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  • Inmóviles los dos

    Inmóviles los dos

    Esta es otra noche como tantas en la que nuestros cuerpos desnudos se encuentran enredados sobre las sábanas, después de un día de desearnos, de roces y toques, de besos furtivos, palabras provocadoras y lujuria in crescendo que finalmente es liberada.

    Entonces al probar tus labios desciendo por tu cuello, tus hombros, tus pechos. Tú subes los brazos por encima de tu cabeza en esa forma que sueles hacerlo cuando quieres que te complazca, una especie de señal entre nosotros que pretendo atender sin vacilar.

    Continúo hacia el sur con mis labios sobre tu torso, con mi lengua que prueba tu vientre y aún más abajo donde se separan tus piernas para darme espacio para dedicarme a catar tu sexo. Mis manos rezagadas aún acarician tus pechos, caricias que se convierten en suaves pellizcos de tus pezones. El perfume de tu deseo me llena de éxtasis y atiendo la necesidad urgente de hundirme en ti, para probar por completo vulva, para contenerla en mi boca y no dejar rincón sin visitar con mi lengua. Te inclinas, retuerces de a poco y emites unos profundos suspiros cuando doy con el punto justo, entonces allí me detengo y le doy más atención, más intensidad, subiendo el ritmo hasta que mi saliva se entremezcla con tu delicioso néctar y se desliza por tu perineo. Es entonces cuando la excitación dispara tu deseo, cuando percibes hacia donde se dirige tal humedad y lo necesitas, es así como me apartas para pedirme más.

    Te pones en posición, tus codos apoyados, tu mejilla sobre la cama, tus piernas levemente separadas con tus nalgas elevadas y la mirada que me das sobre tu hombro, con el cabello desordenado sobre tu rostro y una expresión de deseo que me dice todo lo que necesito saber, donde dejas claro tus deseos. Pero aun así quiero escucharte pedirlo, quiero que las palabras salgan de tus labios, lo sabes bien así que no dudas en dejarte llevar por la intensa excitación y me lo dice claramente.

    —Métemela por el culo.

    Mi erección se reafirma al escucharte, me encanta escuchar tu voz jadeante por la calentura rogar que cruce límites que sólo cruzamos cuando el éxtasis es intenso. Y te obedezco sin vacilar.

    Mi miembro halla su posición, puedes sentir un contacto que presiona sólo apenas para mantenerse allí. No empujo aún, espero a que estés lista y dejo en tu control la intensidad de la acción.

    Sientes ese pequeño miedo que siempre te ataca en este instante, pero la necesidad y la lujuria de sentirme dentro tuyo es más poderosa. Cierras los ojos, aspiras profundo, luego, con una lenta y prolongada exhalación te relajas para dejarme entrar. Me invitas cómo si me llevaras de la mano al interior de la habitación más íntima de tu hogar, el lugar de sentir una embestida que se abre paso a la fuerza, mi falo erecto es absorbido hacia ti. Se desliza siendo abrazado en una sensación sin igual, presionado y estimulado en cada célula de la piel, avanzando milímetro a milímetro con calma, sin apuro pero con constancia y firmeza.

    Tú te retuerces con delicadeza al disfrutar cómo entro por completo en ti, cómo tu cuerpo se adapta dejando atrás cualquier atisbo de dolor para convertirlo en puro placer. En cada instante te percibes llena por completo, pero sólo descubres que aún hay más y el éxtasis se multiplica instante a instante.

    El aire de tu prolongado suspiro se acaba en un apenas audible gemido al mismo momento que mi pelvis toca tu cuerpo, allí cuando logro estar por completo en tu interior, llenando con mi sexo tu lugar más privado. Durante un par de segundos estás sin aire, te enfocas al cien por ciento en la penetración, cómo si el tiempo avanzara en cámara lenta cuando la última partícula de oxígeno abandona tus pulmones.

    —Hmmmm… —es todo lo que puedo decir para expresar el placer que siento al alcanzar el fondo de ti.

    Tomas aire con fuerza, regresas el tiempo a su curso natural y en medio de un gemido, o un jadeo, un sonido de placer que escapa de ti me dices…

    —No te muevas.

    Me inclino levemente sobre ti para acariciar el lateral de tu torso, me apoyo con la otra mano sobre el colchón y como me lo pediste me quedo inmóvil. Tú te pones cómoda para llevar una de tus manos a tu vulva y comenzar suavemente a estimularte con tus dedos.

    A primera vista inmóviles los dos, pero es así cómo nos gusta, sentir al máximo cada pequeña variación, cada contracción, cada minúsculo espasmo que nos estimula mientras me encuentro por completo dentro de ti. Sólo tus dedos y mi mano acariciándote parecen moverse, pero nosotros podemos sentir todo, cada detalle de una experiencia sumamente satisfactoria y excitante.

    Tu respiración se acentúa progresivamente, puedo percibir las réplicas de tu tacto cuando rozas el punto exacto de tu clítoris haciendo que tu culo se contraiga alrededor de mi miembro, lo presiona, lo atrapa, lo constriñe, provoca que palpite para agrandarse, endurecerse, temblar…

    Gemidos se escapan del interior de ambos, cuando las reacciones instintivas de nuestros cuerpos se sintonizan en un ciclo virtuoso de éxtasis, cuando nuestras zonas erógenas actúan en armonía y la excitación se construye más y más alto. Puedo notar el aumento de la calentura cuando aumentas el ritmo en que te tocas y en consecuencia haces vibrar la cama generando una secuencia de diminutos movimientos que irradian a través de nosotros para convertirse en auténtico placer.

    Puedes sentir dentro cómo el éxtasis es inminente, con mi semen presionando cada vez con más poder mientras me pide salir, mis caderas empujando aunque no haya más sitio donde ir, tu coño como una presa a punto de colapsar.

    Lo sientes… está a punto de llegar… no puedes contenerlo más… deseas que ambos explotemos ahora mismo… entonces justo en el momento que vas a dejarlo, dominada por la excitación, apenas pudiendo pronunciar las palabras me lo ruegas…

    —¡YA! … ¡Córrete!

    Tus palabras resuenan en mi cómo un detonador que hace que explote al instante. Te cojo de la cadera, te presiono contra mí para que mi polla dispare una y otra vez en tu interior, acompañada de fuertes espasmos que son cómo leña que aviva el fuego de tu orgasmo.

    Gimes y gritas hasta que la voz se te apaga, hasta que liberas la última porción de aire al aferrarte con potencia a las sábanas y arrancarlas del colchón. Muerdo entonces tu hombro al liberar lo último que tengo para ti, dejando así salir toda mi leche en tu interior.

    Y así nos quedamos inmóviles los dos hasta que el placer se disipa, hasta que pierdo la dureza y me expulsas de ti, pero aún me quedo recostado sobre ti mientras tu culo se vacía de mi semen sobre las sábanas y nosotros… nosotros sólo tratamos de recuperar el aliento.

  • En mi auto con mi novia y nuestro amante radiólogo (parte 4)

    En mi auto con mi novia y nuestro amante radiólogo (parte 4)

    Subimos a mi auto para ir al departamento de nuestro amante, pero mi novia quiso ser pasajera detrás, con Fede, por supuesto. Y yo hice de chofer. No quedaba tan cerca, los vidrios del auto eran polarizados y de afuera no se veía casi nada.

    Apenas arranqué, Fede y Luli se prendieron en un morreo apasionado que derivó en lujurioso, él metiéndole mano entre sus pechos generosos y ella manoseando su bulto como queriéndolo arrancar de su pantalón, que no tardó en desabrochar y bajárselo, mientras él levantaba sus caderas para que se lo sacara. No me perdía detalle de lo que pasaba en el asiento trasero e iba muy despacio por calles laterales, para no usar avenidas iluminadas.

