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  • Regreso a casa, pizza y más sexo con mis amigos (parte 6)

    Regreso a casa, pizza y más sexo con mis amigos (parte 6)

    Nos quedamos dormidos la última hora de viaje en el micro hasta que entró en la terminal de nuestra ciudad ya cerca de las 22. Debíamos caminar unas pocas cuadras hasta mi casa y ya Nico estaba empalmado otra vez.

    -Hdp, le dije, estás al palo de nuevo.

    Me sonrió y me dijo que podríamos empezar en la calle, si quería.

    -No, esperá que compramos pizza y comemos en casa, antes.

    Entré solo en la pizzería, mientras Nico y Mateo se refugiaron detrás de un árbol en la oscuridad para besarse y acariciarse con todo. Lo llamativo era que Mateo había pasado del pudor y la reticencia a mostrarse como uno de los más fogosos de los tres.

    Salí con la pizza y no los veía, así que me acerqué hasta el árbol y los vi franeleando y besándose con pasión. Me puse detrás de Nico, que tenía a Mateo abrazado contra el tronco y le apoyé mi bulto contra sus nalgas, a lo que respondió empujando hacia atrás y meneándose. Haciendo equilibrio para no volcar las cajas con las dos pizzas, me aferré con una mano de su cintura y me metí entre sus bocas para hacer el trío de lenguas y chupones que tanto me gustaba. Resoplando y bufando de la calentura, mientras les manoseaba los bultos a los dos, les dije que debíamos ir a comer porque las pizzas se iban a enfriar.

    Muy a desgano, nos separamos y caminamos las dos cuadras que nos faltaban para llegar a mi casa. Entramos, cerré la puerta de calle con llave y pasador, para evitar sorpresas y nos quedamos en el pasillo franeleando y besándonos entre los tres.

    -¿No tienen hambre?

    -Sí, de pizza y de coger, me respondió Nico.

    -Vamos por lo primero y después nos duchamos.

    Me asombraba la docilidad de Mateo para dejarse llevar. Él también estaba muy caliente y llegamos a la cocina tocándonos los bultos y el culo entre los tres. Comimos rápidamente y nos tomamos una lata de cerveza cada uno. Pusimos la cocina en orden como pudimos y fuimos al baño. Nos desnudamos entre los tres, sin dejar de besarnos y acariciarnos, hasta que nos metimos en la bañera.

    Me puse entre ellos para tener sus pijas y culos a manos, mientras les pasaba jabón por todo el cuerpo y nos pusimos a mil. Nico tomó el duchador, lo activó y lo apoyó en la puerta de mi ano, mientras yo me inclinaba a chuparle la pija a Mateo, que no dejaba de suspirar y estremecerse. Mientras Mateo me acariciaba la cabeza para cogerme oralmente, Nico me daba con el duchador, para limpiar el interior de mi culo, abriéndolo y cerrándolo alternativamente hasta que de mi ano sólo salió agua limpia, provocándome escalofríos de placer mientras me comía la poronga de mi vecino.

    Intercambiamos posiciones porque Mateo se puso tenso y estuvo a punto de correrse en mi boca.

    -Esperá, esperá, quiero que dure más, me dijo con voz ahogada por el deseo.

    Apreté bien fuerte la base de su poronga, le di un par de lamidas profundas en su glande, que es lo que más me gusta y fui alzándome, besándole los abdominales, los pectorales, los pezones, en los que me detuve un buen rato para lamerlos y chuparlos, hasta que llegué a su boca abierta y ansiosa, y nos dimos un beso de lengua bien profundo y prolongado, mientras lo tomaba de su culo redondo, firme y suave, como supuse sería la piel de una chica.

    Nico no perdió tiempo y puso su pija entre mis nalgas, pajeándose con mis glúteos, lo que me llevaba a las nubes. De a poco Nico se puso entre nosotros e intercambiamos besos y chuponeos entre los tres, pasándome el duchador para que le limpiase su culo también. Se lo puse en la puerta del ano y lo trabajé como había hecho él con el mío, pero mi calentura me llevó a excederme y le causé algo de dolor.

    -Pará, calentón puto, me dijo, me estás violando. Ponemelo de a poco, suave, que así me gusta.

    Le abrí bien las nalgas, apenas le metí el duchador en su ano y él me decía cuando sacarlo. Lo sacaba y metía y él expulsaba chorros de agua con poquita suciedad hasta que salió agua limpia, mientras yo les sobaba la pija a los dos pasando mi mano entre ellos. Estábamos descontrolados, pese a haber tenido sexo todo el día. Metí mi lengua entre las de ellos, me besaron, los besé, nos besamos, larga y apasionadamente, mientras gemíamos y susurrábamos en los oídos.

    -Dale, me gusta, tócame más, no me sueltes, qué hermoso culo tenés, cómo me gusta tu pija, te quiero comer la boca, los voy coger, quiero que me cojan los dos y cosas así.

    Pusimos a Mateo entre nosotros para limpiar también su ano, alternando limpieza con el duchador y chupándole la pija hasta que no pudo más y al tiempo que yo le aplicaba por tercera vez el duchador, se puso tenso, arqueó su cuerpo sobre mi hombro, me miró a los ojos, los cerró, gimió estremecido y acabó en la boca de Nico de manera espasmódica.

    Nico se tragó la leche ya aguada de mi vecino hasta dejarle la pija bien limpia de semen y fue besando sus huevos, abdominales, pezones hasta estamparle un chupón de lengua fenomenal, mientras Mateo no terminaba de estremecerse agarrándose de mis nalgas. Yo le apoyaba mi miembro duro entre sus glúteos, haciéndome una paja virtual con la raja de sus nalgas. Se volvió hacia mí, mirándome a los ojos, me tomó de la cara y me besó con suavidad, pero abriendo la boca a más no poder. Entrelazamos nuestras lenguas en profundidad, revolviendo cada rincón de nuestras bocas recíprocamente, mientras Nico se meneaba detrás de Mateo y nos acariciaba rodeando su cuerpo para sobarnos la pija a los dos.

    Me faltaba el aliento por la calentura y el deseo de seguir cogiendo y mamando, al punto que se me aflojaban las piernas. De a poco, con franeleo, caricias y besos, nos fuimos tranquilizando, sin suavizar nuestro furor sexual. Mateo se sentó en el borde de la bañera para chuparnos la pija a ambos, con delicadeza, pero a fondo, glande, tronco y huevos, y con Nico nos besábamos y acariciábamos sin parar.

    De alguna forma, llegamos a controlarnos antes del clímax, recuperamos el control, nos enjuagamos bien y nos secamos para ir a la cama de mis padres a reanudar la maratón. Tardamos un par minutos en hacer los pocos metros que nos separaban del dormitorio, por las caricias, besos y franeleos que nos seguíamos dando.

  • Tratando de convencer a mi esposa

    Tratando de convencer a mi esposa

    Hola, somos una pareja madura en los 50’s con 49 años de casados, por supuesto, aunque sigue habiendo amor, la rutina ha dejado un abismo en nuestras relaciones sexuales cada vez más esporádicas.

    Este es mi primer relato, que más que relato es pedir consejos de quienes ya pasaron por esto, sobre todo parejas maduras.

    Para reavivar la llama de nuestra sexualidad empecé a leer relatos porno y cada vez me excitaba más con los relatos de trío o de intercambio, fui generando la fantasía de ver a mi esposa cogiendo con otro, en un trío o un intercambio, verla gozar, gritar, mamar y moverse clavada en otra verga, varios relatos narran cómo convencieron a su esposa, así que he intentado convencerla.

    Ella aún tiene buenas piernas y un buen culo, algo llenita no le gusta el anal, pero mamar verga le encanta es multiorgásmica y cuando se siente llena ya no quiere más.

    Yo soy delgado, lampiño y con una verga de 15 cm, me gusta mucho mamar coño y coger en diferentes posiciones, soy aguantador de una o dos venidas.

    Primero me di a la tarea de ver porno juntos cuando tenemos sexo, buscando temas de tríos o de intercambio caseros para que vea que no soy el único marido que tiene esa fantasía y que permiten a sus esposas tener otra verga diferente a la de su marido, al principio decía no creerlo y que ella no se atrevería, sin embargo, se excita con las escenas.

    También a propósito leo relatos porno cerca de ella en la computadora, al principio se resistía a leerlos también, pero poco a poco la fui integrando a leerlos juntos, al grado que ya pregunta, ¿qué sentirán, si no tendrán celos o enojos, y le doy mi punto de vista diciendo que antes de hacerlo tienen que poner reglas y límites de lo que permiten y lo que no, así mismo tales cómo un no es no cuando algo no les gusta, no enamorarse de la otra pareja solo sexo y nada más, no hacerlo con conocidos y menos con familiares, y los que surjan de común acuerdo, veo que tiene curiosidad y se excita, pues cuando cogemos después de leer o ver porno está muy caliente y aprovecho para preguntarle si no le gustaría probar un anal y me dice que mi loca metería ese pedazote en el culo, si acaso solo lo mamaria y lo metería en la vagina.

    Le pregunto si le gustaría un pito más grande que el mío, o cuando hay escenas de ellas mamando una vergota le pregunto ¿si se le antoja?, algunas veces me dice tímidamente con un si, o moviendo la cabeza afirmativa pero no pasa de ahí, pues después de terminar, vuelve a decirme que no se atrevería, que ya pasamos la edad para eso, que no insista.

    También le he comprado vibradores de mayor tamaño que mi pene, lencería más sexy diciéndole que me gusta que se vea muy puta con ella, eso y usar los juguetes ya lo ha aceptado inclusive los bautizo como los amigos, cuando estamos cogiendo le pregunto si quiere que llame al amigo y me dice que si y se masturba antes de que yo le meta el mío, pero es todo lo que he avanzado a casi dos años.

    ¿Qué me aconsejan para terminar de convencerla?

    Póngalo en comentarios.

