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  • ¿Cómo termino de convencer a mi esposa?

    ¿Cómo termino de convencer a mi esposa?

    En el relato anterior cometí un error de teclado puse 49 años de casados y son 29, nos casamos cuando Carmen tenía 23 y yo 26 ella tiene ahora 52 y yo 55 nos conservamos porque hacemos ejercicio y nos gusta mucho el baile.

    Bien le contaré mis avances para convencerla de hacer un trio o un intercambio de parejas, para verla disfrutar con otra verga, mamándola y cabalgando, de imaginarla me caliento mucho.

    En días anteriores a mi esposa por los festejos Decembrinos hicieron la clásica comida de fin de año en su trabajo, al término de la fiesta por ahí de las 6 de la tarde me habla para decirme que se la van a seguir a un bar donde se puede bailar, que le alcance.

    Llegué como a las 7 y había una mesa como con de 10 compañeros entre hombres y mujeres, ya estaban entonados y el alcohol hacía ya sus efectos, algunos conversaban y hacían chistes y otros bailaban, pregunté por Carmen mi esposa y una de sus compañeras me indicó que estaba bailando, volteo a la pista y ella bailaba una balada con uno de sus compañeros él se pegaba mucho a ella, cuando regresó a la mesa me vio y me presentó con algunos compañeros recién entrados a la compañía entre ellos con el que bailaba.

    Carmen ya había bebido varias copas, lo noté en sus ojos y lo desinhibida que se encontraba, me senté y me puse a platicar con otro de sus compañeros que yo ya conocía, y Carmen me pidió permiso para seguir bailando, no tuve objeción y se levantó a la pista con su nuevo compañero, de vez en cuando volteaba a mirarla a la pista y varias veces vi como su compañero bajaba la mano más de lo debido casi tocando sus nalgas, y apretándola fuerte, se le veía el bulto restregándoselo, dándole sus arrimones, ella parecía no incomodarla y al parecer lo estaba disfrutando más que darme celos me excitó mucho, pensar en la posibilidad de que su compañero se la cogiera.

    Me acordé de la sugerencia de Minerva sex en el relato anterior al decirme, deja que ella escoja con quién, y la otra sugerencia de SD40 de hacerla sentir deseada por otro, gracias por sus sugerencias nuevamente.

    Cada que regresaba a la mesa por el calor del ambiente y la bailada se tomaba casi medio vaso de cuba, de tal suerte que ya se sentía mareada, dando casi las 11 de la noche se empezaron a retirar, incluyendo a su pareja de baile que antes de despedirse me agradeció haber dejado bailar a mi esposa con él, así que también nosotros nos despedimos pedimos el auto al valet al llegar el auto el valet se baja para abrir la puerta a Carmen, que sin pena al subir se le subió el vestido, y abrió las piernas tanto dejándole ver los calzones transparentes que traía puestos, notando su vello púbico y los labios vaginales, el valet abrió los ojos tratando de ver más.

    En el camino me fue platicando los detalles de la fiesta y lo mucho que bailo con Jaime su nuevo compañero, la vi muy excitada y le acaricié sus piernas y sus nalgas, ella a su vez me acarició la verga, y me dijo no quiero llegar a la casa, llévame a un hotel, a ella le excita mucho cuando entramos a un hotel de paso, pues para ella es sinónimo de coger sin preocuparse si la escuchan gemir, jadear, y gritar, pasamos a pagar a la recepción antes de nosotros estaba pagando dos hombres y una mujer les asignaron la habitación y se fueron abrasando ambos a la mujer, le dije a Carmen, ya viste esa mujer, va a recibir verga por todos lados y me sorprendió su respuesta cuando me dijo, que envidia, fue cuando me percaté que si estaba borracha, la desconocí.

    Aproveché para decirle que a mí me gustaría verla coger con otro, hacer un trio o un intercambio y me dijo si quieres tú, a mí también, le dije vamos a planearlo para hacer realidad la fantasía, no me contestó, entramos a la habitación y yo ya traía bien parada la verga solo de escucharla así es que la abracé desde atrás y le besé el cuello eso a ella la prende, y le agarré sus grandes senos, fui bajando mis manos hasta abrir su calzón y meterle un dedo en su vagina, la sentí muy húmeda y al oído yo le decía imagina que soy Jaime tu nuevo compañero con el que bailabas y le vas a mamar la verga y te la va a meter, y me decía sí Jaime dame verga, deja mamártela carbón. La volteé y la hice bajar su cabeza hasta la altura de la verga y le dije mámamela hasta que te llene la boca de leche y te la tragues, y me decía siii.

    Fue tanta mi calentura que me vine y ella se los tragó, limpió con su boca toda la verga, para dar tiempo para reponerme, aproveché y le hice un rico cunnilingus y le agarraba sus nalgas, me agarraba la cabeza y restregaba su vagina en mi boca como loca y me decía, así cabrón mete tu lengua, así lo hice hasta que tuvo un orgasmo muy intenso, disfruté de sus jugos derramados.

    Dicen que no hay borracho que coma lumbre y eso es cierto pues trate de meterle un dedo en el culo y me lo impidió diciéndome que por ahí no.

    Volví a abordar el tema de estar cogiendo con Jaime y que se la voy a meter como su marido no lo hace, y me dijo si cógeme dame verga, la puse en cuatro y se la metí poco a poco pegándole en sus nalgas con mis huevos lo estaba gozando tanto que tuvo otro orgasmo, se voltea de frente y le pongo sus piernitas al hombro, se la dejo ir nuevamente ella movía el culo riquísimo jadeando y gritando, volvió a tener un orgasmo más, siguió moviéndose y me pidió que me viniera, me gritaba dame tu leche, lléname de tus mocos, volvió con otro orgasmo, me vine nuevamente casi al mismo tiempo que ella, el cansancio nos venció y nos dormimos.

    Despertamos un poco tarde, y nos dispusimos a bañarnos, nos vestimos y salimos del hotel rumbo a casa.

    En el camino le pedí que me contara que sintió al bailar con su compañero, que le arrimaba el paquete muy rico y que pareció gustarle, que si le gustaría cogérselo sentir una verga ajena, y nuevamente igual que otras veces se retractó y me dijo, ya ni me recuerdes, me siento muy apenada, estaba muy tomada y ya no sabía lo que hacía, que no se atrevería a coger con otro y menos del trabajo, que ya no insista.

    Nuevamente volvimos a la rutina y no quiere hablar del asunto.

    Se que hay avances, pero no logro convencerla del todo.

    ¿Cómo ven mi caso?

    ¿Que más me aconsejan?

  • Mi suegra y su hija

    Mi suegra y su hija

    Todo comenzó desde el momento en que me casé con mi esposa, a partir de entonces durante algún tiempo estuvimos en casa de sus padres, hasta que con el tiempo nos mudamos a nuestra propia casa.

    A partir de entonces, confesamos un par de nuestras fantasías, le platique al respecto del deseo de ver a su madre desnuda y el deseo de ver a mi esposa vestida con la ropa de su madre, pensé que se enojaría conmigo, hasta que de tanto repetirlo un buen día me envió un mensaje de whatsapp con un vídeo, no podía creerlo allí estaba su mamá desnuda para mí, bañándose.

    Su mamá para entonces tenía aproximadamente 49 años y nosotros 30 y ella 28. Su mamá aparecía en ese vídeo que dura aproximadamente 1:00 completamente desnuda enjabonada mientras mi esposa platicaba con ella en el baño al parecer le hizo creer que ya no aguantaba más las ganas de orinar y allí aprovecha para verla desnuda.

    Aparecía de frente sus pechos presentan una leve caída de tamaño regular su abdomen apenas sobresaliente, y sus piernas torneadas a la par de un monte de venus pronunciado y recubierto por vello libii, al giro unas nalgas hermosas.

    A partir de entonces no pude ver a mi suegra otra vez sin que cada vez que la vea saber lo que hay debajo de esa ropa. He de aceptar que físicamente me gusta, tiene un lindo rostro y un cuerpo de una mujer madura.

    A partir de entonces mi esposa lleva ropa de ella de manera regular, la cual se pone, me encanta verla con los coordinados de su madre y con la ropa de lencería de ella, me gusta que la use dejarla llena de nosotros y devolverla así para que ella la usé.

    De algunos meses para acá comenzó atraerme su ropa de uso llena del olor de ella la cual ja servido para llenarla de mi, ella dice que es como si lo estuviera haciendo con ella porque tienen su líquido vaginal y al frotarla y dejarlas llenas de mi dice que es como si estuviera con ella y eso me encanta, en ocasiones jugamos a qué es ella y que le encantaría que estuviera con las dos al mismo tiempo mientras ellas se hacen el amor la una a la otra, me dice que le encantaría que ella le chupara las tetas o chuparle la vagina a su madre mientras yo la penetró en cuatro.

  • Mi cuñada, su amiga Martina y yo

    Mi cuñada, su amiga Martina y yo

    Son las 20 horas de una tarde de otoño, he finalizado mi jornada laboral y me marcho para casa, pero antes entro en el bar, donde suelo desayunar habitualmente, pues en casa no hay aún nadie, mi esposa trabajará hasta muy entrada la madrugada, pues están finalizando la contabilidad de una empresa, que presenta liquidación de cierra, la niña está en casa de mi suegra, así que entro en el bar para tomar una copa y picar algo antes de marchar para casa, cuando me suena el móvil.

    C: ¿Sí dígame?

    Linda: ¡Hola, Carlos!, soy tú cuñada favorita.

    C: ¿Dime Linda?,

    Linda: ¿Qué haces esta noche?

    C: En principio tomarme algo en el bar frente a la oficina, para marchar a casa, pues tú hermana llegará muy tarde y la niña esta con tu madre.

    Linda: Si lo deseas, pásate por casa, te he preparado una sorpresa, tal como te comenté el último día que tuvimos relación sexual en mi casa.

    Quedé un poco asombrado e indeciso, pero me lancé porque me intrigaba la sorpresa, y le contesté:

    C: Ok, en una media hora estoy en tú casa.

    Tras la conversación llegaron a mi pensamiento imágenes de mis encuentros con Linda, y algunas ilusiones que surcaban mi mente sobre qué hacer en esta sorpresa, pensaba que podría ser un trio como ella me comento, pero ¿Qué trío, dos mujeres y yo, dos tíos y mi cuñada?

    Así que me apresuré a finalizar la consumición, pagué y me fui directamente al parking para recoger el coche y marchar para la casa de Linda y poder conocer esa sorpresa.

    Llegué pronto, ya que su casa está a cinco manzanas de mi oficina, aparqué el vehículo cerca del portal de su vivienda, y ya en el portal, pulsé el timbre de su portero automático, tras el sonó la voz de Linda, me abre la puerta y subo por el ascensor, al salir del ascensor, la puerta de la vivienda de Linda, estaba abierta. Entro y cierro.

    C: Hola Linda, ya estoy aquí.

    Linda, desde dentro: Pasa al salón, que en seguida estamos contigo.

    Al poco de tomar asiento, llegan por el pasillo mi cuñada Linda, acompañada de una mujer, la cual resultó ser su amiga Martina. Una joven de 30 años aproximadamente, delgada, con unos pechos resultones y medianos, con pantalón vaquero y una blusa roja, con la zona delantera transparente, que dejaba ver esos ricos pechos.

    Linda: ¡Hola cuñado?, esta es mi amiga Martina, estará en Barcelona un par de semanas, y se quedará en mi casa.

    Carlos: -Me levanto y beso a Martina- encantado de conocerte -al dar el beso, noto una piel muy suave y un agradable olor de su perfume.

    Me dirijo a Linda y le pregunto -¿Dónde está la sorpresa que me habías comentado?

    Linda: Espera hombre, no seas impaciente, hay que preparar el ambiente y a sus actores o actrices.

    Carlos: me esperaré, porque viniendo de ti, será una grata y agradable sorpresa.

    Linda Sonríe y mira a Martina, y le dice: -Vamos que hay que preparar el ambiente. Carlos espera a que te llame.

    Carlos: Ok, pero no tardes mucho.

    Carlos sentado en el sofá, con un movimiento de piernas, que delataban su nerviosismo, espera que Linda le llame, el reloj parecía no andar, de pronto una voz desde el final del pasillo dice ¡Carlos ven que ya estamos preparada y esperándote!

    Me levanto y me relajo, voy despacio por el pasillo hasta llegar a la única habitación que tenía las puertas abiertas, era la habitación de Linda, con una cama grande, al entrar veo a Linda con un corsé color rojo oscuro, tanga, liguero y media mismo color, a un lado de la cama, en el otro lado estaba Martina, con un sujetador, tanga de color blanco.

    Linda, me pide que me siente en el sillón de su habitación, y tras sentarme empiezo hacer el principal espectador de sexo entre mujeres. Linda se acerca a Marina y comienza a besarla, ambas se apretaban suavemente sus pechos y acariciaban sus coños, por encima de sus tangas, Linda empuja a Martina hacia atrás, para bajar a su pelvis y empezar a besar su coño, por encima de las bragas, Martina se acaricia sus pechos y se libra del sujetador, ha dejado sus pechos medianos pero tersos al descubierto y comienza a pellizcarse los pezones. Lidia quita con su boca el tanga de Martina, y le come el coño pasándole su lengua hasta llegar a su clítoris, Martina se coloca de píe, y empuja a Lidia sobre la cama, Martina se coloca sobre Linda, y baja el cuerpo de esta besándolo, acariciándolo, llegando a su coño, donde lo besa y echa a un lado el filo del tanga para lamer el coño de mi cuñada, ambas están gozando. Martina alarga la mano hacia la mesilla junto a la cama y coge un consolador de doble punta, lo lubrica con gel y comienza a meterlo en el coño de Linda, Linda se mueve mientras Matina le mete y saca el consolador, Martina se sienta sobre Linda, cogiendo la otra punta del consolador se la fue metiendo en su coño, las dos tienen la mitad del consolador metido en sus coños.

    Viendo esto yo no había podido aguantar la dureza de mi pene, y me había empezado a desnudar, hasta el punto de que cuando ellas tienen el consolador metido en sus coños, yo estoy totalmente desnudo, Martina me mira y exclama ¡que buen rabo tienes!, Lidia comenta que es un gran rabo, que seguro nos deja satisfechas.

    Linda estaba boca arriba y Martina sobre ella disfrutando del consolador, me levante y fui para la cama, puse mi polla en la cara de mi cuñad Linda, que empezó a comérmela, me coloque de pie en la cama, y Martina se unió al trabajo que estaba haciendo Linda: Martina coge mi pene y empieza a mamar sólo la cabeza hasta meterla lo más dentro que su boca le permitida, tragar mis 19cms de polla.

    Me acerque a Lidia que estaba sobre Martina besándola y chupándole los pezones, me puse detrás de Linda y comencé a meter mi pene en su coño, este se perdió rápido porque mi cuñada tenía su coño bien lubricado, Martina me mira con deseos de ser penetrada, y les pido a las dos, que se pusieran a cuatro patas sobre la cama, cosa que hicieron una vez saque mi polla majada del flujo de Linda.

    Me puse por un lado de la cama, donde tenía a las dos de rodillas y con esos culos y coños jugosos, tenía dos mujeres para fallármelas delante de mí. Pedí a Martina que abriese un poco sus piernas, le coloque mi pene en su coño y empecé a penetrarla un buen rato, Martina daba grandes suspiros y una respiración profunda a la que acompañaba unos gemidos, Linda, le acariciaba una teta, y yo le cogía la otra, tras sacar mi polla del coño de Martina, me acerque al coño de mi cuñada, se la volví a meter hasta el fono, este coño era familiar para mi polla, el coño de Linda era más estrecho que el de Martina, Linda gimió fuertemente, y me dijo cuñado hoy tienes la polla más dura que otras veces, Martina me mira y me dice Carlos cuando quieras estoy otra vez dispuesta, me cambe de coño y me coloque detrás de Martina, ella abrió sus piernas y me polla dura entró en su coño, ella cerro las piernas, apretando con sus labios y su coño mi pene dentro de ella, se la volví a sacar y regrese a Linda, le pedí que subiera las piernas y las cerrara, le refregué mi polla por sus labios y la metí dentro, entrando y saliendo con ritmos rápidos de mis caderas, Martina me comenta si me voy a correr, le digo que no de momento, saque mi polla del coño de mi cuñada, y me tendí en la cama boca arriba, le pedí a Linda, que se sentará sobre mi pene, dándome la espalda, deseaba ver su culo. Linda se sentó sobre mi polla y comenzó a moverse como una endiablada, mi polla entraba y salía del coño de Linda, se cambia con Martina que se sienta sobre mi pene, y empieza a subir y bajar sus caderas de ricos movimientos, tras un buen rato, se paró y se colocaron las dos a cuatro patas nuevamente, y les comí el coño a las dos, primero a Linda y luego a Martina, tras ello había lubricado el culo de Linda y comienzo a metérsela en su ano, que estaba bien lubricado y calentito, llevo mi polla hasta dentro, ella nuevamente gime de placer, saco mi polla del culo de Linda y hago lo mismo con el culo de Martina, este está bien lubricado, pero menos estrecho que el de Linda, Martina se movía con rapidez con mi polla en su culo, se baja y grito me voy a correr, y en segundos se llenó su coño de fluidos, me limpie la polla y pase nuevamente a Linda, pero esta vez cogí el consolador, mientras Linda se movía y el consolador entraba en su coño, coloque la otra punta del consolador en Martina, tras ello note como Linda se había corrido.

