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  • La magia de la Navidad

    La magia de la Navidad

    «Esta mañana mi polla está hambrienta», le dije a mi esposa cuando desayunábamos en la cocina; «Le diste de comer anoche», replicó mi esposa. Yo, vestido con una bata, sin nada debajo, sentado en una silla de anea cómodamente, pinzando mi taza de café por el asa para sorber, la miré. Mi esposa, también sentada, ataviada con un camisón de tela muy transparente que dejaba entrever el color moreno de sus pezones, sonrió. «Hazme otra paja», pedí. Mi esposa se levantó de la silla y se colocó detrás de mí; metió el brazo derecho bajo el faldón de mi bata y agarró mi polla con la mano: comenzó a masturbarme. La calentura de su mano me excitaba más si cabe. Mientras yo jadeaba ansioso por correrme, mi esposa me susurraba al oído cosas cariñosas del tipo: «Oh, cariño, me gusta tanto tu polla», «Oh, amor, sí, vente, córrete». Derramé mi semen.

    Esta noche es la cena de Nochebuena, y aquí tenemos a este matrimonio, Paula y José, entretenido en la cocina con sus cositas sexuales. Paula tendrá que ir al mercado para hacer las compras; a José le ha tocado la limpieza. Pronto ambos se visten, de calle una, de faena el otro, y comienzan sus obligaciones.

    «Oy, mi marido, qué pesado es con las pajitas…, un día de estos lo voy a mandar a tomar por culo…, pajéate tú, hermoso…, que no eres manco», iba pensando Paula durante el trayecto al mercado. Como tenía poco dinero, Paula se había vestido para la ocasión. Ella, que era mujer entradita en carnes, treintañera y de buen ver, se había calzado unas botas de media caña sobre unas medias de malla; se había puesto una falda corta negra, por la mitad de los muslos y se había puesto una sudadera amarilla con cremallera por supuesto sin sujetador, para que le flotasen las tetas. Entró al mercado como mascarón de proa de un galeón que surca los océanos y le abrieron paso sin dificultades. Nada más verla el carnicero, gritó: «Paula». Paula se acercó. «Hola, Jorge», dijo con un toque seductor; «Ven, Paula, vente a la trastienda, que tengo algo bueno para ti», dijo el carnicero salivando; «Uy, tengo mucha prisa», objetó Paula; «Bah, tardaremos poco». Paula entró a la trastienda con el carnicero; este bajó inmediatamente la persiana. «Paula, Paulita, qué ganas tenía de verte, ven, chiquilla, ven, ponte cómoda, quítate la falda, ven, así, ponte en pompa ahí, apóyate en mi mesa de trabajo…, así, ough, oohh, oohh, oohh, cómo me pones niña, oohh, uf, uf, ough, ooohhh».

    «Toma, el pavo que me pediste, muchas gracias, Paula».

    La vio el frutero. «¡Paula!». Aquí no hubo trastienda. Paula, agachada bajo el mostrador se la mamaba mientras él despachaba. Cuando acabó, se levantó de sopetón, dándose de bruces con su vecina Carmencita que se llevaba un manojo de plátanos. La vecina la miró, arrancó un plátano y se lo metió y se lo sacó de la boca sin pelar a la vez que guiñaba un ojo. Paula se fue de allí con la cesta llena de piñas, mangos, aguacates…

    El pescadero era un viejete que apenas tenía fuerzas como para atender su negocio, en el cual además se encontraba su mujer. Paula se sacó disimuladamente una teta de la sudadera y se la mostró subiéndosela con una mano: al menos un par de besugos cayeron en la bolsa subrepticiamente.

    Y con la bolsa cargada de alimentos salió Paula del mercado.

    Veamos que ha hecho José.

    José, indolente y vago como era además de esmirriado, subió al piso de arriba a ver si alguna de las estudiantes que allí vivía le podían hacer el trabajo a cambio de unas cervezas u otra bebida alcohólica que se terciara. Pegó al timbre. A los cinco minutos abrieron. La que abrió se llamaba Constanza, una muchacha alta con las piernas bronceadas, una cintura fina y unas tetas picudas que desafiaban la gravedad. «Ah, hola, José, qué quieres», preguntó Constanza, que llevaba puesta una camisola larguísima e iba muy despeinada. «Necesito vuestra ayuda», dijo José; «José, estoy sola…, y, en estos momentos, muy ocupada…»; «¿Quién es?», preguntó una voz desde dentro; «Un vecino», gritó Constanza; «Dile que entre», pidió la voz; «Entra», dijo Constanza, girando sobre sus talones, «y cierra la puerta». José entró y caminó detrás de Constanza, que se iba sacando la camisola por la cabeza quedándose completamente desnuda delante de él. «Entra», repitió Constanza señalando la puerta de un dormitorio. José entró. Lo que vio lo dejó boquiabierto. Vio a dos muchachos desnudos sobre una cama de matrimonio que se masajeaban las pollas muy empalmadas; vio que Constanza se colocaba a gatas entre ambos: vio que uno de los muchachos se le ponía debajo y le metía la polla en el coño entretanto el otro se posicionaba de rodillas detrás de ella y también se la metía, pero por el culo. «Eh, tú, ven, hay sitio ahí delante». Se refería el muchacho a la cabeza de Constanza. José se quitó el pantalón y los zapatos y expuso su pubis a Constanza. Esta tomó su polla con cuidado y se la metió en la boca. De este modo estuvieron más de un cuarto de hora: el de debajo subiendo y bajando sus caderas con energía; el de atrás bombeando con fuerza y José con la polla tiesa dentro de la boca de Constanza que gemía y suspiraba en sordina. José vio entonces que el de atrás la sacaba, y, como si fuese una señal, una orden, el de abajo paraba: él, en consecuencia, la sacó. Inmediatamente, Constanza se tumbó de espaldas sobre el colchón y, uno por uno, todos se masturbaron sobre ella, sobre sus tetas y su cara, salpicándola de semen mientras rugían de placer.

    Más tarde, los cuatro socios a las órdenes de la socia, irrumpieron en la casa de Paula y José y la dejaron como los chorros del oro.

    Al tiempo que José olfateaba el olor a asado y a guiso que salía de la cocina, donde Paula se esmeraba con los ingredientes, este, tumbado en la cama, pensaba en la venidera cena de Nochebuena. Habría invitados, eso por descontado. Si nadie faltaba, vendrían: el hermano de Paula, Gustavo, un funcionario insolente y adiposo, soltero sin solución; la hermana de José, Conchi, tan esmirriada como el propio José pero con un encanto natural y una inteligencia que le habían servido para enamorar a su marido, David, un próspero informático. También vendría Regina, esa amiga de la infancia de Paula: mujer regordeta con un culo impresionante y unas tetas enormes, frondosas y redondas que bien podrían entretener a cualquier macho alfa que se le acercase. Posiblemente también vendría Rafael, el comisionista al que Paula recurrió para que les concedieran la hipoteca del piso que ahora habitan. José había pensado desde el principio que Paula y Rafael se entendían hasta que, una noche, por casualidad, lo vio en un bar de ambiente, descubriendo que era gay.

    José pensaba: «Otra vez tendré que oír al pesado de Gustavo elogiando a su hermanita, criticando que ella se haya casado conmigo…, qué se pensaba, que iba a estar toda la vida viviendo con él…, seguro que habría querido hasta follársela, menudo pervertido…, y mi hermana, esa mosquita muerta…, su marido sí me cae bien, y Regina, vaya mujer Regina…, es extraño que aún no haya encontrado marido…, en cuanto a Rafael…, no vendrá, él es de otro clima».

    Llegaron los invitados. «Qué limpia tenéis la casa», era el comentario generalizado. «José, que es muy apañao», decía Paula y José ocultaba una sonrisa. A las diez de la noche solo faltaba Rafael. Una llamada telefónica nos confirmó que no vendría; así que comenzamos a zamparnos los suculentos manjares. Gustavo daba la brasa con la política mientras cenábamos: David tuvo que pararle los pies exhibiendo un montón de datos sobre economía que Gustavo desconocía. Regina reía las ocurrencias de mi esposa, qué estaba más graciosa conforme más vino trasegaba. Cada vez que Regina reía, sus floridas tetas hacían un estropicio en el mantel, derribando copas y desplazando platos. Y Paula se reía. Y Regina, progresivamente más achispada, también, mucho. Yo hablé de fútbol con mi hermana, ya que ambos éramos aficionados a mismo equipo, el Málaga C. F. Después de los postres, continuaron las copas con líquidos de muy alta graduación. Después todo era nubloso. Y después llegó Santa Claus, y la magia de la Navidad.

    Por la mañana temprano me desperecé con mi polla aprisionada entre las tetas de Regina. Yo estaba tumbado en el sofá con el pantalón bajado y ella estaba sobre mí completamente desnuda. En escorzo vi su cabeza, su espalda, su hermoso culo, incluso los talones de sus pies, que apoyaba en el reposabrazos. «Mmm, humm, mmm», soltaba Regina, friccionando mi polla con su carne y chupándola alternativamente. «Regina», murmuré, «¿qué haces, mujer?»; «Tú qué crees», dijo ella parando unos segundos sus mimos; luego pidió: «Córrete», y continuó: «Mmm, humm, mmm». «Aahh, Regina, oohh, sí, me corro, ough, ooohhh». Ella se quedó dormida con mi semen en su boca, yo también me dormí.

    Sería ya mediodía cuando desperté del todo. Regina seguía dormida. Ladeé mi cabeza hacia el lado contrario al del respaldo y contemplé el saloncito. Me extrañó verlo tan ordenado, puesto que todavía tenía en mi mente la comilona y posterior acumulación de libaciones. Noté que Regina despertó. La así por las axilas y, a la vez que yo me sentaba, la senté. «Buenos días, amorcito, Feliz Navidad», me dijo. Me quedé desorientado mirando su cara, y por supuesto, su cuerpazo. «¿Y Paula?», pregunté; «Se fue con su marido después de cenar, ¿no lo recuerdas?»; «Pe-pero… yo soy su marido»; «Ja ja ja», río Regina, «qué gracioso eres». Me levanté y fui al dormitorio de matrimonio; abrí el armario: la ropa de Paula no estaba, en cambio vi modelos que no me sonaban de nada. «¿Estás mirando qué ponerte para salir?», preguntó Regina detrás mía, «espera, yo te lo elijo…, una buena esposa tiene que saber vestir a su marido».

    «Una buena esposa», había dicho Regina. José no supo cómo tomarse aquello. «Para», dijo. Regina se paró. Y sonaron unas etéreas campanitas.

    Si el cambio había sido a mejor el tiempo lo dirá. Sí observamos que a Regina le gusta el sexo. «Vamos, fóllame, José». Y abierta de piernas Regina recibe a su semental con una sonrisa de oreja a oreja; resopla Regina, grita Regina, mientras la polla entra y sale de su coño completamente empapada de flujos. «Regina, querida», suelta José envuelto en el placer del acto conyugal, envuelto por la generosa carne de Regina que se le pega a la piel sudorosa como mantequilla. El coito perfecto. La eyaculación de él sincronizada al clímax de ella. El semen curativo. El semen productivo.

  • Sin tocarnos

    Sin tocarnos

    En cierta ocasión, de esas en que el frío de la tarde te pone de buen humor, estaba con un compañero de trabajo realizando ciertas labores que no vienen al caso mencionar.

    Hablamos de todo y pronto caímos en el asunto sexual. Entre juegos e indirectas el me reto a que no lo lograba excitar sin tocarlo, por lo que, anuente al juego y con las hormonas al tope me propuse a demostrárselo.

    Me acerqué a él y mirándolo a los ojos comencé a decirle lo que me gustaría hacerle.

