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  • Humillada en la biblioteca de la Universidad

    Humillada en la biblioteca de la Universidad

    Hoy os traigo mi primer relato, en el que os contaré una de las múltiples aventuras que tuve con Sandra, una compañera de la universidad que disfrutaba de la sumisión y la humillación.

    Esta historia que traigo hoy sucedió un viernes por la noche cuando noté que se dirigía a la biblioteca de la universidad. Le seguí adentro sin alertarle de mi presencia. La biblioteca estaba prácticamente desierta, como era de esperar la noche de fin de semana. Le seguí a distancia mientras se dirigía hacia las grandes estanterías de la parte trasera. Cuando parecía que había llegado al pasillo que estaba buscando me dirigí hacia el yo también, comprobando si había más gente en aquella solitaria biblioteca. No había nadie.

    Sandra estaba de espaldas a mí cuando entre en su pasillo. Estaba vestida simplemente con un vestido de verano blanco y unas deportivas. Estaba absorta en la lectura de uno de los libros.

    Me apoyé contra una estantería y esperé a que ella sintiera mi presencia. No pasó mucho tiempo antes de que levantara la cara del libro y se girara lentamente hacia donde yo estaba esperando. Cuando me vio no aparentó estar sorprendida, simplemente cerró el libro que había estado mirando y lo devolvió a su lugar. Luego se agachó y abrió el bolso que estaba a sus pies. Se sacó las gafas y se las puso, luego se quedó mirándome, sin sonreír ni hablar. Esperando.

    Extendí la mano con la palma hacia arriba e hice un movimiento de elevación con los dedos. Miró a su alrededor rápidamente para asegurarse de que no había nadie cerca, luego se agachó, agarró el dobladillo de su vestido con ambas manos y lo levantó lentamente hasta que se empezaron a ver sus bragas, luego su estómago y finalmente su sujetador quedó al descubierto. Su ropa interior era blanca, con un patrón de pequeños detalles rojos. Continuó simplemente mirándome y esperando, obediente como siempre había sido.

    Después de un rato volví a extender la mano. Esta vez moví dos dedos hacia mí. Al principio, pensó que tenía la intención de que se acercara y comenzó a caminar hacia mí, pero levanté la palma de la mano, negué con la cabeza y ella se detuvo. Extendí la mano y tiré suavemente de la tela de su vestido. Se soltó el vestido y dejó que cayera al suelo. Tras esto se agacho y me lo entregó.

    Con el vestido en la mano me di la vuelta y empecé a alejarme. Se quedó sin aliento cuando vio que me iba, aparentemente pensando que la dejaría tirada en la biblioteca sin nada más que su sujetador y sus bragas. Pero ella no dijo nada. Para confirmar su impresión, regresé un par de pasillos hacia la entrada, me metí en uno y escondí su vestido en un estante vacío. Luego me acerque de nuevo por el otro lado para ver qué estaba haciendo.

    Simplemente estaba parada allí, con los brazos relajados, esperando. Pero tenía una expresión ansiosa en su rostro.

    Continué observándola durante varios minutos. Después de un rato caminó hasta el final del pasillo donde yo me había ido y con cuidado asomó la cabeza, buscándome. Hice un pequeño sonido de carraspeo y ella se dio la vuelta para mirarme con rapidez, aterrada por quien pudiera ser. Pero cuando vio que era yo, se relajó de nuevo y permaneció en silencio.

    Me acerqué a ella y comencé a acariciar sus pechos a través de su sostén. Levantó las manos y las puso detrás de su cabeza y cerró los ojos. Le di la vuelta y continué masajeando sus senos mientras presionaba mi erección entre sus nalgas.

    Lentamente me alejé de ella y con un simple gesto ella entendió que debía bajar sus brazos. Manteniendo la mirada hacia mí, comenzó a acariciarse y a deslizar una de sus manos al interior de sus bragas. Su boca se abrió lentamente mientras su mirada, sin dejar la mía, se volvió hacia adentro, perdida en la mezcla de placer y vergüenza que encontraba tan irresistible. Si alguien hubiera venido en ese momento y le hubiera sorprendido masturbándose frente a mí en sujetador y bragas, se habría sentido devastada, pero la posibilidad de que tal cosa sucediera obviamente le excitaba mucho.

    Decidí empeorar un poco la situación y dando un paso adelante, me arrodillé frente a ella y lentamente le bajé las bragas para que quedaran a mitad de sus muslos, dejando su coño expuesto. Mantuvo sus ojos en los míos y solo hizo un pequeño sonido, un gemido. Permanecí arrodillado por un rato, mirando su mano, ahora visible, deslizándose dentro y fuera con suavidad.

    Volví a ponerme en pie, aún muy cerca de ella, aun sosteniendo su mirada, mientras desabrochaba mis pantalones y sacaba mi polla, rodeándola con los dedos de su otra mano. Dejé que me acariciara por un rato mientras continuaba tocándose a sí misma.

    Puse mi mano sobre su cabeza y presioné suavemente hacia abajo. Inmediatamente cayó de rodillas, pensando que yo quería que empezara a usar su boca. En cambio, puse mi mano en su frente y no le permití acercarse. Confundida, soltó mi polla y se apoyó en sus manos, sin saber lo que era lo que yo quería. Empecé a empujarla hacia atrás hasta que ya no pudo mantener el equilibrio sobre sus manos y cayó sobre su espalda con un pequeño grito, sus piernas se desplegaron debajo de ella.

    Ella me miró desde el suelo, parpadeando detrás de sus gafas y respirando con dificultad. Abrí sus piernas con facilidad, luego me paré entre sus rodillas y comencé a masturbarme.

    Yo también estaba un poco nervioso, así que no traté de contenerme. Y de todos modos, la mezcla de terror y excitación en su rostro, combinada con su posición y estado de desnudez, fue más que suficiente para llevarme al orgasmo. Sandra parecía casi petrificada cuando derramé mi semen sobre ella: unas pocas gotas cayeron hasta la punta descubierta de su barbilla, algunas en su sostén y el resto en su estómago, además de un poco en coño.

    Volví a abrocharme los pantalones y me alejé. Sandra volvió a preguntarse si me estaba yendo, quizá aterrada ante la idea de que haría ella desnuda y llena de semen si yo me iba. Pero solo fui a buscar su vestido.

    La mirada de alivio en su rostro fue muy clara cuando vio que llevaba el vestido en mis manos. Le ayudé a ponerse de pie, parte del semen en su estómago corrió hacia coño mientras se ponía en pie. Se subió las bragas y luego me miró.

    Levanté sus brazos, y luego dejé caer el vestido sobre ella, vistiéndola de nuevo. Cuando el vestido estuvo listo, le di la vuelta y le subí la cremallera. Con mi mano presioné le vestido contra su abdomen y pecho. Inmediatamente comenzaron a aparecer manchas oscuras en la tela de su vestido, mostrando donde mi semen aún estaba húmedo sobre su piel.

    Extendí un dedo índice y limpié parte del semen de su barbilla. Sostuve mi dedo frente a ella para que pudiera verlo, luego lo puse contra sus labios. Inclinó un poco la cabeza para llevárselo a la boca y pude ver que estaba mirando las manchas de su vestido mientras me lamía el dedo.

    Y de repente comenzó a llegar al clímax, presionando ambas manos entre sus piernas e inclinándose como si tratara de no orinar. Sus gafas cayeron a la alfombra. Hizo un sonido, «Oooo. Oooo», una y otra vez, lo más bajo que pudo, y su expresión parecía casi de dolor cuando me miró.

    Cuando terminó y se enderezó de nuevo, cogí sus gafas y se las puse de nuevo. Luego levanté su vestido y pasé dos dedos entre sus piernas para recoger algo de la humedad de la entrepierna. Unté la humedad en sus labios.

    Entonces cogí su bolso y se lo entregué. Me puse tras ella y, poniendo mis manos sobre sus hombros, le empujé suavemente en dirección a la salida. Cogí el libro que había estado mirando del estante y le seguí.

    Sandra obviamente esperaba escabullirse sin ser observada, por lo que se quedó sin aliento cuando le agarré del hombro justo cuando pasaba por el mostrador de pago y dije en voz alta: «Sandra, no te olvides de sacar tu libro».

    Tuvo que darse la vuelta y hurgar en su bolso en busca de su tarjeta de la biblioteca bajo la mirada del bibliotecario. Parecía no notar sus labios brillantes, la pequeña gota blanca en su barbilla o las manchas en la parte delantera de su vestido, aunque estas últimas ya se habían secado un poco y no eran tan obvias como antes. Pero ella sabía que estaban allí y se sonrojó profundamente durante toda la transacción y continuó sonrojada todo el camino de regreso a su dormitorio.

    Cuando llegamos a su puerta, se giró hacia mí y me dijo con algo de enfado: «Alex, no quiero que nadie más sepa sobre…». Se detuvo y miró hacia abajo, sonrojada. «… sobre lo que hacemos».

    Puse una mano en su hombro y alisé su pelo con la otra mientras respondía: «Relájate. No notó nada». Empecé a masajear sus omóplatos, al mismo tiempo que desabrochaba sigilosamente su vestido en la parte superior mientras continuaba. «Solo agradece que te haya devuelto tu vestido antes de salir».

    Y con eso, rápidamente le desabroché el vestido y dejé que cayera al suelo alrededor de sus tobillos. Luego, antes de que pudiera reaccionar, la atraje hacia un beso apasionado, acariciando su trasero por un momento antes de soltarla.

    Con un grito ahogado, buscó frenéticamente en su bolso la llave de su habitación, abrió la puerta y entró corriendo.

    Espero que os haya gustado a todos mi primer relato y espero traeros más en los que mejore mi estilo lo máximo posible.

  • Volviendo a jugar. La noche en el spa

    Volviendo a jugar. La noche en el spa

    Una cena, un encuentro inesperado y una vulva bien abierta.

    Si leyeron la historia anterior, donde al llegar al spa mi esposa quiso probar el nuevo dildo y vaya si lo probó.

    Luego de comer algo, dormir un poco, tener alguna terapia de masajes, y relajarnos en la piscina, nos aprontábamos para ir a cenar y le propongo que lleve puesto en su vagina el huevo vibrador a control remoto.

    Me pregunta si de nuevo la iba a torturar igual que al mediodía pero la respuesta fue que era sólo para mantenerla alerta para lo que se venía a la noche. No tuve que insistir ella me solicitó que se lo colocara en posición, lo lubriqué bien y se lo coloqué bien dentro, todo lo dentro que pude, pero la vagina continuaba dilatada del mediodía y el huevo cayó al suelo, tuve que lavarlo, pero esta vez ya no lo lubriqué, esperé que se colocara la ropa interior y ahí se lo introduje, empujando con dos dedos hasta el fondo y cerrando rápidamente la panty para que hiciera de retén, agregamos una toallita allways para contener los líquidos.

    Ella se vistió con lo mejor que tenía, vestido largo negro que le marcaban muy bien las caderas, sin espalda y el frente entero que dejaba adivinar sus enormes pechos naturales. Me contó que el huevo vibrante no lo sentía dentro de su vagina, también me contó que durmiendo tuvo un sueño muy raro donde un hombre entraba al dormitorio cuando dormíamos y por ese motivo quiso cerrar bien la habitación con llave.

    La cena transcurrió sin sobresaltos, un par de platos livianos, un champagne, y cream brulee de postre completaron la cena, durante la misma un par de veces prendí y apagué el huevo produciéndole sendas descargas de adrenalina, hasta que ya saliendo del restaurante lo prendí definitivamente, caminábamos lentamente, ella con dificultad porque la vibración le producía espasmos y apretaba las piernas, la distancia a la habitación era larga y me pidió por favor que lo apagara porque si no iba a tener varios orgasmos en el camino. En una esquina del pasillo, con poca luz la abrazo y nos fundimos en un beso, largo, apasionado, la tomo por detrás y le acaricio las caderas y las piernas y ella me dice

    “aquí no”

    Y a allí le metí la mano por debajo del vestido y le saqué la ropa interior. Ahora estaba sin nada, su vulva tendría que apretarse al máximo para que al caminar no se cayera el huevo vibrador y hacer el ridículo si justo atinaba a pasar alguien. Salimos de las sombras y volvimos a caminar pero cerca ya de la habitación, meto la mano en mi bolsillo y prendo la vibración.

    Las vibraciones y el champagne hicieron efecto, ella comenzó a caminar raro y ya llegando a nuestra puerta en un momento se apoyó en la pared, apretó las piernas y tuvo un orgasmo, un minuto eterno, no terminaba más, ella me apretaba la mano muy fuerte. Tanta mala suerte que al terminar y recomponerse aflojó los músculos y cayó el huevo al suelo y rodó unos metros, ella atinó a agacharse a buscarlo y su vagina tan floja y dilatada emitió un pedo en el momento que pasaba por allí un chico que no pudo contener la sonrisa y se nos quedó mirando.

    Ambos quedamos helados, creemos que el chico no vio el huevo vibrando y sintió solo el pedo, intentamos abrir rápidamente la puerta pero la habitación era del chico que nos estaba mirando con sonrisa en la cara, la nuestra era la siguiente puerta. Pedimos disculpas, nos movimos un par de metros y esa si abrió.

    Al entrar no podíamos parar de reírnos, el huevo seguiría vibrando debajo de algún mueble de los que hay en el pasillo, su costo no valía la pena arriesgarse a que alguien preguntara que hacíamos corriendo un mueble, lo apagué y allí lo habrá encontrado alguien de limpieza.

    Ambos fuimos al baño, con una condición, no limpiar nuestros fluidos de nuestros genitales, difícil para mí orinar con un miembro erecto, y difícil para ella levantarse de orinar, sin limpiarse ni lavarse.

    Yo estaba cerrando las cortinas para dejar las luces prendidas como nos gusta, y salió del baño desnuda y sobre sus tacos, sus pechos redondos y los pezones parados, sus ojos delineados de nuevo con pintura, sus labios pintados de rojo se para con las piernas ligeramente abiertas y una gota de gel lubricante mezclada con sus fluidos chorreaba por el interior de sus muslos hasta ensuciar los tacos, entonces ella me dijo

    Mira lo que has hecho, me has convertido en tu puta, ahora te voy a chupar todo y me vas a follar como una puta todo el tiempo que yo quiera.

    Mi verga estaba que reventaba, me costó correr el prepucio para descubrir la cabeza que apareció morada de tanta presión y tamaño, me hizo sentar en una silla y comenzó a chupar y lamer lentamente, por momentos parecía que se la iba a meter toda dentro de la boca y hacerme una garganta profunda, pero el reflejo de arcada se lo impedía, hasta que no me pude contener más y brotó semen a borbotones de mi pene, ella se tragó hasta la última gota como hacía mucho no lo hacía, lamía desde el tronco hasta la cabeza en el momento que golpean la puerta.

    Me vestí como pude tratando de ocultar mi erección, mi glande aún chorreaba semen, abrí la puerta y era el chico de la habitación de al lado, con el huevo colgando del hilo, preguntaba si era nuestro ya que lo habían encontrado en el pasillo contra su puerta y recordó el momento que tuvimos cuando nos vimos. Agradecí, le ofrecí disculpas por la incomodidad y al dar por terminado el hecho, me lanza un comentario “si necesitan ayuda avísenme”.

    Al volver al dormitorio entro con una sonrisa y el huevo colgando del hilo, ella con vergüenza se tapaba la boca y cerraba los ojos me pregunta sobre que me había dicho el chico al final, y le repetí sus palabras.

    “Tú crees que necesitaras ayuda?”, preguntó ella

    “si tú quieres lo llamo” respondí, a lo que se opuso rotundamente.

    Ella con los labios despintados de rojo, los tacones al borde de la cama su pecho con alguna gota de semen secándose y olor, sí, mucho olor a sexo, me invita a continuar, como una puta invita a su cliente. Yo ya estaba flácido, pero su vagina quería más, en todo el día había tenido varios orgasmos pero desde el mediodía que no era penetrada por algo grande.

    Le pedí que se pusiera en posición perrito y abriera las piernas, su vulva estaba roja, grande dilatada, sus labios mayores oscuros estaban hinchados, había dejado de chorrear gel y entonces le agregué lubricación, primero le pasé el dispensador que estaba frío por su vulva, luego hecho un buen chorro, luego hice una leve presión y la penetré con el dispensador de lubricante y apreté, se sintió un ruido interior como un borbotón de gel inundaba su vagina. Para que no se perdiera ni un centímetro cubico te lubricante le bajé el pecho a nivel de la cama y que mantuviera su cola en alto y la penetré con el dildo, cada entrada del dildo brotaba gel por los bordes y me dijo que no aguantaba más que quería montarme.

    Con el dildo metido hasta el fondo chorreaba el lubricante excedente por sus piernas, agarré el huevo vibrador, lo limpié como pude con una toalla, lo encendí, a lo que ella se sorprendió porque no se imaginó que estaba en la cama, en ese momento me doy cuenta que el huevo había andado por el suelo y en manos extrañas, a lo que le dije a ella que aguarde un minuto que lo iba a lavar. Entonces en esa posición, le pedí que se sostuviera el dildo adentro que ya volvía del baño.

    El verla en posición perrito, con un dildo grande clavado en su vulva y ella sosteniéndolo para que no se salga me calentó mucho, le pedí que se mantuviera así y comencé a jugar con su zona anal, a lo que ella, con poca movilidad ya que estaba ocupada con no permitir que el dildo se saliera de lugar hizo algunos movimientos evasivos, la tranquilicé, logré meter un dedo y enseguida dos y los mantuve largo rato masajeando la zona y esperando que su esfínter se acostumbrara luego de largo tiempo de no practicar sexo anal. Con la otra mano mojé el huevo en gel que aún brotaba de su vulva cada vez que ella hacía una ligera presión en el tope del dildo y en un movimiento pude cambiar mis dos dedos por el huevo vibrador que quedó dentro de su ano, mucho lugar no había, ya que el dildo ocupaba un buen espacio de sus interiores pero allí quedó, con el cordón asomando por el fino agujero de su esfínter anal.

    Ella no sentía el huevo en sus interiores, y al prenderlo se sorprendió nuevamente, me preguntó donde lo tenía, quiso protestar pero las vibraciones del huevo y todo el dildo que tenía en su vagina pudieron más, me pidió que trabajara con el dildo y ella se dedicó a gozar de las tremendas sensaciones que nunca había tenido y se iba construyendo un nuevo orgasmo, hasta en un momento saco el dildo, hizo un sonido hueco como

    “flop”

    Y lo volví a meter todo, y lo volví a sacar y nueva mente el sonido

    “flop”

    Remplacé el dildo con mi pene, allí había lugar para dos de mis penes, se sentía rico porque el vibrador me transmitía las vibraciones a través de la fina pared que separa el ano de la vagina. El orgasmo que se iba edificando se cortó, me contó que sintió sensaciones encontradas, porque por un lado le gustaba que la penetrara y por otro no quería estar sin el dildo clavado que la llenaba.

    Programamos cambiar de posición, saqué mi pene que chorreaba jugos, apagué y saqué el huevo vibrador de su ano, pero me tomé mi tiempo haciéndola desear un poco. Volví a meter y sacar el dildo completamente dos o tres veces más, y le pedí que sujetara sus nalgas hacia arriba, el agujero que dejaba el dildo al salir era enorme, se veían todos sus interiores y se lo comenté, y a ella le gustó porque se sintió más puta aún.

    El final se acercaba, faltaba el último sprint, y me acosté boca arriba, era la posición que más le gustaba a ella, tener el control sobre el caballo y cabalgar a su ritmo.

