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  • El tanga rojo, los hermanos

    El tanga rojo, los hermanos

    —¡Cómeme!

    Estaba deseando decírselo. Había salido de copas con unas amigas como tantos sábados por la noche. Pero a altas horas de la madrugada ellas encontraron ligues e hicieron mutis sin pensar en mí.

    Cuando salí de la disco llovía a mares, una tormenta de verano en un ambiente asfixiante, y desde luego no había ningún taxi a la vista. Es lo que pasa cuando los necesitas.

    Desesperada, pues no me atrevía a volver a casa andando con la mini, el top y sin ni siquiera una ligera cazadora eché mano a mi último recurso, llamé a mi hermano para que pasara a recogerme con el coche de papá.

    Mi mala suerte hizo que lo despertara pues esa noche por culpa de la lluvia había vuelto pronto a casa. Pero como es un encanto se puso unos vaqueros y un ajustado jersey que yo le había regalado y sin ninguna queja vino a buscarme.

    Como venía en el coche con la calefacción a tope no necesitaba impermeable ni paraguas. Y sin protestar demasiado antes de un cuarto de hora Mario paraba frente al portal en el que estaba refugiada.

    Con las prisas de entrar en el coche sin mojarme aún más de lo que ya estaba la mini se subió casi hasta el tanga rojo cuando me senté a su lado. Me había comprado media docena de esos baratos en una tienda de todo a euro precisamente para esas ocasiones. Para que se desintegran en las manos del chico o la chica que me gustara.

    Seguro que pudo echarle un buen vistazo a mis tetas cuando me ahuequé el top para que se secara sin congelarme. Me incliné hacia él para agradecerle el favor con un beso en la mejilla muy cerca de sus carnosos y dulces labios y un buen frotamiento de mi teta sin sujetador con su bíceps que hice durar lo mas posible.

    Me encantaba como se marcaba su torso trabajado en el fino jersey que yo había elegido ad hoc y se me escapó un piropo. Le dije:

    – Estas guapísimo con ese jersey, tato. Deberías ponértelo para ligar. Se te echarían las tías encima. Deberíamos hacer esto más, charlar y «eso».

    Lo tomó con una sonrisa y le pedí:

    – Sube más la calefacción del coche, por fi.

    – Pensando que tendrías frío y estarías mojada ya la tenía a tope.

    – ¡Eres un cielo! Mario, me encanta como me cuidas tato.

    Me quité los tacones y subí las piernas al asiento de cuero, recogidas bajo mi culo, con lo que la escasa falda terminó de recogerse dejando ver a mi hermanito el tanga rojo al completo.

    Mis rodillas quedaron tan cerca de la palanca del cambio que las rozaba con sus dedos en cada semáforo y cambió de marcha. Con una caricia a su poderoso pecho le pedí:

    – No tires hasta casa, busca un algún sitio tranquilo para aparcar, pasar un rato juntos y poder charlar.

    El enorme aparcamiento de un centro comercial vacío a esas horas era el sitio perfecto. Veíamos resbalar el agua sobre los cristales y algún otro coche a lo lejos y ocupado por parejitas liadas a esas horas. Yo estaba entrando en calor por todas partes.

    Hablábamos relajados. Comentábamos cosas de nuestras vidas y le tuve que contar mi desastrosa noche. Tumbé el respaldo de mi asiento con mi escasa ropa completamente descolocada, sabía que él podía ver mi piel casi entera y eso me gustaba. Veía sus ojos golosos que miraban de reojo mi cuerpo y eso aún me gustaba mas.

    Mis largos muslos podía verlos al completo pues la falda la tenía recogida del todo en la cintura. Estiré los brazos por encima de la cabeza y el movimiento subió el top terminando de desnudar mis pechos duros y cónicos y que no estaban cubiertos por ningún sujetador. Le provocaba sin vergüenza:

    – ¿Estoy más buena que Sonia?

    Yo sabía que la chica, no puedo decir criada pues nadie la considera así en casa, y él eran follamigos desde hacía una temporada. Ella misma me lo había contado, desnudas las dos en mi cama y después de haber pasado un rato cariñoso juntas. Antes de que ella tuviera que hacerla claro.

    Sonia es bisexual y sé que además estaba encoñada con nuestra madrastra, puede que de todos nosotros, casi es de la familia.

    Entonces fue cuando él me preguntó:

    – ¿Estas jugando conmigo? Yolanda. Me provocas. Sé que Sonia ya te lo cuenta todo.

    Con mi mejor cara de lascivia le contesté:

    – El juego llegará hasta donde tú quieras…

    Lo estaba provocando descarada.

    Le llamé con un gesto de la mano, sin palabras. Se inclinó sobre mí y lo recibí con los labios entreabiertos. Apoyó una mano en mi vientre sin dejar caer su peso sobre ella. Solo acariciando mi piel. Mientras se inclinaba sus dedos calientes quemaban mi dermis. Y por fin juntó sus labios a los míos. En cuanto las bocas se unieron su lengua pasó a juguetear con la mía.

    La mano se desplazó a mi pecho para acariciar un pezón. Mientras con la otra se sujetaba a mi respaldo para no aplastarme. Saber que estábamos haciendo algo prohibido me excitaba aún mas. Pero no lo hacía solo por eso, quería agradecerle el ser tan buen hermano y hacerle saber a la vez que lo amaba, mucho y de todas las formas posibles.

    Al mirar sus abultados vaqueros me di cuenta de lo excitado que estaba. De que él me correspondía. Sin dejar que separara su boca de la mía conseguí llevar una mano a su paquete y cuando bajé la cremallera descubrí con agrado que no se había puesto nada bajo el pantalón cuando se vistió para venir a buscarme. Sabía que dormía desnudo del todo, más de una noche calurosa lo había espiado destapado en su cama.

    – No debemos.

    Me dijo. Intentó pararme sujetando mi muñeca durante un segundo, pero mi lengua juguetona dentro de su boca pronto le hizo cambiar de opinión.

    Su polla dura, cabezona y con las venas marcadas salió directa a mi mano. Se la acaricié y también los huevos depilados para ponerlo aún mas cachondo por si la visión de mi escaso tanga y nuestros besos no bastaban para ello.

    Apoyé el pie derecho en el salpicadero para indicarle donde quería tener su mano en ese momento. Mi largo muslo le indicaba el camino hacia mi pubis. Por fin hizo a un lado mi breve lencería y posó dos dedos en mis húmedos labios. Tan excitada estaba que mi primer orgasmo vino al notar esa caricia incestuosa.

    Desde luego que no me bastaba. Necesitaba mucho más. La mano que tenía en su nuca revolviendo su cabello la usé para empujarlo hacia mi pubis. Con los muslos bien abiertos y un pie descalzo en el techo, el otro en la esterilla del suelo, recibí con alegría la lengua en la vulva.

    Aunque me lo hizo desear, pasó por mis pechos mordisqueando mis pezones y lamiendo mi ombligo, la cara interna de los muslos. El flexible caliente y húmedo órgano acariciado desde mi clítoris a los labios, al perineo y al ano. Todo mi depilado pubis.

    Notar como me abría el coño con dos de sus dedos me daba mas placer, mas orgasmos, más rápidos y más fuertes de los que nunca había tenido con ningún otro chico.

    Pero quería más, lo necesitaba en mi interior así que le arranqué el jersey, sujeté sus muñecas con la tela mientras me incliné a mordisquear sus duros pezones. Pasé un buen rato lamiendo sus duros pectorales, me encantaba el sabor del sudor de su piel de recién levantado de la cama.

    Aún no sé cómo conseguí bajar sus vaqueros ajustados hasta las rodillas. A tirones supongo y ayudada por que él levantaba el prieto culo del asiento.

    Le hice tumbar en mi asiento para poder sentarme sobre su duro rabo. Le costó pasar sobre la consola central hasta que no se quitó del todo los pantalones. Era mi deseo, tenerlo para mí al menos esa noche. Levanté la rodilla para que se pusiera bajo mi pelvis.

    Yo tenía la falda recogida en la cintura y en ese momento me saqué el top. Mis pezones durísimos apuntaban hacia la ventanilla de atrás. Me los cogió entre sus dedos poniéndome aún más cachonda.

    Deseaba cabalgarlo para clavármelo lentamente, llenándome, notando como mis jugos lo lubricaban deslizándose por el tronco hacia sus huevos. Si me incorporaba daba con la cabeza en el techo del vehículo, pero esa no era mi intención.

    Me inclinaba para mordisquear sus labios dulces, lamer su barbilla rasposa por la sombra de la barba e incluso chupar su recta nariz. Apoyando las manos en su pecho y pellizcando sus pezones, devolviendo el favor que él me hacía en los míos.

    Su polla entraba en mi coñito como un cuchillo en mantequilla caliente hasta que mis labios se juntaron con su depilado pubis. Sus huevos me tocaban el perineo.

    Llevé sus manos con las mías a mis tetas para que no dejara de tocarlos, de amasarlos, de pellizcar mis pezones y yo lo hacía con los suyos. Hacía fuerza con la cabeza en techo del coche para que me entrara aún mas su polla.

    Subía y bajaba mi cadera follándome a mi misma con su pene. Apenas podía apoyar las rodillas en el cuero de los lados del asiento, no es tan ancho pero si lo suficiente. Buscaba mi placer pero a la vez él conseguía el suyo.

    – ¡Vamos tato! ¡lléname de leche! Sabes que tomo precauciones.

    Como él sabía que nuestra madrastra me había llevado al ginecólogo para que pudiera cuidarme y me recetara la píldora no corríamos ningún riesgo. Yo ya me había corrido dos veces cuando él descargó su lefa en mi interior.

    Me derrumbé con la respiración alterada sobre su poderoso pecho. Mi cabeza en el hueco de su hombro lamiendo el sudor de su cuello de toro. Recuperándome sin prisa mientras besaba su cuello mimosa.

    Él me acariciaba la espalda y mi cabello con cariño bajando a veces hasta amasar mis nalgas desnudas. Me las agarraba con fuerza y las amasaba. No recuerdo cuando me sacó el tanguita rojo, o me lo arrancó y simplemente se desintegró entre sus dedos, nunca llegué a recuperarlo. Pero lo único que me quedaba puesto en ese momento era la minifalda.

    Y deseaba más, quería toda su atención, todo su cuerpo. Menos mal que estaba descalza o hubiera desgarrado el cuero. Me pasé entre los asientos al de atrás, dejando mi culo en pompa. Sujetó mi cadera inmovilizándome. Con una pícara sonrisa en sus bonitos labios se giró y enterró la cara entre mis nalgas.

    Volví a correrme en cuanto noté la lengua en mi ano. Y él recogió mis jugos y el semen que chorreaba de mi coño con su lengua antes de que manchara algo, lo que hizo que volviera a correrme. Apenas podía moverse con los anchos hombros encajados en el asiento pero ni le hacía falta para poder darme gusto.

    Después de toda la noche y todos esos orgasmos estaba agotada pero él volvía a tenerla durísima. Terminó de quedarse desnudo del todo, solo le quedaban los calcetines y bajo la lluvia salió del coche y se vino al asiento de atrás conmigo.

    Aún riéndome por su ocurrencia lamí las gotas de agua de su piel, de su espalda. Acariciando su cuerpo y besándolo. Chupando sus pezones como hubiese hecho con una de mis amigas. Metiendo la lengua en su ombligo en un camino lento pero inexorable hacia la durísima polla. Su vientre plano y duro como esculpido en mármol. Iba a ser la primera vez que la tuviera en mi boca y pensaba disfrutar el momento.

    Después de admirar su aparato, le pasé la lengua por el escroto, lo que le provocó un escalofrío. Estaba indecisa sobre dónde quería su siguiente corrida, si en mi boca o culo pero tenía claro que lo único que impediría que la tuviera sería un policía tocando el cristal de la ventanilla. Seguí chupando sus huevos como si fueran caramelos.

