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  • Mi primera vez en el trabajo

    Mi primera vez en el trabajo

    Hola, este es mi primer relato, espero les guste. Mi nombre es Tobías, trabajo en una clínica de rehabilitación lo que me ha ayudado a conocer mucha gente y claro mujeres de todos los tipos, no soy un modelo, pero soy alto, medio llenito y pues soy muy platicador y me gusta relajear con los pacientes.

    Este relato se trata de una vez de varias que me cogí a una compañera de trabajo. En ese entonces yo tenía 35 años, ella 36 años, es morena de estatura mediana, de pocos pechos, pero tiene un trasero que uff es una delicia. Nuestra relación era muy apegada, platicábamos mucho reíamos y nos contábamos muchas cosas era tanta nuestra confianza que nos platicábamos cosas íntimas, de cómo se la cogía su esposo de que le gustaba hacer y que le hicieran.

    Una ocasión que estábamos solos en la clínica no había pacientes solo ella y yo la plática era de sexo, de cómo había cogido con su esposo la noche anterior y la verdad no pude evitar tener una erección la cual ella noto y me dijo “oye compañero eso que significa” y le dije “pues tú qué crees amiga solo de imaginarte lo que me platicas así se me pone” y como nuestro uniforme es clínico pues mi erección era muy notoria .

    Y me dijo “oye pues por lo que se ve es verdad lo que dices del tamaño de tu pene”. Siempre le decía que tenía un pene de buen tamaño y ella solo decía si presumido y le dije “pues si quieres averígualo tu misma” y en eso me empezó a sobar el pene encima del pantalón y pues mi erección fue creciendo.

    Tengo un pene de unos 19-20 cm algo grueso la verdad y en eso dice “pues es hora de verlo” y me bajo el pantalón hasta las rodillas y mi pene salto enfrente de ella y dijo “ay compañero que rico”. Cabe mencionar que su boca es de labios gruesos y sin decir más empezó a mamar mi pene de una manera que me calentaba mucho porque al meterlo en su boca volteaba a verme con una mirada que la verdad se veía que lo disfrutaba y me calentaba más. Yo tomé su cabeza y quería meter todo mi pene en su boca, me estaba dando una mamada espectacular la verdad.

    Cómo dije sus pechos son pequeños y mientas tenía mi pene en su boca empecé a acariciarlos sentí como su pezón crecía y ella aumentaba el ritmo de la mamada. En eso se saca mi pene y me dice “cógeme por favor” y pues la verdad yo también ya estaba muy caliente. Yo estaba de pie frente de ella que estaba sentada en una silla y en eso la levantó y la apoyo en una camilla y me pongo atrás de ella y le baje su pantalón con todo y su calzón el cual ya estaba mojado, la volteo para ver su panocha tenía poco vello, pero tiene unos labios que sobresalen la verdad.

    Metí dos dedos los cuales entraron muy fácil, la volteé otra vez y la incliné en la camilla dejándome ver ese trasero tan rico que tiene mientras con una mano estimulaba su clítoris con mi boca, mordía y besaba esas ricas nalgas que siempre se me habían antojado. Cuando ya no aguantaba más puse la punta de mi pene en la entrada de su panocha y la fui metiendo despacio quería sentir cada centímetro de su panocha que la verdad es una delicia.

    Cuando por fin la metí toda empecé a meter y sacar le da daba rápido y luego lento y mientas la penetraba ella volteaba a ver con una cara que la verdad me excitaba más, lo estaba disfrutando tanto como yo, me aferraba a sus caderas, luego acariciaba su espalda y sus pechos. Sentí como tenía un orgasmo y seguí penetrándola hasta que sentí que iba a terminar y me dijo “quiero que me des tu lechita en mi panocha”, le dije “estás segura” y dijo “si por favor” y así fue, solté unos chorros de semen que la hicieron terminar otra vez, así me quede dentro de ella hasta que mi pene fue perdiendo firmeza y mi semen salía de su panochita.

    Nos subimos nuestros pantalones cada quien, se fue a un baño a limpiarse, al salir ya faltaban 5 minutos para salir y ya estaba su esposo afuera esperándola, lo vi por una ventana y lo saludé y me saludó.

    En eso sale mi amiga y me dice “ya me voy compañero” nos despedimos de beso en la mejilla y se fue.

  • El cambio de año

    El cambio de año

    El viernes 30, mientras esperaba a mi marido, contesté algunos correos, como si fuese ping-pon, pues yo no uso chat con mis lectores.

    L1: ¿Cómo te va, Mar? Ya me contaste del regalo de “Navidad adelantada” que te dio un tal Miguel. Dijiste que te puso arrecha. ¿Quieres uno mío de “Año Nuevo adelantado? –me puso uno de los lectores le llamaré L1 refiriéndose a un video con una corrida excelente que me mandó Miguel y que justamente ese día que lo recibí yo estaba en éxtasis mirándolo una y otra vez y se lo conté cuando recibí ese correo.

    Mar: ¡Claro que sí quiero! Me servirá para calentar motores mientras llega mi marido –le contesté a L1 pues él tiene una verga de ensueño, con unos huevotes deliciosos.

    L2: ¿Qué hace? En un relato suyo leí que se le podía pedir por este medio la foto de usted. Ojalá que pueda mandarme alguna.

    Mar: Sí, aquí va anexa la foto a la que hago referencia en ese relato: me apresuré a contestar al correo que acababa de entrar de otro lector.

    L1: Ya sabía que dirías que sí. Este video lo grabé jalándomela en tu honor: me contestó L1, quien ya tenía la videocorrida lista para su envío. De inmediato abrí el regalo y me encontré con la perfección de video: una verga, bien parada, de perfil. “¡Mámame los huevos, mientras me la jalo, putita!” decía, moviéndolos con la mano izquierda y se la empezó a jalar con la derecha, diciendo guarradas. No pude evitar acariciarme la panocha yo estaba en la cama y puse mi lap-top en el peinador para que no me estorbara. En menos de un minuto, saltaron los chorros de semen de esa manguera y yo me metí los dedos hasta donde me era posible moviendo frenéticamente la mano y abrí la boca después de decir “L1, ¡dámela en la boca, mi amor!”. Ni qué decir que me vine muy rico con ese espectáculo realizado para mí. “¡Trágatela toda, puta!”, decía L1 y yo “¡Sí, dámela, puto!”. Lo mejor vino después, cuando cambió la vista de la cámara, pues estaba impresa una de mis fotos completamente chorreada por el semen que L1 había eyectado.

    L3: ¿Ya llegó tu marido o necesitas una verga, mami? -decía otro correo más, que abrí, aun jadeando por la excitación satisfecha. Contenía como anexo la imagen de una verga circuncidada y bien parada.

    Mar: Está bonita la imagen, al rato le haré los honores que merece porque en este momento estoy agotada por haber hecho eso mismo para un video de L1. Besos -fue todo lo que pude decir y volví a poner el video de L1 para contestarle.

    Mar a L1: ¡Te mandaste, mi amor! me acabo de hacer una paja por ti. Me hubiese gustado estar en el lugar de mi foto. ¡Gracias, puto! -le contesté a L1.

    L2: ¡Qué panocha tan hermosa tiene! ¡También ese fundillo invita a penetrarla por allí! Gracias por la foto. Si hay oportunidad de que me pueda mandar más fotos de usted, y de como es para verla según sus relatos -decía amablemente L2, a quien le contesté “Sí habrá otras después” y le anexé una donde Bernabé me está cogiendo.

    Y seguí contestando otros correos, ya más calmada y acariciándome la raja llenita de mi flujo, repartiéndome éste en el vello de mi pubis. Más tarde, apagué la máquina y me quedé dormida.

    –Así me gusta que me esperes, encuerada y lista para recibir el amor… -dijo Ramón, despertándome, pues me quedé dormida sin meterme bajo las sábanas.

    Mi esposo se desvistió y me besó la pepa. “Hueles a que tienes ganas de macho”, me dijo y me comenzó a chupar.

    –Mama mucho, papito, son mis ganas de ti -le dije tomándolo de la cabeza para repegar su cara en mi sexo.

    –Ya llegó tu apaga fuegos, mamita -dijo colocándose en posición de misionero y me la dejó ir de una hasta el fondo.

    Lo besé y probé su aliento alcohólico “Vienes borracho”, le dije. “Vengo arrecho, con ganas de ti”, contestó y se empezó a mover de manera deliciosa. Abrí las piernas y lo apreté con ellas, acariciando sus nalgas con mis talones. Nos vinimos pronto y se quedó dormido sobre mí. Lo resbalé hacia la cama, lo abracé y me puse a besarle la cara. Seguro que fue a festejar a la cantina con sus amigos para despedir el fin de año. Me dieron celos, pues a veces toman con las “damas” del antro sobre sus piernas. Seguramente también traía besos de alguna güila en su rostro, pero para mí sería la calentada que le dieron.

    Más tarde, cuando me dio frío, me desperté y le mamé la verga para saborear los resabios del amor que recibí. Se despertó y tomando su verga bien erecta, me dijo “¡Te la voy a meter hasta la garganta, mamita!”, y lo hizo… Me cogió por la boca y me llenó la boca de semen, como si no se hubiera venida antes. Tosí y le pedí que se metiera bajo las sábanas. Ya cubiertos, lo besé y mi lengua navegó en su boca compartiéndole el sabor de su leche.

    Volvimos a dormir, y en mis sueños se mezclaba la videocorrida de L1 con el sabor de mi marido “¡Dame toda la leche en la boca puto!”, grité entre sueños. Ramón se despertó y me dio la vuelta. “No va a ser por la boca, mami, va a ser por el culo”, dijo, apuntando su pene en mi ojete. “¡Ponle aceitito, papi, me va a doler!”, reclamé. “Pues ya no me puedo detener” dijo y me la clavó; me puse flojita y lo recibí. Sí dolió, pero poquito. Se quedó dormido sobre mí con el tronco duro y sin venirse. Cuando se salió de mí, lo tiré hacia la cama y cubrí nuestros cuerpos con la cobija.

    Hubo más despertares y penetradas, él es así cuando está borracho. Me tocaron tres más, sólo una con eyaculación y, al despertar, también me tocó biberón, el cual tomé y sorbí hasta la última gota de esperma.

    De verdad que esa noche yo también estaba muy caliente: soñé con varias de las videocorridas que mis lectores me han enviado, entre ellas las de Luis, y en mis sueños jalaba vergas de todos tipos, hasta la cabezona de Diego, que me las metía una tras otra por todos los orificios, ¡hasta por las orejas!, al fin y al cabo, eran sólo sueños. Por cierto, Bernabé, mi amante, es el único que me ha embadurnado el oído de semen, “¡Ni se te ocurra querer metérmela por las orejas!”, le dije aquella ocasión, cuando tallaba su glande en mi pabellón. “No te caería mal una limpieza de oídos”, dijo eyaculando, y sentí la tibieza de su leche dejándome tapado el canal auditivo.

    Al despertar, nos bañamos, me enculó mi marido en la ducha. Después de vestirnos, desayunamos e hice un balance de lo que me faltaba para tener lista la cena de fin de año. Cuando regresamos, mi hija y yo del mercado, comimos y terminamos de preparar la cena. A la hora adecuada metimos al horno el lomo, Terminamos de cocer los romeritos y sus tortitas de camarón. Ramón y mi hijo pusieron el mantel y los cubiertos. Así, separadas las doce uvas para cada quien, inició la cena. Se me pasó la mano en el vino y al terminar la cena, mi marido me llevó a la cama. Yo estaba muy impertinente pues le decía a mi esposo que me cogiera sobre la mesa del comedor, cosa que me concedió cuando mis hijos se retiraron a sus cuartos sus recámaras están en el piso de arriba y se sube por una escalera externa después de lavar los platos y guardar la comida restante en el refrigerador.

    Así, sobre la mesa del comedor y con las piernas abiertas, recibí el año nuevo, llena de leche y buenos deseos de mi marido hechos realidad. “¡Feliz año nuevo, mamacita!”, me dijo mi marido cuando me llenó la vagina de su amor, “Toma la verga que querías, puta borracha” decía él, de pie a la orilla de la mesa donde yo estaba tendida, en un envión tras otro.

