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  • Deseos en el transporte público

    Deseos en el transporte público

    Esta experiencia ha sido de las más ricas que he tenido, un día de camino al trabajo me quedé pensando en el tiempo que tenía sin tener sexo rico y sin control, más de un mes, era casi virgen de nuevo, ya que soy tan estrecha que cuando algo entra a mi vagina no lo quiero sacar, me distraje pensando en lo rico que sería tener un pene en mi boca y otro en mi culo en ese momento, tanto me lo imaginaba que pase mi parada en el bus y termine en la última parada del bus, solo yo y un señor de máximo unos 35 años, tenía una barba que hacía que su rostro se viera muy sensual, era alto, lo cual me prendía, cuando bajamos del bus y se percató de que estaba perdida me dijo.

    Hola, no eres de por aquí, no te había visto llegar hasta el final de la vía.

    No me quedo otra opción y admitir que estaba bien perdida y que ya no llegaría a mi trabajo, me miró de pies a cabeza y sentí como mis pantys se ponían húmedas mientras él me miraba, me dijo que lo acompañara a su casa y que allí podía esperar que llegara el siguiente bus en salir, que sería en 15 minutos más o menos, yo no pude negarme, tampoco quería hacerlo, me provocaba demasiado aquel hombre alto, solo me imaginaba que tan grande sería su pene y que era justo lo que desde temprano estaba necesitando.

    Cuando entramos a su casa me ofreció algo de beber, yo no quería nada que no viniera de sus bolas, lancé mi mano un poco más lejos y toque su pene, sentí algo tan grueso que me espante un poquito pero se me mojaron aún más mis pantys, me dijo.

    No provoques algo que no es de tu talla.

    ¿Como sabes cuál es mi talla?

    Le pregunté mientras volvía a pasar mis manos sobre su pantalón esta vez por más tiempo.

    Eres pequeña, me gustan los espacios pequeños.

    Yo tengo un espacio pequeño que creo te gustará, es tibio y apretado.

    Le dije eso y metí mis manos dentro de su pantalón, cuando tome su pene en mis manos me asombro que fuera tan grueso, se me hacía agua la boca, así que lo saque de sus pantalones me arrodille frente a él y empecé a hacerle un oral, el sabor era salado y fuerte, delicioso, lamía desde la base hasta la punta, me dio varias cachetadas con aquel grueso pene, le pedí que se sentara para seguir comiéndole el pene que era de los más delicioso que había probado, creo que era por el tiempo sin probar uno, chupe sus bolas y el tallo de ese gran pene, de repente me toque mi vagina que estaba súper mojada mientras seguía mamandole su verga a ese hombre, era el momento, me abrí de piernas frente a él y me senté sobre la punta de ese pene que de un empujón fuerte de él entró completo en mi, me dolió un poco, se me salieron un par de lágrimas pero seguía disfrutando cada vez más de que ese pene me estuviera destrozando por dentro, no lo puede evitar me corrí sobre el, pero él no se detuvo, me sujeto de las caderas y me siguió dando más y más fuerte ya no resistia, me dolía y me gustaba, jalaba mi cabello y chupaba mis senos, mordía mis pezones y me hacía gritar, seguía dándome duro hasta que paro solo para tirarme sobre la mesa y subir mis piernas sobre su pecho y hombros, entro con más fuerza y más profundo que antes, me corri de nuevo en seguida y el seguía dándome, volví a correrme y casi perdiendo la conciencia me dijo que iba a venirse y que donde quería que lo hiciera, me encanto tanto como me cogía que le tome el cuello y apreté más mi vagina.

    Hazlo dentro, déjame llena de tu semen, lo deseo, hazlo, quiero sentir tu lechita dentro de mi.

    Se corrió con tanta fuerza dentro de mi que pude sentirlo, fue riquísimo, casi estaba por caer desmayada cuando lo vi ponerse su pantalón y decirme que el próximo bus estaba por llegar, me dio un poco de agua, me vestí y me acompaño a la parada, me dijo que me merecía una segunda oportunidad con el porque le fascino mi vagina y mis orales, que mañana volviera en el mismo bus a la misma hora, que el estaría allí y que prepara mi culito porque iría por el después, pero eso es otra historia.

    ¡¡¡Saludos y besos…!!!

  • Con una compañera de la oficina

    Con una compañera de la oficina

    Como jefe del departamento de promoción de una importante agencia publicitaria me he viajado hasta Barcelona, en compañía de mi compañera de proyectos, mi amiga y colega Lucía.

    Hemos llegado al aeropuerto del Prat, y tomado un taxi, que nos ha llevado hasta el hotel. Tras hacer el control en recepción y recibir las llaves de las habitaciones 232 para Lucía y la 233 para mí. Tomamos el ascensor y llegados a nuestras habitaciones, primero dimos un repaso del estado de las mismas, curioseando un poco, luego sacamos nuestras ropas de las maletas y las dispusimos en los armarios. Pude observar que en mi habitación 233. Carlos se despide de Lidia, para tomar un baño y preparase para ir al acto, por el que se han desplazado hasta Barcelona.

    Carlos es el primero en llegar y se dirige al bar, vestido para la gala. Traje chaqueta y pantalón negro, camisa blanca y palomita negra. Me dirijo al barman y le pido una cerveza.

    Tras unos minutos de espera, veo la llegada de Lucía, viste un traje largo en color esmeralda, con unas perrerías que brillan y resplandecer su rostro, su cara bien maquillada, su pelo castaño ondulada su melena, la cual cubre hasta sus hombros unos labios carnosos que resalta con su pintalabios rojo, me fijo en sus zapatos, mismo color del traje y altos de tacón de aguja. No puedo resistirme y al llegar a mi altura, le digo un gentil cumplido.

    C. Donde dejaste a la joven de tejanos y deportivos, que me acompañaba en el avión?

    L. Pues la he cambiado por una elegante joven que desea acompañar a un apuesto galán, para recoger un importante galardón.

    Tras los cumplidos, la pareja abandona el bar del hotel y se dirigen a recepción para solicitar un taxi, el recepcionista, les indica, que en tres minutos estará el taxi, esperándolos en la puerta de entrada. Nos dirigimos a la entrada y efectivamente tuvimos que esperar poco, de seguida llegó el Taxi, nos habíamos montado los dos en la parte trasera, nos colocarnos los cinturones, tras las indicaciones del taxista, le indico la dirección donde nos dirigimos.

    El tráfico era muy elevado, así que el trayecto sería un poco más lento, en unos veinte minutos el taxista nos dice. -Caballero, hemos llegado a su destino. Le abono la carrera al taxista y me bajo por la puerta izquierda, me dirijo a la puerta trasera derecha, para abrir la puerta a Lucía, le ofrezco mi brazo y ella agarrándose baja del taxi, cuando me aseguro que su traje esté fuera por completo y cierro la puerta del taxi.

    Nos dirigimos hacia la zona de recepción de los participantes, donde tras identificarnos, nos hacen entrega de la nota informativa sobre el acto y nuestros asientos y nos indican, que pasemos al interior por la puerta de la zona derecha, al mostrador.

    Tras pasar la puerta, pudimos observar a compañeros de la profesión, con los que intercambiamos saludos. Uno muy especial para mí, el de mi anterior jefa, Carmela con la que me intercambio un fuerte abrazo y unos besos en la mejilla. Y me comenta, que guapo y galán te encuentro, llamo a Lucía y se la presento a Carmela, se saludan e intercambian unos besos cuando nos marchamos, Carmela me comenta.

    C. Es muy guapa tu compañera, y por lo que me han comentado, muy inteligente, me gusta para ti como pareja, en la espera Lidia escucha atenta las palabras de Carmela para Carlos, y la respuesta de este

    C. Todo se andará y si surge el amor lo cuidaremos, ten por seguro que te lo diré.

    Carlos se acerca a Lidia y sin comentar nada de lo conversado con Carmela, le dice a Lidia, vamos para el interior de la sala y localizamos nuestros asientos.

    Antes de pasar a la sala del acto, han de cumplir con el protocolo de las fotografías, para los medios informativos acreditados y para la organización, Carlos se coloca delante de fotocool, y a su lado Lidia, ella le pide que se arrime a ella, y él se acerca y pasa su brazo izquierdo por su cintura y de esta forma tan cercana, posan unos segundos para cumplir el protocolo.

    Tras la ceremonia de los premios de publicidad, donde recogimos Lucía y Yo, el premio concedido a nuestra firma, por una campaña de promoción turística de una Comunidad autónoma. Pasamos a una inmensa sal, donde de ofrecía un coctel allí nos separamos Lucía y Yo, para intercambiar impresiones y saludos con colegas de la profesión, pasada un par de horas, me pide Lucía, si podemos marcharnos al Hotel, cosa a la que accedí rápidamente, pues no sabía cómo librarme de una comercial de la competencia.

    Tomamos un taxi y de camino al hotel, mantuvimos un acercamiento entre los dos, donde tras un pequeño incidente, (nos inclinamos los dos al mismo lado, para anclar el cinturón de seguridad) y sin querer rogamos nuestras caras, quedamos frente a frente y besé ligeramente a Lucía, Elle me agarró la cabeza, para que no me separará, y seguimos besándonos, interrumpió dicho momento el taxista, pidiéndonos el destino donde tendría que llevarnos.

    C. Disculpe usted, llevemos al hotel Sofía Barcelona.

    Ya puestos en marcha, Lucía reposa su cabeza sobre mí hombro derecho y yo le rodeo con mi brazo y acarició su oreja, su nariz , su cara y levantó su cabeza apoyándome en su barbilla, para besar sus labios cálidos, ella entre abre su boca y nos mordisqueamos los labios ella mientras tanto posa una de sus manos entre mis piernas, yo me dejo llevar y empiezo a sentir como mi sexo se inicia a endurecer, cercano ya al Hotel, recomponemos la postura y nos miramos fijamente, antes de bajarnos del taxi. Mientras yo abonada la carrera, ella se baja y me espera en la puerta del hotel.

    L. ¿Te subes a la habitación o nos tomamos una copa en el bar del hotel?

    C. Vamos a tomarnos esa copa.

    L. Ve pidiéndome una copa, voy a cambiarme, este traje es muy incómodo.

    Carlos se marcha al bar, y se coloca en una zona con sofás en semicírculo u mesa baja de cristal al centro, situado un poco escorado a la puerta de entrada, pero pudiendo verla puerta de entrada, para que Lidia le pueda localizar. Mientras tanto llega el barman y le toma nota a Carlos.

    C. Póngame dos cocteles de la casa.

    B. Enseguida caballero.

    Pasado unos minutos, Carlos ve la entrada de Lidia y se coloca de pie, para que ella pueda localizarle, Carlos le levanta la mano y permanece de pie delante del sofá. Mientras Lidia se acercaba a la mesa, Carlos puede observarla detenidamente, una figura fina delicada, con un paso de firmeza, vestía una camisa de mangas largas, anudada a la cintura y un pantalón color beige con un estampado de círculos negros y dorados, que resultaban su silueta, donde Carlos antes no se había fijado. Carlos ve a Lidia ahora de otras formas distintas a la de una simple compañera de trabajo. Este repaso visual de Carlos y sus pensamientos, se interrumpen de momento, por la llegada del barman.

    B. Señor aquí le dejo sus cócteles.

    Carlos besa a Lidia y le invita a tomar asiento a su lado, acto seguido le ofrece la copa y ambos brindan por este momento. Los dos tras el sorbo del coctel, se quedan fijos mirándose, Carlos se ha desprendido de la chaqueta y la pajarita. Se acera a Lidia y la rodea con sus brazos, retomando el momento del morreo en el taxi. Lidia se deja llevar y los dos entreabren sus bocas y ambos se mezclen en un apasionado beso, Carlos acaricia la piernas de Lidia y ella hace lo mismo con Carlos, este baja una de sus manos, para coger un pecho de Lidia, ella hace lo mismo y acariciaba con suavidad los pezones de Carlos, ambos se dejan llevar por la pasión y Lidia desabrocha la camisa de Carlos y baja la cremallera del pantalón, siente la dureza del pene de Carlos, mientras Carlos a desanudado la camisa de Lidia y puede ver un pecho mediano pero rígido con unos pezones grandes, que acaricia con ligeros masajes, para ponerlos duros. Lidia está acariciando el pene de Carlos por encima de los bóxer, Carlos siente como su pene se endurece bastante, y ve como Lidia se afloja el pantalón y lleva una de las manos de Carlos hasta dentro, para que acaricié su sexo. Ella le besa y Carlos, le pide.

    C. Vida (dirigiéndose a lidia), ¿nos vamos a la habitación?

    L. Será mejor, aquí hay muchos curiosos.

    Carlos se recompone y se va a la barra para abonar la consumición. Mientras Lidia se ha recompuesto sus ropas y va hacia Carlos, los dos se dirigen al ascensor, cogidos de la cintura y besándose. Entran en el ascensor y el beso y las caricias vuelven hacer protagonistas de este breve recorrido del ascensor. Llegados a la planta, salen del ascensor y se van a la habitación 233, que es la que ocupaba Carlos.

    Nada más cerrar la puerta los dos nos entregamos con pasión, ansiedad con nuestros besos y caricias, en breves momentos estábamos desnudos uno frente a otro.

    Lidia con una estatura de 1’65. Ojos marrones claritos, labios carnosos, su pelo es castaño y le llega sobre los hombros. Sus tetas son pequeñas pero tiene unos pezones duros, su cintura es plana y Al darle la vuelta, se ve una recta espalda y su culo es respingón y muy bonito. Sus piernas son suaves y su vulva siempre depilada con unos labios vaginales anchos.

    Carlos de 1,80, cuerpo musculoso, resaltando sus pectorales y abdominales no muy marcados, sus ojos verdes claro, sus piernas tersas y de piel muy suave, al girarse se observa una espalda musculosa y un culo apretado y duro, que acaba en unas piernas largas, como largo y enorme es su miembro viril.