    Gemía y suspiraba mientras le chupaba. Me mojé un dedo con saliva para jugar con su ano, para acariciarlo. La caricia pareció gustarle, pues su polla al lado de mi mejilla se puso aún mas dura. Subí con la legua por el tronco dejando mis babas en la piel del rabo.

    Hasta que me metí el glande entre los labios para acariciarlo con la lengua. No tuve más que pajearlo unas pocas veces para que me llenara la boca de lefa.

    Mirándolo a los ojos con lujuria subí con su semen en la lengua a besarlo. Me recibió abriendo la boca para que le metiera la lengua en ella. No se cortaba chupando mi lengua y su leche. Era lo más lascivo que había conseguido nunca de un tío y solo con dos de sus dedos en mi clítoris volví a correrme.

    Abrazada a mi hermano, viendo el agua resbalar por la luna del BMW me sentía querida y mimada. El tanga rojo no aparecía así que tuve que volver a casa solo con la mini y el top. Cada uno a su cuarto, lo que me dio rabia, me hubiera encantado dormir desnuda abrazada a su cuerpo fibroso.

  • La fantasía del profe universitario y la estudiante

    La fantasía del profe universitario y la estudiante

    Bueno les voy a contar como fue mi primera vez con una estudiante, yo estoy casado,  no tenemos hijos y mi esposa tuvo que salir fuera del país por unos meses y había una estudiante de más de 30 años que ya hacia un tiempo que me escribía y un día me invito a salir, como mi esposa estaba fuera del país decidí aceptar la invitación.

    En el aula de clases era obvio la atracción que sentíamos el uno por el otro. Salimos a tomar un par de cervezas comimos y conversamos por un tiempo. Luego le dije si quería tomar algo más y me dijo que bueno, yo le invité a mi departamento y ella acepto, hasta ese momento no había pasada ningún contacto físico únicamente conversaciones pasadas de tono y chistes de doble sentido.

    Entramos a mi departamento ella me pidió prestado el baño y fue al baño de la sala a lo que salió le dije te muestro mi departamento y pasamos a la cocina y a los dormitorios una vez que llegamos a mi habitación nos quedamos viendo y nos dimos nuestro primer beso, no paso mucho y estábamos desnudos en la cama, esta era la primera vez que tenía sexo con una estudiante por lo que estaba tan nervioso como cuando tuve sexo de adolescente una sensación extraña pero increíble.

    Cogimos no por mucho ya que los dos estábamos nerviosos y yo no había tenido relaciones por un par de semanas así que termine bastante rápido, pero fue muy excitante, aunque ella no termino esta vez, me dijo que le había encantado que yo le gustaba hace mucho tiempo y que le encantaban mis clases que admiraba mi forma de ser y mi inteligencia, todo eso me lleno mucho y me hizo sentir como no me había sentido hace algún tiempo, valorado admirado ese tipo de cosas.

    Yo también le dije que hace mucho tiempo me gustaba, pero no sabía cómo decirlo por la relación profesor estudiante y que había esperado por ese momento por mucho tiempo lo cual era verdad, era una mujer muy bonita que muchos chicos querían conquistar, pero ella no les prestaba atención ya que era mayor a ellos, había dejado la carrera un tiempo porque se había quedado embarazada y regreso a la carrera años después cuando su hijo estaba un poco más grande, me dijo que ya no estaba con el papa del hijo algo que no me importaba si estaba o no.

    La segunda vez que cogimos fue en un motel que tenía jacuzzi y muebles eróticos y todo eso, en esa ocasión nos hicimos de todo, estuvimos 2 horas teniendo sexo, en la cama, en los sillones, en el jacuzzi yo terminé dos veces y ella una, me sentía espectacular el sexo era increíble le gustaba mucho hacerme sexo oral y era muy apasionada en la cama, me encantaba tenerla y hacerla mía.

    Después de eso tuvimos sexo en muchísimas ocasiones y yo seguía siendo su profesor algo muy muy excitante. Como mi esposa seguía de viaje la lleve a mi departamento en varias ocasiones y siempre teníamos sexo nos veíamos solo para follar.

    Teníamos tantas ganas del uno del otro que en ocasiones les dejaba a sus compañeros en el laboratorio de audio visuales viendo algo mientras nosotros nos escapábamos a un motel cercano a tirar para luego regresar a continuar las clases. Solo acordándome me pone, como decimos acá, bien arrecho, en un par de ocasiones tuvimos sexo dentro de la universidad en mi oficina y en un aula de clases esa sensación fue de las mejores en mi vida, teníamos a su mejor amiga haciendo de vigilante por si llegaba alguien, como fue una relación bastante larga me parece que varios en la universidad sabían, pero no tuve problemas por aquello, como mencione al comienzo casi todo el mundo estaba haciendo lo mismo.

    En este tiempo que estuve con Marcela (seudónimo) también estuve con una compañera docente la llamaré Verónica, la cual será otra historia, pero me pueden decir machista o lo que ustedes quieran pero al estar con dos mujeres me hacía sentir muy bien como hombre, no sé si es la mentalidad retrograda latinoamericana pero me llenaba de orgullo y me excitaba muchísimo el poder complacer a dos mujeres y era algo que disfrutaba mucho alardear con mis mejores amigos cuando salíamos a tomar unas cervezas, les decía con lujo de detalle como eran en la cama las dos mujeres que se entregaban a mi y ellos me felicitaban por aquello.

    Yo sé que lo que acabo de decir no va a gustar a muchas personas, pero es algo normal de hablar de esto entre hombres y considero es una realidad en Latinoamérica, cuando era adolescente recuerdo como los hombres que tenían muchas mujeres eran admirados, en la TV, en el barrio, en el colegio, etc. y siempre el medio va a influenciar de una forma u otra en tu pensamiento así sea de manera inconsciente, no digo que este bien o mal solo trato de ser real y contar como sucedieron las cosas.

    Hubo ocasiones que tuve sexo con Verónica, mi compañera docente, en la mañana antes de ir a trabajar y al medio día con mi estudiante, era algo que, si bien es cierto si había tenido la oportunidad de hacer cuando era más joven, estar con dos mujeres o más, pero esta vez fue mucho más intenso, por la experiencia que ahora tengo en estos menesteres.

    A Marcela le encantaba mi verga la chupaba delicioso y también me chupaba en las bolas y hasta el culo era muy excitante, yo pensaba que horas antes esa verga que estaba mamando estuvo en la concha de otra mujer y me excitaba más.

    Por una imprudencia mía, Verónica se enteró de Marcela y no le gusto para nada porque por azares del destino eran amigas y se molestó mucho, sin embargo tuvimos relaciones un par de ocasiones mas y pareció no importarle que estaba con otra mujer, es mas había veces que sentía que le excitaba que yo podía rendir y complacer a dos mujeres por que en ocasiones me preguntaba si también a Marcela la hacía terminar como a ella y cosas por el estilo, esto continuo inclusive hasta cuando mi esposa regreso de viaje, igual mi esposa viajaba mucho a otra ciudad y seguíamos viéndonos con mi estudiante, a ella parecía no importarle y como dije anteriormente me excitaba tanto estar con dos o mas mujeres, por otro lado Verónica al enterarse que regresaba mi esposa no quiso continuar como mi segunda amante, así que solo estaba con mi estudiante, hubieron ocasiones que nos escapábamos de la universidad para tirar y yo llegaba en la noche a la casa con más ganas de sexo con la verga bien parada y también tenía relaciones con mi esposa, algo increíble, para mí todo esto no interfirió con mi relación con mi esposa, es más me subió el libido y tenía más ganas de coger con mi esposa, lo bueno que yo fui claro desde un comienzo con Marcela y le dije que era solo sexo y que no podíamos involucrar sentimientos, y así pasamos un par de años, ella como mi amante y yo orgulloso de poder complacer a dos mujeres como buen “macho latino” jajaja.

    Esta sería la primera historia ya que después de esto me di cuenta que varias alumnas querían cumplir la fantasía de cogerse al profesor, luego podría seguir contando más historias si así lo desean.

  • Nos descubren cogiendo en la bodega del restaurante

    Nos descubren cogiendo en la bodega del restaurante

    En el restaurante de comida rápida donde trabajábamos había 3 turnos, mañana, tarde y madrugada en la madrugada solo se quedaba una sola persona a limpiar la grasa de las parrillas y cambiar el aceite de las freidoras y demás limpieza, al chico que le tocaba en la madrugada salió de incapacidad y a mi compañero con el que andaba lo pusieron en su lugar, y ahora casi nunca lo veía, hasta que me cambiaron a mi de turno a la mañana, y a el se le ocurrió un «maravilloso» plan como el salía de turno a las 7 de la mañana y todos nosotros entrábamos a turno a las 9 de la mañana, se le ocurrió decirme que llegara a las 7 de la mañana para poder vernos en la bodega del restaurante, y la verdad yo ya llevaba más de 2 semanas desde la última vez que habíamos cogido y ya moría de ganas por qué me cogiera de nuevo y le dije que si que lo vería temprano a las 7 cuando ya terminó todos sus pendientes.

    El día llegó me levanté muy temprano, a las 5 am me bañé y me rasure el poco bello que me sale, me puse una tanga azul oscuro para que no se trasparenta en mi pantalón negro de mi uniforme, me puse un bra a juego y mi camisa de mi uniforme ajustada, me encantaba como me veía y desde ese momento ya estaba muy caliente y ansiosa, me puse un poco de perfume y salí rumbo al trabajo, al llegar le llame por teléfono para que abriera la puerta de la bodega, abrió y entre deje mi bolsa un lado y ahí mismo en la bodega teníamos una mesa y sillas que era donde comíamos cuando era nuestra hora, por aquí deje mis cosas el me jalo a sus brazos y nos empezamos a besar de manera muy apasionada, sentía como metía su lengua dentro de mi y al mismo tiempo me acariciaba mis nalgas y me apretaba contra el sentía como mis pechos se aplastaban contra el.

    Me empezó a meter la mano dentro del pantalón y sintió la tanga me la hizo de lado y me empezó acariciar mi ano y mi conchita sentía muy rico y ya estaba muy empapada, ya no aguante más y lo detuve y lo separe, le desabroche el pantalón me hinque el se sentó en una de las sillas del comedor y se la empecé a lamer desde sus testículos hasta la punta de la verga, a él le gustaba mucho que le dejara muy bien ensalivada, me pedía que se la escupiera y así lo hacía se le llenaba de mi saliva y le escupía, me la metí a la boca y me la metía hasta el fondo el me agarraba con una mano de mi cabello y con la otra me agarra uno de mis pechos y eso me excitaba mucho, me empujaba la cabeza hasta que no podía más y tenía arcadas y me sacaba la verga de la boca para poder respirar mientras los hilos de saliva mesclados con el jugo de su preseminal caían al piso.

    Me levanté y me fue quitando todo mi blusa mis bra, mi pantalón y solo me quedé en mi tanguita azul, me giro y en la mesa del comedor me empino, se hinco me abrió las piernas y me empezó a mamar mi conchita, me lengüeteaba la entrada de mi vagina y poco a poco fue subiendo hasta mi ano, nunca me habían lamido mi ano pero me gustó yo solo gemia del placer que me estaba dando, así demoró unos 5 minutos hasta que le suplique que ya me la metiera que ya no aguantaba más, se puso de pie y me empezó a juguetear la verga en la punta de mi vagina y de un solo empujón me la metió toda, empezó a cogerme muy duro cada embestida me daba una nalgada o me jalaba del pelo, así estuvo hasta que yo estaba a punto de terminar y gritaba cada vez más hasta que ya no pude más y tuve un rico orgasmo llenándole la verga de mis jugos, el también ya no le faltaba mucho y le pedí de favor que me terminará en mi cara o en mis pechos, ya que no quería volver a tomar la pastilla del día siguiente me dijo que si que estaba bien.

