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  • Esclavo

    Esclavo

    Una mañana,  ya pasados reyes, salia de casa de mis amigos Jorge y Ramón caliente como una perra, desde el polvo con los dos chicos en Canarias la víspera de nochebuena no me había vuelto a comer una polla, andaba dandole un vistazo a la agenda de mi móvil cuando vi el número de Jacinto, el puto viejo salvaje que prácticamente me violó debajo del puente cuando decidí venderme como una puta y que más tarde, en una sauna, tanto me hizo disfrutar, mi polla reaccionó a los recuerdos al instante.

    -¿Jacinto?

    -¿Quién es?

    -¿Soy Einar?, ¿me recuerdas?

    -¡claro que sí! ¡mi putita llorona!

    -¿Podemos vernos?

    -¿Que te pasa guarra? ¿Estás caliente?

    -He pensado que podíamos tomarnos una cerveza.

    -Vamos puton dímelo, dime que quieres mi polla.

    -Eeehh yo solo…

    -¡Vamos maricón! ¡dímelo!

    -Quiero tu polla puto viejo cabrón.

    -Te mando mi dirección, maricon, aligera, tengo un regalito para ti.

    En ese momento me lo imaginé agarrándose el paquete.

    Fui a mi casa, me coloqué la ropa que suelo usar para estas cosas, pantalón de chándal, camiseta y sudadera con capucha y antes de media hora estaba llamando al portero automático de su edificio, me abrió sin preguntar quien era y subí nervioso como puta primeriza, me había embadurnado bien el culo con lubricante por si acaso.

    En cuanto se cerró la puerta detrás mia me agarró y me plantó un beso en la boca y me metió la lengua hasta la campanilla, me arranco la sudadera y la camiseta dejándome desnudo de cintura para arriba, me pellizcó los pezones, los mordió, me besó el cuello, me fue empujando por los hombros hasta que quedé de rodillas, se bajó el chándal y me metió la polla en la boca, me agarró por el pelo y empezó a follarmela.

    – ¡chupa maricona! – me decía – ¡venga perra, trágate mi polla putón!

    Y yo me la tragaba entera, hasta la campanilla, y me daban arcadas pero seguía comiéndomela mientras los pelos del pubis me hacían cosquillas en la nariz y sus huevos me daban en la barbilla.

    – ¡ay!

    Le di con los dientes sin querer, me la sacó de la boca y me dio una hostia en la cara que me la dejó ardiendo, no me dio tiempo ni a protestar, me la volvió a meter en la boca

    -¡puta y torpe! ¡eres una maricona vieja que ni para comer pollas vale! Casi me corro por la humillación, la mejilla me ardía y yo seguía tragándome aquel vergajo, chupando y mamando como si me fuera la vida en ello.

    -¡me corro puta, me corro!

    Metió su polla en mi boca hasta los huevos mientras me tiraba del pelo y me agarraba por la barbilla

    -¡ohhh! ¡puto maricón de mierda!

    Me tenía asfixiado, y cuando creía que se iba a correr directamente en mi garganta sacó su polla y se corrió en mi cara, largó una buena cantidad de lefa, aquel hijo de puta soltaba leche como para hacer un colacao.

    -¡no te mereces tragarte mi semilla, golfa! – continuaba agarrandome del pelo y con el nabo en la mano me restregó todo su semen por la cara.

    -No amo, no me lo merezco – yo había aceptado sin problemas el papel de siervo de aquel cabronazo.

    -¡límpialo puta de mierda! – y yo sumisa le limpié con mi boca toda la leche que le manchaba la polla y los cojones.

    Me levantó del suelo tirándome del pelo, me hizo caminar delante de él hasta el dormitorio, allí me quito el pantalón del chándal y quedé desnudo. -¡tiendete en la cama boca abajo maricón y ábrete bien de piernas!

    Hice lo que me dijo como la maricona sumisa en la que me convierto cuando me encuentro con un macho así, el viejo se colocó entre mis piernas, cogió la almohada, la colocó bajo mi vientre para que mantuviera el culo levantado y me abrió las nalgas para dejar mi ojete al descubierto

    -¡puto maricón de mierda! ¡te has puesto cremita para que te folle bien el culo! ¡eres un puto maricón!

    Me dio un azote que me hizo lanzar un lamento de dolor.

    -¡aaay!

    -¡no me extraña que tu mujer tenga que buscar pollas que la satisfagan maricón! ¡seguro que mas de una vez te has tragado la leche del que se la ha follado antes cuando te comías su coño!

    Y mientras decía eso continuaba dándome azotes en las nalgas poniendomelas al rojo vivo y yo lanzaba no ya lamentos de dolor sino gemidos de placer.

    Se puso sobre mí, yo tenía los cachetes del culo doloridos de los azotes y en esa posición me metió su polla hasta los huevos

    -¡ay cabrón! ¡ya no es mi mujer, nos hemos divorciado!

    -¡no me extraña puta! ¡este ojete se traga las pollas como si nada! ¡maricón! ¡seguro que en una competición entre tu exmujer y tú a ver quien se traga mas pollas ganabas tú, maricona!

    Comenzó a moverse, metía y sacaba su polla de mi culo mientras me arrancaba gemidos de placer, ese nabo, el dolor y la humillación a la que me estaba sometiendo me tenían en extasis, me corrí sin poder evitarlo, un orgasmo intenso, que casi me hizo perder el conocimiento.

    – ¿ya te has corrido puta? ¡que pena que te hayas divorciado! ¡un día de estos voy a tener que follarme a tu exmujer, y cuando le esté dando por el culo como a ti le voy a decir lo bien que me lo paso con el tuyo maricon! Continuaba metiendo y sacando su miembro sus huevos me golpeaban cada vez que me embestia, mi ojete ardía del castigo al que aquella polla lo estaba sometiendo, de pronto lanzó un alarido, se apretó contra mi y se corrió llenandome las entrañas de leche.

    Tres días después Jacinto me llamó, quería verme, le dije que no podía acudir a su llamada cuando a él le diera la gana, que iría al dia siguiente… si podía, me castigó.

    Cuando llegué a su casa me esperaba desnudo, tenia una fusta en la mano, me ordenó que me desnudara y me obligó a caminar a cuatro patas como su perra, me hizo lamerle los pies, me pisó el cuello y me meó, cara, espalda, culo…

    -¡eres una puta perra, maricón de mierda! ¡esta es la única manera de que huelas a macho, putona! ¿sabe ya tu exmujer lo maricon que eres?

    -no, no lo sabe.

    -seguro que si, que sabe lo puta, lo zorra, lo maricón que eres, por eso te ha dejado perra por que no quería que pudieras robarle las pollas que quería para su coñito.

    -eres un cabrón.

    -lo sé guarra, por eso vienes a que te de por el culo, por que eres un punto esclavo que necesita a su amo.

    Me obligó a limpiarle la polla con la lengua, tuve que lamer los últimos restos de orina que quedaban en ella, me agarró por el pelo y me la metió hasta la campanilla, sus huevos quedaron contra mi barbilla, me daban arcadas y creía que me asfixiaba, se me saltaban las lágrimas.

    -¡traga mamona!, ¡puta golfa!

    Comenzó a moverse metiéndome y sacándome el nabo de la boca, se me salía una baba espesa que me caía por el pecho

    -¡me corro puta, me corrooo!

    Me metió de nuevo la polla hasta la garganta y empezó a correrse, tuve que tragarme la leche para no atragantarme.

    -¿te ha gustado el biberón, maricón de mierda? ¡pues ahora comeme el culo, puta!

    Se dio la vuelta y me presentó el culo, metí la cara entre las nalgas y comencé a lamerlo, se lo llené de baba y se lo folle con la lengua, se comerme un culo y me estaba comiendo aquel con todas mis ganas, pero él no pensaba así.

    -¿a ésto le llamas comerse un culo, puta? ¿Te ríes de mi, maricón? ¡te vas a enterar maricona! ¡tiendete en el suelo boca abajo, perra!

    Hice lo que me ordenaba y comenzó a azotarme con la fusta, las plantas de los pies, las pantorrillas, los muslos, las nalgas, la espalda… y a cada azote a mi se me escapaba un gemido por que la mezcla de placer y dolor era tan intensa que tenía mi polla a punto de reventar.

    -¡oh! ¡ay!

    -¡eres una perra, gozas con el dolor, puta, ponte a cuatro patas, maricón!

    Obedeci su orden, se puso entre mis piernas y con los pies me obligó a abrirme, con la punta de la fusta acarició mi ojete y mis huevos.

    -¡qué maricona eres! ¡cuánto voy a disfrutar contigo cerda!

    Me dio un nuevo azote en las nalgas y me puso lubricante en el culo metiéndome los dedos, yo me estremecía de gusto.

    -¡follame ya por favor! – yo le suplicaba casi llorando

    -¡cállate puto marica de mierda!

    Me dio un azote con la mano y me metió en el culo el mango de la fusta dejándolo allí.

    -¡te follare cuando a mi me salga de los huevos, perra, menea el rabo, perrita, vamos!

    Empezó a mearme de nuevo mientras se reía a carcajadas viendo como se movía la fusta cuando yo movía el culo.

    -ahora quiero que te hagas una paja golfa, venga puto marica, pajeate.

    La verdad es que no tuve que menearmela mucho, me corrí enseguida.

    -¡si amo si!

    -¡además de maricón eres eyaculador precoz! ¡no tienes desperdicio maricona! ahora vístete y lárgate de aquí, no pienso follarme tu asqueroso culo de perra salida.

    Me vestí y me fui humillado pero aprendí la lección, hoy me ha llamado y he acudido de inmediato, me ha vuelto a humillar igual pero hoy me ha follado, me ha regalado su polla y he vuelto a casa con el culo al rojo rezumando leche, notando el escozor que te queda en el esfinter cuando te lo folla un buen nabo.

  • Con mi instructora de gimnasio

    Con mi instructora de gimnasio

    Habida fantaseado en muchas ocasiones tener relación sexual con una mujer transexual,  pero no había dado el paso, por temor, en algunas ocasiones había leído relatos eróticos, visto revistas y videos porno, y alguna que otra vez en casa sólo me había masturbado con algún objeto que me penetrara, pero siempre lo he abandonado por temor.

    Hace unos tres meses que soy socio del gimnasio cercano a casa, y en él me encuentro diariamente con mi instructora, es una hermosa joven de 28 años, de cabello rubio hasta la espalda, cuerpo escultural, ojos verdes claros, el primer día que la vi me quede impactado, esta no sería la palabra, mejor dicho me quede anonadado.

    Tras varias sesiones de trabajo con ella, llegue a entablar una amistad que poco a poco fue creciendo nuestra relación entre alumno y monitora, en mi pensamiento cada vez que la veía soñaba que me gustaría descubrir todo los encantos que guardan sus ropas del gimnasio. Pues solía vestir con una mallas ajustada, que marcaba perfectamente su trasero y su vulva, así como un top corto que resaltaba sus pechos, los cuales me imaginaba duros y tersos, así como esos dos pezones que de vez en cuando se le señalaban en el top.

    Una mañana, tras la sesión de gimnasia, me desplazaba yo por el pasillo hasta el baño, sin saber que ella me seguía, yo entre en el de hombres y mi sorpresa es que ella también entro en el mismo que yo, me quede un poco sorprendido, ella me adelanto y entro en el tercer baño, yo iba caminando para el baño número cinco, cuando, sale a mi encuentro y me comenta:

    Monitora. Te estaba esperando.

    Carlos. ¿A mí?

    Monitora. Claro. Crees que no me doy cuenta como me miras. Sé que te mueres de ganas por poseer mi cuerpo, y yo te he de ser sincera, desde que llegaste, me muero de ganas por tener una relación esporádica contigo

    Carlos. Por su puesto que me gustas, y he soñado muchas veces con tener algo contigo.

    Monitora. Pero tenemos un problema, no todo es como se ve.

    Carlos. ¿Qué?, no sé qué me quieres decir ¿Qué es lo que no se ve?

    Monitora. Mira Carlos, este es mi número de teléfono, me llamas, quedamos y te comento, y de esta forma aclaro esas dudas que te he creado

    Carlos no paraba de pensar en la monitora y en lo buena que esta estaba, así que cinco días después, tras finalizar la sesión en el gimnasio, me acerque a ella, y le recordé nuestra sita pendiente.

    Monitora. Vale Carlos, quedamos esta tarde sobre las 20:00 horas. Paso a buscarte tengo tú dirección.

    A las 20:00 horas, llegó y baje a la calle, ella esperaba en el coche (un Fort GT, motor 6V), subí a ese maravilloso coche, como maravillosa era su conductora, en un trayecto largo, dimos varias vueltas y estábamos conversando sobre nosotros, trabajo, estudio, si teníamos pareja, apetencias sexuales, me propuso ir a su casa para tomarnos algo, ofrecimiento al que yo acepte. Cuando estábamos ya en su casa, me senté en el sofá tal como ella me había indicado, pues iba a cambiarse. Cuando la veo venir por el pasillo, me dio un palpito el corazón y mis ojos querían ver más, me parecía hoy más hermosa y bella que nunca, pues vestía un pantalón corto negro ceñido, y una blusa verde clara muy corta que le resaltaba sus hermosos pechos. Comimos y tomamos algo, y tras la comida, tomo asiento en el sofá junto a mí y me comento.

    ¿Te acuerdas que te comente, que hay cosas que tu no ves y que serán una sorpresa para ti? Es mejor que te lo descubra ya y no te tenga tan intrigado más tiempo.

    Carlos. ¿Qué es eso que me tienes que contar?

    Monitora. No te has dado cuenta en el pantalón ceñido

    Carlos. No, no me he dado cuenta, con tanta belleza no he reparado en detalles.

    Cogiendo una de las manos de Carlos, la llevo a su entrepierna. Y Carlos dio un respingo y se quedó anonadado, la monitora no era una chica, sino una transexual. Carlos se quedó sin habla, pero cuando pudo reaccionar, observo que su mano aún seguía sobre su pene y el de él estaba iniciando una erección.

    Me coloque de pie y ella se puso frente a mí, le bese el cuello y pude oler si perfumen de mujer, pasé mi mano por su cuerpo y pude observar que estaba con una mujer, pero en este caso una mujer con pene.

    Me estaba gustando mi monitora, sin decirnos nada, ella me tomo de las manos y nos marchamos a su habitación, aquella habitación presidida por una amplia y hermosa cama, ella se acostó y me pidió que me colocase sobre ella. Regrese nuevamente a besar su cuello y oler ese perfume que ya no se me olvidaría, bese su cuello, sus orejas, mientras que sus manos me bajaban los pantalones y tras ello mis bóxer, la despoje de esa blusa corta y descubrir esos senos con los que antes había imaginado, esos pechos redondos con unos pezones hermosos, que me gritaban que los chupara y lamiera, cosa que empecé hacer durante un buen rato, mientras ella ya me había desnudado por completo.

    Ella continuaba con su short blanco, me pidió que me colocara boca arriba. Mi polla estaba dura y erecta mojada ya de jugo antes del semen. Cogió mi polla con sus manos y muy suavemente se la acerco a su boca, para introducirla dentro de ella y comenzar una mamada, mientras metida y sabana mi pene de su boca, con su lengua me acariciaba la cabeza del pene y bebía mis líquidos, tras un rato practicándome una deliciosa mamada, se sacó el pene de su boca y se puso boca abajo, me coloque a su lado y la fui besando sus largas y suaves piernas, le empecé a bajar short y su diminutas braguitas, vi como estaba totalmente depilada, con un pequeño pelo púbico, recortado en forma de corazón, cosa que me gusto y me puso más caliente aún si cabe de lo que ya estaba.

    Separe sus nalgas y descubrir un hermoso culo, dejando delante mía un lindo y hermoso orificio anal, preparado para que fuese penetrado, ella se gira y descubro su pene totalmente depilado, el pene estaba bien erecto yo diría de unos 14 cm. Un lindo pene, donde tenía fuera de la piel una rosada cabeza del glande, para mí una ricura de pene.

    De ese pene brotaba unas gotas de líquido, moje mis dedos en ese jugoso líquido y me lo lleve a la boca, chupándome los dos dedos, al saborear esos flujos, no pude reprimir mis instintos y me lancé sobre esa hermosa polla, a la que empecé a chupar. Era la primera vez que chupaba una polla, así que lo hice, tal como me gustaba a mí que me lo hicieran, a mi monitora gozaba y yo estaba disfrutando del momento, tragando todos los flujos que desde ese pene se venían soltando, me coloque de rodillas sobre la cama, mi monitora extiende su brazo hacia la mesilla junto a la cama, abre uno de los cajones y saca dos condones, cogiendo uno de ellos, se lo colocó en su boca, y acercándola hasta mi pene, me puso el condón con una gran maestría, se colocó de rodillas sobre la cama, dejando su culo frente a mi pene, abrió esas cachas del culo lo más que podía, y comencé lentamente introduciendo hasta que sentí mis 19 cm por completo dentro de aquel culo, calentito y estrecho, realizando movimientos de salir entrar de su rico culo, que acepto con amabilidad mi pene, yo introducía y sacaba mi pene rápidamente, y manoseaba su bello pene, en otras ocasiones mojaba mis dedos en sus líquidos y los metía en su boca para que los saboreara. En unos minutos, aproximadamente 10, sentí como mi cuerpo se removió, un par de segundo después estaba lanzando unos chorros de semen, en varias ocasiones. Saque mi pene de ese agraciado culo, y ella me retiro el condón, limpio mi pene del semen sobrante, pasando su jugosa lengua por mi glande.