    El dildo iba a ser la herramienta del placer, estaba a un costado aún caliente y empapado, el huevo vibrador al alcance de mi mano por si lo necesitaba, el lubricante también destapado en el borde de la cama, pero a ése seguro no lo íbamos a necesitar, nosotros en el centro de la cama King, ella montando la verga de su esposo pero con algunos movimientos se salía del gran agujero que ella tenía. Entonces remplacé mi pene con el dildo, entró en un solo movimiento todo hasta el final, incluso me pareció que el tope ya no lo sentía en mi pubis y solo sentía sus hinchados labios vaginales. Ella de a poco comenzó el movimiento de vaivén y estaba claro que este orgasmo no iba a ser fácil, al dildo le faltaba firmeza y a ella le sobraba espacio, mientras tanto mi pene se frotaba contra su ano cada vez que ella iba hacia adelante y atrás, en el momento que intenté ubicar la cabeza de mi pene en su ano ella no me dejó, y me dijo que ese momento era de ella, que no la interrumpiera.

    Continuaba con movimientos de vaivén, algunos momentos a toda velocidad y en otros momentos más suave, donde se retorcía, rotaba sus caderas apretaba y se clavaba el dildo todo lo que podía, yo agarré el huevo, lo encendí y se lo pasé por sus pezones primero, por sus labios de la boca después, ella lo lamió, se lo deslicé por la espalda hasta su ano y jugó allí breves instantes. Lo dejé a un costado prendido y en una rotación de cadera mi pene se desliza hacia su vulva, en tono de broma le pregunté si quería que llamara al vecino, y me dijo que me necesitaba a mi adentro, y como sus deseos son órdenes para mí, aprovechando la completa lubricación de nuestros cuerpos, la dilatación que ella tenía, hice una leve presión y mi pene se deslizó por el costado del dildo en su interior.

    Ella gimió, hasta gritó, pero le gustó, hizo presión hacia abajo y de clavó todo el dildo y mi pene hasta los huevos y comienzo a hablarle sucio

    “puta”

    “comilona”

    “te gusta ser jodida por dos pijas”

    “me gusta tu concha grande y caliente”

    Y entonces explotó, los movimientos se fueron enlenteciendo pero para mi sorpresa continuaron, me pidió que no salga de allí, ella sentía una lucha entre mi pene y el dildo por el protagonismo, el dildo la llenaba y mi pene agregaba volumen y presionaba, ella seguía con dos penes adentro y lo sabía, le gustaba, pero más le gustaba el morbo de ser penetrada por dos penes a la vez, el segundo orgasmo crecía, ella se retorcía, sus movimientos hicieron que mi pene estuviera listo a descargar una nueva oleada de semen, a llenarle sus interiores de blanco líquido, se mordía los labios y le puse la mano en la boca para que me mordiera a mí y no sus labios yo le mordía los pezones cuando exploté, inmediatamente sentí como el semen se chorreaba al exterior, porque en el interior de su vagina no había lugar para nada más, y mis movimientos espasmódicos fueron la gota que rebalsó el vaso para un nuevo y ultimo orgasmo y un grito ahogado fue lo último que escuché antes que quedara inmóvil y comenzara a desmoronarse sobre mí.

    La contuve, saqué mi pene y el dildo cayó de su vagina, era un descontrol de fluidos, semen y lubricante por todos lados, en la sabana, en la mesa de luz, el dildo inerte en la cama todo mojado y el huevo vibrador debajo de alguno de nosotros aún en su sorda monotonía haciendo vzzz, vzzz, vzzz.

    Traje un trapito húmedo y la limpié todo lo que pude, sus piernas, su abdomen, su vulva no quise ni tocarla, porque aún estaba con contracciones y espasmos, fue cayendo en un sueño y yo en el mío.

  • Lo que viví con Noli (3)

    Lo que viví con Noli (3)

    Luego de hacerle esa pregunta, ella responde nerviosa:  “no sé” mirando con sus ojos para el costado, como alejando su vista de la mía.  Ahora avergonzado le respondo: “¿segura que no sabés?”. Bueno, voy a probar yo insisto, y le clavo un pico, ella dura y sin decir una palabra. De nuevo, mi boca vuelve a impactar sobre la suya, pero ahora me quedo más tiempo, como buscando mas contacto, poco a poco ella abre su boca.

    Primero recuerdo muchas imágenes que pasaban una tras otra muy rápido, mi corazón se aceleró como si quisiera salir de mi cuerpo. Todavía no podía creer lo que estaba sucediendo, asumo que Noli también está sorprendida. Nuestras bocas finalmente estaban donde debían estar, juntas, conociéndose, recorriéndose, disfrutándose, buscando fundirse en movimientos sincronizados. Nuestras lenguas que no querían quedarse afuera de lo que estaba sucediendo, lograron abrazarse de tal manera como si no quisieran despegarse jamás.

    No recordaba hace cuánto tiempo hacía que todo mi cuerpo no experimentaba esta sensación, esa adrenalina corriendo por mi cuerpo, me tiene re caliente. De todos modos me estaba sintiendo raro, claramente sabía que no era correcto lo que estaba sucediendo, pero lo que me importaba era cómo me sentía, y claramente, no quería que este momento llegara a su fin. Perdí nuevamente la noción del tiempo y el espacio, apenas reaccioné cuando me di cuenta que comenzaba a llover. Primero resultó agradable, refrescante, como para bajar ese fuego que me estaba haciendo sentir Noli. Poco a poco la intensidad de la lluvia iba en aumento, parecía como si una gran tormenta estuviera por desatarse.

    Ella ver un techo donde cubrirnos del agua, nos dirigimos rápidamente, intentando evitar los charcos que ya se habían formado en la calle. Ahora ya no tan preocupado por el agua, la agarro de las caderas y nos miramos a los ojos. Ella sonríe y comenta que soy su protector, luego larga una carcajada y me abraza. No salgo de mi asombro, estaba logrando llevarme a un nivel que nunca pensé que pudiera llegar, me siento feliz.

    Realmente no quería estar en otro lugar, me siento como un adolescente en sus primeros encuentros a escondidas. No quiero dejar de disfrutar esto, pero ya era un diluvio y realmente parecía como si alguien estuviera enfurecido siendo testigo de todo eso que estábamos haciendo. Miro justo en diagonal y veo un lugar con luces de colores llamativos, parecía abierto como para refugiarnos hasta que frenara la tormenta. Sigo mirando y le comento a Noli “que pinta de telo tiene eso, ¿vamos?”. Ella se cagó de risa y me dice: “Claro, ¿por la lluvia no? Y para hacerme esos masajes que tan bien das” nos reímos un tanto cómplices y la vuelvo a abrazar.

  • Las travesuras de Pablito

    Las travesuras de Pablito

    Hola mi nombre es Gabriela, en estos relatos cuento los aprietos en los que me ha metido el sobrino de mi esposo. Junto a Raúl tenemos ya 15 años de casados, yo tengo 40 y el está próximo a cumplir los 50, no tenemos hijos por lo cual su sobrino Pablo ha sido como nuestro hijo ya que convivimos mucho con él desde pequeño, hace un año inicio la secundaria y con eso los enredos.

    Yo soy traductora y trabajo desde casa, es un trabajo que me permite manejar mis tiempos, me mantengo en forma ya que me da tiempo de ir al gym y mantenerme bien, siempre me han dicho que con los años he mejorado, tengo senos y pezones grandes, caderas anchas u un culito respingón, aunque no soy alta apenas mido 1.60, por su parte Raúl trabaja en una constructora y está prácticamente inmerso salimos y nos divertimos pero el aprovecha el mayor tiempo para descansar nuestra vida sexual es lenta diría yo jajaja e la mayor parte de las veces usos algún juguete para complementar.

    Dicho lo anterior comienzo con la primer aventura que me hizo vivir este muchacho, como casi todos los fines de semana o al menos dos al mes, la familia re Raúl se reúne en nuestra casa para comer los sábados y pasar el rato, nuestra casa es grande tiene un patio trasero amplio con una pequeña alberca, usualmente Pablito se quedaba todo el fin de semana ya que la secundaria donde estaba quedaba relativamente cerca de casa, ese fin lo vi muy nervioso y le comente a Raúl, lo llevo al estudio y platico con él, cuando salieron, me comento que estaba metido en un problema en la escuela y habían citado a su mama el lunes pero tenía miedo de decirlo así que le pidió que fuera el en su representación, ya el domingo en la noche me comento que iba a estar ocupado y si podría ir yo a ver qué pasaba, acepte y nos fuimos a dormir.

    A otro día temprano salió a la oficina ya que tenía reunión, yo aproveche para terminar una traducción, cuando acabe, la envía al cliente y me metí a bañar, para arreglarme e ir a la dichosa cita, después iría al gym por lo cual me puse unos leggings, color gris claro, una blusa pegada y tenis, me puse un conjunto de lencería nada fuera de lo común para mí, ya que toda mi lencería es de encaje y muy sexy, Salí rumbo a la escuela para ser puntual y no entretenerme mucho tiempo, llegando a la escuela entro y me encuentro a Pablito quien me dirige a la dirección y me indica con quien tengo que hablar, es el director un hombre alto, más bien delgado, feo pero tiene una personalidad que llama mi atención, espero en unas sillas que están afuera, son varios cubículos pero su oficina está al fondo, una persona se me acerca y me pregunta a quien busco a lo cual respondo que vengo a una cita en dirección, se va a la dirección sale y me comenta que en cinco minutos me reciben, me paro y voy a un espejo que está en la entrada, puedo ver por el espejo que salió el director y se aproxima dónde estoy, puedo ver que me mira fijamente, no me quita la mirada de encima, llegando se presenta me doy la vuelta y también me presento, lo confirmo tiene una personalidad muy fuerte aunque no es muy agraciado, nos dirigimos a su oficina y me siento, me ofrece agua y comenzamos la plática, y en esencia pablo rompió una ventana e hicieron algunos desperfectos en unas jardineras, por estar jugando en un lugar que no está permitido, es un hombre un tanto enigmático me mira fijamente y me excita es una sensación muy rara el sentirme así solo con su presencia, seguimos la plática y me pregunta si soy la mama de Pablito, le comento que ella no pudo venir por eso estoy yo aquí, comenta, a que bien Pablito me había dicho que venía su tío o entendí mal, no es que tuvo algunos problemas por eso vine yo, que bien que suerte que una mujer tan bella nos visite y al tiempo que lo decía se acercó y me tomo de la mano, mi cuerpo se estremeció y no pude articular palabra, bueno señora en cuanto estén los arreglos la contacto para pasar el importe, no pude más que levantarme y salir, me dirigí al gym pero mi mente seguía aturdida y no sabía porque, estuve más menos una hora y Salí para ir a comprar comida e ir a la casa, llegando fui a mi habitación y a la ducha tome un dildo que uso en la regadera y entre, comencé a tocarme con el agua cayendo por mi cuerpo, inmediatamente mis pezones se pusieron duros y mi concha ya estaba más que lubricada, cuando metí el dildo fue sin ningún problema no podía parar mi excitación era tal que poco fue el esfuerzo para llegar al clímax fue algo maravilloso, Salí de la ducha me puse ropa cómoda y fui a la cocina a prepa parar la cena. En la cena Raúl me pregunta que como me fue en la escuela, solo le comento que ya fui a dar el sí para los arreglos y no van a suspender a Pablo solo tengo que regresar para dar el visto bueno y pagar, a lo que me comenta que le avise para que me el dinero, terminamos de cenar y nos vamos a la habitación, el lee un libro y yo veo una serie pero no puedo sacarme de la mente al director y esa sensación.

    Pasan la semana y el fin de semana nos visita la familia y Pablito, le comenta a Raúl que el martes hay que ir a pagar le da el monto y regresan a la reunión, ya por la noche me comenta lo que le dijo Pablito y tengo la cita a las 5 pm, le cometo que es el da que voy con mis amigas y no creo poder me dice que él va a estar ocupado toda la semana y no va a poder incluso algunos días llegara tarde, le contesto que está bien yo asistiré me dice que me va a transferir lo que hay que pagar para que saque el dinero y lo lleve.

    El lunes paso como un día normal trabajo y no mas pero el martes al despertar me levante con nervios y estos se convertían en excitación mientras pasaba el tiempo y se acercaba el momento de asistir a la escuela, como al medio día entra un mensaje de una amiga recordándome que teníamos reunión en la noche la cita era a las 8, le confirme y seguí con mis tareas, llegadas las 4 de la tarde entre en la ducha y me di un buen baño el agua me relajo pero también pero no apago esa excitación y nervios, salí y al ponerme crema en el cuerpo el roce de mis manos fue como si prendieran la mecha mis pezones se pusieron duros y sentí como mi vagina se humedecía fui al vestidor y recordé que después iría a la reunión, siempre me gusta ir muy bien vestida, por aquello del ego entre amigas, tome una tanga que es de gasa color humo semi transparente unas medias negras que llegan al muslo y un bra de media copa de encaje al mismo tono que la tanga me puse unos zapatos de tacón alto y antes de elegir el vestido me mire al espejo, fue excitante me veía sexy, sensual, no pude evitar pasar mis manos por mis senos el roce con el encaje hizo que mis pezones se volvieran a poner duros, me dirigí a escoger el vestido, es un día caluroso y se me apetece algo ligero, tomo un vestido blanco con pequeñas flores rojas se abotona por el frente es un vestido que tenía tiempo no me ponía me queda un poco ceñido pero se ve espectacular, me miro una vez más al espejo y desabrocho algunos botones de abajo hasta arriba de la rodilla y el escote también pareciera que quisieran salir, me apresuro y salgo ya casi es hora de la cita en la escuela, llego y me estaciono en la puerta, veo que en el estacionamiento hay ya solo dos coches, toco y me abre un hombre nunca lo había visto paso y me dice que me están esperando en la dirección, ya se el camino, mientras me alejo puedo sentir como me come con la mirada, no me incomoda, sigo subo las escaleras y toco la puerta, me recibe el director, con solo su mirada, es como si un impuso eléctrico recorre mi cuerpo puedo sentir como la excitación se eleve se aproxima y me da un beso en la mejilla me sorprende y sin darme tiempo a reponerme, me toma por la cintura y me dirije a la puerta diciéndome que me va amostrar los arreglos, el roce de su mano hizo que mi cuerpo reaccionara y se estremeciera, creo él lo noto, bajamos las escaleras y cruzamos el patio ya nos espera el hombre que me abrió, mientras cruzamos puedo sentir como mi excitación ha hecho que mi vagina de moje siento la lubricación, llegamos y me muestran las ventanas nuevas y la jardinera ya reparada, el tipo que me recibió no me quita la mirada de encima, el director le da las gracias y lo despide me toma nuevamente de la cintura y me encamina de regreso, llegamos a la escalera y me adelanto a subir yo primero, subo y el movimiento de mis caderas es exagerado se que me ve y eso me excita de sobre manera llegamos a la dirección y me invita a sentarme en un sofá que está en la dirección, cierra la puerta y en la mesa están servidas un par de copas, me ofrece una, la tomo y brindamos comenzamos a platicar de cosas más personales, tiene una plática fluida y me atrapa, no siento que ya terminamos la copa y él toma los vasos y sirve nuevamente, comienza a hacer preguntas más personales y me cohíbe un poco pero no puedo parar y sigo la plática sin darme cuenta el vestido se desabrocho un botón más y se abrió se nota la liga de la media, me doy cuenta y la cubro, se sienta en una silla frente a mi y comienza un interrogatorio no puedo decir no es como si me hubiera hipnotizado, me pregunta que si estoy satisfecha con mi marido, hago un silencio tomo un trago largo y muevo la cabeza diciendo que no, me pide que me ponga de pie, es como si no pudiera decir que no, me excita el tono y el autoritarismo con que me habla a lo mejor es mi lado sumiso que ha descubierto, dejo la copa que ambos ya terminamos, siento que ayudo demasiado a relajarme me pide me acerque a el camino y me detengo a su lado, con su mano toma mi pierna y la sube hasta llegar a la liga de la media, se detiene y para entonces yo ya estoy que reviento ya no puedo más sostenerme, sigue y con sus dedos rosa mi conchita sobre la tanga y el solo roce hace que un suspiro salga de mi, me toma con las dos manos una en cada pierna sube hasta llegar a la tanga y la desliza suavemente hacia abajo me la quita y me pide que me retire y me quite el vestido, comienzo a desabotonarlo muy sensualmente, lo abro por completo y queda mi conchita perfectamente depilada sus ojos se saltan y se le nota un poco nervioso o más bien impaciente, me quito el vestido y luego el bra, estoy desnuda solo con las medias y los tacones delante de un verdadero extraño pero eso me excita me pone al 100 se para y me da un beso es muy caliente y apasionado mientras con sus manos recorren todo mi cuerpo cada punto que tocan me hace vibrar es como si una corriente eléctrica me recorriera y diera descargas en cada punto que toca, toma mis senos, mis pezones están durísimos y los chupa y mordisquea solo me hace gemir del placer que me lleva al sofá y me sienta, comienza a desabrochar el pantalón lo deja caer se quita la camisa en lo que yo bajo su bóxer, delante de mi un pene bastante bien dotado y no puedo más que tomarlo y llevarlo a mi boca, comienzo a darle pequeños besos y lengüetazos en el glande, lo recorro todo con mi lengua y tomo sus bolas en mi mano siento como reacciona como su excitación también está al 100 así sigo meto su pene en mi boca y el solo suspira pasados unos minutos se retira y se arrodilla frente a mí me recuesta y me comienza a besar desde las rodillas subiendo por la entre pierna hasta llegar a mí ya mojada vagina, me comienza a hacer sexo oral, alterna entre mis labios y mi clítoris eso me lleva a una excitación tal que tengo mi primer orgasmo, se incorpora, me toma por las piernas y me acerca a su pene, lo tomo y lo dirijo a la entrada de mi vagina, estoy tan mojada que solo con el impuso me penetra hasta el fondo, hummm que placer es algo que me pone más cachonda, comienza con un mete y saca rítmico y en momentos aumenta y cambia el ritmo yo solo hago la cabeza hacia atrás y me dejo ir solo siento y disfruto de cada momento, con sus grandes manos me toma por los senos y pellizca mis pezones, ese dolor solo hace que tenga mi segundo y delicioso orgasmo, me abraza y él se sienta y a mi sobre él, comienzo a cabalgar ahora soy yo quien tiene control, me muevo de adelante atrás, pequeños saltos y movimientos circulares, ver su cara de placer me da control y me hace gozar a un más, se incorpora un poco y comienza a comerme los senos, la sensación es deliciosa me hace enloquecer, asi seguimos, siento como su pene palpita dentro de mí, me bajo lo tomo en mi boca y solo al meterlo el estalla en una gran venida trago la mayoría y sigo chupándolo, el queda en el sofá yo me visto y salgo, subo al coche y arranco veo la hora y prefiero no ir a la reunión voy a casa y tomo un baño para esperar a Ruben.

    Esperemos a ver en que nuevos aprietos me mete este muchacho espero sean tan deliciosos como este.

  • Un affaire en Montevideo

    Un affaire en Montevideo

    Se acerca el camarero con el pedido que le hice. Estaba sola y había conseguido una mesa en un pub irlandés del barrio Pocitos, una de las mejores zonas de Montevideo, y además no estaba lejos del hotel donde me hospedaba.

    «Disculpa, ¿qué es esto? Yo te pedí un Campari»

    «Sí, esto es un Campari, es lo que vos me pediste.» me replicó el camarero.

    «Pero por lo que veo parece que tiene zumo de naranja, ¿qué es lo que tiene?»

