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  • Compartiendo a mi contadora en el camión. Mi putita

    Compartiendo a mi contadora en el camión. Mi putita

    Después de mi primera experiencia con mi contadora, no pude estar tranquilo. En mi mente solo estaba la idea de dominarla, de hacerla mía y tenía la fantasía de ver hasta dónde podía llegar. Hasta donde estaría dispuesta a llegar como mi putita, como mi zorra. Como mi esclava sexual. Se que en la mente de muchas mujeres esta la fantasía de ser dominadas, de ser tratadas como putas, incluso la fantasía de violación es muy recurrente pero esto fue aún mas allá de cualquier fantasía que haya tenido.

    Nunca había vivido algo así y no sabía cómo hacerlo, pero la adrenalina que me generaba iba más allá de lo que mi propio cuerpo podía asimilar.

    Aquella vez en el hotel, le dije que quería hacerlo en un camión lleno de gente, de manera discreta y ver que salía de esa experiencia.

    Francamente no pensé que me dijera que si ya que era más arriesgado y podíamos encontrarnos a algún conocido o incluso a alguien podía no gustarle tamaño espectáculo y podríamos tener algún contratiempo, pero mi sorpresa fue grande cuando ella me dijo: Soy tuya. Pídeme lo que quieras.

    – Quiero que tengamos una experiencia en el transporte Llévate una falta

    – Siii yo igual, como quieres que me vaya vestida?

    – Ligera holgada sin ropa interior

    – Ufff siii

    – Quiero que sientas el viento acariciar tu vagina a cada paso. Que seas muy provocativa

    – Para ti, siempre.

    – Quiero que de tu blusa se marquen tus pezones. Me excita mucho ver como otros hombres te miran, ver cómo te desean y saber que solo eres mi puta. Mia y de nadie más y que no podrán nunca poseerte

    – ¿Te excita papi, que me vean otros hombres?

    – Solo que te vean… Que vean que esta hembra es solo mía

    – Muy bien papi

    Pasaron un par de semanas y un día donde yo tenía poco trabajo y ella pidió permiso para llegar tarde, nos quedamos de ver en un lugar donde se juntaba mucha gente para tomar el camión rumbo al centro. Yo sabia que en esa ruta los camiones siempre iban muy llenos y así era casi todo su recorrido. Tendríamos buen tiempo para jugar un rato, pero nunca imaginé hasta donde podríamos llegar.

    Mi contadora llegó al lugar indicado justo como se lo ordené. Falda obscura, nada pegada, completamente ligera y fácil de maniobrar, zapatillas negras de tacón alto, una blusa de color llamativo pero escotada algo discreta (obviamente sin bra), como hacia algo de frio por ser muy temprano sus pezones eran completamente notorios. Estaban duritos y se marcaban a la perfección a pesar de que traía también un suéter ligero.

    Tan luego se formo en la fila para subir al camión atrapó las miradas de muchos hombres que esperaban, jóvenes, adultos y algunos adultos mayores (medio viejitos).

    Me puse detrás de ella, la abracé y le di un beso. Les hice ver que venia conmigo, que tenia dueño y que solo serian capaces de poder verla y de imaginar lo que bien les viniera en gana. Era mi hembra y solo yo podía decidir qué pasaría.

    Abordamos el camión y obviamente ya estaba muy lleno, subimos y avanzamos hacia la parte de atrás lo mas que pudimos. Noté como un señor buscaba de manera discreta quedar de espaldas a ella para ir tocando sus nalguitas, pero no se lo permití.

    Buscamos un lugar donde no fuéramos muy visibles y le pido que empiece a frotar sus pezones en mi brazo mientras que con la mano que tengo libre la llevo hacia abajo y comienzo a acariciar sus nalgas de manera discreta pero libre. El señor que viene de espaldas se da cuenta y voltea a verme suplicante, como pidiendo permiso para poder rosarla también, pero con una mirada le hago saber que solo puede ver.

    Cual fue mi sorpresa que se paso del mismo lado que veníamos para ver mas de cerca como la venia tocando.

    – Ay siii

    Le toco sus nalgas sobre su falda y ya siento su calor. Somos muy discretos.

    – Estoy cachonda

    Casi nadie se da cuenta, toma su bolso y lo baja con su mano para que quede a la altura de mi pene. Lo empieza a frotar con el dorso de la mano, lo siente húmedo, duro. Lo sujeta con su mano completa. Siento como lo aprieta con desesperación, como si quisiera sacarlo en ese momento.

    Sigilosamente meto mi mano bajo su falda y acaricio el borde de sus nalgas. Siento un hilito de líquido que ya escurre. Por el movimiento su falda queda ligeramente levantada dejando ver el borde inferior de sus nalgas. Volteo a ver al señor que no nos ha quitado la mirada de encima y le dejo ver esas nalgas deliciosas. Es notorio como un bulto empieza a crecer entre las piernas del observador. Se pone rojo y el sudor se hace presente en su frente.

    Ella se acerca a mi oído y me dice discretamente:

    – Yo te lo quiero mamar papi, ¿qué hago?

    De tal suerte que un asiento muy cerca de nosotros se libera y ella se sienta. Yo me le acerco por completo para quedar con mi verga sobre su hombro. Pongo mi chamarra entre el sillón y yo y le digo que me baje la bragueta.

    – Siii amor

    – Sácalo discreto

    – Mmmm siii

    Queda tapado con mi chamarra, pero ya tengo la verga de fuera muy cerca de su cara.

    – Que rica

    El chofer apaga la luz porque ya va lleno y aprovechamos, me acerco mucho hacia su carita deseosa de verga, hago un poco de lado mi chamarra y la punta del pene queda justo a la altura de sus labios. Se agacha y lo lleva a su boca.

    – Mámalo. Ahora nadie está viendo solo la puntita

    – Ay papi que rico sabe. Te la quiero mamar toda

    Le hago ver que el señor que viene al lado no deja de vernos, que él ya se dio cuenta.

    – Que nos vea

    Se dio cuenta que trae mi verga en la boca y discretamente comienza a frotar su mano sobre su pantalón, se ve húmedo y viene ya temblando pero no deja de mirar como mi putita lame la punta de mi verga y se la mete a la boca en cada movimiento del camión.

    – Estoy muy caliente

    – Métela toda a tu boca, mámamelo – le ordeno.

    – Augggh siii

    – Que vea que rico mamas Voltéalo a ver. No le quites la vista de encima y no te saques mi verga de la boca.

    – Que vea que soy buena mamadora

    El señor busca de como acercarse. Se da cuenta que empieza a tratar de observar más de cerca.

    – Siiii

    – Tu síguela chupando, no lo dejes de ver

    – Me encanta tenerla en mi boca

    – Muéstrale un seno. Quiero que vea tu pezoncito

    – Mmmm siii. Lo bueno es que no traigo bra

    Se abre un poco el suéter y de una manera muy diestra hace de lado la blusa y deja que apenas se perciba su pezón erecto, durito, se ve esa aureola alrededor de ese pezón chiquito pero paradito, muy firme. Se ve el borde exterior de su teta. Volteo a ver al señor y le doy oportunidad de que se acerque un poco más.

    El pasajero que viene al lado de mi putita se levanta y se para para bajar del camión. Parece que no se ha dado cuenta de todo lo que está ocurriendo justo enfrente. Tapo mi verga con mi suéter, mi zorrita se hace a un lado para que pueda bajar esta persona y le hago una seña al señor para que se siente al lado de la ventana, junto a ella.

    Cuando pasa junto a mí, le digo al oído: Ella es mía y solo vas a hacer lo que yo te diga. Hoy es tu día de suerte amigo así que no lo heches a perder. El señor asintió y se sentó a un lado de ella. Puso una mochila que traía sobre sus piernas y pude darme cuenta que se sacó el pene. Ambos nos dimos cuenta de como ya no se podía aguantar y tuvo que sacar esa verga llena de leche y años.

    La cara del señor estaba desencajada, no dejaba de ver como ella no dejaba de lamer la punta de mi pene. Ella volteo hacia mi y me dijo en voz baja, pero a manera de que el señor pudiera escuchar:

    – Tal vez quiera que también se la mame

    – Levanta tu falda un poco – le ordeno.

    – Siii

    – Quiero que vea esa belleza de vagina, que vea tu pubis

    – ¿Amor, y si me dejas que se la chupe?

    – Lo volteo a ver y le hago una seña para que levante un poco su mochila y deje expuesta su verga, para que mi perrita pueda disfrutar de la verga de este extraño.

    Ella pasa su mano entre la mochila y las piernas del señor y toma esa verga de manera suave con su mano derecha, su mano izquierda viene jugando con mi verga. Ahora tienes dos vergas para ella sola.

    – Si para mi solita

    – Quiero que el vea tu boca, muérdete un labio, frótalo con tu lengua

    – Ay papi siii

    Volteo a ver a el señor y le indico que se recline para permitir que ella se recueste hacia sus piernas muy discretamente.

    – Mmmm quiero que me cojan entre los dos

    Ella se agacha como para recostarse en el regazo del señor y de manera muy hábil comienza a mamar esa verga. Este desconocido solo pone los ojos en blanco, comienza a respirar muy agitado, no puede creer que una mujer tan hermosa, tan sexy se lo este chupando justo en un camión.

    Del asiento de atrás una mano aparece por un costado del asiento y toca de manera muy discreta el borde de la nalga que esta expuesto. Lo hace de manera muy discreta, pero lo volteo a ver y se me queda mirando. Le sonrío y le doy permiso de que toque esa nalguita. Pone su mano más adentro, buscando la vagina de mi zorra, pero con un rodillazo le hago entender que solo tiene mi permiso de acariciar la nalga, nada más. Quiero que disfrute de las caricias en sus nalgas mientras tiene dos vergas para ella sola.

    Le pido que se siente. Ella me obedece, el señor se cubre el pene con la mochila y el tercero deja de tomarle las nalgas.

    Hay movimiento de gente en el camión, la gente se empieza a bajar y comienza a ser notorio que algo pasa hacia donde estamos. Le digo al señor que nos bajemos del camión. Buscamos una calle obscura.

    – Siii

    Nos bajamos del camión y caminamos buscando una calle que esté sola y que nos permita seguir con esta lujuria desbordada. El señor esta que no puede créelo y hace todo lo que yo le diga con tal de seguir disfrutando de mi zorra.

    Por fin encontramos una calle un tanto obscura aun, parecía una cerrada donde había algunos coches estacionados, algunos árboles y unos contenedores de basura grandes. Nos escondemos.

    Le pido que se hinque a mi putita. Le ordeno al señor que le levante el vestido y que se deleite metiendo su boca en su vagina, que escurra de ella mientras me lo mama. Ella siente como él le abre las nalgas y no deja de lamer toda tu intimidad.

    – Ahora voltéate quiero que se lo chupes

    – Siii

    – Ahora si mi putita. Disfruta de esa verga

    – Ufff siii

    Se lo meto todo. El señor me ruega porque lo deje metértela

    – Siii

    – Lo implora. Él desea metértelo.

    – Lo se

    Está disfrutando de la mamada, pero me dice que por favor lo deje solo metérselo un poco, quiere poder sentir ese calor de tu vagina en su verga vieja y dura, pero le digo que eres mía. Solo para mi y que esto es más que un regalo para él.

    – Claro

    – El solo podrá metértelo si yo lo permito

    – Si

    Cuando de pronto vemos que en la esquina hay un chico viéndonos masturbándose a la distancia. Le hago saber a mi zorrita que alguien más nos esta observado.

    Le pido que se hinque de nuevo Se que le gusta la leche como mi putita que es. Que excitante es ver como tiene dos penes a punto de llenarla de leche mientras que un espía furtivo se da placer con solo verla.

    – Siii sabes que me gusta mucho mamar, se que soy tuya, pero me enciende el tener otro pene para mi sola.

    – ¿Te gustaría que fueran 3? ¿Quieres más leche? ¿Quieres llenarte de leche para que el final de esta experiencia sea memorable? Eres mía, pero me gusta que mi zorrita tenga lo que le gusta. Me gusta que esté satisfecha

    – Gracias corazón

    Estamos parados frente a ella, ambos masturbándonos. Le pido que gire un poco hacia el chico de la esquina, tiene facha humilde, quizá podría ser un indigente. Otro afortunado que en la vida podría tener una mujer como esta, ni siquiera en sus más altos sueños. Le pido que abra sus piernas y le muestre al espía que hay debajo de su falda.

    – Amor cógeme, mientras me ven.

    La levanto sujetándola del cabello, le doy la vuelta y la pongo contra la pared. La empino lo más posible para que sus nalgas queden totalmente expuestas. Levanto su falda y le abro las nalgas. Su anito y su vagina son perfectamente visibles. Apunto mi pene y la penetro una y otra vez.

    – Siii como perrita

    Dejo expuestas sus nalgas justo como perrita, para su culito y la penetro. Gime desde la primera estocada. El espía se acerca aún más, viene caminando masturbándose como hipnotizado. No puede apartar la mirada de sus nalgas.

    – Ufff siii, me lo metes tan rico

    La sujeto de la cadera y la penetro fuerte, una y otra y otra vez. Le saco las tetas bajando su blusa. Dejo expuestas esas tetas tan divinas que se mueven de una manera frenética a cada penetración.

    – Mmmm cógeme papi, dame fuerte

    Comienza a gritar sin importar que nos descubran. Es mi perrita, se la meto más fuerte le doy nalgadas.

    – Siii pégame

    Tiene dos vergas justo delante de ella. Masturbándose viendo cómo le doy fuerte, en cada nalgada grita mas y ellos se ponen más frenéticos.

    – Me gusta que vean mi expresión, mi carita de puta follada, déjame masturbarlos.

    Quiero que vean como mi perrita se acaricia. Me recargo en la pared y ella sigue de perrito, pero queda frente a ellos. Les ordeno acercarse despacio. Les digo que suelten sus penes, que ahora serán de ella. Yo sigo metiéndoselo una y otra vez.

    – Ay papi siii

    – Ya tienes dos vergas en tus manos los masturbas

    – Mmmm siii

    Los hace temblar. Les digo que aun no acaben, que se aguanten.

    – Cógeme, que vean que soy tu hembra y solo tu me la puedes meter, sus vergas están duras

    – Y aunque mueren por metértela solo eres mi putita. Solo mía y de nadie más. Sientes esas vergas a punto de explotar

    – Mmm siiii, tu verga en mi panochita, y las de ellos en mis manos

    Ellos quieren sentir tu boca al menos. El señor dice que por favor lo deje terminar, mientras el chico se aguanta porque quiere seguirte disfrutando. Jamás imaginaron que este día tendrian el privilegio de que esta hembra les diera tanto placer.

    – ¿Se la chupo al mas chico?, me da ternura, su pene, aunque no es grande se acopla bien a mi boca.

    El chico no lo puede creer cuando te digo -Chúpaselo lo acercas a tu boca. Lo metes todo mientras al señor lo sigues masturbando.

    – Siento tanto placer, cogida por mi hombre, y en mi boca una verga joven.

    Le aprieta la verga para que no se venga, aun no. El chico quiere tocarla pero no lo dejo, solo le digo que disfrute de esa mamada tan rica.