    –Dame la botella de vino -le pedí a mi marido, quien me complació quitándole el corcho a la última botella de vino que habíamos utilizado, pero aún quedaba la cuarta parte del mosto.

    Me bajé de la mesa y me puse a mamarle la verga, intercambiando mi boca entre su miembro y la botella de vino. “¡Puta borracha!” decía soltando los residuos que aún quedaban en el tronco y yo cataba con el sabor del tinto. Ya no podía estar en pie y, como pudo, porque Ramón también había tomado y acababa de tener una rica eyaculación que lo dejó debilitado, me llevó a la cama, donde me tiró y se puso a chuparme la panocha, quedándonos dormidos. Sí, hubo más cogidas ese domingo, primer día de 2023.

    Lamentablemente, el lunes no pude hacer lo acostumbrado con Bernabé, mi amante, pues ese día era su aniversario de bodas y el día se lo dedicaría el a su esposa. Pero hoy martes, nos dimos nuestras respectivas felicitaciones, trenzados con las piernas durante toda la mañana, mientras mi cornudo trabajaba…

  • Ceci, emputecida un fin de año (primera parte)

    Ceci, emputecida un fin de año (primera parte)

    Ceci es una mujer argentina de 32 años, madre de un adolescente y a la conocí en una app de citas, nos vimos un tiempo y luego tuvimos una fiesta con ella y unos amigos en mi departamento del barrio de San Telmo, como ya os conté. Pero pasó mucho hasta que por casualidad nos volvimos a cruzar.

    Para quienes no hayáis leído los relatos anteriores voy a describirla de nuevo:

    Ceci es una mujer de cerca de 1.70 m. de cuerpo bien formado, pues practica deporte habitualmente. Es morocha, de pelo muy largo y oscuro que suele recoger en una cola que le roza la cintura, y su piel suave, presentando como única imperfección una disimulada cicatriz recuerdo de una cesárea. Su rostro es agradable -aunque no llamaría la atención de primeras-, en él destacan unos labios carnosos sobre una boca de buenas dimensiones, que invita de inmediato a colocarle una verga allá. Su nariz es pequeña y redondeada y sobre ella se sitúan dos pequeños ojos oscuros, algo caídos, a los que cubren unas gruesas cejas. La espalda de Ceci es bien proporcionada, y termina en una hermosa cola –quizás lo más atractivo de la mina-, que invita a soñar con hermosas noches de sodomía. Del otro lado, su concha es muy dulce, y siempre la porta bien depilada –la mina está completamente sin vello-; este dulce presenta unos labios alargados que marcan bien su raja en los joggings, y al abrírsela vemos un color rosa brillante. A unos centímetros destaca un pequeño clítoris, que al acariciarlo hace que la mina automáticamente emita profundos gemidos de placer. Subiendo por el cuerpo de esta putita, encontramos una panza planita, trabajada por el deporte, arriba de la cual encontramos dos senos de tamaño medio, ligeramente caídos, y que albergan dos aureolas grandes y sonrosadas en las que se levantas unos pezones pequeños y bien duros. Háganse pues una idea de la zorra para recrear mejor lo que viene a continuación. Empecemos:

    Era la Noche Vieja del 2021 y fui con unos amigos a un boliche de moda por Almagro, la noche transcurría entre tragos y joda. A Ceci ya no la tenía en la cabeza, pues los sucesos que narré en los anteriores relatos habían ocurrido bastantes meses antes. En esto una de las amigas con las que estaba, una venezolana, me invitó a seguirla hasta la pista de baile y eso hice. Y allá, entre los cuerpos que bailaban cumbia me topé con una cara conocida: Ceci. Para asegurarme de que era ella, fui corriéndome poco a poco hacia el centro de la pista, donde efectivamente estaba Ceci con unas amigas, no la acompañaba ningún hombre. Una vez comprobada su identidad, me aparté, pues pensaba que tras nuestro último encuentro no tendría mucho interés en verme. Mi pareja, que pensó que me gustaba alguien de la pista, me agarró de la muñeca y me llevó a un rincón donde empezó a besarme. Así, por un rato le perdí la pista a Ceci.

    Después de un rato bailando con mi amiga sentí ganas de ir al baño, así que me dirigí solo a las escaleras que descienden al sótano donde estaban los aseos. Fue allá, en el pasillo, donde me encontré con Ceci, estaba discutiendo con unos tipos, algo enojada, así que no se percató de mi presencia. Por mi parte, me coloqué detrás de unas cajas de cerveza para seguir la escena sin ser notado.

    -Pero ¿qué hacéis machirulos de mierda?

    -Eh, che nada, ya nos íbamos. Tranquila flaca.

    -No es lo que dice mi amiga. – y Ceci señaló a una mina bastante borracha que estaba en la pared.

    -Flaca, yo no sé qué te dijo tu amiga, pero no le hemos hecho nada. – contestó uno, de aspecto cheto y casi tan borracho con la amiga de Ceci.

    -¿Decís que mi amiga miente? – y esto Ceci empujó a uno, con tan mala suerte que el pibe pisó una botella de gaseosa que estaba en el piso y calló, golpeándose la cabeza contra la pared. El ruido hizo bajar a un par de guardas de seguridad.

    -¿Qué ocurre acá? – espetó una especie de buldog con forma humana.

    Los pibes se miraron, ayudaron a levantarse al que estaba en el piso e inmediatamente exageraron lo ocurrido.

    -Disculpá, íbamos al baño y esta loca empezó a agredirnos.

    -Sí, la flaca me golpeó la cabeza con una botella vacía, no sabemos por qué, ni siquiera la conocemos.

    El más cheto de ellos y que estaba menos borracho añadió un comentario que sentenció a Ceci, sobre todo por la reacción de esta.

    -Oiga, che, esta flaca nos preguntó por merca, al decirle que no teníamos nos llamó embusteros y empezó a amenazarnos.

    Los guardas miraron a Ceci, como esperando que esta diera su versión, pero en vez de eso, saltó como una fiera sobre el último que le había hablado. Por lo que los guardas la agarraron como pudieron y en volandas la sacaron del local por la puerta de atrás. Yo que permanecí ignorado durante la discusión, aproveché la confusión para seguirlos.

    Cuando salieron del local se llevaron a Ceci a unos metros de la puerta, justo donde había una farola que iluminaba esta poco transitada calle. Yo aproveché para caminar en dirección contraria a la de ellos y situarme detrás de un container negro lleno de cartones, desde donde les era imposible darse cuenta de mi presencia.

    -Te vas yaaa, pide un taxi y largate. Le soltó a Ceci el más pequeño de los guardas.

    La mina fuera de sí no atendía a razones, y en respuesta le escupió en la cara.

    -Así que quieres guerra, ¿eh? Y le tipo le dio un empujó que tumbó en el piso a Ceci como si fuera de papel.

    -¡Forros de mierda! ¡Machirulos! ¡Os voy a denunciar hijos de puta! – La mina gritaba de tal forma que pronto se enterarían todos los que hacían fila para ir al baño.

    -Callate y te vas, ¿ok? O vas a tener problemas. ¿Entendés? -. Le soltó el más grande de los tipos.

    Ceci se levantó, agarró una lata que estaba en la carretera y se la lanzó, dándole al pequeño de los matones en el hombro. La lata tenía aún salsa de tomate, por lo que toda la manga de su remeta quedó teñida de rojo. El tipo fuera de sí levantó la mina apretándole los brazos y la lanzó contra la pared. El cuerpo de Ceci choco y se oyó un crack.

    -Ay, os voy a denunciar perros… dijo ella débilmente.

    -¿Pero qué has hecho flaco? Me vas a buscar un problema por culpa de la pelotuda esta.

    Era evidente que el golpe había sido bastante duro, a la mina le costaba ahora incorporarse.

    -Vení, agarrala por los pies y llevémosla dentro, vamos a hablar con Franco. A ver si consigue calmarla.

    Los tipos abrieron una pequeña puerta de metal que estaba detrás de ellos y al ir cargándola entre los dos no la cerraron, lo que aproveché para seguirlos. Entramos en un almacén lleno de cajas de bebidas alcohólicas, por lo que me fue bastante fácil esconderme detrás de unas cajas de Fernet.

    -¡Forros de mierda! Esto es un secuestro. ¿Qué mierda hacéis?

    Gritaba a hora Ceci a la que habían dejado en el piso a unos metros de ellos.

    -Callate ya flaca. No sé por qué no te fuiste a tu casa. – Le dijo el más grande.

    El pequeño se giró y comenzó a llamar por teléfono supongo que con el tal Franco, del que habían hablado antes.

    -Mierda – dijo mirando a su compañero – esta ocupado, dice que hasta dentro de como 20 minutos o media hora no me puede atender, ni siquiera pude explicarle. Sólo sabe que tenemos un problema en el almacén.

    -¿Y ahora qué hacemos? –le preguntó el otro.

    Ceci que se había recuperado agarró sus llaves con fuerza y golpeó al tipo más pequeño por la espalda, a la altura de los riñones. Este gritó, al tiempo que se encogió sobre sí mismo colocando su mano derecha sobre el lugar en donde había sido golpeado.

    -Ahora si vas a ver zorra. – el tipo se sacó el cinturón y golpeó con todas sus fuerzas la mejilla de Ceci que volvió a caer al piso.

    -Mierda. – Dijo su compañero desesperado.

    Al caer esta vez, Ceci había quedado con las piernas bastante abiertas y su pollera fue insuficiente para ocultar la forma de su concha. La mirada de ira del más pequeño de los guardianes, en un instante, se transformó en una mirada de lujuria.

    -¿Sabés? – le dijo a su compañero al tiempo que se agarraba los huevos – Me importa una mierda ya lo que pase, pero a esta puta la voy a envegar y le voy a dar una lección.

    El compañero, que había quedado tan fascinado como él, sólo balbuceó un impotente “hacé lo que querás”. Lo que el otro interpretó como una luz verde para sus deseos.

    -Ahora te voy a coger, zorra. ¿Entendés?

    Ceci se asustó, cambió el semblante de su rostro y retrocedió con sus brazos hasta que su espalda chocó con una pila de cajas de cervezas. Lo que vendría a continuación dejaría a la fiesta con mis amigos en un chiste.

    Ceci se levantó, ahora parecía querer dialogar.

    -Mirá, solo quiero irme, aún lo podemos arreglar.

    -Shhh, -la mandó callar el pequeño-acá el que habla soy yo, entendés. – y volvió a golpear a la mina con el cinturón, esta vez en el costado.

    Ceci soltó un gemido y cada vez más consciente de la situación preguntó:

    -¿Qué querés?

    -Fácil, de momento te ponés ya de rodilla y abrís la boca.

    Desesperada, Ceci miró al otro flaco, quien hizo gestos de que él no iba a intervenir. Otro golpe calló sobre ella, y otro más… y entonces obedeció.

    -Sos un machirulo de mierda, hijo de puta – le soltó a dueño del cinturón, al tiempo que hacía todo lo que le había indicado.

    -Subite la pollera para que vea la forma de tu conchita mientras chupás.

    No hizo falta ningún golpe más. Estando de rodillas, se subió la pollera de forma que esta quedaba casi en su cintura, abrió lo más que pudo las piernas para que se le viera bien la concha y al mismo tiempo dejó al aire su cola. Llevaba un tanga blanco. A los tres hombres que estábamos ahí se nos paré la pija al momento. Ceci miró a los ojos al flaco que iba a clavarle su verga en la garganta, tragó saliva y abrió su boca todo lo que pudo.

    El tipo pequeño y fornido se sacó toda la ropa y luego se paró delante de Ceci. Ella ya no necesitó órdenes, hizo lo que se le pedía: con su mano derecha agarró la verga del tipo y empezó a mamarla diligentemente. El tipo le acarició la cabeza y le dijo:

    -Eso es putita, estás acostumbrada, así se hace. Tragá todo, vas a ser una de las mejores zorras que han pasado por acá.

    Ceci es bastante buena en estos laburos, como nos demostró a nosotros, supongo que su buen hacer con el tipo de seguridad era un intento de acabarlo pronto y que la dejara marcharse. Pero las cosas no funcionaron así.

