flechazo que pueda terminar en caída. Mi confianza está que me lo hará saber antes, y juntos, decidir cómo continuar en el futuro”.

    Esa charla poco común y fuera de lugar fue un mensaje de alerta; el dueño de casa, divorciado, tenía fama de mujeriego y, según los rumores que circulaban y se renovaban periódicamente, había varias empleadas que se habían abierto de piernas frente a él, sin que el estado civil de las involucradas hubiera representado un mínimo obstáculo. En un primer momento pensé contárselo a Graciela pero en seguida desistí. Hay veces en que el aviso, con intención de prevenir, resulta contraproducente al despertar la curiosidad. Por supuesto iba a centrar mi atención en ambos.

    Evidentemente el comentario de mi jefe era el preludio del asedio para conseguir algo más, cosa que se verificó a lo largo del día, con acercamientos, comentarios al oído y en voz baja, roces y algunos intentos de juego en el agua.

    Mirando hacia la pileta, veo a mi mujer subir la escalera metálica mientras Carlos pasaba por atrás haciendo que ella se diera vuelta sonriendo. Me lo imaginé haciendo un comentario gracioso y ella mostrando agrado, hasta que, unos metros antes de donde yo estaba, responde al llamado de otra señora que venía atrás. Al darse vuelta observo que la malla dejaba parte de una nalga a la vista con la marca roja de dedos que habrían apretado fuerte. Que el llamado había sido para avisarle de lo que mostraba quedó evidenciado en el movimiento de su mano corriendo la tela para tapar.

    Al llegar a mi lado se agachó para ocupar la toalla que habíamos tendido cuando escuché la voz de uno que estaba cerca, dirigiéndose a otro «Esos dedos sí que tienen suerte»; el rubor en su cara dio muestras de haber oído, me miró y bajando la vista de tiró de espaldas como quien desea tomar sol. La ausencia de comentarios me produjo un malestar generalizado, corporalmente en forma de nauseas, acidez y taquicardia, y anímicamente presentándose como asombro, para dar paso a la bronca y luego al odio. Acostado boca arriba con un almohadón bajo la cabeza, paralizado por las sensaciones y emociones, puse la mirada en el horizonte y desenfoqué la vista; con el cuerpo rígido y los puños cerrados, blancos por el esfuerzo, me concentré en no ceder al deseo de romperla a trompadas y patadas.

    Probablemente se dio cuenta de mi estado y quiso saber si yo había visto algo y en qué medida me afectaba.

    – “Te pasa algo querido?”

    Mi respuesta fue darme vuelta y mirarla fijamente, sin mover un músculo de la cara o pronunciar una palabra y regresar a la postura que tenía. Fue la manera de demostrarle que no era un estúpido indolente, que iba a aceptar cosas de esa naturaleza y que le haría pagar punto por punto lo que hiciera. Con el corazón estrujado por la tristeza llegué a la conclusión de que lo sucedido, o venía precedido de algunos acercamientos, o mi esposa era una puta redomada, o ambas cosas. De lo que no había dudas era que mis cuernos ya estaban, sea incipientes, sea formados, sea enormes.

    Nuestro matrimonio tiene una antigüedad de diez años y ha transitado los habituales momentos de alegrías y enojos. Mantenemos un sano equilibrio en todos los aspectos, al punto que sus ingresos, muy superiores a los míos, no han sido motivo de roce o celos. Acordamos aportar igual cantidad al mantenimiento del hogar y conservar independencia total sobre el resto. Naturalmente su contribución a la compra de la casa fue mayor y el automóvil que usa es de mayor gama que el mío, pero esas diferencias no han sido causa de incomodidad o fricción.

    La siguiente reunión fue en un restaurant y posterior copa en discoteca. Por supuesto que no perdía de vista a los involucrados, pues acepté concurrir para ver y si lo anterior había sido algo transitorio o debía resignarme a perderla. Consentir no formaba parte de mi futuro. Mientras conversaba con uno de los asistentes el galán me pidió bailar con ella, cosa que acepté, mientras seguía la charla; unos minutos después miré buscándolos en la pista sin encontrarlos. Cuando regresaron noté en mi esposa las mejillas arreboladas y un botón de la blusa mal abrochado, lo que fue suficiente para indicarle que nos íbamos pretextando un fuerte dolor de cabeza.

    Pasadas tres o cuatro semanas Graciela me preguntó si sucedía algo para que se hubieran interrumpido las salidas en grupo. Mi contestación fue terminante.

    – “En las últimas veces que participamos la conducta tuya y de Carlos, hacen suponer que entre ambos hay una cierta intimidad que yo no acepto, y eso a la vista de todos, pues ninguno hace el mínimo esfuerzo por disimular. Si además tenés la pretensión de que te facilite las cosas estás equivocada. Esas reuniones se terminaron para nosotros”.

    Días después me avisan que me llamaba el jefe de departamento; ya en su despacho me ofreció asiento.

    – “Necesito hablar con vos sin tapujos, sin ambigüedades, sin dar vueltas, me das unos minutos?”

    – “Sin problemas, te escucho”.

    – “Vos sabés o por lo menos tenés cierta sensación de que tu esposa y yo somos amantes, y aunque te resulte doloroso es la verdad”.

    – “Explosiva noticia que no me asombra, pero debo reconocer que sos arriesgado, no pensaste que podría reaccionar y retorcerte el pescuezo como a una gallina?”

    – “Sí, pero perderías tu trabajo y tu independencia, pasando a ser el mantenido de una mujer que busca placer fuera del hogar”.

    – “Así que mi única alternativa es sentir crecer los cuernos”.

    – “En cierto modo sí, pero necesito de tu ayuda, naturalmente con un buen beneficio para tu futuro”.

    – “Esto sí que es extraordinario, no solo los tengo que sufrir sino también colaborar en su crecimiento”.

    – “Tomalo como que de algo negativo, e inevitable, vas a obtener un buen progreso”.

    – “La envoltura es atrayente, veamos el contenido”.

    – “El asunto es que en cada cita el comienzo es extraordinario y el final desastroso. Me explico, cuando nos reunimos ella llega excitada, enloquecida de obtener placer, entregada por completo, y así se deja hacer y, a su vez, me hace de todo, pide a gritos que la haga gozar, pero pasado el orgasmo se derrumba. Comienza el llanto y las palabras de arrepentimiento, soy una puta, él no se merece esto, no es posible que goce como una yegua, etc., etc. Y luego de vestirse se va. Una sola vez pude retenerla para un segundo round”.

    – “Y qué rol pretendés que cumpla”.

    – “Acá viene el trato, si la convencés de que consentís la relación te consigo el ascenso a jefe de división lo que significa duplicar tus ingresos”.

    – “Por favor, esto es algo muy serio, dejame pensarlo con cierta tranquilidad y mañana te contesto”.

    Al día siguiente, habrían pasado diez minutos de haber llegado, cuando vino a verme.

    – “Pudiste pensar mi propuesta?”

    – “Sí, y lo hice detenidamente, aunque con profundo dolor. Es triste constatar que tu matrimonio dejó de existir sin tener manera de revertir esa situación. Por otro lado tu propuesta es atractiva aunque, en comparación a la pérdida es insignificante, pero es lo que hay”.

    – “En eso tenés razón”.

    – “Acepto tu oferta, pero yo soy como las putas, primero el pago y luego el trámite. Al día siguiente de firmar mi ascenso con el correspondiente incremento de sueldo, te la entrego en casa como novia ante el altar”.

    – “Perfecto, y cómo pensás hacerlo?”

    – “Entre nueve y media y diez de la noche te espero en casa; me avisás que estás llegando y yo abro el portón de la cochera. Algo inventaré para que esa noche esté vestida y preparada para salir sin saber lo que le espera. Seguramente a esa hora estará terminando de arreglarse y cuando vos entrás salgo yo. Te parece bien?”

    – “De acuerdo”.

    – “Una sugerencia, la semana pasada fuimos a una galería porque necesitaba hacer un regalo y, en la búsqueda, me indicó dos conjuntos de lencería que le encantaban, lo mismo que unos pendientes en el negocio de al lado. Si vos aparecés con eso va a tener la confirmación de que acepto la nueva situación y de paso, en otro momento, me haré acreedor a un deseo renovado”.

    – “Es una muy buena idea, después pásame los datos”.

    Y lo acordado se cumplió. Ascendí a jefe de división ante la mirada compasiva de mis compañeros, pues alguien comentó el costo del ascenso, lo cual me motivó más para, de inmediato, llamar a mi hermana diciéndole que mañana era el día elegido para llevarse a Graciela a una cena de mujeres y posterior copa en una discoteca.

    En la jornada siguiente, a la hora establecida recibí el aviso para abrir la cochera y, entrado el automóvil, cerré. Al bajar le cedí el paso para de inmediato darle un buen golpe de tonfa en la nuca y, ya desmayado, esperar a que las mujeres salieran. Después de la partida esperé que despertara ayudándolo con un poco de agua. Cuando recobró la conciencia tenía las manos atadas y un trapo en la boca; ahora venía explicación y acción.

    – “Estimado Carlos, lamento que nuestra cordial relación termine de esta manera, pero a veces la vida nos lleva por caminos indeseables. Yo perdí mi mujer y adquirí cuernos y, en ambas cosas has tenido una participación destacada, por lo cual te toca pagar. Ahora comienza la operación machacado, que consiste en golpearte hasta romper tabique nasal, ambos pómulos, mandíbula inferior y reventar un ojo. Luego romper algunas costillas y dejar tumefactos testículos y pene. Te deseo mejor suerte en la próxima conquista”.