    Rápidamente Luli se apoderó de la pija de Fede y se la empezó a lamer desde el glande hasta los huevos en un sube y baja exasperante, que puso a gemir y bufar a nuestro macho como un potro. Mi novia lo miraba a los ojos mientras se comía su glande con glotonería y cada tanto desviaba la mirada al espejo retrovisor para verme a los ojos y lanzarme besitos, para luego seguir con su espectacular mamada.

    Varias veces se la tragó toda, despacio y con mucha delicadeza, la dejaba juguetear en su garganta unos segundos y se la iba sacando tan lentamente que me ponía como un burro. Fede era muy aguantador y no se corría, pero su miembro hacía rato que chorreaba líquido seminal casi cristalino que Luli se tragaba con avidez. Dejó de chuparle la pija, para empezar a lamer sus abdominales, sus pectorales, chuparle los pezones duros, lamerle las aureolas y su cuello, hasta llegar a su boca para prenderse en un chuponeo fenomenal de lengüetazos, succiones y gemidos.

    -¿Te lo vas a coger acá en el auto?, no pude evitar de preguntarle.

    Respondió asintiendo y gimiendo sin dejar de besarlo y sobarle la pija enhiesta que la esperaba. Simplemente levantó algo su minifalda, mostrándome su concha empapada y de un salto se montó a horcadas en nuestro semental, metiéndose su poronga de un saque en la vagina ansiosa y estremeciéndose en un aullido de placer.

    Se quedó quieta unos instantes, lo miró a los ojos, mientras Fede le bajaba los breteles de su camiseta para después chuparle y estrujarle los pechos. Luli se arqueó hacia atrás loca de deseo y empezó a menearse en un vaivén de campeonato, tomándolo de la cabeza y mirándolo como perra en celo.

    -Más, más, dame más, le pedía y Fede le correspondía alzando sus caderas para metérsela bien a fondo en su concha desesperada. Más se alzaba el macho, más se meneaba ella, hasta que tuvo uno de los orgasmos más largos y ruidosos que yo le haya visto y escuchado, desplomándose agotada sobre el hombro de su amante.

    Él muy despacio la tomó de la cara, la miró a los ojos y la besó con desenfreno, retomando sus embestidas hacia arriba y atrayendo sus nalgas hacia su cuerpo para que le entrara más y más su poronga incansable. Eso la hizo calentar de nuevo y mi Luli acompañó las acometidas con meneos y contracciones, gimiendo, resoplando y aullando con voz ahogada, siempre pidiendo más y más, cógeme más, métemela más adentro, no pares nunca, decía enloquecida de placer y deseo.

    Él le tragaba la boca, le chuponeaba las tetas y le decía que se la cogería toda la noche, todo el día y todo el fin de semana. Ella gritó:

    -¡Siií! Dame con todo, soy toda tuya, dame más, tu pija me vuelve loca, la quiero toda para mí, cógeme, no dejes de cogerme, y se volvió a correr, estremeciéndose como una yegua alzada, provocando que Fede acabara dentro de su vagina varios chorros de semen:

    -¡Ah, ah, ah, ah, ah, aaah!, gritó el potro cerrando los ojos y atrayéndola hacia su cuerpo.

    Yo estaba agitadísimo, pajeándome con la mano izquierda encima del pantalón, sin soltar el volante y sin saber ya qué hacer. Pude contenerme, aún no sé cómo, y manotear un manojo de toallas de papel que llevaba en la guantera para dárselos y que se pudieran limpiar y secar.

    -Estacioná donde puedas en esta cuadra, me pidió Fede, mientras Luli lo desmontaba, muy a desgano.

    Él se dedicó con esmero, prolijidad y delicadeza a limpiar y secarle las piernas y la vagina chorreante con una mano, mientras con la otra hacía lo mismo con su pija, increíblemente aún parada, sus huevos y sus muslos, además del asiento. Se subió y abrochó el pantalón y le acomodó la remera y la pollerita a mi novia, que estaba exhausta recostada en su hombro y mirándome a los ojos por el retrovisor.

    Estuvimos más de cinco minutos dentro del auto estacionado, hasta que nos calmamos los tres, bajamos y entramos al edificio. Por suerte, no había nadie en la entrada y entramos al ascensor para subir al piso 12, donde vivía Fede.

    En el ascensor Luli me acarició, me miró a los ojos, me susurró te quiero mucho al oído y me besó con mucha dulzura, mientras Fede apoyaba su bulto entre mis glúteos, yo me apretaba a él tomándolo de una nalga y con la otra mano le tocaba el culo a mi novia. Justo cuando paró el ascensor en el piso 12, Luli me hizo girar la cabeza para que besara a Fede en la boca, cosa que hice con mucha pasión, mientras él trababa la puerta del elevador para que no se cerrara.

    Así, apretados y franeleando entre los tres, entramos a su palier privado, y nos quedamos varios minutos besándonos, sobándonos y gimiendo, con un placer interminable, intercambiando nuestra posición varias veces, hasta que Fede pudo abrir la puerta y entramos, casi cayéndonos, a su pent-house, donde nos recostó contra la puerta del lado interior y nos fue morreando y sobando de a uno, mientras lo besábamos, abrazábamos y acariciábamos.

    -Pónganse cómodos que voy a encender el jacuzzi así nos lavamos bien y nos relajamos, nos dijo. La casa y yo estamos a disposición.

    Ponernos cómodos fue desnudarnos entre los dos con Luli y volver a besarnos y franelear, porque yo estaba por estallar de la calentura.

    -No te la voy a tocar ni a chupar porque vas a acabar enseguida, me dijo la muy turra.

    Puso mi camisa en un amplio sofá, me recostó sobre la camisa y me montó en pelo. No duré ni dos minutos con sus meneos y acabé varios chorros en su concha jugosa y ávida. Se recostó sobre mi pecho, me besó varias veces con pasión, me dijo te quiero varias veces y me preguntó si estaba enojado.

    -Para nada, le contesté, estoy re caliente.

    -Se te nota, me respondió, porque no se te bajo la pija.

    -Él me gusta mucho, me lo quiero coger todo el día, vos sabés que te quiero, pero Fede me recalienta, no lo puedo evitar y no puedo parar.

    -A mí también me gusta un montón, le dije mirándola a los ojos, quiero coger con él y con vos por todos lados, me tiene muy caliente y tampoco puedo parar. Vamos a disfrutarlo y no nos preocupemos, le dije estampándole un beso muy apasionado.

    -Así los quería ver a los tortolitos, dijo Fede apareciendo sólo cubierto con un bóxer de seda transparente que dejaba todo a la vista.

    Luli me susurró: Está cada vez más fuerte, ya me estoy mojando de nuevo.

    -¿Nos los comemos juntos?

    -¡Claro que sí!

    Y se alzó sobre sus rodillas para pedirle a nuestro anfitrión que se acercara. Lo tomó de la cintura y directamente le empezó a sobar la poronga parada por encima de la delicada tela.

    -¡Qué lindo que es este bóxer! ¡Qué suave! Te lo comería, pero más me quiero comer lo que tenés adentro, le dijo con picardía.

    -No me dejen afuera, exclamé yo relamiéndome.

    Fede besó con mucha lengua a mi novia y se arrodilló a nuestro lado para comerle los pechos y dejar su delicioso miembro a la altura de mi boca. No dudé ni un segundo y empecé a lamerlo golosamente y acariciarle los glúteos sobre la suave tela.

    -Es como si no tuvieras nada puesto, le dije y seguí lamiendo y acariciando.

    -La llaman seda fría y se siente muy rica.

    -Es casi tan rica como tu pija y tu culo, le dijo Luli y le fue bajando el bóxer lenta y delicadamente por detrás, mientras yo me dedicaba a la parte delantera.

    -¡Qué hermoso culo tenés!, le dijo mi novia.

    -¿Viste? Es casi tan lindo como el tuyo, respondí yo y empecé a chuparle el glande rosado y brillante, el tronco y los huevos, alternadamente, mientras él morreaba y magreaba a mi novia.