    Desde donde estaba escondido veía bien la escena. Una vez que el tipo estuvo bien parado, y con la pija bien babeada, hizo a Ceci colocar sus brazos a la espalada al tiempo que con su mano derecha sujetaba fuertemente el pelo de la flaca, haciéndola bajar y subir al ritmo que su deseo imponía. La verga del tipo era grande, pero aparecía y desaparecía a cada instante entrando hondamente en la garganta de su presa.

    Todos estábamos en silencio. El único sonido en el almacén era el succionar de Ceci. “glup”. “glup”. El guarda de seguridad cada vez oprimía con más fuerza la cabeza de la mina, pero ella, a pesar de que algunas lágrimas comenzaban a saltar de sus pequeños ojos aguantaba los empujes estoicamente.

    El tipo parecía no cansarse, y estuvo bombeándole la boca por al menos 10 minutos sin parar. De repente bajo la vista, y lo que se encontró le encendió una sonrisa en el rostro: los pezones de Ceci estaban paraditos.

    -Parece que le empieza a gustar, ¿ves? – le preguntó a su colega sin mirarlo –. Te dije que era una puta, no va a ver ningún problema. Grábala un rato y mándale el video a Franco, seguro que viene antes. Que se la vea así, con los pezones bien parados.

    El guarda que aún estaba vestido sacó un celular del bolsillo y empezó a filmar. La mina intentó zafarse girando su cabeza, pero un golpe directo a la mejilla por parte de “su amo” le recordó quién estaba al mando, y resignada siguió chupando con fuerza, mientras era grabada.

    De pronto escuchamos una especie de gruñido animal, el tipo sostuvo con todas sus fuerzas la cabeza de Ceci contra su entrepierna y descargó todo lo que tenía acumulado en las pelotas.

    Se escuchó un suspiro de alivio. Miramos a Ceci los tres. Era mucho lo que había recibido. “Ni se te ocurra escupir una gota”. Le soltó el tipo, ella agachó un poco su cabeza, intentó tragar todo. Era demasiado y parte de la leche salió por la comisura de sus labios, alcanzó su barbilla y comenzó a chorrear hacia sus piernas. Se llevó otro golpe. “Tragá puta, y mirá lo que hacés”. El tipo señalo al piso, donde había una mancha de semen. No hizo falta decir nada, Ceci se agachó y empezó a limpiarla con su lengua. Entregada a su destino puso todo su empeño en ello.

    -Por el momento he terminado flaco. – le dijo el tipo que acaba de eyacular a su colega -. ¿Querés seguir vos?

    Y sin pensarlo el otro comenzó a sacarse la ropa.

    Continuará.

  • Volvimos a jugar. Segundo día en el spa (parte 2)

    Volvimos a jugar. Segundo día en el spa (parte 2)

    A todo esto, eran más de las seis de la tarde, los dos estábamos aún calientes y deseábamos terminar lo que habíamos comenzado, pero el room service no había ido aún y nos anunciaron que estaban subiendo. Terminamos apresuradamente de ordenar todo el desastre, mientras lo hacíamos nos tocamos un par de veces y estábamos para continuar, ella con la vulva pronta y yo, que ya había eyaculado, mi pene estaba pronto para otra batalla.

    Le propuse que llevara el huevo puesto en el ano para más diversión y nos fuimos a la piscina, no sabíamos cuánto rato íbamos a aguantar porque a esa hora se llena de niños y sus gritones padres. De pasada levantamos en el bar un par de tragos, que apuramos tomarlos antes de entrar al agua, yo dejé las batas en una reposera mientras ella iba al agua, y cuando entra al agua acciono el botón del control remoto, me miró con una mirada que lanzaba cuchillos, fingí no verla y me dirigí al agua.

    Ella cruzó los brazos en el borde de la piscina y apoyó su cabeza y se dedicó a gozar. Los niños gritaban, saltaban, nos mojaban, corrían, no estábamos para nada cómodos, pero ella estaba en su mundo, un orgasmo dio paso a otro, sus mejillas estaban coloradas, necesitaba parar pero el control remoto estaba a diez metros, me pidió, me rogó, me suplicó que lo apagara, que podía llegar a tener un tercer orgasmo y no tenía ya fuerzas. Salí apresuradamente de la piscina con la excusa de hacer una foto, le dije:

    “Sonríe”

    Apagué el vibrador, y saqué la foto, su cara desalineada era un poema. Me aproximé y me pidió que la ayudara a salir, la envolví en la bata y nos fuimos caminando lentamente, ella iba recuperando el aliento, me pidió por favor que no lo fuera a encender y así fue.

    Al llegar a la habitación estaba la cama hecha, un sutil olor a rosas y jazmines, un chocolate junto a un juego de toallas limpio, el suelo recién lavado, ya no había gotas secas de semen ni de lubricante. En el baño todo ordenado, salvo un detalle, junto a nuestros desodorantes y lociones estaba el lubricante símil semen, tal vez lo encontraron las limpiadoras, y lo dejaron allí. No sabremos si supieron que era o si lo abrieron. Después de un baño, nos recostamos en la cama y dormimos un rato hasta la hora de cenar.

    La cena, fue la de despedida de ese hermoso lugar, pero más hermoso por los recuerdos del dormitorio, quedará en nuestra memoria, como la vez que más follamos, la vez que cambio nuestras vidas, comimos poco sabiendo que aún nos quedaba una noche para follar, y quedamos de acuerdo que después de follar si nos daba hambre volveríamos al bar por unos Snake. Nos fuimos rápidamente a la habitación, yo la iba desnudando por el camino, a mitad de camino paramos y le saqué la ropa interior y estuve unos momentos preparando su vulva para lo que venía, continuamos caminando y ella sentía como sus piernas resbalaban entre sí con la lubricación que goteaba.

    Fue llegar a la habitación y me sacó la camisa y el pantalón, yo no llevaba ropa interior lo cual la sorprendió, porque al bajar el cierre escapó un duro tronco venoso, que comenzó a chupar agachada sin sacarse el vestido. La cama la teníamos a un par de metros y casi que saltamos a ella. La desnudé, reservé una toalla limpia y puse las demás sobre las sábanas y traje todo el arsenal de juguetes para que eligiera por cual empezar.

    Me dijo que el huevo no porque ya había tenido suficiente, me dijo que le encantaría probar una eyaculación del juguete en su ano, pero tenía miedo porque era muy grande entonces le propuse.

    “Déjame lubricarte bien con los dedos, luego usaremos el dildo inflable para ir abriéndolo de a poco, y cuando esté listo te penetraré con el juguete eyaculador, pero con una condición, después que eyacule el juguete, entraré yo y eyacularé yo”

    Ella quedo en posición perrito, me lubriqué dos dedos y le penetré la vagina, que estaba bien abierta ya, luego volqué una gota de lubricante en la raya anal, y le penetré el ano con los dos dedos, que entraron con relativa facilidad, allí le pedí que ella continuara unos segundos mientras yo cargaba de semen falso el dildo y agarraba el dildo inflable. Luego continué con mis dos dedos, primero juntos, luego los abría un poco, ella sentía una sensación de quemazón y aflojaba la tensión. El agujero para el dildo inflable ya estaba listo, se lo inserté con lubricante, casi no lo sintió porque además de ser chico, estaba blando, con un par de bombas fue tomando rigidez y con otras dos comenzó a aumentar de tamaño.

    Fui controlando la cantidad de bombas que daba para inflar, cuatro y desinflaba, lo movía atrás y adelante y le daba cinco y desinflaba, lo movía luego daba seis y desinflaba, fue un rato que estuvimos en ese juego, cuando me pareció que ya estaba lo suficientemente distendida, lubriqué el dildo eyaculador, con bastante semen artificial y cambié de dildo, ya hacía casi veinte minutos que estaba jugando con su ano y esto me permitió sacar uno y meter el otro sin que se achique, el dildo eyaculador, que no era chico entró más de la mitad en el primer envión, le encendí la rotación y ayudando a meter y sacar fue desapareciendo todo en su interior, ella me fue describiendo las sensaciones, la primera de su ano estirado, la segunda de placer cuando se empezó a mover. Su vulva chorreaba del placer y del lubricante que se había deslizado, metí dos dedos y luego tres y ella gimió de placer, empecé a frotar el otro dildo por su vulva, el que habíamos estrenado el día antes apodado “el blando” ella continuó gimiendo, el eyaculador seguía rotando, pero lo apagué porque ahora quería que ella se enfocara en la doble penetración, anal y vaginal que tendría. En una de esas frotadas por su vagina, hice un poquito de presión y entró su cabeza, que por ser blanda se acomodó al poco espacio, mojé los dedos en lubricante y terminé de mojar el resto del dildo y su vulva y mientras movía el otro dildo éste iba entrando centímetro tras centímetro.

    En un momento ella me pide parar, se sentía demasiado llena, le pedí que moviera sus caderas y cambiara su posición del tronco, y en esos movimientos, el segundo dildo desapareció en su interior.

    “ahh, viste que sos muy comilona?” le dije, “te gusta tener dos pijas grandes adentro” y ella aceleró los movimientos de cadera.

    Encendí el rotador y el eyaculador comenzó a girar de nuevo, pero se topaba con el que estaba en la vagina y hacía un movimiento raro, ella comenzó a tener un orgasmo y no la pude parar, lo que paré fue el dildo rotador.

    Ella más que espasmos parecía que tenía convulsiones, su vulva apretaba y soltaba un dildo y el ano se apretaba todo lo que podía sobre la circunferencia del eyaculador. Se dejó caer de costado, con los dos dildos adentro y allí reposó unos instantes, dejé libre su vagina que quedó chorreando lubricante, le mantuve en el lugar el otro dildo, pero lo movía ligeramente adentro y afuera y ella me dijo que parara, que se quería recuperar, que había sido muy intenso, su ano seguí teniendo espasmos de contracción, o ella estaba dimensionando lo que tenía dentro.

    En esa posición me pidió que me moviera y le arrimara mi pene a la boca, ella comenzó chupar, pasar la lengua, morder, primero muy tímidamente pero luego con más fuerza, me di cuenta que estaba repuesta y le ofrecí si quería un buen chorro de eyaculación en el ano, a lo que me dijo que sí, le pregunté se quería algo más y me sorprendió cuando me dijo que me quería en su vagina.

    “Pero yo te quiero llenar el tanque de atrás” le dije.

    “si, pero empieza adelante” siguió.

    Se puso en posición perrito nuevamente, apoyé mi pene en sus labios y deslicé mi pene en el interior, ninguna presión tuve que ejercer, encendí nuevamente el rotador y yo lo sentía muy rico, ese otro dildo se movía y me movía mi pene también, hasta que ella me dice:

    “para y lléname atrás”

    Paré la rotación, apreté el depósito de semen una, dos, tres, cuatro veces y hasta aire debe haber salido por la punta del dildo, ella sintió en su interior los chorros y nuevamente comenzó a sentir cosquillas de un nuevo orgasmo, saqué el dildo de su ano chorreando semen artificial y su ano no recobró el tamaño original, hacía más de una hora que tenía un dildo de cinco centímetros de diámetro enseñándole su nueva medida, metí mi pene, todo de una vez , no se derramó ni una gota de semen artificial.

    En un principio, porque con cada embestida de mi pene entraba aire, salí como pedos y brotaba lubricante. Fue tan natural, como meterla en su dilatada vulva. Ella me pidió para darnos vuelta, me quería montar, pero no iba a ser fácil, le dije que la iba a sacar, que ella apretara mientras se movía para que no cayera todo en la cama. Giramos, ella se puso arriba de mí, aflojó levemente el ano y mi pene volvió a entra todo de una.

    Ella con gran placer comenzó la cabalgata, a mitad de camino, yo eyaculé, pero mantuve todo lo que pude hasta que lo hiciera ella, y explotó nuevamente, yo sentía en mi pene su ano que se cerraba y abría, me lo terminaba de exprimir con los últimos espasmos.

    Sin que me diera cuenta ella cambió de posición y en vez de estar montada apoyada en la cama con las rodillas, ahora lo hace con los pies, en cuclillas, con mi pene todo clavado en el ano cuando con toda la maldad del mundo se levanta, manteniendo su ano todo lo abierto que podía y haciendo fuerza para que caiga todo el semen, real y ficticio que tenía en su interior.