    Los dos desnudos frente a frente, Carlos coge a Lidia en sus brazos y la deja sobre el borde de la cama, levanta las piernas de Lidia, dejando bien visible y de fácil acceso el coño el cómo y el ano no virgen de Lidia. Ella coge sus piernas por sus tobillos y las lleva para detrás, Carlos se arrodilla y comienza a lamer el coño de ella, desde abajo arriba, parándose en ese clítoris jugoso y lubricado de los fluidos de ella, Carlos con su pene muy erecto y duro, pasa su órgano por el coño de Lidia, desde el clítoris hasta el culo y sube iniciando una suave penetración de su vulva, el pene de Carlos fue entrando suavemente en el coño de Lidia llegando muy profundamente, volviendo a salir y entrar cada vez con más ritmo, una de estas veces penetro del tirón hasta muy dentro, Lidia apretó el pene fuertemente en el interior de su coño , le grito a Carlos. ¡Sigue más sigue!, Carlos siguió y estaba a punto de eyacular cuando Lidia arqueado su espalda y con grandes espasmos de su cintura, suelta un gran chorro de sus líquidos, que hace que Carlos retire su pene del interior del coño.

    Carlos con su pene aún duro, lo moja y lubrica en los líquidos derramados de Lidia y con las manos lubrica con estos líquidos el culo abierto de Lidia para posteriormente penetrarla de forma suave y despacio, que se torna cada vez más rápido y Carlos aguanta poco más y se corre con una gran eyaculación llenando con su caliente leche el culo de Lidia. Retira su pene y ve como su semen empieza a salir del interior del culo de Lidia, se levanta y se arrodilla delante de Carlos, toma el pene de este, mojado y sabroso y se lo lleva a su boca, lamiéndolo el glande y lo introduce entero hasta su garganta. Tras esta mamada, ella deja a Carlos de pie y Lidia regresa a la cama, extendiendo su cuerpo desnudo y mojado en su sexo, Carlos se coloca al lado de ella y ambos acariciando sus sexos entre enlazan sus piernas, quedándose ambos en un profundo sueño.

    Un rayo de la luz matinal, se cuela por el hueco de las cortinas y resalta la cara de Lidia, despertándola de su placentero sueño, ella se levanta y se dirige al baño para darse una ducha y vestirse, Carlos una vez ha salido Lidia, hace lo mismo, pues en unas horas abandonan el hotel camino al aeropuerto para regresar a su ciudad.

    Ya en el avión y volando los dos se cogen de las manos y se besa, se ha iniciado una relación más allá de la que tenían como profesión, las palabras de Carmela se han hecho realidad.

  • Fugitiva (II)

    Fugitiva (II)

    ¡Congelada! Desperté en la bañera luego de un, literal, jodido día. Me tiritaba la mandíbula y al no encontrar toallas, me sequé con las sábanas de la cama mientras refregaba mis manos, brazos y piernas para entrar en calor. Era de noche y me corría el moquillo por mi nariz, cerré las cortinas del vidrio quebrado, ya que el viento frio que entraba me aseguraba una gripe. Tomé la ropa que traía y olía horrible, sudor, sexo y hasta a mierda. Ugh, sentía mi ano irritado y agradecía de la moderada dotación del pastor. Entumecida entre las sábanas buscaba ropa en el armario y cajoneras, algo de suerte¡! Una camisa blanca con quemaduras de cigarrillos y un bóxer de rayas de hombre. Ambos limpios y me quedaban casi bien…

    Ok, un respiro y ahora a ver qué diablos hacer. Eran las 5:30 am, mi pistola tenía 13 balas, tenía unos 100 dólares, cocaína, una navaja, al celular le quedaba poca batería así que lo apague. Estaba discretamente vestida y tan solo debía calmar mi hambre voraz. Aprovechando la madrugada salí de la habitación, el hotel parecía de buen nivel y debía tener cocina. Con precaución baje por el ascensor y en la planta baja buscaba la cocina, el hambre era terrible y la ansiedad crecía, tras unas puertas de acero encontré el paraíso. Corrí sin pensarlo, tire mi bolso y me senté en un taburete alto para tomar del galón de leche, luego las pequeñas tostadas con manteca y muffins. Yo solo comía sin pensar hasta escuchar tras mío.

    -Esos panes son de ayer chiquilla, en unas horas llegan los del día.

    Pensé en mi bolso y huir, pero urgh, en mis ansias de comer lo dejé al otro lado de la cocina. Me giré y encontré a un hombre gordete que se sostenía en una escoba, yo sin parar de comer lo observaba.

    -Está bien chiquilla, no sé cómo entraste, pero no hay problema. Come todo lo que quieras.

    -Gracias señor. -Contesté con la boca llena.

    El hombre siguió limpiando y hablando de que las cosas están mal, que cada vez hay más mendigos y gente pobre. Yo solo asentía sin prestar atención, lo que animó al hombre quien ahora estaba a mi costado mirándome de pies a cabeza.

    -No hablas mucho?

    Moví mi cabeza en negación, manteniendo mi perfil bajo mientras comía. Pensaba en que solo había una persona que podría ayudarme y quizás saber que estaba sucediendo, “el carnicero”.

    El gordete se animó más y mientras preguntaba cosas que ignoraba, puso su mano sombre mi muslo, acariciándolo. Di un respingo ahogándome con la leche.

    -No por favor. No siga.

    -No qué? Que te pasa chiquilla?

    El gordete seguía manoseando mi pierna, mientras pensaba en que no quería tener otro día de mierda, de que me usaran. Ugh. Alejé la mano del conserje y continué comiendo. Él fue a una despensa donde sacó unas bananas.

    -Te gustan las bananas? aquí tenés unas.

    Yo seguía en lo mío, solo necesitaba unos minutos más, pero el gordete ya se veía salido y con un bulto en su entrepierna.

    -Bah, que me ves? Buscas una banana de carne acaso?

    Tomó mi mano y la puso en su entrepierna, note su verga caliente y dura. Pero no! Me puse de pie y le propine una patadota en sus bolas, mientras se quejaba y se revolcaba en el suelo del dolor, yo tomaba las bananas, mi bolso y huía del lugar.

    Salí por un portón que daba al callejón, estaba amaneciendo por lo que ubicarme fue fácil y partí hacia el restorán del “carnicero”, donde podría buscar alguna ayuda, estaba a 10 cuadras por lo que caminaba rápido y con mirada atenta a la policía o quien fuera mientras comía las bananas del gordete.

    Al llegar al lugar noté dos camionetas negras, donde varios sujetos se subían, cerraron las puertas y partieron raudos. Vestían de indumentaria militar negra con gorros y lentes. Decidí caminar al lugar y ver por la ventana, estaba vacío y todo desordenado. Saque mi pistola y entré con sumo cuidado de no emitir ruido, solo se escuchaba un hombre tosiendo al fondo. Era él quién al verme atino a apoyarse sobre la mesa casi desarmada.

    -Heyyy Marie. Que haces aquí? Vienes a terminar el trabajo?

    -Que? No! Que paso? Quien hizo todo esto?

    -El mismo que nos traicionó nena. Ven ayúdame y te cuento todo.

    Lo tomé del brazo y lo ayudé a llegar al subterráneo que estaba desordenado tal como arriba. Lo recosté en un sillón y noté que estaba todo golpeado, con ojos hinchados y nariz rota.

    -Oh no. Qué pasó?

    -Sucede que Alex nos traicionó, le vendió su alma al viejo Rodríguez y acabó con todo, con todos en un abrir y cerrar de ojos, el maldito desgraciado asesinó a todos!

    -Pero como, por qué?

    -No lo sé. El dinero imagino, quizás qué le ofreció Rodriguez.

    -No puede ser…

    Si había alguien de temer, ese era Alex. Sin duda el mejor de todos, hasta me entreno a mi en disparo. Maldición!!!

    Acompañe al viejo carnicero todo el día, lo ayude en sus heridas y hasta comimos mientras me contaba como sucedieron las cosas.

    -Solo quedas tu Marie. Quédate esta noche y mañana partes a la frontera donde “el erizo”. Ahí te salvaras, no han llegado tan lejos estos cretinos.

    -Pero, no se puede hacer algo? Por ultimo eliminar a Alex.

    -Se podría, pero se llevaron todo y los demás están muertos o en la cárcel.

    -No!. No me puedo quedar así.

    -Tienes suerte, puedes comenzar de nuevo.

    -Prefiero perder la vida a que vivir otra nueva.

    -Mmm te entiendo nena, siempre has sido muy comprometida.

    No podía quedarme dormida en la noche, me daba vueltas en la cama pensando en que hacer. Veo una sombra en la puerta.

    -Sabia que no podías dormir Marie.

    -No, debo hacer algo. Por ultimo verle la cara al maldito.

    -Mmm mira, se me ocurre algo. Pero entiendo que no quieras participar en algo así.

    -Dime

    -No es para eliminar a Alex, bueno, no directamente.

    -A que te refieres?

    -Está la oportunidad de que elimines a Rodríguez. Así algo sacaremos.

    -Ok. Voy, dime como.

    -Mmm bueno. El viejo Rodríguez es inalcanzable a través de un asalto o tiroteo, ni siquiera envenenado. Pero tiene la debilidad de ser un jodido pederasta y mañana tendrá unas de sus “fiestas”. Tendrías que infiltrarte y buscar estar cerca de él para eliminarlo.

    -Ohh, ya veo.

    -Tu? Tienes experiencia, digo, un novio o algo… eres activa sexualmente?

    -Mm si. No hay problema en eso.

    -Ah bien. Bueno eres de las reclutas más jóvenes que aceptamos junto a Helena, no te mandaría a algo así a no ser que tengas chances y las tienes.

    -No tengo problema, pero como entro a algo así?

    -Tengo un contacto, un facilitador, él te ingresara a la fiesta. Pero ahí dentro te las tienes que ver tú. Se entra sin armas ni bolsos, además te pueden reconocer. Quizás Alex este ahí también o alguno de sus monigotes.

    -No hay problemas acepto. Mañana me preparas. Ya?

    -Así será.

    Me dormí pensando en la misión y desperté en ella.

    En el desayuno conocí a la pareja de don Tomas, así se llamaba el “carnicero”.

    -Tendrás que acompañarnos a nuestra casa y ahí te personificaremos.

    -No hay problemas, vamos.

    Partimos los tres rumbo a la casa, me escondía bajo el asiento trasero para pasar inadvertida.

    Luego de almorzar una abundante “ultima cena”, procedimos con lo acordado. Cortaron mi cabello a modo de dejarme dos moños atados y tiñeron mi pelo por capas de color naranjo y blanco. Luego usando ropa de su hija, me vistieron con una jardinera de mezclilla y una polera de anime, unas snickers violeta de lona y para finalizar un pintalabios morado y sombras tenues en los ojos. En el espejo parecía una adolescente cualquiera, pero con un gran par de senos.

    -Mm si bien te ves como niña, tus lolas dicen lo contrario nena. Qué edad tienes?

    -19, no tiene un corpiño pequeño?

    Le respondí a la pareja de don tomas.

    -A ver pruébate este, es de mi hija y te va a apretar bastante.

    Me puse el corpiño y efectivamente me quedaba apretadísimo, pero ocultaba mis senos que bajo la ropa, pasaban inadvertidos.

    -Le voy a coser un botón para asegurar.

    Eran las seis de la tarde y estaba lista para la acción. Mientras conducía, don tomas me daba concejos.

    -Te dejaré en la estación de subte, de ahí vas al local de videojuegos del muelle, ahí preguntas por Gabriel, esa es la clave: “Gabriel”. Él te verá y te llevará a la fiesta. Toma, por si lo necesitas.

    Don Tomas me pasa un sobre pequeño azul.

    -Qué es esto?

    -Es una especie de cloroformo, lo haces explotar en la nariz o boca de alguien y se duerme al instante, es todo lo que me queda, yo guardarė tus cosas y si todo sale bien mañana te recojo aquí mismo entre las cinco y siete de la mañana, mas no te puedo esperar.

    -Entiendo, no me atraparan don Tomas y no te delataré.

    -Nena, al final todos hablan. Vamos ve y cumple, recuerda tu entrenamiento y termina con esto. Suerte.

    -Gracias.

    Me baje del auto rumbo al metro, me metí al vagón donde podía ver mi reflejo en el vidrio, era una chica no mayor a 15 años.

    Al llegar al muelle pasaba inadvertida, era una niña más del montón y en la tienda de videojuegos más aún. Me mantuve observando el entorno, compre un dulce chupete y observaba a todos. Hasta que encontré un tipo misterioso, de aspecto muy formal para el lugar, me dirigí a hablarle.

    -Hola, conoces a Gabriel?

    -No chiquilla, vete.

    Uhm. No era él, bueno, pregunté a otro tipo, a una chica, al cajero y nadie lo conocía. Iba a preguntar al conserje cuando siento una mano en mi hombro que me detiene, era el primer tipo a quien pregunté.

    -Hey chiquilla. Shhh. No sigas que me vas a delatar.

    -Mmm usted es Gabriel?

    -No, pero te puedo llevar a él, pero habla despacio. Ven

    El tipo me llevo al pasillo de mantenimiento y me hizo entrar a una puerta, estaba todo escuro.

    -Bueno, bueno, bueno. Regístrenla.

    Al decir esto siento varias manos que quitan mi bolso y tratan de revisar mis bolsillos. Me sacan la billetera y unos papeles.

    -A ver, vamos viendo. Mmm no tienes identificación. Ni tarjeta escolar. Qué edad tienes?

    -Quince. aun no saco identificación.

    – A si? eso vamos verlo. Y tu tarjeta de estudios?

    -La deje en casa. No quiero que sepan mis datos.

    -Ok, ok. Entiendo, dame tu manito si?