    «Me acercaría y te besaría suavemente los labios. Pasaría mi lengua por tus labios cerrados, venciendo poco a poco tu entereza y con mi lengua acariciaría la tuya, tus labios, tus dientes… poco a poco me acercaría a tu cuello y lo besaría y lamería con dedicación, bajaría hacia tu pecho y seguiría el contorno de tu camisa, sin forzarla. Te pondría de pie, frente a mi, y mis dedos recorrerían la línea de tu pantalón en tu cadera. Un dedo se metería entre la tela y tu piel, sólo un dedo, para acariciar tu ropa interior. Mi boca daría pequeños mordiscos a tu pecho y mis manos se posarían en tus nalgas. Te daría vuelta y besaría tu espalda mientras lentamente saco tu camisa…

    Me levantaría y restregaría mi sexo contra el tuyo, tomándote fuerte de las caderas, para luego subir mis manos e ir acariciando todo tu cuerpo.

    Te sacaría el pantalón lentamente, me sacaría toda mi ropa. Tú en ropa interior y yo desnuda. Pasaría mi mano en tu espalda, mi lengua en tu glande. Llevaría mi pecho a tu boca, sostendría tu cabeza contra mis tetas para que me chupes, me muerdas… mi boca se dedicaría a chupar la punta de tu verga haciendo círculos y llevándola toda adentro de a poco, así mientras tu respiración se agiganta y me demuestras lo mucho que te caliento me pedís más y que no pare…

    Te acostaría boca abajo y chuparía lentamente tu espalda, hasta bajar a tus nalgas, que ahora sin ropa como defensa, recibirían las caricias de mi lengua, de mis dientes.

    Te daría vuelta y pondría tu pene entre mis pechos para apretarlo y mientras te masturbo entre ellos sigo chupándotelo, me sentaría sobre ti, te cabalgaría, te besaría y seguiría cabalgando hasta sentirte todo adentro.

    Bajaría nuevamente hasta quedar entre tus piernas con mi lengua rozaría y haría círculos en su cabeza… y volvería a llevarlo a mi boca para seguir chupándolo.

    Aquí me detuve y miré a mi amigo a los ojos…

  • El hipnotista (cap. 2): Trance sin retorno

    El hipnotista (cap. 2): Trance sin retorno

    -“¡Despierta!”-

    Ordenó Demian mientras chasqueaba sus dedos.

    -¿Qué?, ¿dónde estoy?, ¿por qué estoy desnudo?, ¿quién eres tú?, ¿qué hago aquí?, ¿qué coño pasa?-

    Dijo Etan desconcertado, al tiempo que salía del trance profundo.

    -No te preocupes por eso, no importa, yo te ordeno que no puedas moverte, al menos que yo te lo mande.-

    Dijo Demian con sorna, mientras volvía a chasquear los dedos.

    -¿Qué?, ¿pero qué coño?

    Respondió Etan, al tiempo que todo su cuerpo se tornaba rígido.

    -Me presento, yo soy Demian Braid, te vi en aquel bar con esa rubia desabrida y me encantaste. Tus ojos, tu cuerpo, eres un bombón y me encantaste.-

    Dijo Demian, mientras sonreía perversamente.

    -¿Qué coño?, ¡yo no soy joto!, ¡puto de mierda!, ¿cómo le hiciste para quitarme la ropa?, ¡ahora mismo voy a romperte la cara!-

    Gritó Etan colérico con la cara roja, pero incapaz de moverse pese a sus esfuerzos.

    -¿Qué me hiciste?, ¿Qué droga usaste puto?, ¡cuando el efecto pase voy a matarte hijo de perra!-

    Gritó el ojiazul a la vez que trataba de lanzar un puñetazo contra el pelirrojo.

    -Calmado, calmado guapo. Cualquiera de tus intentos será inútil, yo te ordené que no puedas moverte al menos que te lo diga. Verás, no usé ninguna droga contigo, ninguna. Yo poseo el poder para dominar la mente de los hombres, hipnotizarlos y obligarlos a hacer lo que yo quiera. Y yo he decidido volverte homosexual y convertirte en mi esclavo. Eres muy guapo, irresistible y me gustaste para transformarte en mi amante.-

    Dijo Demian con un tono incitante, mientras rondaba a Etan como un depredador.

    -¡Hijo de perra!, ¡yo no soy joto!, ¡yo no soy joto!, ¡vete al diablo!, Ssi te atreves a tocarme voy a partirte la cara!-

    Gritó el ojiazul tras un nuevo intento por romper la rigidez y darle una patada a Demian, aunque otra vez resultó inútil.

    -Tranquilo, ya te dije que es inútil, no podrás moverte hasta que yo quiera. Eres guapísimo, tienes cuerpo de modelo y por eso te quiero en mi cama. Me gustas para que seas mi amante esclavo y eso serás muy pronto. Te hipnoticé, y te volví un zombi sonámbulo por un rato. Y si te desperté fue tan sólo para disfrutar de esa expresión de desconcierto, confusión y aprensión que tienes. ¡Me encanta verla en el rostro de los hetero!-

    Dijo Demian con malevolencia, mientras inhalaba el aroma de Etan.

    -¡Vete a la mierda!, ¡Jamás dejaré que me pongas una mano encima, aléjate puto!-

    Respondió Etan frustrado sin poder dar ni siquiera un paso.

    -Ya es tarde, sólo te desperté para disfrutar de esa expresión y para que experimentaras la libertad por última vez. Pero ya fue suficiente, ahora mira el medallón y sumérgete en un trance profundo, en un trance sin retorno, duerme y cae en trance otra vez.-

    Ordenó Demian, a la vez que alzaba un pesado medallón de oro con inscripciones egipcias, mismo que destellaba extrañas luces fluorescentes.

    -¡Oh!, ¿Qué es eso?, ¡esas luces!… esas luces… luces… Yo… Debo… caer en trance…-

    Repitió Etan de nuevo dominado por los extraños poderes de Demian.

    -Quería jugar contigo mientras estabas en tu versión hetero, pero no. Eres demasiado homofóbico. Prefiero tu papel como zombi, eres más sensual, más complaciente y me gustas como un zombi, vuelve al trance, hazte un zombi sonámbulo, pero esta vez con el poder del medallón yo te ordeno caer más y más, nada podrá despertarte, nada podrá liberarte, sólo si yo te mando despertar Ponte de rodillas, ponte de rodillas y ofréceme tu voluntad, entrégame tu voluntad, cuerpo y corazón.-

    Demandó Demian.

    El ojiazul obedeció y se colocó de rodillas. -Sssi… Yo…. Yo… Yo…-

    Dijo Etan soñoliento, pero sin entregarse aún a Demian.

    -1, 2, 3. Cierra tus párpados, alza tus brazos, tus brazos son de hierro, pesados, son rígidos y cae en trance. Tus brazos son los de un sonámbulo, los brazos de un zombi, Vuelve a ser un zombi, un sonámbulo, un zombi sonámbulo. Cae en trance—

    Dijo Demian a la vez que tocaba los bíceps de Etan con lujuria.

    -Ssssii… Mis brazos son de hierro… Son los brazos de un zombi… Los brazos de un sonámbulo… Soy un zombi… Un sonámbulo… Sssi… Caer en trance…-

    Repitió Etan cada vez más perdido, cada vez más perdido de nuevo en el trance.

    -Definitivamente me gustas más como zombi. Eres menos rebelde, más sensual, más gay, me gustas más así. Duerme y cae en trance. Deja caer tu cabeza hacia atrás. Todo tu cuerpo es rígido, duro, tu cuerpo es el de un sonámbulo, es el cuerpo de un zombi.-

    Repitió Demian mientras volvía a chasquear los dedos.

    -Sssi… Mi cuerpo es el de un zombi… El de un sonámbulo… Yo… Estoy en trance… Yo… Estoy sonámbulo… Yo soy un zombi…-

    Admitió el ojiazul.

    -Ahora deja caer los brazos, abre tus ojos y mira el medallón, mira las luces y ofréceme tu voluntad, tu mente me pertenece. Tu corazón es mío, yo soy tu nuevo marido y dueño, tu cuerpo es mío, tómame como tu Amo y Señor, cae de rodillas y ofréceme tu vida como esclavo y di que me perteneces.-

    Ordenó Demian, mientras se aproximaba al denudo ojiazul.

    -Sssi… Las luces… Las luces… Yo… Yo… Te ofrezco mi voluntad… Mi mente te pertenece… Te entrego mi corazón, eres mi nuevo Dueño y Marido… Te entrego mi cuerpo, mi cuerpo es de tu propiedad, eres mi Amo y Señor… Te ofrezco mi cuerpo… Mi cuerpo es tuyo, es de tu propiedad… Yo te ofrezco… Te entrego mi vida… Mi vida como esclavo… Yo te serviré… Te tomo como mi Amo y Señor… Ahora soy tuyo… Te pertenezco… Soy tu esclavo…-

    Admitió el ojiazul mientras se ponía de rodillas totalmente perdido en el trance y con las luces del medallón reflejadas en sus ojos.

    -Te ves espectacular, ¡espectacular!, tan masculino, desnudo, sonámbulo, en trance, y totalmente subyugado a mí. Eres guapísimo. ¡guapísimo!-

    Dijo Demian presa de una excitación sin fin por tener a aquel ejemplar de hombre bajo su poder.

    Etan se quedó allí inmóvil, atento, listo para obedecer las órdenes del ojiverde. Demian se deleitó al ver como el pecho de Etan se hundía profundamente ante su onda respiración y con deleite apreció cada uno de sus músculos totalmente rígidos. El ojiazul permanecía con los brazos a los costados de su cuerpo, la cabeza caída hacia atrás, arrodillado y sin dejar de mirar las luces del medallón.

    -Esclavo.-

    Murmuró Demian, mientras se inclinaba para ver a Etan a la cara.

    -Te escucho mi Amo… Dime tus órdenes…-

    Dijo Etan sin inflexión en su voz.

    -¿Quién es tu marido?, ¿quién es tu dueño?, ¿quién es tu Amo?-

    Preguntó Demian autoritario.

    -Tu eres mi marido… Tu eres mi Amo… Tu eres mi dueño… Yo soy tuyo…-

    -Bien, muy bien, levántate y vamos a la recámara, cárgame y llévame a la recámara, eres mi esclavo marido y amante.-

    Ordenó el ojiverde, mientras se colgaba el medallón en el cuello y este dejaba de emitir destellos.

    Etan acató la instrucción. Se puso de pie y sujetó a Demian con cuidado, lo cargó y lo llevó hasta la alcoba en la segunda planta. Demian quedó satisfecho al ver que la ropa de ambos yacía apilada cuidadosamente sobre un banco que él tenía para aquella función.

    -Colócame en la cama con cuidado y después acuéstate conmigo.-

    Pidió Demian, mientras acariciaba el cuello de Etan.

    El ojiazul aceptó la orden y depositó al ojiverde en el lecho. El pelirrojo se metió entre las sábanas y Etan le siguió sin resistirse. Demian entrelazó sus piernas y brazos a las del hipnotizado muchacho y él no opuso la mayor resistencia.

    El pelirrojo clavó su cabeza en el pecho de su fornido esclavo y se abrazó a él con fuerza. -Me encanta tu cuerpo, tu olor, tu piel, eres un hombre guapísimo. A partir de hoy dormiremos así, desnudos y entrelazados, es más, mientras estés en mi casa te prohíbo ponerte ropa, debes permanecer desnudo, me encanta tenerte desnudo, me encanta verte hipnotizado y sin ropa.-

    Dijo Demian mientras lamía el cuello de Etan.

    Etan suspiró complacido y abrazó con fuerza a su Amo. -Si mi Señor… Permaneceré desnudo para ti… Y dormiré desnudo y abrazado a ti… Soy tu esclavo y obedeceré mi Amo… Tú eres mi Marido… Y mi marido y dueño tiene poder sobre mi… Mi Amo sabe que hacer conmigo…-

    Dijo el ojiazul perdido en el trance.

    -Bésame, acaríciame y disfruta mi cuerpo, nada te excita más que explorar el cuerpo de tu Amo, que estar desnudo con tu Amo, que compartir la cama con tu Amo y marido, eres mi esclavo y estar desnudo conmigo en la cama te complace, te excita.-

    -Mi Amo… Sssi… Estar en la cama contigo me excita… Estar desnudo contigo en la cama me complace… Compartir tu cama… Explorarte… Besarte… Eres mi marido… dueño… Sssi mi señor…-

    Dijo Etan, mientras besaba en la boca a Demian con algo de timidez.