    Terminada la actividad metí el cuerpo en su propio auto para salir y dejarlo estacionado en un parque, retornando a casa. Si algún aprovechado, de los que hoy abundan, lo encontraba seguramente se llevaría todo lo de valor que encontrara incluida la lencería y los pendientes.

    Al día siguiente el personal del departamento se extrañó de su ausencia sin que nadie hubiera dado alguna explicación. En la segunda jornada, a media mañana, llegó un comunicado de la gerencia diciendo que el señor Soler tenía algunos problemas de salud y mientras durara su licencia mandarían un reemplazo. Por supuesto que los más allegados, sumados a los profesionales del chisme, iniciaron la investigación, pues las circunstancias del hecho con el agregado de un comunicado ambiguo, daban para pensar algo distinto.

    Y como era de esperar los experimentados baqueanos, siguiendo el rastro, encontraron lo que buscaban con diagnóstico incluido. La enumeración de daños, entre los que estaba una probable incapacidad permanente para mantener su fama de semental, hizo que algunos perjudicados expresaran públicamente su alegría. Yo mantuve cara de ignorante sin hacerme eco de los comentarios, a pesar de integrar la lista de los cornudos figurando entre los de cornamenta mejor arbolada. Satisfecha la curiosidad decayó el tema y nunca más supimos de él.

    Dos o tres días después uno de los chismosos profesionales, que además estaba en la lista de los corneados, se acercó mientras tomaba un café.

    – “Te acompaño?”

    – “Encantado”.

    – “Vos fuiste el que provocó el problema de salud del jefe?”

    – “No tengo idea de lo que estás hablando”.

    – “El día de tu ascenso todos nos sorprendimos, aunque algo vislumbramos sobre la causa. Al rato la duda quedó resuelta pues, el basura de Pablo, contó que al día siguiente vos le entregabas a Graciela en bandeja de plata, dejándole libre la cama matrimonial. Que justo la mañana posterior a la noche pactada para la entrega, el arrogante galán apareciera con seis fracturas y los genitales hechos puré es demasiada coincidencia como para no adjudicarte la autoría. Seguramente no vas a aceptar lo que hiciste, pero aquellos que tuvimos que agachar la cabeza para no perder el trabajo te estamos muy agradecidos”.

    Han pasado, una semana desde que asumió el nuevo jefe y diez días desde que desapareció el anterior. También se han extinguido las reuniones del grupo, y para mi mujer, los mensajes a la una de la mañana, los moretones en las tetas, la marca de dedos en las nalgas, el tiempo de trabajo fuera de horario y, para colmo de males, una ausencia que le provoca síndrome de abstinencia, buen sexo.

    Por el contrario yo estoy disfrutando. En mis compañeros de trabajo, lo que antes eran miradas de compasión o desprecio se transformaron en expresiones de cordialidad y respeto; además faltan las actitudes de perdonavidas de mi superior, pero lo más gratificante está en casa.

    Me resulta tan placentero como un orgasmo contemplar a mi mujer en el hogar. Esperando la llamada que no llega sin saber cuánto durará la espera. La angustia de enviar numerosos mensajes por día sin recibir respuesta y sin tilde de haber sido abierto. La ansiedad irresuelta de no poder preguntar por el amante al único que algo podría saber, es decir a su marido. Las sesiones masturbatorias en el baño que no calman su deseo, mientras yo me mantengo a prudente distancia desde aquel episodio en la pileta, lo cual hizo que en una cena me interrogara.

    – “Te pasa algo que hace tiempo que no me tocás?”

    – “Buenísima pregunta. En la oficina, Pablo cuenta, a quien quiera escucharlo, que vos sos la mejor puta que ha tenido. Que nada ha quedado sin probar y siempre con resultados sobresalientes, pues él solo se limita a esperar que lo busques desesperada por chupar, tragar semen, y comerte su rabo por delante y por detrás. Como contrapartida, entre el personal, ostento el triste privilegio de ser el rey de los cornudos”.

    – “Y no hacés nada?”

    – “Después de ver dedos marcados en tu nalga y moretones en las tetas, que vos trataste de ocultar, lo que hago es, calladito, tragarme el sapo. Voy a resolver tu incógnita, no te toco porque me das asco”.

    Así pasó casi un mes, ya que no encontraba el modo de terminar este matrimonio de una manera que me resultara satisfactoria. El divorcio era cosa segura, pero además quería vengarme.

    Con la intención de poner mayor distancia del ambiente que tan malos recuerdos me traía organicé alguna reunión en casa, pero con amistades que nada tenían que ver con el trabajo. Entre ellos Claudio, un solterón de cuyo negocio soy cliente y que vendría acompañado por una amiga, Andrea, a la cual no conocíamos. La otra pareja era un matrimonio vecino.

    Durante una cena agradable, charlas sobre temas variados e interesantes, en un momento la escuchamos a Andrea hablarlo a Claudio diciéndole Hache y en seguida rectificarse pidiendo perdón. Cuando miro al nombrado con cara de extrañeza, él respondió.

    – “Amiga, aunque no me convenga, ellos son gente de confianza, contales por qué me decís de esa manera”.

    – “Aguanten el cuento porque es largo. Le digo Hache por no decirle Hijo de p. . ., pero hay que aclarar, porque él es así en una sola faceta de su vida y es relativo a las mujeres. Si fuera al completo no sería su amiga. Nunca asume un compromiso y su único nexo con el sexo opuesto es la obtención de placer. Vale la pena decir que no es egoísta de pura casualidad, pues el placer de la compañera de turno forma parte del propio”.

    La curiosidad motivó la pregunta de mi mujer.

    – “Y vos lo sabés por experiencia propia?”

    La mirada, de la amiga al amigo, hizo que éste respondiera.

    – “Lamentablemente no. Cuando la conocí intenté pasar a mayores pero las palabras no tenían el efecto buscado a pesar del tiempo empleado, entonces decidí pasar a la acción y en una leve distracción le robé un beso. La contestación fueron cuatro dedos marcados en la mejilla y el aviso de que la próxima vez no solo cortaría la relación sino también mis bolas. Desde entonces, hace cuatro años, somos buenos amigos”.

    – “Debemos pensar que no te gustan los hombres?”

    – “Me encantan, pero no estoy dispuesta a ser un número en la lista de trofeos de hombres que solo buscan hembras”.

    Después de todo lo escuchado una duda era inevitable.

    – “Quien diría que luego de varios años de frecuentar tu amistad recién ahora tengo conocimiento de esa apasionada destreza tuya, lo que me lleva a preguntar, los dos matrimonios estamos en peligro y debemos mantener la distancia?”

    – “De ninguna manera, la pareja de un amigo es sagrada”.

    La nueva mirada de Andrea parecía decir «O te falla la memoria o estás mintiendo».

    – “No me mires así, esa vez fue una excepción. La señora en cuestión no perdía oportunidad de insinuarse, se frotaba en cuanto podía, en las reuniones se sentaba enfrente y, cuando no la miraban, se abría de piernas mostrando su entrepierna sin nada que la tapara. Pude hacerme el distraído hasta el día que me preguntó si era maricón. Esa ofensa pudo con mi fortaleza, y en el momento apropiado, disculpen la expresión, la hice tragar semen, me la cogí y le rompí el culo”.

    Después de esa conversación, francamente inusual, la cosa siguió tranquila y distendida hasta el final, y terminamos comprometiéndonos a nuevas reuniones, pues ésta nos había agradado a todos. Y así se concretaron juntas semanales sea en las propias casas o en algún restaurant.

    Una mañana, en que había poca actividad en la oficina, pido permiso para salir unas tres horas antes pues necesitaba hacer algunos trámites personales, entre ellos llevar mi impresora a mantenimiento en el negocio de Claudio. Fui a casa a buscarla y al abrir la puerta de entrada escucho un lamento en la planta alta. Ante eso busco en el cajón del perchero la pistola con silenciador que suelo tener para seguridad, y subo.

    Por la rendija de la puerta entornada tenía ante mí a dos experimentados actores, desnudos, ella tendida sobre la alfombra boca abajo hiperventilando y con las piernas abiertas, entre las cuales estaba él, eran mi esposa y mi amigo, quien le anunciaba lo que iba suceder.

    – “Vamos putita, que ahora le toca al anillo estriado”.

    – “No por favor, me vas a romper”.

    – “Vamos nena, no me salgás con eso que lo tenés bien usado”.

    – “Sí, pero la de Carlos es la mitad de la tuya”.

    – “Mala suerte, llevás un mes buscándome, sabiendo lo que te esperaba. Ya tragaste tu ración de leche y tu conchita tuvo la corrida que deseaba, ahora a aguantar”.

    Por supuesto que filmé con el mayor detalle posible el espectáculo que se me ofrecía. El primer grito de dolor se produjo al entrar el glande; cuando el tremendo taladro barrenaba sin pausa hasta entrar íntegro el llanto de ella tapaba los bufidos de él. Con la excitación que traía de la penetración vaginal ocho o diez empujones fueron suficientes para descargar en el recto. Era el momento de entrar y lo hice con la pistola apuntándoles.

    – “El que se mueve recibe y, como tiene silenciador, ni ustedes van a escuchar el disparo. Querida tapate con algo y no te muevas. Caballero ex amigo, tome su ropa y salga de la habitación”.

    Salí detrás del vigoroso cogedor cerrando la puerta a mis espaldas y luego de un minuto ingresé nuevamente al dormitorio.