    Martina se colocó boca arriba en la cama con sus piernas bien abiertas y Linda y empecé a volarme a mi cuñada mientras ellas se besaban, luego cambié al coño de Martina y así un buen rato de cambiar de coños, me llegaba el momento de empezar a correrme (había aguantado gracias al retardante que me había aplicado), las dos acercarán sus bocas sobre mi pene, acariciándomelo a dos manos, me corrí en la boca de las dos, que limpiaron después mi pene.

    Tras esto nos quedamos los tres dormidos un buen rato, pero Martina, se despierta antes que mi cuñada y empieza a besar mi polla, yo me despierto y le pido se siente sobre el pene dándome la espalda, que pretendía metérsela en su culo, tras unos momentos, coloque a Martina a cuatro patas, le metí la polla en su culo, y cogiendo el consolador, empecé también a metérselo dentro, ella gritaba y gemía, me corrí dentro de su culo, Martina se colocó extenuada a mi lado, mientras mi cuñada, regresaba a la habitación y empezó a limpiarme mi polla del semen, y en esas nos quedamos los tres dormidos, mi cuñada sobre mi polla, Martina sobre mi pecho y yo acariciando el culo de Martina.

    Cuando nos despertamos, nos duchamos los tres, pero aquí sólo hubo manoseos, yo te enjabonó a ti, tú a mí, y nos acariciamos, tras la ducha tomamos una copa, y comentamos:

    Linda: ¿Qué te ha parecido Martina?

    Martina: Una experiencia maravillosa, no sabía que tu cuñado era tan buen amante.

    Carlos: La experiencia ha sido maravillosa para mí, he disfrutado de vosotras dos, y de todo vuestro cuerpo.

    Linda: Pues cuñado, quedamos citados para otra experiencia, ahora seguro será HMH, vete preparando, pues puede ser que el hombre que me busque sea un amigo transexual.

    Terminamos la copa, y me despido de ellas, y a Martina le digo – espero tener otra experiencia contigo-, Martina le responde, cuando lo desees, Linda tiene mi teléfono.

    Carlos en su marcha en el coche hacia su casa, va pensando lo que ha vivido y desea que Martina le llame necesita una cita con ella, no ha visto nadie como ella para el sexo anal, cosa que a Carlos le ha encantado follar el culo de Martina. Así que llegado a su casa, deja esos pensamientos y recurre al ofrecimiento de su cuñada, y piensa “no estaría mal una experiencia con una transexual”, sería otra con dos mujeres pero una de ellas con polla.

  • Siempre fuiste un misterio para mí (parte 1)

    Siempre fuiste un misterio para mí (parte 1)

    Estimado lector, la historia está inspirada en hechos ocurridos en Uruguay, pero consideré más prudente ambientar el relato en Francia.

    Los pasillos del Lycée estaban vacíos. Todos estaban afuera frente al edificio, posando para fotos con familiares y amigos. Yo me las había arreglado para recuperar una gorra del suelo después de arrojar la mía al aire. Me desabroché el vestido unos centímetros. Hacía mucho calor hoy. Las otras chicas habían usado vestidos ceñidos y tacones de 5 pulgadas debajo de sus togas de graduación. Yo había usado pantalones cortos y una camiseta, con el mismo par de botas que había usado todos los días durante el último año. No era como si tuviera una fiesta elegante a la que asistir. Había sido prácticamente invisible para mis compañeros de clase durante los últimos cuatro años y no tenía familia de la que hablar. Mi madre murió hace tres años, sucumbiendo a los efectos del alcoholismo en etapa avanzada. Me había jurado que nunca dejaría que el alcohol cruzara mis labios. Mi padre era camionero y actualmente transportaba una carga de ganado desde los corrales de ganado en Bretagne hasta un matadero en Auvergne-Rhône-Alpes. Yo era vegetariana. Mi padre probablemente podría haber modificado su horario para asistir a mi graduación, pero no se le había ocurrido hacerlo y a mí no se le había ocurrido esperarlo. Nunca había estado mucho en casa. Cuando murió mi madre, su hijastro Caleb tenía más de dieciocho años y todavía vivía en casa. Había un adulto en la casa, por lo que no necesitaba preocuparse por mí cuando no estaba. Yo había cumplido dieciocho años en febrero pasado, por lo que su trabajo como padre había terminado.

    Los casilleros de los mayores estaban lejos de la entrada principal. Era como si hubiera un diseño siniestro para retrasarme de sacudirse el polvo de los pies el mayor tiempo posible. Solo necesitaba recuperar un escrito de mi casillero. Entonces podría dejar este lugar que había sido tan cruel conmigo, y nunca volver. Ni siquiera para un reencuentro. Alteraría mis rutas de conducción para no tener que pasar este edificio.

    Mi corazón se detuvo cuando doblé la esquina hacia el pasillo de los estudiantes de último año y vi que todos los casilleros estaban abiertos. El personal de mantenimiento había usado una llave maestra para abrir todos los casilleros y sacar su contenido. Cada casillero estaba vacío. Mi diario se había ido.

    Por un momento, pensé que me iba a desmayar. Se me hizo un nudo en la garganta y apenas podía respirar. Mi diario. Mi único amigo. Mi guardián de secretos. Secretos que nadie más podría saber. La vulnerabilidad de saber que mis pensamientos más íntimos estaban por ahí, en algún lugar, siendo leídos por cualquier persona, posiblemente pasando entre extraños, era más de lo que podía soportar. Me hundí en el suelo y lloré. Lloré hasta que no me quedaron más lágrimas, y luego me apoyé contra la pared, contemplando con amargura el hecho de que ese odioso lugar había logrado lastimarme por última vez y de la peor manera posible.

    Había sido una estupidez llevar mi diario al colegio. Es una estupidez escribir esas cosas en un papel. La mayoría de la gente tuvo la sensatez de escribir sus anhelos, aspiraciones y fantasías sexuales secretos en una computadora y guardarlos detrás de contraseñas. Pero la vieja computadora de escritorio en casa casi siempre estaba en uso. Caleb no se había aventurado muy lejos en los mundos de la educación superior o el empleo. Pasó la mayor parte de su tiempo sentado frente a la computadora en una nube de humo de cannabis jugando Adventure Quest. Las computadoras en la biblioteca de la escuela estaban monitoreadas y a la vista de cualquiera que pasara por allí. No hubo oportunidad de escribir sobre mi sueño de un misterioso extraño que me alejó de mi miserable vida y me llevó a su guarida, donde me cogió de todas las formas posibles, mientras me mantenía con los ojos vendados para que su verdadera identidad nunca fuera descubierta.

    ¡Mierda! ¡Alguien probablemente estaba leyendo eso ahora mismo!

    Pero tal vez no era demasiado tarde. La limpieza del casillero tuvo que haber tenido lugar durante la ceremonia de graduación. Acababa de poner mi diario allí esta mañana. Tal vez lo habían tirado a la basura. Buscqué frenéticamente un cubo de basura que pudiera haber sido arrojado al pasillo. No había ninguno. Recordando los contenedores de basura detrás del lycée, corrí por el pasillo, doblé la esquina, atravesé las grandes puertas dobles del gimnasio y salí por la salida trasera hacia donde estaban los contenedores de basura frente al estacionamiento de la facultad. Unos pocos asistentes a la graduación rezagados estaban de pie en grupos aislados, pero los ignoré. Moví la puerta corredera al costado del contenedor de basura y sentí un rayo de esperanza cuando miró dentro. Lo que vi muy bien pudo haber sido el contenido residual de aproximadamente trescientos que habían sido vaciados. Era un desorden caótico de papeles, los restos mohosos de almuerzos a medio comer, carpetas que contenían guías de revisión de exámenes finales, paquetes de tareas y formularios. Todos estos papeles habían tenido una importancia vital hace unos días, pero ahora sus antiguos dueños los habían olvidado por completo. En algún lugar en medio de todo esto, si tenía mucha suerte, había un diario azul encuadernado en cuero en el que había derramado mi corazón y, estúpidamente, muy estúpidamente, había escrito mi nombre en la portada.

    Me quité el vestido y entré, desafiando el hedor mientras pateaba la montaña de basura en busca de mi tesoro perdido. Tenía que estar aquí. Solo tenía que hacerlo. Solo que no lo estaba.

    Después de veinte minutos de búsqueda infructuosa, me di cuenta de que no estaba más cerca de recuperar mis secretos, aunque había descubierto los secretos de varios de sus compañeros de clase. Encontréó las notas de cálculo de Elena Farris escrito en todos los márgenes. Buena suerte con eso, Elena, pensé con amargura. Al instante me sentí mal por tener un pensamiento sarcástico sobre él. Era una de las pocas personas que se tomaba el tiempo para hablar conmigo. Luego estaban las notas de química de Youcef Aouachria. Parecía haber escrito un recordatorio para sí mismo al final de la página. Mi fe es más fuerte que cualquier tentación de la carne. ¿No era Elena Farris su compañera de laboratorio?

    En toda esta montaña de angustia adolescente, no había ni rastro de mi diario. Debe haber sido lo suficientemente interesante como para llamar la atención de quien limpió los casilleros. Comencé a llorar de nuevo, al darme cuenta de que en este mismo momento, alguien podría estar escaneando mi diario y subiendo todo su contenido a Internet. No había otra forma en que esto pudiera terminar. Sabía lo cruel que era la gente. Elena Farris era una de las chicas más agradables de la escuela, pero chupaba muchos penes y constantemente la avergonzaban. Belinay Kocakli, no se molestó en absoluto, y la criticaron por ser una mojigata. Por mucho que yo odiara la escuela secundaria, en realidad no me habían intimidado mucho. Simplemente había sido ignorada. Había pasado los últimos cuatro años deseando que alguien me viera. Probablemente conseguiría mi deseo ahora, pero no de la manera que quería. Ahora todo lo que quería era permanecer invisible para siempre, meterme en un agujero oscuro y nunca salir.

    Así fue como terminó la escuela secundaria para mí. Llorando sola en un basurero rodeado de basura podrida. Salí y me sacudí algunos de los escombros de mi ropa. Pero mientras pudiera retrasar el regreso a casa y descubrir exactamente qué tan lejos me habían extendido mis reflexiones privadas en las redes sociales, aún podía vivir en un mundo donde solo yo sabía sobre el amante de los sueños que nunca me dejaba ver su rostro. Dejé mi toga y birrete junto al contenedor de basura y crucé corriendo el estacionamiento a través de un claro entre los árboles donde el sendero a campo traviesa se cruzaba con el sendero peatonal detrás de la escuela. Caminé alrededor del sendero de campo traviesa tres veces. Hacía un calor miserable y ya olía a basura de hace tres días, pero no me importaba. Nadie más estaba en el camino. Todos estaban celebrando. Yo ni siquiera había enviado anuncios de graduación. Para mí, esto era como salir de la cárcel. O al menos lo habría sido si no hubiera perdido mi diario.

    Me senté en un tronco caído y traté de pensar en las cosas buenas de su vida. Tenía su conejo de mascota, mi trabajo en la floristería, mi jardín en el patio trasero y el próximamente comenzaría un programa de horticultura. Si lo hacía bien, podría transferirme a un programa de licenciatura en diseño de paisajes. Podría encontrar un trabajo y alejarme de este lugar, lejos de todos los malos recuerdos. Podía ir a donde quisiera. Pero eso todavía estaba a unos años de distancia. Tenía que vivir en casa por un tiempo más. No caería en la trampa de la deuda estudiantil más de lo necesario. Papá no estaba allí lo suficiente como para meterse debajo de mi piel. Caleb era un molesto compañero de cuarto, pero al menos proporcionaba cierta interacción humana, que yo sabía que necesitaba. ¡Oh Dios! Si alguien publicara cosas de mi diario en línea, Caleb lo vería. Dejé escapar un gemido de desesperación y arrojé una piedra a un árbol cercano. Bien podría irme a casa y enfrentarme a la música.

    Mi auto era absolutamente el último que quedaba en el estacionamiento. Era un antiguo modelo compacto japonés que perteneció a mi madre. De alguna manera todavía funcionaba a pesar de los golpes que venían del motor durante los últimos meses. Solo lo conducía a la escuela y al trabajo. ¿Adónde más tenía que ir?

    Fue un viaje corto a casa. Caleb levantó la vista de la computadora cuando entré. «¿Cómo estuvo la graduación?» Parecía indiferente, no como si acabara de leer mis pensamientos privados publicados en Facebook.

    «Aburrido», respondí.

    «Me imaginé que sería», dijo. “Ni siquiera fui a la mía.”

    «Lo recuerdo», dije con una sonrisa.

    “Hay algo para comer. ¿Quieres ir a buscar algo en especial así? Sé que te gusta esa cosa vegana en Chipotle. No es una gran celebración, pero es algo”.

    Estuve tentada a decir que no e ir a llorar un poco más a mi habitación, pero Caleb no solía ser tan amable. Y en realidad tenía hambre. “Déjame darme una ducha y cambiarme. ¿Dame diez minutos?

    «Claro», dijo.

    Mientras estaba de pie bajo el chorro de agua fría, traté de imaginar que estaba eliminando todo el dolor, el miedo y la vergüenza de tener mis pensamientos íntimos expuestos al mundo. Tal vez había reaccionado de forma exagerada. Tal vez de alguna manera nadie había encontrado el diario en el contenedor de basura. Sabía que no lo había hecho, y reprimí el impulso de volver atrás y escarbar de nuevo. Pero el hecho de que no estuviera allí no significaba que alguien lo estuviera leyendo. Incluso si lo leyeron, nadie sabía quién era yo. Ni siquiera estaba en el anuario porque no había presentado ningún retrato de alto nivel. Todos los demás estaban en una fiesta celebrando la graduación. Nadie estaba pensando en mí. Nadie.

    Cuando perdí mi diario, me sentí como perder a mi mejor amiga. Excepto que no podía decirle a nadie por qué estaba molesta. No es que nadie haya preguntado. Había esperado las consecuencias, pero nunca llegaron. Quienquiera que tuviera mi diario, si alguien lo tenía, no estaba haciendo público su contenido. No todavía, de todos modos. La graduación había sido hace sólo una semana. Yo estaba haciendo horas extras en la floristería y Celine, la dueña, me estaba enseñando diseño floral. Me encantaba estar rodeada de plantas todo el día. Mi trabajo me hacía feliz y había algunos clientes regulares que realmente me gustaban. Me reconfortó el corazón saber que había hombres agradables que entraban y compraban flores para sus esposas o novias aunque no fuera una ocasión especial. Todos compraron flores el día de San Valentín. Luego estaban los ramos de disculpas. Algunos de esos tipos eran clientes habituales. A mí no me gustaban en absoluto. Cuanto más grande era el ramo, más sabían sus esposas sobre la aventura. O cuanto más grandes sean los moretones después del último incidente de violencia doméstica. Los clientes que más me gustaban los que compraban un ramo sin ningún motivo. Solo un ramo de todavía-te-quiero-después-de-tantos-años-de-matrimonio.

    Mi cliente favorito absoluto era un amable señor mayor llamado Enzo que siempre le decía que ella era la flor más bonita de la tienda. Venía todos los sábados a comprar un ramo de flores frescas para su esposa Julia.

    “Apuesto a que su cara se ilumina cada vez que le llevas flores”, le comenté. Enzo me dedicó una sonrisa amable.

    «¿No lo sabías?» Sacó la rosa más bonita del ramo y me la dio. “Las pongo en su tumba. No creo que le importe compartir con la jovencita que me alegra el día cada vez que vengo aquí. Ella nunca fue celosa”.

    Las lágrimas brotaron de mis ojos cuando acepté la flor.

    “No estés triste, cariño”, le dijo. «Ella está aquí”, dijo, tocándose el pecho. Se dio la vuelta para irse y luego se detuvo, con los ojos llenos de nostalgia. “Ella era un verdadero petardo entre las sábanas. Discúlpame, querida. Eres demasiado joven para oír esas cosas.»

    Me reí entre lágrimas cuando Enzo salió de la tienda. Debe haber sido un bombón en su día. Diablos, todavía lo era.

    Celine se había ido temprano, confiando en mí para cerrar la caja registradora y cerrar el negorio con llave. Me sentía bien saber que la gente me encontraba digna de confianza. El sol de la tarde estaba empezando a perder lo peor de su calor cuando me dirigí a mi coche. Me sobresalté cuando la puerta no se abrió cuando tiró de la manija. Nunca cerraba mi auto. ¿Quién querría robar ese pedazo de chatarra? Pero alguien lo había cerrado. Desconcertada, usó mi llave para abrir la puerta y me deslicé detrás del volante. Entonces lo vi.

    Mi diario. Sentado allí mismo en el asiento del pasajero con una nota doblada encima. Contuveel aliento y miré alrededor del estacionamiento. Todo lo que vi fue el ajetreo y el bullicio habitual de un centro comercial suburbano a las seis y media de la tarde. Nadie parecía prestarme atención.