    Habíamos cogido tanto y acabado tantas veces que el trío se hizo más prolongado que intenso, lo pudimos disfrutar con deleite por más tiempo, sin acabar de nuevo, pese a la gran calentura que teníamos los tres.

    Con más temple, Fede nos detuvo con suavidad y nos invitó a meternos en el jacuzzi, hasta dónde lo acompañamos sin dejar de acariciarnos, besarnos, sobarnos y hurgar en nuestros agujeros sexuales.

  • La primera vez de MaryCarmen

    La primera vez de MaryCarmen

    Hola, mi nombre es Mary Carmen Flores. Recientemente he comenzado a escribir mis vivencias en esta página, y algunos de ustedes me solicitaron que escribiera aquella de la primera vez, y pues aquí estoy, para aquellos que quieran saber más del contexto de mi vida y de los derroteros por donde esta me ha llevado, les recomiendo lean primero mi presentación, tendrán un panorama más amplio de mí, también he de advertir que debido a la situación la historia está cargada de detalles típicos de la situación, ténganme paciencia. Ya que mi forma de contar las cosas toma mucho contexto, esta historia ocurrió hace años por lo que algunos datos y detalles son inexactis.

    Pues bien, recién había cumplido 18 años, yo estaba cursando el primer semestre de la universidad, en la carrera de administración de empresas, una universidad privada con un prestigio decente en mi ciudad natal. Durante buena parte de mi adolescencia jugué Voleibol, esto sumado a mis 1.75 m de estatura y al bastante decente salto vertical, me hicieron una jugadora de respeto, sin ser tampoco la gran estrella, pero suficiente para que esta universidad se fijara en mí, y si a esto le sumamos que mi rendimiento escolar estaba por encima del promedio, resulto en que decidieron ofrecerme una beca del 60%, para mis padres, esto era una buena oportunidad, educación de calidad, a bajo costo y con la ventaja de que se encontraba relativamente cerca de casa, lo suficiente para ir y regresar caminando.

    Al final todo resultó en que yo estaba ahí, en una universidad con compañeros de mejor nivel económico que el mío, y jugando voleibol. Tratando de ganarme un lugar con chicas que no eran muy agradables que digamos. Entrenábamos lunes, miércoles y viernes en el complejo deportivo que se encontraba dentro de la misma universidad, y los miércoles coincidíamos con el equipo varonil de basquetbol, ellos llegaban media hora mas temprano. Por lo que cuando nosotros llegábamos ellos ya estaban entrenado, pero al salir ellos siempre se quedaban a ver la última parte de nuestro entrenamiento, desde luego era con cierto grado de morbo, ya que como ustedes saben los uniformes de voleibol de las chicas normalmente son licras pegadas al cuerpo, y había chicas bastante desarrolladas y que se lucían espectacular el uniforme.

    Yo era una de las chicas nuevas y por esa razón no me fijaba tanto en ellos, esto sumado a la educación que me dieron mis padres, sumamente tradicionalistas, así que no era tiempo de chicos aun, sin embargo para la cuarta o quinta semana me empecé a dar cuenta, que uno de ellos me miraba con mucha insistencia, nunca me decía nada pero no me perdía de vista, él era un chico alto de tercer semestre, después supe que era el centro titular y capitán del equipo, media cerca del 1.90 m de estatura, moreno con el cabello muy muy corto, delgado pero con su musculatura muy bien definida para su edad, unos ojos cafés grandes y con una mirada intensa, la verdad era guapo, al menos lo era para mí en ese entonces.

    El asunto es que me empecé a poner nerviosa con sus miradas, y comencé a fallar remates y bloqueos que habitualmente eran sencillos para mí, no lo entendía yo ya estaba acostumbrada a jugar bajo presión pero la mirada de este chico me inquietaba, y sabía que él lo notaba, después de un par de regaños de la entrenadora, en uno de los entrenamientos él se puso a platicar con sus amigos dando la espalda a la cancha, lo cual me tranquilizo y pude terminar el entrenamiento sin errores notorios, pensé que todo había terminado y que solo era mi imaginación y podría seguir entrenando sin problemas.

    Esa tarde, después de salir de los vestidores, se encontraba el platicando con Ana, la capitana del equipo, yo salí, y aunque los note, seguí caminando sin despedirme de nadie rumbo a la salida del complejo, y entonces escuche una voz a mis espaldas.

    -¡Hola Mary!

    Se me helaron las manos del nervio, me pare en seco y voltee lentamente, y ahí estaba el con una sonrisa amplia de oreja a oreja y yo sin saber que contestar

    -Soy Saul del equipo del equipo de basquetbol -dijo el acercándose un poco a mi

    -Hola, si, ya te había visto por aquí – dije yo tratando de disimular mi nerviosismo, y es que no era para menos, era la primera vez que un chico me llamaba la atención, sabía que algún día pasaría, pero aun así te toma por sorpresa

    -Justo estaba hablando con Ana y te vi pasar ¿traes mucha prisa?

    -Bueno, voy a mi casa, me están esperando allá – dije eso, aunque en realidad no era cierto

    -¿Te molesta si te acompaño?

    -Ahhh… no, no me molesta – mi cara debería ser un poema porque su sonrisa se amplió y se acercó más a mi

    -Vamos entonces -Dijo el tomando sin preguntar mi maleta y colgándosela al hombro

    La verdad es que no recuerdo mucho lo que platicamos de camino a mi casa, y tampoco recuerdo si contestaba cosas coherentes o no, la revolución en mi cabeza (o en mi estomago) era mayor en ese momento, llegamos a dos cuadras de mi casa y le dije que de ahí continuaba yo sola, por supuesto me pregunto el porqué, pero yo no tenía la intención de contarle que era hija de la señora mas religiosa de la ciudad, y que por supuesto no iba a permitir que su hija mayor se anduviera paseando con un chico teniendo la responsabilidad de los estudios y que seguramente pensaba que los chicos eran el pecado andando, y era de imaginarse sabiendo que mis padres se hicieron novios a los 23 años y era la primera relación de ambos, así que solo le dije que después le explicaba, al final tenía una semana más para pensar en ello, siempre y cuando no coincidiéramos en la escuela.

    Dos días después, en viernes a mitad del entrenamiento estábamos practicando saque, cuando lo vi entrar al deportivo, mis compañeras empezaron a reír y a susurrar, y por su puesto mi siguiente saque se quedó en la red, y yo roja como un tomate, traté de recomponerme para el resto del entrenamiento aunque era difícil, el jamás había estado antes en viernes, y era obvio lo que hacía ahí. Termino el entrenamiento y yo me fui a cambiar, y al salir el me estaba esperando, y me saludo

    -¡Hola! – me dice dándome un beso en la mejilla

    -Hola, ‘¿Qué haces aquí?

    -Vine a buscarte, quisiera acompañarte nuevamente a tu casa – su respuesta causo algo en mi que no puedo explicar

    -Ahhh, pues, vamos entonces

    Y comenzamos a andar, esta ocasión estoy consciente, que nuestros pasos eran mas lentos de lo habitual, y si recuerdo poco de lo que hablamos, cosas mas personales, mis gustos, el deporte, me entere que estudiaba Ingeniería Industrial, lo cual explicaba el porque no lo veía en la escuela, ya que estábamos en extremos separados del campus, la idea era platicar, mientras caminamos esos 30 minutos que tardamos en recorrer desde el campus hasta dos cuadras antes de mi casa, iba buscando las palabras para decirle por qué no me podía dejar en la puerta, y vino la parte curiosa y tierna, unos cuantos metros antes de llegar a la esquina, me suelta la pregunta.

    -Mary, ¿quieres ser mi novia?

    Era la primera vez que un chico me pedía ser su novia, y era la primera vez que sentía que se me rompería el corazón porque sabia que mi madre no lo permitiría, entonces no sabia que hacer ni que contestar.

