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  • Los baños del río (capítulo nueve)

    Los baños del río (capítulo nueve)

    Volviendo un día a casa, sentí la voz de William que me llamaba desde el parque. Me acerqué, estaba con otro que conocía de lejos y que trabajaba en las brigadas que fumigaban contra los mosquitos, al que había visto muchas veces pero nunca habíamos hablado por mil razones e incluso cierta vez estuvo en mi casa pero con toda la familia delante solo intercambiamos algunas miradas.

    – ¡Qué bola, culo!

    – Bien…

    – ¡Mira, este es Lalo, buen singón y que todavía no te ha dado caña!

    – ¡Y las ganas que tengo de darle una buena parti´a de culo!.- dijo Lalo dándome la mano.

    – Es que no hemos tenido oportunidad. – dije yo sosteniendo su mano.

    Estaba ya claro que la oportunidad había llegado y de la mano de William como siempre, ese tipo que me tuvo primero y me usó como le dio la gana, pero a quien le debo la manera de gozar y de dar goce. Claro en el pueblo William tenía mala fama, fama de bugarrón y rompe culos, a quien vieran con él pues estaba bien claro y le colgaban el cartelito de maricón, pero como ocurría siempre, al principio había cierto ruido y después la gente perdía interés en el nuevo juguete de William. Yo ya no era el nuevo juguete ni la nueva conquista, por lo que podía hacer lo que me viniera en gana.

    Estuvimos un rato allí sentados, William y Lalo querían irse al río coger un bote e irnos a pasear al río. La idea sonaba bien, porque conociendo a William algo inventaría que terminaría en orgía.

    – Mira, esperamos a dos más y nos vamos. – Después le dijo a Lalo.- ¡Oye!, ¿por qué no le das el primer pingazo tú?

    Lalo sonrió sin saber cómo reaccionar, William me miró indicando con un gesto de la cabeza que fuera para el baño. Le obedecí levantándome, detrás de mí entró Lalo, nos fuimos a la cabina última y yo en cuclillas me encargué de desabrochar la portañuela que ya quería reventar por la presión de la pinga dura. Cuando la tuve delante de mi cara, dura, gruesa y húmeda, puse mis labios en la cabeza para dejar deslizar su tranca hasta sentirla toda dentro de mi garganta. Lalo gimió de goce, empezó a moverse, a singarme la boca agarrando mi cabeza. Al rato me levanté, bajé mi pantalón y ensalivé mi ojete, mientras Lalo se echó dos escupitajos y me puso aquel trozo de pinga en el culo, empujó para meterla sin detenerse. Ya cuando me tenía bien clavado, comenzó a embestir mientras me singaba. De verdad que me gozó allí, en aquel baño que no era la primera singada. Quizá por la calentura ni sentí dolor o incomodidad, al contrario me sentía bien. Estábamos los dos en lo nuestro, ajenos sin saber dónde nos encontrábamos, felices, pasionales en nuestro acto. Se vino mientras se agarraba de mí soltando un resoplido que terminó en quejido. Nos quedamos en esa posición un rato, yo encorvado hacia delante, clavado por Lalo, sintiendo como su pinga ya no era tan dura aunque en sí lo era.

    – Nene, ¿te gustó?

    – ¡Ufff!, me has singado rico…de verdad que habíamos perdido el tiempo antes…

    – Ya ves, nene, ya la tienes adentro y siempre que la quieras, la tendrás…me gusta tu culo.

    Seguimos allí intercambiando nuestras sensaciones, después el sacó su sexo y yo me vestí tratando de no permitir que se me saliera el lechazo. Lalo se dio cuenta, me atrajo hacia sí, me besó diciendo que así demostraba que me había gustado al quedarme con su leche dentro, preñado. Salimos y fuimos al banco donde estaba William.

    – ¡Coño, macho, tiene un culo! – Le dijo Lalo a William, que confirmó que él no mentía nunca. Cuando me senté, William dejó deslizar su mano por detrás de mi espalda metiendo su mano para llegar a mi culo húmedo, lleno de leche.

    – ¡Mami, así me gusta verte! Recién singado y con el ojete dilatado y lleno de leche…

    Lalo, empezó a decirle a William que le había gustado, que por qué no los había presentado antes, que tenía buen ojete y mil cosas. William orgulloso de saberse centro y dueño de lo anhelado por otros. Al rato llegaron los otros dos, el negro Paco y otro que por primera vez veía, resultó ser un tipo de otro pueblo, se llamaba Nelsón.

    – ¡Bueno, ya estamos todos, andando! Este es el culo que llevamos.

    – ¿Y aguantará? – se preocupó Nelsón.

    – Tiene buen lomo y aguanta y lo mejor es que le gusta. – agregó Paco que ya me conocía.

    Nelsón dijo que se iba a mear, William le dijo:

    – Llévate a este, sabe bien cómo manipular un buen rabo.

    Todos rieron, Nelsón tirándome la mano sobre los hombros me llevó hacia el baño. Cuando llegamos me dijo.

    – ¡Coño, ya la tengo parada! Voy a tener que darte un pingazo para que se me baje y poder mear.

    Yo sin decir nada, me metí en la cabina y me bajé los pantalones abriendo mis nalgas con las manos, al parecer eso le gustó a Nelsón que se acercó pasando su mano por la raja de mis nalgas. Dijo algo con respecto a que estaba húmedo el culo, que era leche y sin esperar más me metió su tranca, diciéndome que se iba a venir rápido. Se estuvo meneando sin compasión, metiendo y sacando, hasta que lo sentí resoplar y venirse. Cuando sacó su pinga oscura, porque de eso me di cuenta, tenía un color oscuro a pesar de ser blanco.

    – A ver, sujétala para mear.

    Agarré con un mano su sexo para que apuntara y meara, él abrazándome murmuró a mi oído.

    – Podría hacerte mi hembra, me gustas un cojón.

    Sosteniendo su tranca oscura mientras meaba, vi que la tenía gorda en el centro, de cabeza pequeña y tronco menos grueso, él que vio que miraba, me dijo:

    – ¡Mami, puede ser tuya todos los días!

    – Me gusta tu pinga, tiene buen grosor…

    – Y dura siempre pa´ un culo como el tuyo.

    Cuando salimos todos siguieron con los mismos comentarios de cómo la íbamos a pasar, salimos los cinco rumbo al río en busca del bote de Paco. Llegamos al río, nos sentamos todos y Paco se puso a remar, yo iba junto a William que enseguida metió su mano por mi pantalón para masajear mi trasero. Lalo desde la otra punta nos miraba.

    – ¡Oye, cómo se lo dejaste! – William comentó.

    – ¿Cómo? – Se interesó Nelsón, Lalo se rio sabiendo la respuesta.

    – Se lo dejó como debe ser,….abierto y chorreando leche. – Todos rieron.

    – Lleno de leche se lo vamos a dejar dentro de un rato….

    Las bromas rondaban alrededor de la orgía que tendríamos y donde sería yo el centro. Al rato William le preguntó a Paco que remaba que si alguien le había mamado la pinga mientras remaba. De pronto ya me vi arrodillado en el bote mientras desabrochaba el pantalón de Paco y le sacaba la pinga para mamársela como había ideado William. La pinga de Paco tenía un sabor salado, al parecer había meado antes, pero pronto dejé de sentir ese sabor mientras engullía su tranca. Al rato Paco dijo que no podía más que quería darme leche pero en el culo, William pasó a remar y yo me incliné para que Paco me embistiera, el camino ya estaba abierto por Lalo y Nelsón por lo que fue fácil y placentero. Nunca había singado así al aire libre en el centro de un río, Paco que había dicho que se venía ya, resultó que no era así por lo que me estuvo trabajando el ojete bastante rato hasta que se vino.

    Después nos quedamos un rato tranquilos, recostados de un costado y Paco dentro de mí, después saco su pinga y cuando me disponía vestirme, William me dijo que era mejor así, que me quedará desnudo. Lo obedecí, hasta que llegamos a un sitio apartado y tranquilo, Paco fue el primero que saltó al agua, yo le seguí, el agua fresca me alivió el calor. La noche estaba fresca y no tan oscura porque había una algo de luna que alumbraba de plateado todo, en particular la superficie del agua. Estuve nadando un rato hasta que William me atrajo hacia sí, ya estaba caliente porque sentí su rabo en mis nalgas.

    – ¡Ven acá mariconzón que te voy a singar dentro del agua! ¡Vas a ver lo que es singar bajo el agua!

    Era cierto porque nunca hasta ese momento no había probado singar dentro del agua. Nadamos algo hacia la orilla a un sitio donde dábamos pie y William me volvió hacia él para que yo quedara sobre su cintura con mis pies rodeando su espalda. Mi siguiente paso fue el que tanto él esperaba, cogí su pinga y la llevé a mi ojete para darle paso, él hizo algo de fuerza hundiéndome mientras me penetraba lentamente. Mi esfínter ya dilatado por las faenas anteriores cedió sin trabajo, William lo notó empujando para al menos hacerme sentir que me metía su tranca. De verdad que era algo raro, daba la impresión que el agua entra aunque lo que entra es el miembro. Todo ayudado por la ligereza del cuerpo en el agua, donde cada movimiento es como si uno se encontrara en el aire. Nos besábamos mucho, William me acariciaba las nalgas, mientras mis pies se agarraban de su espalda.

    – ¿Te gusta?.. Me preguntó con un susurro.

    – Sí, mucho…lo sabes bien. – le dije entre jadeos.

    William sabía cómo dar placer y recibirlo multiplicado. Me tenía, como supongo que tenía a otros, para sus placeres donde nunca cabía el celo o el hecho de ser de alguien. Él podía tenerme para sí sólo, pero no le interesaba, prefería tener relaciones sin compromiso ni nada que lo atase. Era su manera de ser y así se divertía. Era el uno en coger un culo, en dar pinga, en mamar un culo y en singarse a cualquiera que se detuviera a conversar con él. William seguía siendo mi maestro, me había iniciado y seguía siendo mi maestro. Singar en el agua fue pasional, lo estábamos disfrutando los dos cuando se nos unió Lalo, palpó con su mano mis nalgas y culo lleno diciendo que quería probar. William me cedió con la facilidad que le caracterizaba. En nada me vi abrazado de Lalo y bien clavado, entró como nada, holgadamente.

    – Me vuelves loco de ver como gozas una pinga dentro de ti.

    – Es a lo que me enseñó William, aunque ya me gustaba desde chico.

    – A dar el culo te habrá enseñado él, pero a gozar con un macho, eso lo llevabas adentro ya.

    Lalo me gozó lo que pudo, hasta que Nelsón pidió su turno pero fuera del agua, en la misma orilla me dijo que le sacara la leche. Empecé a moverme lo que podía mientras él profería gemidos, no duró mucho y comenzó él a moverse con frenesí para venirse pronto. Cuando sacó su pinga, Paco se nos acercó.

    – ¡Acuéstate en la orilla que quiero darte lengua en ese chocho recién singado!

    Me eché sobre la tierra húmeda abriendo mis piernas, Paco se situó abriendo mis nalgas y empezó a lamer mi culo recién singado y lleno de semen de Nelsón. Al rato me singó aunque no por mucho rato, Lalo vino a darme lengua en mi ojete y a singarme algo, así pasé de uno a otro hasta que William me hizo venirme mientras me lamía el culo, metía su lengua, me mordía, succionaba y volvía a lamer. Me volvía loco lo que hacía, por eso me vine entre quejidos y jadeos. William sabía cómo hacerme venir sin que me masturbara, sólo con que me singara o mamara el culo. Caí medio muerto en la orilla, Nelsón de la mochila había tendido unas mantas para que nos acostáramos en la hierba, allí nos acostamos para descansar algo, Paco sacó una botella de ron que empezó a pasar de boca en boca y así nos fuimos animando. La noche muy despejada, fresca y silenciosa sólo interrumpía el silencio nuestras voces y el ruido de un motor a lo lejos. La botella se terminó rápido, Willia, Lalo y Paco se fueron en el bote para comprar otra dejándome a mí con Nelsón que al rato me abrazó haciendo que sintiera su sexo en mis nalgas.

    – ¡Mami, me vuelves loco! Necesito tener una gente como tú…

    – ¿Te gusto? – Le pregunte con cierta coquetería.

    – Sabes que sí…, primero porque eres un blanquito rico, y tienes tremendo culo caliente y tragón… ¿sabes lo que más me gusta?

    – ¿Qué?

    – Que te das sin rechistar…

    – Me gusta, papo, me gusta…

    No había yo terminado de decir que me gustaba por segunda vez cuando ya me había penetrado suavemente.

    – ¿Así te gusta?

    Le dije que sí, que me gustaba estar así, lleno por un buen trancón, tener un buen macho que le gustara singar y singar. Él me prometió que era lo que buscaba.

    – ¿Quieres ser mi hembra?

    La pregunta me la murmuró en mi oído sin dejar de moverse a mis espaldas.

    – No te va a faltar esto que tienes ahora adentro y mi cariño, te tendré como mereces…

    – Bueno, ya veremos…

    – ¡No, no, dime sí o no!

    Quise cambiar de posición y empecé a moverme para llegar a situarme sobre él, sentado a horcajadas sobre él con su pinga metida hasta los cojones, les puse las manos en el pecho y me acerqué para besarlo.

    – ¿Acaso crees que me voy a negar?