    Extiendo mi mano y toman un dedo que lo pasan por un detector de huellas digitales. Luego se enciende una pantalla que anuncia:

    -“SIN IDENTIFICACIÓN”

    Era una ventaja en la organización tener adolescentes que no se ingresen en el sistema y yo era una de ellas.

    -Muy bien, no figuras. Como supiste de Gabriel?

    -Una amiga me dijo.

    -Y te dijo que hacemos?

    -Si, una fiesta y que dan dinero.

    -A muy bien y sabes lo que hacen en la fiesta verdad?

    Yo actuaba y estaba comprometida con mi personaje. Actuaba algo nerviosa e inocentona.

    -Sip.

    -Y estas segura? Por qué quieres participar de algo así chiquilla?

    -Ehm quiero un iPhone.

    -Ah un iPhone. Toma, ten el mío.

    El tipo enciende su celular y me lo muestra.

    -Quiero uno nuevo, ese lo puedes bloquear.

    -Ahh bien, inteligente la nena. Ok. Prende la luz.

    Encienden la luz, el tipo al que hablé está en la puerta, hay otro con pinta de matón y el que me hablaba está sentado frente a mi con un computador. Quien se queda viéndome.

    -Mm muy linda, haber media vuelta.

    Me giro en mi misma.

    -Bueno, revísenla si?

    Dicho esto el matón se acerca a mi pidiéndome que me sacara mi jardinera, cosa que hice actuando asustadamente. Con sus manos palpa mi calzón y mis senos por sobre la polera. Mientras otro revisa mi bolso.

    -No tiene nada señor.

    -Ok, ok, muy bien chiquilla. El autobús mágico saldrá en quince minutos y regresara aquí mañana a mediodía. Espero no te esperen en casa.

    -Vivo en un hogar de acogida…

    -ah pobre chiquita. Llévenla.

    El matón me toma del brazo y me lleva por otra puerta que da a la parte de atrás a un lugar donde nadie entra, que da al mar y donde esta estacionada una camioneta, me mete dentro y me acompañan 3 chicas más.

    -No hablen.

    Todas de mirada baja y en silencio esperamos unos minutos hasta que entra otra chica con el matón. Todos dentro la camioneta partimos con rumbo desconocido. Trato de ver por dónde vamos, mientras trato de pasar desapercibida junto al resto. Solo sé que se hace oscuro y de reojo veo edificios altos. La camioneta ingresa a un subterráneo donde hablan por un citofono.

    -Soy yo, traigo las pizzas.

    -Adelante.

    Se abre un portón y luego se estaciona. Abriendo la puerta.

    -Cuantas son.

    -cinco.

    -Ya, ponle el saco y júntalas con las otras.

    El matón nos pasa unas bolsas de género para nuestras cabezas.

    -Pónganse esto y no hablen.

    Con la bolsa puesta, solo veía mis pies y nos llevaron del brazo hacia una pared donde esperamos de pie.

    -Las quiere todas.

    -Ok, ok. Muévanse.

    Nos indican caminar en fila una tras otra tomadas de las manos. Se siente un ascensor donde ingresamos todas pegadas entre si. Suena la campana y salimos del ascensor. El piso era de alfombra oscura y se escuchaba música de fondo, a medida que avanzábamos crecía el ruido, el humo de cigarro, risas y conversaciones. Ingresamos todas a una habitación con sillones donde nos liberaron de la bolsa.

    -Ahora esperen aquí.

    Miraba a las otras chicas debemos haber sido unas 8 en total, algunas nerviosas otras tristes y otras con cara de nada.

    -Si alguien quiere ir al baño, este es el momento, está ahí en la puerta azul.

    Un par de chicas fueron y yo también aproveche de orinar y verificar en mi calcetín el cloroformo.

    Esperamos como una hora cuando nos avisan.

    -Ya, tú y tú vienen conmigo.

    Ambas chicas con cara de nada partieron con él, se notaba que habían venido antes.

    -Ok, ok. Van a pasar una por una y se van a ir con el que las llame, ok?

    Una a una fueron pasando hasta que me toco a mi.

    -Camina por el pasillo mano derecha al fondo.

    Se escuchaban risas y música suave. Al llegar a la puerta y abrir veo una lluvia de luces y flashes que me indican caminar por lo que parece ser una pasarela. Veo varios hombres y a chicas junto a ellos. Camino hasta quedarme parada tomándome los codos.

    -Quien dijo yo? Quien dijo yo? Por esta blanquita. Pelo naranja?!

    Varias voces y gritos clamaban, aquí! Aquí! Y otros levantaban las manos. Finalmente el tipo me llevo de la mano a uno de los cubículos, donde habían dos hombres mayores, asiáticos con pinta de banqueros o algo.

    -Hola preciosa siéntate aquí al medio.

    Era un sillón curvo de cuero, al frente había una mesa llena de licores y bocadillos.

    -Cómo te llamas?

    -Valeria.

    Los tipos reían y me miraban mientras bebían licor. Trataba de ver los otros cubículos para ubicar a Rodríguez, quien era un tipo de pelo cano y algo moreno, si veía su rostro podría reconocerlo. Pero me interrumpió un mozo que traía una bandeja.

    -Caballeros les traigo el pedido.

    -Oh muchas gracias.

    -Si gracias.

    Le dieron unos cuantos billetes al mozo quien contento se retiró del lugar. La bandeja traía tres tragos y unas dosis de cocaína que los tipos esnifaron frente a mi. Luego me dieron el vaso central y me hicieron brindar.

    -No quiero beber.

    -Anda bébelo chica, es solo un traguito.

    De malas ganas lo bebí, no era fuerte para nada y lo bebí entero mientras los otros tipos se estremecían del envión del trago. No tardaron en comenzar a tocarme, lentamente sus manos recorrían mis piernas mientras uno trataba de besarme. Desbrocharon mi jardinera y la jalaron con fuerza, con el remezón me di cuenta que estaba adormecida. Tenía a ambos tipos tratando de abrir mi corpiño, reían al no poder hacerlo. No podía mantener la mirada fija ni menos defenderme de sus manos, ni de sus besos. Sentía que me devoraban la boca turnándose, mientras jugaban en mi rayita con sus dedos.

    Finalmente uno de ellos cortó mi corpiño con un cuchillo, liberando mis senos cosa que los volvió locos, rápidamente me sacaron la remera y ya los tenia mamándome uno a cada lado. No entendía lo que decían, pero se notaban eufóricos y reían. Sus dedos comenzaron a entrar en mí turnándose en devorar mi cuerpo.

    El mesero se acerca a fisgonear y lentamente cierra una cortina roja sin perderme de vista. El tiempo pasaba muy lento y ellos no me dejaban recuperar mi foco. Estaban en camisas y se meneaban sus vergas bajo sus pantalones, hasta que uno de ellos se baja el pantalón y me avienta a su verga, mientras el otro me bajaba el calzón y procedía a lamerme toda.

    El tipo no aguantaba y abrió mi boca con su dedo metiéndome su verga en la boca, me guiaba arriba y abajo para que se la mamara, pero apenas podía moverme, así estuvieron no se cuánto tiempo, ya estaba perdida. Me giraban como querían usando mis moños como manillas, poniéndome sus vergas en la boca y metiendo sus dedos en mi chocho. Ya me sentía, sin quererlo, excitada por dentro y ellos celebraban vertiendo licor en mi culo y bebiéndolo de ahí mismo. Uno de los tipos se ausento, no sé por qué, por lo que al quedar más desprotegida trataba de reaccionar y escapar, le estaba mamando la verga en el sillón, mientras que me cogia con un dedo el culo y otro mi chochito.

    Fue ahí que desperté un poco, lo suficiente para poder moverme y levantar cabeza, pero el tipo me la bajaba cada vez que lo hacía. Por lo que en un movimiento rápido me levanté y le pegue un rodillazo en la entrepierna, entre sus quejas me pongo la remera y llega el otro tipo a ver que le pasaba a su amigo. Le aviento una botella en la cabeza y ambos comienzan gritar, no lo pienso mucho, saco el cloroformo, lo reviento y les aviento en sus narices, inmediatamente se durmieron, los posicioné como si durmieran de ebrios y salí del cubículo entreabriendo levemente las cortinas. Afuera se escuchaba ruido de fiesta, traté de caminar pero estaba aún desorientada y torpe con mi cuerpo.

    Tontamente y por la escaza luz que había comencé a deambular y deambular, tome una botella de whisky y buscaba en los cubículos al maldito de Rodríguez, no me importaba nada. Hasta que logré encontrarlo, estaba ahí con dos tipos y una mujer, mi mirada fija lo puso en alerta y uno de sus matones vino a correrme. No dejaba de ver a Rodríguez y él en alerta se acerca a mi.

    -Ey momento lobo, no la corras.

    Se acercó a mi con una sonrisa y extrañado.

    -Y tú? Andas sola?

    -Se quedaron dormidos. Quiero mi iPhone.

    Gesticulaba como si estuviera drogada.

    -Ja, tu iPhone? Yo te daré tu iPhone preciosa. Ven.

    Me cogió del brazo y me llevaba tranquilamente.

    -Que nadie me moleste lobo.

    -Si señor.

    Y como perro guardián aguardó tras la puerta de la habitación. Rodríguez fue al baño mientras yo me senté en la cama pensando en cómo deshacerme de él. Miraba el velador, la cómoda y no encontraba algo con que hacerlo.

    -Que buscas bebe?

    Yo no respondí, pensaba en golpearlo con la botella, pero estaba adormecida aun.

    -Ah, te deben haber dado ese trago cierto? Se pasa si bebes del licor que traes.

    Tan estúpida estaba que le hice caso y tomé unos sorbos, enjuagándome la boca mientras él se desvestía, era delgado pero de cuerpo trabajado y con algunas cicatrices en su pecho y abdomen lo veía mientras bebía algunos sorbos del licor y al bajar su slip me quede viendo su verga pálida.

    -Te gusta?

    Yo solo bebí otro sorbo. Mientras se acostó en la cama meneándose su verga.

    -Ven bebe.

    Estaba lista para golpearlo pero noté que el alcohol definitivamente no ayudo, sino que me volvió más torpe.

    Desde atrás se arrimó a mi, soltándome la botella y levantando mi remera, que era lo único que llevaba. Levante mis manos viendo pasar la remera de anime por mi rostro.

    -Oh siii. Que tetazas.

    Tomo mis senos por detrás mientras me besaba el cuello. Él estaba caliente a no poder, su respiración agitada y sus manoseos por mi cuerpo lo demostraban. Cada mano cubría cada uno de mis pechos y los estrujaba, apretando mis pezones entre sus dedos, presionaba mis pechos hacia arriba y los dejaba caer mientras recorría mi cuello con sus ásperos labios. Me apretaba a su pecho sintiendo su empalmada verga en mi baja espalda.

    -Cómo es que no te vi en la subasta. Me encantan las pendejas tetonas como tú.

    El viejo Rodríguez me tenía a su total merced. Y no podía mantener mi foco, para peor me tomo de mis caderas y me recostó sobre la cama, abrió mis piernas y comenzó a hacerme sexo oral, que lo encontraba maravilloso!¡

    -Oh nena, se nota que te han jodido y culeado, me encanta, me encanta!

    Yo era un monigote para su placer y encima mío no tardo en penetrarme, lo hacía salvajemente y sin parar. Me arrancaba gemidos tras gemidos no podía evitarlo, es más, lo ansiaba!

    Su boca buscaba la mía y su lengua revolvía hasta mi paladar, luego bajaba a mis pechos con pezoncitos duros y erectos de calentura, los chupaba y lamia mientras metía su pulgar en mi boca, el cual yo chupaba como una bebita. Creo que hasta me corrí, no lo sé, pero estaba full excitada con el tipo que debía eliminar!

    Cuando cambio de posición juntado mis pies, tuvo que desbrochar mis zapatillas y sacar mis calcetas mientras sentía su verga palpitante dentro de mi, juntó mis pies y los lamia con devoción mientras sus manos las mantenía en mis caderas, agarrándolas fuertemente con sus embestidas, estaba en éxtasis y gemía sin darme cuenta.

    -Eso nena, eso nena!!! Toma, toma!!

    Sus embestidas pasaron a ser penetraciones fuertes y rápidas mientras me sostenía de mis muslos, mientras yo veía su cara de gozo total y sus ojos muy abiertos. Y entre bramidos se corrió dentro de mi como no había sentido nunca.

    -Oh oh nena oh oh nenita si si!!!

    Respiraba en mi oreja mientras me abrazaba encima. Estábamos sudados y cansados, recuperando nuestro aliento nos tumbamos en la cama.

    -Ooff uff. Que cacha nos pegamos bebe, eres un tesoro.

    Yo no me movía y aun tenía esa imagen de su cara de gozo total y sus ojos, sus ojos oscuros abiertos como platos.

    Al rato me dice:

    -Aun tenés la botella? Me dejaste supongo.

    Reacciono y voy por ella gateando en la cama y estirándome hacia el suelo, la tomo del gollete y pienso que ahora es cuando.

    -Uff bebe. Que vista, que lindo culo tenés.

    Él se incorpora tomándome de las caderas y jalándome hacia él. Pienso en golpearlo con la botella, pero me quedo quieta frente a él.

    -Gracias bebe.

    Él bebió bastante de la botella y luego me la da mi, bebiendo hasta acabarla.

    -Ok bebe, vení y mámamela.

    Yo zombi me acerco a hacerlo, está flácida y tiene gusto a corrida, a mi corrida!

    La tomo de la base meneándosela para que pronto se ponga dura. La degusto con mi lengua y sigo con mi mano hasta que se empalme bien. Su mano toma uno de mis moñitos guiándome a su glande hinchado, el cual degusto en mi lengua y paladar, me mantiene un rato metiéndomela hasta el fondo y retirándola solo cuando me ahogo. Lo lleno de babas.

    -Lame mis bolas si?