    -Mira Saul, no es que no quiera, pero mi situación es difícil, vengo de una familia por demás tradicionalista, y no es que no te me hagas guapo, porque en realidad lo eres, pero mi madre, y los…

    No me dejo terminar y menos mal porque sentí que no decía nada, me tomo las manos y me dijo.

    -No tienes que contestarme hoy, pero al menos déjame seguir yendo a buscarte cuando salgas de entrenar, y cuando estes lista para darme una respuesta, me la das.

    Yo no pude hacer otra cosa y solo asentí con la cabeza, el me dio un beso en la mejilla y se fue corriendo, yo lo vi dar vuelta y también salí corriendo a mi casa, con una sonrisa enorme.

    Así transcurrieron un par de semanas el me acompañaba 3 veces por semana y me dejaba siempre en la misma esquina, poco a poco fuimos agarrado confianza, ya sea que yo me colgara de su brazo o que el me tomara de la mano, hasta que una tarde me abrazo por cintura y caminamos la mayor parte del trayecto así, casi al llegar a nuestra esquina, el comento, que aunque yo no le había contestado la pregunta, el consideraba que ya éramos novios, y que teníamos la suficiente confianza para serlo, yo dije que si con la cabeza, y el llegar a la esquina, sin soltarme el me dio un beso corto en los labios, yo me quede paralizada sin saber que hacer.

    -¿Te molesta? – me pregunta el mirándome a los ojos

    -No, por supuesto que no -conteste yo con un hilo de voz apenas audible

    Entonces él se acerca nuevamente a mis labios y me besa, pero esta vez con mas fuerza y con su lengua logra que yo abra mi boca y su lengua entra y se enrosca con la mía, y estuvimos así por poco mas de un minuto, entonces yo me separo, tomo mi maleta y voy corriendo a casa.

    Volvieron a transcurrir un par de semanas, oficialmente tenía novio y oficialmente había dado mi primer beso, nos veíamos más seguido, nos buscábamos en la escuela, el me buscaba después de los entrenamientos y cuando había juegos los sábados. El único día que no nos veíamos era los domingos.

    Una tarde al volver del entrenamiento, tomamos una calle diferente, menos transitada porque no había muchas casas y había terrenos como de talleres industriales, no le di importancia ya que era de cualquier manera iba rumbo a casa, nos paramos y nos dimos un beso, como hacíamos cada vez con mas frecuencia pero en esta ocasión el me empujo ligeramente hacia el portal de uno de los talleres, el portal estaba metido del nivel de la calle por lo que no se veía hacia los lados y comenzó a besarme y a jugar con mi lengua algo que cada día disfrutaba más, pero en esta ocasión no se limito a a abrazarme por la cintura, sino que bajo su mano un poco hacia mi culo y lo tentó un poco, yo le levante la mano un poco asustada, pero no deje de besarlo, y el volvió a bajar su mano, pero esta vez no me toco el culo, sino que metió la mano por debajo de mi playera y toco mi espalda por debajo de ella, yo lo deje hacer, al final no era una parte del cuerpo que no hubiera tocado antes, con la diferencia de que no había ropa de por medio, sin embargo no le di importancia.

    Puso su mano izquierda en mi cintura y aprovecho uno de los movimientos de su mano derecha para también meterla bajo la playera, en ese momento me sentí rara, pero decidí dejarlo, aún era inocente y confiada, se separó un poco de mis labios y con voz tierna me susurró al oído “te amo” yo me derretí, y subí mis brazos y los enrede en su cuello, lo que el aprovecho para subir ambas manos mientras me volvía a besar, su mano izquierda alcanzo mi seno derecho y lo toco por encima del sujetador y yo le deje hacer, primero porque la sensación fue placentera y segundo porque no quería romper el momento, sentí como mis pezones se ponían duros cuando el rozo uno de ellos con sus dedos y enseguida sentí una humedad en la entrepierna que no había sentido jamás, entonces reaccione y le pedí que nos fuéramos, llegamos a la misma equina de siempre tomados de la mano y nos despedimos con un beso.

    Termino la semana y no hablamos de lo sucedido y seguimos como si nada, para el siguiente fin de semana había unos juegos interuniversitarios en la ciudad de Tlaxcala, a los que habíamos clasificado nosotras, y los dos quipos(masculino y femenino) de basquetbol, el viernes por la noche salió nuestro autobús, sabía que el también iría, pero su autobús saldría una hora más tarde, llegamos temprano y nuestro primer juego era a las 10 de la mañana así que nos fuimos al hotel y dejamos las cosas y descansamos un rato, a mi me toco de compañera de habitación a Abigail, una chica de tercer semestre muy de ambiente, que no se quedo a descansar y salió a dar una vuelta con otras chicas y una de las asistentes, los juegos se desarrollaron con calma durante el día, ganamos 3 y perdimos uno, y con Saul prácticamente no coincidimos en tiempo libre, ya que o el tenia juego o yo tenía juego, pero me entere que ellos ganaron sus cuatro partidos. Ese día concluyo normal y solo nos vimos antes de subir a los autobuses, cada quien a un hotel distinto y después a dormir.

    Al día siguiente, bajamos a desayunar a las 8 am todas ya vestidos con el uniforme deportivo que nos proporciona la universidad y teníamos libre hasta las 11, ya que el primer juego era a las 12, debido a nuestras posiciones en la tabla, habíamos clasificado directamente a semifinales por ser primer lugar de grupo. Después del desayuno Abigail salió nuevamente con un par de chicas a conocer la ciudad, yo decidí quedarme a descansar ya que había jugado en los 4 juegos y tenia un pequeño dolor en el tobillo izquierdo debido a una mala caída, cuando estaba a punto de vendarme el tobillo, oí que alguien tocaba la puerta de la habitación, pensé de inmediato que era Abigail que había olvidado su llave y fui a abrir, cual sería mi sorpresa al encontrar a Saul en la puerta.

    -¿Qué haces aquí? -Le pregunte completamente sorprendida, ya que sabia que su hotel no estaba tan cerca del mío,

    -Tenia que verte, -me dijo cerrando la puerta tras de él, yo sonreía como boba

    Enseguida el se acerco a mi y me rodeo la cintura con sus brazos y me beso tiernamente, yo le devolví el beso con alegría, y nuestras lenguas jugaron unos segundos, después sentí como el colaba sus dedos por debajo de mi playera, como lo había hecho aquella vez en el portal del taller, pero esta vez no se detuvo a acariciar mi cintura y mi espalda, esta vez su mano fue directa a mis pechos, inmediatamente mis pezones reaccionaron como lo habían hecho antes y nuevamente sentí esa humedad en mi entrepierna, me agradaba el roce y lo deje hacer, y cuando el metió la mano por debajo del bra deportivo liberando de un solo jalón ambos senos, y y mis pezones tuvieron contacto directo con sus manos, no pude evitar soltar un ligero gemido que me asusto, y trate de soltarme ligeramente.

    -Tranquila no pasa nada – Dijo el suavemente en mi oído

    -Pero…

    -¿No te agrada?

    -Si, pero…

    -Llegaremos hasta donde tú lo permitas

    Después de decir esto, me empezó a besar el cuello, mientas con ambas manos pellizcaba suavemente mis pezones, mi falsa moralidad callo y no me resistí más, incline la cabeza hacia atrás para darle libre acceso a mi cuello y a mi pecho mientras caminaba de espaldas a la cama guiado por él, cuando llegamos al borde de la cama yo me senté y el sujeto mi playera de los bordes inferiores mientras lo hacía, así me playera pasara sobre mi cabeza.