    «Sí claro, tiene jugo de naranja. Lo servimos así.»

    «Ah, disculpa, debí aclarártelo: yo lo tomo puro, con hielo y nada más. Ok, OK, déjalo, no te preocupes, lo tomo igual. ¡Gracias!»

    El chico ofreció cambiármelo de la forma que yo lo tomo pero yo rechacé y agradecí el gesto, finalmente me quedé con el Campari con zumo de naranja. No es como me gusta a mí pero, tampoco era para hacer una tragedia.

    Pasaron algunos minutos, la gente conversaba en sus mesas, los camareros pasaban de un lado para otro con los pedidos de cervezas, cocktails, whiskys, y platos tipo tapas (en Uruguay le llaman picadas), también hay sandwiches, milanesas, me pareció ver miniaturas de pescado, etc. Yo estaba mirando el menú para pedir algo sólido. A media tarde había comido algo pero ahora estaba con hambre. El día había sido complicado en la empresa.

    «Te traigo un Campari puro, solo con hielo, como a vos te gusta.» era nuevamente el camarero.

    «No, no es necesario, yo estoy tomando el que me habías traído, está bueno igual. Dile al barman que le agradezco pero…»

    El camarero me interrumpió. «No es el barman el que lo ordenó sino el señor que está ahí.» Y me señaló con la cabeza un hombre sentado en una mesa a mi derecha pero un poco corrida hacia atrás, por lo que yo tenía que voltear la cabeza para poder verlo.

    «Muy amable, gracias caballero, valoro su cortesía.» dirigiéndome al señor que me había mandado el inesperadamente polémico «Campari puro».

    «Es un placer señorita. Es una obligación de todo uruguayo tratar cortésmente a los extranjeros. ¿Puedo saber de dónde eres?» Hablo bien el español pero no puedo evitar disimular mi acento alemán con mezcla de francés.

    «Soy alemana, pero vivo en Paris»

    «¿Estás de visita en Uruguay?»

    «No, estoy por razones de trabajo, vengo cada 3 o 4 meses a Buenos Aires, Santiago y Montevideo».

    «Mucho gusto y bienvenida al Uruguay, mi nombre es Daniel Imbert»

    «Del mismo modo un gusto, Esther Hoellenriegel. Imbert es un apellido bastante común en Francia.»

    «Bueno, sí, son descendiente de franceses, pero yo ya soy tercera o cuarta generación en Uruguay. Disculpá, ¿te molesta si me siento contigo?, así no tenemos que forzar la voz para hablar.»

    Le hice seña con la mano para que ocupe la silla que estaba a mi izquierda en mi mesa. Trajo consigo su whisky y extendió su mano hacia mí la cual estreché. «Sabés una cosa, yo fui al Colegio Alemán acá.» -me comentó.

    «Interessant! Ich wusste nicht, dass Sie hier eine deutsche Schule haben.» [¡interesante! No sabía que vosotros tenéis un colegio alemán acá.]

    «¡Ah! fui dos años nada más y francamente recuerdo poco de alemán. Yo era un niño, después mis padres me mandaron a otro colegio, también bilingüe, pero español-inglés. Francamente tenés un buen dominio del español, lo hablás muy bien, se te nota algo en las erres y en alguna ese.»

    «Hice un curso de español en el Instituto Cervantes y con mis viajes a América del Sur creo que me manejo lo suficientemente bien con el español, o como algunos gustáis llamar el castellano.»

    Me recomendó pedir un sandwich de jamón crudo y rúcula en pan de ciabatta. Seguí su consejo y realmente quedé conforme. El pidió lo mismo.

    «¿En qué trabajas Esther?»

    «En una empresa especializada en cosmética y productos de belleza con sede central en Paris.»

    «¡Opa! ¿Y vos que cargo tenés allí?»

    «Directeur Général de la Division Cosmétique Active. Y directeur du marketing commercial pour le Chili, l’Argentine et l’Uruguay.»

    «¡Wow! Estoy en compañía de una alta ejecutiva de una empresa internacional.»

    «No es para tanto, yo soy una más en la plantilla de la empresa. ¿Tú a qué te dedicas?»

    «Soy productor rural; planto arroz y crío ganado vacuno.»

    «Mmmm, Uruguay hizo un acuerdo con Turquía para vender carne vacuna. Perdisteis el mercado ruso.»

    «Por lo que veo no solamente sabés de cosméticos y productos de belleza. Dominas los mercados de commodities en general. ¿Estás casada?»

    «Sí, y tú?

    «Divorciado. Y dime, ¿tu esposo vive contigo?»

    «Claro, vivimos en París. Él no viaja mucho pero yo sí, ya te dije que cada dos, tres o cuatro meses vengo a Chile, Argentina y Uruguay.»

    «Si yo fuera tu esposo no te dejaría salir al exterior sola.»

    Aunque suponía cuál era la respuesta, igual pregunté: «¿Por qué?»

    «Sos demasiado bonita para dejarte sola. Elegante, con una personalidad clara.»

    «Gracias, pero en un matrimonio tiene que haber confianza…»

    «¿Tienen hijos?»

    «Sí, un chico de 17 años y una hija de 13 años. Los cuatro somos alemanes pero tanto Michael como Selina aprendieron a hablar en Francia. Selina aprendió a decir «mamá» en francés. En los partidos de fútbol de la selección francesa contra Alemania gritan los goles de Mbappé o de Griezmann. Y si Alemania hace un gol por medio de Thomas Müller protestan porque algún defensa francés no lo marcó bien. ¡Traidores a la patria! Ja ja» A la vez le mostraba de mi celular algunas fotos de mis hijos, mi esposo y yo.

    «¡Ja ja ja! Se afrancesaron, y a vos y a tu marido eso no les debe de gustar.»

    «No hago cuestión, Rainer, mi marido, discute un poco con Michael, pero sobre fútbol nada más. Son muy buenos estudiantes.»

    La conversación transcurrió cordialmente; hablamos de varios temas hasta que terminamos de comer y beber y él muy caballerosamente se ofreció a pagar la consumición.

    «¿Te gustaría caminar por la rambla?» me preguntó.

    «¿Ahora?»

    «Claro. La rambla está estupenda para caminar. Hoy es una noche muy calma, no hace frío. ¿Qué decís?»

    «Bueno, pero después me acompañas al hotel, ¿sí?»

    «¿Dónde te hospedas?»

    «Aquí cerca, en un hotel frente a ese lugar que vosotros llamáis Kibon, Quimbom, o algo parecido.»

    «Ja ja ja. Kibon. Ya sé a qué hotel te referís. Claro que te traigo.»

    Lo que los uruguayos llaman «rambla» no es nada parecido a las ramblas de Barcelona. Se asemeja más al Malecón de La Habana o la Promenade Des Anglais en Nice. Es una avenida que bordea el mar con una extensión continua de alrededor de 30 km. En toda su extensión pasa por barrios de buen nivel social. Posee una vereda (acera) ancha por la cual se desplazan personas, bicicletas. Realmente un lugar muy disfrutable. Ideal para caminar despreocupadamente sobre todo en una noche como aquella.

    Así que dejamos el pub nos dirigimos a la rambla. Una vez allí nos caminamos por ella algunas manzanas hacia el Centro.

    «¿Estás de medias?» me pregunta.

    «No, aunque todavía no llegó el verano la temperatura está muy agradable. No me puse medias. ¿A qué se debe esa pregunta?» Pensé que si seguimos así me iría a preguntar si llevaba ropa interior. Es más que obvio que en poco rato este tipo me estaría follando, lo tengo asumido desde el momento en que ordenó que me llevaran el Campari.

    «Porque si no tenés medias, te sacás los zapatos, y caminamos por la arena, con esos tacones que llevás es imposible caminar en la arena.» me aclaró.

    Estuve de acuerdo, me quité los zapatos, bajamos por una de las escaleras y empezamos a caminar por la arena. Las olas rompían a escasos metros de nosotros.

    «¿Cómo es tu relación con tu esposo?»

    «Perfecta. Nos entendemos muy bien, en la educación de nuestros hijos, en las cosas de la casa, salvo en la política, el es del Christlich Demokratische Union Deutschlands (de centro derecha), y yo estoy con el Sozialdemokratische Partei Deutschlands (socialistas). Pero toleramos nuestras opiniones políticas y no nos peleamos por esos asuntos.»

    «¿Y en la cama, se entienden bien?»

    «Ja ja ja. Claro que sí. Muuuy bien.»

    «¿Te satisface plenamente?» -me preguntó.

    «200 %, es un excelente amante.» -respondí.

    «¿Le sos fiel?»

    Me tomé un rato en responder, sabía que esa pregunta aparecería de un momento a otro. «En Francia le soy absolutamente fiel.»

    «¡Caramba! Esa es una respuesta inusitada e intrigante. ¿Y cuándo estás fuera de Francia?»

    «No es lo mismo estar sola en tu casa que estar sola en una habitación de un hotel. ¿Se entiende?»

    «Perfectamente, te entendí. ¿Practican sexo oral?»

    «¡Eeehhh! ¡Vas muy lejos en tus preguntas!… ¿Acaso no es lo que más placer le produce a los hombres?»

    «Por supuesto, y estoy seguro que vos le hacés las cosas fáciles a los hombres…»

    «No entendí» Sí, había entendido, pero me gustaba el juego en el que habíamos ingresado.

    «Bueno, Frau Esther, una mujer tan bonita, yo diría que perfecta como vos, con esas hermosas piernas, elegante, un cuerpo magnífico, a través de la ropa es notorio que tenés unos senos espectaculares, le levantás el espíritu a cualquier hombre.»

    Me reí. Me causó gracia la analogía de «levantás el espíritu». «No estás en condiciones de saber si mis senos son espectaculares. Tú te los imaginas.» -le di pie para que de un paso importante para dentro de un rato culminar con nuestros cuerpos desnudos en una cama.

    «No mi querida Esther. No me los imagino, los percibo a través de tu ropa. Esa blusa que traes facilita la imaginación…»

    «Bueno, quizás la blusa sea un poco holgada y la tela de seda ayude a la imaginación…»

    Lo miré con una sonrisa, y él pasó su brazo derecho por mi hombro. Adopté una actitud complaciente, incluso apoyé mi cabeza sobre su hombro, éramos casi de la misma altura. Con su mano izquierda me tomó del mentón, nuestros labios se acercaron y honestamente no puedo decir quien fue el primero que introdujo la lengua en la boca del otro. Ya a esa altura me empezó a correr un escalofrío que iba desde mi nuca hasta mi entrepierna. De inmediato la misma mano que me había tomado del mentón se dirigió hacia mi seno izquierdo. La sensación fue sublime. Yo lo tomé de la nuca con una mano; en la otra mano tenía mis zapatos con aquellos tacones que no podía soltar, si lo hacía segura que me olvidaba de ellos.

    Como dijo Julio César «Alea iacta est» (La suerte está echada). Mi única duda era saber adónde me iba llevar para follarme como las circunstancias lo indicaban.

    «Quisiera que pasemos la noche juntos. ¿Qué decís?» propuso. Me reí por dentro recordando la primera vez que un uruguayo me invitó a salir. En aquella oportunidad me dijo si aceptaba cenar con él y después «hacíamos algo».

    «¿Tú qué propones?» le pregunté.

    «Podemos ir a mi casa o a tu hotel. El único problema de mi casa es que mi madre vive conmigo. Por supuesto que no va a hacer ningún tipo de problema ni se va a meter en nada, pero quizás vos te sientas inhibida.»

    «Entiendo», respondí. «Entonces, ya que estamos a cerca de 200 m del hotel. Te invito a que conozcas mi habitación.»

    «¿Me permitirán entrar?»

    «Monsieur Imbert, ¿tú no conoces aquellos versos de Quevedo: «Poderoso caballero es don Dinero»?»

    «¡Caramba! Hermosa, inteligente y con conocimientos hasta de literatura española.»

    «Ja ja ja» -respondí, y nos encaminamos hacia mi hotel. Al llegar pasé por conserjería. «Buenas noches, le quería pedir autorización para que el señor (señalando a Daniel) suba conmigo a mi habitación.»

    «Señora Hoellenriegel, por reglamento el hotel dispone que las visitas se reciben en el lobby, en el restaurante o en alguno de los bares que posee el hotel.» -me dijo el conserje.

    Moví la cabeza a un lado y lo miré como dando a entender: «¿te parece que esos son lugares son adecuados para desnudarse y follar toda la noche?»

    Ni tonto ni perezoso el conserje entendió el significado de mi mirada y mi gesto con la cabeza. «Eh, señora, en ese caso el hotel le cobraría un suplemento, ¿me entiende?»

    «Me parece perfecto. Vale. Es lo que corresponde. Va por mi cuenta.» mientras le decía esto sacaba de mi bolso una de las tarjetas de crédito, pero el conserje, me cortó.

    «No, no, no, no es necesario ahora, señora. Por favor, el señor puede pasar. Después arreglamos. Que tengan una buena noche.» -me dijo.

    En el ascensor Daniel me abrazó: «Sabés manejar a la gente, con una mirada sutil lo resolviste en escasos segundos.»

    «¿Tú crees que me va a cobrar un plus por dejarte pasar? Cuando yo haga el check-out se va a hacer el tonto, el boludo como decís vosotros, «Esteee, lo del señor que subió con usted el otro día no se lo incluyo; cortesía del hotel». ¡Mentira! Puro teatro para que yo le deje una buena propina.»

    Entramos a mi habitación. 5° piso, con una excelente vista hacia la playa Pocitos. Me saco la chaqueta abotonada y la dejo sobre una silla. «Puedes sacarte esa chaqueta, o campera como la llamáis aquí. Déjala ahí.»

    Con asombrosa rapidez nuestras bocas se funden en un beso apasionado mientras nuestras manos recorren el cuerpo del otro. Siento su miembro erecto a través de la ropa. Él está muy interesado en mis senos. Pero en seguida me aparto. «¿Te parece bien si apago la luz. Por la ventana entran las luces de la ciudad?» le pregunto.

    «Sí, está bien, de acuerdo» responde.

    Camino hacia la ventana bajo las sombras de la habitación. Sé que se acercará y me tomará por mi espalda. Estoy húmeda por la angustia y la demora de sus intenciones por desnudarme. Llevo una blusa amplia, y una pollera apenas por encima de la rodilla. Ya me quité el calzado. Las luces que entran por la ventana hacen brillar mi anillo de casada.

    Sus manos van a mis caderas y acerca su cuerpo al mío. Siento su pene rígido que lo acomoda entre mis muslos. Sus brazos rodean totalmente mi cintura. Sus manos suben hasta mis tetas y allí se detienen acariciándolas a través de mi ropa. Inclino mi cabeza hacia atrás, queda apoyada en su hombro y emito un gemido.

    Me da vuelta y va directamente a mis labios. Sus manos se agarran de mi rostro y las mías de su cintura. Pasión y frenesí en un beso infinito. Muerdo sus labios. Ambos buscamos la posición perfecta para disfrutar lo máximo de la boca del otro. Ambos besamos con pasión llenos de lujuria.

    Me empuja contra la pared sin despegarse de mi. Sus manos ya no me acarician, ahora sostienen mis muñecas contra la pared. Nuestros cuerpos ensayan un compás de integración. Mis gemidos se van haciendo más cómplices cada vez. La habitación sigue en silencio total. Solo chasquidos de nuestras bocas interrumpen la sala. La lujuria se refleja sus ojos. Amarrados por el deseo nos quedamos inmóviles unos segundos solo para hablarnos con la mirada.

    Las ropas pesan y ya estoy húmeda después de semejantes besos. Nos acercamos a la cama. La oscuridad reina en la habitación, pero las luces que entran de afuera nos permite movemos sin problema. Se queda detrás de mi aún vestido. Me deja en esa posición unos segundos sin moverse ni decir nada, hasta que sus manos rebuscan en mi ropa con una intención de despojo.

    Me ayuda a deshacerme de mis prendas. Me saca por arriba mi blusa, me siento más libre y cómoda y la lanza hacia donde estaba mi chaqueta. Sus dedos agarran mi sujetador desde atrás y me lo empuja para arriba como queriendo desenfundarme. No es la forma correcta de quitarlo pero de todas formas permite que mis pechos ahora estén libres.

    Estar desnuda de la cintura para arriba y dándole la espalda solo merece una cosa: suavemente aparta mi cabello a un lado y sin titubeo se pega a mí para acariciarme el vientre y agarrar mis pechos.

    Su cara se clava en mi cuello como si quisiera besarme pero solo se queda dando suaves mordisco desde la nuca a los hombros. Sus manos recorren mi cuerpo hasta que enfocan su atención en mis pezones. Solo hace falta poco rato para que su ropa siga el mismo camino que la mía.

    Sus manos se asoman a la fosa en mi vientre y sin demasiada urgencia acarician el pubis como un acto de curiosidad, solo para retroceder y con determinación desabrochar mi falda.

    Se encuentras en una posición privilegiada. Justo donde mis glúteos acaparan tu rango de visión y lo someten en un encanto visual al alcanzar rebajar mi falda hasta alcanzar las rodillas, que finalmente alcanza a quitármela. La arroja también a donde ya estaban mis chaqueta y blusa. Se queda admirándome casi toda desnuda. No me incomoda. Me quedo cautiva, presa y debilitada por las ganas de estar él.

    Acaricia mis muslos como invitando a mi tanga a abandonar mi cuerpo. Y me baja la tanga para que caiga al suelo. Me pide de forma educada aunque un poco imperativamente; «Poné tus manos en la pared y abrí un poco tus piernas por favor.» Lo que me sorprende y me desencaja pero obedezco en silencio. Acaricia mi rostro suavemente como señal de agradecimiento. Los gestos a veces pueden expresar más que las palabras.

    Estruja mis hombros como masajes. Siento como se empieza a extender por mi espalda, que se arquea suavemente e irremediablemente mis caderas se empinan delante de él. Mi cara colapsa con la pared, pechos y manos igual. Acaricia cada una de mis nalgas. Sus dedos me estrujan los labios vaginales para seguir con mis muslos.

    Susurra: «Date vuelta.» Frente a frente, su mirada inspeccionado mi figura. Es la primera vez que ve mi pecho desnudo. Mis pezones lo invitan a comerme entera. A lo que reacciona agarrándome la cara con las manos para acercarse hasta mis labios. Veo una mirada profunda y animal en sus ojos. Lleno de deseo por mi, me come la boca como si fuera a un delicioso manjar chupando, mordiendo y besando mis labios.

    Se separa de mi. La luz es tenue pero puedo disfrutar de la silueta de sus hombros, su piel, sus delicados glúteos. Exclamó: «¡arrodillate!» Con voz suave y algo de autoridad. Lo que obedezco con dulzura y sin saber lo que viene.

    Aún lleva puesta la ropa de abajo y una vez que estoy arrodillada me deja a la espera mientras se quita la ropa que le queda. Solo unos me separan de su pene colgado y paciente en la desnudez. La tenue luz acompaña la escena dando un ambiente teatral y poético que a ambos nos inspira y emociona. Lo veo dar la vuelta y quedar de espaldas a mi y hace algo que no entiendo.

    Llego a su pene. Acaricio su ingle, sus testículos y su pene que rápidamente gana firmeza. Das pasos lentos y seguros conmigo en brazos y me dirige hacia la cama que nos espera con sábanas limpias y recién puestas. Sus manos me sostienen temblorosa por saber lo que nos espera. Mis brazos en su cuello le permite dejarme resbalar por su cuerpo hasta dejarme de pie frente a la enorme cama que para él es ajena.