    Por respuesta recibí un abrazo fuerte y un largo beso. Parecía contento como un chiquillo, alegre y sobre todo se percibía en su pinga dura y los movimientos que hacía dando mucho placer. Me preguntó que si me dolía, se lo dijera, después comentó que tenía yo aguante por haber singado tanto y seguir singando, que lo que le gustaba más era el culito estrecho que tenía muy a pesar de lo que me había metido. Los otros llegaron, sentimos el ruido de los remos y las voces.

    – Sólo hoy te dejo a que te singuen otros, en lo adelante serás mío, yo sólo decidiré… ¿sí?

    Le dije que sí, que lo deseaba. Los otros llegaron con su alegría y cuatro botellas de cerveza que era lo que habían encontrado. Sus bromas aumentaron al encontrarnos singando, yo sobre él y él clavando su pinga hasta el tope. Paco se puso delante de mí para que le mamara la pinga que se le ponía dura ya. Nelsón al rato sacó su pinga diciendo a Paco que le tocaba dar pinga, Paco no perdió tiempo y ocupo el sitio de mi pasional amante que se dio un baño y vino hacia mí. Yo estaba en cuatro con Paco singándome a lo perro, me cogió la cara, me besó y me dijo al oído.

    – Te voy a dar la leche en la boca.

    Así quedé entre dos fuegos en aquella posición, al principio hice algunas arqueadas pero me acostumbre a tener el sexo de Nelsón en mi garganta, Paco terminó y dio paso a Lalo y a la lengua de William. Al rato sólo estaba yo mamando la pinga de Nelsón porque los demás habían terminado, Nelsón me acariciaba la cabeza y me preguntaba si me sentía bien, que si quería parar. Pero seguimos así, yo trataba de darle placer y que se viniera en mi boca, Nelsón terminó haciéndome sentarme sobre él y ponerle el culo en su cara para empezar a mamarme, a chuparme, a morderme mientras yo intensificaba la mamada, tratando de tragar su pinga completa. Se vino mientras metía su lengua en mi ojete, sentí el sabor salobre de su esperma, me sentí feliz de haber conseguido que eyaculara así.

    Después nos abrazamos, nos besamos sin tiendo el olor y el sador de la leche. Después fue a hablar con los otros, lo escuché decir cosas, las risas de los otros y el grito de William de que me regalaba. Lalo protestaba que me quería de compromiso, por lo que Paco intervino que eligiera yo a quien deseaba por macho. Me levanté y me acerqué a ellos, abracé a Nelsón que pasó su mano por mis nalgas.

    – Ya está elegido. – dije.

    Todos se calmaron, y empezamos a compartir las cervezas y por supuesto, que tuve que calmar a Lalo con el permiso de Nelsón.

  • Presentando a MaryCarmen

    Presentando a MaryCarmen

    Hola, mi nombre es Mary Carmen Flores (o al menos ese podría serlo) tengo 35 años, la verdad muy bien vividos y lo que quiero es contarles algunos de mis historias dentro de los relatos aquí en esta página.

    Comenzaré por describirme físicamente, no soy un bombón como dicen la mayoría de las mujeres que escriben aquí, soy alta tal vez ese sea mi mayor atributo físico, mido 1 m con 75 cm, soy morena del tipo mexicano, sí, vivo en México, no diré exactamente en qué ciudad porque la verdad no quiero que alguien me descubra, tengo el cabello largo por debajo de los hombros, de un color negro oscuro soy delgada, eso sí, nada de barriga, pero eso no significa que mi piel este pegada al hueso, y aunque no tengo tantas curvas, las que tengo las tengo bastante definidas, no soy una chica de gimnasio, aunque en mi adolescencia y juventud jugué Voleibol de manera muy activa, me gusta comer sano y evito los azucares en medida de lo posible, al final considero que mi estatura, mis rasgos faciales y mis ojos verdes son lo que termina enganchando a los hombres, aunque no le dedico mucho tiempo en pensar en ello.

    Lo que si les puedo asegurar es que mi vestimenta nunca es descuidada, y siempre existe la posibilidad de cambiar mi atuendo, de algo profesional a algo sexy en menos de un minuto, sin volverlo vulgar, es algo que aprendí con los años. En cuanto a mi maquillaje apenas si existe. Mis pechos y mi culo digamos que son normales nada de que presumir, pero tampoco nada de qué avergonzarse

    Soy la mayor y única mujer de una familia de 3 hermanos, mi familia es una familia tradicionalista, criada bajo el más estricto mandamiento católico, es por eso que mi madre no termina por aceptar los caminos por los que la vida me ha llevado, mi padre por otro lado, no es que lo acepte, sin embargo él ha salido, de alguna manera, beneficiado por mis acciones, y ha llegado a comprender (no he tenido sexo con él si es lo que piensan algunos) mis hermanos no tienen nada que reprocharme, aunque puede ser que algún día uno de ellos sí lo tenga, todo depende la manera en la que tome las cosas.

    Fui una niña inocente y puritana, hasta que perdí la virginidad, probablemente el día en que todo empezó, ¿que sí me gustó por supuesto que me gusto, más allá del dolor inicial que se siente al perder la virginidad, el resto fue un deleite, lo repetí varias veces antes de que mi vida sea descarrilara según lo dice mi madre, hice tantas cosas de joven de las cuales no vale la pena arrepentirse, yo disfruté muchas de ellas, algunas no tanto pero la vida es para vivir, y a la fecha sigo experimentando cosas nuevas aunque no con la velocidad con la que lo hacía hace 10 años, ahora me doy el tiempo de sentarme, recordar y meditar sobre mi vida, y ¿Por qué no?, escribir sobre ello y compartirlo con ustedes, no es que me sienta vieja, simplemente la madurez me ha alcanzado, y eso es algo bueno.

    Ingrese a la universidad, estudié administración de empresa, fui una buena estudiante, brillante para algunos mis promedios siempre fueron los más altos y si alguno piensa que utilice el sexo para lograrlo, lamento decepcionarlo, sin embargo, esto no quiere decir que el sexo y mi cuerpo no lo haya utilizado más adelante para mi beneficio. La vida en la universidad fue plena felicidad, en cuanto a sexo se refiere probablemente la etapa más activa y salvaje de mi vida, pero esa etapa tenía que acabar más pronto que tarde, y al tratar de conseguir un trabajo que me diera lo que buscaba, me di cuenta que la vida no es tan sencilla como una se la plantea de adolescente, se tiene que trabajar mucho para conseguir poco, y yo no pensaba que eso fuera justo para mí, tuve un par de empleos y en ambos era buena trabajadora y probablemente podría haber utilizado el sexo para conseguir un ascenso en mi trabajo.

    La oportunidad se presentó en uno de ellos, pero seguiría siendo una empleada, así que en lugar de utilizarlo para un ascenso, decidí utilizarlo para algo que realmente valiera la pena, y si, me convertí en una sugar baby, sólo por un tiempo, el tiempo suficiente para poder fundar mi propia empresa, una empresa pequeña desde luego, no piensen que me daban tanto dinero como para tener una empresa grande, junte el dinero suficiente para fundar una empresa de servicios domésticos, empezando primero con un par de personas que se dedicaban a todo, plomería, pintura, electricidad, albañilería y es ahí donde entro mi padre, un ingeniero electrónico con 20 años de experiencia en proyectos industriales, quien me ayudaba a supervisar el trabajo de la gente mientras yo administraba trabajos, compras, gastos y buscaba clientes cada vez más grandes. la empresa fue creciendo y más tarde, dejo poco a poco de ser una empresa de servicios domésticos, para convertirse en una empresa de servicios industriales, mas adecuado a la experiencia de mi padre, y algo en lo que yo he tenido que aprender. ahora tengo una plantilla de 50 personas y la verdad es que nos va muy bien, no se puede decir que la empresa una mina de oro, pero deja lo suficiente para vivir cómodos, aunque planeó que nos puede ir mejor pero sólo el tiempo lo dirá.

    Por supuesto que al empezar a ganar mi propio dinero, y manejar mis tiempos con una empresa propia, me dio más libertad para muchas cosas, viajar, las fiestas, los amigos, las amigas, el sexo, el vino, y también los vicios por algún tiempo. aunque ya lo superé, fue justo ahí donde la relación con mi madre se fracturó, tiempo después me casé, más que por amor, por tratar de reconectar las cosas con mi mamá, aunque Carlos, que así se llama mi esposo, es una buena persona, un buen chico de 38 años, que con el tiempo he aprendido a querer, tenemos una pequeña niña de 3 años, que por el momento no les contaré el nombre, Carlos no trabaja para la empresa y eso nos da mucho tiempo alejados uno del otro.

    Sé lo que se están preguntando, seguramente Mary Carmen no es una mujer fiel, y tienen razón, en el más estricto sentido de la palabra no lo soy, nunca lo he sido, sin embargo, en mi defensa jamás he engañado a Carlos, él siempre supo mis gustos y aficiones, es mas, podríamos decir que fue así como me conoció, tenemos una clase de acuerdo, en el que, si bien estamos casados, vivimos juntos y nos respetamos, somos libres sexualmente, aunque estoy segura que yo soy un poco más libre que él.

    Mi vida sexual durante mi adolescencia fue tal vez muy normal en mi juventud un total desenfrene hasta poco antes de casarme y después de casarme menos acelerada pero con más pasión, eso de la madurez sexual sí existe, las relaciones sexuales con mi esposo son algo obligatorio, digámoslo así, nunca menos de 3 veces por semana y los domingos por la mañana si o si , se ha vuelto parte de nuestro acuerdo no escrito, si por alguna razón alguien no está en casa por motivos de trabajo las video llamadas son parte esencial de la comunicación. Lo que sí les puedo decir es que he probado prácticamente de todo lo referente al sexo mi virginidad anal la perdí a los 23, aunque realmente no soy muy fanática de ello, mi primera orgía fue a los 20, pero contarles todos esos detalles, bien creo que podría dejarlo para relatos posteriores.

    La cantidad de parejas sexuales que he tenido en mi vida, hombres o mujeres, es lo suficiente como para que la mayoría de los que están leyendo esto, me consideren una mujer promiscua, así que no les daré muchos datos, cómo se darán cuenta, soy bisexual, aunque tengo una notable predilección por los hombres. Tengo muchas historias que contar, y me gustaría ir escribiéndolas poco a poco, soy nueva en esto, y no soy una gran escritora, pero aun así me gustaría entregarles a ustedes estas historias, si ustedes gustan que empiece por algo específico sólo escríbanme y trataré de hacerlo, tengo algunos borradores de mis anécdotas, pero nada está escrito en orden así que puedo darle preferencia en terminar algo especifico, besos a todos.

    Mary Carmen

  • Lo que viví con Noli (2)

    Lo que viví con Noli (2)

    Siento que pasó mucho tiempo desde que nos sentamos a conversar, ese reencuentro llevaba mucha carga entre los mensajes y las fotos que nos estuvimos mandando,  hasta las cosas que le llegué a confesar. Lo bueno es que ahora, toda esa tensión había disminuido, realmente necesitaba verla, pero sobre todo necesitaba abrazarla.

    Me contó un montón de cosas, de cómo habían tomado la noticia del embarazo, de los planes que estaban pensando para futuro, arreglar la casa, prepararle el cuarto a la pioja que venía en camino. Por dentro me encantaba escucharla y realmente quiero que sea feliz, pero ese diablito que todos tenemos en el hombro izquierdo, me quería confundir mostrándome cosas que por ahora, eran imposibles. Bueno, imposible creo que no hay nada, supongo que no sería correcto, y tal como venía la cosa, ella estaba muy entusiasmada con su actual situación.

    Mientras ella me sigue contando un montón de detalles, que ahora no recuerdo bien, me empecé a perder en esos ojos que tenían un brillo increíble. Apenas me daba para asentir con la cabeza, porque realmente no quería decir lo que mi mente estaba pensando, claramente no era el momento oportuno, quizás nunca lo sea, ya me estoy sintiendo un poco egoísta, pero supongo que me tendré que acostumbrar. Al fin y al cabo soy un hombre felizmente casado, pero lo que me estaba pasando con Noli, se estaba volviendo cada vez más intenso y no lo estoy pudiendo manejar, en algún momento se me va a escapar de las manos. Todo en ella es delicioso, desde su pelo oscuro, bien largo y con rulos en las puntas, esos ojos grandes que me comen solo con mirarme. Esa boca que no para de moverse, pero que me encantaría ahora mismo callarla con la mía.

    En un momento deja de hablar y se levanta para ir al baño, me dice que es bastante molesto el tema de tomar líquido y enseguida ya tiene que ir, pero es normal. Se tomó su tiempo, ya mi cabeza estaba pensando si realmente quería ir al baño o algo la había incomodado. Cuando la veo volver, le clavo la mirada en la panza y ella me dice: “¿Querés tocar la pancita?”. Creo que me congelé por la sorpresa, si hay cosa que le gusta hacer a Noli es sorprender, igual mi respuesta fue rápida y enseguida se me pone una sonrisa que seguro para ella fue tierna. Lo que ella no sabe, es que para mí, significaba que finalmente iba a poder tocarla, aunque sea por unos instantes.

    Cuando me dirijo a la pancita, ella me sorprende con un movimiento rápido, me agarra la mano y la coloca por encima del vestido, me siento raro, me gusta y me genera algo como super íntimo con ella. Ahora no recuerdo que fue lo que pasó por mi cabeza en ese instante, todas las cosas cerdas que podía llegar a querer responder, pero por esta vez, me debo contener. En este momento, lo que quería realmente era tocarla y que ella me sintiera, como hace mucho tiempo que debía suceder. Coloco mi mano sobre su panza, se siente muy suave y tibia, justo en ese instante llega una ronda de bebidas que habíamos pedido, la moza nos ve y nos felicita. Rápidamente yo le respondo que no es mío con una mirada picara y la respiración un poco agitada. Recuerdo que ni bien nos dejaron las bebidas, la miro a Noli y le digo “pensándolo bien no era tan loco, podía ser mía”. Ella se sonríe y claramente no me quiso decir más nada.