    – “Lamento decirte que has quedado sin amante. Intentó atacarme y tuve darle tres tiros en el pecho; durante los próximos cuarenta minutos no salgas de la pieza porque hay que retirar el cuerpo y limpiar la sangre. Mientras espero a los que se encargarán de la tarea te escucho”.

    – “Te juro que no quise engañarte, me sedujo y lo dejé besarme, es verdad que no me resistí pero cuando después quise detener sus avances me mostró la grabación que había hecho con el celular, amenazándome con mostrarte esas imágenes”.

    Después de cenar, estando en el comedor y ella ordenando la vajilla en la cocina hablé con un amigo de muchos años que vivía en otra ciudad.

    – “Con inmensa suerte ando bien de salud, aunque anímicamente dolido. No es fácil digerir el impacto de ver a tu esposa en cuatro, con los codos en el piso, tomándose la cabeza con las manos y gritando, no de dolor sino de placer. Dolor que aumenta cuando ves que quien le estruja las tetas mientras la penetra desde atrás es tu amigo”.

    – “. . .”

    – “Sí, ya inicié la venganza. Ayer, con tres tiros se acabó el corneador que descansa bajo tierra al lado del río”.

    – “. . .”

    – “No, el pico y la pala son usadas por dos jóvenes contratados. Hoy ya están preparando el pozo siguiente”.

    – “. . .”

    – “Por supuesto, mañana le toca. Soy tonto pero no al extremo, no me tragué el sapo de que la obligaron mediante chantaje, de su eterno amor o de su promesa de fidelidad nunca quebrada por propia voluntad”.

    – “. . .”

    – “En eso no hay peligro, solo se escucha un suave «bam» y el ruido de la corredera al retroceder para expulsar vaina y entrar en recámara un nuevo proyectil. Cuando termine te aviso cómo anduvo”.

    Al cortar la comunicación escuché pasos que rápido se alejaban, señal de que la infiel estaba al tanto de la conversación.

    Al día siguiente, cuando regresé del trabajo, Graciela no estaba y, a primera vista, se había llevado sus cosas de uso diario. Las señales seguían siendo buenas. Cené y luego de ver algo de televisión me acosté y dormí bien con la ayuda de un sedante. El sonido del despertador me ayudó a despabilarme y comprobar que seguía solo. Salí un rato antes de lo habitual ya que deseaba pasar por la seccional de policía y hacer la denuncia, pues ella no pasaba una noche fuera, a lo más llegaba de madrugada si la salida con amigas se prolongaba, pero siempre de alguna manera, me lo hacía saber.

    Antes de salir llamé a las amigas preguntando si ellas tenían alguna noticia. Ninguna supo decirme algo, aunque dos respuestas fueron con cierta vacilación. Hecha esa elemental búsqueda, nada más que para aparentar preocupación fui a la seccional de policía para hacerles saber mi temor de que hubiera tenido algún percance, pues cuando salía, si estimaba una demora fuera de lo habitual me avisaba, y ya habían pasado veinticuatro horas sin noticias.

    El agente que me atendía, después de registrar mis datos y los de mi esposa me pidió esperar un momento. A los pocos minutos regresó acompañado por otro, cuyas insignias de grado indicaban alguien de mayor jerarquía, quien me interrogó.

    – “Sr Atilio Gálvez, me permite su documento?”

    – “Encantado, ahí lo tiene”.

    – “Me dice el agente que viene a informar la ausencia anormal de su esposa Graciela Torres”.

    – “Así es, hace un poco más de un día que no tengo noticias de ella y eso hasta ahora nunca había sucedido”.

    – “Vea, ayer vino su esposa para denunciar que usted había matado a su amante y ahora pretendía hacerlo con ella, y por eso había abandonado precipitadamente la casa estando usted en el trabajo. Va a quedar detenido hasta tanto lo disponga el juez. Quiere llamar un abogado?”.

    – “No creo necesitar abogado porque seguramente esto es una confusión. Que mi mujer tenga un amante es una noticia tristísima y totalmente nueva. Puedo saber a quién maté según ella?”

    – “Sí, a Claudio Roldán y dice que lo escuchó a usted, hablando con un amigo, decir que ya lo habían enterrado y ahora le tocaba a ella”.

    – “Ahora sí estoy seguro del error. Claudio es un amigo, del cual soy cliente y con quien hablé por teléfono hace menos de una hora. Pero no pretendo que crean mi palabra, ya lo llamo nuevamente”.

    Marqué y mientras esperaba que me atendiera veo que el policía me hace señas de que él quería hablar.

    – “Amigo, estoy en la seccional segunda de la policía, no cortes, te van a hablar”.

    Y pasé el aparato al que me interrogaba. Se pusieron de acuerdo y a la media hora quedaba demostrada la inexistencia del asesinato. Por otro lado, como la llamada a la que ella aludía había sido una simulación para que la escuchara, le ofrecí al funcionario el teléfono para que lo analizaran. Después interrogué al que decía ser mi amigo.

    – “Según la denuncia de Graciela vos debieras de estar muerto por ser su amante. Que estás vivo no hay dudas, contame algo sobre lo otro”.

    – “Hermano te pido perdón, es verdad, pero te juro que me volvió loco, y vos sabés que en ese tema soy débil, lo cual no me exime de cierta culpa”.

    – “Una verdadera lástima que esta amistad termine así”.

    Cuando me dijeron que podía irme, agradecí la amabilidad y les pedí que me tomaran la denuncia por abandono de hogar. Terminado el trámite regresé a casa, donde me esperaba Claudio.

    – “Gracias amigazo, ahora el divorcio podrá hacerse más rápido y puede que logre sacarle algo de plata. Espero que la tarea no te haya supuesto un sacrificio”.

    – “De ninguna manera, ojalá todos los favores que me piden fueran así, un verdadero placer”.

    El juicio de divorcio fue bastante rápido, y mi participación en los bienes gananciales fue mejor de lo esperado, en parte porque ella se allanó de inmediato a todos los trámites. La amenaza de enviar el video a sus compañeros de trabajo fue efectiva.

    El día que tomé conocimiento oficial de la sentencia recibí una llamada, era Andrea.

    – “Hola Atilio, me dijo Claudio que te salió la sentencia de divorcio”.

    -“Tal cual, esta mañana firme el enterado”.

    – “Perfecto, como no quiero que alguien me gane de mano te invito a cenar como inauguración de tu nuevo estado civil”.

    – “Encantado, no vemos esta noche”.

    Estoy contento, el futuro pinta bueno.

  • Coronas, clases de francés

    Coronas, clases de francés

    Saberse gordita, ¡ups perdón!, ahora no se lleva ese término: Una curvy de abundantes carnes, la ha hecho más sensual y con mas ganas de disfrutar de su cuerpo. Desde jovencita le encanta masturbarse.

    En cuanto descubrió el sexo con otro cuerpo, con otra piel se ha convertido en una de sus ocupaciones favoritas. Le gusta follar con todo el que se pone por delante: chicas, chicos o por que no los géneros que ahora quedan en medio, transexuales se considera omnisexual.

    Cuando le pasea sus impresionantes melones, así los llama ella orgullosa, en su lujurioso escote a alguien por delante se hace muy difícil resistir. Es fácil ligar con ella pues ya se encarga de dejarlo claro que vas a hacerle el amor. Si le pones interés, a acostarte con ella es algo seguro.

    Si la ves sin sujetador marcando los grandes y duros pezones por su blusa blanca y con muchos botones abiertos o por la camiseta ajustada y le gustas Coronas va a follarte. Le gusta el sexo muy húmedo y morboso, lascivo.

    No ha tenido nunca novios o novias y si a eso vamos solo ha disfrutado de polvos. Mejor dicho actos de amor, pues le gusta ser dulce y sensual, tierna y cariñosa y muy muy morbosa.

    Quiere guerra, quiere revolcarse desnuda y sudorosa con otro cuerpo, piel con piel lenguas lamiendo y jodiendo y besando. Que tenga polla o coñito le da igual si la persona le atrae.

    Le gusta el sabor del semen en su garganta o el de una mujer en su lengua, una polla en su coño o culo o los dedos agradecidos de sus amantes femeninas. Ser ella la que con los suyos se folle el coñito o el culo que tiene a mano.

    Le gusta desvirgar jovencitos y jovencitas tímidos que nunca se han atrevido a hacer nada con otras personas, explicándoles las verdades de la vida y dejarlos sexualmente agotados. Pero muy agradecidos por la inolvidable experiencia, sexual sensual, por los polvos salvajes que con ella han disfrutado.

    Que luego ha de servirles en el resto de su vida y con el resto de sus compañeros y compañeras de cama. Igual que ella fue desvirgada por una experta lesbiana que la ayudó a comprenderse a si misma. Que le hizo el amor de forma cariñosa, enseñándola a la vez que le hacía disfrutar.

    Le gusta ver porno, piensa que siempre puede aprender algo nuevo. Casi todo tipo menos los de dominación. No le agrada ver cómo alguien tiene que forzar a otra persona a tener sexo, aún más sabiendo que ella no necesita que la obliguen a follar, a hacer el amor.

    Le gusta ver como jovencitas japonesas se comen los morros con ansia, como chicos se comen las pollas y se follan los culitos. Cualquier porno en el que haya morbo y la gente se trate con cariño. No simplemente el de meter y sacar sin ningún sentido.