    – En cada metida que me das, su verga entra mas en mi boca

    Él señor ya no puede aguantar. Le pido que se lo chupe, quiero ver su verga en su boca.

    – ya se va a venir, y me dará su lechita

    Le pido al chico que se hinque muy cerquita de sus tetas para que las vea de cerca, Le ordeno que saque su lengua para que aproveche el movimiento de la cogida que le estoy dando y pueda rosas sus pezones.

    – Déjalo que se venga chúpaselo más fuerte, quiero ver cómo te llena de leche

    – Mmm siiii ya está a punto de venirse, tengo un orgasmo al sentir su lechita en mi boca

    Se lo mama todo hasta dejarlo vacío temblando. El ya no puede más pero no lo saca de su boca, queda con la esperanza de seguir sintiendo esos labios tan divinos llenándose de su semen.

    – Me siento tan sucia, una golfa cogida en un callejón

    El chico está pegado a sus pezones. Es mi golfa mi putita y me encanta poder darle todos los penes y la leche que quiera. Le pido al chico que la llene de leche. Se para frente a ella. Recién terminó de tragar el semen del señor y el chico mete su verga a su boca.

    Lo toma por los huevos y los siente hinchados, llenos, no deja de mamársela. Con la boca llena de leche del viejito espera ávida la venida del muchacho. El chico se corre de una manera impresionante, pareciera que nunca se ha venido. Salen chorros de leche que llenan su boca y le hacen escurrir.

    – Que rico

    Cae en sus tetas. En su cara y escurre por todo su pecho. Nos excitamos aún más, le pido que se empine más. Que abra sus nalgas con sus manos.

    – Siii mi amor

    Le pido al chico que traiga unos cartones para acostarnos en el piso, acerco mi pene a su anito. Lo empiezo a frotar.

    – Ay dios

    Siento como se dilata solito. Lo empujo un poquito y siento como entra.

    – Travieso

    Me deja entrar poco a poco hasta que estas completamente empalada. Tiene toda mi verga en su culito. Empiezo a meter y sacar y gime de placer y dolor. El chico con la vega parada se acerca a su boca, toma la iniciativa. Te pido que se lo chupes. El señor se acuesta boca arriba a un costado tuyo con la verga muy parada otra vez.

    Levántate un poco para que lo dejes estar abajo de ti. Sientes la verga del señor rozando ya la entrada de tu vagina. Siento otro orgasmo tuyo porque aprietas fuertemente mi pene con tu culito. No puedes parar de chúpaselo al chico y el señor hace lo posible por empezar a metértelo por la vagina.

    Eres toda una golfa. Mi golfa. Aúllas cuando sientes la verga del señor entrando por tu vagina, pero no dejas de moverte, siento su pene como choca con el mío dentro de ti, por fin tienes dos penes dentro de ti y un tercero en tu boca empiezas a tener orgasmos interminables, les pido a los otros dos que quiero que terminemos todos en tu cara.

    El señor se sale despacio y se pone de pie, yo saco mi pene de tu culito y me pongo de pie junto al chico y ya los tres parados frente a ti nos seguimos masturbando. Tu como toda una putita, esperas ser bañada de leche, te hincas y abres tu boca sacas tu lengua y los tres explotamos al mismo tiempo llenándote de semen la cara, el cabello, la boca, con tus dedos lo capturas todo y lo llevas hacia tu boca para no desperdiciar ni una sola gota.

    Te pones de pie, acomodas tu vestido, y caminamos hacia la avenida para tomar un taxi rumbo a casa ya en el taxi comenzamos a platicar de la experiencia estamos muy lejos de casa, aún hay tráfico y…

    Dejare lo que siguió después para el siguiente relato. Mi correo es [email protected].

    Si gustas conocer a mi putita contadora, pídeme una foto a mi mail y con gusto te la comparto. Le encanta que sepan que es real.

  • Una noche para nada normal

    Una noche para nada normal

    Era un viernes, eso de las 22 h, nos juntamos a tomar unos tragos que nos debíamos hace mucho tiempo, en principio seriamos solo Mariana y yo, ya que Julián esa noche se juntaba con sus amigos. Todo iba normal, lleve unas papas de paquete, ella hizo pizza y compro cervezas, algo tranquilo. Estábamos cenando, con la típica charla del trabajo, la familia y amigos que ya no veíamos, lo normal.

    Pero algo no era tan normal, la veía más suelta que otras veces, tanto en su vestimenta como en su forma de hablar. Tenía puesto un vestido que dejaba a la vista un escote muy sensual, se podía ver la forma de sus senos, sus medianos y sensuales senos. Además, utilizaba palabras raras en ella para conmigo, ya que éramos amigos hace mucho tiempo: «Coger», «Pija» «Caliente» y recurría a la situación sexual de las personas de las que hablábamos, sugería que imagináramos quien se cogia a quien, algo que no me resulto muy cómodo. De un momento a otro, tuvo un gesto que me erizo la piel, tomando un trago de cerveza se mojó con la misma las comisuras, sin querer, por la torpeza de haber ya bebido 2 latas, pero eso no fue lo que ocasiono mis nervios y palpitaciones, sino que se limpió con su índice y se lo chupo, mirándome, con esa cara de «ups, que tonta fui”, tan sensual y tan sugestiva que me confundió y me hizo pensar que no era una noche normal como la que yo creía.

    Luego de ese momento, raro, incomodo?, no lo sé, todo siguió «normal». Hasta que fue a buscar una cuarta lata para ella, la tercera para mí, y no tuve mejor idea que decir «disculpa, yo no tomo más. Tengo que manejar a casa». Me miró. Sonrió y como ignorando totalmente mis palabras, trajo la lata, la abrió y me dijo «tomá dale, la noche recién empieza». Volví a sentir que la piel se me erizó, volví a sentir palpitaciones y hasta creo que sudé un poco. Sonreí, agarre la lata y le pegue un trago, estaba helada, o yo la sentí helada porque mi temperatura había subido, hasta hoy no lo se.

    Seguimos tomando, hablando, riéndonos, y de golpe se escucharon llaves, la puerta se abrió y era Julián. Camisa negra, apretada, pantalón negro y bien peinado, la saludo con un beso y a mí me estrecho la mano.

    – Que paso amor? Llegaste temprano. -Pregunto un poco sorprendida Mariana.

    – Me aburrieron, Futbol y trabajo, lo único que se habló, además «Fulano» ya estaba tomado. Los borrachos no me divierte – Respondió él, con una risa y guiñándome el ojo, buscando complicidad masculina

    Se excuso y fue al baño, y de allí a la habitación, yo quede con ella. En silencio, mirándonos. «es hora de irme» pensé, y antes de poder levantarme, ella me miro, toco mi mano y me dijo, «ya vuelvo», y fue hacia la habitación. Quede en la mesa, solo, esperándola, con la música suave de fondo. Hasta hoy no se si realmente pasó tanto tiempo desde que se fue, o fue mi imaginación, no lo sé pero no volvía y yo no sabía si irme, esperarla, llamarla, no sabía que hacer, esas tres latas estaban afectando mi visión, no soy de tomar tanto, tenía sueño y estaba cansado, que hago en la casa de mi amiga cuando ya llego su novio? Me voy, tome la decisión. Cuando me levante de la silla la veo volver, «Hey, sentate» me dijo a penas me vio de pie. Obedecí. La vi despeinada, un poco agitada, un poco acalorada, que pasó en esa habitación, durante estos minutos?

    -Creo que es hora de irme – Dije, un poco incomodo.

    – Espera, quiero preguntarte algo – Me dijo, un poco avergonzada.

    – Si? Decime. – Respondí, esperando cualquier cosa, menos la pregunta que me haría.

    – Tenes fantasías? – Preguntó, Casi sin mirarme.

    No supe que responder, me sentí raro, invadido, inhibido, nervioso, pero también… Algo excitado. No sé si fue el alcohol y mi falta de experiencia con él, pero no dude en responder con la mayor de las sinceridades:

    -Si, ser dominado.

    Wow, de donde salió eso? De mi más profunda y sucia mente.

    Ella quedo muda, sorprendida. Sentí que la había cagado, que era momento de irme, pero otra vez me gano de mano.

    – Quedate acá. Ya vuelvo. – Me dijo, con una mirada pervertida, esa mirada de «hoy me divierto». Me incomode. Obedecí, por supuesto, pero tenía miedo.

    La vi volver, pero ya sin vestido, en ropa interior. No entendía que pasaba, no sé por qué, pero solo pensaba en Julián. ¿Lo va a engañar? ¿Estará de acuerdo? ¿Fue idea de él? Claramente estaba confundido. Vi que en sus manos tenía una venda, me dijo que me relajé, que, a partir de ahora, estaba en sus manos, y que sabía que esta noche iba a ser especial desde que me vio llegar. Yo no lo sabía.

    Me vendó los ojos, me hizo poner de pie, sentía su respiración y a la vez mis latidos, empecé a sudar. Me desabrocho la camisa, sentí como me aflojo el cinto del pantalón y no pude evitarlo, me erecté como hace mucho no lo hacía, sentía que mi miembro iba a atravesar mi bóxer. Me tomo de la mano y me llevó a su habitación. Cuando entré, sentí el movimiento de alguien en la cama, «es Julián, se viene un trio.» Pensé…sin saber que me estaba equivocando…

    De pronto sentí que me agarro una mano, que es eso? Pensé. «me está atando?»… Sí, así era, me ato ambas manos a la silla, me quito la venda y me la puso en la boca. Me asuste, mil cosas pasaron por mi cabeza, pero con un solo brazo, ese miedo paso a ser excitación:

    -Hoy, vas a cumplir tu fantasía – Me lo dijo con una voz fuerte, casi como un reto.

    Me sacó el bóxer, no había dudas de que estaba excitado, mi miembro ya estaba duro, a lo largo de mis 16 cm eran venas hinchadas, y en la punta una gotita…

    – Vas a ver cómo me cogen, vas a verme gemir, chupar, cabalgar y tragar semen, sin que puedas hacer nada. -Siguió «retándome».

    Yo empecé a babear, desnudo, atado, realmente necesitaba tocarme y no podía, lo cual me excitaba aún más, estaba dominándome… Tal y cual lo desee toda mi vida desde que soy activo sexual.

    Me dejaron atado, mientras Julián se quitó el bóxer… Madre mía, eran unos 19 cm de pura verga… Hasta tenía ganas de chupársela yo…

    Mariana no dudo en llenarse la boca de esa pija, empezó a chupar como si de eso dependiera su vida, escuchaba ese sonido de chupar y veía como entraba y salía esa verga de su boca… No paraba de gotear de mi verga y de babear por la venda, que caía sobre mi pecho… Todo, absolutamente todo me excitaba más y más. Julián se paró, la arrodillo y empezó a cogerse la boca a Mariana, haciéndola babear, intercalando una cachetada cada tanto que a ella parecía enloquecer aún más.

    El paro, la desnudo y la tiro a la cama. Empezó a chuparle la concha como nunca en mi vida lo había hecho, nunca vi tanta devoción por comerse una vagina como lo hacia él. Ella gritaba y me miraba de reojo, yo no podía más, me miraba la pija y me latía de placer… Placer que no estaba sintiendo, sino viendo.

    Julián la revoleo como si fuera una almohada, la puso en 4 mirándome a mí, y empezá a cogérsela. Eran gritos de placer puro, hasta yo sentía como esos 19-20 cm entraban y salían, era lo mejor que había visto. Ella gemía como loca, incluso me aturdía, me hacía babear más y más, no soportaba más, necesitaba tocarme. La hizo sentarse arriba de él, siempre ella mirando hacia mí, y empezó a cabalgar… No veía la hora de que lo haga sobre mí, sobre mis humildes 15-16cm. Empecé a gemir, siguiéndola a ella, con la venda babeada, mi pecho lleno de mi propia saliva y el piso por debajo de la silla goteado de mis fluidos.

    Luego de cogérsela unos 20 minutos o más, cuando parecía que era interminable, Julián la arrodillo y empezó a masturbarse.

    -Me vas a dar la leche papi? – Dijo Mariana, mirándome de reojo.

    – Toda bebe, toda te la voy a dar. Te vas a llenar de leche de papi – Respondió él, envuelto en placer.

    – Por favor, dámela toda -Pidió deseosa Mariana.

    Al cabo de unos segundos, salió el primer chorro de semen… Créanme, que hasta yo estaba deseoso de captarlo con la boca. Llenó la boca de Mariana de semen con cuatro chorros que salieron de esa verga enorme, para satisfacerla y que ella disfrute. Yo, deseoso de acabar, me retorcía en la silla, no daba más, ¿era mi turno?, pensé. ¿Qué sucederá ahora? Estaba demasiado excitado para pensar más allá de lo que veía.

    Julián agarro de los pelos a Mariana, que aún tenía su boca llena de leche, la acerco a mí y le dijo «Ahora la de él”. Mariana agarro mi miembro, pegoteado y empezó a masturbarme, yo gritaba de placer con el solo hecho de que me haya tocado. No tarde en acabar, cuatro chorros iguales o aún más cargados que los de Julián, fueron a parar a la boca de Mariana, mezclándose con la que ya tenía.

    – Trágatela toda – Ordenó Julián. Mariana, obedeció. No dejo ni una sola gota. Él se sentó en la cama, como con la tarea ya cumplida. Ella se sentó en mi regazo y me dio el beso más excitante y mojado de mi vida, con sabor a semen de ambos… Volví a excitarme, mi pija se volvió a parar… Necesitaba más.

    Mariana miro a Julián, miro mi verga que estaba dura de nuevo y dijo:

    -Qué hacemos? – Mirando a Julián

    – Que se vaya. – Respondió él, mirándome con una sonrisa picarona pero algo violenta.

    Entendí claramente, me estaban dominando, me estaban dejando con las ganas porque ellos dominan y yo obedezco.

    Tomé mi ropa, me despedí y me fui. Con ansias de que algún día… Algún bendito día, volvamos a juntarnos a tomar algo con Mariana…

  • La fantasía de estar con alguien mayor no me dejaba dormir

    La fantasía de estar con alguien mayor no me dejaba dormir

    Tenía una líder en mi trabajo la cual se volvió una gran amiga,  platicábamos mucho y de vez en cuando me confesaba sus aventuras pasadas, la confianza se hacía más grande y las bromas se hacían más intensas, desde abrazos hasta tocarnos sin que nadie nos viera.

    Le pedí su número y platicábamos seguido, nos confesábamos nuestras fantasías y nos decíamos las ganas de estar en un motel haciéndolo duro y que más podría pasar entre nosotros, simplemente pensamos en que tendríamos encuentros sexuales muy activos.

    Las conversaciones se hacían más emocionantes cada vez, ella me confesaba que tenía sueños húmedos conmigo y yo le decía lo que imaginaba con ella cada vez que me masturbaba imaginándola, ella me decía que le ponía nerviosa platicar esos temas conmigo y para que estuviera más satisfecho empezaba a mandarme fotos de ella desnuda, me dejaba ver sus pechos y contemplar su vagina, me satisfacía mucho verla en diferentes poses y verla en videos tocándose y metiendo sus dedos en su vagina.