    -Bésame con pación, yo soy tu Amo, Dueño y Marido. Tu eres mi esclavo, un zombi, un sonámbulo, mi amante y me perteneces. Bésame y di que eres mi esclavo, que eres mi novio, que yo soy tu marido, tu dueño, y que ahora eres gay, eres mi amante, mi esclavo sexual y que eres un zombi.-

    Dijo Demian con gran lujuria.

    -Sssi… Tu eres mi marido… Mi dueño… mi Amo… Yo soy tu novio… Tu amante… tu esclavo… Yo soy totalmente gay… Y te pertenezco… Eres mi Amo… Soy un zombi… Un sonámbulo… Y soy tu esclavo sexual…-

    Dijo Etan, mientras lo besaba ahora con mayor pación.

    Luego de un largo beso, Demian sujetó la Berga de Etan y esta se erectó al instante. -Eres un zombi. Tu mente está en blanco, no tienes mente propia. Sólo obedeces mis órdenes. Sólo Demian tiene poder sobre ti, sólo Demian te puede ordenar. Eres un zombi, estás en trance, estás hipnotizado, eres un sonámbulo y debes obedecer.-

    Dijo Demian, a la vez que besaba y chupaba el cuello de Etan.

    El ojiazul suspiró excitado por aquella acción y las manos de Demian que acariciaban su verga. -Sssi… soy un zombi… Mi mente está en blanco… No tengo mente propia… Yo sólo obedezco tus órdenes… Sólo tu Demian Mi Amo, me puedes ordenar… Sólo tu mi marido… Sólo tú mi Amo…Tienes poder sobre mí… Sssi… Soy un esclavo zombi… Soy un zombi… Soy un sonámbulo… Estoy en trance… Estoy hipnotizado Y obedeceré…-

    Repitió Etan los comandos sin oposición.

    -Eres un zombi, tu mente está en blanco. Ahora eres homosexual, eres gay y eres mi esclavo.-

    -Sssi… Mi mente está en blanco… Soy un zombi… Ahora soy homosexual, soy gay y soy tu esclavo…-

    Repitió el sometido Etan complaciente.

    -¿Eres gay, eres homosexual?, ¿eres un zombi?, ¿eres mi novio? ¿eres mi esclavo?-

    Preguntó Demian con deseo.

    -Sssi… Yo soy un zombi… Estoy sonámbulo… Estoy hipnotizado… Estoy en trance… Mi mente está en blanco… Y yo ahora soy gay… Soy homosexual desde ahora… Soy tu novio… Soy tu amante… Soy tu esclavo sexual… Un zombi sonámbulo… Te pertenezco… Tú eres mi Amo, mi Señor, mi marido y mi dueño… Yo debo obedecer y hacer todo lo que me digas… Lo que ordenes… No tengo mente propia… Y sólo tu tienes poder sobre mí… Sólo tu Demian, mi Amo… Mi marido, sólo tu me puedes ordenar… Haz conmigo lo que quieras…-

    Respondió el ojiazul.

    -Bien, muy bien, ahora vamos a coger.-

    Dijo el pelirrojo.

    -Yo… no… no…. ¡no!-

    Dijo Etan asustado, al tiempo que comenzaba a sudar copiosamente, parpadeaba desconcertado y pareció salir del trance.

  • Conociendo a la suegra de mi hermana

    Conociendo a la suegra de mi hermana

    Hoy voy a contarles cómo me di cuenta que la suegra de mi hermana es terrible putona… Comienzo por presentarme soy Ángel (nombres ficticios obvio) tengo 39 años, físico delgado nada extravagante pero si tengo algo muy llamativo soy muy sexual. O sea, no me sonrojo a la hora de mostrarme caliente o con deseos sexuales.

    Vivo en buenos aires, zona sur del conurbano, comparto mi casa con mi hermana vive con su marido e hijo bebé en su habitación, mientras que yo vivo en la otra habitación con mi esposa e hija pequeña.

    Situación es que la madre de mi cuñado se separa de su pareja y viene a pasar unos días a casa obviamente en la habitación de mi hermana, cuestión es que tuve varios cruces de mirada dónde la señora Liliana de unos 60 años de edad, no más de 1,50 cm de altura, pechos normales pero una cola de una nena de 20 años… La señora se hace la superada mostrando desinterés ante cualquier charla pero ella no dejaba de dar señales de ser una buena puta. ¿Cómo de di cuenta? No dejaba de mirar mi entrepierna. Todo el tiempo me propuse hablar frente a ella tocándome el paquete para que ella relojee. Al lograr esto quise ir más allá así que esperé a que se valla a bañar y me fui a espiarla de inmediato por la ventana respiradero que tenemos. Me gustó lo que vi pero mucho no pude disfrutar ya que ella es muy petisa. Pero les aseguro que si cuerpo esta tan bien formado como el de una señorita de 25 años aproximadamente.

    Pasados unos días, para ser más específico el día que Argentina salió campeón mundial, se dio que quedamos solos y yo muy pasado de copas y alegría me acerqué y le confesé que le entro como el rengo a la muleta. Cuando para mí sorpresa me dijo “Te vi la otra noche espiándome…”.

    Juro que pensé que se pudría todo con la familia, que la doña que tiraba a matar. Pero no. Decido ir un poco más allá por las dudas. Total plata o mierda. Les cuento que tuve suerte. La doñita estaba regalada. Para suerte mía estábamos solos, nadie de nadie cosa que rara vez pasa ya que la casa somos muchos y se hace imposible que te quedes a solas para hacer cualquier cosa (siempre hay alguien) pero esta vez estábamos solos. Nos quedamos de frente mientas lo único que ella hacía era mirar mi pija ya que me quede a propósito en shorts y dejando ver qué estaba re caliente.

    Ella se hacía la santa desentendida, pero la apreté contra mi cuerpo y ahí largo lo puta de un suspiro.

    Me dijo que no quería problemas.

    Le dije que solo quiero coger (me arriesgué a todo o nada). La doña quedó paralizada ya que se pensó que me iba a asustar con haberme visto espiándola mientras ella se bañaba. Obviamente estoy dejando de lado Miles de detalles ya que quiero ir al grano.

    Seguidamente el miedo es está señora me fue contagiado y me fui nuevamente a los festejos por el campeonato mundial argentino. Cuando regresamos la casa ya llena de gente mi hermana con su marido e hijito en su cuarto (con la doñita).

    Mi mujer con mi niña en el nuestro y yo en el patio con otra hermana y su marido (quienes viven en el mismo terreno, pero no en la misma casa) tomando vino y algo de cocaína.

    El tema que se fue haciendo tarde y tanto mi cuñado como mi hermana se fueron a su casa a dormir. Mientras que yo me quedé dando vueltas por el efecto de la cocaína. El tema que me voy a dar un baño para poder bajar un poco y hacer tiempo para poder bajar un poco el mambo que me quedo.

    Salgo de mi cuarto con la ropa de baño en mis manos y veo a la doñita Liliana a oscuras en la cocina comedor haciendo nada. Al mejor estilo adolescente esperando a su primer beso. Ni lo dudé. Le acerqué, la agarré de los cachetes del culo y la apreté contra mí. Es tan petisa que mi pija choca contra su panza así que la agarré de la concha y le puse una de sus manos en mi pija. Claramente estaba emocionada porque no dejaba de tocarla, estaba llena de miedo, pero no le quedaba otra porque les juro que si ella no hacía nada se la ponía de prepo.

    La agarré de los pelos por la nuca y la llevé al baño ya que mi mujer sabía que iba a bañarme así que al estar en el baño no sospecharía nada. Imagínense una casa precaria (de villa) 1 baño para 6 personas (No te podés hacer una paja tranquilo). El baño no es muy grande y los accesorios que tiene no están bien colocados así que no podía agarrarse de ningún lado porque hacíamos un ruido terrible. (Se despierta mi mujer o mi cuñado y cagamos) mi hermana no diría nada lo sé por cosas que ya voy a contarles.

    Volviendo al tema, una vez encerrados en el baño la bese como a una niña y me fui cuenta que es una señora que hace mucho no besa así que la puse a chupar mi pija pensando que también lo haría mal, pero no, me sorprendió de una manera terrible. Sin tocarme la pija con las manos me la chupo de una manera descomunal. Le costó varias pruebas pero casi que se la traga por completo. No soy súper pijudo pero te aseguro que fue más de lo que se esperaba o de lo que se viene comiendo la doña.

    Cómo no teníamos mucho tiempo la pude de espaldas a mi y le bajé el short que tenía puesto. La muy puta con 60 años todavía usa tanga y de las que le dejan la concha casi al aire libre (del tipo transparentes).

    No me importo el tiempo nos apremia y la calentura que yo tengo ni te cuento. Hacía tiempo que no tenía una aventura tan peligrosa como está, (Luego les contaré todas -una con mi hermana- con mi hija- sobrina y casi mi madre…).

    Sin dudarlo se la apoye en su concha la cual estaba mojada de la calentura que tenía la señora pero a la vez seca por la edad así que le mandé una escupida bien desagradable a mi mano y le lubrique su cosita. Primero pensé en ser amable y que ella se sienta cuidada. Pero les juro que de tantos relatos que leí en esta página me dieron ganas de darle sin asco por puta. Así que se la apoyé en la concha como dije recién me moví suave una sola vez y al notarla estremecer se la mandé son asco hasta el fondo. Se remordió por pegar un alarido pero se contuvo y mordió una toalla que tenía a mano.

    Le seguí dando de un modo que hasta la sentí cómo asustada ya que le daba con mucha violencia hasta que se me dio por ver su culo, chiquitito, blanquito pero por la experiencia que tengo bien abierto. Ni bien le acaricio el agujero del culo con uno de mis dedos lo noto abierto pero no dilatado me explico?) No estaba dilatado por calentura sino abierto de seguro tanto coger.

    Le mandé el primer dedo luego de escupirlo y sin esperar al segundo dedo saco mi pija y se la apoyo en el culo. Automáticamente me pidió por favor que no se la meta por el culo así que obviamente no le hice caso e intento nuevamente cogerme ese culo viejo y hermoso pero ahí me dijo que no porque inevitablemente se pondría a gritar de placer ya que por lo que siente en su concha era más grande de lo que se viene cogiendo últimamente (un pobre viejo paganini que tiene más auto que pija jajaja).

    Le perdone el ojete por miedo a que mi mujer escuche algo así que seguí cogiéndola en la misma posición hasta que no soporte más y sin pregunta alguna le llene la concha de mi leche. No tengo una buena racha sexual con mi mujer), largue tanta leche que les juro no dejaba de chorreale por las piernas. La señora Lili quedó con las patitas temblando y por su cara quedó como drogada con un faso. Cachetes colorados, ojos llorosos y una sonrisa imborrable.

    Si más vueltas le abrí la puerta y le dije que a partir a esta noche cada vez que nos crucemos y me de unos minutos me la garcho.

    Les cuento que la señora tiene una concha hermosa. Sentí que me estaba cogiendo a una piba joven se los juro. Pero les aseguro que esos 60 años que tiene 45 se los paso cogiendo. La señora tiene una experiencia que me dejó sorprendido si la vez es la típica que hace la fila en el súper chino o en la panadería de tu casa, lentes de lectura, amable como toda doñita pero con una mirada bien zorra. Si no fuera por qué soy un enfermo que no le teme a nada y por los relatos que leo acá no me hubiese animado a coger a esta señora que de seguro vamos a volver a hacerlo.

  • Puta

    Puta

    ̶ ¿Por qué hace esto?  ̶ me pregunta.

    Y es que todos preguntan exactamente lo mismo. No es la primera vez que hago esto, ni mucho menos, pero con este hombre sí. Y siempre llega esa pregunta. Con todos. Nadie se libra.

    ̶ ¿Vas a rescatarme?  ̶ contesto.

    ̶ Yo te lo daría todo. Te haría…

    ̶ A lo mejor es lo que quiero  ̶ interrumpo su discurso de machito protector ̶. ¿No lo has pensado? Quizá me gusta hacer esto… Me pone cachonda… Me moja como a una perra en celo…

    Mi tono provocador, mis gestos, mi mirada, hacen que su polla se estremezca bajo su ropa, olvidándose por completo de su lado principesco, un héroe salvador, y dejando salir al degenerado que llevan todos dentro, al putero que todos ellos son.