    Tomé la nota como si temiera que me quemara los dedos. Con manos temblorosas, la abrí y leí:

    Querida Delphine:

    Debería haber devuelto esto de inmediato cuando vi que era tuyo. Sé que estuvo mal leerlo, pero no me arrepiento de haberlo hecho. Siempre supe que eras especial. Ojalá pudiera ser ese hombre con el que sueñas. Desearía poder besar tus lágrimas. ¿Es solo una fantasía o algo que realmente quieres? Te juro que nunca le contaré a nadie sobre tu diario. Tampoco intentaré contactarte de nuevo. Pero espero que tú me contactes.

    No había firma, solo un número y las palabras «llama o envía un mensaje de texto» escritas debajo.

    Leí la nota varias veces, mi corazón latía con fuerza, mi respiración entrecortada y rápida. Me había convencido a mí misma de que el diario había llegado a un vertedero, que nadie lo había visto nunca. Pero alguien lo había hecho. Alguien que me llamó «cariño». Me sentí mortificada. Había temido tanto la posibilidad de que compañeros maliciosos se lo pasaran para burlarse de mí. Pero esta persona desconocida que vio mi diario se sintió como una violación tanto como el mundo entero leyéndolo. Las lágrimas se deslizaron por mis mejillas mientras hojeaba las páginas, sintiendo un nuevo ataque de vergüenza y náuseas cuando releí ciertos pasajes, dándome cuenta de que cada palabra en cada página había sido vista por otra persona.

    No tenía la menor idea de quién podría haber escrito esa nota. Por lo que yo podía decir, ningún chico me había mirado durante los cuatro años de la secundaria. Pero obviamente alguien lo había hecho. «Siempre supe que eras especial». ¿Era posible que alguien estuviera jodiendo conmigo? No lo creí así. La nota parecía sincera. Parecía realmente preocuparse por mí. ¿Me atrevería a aceptar su invitación? Descarté el pensamiento casi de inmediato. Sabía cada cosa sobre mí. Incluyendo mis fantasías oscuras y sucias. Me sequé las lágrimas y traté de ver el lado positivo. Recuperé su diario. Y le creí a este escritor de notas anónimo que prometió guardar mis secretos. Tendría que vivir con el conocimiento de que él los conocía. Y el misterio de quién era.

    Mis veinte años habían sido más amables conmigo que en mi adolescencia. Al menos hasta ahora. Me fue bien en el colegio comunitario y me transfirieron a una universidad estatal regional al comienzo de mi tercer año. Encontré un buen trabajo unos meses después de graduarme. Obtuvo mucha satisfacción de mi trabajo. Me encantaba conducir por los parques de oficinas y los complejos de apartamentos que había ayudado a diseñar. Sentía que estaba haciendo una contribución a mi comunidad, aunque la mayoría de la gente no lo notara. Ahora tenía un pequeño círculo de amigos. Nunca había entrado en la escena de la fiesta en la universidad, pero tenía una vida social y ya no sentía celos cuando veía a otras personas pasar un buen rato.

    Incluso había tenido novio durante tres años. Didier. Nos conociemos durante mi tercer año en la universidad y continuamos saliendo durante un año después de graduarme. Terminó cuando le ofrecieron un trabajo en Alsacia. Había estado sirviendo mesas mucho más tiempo del que pretendía después de terminar la universidad y estaba feliz de tener la oportunidad de usar su título en geología. Él me había pedido que me fuera con él, pero me negué. Podría haber sido emocionante mudarse a otra parte del país, pero hacerlo solo para estar con él habría sido un error. Por mucho que extrañara a Didier, tenía que admitir que solo me sentía levemente atraída por él. Había sido mi mejor amigo y un fiel compañero. Habría sido tan lindo poder enamorarme de él, pero la pasión nunca estuvo allí.

    Los veinte años de Delphine habían sido más amables con ella que su adolescencia. Al menos hasta ahora. Le fue bien en el colegio comunitario y se transfirió a una universidad estatal regional al comienzo de su tercer año. Encontró un buen trabajo unos meses después de graduarse. Obtuvo mucha satisfacción de su trabajo. Le encantaba conducir por los parques de oficinas y los complejos de apartamentos que había ayudado a diseñar. Sentía que estaba haciendo una contribución a su comunidad, aunque la mayoría de la gente no lo notara. Ahora tenía un pequeño círculo de amigos. Nunca había entrado en la escena de la fiesta en la universidad, pero tenía una vida social y ya no sentía celos cuando veía a otras personas pasar un buen rato.

    Incluso había tenido novio durante tres años. Didier. Se conocieron durante su tercer año en la universidad y continuaron saliendo durante un año después de graduarse. Terminó cuando le ofrecieron un trabajo en Alsacia. Había estado sirviendo mesas mucho más tiempo del que pretendía después de terminar la universidad y estaba feliz de tener la oportunidad de usar su título en geología. Él le había pedido que fuera con él, pero ella se negó. Podría haber sido emocionante mudarse a otra parte del país, pero hacerlo solo para estar con él habría sido un error. Por mucho que extrañara a Didier, tenía que admitir que solo se sentía levemente atraída por él. Había sido su mejor amigo y un fiel compañero. Habría sido tan lindo poder enamorarme de él, pero la pasión nunca estuvo allí.

    Él me había introducido suavemente en el sexo cuando tenía veinte años, mucho más allá de la edad en que la mayoría de las chicas pierden la virginidad. Mi primera vez con Didier no fue exactamente la desvirgación carnal y estremecedora que había imaginado en mis días de escribir un diario, pero fue un recuerdo agradable, y solo tenía buenos sentimientos hacia él. Ahora estaba casado y tenía un bebé en camino. Estaba completamente instalado en su nueva vida en Alsacia. En mis momentos de soledad, insomnio, en medio de la noche, de dudas, me preguntaba si había sido un error dejar escapar a un chico tan dulce. Pero a la luz del día, supe que la relación había terminado exactamente como debería haberlo hecho. Aun así, todavía me dolía un poco ver las fotos que publicó en las redes sociales. La boda, las ecografías, el baby shower.

    Una cosa de la que siempre me había arrepentido fue quemar esa nota hace diez años. La había guardado durante unos días, doblado entre las páginas de mi diario. Estuve tan cerca de enviarle un mensaje de texto, de pedirle a mi admirador secreto que viniera y me hiciera el amor, que me besara las lágrimas, que mee diera vida a mi fantasía, aunque fuera solo por una hora o dos. Pero luego entré en pánico y quemé la nota, justo antes de memorizar el número. Habían pasado diez años. No pensaba en el misterioso escritor de notas todos los días. Ni siquiera pensaba en él muy a menudo. Pero cuando lo hacía, era un dolor que me apenaba porque sabía que era un error que no podía volver atrás y corregir. Últimamente había estado pensando en eso más de lo habitual porque se acercaba la reunión de secundaria de diez años. En algún lugar entre los miembros masculinos de la clase de 2007 estaba el hombre que me envió esa nota. ¿Todavía pensaba en mí? ¿Recordaba siquiera el incidente con el diario después de todos estos años?

    Yo había jurado que nunca volvería al Instituto. Pero el tiempo me había dado una perspectiva más equilibrada de mi adolescencia y tenía que admitir que no era tan malo como parecía en ese momento. Ahora sabía que yo era, al menos en parte, la culpable de mi falta de amigos en la secundaria. En algún momento alrededor de los diez años, dejé de invitar a otros chicos a mi casa, sin saber qué tipo de escena vergonzosa crearía mi madre. No se me había ocurrido volver a recibir visitas después de la muerte de mi madre. Había perdido bastantes oportunidades de hacer amigos en la secundaria. Sin figuras de autoridad en la casa, podría haber escalado bastante en la escala social de Aix-en-Provence si hubiera tenido la idea de organizar una fiesta de fin de semana de vez en cuando, pero la idea ni siquiera se me había pasado por la cabeza. Incluso si lo hubiera hecho, mi aversión al alcohol probablemente habría socavado cualquier intento de ser amable. Mi hermano nunca fue un gran modelo a seguir para interactuar con mis compañeros. Caleb nunca habría sido genial en ningún universo.

    Había algunas personas de la secundaria con las que yo quería volver a conectarme. Alexis era uno. Se habían sentado uno al lado del otro en la clase de matemáticas y, de vez en cuando, él incluso había acercado una silla a mi lado en el comedor. Belinay Kocakli, me había invitado a la iglesia una vez y yo rechacé la invitación. Nunca había vuelto, pero aprecié la invitación. Luego estaban Francine y Edith, que habían sido jugadoras de softbol en todo el estado. Solo Elena Farris había provocado más erecciones que esas dos. A diferencia de Elena, Francine y Edith estaban demasiado ocupadas en satisfacer a cualquiera de sus admiradores masculinos. Yo había pasado la mayor parte del tercer año resentida con ellas por pedirme siempre que les compartiera las respuestas de mis tareas sobre Historia de Francia. Yo las ayudaba cada vez que preguntaban porque eran las únicas dos personas en esa clase que hablaban conmigo. Para mi sorpresa, el día del examen, me dieron una tarjeta de regalo de Starbucks de € 25 y una nota de agradecimiento llena de garabatos con bolígrafos de gel y palabras de agradecimiento sobre cómo las había salvado de reprobar el curso. No significaba que alguna vez fueran amigas, pero fue un gesto dulce y yo siempre lo recordaría.

    Una semana antes de la reunión, aún no había decidido si iría. La única persona de Aix-en-Provence que vi fue Gaetan Perin, y eso fue solo cuando fui a su tienda para comprar un regalo de cumpleaños para Caleb. Cuando pensé en la reunión, imaginé lo humillante que sería pasar de una persona a otra, diciendo cosas como «Delphine Anzolin: tuvimos matemáticas juntas cuatro años seguidos» o «¿No sabes quién soy?, ¿Alexis? Eras lo más parecido que tenía a un amigo». Incluso los profesores no sabían quién era yo. Había tenido un profesor de inglés suplente durante la mayor parte del último año mientras la señora Hellerstein estaba embarazada de trillizos y le ordenaron quedarse en cama. El suplente era un idiota soñador, recién salido de la universidad, que pensaba que iba a cambiar el mundo al compartir su obsesión por Shakespeare con un grupo de chicos de secundaria. Me llamaba «Terri» todo el año. No estaba segura de por qué, pero todavía me molestaba cuando pensaba en ello.

    Sabía que mi apariencia había cambiado mucho desde la secundaria. Me había aclarado el pelo y había aprendido a maquillarme y a vestirme como una chica y no como una vagabunda. Tendría sentido si nadie me reconociera. Pero si nadie me recordaba, eso me dolería como el infierno. Acababa de decidir no asistir a la reunión cuando sucedió algo inesperado. Una docena de rosas rojas fueron entregadas en mi casa con una nota en un sobre rojo brillante que decía:

    Querida Delphine:

    Prometí no volver a contactarte, pero tenía que intentarlo una vez más. Nunca te he olvidado. ¿Todavía piensas en las cosas sobre las que solías escribir? Yo sí. Me mantendré alejado de la reunión y nunca volveré a molestarte si no tengo noticias tuyas. Tu misteriosa fantasía extraña traza una delgada línea entre el admirador secreto y el acosador espeluznante, y quiero estar del lado correcto. Eres mucho más que una enamorada para mí. Realmente me preocupo por ti y lo he hecho durante mucho tiempo.

    Esta vez no dudé. Agregué el número en la parte inferior de la nota a mis contactos, identificándolo solo con las iniciales «AS» de Admirador Secreto. Yo estaba teniendo una segunda oportunidad. La vida no me dio muchas (oportunidades). Escribí un mensaje simple.

    «Soy Delphine. Gracias por las flores. ¿Cuándo quieres quen nos encontremos?»

    La respuesta llegó segundos después. «¿Reunión?»

    Tecleé mi respuesta y presioné enviar. «Voy a estar allí.»

    Otra respuesta llegó casi de inmediato. «¿Quieres ir como mi cita o quieres hacer tu fantasía?»

    Mi corazón latía más rápido. Solo había una forma en que yo iba a responder esa pregunta: «Fantasía.»

    «Puedes retirarte de esto en cualquier momento. Si cambias de idea. Si te asustas. Prometo dejarte a salvo.»

    Me quedé mirando la pantalla, incapaz de creer que esto realmente estaba sucediendo. Mientras todavía estaba procesando ese pensamiento, apareció otro mensaje.

    «Trae una bolsa de viaje.»

    Tenía un millón de pensamientos corriendo por mi cerebro. Ninguna persona razonable estaría de acuerdo con lo que estaba haciendo. Tendría mucho más sentido averiguar su nombre y reunirme con él para tomar un café si una búsqueda en Google no arrojara nada perturbador. Pero sabía que esta era mi única oportunidad de vivir la fantasía que había estado conmigo desde que podía recordar. Era una locura aceptar un encuentro sexual anónimo con un extraño. Pero luego recordé. Aunque yo no tenía ni idea de quién era él, no era una extraña. Él me conocía mejor que nadie en el mundo, al menos la persona que yo era hace diez años. Conocía mis esperanzas y miedos y mis excitaciones secretas. Y confiaba en él. Tan imprudente como era, yo confiaba en él lo suficiente como para dejar que esta fantasía se desarrollara exactamente como la había escrito hace tantos años.

    Tecleé un mensaje más: «Nos vemos en la reunión.»

    La respuesta que recibí fue tan dulce que me hizo llorar.

    «Unos días más no son nada después de más de diez años de añorarte.»

    Pasé los siguientes días preocupándome en qué ponerme. Fui a media docena de tiendas y me probé decenas de vestidos, y finalmente eligí uno de satén azul brillante que resaltaba mis curvas sin ser demasiado provocativo. Padecí aún más por mi ropa interior. Didier siempre había sido muy fácil de complacer. Braguitas de corte masculino y una camisola de algodón era todo lo que necesitaba para poner en marcha su dulce pero poco imaginativa libido. Quería algo un poco más sofisticado para este amante. Me decidí por un conjunto de braguitas y sujetador blancos con un encaje transparente que hacía que mis caderas se vieran delgadas y mis pechos parecieran de mármol esculpido. Por el precio que pagué, más vale que me haga quedar bien. Pero cueste lo que cueste, valió la pena. Me sentía lo suficientemente cohibida por esto. Necesitaba sentirme segura de mi apariencia. El día antes del reencuentro, fui a la peluquería a retocarme las raíces. El día de la reunión, fui al salón de belleza para hacerme la manicura. Sabía que no duraría mucho ya que siempre tenía las manos en la tierra, pero duraría lo suficiente para que él lo viera.

    También salí de mi zona de confort y me depilé las ingles. Mientras salía del salón, prometí que nunca haría eso. De ahora en adelante, mi amante tendría que contentarse con un arreglo personal y el recorte que pudiera hacer en casa. Me di cuenta de que estaba haciendo muchas suposiciones acerca de tener una relación estable con él. Pero él me había dicho que ella yo era más que un enamoramiento y que realmente se preocupaba por mí. Se me pasó por la cabeza que mi admirador secreto podría ser feo como el pecado. Pero yo usaría una venda en los ojos al menos durante mi primer encuentro, y si él cumplía mi fantasía, sabía que me enamoraría de él, y que cualquier cara que viera cuando me quitara la venda me parecería hermosa.

    Finalmente llegó el sábado por la noche. Mientras estacionaba frente al edificio al que había jurado no volver jamás, respiré hondo y me revisé el cabello y el maquillaje por última vez antes de entrar. Dejó la bolsa de viaje en el auto, pero llevaba el sobre rojo con la nota que mi amante me había enviado. No estaba segura de por qué lo había traído. Tal vez necesitaba la seguridad de que él estuviera allí. Entrar en la reunión habría sido lo suficientemente aterrador sin el encuentro privado que había programado después.

    Entró y miró alrededor del gimnasio abarrotado en busca de una cara amigable, alguien seguro con quien hablar. Youcef Aouachria y Belinay Kocakli, estaban de pie junto a las gradas. Siempre fueron amables. Ambos me reconocieron de inmediato. “¡Delphine, te ves hermosa!” Belinay dijo, dándome un cálido abrazo.

    «Yo diría caliente», dijo Youcef.

    “Eso no suena un poco fuerte, antes no eras así”, dije con una pequeña risa nerviosa.

    “La gente cambia”, me dijo con un guiño. «¿Cómo has estado?»

    Les di un breve resumen de mis años universitarios y les conté sobre mi trabajo actual. “¿Entonces ustedes dos están casados ahora?”

    «Sí», dijo Belinay, agitando su anillo de bodas. “Desde justo después de la universidad”.

    «¿Sigues en concurriendo a la iglesia?» pregunté.

    “Hemos estado yendo a un lugar nuevo”, me dijo Belinay. “Algo más relajado. Hemos cambiado de opinión sobre algunas cosas”.

    «Ya veo», dije. En realidad, ella no vi nada. Algo se había metido en estos dos y no estaba muy segura de qué era. Aunque definitivamente me gustaban más los nuevos Youcef y Belinay. Ella incluso estaba mostrando un pequeño escote.