    Decidimos salir al cine a ver una película y allí decidí besarla ella me correspondió y al salir del cine decidimos ir a su casa me senté en su sillón y ella se acostó sobre mi regazo, sentí una erección y ella lo sintió y río, sacó mi pene del pantalón y lo empezó a pasar por su cara y sus labios, empezó acariciarlo con la lengua y finalmente se puso frente a mi de rodilla y empezó a chupármelo muy profundo, sabía mover muy bien la lengua que no aguantaba mucho la excitación.

    Fuimos a su cuarto y nos desnudamos, abrí sus piernas y empecé a lamer su clítoris y a introducir mis dedos en ella y a morder sus labios mayores, me prendía mucho escuchar sus gemidos, me acerqué a ella para besarla y meter mi pene en ella y lo hicimos tan duro que el cuarto se llenó de gemidos cambiamos la posición tomándola de la cintura y penetrándola duro mientras ella tenía la almohada en su boca, estaba tan caliente que quería penetrarla analmente.

    Tenía que hacerlo poco a poco, ella me decía que sentía mucho dolor pero aun así me dejó hacerlo, no lo soporto mucho, me recosté en la cama y ella se postró sobre mi chupando mi pene en pose de 69, lamimos nuestras partes hasta ya no poder, ella se recostó boca arriba y yo me senté sobre su abdomen para meter mi pene en su boca y al mismo tiempo estiraba mi mano hacia atrás para masturbarla, llegando el tiempo de correrme, ella los echo en sus pechos y su cara.

    Fue lo más excitante que sentí que me dejó vacío, mi fantasía se había cumplido y ella había vaciado sus ganas de tener sexo conmigo algo que hasta la fecha no olvido.

  • Metro 2

    Metro 2

    En otra ocasión nos subimos al metro en Tacubaya en el vagón de en medio, eran como las 7 pm estaban los asientos llenos, pero nada de gente parada, ella se quedó en la puerta contraria, pero sin recargarse en la puerta, llegamos a Chapultepec y ya saben que se sube el bolón de gente y da la casualidad que un chavo de aproximadamente 25 años se puso atrás de ella y como va que le comienza a pegarse a mi esposita.

    Ella como que no quería, como yo iba frente a ella la comencé a aventar con la mano en su puchita hacia atrás por lo que ella puso sus nalgas en su cosa, para lo que él la tomó de las caderas y se la acomodo de tal manera que le venía dando unos repegones de campeonato incluso ella se puso totalmente roja, por qué la venía viendo otro chico como se la venían empalmando, cabe mencionar que esa día ella llevaba una falda ligerita delgada, así estuvo hasta San Lázaro, nos teníamos que bajar pero ella se siguió yo me bajé, la tuve que esperar media hora.

    Cuando regreso ella me comentó, que se bajó con el chico en Gómez Farías se salió del metro, saliendo caminaron para dentro de la colonia y pues le dieron una metida de mano arropada en un árbol, nada más no se la cogieron por que caminaba mucha gente por el área.

  • La conocí en el médico (parte 1)

    La conocí en el médico (parte 1)

    Me acuerdo como si fuera ayer de la primera vez que vi a Mónica. La mañana era lluviosa y soplaba un viento desagradablemente frío. El despertador, impertinente, me sacó abruptamente del mundo de los sueños.

    Mi cuerpo, perezoso, disfrutaba del calorcillo que proporcionaba el edredón nórdico bajo el que me encontraba. Por un instante, pensé en dejarlo para otro día y seguir allí, tumbado, mirando el mal tiempo desde la barrera. Pero aquello no podía ser, tenía una cita en la consulta médica. «Cinco minutos más» me dije mientras bajo la ropa de cama mi mano buscaba mi pene. Lo encontré caliente, todavía pequeño. Con ayuda del pulgar y el índice apreté la punta como si fuese el tubo de pasta de dientes. Lo acaricié, rasqué los huevos durante unos segundos maravillosos y volví a encargarme del miembro.

    En mi cerebro dibujé la imagen de una compañera de trabajo dándome la espalda, inclinada sobre su mesa de trabajo, enfundada en unos pantalones blancos que dejaban pasar la luz. Su voluminoso trasero en pompa, sus bragas devoradas por la hambrienta raja del culo. Mi pene reaccionó. Lo agarré con la mano y comencé a masturbarme.

    Tenía prisa, no había tiempo que perder para alcanzar el clímax. Intensifiqué mis pensamientos eróticos añadiendo una nueva chica a la ecuación, compañera de trabajo también que, por alguna razón que escapa a la lógica, tenía los pechos al aire en aquel lugar público. Una pequeña cantidad de semen se acumuló y subió por mi miembro, forcé la situación, contraje los glúteos y lo dejé salir. El placer fue escaso, pero no tenía tiempo para más. Limpié mis dedos pringosos en mi propio muslo, aparté el edredón y quitándome toda la ropa, en cueros, caminé al baño para ducharme.

    La sala de espera se encontraba en un tercer piso. Varias sillas de plástico pegadas a la pared, un tubo de neón que apenas iluminaba las paredes blancas y una ventana que daba a un jardín poco cuidado. Observé a los presentes. Una chica de cabello rojo y amarillo que mascaba chicle, un matrimonio de mediana edad, un hombre de mi edad con ojos saltones y cara de susto, y una mujer delgada y menuda con gafas que pasaría con creces los treinta.

    Aguardé de pie unos minutos. Estaba nervioso. Finalmente opté por sentarme al lado de la mujer delgada. Saqué el móvil y nada más encenderlo, la puerta se abrió y salió una joven vestida con vaqueros. Su rostro serio y sus pasos algo dubitativos.

    – Marcos García.

    Al oír mi nombre dirigí la mirada de nuevo hacia la puerta y me levanté de la silla.

    – Yo. – dije.

    – Perfecto. – Respondió una joven de ojos grandes y cabello castaño que llevaba bata blanca.

    – Siéntate por favor.

    Obedecí observando la habitación mientras la joven buscaba mi ficha en el ordenador.

    – Estás algo bajo de vitaminas. Voy a ponerte una inyección.

    – ¿Perdona? – dije

    – No me digas que te dan miedo las agujas. – respondió con una sonrisa burlona.

    – No, no es eso.

    – Entonces te da vergüenza.

    – ¿vergüenza? Por qué me iba a dar vergüenza.

    – Por nada… ¿prefieres estar de pie o tumbarte en la camilla?

    – ¿por si me desmayo? – añadí de manera estúpida.

    – Bueno, también, pero es más por comodidad… y por cierto, vete bajándote los pantalones.

    El rubor coloreó de rojo mis mejillas.

    Un minuto después, la chica armada con una jeringa con aguja y un algodón empapado en alcohol se acercó a la camilla donde estaba tumbado.

    – Relaja ese culete.

    – Eso es fácil de decir para la que no está sobre la camilla. – dije sin pensar.

    Ella se río.

    Luego noté el algodón empapado en mi nalga derecha, seguido de un azotito y un pinchazo. Lo peor llegó mientras el líquido se abría camino en el músculo. Por fortuna duró menos de lo que esperaba.

    – Ya puedes vestirte corazón.

    – Gracias. – dije reincorporándome.

    – Por cierto, ¿tu tocas el piano?

    – El piano… sí, ¿cómo lo sabes?

    – Eres mi vecino de arriba, te vi la semana pasada cuando venías de correr.

    – Ah, tú eres la nueva.

    La chica sonrió y añadió.

    – Mónica, me llamo Mónica. Y me gusta correr.

    (Continuará)

  • Mi amiga la actriz

    Mi amiga la actriz

    Hace un mes que ojeando la programación de Teatro «Pedro Muñoz Seca”,  vi cómo había programada una representación artística de una conocida compañía regional, donde participa una antigua amiga mía; Y sin pensarlo mucho compre una localidad. Días antes de la fecha de representación, la llamé a su celular:

    C. Hola Eva, soy Carlos Duarte. ¿Cómo estas cielo?

    Ev. Ella me dice que está muy bien, y muy ajetreada con la obra, en la que está trabajando ahora.

    C. Eva en unos días, estaréis aquí en el Puerto de Santa María, ya me he hecho con una entrada. ¿Tendrás algún momento, en el que nos podamos ver?

    Ev. Si Carlos, busco un momento, mejor tras la representación, y nos vemos, que me hace mucha ilusión verte y recordar otros tiempos, donde nos apreciábamos.

    C. Pues, si lo ves bien, reservo mesa en algún restaurante cercano, y cenamos juntos, si no tienes ningún compromiso con la compañía u otras personas.

    Ev. Sí, me parece bien. Un beso mi rey, te llamo cuando esté en el Puerto.

    El día de la función, yo andaba un poco nervioso, pues hacía más de cuatro años, que no veía a Eva, la recordaba como una tía joven, dinámica, con su pelo moreno y sus ojos castaños, y un cuerpo escultural, presidido por unos pechos medianos y con un trasero, apretado y respingón. De estatura menor a la mía, entorno a los 174 centímetros de alta. De repente suena mi móvil, lo cojo.

    C. Si, ¿dígame?

    Ev. Hola Carlos, hemos llegado ahora al teatro, tendremos toda la mañana, para el montaje escenografías y luminotecnia más ensayos, así que te llamo para confirmar nuestro encuentro tras la representación.

    C. Si Eva, lo había pensado, perfecto mi niña (como cariñosamente le llamaba antes), si puedo me pasó por el teatro antes de la función y te saludo. Un beso mi niña y hasta esta tarde.

    Ev. Perfecto Carlos, si vienes antes, entra por la zona de carga, darás directo a camerinos, el mío es el 8. Besos, estoy impaciente por verte, ha pasado mucho tiempo. Besos.

    Carlos se dirige al teatro y entra por la zona de carga, tras ver el pasillo de camerinos, llega al número 8, golpea y una voz femenina, desde dentro grupa ¡pase! Carlos abre la puerta y Eva de espaldas a la puerta se gira y grita ¡Carlos!, se funde los dos en cariñoso abrazo. Carlos tiene ante así a una mujer más madura, a la que el recordaba, pero igual de linda y sensual. Carlos se separa y con las manos agarrados y brazo extendido le comenta

    C. Estas divina, mi niña.

    Ev. Tú no está nada mal, el tiempo no te ha cambiado, y le da un cariñoso golpe en el trasero.

    C. Bueno te dejo y me voy para la cola de entrada.

    Ev. Luego tras la función, nos vemos. ¡Espérame en la recepción del teatro, puerta de entrada!

    C. Ok, la besa y se marcha.

    Finalizada la representación, Carlos se dirige a la zona que le comento Eva, y espera unos diez minutos, cuando ve subir por las escaleras, que descienden al foso y zonas de trabajo del teatro, a una Eva vistiendo camisa y pantalón vaquero, y una chupa también vaquera.

    C. Hola, ¿qué tal después de la exitosa representación?

    Ev. Casada y hambrienta. Espera un momento, dejó mi maleta en la portería del teatro, y me aseguraré hasta que hora están los porteros en el recinto.

    Regresa Eva y los dos agarrados como antaño, lo hacían, se desplazan a un restaurante cercano al teatro, concretamente al restaurante “La Chivata”, es allí donde Carlos tiene reservada una mesa para dos.

    Llegados al restaurante, (lugar muy frecuentado por Carlos), le solicita al camarero, que le indique cual mesa es la que él tiene reservada.

    Camarero. Hola D. Carlos, su mesa es la del fondo a la izquierda, con vistas a la plaza de toro, y una de la más tranquila del salón, tal como usted nos indicó

    Carlos y Eva, se adentran en el salón y ocupan la mesa, que anteriormente le había comentado el camarero.

    Tras la comida, en la que conversaron de anécdotas y momentos vividos en el pasado, llegan a los postres, y tras abonar la correspondiente cuenta, (paga Carlos), salen del restaurante, y se dirigen al teatro, Eva tiene que recoger su maleta.

    Por el camino del restaurante al teatro, Carlos le comenta a Eva, si tiene reserva de alojamiento, a lo que Eva indica, que no, ya que como había quedado con él, le dijo a sus compañeros, que no le reservarán habitación en el hotel Santa María. Ante esta situación, que alegra la vida a Carlos, le comenta a ella, pues nada te quedas en casa.

    Recogen la maleta de Eva y se desplazan a la casa de Carlos, la cual está detrás de la Plaza de toros del Puerto, llegados a la casa, un quinto piso, Eva le indica a Carlos cuál es su habitación y este la acompaña hasta una habitación que está al lado de la habitación de Carlos. Eva le comenta a Carlos, oye puedo asearme, pues tras la función no lo hice, para que no me estuvieras que esperare mucho.

    C. Por supuesto mi niña, estas en tú casa. Te indicó donde están los productos de baño y las toallas.

    Ev. Que lata te estoy dando.

    C. Lata ninguna, me encanta que nos volvamos a reencontrar.

    Eva entra en el baño, y comienza una relajante ducha. Mientras, Carlos se ha tumbado en el sofá, viendo la televisión.

    Cuando sale Eva del baño, Carlos está dormido, y ella despacio se acerca a él, y le besa en la frente primero y luego en la boca. Carlos se despierta y ve delante de él a una belleza de mujer, que viste un sujetador de color azul claro con transparencias, que se le ven las areolas de los pechos y los pezones y en conjunto con el sujetador unas braguitas sensuales, que tras las transparencias se deja ver su coño depilado y entre ver sus labios.

    C. Uff, que recibimiento Eva, estas maravillosa, en Eva resalta su pelo largo aun un poco mojado, tras el baño y sus ojos brillosos.

    Ev. Gracias por el cumplido, ¿no te importa que este así?

    C. De ninguna manera, lo que pasa es que me podrás muy cachondo.

    Se acomoda Eva en el sofá junto a Carlos, y coge la copa de Carlos, para dar un sorbo de lo que él está tomando. ¿Quieres una copa?, Ella responde no, con la tuya bebemos los dos. Tras el segundo sorbo de la copa. Eva se acerca a Carlos y lo mira profundamente a sus ojos, como intentando descubrir, lo que pasa por la mente de Carlos en ese momento, dada la hora de la noche y el ambiente reinante en el salón, ella intuía que era lo que Carlos tenía en mente, intercambio con él una sonrisa y tras ello se agacho delante de Carlos llevando su boca a la altura de la cremallera del pantalón.

    El pene de Carlos, al sentir el calor de la respiración de Eva, se inicia a poner erecto, Eva baja suavemente la cremallera con su mano derecha, Carlos deseoso que terminará de bajarla, no veía el momento, pues Eva le bajaba muy lentamente la cremallera, bajada la cremallera Eva mete su mano izquierda entre el pantalón y los bóxer de Carlos, buscando ese preciado y deseado trofeo, Carlos sentía los dedos de Eva, como bajaban sus bóxer y le acariciaba su pelvis suavemente, hasta alcanzar el pene erecto con su mano y apretarlo, lo saca al exterior ve que esta erecto y muy duro, me baja el pantalón hasta las rodillas, y me baja los bóxer.

    Con el pene agarrado por la mano izquierda de Eva, donde sólo yo podía ver la cabeza de mi polla, donde se podía ver ya un poco de líquido, Eva empezó a pasar su lengua secando las gotitas que tenía, preparándolo para lo que tenía pensado hacer.