    Ambos estamos sentados en el sofá de su salón cuando se acerca a mí y levanto mi mano para detenerlo. Lo hace. Buen chico.

    ̶ Antes… ya sabes.

    ̶ Por supuesto  ̶dice, ya sin aires de protagonista de cine. Ahora, interpretando al villano.

    Se levanta al instante y camina hacia un buffet. Abre uno de los cajones, del cual saca un pequeño fajo de billetes. Vuelve a sentarse, esta vez más cerca de mí.

    ̶ Aquí tiene, señorita  ̶ dice el putero, con suma arrogancia, al colocar el dinero sobre la mesita de centro.

    Lo cuento. Está todo. Miro mi pequeño bolso unos segundos. Después, lo alcanzo para guardar el pago de nuestro ignorante títere.

    Me incorporo y camino hacia el antiguo tocadiscos para subir el volumen de la música. Prince. Aunque ni idea del nombre de la canción. Se cree sofisticado…

    Me acerco a él, sensual. Erótica. Bailo. Me acaricio. Desabrocho un botón de mi blusa. Después, otro. Y otro. Dejo a la vista el color rojo de lo que parece un sujetador. Bajo la cremallera de mi falda, dejando que se deslice por mis piernas hasta caer sobre la alfombra y mostrando mis braguitas rojas transparentes, con ligueros y medias a juego. Último botón de mi blusa. La abro. La dejo caer. Luego suspira. Suspira al descubrir que llevo uno de esos sujetadores que no cubren mis pechos, sino que los levanta, dejando a la vista mis erizados pezones.

    La boca le hace agua. Embobado. Hipnotizado por mis enormes tetas naturales. Y ya se adivina el tamaño de su polla, prisionera bajo su ropa.

    Me acerco a él, gateando. Soy una felina insaciable, capaz de cualquier cosa para satisfacer a mi hombre.

    Él se deja hacer cuando desabrocho su cinturón. El botón de su pantalón. Su cremallera. Y bajo su calzón de diseño italiano mostrando su polla algo más que morcillona, para después sujetarla entre mis dedos. Juego con ella. La acaricio. Y solo me lleva unos segundos cuando consigo que la tenga dura como un pepino. Entonces, levanta su trasero a modo de ayuda cuando le estoy bajando el pantalón, quedando completamente liberado.

    Deslizo mi lengua, desde sus testículos colganderos hasta su glande rojizo, ya húmedo por sus fluidos y descapuchado por su erección. Abrazo su punta hinchada con mis labios, para comenzar a deslizarlos a lo largo de su polla, llegando a introducirla hasta llegar a mi garganta. Y resopla. Resopla de placer. Se retuerce en su sofá cada vez que engullo su fallo, apretando con mis labios, acariciándolo con mi lengua.

    Unos minutos más tarde, no puede más. Necesita que me lo folle.

    ̶ Mejor vayamos al dormitorio  ̶ comenta ̶. Estaremos mucho más cómodos.

    Sonrío. Asiento. Y nos incorporamos para dirigirnos a lo que serán unos minutos inolvidables para él.

    ̶ Espera. Mi bolso.

    Lo necesito cerca. Expectante. Sin él, nada de esto tendría sentido.

    Manuel, nuestro chofer, se encarga de llevarme de nuevo a casa. Adoro este auto. El Audi Q8 es de lo más cómodo y espacioso. Incluso para follar en él.

    Un par de curvas y llegamos frente a la verja de casa, en Sitges, a las afueras de la ciudad de Barcelona. Éstas se abren y el vehículo entra por el camino de piedrecitas. Bordea la fuente de las Diosas, y se detiene ante la entrada de la espectacular mansión.

    ̶ Señora…  ̶ dice Manuel, abriéndome la puerta del Audi.

    ̶ Gracias, Manuel.

    ̶ ¿Necesita algo más la Señora?  ̶ me pregunta, educado como de costumbre.

    ̶ No, Manuel. Puedes ir a descansar  ̶ le sonrío ̶. Disfruta de tu fin de semana libre.

    ̶ Lo haré, Señora. Muchas gracias, Señora.

    Abro la puerta con mis llaves. Entro en casa. La iluminación tenue de su interior me advierte de lo que sucederá en un rato. Se ha convertido en una liturgia. Un juego al que nos hemos aficionado.

    La música me indica de su presencia en el salón principal, y hacia allá me dirijo. Lo encuentro tocando. Acariciando las teclas de nuestro piano de cola Kawai Shigeru e interpretando una de las cinéfilas melodías de Hans Zimmer.

    ̶ Qué peliculero eres  ̶ le digo, recostándome en el piano.

    Él sonríe. Sigue tocando. Se cree un tal Grey. Pero no lo es. Sus juegos superan con creces a ese ficticio pelele.

    ̶ ¿Nos damos un baño?  ̶ me pregunta. Lo cual, asiento, encantada.

    Y deja de tocar, para sujetar mis manos y arrastrarme hacia él. Me besa. Me besa apasionadamente. Y me mojo. Mojo mi coño al pensar en nuestras cosas. Nuestras fantasías. Nuestros juegos… Hoy, tendremos guerra.

    El agua del jacuzzi está perfecta, aunque quizá me he pasado con la espuma. La música ambiental. La iluminación. Todo es perfecto. Logro ver a mi marido a través de la pantalla de cristal que divide la zona de relax con nuestro dormitorio. Se quita su camisa. Sus zapatos. Su pantalón. Su ropa interior… Y lo miro, desnudo. Me encanta. Su cuerpo depilado, aunque con un erótico matojo sobre su preciosa polla.

    Pulsando un botón del mando, surge del mueble una pantalla de 55 pulgadas. Conecta el USB. Pulsa reproducir.

    ̶ ¿Qué tal ha ido?  ̶ pregunta, curioso, entrando en el agua burbujeante.

    ̶ Ah… Impaciente…  ̶ contesto, burlona.

    Mi esposo es cofundador y presidente de una conocida multinacional. Diseñan y fabrican distintos tipos de microchips para el sector automovilístico, aunque en pocos meses iniciarán un nuevo proyecto enfocado a la domótica en viviendas. Un cerebrito, vamos. Un cerebrito con cuerpo de Adonis y fantasías oscuras.

    Miquel Jardí. Así se llama el hombre que acabo de visitar. Es ingeniero en domótica y potencial candidato a liderar el último proyecto de mi marido. Aunque tiene un gusto nulo en cuanto a arte, decoración o ropa, es otro cerebro en su campo. Si no, no lo habría escogido para ello.

    Y no. El Señor Jardí no sabe que soy la esposa de su futuro jefe. Solo cree que soy una vulgar puta, aunque de las caras. ¿Escort, se dice? Bueno, puta al fin y al cabo. Ya estoy ansiosa por organizar una de nuestras fiestas e invitarlo. La cara que ponen cuando descubren que soy la mujer del dueño de sus almas… No tiene precio.

    ̶ Pero, ¿te trató bien?  ̶ insiste en averiguar.

    ̶ Sssht… Ahora lo verás…  ̶ susurro posando mi dedo índice en sus labios.

    Parece increíble que la grabación de alta definición proceda de una cámara tan diminuta. La pega es que mi bolso tiene que estar siempre cerca y en posición para cubrir un buen plano, y eso puede provocar sospechas. Aunque las imágenes son siempre para nuestra intimidad. No deben saberlo nunca. Son únicamente para nuestros juegos…

    Y se excita. Lo veo en su rostro, mirando atento la escena. Acaricio su muslo bajo la espuma. Rozo su polla con mis deditos cuando, en el televisor, introduzco la del Sr. Jardí en mi boca para comenzar a lamérsela.

    ̶ Mmm…  ̶ suspira mi hombre, cerrando sus ojos al acariciar su polla erecta.

    ̶ Te gusta eh…  ̶ le susurro al oído ̶. ¿Ves lo que hace para ti la puta de tu mujer?

    Su mano agarra el interior de mi muslo. Abro mis piernas para facilitar su camino y la desliza hasta rozar mi botón mágico. Y se entretiene con ello. Lo acaricia. Juega con él. Y me estremezco.

    Cómo le gusta jugar con sus marionetas. Para el Sr. Jardí solo soy una prostituta recomendada por mi marido. Lleva poco tiempo en Barcelona, así que le hizo entrega de una de las tarjetas de nuestra empresa ficticia “La doncella”, por si se sentía solo y necesitaba compañía… y un buen polvo. A mi hombre le excita verme con otros hombres. Con los que él decide. Siempre él decide. Y a mí me excita que le excite. ¿El tema del dinero? Es evidente que no nos hace falta, pero nuestro juego caería por su propio peso de no cobrar por el “trabajo”. Introducimos ese dinero en el interior de un jarrón barato que exponemos en nuestro salón, como si este fuera un objeto de enorme valor. Y para nosotros lo tiene. Es especial. Y nuestros invitados lo admiran como si fuera una valiosa obra de la antigua China. Putos ignorantes estirados. El día de nuestro aniversario lo rompemos y al día siguiente volvemos a comenzar. El pasado año recaudamos más de 20.000€, los cuales destinamos íntegramente a una fundación que lucha contra la explotación infantil en el tercer mundo. Este año andamos muy fogosos. Superaremos esa cantidad.

    Nos masturbamos mutuamente en nuestro jacuzzi cuando, en las imágenes, nos levantamos el Sr. Jardí y yo para dirigirnos a su dormitorio.

    Me asiento sobre mi marido, clavándome su polla de una estacada y comienzo a mover las caderas, replicando la manera en la que me follo al Sr Jardí. Primero, muy despacito. Y acelero el ritmo a medida que siento su polla más y más gorda en mi coño hambriento. Él agarra mis caderas, intentando perforarme entera, sin dejar fuera un solo centímetro de su taladro percutor. Y acelero. Acelero tanto que comienza a caer agua y espuma al suelo de mármol.

    ̶ ¡Aaaah!  ̶ grito de gusto.

    ̶ Te gustan las pollas… ¿verdad, puta?  ̶ susurra, excitado.

    ̶ Me gustan las pollas…  ̶ pronuncio entre gemidos.

    ̶ No te escucho…  ̶ susurra.

    ̶ ¡Me gustan las pollas! ¡Aaaah!  ̶ exclamo, fuera de todo control.

    ̶ ¿Qué eres…? Dímelo…

    ̶ Soy tu puta… Aaaah…  ̶ logro pronunciar ̶. ¡Soy tu puta!

    Y grito a tiempo que me corro. Su polla me llena por completo y en ningún momento deja de penetrarme. Bien duro, como a mí me gusta ser follada. Y cuando ya han pasado unos segundos desde la corrida pusilánime del Sr. Jardí, me levanta como a una muñeca de trapo, haciéndome apoyar los brazos y mis pechos sobre borde del jacuzzi, ya con la mitad de agua, dejando bien alto y abierto mi culo para…

    ̶ ¡Aaaah!  ̶ grito tras clavarme toda su polla.

    Me folla el culo de manera sobrehumana. Tan rápido y duro que ni en una porno. Soy toda suya. Su juguete.

    ̶ Dímelo…

    Pero apenas le oigo decir nada.

    ̶ ¡Dímelo!  ̶ exclamo, esta vez.

    ̶ ¡Eres mi puta!  ̶ grita.

    ̶ ¡Soy tu puta! ¡Tu puta!

    ̶ Mi… Mi… Aaah ¡Aaa!

    Siento un potente chorro caliente en mi interior. Su leche espesa conquista mi culo, entregándome a él por completo, ayudándole con mis últimos movimientos de cintura. Hasta su última gota de esencia me pertenece ahora. Y cae rendido por tal esfuerzo sobre mi espalda, sintiendo como su polla decrece aún dentro de mí.

