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  • En el bar (II)

    En el bar (II)

    Hola a todas y todos de nuevo. 

    Después de ese largo beso de mi esposa la seguí todo el camino con el sabor a verga y leche de ese hombre en mi boca mientras en mi mente pasaba la película de todo lo que habían hecho. Al llegar, ella fue con prisa a la cocina como si estuviera tarde para llegar a algún lugar. Regreso a la sala con dos cervezas.

    – Mami, espera, espera mi amor. ¿Qué te pasa? ¿Por qué esa velocidad que tienes?

    – Es que no entiendes mi amor, es la primera vez que estoy sola con otro hombre sin que tu estes ahí conmigo y, aunque sabía que tu estabas afuera, escuchando, necesitaba verte ahí con nosotros. En ese momento me di cuenta que, aunque disfruto de esto es a ti a quien realmente amo y no quiero que esto sea la destrucción de nuestro matrimonio.

    – (La abrace tiernamente, la mire a los ojos, nuestras caras bien cerca) Mi amor, nuestro amor solo Dios lo puede destruir. Esto es solo una manera de diversión para ambos. Me gusta verte gozar con otra verga.

    – No te voy a perder?

    – Nunca mi amor

    Nos besamos un buen rato. El sabor de su boca llena de verga y leche me enloquecía. Nos fuimos desnudando. Las cervezas aún estaban en la mesa sin que hubiésemos tomado el primer trago. Se acostó en el sofá.

    – Ven papi, ven, chúpamelo. Sabes lo mucho que me enciende cuando me lo chupas así, lleno de leche de otro hombre.

    Sin pensarlo mucho metí mi cara entre sus piernas y comencé a comerle su coño. Estaba riquísimo. No tenía que usar mi imaginación porque ella iba describiendo todo lo vivido hacia unas horas.

    – Quería comerme ese hombre papi. Besa bien rico. Aaaah, chupa, así como tú de sabroso. Esa verga, esos chorros. Bien ricos. Me los trague todo y aún tengo deseos de más.

    Mientras me decía todo esto yo le chupaba con más y más ganas. Ella metía sus dedos entre mi cabellera y me sobaba la cabeza. Por momentos, me apretaba la cabeza contra su coño. Yo la miraba a los ojos a veces. Los tenía cerrados mientras su boca relataba lo que veía en su mente.

    – El chupa bien rico, pero nadie me la ha chupado tan rico como tu papi. Me gusta papi, me gusta

    Su respiración se fue agitando al punto que me detuvo, tomo mi cara entre sus manos, cerro sus piernas y me dijo.

    – Ven amor, ven. Métemelo, dame verga. Aaaah, siiii. Métemelo hasta el fondo. Dame, dame.

    Gritaba a voces. Nunca la había escuchado alzar la voz de tal forma.

    – Métemelo, dame duro, mas, más papi.

    Tuve que meterle mi lengua en su boca para que dejara de gritar de esta manera, pero no duro mucho porque se despegó para soltar un fuerte grito seguido por un gran orgasmo.

    Aunque yo estaba super excitado por toda la experiencia no alcance el orgasmo junto con ella. Sus gritos me asustaron y distrajeron. La tenía aun penetrada, mirándola a la cara, esperando que ella recuperara la respiración.

    – Que paso papi? No te viniste

    – Me asustaste, por un momento pensé que te iba a dar un infarto

    – Discúlpame, pero es que esta noche la disfrute más que ninguna otra

    Pasaron unos minutos, nos levantamos del sofá. Fuimos a las cocinas por dos cervezas más frescas. Mientras nos la tomábamos conversamos de todo lo morboso de esta noche. Se puso de rodillas ante mí, me dio una rica y sabrosa mamada hasta hacerme venir y tragarse mi leche.

    Gracias por leerme. Otros relatos vendrán más adelante…

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  • Playa, brisa y besos

    Playa, brisa y besos

    Era una tarde de algún día del mes de junio las playas cristalinas de San Andrés, ella había decidido encontrarse con un amigo en la playa, dado que desde hace un largo tiempo no se veían, ella residía en México por motivos laborales, ella profesora universitaria de literatura latinoamericana y él músico de una reconocida banda de salsa, se habían conocido por unos amigos y si bien, habían compartido espacios y salidas grupales cuándo él viajaba a México por motivos laborales nunca habían tenido tiempo para estar a solos.

    Es que desde el momento en que se conocieron hubo una «chispa, una conexión».

    Y fue finalmente ese 28 de junio que pudieron verse a solas.

    Ella estaba un poco nerviosa, no sabía que iba a pasar, pero aun así deseaba que pasara justamente eso que su cuerpo imaginaba.

    Ella anhelaba que esas manos fuertes le acariciaran, tomaran sus piernas, sus nalgas, pero a la vez, no se decidía si eso que evocaba su deseo se iba a dar o no.

    Y finalmente, se vieron, salieron a almorzar a un excelente restaurante de comida de mar llamado La Marea Azul, ella tenía puesto un vestido verde claro con pequeñas mariposas amarillas, mochila -tipo Wayú-, sandalias… Y debajo de su hermoso vestido, llevaba su vestido de baño color amarillo.

    Él llevaba una bermuda color rojo, camiseta blanca y chanclas playera.

    Luego de ella haber degustado unos deliciosos Langostinos apanados en salsa de uchuvas acompañados de patacones verdes, ensalada primavera y una deliciosa limonada de coco y que él comiera un filete de salmón en salsa marinera acompañados de cuatro canastillas de plátano con camarones y ensalada griega y una limonada de mango.

    Decidieron ir a la playa eran aproximadamente las 2:45 pm, se ubicaron en una de las pequeñas carpas color verde que estaban acompañadas por dos sillas de madera y de una diminuta mesa, ella le solicitó a la persona que les iba a atender una cama asoleadora, y mientras que le traían el objeto donde ella pensaba broncearse, iban tomando sus cocteles -una piña colada y un mojito-, entre sorbo y sorbo ella sentía que esa conexión entre ambos crecía cada vez más.

    Ella es una mujer de piel blanca, su estatura es de 1.68 aproximadamente, sus ojos color café claro, cabello corto, color castaño oscuro, amante del fútbol, de una buena conversación y un buen café, le encanta la buena salsa -Héctor Lavoe, Rubén Baldes, Hermanos Lebrón.

    Mientras él mide 1.80 aproximadamente, de fuertes brazos, manos grandes, y fuertes piernas. Es un tipo atlético, le gusta además de tocar el piano y la guitarra hacer ejercicio en su tiempo libre, prefiere el capuchino, le encanta los boleros y el son cubano.

    Posterior a que ella decidiera acostarse a tomar el sol él le propuso que si le podía aplicar el bronceador. Ella no dudó ni un segundo en decir que sí. Y él empezó por sus lindas y gruesas piernas, luego llego a sus glúteos…ella sintió esas manos grandes en sus pequeñas y redondas nalgas, le encantó como él recorría su cuerpo y además ya empezaba a sentir que esos tres cócteles y la brisa, el sol, la música de fondo y esas manos en su cuerpo poco a poco la excitaban.

    Luego de estar un tiempo en la playa y que por fin se dio el primer beso, un beso suave y sin prisa, ambos un poco nerviosos, sin saber que iba a suceder después, pero ambos deseosos de sumergirse en el cuerpo del otro.

    Decidieron ir al hotel donde ella estaba hospedada. Una vez estando en la habitación, ella puso algo de música, y sirvió dos tragos de vodka con jugo de naranja. Y luego de brindar se dieron el segundo beso, con más confianza.

    Él llevo su mano derecha a su mejilla derecha, mientras ella puso su mano izquierda en su pierna derecha. Y poco a poco, entre besos y caricias. Se iban despojando de la ropa, él la llevo hacía la pared al lado del minibar.

    Y ya habiendo quitado el top del vestido de baño decidió no quitar la tanga, comenzó a besarla y acariciarle la vagina, por encima de la tanga y a la vez tocarle sus nalgas…ella tenía unos hermosos senos talla 38, ella sentía que esas manos y la lengua hacían contacto con su zona V. Luego él se puso de pie y nuevamente se besaron. Fueron a la cama, y empezaron hacer un 69. Ella gemía, sentía mucho placer, sentía como sus piernas temblaban, él mientras introducía dos dedos en esa muyyy húmeda y caliente vagina, ella se llevaba a su boca ese pene erecto, duro, grueso, lo chupaba con muchas ganas.

    Ella no sólo disfrutaba como su vagina se humedecía cada vez más, sino también chupárselo y escucharlo como gemía. Luego de ella venirse en la boca de él. Decide ponerse boca arriba y él tomó la pierna derecha y la llevó a su hombro izquierdo y comenzó a penetrarla suavemente, ella sentía que esa verga dura y gruesa entraba a su vagina.

    Era tal el placer que ella arqueaba su cuerpo, acariciaba sus senos, sentía mucho placer, quería verlo como él movía su cadera, por eso miró hacia su costado derecho que había un espejo grande y disfrutaba el movimiento de cadera de su amante.

    Luego él tomó la pierna izquierda y se lo puso en su hombro derecho. Ella sentía una embestida profunda. Lo que la hizo gemir más fuerte e incluso ambas manos agarraron fuerte las sábanas de la cama.

    Ella sentía que esa verga grande le entraba y salía a gran ritmo. Sentía como subía y bajaba el ritmo. A la vez él le acariciaba sus senos. Senos que tenían los pezones muy duritos. Él, dejó de penetrarla y comenzó a besar sus grandes y voluptuosos senos, mientras ella lo abrazaba, y cogió y le dio vuelta y se puso encima de él. Y comenzó a cabalgarlo hacia adelante y hacia atrás. Mientras él la tomaba de la cintura y la veía como ella cerraba los ojos.

    Luego ella se llevaba su mano a derecha al seno izquierdo. Él se levantó un poco y la abrazo, ella se movía cada vez más rápido.

    Ambos sentían que estaban por venirse y finalmente en ese fuerte abrazo.

    Ambos emitieron un gemido que les salió desde lo más profundo.

  • El padre de mi amiga me llenó de verga

    El padre de mi amiga me llenó de verga

    ¡Hey! Soy Aleida, pero me dicen Ale tengo 22 años y con un cuerpo espectacular, empezando por mi piel café (cómo un rico chocolate o café), con piernas bien marcadas, culo formado y entrenado, cadera ancha y la cintura un poco menos ancha, tetas grandes y suaves con pezones oscuros, cara bonita (según me dicen) y cabello liso. Básicamente soy una sexy mulata.

    Cristian o como yo le dijo Cris es el padre de mi amiga un hombre de 42 años tiene brazos y piernas bien marcados de músculos y un poco en el pecho y más alto que yo con una barba suave y sexy. Todo un hombre maduro para mí un sexy Dilf.

    Paso hace 7 o 8 meses su hija y yo nos preparamos para salir a un club esa noche, salimos y nos divertimos, él fue por nosotras ya más tarde y su hija después de tanta fiesta y beber cayó exhausta en su cama mientras él y yo estábamos en su cocina tomando café.

    Yo llevaba un vestido azul cielo brillante bien pegado y corto de arriba y abajo y con unos tacones plateados con tiras que llegaban un poco más abajo de las rodillas, él siempre ha sido bueno conmigo como su fuera su segunda hija.

    El llevaba una camisa de manga larga con las mangas recogidas, unos jeans sueltos con cinturón y unas botas. Mientras hablábamos no paraba de verlo completo me parecía muy sexy tal vez por el alcohol, mientras el igual me veía especialmente a mi escote bien marcado, en un momento me levanté por más café y sentí su mirada directamente a mi culo.

    Puse música para ambientar y comencé a bailar frente a él mientras mis pasos se iban poniendo más sexys, baje en un paso y al mirarlo note perfectamente un bulto en su pantalón ¡tenía una erección!, Me acerque más a él y seguí bailando acariciando sus piernas mientras estaba nervioso observando mis tetas en el escote y le dije:

    Yo: hagamos un trato ¿si?

    Cris: ¿qué cosa?

    Yo: yo le muestro mis tetas y tú me muestras tu verga ¿hecho?

    Se quedó callado y algo avergonzado ante mi propuesta mientras mis manos empezaban a abrir el cinturón y pantalón que llevaba, mientras los tirantes del vestido se bajaban y dejaban salir mis tetas lentamente. Rome su bóxer con ambas manos y lo baje sacando su verga que estaba dura como roca, la empecé a masturbar y observar desde las bolas hasta la punta.

    Al ver esto Cris tomo el escote de mi vestido y lo bajo sacando mis grandes tetas que empezó a apretar y jugar con los pezones, mientras me ponía de rodillas y mi lengua caliente chocaba con su verga y la comenzaba a lamer, una de sus manos me acariciaba y lo miraba directamente para excitarlo más.

    Le termine de quitar el pantalón y el levantó mi cabeza metiendo la punta de su verga en mi boca y moviendo mi cabeza a su gusto dándole un rico oral, yo chupaba con gusto apreciando su cuerpo mientras se quitaba la camisa y quedaba desnudo. Saco su verga y me miro diciendo «ven conmig» lo seguí hasta su habitación sintiéndome como si fuera a perder mi virginidad (aunque estaba claro que no).

    Se acercó a mi estando desnudo y tomo mi barbilla para darme un tierno y a la vez sexy beso en la boca, mientras su mano abría el cierre de mi vestido y acariciaba mi espalda desnuda hasta llegar a mis nalgas con las bragas de lencería, ya estando semi desnuda regresaría a su verga para seguir con el oral con más confianza moviendo mi lengua.

    Se la chupe un rato más hasta que el me levanto y sentó en la cama bajando mis bragas y abriendo de un tirón mis piernas para que poco después sintiera su lengua pasar por todo mi coño y su barba hacerme cosquillas caliente, levantando un poco su mirada para verme gemir y sonrojarme por su oral.

    Me comía el coño muy rico su lengua lamía en puntos exactos y pegaba sus dedos a mis paredes internas al meterlos. Se levantó y verlo desnudo me puso más caliente mientras el empezó a frotar su verga en mis labios vaginales y se estiró para alcanzar la otra mesita de la cama.

    Yo: ¿qué pasa?

    Cris: voy a sacar un condón

    Yo: no, métela así al natural

    Cris: ¿en serio?

    Yo: sii y es un día seguro lo prometo

    Cris me miró por unos segundos y mientras esperaba su respuesta sentí la punta de su verga entrar a mi coño junto con una buena parte de la misma y gimiendo bastante con una de sus manos en mis tetas y la otra en mis caderas.

    Se empezó a mover y en cada embestida metía más su verga que parecía eterna a como me penetraba. Estaba gimiendo bastante y en un momento Cris tomo mi rostro y me dio un rico beso en la boca acompañado con la última embestida para meter toda su verga y conmigo soltando un gran gemido en su boca y rasguñando un poco su espalda que tenía abrazada.