  • Lo difícil de mi trabajo de verano

    Lo difícil de mi trabajo de verano

    Eran las vacaciones de verano y en Puebla hacía mucho calor, mi mamá estaba pasando por una situación económica difícil así que decidí buscar un trabajo en las vacaciones en vez de estar perdiendo el tiempo, un amigo de mi papá era fotógrafo y amablemente me ofreció trabajar con él durante el mes que tenía libre.

    Mis obligaciones no eran muchas, barrer el estudio, ordenar el equipo y atender a algunos clientes que iban a recoger su material, Eduardo, era un hombre apuesto, no tendría más de 37 años y era soltero, alto de cuerpo más o menos tonificado y barba mediana con algunas canas, en nuestras platicas me demostró que era un hombre sumamente culto, sabia de cine, de pintura, de música y literatura, me dejaba boquiabierta cada vez que me contaba de alguno de sus viajes por el mundo, cabe aclarar que tenía poco de haber terminado con mi novio por lo cual estaba necesitada de amor y encontré en Eduardo un hombro en el que llorar.

    Cada día iba a trabajar con muchas ganas de aprender más y más, y sobre todo de estar con él.

    Fue un jueves, faltaban pocos días para que me bajara la regla y al estar ovulando me sentía super caliente, tanto que decidí que ese era el día que me entregaría a mi jefe, me vestí con la firme intención de llamar su atención, un short de mezclilla rosa que hacía lucir mis piernas, una playera de tirantes blanca que me quedaba algo justa, lo suficiente para que se notaran mis pechos erguidos, pechos que siempre han llamado la atención de los hombres por su tamaño, que por mi complexión se ven grandes para mi cuerpo, la transparencia de la tela de mi blusa permitía ver los puntos rosas de mi brassiere y si me agachaba se asomaba el canalillo de mi escote de manera inocente, me peiné con un par de coletas y puse un poco de rubor y labial rojo.

    Llegué a trabajar y noté como me barrió de arriba a abajo deteniéndose en mis tetas, me saludo de beso y me indico que ese día quería que le ayudara a acomodar libros de la estantería, rápidamente comencé subiéndome en una escalera, había libros que estaban muy atrás por lo que tenía que estirarme mucho para alcanzarlos, en una de esas voltee y pude darme cuenta de que tenía la mirada fija en mis nalgas, supe que hacía servido el vestirme así y que mi plan iba viento en popa.

    Terminé de acomodar el librero y mientras estaba sentada tomando un refresco se acercó a mí y me dijo, no te gustaría que te tome unas fotos?, voltee a verlo extrañada y le dije, claro, me encantan las fotos, pásale al set, déjame que cierre la puerta para que nadie nos moleste, puso el letrero de cerrado en la puerta y cerró la puerta detrás de mí, el estudio tenía un fondo negro de papel y unas luces muy potentes, me pidió que me colocara al centro del set y comenzamos la sesión.

    Primero me hizo unas fotos de cuerpo completo de pie, sentada, con las piernas cruzadas, estaba muy emocionada y excitada, me gustaba sentirme bella y el me lo refirmaba con cada toma, wow que bien te ves, increíble, hermosa, y demás cosas que elevaban mi ego y mojaban mi entrepierna.

    Era tanta la emoción del momento que sin pensarlo dos veces me quité la blusa quedando solo en bra ante él, los disparos se detuvieron, me dijo con voz firme, que estás haciendo?, pues posar, no te gustaría tomarme unas fotos como las de tus libros de fotografía femenina?, mientras bajaba los tirantes de mi bra revelando mis senos ante él, redondos y grandes, con un pezón pequeño y aureolas morenas claras, estaba agitada de la excitación, mis manos sin saber que hacer comenzaron a desabotonar mi short y lo dejaron caer dejando ver mi panty rosa, sin saber que más hacer solo sonreí coqueta.

    Dejó su cámara sobre la mesa y se acercó a mí, me tomo de la cintura y me besó apasionadamente, nuestras lenguas comenzaron a bailar, nuestros besos fueron húmedos, apasionados, ricos, sus manos comenzaron a acariciar mi cuerpo, apretaban mis tetas suavemente y recorrieron mi cintura con la delicadeza de quien acaricia algo muy frágil, llego a mis nalgas y bajó mi panty, se arrodilló ante mí y sentí su aliento cerca de mi ombligo, llegando a mi vagina y deteniéndose ahí para besar mi pubis depilado, me recostó sobre el piso y abrió mis piernas, sentí ahora su lengua recorriendo mis pliegues con cuidado, lamiendo y succionando mis labios sabiamente, estaba gozando como nunca, mis piernas apretaron su cabeza y mis manos revolvían su cabello demostrando torpemente las sensaciones que en mi producía, no sé cuánto tiempo paso, no sé si fue mucho o poco, pero fue el necesario para que perdiera un poquito la noción de donde estaba, sentí un orgasmo delicioso con su boca y me quede con las piernas temblorosas tirada en el piso.

    Volteé y pude ver como se desnudaba, se quitó la camisa dejando ver un abdomen algo trabajado, un pecho firme, y cuando se quitó la ropa interior pude ver un pene muy diferente al de mi ex novio, un pene de hombre maduro, venoso y largo, erecto, hermoso, como pude me logre poner de rodillas y abrí mi boca para meter esa obra de arte en mí, su sabor era delicioso, sabia a hombre y olía a perfume francés, sentía sus embestidas en mi garganta, y por más que abría mi boca no conseguía que todo entrara en mí, era muy largo que no conseguí tragarlo completo, lo chupaba con fuerza, con unas ganas locas de tenerlo dentro, me separe y me volví a recostar sobre el piso y abrí de par en par mis piernas, con mi mano acaricie mi vagina depilada y húmeda, sonreí y le dije es hora

    Se coloco en medio de mis piernas y coloco su pene sin protección en la entrada de mi vagina, me beso suavemente y con un empujón pausado comenzó a entrar en mí, sentí como mi cuerpo lo recibía y el dolor desapareció rápidamente para dar paso a el placer, sentía la gloria cada vez que entraba y salía de mí, sus gemidos se mezclaban con mis quejidos de dolor y placer, no podía no gritar, me sentía en el cielo, su pene largo entraba y salía de mi cuerpo con furia, me volteo y me puso de perrito y ahí fue cuando el placer llego en su máxima expresión, sentía como su enorme verga llenaba por completo mi vagina estrecha, sus líquidos y los míos se mezclaban y el aroma era indescriptible, mis uñas rasgaban el suelo y gritaba como loca cada que tocaba lo más profundo de mí, sus huevos chocaban con mi cuerpo y tuve otro orgasmo que hizo temblar mis piernas de nuevo, me dio un par de nalgadas y comenzó a acelerar su ritmo, de pronto un grito de furia y un chorro tibio en mi interior anunciaron su orgasmo inminente, beso mi espalda y salió de mi dejando brotar un chorro blanco y tibio por mi vagina, nos acostamos sobre el piso exhaustos, me abrazo y beso de nuevo, así nos quedamos unos instantes en silencio, ambos lo sabíamos, ese trabajo de verano seria inolvidable.

    ¡¡¡Saludos y besos…!!!

  • El jefe de su marido (séptimo capítulo)

    El jefe de su marido (séptimo capítulo)

    Cuando por la noche llegó su esposo a casa, cansado, maldiciendo, echando pestes sobre su jefe, Silvia se sintió mal. Sabía que ella había sido la culpable de que no hubiera podido venir a casa a comer, pues ella misma se lo había pedido al señor Gómez.

    Después de cenar estuvieron un rato viendo la tele y ella no sabía como actuar. Deseaba compensar a su esposo por el día tan duro que había tenido por culpa de ella pero a su vez no deseaba tener sexo con él. Mateo varias veces intentó acariciarla pero Silvia paraba cualquier intento de su marido por avanzar en las caricias. Cuando él le acariciaba las nalgas por encima del pantalón del pijama, ella aún sentía el escozor en ellas debido a los azotes que el señor Gómez le había dado ese mediodía. Se preguntaba si aún estarían los dedos de ese señor marcados en su piel.

    -Hoy la niña me ha dado bastante guerra – fue la única excusa que se le ocurrió decirle.

    -Tranquila cariño, lo entiendo. Creo que me iré a dormir. – Mateo se levantó del sofá frustrado por sus inútiles intentos de intimar con su mujer.

    -Cariño!!… – Silvia lo llamó antes de que desapareciera por la puerta y cuando la miró solo pudo decirle -Te quiero mucho.

    -Y yo a ti cielo. Te quiero mucho. Hasta mañana.

    Al quedarse sola tenía muchas ganas de llorar. Se moría de ganas por tener sexo pero le dolía sentir que no con su amado esposo. Su cuerpo le exigía ser tocado, le exigía placer. No quería masturbarse pero su sexo recordando todas las sensaciones estaba húmedo y le palpitaba. Metió la mano por dentro del pijama y se lo acarició pero aquellas caricias no eran suficientes. Lloró largo rato en el sofá, lloró al meterse en cama y sintió como su vagina lloraba también interminables lágrimas de flujo por el placer inalcanzado esa noche.

    Se despertó por la mañana y Mateo ya no estaba en la cama. Se dio cuenta que las horas de sueño no habían aplacado ese ardiente deseo que su sexo sentía. Odió a su cuerpo por hacerla sentir así. Cogió el teléfono y le escribió un mensaje al señor Gómez.

    “Buenos días. Puedo ir a su casa esta mañana?”

    Cada cinco minutos miraba el teléfono para ver si el mensaje había sido leído y se desesperaba al ver que no era así. Una hora después recibió un mensaje y emocionada cogió el teléfono. Se sintió morir cuando leyó aquello.

    “Buenos días Silvia. Hoy me será imposible. Tengo varias reuniones importantes. Debemos posponerlo para la semana que viene.”

    “Ah, perdone por haberle molestado.”

    No recibió ningún mensaje mas y triste se fue a dar una ducha.