    Pasó su lengua por todo el tronco del pene de Carlos hasta llegar a sus testículos y comenzó a succionar los testículos, provocando un agradable sensación y escalofríos, continuo chupando hasta alcanzar la cabeza del pene, parándose y bajando la piel y dejando el glande al descubierto, y abriendo su jugosa boca y su juguetona lengua y comenzó a comerme todo el pene, el cual estaba ya muy duro y bien erecto casi para reventar, llevo el pene hasta que no pudo más, trago saliva y agarro mis nalgas, saco el pene desde lo más profundo de su boca para coger aire y volvió a introducirlo en el interior de su boca, comenzando a realizar movimientos con su cabeza sacando y metiendo el miembro de Carlos, saca el pene y con su lengua empieza a chupar los testículos, realizando estas tareas de chupar los testículos y volver a meterse el pene dentro lo más profundo, así estuvo un buen rato, con estos rítmicos movimientos Carlos estaba tan excitado y comenzó a descargar toda su leche dentro de la boca de Eva, ella aprieta las nalgas de Carlos, por el placer que le estaba causando sentir esa leche caliente en su boca, sacó el pene de su boca muy despacio, estando ya el pene por completo fuera de su boca, estaba ya flácido y limpio de semen. Eva miro a los ojos de Carlos y tras mostrarle su boca que estaba totalmente limpia (se había tragado todo el semen derramado por Carlos) y comenzó a besarlo de forma apasionada, su lengua suave y cálida.

    De esta forma se quedaron los dos tras una experiencia que Carlos no recordaba

    Se quedaron dormidos, y a la mañana siguiente Eva, que se había quedado en la misma cama que Carlos, se levanta y se ase, Carlos que la ve, entra en el baño, y colocándose por detrás de ella, la rodea con sus brazos y besa su cuello, llevando el culo de Eva para pegarlo al pene de Carlos, que se había levantado un poco caliente.

    Tras un apasionado besos, ella se introduce en la ducha y él se marcha a la habitación, cuando Eva regresa totalmente desnuda, el observa ese cuerpo y le comenta ¿Cuándo podré gozar de ese cuerpo y devolverte la experiencia y pasión que me distes ayer? Eva le dice en un mes estoy de regreso, así que repetimos lo de hoy.

    Eva y Carlos desayunan juntos y tras el desayuno, ella se despide de Carlos hasta denlo de un mes, y Carlos le comenta, te llamaré todos los días, se dan un beso en la puerta de salida y Carlos se queda observando como Eva se marcha por el inmenso pasillo de la planta.

    Carlos comenta en voz alta, tras cerrar la puerta de su casa. ¡Ya podía ser el próximo mes!

  • Marta y Ariadna. Follar deliciosamente

    Marta y Ariadna. Follar deliciosamente

    Marta es una chica fantástica, muy risueña, muy agradable, la sonrisa tatuada en su resultona cara, un amor, un lujo de amiga. Siempre pendiente de hacer favores, muy de besos y abrazos, de sobarte siempre que te ve. Es lo que se dice un amor y una suerte. La tengo de compañera de trabajo hace unos años y su comportamiento en momentos complicados, o días serios y arrugados consigue que el problema pase a segundo plano. Nuestra relación sólo se mantenía en el ámbito laboral, en las oficinas. Nunca habíamos ido a comer, o tomar un café por la calle, sólo entre las cuatro paredes de una luminosa oficina. Es muy dicharachera, como un torbellino de colores, se mueve rápidamente, es muy ágil y rápida con la palabra justa y la conversación apropiada. Es también, en motivos laborales muy resolutiva. Un primor, una amiga con quien contar siempre.

    Ella es bajita, de compresión fuerte, es dura como el mármol de Carrara por su afición desmesurada al gimnasio. Posee glúteos poderosos y altos, imaginen una tía maciza. El pecho. sin exageraciones, es prominente, en proporción agradable, los muslos se adivinan potentes, fuertes, sin un gramo de grasa. Puro músculo fibroso. La cara, naturalmente es guapilla, de facciones muy agradables, ese tipo de rostros que caen bien a todos, suficiente conversar una frase o dos palabras. Se queda con todo la peña.

    En tiempos pasados, en la mañana, nos saludábamos agarrándonos el culo, ahora ya no. Llegamos mutuamente al acuerdo de no darnos nalgadas en presencia de otros compañeros. En estos momentos esas bromas pueden tener consecuencias nefastas. Sí, lo hacemos en el ascensor yendo solos, en algún departamento sin gente, eso sí, mantenemos como vital los dos besos sonoros en las mejillas en cuando nos vemos a la mañana. Resumiendo nos llevamos de maravilla, eso suele ocasionar alguna envidia. Mejor dicho, muchas.

    En la pasada Semana Santa decidí quedarme en el hogar, viendo alguna película, o leyendo alguno de los libros que se van acumulando poco a poco. Antes de comenzar el recogimiento y la oración decidí que debía ir a una tienda de comida precocinada, llenar el frigorífico para tantas fechas. No me apetecía preparar nada, tenía el día y el pensamiento muy holgazán. Pues a lo dicho, salí de casa pensando en la compra, los platos que podía adquirir, naturalmente pescado, bacalao en estos días de vigilia. El pecado de la gula es controlable, el de la lujuria, mi plan era mas bien calcar usos y maneras de un monje de la regla de San Benito, ora et labora.

    Iba por la calle sin rumbo ni dirección. Tampoco tenía decidido a qué tienda ir, posiblemente a El Corte Inglés, cubre holgadamente mis exigencias. El vino, no se olvide, pensé con determinación. Igual me daba la tienda, al lado de mi casa hay una vinoteca surtida, con mis grandes bodegas favoritas que me reconfortan el espíritu y relaja mi cabeza.

    Sin dirección caminaba por la acera, llamándome la atención un cartel en cierto escaparate muy chulo, muy colorista dentro de un entorno básicamente gris. Era una galería de arte anunciando una exposición, un artista desconocido para mi, el pasquín de la puerta fue un perfecto reclamo. Entre decididamente curioseando con deleite aquellos oleos costumbristas de paisajes castellanos extensos, ocres y largos hasta el infinito. Era bueno el artista.

    En un momento me asaltaron por la retaguardia, tapándome los ojos con ambas manos. Me desconcertó el sitio y especialmente el momento, en un segundo el perfume delató al asaltante, es un aroma inconfundible.

    -¡Eres Marta, mi musa, la Marta única!

    -¿Cómo me has reconocido estúpido?

    – Por el olor de tus flujos de real hembra vuelta.

    -¡Dios!, qué tonto eres y adorable. ¿Sabes, es la primera vez que coincidimos fuera de la ofi?

    -¿Cuál es el premio?, ¿Más tocamientos obscenos de nuestras partes pudendas?

    -No hijo no, confórmate con unos besos, es suficiente por ahora. Ya veremos de aquí a un ratito, me vuelves loca.

    A continuación y dándome un piquito húmedo en los labios comenzó a charlar sobre la exposición. Los dos coincidimos que la visita era casual. Ella estaba esperando a una amiga que trabajaba cerca, en una tienda de ropas. Agarrándola fuertemente del hombro fuimos paseando por la galería con comentarios de elogios hacia el autor. Llegamos al final invitándola cortésmente a tomar un algo, confirmó con el gesto haciéndome el ademán con la mano de parar.

    – Un momento acelerado, he de realizar una llamada de teléfono a mi amiga, prométeme no vas a emborracharme para meterme mano.

    – Tienes mi palabra que no, de no ser que lleves la ropa interior conjuntada, eso es invitación – fue mi respuesta.

    – No la llevó, pardiez, no he salido con intención de abusar ni de amigo, ni de conocidos ¿Conoces algún sitio para quedar por aquí? -me preguntó.

    – Pues no lo sé, salgamos fuera, seguro que hay una cafetería o bar de referencia- aclaré.

    Me fijé en un rótulo anunciando el nombre comercial. Tiré para adelante, evitando escuchar la conversación. Ella se quedó en la puerta, fui al interior del local pidiendo las consumiciones, saliendo al exterior. Marta, ya estaba fumando, quizás su único vicio conocido.

    Seguimos de cháchara de temas triviales, algunos del trabajo. Nada serio. En ese momento vi por la acera que estaba sin gente, acercarse una hembra despampanante con estampa de mujer fatal, echaba para atrás. Al llegar a nuestra altura parándose, con un gesto de manos que anunciaban algo, así como déjame un momento, atrapó con su boca de forma indecorosa y lasciva los morros de Marta que respondía con un entusiasmo para mi inimaginable hasta ese momento.

    Al separarse del inacabable morreo, la tremenda morena se dirigió a mi con una mirada sensual, de una devoradora experimentada, avasalladoramente me plantó un glorioso besazo en la mejilla, apartándose, mirándome y con cierta voz áspera de tabaco y alcohol se presentó.

    – Soy Ariadna, tú debes ser Arturo. El único referente masculino de mi querida Marta, estoy encantada de conocerte.

    Marta con sonrisa, creó que forzada o simple compromiso, comentó que era su pareja desde hace un par de años, que vivían juntas un tiempo prolongado. Por dentro tenía la picha hecha un lío horrible por la inesperada situación, la sorpresa mayúscula me había desarmado en argumentos y palabras. Situación que se me escapaba, debía resolver inmediatamente para no quedar en modus imbécil a la enésima potencia. Menudo corte Caperucita, qué viene el Love Feroz.

    Como un resorte me abalance sobre Marta dándole un grandísimo abrazo y a la vez le agarraba los dos culos con total vigor, sin contemplaciones, quería conocer el nivel de celos de la morenaza. Ella resolvió la situación de manera graciosa, dándome golpecitos en el antebrazo con insistencia.

    – No te pases chaval que es mía – dijo la poderosa Ariadna guiñándome el ojo.

    Seguimos hablando los tres, mientras Marta, mi querida amiga, me estuvo interrogando sobre mi plan para estos días, confesando que ninguno especial, que me daba todo pereza y hastió. No había mirado nada, tampoco informado del panorama. Ella conoce que en mis viajes me gusta documentarme de manera pormenorizada de los acontecimientos, fiestas, exposiciones y movidas varias. Pero no, llevaba una temporada de un vago subido, de sentarme e ir contemplando el pasar de las nubes y tal y tal. Quizás pudiera ser ir a Sevilla, una idea pasajera, soltando en la distendida charla.

    – Pues mira -fue el apunte de Ariadna- tenemos habitación en Sevilla y la idea era ir cuatro amigas, las otras dos se han rajado a última hora, es una habitación coqueta en un hotelito céntrico con cuatro camas. Apúntate, buen hombre, tu amiguísima del alma estaría supercontenta. Animo.

    – Venga Arturo, un paso al frente, será muy divertido estoy segura, un viaje entre cultural y placentero, no seas cagón – fue el final lapidario de Marta

    – Vamos a ver chicas -intentando explicar- no me veo en una habitación con una pareja de hecho y derecho, sería algo así como el palanganero o mamporrero de vuestras intimidades, el que sujeta la vela. Otra opción sería que cuando empecéis con los tocamientos descontrolados y libidinosos, cogerme la manta e irme al pasillo o a tomar una cerveza a la Alameda de Hércules.

    En este momento tercio con decisión y energía Ariadna.

    – Oye, bonito, nosotras no somos ninfómanas, no estamos todo el santo día comiéndonos el santísimo coño, tenemos claro dónde, cuándo y de qué manera.

    Seguimos en la conversación mientras en mi interior sopesaba pros y contra de la situación. La verdad, el morbo de la situación provocaba en mi picha, en ese instante morcillona, garantía de erección total y portentosa.

    – Esta bien, pedazo de cansas, con vuestro real compromiso de no ponerme en situaciones embarazosas. ¿Por cierto tomáis la píldora?- era la broma para romper hielo.

    Quedamos en media hora en el portal de mi casa, a la que fui al trote cochinero para hacer el petate de manera rápida. Tres nikis, un par de camisas, seis pares de calcetines, y los Klein de las grandes ocasiones, fuera para esta situación los gayumbos baratos de los chinos. Un par de zapatos, eso es todos.

    Al llegar a la calle ya estaban allí, subidas con un Mercedes clase A blanco, en la mismísima acera. Acelerando el paso llegué hasta ellas, sentándome en la parte trasera, con el bolso al lado. En cualquier parada técnica lo pasaría al portaequipajes. La poli no descansa, son rápidos de bolígrafo en posesión de un boletín para multas gordas.

    El viaje fue cómodo, sin incidentes parando para repostar, la meadilla y el café reconfortante. Llegamos al hotel, subiendo a la habitación. Era amplia, bastante más que mi imaginación imaginaba. En una esquina de la estancia, el catre para mis sueños, las señoritas optaron por hacer una cama como armario horizontal para sus vestidos, decidiendo dormir las dos en la otra.

    Rápida ducha, entré al baño vestido y salí vestido, para evitar momentos sofocadores. En cuando termine de asearme y cambiarme, avisé con el dicho me las piro, espero abajo, hay una taberna justo al lado con muy buenas perspectivas. Ellas continuaban medio en déshabillé, probándose y quitándose ropas. Estaba en una situación palote total, era mejor desaparecer.

    Sevilla es ciudad que conozco bien, ellas no tanto, fuimos paseando a distintos templos culinarios de las tapas para recuperar fuerzas. Todo era una fiesta para nosotros, con los chistes, comentarios, situaciones. Una tarde perfecta. Para recuperar fuerzas nos apalancamos en una terraza de la calle Betis, en Triana, estuvimos un tiempito largo, muy largo, hasta la noche, Llegado el momento decidimos levantar el culo e irnos para el centro histórico. Ellas estaban empeñabas en pasear y cenar por el barrio de Santa Cruz, paraíso de los guiris y el turismo nacional. Pues para allí, no quiero llevar la contraria.

    Eran las cuatro la mañana y seguíamos rumbeando de bar en bar, en momentos me solía perder para que ellas fueran dando rienda suelta a sus instintos de la carne. Pasado un rato llamaban al móvil para preguntar dónde estaba, así transcurrió la noche, hasta que llegó el momento que decidimos que era hora de ir a dormir. Andando hasta el hotel, estaba relativamente cerca. Iba por delante como un explorador marcando el camino. Ellas detrás riéndose, metiéndose mano, besándose, mientras este modesto relator, contemplaba el azahar y disfrutaba de la magnífica noche.

    Llegamos a la habitación adelantándose Ariadna, abrió la puerta, encendió una lámpara diminuta. En el momento entendí la declaración y proclamación de intimidad. Acercándome a mi rincón entré al baño para darme una ducha. Salí con una camiseta para introducirme en el sobre, léase cama. De mi boca un escueto con el mensaje de hasta mañanas, guapísimas, quedándome como un tronco al instante.

    No sé que hora sería, pero algún ruidillo hizo a mi subconsciente reaccionar, despertándome remolonamente y a la vez en alerta.

    Me consto algún segundo centrarme donde estaba y qué estaba haciendo. Por el amplio ventanal cerrado, con persiana tipo alicante, no estaba cerrada en su totalidad, por las ranuras entraba un destellante haz de luz radiante, hasta el fondo de la habitación.

    Franja de luz, franja de sombra, recuerden la mítica escena de “Nueve semanas y media” con la Basinger pletórica. Al fondo vislumbraba en forma desdibujada el bulto de dos personas cubiertas con sábana blanca. En la nebulosa de luces y sombra distinguía la desnudez de Ariadna, desde su espalda y a perfección velazqueña de su buen dibujado culo, como Marta jugaba con el conejo de su amante con sus delgados y largos dedos, a modo de pianista virtuoso. La situación era brutal, mi chorra no estallaba de puro milagro.