    Sus manos se separan de mí al final y sus ojos disfrutan del contraste de mi cuerpo frente a un paisaje inapropiado para una mujer casada. El silencio nos rodea, pero por dentro, las voces me piden que me folle. Me atormenta la indecisión sobre el futuro de nuestros cuerpos.

    Finalmente sus manos se posan en mi espalda justo detrás de mis senos, su cuerpo se pega al mío y anida los labios en mi cuello. Rápidamente noto el calor que se aloja entre mis nalgas, acompañado del sentir de los muslos y el tórax que escoltan a un indecente pene que se endurece rápidamente al sentir las fronteras entre mis glúteos. Arqueo la espalda para provocar el roce contra él y al sentirme empinada no puede hacer más que sujetarme de las caderas y con mucho cuidado me acomoda enfundando su pene entre mis nalgas.

    Los movimientos leves de mis caderas provocan deseo y pasión que se imprimen directamente en lo erguido y duro de su pene, que contengo entre las nalgas. Siento ocasionales espasmos del glande que me dejan en claro lo que está preparado. Susurro casi en un gemido: «¿qué quieres de mi? Pídemelo.» Reclamo aunque es muy raro que yo hable cuando hago el amor.

    Me siento servil y dispuesta a dejarme hacer sin objeciones. Con un hilo de voz me señala: «parate sobre la cama y subí los brazos hacia arriba y quédate de espalda.» Mi mirada le deja claro que obedeceré pero no sé que trama. Aun así, cumplo no sin darle un beso en los labios. Él hace lo propio y se aleja de mi al subir a aquella cama. Siento como pone música. La melodía de un saxofón a un ritmo de compases claros y no demasiado lentos. Mis brazos se elevan con la música y sin decirme nada mi cuerpo empieza a balancearse de lado a lado liderado por mis caderas como si de una ofrenda se tratara.

    «Qué bien lo hacés, no te detengas.» Exclamó. Siento que se pega a mí pero sin tocarme desde atrás. Bailo con discreción y sensualidad. Hasta que me desorienta un soplo de brisa cálida en las caderas, que me sorprende y me hace mirar lo que pasa. Su boca sopla sobre mi desapareciendo en la humedad. Mis pechos brincan juguetones y mis muslos se contorneasen y me derrito. El baile me lleva a ofrecer mis nalgas, el aire caliente de su boca se mete entre mis piernas y alcanza mi vagina. Saborea la delicia de mi piel.

    Cerré los ojos pero sin dejar de bailar, notó mi pelo largo casi en las nalgas cuando él me las separa con las manos y me deja clavado un beso que no se me borrará jamás. Levanto una pierna para dejarle lugar. Él aprovecha para besarme y morderme los pliegues como si me dibujara a besos. Sus manos están sobre mis muslos y me acarician firmes y con aplomo.

    Olor de hombre que despierta mi sentido más animal y me sujeta las nalgas para poder ver mi sexo abundante de ganas. «Bajate Esther. Dejame verte bien.» Dice al retirarse mientras se asegura de no perder ningún movimiento.

    Mi mirada lujuriosa le confirma lo que quiero, por lo que se apodera de aquel lugar y adopto una postura lasciva y desenfadada dejando mi cara sobre aquella sábana. Solo me apoyo en ella y mis dos rodillas dejándole ver claramente donde deseo que ponga su lengua.

    Sin pensarlo más saborea los surcos de mis labios vaginales, mi estado le provoca ansias y delirios de poder a la vez que sus oídos se deleitan con un suave quejido largo y placentero que le indica que lo está haciendo muy bien. Mi vagina le pone la boca aguada. Mantengo mi postura abierta y ofrecida para que se sirva de mí sin miedos ni temores. Continúa lamiendo desde dónde el vello crece, pasando por los surcos de un sexo dominado por las ganas.

    Solo unas pocas veces hicieron falta para exprimirme jugos adornados de gemidos y chillidos ahogados en la cama. Sus manos acarician mis piernas que se mantienen abiertas delante de él. Escucha mis gemidos al tiempo que escarba con su lengua mi vagina.

    Estira la mano e introduce sus dedos índice y mayor dentro de mi boca. Me vuelve loca y los chupo con esmero. Inmediatamente me voltea con rapidez y decidida y sin dudar demasiado voy por su pene endurecido. Sujeta mi cabello y me acomoda desde la nuca para sostenerme y me encuentro sujeta. Solo puedo abrir la boca y sacar un poco mi lengua para dejarle paso a su glande enrojecido de ganas y palpitante de placer.

    Me llevo el pene a la boca y lo trago entero de un solo movimiento, lo cual le revuelve el morbo que siente por mí. Los ruidos no se hacen esperar al llegarme todo el pene a la vez que él me aprieta desde la nuca para que yo pueda oler su vientre y sentir mi cara contra él.

    Las arcadas aparecen y me libera para normalizar mi respiración. Continúo pero con cada arcada le succiono el pene desde lo más profundo y me doy cuenta que eso le da mucho placer. Al sacarlo cede con su mano detrás de mí aunque no suelta mi cabellera. Me restriega su pene por la cara. Siento el calor de su miembro en todo mi rostro y su olor me excita todos mis sentidos.

    Repetimos esa escena de sumisión donde me consume enteramente con una pose sensual mientras usa mi cara como si fueran mis caderas y me penetra en la boca como si se tratara de mi vagina.

    Saca su pene de mi boca y me besa. Siento mi sabor mezclado con el suyo y me excito. Me come mis labios con desespero mientras me lleva jalada del pelo hasta ponerme de espaldas en la cama. Se acuesta sobre mí y sin problemas mete su pene en mí. Sin preámbulos, sin preparatorios. Mi vagina se estrecha con el pasar de su pene que me calienta las entrañas y me arranca gemidos. Gemidos que me elevan y me consumen la cordura.

    Nos ponemos ladeados en la cama, abro las piernas como puedo para dejarle entrar y sus manos ahora me sujetan del cuello y los hombros. Me mantienen quieta mientras empuja contra mí para arriba. Nos acomodarnos mejor y mi vagina recibe a su pene en lo más profundo y con cada hincada siento el glande en el útero. Mis gemidos son bestiales.

    Me susurra al oído: «¿Sos mía? Te siento solo mía. No lo podrás negar jamás… gringa puta… fina, hermosa y elegante, pero reputa. La mina más reputa que he conocido.»

    Lo escucho sin responder. Me aplasta el clítoris y noto como los huesos de la pelvis son los que nos impiden que no me pueda atravesar más… Me aferro a él y me obliga a tener un orgasmo producto del roce y las caricias. Lo humedezco tanto que no me cabe la menor duda de que me chorreo para él. Pero aún no se ha corrido.

    Me sujeta del cuello y me guía para quedar acostada en la cama boca arriba, mi cabeza queda en el abismo de la cama y cuelga para tener una imagen al revés de sus piernas acercándose a mí. Veo todo como si el piso fuera el techo. Sé perfectamente lo que va a pasar y su cara de vicio no oculta las intenciones de buscar placer en mi boca. Estoy lista para aceptarlo sin condiciones.

    Acomoda mi cabello que llega al suelo. Pone en posición mi cara en el borde de la cama y ofrece su glande endurecido por los actos anteriores a lo que respondo abriendo mi boca y darle cabida en mí sin oposición. Su pene va desapareciendo poco a poco al mezclarse con lo húmedo de mi boca. Sostiene mi cabeza como si se tratara de mis caderas. Su pelvis sabe lo que hace y se balancea frente a mi rostro que acepta las embestidas fuertes, cediendo ante la dificultad de mi posición.

    Me deja tomar aire periódicamente y poder seguir en su juego. (En este caso estar con la cabeza hacia abajo y el hombre parado en sentido inverso se hace difícil mantener el falo adentro de la boca.)

    Después de algunos intentos logro recibirle muy adentro de mi garganta y complazco su morbo. Me produce espasmos en el cuerpo como arcadas pero nota que estoy decidida a complacerlo sin pedir nada a cambio. Mis manos se posan en sus muslos sujetándolo para seguir recibiéndole. Me sujeta cada mano con las suyas, las lleva a sus nalgas y me acota:

    «Guíame vos con tus manos Esther.» Me llena de sorpresa y morbo, al ver que sus caderas obedecen a los impulsos de mis manos, llenándome la boca a voluntad. Es morboso sentir como lleno la boca con su ímpetu y vicio, tal y como él quisiera, pero soy yo quien lo guía. Me abre las piernas para poder acariciarme por adentro y eventualmente frotarme los labios vaginales.

    Sacó su pene de mi boca. Respiro. Siento lo que sucede en mis partes bajas. El pene queda a un costado de mi rostro mientras jadeo. Sus dedos se cuelan entre mis pliegues. Lo dejo involucrar ambas manos para separar los labios vaginales y frotar mi clítoris. La escena se torna morbosa por el simple hecho de que él puede hacer lo que quiera con mi cuerpo y aun así lo disfruto como si hiciera lo que quiero. No pongo reparo en cumplir sus fantasías.

    Disfrutar de su toque, que me hacer volver a humedecer rápidamente. Se pone pie y me extiende la mano invitándome a pararme junto a él y me hace caer entre sus brazos solo para devorarme la boca con vicio y pasión. Me toma con ambas manos y alcanzo a comprender sus intenciones cuando mis pies se despegan del suelo y me uno a sus deseos rodeándole con mis piernas.

    La imagen es tremendamente excitante, al subirme a su torso, trepándome sobre él y escalando mi placer al notar las intermitentes caricias de su pene es mi parte más baja y expuesta. Sus brazos debajo de mis muslos y sus nalgas aferradas a mí. Las luces están apagadas y las sombras dan un sabor a secreto y escondido al instante en que alcanzo a tantear su órgano abriéndose paso dentro de mí.

    Me aferro a su cuello y mis caderas se acomodan para rodearle la cintura. Me siento empalada y contenta sobre él que busca llegar cada vez más adentro.

    «Quiero que me lo des todo Esther. Aquí y ahora.»

    Sus palabras taladraron mi ego y le dejé claro que cumpliré su deseo haciendo que mi vagina y su pelvis se froten. Sus manos apoyan mis faenas empujándome y soportando el peso de mi pasión volcarse sobre su pelvis.

    Mi corazón se acelera. Mi cuerpo ya no admite que él llegue más a fondo en mí. Ahora solo existe la ansiedad de explotar. Ambos decidimos acabar lo que hemos empezado. Me cuelgo de su cuello empiezo a tener un delicioso orgasmo entre sus brazos y por su parte suelta sus instintos y eyacula en mis entrañas en medio de gemidos y meneos lascivos.

    Dos días después, cerca de las 11 de la mañana ya terminé mi check-in en el aeropuerto. Me espera un cansador viaje a París, con 2 conexiones: Montevideo-Sao Paulo / Sao Paulo-Madrid / Madrid-Paris. Me dirijo a la puerta de embarque…

    «Esther, Esther, Esther» Daniel llegaba agitado. «Disculpa, en el trayecto hubo un choque y me demoré por eso.»

    «¿Cómo está el señor del Campari?»

    «Ja ja ja. Muy bien, ¿y la germana más bonita que he conocido?»

    «Excelente, gracias. Tengo algunos minutitos, si quieres podemos tomar un café en Starbucks.»

    Aceptó, nos sentamos, pedimos dos cafés y me entregó un regalo.

    «Oh, gracias. Por la forma no parece un Campari. Ja ja ja.» dije. «¿Lo abro?» Asintió con la cabeza. Lo abrí: «¡Wow! Carolina Herrera 212, gracias y felicitaciones, porque es mi perfume preferido, gracias, gracias.» Y me levanté para estamparle un beso por encima de la mesa.

    «Vos te lo merecés. Esther, sé que no tenemos mucho tiempo. Quería preguntarte si podemos vernos la próxima vez que vengas a Montevideo, ¿es posible?»

    Mi respuesta fue una mirada firme directa a sus ojos. De esa forma lo obligaba a continuar…

    «Estoy enamorado de vos.» Exactamente lo que yo suponía. «Ayer me pasé todo el día pensando en vos, no te pude sacar de mi mente en ningún momento.» Con puntos y comas lo que yo imaginaba.

    «¿Te estás enamorando de una «gringa puta… fina, hermosa y elegante, pero reputa. La mina más reputa que has conocido»? ¿Recuerdas tus palabras del día en que me follaste de todas las formas en que se te antojó para satisfacer tu morbo y tu ego?»

    Silencio, no hubo respuesta. Me levanté. «Ya es hora de ir a la puerta de embarque.» Una pausa y le dije: «Pasé momentos deliciosos contigo. Ha sido un gusto conocerte.» Lo besé. Nos besamos. «Wir sehen uns bald – Nos veremos pronto, y gracias por el Campari»

    «Buen viaje Esther»

    «Danke, meine Liebe – Gracias mi amor»

  • Mi primo postizo

    Mi primo postizo

    ¡Holis bolis mis amores! aunque creen que los olvido, yo aquí sigo escribiendo mis vivencias, soy Alexa de ya 28 añitos, 100% mexicana. Ya soy Master en Contabilidad en Playa del Carmen. Soy una hermosa morenita clara, cabello largo negro, tengo unos senos medianos tirando a grandes pero bien duritos, apetecibles en su lugar, medio acinturada ya le estoy tirando a gordibuena, y lo que más me gusta y me chulean son las nalgas y las piernas que ahora que subí un par de kilos me siento y veo más sabrosa. Hoy por hoy me siento muy atractiva y mis 1.75 m de altura más unos lindos tacones pues de verdad sobresalgo a donde me paro, practico Voleibol, medio marcadita y soy coquetona.

    Esto que les voy a contar paso apenas este año quizás en octubre o principios de noviembre, es mi primo postizo. Nos conocimos cuando éramos niños, yo tenía 6, ellos 9 y 10 años. En mi familia soy hija única y en su familia son 2 hermanos, así que nos convertimos en el complemento perfecto una familia de otra, y yo tuve 2 celosos guaruras.

    Al cumplir 13 o 14 años comenzamos a sentir curiosidad por el sexo, nos contábamos nuestras inquietudes y platicábamos sobre lo bien que debía sentirse, sin embargo, jamás insinuamos nada entre nosotros. Jamás me besé con alguno de ellos y mucho menos tocarnos.

    A los 22 años Alex comenzó a trabajar en turismo, estuvo en la Riviera Maya, en La Riviera Nayarit, en Los Cabos. Yo a los 18 decidí mudarme a Playa del Carmen entonces nos dejamos de ver por 9 años. Y cuando ambos regresábamos a la Ciudad prácticamente nunca coincidimos, pero nunca de los nunca perdimos el contacto, al menos Alex y yo.

    Y caray la magia de Playa del Carmen une al mundo y coincidimos aquí, suena mi celular:

    Alexa, mi cielo, te extraño a montones, te acabo de ver en la 5ta aquí en Playa, ¿estarás ocupada para tu viejo amigo?

    Alex, mi amor ¡qué sorpresa! Entonces estas aquí en Playa ahora mismo, estoy mil ocupada, pero cancelo ahora mismo todo, muero por verte corazón, nos vemos en un par de horas en La Bella Italia a las 6 pm.

    Ahí te veo, bonita.

    Sentí esa especie de nervios que no había sentido nunca con él. Salí de la oficina y corrí a casa, me bañe rapidísimo y me depile completamente como siempre solo detalle un poco, me arregle un poquito más de lo normal. Me puse una tanga blanca y pequeña como me gustan, un vestidito rosa coquetón strapless que recuerdo que de niña tenía uno y a él le gustaba mucho. Unos zapatitos bajitos porque con tacones rebasaba su estatura. Tenía casi 10 años sin verlo y realmente sentía una ansiedad extremadamente difícil de describir.

    Al llegar al restaurante, lo vi sentado en las mesas de la entrada, una bermuda caqui, una camisita rayada entreabierta coquetona, su cabello impecable y su perfume… ese embriagador perfume que sólo a él le quedaba de maravilla. Me recibió poniéndose de pie y dándome un largo y apretado abrazo, sentí como mis senos se presionaban fuerte sobre su pecho durísimo, yo encantada de embarrarme a él. Sus brazos me rodearon por la cintura y me levantó en el aire, me dio un tierno beso en la mejilla y me regreso al suelo lentamente, disfruté cada segundo. Tocó mi nariz con su anular y me dijo:

    – Alexa, mírate. Estás hermosa, preciosa y estas buenísima.

    – ¡Cálmate! No he cambiado nada. No sabes cuánto te extraño- yo toda sonrojada.

    – Y yo a ti, amiguita, como no tienes idea. Siéntate, ya te pedí una cerveza, según yo es tu favorita.

    – Dudo que en algún momento no sepas qué es lo que me gusta, cuando te cuento todo de todo.

    – Amorshito, aún hay mil cosas que no sé cómo te gustan- Dijo guiñándome un ojo de una forma encantadoramente seductora. Me moje tantito en ese instante.

    Platicamos por horas, sobre sus viajes, sus aventuras, sus relaciones, sus logros, las mías, mi trabajo, mis novios, mis aventuras, mi Master, mi familia, la suya. No sé cuánto bebimos, pero de pronto estábamos sentados muy cerquita el uno del otro.

    – Me causa muchísima curiosidad imaginarte cogiendo, Alexa. Vaya que eres una mujer muy sensual y jamás creí verte como te estoy viendo hoy.

    – Eres un mujeriego, Alex. No creo saber hacer algo más que no te hayan hecho, quizás un par de cosas, no creo tener nada extraordinario.

    – Eso dices tú, linda. Realmente quisiera comprobarlo- Dijo mientras me daba un ligero beso en el hombro el cual me derritió completamente.

    Mi cuerpo se estremeció en un segundo. Sentí como esa descarga eléctrica por todo mi cuerpo poniéndome la piel chinita, donde me beso en el hombro, mi espalda desnuda y culminó en mi entrepierna, me moje en ese instante. Algo me dijo que las cosas estaban saliéndose de control, así que tomé torpemente mis cosas, le di un beso entre boca y mejilla, me despedí y me fui como pinche loquita.

    Me subí a mi coche con la respiración descontrolada, al sentarme pude sentir que ya estaba empapada y a pesar de que intenté calmarme no podía olvidar su boca sobre mi hombro, su manera de acercarse, el roce de su rodilla con la mía y su olor, ese olor que me estaba taladrando mi ser.

    Al llegar al departamento tenía en mi celular un mensaje suyo: “Alexa, tienes un rico y delicioso andar, no sé porqué te fuiste así. Una disculpa si te hice sentir incómoda. De verdad no puedo dejar de pensar en ti. Si quieres que hablemos sobre esto dime donde vives y voy a tu casa, dime que si por favor”.

    Volví a excitarme sólo con ver ese mensaje. Por mi mente pasaban mil historias que nos habíamos contado y que nos reíamos como cómplices y que alargábamos si nos interesaba lo que pasaba, nuestra infancia juntos, nuestra adolescencia, todo lo que sé sobre él y sus aventuras, todo lo que él sabe de mí y mis mil aventuras, su mamá cepillando mi cabello, las vacaciones en familia, las travesuras a su hermano, la forma en que a escondidas idolatraba a Alex… Toda nuestra vida que podría irse al carajo por una calentura, por una cogida monumental. Respondí su mensaje: “Eres una enorme y sexy tentación, pero no quiero tirar a la mierda nuestra amistad. Te adoro, no sabes lo que me hiciste sentir. Descansa”

    No tardé ni un minuto en obtener su respuesta: “Nada se tirara ¿Recuerdas cuando me decías que era mejor pedir perdón que permiso y quedarse con las ganas?”.