    Mi monitora, me pasó el otro condón y me pidió que se lo colocase, se lo puse son suavidad, y menos maestría que ella, me colocará a cuatro patas, me abrió las nalgas y comenzó a lamerme el culo con una destreza maravillosa, sentí placeres hasta el momento ocultos para mí, tan gran placer sentí, que me corrí nuevamente, tras un corto espacio de tiempo, colocó la cabeza de su pequeño y hermoso pene en mi culo y con mucha suavidad fue introduciéndomelo todo, pude sentir el penetrar de ese corto pene dentro de mí, como esos movimientos rítmicos cada vez me gustaban más, sentí de pronto una entrada fuerte que me llego al alma, sentía como la cabeza de su pene, rosaba por mi próstata, todo un placer indescriptible, y que me estaba encantando, al poco tiempo de esta fuerte entrada, sentí como mi monitora se estremecía y tras ello se corría, sacó su pene y le retiré el condón lamiendo con gusto todos los restos de su semen, que quedaban en su jugoso pene, así estuve lamiando y chupando su pen un buen rato, yo no quería separarme de ese jugoso pene, a lo que mi monitora me premia comenzando a chupar el mío, tomamos la postura del 69, y tras un buen rato comiéndonos mutuamente y lamiéndonos, llegamos a una nueva corrida.

    Nos levantamos y nos fuimos al baño, donde ella me jabono por completo todo mu cuerpo, para luego enjuagarlo y secarme, no sin antes volver a besar mi pene y mi boca. Yo una vez estaba duchado y seco, pero aún desnudo, al verla a ella en el interior de la ducha, hice lo mismo que ella había hecho conmigo, la jabone, la enjuague y la seque, dándole besos en su boca, su pene y su culo.

    Tras esto nos vestimos y le comento, que me he de marchar, ella se ofrece para llevarme en su coche, una vez cerca de casa al bajarme del vehículo, la beso y me dice, espero que esta experiencia no gustase y si lo deseas podemos repetir cuando quieras, para mí ha sido todo un placer, y mucho más con un joven como tú al que he follado por vez primera en su culo virgen, no me olvidaré de ese culo tan rico y goloso que tienes y mucho menos de ese pedazo de polla que me ha hecho vibrar.

    Me despedí de ella, con otro beso, y le dije que seguro que habrá más veces, ya que la experiencia vivida para mí ha sido maravillosa igual que eres tú.

  • Fugitiva (V)

    Fugitiva (V)

    Al abrir los ojos siento un descanso que no vivía hacía mucho tiempo. A la vez pienso en que si el erizo no puede ayudarme, estaría en serios problemas.

    El calor que emana don Gabriel, me hacía acercarme a él como una gatita friolenta, duerme tranquilamente y solo se escucha el silbido del aire de su cánula. La leve luz del amanecer me indica que debo empezar el día. Sin despertarle, tomo mi cabello con una coleta y me visto con un enorme suéter suyo. Empiezo a recoger y ordenar la ropa que ayer metí a lavar, sabanas, ropa interior y de vestir que el pobre anciano usaba día tras día.

    A medio ordenar voy a preparar un buen desayuno para ambos uno bastante abundante para mi. Compartimos en la cocina al escuchar su antigua radio que nunca apagaba.

    Al terminar de fregar los platos, don Gabriel fue al baño, y aproveche de terminar de ordenar su ropa. Se veía contento al salir del baño y al verme con un cerro de ropa entre los brazos, me agradecía amablemente.

    – Gracias Leonor, desde que llegaste me has traído compañía y alegría.

    – Es a usted quien yo agradezco Don Gabriel, usted me ayudo cuando más lo necesitaba, y es lo mínimo que podría hacer por usted.

    Con una sonrisa volvió a la cama, cosa extraña, ya que solía sentarse en su sillón. Así que pensándolo, mmm quizás don Gabriel quiera algo más.

    Termine de ordenar toda la ropa en los cajones y armarios y el aún seguía sentado en la cama mirando con sus tiernos ojos grises.

    Se ganó mi corazón otra vez, y sentada frente a la cama, le hablé:

    – Don Gabriel, que le dirá a su hijastra cuando le pregunte del por qué esta todo limpio y ordenado?

    – Bueno, le diré que lo hice yo.

    – Pero no le creerá cierto?

    – Es posible. Además quiero hablarle acerca del asilo.

    Contestó mientras tosía levemente.

    – Que dice sobre el asilo don Gabriel?

    – Que he decidido irme de aquí, no puedo seguir aquí solo.

    – Pe-pero usted dejaría la casa?

    – Si, veras que me has ayudado en tomar la decisión.

    – Como dice?

    Arregla la válvula del aire y vuelve a sentarse sobre la cama.

    – Me has ayudado mucho estos días, yo no puedo mantener esta casa limpia ni ordenada, ni ánimo me da.

    – No diga eso.

    – Es cierto!

    Me interrumpió.

    – La verdad es que moriré pronto y de nada sirve seguir esta vida aquí, solo y botado.

    No supe que decirle, era cierto a fin de cuentas.

    – Así que le diré a Rosa que me lleve al asilo, además me ha gustado mucho tu ayuda, quizás ahí también me sirvan lo que guste. Nadie me había ayudado como tu Leonor.

    – Ay don Gabriel.

    Me dio mucha pena aquello, aquel hombre sabía que moriría y se daba a vencer por su hijastra quien nunca lo ayudo, sentía mucha pena.

    – Don Gabriel, yo debo partir. No quiero toparme con su hijastra y pretendo conseguir ayuda.

    – Entiendo, muchas gracias por todo. Puedes darme aquel cofre que está bajo la cama?

    – Si claro.

    Agachada observé un cofre de madera antiguo y se lo pasé, aquél cofre tenia un pequeño cáncamo que don Gabriel pacientemente libera abriendo el cofre ofreciéndome el interior de este.

    – Tome Leonor, este dinero le ayudara mas a usted que a mi.

    Me pasó unos billetes bien ordenados, era una buena cantidad que cortésmente acepte.

    – Ay, pero don Gabriel.

    Me acerque a abrazarlo y besar su mejilla.

    Recibía muy entusiasmado mi abrazo y viendo que no me soltaba, decidí darle en el gusto. Entregada en sus brazos con mi rostro oculto en su cuello y el fajo de billetes en mi mano, entendía que quizás era el último cariño que él recibiría. A pronto siento sus labios en mi cuello, dando leves chuponcitos.

    No podía dejarlo así y nada, por los cual permití que siguiera a su antojo. Ya sus manos estrujaban mi grueso suéter que llevaba puesto.

    – Quiere que me saque el suéter?

    – Ay mi vida, si puede?

    Respondió entusiasmado don Gabriel.

    Por lo que separándome dejo el dinero en su velador, tomo del suéter y lo retiro de una pasada. Su mano comenzó a tocar y palpar mi muslo.

    – Eres tan suave y tan blanquita. Estás hermosa Leonor.

    En un tono algo infantil le sonreí y me senté sobre él, como cabalgándole.

    Ahora sus dos manos recorrían mis muslos, a su vez que no paraba de mirar mis pezones erectos bajo la camiseta.

    – Quiere que me saque la camiseta don Gabriel?

    Pregunte en un tono de niña mimosa.

    Sus grises ojos se abrieron de par en par.

    – Ay me encantaría!

    Dicho esto quité la camiseta de un tirón, sintiendo el rebote de mis senos.

    Sus manos no tardaron en cubrir mis pechos y estrujarlos con placer. Ya me estaba calentando tal como con don Samuel, mi antiguo casero.

    Don Gabriel se retorcía manoseando mis pechos, sentía mucho gusto tenerme sobre él a su disposición. A ritmo de su agitada respiración, palpaba mis pechos, uno en cada mano tratándolos de cubrir. Jugaba con su pulgar en mi erecto pezón, provocándome un rico hormigueo. Poco miraba mis ojos, pero cuando nuestras miradas se topaban, abría mi boca, dejando mi lengua levemente afuera, para luego morderme el labio inferior.

    – Tienes los pechos grandes y duros. Son tan ricos!!

    – Le gustan don Gabriel?

    – Si mi amor.

    – Son suyos, son todo suyos.

    El muy feliz se acercaba con su boca hambrienta para comerlos, pero lo detuve acercándome yo a él.

    Encaramada y afirmada de la marquesa acercaba a mis senos para que los devorase, cosa que hizo con su boca y sus manos. Apretaba levemente mi pezón libre y succionaba fuerte el otro con su boca, apretaba con sus labios mi aureola degustando mi pezón con su lengua, evitaba morderme con sus pocos dientes, pero sus ansias eran muy intensas arrancándome leves quejidos de dolor. Harto tiempo lo deje degustar de mis pechos, provocándome intensos cosquilleos desde mi pecho hasta mi concha.

    No se aburría de ellos y ahora los besaba y chupaba uno tras otro, a modo de emitir el típico sonido de chupetón, lo dejaba hacer y solo cambiaba mi posición cuando el cambiaba de mi seno izquierdo o derecho, eran todo suyos y de veras quería que lo sintiera así. Mis pechos estaban rojos y mis pezones a reventar de hinchados de tanto ser mamados por casi media hora. Por fin sentía sus manos fuera de ellos toqueteando mi cintura, mis nalgas y mi trasero por sobre el pantaloncillo. La verdad no quería ni pensaba llegar a coger con don Gabriel, así que no le ofrecí quitarme el pantaloncillo que llevaba puesto. En tono de niña mimosa volví a hablarle al tocarme los pechos con los dedos.

    – Don Gabriel, me tiene los pechos súper sensibles

    – Ay, perdona mi amor. Es que son hermosos y enormes. Y como eres tan blanquita y chiquita… Ay se ven tan ricos.

    Era todo muy morboso y con riesgo de provocarle algún problema o ataque a la salud de don Gabriel.

    Sus manos recorrían mi culo, abriéndolo y cerrando por sobre el pantaloncillo, mientras lo miraba saboreando mi boca y mordiéndome los labios.

    No lo había tocado mas para apoyarme en su pecho y moviendo mi cintura adelante y para atrás, recorría su entrepierna buscando su verga. No era sorpresa que estaba erecto.

    – Don Gabriel, que le gustaría?

    – Ay mi amor… lo que se le ocurra, ha sido un regalo de dios su estadía aquí.

    Decía eso mientras no perdía mirada de mi cuerpo sobre el suyo.

    Acaricio mis pechos todos ensalivados e irritados por el manoseo intenso de don Gabriel.

    – Ay chiquilla eres tan dulce y blanquita, perdóname si fui muy brusco, quedaste con tus niñas todas rosaditas.

    Quería darme descanso en mi cuca así que lentamente y mirándolo con mucha lujuria me acerque a su verga y bajo a su pijama, recorriéndolo con mis dedos por encima de la tela, él acepta gustoso y junta las piernas a modo de que le retirara su pijama, al hacerlo veo su verga paliducha que palpitaba y movía con sus leves jadeos. Con la punta de mi lengua recorro su verga dura, asomaba el glande morado y sus bolas parecían retraerse. Al besarle su cipote, se agitaba y retorcía. No quise seguir con aquello temiendo que le sucediera algo, así que la engullí y poco a poco la tragaba. Sus gemidos de placer al tomar sus bolas y masajearlas, me daba a entender que estaba retribuyendo su importante ayuda. Movía mi lengua en su cabeza y luego bajaba tragando su verga en un pausado ritmo.

    Levanto mi vista y me gusta que no pierde detalle de la mamada, como si grabara el momento antes de su adiós. Tanto fue que me animé a poner su verga tiesa y ensalivada entre mis pechos y para su total complacencia, masturbarlo con mis pechos que tanto le gustaban. Su asombro fue máximo y lo veía con cara de niña buena.

    – Ay ay!! Leonorrr!! Que afanada eres chiquilla.

    – Avíseme nomas Don Gabriel, se lo merece. Soy suya.

    – Ay mi amor, te voy a llenar de lefa!!

    – uuughh Don Gabriel, démela, deme su leche.

    Don Gabriel carraspeaba y yo respondía entre leves jadeos que se convertían en delicados gemidos a medida que seguía un ritmo pausado para hacerlo gozar mas.

    Aquello no podía ser mas morboso, estaba estrujando a aquel hombre de edad y cada vez que su glande se acercaba a mi mentón, sacaba mi lengua para darle una caricia y un quejido de niña. Sus contorneos ya me preocupaban, así que deje mi cara de niña y aprisione mas su pene entre mis pechos, estaba perdido ahí y tan solo asomaba su morada cabeza.

    – Ay mi amor ya. Aaah!!

    Rápida e implacable, me lo metí en la boca para recibir su leche. Y tal cual se corrió copiosamente entre quejidos y alaridos, tanto que comenzó a toser fuertemente, para luego desplomarse en la cama.

    Era espeso y no perdí nada, seguí lamiendo su antigua herramienta que rápidamente se achicó soltando líquido que bebí sin problema. Sentada sobre sus piernas, pasaba mis dedos por mis labios a modo de pescar cualquier gotita. Al volver a verle me mira obnubilado total, recuperando el aliento y sin moverse.

    – Te comiste todo chiquilla.

    – Sii don Gabriel.

    Respondí contenta poniéndome de pie en el piso, tome una toalla y fui al baño.

    En la ducha y bajo agua bien caliente, enjabonaba mi cuerpo, mis pechos estaban rojos y con manchas moradas de los chupetones que me dio don Gabriel, los sentía súper sensibles y los notaba hasta mas grandes, por lo que cambie al agua tibia y luego helada a modo de aliviar la irritación.

    Termine de ducharme y cubierta en toalla volví a la habitación, donde don Gabriel seguía tal cual en la cama. Al verme se acomodó a observar que hacía.

    Me vestí con otra camiseta blanca, otro pantaloncillo y el vestido negro con pequeños lunares, mas los zapatos bajos que venía usando. Mi anciano amigo no perdía detalle en verme a pesar del tremendo encuentro que habíamos tenido hace unos minutos. Pinte mis labios de rojo oscuro y arregle mi cabello con un moño. Tome los lentes, el dinero y el pintalabios metiendo todo dentro de una cartera negra. Parecía una mujer de hace sesenta años atrás.

    – Como me veo don Gabriel?

    – Ay Leonor, Leonor te ves tan bien.

    – Ya debo irme don Gabriel.

    Me acerco a su lecho dándole un piquito en sus labios mientras acaricio su cabello y oreja.

    – Gracias por su ayuda, no lo olvidare.

    – Espero estés bien chiquilla, no te metas en líos.

    – Descuide. Gracias por todo.

    Salí de la habitación cerrándole un ojo.

    Bajando las escalas, decido salir por la puerta trasera y saltar la reja, lo bueno del vestido era que podía hacer aquello sin mayor inconveniente.

    Ya en la calle, procuré caminar tranquilamente, siempre por donde este menos concurrido.

    En una calle principal me detengo a esperar algún taxi para ir al centro. Me subo a uno y mientras viajaba no sentí nada raro en el chofer ni tampoco tanto miedo a ser perseguida. Aquella negligencia del cerdo en no fotografiarme para el archivo, fue el último error del desviado comisario antes de morir.

    Ya en el centro recorrí las calles que hacía unos días caminaba toda fastidiada; lo opuesto a lo tranquila y descansada que me sentía gastando tiempo en cualquiera tienda de segunda que visitaba. Llegué a la plaza a medio día, el erizo debía de estar ahí y para mi alivio lo vi venir frente y cuando estuvo a mi lado le hablé cordialmente.

    – Hooola! Tanto tiempo sin verte.

    Desconfiado y a punto de sacar algo del bolsillo, tardó en reconocerme.

    – Tu!?. Vaya si tienes suerte. No me digas que quieres salir?

    – Si.

    – Buena suerte chica.

    Dicho esto se escapa de mi.

    A lo que persigo y le insisto.

    – Ey!, nunca pudimos juntarnos siquiera.

    – Ya pasó chiquilla. Piérdete.

    Se volvió a escapar y lo volví a seguir a paso rápido.

    Por una cuadra lo seguía de cerca, hasta que se detuvo.

    – No me sigas mas, que no quiero problemas.

    – Oye tu dijiste que cumplías siempre. Donde quedo la palabra del erizo ah?

    Ofuscado, pero dándose cuenta de la situación y de que sus propias palabras lo traicionaban, respira profundo y acepta mi petición algo molesto.

    – Ya sígueme y veremos.