    Seguían revolcándose, dándose placer, suspiros enmudecidos, contenidas ganas de reventar al viento las ganas de placer total. La sábana, la blanca sábana, subía, bajaba en algunos instantes desaparecía del escenario. Marta llevaba un tanga de algodón negro delicado y sugerente, pero sin sujetador.

    No veía con nitidez, en un movimiento la cara de Ariadna quedó mirando hacia mi lugar, entiendo que vería mi carita de sustito, la excitación de mis pupilas abiertas, observadora como una rapaz nocturna,

    Levantándose la poderosa morenaza, vino sinuosamente, cimbreándose hasta mi posición. Cerré con fuerza los ojos, con temor y timidez innata, como un chiquillo asustado cuando lo descubren. Agarrando con delicadeza mi mano, sin decir una palabra, tiró de mí. Una vez de pie seguí sus pasos hasta su cama del otro extremo, con voz ronca susurró:

    – Mira que te traigo, Marta, es para ti está noche- poniendo mi mano en la de Marta. Estiró con firmeza en un mensaje de conformidad entusiasmada.

    Marta se incorporó, sentándome al borde de la cama, justamente enfrente mío. Ariadna acechaba, desde la penumbra en silencio total. Contemplaba la escena con aprobación totalmente mojada. Marta agarró mi bóxer, tirando de ellos para abajo, la picha salió de golpe irrefrenable, desafiante, poderosa y con altivez absoluta, su acción inconsciente, fue llevársela a su boca. Mamaba torpemente, sus caricias eran titubeantes, palpando toda mi genitalidad curiosamente. Ariadna incorporándose de la cama, con caricias y chupeteos continuados glotones. Me coloque cerca de Marta acariciando sus pechos duros, de gratísimo tacto, lamiendo sus pezones. Ahora si distinguía el color, rosa palo, de un tamaño grande, receptivos, despiertos, ultra sensibles por los respingos de la propietaria.

    Quité con delicadeza su negro tanga, me puse a su lado, lubriqué tanto como pude su entrada al paraíso con toda la saliva que pude producir. Con un poco de dificultad logré introducir el rabo en su lubricado y chorreante sexo. Delicadamente, sin acrobacias, fui marcando el ritmo, según como respondía con movimientos o sus profundos besos.

    Ariadna empezó acariciarme la espalda y muslos, con sus dedos índice y anular jugueteaba con mi esfínter. Notaba sus dedos lubricados, rastreando con precaución, buscando resquicio y mi aprobación dilatando para poseerme, el final pudiera ser la cuarta dimensión del gusto. Bastó mi gesto para que dejar de importunar la retaguardia.

    Fue algo precioso y emocionante como dos amigos de verdad, Marta y yo, nos acoplamos en todo. Ya saben corrida y abrazo sincero y fuerte a la vez recuperábamos nuestros biorritmos.

    Ariadna se acostó a nuestro lado y muy bajito me dijo con cierto enternecimiento que era la primera vez que Marta estaba con un hombre teniendo una gran suerte. Juntamos los tres los labios, quedándonos plácidamente dormidos.

    Ustedes lectores, dejó a su imaginación si los otros dos días en Sevilla fueron así, o fueron distintos. No tiene importancia.

    Al martes cuando yendo al trabajo me encontré con Marta, nos dimos un beso, cogiéndonos del brazo entramos a una cafetería, situándonos en un rincón.

    – Somos amigos con roce -habló ella mirándome con fuerza y fijamente a mis ojos – ha sido muy bonito, una experiencia increíble para mi, espero que lo sucedido no cambie para nada la relación que tenemos.

    – No tendría por que, nuestra forma de querernos, nuestra amistad va mas allá que un polvo que son un puñadito de minutos. Ahora la relación no tendrá tensos momentos, o sueños raros. Somos más libres y leales.

    – Desde luego -confirmó Marta – te veo de otra forma diferente, con mas tranquilidad de ánimo, más serena, de todas las formas esto no queda aquí.

    – ¿No?, que planes tienes amiga del alma.

    – Otro día, otro momento, con más tranquilidad, con más compromiso, repetiremos los dos, sin testigos, sin mas mirar que el tuyo y el mío. Tenemos una conexión mágica que debemos cultivar. Mi relación con Ariadna sigue siendo la misma, o más fuerte. Habrá momentos difíciles, que estemos agobiados, mal con nosotros, o los acontecimientos. Un polvazo de dos amigos aplacarán nuestras ansiedades y dudas. Seremos amigos con todo el respeto.

    Dándome un beso en los labios con lengua, estuvimos un ratito en la misma posición. Al separar nuestras caras, los ojos tenían en los dos, grandes lágrimas. Una amistad sellada y limpia para mucho tiempo.

    No hemos vuelto a estar íntimamente juntos, nos adoramos, cuando sale la conversación mantenemos el compromiso cachondo de intentar matarnos a polvos, como una fiesta infinita, como tomar una copa o emborracharnos en una noche sin fin. Puede que no lo necesitemos ninguno de los dos, antes pronto que tarde, seguro que volveremos a otra noche mágica y total.

  • Mi caliente y maduro jefe

    Mi caliente y maduro jefe

    Comencé mi servicio social en un despacho jurídico, a decir verdad no tenía tantas ganas de ir, me aburría estar revisando papeles todo el día e ir de oficina a oficina para recolectar sellos y demás cosas, o bueno, eso me comentaron que tendría que hacer. Pero cuando vi a mí nuevo jefe, no me quedó duda de que haría todo menos papeleos.

    Un hombre maduro de 42 años, alto fornido con barba, trajeado y siempre oliendo a loción cara, desde la primera vez que lo vi me imaginé arriba de su polla, imaginaba que estaba grande y la saboreaba en mi boca.

    Pero pronto mi ilusión de montarme en él se fue a la basura, ya que era casado y parecía ser muy fiel o al menos eso decían en la oficina.

    No perdí oportunidad, cada día iba con faldas ajustadas y accidentalmente desabrochaba un botón de más en mi camisa, pero no servía de nada, ignoraba cada señal. Resignada a trabajar en papeleos y cosas sin sentido, llegó el día que su secretaria tuvo que irse de incapacidad y buscaron una suplente la cual, fui yo.

    Así que mi esperanza se avivó, ahora me tomaba más en cuenta ya que era su secretaria y mano derecha, entonces comencé a decirle a su esposa que estaba ocupado en juntas o con mucho trabajo, y siempre que entraba a su oficina trataba de acercarme un poco más, hasta que empecé notar su mirada rápida en mis pechos o en mi trasero, estaba logrando mi objetivo.

    —Peach, mañana nos vamos tarde, hay que terminar el proyecto —Asentí antes de verlo salir. Esa sería mi oportunidad.

    Me vestí con lencería negra y unos ligeros preciosos, mi tanga negra era minúscula dejaba ver mi culo redondo y apenas si tapaba mi coño que ya escurría por querer subirme en él. Y mi sostén tenía encaje, dejaba ver mis pezones paraditos. Encima coloqué una falda de tuvo verde oscuro muy ajustada y una camisa blanca justa con un botón desabrochado, me solté el cabello y puse unos tacones negros y mis lentes.

    Al llegar, noté su mirada y dejé caer un lapicero para agacharme y enseñarle todo el culo, escuché que tosió un poco. Por la tarde cuando la oficina ya estaba vacía mientras él y yo checábamos expedientes me levanté a cerrar con seguro su oficina, no me importaba verme como una puta fácil, quería que me cogiera y tenía que cumplir mi capricho.

    —¿Qué haces Peach? —Dejo de ponerle atención a sus hojas y me vio extrañado, traía su pantalón de vestir y una camisa blanca un poco desabotonada.

    Sin ninguna pena, comencé a desabrocharme la blusa mientras caminaba hacia él sin dejarlo de ver, hasta que quedé frente a él y solo en sostén.

    Justo en ese momento comenzó a sonar su teléfono, sabía que era su esposa y antes de que alcanzará el teléfono se lo arrebaté de las manos.

    —Hoy no, estás ocupado vas a cogerte a tú secretaria —Subí mi falda para poder sentarme encima de él, me miró indeciso por un momento, pero cuando saque mi sostén y miro mis tetas redondas y con los pezones parados su mirada cambio, parecía que me quería comer.

    Entonces metió su mano por atrás de mi cabello y me jalo hacia atrás y en un solo movimiento me subió al escritorio, se veía tan dominante, tan caliente.

    —¿Quieres que te folle, putita? —Sentí que me palpitaba el coño, así que solo gemí en respuesta, inmediatamente comenzó a besarme con ferocidad y mi cuerpo reaccionó ante sus besos húmedos y mordidas, aún me tenía con la cabeza hacia atrás jalando mi cabello, me soltó un poco y comenzó a darme besos húmedos por el cuello hasta mi pecho. Se metió una teta a la boca con salvajismo y chupó tan fuerte que gemí escandalosamente y pegué un brinco cuando comenzó a morderme, no aguantaba más.

    Me soltó un me sentó, abrió un poco las piernas y no necesite que me dijera que hacer, inmediatamente baje del escritorio y saque en un segundo mi falda, quedando en tanga. Me acerqué a él y fui directamente a su entre pierna, se veía un bulto considerablemente grande y muy ansiosa me deshice del cinturón, baje el cierre y moví la tela del pantalón y bóxer dejando libre a su deliciosa polla, larga y gruesa, inmediatamente salive y di un lengüetazo, su mirada estaba fija en mi, después pase mi lengua por toda su polla como si fuera una paleta para después atragantarme con ella. De nuevo agarro mi cabello con ferocidad y comenzó a mover mi cabeza al ritmo que se le antojaba.

    Si polla sabía deliciosa y me encantaba chuparla y verlo mientras lo hacía, me jalo del cabello para después cargarme y dejarme en el escritorio, me abrió de piernas y se arrodilló.

    —Que rico coño tienes, puta —escupió a mi coño para empezar a comérselo, su lengua masajeaba mi clítoris mientras con un dedo me penetraba y con el otro masajeaba mi ano. Me sentí en el cielo, chupaba con una rapidez y se tragaba todos mis fluidos, de la nada me volteo y me puso en cuatro, comenzó a masajear mi culo y con sus manos lo abrió para darle paso a mi ano, que empezó a lamer, después uso una mano para masajear mi coño, me dio una palmada en el coño y gemí de placer.

    Ahora me pare y lo guíe hasta su silla, me senté encima de él y no dude nada en subirme en su verga, sentí una oleada de placer, más cuándo comencé a moverme a mi gustó como una puta, hacía enfrente y hacía atrás mientras lamía mis tetas y mordía partes de mi cuerpo. Soltó la primera nalgada y gemí, así siguió, me dolía el culo pero me encantaba que me azotará.

    —Quítate —Me movió y subió mi pierna al escritorio mientras yo estaba de espalda, me la metió mientras se movía bruscamente, mis tetas quedaron pegadas al escritorio y mis manos las tomo detrás de mi espalda, me estaba dando tan duro que sentía mis fluidos correr a chorros por mis piernas, estaba tan mojada, excitada, caliente.— Eres una perra sucia — me soltó una nalgada, cada vez que me hablaba sucio mi cuerpo reaccionaba y me excitaba más.

    —Dame más duro joder —las embestidas eran tan rápidas, tan salvajes y bruscas que mi sentía rebotar cada parte de mi cuerpo, con una mano agarro mis dos manos y con la otra pegó mi cara al escritorio que no aguanté más y entre gritos llegué a mi orgasmo y no solo eso, tuve un squirt, de inmediato me soltó y bajé rápidamente.

    Él parado y yo de rodillas comencé a mamársela con fuerza, la saboreaba, me encantaba y sin esperar mucho que se vino en mi. Lamí lo que pude de sus fluidos, eran tan ricos, cayeron en mis tetas y ver su semen ahí me excitaba aún más, me levanto de un brazo y me beso salvajemente.

    Agarré mi ropa rápidamente y me vestí.

    —Nos vemos mañana Jefe —Mientras se abotonaba la camisa me miró.

    —Si Peach, mañana también tenemos que quedarnos por la tarde — Sonreí y salí.

  • Felicitación telefónica en Navidad

    Felicitación telefónica en Navidad

    Quizá, a quienes hayan leído mis primeros relatos, esto les parezca repetitivo,  pero aquí quiero contar una escena que no había escrito entonces. Yo tenía 22 años, un hijo, que me provocó una severa depresión posparto que se agravó pues me parecía que yo ya no le parecía atractiva a Saúl, mi esposo, quien yo sentía que volcaba todo su amor y atención en nuestro bebé. A mis 23 años, fui con mi hijo, a quien ya lo había destetado, a pasar las vacaciones decembrinas a la ciudad donde vivían mis padres. Allí me reencontré con Roberto.

    Desde antes de casarme, Roberto y yo tuvimos una atracción muy fuerte, al grado de que quería que me casara con él. Yo ya estaba comprometida con Saúl y se lo dije. No niego que mientras fui novia de Saúl, tuve otras relaciones similares con otras personas, casi todos compañeros de la Preparatoria, o amigos y vecinos, pero todo sólo quedaba en besos y manoseos.

    Esta ocasión, sentí que Roberto me podría dar el cariño que me faltaba, pues así había sido ya. De hecho, meses antes en que también había visitado a mis padres Roberto y yo pasamos muchos ratos de lujuria donde yo le chupaba el pene y tomaba su semen; él también tomaba mi leche, pues aún amamantaba a mi hijo, pero nunca hubo penetración.

    A la primera oportunidad que tuvimos, hicimos el amor, siempre con condón. Nos vimos con frecuencia para estar juntos, desnudos y empiernados. En la Noche Buena, toda la familia disfrutamos una rica cena que habíamos preparado entre todos. Le hablé a Saúl, quien había estado en la casa de sus padres y me dijo que se la pasaría el día siguiente en casa. Nos acostamos un poco antes del amanecer. Al día siguiente, me levanté y le pedí a mi hermana que cuidara a mi hijo ya que yo iría a visitar a mi tía abuela a su casa pues ella no se sintió con ganas de ir con nosotros a la cena. Pasé con mi tía, le di la comida que llevaba para que probara lo que habíamos cenado, y desde allí le hablé a Carlos, pidiéndole que me recogiera en la calle de esa casa esto fue a mediados de los años 70, entonces no había teléfonos móviles. Me dijo que en media hora estaría afuera.

    Pasada la media hora, me despedí de mi tía y salí. Ya en el auto me dijo que no iríamos a un hotel porque su hermano no estaba en la ciudad y regresaría unos días después, así que tendríamos la casa para nosotros solos.

    No voy a repetir aquí qué tal la pasamos, vayan a mis primeros relatos. Les recuerdo que yo controlaba por el método de Billings, o el ritmo y según eso, ese día no era probable que quedara encinta. Por ello nuestras locuras fueron más disfrutables. El asunto es que, después de tantas posiciones y baile desnudos, descansábamos en la sala. Yo aún con el pene de Roberto adentro de la vagina, le dije que llamaría a Saúl. Roberto me pidió que lo hiciera después, porque no quería separarse de mí. “Yo tampoco quiero que te separes, mi amor, estoy muy bien así”, le dije y tomé el teléfono para marcar a mi casa.