    Alex sabía perfectamente cómo retarme, cómo hacerme pensar. Usó mis palabras en mi contra y en ese momento, lo decidí.

    “Esta es mi ubicación, depto. F5, ya avisé en caseta que vienes”.

    Me quité mi vestido, me puse bóxer de seda y un topcito, y sobre eso una batita coqueta rosa, apague todas las luces y solo deje una luz de noche en mi salita y recamara, lo escuche estacionarse. Sentí los peores nervios de mi vida, esos que se confunden con frío, me temblaba absolutamente todo el cuerpo, pero me paré frente a la puerta y la abrí.

    Al abrir la puerta ahí estaba él subiendo el último escalón, sólo pude decir:

    Alex, llegaste… -Lo besé profunda y apasionadamente sin dejarlo terminar, estuvimos así tal vez un par de minutos.

    No quiero hablar, cabrón, quiero hacer lo que siempre nos contamos.

    Perdimos mi bata en un momento, encontró mi pequeña pero sexy sorpresa y esa hermosa sonrisa de lado que terminó por derretirme, me admiró unos instantes, me tomó por la cintura y besó el cuello, mis tetas, mis hombros… El calor de su cuerpo desapareció el frío que sentí antes de su llegada. Estábamos embarrados uno al otro. Su animal era imposible de ignorar, la sentía contra mí, la tallaba sobre mi pubis. Mi top fue fácil presa de su deseo, se detuvo a observar mis senos, me dijo que eran perfectos y comenzó a besarlos con toda la lujuria que un ser humano podría guardar, primero uno y luego el otro, los besaba, los mordía, los apretujaba, yo me retorcía de placer, su saliva caliente humedecía no sólo mis pezones, sino mi vagina y mi cuerpo entero. Mi respiración estaba cada vez más agitada y ya no podía ahogar los gemidos que sus caricias me provocaban.

    Me levantó de la cintura con mucha facilidad y me subió a la barra de mi cocina, separó mis piernas y mi bóxer no fue impedimento para hundir su rostro entre mis piernas, pasando su lengua caliente y desesperada por mis ingles y finalmente lamiendo lenta y pausadamente mi vagina, movimientos cortos y luego más largos. Sus manos pasaban por todo mi cuerpo, mientras su nariz acariciaba mi pubis recién depilado y su boca hacía maravillas succionando mi clítoris y lamiéndolo como el más delicioso de los manjares

    – Alexa, estas deliciosa, estas riquísima. No sabes cuántas veces te soñé, imaginé tu cuerpo, tu olor, tu sabor… Eres mucho mejor de lo que esperaba.

    Sus palabras me excitaron aún más, su respiración entre cortada, las palabras que apenas podía pronunciar y saber que me había soñado y deseado antes me volvieron loca, mi espalda se arqueó y sentí el primer orgasmo de esa noche, en su boca, en su lengua caliente que devoraba la humedad de mi vagina. Me bajé de la barra de la forma que pude, me temblaban las piernas, pero lo besé con fuerza, el sabor de mi vagina permanecía aún en sus labios y lo bebí, lo bebí completo combinado con la dulzura de su saliva. Lo llevé hasta el sillón y lo senté, me hinqué frente a él y bajé de una su bermuda y bóxer, su erección surgió enorme frente a mi cara, firme y caliente, sentí magia. No podía aguantarme las ganas de sentirlo en mi boca. Me hice en el cabello una cola y me incliné un poco y pasé mi lengua desde la base pasando por sus testículos hasta la punta de su verga, hice círculos alrededor de la cabeza, seguí pasando mi lengua desde la base hasta la punta, mojándolo todo para meterlo en mi boca. Lo veía disfrutar cada mamada y lo vi dejar caer su cabeza sobre el respaldo del sillón y escuché sus gemidos que me pusieron mas cachonda.

    – Alexa, para, detente por favor no quiero terminar aún, por favor levántate.

    Sonreí ligeramente, me puse sobre él. Hice a un lado mi bóxer y acomodé su pito con una erección descomunal en el centro de mi vagina, yo estaba empapada y no me fue muy difícil meterlo, dejé caer el peso de mi cuerpo en él… Sentí llenar ese espacio entre mis piernas y se me escapó un gemido que por más que quise ahogar no pude. Empecé a cabalgar a placer sobre su animal, era yo quien se lo estaba cogiendo, era yo quien dominaba a mi mejor amigo. Sus ojos me recorrían de arriba a abajo, era obvio que nadie creería que estuviera ahí sobre él, cogiéndomelo como jamás imaginamos. Lo besé, le mordí los labios, invadí su boca con mi lengua y le consumí la energía a sentones. Con movimientos suaves y giratorios, de pronto rápidos y violentos.

    Me embarré a su cuerpo y tuve un segundo orgasmo. Le arañé la espalda mientras sentía su pecho estremecerse, se acercó a mi oído y me dijo que terminaría dentro de mí, asentí con la cabeza y era el momento de estar sobre mí, yo seguí moviéndome mi cadera debajo de él mientras él empezaba a embestir con más fuerza, sentí como su erección era más fuerte, más erguida y me bombeaba sin detenerse hasta sentir cómo se venía dentro de mí, sentí cada chorro de semen alojarse en lo más profundo de mi vagina, ese líquido caliente y delicioso que me invadía, le pedí que no se quitara mientras lo besaba, le daba piquitos y perdía su erección. Se quedó sobre mí unos minutos mientras nuestra respiración se regulaba. Le seguí dando piquitos tiernos en la boca mientras podía pronunciar alguna palabra.

    – Mi Alexa, no tienes idea de las ganas que tenía de sentirte así. Todas las veces que me la jale pensando en ti, desde que platicábamos nuestras inquietudes.

    Después de mi ex profe y de mi bby de aquí, no había cogido tan rico e intenso en mucho tiempo, platicamos un rato en mi salita y una cosa nos llevó a otra y de ahí a mi cama, probo nuestros jugos ja me hizo un oral delicioso, termino en mi las siguientes 4 ocasiones. No hubo dudas que era solo pasajero, que sabíamos que teníamos que disfrutar el momento y sonreí como no lo había hecho en mucho tiempo. De pronto ya era de día, nos bañamos juntos, me vistió con la tanga más pequeña que encontró, una blusa de tirante sin bra y un overol de short de mezclilla con tenis. Desayunamos juntos y me llevo al trabajo despidiéndose en la entrada con un beso largo como marcando territorio justo cuando muchos iban llegando a la oficina. Ahí me dejó con mil dudas y con mil respuestas en mi cabeza, una sonrisa enorme en los labios, una vagina nueva y completamente mojada, cuerpo satisfecho. Nos vimos por la tarde, pero esa ya es otra historia.

    Espero sus comentarios para mejorar mis relatos de mis vivencias.

  • Prólogo (En este no hay sexo)

    Prólogo (En este no hay sexo)

    Hola, mi nombre es Sergio y pues entonces en este momento de mi vida me parece perfectamente normal que a un hombre que está entrando a los 40 años le comiencen a llamar más la atención las mujeres jóvenes que las mujeres de su edad. Quizá sea instinto de supervivencia, crisis de la edad, absorción de energía de alguien viejo a alguien joven o quizá todas ellas al mismo tiempo.

    Comenzaré una serie de relatos de las vivencias con mujeres más jóvenes que yo y el motivo es que esas cosas no se le pueden platicar a cualquier persona, pero si creo que cualquier persona le podría interesar leerlas, por los motivos que sean.

    Debo confesar que la mayoría de mis encuentros han sido con escorts, que fue el camino más claro que encontré para iniciarme en el mundillo de las vivencias sexuales y eróticas. Aunque también debo aclarar que últimamente me he inclinado por la tendencia creciente de las relaciones suggar babys (me caga el nombre por cierto), me parece que está última es el tipo de relación que más se acomoda a mi forma de ser. Y es que a mí me gusta ir a un nivel un poco más profundo, conocer a la persona con la que voy a tener intimidad, generar confianza. Creo que de ese modo se puede vivir más plenamente un encuentro o una cita. Y no me mal entiendan la relación no deja de ser un tema contractual, pero es que a mí además de satisfacer los aspectos físicos también me gustar conocer el aspecto sicológico de una persona, creo que ahí se pueden encontrar datos ocultos e interesantes que incluso a veces ni sus amistades más cercanas conocen.

    Me gusta escuchar sus historias y me gusta respetar cualquier tipo de razón que tengan para realizar esta práctica, con sorpresa me he enterado de diversos proyectos y sueños de vida, que comparto y apoyo en el momento que me son confiados.

    En cuanto a mi soy un tipo bastante normal, no soy para nada un excelente amante y mucho menos un símbolo sexual jaja. Simple y sencillamente después de una deconstrucción a nivel personal decidí emprender este tipo de vivencias que estoy seguro muchas personas viven día a día, solo que pocos las escriben y aún más las hacen públicas.

    Lamento que en este relato no haya habido tanto sexo como es costumbre en este sitio, sin embargo para mí era necesario construir la puerta de entrada al paraíso carnal.

    Todos los nombres que cuenten en mis historias serán ficticios, incluso el mío, pero la historias que aquí escriba son 100% reales y lo más fidedigno a cómo lo viví, como lo sentí y como lo recuerdo. Sean tan amables de dejar un comentario si así lo desean.

  • Por amor a mi esposa le permití a mi amigo que se la cogiera

    Por amor a mi esposa le permití a mi amigo que se la cogiera

    Enlace al relato anterior al final de este relato.

    Como les conté en el relato anterior había aceptado que Rodrigo se cogiera a mi esposa en una noche de sexo y lujuria.

    Ese pensamiento me atormentaba, sentía una mezcla de excitación y celos, si bien pensaba que era una muestra de amor permitir que mi esposa gozara de un macho como Rodrigo, no podía dejar de sentirme celoso, yo era un buen macho para mi esposa y la hacía gozar con mi verga, pero sabía en carne propia que Rodrigo era mejor amante, imaginaba como mi esposa se convertía en la puta de Rodrigo, como la cogía con su enorme verga y la hacía gemir de placer.

    Una vez que regresó mi esposa de visitar a sus padres, me le quedé viendo embelesado, realmente a pesar de tener dos hijos se conserva espectacular, seguía delgada, con unas piernas firmes y bien torneadas y un culo redondo y respingón, estaba tan bella como la conocí, se me quedó viendo a la cara y sonrió:

    – ¿Que tanto me miras?- expresó sonriendo

    – Es que te extrañé tanto mi vida, y eres tan linda, me alegra tenerte de vuelta.

    – Ay corazón si sólo me fui una semana- dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

    – Pues a mi se me hizo eterno, bienvenida amor, – le dije dándole un abrazo y un beso apasionado.

    – Mmmm, que rico amor, me voy a tener que ausentar más seguido para que me recibas así.

    Esa noche después de dormir a los niños le dí una cogida fenomenal, con más pasión que nunca, en mi mente imaginaba que era Rodrigo quien se la estaba cogiendo, ella feliz con el recibimiento, después de tan breve ausencia, incluso le dí por el culo, algo que no era habitual, ya que sólo en ocasiones esporádicas se dejaba, decía que le dolía y no le gustaba.

    Sin embargo, durante los días siguientes Rodrigo no abordó el tema, pensé que sólo fué una fantasía del momento, cosas que se dicen para aumentar el morbo y la excitación, nada más, por lo que tampoco dije nada, creo era lo mejor, podría ser un juego peligroso.

    El viernes antes de salir de la oficina me pregunta que voy a hacer el fin de semana y le digo:

    – Lo de siempre, llevar a los niños al parque, hacer despensa al super, probablemente ir al cine y a cenar el sábado y el domingo acostumbro ir a comer a un conocido restaurante que tiene juegos infantiles y dónde se entretienen mis hijos mientras mi esposa y yo platicamos y comemos tranquilamente.

    Pensé que me diría algo, pero solamente se despidió y se fué.

    El Domingo estaba comiendo con mi esposa en el restaurante de costumbre, cuando de pronto aparece Rodrigo y me saluda.

    – Hola, ¿que tal?

    – Hola Rodrigo, te presento a Laura, mi esposa.

    – Que gusto amigo, ando solo, Diana, mi pareja, fue a visitar a sus padres, ¿me puedo sentar con ustedes?

    – Claro, adelante- le señalé.

    Realmente no me pareció un encuentro casual, pero, ¿que podía hacer?

    Como les había comentado aparte de mujeriego, Rodrigo es muy simpático y ocurrente, nos estuvo contando anécdotas que nos hacían reir, y pasamos un rato muy agradable, al rato llegaron mis hijos de jugar y rápidamente se ganó también a mis hijos, no lo podía creer en un santiamén se había ganado la confianza de mi esposa e hijos.

    Rápidamente se hizo tarde y llegó la hora de irnos, se apresuró a pagar la cuenta.

    – Es lo menos que puedo hacer, por su agradable compañía- dijo Rodrigo

    Antes de despedirnos me pregunta:

    – ¿Que planes tienes para ver el clásico del próximo sábado?

    – Nada en particular, lo veré en casa, ¿porqué?- respondí, pensaba que me invitaría a algún lado, como pretexto para cogerme, pero contrario a lo que esperaba añadió:

    – Oye, no te molestaría que fuera a tu casa, la TV de mi casa se descompuso y no tengo donde verlo, Digo, si no te molesta.

    – No ninguna molestia, será un placer que nos visites- señaló mi esposa.

    – Ok, sin problema, allá nos vemos- agregué.

    Estaba seguro que era mentira, me quedé pensando cuales serían sus verdaderos planes, intrigado, pronto los descubriría.

    El lunes al salir del trabajo fuimos a una cafetería y al fin me contó su plan.

    – Ufff, que ansiedad, pronto por fin me voy a coger a tu mujer.

    – ¿Porqué estás tan seguro?,

    – Sólo dame chance de llegar a tu casa un par de fines de semana para que tu esposa vaya agarrando confianza y al tercer fin de semana estoy seguro que me la cojo, porque me la cojo.- expresó con seguridad y arrogancia.

    – ¿En serio?, La verdad no estoy tan seguro, creo que exageras.

    – Sólo dame un par de horas, sales de tu casa con algún pretexto y el resto me lo dejas a mí.

    La verga se me paró al instante, aunque seguía con mis dudas de que lograría su objetivo, así que le señalé:

    – Esta bien, buscaré algún pretexto, pero te pido no la vayas a forzar o lastimar, si no quiere es no, ¿Entendido?

    – No te preocupes la trataré con dulzura, tu mujer es un dulce y así me la comeré, no me gusta forzar, al contrario, me gusta que mi hembra se entregue completamente, ya lo sabes.

    – ¿Te gustaría mirar como me cojo a tu esposa?

    – ¿Que dices?, si quedamos en que yo no me enteraría, no puedo estar presente- le indiqué

    – Me la voy a coger en tu cama, deja la cámara Web de la computadora que tienes en la recámara encendida y con dirección a la cama y serás testigo de como goza tu esposa conmigo.

    El plan me pareció brillante, aunque seguía con mis dudas, ¿será que mi fiel esposa sea capaz de ponerme el cuerno?

    El sábado efectivamente llegó y disfrutamos el partido, mi esposa puso algunas botanas y cervezas y durante la velada conversamos y hasta jugó con mis hijos, de cenar pedimos pizzas, todo normal, lo cual se repitió una semana después, en la tercera semana el partido se jugaba en la noche y le dije a mi esposa que lo invitaría a cenar, lo cual estuvo de acuerdo y me dijo que prepararía una rica cena, todo era parte del plan, recordé que además de la cámara de mi computadora de escritorio, tenía otra cámara Web que tenía WiFi y podía conectarse a la computadora para transmitir por internet y que usábamos para poder monitorear la cuna de mis hijos cuando eran bebés y disimuladamente la escondí encendida entre un florero y una lámpara de la sala.

    Al anochecer llega Rodrigo vestido con la playera de nuestro equipo favorito y con una botella de vino y unas flores para mi esposa, mi esposa se ruborizó un poco al aceptar las flores y rápidamente las fue a poner en un florero de vidrio con agua que puso en medio de la mesa.

    Como estábamos en casa, vestía normal, lo que acostumbraba usar en casa, un short corto blanco y una blusita de algodón de color rosa, a pesar de lo sencillo de su atuendo, se veía espectacular, el shorcito dejaba al descubierto sus piernas firmes y torneadas y resaltaba mucho su culito redondo y respingón.

    Mis hijos jugaban y corrieron a abrazar a Rodrigo, lo que me causó un poco de celos.

    Empezó el partido y mi esposa nos puso botanas y cervezas.

    Todo normal, como los dos primeros fines de semana, pero al ser más tarde pronto llevó a mis hijos a dormir y se puso a ver el partido con nosotros.

    Termina el primer tiempo con el partido empatado a 0, y para el segundo mi esposa abre la botella de vino y nos la lleva en copas para brindar.

    En eso nuestro equipo anota un gol y lo celebramos gritando a todo pulmón, Rodrigo se levanta y me abraza y posteriormente abraza fuertemente a mi esposa, mi esposa se ruboriza un poco, pero no dice nada, todo parece ser fruto de la emoción del momento, aunque estoy seguro de que no es así.

    Cinco minutos después finjo ver mi celular y pongo cara de preocupado.

    – No puede ser, se ha caído el sistema de la empresa- me levanto y dirigiéndome a la recámara añado:

    – Déjame checar si lo puedo levantar desde mi compu.

    Lo que realmente hago es cerciorarme que esté funcionando y transmitiendo la cámara Web que tengo oculta en la sala y enciendo la cámara de mi computadora de escritorio, me cercioro que tenga un primer plano de la cama, teniendo todo listo, apago el monitor para que mi esposa no se vaya a dar cuenta de que el equipo está encendido.

    Regreso a la sala y le digo a ambos que no pude levantar el servidor de datos y que voy a tener que ir a la oficina, pero que no tardo, que me esperen para cenar, que será rápido.

    Rodrigo se apunta a acompañarme, siguiendo el plan le digo que no, que no es necesario, que no vale la pena que se pierda el partido por algo que es fácil y que no necesito ayuda.

    Me voy a la oficina lo más rápido que puedo, me siento tremendamente excitado, mi corazón palpita, entro a mi área de trabajo y cierro la puerta con seguro, solamente está el guardia de la entrada, pero no quiero una sorpresa.

    Enciendo mi computadora portátil, ambas cámaras están funcionando perfectamente así que le marco a mi esposa y le digo que el problema es más grave de lo que esperaba, que un archivo de datos se dañó y voy a tener que subir un respaldo completo de la base de datos y que tardaré como dos horas, que invite a Rodrigo a cenar, aunque no esté presente.

    Subo el volumen de la cámara Web de la sala y escucho como le da la noticia a Rodrigo que pone una cara de enfado (vaya actuación),

    Le comenta lo que le dije, y le dice que no, que mejor esperaba hasta que llegara para cenar, ya que no le parecía apropiado, a lo cual mi esposa estuvo de acuerdo, y se sienta en el otro sillón a ver el partido.

    En eso veo que Rodrigo levanta las manos y grita.

    – Ganamos. El partido ha finalizado.

    Se levanta y abraza fuerte a mi esposa que nuevamente se ruboriza, cuando la aprieta, Rodrigo trae un pantalón deportivo y se le marca el bulto, estoy seguro que se lo hizo sentir a mi esposa cuando la abrazó.

    Toma el control de la TV, que es Smart y abre Youtube, busca un video de los Angeles Azules y alcanzo a escuchar la música, se para a bailar diciendo que está muy feliz por el triunfo, es un estupendo bailarín, pero baila en forma graciosa y exagerada, mi esposa rie por su forma de bailar, se acerca bailando a mi esposa, la toma de la mano y la saca a bailar, mi esposa está sonrojada.