    «Delphine», dijo Youcef. “Belinay y yo estábamos pensando en invitar a algunas personas después de la reunión. Nuestros hijos están con sus abuelos toda la noche para que no nos molesten. ¿Estás interesada en tal vez pasar el rato más tarde?

    “Realmente te ves increíble”, agregó Belinay.

    Miré de uno a otro tratando de averiguar cuál era su agenda. ¿Me estaban invitando a un trío? ¿O una orgía? Habían dicho «algunas personas».

    “En realidad tengo un… asunto más tarde. A menos que… Mi mano rozó el sobre rojo de mi bolso. Seguramente no. “No puedo hacerlo”, les dije. “Pero espero que encuentren lo que están buscando”.

    Hice un pequeño gesto y retrocedí hacia la mesa de refrescos. Tomé una taza de ponche, convenciendo a mis manos de que dejaran de temblar para no derramarlo en mi vestido. Encontré un rincón tranquilo donde podía tomar un sorbo de mi bebida y observar mi entorno. Alexis Bergstrom entró con Elena Farris. Mason me había dicho que esos dos estaban casados. Alexis se veía diferente. Era más grande, de hombros anchos, más confiado de lo que había sido en la secundaria. Elena se veía más o menos igual. Llevaba coletas como las tenía en la escuela. El rumor había sido que los usaba para que los jugadores de fútbol tuvieran algo para agarrarse mientras les chupaba el pene. A Elena poco le importaba importaba poseer el orgullosamente título de «reina de las pijas con coletas».

    Sonreí al ver lo feliz que parecía Alexis. Se lo merecía. Estaba tan absorta observando a Alexis y Elena que no vi al joven que apareció a mi lado hasta que habló. “¡Hola, Terri! Qué gusto verte de nuevo.»

    ¡Estupendo! El entusiasta de Shakespeare, y él todavía no sabía mi nombre. «Hola, Sr. Aburrimiento», murmuré con los dientes apretados.

    «Mi apellido es Arnaud», me dijo. “Pero eso eres muy inteligente. Recuerdo que me llamaste así en mi primer día de clase. Ahora podrías llamarme Sebastien.»

    «¿Por qué diablos haría eso cuando tengo la opción de no hablar contigo en absoluto?» Era el único profesor al que le había faltado el respeto. Incluso había sido cortés con el profesor de biología que intentó obligarme a diseccionar un feto de cerdo. Estaba fuera de lugar en mí ser grosera con alguien, pero por alguna razón, el mero recuerdo de este idiota me enojaba.

    Parecía imperturbable. «Adivina: doy clases aquí a tiempo completo ahora”.

    «Bien por usted.» Dejé mi taza vacía sobre la mesa más cercana y me alejé.

    Deambulé por el gimnasio durante unos minutos y hablé con un par de otros profesores, ninguno de los cuales parecía tener un vago recuerdo de mí. Hablé con Axel Apap, quien obviamente no tenía idea de quién era yo, pero fue muy amable. Luego estaba Michel Apicella, que iba en motocicleta al colegio todos los días y siempre había tenido problemas con el director. De hecho, me había gustado Michel porque lo habían suspendido por golpear a un par de deportistas que estaban molestando a Mason. También había entrado en la floristería un día para comprar flores para la señora Hellerstein mientras estaba en el hospital. Lo había ayudado a envolverlos para que no se aplastaran demasiado mientras estaba en su motocicleta. Michel estaba tatuado con músculos sucios y abultados por todas partes. Lo acompañaba una mujer que parecía una stripper, que no se había molestado en quitarse la ropa de trabajo antes de venir a la reunión.

    «¡Claro, sí, te recuerdo!» dijo Michel. “¿No eras esa chica que se volvió loca en la clase de biología cuando tuvimos que hacer las disecciones? ¡Eso fue duro!”.

    Sonreí. De todas las personas aquí, era este tipo inadaptado que me recordaba mejor. Era bien parecido, si te gustan rudos. Si él no hubiera tenido a esa puta en su brazo, yo podría haberme preguntado si él me había enviado la nota. Eso hubiera sido un poco aterrador. Asintí con simpatía mientras Michel despotricaba sobre la brutalidad y la corrupción del departamento de policía local y luego se excusó y volvió por más ponche. Yo no quería, pero me dio algo que hacer con mis manos.

    Alexis y Elena también estaban sirviéndose ponche. Elena me saludó y me dio un abrazo. Al menos me reconoció. Esto realmente no fue tan malo como yo esperaba. Tal vez no había sido tan invisible como pensaba. Me sentí un poco tímida con Alexis, y de repente él también parecía incómodo. Él me dio un abrazo que se prolongó un poco más de lo que yo esperaba. ¿Tenía una erección? Me aparté un poco. No claro que no. Estaba imaginando cosas. Me soltó de él y me alisé el vestido, sintiéndose cohibida, tal vez porque él me miraba con mucha atención.

    «¿Cómo has estado?» preguntó.

    «Bien. Muy bien”, le dije. Repitió el guión general que les había dado a Youcef y Belinay sobre los últimos diez años de mi vida y recibí actualizaciones similares de ellos.

    Elena parecía estar escaneando la multitud, buscando a alguien. “Oye Delphine, ¿has visto a Aren Aplogan?” preguntó. “Se suponía que íbamos a encontrarnos con él”.

    Recordó a Aren. Solía salir mucho con Alexis.

    “Ahora tiene barba”, dijo Elena, agarrándome del brazo acercándola para mostrarme una foto en su teléfono. «¿No se ve genial?» Se abanicó con la mano, mientras Alexis la observaba con una expresión divertida.

    Cortésmente estuve de acuerdo en que Aren era guapo. «Espero que lo encuentres.»

    Alexis se rió. “Creo que aparecerá muy pronto. Tenía muchas ganas de estar aquí”. Su expresión volvió a ser seria. “Estoy muy feliz de verte de nuevo, Delphine”.

    “Igualmente,” dije yo.

    Se abotonó la chaqueta mientras él y Elena se volvían para irse, y me dio otra mirada por encima del hombro antes de que desaparecieran entre la multitud. Algo en ese encuentro me hizo sentir triste, anhelando una oportunidad perdida. Deseaba haber pasado tiempo con Alexis fuera del colegio, en lugar de simplemente hablar en clase y fingir que tenía un amigo de verdad. Alexis probablemente habría terminado con Elena de todos modos. Pero yo atesoraba los recuerdos de mi relación con Didier y entendí que una relación no tiene que durar para siempre para ser buena y significativa. Hubiera sido agradable si Didier hubiera sido mi segundo novio. Hubiera sido agradable poder ir al baile de graduación. Si hubiera podido ir con alguien, habría sido con Alexis.

    Me dolían los pies. No estaba acostumbrada a usar tacones altos. Encontré una mesa vacía y me senté. Revisé mi teléfono. Ningún mensaje de AS. Un miedo repentino se apoderó de mí. ¿Y si fuera una broma? ¿Qué pasaría si alguien aquí me estuviera observando, riéndose de mí mientras miraba nerviosamente a mi alrededor, preguntándome quién era el amante secreto y cómo y cuándo haría su movimiento? Instintivamente busqué el sobre rojo en mi bolso. No. Quienquiera que haya sido, no era así. No era el tipo de hombre espeluznante o asqueroso que habría enviado una foto de su pene ni me había pedido que yo le mandara fotos de mí misma. Se había ofrecido a revelar su identidad y venir conmigo esta noche como mi pareja. Yo solo había estado aquí por unos minutos. También era su reunión, y probablemente quería mezclarse y ponerse al día con viejos amigos antes de comenzar su cita o lo que fuera. Levanté la vista y miró fijamente a Alexis, que estaba parado a unos metros de distancia, hablando con Mason y un par de chicos más. Él apartó la mirada rápidamente, como si estuviera avergonzado de que yo lo hubiera sorprendido mirándome.

    Un razonamiento repentino cayó sobre mí. Debe haber sido él quien encontró mi diario hace tantos años, él quien me envió las flores y la nota la semana pasada. ¿Quién más podría ser? Pero Alexis estaba casado con Elena, quien se había abierto camino sistemáticamente a través de todo el equipo de fútbol. Elena, quien en este mismo momento, estaba de pie debajo de la portería de baloncesto abrazando al amigo barbudo de Alexis. Parecía perfectamente lógico que los dos tuvieran algún tipo de arreglo de matrimonio abierto. Elena tendría dificultades para tener una pareja estable y Alexis era bastante tolerante. Probablemente no le importaría siempre que las cosas fueran justas, y también podría obtener un poco de acción secundaria. Me sentí enterrada bajo una avalancha de emociones encontradas. No estaba decepcionada de que fuera Alexis. Pero con él, todo lo que podría tener sería una aventura. Una cogida rápida, tal vez un enganche ocasional, luego de vuelta con su esposa, quien sin duda sabría cómo complacerlo mejor que yo. «Está bien, Delphine,» me dijo a sí misma. «Solo baja tus expectativas. Esto todavía puede ser agradable.» Era un poco ingenuo esperar que esto se convirtiera en una relación real.

    Francine y Edith me sacaron de mis cavilaciones, quienes me vieron desde unos metros de distancia y fueron directamente a mi mesa para acompañarme. Ambas eran hermosas, pero como imágenes negativas la una de la otra. Francine tenía un hermoso cabello negro azabache que le llegaba a la cintura, y una piel y ojos oscuros impecables que había heredado de su padre pakistaní. El cabello platinado y la piel pálida de Edith revelaban su origen escandinavo. Las dos habían sido mejores amigas y rumores de amantes en la secundaria, y parecía que todavía estaban tan cerca como siempre. Cada una de ellas me dio un abrazo y parecían realmente contentas de verme. Compartían un apartamento tipo loft en el centro. Francine era estilista y tenía un local exclusivo en la ciudad. Edith era camarera y se abría paso en la universidad a razón de un curso por semestre. “Sin deudas, pero no me graduaré hasta que tenga treinta años”, dijo. Delphine repitió la narración condensada de su propia vida.

    Después de unos minutos de charla, Francine y Edith intercambiaron una mirada, y Edith dijo: “Hola, Delphine, estábamos planeando la noche. Te gustaria unirte a nosotras? Puedes quedarte en nuestra casa si te emborrachas demasiado para conducir. Y si no estás demasiado borracha para conducir, igual puedes quedarte en nuestro casa”.

    Miré a una y a otra. ¡Uy! ¿Aquí todo el mundo está para ligar? Veo que otras personas en este gimnasio tienen sus propios dramas secretos.

    Mi sonrisa. Tal vez finalmente me estaba sincronizando con la clase de 2007. “De hecho, voy a conocer a alguien después de esto. Una cita a ciegas por así decirlo. Pero espero que se diviertan”.

    Las dos mujeres intercambiaron una mirada de decepción, pero rápidamente buscaron modificar sus planes. “Los Aouachria parecían estar buscando un buen momento”, murmuró Francine a Edith. “Vamos a mantenerlos en un segundo plano”, reflexionó Edith. «¿Qué hay de Axel Apap?»

    «Tal vez», dijo Francine, mirándolo desde el otro lado de la habitación. Era extraordinariamente guapo con su piel oscura, dientes perfectos y sonrisa rápida. Había sido mediocampista en el equipo de fútbol y parecía estar en tan buena forma ahora como en ese entonces. Sus bíceps sobresalían de las mangas. Elena dijo que es enorme.

    Me levanté de mi asiento, incómoda por ser excluida de la conversación. Me pregunté qué estaba pasando. Nunca había oído que Francine o Edith mostraran interés en un chico. Tal vez los rumores no eran ciertos.

    Las otras mujeres parecieron darse cuenta de que estaban siendo groseras. “Bueno, probablemente deberíamos conectarnos un poco más”, dijo Francine, tomando la mano de Edith cuando se levantaron para irse. «Fue increíble verte de nuevo, Delphine».

    «Sí. Igual de mi parte”, dije.

    Francine y Edith casi chocan contra Alexis cuando se levantaron para irse. Parecía ajeno a las miradas de molestia que le dieron antes de marcharse. Me estaba mirando como si quisiera decir algo. Bueno, ya no tenía sentido seguir fingiendo. Ahora que sabía que el admirador secreto era él, sería estúpido vendarme los ojos. También podrían sacarlo a la luz. «¿Eres tú?» pregunté, mirándolo directamente a los ojos.

    Parecía desconcertado. Legítimamente desconcertado. «¿Lo qué soy yo?»

    Saqué el sobre rojo de mi bolso y lo levanté. «¿Tú me enviaste esto?» Apenas tuve tiempo de notar la mirada de confusión en su rostro antes de que mi teléfono sonara.

    Lo agarré y leí el mensaje. «Ve a tu coche. Hay una venda para los ojos en el asiento del conductor. Póntela. Estaré allí para buscarte en diez minutos.»

    “Me tengo que ir”, le dije a Alexis, saltando de mi asiento y agarrando mi bolso. Ya me había alejado varios pasos antes de darme cuenta de lo terrible que era para mí huir de esa manera. Me detuve en seco, los pensamientos corrían por mi cabeza. Hace menos de cinco minutos, estaba convencida de que Alexis era quien leyó mi diario hace tantos años. Con el que estaría esta noche. ¿Porqué habría tomado lo que pudo conseguir? No habría significado tanto para él, pero habría significado algo para mí. Lo miré y vi el anhelo en sus ojos. Hubiera sido tan agradable. Después: «Fue agradable verte de nuevo, Alexis».

    No le di la oportunidad de responder. Con el corazón palpitante, corrí hacia el estacionamiento tan rápido como podía moverse con sus tacones altos. Me subí a mi auto y me puse la venda en los ojos, con cuidado de ajustarla para que no pudiera ver nada. Doblé las manos sobre mi regazo, tratando de estabilizar mi respiración. Y esperé.

    Escuché un vehículo detenerse detrás de mi auto y una puerta abrirse y cerrarse. Tuve que recordarme a mí misma que debía respirar. La puerta de mi auto se abrió y escuchó una voz.

    “No tengas miedo, cariño. Soy yo.»

    El sonido de esa voz le dio un cosquilleo por todas partes. Era familiar, pero no podía ubicarlo. Sentí que una mano grande se cerraba alrededor de la mía y su amante me ayudó a ponerme de pie con cuidado. Salí del auto y él cerró la puerta detrás de mí.

    “Solo unos pasos adelante”, dijo, guiándome. Se abrió otra puerta del coche y él me ayudó a sentarme en el asiento del pasajero y me abrochó el cinturón de seguridad. Mientras lo hacía, me estiré y coloqué una mano sobre su pecho. Lo cubrió con el suyo y se lo llevó a los labios. Fue un gesto tierno, suave como el ala de una mariposa. Ahora, pensé, ahora es el momento. Esto realmente está sucediendo. Él regresó a mi auto para recuperar mi bolso, que colocó en el asiento trasero. Me maravillé de lo surrealista que me sentía mientras él se subía al asiento del conductor.

    “Te ves tan hermosa, Delphine. Tuve la tentación de llamarte para que vinieras tan pronto como entraras al gimnasio, pero pensé que tal vez querrías ponerte al día con tus amigos.»

    “Si me conocías en aquella época, sabrías que no tenía amigos”.

    “Te vi ahí dentro. La gente te recordaba. Se alegraron de verte. Se estaban pateando a sí mismos por lo que se perdieron. Incluso en aquel entonces, a la gente le importabas más de lo que tú pensabas. Me importabas, aunque nunca lo demostré”.

    «¿Por qué no lo hiciste?»

    “A veces, las cosas más difíciles de decir son las que sientes con más fuerza”.

    «Yo sé lo que quieres decir. Nunca podría hablar de mis sentimientos. Todo lo que podía hacer era escribirlos”.

    «¿Puedes perdonarme alguna vez por leer tu diario?»

    «Por supuesto. Además, si no lo hubieras hecho, no estaríamos aquí ahora.»

    «Estoy tan aliviado de oírte decir eso». Esperaba oír arrancar el coche, pero hubo una pausa, una vacilación de mi amante que me puso nerviosa. «Antes de ir a cualquier parte, debemos establecer algunas cosas».

    «Dime.» La aprensión se enroscó en mi estómago como una serpiente. ¿Fue esta la parte en la que me dijo que estaba casado? ¿Que esto tendría que ser algo de una sola vez? ¿Una simple fantasía para romper la monotonía de su vida real?

    El silencio antes de que él hablara era agonizante. Tuve mucho tiempo para imaginar todas las cosas que él podría decir para frustrar mis esperanzas de que esta noche podría ser la primera de muchas. «En primer lugar, puedes quitarte la venda de los ojos cuando quieras». El alivio me inundó. Solo quería asegurarmme que no era un asesino psicótico. Yo ya sabía eso. Continuó: “Y si hago algo que no te gusta, cualquier cosa que te haga sentir incómoda, dímelo de inmediato y me detendré”.

    “No tienes que decir todo esto. No estoy asustada.»

    Sentí su mano de nuevo, tocando mi cabello esta vez. «¿Ni siquiera un poquito?»