    Y ahí estaba yo, sentada frente a él, con mi bra deportivo por encima de mis pechos, sin playera y viéndolo a el como se quitaba la playera, sus músculos que antes solo podía adivinar, ahora eran bastante notorios, y yo me le quedé simplemente viendo, sin hacer nada, sin decir nada, enseguida él se acerca a mí, de manera lenta, de manera pausada, como esperando que yo hiciera algo, pero no sabía qué hacer, mis manos temblaban, mis ojos lo veían, sentía ese olor extraño que nunca había sentido, y entonces me volvió a besar, pero esta vez de manera diferente de una manera más pasional, y fue en ese momento cuando mis manos respondieron y lo abrazaron por el cuello, el peso de su cuerpo hizo que yo me tendiera en la cama, mis manos comenzaron a recorrer su espalda, las suyas mis curvas, mi cintura, mis pechos y en uno de esos vaivenes de sus manos, una de ellas coló por dentro de mi pantalón deportivo, la humedad de mi entrepierna era total, él deslizó sus manos hacia mis nalgas, mi respiración se volvió agitada mientras él descendía lentamente por mi cuello, hasta llegar a mis pechos, su lengua rozó uno de mis pezones, y después sus labios, y después sus dientes arquee mi espalda para poder recibir ese contacto.

    Su mano juguetona, había terminado por bajar el pantalón deportivo hasta mis rodillas, no podía creer lo que estaba viviendo, no podía creer lo que estaba sintiendo, si mi madre se enterara, si mi madre lo supiera, pero no, mi madre no estaba ahí, sólo estábamos él y yo, mi nerviosismo era total y entonces quise corresponder, mis manos bajaron a su cintura y tomaron el elástico de su pantalón y lo empujaron hacia abajo, lentamente, despacio, sin prisa, él levantó un poco las caderas para que el pantalón pudiera deslizarse hacia abajo y mientras lo hizo, clavó su mirada en mis ojos, esos ojos temerosos, esos ojos incrédulos, que estaban viviendo, por primera vez algo que no esperaban, subió ambas manos, cogió los costados de mi bra y me lo saco por la cabeza, mi cabello quedo revuelto en la cama, mis pies aún tocaban el suelo y más de la mitad del cuerpo de él estaba fuera de la cama, pero no importa, lo único que importaba era ese baile entre nuestros cuerpos, y que yo estaba disfrutando, es cierto él me dijo que llegaría hasta donde yo lo permitiera, y por el momento no deseaba pararlo, no quería que parara, quería que continuara, quería experimentar más, saber más, algo que durante años fue para mí un tabú, ahora estaba delante de mí,

    Él se dio cuenta por mi mirada, que no iba a detenerlo, que podía continuar, que tal vez podría llegar hasta el final, su mano derecha que en ese momento estaba apoyada sobre el colchón, paso ahora a mi pecho izquierdo, lo apretó suavemente, y empezó a bajar hasta llegar a mi ombligo, dio un par de círculos sobre él y bajo más, hasta tocar el elástico de mí braga, uno de sus dedos apenas pasó por debajo del elástico, lo levantó y lo soltó inmediatamente mientras su boca volví a recorrer mi cuello, mi barbilla, mis labios, mis ojos, yo temblaba, cuando uno de sus dedos siguió bajando más, y más, y más, me sobresalté, al sentir que la humedad de mi entrepierna traspasaba ya mis bragas, y entonces él la sentía y solté un gemido, ahogado por sus besos y entonces presionó su mano completa, tocó mi sexo por encima de las bragas, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo que me hizo arquearme por completo, algo que jamás en la vida había experimentado, delicioso, rico, la mejor sensación del mundo y fue cuando lo decidí, no iba a parar, iba a llegar hasta el último, esa sensación debía disfrutarse, debía de vivirse, eso no era malo, algo tan placentero no podía ser malo.

    Moví mis piernas para deshacerme completamente del pantalón deportivo, y él al notarlo tomó con ambas manos y por los costados tomo el elástico de mi braga y la bajo de un solo tirón, y el bajo también hasta mis pies para poderla sacar y tirarlas a un lado de la cama, por Dios, me encontraba completamente desnuda frente a él, quien también estaba sólo con sus bóxer, cuando se levantó pude admirar el bulto que había detrás de esos bóxer, palpitando él lo notó y con calma se los bajó y dejó caer al suelo, deslizándose por sus piernas, y entonces nuevamente, por primera vez, pude observar el pene de un hombre totalmente erecto, y lo vi con un brillo en la punta dando pequeños brinquitos cada vez que palpitaba, y después volteó a ver los ojos de él y regresaba y lo veía, y yo no hacía nada más que mirar, él sonrió, dio 2 pasos hacia atrás y tomo su pantalón deportivo, yo pensé que era el fin de nuestro encuentro, que mi indecisión lo había hecho escapar, pero entonces lo vi meter la mano a uno de los bolsillos del pantalón, y sacar de el un sobrecito de color negro, sí, un preservativo, probablemente no me di cuenta en un principio pero estaba sonriendo, y mientras él se colocaba el preservativo yo me acomode mejor en la cama, y observaba como también ele sonreía.

    Vino hacia mí, se subió de rodillas en la cama, y nuevamente con sus manos comprobó mi total humedad, impregno un poco de ella en sus dedos, después lo impregnó sobre el condón y se acercó despacio, muy muy despacio, puso su pene en la entrada de mi vagina, mi respiración estaba completamente descontrolada en ese momento, tenía miedo, mucho miedo, pero él lo hizo despacio, empezó a presionar y yo cerré los ojos, cuando sentí algo de dolor, hice una mueca ligera, él no me perdía de vista y cuando se dio cuenta retrocedió, y nuevamente volvió a presionar despacio, y en el tercer intento ya no lo hizo de manera lenta, lo hizo de manera rápida y hasta el fondo, fue entonces cuando grite, un grito que trate de ahogar con mis manos, dolía pero un dolor soportable, sin embargo lo inesperado del empujón fue lo que me hizo gritar.

    Él se mantuvo dentro mientras mis uñas permanecían clavadas en su espalda, y cuando sintió que relaje las manos empezó a moverse. primero despacio. sin prisa. el dolor se iba y empecé a sentir ese frote. ese ir y venir. empecé a disfrutar las sensaciones del roce. Esa electricidad que me había recorrido antes mientras me tocaba, no era nada comparado con esto, esto realmente era maravilloso y por lo que vi en su cara también él lo disfrutaba durante 3 o cuatro minutos él lo hizo de manera pausada y de repente comenzó acelerar sus movimientos, eso lo disfruté todavía más y más, llegó un momento en que las sensaciones se multiplicaron por 7, llegó un orgasmo que me hizo apretar las caderas, y sentí como mi vagina se contraía y apretaba su miembro al más no poder, y entonces sentí como también él se tensó y mientras yo me sacudía de placer, el paro paró en seco su movimiento y de tanto en tanto daba una sacudida y a la cuarta o quinta sacudida se dejó caer sobre mí ambos sudábamos, a pesar de que los 2 éramos deportistas parecía ser que lo realzado en esos 15 o 20 minutos nos había hecho sudar más que un partido completo.

    Nos quedamos ahí un par de minutos abrazados, yo sentía como su erección iba cediendo poco a poco hasta que, en un punto, él metió la mano entre los dos. sujetó el condón y se salió, se tumbó a un lado mío y me beso, era un momento de irse Abigail podría regresar en cualquier momento, fue al baño envolvió el condón en papel higiénico lo echó al retrete y tiró de la cadena, se vistió rápido y mientras lo hacía me acercó la caja de pañuelos desechables que había sobre el tocador, me la entregó y después señaló la sabana, yo le dije que me encargaría de eso, que no se preocupara, él terminó de vestirse y salió sigilosamente de mi habitación y corrió hacia las escaleras, yo terminé de limpiarme y me puse ropa interior limpia para vestirme, 20 o 25 minutos después llegó Abigail, yo ya me había colocado la venda en el tobillo, aunque ya no me molestaba, estuvimos platicando un rato, no notó nada extraño, ni en mí, ni en la habitación, después nos fuimos a jugar, llegamos ese día a la final, pero la perdimos, quedamos en segundo lugar del torneo.