    Lo seguí hasta un restorán de mala muerte, sentándonos en una mesa pequeña.

    – No creas que será tan fácil, desde la fuga hay polis por todos lados.

    – Entiendo, yo haré lo que digas. No tengo otra opción.

    – Bien. Hay que esperar un par de meses…

    – Queee??!!! No, no me digas eso.

    – Ey güera, si quieres salir segura esa la opción. Desde que tus amigos irrumpieron en el recinto de la frontera, están todos los caminos militarizados.

    – No puedo esperar tanto, no duraría nada aquí. Me están buscando y esta ciudad es muy chica.

    – Ok, lo entiendo, hay otra opción, pero hay mas riesgo.

    – Cuenta.

    – Es de transporte de caña, por los peajes.

    – Que??! Hacen eso?

    – Si, es poco volumen y como es legal, va escondido en el carro y pagan mas. Ahí te podría meter, pero si te pillan iras a la cárcel aquí por tus antecedentes y allá por tráfico y eso es cosa dura güera…

    – Ya, si lo hacen a menudo y no los pillan, voy.

    – Si, verás que hay toda una estrategia. Por lo pronto vente mañana a la plaza, misma hora y te llevo a la preparación.

    – Vale, acepto.

    – Bien. Misma cosa: si no estás en cinco minutos, me voy y tendrás que esperar tres días mas.

    – Bien, no hay problema.

    El erizo se levanta y se retira del lugar.

    – Ey espera!

    – Que?

    – Conoces algún lugar tranquilo donde esperar hasta mañana?

    – Psss.

    Gesticuló con sus manos señalando el restorán.

    – Que crees chiquilla?, que vengo aquí por la comida? Quédate aquí, es seguro y fuera de ley. Te veo mañana.

    Me acerco a la barra y pregunto si tienen lugar aquí. Pago y me dan la llave de una pequeña habitación con un baño mínimamente pequeño.

    Perfecto, ahora solo a esperar. Bajo un par de veces para comer algo y me duermo esperando mañana y deseando bien a don Gabriel.

    Duermo casi doce horas y bajo a comer para luego esperar al erizo. Nos juntamos en la plaza y lo sigo hasta un auto de vidrios polarizados, parece ser uno de esos autos de rally por lo veloz y bullicioso.

    Sin hablar mucho llegamos a un rancho, estacionándose frente de un antiguo granero de madera. Al abrir las puertas es todo lo contrario a su fachada, un lugar con mesones y máquinas para procesar cocaína o alguna otra droga. Dentro hay mujeres con mascarillas y dos tipos vestidos de cuero, como esos punks de los ochentas.

    El erizo habla con ellos y se acercan los tres.

    – Bien, ella es Marie y va con ustedes. Imagino de hermana o novia o que se yo, pero tiene que ser parentesco, capich?

    Le informa el erizo a los dos tipos.

    – Okey tío, que sea mi novia entonces.

    Responde en un acento español aquel hombre que parece mas joven y mas disparatado de los dos.

    – Bueno eso lo ven con pepe. Los dejo ok. Recuerden que deben dejarla en la ciudad o algún lugar seguro, no quiero líos y les confío el asunto, estamos claro!?

    Erizo les habló en tono bien serio y mandón.

    – Si erizo, no te preocupes. Lo hemos hecho antes, no hay problema.

    – Bien los dejo.

    El erizo se retira y seguido me invitan a una oficina dentro del granero.

    Dentro de la oficina hay una cámara y unas computadores.

    – Nacho, llámate al pepe, donde mierda está pepe?

    – Yo que se tío, debe de estar aquí.

    Usan sus smartphones y parecen que no lo encuentran. Enfadado uno de ellos sale a buscarle maldiciendo.

    Veo el lugar y parece estar adaptado para falsificar documentación, he ahí la cámara y el telón de fondo.

    Aquel punky español no para de mirarme con el único objetivo de incomodarme, pero no caigo en sus juegos.

    – Y venga, como te llamas nena? que andas toda maqueada.

    – Ah?

    – Que como te llamas y que pareces viajera del tiempo con tu ropa.

    – Marie.

    – Si, pero vamos, no creo que erizo este pasando a una chica tan corriente. De que escapas?

    – No te lo diré.

    Seriamente respondí a sus preguntas.

    El tipo reía entre burlona e interesadamente.

    Al rato llegaron el otro punki y un hombre de lentes.

    – Ya pepe, ella es la clienta.

    Me señalan mirándome de pies a cabeza.

    – Y que le dio al erizo por pasar pendejas. No me digas que escapas de tus padres?

    Reían los tres tipos.

    Encabronada los increpe.

    – Miren trio de mulas, no me vengan con sus mierdas de preguntas y comentarios. Que para mi no son mas que unos perros que viven acosta de otros. Parásitos que no sirven para otra cosa. Así que sigamos con el asunto? Si?

    – Uyuyui la nena tiene carácter, vamos. Nos vas a decir que te traes o no?

    – Nunca.

    – Ya, ya, tiene razón. Pepe hacedle los documentos que vamos a pasar ahora.

    – Vale.

    El tipo mas mayor parecía llevar el asunto, nos dejó al punky y a pepe saliendo del lugar.

    Me guiaron frente al telón, donde hay una mesa con papeles e impresoras de gran tamaño.

    – Ok, nacho de que va la pava?

    – De mi churri.

    – Venga, cuenta que no hay mucho tiempo.

    – De mi churri en serio.

    – Hey… Como te llamo?

    Me habla pepe.

    – Marie.

    – Marie, mola. De que vas en la rodante, de hermana, sobrina, novia de este rayado? Que dijo el erizo?

    – Ahg, da lo mismo… no?

    – Mm bueno si, pero conste que tenemos que crearte una identidad, algo solo para el viaje, pero que aparezca real por si te detiene la poli.

    – Si nos detiene la poli?

    – Si, a veces se meten a revisar la caravana y piden identificación…

    – Que?!

    Lo interrumpí, si un poli me veía, era muy probable de que me reconocieran.

    Ante mi pánico, el punky tomó atención.

    – Así que te busca la poli chiquilla?

    – Si, si me ven nos pillan a todos.

    – A mierda y ahora nos dices? Y el erizo no te dijo algo?

    – No, chaval, tu sabes como es el erizo.

    Ambos hablaban y pensaban en que hacer.

    – Ya, no hay mayor problema, pero te debes cambiar un tanto ya? pa’ pasar colada.

    – No hay problema.

    – Bien… Eeehh. Ya, serás la novia de nacho, vale?

    – Bien.

    Acepte sin tanta importancia.

    – Bien, debes de vestirte a su onda. Ahora como estas pareces una gafapasta.

    Nacho, tienes la ropa de Susy y todo aquello?

    – Si ahí eta’ todo.

    – Bien, perfecto. Marie vas a cortar tu cabello de un modo, usa tu misma ropa de ahora y te saco la foto para la identificación. Luego te cortas distinto o te tiñes, ahí ves tú, y te vistes con ropa que te va a pasar nacho. Es de su estilo y estarás lista. Vale?

    – Si, adelante.

    Sigo a nacho hacia el baño, donde me entrega una bolsa con de ropa y artículos de mujer.

    – Esto es de Susy, una chica que la cago y ahora vive tras las rejas. Saldrá en tres.

    Tomo la bolsa y encuentro unas tijeras de pelo. Decido cortarme al estilo mas desatado y así crear el personaje. Corto mi cabello en un solo lado, dejándolo casi al ras y luego me peino al lado contrario, algo así como un corte fade.

    Salgo para la foto, pillándome otra vez al punky y su mirada incomoda.

    – Vaya si que estas comprometida. Me mola.

    Camino al telón donde pepe, prepara la cámara.

    – Bien chica ahí va.

    El flash encandila mis ojos.

    – Vaya mierda, otra vez sin flash.

    Con cara seria esta vez la foto sale bien.

    – Bien Marie. Tienes algún otro nombre que te sea fácil reconocer?

    – Leonor.

    – Bien, ehhh…

    Piensa mientras escribe en el computador.

    – Leonor María Ochoa Martínez. Ese será tu nombre y nacimiento… trece de diciembre del dos mil uno. Si? diecinueve años?

    – Me parece.

    Me pide las huellas dactilares para marcar mi pulgar en tinta y ya está.

    Vuelvo al baño donde reviso la ropa, encontrando variada ropa negra y roja de mujer, faldas cortísimas y camisas de tirantes. Si uso una de ellas mis senos saldrán desparramados. No hay nada manga larga salvo una polera roja a rayas negras, la cual debo usar si o si para cubrir la herida de bala, aun roja, en mi brazo. Elijo una chamarra negra de cuero y una falda corta. No encontré ropa interior alguna así que uso unas medias de rombo negras que encontré y los mismos zapatos bajos. Parecía una chica antisocial, punk, emo, cualquier cosa…

    Faltaba el toque en el pelo y con agua oxigenada cubrí las puntas de mi pelo, cambiando de negro a un amarillo-naranja. Pintalabios rojo oscuro y rímel en las pestañas. Me veía de lujo, pocas veces me maquillaba, mas bien lo hacía en las misiones o simulacros

    Metí el vestido y otras ropas en una bolsa y salí del baño. Nuevamente y como un idiota estaba ese punky español, nacho, el cual ya me tenía cabreada.

    Como era de suponer me quedo viendo, ahora de un modo menos burlón y mas duro.

    – Ave maría, estas un bombón!! Susy nunca se vio tan rica…

    No le di mayor bola y fui donde pepe quien me entregó la documentación y se fue del lugar.

    – Que nombre te dio pepe, lindura?

    – Leonor.

    – Mmm que nombre tan caliente. Te queda muy bien.

    – Ya basta con tu show si?

    – Ey, debemos simpatizar, recuerda que vas de mi churri y debe de haber confianza.

    Dice esto poniendo su mano en mi cintura.

    La cual le quito enseguida.

    – Venga no te hagas la difícil que la poli sabe y cacha a quien va colado.

    – Entonces cuando llegue el momento veremos, ya!?.

    – Epa, no juegues no eso tía. Es cosa seria.

    – Créeme que sé de que trata. Así que basta.

    El tipo parecía querer ligar a cada rato por su actitud y presencia. Para cambiar la situación me fui donde había un televisor enorme de muchas pulgadas.

    Esperando al otro tipo, nacho no paraba de hablar pendejadas y poner su mano en mi hombro o cintura, cosa que al final deje que haga, no tenía sentido hablarle, era un idiota.

    Eran casi las cuatro de la tarde cuando emiten un comunicado noticiero.

    [ …detienen a tres prófugos que habían escapado esta semana del recinto fronterizo san José, se trata de una pareja y un socio de ambos, quienes se escondían en una bodega abandonada. Con esto solo sigue prófuga una mujer entre dieciocho a veintiún años, piel blanca, de un metro cincuenta a un metro sesenta de estatura. Se le considera peligrosa y si usted tiene alguna información, no dude contactar a la policía].

    Oh no! Tan solo quedaba yo, así que detendrían a toda mujer que calce con la vaga descripción. Menos mal que nacho no tomaba atención, sino me habría preguntado hasta saber quien era.

    Al llegar el otro punky, me ve detalladamente y nos invita a salir del granero.

    Afuera hay una caravan o casa rodante.

    – Bien, Leonor. Esta es la situación:

    La caravan está con doble fondo de coca y un resto de heroína. Nosotros con nacho viajamos cada dos semanas, somos conocidos en la frontera y tenemos cierta fama de ir y volver y de siempre estar limpios. Por eso no cambiamos la apariencia ni nada. Ahora iras tu de novia de nacho y yo voy de hermano de nacho puedes llamarme rafa, ambos somos los hermanos Aguirre Jiménez. Somos de Sevilla, llevamos seis años acá. Yo tengo cuarenta y dos y nacho veinte y cinco. Eso es todo lo que debes saber de nosotros.

    Ahora subamos

    – Epa rafa, que no vamos a ensayar?

    – Nacho, déjate de joder. Hablé con el erizo acerca de la chica y mejor no te metas con ella, quizás sabe hacer mejor las cosas que nosotros.

    La cara de sorpresa de nacho al oír aquello, me saco una leve sonrisa al subir a la casa rodante.

    Dentro tenía unos sillones a la pared posterior, una mesa al costado, un par de muebles y un baño. Todo de madera y todo con bastante uso y abuso.

    Rafa manejaba, mientras nacho iba sentado de copiloto y de vez en cuando se sentaba a mi lado. Parecía un niño inquieto en un avión sin parar de hablar ni de moverse.

    Rafa manejaba y a través del retrovisor habló en voz alta.

    – Llegaremos a la frontera como en cuarenta minutos y ahí el transito es lento. Si nos detienen todo normal, si llegan a sospechar, déjenme hablar a mi y solo a mi. Estamos claro?

    – Si!

    Le grite desde el fondo.

    Hacía mucho calor y quité mi chamarra, a lo que nacho volvió a insistir en sus pendejadas.

    – Venga Leonor, que estas tan guapa. Que te parece si practicamos por si un poli nos revisa si?

    Decía aquello con su mano sobre mi hombro, acercando su cuerpo al mío. Observando, sin pudor como si fuera a cogerme.

    – Y quė insistes tanto en practicar?

    – Demonos unos arrimones con besitos, si nena? Me tienes recaliente.

    Puso su mano sobre la mía en mi muslo, se acercaba como para besarme.

    – Ugh. Quítate de encima pendejo!!

    Lo arroje hacia un lado.

    – Agh, no te hagas la difícil que estas bien carnosa…

    Volvió a mi lado para querer tocar mi pecho.

    – Ya basta idiota!!

    Le empuje otra vez.

    – Nacho, deja a la chica tranquila. No te metas con ella gilipollas!. Que erizo nos puede colgar si le pasa algo.

    – Que?!. Y por qué tanta importancia?. Es la puta de alguien o que?

    – Ya basta dije, ven acá!

    Rafa estaba furia con su hermano, que se comportaba como si no hubiera visto nunca a una mujer.

    Pude descansar del idiota hasta que llegamos a la frontera, había muchos autos detenidos y el calor era intenso.

    Avanzando lentamente, parece ser que estaban revisando los autos.

    – Ey Leonor, ven y siéntate adelante, así no levantas sospechas.

    Fui a la cabina sentándome al medio, nacho de inmediato puso su mano sobre mi hombro, ahora podía hacerlo sin problemas al tener que actuar.

    Lentamente avanzábamos y algo raro había.

    – Algo pasa, nunca demoran tanto.

    – Quizás rafa, pillaron a alguien?

    – Si puede ser.

    Hablaban los hermanos, mientras trataba de ver por qué demoraban tanto.

    El pendejo de nacho se acercaba cada vez mas, ya ponía su mano en mi muslo, siguiendo el patrón de la media con sus dedos.

    Me incliné hacia adelante para poder ver mejor qué hacían los policías en los autos.

    – Están revisando a todos los autos.

    Les dije.

    – Mira, malditos polis. Ustedes váyanse a atrás y me dejan hablar ya?

    Como un resorte nacho va pegado a mi, tomando mi mano.

    – No te pases ya?

    – Ey calma nena. A poco me negaras un beso, si nos besamos frente al poli. Pfff no dirán nada de nada, te lo aseguro.

    – Si claro.

    Me senté junto a él en el sillón del fondo.

    Sin perder tiempo pasa su brazo sobre mi y recorre el muslo. Ofuscada pensaba: “ugh maldito cabeza de pollo, espera nomas pasemos este embrollo para patearte las bolas”.

    – Eres bien tetona preciosa. Me la tienes dura.

    Me habla cerca del oído y toma mi mano para ponerla en su muslo, donde siento su verga palpitar.

    -Que mierda?! Reacciono al ver sobre sus jeans pitillos la figura de una verga larguirucha, hago maniobras para alejarme pero poco dura mi intento.

    Aparte de su cercanía el calor ya me tiene sudada, trato de ver si ya estamos cerca o no. La verdad no querría besar a aquel tipo, pero no era mala idea si la poli entraba y preguntaba. Aun así evitaba a mi insistente novio del personaje.

    – Ahí veo a la poli, no demoran tanto, mas bien hacen bajar a ciertas personas.

    Nos indica rafa al volante.

    Pensaba en por que hacían bajar a ciertas personas, serán aquellas que den con la descripción de la prófuga? Controlaba el nerviosismo mientras nacho insistía en besarme, ya había hecho que abriera mis piernas de algún modo. Y su mano avanzaba por dentro de la falda. Y se atrevió a meterla dentro, palpando que no llevaba calzón, mas solo la pantimedia que me cubría.

    – Uuyy nena, no llevas calzón.

    Sequé su mano y cerré las piernas.

    Estaba nerviosa e inquieta por la situación, quería ver que sucedía y alzaba la cabeza para llegar a ver hacia adelante, cosa que nacho aprovechaba para nuevamente tocar mis muslos y ponerse tras de mi. Con su mano izquierda abierta agarro con fuerza mi seno, el cual como estaba delicado de la mañana, me provocó un quejido que no pude contener y eso encendió mas al cabron de nacho.