    Se separó del beso y con ambas manos en mis caderas se empezó a mover con mis pies a su lado y mis tetas saltando, la habitación se llenaba del ruido de nuestros cuerpos chocar y mis gemidos, le gustaba jugar conmigo pues bajaba la velocidad para darme un respiro y luego acelerar de nuevo.

    Mis piernas lo abrazaban al igual que mis brazos mientras el bajaba a chupar mis tetas y lamer mi cuerpo sin bajar el ritmo de sus caderas, bajo su mano y puso un dedo sobre mi clítoris haciendo presión y agitándolo mientras yo gemía fuerte y tenía un delicioso orgasmo con su verga dentro que no paraba de moverse y lo hacía aún más rico, cuando estaba terminando de tener mi orgasmo saco su verga de golpe y me dijo «ponte en 4 Ale te quiero romper el culo».

    Rápidamente me puse en 4 con mi rostro en la cama y mi culo lo más arriba posible y me dio una fuerte nalgada, que dejo marcada su mano, apretando mis piernas por la misma y al hacerlo Cris no perdió tiempo y de unas embestidas metió toda su verga de nuevo a mi coño.

    Dándome más nalgadas no me dejaban pensar bien pues empecé a babear en la cama por lo excitada que estaba sintiéndome totalmente sometida a el que decía cosas como «si puta aprieta así» «Goza mi verga» «gime más perra caliente». En lo personal amo ser sometida y que me usen a su gusto así como ser un poco masoquista.

    Estaba pasándola increíble con sus bolas golpeando mi clítoris cuando de la nada su mano se pasaría en mi cuello apretándolo de forma sexual mientras levantaba mi rostro haciendo un arco de mi cuerpo, mis gemidos eran más fuertes (aún con la falta de aire) y no aguante más cediendo a otro orgasmo con espasmos y contracciones.

    Durante mi orgasmo saco su verga de nuevo y me acostó boca arriba metiendo un par de dedos a mi coño y moviéndolos con mucha fuerza y en puntos sensibles hasta que sentí que me iba a orinar, pero no fue así, tuve un fuerte squirt, creando una lluvia de jugos, quedé empapada de mis jugos al igual que él y las sábanas, mi coño estaba en llamas y al final del squirt mientras recuperaba aire él ya estaba metiendo su verga de nuevo.

    Bajó a besarme y mis piernas lo volvieron a abrazar al igual que mis brazos y sentí los brazos de Cris pasar por debajo de los míos hasta que, de un momento a otro me empezó a cargar y empecé a gemir con fuerza hasta que se me acerco al oído y dijo.

    Cris: voy a vaciar todo mi semen dentro de ti.

    Antes de que pudiera hablar me empezó a dar más dura y mi coño estaba altamente sensible por lo cual empecé a tener otro orgasmo y mientras su verga abría mis paredes la sentí palpitar y soltar chorros de semen dentro de mi, nos besamos durante nuestros orgasmos y despacio me puso en la cama.

    Nos separamos del beso y yo estaba jadeando mientras el me seguía tocando, nos miramos unos segundos en silencio después saco su verga acostándose al lado de mi, me metí dos dedos y sentí el semen de Cris igual que al sacarlos estaban cubiertos y me los llevé a la boca pata probarlo (muy rico por cierto jeje). Nos acariciamos un rato y poco a poco me quedé dormida en sus brazos.

    Desde ahí Cris y yo nos hicimos más unidos y cada que podíamos nos veíamos para tener sexo, un día mi amiga nos descubrió mientras nos besamos por suerte se lo tomó a bien ahora somos novios y cada que voy a su casa me encargo de satisfacer su dura verga.

    Ahora sí espero que les haya gustado y me gustaría saber si opinión sobre esto, muchos besos y amor, chaoo.

  • Mi vecina Nerea y su amiga de la infancia

    Mi vecina Nerea y su amiga de la infancia

    He bajado a casa de Nerea como todas las tardes para tomarnos una taza de café, los dos sentados en el sofá, me comenta que en estos días tiene familia en casa, un primo suyo que está en la ciudad por asuntos laborales, continuamos hablando y me dice, Carlos nos conocemos realmente hace poco tiempo, pero hemos congeniado e intimidado bastante, te voy a contar si puedo con pelos y señales, mi primera relación sexual con una mujer. A lo que le comento, soy todo oídos, y esto quedará entre los tres.

    Nerea ¿Los tres?

    Carlos. Si, Nerea, tú y tú amiga, que sois las protagonistas y ahora yo. Eso si no se lo contaste antes a otros. Por ello te digo que eso quedará entre los tres.

    Nerea. Sonríe, y comenta, como siempre haciendo bromas con todos los asuntos, para ti no hay problemas en la vida. Te voy a contar.

    “Hace unos siete u ocho años, mantuve una relación sexual con mi mejor amiga de la infancia, mi amiga Natacha, fue excitante y sorprendente, que fíjate cuanto tiempo que aún hoy cuando lo recuerdo me excito y caliento.

    Natacha es rubia, delgadita con un cuerpo sencillo pero bonito con unos labios insinuantes, era un día de lluvia y quedamos en su casa, una antigua casona, habíamos quedado para conversar de nuestros planes del fin de semana próximo, me comentaba que había tenido unas palabras con nuestro amigo Javier, uno de los chicos de la pandilla, Natacha estaba colada por Javier, aunque este no le hacía ni el menor caso, ya que Javier estaba colado por Sonia. Natacha con cómodas ropas de estar por casa, hablábamos mientras íbamos navegado por internet, de pronto Natacha se para en un video de YouTube, donde se vía a una joven rubia masturbándose, penetrando su coño son sus dedos.

    Ambas nos miramos, estábamos sentadas muy cerca una de la otra y casi de frente, esta imagen del video, cambio el ambiente de la habitación y nuestros cuerpos se estremecían, nos miramos fijamente, ambas nos estábamos tocando individualmente Natacha sus pechos, yo mi entrepierna, con tanta calor y nuestra mutua atracción, Natacha se acerca a mí y empieza a besarme en la boca, yo respondo e introduzco mi lengua en su boca, nuestras lenguas se unen y juegan laboreándose mutuamente, Natacha se desprende de sus ropas, quedándose con los pechos al aire, y yo le sigo con lo mismo, me he quitado la camisa y el pantalón, quedándome en bragas, (unas braguitas transparentes de encajes y de color rosa), Natacha, se queda en un tanga tipo brasileño, donde queda muy marcada la raja de su vulva. Nos besamos y acariciamos nuestros pechos, Natacha me da su mano para levantarme de la silla en la que me encontraba y nos acercamos al borde de su cama, allí de pie, nos besamos nuevamente y recorrimos nuestros cuerpos con nuestras manos, Natacha, lleva una de sus manos a mi entrepiernas para acariciar mis muslos y pasar con suavidad a mi coño, el cual acaricia por encima de las braguitas, yo le correspondo con estos mismos movimientos, pero al llegar a sus tanga, lo noto muy mojado y meto dentro de ellas una de mis manos, siento como su coño esta jugoso y deseando ser penetrado.

    Natacha me empuja con suavidad para que me quede tendida en la cama, y se inclina sobre mi pelvis y me baja las bragas, para dejar descubierto mi coño, también mojado como el de ella, y comienza a darme suaves lametones pasando de lametones a una rica comida de coño, su cara pegada a mi vagina. Me pellizca los pezones

    Natacha. Se te están poniendo duros.

    Nerea. Aparté su mano, pero con la otra volvió a pellizcarme el otro pezón.

    Esta vez con suavidad, lo que me excitó, yo subí mis manos para tocar sus pequeños pechos, pero de una forma redondeada que le hacían unos pechos bonitos. Mis pechos son medianos y duros, Natacha vuelve a besarme en la boca con su lengua dentro de mi boca y le acompañe en aquel suave y rico beso.

    Me dejo caer en la cama, totalmente desnuda y Natacha comenzaba a recorrer con su lengua todo mi cuerpo hasta mi pelvis, y posteriormente bajar hasta mi coño, me besaba con sus labios húmedos, me acariciaba con sus dos manos, y comenzó a lamer mi coño, abrió mis labios y empezó a chupar mi clítoris para después hundir su lengua dentro de mi coño, pegando su cara a mi coño, que ardía en este momento, ella seguía metiendo su lengua dentro de mí, sentí una gran oleada de calor que me llevo a una excitación y una corrida como nunca la había sentido, algo brutal, sentí las sacudidas seguidas y las oleadas de placer, cuando creía que estas ya habían terminado, regresaban nuevamente, Natacha continuo con su boca pegada a mi coño, moviendo rítmicamente su lengua compasando sus movimientos con mis espasmos y apagando con su arte sexual mi fuego intenso, que sentía en mi interior.

    Una vez me había recuperado de esta experiencia, entendí que debería corresponder a Natacha, con una comida de coño, igual o mejor que le que ella acaba de hacerme.

    Así que la tumbe sobre la cama, la bese fuertemente con mi lengua dentro de ella. Fue un sabor extraño, al notar el sabor fuerte de mi sexo cubrían toda su boca, pero eso me gusto y me encendió aún más. Pasé rápidamente con mi lengua desde sus pechos hasta su pelvis, para centrarme en ese coño rosado que me pedía le diera juego. Natacha tenía su coño bien lubricado y Yo deseando traspasar ese coño metiendo dentro de él y lo más profundo que pueda mi lengua en ese jugoso coño que me ofrecía mi amiga, Natacha levanta un poco su pelvis y la agarro por sus caderas, ella se agarró fuertemente sus tobillos para separar sus piernas de dejar su coño bien abierto, comencé a comerme aquellos labios y aquel clítoris, pro al tener su culito tan abierto, fui taladrando también su culo con uno de mis dedos, joder Nerea que rico, me vas a matar me susurro entre sus gemidos, yo continúe comiéndome ese coño y perforando con mis dedos su culo, comencé a sentir cada vez más calor y mayores líquidos en aquel coño, yo iba tragando estos cálidos líquidos, deseaba que mi amiga se corriera en mi boca, note sus contracciones sobre mi lengua, sentí yo también placer al ver que ella se correa en mi boca.

    Nos quedamos las dos extenuadas y nos tumbamos en la cama abrazada y desnuda, quedándonos dormidas”.

    Esta fue mi primera experiencia, la cual no he olvidado por que me encantó. Desde hace unos años no tengo contacto con Natacha, ya que ella actualmente está trabajando en Berlín

    Tras esta detallada narración que me ha comentado Nerea, me he quedo extenuado, y la he mirado fijamente, donde ella me ha comprendido, y me comenta, que como no nos veamos en tu casa, no podremos hacer nada nosotros, aquí está mi primo.

    Le comento, que lo dejamos para otro momento, pero que me has puesto muy cachondo y no sé si podré aguantar que tengas un rato disponible para nosotros. Así que con la calentura que me había provocado mi vecina, me despido de ella con un fuerte y apretado beso, acariciándole su culo, y me voy para casa, pero con el pensamiento en el cuerpo de mi vecina Nerea.

    Llego a casa y sin pensármelo mucho, me voy a la ducha, y con el gel me cubro todo mi cuerpo y pienso en mi vecina Nerea y como me la fallaría si estuviese en la ducha ahora conmigo, me masturbo cada vez más hasta que tengo una buena corrida, que me lleva a una relajación, termino mi ducha y tras salir del baño, me siento para ver la tele y tomarme una cerveza.

  • El rapto (capítulo ocho)

    El rapto (capítulo ocho)

    Pasados unos días de aquella orgía organizada entre William y Rolando, me vi envuelto en algo que ni idea tenía que pudiera ocurrirme. Estaba yo regresando a casa cuando hubo un apagón, nada raro, cosas a las que uno está acostumbrado desde que nace en la isla, me detuve un rato para adaptar mi vista a la oscuridad de la noche. Al doblar la esquina, me encandiló los faros de un carro que venía enfrente, que se detuvo de pronto y dos tipos salieron sujetándome con fuerza.

    – ¡Tranquilito, tranquilito porque si no te hacemos callar!

    Uno de ellos me dijo al oído, me metieron en el carro, nada pude ver porque enseguida alguien me vendó los ojos con no sé qué trapo. ¿Cuántos eran? Quizá tres o cuatro, uno manejaba y a mí lado se sentaron dos que sin perder tiempo me ataron las manos detrás de la espalda, iban en silencio, alguien fumaba porque sentía el olor del humo.

    – ¡Oye! ¿Qué cojones pasa?

    Grité pero la respuesta fue que me hicieron abrir la boca y me metieron algo, que me pareció una media, al parecer uno de ellos se la había quitado y haciendo una pelota me la metieron en la boca, ya me era imposible decir algo al no ser de mugidos. Fuimos bastante tiempo, a mí me apreció que fue una eternidad, aunque con los ojos vendados y en esa situación todo podía ser relativo. No me gustaba aquello, cuando sentí que uno de los que estaban sentados a mi lado, me hacía inclinarme hacia delante y metía su mano en mi pantalón buscando mi culo. Lo encontró rápido como si tuviera una gran experiencia, escuché su suspiro cuando metió su dedo áspero en mi ojete. Desde ese momento para mí estuvo claro qué querían y a lo que íbamos. Al menos me sentí más calmado. Cuando se detuvo el carro me hicieron bajar y entre dos me llevaron a una casa, había una radio puesta, olía a humo de tabaco y a cerveza o ron, escuché voces a mi alrededor.

    – ¡Coño, ya era hora que trajeran el culo!

    – ¡Al fin tenemos maricón pa rato!

    – ¡Caballeros, a singar se ha dicho!

    Decían cosas así, alguien me bajó los pantalones dejándome desnudo allí. Alguien se acercó, me metió el dedo en el culo y le dijo a otro.

    – ¡Llévalo y le metes la manguera en el culo hasta que no le quede mierda!

    El que se acercó me hizo quitar el pantalón y me llevó a un sitio, quizá un baño. Me resistí algo cuando quiso meterme algo parecido a una manguera después de enjabonar mi culo.

    – ¡Oye, tú tranquilo, que te han traído para singar y a nadie le gusta la peste a mierda! … Me han dicho que te gusta y estás acostumbrado a que te den pinga, aquí vas a gozar como loco.

    Me dejé hacer, me hizo tres lavados hasta que el agua salió limpia, me secó y me untó una crema, metía sus dedos bien adentro tratando de poner bastante crema, por el olor supe que era lidocaína, ese anestésico que calmaba bastante. Cuando me erguí y quedé en medio del lugar, sentí como se acercó a mi espalda y en mis manos puso su pinga. Yo tenía las manos atadas atrás, cogí aquel paquete y lo acaricié para imaginarme cómo era. Tenía la pinga gorda, se le marcaban las venas y la cabeza pequeña. La tenía medio dura pero no parada.