    Adoro las fiestas en casa. Es demasiado grande para estar siempre tan vacía. Éste es su hábitat natural: Buena música al piano, gente elegante y algún que otro famoso bebiendo cava, una pareja furtiva escondida en algunas de las habitaciones…

    ̶ … y hablando de la reina de la casa  ̶ comenta mi marido al acercarme. Luzco un vestido rosa de fiesta corto de Chanel, a juego con unos “Manolos”, y mi collar y pulsera Divas de Bvlgari. Tengo tan buen gusto…̶ Te presento al Sr. Jardí. Él se encargará de dirigir la nueva sección sobre…

    La copa del Sr. Jardí estalla en minúsculos pedacitos de cristal tras estrellarse contra el suelo. Parece haber visto a un fantasma. Pálido como el culito de un bebé albino.

    ̶ ¿Se encuentra bien, Sr. Jardí?  ̶ pregunto, con mi delicada sonrisa de mujer sofisticada.

  • Con el teacher en su casa

    Con el teacher en su casa

    Esta vez les compartiré otra de las del chat del Facebook de mi esposa, ella habla con su amiga Patty de dos amantes, uno nuevo llamado Camilo y otro ya conocido, su profesor en el instituto de enfermería Ricardo, la conversación que ella tiene sobre Camilo es corta, pero expresiva, la conversación tiene fecha de 1 marzo de 2009, y dice así:

    Patty: amiga nos dejó esperando el sábado, por qué no llegó.

    Nena: hola gorda

    Nena: gorda me fui con Camilo, el terminaba el viernes el rote y se iba hoy para la casa, entonces nos fuimos de encierro para despedirlo.

    Patty: amiga, se me había olvidado, pero que rico, me imagino que la pasaste súper amiga.

    Nena: no amiga, Camilo es muy regular en la cama, le falta mundo, jajaja.

    Nena: usted y yo acostumbradas a que nos dominen, nos den nalgadas y cachetadas, que nos traten como unas cualquiera, pero Camilo nada de eso.

    Patty: ¡verdad!

    Patty: no amiga que decepción

    Nena: siii gorda, él es una excelente persona, amable, cariñoso, pero en la cama muy regular, solo se sube y listo.

    Nena: con decirte que no me quería dar por detrás.

    Patty: ¿qué?

    Patty: todos mueren por hacerlo.

    Nena: me toco casi obligarlo amiga.

    Nena: en fin, le hice la despedida más por compromiso.

    Patty: ya habrá revancha amiga.

    Esa fue la conversación sobre ese amante de turno.

    La otra conversación tiene fecha de 13 de abril de 2009.

    Patty: mk, ¿para dónde te fuiste el martes?

    Patty: te busque como loca y no estabas

    Nena: amigaaa

    Nena: me fui juiciosa para mi casa

    Nena: jajaja

    Patty: no te creo

    Nena: enserió amiga, me fui para mi casa, pero no sola, jajaja

    Patty: que víctima habrá caído en tus redes

    Nena: no mk, me fui con el profe Ricardo

    Patty: como así, ¿y cómo hiciste?

    Nena: amiga, es que mi mamá y mi hermana se fueron de paseo, volvieron el domingo, entonces podía llevarlo, el problema era que él quisiera ir, ya sabes cómo es de reservado.

    Patty: pero fue amiga, que bueno, me imagino como te lo gozaste.

    Nena: quería cumplir mi fantasía de que él me hiciera el amor en mi cama.

    Patty: ¿y los vecinos chismosos?

    Nena: no amiga, entramos a las 2 am y el salió al otro día como a las 10 pm.

    Patty: amiga pero como hambrienta usted

    Nena: jajaja

    Nena: amiga esas oportunidades no se presentan dos veces, además estábamos como enguayabados, si hicimos el amor mucho, pero lo bueno fue en la madrugada, ambos tomados, eso fue lo mejor.

    Patty: que rico amiga

    Nena: vieras que la anterior ocasión que estuve con él fue en su apartamento y vi que hacía una cara de placer por un espejo cuando me lo estaba metiendo por atrás, le dije que quería ver esa cara de frente, no sé porque estaba tan obsesionada con eso.

    Patty: detalles gorda

    Nena: gorda nos volamos como a la 1 am, pasamos comiendo algo, pero el tenia media botella de ron más abajo de la mitad, la que nos tomamos mientras nos servían el pedido, como siempre él me manoseo lo que más pudo, en el local de comidas, aprovecho que había poca gente y me saco las tetas de la blusa y me metió la mano dentro del pantalón, me vine mucho amiga, te juro que quería meterme debajo de la mesa y chupárselo, pero me controle, nos fuimos en taxi, y acabamos el licor en el camino, el siguió manoseándome casi me vuelvo a venir antes de llegar a casa.

    Patty: menos mal el profe es reservado, jajaja

    Patty: siga amiga perra

    Nena: llegamos a la casa, él fue directo al baño estaba que se le reventaba la vejiga, yo entre a mi cuarto, me quite toda la ropa y me puse un babydall negro, y me lubrique mi ano con aceite, salí a esperarlo en la sala, el salió desnudo del baño y yo de inmediato me arrodille a mitad de la sala y le di una mamada con todas las ganas del mundo, el me empujaba la cabeza fuerte para que me tragara toda su verga.

    Patty: que difícil eso para ti amiga

    Nena: jajaja

    Nena: le dije que quería ver la cara de placer que ponía cuando me lo metía por atrás, me acosté en una de las sillas de la sala, bien al borde, abrí mis piernas al máximo, él entendió que tenía que hacer, se acercó y yo tome su verga y la puse en la entrada de mi culo y le dije que me disfrutara, ya estaba bien lubricada, me entro toda con el primer empujón pero me dolió bastante, duro amor mío, dame duro, le dije y el feliz me bombeaba sin parar, nos besábamos apasionadamente y yo le preguntaba si le gustaba tenerme así, el solo movía su cabeza para decir que si, y me seguía dando durísimo, yo gemía duro y le pedía más y más, el tomo mi mano y puso en mi clítoris para que me lo acariciara y más duro empecé a gemir, el me apretaba, me besaba y me mordía las tetas, creo que duramos así unos 10 minutos y me vine amiga, pero él me seguía dando, pensé que se iba a venir pero no, me hizo parar, apoyar mis manos sobre el apoya brazos de la silla y me lo volvió a meter por atrás, mientras me lo metía y sacaba me acariciaba el clítoris con una de sus manos y con la otra apretaba mis tetas, en esa posición por él ser más alto, me dolía más sus penetraciones, pero era el dolor rico de siempre.

    Patty: el mejor dolor de todos amiga, jajaja

    Nena: Delicioso, jajaja

    Patty: concentradita amiga, siga, siga

    Nena: él empezó a resoplar, eso significa que ya se iba a venir, intente arrodillarme para recibir su semen en mi boca, pero él me detuvo y aumento sus caricias en mi clítoris, empezó además a meter un dedo de su otra mano en mi vagina, eso me puso a mil, mis gemidos eran fuertes, él me tenia atrapada y yo le pedía que me soltara que me iba a orinar, amiga pues nunca me soltó y me orine en medio del orgasmo, sentí un corrientazo por toda la espalda, se me erizo la cara y me dieron ganas de llorar, y de remate él se vino adentro, sentir su semen caliente fue la tapa, literal se me doblaron las rodillas, quede doblada sobre la silla, me recupere como a los 3 minutos, él se fue a la ducha y yo como pude me fui detrás de él, me senté en la tasa del baño y seguía temblando, solo Miguel y Juan Carlos me habían hecho sentir así, el salió de la ducha me beso tiernamente, vi que su verga aún no se dormía por completo, me la metió a la boca unos minutos, se apartó y me dijo: “te espero en el cuarto”, me asee, limpie el reguero de la sala y entre al cuarto, él me estaba esperando con su pene en la mano masturbándolo, te ves hermosa con ese babydoll nena linda, pero a mí me gusta verte desnuda, me encanta ver tu color de piel, como combina con lo oscuro de tus pezones mi amor, me fascina ver tus nalgas grandes y esas piernotas siempre bien depiladas, quítatelo por favor, me dijo, yo deslice las tiras sobre mis hombros y quede desnuda, me acerque, me senté en la cama y empezamos a besarnos, a jugar con nuestras lenguas, me apodere con mi mano de su verga que estaba ya lista para el segundo round, demuéstreme a que me trajo mi vida, venga póngame esa panochota en la boca, me dijo, se acostó en la cama y yo me subí poniéndole mi vagina en la cara, me dio una de las mejores chupadas de cuca de mi vida amiga.

    Patty: que delicia.

    Nena: gorda ese man me hizo venir en su boca 2 veces, me hizo bajar y me pidió que lo montara, que quería ver como mis tetas saltaban, y quien soy yo para negarme.

    Patty: jajaja

    Nena: gorda lo cabalgue como loca, el me apretaba los senos y me pellizcaba los pezones durísimo, yo me lamia los pezones y a todo momento le preguntaba si le gustaba, él me decía que era la mejor, cuando me dijo que iba a venir me baje y me arrodille en el suelo, quería tomarme todo su semen, pero al señor se le ocurrio venirse por todo lado, me cayó en la cara, en el cabello en las tetas, me toco ducharme a esa hora, mucho desgraciado.

    Patty: jajaja, que tal ese profe.

    Patty: pero te gusto amiga no lo niegues

    Nena: pues sí, pero yo quería tomármelo.

    Patty: ¿y se durmieron?

    Nena: como hasta las 9am, el profe me despertó con besitos en la cuca, me lubrico y se subió, estaba súper enérgico, amiga estábamos en el éxtasis y empezaron a golpear la puerta de la casa.

    Patty: ay marica.

    Nena: eran mis tías que habían salido a montar bicicleta y pasaban a saludar, ella toque que toque y el profe me tenia de lo lindo, me vine dos veces y esta vez sí me dejo tragármelo, quedamos sudados de lo rico que lo hicimos.

    Patty: ¿y tus tías?

    Nena: se cansaron de golpear y se fueron.

    Patty: ¿gorda por qué será que siempre que estamos en lo mejor de una faena, algo o alguien llega a interrumpir?

    Nena: no nos pueden ver felices, jajaja

    Patty: jajaja

    Patty: ¿y se fue el profe?

    Nena: no gorda, le prepare desayuno, dormimos como hasta la 1 pm, pedimos almuerzo y mientras llegaba volvimos a hacer el amor, almorzamos, nos volvimos a dormir y como a las 5 pm nos metimos al baño y el señor me dio por la cola como loco, nos duchamos y nos acostamos en la sala a ver TV, ahí otra vez lo hicimos de cucharita y para terminar antes de que se fuera le hice una rusa bien rica y me trague el poquito de semen que le salio, y así cumpli mi fantasia con el profe amiga.

    Patty: me alegro por ti amiga, y yo preocupada de que no te volvi a ver ese día y la niña feliz de la vida.

  • La codiciada frase para iniciar un ligue

    La codiciada frase para iniciar un ligue

    “¿Cuánto pesa un oso polar bebé?”

    Esa voz humeante vino de algún lugar detrás de mí. Dejé mi bebida en la barra y respiré hondo. Había una bola de frustración revolviéndose en la boca de mi estómago, restos de un día infernal en el trabajo. ¿Quién será el hombre que se atrevió a molestarme antes de que las primeras gotas de Martini llegaran a mis labios?

    Crucé las piernas y puse mi mejor mirada de «vete a la mierda» mientras giraba en el taburete de la barra, pero cuando mis ojos terminaron su viaje se detuvieron en una cara que hizo que mi corazón se detuviera, su función principal, se había esfumado.

    Me encontré con unos labios carnosos. Ojos de un sorprendente azul zafiro sostuvieron los míos por debajo de una mata de cabello negro rebelde. Detrás de mis ojos, brillaba una imagen de sus labios recorriendo la piel de mi estómago. Casi podía sentir el roce de sus bigotes contra mi carne.

    Bebí un sorbo de mi Martini.

    «¿Cuánto pesa un oso polar bebé?» Repetí como un loro en respuesta. El calor corrió por mis extremidades cuando su sonrisa se hizo más amplia.

    «Bueno, pesa lo suficiente como para romper el hielo». Extendió una mano. “Hola, soy Olivier Balandin”.