    Sin dudar me meto entre sus muslos y lamo sus bolas peludas hasta tomar una con mis labios y engullirla.

    -Oh nena que bien lo haces. Serás mi puta, mi bebe personal.

    Sabían saladas y algo de asco me daba, pero quería seguir al final, mientras me componía.

    El golpeteo de la puerta nos despabila alejándome de el.

    -Qué pasa?

    -Señor, es hora ya.

    -Ah, bueno.

    El maldito se separa de mi y se para de la cama, me entra el pánico y él lo nota.

    -Lo siento bebe, pero debo ir a ver unos negocios, pero quédate aquí y me esperas.

    -Pero… peroo…

    -Ah lo siento nena.

    No encuentro que hacer y solo atino a lamer mi dedo, poner cara de inocente y juguetear con mi culo. En un instante se da cuenta.

    -Que haces bebe?

    -Me la mete por el culito?

    -Oh nena ooh uff.

    Hace unos gestos de gustos y piensa.

    -Ok bebe.

    -Lobo, avisa que llego en treinta ok?

    -Si jefe.

    Se había puesto la camisa y así tal cual se acerca a mi nuevamente, juego mi papel y le entierro mis dedos en la espalda, para luego tomar su verga y masturbarlo. Él se deja querer mientras me abre el culo.

    -Estas segura bebe? Yo culeo con ganas eh.

    -Si, dámela toda.

    Fuera de si por la calentura de mis palabras, me gira y en un dos por tres mete su lengua en mi culo, la mete con fuerza durante un tiempo, para luego meter su dedo áspero y escupir hacia dentro, mete todos sus dedos uno por uno hasta siento los anillos que lleva puesto.

    -Anda bebe. Pon el culo al aire.

    Lo hice abriendo mis ancas.

    -Eso, que hermosura.

    Su dedo taladraba mi culito, luego dos de sus dedos, hasta dejarme una abertura considerable.

    -Muy bien bebe. Ahí te va.

    Su glande está hirviendo y lentamente la introduce por mi culito, el cual trato de abrir y controlar mi esfínter. No había tenido una verga así antes dentro de mi.

    -Ah muy bien nena, muy bien. Ooh que apretadita.

    Sus manos en mis nalgas las apretaba fuertemente y las embestidas comenzaron a moverme. Y ya pronto me está culeando con todo, el sonido de mis cachetes era a alto ritmo y mis bramidos lo instaban a darme más.

    -Te gusta!? Te gusta que te culeen?

    -Sii. Sii. Ahrg ahhr ahhrg.

    Yo bramaba como enferma sentía el culo partirse y me estaba dando placer, un doloroso placer. La cama comenzó a moverse y la marquesa golpeaba la pared de forma escandalosa. Nunca detuvo su ritmo mientras azotaba mis nalgas con sus manotazos.

    Era una máquina, ya no sentía el culo y el hormigueo me hacía tocar mi botoncito. La cama parecía desarmarse y la pared derrumbarse no aguante y me metí mano para gozar como nunca antes, sentía sus bolas chocar con mis dedos y entre éxtasis de gemidos me corrí hasta casi mearme. Sus embestidas seguían pero se notaba su cansancio mientras la puerta sonaba otra vez, pero tome la iniciativa.

    -Déjame arriba, déjame cabalgarte.

    -Oh si nena, leíste mi mente.

    Me soltó y saco su verga mientras me ponía de pie sobre la cama, observe la botella que estaba en la punta de esta, la agarre dejándola tras de mi. Tome su verga que olía a culo y la introduje en mi ano donde comencé a moverme en forma circular, el masajeaba mis pechos y muslos. Bien, ahora es cuando, comencé a moverme rápidamente encima de él con mis tetas brincando hacia todos lados, movía mi cadera tanto como para arquear mi cuerpo hacia atrás, tomar la botella y aplicarle un tremendo botellazo en la cabeza!¡

    Pegó un grito tremendo y volví a golpearlo en la frente hasta romper la botella enterrándole el cuello roto en el cuello. Me despego de él y caigo al piso, donde paso bajo la cama mientras el viejo Rodríguez yacía ensangrentado, la puerta se abre y entra lobo, donde aprovecho de salir bajo la cama y con el gollete de la botella golpeo la entrepierna del corpulento matón. Cae al suelo y tomo su pistola, el reacciona forcejeando un tanto en el suelo, hasta que logro dar con el cañón en su mentón y disparo. La sangre salta y cubre parte de mi cuerpo desnudo.

    Termino con Rodríguez de un balazo en la cabeza, atino y me pongo la remera y las zapatillas, mientras vienen otros matones, certeros disparos acaban con sus gritos de alarma. Tomo sus armas y salgo en modo comando, disparo a lo que se mueve abriéndome paso al ascensor. Abajo el guardia llama por radio y lo atormento a balazos, no sé si le doy, aprieto el botón grande abriéndose el portón.

    Escucho a la policía y parto por las calles buscando refugio. Solo encuentro el pickup de una camioneta encendida, cuyo dueño debe haber estado en la botillería del frente. Reviso las balas de las pistolas una tiene 2 y otra 11. Desecho la de dos mientras la camioneta se mueve. Avanza un par de cuadras y se estaciona en una gasolinera cerrada, apaga el motor y salgo disparada de ahí corriendo. El sonido de múltiples sirenas me alertan que están cerca y solo encuentro en colector de lluvias, no lo dudo y bajo buscando refugio. Corro hasta cansarme y entre unas cajas y un sillón roto, me escondo y descanso. Mi corazón está que explota y pierdo la noción a ratos, despierto, pero no siento a nadie y me duermo otra vez.

    Ya está amaneciendo y debo llegar al metro. Me doy cuenta que estoy cubierta de sangre, además de un horrible dolor de cabeza y de culo. Me reviso y tengo todo sucio, pegoteado, me doy asco. Veo unos mendigos caminar y los detengo frente a una cañería de agua.

    -Alto ahí!! Deme su pantalón y tú, dame tu camisa. Ahora!

    Los dos viejos sorprendidos por la pistola, el extraño asalto y mi apariencia de terror comienzan a sacarse lo que les pedí. Con la ropa de los mendigos en el suelo, disparo a la cañería abriéndose un forado y liberando abundante agua limpia, me saco la remera quedando desnuda solo con mis zapatillas y me limpio aprovechando el chorro de presión, tratando lavar todo mi cuerpo y mi entrepierna mientras los mendigos no pierden vista de mi mientras me visto y me voy corriendo.

    Deben ser las 6 de la mañana calculo. Busco algún lugar donde pensar y ver opciones. Decido ir a la villa. Ahí encuentro ropa limpia en un tendedero, un buzo muy cómodo la verdad y una remera polo. Ahora podría subir al metro. Me acerco a una estación, guardando mi pistola entre el buzo y el polo. Entro en la estación que está casi repleta y espero el tren, calculando el cierre de puertas. Estaba en eso cuando veo dos policías con radio acercándose a mi mientras viene el tren.

    -Ahora o nunca.

    Corriendo salto los torniquetes, empujo a unas personas y de no ser que estaba repleto el andén, llegaría al carro de mujeres, pero llegué justo al de hombres. Me escondo tras unos tipos altos y respiro del alivio. Alguno que otro me veía de reojo, pero estaba a salvo y me bajaría una estación antes.

    Trato de ver algún reloj o celular y saber qué hora era. Pero no logro poder ver, solo cruzo mirada con un tipo afro que traía un reloj.

    -Disculpe, me puede decir que hora es?

    El tipo me mira extrañado y casi juzgándome.

    -Las 6:20.

    -Oh gracias.

    -Mm de nada, acaso vas a asaltar el banco o algo?

    -Que!? Como dice?

    -Que te metes en el tren mixto corriendo y te persiguen unos polis.

    Lo que menos quería era discutir así que obvie responderle.

    En la siguiente estación entró mucha gente por lo que me movieron hacia atrás casi aplastada, para mi sorpresa el tipo del reloj se pone tras mío! No tardó mucho en hacer de las suyas y puntear con su verga mi culo aun adolorido.

    Yo hacia el afán de moverme, pero era imposible con la cantidad de gente y más aún, quería evitar topar la pistola que llevaba adelante en alguien. Por lo que debía moverme mucho e incómodamente siento al de atrás hablarme al oído.

    -No te muevas tanto, no tienes nada que hacer, te metiste al vagón mixto y colada además.

    Maldito, de haber podido le pegaba un balazo en la verga, pero bah. Me daba igual luego de haber cumplido el objetivo, no me importaba, además me habían re-cogido por todos lados y pensaba que una arrimo no es nada. Así que lo deje hacer y me mantuve quieta, levantando el culo para hacer espacio para la pistola que llevaba y al parecer eso le dio ánimos al de atrás. Del punteo leve a mi culo pasó a poner sus manos en mis caderas y prácticamente afirmarse de mi, en la siguiente estación no subió ni bajo nadie, por lo que seguía en lo suyo.

    Cuando quiso acercar su mano adelante, pellizqué la suya, quejándose se desquito pegándose a mas no poder a mi culo, sobando su verga en él. Sentía un masaje sanador de su parte, su verga regordota y caliente calmaba mis dolores y en algo el ardor de mi entrepierna y mi culo. Se aproximaba la estación de salida y yo actuaba inmóvil, el tipo parecía por explotar y tal cual lo hizo por sobre el buzo que llevaba, refregaba limpiando su verga en mi y al abrirse las puertas salí corriendo del lugar oyendo que otros pasajeros comenzaban a discutir por lo ocurrido, reprochando al tipo afro que me aventó sus mocos en mi culo, no me detuve y al salir de la estación corrí sin parar por la avenida, tras unos runners pasaba desapercibida. Reconocí el auto de don Tomas en un semáforo y salte hacia su ventana, asustado abre la puerta y parte raudo al restorán.

    -Que paso?

    -Rodríguez eliminado. Nadie me vio y estoy ilesa, bueno, cansada.

    Le informaba mientras recuperaba mi aliento.

    -Entiendo.

    No hablamos mucho en el auto y el alivio de estar viva y haber cumplido la misión me tumbo, dormida sentí como don Tomas me sacaba en brazos del auto, me llevaba a una cama tapándome con una cobija.

    -Estarás aquí hasta que todo esté en orden ok?

    -Donde?

    -En la madriguera, temo que puedan volver a preguntar. Tu solo duerme si? Gran trabajo nena. Descansa.

    Con un beso en la frente me dejó descansando y me dormí al instante.

  • La juguete

    La juguete

    Como ya les conté terminé de la putita de mi jefe.

    Si bien me sirvió para dejar mis guardias nocturnas no terminaba de acostumbrarme a ser usada por el sargento Ricardo quien cada vez que se daba la oportunidad me cogia.

    Todo iba bien digamos hasta que a él se le ocurrió compartirme con sus superiores para poder escalar de rango.

    Una tarde después de una sesión de sexo me dice -putita vas a tener que darle las nalgas al oficial Manuel y al oficial Marcelo y te voy a pedir que seas obediente porque si yo asciendo vos también.

    Así fue que una noche tuve que dejarme coger por 2 hombres horribles que me usaron como a una puta. Al terminar fui al nidito de amor que tenía con el sargento Ricardo y en agradecimiento me dio el mejor sexo del mundo.

    Apenas llegué, me desnudé y de rodillas le pedía que me coja.

  • Buscando un single sin éxito

    Buscando un single sin éxito

    M&B somos pareja el de 38, ella de 33, llevamos viviendo juntos más de 12 años.

    Una noche recostados en la cama después de hacer el amor, mi esposo hizo una pregunta, que fue el inicio de una parte muy especial de nuestras vidas.

    Bernardo: ¿Pensaba si siempre será así?

    Mine: ¿A qué te refieres?

    Bernardo: Llegar a la cama, tocarnos, hacer el amor, terminar y dormir. No digo que esté mal o que sea aburrido.

    Pero ¿No sientes que podríamos darle un poco más de emoción?

    Mine: Yo también sentía que habíamos caído en la monotonía ¿Que se te ocurre?

    Bernardo: No sé más juego, algo diferente.

    Ese día dormimos con la misión de pensar en algo que nos ayudara a cambiar y salir de la rutina. Pero por más que volaba nuestra imaginación no se nos ocurría nada.

    ¡¡Hasta que!!

    Bernardo: Y si abrimos una cuenta falsa en Twitter?

    Una cuenta donde subamos contenido sexi y veamos que comentan las personas de tu cuerpo.

    Mine: No sé, me da miedo que pueda llegar a personas conocidas y que puedan reconocernos.

    Bernardo: Podemos ir bloqueando gente hasta que solo quede gente que no conozcamos y este lejos de nosotros.

    Mine: Está bien, pero pongamos una fecha y vemos si continuamos o la cerramos.

    Bernardo: Y creamos @jarochalinda (Morenita Sexii) subíamos contenido del siempre muy atractivo cuerpo de mi esposa.

    Mi esposa cabe señalar que posee unas piernas de ensueño que llaman la atención de cualquier hombre.

    Subimos las primeras fotos y las reacciones no se hicieron esperar.

    DM. Hola quiero que sepas que eres muy hermosa me gustaría conocerte.

    Mine: Hola muchas gracias por el momento solo quiero exhibirme en fotos, pero gracias.

    Queríamos contestar a todos, pero eran demasiados mensajes, de todo tipo: los educados y también los que sin saludar te muestran su pene y te dicen que te lo quieren meter en la boca.

    Recuerdo que bloqueamos a varios.

    Bernardo: Una noche antes de dormir, subimos una foto donde se veía a mi esposa recién bañada posando sus hermosas nalgas.

    Como título de la foto pusimos. «Que me harías»

    Mine: Recuerdo que me encontraba recostada boca abajo y leyendo en voz alta para que Bernardo escuchara.

    El admirador: Me escribía por mensaje privado y describía como le gustaría cogerme, el comenzaría besándome el cuello e ir bajando lentamente besando mi espalda.