    – Que tetaza te gastas. Si no me das la pasada me la correré en el baño de todos modos.

    Ugh que desagradable sujeto, otra vez aleje sus manos mientras Rafa nos dice.

    – Están haciendo bajar a solo a mujeres, todas jóvenes y algo muestran, como un papel.

    Ohh no! Andan buscando a la prófuga, ósea a mi y con una fotografía?

    No pude resistir y fui a ver a la cabina, pese a los reclamos de Rafa. Claro a la gente de los carros les mostraban una fotografía y hacían bajar solo a las chicas de mi estatura y color de piel. Faltaban dos autos para llegar a la caravan y no había escapatoria.

    Presa del pánico atine a decirle a Rafa.

    – Me están buscando a mi, están bajando a las que se parecen a mi y deben tener alguna imagen mía. Maldita sea!!

    Dicho esto corrí al baño a esconderme

    – Qué coño pasa?

    – Parece que buscan a mi churri hermano, parece que nos van a parar.

    – Joder, seria todo.

    – Pero como?!? Que hacemos?!

    – Calma nacho!!

    Sentada en la taza del baño podía escuchar lo que hablaban

    – Anda con la chica nacho.

    – Pero como? nos van pillar.

    – Hazme caso madre mía, hazlo!!!

    Nacho abre la puerta, por fin se nota serio.

    – Están a un coche, te buscan a ti?

    – Si.

    – Seria todo. Y pensar que quería cogerte.

    Al escuchar aquello, me quede viéndolo con la idea en la mente.

    Pareció entender la idea, a pesar que estaba incrédulo.

    – No me digas…

    Era lo primero que se me ocurrió y no lo dudé, había que empezar ya. Así que lo metí dentro, tomándolo de su polera. Lo puse tras de mi, el espacio era muy pequeño por lo que corrió la puerta de la ducha para caber mejor, me levante la falda y baje las medias. Con mi mano en la boca ensalive y escupí mis dedos y los lleve a mi vulva, si bien no estaba seca, quería ayudar al proceso. Llevé nuevamente mi mano y la escupí, a modo de lubricar y meterme dedos dentro de mi panocha. Escucho a nacho abrir su cinturón y bajar el pantalón, girándome veo y tomo su verga, tiene forma de una banana, curva, larga y delgada con una cabeza pequeña. Y la llevo hacia mi vagina, el muy cerdo hace que suelte su verga, para escupirla y lubricarla el mismo.

    – Ahí te va amorcito.

    – Ayy!! Ahgg ahhg.

    La mete de una y comienza su rápido mete y saca.

    Me inclina hacia adelante y con sus manos en mis caderas me penetra rápido.

    – Que importa si me voy preso si puedo follarte como puta…

    Se mueve muy a prisa sintiendo dolor con cada metida.

    A los minutos se siente hablar a Rafa, no distingo bien ya solo escucho el sonido de mis nalgas rebotando en su entrepierna. Ahora el dolor está pasando al placer, me folla tan rápido que creo que va a acabar antes de que la poli entre.

    Tuve que haber sacado mis medias hasta abajo, ya que, estando a medio muslo me tiene las piernas apresadas y juntas, no puedo evitar gemir, A lo que nacho me toma por mis hombros, arqueando mi espalda hacia atrás. Levanta mi polera dejando mis pechos al aire los cuales agarra cada tanto. Se escuchan golpes en la puerta de la caravan a lo que Rafa abre.

    – Me permite.

    – Si claro oficial.

    – Aquí no hay nadie, no dijo que viajaba con su hermano y acompañante?

    – Si… deben estar en el baño?

    Al escuchar al poli hablar el maldito de nacho procura mantener el ritmo, ya no puedo mantenerme bien de pie y al querer abrir el poli la puerta, debo soltarla y con mis brazos abiertos me afirmo en las paredes.

    Se abre la puerta y veo a un policía de frontera, con lentes oscuros y gorra. Nacho no para de metérmela y jadeando con las tetas al aire miro al poli. Quien se queda un instante eterno mirándome. Se saca los anteojos a lo que nacho me toma del pelo jalándome hacia atrás. El poli se relame sus labios, pero no se va. Temo que nos espere o vea toda la cogida. Así que dentro de la locura, extiendo mi mano hacia el poli llegando a rozar su bragueta, que ya parece carpa. El poli arregla su paquete con la mano y cierra la puerta.

    Nacho no para de cogerme y trato de escuchar que dicen.

    – Bien, próxima vez, cobro mi parte.

    Le dice el cerdo a Rafa, quien cierra la puerta y vuelve al asiento.

    Siento el motor encender otra vez y un gran alivio. Pero nacho ni se detiene. Por mucho que se lo diga.

    – ya… para, ya… se fue… argh…

    Le digo con mi voz entrecortada por mis gemidos.

    – No me vengas con eso ahora tetazas, que ya me vengo.

    La caravan avanza, por lo que nacho me arrincona sobre puerta, con fuertes penetradas que me arrancan incontables gemidos y quejidos.

    Maldito cabron me está follando como a una puta cualquiera.

    – Aaahh!! Te dije que te follaria¡!

    El sonido de sus embestidas de mis nalgas por nuestro sudor, termina con su corrida en mi culo, siento su semen escurrir en mis nalgas a medida que sus quejidos disminuyen, para al final limpiar su verga en mi raja, resfregandola.

    – Menuda cogida te he plantao’. Uff y el poli casi se une también. Que putona que eres.

    Cansada y adolorida de tanta cogida, tomo de las bolas a nacho y lo saco fuera del baño mientras ríe y se queja de la situación.

    Descanso sobre la taza del baño y aprovecho ver si la ducha tiene agua, que para mi sorpresa tiene. La aprovecho al instante metiéndome, esta tibia a helada, agarro un reseco jabón y me froto por la entrepierna y culo. Pienso en el asco de coger con ese idiota y también en el alivio de haber pasado la frontera.

    Termino mi ducha cuando el agua se acaba. Me visto sin secarme ni nada y salgo. Veo a nacho sobre el sillón así que me siento lejos en el sector de la mesa.

    – No tengo idea que paso dentro y no me interesa, pero sirvió y ahora estamos al otro lado!!!

    Hablo Rafa quien giraba su cabeza para verme.

    – Venga rafa, que esta tía si que es una profesional…

    Reía nacho mientras avergonzada cubría mi rostro con mis manos.

    Por fin había salido y podría comenzar otra vez. Valdrá la pena haber sido follada por aquel idiota. Espero que si…

    – Por cierto Marie. la foto, era un retrato hablado de la chica que escapo en el san José. Y si eras tu, así que hiciste bien en despistar al poli.

    – Al menos sirvió de algo.

    – Me dejaste agua amorcito?

    – No me digas mas así pedazo de mierda, si vuelves a tocarme, te juro que te mato de uno u otro modo.

    Estaba furia con aquel sujeto y de verdad sentía cumplir mi amenaza.

    – Wow, calma tía, fue un follón y ya, además sirvió.

    Se puso de pie y se sentó al lado de rafa.

    Mientras se tragaban sus risitas y hacían gestos de como me cogió, me puse la chamara y amurrada trate de tranquilizarme y pensar que haría ahora.

    El resto del viaje fue mas que tranquilo. El idiota de nacho efectivamente no me habló mas y por unas tres horas de viaje al fin veíamos el destino.

    – Ok Marie, cumplimos, donde te dejamos?

    Pedí que me dejaran en una gasolinera y al bajar me desearon suerte, a lo que les di mi espalda y camine con mi cartera y la bolsa de ropa.

  • En el bar

    En el bar

    Hola a todas y todos. Este es mi primer relato. Desde hace unos años comparto a mi esposa con otros hombres. También me considero Bi aunque no tengo mucha experiencia en ese campo. Mi esposa es una mujer con todos los atributos que un hombre busca. Aparte, es candela viva. Me costó un poco de trabajo convencerla para que se acostara con otros hombres, pero, una vez que la convencí, desate a una fiera. Mas adelante les contare como fueron nuestros inicios, pero por ahora les voy a contar una de las historias que más me excita de todas las demás.

    Aquí les va…

    Era el año 2010. Ya habíamos vivido algunas experiencias riquísimas en las que yo siempre estaba presente y participando también. Desde hacía un tiempo le estaba pidiendo a mi esposa que me pusiera un cuerno (me gusta fantasear con que me pegue un cuerno a mis espaldas). Siempre se ha negado porque no se acuesta con nadie si no estoy presente y eso me consta.

    Ustedes pensaran si no es un cuerno que se acueste con otro delante de mí. Para mí no lo es porque es algo consentido y en mi presencia. Para mí, un cuerno es cuando el hombre o la mujer se acuesta con otra persona a espaldas de su cónyuge y era esa la fantasía que quería experimentar.

    Lo más cerca de un verdadero cuerno que acepto fue el siguiente:

    -Está bien amor, vamos a ir a este bar donde uno va a tomar tragos, conversar con los paisanos, escuchar música y pasar un buen momento. Allí solo hay bebida, nada de comer, cero comida. Hay una mesa de billar y un tablero de dardos. El bar es redondo, va mucha gente los fines de semana y cuando no hay asientos libres pues la gente se aglomera de pies alrededor.

    Esto es lo que haremos. Tú vas a ir en tu auto, yo en el mío, entramos como que no nos conocemos. Tu elijes el que te guste de los hombres que se te acerquen y me das la seña. Te vas con él y yo los sigo hasta que terminen. No le gustó mucho la idea, pero acepto porque estaba un poco caliente ya y yo llevaba tiempo insistiendo.

    Era viernes, pasadas la once de la noche. Como era de esperarse el bar estaba repleto de personas, mayormente hombres. Despertó muchas miradas al momento de llegar. Nos pusimos en lugares opuestos, pedimos bebidas. Ella pagaba la suya y yo la mía. De inmediato empezaron hombres en busca de conversación con ella. Yo empecé a rondar el bar hasta llegar donde ella, y le digo.

    -Hola, me llamo Josh. ¿Y tú?

    -Yo no (jajaja)

    -Quiero decir que como te llamas (jajaja)

    -No doy mi nombre a todo el mundo

    -Wow, déjame invitarte a un trago

    -No, gracias. Yo puedo pagar por mis propios tragos

    Seguí caminando hasta llegar a mi lugar inicial. Veo que el tipo que estaba sentado en la barra, delante de ella, se ha dado la vuelta y está conversando con ella. Parece que le ofreció su asiento y ella acepto. La veo conversando con el muy animadamente. Me mira y con discreción me hace la seña acordada para que sepa que él es el escogido por ella.

    El tipo parece un poco más joven que ella, muy apuesto. Un cuerpo bien en forma (no musculoso, pero bien torneado), bastante elegante. Buena elección. Veo que ordena tragos para ambos y el paga. Se disculpará para ir al baño y ella me envía un texto para decirme que me prepare a seguirla porque él le propuso que fueran a otro lugar cuando el regrese del baño.

    Me fui de inmediato a mi auto. Veo que salen y se detienen junto al auto de ella. Hablan un par de palabras, el la besa apasionadamente y ella se prende de su cuello en un beso largo y ardiente. El baja a besarla por el cuello y ella se resiste un poco. Luego se suben a sus autos y ella lo sigue. Yo sigo detrás de ella a una distancia no muy cerca.

    Como acordamos, ella me llama a mi celular para decirme que van a su casa, que no la pierda de vista. Al llegar, ella estaciona su auto detrás del. Antes de entrar el la toma y la besa de nuevo con mucha pasión. Mi verga esta ya al palo. Puedo escuchar su respiración agitada (ya que dejamos el teléfono abierto para poder escuchar todo)

    Entran a la casa, ya no puedo verlos, pero si escuchar todo. Él le dice que va a la cocina por algo de tomar y ella contesta que ya ha tomado bastante y tiene que guiar luego hasta su casa. En todo eso escucho ruidos también que me imagino era el movimiento de ellos abrazándose y tocándose. Mi imaginación sigue elevándose pensando en que me estaban pegando los cuernos. No sé en qué momento se desnudaron, pero lo siguiente que escucho es cuando ella le dice:

    -Tienes una verga rica papi.

    -Está bien cargada de leche, toda para ti.

    -Wow, sí. Mira esos huevos que hinchado están. Avísame cuando estes por venirte para agarrar tu verga entre mis tetas y la leche me caiga en la boca.

    -Mmmm, si mami. Tienes unas tetas bien grandes y sabrosas.

    Solo puedo escuchar los gemidos de él, el sonido de la boca de mi esposa con la saliva y chupando esa vega. Con cada gemido de el mi corazón quería explotar junto con mi verga de la excitación que tenía.

    Oigo cuando el acelera su respiración y sus gemidos son más altos.

    -Mami, casi me vengo, casi me vengo. Ponlo en tus tetas, ahh, ahh, ahh, toma, toma, coje tu leche mami, ahhhh.

    Silencio total y yo esperando quien iba a hablar primero. Me moría por saber que estaba sucediendo. Estaba tan concentrado que no me di cuenta que con su aceleramiento, me estaba pajeando tan fuerte, con los ojos cerrados que me vine y toda mi leche callo en mi pantalón.

    -Oh mami, que rico mamas un verga. ¿Te la tragaste toda?

    -Toda. Ni una gota desperdiciada. Tengo que vestirme y llegar a casa ya.

    Ni siquiera supe en qué momento se desvistió

    -Oh no mi amor, tengo que comerte ese coño que tienes y metértelo todo

    -Pues si lo quieres tendrá que ser rápido porque la hora a avanzado

    No hubo otra palabra y lo siguiente que escucho es a mi esposa gimiendo

    -Así papi, así, sigue ahí. Siii, bien rico papi.

    Me vuelvo a prender de nuevo, me la imagino de la forma que la conozco, enredando sus dedos en la cabeza de él y empujándola fuerte contra su coño. Aumentando sus gemidos, estremeciéndose.

    -Papi, me vengo, me vengo. Aaaay, que rico lo chupas. Ya, ya, no puedo más, no tengo fuerzas.

    Al parecer el salto de inmediato y la clavo. Se lo metió hasta el fondo. Escucho el gemido de ambos y el sonido de sus bolas chocando contra la vagina de mi esposa. Que rico cuerno me están pegando. Que rica mi amor. Goza, coge verga.

    En eso escucho que ambos se vienen al mismo tiempo. No se cuál de los dos gritaba más fuerte. No se escucha nada, todo en silencio. Luego de unos minutos escucho la respiración fuerte de los dos. Era como que se las habían cortado y la recuperaron de nuevo. Mi esposa le estaba dando las gracias por todo el placer que le brindo (me la imagino recostada en su pecho y rozando su piel con sus dedos como ya la he visto antes). El también le agradeció y le pidió que por favor lo repitieran muchas veces más. Mi esposa le dijo que si pero que no siempre tenía el tiempo para salir.

    -Mi esposo piensa que estoy con unas amigas del trabajo. Tengo que comunicarles a todas para que estén alerta si el pregunta algo acerca de nuestra salida.

    -Dame tu número de celular

    -No, dame el tuyo, yo te llamo

    Salió de la casa, el la acompaño hasta el auto. Se dieron otro beso largo y apasionado. Ella inicio la marcha, yo la seguía.

    -¿Papi, estas ahí?

    -Si mi amor

    -Te gusto? ¿Era lo que querías?

    -Bueno, sabes que me hubiese gustado que lo hicieras a mis espaldas, pero lo disfrute.

    Termino la comunicación, aparco el auto a la orilla de la calle, apago el motor, se bajó y venia en mi dirección. Yo pensé que le había dicho algo que la molesto, pero no. Entro a mi auto del lado de pasajeros, me halo del cuello de una forma frenética y me beso. Un beso profundo con mucha lenga y caricias.

    -Te amo papi, te amo mi amor, te amo mi vida. Vamos a llegar rápido a casa que es a ti ahora a quien quiero tener dentro de mí.

    Espero les haya gustado. Este relato tiene continuación. Por favor, dejen sus comentarios.

    Email: [email protected].

  • Jugando con mi padre

    Jugando con mi padre

    -¡No entres!

    Se me escapó el grito cuando noté como la puerta de mi habitación se abría lentamente. Desde luego era un mal momento. Me estaba masturbando, la polla dura en la mano, arriba y abajo. Desnudo del todo y tirado sobre la cama sin poder ocultarme siquiera bajo las sábanas o las mantas.

    Andaba tan cachondo ese verano, tanta gente semi vestida por la calle y hacia tanto calor que me pajeaba de forma compulsiva y ahora me habían pillado. Además el haberme estrenado con el amigo de mi hermana y recordar las tardes desnudos juntos solo me excitaba aún más.

    Era mi padre claro, estábamos solos en casa. Mi madre y mi hermana estaban pasando las vacaciones en la playa. ¡Que bien lo estarían pasando las cabronas!

    Él se había quedado por trabajo y yo por las asignaturas que me habían quedado. Desde luego no me hizo caso, abrió la puerta y me vio así estirado en la cama y en bolas.