    Salió de casa y se fue a dar un paseo. Ni siquiera sabía si había sido ella conscientemente o la había llevado allí su cuerpo. Cuando se dio cuenta estaba sentada en el parque del otro día. Se sentía avergonzada de darse cuenta que miraba a cada persona que llegaba, con la esperanza de ver a aquel octogenario que había conocido aquella mañana.

    Ya empezaba a darse por vencida que ese señor no aparecería cuando lo vio salir del quiosco que había pegado al portal donde vivía. Llevaba un periódico en la mano y se disponía a entrar en el edificio donde vivía. Silvia se levantó del banco donde estaba sentada y empujando la silla de la niña cruzó la calle y se acercó a él.

    -Joaquín!!! – lo llamó nerviosa.

    -Hola, buenos días!! – la cara de ese señor era de sorpresa y alegría al verla – Que sorpresa verte!! Que tal estás?

    -Bien, he venido por si le veía.

    -Me alegra muchísimo que sea así Silvia. Quieres que nos sentemos en un banco?

    -La verdad es que preferiría subir a su casa – al decir esto se puso colorada.

    Joaquín le ayudó a meter el coche de la niña en el portal, subieron en silencio a la casa de ese señor. Ya en el salón sentados él le ofreció un café que Silvia aceptó. Se miraban recordando lo de aquella mañana.

    -Quería agradecerte lo del otro día – Joaquín rompió el silencio con voz entrecortada por los nervios – Eres una joven muy hermosa y que me permitieras acariciar tu cuerpo ha sido maravilloso.

    -De verdad le gustó acariciarme? – el carácter tímido de ese hombre le gustaba y hasta sentía que la excitaba. Era totalmente diferente al carácter del señor Gómez.

    -En mis ochenta y un años había acariciado un cuerpo tan hermoso.

    La mente de Silvia le pedía seguir conversando con aquel caballero tan educado pero su cuerpo le exigía otra cosa. Mientras seguía escuchando como hablaba ella se levantó la falda y se bajó las bragas despacio. Separó sus piernas pues su coño le estaba rogando que se mostrara a ese hombre y él dirigió la mirada a su entrepierna.

    -Tu vagina es preciosa. Nunca viera una así, sin ningún vello. – Silvia se desabrochó los botones de su blusa y se la quitó. Se deshizo del sujetador y sus tetas quedaron desnudas a la vista de Joaquín, sentía sus pezones totalmente duros – Tus pechos me gustan mucho.

    Silvia se levantó de la silla y se quitó la falda. Le gustó la sensación de estar desnuda frente a ese señor. La miraba con admiración, con adoración. Se acercó a donde él estaba y le acarició su cara.

    -Me gusta como mira mi cuerpo Joaquín – agarró las manos arrugadas de ese hombre y se las llevó a los pechos suspirando al sentir aquel contacto.

    Aquel hombre le acarició los pechos como nunca nadie se los había tocado. Eran caricias tiernas que hacían que sus pezones alcanzaran una dureza extrema. Cuando aquellos dedos rozaron sus pezones ella gimió. Tuvo que morderse los labios cuando Joaquín al ver lo grandes que estaban los agarró con sus dedos y los estiró despacio.

    Silvia deseaba sentirse follada por ese octogenario y le desabrochó el pantalón y se lo bajó con desesperación. Le bajó la ropa interior hasta los tobillos y al ver aquella polla totalmente erecta se sentó sobre él. Fue ella misma la que agarró aquel miembro endurecido y lo colocó en la entrada de su vagina. Fue ella la que se dejó caer sobre ese pene sintiéndolo llenar su ansioso coño. Fue ella la que comenzó a mover sus caderas follándolo.

    Joaquín temblaba con lo que esa joven le estaba haciendo y ella gemía con la cara hundida en el cuello de él. No hicieron falta mas de dos minutos para que Silvia sintiera que comenzó a eyacular. En aquel salón solo se escuchaban los gemidos de ambos, el chapoteo de aquella polla penetrando su coño encharcado y el sonido de su liquido cayendo en el suelo. Joaquín se corrió dentro de su coño cuando Silvia sintiendo que eyaculaba otra vez comenzó a moverse rápido, muy rápido.

    Se quedó exhausta abrazada a ese hombre, su cuerpo temblaba por los orgasmos que acababa de sentir. Al levantarse sintió que pisaba aquel charco del suelo con sus pies desnudos.

    -Siempre te pasa eso? – Joaquín miró aquella cantidad de liquido sobre el suelo, nunca había visto a ninguna mujer que le pasara eso.

    -A veces – ella se puso muy roja por la vergüenza – tiene una fregona?

    -No te preocupes, ya lo limpio yo. Quieres darte una ducha?

    -Si por favor.

    Silvia se duchó, al enjabonar su sexo lo sintió totalmente sensible y comenzó a masturbarse. Que le estaba pasando? En que se había convertido? Apartó las manos de su coño hinchado y comenzó a llorar de desesperación y vergüenza.

    -Joaquín!! – no era ella quien estaba llamando a ese señor, era su coño!

    -Dime Silvia, necesitas algo? – cuando Joaquín entró en el baño la vio en la ducha apoyada en la pared y con las piernas abiertas y sus manos ocultando su rostro avergonzado.

    -Por favor. Necesito que me bese el coño. – se sentía dominada por el deseo de su vulva.

    Silvia gimió de placer cuando sintió la boca de ese hombre sobre su coño. La avidez de aquel hombre saboreando su íntima zona genital la volvió loca. Podía sentir la lengua de aquel señor introduciéndose en su vagina y como la punta de ésta rozaba puntos muy sensibles. Silvia bramó de placer al sentir sus labios vaginales rodear la lengua de ese hombre. Estaba fuera de si y agarró la cabeza de Joaquín y comenzó a moverse sobre esa boca. Empujó sus caderas adelante y atrás frotándose contra él, restregando su coño contra la cara de aquel hombre y gritó de placer al sentir que eyaculaba contra aquel rostro que la miraba fascinado.

    Joaquín rodeó con sus brazos la cintura de ella acariciando sus nalgas y dando pequeños besos en su vulva que palpitaba. Le gustaba sentir aquellas caricias en sus nalgas. Eran caricias suaves y delicadas y recordó como el señor Gómez las había tratado tan diferente la última vez.

    -Le gusta acariciar mis nalgas?

    -Me gusta mucho Silvia.

    Sin decir nada, ella se giró apoyando su cara contra la pared y mostrando su hermoso culo a aquel señor. Sintió como se las acarició con mucha delicadeza, aquel hombre agarraba con ternura cada nalga y suspiró cuando sintió como las besaba con ternura. Se avergonzó de nuevo, al sentir que al acariciarlas en algunos momentos ese señor las separaba un poco, de pensar que podía estar mirando su ano. Un estremecimiento recorrió su cuerpo cuando sintió que aquel hombre le daba un tierno beso en su tímido agujerito.

    -No por favor, ahí no.

    -Disculpa cariño. Me pudo la curiosidad.

    -Es que eso es algo que nunca me hicieron y me da muchísima vergüenza.

    -Es precioso Silvia.

    -Mi ano?

    -Si – el le separó un poco las nalgas mientras le hablaba – Es rosadito y muy suave.

    -Pero me da vergüenza – Silvia gimió cuando sintió que Joaquín le daba otro tierno beso en su ano. – Usted es tan tierno conmigo…

    -Quieres que pare cariño? – un nuevo beso en su agujerito la sorprendió por la sensación novedosa. – Me gusta darle besos.

    -De veras le gusta darme besos ahí?

    -Muchísimo Silvia.

    No dijo nada cuando sintió un nuevo beso, dos, tres. Sintió como ese señor le empezaba a dar muchos besos llenos de cariño en su tímido agujero y le estaba gustando. Gimió cuando sintió la lengua de Joaquín lamer muy despacio su ano y un placer extraño se apoderó de él.

    Sus piernas temblaron cuando sintió los labios de aquel señor alrededor de su agujerito y gimió avergonzada al sentir que se lo estaba chupando. Aquel hombre le estaba succionando el culo y lo peor de todo era que le estaba gustando mucho. Se moría de la vergüenza al sentir que su ano estaba sintiendo placer y lo notaba abrirse y cerrarse como entregado a aquella sensación. Gimió en alto al sentir como la lengua entraba un poco en él.

    -No por favor, no haga eso.

    -Quieres que pare?

    -Es que… -sintió de nuevo como los labios succionaban su culo y al mismo tiempo la lengua lamia cada fibra nerviosa de éste. Gimió enloquecida – No por favor, no pare. Me voy a correr!

    Y sintiendo aquella lengua entrar en su culo se corrió. Se agarró a la pared cuando sintió que su culo estaba sintiendo un orgasmo. Su ano se abría y cerraba como pez boqueando fuera del agua y ella se lo tapó con la mano para que aquel hombre no lo viera en ese estado. Silvia se giró y se arrodilló frente a Joaquín y lo abrazó.

    -Gracias!

    -Por qué me das las gracias? – él le acariciaba el pelo y las mejillas.

    -Por lo que me acaba de hacer y no sentir escrúpulos.

    -Escrúpulos? Nunca había hecho eso pero me ha encantado.

    -Yo tampoco había dejado nunca a mi marido que me lo tocara y mucho menos besármelo.

    -Mírame Silvia – aquel hombre sujetó con cariño las mejillas de ella para que lo mirara-Te ha gustado?

    -Si, nunca creí que se pudiera sentir un orgasmo ahí atrás.

    -Lo volveré a hacer cuando quieras Silvia. – Joaquín la abrazó con cariño.

    Silvia se fue de la casa de ese hombre con la promesa de que volverían a verse. De camino a casa sentía una extraña sensación de placer en su ano cada vez que daba un paso.

  • El jotito nalgón femenino lo culeo más

    El jotito nalgón femenino lo culeo más

    Como les conté anteriormente inicié a culearme a un jotito afeminado finito esbelto nalgon, piernudo que me cortaba el pelo durante casi un año.