    Ahora llevé la otra mano también a su panza, cerré mis ojos, algo quise decirle a esa pioja, algo tipo “ayudame a controlarme, le tengo muchas ganas a tu madre”. Noli me dice: “Jajaja lo que faltaba, ¿no me digas que le estás mandando un mensaje?”. “Algo así” le respondo. Realmente no quiero sacar mis manos, todo esto ya me tenía re caliente, el poder estar cerca de Noli, tocándola, sintiendo su perfume, suerte que tengo el bóxer bien ajustado, porque algo ya se estaba poniendo inquieto, realmente no sé cuánto tiempo más voy a poder sostener esto que siento sin poder decirle. Le dije que iba al baño, que la birra estaba haciendo efecto, en realidad fue la excusa perfecta para tocarme aunque sea unos segundos, no soy de excitarme en un baño público, pero debo reconocer que estaba impecable y me ayudó a bajar un poco el morbo. De todos modos no podía demorar mucho, porque de seguro algo sospecharía.

    Ni bien vuelvo a la mesa la veo agarrándose la cadera y con cara de dolor me dice que ya la está matando la espalda y la cadera propio del tema del peso que estaba cargando. Al toque me nace preguntarle si quiere masajes, ella saber que tengo buena mano, por lo menos varias veces se lo había comentado cuando nos escribimos. Ella se ríe, y me dice que le encantaría pero que no era el lugar, yo le sonrío. Ella prefería irse, estuvimos mucho rato riéndonos y hablando de todo, pero se le estaba haciendo tarde y tenía otra cosa que hacer.

    Luego de pagar la cuenta, nos levantamos y salimos del bar, algo me estaba generando una puntada en el pecho, si bien ella me estaba diciendo que se alegraba mucho de verme y que ojalá pudiéramos repetirlo, por dentro tenía una sensación de que todo eso que había pensado, no iba a suceder. La agarro de las manos, nos sonreímos, le doy un abrazo que siento dura una eternidad, siento algo que me impulsa y me dice “no seas pelotudo, es ahora o nunca”. Nos soltamos, le doy un beso en un cachete derecho, la vuelvo a mirar y me río, quiero otro le dije y fui por el izquierdo. Ahora digo “no hay 2 sin 3” y le doy un beso en la frente.

    Ella se ríe medio nerviosa, y le dije “¿me faltó alguno más?”

  • Trío luego de mi primera fiesta de Navidad en la empresa

    Trío luego de mi primera fiesta de Navidad en la empresa

    Trabajé un tiempo como asistente administrativa, con funciones de secretaria. Al salir de la universidad fue mi primer empleo y aprendí mucho allí. Mis amigas me decían que como podía aceptar un empleo así, pero lo necesitaba y al final me sirvió de mucho por lo que aprendí y por los contactos que me permitieron ascender en mi siguiente empleo.

    Mi primera fiesta de navidad trabajando fue en esa empresa. La responsable de la organización era la asistente social y yo, como asistente administrativa, la apoye en las reservas y contrataciones.

    La fiesta empezó con un almuerzo en un club campestre y con una larga tarde de baile. Se había contratado el local hasta las 10pm, junto con una orquesta que estuvo muy divertida. Cuando cayó la noche, la mayoría de mis compañeros estaban mareados. Hacia las 8pm, con dos amigos que estaban solo ligeramente mareados y una amiga más, decidimos volver a Miraflores en un taxi. Mi amiga se quedó en el camino, pues su casa estaba en la ruta. Finalmente llegamos los tres a Miraflores.

    Mis dos amigos me dijeron para tomar unas cervezas para terminar la noche. Acepté. Fuimos a un bar por allí cerca y cuando me di cuenta ya estábamos los tres muy ebrios. En algún momento de la noche, la conversación de compañeros de trabajo se había transformado en una charla caliente y me propusieron ir los tres a un hostal.

    Hasta ese momento nunca había hecho un trio. Pero con el alcohol y la calentura no me fue difícil aceptar. Nos subimos a un taxi. Nos sentamos los tres en la parte posterior, yo al medio. Ambos me manoseaban y besaba a uno y a otro. Sentía sus manos en mis nalgas y en mis piernas, por allí explorando mi concha húmeda. Todo por encima del jean. En ese momento yo sólo quería estar desnudos en el hostal y sentir su piel en mi piel.

    Llegamos al hostal, uno de ellos pagó. Entramos los tres a la habitación. Hubo un instante de indecisión en la habitación, hasta que uno de ellos dijo “nos desnudamos”. Y así lo hicimos. Yo tenía 23 y ambos por encima de 30. Yo era delgada y ellos ya macizos, solteros, con novias, pero ya empezando a tener cuerpos de casados. Me excitó que ambos eran velludos. No me había percatado de ello, pero viéndolos desnudos, era muy notorio.

    Me senté sobre la cama y se acercaron. Comencé a chuparle su pene a uno y luego al otro y así intercambiando por varios minutos. Luego me pidieron que me acostara. Lo hice.

    Uno se puso a la altura de mi cabeza, seguí chupándosela. El otro comenzó a sopearme. Me sentía morir de placer con su lengua recorriéndome toda y con mis labios entretenidos en un pene. Tuve mi primer orgasmo recibiendo y haciendo un oral.

    Luego que llegué, quien me estaba sopeando le pidió al otro chico que se acueste. Él lo hizo. Me pidió que me ponga encima. Obedecí. Su amigo me comenzó a penetrar por mi concha y él empezó a lamerme el culo, tuve un segundo orgasmo, con un pene en mi concha y una lengua en mi culo. Ni bien lo tuve, mi amigo dejó de lamerme el culo y se subió encima de mí.

    Me metió su pene al culo y entró muy fácil de lo caliente que estaba. En medio de los dos me sentía muy perra y tuve dos o tres orgasmos seguidos, fue una locura. No dejaba de gemir hasta que ambos se vinieron casi al mismo tiempo.

    Nos acostamos juntos y tras una media hora dormitando, empezamos a jugar de nuevo. Me pusieron como perrita al borde de la cama y por momentos me penetraba uno y por momentos el otro, por momentos por mi concha, por momentos por mi culo. Me empezaron a decir que era muy puta, la más puta de la oficina, la más perra de la oficina y tuve un nuevo orgasmo, ya eran varios y estaba exhausta pero no quería parar.

    Me acostaron al borde de la cama y mientras uno me cogía piernas al hombro, el otro puso su pene en mi boca. Sentí en su pene el sabor y el olor de mi culo y mientras su amigo me cogía, le chupaba el pene hasta que me llenó la boca de leche.

    Un minuto o algo más mi otro amigo llegó en mi concha. Me temblaban las piernas. Eran ya casi las 4am y tenía que volver a casa. Me lavé la cara lo mejor que pude. Nos vestimos y salimos. Tomé un taxi a casa.

  • Mi novia hizo un trato en el gym y terminó en sexo

    Mi novia hizo un trato en el gym y terminó en sexo

    Mi novia solía ir a un gym cerca de su casa. Le gustaba ir porque justo a las 10 am no había nadie más que el encargado que también hacía de coach, entonces no se sentía observada y nadie quien la molestara.

    Ella mide 1.63 y es muy delgada pero su talla de sostén es 36C. Tiene la piel blanca y es realmente muy atractiva.

    Ya llevaba un par de meses en ese horario y en verdad que no iba nadie más, podía estar en los aparatos que quería cuando quería. A veces el encargado se acercaba para ayudarle con algún ejercicio. Cuando comenzó a ir, él le había insinuado cosas pero ella no lo encontraba atractivo así que nada sucedió hasta que un día él le platicó que se iba a realizar una competencia con algunas pruebas de peso, resistencia, fuerza, etc. y que él iba a participar y se estaba preparando mucho para ganar, pero que iba a estar difícil.

    Después de dos meses habían logrado una especie de amistad así que ella le dijo algo que lo hizo estremecerse… «Vamos a apostar, si pierdes me das un mes gratis de gym, pero si ganas, vengo al gym en ropa interior una semana»

    Él aceptó rápidamente y continuó con su preparación.

    Un mes después ella llegó al gym y encontró el trofeo y fotos colgadas en las paredes de el coach recibiendo premios por haber ganado una de las pruebas. Lo encontró detrás del mostrador y lo felicitó con un abrazo y una gran sonrisa y se fue a hacer su rutina. Unos minutos después él se acercó y le recordó la apuesta «te acuerdas lo que habíamos apostado?» Ella abrió los ojos como platos, estaba recordando y por fin dijo si moviendo la cabeza.

    «Puede ser ya, desde hoy, sabes?»

    «Qué, es en serio?»

    «Si bueno, yo me esforcé mucho y creo que me lo gané, además una apuesta es una apuesta»

    Después de un rato ella accedió y le dijo que tenía que apagar las cámaras y así lo hizo, pero aún tenía pena de seguir así que le dijo que se voltear y así lo hizo. Primero se quitó el top dejando un bra deportivo, después se quitó las licras quedándose con una diminuta tanga amarilla. Entonces tratando de tragarse la pena siguió con su rutina.

    El coach tratando de aprovechar lo máximo le dijo que ya llevaba dos semanas haciendo esos ejercicios así que se los iba a cambiar y ella accedió aunque sabía por qué lo hacía. Pronto confirmó su teoría ya que la puso en el suelo a hacer abdominales con las piernas flexionadas y abiertas. Él puso sus manos sobre sus pies para que no se moviera y claro, para ver mejor como la tanguita se le metía y se marcaba su vagina. Después de ese ejercicio la llevó a un taburete dónde tenía que acostarse boca abajo y levantar el tronco que quedaba colgando, así se deleitó con sus nalgas firmes y paraditas.

    Así continúo poniéndola en posiciones muy sugerentes sin tocar nada, sin pasarse de la raya.

    El día terminó y ella se vistió y se fue. Ella sabía que lo estaba provocando pero no tenía intenciones de llegar a más así que no le molestó la situación.

    Al segundo día llegó con un vestido corto, se veían muy bien sus piernas delgadas, blancas y largas pero igual se lo quitó y comenzó con su rutina en bra y tanga. Sucedió todo como el día anterior. Está vez pudo notar la erección del coach y se divirtió bastante por eso.

    Para el tercer día llegó con un pantalón de mezclilla y una blusa larga. Y antes de proceder a quitárselas se acercó al coach y le dijo «tengo una noticia qué darte, no podré cumplir la semana que habíamos apostado porque tengo que atender unos asuntos en la escuela y no seré capaz de venir por dos días». Él sabiendo que no iba a ocurrir nada y después de lo que había visto no se quejó ni molestó. Le dijo «no te preocupes, estuvo buena la apuesta mientras duró»

    Ella le dijo: «peeero para compensar pues hoy será diferente»

    Entonces se quitó la blusa y dejó sus dos grandes tetas desnudas, no llevaba bra está vez, él se quedó con la boca abierta pero no terminó ahí. Se quitó el pantalón y dejó su vagina bien rasurada al descubierto y así como así le dijo «hoy toca pierna, verdad»

    Él dijo que si a duras penas, las tetas eran enormes y no lo dejaban pensar, pero la risa de ella lo devolvió a la tierra. «Si vamos» le pidió que se acostara en la colchoneta de costado y levantara la pierna por 15 repeticiones y ella así lo hizo. Sus tetas se iban de lado y al levantar la pierna podía ver su vagina rosadita que combinaba con sus pezones. Su erección ya era más que evidente. Después la llevo a un aparato dónde tenía qué acostarse y con las piernas empujar unas pesas, el lugar perfecto para contemplar su ano.

    Esta vez no pudo más y tuvo que ir detrás de la recepción. Ella se dio cuenta que se estaba frotando. Le gritó para decirle que ya había terminado que cuál era el siguiente ejercicio el se disculpó y de lejos le dijo que ya iba. Ella dijo «la verdad no me molesta si te masturbas, si quieres hazlo acá, no te molestaré»

    Él más sorprendido que con todo lo que había ocurrido salió detrás de la recepción y se bajó las licras dejando su pene de fuera, ella lo vio y sonrió. Él le dijo que le gustaba masturbarse acostado así que se echó sobre la colchoneta y comenzó a jalársela muy rápido. «Entonces qué ejercicio sigue?» Preguntó ella. «Emmm si quieres repite uno» a lo que ella contestó «pueden ser sentadillas?» «Si» contestó él mientras la veía y se masturbaba» ella hizo unas tres y después se acercó a él, puso una pierna a cada costado de él y continúo la cuenta «4» esta vez bajó hasta que aquel pene entró en su conchita. Él lanzó un gemido y ella siguió, 5, 6,7,8,9,10,11,12,13,14 y se quedó abajo él penetrándola comenzó a empujarla hacia arriba para cogérsela pero después de algunos embates ella dijo «Ya, qué sigue?»