    Me puso de rodillas y me pidió que yo solo sacará mi lengua y le juntara mis pechos, y así lo hice, el me la acerco a la cara y se la estaba jalando haciendo que su verga rosara con mi lengua hasta que no aguanto más y me callo el primer hilo de leche en la cara el segundo en mi boca y el tercero en mis pechos, cuando termino de vaciarse, con la punta de su verga como si fuera cuchara me pasó la verga por dónde estaban los chorros de semen los recogió y me los dio en la boca y me dijo que me los tragara y así como lo buena obediente que soy me los pasé toda.

    Se nos había pasado el tiempo volando y no nos dimos cuenta que ya eran 8:15 am cuando de repente escuchamos que la puerta de la bodega se abre, por aquí escuchamos eso agarramos nuestras cosas que estaban en el piso y como pudimos tratamos de cambiarnos pero cuando tenía mi pantalón a media pierna y me estaba poniendo la blusa vimos que la jefa de turno que casualmente ese día decidió llegar más temprano ya estaba en la puerta se nos quedó viendo con cara de entre asombro y enojo, solo se limito a decirnos, terminen de vestirse y los veo en mi oficina, yo tenía bastante miedo pues era mi primer trabajo y no tenía ni un año en el mismo, y por otro lado el que tenía familia.

    Nos sentaron y nos dijeron que teníamos una semana para conseguir otro trabajo por qué al terminar la quincena nos daban de baja. Yo quedé muy enojada con el y desde ese día como no quería tener problemas con el, a pesar de que me daba las mejores cogidas hasta ese momento decidí no volverlo a ver ni hablar, en esa semana en la misma plaza comercial, entre a trabajar en sambors y ahí tengo un par de relatos más que platicaré después.

    Saludos y besos.

  • Mi infidelidad

    Mi infidelidad

    Soy una mujer casada de 22 años con dos hijos, una tarde cualquiera recibo un mensaje de texto que decía «podemos vernos» del chico con el que hacía tiempo que hablaba, cosas calientes era un juego de tentación.

    Acepto su invitación y pasa por mí a las horas, sin ningún rumbo hablando de diversos temas, pero al pasar el rato se pone caliente la conversación decide orillarse en cualquier parte que ni siquiera recuerdo, me comienza a besar, besos intensos de esos que te hacen desear más.

    Empezó a acariciar mi cara, bajo poco a poco hasta llegar a mis senos los cuales apretó, acarició divino, seguimos con los besos cada vez más profundos, más carnal y su mano seguía bajando hasta llegar al punto me tocó y toco mientras seguía besando estaba rico, podía notar en su pantalón el bulto de su erección, el procede a quitarme la blusa y besa lo que queda descubierto de mis senos mientras con su mano desabrocha mi bra e inmediatamente me lo quita me besa pero enseguida baja a seguir besando y apretando mis senos, mis pezones se endurecían sentía como la corriente bajaba por mi vientre deseando cada vez más.

    Él se abre el pantalón y saca su erección y comienza a masturbarse, el comienza a tocarme abajo de nuevo y yo le facilito el paso de su mano abriendo mi pantalón y bajándolo un poco, comienza a tocarme me tenía muy mojada me tocó por dentro de la panty froto mi clítoris y bajo un poco más hasta sentir mi humedad poniendo cara de que rica estas, sigue tocando poniéndome muy muy excitada y decidí quitar mi pantalón y panty de una vez, este carro era una pick up lo que me permitió acomodarme frente a él abierta para que pudiera llevar su boca y hacerme un rico oral mientras el seguía masturbándose excitado, deseosa húmeda mete sus dedos y comienza a penetrarme y se sentía divino que rico después de casi llevarme al orgasmo se detiene mis niveles bajaron de golpe ya que él quería continuar en un mejor lugar, decide poner en marcha el carro para llegar a un hotel y terminar lo comenzado.

    En el camino quede así desnuda deseosa y el con su erección afuera, no paraba de mirarme y de tocarse, yo deseosa también con mis piernas abierta lo quería volver más loco y me toque en todo el camino metí mi dedo una y otra vez estaba divina luego lo saque me acerque a él y metí mi dedo lleno de mi en su boca para saborearme rápidamente llegamos habitación con garaje, él se bajó dio la vuelta y me abre la puerta me voltea y me abre las piernas y sigue con chupando, mamando, jugando con su lengua luego de unos 2 minutos me da la mano y me levanta y vamos a la habitación me acuesto él se termina de desnudar y se va encima de mí y hasta que al fin me lo metió su erección dura y firme una y otra vez, mis gemidos decían lo rico que estaba.

    Cambiamos de posición encima de la cama me pongo en 4 el culo bien arriba y aprieta mis nalgas y me comienza a penetrar duro sin piedad divino que me hace correrme rico, luego él se acomodó medio sentado en el copete de cama y me indica que me monte frente a él, y empiezo a cabalgar y el metido en mis senos, movimiento ricos y lentos una y otra vez, apretaba mis nalgas y se nota que lo disfruta entre gemidos y gestos se prepara para venirse y me acomoda a la esquina de la cama me abre las piernas y me penetra de nuevo una y otra vez duro riquísimo apretando sus manos en mis piernas mis manos aparentando la cama con los pezones a explotar, hasta que los dos llegamos un orgasmo de placer y lujuria.

  • Ceci, peteando con unos amigos (parte 1)

    Ceci, peteando con unos amigos (parte 1)

    Después de la primera noche con Ceci quedé enganchado a su forma de chupar… por desgracia, ella se distanció un poco después del primer encuentro, al punto que comencé a pensar en que todo se quedaría ahí. Esperé una semana, por prudencia, y al no intentar ella ningún contacto por su parte, borré su número de celular y comencé a dar atención a otros temas.

    Así pasaron semanas, hasta que una tarde me crucé con Ceci en San Telmo, yo estaba sentado en un bar tomando una cerveza cuando entró agarrada del brazo de un tipo alto, con una espesa barba y pinta de yanqui. Quise girar la mirada pero ya me había visto, y me regaló una media sonrisa juguetona, yo no le respondí e intenté lo mejor que pude actuar como si no la conociera de nada. Con tranquilidad terminé mi cerveza y salir del bar, no sí antes mirar hacia su mesa, ella tenía una linda pollera negra bastante cortita, y dejaba que el yanqui acariciara su largo pelo negro con una mano, mientras con la otra le agarraba fuertemente el muslo derecho. Abandoné el local, encendí un cigarro y busqué un taxi.

    No di ninguna importancia al asunto, pues no la tenía, pero unos días después me envió un mensaje. Me preguntaba que qué tal estaba, le dije que bien, que laburando mucho y ella me preguntó si quería que se pasara por mi departamento. Obviamente tenía ganas de cogérmela, pero estaba con un par de amigos justo en ese momento, se lo comenté, pero ella dijo que no importaba, que sólo quería charlar un rato y tomar unas cervezas.

    Mientras la esperábamos –ella tardaría cerca de una hora, pues venía desde el oeste en Subte– informé a mis colegas de que vendría. Mis amigos son unos tipos muy normales, Mati, un chaval delgado de 28 años, estatura mediana y tez morena, y Leandro, un tipo alto, bastante fuerte, aunque con algo de sobre preso y que acababa de cumplir los 30. Ellos me preguntaron si estaba saliendo con ella, y la verdad, me salió muy rápido decirles que “no”. Así que quisieron más información. Quizás porque me vi en el aprieto, sin reflexionar en las consecuencias les hablé del excelente pete que me regaló la noche que estuvo en casa, y también del día que me la encontré con el yanqui. “Vaya puta”, soltó Mati, a lo que respondió Leandro con unas risitas. Yo los miré y asentí.

    Ceci llegó con bastante retraso, -empezamos a pensar que no iba a venir, tal como había ido todo, la verdad, me daba un poco igual que viniera, así que nunca le pregunté por dónde estaba. Cuando al final apareció, nos saludó a todos con la mano y dejó sobre la mesa un pack de 6 cervezas Quilmes –odio la Quilmes-. Ceci venía en ropa deportiva, con un top blanco y unos pantalones de jogging negros, su melena estaba recogida en un moño y no llevaba brasier, por lo que todos le podíamos ver a las claras sus pezones marcados bajo la tela.

    Nosotros estábamos en el sofá, pero ella se sentó cerca de la mesa, en una silla. Abrió una lata y empezó a preguntarle a los chicos que qué hacían, qué música escuchaban y más preguntas sin sentido del mismo tipo. Esta conversación aburrida siguió por bastante tiempo, hasta que Mati me dijo que lo acompañara al baño. “Che, a esta puta nos la tenemos que coger” –me dijo en tono bajo-. “Sí, ya, ¿pero qué quieres que haga?” –le dije cruzándome de brazos-. “Mira, yo tengo algo de MDMA, vamos a poner algo de música y ofrecerle”. “Bueno, se puede intentar” –le respondí.

    Salimos del baño y Mati le preguntó si le gustaba la música electrónica –ella dijo que no conocía mucho-, así que Mati le contestó que no importaba, que seguro le iba a encantar. Apagamos las luces dejando prendida solamente una lámpara de mesa y él se ocupó de buscar una buena play list. Al principio fue todo un poco forzado, pero Leandro se levantó del sofá y empezó a hacer un poco el bobo, por lo que ella se animó a levantarse y ponerse como a bailar, yo también me animé y Mati fue a por más alcohol a la cocina. Volvió con 4 güisquis que nos repartimos en seguida.

    Tras la copa Ceci empezó a parecer más motivada… se movía con más libertad y se dejaba abrazar por cualquiera de nosotros que se le acercara, con todo, no parecía dispuesta a enrollarse con nadie. Mati fue por otra ronda de alcohol –esta vez cargando un poco más el vaso de ella que el nuestro-, seguimos bailando y bebiendo, hasta que ella dijo que estaba algo mareada y se sentó en el sofá, donde se puso a mirar su celu.

    Entonces nosotros 3 nos pusimos frente a ella, y Mati sacó su MDMA, y tomamos una pequeña cantidad, casi nada, eso pareció llamar su curiosidad. Ceci levantó la vista y nos preguntó que qué era lo que tomábamos. Le comentamos y pidió un poco, porque no lo había probado nunca. A esto Mati aprovecho para ofrecerle lo que quedaba –que era mucho– y le dijo que tomara todo. Y así hizo Ceci… luego se recostó y siguió con el celular.

    Nosotros seguimos bailando y tomando cervezas, paso un rato y ella se levantó, y empezó a moverse con nosotros, pero esta vez buscando más contacto…

    Mati fue el primero en chapar con ella. La agarró por la cintura y le plantó un profundo beso en los morros, a lo que aprovecho Leandro para sobarle discretamente la cola. Al ver que ella sonreía, se la arrebató a Mati de un tirón y la colocó frente a él. “Levantá los brazos” -le ordenó, y Leandro aunque está bastante gordo es un tipo imponente-. Sorprendentemente ella obedeció automáticamente, y Leandro le sacó el top, dejando al aire dos preciosas tetas, de tamaño medio, pero muy bien colocadas, que poseían dos aureoles sonrosadas y unos pezones ya parados.

    Leandro no es un tipo con paciencia… y lo que hizo nos sorprendió a Mati y a mí. Empujó los hombros de Ceci con fuerza y ella cedió y calló de rodillas con un suspiro, después agarró su barbilla y le dijo, “abre, la boca, ya sabés lo que tenés que hacer”. Ella volvió a obedecer, y Leandro, sin más misterios se sacó la verga y se la plantó hasta la garganta. Después la agarró del pelo, nos miró y nos dijo “che, a estas putas hay que tratarlas así”. Y tenía razón, pues ya escuchábamos como Ceci succionaba con fuerza.