    Deslumbrada ante su encanto, le devolví la sonrisa y puse mi mano en la suya. Su agarre fue firme. Al romper con las normas de un apretón de manos, su pulgar se demoró, frotando el interior de mi muñeca. La electricidad crepitaba en mi brazo. «Betina Balbino». Reprimí un escalofrío y agregué: “Felicitaciones, Olivier Balandin”.

    «¿«Felicitaciones»?» Una ceja de medianoche se arqueó en cuestión.

    “Sí, acabas de ganar el premio a la peor frase del año para iniciar una conversación para un ligue.”

    Consideró por un momento, dientes blancos hundiéndose en un labio inferior besable, ojos de otro mundo entrecerrándose. Empecé a doler con solo mirar esa boca.

    «La codiciada «frase para iniciar un ligue»», sonrió, «Me siento increíblemente honrado y humilde».

    No pude evitar una risa gutural que burbujeaba, casi irreconocible, desde mi pecho. Me incliné hacia adelante en mi asiento, un rubor subiendo por encima de la V de mi blusa. Los ojos de Olivier recorrieron la carne expuesta, calentándola. Me retorcí en mi asiento.

    Olivier no se perdió mi inquietud. Un destello de deseo oscureció sus ojos y dio un pequeño tirón hacia adelante. Eso hizo que recién me diera cuenta de que nuestras manos aún estaban entrelazadas. «¿Únete a mí para tomar una copa?»

    «Me encantaría.» Empecé a darme la vuelta hacia la barra, pero él me ayudó a ponerme de pie. Era alto; incluso con mis tacones, mi nariz llegaba solo al hueco de su garganta. Había un olor especiado y masculino natural en su piel. Me tambaleé, la potente combinación de deseo y alcohol hizo que mi cabeza diera vueltas.

    «Tengo una mesa allí». Inclinó la cabeza hacia uno de los oscuros rincones privados.

    «Hmmm», lo miré a través de mis pestañas. “Pensé que estaban reservados para los muy importantes y ricos”.

    Él solo sonrió y tomó mi codo en su palma, llevándome a través de la multitud de cuerpos congelados en el bar.

    “Esas cosas suelen ir de la mano”. Sus labios rozaron la curva de mi oreja cuando se inclinó para hablar por encima de la música e incitó una ola de escalofrío sobre mi cuerpo. La noche se estaba acelerando. Era viernes en Buenos Aires y, a nuestro alrededor, la gente se despojaba de sus fachadas severas de un día laborable y comenzaba a filtrarse la emoción enérgica del fin de semana.

    «Permíteme darte la bienvenida a mi establecimiento». Hizo un amplio gesto hacia el habitáculo con un movimiento de su brazo, esquivando por poco a una camarera que le lanzó una mirada fastidiosa. La mirada se desvaneció tan rápido como la chica se dio cuenta de quien era. Olivier no pareció darse cuenta.

    Lo miré con sorpresa. «¿Eres el dueño de este lugar?»

    «Mmhmm», ronroneó, sus labios todavía contra mi oído. Mis ojos amenazaron con rodar hacia atrás en mi cabeza ante la sensación de su aliento en mi cuello. La mano con la que me condujo a través del local lleno de gente migró de mi codo a mi cadera. El calor de su piel se filtraba a través del material de mi falda lápiz. Una imagen de Olivier de rodillas ante mí, levantando la falda alrededor de mi cintura, pasó por mi imaginación demasiado entusiasta y mi paso vaciló. El cuerpo de Olivier chocó contra el mío, sus dos manos se posaron en mi cintura para estabilizarnos.

    Me condujo hasta una mesa con un pequeño cartelito de «Reservado» de color dorado en el medio y se hizo a un lado para que pudiera deslizarme en la cabina. Luego me siguió adentro, la musculosa longitud de su muslo se asentó contra mí. Con un movimiento de su mano, hizo una seña para que nos trajeran las bebidas.

    «Entonces», volteé mi cuerpo hacia él, dejando mi pierna donde estaba, «¿por qué un tipo como tú sentiría la necesidad de romper lo que podría ser la línea de ligue más ridícula que jamás haya escuchado?»

    Olivier se encogió de hombros. «¿No es eso lo que se hace en estos casos?»

    Me llevé la copa a los labios, saboreando el embriagador calor de la bebida contra mi lengua. Estudiando a Olivier por encima del borde por un momento, tragué y puse el vaso en mi posavasos. “Según mi experiencia limitada, los hombres ricos y guapísimos que son dueños de hermosos bares en el corazón de una ciudad como ésta suelen estar por encima de los estándares cuestionables de las conquistas regulares”.

    Algo de la alegría abandonó sus ojos azules. Inclinó la cabeza, mirándome a través de un marco de pestañas negras como la tinta. “Parecías triste. O tal vez un poco perdida. Quería hacerte sonreír.»

    Entonces lo hice, permitiendo que el tirón magnético de él me acercara más. “Misión cumplida, gracias por distraerme.”

    «Soy bueno distrayendo». Me guiñó un ojo, otro movimiento que debería haber sonado raro, pero en cambio hizo que mi estómago se revolviera. “Entonces, ¿vos sos triste?»

    “No”, negué con la cabeza, causando que largos mechones de mi cabello se deslizaran alrededor de mi cara, “a veces un poco estresada. Estoy aquí por negocios y hoy fue una jornada larga y compleja, por decirlo suavemente”.

    «¿Puedes disfrutar el fin de semana ahora?»

    «Sí, vuelo a casa en Montevideo el domingo».

    Una comisura de su boca se curvó. «Entonces, no hay toque de queda para dormir esta noche».

    Humedecí mi labio inferior con la lengua y sus ojos siguieron el movimiento, deteniéndose en mi boca. “Es muy temprano para acostarse”, respondí.

    Olivier tenía un brazo colgado en la parte trasera de la cabina, y ante mis palabras, deslizó su mano hacia adelante, enredando sus dedos en el nudo suelto que sujetaba mi cabello hacia atrás. Me estremecí.

    “Tu cabello me recuerda al café.”

    No pude evitarlo, resoplé. «¿Cómo es eso de «al café»?»

    Olivier sonrió. Cuando sonreía, el atractivo sexual del magnate de los negocios nocturnos se desvanecía y lo dejaba con un colorete juvenil, bromeando de una manera que encontré absolutamente entrañable. Estaba disfrutando de su compañía más de lo que esperaba. Dormiría con él esta noche, eso era un hecho. Mi cuerpo había estado hormigueando con anticipación desde que lo vi, no tenía sentido negarlo, pero también estaba disfrutando de los actos de apertura; la espera seductora, el lento desenrollar del deseo, antes de la noche por venir.

    “Café: oscuro, delicioso, maravilloso para despertar”.

    Me reí en voz alta. “No sé mucho de fútbol, pero sentí decir que los futbolistas argentinos son muy buenos con tiros de media distancia”.

    Sus dedos juguetones viajaron a través de mi cabello para encontrar mi sensible piel debajo de mi oreja. No habló por un momento, solo acarició sus dedos hacia arriba y hacia abajo, mirándome a la cara mientras mi respiración se estremecía y mis labios se abrían.

    “Tienes una sonrisa preciosa. Desecharé todas las líneas ridículas del libro si eso significa sacarte esa sonrisa”. Inclinó su cuerpo más cerca, los dedos dejaron su juego para curvarse alrededor de la parte posterior de mi cuello y guiarme para encontrarme con él.

    “Además”, agregó, su aliento jugando a través de mis labios húmedos, “solo porque era cursi no significa que no fuera cierto”.

    Cerré la brecha entre nosotros, rozando mis labios con los suyos, suave como una pluma. Su respiración saltó. La mano en mi cuello se apretó y tiró de mí el resto del camino contra él. Mis pezones se pusieron duros por la presión de su pecho contra el mío, y gemí en su boca. Me besó como si tuviéramos todo el tiempo del mundo. Su lengua golpeó mis labios, exigiendo la entrada. Asentí, enfrentándolo con un entusiasmo que nos hizo gemir a ambos.

    «Soy dueño de todo el lugar», dijo en mi boca.

    Parpadeé hacia él, «¿Perdón?»

    “No solo del bar, del hotel también.”

    Lentamente, su significado comenzó a perforar la neblina de necesidad que confundía mis pensamientos. «Entonces, podrías llevarme a una habitación», le dije. Francamente no fue como una pregunta. Me reproché a mí misma por haber sido tan vulgar y directa. Debí ser más polite.

    Asintió sin apartar los ojos de mis labios. Sus dedos encontraron lo que buscaban: el dobladillo de mi falda y comenzaron a rastrear hacia arriba a través de mis piernas desnudas. Mi cuerpo se retorció, desesperado por sus caricias.

    Alcanzado entre mis rodillas, presioné su mano hacia arriba hasta que sus dedos tomaron mi montículo cubierto de encaje. Las delgadas bragas estaban empapadas, y al sentirlas, Olivier murmuró: “No solo una habitación. Puedo mostrarte mi habitación.»

    Mareada por la presión de su mano sobre mí, respondí con un gemido. Olivier se deslizó, sus dedos calientes en los míos mientras me atraía hacia él. Una vez que estuvimos de pie, me aplastó contra su cuerpo. Su erección presionó mi abdomen, y me levanté hasta la punta de los dedos de mis pies, alineando nuestras caderas, empujando hacia él. Jadeó y enterró su cara en mi cuello, sus dientes mordisqueando mi piel sensible.

    «Ahora», dijo, «antes de que olvide que la gente está mirando».

    Me hizo girar, sus grandes manos se extendieron sobre mis caderas y me condujo a través de la multitud cada vez más densa.

    Olivier abrió la puerta de su suite y me hizo pasar al interior bajo una ráfaga de besos desesperados. Una pared se encontró con mi espalda, y él no perdió el ritmo. Sus dedos se metieron debajo de mis nalgas, impulsándome hacia arriba. Envolví mis piernas alrededor de su cintura, mi cabeza golpeó el marco de una pintura, exponiendo mi cuello a sus dientes raspantes.

    «Sos tremendamente sexy», murmuró en mi clavícula. Besando y besando, sus labios marcaban cada pedazo de carne expuesta que podía encontrar. “Te deseé en el momento en que te vi sentada allí en el bar, tan seria, bebiendo ese Martini. Quería cogerte.» Me sujetó con sus muslos, sosteniéndome contra la pared, y me sacó la blusa de la falda mientras me decía. “Quería despeinarte. Sacate ese moño del pelo y extiéndelo alrededor de tus pechos desnudos.»

    «Hacelo vos», lo desafié, mordisqueando su labio inferior cuando inclinó la cabeza para besarme de nuevo.

    Entonces me liberó por lo cual me deslicé para poner mis pies en el suelo, a lo largo de su cuerpo. Cuando estuve de pie, mantuvo mi espalda contra la pared y comenzó a quitarme las horquillas del cabello, dejándolas caer al suelo una por una. Mis dedos temblorosos alcanzaron los botones de su camisa, pero apartó mis manos y volvió a trabajar en mi cabello. Cuando estuvo suelto, pasó los dedos, extendiéndolo alrededor de mi cara y cuello, trazando los mechones serpenteantes sobre mi pecho con sus dedos. Me arqueé ante su toque, necesitando más, disfrutando de sus bromas, pero necesitando más.

    “¡Por favor!”, susurré, “quiero tocarte”.

    Olivier sonrió y besó mi boca, mordiendo mi labio inferior antes de que su lengua buscara la mía. Apenas noté sus manos en mi propia camisa hasta que sus dedos rozaron mi estómago y los fuegos artificiales se encendieron dentro de mí.

    «Antes de eso quería verte así. Me preocupaba que cuando soltara tus cabellos no fueran lo suficientemente largos, pero lo son, está perfecto”. Deslizó una mano detrás de mi espalda y desabrochó mi sostén, besando la piel recién expuesta mientras bajaba los tirantes. Una vez que estuve desnuda de cintura para arriba, colocó mi cabello en ondas cubriendo mis senos, luego los acarició hasta que mis palpitantes pezones asomaron entre los mechones. Finalmente, después de que mis rodillas comenzaron a temblar, se inclinó y se metió en la boca cada pezón cada vez más duro. Gemí, hundiendo mis dedos en su propio cabello espeso y oscuro, viendo como mi carne dejaba su boca rosada y brillante.