    Me contestó Saúl y comenzamos a platicar.

    –¿Qué tal la pasaron, Nena? –preguntó mi marido.

    –Muy bien y ahorita que vinimos a visitar a mi tía Elsy, pedí permiso de hablarte, así que no me puedo tardar. Te hablé para desearte feliz Navidad –le dije.

    –Igualmente, mi Nena. ¿Cómo está mi hijo? –preguntó.

    –Bien, pero lo dejé con mi hermana en la casa.

    –Bueno, ¿la pasas bien?

    –Sí esta Navidad es de pura felicidad –dije y me moví sobre el falo de Roberto que se volvió a poner tieso–contesté queriendo colgar para seguir en lo mío.

    –Qué bueno que estés feliz, te he extrañado, sobre todo en las noches… ¿Y tú? –preguntó.

    –También, en las noches –dije moviéndome más, sintiendo en las piernas y en las nalgas lo mojado del flujo con el semen de Carlos que había escurrido en sus vellos–, pero es una blanca Navidad la que paso aquí –concluí silenciando lo que estaba sintiendo.

    –Me da gusto, Nena, sigue gozado a tu familia.

    –Sí, gracias, adiós –dije y colgué para besar a Roberto al tiempo que me movía más rápido…

  • Fugitiva (IV)

    Fugitiva (IV)

    Las ganas de orinar me despertaron, estaba oscuro y solté orina en una esquina del sótano en el cual me hallaba. El hedor que emanaba mi cuerpo y que salía de mi piel me daba asco de mi misma! y la herida en mi brazo dolía como pinchazos de aguja. Sirenas de policía seguían escuchándose a lo lejos y agazapada pensaba en qué hacer.

    Ya con luz de mañana comencé a revisar el sótano en que me había metido, sin encontrar nada con que vestirme o quitarme este hedor. Salí por la misma ventanilla que había entrado, el lugar era enorme y no me ubicaba hacia alguna salida. Caminando hacia los establos, pude ver a decenas de caballos siendo alimentados por trabajadores del lugar. Seguí por los establos buscando desesperadamente algún vehículo, sentía debilidad y fatiga por la acción en los últimos días y más en una fría mañana de primavera.

    A lo lejos vi a un hombre que se bajaba de su automóvil, posiblemente un trabajador del lugar que venía llegando a la jornada. Me fui acercando cautelosamente y guardando cierta distancia, entró a lo que parecían unos camarines? Lo seguí y vi por la ventana que se vestía de overol por sobre su ropa, además llevaba toallas e implementos de aseo. Perfecto!

    Salió del lugar rumbo a un galpón, lo seguía mientras trataba de buscar algo con que golpearlo así que cogí una escoba de aluminio que encontré, tan solo debía esperar la oportunidad.

    Estaba tiritando del frio y no sentía mis pies dentro de los pesados zapatos penitenciarios. Con mis ojos bien abiertos vi a aquel hombre entrar al lugar para luego escuchar ruido de agua cayendo al piso Me acerqué apreciando lo que parecía una regadera enorme, pegada a la pared lo observaba y preparaba mi asalto, veía que el hombre estaba desnudo bajo una manguera, el vapor que emanaba lo deseaba sentir en mi cuerpo frio. Cuando comenzó a enjabonar su cabello era el momento. Salí en dirección del tipo y al llegar cerca, torpemente caí el suelo, los malditos zapatos de la penitenciaria se resbalaban en el piso mojado. En el suelo y con un fuerte dolor en mi brazo baleado, aquel hombre me hablo.

    -Ohh, señorita está bien? Tremendo costalazo que se dio.

    Se tapaba su entrepierna mientras me ponía de pie.

    No sabía que decir. Pero él hablaba.

    -Oiga ni sabía que hoy limpiaban aquí, mire… salgo en un instante ya?

    No respondía nada, el golpe me había dejado pasmada, no quería ni siquiera golpearlo.

    Impávida, aquel hombre se acercó a verme de arriba abajo.

    -Oiga no diga nada, ya? el patrón solo le tiene agua caliente a sus caballos…

    Me masajeaba el codo y pensaba en que decirle.

    Mas no pude y me alejé viéndolo de frente hacia la pared, quedé cerca de sus pertenencias y aprovechando la incómoda situación en que estaba aquel hombre, me senté con el fin de tentar sus pertenencias con mi mano sin que se diera cuenta, a fin de encontrar las llaves de su auto. Estaba palpando mientras él hablaba.

    -Oiga compañera, está bien? hable alguna cosa pues!?

    Cuando sentí el bulto de su cartera y llaves, las agarré con la mano y me puse de pie hacia la salida, tratando de pasar desapercibida.

    -Oiga que lleva ahí? Eh!! Se lleva mi cartera. Oiga adónde va!!!

    Apresuro el paso y comienzo a correr mientras el hombre desnudo me persigue, pero antes de llegar a la salida de las regaderas, un fuerte brazo a la altura de mi panza me detiene en seco quitándome el aire y soltando la cartera, no así las llaves, caigo al piso nuevamente. Mi fatiga y debilidad era evidente y caí al piso como un costal, sin embargo guardé las llaves en el bolsillo del overol.

    -Que está pasando compa José?

    -Oiga compa manolo, esta mujer aquí se estaba arrancando con mi cartera, mire.

    Tirada en el suelo, me impedían la salida mientras hablaban y el hombre recogía su cartera, sin pudor a su desnudez.

    -Ohh, pero como? Vamos a tener que avisarle al patrón nomas.

    -Shh, pero no sé compa manolo, yo estaba acá en las regaderas de los caballos para aprovechar el agua caliente. Ve que en los vestidores sale fría como hielo.

    -Y ésta que hacia aquí a esta hora? Si entran a las nueve? Ah conteste pues!

    Preguntaba mirando mi rostro.

    Aquel hombre me levanto correctamente y con su mano corrió mi cabello hacia los costados para verme mejor.

    -Oiga don José, esta es una chiquilla nomas, y debe estar en algo. Está toda moreteada y huele bastante feo también!

    Ambos se acercan a verme y oler mientras el tipo me sostenía por el entre brazo, ya me desmayaba y me entró el pánico de que me capturaran otra vez.

    Balbuceando y tragando mi apestoso aliento les hablaba.

    -Ayúdeme por favor.

    Ambos se sorprendieron un tanto, pero más bien lo tomaron como una actuación.

    Incrédulos más que otra cosa, pensaban mientras me miraban.

    -Oiga compa manolo, esta debe ser una de las que se fugaron ayer.

    -Ahh!! Sii!! Tiene razón amigo. Pero parece que la trataron harto mal a esta chiquilla.

    Ya casi lloraba e imploraba.

    -Ayúdenme si! Nomás quiero una ducha y asearme porfis?

    Miraba sus caras observando dispares reacciones, mientras el hombre que me sostenía se mostraba interesado, el otro se alejaba gesticulando.

    -Ah no sé yo, no me metan en problemas ni cuestiones raras.

    Dicho esto el desnudo hombre volvía a la improvisada ducha.

    En mi desesperación deseaba sentir el agua caliente y algún aroma a jabón, ya estaba desdichada.

    -Bueno muchacha, si que te hace falta una buena ducha.

    Me soltó un tanto para que caminara a su disposición. Guiándome hacia la regadera, que no era más que una manguera gruesa puesta en vertical.

    Me soltó del todo para darme un jabón y un trapo que traía.

    -Ya pues chiquilla, aproveche el agua calientita.

    No sabía, más bien no quería saber que podría suceder si me desnudaba ahí y me daba un baño, pero con todo lo vivido la última semana. Que más podría pasar?!

    Desbroche mis zapatos para luego bajar el cierre del overol, no me veían ni mostraban interés ni siquiera al dejarlo caer, no levante mirada y fui directo a la ducha. El agua tibia fue un auténtico relajo, sentir como mis pies entraban en calor y que aquel apestoso aroma escurría de mi cabello, era una satisfacción. Enjabonaba hasta cansarme y luego cambiaba de mano para seguir enjabonando mi cuerpo. El parche en mi brazo se desprendió y vi que tenía las suturas rojas e hinchadas. Disfrutaba del baño, con la tranquilidad que aquel tipo dueño del auto, mantenía su distancia. Bebí agua hasta llenarme y me gire para lavar mi cabello.

    -Hijole!!

    Aquella interjección me hizo ver a aquel hombre bien entusiasmado quitando su ropa.

    -Bueno muchacha tenemos que trabajar nosotros así que vamos a compartir la ducha nomas!.

    Rápidamente se desnudó situándose a mi lado, guarde distancia moviéndome hacia la pared. Procuraba terminar rápido así que solté el jabón y con el trapo me enjuagaba rápidamente. No parecían querer hacerme algo, sin embargo aprovechaban sus movimientos para mirarme.

    El primer hombre hacía rato ya había terminado de ducharse y solo estaba ahí viéndome, cuando quise verlo, comenzó a masturbarse frente a mi.

    Sin perder tiempo tomé agua para enjugar mi boca y salir de ahí.

    Ya lista me dispuse a salir, pero el tipo tomo mi mano.

    -Epa chiquilla, como te vas a salir y dejar al compa José así mira.

    Con su mano en mi nuca me hace mirar a aquel hombre jalando su pene en espuma.

    -No me hagan nada por favor…

    -Tranquila, no hay que asustarse no somos nada violadores aquí. Tan solo ayuda un tantito al compa aquí, además quisiste robarle su cartera pues…

    De malas ganas y empujada por el tipo, me acerque levemente.

    Tomó mi mano y la acerco a su verga, cosa que aumento sus jadeos. Me animaba a que lo masturbe y terminé haciéndolo, tan solo quería que acabara. Mi mano rodeaba su verguita y jalándosela desde su mata de pelos hasta su cabeza, aumentaba el ritmo. Se animaba con sus manos para ponerlas en mis pechos y sobarlos delicadamente. Respiraba con vehemencia, arqueado y con la boca abierta cuando se corre en mi mano mientras el agua se encarga de limpiar.

    Se aleja al instante para secar su cuerpo, era evidente que algo me dirá el otro tipo que al parecer vio todo, de igual modo trato de escapar, pero me pilla sujetándome nuevamente por el brazo.

    -Epa muchacha, y que pasa conmigo?

    Grrr, sabía que debía darle atención también.

    -Ya se va compa José? No quiere ver?

    -Noo, no me metan en cuestiones a mi. Usted sabrá que hacer compa. No me diga nada.

    El hombre hablaba mientras salía vistiéndose apresurado del lugar.

    -Mira como me la tienes.

    Haciendo un gesto con su entrepierna, muestra su morena verga erecta.

    Ya sabiendo que debía hacerle, tomó su cosa con la mano meneándola a buen ritmo frente a mi. Mirando para la pared, acerco mi mano relevándole de la labor. La movía sin mucho ánimo.

    – Ufgh eso preciosa.

    Miro hacia un lado mientras hago mi servicio, parecía ser que ese era mi rol ahora, de agente del movimiento de sedición a una puta que da placer para sobrevivir.

    Me sentía hastiada de la situación, pero más estable como para pensar en como salir de ahí. Si me daba problemas o llamaba a la policía, no me quedaba mas que golpearlo y tratar de dejarlo inconsciente. Si me dejaba ir, podía confiar en el? Luego tomo el carro, en dirección a la ciudad?, como lo haría para pasar desapercibida ahí y si no, adonde iría?, ya que Alex está muerto, habría alguien mas buscándome? Podría esconderme unos días en algún sitio seguro. El cerdo detective asignado a mi caso también está muerto y quizás no les sea tan fácil encontrarme, no!, debía salir del país y recomenzar al otro lado, pero como, solo el erizo podría ayudarme??

    Pensaba aquello sin darme cuenta que el tipo tenía sus manos en mis caderas y acariciaba mi figura hasta mis pechos.

    -Uff ya casi nena. Me pasas el jabón?

    Me indica el del piso, mmmm, sé que pretende.

    Por lo que bajo de frente a él y cojo el jabón para dárselo en su mano.

    Pero estando abajo, posa sus manos fuertemente en mis hombros acercando su verga a mi boca.

    -No por favor.

    Le suplico.

    -Anda tan solo un ratito.

    Con fuerza presionaba mis hombros hacia abajo.

    -No, suélteme.

    -No lo hagas difícil, ya casi acabo.

    Cada vez imponía más fuerza y no podía contenerlo. Ahora acercaba su cadera y golpeaba las mejillas con su verga tiesa.

    Me suelta de un lado para agacharse y pescar mi pecho izquierdo, lo aprieta y retuerce mi pezón.

    -Ay!! no siga!

    -Tienes las tetas enormes y ricas. Solo mámamelo, acabo en tus tetas y te vas. Ya?

    Aquello sonó bien para mi. Sentía que aquel tipo no quería algo más que una mamada.

    Así que una vez mas me disponía a tragar una verga por mi boca. Abrí mi boca con y mi mano en ella la metí dentro, moví mi cabeza de arriba abajo dándole a entender que me soltara, de rodillas tragaba su verga con el agua caliente sobre mi espalda.

    -Uff que rica boquita.

    Decía mientras ponía su mano encima de mi cabeza.

    No ponía mucho esfuerzo en mi mamada, ni tampoco mayor reparo en dejarme llevar por sus movimientos, a modo que tomó mis cabellos y los usaba de riendas a su voluntad. Me cogía por la boca entre jadeos, solo parando cuando me ahogaba.

    -Déjame culearte!?

    No hacía caso y para apurarlo relajo mi garganta a modo de que la meta entera.

    -Uff pendejita. Que tragona!!

    Aceleró sus movimientos y yo tan solo tragaba a modo de no ahogarme, respirando entre sacadas.

    Cuando esta por correrse la saca rápido para lanzar su leche en mis pechos entre alaridos. Acabó abundante sobre mis pechos.

    -Espera deja verte.

    Ya de pie dejé que observe su leche correr sobre mi pecho y abdomen. Luego me gire y lave la zona.

    El acabó por bañarse y corto el agua.

    Me convido una toalla pequeña, mientras el usaba la grande.

    -Uff que rico lo mamas, te gustaría que te ayude? Te puedo llevar a mi casa, vivo solo y nadie sabría.

    -No gracias, solo quiero pasar la frontera nada mas.

    -Ahh, y si te pillan? Vente, me esperas en un establo y a medio día pido libre. Y te llevo? Que dices?

    -No gracias, me las arreglare.

    Parecía bien interesado en llevarme con él, no paraba de mirarme mientras me secaba con la pequeña toalla.

    Me vestí con el overol que traía y las mismas incomodas botas. Salí con cuidado de no caer otra vez, mientras el tipo se vestía de prisa para salir tras de mi, por lo que corrí para perderle pista.

    Escondida tras los autos podía observar cómo me busca para luego volver a los establos.

    Por el logo del llavero encontré el carro, un antiguo Datsun, abrí y me prepare para encender el motor y salir rápido. Sin generar mayor ruido más que del motor, arranqué de ese lugar y muy atenta buscaba orientarme.