    Le encanta hacer tríos con chicos bisexuales. La emociona verlos comerse las pollas, amarse y darse cariño delante de ella y hacerla participar y darle ese morbo y caricias. Ponerse entre los dos y hacer que ellos entren dentro de ella por todos los orificios posibles.

    Sintiendo cómo las seis manos acarician los tres cuerpos sin complejos. Hacer lo mismo cuando ella está con otra chica y un chico, acariciar por igual y ser acariciada por los dos.

    Es una pervertida, una cachonda calentorra, sensual sexual. Adora las pollas y le encanta comer coñitos. El sexo se le humedece a la menor provocación y la vista de un culo bonito la emociona tanto que apenas puede apartar la vista.

    Le gusta hacer el amor por el simple placer conseguido, por sentir una piel caliente acariciándose, frotándose con la suya.

    A Coronas le encanta ir desvirgando jovencitos, y jovencitas inexpertos de diez y ocho años.

    Da clases particulares de francés. no de sus alumnos es un muchacho muy guapo de diez y ocho años, alto, delgado y musculoso por practicar baloncesto. Pero es muy tímido y que se sepa nunca ha tenido novia, ni novio ya que estamos, ni lo ha intentado con nadie.

    Ella va a su casa cuando él acaba de entrenar y normalmente dan clase con el chico en pantalón corto y camiseta de tirantes Ella procura excitarlo con actitudes insinuantes y ropa provocativa. Averiguar durante las clases si el joven tiene novia. Conocer toda la experiencia que tiene en asuntos amorosos que en realidad es nula.

    Los martes se quedan solos del todo en el piso pues los padres se marchan a una reunión y ese día Coronas aprovecha para ir lo más provocativa posible. Estirarse la camiseta sobre sus impresionantes pechos y no llevar sujetador. Alisarse y subirse la falda apretada a sus poderosos muslos.

    Tocarse ella misma por encima de la ropa o cogerlo a él de la mano o el brazo y sacar la lengua y mojarse los labios con frecuencia. Coronas se daba cuenta de lo excitado que lo dejaba, de lo caliente que lo tenia.

    Coronas se calentaba más imaginándolo corriendo al cuarto de baño en cuanto ella salía por la puerta, con la polla en la mano masturbándose pensando en ella.

    Por fin un martes en el que ella vestía un ajustado pantalón de lycra, unos legins que marcaban el pequeño tanga y una blusa blanca transparente sin sujetador y con muchos botones desbrochados.

    Él llevaba su habitual pantalón de deporte, esta vez muy cortito mostrando los muslos fuertes y una camiseta de basket amplia y de tirantes. Ya cansada de dar vueltas un día se decidió a entrar avasallando.

    Comenzó la clase con un rotundo:

    – Me gustaría lamerte y follarte.

    Eso sí en perfecto francés.

    -J’aimerais te lécher et te baiser.

    El joven que no era lento en aprender extendió una mano hacia su profesora que la agarró. Se la puso inmediatamente sobre su palpitante seno. El chico se agarró a su pezón como si fuera a perderlo.

    Ella se aproximó mas a él y lo beso en la boca, ya no estaba para dar más rodeos. Abrió los labios y su lengua inició la exploración profunda de la otra boca.

    Recorriendo su lengua, dientes y hasta el cielo del paladar. Intercambiando saliva, mucha saliva. Rotas las barreras las manos de ambos comenzaron a explorar el cuerpo del otro, con ansia con deseo.

    Coronas le sobaba el pecho metiendo su manita por dentro de los tirantes de la camiseta para acariciar y pellizcar los pezones del chico. Él dirigía sus manos a las caderas culo y pubis de su maestra, hasta ahora de francés y desde ahora de sexualidad además.

    Ansiosa empezó a desnudarlo. Haciéndole levantar el culo de la silla le sacó el breve pantaloncito con la huevera hasta sacarlo por sus pies. Le arrancó la camiseta para poder lamer esos pezones que ya había tocado.

    Se arrodilló entre sus piernas torneadas y efectivamente le demostró lo delicioso del buen uso de la lengua que estaban estudiando. El chico olía a macho, a sudor limpio, lo que la excitaba más.

    Comenzó lamiéndole los huevos aunque algún pelo se le quedaba entre los dientes ambos lo estaban disfrutando. Cogiendo la orgullosa polla joven y dura, subió por el tronco, su lengua pegada a él hasta alcanzar el hermoso glande que golosa se introdujo en la boca chupándolo, lamiéndolo, prácticamente mascándolo.

    Le hizo levantar los muslos para poder llegar a su perineo y al culo clavar la lengua en el ano para terminar de llevarlo al éxtasis. El joven no podía creerse su suerte, completamente virgen y disfrutando así su primera vez. Su primera experiencia sexual iba a ser con esta incomparable hembra.

    Al poco Coronas se levantó y deprisa se despojó de sus escasas y provocativas ropas ofreciéndole sus pechos para que los comiera. Él no se hizo de rogar y su boca se dedicó a los enormes globos de la chica mientras que dos tímidos dedos iban en busca del preciado y chorreante coño recién depilado.

    Ahora le toca arrodillarse a él mientras ella con las piernas bien abiertas, las rodillas levantadas hasta los pechos y tumbada en el sofá le ofrece la vagina y la raja del culo a la lengua curiosa.

    Ojos inquisitivos y dedos investigadores precedieron a la ansiosa lengua que la hizo disfrutar. Recorrió todos los rincones que se le ofrecían: desde los pechos y las axilas, bajando por el vientre hasta clavarse en la vulva y en el ano y lamiendo toda la piel.

    El chico, ansioso, aprovechó para lamer cada rincon del cuerpo que se le ofrecía, haciendo disfrutar a la chica. Ella le iba indicando cada una de sus zonas erógenas, allí donde quería ser acariciada y lamida.

    Tras eso lo hizo sentar en la silla mas dura de la habitación para poder botar sobre sus muslos. Para poder clavarse la polla en su coño y follárselo. Ella se sitúa encima ofreciéndole las tetas inmensas a sus besos, a su lengua.

    Él le agarra las nalgas con fuerza para poder sujetarla y que no se caiga, controlando así los botes de Coronas. Terminó la cadena de orgasmos con la polla clavada en su chumino hasta que el chico se corrió en su interior.

    Sabiendo que era virgen no se había preocupado de tomar más precauciones que el tomar la píldora. Mientras la polla del chico va perdiendo consistencia y se sale sola del coñito ella vuelve a separar los muslos decidida a convertirlo en un pervertido.

    Le pide:

    – Vuelve a comerme el coñito.

    Y él arrodillado entre sus piernas vuelve a recorrer los labios de la jugosa vulva con la lengua recogiendo los jugos y el semen que rezuman. No le importa saborear de allí su propia lefa y llevarla en su lengua para otro lascivo beso a la boca de la chica.

    Desde entonces los martes dejan el francés y se dedican al sexo disfrutando ambos de sus cuerpos fogosos.

  • Me culeé una jotita nalgona

    Me culeé una jotita nalgona

    Ocurrió hace unos 3 años, yo de 35 casado inicie a ir a una estética a cortarme el pelo donde un jotito nalgón afeminado atendía, este jotito realmente se veía rico, tendría unos 19 a 21 años, esbelto, piel clara cabello pintado de rosa algo largo peinado así tipo emo, pero lo que me llamo la atención era su tremendas nalgas y piernotas, realmente de la cintura hacia abajo era una mujer de esas sabrosas, súper afeminado y siempre en mallas luciendo sus atributos.

    Más allá de notar eso pues seguía acudiendo porque era ameno y hacía bien su trabajo, sacaba citas por WhatsApp sin llamar ni nada todo a gusto y dado que jamás había pensado en coger a alguien de mí mismo sexo pues deje pasar el notar esos atributos que sabía me podían poner duro en la situación adecuada, dicha situación se dio.

    Un día que acudí a mi cita me abrió y me dijo .- hay disculpa Es que se me hizo tarde en el gym si, pasa plis.- y al pasar lo vi, traía un shortcito cachetero súper apretado parecía más calzón que short, era rosita y dibujaba sus nalgas y tanga muy rico, luego dejaba ver unos muslotes gruesos largos bien depiladitos de principio a fin, arriba portaba una playera negra al ombligo de mangas cortas con un estampado que no recuerdo, labios pintados, todo finito y femenino, verlo así me hizo fantasear con culearlo y eso me paro la verga.

    Dado traía un pans delgadito y una trusa holgada mi verga parada era evidente formando una carpa entre mis piernas, el jotito al verlo exclamó,- ¡hay! pero ¿que es eso?, andas como toro en primavera.- luego se río un poco como bromeando pero le respondí.- Pues tú, que traes ese shortcito mostrando las nalgas y piernas, es reflejo esto, el pito no sabe de sexos solo ve nalgotas y piernotas y se prepara.- luego de un breve silencio el jotito me vio coqueto y bajo su mirada a mi fierro respondiendo.- ¿Ocupas ayuda o que?.- lo vi todo sabroso frotando sus muslos uno al otro como denotando su deseo de verga y le contesté.- Si dame una ayuda.- me tomo el antebrazo y me dijo que lo siguiera.

    Pasamos a una puerta que luego de un pasillo terminaba en un cuarto pequeño lleno de peluches, fotos y vestuarios regados, había una cama de sábanas rosas algo destendida. Me pidió sentarme en la cama y lo hice quedándome de frente, se inició a bajar el short y wow, traía una tanta rosita que se comían sus nalgotas y mostraba un bulto enfrente por su sexo, se veía riquísimo, camino hacia mi, se hincó entre mis piernas y pues ya saben qué pasó, me bajo el pans y mi trusa, sacó mi verga erecta y se prendió a chupármela.