    «Te deseo», jadeé. Empujando ambas palmas contra la expansión del pecho de Olivier, logré moverlo hacia atrás. Antes de que pudiera objetar, caí de rodillas frente a él y tiré de su camisa prolijamente metida para sacarla de sus pantalones. Con un gemido de triunfo, pasé mis manos por los bordes de sus abdominales. Se estremeció ante mi toque. Cuando usé mis uñas, arrastrándolas sobre la piel tensa, se estremeció y se flexionó. Olivier siseó y hundió sus manos en mi cabello.

    «Sacátelo», le ordené, tirando del dobladillo de su camisa, los dedos de mi otra mano yendo a la hebilla de su cinturón. El cuero brillante se soltó, y apoyé mi mano a través de su bragueta, me percaté de su longitud dura como una roca. Tiré de la cremallera. Dejando que las uñas de mis dedos índices rasparan sus piernas, le bajé los pantalones. Todavía usaba mi falda, pero debajo de ella, mis bragas estaban empapadas, mis muslos se deslizaban uno contra el otro mientras me movía.

    Se paró frente a mí en calzoncillos negros ajustados, y yo me senté en cuclillas un momento para complacerme mirándolo.

    Olivier Balandin me dejó sin aliento.

    Acomodándome frente a él, enganché mis dedos en la cintura de su ropa interior y tiré de ellos hacia abajo. Ansiaba liberarlo totalmente para poder tocarlo y saborearlo.

    “Te ves tan increíble delante de mí así, con tu falda y tus tacones”. Sus palabras terminaron con una nota escalofriante cuando, por fin, me deshice de sus calzoncillos. “Quiero estar dentro de tu boca.”

    Lo miré desde mi lugar en el suelo, su grueso pene se acercaba a mis labios. Sin romper el contacto visual, soplé una suave bocanada de aire a través de la punta. Los labios de Olivier se abrieron, la mano en mi cabello se tensó.

    «¡Dale!», jadeó.

    Tomé una mano de donde había estado agarrando su muslo y envolví mis dedos alrededor de la base de su pene. Todavía mirándolo, lo pasé por mis labios una, dos veces, luego comencé a dibujar círculos con mi lengua.

    Sus muslos se flexionaron, su mano guía todavía enredada en mi cabello. Lo llevé hacia mi boca, tomando tanto de él como pude. Por unos momentos, permaneció inmóvil, emitiendo palabrotas en bocanadas de aire, pero pude sentir un desenfreno construyéndose en él, una energía cruda y animal enroscándose en sus músculos y reuniéndose en el aire a nuestro alrededor. Envolví mi lengua alrededor de su pene y lo levanté, como lamiendo el helado derretido alrededor de la base del cono, pero… Olivier se desunió. La mano que me había asegurado tiró de mí hacia atrás. Dejó mi boca en un estallido húmedo.

    Luego yo estaba de espaldas sobre la lujosa alfombra, mirando una banda de molduras de techo de color blanco puro mientras Olivier me subía la falda alrededor de la cintura. Sacó mis zapatos de tacones altos sobre sus hombros y sin preámbulos rasgó mi ropa interior de encaje de un solo tirón. Gemí en estado de shock cuando su cabeza cayó entre mis muslos, y luego su lengua caliente lamió los labios húmedos de mi vagina. Grité por la prisa. Se puso a trabajar en mi cuerpo con una determinación resuelta. Todas y cada una de las bromas habían terminado. Antes de que supiera lo que estaba pasando, mi cuerpo se estaba volviendo líquido.

    «Oh, Dios», me dije a mí misma, arqueando la espalda del suelo. «Voy a…»

    Las palabras se desvanecieron en un grito sin palabras cuando acabé en su boca. Todos los músculos de mi cuerpo se contrajeron cuando ola tras ola rompieron sobre mí, luego se convirtieron en mantequilla derretida mientras yo me dejaba caer al suelo. El calor líquido goteaba sobre mis muslos y mi trasero. Mi corazón agitado no podía desacelerar; Olivier no me dio tiempo para recuperarme.

    Con una mirada diabólica, colgó el trozo de encaje que había sido mi ropa interior frente a mí. «Quiero atarte con esto».

    Levanté mi barbilla, «¿Qué decís?»

    «Mmmm, ¡por favor!» ronroneó.

    Me estremecí, «Bien, dale».

    Me volteó sobre mi estómago con sus manos ásperas y tiró de mis brazos detrás de mi espalda.

    El material suave envolvió mis muñecas. Gemí ante la pura y jodida sensualidad de eso. La anticipación hizo mis extremidades post-orgásmicas empezaron a temblar de nuevo. Olivier me quitó la falda. Escuché que golpeó algo cuando lo arrojó lejos. Yo estaba desnuda delante de él; atada e indefensa. Nunca había estado tan excitada en mi vida y se lo dije. Sin previo aviso, su palma cayó sobre mi trasero con un golpe, y luego estuvo contra mí, empujando dentro de mi cuerpo húmedo y llenándome. La alfombra ahogó mis gritos.

    Se mantuvo quieto, esperando mientras mi cuerpo se ajustaba a su peso y tamaño. Cuando comencé a retorcerme, buscando más, tiró de mí contra sus muslos, inclinando mis caderas hacia arriba. Sollocé. Boca abajo, echada hacia atrás como estaba, significaba que la cabeza de su erección descansaba contra mi punto G. Me estremecí un poco, dejando que mis nalgas se movieran mientras disfrutaba la deliciosa sensación de él latiendo dentro de mí.

    Olivier agarró uno de mis tobillos, para estabilizarme a mí o a él, no estaba segura. Sacudí mi trasero una vez más, para recordarle que él no tenía el control de todo. Dejó escapar un gemido que parecía salir del fondo de su alma.

    «Sos una chica traviesa», murmuró, y el sonido de su voz tiró de algo muy dentro de mí, liberando una ráfaga de líquido alrededor de su pene. Olivier se rio, «Te gusta cuando te hablo sucio, ¿verdad?»

    Gemí y asentí, la alfombra áspera contra mis mejillas sonrojadas.

    “Bien, mi putita sucia, te voy a llenar con mi pija dura hasta que grites.” Cada palabra fue acentuada con un fuerte empujón. Chispas y hormigueo corrieron por la parte posterior de mis piernas, a través de mis nalgas, instalándose en mi vientre.

    Mi clítoris todavía palpitaba desde el primer orgasmo que había tenido, y se estaba intensificando una vez más, rebosando dentro de mí. Una de las manos de Olivier estaba plantada entre mis omóplatos, inmovilizándome, la otra estaba envuelta alrededor de mis tobillos atados. Su respiración era entrecortada y se atascó, su ritmo se volvió más frenético. Se lanzó entonces, agarrándome por ambas caderas y eyaculó con un jadeo desgarrador. Grité, siguiéndolo hacia abajo, mi cuerpo apretándose alrededor del suyo hasta que ambos colapsamos en el suelo.

    El peso de Olivier me inmovilizó, forzando el poco aire que me quedaba en mis pulmones, pero me resistía a empujarlo. Volví la cara hacia un lado, tratando de mirarlo. Se sentía cómodo, y de alguna manera normal, tener su cuerpo aplastando el mío, pero al final, mis pulmones gritaban por aire.

    «No puedo. Respirar» —siseé.

    «Mierda, lo siento». Se alejó rodando, y mis pulmones se inflaron, el aire frío del aire acondicionado corría por la piel resbaladiza por el sudor de mi espalda. Olivier me observó mientras me daba la vuelta, sus ojos observando mi desnudez. Un repunte travieso comenzó en la comisura de sus labios.

    «Me gustás porque no sos tímida», dijo, estirando la mano para pasar la punta de un dedo desde la grieta húmeda entre mis senos hasta mi ombligo, que tocó suavemente y sonrió, «No puedo soportar cuando una mujer instantáneamente se levanta y se cubre”.

    Había estado considerando buscar mi ropa interior, pero la mirada en los ojos de Olivier despertó un desenfreno en mí, encarnado no solo por el dolor que persistía entre mis piernas, sino por una necesidad desconocida de ser otra persona por la noche.

    No, no otra persona… Yo misma. Completamente yo misma.

    Olivier bostezó y deslizó un brazo debajo de mi cabeza, acercándome a su hombro. Debajo de las capas de piel y músculo, tendón y hueso, su corazón desaceleró su ritmo frenético.

    «Entonces», dijo acariciando mi cabello, «dime qué te trajo a Buenos Aires».

  • Un velador se masturbó frente a mi

    Un velador se masturbó frente a mi

    Hola soy many, de nuevo. Han pasado muchas cosas desde la ultima vez de mi aventura al salir vestido de nena, las ire contando poco a poco. Esta es una de ellas.

    Desde la primera vez que salí vestida de niña, me sentí libre y con ganas de más ya sin ninguna pena o verguenza. Cada planeaba hacer algo, pero en ocasiones me ganaba el sueño y quedaba solo en eso. Una ocasión descansaba el día siguiente de mi trabajo, así que ya tenía todo planeado esa noche que llegue a casa y obviamente, yo ya con demasiada calentura y morbo (en realidad casi todo el tiempo ando así jeje). Llego la medianoche entre platicando en el chat y mi Facebook, tenia todo planeado para salir como a las 5 am vestida, ya que podía dormir todo el día, debido a mi descanso y no me importaba desvelarme.

    Empecé a vestirme, me puse una blusita negra de encaje, apretada, como no tengo muchas tetas, se me miraba normal y a la vez sexy, me puse unas medias de liguero negras, tanguita negra de hilo y arriba un baby doll negro transparente, que muy apenas me tapaba mis gordas nalgas y piernas. Definitivamente me miraba demasiado puta y sexy a la vez jaja, pero me encanto, me puse mis tenis converse y listo. Llegaron las 5 y empecé ponerme arriba de mi lencería un pantalón deportivo para poder salir sin problemas. Salí de mi casa, cuidando que no se despertara nadie, empecé a recorrer la colonia y estaba completamente sola.

    Atras de mi colonia hay una escuela y una bodega grande donde llegan algunos camiones cargados de mercancia y eso. Salí de la colonia por un camino secreto que solo conocemos los que vivimos ahí, camine por alrededor de la escuela, al notar que no había absolutamente nada y ni pasaba nada, me empecé a quitar la ropa de niño y quedarme con solo la lencería que traía abajo, camine poco a poco, ya no me importaba que me viera alguien y me dijera cosas, solo con saciar mi calentura, para llegar a casa y masturbarme con cualquier cosa que tuviera forma de pene.

    Al notar que no habia nada, ni pasaba nadie, decidi irme decepcionada, al pasar la bodega, antes de entrar a mi colonia de nuevo escucho un «hey» acelere el paso para ponerme mi pantalon y mi sudadera y continue escuchando que me hablaban, era más la calentura que decidi quedarme en mi lencería de nena, esperando que me viera quien me estaba hablando, me di vuelta dandole la espalda a la bodega, esperando que me viera la persona que me hablaba, fingia que no lo escuchaba, parando disimuladamente mi culo para que tuviera una vista de mi grandes nalgas, me gano la curiosidad, en eso volteo y estaba un tipo de unos 45 o 50 años con un perrito en la entrada de la bodega, sentado en un silla y con su verga ya afuera y tremendamente erecta, no era tan grande, pero demasiada gorda y morena, le pude mirar sus bolas y eran enormes como si tuvieran hinchadas, al empezar a masturbarse me calento mucho mas de lo que ya estaba, yo lo veía masturbarse con fuerza mientras con su otra mano me decia que fuera hacia el.

    Me acerco un poco más y empiezo a tocarme para el, masajeaba mi culo, le mostraba mi diminuto hilo dental que se comian mis nalgas de lo gordas que estan.