    Entonces él le pidió que hiciera una plancha, pero con las rodillas en el suelo, ella accedió y sin pensarlo la tomó de las nalgas firmes y la penetró suavemente para que ella continuará con su rutina. Tomó su cintura y alcanzó sus tetas y las apretó. Ella dijo «ya, qué sigue?» «Te acuestas y abres bien las piernas» ella accedió y entonces la tuvo como siempre quiso, desde el día uno, tener a esa belleza recibiendo lo con las piernas abiertas, se apresuró y le metió la verga duro y hasta el fondo. Ella comenzó a gemir, sus gestos de dor eran más bien de gusto, le encantaba cogerse a un wey que la sentía inalcanzable mientras él tenía la verga muy caliente mientras la empujaba «te puedo besar?» Ella dijo que si sacando la lengua y él le puso la suya mientras la follaba. Ya los dos gemían entonces ella dijo «ya» se quitó y se puso de rodillas «en mi boca» le pidió y el se la metió. La empujaba rápido y fuerte mientras se veían a los ojos, ella mantenía una sonrisa, cosa que lo hizo imaginar algo «me quiero venir en su cara» murmulló y ella dijo «hazlo». Entonces se preparó y le disparó varias ráfagas de leche que le escurrieron de la frente hasta las tetas. Ella le limpió las últimas gotas con la boca.

    Entonces ella sin limpiarse el semen, siguió con su rutina con la misma sonrisa mientras la leche del coach le caía hasta las piernas y él, desnudo aún, le daba nuevas indicaciones.

    De vez en cuando ella se llevaba un poco de semen a la boca para limpiarse.

    En la última vuelta de la rutina se escuchó a algunas personas platicando, se acercaban ella abrió los ojos al momento que entraban tres hombres y la sorprendían con las piernas abiertas realizando una serie. Ellos con una expresión de incredulidad entraron al gym y no le quitaron la vista de encima… Pero lo demás lo contaré en la siguiente entrega.

    Comenta si te está gustando, qué habrías hecho tú en el lugar de mi novia, del coach o de los hombres que entraron.

  • Siempre fuiste un misterio para mí (parte 2/3)

    Siempre fuiste un misterio para mí (parte 2/3)

    Incluso en mi sueño, era consciente de sus brazos alrededor de mí y su aliento contra mi cabello. En algún momento de la noche, sentí su pene erecto presionándome. Yo había estado reproduciendo mi encuentro anterior en mi sueño, y mi vagina estaba húmeda y hambrienta por él. No se pronunciaron palabras. Nuestras manos recorrieron el cuerpo del otro, nuestras bocas se encontraron, besándonos, burlándonos, amándonos. Fue la cosa más natural del mundo cuando me di vuelta y su pene se deslizó directamente dentro de mí. El impacto del placer cuando él me penetró por primera vez fue abrumador. Dejé escapar un grito de alegría y envolví mis piernas alrededor de él, levantando mis caderas para recibir sus rápidos embates. Sentí como si nada existiera excepto nosotros y la bendita oscuridad que cerraba cada gramo de dolor que el mundo me había infligido, dejándome sola con este amor que sanaba, restauraba y llenaba mi corazón de alegría. La oscuridad era un útero del que yo renacería, emergiendo a una nueva vida.

    Cogimos con una necesidad frenética, mutua e intuitiva y nos dejó sin necesidad de comunicarnos con palabras. Nos revolcamos en la cama, sin aliento, ninguno de los dos pudo contener su deseo. Terminé encima, cabalgándolo ferozmente, rastrillando mis uñas a través de su pecho. Dejé escapar un grito de liberación cuando un orgasmo recorrió mi cuerpo. Me agarró de las muñecas para evitar que me cayera mientras yo arqueaba la espalda y me inclinaba hacia atrás, todo mi cuerpo temblaba bajo la intensidad de sensaciones más profundas que cualquier otra cosa que hubiera experimentado. Cuando pasó el momento, me incliné hacia adelante nuevamente, colocando mis manos sobre sus hombros y reanudé el frenético movimiento de arriba a abajo sobre su pene. Se agachó y agarró mis caderas, levantándome hacia arriba y abajo con un movimiento rápido y desesperado que sacudió mis sentidos e hizo que mis pechos rebotaran al ritmo de sus frenéticas embestidas. Era fuerte. Podía sentir la fuerza en sus brazos, mientras me movía sin esfuerzo, posicionándome sobre su pija de una manera que nos daba a ambos la mayor cantidad de placer posible. Volví a tener un orgasmo en el mismo momento en que él acababa, liberando su semilla dentro de mí con un grito que coincidía con el mío.

    Cuando las sensaciones comenzaron a disminuir, me eché hacia delante y apoyé la cabeza junto a la de él en la almohada. Sus brazos se cerraron alrededor de mí. Ambos estábamos sudorosos y jadeantes. «Te amo», susurró. Todo se quedó completamente quieto después de esa declaración. Yo no podía oír nada excepto su respiración y los latidos del corazón.

    Lo besé, pasando mis dedos por su mejilla. “Quiero que me ames”, le dije.

    “Debe parecerte muy pronto”, dijo. “Pero te conozco desde hace tanto tiempo. Y te conozco muy bien.»

    “Entonces estoy en desventaja”, dije. «Pero puedo decir que me encanta la forma en que me haces sentir, en que me besas y el sonido de tu voz. Me encanta que hayas hecho realidad mi fantasía. Y que lo hiciste tan perfectamente.»

    Me acurruqué contra él y apoyé la cabeza en su hombro. Volvió a cubrirnos con las mantas y me abrazó con fuerza. “Ahora que estás disponible, supongo que puedo decírtelo cuando quiera. Te amo, Delphine Anzolin”.

    “Nunca me cansaré de escucharlo”, le dije.

    Esos brazos fuertes que habían deslizado todo mi cuerpo hacia arriba y hacia abajo sobre su pene con tanta facilidad ahora me sujetaban con fuerza, haciéndome sentir segura y querida. Me quedé dormida en medio de una serie de «te-amo» susurrados.

    Me desperté unas horas más tarde con los brazos de mi amante rodeándome y sus labios besándome la nuca. Todavía estaba completamente oscuro, pero me sentía descansada. «¿Que hora es?» pregunté.

    «Un poco más de las ocho.»

    “¿Qué, es de día afuera? Esos blackout funcionan bastante bien”.

    “Fui muy minucioso cuando los puse. Cubrí todos los rincones y puse una segunda capa para que la luz del sol no se filtrara y te diera una sorpresa desagradable a primera hora de la mañana”.

    Me reí. “No tengo ninguna duda de que tu identidad será una sorpresa muy agradable. Pero es algo que preferiría guardar para más adelante”.

    «¿Qué tal un desayuno?»

    «¿Cómo manejaremos eso?»

    “De la misma manera que manejamos el champán y las fresas anoche. Ayudaré a que la comida llegue a tu boca, y si algo de ella termina en tu barbilla, la lameré”.

    «Suena como un plan. Sin embargo, creo que me gustaría una ducha primero.»

    «Okey. Bajaré y haré el desayuno mientras te bañas.» Me ayudó a ponerme la venda y luego encendió la lámpara de la mesita de noche. Me llevó cuidadosamente al baño y lo escuché encender la luz. “Puse tu bolsa de viaje y todas tus cosas están ahí, incluido el zapato que perdiste en las escaleras anoche. Si hay algo más que necesites, solo pídelo”.

    «Gracias.»

    «De nada bebé. Llámame cuando hayas terminado. No trates de encontrar tu camino hacia abajo sin mí. Nunca me lo perdonaría si te lastimaras.»

    Prometí tener cuidado. Me dio un beso en la mejilla y desapareció escaleras abajo. Me quité la venda de los ojos y me examiné en el espejo. ¡Vaya! Parecía que me habían cogido duro y bien. Tenía una leve abrasión en la muñeca izquierda por forcejear con las ataduras, un pequeño chupetón al lado del pezón derecho, el cabello despeinado y los ojos aún un poco vidriosos por el delirio de múltiples orgasmos. Fue impactante ver la evidencia de anoche bajo la luz brillante. Todas las cosas que habían sucedido en la oscuridad aterciopelada se sentían mucho más reales. No podía recordar la última vez que mis abdominales se ejercitaron tanto. También tenía un dolor entre las piernas, como no había sentido desde la noche en que perdí la virginidad. Me gustaba que la noche anterior hubiera dejado marcas en mi cuerpo y en mi alma. Pequeños recordatorios de que tenía un amante y un secreto que nos unía a los dos de una manera que nadie más podía saber.

    Me cepillé los dientes y tomé una ducha. Me vestí con pantalones de yoga y una camiseta. Me alegré de que él me hubiera dicho que trajera una bolsa de viaje, salvándome de una vergüenza cuando llegara a casa; no sea que mi padre apartara la mirada de la televisión el tiempo suficiente para darse cuenta. Me sequé el pelo y me apliqué un poco de maquillaje. Comprobé dos veces que todo estaba guardado en mi bolso, me peiné por última vez y volví a ponerme la venda. Solo cuando salí del baño me di cuenta de que no sabía cómo llamarlo. «Ummm… ¿hola?» grité. «Estoy lista para bajar».

    «Ya voy, cariño». Estuvo a mi lado en menos de un minuto.

    «No tienes un compañero de cuarto, ¿verdad?» pregunté. “Porque si lo tuvieras, estaría un poco avergonzada por todo el ruido de anoche. Y esta… estaaa… esta situación.»

    Se río. “No tengo un compañero de cuarto. Mis padres son dueños de esta casa, pero viven en otra casa. Me la dejan para mí.” Me rodeó la cintura con el brazo y me guio por el pasillo. Bajé las escaleras y él me condujo a la cocina y me ayudó a sentarme en una silla. «¿Qué le gustaría tomar?» preguntó. “¿Café, té, jugo de naranja?”

    «Jugo de naranja por favor.» Escuché que la nevera se abría y se cerraba y lo sentí acercarse. Él me tomó la mano y me guio hacia el vaso. «Gracias.»

    «De nada.» Podía oírlo moverse, haciendo algo en el horno. “Siento que debería ayudarte”.

    “Un horno caliente, un cuchillo afilado, llevas una venda en los ojos. No, creo conveniente, lo tengo que hacer yo”, me dijo. “Vamos a disfrutar de esta parte de nuestro noviazgo en la que yo te cuido”.

    «Noviazgo». Que dulce palabra. Había algo muy caballeroso y anticuado en él. Decidí seguir su consejo y disfrutar de esta fase exquisita de nuestra relación. Me di cuenta de que el hecho de que no supiera su nombre no significaba que no pudiera aprender más sobre él. Acababa de mencionar a sus padres, por lo que sería un buen lugar para comenzar. «¿Te ves seguido con tu mamá y papá?» pregunté.

    «Sí. Cuando estoy fuera del trabajo los visito, a veces salimos de campamento. Tienen una casa rodante. ¿Y tú? ¿Tu padre sigue afuera la mayor parte del tiempo?

    Recordé que él ya conocía las circunstancias de mi vida desde hace diez años. Lo que necesitaba ahora eran actualizaciones. “Papá maneja por la misma ruta todas las semanas, así que está en casa los fines de semana. Por lo general, sentado en su sillón con una lata de cerveza en la mano y mirando algún partido de fútbol”.

    “¿Vas a decirle dónde estuviste toda la noche?»

    ¡Mmmm! «Ni siquiera yo mismo lo sé. Lo más probable es que no pregunte nada.»

    No pude ver, pero igual la percibí, la mirada de compasión que me dio mi amante cuando dije eso. Era el mismo tipo de comentario despreocupado que solía hacer en la secundaria, comentario que siempre me rompía el corazón. Era triste que nunca hubiera tenido padres que se interesaran por mi vida, pero lo que parecía aún más trágico era que no se me ocurría esperar algo mejor.

    «¿Quieres queso crema en tu bagel?»

    «Sí, por favor.»

    Podía escucharlo moverse y poner cosas sobre la mesa. Colocó un plato frente a mí y guio mi mano hacia los utensilios a ambos lados. “Tienes melón dulce cortado en cubitos a las dos en punto, huevos poché a las seis en punto y un bagel a las diez en punto”.

    «Gracias.»

    El desayuno fue lento y pausado, en parte porque yo tenía que tener cuidado de no ensuciar y en parte porque disfrutábamos mucho de la compañía del otro. «¿Qué pasa con tu hermano?» preguntó. «¿Alguna vez arregló su vida?»

    «Parcialmente. Está haciendo trabajo de piratería independiente para un par de compañías, parece que le pagan bien. Le gusta poder trabajar desde casa. Asumo que todo el hackeo que hace es legal, pero podría estar equivocada al respecto”. Bebí lo último de mi jugo.

    «¿Te gustaría algo más?»

    «No», respondí. «Gracias por todo. El desayuno estuvo encantador. Todo fue tan perfecto. Lo de anoche… nunca lo olvidaré.»

    Tomó mi mano y de repente respiró hondo cuando notó la abrasión en mi muñeca. «¿Eso es de anoche?»

    “Sí, pero no me di cuenta en ese momento. Estaba demasiado ocupada teniendo orgasmos”.

    «No quise ser tan rudo».

    Me levanté de mi silla y me dirigí a la de él, donde me senté en su regazo y lo besé en los labios. “Esto no es nada”, le dije.

    «Me devolvió el beso. “¿Puedes pasar todo el día aquí?»

    “En realidad hay algo que hago los domingos por la tarde. Si no me presento para eso, me sentiría mal toda la semana”.

    «Entiendo. ¿Qué tal mañana después del trabajo?»

    Sonreí. “¿Una cita el lunes por la noche? Esto se está poniendo serio”.

    “¿Pensaste que no lo era ya? Dije que te amo.»

    Lo besé de nuevo, chocando accidentalmente con su nariz. «Dilo otra vez.»

    “Te amo, te amo, te amo. ¿Cuál es tu respuesta sobre mañana por la noche?»