    Empiezan a bailar y veo que Rodrigo «accidentalmente» le repegaba su paquete, en eso le da vuelta y le da un repegón en las nalgas en lo que le decía:

    – Con todo respeto y espero no te ofendas, pero que buena estás, estás riquísima, envidio a Ariel por tener tan bella esposa.

    – Ay, que cosas dices, recuerda que soy una mujer casada.

    – Lo sé, pero no digo mentiras, cualquier hombre sería feliz con una hembrita como tú, has de ser formidable en la cama.

    – Calla, sé lo que intentas, he escuchado de tus trucos, mis amigas dicen que eres muy mujeriego.

    – ¿En serio? ¿y que dicen de mí?

    – Pues que te coges a cualquiera que se atraviesa en tu camino, incluso, ya alguna amiga ha caído en tus redes.

    Seguían bailando despacio, lento, muy juntos, veía como Rodrigo tomaba a mi esposa de la cintura y la repegaba contra su cuerpo.

    – ¿Y qué te ha contado tu amiga?

    – Pues nos contó que eres un estupendo amante.

    – Mmm, ¿Y no quisieras comprobar que soy un estupendo amante?, ¿no te gustaría probar?

    – No me tientes, te recuerdo nuevamente que soy casada, y Ariel es tu amigo.

    – No te pregunté eso, ¿Te pregunté si te gustaría comprobar si es cierto lo que dicen de mí?, ¿No te gustaría sentirte plena con un macho que te haga el amor como nadie te lo ha hecho?

    En ese instante veo que le aprieta las nalgas y le da un beso en el cuello, mi esposa se retuerce y le quita las manos de encima.

    – No Rodrigo, no, no está bien, mi esposo es tu amigo- dice mi esposa mientras da media vuelta para alejarse.

    Rodrigo no desiste, la toma entre sus fuertes brazos y le restriega el abultado paquete entre sus nalgas, una mano se mete bajo la blusa y alcanza sus pechos, la otra se dirige a su entrepierna, en lo que le volvió a preguntar.

    – No me has respondido, vamos, ¿nunca has fantaseado conmigo?, sentirte realizada con un hombre que te satisfaga completamente, aunque sea una vez en la vida

    Mi esposa no contestó, pero ví que restregó sus lindas nalgas contra Rodrigo y cerró los ojos, mi esposa se estaba entregando, mi excitación estaba al máximo, mi verga me lastimaba bajo el pantalón viendo la escena por video y me tuve que desabrochar el cierre y sacármela.

    Lo ví desabrochar el shorcito de mi esposa, cae al suelo, mete su mano bajo su ropa interior sin dejar de abrazarla y apretarla contra su cuerpo,

    – Mmmm, que mojadita estás, eres toda una putita, aunque no respondas tu coñito me dice que quieres que te coja,

    Mi esposa gemía y se mordía los labios con los ojos cerrados, ya estaba completamente en las manos de Rodrigo.

    – Ven vamos a la recámara, te quiero coger en la misma cama que tu marido para que compares quien coge más rico.

    La llevó a la recámara y rápidamente cambié de cámara web a la de mi computadora personal, esta tenía una resolución mayor y permitía grabar, así que inicié la grabación.

    Tenía un primer plano de la cama, cuando llegan ya están ambos desnudos, no ví en que momento se quitaron toda la ropa.

    Los escucho hablar:

    – ¿Te gusta mi verga?, ¿Habías visto una así?.

    – Ufff, no, Ariel no la tiene chiquita, pero la tuya es tan grandeeee – respondió mi esposa con cierto nerviosismo.

    – Ven, tócala, siéntela. – añadió Rodrigo, tomando la mano de mi esposa y llevándola a su verga, mi esposa empezó a masturbarlo lentamente.

    – Ven pruébala, sé que te hace agua la boca.

    Se puso de lado frente a la cama e hizo arrodillar a mi esposa, se notaba que quería que no me perdiera detalle.

    Una vez agachada tomó su verga y recorrió con ella la cara de Laura. le dio algunos azotes con su enorme verga en las mejillas.

    – Siéntela, siente que dura está

    Después la llevó a los labios de Laura y forzando un poco hizo que abriera la boca, la cabeza del enorme nabo desapareció en la boca de mi esposa, apenas cabía, tenía la boca abierta al máximo y empezó a mamarla, la mamaba con ganas, a juzgar por las muecas de Rodrigo, sabía que mi esposa era una experta mamadora, le daba lametones a la roja cabeza y su lengua recorría cada centímetro del tronco, llegó a sus huevos, los chupó y regresó engullir la cabeza por completo mientras que con una mano lo masturbaba, en eso Rodrigo la toma de la cabeza y empieza a meterla y sacarla de la boca de mi esposa, cogiéndola por la boca en lo qué mira hacia la cámara sonriendo y haciendo muecas, haciéndome saber que disfrutaba mucho mamada de mi mujer.

    – Que bien la chupas, mmm, que rico, si tu maridito te viera lo golfa que eres, aghhh, que rico.

    En eso se la entierra hasta la mitad, el rostro de mi esposa se pone rojo y toma de las piernas a Rodrigo, se notaba que no podía respirar, hasta que la liberó y mi esposa empezó a toser.

    – Que Bruto, casi me ahogas, Rodrigo, es tan grande- expresó mi esposa tomando aire.

    – Fue para que la disfrutes bien, pero no te apures, entrenaré tu boquita golosa para que te entre bien y la disfrutes.

    La levantó y le dio un beso cachondo antes de recostarla sobre la cama en forma horizontal, su mano bajó a su entrepierna y dijo:

    – Ya estás chorreando putita, ¿lista por ser clavada por mi verga?

    Se recostó sobre ella abriéndole las piernas, y empezó a restregar su verga sobre el coño de mi mujer, al tiempo que le susurró sl oído:

    – ¿La sientes?, ¿sientes lo dura y gruesa?, ¿La quieres?

    Mi esposa no contestaba, sólo gemía,

    – Anda putita, sólo te la meteré si me ruegas.

    Mi esposa no resistió y le rogó:

    – Aghhgggg, cógeme, aghhh, te lo suplico, métemela, la quiero dentro, toda.

    – Muy bien putita así- dijo al momento que le levantó una pierna y apuntó con su verga a la entrada de su coño, al levantar la pierna pude ver como poco a poco iba entrando esa gruesa barra de carne en el coñito de mi esposa.

    Me verga estaba tan dura que me dolía, ya no aguanté y empecé a masturbarme, el espectáculo era increíble, mi esposa gemía y gritaba, se retorcía en la cama ante el lento avance del enorme invasor, hasta que dando un golpe de cadera la penetró por completo al tiempo que mi esposa daba un largo y fuerte gemido de placer.

    – Tranquila putita, ya te la ensarté toda. me encanta, tienes un coñito muy estrecho, me gusta cómo me aprietas la verga.

    – Ay, ufff, que gruesa y larga, siento mi coñito tan abierto, ay papi, que profundo me llega, siento que me estiras por dentro, uffff, despacio, me lastima un poco.

    – Tranquila tu coñito se amoldará a mi verga y te encantará sentirte toda llena de carne.

    – Si Rodrigo, así me siento, llena de carne, pero al mismo tiempo tan plena.

    Empezó el vaivén, mi esposa gemía en cada embestida,

    – Ay Rodrigo, aghhhh, que rico, siento cada centímetro de tu verga, como me roza por dentro, aghhh, que placer, no había sentido nada igual.

    – Sabía que te encantaría mi verga, a todas las mujeres les encanta una verga que las llene bien, por completo, sabía que te faltaba sentir ese placer.

    – Si, Rodrigo, sigue, no pares, ayyyyyhhhh, dale, más duro, reviéntame, ahhhhhh.

    Eso volvió loco a Rodrigo y empezó a embestirla salvajemente, mi esposa gritaba y gemía con todas sus fuerzas, todo su cuerpo se retorcía, mientras la enorme verga castigaba una y otra vez su apretado coño, la cama rechinaba y se oía los golpes de la cabecera contra la pared, la ensartaba con todas sus fuerzas, estaba seguro que en cualquier momento se correrían, pero todavía faltaba más, después de algunos minutos, Rodrigo paró su cogida y exclamó:

    – ¿Te gustaría cabalgarme?

    Mi esposa asintió con la cabeza y Rodrigo sacó su verga, se acostó boca arriba semi inclinado apoyando su espalda en la cabecera de la cama, mi esposa abrió las piernas y se puso en cuclillas frente a él, acomodó su verga en la entrada de su coñito y tomando a mi esposa de la cintura la hizo bajar hasta que le ensartó la cabeza, ver a mi esposa rendida ante esa gruesa poronga era inenarrable, Rodrigo se aseguraba de darme un buen espectáculo, porque se la fue metiendo muy lento, veía como iba desapareciendo su gruesa verga en el interior de mi esposa, hasta que llegó a la mitad y empezó el vaivén, subía y bajaba hasta media verga, mi esposa agarrada de los hombros de Rodrigo y él la sostenía de las nalgas.

    – Así putita, me encanta como me comes la verga, aghhh, que rico aprietas.

    En eso veo que abre más sus nalgas y le mete un dedo en el culo, mi esposa gime, pero no pone objeción, ahora está ensartada por sus dos orificios, se levanta hasta dejar sólo la cabeza dentro y se deja caer, ahora es Rodrigo quien grita de placer.

    – Ayyyy,putita, te la ensartaste toda, así, goza mi verga, empalate, date gusto, ahhhhhh.

    Así lo hizo, se dejaba caer enterrándose toda su verga, sus nalgas rebotaban, gemía en forma incontrolable, ya no podía controlar sus gemidos, Rodrigo tenía ahora dos dedos dentro del culo de Laura, entraban y salían siguiendo los movimientos de mi esposa, después de unos minutos así, la agarra de la cintura con una mano y empieza a penetrarla hacia arriba mientras le chupaba las tetas, mi esposa ya no pudo más y empezó a convulsionar, se retorcía y temblaba, parecía que tuviera un ataque epiléptico, su cuerpo se sacudía, se estaba corriendo de una forma que jamás hubiera imaginado.

    – Me corroooo, me corroooo, aghhh, preñameeee, ahhhhhh..- gritó

    Al mismo tiempo yo seguía masturbándome y tampoco pude aguantar más, exploté en un orgasmo intenso, chorros de semen salieron disparados de mi verga y se estrellaron contra mi escritorio, incluso algún chorro alcanzó mi computadora personal.

    Rodrigo empezó a jadear también, veía su verga ensancharse y enterrarse en lo más profundo de mi esposa, al tiempo que tensaba sus piernas, seguro se estaba corriendo también, llenando de su tibia leche el coñito de mi esposa.

    Mi esposa cayo rendida sobre el pecho de Rodrigo, después de algunos segundos sacó la verga del interior de mi esposa escurriendo semen, seguía erecta y dura, la cabeza brillaba y se veía más roja, imponente, le dio un beso cachondo y la puso de costado, en la posición de cucharita con Rodrigo a sus espaldas, su larga y gruesa verga se dirigía a su orificio trasero.

    Mi esposa se da cuenta de las intenciones de Rodrigo y reclama

    – ¿Que haces?, por allí no, no me gusta.

    – Hace rato, tenía dos dedos dentro de tu culito y no protestaste.

    – Si, pero no es lo mismo, tu verga es muy gruesa y es imposible que me entre.

    – Claro que entra mami, ya sabes el dicho de la hormiga y el elefante, con paciencia y salivita, soy experto en abrir culitos, sólo relájate y disfruta, ya verás como te lo abro, vas a pedir más, va a ser el placer más intenso que sentirás en tu vida.

    Le metió dos dedos en su coñito para lubricarlos y se los ensartó en su culo, mi esposa dio un respingo y ahogó un grito, pero no hizo esfuerzos por detener el avance.

    Sus dedos entraban y salían del culo de mi esposa, lubricándolo con una mezcla de sus propios fluidos y semen, Rodrigo pegado a su espalda le susurraba:

    – Asi nena, ponte flojita, relájate, vas a ver como vas a disfrutar.

    Le hace flexionar las piernas hacia adelante para que el culo quede mas empinadito y con su brazo levanta la pierna libre de mi esposa y la mantiene en el aire, en esa posición tenía una vista perfecta, estaba seguro que Rodrigo lo hacía para que no perdiera detalle de como iba a encular a mi esposa.

    Apunta su arma al cerrado orificio de mi esposa y empieza a dar empujoncitos, sin llegar a penetrarla, solamente le restregaba la cabeza y recorría el canal hasta llegar a su coñito, mi esposa gemía de placer.

    -Imagina cuando esta verga te recorra por dentro, ¿la sientes?, vas a chillar de placer.

    – Si la siento, agggh, ya quiero que me la metas.

    – Ruégame, pídeme que te la meta por el culo.- le dijo Rodrigo.

    – Por favor Rodrigo, métemela por el culo, ya no aguanto más, necesito que me la des por el culo- respondió mi esposa

    No lo podía creer, mi esposa la que no le gustaba que se la metiera por detrás estaba rogando porque mi amigo le rompiera el culo.

    – Muy bien putita, te lo has ganado,

    Levanta más la pierna de mi esposa, veo que apoya la punta de su verga en el estrecho agujero y empieza a empujar, poco a poco va desapareciendo toda la cabeza dentro, al tiempo que mi esposa da un fuerte grito y veo que se retuerce.

    Rodrigo le tapa la boca y le susurra al oído.

    – Shhhh, shhhhh, vas a despertar a los niños, aguanta, pronto pasará el dolor, ya entró la cabeza, es lo más grueso, relájate, no voy a continuar hasta que tu culito se amolde al grosor de mi verga.

    La imagen que veía era increíble, el culo de mi esposa estaba abierto a un diámetro tremendo, era inconcebible como una barra tan gruesa haya entrado en el pequeño y apretado orificio de mi esposa.

    Fue paciente y después de unos minutos ví que mi esposa se relajó y empezó a culear suavemente.

    – Asi, nena, bien, ya pasó el dolor, ahora vas a gozar tu rico trozo de carne-

    Y poco a poco empezó a penetrarla, metía dos milímetros y sacaba uno, avanzando cada vez un poco más, ya casi la metía completa, cuando dando un golpe de cadera le enterró la verga, hasta lo más profundo de su ser, haciendo que nuevamente lanzara un grito de dolor.

    – Ya está, la tienes toda dentro, ¿sientes?, viste que si podías, solamente necesitabas un verdadero macho que te haga sacar lo putita, sabía que te encantaba la verga, gózala cómo estoy gozando de tu culito, es riquísimo, calientito y suave y apretadito, me encanta como me ahorcas la verga,

    – Sí Rodrigo, aghhh, siento que me vas a reventar, aghhh, duele, pero me gusta, me llega tan profundo, todo mi cuerpo tiembla, siento como me estiras por dentro, nunca había sentido algo así.

    Las embestidas se hicieron más rápidas, estaba alucinado viendo como aquella enorme verga entraba cada vez con mayor facilidad dentro del culo de mi esposa, quien gritaba, jadeaba y mordía las sábanas pero no dejaba de pedir que la siguiera cogiendo y le metiera la verga más fuerte, se la sacaba casi por completo para después clavársela con furia, ambos gruñían como locos, las nalgas de Laura chocaban con la pelvis de Rodrigo, las tetas de mi esposa se balanceaban hasta que exclamó.

    – Ya viene la leche, aghh, ahí te va, te voy a preñar el culito con mi lechita.

    – Si papi, s, quiero tu lechita, déjame el culo bien rellenito de leche, aghhh

    Al mismo tiempo empezaron a convulsionar, los cuerpos de ambos temblaban, veía las nalgas de Rodrigo contraerse y relajarse, ahí supe que le estaba inyectando su esperma hasta lo más profundo, metió sus dedos en la boca de mi esposa para calmar sus gritos y la siguió embistiendo hasta que dió un embiste final y le soltó la pierna, había terminado de eyacular, de vaciar sus huevos dentro del culo de mi esposa, no pude aguantar más y empecé a correrme nuevamente lanzando chorros y chorros de leche sobre el escritorio y algunos cayeron hasta el suelo.

    Quedaron recostados en la cama, aún con la verga de Rodrigo clavada en el culo, recuperando la respiración, hasta que Rodrigo se incorporó y se quedó sentado mirando a la cámara con una sonrisa de satisfacción, de triunfo, en ese instante dejé de grabar y apagué mi equipo.

    Me puse a limpiar el desastre con papel higiénico, no recuerdo haber eyaculado tanto en mi vida, después mandé un mensaje que iba de regreso.

    Cuando llegué a casa ambos estaban en la sala, noté a mi esposa nerviosa, pero fingí no darme cuenta, me acerqué y le dí un beso, alcancé a notar un olor y sabor extraño, era el olor y sabor de la verga de Rodrigo, recordé que le había restregado la verga en su carita y sus labios tenían todavía el sabor salado de la verga de Rodrigo de la mamada que le había dado, no les había dado tiempo de bañarse y me excitó.

    – ¿Pero no han cenado?, que mala anfitriona eres amor- le recriminé a mi esposa

    – Tu esposa es una excelente anfitriona, he disfrutado mucho su compañía, yo fuí el que pedí esperarte a que llegaras, no se me hizo correcto- intervino Rodrigo.

    – Asi es amor, Rodrigo fué el que prefirió esperar, pero fue muy grata su compañía- Agregó mi esposa.

    Solo sonreí y les dije:

    – Entonces que esperan, a cenar que tengo hambre, Laura había preparado fajitas de arrachera, chorizos argentinos asados y queso fundido con chorizo y habíamos comprado algunos tamales.

    Nos servimos la cena y Laura estaba algo desganada.

    – Vamos amor, come, no te hagas de la boca chiquita.

    – Perdona a tu mujer Ariel, pero la verdad, nos echamos un pequeño bocadillo antes que llegaras, yo me comí un rico tamal de carne y tu esposa un rico chorizo con quesito fundido.

    Me hizo gracia el comentario de Rodrigo, mi esposa se puso roja, fingí no darme cuenta del doble sentido y sonriendo les dije:

    – Ya sabía yo que no aguantarían sin picar algo, pues yo tengo mucha hambre y se me antoja un rico chorizo con queso como el que se comió mi esposa.

    Los ví sonreir a ambos y mi esposa se tranquilizó, así que cenamos y platicamos un rato más en forma relajada.

    Al termino de la velada Rodrigo se despidió, nos retiramos a la recámara Laura y yo, ví las sábanas cambiadas, fingí no darme cuenta, todavía olía a sexo y me puse cachondo así que desnudé a mi esposa y le hice el amor en forma salvaje, su coñito estaba bien abierto y le entró mi verga hasta el fondo de una sola embestida, sentía algo muy viscoso en el interior de su vagina, seguramente era semen de Rodrigo y me excitó, le dije que hoy estaba más mojada que nunca para ver su reacción, se puso nerviosa, pero no dijo nada, así que le estuve dando con todo mientras besaba y metía mi lengua en la boca de mi esposa, tratando de descubrir el sabor de la verga de Rodrigo, era ríquisimo cogerme a mi esposa, recién cogidita, su coñito estaba tan sensible y caliente, súper mojado y le entraba mi verga con facilidad, la cogí hasta que me corrí en su interior mezclando mi semen con el de Rodrigo.