    “No de ti. Tal vez tengo un poco de miedo de esta… de la situación en sí misma, pero no de la forma en que piensas. Puede ser aterrador darse cuenta de que en realidad estás obteniendo lo que siempre quisiste y nunca pensaste que podrías tener”.

    «Sé exactamente a que te refieres.» Su mano se deslizó y oí girar la llave y arrancar el motor. «Te llevaré a mi casa. Está a unos quince minutos de aquí.» El auto dejó el estacionamiento y salió a la calle. “¿Te gustaría algo de música?”

    “Solo si tú también lo quieres”, respondí. Este momento fue tan mágico que no necesitaba nada para realzarlo. Había una sensación de anticipación sin aliento entre nosotros. Después de dos giros, perdí el sentido de la orientación y ya no podía decir en qué dirección íbamos. Todo en esto era una aventura, algo que había anhelado toda mi vida. Mis primeros dieciocho años habían sido tristes y solitarios. Los diez años que siguieron habían sido mejores, pero incluso entonces, la única pasión y emoción real que había conocido era la que había creado en mi propia mente. A través de un feliz accidente, mi amante había accedido a algunos de esos sueños y quería hacer realidad mi fantasía secreta. Me di cuenta de lo afortunada que era. Casi nadie llegó a vivir sus fantasías con tanta precisión.

    No hablamos durante el viaje a su casa, pero el silencio no fue incómodo. Conducía con una mano, manteniendo la otra sobre la mía. Después de unos minutos, el auto se movió más lento y las vueltas se hicieron más frecuentes. Hubo un último giro rápido y un breve ascenso por un camino empinado, el sonido del auto estacionándose y apagándose. Su puerta se abrió y se cerró, y escuché sus pasos moviéndose alrededor del auto antes de que él abriera la puerta. «Cuidado», dijo, poniendo una mano en la parte baja de mi espalda. Cerró la puerta detrás de mí y me condujo por una acera y subió un par de escalones hasta el porche delantero. Una llave giró en la cerradura y la puerta se abrió. “Solo un escalón más”, dijo él, llevándome a través de la puerta.

    La puerta se cerró y estábamos adentro. De repente, sus brazos se cerraron alrededor de mí, atrayéndome hacia él. Incluso con los tacones altos que llevaba, él era como 5 cmts. más alto que yo. Su aliento me sentía cálido contra mi cabello. Sus labios encontraron los míos y me rendí al beso más dulce y sensual que jamás había conocido. Sus labios eran cálidos y suaves, su lengua probando suavemente mi boca. Envolvió sus brazos alrededor de mi cuello y presionó todo mi cuerpo contra él, sintiendo la necesidad de fusionarnos física y emocionalmente, en todas las formas posibles. En un movimiento rápido, me levantó en sus brazos, y lo siguiente que supe fue que me estaba llevando por un tramo de una escalera. Uno de mis zapatos se cayó. “No te preocupes, Cenicienta. Me aseguraré de devolvértelo».

    Mi otro zapato se cayó cuando él me dejó en el suelo y sentí que él se agachaba para recogerlo. «Umm… ¿Puedo usar el baño?» pregunté.

    «Por supuesto.» Me guió una docena de pasos. “El baño principal está junto al dormitorio. No tengo fotos mías o botellas de recetas con mi nombre ahí, así que puedes quitarse la venda de los ojos ahí adentro”.

    «Okey.» Agarré mi bolso y me deslizó adentro, cerrando la puerta detrás de mí. Me quité la venda de los ojos, permitiéndome echar un vistazo alrededor del baño. Estaba meticulosamente limpio, pero la decoración era sosa y utilitaria. No había ninguna señal de que una mujer usara este baño con regularidad. No hay champú o gel de baño para chicas, ni toallas con estampados florales decorativos, ni productos de higiene femenina. Hice mis necesidades y me lavé. Me retoqué el maquillaje. Me alegré de haber pasado tantas horas buscando el atuendo perfecto, la lencería perfecta. Todo era perfecto. Él era perfecto. Me contemplé en el espejo. Todos en la reunión habían dicho que me veía bonita. Nunca me había considerado bonita. No fea, pero no bonita. Pero esta noche me sentía bonita, y sabía que era la alegría que burbujeaba dentro de mí lo que se reflejaba en mi rostro. «Tienes esto, Delphine», le dijo a mi reflejo. Respiré hondo, me volví a poner la venda en los ojos y salí del baño con los brazos extendidos para no chocar con los muebles o paredes.

    Él tomó mi mano inmediatamente y me llevó a la cama. “Siéntate quieta por un minuto”, me dijo. Lo escuché moverse por la habitación y luego dijo: “Puedes quitarte la venda de los ojos. Las luces están apagadas y las ventanas están cubiertas con una persiana oscura. Ambos estaremos a oscuras, por lo que las cosas pueden ser un poco torpes.» Vacilante, me quité la venda de los ojos. La habitación estaba completamente a oscuras. Extendí la mano frente a mí, sintiendo la colcha bajo las yemas de mis dedos, y sentí las manos de él cerrarse sobre las mías. «¿Puedo traerte algo? ¿Tienes hambre?»

    «No, gracias. Eres muy amable»

    “Recuerdo cada una de las fantasías que escribiste. Algunos de ellas eran un poco rudas”.

    Mi respiración se aceleró. «Sí, es verdad.»

    «¿Quieres eso esta noche?»

    «Sí. Podemos llegar tan lejos como quieras.»

    Cambió de posición, colocándose detrás de mí para desabrocharme el vestido y ayudarme a quitármelo. Me desabrochó el sostén y me lo quitó suavemente. Él me ayudó a quitarme las bragas. Todas esas horas dedicadas a encontrar el conjunto perfecto de bragas y sujetador, y ni siquiera podía verlos. Pero no me importó. La oscuridad me hizo valiente. Me despojé de todo el miedo y la timidez. Buscó a tientas algo que había escondido debajo de la cama, y luego sentí que me ataba las muñecas con un cordón de terciopelo. Luego me pasó los brazos por encima de la cabeza y ató el cordón a la cabecera. Estaba atada con fuerza. No había forma de que pudiera liberarme, al menos no fácilmente. Este nuevo elemento de peligro envió una llama de deseo directamente a mi sexo, que ya estaba mojado por la anticipación. Un pequeño gemido de necesidad escapó de mis labios, un sonido que no pasó desapercibido para mi amante, este extraño en la oscuridad que no era un extraño en absoluto porque sabía exactamente lo que me emocionaba.

    “¿Tienes alguna experiencia con la esclavitud? Sé que no retrocediste cuando estabas escribiendo sobre eso”.

    “Esta es mi primera vez… quiero decir que me atan. No es la primera vez que tengo sexo”.

    “Me encanta ser el primer hombre en amarte de esta manera”. Su voz era aterciopelada como la oscuridad, como una suave caricia. ¿Dónde, cuándo había escuchado esa voz antes? El misterio me atormentaba, me intrigaba como un fragmento de una canción escuchada años atrás, una canción que guardaba un recuerdo olvidado.

    Me separó las piernas, unió más de esa cosa aterciopelada a cada tobillo y ató los otros extremos a los postes de la cama. Ahora estaba abierta como un águila, temblando de anticipación mientras esperaba que el hombre al otro lado de la oscuridad hiciera su próximo movimiento. Podía sentirlo moverse, quitándose su propia ropa. Me retorcí en la cama, anhelando su toque, frustrada porque él era agonizantemente lento para dármelo. Puso una mano en cada uno de mis muslos, justo por encima de la rodilla, la presión de su toque calentaba mi piel. Él deslizó sus manos hacia arriba un poco, no lo suficiente, solo unos centímetros, y un grito de necesidad escapó de mis labios. Mi respiración era irregular. «¡Por favor!», supliqué.

    “Solo tenemos una primera vez”, me dijo. “Hagamos que dure tanto como podamos”.

    ¡Fue tan cruel al hacerme esperar! Mi sexo palpitaba de deseo. Sus manos estaban tentadoramente cerca, subiendo por mis piernas, los dedos jugando con mis labios vaginales, a centímetros de mi clítoris que tan urgentemente necesitaba su atención. Incapaz de soportarlo más, luché contra las ataduras, levantando las caderas de la cama en un esfuerzo por acercarme a sus manos que se retiraban. Un sollozo atravesó mi cuerpo. «¡Por favor!», dije de nuevo. Mi necesidad era tan grande que no me importaba la desesperación que se había deslizado en mi voz.

    Un dedo rozó mi clítoris, un toque tan ligero que solo aumentó la insoportable frustración. Se inclinó hacia adelante y besó mi abdomen, los labios me hicieron cosquillas en la piel debajo de mi ombligo y encima de mi montículo. ¿Cuánto tiempo más continuaría con esta tortura? Lo necesitaba tanto. Justo cuando pensé que iba a perder la cabeza, pasó la lengua por la longitud de mi raja, lamiendo mis jugos. Empezó a acariciarme el clítoris, estimulando ese punto sensible de necesidad hasta tal punto que perdí el control de mi propia voz y empecé a chillar. Ese pareció ser todo el estímulo que necesitaba para intensificar sus caricias. Con los dedos, separó mis labios y pasó sus labios alrededor de mi clítoris, chupando la pequeña protuberancia mientras yo gritaba y tiraba de los cordones de terciopelo. ¡Oh Dios, se sentía tan bien! ¡Fue demasiado! No fue suficiente. Era mucho más de lo que jamás había imaginado, masturbándome sola y soñando con este extraño en la oscuridad que conocía mis deseos y amaba mi alma, y le daba a mi cuerpo más placer de lo que nunca pensé como posible posible.

    Nunca había tenido un orgasmo que durara más de unos pocos segundos, pero este hombre me llevó al clímax casi instantáneamente y me mantuvo allí minuto tras minuto abrasador mientras yo temblaba, gemía y chorreaba contra su boca. Ni siquiera yo misma sabía que era capaz de chorrear así. Si las luces estuvieran encendidas, estaría avergonzada, pero en la oscuridad podría dejarme llevar. Cualquier cosa podría pasar. Podía ser cualquier cosa que mis oscuras fantasías pudieran conjurar, y en este momento, me sentía como un ángel arrastrándome al cielo y sosteniéndome allí cuando yo no tenía las alas para llegar allí por mí misma. Cuando finalmente empezó a bajar, todo se sintió diferente; su cuerpo, su mente, él, el mundo. Apoyó la mejilla contra mi vientre y levantó una mano para acariciar mi pecho. «¿Como estas?» preguntó él.

    «Mejor que nunca. Literalmente.» Todavía estaba tratando de recuperar el aliento, todavía tratando de dar sentido a este nuevo mundo en el que vivía. Un mundo donde podía sentir esas cosas, un mundo donde las fantasías podían volverse realidad. «Gracias», dije suavemente. Por un momento deseé tener las manos libres para poder pasar los dedos por sus cabellos. Pero luego cambié de opinión. Me había corrido tan fuerte porque él me había atado. Había recordado cada detalle de mi fantasía.

    «Soy yo quien debería estar agradeciéndote», dijo él, y agregó: “Apenas hemos comenzado y esta ya es la mejor noche de mi vida”. Se movió, apoyándose mientras besaba y lamía un camino desde mi ombligo hasta el espacio entre mis pechos. Continuó acariciando un pezón con la mano y bajó la boca alrededor del otro, besando, chupando, mordisqueando, creando intensas oleadas de placer que recorrieron mi columna de arriba abajo, calentando mi sexo y curvando los dedos de mis pies. Nunca me había dado cuenta de que mis pezones pudieran ser tan sensibles. Cuando Didier había jugado con mis tetas, había sido levemente placentero, un poco más que si me hubiera estado chupando el codo. Pero el hombre que estaba encima de mí bien podría haber estado chupando mi clítoris.

    «Mmmmm», gemí. No me di cuenta de que era posible volver a excitarme tan rápido después del primer orgasmo. Succionó un poco más fuerte mi pezón y arqueé mi espalda, presionándome contra él tanto como me permitieron sus ataduras. Él extendió una mano entre mis piernas, frotando mi clítoris y luego deslizando un dedo en mi hambriento agujero. Me masajeó el punto G hasta que eyaculé de nuevo, temblando, jadeando, frotándome contra su mano. Cuando la euforia comenzaba a disminuir, sacó el dedo de mi concha y lo empujó suavemente pero con firmeza en mi culo. «¡Oooohhh!» grité en estado de shock. Su dedo estaba húmedo y resbaladizo y se deslizó dentro de mí con facilidad. No esperaba eso. Didier nunca me había tocado allí.

    «¿Te sientes bien?» preguntó él.

    «Síííí.» Estaba tan bien. La oscuridad, el anonimato, las restricciones, todo en este encuentro hizo que todas mis inhibiciones volaran. Nunca habría esperado que me gustara lo que me estaba haciendo. Me encantaba que él se hubiera salido del guión e hiciera algo sobre lo que yo no había escrito. Me encantaba que pudiera sorprenderme. Empezó a mover el dedo más rápido y me retorcí en la cama, necesitando más, deseando más, las ataduras de mis muñecas y tobillos me impedían tocarlo como necesitaba. Empecé a luchar en serio, tirando de las cuerdas de terciopelo que me ataban, arqueando la espalda e intentando infructuosamente presionar mi sexo contra él. Abruptamente sacó su dedo de mí y se alejó.

    Entré en pánico. «¡No te vayas!» supliqué.

    Cuando él habló, su voz estaba más cerca de lo que esperaba. «¿De verdad crees que haría eso?»

    «No, no, claro que no.»

    «Me estoy preparando. Si pudiera encontrar dónde puse las malditas cosas.» Se oyó un estrépito cuando tiró la lámpara de noche al suelo y tuve que cerrar los ojos para que él pudiera volver a colocarla en su sitio y encenderla. «Oh, aquí están». Escuché el sonido de papel rasgado y lo sentí moverse en la cama junto a mí mientras los sonidos me daban a entender que se estaba poniendo un condón. Apagó la luz y volví a abrir los ojos. Una vez más, estaba encima de mí, con las manos envueltas alrededor de mis antebrazos, presionándome firmemente contra la cama. “Estás luchando bastante duro. ¿Quieres que te desate?

    «No, no. Está bien así.»

    «¿No tienes miedo?»

    «No estoy más que caliente en este momento».

    «Entonces estoy haciendo algo bien».

    «Estás haciendo todo bien». Podía sentir la punta de su pene presionando contra mi cálido y húmedo sexo. Su boca reclamó la mía en un beso profundo y hambriento mientras su pene entraba en mi concha en un empuje firme que envió ondas de placer por mi columna. Sus movimientos comenzaron lentos y luego aumentaron la velocidad. Se lo sentía grueso y largo. Habían pasado cinco años desde que yo había hecho el amor. Me sentía apretada, pero ansiosa y lista. Encontró el equilibrio perfecto entre rudeza y delicadeza. Sus caderas se movían rápido, golpeando su pene contra mi punto G hasta que tuve otro orgasmo lo suficientemente fuerte como para despertar al vecindario, y luego disminuía la velocidad, susurrando palabras de afecto y derramando besos por mi cuello, mientras mi cuerpo se preparaba para el siguiente pico orgásmico. Empujé contra él y luché contra las ataduras que me ataban a la cama, pero él sabía que yo no quería ser libre. Mi placer era tan intenso que necesitaba algo contra lo que empujar. Pero ¿cómo había sabido eso? Aunque había leído mi diario, parecía saber demasiado. Era como si estuviera leyendo mi mente.

    Su modo de hacer el amor era exquisito. Las ataduras me quitaron la presión de preguntarme si yo lo estaba haciendo bien, preguntándome si a él le gustaban las cosas que yo hacía. Él me cogió con furiosa intensidad mientras me retorcía y luchaba debajo de él, jadeando en estado de shock cada vez que la cabeza de su pene golpeaba mi punto G. Estaba goteando sobre sus bolas. No podía decir si me venía repetidamente o si era solo un orgasmo sin fin. Nunca antes me habían cogido así. Justo cuando empezaba a sentirme abrumada, como si no pudiera soportarlo más, él me agarró por los hombros y me dio un último empujón. Sus bolas se contrajeron, la pija palpitó mientras gemía su liberación. «Oh, mi dulce Delphine», dijo, apoyando la cabeza en mi hombro, mientras recuperaba el aliento. Su cuerpo estaba presionado contra toda mi longitud.

    Cuando ambos nos recuperamos un poco, él se apartó lo suficiente para quitarse el condón y desecharlo; entonces él estaba allí a mi lado otra vez. Lo que acabábamos de compartir fue tan intenso que me hizo llorar. Había pasado toda mi vida poniendo cara de valiente, reprimiendo mis emociones, tratando de ocultar el hecho de que me sentía sola y que anhelaba la compañía que parecía llegar tan fácilmente a todos los demás. Algo se abrió en mi interior y empecé a sollozar.

    Rápidamente se movió para desatarme y me tomó en sus brazos. «¡Maldición! Fui demasiado rudo”, dijo. «Lo siento mucho.»

    “No, estuviste perfecto. La cantidad justa de rigosidad. Este es un buen llanto.»