    Me dio una gran mamada, casi le disparó mi leche en su carita pero sabía cuándo detenerse para dejarme los huevos dolidos y la leche en la punta de la verga. Ya me tenía todo chupado mi sexo, hasta deep throat me hizo, era un maestro en mamar el jotito nalgon. Sin embargo quería tronarle las nalgas y dominarlo mientras lo sodomizaba así que le dije.- te quiero culear ya.- sin pensarlo el jotito se paro y subió a la cama poniéndose en 4 diciéndome.- tómame como quieras.- yo solo vi unas nalgonas y muslotes en tanga ofrecidos a mi verga, me le puse atrás me puse un condón lubricado, hice a un lado el hilo y penetré su culo hasta que sus nalgas chocando con mi pelvis y huevos me frenaron.

    Lo bombee buen rato, su pene atrófico quizá por hormonas estaba erecto bajo la tanga y formaba una carpita de circo que se movía en vaivén al ritmo de la culeada que le daba. No deje de bombearle el culo hasta que me vine, fue delicioso y muy prohibido eso, aún me limpiaba la verga de la leche y veía las nalgotas ricas y muslotes contoneándose mientras iba a recoger su shortcito para ponérselo, traía el piquillo parado aún el jotito nalgón.

    Me lo culee durante un año aproximadamente hasta que se puso de novio y ya no jalo más, siempre fue complaciente y sumiso, pues le gustaba lo hicieran sentir hembra en la cama.

  • Canarios

    Canarios

    El encuentro con el cani del pollón me había dejado el culo dolorido, ni la polla de José, mi camionero portugués, me lo había dejado así.

    Acudí a la consulta de Santiago, un médico ecuatoguineano amigo mío con el que había follado un par de veces, que después de llamarme puto maricón descerebrado, me recomendó abstenerme de darle mi culo a cualquiera que me encontrara por ahí y lo dejara reposar una temporada mientras cicatrizaba el pequeño desgarro que me había provocado el burro que me había metido por el culo su miembro pues según él, era imposible que existiera persona humana con semejante herramienta.

    -Pues existe Santiago, y fue toda una experiencia, te lo aseguro.

    -No te mando a tomar por el culo porque eres capaz de tomártelo al pie de la letra.

    Tuve que hacer caso a mi médico, durante una temporada me abstuve de mantener relaciones sexuales, me conformé con pajearme espiando a mi asistente mientras follaba, por cierto era un verdadero don Juan, siempre eran jóvenes de alrededor de veinte años y muy afeminados, yo creo que sabía que lo espiaba y me ofrecía verdaderos espectáculos con aquellos chicos.

    Se vino diciembre del dos mil trece y las fiestas de Navidad, nuestro hijo pequeño nos invitó a pasar la nochebuena con él en Las Palmas de Gran Canaria, nos iba a presentar a su pareja, estaban viviendo en un piso que habían comprado en la zona de Triana, en la avenida de Canarias, mi ex mujer, mi hijo mayor y su esposa habían tomado habitación en un hotel, yo tomé otra en el hotel Cordial La Peregrina, muy cerca de la casa museo de Colón y la catedral de Santa Ana.

    La víspera de nochebuena mi hijo nos reunió en su casa, un magnífico ático con una enorme terraza con vistas al mar, amueblado con mucho gusto, estábamos mi ex, mi hijo mayor y su esposa en la terraza tomando una copa y charlando cuando llegó mi hijo pequeño con otro hombre.

    -Papá, mamá, hermano, cuñada, os presento a Thomas, es mi pareja y queremos casarnos este verano.

    Me llevé una sorpresa, a que negarlo, no me lo esperaba, nunca me cuestioné la tendencia sexual de mis hijos, por supuesto no me importaba en absoluto a quien quisieran amar, simplemente me sorprendió, por la respuesta de mi mujer y mi otro hijo comprendí que ellos ya lo sabían.

    -Enhorabuena hijo, me alegro por ti – le abracé sinceramente emocionado a él y a su pareja.

    Mis hijos son guapos, el mayor sale a su madre y el menor es parecido a mi, tiene mi pelo rubio oscuro, mis ojos castaños y mis labios gruesos, su pareja, Thomas era un alemán muy atractivo, alto también, nosotros estamos en el uno ochenta y seis, pelo castaño, ojos verdes, un cuerpo que se veía cuidado, tenía treinta y cinco años, diez mas que mi hijo, vivía en la isla desde pequeño y era empresario de hostelería, poseía varios pubs, durante la cena estuvo encantador, un tipo simpático y alegre, no me extrañaba que mi hijo se hubiera enamorado.

    Cuando abandonamos la casa mi ex, mi hijo mayor y su esposa se fueron juntos a su hotel, yo no tenía sueño así que busqué la zona de bares de ambiente, tenía ganas de comerme una buena polla.

    Entre en el local que me aconsejaban en Internet, estaba ambientado, me apoyé en la barra y pedí un vodka con tónica.

    -¡hola, me llamo Ubay!¿y tú?

    -Encantado Ubay, soy Einar.

    -¿me invitas a una copa?

    -claro que sí – le hice una señal al camarero.

    -eres muy guapo Einar.

    -gracias, tú también.

    Era verdad, era joven, veintipocos años, moreno de ojos verdes, un poco mas bajo que yo, muy guapo, algo amanerado, no era mi tipo la verdad, a mi me gustan los osos maduros que me dominen y me pongan el culo como la bandera de Japón pero era un caramelito aquel chico y yo que estaba caliente como la perra que soy después de casi dos meses sin follar me disponía a comérmelo.

    -¿dónde podemos ir para estar mas tranquilos Ubay?

    -Aquí hay reservados, ¿Quieres que te gestione uno? no son muy caros.

    -Está bien – el polvo me iba a costar una pasta pero qué carajo, me lo podía permitir.

    -¿te importaría que nos acompañe mi amigo Airam? – me señaló a un joven muy parecido a él que bailaba en la pista y nos miraba.

    -¿por qué no? – me encogí de hombros.

    El camarero dejó sobre la mesa del reservado una cubitera con champán y dos copas, dejó también una botella de vodka, ocho tónicas y otra cubitera con hielo y se marchó, Ubay me preparó un combinado, abrió la botella de champán, sirvió una copa para el y otra para su amigo y brindamos.

    -vamos a pasárnoslo bien.

    Yo estaba sentado en el sofá, mirándolos, mi pene estaba duro como una piedra, ambos bailaban, se habían ido desnudando al ritmo de la música y ahora, con un tanga por toda vestimenta, sus cuerpos, jóvenes, perfectos, sudados, se movían con sensualidad mientras se acariciaban y se besaban.

    Ubay vino y se sentó a mi lado, su amigo continuaba bailando, nuestras bocas se encontraron y nuestras lenguas se cruzaron mientras me abría la camisa, acarició mi pecho, mordió y chupó mis pezones arrancandome gemidos de placer y dolor a la vez, me desabrochó el cinturón y el botón, me bajó la cremallera y me sacó el pantalón dejándome desnudo de cintura para abajo, mi polla enhiesta le saltó a la cara.

    -¡vaya cariño!

    Agarró mis cojones y se la metió en la boca, su cabeza subía y bajaba chupándomela, se la sacaba, lamia mis huevos, se los metía en la boca, jugaba con ellos, subía por el tronco, jugaba con mi frenillo y se volvía a meter mi cipote en la boca mamando como su fuera un pezón.

    -¡joder maricón!

    Levantó la cabeza y me miró, se sirvió una copa de champán, tomó un sorbo y con el en la boca se metió mi polla y comenzó a jugar, el champán estaba helado, la sensación de las burbujas en mi glande junto con la velocidad de su lengua…

    -¡diosss! ¡me voy a correrrr!

    Le agarré la cabeza y me corrí en su boca, le largue una buena cantidad de lefa que el se tragó junto con el champán.

    -¡joder Ubay!

    Se incorporó, se quitó el tanga, su polla quedó al aire, una preciosidad del tamaño de la mía aproximadamente, la tenía delante de mí, la agarré y me la metí en la boca colocándola en forma de o, de esa manera la apretaba por igual por todos lados, moví mi cabeza adelante y atrás metiendo y sacando su miembro de mi boca un poco al principio para ir introduciéndomelo más a cada golpe que daba hasta que conseguí tragármela entera y mis labios tocaron sus cojones.

    -¡hay cabrón!¡hay que rico!

    Su polla estaba llena de mi saliva, la saqué y con mi mano la masajeé pajeandolo suavemente, volví a meterme el cabezón en la boca, lo rodeé con mi lengua, chupé aquel nabo mientras agarraba sus huevos.

    -¡ostias Airam, el pureta sabe comerse una cuca!

    Me empujó hacia atrás por los hombros, no se de donde sacó el bote de lubricante pero me puso en la polla y luego se puso él en su culo, se colocó a horcajadas sobre mi, agarró mi polla y la dirigió a su ojete.

    -¡oooh! – lanzó un quejido cuando su esfínter dejó paso a mi miembro, siguió apretando hasta que se lo metió hasta los huevos.

    -¡Siii pureta!, ¡que rico!

    Besó mi boca, metió su lengua y yo la chupé y mordí mientras agarraba sus nalgas, comenzó a moverse adelante y atrás, su polla se restregaba con mi vientre.