    Mine: (En mi pensamiento me decía vaya por fin alguien que no sólo quiere meterlo)

    Admirador: Después darte pequeñas mordidas en tus hermosas nalgas y apretarlas con mis manos para después continuar besando tus piernas hasta llegar a los pies y también besarlos.

    Mine: Eso empezaba a calentarme, toqué a mi marido y sentí que tenía su miembro erecto.

    Al mismo tiempo mi admirador me enviaba una foto de su verga también muy firmé y me pedía que hiciera lo mismo, mi esposo sacó una foto de mi vagina y respondimos.

    Admirador: Eso me calienta mucho.

    Mi esposo comenzaba a seguir las indicaciones de mi (ciber amante) me besaba la espalda y después las nalgas hasta mis piernas, yo estaba encendida.

    Le envié mensaje al admirador. (Sígueme contando como me cogerías)

    Admirador: mojaría mis dedos con saliva y los introduciría lento en tu vagina.

    Mine: Yo sentía como entraban los dedos de mi esposo que seguía las órdenes de mi admirador al pie de la letra.

    Admirador: Con mi mano derecha seguiría tocando tu vagina y acercaría mi pene para que pudieras mamarlo.

    Mine: Mi esposo obedecía, sentía como poco a poco sus dedos entraban más y más aumentaba la humedad de mi vagina al mismo tiempo yo chupaba la verga dura.

    Admirador: Subió nuevamente una foto suya, donde se veía como un líquido transparente salía de la punta de su verga.

    Mine: Eso me encendió aún mas. (Nuevamente le enviamos una foto de mi vagina, donde la humedad era evidente)

    Admirador: Uff me gustaría estar ahí.

    Mine: Yo también lo desearía, creí que lo había pensado hasta que lo vi escrito.

    Admirador: Me gustaría empezar a mojar tu vagina con mis labios y beberme esos juguitos tuyos.

    Mine: Me puse sobre mi espalda y mi esposo comenzó hacerme sexo oral, al mismo tiempo yo escribía (Sígueme diciendo).

    Admirador: Enseguida levantaría tus piernas sobre mis hombros y comenzaría a penetrarte al mismo tiempo que con mi pulgar estimularía tu clítoris.

    Mine: Mi esposo me daba duro y con sus dedos jugaba con los labios de mi vagina, estaba encendido igual que yo, por un momento deje el celular en la cama hasta que escuche el sonido de un nuevo mensaje.

    Se trataba de mi admirador que envió un video donde se veía que se masturbaba.

    Mine: Yo terminaba intensamente y sentí como mi esposo explotaba dentro de mí al mismo tiempo veía en la pantalla de mi celular, el miembro de mi admirador empapado de su leche que seguía disparando y cayendo sobre su pecho.

    (Se antojo mucho)

    Fue muy intenso para mi esposo y para mí. Estoy segura que también para él.

    Al día siguiente en el desayuno platicábamos mi esposo y yo sobre el tema, nos había gustado mucho y coincidamos en repetirlo.

    (Mis ciber amantes me cogerían por medio de mi esposo)

    Veía a mi esposo muy emocionado, después del trabajo llego a casa, me comento que había comprado lencería para la noche. Estuvo revisando la iluminación de la recamara, la verdad yo también me sentía emocionada me arregle las uñas de las manos, también pedicure.

    Bernardo: Por fin llego la noche y mi esposa Minerva estaba en la ducha y yo estaba más que listo con el celular.

    Mi esposa salió del baño vistiendo un babydoll blanco, donde se trasparentaba debajo de este una delgada tanga de hilo.

    Mi esposa se recostó en la cama y yo me dispuse a sacar fotografías.

    Ella parecía disfrutarlo posaba de una y de otra forma, nos recostamos a revisar las fotografías y la que más nos gusto fue una donde se veía la planta de sus pies y al fondo de la imagen permitía ver sus hermosas piernas y nalgas. (Algo así como un relieve formado por montañas).

    Que vista!!

    Subimos la foto nuevamente y pusimos como título.

    (Denle a mi esposo ideas de qué hacer con esto)

    Estuvimos recostados unos momentos viendo el televisor, cuando por fin se escuchó el sonido de una notificación.

    Ambos nos apresuramos a revisar el teléfono.

    @AmanteDiscreto: Me gustó mucho tu foto, tienes unos pies muy bonitos.

    @AmanteDiscreto: Tengo fetiche por los pies, me excitan mucho.

    Mine: Y que te gustaría hacer con estos. (tomamos una foto de mis pies, donde se veía de fondo mi vagina)

    @AmanteDiscreto: Me gustaría poner mi pene en medio de ellos y frotarlo.

    Mine: Que más cuéntame me estas calentando.

    @AmanteDiscreto: Me gustaría ponerte en cuatro y lamer tu vagina. (Claro y seguir tocando esos hermosos pies)

    Mine: ¿Cómo así? Nuevamente una foto mía en cuatro. Mi esposo sacaba la foto y empezaba a seguir instrucciones.

    @AmanteDiscreto: Que rico se ve todo eso, me gustaría penetrarte. ¿Podría?

    Mine: Sígueme convenciendo, lo estás haciendo bien.

    @AmanteDiscreto: Mira cómo me tienes E(enviaba foto de su verga erecta, venosa, curveada)

    Mine: Que rico se ve “conteste”

    @AmanteDiscreto: Te tomaría de tus pies y te penetraría, así como estas en cuatro.

    Mine: Mi esposo me penetraba y yo levantaba mis pies para que los tomara, quería sentir la posición que describía mi amante.

    @AmanteDiscreto: Después te daría vuelta levantaría tus piernas y pondría esos ricos pies en mi cara mientras te doy duro hasta terminar adentro.

    Esa parte es muy importante para mí, terminar dentro y con tus pies en mi cara.

    Mine: Terminamos juntos mi esposo y yo, esta vez no hubo video y no supimos si @AmanteDiscreto también se corrió.

    Al día siguiente yo amanecí muy pensativa me distraía el pensar que en dos noches tuve contacto con 3 hombres, dos de forma virtual y físicamente con mi esposo.

    Bernardo: Te pasa algo te noto distraída, yo también estoy pensando en lo rico que ha sido todo. (Pero conozco esa mirada tuya) ¿Qué se te ha ocurrido?

    Mine: Que pensarías si invitáramos a uno de estos hombres para hacer su fantasía realidad.

    Este relato continuará…

  • Experiencia en el hotel “M”

    Experiencia en el hotel “M”

    ¡Hola queridos!  Soy Tania, travesti de closet y me gusta escribir por aquí mis experiencias.

    Hoy les contaré una muy reciente, apenas pasó la semana pasada.

    Esa mañana me desperté húmeda, muy caliente (bueno como siempre jiji) el punto es que, revisando algunas páginas de travestis y gays, me encontré con una publicación que hacía referencia al hotel «M» (no diré su nombre completo para evitar problemas) la publicación decía que en este hotel se podía hacer de todo y me llamó mucho la atención ya que estaba muy muy caliente y necesitaba «algo de acción» quien me conoce sabe que me encanta el sexo grupal donde yo soy la única «chica» en medio de varios machos y la publicación decía que en este lugar una podía dejar la puerta abierta de la habitación y darle paso a cualquiera que quisiera entrar.

    Al inicio no lo creí pero me causó mucha curiosidad y como no tenía mucho que hacer y nadie con quien salir, era domingo y mis amantes son casados ya saben ustedes… Pues me decidí a averiguar que tal estaba el lugar.

    Bueno, llegué al centro de la ciudad y busqué la dirección, cuando la encontré me dio algo de miedo, la calle era solitaria y la entrada era sólo una puerta muy pequeña, en ningún lugar decía que era un hotel, sin embargo mis calenturas pudieron más y entré… En la publicación decía que en el tercer piso sucedían las cosas más interesantes así que solicité ese piso, Yo iba vestido de chico pero debajo portaba medias de red blancas, tanga blanca de encaje y bra de encaje del mismo color transparente que dejaba ver mis pezones oscuritos.

    Con cara de pocos amigos el dependiente me cobró y me dijo que subiera, tomé las escaleras y justo al llegar al tercer piso me dieron la bienvenida varios hombres que deambulaban de un lado a otro el pasillo del hotel asomándose a las puertas de las habitaciones de ambos lados, todos con cara de lujuria, esa cara que adoro en un hombre, la misma cara del lobo a punto de comerse a caperucita roja jiji.

    Caminé entre ellos echando una mirada a mi alrededor y dándome cuenta que estaba en el paraíso… Mientras caminaba podía ver las puertas entreabiertas con varias personas adentro, pero lo que me puso a mil fue el sonido, se escuchaba a diestra y siniestra gemidos, gritos de placer y el sonido característico de una buena verga entrando y saliendo violentamente de un hambriento culo… ¡Justo lo que necesitaba y pedía a gritos!

    Me apresuré a llegar a mi habitación, al entrar cerré la puerta para cambiarme, me quité mi ropa de chico y quedé hermosa en ropita interior, mis medias de red blancas lucían deliciosas entalladas en mis moldeadas piernas, mi tanga ya estaba húmeda, mi bra estaba justo en su lugar (a veces es difícil mantenerlo en su lugar, ya que soy madura y mi cuerpo ya no es el mismo de hace años, pero me mantengo muy cuidada) guardé mi ropa en mi mochila y me puse mis zapatillas, blancas y muy altas, descubiertas con pulsera y solo una tira de piel pasando por el empeine… Estaba deliciosa, era de nuevo Tania, la hermosa diosa del sexo que solía ser cuando joven.

    Ya lista, caminé hacia la puerta con la intención de entreabrirla para que los hermosos machos de afuera pudieran mirar, no tuve que esperar mucho ya que mis zapatillas hicieron ese delicioso sonido de tacones en el piso ya que no tenía alfombra y al escuchar tacones, varios machos ya estaban buscando de dónde provenía ese hipnótico sonido.

    Abro la puerta y ya estaban unos tres machos de tipo promedio, morenos, medianos de estatura, medio panzones jiji pero a mí no me importa eso… Yo amo a los hombres en general… Si olor, su fuerza… Mmm, estaba muy caliente.

    Hice como que no los vi, dejé entreabierta la puerta y regresé, esta vez a la cama, con caminar sensual moviendo mis nalgas de un lado a otro fingiendo que no sabía que me estaban mirando desde la abertura de la puerta.

    Ya en la cama comencé a frotar mi ano acostada de espaldas y mi tesoro apuntando directamente a la puerta, dándoles un espectáculo lindo y caliente, complementé con suaves gemidos suficientemente altos para llegar hasta donde estaban ellos y asegurarme de que los escucharan.

    No esperé mucho tiempo, cuando escucho una voz decir al tiempo que tocaba la puerta «¿se puede?» Era un bello macho como de 1.75 de altura, panzoncito que vestía una camisa azul y pantalón de mezclilla, su miembro asomaba por el zipper, ya lo traía afuera y yo respondí «pasa cariño»

    Con prisa llegó hasta la cama y comenzó a acariciar mis piernas «qué rica estás mamacita» me dijo con voz excitada, Yo estaba excitándome demasiado al pensar en lo que ocurriría…

    Atrás de él pasaron a mi habitación otros, no sé cuántos pero cuando abrí mis ojos ¡eran muchos! Al ver que yo no hice nada ni dije nada, comenzaron a acariciarme todo el cuerpo, algunos sacaron sus vergas y comenzaron a masturbarse, era un espectáculo grandioso para mí que para ese entonces estaba calientísima de tener a mi disposición tantos machos listos para cogerme llegado su turno.

    Por su parte el primero que llegó ya se ocupaba de mi culito, se inclinó en la base de la cama, abrió mis piernas lo más que pudo y comenzó a lamer la entrada de mi ano con maestría, su lengua entraba considerablemente en mi ano y yo correspondía apretando mi esfínter con su lengua dentro, lo que lo puso como loco de excitación.

    Otros me daban de chupar alternando una y otra verga en mi boca mientras con mis manos masturbaba al resto, otros se ocupaban de mis pies, frotando sus deliciosas vergas en mis dedos, entre mis plantas y zapatillas, en mi empeine… En fin, ¡el paraíso!

    No lavaba lubricante, ya que el mejor lubricante para mí es la saliva y ese macho me dejó completamente húmeda y abierta con su lengua y dedos… Estaba lista y ansiosa.

    «Ahora sí putita te voy a coger muy duro» me dijo aquel macho, Yo me estremecí de deseo, no había otra cosa en ese momento que deseara más que su verga invadiendo mi recto y abrí más las piernas levantando mis nalgas indicándole que estaba lista.

    «¡Cógeme papito, hasta el fondo!» Le dije casi gritando y no se hizo esperar, su verga estaba durísima, Yo no podía mirarla por la posición en que estaba y además estaba atendiendo a mis otros machos, pero cuando sentí su glande imaginé el tamaño y pensé que ¡eso iba a doler! Se sentía muy grande y grueso, él comenzó a empujar y de mi boca salió un suspiro hondo y profundo que se convirtió en gemido ahogado por la verga que ocupaba mi boca, que en el momento en que mi macho me penetraba, también me sumergía entera hasta la garganta.

    De un golpe me penetró y un grito de dolor salió de mi boca aún ocupada por otra verga, quise zafarme pero fue imposible, el macho que me cogía la boca me tomó por la cabeza presionando fuerte e introduciendo su miembro hasta mi garganta provocando mis arcadas, no tuve más que aguantar como la puta que soy, mis lágrimas comenzaron a salir de mis ojos lo que excitó aún más a todos mis machos que me decían cualquier cantidad de cosas «¡eso querías perra!» «¡Trágatela toda putita, faltamos todos! etc…

    Mi llanto provocó que la excitación subiera a mil y comenzaron las primeras eyaculaciones que se mezclaron en mi cara con mis lágrimas, los machos que estaban ocupando mi boca terminaron en ese instante descargando cada uno su leche muy dentro de mi boca empapando mi lengua y llenando mi garganta, mientras los que terminaban en mi cara esparcían su semen por mis mejillas con sus vergas, otros terminaron en mi cabello, envolviendo sus vergas entre mis rizos y limpiándose con ellos.