    A ese jotito lo culee a placer y lo trataba como mi esclava sexual, era sumisa, complaciente y le encantaba lo culeara con rudeza a veces se vestía de puta otras así como lo agarraba le bajaba el shortcito y me lo clavaba en tanga de puta. Una de esas veces deliciosas ocurrió en el día de San Valentín.

    Ese día le mande un mensaje que decía .- Pasaré por ti a las 3 para llevarte a culear a un motel por el día de san Valentín puta, te pones sabrosa.- el jotito rápido respondió.- Hay si mi amor, que rico regalo mi papi.

    Llegue en mi carro y pite para que saliera, salió bien sabroso iba con su cabello ya pintado de rojo peinado hacía un lado largo al hombro, labios pintados, aretes y un piercing en la nariz, una blusa clara de manga corta y untada… y lo mejor un mini short cachetero cafe que le quedaba como calzón de lo ceñido y pequeño, de este brotaban sus pinches nalgonas carnosas y muslotes largos gruesos con tobillos fuertes, todo depiladito perfectamente, calzando unos tenis rosas sin calcetas. Bajo rápido las escaleras rumbo a mi carro contoneándose mientras esas piernotas se frotaban una a la otra a cada paso.

    Sube al carro, y se veía súper femenino y lindo, cruzó sus muslos y me vio coqueto y feliz preguntándome.- ¿a donde iremos papi?.- yo que lo trataba como le gustaba le respondí.- A tronarte esas nalgonas pinché sabroso.- así pues maneje hacia el motel el cual era uno donde podría ponerme sadico con el joto nalgon, obviamente en el camino me masajeo mi verga todo ganosos y manifestó su deseo de chupármela ya.

    Llegamos y al entrar rápido noto que había en la cama y paredes cadenas, esposas y muchas cosas para sexo rudo. iba caminando frente a mi anonadado y yo clavado viéndole las nalgotas comiendo ese mini short y sus piernotas sabrosas, me estaba ya frotando mi verga erecta imaginando como iba a abrir esas nalgas y clavarlas cuando me dijo con voz muy coqueta .- hay papi, ¿me vas a castigar aquí?. Eso me puso más duro y lo abracé por detrás repegando mi verga a sus nalgas y frotándola mientras acariciaba sus muslotes con mis manos, olía su cuello esbelto con aroma a hembra, él jotito me repegaba más las nalgas a mi verga y me las frotaba rítmicamente como si hiciera un suave baile sensual, respiraba agitado de excitado el nalgon y mi verga estaba al límite de dura. Aun así le dije que se apartara y fuera hacia la pared donde lo esposaría, el jotito muy caliente y ganoso fue contoneándose hacia una pared con unas cadenas lo puse contra la pared y ate sus manos juntas sobre su cabeza.- Dame verga mi rey, dame verga por favor.- me empezó a suplicar mi puta.

    Al verlo ahí atado de espaldas con las nalgotas paradas comiendo su shortcito ajustado y con los muslotes carnosos también ligeramente abiertos y hacia atrás como ofreciéndose a mi, me saque la verga e inicie a masturbarme, me acerque, olí su rico perfume de mujer y súbitamente baje su short hasta sus pies, fue tan violento que sus nalgas se sacudieron frente a mi cara que yacía a su nivel pues me agaché para bajárselo, un rico aroma emanaba de esas nalgas, olían a sexo, se comían una tanga rosita femenina como todo el.- ¡Hay papi!.- exclamó. Empecé a besarle las nalgas, las abría con mis manos y dejaba se cerraran sobre mi cara para olerlas y lamerlas, me masturbaba mientras lo hacía y el jotito gemía de placer. Me pare, metí mi verga entre las nalgonas y las cerré sobre mi macana para con mis manos apretarlas sobre mi verga cual hotdog y masturbarme con sus nalgas, al jotito le encantaba sentir mi sexo entre sus nalgonas e inició a moverse de arriba abajo para pelarme la verga con las nalgas, yo lo nalgueaba y le decía improperios.- Vamos pinché putito, pélame la verga, te encanta ser mi puta.- me respondía .- Si, si, yo te la pelo soy tu puta mi rey, mis nalgas ocupan leche. Me ponía más duro el joto pero quería disfrutarlo más al sabroso nalgon.

    Lo liberé de la atadura de la pared dejando sus manos esposadas frente a él y lo conduje bruscamente hacia la cama, se le notaba bajo su tanguita su pequeño pene parado lo que denotaba estaba muy excitado el jotito nalgon, lo hinqué frente a la cama y le puse la verga en la carita, se la froté en su hermosa carita y lo cachetee con la verga, solo gemía o hacía pequeños quejidos de puta débil, finalmente me senté en la cama y quedó hincado frente a mi en tanguita con manos esposadas y su carita frente a mi miembro masculino erecto, le dije .- vamos chupa la verga de tu dueño puta.- el jotito acerco sus labios pintaditos y beso mi glande suavecito y con amor, lo lamía y besaba tiernamente y me ponía más duro. Tome su nuca y violentamente lo empujé a mi verga atragantandolo de verga hasta que tuvo una arcada, retire mi verga y volví a metérsela hasta el fondo, así hasta que inició rítmicamente a chupar mi reata como la puta que era.

    Podía ver en el espejo de frente su figura hincada con sus nalgotas y tanguita chupándomela, se veía tan sumiso, entre sus muslotes su pequeño sexo denotaba que estaba excitado el jotito hermoso. Me chupaba la verga muy rico, a ratos se la sacaba y dejaba caer sobre su carita para que me la lamiera hasta la base y besara los huevos, luego volvía a meterla en su boquita para que me diera placer el pinché jotito nalgon. Cuando la leche casi la disparaba decidí apartarlo de mi arma para darle el placer maximo por su culo.

    Estaba tan caliente, lo aventé boca arriba en la cama, el callo y abrió sus muslotes ricos para entregarse a mi, se veía tan delicioso si no fuera por su pequeño sexo abultando su tanguita de puta entre sus muslos pensarías era una hembra. Me coloqué un condon lubricado y posicione entre sus muslos abiertos, eleve su pequeño bulto bajo la tanguita con mi mano para ver mejor el culito, aparte su hilo dental y apunté mi pistola de leche en su culo para penetrarlo lentamente, centímetro a centímetro gemía y se contorsionaba de placer en la cama, inicie a bombearlo y se veía tan Rico, tan femenino, frágil, bonito con sus labios pintados su cabello teñido sus muslos abiertos y su tanguita de puta que me abalancé sobre él a besarlo suavemente mientras seguía explorando su culo con mi verga y mantenía sus nalgas tomadas con mis manos, el jotito se estremecía de placer por los besos pues lo hacían sentir amado, sabia deliciosa mi puta, luego me levante y recordé que era un pinché joto culon sabroso y le enterré la verga con rudeza , gemía y gritaba de placer, su verguilla seguía erecta bajo esa tanga de puta. Su culo apretaba mi verga y me la pelaba toda en cada metida, mis bolas chocaban con la parte de sus nalgas donde iniciaban sus muslotes sabrosos. Ya caliente le decía .- eres una pinché puta, mira como te culeo, toma puta, toma.- el jotito nalgon solo respondía con un si ahogado en un gemido. Como quería dejarle las nalgas lubricadas con mi leche pare, lo voltee con rudeza en la cama, rápido paro su nalgonas para facilitarme culearlo, abrí sus nalgas, hice a un lado su hilo dental y clave mi verga en su culo, bombeándolo mientras sus nalgonas chocaban con mi pelvis y bolas haciendo un sonido como dé aplausos, sus nalgas, piernas vibraban ante mis embestidas y cuando sentí venirme se la saque, me retire el condon y puse mi verga entre esas nalgonas recorriendo ese profundo surco con mi palo duro arriba y abajo hasta que dispare mi leche entre sus nalgas empapando su hilo dental, su culo y dejándole las nalgas inundadas de mi fluido sexual espeso y de olor a macho que tanto deseaba el nalgon, me retire y aventé el condon usado sobre sus nalgas.

    Quedo acostado boca abajo con sus nalgas bañadas en mi leche y el condon sobre estas. Satisfecho fui a sentarme en un sillón a un lado a atender un poco mi celular en lo que el joto nalgon se recuperaba pues como con frecuencia lo hacía lo pondría a mamarmela para que me dejara la verga limpia bien cromada, pagándole con unos disparos de leche en la carita para terminar con el ese encuentro.

    Era lindo el jotito, al dejarlo en su departamento me pidió lo esperara y subió todo coqueto con su contoneo rico de nalgas a su departamento, luego bajo y me entregó un regaló por el día de San Valentín, era toda una putita linda, le agradecí y me fui. Por varios meses fueron mías esas nalgas hasta que un wey ya de su edad le pretendió para algo serio, obviamente seguí culeandolo hasta el último día me permitió, siendo la última ocasión que lo tome y culee aun con su renuencia a ser mío una vez más. Igualmente me complace saber lo deje bien culeado y le llene de leche las nalgas y la boca al pinché nalgon femenino.

  • Metro 1

    Metro 1

    Un día nos subimos al metro en Etiopía rumbo a indios verdes, eran como 6:30 pm ella me acompaño a una cita de trabajo, y bueno para subir tuvimos que dejar pasar un convoy, en el siguiente también venía lleno pero bajaron algunos y hubo hueco y casi llegamos a la puerta contraria ella llego y se acomodo tomándose del tubo del asiento que va solo junto a la puerta, y yo frente a ella había una persona de traje atrás de ella, pero pues ni en cuenta, llegamos a centro médico y que creen me aventaron hacia ella y obvio yo la empuje hacia atrás y que se le repega a la persona y pues yo entiendo no es uno de palo, ella al sentir aquella cosa nada más vi que abrió sus ojos y los movió, dije ya se la vienen agasajando (ese día iba con un pantalón de esos tela delgadita y un poquito transparente) llegamos a Balderas y que se para el metro duramos alrededor de 10 minutos y pues yo nada más veía que ella se levantaba un poco y se dejaba caer, toda roja de su cara de repente no le veo sus manos y dije y ahora (después ella me comentó que le venía agarrando el pito al chico) dije bueno, así estuvo hasta que el metro continuo su camino como sardinas ibamos y ella bien feliz hasta 18 de marzo que se bajó una buena cantidad de gente, pero que creen ella seguía pegada al chico, opte por bajarme y le hice señas a ella sin que se diera cuenta el chico que me esperara o la esperaba en el andén B dónde salía nuestro transporte, así sucedió pero ella tardo en llegar cerca de 45 minutos en llegar ya me había preocupado, llegó bien roja y acalorada.