    Me llevó de nuevo a la habitación, me hicieron tirar en una cama atando mis pies a la pielera y mis manos a la cabecera, eso sí se preocuparon que no me apretara mucho. Quedé por un rato en esa posición acostado boca bajo y con las piernas y los brazos abiertos y atados. Sentí que alguien se colocaba sobre mí, con su mano ponía la pinga en mi culo para clavarla, se escuchaban risas, pasos, vasos, al parecer todos estaban agrupándose alrededor de la cama. Traté de relajarme sabiendo que cualquier oposición de mi parte sería fatal. De pronto sentí como me clavaba sin misericordia su pinga, sin detenerse ni un momento, pero lento. Me parecía que era mucho, que me rajaría el culo, jadeé, traté de gritar pero la media seguía ahogando llenando mi boca, me retorcí porque de verdad que aquel primer pingazo me había dolido, como si hubiera sido la primera vez que daba el culo.

    – ¡Maricón ya la tienes clavada hasta los cojones, ahora a gozar! – me dijo al oído cuando su cuerpo cayó sobre mis espaldas.

    Me singó hasta que se vino, su lugar lo ocupó otro que siguió singando pero con mucha rapidez, como si fuera una máquina, se demoró en venirse y cuando lo hizo se quedó un rato mordisqueando mi nuca diciendo que le había gustado mi culo. Fueron cuatro los que me singaron uno detrás de otro, mi culo estaría dilatado y chorreando semen, lo sentía pero eso parecía que enloquecía a mis raptores.

    – Lo mejor de la vida es ver un culo echando leche. – comentó alguien.

    Otro mientras me sacaba la media de la boca dijo que lo mejor era una boca tragando pinga y llena de leche. Me soltaron las manos para que pudiera erguirme a medias, alguien me llevó a la boca una botella de cerveza, bebí con ansias porque tenía sed. Me puso su pinga en la boca y me dijo que se la chupara bien hasta que le sacara la leche. Eso hice, al menos descansaba algo y no iba a negar que me gustaba mamar una buena tranca como aquella. Cada vez que me tragaba la pinga garganta adentro, sentía que le gustaba por lo que venciendo las arqueadas empecé por darle una mamada de garganta profunda hasta que se vino. Cuando sacó su pinga el semen se me corrió por la barbilla. Eso le gustó, otro vino a que le mamara la pinga los huevos, mientras lo hacía sentí que alguien empezaba a meterme la pinga y a singarme. Primero se vino el que me singaba, el otro lo hizo más tarde en mi cara.

    Me volvieron a atar las manos, pero me cambiaron de posición, ahora estaba bocarriba, aunque no me quitaron la venda de los ojos. Alguien se puso a darme de mamar sus huevos hasta que me puso su culo en la cara para que se lo lamiera. Al rato se sentó en mi pinga y no paró de moverse hasta que se vino. Al levantarse escuché que alguien dijo que me había cagado, me desataron y me llevaron al baño, me encerraron allí. Yo pude quitarme la venda, me sentía dolorido, me metí en la ducha para lavarme, me senté en la taza para evacuar todo el semen que me quedaba. Estuve bastante tiempo allí, vi la crema que me había untado al llegar y me unté yo mismo.

    Al rato alguien entró, tenía la cara cubierta por una media de color negro, estaba desnudo, era mulato, me volvió a vendar los ojos y me llevó a alguna de las habitaciones y me encerró allí. Había una cama, una mesita de noche y una ventana pequeña con una reja, de todas maneras huir era imposible, estaba desnudo. El tiempo pasaba, la música fue amainando y me quedé dormido. Me desperté cuando alguien entró y se me tiró encima, yo ni me opuse, él metió su pinga en mi culo y me singó en silencio, yo sin moverme casi. Cuando eyaculó, me dijo:

    – ¡Ya se fueron todos, mami, pero te quedas aquí hoy, mañana te vamos a singar de nuevo!

    – ¡Quiero irme!

    – ¡Tú eres maricón y te gusta que te den pinga, por eso estás aquí! Piensa cuántos maricones sueñan con estar en tu lugar. Han dado muy buena recomendación de ti y es verdad.

    Me dejó allí, me quedé dormido hasta que amaneció, me sentía bastante mal, porque quería irme, salir pero me era imposible. Cuando escuché voces al otro lado de la puerta pedí que me dejaran ir al baño, la puerta se abrió, frente a mí estaba un tipo que no conocía, alto y delgado, con un bigote canoso bien cortado y casi calvo. Era la primera vez que me mostraba la cara porque hasta ese momento no le había visto la cara a nadie. Me dio unos golpecitos por la cara y cogiéndome por la nuca me llevó al baño, cerró el baño y se quedó delante de mí. Yo me senté en la taza, él sacó un cigarro y se puso a fumar.

    – ¿Te ha gustado la fiesta de anoche?

    – Sí, pero yo tengo cosas qué hacer…

    – Sí… – sonrió – Claro que tienes que hacer muchas cosas, pero la principal es estar en forma para la fiestecita de hoy…, ya a eso de la una nos empezamos a reunir. Ahora vamos a desayunar y a descansar.

    Yo no respondí, negarme hubiera sido una provocación.

    – ¿Sabes? Hemos tenido aquí a muchos, pero tan maricón como tú no. Eres como me han dicho, un buen culo para singar hasta el cansancio. Vas a salir de aquí enviciado y vas a volver, vas a volver para ser el plato de nuestras fiestecitas.

    – ¿Quién les ha hablado de mí? – traté de sacarle información, aunque ya me imaginaba que alguien lo había organizado todo.

    – Piensa, piensa … – me dijo.

    Después salió dejándome allí, al rato salí, en el comedor me esperaba el desayuno, café, pan con guayaba. Desayuné en silencio, enfrente estaba él, sentado y mirando. Al rato entró el otro, era el amigo o pareja, un tipazo fuerte, mulato, me saludó como si nos conociéramos y seguro que era así, sólo que no podía afirmarlo porque no vi quienes me cogían el culo por turno. Me volví a mi habitación en espera de que pasara algo, al parecer tenía que esperar a los demás que se reunirían de nuevo para la orgía. Ni recuerdo qué tiempo pasó, me dormí hasta que al entrar el mulato me desperté.

    – ¡Vamos, nene, que ya han llegado! – me dijo dando unas nalgadas.- Ahora no seremos tantos, somos cinco pingas y tu culo.

    Era de esperar, salí y estaban allí los otros cuatro, el que ya conocía y tres más, un negro gordo que ya estaba desnudo con la pinga gorda y tiesa, y los otros dos blancos uno bien fornido que tenía solo el calzoncillo y otro delgado, ya desnudo, y con tremenda tranca, bebían cerveza, algunos fumaban. Me recibieron entre risas y miradas lascivas. La diferencia era que yo no tenía la venda en los ojos, los veía aunque no sabía ni supe cómo se llamaban, excepto al dueño de la casa que cuando me fui me dijo que se llamaba Gonzalo y me dio el teléfono. Me dieron a probar cerveza, pero el mulato empezó a mojar su pinga en cerveza para que yo se la mamara, mientras Gonzalo se encargó de abrirse paso en mi ojete, estuvo singando un rato pero sin venirse, le dio paso al negro de la pinga gorda. Me arrancó un quejido cuando me penetró.

    – ¡Coño ahora si la sintió!

    Con lo gorda que la tenía, pues la sentí al principio. El muy cabrón se dio gusto singando y se demoró, comprendí que quería venirse en mi culo, cosa que hizo. Después pasé de un rabo a otro, hasta que el delgado de buena tranca me llevó al baño, a la ducha y cuando me metió la pinga me dijo;

    – Te voy a hacer algo que nadie seguro te ha hecho…

    Yo sin entender, algunos entraron en el baño para ver lo que hacíamos. Tenía buena tranca y sabía cómo moverse para darme placer. Al rato me dijo:

    – Ahora tengo ganas de mear y me voy a mear dentro de culo mientras te singo, maricón.

    Pensé que era una jodedera hasta que sentí que el líquido caliente me llenaba y se me escapaba por entre las piernas porque me singaba a la vez, al principio fue algo raro, que antes no había hecho, pero al rato empecé a disfrutar aquella nueva sensación de tener el recto lleno de orina a la vez que me singaban. Cuando se vino y sacó su pinga, sentí que soltaba un chorro caliente de mi culo, me dio más placer aquello.

    – ¡Aguanta ahora y suelta poco a poco para hacerte la paja!

    Yo con las manos en la pared, las piernas abiertas, él meneando mi pinga y la orina con su semen saliendo. Me vine en nada, exploté y dejé salir todo aquel torrente.

    – ¡Qué tipo, es el único que mea con la pinga parada! – dijo alguien de ellos.

    Todos se fueron, él se quedó, se lavó y me dijo que me lavara, antes de irse, me besó.

    – ¡Tienes buen culo!

    Me duché, limpié y salí, Gonzalo me indicó que me subiera a la cama, me acosté boca abajo con mis nalgas al aire y las piernas abiertas en espera del primero. Sentí que alguien subía a la cama y sentí que me lamía el culo, eso me ha gustado siempre, lo hacía con gusto, me comía mi culo peludo, después tirándose a mi lado me dijo que me sentara en su pinga. Así lo hice y fui yo quien empecé a moverme.

    – ¡Cojones, sácame la leche, maricón!, ¡qué culo!

    Gritaba y lo repetía una y mil veces mientras se agarraba de mis nalgas. Me gustaba esa posición, me sentía más cómodo y más porque veía su cara de placer, cómo gozaba, cómo se removía a cada una de mis cuclillas cuando me encajaba hasta el tronco su pinga. Se vino gritando, y ya antes de sacar la pinga el negro estaba acostado al lado pidiendo su turno. Lo hice, esta vez me sentí mejor, más suave a pesar del grosor. Le gustaba y lo decía, mugía como un buey. Después tuve que seguir con Gonzalo, pero ya no pude más, las piernas se me acalambraban, pero en fin, me pusieron boca abajo y siguieron dando caña a mi culo.

    La habitación olía a semen, yo olía a semen, el mulato me dio de mamar su pinga oscura, mientras el último empezaba a singarme, el de la ducha, yo cuando sentí que ya la había metido empecé a moverme. Eso lo volvió loco porque lo dijo, los otros miraban, Gonzalo comentó lo de buen maricón y buen culo. Estuvo mucho tiempo singando, tanto él como el mulato no se venían, me hacía casi sufrir, uno por el culo y otro por la boca. Finalmente se vino el que me singaba el culo, y casi sin poder hablar le dije al mulato que me singara pero de lado porque ya no podía de esa forma.

    Nos tumbamos de costado y me singó con fuerza, como si nada hubiera pasado, como si no hubiera singado antes. Se vino y me quedé allí en la cama, lleno de leche, medio muerto de tanto singar pero contento. Escuché que se iban algunos, pero al rato vino a mi lado el de la ducha y me abrazó.

    – ¡Mami, qué rica estás! Me vuelve loco ver a un maricón así, complaciente, tragón y buen culo. – me besó, me acarició el ojete húmedo. – vale oro, todo tú vales oro. ¿Sabes una cosa?

    – ¿Qué?

    – Te tendría para mí, para gozarte día y noche…, para que te singuen mis amigos y si quieres, mami, te busco a todos los bugarrones de aquí para que estés contento porque se ve que te gusta y lo disfrutas bien.

    – Pero, no sé…

    – Me he quedado por ti, te quiero para mí, que seas mi gente…, quiero enseñarte mil cosas y que gocemos los dos, tú recibiendo y yo dando pinga o viendo cómo te dan caña. Mami, dime que sí, que serás mío.

    No aceptaba otra respuesta, al parecer tenía que aceptar, me gustaba además. Me puso la cabeza de su pinga en el culo y empezó a meter mientras me decía.

    – ¡Mami, rica, dime que sí, mira lo que te espera, ¿lo sientes? Este pingón será tuyo, para ti. – ya cuando la había metido toda me dijo. – Me llamo Carlos…, si me dices que sí, yo no me toco más la pinga, será tuya toda, tú serás quien me la limpies, me la saques para mear y me la sacudas…, si se la voy a meter a alguien, será tu mano la que la meta…, dime, dime, mami.

    – ¿Qué quieres que te diga? Ya sabes que me gustas, eres un loco y tienes tremenda tranca…

    – Por eso te lo digo, quiero que te enamores de mi tranca, que te enfermes de mi tranca y solo quieras mi leche…

    – ¿Qué pasará si te digo que sí?

    – ¡Mami, te llenaré de besos, de caricias, serás mío y tendrás mucha pinga, porque habrán pasteles con otros, pero la primera y la última pinga que te metas en cada fiesta, será la mía.

    Me hizo volverme para besarnos en la boca. No podía ser amor pero atracción mutua había, nos quedamos así un rato, abrazados, él dentro de mí pero sin moverse, cuando se quedó dormido sentí como su pinga se salía de mi ojete. Sentí alivio.

    Cuando nos levantamos al cabo de unas horas, sólo estaba Gonzalo, me duché, atendí a mi nuevo hombre como me había dicho, porque mear y todo fui yo quien hizo las manipulaciones, salimos convertidos casi en pareja. Gonzalo me dio su teléfono diciéndome.

    – Bueno, ahora que eres de Carlos pues espero que te veamos por aquí, siempre esta será tu casa.

  • Su profesor particular (capítulo VII): Por fin solos

    Su profesor particular (capítulo VII): Por fin solos

    “¡Qué mala suerte, profesor!” “Parece que vas a tener que esperar. Lo siento, jijiji”. “Vas a tener que ponerte hielo o darte una ducha fría para disimular el bulto en tu pantalón. No queremos que los operarios piensen que eres un sátiro, ¿no? Jijiji. Yo me encargaré de recibirlos mientras.”

    Tomás pensó que los operarios no tardarían mucho tiempo. Elena tampoco podía tener tantas cosas en su habitación de la residencia. Serían cuatro cajas mal contadas. Las subirían, las dejarían, se irían y, como mucho en quince minutos, estaría saboreando los ansiados pies de su ama.

    Era verdad que Elena no tenía demasiadas cosas que trasladar. Habría podido trasladarlo todo en un par de viajes en taxi, pero contactó con una de las empresas de mudanzas con mejores referencias de la ciudad. Ellos se encargaban de embalar y desembalar todo. Era caro, pero bueno, que más daba. Era Tomás quién correría con los gastos y él no tenía problemas económicos, así que ¿por qué iba a molestarse ella?