    Mati y yo mirábamos la crudeza de la escena. Leandro tiene una panza enorme, que ahora podíamos ver a media, con la cabecita de Ceci en su entrepierna, moviéndose a buen ritmo. Leandro agarró entonces a Ceci con violencia por el pelo, soltando ella un grito de dolor, él le escupió en la cara y le dijo “No es suficiente puta, no basta con chupar, tenés que dejarte coger la boca, ¿entendés?”. “Sí, sí” afirmó ella, y mostró su lengua grande y golosa, la misma lengua con que me fascinó a mí hacía unas semanas. Leandro agarró su cabeza entonces con las dos manos, de modo que nosotros apenas podíamos verla, y empezó a empujarla con tremenda fuerza, clavándole su verga, de unos 18 cm, pero bastante gruesa, lo más que pudo. Así estuvieron buen rato, y Ceci aguantó como una buena puta la embestida, sin quejarse y babeando la verga de Leandro todo lo que pudo. De pronto, Leandro empezó a respirar más fuerte, sacó su pija de la boca de Ceci y le pegó un tirón del pelo hacia atrás –que por el grito que emitió debió dolerle bastante-, entonces le doy una bofetada y le espetó. “Abre la boca zorra”, algo que ella hizo justo a tiempo para recibir toda la leche. Que rápidamente le llenó toda la boca. Ceci tragó una parte pero escupió otra, saliendo el semen de sus labio y cubriéndole toda la barbilla, de modo que algunas gotas cayeron sobre sus muslos. Leandro la empujó y se dejó caer sobre el sofá. “Terminé con esta putita por un rato, hacele lo que queráis ahora”. Ceci se levantó, y con toda naturalidad fue al baño a limpiarse la cara, desde luego fuimos conscientes de que el trato que acaba de recibir era, sin duda, el trato al que estaba acostumbrada –que pelotudo fui al no verlo cuando estuvo conmigo.

    A la vuelta, intentó ponerse su top, pero Mati, rápidamente se lo quitó y le dijo, “Esto acaba de empezar”. Ella se dio la vuelta y empezó a bailar, respondiéndole un “ya veremos” desafiante.

    Continuará.

  • Crónicas vampíricas (I): Las vampiras bisexuales

    Crónicas vampíricas (I): Las vampiras bisexuales

    En día lluvioso el fuego crepitante en la chimenea del palacio Ducal, calentaba acogedoramente la habitación del gran salón. Bajaba elegantemente ataviada por la escalera, Gabrielle la Duquesa Roja, esposa del poderoso Aslam, Amo y Señor de los Vampiros Rojos, habitantes de la cumbre helada del Kazbek en el Cáucaso. Su amiga la Baronesa Patrizia, enfundada en un vestido azul oscuro de seda con elegantes zapatillas negras, le esperaba ansiosa en el descanso de la escalinata.

    Al encontrarse sus ojos fueron luceros cuando se entrecruzaron las pupilas. En un gran abrazo sucumbieron al delirio de la liberación de sus endorfinas. El amor y deseo de ambas se selló en un prolongado beso de labios. La Baronesa, con amplia sonrisa tomó de la mano a la Duquesa Roja. Así, sin soltarla ascendieron los peldaños en dirección a la habitación principal.

    En el trayecto, la rubia preguntó a la poderosa vampira

    – ¿Gabrielle, cómo va la relación con tu marido?

    – Patrizia, soy afortunada de ser la consorte de Aslam. Él como líder de la más fuerte tribu vampírica me ha llenado de riquezas y status pero eso, es lo de menos. Lo amo porque siento su amor en exclusividad. Agrega, el que siempre me complace en cualquiera de mis caprichos, tú eres testigo viva de eso. El plus de todo esto, es cuando en la cama estalla para mí. Es un sobresaliente atleta con el atributo de ser muy creativo aunque es un varón de mucha autoridad.

    – ¡Gabrielle, vaya que eres afortunada! ¿Cuántas no deseamos lo mismo? Aunque me incomoda que sea “un varón de mucha autoridad”

    – Patrizia ¿Por qué tan socarrona? ¡oh, déjame adivinar! Te asusta la forma con que se conduce ¿Verdad?

    – ¡Así es! Hermosa tú debiste ser Reina y no Duquesa. Cuando quedó vacante el trono, Aslam no pudo obtener el voto necesario de los restantes catorce Señores Feudales. Lo tildaron de extremadamente cruel y sanguinario, prefirieron como Rey a Falaris, Señor de los Vampiros Azules. El Señorío de tu marido, está escrito en páginas de oro, que ocultan el mucho terror con que se impuso. Todos le tiemblan. Los castigos que impone en público hacen a los espectadores cerrar los ojos. Pobre del que incumpla sus órdenes porqué entonces se le sentencia a una muerte espantosa. Solamente tú eres la única que no se hiela cuando él, ve con severidad. ¿Quién del pueblo de los Vampiros Rojos, ha olvidado cuando después de sofocar el levantamiento que costó la vida al Rey Kadir, sin juicio previo, en la hoguera privó de la vida a setenta rebeldes? Yo lo tengo marcado como yerro incandescente en mi piel. A ellos, les tuvo piedad por ser en el pasado sus compañeros de armas. ¿Qué fue de los otros, a quienes trato impíamente?

    – Patrizia, tengo todo eso presente. Sé de lo que es capaz. He presenciado las ejecuciones que ha ordenado y sí, hasta yo he cerrado los ojos. A su favor, debo decir, qué él, es uno de los padres fundadores del reinado vampírico. Nuestra raza pudo haberse extinguido a manos de los hombres quienes nos veían como a una peste. No había organización con nosotros. Dieciséis Señores se unieron. Los principales eran Kadir, Falaris y Aslam. Unificaron a los clanes bajo una bandera. Subyugaron a nuestros perseguidores. Ahora son los hombres quienes para sobrevivir deben pagar tributo. La sangre que tributan a la fecha nos alimenta.

    Venida la paz Aslam, persiguió las gavillas de desertores, y aunque te trae triste recuerdo, derrotó a los levantados que asesinaron al Rey Kadir. Junto con Falaris, restableció el orden por siglos respetado. Ganó más batallas que el ahora Rey. No obtuvo la corona pero en la línea de sucesión es el que sigue. Actualmente ostenta el título de “Guardián de la Corona”. Bajo su mando los guerreros, sirvientes y pueblo son una máquina perfecta que no tolera errores.

    Patrizia para evitar controversias, contestó.

    – Tienes razón Gabrielle. Debo de revalorar lo que me has dicho. Sin duda Aslam, será el mejor Rey. Por cierto, ¿Dónde anda?

    Sonriendo la Duquesa, refirió.

    – Acompaña a Falaris en su habitual cacería de hombres. Patrizia deberías unirte a esas jornadas aunque sea una sola vez. Cuando voy con ellos me encanta ver la forma en que los capturan. A algunos los han sacado incluso de hoyos en la tierra. Verlos sufrir excita mis ganas de beber sangre caliente.

    – ¿Gabrielle, has pensado que los hombres tarde o temprano se fastidiaran? Me da miedo que logren agruparse bajo un mando inteligente y adquieran fuerza para hacernos una guerra sin cuartel.

    – Patrizia ¿Qué te pasa hoy? Mientras Aslam viva nunca veremos a los vampiros ser derrotados por los hombres. Hermosa, sin duda, sé lo que necesitas para sacar todo ese estrés acumulado.

    Sin haber llegado a la recámara, en el pasillo, los sirvientes pudieron ver a tan atractivas y guapas maduras trenzarse en candentes caricias. Compartiéndose besos entraron a la habitación. Poco a poco ambas descansaron sus cuerpos en el colchón de la cama. La Baronesa hecha una fiera en acecho comenzó a marcar el ritmo del agasajo. Fue desvistiendo a su amante. Se le dibujó en el rostro una sonrisa de felicidad al decir.

    – ¡Qué bella eres! ¡Una buenísima hembra!

    Arrodillada sobre el colchón, Gabrielle pasó la lengua en la espalda de su amiga. Por detrás, le saboreaba el cuello. Sus manos le amasaban las tetas y pezones. La Baronesa con ligeros gemidos reaccionó. Su palpitante clítoris le obligó a conducir la mano a su húmeda vagina para chasquearla como loca, mientras señalaba.

    – Que exquisita sensación me causa tu lengua. Sigue, te pertenezco. Disfrútame. Saca de mí la yegua lista para ti.

    Luego Patrizia, con lentitud se zafó del abrazo de la Duquesa. La empujo con suavidad sobre los cobertores. Sus ojos centellaron cuando empleó ambas manos para separarle las piernas. Su boca tragó el clítoris hinchado de la Duquesa. Lo succionaba haciendo enormes ruidos imitando a los lobos hambrientos cuando comen. Mientras Gabrielle, se retorcía de placer pero no se permitió seguir disfrutando en su suave vagina. Se negó al orgasmo. Deseaba seguir gozando lo más que se pudiera. Tomó a Patrizia. La puso de pie para luego inclinarla. Así apareció la vulva blanca y depilada de su amiga. Metió sus cuatro dedos en la estrecha vagina húmeda. La rubia dio respingos y comenzó a decir.

    – Así, fóllame fuerte. Soy tu loba.

    Gabrielle, siguió en lo suyo. Estaba perdida observando la entrada y salida de sus dedos brillantes de los jugos que recogían. Patrizia, sintió placer en la subyugación al tener tras tres o cuatro minutos un clímax. Quedó inmóvil y muda con la cabeza descansando sobre la cama.

    Tras esperar poco tiempo, la rubia se recuperó. Alzó sus manos para pellizcar los pezones de la esposa de Aslam, diciéndole.

    – Ah, ahora te voy a dejar bien ordeñada. ¡Dame toda tu leche!

    Gabrielle respondió acariciando el trasero a su mujer amante, diciéndole

    – ¡Que ricas nalgas tienes! ¡Me encanta apretártelas! Es una delicia que las tengas duras, redondas y paradas. ¡Son mías!

    Después sonriente con cierta agresividad llevó a la Baronesa Patrizia, al piso. A ahorcadas, le puso la vagina en la boca. Empezó a cabalgar y gemir. Los labios de la rubia no soltaban los labios vaginales de la Duquesa. No quiso desaprovechar la Baronesa la oportunidad de clavar sus dedos en el ano de la noble vampira, así lo hizo. La esposa de Aslam daba fuertes gemidos de placer, diciendo.

    – ¿Así te gusta pervertida? ¡Anda chupa más mi vagina! ¡Cómetela! ¡Clava más tus dedos en mi ano! ¡Hazlo perra!

    Gabrielle descargó jugos que empaparon la cara de Patrizia. Esta dij

    – Saben ricos tus salados jugos aparte son muy calientes. Tienes una vagina exquisita

    A cada chupetón de la Rubia, la esposa de Aslam en voz alta gemía, no paraba de decir.

    – Cómeme, maldita perra puta. Demuéstrame porqué eres mi amante mujer.

    Patrizia, succionaba como si no hubiera un mañana. Gabrielle, se convulsionaba por el orgasmo logrado. Después empujó a la rubia. La besó con pasión en cada centímetro de su piel. Al besarla saboreó sus propios jugos en los labios de su amiga. Diciéndole.

    – Te encanta chupar vaginas ¿Verdad, perra?

    Patrizia, asintió con la cabeza. Mientras su boca capturaba los pezones de la Duquesa para luego decirle.

    – Me encantan las tetas grandes como las tuyas.

    Para luego chuparlos con mayor fuerza. Era tanta su ansiedad que los babeaba abundantemente provocando los gemidos entrecortados de la otra. La baronesa, atacó otra vez la vagina de Gabrielle, dejándola sin aliento cuando le lengüeteó su muy dilatado clítoris. Cerrando sus ojos y apretando sus labios expresaba su placer inagotable. Apenas y podía musitar.