    Cayó todo sobre mi abdomen, chorreaba para ambos lados y yo trataba de contenerlo con las manos, pero era imposible, algo fue a para a las toallas, otro poco a las sábanas mientras ella corrió a buscar otra toalla. En su corrida su ano continuaba chorreando semen, que le resbalaba por las piernas llegándole a los pies y tuvo un resbalón que casi termina en caída.

    Ahora sí, con todo medio limpio, pero con la habitación hecha un desastre y mucho olor a sexo, nos dormimos y descansamos de dos días a puro follar.

  • Sexo duro en un desconocido

    Sexo duro en un desconocido

    Un día como cualquier otro yo me encontraba en el colectivo yendo a una entrevista de trabajo. La entrevista salió bien, me dieron el puesto que quería, tenía que empezar a trabajar en 2 días.

    Para la entrevista traía puesta una falda algo corta y una camisa ajustada, no tenía corpiño así podría conseguir el trabajo más rápido.

    Estaba feliz porque por fin tendría un trabajo de medio tiempo mientras estudiaba.

    De camino a casa el sol ya se había puesto y estaba oscureciendo, para colmo tenía que volver en colectivo con la noche.

    Por fin, después de tanta espera mi colectivo llegó y yo me subí. Estaba lleno de gente y yo vivo lejos.

    Como no había asiento tuve que viajar parada, y mi casa quedaba como a 50 minutos.

    En una de esas se sube un señor maduro apuesto y se coloca detrás de mí. Cada vez que pasaba el tiempo el señor se pegaba más y más a mí.

    De repente siento como algo duro toca mi culo, era la verga de ese señor, estaba bien dura y la colocaba justo en la abertura de mis nalgas.

    Yo me empecé a calentar.

    El viejo me toma por la cintura y bien pegado comienza a hacer movimientos de arriba a abajo que se sentían muy rico.

    Con una de sus manos comenzó a acariciarme la teta y la otra la colocó por debajo de mi falda manoseándome la vagina.

    Con sus grandes dedos corría mi tanga y sacudía mis labios haciendo que me mojara toda.

    En eso cambia de dirección su mano y la coloca detrás, metiéndola por debajo de la tanga e introdujo sus dedos en mi vagina.

    Quería gritar de placer, pero todos me escucharían.

    Estaba gozándolo, el viejo era discreto, pues si alguien se acercaba lo disimulaba rápidamente.

    Casi me venía hasta que una vieja amargada nos vio y comenzó a gritarnos haciéndonos un escándalo y gritando al colectivero para que nos bajarán.

    -Cerrá el culo vieja mal cogida -le grité.

    La vieja se pone más histérica y el pobre colectivero para que dejara de gritar nos bajó a los dos.

    El señor la puteó cómo si no hubiese un mañana a la vieja y luego se bajó conmigo.

    El lugar en el que estábamos lo conocía bien, pues allí antes vivía. Le dije al señor que había un motel muy cerca de ahí, entonces fuimos.

    Comencé bailándole para calentarlo más, su pene parecía que iba a romper su pantalón de lo duro y erecto que estaba.

    Ambos nos desnudamos y entonces vi su enorme bate.

    Él señor me tomó y me puso en 4 para darme duro, sentía su pene erecto y gordo penetrar mi estómago mientras me abofeteaba las nalgas.

    Antes de que me viniera cambió de posición y duramente me puso contra la pared para penetrarme más duro.

    Duró así unos 7 minutos y luego se vino dentro de mí. Su abundante leche caliente y espesa me chorreaba y salía de mi vagina para caer al piso.

    Desde ese día nos vemos casi siempre para coger duro.

  • Carnaval en Tenerife

    Carnaval en Tenerife

    Uno de los dueños del salón de belleza al que acudo se llama Ricardo, una mariquita deliciosa muy amiga mía, yo acababa de salir de una de las sesiones con Jacinto, como siempre dolorido, pero con el culo satisfecho, continuaba diciéndome que me iba a vender como la puta barata que era para sus amigos, yo pensaba que todo era una forma más de humillarme porque sabía que eso me ponía cachonda como una perra.

    – a final de mes te vienes conmigo al Puerto de la Cruz, al carnaval.

    Ricardo me estaba haciendo un completo, manicura, pedicura, limpieza de cutis…

    – ¿pero que dices maricón?

    – ya está todo dispuesto, he sacado los billetes.

    Ricardo había trabajado algunos años en Tenerife como artista travestida en diferentes locales, de aquella época tenía un piso de dos dormitorios en el Puerto de la Cruz que un amigo de allí le gestionaba como apartamento vacacional pero Ricardo siempre se reservaba el carnaval y alguna otra fecha, al menos iba tres o cuatro veces en el año, con el dinero que había ahorrado había vuelto a Sevilla y había montado con otro socio el salón al que yo acudía desde hacía varios años, la cosa les iba muy bien, tenían varios empleados pero a mi siempre me atendía Ricardo.

    – yo no puedo hacer eso Richi, ¿como me voy a ir? ¿y el trabajo?

    – ¿no dices que la empresa te debe días del año pasado? Pues los coges por que el miércoles 26 tomamos el avión y nos volvemos el lunes 3.

    Y allí estábamos, en el aeropuerto de Tenerife norte, alquilando un coche para movernos por la isla.

    El piso de Ricardo era un apartamento muy coqueto, dos dormitorios, salón, cocina con barra americana, cuarto de baño y una preciosa terraza desde la que se veía el Lago Martiánez, el jueves y el viernes estuvimos recorriendo la isla, tomando el sol en la playa, visitando a los amigos de Richi y disfrutando del magnífico ambiente nocturno de la ciudad en carnaval, el sábado por la noche nos travestimos para acudir a una de los bailes de disfraces que se celebran.

    Ricardo me peinó, tengo el pelo largo, me hizo una cola y me puso un lazo negro, me maquillé, sombra de ojos, perfilador negro, rímel, labios rojo intenso a juego con las uñas de manos y pies, me puse un liguero negro, medias, una braga-faja negra de encaje, collar y pendientes de perlas, tacones negros, guantes negros por encima del codo, pulsera de perlas y un vestido negro con escote palabra de honor que me llegaba hasta la rodilla, una torera de raso color rosa pálido y bolso a juego, Richi en cambio apostó por el rojo, se colocó una peluca rubia muy a lo Marilyn y uno de esos chalecos de silicona con pechos que parecen naturales y que hacía que su figura se redondeara y se feminizara, y así nos fuimos las dos, en busca de macho.

    Entramos en un local que estaba repleto, como pudimos nos abrimos paso hasta la barra y conseguimos hueco en una esquina, Richi pidió un cosmopolitan y yo un vodka-Martini.

    – esto está muy bien puta.

    – si zorra, está muy bien.

    Mientras le contestaba a Richi mi mirada se había fijado en un tío que estaba en el otro extremo de la barra, a unos metros de nosotros, Un tío enorme, grande como una montaña, vestido con una sahariana azul y pantalones del mismo color, pelirrojo, pelo muy corto, casi rapado, y una barba muy cuidada, él también me estaba mirando.

    – ¡salgo un momento puta!… ¿Me estás oyendo?

    – ¿eh? ¿qué? – Richi me miraba con el móvil en la mano.

    – tengo una llamada, salgo fuera, aquí no hay quien entienda nada.

    – ¿voy contigo?

    – no, quédate – observó al hombre con el que yo había cruzado la mirada – creo que has ligado.

    Se marchó y en ese momento, un tipo que estaba al lado, bastante bebido, se empeñó en invitarme a una copa, me negué varias veces y el tipo empezó a ponerse violento, la situación se estaba poniendo bastante fea y me disponía a marcharme cuando el gigante apareció a mi lado.

    – Buenas noches cariño, siento haberme retrasado. – me dio dos besos.

    – buenas noches.

    – ¿te está molestando? – señaló con la cabeza al pesado.

    – no, no te preocupes.

    El borracho lo miró, se dio media vuelta y se marchó.

    – gracias.

    – no hay de que, no puedo ver a una dama en apuros, mi nombre es Hans.

    De cerca era aún más impresionante, tenía acento extranjero, era grande, fuerte como un toro, manos grandes, por la abertura de la sahariana se veía una abundante mata de vello rojizo.

    – me llamó Einar Y te diré un secreto Hans – me acerqué a su oído – no soy una dama en apuros, soy un putón en busca de macho – le susurre mientras le agarraba el paquete.

    – ¿Qué está pasando aquí? – Richi había llegado en ese momento – bueno, me voy, unos amigos nos han invitado a una fiesta particular, luego te mando la dirección.

    – ¿me vas a dejar aquí solo?

    – no te dejo sola puta – miró a Hans de arriba a abajo – te dejo en muy buena compañía.

    – Creo que deberíamos continuar nuestra conversación en otro lugar… eh… menos concurrido – me dijo Hans en cuanto mi «amiga» se marchó.

    – ¿en tu casa o en la mía? La mía está cerca.

    – En la tuya si no te importa, yo estoy en un hotel.

    Durante el trayecto Hans me contó que era promotor inmobiliario y que pasaba su tiempo entre Tenerife, Mallorca y una ciudad alemana que ni siquiera recuerdo, ni me importaba un carajo la verdad, yo lo que quería era llegar a casa y comerme a aquel semental.

    En cuanto entramos en el ascensor nos metimos mano, nuestras bocas se encontraron, metió su lengua y jugó con la mía, yo la mordí y la chupé mientras agarraba su paquete a través del pantalón, allí se percibía algo grande que iba creciendo, Hans enterró su cara en mi cuello, lo recorría con su lengua, mordía el lóbulo de mi oreja mientras me apretaba contra él agarrando mis nalgas.

    – ¡cómo me tienes cabrón!, me tienes caliente perdida desde que te vi.

    En la puerta del apartamento tuve que agacharme a recoger las llaves del suelo, Hans me agarró por la cintura cuando iba a abrir, me apretó contra él, sentí su aliento cálido en mi cara mientras susurraba en mi oído lo caliente que lo había puesto, mordía mi oreja y mi cuello.

    En cuanto entramos le quité la sahariana, tenía el torso completamente cubierto de vello pelirrojo desde el cuello hasta el vientre, mordí sus pezones mientras desabrochaba el cinturón, el botón y la cremallera, el pantalón cayó dejándolo en calzoncillos, sus piernas fuertes estaban también cubiertas de vello, me arrodillé y bajé el calzoncillo, su polla saltó a mi cara, una polla grande, gorda, en plena erección.

    – ¡madre del amor hermoso!

    La agarré y retiré el prepucio, el glande quedó al descubierto, le cogí los huevos y empecé a chupar, la tenía gorda el hijoputa, larga y gorda, yo la mamaba como si fuera el pezón de una teta, me la metía casi entera en la boca, la sacaba, jugaba con mi lengua con el frenillo y con el cabezón, lamia el tronco hasta llegar a los huevos, volvía a subir y volvía a mamar mientras apretaba aquellos cojones.

    – ¡uuuf! ¡si que eres buena, si!

    – ¡ooohh! ¡si! ¡siii!

    Me agarró del pelo, me puso la otra mano en la nuca y comenzó a follarme la boca, alguna vez me metió la polla tanto que me llegó a la campanilla y me dieron arcadas, se movía frenético y yo sabía lo que venía.

    – ¡aaah! ¡sii! ¡oh! ¡me corro!

    Me largó toda la lechada en la garganta y tuve que tragarmela entera, daba unos gritos el puto cabrón que pensé que iba a venir medio Tenerife, nunca he estado con un tío mas escandaloso a la hora de correrse.

    Me incorporé y nos abrazamos, agarré sus nalgas desnudas y le apreté contra mí, nuestras bocas se encontraron, nuestras lenguas se enredaron y le di a probar el sabor de su propio semen.

    – uy, lo siento.

    Al abrazarnos su miembro había manchado de lefa mi vestido, lo desabroché y lo dejé caer, me quité los guantes y me disponía a quitarme las bragas.

    – no te quites nada más por favor.

    Le agarré de la mano y lo llevé al dormitorio, se colocó en la cama a cuatro patas mostrándome toda su grupa.

    – ¡comeme el culo!