    Esa noche le respeté su culito, ví lo que sufrió con la tremenda verga de Rodrigo y debería tenerlo muy escocido, lo sabía por experiencia, ya habría tiempo en otra ocasión

    Así mi esposa se convirtió en la amante de mi amante, siento que fue un acto de amor permitir que gozara de semejante macho, que si bien no le faltaba su ración de verga en casa, si necesitaba una verga enorme que la llenara al máximo y le diera una cogida salvaje e intensa de vez en cuando, que la hiciera sentir plena y una puta.

    Mi relación con mi esposa mejoró a partir de ese día, la veía radiante y feliz, siempre contenta y con una sonrisa en la boca, también mejoró nuestra actividad sexual, le daba caña todos los días y cada vez era más cachonda, más sensual y participativa, incluso me llegaba a pedir que le rompiera el culo con frecuencia, algo impensable anteriormente, así que le daba oportunidad a Rodrigo de cogerla una vez al mes, en esas ocasiones mi esposa me pedía permiso para ir a cenar con amigas o visitar a alguna amiga o pariente los sábados, se llevaba mi auto y llegaba a casa de Rodrigo, era común que yo fuera a visitar a Rodrigo en calidad de amigos, por lo que no era raro que mi auto llegara a su casa, y no levantaba sospechas, así que generalmente cogía a mi esposa en su casa, en la semana que a Diana le tocaba horario nocturno, encuentros que quedaron grabados en mi computadora portátil, ya que Rodrigo tenía encendida su webcam y me permitía disfrutar y grabar esos encuentros en mi computadora via internet, como buen cornudo me quedaba cuidando a los niños y me la regresaba repleta de semen, y así la cogía, me gustaba cogerla con el semen de mi amante en su interior, me daba mucho morbo y la cogía con locura. Creo que fue la mejor decisión, o que opinan.

    Relato anterior:

    “Enculado con los calzones usados de mi esposa puestos”

  • Noche inolvidablemente caliente

    Noche inolvidablemente caliente

    Mientras me tocaba recordé esta historia.

    Era un 24 de diciembre por la noche. Había decidido ir a la una fiesta por navidad, pero antes cenar en un hotel que ofrecía servicios por la nochebuena.

    Durante la cena con mi familia se me iban los ojos por una mujer que estaba a unas pocas mesas de mi, la observé tanto que escalofríos calientes empezaron a invadir mi cuerpo, cuando fui al baño la relojeé más de cerca y caí en que ya la conocía, habíamos conectado por una aplicación de citas hace poco. Así que le escribí: “que manera de matchear nosotras, ahora en elegir el mismo lugar…” a los minutos me respondió “después de las 12 quiero darte tu regalito de navidad en el baño, anda”.

    Tragué saliva y me levanté, ya con solo ver como ella también se acercaba al baño me empecé a calentar como nunca. Me recorría fuego realmente por el cuerpo, se me erizaba todo con solo sus mensajes subidos de tono. Ella llevaba un mono todo rojo con un escote que dejaba ver todas sus tetas perfectamente y a mi eso me volvía loca.

    Llegamos al baño y no aguanté nada, hubiera querido ser más tierna y quizás conversarle un poquito o trasmitirle lo que me pasaba con ella en lindas palabras, pero solo pude agarrarla fuerte del pelo, bien desde por abajo de las raíces y meterla al baño, ahí le abrí aún más su prenda y empecé a succionar sus tetas de una manera desesperada, tenía tanta hambre de ella que era su beba, con mi cara en su pecho succionaba como si me amamantara y ella empezó a tocarme suavemente mi cola la acariciaba y hacía presión en ciertos puntos mientras yo la devoraba con mi lengua, chupaba haciendo ya ruido y luego se las seguí tocando con las manos apretándolas bien fuerte sin darme cuenta por todo lo que me generaba ella, y ahí empecé a besarla ya más calmadamente pero yo sentía que me la estaba comiendo y ella estaba por demás de deliciosa, los besos lentos y con suspiros profundos eran como tocar las nubes.

    Pero no tardó en agarrarme la idea de vuelta de querer poseerla con todo y empecé a tocarla por arriba de su prenda yendo directamente al clitoris, ya solo por fuera se notaba como tenía su vagina hinchada, no podía más y le metí la mano por la prenda, ay por diiios! Cuando empezó a gemir fue un nivel de placer que yo no había sentido nunca, la tuve que callar con mi otra mano mientras con mis yemas de los dedos le era inevitable callarse y ese forcejeo entre que ella grite y yo le siga dando me subió al cien, pero ya tenía que regresar a la mesa no sabía cuánto tiempo había pasado. Así que nos acomodamos y volvimos a nuestros lugares.

    En la mesa a mi se me venían todos los flashback de lo que había pasado y no podía más, quería tocarme y gemir su nombre adelante de todos no me importaba.

    Pero me fui calmando como podía, y cuando la cena terminó me la encuentro a la salida y cuadramos para salir a una fiesta por navidad juntas, ella me invita a que vaya con su grupo de amigas, yo le aviso a mi familia si me dejaba salir con mi nueva amiga y al no haber problema nos fuimos.

    Ella me dijo de ir en el auto de su amiga, pero como éramos varias y no entrábamos me tocó ir arriba de ella.

    Ese momento fue increíble, yo solo pensaba que íbamos a ir así y ya, cuando hicimos unos pocos metros, ella empezó a moverse y acomodarse, pensé que estaba incómoda y le dije: “estás bien? Queres que te lleve yo?”

    Muy sensualmente me dijo “shhh” yo seguí acomodándome mi pollera de jean que llevaba puesta ese día, en eso ella empieza a levantarla muy despacio, y a mi me daba cosa porque teníamos a dos amigas suyas al lado, y no me parecía correcto que presencien eso, pero ella muy despacio y cómo era de noche y el auto estaba todo oscuro comenzó a tocarme con sus yemas, haciendo presión con su pulgar en mi clitoris y frotándolo fuerte también, yo no sabía cómo contenerme, los gemidos se me quedaban retenidos en la garganta y no podía más, hasta que llegó un punto que estaba tan rico lo que estaba haciendo, era impresionante, me tocaba tan bien que no quería que terminara nunca de hacerlo, hacia pequeños círculos, jugaba con mi clitoris tocándolo y dejándolo de tocar muy despacito a muy rápido, era todo un arte, estaba muy prendida fuego, que ya realmente no podía más y dije “perdón chicas pero flor me está tocando muy rico discúlpenme” y empecé a gemir mientras gritaba “ay flor siii” “seguí seguí seguí” y gemia su nombre como nunca, “no podes hacerlo tan rico flor” y ya a lo último gritaba su nombre en tonos calientes o pareciendo que ya iba a llorar del sufrimiento del placer. Sus amigas también participaron porque a semejante show no pudieron quedarse así nomas calladas pero bueno esa es otra historia…

  • Nelson me convierte en el traga leche (capítulo diez)

    Nelson me convierte en el traga leche (capítulo diez)

    Así mismo era, con Nelson me transformé en un traga leche y como era de esperar no sólo de él sino de cuanta gente él deseaba. Vivía en Bejucal, un pueblito cercano y allí me fui a vivir con él. Me convertí en su gente, en el compromiso oficial de aquel mulato grande. Él trabaja en la Casa de Cultura por lo que actividades culturales no me faltaron entre las agotadoras tandas de sexo. El primer día que estuvimos en su casa cuando nos acostamos me dijo:

    – ¡Papo, hay una cosa que quiero que tengas claro! ¡A mí me gusta dar pinga, coger un buen culo pero lo que me encanta es venirme en la boca de un macho! En el río te la di y vi que te gustó, que te la tragaste sin dejar que una gota cayera. ¡Mami, rica, eso es lo que quiero de ti, es darte pinga por culo toda la que quieras, pidas y aguantes pero venirme, siempre quiero en tu garganta!

    Desde aquella conversación todo sucedió como él me había dicho, teníamos unos preludios largos, él se desvivía por darme placer, por hacerme gritar o venirme, se prendía a mis nalgas a darme caña con aquel trancón que tenía pero a la hora de venirse, me la sacaba y me la blandía en las narices para que la engullera toda hasta sacarle la leche. La primera vez recuerdo que fue mucho, gocé como nunca, me hizo venir sin que me tocara la pinga porque entre otras cosas se jactaba de que él sabía dar pinga en la próstata para hacer venir a su maricón. Sólo que cuando quiso terminar haciéndome tragar su sexo duro, sentí el olor y sabor a mierda que me provocó un vomito tremendo. Me quedé como muerto, sin saber qué hacer porque había jodido todo, primero por el vomito en el dormitorio que inundó con su olor toda la casa y la descomposición en que caí. Sentí vergüenza pero Nelson reaccionó de una manera normal, se levantó, limpió todo y regresó para acostarse a mi lado.

    – ¡Mi amor, eso puede pasar, es normal! Sé lo que sentiste, pero tienes que aprender a mantener ese culo bien limpio para cuando vayamos a singar. Te pones una lavativa y metes agua hasta que salga bien limpia, eso te garantizará que la pinga salga bien limpia. Eso sí, recuerda que te singo el culo y en el culo siempre hay mierda…

    Aquellas palabras me dejaron algo desconcertado, sin saber qué hacer o decir. La sola idea de volver a sentir aquel sabor u olor, me espantaba. Aquella noche me dijo que le chupara la pinga hasta venirse porque ya se la había lavado. No sé cuánto tiempo estuve tratando de sacarle la leche, me sentía con las quijadas desencajadas de tanto tragar, la cabeza me daba vueltas ya se subir y bajar. Al final se vino apretando mi cabeza contra sí para que la pinga alcanzara mi garganta. Dormimos bien aquella noche, a la mañana cuando nos despertamos entre besos y caricias me dijo:

    – ¡Arriba, ve al baño y ponte una lavativa que quiero darte tu ración! Yo pongo el café.

    En el baño encontré todo lo necesario y que imaginé fue usado por todos los anteriores amantes que había tenido. Intenté hacer bien la limpieza y que no quedara nada que fuera a molestarnos. Cuando regresé al cuarto, él estaba en la cama boca arriba con el asta en la mano y sonriéndome. Tuvimos un sexo feroz, atroz como él sabía hacer y porqué no, como yo sabía hacerlo también. Al rato cuando quiso venirse hicimos el cambio y de sólo meter su pinga en mi boca se vino llenándome toda la boca de su leche. Un hilo blanco y espeso se me escapó y él con su pinga lo recogió de mi mentón y me lo devolvió para que me lo tragara.

    – Ya ves, mami, cómo aprendiste de rápido.

    – Tú me dijiste lo que tenía qué hacer, ¿no?

    – Sí, mami, ya sabes que la pinga pa´tu culo y mi leche, pa´tu boca. Quiero que te hagas adicto a mi semen y que sepas reconocerlo de probarlo u olerlo.

    Nelson era el colmo de lo macho, del macho singador, cogedor de culo y gozador. Ya de escuchar aquellas palabras, me entraba deseos de que me pidiera de nuevo entregármele, pero tenía que irse al trabajo por lo que desayunamos nuestro primer desayuno de amantes, ambos desnudos y muy acaramelados. Aquellos fueron mis primeros pasos para convertirme en el traga leche de Nelson y bueno, más tarde de sus amigos. Ya había empezado otra etapa de mi vida en la que tenía que cambiar el goce de sentir el culo chorreando leche por el de tener la boca o la garganta llena de semen.

    Como a los dos días fuimos a una tanda de cine, nos sentamos en la última fila y aunque al principio no me imaginaba lo que iba a pasar, pronto caí en cuenta de que estábamos allí para que yo le chupara la pinga. Por suerte la película era soviética y siempre tenía poco público, siendo un clavo de mala, estaba claro que casi nadie iría al cine. Nosotros estábamos apartados de los cuatro gatos que había en la sala. Me susurró al oído que se la sacara, yo ni sé por qué o qué mosca me había picado que lo obedecí. Metí la mano en su pantalón y saqué su pinga que empezaba ya a ponerse dura, y empecé a mamársela mientras él gozaba. Me pareció que alguien pasó pero él miraba y cómo no dijo nada, seguí chupando hasta que sentí el sabor salobre en mi boca seguido por un chorro caliente. Me incorporé relamiendo mis bigotes mientras él se guardaba en el pantalón su tolete.

    – ¡Así me gusta, mami, mamas que es una locura! – me dijo al oído.

    – ¿Y hoy no voy a tener mi tanda de caña…? – le dije aludiendo a si singaríamos.

    – Cuando lleguemos a casa, recibirás tu tanda, nene.

    Así fue cuando llegamos a casa me dijo que me preparara que me iba a dar la caña que yo quería, empezó escupiendo su pinga y mi culo, casi a lo seco y cuando protesté, me recordó que yo quería caña y la iba a tener. Costó algo de trabajo y su dolor al principio, pero me cogió el culo allí, en la sala, de pie sin miramientos llamándome puta, limpia pinga y traga leche. No lo había visto así de grosero. Empujaba con fuerza bruta, un animal como queriendo rajarme el culo, cuando iba a venirse me obligó a arrodillarme para cumplir con el ritual de tragar su semen. Terminó empujando hacia adentro toda su pinga gorda y larga, provocándome una arqueada que pude controlar. Nos quedamos un rato así, el mugiendo y yo con la boca llena hasta la garganta, casi aguantado la respiración y las lagrimas en los ojos. Los dos felices. Aquella noche dormimos abrazados y llenos de amor.

    Uno se adapta a todo lo que le viene encima y yo me estaba adaptando a las necesidades de Nelson, a sus extravagancias que cada vez eran más cotidianas. Un día vino con la noticia de que íbamos a casa de un amigo de él y me sorprendió que me pidiera limpiarme bien agregando que tal vez habría singueta en la fiesta. Llegamos a la fiesta de un tipo que trabajaba en el la casa de Cultura, toda una señorona amanerada y delicada muy a pesar de su tamaño. La fiesta era en el patio y como era costumbre, ya había escuchado rumores de esas fiestas bejucaleñas, hubo canciones, travestis que imitaron con mejor o peor suerte a las divas cubanas o extranjeras, un mago actuó también y hasta un mini concierto a guitarra.

    Todo pues animado por gran cantidad de bebidas y comidas, cosa que en la isla siempre había escaseado. Claro que no me imaginaba dónde habría singueta después porque la fiesta era de lo más tradicional. Pero ya casi al terminarse la fiesta con todas aquellas actuaciones, algo chillonas, nos fuimos con otros dos que había allí, que no conocía, y que Nelson me los presentó como Lucas y Sergio. Dos machotes buenos y bigotudos, Lucas rubio y con cierta pancita, en cambio Sergio era un cachas típico y le gustaba mostrar sus músculos. Fuimos andando por las calles desiertas y poco alumbradas hasta llegar a las afueras del pueblo donde estaba la casa de ellos o de uno de ellos porque al salir del sitio no tenía bien claro la relación que ambos tenían entre sí.

    Una casa de las nuevas, adornada con el dinero y el gusto de los de Miamí. Lucas sacó cervezas y unos bocadillos para picar mientras nos instaba a ponernos cómodos. Era la señal para desnudarse, en poco estábamos todos en cueros sentados en la sala, bebiendo y mirándonos unos a los otros. Yo estaba sentado al lado de mi mulato que me dijo al oído.

    – ¡Papi, mira cuánta leña pa´ti! ¡To´esto es pa´ti!

    Supe que los dos aquellos también me meterían caña y que todo estaba bien planeado desde antemano. Nelson me ordenó que empezara a mamar su pinga. Sabía que de sólo comenzar alguno de ellos se ocuparía de mis nalgas y culo. Los otros dijeron algunas palabrotas dirigidas tanto a mí como a mi culo peludo. Lucas fue el primero en ponerse a abrir mis nalgas y darme golpecitos con su tranca, Sergio trajo una crema y mientras le comía la pinga a mi amante, Lucas me iba penetrando. Lo hacía con suavidad, como queriendo sentir como entraba. Eso ya lo había aprendido, a unos les gustaba meterla hasta atrás de un solo golpe para sentirse bien machos, otros les gustaba alargar aquel proceso, viendo como el que recibía se iba moviendo ante la mínima incomodidad. Ambos tipos de bugarrones eran iguales porque se auto confirmaban penetrando a otro hombre.

    – ¡Cojones, qué culazo!

    Grito Lucas a los otros dos mientras agarrándose de mis caderas empezaba a moverse metiendo y sacando, mientras yo seguía atorado con el tronco de Nelson que me hacía tragarlo hasta atrás, mis ojos se llenaban de lagrimas siempre, eso lo recuerdo bien, porque costaba algo muy a pesar de la costumbre. Al rato sacó su pinga de mi garganta y alzando mi cabeza me dijo a mí pero a la vez a los demás.

    – ¡Así se hace! Todo lo que yo quiera y hoy vas a ser la puta mía y de mis dos socios… ¿Saben en lo que lo he convertido? ¿Eh?

    – ¡En un chocho maricón!

    – Nada de eso, ….es el traga leche, …lo he enseñado que después de dar el culo, la leche se la doy en la boca, nada de lechazos en el culo…

    Entre risas se sintieron más animados, Nelson se fue a la cocina, mientras que Lucas sacando su tranca me dejó libre para que me entregara a Sergio que en el sofá sentado me invitaba a sentarme en su pingota. Fui y me hizo sentarme dándole la espalda y aunque ya estaba bien dilatado me la sentí entrar. Lucas se plantó delante para que le chupara su pinga.

    – ¡Qué lástima que no tengas un tercer hueco! – Dijo Nelson al regresar con la cerveza, haciendo alusión que podía recibir más de lo que recibía en aquel momento.

    Le dio un trago de la botella a Lucas que después empezó a dejar correr un hilo de cerveza por su pinga para que yo la bebiera. Al rato Sergio dijo que se venía, que no podía más por lo que todo se agitó y me vi en el suelo con la boca abierta mientras él se masturbaba para echármela en la boca. Explotó con ganas, el primer chorro no me cayó en la boca pero el resto sí y además que hundió su pinga hasta atrás. Después cuando nos incorporamos, Nelson me hizo arrodillarme para con su pinga recoger el semen que tenía en la mejilla y dármelo usando su pinga como una cuchara. Me acosté en el diván boca abajo para que Lucas siguiera singando a su antojo, aunque en realidad se turnó con Nelson mientras Sergio se recuperaba y miraba la escena repitiendo que era mejor que una película porno.

    Lucas decía que no podía venirse así sacándola rápido y metiéndola en la boca, que o me la daba en el culo o en la boca. Nelson le dijo que yo se la mamaría bien hasta que se viniera mientras él me singaría. Aquello ya iba pareciéndose a una tortura porque no se avanzaba para nada, al rato mi amante sacó su pinga y supe que ya iba a venirse. Me desprendí de la tranca de Lucas para recibir el lechazo de mi marido, de beberlo caliente y recién sacado de sus huevos. Cuando terminamos, yo relamiendo mis labios le sonreí.

    – ¡Todavía te queda sacársela a Lucas! ¡Anda, mami, hazlo!

    Volví a tratar de coger el ritmo, Sergio empezó a jugar con mi culo y mis huevos, empezó a mamarme mi pinga haciéndome sentir en el quinto cielo. Claro que me vine antes que Lucas. Sergio quiso tragarse mi leche pero Nelson le ordenó que me la diera en un beso y de pronto me vi besado por aquel enorme tipo que me daba mi propia leche. Lucas dijo que no podía venirse así delante de todos, que me singaría a solas, me llevó al baño y me hizo agarrarme al lavabo para cogerme allí de pie. Yo hubiera preferido una cama pero al parecer Lucas estaba acostumbrado a coger un culo así, apurado en algún baño. Yo trataba de moverme, de decirle cosas, de provocarlo y bueno, al fin la tortura llegó a su fin cuando se vino pero adentro sin sacarla. El muy cabrón entonces llamó a Nelson para decírselo, supuse que le iba el asunto ese de que yo era el traga leche. Nelson llegó, se arrodilló detrás abriendo mis nalgas y empezó a lamer y chupar mi culo para sacarme la leche, cuando creyó que la había recogido toda me la dio en un beso largo y pasional. Lucas nos dejó allí besándonos con pasión.