    – Hazme de tu pertenencia. Lo deseo con todo el corazón. Dame más orgasmos mi amada.

    Gabrielle chorreante en sus labios vaginales estalló como volcán para quedar casi desmayada. Sin apenas darle tiempo de recuperación Patrizia, deslizó sus piernas entre las de Gabrielle, uniendo sus vaginas hasta que sus clítoris hicieron contacto carnal. Con desesperación se frotaban en busca de mayores clímax que en poco lograron.

    Sus gemidos se ahogaron al estar boca con boca pegadas. Conforme pasaba la noche más frenesí hubo entre ellas. En eso, Gabrielle, vio una sombra parada en el pasillo. Era la joven sirvienta que las observaba a hurtadillas al haber dejado por descuido la puerta de la habitación abierta.

    En eso Patrizia, habló

    – Oye ¿Cómo te atreves a vernos? ¡Ven acá!

    Ely, la joven vampira, sabiéndose descubierta, con miedo apenas entró a la habitación. Aunque agachada de cabeza no dejaba de observar la desnudez de sus dos superiores. Patrizia, comenzó la reprenda, diciendo.

    – ¿Conque tenemos a una pequeña fisgona? ¡Quítate la ropa!

    Temblando, así lo hizo Ely. Fue revisada por la Baronesa de pies a cabeza. En ciertos momentos, le toca los senos y trasero para después decirle.

    – Vete a tu habitación ¡Largo de aquí!

    Le preguntó Gabrielle a su amiga.

    – ¿Deseas le aplique un severo castigo?

    Contestó la rubia.

    – Fue descuido nuestro. La vi desde que llegó pero me excito que estuviera de fisgona. No la castigues. Tengo planes para esa pequeña traviesa. Mira como escurre mi vagina de lo caliente que aún sigo. Me dejaste la vulva y tetas muy chupadas y la presencia de la sierva ayudó para calentarme más. Su castigo será que cuando estemos revolcándonos no cerremos la puerta de la habitación para que ella finja estar a escondidas observándonos.

    En las torres de las murallas sonaron las trompetas. Las grandes puertas de la Ciudad, se abrían para dar paso a Aslam y a sus mejores guerreros. Tras ellos, venían vampiros siervos arriando a animales de carga que arrastraban tres jaulas con ruedas llenas de asustados prisioneros humanos.

    Las dos mujeres al escuchar a los voceros anunciar el regreso del Señor de los Vampiros rojos, procedieron con premura a vestirse. Cinco minutos después recibían en la puerta principal del palacio al musculoso gigantón. Al verlo Gabrielle, corrió a sus brazos. Con un beso lo recibió mientras sus dedos acicalaban la melena negra del héroe sanguinario.

    Aslam, al observar a la Baronesa, le dijo.

    – ¿Qué haces aquí ave de mal agüero?

    Contestó Gabrielle.

    – Poderoso Señor, ella es mi amante y la invite a estar en mi cama. Tenle paciencia.

    Con su voz ronca contestó el poderoso Vampiro.

    – ¡Es hora de que se vaya! No es de mi agrado su presencia. A ti Gabrielle te necesito en mi cama. Ordena cambiar el colchón y cobijas no quiero percibir el olor de esa miserable a quién tú le salvaste la cabeza. Hace tiempo debió haber muerto.

    La baronesa, se retiró, no sin antes musitar – Algún día la pagaras Aslam. El alma de mi esposo que mandaste a la hoguera clama venganza.

    Los Duques, después de eso, fueron a los carromatos. Ahí los custodios sacaron de una de las jaulas a la joven bella que la Duquesa escogió para extraerle del cuello toda la sangre. No paró hasta que la mujer cayó muerta. La Duquesa limpió con su mano sus ensangrentados labios. Sonriendo dijo a su esposo – Estuvo deliciosa. Gracias por el regalo.

    Ambos esposos entraron a su palacio, cerrándose tras de ellos, las puertas.

  • Siempre hay secretos que contar (tercera parte)

    Siempre hay secretos que contar (tercera parte)

    Nuestro encuentro con Laura había empezado ese sábado, pasadas las 17 h y, después de las acciones descritas en los dos relatos anteriores, la noche apenas comenzaba.

    Laura, tu y yo descansábamos en la recámara, después de que yo saliera de la regadera y luego ustedes dos se dieran un baño reparador, que no estuvo exento de besos, caricias y uno que otro orgasmo.

    Las toallas que usamos para secarnos, quedaron en uno de los taburetes de nuestra recamara y los tres conversabamos amenamente, desnudos, tendidos en la cama. Yo apoyaba mi cuerpo en la cabecera, Laura en el otro lado y tu estabas atravesada entre los dos. Por la forma que te acomodaste, tu cabeza descansaba en una de las piernas de Laura y tus manos jugueteaban con su cadera, paseando por su entrepierna y perdiéndose eventualmente en su sexo. Ella abrió su compás para asegurar a tus caricias mejor acceso a su cuerpo.

    Allí supe que Laura (de edad similar a la tuya) era una alta directora de una importante empresa financiera y conocí a mayor detalle la forma que se conocieron. En alguna ocasión se llegaron a encontrar en los pasillos del edificio donde estaban las oficinas de cada una de ustedes. Miradas que se cruzaron, unas sonrisas de complicidad y saludos breves al inicio, dieron paso para que en otra ocasión, se invitaran un café en uno de los locales de la cercanía al edificio, con las consecuentes visitas a su departamento y sesiones de intenso sexo entre ustedes dos y luego con el amigo de ella, Toño.

    La conversación era animada, divertida y anecdótica. Me contaron que, un día en el baño del piso donde trabajaban, posterior a que ya habían tenido alguna sesión de sexo en su departamento, coincidieron en el sanitario del edificio. Vieron que salía la última mujer que estaba en el baño, mientras Laura hacía tiempo retocando su maquillaje y tu arreglando algo de tu bolsa, y que al percatarse que ya no había nadie más, ella se acercó a tí de frente y, rodeando tu cuello con sus manos, te acercó los labíos para robarte un intenso y pasional beso, pegando su cuerpo al tuyo, diciendo que debía regresar pronto a la oficina, pero que no podía dejar pasar la oportunidad que ofrecía el momento. El abrazo que se dieron empezaba a ser acompañado por caricias a sus cuerpos, pequeños apretones de nalgas y restregarse los senos de una con la otra, cuando escucharon el inconfundible sonido de pasos en zapatos de tacón acercándose por el pasillo hacia el baño, por lo que tuvieron que suspender esas expresiones de pasión, y regresar cada una a sus actividades. Esa tarde, al salir, fue que se dió otro de sus apasionados encuentros entre ustedes dos en el departamento de Laura, donde pudieron descargar las pasiones y emociones que se quedaron truncas en el evento del baño.

    Me contaron también que, en otra ocasión, ustedes dos fueron por un café después de salir del trabajo en la zona de Polanco para evitar el tráfico. Poco tiempo despues de estar allí, encontraron que eran objeto de la atención de un hombre de mediana edad, buena apariencia, cuerpo mediano, alto, con pinta de ejecutivo de empresa, que se encontraba solo en otra de las meses próximas a la de ustedes. El lugar no era muy grande y ya no había mucha clientela. Tenía mesas de pequeño tamaño y no se cubrían con manteles de tela. Típicas mesas de cafetería.

    Ambas vestían en esa ocasión el tradicional traje sastre con falda en diferentes tonos, rematado con blusa clara debajo del saco. Y que, ya en el juego del coqueteo, ella te dijo que iba a ver hasta dónde lo podría calentar. Para ello, pasaría al baño y regresaría contigo en unos minutos, dejándote en la mesa, donde el sujeto en cuestión no te quitaba la vista de encima. En poco tiempo, Laura regresó a la mesa con su acostumbrado caminar acompasado, y al sentarse a tu lado, abrió ligeramente su saco para dejarte ver que, debajo de la blusa, ya no traía nada de ropa. Por lo delgado y fino de la tela, era más que evidente que sus senos se mostraban en su esplendor y sus pezones estaban erectos y marcados en la tela.

    Entonces, con un movimiento ágil, y sin quitarle la vista al momentaneo expectador, Laura se quitó el saco, respiró profundamente, haciendo que sus pechos se elevaran significativamente y marcaran más en la fina tela, levantó ambos brazos para acomodarse el cabello, dándole una excitante vista de ambos senos, coronados con sus pezones erectos, que retaban la resistencia de la tela. El pobre hombre no podía quitar la vista del ocasional espectáculo del que era destinatario y, de repente, se dió cuenta que ustedes dos lo mirában directamente. Nerviosamente se acomodaba en su asiento tratando seguramente de esconder una posible erección, intentando desviar la vista, sin mucho éxito.

    Entonces, Laura te retó a que no hacías lo mismo. No te lo dijo dos veces, y te paraste al baño, para ponerte a la altura de las circunstancias, regresando a la mesa casi inmediatamente. Observaste que él repartía su mirada entre ella y tu regreso a la mesa, mientras ella se estiraba y ponía de lado para dejarle ver sus atractivos senos claramente dibujados a través de la tela de su blusa.

    Te sentaste al lado de Laura, y con un movimiento rápido abriendo brevemente tu saco, le mostraste a ella que tus senos también se apreciaban espléndidamente a través de la tela de la blusa. Después de un breve guiño de ella, te despojaste también de tu saco y volteaste a verlo, mostrandote plena, hermosa y con unos senos maravillosos que son un gran atractivo tuyo tanto para hombres como para mujeres.

    El pobre señor no podía ya ocultar una erección importante que se mostraba involuntariamente a través de su pantalón, detalle que pudieron observar y comentar entre ustedes pícaramente. No dejaron de hacerle algunas señas muy discretas de que ustedes ya notaban que él ya estaba más que prendido y otras más que sólo incrementaron su excitación.

    Le dedicaron unos breves minutos más, acercaron sus cuerpos entre ustedes para hacer como que se decían algún secreto, buscando realmente que sus senos se frotaran con el movimiento y sus pezones se pusieran un poco más erectos, lo que no perdió de vista su vecino de mesa. Luego, y ya encarreradas con la situación, pidieron la cuenta al mesero, que también quedó impactado de verles y trastabilló nervioso al cobrar el consumo.

    Pagaron, se pusieron sus sacos y salieron del local, dejando al pobre hombre sentado, tratando de manejar su propia exitación, no sin antes mandarle un beso travieso al aire cada una de ustedes.

    Ambas reían en la cama, relajadas contando la aventura y los detalles al respecto, acompañando el relato con breves caricias entre los tres. Tú aprovechabas para tocar mis testículos y masturbar suavemente mi pene, que ya asomaba algunas gotas en la punta, las que tomabas con tus dedos y llevabas a la boca de Laura. En poco tiempo, los besos se fueron sucediendo entre los tres.

    Y mientras eso sucedía, se me ocurrió decirle a Laura: «¿porqué no le llamas a Toño y que venga para completar las dos parejas?» Tu expresión iba del deseo a la timidez breve y de allí a la creciente excitación. Entonces, ella, tomándote de la cara, pegando sus labios a los tuyos te preguntó: «¿quieres que venga Toño?, ¿deseas que venga a cogerte frente a nosotros y dejarte llenita?» Por resupuesta, le dijiste un sí entre gemidos de excitación, mientras te empezabas a comer su boca a besos pasionales.

    Ella llevó sus dedos a tu entrepierna y pudo constatar que estabas completamente mojadita. Inmediatamente metío dos dedos en tu vagina moviendolos cada vez con mayor intensidad para hacer crecer tus sensaciones. Entonces, te separó de su boca y te jaló junto a mi, ordenandote que me dijeras que era lo que querías:

    – Dile: «quiero que venga Toño a cogerme enfrente de ustedes». Entre suspiros y jadeos provocados por lo electrizante del momento y las caricias de Laura, fijaste tus ojos en mi y me dijiste: «si amor, quiero que venga Toño para que me coja frente a ustedes y me deje llenita». No terminaste de decir esa frase cuando un fuerte orgasmo sacudió tu cuerpo, mojando la mano de Laura profusamente. Tu mirada perdida, y las convulsiones de tu cuerpo, denotaban lo mucho que estabas disfrutando ese orgasmo.