    «Sí.»

    «Bueno. Quiero tanto de tu tiempo libre como estés dispuesta a darme.»

    “Puedes tenerlo todo”, le dije. «Excepto los domingos por la tarde.»

    Me llevó de regreso al colegio y me ayudó a subir a mi auto. “¿Quieres reunirte aquí mañana por la noche? ¿Digamos a las seis? Puedo llevarte a mi casa a cenar, etcétera.»

    Sonreí pensando en el «etcétera». «Suena bien.»

    Él me dio otro largo y hambriento beso. “Este estacionamiento principal podría estar ocupado mañana por la noche. Pero el que está junto a la cancha de fútbol debería estar vacío en esta época del año”.

    «¿Jugaste al fútbol en la secundaria?»

    «No recuerdo», bromeó, dándome otro beso. «Te veré en treinta horas y cuarenta y un minutos.»

    “Me alegro de no ser la única que hace la cuenta atrás”.

    Se río. “Te llamaré o enviaré un mensaje de texto mañana cuando esté cerca, para que sepas cuándo cubrirte los ojos”.

    «Okey.»

    Esperé un par de minutos después de escuchar que su auto se alejaba antes de quitarme la venda de los ojos. La luz del sol parecía inusualmente dura después de tantas horas de oscuridad. Me di un rato a mis ojos para que se acostumbraran antes de encender el auto. Fue entonces cuando vi que había dejado algo en el asiento del pasajero. Era un gran sobre manila repleto de papeles. Había una nota en la parte superior, que desdoblé y leí:

    Dulce Delfina:

    Esta es la copia que hice de tu diario. Prometo no entrometerme nunca más en tu privacidad. A partir de ahora, si quieres que sepa algo, puedes decírmelo. Los secretos que eliges guardar te pertenecen, pero espero con ansias el día en que te quite la venda de los ojos y no haya más secretos entre nosotros.

    El lunes, después del trabajo, fui a mi casa a bañarme y cambiarme de ropa antes de mi cita. Me volví a maquillar y me vestí con un minivestido de algodón negro con un corte lo suficientemente bajo como para mostrar un poco de escote. En la secundaria me sentía tan incómoda con la gente que notaba mis senos que solía sacar la mitad de mis libros de mi mochila y llevarlos frente a mí. Sin una madre, una hermana o amigos que me iniciaran en asuntos de maquillaje y estilos de ropa, me había metido en mi adolescencia en un smog de idiotez. Nunca había sido realmente fea, pero ciertamente me arreglaba muy mal. Había desarrollado un poco más de estilo durante mi tercer año en la universidad después de recibir la ayuda y consejos de una compañera que parecía una modelo y obviamente era de una familia adinerada. Emilie.

    Emilie y yo fuimos amigas íntimas. Yo la ayudé a estudiar de manera más eficiente y, poco a poco, Emilia me transformó en una alumna elegante y segura de mí misma. Después de algunas semanas y varias docenas de consejos de belleza, comencé a ser invitada a fiestas y, poco después, estaba saliendo con Didier.

    Mientras me miraba en el espejo, haciendo una evaluación final de mi figura, recordé que mi amante me había comentado sobre el cambio de imagen. Había mirado más allá de mi ropa desaliñada y modales desagradables y había visto a alguien interesante. Lo que todavía no entendía era por qué él no se había acercado a mí en aquella época, al menos como amigo. Casi nadie hablaba conmigo en la secundaria, y un amigo habría hecho una gran diferencia. Me pregunté sobre eso mientras conducía al colegio. Tal vez él también había sido un paria. O un tímido. Ciertamente ahora no era tímido y parecía que había tenido una mejor vida hogareña que la mía.

    No tenía sentido reflexionar sobre el tiempo perdido. Estabamos juntos y ahora era tan perfecto como podía ser. Me detuve en el estacionamiento junto a la cancha de fútbol. Él estaba en lo correcto. No había nadie alrededor, aunque podía escuchar a un entrenador de fútbol gritando instrucciones a través de un megáfono. Si las cosas hubieran sido diferentes en la secundaria, es posible que ahora no tendría un amante tan perfecto.

    Mi teléfono vibró y miré la pantalla. Era un mensaje de él. «Casi ahí». Me puse la venda en los ojos y esperé. Un par de minutos después, escuché que su auto se detenía junto al mío. Su puerta se abrió y se cerró. Abrió la puerta y me tomó de la mano. Salí y fui instantáneamente envuelta en sus brazos. “Fue un largo día esperándote”, me dijo.

    «Lo fue», estuve de acuerdo. “Pero es bueno tener algo que esperar”.

    «Voy a llevarte a casa». Sonreí, preguntándome si él se daría cuenta de que acababa de referirse a su casa como nuestro hogar. Quienquiera que sea, era dulce, encantador y comprometido sin miedo. Me había prometido a mí misma que no pronunciaría un nombre y una cara a los que asociar el sentimiento. Pero decirlo y sentirlo eran dos cosas diferentes. Era extraño pensar que lo había visto antes, probablemente muchas veces. Por alguna razón, él no había causado suficiente impresión como para que yo tuviera una idea de quién era. ¿Por qué? ¿Por qué no había podido verlo como el hombre amable y dulce que era? Sabía que todo tendría sentido tan pronto como me quitara la venda de los ojos. Estaba dividida entre querer disfrutar de este fetiche pervertido durante el mayor tiempo posible y la necesidad de comprender cómo mi pasado con este hombre encajaba con mi presente y futuro juntos.

    Tan pronto como llegamos «a casa», mi amante me presionó contra la pared y me ahogó a besos. El deseo que se había estado acumulando en mí todo el día salió de su jaula, y respondí jugueteando con los botones de su camisa. “No me hagas esperar más”, susurré.

    Me levantó en sus brazos y llevándome escaleras arriba. «¿Cómo quieres que sea esta vez?»

    «Rudamente. Átame de nuevo. Quiero sentir lo fuerte que eres”.

    «Esperaba que dijeras algo así». Chillé cuando él me dejó caer sobre la cama. Traté de escabullirme solo para ser agarrada por sus musculosos brazos y tirada hacia atrás. «¿A dónde crees que vas?» Me quitó la ropa en cuestión de segundos y me sostuvo los brazos detrás de la espalda, mientras yo luchaba, mi respiración se aceleró por la emoción. Me ató de manera diferente esta vez, con cuerdas de seda en lugar de terciopelo, y de manera hogtied en lugar de águila abierta. Yo nunca había estado en esa posición antes, y la sensación de impotencia me excitó más de lo que esperaba. Estaba descubriendo mucho sobre mí misma; lo pervertida y desinhibida que podía ser con este hombre. ¿Cuánto placer podía soportar mi cuerpo? Sentí un deseo abrumador de chuparle la verga.

    Después de que me ató, se alejó. Podía escucharlo quitándose la ropa. Gemí un poco, luchando contra los lazos de seda. Fui inmovilizada sin sentir dolor. Podía escuchar su respiración, sentirlo cerca de mí, pero él no me estaba tocando.

    Sentí que rozaba mi mejilla. “Te estás volviendo más decidida. La última vez todavía eras un poco tímida.» Me giré, tratando de llevarme la cabeza de su pene a mi boca, pero él se alejó. “Por supuesto, si te doy lo que quieres de inmediato, eso anula el propósito de atarte. Deberías esperar un poco.»

    Protesté y me retorcí, tratando de acercarme a donde pensaba que estaba su pene. Empezó a abofetearme en la cara con él, dejándome sentir su dura longitud contra mi mejilla, pero manteniéndola fuera del alcance de mi boca. Continuó jugando conmigo hasta que rompí a llorar y suplicar. «Está bien, cariño», dijo, empujando suavemente el glande en mi boca.

    Tan pronto como sentí su pene entrar en mi boca, comencé a chupar con avidez. Él me agarró por el cabello y comenzó a moverse dentro y fuera de mí, con movimientos superficiales al principio y luego profundizando cuando se dio cuenta de que eso era lo que yo quería. Me atraganté un poco cuando lo sentí empujar contra mi garganta. «Lo siento, cariño.» En respuesta, lo llevé tan lejos como pude hasta mi garganta, obligándome a ahogarme de nuevo. Él gimió. «Me encanta este estado de ánimo en el que estás.» Se agachó para frotar y pellizcar un pezón. “Sin embargo…” Lo sacó de mi boca en medio de mis protestas y me desató las piernas, dejándome las manos atadas a la espalda. «Lo siento cariño. Tus piernas se están poniendo moradas. No quiero que te lastimes. Y realmente quiero depositar mi semen en tu concha”.

    Yo jadeaba, deseando su pija. Una incómoda sensación de hormigueo recorrió mis pies y piernas. Me había quedado completamente entumecida sin darme cuenta. Me masajeó las piernas hasta que la sensación volvió y el hormigueo se detuvo. «Umm… ninguno de nosotros ha acabado todavía», le recordé.

    «¿Tienes prisa?» preguntó. La circulación había vuelto a mis piernas y podía arrodillarme con las manos todavía atadas a la espalda. Bajó la boca hasta mi pecho y chupó con fuerza mi pezón, sumergiéndome en las profundidades de un orgasmo repentino.

    Gemí fuertemente, todo mi cuerpo temblando mientras su lengua trabajaba en el pico sensible. Un chorro de jugo se abrió paso por mi muslo, y él bajó un dedo para tocarlo, mientras liberaba el pezón de su boca. «Supongo que tenía prisa», dije, tratando de recuperar el aliento.

    «¿Crees que podrías acabar de nuevo así?»

    «Sí.»

    Para mi sorpresa y deleite, sentí que su mano bajaba sobre mis tetas, dándoles una buena palmada. Dolía un poco, pero en realidad me excitaba más. Lo hizo unas veces más, haciéndome gemir y gimotear. Me agarró firmemente por los hombros y tomó un pezón en su boca de nuevo, un poco más duro esta vez, usando sus dientes en mi carne sensible, haciéndome gritar de nuevo mientras otro orgasmo corría a través de mí. Me sentí un poco mareada y él me agarró y me abrazó antes de que pudiera caerme.

    Después de que me recuperé, se puso detrás de mí y desató los cordones de seda. Envolví mis brazos recién liberados alrededor de su torso y me apoyé contra su pecho. Podía sentir su erección presionando contra mi vientre, y traté de agacharme y tocarlo, pero él me agarró por las muñecas y me lo impidió. «¿Todavía quieres algo rudo?»

    «Sí», respondí sin dudarlo. Me empujó sobre la cama.

    Lo escuché apagar la lámpara y la luz que se filtraba a través de mis párpados desapareció. “Me encanta mirar tu hermoso cuerpo, pero también es divertido jugar en la oscuridad”. Tomó la venda de mis ojos y la arrojó a un lado. Luego agarró mis manos entre las suyas, entrelazó sus dedos y se arrodilló sobre mí, cubriendo mi rostro con besos. Justo cuando yo pensé que me derretiría bajo tanta ternura, él recordó su promesa de ser rudo y me sujetó, apartándome las piernas con la rodilla antes de penetrarme con un rápido y poderoso envión. Una descarga instantánea de placer me recorrió cuando él comenzó a empujar con fuerza.

    Levanté las rodillas cuando él me penetró, golpeando repetidamente mi punto G. El placer fue tan intenso que mi vagina comenzó a apretarse alrededor de él y tuve problemas para recuperar el aliento. Un orgasmo me inundó, uno de esos deliciosos orgasmos de múltiples picos que se fundieron con el siguiente y el siguiente. Empujó mis rodillas hasta sus hombros y continuó golpeando mi concha, haciéndola temblar y gemir.

    Mi éxtasis había llegado a su cenit cuando dejó escapar un gemido y me llenó de semen. Mientras su pene se estremecía dentro de mí, sus manos se unieron a las mías en un gesto dulce y amoroso. Cuando terminó su clímax, se inclinó hacia adelante y me besó de nuevo, murmurando mi nombre con tanto afecto que su voz la sentí como una caricia. Me encantaba sentirlo junto a mí en la oscuridad aterciopelada, envuelta en sus brazos. Era como estar bañada en amor. “Te quiero mucho, mi hermosa Delphine”.

    Quedamos abrazados durante varios minutos hasta que mi estómago gruñó. Me dio vergüenza, pero él solo se río y dijo: “Yo también tengo hambre. Vamos a cenar.» Cerré los ojos para que él pudiera encender la luz y encontrar la venda que había tirado al suelo. Me la entregó y me guio al baño para que pudiera asearme y vestirme de nuevo.

    Cuando salí unos minutos más tarde, vestida y recién peinada y con la venda en los ojos, oí el repiqueteo de los platos en la cocina y la voz de Frank Sinatra. Con cuidado salí del dormitorio al pasillo, sin atreverme a ir más lejos porque no estaba segura de dónde estaban las escaleras. «¿Puedes venir a buscarme?» pregunté.

    «Ya estoy allí, cariño».

    Estuvo a mi lado en segundos, llevándome con cuidado por las escaleras hasta la cocina, que comenzaba a oler deliciosamente. «¡Mmmm! A ver… ¿Comida china?» pregunté.

    «¡Cooorrecto! El general Tso Tofu.» Sonó una nueva canción, pero seguía siendo Sinatra, «I’ve Got You Under My Skin», “Creo que ésta es para nosotros”, me dijo, tomándome entre sus brazos. Me apoyé en su hombro y bailamos lentamente con una letra que parecía ser solo para nosotros. Era una canción de la época de las big bands con trompetas a todo volumen que nos sacó de nuestra ensoñación romántica.