    Él se cuida, esta bueno para sus años, el cuerpo musculoso y depilado. Y con el calor que hacía solo vestía unos boxers negros ajustados que le marcaban un paquete bien proporcionado. No suelo ser muy rebelde, me suelo portar bien aunque no me guste estudiar, pero estaba muy cachondo.

    Le había advertido y era imposible taparme. Así que aunque paré la paja para oír lo que quería no separé la mano de mi rabo duro, a la vez que recorría su bonito cuerpo de maduro con la vista.

    Lo primero fue una exclamación de sorpresa al verme así, pero tampoco se cortó por ello. Me miraba con una curiosa expresión en la cara.

    – Venía a decirte que ya está la cena, pero veo que estas ocupado.

    Y sonrió mientras miraba mi cuerpo desnudo. No se retiró, siguió mirándome mientras su polla se marcaba cada vez mas dura bajo la tela y eso sin tocarla. Sólo con ver mi cuerpo desnudo y lo que yo estaba haciendo.

    Me daba cuenta que se estaba poniendo cachondo mirándome. Jamás lo hubiera pensado, que a mi padre le pusieran los chicos. Que yo le excitara y que él me gustara a mí. Era una situación surrealista.

    Hasta ese día pensaba que era muy heterosexual a juzgar por los berridos y gritos que salían de su dormitorio cada vez que follaba con mi madre y no eran pocas veces. Y a la que mas se le oía en esas situaciones era a mi madre, debía hacerla disfrutar bastante con esa herramienta que ahora se ponía dura dentro de su calzoncillo frente a mi.

    Yo en cambio si soy bisex, había tenido mis rollos con amigos y gente de mi edad incluso algún maduro. Mi hermana Natalia fue la que me presentó a mi primer chico, uno de sus amigos.

    Así que en un rapto de locura volví a mover la mano, a seguir con la paja de forma suave y excitante luciéndome. La otra mano pellizcándome un pezón ante su petrificada presencia. Una sonrisa morbosa fue aflorando despacio a sus labios.

    – Hace mucho que no me hago una paja en compañía. ¿Te importa?

    Le devolví la sonrisa aceptando, pues esa pregunta me había dejado mudo. Me senté junto al cabecero cruzando las piernas a la india, los talones juntos, sin dejar de manosearme. Se sentó enfrente sobre mi cama muy cerca, se había sacado el bóxer por el camino y su rabo depilado como el mío apuntaba duro al techo.

    No nos habíamos tocado aún, pero la situación era de morbo total. Podía mirar su polla dura, como se acariciaba los huevos mirando como lo hacia yo o cruzar la mirada con él, viendo su cara de vicio cuando se mordía el labio de abajo.

    Se pellizcaba un pezón que parecía durísimo. Estaba deseando que se lanzara y me tocara pero a ese paso le iba a salpicar con mi semen sin habernos rozado. Tan excitado estaba.

    Así que volví a estirarme y esta vez apoyé mis piernas sobre las suyas rozando sus pies con mi culo y él solo tenia que inclinar la cabeza para recibir mi lefa en la cara. Por fin se decidió a actuar. Con una mano siguió con su paja, pero la otra, la que tenía en su pezón, la puso sobre la mía ayudándome. Aparté la mano dejando que él me masturbase y me acaricié los huevos.

    – Casi estoy papi.

    Le avisé por si quería apartarse o hacer algo mas. Y lo hizo, se puso de rodillas y se metió mi glande en la boca hasta que me corrí, suspirando, en su lengua mirándolo a los ojos.

    – Besame.

    Le dije,

    Él subió hasta mi cara con mi lefa en la boca y me la dio junto a su saliva en el beso mas lascivo que me han dado nunca. Nadie lo había hecho así antes, tan guarro y morboso. Jugamos con las lenguas pasando el semen de una boca a otra y mientras pude acariciar por fin la polla de la que yo había salido.

    Él en cambio había había pasado un brazo bajo mi nuca y con la otra mano me acariciaba y pellizcaba los pezones. Éramos pura lascivia manoseándonos y lamiéndonos en mi cama. Su lengua recorría mi cara, la barbilla, el cuello baboseando mi piel y haciendo que escalofríos de placer subieran de mi polla a la nuca.

    – ¿Quieres follarme? Papi.

    Viendo que seguía bien duro se lo propuse.

    – ¿De verdad quieres?… Bueno, pero luego tú a mí. Quiero ese rabo. Nene.

    – No sabia eso de ti. Pensaba que solo te iban las tías.

    – Me gusta disfrutar del sexo, como a ti.

    – ¡¿Como?!

    – ¿Crees que no sabemos con quien follais, tu hermana y tú? ¿Ni el tipo de porno que veis los dos? Mientras que tú no te enteras de nada.

    – Vamos no esperes más, ¡follame! Pero todo eso me lo explicas después. Necesito detalles.

    Le alcancé mi propio lubricante que guardaba en la mesilla. Pero antes de clavármela me puso boca abajo y besó y lamió mi espalda desde la nuca. Pasaba la lengua por mis axilas, siguiendo la línea de la columna, bajando por ella hasta pasar la sin hueso por toda mi raja y clavarla en mi ano y calentarme aun más.

    El dio un mordisquito en una nalga antes de seguir. Yo estirado en mi propio colchón, boca abajo, gemía y suspiraba sintiendo como mi padre me daba amor y placer.

    – ¡Si que estas preparado!

    – También tengo condones pero no creo que nos hagan falta.

    Por fin me puso a cuatro patas, extendió el lubricante tanto por su polla como por mi culo y fue metiéndomela despacio y dulce follándome tiernamente.

    Notaba como se abría mi ano, sin prisa, como todo su pene fue entrando en mi cuerpo. No se apoyaba en mi espalda sino que sujetaba mi cadera con una mano y del hombro con la otra hasta que me tuvo empalado del todo.

    – ¡Joder nene! Que culo más duro.

    Me decía mientras amasaba mi nalga con fuerza.

    En ese momento me vino a la mente un flash del culo de mi madre metido en las mallas que suele usar.

    – Joder papi, eres todo un experto, ¿a mamá se lo haces igual?

    – Pues claro y le encanta.

    Fue entonces cuando se inclinó sobre mí para besar mi hombro y nuca. Pero yo quería más de su lasciva lengua y giré la cabeza para darle la mía. Poder chuparnos las sin hueso mientras se movía despacio dentro de mí sin ninguna prisa.

    Mi glande duro como nunca había estado golpeaba mi propio ombligo según nos movíamos. No quería correrme, pretendía que él ĺo hiciera dentro de mí. Apretaba el culo para exprimirlo y movía las nalgas frotando su pubis para excitarlo más.

    Al poco derramaba todo su semen en mi interior y su polla empezaba a perder dureza y salirse sola. En cambio la mía en cuanto me giré para tumbarme de espaldas y estar algo más cómodo apuntaba al techo dura como la piedra. Se tumbó a mi lado de costado mirándome con cara de vicio.

    No dejábamos de besarnos mientras su mano acariciaba mi pecho con dulzura, sus dedos recorriéndome desde los pezones a las axilas o bajando hasta el ombligo. Hurtando la caricia a mí pene que lo esperaba con ansia. Lamiendo mi oreja me dijo:

    – Te había dicho que quería que me follaras. ¿listo?

    – Por supuesto.

    Respondí con una sonrisa que debía llegarme de oreja a oreja. Buscó el lubricante y ahora si que dedicó sus manoseos a mi miembro para dejarlo bien untado. Hizo lo propio con su propio culo sin dejarme más que seguir acariciando su torso y cambiar besos lascivos.

    Cuando todo estuvo a su gusto él mismo se subió sobre mi cadera y fue bajando su ano despacio sobre mi polla. Creo que su culo estaba aún más acostumbrado a recibir polla que el mío o por lo menos los vibradores de mi madre por que entró con suma facilidad. Se apoyaba en mi pecho para guardar el equilibrio y así podía pellizcar mis pezones.

    Me miraba directo a los ojos con picardía y una expresión lasciva que no se le había quitado desde que entró en mi cuarto. Se movía despacio casi con parsimonia disfrutando de cada sentada y de cómo yo le acariciaba los huevos y la polla bien depilada y que volvía a ponerse dura.

    A veces sobaba la suave piel de sus muslos o llevaba las manos a sus nalgas para controlar un poco la velocidad de la follada. Y también las subía

    – Estos días vamos a dormir juntos y a estar por casa desnudos del todo. Unos días para los chicos, lo vamos a pasar bien.

    Al rato me derramaba en su culo, llenando su recto de semen con un gemido. Apenas unos segundos mas tarde él lo hacía sobre mí estómago llenando mi piel de semen. Tampoco le importó mucho y me limpió con la lengua. Con un último beso con sabor amargo a lefa se levantó de encima de mí.

    Esa noche cenamos pizza desde luego. Lo que había preparado él se había quemado en el rato que estuvimos follando. Y yo mismo abrí al repartidor desnudo del todo, lo que pareció no importarle demasiado a juzgar por su sonrisa.

  • Rapidín en el coche

    Rapidín en el coche

    Mi nombre no importa, para ustedes seré Salomé.

    Quiero empezar diciendo que llevo ya varios años siendo fan de esta página de cuentos y relatos deliciosos que me han provocado muchas calenturas y un sin fin de orgasmos.

    Me animé a escribir para probar si puedo yo provocar eso mismo en alguien más compartiendo mis experiencias con el sexo.

    Les cuento además que tengo 46 años y una vida sexual activa desde los 18, bueno realmente desde antes ya conocía la masturbación y el sexo oral pero fue exactamente el día de mi cumpleaños número 18 que supe lo que era coger y, cómo se dice comúnmente, «de ahí pal’real» jajaja ya no pude ni he podido parar.

    Un día con un gran amigo que tengo, hicimos una lista de los hombres que me he cogido y son, hasta el momento en que escribo este relato, 64, con muchas probabilidades de aumentar la lista antes de que termine el 2022. Además de que también tengo una gran afición por las tetas y he logrado tener en mi lista 6 mujeres de hermosa pechonalidad.

    Varios de esos hombres sólo fueron acoston de un día pero muchos siguen presentes en mi vida y de vez en cuando me buscan para salir a echar la copa y terminar en una rica cogidita ya sea en un motel, en el auto, en sus casas o hasta en algún parque, porque es delicioso coger al aire libre y con la adrenalina de que alguien te descubra jejeje.

    Cómo en una ocasión que un galán que llamaremos Melquiades, me llevaba a mi casa después del trabajo pero en el camino se puso romántico y empezó a meter mano en mi escote y me estrujaba las tetas bien rico, obviamente que me gustó la caricia, me desabroché la blusa y me saque las tetas para que Melquiades pudiera apreciarlas mejor y me las amasara libremente. Ahí iba yo con mis tetas al aire, con los pezones durísimos de excitación y los automovilistas que pasaban al lado me las veían pero siempre me ha gustado que me vean así que seguimos sin problema.

    De pronto Melquiades bajo su mano hacia mi entrepierna y me empezó a sobar la panochita sobre la ropa, yo me desabroché el pantalón y me lo bajé hasta las rodillas y abrí las piernas lo más que pude para que sus dedos jugaran con mi clítoris con libertad, pronto sentí que la calentura me invadía, estaba casi desnuda en un auto en movimiento y con unos dedos maravillosos que me estaban hurgando el interior, con el dedo pulgar me frotaba riquísimo el clítoris mientras que el índice y el dedo medio se perdían lo más adentro de mi vagina, mis gemidos se hicieron más intensos y grité «siii que rico… así metemelos rico… más adentro… duro» ufff y exploté mojando todo el asiento y el piso del coche.

    Le tocaba a él, así que me incliné sobre su verga que ya estaba totalmente erecta y se la saqué e inmediatamente me la metí en la boca y comencé a chupársela con devoción, le lamía los huevos y le pasaba la lengua por todo el tronco de su verga riquísima, siempre me ha encantado mamar vergas y según lo que me han dicho lo hago muy bien jajaja.

    Melquiades mientras acariciaba mis nalgas y metía su dedo índice en mi culito y me decía «Estás bien rica te quiero coger… te quiero meter la verga bien adentro e inundarte con mi leche» entonces yo sacándome un poco su verga de la boca le dije «siii cógeme por favor… párate en alguna calle oscura y méteme la verga bien rico».

    Eso hicimos, yo me quite completamente el pantalón, él se lo bajó hasta las rodillas y me monte encima de él recargando mi espalda en el volante, ufff su verga se me clavó riquísimo y con la calentura que traíamos cogíamos como si no hubiera mañana, el chupaba mis tetas deliciosamente, me mordía los pezones riquísimo y yo más brincaba de placer en su verga, tuve no sé cuántos orgasmos y perdidos en el placer no nos dimos cuenta cuando una patrulla se estacionó detrás jajaja hasta que la luz de una lámpara nos iluminó la cara jajaja como pude me bajé y trate de cubrirme pero pues ya los policías habían tenido su espectáculo.

    Melquiades se bajó del coche y está fue la conversación:

    -qué pasó joven porque aquí y no en un hotel.

    -es que la calentura nos ganó y sólo nos estábamos echando un rapidín.

    -me los voy a tener que llevar a la delegación por faltas a la moral.

    -pero por que? Acaso alguien nos ha denunciado?

    -no se haga el chistoso y mejor haga que baje la damita para revisarla.

    -y si mejor nos arreglamos?? (en este momento Melquiades entra en el auto, me dice tranquila está todo bien, toma un billete de su cartera y vuelve con el policía)

    -sale joven, vamos a tardar como media en volver a pasar jajaja.

    Melquiades entró nuevamente al auto y la patrulla se fue, me dice «en que nos quedamos mamacita… vente súbete de nuevo tenemos media hora».

    Pues que me vuelvo a desvestir y ahora sí totalmente desnuda me le monté de nuevo y me lo cogí riquísimo, hasta que sentí su leche tibia inundando mis entrañas.

    Unos minutos después me bajé por el lado de la puerta del chófer por lo que tuve que rodear el auto completamente desnuda mientras la leche de Melquiades escurría por mis piernas.

    Por cierto que esa no era la primera vez que estaba desnuda en la vía pública ni tampoco que me escurría lechita tibia de hombre por mis piernas… pero esas son otras historias!!!

    Espero que esto les haya gustado y espero con ansias leer sus comentarios para motivarme a escribir más anécdotas. Besitos.

  • Revancha

    Revancha

    ¿Qué puede ser más satisfactorio que tomar venganza de quien te hizo daño? O quizás enseñarle un nuevo mundo a alguien…

    Yo tenía 19 años cuando conocí a aquel hombre que me cambio la vida. Me sedujo y me quitó mi virginidad de la manera más salvaje y cruel; tan sólo fui un juguete para satisfacer su instinto animal.

    Por azares del destino, no lo volví a ver por muchos años; sin embargo, al tener la misma profesión, lo encontré trabajando en la empresa donde entré a trabajar.

    Me trató como si fuéramos los grandes amigos; él estaba casado y aún así, me empezó a cortejar, quería volver a gozar de lo que él inauguró.

    Lo dejé hacer y planeé como mostrarle lo que yo sentí.

    Tuvimos que hacer un viaje por motivos de trabajo; yo le insinué que quizá esa sería la ocasión para hacer lo que él buscaba.

    Al terminar de trabajar, me invitó a tomar una copa y después, a su cuarto para recordar viejos tiempos.

    Subimos a su habitación y me comenzó a besar y acariciar; lo dejé que se confiara que iba a lograr lo que buscaba.

    Me quitó la ropa hasta dejarme en lencería; él se quedó desnudo. Yo le dije que quería hacerlo gozar como nunca y le pedí atarlo y vendarle los ojos.

    El accedió y lo até a la cama. Yo ya había hecho arreglos y contraté a un escort masculino; mientras, yo lo estaba masturbando, el escort tocó a la puerta.

    -Quién es? –preguntó.

    -Tú sorpresa… algo que te va a gustar…-le contesté mientras abría la puerta.

    El escort era latino, musculoso; le pedí que se quitara la ropa; tenía la verga de buen tamaño.

    Le quite la venda, sus ojos se desorbitaron.

    -Tú me quitaste mi virginidad… él te va a quitar la tuya… mientras yo lo veo… -le contesté, viendo cómo su miedo se incrementaba.

    El latino, al saber que estrenaría un culo, se comenzó a excitar; su verga se empezó a parar, lista para la acción; tomó un gel lubricante y lo puso sobre su falo; esparcía el gel por todo el falo lentamente, acariciando, excitando, despertando ese miembro por completo. Él temblaba al ver lo que le esperaba; mi vagina se empezó a empapar, mi panty apenas podía contener la cantidad de jugo que salía.

    El escort se acercó a él y lo puso a gatas; todo su culo quedó expuesto. Me acerque a él y le amordace.

    -No quiero que despiertes a los vecinos… porque vas a gritar cuando te la estén metiendo… igual que yo cuando me la metiste… -le dije sonriendo.