    «Entonces te abrazaré hasta que pase». Sus brazos se cerraron alrededor de mí y lloré en silencio, ni siquiera segura de qué dolor estaba dejando ir. ¿Cuándo fue la última vez que alguien me abrazó mientras lloraba? Debería haber sido un bebé. En los tres años que había salido con Didier, él nunca me había visto llorar. Siempre le había ocultado mi ansiedad y mis miedos. Estaba empezando a darme cuenta de todas las formas en que había condenado esa relación al fracaso. Nunca lo había dejado entrar en mi interior. Pero, ¿por qué pude dejar entrar a este hombre? Por un lado, ya estaba adentro porque leyó mi diario. Pero también estaba la oscuridad. Me hizo sentir segura. Lo suficientemente segura como para llorar. Lo suficientemente segura como para dejar que alguien me sostenga.

    «Lo siento», dije de repente.

    «¿Por qué?»

    “Porque no respondí a la primera nota que me dejaste. El día que me devolviste mi diario. Estaba asustada.»

    “Valió la pena la espera. Más que valió la pena. Mirando hacia atrás, creo que aquel no era el momento correcto. No era lo suficientemente maduro”. Suspiró, recordando el enamoramiento furioso, intenso, casi idólatra que había tenido por mí diez años atrás. Cuando volvió a hablar, su voz estaba cruda con emociones que tenían una década, pero aún muy frescas. “Esa chica que solías ser me puso el pene duro. Te metiste tanto en mi cabeza que apenas podía pensar en otra cosa. Pero la mujer que eres ahora me llena el alma. Y creo… creo que ahora tengo más posibilidades”.

    «¿Posibildades para qué?»

    «Posibilidades de que todavía quieras estar conmigo cuando veas mi cara».

    «Gracias por intentarlo de nuevo».

    «Tuve que hacerlo». Besó la parte superior de mi cabeza y me abrazó con más fuerza. Podía sentir los latidos de su corazón contra mi mejilla. «¿Qué tal algo para comer?» preguntó. “Conozco algunas de tus comidas favoritas”.

    Me reí. «Realmente te preparaste para esto, ¿no?»

    “Lo hiciste fácil. A diferencia de la mayoría de las mujeres, en realidad viniste con un manual de instrucciones”.

    “¿Cómo recuerdas todo eso? Lo leíste hace más de diez años.»

    De repente se quedó quieto. «Yo … hice una copia».

    Suspiré profundamente. «¿Una copia? ¿Por qué? ¿Alguien más lo ha visto?

    “Prometí que no se lo mostraría a nadie y no lo he hecho. Por favor perdóname. Era mi única conexión contigo. Borré cualquier información de identificación y la guardé en una caja fuerte para que no cayera en manos de nadie más”.

    «Vaya.» Me recosté y apoyé la cabeza en su hombro. Parecía que él había sido más cuidadoso con mi diario que yo misma. Pero me molestó un poco darme cuenta de que él había regresado y lo había leído repetidamente durante los últimos diez años.

    “Si quieres puedo encender la luz y me puedes decir en mi cara lo canalla que crees que soy. Abriré la caja fuerte y arrojaré esos papeles a la chimenea. Te llevaré de regreso a tu auto y mañana puedes presentar una orden de restricción”.

    “Supongo que podríamos hacer todo eso. O simplemente podrías darme algo fresco como prometiste.»

    «Me gusta mucho más esa opción». El alivio en su voz era evidente. «¿Sigues oponiéndote al alcohol?»

    «No. Bebo un poco ahora. Solía tener miedo de parecerme a mi madre, pero eso ya no me preocupa”.

    “Realmente has crecido. Tus decisiones no son tan reaccionarias como antes. Y me alegro de que puedas tomar una copa conmigo. Pensé que esta noche era digna de champán.»

    “Definitivamente es una noche digna de champán”, dije.

    Después de buscar a tientas en la oscuridad durante un par de minutos, encontré la venda de los ojos y me la volví a colocar. Oí que se encendía la lámpara de la mesita de noche y luego sentí que sus labios rozaban los míos. «Vuelvo enseguida». Escuché los sonidos del ruido de la cocina que venían de abajo, seguidos por sus pesados pasos volviendo a subir.

    «¿Sigues siendo vegetariana?»

    “No soy tan militante al respecto como lo era en la secundaria. Pero no como carne muy a menudo”.

    “¿Qué pasa con las frutillas [fresas]? ¿Siguen siendo tu comida favorita?

    “Esa es una cosa sobre mí que no ha cambiado”.

    «Bueno, abre tu boca entonces».

    Abrí la boca y él colocó una fresa gorda bañada en una rica salsa de crema entre mis labios. Di un mordisco y saboreé los dulces sabores que bailaban en mi lengua. Mis otros sentidos se intensificaron por el hecho de que no podía ver. Hizo de alimentarme un acto de hacer el amor, mojando las fresas en la crema y colocándolas en mi boca, con los dedos entre mis labios para que pudiera lamer los dulces sabores de ellos. Llevó una copa de champán a mis labios y me permitió beber un sorbo.

    «¿Estás molesta conmigo?» preguntó. «¿Por copiar tu diario?»

    «No. Es algo a lo que necesito acostumbrarme. Creo que es muy dulce que te hayas preocupado lo suficiente como para aprender todo sobre mí. Supongo que leer mi diario cinco o seis veces no es peor que una vez.»

    “No cinco o seis veces. Cientos. No creo que te des cuenta de lo mucho que me enamoré de ti.»

    “Y gracias a ti, puedo vivir mi loca y pervertida fantasía de sexo con un perfecto extraño”.

    “Esto nunca fue algo en lo que hubiera pensado por mi cuenta, pero tu fantasía también se convirtió en mi fantasía y se quedó conmigo todos estos años. Para mí, esta noche es la culminación de años de desear y soñar estar contigo”. Ese comentario fue puntuado por una serie de besos que comenzaron en mi frente y recorrieron un círculo alrededor de mi rostro, cubriendo mis mejillas, mi mentón, mi nariz y la delgada tira de tela que cubre mis párpados.

    Extendí la mano y agarré su antebrazo cuando el beso final aterrizó en mis labios. Cuando nuestros labios se alejaron, hice la pregunta que había estado en mi mente desde que él se había vuelto a poner en contacto. «¿Puedes decirme cómo obtuviste mi diario sin revelar tu identidad?»

    “Sí, puedo decirte eso. La ceremonia de graduación acababa de terminar, y me dirigía al pasillo del último año para comprar algo, cuando noté que todos los casilleros habían sido vaciados”.

    «¿Tomaron algo importante de tu casillero también?» La preocupación en mi voz revelaba el dolor que aún sentía por la terrible experiencia de perder mi diario. Lo había recuperado y lo había perdonado por leerlo, pero seguía siendo un recuerdo angustioso que no le desearía a nadie. No podía verlo, pero el hombre frente a mí se estremeció cuando vio el eco del daño que me había causado hace tantos años.

    Sintió el familiar aguijón del arrepentimiento por la forma en que se habían desarrollado las cosas en aquel entonces, pero se negó a dejar que eso estropeara el momento. Se recompuso lo suficiente como para responder a mi pregunta. “Uhh… no. No se llevaron nada importante. Solo algunas notas que pensé que podría usar. Pero de todos modos, el conserje estaba tirando un bote de basura al contenedor de basura detrás del gimnasio, y me di cuenta de que se habían tirado muchos libros. No soporto la idea de que tiren libros.»

    «La basura. Hice que se detuviera para poder recuperarlos. Pensé que podía leer los que me gustaban y vender o donar el resto. Tu diario estaba entre los libros que encontré.»

    «Gracias por no venderlo».

    “Yo no haría jamás eso. Solo leerlo fue un movimiento de imbécil. No tenía derecho, pero no pude resistir la oportunidad de conocerte mejor. Siempre fuiste un misterio para mí. Tan bella y trágica, como Ofelia. Sospechaba que tu vida hogareña era bastante mala, y tu diario lo confirmó. Una vez que entendí por qué estabas tan triste y todos los mecanismos de afrontamiento que habías encontrado para sentirte mejor, no pude evitar amarte aún más”.

    Me reí. “¿Qué había en mis mecanismos de afrontamiento que me hizo más interesante?”

    “La mayoría de las personas atacan cuando están sufriendo. Pero tú plantaste un jardín. Y creaste esta hermosa noche que estamos disfrutando en este momento. Esto vino de tu mente.»

    Hubo un silencio momentáneo y susurré: «¿Puedo tocarte?»

    «Por supuesto.»

    Extendí la mano, mis dedos vacilantes rozaron contra su musculoso pecho, sintiendo la ligeramente sus cabellos. Mis dedos exploraron sus hombros y bajaron por sus fuertes brazos, terminando en las puntas de sus largos y sensibles dedos, solo para aterrizar en su regazo donde tímidamente se dirigieron a su pene, que estaba erguido y endurecido aún más cuando le hice contacto. Escuché su brusca inhalación cuando mis dedos lo tocaron allí. Pero cuando dije que quería tocarlo, me refería a todas partes. Exploré brevemente su pija y sus bolas y luego me dirigí a su cara. Sentí una mandíbula fuerte, una barbilla bien afeitada, una nariz recta, rasgos bonitos y uniformes. Levanté la mano hacia su cabello, que era lacio, con raya en medio, un poco demasiado largo para ser profesional, pero no lo suficiente como para relegarlo a trabajar en un salón de tatuajes o en una casa de empeño. Me pregunté qué hacía él para ganarse la vida. Tenía el cuerpo de un obrero de la construcción, pero hablaba como un intelectual.

    Él tomó mi mano entre las suyas y se la llevó a los labios. «¿Ya te diste cuenta?»

    “¿De qué, de quién eres? No. Ni siquiera tengo una lista de personas potenciales que podrías ser. Pensé que sabía quién eras esta noche en la reunión, pero estaba equivocada”.

    “Bueno, no lo pienses demasiado. Estoy disfrutando de esta noche pervertida que tenemos”.

    “Me di cuenta de eso hace un minuto cuando estaba acariciando tus regiones inferiores. ¿Quieres jugar un poco más?»

    Dejó escapar un gruñido bajo y me atrajo hacia sí. Éstaba muy duro. “¿Quieres que te ate de nuevo? Ese era un tema recurrente en tu diario”.

    «En realidad, ahora mismo solo quiero que mi boca se entienda con tu pene». Me acercó al borde de la cama y me deslizó por el suelo, arrodillándome ante él. Lo acaricié con la mano, guiando la cabeza de su verga en mi boca y comencé a chupar, tímidamente al principio, y luego con más confianza, sosteniendo su pene con la mano y tomando tanto de él como podía en mi boca.

    «Oh, Delphine», jadeó, tomando mi cabeza entre sus manos. Había pasado tanto tiempo desde que yo había hecho esto. Mi vida amorosa había sido casi inexistente desde que Didier se mudó. Había tenido una cita ocasional, pero todos me presionaban para tener sexo de inmediato, y no había sentido suficiente conexión con nadie como para ceder. Hasta ahora. Me pregunté si él podría darse cuenta de lo inexperta que era. Su respiración era áspera y entrecortada.

    Como si sintiera que yo me estaba poniendo nerviosa, dijo: “Me encanta esto, bebé. No voy a durar mucho si sigues así.» Yo me di permiso para mamar torpemente, para no preocuparme si era tan «buena» como la última mujer con la que había estado. Su cuerpo respondió, y yo reuní todas las habilidades que tenía para succionarlo, decidida a darle tanto placer como él me había dado antes. «Mmmmm», dijo, su mano apretando alrededor de mi hombro. «Estoy tan cerca, cariño». Abrí la garganta y traté de tomar aún más de él, ignorando las sensaciones de náuseas y el exceso de saliva que goteaba por mi barbilla. Fui recompensada un minuto después con la boca llena de semen y un gemido de satisfacción de mi amante.

    Abrí mi boca y dejé que se derramara por el suelo, las sábanas, mi propio cuerpo y el de él. Estaba sorprendida por el volumen. De hecho, me había olvidado a qué sabía el semen: ligeramente salado, un poco mohoso. Definitivamente estaba fuera de práctica, pero con suerte eso cambiaría. Todavía estaba arrodillada frente a él y se inclinó hacia adelante y envolvió sus brazos alrededor de mi cuello, plantando un beso en la parte superior de mi cabeza antes de ayudarme a volver a subir a la cama. «¿Necesitas un trago de agua?»

    «Creo que me gustaría un poco más de champán.»

    Él me entregó la copa de champán y tomé un sorbo. “Esa fue la mejor cabeza que he tenido”, me dijo. Podía decir por su voz que realmente lo decía en serio, y eso fue todo lo que necesité para dejar ir mi última inseguridad. Me quitó el vaso de la mano cuando yo terminé de beber y lo escuché dejarlo en la mesita de noche. «Te necesito cerca de mí» dijo, tirando de mí hacia abajo en la cama para que nuestros cuerpos estuvieran presionados juntos. «Todavía no puedo creer que estés aquí».

    “Yo tampoco puedo creerlo. Dondequiera que esté aquí y quienquiera que seas.»

    Se rió y pasó los dedos por mi cabello. «¿Crees que podrías dormir?»

    “Lo intentaré, pero me temo que me despertaré en mi propia cama y descubriré que nada de esto sucedió”.

    “¿Qué tal si te abrazo muy fuerte, de modo que lo primero que notes cuando te despiertes sea estar en mis brazos?»

    «Eso suena perfecto.»

    Él se alejó por un momento y escuché que la lámpara se apagaba. Tiró de las mantas sobre nosotros. Luego me quitó la venda de los ojos y los abrí ojos a la oscuridad. “Si necesitas levantarte y usar el baño o algo así, está bien que me despiertes. No quiero que te lastimes tropezando en la oscuridad. Tampoco quiero que enciendas la luz y veas el Frankenstein con el que estás acostado en la cama.»

    Me reí. “No sentí ningún tornillo en tu cuello. Pero tampoco estoy lista para renunciar a esto todavía”. Estábamos uno frente al otro en la oscuridad, nuestras frentes se tocaban. Después de un breve silencio, dije: “Puedes cogerme desnuda. He estado tomando la píldora desde que tenía dieciséis años. Solía tener calambres bastante fuertes, y me ayudó. Y estoy sana. Solo he estado con otra persona”.

    “Yo también estoy sano”, me dijo. “Nunca haría nada para ponerte en riesgo”.

    «Lo sé», dije, sintiéndome repentinamente somnolienta. “Ni siquiera sé tu nombre, pero sé eso”. Mi último pensamiento mientras me quedaba dormida fue que nunca me había sentido tan segura.

  • Viaje en micro de larga distancia sorpresa

    Viaje en micro de larga distancia sorpresa

    Hola a todos, espero anden muy bien, acá contentos con los festejos y alegrías que nos trajo nuestra selección argentina. De paso saludarlos y agradecerles por los mensajes y puntuar mis relatos. 8 veces intenté subir foto mía al avatar pero no me deja, dice que es muy pesada no se como hacer como para que al menos vean algo de mi y sepan que soy real jaja. Tengo 1.83 de altura, 90 k, musculoso, buenos brazos, piernudo, piel blanca, ojos celestes, rubio oscuro, buena dotación, bastante ancha.

    Lo que les quiero contar hoy, me pasó la semana pasada, el lunes, recibimos en la oficina un oficio judicial por un conflicto con nuestra oficina en Bahía Blanca, hacía el sur de la provincia de Buenos Aires. Nuestra oficina allí, no es muy grande, tiene 7 empleados, recepcionan oficios sobre diferentes litigios, lo que es muy complicado o que ellos no pueden resolver, lo derivan a nuestra central en Ciudad de Buenos Aires, sino, lo hacen ellos. Con la post pandemia hemos tratado de resolver mucho a través de la virtualidad y hemos evitado tener que viajar hacía aquellas zonas, ya que si bien queda dentro de la provincia, es lejos. Se llega en avión, micro de larga distancia, o auto.

    El oficio que cae junto con la documentación cae con errores y omisiones ya groseras, me junto con la dirección a ver si había manera de contactarnos virtualmente no solo con los abogados de la oficina, sino con la administración pública de Bahía Blanca y no tuve suerte. Le pedi a los abogados que triangulen una video llamada, y resolverlo de esa manera para evitar ir. No hubo manera, cayó directamente la cédula para que nos presentemos. Sin virtualidad de por medio. En la mesa directiva me dijeron que tenía que ir yo ya que es mi área de especialidad y que trate de gastar lo menos posible, ya que nos acercamos a fin de año y no hay mas presupuesto para viajes en avión o grandes hoteles. No quería usar mi auto para ir venir ya que son mas de 300kms. Me puse a ver vuelos para ir y el día que tenía que salir solo había un vuelo en horario que no podía, y me dijeron que vuelos no, que usé micro para ir ya que no quería ir en auto.

    Finalmente a través de internet, conseguí pasaje ida y vuelta por una reconocida empresa que promete viaje rápido y ofrece mejor servicios que los demás. A su vez, reservé en un hotel chico de la zona que me pareció aceptable y desde Contabilidad me dijeron que si. Que a la vuelta rinda todos los gastos pero no mas que eso, ya que me repiteron: no hay mas presupuesto para este año. Además tenía que ir ya que en días comienza la feria judicial y quería asegurarme de que lo que se ingrese o resuelva sea antes del 30/12.