    – ¡Quiero que me singues ahora tú! ¡Lentamente, con pasión, papo! – Le dije cuando me di cuenta que tenía la pinga bien dura.

    Nos metimos en la ducha, abrió la llave y el agua fresca nos empezó a caer encima. Se sentó en el suelo y yo sobre él, cabalgándolo, besándolo, mirándolo. Fue un sexo rico, muy pasional como el que verdaderamente había entre los dos muy a parte de cualquier orgía o capricho. Allí estuvimos, cuando los otros quisieron entrar no pudieron porque la puerta estaba cerrada por dentro. Hicimos el sexo como verdaderos amantes. Cuando salimos, ya Lucas se había ido, quedaba Sergio que era el dueño de la casa.

    – ¡Coño, qué aguante tiene este nene que te has echado! – Comentó con cierta sonrisa, después nos sentamos a beber algo y como ya era tarde, Sergio nos invitó a quedarnos.

    Claro que agregó que le gustaría echar un palo más antes de dormirse si se lo permitían. Nelson me pasó la bola diciendo que eso dependía de cómo me sentía yo, que a la vez se la devolví diciéndole que eso dependía de él que era mi marido.

    – ¡Pues que no se hable más, sólo que te lo singas en la cama y delante de mí!

    Fue la condición que puso Nelson, nos fuimos al dormitorio, grande y con una cama grande y un espejo igual de grande en la puerta del escaparate al lado de la cama donde todo se veía a la perfección. Nos acostamos, Nelson se apoyó en la cabecera con las piernas abiertas para que yo me pusiera allí. Me acarició la cabeza diciéndome que aguantara un poco. Sergio abrió mis piernas y empezó a dar lengua, yo perdido me sentí y más con lo sensible que tenía esa zona ya, Nelson me decía que lo gozara bien. Pensé que sería eso lo único porque pasaba el tiempo y nada, él seguía dando lengua en mi culo. A Nelson ya se le había puesto algo dura, yo había empezado a darle besos, caricias cuando sentí que me untaba algo frío y me penetraba. Suspiré aguantando el aliento hasta que no sentí el pubis peludo de Sergio en mis nalgas. Fue una singada lenta, rica que disfruté bien. Sergio no siguió lo impuesto por Nelson, se vino adentro y se quedó un rato sobre mí.

    – ¡Te voy a perdonar esta! ¡Te dejo que te quedes con la leche de él dentro! – Fue el dictamen que dio mi marido, después dormimos tranquilos los tres.

    La relación con Nelson fue durante un tiempo bastante bien, aunque cada vez él buscaba más aventuras y terceros o cuartos por lo que comencé a sentir que algo empezaba a separarnos poco a poco. Además ya me estaba sintiendo cansado de ser el “traga leche”, no sólo la de él sino la de sus amigotes. Ya me aburría y casi me era insoportable sentir el sabor del semen en mi boca. Se lo comenté una noche después de tragarme su leche, le dije que no podía más así. Su respuesta fue algo brusca en ese momento, me dijo que para eso yo era maricón, que aguantara. No me gustó aquella salida de él, porque en realidad esperaba más comprensión de su parte. En una de las ocasiones que fui a mi casa, pues no regresé, traté de alejarme lo más posible. Él llamó a la casa de los vecinos, conversamos algo aunque le dejé bien claro que no quería regresar y fue cuando me dijo que entonces vendría a buscarme. Fue cuando le dije que iría y esa misma noche fui a su casa. No estaba sólo, allí estaba Sergio, que se alegró de verme. Ya ellos estaban más o menos casi desnudos, me invitaron a desnudarme. Traté de oponerme diciendo que tenía que irme. Fue cuando recibí la primera cachetada por la cara, Nelson de manera brusca me llevó al dormitorio y me tiró en la cama.

    – ¡Óyeme bien, maricón de mierda, de aquí no te vas hasta que te singuemos!

    – ¡Suéltame! – le grité.

    – ¡Tú has venido a por leche y la vas a tener! – volvió a amagar como si me fuera a pegar.

    Sergio intervino diciendo que no era necesario, que todo iba a salir bien. Me abrazó diciendo que Nelson estaba encabronado porque yo lo había dejado sin darle una explicación, que estaba muy preocupado por lo que pudiera pasar. Sergio me hablaba y acariciaba, caricias que fueron convirtiéndose en un desnudarme poco a poco. Cuando Nelson entró en el dormitorio de nuevo, ya ambos estábamos desnudos y Sergio lamiendo mis nalgas. A Nelson le gustó aquello, se nos unió sin rencor alguno. Me entregué a ambos, Sergio después de ensalivar bien mi ojete se encargó de llenármelo con su pinga, mientras yo tragaba la de mi mulato.

    Una cosa muy rara fue que mi marido se vino antes que Sergio, cosa bastante rara porque él tenía aguante. Yo estaba sorprendido cuando sentí que se venía y me llenaba la boca de semen mientras agarraba con fuerzas mi cabeza.

    – ¡Mamí, no sabes las ganas que tenía de sentir mi pinga en tu boca! ¡Me has sacado la leche en nada!

    Dijo cogiendo mi cara mientras me miraba a los ojos, después medio un beso pasional para que no me cupiera la duda de que me amaba. Pero acto seguido pasando a cosas más reales, le dijo a Sergio que lo dejara singar un rato y cambiaron de sitio. Yo volvía a ser el mismo de antes, el objeto del deseo de ellos, de los machos como me había dictaminado William. Nelson y Sergio se fueron turnando mientras me daban pinga sin consideración, caña dura y limpia. Algo había casi cambiado los dos se vinieron en mi ojete, me di cuenta porque ya me había pasado por la mente lo de siempre.

    Sergio se fue y cuando nos quedamos solos, Nelson abrazándome me dijo que lo perdonara, que estaba muy enfado con mi partida. Aceptó que en lo adelante nuestra relación cambiaría hacia lo mejor, que si a mí no me gustaba tanto tragar leche pues haríamos como hacía un rato. Fue una noche de explicaciones mutuas, porque a él le gustaba una cosa, yo la soportaba a medias y no como una costumbre. Me propuso un punto medio entre lo que antes hubo y lo que habría en un futuro.

    La relación con Nelson duró algo más, volvimos a tener un momento de Luna de Miel, y más cuando decidió hacer un viaje a casa de sus padres que vivían en Las Villas y me llevó consigo. No se me había pasado por la mente que ese viaje en lugar de fortalecer nuestra unión, la destruiría. Aquel viaje lo comenzamos yendo a casa de un amigo que era camionero y que nos llevaría, por lo que el viaje de ida nos saldría gratis, bueno ya al ver al amigo y las miradas que me echó, pues sabía que quien pagaría era yo.

    Así fue, salimos de noche porque viajar se hace más llevadero por el fresco. Cuando cogimos la carretera nacional Tito, así se llamaba el camionero, un tipo delgado y alto, con un bigotico fino; se sacó la pinga. Yo iba, claro, en el medio entre ellos dos. Tito cogió mi mano y la puso en su pinga que era a tener en cuenta por lo larga que era. Sentí la piel tersa, suave y cómo se le ponía dura al tacto.

    – ¡No sabes lo que me gusta que me la chupen mientras manejo!

    Fue la invitación franca que me hizo, miré a Nelson que me insinuó con un movimiento de la cabeza que actuara. Traté de acomodarme y empezar a chupar aquel pingón largo. Por un lado no siendo tan gorda era fácil aunque el lado malo era que siendo larga pues entraba sin problemas hasta la garganta. Por suerte ya tenía mi experiencia y sabía cómo hacer para que la pinga no me diera arqueadas y así gozar los dos. Al rato dijo.

    – ¡Vamos a parar porque quiero singarme a tu gente! ¡Uf, me tiene loco, oye…sabe mamar bien porque mira que me la han mamado pero así de tragársela toda, pues tiene el uno!

    Paró en uno de esos paraderos, bajamos, a Tito se le notaba por encima del pantalón. Aquello estaba muy oscuro por lo que nos adentramos en los matorrales mientras Nelson se quedaba en el camión cuidando. Cuando caminamos un poco me dijo:

    – ¡Ya aquí está bien!

    Empezó a sacarse el pingón, yo me bajé los pantalones y escupiendo mi culo empecé a lubricarlo.

    – ¡Coño, qué buen maricón eres que tú mismo te ensalivas el ojete! A ver, déjame tocar un poco antes de darte pinga…

    Estuvo un rato tocando mi ojete, ensalivándolo, hasta que me dijo que me abriera las nalgas que me la metería. Así lo hizo, aunque todo iba bien daba la impresión que no llegaba a meterla toda. Singamos rico, de verdad que me sentí bien, cómodo porque además de todo sabía singar y dar gusto. La verdad que no sé cuánto tiempo pero me pareció bastante, se vino y sin salirse de mí me hizo la paja mientras me besaba y murmuraba cosas al oído. Regresamos al camión donde nos esperaba Nelson, Tito le dijo que si quería él se quedaba y esperaba mientras sigábamos, pero mi amante prefirió que se la chupara mientras íbamos por la carretera. Así fue, tuve que chupársela hasta que se vino en mi boca.

    – ¡Cojones, qué mamada más rica! Ya se me pone dura de nuevo.

    – Pues mi gente es un buen culo pero le gusta tragarse la leche…, es un ternero.

    Vaya con lo que decía, ahora había resultado que era yo el aficionado a tragar semen cuando era Nelson quien había impuesto aquel modo. En fin, ya me veía yo de nuevo con Tito para satisfacer su deseo de nuevo. Por suerte Tito propuso que antes de llegar a Santa Clara pararía de nuevo. Yo dormí algo hasta que me desperté cuando se detuvo y sentí que Tito me daba unas palmaditas por el hombro para que me despertara, Nelson siguió medio dormido allí en la cabina. Caminamos un rato en busca de un sitio apartándonos de la carretera.

    – ¡Oye, me has dejado medio loco! Se ve que te gusta lo que haces. Lástima que estés en manos de este tipo, ese no te va a dar nada bueno, te va a usar…yo con mi gente no haría eso ni se la daba a nadie ni nada, para mí mi amante es mío y ya. Si fueras mío, te llevaría aquí… – Me dijo mientras me enseñaba la palma de la mano que yo tomé y se la besé.

    Esta vez tuvimos un sexo pasional, primero que se acuclilló para mamarme el culo mientras murmuraba que le había vuelto loco que me había quedado con su leche dentro, me poseyó con pasión, besando, acariciando y sobre todo teniendo en cuenta lo que sentía yo. Igual que la vez anterior me masturbó.

    – Así me gusta, ¿te vas a quedar con mi leche?

    – ¡Sí, papo, sí!

    – ¿Veo te gusta que te deje preñado cada vez?

    – ¡Sí, mucho!

    – ¡Óyeme bien! Me gustaría que fueras mi pareja, que dejaras a ese tipo que no te va a dar nada. ¡No me digas nada ahora! Cuando regreses a La Habana, búscame en mi casa, ya sabes donde vivo, de todas maneras coge mi teléfono.- me dio un papelito- ¡Mi vida, si decides que sea tu marido, no te vas a arrepentir!

    Llegamos al camión, Nelson estaba fuera esperando.

    – ¡Vaya, que le has cogido el gusto a mi maricón traga leche!

    Aquella frase sonó vulgar y fuera de tiempo, intercambiamos una mirada. Nelson me arrastró hasta los matorrales para singarme mientras me prometía reventarme el culo a pinga limpia. Allí a la vista de Tito me hizo bajarme los pantalones y me singó, yo miraba a la cabina del camión donde estaba Tito, sabía que nos miraba porque había encendido un tabaco y cada vez que daba una chupada, su rostro se iluminaba y yo veía sus ojos. Nelson igual sabía que él nos miraba y sobre todo cuando iba a venirse sacó su rabo y me lo metió en la boca para echarme la leche dentro de la boca. Ya de regreso me comentó.

    – No creas que soy tonto, te ha gustado ese bugarrón camionero, pero él ha visto lo que eres, una puta limpia pinga.

    En el camino Nelson se jactó de las travesuras que había hecho conmigo, empezó desde el día en que me conoció y aquella vez en que me singó, por segunda vez, en un baño público. Estaba claro que lo que quería era ponerme mal delante de Tito que a veces comentaba algo, decía que singar no era un delito. Ya casi cuando llegábamos Tito le dijo:

    – Pues mira, chico, yo a mi gente no se la daría a nadie para singar ni mucho menos la pondría en ridículo delante de nadie y si mi gente es muy puta, pa´eso me basto yo y pa´darle to´a la pinga que quiera. Ese chico es un tesoro y no lo estás cuidando…

    Nos dejó en la plaza y claro, Nelson estaba que ardía, porque lo que había dicho Tito era verdad. Para mí ya estaba claro que lo nuestro se hundía y Nelson trató de ayudar en lo posible. Llegamos a casa de un primo suyo, donde me quedaría yo porque él se iría a casa de los padres. El primo que también entendía pues ya cerrando la puerta me invitó a que se la mamara y le diera el culo.

    – Mejor más tarde, ya me han singado dos veces hoy, estoy muerto. – le dije a modo de escusa.

    – ¡Oye, mariconcito, si te han singado ya dos veces, pues eso es que eres maricón, una tercera no te va a hacer nada! ¡Qué pa´eso eres maricón, pa´que te singuen!

    Aquel guajiro de mierda se vino dos veces sin sacarla, yo ya estaba harto, no iba a decir que adolorido porque no, pero harto de aquel baboso grosero que hablaba igual que Nelson. Por fin me dejó tranquilo a que me duchara y me acostara a dormir algo. Dormí poco, de día me cuesta dormir y con los ruidos menos. A eso del medio día, alguien abrió la puerta y entró un tipo, bueno, un negro, que me dijo que la llave se la había dado El Papo, así le decían al primo de Nelson, y que venía a singar, que estaba loco por singarse un blanquito como yo.

    ¿Qué iba a hacer? Pues nada, ya estaba allí y además no lo voy a negar, el negro mientras hablaba se manoseaba el paquete. Al menos este sí lo disfruté, porque negro al fin estaba bien dotado, gruesa, grande y con ganas de dar leña. Yo me encargué rápido de su pinga y él de mi culo, lo lamía, lo mordía, metía su lengua. Después me hizo sentarme sobre él, después la sacó y volvió a mamarme el culo, y así muchas veces. Me singaba por un rato y la sacaba para darme lengua. Este se vino igual dos veces, la primera dentro y la segunda me pidió echármela en la boca. Caímos muertos los dos en la cama, nos quedamos dormidos los dos allí abrazados hasta que nos desertó la voz de Nelson.

    – ¡Coño que no se te puede dejar sólo! Ya estás quemando petróleo.

    Entró a la habitación y saludó con un abrazo al negro y dándome una nalgada le dijo:

    – ¡Ya has visto lo que les he traído! ¡Tú sabes que yo no traigo cosas malas!

    – ¡Uf…qué blanquito más rico! ¡Si aquí los hubiera así, macho, que da cintura como el mejor y mama! – dijo el negro sonriente.

    – ¡Pues, mira, aquí lo tienen, yo estaré en casa de los viejos! Está aquí para que lo vacilen bien.

    No me gustó aquel tono porque no se dirigió a mí sino al socio, después me dijo algunas cosas y se fue de nuevo.

    – Me llamo Polo…, oye, me gustas un cojón. – me dijo el negro cuando estuvimos solos.

    Polo resultó ser mejor que El Papo, el primo, por la noche vino de nuevo y me invitó a salir a dar un paseo y enseñarme la ciudad. Resultó que trabajaba en la Casa de Cultura, era pintor, fuimos hasta su casa, me enseñó sus cuadros y los cuadros de desnudos y sexo que tenía.

    – ¡Quiero pedirte una cosa!

    – Dime

    – ¿Déjame singarte delante de un espejo para poder pintarte? Yo retengo en mi mente y hago un dibujo rápido…

    Yo asentí, buscó dos enormes espejos, uno lo puso delante de mí y otro de costado diciendo que quizá saldrían dos cuadros. Nos desnudamos y comenzamos nuestro ritual, yo miraba a veces al espejo, y cuando me poseyó miraba al espejo que tenía delante pero él me dijo que no mirara mucho, que gozara, que le interesaba ver mi cara de goce, satisfecha. Cuando se vino, todavía con la pinga parada se fue a pintar los esbozos de los dos cuadros. Aquella noche me quedé allí con él, se lo pedí sabiendo que no me lo iba a negar. Le dije que El Papo no me gustaba, que era un poco bestia y él aceptó a que me quedara. Eso sí, fue a la casa del otro a decirle que me quedaría en su casa. Regresó un poco enfadado porque había discutido con El Papo.

    – ¡Mira, a mí casi no me conoces y a El Papo sí! Mejor me llevas a su casa y quedamos bien. ¿Qué se le va a hacer? Tendré que soportarlo, …pero no quiero que por mi culpa te pelees con él.

    Mi sinceridad le conmocionó, y no me dejó ir alegando que si yo había decidido quedarme allí, pues eso era ley. Que ellos a veces compartían amantes y si alguno decidía irse con el otro, pues estaba claro. De todas maneras por la mañana tocaron a la puerta, Polo me dijo que me quedara quieto, que se imaginaba quién era. En efectivo era Nelson y el primo, los escuché discutir por mí, Polo les repetía que me había acompañado a la estación y había cogido un carro para La Habana. No faltó poco para que se fueran a las manos, incluso yo estaba dispuesto a salir y darle la cara a Nelson pero la discusión se terminó de pronto, escuché el portazo y enseguida entró Polo. Se acostó abrazado a mí.

    – ¡Coño, cómo es posible que una gente como tú se haya enrolado con ese par de mierdas!

    Tenía mucha razón, de verdad que empezando por Nelson con sus cosas y el otro, pero ya había comenzado el final de esa historia y me alegraba muy a pesar de que había terminado bastante mal. Polo y yo hicimos el amor despacio, llenándonos de caricias mutuas, de placer, gozando uno del otro. Un sexo de esos que se recuerdan siempre aunque no haya pasado nada a contar. Fue un momento que siempre recordaré, aquellos ojos, aquellos labios oscuros bajo aquel bigote, su sexo oscuro, nervudo, grande, sus huevos colgando, su sonrisa.

    – Lástima que regreses a La Habana y te pierda…

    – ¿Por qué dices eso?

    – Me gustaría que fueras mi gente…, te voy a confesar algo…, mira que he singado pero como lo he hecho contigo, todavía no.

    Fue linda aquella conversación pero la realidad se nos echaba encima, yo me tenía que ir, primero por Nelson y el hermano, después porque allí en provincia no haría nada ni podría continuar mis estudios. Ese día estuvimos hasta el medio día despidiéndonos, después me acompañó hasta la estación y por suerte cogí una guagua interprovincial. Le prometí que regresaría, que nos llamaríamos o escribiríamos. Tuve bastante tiempo para pensar en el camino sobre mí, sobre Nelson y las mierdas que me iba haciendo, claro que culpa tenía yo porque no me opuse sino que hacía lo que le venía en ganas. Pero el paso que había dado, estaba justificado y más que ya no me sentía cómodo con aquel estatus de “el traga leche”.