    Usando al sol como guía me dirigí a la ciudad, alguna patrulla veía a lo lejos, pero parecía una mañana extrañamente tranquila para todo el caos de los días anteriores. Reviso el interior del carro para ver si encontraba dinero o algo para comer, pero está vacío y solo habían cigarros baratos.

    Si quiero salir pronto del país, debo empezar por cambiar mi apariencia otra vez. Tome la salida hacia los suburbios, si bien me alejaba de la ciudad, debía ganar tiempo y descansar a lo menos un día.

    Conducía por las calles más desocupadas, buena idea es ver alguna casa sin gente dentro, a esta hora están saliendo a sus empleos. Abandoné el auto dejandolo estacionado frente a un market y tomé camino rumbo al pequeño callejón que existe entre los patios traseros de las casas.

    Observo si hay movimiento en una casa y luego en la siguiente avanzando por el callejón, viendo a través de las verjas o por sobre las vallas que son bajas. Así avanzo un par de cuadras, alguna que otra persona me ve, pero busco refugio entre los basureros. Me siento muy debilitada por lo que me aseguro en la primera casa deshabitada que veo. El pasto esta largo y se nota el poco cuidado, además tiene todas las ventanas cerradas… mmm. Salto la verja y avanzo en cuclillas hacia la puerta del patio tratando de escuchar algo. Para mi mala suerte escucho a una mujer hablar y acercarse, por lo que me apego al piso y arrastrándome me oculto entre el pasto largo y unas plantas poco cuidadas. La mujer cierra una ventana y abre las cortinas mientras grita y exclama improperios que escucho estando en el patio. Se quejaba contra alguien y tan solo oía:

    -Estoy cansada de andarte cuidando!!

    Se escucha un perro ladrar y mugir, como si lo golpearan.

    Cuando ya estaba por ir a otra casa, siento un portazo y las puertas de un auto. Agazapada me muevo rápido para ver si se iba. Y claro estaba metiendo a un perro de esos bien grandes dentro del auto, muy enrabiada golpeaba al animal para que le obedezca, luego sube ella y se fue acelerando su carro.

    -Pfff maldita gente maltratadora, pensaba.

    Ahora quería adentrarme en la casa y de cierta manera vengar al pobre animal.

    Con sumo cuidado compruebo si la puerta abre, pero ni se mueve. Pruebo la ventana y esta parece moverse. Espero unos minutos escuchando que la casa efectivamente estuviera vacía. Al no escuchar signos de vida, me atreví por la ventana, estaba apretadísima y con mucha fuerza pude subirla haciendo un ruido agrietado de madera. Me metí dentro, estaba en una cocina que olía peor que yo, olía a heces de perro y a aire encerrado, puaj!

    Pisando con mucho cuidado de no emitir ruido, caminaba reconociendo el lugar. Parecía ser una casa de gente antigua, con cuadros pintados de personas, muebles llenos de libros, sillones de cuero, una tv sin encender y algo de polvo en las superficies. Reviso lo que parecía un pequeño baño, que se notaba sin uso por mucho tiempo. También reviso una pequeña habitación donde solo había cajas de cartón aplastadas unas sobre otras. El piso estaba adornado con varias heces de perro, algunas frescas y otras resecas, era un asco el lugar y me ofrecía muy poco para mi hambre y fatiga. Decido ir al segundo piso, la escalera era de madera y algún ruido agrietado se me escapa al pisar cada peldaño. Ya arriba el aire era un tanto mas puro, un leve sonido a gas se escucha y veo un baño que está bien decente en comparación al resto. Hay una puerta cerrada y otra junta, por la cual observo y abro levemente cuando siento un palo caer cerca mío. El susto fue mas grande al ver que un anciano sentado junto a un tanque de gas sostenía un arma, su mano tiritaba y su cara de susto me pillo desprevenida total. Con mis manos en alto atino a tranquilizarlo.

    -Por favor no dispare, solo quiero algo de comer.

    Mi angustia tuvo efecto en el anciano, que ahora seguía apuntando su arma, pero de un modo mas defensivo.

    Veo en sus ojos grises que está aterrado, usaba una cánula de aire en sus fosas nasales y estaba tapado con cobijas de color oscuro. Algo mas tranquila, pienso en calmarlo para que suelte el arma. Me acerco lentamente como quien se acerca a un animal herido.

    – Tranquilo por favor, no le haré daño. Me siento muy mal y necesito ayuda, si?

    Con mis manos le señalaba que venía en paz, cosa que era cierto. Mas no confiaba en su capacidad de disparar aquel revolver, pero no quería arrancar otra vez…

    Aquel anciano parecía no poder o querer hablar y cuando estaba por sobre su mano para quitarle el arma. Realiza unos sonidos de ahogo comenzando a toser, soltando el arma para modular el aire del tanque, giraba la pequeña manilla mientras yo cogía el pesado revolver del anciano. Estaba sin balas y lo puse en mi bolsillo. Fui a ver si había alguien mas en la habitación cerrada y abriendo la puerta de un golpe, tan solo había una cama grande, unos armarios antiguos y una mesita de noche. Volví ante el asustado anciano que respiraba hondo, procuro tranquilizarle de buena manera. Aquel viejo me genera compasión por su susto y malestar al respirar, además de las horribles condiciones en que estaba viviendo.

    -Oiga, escúcheme si. Escucha bien?

    Sin cambiar su asustada expresión, mueve su cabeza afirmando.

    -Mire, solo quiero comer algo e irme bueno?. No le haré daño alguno, como podría hacerle algo así? Por lo tanto tranquilícese que me pone nerviosa que le de algun ataque o le pase algo si?

    Estaba siendo muy sincera, los últimos días habían sido terribles para mi y no quería problema alguno.

    El anciano parece entender, ya que se calma y me señala la mesa que estaba a su lado. Sobre ella había frutas y un dispensador de agua, sin dudarlo fui a beber para luego tomar una manzana verde y darle un mordisco. Estaba dulce y jugosa, la comía con gran gusto frente aquel anciano que cambiaba su expresión. Parece que ahora él sentía compasión por mi, tome otra manzana la cual comía con ansias.

    Me senté frente a él mientras bebía agua.

    -Gracias, hacia días que no comía algo así de rico.

    Le hablaba para luego soltar una leve sonrisa, que sentí como si se soltara de mi ser.

    El anciano también sonrió levemente señalando con su mano tras de mi. Había un armario cerrado, fui a abrirlo encontrando bastantes alimentos para preparar. Luego mugiendo me indica la mesa, donde hay una pequeña cocinilla, similar a esas de camping.

    -Genial, pensé.

    Ahora debía saber si aquella mujer volvería pronto o no.

    -Aquella mujer con el perro, volverán pronto?

    Su expresión emitía cierta amargura asegurando que no.

    No sabía si tomar algo para comer e irme o quedarme a comer y quizás descansar un instante. Aquel anciano me daba cierta confianza.

    -Mire, que tal si como algo y luego le limpio abajo? así no olerá tan desagradable. Qué dice?

    Su expresión emitía total justicia en el acuerdo y para mi sospesa habló:

    -Me parece muy bien.

    Su voz era muy carrasposa.

    -Que enfermedad tiene?

    -Tengo problemas en los pulmones…

    Tosió un poco luego de hablar.

    -Vaya, no hable si le genera problema. Agradezco su ayuda.

    Asintiendo de buen modo el trato, comencé a prepararme una especie de desayuno. Huevos, leche y una tortilla.

    -Usted quiere comer algo?

    -Me encantaría.

    Respondió para luego carraspear fuerte.

    – Puede comer huevos? Una tortilla?

    – Me encantaria.

    Con mucho ánimo cocino unos ocho huevos mientras calentaba la tortilla, aparte puse agua a hervir en el hervidor eléctrico. Abrí la ventana con cuidado de que no me viera alguien, y serví un desayuno bien completo para ambos, se acercó a la mesa moviendo su silla y el tanque de aire con ruedas Con sus manos levemente temblorosas, el anciano comía con gusto junto a mi. Sentía como volvía la energía a mi cuerpo y cuando acabe procure tomar un descanso.

    -Que le paso?

    Me pregunto el anciano con su voz menos apretada.

    -Uff, qué no me ha pasado.

    Suspiraba mientras cerraba los ojos.

    -Vine a pasar la frontera, pero me detuvieron antes. Luego algo paso en el retén y pude escapar junto a mucha más gente.

    -Ah. Lo escuche en la radio, han pillado a varios.

    – ya no le molesta el hablar?

    – cuando como y bebo algo me arreglo un tantito.

    Me decía con una sonrisa en su rostro.

    -Y a usted que le paso? Vive solo aquí?

    -Si, mi esposa murió hace tres años y mi hijastra me cuida.

    -Su hijastra es la del perro?

    Asintió el anciano, mientras movía la cánula de aire.

    -Pero lo tienen mal cuidado aquí.

    -Quiere que me vaya a un asilo y así vender la casa… pero no quiero…

    Otra vez se ahogó aquel anciano, que me parecía cada vez más buena persona.

    -Ella viene cada dos días con comida y a ver si ya me morí.

    -Ohh, que pena.

    Me respondió con un gesto de aceptación.

    Nos quedamos en silencio unos minutos.

    -Bueno, donde lavo esto? En el baño?

    Asintió con su cabeza.

    -Ok.

    Tomé las tazas y platos llevándolos al baño donde limpié y seque todo.

    -Ahora limpio abajo ya?

    Contento aquel hombre asintió al momento en que encendió la radio.

    Con el sonido de antiguas melodías tomé la escoba y baje a recoger los desechos del perro. Juntando todo cerca de la puerta, un cerro de heces malolientes me generaban asco, pero no tanto lo que hacía aquella mujer con el anciano. Envolví la escoba en un trapo a modo de limpiar el piso con jabón y lava loza, había mucha tierra dentro así que trabajé harto, más de lo que pensaba.

    Al terminar subí a hablarle, Tome una manzana al hablarle.

    -Termine de limpiar abajo, tiene ropa que me quede?

    -Muchas gracias, vea en la habitación si hay algo en el ropero.

    Fui a ver y solo había vestidos de abuela y zapatos bajos, que me quedaban justos. En el otro ropero había ropa de hombre y camisetas que parecían quedarme mejor. También halle toallas y accesorios de mujer. Volví donde el anciano.

    -Me daré un baño, ok?

    -Adelante.

    Le sonreí otra vez, cosa que me sorprendió de mi misma.

    Di el agua caliente, tenía regadera y bañera por lo que con mucho jabón tallaba mi cuerpo. La herida en mi brazo esta roja e hinchada, al igual que mi entrepierna, la cual enjuagaba bastante. Ya aseada junte el agua en la ducha y tome un relajo en la bañera. Casi me dormía de la tranquilidad que estaba teniendo. Estuve casi una hora dentro y al salir usé bastante enjuague bucal y estuve varios minutos haciendo todo tipo de gárgaras con el fin de eliminar aquel hedor a vómito y corrida de hombres que aun tenia, además aplique alcohol sobre la herida en mi brazo, provocándome un intenso dolor.

    Al salir envuelta en toalla, vi de reojo al anciano quien leía el diario.

    Me vestí con un pantalón de hombre que me sobraba de piernas y una camiseta blanca. Tome los zapatos bajos, que eran cien veces más cómodos que aquellos zapatones penitenciarios. La ropa que me había usado olía horrible y la metí en una bolsa. Me vi al espejo y parecía cualquier cosa. Quizás en una salida de mi personaje me atreví a arreglarme un tanto. Pinte mis labios, peine mi cabello ordenándolo con unas pinzas y pinte mis labios con un labial mate rojo oscuro que había en la mesita.

    Decidí ponerme un vestido, parece ser que la señora del anciano era de mi talla, así que opté por un vestido negro con lunares blancos. Me quedaba bien y era bastante cómodo con mis atributos, abajo me puse un pantaloncillo de hombre.

    Me pare frente al anciano quien al verme se impresiono y casi se ahoga de nuevo.

    -Me veo bien parece.

    -Sii, ese vestido era de Leonor.

    -Ohh, mejor me lo saco, no quería molestarle.

    -No, no, no cof cof, cogg

    Se ahogaba el anciano así que me acerque para socorrerlo.

    -Está bien gracias. Quédese el vestido, le queda muy bien. Me recuerda a ella.

    El anciano me daba una pena terrible.

    -Cual es su nombre?

    -Gabriel.

    Al estar más de cerca y limpia, notaba que él olía mal.

    -Y el suyo?

    -Mmm. Me decían Marie, pero eso ya quedo en el pasado. Si gusta puede llamarme Leonor, es bonito nombre.

    Don Gabriel me miraba esperanzado, sus ojos grises eran el reflejo de su vida actual, desahuciado y abandonado por al parecer su único familiar.

    -Le parece si le limpio aquí también?

    -No se preocupe, si ya estoy acostumbrado.

    -Bah, nada de eso. Yo le ayudo.

    Así comencé a asear aquella habitación, a modo de empatizar y corresponder su ayuda. Abrí las ventanas, limpie restos de comida, ordenaba y barría el lugar bajo la mirada de don Gabriel.

    Me daba gusto ayudarle, quizás estaba viviendo sus últimos días al igual que yo. Además extrañaba tener vida de hogar, que desde que escapé de la casa de don Samuel, extrañaba.

    Y acordándome de don Samuel, algo de morbo también me daba la situación, procuraba que viera mis piernas al ordenar los víveres en lo alto del mueble y agitaba mi cuerpo al sacudir la repisa que estaba sobre su asiento, que con mi generosa delantera y el escote del vestido, le daba Buen espectáculo.

    Ya en la tarde preparé un almuerzo para ambos, luego escuchamos la radio.

    El noticiero radial nos interrumpió.

    (La policía aún continua la búsqueda de los prófugos que hace dos días escaparon masivamente, en lo que fue un acto premeditado por grupos terroristas. Se recuerda que si tiene información del paradero de algún prófugo, favor contactar a las autoridades)

    De vuelta a la realidad me apenaba la situación.

    -Yo soy una de esas prófugas, don Gabriel.

    -Yo no diré nada. Rosa, mi hijastra, quizás venga pasado mañana.

    -Gracias por ayudarme.

    Le respondí viendo su afable expresión.

    Luego de fregar los platos, don Gabriel se quedó dormido en su silla. Por lo que fui directo a la cama a dormir.

    Al despertar estaba oscureciendo o amaneciendo? El reloj marcaba 20:30, fui ver a don Gabriel quien tenía una leve lámpara encendida.

    Nos quedamos viendo, el sonido de su respirar y la música antigua hablaba por nosotros.

    -Usted cena?

    Le pregunté

    -Sii!

    Contestó entusiasmado.

    Prepare una cena, una sopa simple que degustamos escuchando música.

    Luego de comer va al baño con dificultad en su pierna y para llevar el tanque de aire.

    Veo su asiento que está en muy mal estado, hasta un resorte salido tiene.

    Al llegar le consulto.

    -Don Gabriel, tiene otro sillón? Ese está en mal estado ya.

    -Si, abajo queda uno sin usar.

    -Bueno mañana se lo subo.

    -Gracias… Leonor.

    Me nombra como su esposa con una sonrisa que rompe mi corazón.

    -Bueno, usted puede usar la cama, yo me quedo aquí.

    Dice aquello al momento en que tira de una palanca y aquel sillón bergere se reclina por completo.