    Por 2 días no iba a ir a la oficina pero bueh, me tenía que subir a un micro de larga distancia, algo que hace muchisimos años no hacía. Muchisimos.

    El micro salía de retiro temprano a la mañana 5 am. Fui vestido con una chomba negra ajustada al cuerpo, cinturon negro pantalon de gaza gris, slip blanco, unas zapatillas negras con base blanca muy cancheras y me lleve una valija tipo carry on, con una camisa, un saco, un pantalón y 2 slips más, ah, y un par de zapatos y objetos de higiene personal.

    Trato de no juzgar a nadie, y me he comido flacos 200% opuestos a mi, recuerden mi historia con Roger, pero la terminal de omnibus de retiro de noche, da miedo y la gente que anda por ahí mas miedo te da, mas que suelo ser un tipo llamativo, por altura, aspecto fisico, brazos, etc. Tremendo. Subí al micro, piso de arriba a la izquierda contra la ventana, abro las cortinas, llevé mi almohadilla que suelo llevar para vuelos, no para micros, pero venía bien igual. Por mi altura el asiento de adelante me pegaba en las rodillas, y pensé que por lo que prometía el servicio, sería de mayor comodidad. Bueno no! Saque la tablet y el teclado y me puse a chequear si había cosas urgentes para atender. En eso, una señora de unos 50 y pico de años, se sienta al lado mío, masticaba algo, y no olía del todo bien. Dios… Que largo sería este viaje!!! Me puse auriculares, y el viaje arrancó.

    A la media hora, después de que respondí unos correos cerré todo, me puse los auriculares con música tranqui para predisponerme a dormir. A los pocos minutos siento movimiento y discusión en una parada que el micro realizó para subir mas gente. Me despierto, y estabamos a la altura de la ciudad de La Plata. La señora de al lado mío discutiendo con el co conductor diciendo que ella debía ir en otro asiento y no al lado mío, que debía dejarle al asiento a otro pasajero. La señora de opulente cuerpo se movió a su asiento correspondiente, y seguimos viaje, me vuelvo a dormir, y a la media hora despierto nuevamente, pero me despierta la terrible erección que tenía. Me suele pasar cuando viajo en avión o en charters que si el viaje dura mas de 1hora, y me duerno, despierto engomado o muy al palo y sabiendolo, suelo cubrirme con una manta o abrigo para que no se note, porque realmente se nota. En este caso me olvidé de taparme.

    Al despertarme por el dolor que me generaba la erección, veo que al lado mío se sentó un muchachito, que tenía su mirada clavada en el bulto de mi pantalon. Él de tez trigueña, delgado por lo que notaba, de carita aniñado pero con una barbita bien recortada, pelo corto y se lo notaba de cuerpo mas chico que el mío.

    A todo esto eran casi las 7 am y mirando para atrás y hacía adelante ibamos por la altura de Magdalena o un poco más, la gente durmiendo o leyendo o con auriculares. En los asientos al lado nuestro, iba un matrimonio mayor, dormidos los dos.

    Me re acomodé en el asiento para poder ir mas derecho y acomodarme la erección. El chico al lado mío mirando para todos lados, y hacía mi, y hacía mi bulto. Al re acomodarme en el asiento se me caen los auriculares y él los levanta rapidamente, y me dice: tomá, se te cayeron!

    Yo: uuh gracias, encima son sin cable, anda a encontrarlos si se te pierden.

    Él: si, yo tenía así, dos así tuve, pero ahora uso con cable porque uno se me cayó y se fue por una rendija de un desagüe y el otro salió volando cuando iba a bajar de un micro y me quedaba siempre con uno solo. Encima estos son Apple, son caros, cuidalos.

    Yo: si, gracias, no son mi primer par, deben ser los 2dos que me compro, los otros directamente los perdí con cargador y todo.

    Él: uyy que bajon, con lo caro que están. Vas a Mar del Plata?

    Yo: no, voy por trabajo a Bahía Blanca, y vuelvo.

    Él: ahh mira vos, a que te dedicas?

    Yo: soy abogado!

    Él: ahh que copado!!

    Yo: vos a donde vas?

    Él: a Bahía blanca también pero a ver familia y ya me quedo hasta fin de año a pasar las fiestas con ellos. Estoy viviendo aca en Bs as capital por laburo y para estudiar medicina.

    Yo: ahhh muy bien!! Y como es eso de laburar y estudiar medicina? Se que para muchos es jodido.

    El: si, no es nada fácil, tengo un laburo part time que me permite flexibilizar los horarios por eso me quedo, no me pagan mucho ni estoy del todo bien, pero es de los pocos flexibles que tengo para estudiar y trabajar.

    Yo: que bueno! Gran mérito. Perdoname, voy a pasar al baño.

    Pase erecto frente a él, y su mirada clavada. Me fui abajo donde estaba el baño y traté de orinar sin ensuciar toda la tapa y el resto. Tarea dificil, me tuve que agachar mas o menos. Me mojé la cara, la cabeza con el hilito de agua que salía como para despejarme y pensar en otra cosa y se bajó. Quedó gomosa pero disimulable.

    Vuelvo a mi lugar, paso por frente a él, me mira el bulto, mientras hablaba por telefono bajito, creo que era con su madre. Yo me senté me acomodé, volví a acomodar mi almohada, revisé el celular, lo guardé y me entre dormí de nuevo. Cuando vuelvo a despertar, el apoya brazos que separa el asiento estaba levantado, el muchachito de mi lado estaba «dormido», con su mano apoyada sutilmente sobre mi muslo derecho, y yo al palo de nuevo. Dios!!

    Si hay que jugar, juguemos. No queda otra, pasa que solo se calman estas erecciones con sexo o una masturbada; y aún faltaban casi 3 horas de viaje.

    Por mi altura, y por como él estaba posiciionado, yo miraba todo desde arriba, por lo que empecé a mover mi pierna de manera que la mano de él se acerque mas a mi bulto. Me fui hacía abajo en el asiento para que mi pelvis baje y su mano suba. Me quedé quieto un momento a ver si él hacía algo más. Esperé.

    Mi pija estaba apuntado hacía la Izquierda y la manito del muchacho, estaba sobre la derecha, así que meti mi mano x dentro del pantalon y del Slip, hecha una piedra, y la movi con bastante dificultad hacía la derecha. Su mano la rozaba si o si. Listo, me hago el dormido, pero me sonó el celular. Ufff, tengo que atender!

    Hola!?… (mi asistente), si, si, que pasó? (hablando bajito)… Ok, no, estoy en viaje todavía. (él se despierta y se hace el que se acomoda para el otro lado). Bueno, dale te aviso cuando llego. Chau.

    Me vuelvo a acomodar para hacerme el dormido, y él «dormido» como que se hace para mi lado. Gira su cuerpo como para tratar dormir de lado, y su mano se va hacia el medio de los dos asientos, pegado a mi pierna derecha. Yo me hago el dormido, y trato de no mirar. A los minutos con un movimiento que hace el micro, como que su mano, se levanta y cae sobre mi pierna, pero ya encima, mas cerca de mi bulto. Me vuelvo a hacer hacía abajo, para que quedé mi pija debajo de su mano, y sigo haciendome el dormido. A los minutos empiezo a sentir q sus dedos y su mano se mueven sobre mi pija erecta. Como queriendo agarrarla. Hace pequeños movimientos con la mano, como queriendo masturbarme y yo explotaba.

    El micro se detuvo en un peaje, se escucha gente hablar y que descendía gente del micro. Él se despierta y mira hacia el pasillo. Se cierra la puerta, se sube el co conductor y el micro sigue su ruta. Él se refriega la cara, mira la hora en el celular. Retoma su posición en el asiento, buscando otra vez recostarse de costado mirando hacía mi, y dejando caer su mano sobre mi pierna. Por lo que directamente y sin mas vueltas decidí, desabrocharme el cinturon, desabrochar el pantalon, bajar el cierre, y bajarlo un poco, para que solo se vea el slip con el tronco erecto debajo. Ahí se despertó en serio, me miró y le hice gesto de: dale! Se puso a mirar por todos lados, y yo le dije: shhh!! Cualquier cosa yo te aviso!

    Se puso a pajearme por encima del slip y yo lo corrí para que se salga la cabeza y el tronco. Él con cara de sorprendido, se pone a pajearme con su manito y miraba para todos lados. Se agacha como para olerla y me dice bajito: que rico huele!

    Yo: probala! Yo te aviso.

    Y se baja medio tímido, y se pone a chuparla de a poquito despacito. Con su manito me masturbaba y a la vez me la chupaba. En un momento, le hice el gesto que pare que una mina delante nuestro se paró y bajo al baño, hasta que volvió a subir, me masturbó. Volvió a subir la mina, él agarró la mochila y tapó. Y cuando finalmente la mujer se sentó, mando su boca a mi pija para tratar de chupar un poco más. Yo estaba x acabar y el problema era que estaba con ropa formal, en un micro sin mucha posibilidad de higiene y que quizás él no tragaba, y por mas de que lo hiciera, por la cantidad que acabo, se le saldría algo. Por lo que le avisé, mira que voy a acabar, acabo mucho y no quiero ensuciar.

    Él: Paro?

    Yo: No, no pares, pero esperá. Tomé un par de pañuelos descartables, y le dije: pajeame!!

    Con su manito me pajeo y cuando fui a soltar leche, me cubri con los pañuelos y acabé… Yo rojo de la presión, del momento, y de que no paraba de sacar leche.

    El tomo de su mochila una bolsita, y unas servilletas que tenía y me hace: Shhh, agarró con las servilletas todo el embrollo de manos, leche, y pañuelos que tenía, me saca todo y lo pone en la bolsita, con otra servilleta me termina de limpiar la pija, con su boca ayudó a que quede perfecta, yo me retorcia de placer, tiro todo en la bolsita y la cerró. Yo me acomodé, guardé mi pija. Él bajó al baño a tirar la bolsita y a lavarse la cara.

    Cuando volvió, nos reimos, hablamos, pasamos número de wasap y quedamos en vernos en mi hotel para coger como Dios manda…

    ¡¡Continuará!!

  • Taxista me destroza

    Taxista me destroza

    Una semana después de lo ocurrido me encontraba sola en mi casa cuando Pedro me llamó al teléfono:

    — Hola Mija! ¿Cómo éstas? ¿Éstas en tu casita mi niña?

    — Si don Pedro, ando solita ¿Por?

    — Mmm ¿Podría ir a buscarte a tu casa? Así pasamos un buen rato mijita…

    — Claro! Dígame a que hora nomas

    — Cómo en 30 minutos mija, ponte algo que me guste, Chao!

    — OK, en 30 entonces, bye!

    Me fui rápidamente al baño a darme una ducha, me depile bien y perfume mi cuerpo con una esencia de fresas, fui a mi habitación y busque la ropa más provocativa que tenía, una blusa blanca que había cortado hasta el ombligo (era ajustada y media transparente) una tanguita negra bien pequeñita, una falda corta tipo colegiala de color azul y mis zapatillas blancas, obviamente iba sin sostén debajo de la blusa así que se notaban mis pezones, me peiné un poco el cabello y me eché brillito en mis labios…

    No pasaron ni 5 minutos de que estaba lista y Pedro ya me esperaba fuera de mi casa, tocó la bocina y salí rápidamente cerrando la casa con llave, me senté en el asiento del copiloto y Pedro me miró de arriba abajo más que nada apreciando mis pechos.

    — «Uff te ves como toda una perrita mija»

    — «¿Le gusta?» Le dije acercándome a el

    — «Me encanta mi niña» me agarro una de mis tetas y la apretó con algo de fuerza a lo que respondí con un suave quejido

    – «Ou! Me encanta que seas rudo papi»

    Pedro se acercó más a mi y me dio un apasionado beso mientras manoseaba un poco mis tetas.

    — «Ya mija, vamonos antes que alguien nos vea aquí» se río y partimos rumbo a su casa, mientras manejaba me miraba de reojo y se saboreaba, puso su mano en mi muslo apretando con fuerza.

    — No aguanto más mi amor, tengo muchas ganas de devorarte, te voy a partir esa concha y ese ano cuando lleguemos a mi casa.

    Sus palabras me encendieron, faltaban como 5 minutos para llegar a su casa y yo tampoco aguantaba así que empecé a tocarme la vagina por sobre la tanguita… soltaba suaves gemidos.

    —» Uff métete los dedos putita» dijo Pedro acelerando un poco más el taxi para llegar a casa más rápido

    — «Si Papi» Corrí mi tanga a un lado y abrí más las piernas, metí mi dedo corazón a mi vagina y comencé a moverlo rápido mientras gemía.

    Llegamos a la casa, Pedro estacionó el taxi, bajo del auto y se acercó a mi puerta, la abrió y me tomó sus brazos mientras me besaba con pasión… le rodee las caderas con mis piernas a pegándome más a el mientras entraba a la casa.

    — «¿Me trataras mal hoy papi?» Le dije con voz dulce y aniñada.

    —»Obvio que si puta, te portas muy mal» me llevo hasta su habitación y me aventó a su cama.

    —»Te voy a dejar tan abierta que ni caminar vas a poder, puta de mierda» me decía con voz ronca y excitado.

    —»uff papi tu hazme lo que quieras, me gusta que me trates así~»

    Se subió sobre mi, me desabrocho la blusa y me levanto la falda, tomo mi tanga y la rompió.

    — «Puta bastarda si hasta traes la concha depilada, más ganas de rompertela me dan!»

    Se quito toda su ropa… me quedó mirando la concha un poco con cara pensativa, a los segundos después se paro y fue a la cocina a buscar algo, casi al instante volvió con un pepino grueso y largo en una de sus manos y en la otra un cordel largo… me miraba con sonrisa perversa, algo temerosa le dije:

    — «Papi, ¿Que me harás con eso?

    — «Ya te dije, te voy a romper la concha y el ano puta.»

    Me jalo hacia el me tomo las piernas y como pudo me amarro al respaldo de la cama con las piernas abiertas y levantadas, puso una almohada debajo de mi espalda baja quedando con la concha y el culo levantados en una pose un poco incomoda y rara, con su cinturón ató mis manos juntas.

    —»Mijita, ufff te tengo toda para mi, quiero escucharte gritar» se río mientras acercaba el pepino a mi vagina y lo acariciaba de arriba a abajo tocando mis labios mayores.

    —»Mmmm. Papi me va a doler mucho!» Me quejé.

    Me pego una cachetada para que me callara y comenzó a meter poco a poco aquel grueso pepino, sentía como abría mis paredes lentamente hasta que tocó mi cérvix a lo cual solté un gemido de dolor, lo mantuvo ahí unos segundos aún quedaba mucho pepino para meter pero ya había llegado a mi limite, comenzó a sacarlo lentamente y cuando ya estuvo casi todo fuera ¡Pum! Me metió el pepino con toda su fuerza hasta mi tope y así lo hizo un par de veces.

    —»¡Ahhh! Me duele Pedro, pare pare» supliqué mientras lo miraba a los ojos

    —»No maldita perra, hasta que te partas» siguió metiendo ese pepino con fuerza.

    Ya varios minutos después comencé a disfrutar más y a gemir de placer lo cual prendió más a Pedro, quitó el pepino de mi vagina y se acomodó para meter su pene el cual tenía una enorme erección, lo metió de golpe y hasta el fondo, me penetro con rudeza y rapidez por varios minutos hasta que paro en seco.

    — «Me quiero correr en tu orto, así que prepara tu culo nomas, que lo voy a destrozar puta imbécil» me dijo al odio para después acomodarse entre mis piernas.

    Pedro escupió en mi ano primero y luego en su mano, acaricio su pene lubricándolo un poco y luego metió uno de sus dedos en mi ano, moviéndolo frenéticamente a lo cual me queje y gemí en respuesta, dije entre gemidos:

    —»ufff duele papi, meteme más, destrozame Por favor!»

    —»Cállate puta! Te voy a dejar reventada así nunca te olvidaras de mi.»

    Metió otro de sus dedos con fuerza y los movió a ambos me excite tanto que me corrí, Pedro sacó sus dedos y agarro su pene el cual frotó contra mis jugos para lubricarlo aún más, apoyo la cabeza de su pene en mi ano y lo presionó con fuerza hasta que logro meterlo, grite del dolor y trate de zafarme de mis ataduras a lo cual Pedro río y continuo metiendo su pene en mi ano, sentía que me destrozaba las entrañas, bombeaba con fuerza y rudeza mi ano sin piedad, mi interior ardía y dolía mucho pero solo me limitaba a llorar y gemir del dolor, eso solo hacía encender más a mi perverso taxista, siguió penetrándome brutalmente abriendo mi ano.

    —»Mmmm ¿Te gusta puta? Mira que el ano te quedará todo abierto y roto mi amor.

    —»Ahhh! Si papi, duele mucho pero me encanta, rompeme rompeme por favor» suplicaba mientras el seguía moviéndose ya jadeando un poco del cansancio.