    El escort tomó el gel y puso un poco en su culo; masajeaba la entrada; después de unos segundos, introdujo un dedo, masajeando el punto P. Sus ojos se abrieron al sentir al intruso, pero la verga se empezó a despertar con el masaje. El dedo entraba y salía; después metió 2 dedos y volvió en mete-saca; luego, fueron 3 dedos; el bufaba mientras su agujero se hacía más grande. Me comencé a acariciar, me excitaba ver lo que le hacían.

    El latino se acomodó detrás de él, puso su falo en su entrada y empujó despacio; él apretó los puños en las sábanas, sintiendo la invasión de aquel tronco de carne caliente.

    -Ya entró la cabeza… -le dijo mientras le acariciaba y le besaba la espalda.

    La verga de él estaba completamente parada, latía; el punto P estaba siendo tocado. El latino empujó y se metió más, él cerraba los ojos sintiendo la verga dentro de él. El latino no dejó de empujar hasta que estuvo completamente dentro; yo estaba hipnotizada viendo como se lo cogían, estaba a punto del orgasmo.

    Al estar todo adentro, se movió en círculos, agrandando aún más ese culo; cuando sintió que el culo estaba abierto, comenzó el bombeo; lo agarró de las caderas como si fuera una mujer, lo cojín con deleite. La verga de él soltó un pequeño chorro transparente de líquido preseminal, su cuerpo estaba gozando. Me acerque y mi lengua recogió el líquido que salía, sus ojos se pusieron en blanco.

    El bombeo no tardó mucho, el latino estaba gozando.

    -Ya me voy a venir… -dijo el latino.

    -Acabale adentro… así como acabó dentro de mí. -le dije mientras mi orgasmo estaba llegando.

    El latino soltó un bufido y se clavó al fondo de él. Él puso los ojos en blanco cuando sintió su intestino inundado de semen; cuando sintió el primer chorro caliente, la verga de él palpitó y eyaculó sin que la tocaran. Mi orgasmo llegó al ver el líquido blanco que salía de la verga del violado. Al terminar, bombeó un par de veces para dejar toda su semilla dentro.

    Nunca había sacado tanto jugo en un orgasmo, estaba más que empapada. Le acerqué mi vagina a su cara, le quité la mordaza.

    -Límpiame, estoy muy mojada… -le ordené.

    Sacó su lengua y me limpió; gran cantidad de líquido blanco seguía saliendo, mientras su lengua hacía su trabajo, me provocó otro orgasmo, y le llene la cara de mi jugo.

    Le pagué al latino y se fue. Lo desaté y lo dejé ir.

  • Nadie sabe para quién… se baña

    Nadie sabe para quién… se baña

    Bien dicen que cuando no se planifica,  mejor salen las cosas, soy un profesor universitario de 40 años y les voy a contar como fue que me acosté con una ex estudiante en una situación bastante aleatoria. Justo antes de empezada la pandemia recuerdo claramente que era diciembre y había bastantes cenas, fiestas y esas cosas por navidad y fin de año, nosotros como docentes tanto de colegio como de universidad salimos de vacaciones de navidad unos días antes del 24 de diciembre y no retornamos a nuestras labores sino hasta el 2 de enero. Bueno en el último día de trabajo mis compañeros de la universidad puesto que habíamos tenido nuestra cena unos días antes con banda, baile y chupe ya no estaban de ánimo para salir, sin embargo, yo si quería tomar unas chelas.

    Entonces le llamo a una prima que trabajaba en un colegio, a mi prima la llamaré Paulina. Yo trabajo en una ciudad que no es mi ciudad natal y no tenía conocimiento que tenía una prima en esta ciudad, una vez que llego hace 7 años me presentan a Paulina, desde el momento que le vi me gusto y le tenía unas ganas increíbles, en estos años solo me había aceptado unas pocas invitaciones a salir y lo máximo que hicimos fue besarnos borrachos, algo que luego dijo que no se acordaba y se hizo la loca, bueno ese día se me ocurre escribirle y me dice que vaya a un antro donde estaba con sus compañeros profesores del colegio y yo fui con todas las intenciones de hacer algo con Paulina, y oh sorpresa cuando llego encuentro a dos ex estudiantes mías que ahora eran profesoras y colegas de mi prima.

    Pasamos el rato contando anécdotas de los estudiantes y yo les contaba a sus colegas lo molestosas que eran de estudiantes sus ahora compañeras y pasamos un muy buen rato, luego como es costumbre acá dijeron que querían ir a un karaoke o a bailar, y nos fuimos primero a cantar y luego terminamos en una discoteca. Yo seguía viendo las formas de cómo decirle a mi prima que me gustaba y que quería besarla, en esas fechas mi esposa se había ido donde sus padres para las fiestas y yo tenía que encontrarlos al finalizar el fin de semana, entonces podía llevarla a mi departamento, tenía todo listo, sin embargo ella se portaba esquiva como siempre lo ha hecho.

    Entre tragos y risas una de mis ex estudiantes Gabriela me saca a bailar, ella es una mulata preciosa tiene la piel morena y una cara preciosa su madre es negra y su padre mestizo y esa combinación salino una morena riquísima. Ella siempre me había gustado, pero estaba tratando de coger a mi prima, bueno no paso mucho en la sala de baile cuando comenzaron a calentarse las cosas, ella me bailaba de una forma extremadamente sensual y me decía al oído que nunca esperó estar conmigo en estas situaciones que me admiraba mucho y que le encantaban mis clases que soy muy inteligente y ese tipo de cosas, yo también le decía que me alegraba que este bien, trabajando y que siga saliendo adelante, pero yo para ese entonces ya estaba con la verga completamente parada y con otras intenciones, hasta que ella me beso en media pista de baile, a mí no me importo que nos vea alguien ya que yo soy casado le seguí el juego, fue un beso apasionado de mucho tiempo, luego ya pasamos a caricias súper eróticas camufladas en el baile, estaba tan arrecho y ella se le notaba tan excitada ya llevamos en esto en el baile los besos y las caricias un tiempo, la discoteca se llenó y el ambiente era completamente caluroso ya nos comíamos en plena pista de baile, llevaba un vestido escotado y sumamente corto estaba tan sensual que cuando nos sentábamos pro un momento a tomar unas chelas, muchos se acercaban a pedir bailar con ella, yo me sentía orgulloso de estar con tremenda hembra, tenía un cuerpo muy delgado y su cara era preciosa con un cabello espectacular entre afro y churon un peinado gigante que llamaba mucho la atención.

    Los giros graciosos de la vida, para esto, recuerdan a mi prima, ella había continuado solo tomando y estaba completamente ebria y es ahí donde yo digo es mi oportunidad, era el pretexto perfecto para salir de la discoteca, es así que yo les digo al resto de colegas bueno creo que voy a llevar a casa a Paulina y Gabriela me va a acompañar. A la pobre de mi prima la dejamos en la casa el hermano tuvo que salir a recogerla y Gabriela y yo fuimos a mi departamento. Una vez en el departamento fuimos directo a la habitación, Gabriela me pidió prestado el baño de mi cuarto entro y yo me saque la ropa me quede solo en ropa interior y unos calcetines cafés bastante elegantes par terno encima de las cobijas, llevaba unos boxers super cortos y apretados bancos que acentuaban mi verga parada por eso no me los sacaba todavía,

    Una vez que salió del baño la cogí y le pegué un beso tan apasionado que se mojó rápidamente nos tiramos a la cama y no dejamos de besarnos mientras nuestras manos exploraban, por 1ra vez, como podían nuestros cuerpos, habíamos deseado esto por más de 4 años, algo que yo no sabía hasta ese día, cuando introduje mi dedo en su concha estaba estilando, ufff que sensación mi verga estaba completamente parada ya explotaba. Una vez que introduje por primera vez mi verga la disfrute poco a poco primero la cabeza roja y resbalosa de tanto líquido seminal que estaba por todos lados, me toco aguatarme mucho porque quería meterle de una buena vez, pero lo estaba disfrutando, hacia círculos con mi glande en sus labios vaginales mojados y lo metía y sacaba gentilmente, ella se puso tan cachonda que me dijo mételo por favor mételo todo de una vez, eso es exactamente lo que quería que lo deseara con todo su ser, una vez adentro si fue un sexo salvaje ya no más delicadezas, le daba lo más duro que podía y como era tan delgada era fácil cambiar de poses y romperla por dentro en cada una de ellas, nos besábamos, mordíamos, arañábamos, claro que le decía que no deje marcas por mi esposa, fue algo increíble parecía que en lugar de tener sexo nos estábamos comiendo o estábamos en cuerpo a cuerpo, lo hacíamos súper fuerte y rápido, le metía la verga en esa concha apretada y jugosa lo más fuerte posible después de besarnos lamernos y recorrernos absolutamente todo el cuerpo, le lance mi leche en todo su abdomen, como lo hacíamos a pelo tenía que terminar afuera.

    Luego de eso nos limpiamos y tratamos de dormir, sin embargo a los pocos minutos me despierto con mi miembro otra vez completamente erecto, casi casi que la violo, medio le di unos besos en el cuello la espalda para despertarla y ni bien se despertó yo ya estaba nuevamente encima de ella completamente excitado jadeando y desesperado por mas sexo, ella se calentó de una se mojó nuevamente e introduje mi verga nuevamente en su vagina caliente, esta vez el sexo si bien era agresivo estuvo un poco más tranquilo que la 1ra vez, esta vez no podía terminar mi verga estaba completamente parada y los dos empapados de sudor de tanta fricción pero no sentía que iba a terminar, ella hace rato había terminado, por lo que le dije que sería mejor tratar de dormir.

    No lo van a creer pero estábamos tan excitados que esta vez a los pocos minutos fue ella la que pedía más verga, me hizo despertar y ya estaba encima mío chupando mi pene hasta tenerlo duro y venoso, una vez más nos hicimos de todo la puse en cuatro, empapados de sudor hicimos el 69, nos besamos luego de eso, la puse en el filo de la cama y yo de pie, la lleve al escritorio, como era delgada y no muy alta la podía poner en las poses que mi imaginación y excitación creara en el momento, igual duramos muchos antes de terminar, recuerdo claramente que ella termino estando encima mío cabalgando su verga que por tanto tiempo había fantaseado en clase, termino de tal forma que sentí que mojo toda la cama y toda mi verga, pelvis, bolas, etc.,  sentía que un líquido bajaba hacia mi culo y todo era de ella, yo no podía terminar tenía que hacerlo afuera, a los pocos momentos de sentir que explotó con un gemido descomunal yo acelere el paso hasta mas no poder mi cuerpo mi mente ya estaba agotada y con mi último esfuerzo saque mi verga completamente empapada de nuestros fluidos, saliva y sudor y termine de forma tal que mi leche se rego por mi pecho y el de ella hasta sus senos, fue algo espectacular. Al siguiente día tuve que cambiar el colchón de lado y lavar las sabanas, pero que delicioso, partir de eso tuvimos una relación de amantes por mucho más tiempo.

  • Mi primera vez con dos chicos

    Mi primera vez con dos chicos

    Mi nombre es Lucía, ahora con cuarenta años, he conservado cuidadosamente la belleza que la naturaleza me ha dado. Todavía puedo presumir de un pecho que todavía está en forma y redondo. Soy una mujer que hago andar a los hombres, pero que ha mantenido mi integridad moral al no entregarme fácilmente. A un solo hombre le doy todo de mí. Vivo en El Pinar, a orillas del Arroyo Pando, aunque la vida me ha llevado a cambiar de país varias veces, me he mantenido fiel a esta zona.

    Acababa de celebrar mi cumpleaños número 19, había arriesgado mi virginidad al cumplir la mayoría de edad, y con toda la energía que una tiene en esos años estaba viviendo una vida despreocupada que pronto me llevaría a ser mujer, dejando atrás todo el recuerdo de la infancia y la adolescencia.

    De 1.70 m estatura, despuntaba sobre unos pechos firmes unos pezones erectos y una pelvis con un culito que hacía dar vueltas a la cabeza de varios. Más una larga melena rizada y ondulada.

    Yo era la menor de una familia donde los valores y comportamientos de los hijos eran vigilados muy de cerca por padres estrictos y por lo tanto permitirnos la libertad, incluso a los pequeños, era muy difícil para nosotros.

    Todo sucedió en una tarde de primavera, cuando empiezas a dejar atrás la pesada ropa de invierno y puedes salir con ropa más ligera. Ese día llevaba una blusa blanca, con una camiseta blanca debajo, sin sostén, una falda acampanada de tela azul medianoche con unas castas bragas blancas debajo sujetadas por pantimedias y zapatos planos. Mi plan era ir a visitar a una amiga que acababa de abrir una tienda de ropa y pasar un rato con ella, para no quedarme aburrida en mi casa.

    Me crucé con poca gente en el camino, temprano en la tarde. Tan pronto como llegué, noté la presencia de dos chicos, algunos años mayores que yo, que estaban a cargo de arreglar las vidrieras. Ellos también se dieron cuenta de mi presencia, uno en particular, casi tan alto como yo, con el cabello bien peinado, un rostro hermoso y un físico agradable. El otro tampoco estaba mal, definitivamente más alto y en forma, con una ligera barba desprolija, pero en general muy guapo. No nos tomó mucho tiempo entablar una incipiente amistad, tanto que me quedé y hablé con ellos por un largo rato, y acepté la invitación de cenar con ellos sin pestañear una vez que el trabajo estuvo terminado.

    Así nos reunimos los cinco en la noche en una pizzería; mi amiga dueña de la tienda, su novio, yo y los dos escaparatistas. Congeniamos enseguida, el entendimiento que se había creado entre nosotros era perfecto, la cerveza fluía libremente, las bromas y temas varios se mezclaban con los primeros intentos de acercamiento del chico que más me gustaba de los dos, se llamaba José. De vez en cuando, un brazo falso casual detrás de los hombros, un ligero toque en la cara, una mano descansaba casualmente en la pierna, sin exagerar y de manera tolerable. No me importaba ese tipo de cortejo, al contrario, apreciaba esa forma suave de interés hacia mí sentada en una mesa larga en la pizzería. Al final de la velada fue el mismo José quien me dijo si al día siguiente quería almorzar con ellos dos ya que tenían que terminar un trabajo que les tomaría solo medio día.

    Me gustaba mucho ese chico y acepté con mucho gusto. Intercambiamos un tierno beso y mi amiga y su novio me llevaron de vuelta a casa.

    Al día siguiente estaba temblando toda, de chica no había tenido muchas oportunidades de ser invitada a almorzar y sobre todo por un chico que me gustaba. Me preparé bien, ducha, pelo, maquillaje eligiendo con cuidado qué ponerme, no quería ser demasiado atrevida con la falda y por eso opté por un pantalón con pinzas rosa y un jersey vino a juego. Una braguita de corte alto y sujetador coordinados.

    La cita era para las 13 h en la plaza de Atlántida, yo estaba emocionada por ese encuentro, traté de controlar este sentimiento que me invadía y mientras tanto pasaban los minutos. A lo lejos vi aparecer una camioneta blanca, era él, o más bien, eran ellos, José y su compañero de trabajo; tenían las herramientas de trabajo en la parte de atrás y la camioneta tenía tres asientos todos adelante. No lo había previsto, hubiera pensado en todo excepto que llegarían por este medio. Me invitaron a ocupar el asiento central, me dio vergüenza, pero tener a mi José sentado a la derecha a mi lado me tranquilizó mientras su amigo conducía en un asiento separado del nuestro. Nos dirigimos hacia la costa, debido al pavimento un poco desparejo, sentía cada vez más el contacto con José, primero pierna con pierna, luego mano detrás del hombro, la cercanía entre los dos aumentaba considerablemente. Su piel olía bien, y esos contactos me dieron ligeros escalofríos, tanto que apoyé mi cabeza en su hombro y dejé que acariciara mi cabello, lóbulos, cuello. Llegamos al restaurante, también en este caso yo estaba sentada en la mesa en medio de los dos pero mis ojos estaban solo para José; Yo sólo tomé un aperitivo, quería su atención no una gran comida, mientras los dos pidieron un plato de pasta, luego de postre y fruta. Pensé, ahora habrá un paseo, podremos hablar, conocernos, estar juntos y muchas otras cosas románticas. La propuesta de José fue en cambio subir a la habitación que ocupaban en un hotel cerca del restaurante, a poca distancia donde, además de aire fresco, habríamos encontrado un poco de privacidad que no hubiéramos encontrado en una tarde en el frente a la rambla de Atlántida. Fue precisamente este deseo de intimidad lo que me convenció de seguirlo, de la mano, dulce, romántico, mientras su amigo permanecía despegado de nosotros en silencio, casi ausente.