    El seguia insistiendo que fuera hacia el, yo solamente lo deleitaba mostrandole todo, en un instante, separe mis piernas un poco, empecé a mover mi culo, lo abrí con mis dos manos, mostrando todo el hilo de mi tanga, empecé a quitarmelo poco a poco, en eso escucho que el señor empieza a gemir como toro mientras se masturbaba, y yo con la calentura al mil, me quito por completo la tanga, me doy vuelta sin acercarme mucho, para que no me reconociera, aparte traía cubrebocas, así que no pense que me reconocería luego. nir a chorros de leche, era demasiada y empieza a arrogar su leche sobre mis tangas, termino de venirse, se acomodo su pantalon, recogio todo y se me me acerco unos cuentos pasos, enrollo mi tanga y se la lanzo, lo más fuerte que pude, el se paro la recogio y empieza a olerla, cosa que me calento de sobremanera, en un instante observo como se empieza a vetio hacia la bodega, no sin antes dejar mis tangas llenas de semen de macho, corrí por ellas, me puse mi pantalon y sudadera, me dirigi a mi casa, ya en mi cuarto me quedo solo en la lencería, saque un pepino con el que masturbaba, lo empiezo a meter y con la otra mano, me empiezo a beber el semen que habia quedado en mis tangas, gemia de placer, mientras saboreaba esa rica leche de macho mientras con la otra, sacaba y metía el pepino de mi ano, ya totalmente dilatado por la excitación.

    Empiezo a venirme, no sin antes saborear y beber todo el semen de ese voyerista que antes se habia deleitado viendote como toda una puta en brama.

    De todos esos instantes de placer, ya no pude parar de exhibirme en cuento tengo la oportunidad. Todas esas cosas se las contare poco a poco.

    Gracias por leerme. Todo lo contado aquí es totalmente veridico y real.

    Skype: [email protected] De preferencia señores, muy maduros y amigas travestis y transexuales que quieran compartir y entablar amistad.

    Besos, Many.

  • Nuestro primer trío en un motel

    Nuestro primer trío en un motel

    Mi esposa tiene 22 años y yo 26 es una mujer muy linda, tiene un culazo y unas tetas que están super ricas con unos pezoncitos rosaditos, su chochito es el más espectacular que he visto.

    Antes de irnos a vivir juntos siempre le escribían muchos hombres por redes sociales, pero había uno con el que siempre quiso tener sexo, pero nunca se dieron las cosas, solo hubo besos entre ellos, un día en medio de una borrachera le escribimos y le mandamos fotos de ese coñito lindo mientras yo lo chupaba, él nos compartió fotos de su verga pensando que hablaba solo con mi esposa, así sucedieron dos veces y una de ellas le enviamos fotos de ella en lencería que le queda espectacular.

    Ese día estábamos tomando mi esposa y yo en nuestro apartamento, nos tomamos unas botellas de vino y una botella de aguardiente mientras jugábamos y yo le mamaba ese culo y chocho en cuatro, luego ella me mamaba la verga, le dije que hiciéramos un trío, me dijo que no, pero siempre ha sido un poco sumisa y yo el dominante, así que la cogí de su cabello fuerte y hale, le dije: «recuerda putita que el que manda soy yo, escríbele y dile que si hacemos un trio», él de una respondió que si y cuadramos todo para vernos en un motel.

    Llegamos al motel y todos estábamos muy nerviosos pues era la primera experiencia para cada uno, cuando estábamos en la cama me senté y le dije que le quitara un vestido negro corto que llevaba ella donde se le alcanzaban a ver mucho las nalgas, él se lo quitó y ella quedo en una lencería que tenía debajo a lo cual le dije que hoy era toda de él, la abrazó por la espalda mientras acariciaba sus tetas, luego le corrió la tanga y comenzó a tocar su coño depilado, ella le dice: «quieres que te la chupe», el afirma con la cabeza y dice “claro”, sin más palabras inicia a mamarle la verga como una loca mientras yo me masturbo, así pasamos un rato hasta que el le quita la lencería y se pone el condón, comienza a clavarla mientras sigo observando y pajeándome.

    Mi esposa sigue gimiendo como una perra y yo le pido que me deje meterlo, se lo meto por su chochito jugoso y un ratito después me vengo dejándola llena de mi leche, mientras esto sucedía ella se la chupaba y solo la sacaba para que yo la besara, después él se la vuelve a meter, pero sus erecciones se apagaban por momentos supongo que por la presión. Ella lo cabalgó y su verga se salió, con mis manos la cogí, la acomodé y la volví a meter en ese chochito que estaba muy cremoso por mi leche y los flujos de ella. Él dijo que no había podido terminar, nuestro tiempo había terminado así que vinimos a casa y volví a cogérmela.

    En casa le decía que si le había gustado como le habían comido el chochito mientras le metía mi verga, me gritaba que si, entonces sacaba mi pene y bajaba para chupar ese chocho jugoso, volvía a meterlo y le preguntaba que era lo que más le había gustado y me decía que como la masturbaba.

    Desde ese día estoy loco por volver a encontrarnos con él, pero quiero ser más activo porque quiero que mientras le da en 4 ella me la mame y viceversa, quiero que nos vengamos en sus tetas.

    Comenten a ver si repetimos.

  • Reyes magos vengativos

    Reyes magos vengativos

    De cómo volví a creer en los Reyes Magos y cómo me olvidé.

    5 de enero. Ha sido un día intenso y agotador. Por lo mañana dejé a los niños con sus abuelos, los padres de mi ex. Aproveché la mañana para comprar regalos de Reyes que aún me faltaban y envolverlos, prepararlos y esconderlos para que no los vieran mis hijos. Comí con mis papás y recogimos a los niños para ir a la cabalgata, después de cenar con los abuelos nos regresamos a casa. Mando a los niños a la cama después que ponen sus zapatos bajo el árbol de Navidad para que los Reyes dejen los regalos. Cuando por fin se han dormido dejo los regalos bajo el árbol, estoy cansada, me siento, cojo una mantita y pongo la tele, no tardo mucho en dormirme…

    Me despierta un portazo

    – Joder Baltasar que patoso eres, mira ya has despertado a la señora

    -¿eh, quiénes sois?

    Ante mí tengo a tres fornidos hombres de no más de treinta años, cubiertos con casco de moto, chupas de cuero negro y pantalones vaqueros muy ajustados.

    – No se asuste señora, nos presentamos, soy Melchor

    Al tiempo se quitan el casco, un rubio con cara de ángel pero con un puntillo perverso y barbita muy arreglada, un apuesto joven risueño con rasgos orientales y carita de niño y un descomunal negro zumbón de dos metros de altura de piel negrísima y sonrisa blanquísima.

    – Yo soy Gaspar, dice el achinado.

    – Y yo Baltasar, dice el negrazo.

    – ¿Los Reyes Magos?, pregunto incrédula.

    – Los mismos

    -Ah, no sabía, no…

    -Ya, no creías que existiéramos.

    – Así es, perdonad, también os imaginaba mayores y con otra ropa.

    – Bueno es que somos Magos, vamos como queremos, no vamos a ir como vejestorios y con ropa ridícula si podemos dar una imagen más actual.

    – Ya ya, pero… ¿y los camellos?…

    – ja ja ja, mira por la ventana.

    Me asomo y veo aparcadas en la calle tres Harley Davidson super molonas.

    – Bueno, nosotros traemos los regalos de tus hijos pero vemos que como no tienes fe en que viniéramos ya los has puesto tú

    – Si perdonad.

    Estaba alucinando con lo que pasaba, los Reyes Magos en mi casa, delante de mi, super encantadores y simpáticos, además, ¡buuufff, que guapos, que cuerpazos, me estaba poniendo cachonda.

    – Y ya que estamos aquí, ¿que regalo quieres?

    – No… nada, no me lo merezco, no creía en vosotros.

    – Cierto, pero hemos de darte el regalo que has pedido.

    – Pero no he pedido ningún regalo.

    -No lo has dicho, pero lo has pensado, somos Magos y adivinamos los pensamientos.

    No puedo evitar ruborizarme y sin darme tiempo a contestar mis reyes buenorros se quitan la ropa. Me quedo estática y con la mirada fija, cuerpos perfectos, esculturales, y que pollas… y todas para mi. El miembro de Gaspar no muy grande pero tieso con forma ganchuda y unas pelotillas bien pegadas, la polla de Melchor más gorda y larga y un buen par de huevos y la descomunal verga de Baltasar con unos cojones como cántaras de leche.

    – Bueno que no tenemos toda la noche, despelótate de una vez, me ordenan sus majestades.

    Obedezco como fiel lacayo, siento cierta vergüenza pero no podría estar más cachonda. Tengo ante mí la magia real y hay un momento que también me siento poderosa y mágica, sus majestades no apartan su mirada lasciva de mí y yo no la aparto de sus pollas cada vez más tiesas y cargadas. El gigante Baltasar me coge en vilo con una mano por mi abdomen mientras con la otra me manosea las tetas. Así agarrada en vilo por el negraco, Melchor me besa la boca, su lengua juega con la mia y explora cada hueco de mi cavidad, Gaspar se agacha y me lame los pies y los dedos, lo hace con tal destreza que la humedad de mi coño sale hacia afuera. Su lengua recorre mis pies pantorrillas y muslos entre descargas eléctricas de placer. Cuando su lengua acecha mi chocho me corro, y me vuelvo a correr cuando directamente mi coño y clítoris son lamidos por esa revoltosa lengua, Baltasar me sigue manteniendo en vilo, manoseando mis tetas con sus manazas, me siento volar, Melchor baja también lamiendo y Gaspar se aparta sentándose por detrás. Melchor entra con su lengua en mi chumino al mismo tiempo que Gaspar entra con la suya en mi ojete, ¡Joder que gusto!, me vuelvo a correr entre espasmos de placer. Con mi ojete bien ensalivado, Gaspar se tumba en el suelo, Baltasar me agarra por los muslos y me coloca sentada sobre la polla ganchuda de Gaspar, Gaspar incrusta su polla en mi ojete notando el roce delirante en las paredes de mi ano. Melchor se tumba frente a mí y mete su polla en mi chumino húmedo y abierto y me cubre con todo su cuerpo y yo puedo alcanzar con mis manos sus prietas y hermosas nalgas, y Baltasar se coloca de rodillas plantándome su pollón en mi boca. Empiezo a mamar esa enorme y rica polla mientras siento las embestidas acompasadas de Melchor y Gaspar. Me corro dos, tres veces y una última eyaculando sin control, en ese momento siento en mis agujeros las tres corridas reales y mágicas de sus majestades ¡Joder Baltasar no para de echar leche y me atraganto pero, bufff que rica que está!

    Mis reyes ya adecentados, me preguntan:

    – Oye, ¿Ha venido Nico por aquí?

    – ¿Que Nico?

    – Si Nico, Papá Noel, Santa Claus

    – No, en mi casa siempre hemos sido de vosotros, y ahora mas.

    – Es que el muy cabrón está invadiendo nuestro territorio. No sé que verán en el viejo ese con esa barba, esa risa de gilipollas y esa ridícula bata roja.

    -Pues no sé, muchas gracias por vuestros regalos, y lo principal gracias por devolverme la fe.

    Me despiertan mis hijos.

    – Mamá llegaron los Reyes, han traído todos los regalos que pedimos y un ¿casco de moto?

    Esa mañana disfruté con mis hijos, pero no dejaba de rememorar la lujuriosa noche que pasé con sus Majestades, pero tampoco se me iba de la cabeza como sería montárselo con el viejo Nico.

    Una noche mientras me hacía una paja pensando en Nico, me visitó un paje del Rey Baltasar, negro como él y, como no, bien armado. Venía a dejarme un mensaje pero antes aproveché para follármelo, ¡Que rico me supo! La misiva decía:

    Recuerda que somos Magos y adivinamos lo que piensas. Si sigues deseando al viejo Nico te expulsaremos de nuestro mágico reino y te olvidarás de nosotros y nuestras pollas.

    He leído lo de arriba que no recuerdo cuando escribí y, ciertamente no recuerdo nada, lo que si sé es que, desde hace años, me paso unas nochebuenas de puta madre con Nico. Pero esto, ya lo contaré en una próxima entrega.

    Ho ho ho ho.

    Fin.