    -¡ay ay si!, ¡ay pureta!, ¡ay que rico!

    -¡ay que culo tienes zorra! ¡como traga el cabrón!

    -¡siii! ¡mi coñito pureta! ¡ay, ayyy!

    -¡si, tu coñito puta, tu coñooo!

    -¡ay pureta que me corro, me corrooo!

    -¡si zorra, siii!

    Eyaculó sobre mi vientre y mi pecho, yo le llené el culo de lefa, él recogió con su lengua la suya que yo tenía sobre mí y dándome un beso me la traspasó.

    -pedazo de polvo pureta.

    -¡te has follado a mi novio, cabrón, y ahora voy a darte por el culo yo a tí!

    Me había olvidado de Airam, el otro joven, y ahora estaba allí, delante de mí, con un cuerpo que parecía la estatua de un dios griego y una polla bastante mayor que la mía, me agarró y tiró hasta que mi culo quedó al borde del sofá, levantó mis piernas dejando mi esfínter descubierto y me dio un lengüetazo.

    -¡joderrr!

    Sabía lo que hacía, me follaba mi ojete con su lengua, lamia y chupaba, mordía mis nalgas, chupaba mis cojones y volvía con esa maravilla de lengua a mi agujero abriéndome y ensalivandome, preparándome para meterme su polla mientras yo no sabía si quería que me la clavara ya hasta los huevos o siguiera con aquella lengua que me estaba volviendo loco.

    -¡hijo de puta! ¡como me tienes cabrón! ¡ay como me tienes!

    -¡puto viejo marica!, me has puesto los cuernos con mi novio y ahora te voy a reventar el culo.

    Mi ojete palpitaba lleno de saliva pidiendo polla, aquel tipo puso la punta contra él y apretó venciendo con facilidad la resistencia de mi esfinter.

    -¡ay! ten cuidado, despacio.

    -despacio y una polla maricón, este culo se ha tragado más cucas que todos los maricas que hay ahí fuera juntos.

    Dio un golpe de caderas y me metió el cipote hasta los huevos.

    -¡plaf!

    -¡ayyy! ¡mi culooo! ¡hijo de puta!

    Cogió ritmo, metía y sacaba su polla con fuerza, me agarraba por las piernas y a la vez que empujaba tiraba de mi.

    -¡ay! ¡ay! ¡ay cabrón! ¡ay mi culo, mi culooo!

    -¡ay que gusto! ¡ay! ¡que me muero! ¡ay!

    -no te mueres maricón, ¿te gusta eh? ¿te gusta mi polla?

    -¡siii! ¡ay que polla! ¡ay que me meo! ¡me meooo!

    Pero no me meaba, era el orgasmo que me venía, me nacía en el vientre, me subía por el pecho y me explotaba en la cabeza haciéndome eyacular un torrente de semen y quedando casi inconsciente mientras aquel puto salvaje continuaba embistiendo mi pobre culo.

    -¡ay! ¡ay!

    -¡por favor, por favor! – yo sollozaba, no sabía si había tenido un solo orgasmo largo e intenso o varios seguidos, solo sabía que aquel chaval me estaba follando como muy pocos me habían dado por el culo hasta ahora.

    -¡me corro maricón! ¡me corro!

    Dio un golpe de riñones y metió su polla hasta los huevos, noté en mi dolorido esfínter sus contracciones al correrse.

    Estuvo sobre mí hasta que se polla empezó a perder vigor, la sacó de mi culo y un chorro de lefa salió de él, me lo notaba abierto como un coño, como se te queda cuando te meten un rabo como aquél, con ese resquemor que te deja una buena follada.

    Todavía me tomé una copa, después me marché dejándoles el reservado, llevaba el culo satisfecho y cuatrocientos euros menos en la cartera, merecieron la pena.

  • Me coge un desconocido

    Me coge un desconocido

    Siempre fui una chica muy dedicada a mis estudios y responsable fui de escuela a casa y viceversa ya hacía varios años que no cogía.

    Y cada noche me imaginaba tener un hombre encima de mí, acariciándome, besándome toda, mamándosela y el acariciando mis pechos. Por las mañanas amanecía con muchas ganas de coger y tener una verga dura en mi vagina.

    Empecé a frecuentar redes sociales en busca de un hombre ideal y que fuera de cerca. Por supuesto conocí a muchos; pero eran muy feos y no eran de mi tipo. Hasta que por fin empecé a platicar con un hombre morenito flaco de barba.

    Comenzamos a platicar de todo un poco; pero no me atrevía a decirle lo que en verdad buscaba. Pasamos 3 días platicando y por la noche de la nada me pidió una foto y le mostré una foto en pijama. Luego me mando una foto de su pene bien parado y enseguida se me antojo y me dijo ahora te toca a ti y le envié unas fotos de mi vagina y dijo que rico cochito tienes.

    Y le dije que no me aguantaba por tener su verga en mi vagina y me dijo que fuéramos a un motel al siguiente día. Esa noche casi no pude dormir de los nervios y de las ansias de sentir esa verga tan deliciosa.

    Sentía que mi vagina palpitaba.

    Hasta que por fin nos encontramos y nos fuimos al motel, mis piernas me temblaban y sentía que mi vagina palpitaba fuerte subiendo las gradas me agarro de la cintura y se recostó un poco olfateo mi cabello y nos metimos al cuarto.

    Cerramos la puerta del cuarto, se veía un poco oscuro me puso contra la pared me abrió de piernas y me bajo el blúmer y me dejo ir los dedos delicioso. Yo grite y mis fluidos bajaban poco a poco por mis muslos y el me mordía el cuello. Me saco los dedos de la vagina y me levanto la falda y sentí su pene duro y caliente en mis nalgas.

    Levanto mi pierna y me la metió rico, me dolía un poco; pero era más grande las ganas me encantaba sentir su pene duro en deslizando rico en mi vagina y escuchar sus gemidos en mi oreja.

    Nos fuimos a la cama, me puse de perrito y me nalgueo y me la metió de nuevo, se movía tan fuerte que sentía que me partía en dos mi vagina. Era tan cabezona y gruesa su verga que sentía que moría de placer, gritaba fuerte, sentía mi garganta seca de tanto gemir.

    Después hicimos el 69 empezó a besar mi vagina, la chupaba tan rico y yo me la metía toda a la boca, le daba unos chupetones fuertes a la cabecita de su pene que lo hacía gemir y eso me encendía más porque sabía que lo disfrutaba.

    Metía su lengua en mi vagina y la movía en el fondo mientras succionaba sus dos dedos en mi clítoris duro hasta que ya no pude más y me vine en su boca. Pero él todavía tenía un gran aguante.

    Me dio la vuelta se escupió su mano y me ensalivo mi vagina y me la metió y se recostó en mi mientras pasaba su lengua por mi cara y la tenía yo toda dentro y yo le susurraba préñame, quiero un bebe tuyo lléname de lechita, mi vagina anda mi amor, la quiero toda.

    Eso más lo volvía loco porque más fuerte gemía.

    Y cuando sintió que terminaría me la saco y me termino en las tetas. Fue una experiencia deliciosa.

    ¡¡¡Saludos y besos…!!!

  • Día y noche

    Día y noche

    En su último año de residencia, Valera empieza a trabajar en el mundo de la noche y la prostitución de lujo surfeando entre la delgada línea de la necesidad y el placer.

    Valera miró la hora y se apresuró mientras se vestía. El hombre permanecía acostado contemplándola con verdadera fascinación.

    —¿Cuándo vuelvo a verte? —preguntó.

    —No lo sé. Tengo mucho lío esta semana, —respondió ella.

    El ejecutivo se incorporó en la cama, se colocó los gayumbos y sacó su billetera.

    —La próxima semana viajo a Londres de negocios y me gustaría que me acompañases.

    —No sé si podré, —declaró ella.

    —¿Y eso por qué? —quiso saber el hombre de negocios.

    —Ya te he dicho que estoy un poco liada.

    —Pero será a la semana que viene. Tienes tiempo para programarte.

    —No sé. Ya veremos, —le dijo dándole largas. No deseaba que su doble vida se le fuese de las manos ni tampoco dejar de lado su carrera. Estaba en el último año de residencia y su idea era terminar y replantearse su situación y sus preferencias.

    —Piénsalo y contéstame el fin de semana, —le dijo entregándole doce billetes de cincuenta euros.

    Valera cogió el dinero y asintió sin demasiado interés, se colgó el bolso, le dio un beso, luego abandonó el hotel y un taxi la llevó a su casa.

    Eran las siete de la mañana cuando llegó, se quitó sus prendas de noche, le dio de comer a su gato y se dio una ducha rápida. Después se puso los vaqueros, una camiseta blanca, sus botas y su chupa de cuero. Por último, colocó sus bártulos en la mochila, salió de casa y sin demora condujo su TMAX en dirección al hospital. El hecho de estar presente en la operación y aprender del más prestigioso cirujano cardiovascular del hospital era algo que no quería desaprovechar. Miró su reloj y comprobó que llegaba cinco minutos tarde. Abrió la puerta del quirófano y la auxiliar estaba ya colocándole los guantes al cirujano. Valera entró de forma precipitada pidiendo disculpas al equipo por el retraso, a continuación, pasó a lavarse las manos y se colocó los guantes de látex. El cirujano la miró molesto, ella se disculpó de nuevo y bajó la mirada entendiendo el mensaje: “tu cara bonita aquí no tiene crédito. A la próxima te mandaré a quitar forúnculos”.