    Dos empleados subieron las cosas de Elena en un par de viajes y las fueron colocando siguiendo las instrucciones de Elena. No tardaron mucho en terminar. Cuando acabaron y llegó la hora de pagar, Elena llamó:

    “¡Papá! ¡Papá! ¡Estos señores ya han acabado! ¡Sal a pagarles!”

    Tomás se dio por aludido y apareció con la cartera en la mano, le dieron la factura y sacó los billetes para pagar. Sobraban 30 euros.

    – ¨Voy a ver si tengo para darle el cambio”, dijo uno de los operarios.

    – “No se preocupe. Puede quedarse con el cambio. ¿Verdad papá?”. Dijo Elena mirando a Tomás con una sonrisa pícara.

    – “Sí, bueno, puede quedárselo, sí”, contestó Tomás con resignación.

    – “No sólo tiene una hija preciosa, sino además generosa”, dijo el operario, sin poder evitar mirar de reojo las tetas de Elena, que se marcaban poderosas bajo su camiseta. “Muchas gracias”.

    En cuanto los operarios se marcharon y cerraron la puerta, Tomás se arrodilló, delante de Elena, que estaba sentada en el sofá.

    – “Señora. Estoy deseando poder tener el privilegio de adorar sus preciosos pies. ¿Me permite que la descalce y le dé un masaje?”

    – “Mira, mejor vete a la cocina y vas preparando una buena cena, mientras yo ordeno mis cosas. Como te dije, soy un poco maniática del orden y la limpieza, y quiero tenerlo todo más o menos organizado cuanto antes”.

    Tomás estaba deseando probar esos pies. No le hacía ninguna gracia la perspectiva de irse a la cocina a preparar la cena con el calentón y tener que esperar algunas horas más antes de poder lanzarse a adorar los tan deseados pies de Elena.

    – “Señora, por favor. Se lo ruego. Permítame que me ocupe de aliviar esos cansados pies suyos ahora y luego le prepararé una buena cena. Se lo ruego. Debe estar cansada y le vendrá bien un masaje”. Tras decir esto, Tomás bajó la cabeza y se puso a besar las zapatillas deportivas de marca que llevaba puestas Elena, sintiendo el olor que le llegaba y excitándose aun más con él.

    Elena estaba cansada y pensó que realmente, no le vendría mal un buen masaje de pies antes de ponerse a colocar sus cosas. Además, tenía que darle algo a Tomás. Ya lo había hecho esperar bastante y tenía que saber combinar los castigos con los estímulos. Tomás estaba de lo más sumiso, entregado y cumpliendo perfectamente su parte del trato.

    Decidió acceder a que Tomás disfrutara ya de sus pies, aunque antes lo dejó que le rogara un poco más.

    – “¿Tantas ganas tienes de disfrutar de mis pies, profesor? ¿No puedes esperar a después de la cena?”

    – Mientras seguía besando los zapatos de Elena, Tomás siguió rogando: “Señora. Es usted una aunténtica diosa. El honor que me ha concedido viniendo a vivir conmigo es lo mejor que me ha pasado. Necesito sus pies. No puedo resistir más tenerlos tan cerca sin poder adorarlos como usted se merece. ¡Déjeme que me encargue de relajárselos ahora! Se lo ruego, Señora”.

    – “Está bien, profesor. Te dejaré adorar mis pies ahora. Soy estricta, pero justa y creo que te lo has ganado. Eso sí, ¡esfuérzate por relajármelos bien!”.

    Tras decir esto, Elena se tumbó en el sofá, dejando sus pies colgando por uno de los extremos.

    “Vamos, profesor. Demuéstrame lo que puedes hacer. A ver si consigues que cada vez que llegue a casa esté deseando que te pongas a adorar mis pies para relajarme. Pero tráeme mi teléfono móvil antes. Voy a aprovechar este rato de relax para contestar mis mensajes”.

    “Con su permiso señora”. Tomás se levantó y fue corriendo a la habitación de Elena a por su teléfono. Cuando volvió al salón, se arrodilló junto a ella y le dio su teléfono.

    “Puedes empezar”, dijo Elena.

    Aquellas palabras sonaron como música celestial en los oídos de Tomás. Lleno de deseo y emoción, fue de rodillas hasta el extremo del sofá por el que colgaban los pies de Elena. Le parecía mentira que, después de tanta espera y tanta excitación frustrada, por fin iba a poder disfrutar de esos deseados pies.

    Tomás se situó de rodilla frente a los pies de Elena. Cogió su pie derecho con la delicadeza del que está manejando una delicada obra de arte. Lo admiró contemplando su forma y la perfección de su tobillo. Siempre le había excitado muchísimo ver a mujeres bonitas con zapatillas deportivas y esoss calcetines cortos que apenas asomaban por el borde del zapato y dejaban ver sus preciosos tobillos: justo lo que llevaba puesto Elena. El tobillo de Elena era precioso, fino y perfectamente dibujado, anticipando la subida a sus fabulosas piernas. Tomás no pudo evitar besar, casi de forma inconsciente ese precioso tobillo.

    Luego empezó a desatar los cordones con delicadeza y, una vez que lo hubo hecho, descalzó muy despacio el pie de Elena. El olor que le llegó era muy fuerte. Como le había dicho Elena, había estado llevando varios días los mismos calcetines para que Tomás pudiera disfrutar plenamente de su aroma. Tomás se llevó el zapato a su nariz y aspiró con fuerza. Todo aquel aroma pareció concentrarse en su polla, que se puso dura como un hierro. Tanta espera había merecido la pena. Allí estaba, a punto de poder disfrutar de los pies de una belleza de mujer que, además, era inteligente, decidida y dominante.

    Tomás dejó el zapato en el suelo con delicadeza y pegó su nariz al calcetín de Elena, sintiendo en su cara la humedad de la prenda. Aquello era como un delicioso néctar para él. Ahora que veía que no iba a haber interrupciones, quería disfrutar con calma de aquella delicia. Mantuvo el pie de Elena pegado a su cara unos instantes y luego se separó, para empezar a masajearlo, empleándose a fondo. Tomás tenía unos dedos largos y fuertes y a Elena le pareció una delicia el masaje que le estaba dando mientras ella respondía sus mensajes en el móvil.

    Después de unos minutos de masaje, por fin se decidió a quitar el calcetín del pie de Elena. Lo hizo con total delicadeza, retirándolo milímetro a milímetro y admirando cada porción de pie que iba quedando descubierta. Elena, aunque estaba bronceada después de las recién acabadas vacaciones de verano, era de piel blanca, como le gustaba a Tomás. Por fin llegó al final del camino y desprendió totalmente el calcetín del pie de Elena.

    ¡Oh! ¡Aquéllo era maravilloso! Se deleitó viendo aquellos perfectos deditos, largos, rectos y bien formados, con unas uñas perfectas que, además, llevaba sin pintar, cosa que le encantaba a Tomás. No es que le disgustaran los pies con las uñas pintadas. Sobre todo, pintados de cierto color, como el negro, le atraían mucho. Sin embargo, siempre le habían gustado más con las uñas sin pintar. ¡Y los tenía allí, a su disposición!

    Ya tenía en su mano el perfecto pie de Elena, con un empeine fino, con el puente justo y totalmente proporcionado. No era demasiado grande para la altura de Elena. Tomás calculó que serían de la talla 38.

    Comenzó a masajear el pie descalzo de Elena y, sin poderse resistir más, se lanzó ansioso a saborearlo. Se metió su dedo pulgar en la boca, saboreándolo como si fuera un exquisito manjar. ¡Estaba en extásis!

    Luego siguió con los demás delicados deditos, chupando bien cada uno de ellos y la suciedad acumulada entre ellos. ¡Cómo disfrutó con ello! Saboreó el sabor salado del sudor concentrado, casi corriéndose al hacerlo. Estaba totalmente absorto en su tarea cuando oyó a Elena decir:

    “¡Eh, profesor! ¿No crees que mi otro pie se puede poner celoso al ver que centras toda tu atención en éste?”

    Mientras decía esto, Elena agitó su pie izquierdo, todavía calzado, delante de la cara de Tomás.

    “Tiene razón, señora. Siento mi descuido”. Entonces soltó con delicadeza el pie derecho de Elena y se dispuso a descalzar el izquierdo, siguiendo el mismo ritual delicado y preciso que había llevado a cabo con el primer pie.

    Elena se abandonó a disfrutar de los cuidados de Tomás a sus pies. Tumbada en el sofá, totalmente relajada, estaba en la gloria. ¡Aquello era fantástico!

    – “¡Uf!, profesor. Tú sí que sabes cómo tratar a una mujer. Tu masaje es maravilloso. Creo que vas a conseguir que me haga adicta a ellos”.

    Elena estaba realmente disfrutando del masaje. Algunas de las zonas de sus pies parecerían estar conectadas directamente a su coño y las atenciones que Tomás prestaba a esas zonas, le producían una ola de excitación; por ejemplo, cuando Tomás arañaba sus plantas suavemente con sus dientes, en una especie de peeling.

    Elena se dejó llevar. Se desabrochó sus pantaloncitos y metió su mano debajo de sus braguitas y se empezó a tocar. Era agradable estar acariciándose su delicado coñito mientras aquel prestigioso profesor, arrodillado a sus pies, los masajeaba y chupaba. Estuvieron así cerca de media hora, hasta que Elena finalmente se corrió con un intenso orgasmo.

    “¡Ooohhh! ¡Qué bien!” Dijo Elena.

    Tomás no podía más. Su polla estaba a punto de reventar. Si chupando y masajeando los pies de Elena se le había puesto como un hierro, verla a ella disfrutar con ello hasta correrse, la había convertido en una barra de iridio. Sería capaz de cascar nueces con ella. Necesitaba aliviar aquella tensión, pero no podía hacerlo sin el permiso de Elena.

    “Bueno profesor. Creo que es hora de ponernos en funcionamiento, ¿no? Ven aquí antes. Besa mi mano en señal de agradecimiento por haberte dejado disfrutar de mis pies”.

    Tomás, de rodillas, fue al otro extremo del sofá, donde Elena mostraba su mano para que Tomás la besara.

    “Gracias, señora, por dejarme disfrutar de sus pies. Ha sido maravilloso. Espero poder tener el privilegio de dedicarme a ellos muchas otras veces”. Tras decir esto, Tomás besó la mano de Elena, que estaba llena de sus más íntimos flujos tras haberse acariciado hasta correrse.

    “¿Te gusta el sabor de mi mano, profesor? Ahora sabe a mi más íntima esencia, jajaja”.

    “¡Me encanta, señora!”, dijo Tomás.

    “Te dejo que me la limpies con tu boca”.

    “Muchas gracias, señora”, dijo Tomás, mientras se lanzaba a chupar con avidez la mano de Elena.

    Elena se fijó entonces en el enorme bulto que mostraba Tomás en su pantalón.

    “¡Vaya, profesor! No me puedes negar que has disfrutado de mis pies y de mi mano, ¿eh?”.

    “Bájate los pantalones”.

    Tomás se levantó de un salto, pensando que Elena iba a dejar que se masturbara. En menos de cinco segundos se había desnudado. Se disponía a ponerse otra vez de rodillas ante Elena, dando por hecho que le permitiría masturbase frente a ella, pero Elena lo detuvo.

    “¡Espera! Quédate de pie. Quiero mirarte”.

    Elena se detuvo a contemplar el cuerpo de Tomás. No estaba mal para su edad. Se veía que lo trabajaba. Fijó su mirada en su pene, tremendamente erecto e hinchado que apuntaba directamente hacia ella. No pudo evitar volver a exicitarse. Pensó que quizás, algún día, usaría esa polla para su disfrute, aprovechando además la situación para premiar a Tomás por algo.

    “Tumbáte en el suelo junto a mí, Tomás”.

    Tomás se tumbó a los pies de Elena, no sabiendo muy bien que esperar. Elena plantó su pie derecho en la cara de Tomás, viendo como su polla palpitaba de excitación. Comenzó a acariciar con su pie izquierdo los testículos y el pene de Tomás.

    Los preciosos deditos del pie de Elena trabajaban con habilidad la polla de Tomás, presionándola y masturbándola con delicadeza, mientras Tomás había sacado la lengua para chupar la planta del pie derecho de Elena.

    De pronto, Tomás echó su cabeza a un lado para poder hablar.

    “Señora. No voy a aguantar mucho. Estoy a punto de correrme”.

    “No te corras todavía”. Dijo Elena, aumentando el ritmo de sus caricias sobre la polla de Tomás.

    Después de unos segundos de esta tortura, que a Tomás le parecieron horas, Elena le ordenó a Tomás que abriera bien la boca e introdujo todos los dedos de su pie derecho en su boca.

    “Ahora te puedes correr”.

    Nada más terminar de decir esto Elena, Tomás se estremeció con un orgasmo tremendo, uno de los más intensos que podía recordar. De su polla saltaron con fuerza varios chorros de semen que llegaron hasta su pecho e inundaron el pie de Elena.

    Elena se quedó asombrada de la cantidad de semen que había echado Tomás.

    “Vaya, profesor. ¡Cuánta leche tenías acumulada!” jajaja. “Lo único que me decepciona un poco es tu poco aguante. Aunque tu polla no está mal, con esa precocidad en la eyaculación, no puedes satisfacer a una mujer”.

    “Perdóneme señora, pero usted es demasiado bella y sus pies demasiado perfectos. Había estado tanto tiempo esperando disfrutar de ellos que la tensión era ya insoportable. Trataré de mejorar”.

    “Bueno”, dijo Elena. “Vamos a dejarnos de juegos y vamos a trabajar un poco: yo a ordenar y tú a cocinar. Pero antes, tienes que limpiar este desastre. Limpia mi pie y tú date una ducha antes de empezar a preparar la cena”.

    “Sí, claro”. Dijo Tomás. “Voy a por unas toallitas húmedas para limpiar su perfecto pie”.

    “Eso tenías que haberlo pensado antes, Tomás. Tendrías que haber traído las toallitas antes de empezar a disfrutar de mis reales pies. No pretenderás ahora tenerme aquí esperando con mi pie lleno de tu porquería mientras tú buscas las toallitas, ¿no?”

    “Pero señora, ¿entonces?”

    “¡Pareces tonto, Tomás!” Tendrás que usar la lengua entonces… ¿o se te ocurre otra cosa?”

    “¿Mi lengua? Es que…”

    “¿Te vas a poner escrupuloso ahora, cuando has estado lamiendo mis pies sudados que, además, no sabes dónde han pisado? Si es tu propia semilla, hombre, jijiji. ¡Vamos! No me hagas esperar más”.

    “Tomás, a pesar del asco que le producía lamer su propio semen, bajó su cabeza y, en un nuevo acto de humillación, lamió el pie de Elena hasta dejarlo limpio”.