    Sin sacara sus dedos de tí, Laura volteó al buró donde había dejado su celular, estiró su brazo para alcanzar su teléfono y rápidamente buscó entre sus contactos a Toño, me dió un beso y me dijo que era espectacular la forma que Toño te cogía, y que lo disfrutaríamos todos. Con la llamada a punto de enlazarse, se acercó a mi pene y metiendolo en su boca, y, entre lamida y chupada a mi glande, una vez que contestó, le hizo la invitación de que nos alcanzara para acompañarnos el resto de la noche. Tras un saludo breve y dulzón, le dijo:

    – Te tengo una sorpresa cariño y por el ruido te podrás imaginar, pero tienen que aceptar y venir inmediatamente. Te va a encantar porque ya has disfrutado de esto antes. Así que, te mando los datos de donde estoy y aquí te veo, dispuesto a divertirnos todos. Sólo escuchamos a Toño decir: voy para allá, mándame la información para llegar y colgar el teléfono.

    La noche se estaba poniendo más interesante. Ya no estaban quedando secretos que contar.

  • El concierto, la prima Yolanda

    El concierto, la prima Yolanda

    Han llamado a la puerta y me han pillado saliendo de la ducha.

    —¡Al diablo!

    Pensé, me anudé una toalla a la cintura y sin secarme, con la piel húmeda fui a abrir. Hace tanto calor que las gotas que me cubrían podían ser de agua o sudor.

    En la puerta, en medio del jardín delantero de la casa, entre las flores, como la más bonita de ellas, estaba mi prima Yolanda. La chica llevaba un vestido veraniego de tirantes, cortito y con un escote espectacular.

    Hacía una temporada que nos veíamos, ella vivía en la capital y yo en el pueblo. Y lo último que esperaba era su visita esa calurosa mañana de verano. Menos aún vestida así.

    Por el escote se aprecian unos senos bonitos, amplios, casi diría maternales y unas piernas largas y firmes saliendo de la corta falda. El entallado vestido marca su vientre plano y cuidado con largas horas de gimnasio.

    Sinceramente no me importa la razón de su visita, tener delante de mí a una de mis musas de mis pajas de adolescente ya es lo bastante agradable. Aunque en esa época nunca conseguí hacer nada con ella evidentemente. Me sacaba quince años más o menos y ella me veía como un crío.

    Su vista parece recorrer mi cuerpo unos segundos más de lo que habría sido educado. Eso no me importa. Le indico que pase delante de mí para poder echarle un vistazo a su culito. Lo menea bien, pienso, mientras la sigo hasta mi cocina.

    Abro el frigorífico para sacar agua que le ofrezco y le pido que saque unos vasos del armario que tiene a su espalda. Al estirar el brazo su axila depilada recibió un rayo de sol y el perfil de un pecho perfecto dejó su sombra sobre la puerta blanca de la nevera.

    Incluso me pareció durante un segundo ver el pezón marcado, duro, saliente. Los míos al descubierto empiezan a destacar también duros por la excitación.

    Y entre mis piernas algo reacciona. Veo los ahusados muslos que puedo contemplar casi hasta las duras nalgas al estar ella inclinada sobre la encimera y gracias a lo corto de la falda de su vestido. Cogió los vasos y se giró y la vista de su escote y su bonita cara es aún más impresionante.

    Me distraigo con la visión de su cuerpo y apenas prestaba atención a lo que me decía. Ella se da cuenta de ello porque también me mira a mí. Porque se recrea en mis pezones erizados, en los pectorales y en el vientre plano, en la consistencia que mi polla empieza a tomar bajo la toalla y en donde están clavados mis ojos.

    Sonríe, se toma mis atenciones como un halago, por suerte. Un movimiento del hombro y el tirante resbala por su hombro liberando un poco más de su pecho de la liviana tela. Esa teta con la que hasta ahora sólo había podido soñar.

    Sin tocarlo mi pene empieza a levantar la toalla, el nudo se está aflojando, si no hago algo quedaré desnudo en un momento. Elijo no hacerlo, dejar que la poca tela que me cubría hiciera lo que quisiera.

    A contraluz su cabello rojizo rodea su rostro enmarcándolo en un halo brillante. Al resbalar la toalla por mi vientre despacio se descubre mi pubis depilado. Sin un pelo para comodidad de quien me la chupe.

    Un poco de agua se deslizaba por su barbilla y unas gotas cayeron sobre su escote. Se arrodilla frente a mí en el momento en que la toalla se desliza al suelo y toma mi pene en su mano acariciando con la otra mis huevos pelados. Reculé hasta apoyar las nalgas en la fría encimera. Por suerte no estaba lejos o puede que hubiera dado con mis huesos en el suelo de la impresión.

    Mirándome a los ojos con una sonrisa lasciva se inclina un poco más hasta que sus carnosos labios tocan mi hinchado glande. Es un beso, tierno y suave, pero lo noto recorriendo mi columna hasta el cerebro como un escalofrío.

    Mi suspiro de excitación llenó toda la cocina reverberando en los armarios y los electrodomésticos blancos. No esperaba una acción tan expeditiva por su parte, sobre todo porque me gusta hacer disfrutar a la chica antes de empezar con mi placer.

    En ese momento pensaba en arrancarle el vestido y el tanga y deslizar mi lengua por todo su cuerpo. Pero no podía reaccionar paralizado por su mano sujetando el tronco de mi rabo. Parecía que ella tenía claro lo que quería pues no me soltaba. Apenas habíamos cruzado unas pocas frases y tenía el nabo en su boquita.

    Lo que hizo fue terminar de bajarse los tirantes y el escote para dejarme ver sus senos plenos voluptuosos. Y terminar de recoger su falda en las ingles lo que me dejaba ver desde arriba sus muslos al completo casi hasta el tanga. Sus rosados pezones apuntando duros hacia mis muslos.

    Cuando por fin deslizó la lengua por el escroto sin dejar de mirarme a los ojos casi me fallan las rodillas. Estaba en la gloria, toda mi piel erizada. De cada terminación nerviosa llegaban olas de puro placer a mi cerebro. Yolanda se estaba esmerando con la mamada.

    Tras ensalivar y chupar mis testículos a su gusto empiezo a subir con la lengua pegada al tallo de mi polla, usando sus labios también para besar la piel. una de sus manos seguía acariciando el escroto.

    Se estaba dedicando por entero a mí sin ocuparse de ella. Al poco metía el glande en la boca jugando con la lengua en el frenillo. La mano que acariciaba mis huevos pasaba entre los muslos buscando el ano entre las nalgas.

    Con el dedo índice se dedicaba a acariciarme el agujerito metiendo incluso un poco el dedo en mi interior. Al fin y al cabo acababa de salir de la ducha y toda la zona estaba bien limpia, prístina diría yo.

    Ni en mis sueños más lascivos de adolescente hubiera podido imaginar que Yolanda tendría esa maestría y que un día la dedicara a mi disfrute. La tuve que avisar que me corría.

    Después de todo el placer que me estaba dando por nada del mundo querría que se enfadara conmigo por eso. Pero se limitó a sacar el glande un segundo de la boca y dedicarme un gesto de pura lascivia.

    Con el glande bien alojado en la boca y masajeando el tronco arriba y abajo y un dedo bien clavado en mi culo ya no pude resistir más y me derramé al completo en su boca.

    No lo tragó, pero abriendo los labios me la enseñó depositada sobre la lengua. Sonriéndola le hice un gesto con dos dedos para que se pusiera de pie. Ayudándola incluso tirando de sus brazos.

    Frente a mí conseguí abrazarla por fin. Mis manos recorrían su voluptuosa anatomía mientras nuestros labios ser juntaron. Busqué con la lengua dentro de su boca mi propia lefa y jugamos con ella en un lascivo beso. Nuestras lenguas se cruzaban dentro y fuera de nuestras bocas, cuando terminamos con mi semen seguimos con las salivas.

    Con esfuerzo conseguí deslizar una mano bajo su falda y sacarle el tanga. Pero ella juguetona puso las manos en mis hombros y me separó. Con cara de vicio y una gran sonrisa me dijo:

    —Eso te lo regalo como un recuerdo. Otro día seguimos y me devuelves el favor.

  • En el baño del cine

    En el baño del cine

    Hola a todos, gracias por comentar y puntuar mis relatos anteriores. Disculpen la demora en seguir escribiendo, pero es un fin de año con mucho trabajo.

    Esto ocurrió hace dos semanas atrás. Tapado de trabajo, estrés, gimnasio, a su vez estoy realizando un posgrado mitad virtual mitad presencial, no tengo tiempo ni para pensar en sexo. Llego a casa sin ganas de tocarme siquiera.

    Siendo un viernes y después de una semana muy larga, una de mis mejores amigas de trabajo, me cuenta en el almuerzo que el tipo con el que está saliendo, la dejó plantada para ir al cine, y ella ya había comprado las entradas para ir a ver Wakanda Forever. Me pide si la acompaño, bajo el pretexto que a los dos nos va a hacer bien salir un poco y parar un poco con este burn out de fin de año. Le digo: No sé. Estoy muerto y no tengo ganas de salir.

    Ella me insiste y me dice que me sume, que nunca salimos a ningún lado.

    Yo: Bueno, Ok. ¿A que hora?

    Ella: Función de las 21.45 h, en el DOT Baires Shopping. ¿Vamos con tu auto o el mío?

    Yo: te paso a buscar y vamos con el mío.

    Dale: Si querés, después comemos o tomamos algo por ahí.

    Yo: Ok.

    Salí de la Oficina a eso de las 18.15hs, me fui directo al gym, estuve hasta las 20.30 aproximadamente, mi amiga dele mandarle mensajes de que no lleguemos tarde.

    Fui a casa, me duché, me cambié, slip, bermuda, remera ajustada, subí al auto y salí a buscarla, 21.30 llegamos para la función. Delante nuestro había fácil en la fila para entrar a la sala unas 40 personas.

    Esperando en la fila, veo para atrás, a unas personas de distancia, dos chicos, muy bonitos los dos, uno mas castaño y el otro mas rubio, se notaba que eran pareja los dos, y si bien ambos me miraron, el que mas me llamó la atención fue el de pelo mas oscuro, quien tenía también una bermuda de color claro y se le marcaba una cola prominente y redonda, llevaba una camisa blanca a rayas y una barbita corta y bien prolija. Su novio, mas rubion, un poco mas alto, delgado, sin barba, de pantalon largo beige, remera negra, mi interpretación era que quizás era mas el activo.

    Mi amiga estaba muy intensa, la quiero, pero muy intensa dele hablar del chongo que le canceló la ida al cine y yo relojeando hacía atrás a la parejita.

    Finalmente empiezan a hacernos pasar, escaneamos los QR y nos sentamos en los sillones que teníamos reservados. Era la sala premium class lo cual está buenísima ya que podes levantar las piernas con el sillón y reclinarte hacía atrás.

    La parejita detrás nuestro se sentó en dos sillones, mas adelante y en diagonal a nosotros. Arrancó la película y a la media hora yo estaba quedándome casi dormido mientras mi amiga pochocleaba, tomaba gaseosa, y miraba el celular. En eso que trato de re acomodarme en una mejor posición y lograr que el sillón se enderece, veo que el que me gustaba a mi de la parejita de chicos, se levanta y va hacía la salida, veo que gira la cabeza hacía donde estoy yo y hace un gestito, el cual interprete como una invitación.

    Le digo a mi amiga: Un embole esta película, voy al baño y vuelvo.