    El regreso a casa fue un mar de emociones, no sabía qué sentir bueno, había perdido la virginidad y lo había disfrutado y además todo aquello que yo sentía pecaminoso por lo que me habían inculcado mis padres, me había dado cuenta de que podría ser que no fuera así, que era un deleite.

    Con Saúl volví a tener relaciones sexuales un par de veces más, ambas en su casa y ambas igual de rápidas que la primera, lo único que puedo decir es que en cada una de ellas fui un poco más participativa que en la primera, tiempo después me enteré de que estaba saliendo con una chica del equipo de basquetbol, quise armar una escena, pero no le encontré sentido, así que decidí reclamarle en privado y él me contestó con unas palabras que no comprendí en su momento, pero lo hice años después

    -Mari en esta vida, conocerás una cantidad impresionante de hombres, y con muchos de ellos tendrás la oportunidad de vivir lo que tú y yo vivimos, y alguno de ellos o tal vez algunos te darán lo que yo no puedo darte, muchos serán mejores que yo, otros tal vez no, pero un día encontrarás a alguien que te satisfaga totalmente, y si la vida da vueltas y nos volvemos a encontrar, tal vez nos demos una segunda oportunidad.

    Y se despidió con un beso, hoy puedo reconocer que sus palabras eran ciertas, que hubo muchos hombres mejores que él y algunos no tanto, y si llegó al fin un hombre que pudo llenar mi cama, mi vida y mi corazón y no fue Saúl, sin embargo, él forma parte especial de mis recuerdos, porque fue el primero y le guardo cariño, aunque nunca más supe de él.

    Gracias por leerme y recuerden que estoy abierta a sugerencias, besos para todos.

    MaryCarmen

  • Sexo el el avión

    Sexo el el avión

    Esta historia ocurrió hace menos de un mes, pues ocurrió en la temporada del mundial.

    Resulta que yo soy muy fan del fútbol, pero el viaje a Qatar para ir a ver el mundial 2022 estaba carísimo y pues obviamente no iba a poder viajar, o eso pensaba.

    Una buena mañana voy a mi trabajo y me puse a hablar con mi jefe. Le conté que desearía ir al mundial, pero no podía costearlo. Al decir esto mi jefe sonrió con mirada pícara y yo no entendía lo que eso significaba.

    Y allí fue cuando me lo propuso; pagar todo el viaje de ida y de vuelta para los dos (pues yo no solo soy la favorita del jefe, sino que también soy la encargada de darle sus mamadas y cogidas matutinas.

    Al oír eso me alegré bastante, tanto que lo besé. Él también siguió con el beso, pero se detuvo, obviamente el viaje no sería gratis, a cambio me dijo que tendría que ser su esclava sexual por un mes, y no solo eso, sino que haría lo que él querría y me llevaría para coger con todos sus amigos.

    La verdad sexo a cambio de algo nunca me hizo decir que no, pero está vez me hizo dudarlo, pues el jefe no solo era fanático del sexo duro y dominante, sino que también disfrutaba ver videos de exhibición sexual callejera.

    Después de pensarlo tomé la decisión de aceptar.

    El día del vuelo llegó, yo estaba súper ansiosa.

    El jefe pasó a buscarme en mi casa, yo vestía sexy con una blusa ajustada y unos pantalones de látex.

    De camino al aeropuerto le hice una de sus mamadas matutinas.

    Llegamos al aeropuerto, esperamos al avión y por fin lo abordamos, todavía no podía creer lo que estaba pasando, por fin vería el mundial en persona.

    Ya en el avión habían pasado unas 3 horas de vuelo, y yo desde la mamada me había quedado caliente, pues esta vez el jefe no me manoseó la vagina ni nada, necesitaba sexo ahora mismo, pero no podía en un avión.

    Eran tantas las ganas que no me importó, desperté al jefe y le dije que estaba caliente y vayamos ya mismo a coger al baño.

    El jefe se dio la vuelta y me dijo que en el hotel, que ahora estaba cansado.

    No podía esperar. Mas o menos eran unas 5 horas más, entonces fui al baño a masturbarme a ver si se me quitaba.

    Me senté en el inodoro, abrí bien abiertas las piernas y comencé a masturbarme, obviamente no era lo mismo que tener una verga adentro, pero por lo menos calmaría mis impulsos sexuales un poco.

    En eso que me estoy masturbando la puerta del avión se abre, había olvidado poner seguro.

    Ante mí se encontraba un hombre de unos 29 años, lindo y joven, que me miraba congelado la vagina y las tetas.

    Yo noté como un bulto comenzó a salir por sus pantalones.

    -Si querés puedo ayudarte a bajar eso.

    Le dije, sin pensarlo el chico le puso seguro a la puerta y se bajó los pantalones.

    Yo me desnudé y el chico levantó mi pierna para apoyarla en la pared y comenzó a manosear mi vagina para acto seguido follarme contra la pared.

    Ambos gemíamos de placer, estábamos muy calientes.

    Duró como 6 minutos y no dudó en venirse dentro de mí.

    Su leche me llenó el interior y se derramaba al piso.

    Salió y yo detrás de él.

    Al salir una azafata sexy y tetona me advirtió que no podíamos hacer «chanchadas» en el avión, a lo que le contesté:

    -Si querés podemos hacer chanchadas las dos.

    Ella se quedó callada y yo me fui al lado de mi jefe.

  • Mine, mi putita el primer encuentro

    Mine, mi putita el primer encuentro

    Me haré llamar Dex, son las seis de la mañana salgo de bañarme, me visto con un pantalón de mezclilla, playera blanca, gorra, y tenis, soy una persona común y corriente, me gusta pasar desapercibido, iba manejando mi taxi por una colonia un tanto fea cuando vi a una posible pasajera, me llamo la atención por qué tenía esa cara particular de putita, aún que se veía chica realmente.

    Ella vestía un pantalón de mezclilla muy pegado, zapatos de piso, una blusa roja con escote que dejaba ver sus tetas no muy grandes pero aceptables, y llevaba el cabello sin arreglar pero si iba maquillada más de lo normal, lucía como toda una puta pero definitivamente no lo era, lo supe por su forma de vestir al menos no una de las que cobran, no me hizo la parada pero aun así me detuve frente a ella y le ofrecí el servicio. Dudosa miro su reloj y lo acepto, se subió en el asiento delantero, lo cual facilito más el hacerle plática, pude ver qué tenía un tatuaje en su muñeca y fue así como entablamos una breve conversación ya que yo también tengo tatuajes. Le pregunte si podía tocarlo la verdad es que siempre me da curiosidad tocar los tatuajes por qué es una forma de saber la calidad de estos, pero a decir verdad en esta ocasión solo fue para ver si está chica tenía apertura, ciertamente su tatuaje estaba feo y eso se veía a simple vista, seguramente había sido realizado con una máquina hechiza. En fin, ella accedió y me permitió tocarlo, durante la conversación pude saber que su nombre era Minerva pero que no le gustaba y prefería que le dijeran Mine, que su edad era 18 años, que se dirigía su trabajo, vivía sola con su papá ya que su madre había fallecido hacía tres años, y que salía a las 7 pm entre otras cosas.

    Una vez llegando a su trabajo le ofrecí una tarjeta por si requería algún servicio en algún momento, pero en realidad yo no utilizo eso, no me gusta tener clientes, así que busque en la guantera sabiendo que no encontraría nada y terminé diciéndole que se me habían acabado pero que me pasará su número y le mandaría un mensaje para que me agregará por si se le ofrecía algo, ella acepto y yo guarde su número telefónico, estuvimos hablando durante el resto del día y quedé de pasar por ella a su trabajo para llevarla a su casa, era diciembre y hacía frío así que en el transcurso me detuve a comprar un par de cafés en un Oxxo me detuve antes de llegar a su casa para poder terminar cada quien su café y seguir platicando, generalmente soy bueno para identificar a las putitas pero ya comenzaba a creer que está vez si me había fallado mi instinto, la lleve a su casa y nos despedimos de beso en la mejilla.