    -Pero don Gabriel no. Como se le ocurre que va a dormir aquí. Mire la cama es bien grande para los dos.

    -Pero el silbido del aire no la dejara dormir.

    -Bah, estoy tan cansada que no lo voy a notar.

    -Bueno, como usted quiera.

    -Pero eso si, va a tener que ducharse antes.

    -No, no puedo. Es rosa quien me ayuda a lavarme cuando viene.

    -Bueno yo le ayudo.

    -No, no diga eso…

    Responde con algo de tos.

    -No se preocupe don Gabriel, yo antes vivía con un hombre mayor y también lo ayudaba.

    Y de qué forma ayudaba a don Samuel, quien me corría mano, lo masturbaba y alguna vez hasta cogimos. Todo siempre sobre su propia cama.

    Tomé a don Gabriel y nos metimos al baño, di el agua caliente en la bañera hasta juntar bastante, mientras él se desvestía de su buzo oscuro y sucio quedando en calzoncillos mientras acomodaba su cánula de aire.

    -A ver yo se los bajo.

    Desde atrás tome sus calzoncillos bajándoselos hasta los tobillos.

    Ingresó dentro de la bañera para sentarse con mucho cuidado.

    -Eso ve, yo le ayudo.

    No dijo nada, pero en sus ojos grises notaba cierto gusto por la situación.

    Con un pequeño balde lavaba su espalda algo curvada, sus escasos vellos blancos en su cuerpo y su piel rosa no notaban tanta edad. Con una esponja enjabonada y tallaba suavemente su espalda, luego su pecho enflaquecido y bajaba a su entre pierna, que bajo el agua no se veía del todo. Palpando la esponja rozaba sus genitales con algunos dedos, su respiración se agitaba así que unte más jabón en la esponja a fin de enjuagar bien la zona.

    Hincada al borde de la bañera, mi escote generoso quedaba a la altura de su mirada, que evitaba al principio, pero que al refregar su entrepierna no podía evitar. Por muy enfermo y anciano, es un hombre y todos son iguales.

    Sé como llevar a los hombres de edad y don Gabriel había sido bueno conmigo. Ya con la esponja lo estaba derechamente masturbando y cuando su verga logro estar empalmada y tiesa, me miraba con sus ojos grises bien abiertos. Nos mirábamos y le sonreía levemente cerrándole un ojo. Libere una mano de la esponja para acariciar su cabeza. Con el baldecito moje su cabeza y aplicando champú, ahora mis manos estaban en su otra cabeza je je.

    Con mi lavado cerró los ojos, por lo que aproveche de sacar mis pechos del vestido, siento excitación y mis pezones duros lo reflejan.

    Enjuago harto sus cabellos canos y con un par de baldes retiro la espuma. Ahora con jabón enjuago su pecho y bajo los brazos, él aun no abre los ojos y se deja mover por mis lavados.

    Me acerco un tanto a él para con la esponja enjabonada recorrer sus piernas y los pies. Al parecer abrió los ojos ya que dio cierto espasmo, lo miraba sonriente, sin decir nada. El abrió la boca y miraba mis pechos. Luego de recorrer sus piernas subí hasta su entrepierna que ahora estaba full tiesa, recorro sus bolas, enjuagándolas y palpándolas con delicadeza, a modo de que como un submarino, emerge en el mar, su verga lo hace por sobre el agua, su glande rosado parecía flotar en el agua.

    Enjuagaba su pubis y siento que se está agachando, hace gestos con su boca por lo quiere mamar mis pechos, a lo que me enderezo y con mis manos envuelvo su cabeza acercando mis senos a su boca. Rápidamente succiona mi pezón izquierdo y su mano palpa mi seno derecho. Succiona fuerte mientras respira con intensidad. Cambia de pecho cada tanto, siempre chupando fuerte y mordiendo con sus labios, el vestido ya está mojado tal como mi entrepierna, la cual me atrevo a tocar por el pantaloncillo. Pasan varios minutos, tanto para no sentir mis rodillas, además el agua se está enfriando. Con mucho ánimo se arrima mas a mi, casi empujándome cerca.

    Me mira desde su posición, con mi seno en su boca, jadeando y succionando fuerte. Su verga sigue tiesa y con mi mano comienzo a masturbarle, el chapoteo del agua resuena en el baño, don Gabriel comienza a mugir con una teta en su boca, sin soltarla, sin parar de mirarme hasta que se corre en mi mano, exhalando bocanadas de aire, mis pechos están rojos y brillan por su baba. Suelto de pene que rápidamente cambia a flácido, abro el tapón de la bañera para drenar y me saco el vestido, colgándolo debidamente en el perchero, me saco el pantaloncillo y quedo desnuda frente a Don Gabriel, quien respira agitado y con los ojos bien abiertos. Doy el agua y cierro las cortinas metiéndome dentro de la bañera, de pie frente a él y con ayuda de la manguera flexible, limpio mis pechos para luego limpiar los restos de corrida que quedaron sobre don Gabriel. Le indico y ayudo a ponerse de pie, ahora enjabono desde su baja espalda a su culo usando bastante jabón.

    Finalmente y con el agua a full recorro todo su cuerpo y parte del mío, evitando mojar su rostro y la cánula de aire, que ahora pienso si era necesario que la llevara puesta o no. mmm?

    Corto el agua bajo su atenta mirada, abro la cortina y voy por una toalla para cubrirle y otra para mi, lo saco de la bañera con cuidado de no resbalar y seco su cuerpo. Luego seco el mío y su cabello, el cual cubro con cuidado.

    -Entonces nunca se despega del aire?

    Entre risas le pregunto. Y el sonriente de ojos me responde.

    -En la ducha si, pero era mejor que no lo sacara. Me faltaría el aire al verla.

    -Usted se las sabe don Gabriel…

    Entre leves risas lo ayude a cubrirse con la toalla seca que quedaba.

    Salimos rumbo a la habitación y abro la cama, para encontrarme un olor y manchas de severo uso.

    -Ugh, pero don Gabriel… tiene sabanas limpias?

    -Si, si, ahí en el cajón.

    Me indica una cajonera tan antigua como él. Dentro hay sabanas que parecen limpias, aunque huelen a encierro.

    Sacudo las sabanas y sí, están como nuevas. Me visto con la camiseta y pantalón de hombre que encontré en la tarde y don Gabriel atina también a vestirse con una camiseta y un pantaloncillo limpio. Desarmo la cama cambiando las sabanas y una frazada limpia que encontré.

    -Listo, ahora si.

    Don Gabriel viene de lavarse los dientes, cosa que yo también parto a hacer. Con bastante enjuague bucal y mis dedos embetunados de dentífrico.

    Apago las luces dejando solo la tenue luz del velador. Don Gabriel acomoda el tanque de aire regulándolo a lo mínimo y se acuesta. Tomo el perfume que estaba quizás de cuándo?, y me aplico una gotita en mi cuello. Apago la luz y me acuesto en la cama rechinante junto a don Gabriel, quien suspira seguidamente.

    Me quedo viéndole a medida que me acomodo en la cama.

    – Don Gabriel, a que se debe que deba usar el tanque de oxigeno en todo momento?

    – Trabajé mas de 30 años en una mina de cuarzo, mis pulmones están desechos.

    – Vaya, siente dolor?

    – Solo molestia y a veces dolores en la espalda. Pero tomo unas analgésicos y ya.

    – Espero que duerma bien hoy… buenas noches don Gabriel.

    -Buenas noches Leonor.

    Me dormí al instante al sentir mi cuerpo relajado tras la ducha, imagino que don Gabriel también se durmió en un segundo.

    Desperté en la madrugada, tenía los pies fríos, así que los apegue al calor de don Gabriel, quien dormía como un lirón, el leve sonido del aire no molestaba y me dormí otra vez.

    Cuando desperté en la mañana, don Gabriel venia acostándose luego de ir al baño, no cambiaba su posición en la cama y al rato de dormitar me apegué a su cuerpo abrazándole y poniendo mi cabeza en su pecho, estaba despierto y dio un poco mas de aire en su tanque. Me dormí otra vez y al despertar don Gabriel no se había movido un centímetro de su posición. Despegándome de su pecho, me estire de brazo bostezando cual niña duerme con su padre, para volver a acurrucarme a su lado.

    -Eres tan melosa, me has dado la mejor noche en años Leonor.

    -Ahw, todo por su ayuda don Gabriel. Se lo merece.

    -Has sido como un verdadero ángel con tu compañía, gracias por alegrar mi corazón.

    No sabía si era el estrés postraumático o algo, pero aquellas palabras me llegaron al corazón.

    Me acerque y le di unos piquitos en sus labios, piquito tras piquito con su mano en mi espalda, lo abrace apoyándome sobre él. Cubriéndolo con mi cuerpo estuve varios minutos y pensaba en que sería de mi ahora, debía pasar la frontera de alguna manera y luego qué?

    -Sabes qué hora es?

    Me pregunta amablemente.

    -“nu sep”.

    -Las diez y media.

    -Ohh, debe tener hambre.

    Rápidamente me levante a preparar desayuno, no sin antes devolverme.

    -Que tal si se viste con uno te esos trajes hoy?

    -No me visto así en años.

    -Venga, solo por hoy ya? Además voy a lavarle toda la ropa.

    Contento aceptó mi propuesta y mientras estaba preparando la tortilla, llega bien vestido de pantalón, camisa y chaleco.

    -Se ve muy bien don Gabriel.

    Cuando se iba a sentar, recordé que debía subirle el sillón que estaba abajo, por lo que corrí a hacerlo.

    Lo bueno es que el sillón está cubierto de un mantel y por debajo estaba casi nuevo; lo malo es que es pesadísimo. Primero subo el respaldo y luego, a duras penas y parando a cada instante en la escalera, subo la parte de abajo. Agitada a más no poder veo que don Gabriel está terminando de hacer las tortillas. Cambio el sillón e invito a sentarse. Su cara de alivio y comodidad hacen valer el esfuerzo de subirlo. Desayunamos pillándole cada vez que miraba mis pechos, que por el trabajo de subir el sillón estaban endurecidos, enseñándose bajo la camiseta.

    Voy por el periódico del día, que distribuyen en cada casa, con sumo cuidado salgo por la puerta del frontis y lo recojo, saliendo un artículo en primera plana acerca del escape de película del recinto fronterizo.

    Me visto con otro vestido, ahora uno floreado más suelto y durante el resto del día procuro lavar la ropa de don Gabriel, uso la lavadora automática y levanto unos tendederos en el patio. Preparo almuerzo y luego duermo una siesta, sigo lavando la ropa, hasta casi la cena, la cual prepare abundante para mi. Nuevamente en la radio anunciaban:

    (Hasta ahora con siete los prófugos del recinto fronterizo, cinco hombres y dos mujeres, cuyas edades fluctúan entre los diecinueve y cuarenta años. Si tiene usted conocimiento de alguno, no dude en llamar a la policía).

    Necesitaba más información que eso, quizás en la televisión entreguen más datos, por lo que subí el televisor y sintonice las noticias.

    – Si quieres puedes quedarte aquí hasta que todo pase.

    – Me gustaría don Gabriel, pero no creo que pase.

    – Y que tienes pensado hacer? Tengo dinero escondido si necesitas.

    – Gracias don Gabriel, pero dudo que el dinero pueda ayudarme en esta situación.

    Hablábamos cuándo por la tv anuncian a los buscados:

    (son siete los prófugos del recinto fronterizo san José, cinco hombres cuyos perfiles están apareciendo en pantalla, si tiene alguna información…).

    Mostraban las fotografías de los tipos uno por uno, el terror se apodero de mi, si mostraban alguna foto que me identifique, estaría perdida…

    (También son dos mujeres las prófugas, cuyas imágenes están siendo exhibidas en pantalla. Salvo una mujer, una joven identificada como Isabel Rodríguez Rodríguez quien extrañamente no tiene registro fotográfico, sin embargo se trataría de una joven entre 19 a 21 años, tez blanca, 1,60, cabello negro. Es la que se considera mas peligrosa de los prófugos y se investiga una posible negligencia en el procedimiento de parte de la policía estatal al no elaborar registro pertinente…).

    Ufff, que alivio al saber que no tienen imagen mía, solo por la calentura del comisario. Esto me daba una oportunidad de salir.

    Mi entusiasmo se redujo al ver a don Gabriel.

    – Eres tu Isabel Rodríguez?

    – Don Gabriel, no puedo decirle nada, quizás lo meta a usted en algún lio. La verdad sí soy buscada y soy peligrosa solo con la gente que lo merece. Así que descuide.

    -Estabas en el movimiento? Eras parte de ellos?

    No quise responderle, tan solo puse cara de aceptación que pareció entender.

    – Mañana me voy don Gabriel, sin alguna imagen mía debo aprovechar.

    – Entiendo.

    La tristeza del rostro de don Gabriel otra vez me llego al corazón.

    – No este triste, aún estoy aquí.

    Tome su mano sonriéndole, a lo que el acepto gustoso.

    – Venga que lavo los platos y me ayuda en algo.

    Le guiñe el ojo y pareció entender.

    Me estaba esperando muy atento.

    – En la habitación, a la cama.

    Le indique.

    Tomó el tanque de aire y de acostó en la cama.

    – Ya mire, voy a necesitar un cambio de imagen. Así que voy a probarme esta ropa, arreglar mi pelo y maquillaje. Y usted me dice cual es el mejor para pasar desapercibida. Ya?

    – Encantado.

    Sonreía.

    Sin perder tiempo quité mi traje quedando solo con los pantaloncillos. Ante la inquieta mirada de don Gabriel me vestí con una falda larga negra y una blusa beige.

    -Qué tal?

    Un gesto de “mas o menos”, daba a entender su opinión.

    Me desvestí nuevamente para ponerme un traje completo burdeos, con muchos botones adelante y largo hasta las rodillas.

    -Que dice?

    Otro gesto “más o menos”, indicaba su desapruebo.

    Así me fui vistiendo variados vestidos y trajes, siempre del mismo y anticuado estilo de la difunta esposa de don Gabriel. Quedaba un solo vestido que era ceñido, por lo que baje mis pantaloncillos, y probé aquel vestido, que estaba abrochado fuertemente y dándole la espalda tuve que hacer fuerzas con ambas manos para desbrochar sus botones, al ver mi trasero desnudo, don Gabriel abrió un poco más la válvula de aire, se notaba excitado y esa era la intención del juego. Cuando pude meterme dentro del traje, apenas cabían mis pechos dentro y don Gabriel pareció aprobar.

    -Ja ja ja, ni crea que usare este traje…

    Entre risas realizaba grandes esfuerzos por desvestirme de aquel ajustado vestido carmesí. Desnuda y bajo su atenta mirada, nuestro juego parecía entretenernos.

    – Ahh falta un vestido.

    Había olvidado el del baño, aquel negro con lunares blancos.

    Al verme y algo más serio me indico que ese era el apropiado. Tome mi cabello en moño y flequillo y aquello pareció gustarle bastante.

    -Bueno, así saldré mañana. Pasare por alguien mayor, así que es buena elección.

    Ordene los vestidos debidamente y en el baño enjuague mi boca con mucho dentífrico, estaba aun con la idea de oler mal y me incomodaba.

    Apague las luces y me acosté junto a él.