    Tras seis horas de operación quedó con Javi y bajaron a la cafetería a comer.

    —¿Cómo ha ido? —se interesó.

    —La operación bien. La que no ha quedado en muy buen lugar he sido yo.

    —¿Qué ha pasado?

    —He llegado tarde.

    —¡Joder, Valera! Te van a quitar de cardio si sigues con tu actitud pasota. ¿Qué coño te pasa?

    —Me he dormido, ¿qué quieres que haga?

    —Es increíble. No estás en el instituto, ¡joder! Sé un poco más responsable.

    —Pareces mi madre.

    —Tú madre te habría dado dos collejas.

    Mientras Javi le reprochaba su conducta irreflexiva, el móvil de Valera vibró encima de la mesa. Vio que era un número desconocido e imaginó lo que eso significaba.

    —¿No vas a cogerlo? —le preguntó Javi.

    —Ahora no, —respondió tajante ella.

    —Podría ser algo importante, —insistió él.

    —De ser así volverán a llamar, no te preocupes, —dijo, y el teléfono dejó de vibrar.

    —Me gustas mucho Valera, pero no logro entenderte, —le dijo cogiéndole las manos.

    —¿Qué es lo que no entiendes, que no quiera comprometerme? No es tan difícil. Ya lo hemos hablado. O lo digieres o tendrás indigestión, —respondió ella soltándose.

    —La impecable y comedida Valera, tan encantadora como siempre… —dijo con sarcasmo. —No es sólo eso, —añadió. —Asumo que quieras una relación abierta…

    —Si no te gusta mi forma de proceder, ¿por qué coño estás conmigo? –le cortó sin darle opción a terminar.

    —¿Lo ves? Siempre a la defensiva. Sólo quiero que estés bien y que confíes en mí por una vez en tu vida. Me buscas sólo cuando necesitas algo. No es justo.

    —Nadie dijo que lo fuera, pero es lo que hay.

    —Eres consciente de que controlas la situación, ¿verdad? —se quejó apenado mientras el teléfono vibró de nuevo sobre la mesa. Valera miró la pantalla, comprobó que era otra vez el mismo número y se levantó.

    —No seas niño, ¿quieres? —le recriminó. Dejó la bandeja sobre la mesa y lo dejó con la palabra en la boca.

    —No has comido… —gritó al tiempo que Valera abandonaba la cafetería. Javi la miró obnubilado mientras se alejaba. Estaba loco por ella y sabía que su única elección era conformarse con las migajas que ella le dejaba y, aunque intentaba asumir esa relación como algo normal, en el fondo le incomodaba.

    —¿Sí? —contestó.

    —¿Eres Vali? —preguntó una voz al otro lado.

    —Lo soy, —afirmó ella.

    —He visto tu perfil. Estoy en la ciudad de paso y me gustaría verte.

    —¿Cuándo?

    —¿Esta noche te parece bien?

    Por un momento se planteó si realmente deseaba hacer eso con tanta asiduidad. Empezó con esas prácticas a modo de costearse los estudios sin tener que recurrir a unos padres que bastante esfuerzo habían realizado durante toda su carrera.

    Después de responder a varios mensajes, comprobó que era un dinero fácil, con el incentivo añadido del placer en la mayoría de las citas. Hasta el momento todo había sido relativamente sencillo con sus atributos como carta de presentación y sin ninguna complicación reseñable.

    —¿Cuáles son tus honorarios?

    —Depende de lo que quieras. La tarifa está en el perfil como habrás podido comprobar.

    —Así es. Quiero buffet libre.

    —Eso son seiscientos euros.

    —¿Haces servicios dobles? —preguntó el cliente.

    —¿A qué te refieres? —preguntó perpleja.

    —Seremos dos. ¿Te supone un problema?

    Valera dudó unos instantes. En su corta experiencia no se le había planteado semejante tesitura, por lo que lo valoró durante unos segundos.

    —Eso será el doble, —remarcó ella.

    —No hay problema, —aceptó, y con ello resultó evidente que su interlocutor era alguien adinerado. —¿Paso a recogerte por algún sitio?

    —No. Dame una dirección.

    El desconocido le facilitó la dirección del hotel y el número de habitación donde se hospedaban. Ella lo anotó y a continuación acudió a urgencias donde solicitaban su presencia.

    Eran las diez de la noche. Eligió una falda corta, y para la parte superior, un suéter ajustado que dibujaba su silueta. Unos tacones de vértigo elevaban su horizonte doce centímetros y un abrigo negro ocultaba sus contornos con objeto de protegerse del frío de la noche.

    Llamó a la puerta y un hombre maduro la recibió. El otro, unos pasos más atrás, se aproximó para presentarse. Rondaría los cincuenta. Se saludaron con un beso cordial y el más joven le cogió el abrigo. Ambos contemplaron con avidez la figura de la joven y ratificaron la calidad de la mercancía por la que iban a pagar.

    —¿Te apetece un poco de cava? —le preguntó el hombre de mayor edad mientras lo servía en las copas.

    La joven doctora asintió, cogió la copa y bebió un sorbo contemplando al de la perilla. Le echó poco más de cuarenta. Era apuesto, bien proporcionado y con cierto aire de galán.

    El aspecto de su socio, en cambio era más ordinario. Mostraba más semejanza con un camionero al que le habían obligado a vestir con un traje de alquiler para ir a una boda, que con un ejecutivo. Lucía una barba tupida, y una incipiente panza que no ocultaba remataba el estereotipo de camionero chabacano.

    Ambos varones se quitaron la americana e invadieron el espacio vital de Valera. Ésta retrocedió unos pasos a fin de reclamarles el dinero por adelantado. El galán de la perilla sonrió, cogió su billetera de la americana y le pagó la cantidad acordada mientras su socio se manoseaba la entrepierna contemplando a la joven y atractiva fulana. Valera guardó el dinero en su bolso, y como si hubiese dado el pistoletazo de salida, ambos individuos se abalanzaron sobre ella hambrientos de carne tierna. El suéter voló por encima de las cabezas y aterrizó en el suelo, al tiempo que cuatro manos se apresuraban en explorar cada centímetro de la anatomía de la joven. El sujetador tuvo el mismo sino y dos senos perfectos, adornados con unos pezones que apuntaban directamente al techo dieron la bienvenida a la fiesta. El fulano de aspecto tosco se situó por detrás y cogió ambos pechos con las manos como queriendo emborracharse con ellos. Su boca recorrió el cuello de la joven mientras ésta notaba como el rancio aliento de ginebra le provocaba cierto rechazo. La efusividad con la que el hombre rozaba su entrepierna en su trasero era aplastante, dado que una erección considerable pretendía perforarla a través de la prenda.

    Valera percibió como la excitación empezaba a socavar sus bajos con unos dedos avanzando por dentro de la diminuta falda buscando hurgar en la humedad de su raja. Cerró los ojos y se dejó manosear por las inquietas manos de sus clientes. El chapoteo de los dedos incursionando en su sexo se hizo notar junto a los gemidos que iban escapando de su boca. Una mano condujo a la de Valera hasta el miembro del hombre tosco situado a su espalda. Valera lo cogió, lo palpó e hizo un análisis morfológico mental de la verga que meneaba. Era de notable tamaño, con una curvatura importante que le otorgaba una apariencia informe.

    Con la otra mano agarró la otra verga e inició movimientos masturbatorios con ambas pollas, al mismo tiempo que recibía las caricias de los dos ejecutivos.

    El hombre de la perilla se deshizo de su ropa, zarandeó su polla y se la ofreció a Valera.

    —¡Cómeme la polla! —reclamó.

    Valera se acuclilló e inició la tarea como la mejor de las profesionales. Su lengua iba y venía por toda la orografía de la verga mientras el hombre respiraba de forma desacompasada. Su socio se situó a su lado reclamando las atenciones de la joven, al tiempo que sacudía una verga informe que casi duplicaba en tamaño a la de su socio. Valera la contempló y su proximidad la hizo bizquear. Se hizo con ella a la par que mamaba la otra. Después cambió y su boca abrazó el pilón de carne desproporcionado sin dejar de masturbar la otra polla.

    El hombre de la perilla la incorporó, se extasió de su cuerpo desnudo y olió su perfume.

    —Quiero metértela, zorra, —le dijo mostrando su erección.

    Valera hizo caso omiso al comentario soez y humillante. Sabía que en su condición, a veces tenía que tolerar determinada jerga con la que no se identificaba, pero no era el momento, ni la situación de andarse con remilgos, ni tampoco hacerse la puritana. Aunque no estuviese convencida del todo, en el fondo era consciente de cuál era su cometido en ese momento.

    Se alejó un momento, abrió el bolso y extrajo una caja de preservativos, cogió uno y se lo colocó al galán. Éste la despojó de su tanga situándola a cuatro patas encima de la cama, miró embelesado los tesoros de la joven, pasó la mano por su humedad, luego posó el glande a la entrada y a continuación la penetró con un rotundo golpe de riñones. Valera gimió por lo bajo, abrió la boca para exhalar otro gemido y el rabo del hombre tosco se le incrustó en el gaznate provocándole repetidas arcadas hasta que pudo reducir el ímpetu del neandertal para posteriormente ser ella quien marcara el ritmo y la profundidad.

    Ambos hombres jadeaban mientras la fulana les proporcionaba el placer por el cual habían invertido su dinero. El troglodita abandonó su ubicación, y con ella, el placer de la mamada para instarle a su compañero a intercambiar posiciones. Agarró las caderas con ambas manos, contempló un instante el prodigioso trasero de la joven y babeó como un niño ante un pastel de chocolate, de tal modo que, aunque fueran unas nalgas de pago, eran las mejores que había visto en su dilatada vida sexual.