    “Muy bien, profesor. Ahora ve a por mis chanclas, tráemelas, dúchate, lávate bien la boca y prepara la cena”.

    “Lo que usted mande, señora”.

  • Aguinaldo sexual

    Aguinaldo sexual

    Era un sábado cualquiera del mes de diciembre, Manuela había tenido semanas atrás una conversación con una amiga -Daniela- frente al tema de fantasías sexuales, Dani, que era más extrovertida y que le encantaba bailar y salir en las noches, le dijo a su amiga que una vez se enteró de un bar swinger en un sitio muy exclusivo de la ciudad. Manuela, que era todo lo opuesto a Dani, le dijo que ella nunca había entrado a dichos lugares pero que le llamaba la atención poder tener un encuentro sexual donde dos hombres tuvieran sexo con ella mientras otras personas la observaban. Mientras que, si bien Daniela había acudido a dichos lugares, solo había ido en calidad de observadora más no había participado en intercambios y que su deseo era tener un trio (un hombre y una mujer).

    Entonces, Daniela le había contado a su amiga que un sábado del mes más colorido del año iban ambas a cumplir dicha fantasía.

    El día sábado en las horas de la tarde mientras ambas estaban en sesión de manicure y pedicure, Dani le dijo a Manuela que le tenía el plan para hoy en la noche, ella solo le dijo ponte hoy ese vestido negro de straple, que hace que te veas muy sexy y que resalta tu bonito trasero. Que hoy tenemos nuestro «aguinaldo sexual». Ante lo cual, Manu, como la suele llamar Daniela, se sonrojó y empezó con una sonrisa nerviosa. Dani, solo le dijo hazme caso que la vamos a pasar muy delicioso.

    Y así fue, ambas llegaron al apartamento que compartían desde hace 7 años, ellas trabajan en sitios distintos una era Arquitecta y la otra era Ingeniera Industrial. Cada una tenía baño en su habitación y acordaron que tenían que estar listas a las 8:45 pm para así pedir el taxi y acudir al lugar.

    Mientras que Manu se duchaba con jabón líquido de frutos rojos, y masajeaba su lindas y tonificadas piernas con un guante para exfoliar la piel, pensaba que podría pasar en dicho lugar que su amiga deseaba llevarla. Y eso poco a poco le llamaba la atención. Y claro, le excitaba tanta curiosidad, ella era mujer de 1,65 cm, de cabello negro, piel trigueña, ojos color café claro, con un piercing en la nariz muy diminuto, usaba una pulsera de oro en su pie izquierdo, de senos talla 34, que le encantaba el sexo oral y sus posiciones favoritas: El 69, Perrito y La Profunda.

    Mientras que Manu se duchaba, su amiga ya estaba aplicándose cremas para hidratar todo su cuerpo, ella se estaba aplicando una crema de almendra, y hacia el recorrido por sus piernas, abdomen, brazos y de último sus senos. La parte favorita de su cuerpo, ella tenía unos senos naturales muy lindos, y los cuidada mucho hidratándolos de manera diaria con aceites y cremas, sus senos eran talla 36, estatura era 1,73 cm, su color de cabello era castaño oscuro y tenía varios mechones de color rubio, su piel era blanca, al haber practicado patinaje durante más de 15 años sus piernas y su trasero eran muy tonificados ambas les gustaba el deporte y solían ir a montar patines o nadar con mucha frecuencia.

    Finalmente, ambas antes de salir del apto se vieron en la sala y se hicieron los últimos retoques de maquillajes y perfume. Mientras Manu, le ayuda con la blusa a su amiga, se percató que no llevaba brasier. Y le preguntó qué porque lo hacía sino solía salir de esa manera a pesar que era una mujer muy coqueta, y ella le respondió. Hoy será una noche placentera voy preparada para eso. Es más tampoco llevo tangas. Y ambas se empezaron a reír.

    Luego, pidieron el taxi, y llegó un vehículo muy lindo a recogerlas era un taxi negro de lujo, era una camioneta último modelo, ambas se sentaron en la parte de atrás y le indicaron al conductor donde deseaban ir.

    Cuando llegaron al sitio, ambas estaban un poco nerviosas. Sabían que estaban dispuestas a satisfacer sus fantasías sexuales y que estaban decididas a entrar y hacerlo. Y así fue, entraron era un lugar muy lindo, con música variada, con varios ambientes (piscina tipo rooftop, salón de juguetes sexuales, zona de jacuzzi, zona de stripper, zona de masajes).

    Luego de tomar algunos cocteles, una decidió ir a la zona de masaje mientras la otra decidió ir a la zona de piscina. Estando en la zona de masajes luego de ver cómo era la dinámica y después de quitarse la bata que le habían dado al entrar a la zona de masajes. Manu eligió a un hombre para su masaje. Y empezó a sentir sentía como le acariciaban sus piernas de manera suave pero firme, era con aceite de manzana verde, ella le encantaba ese olor, primero sus pies luego sus piernas, luego dicha persona paso a sus brazos y terminó en sus senos.

    Cuando llegó a dicho lugar ella comenzó a sentir como poco a poco sus pezones se endurecían y su vagina poco a poco empezaba a lubricar, ella sentía que su ritmo cardíaco se incrementaba. Y sentía cada vez más placer. Al sentirse cada vez más excitada, le pidió a la persona que le besara los senos, mientras ella, le acariciaba el pene, era un pene muy erecto ella sentía que era de 18 a 20 cm aproximadamente. Y empezó a frotárselo. Mientras ella seguía él ponía sus labios y lengua en su seno izquierdo, él le acariciaba con su mano su seno derecho.

    Ambos estaban cada vez más excitados, a ella le encanta como él le besaba, chupaba y lamia sus senos. Tan es así que ella le pidió que parara para poner acomodarse y darle sexo oral. Y empezó a chupársela, suave, pero a buen ritmo y tomó un poco de aceite de manzana y se lo aplicó a ese pene erecto que tenía en su mano derecha. Y lo llevó a su boca mientras que le hacía sexo oral, le tomaba esas nalgas redondas y fuertes que tenía ese hombre de aproximadamente 1.80 de estatura y que tenía aspecto que jugaba volleyball dado que tenía unas piernas gruesas y manos grandes.

    Manu, lo chupaba con mucho deseo, él mientras ella se lo chupaba le acariciaba el cabello, mientras eso pasaba, la pareja de ese hombre, estaba sentada en una silla amplia que le permitía levantar ambas piernas y quedar totalmente abierta y se masturbaba. Luego Manu, se levanta y se apoya un poco en la camilla y abre sus piernas y le indica a él. Que le chupe la vagina. Él mira a su pareja y la ve muy excitada y como se sigue masturbando, y decide hacerle sexo oral a Manu, primero comienza por la pierna derecha a besarla y llegar a la zona V. Una vez que sus labios gruesos y su lengua llegan a esa vulva excitada, húmeda, caliente. Empieza a lamer, besar, frotar su lengua en el clítoris. Y Manu, empieza a gemir…

    Él le introduce un dedo, luego al verla muy excitada mete otro. Y al ritmo que mueve su lengua en el clítoris mueve su dedo, ella está a punto de venirse y le dice que no pare, que se siente rico y llama a alguien que está viéndolos y le dice que se les una. Ese hombre le empieza a chupar los senos, sus pezones cada vez más están más duros y a la vez lo va masturbando.

    Luego le pide ella, se acomoda en la camilla y se acuesta para poder chupar la verga erecta que tiene en su mano izquierda y así el otro poder seguir dándole sexo oral. Ella, ya está casi por venirse y piensa que su fantasía de dar sexo oral a un hombre y que se vengan en su boca y ella venirse en la boca de un hombre distinto al que ella le está chupando. Y eso la excita aún más. Siente que su vagina no para de palpitar, siente un cosquilleo muy adentro sus piernas se ponen de piel de gallina, sus senos aún más duros y ella dice aquí. Si… Si… Si… Que ricooo… mmmm… Ya me vengo… Siiii y una vez ella se vino en la boca de ese hombre que le chupo cada gota de sus fluidos el otro hombre también se vino en la boca de ella.

    Mientras, Manu, alcanzaba su clímax, su amiga que estaba un poco «happy» porque había tomado ya seis Margaritas. Se encontraba en la zona de piscina, pero no se había decidido a ingresar aún estaba en las afueras viendo como varias personas se besaban, se daban masajes eróticos, reían y bailaban. Y hasta que se decidió a entrar ya ella había visto una pareja -hombre y mujer- que estaban acostados en una de las camas playeras que estaban en el sitio. A ella le llamó mucho la atención, él era un hombre de 1.90 cm, barbado, cabello negro corto, cejas pobladas, manos grandes, buenas piernas y muy bien dotado. Y ella era una peli roja, piel blanca, de estatura 1.70 cm aproximadamente, de ojos verdes, labios gruesos, senos grandes -tal vez talla 38- y un piercing en cada pezón.

    Dani, no dudo que deseaba estar con ellos, y se decidió a ir, les preguntó si se podía sentar con ellos, ellos muy amables le dijeron que por supuesto y empezaron a hablar del lugar de la música de bien que se vio todo y entre conversación y conversación. Ella le dijo que, si le podía dar un beso, Dani, se sonrojó. No esperaba que fueran tan directos, pero, aun así, aceptó. Dani aún no se había quitado su ropa, el escote de su blusa era muy sexy.

    Mientras que ellas se besaban lentamente él, miraba ese escote y con delicadeza empezó acariciarla. Entre besos y sonrisas pícaras él le quitó la blusa. Luego le empezó a besar unos de los senos a Dani, y la otra mujer empezó a besar el otro seno, Dani estaba cada vez más excitada, sentía que era un placer que no había sentido antes y era mucho mejor de lo que imaginó.

    Luego se pusieron de pie y la otra mujer le quitó la falda y empezó acariciar las piernas de Dani. Mientras el hombre la besaba, Dani tomó el pene de él. Y sintió que era el pene más grande que había conocido eran 25 cm, grueso, y supremamente erecto. Y mientras él y Dani se besaban, la otra mujer le chupaba la vagina, que ya estaba muy muy muy mojada y caliente. Decidieron que Dani, se sentara con los pies dentro de la piscina y la otra mujer entrar a la piscina y quedar justo para continuar con el sexo oral mientras Dani chupaba ese pene de gran tamaño. Mientras ello pasaba la amiga de Dani-Manuela-los veía desde el otro lado de la piscina.

    Mientras Dani se lo chupaba con muchas ganas, la otra mujer le exploraba con los dedos, labios y lengua cada rincón de la vulva de Dani. La fantasía de Dani se estaba cumpliendo, pero faltaba otra parte y era sentir esa verga dentro de ella. en posición de perrito mientras ella chupaba otra vagina. Y así fue. Ella se acomodó al borde de la piscina y el hombre empezó a meterla. Ella estaba tan tan tan húmeda, que le entró muy fácil, ella sentía como esa verga gruesa y grande se deslizaba por su vagina y mientras la otra mujer se acomodaba al frente para que ella le chupara su vagina. Y así fue, Dani, empezó a chupar esa vagina y mientras le daban a muy buen ritmo por su vagina.

    Ese hombre le apretaba las duras y redondas nalgas a Dani. Ella cada vez se excitaba más y luego de un tiempo de chuparla vagina, cambian de posición y Dani decide sentarse encima de esa verga. Ella sabía que era grande, pero ella quería llevar el ritmo, mientras Dani se acomoda para poder «cabalgar». La otra mujer le acomodaba su vagina para que su hombre se la chupara. Y así fue. Mientras Dani cabalgaba y se movía hacia delante y hacia atrás. Y sentía que esa verga le entraba cada vez más sus gemidos eran más frecuentes, más duros.

    Se sentía muy complacida sentía que era lo que quería, hasta que llegó el momento en que ella sentía que se estaba viniendo, pero él aún no se venía. Ella sintió que sus piernas le temblaban, sus senos los sentía duros, su vagina sentía como «palpitaba». Y gimió de manera profunda y acabo con un mmmmm que ricooo. Luego se bajó y entre ambas mujeres se lo chuparon a él. Mientras ambas besaban, lamian esa verga dura, grande y gruesa. Él finamente se vino en los lindos y bellos senos de ambas hermosas mujeres.

  • Verde que te quiero verde

    Verde que te quiero verde

    Hola. Me llamo, Macarena. Me llaman Maca. Tengo 33 años. La edad de “Cristo”.

    Trabajo de técnico de Medio Ambiente. Tengo que recoger muestras y controles de aire, tierra y agua. Para controlar los parámetros, que todo esté correctamente, para la buena salud de las personas.

    Disfruto un montón con el sexo. Cuando veo, un chico guapo, a por él. Le tiro la caña.

    Algunas veces, no pican. Pero cuando hay ”Rollete” con la mayoría, intento disfrutarlo a tope. A los pesados, los babosos y demás “fauna”, que te encuentras, le doy “puertas” rápido.

    Tenía que ir a un Bosque para el trabajo, a tomar unas muestras de aire, agua y tierra. Se analizan, se apunta y se guarda una muestra de cada. Es un ratito y listo. Es la primera vez, que voy a ese sitio. Aunque me han dicho, que tiene unas vistas y unos parajes, guapísimos. Allí, hay una cabañita. Que la utilizan, los compañeros cuando tenemos, que coger muestra o mediciones, en la zona. Normalmente, los que la cuidan y también la utilizan. Son los Guardas Forestales. Son los que más están por ahí. También tienen la llave, para abrir el camino “privado”, que llega hasta la cabaña. Porque es, Zona Protegida.

    En la cabaña, hay lo justo para pasar el día. Una camita, una mesa, una nevera, microondas, un hornillo para cocinar algo un sofá y un aseo. Y poco más. Pensé, quedarme por la noche, para ver, esos parajes tan bonitos, que no los conocía. Me encanta la Naturaleza. Me siento libre y los disfruto, siempre que puedo. Para llegar, hasta la cabaña, tengo que llamar a los Guardas Forestales. Cuando estaba llegando, les llamé para que me abrieran.

    A los cinco o seis minutos de espera. Llegó un Jeep, con un Guarda

    F: Buenas tardes, ¿eres de Medio Ambiente?

    M: Sí, ya sabíais que veníamos ¿no?

    N: Si, pero no me esperaba, una chica, tan guapa. Siempre venia, el feo de Andrés. Jajaja

    M: Andrés, está de permiso. Ha tenido una hija y tiene vacaciones.

    El Guarda, era joven, guapo, alto y fuerte. Con su uniforme de Guarda. Aummm que guapetón. Abrió la cadena, pasamos. La cerró otra vez. Me acompaño, con los coches, hasta la cabaña. Cuando llegamos. Me presenté, él también, se presentó.

    N: Soy Nico, encantado.