    Me contó que llegando a indios se quedaron en las escaleras y que el chico le dio un agasajo y le propuso ir a echarse un rapidín, ella le dijo dónde el le dijo saliendo y pues no queriendo pues le tomo la palabra, llegando al cuarto la encuero y le dio una mamada a ella que correspondió, para eso no había pasado ni 10 minutos, que la pone en 4 y se empieza a coger dice ella con una verga gruesa no larga y pues la hizo venir rico, descanso unos minutos no más de 5, y que le pone de patitas al hombro bien rico y volvió a tener otro orgasmo, entre los dos palitos no más de 30 minutos, se vistieron y la fue a dejar al andén dónde la esperaba, llegó y me comentó lo que acabo de relatar, pero le digo no te creo, ella me dice tocame la panocha y que creen todo el pantalón mojado, olí la humedad y a puro sexo olía, llegamos a la casa y que creen la limpie, la muy cabrona no le pidió se pusiera condón al chico y obvio lo que limpie fueron los mocos del cabron mezclados con los jugos de mi puta esposa.

    Es algo para recordar, de las mejores puterias de mi gran puta, la AMO por eso.

  • Trío con mi vecino y mi compañero en la cama (parte 7)

    Trío con mi vecino y mi compañero en la cama (parte 7)

    Cuando llegamos al dormitorio franeleando y a los chuponazos, pajeándonos y metiéndonos los dedos en el culo, todos a uno y uno a todos, nos pusimos ante el espejo para vernos y turnarnos en los morreos. Me arrodillé para chuparles la pija alternativamente, mientras Nico y Mateo se besaban y acariciaban. Con una mano en el glúteo de cada uno los empujaba a cogerme oralmente o me metía sus porongas a la vez en la boca.

    Entre jadeos y resoplidos, tiraron los toallones sobre las sábanas, se sentaron en la cama y de rodillas no dejé de chupar sus porongas duras, que ya emanaban líquido. Nico propuso hacer la rueda como en el río, para mamarnos entre los tres, lo que hicimos con fruición, metiéndonos dedos en el culo. Cambiamos de posición varias veces durante más de diez minutos, sin llegar a eyacular por las tantas corridas que tuvimos en el día. No podíamos parar de mamarnos, así que les propuse que el que acabase primero sería cogido por los otros dos en trencito.

    -¿Cómo es eso?, preguntó Mateo.

    -El que acabe primero, se acuesta boca abajo, el que se haya comido su pija en se momento se lo coge y el otro hace de furgón de cola, así es el trencito.

    -¡Dale!, dijeron al unísono y nos dedicamos a chuparnos con fruición, cambiando de posición cada cinco minutos más o menos y para que durase más, nos arrodillamos para besarnos y pajearnos en cada cambio.

    Luego de otro cuarto de hora y cuando se nos estaban acalambrando los maxilares, empecé a sentir el cosquilleo previo a la eyaculación mientras Nico me la mamaba, aceleré mis chupadas a la pija de Mateo y en dos minutos acabé estremecido en la boca de mi compañero de clase, con varios espasmos, pero poca leche, aunque luego de jadear y resoplar, le seguí chupando la pija a Mateo.

    No podíamos parar, pero me recompuse y desarmé la rueda para acostarme como habíamos quedado, abriendo mis piernas y ofreciéndole mi ano ansioso a Nico. Él se arrodilló detrás de mí, abrió un poco más mis piernas para ponérmela muy despacio hasta meterla toda sin dificultad y con mucho placer para los dos. Sin sacarla de mi culo ávido, levantó una pierna suya a la vez, juntó las mías, abrió bien sus piernas, se reclinó sobre mí y empezó a bombearme lentamente, mientras yo miraba de reojo en el espejo cómo se meneaba su precioso trasero para cogerme.

    Mateo se colocó de rodillas a los lados de mis piernas juntas y pero entre las piernas ahora abiertas de Nico y se la fue poniendo también, dejando que el meneo de éste hiciera que le entrara de a poco hasta el fondo. Tras varios minutos pudieron coordinar sus movimientos, con Nico dirigiendo el compás de meta y saca, ya completamente apoyado sobre mi pecho y morreándome con desesperación, apenas dejándome respirar. Le tomé la cara, lo miré a los ojos y le pedí que me diera más:

    -Dame más, cógeme con todo, quiero más pija, cómo me gusta, totalmente emputecido.

    Nos besamos otra vez y aceleró sus embestidas, recibiendo el pistoneo que Mateo le daba por detrás.

    -Yo también quiero más pija, Matu, dame más, metémela toda, dijo Nico.

    Mateo se aferraba de su cintura y le daba maza jadeando y resoplando. Los veía en el espejo cómo se daban y se me volvió a poner morcillona.

    -Miren, putos, les dije, cómo me están dando, cómo me gusta, qué machos hermosos, sin dejar de contraer y dilatar mi ano para darme y dar placer.

    Se miraron en el espejo, aceleraron sus embestidas hasta que Nico empezó a jadear más rápido, arqueó de a poco su cuerpo hacia atrás para que Mateo lo besara y acabó en mi interior con varios espasmos de leche. Sentí su cálido derrame y le dije:

    -No te salgas por favor, quédate, le rogué, dame más.

    Mientras, Mateo lo seguía cogiendo y no dejaba que se saliera de mi culo, aunque sentía como la pija de Nico se ponía más floja tendiendo a salir. Yo quería más, Mateo quería seguir cogiendo, pero Nico estaba exhausto y se salió del trencito, así que le dejó su lugar a mi vecino, que me ensartó de una y empezó a bombearme con desesperación. Se le había cortado la inspiración porque estuvo a punto de acabar y reinició una cogida estremecedora que duró más de cinco minutos, besándome y chuponeándome, mientras yo trataba de ver en el espejo el reflejo del movimiento de su culo contrayéndose e hinchándose en cada embestida.

    -¡Qué bien que estás!, exclamé tomando hacia atrás sus glúteos para que se hundiese más en mi interior.

    -Quiero toda tu leche, dame más, dale, dale, empujá más con el culo, mirá qué bueno está, le dije para que lo viese en el espejo.

    Lo vio y pareció enloquecer de placer. Sin dejar de ver su reflejo en el espejo, aceleró sus acometidas, jadeó, resopló y acabó con un grito ahogado varios chorros en mi culo que emanaba leche de mis amigos, hasta desplomarse sobre mí.

    -No te salgas, le susurré al oído, con su cara recostada en mi espalda, quédate adentro, dame más.

    Giré mi cabeza para besarlo larga y apasionadamente. Ya Nico estaba de nuevo al palo a nuestro lado y nos acarició para sumarse a nuestros besos. Estábamos agotados y transpirados, pero seguíamos calientes. Sólo podíamos acariciarnos y besarnos.

    -Los quiero seguir cogiendo, pero nos tenemos que lavar, les dije.

    Nico dijo que estaba al palo, pero sin sensibilidad en la pija y si volvíamos a bañarnos nos íbamos a desmayar.

    -No puedo creer que no tengas sensibilidad.

    Le agarré la poronga para pajearlo suavemente.

    -Si está buenísima otra vez.

    -Sí, pero no me da cosquillas, es como si no sintiera nada. Me debo haber vaciado

    Mateo, aún recostado sobre mí, se unió a la paja abrazando mi mano y acariciándole el glande, a lo que Nico dio un respingo.

    -Está muy sensible, me dijo Mateo mirándome a los ojos.

    -Sí, vamos a dejarlo tranquilo, pero vos no te salgas.

    -Se me sale sola, me dijo y se retiró recostándose a mi otro lado.

    Abrazados y besándonos cada tanto suavemente, nos quedamos dormidos.

    Si quieren enviar comentarios, que no sean agresivos ni injuriosos, mi correo electrónico es: [email protected].

  • Disfrutando como mi sumiso se ofrece a otro hombre por mí

    Disfrutando como mi sumiso se ofrece a otro hombre por mí

    Llevo tiempo soñando con ver cómo te ofreces a otro hombre, pero no he querido forzar la situación hasta que hace unos días, de rodillas, lamiendo mis pies me dijiste: 

    “Ama, por favor… te suplico que traigas a uno de tus juguetes que sea bisexual y que me dejes conquistarle para ti. Deseo coquetear con él, desejo excitarle y que tenga ganas de follarme… y deseo ponerme a cuatro patas, abrir mi culo y que me folle para ti. Por favor, te lo ruego”.

    Recuerdo perfectamente aquella tarde de sábado. Nada más escucharte te coloqué en el suelo y me senté sobre tu cara, frotándome con tu nariz, tu lengua, tu mandíbula e impidiéndote respirar más allá de lo estrictamente necesario hasta que me corrí varias veces. Me había excitado tanto la forma en la que me pedías ser humillado por otro hombre, que no pude evitar demostrarte mi felicidad de esa forma tan particular, tan nuestra.

    Hoy ha pasado una semana, y en apenas 1h llamará al timbre David, con quién llevamos semanas hablando y que está más que dispuesto a dejarse conquistar por ti. Es bisexual, y además ha manifestado que le gustas… y estoy deseando ver lo puta que eres para excitarle y ser follado por él.