    Todo eso me puso a mil, me sentía la más puta, el centro de atención ¡y me fascinaba! ¡Amo a los hombres calientes! «¡Cójanme fuerte cabrones!» Les gritaba mientras el que se ocupaba de mi culito gritaba llegando al orgasmo inundando todo mi interior, Yo movía mis nalgas fuerte y rápido por puro instinto de hembra en celo.

    Así siguieron, después del primero varios tomaron su turno gustosos haciéndome cada vez más puta y perra para ellos, para todos ellos.

    Después que todos terminaron dentro de mi, en mi cara, mi cabello, mis pies, mis piernas, fueron saliendo de mi habitación hasta quedar tendida y sola, lista para ducharme. Estaba en la regadera extasiada por lo que acababa de vivir pero olvidé cerrar la puerta y cuando me di cuenta ya estaban otros tres machos, uno tenía mis medias y se masturbaba con ellas, otro mis zapatillas, los tres me miraban mientras me duchaba, masturbándose por lo que los invité a pasar, me arrodillé frente a ellos y comencé a chuparles si miembro alternadamente hasta que terminaron en mi boca, deliciosamente tragué hasta la última gota, al ver que estaba tan caliente aún comenzaron a orinar sobre mi… Nunca lo había hecho así, pero, la verdad… ¡Me gustó!

    Terminaron y salieron de la habitación, cerré la puerta y continué bañándome para salir del hotel «M»

    Juro que regresaré… ¡Me encantó! Aún madura, aquí puedo ser Tania, la misma de siempre.

    Gracias lindos por leer, como siempre les dejo mi correo para recibir sus mensajes que me mantienen caliente y ansiosa:

    [email protected]

    ¡Besos!

    Tania

  • El baño del gym

    El baño del gym

    Llevaba solo un par de meses apuntada al gimnasio. Me había apuntado primero a la típica clase de mantenimiento de toda la vida, ya que hasta la veintena había ido al gimnasio, pero desde los veintidós años más o menos, mi actividad física había sido cero. Lo más que había hecho era bailar como las locas en las discotecas, pero creo que eso no cuenta como actividad física.

    Tenía pensado una vez que agarrara un poco de forma o de fondo pasarme a las tan promovidas clases de GAP, Zumba, Spinning y otras más atractivas para los amantes del deporte de hoy en día. Empecé a ir tres veces por semana. Lunes, miércoles y viernes. Las clases duraban hora y cuarto. Mi profesora era una mujer madura, rondaba casi los cincuenta, pero tenía un cuerpo espectacular y escultural. Se llamaba Julia. Morena, metro sesenta y siete, culo prieto y unas piernas de escándalo.

    En la clase la mayoría éramos más o menos igual, madres con niños en edad adolescente, o sea, cuarentonas. Algunas más cercanas a la treintena y alguna veinteañera. Pero de esas, más bien pocas.

    Escogí la última hora por eso de que mi marido pudiera llegar de trabajar y hacerse cargo de los niños. Por lo que, una vez terminada la clase, nos íbamos todas a casa directamente, salvo unas pocas que se bañaban en el gimnasio. Yo siempre había preferido bañarme en el gimnasio cuando era joven, pero ahora, al ser última hora del día y estar pendiente de los niños, me iba a casa directamente.

    La clase era de ocho a nueve y cuarto. Julia siempre nos ponía música moderna para las clases, la verdad es que se la sacaba bastante bien. Tenía una playlist con gran variedad de canciones, las cuales iban cambiando en función de la fase de la clase en la que estábamos. Unas canciones más o menos tranquilitas para la fase de calentamiento, otras canciones tipo disco para el cardio, otras más melódicas para estiramientos, en fin, que la clase siempre estaba animada.

    En la clase éramos unas quince mujeres y un hombre de unos cincuenta y tantos. Era curioso ver cómo la mayoría de las mujeres iban perfectamente equipadas con la típica ropa deportiva de esa famosa tienda en la que puedes encontrar de todo para el deporte.

    Da igual el cuerpo que tengas, allí iban todas bien ajustadas, con sus mallas y sus camisetas marcando todo. Por mi parte, tengo bastantes complejos, pero al ver que todas iban así, me animé, y a la segunda semana ya iba equipada igual que el resto de mis compañeras. Había muy buen ambiente en la clase, los ejercicios se hacían muy amenos, y todos nos ayudábamos entre todos. Además, a pesar de ser un grupo que ya llevaba muchos años con Julia, las nuevas incorporaciones eran muy bienvenidas, y en seguida eras una más.

    El último miércoles de mi primer mes, me dijeron que tenían como costumbre después de tantos años juntos, salir a tomar algo el último viernes de cada mes, y que me lo decían por si me quería anotar.

    La verdad es que me apetecía mucho, me sentía súper bien acogida, así que acepté.

    El viernes la clase se me pasó volando, tenía ganas de salir con las chicas a tomar algo y conocernos un poco más. Me llevé los utensilios para bañarme y ropa limpia para cambiarme porque no sabía si las demás se arreglaban o no. No quería desentonar.

    Al terminar la clase, nos fuimos a los vestuarios, obviamente no había regaderas para todas, así que algunas se metían de dos en dos, sobre todo las más jovencitas, y otras tuvimos que esperar el nuestro turno de baño. Mientras esperaba, estuve hablando con Anyer, una niña simpática con ojos verdes de unos veintitrés, jugadora de voleibol, con un buen cuerpo e increíbles piernas. La vedad es que con ese cuerpo me extrañaba mucho que estuviera en esta clase, porque además se la veía que iba más que sobrada.

    Según se iban quedando las regaderas vacías, iban entrando las demás, al ser mi primera vez me daba bastante vergüenza, hace mucho tiempo que no me veía nadie desnuda, exceptuando obviamente mi marido y mis hijos. Así que me fui haciendo la remolona y me quedé para la última tanda.

    Cuando se quedó una regadera libre me metí, me bañé rápido para dejar que las dos que quedaban todavía, se pudieran bañar.

    Según nos íbamos arreglando nos íbamos directamente al bar donde habíamos quedado. Justo salíamos hacia el bar la última “hornada” quedando solo Celia, cuando justo llegó Julia que ya había terminado de recoger y venía también a arreglarse.

    Íbamos llegando por tandas al bar, cuando llegamos la última tanda, las chicas ya estaban acomodadas en una mesa larga, tenían todo preparado, me pedí una cerveza, y al ir a pagar me di cuenta de que no llevaba el monedero. Se me debía haber caído en la taquilla del gimnasio. Por suerte para mí, el gimnasio no cierra hasta las once de la noche, por lo que volví a buscarlo.

    Al entrar en el vestuario se oían las regaderas, no había nadie en la zona de las taquillas, me dirigí a la que había ocupado, la abrí y allí estaba el dichoso monedero.

    Justo cuando iba hacia la puerta se oyó un ruido extraño que provenía de las regaderas. Me acerqué con cautela y sin hacer ruido. Me quedé a la entrada de la zona de las regaderas escuchando, se oía el agua, y de repente se volvió a oír, era un gemido. Sí, tal cual, era un gemido.

    Me asomé un poco, y a través del espejo pude apreciar como en la segunda regadera había dos personas. Oí un nuevo gemido, y mis pezones reaccionaron. ¿Cómo es posible?… Me atreví a asomarme un poco más, pude ver a dos personas besándose, acariciándose. Yo nunca había sido testigo de nada igual, una parte de mí quería irse y dejarles intimidad, pero otra parte… La otra parte deseaba mirar y disfrutar de lo que estaban haciendo. Busqué un sitio donde poder quedarme sin ser descubierta pero que a la vez me permitiera ver.

    Justo en un lado hay una columna, desde ahí estaba oculta a la vista de los amantes, y sin embargo, yo tenía una vista inmejorable. Me acomodé en mi escondite.

    Estaban debajo de la regadera, besándose apasionadamente, solo veía la espalda y el culo de una mujer, las manos de la otra persona recorriendo su espalda, agarrando su culo. Una de las manos desapareció, y de repente se oyó un nuevo gemido. Mis pezones seguían reaccionando a esos gemidos. Los “Shower-Lovers” se acomodaron más, la mujer que estaba de espaldas se giró apoyándose en la pared, abierta de piernas. Al moverse pude apreciar que la otra persona también era otra mujer.

    ¡No me lo podía creer! … Eran Julia y Anyer. Jamás lo hubiese imaginado. Julia ahí abierta y Anyer delante de ella. Comenzó a recorrer su cuerpo con su boca, bajaba por su cuello hacia sus tetas. Mientras, su mano se deslizaba por su firme vientre hacia su pubis. Su boca devoraba sus pezones, y las manos de Julia apretaban con pasión el culo de Anyer.

    Yo notaba que la humedad comenzaba a aparecer entre mis piernas. No era yo misma, no me reconocía. Estaba caliente. Metí mi mano por dentro de mi blusa y empecé a acariciarme el pecho. Mis pezones se pusieron aún más duros. Los pellizqué, ¡qué placer!… Quería más, mucho más. No podía apartar la vista de la regadera.

    Anyer se agachó, y Julia la puso la pierna encima del hombro. Ahí, en esa postura comenzó mi primera visión lésbica en toda regla. Julia se agarraba las tetas mientras Anyer separaba con una de sus manos los labios de la vagina de Julia.

    Solo con las tetas no me bastaba, desabroché mi pantalón y me hice paso hasta mi monte de venus, introduje mi dedo corazón entre mis labios y comencé a acariciarme el clítoris al compás de lo que podía ver desde mi posición.

    Una vez separados los labios de Julia introdujo su cara entre sus piernas. Desde mi posición privilegiada podía ver todo, casi como si estuviera con ellas. Anyer empezó a lamer el sexo de Julia, por su posición, lamía toda su vagina, desde el ano hasta el clítoris. Pasadas lentas, pausadas, parecía como si el tiempo se hubiese parado para ellas.

    Mis dedos recorrieron mi vagina mojada de arriba a abajo. Lubricándola toda. Jugando con mi clítoris. Lo rodeaba al compás de sus gemidos.

    Anyer seguía agachada, pero una de sus manos se había perdido también entre las piernas de Julia. Veía como la subía y bajaba. La estaba metiendo sus dedos en su interior. Así que, me bajé un poco más los pantalones y las panties, me metí yo también los dedos. Siguiendo su ritmo. Los gemidos de Julia se oían incluso con el agua corriendo, sus manos apretaban su teta una y la otra apretaba la cabeza de Anyer contra su pubis.

    Anyer aceleró los movimientos de su brazo, y yo hice lo equivalente. Noté cómo su posición bucal había cambiado para darle más placer en el clítoris. Se separó un poco de Julia, pasando la lengua más firmemente por su clítoris.

    Gracias a esa separación yo podía ver claramente los lametazos, incluso el cordón de flujo que tenía Anyer.

    Aceleré mis penetraciones, más y más rápido. Me puse mi mano izquierda sobre la boca para acallar cualquier posible ruido que descubriera mi posición. Mis piernas temblaban, me parecía a Julia, se la veía claramente cómo le empezaban a fallar.

    De repente Anyer se levantó, la empezó a besar apasionadamente a la par que la penetraba más y más fuerte. Julia correspondió a sus besos e igualmente buscó por primera vez su vagina. Lo acarició y le pegó una pequeña palmada. Esta vez el gemido fue de Anyer. Las dos mujeres se abrazaron y se fundieron en un solo ser, sus manos mezcladas entre sus piernas, sus labios devorándose, sus lenguas luchando, sus bocas dejaban exhalar gemidos que llegaban hasta mí de la manera más sensual, excitante que nunca había oído.

    Mi propio orgasmo se estaba conectando con el de ellas, veía sus convulsiones y mi cuerpo, mi ser, mi alma reaccionaba ante aquella imagen eróticamente morbosa.

    — Ahhhh… Mmmh… Sí, sí… Sí… ¡No pares, sigue, sigue!

    — Sí, sí, sí… Mmmh… Anyer, mi niña…

    Las dos mujeres terminaron abrazadas de rodillas en el suelo.

    Mi orgasmo llegó con el de ellas, pero yo no me podía quedar allí. Como pude me levanté y me fui a los servicios. Una vez allí, me limpié, me arreglé y esperé un poco a que se me bajara la flama de la cara.

    Una vez recompuesta, salí y me dirigía hacia la puerta cuando oí que llamaban. Eran ellas, salían tan normales del baño, cada una envuelta en una toalla.

    Les expliqué lo sucedido, que había vuelto a por el monedero. Me miraron, se sonrieron y dijeron de irnos las tres juntas al bar.

    Aquella tarde-noche nunca la olvidaré, fue mi primera experiencia como voyeur y… me encantó.

    FIN.

  • Vecina con ganas de follar

    Vecina con ganas de follar

    Vivo en soledad elegida libremente, en un apartamento céntrico, tercer piso. Salgo de casa bastante temprano, regresando muy tarde, por lo tanto el pisito está vacío alrededor de quince horas al día. No me conocen los vecinos, yo tampoco a ellos, ni suelo acudir a esas reuniones infumables, soy el vecino desconocido, el antisocial, apodo de las chismosas. El piso está cerrado a cal y canto incluidas las ventanas. Cuando el tiempo es bueno, suelo abrirlas un rato, las que dan a la calle, para la ventilación, por motivos de higiene y salud, o ese es el consejo de la gente que sabe, aireación.

    Una de las habitaciones da a un patio interior de luces, las ventanas enfrente a la mía ya es otra propiedad. En esta habitación transcurre la mayor parte del tiempo que permanezco en la casa. En ella están los libros, papeles, ordenador, con una mesa amplia donde voy acumulando todas las láminas, documentos, o libros que estoy en su lectura.