    Me agache, besé y mordí sus nalgas, las separé con las manos dejando al descubierto un ojete lleno de vello, besé a los lados y lamí con la lengua toda la raja del culo.

    – ¡oohhh!

    Apliqué mi lengua a los pliegues del ano mientras agarraba su polla, penetre su ojete con la lengua, y continué lamiendo la raja de su culo, apliqué saliva en cantidad en ese agujero, exhalé mi aliento sobre él y le metí un par de dedos.

    – siiii, comete mi culo, si, asiii.

    Continuaba con mi lengua, bajé por su perinéo metiendo mi cara entre sus nalgas e introduciendo mi nariz en su ano, lamia, chupaba, mordía.

    – ¡siii! ¡follame cariño! ¡dame por el culo! ¡méteme tu polla!

    Me quedé sorprendido, esperaba disfrutar con la polla de aquel tiarrón y ahora me suplicaba que le diera por el culo.

    – follame corazón, metemela por favor.

    Me puse de pie, me quité las bragas y mi polla, dura como un palo saltó adelante, la coloqué contra su ano y muy despacio comencé a metersela.

    – ¡aaay mi culo! ¡oooh!

    Había vencido la resistencia de su esfínter, aguardé un momento hasta que su ojete se fue haciendo a mi miembro y poco a poco se la metí hasta los cojones.

    – ¡ay mi culo! ¡ay cariño mi culooo!

    – ¡si maricón! ¡tu culo, tu culo! Mmmm

    – ¡muévete preciosa! ¡mueveteeee!

    Comencé a moverme adelante y atrás metiendo y sacando mi polla en aquel hermoso culo, a cada golpe de caderas mío aquel alemán con pinta de macho lanzaba un gemido pidiéndome más.

    – ¡ay que rico! ¡ay! ¡ay mi culo!

    – ¿te gusta?

    Yo continuaba entrando y saliendo de aquel agujero, el sudor me recorría el pecho y la espalda, olía a sexo.

    – ¡siiii, me gusta! ¡ooohhh siii!

    La saqué, le dije que se diera la vuelta y se colocó boca arriba, levanté sus piernas, me eché sobre él y le metí la polla de un golpe.

    – ¡ayyy!

    Agarré su miembro y comencé a masajearlo al ritmo que lo enculaba.

    – ¡ay si!, ¡ay que rico!

    – ¡si maricón! ¡que rico!

    – ¡ay que me corro! ¡aaah! ¡me corro!

    Comenzó a eyacular, recibí gran parte en mi mano, extendí su lefa por su miembro, una lefa espesa y abundante, incremente el ritmo al que me lo follaba, se volvió frenético, quería correrme en su interior, llenarle el culo de leche.

    – ¡te voy a dejar preñado maricón!

    – ¡ay sí cariño! ¡llename con tu leche!

    – ¡toma maricón! ¡toma leche! ¡joder! ¡me corro! Ufff.

    La metí hasta los huevos y comencé a eyacular llenando a aquel macho de semen pero no me paré, yo quería aquella polla en mi culo así que en cuanto acabé de expulsar la última gota de lefa la saqué, me puse sobre él a horcajadas, agarré su polla dura, brillante y resbaladiza por su propia corrida, la dirigí a mi ojete y lentamente me senté sobre ella metiendomela hasta los huevos, notando como me iba abriendo el esfínter.

    – ¡ostia puta!

    – ¡siii maricón! ¡dios qué polla!

    Aguanté un momento quieto mientras mi culo asimilaba el tamaño de aquel monstruo, me llenaba por completo, comencé a moverme adelante y atrás, con las manos apoyadas en el enorme pecho de Hans, luego me incliné hacia él y le besé en la boca, el agarró mis nalgas y poco a poco comenzó a moverse enculandome.

    – ¡si maricón siii!

    – ¡ay Hans! ¡si, dame, daameee!

    Me agarró por la cintura y giró quedando yo ahora debajo suyo, abracé con mis piernas su cintura mientras él continuaba metiéndo y su enorme polla de mi culo, yo arañaba su espalda y le gritaba pidiendo más.

    – ¡ay Hans que me corro! ¡me corro!

    Me corrí por segunda vez, el roce de su cuerpo con mi polla mientras me enculaba me hizo eyacular manchando mi ligero, Hans apretó y se corrió por tercera vez, en esta ocasión en mi culo, después de eso nos quedamos dormidos.

    Me desperté con la luz del sol que entraba por la ventana, estaba solo en la cama, sobre la mesita de noche, ¡ciento cincuenta euros y una nota de agradecimiento!

    – ¡ la madre que lo hecho por el coño!

    Richi en la puerta se descojonaba de risa.

    – ¡al final si que te disfrazaste de puta!

  • En la posada con un amigo de mi novio

    En la posada con un amigo de mi novio

    En esta ocasión les compartiré una pequeña anécdota que ocurrió en esta navidad.

    Soy una chica muy coqueta, siempre me gusta vestirme bien con ropa ajustada en la que resalten mis atributos (trasero y pechos) y por ende no paso desapercibida, mi novio y yo ya llevábamos bastante tiempo sin tener sexo para mi buena suerte ya se venían las posadas así que era el pretexto perfecto para tener una aventurilla.

    Pasaron los días y mi mamá y yo empezamos a invitar a familiares y amigos por parte de mi novio y yo, llegó el día de la posada y ese día decidí ponerme un vestido de color café que me llegaba arriba de las rodillas y unos tacones de color blancos la verdad destacaba mucho pero ya que las únicas mujeres que fueron «aparte de mis amigas» eran las esposas de algunos invitados.

    15 minutos después llegó uno de los amigos de mi novio era muy bien parecido, tenía buen cuerpo. Pasan unos minutos mi novio viene hacia mi para decirme unas cosas, en eso su amigo nos interrumpe. Al principio los dos no le hicimos caso, pero el siguió insistiendo hasta que unos minutos después cedimos y lo metimos en la conversación. Ahora ya hablando los tres pasan 15 minutos hasta que otro de sus amigos le habla así que me quedo con él y apenas mi novio se alejó lo suficientemente cambió la conversación.

    -Ahora sí Pau ya se fue tu novio

    -No te hagas la que no quieres si por eso te vestiste así porque buscas a alguien quien te coja.

    -Vamos Pau tú sabes bien que quieres la verdad estás bien buena y desde que llegué no puedo dejar de verte ese culo pide verga a gritos.

    ¿Y si nos descubren?

    -No te preocupes solo procura no gemir muy fuerte. Vamos no te hagas del rogar putita -me agarra de la cintura.

    No es que no quiera solo que hay demasiadas personas

    -No te preocupes mira todos están distraídos no creo que se den cuenta de que no estamos además no nos vamos a tardar putita.

    Está bien solo prométeme que va a ser rápido

    -Está bien Pau

    Cuando ya nos íbamos mi novio nos ve y me pregunta que a dónde iba yo, le dije que iba a mí cuarto por unas cosas. Cuando le dije eso le hice una señal para que me alcanzará «esto a modo para que mi novio no sospechara». Mi novio me dijo que iba a estar a fuera con otros amigos por si me ofrecía algo, solo asentí con la cabeza y me voy directamente a mi cuarto. 5 minutos después oigo que tocan la puerta era el que ya estaba deseoso de probarme, voltea a la izquierda y derecha por si alguien no lo está viendo y al notar que nadie lo ve se escabulle en mi cuarto.

    Ya adentro me ve por unos instantes de pies a cabeza me agarra de la cintura y me da tremenda nalgada para solo decirme “ahora sí te voy a coger putita” para acto seguido besarme mientras nuestras lenguas jugaban la una con la otra en ciertos momentos me daba nalgadas. 10 minutos después coloco en el filo del colchón levanto mi vestido hizo a un lado mi tanguita y de golpe me metió su verga (mi lubricación ayudo a que entrara más fácil).

    Así estuvimos cogiendo por 30 minutos, intercalando posiciones hasta que se corrió en mis nalgas, me quedé desfallecida de tremenda cogida que me dio. Unos minutos después y un poco descansa me levanto de la cama pera bajarme el vestido, pero él fue más rápido ya que me lo bajo con todo y si había semen en mis nalgas. Obvio me enoje con el porque no quería oler, pero ya no quedo nada por hacer. Cuando los estábamos ya vestidos, el salió primero de mi cuarto, yo salí un poco más tarde ya que estaba preocupada de que el semen me escurriera.

    30 minutos después salgo de mi cuarto y veo a mi novio que estaba con sus amigos. Me acerco, pero cuando lo hago viene su amigo (el que me cogió) para discretamente baterme toda su lechita en mis nalgas, por alguna extraña razón eso me calentó y él al darse cuenta me dice al oído que cuando quisiera más verga se la pidiera.

    Y así fue como empecé una pequeña aventura con aquel amigo de mi novio que después me hice su puta, pero esas ya son historias para otro día.

    Saludos.

  • Sorpresa al llegar a casa

    Sorpresa al llegar a casa

    Un mensaje tuyo fue el detonador para mi salida de la oficina:

    “Hola amor, nos vemos en la casa, no pases por mi al trabajo. Te tengo una sorpresa. No tardes.”

    Mensajes así no sucedían seguido y los anteriores resultaron muy gratas experiencias. Habían pasado varios meses desde la última ocasión que se presentó una oportunidad así.

    Terminé mis pendientes, preparé todo para el siguiente día y me dispuse a salir para dirigirme a la casa. Ya a punto de dejar la oficina, me alcanzó una de las responsables de proyecto que, además de ser una profesional en su disciplina, se distingue también por su belleza y buen cuerpo. Me pidió ver un par de cosas y fuimos a su despacho. Siempre es de admirar su inteligencia y por supuesto su presencia. Ella sabe sacar provecho de los mejores ángulos. Con todo, nos concentramos en sus requerimientos y, después de un breve intercambio, acordamos cómo resolvería ella esta situación que no era apremiante, pero su identificación oportuna, es lo que hace que nuestros clientes siempre confíen en las opiniones que les damos de los proyectos que nos encargan.

    Me subí al auto y recibí otro mensaje tuyo:

    “ya en casa, no hagas ruido cuando entres.”

    Manejé los 35 minutos que nos separan y paré por unas botanas, quesos y bebidas por si se llegara a necesitar.

    Al entrar, vi en el estacionamiento de nuestra casa un auto que no conocía. Me estacioné en el otro lugar nuestro y abrí con cuidado la puerta principal. Las luces de la estancia estaban encendidas parcialmente. Un saco obscuro de caballero en uno de los respaldos de los sillones y tu bolsa y saco en donde siempre los dejas al llegar. Las luces del pasillo a las recámaras estaban apagadas, pero al fondo, la puerta de nuestro cuarto estaba entreabierta y la luz era tenue, como si sólo una de las lámparas estuviera encendida. Bajé las cosas del auto procurando no hacer ruido y las llevé a la cocina, metiendo en el refrigerador lo que requería permanecer en frío.

    Con cuidado, para mantener el silencio, me acerqué a nuestro cuarto, y ya junto a la puerta, pude escuchar algunos cuchicheos, excitantes gemidos y ruidos que denotaban clara y ciertamente intensa actividad sexual. Tu voz sonaba excitada y le pedías que te penetrara más profundamente, fuerte, rápido. El tono que emitías era claro y extraordinariamente sensual. El golpeteo de los cuerpos era evidente y nuestro amigo te estaba penetrando con intensidad y rapidez.

    Empujé con sigilo la puerta y me asomé al interior de nuestro cuarto. El espectáculo era maravilloso. Tú en 4 puntos, levantando tus nalgas entregándolas a este eventual amante. Él parado detrás tuyo, de espaldas a la puerta donde yo observaba todo, sujetándote de tus caderas, penetrando tu vagina fuerte, golpeando tus muslos con los suyos en cada movimiento y sus testículos rebotando en tu clítoris, proporcionándote placer adicional en cada movimiento. Sin duda estabas gozando intensamente con sus profundas penetraciones, por lo que se escuchaba de lo mucho que ya estabas mojada.