    Dos tramos de escaleras y aquí estoy en una habitación de un hotel con dos chicos guapos. José estaba tratando de calmar los latidos de mi corazón lo mejor que podía; me describió la habitación, el armario, la mesita de noche, pero todo inútil; ahora sí que era demasiado, me centré en la noche anterior en la pizzería, en la furgoneta, en el restaurante, ¿qué intenciones tenían estos dos tipos, a quienes conocían hacía apenas un día? ¿Por quién me tomaron? ¡Yo chica dulce y romántica!

    José notó esa sensación de incomodidad en mí, me llevó a la ventana detrás de él invitándome a mirar el mar, la vena romántica volvió a mi cabeza, me abrazó por detrás estableciendo un contacto total, comenzó a besarme el cuello y siguió besándome apasionadamente en la boca, un beso que con gusto devolví con los ojos cerrados.

    En ese contacto total entre los dos, percibí una fuerte erección en él, por detrás mientras me abrazaba con fuerza mirando al lago, sentí algo muy duro en el surco de mi culito, y sentí la misma erección contra mi vientre en el largo beso que compartimos.

    Este hecho me bajó mucho las defensas y como en ese momento solo estábamos nosotros dos en la habitación, su compañero de trabajo se había ido al baño de manera muy silenciosa, comencé a derretirme en los brazos de José, quien no perdió el tiempo, sosteniéndome cerca de él, comenzó a desenrollar la persiana con una sola mano, dejando que solo esos pocos rayos de sol entraran en la habitación, y con sus brazos me invitó a acostarme en la cama.

    Tuve una sensación agradable y cómoda en esa cama, las otras ocasiones, incluida la pérdida de mi virginidad, todas las había tenido en un auto.

    Esa cama era muy grande, tanto que para estar cerca de mí, José se colocó en el centro de ella y yo en el lado izquierdo, ambos nos acostamos de un lado y comenzamos un beso intenso; lenguas que se entrelazaban, caricias que iban a lugares cada vez más íntimos, un remolino de intensa pasión se inició entre los dos.

    José fue el primero en desabrocharme los pantalones, bajarme la cremallera y, en lo que pudo con una mano, trató de bajarlos hasta las rodillas, yo lo ayudé en la empresa moviendo las piernas para que se deslizaran completamente; José deslizó su mano dentro de mis bragas, se abrió paso y comenzó a tomar posesión de mi concha, primero con caricias en los labios vaginales y luego entreabriéndolos con los dedos índice y anular, deslizó el dedo medio adentro, constatando que yo ya estaba bastante húmeda. Alternó ese dedo con movimientos circulares sobre mi clítoris hasta ligeras penetraciones a mi interior.

    Mi respiración se hizo corta, mi corazón se aceleró, yo también busqué la cinturilla de su pantalón, el botón y la cremallera, bajándolos en consecuencia, con el mismo guion tomé posesión de su pene, todo en mi mano. Sentí el latido del corazón a través de su pija y comencé a masturbarla. Nos detuvimos el tiempo suficiente para darnos cuenta de que había llegado el momento de desvestirnos, cada uno en simbiosis con el otro, pantalón-pantalón, camisa-jersey, bóxer-braga; y nos volvimos a abrazar para establecer un contacto total con nuestros cuerpos.

    Había llegado el momento, tenía un deseo de ser cogida que se escapaba por todos mis poros, me quedé allí con los ojos cerrados. Dejo mi boca, descendió sobre mi cuello pasando por debajo de los lóbulos, se demoró en mis senos, firmes, turgentes, con pezones grandes y oscuros, apretó mis senos con una mano y con su boca chupó mis pezones, me gustó mucho como alternaba entre una teta a la otra; me bajó por la barriga, un pequeño lametón en el ombligo que me hizo retorcerme de las cosquillas y luego hacia abajo… Me acomodé sobre los hombros, no puse resistencia cuando comenzó a separar mis piernas y sumergió toda su cara en el medio. En aquella época todavía no me afeitaba, pero su boca se abrió paso. Yo estaba muy excitada, su cara completamente mojada con mis jugos hasta las orejas. Buscó mi clítoris, me concedió lametones amplios y largos por toda mi vagina, metiendo la lengua lo más que pudo.

    Cuanto más lamía más me mojaba, comencé a gemir y suspirar cada vez con más fuerza; mantuve mis piernas separadas.

    Yo tenía un anhelo de pene que ya no podía contener, salí de su boca y comencé a descender lentamente por el cuello, pasando mis labios por la piel, luego los pezones, pequeños pero bien pronunciados que morderlos fue un placer, José saltó ante esos mordiscos, luego el ombligo y… esquivando el vello púbico me apoderé de su verga. Un buen tamaño, y mi boca se abrió sobre ese capullo rojo que parecía estallar, me detuve con mis labios solo en el glande y cuando lo envolví completamente entre mis labios comencé a recorrer ese miembro con mi lengua. A José le gustó mucho, pero fue dulce y suave, no me obligó a hacer nada, ninguna mano en la cabeza para empujarme o mantener su pene dentro de mi boca, pero no fue necesario, lo hice todo por mi misma, comencé a bajar por toda la longitud de su pija, llegando casi hasta la base. Luego pasé a lamer a fondo toda la parte externa y con la mano le acaricié las bolas que sentí que estaban hinchadas de esperma.

    Fue mientras estaba empeñada en chupar ese pene que sentí el lento avance de una nueva presencia en la habitación, el compañero de trabajo había salido del baño silenciosamente y se había estirado en el borde derecho de la cama, apartado de nosotros, pero presente.

    Así que decidí continuar con esa mamada con los ojos cerrados, en mi romanticismo sexual, me acerqué a José que se había sentado para ponerse un condón, y en su oído y le susurré «¿él tiene que quedarse aquí?», José fingió no escuchar y trató de dirigir su verga hacia mi concha empapada.

    No lo pensé ni un momento y comencé a disfrutar de la lenta entrada de su miembro en mi cueva, y con pocos movimientos lo sentí todo adentro, hasta la base. Estaba frenética, comencé a coger ese pene, coordinando los empujes subyacentes que lo hacía entrar, pero cuidando que José no acabara, tuve mi primer orgasmo de esa tarde.

    Fue en ese momento que recordé a su amigo acostado del otro lado, «tal vez se haya ido» pensé y abrí los ojos para comprobar. No, lamentablemente su rostro seguía ahí, y me miraba, yo miré más abajo y un chubasco helado se descargó sobre mi espalda; estaba acariciando la pija; la más grande que he visto en mi vida, fundamentalmente gruesa; en aquel momento comparé su grosor como el del tamaño de una lata de Coca-Cola.

    No sabía qué hacer y que decir, la sorpresa que me llevé fue impactante, pero fue él quien me alivio de la vergüenza «si tú quieres me voy» me dijo y yo le conteste «ya estás aquí, ahora… mantente puro», luego tomó mi mano izquierda y la llevó a su pija, invitándome a continuar con la paja que se estaba haciendo.

    ¡Que pito grueso! No podía unir mi pulgar con el índice, faltaban un centímetro para poder unirlos. Mi mano descendió del capullo a la base de una manera maravillosa. Mientras tanto, José, descansado de su eyaculación, había recobrado fuerzas y excitado por la escena volvió a introducirlo en mi concha, luego su amigo se colocó detrás de mí. Se arrodilló y comenzó a hacer torpes intentos de meter su grueso palo en mi trasero. La apuntó, le pidió a José que dejara de sacarme la verga de la concha, me frotó en el esfínter tratando de flexibilizarlo y agrandarlo, se colocó un condón lubricado, pero nada que hacer; no consiguió introducir su miembro ni medio centímetro. Mi trasero no cedió. La primera vez con dos tipos, pero mi culo permaneció virgen.

    Era mejor cambiar de posición, tal vez se daría por vencido, así que me separé de la pija de José, me coloqué en la posición de perrito invitando al amigo de José a entrar en mi vagina, con un cierto miedo.

    Efectivamente tenía razón, me dolió el glande que luchaba para abrir mis labios de la concha, pero gracias al orgasmo anterior pasó la entrada; a pesar de que estaba mojada, sentí que las paredes de mi vulva se estiraban al máximo y esa gruesa vara comenzaba a entrar. Que sensación, dolor y placer que se mezclaban, se alejaba y entraba un centímetro más, luego una y otra vez. Por reflejo pensé «si la pija de José me entró toda y no me sobró nada, aparte del diámetro, ¿la de su amigo entrará hasta la mitad?», ¡hijo de puta! me la clavó hasta el final.

    En la posición de perrito, con la verga de José en mi boca, su amigo me agarraba fuerte por las caderas para evitar que me moviera o escapara, entraba cada vez más, pero cuando terminó, unas cuantas lágrimas corrían por mi rostro, mis ojos estaban fuera de las órbitas, mis manos estaban sosteniendo la sábana, y me dijo «felicidades bebé, te la llevaste toda». ¡La puta que lo parió! una lata de Coca-Cola dentro de mí, ¿cómo lo hizo? Pero el mero hecho de no haberme cogido por el culo me tranquilizaba.

    Así comenzó un avance/retroceso lento por parte de ambos, yo apoyaba los movimientos con mi pelvis, manteniendo el otro la polla en mi boca para no gritar, entonces él marcaba el ritmo, cada vez más rápidas y profundas embestidas, sentía ganas de partirme por la tamaño pero el placer prevaleció tanto que tuve otro orgasmo en ese lugar.

    Mis rodillas empezaron a ceder y pedí poder acostarme un poco, quedé satisfecha, me acosté en la cama invitándolos a mis lados, quería acariciarlos para que mi vagina descansara un poco, pero ellos, habiéndose quitado los condones, no se conformaron con una doble paja y me obligaron a hacerles dos mamadas al mismo tiempo, mientras sus manos me acariciaban por todas partes.

    Fue José quien nuevamente con su verga estirada, se colocó entre mis piernas, cargándolas sobre sus hombros, y me volvió a penetrar en esa posición, no lo sentí mucho pero su ritmo seguía siendo placentero.

    Luego cedió el paso a su amigo, se limitó a abrirme las piernas sin cargarlas sobre sus hombros y comenzó a penetrarme de nuevo, esta vez no fue tan delicado como para volver a meterlo todo dentro, sentí sus bolas golpear desde abajo. Con cada embestida soltaba un grito mas fuerte, luego él también empezó a cansarse, aminoró el paso, lo mantuvo quieto en el fondo de mi concha, sentí que el glande crecía aún más, señal clara de que estaba por acabar… pero se detuvo.

    ¿Pero cuánto tiempo más quería cogerme? Ya habían pasado dos horas sin tregua, había perdido la cuenta de las veces que había tenido un orgasmo, era hora de terminar, así que lo invité a ponerse cómodo, en el centro de la cama, me subí a él y con la mano dirigí ese pinchazo a la entrada de mi concha, comencé a descender inexorablemente, dicté tanto el ritmo como la velocidad de los movimientos, mirándolo con venganza, me empalé yo misma, pero era yo quien lo quería ahora; José no quería perturbar la escena, se paró en el colchón, apoyó la espalda en la pared de la cama y comenzó a masturbarse, trató de contenerse pero yo era inexorable, aceleré solo esperando que el condón no se rompiera y vamos…

    Uno, dos, tres, chorros de semen caliente directo a mi vientre, me puse de pie y masajeé tiernamente sus bolas para liberar los chorros más pequeños, y en ese instante sentí más chorros cayendo sobre mis senos. Fue una experiencia maravillosa para mí, la disfruté mucho, estábamos todos exhaustos, los tres acostados en la cama mirando el techo.

    Después de un tiempo me di cuenta de que tenía que irme a casa y fui al baño a lavarme y luego ducharme, el olor a sexo en mí era demasiado obvio y lo notarían por todas partes. Empecé por el bidé, dirigí el chorro de agua sobre el espeso cabello negro y muchas veces también golpeaba el clítoris, pasé mi mano por debajo para darme cuenta de lo dilatada que estaba después de esta experiencia, me sequé y me levanté. Mirándome en el espejo, me dediqué a rehacer el maquillaje y mis ojos.

    De repente se abrió la puerta, el amigo de José completamente desnudo había entrado al baño, pensé que a orinar o lavarse también. Su pija a pesar de estar flácida mostraba todo su tamaño colgando. Su intención era otra, me abrazó por detrás sosteniéndome por las tetas, comenzó a besarme en el cuello y un poco más de deseo volvió en mí, percibió este estado de semiexcitación mía y sentí que su verga comenzaba a reanudar rigidez; estar juntos en el baño me excitó mucho e instintivamente abrí las piernas, él estaba otra vez excitado, se puso el último condón de la caja y comenzó a meterse en mi concha nuevamente. Sentí placer por esa situación inusual y él disfrutó de poder sostenerme en mi estilo perrito con mis manos apoyadas en el lavabo, las piernas separadas y disfrutando de mis expresiones en el espejo.

    Sentí mi vagina en llamas, pero me gustó, esta vez fue más prolongada en el baño, exhausta logré un orgasmo al mismo tiempo que él acababa. Entonces por fin pude darme una larga ducha, el agua caliente en mi cuerpo lavó ese olor a sexo, a hombres, no me arrepiento, al fin y al cabo me gustó.

    Volvimos a subir a la camioneta en silencio, sin una palabra entre nosotros, desandando el camino comencé a pensar que el objetivo de los dos chicos era básicamente ése: cogerme, cogerme y cogerme.

    Me dejaron a dos cuadras de mi casa, pero di un amplio rodeo para llegar a casa. No quería que se notara nada sobre mí, a pesar de que mis piernas estaban débiles y tenía un fuerte dolor de estómago.

    Al día siguiente intentaron volver a contactarme, seguramente con la intención de repetir o mejorar la experiencia del día anterior. No estuve de acuerdo en absoluto y corté radicalmente la relación con los dos chicos.

  • Un cine solitario

    Un cine solitario

    Sucedió un martes laborable cualquiera. Tenía que gastar vacaciones en el trabajo antes de que acabara el mes o las perdería, así que elegí algunos días al azar para no hacer nada más que descansar y estar ocioso. Sin embargo, esa mañana me estaba aburriendo un poco y necesitaba desconectar, por lo que me fui a un cine cercano a casa a ver una peli coreana de la que había leído buenas críticas en la prensa. Siempre me ocurre que como me gusta ser puntual acabo llegando a los sitios antes de tiempo y me toca esperar, y aquella no fue una excepción. Llegué a una sala pequeña y solitaria, sin demasiadas butacas y pude buscar con tranquilidad y sentarme en un asiento central que me había sido asignado, ya que estos estaban numerados. A mi derecha quedaba una silla vacía más y a continuación estaba el pasillo.

    Respiré hondo y miré a mí alrededor. No había nadie. Estaba solo.

    –Lógico, he llegado muy pronto, es temprano, todo el mundo está trabajando… –pensé.

    De pronto, detrás de mí, escuché el sutil sonido de unas botas, ahogado en parte por la moqueta mullida de la sala, que se iba aproximando hasta donde me encontraba. Una mujer que calculé que debía tener algo más de 40 años, se dispuso a ocupar el asiento que había quedado libre a mi lado derecho llevando consigo una caja de palomitas de maíz. Tenía el cabello largo, ondulado y de color castaño claro, con algunas mechas rubias entre el que asomaban unos llamativos pendientes dorados cuya forma no supe identificar del todo. No quería mirar de forma muy descarada. Pude fijarme también en su vestimenta, que consistía en una camisa blanca escotada y una falda corta de cuadros grises cuyo tacto parecía muy agradable.

    Nos saludamos cordialmente y nos dedicamos una breve sonrisa. Luego, en el proceso de ocupar su sitio y acomodar hubo algún roce casual. Pero nada destacable. Simplemente mantuve la vista al frente, ya que me puso algo nervioso y tragué saliva.

    Ella, por otro lado, mucho más tranquila, decidió iniciar una conversación.

    –Vaya, se nota que es martes por la mañana. Estamos solos. –Dijo para romper el hielo.

    –Si, además creo que hemos llegado un poco pronto. No sé si irá llegando alguien más según se vaya acercando la hora de que empiece la peli. –Contesté tratando de no mostrar mis nervios.

    Miró su reloj de pulsera, que tenía una esfera pequeña y redonda, y correas negras de cuero.

    –Es verdad que aun falta un rato… Bueno, y es una película coreana en versión original y con subtítulos. A mí al menos me resulta difícil convencer a alguien para que me acompañe a ver este tipo de cine. Jaja.

    –Es cierto –Sonreí– Tiene buenas críticas, sobre todo en la fotografía y el argumento, pero seguramente no será muy dinámica.

    –Sí, creo que va a ser un poco aburrida, pero me pareció interesante el tema que trata. Ya sabes, lo social, la lucha de clases en una cultura distinta a la nuestra…

    –Bueno, quizás nos sorprenda en otros aspectos.

    –Perdona, te habré parecido un poco “enteradilla” con todo el tema de la lucha de clases, la cultura y demás. –se disculpó algo avergonzada

    –En absoluto, yo también había leído algo de eso, creo que estamos al mismo nivel de parecer “enteradillos”.