    Entonces mi amante de repente recordó que algo en la cocina necesitaba desesperadamente su atención, y me llevó a una silla y se apresuró a salvar el tofu de ser quemado. A pesar del momento de pánico, la cena estuvo deliciosa. “Eres un cocinero muy talentoso”, le dije. «¿Trabajas en algún restaurante?»

    Él me golpeó juguetonamente. “Deja de pescar información”. Se río de mis esfuerzos por usar los palillos con los ojos vendados y me consiguió un tenedor. «¿Todavía llevas un diario?»

    «No. Renuncié a eso.»

    «¿Te lo arruiné?»

    «No. No estoy muy segura de porqué lo abandoné. Quería comenzar de nuevo en la universidad y mi diario era parte de la secundaria. Parecía cosa de niños. Aunque tengo un blog de jardinería. ¿Eso cuenta?»

    “Por supuesto que cuenta. Eres una buena escritora. Me alegro de que todavía estés haciendo algo así”.

    «Gracias. ¿Y tú? ¿Escribes?»

    “Si haces una búsqueda en Google, encontrarás una cantidad sustancial de páginas de fans de Star Wars. Una de ellas es de uno que se hace llamar «Intrepid Jedi». Es bastante horrible. Solo ten en cuenta que eso fue de hace varios años.»

    Quedó como analizando lo que iba a decir hasta que me preguntó: «¿Te decepcionó que yo no fuera Alexis?» Me quedé en silencio cuando escuché esas palabras. Durante varios segundos ninguno de los dos habló. Sentí su mano en mi hombro, acercándome más. «Lo siento. Eso fue demasiado personal. No debí entrometerme.»

    «¿Cómo supiste que pensé que eras él?»

    «Él es el candidato más probable, ¿verdad?»

    «Sí. Pero yo no era popular de ninguna manera, él sí tenía un círculo de amigos. Estábamos en los márgenes más opuestos. A veces pasaba todo un día y él era la única persona que me saludaba”.

    «¿Alguna vez trataste de tú decir «hola» primero?»

    «No a menudo. Pero tu punto está bien tomado. La gente no se acercó a mí, pero yo tampoco hice mi parte. Ser invisible me servía bien en mi casa, pero no sabía cómo hacer para que la gente me notara en el instituto”.

    Sus labios rozaron mi cuello. “Me di cuenta de ti. Todos los días.»

    «¿Cómo es que nunca me dijiste nada?» Me había prometido a mí misma que no volvería a preguntarle eso, que dejaría de lado esa molesta pregunta.

    «No pude. Simplemente… no pude». Sus besos quemaron un camino desde mi garganta hasta mis labios y me dejé hundir en su tierna caricia. «Lamento eso.»

    De repente, el pasado ya no importaba. Todo lo que importaba era ahora. «¿Podemos… volver arriba?» Susurré.

    «Esa es una idea maravillosa». Me tomó en sus brazos con tanta facilidad como si fuera una niña y me llevó de vuelta al dormitorio. Me acostó en la cama y me desnudó, besándome y frotando sus manos por todo mi cuerpo. Tan pronto como estuve completamente desnuda, me puse boca abajo y arqueé un poco la espalda en un gesto que esperaba que él entendiera. Y lo entendió: «¿Me estás ofreciendo tu culo?»

    “Lo quieres, ¿no? Nunca he hecho esto antes.»

    «¿Pero quieres hacerlo ahora?»

    «Sí. Quiero que esta noche sea especial. Quiero darte algo que nunca le he dado a nadie más”.

    Trajo algo de la mesita de noche. Pasó su mano por mi muslo, sobre la curva de mi trasero, alrededor de mi cintura para tocar mi clítoris, la repentina chispa de placer me hizo saltar y arquear mi espalda aún más. Deslizó un dedo lubricado en mi agujero y dejé escapar un gemido nervioso. “Puedes cambiar de opinión si no te gusta”, me dijo.

    “No voy a cambiar de opinión”.

    Comenzó a mover su dedo hacia adentro y hacia afuera, y se inclinó hacia adelante, plantando un beso en la parte baja de mi espalda y luego pasando su lengua lentamente por toda mi columna, haciéndome temblar mientras lo hacía. Retiró su dedo y lubricó su pene. Sentí un momento de aprensión cuando su posición cambió, y sentí la cabeza de su miembro sondeando mi culo. Me mordí el labio y me armé de valor para la penetración inicial. Dolía, pero no tanto como yo esperaba. Era lento y suave. No había necesitado decir una palabra para que él supiera que éste no era el momento de ser rudo. Esta vez se trataba de ternura y novedad. No sabía qué esperar cuando me ofrecí a él de esta manera, pero a pesar de la incomodidad inicial, me gustó. Extendió una mano para acariciar mi clítoris. “Mmmmm,” dije, sintiendo el deseo ardiendo en mi vientre. Me estaba acostumbrando a tener su pene dentro de mí. El dolor ya estaba disminuyendo y comencé a moverme un poco, siguiendo su ritmo.

    Con su mano libre, levantó mi cabello y me plantó un beso entre los omoplatos, y luego una serie de besos subiendo hasta la nuca. Aceleró el ritmo y yo dejé escapar un chillido, agarrando las sábanas en mis puños. La necesidad de gentileza había terminado ahora y ambos lo sabíamos. No me estaba cogiendo con fuerza, pero me estaba penetrando profundamente, con movimientos lentos y rítmicos. Mi cuerpo respondió. Mi vagina estaba babeando por mis muslos.

    Me agarró por el pelo y tiró de mi cabeza hacia atrás, inclinándose hacia delante para plantarme un beso en los labios. Tomó velocidad y sus caderas comenzaron a moverse a un ritmo más rápido. Yo no esperaba disfrutar tanto de esto. Él nunca me había pedido sexo anal, pero de alguna manera yo había sentido que lo deseaba. Era ese deseo tácito de él lo que había despertado la necesidad en mí, que ahora estaba siendo satisfecha de una manera tan intensa e íntima. Queriendo conectarme aún más con él, me estiró hacia atrás y estrechó su mano, el nuevo punto de contacto nos acercó aún más, lo suficientemente cerca como para que yo alcanzara un orgasmo, gimiendo y gritando mientras se abría paso a través de mi cuerpo. Él acabó un par de minutos más tarde, y me estremecí de emoción al sentir su pene latiendo dentro de mí.

    Continuará…

  • Coxman

    Coxman

    Este es mi particular homenaje a un libro erótico que leí hace años. La premisa era… bueno juzguen, pero resultó divertido de leer.

    «Sufro» de priapismo, para quien no lo sepa y diciéndolo para que todo el mundo lo entienda es que siempre tengo el rabo duro. La enfermedad fue nombrada en honor al dios romano de la virilidad Priapo. Como podrán imaginar eso supone algunos inconvenientes.

    Lo más peliagudo es a la hora mear, lógicamente tengo que hacerlo sentado. En algunos casos la enfermedad es dolorosa, yo tengo suerte y no es así. No me duele y puedo tener incluso orgasmos múltiples, correrme varias veces en poco rato con la estimulación adecuada.

    La estimulación puede venir de chicas, de chicos, de transexuales o de todos la vez. Me gusta hacer uso de ese don lo más que puedo. Y siempre hay personas que agradecen tenerlo en sus manos… o en cualquier otra parte de sus anatomías, bocas, coños, culos.

    Pero no sólo de polla vive el hombre, me gustaba hacer uso de todo mi cuerpo para disfrutar. Y dar placer a todo el cuerpo de mis amantes, no solo a los genitales. Para aprender formas mejores de placer me dirigí a la India. El lugar donde escribieron el Kama Sutra sería un buen sitio donde investigar ese aspecto.

    Tomo un avión en el J. F. K. y me planté en Calcuta en unas horas. Y eso que el súper constellation no es un avión rápido. Sé que durante el vuelo las azafatas se han fijado en mi prominente paquete y que no se me ha bajado en todo el tiempo.

    Alguna se ha sentido halagada por ello pensando que era por su desde luego bonito cuerpo y sus reducidos uniformes. Y en algún caso algo ha influido, como en el de la rubia de muslos interminables cuya faldita apenas los cubría. Cada vez que se inclinaba podía ver sus braguitas trasparentes. Se llama Lola.

    O incluso el chico que iba en la fila de delante, su vaquero marcaba un paquete muy respetable aunque no estuviera duro todo el tiempo y un culito duro y respingón.

    Al bajar del avión lo primero que noté fue el calor, abrasador y húmedo. Tuve que librarme de la americana y la corbata lo más rápido posible. El sudor enseguida mojó la camisa en la zona de las axilas.

    En la misma terminal me alcanzaba Lola con una pequeña maleta. Compartimos taxi hasta el hotel. Por suerte no me importan los gastos y es el mejor alojamiento de la ciudad. Esa noche Lola comparte mi cama.

    Me ofrece todos sus orificios para que los disfrute con la lengua y con la polla. Y a la vez ella penetra alguno de los míos con su lengua y dedos. No es una chica que se conforme solo con recibir placer, también quiere darlo.

    Al día siguiente decidimos explorar los templos y los festivales de placer, las orgias sagradas dedicadas a sus dioses ancestrales. Lola apenas cubre su cuerpo con una ligera y pequeña tela que ella dice que es un vestido. Ni lencería se ha puesto. ¿Para qué? Seguro que desaparece enseguida.

    Yo tampoco llevo nada debajo del fino pantalón de lino así que también iba marcando mis dones naturales. Paseábamos sin prisa contemplando la belleza y el exotismo de sus gentes.

    Vara es una sacerdotisa devadasi. Nos recibe a la entrada de su templo vestida con un fino sari. La sensual prenda la cubre casi por entero, pero también la desnuda debido a la delgadez del tejido.

    Es un honor para dos occidentales ser saludados por tan alta personalidad. Es una belleza morena de profundos ojos castaños y curvas sensuales y voluptuosas. Su pecho destaca apuntando sus duros pezones hacia nosotros en la fina tela que los cubre.

    Nos muestra el enorme recinto donde se están preparando los festejos del día siguiente. Unas cuantas bellas muchachas vestidas con saris, semejantes al de su jefa, que marcan la belleza de sus formas se dedican a limpiar el lugar y decorar las estatuas.

    La invito a cenar con nosotros en el restaurante más caro de la ciudad. Con un vistazo a mi polla dura marcada en el pantalón acepta, supongo que pensando en lo que podía pasar después. Tras la cena la sacerdotisa acepta acompañarnos a la suite, besándonos en los labios tanto a mí como a la dulce azafata rubia.

    Ellas empiezan solas mientras yo paso al baño a darme una ducha. Al volver únicamente cubierto por una pequeña toalla las puedo contemplar en acción sobre el enorme colchón, acariciándose e intercambiando saliva.

    Al entrar en la cama me agarro a los pechos poderosos de Vara que en ese momento tiene sus manos en el coño de Lola y embisto al culo de esta con toda la fuerza de mi polla. Lo tiene bien dilatado y lubricado y me es relativamente fácil entrar. Lola se corre bien pronto por las caricias que mis manos le hacen a su coño y las que Vera le propina a sus tetas duras y contenidas.

    Ellas continúan besándose y mis labios se deslizan sobre los hombros y nuca de Lola. Cuando esta separa su boca de la de la hindú y se dedica a sus hombros cuello y tetas. Vara se lanza sobre mi boca por encima del hombro de Lola.

    Por fin nos corremos todos y yo paso por encima de Lola para quedar entre las dos mujeres de cara a la bella hindú. A la que meto mi polla por la vulva y comienzo a moverme suave.

    A la vez ella se restriega contra mi cuerpo, pasando sus brazos hacia atrás para acariciar los senos y el coño de Lola a la que masturba mientras Lola me hace cosquillas en los testículos, en la raíz de mi polla y en los labios del coño de Vara con una mano y con la otra le acaricia el culo a la morena y le mete los dedos en el ano.

    Pronto tenemos un orgasmo y el siguiente no se hace esperar. Entonces Lola se hace con mi pene deseosa de beberse todo el semen que pueda a la vez que me metía dos dedos en el culo.

    Vara no se conforma y metiéndose entre las piernas de Lola le chupa el coño como si se le fuera a acabar el jugo, cosa imposible. También logro ver como mete dos de sus dedos en su propio coño o como se pellizca el clítoris hasta correrse varias veces.

    Yo podía acariciar la cabeza, hombros pechos y parte de la espalda de Lola, que jugando con su lengua o mordiéndome suavemente el glande o apretando este contra su paladar. Mientras acariciaba el tronco con la lengua, dientes y labios me proporcionaba las más deliciosas sensaciones, continuamos haciendo el amor por algunas horas.

    No hemos dormido mucho ninguno de los tres. Pero eso no nos importa. A mí por mi especial condición física siempre estoy dispuesto a nuevos placeres.

    Lola está a un paso de un diagnóstico de ninfomanía y le encanta el placer venga de donde venga. Y Vara por su condición de prostituta sagrada tiene un entrenamiento tántrico que le permite dar y recibir gusto durante horas sin cansarse.

    Por la mañana después de un sustancioso desayuno volvemos al templo. Ahora estamos en una de las orgias rituales en el templo en una de las festividades en honor a los dioses del sexo. Al poco tiempo pierdo de vista a las dos mujeres entre la multitud desnuda y deseosa de gozar.

    Cerca de mí veo como un hombre y una mujer se abrazan y cómo la polla le entra lentamente en el coño a la mujer, entonces yo me hago con su culo y empiezo a acariciar sus nalgas. Poco después comienzo a introducir mi pene en su ano y acariciándola por todo el cuerpo.