    Le pregunté, dónde podía comprar, algo para comer.

    He pensado, quedarme aquí esta noche. Para ver todo esto. Quisiera comprar alguna cosa.

    N: Dime todo lo que necesitas, te lo traigo un poco más tarde.

    M: Vale, poca cosa, para un día. Pan, fiambre, algo para comer mañana, leche y algo de fruta. Agua y unas cervezas, por si me aburro aquí solita… Toma dinero, para la compra.

    N: No te preocupes. Te traigo tus cosas, esto va a cargo del Ministerio de Medio Ambiente. Tenemos cuenta.

    M: Huy que bien, gracias.

    Mientras venía, con la compra. Puse unos medidores, de Aire, tomé unas muestras de tierra y de agua, de un Riachuelo que pasa por aquí cerquita. En poco más de media hora, ya había terminado.

    Entré en la cabaña, me aligeré de ropa. Me puse, unas mayas, bien ajustadas. Sin bragas y con una camiseta finita. Me quité el sujetador. Con la camiseta, se marcan los pezones rápidamente. Quería seducir al Guarda.

    Pasado un buen rato, vino Nico con la compra. Cargado con las bolsas. Con una manta al hombro. Parecía un vendedor ambulante, de los que pasean por la playa. Jajaja.

    M: Hola Nico, que alegría.

    N: Aquí te traigo tus cosas. Las voy a meter a la nevera. Te ha traído una manta, por si tienes frio.

    Entré a la cabaña, con él, para ayudarle a colocar, las cuatro cosas que había traído. Me dice:

    N: He traído, cervezas fresquitas. Por si te apetecía.

    M: Claro que sí, contigo. Coge dos y nos las tomamos fuera.

    Nos sentamos fuera, en un banco sin respaldo. Tomando las cervezas, con una bolsa de patatas. Le digo:

    M: Siempre solo, por estos los montes. Sin nadie que te haga un poquito de compañía. Qué pena, como el… “Llanero Solitario”. Jajaja

    N: Estoy acostumbrado, a “Patearme” esto, conozco unos parajes increíbles. La verdad, que me siento libre.

    Me encanta la Naturaleza y estoy muy contento con mi trabajo. Y hoy contigo aquí y las cervezas. Estoy a gustísimo.

    M: A qué hora, terminas el trabajo?

    N: Ya he terminado, esta era mi última faena. Ahora, te voy vigilar a ti, para que hagas bien, tu trabajo.

    M: Que Majo. Tú, eres el único trabajo, que me queda. Vigílame pero bien. Guarda Forestal. No te vaya, a quemar el bosque. Jajaja

    Ya se iba escondiendo el Sol. Se veía un atardecer, precioso y yo estaba “gozosa” con el guarda, vigilándome. Tan guapo y con su uniforme que le quedaba como un guante, le marcaba ese culito, respingón. Que no dejaba de mirárselo.

    Se puso, a recoger un poco de leña. Me dice:

    N: Saca unas “birras”, mientras preparo la hoguera. Nos las tomamos viendo el atardecer. Ya verás que bonito, cuando se esconda el sol por esa montaña.

    Nos sentamos, con las “birras”. Me miraba mucho, las tetas, se marcaban los pezones y se le iba la mirada. Le sonreía y sacaba pecho, para que se marcaran bien. Quería cortejar al muchacho.

    Que atardecer más estupendo, el ocaso, al fondo, el guapetón a mi lado y la cerveza en la nano. Que más se puede pedir. La noche ya veremos, intentaremos, mejorarlo. Yo, se lo voy aponer fácil.

    N: Voy a encender la hoguera. Que haga brasas, luego, vamos a cenar aquí, bajo las estrellas. He comprado, comida para los dos. Me parecía mal dejarte aquí sola. Cuando te vayas a dormir, me voy.

    M: Que pena, tienes familia?

    N: No, vivo solo.

    M: Pues me voy a dormir, tardísimo. “Que lo sepas”. Jajaja

    Pusimos, el banco más cerca de la hoguera. Me senté cerquita de él, bien arrimada. Me gustaba sentir el calor de su cuerpo. Esperando, que a él también sintiese algo.

    N: Yo quería, ayudarte con tu trabajo, y aquí, de “birras”.

    M: Gracias, ya he recogido las muestras y las mediciones. Lo he hecho todo en un ratito. Pero lo mejor, tu compañía. Que no me esperaba contigo estoy encantada.

    Me pasó el brazo por los hombros, levanté la cabeza, mirándole con carita de alegría. Le pasé mi brazo por la cintura. Y aproveché para arrimarme un poco más. Me miró sonriente, me abrazó ahí sentado, mientras, bajó la cabeza y me dio un beso, jugoso y tierno. Con esos labios abrasadores. Le di, un apretón en la cintura, del cosquilleo que me entró. Ya me quedé más tranquila, pensando, que se había lanzado. Estaba emocionada y empezando a humedecerme. Trajo una rejilla metálica, que puso en la hoguera, sacó un plato con salchichas varias, unos pinchos largos y medio pan de pueblo con dos cervezas más.

    N: Mira, Maca, se pilló una salchicha, la clavo en el pincho y la puso en rejilla. Te pongo una y luego, te pones las que quieras.

    Estuvimos comiendo, las salchichas, estaban buenísimas, a la brasa. Estuvimos hablando, mientras comíamos. Me preguntaba por mi vida. Si estaba casada o tenía hijos.

    M: No, no tengo a nadie. Ninguna responsabilidad. Con aguantarme a mí ya tengo bastante.

    N: Te apetece un café? Con un licorcito

    M: Si, que rico. Te lo montas bien, en el monte. “Llanero Solitario”

    Trajo, un cazo con agua y lo puso al fuego. Lo preparo en un momento. Cuando me di cuenta, ya me pasaba taza con el café. Y un vasito con licor. Tenía práctica el guapetón.

    M: Que bien me cuidas, cuanta galantería, me encanta ss. Te trataré con generosidad. “Llanero” jajaja

    Le cogí la cara, empecé a besarlo. Mientras le acariciaba por el cuello. Con la otra mano, le tocaba su culo tan firme. Me rozaba con su legua en mis labios y me ponía, acalorada. Yo también saqué la lengua, jugamos con ellas, me encantaba, me ponía tierna, le acariciaba el pecho y los costados.

    Nos sentamos, de frente, con una pierna a cada lado del banco. Le puse las mano en los muslos. Seguimos besándonos, me puso las manos en las caderas y las subió lentamente, junto con la camiseta. Al llegar arriba, empezó a acariciarme los pechos con esa mano, que me lo cubría entero. Estaba ya, entusiasmada, le acariciaba por el muslo, subiendo la mano, hasta llegar al “Objetivo”. Me acariciaba los pechos a dos manos. Se dejó los pezones, entre los dedos, cuando los juntaba me apretaba los pezones. Ammm que gustito. Yo también le cogí el “Objetivo”

    Le abrí la bragueta, le puse la mano alrededor y se la acariciaba suavito. Él metió su mano, entre el banco y mis pantalones. Movía los deditos, por la entrepierna y me iba poniendo “Tierna” Cada vez, se la tocaba con más ganas. Se la movía más rapidito, desde niña que no le hacia una paja a nadie. Él también busco el sitio, para tocar, donde me gustaba.

    M: Ohhi, Guarda, que bien me cacheas, con esos dedos. Sigue, sigue, registrando. Que ya me estás “Excitando”

    N: Con la suavidad, que me estas tocando, ahora mismo estoy eyaculando. jajaja

    M: Si Nacho, dale, que nos “vamos”, ohhh Ahh si ahí si…

    N: Sihh Macahh sihh salehh ehhh

    M: Se la doblé un poco. Para no mancharnos. Que “salpicara” para fuera.

    M: …OhhohhoH…

    … Me has hecho un “Cacheo” en toda regla. Bandido.

    N: Otro cafetito, y un licor. Tenemos que celebrar que nos hemos conocido.

    Nos quedamos abrazados, tan calentitos.

    M: No te quieres quedar, a dormir conmigo?

    N: Si me lo pides, con esa carita, no me puedo negar.

    Cuando el fuego, se estaba apagando. Nos fuimos a la cabaña. Nos tomamos unos vasos de leche con galletas. Estuvimos hablando un rato y riéndonos. Y me dice:

    N: Tú, no has venido a recoger muestras?

    Me cogió en brazos y me llevaba hacia la cama. Era una camita para una persona.

    N: Te voy dar una “Muestra”. Para que tomes nota y luego me cuentas, los resultados.

    Me tumbó en la cama, me desnudó, despacito, mientras me besaba tan acaramelado. Después se desnudó él. Se puso encima de mí y empezó a besarme los pechos. Me tenía, “deseosa”, le cogía del culo a dos manos. Le pegaba una “sobada”. Quería animarlo más. Me acariciaba los muslos, mientras me iba abriendo las piernas se iba acercando, se colocó delante, y sigilosamente, me introdujo el pedazo de “Muestra”. Que delicia. Ummm, Como me gustó. Notaba como entraba, ese “Pollón” tan prieto.

    N: Que bien entra, la “Muestra”, ammm sihh, toma Maca.

    M: Date prisa con la “Muestra”. Estoy más acelerada, que un “Formula1”

    Empezó, a mover la cadera, más rápido, pampam pampam que movimientos Ohhh, me tenía “Al dente”

    M: Ohhh Ohhh Nicohhooh.

    Que ritmo de caderas, como se movía el muchacho, Él también se le veía con ganas de “soltar”.

    N: sihh, Sihh, tira, tira tirahhh Ahhha.

    Nos quedamos abrazados y pegadísimos en la mini cama. Me quede dormida, sin darme cuenta. Tan a gustito. Cuando me desperté, no estaba Nacho en la cama. Di un vistazo, estaba en la cabaña, le di, los buenos días. Me dijo:

    N: Te he preparado, un desayuno montañés. Café, tostada a la brasa, con aceite y panceta, bien pasada. Es, lo que hay.

    N: Nos vamos de paseo. Hay que aguantar, hasta medio día. Cuando quieras, está todo listo.

    Ya me levanté, desayunamos y nos preparamos para irnos. Me puse un vestido, abrochado por delante, con botones, de arriba abajo y unas botas militares. Sin nada de ropa interior. Con el vestido, aun se notaban más los pezones. Que estaban bien duritos, estaba todo el día, cachonda perdida. Pensando en la “porra” del guardia. Quería provocar un poco, a Nico. Me apetecía, enrollarme en el bosque. Era una de mis fantasías. Siempre en el monte. Soñando con un día erótico al aire libre y echar un buen polvo “Salvaje”. Cogí, una botella de agua, la metí en mi mochila y nos fuimos.

    N: Vamos por aquí, ya verás que paisajes más lindos y originales. Te voy a llevar a coger unas Moras, son rojas, de tamaño xxl, vas a flipar. Están buenísimas.

    Íbamos paseando por el monte. Él me iba diciendo, mira por aquí, mira por allá, me indicaba unos sitios preciosos. Yo me adelantaba, de vez en cuando. Correteando, me subía la falda tonteando, como para que entrara aire. Le enseñaba el culo, como sin querer. Por detrás y por delante. Espero que estuviese “Vigilante”. Llegamos donde las Moras. Justo al lado, había un tronco enorme, allí tumbado.

    N: Has visto que moras? Es un árbol centenario. Cuando las pruebas te enamoras.

    Me apoyé un rato, en el tronco para descansar, a ver si se lanzaba. Y le dije:

    M: Guarda, ven y “Regístrame”, estoy que “Abraso”. No quiero, provocar un incendio. jajaja

    Se acercó, me cogió por las caderas. Arrimaba la cabeza despacio, hasta llegar a mi boca. Me besaba apasionadamente. Me iba soltado botones, del vestido. Con una mano, con la otra, me acariciaba, por debajo de la falda. Subía la mano por el muslo, me acariciaba el culo suave. Estaba erizada de los pies a la cabeza. Mientras, seguía besándome. Ya había abierto, hasta, por debajo de los pechos.

    -El vestido tenía más botones, que en una “Mercería”

    M: Me soltó el culo y me cogió un pecho. Le cabía entero, en esa mano. El otro, me lo besaba, muy apasionado. Ummm.

    Con los botones del vestido, seguía su ritmo apasionado. Ya estaba acabando. Iba, por el debajo del ombligo. Yo estaba impaciente, le acariciaba y la deseaba, esa “Porra”. Se la tocaba, con unas ganas. Ummm como la deseaba. Mientras, le abría los botones de la bragueta. Se la quería sacar del pantalón. Quería cogerla y sentir ese calorcito. Por fin, acabó con los botones. Me abrió el vestido, se le iban los ojos y las manos a las tetas. Me tocaba, con esas “Manazas”. Me tenía “cautivada”. Y yo acabé de sacarla, estaba deseando cogérsela. Qué bueno. Lo tenía ardiendo, ese rabo. Que gustazo, ese “pedazo”. Me faltaba mano, para cogérsela.

    – Iba bien “calzado” el joven, se había calentado-

    Con sus manos, acariciando en mi culo, tan excitante y la boca besando en los pechos. Los iba alternando. Los pezones, tan duritos. Parecía que se iban a salir, de tanto placer. Estaban puntiagudos. Y yo, estaba en la gloria. Él, seguía besándome, tranquilo y tan cariñoso. Bajando, esos labios jugosos. Ya iba por el ombligo. Me cogió por las caderas, me subió y me dejó de pie, encima del tronco. Que potencia. Me quedé impresionada y dudosa.

    N: Cógete a la rama, Maca. Voy a ver, cómo está tu “Brasa”. No me gustaría, tener que llamar a los Bomberos. Jajaja

    M: la “Brasa”, tiene más peligro aquí, que en casa. jajaja

    Estaba, cogida a la rama, por encima de mi cabeza, con las dos manos, las piernas abiertas. Parecía que estaba crucificada. En medio del bosque, hay subida. Umm, que fresquito más bueno. Que hago aquí arriba?, pensaba. Metió la lengua, desde abajo, hasta arriba. La “Fruta de la Pasión”, le llegaba justo, a la altura de su boca. Dio una lamida como saboreando, me pasaba, la puntita de la lengua, por el clítoris, le daba a un lado y a otro. Estaba empezando a jadear. Me tenía excitadísima, quería, una buena corrida ya. Uhhmm, como me tenía. Me cogió los cachetes, con las dos manos. Y me dice:

    N: Cógete bien y levanta las piernas.

    Las levante y me quede colgada, él, me aguantaba del culo. Con esos brazos de Atleta. Con la cabeza, entre mis piernas. Ahora sí, se lo comía, como si fuese, la “Fruta de la pasión”. Que pasión le ponía. A mí, aun me “ponía” más.