    Acabas de salir de la ducha y después de ponerte un tanga negro con sujetador a juego, medias de rejilla también negras, un vestido rojo suelto y tus zapatos de tacón negros me dispongo a maquillarte. Aplico tu colorete, te pinto los ojos y elijo un pintalabios rojo que te encanta y que “te hace sentir muy puta”, según tus propias palabras. Cuando termino de maquillarte, te dejo mi frasco de colonia para que huelas bien, y para tu sorpresa, saco del cajón la jaula de castidad y encierro tu ridícula polla.

    “¿Por qué me encierras, mi amor?”

    Nada más escuchar tu pregunta y ver tus ojos de desesperación suelto una carcajada natural y te digo:

    “Porque me apetece, cariño. No necesito darte más explicaciones. Pero te diré algo. Quiero que seduzcas y te ofrezcas a David y puedas hacerlo concentrado, sin preocuparte de que, fruto de su excitación, intente tocarte la pollita (cosa que sabes que está prohibido). Ahora tendrás que usar otras armas, porque tu minúscula polla no será objeto de su interés ni de mi preocupación. ¿Lo entiendes, bonita?”.

    Contestaste con un escueto “Claro Ama; como desees” y agachaste la mirada. En ese momento me acerqué a ti y mordiéndote la oreja, te dije mientras te agarraba la jaula y los huevos:

    “Sé que estaré orgullosa de lo puta que eres, mi amor. No se te ocurra decepcionarme”.

    Buscaste mis labios, pero te agarré el cuello con firmeza y te dije que guardaras toda tu excitación para David. Te ordené colocarte a cuatro patas y me senté sobre tu espalda mientras empecé a secarme el pelo y a maquillarme. Quería estar guapa para nuestro invitado, y también para ti, por supuesto.

    Pasaste un rato siendo mi banqueta, y cuando estuve lista te pedí que te levantaras y me ayudaras a vestirme. Había elegido unos leggings de látex negros, unos zapatos de tacón rojo y un corsé también rojo. Me dijiste que estaba espectacular, y la verdad es que después de vestirme no pude evitar excitarme viendo lo sexy que estaba, y lo zorra que me parecías.

    Bajamos al salón y nos sentamos en el sofá a esperar a David. Yo en el sofá, y tú en el suelo, con la correa negra de cuero al cuello y la cadena dorada atada en mi muñeca. Entonces, llamaron a la puerta y soltando la cadena del collar, te dije que fueras a abrir la puerta, mientras esperaba sentada en el sofá.

    Te dirigiste a la puerta y saludaste a David. Me hizo sonreír tu primera reacción. Él quiso darte la mano y tú, sin embargo le diste dos besos en la mejilla de forma pausada, mientras notaba que te acercabas mucho a él y de forma disimulada, rozabas su entrepierna con el dorso de tu mano.

    No pude evitar sonreír y pensar lo orgullosa que me hacías sentir siempre, pero a David le pilló de improviso, pues seguramente hubiera esperado otro tipo de bienvenida por mi parte y, desde luego, por la tuya. Además, al verte así vestido, con ese traje rojo suelto, esos tacones y pintado como una mujer, no pudo evitar exclamar:

    “Joder con tu sumiso, Laila. Está buenísimo subido a esos tacones y así pintado, con ese color de labios…Incluso huele a mujer… y el muy zorrón me ha tocado el paquete al saludarme. De ti no tengo que decir nada nuevo. Estás espectacular, como siempre”.

    Me reí y le dije que hoy no habría órdenes por mi parte… que quería ver cómo se desarrollaba la noche, y que podía hacer con mi sumiso lo que le apeteciera, pero que yo, de momento… estaría al margen de cualquier juego.

    David sonrió y volvió a mirarte, pero no pudo decir nada, porque cuando iba a hacerlo te acercaste para ayudarle a quitarse el abrigo, mientras le decías que seguramente así estaría más cómodo, pero que si quería quitarse más ropa, sería un placer ayudarle.

    ¡Qué puta!, pensé. Realmente le está seduciendo… y no pude evitar sentir cómo un calambrazo de excitación recorría mi entrepierna.

    Mientras guardabas el abrigo de David y te dirigías a la cocina para traer una botella de champagne, dos copas y la cubitera con hielos, le pedí a David que se sentara en el sofá a mi lado, lo que claramente interpretó como una invitación para disfrutar de mí. Ya lo habíamos usado varias veces como juguete, y en todas terminé disfrutando de su buena polla y follando con él durante mucho tiempo, pero en cuanto puso una mano sobre mi pierna, me reí y le dije:

    “Si quieres follarme, vas a tener que cumplir primero con mi sumiso. Y a lo mejor, ni con esas. Pero ya lo sabías antes de venir, así que no me pongas caritas. Así es la vida”

    Nada más terminar de decir estas palabras te vimos regresar al salón. Caminabas como una auténtica zorra y de hecho me arrepentí de no haberte puesto una peluca, así que después de que abrieras la botella y nos sirvieras el champagne a David y a mí, te ordené acercarte al baúl de los juguetes y ponerte la peluca negra de rizos que tan bien te sentaba.

    Volviste al salón con la peluca puesta, y ahora sí que te habías convertido casi instantáneamente en una auténtica mujer. Movías tus caderas andando sobre unos tacones de la misma medida que tu polla en erección, aunque ese día no habría “bulto” que asomara en tu vestido gracias a la jaula de castidad que había decidido colocarte un rato antes.

    No quise ponértelo fácil dándote órdenes y esperé en silencio tu siguiente movimiento, pero volviste a sorprenderme al colocarte de rodillas a los pies de David y pedirle si podías quitarle los zapatos para que pudiera estar más cómodo. David no puso ningún impedimento y le descalzaste de rodillas mientras le mirabas a los ojos fijamente. Enseguida me di cuenta que no te habías conformado con quitarle los zapatos, y te deshiciste también de sus calcetines para, sin consultar… empezar a lamer sus pies.

    Sé perfectamente que adoras lamer mis pies, pero no te gusta nada hacer lo mismo con los de un hombre. No es lo mismo lamer mis bonitos y pequeños y cuidados pies que los pies peludos de un hombre… pero estabas decidido a excitarme con tu forma de ofrecerte a nuestro invitado, así que te dejé hacer mientras me descalzaba para ver tu respuesta.

    Al verlo de reojo dejaste momentáneamente uno de los pies de David para dedicarte a mis dedos. Lamías con devoción, como si fuera a acabarse el mundo. Metías mi pie en tu boca hasta rozar con mis dedos tu campanilla, y sentía el dolor que con seguridad te estaba causando la jaula al no dejar que tu pequeña polla se empalmara. Solté un gemido al pensar en ello, y David no dejó pasar la oportunidad para meter su mano en mi entrepierna. Pero no hice ademán de quitarme los leggings. Precisamente por eso no me había puesto un vestido que dejase mi coño a su disposición… no tenía que ser yo su objetivo, así que le dejé rozarme por fuera del leggings mientras observé que mientras lamías mis pies con tu boca, con la otra mano subiste hasta la polla de David para empezar a manosear su miembro por encima del pantalón.

    Te miraba y no daba crédito. Te estabas comportando como una auténtica zorra, y pude comprobar que tu técnica estaba dando frutos cuando escuché a nuestro invitado decirte que le quitaras los pantalones y los calzoncillos. Dejaste de lamer mis pies y, mirándole a los ojos le bajaste primero los pantalones y después de comprobar el enorme bulto en su pantalón, arrastraste los calzoncillos para que su polla saliera disparada en un “efecto catapulta” que te hizo exclamar.

    “Mira lo que tienes aquí, David. ¿Esta polla es entera para mí?”

    David contestó que por supuesto que sí, y que no sabía a qué estabas esperando para metértela en la boca. Metiste la mano en tus braguitas, sacaste un condón y me sonreíste. Pero antes de ponérselo, hiciste algo que me excitó muchísimo y que me arrancó una sonrisa.

    Mientras le masturbabas con la derecha, y sin dejar de mirarle a los ojos, con tu mano izquierda te pasaste el carmín de los labios hacia tu mandíbula, dejándote la marca. Luego hiciste lo mismo con el rímel de tus ojos y, antes de colocarte el condón en la boca me dijiste:

    “¿Te parezco suficientemente puta así, mi amor?”.

    Estaba muy mojada. Sentía mi coño chorrear viéndote actuar para mí. Te comportabas como la zorra que eres. Como mi zorra perfecta y guiñándote un ojo, te dije:

    “Vamos cariño. Cómete esa polla para mí. Haz que me sienta orgullosa de lo puta que puedes llegar a ser”.

    Y sin dudar, colocaste el condón en tu boca y mientras seguías masturbándole, te acercaste muy despacio a su polla, colocaste el condón en su glande y poco a poco fuiste metiéndote su polla en la boca, mientras con la mano, y sin dejar de masturbarle, ibas bajando el condón hasta su base.

    Cuando el condón cubría toda su polla empezaste a chupar como la puta viciosa que eres, y entonces empecé a escuchar los gemidos de David mientras te agarraba la peluca y empujaba tu cabeza contra él. Por suerte David había dejado de prestarme atención y se concentraba en la mamada que le estabas dedicando, así que en un movimiento rápido, me baje los leggings y comencé a masturbarme disfrutando de escuchar tus arcadas y los gemidos de David acompasarse con cada movimiento de tu cabeza y de sus caderas.

    En un momento dado, noté cómo David aflojaba la presión de sus manos en tu cabeza y se quitaba la camiseta, para quedarse completamente desnudo. En ese momento dejaste de comerle la polla y, mirándole a los ojos le dijiste:

    “Me muero de ganas de que me folles, David. ¿Te gustaría hacerlo?”

    David me miró y comprobó que estaba masturbándome y que no se había dado ni cuenta, pero le dije que yo no era su target, y que le habías hecho una pregunta y era de mala educación no contestar a una señorita en una situación como esa.