    Por un momento me dedicó una bonita sonrisa y se colocó el cabello con su mano derecha. Después se puso un par de palomitas en la boca, las masticó y tragó. Se inclinó ligeramente hacia mi asiento y me ofreció por si quería comer alguna. Por mi parte, al dirigir la mirada hacia ellas, no pude evitar detenerme un segundo en su escote.

    Se dio cuenta y se cubrió con la mano.

    –¡Oye, pero donde miras!

    –Perdona, fue sin querer al ir a mirar las palomitas… –Corregí inmediatamente mi postura y miré al frente.

    De pronto se empezó a reír.

    –Era broma, era broma, jaja. Es lógico que echaras una miradita, yo también lo haría. –Dijo para tranquilizarme– Además has sido disimulado y respetuoso. Se nota que eres buen tío. –Añadió.

    Me relajé un poco y sonreí de nuevo, totalmente avergonzado sin saber que más decir.

    –Mira, para que veas que no me ha molestado, que me halaga que mires, y solo estaba bromeando, me voy a desabrochar un botón más de la camisa.

    Aquello me descolocó y tuve que mirar sin remedio. Unos centímetros más de piel cubiertos por un bonito sujetador negro se dejaban ver ligeramente con un canalillo hacía unos bonitos senos de, al menos una talla 100, copa C. Después levanté de nuevo la vista hacia su rostro y me fijé en sus labios, gruesos y suaves, que relajados dejaban ver una pequeña parte de dos de sus dientes incisivos superiores. Sus ojos de color miel llevaban algo de rímel que potenciaba la profundidad de su mirada, a la cual me enfrentaba ahora directamente.

    –Aprovecha para echar un buen vistazo, que cuando empiece la película y se apaguen las luces ya no verás nada. –Me aconsejó dedicándome una sonrisa torcida y pícara y señalándose el busto.

    Y efectivamente las luces de la sala se apagaron de repente. Seguramente venían los anuncios, los trailers y después la película que ya no me importaba en absoluto.

    –Aun puedo verte con la luz de la pantalla. –Fue lo único que se me ocurrió responder.

    Pero yo ya no miraba su escote, si no que mientras pronunciaba la última frase, totalmente absorto, tuve la suerte de que ambos tuvimos la misma idea y nos fuimos aproximando el uno a la boca del otro, para terminar fundiéndonos en un beso húmedo y profundo que hizo que las palomitas acabaran desparramadas en el suelo.

    Quise parar para pedir perdón, pero su lengua se introdujo en mi boca y me lo impidió dejando claro que no le importaba.

    Comenzamos a saborearnos, me perdí entre sus cabellos sin tardar, buscando recorrer su cuello con besos y chupetones suaves. Mi mano izquierda reclamó su derecho a sentir las texturas de su ropa y se paseó sobre el tejido con pelillos, increíblemente agradable del que estaba hecha su falda de tubo, hasta llegar a su cintura, y así, poco a poco, se nos fue olvidando donde estábamos antes de ser interrumpidos por un momento de cordura:

    Ambos levantamos la cabeza y observamos para saber si había alguien más viendo la película, pero por suerte seguíamos siendo los únicos. Ella se llevó el dedo índice a los labios en gesto de indicarme que procuráramos guardar silencio, ser cuidadosos, discretos… Y mi boca se posó de nuevo en el lateral de su cuello, cerca de su oreja izquierda y le hizo soltar un gemido contenido.

    Reconozco que si volvía a unos minutos atrás en el pasado, seguramente habría deseado que ocurriera lo que ahora estaba viviendo. Estaba claro que era una mujer muy amable y atractiva, pero eso sí. Nunca me lo habría esperado. Habría sido cordial, tal vez hubiese aceptado la oferta de comer algunas palomitas de la desconocida y luego habría visto cine coreano de autor tranquilamente, para irme a mi casa en cuanto terminara la proyección sin recordar nada de la persona que se había sentado a mi lado. Sin embargo, la situación se había desarrollado de manera afortunadamente inesperada.

    Las vistas de su escote, con un par de botones desabrochados se habían quedado grabadas en mi memoria, así que mientras su lengua y la mía se enfrentaban y enredaban en húmedo combate, acompañadas de un séquito de besos profundos, y suaves y juguetones mordiscos, la mano que había dejado aparcada en su cintura trepó y se detuvo sobre su pecho para masajearlo. Una señal en mi cerebro debió quejarse de que aquello no era suficiente y le ordenó desabrochar el resto de botones, colarse bajo la tela de la camisa y levantar el sostén para que la gravedad dejara caer una de sus tetas por debajo y poder darse luego el lujo de levantarla, mecerla y acariciarla. Creo que no olvidaré nunca aquella suavidad y como, cuando mis dedos la apretaban un poco, mi cuerpo empezaba a calentarse y a reaccionar con una erección que comenzaba a ser incómoda por escaso espacio que dejaba mi pantalón vaquero.

    Desee llevarme su pecho a la boca y comérmelo durante un buen rato.

    Mis labios bajaron desde su cuello en un decidido recorrido que debió parecerle una buena idea. Ella misma apartó su sujetador para que quedaran libres ambos senos y pudiera elegir con cual empezar. Así, mi lengua húmeda se paseó en círculos por la areola de su pezón izquierdo y luego lo lamió, como paso previo a llenarme la boca con él todo lo que pude. Me paré en su escote, hundiendo mi cabeza en medio un momento y pasando al lado derecho de su busto, donde reproduje el mismo comportamiento.

    Siempre me han dicho que soy muy goloso y agradecido cuando me como unas tetas. Se nota que es algo que disfruto, sin importar el tamaño que tengan. Me gusta mirar a los ojos y fijarme en las reacciones, mientras experimento todo tipo de lametones, succiones, mordiscos suaves en los pezones… acompañado todo de caricias y masajes con las manos. Me excita el movimiento, lo blando y la sedosidad de unos buenos pechos, no puedo evitarlo. Me seducen ciertas reacciones, gemidos, suspiros… Me pierden las súplicas y peticiones…

    –Uff, si, comételas. –Fue la susurrante súplica que deseaba escuchar de mi inesperada acompañante, intentando no armar mucho escándalo y removiéndose de gusto en la butaca.

    Mis pupilas gozaban por contemplar el placer en su rostro. Sus ojos entrecerrados, la boca entreabierta y la respiración entrecortada. Se mordió el labio inferior con uno de sus perfectos incisivos mirándome directamente y fue entonces cuando supe que tenía que ir más allá y deseé centrar mis caricias bajo su falda. Ella no opuso resistencia cuando notó las yemas de mis dedos subir por la cara interna de uno de sus muslos. De hecho, como la prenda de vestir era algo rígida, me ayudo a levantarla y me dejó ver una bonita lencería de color negro opaco, salvo por un espacio transparente y punteado justo en la zona del vello púbico, que llevaba muy cortito y arreglado.

    Miró por encima de los asientos hacia atrás para ver si alguien nos podía pillar. Yo en cambio, en ese instante ya estaba cegado por el deseo y solo nos veía a nosotros. Especialmente cuando posé mis dedos sobre la tela fina de su ropa interior y comprobé que la humedad la traspasaba y me mojaba. Aquella era una sensación táctil que me pedía ya piel con piel, así que no me recree demasiado y pronto metí mi mano bajo el tejido en busca de su clítoris.

    Dio un pequeño respingo, y un suspiro.

    Mi índice resbaló con facilidad, dibujó unos círculos con un poco de presión y se metió dentro de ella en busca de lubricación natural, para así poder volver a proporcionar más caricias de nuevo a ese botoncito que, en mi mente no dejaba de pensar que quería sentir en mi boca. Pero ahora mi boca estaba ocupada, no disponible. Besándola, recorriendo su cuello, su cuerpo, acompañando su placer en lo posible mientras había cambiado de estimularla con un dedo a hacerlo con dos, dentro y fuera repitiendo la misma operación de extender la humedad hacia su clítoris y estimularlo después directa y digitalmente.

    En ese momento notaba una erección tan rígida que dolía. Dentro de mis pantalones sentía una calurosa llamada de atención, un deseo de liberarse y participar, acallado solo por mi cerebro que deseaba seguir gozando de tener el control y marcar el ritmo.

    Me acerqué como pude para sentir su sexo con mis labios, saborearlo y respirar su aroma, pero resultó muy complicado con el reposabrazos que separaba nuestros asientos, así que acabé arrodillándome, dispuesto a colocarme en una posición sumisa, preparado para conquistar de nuevo mi posición de poder y dominio sobre el deleite de mi amante desconocida. Y por fin se las quité. Hasta los tobillos. Saqué sus preciosas braguitas negras por encima de sus botas y, puesto que no vi donde dejarlas sin que se mancharan debido al anterior desastre con las palomitas, actué rápido y me las guarde en el bolsillo del pantalón percibiendo como mi glande se acomodaba al nuevo bulto textil suave y mojado, que fue capaz de notar y proporcionarme cierto cosquilleo excitante, en el mismo momento que separaba un poco las piernas de mi desconocida y salivaba ante la visión de aquel coño que estaba dispuesto a comerme como si fuera mi último día sobre la tierra.

    La miré directamente a los ojos.

    La miré, si, y lo hice con todo el deseo que no podía contener más tiempo. Fui aproximándome con la lengua fuera, ya goteando saliva que cayó sobre su asiento. La abrí con mis dedos, y luego le di el lametón más eterno, mojado y provocativo que fui capaz.

    Sus piernas me hicieron todo el sitio que pudieron y me acarició el pelo de la cabeza, atrayéndome sutilmente para que siguiera comiéndomela.

    Lamí su clítoris y escupí sobre él y pronto empecé también a follármela con dos dedos mientras la saboreaba, a la vez que extendía toda aquella humedad. Me aceleraba chupándola, llegando todo lo dentro de ella que era capaz, alternando caricias, besos y mimos que pronto fui cambiando por apresurados roces, intensos chupetones y rápidos lametones. Y es que saber que aquello ya no tenía marcha atrás y que pronto, el orgasmo que me iba a regalar en la boca, me lo habría ganado a pulso, me mataba de satisfacción. Siempre mis pupilas buscando las suyas. Para dejar claro que si no se había corrido aún era solo porque yo había notado el inicio de sus contracciones musculares y había bajado el ritmo para prolongar su placer. Hasta que las caricias que aquella mujer hacía en mi cabeza, turnaron en agarrarme por el pelo y hundirme la cara en su coño y que no pudiera pararme ni apartarme ni un milímetro de allí.

    Le di por fin el lujo y lo degusté con muchas ganas. Lamí, chupé y absorbí su clítoris con intención de no detenerme ni frenarme en ningún momento. Me la follé introduciéndole mis dedos a buen ritmo, provocando que su cuerpo se moviera y sus tetas se mecieran de manera insinuante y a contra-ritmo, y por fin, acabé notando su delicioso orgasmo que le causó espasmos y temblores en todo su cuerpo, y un último gemido, que tapándose además la boca, supo encajar en un momento en que el sonido de la película, por la tensión de la trama, tenía la suficiente potencia como para amortiguarlo y que nadie pudiera descubrirnos.

    Hubo un instante, aunque breve para respirar y tomar posiciones relajadas de nuevo.

    Me deslicé hasta mi butaca y me senté con las piernas abiertas, necesitando espacio para la sólida erección que aún tenía y que hacía asomar por la cintura de mi pantalón una parte de mi enrojecido e hinchado glande, y mientras, mi agradecida compañera de proyección, deslizo su mano por mi torso hacia abajo, e hizo el favor de liberar por fin la tensión, desabrochándome el pantalón, bajando la cremallera, y sosteniendo mi miembro, que ahora ardía y palpitaba entre sus dedos. Lo masajeó un poco subiendo y bajando la palma de su mano, y rápidamente se dio cuenta que ahora que había recuperado sus fuerzas, podía tomar la iniciativa y tomar el control de la situación.

    Se levantó y decidió mantener mi polla rígida en un ángulo de 90° y sentarse sobre ella, de manera que acabo llenándola hasta el fondo en cuanto se dejó vencer por la gravedad y echó su cuerpo sobre el mío. Arqueó su espalda, gimió, e instintivamente mis manos surgieron desde atrás para agarrarle las tetas. Mi cara, por otra parte se perdió entre sus cabellos de nuevo en busca de permitirme respirar su olor. Así, subió y bajó sus caderas un par de veces, metiéndosela toda a un ritmo lento pero que permitiera mucho recorrido. Luego miró hacia atrás preocupada, se salió, se dio la vuelta para mirarme de frente y acercarse a mi oído, y me susurró.

    –Creo que esto está siendo muy cantoso y nos van a pillar, así que mejor cambiamos de estrategia. –Y añadió dos palabras que entraron en mi cuerpo, por mis oídos como una sugerente descarga eléctrica.

    –Déjame chupártela. –Pidió en amable y caprichoso tono.

    Asentí con la cabeza y me relajé, esperando sus atenciones, mientras la veía deslizarse por mi vientre e ir descendiendo, hasta tener mi sexo justo delante de su cara y comenzar a pasarle su lengua de forma sensual desde la base hasta la punta.

    Necesitaba aquello.

    Se la metió en la boca y acopló perfectamente sus labios al glande, de manera que cuando bajaba su cabeza había cierta resistencia a entrar y se notaba como una caricia muy prieta y húmeda para mi, y cuando subía su cabeza, en cambio, salía sin dificultad, con un poquito de succión y mucha saliva que ayudaba en la lubricación y añadía un componente auditivo muy excitante para mis oídos.

    Me fui rindiendo y deshaciendo de placer, usando las pocas fuerzas que me dejaba para acariciarle el pelo o los pechos, y me dejé hacer durante un rato lo que cualquier hombre habría calificado de una mamada nivel experto. Con esos bonitos ojos mirándome, su pelo acariciándome en cada movimiento acompasado de su cabeza, y su lengua hábil participando siempre donde y cuando se la necesitaba, con lametones en el frenillo, paseándose con círculos sobre el glande o incluso haciendo las veces de doble labio inferior al sacarse mi sexo de su boca.

    Estaba a punto de correrme y se lo hice saber en voz baja. Pero ella sonrió y le dio un beso juguetón a la punta antes de volver a la carga pero con más intensidad. Se la metió todo lo que pudo y aceleró el ritmo, dejándome sentir sus labios a buena marcha en un extenso recorrido de caricias de subida y bajada que me hicieron retorcerme de nuevo.

    Le advertí que iba a correrme, en voz bajita. Pero no frenó.

    Lo repetí por si no me había escuchado. Pero aceleró.

    E inevitablemente un intenso orgasmo acompañado de varias descargas de leche caliente en la boca de la mujer me hizo retorcerme en la butaca.

    Y según fue recibiendo los chorros y no pudo contenerlos hizo el gesto de tragar, con una mirada que me golpeó como un látigo en medio del torrente de placer, haciéndolo sin entender por qué, más placentero y halagador.

    Cuando mi cuerpo dejó de temblar fijó otra vez sus pupilas en las mías y abrió su boca para enseñarme su lengua y probarme que lo había ingerido todo, después estrujó con cuidado mi glande y lamió gentilmente las últimas gotas, se limpió los labios con el dorso de la mano y me sonrío.

    La verdad es que nunca me ha resultado extremadamente morboso que una mujer se tragara el semen y nunca hago esa petición. Sé que suele resultar desagradable y costoso para la mayoría y, personalmente no me aporta nada, pero en ese momento me sentí muy agradecido, por el gesto y también porque en el lugar y la situación en la que nos encontrábamos, limpiar el desastre habría sido complicado.

    Después de aquello y de recuperar el aliento, nos colocamos la ropa lo mejor que pudimos y nos sentamos sin tener mucha idea de cuánto le quedaba a la película para terminar. Luego me saqué la ropa interior del bolsillo y se la devolví.

    –Quédatela. Así seguro que te acuerdas de mí. –Me dijo a la vez que me guiñaba un ojo.

    –Sí, pero… No sé tu nombre y…

    –Estoy casada –Me interrumpió.– Espero que no pienses que buscaba esto, o que hago esto todos los días o algo así.

    –Que va, yo no… –Acerté apenas a responder.

    –Para mí ha sido algo para recordar, algo que necesitaba y que ha pasado, no sé cómo, y no he querido frenarlo. –Volvió a cortarme.– Me lo he pasado como nunca, pero ahora espero poder volver a mi vida como si nada hubiese ocurrido.

    Me sonrió, se inclinó hacia mí y me dio un beso profundo y húmedo. Después, se mordió el labio inferior de esa forma tan sexy, con sus preciosos incisivos, y como quien huye de la tentación, abandonó la sala de cine dejándome a solas con una enrevesada trama que ya nunca entendería, mis pensamientos sobre lo ocurrido, y recogiendo en lo posible las palomitas del suelo, para que las personas encargadas de la limpieza no tuvieran un trabajo extra por mi culpa… Ah, bueno, y con ropa interior de mujer, suave, sensual y semitransparente en el bolsillo, que efectivamente, me serviría para hacer memoria de aquel erótico encuentro con una desconocida en el futuro.