    Se colocó el condón, encaró el enfundado y torcido miembro en la raja mojada y fue hundiéndoselo de modo gradual. Valera liberó un elocuente gemido al tiempo que la tuneladora buscaba tocar fondo. Notó la diferencia de calibre con respecto a su compañero, y como éste la iba abriendo en canal. El hombre de las cavernas se agarró a sus ancas e inició reiteradas embestidas con firmes y certeros golpes de cadera, de tal modo que el placer se incrementó para ambos, sin embargo, la polla que ahora le follaba la boca le impedía gemir con total libertad.

    Una sonora nalgada la pilló desprevenida y una segunda aplicada con más rotundidad le provocó un morbo y un placer añadido a la cópula. Era una polla sobredimensionada, la más grande que había visitado sus dominios hasta el momento y el placer que le estaba dando era proporcional al tamaño, muestra de ello era el clímax que empezaba a fraguarse en sus ingles para acabar arrancándole un agudo orgasmo en el que se vio obligada a liberarse de la verga que le follaba la boca para dejar escapar un grito de placer.

    —La puta está corriéndose, joder, —gritó el energúmeno sin dejar de embestir, al mismo tiempo que notaba las convulsiones de la vagina presionándole la verga. El troglodita siguió arremetiendo con todo lo que tenía mientras se corría gritando y lanzando toda clase de improperios hacia su persona.

    Al otro lado, el galán la cogió del pelo y siguió masturbándose sobre su cara. Por su parte, la joven cirujana seguía disfrutando del intenso orgasmo en el que jadeaba con cada embate al mismo tiempo que un chorro de semen se aventuró dentro de su boca, seguido de otros tres que se estrellaron en su cara. A continuación, el hombre le restregó la polla por la cara esparciendo su esencia como si quisiera pintársela, hasta que finalmente se dejó caer a fin de recuperar el resuello. Su socio lo imitó. Valera se levantó y buscó su bolso en busca de toallitas con las que limpiarse. Escupió la sustancia y se limpió la cara. Desde la cama los ejecutivos se felicitaron mutuamente, a continuación, contemplaron ensimismados la armoniosa figura de la joven. Nada sobresalía sobre lo demás. Nada sobraba, ni nada se echaba de menos. Su cabello descendía por mitad de la espalda como una cascada dorada. Sus ojos claros eran dos puntos suspensivos en el poema de su rostro. Unos ojos, —pensó el galán— que perfectamente podrían penetrar la oscuridad. Unos ojos de los que nadie nunca podría saciarse al contemplarlos. El ejecutivo adivinó que detrás del garbo y el refinamiento de aquella agraciada gatita se escondía también un bagaje intelectual que no mostraba, sin embargo, era evidente que estaba ahí y eso la hacía más interesante, si cabe.

    La mirada de su socio se centró más en la longitud de sus piernas, embellecidas por unas medias negras que obligaban a orientar la vista hasta su trasero. Un trasero que ni la inspiración del mejor escultor habría podido imaginar.

    Después de limpiarse la cara, Valera se dio la vuelta y los dos ejecutivos babearon ante semejante fémina. Ambos descolgaron su mirada desde los pechos hasta una vulva adornada con una diminuta tirilla de pelillos claros. Valera vio a los dos sementales zarandeando sus miembros casi dispuestos, prueba inequívoca de que la viagra previa estaba cumpliendo su función a la perfección.

    —¡Ven aquí, guapa! —le ordenó el galán.

    Valera se posicionó de rodillas entre ambos, cogió sus miembros y empezó a moverlos al unísono con lentitud. Unos cuantos meneos bastaron para que terminaran de endurecerse en sus manos. El cruce de miradas cómplices, la lascivia tácita y el morbo implícito hicieron sonar la campana del segundo asalto. El galán se colocó a la fulana encima de él y se emborrachó de su boca. Su lengua se enroscó en la de ella, cual tornillo engrasado. Valera cogió otro condón, asió la verga del galán y la enfundó, después se la encaró dejándose caer hasta que sus nalgas saludaron a las pelotas. Seguidamente inició la cabalgada sobre su montura, por consiguiente, cerró los ojos, sincronizó el movimiento y el placer regresó a su coño con renovado ímpetu. Cuando los abrió el cipote informe avanzaba hacia su boca como una saeta hacia su presa. La cirujana abrió sus fauces y el exaltado ejecutivo se la folló. Chupó, mamó y ensalivó el pilón de carne en aras de engullirlo por completo, sin embargo, le resultó una hazaña impracticable, por lo que desistió en el empeño dedicándose a mamar tan sólo lo que podía engullir. El hombre le sacaba su arma de tanto en tanto para propinarle sendos pollazos en la cara, después se la volvía a meter en la boca repitiendo el ritual mientras duró la mamada. Posteriormente abandonó la privilegiada posición para atender la retaguardia de la joven doctora.

    Ensalivó su dedo corazón y se lo introdujo en el ano mientras ella saltaba sobre la verga del socio. Valera notó la extremidad abriéndose paso en su esfínter y como ésta entraba y salía buscando su dilatación. El placer se incrementó de forma sustancial y con él los gemidos, por tanto, cuando el ejecutivo lo consideró oportuno detuvo la práctica, envolvió su polla con el condón, se acomodó en cuclillas detrás de ella, posicionó el glande en el ojete y presionó con suavidad. Esta vez la joven se quejó, pero su empotrador no se detuvo y siguió presionando un poco más, por lo que un dolor agudo se instaló en el pequeño orificio atenuando el placer hasta desvanecerse por completo y convertirse poco después en un suplicio. El hombre de barba empujó con más fuerza y Valera gritó quejándose y pidiéndole al energúmeno que se detuviera, por el contrario, y haciendo caso omiso, éste la agarró del pelo a modo de riendas y siguió embistiendo con más fuerza.

    —Vamos puta, no te quejes y mueve el culo, joder, —le ordenó mientras intentaba alojarla toda en el estrecho orificio.

    Valera se encontraba aprisionada en un sándwich de carne sin posibilidad alguna de zafarse. Era algo que esperaba, pero con lo que no había contado era con el calibre desproporcionado del troglodita que ahora estaba ensartándola con determinación con el propósito de reventarle el culo.

    Por segunda vez le suplicó que parara, pero de nuevo, el ejecutivo, —convertido ahora en su verdugo— aceleró el ritmo de las acometidas buscando únicamente su placer. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas formando riachuelos ennegrecidos a causa del rímel. Su radiante rostro se apagó empañando su dicha, pero también su arrogancia. Pensó por un momento en Javi, en lo mucho que le daba y en lo poco que recibía a cambio, sin embargo, ahí estaba siempre cuando ella lo necesitaba. Rogaba para que el suplicio terminase cuanto antes. No deseaba seguir allí, y desde luego tampoco seguir con el juego peligroso al que se había estado acostumbrando sin haber valorado consecuencias.

    Los dos ejecutivos arremetían con fiereza, y ella, en mitad de aquel torbellino de pollazos gritaba, cuando no, apretaba los dientes deseando que el tormento finalizase. El exaltado ejecutivo bufaba como un toro enfurecido mientras pistoneaba sistemáticamente como un autómata sin voluntad propia. Después de diez interminables minutos se detuvo, saco la verga del ano, se quitó el preservativo, movió su verga con diligencia y eyaculó sobre las nalgas, espalda y el cabello dorado de la joven. A continuación, se tumbó a un lado extenuado y satisfecho. Su socio le dio la vuelta a Valera, abrió sus piernas todo lo que daban de sí y la volvió a encular en busca de su orgasmo.

    Por su parte, ella aguantaba estoicamente los embates del galán, y aunque ya no le dolía tanto, tampoco lo estaba disfrutando. Varias lágrimas resbalaron por sus mejillas mientras el follador la embestía, babeaba, bramaba y resoplaba cual astado embravecido. Ella, en cambio, permanecía ahora hierática centrándose en un punto fijo a la espera de que terminara. El galán aceleró la cadencia hasta que percibió la inminencia del clímax, extrajo su miembro del recto de la muchacha, se quitó el condón y disparó su leche en la tersa y aterciopelada piel de la joven. Acto seguido se tumbó exhausto al lado de su socio al tiempo que palmeaban su mano como dos triunfadores que acaban de cerrar un gran negocio.

    Valera se levantó, se limpió someramente y se vistió con rapidez con la intención de abandonar el lugar a la mayor celeridad. El energúmeno se aproximó hasta ella.

    —¿A dónde crees que vas? —le preguntó zarandeándose una polla enviagrada que ya empezaba a hincharse de nuevo.

    —Ya hemos terminado, —manifestó ella.

    —De eso nada. Te has embolsado una importante cantidad de dinero por dos polvos de mierda.

    Valera sacó el fajo de billetes del bolso y lo miró.

    —¡Toma tu dinero! —dijo lanzándolo a continuación en la cama.

    El ejecutivo de la perilla que permanecía tumbado se percató de su congoja, cogió el dinero, se levantó, se aproximó a la joven y se lo volvió a dar disculpándose.

    —Lo siento. No hemos sido muy caballerosos. Coge el dinero. Es tuyo. Te lo has ganado.

    Valera lo miró contrita, tomó sus honorarios y desapareció, sin embargo, después de analizar esas palabras, se sintió más puta que nunca.