    Llevo mis manos a sus tetas pero también acaricio su coño, la polla y los huevos y el culo del otro hombre. Cuando ya he eyaculado un par de veces en su culo siento cómo una cabeza se mete entre mis piernas para chuparme y mordisquearme los huevos.

    Para facilitar esa labor saco la polla del ano y la meto en la boca de la mujer que tenía entre mis piernas y siento una boca y una nariz que buscan mi culo lo acarician y besan. Mi culo y espalda. Es el tío que folla el coño de la mujer que tengo debajo. Ellos ya llevaban un rato disfrutando y cuando tuve el orgasmo en la boca de la mujer él me ofreció su vulva donde me introduje acariciando sus pechos grandes y su espalda.

    Entonces fue él quien cogió mis nalgas, las abrió y metió su polla en mi culo. Sus manos me tocaban los testículos a la vez que follaba a la chica y me follaban por el culo. Que orgasmos tuve sintiendo todo eso. Luego el hombre se marchó buscando otra mujer cuando se corrió en mi culo.

    Y yo busqué el ano de esta de la que ya conocía el coño. Se nos acercó otra chica admirando mi potencia, la besó a ella primero, luego a mí, y acarició y lamió todos nuestros cuerpos mientras le follaba su poderos culo hindú.

    La atendí de inmediato por delante mientras nos besábamos en la boca, dándonos saliva en cantidad, en el cuello y los hombros. Ella había pillado a otro hombre con sus manos y le acariciaba y le obligó a follarla por el culo.

    Me entretengo algo con estas furias eróticas que tengo encima. Siento como unas manos me arrancan el pantalón y la camisa. Una de ellas se apodera de mi polla con la boca y le da furiosas lamidas. Otro hombre me besa en la boca y acaricio su pecho y pellizco sus pezones. Con la otra mano me apodero de la vagina de una joven y la hago gozar.

    Otras y otros me acarician todo el cuerpo y cuando eyaculé unas cuantas apartaron a la primera de mi polla. Una de ellas logra encajarla en su coño que es muy estrecho y me hace disfrutar lo indecible, cabalga como loca y cada vez que entra mi rabo en su coño lanza un grito de placer.

    Otra de ellas se sienta sobre mi cara dejando al alcance de mi lengua un hermoso culo que chupo y acaricio con labios, lengua y nariz. Hasta que también es apartada y su lugar lo ocupa otra que prefiere darme a chupar su coño. Pronto mis besos y lengua hacen que sus labios se relajen y permiten entrar la lengua en la hermosa y caliente cueva.

    También me hago con su clítoris que acaricio con la punta de la lengua humedeciéndolo aún más o besándolo con los labios. La chica pronto se corre y recojo todos sus jugos. Mis manos recorren el cuerpo de dos mujeres a mis costados.

    Sus morenas pieles bien podían competir en suavidad con las de cualquiera. La chica que tenía en mi polla cede el puesto a un chico que se clava mi rabo en el culo disfrutando ambos como locos.

  • Sexo con nuevo crush

    Sexo con nuevo crush

    Hace un par de semanas cuando salía del trabajo y tomaba mi colectivo para volver a mi hogar, me percaté de un hombre muy guapo y atractivo que a veces me observaba, creo que hace bastante viene mirandome pero yo me di cuenta hace poco.

    Este hombre es de tez clara, físicamente delgado y musculoso mucho más alto que yo, cabello castaño claro corto al ras, manos grandes y perfectas. Ojos cafés y mirada sería. Una vez lo vi leyendo el nuevo testamento (la biblia) y me género curiosidad eso pero luego no lo mire mas a veces porque iba muy distraída y otras veces porque venía cansada y me dormía. Yo soy enfermera y trabajo en el turno de noche.

    En fin este hombre comenzó a mirarme de re ojo hasta hace poco y actualmente estoy soltera algo de diversión no viene mal y más cuando se trata de jugar con las miradas de «me gustas me atraes» algún movimiento corporal sutil de hacerte entender que me gustas físicamente. La cuestión que hubo un día que venía medio lleno el colectivo y no había asientos disponibles. Este hombre siempre viene sentando del lado izquierdo dónde solo se encuentran los asientos individuales, siempre con su mirada sería y dominante. A veces se le nota el entrecejo y otras veces solo observa distraído el paisaje por la ventana. Ese día me coloque a metros de el parada para verlo mejor y de paso que me vea a mi también.

    Yo físicamente no estoy tan mal, soy morocha de estatura media complexión mediana piernuda, buenos pechos, también de mirada muy penetrante, inteligente y cariñosa, lindo trasero y manos delgadas. Trato de vestir femenina, me gusta llevar el cabello suelto lacio y últimamente estoy maquillando me más seguido.

    Ese día me acerque y note sus miradas de reojo, obviamente mirando algunas partes y de cuerpo y me refiero a mis piernas. Acerque mi mano izquierda al apoya manos del asiento y el hizo lo mismo capaz para tocar mi mano accidentalmente. Cuando llegó el momento de bajarme el hizo lo mismo. Cómo todo caballero tocó el timbre de la parada y me dejó bajar primero.

    Sentía todavía sus miradas por detrás mío, me di la vuelta y le pregunté si sabia dónde estaba tal lugar, tire el nombre de un lugar random para buscar conversación. El me miró fijo pero de esas miradas seductoras que te dan ganas de comerlo a besos.

    Me dijo si, conozco ese lugar si quieres te acompaño. Me di cuenta que no es ningún tonto, asique tuve que remar la mentira. Le dije, ok te sigo…

    Caminamos juntos hasta llegar al edificio de departamentos donde vivo. Quedé consternada y a la vez no entendí.

    Pensaba «sabe dónde vivo? «Sabe de mis intenciones? Le pregunté en voz alta, por que acá? Me has seguido??!! Cómo toda una lunática perseguida comencé a preguntarle e indagar respuestas. El solo me miraba confundido y muy tranquilo… Me respondió ante mis acusaciones.

    «Vivo aquí también, solo tengo que buscar mi celular y te acompaño a dónde quieres ir».

    Quedé helada no sabía que decir que responder me mande al descubierto, no sé mentir me di cuenta claramente. Mi rostro se enrojeció y el seguramente se dio cuenta.

    Con una sonrisa de «te atrapé» me dijo también:

    «creo que ese lugar que dices solo lo conoces vos… ya que somos vecinos al parecer y no te diste cuenta que vengo mirandote hace mucho. Te gustaría compartir un café? No es necesario en mi departamento para tu seguridad puede ser el tuyo… solo quiero conocerte me llamas mucho la atención.

    Obviamente le dije que si pero trate de hacerlo parecer como que no estoy tan desesperada, respondí con un simple si.

    Acto seguido entramos al lugar, subimos las escaleras yo vivo en el 3 piso departamento con balcón que da a la calle. Entramos. Me dirigí a la cocina a preparar café… Saque dos tazas, el se acomodo en la silla del comedor y por el rabillo de mi ojo note que mironeaba todo el lugar, para luego verme a mi.

    Digan lo que digan las mujeres sentimos cuando nos miran el trasero, lás piernas y otras partes del cuerpo. Hice como que estaba distraída y me agache a propósito a buscar algo en el cajón de abajo de la mesada lo mire de reojo y Vi que el estaba agarrándose la mandíbula tapándose la boca pero con sus ojos puestos en mis posaderas.

    Apenas me levanté el hizo lo mismo y se acercó detrás de mi, cómo es más alto que yo llevo sus manos a las mías manejando por decirlo así, ayudando a preparar el café pero se apoyo descaradamente y acercándose a mi oído dijo lo que más me gusta: «que hermoso culo tenés bonita» pero con una voz ronca y grave sumamente masculina que me estremeció de tal forma que yo deseaba agarrarle el paquete pero me contuve.

    Hice un leve empujoncito hacia atrás para sentir si estaba excitado y si lo estaba, estaba duro, se sentía grande ese bulto. Entonces el agarrando mis manos llevo una donde su pene. Comencé a masajearlo mientras el me besaba el cuello y su mano derecha tocando un pecho para después juguetear con mi pezón. Que por cierto cosa que me encanta y no es por ser ninfómana pero me excito tan rápido que mi colaless se empapó toda. De tanto manosear le el pene, el me tomo de los hombros y me dió la vuelta violentamente me agarró el cuello con las dos manos y me clavo tremendo beso con lengua y toda la cosa. Cómo hambriento de hacerlo. Yo respondi de la misma forma…

    No aguante más y comencé a guiarlo hasta mi habitación lo tira a la cama, todavía no entiendo cómo siendo el más mucho más alto y grandote. Me le subí encima y comencé a besarle el cuello, le sentía ese perfume de hombre que me excita tanto, no le di respiro a esa boca perfectamente fina y grande. Le bese su rostro, no llevaba barba y tiene su piel suave. El me responde tomándome del cabello corriendo lo de su rostro porque es largo y le debe molestar. Ahora sus manos se van a mis nalgas las aprieta dando pequeñas palmadas que luego se van tornando un poco más fuertes.

    No pasaron ni dos minutos que el me saca la remera que tengo, yo hago mismo. Le veo tremendo pectorales y abdomen bien marcado. Al tipo le gusta ir al gimnasio, no lo pienso ni dos veces y le peso el pecho acariciando su piel suave sin bello es muy adictiva, el quiere hacer lo mismo pero no sabe que soy muy dominante en la cama, me quiere tumbar para el estar arriba mío pero no lo dejo para ejercer más control le voy besando su abdomen hasta llegar a su pene, delicadamente le voy bajando el pantalón deportivo que lleva puesto, el no opone resistencia y se deja. Una de sus manos deja de apretar mi culo y la lleva hasta su punto más bajo, le bajó el boxer y su temenda pija salta al rebote toda crecida y dura. Le doy un par de besitos y como toda cachonda que soy se la comienzo a chupar de tal manera que el empieza a jadear.

    Eso fue el detonante para que yo le metería lengua y toda la garganta profunda que pueda, obvio mi boca es muy pequeña y tengo el paladar pequeño también. Cosa que detesto pero bueno, estuve un buen tiempo jugando con su verga en mi boca, muy tranquilamente el me saco de ahí y con un movimiento rápido elevó sus caderas tirándome hacía el costado echandose encima mío, me agarra de las muñecas y ahora el me domina a mi…

    Entre respiraciones agitadas y jadeos ahora de los dos, me dice:

    «hace rato que te tenía ganas no tienes idea, andabas muy distraída pero veo que vos no te quedas atrás»

    -«si, perdón pero vos también me gustas mucho»

    «Ah sí?? Mira vos, a ver déjame comprobar» mirándome con una sonrisita maliciosa.

    Entonces el tipo me metió los dedos y se dio más que cuenta que estaba súper mojada.

    «A la mierda, que estás mojada eh, siempre te pones así?»

    -e… eh… No pero pasa que si me atraes mucho y hace bastante que no estoy con nadie, acaso te molesta??

    Cómo siempre yo a la defensiva ante lo que me digan. Pero de la forma en ahora me mira compasivo, hasta se podría decir que conmovido, ya no tiene esa mirada sería y enojada. Me mira a los ojos y me besa románticamente. Al odio escucho un «no te preocupes, me encanta estar con vos ahora y así».

    Pero el momento romántico se pasa rápido, porque el me arranca la colaless que tengo la tira a la mierda quedamos en pelotas los dos. Se coloca un preservativo que le ofrezco (lo tenía en mi mesa luz, por si llegaba a pasar algo con alguien).

    Me la mete con tantas ganas, embestidas fuertes metiendo más presión a mis muñecas, el choque de caderas, se deja vencer por el peso de sus brazos y ahora se va de lleno contra a mi. Me abraza el cuello y el la espalda apretando cada vez más, ahora le siento sus jadeos y aliento en oido. Respondo de la misma forma pero de tanta excitación que tengo acomodo mi concha y comienzo apretar el se da cuenta y me sube ambas piernas a sus hombres. Su verga entra perfectamente. Se siente más rico como empieza a cogerme ya no doy más y comienzo a gritar de placer. A todo esto ambos solo jadeabamos ninguno decía ninguna palabra.

    Me suelta bruscamente, me gira y me pone boca abajo, se frena para solo cachetaerme el culo, me lo frota, me estimula el ano, entonces comprendo que quiere reventarme el culo. Pero no lo dejo quiero levantarme y no me deja. Se echa encima de mi.

    -«para para por ahí no que duele» le suplico

    «Dale déjate, solo un rato» me lo dice besándome el oído

    -«no no en serio no me agrada por ahí, duele y aparte la tenés grande me vas a desgarrar.

    «Ni que la tuviera como los negros, dale… lo haré despacio no te voy a lastimar si te duele mucho lo saco»

    Faltaba nomás que dijera solo la puntita como dicen varios, me deje… estaba con miedo porque la verdad no me excita tanto eso pero la mayoría de nosotras por no cortar con la excitación nos dejamos. Y la verdad que con el fue muy diferente. No arrancó de golpe yo sentí que el se levantó para echarse sobre mis piernas, me abrió ambas nalgas y llevo su rostro hasta mi ano.

    Comenzó a besarlo cosa que nunca me habían hecho, entre beso, mordida que me metía en cada nalga, jugueteaba con sus dedos ahí en esa zona estimulando y dilatando más ese agujero que lo vuelve loco, Pero todo de una manera muy delicada que destacó mucho. Adoro cuando son así de delicados y no torpes. Estuvo un buen tiempo jugando ahí en mi trasero entre lengüetazos y besitos me excito mucho más, yo le movía un poco el culo a proposito para darle más deseo. Entonces el se levanta se posiciona y siento esa puntita chocando en mi anito.