    Al otro día también estuvimos chateando y en la noche nuevamente pase por ella, está vez la fuimos a un parque y ahí estuvimos platicando, siguió contándome acerca de su vida y yo ya estaba realmente harto y arrepentido, definitivamente me falló mi instinto pensé.

    Justo en ese momento le di un beso en la boca, más para callarla que para algo más, ella correspondió el beso y la situación subió de tono, lo que comenzó como un beso tierno se convirtió en uno de los besos más ricos que he probado, ella succionaba mi lengua como si de una verga se tratase, en ese momento supe que no me había equivocado, comencé a acariciarle sus piernas, que es de lo que más me llama la atención en una putita, me gusta imaginar las completamente abiertas de piernas masturbándose frente a mi… Así bien continuamos besándonos y yo acariciando sus piernas subiendo cada vez más, nos encontrábamos sentados en una banca del parque de esas que no tienen respaldo, estábamos frente a frente así que acomode sus piernas encima de las mías para poder seguir tocándola, ella me sujetaba la cara mientras nos besábamos.

    Es hora le dije. No le pregunté. No se lo insinué. Fue más bien una indicación. Ella respondió con un tímido si, con la cabeza agachada y casi mordiéndose el labio inferior mientras miraba hacia arriba para cruzar su mirada con la mía. Era una mirada tierna o al menos un intento de, Pero la verdad es que yo solo veía la mirada de una puta, una buena puta de las que disfrutan serlo y no de las que cobran y lo hacen por oficio, me levanté de la banca y la tome de la mano, así la llevé hasta el coche, le abrí la puerta se sentó y yo le puse el cinturón de seguridad como si fuera una niña pequeña, ella me observaba con esa mirada que va entre la ternura y la puteria…

    Esa mirada que solo puede ser resultado de algo: de que cuando su madre murió ella ocupo su lugar con su padre, tuvo que atender las necesidades de su padre, en ese momento solo lo intuí, más adelante lo supe de cierto. Si soy honesto, me encantan esas mujeres que tienen complejos con sus padres, ya sea por ausentes, o por abusivos, no es la primera chica así que me llevo a la cama, pero lo que realmente me gusta es que se enamoren de mi, es realmente fácil a veces hasta me da risa lo estúpidas que pueden llegar a ser y otras veces me sorprendo de lo astuto que puedo llegar a ser yo.

    En fin, me subí al coche y en cuanto lo puse en marcha ella comenzó a acariciar mi verga por encima del pantalón, ya bastante erecta por la sesión de besos que acabábamos de tener, prácticamente me estaba masturbando no solo me acariciaba, en verdad me estaba masturbando, estaba muy muy bien entrenada definitivamente su papá había hecho un buen trabajo con ella, en cuanto me canse de sus manos… Solté el volante con la mano derecha y la pose sobre el respaldo de su asiento y abrí ligeramente las piernas, ella lo entendió a la perfección desabrochó mi cinturón y pantalón y liberó mi verga que ya estaba que reventaba…

    Una vez fuera mi verga ella se incorporó un instante para poder observarla, me miró… Una vez más con esa mirada de ternura y puteria pero como pidiéndome permiso, no hizo falta que yo dijera nada, solamente ajuste mi asiento para quedar un poco más recostado a modo de que pudiera seguir manejando y ella lo entendió a la perfección, se lanzó sobre mi verga y comenzó a darme la mamada que hasta hoy en día no puedo olvidar, si bien esa no fue la primera vez que estuve con una chica así, definitivamente fue un parte aguas en mi vida sexual.

    Estábamos cerca de un motel y hacia allí me dirija con toda la calma del mundo mientras ella seguía chupándome desde la punta de la verga, deleitándose con el líquido preseminal que escurría en abundancia anunciando que quería penetrarla inmediatamente, hasta los huevos, lo delicioso de todo esto es que se tragaba toda mi verga mientras mantenía la lengua por fuera y por debajo hasta que los alcanzaba, en ese momento tosía y se quitaba dejando hilos de saliva que se extendían desde mis bolas hasta su boca. Así fue casi todo el trayecto solo de detuvo un momento y se levantó dejando mi verga ahí parada y llena de saliva para preguntarme si podíamos pasar a comprar algo…

    Más sorprendido que otra cosa le respondí que si… Se agachó y continuo comiendo verga, continúe manejando hasta que encontré un yepas (es una tienda como tipo Oxxo) me estacioné justo frente a la entrada con ella aun comiéndose mi verga, cuando sintió que el auto se había detenido ella también lo hizo, me limpio todos los restos de saliva que me había dejado durante estos minutos de sexo oral que me había dado, lo dejo limpio completamente y guardo mi verga dentro de mi bóxer a como pudo ya que seguía muy dura.

    Lo demás lo hice yo, me subí el cierre, abroche mi pantalón y cinturón ella se quedó ahí sentadita, yo bajé del coche le abrí su puerta le desabroché el cinturón de seguridad la tome de la mano y así entramos a la tienda. Ella miraba para todos lados sin decir ni pedir nada pero no actuaba extraña realmente, como no vi que quisiera algo en específico yo tome la iniciativa y me dirigí hacia donde estaban las cervezas, dos vatos estaban en esa parte de la tienda eligiendo que tomar así que tuve que esperar para poder tomar yo mi six de corona, en ese momento ella me dijo con toda la naturalidad posible.

    «papi ¿Me compras una paleta?¿Siii?»

    Los dos tipos voltearon a vernos y claramente se dieron cuenta de que mi hija no era.

    Eso me excito de sobremanera, le respondí «claro que sí, ve elígela y regresa aquí»

    Solo en ese momento me soltó de la mano para ir por su dulce, los tipos terminaron de elegir, yo tome mi six y me dirigí a pagar, ahí me alcanzó ella tomándome de la mano izquierda con su mano derecha y en su otra mano llevaba una paleta tuxipop, hasta me saque de onda tanto como los dos weyes que antes me había encontrado en el área de cervezas y ahora en la caja, en fin ellos pagaron y salieron de la tienda pero se quedaron frente a mi coche, yo pagué mi six y la paleta, y nos dirigimos al carro le abrí la puerta, se sentó y yo le abroche el cinturón nuevamente y después me metí al coche todo esto mientras ellos veían la escena con una mirada lasciva y genuinamente asombrados.

    Una vez en el coche ella dejo su paleta y me volteo a ver con una mirada suplicante, me desabroché el cinturón, el pantalón y ella se agachó a comerme la verga que a decir verdad seguía dura como un tronco por la escena anterior, y por qué esto no fue sin que ella antes les dedicará una mirada de putita a nuestros dos espectadores, conduje hasta el motel, elegí uno que tuviera espejos grandes frente a la cama, llegamos, me abroche el cinturón y pantalón pero me deje la verga de fuera, una vez más le abrí su puerta le quite el cinturón de seguridad y la tome de la mano, subiendo las escaleras para entrar a la habitación me quite el cinturón, cuando llegamos arriba ya lo tenía en las manos.