    Cierto día al regresar a casa, ya en la noche, entré en el piso, sin encender la luz, el cuarto que les hablé primero, está a la entrada del apartamento. Abriendo la puerta y cuando con las manos buscaba el interruptor vi la habitación del piso de enfrente a mi ventana, habrá tres o cuatro metros, puede que alguno más, en todo caso la distancia es mínima. En este momento mi espíritu de portera o voyerista, se despertó como el resorte automático de un mecanismo. Viendo a una chica con melena larga y mechas californianas enfrente de una pantalla de ordenador, mis urgencias en ese momento eran otras. Cerré la puerta del piso pausadamente, también la habitación, yendo al cuarto de baño para finalizar mi urgencia, total una cálida y larga meada.

    A continuación en el microondas de la cocina puse dos filetes de lomo de cerdo adobados, con una loncha de queso Caserío y una cucharadita de mayonesa Musa, entre dos rebanadas de pan. Sentándome encendí la radio, como siempre a esas horas fútbol, y fútbol y más fútbol. De repente me acordé de la ventana. Apagué la radio y fui ligero y de manera decidida hasta mi estudio.

    Ella, todavía no sabía su nombre, seguía frente a la pantalla. Vestía un cómodo vestido lencero, muy liviano, pudiera ser lino, de colores que compaginaban perfectamente los cálidos y fríos. Realmente llamativo y estiloso con glamour. Seguía concentrada en su pantalla, ni por un momento pudo imaginar que era observada desde la ventana enfrente a la suya, su despreocupación era total. No encendí la luz para no llamar su atención, tampoco el ordenador evitando los reflejos. Me movía con total sigilo hasta encontrar el taburete, situándolo en la oscuridad a una distancia prudencial de la ventana. Absorto estaba contemplando el panorama, me parecía escena de calentura brutal, miraba con atención absoluta sin parpadear para no perderme nada.

    Ella seguía con los movimientos del ratón, la pantalla desde mi puesto no la veía, ella en actos reflejos, con la mano izquierda recolocaba su espectacular melena, o se acariciaba las tetas, por encima del liviano vestido. Tuve que levantarme para buscar la gamuza con que limpiar las gafas, al trasluz la porquería quitaba precisión del espectáculo, no quería perder ningún detalle.

    A cuatro metros de mi ventana estaba sucediendo un espectáculo erótico de primera categoría. Permanecía totalmente estático, silencio absoluto, nada de movimientos que pudieran delatar mi presencia. No creía la situación, la visión de un espectáculo auténtico, real e íntimo. En un momento giró la cabeza hacia la ventana, viendo por primera vez su rostro. Era preciosa, guapísima a rabiar, recordaba la imaginería de las vírgenes sevillanas. Sinceramente muy guapa.

    Con un gesto decidido se acomodó cambiando la postura, levantándose de la silla una miaja, justo para levantar su vestido hasta sus caderas, en ese gesto pude ver la braga de elegante encaje, su color verde botella. Comenzó acariciándose la cara interior de sus torteados muslos. Empleaba una técnica sosegada, apacible, alternando de una pierna a la otra. La lengua recorría el entorno de la boca, humedeciendo sus carnosos labios, sus ojos empezaban a dilatarse, otra luminosidad muy distinta. Desde la distancia no podía apreciar su color, pero eran negros ojos, firmes y verdaderos.

    Con cierto gesto, intuyendo costumbre, los mojaba en la saliva y los llevaba al recóndito rincón, con el ánimo de lubricarlos. En gesto incontrolado cerraba los ojos, viendo como su nariz se hinchaba y la boca se entreabría, imaginaba sonidos guturales saliendo de manera incontrolada por la garganta.

    Acelerando frenéticamente el ritmo de sus habilidosos y largos dedos, durante la particular coreografía de placer, alternaba los movimientos entre arriba, abajo y los circulares. Momentáneamente paró, su cuerpo convulsionaba descontroladamente, su cabeza se desplomó sobre la mesa de imitación a madera. Perezosamente sacó sus dedos de la ropa interior. Veía un hilito de sus fluidos que se distinguía a contraluz, desde la vulva a los dedos, jugando con la textura hasta su nariz, oliéndolos despacio, para seguir a su boca, con deleite los rechupeteo. En un momento levantándose de la silla, fue hacia la puerta. Abrió y a la vez apagando la luz de la estancia, una vez en el pequeño pasillo prendió una llamativa lampara de forja dorada. Desde el disimulado observatorio advertía una puerta al final del mismo.

    Entendía que era su dormitorio, allí mismo se soltó el vestido, dejándolo caer a sus pies en forma displicente, para continuación bajarse la braga que dejo encima mismo del vestido colorista. Salió nuevamente al pasillo, esta vez con una camisa azul clarito con amplio pantalón corto del mismo color. Hizo recorrido visual para ver que todo estaba correcto.

    Fin del espectáculo, me dieron ganas de gritar: ¡Todos queremos más! No me pareció adecuado en ese instante.

    En la misma postura de sentado, incorporándome lo preciso, baje mis pantalones hasta los tobillos. Agarré de manera decidida la verga, estrujándola con fuerza y ganas, sometiéndola con precisión y energía a un vaivén rítmico acompasado. No llevaría diez sacudidas cuando brotó un chorro caliente de lefa, chocando con mi pierna. Respirando hondo, dije para mis adentros que era la hora de dormir. Mañana será otro día.

    Llegué al día a casa a una hora inusual, al llegar al portal y después de palpar los diferentes bolsillos comprobé que no tenía las llevas. Vaya incordio pensé. Mientras estaba en mi devaneo, me di cuenta que al lado mío estaba una persona. Una sorpresa, era la vecina de la noche inolvidable, la protagonista de la gran película y de mi inspiración. Era ella.

    – ¡Hola! Me llamo Mariola y vivo en este portal, ¿Podrías abrirme, no tengo la llave?, vivo en el tercero.

    – Pues no -fue mi contestación a bote pronto.

    – Desde luego no eres el rey de la simpatía y amabilidad.

    En ese mismo momento me eché a reír con una gran y sonora carcajada y a la vez recomponiendo mis ropas, mis bolsos y la figura.

    – Me llamó Arturo, vivo en el tercero también, y me has interpretado mal la contestación o me he explicado de puta pena, que es lo mas seguro. Es qué tampoco tengo llaves.

    Ella también comenzó a reírse, una sonrisa cautivadora, fresca también. Es para mi concepto de guapeza, el rostro perfecto. La melena enmarcaba su rostro a la perfección, dientes blancos, ojos negros vivos, cejas pobladas y perfiladas, nariz respingona, largas pestañas sin exageración y labios bien marcados, pintados con un labial discreto, agradable a la vista, un rojo luminoso. Llevaba una camisa de color rojo cereza, con unos pantalones negros ceñidos de corte ejecutivo, conjuntada con un sujetador rojo, se adivinada al principio del escote en uve de la camisa. Su pecho estaba proporcionado, de cintura marcada, pierna larga con unos glúteos altos y tentadores. El conjunto lo completaba con unas sandalias de alto tacón, cartera de ejecutivo color cuero viejo. En su brazo y perfectamente doblado una gabardina ligera de doble botonadura. Todo esto era la foto sin flash, en diez segundos.

    – Vamos hacer una cosa Mariola -intentando caer bien-, como soy fantástico y no antipático voy a ir al coche a por las llaves, que están en la guantera. Mientras espérame en esa cafetería de ahí, Venecia se llama. El garaje es el Moderno, que de aquella esquina hay cincuenta metros mal contados, ¿De acuerdo?

    – El planazo me parece de rechupete – mientras una sonrisa iluminaba su cara – pues voy para Venecia y te espero.

    Al regresar estaba en la barra acomodada, en un taburete sentada con las piernas cruzadas, en otro perfectamente colocada la gabardina con su maletín.

    – Veo o intuyo que has madrugado hoy

    – ¿Por qué lo dices?, majo.

    – Por la gabardina –respondí- esta mañana aparte de rasca, el día amenazaba lluvia.

    -Muy observador -respondió con una sonrisa muy agradable.

    Tomamos algo manteniendo una conversación intrascendente por las llaves y el vivir solos, sin saber muy bien dónde dejar una copia para casos de urgencia y verdadera necesidad. Coincidimos los dos con tener una segunda copia en un cajón de nuestro despacho. Pagando la consumición, nos levantamos y a la vez que ella escribía en su Apple un mensaje.

    -Te invitó a comer –dijo ella con decisión– en mi casa. Acabó de encargar una pizza margarita, y tendré en el frigorífico alguna pichorradica más, ¿Hace?

    – Dos condiciones pongo. La primera si tienes Tabasco o alguna salsa picante y la otra un vino aceptable.

    -A ninguna de las dos puedo contestarte afirmativamente –fue su contestación

    – Perfecto, mientras preparas la mesa voy a mi piso, me quito el traje de currante, y recojo las condiciones impuestas, ¿Okey?

    – Perfecto -contesto en plan resorte- también me pondré algo mas cómoda que la ropa de oficina.

    Me vestí con una amplia camisa azul Bilbao, y un vaquero. Visité la cocina y puse en mi bolso una botellita de Tabasco, y una botella de un crianza riojano, concretamente un Muga. Con cierto nerviosismo, abandonando el apartamento me presente en la puerta del suyo.

    Era evidente que se había peinado, había corregido el maquillaje, perfume agradable. Llevaba una camiseta con una estampación con la imagen de Santillana del Mar, totalmente pegada a su cuerpo, y una minifalda blanca, parecía una tenista de Roland Garros.

    -Que sorpresa –dije animadamente cuando abrió su puerta, obsequiándola con un par un besos en cada mejilla.

    Gesticuló cierto mohín agradable, un picaron abre y cierra de sus párpados. Inmediatamente sonó el timbre y por el interfono se oyó la voz firme del repartidor de las pizzas.

    – Si molesto me voy -dije para intentar crear un ambiente distendido, soltando a la vez los dos una risotada.

    En ese momento para recoger el dinero para pagar al repartidor, se agachó hasta un cajón, en el gesto observé con total detenimiento la redondez de sus nalgas, la marca de las diminutas bragas debajo de la faldita.

    -¿Tendrás descorchador, servilletas, cubiertos y vasos, no?

    – No me toques los cojones -fue se escueta contestación.

    Tuvimos una comida asombrosa, muy alegre, con grandes risotadas, comentarios chistosos, en proporción directa al vaciado de la botella.

    Con cierta candidez, con sonrisa insinuante, con su dedo índice entre los dientes abandonó la silla caminando con cierta provocación. Se acercó hasta la puerta de la cocina, puso una mano a cada lado del marco, con un brutal y sexy movimiento de cadera, su falda se deslizó por sus piernas hasta los tobillos.

    Mis ojos hicieron chiribitas, tuve cómicamente que frotármelos. Ante mi estaba su trasero, adornado con una preciosa braga blanca con un encaje delicado y transparente. Era un culo voluptuoso, con ganas de morderlo o comértelo, o perder la cabeza. Dándose la vuelta se mostró con toda la rotundidad el resto de la anatomía. No era necesario imaginarse nada, movió las curvas en su escorzo incitador, mostrándome su concluyente hechizo. Tras su ropa íntima trasparente podía ver su pubis, arreglado, con un triángulo preciso de su matojo negro.

    -¿Vas hacer algo muñeco, o lo hago yo todo?

    A un servidor estos poderíos me desarman, me vuelvo indeciso, no sé muy bien, al casi no conocerla, si arrancar de largo como un santacoloma o volverme pastueño como un domecq entre manso y bravo.

    Dando un brinco, como un resorte, me acerqué hasta su persona, puse la mano en su entrepierna, mientras la besaba apasionadamente. Aparte la braga, mis dedos se hundieron en ella. El surco estaba lubricado salvajemente, sus bragas estaban mojadas de manera perceptible. Di la vuelta empezando abrir cajones de la cocina, hasta encontrar un mantel que extendí como si dibujase una revolera en el suelo.

    Allí mismo tumbándola, me puse encima de ella, desabrochando el cinturón y el pantalón.

    -¿Te follo aquí mismo, o te llevo a la cama? -Pregunte.

    Como contestación apagó sus ojos. Silencio total. Incorporándome lo necesario bajé mi ropa hasta las rodillas, sacando la chorra, mojando con mi saliva su coño, se la hinqué con ganas metiendo los riñones con ganas.

    Mariola se corrió como una loca, sin gritar, sólo jadeos. Respiró lentamente, incorporándose marchó de la cocina hasta el cuarto de baño. Al regresar, yo estaba sentado, me besó con todas sus ganas

    -¿No tienes casa?

    Fueron las últimas palabras que la oí pronunciar. A la mañana siguiente encontré una nota, introducida por la puerta. Era escueta, caligrafiada con letra francesa refinada:

    “Mañana vendrán a recoger mis cosas, ayer fue mi último día en este lugar. Voy a otra ciudad. Eres un encanto”

    Al final de la misiva la firma era unos labios rojos que había estampado.

    Nunca he vuelto a verla, tampoco sería muy difícil localizarla, pero ¿Para qué?

  • Metro 3

    Metro 3

    Un relato en el metro de mi mujercita, ella unos meses después de haber tenido al primer hijo comenzó a trabajar en el restaurant de mi suegro, a veces se llevaba al niño y en otras lo dejaba encargado con la esposa de su hermano, en ese momento tuvimos un problema y no vivíamos juntos.