    Sin mediar palabra se levantó y poniéndose detrás de ti levantó tu vestido, bajó bruscamente tus medias, separó tu tanga y sin ningún tipo de miramiento, entró en ti. Tu primera reacción fue un respingo y un grito de dolor. David se quedó inmovil, asegurándose de que tu culito tragón se acostumbraba a sus medidas. Sobre todo a su grosor. Tenía una polla bastante gruesa, y lo digo con conocimiento de causa, ya que no hacía demasiado que había podido disfrutar esa polla centímetro a centímetro.

    Cuando lo creyó conveniente, empezó a bombear sobre ti. Al principio de forma rítmica, pero poco a poco más y más rápido; más y más violento, hasta que sentí que tus ojos iban a salirse de sus órbitas y entonces, te dije:

    “Pedro, mi amor… ¿Crees que si me comes el coño podrás aguantar mejor las embestidas de tu amiguito? Te noto muy tensa. ¿Acaso no te está gustando? No te oigo gemir como lo hacen las putas. Vamos, zorra. Gime para mí y si me gusta lo que veo, quizás puedas comerme el coño”.

    Me miraste a los ojos con furia y apretando la mandíbula, pero inmediatamente empezaste a gemir y a pedirle a David si no sabía follarte más fuerte. Gemías con gritos de placer y dolor, porque a veces te follaba muy duro… pero no dejaste de mirarme a los ojos ni un segundo. Sentía tus mandíbulas apretadas. Sentía la humillación en tus ojos, pero también notaba que te estabas ofreciendo de verdad. Que estabas excitada como la puta que eras, y mientras David seguía follándote sin pausa, decidí acercar mi coño a tu cara, sin ninguna indicación”

    Entonces, llevado por tu excitación, estiraste el cuello para comerme el coño. Te di una sonada bofetada y después otra. Y otra. Y otra. Y otra más, mientras te preguntaba quién coño eras para lamer sin una orden. Seguía pegándole mientras David no paraba de follarte, y entonces me di cuenta de que ya no gemías, y de que tus ojos estaban bañados en lágrimas.

    Agarrándote del collar me acerqué a tu oído y te dije:

    “Ladra para mí, perro. Ladra mientras David se corre en tu culito tragón”.

    Sin dudar un segundo comenzaste a ladrar. Al principio era un ladrido casi imperceptible, pero poco a poco fue convirtiéndose en un ladrido más salvaje. Más desesperado. Más gutural. Cada vez ladrabas más fuerte. Cada vez ladrabas más intensamente… y me estaba poniendo tan cachonda comprobar tu obediencia…

    Miré a David asintiendo con la mirada. El supo perfectamente que le estaba dando permiso para correrse, y escasamente en un minuto, se vació completamente dentro de ti. Cuando terminó apoyó su pecho sudado contra tu espalda e intentó meterte mano, pero sintió la jaula de castidad.

    “Qué cabrona eres Laila… ni el placer de rozarse como una perra le has dejado. Ja ja ja”.

    Te miré y vi alguna lágrima resbalar por tu mejilla. Entre el rimel, el carmín y tus lágrimas manchándolo todo, sentí que te había llevado al extremo, y entonces, agarrándote de la peluca te dije:

    “Ven cariño. Quiero que me comas el coño hasta que me corra. Me has puesto muy cachonda y deseo correrme ahora mismo”.

    Sin dudarlo te incorporaste, levantando tu torso del parqué del salón y a cuatro patas, con los tacones puestos, el vestido ya en la espalda, las medias en las rodillas y el tanga en un lado… comenzaste a comerme el coño durante diez deliciosos minutos en los que me corrí tres veces en tu boca. Después de cada uno de mis orgasmos limpiaste con avidez, dejándolo todo limpito, como te ordeno siempre.

    Al terminar mi tercer orgasmo le dije a David que se vistiera y se fuera. Le di las gracias por humillarte y follarte, pero como habíamos acordado, hoy no podría disfrutarme. Hoy era entera para ti, así que una vez David salió de casa, liberé tu ridícula polla de la jaula de castidad y te ordené desnudarte y sentarte en el sofá.

    Y así, los dos completamente desnudos, nos besamos apasionadamente. No faltaron los te quiero, te amo, te deseo, gracias… mientras la pasión se apoderaba de nuestros cuerpos. Me buscabas con la boca, con las manos, te rozabas con tu polla, hasta que levanté mis caderas, agarré tu pollita con la mano y te dejé entrar.

    “Ohhh… gracias mi amor”.

    Comenzamos a follar. Estabas duro y a pesar de tu tamaño, disfruté cabalgándote. Me agarraste del pelo, cogiendo mi nuca y me diste las gracias por pertenecerme. Y mientras volvíamos a besarnos, y después de pedirme permiso… te derramaste dentro de mí gritando de placer al hacerlo.

    Al terminar, y después de besarnos un buen rato más, coloqué tu cabeza entre mis piernas e hice que te tragaras tu propio semen que, presionando mi coño, había retenido para ti. Me diste las gracias y, cuando me dejaste bien limpia, acercaste mi copa de champagne y brindaste por nosotros diciéndome:

    “Por ti, preciosa. Por nosotros. Te quiero y soy feliz de pertenecerte. Para todo. Para siempre”.

  • Azotes para mejorar las ventas

    Azotes para mejorar las ventas

    Marta, una muchacha de tez pálida, miró el reloj por enésima vez. Faltaban diez minutos para la reunión trimestral del departamento de ventas. La pantalla del portátil que tenía enfrente mostraba una presentación con gráficos de calidad, el resumen era impecable, pero fallaba un pequeño detalle, los resultados. Las ventas eran muy pobres. Una gota de sudor resbalo por su cuello deslizándose por la espalda. Ya no podía hacer nada, solo le quedaba esperar que sus compañeros de departamento tuvieran peores resultados.

    Cinco minutos. Le daba tiempo a ir al baño otra vez. Caminó con prisa y se metió en el aseo para mujeres cerrando el pestillo. Levantó la falda, bajó las bragas y ajustó el trasero en la taza del retrete. En su vejiga apenas había orina, pero se esforzó en demostrar lo contrario apretando. El resultado fue unas gotas de pis y un sonoro pedo. Tiró de la cadena, despegó el trasero, pasó un trozo de papel higiénico por la raja del culo, se subió las bragas y dejó caer la falda. Después de lavarse las manos con jabón y echarse unas gotas de colonia en el cuello, salió en dirección a la sala de reuniones.

    Estaban todos allí a excepción del jefe.

    Clara, la más veterana, llevaba pantalones. A su lado Raquel tocándose la melena rizada y Lucía, luciendo labios color carmín, reían abiertamente mientras comentaban sus aventuras con los clientes. Los varones se encontraban algo separados, Tomás, un joven que no llegaba a los veintiún años, Paco, vestido con corbata y José, de mediana edad, velludo y con barba de cuatro días.

    La llegada de Don Pedro, impecable en su traje azul oscuro, interrumpió la chachara. Su frente despejada denotaba inteligencia, su barba, dónde crecían pelos blancos, infundía respeto. Cuando comenzó a hablar, su voz ronca pareció llenar cada rincón.

    – Bien, aquí estamos de nuevo para evaluar los resultados. Como sabéis acabamos de terminar el periodo más importante de ventas y es hora de ver como hemos salido en la foto. Paco, empiezas tú y luego ya sabéis, vais presentando.

    Las exposiciones, que no llegaban a los 10 minutos se fueron sucediendo. Clara, Raquel y Tomás, tenían los mejores números, por encima del objetivo. Paco aprobó por los pelos. José y Marta, empataron con unos resultados muy por debajo de lo esperado. Don Pedro, sin disfrazar su enfado, tomo la palabra nuevamente.

    – Marta, José, vuestros números son muy muy pobres. No alcanzan lo mínimo exigible en esta empresa. Como sabéis, el trabajo de comercial se valora en base a las ventas. Vuestra exposición, sobre todo la de Marta, ha sido muy buena. Parece que sois conscientes de lo que ha fallado y las propuestas de mejora podrían funcionar.

    Durante un instante José se aferró a la esperanza. Incluso Marta, pesimista por naturaleza, creyó ver en las palabras de su jefe una oportunidad.

    Estaban equivocados.

    – Pero esto no quita para que el resultado sea el que es… un resultado nefasto. – continuó hablando tras una pausa.

    – ¿Qué voy a hacer con vosotros? ¿Os despido?

    – Deles una oportunidad intervino Raquel.

    – ¿Una oportunidad? Así por la cara. – replicó Don Pedro.

    – No, por la cara no. Pero puede imponerles un castigo dijo Raquel.

    Don Pedro miró a su empleada y sin inmutarse dijo.

    – Vale. Haremos como en una peli que vi. Tú y Clara castigareis a vuestros compañeros.

    – ¿Cómo? – intervino Clara.

    – Con un paddle. – respondió Don Pedro sacando el instrumento del cajón.

    Los presentes quedaron de piedra con la propuesta. Raquel, pasada la sorpresa, se pasó la lengua por el labio superior y Tomás tuvo un amago de erección. En unos segundos, el ambiente de competitividad había dejado paso a un nuevo elemento. La tensión sexual.

    – La idea es dar diez azotes en el culo a los perdedores.

    – Eso tiene pinta de doler. – dijo Paco.

    – Exacto, dolor y humillación. Si con esto no reaccionan para la próxima vez pues no me quedará más remedio que echarles a la calle. ¿De acuerdo?

    Tanto Marta como José, pillados en el momento, asintieron. La idea de perder el trabajo no les cuadraba.

    José fue el primero en enfrentarse a la tabla. Se apoyó sobre una mesa estirando los brazos y sujetando el borde con las manos. Raquel rodeó la cintura del comercial con las manos y le desabrochó el cinturón y el botón del pantalón. Clara tiró de los pantalones hacia abajo y luego hizo lo propio con los calzoncillos dejando a José con el peludo trasero al aire.