    «Creo que ya está, ahora me dejaras’?

    -siii, si ahora métela pero con cuidado.

    No dijo ninguna palabra más hasta acabar dentro. Se sacó el preservativo, empujaba de a poco cosa que eso dolía bastante pero después de semejante espectáculo beso negro no podía decirle que no. Entra más empujaba yo a regaña dientes agarraba la almohada hasta que morder la para no gritar y que escucharán los vecinos. No escuchaba muchos ruidos de el, solo sentía sus manos fuertemente agarradas a mi cintura y algún que otro gruñido de cuando tratas de levantar algo pesado y te cuesta.

    Una vez metida adentro sentí alivio y ahora le exigía que me diera con todo y que no terminará hasta que acabará, asique comenzó con embestidas más rápida, ahora siento que sus jadeos se vuelven más fuertes me repite:

    -«te gusta?? Ahh te gusta así? Mmm vas a querer más»???

    -«te voy a llenar todo el culo, hace rato querés esto.

    El resto no me acuerdo porque entre que yo me vine y el también, sentí toda esa esperma calentito que provoca enamorarse de el. Quedé exhausta, el se corrió y se echó a mi lado, acariciando mi espalda, me abraza y me lleva contra se pecho como quien cuando termina de hacer el amor o de tener sexo se acomodan en la clásica posición de parejas.

    Por último me beso en la boca y se fue al baño pero se detuvo en la puerta y me dice:

    «No vas a venir?» Con esa sonrisita pícara

    Yo lo miro confundida pero le devuelvo la sonrisa, obviamente me levante lo tome de la mano y nos duchamos juntos.

    Fin.

  • Trío: mi esposa, mi mejor amigo y yo

    Trío: mi esposa, mi mejor amigo y yo

    En nuestro primer relato les contamos algo de lo que fue nuestro primer trío, sin embargo, no fue como hasta ese momento yo creía porque mi esposa si se había sentido un poco incomoda y no complacida porque las erecciones de quién estuvo con nosotros no eran duraderas, tal vez porque era la primera vez, en fin esta no es la historia y ese capítulo se cerró.

    Somos colombianos, mi esposa tiene 22 años, una estatura de 1.64 m, carita muy tierna, pero una mirada demasiado coqueta, es de piernas gruesas, caderas pronunciadas y un culo despampanante, tiene una cinturita que hace ver su cuerpo aún más perfecto, sus tetas son de tamaño normal diría yo para su estatura y cuerpo, pero detras de esa ropa se esconden unas tetas blancas de una aureola perfecta, de un color tirando a rosadito y un pezon que cuando se para se hace notar muchísimo. Debajo de su ropita esconde unas nalgas tan grandes, redonditas que casi siempre estan tragandose las tanguitas que ella usa.

    Ahora sin más preámbulos vamos al relato de hace unos días cuando decidimos invitar a un amigo para tomar un aguardiente, en casa se encuentran de visita un hermano mío y mi padre, nos sentamos al rededor del comedor y teníamos muchos temas mientras nos tomabamos unos tantos tragos de aguardiente, mi amigo vive en la ciudad, pero su casa queda un poco retirada, por eso decidimos pedirle que mejor se quedará porque ya habíamos bebido un poco y podía ser peligroso manejar así, tenemos el cuarto de huéspedes ocupado, y no sé porqué no se nos ocurrió que durmiera en el sofá cama del la sala, le pedimos que entrara al cuarto y se acostara.

    Unos minutos después ingresamos con mi esposa y nos damos cuenta que no esta dormido, ella se dirige al baño del cuarto para poner su pijama, yo solo retiro mi pantalón y me recuesto en boxer, ella sale del baño y se acuesta en medio de los dos, siempre hemos molestado con qué él gusta de mi esposa, pero yo en serio si he notado como la mira con morbo sobre todo cuando vamos de fiesta, yo le digo que nosotros vamos a tener sexo porque es lo que queremos, que si el entro al cuarto se aguantaba y por debajo de la cobija (en la que solo estabamos mi esposa y yo) empiezo a tocar su vagina, el responde: «Ahhh no parce, no sean así», yo le respondo que si quiere tocar, a lo que pregunta con sorpresa, «¡en serio!», ni siquiera habíamos respondido con mi esposa y el ya estaba tocando la vagina de ella.

    Nuestras manos se cruzaban tocando ese chochito que poco a poco empezaba a lubricarse, mi esposa se gira y me dice: «¿seguro que quieres?», yo afirmo mientras me voy girando para bajar a chupar ese chochito que tiene ella, es perfecto sus dos labios superiores tienen un tamaño no muy abultado, pero tapan perfectamente sus labios inferiores que son de color muy rosadito, y ese clitoris que esconde en pliegues, su ph siempre es muy regulado por lo que su vagina no tiene mal olor, pero si un sabor que para mi es delicioso, empiezo a mamarle ese coñito y siento como empieza a escurrir, pero sorpresa cuando levanto mi cara y veo que él ya tiene su verga en la boca y ella esta mamando como una loca.

    Así transcurren unos minutos, no puedo aguantar y se la meto mientras ella sigue muy concentrada en la verga de mi amigo, yo no puedo creerlo y por un momento desvía su mirada con ese pecado, esa picardía encima, yo sin decir nada me quito de encima y me dice quiero que dejes que me la meta, yo le paso un condon, pero él a pesar de todo esta nervioso y apenado, no es capaz de ponerlo a lo que decido ayudarle, ya con el condon puesto le digo que se la meta mientras ella también lo pide, ahora miro su cara y veo como cambia y lo disfruta, se masajea mientras él entra en ella embistiendola una y otra vez, ella se dirige a mi verga y empieza a mamar, yo no resisto y me vengo sobre sus tetas, la limpio y dejo que siga mamando, mi pene se vuelve a poner un poco duro y volvemos a cambiar de posición, otra vez se concentra en la verga de el y la mama toda, se atraganta mientras yo le como el coño con mi boca.

    Le quita el condon y nos dice que quiere que se la meta, a él le chorreaba su verga y a ella le escurria ese chochito perfecto que se comida toda esa verga ahora sin condon, vuelvo a venirme esta vez sobre su abdomen, pero le digo a él que pare, digo: «parce dígame si no es el cochito más delicioso», me sonríe y afirma con su cabeza, le digo: «ahora va a conocer el mejor culo de su vida, mi amor ponte en 4», ella se gira y veo su cara de asombro al ver ese cuerpo, ese culo, esas nalgas y como se alcanza a ver ese chochito que se marca a través de esas dos nalgotas.

    Se vuelve loco y no es capaz de meterlo por ese coño que escurria, ella lo acomoda y el empieza a embestirla en 4 mientras le coge las nalgas, le da palmadas y se escapan gemidos de los dos, yo estoy otra vez con el pene muy erecto, después de unos minutos de darle en 4 vuelve a acostarse boca arriba y le pido que se la saque y que lo quiero ver chupandole el coño, que le mame esa cuquita, obedece y ella se enloquece mientras le chupa ese chochito que escurre sus fluidos y le mete los dedos, yo lo he intentado, pero nunca la había visto así, le pido que se quite parar correrme encima de su vagina y el en su abdomen.

    Nos tumbamos en la casa mientras ella voltea la cara se un lado a otro dandonos besos y diciendo que le gusto muchísimo, al día siguiente todos por su lado, pero cuando íbamos en el carro me dice que repetiría, así en 3 ocasiones me lo insinuó y a mi se me puso dura, le dije que si se la quería volver a chupar y me responde mirándome a la cara que si, que quiere que se la meta, que no me vaya a enojar, le digo listo y al día siguiente repetimos, han pasado dos días, pero la noto como ganosa, creo que quiere que él vuelva a metérsela, pero le apena contarmelo.

  • Diciembre 2004 (1): Verónica

    Diciembre 2004 (1): Verónica

    Montevideo, diciembre del 2004.  Llovía a mares en la ciudad, yo era supervisor de una cadena de supermercados. Tenía a cargo 30 personas en el turno de la noche. Me avisaron que había comenzado a trabajar una chica joven y casi sin experiencia, así que dentro de mi recorrido pensé en pasar por ese lugar primero.

    Llegué y desde dentro de mi auto solo veía por el borroso vidrio con agua una chica en la caja de anchas caderas. Solo se divisaba su silueta y esas anchas caderas. Quedé observando un rato ya no la lluvia era copiosa y no se detenía. Venía ella observaba por la puerta hacia fuera cuando no había clientes y yo solo me detuve la mirada en sus caderas y en ese hueco de luz que se veía entre sus piernas.

    Bajé del auto corrí hasta el alero del local, mi auto estaba identificado así que ella sabía quien era por lo que al verme bajar abrió la puerta.

    Fui levantado la vista del suelo hacia arriba y me detuve una vez más en sus grandes labios que marcaban unas licras muy ajustadas. Sus caderas eran anchas y su cintura que ya imaginaba mis dos manos podrían rodear sin dificultad. No tenía un gran busto, piel canela maquillada. Una sonrisa pícara me recibió seguida de un beso el cual dejó estirada mi mano que sorprendió mi cordial saludo.

    Era la chica la cual fantaseaba en ocasiones y la tenía ahí. No podía dejar de ver sus caderas, eran realmente anchas, además trataba de ver si se traslucía algo de sus licras y no alcancé a ver nada. Claramente se dio cuenta y cuál mirada pícara no oculto nada. Se comenzó agachar en mi dirección se sentaba de frente te a mi en el borde de la banqueta dejando al descubierto sus grandes labios entre sus piernas. No pude sacar la vista y caí en sus encantos.

    Pasado el tiempo traté de no pasar a supervisarla, era muy evidente y solo atendía sus consultas de llamada. Hasta que un día se cortó la luz en el local y me dijo tenía miedo de quedar sola ahí, era un barrio complicado y sentía ruidos. Tomé aire y me dirigí hacia el lugar. Pasé y nos fuimos a un costado alejado de la puerta donde daba la luz de una lámpara de emergencia bajo una escalera. Me sentí en el descanso de la misma y ella unos escalones más abajo.

    Me dijo por fin viniste, sonreí un poco sin emitir palabra. Solo se escuchaba el sonido del viento y no era cómodo. Se notaba a ella no le gustaba el silencio. Note que te gustó mi pantalón la vez pasada, o quizá me veías porque no puedo venir así vestida me pregunto. Trague saliva y le dije. Te quedaban muy bien y puedes venir así o cómoda como quieras. Se paró de golpe y me dijo te gusta como vine hoy? Llevaba una pollera larga que tapaba su rodilla, solo que al darse vuelta le había quedado parte de la pollera apretado en sus nalgas acortando el largo u descubriendo sus enormes glúteos. Pensé es una señal, el sonido exótico del viento, una joven de 19 años hermosa y la vista que regala. Reí y se dio cuenta, sacó el resto de la pollera y me dijo, no te asustaras al ver una nalga. Para nada respondí. Y se acercó gateando por las escaleras. Mi corazón latía a mil y no sentía erección en mi pene, eran los nervios, la incertidumbre, el lugar…

    Me dijo sabes que no suelo usar ropa interior, ¿tu si? Me pregunto. Y con el corazón a mil y respetando la señal le dije, te gustaría descubrirlo?

    Abrí mis piernas y metió su cabeza entre medio bajo mi cierre y se lo metió en la boca enseguida sentí el alivio de que se empezó parar dentro de su boca. La tomé por la cabeza y sentía sus arcadas pero sus manos no me alejaban, le tomé el pelo y fuertemente le metía más dentro de su boca. Hasta que le llene de semen el cual dejó desparramado por los escalones. La senté en el siguiente escalón y levanté su pollera era verdad no traía bragas una gran vagina de labios grandes estaba muy mojada, un clítoris enorme que no podía dejar de tocar. Saque de mi billetera un condonar mientras esta vez quería probar yo esa concha tan mojada. Lami desde su ombligo hasta ese enorme clítoris que parecía un micropene.

    Ya con el codón puesto la di vuelta en la escalera boca abajo y levante su pollera, sostuve con mis manos sus dos manos arriba y con la otra presione sus pezones que excitados salieron a darme la bienvenida. Dejé que mi pene se dirigiera solo sin ver ni mercándole un curso y muy apretado se introdujo dentro de ella. Pensé que apretado para tan grande concha, pero seguí embistiendo de forma muy violenta.

    Sus gemidos acompañaban los sentones hacia arriba que empujaban bien dentro suyo mi pene muy duro. Le acompañe en unos minutos con un fuerte soplido detrás de su nuca, deje todo el aire fuera. Sentí que llene el codón y lo saque. Me tomó la nuca y trajo mi cabeza encima de su hombro. Al apoyar mi mano en su espalda sentí como corría el agua por sus vértebras. Le dije eres una perrita muy puta. Y ella me contestó y tu muy rápido y sin vueltas.

    Pensé unos mitos a que se refería, y sin entender le dije… a que te refieres? Me dijo, entras por atrás en la primera cita, pero ves que bien que te acompaño. Quede mudo y sonreí dejando salir las últimas bocanadas de aire. En eso que le ayudo a levantarse y recomponerse en pie se enciende la luz. No podía creer el tamaño de esa concha hermosa y mojada que no pude penetrar. Le susurré al odio nos vemos para atender los pendientes si quieres. Y con un guiño y una sonrisa cerramos el trato.