    En eso, volteaste hacia atrás y te percataste que yo observaba desde el marco de la puerta, ya con mi pene de fuera, erecto, duro, me tocaba, recorriéndolo desde la base hasta la punta. Cerraste un ojo en una actitud de complicidad total y me hiciste señas de que guardará silencio. Él seguía penetrando tu vagina, mojándose con tus frecuentes corridas. Me pediste a señas que me acercara. Te incorporaste brevemente, lo hiciste salir de ti, giraste tu cuerpo, te recostaste con tu espalda en la cama y lo atrajiste hacia ti para guiar su pene a tu vagina nuevamente. Pude apreciar lo bien armado que estaba nuestro eventual acompañante. Un pene largo, venoso, punta de buen tamaño, y de un grosor ligeramente mayor que el promedio. Todo mojado de tus jugos le daba una apariencia de mayor tamaño. Los dedos de tu mano lo rodeaban bien, acariciando la punta con vehemencia.

    De una sola y rápida estocada metió la totalidad de su pene en tí, arrancándote un gemido de mayor intensidad y provocando que tu mirada se perdiera momentáneamente al sentir la embestida profunda que acababas de recibir. Te llenaba toda, y comenzó de nuevo a empujar en tí con fuerza y buen ritmo, casi sacando la totalidad, dejando la punta en tu entrada y empujando de nuevo hasta el fondo de tu cuerpo. Estos movimientos los hacía cada vez más rápido y tu disfrute era total.

    Ahora, en esa posición, él podía estar gozando de tus senos con su boca, que siempre son muy atractivos tanto para hombres y mujeres, y altamente sensibles a las caricias de los amantes en turno, mientras te penetraba repetida y rápidamente con su enhiesta herramienta. La respuesta de tu cuerpo no se hizo esperar y tu humedad volvió a hacerse presente en este intercambio sexual altamente pasional.

    Le diste a chupar tus senos, sujetando su cabeza y me indicaste que me acercara a ustedes. Te acomodaste cerca de su oído, le comentaste que yo ya estaba allí y que no se preocupara. Volteó a verme brevemente, hizo un ademán de saludo que correspondí inmediatamente y regresó a comerse tus senos, mientras seguía empujando su barra dentro de tí. Entonces pediste acercarme más, tomaste mi pene con tu mano, giraste tu cara y lo llevaste a tu boca, comenzando a lamer la punta para recibir las primeras gotas que asomaban y chuparlo deliciosamente e inmediatamente besarlo a él con intensidad, llevando tu lengua hacia su boca para asegurarte que saboreara esas gotas preseminales.

    Regresaste a chupar mi pene, mientras abrías más tus piernas para hacer que su penetración fuera lo más profunda posible, rodeando con ellas su cuerpo. Era excitante verlos cogiendo en esa forma tan intensa y que a la vez tu chuparas mi pene con tanto deseo y dedicación.

    En pocos minutos, nuestro eventual visitante comenzó a empujar con mayor fuerza y tu sentías dentro de ti que su pene se iba ensanchando, en una clara muestra de que su eyaculación era inminente. Moviste con mayor velocidad tus caderas, buscando apretar su pene con tus músculos vaginales, para extraer de él todo el semen posible. Tensó su cuerpo, levantó tus piernas un poco más y, penetrándote profundamente posible, empezó a descargar su semen dentro de ti. La reacción de tu cuerpo fue venirte nuevamente conforme sentías sus contracciones y los disparos de su semen en tu interior. Tus manos fueron a su cabeza y lo besaste con intensidad y mucho morbo, mientras su pene empezaba a contraerse, después de esa corrida tan intensa.

    Apenas sentiste que salía de ti, le tomaste su semierecto instrumento y lo llevaste a tu boca para extraerle las últimas gotas de él. Tus labios lo pusieron duro de nuevo, pero en eso, volteaste a besarme y a tomar mi pene con tus manos. Te tiraste de nuevo en la cama de espaldas, justo al lado de él y llevaste mi pene a la entrada de tu sexo. Volteaste a verle y le dijiste:

    -Mira Jorge (allí me enteré del nombre de nuestro ocasional acompañante) ahora le toca a mi hombre.

    Él te veía extasiado, aun con los últimos estertores de su intensa corrida en ti, tocando su pene, y no perdió de vista la forma en que tú tomabas mi duro pene, lo frotabas en tu clítoris y te preparabas para ser penetrada nuevamente.

    Entonces colocaste la punta en tu entrada, volteaste a verme, asintiendo ligeramente y de un empujón, te la dejé ir completa (sabiendo que eso te gusta y excita mucho), provocándote un gemido excitante y profundo. Jorge estiró su mano para tocar tus senos que se coronaban con tus erectos pezones y, al sentirlos, tomaste el índice y medio y los empezaste a chupar como si fuera otra verga más, gimiendo a cada embestida mía.

    Tu vagina estaba repleta de su semen y se sentía muy mojada, haciendo que mi pene resbalara deliciosamente hacia tu interior.

    Me incliné hacia ti, para morder tus senos, jalarlos con mis dientes y subí a besar tu boca. Un beso profundo, pasional y excitante fue el resultado. Me puse del otro lado de tu cara y te alcancé a decir al oído que era extraordinario verte siendo cogida tan rico por una verga nueva, que la disfrutaras tanto y que te dejara llenita de semen, como ahora. Sólo respondiste que era delicioso, entre los gemidos que te provocaba mi penetración.

    Entonces, con tu mano alcanzaste el ya duro pene de Jorge y sustituiste la suya para masturbarlo, mientras me decías lo rico que se sentía que te penetrara llena de semen y que esa verga que te había llenado, la estuvieras acariciando y se fuera poniendo otra vez dura para entrar en acción nuevamente.

    Yo levanté tus piernas hacia tu pecho y metí mi pene con mayor profundidad. Pronto hiciste que Jorge se incorporara, acercaste su pene a tu boca y te comenzó a penetrar con él. Tus labios rodeaban su tronco y con tu lengua lamías brevemente su mojado glande, acompañando con una de tus manos sus movimientos para masturbarlo más. Entonces, yo le indiqué a Jorge que metiera su mano debajo de tu pierna más cercana y que acariciara tu culito, mientras tú te dedicabas a chuparle su ya enhiesto pene. No tardó en encontrar el camino y, con algo de saliva en sus dedos, te comenzó a frotar tu culito, caricia que te hizo levantar la cadera y abrir más tu compás para que él pudiera acceder plenamente. Verlo tocarte era excitante y ocasionalmente sacaba yo mi pene de tu vagina para rozar tu culito y humedecer lo suficiente para que sus dedos siguieran sacándote nuevos suspiros y sensaciones especiales.

    Te dejabas hacer, y pronto, Jorge metió dos dedos en tu culito, con los que te empezó a coger suavemente. Eventualmente, soltaste su ya muy dura verga para exhalar al sentirte invadida, y regresaste a chupar su pene con mayor intensidad. Tu cara denotaba deseo de más placer y así se lo hice ver a Jorge.

    Me incliné hacia tí, te besé y te dije que te iba a voltear para ponerte encima de mí. Te abracé y rápidamente hice ese giro, quedando ahora yo acostado sobre mi espalda, contigo montando mi pene.

    Inmediatamente, Jorge entendió su rol y se acercó a lamer y seguir cogiendo tu culito con sus dedos. Al hacerlo, ocasionalmente Jorge le daba una lamida a mi tronco y a mis testículos, lo que se sentía muy especial y me dejaba ver que habría otras posibilidades.

    Las caricias de Jorge fueron haciendo efecto y tú ya empujabas la cadera para sentir más fuerte mi penetración. Te jalé hacia mí, y luego de besarte, te pregunté si le querías dar tu culito a la verga de Jorge y me dijiste que sí. «Pídeselo», te dije. Te incorporaste un poco, tomaste su verga de nuevo, la metiste a tu boca y la chupaste para ponerla más dura, para sacarla y lamer a todo lo largo y sintiendo en tu lengua sus venas marcadas en el tronco, calentando más, si aún eso era posible, a Jorge. Él no dejaba de coger tu culito con sus dedos y provocarte más orgasmos.

    Entonces, sujetando su pene con la punta en la comisura de tus labios, volteaste a él y le dijiste:

    -mete tu rica verga en mi culito.

    Jorge se separó de ti, se puso detrás tuyo, colocó la punta en tu ano y comenzó a hacer presión para alojar el glande. Tu cuerpo tembló de excitación sintiéndote penetrada por esa punta gruesa, y un nuevo e intenso orgasmo se hizo presente en ti, mojándonos profusamente y sintiendo vibrar de la excitación.

    No terminaba de penetrarte Jorge, cuando tu cuerpo cayó desfallecido sobre mi pecho, entre gemidos ahogados y el sudor perlando en cada centímetro cuadrado de tu piel.

    Apenas te recuperabas, Jorge empezó a empujar más para alejar todo su miembro en tu cuerpo. Yo podía sentir en tu interior su desplazamiento a través de esa fina pared que separa tu culito de tu vagina.

    Levantaste la cara y me alcanzaste a decir:

    -Bien sabes como me gusta sentirme así.

    Y me besaste con pasión.

    La noche prometía para más…

  • Mi sobrino me cogió en Navidad

    Mi sobrino me cogió en Navidad

    Hola soy Ishtar, tengo 50 años originaria de Guatemala, pero hace años, radicando en la capital de México, aunque constantemente, visito mi tierra natal junto a mi familia y, en consecuencia, también familiares chapines, vienen a visitarnos. En esta ocasión, familiares de mi esposo, nos vendrían a visitar, para pasar la navidad, sería su primo Juan, su esposa Cynthia y su sobrino Mateo (hijo de otro primo suyo), es decir mi familia política. Mi esposo les ofreció quedarse en nuestra casa, pero al tener un solo cuarto de visitas, prefirieron quedarse en un hotel, estarían dos semanas de vacaciones en México, es decir el final del año 2022, y el principio del 2023. Quedamos de celebrar juntos noche buena y navidad. Por su parte mis dos hijas fueron con sus amigas a celebrar y quedaron de llegar en la mañana, por lo que estaríamos, solamente mi esposo y yo, para recibir a las visitas.

    El sábado 24 de diciembre, a las 8 pm me fui a bañar, hacia mucho frio, pero el agua caliente, relajaba mi cuerpo, mi monte venus, tenía un poco de cabello, pero decidí no rasurar mi vagina, terminé de bañarme y estaba sola en casa, pues mi marido, había ido a recoger la cena que encargamos y también a sus familiares. Abrí mi closet, y elegí un mini vestido muy sexy, era color plateado, con tintes negros, y una apertura en la espalda, que casi llegaba hasta mi cintura, tacones negros, ahora no decidí usar medias, cabello suelto y me pinté de rojo los labios.

    Ya eran las 10 pm, cuando escuche que abrieron la puerta, era mi esposo y sus familiares, tenía un poco de intriga, pues a esos familiares hace unos 20 años que no los veía, de hecho no los recordaba, baje a la sala a saludar, mi esposo dijo -mi amor, mi primo Juan, su esposa y mi sobrino Mateo, hijo de mi primo Diego- Un gusto respondí, el matrimonio era de una edad promedio de 50 años, y Mateo, era muy guapo, me gusto, debo confesarlo, buen cuerpo, y altura, moreno claro, despertó mi lujuria, se acercaron a saludarme, y Mateo me dio un beso muy tronado. Me di cuenta que mi esposo y el matrimonio, ya habían consumido alcohol, le dije a mi esposo, que, porque había tomado y manejado, pero Mateo se anticipó -no tía, yo maneje, yo no tomo- mi esposo dijo, gracias hijo, ya me iban a regañar, agrego Juan, si Mateo no bebe, es 100% deportista.

    A la media noche, antes de cenar, nos dimos el abrazo, cuando abrace a Mateo, sentí sus fuertes brazos y un duro pecho, me sentí acalorada, posteriormente cenamos, mi marido y el matrimonio, bebían muy rápido, por lo que imagine que se pondrían borrachos en poco tiempo, mientras ellos bebían y reían, Mateo y yo, cruzamos miradas, me observo directamente a los ojos y yo le regrese una mirada, llena de lujuria, que fue bajando hasta su entre pierna. Así pasaron varias horas, eran las 3 pm, me levante y acudí a la cocina, estaba buscando un vino, cuando sentí un miembro duro, dándome un tremendo arrimón, y unas manos frías, tocando mi espalda, era Mateo -que rica estas tía- Mateo por favor nos pueden ver, -no mi amor, ya están muy borrachos- Inmediatamente, me volteo y me dio un rico beso, me subió al desayunador, y metió sus manos en mi entrepierna, -que deliciosa estas- la sangre se me calentó, mi corazón empezó a palpitar de una manera rápida, muy sutilmente, dije, no Mateo, espera, pueden venir, -quiero cogerte- decía, mientras me manoseaba. Dijo -quiero darte tu Noche Buena, tu Navidad.