    – ¿Quién se encarga de atizarle? – interrogó Don Pedro.

    – Yo misma. – respondió Clara cogiendo el instrumento de madera.

    José, con las mejillas acaloradas por la vergüenza, intentó contraer los glúteos en un vano intento de proteger su retaguardia. El paletazo, contundente, aterrizó en medio del culo pintándolo de rojo.

    – Uno. – contó Raquel metida en el papel.

    El correctivo no dejaba indiferente a nadie y a pesar de ser varones, Paco, Tomás y el propio Don Pedro, notaban cierta excitación en sus partes.

    – Prepárate para el segundo. ¡Listo!

    Y sin esperar respuesta Clara volvió a azotar las desnudas nalgas del empleado haciéndolas temblar.

    José notaba el escozor en su trasero.

    Los golpes siguieron a intervalos regulares. Después del sexto, Raquel ofreció al azotado la posibilidad de llevarse las manos al culo y frotarlo mitigando el escozor.

    La tregua apenas duró un minuto y nada más recuperar la posición, Clara reanudó el castigo. Poniendo punto final al mismo con un contundente zurriagazo.

    José se reincorporó con el rostro tan colorado como el culo y las lágrimas a punto de brotar.

    – Bien hecho. Puedes vestirte. – dijo Don Pedro dando una palmada en la espalda a su subalterno.

    Luego, todos los ojos se posaron en Marta. La mujer tragó saliva y con un nerviosismo visible apoyó los pechos sobre la mesa agarrando el extremo de la misma. La cabeza apoyada sobre la mejilla derecha.

    – Tomás, tú eres de los que mejores números has hecho. Si no te importa, coge el paddle y calienta el trasero de tu colega.

    Tomás, algo nervioso, cogió el instrumento de castigo mientras Raquel tomo la iniciativa de desnudar a Marta. Le soltó la falda y le bajó las bragas dejando el pálido culo a la vista de todos los presentes.

    Tomás observó las nalgas de su compañera, tragó saliva y preguntó.

    – ¿Preparada?

    La mujer respondió con un sí inseguro y luego apretó los dientes aguardando el golpe. Las posaderas temblaron al recibir el impacto. Aquello dolía más de lo que creía.

    Paco tomó la palabra y con algo de retraso dijo el número.

    – uno.

    Los siguientes azotes no se hicieron esperar.

    – dos, tres, cuatro.

    Tras el quinto, Raquel se interpuso en medio y masajeó las nalgas de su compañera musitando unas palabras de ánimo en su oído.

    Dos minutos después, las nalgas de Marta volvieron a temblar con un nuevo golpe.

    – Seis.

    La mujer que estaba siendo azotada cambió la pierna que soportaba el peso de su cuerpo haciendo que la nalga derecha cayese un poco.

    – Siete. – contó Paco.

    Marta resopló y a continuación aguantó la respiración mientras la tabla impactaba por octava vez en sus posaderas.

    El escozor era importante y las lágrimas aparecieron en los ojos de la comercial.

    Sin tiempo para controlar las emociones el noveno golpe coloreo el pompis desnudo.

    Marta dio unos saltitos y se llevó las manos a las nalgas.

    – por favor, escuece mucho. – imploró.

    – Solo falta uno. – dijo Raquel acariciándole el cabello.

    Marta no apartaba las manos de su trasero por voluntad propia y tuvo que ir Paco a retirarlas sujetando los brazos de la castigada sobre la mesa.

    Matías, en cuanto vio el terreno libre, descargó un nuevo golpe rápido sobre el culo de la mujer.

    – Bien hecho. Sigues con nosotros. – intervino Don Pedro.

    Marta se incorporó subiéndose las bragas mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Don Pedro la abrazó paternalmente para consolarla.

    Luego Clara le ofreció la falda y Marta se vistió metiendo la camisa por dentro.

    Diez minutos más tarde todos salieron de la sala.

    Raquel se acercó a Marta y José que comentaban la jugada.

    – Marta, si te escuece me ofrezco para extender cremita en tus nalgas.

    Luego, mirando a José añadió.

    – La oferta también es para ti, si quieres a la hora de comer te pongo cremita.

    El hombre se ruborizó, pero no rechazó la oferta.

    Fin

  • Los amigos de mi ex novio me visitan cada semana

    Los amigos de mi ex novio me visitan cada semana

    En cierta ocasión, después de haber llegado de una fiesta en donde mi ex novio se puso, como de costumbre, hasta el tope de borracho, me insistía mucho en que me volviera una hotwife; inclusive, llegamos a casa y al querer hacerme el amor, no pudo porque su verga simplemente no se le paro. Pero no dejaba de decir lo mismo.

    En lo personal, no había yo escuchado ese termino, pero buscando en Internet entendí a que se refería el término; en pocas palabras, quería que me volviera prácticamente una puta con quien él quisiera.

    Al principio me dio mucho coraje porque se me vinieron muchas cosas a la cabeza, una de ellas es que, seguramente algunos de sus amigos tenía así a su esposa y que por eso a veces llegaba a la casa sin ganas de coger; en fin, también pensé en vengarme y dije, bueno, eso es lo que quieres? pues eso vas a tener una puta que te ponga los cuernos en tu propia casa.

    Pasaron los días y en cierta ocasión que fuimos al centro, le pedí que me llevara a una bonetería, que quería comprarme algo coqueto. Llegando a la tienda le pedí a la señorita que me atendió que me enseñara unos coordinados de ropa interior, unas pantimedias y otras cosas más.

    En los días posteriores busqué dentro de mi guardarropa, y no encontré como que muchas prendas que me sirvieran para hacer algo como lo que mi ex novio quería. De tal forma que algunos vestidos los llevé con un sastre así como algunos pantalones, tanto de mezclilla, como otros de vestir, para que me los dejara lo más cortos y ajustados posible.

    Antes de que comenzara la pandemia, mi ex novio tuvo una reunión en donde, justamente su jefe los había mandado traer, ya que, como estaban solicitando las autoridades del gobierno, iban a cerrar las oficinas de su empresa, pero ellos tenían que seguir laborando a distancia. Dicha reunión se prolongó y ese día, yo estaba preocupada porque la situación en todos lados se veía algo caótica. Mi ex novio me habló por teléfono cerca de las 10 de la noche y me dijo, por favor, prepara algo de cenar, voy con algunos compañeros de trabajo, estamos organizando la forma en cómo vamos a trabajar. Bajé a la esquina por unos tacos y les preparé café y también compré unas piezas de pan.

    Casi daban las 11 de la noche cuando mi ex novio llegaba a la casa con 4 de sus compañeros de oficina. Entraron a casa y de inmediato cenaron lo que yo había comprado, uno de ellos le pidió a mi ex que si podía traer unas cervezas, y como en el edificio donde vivimos, en la parte de abajo hay un súper que está abierto toda la noche, bajó y trajo tres six´s.

    Cuando se terminaron esas cervezas, bajaron por una botella de tequila y refrescos; ya para ese momento, habían dejado todo el trabajo en la mesa y se dedicaron a beber. Por supuesto que yo me fui a mi recamara, pero no podía dormir por el desastre que traían; pero en especial mi ex novio, a él se le había subido el alcohol más rápido que a los demás.

    En el departamento tenemos dos baños, uno que es de uso común, pero en la recamara tenemos el baño personal. Y cada vez que mi esposo iba al baño, no iba al que está en la sala, iba al de la recamara, y cada vez que iba, se veía más borracho. Yo estaba viendo una película y en una de esas se me acercó y me dijo al oido, prepárate con algo muy sexy, porque ahorita que se vayan estos cabrones, te quiero coger. En mi molestia se me ocurrió decirle, y no quieres que ellos también me cojan? Uyyy, parece que le encendí la mecha, y lejos de enojarse, hizo una cara de niño de felicidad, como cuando les dan un juguete nuevo. Entonces me dice, pues prepárate, báñate y cámbiate para que nos acompañes; y comenzó a reír.

    Llena de coraje por su respuesta, pensé, pues ahora vas a ver. Que me meto a bañar, me depilé bien las piernas, me perfume. Cuando salí del baño busque una tanga roja, me puse unas pantimedias de color natural, busqué un vestido corto de los que recién había llevado a arreglar, me maquille y me puse unas zapatillas altas. Al mirarme al espejo y darme la vuelta para verme por detrás, sólo por pararme de puntitas, creo que se me podían ver las nalgas cubiertas por las pantimedias; la tanga ni se apreciaba, pues había quedado dentro de mis nalgas.

    En la siguiente vez que entró mi ex novio, al verme casi se va de espaldas. En seguida vi cómo se le paró la verga por encima del pantalón. Y todavía me dice, no piensas salir así, verdad? Sin mediar palabra, abrí la puerta y salí a la sala; todos se quedaron callados al verme vestida así, y lo único que se me ocurrió decir, no se preocupen, así le gusta a mi esposo que ande por la casa, espero que no les moleste… Fui a la cocina por una taza de café y regresé a la recamara. Mi esposo estaba sin palabras.

    Entró rápidamente al baño y al salir, solo dijo, pues ya que estás así, acompáñame. Me tomó de la mano y me senté junto a él en la sala, en medio de todos ellos. Sin recato alguno, yo me senté cruzando inmediatamente ambas piernas. Sabía que al cruzarlas, dejaría ver mi parte íntima y ellos estaban al pendiente de mis movimientos.

    Nos propuso mi esposo que fuéramos a la mesa y sacó sus naipes, comenzaron a jugar mientras tomaban la copa. Mi silla quedó cerca de uno de ellos que se llama rolando. La verdad es que no perdió oportunidad y en un movimiento muy natural, bajó su mano y la puso en una de mis piernas, obviamente nadie se dio cuenta. Comenzó a acariciarme y a apretarme la pierna; subió su mano hasta mi entrepierna, queriendo meter su dedo en mí, pero no pudo. Eso me encanto.

    ¡¡¡Saludos y besos…!!!