    Fui hacía la salida, y el chico estaba caminando hacía el baño, mira hacia atrás y sonríe. Y se mete al baño.

    Yo miro hacía los costados, hacía atrás, no había nadie. Ya habían empezado todas las funciones de esa hora y el baño de los premium eran en otro sector de las salas comunes. Me metí, me fui a un mingitorio, saque la pija y la empecé a sacudir para que vaya viendo lo que le esperaba. En la bacha había un hombre de unos 40 y pico lavándose la cara y me pongo a buscar con la mirada al pendejo y veo que en uno de los cubículos donde hay inodoros, se ven dos pies y veo que se hace hacía atrás y me ve que estoy ahí esperándolo.

    El Sr de 40 sale del baño, no quedaba mas nadie me giro con la pija hacia afuera medio gomosa y se la muestro al nene que me hace el gesto de que pase a donde él estaba. Pasé, trabé la puerta, él se sentó sobre la tapa del inodoro y se puso a mamármela. Se me puso como piedra, mas que pasaron 8 a 10 días que no había tenido ni una paja.

    La tomaba con una mano, con la otra, me pajeaba, se la llevaba a la boca, y me dice: no puedo creer lo grande que es. Mas o menos como tu cuerpo jaja.. Empieza a mamar con mas ganas y hasta donde le cabía y escuchamos que entró alguien al baño. Le hice el gesto de que no haga ruido, y que siga chupando. Escucho que el que entró meó en uno de los cubiculos, salió se lavó las manos y se fue.

    Me desabroché el cinturon, la bermuda y me los bajé y lo mismo con el slip, le dije al chico que me chupe los huevos, se lo notaba medio cansado con la boca, y que no tenía experiencia con pijas grandes. Me masturbé y en eso me vibra el celular. ¡Mi amiga!

    ¿Te perdiste? ¿Te fuiste?

    Yo: tuve que ir a otro baño porque los de afuera de la sala los estaban limpiando.

    Le dije al nene que se pare, lo di vuelta y empecé a pasarle mi cara por sobre su bermuda y a apretar y olfatear ese orto enorme y carnoso. Se bajó él la bermuda, y un boxer cortito blanco que llevaba.

    Su cola era un durazno blanco suave con apenas pelusita y olía excelente, lo empecé a coger con la lengua y él se puso a gemir. Le dije: shhh silencio. Se tapó la boca, y seguí con mi laburo de lengua. Lo escupí y le mandé mucha saliva, me ensalivé la pija, lo posicioné que quedé en 4 y empecé a puertearlo con mi verga. Él me pidió que sea suave, que vaya despacio.

    Le abrí las nalgas con ambas manos, y empecé a enterrarsela de a poco, él se quejaba, gemía y haciéndolo hacía atrás, le tapé la boca con mi mano y con la otra le abría una nalga, miraba para abajo mirando como entraba toda.

    Él: ay, ay, aia, me duele…!

    Yo: salgo?

    Él: no, pará, de a poco, es muy grande.

    Yo: te voy a lastimar si sigo así.

    Él: sacala, ok… Te la chupo.

    Yo: no, te sentí los dientes, y me raspaste, pajeame mejor.

    Él, sentado en el inodoro y con cara de sufrimiento, uso su mano para pajearme, yo estaba que no me gustaba la situación pero quería lanzar leche.

    Lo agarré de la carita, me pajeé fuerte, y le lancé un par de chorros en la cara. Acabé y él me chupo un poco como para limpiarme. Saltó a la pared del cubiculo, en su cara, en la ropa. Tomamos algo de papel y limpiamos lo que pudimos. Me subí el slip, la bermuda, y salí de ahí. Me lavé, y volví a la sala.

    A los 3 minutos entró él mirando hacía donde yo estaba. Veo que el novio mira hacía donde yo estaba, y lo mira a su novio y los veo que se ponen a cuchichear y de atrás les dicen: shhh!!!

    La película terminó y lo mejor de Marvel terminó con la saga Endgame. Todo lo demás, al pedo. Mi amiga dele hablarme que le escribió el flaco, que lo hizo poner celoso diciendole que estaba en el cine conmigo y bla bla, yo estaba pensando en la cama.

    Detrás nuestro venía la parejita discutiendo, donde el otro, le decía al que me cogí: al final sos igual que todos. Sos puta, me dijiste y me vendiste el papel de santa y que no te ibas detrás del primer lomudo que se cruzaba.

    Yo me reía. El novio le decía: basta. Te dejó en tu casa y no te quiero ver ni escuchar más.

    Salimos al estacionamiento, y llevé a mi amiga a su casa, me fui al depto. Me desmayé en la cama y al día siguiente veo en Telegram mensaje del pendejo que me la chupó. Estas buenisimo, y con mas tiempo y comodidades quisiera ser tu puta.

    Yo: lo hablamos en otro momento.

  • En la consulta con mi sobrino

    En la consulta con mi sobrino

    Este es mi primer relato. Espero hacerlo bien y que os guste. En todo caso estaré encantada de recibir todos vuestros comentarios y correos con sugerencias y mejoras que me podáis aportar a mis historias. Mi objetivo aquí es compartir mis experiencias con vosotros. He visto que escribiéndolas es una manera de revivirlas. Y si de paso os hago pasar un buen rato, estaré feliz.

    Mi nombre es Mercedes. Soy una mujer ya madurita, de 45 años y bastante tradicional. Me gusta vestir discreta, algunos dirían que más bien recatada: casi siempre uso faldita por debajo de las rodillas y alguna blusa con rebequita por encima y zapato discreto. Soy morena y voy con media melena y perlitas. Estoy casada desde hace muchos años y tengo un hijo. El problema es que mi marido es un soso. En general, pero sobre todo en la cama. Hace un tiempo me di cuenta de que no podía seguir así, con esa falta de sexo y he aprendido a buscar diversión fuera de casa. Al principio me costó. Yo apenas sabía nada del sexo y todo lo poco que había hecho, había sido con mi marido.

    Mi primera experiencia fuera del matrimonio la tuve ni más ni menos con una compañera de trabajo y con mi sobrino. Dios mío, cada vez que lo recuerdo me pongo roja y me excito a partes iguales.

    Mi sobrino vino a mi consulta. Se me olvidó mencionar que soy médico y trabajo en un hospital. Cuando estoy en la consulta visto con la típica bata blanca por encima de la ropa que lleve ese día. Pues ese día, ya fuera del horario habitual de consultas, vino a visitarse mi sobrino. Siempre hemos tenido una buena relación y bastante confianza. Días atrás me llamó para explicarme que se había hecho daño en el codo y que en el ambulatorio le habían hecho una resonancia magnética y le habían sugerido operarse. A mí no me hacía gracia lo de la operación. Siempre que pueda evitarse, prefiero ser conservadora en este aspecto. Así que le sugerí que se pasara por mi consulta para verlo y decidir qué era lo mejor para su caso.

    Cuando mi sobrino llegó a la consulta debían ser las ocho de la tarde, más o menos, y el servicio estaba vacío, ya que la gente suele irse sobre las 5. Yo ese día me quedé a acabar unos informes que tenía pendientes. Así hacía tiempo mientras esperaba a mi sobrino que no podía venir antes debido a su trabajo.

    —Hola, Mercedes —me saludó mi sobrino con dos besos.

    Mi sobrino era un chico joven, de unos 25 años. Era alto y delgadito y muy guapo.

    —Gracias por hacerme un hueco en tu agenda —dijo él

    —Faltaría más —dije— para eso está la familia, ¿no? —dije con una sonrisa— además me quedé preocupada cuando me contaste lo de la operación

    —Sí. A mí tampoco me hace ninguna gracia.

    —Pues vamos a examinar ese codo. ¿Te puedes quitar la camisa?

    Mi sobrino se desabrochó la camisa y me quedé embobada. Lo había visto alguna vez de adolescente en la piscina. Lo típico. Pero había crecido bastante y la verdad es que estaba bastante fuerte.

    —Vaya! —me salió decir— estás muy en forma

    Mi sobrino se puso colorado.

    —Bueno, estoy preparando ironman y entre el nadar y la dieta, pues sí, estoy bastante en forma.

    Para quitarme malos pensamientos de la cabeza intenté centrarme en el propósito de la visita.

    —A ver ese codo —le dije mientras lo examinaba— El movimiento parece normal. ¿Te duele?

    —Un poco. En el ambulatorio me dijeron que había afectación en el ligamento. Te he traído la resonancia magnética y el informe que me han hecho.

    —A ver… —revisé el informe— por lo que dice aquí hay afectación en el ligamento colateral cubital y habla de posible rotura, pero no lo asegura. El problema es que yo no soy experta en trauma… ¿Te parece que avise a una compañera para que nos dé su opinión?

    —Sí, claro, pero me sabe mal molestar.

    —No seas bobo! Tú no molestas. Ahora la llamo, que creo que hoy está en urgencias.

    Cogí mi busca y llamé a María. Ella es la traumatóloga y nos podría ayudar a decidirnos. Hablé con ella y me pidió unos minutos para acabar con un paciente que tenía en un box de urgencias antes de poder subir. En ese rato estuvimos hablando con mi sobrino de aquello y lo otro, nada del otro mundo. Cuando llegó María pude ver como a mi sobrino se le iluminaban los ojos. María es una mujer encantadora y preciosa: es de mi misma edad, pero bastante más alta, rubia, de ojos azules y con una melena que lleva siempre suelta y que es la envidia de medio servicio. Y además está siempre contenta y sonriente. Es un encanto de persona. A María, a diferencia de mí, le gusta vestir un poco más moderna: casi siempre usa vestidos, a veces cortos, a veces con algo de escote, pero siempre elegante y con clase.

    —Hola Mercedes —dijo al entrar— disculpa que no haya podido subir antes, ya sabes como estamos abajo.

    —No te preocupes. Mira, este es Sergio, mi sobrino

    —Hola, Sergio —dijo con una sonrisa y voz dulzona— tu tía me ha dicho que te has hecho daño en el codo. ¿Puedo verlo?

    —Claro

    María estuvo examinando a mi sobrino con delicada dedicación. Se miró el informe y la resonancia y al final llegó a la conclusión que con una inmovilización y reposo, la cosa debía mejorar.

    —Yo, como tu tía, no soy partidaria de operar. De momento lo pondría en reposo y en unas semanas vemos como ha evolucionado. ¿Qué te parece?

    —¡Me parece perfecto! Estoy muy agradecido por vuestra implicación. Ahora estoy mucho más tranquilo. No sé como os lo puedo agradecer.

    —No te preocupes. Eso no ha sido nada. Yo estoy encantada de poder ayudar a mi compañera de trabajo y a su sobrino. Y seguro que tu tía también, ¿a que sí? Qué suerte tener un sobrino tan guapo…

    —Claro. Yo encantada de poder ayudarte, Sergio. Ya lo sabes.

    —Muchas gracias —dijo mi sobrino que nos miraba a las dos de una manera un tanto extraña— qué suerte tengo de poder contar con vosotras dos. Pero de verdad que me gustaría hacer algo para poderos agradecer lo que habéis hecho por mi.

    Mi sobrino se puso de pie y pude observar como se le había formado un gran bulto en la entrepierna. Era visible y además se estaba pasando la mano por encima para hacerlo más evidente. Yo me quedé helada. ¿Qué pretendía? Me quedé tan sorprendida que no supe reaccionar. Pero María sí que tomó la iniciativa y rápidamente se puso a su lado y le puso la mano encima de la suya.

    —Vaya vaya con el sobrinito… parece que tiene algo para nosotras.

    —Si queréis, yo os lo puedo agradecer muy bien —dijo mi sobrino desabrochándose el pantalón y dejando salir el mayor pene que haya visto en mi vida!