    La lujuria me empezó a ganar sumado a la adrenalina del que nos descubrieran, termine cediendo, -tengo una idea, despídete y te escondes en el cuarto de visitas, como tus tíos están muy borrachos, ya no se levantan a despedirte- ok amor. Regrese al comedor sin la botella de vino, para que ya no tomaran y se fueran. A los 10 minutos, Mateo llego y dijo me tengo que retirar, ya pedí el Uber, lo tomare afuera, mi esposo le respondió claro hijo, con cuidado deja acompañarte a lo que Mateo respondí, no tío aquí quédate, mi marido me dijo, acompáñalo, ok respondí, llegamos a la puerta, y simulamos salir, y cerramos la puerta, lo lleve al cuarto de visitas que estaba atrás del patio, y le dije que regresaría, dándole un beso. Una hora después, Juan y su esposo decidieron retirarse, ya llego el Uber, dijo Juan, y como el chofer del Uber, era de la confianza de mi esposo, se retiraron, y mi señor, casi cayéndose subió a nuestro cuarto, estaba muy borracho, por lo que se quedó profundamente dormido.

    Yo aproveche, fui al comedor por el vino blanco y unos chocolates de licor, toque sutilmente la puerta del cuarto de visitas, Mateo me abrió la puerta, deje la botella en el tocador, Mateo me tomo de mi cintura, y nos empezamos a besar, muy despacio, él se sentó en el borde de la cama y yo lo monte, nos besábamos, nos mordíamos los labios, el metía sus manos por la apertura del vestido y masajeaba mi espalda hasta bajar a mis glúteos, lo desmonte, serví el vino y brindamos por conocernos, mordí un chocolate y se lo di, nuestros labios, gozaban, -Tía, eres una Diosa, desde que te vi, me calentaste, me enamore- Gracias mi amor, te confieso que tú también me gustas.

    Por varios minutos continuamos besándonos y fajando, después nos pusimos de pie, y me subió mi vestido, hasta la cintura, -wow que rica concha, se te marca, puso su mano y dijo está hirviendo- me bajo la tanga y me empezó a lengüetear, despacio y en círculos -aaa que rico- después me dio de besitos, muchos besitos ricos, me empezó a jalar mis cabellitos, inmediatamente, me mordió de una manera delicada, mi vagina -aaa gemí muy fuerte- después me metió un dedo, luego dos y después tres -que rica estas tía- me dio la vuelta, con sus manos separo mis nalgas y le escupió a mi ano, y metió su lengua, sentí una descarga eléctrica, que excitante, así siguió varios minutos. Enseguida, se levantó tomo vino y se comió un chocolate.

    -Ahora es tu turno dijo- -claro mi amor- comencé con recargarme al estilo del perreo, dándome arrimones en un miembro erecto, me di la vuelta, lo bese, desabroche su camisa, y vi su torso, delgado pero marcado, lo bese y mordía ese abdomen marcado, me puse en cuclillas, baje su pantalón, quedo su bóxer, se veía un bulto, y no dude en morderlo, posteriormente, baje el bóxer, y salió un miembro, rico, gordo, largo, y muy cabezón, parecía un panque, comencé con meterme esa cabeza en mi boca, y solamente le hacía facial a esa parte, después saque su pene, y le di besos, a todo el tronco, baje a los testículos y los mordía, mientras el jalaba su miembro, posteriormente, intente meter todo su pene en mi boca, pero no pude -con calma mi amor- nuevamente lo intente y si pude, quedando unos segundos que parecían eternos, sentía ahogarme.

    Mateo me tomo de las manos me levanto, me tiro a la cama y abrió mis piernas, para penetrarme dulcemente, despacio y moviéndose, —aaa que rico lo haces —con sus manos abría mis piernas, y su miembro cabezón entraba en mi vagina, después puso mis piernas en sus hombros, y ahora me penetraba más duro, fuerte y rápido, sentía ese pene gordo golpearme, después bajo mis piernas saco su miembro lo froto en mi vagina y lo introdujo duro, nuevamente saco su miembro lo froto, y lo metió ahora suavemente, hizo esta acción varias veces -que rico Mateo- -si mi amor, me encantas- después lo saco le puso saliva y se echó encima de mi, mis manos y las suyas se estiraron y se unieron, mientras mi pene y su vagina hacían lo mismo. Me tenía sometida, mientras nuestras bocas se besaban, después me daba besos en mi cuello y me mordía -no, Mateo, porque tu tío sospechara- -tranquila mi amor-, como estaba sometida no podía defenderme.

    Después, echo mis piernas hasta atrás, gracias a que soy atlética, pude resistir esa posición, mis largar piernas quedaban hasta la cabecera de la cama, y el aprovechaba para penetrarme duro, asi seguimos varios minutos, –aaa que rica—nos levantamos y volvimos a tomar vino, me agarro de la cintura, y me beso, me quito el vestido y solamente quede con los tacones, con sus largos brazos me cargo y su miembro me penetraba mientras yo me daba tremendos sentones, después me bajo y volví a chupar su pene cabezón, -el decía te amo mi amor- después lo tumbe en la cama quedo, totalmente tendido subi a la cama, le besaba el abdomen, pecho, boca y posteriormente me senté en su boca, el me chupaba mi clítoris, con sus fuertes manos me cargo, y abría mis labios vaginales. Dijo ahora quiero esas nalgas, ese ano.

    Nos levantamos de la cama, de pie con su manos fuertes separó mis nalgas, y empezó metiendo esa cabeza de panque, parecía como si un coche quisiera pasar por una calle muy estrecha, era muy cabezona y se atoraba, -despacio mi amor- la saco y volvió abrir las nalgas, y ahora si entro la cabeza y el tronco, —aaaa que rico —empezó despacio y después duro, me estaba castigando muy duro con ese pene, y sus manos me daban de nalgadas, me mordía los labios en señal de placer y dolor, me mordía, la espalda, hombros, y después los besaba, me tomo de mi cintura y fuerte me daba las embestidas, una y otra vez, que ricos, nuestros jugos, se empezaban a mezclar, -que delicioso culito- me penetraba muy duro, ya no era despacio, todo era duro y rápido, y sus manos dándome de nalgadas.

    Inmediatamente, nos pusimos de pie, me penetro en esa posición, yo arqueaba la espalda, para ayudar a que la embestida fuera menos dolorosa, mi ano ardía, de dolor y placer, me daba muy duro, me tomaba de mis senos y empujaba para que su miembro me entrara, castigaba muy rico mi ano, nuestros cuerpos chocaban muy rico, mientras su pedazo de carne entraba de una manera fenomenal en mi ano. Me tomo de la cintura, puso mis manos en su cuello y me cargo, que rico era cabalgar ese miembro -aaa, duele, pero me gusta, sigue asi mi amor- -claro que si perra- me daba sentones en ese miembro, que me destruía analmente, hubo un momento en que solamente quede ensartada, y el me mordía muy rico la espalda, ya estaba amaneciendo, salía el sol y nuestros cuerpos bañados en sudor, líquidos, era una escena de lujuria extrema. Me estaban dando mi Noche Buena, Mi Navidad.

    Después me bajo, saco su miembro y se limpio el pene, reviso mi ano y dijo se ve muy irritado, me voy a poner un preservativo que traigo, para no lastimarte -si amor- respondí, saco el condón de su pantalón y se lo quite, -yo quiero ponértelo- -gracias princesa- me puse de rodillas, y empecé a estimular su miembro, dándole apretones, jugando con su frenillo y glande –aaa gimió—le di unos besos a su pene y baje para morder sus testículos, posteriormente coloque el preservativo. Se subió a la cama y se acostó y dijo móntame, y asi lo hice puse su pene en mi ano y comencé a cabalgar, despacio y luego rápido, mientras el empujaba mi cuerpo agarrando mi cintura, nuevamente era muy lindos escuchar, como nuestros cuerpos chocaban, después me di la vuelta, y ahora estaba dándole la espalda, mientras castigaba mi ano, el arañaba mi espalda.

    Posteriormente se fue levantando y ahora quede en cuatro y el dominando, me penetraba al estilo perrito, duro, muy duro y rápido, el condón ayudaba a que entrara más rápido y sin tanto dolor, -me voy a quitar el preservativo, ya lubrico tu ano- y acomodo su pene cabezón en mi entrada, lo metió y aaaa grite mucho, me dolió, lo saco y otra vez metió la pura cabeza, asi lo hizo por unos minutos, después lo metió completo, el tronco caliente me excitaba y me lastimaba, después me dio la vuelta, y me empezó a penetrar en la posición de misionero pero analmente, luego cambiaba a la vagina, lo hacia a su antojo, yo era su puta, fue en ese momento que tuve, un orgasmo muy rico, gemí y grite muy fuerte, fueron minutos vibrantes, mi cuerpo, sentía una descarga de placer, entonces el me empezó a besar, morder los labios, lo que hacía más rico el momento.

    Ya eran las 7 am, teníamos que terminar mis hijas podrían regresar en cualquier momento, así que cuando me estaba penetrando vaginalmente, lo enrede con mis largas piernas y con mis muslos lo aprete, y el con su fuerza cerro mis muslo de una manera fuerte pero linda, en consecuencia, comenzó a venirse -aaa me estoy corriendo- un semen caliente comenzó a inundar mi vagina, sentí como sus espermas se adentraban mi ser, mientras nos mirábamos fijamente a los ojos, sabiendo que era prohibido lo que hacíamos pero gozábamos como animales, me beso muy tiernamente, y empujo fuerte su pene para penetrarme con todo su semen, -que rica leche, mi amor, esta calientita, le dije- se retiro saco su miembro, y la leche escurría, el con sus manos embarro el semen que quedaba en mi vagina, en mis vellos vaginales, le dije espera, me hinque, y le di unas buenas mamadas, quería dejarlo seco, no desperdiciar ni una gota de su leche, finalmente limpie su pene con mi lengua y nos recostamos en la cama -le dije, tienes que irte mi amor, mis hijas ya no tardan en venir- -el aun exhausto, dijo te volveré a ver antes de regresar a Guatemala- -le dije claro, nos podemos de acuerdo- y añadí, también, cuando yo vaya a visitar mi tierra podemos hacer el amor, el sonrió de gusto, nos levantamos de la cama, nos empezamos a cambiar, y dijo yo cierro la puerta, luego te doy tu llave, para que no te levantes -ok respondí- me dio una nalgada fuerte y me metió sus dedos en mi vagina y luego me los dio a chupar, -para que me recuerdes mi amor- Nos dimos un beso muy ardiente, yo quede en puros tacones, que rica cogida me dio mi sobrino, que rica Noche Buena, que rica Navidad.

  • Cómo conocí a Carlos

    Cómo conocí a Carlos

    Hace un par de años conocí a Carlos. Trabajaba como gerente de ventas senior en una multinacional. Al estar en el campo de marketing, viajaba mucho. Es un hombre simple y trabajador que posee un Master de Business Administration. Es de complexión mediana con tez clara de aproximadamente 1.80 m de altura con una personalidad atractiva.

    Estoy casada con Michael, de 30 años en aquel entonces, también de piel clara con ojos marrones claros, aproximadamente 1.80 m de complexión atlética. En cuanto a mí, me llamo Adrienne tenía 29 años de en el momento en que se desarrolló esta historia, de piel muy blanca con ojos azules, un cuerpo tonificado por el gimnasio por el que cualquier hombre gustaría tener en su cama. Yo y mi esposo somos neerlandeses (término frecuentemente sustituido por «holandeses»).