    Tomó el pepino y solto una risa antes de metermelo con fuerza en mi vagina nuevamente, grité y gemi intentando sacar mis ataduras pero el hundió más el pepino el cual sentía ya en mi útero, lo sujeto con fuerza con su mano presionando para que no se saliera de mi interior, siguió bombeando mi ano por unos minutos hasta que me corrí nuevamente, ya muy cansada deje de resistirme y Pedro se corrió a chorros dentro de mi ano, sentía como llevaba mis entrañas con semen caliente, sacó el pepino de mi vagina y su pene de mi ano… y ¡Zaz! Me empaló el ano con el grueso pepino lubricado con mis jugos, sentí como me termino de desgarrar el ano, dolia y mucho, juro que sentía que corría hasta un poco de sangre, me quedé quieta, gimiendo de dolor y llorando…

    —»¡Oooh mira mi niña, el pepino te sirve de tapón así guardas mi leche jajaja!» Se reía mientras yo jadeaba intentando recuperar el aliento.

    —»Que rudo eres papi, me dejaste rota y acalambrada»

    Me quito las ataduras sin quitar el pepino de mi ano, me acostó bien en la cama y se puso detrás mía en posición de cucharita, apoyó su pierna contra el pepino para que no se saliera de mi ano y me abrazó»

    —»Buena puta, descansamos un rato y a la noche te voy a dejar ¿ok?»

    —»Si papi…» cerré mis ojos y me dispuse a dormir un rato.

    [email protected].

  • Último encuentro con mi contadora

    Último encuentro con mi contadora

    Aún recuerdo es sensación de estar dentro de ella, viendo su carita, su pelo, su boca toda llena de semen de varios hombres. Hombres que nunca pudo ver, de los cuales solo disfrutó de cada una de esas vergas duras, exclusivamente para ella.

    Después de un rato nos bañamos y nos fuimos. Tardamos en volver a vernos.

    Días después fuimos a tomar un café y por extraño que parezca, solo tomamos café y platicamos un poco más a fondo. Ella me dijo que tenía una hija y además tenía novio. Este quería casarse con ella y además para rematar, vivía en casa de su mamá junto con su hija.

    Me llené de morbo imaginármela haciéndola mi zorrita en su casa. En su propia casa con su mamá y su hija dentro de la misma.

    Le llamé días después y le pedí que me invitara a su casa. Ella accedió con cierto recelo. No quería involucrarme en su mundo. Me citó un viernes por la tarde, donde su mamá saldría con su hija y la casa estaría sola.

    De inicio me sentí un poco decepcionado porque eso era demasiado convencional. Por un momento pensé en ni siquiera ir, pero a la verdad andaba muy caliente así que me dirigí a su casa.

    Estaba rumbo al norte, como a dos horas de distancia. Ya me sentía algo fastidiado del tránsito y el calor. Cuando baje del coche me dijo que lo estacionara a unas cuadras de distancia ya que los vecinos podrían sospechar y no quería que nadie se diera cuenta. Y aquí es donde la cosa se empezó a poner buena. La idea de estar en su casa de incognito levanto mi libido. Entré a escondidas y una vez que cerró la puerta no la dejé avanzar ni dos pasos. La tomé del brazo y la jalé hacia mí. Ella se resistió y me excitó más. Se quiso zafar de mi mano y la sujeté gentilmente del cuello, pero metí mi mano debajo de su falda de manera intempestiva, directo sobre esa vagina tan deliciosa. La miré a los ojos y le dije: ¿a dónde vas putita? Tú vas a hacer lo que yo te diga.

    Se resistió aún más. Suplicó que no lo hiciera, pero su papayita la traicionó. Ya estaba muy mojada.

    La besé a la fuerza contra el muro de su sala mientras dejaba que mis manos la recorrieran de sur a norte, recorriendo todas sus latitudes. Recuerdo como le temblaban las piernas de sentir como mis dedos presionaban su clítoris y lo frotaban en movimientos rápidos y horizontales. Se podía escuchar ese chasqueo que generan sus fluidos.

    Me miró de manera violenta y empezó a forcejear para soltarse, pero el squirt que tuvo en ese momento le impidió moverse. Cuando sus piernas se vencieron, la sujeté de las axilas, la puse de pie y le di una bofetada. La miré finamente y le dije: mi putita, no sé porque te resistes, sabes que eres mía y vas a hacer lo que yo quiera y justo deseo que me lo mames. Quiero llenarte esa boquita de leche.

    Me dijo que nunca lo haría, que la obligara. Le di otra bofetada un poco más fuerte y me miró retadora.

    Me saqué la verga con una mano mientras con la otra la sujetaba del cabello. La acerqué a mí. Puse mi falo entre sus piernas y la obligué a hincarse. La abofetee con mi pene. Le ordene abrir la boca…

    -¿Así papi? – preguntó después de mamarla un buen rato.

    – justo así mi putita, si te portas bien quizá te lo meta todo, así como te gusta.

    -por favor, ya mételo. Quiero sentir tu verga dentro de mí.

    – Gánatelo putita. Gánate mi verga en tu culo.

    – Pídeme lo que quieras, soy tuya pero ya dame tu verga, lléname de leche…

    Justo estábamos en eso cuando llegó su mamá con su hija y acompañadas de su novio. Subimos corriendo a su habitación, le puso seguro y estaba super nerviosa. Olía a sexo por todos lados y no sabía qué hacer.

    Su novio le gritó:

    – Normita, mi amor, ya llegamos, ¿dónde estás?

    Ella solo dijo – No tardo, ahorita bajo. Denme unos minutos.

    Sin dudarlo la penetre lo más rápido posible hasta sentir que me venía. Le di la vuelta y la puse de rodillas de nuevo. Vi como se llenaba su boca de semen. Pero de inmediato se lo pasó, se arregló velozmente y me dijo que los iba a sacar unos minutos de la casa. Que por favor me fuera y no la buscara más.

    No sé cómo tomarlo, pero, mientras estaba escondido en su recamara esperando a poder salir me quedé reflexionando y no estaba nada padre pasar por esas cosas.

    Casi una hora después pude salir de esa casa y fue la última vez que la vi.

  • Domingo laboral

    Domingo laboral

    Pues resulta que tenía que ir a la oficina en día domingo porque tenía un proyecto pendiente que debía terminar para el día siguiente, sabía muy bien que solo estaría yo en el área de oficinas y por eso, después de bañarme y depilarme toda, me puse una tanguita rosa que se confundía con mi piel, me gustaba mucho porque no tenía costuras y al usar mis pants pegaditos no se notaban al andar. Llegué en mi automóvil y solo había dos guardias de seguridad, uno de ellos era corpulento y mucho más alto que yo, muy velludo pues se le notaba en sus brazos y su pecho que por lo regular siempre lo traía descubierto, se me hacía un gran macho, pero nunca pensé en llevarlo a mi cama puesto que solo cruzaba palabras con él cuando me abría las puertas del estacionamiento.

    Llegué a mi cubículo y me dispuse a trabajar, me enfoqué en terminar mi proyecto pronto porque no quería que se me hiciera tan tarde. Cuando acabé de escribir todo el texto y agregar videos a mi proyecto lo empecé a compilar, me di cuenta de que tardaría alrededor de 2 horas en terminar, así que pensé en dar un recorrido a la planta donde trabajaba pues al no haber nadie me podía pasear con mi tanga puesta debajo de mi pants sin que nadie notará lo que traía puesto; al caminar apenas unos 20 metros, escuché unos pasos detrás de mi, era el guardia que me seguía de cerca con sus ojos puestos en mi trasero, note que no dejaba de mirarme con lujuria, yo como si no me diera cuenta me agaché simulando que recogía algo del piso para que me viera mejor, y de repente ya lo tenía detrás de mi, muy pegado a mi espalda, podía sentir su herramienta dura pegada a mis nalgas.

    -¿Que hace usted tan sola aquí, señorita? -me preguntó.

    Yo le respondí que había venido a terminar un trabajo pendiente pero que me tomaría un par de horas esperar sin hacer nada mientras la computadora terminaba de trabajar… Él me dijo que si yo quería acompañarlo a hacer su recorrido…

    Empecé a tartamudear un poco pero acepté su invitación, me llevo hasta el fondo del área de bodegas donde ya las cámaras de vigilancia no alcanzan a captar y de repente puso sus fuertes manos en mi cintura y lentamente me hizo detenerme para jalarme hacía el, de nuevo sentí como su verga, a punto de salir de su pantalón, me la volvía a pegar a mis nalgas, me estremecí toda al sentirlo pero no me aparté, al contrario, paré más mi culito para sentirlo aún más, así estuvo un rato, frotándome su miembro mientras yo disfrutaba con mucho placer…

    No pude más y me gire para estirarme y abrazarlo, me beso al mismo tiempo que sus manos me agarraban mis nalgas y las fue metiendo debajo de mi tanga, empezó a usar sus dedos para abrir mi culito y de repente me metió uno de ellos, muy delicadamente, me empezó a acariciar mi ano muy rico, yo ya estaba lubricando mucho y en un movimiento fugaz le desabroche el pantalón y metí mi pequeña mano en sus calzones, me encontré con un monstruo de no menos de 21 cm, y era todo para mí…

    Me desprendió su dedo de mi ano y muy sutilmente me tomo del cabello para llevar mi cabeza a su falo, enorme, grueso, lleno de venas y muy hinchado, yo gustosa me lo lleve a la boca con calma, quería disfrutar cada centímetro de él…

    Mientras me agarraba del cabello y me jalaba para que me pudiera tragar todo su miembro, en un principio sentí que me ahogaba, pero poco a poco mi garganta se fue abriendo para que me lo metiera todo al final…

    Así me tuvo durante un rato y después me levanto para girarme bruscamente y me empino para empezar a chuparme mi culito, pequeño, pero de buenas dimensiones, tengo unas ricas nalgas que me enorgullece decirlo y siempre ando bien limpia por si me suceden este tipo de cosas…

    Empezó a meter su lengua en mi pequeño orificio y cuando lo dejo todo mojado me preguntó si lo iba a aguantar; yo le dije que lo metiera despacio porque estaba muy grande pero que con mucho gusto lo recibiría…

    Me empezó a dar la cabecita de su verga poco a poco, yo sentía como me iba abriendo toda y a pesar del dolor que sentía lo estaba disfrutando mucho, con sus manos poderosas me abría mis nalgas para poder ver cómo me estaba tragando toda su herramienta, no pasó ni un minuto cuando ya estaba todo dentro de mi, me agarró de las caderas y primero muy suavemente me empezó a jalar hacia él, yo podía sentir todo su pedazo de carne dentro de mi, que llegaba hasta donde nadie había llegado, claramente tocaba todo mi ser por dentro y de repente empezó a embestirme más y más fuerte, más rápido, más duro, yo podía gritar de placer porque no había nadie más dentro de la planta, podía sentir sus grandes huevos chocar con mi trasero y no dejó de cogerme así hasta que me lleno de un chorro caliente, lo sentía perfectamente como me llenaba, no tarde en sentir que escurría por mis piernas.

    Fue en ese momento que me lo saqué y de inmediato lo metí a mi boca para limpiar todo ese semen tan rico que aún emanaba de su verga, me lo trague todo y así con su sabor aún en mi boca, me cargó para rodearlo con mis piernas por su cintura, él aún seguía con su verga bien parada y me coloco encima de unas cajas que servían bien como si fuera una mesa, puso mis piernas en sus hombros y me volvió a meter todo su miembro en mi culito aún lleno de su leche, me siguió cogiendo muy duro está vez, se dejó caer encima de mi y no dejaba de besarme, fue en ese momento cuando yo me vine en su pecho lleno de vellos, y sentí claramente como él volvió a llenarme de su chorro tan rico, yo estaba extasiada, no podía dejar de gemir y disfrutar aquel rico palo que me acababa de meter; se quedó una rato encima de mi y yo no dejaba de acariciar su cabello y besarle la frente.

    Después de un breve instante se levantó y me ayudó a incorporarme, me pasó la poca ropa que yo había tirado durante el brusco movimiento y me miró cuando me vestía, sabía que teníamos que repetirlo, yo de igual manera lo vi fijamente, embelesada cuando se estaba vistiendo; se despidió de mi y me deseo que terminara pronto de trabajar…

    Yo con cara de estúpida solo alcancé a decirle gracias y se fue a seguir su rondín…

    Yo solo regrese a mi computadora a comprobar que había terminado de trabajar, fui al baño a arreglarme un poco y me retire a mi casa…

    Ya será en otra ocasión que vuelva a ver a mi guardia de seguridad.

  • Dalia y el babydoll

    Dalia y el babydoll

    Dalia estaba sola después de llegar de la biblioteca y tendría la casa así por varias horas según la nota que le dejaron sus padres en la nevera, así que una idea le cruzó en la mente visualizando aquella prenda que había visto en la ropa sucia, se decidió y tomo el baby doll color negro de su madre: estaba escotado y tenía encajes con una tela fina y transparente, con una caída corta muy corta, cuando lo tomo por los tirantes y lo extendió frente a ella para verlo trago saliva, sus manos apenas y lo podían sostener porque estaba temblando, estaba ansiosa, desde la primera vez que lo vio sintió curiosidad ya que nunca había usado lencería de ese tipo y lo puso sobre la cama.

    Comenzó a desnudarse, rápidamente y con movimientos algo torpes, quizá por el nerviosismo, su rajita estaba respondiendo y no pudo evitar tocarla lo cual solo hiso que aumentarán sus deseos.

    Una vez que estuvo desnuda tomo el baby doll para enfundarlo en su cuerpo, lentamente pudo sentir la textura de la tela recorriendo la piel y la parte de la faldita deslizándose sobre sus nalgas, sentía la humedad entre sus piernas y entonces cuando levantó la vista mirándose al espejo se perdió mirando su reflejo, sus pezones marcados por la tela, las nalgas apenas cubiertas por la falda, dándose la vuelta miro su culo deseable apenas cubierto ya que sus caseras y sus nalgas eran más amplias y aunque quiso seguir mirándose solamente, le fue inevitable empezar a masturbarse, podía sentir su clítoris inflamado, la cara totalmente sonrojada mientras se miraba al espejo masturbándose, dirigiéndose a la cama compenso a acariciar sus nalgas y con la yema del dedo los pezones, movimientos torpes y ansiosos pero que aumentaban su excitación…

    Entonces se atrevió a ponerse en 4 sobre la cama y posar como una verdadera puta con sus nalgas empinadas y mirando como su puchita palpitaba mientras más se empinaba, inconscientemente se masturbaba cada vez más rápido y fue entonces que al sentir la llegada de su primer orgasmo se atrevió a darse unas nalgadas que generó una venida mucho más placentera de lo que pudo haber imaginado.

    Dalia estaba rendida y con una cantidad de líquido expulsado por el clímax muy abundante, fue ahí que llegó el remordimiento jurando no volver hacerlo nuevamente, bueno, al menos hasta que en la próxima consiguiera su propia lencería…

  • Trío toros y el cornudo picha corta (e impotente)

    Trío toros y el cornudo picha corta (e impotente)

    Cámaras listas, por suerte nuestra casa tiene comodidades de ese tipo además de uno que otro vecino hay espacio suficiente.

    Prendo el stream mi novia abre la cámara “que me queda mejor?” Trata de decidir entre un neglille o un vestido bdsm.

    Tomo la decisión de usar un neglille.

    Ese día no podría atenderme ya que César el muy muy dotado la iba a atender al lado yo estaría viendo, pero su amigo Sergio podía apretar mis huevos con una correa así como su amiga África que era lesbiana y estaba ahí para torturarme en caso de no segur las reglas.

    Su ex no es precisamente el más guapo sin embargo al ver a mi esposa en neglille este desenfundo algo que es fácilmente 2 veces mi miembro.

    Mi querida se volvió loca grito por tenerla adentro y así fue sin condón dijo «confío en ti César además un nuevo bebé será cuidado por el cornudo».

    Esto hizo que rápidamente este se corriera. Su macho era experimentado pero él sabía que me media 12 cm la mitad que el además de que siempre estuvo esperando a que mi novia tuviera un tiempo libre (eso lo excitaba tanto que a veces se ponía dominante conmigo).

    Ni tarde ni perezosa mi amor grito el nombre de su otro amigo «Checho ven te acuerdas la vez de la fiesta de Iván».

    Antes de preguntar cualquier cosa me puso una mordaza y me dijo al oído «… bien abierta tu verguita va entrar rápido».

    Se fue al otro cuarto y veía como la amarraban y acercaban sus penes a su boca.

    En el cuarto segura África que para lo que siguió pidió la ayuda de Beatriz una amiga lesbiana más machorra por decirlo así físico recio, bubis grandes, pero caídas y piernas cortas.

    Me tomo por los huevos y me llevo.

    «Los machos tienen ganas de orinar» tomé un pato por cada uno mientras veía el semejante miembro mientras decía «ya venga si tanto lo quieres te lo doy después de tu esposa».

    Sergio estaba orinando mis pies y decía «lávate bien pito chido» y cuando estaba por irme comento «no la sacudiste».

    Me trate de resistir, pero África y su amiga me tumbaron panza arriba y me dijeron «quizás te falta algo de respeto».

    Acto seguido comenzó a masturbarse y se corrió sobre mis huevos.

    Mi esposa gritaba «venga quizás así crezca o se paren».