    Así es que ese día se me ocurrió esperarla en el metro Pantitlán pero no me vio, venía con un cordinando delgado floreado que le quedaba entallado (muy rica que se veía) decidí seguirla sin que me viera, entonces ella se fue al andén eran cerca de las 9 am ya saben un rechingo de gente en la línea 1 y dije bueno pues ahí voy atrás de ella, yo con una gorra y con lentes negros, no me reconoció subimos al metro pero a mí me aventaron hasta la otra puerta y ella se quedó en la entrada del pasillo bien agarrada del tubo con un cabron enfrente y otro atrás no nos habíamos movido siquiera cuando esos cabrones, yo creo se conocían por qué el de frente le hizo una seña al otro.

    Solo vi que el de frente le puso su brazo a la altura de sus pechos de mi mujer y comenzó a masajear, esto hizo que ella se empinara un poco hacia atrás repegandole las nalgas al que iba atrás (me di cuenta por qué yo iba atrás de él) en eso el metro comenzó a mover muy lentamente y a mitad del túnel entre Pantitlán y Zaragoza se paró totalmente y apagando la luz del vagón, muy obscuro se veía solo siluetas apretujadas el de atrás venía dándole sus arrimones a mi mujer solo sentía el meneo de atrás hacia delante del muy cabron, incluso la agarraba de la cintura sin soltarla, ella no se escuchaba siquiera que dijera suéltame. Silencio absoluto por parte de ella, al de enfrente de ella ya no se le veían los brazos arriba, solo de repente se alcanza a ver cómo subía y bajaba sus manos de la silueta de ella, creo le venía metiendo mano. Cuánto duró el metro así no lo se pero se me hizo una eternidad.

    Comenzó a moverse el metro muy lento sin prender la luz, llegó a Gómez Farías sin luz pero ya se veía, veo a mi mujer toda roja ella es de piel blanca, estos cabrones no dejaban de manosear y toquetear con disimulo a mi mujer solo veía como ella se estiraba cómo parándose de puntitas, el de adelante de repente se agacho, al ponerse de pie llevaba un trapo en la mano haciéndolo bola y lo metió en la bolsa de la camisa, regreso la luz y comenzó moverse el tren, ellos seguían en lo suyo, pero el de atrás se arqueaba mucho y la empujaba a ella hacia adelante, como pude me hice de lado quedando de frente a el y a mi mujer (ellos de lado) no mamen (perdón) el muy cabron con el pito de fuera y ella con la falda enrollada de atrás metiéndole el pito entre las nalgas por eso se arqueaba y el de adelante sobándole la panocha por debajo de la falda con una mano y la otra sobándole las chiches, moví la cabeza (no dije una sola palabra) el de adelante me vio y me hizo una expresión «diciendo ni modo».

    Así continuaron hasta Pino Suárez mi mujer bien dejadota, el pinche metro hasta la madre, antes de bajarse el de adelante le da sus calzones en la mano (eso fue por qué se agacho cuando no había luz) dándole un pellizco de chiche y el de atrás una nalgada le dio.

    Transbordo hacia Tacuba bajando en Hidalgo me fui atrás de ella y subiendo las escaleras se le veían las nalgas pelonas, la alcance y le dije «por lo menos cuando llegues con tu papá, ponte los calzones que llevas en tu bolsa».

    Se para y me dice que venías ahí, asentí con la cabeza, le contesté desde Pantitlán, se puso roja de vergüenza, esto fue causa de no vivir juntos cerca de 2 meses.

    Sin embargo como lo he dicho siempre, amo a mi mujercita, la quiero como la puta que es.

  • Una noche con Mar (1 de 3)

    Una noche con Mar (1 de 3)

    Esta es una fantasía con mi amiga Mar, a quien sólo conozco por los relatos que publica como “Mar1803”, además de los correos y fotos (¡qué fotos!) que generosamente me ha obsequiado a través de casi ocho años.

    Aclaración: para escribir esta fantasía, además de mis ganas de Mar, me he apoyado en lo que ella cuenta de sus relatos y de lo mucho que hemos platicado en nuestra correspondencia electrónica. Seguramente, y antes de que me reclamen, he tomado algunas ideas, o quizá frases completas, de los relatos de otros autores.

    En el penúltimo correo, Mar me contó que su marido saldría durante una semana a trabajar fuera de la entidad donde viven. Además, su hija y su hijo menor irían a visitar a una tía que la había invitado desde el domingo, aprovechando una semana que le correspondía en el resorts que ella pagaba. Por si eso fuera poca coincidencia, ella se quedaría en casa para atender a su hijo mayor, pero (¡casualidad!) ese hijo había sido llamado para concursar durante dos días (lunes y martes) por una plaza de trabajo, que anhelaba mucho, en otra ciudad. Su soledad comenzaría el martes, después del “maratón” de amor que ella acostumbraba desde el viernes en la noche hasta el lunes.

    “¿Y sí puedes continuar el maratón el lunes en la noche y el martes?”, le escribí. “¿Con quién?”, respondió. “¡Conmigo, nos vamos a donde quieras!”. “Háblame mañana a las 11 am” fue la respuesta, acompañada de su número de teléfono. De inmediato le envié un Whatsapp para que me añadiera, y así lo hizo.

    Al día siguiente, hice puntualmente una video llamada. Como ya dije, nos conocemos en fotografías. Al parecer, ella se estaba vistiendo después de salir del baño y me estaba esperando con una bata.

    –¿Estás solo y puedes ponerte cómodo para reconocerte bien? –contestó abriendo la bata y vi su pecho.

    –¡Guau! ¡Claro que te reconocí el rostro!, pero también veo que sí eres tú… –dije apretándome el bulto en crecimiento.

    –Yo también sé, por tu cara, que eres tú, pero confírmamelo así –dijo bajando la lente hacia su panocha.

    –¡Qué vellos tan hermosos! –expresé, y me abrí la bragueta, para extraer con mucha dificultad la tranca que la tenía al tope–. Estoy solo, pero en mi oficina, en mi escuela –expresé enfocando mi verga mientras me sacaba los huevos, también con mucho trabajo.

    –Sí, eres tú… –dijo y volvió a enfocar su cara con un gesto de lascivia, relamiéndose la boca.

    –Debo guardar mi “credencial de identificación”, pues podría venir alguien –le expliqué, aunque había puesto seguro a la puerta antes de marcarle.

    –Lo entiendo, yo también –dijo cerrándose la bata.

    Después de una charla que dejó en claro que aprovecharíamos la oportunidad que el destino nos daba para el retozo, y los detalles para que el encuentro se diera, nos despedimos.

    Resumo los detalles: Debería ser en su casa (ella debería estar allí necesariamente y no veía el hotel como opción, yo llegaría después de las diez pm, la llamaría para que supiera que ya estaba por allí y ella dejara emparejada la puerta para que entrara sin que algún vecino fisgón se diera cuenta. No saldríamos de la casa, donde andaríamos desnudos, y yo saldría hasta las 10 pm del siguiente día.

    No sé si todas las mujeres sean tan hábiles para urdir con tanta precisión cuando quieren verga, pero Mar es una maestra, ¡ya verán por qué…! Por mi parte, tuve que solicitar la ayuda de un colega, el delegado sindical de la zona, para inventarnos una elección sindical extraordinaria en la ciudad donde vive Mar, claro, donde yo sería escrutador y debería presentarme el martes en la mañana, por ello saldría el lunes, después de clases, y regresaría en la noche del martes o el miércoles, según se requiriera. Así, con mi permiso autorizado en el trabajo y, obvio, en la casa, salí desde la CDMX hacia el Bajío.

    Aunque a algunos les parezca desleal, el domingo en la noche le di una buena despedida a mi señora y, por si fuera poco, también la dejé el lunes en la cama con el mañanero. Siempre con el arma bien rígida, me aguanté para no eyacular, pero dejando a mi mujer con el cansancio que le dio el exceso de orgasmos. Al terminar mi clase, y con el rifle bien cargado, salí a cubrir los 500 km de carretera. Mar me precisó la dirección de un estacionamiento seguro y cercano a su casa donde debía dejar mi auto.

    A las 10 pm en punto, hice la llamada. “Ya vi la puerta de tu casa, está oscura”, le dije desde fuera de la entrada al pequeño coto “Privada de la Reyna”. “¿Recuerdas el código de la entrada?”, preguntó. “Sí, 1008”, contesté y vi que se abrió la puerta de su casa. “Pasa con sigilo”, dijo y cortó la comunicación. Avancé silenciosamente los pocos metros, empujé la puerta y entré con rapidez. Mar cerró la puerta y prendió la luz de la sala.

    –Debes tener hambre, es largo el viaje si vienes solo –me dijo y me besó.

    –¡Hambre de ti! –le contesté al terminar el dulce beso, tan delicioso que la verga se me paró de inmediato y la estreché, pegando mi pubis sobre el suyo.

    –¡Ja, ja, ja! Después nos comemos eso, primero comes lo que te preparé –dijo, llevándome del brazo al comedor, donde ya estaba servida una deliciosa y humeante crema de champiñones. También, estaba aireándose una botella de tinto francés.

    Le di un regalo que había comprado para ella. Me lo agradeció con un chasquido de labios sobre mi mejilla y me señaló el baño para que me lavara las manos. Al terminar, sirvió un lomo mechado con una deliciosa salsa de almendras y de postre un sabrosísimo flan casero.

    –¡Nunca imaginé que prepararías esta deliciosa cena para mí! –dije sinceramente agradecido al concluir la cena.

    –¡Hey, hey! No te vueles –dijo, deteniendo mis muestras de agradecimiento–. Aún no sé si tú valgas que me esmere así por ti en la cocina. Esto comimos antier y lo hice para despedir a mi marido y a mi hijo –precisó y yo puse una cara seria–. Hice de más, para comer yo hoy y cenar contigo, sí, también pensé en ti…–aclaró, entornando los ojos y acercó su cara para pedirme un beso.

    La besé y levantó los trastos. Le ayudé a llevarlos al fregadero y antes que me preguntara qué prefería: “lavar o secar”, exploté.

    –Estuvo rica la cena, no lo niego, pero ¡me hiciste sentir que me habías dado las sobras!, aunque hayas cocinado una ración de más para mí –exclame con algo de molestia.

    Cuando escogí lavar los trastos y ollas, ella habló demoledoramente, mostrando más realidad que ilusión.

    –¿Acaso no tienes claro que serás el último de este maratón? Tendrás las sobras de la leche y el atole que hice con tanto amor en estos tres días… –en mi mente resonaron las palabras con las que la invité para coger: “¿Y sí puedes continuar el maratón el lunes en la noche y el martes?”

    –Tienes razón –dije en plan conciliador al tener una oportunidad que muchos hubiesen querido y seguimos lavando y secando trastos entre sonrisas y besos.

    –¿Quieres cuba, vino o agua para llevar a la recámara? –preguntó y elegí vino.

    Al entrar a la recámara vi que había un tocador con una gran luna, también otro espejo en la puerta del baño de la alcoba, donde se podría apreciar toda la acción. Junto al peinador una banca para dejar mi ropa, y fuera del alcance de la visión donde ella recargaría su teléfono móvil. Voy a recibir una llamada cerca de las once y media, y tú te quedarás parado o sentado aquí, sin hacer ruido, mientras hablo. Me desvistió y ella se quitó la bata. Estábamos disfrutando un sabroso 69 donde yo probaba el atole de sus dos machos que dejó para mí, sin haberse aseado el interior de la vagina, cuando sonó el teléfono.

    Ella se puso la bata y me señaló el lugar a donde yo debería estar. Tomó el teléfono y contestó, era una video llamada. Puso el altavoz y acomodó el teléfono sobre una base construida para mostrase sobre la cama.

    –¡Hola, mi amor! ¿Cómo les ha ido? En la tarde recibí el mensaje de que habían llegado bien. ¿Estás sólo en tu cuarto? Dijo Mar y se acostó.

    –Sí, mami –contestó el cornudo–, ya sabes que es un cuarto para mí solo.

    –Entonces, me quito esto. No me vaya a pasar como la vez en que había un compañero contigo y nos quedamos con las ganas de decirnos cómo nos queremos… Dijo Mar, quien más tarde me explicaría que contestó encuerada y alguien la vio.

    –¡Ja, ja, ja! No, Daniel no vio mucho en esa ocasión –dijo su marido.

    –Pues yo no lo vi, pero escuché el “silbido que hizo”. ¿Ya te quitaste la ropa? –aclaró Mar antes de preguntar si ya podían empezar a decirse más cosas de amor.

    –Sí, mamita, quiero ver cómo te revuelves los pelos de la panocha mientras me la jalo.

    –¡Qué grandota la traes! ¡Quiero que me cojan con un garrotote como ese! –decía Mar, al tiempo que se masturbaba aceleradamente, dándole la función al cornudo y a mí que también me acaricié huevos y verga, pero sin hacer ruido.

    –¡Ya me va a…! ¡Mjh, mjh, ahh…! –se escuchó del otro lado, en clara alusión de una venida del marido y yo también quería venirme al ver las puteces de Mar.

    –¡Qué rica leche, mi amor, quisiera poder tomarla y dejarte limpiecitooo… ¡Ohh…! –dijo Mar cuando se estaba viniendo y vio mi verga crecida de tanto cariño que yo me daba.

    –¡Qué puta mujer tengo! –se escuchó del otro lado de la línea, acompañado de un par de chasquidos más que el prepucio hacía con el movimiento de la mano. “Si supieras…”, dije para mí, conteniéndome de ir a clavarme a su mujer.

    –¡Amor, cayó una gota en el lente de la cámara y no veo! –se quejó Mar.

    –Fue de la última sacudida, al rato la limpio, mamacita–explicó el cornudo antes de preguntar por la leche que Mar le había ordeñado en la mañana.

    –Al rato me la tomo, lástima que no te la puedo compartir a ti en un beso. Buenas noches. –dijo y se despidió, lo mismo hizo el cornudo.

    Una vez que apagó el celular y lo dejó bocabajo. Se levantó y salió de la recámara pidiendo que la esperara. Regresó pronto con un vaso tequilero y entendí que ahí estaba la leche de su marido, a la que él se había referido.

    (Continuará)