    Para nuestras vacaciones decidimos hacer un tour por América del Sur: Brasil, Uruguay, Argentina. Estábamos haciendo escala en el aeropuerto de Sao Paulo, dado que no había vuelos directos desde Rio de Janeiro a Montevideo. Después de matar el tiempo en el Duty Free, fuimos al sector de comidas. Entramos en uno de los restaurantes. Nos proporcionaron el menú, indagamos sobre los platos, pero lamentablemente la chica que nos atendía no podía respondernos satisfactoriamente, o nosotros no le entendíamos. Estábamos un poco confundidos. Por suerte, Carlos, que estaba sentado a la mesa más cercana a la nuestra intervino para ayudarnos. Debido a su especialización en marketing era bueno para entablar una conversación.

    Al ver su personalidad agradable, el rostro sonriente y su lenguaje corporal perfecto, nos abrimos a la conversación, le pedimos que nos ayudara a seleccionar una buena comida, y lo invitamos a compartir la mesa con nosotros. Hablaba muy bien el inglés.

    Le agradecimos mucho por su ayuda. Nos presentamos. Mientras los tres comíamos y charlábamos, noté que los ojos de Carlos recorrían todo mi cuerpo, yo me imaginaba lo fogoso que sería en la cama. Todos estos pensamientos me hacían suponer que quizás estaría teniendo una erección. Lo más importante es él también viajaba a Montevideo en el mismo vuelo que nosotros.

    Después de charlar durante algún tiempo, dije que quería ir a fumar al sector destinado para fumadores, a lo que Carlos accedió de inmediato a acompañarme. Michael no se unió a nosotros porque no fumaba. Nos dirigimos a la sala de fumadores. Yo sentía el aroma de Carlos. Dentro de mi mente me moría por coger duro con él pero trataba de controlarme a mí misma.

    En la sala de fumadores ambos estábamos solos. Empezamos a fumar y charlar. Estábamos bastante cerca el uno del otro y la conversación llevó a cosas personales en las que Carlos reunió algo de coraje y me comentó: «Eres muy sexy y deseable, Michael es muy afortunado de tenerte».

    Entre risas le dije de manera sugestiva: «Tú también puedes ser afortunado».

    Inmediatamente captó la indirecta, me tomó por los brazos y besó suavemente mis labios rosados y se detuvo para mirar mi reacción. Yo repliqué envolviendo mis manos alrededor de él y lo acerqué a mí presionando mis calientes tetas contra su pecho y comenzó a besarme apasionadamente. Lanzó su lengua profundamente dentro de mi boca. Comenzó a moverse, movió sus manos sobre mi espalda, sosteniéndome con fuerza en sus brazos. Era como el Cielo.

    De repente nos dimos cuenta de que estábamos en la sala de fumadores, por lo que nos separamos. Carlos me dijo «Sabes delicioso, me encanta el damasco (albaricoque) de tus labios» mientras me guiñaba un ojo.

    Ambos volvimos donde estaba Michael y los tres comenzamos a charlar. Después de dos horas más de espera finalmente tomamos el vuelo y así llegar a Montevideo. A lo largo del viaje, seguí pensando en Carlos.

    Como él vive en Montevideo, nos ayudó a llevarnos a nuestro hotel que ya teníamos reservado en el barrio Carrasco. Nos dijo que vivía cerca de ahí, en el barrio Malvin. Compartimos números de teléfonos y nos separamos. Toda esa noche me costó poder dormir. A pesar de una excelente sesión de sexo con Michael, después que mi esposo se durmió, me masturbé pensando en Carlos.

    A la mañana siguiente era sábado. Carlos llamó a Michael y nos invitó a cenar, a lo que accedimos de inmediato. Vivía solo y por lo que nos demostró resultó ser un excelente cocinero. Hizo una buena comida que nos dijo que era «pollo a la hindú». También había whisky, un vino local, cerveza y vodka.

    Eran las 20:00 pm cuando tocamos el timbre de la puerta del edificio donde vivía Carlos. Michael vestía jeans y una camiseta azul. Yo me puse unos jeans ajustados con una camiseta sin tirantes y un sostén también sin tirantes, sostenido por mis pechos. Carlos no pudo disimular su admiración por mi figura; se quedó boquiabierto mirándome. Nos abrazamos y besamos (los uruguayos y argentinos siempre se saludan con un beso entre hombres y mujeres, a veces también entre hombres). Mientras me abrazaba mis pezones rozaron su pecho, inmediatamente la corriente pasó a través del mi cuerpo. Miré hacia su entrepierna, era evidente que trataba de ocultar su erección.

    Nos ofreció bebidas con bocadillos y el recién cocinado pollo a la hindú. Puso música y todos estábamos disfrutando. Me levanté y comencé a bailar con la música e hice seña con las manos a Carlos para que me acompañara. Ambos bailábamos al ritmo de la música tocándonos y rozándonos por todo el cuerpo. Michael también se nos unió para bailar, pero parecía que el Chivas Regal lo había golpeado fuerte, así que después de poco rato se sentó y se sirvió más whisky. Mientras disfrutaba de sus bebidas, Carlos no podía disimular que estaba caliente como el infierno. Mi mano, que cada tanto «descuidadamente» tocaba su erección, estaba lista para rasgar su ropa interior. Michael, bueno…, Michael, mi Michael estaba noqueado.

    Aprovechando esta oportunidad, llevé a Carlos a su dormitorio y comencé a besarlo apasionadamente. Lanzando mi lengua profundamente dentro de su boca. Él me sujetó con mucha fuerza en sus brazos, apretándome muy fuerte.

    Suavemente rompió el beso y comenzó a besar sensualmente los lóbulos de mis orejas haciéndome gemir. Esta acción me volvió loca. Lo empujé a la cama y comencé a desabrocharle los pantalones y le quité la camiseta. Bajé sus jeans e inserté mis manos en la ropa interior de Carlos sacando su palpitante pene. Besé y moví mi lengua en la punta de la cabeza de su miembro, ya había salido su transparente líquido preseminal, sostuve su eje firmemente apretándolo un poco, lo que lo enloqueció.

    Le encantaba el movimiento de mi lengua. Comencé a peregrinar a lo largo de su pene al mismo tiempo que agarraba sus bolas y las apretaba con fuerza. Carlos comenzó a gemir. Sus piernas temblaban de placer y dolor.

    Lentamente, tomé la punta de su pene dentro de mi boca y comencé a chuparlo con más fuerza, acariciando y apretando sus bolas con más fuerza con la mano. De repente, Carlos me tomó de la nunca y empujó su miembro profundamente dentro de mi boca, asfixiándome y comenzó a cogerme en la boca más y más fuerte. Traté de apartar mi cara, pero él me inmovilizó con tanta firmeza que no pude hacer nada. De a poco, comenzó a aumentar su velocidad dando embestidas profundas cogiendo mi boca. Con cada empujón, lanzaba su falo más y más profundo.

    Hasta que no pudo controlarse más y como una centella disparó muy profundamente dentro de mi boca. Dejé escapar lo que pude de su esperma. Había sido un tremendo impacto el que Carlos descargó en mi boca. Él se mostraba encantado: «Fue la mejor cogida de boca que he tenido.» Dijo con tono triunfante. Su semen corría desde mi boca hasta mi cuello y fluía hasta mi escote. Sorprendida, agitada y con los ojos sorprendidos lo miré y dije: «Me has inundado».

    Carlos, todavía estaba desnudo, me llevó al baño y me ayudó a limpiarme. Se puso su ropa interior y salió a ver cómo estaba Michael. Seguía noqueado. Me trajo un trago y otro para él mismo. Miró mi cuerpo caliente, se estaba poniendo más duro de nuevo.

    Se acercó a mí por detrás y comenzó a quitarme suavemente la blusa. «Wow, tus tetas están calientes», diciendo esto, agarró mis senos por sobre mi sostén, apretándolos delicadamente. Gemí suavemente. Comenzó a darme suaves besos en el cuello, chupando y besando los lóbulos de mis orejas. Me estaba volviendo loca, disfrutaba el movimiento de su boca. Me estaba volviendo más salvaje y húmeda.

    Desabrochó mi sostén, liberando mis tetas calientes. Me hizo apoyarme contra la pared mientras se inclinaba y besaba mis pezones de color rosa claro. Empecé a gemir mientras le agarraba el cabello. Carlos comenzó a rodear mis pezones con la lengua. Yo cada vez más descontrolada. De repente, mordió suavemente mis pezones haciéndome temblar, me miró a los ojos y me dijo: «¿Te gustó eso?» Simplemente asentí con la cabeza. Esta acción mía hizo que Carlos se volviera realmente salvaje y comenzó a mordisquear y morder suavemente mis tetas calientes.

    Mientras chupaba mis senos, con sus manos libres comenzó a desabotonar mis jeans, bajando suavemente la cremallera y tirando hacia abajo, deslizándolos hacia el suelo, yo lo separé con las piernas.

    Me veía súper sexy con mi tanga negra. Carlos abofeteó suavemente mis nalgas mientras me obligaba a acostarme en la cama. Su pene otra vez estaba duro como una roca. Besó mi punto húmedo en la parte superior de mi tanga negra. Estaba empapada. Lentamente tiró hacia abajo mi ropa interior, exponiendo mis rosados labios vaginales, limpios y afeitados, mojados y goteando.

    Comenzó a limpiar mis húmedos labios de mi vagina con la lengua. Rodeando mi concha con su lengua, lo que me volvió loca y comencé a gemir más fuerte. Abrí más las piernas cuando Carlos lanzó su lengua profundamente dentro de mí. Le supliqué, «Penetrame», pero él estaba ocupado cogiéndome con su lengua.

    No pude controlarme más, lo agarré por los brazos, lo levanté y lo hice rodar quedando yo encima de él. Esta acción enloqueció a Carlos mientras me apretaba con fuerza. Coloqué la punta de su pene entre los labios de mi vagina, pero antes de que yo pudiera equilibrarme, él empujó su verga palpitante dentro de mí haciéndome gritar en voz alta.

    Yo estaba tan húmeda que su miembro se deslizó dentro de mí con mucha facilidad. Lentamente comenzó a cogerme más profundo y más fuerte mientras golpeaba mis nalgas con más fuerza, dándome una sensación diferente. Yo estaba montando su pene, las bolas de Carlos golpeaban mi culo.

    Al mismo tiempo, me tomó las tetas y comenzó a apretarlas con más fuerza y a pellizcar suavemente mis duros pezones. Para entonces, yo ya había tenido tres orgasmos, me encantaba la sensación.

    Gradualmente, comenzó a aumentar su velocidad, al mismo tiempo yo controlaba completamente su pene. Toda la habitación estaba llena de mis gemidos, lo que volvía loco a Carlos. Quería disparar su carga, me lo insinuó. «¿Quieres acabar en mi culo?», le pregunté dándole un indicio de lo que yo quería.

    Sacó su verga e hizo que yo me pusiera boca abajo en la cama. En un instante me abrió las piernas y sin muchos preámbulos entró en mi culo haciéndome gritar. Aumentó su velocidad porque ya estaba al borde de la eyaculación. Me agarró del pelo, y con un par de empujones descargó su semen dentro de mi culo. La sensación de su esperma caliente me hizo retorcer, mi espalda se arqueó, sentí un temblor interno. Acercó su boca a mi cuello mientras mantenía mi pelo agarrado, pero no me besó. Quedamos completamente exhaustos. Nos acostamos en la cama y después de un rato tomamos otro trago del que hacía unos minutos Carlos había traído.

    De repente, me di cuenta de que Michael estaba durmiendo afuera. Ambos nos limpiamos rápidamente, nos vestimos, nos arreglamos lo mejor posible, y lentamente fuimos hacia donde todavía estaba Michael dormido bajo los efectos del alcohol.

    «¿Cuál es el itinerario del viaje?» me preguntó.

    «De aquí seguimos para Punta del Este. Después volvemos directamente al aeropuerto para continuar a Buenos Aires.»

    «Yo tengo un apartamento en Punta del Este. Pueden quedarse en él. Está frente al mar.»

    «Es que ya tenemos reservado el hotel. Forma parte del paquete del viaje. ¿Me entiendes?» le aclaré.

    «Sí, te entiendo. Estarían más cómodos en mi apartamento. ¿Podríamos organizar para vernos en Punta del Este?»

    «Claro, me encantaría, te llamo cuando lleguemos allá. Me gustaría volver a probar el pollo a la hindú que tú haces. Y Michael volverá a estar complacido con el whisky…