    Ohhi, que lengua, que labios. Tenía la piel “Erizada”

    -Mojada, como en una “riada”-

    M: Uhhhh Ohhhohhh.

    Me bajó, del tronco al suelo. Me giro un poco. Me apoyé en tronco, con los codos. De espaldas. Me subía el vestido, al mismo tiempo, me iba acariciando. Lo sujetó, con una mano, con la otra se cogía el “rabo”. Estada ansiosa, por sentirla dentro de mi. Me restregó, la puntita entre los labios, un par de veces y cuando llegó a la vagina, estaba tan mojada. Que en uno de los meneítos, encontró la entrada. Se “coló” rápido. Sentí como entró. Me dejó con la boca abierta. Movía la cadera despacio y con esa “fricción”. Entrando y saliendo, me subían unos calores. Uhhm como me gustaba. Me cogió de las caderas, la metía y sacaba, a un ritmo tranquilo y excitante. Yo estaba que me “salía” de gusto. Qué movimiento de pelvis, tenía mi “Elvis” jajaja.

    Sigue “Apagando… la brasa”, sigue.

    Soltó el vestido y se arrimó más. Me cogió los pechos, con las dos manos. Como ayer, dejó los pezones entre los dedos. Me movía los pechos, arriba y abajo, con una destreza, mientras cerraba los dedos, Ohhhih. Me encantaba y con el pimpam pimpam que me estaba dando, me tenía “temblorosa”. Ya me venía un gustito.

    M: Ohh, Ohh Ohh.

    Nacho, se pegó a mí, aceleró el ritmo y llevaba una velocidad, que iba a más, con unos movimientos, que notaba que estaba con ganas de vaciar el “Tubo”. Estaba apoyada, encima del tronco con las piernas abiertas y chorreando. Más feliz que una perdiz.

    Él, cogido a mis tetas, que parecía un “perrillo”. Hay pegado a mí. Tardo, cero coma, en:

    N: Ahh ahh ahhh.

    Como me apretaba, las tetas, como me gustaba, los pezones entre los dedos. Mientras se “Aliviaba”, notaba su respiración en mi espalda. Y el calorcito húmedo en el interior. Se quedó dentro un ratito, mientras terminaba de “Vaciar bien el “Tubo”. Me quedé, agustísimo, en medio del monte. Tan fresquita por fuera y tan caliente por dentro, en libertad. Que sensación de felicidad. Me abroché, unos cuantos botones, del vestido. Él, también se preparó. Nos sentamos un rato para descansar, antes de seguir paseando.

    N: Íbamos a coger unas moras. Para que las probaras. Te he subido…

    … Pero me he distraído, comiéndote el “Higo” jajaja

    Cogimos unas moras y nos encaminamos. Mientras volvíamos por otro camino. Me estuvo enseñando otros parajes muy bonitos.

    Cuando llegamos a la cabaña, me dice:

    N: Tienes hambre? Después de tanto “Ejercicio” de buena mañana. Almorzamos algo.

    Después te voy a enseñar un trozo del “Paraiso”

    M: Vale, ya por la tarde me voy.

    Se puso, a encender la barbacoa, yo, saqué unas cervezas, para la espera.

    Comimos, unas chuletitas, que preparó tan ricas. Tranquilamente, nos tomamos un café. Estuvimos un rato relajado, tumbado y abrazados. Echándonos unas risas.

    N: cuando quieras, nos vamos, que no se haga muy tarde. Tenemos que aprovechar el sol.

    M: Cuando tú quieras, hoy, soy tuya. Estoy deseando ver, el “Paraíso”

    Nos encaminamos, por el bosque, él me guiaba, cogidos de la mano, por esos caminos, salvajes. Con unas vistas maravillosas. Andábamos, entre ramas y matorrales. Él, me los iba apartando del camino.

    Llegamos a un punto y se para. Separa un arbusto y me dice: Pasa.

    M: Ohh, tenías razón. Esto es el paraíso.

    Había una piscina natural. Escondida entre rocas, muy altas. Con unas planta salvajes, con flores, que salían, en las paredes de las rocas. Con un agua cristalina. Divino.

    N: Este, es el trocito, más virgen, en cientos o miles de kilómetros. Has visto que agua, transparente. Me encanta venir aquí, me quedo, súper relajado.

    Me quité las botas. Solté, unos botones y me saqué el vestido por arriba. Me fui corriendo y me tiré al agua. Que fresquita. Se me puso, la piel de gallina y los pezones, duros, como botones. Nico, se estaba quitando la ropa. También se tiró al Agua. Empezó a juguetear conmigo. Buceaba, me tocaba el culo y salía por delante. Un poco alejado, para que no le cogiera. Se acercaba un poco, me tocaba una “Teta”, buceaba y salía por atrás. Estaba gracioso, el niño. Se pega una buceada, me coge las piernas por abajo, que impresión más apasionante. Me las abre y mete la cabeza. Tan resbaladizo. La cabeza, entre las piernas y la lengua jugando en la vagina. Me dio dos lengüetazos… Ammm

    El “Forestal” me dejó más, “payá” que “pacá”.

    Sacó, la cabeza del Agua, me abrazaba. Que gustazo, como me gusta la sensación de abrazarlo en el agua. Que escalofríos. Nos empezamos a besar, que “Tiritona”. El agua tan fresquita y sus manos tan calientes. Buceé yo también, le cogí el “Tiburón” y lo metí en mi boca. Le di dos chupaditas, a esa “cabecita”, un par de caricias bajo el agua, y ya, salí a respirar. Me acariciaba, Uhhh, que calorcito más rico. Que gusto, ese roce de los cuerpos, bajo el agua. Que sensación de placer. Con la “tiburón” rozándome. No me pude resistir, se la pillé con la mano, le acariciaba bajo el agua.

    Le abrazaba con la otra mano, para tenerlo pegado. Con la piel erizada. Le deseaba. Me acariciaba los pechos, los costados. Y lo que más le gustaba: el culo. Ummm como me lo apretaba. Me dice:

    N: Cógete a mi cuello.

    Me cogió los cachetes, se quedó entre mis piernas y las levantó. Dejo su “Tiburón”, pegado. Entre mis Labios” mojados, por dentro y por fuera.

    Uhhm, que impresión, se deslizaba en el agua. Yo, subía las piernas. Para rozarla más.

    Que sensación más buena, tan resbaladizos. No le soltaba el cuello. Quería estar pegada a él, me fascinaba el roce de su cuerpo, con el mío. Con las piernas apretadas. Para no separarnos, en el agua flotando, es más difícil. Me besaba los pechos, mordía mis pezones, con los labios, les pasaba la lengua. Mientras me sujetaba del culo, para empujar. Qué lindo. Bajo el Agua. Le apretaba, flotando, no podíamos quedarnos quietos. Con el Agua al cuello. Escalofriante. jajaja

    Me soltó, la mano de un cachete, lo “Pesco” con la mano y buscó la entrada, entre mis piernas. Le costó un poco encontrar la entrada, con los movimientos del agua. Pero metió el “Tiburón”, por fin. Flotando, agarrada como una Lapa. Como gozaba, era la primera vez que lo hacía en el agua. Que “Mojada” llevaba. Él llegaba al suelo. Me daba unos apretones del culo, cuando empujaba, que ponía más “acalorada”.

    Le tenía, las piernas enrolladas a las caderas, apretando. Para no despegarme, de los roces con su cuerpo. Con el agua, los movimientos eran más lentos. Levantó las piernas. Se quedó flotando y yo encima. Con una pierna a cada lado. Qué bueno, como me gustó. La tenía dentro y no me podía dar empujones. Me daba, “Meneítos flotantes”. Jajaja.

    Le apretaba, con ganas. Le daba, unos restregones uhhh… que pez más juguetón, sihh mueve la colita, sihh, con que ímpetu le restregaba. Estaba lanzada y ya sentía un cosquilleo más rico.

    M: Mueve la colita, ita itahhh, ohh sihh, le seguía restregando, como una loca, haciendo equilibrios para no caerme. Uhhhi ahhh mueve ahh ahhh.

    N: sigue, sigue, un poco máhhs, si ahhh uhhh.

    Nos quedamos abrazados, flotando y besándonos. Libres y naturales como la vida misma. Nos dimos unos chapuzones. Salimos del agua, tan felices. No teníamos toallas, nos sentamos, en una roca, para secarnos un poco.

    Le miro, y digo:

    M: Vaya con tu “Sardinilla”, que en el Agua parecía un Tiburón. jajaja

    Los dos desnudos, le miraba ese cuerpo musculoso, cogidos de la mano. Tan romántico todo.

    M: He estado en muchos Parajes Protegidos. Me has sorprendido, con este lugar. Es maravilloso…

    M: Es, lo más bonito que visto. Parece sacado, de una película.

    N: Este lugar, solo lo conocemos, muy pocas personas. No queremos que lleguen domingueros…

    … Queremos mantenerlo virgen. Es la única manera, para que no, lo llenen de porquería. Evitando visitas perjudiciales.

    Ya, nos habíamos secado. Nos vestimos y nos encaminamos hacia la cabaña.

    M: Cualquier día, vengo a buscarte. “Forestal”, y nos damos otro “Bañito”. Jajaja.

    N: Por supuesto, y yo, encantado y con ganas, de comerme unas “Moras”. Están a la medida. Jajaja…

    N: No será verdad, cuando quieras. Te esperaré con los brazos abiertos, igual que el corazón.

    M: Me he quedado “Hechizada”. Esto sí, que ha sido un viaje, al “País de las Maravillas”.

    Qué más quisiera, Alicia. Jajaja

    Seguíamos, caminando, le pasé el brazo por la cintura. Él, me lo pasó por los hombros. Bien cogiditos, hasta que llegamos.

    M: Me quedaría a vivir aquí, toda la vida. Contigo, vigilándome. Despreocupada, de todo.

    Llegamos a la cabaña, recogí mis cosas. Muy triste y apenada. Me vestí para irme. Nico me esperaba fuera.

    Al salir, me tiré encima de él, le besaba, como una colegiala. Me lo comía a besos. Con carita de pena. Para que supiera que la iba a echar de menos.

    Él me abrazaba apretando, muy cariñoso. También se le veía, serio y tristón. Me cogió cariño y yo a él.

    N: Ahora, nos damos los teléfonos. Me gustaría, seguir teniendo, contacto contigo. Eres estupenda…

    … Esto puede ser el “Comienzo de una gran Amistad” jajaja.

    Metí todo en el coche. Hicimos un par de selfis y grabamos los números de teléfono.

    Nos pusimos en marcha, yo iba delante con mi coche. Él me seguía hasta la cadena.

    Al llegar, abrió la cadena. Nos miramos con una carita triste. Pero con una leve sonrisa. Nos tiramos, los dos a abrazarnos.

    Nos besamos, apasionadamente, durante un buen rato. Nos costaba separarnos. Ya se empezaban a endurecer mis pezones, otra vez me empezaba a poner “calentita”, de los recuerdos, el viaje más excitante que tenido en mi trabajo, bueno, en mi vida.

    M: Nico, me voy. Te llamo, si no, nos quedamos aquí, pegados. No me apetece, pero tengo que irme.

    N: A que hora, llegas a casa?

    M: de 22h. a 22,30h.

    N: a las 23h. Te llamo, a ver si has llegado bien. Hasta pronto. Besos.

    Le mandé, un beso con la mano. Desde el coche. Arranqué y me iba, con un sabor agridulce. Triste, pero radiante.

    Abrí la ventanilla, me despedía con el brazo, por fuera. Le gritaba: ¡Adiós guapetón! ¡Hasta pronto!

    Moraleja:

    Si en el monte quieres dormir. Avisa a los forestales, que te vigilen de ti.

    Confundio

    MARIA GRINDDER

  • Las cosas claras y los coños mojados

    Las cosas claras y los coños mojados

    No hace ni una semana que me contactaste y vamos a tener hoy ya nuestra primera cita, eres atrevida, hay que serlo para disfrutar de la vida, tienes muchas ganas de dejarte hacer, tienes muchas ideas en la cabeza, básicamente me has comentado que para empezar te quieres sentir una zorra, de esas que van a domicilio y se presentan para entregarse, esta fantasía está bien, me gusta que te guste eso, solo que aquí mas bien eres una alumna, que viene a que la instruya, y si, en eso estamos de acuerdo, a convertirte en una zorra sumisa.

    En los últimos días, no sé ni cuantas fotos de tu coño y tu culo te he hecho hacerte, a mitad de mañana en tu trabajo te he mandado al baño a que te bajaras las bragas y me lo enseñaras todo, me gustan esas fotos con las bragas bajadas y el coño bien mojado en una esquina, las mujeres cachondas son las guapas de verdad, y esas fotos las mas expresivas, no hay nada mas expresivo que un coño húmedo, no se puede decir tanto y con tanta intención en una sola foto con tan pocos centímetros cuadrados de piel retratados. Seria fantástica una exposición de fotos con esta temática, “coños mojados del mundo, por la integración y el amor”.

    Esa pasión por los coños húmedos es el motor mi vida, mojarlos de formas diferentes, escribiendo, imaginando juntos, chupándolos, follandolos, por delante, por detrás, con mis juguetes, con mi polla en la garganta… la variedad de formas para llegar al objetivo es enorme, cuanto mas guarro sea todo mejor.

    Me mandas un mensaje advirtiéndome que ya estas muy cerca, he dejado la puerta de abajo abierta, subirás las escaleras y tocaras la puerta, te lo escribo en mi respuesta para que sepas que hacer cuando llegues, el primer encuentro siempre tiene la tensión de lo desconocido, hay que ponerlo fácil

    Al momento llegas, he dejado las contraventanas bastante cerradas, no del todo, para que quede una luz tenue, subes por la escalera, oigo la puerta de abajo cerrarse, tocas, abro, entras.

    – Hola.

    – Hola.

    Te miro, me miras, es la primera vez que vemos nuestras caras en directo, me acerco a ti, te miro fijamente.

    – Sabes de que va esto. ¿Entonces?

    – Si, lo tengo claro.

    – Y te quieres quedar?

    – Si.

    Ese “si” lo has dicho sonriendo, ya está claro, estas cómoda conmigo frente a ti.

    Has venido con un vestido corto, como te pedí, para que te pueda meter mano fácilmente, las putas deben ir así a sus citas.

    Me separo un poco de ti, te miro de arriba abajo, tu no te has movido todavía desde que entraste, de pie, hasta llevas el bolso en la mano.

    – Entonces, dime, eres una putita… date la vuelta que te vea.

    – Si, amo, quiero ser una puta.

    Me acerco mientras te giras, pongo mi mano en tu culo por debajo de tu vestido, lo palpo y aprieto, tienes un buen culo.

    – Buena puta, a ver el coñito como me lo traes.