    Era enormemente perfecto. Era realmente grande y muy muy grueso. Esa visión provocó en mí un cosquilleo. No estaba acostumbrada a ver penes (fuera del de mi marido) ¡y menos el de mi sobrino! Y nunca veía porno ni nada por el estilo. Y ahora me encontraba con esa escena, que lejos de disgustarme, provocó en mí sensaciones hasta entonces desconocidas.

    —Pero eso… esto no está bien… guárdate el pene, Sergio! —dije intentando reconducir esa situación. Quería y no quería. Estaba hecha un lío.

    —Por favor, Mercedes! —dijo María— no digas pene!, no seas tan beata! Esto es una buena polla! Un pollón. Y si el chico quiere agradecernos nuestro trato así, no le podemos hacer un feo.

    —¡Vamos, tía! Tú siempre me has parecido una mujer bellísima. Y cuando he visto a tu compañera María he pensado que qué mejor manera de devolveros el favor que me habéis hecho que esta.

    Yo estaba muy confundida. ¿En serio le parecía atractiva? ¡Pero si casi le doblaba la edad! Además, era muy guapo y fuerte, seguro que podía estar con mujeres mucho más jóvenes y guapas que su tía la recatada.

    —No digas bobadas, Sergio! Como te voy a parecer atractiva. ¡Si soy tu tía!

    —Precisamente por eso. Siempre me has parecido muy guapa. Seguro que debajo de esa ropa tan recatada se esconde una mujer con deseos. Y el hecho que seas mi tía hace que la situación tenga un morbo brutal.

    —Qué tonterías. Tú eres un chico joven y guapo. Yo ya estoy vieja…

    —Como vas a estar vieja! Eres muy guapa y te estás perdiendo un montón de cosas buenas. Vamos, lo pasaremos bien.

    María estaba expectante y observando nuestra discusión. Y yo tenía sentimientos encontrados: por una parte, me parecía escandalosa la escena de mi sobrino y mi compañera de trabajo. Chocaba con, hasta entonces, mis valores más conservadores y cristianos. Sabía que no estaba bien. Además, era una mujer casada. Pero, por otro lado, sentía ese cosquilleo interno. Había algo, quizá lo que mi sobrino denominó «morbo» que me decía que quizá no estaba tan mal. Además, tampoco es que mi marido me tuviera demasiado en cuenta. ¡Al contrario! Me tenía sexualmente abandonada. ¿Era esta la oportunidad que se me estaba brindando para darle una vuelta a mi vida de mujer recatada y modosita y experimentar cosas nuevas?

    —Mira, Mercedes —dijo María— tú te puedes quedar aquí mirando un poco… a ver qué te parece.

    María se abrió la bata, se recogió el pelo en una coleta y se desabrochó un vestido precioso marrón de cuadros formado por líneas negras y blancas de Burberry, dejando ver un sujetador blanco. Nunca me había fijado que María tuviera los pechos tan grandes.

    —Ven aquí, guapo… A ver que tienes para nosotras

    María se puso de rodillas y cogió con su mano aquella polla, como dijo antes ella. A mí todavía se me hacía raro pensar en estos términos… empezó a menear aquel trozo de carne. Y sin más se lo puso en la boca. Empezó a chupar arriba y abajo como si fuera un chupa-chups. Yo me los miraba: mi sobrino con los ojos en blanco, gimiendo de placer. Y mi compañera de trabajo tragando polla como si no hubiera mañana.

    —Ohhh… sí… qué buena mamada me estás haciendo… ahhhgmmm.

    —¿Sí? ¿Te gusta? ¿Te gusta cómo te lo hago? Menuda polla tiene el sobrinito… me encanta.

    —Joder, me gusta mucho… menuda boquita tienes… déjame ver tus tetas, anda

    Sergio sacó los pechos de María por fuera de los sujetadores, pero sin quitárselos. Para mi todo eso era nuevo. Yo el poco sexo que tenía con mi marido era de estar en la cama, con la luz apagada y sin casi hablar. Esto era otra cosa. Y me estaba gustando.

    —Joder, que tetazas traes. Me encantan.

    —¿Sí? ¿Te gustan? ¿Te gustan mis tetas? Dales un besito, anda

    —Me gustan mucho. Me gustan tus pezoncitos… ahgmmm… están duros… ahmmm.

    Mi sobrino se amorró a sus pechos. Los chupaba y besaba a María. Yo me lo estaba mirando como quien mira una película. Noté un cosquilleo en mis bragas y cuando me llevé la mano para ver qué pasaba pude notar que estaba completamente empapada. ¿Me estaba gustando todo esto? ¡Me estaba gustando mucho!

    —Que te parece tu sobrino, Mercedes? ¡Menudo está hecho!

    —Sí. No sé…

    —¿Por qué no vienes? Ven con nosotros…

    ¿Cómo? ¿Ir a participar? ¿Eso quería decir que se la debía chupar? Me estaba gustando, pero no estaba preparada para cruzar esa línea.

    —No sé… no me veo preparada… ¿Os importa que me quede mirando? Me quedaré aquí sentada.

    —Claro que no! —dijo mi sobrino— a mí me está dando un morbo increíble… ver como mi tía me mira mientras su compañera de trabajo me está comiendo la polla, es algo que ni en mi mejor fantasía hubiera podido imaginar.

    —Así que te está gustando como te la como? Pero no me vas a dejar así, ¿no? Recuerda que me debes un favor. ¡Ahora tienes que follarme!

    «Follarme» dijo María. Yo estaba que no estaba…

    —Claro, ven aquí.

    Mi sobrino cogió a María por la cintura y le dio la vuelta sobre la camilla. Mi sobrino se puso detrás de ella y le levantó el vestido y ambos nos quedamos estupefactos.

    —No llevas bragas! —dijo mi sobrino— esto sí que no me lo esperaba.

    —Me encanta ir sin bragas por el hospital. Me pone bien perra.

    —¡Pues ahora vas a ver lo que es ser una buna perrita!

    Y mi sobrino enterró aquel mástil en la vagina de mi compañera de trabajo. Estuvo un buen rato empujando. Los dos jadeaban y gritaban. Él no paraba de moverse y le cogía los pechos con las dos manos. Lo estaban pasando en grande, y yo también. Pasado un buen rato María tuvo un orgasmo brutal.

    —ahhh… ¡¡me matas!! ¡¡¡Me corro!!! ¡¡Joder, qué polla tienes!! Dame tu leche, vamos… ¿te vas a correr?

    —Espera… creo que sí que me voy a correr.

    —¡¡¡Eso es!!! ¡¡quiero que te corras!! ¡¡¡quiero toda tu leche!!!

    —No… espera…

    Mi sobrino sacó su enorme polla de María y la dejó recostada sobre la camilla. Se giró hacia mí y me dijo:

    —Me voy a correr en tu cara

    Me lo quedé mirando. Yo continuaba sentada en mi silla. Estaba empapadísima. Y mi sobrino estaba excitadísimo. Se lo veía en la cara. Yo no estaba segura de nada. Todo eso era nuevo para mí. Me daba cosa que se corriera en mi cara. Todo eran inseguridades. ¿Me iba a gustar? De entrada lo encontraba bastante desagradable, pero a ellos se les veía tan seguros y excitados… yo los miraba y veía que mi sobrino, en ese momento solo tenía como objetivo llenar de leche caliente la cara de su tía.

    Mi sobrino ya estaba delante de mí. Me había puesto su enorme polla a escasos centímetros de mi boca. Podía ver como brillaba y en lo que había crecido… tenía miedo y excitación a la vez.

    No me dio tiempo a más.

    —Quiero que abras bien la boca, tía. Quiero que la abras bien para recibir mi leche.

    —Así? —dije yo mientras abría todo lo que podía mi boquita.

    —Eso es —decía María— te vas a correr en la cara de tu tía. Menudo morbazo. ¡Vamos córrete!! ¡Vamos échale toda tu leche!!

    Y tras unos pocos meneos, la polla de Sergio empezó a escupir esperma como si no hubiera mañana.

    —Ahhh… ¡Me corro! ¡Me corro! ¡¡¡Toma toda la leche, Merceditas, toma!!! ahhhggg… sobre todo no cierres la boca ni tragues… ahhhh… quiero verla toda.

    Yo intenté hacer lo que me decían. Abrí bien la boca para recibir todo lo que mi sobrino me iba a echar.

    —¡Ya me sube la leche! ¡¡¡Ya estoy!!! ¡¡¡Me corro!!! ¡¡¡ahhh me corrooo!!!

    Yo mantenía mi boca bien abierta y pude ver como mi sobrino empezaba a escupir leche. Primero un gran chorro que atravesó mi cara, pasando por mi nariz y mi ojo derecho hasta llegar a mi frete e incluso manchándome el pelo. Los siguientes chorros, ya más controlados, acabaron dentro de mi boca, pero era mucha cantidad y parte se me escurría por la comisura.

    —ahhh… sí que bien… toma toda la leche… así… toma toda mi lechita Mercedes —mi sobrino estaba totalmente fuera de sí.

    —eso es, Merceditas guapa —me decía María que se había colocado a mi lado— eso es… mantén la boca abierta… enséñanos todo lo que tienes.

    —sí, eso es… todo mi semen en tu cara y en tu boca… mira que cara de vicio que pones… la beata recatada se nos ha llenado de leche… mira que guapa estás así. Me encanta verte llena de mi leche caliente. estás preciosa —Sergio estaba encantado con lo que acababa de hacer.

    —ya lo creo que estás guapa, Merceditas. Mira como te ha dejado tu sobrinito… mmmm.

    Era una sensación muy extraña. En parte un poco desagradable por ser la primera vez que probaba el esperma y me estaban dando pequeñas arcadas, pero por otra era excitante recibir toda esa leche calentita en mi boca.

    —Mira qué montón de leche le has dejado en la boca —le dijo María a mi sobrino— ahora que la hemos visto te la tienes que tragar.

    Yo no estaba nada convencida, pero hice lo que me dijeron y tragué todo aquel esperma. Estaba caliente y en verdad me estaba gustando bastante. Me costó un poco, pero lo hice. Una vez acabé de tragar volví a abrir la boca para demostrar que lo había hecho.

    —Así? —dije— ya no queda nada. Estaba muy rica, mira, ya no queda nada. Me lo he tragado todo.

    —Espera, te ha quedado un poco en la cara —dijo María.

    Me pasó un dedo por la nariz y el ojo, recogiendo parte del semen que me había quedado y se lo puso en la boca. Me pasó la lengua por la frente, recogiendo todo el esperma del primer chorro. Después me besó. A mí todavía me quedaban restos de la leche de Sergio en la boca. Y María también tenía de la que me acababa de recoger. Entrelazamos nuestras lenguas, compartimos la corrida de Sergio y nos la tragamos toda. Fue extraño, ya que nunca había besado antes a una mujer. Pero me gustó.

    —Mira qué guapas estáis las dos —decía mi sobrino— estáis preciosas. Gracias por este servicio tan personalizado. He quedado muy contento.

    —Y nosotras, ¿a que sí, Merceditas?

    —Mucho —dije— hehe.

    Esa fue una experiencia totalmente nueva para mí y el inicio de muchas más que vendrían. Mantuve mi apariencia discreta y recatada, pero por dentro me había convertido en una auténtica guarrilla, capaz de deslechar a su sobrino y de compartirlo con su compañera de trabajo. Me encantó la idea de mantener este aspecto y apariencia de mujer beata y modosita, ya que así evitaría levantar sospechas en mi entorno. De hecho, este estilo de vida digamos oculto y alternativo que he adoptado ni se lo pueden llegar a imaginar nadie que me conozca. Bueno, nadie quitando a los que han participado en hacerme un poquito más feliz.

    Espero que os haya gustado y que hayáis pasado un buen rato. Os dejo mi correo [email protected] por si me queréis escribir. Yo estaré encantada que lo hagáis y de responderos.

    Besitos.