    – Húmedo mi amo.

    Con la otra mano meto mi mano entre tus piernas, calentito está, aparto las braguitas con mis dedos, lo palpo… húmedo, perfecto, aprieto mi mano mientras el dedo de en medio se mete entre tus labios.

    – A partir de ahora, tu coño no es tuyo, tu culo no es tuyo, tú no eres tuya… tu eres lo que yo diga. Te voy a tratar como a una perra… lo tienes claro, verdad?

    – Si amo, clarísimo. Quiero esto.

    – Bien, la disciplina es fundamental.

    Aprieto un poco mas mi mano, te tengo cogida del coño, puedo hacerlo, me miras, no tienes control de nada, me lo has cedido, no eres mas que una zorra caliente que busca mas, me gusta la gente que no se conforma con lo convencionalmente normal, dejo de apretar y vuelvo a hacerlo nuevamente, te miro fijamente a los ojos, tu boca entreabierta y tu respiración jadeante me ponen mucho, tu coño se empapa por segundos… me gusta tanto sentirlo, ese es el puto objetivo de todo esto. Te suelto. Acerco mi mano a tu boca, lames la palma de mi mano y mis dedos llenos de ti, nos mirarnos mientras lo haces. ¡¡Así me gusta!!… ves… esto es lo que quiero de ti.

    Cojo un cojín del sofá y lo pongo encima de la mesa de café, grande y cuadrada en medio de la sala, aparte del sofá, no hay ningún mueble mas.

    – Quítate la ropa y súbete aquí a cuatro patas, zorra.

    Sin dudarlo te subes el vestido y te lo quitas, bajas tus bragas, y las tiras al suelo.

    – No, no, tráeme tus bragas… cógelas del suelo con la boca, y tráemelas a cuatro patas… venga.

    Me miras, y jadeas, te agachas, a cuatro patas te acercas a ellas, y las cojes con la boca, te das la vuelta y vienes hacia mi, abro mi mano, y me las acercas, cierro la mano y las cojo. Las acerco a mi cara, las huelo, me gustan. Las aprieto con mi mano, y las vuelvo a tirar al suelo.

    – Vamos, traémelas otra vez… con la boca, eh, como las perritas.

    – Si amo.

    Vuelves y repites la jugada, las vuelvo a tener en mis manos, las vuelvo a tirar…

    – Vamos perrita, tráeme las braguitas.

    Vuelves una vez mas, me las vuelves a traer… las vuelvo a coger…

    – A ver ese culo como se mueve de contenta, como las perritas buenas.

    Lo mueves, estas a cuatro patas, desnuda, a mis pies, tus bragas en mis manos, mi polla aprieta mi pantalón, lo desabrocho y la dejo salir, tengo la punta mojada… cojo las bragas y me las paso por la punta de la polla, les dejo mi caldo, me da gusto pasármelas, me miras mientras lo hago.

    – Abre la boca putita… acércate

    – Si amo.

    Te incorporas un poco, acercas tu boca, y las meto dentro de ella, enteritas, te cierro la boca mientras te miro.

    – Saben bien zorra?… verdad que si??… tus bragas con sabor a mi polla. Esto es lo que hay, a mi me gustan las guarras, sumisas y guarras. ¿Estamos?

    – Si mi amo, soy una guarra, me gusta, mi amo.

    – A ver si es verdad, no vengas aquí pensando tonterías, de aquí te vas a ir con las bragas manchadas puestas, para que cuando llegues a casa las huelas y lamas con la lengua.

    – Quiero eso Amo.

    Me siento en el sofá, mi culo al borde del asiento, mi polla bien empalmada en medio, mis rodillas flexionadas.

    – Ven Perrita, vamos, acércate… te voy a dar premio, te has portado bien…

    – Quiero chuparla amo.

    Te acercas a mi andando a cuatro patas, vas directa a donde tienes que ir, tu premio lo tengo entre mis piernas, vas a comerme la polla, te veo las ganas de hacerlo, sin apartar de ella la medida llegas, acercas tu mano, la cojes y te la metes en la boca, quito tu mano de mi polla.

    – La polla del amo se toca cuando te lo diga.

    – Lo siento amo.

    – De momento con la boca todo.

    Cojo tus brazos y los dejos sobre mis muslos, arrodillada, mi polla esta dentro de tu boca, mueves tu cabeza y tu espalda para que se meta y salga de ti, la lames por el lado, te veo contenta, me miras al hacerlo, me estas dando mucho placer. Sigues a lo tuyo… pero, te cojo, del pelo y te separo la cabeza. Te miro fijamente.

    – Para que estas aquí??… para ser mi comepollas, eres mi comepollas…

    Cogida del pelo, con tus brazos sobre mis muslos, la boca entreabierta, escuchas lo que te digo, chopada y arrodillada, estas justo en ese momento en el que el mensaje va a llegar bien dentro de tu cerebro, ahí es donde hay que llegar para educarte bien, para que te quede clarito todo.

    – Soy tu comepollas mi amo.

    – Si, lo eres, que te quede bien claro… eso es lo que eres, una comepollas.

    Cojo tu cara con mi otra mano, te miro fijamente, acerco mi cara a la tuya, mi boca a la tuya.

    – Abre la boca.

    La abres, y sin perderte la mirada, escupo dentro. Impasible, inmóvil, has quedado parada, puedo hacer contigo lo que quiera, voy a hacer contigo lo que quiera, este es solo el principio, te voy a convertir, por fin, en una mujer de verdad.

  • Primer acercamiento al BDSM

    Primer acercamiento al BDSM

    Lied tenía 28 años cuando conoció a Edén, al verlo quedó intrigada por su seriedad, parecía un hombre con mentalidad mayor a sus años de vida. Siempre cauto, tranquilo e introvertido, pero nunca habían sido algo más que amigos.

    Ella media 1.68 m, tenía su tez blanca y una cabellera castaña clara le llegaba hasta su estrecha cintura, que en juego con sus caderas anchas hacían una tremenda combinación, además de tener unas piernas largas, fuertes y un culo que se marcaba apetecible cuando se vestía con jeans ajustados. Sus pechos eran pequeños, pero bien puestos debido a que estaba en sus mejores años. Sus ojos color avellana emitían una mirada tierna, pero en su mente se desataban esos demonios que la hacían sentir una pervertida, le gustaría saber que se sentiría ser sometida, dominada, humillada.

    La imaginación de Lied comenzó a trabajar, veía que Edén colocaba unos grilletes alrededor de sus muñecas y tobillos, unidos con gruesas cadenas que le hacían dar pasos cortos para no tropezar. El frío del metal la hacía estremecerse y se empezaba a humedecer… De repente la sobresaltó una voz y recordó que estaba en la entrada de un café. Frente a ella estaba Edén. Él la había citado para hablar de una cosa importante para ellos, o al menos, eso le dijo la semana pasada por teléfono. Cosa que la tuvo intranquila durante varios días.

    Después de los saludos de cortesía en donde Edén no perdió oportunidad de posar su mano por su cintura y de acercarse a besar la comisura de los labios de Lied, le dijo –Lied, he estado pensando sobre lo que hemos hablado últimamente. A mi también me atraes y quiero probar de todo contigo, pero quiero confesarte que tengo una inclinación por tomar el control en la cama y hacer cosas que a muchas personas le pueden parecer no morales.

    En ese instante los ojos de Lied se iluminaron y sintió un choque eléctrico recorres por su espalda media. Ahora deseaba más que nada en el mundo ser poseída por él, ese hombre que le causaba emociones encontradas. Deseo, respeto, miedo, excitación.

    Edén: Parece que lo que te he dicho no te descoloca, al contrario, veo que lo deseas. ¿Entonces te gustaría ser mi sumisa?

    Se enrojecieron de inmediato las mejillas de Lied. Quería entregarse en cuerpo y alma, pero su boca seca no emitía ningún sonido, por lo que solo pudo asentir con la cabeza.

    Edén no pudo más que sonreír. Con su mano tomo el lado izquierdo del cuello de Lied y con un movimiento firme, pero sin ser violento la atrajo a su rostro, pero justo cuando Lied pensaba que iban a fundir sus labios en un beso lascivo, él desvió su boca y la coloco al lado del oído de Lied. Con una voz susurrante pero profunda le dijo a Lied, hoy te voy a hacer mía, voy a liberar la puta escondida en tu ser, te hare ladrar y aullar de placer, te convertiré en la interpretación del pecado llamado lujuria. Serás mi zorra personal. Por lo pronto quiero que vayas al baño y te quites tus pantaletas, y brasier.

    Las pulsaciones de Lied estaban aceleradas, su respiración era agitada, pero su sexo estaba humedecido como nunca antes. Se levanto dirigiéndose a los aseos, entro en un cubículo y comenzó por quitarse la parte superior de su ropa íntima. Pudo ver que sus pezones marrones y con una aureola rosada estaban erectos, sensibles aún al roce de su blusa. Al quitarse sus bragas, sintió que estaban mojadas. Sin duda, ese hombre la había excitado sin siquiera haberla tocado aún.

    Al regresar a la mesa en donde estaba su ahora Amo, le dio su ropa. Él se quedó mirándola e hizo un gesto afirmativo, pero le pregunto -¿Por qué me das tus prendas si yo no te he dado esa orden? Sorprendida ella no supo que decir. Pero ambos sabían que ese pequeño acto confirmaba que ella estaba hecha para ser sumisa.

    Edén: Voy a pagar la cuenta, alístate que iremos a un lugar con mayor privacidad.

    Lied: Está bien Amo, aquí lo espero.

    Llegaron a un hotel con luces tenues. Ella estaba expectante. Desde que entraron a la habitación no había dicho una sola palabra, así que solo esperaba. Él comenzó a sacar de una maleta un látigo de nueve colas, collar, correa, grilletes, cadenas, fusta, una pala de madera, una mordaza bola… Lied solo observaba atónita de ese arsenal, el estímulo visual era sublime para ella. Tan solo de mirar esos instrumentos se le erizó la piel y su sexo reaccionó.

    Al terminar de acomodar sus pequeños juguetitos, volteo hacia Lied, la observó y se acercó a escasos centímetros de su boca. Deslizó las yemas de sus dedos por la tersa piel de su sumisa. Comenzó por su rostro, bajo hacia su cuello para después seguir la línea de sus clavículas, después pasó lentamente por sus costados hacia su cintura. Lied dio un respingo.

    Bajo hasta sus nalgas, las masajeo, las apretó y Lied suspiro. De pronto sintió un fuerte azote, aún con su pantalón sintió el calor y escozor que dejo la palma de su amo. Un leve gemido salió de sus labios. Edén le ordeno que se desnudara sin dejar de mirarlo. Ella obedeció sin el más mínimo retardo. Su mirada la cautivaba, la hacia sentirse pequeña, temeroso y al mismo tiempo protegida. Cuando estaba completamente en cueros el se transformo en el dominante que inundaba toda la habitación.

    El collar de sumisión fue colocado alrededor de su cuello, luego colocó la correa. Ponte de rodillas y sígueme, camina en cuatro patas, voy a mostrarte lo sexymente perra que te ves. -le dijo. Ella, trémula de excitación lo hizo. Se vio a si misma frente a un espejo, lo que observo la hizo desear más.

    Mientras la paseaba por la habitación a cuatro patas, usaba el látigo de nueve colas para azotar su culo y espalda. Ella gemía, pedía más.

    Lied: Amo, por favor, por favor, dame otro azote, por favor, por favor, usameee, cógeme, ya quiero tenerte dentro.

    Edén: Aún no perrita, yo decido cuando y como follarte.

    Edén se detuvo, se quito las ropas que llevaba, su verga salto erecta, ya con liquido preseminal. En cuanto Lied vio el miembro de su Amo, empezó a salivar, quería probarlo, quería metérselo a la boca, deseaba ahogarse con aquel trozo de carne, no le importaba nada más que complacer a su Amo, quería que le follará la boca descontroladamente.

    -Ven y cómeme la verga-. Lied hambrienta, se abalanzó. Lamía desde los testículos hasta la coronilla. Se lo metía hasta el fondo de su garganta.

    Lied: Oh por Dios, que rico, gluup, gluup, gluup, follamee la boca Amo, por favor, FOLLAMEEE!!!

    Edén le propino una cachetada y vio como su sumisa sonreía.

    Lied: Gracias Amo, pegameee, pero follame por favor.

    Edén tomo la cabeza de Lied con sus manos y comenzó a follarla por la boca, sin piedad. Solo se escuchaba gluup, gluup, gluup, la asfixiaba por momentos con su miembro y ella solo sentía el lujuria, se sentía la más puta de todas, eso le encantaba.

    Edén: Así putaaa, cometela toda, así perrita, que buena zorra eres!!!

    Lied: Si Amo soy tu zorra, soy tu objeto, usame!!!

    Edén la tomo de los cabellos y la alejo, hizo que se levantara y la aventó a la cama boca arriba, estando ahí la esposo y amarro sus piernas para que no pudiera moverse. Ella estaba perdida, quería que la destrozaran con sexo rudo.

    Él, lamió los labios vaginales de Lied, quien intento con sus manos acercarlo más a esa zona, peros sus intentos fueron inútiles, las esposas estaban fuertemente ancladas e impedían el movimiento.

    Lied gritaba de placer, ahhh, Amo, por favor!!! Te lo suplico, métemelaaa!!! Haré lo que tú quieras, pero métemela!!!

    Le metió su miembro en una estocada.

    Ah!!! aaah!!! sii!!! cogeteee a esta putaaa!!! soy una perraaa!!!

    Mientras se la cogía con un ritmo frenético, le pellizcaba los pezones y arañaba su espalda, la besaba con lascivia y le escupía la boca

    Máaas, maas maas!!! por favor maaas!!!

    Gritaba mientras tenía un orgasmo descomunal.

    Edén no dejo que se recuperará por completo cuando la desato y la puso en cuatro. Volvió a colocar su pene en la entrada al paraíso y se deslizó como cuchillo en mantequilla. La habitación se lleno del sonido de dos cuerpos chocando frenéticamente. Mientras se la cogía le azotaba las nalgas con la mano derecha y con la izquierda la jalaba del cabello.

    Edén: Muévete puta perra, Así, mueve esas nalgas zorraaa

    Lied entre gemidos, gritos y jadeos decía – Si Amo, soy tu puta perra, tu mascota- sus piernas temblorosas no aguantaban más y sentía desfallecer, hasta que en un gemido que ambos emitieron al unisonó terminaron en un orgasmo. Ella, solo pudo decir Gracias Amo y quedó dormida en su regazo.

    Este es el primer relato de muchos. Agradeceré cualquier sugerencia o crítica constructiva. Pueden contactarme al correo:

    [email protected].