    Entramos a la habitación y la puse frente a mi, le coloque el cinturón a modo de collar y ella entendió que a partir de ese momento era mi perra, se puso de rodillas a comer verga nuevamente manteniendo las manos en la espalda y mientras yo la jalaba hacia adelante o hacia atrás con el cinturón en su cuello como si de una perrita con una correa de castigo se tratara, lo hacía mucho más rico de rodillas se la comía toda hasta toser pero no sé quitaba, tosía y me llenaba la verga de saliva, en un momento la sujete de la parte de atrás de su cabeza mientras tenía toda mi verga en su boca hasta su garganta y ella intento alejarme con sus manos, la respuesta fue sacarle la verga de la boca y darle un par de cachetadas, la levanté jalándola del pelo y le dije:

    A partir de este momento eres mi putita, mi perrita, o como te quieras hacer llamar para mí, pero eres mía, cada vez que estés a solas conmigo vas a tener mi verga en tu boca, cualquier cosa que quieras me lo vas a pedir a modo de pregunta a menos que sea para afirmar algo y la última palabra que quiero escuchar de esa boquita de puta va ser…

    -Papi… -Me interrumpió ella para terminar lo que le estaba diciendo yo.- Entiendo papi. ¿Puedo seguir comiéndote la verga? ¿favor papi?

    Ni siquiera respondí, mi sonrisa bastó, se puso de rodillas y continuó comiendo verga cada vez salivaba más y sus arcadas eran más continuas, en un momento pasé de estar recibiendo una mamada a estar cogiéndomela por la boca muy duro y rápido hasta que se vómito en mi verga, nunca ninguna puta me había hecho eso, nunca.

    Pude ver en su cara un poco de temor, seguramente en algún momento eso mismo le ocurrió con su papá y el reaccionó de una forma negativa. Yo por el contrario estuve a punto de venirme al verla tosiendo y vomitando y con el rímel corrido por las lágrimas aún con mi verga adentro de su boca hasta su garganta, ella vio cuanto lo estaba disfrutando así que continúo ahora ella solita moviéndose al mismo ritmo que la estaba moviendo yo unos instantes antes, cerré los ojos y me deje llevar por su boca y sus sonidos, esa sensación de su garganta alrededor de mi verga cada que vomitaba solo se salía para tomar aire rápidamente y regresaba a su labor, lo estaba disfrutando tanto como yo, realmente le gustaba comer verga, y a mí me tenía vuelto loco como lo hacía, pero yo ya quería cogerla.

    -Quítate la ropa le ordene -y así lo hizo.

    No llevaba nada sexi y la verdad es que eso me calentó más, saber que no iba preparada para que me la cogiera me excito.

    Yo me quedé vestido con la verga de fuera, me senté frente a la cama, mientras ella desnudaba.

    -¿Me puedo comer mi paleta papi? -Me preguntó.

    -¿No te cansas de tener algo en la boca verdad? -Le respondí

    Y dándome la espalda estando en cuatro saco y abrió su paleta y la paso por su panochita que ya estaba escurriendo, lubrico bien su dulce y se lo froto en el culito poquito a poquito hasta que se la metió por completo en el ano y ahí la dejo mientras se llevaba su mano a la panocha para masturbarse.

    -No, no me canso de tener algo en la boca, pero lo que quiero en ella es tu verga, la paleta es para mí culito que un momento va ser tuyo papi -me dijo.

    Me quite la ropa y me dirigí a ella dispuesto a penetrarla, le saque la paleta del culo muy muy despacio para ver cómo iba apretando su ano a ese dulce y poder apreciar como se negaba a dejarlo salir, ella seguía masturbándose con la mano derecha mientras se mantenía con las tetas pegadas al colchón dejando así su culito bien levantado, gemía riquísimo, cuando le sacaba la paleta y se la metía nuevamente, por fin le puse la verga en la entrada de su panochita mientras tenía la paleta afuera de su culito pero presionando para entrar y ella solita se hizo para atrás dejando que mi verga y su paleta entrarán en ella al mismo tiempo, gimió riquísimo cuando por fin tuvo sus dos orificios llenos, comencé a cogerla a un buen ritmo y ella se seguía masturbando con la mano derecha y me acariciaba las bolas cada que le metía toda la verga y con su mano izquierda sacaba y metía la paleta de su culito a un ritmo frenético.

    La tuve así un buen rato era una delicia escuchar sus gemidos de placer, baje un poco la velocidad de mis embestidas por qué estaba por venirme y no quería terminar aún, en ese momento se había sacado la paleta de su culito y pude ver cómo se quedó abierto unos instantes para después contraerse y quedar completamente cerradito, le quite la paleta y se la metí en la boca, ahora la estaba chupando como si de una verga se tratara.

    -Me encanta papi. Me encanta mi sabor, ¿me puedes probar papi? -Me dijo.

    Pero yo no quería dejar de cogerla ni por un segundo para mamarle ese delicioso culito, así que lo que hice fue meterle dos dedos en el ano mientras seguía penetrándola después los saque y los lami, en serio estaba rica, deje mis dedos bien mojados con mi propia saliva y se los volví meter pero esta vez fueron tres ella gimió de dolor y placer, la estaba cogiendo por los dos lados, con mis dedos adentro de su culo podía sentir mi verga cuándo entraba en su vagina, comencé a sentir como se contraía su vagina y su culito en señal de estaba a punto de explotar así que aumente la velocidad ella se metió cuatro dedos a la boca junto con la paleta para sentirla completamente llena y yo continúe metiéndole los tres dedos en el culo a la vez que sacaba mi verga y cuando se la metía toda sacaba los dedos para generar un roce riquísimo, no aguanto más y por fin me regaló un orgasmo explosivo y delicioso, tres chorros de squirt me regaló junto con un gemido delicioso, yo tampoco aguante mucho más, apenas el tiempo suficiente para salirme de su panochita y enterrarle solo la cabeza de mi verga en su culito para llenarlo con mi leche.

    -Que rico, me dejaste el culito lleno de leche como me gusta muchas gracias papi. -Me dijo a la vez que se llevaba la paleta de su boca a su ano.- Y así quiero que se quede -termino diciéndome con la paleta ya adentro de su culito evitando que se regara la más mínima cantidad de semen…

    Afortunadamente no termino ahí, más bien fue solo el comienzo.

    Gracias por leer me gustaría leer sus comentarios y se los agradecería, es la primera vez que escribo espero les haya gustado, es basado en un hecho real, si gustan pueden contactarme.

    [email protected]

  • Desinhibición

    Desinhibición

    Varias veces les he comentado que con mi amante soy muy desinhibida. También, que fue debido a lo que hice junto con Bernabé –posar desnuda para él y después acceder a publicarlos en una página de intercambios; escribir los primeros relatos de nuestra relación y publicarlos– tuve un gozo tremendo en comunicarme sin cortapisas, por correo, con cientos de personas. De la misma forma, aprendí a ser más directa en mis peticiones sexuales con mi marido y llevarlo, a veces lentamente, a donde he querido.

    Desde luego que todo lo anterior también benefició a mi marido. El ejemplo más nítido fue el dejarme penetrar por el ano, además de masturbarnos conjuntamente por video llamada cuando él está trabajando en otra ciudad.

    Al reflexionar sobre ese cambio en mi personalidad, me pregunté, como punto de comparación, ¿así pasará con la mayoría de las mujeres que son infieles? Releí algunos de los relatos que, según los autores, eran casos reales, para ver si directamente o entre líneas se manifestaran como una respuesta a mi pregunta. También me eché varios cafecitos con algunas amigas y vecinas que sé son infieles, o me habían contado de alguien cercano a ellas (sobrina, comadre, hermana, amiga, etc.) que lo eran. Logré tipificar algunas situaciones que narraré en tres casos a quienes asignaré nombres ficticios. Debo aclarar que en todos los casos que escuché, incluidos los que presento, la personalidad de infidelidad ocurrió entre los 22 y 35 años (no me referiré a la infidelidad que no propició modificaciones notorias de conducta, pues continuaron con el mismo comportamiento que antes).

    Arcelia. Se casó a los 20 años porque le parecía buen partido quien se lo pidió. Además, convino con su marido en que ella seguiría trabajando como secretaria pues había estudiado para esa ocupación. Arcelia había dejado un noviazgo anterior, bello, según ella, donde su novio se encandiló con otra que quedó embarazada y ellos tuvieron que casarse. Llegó virgen al matrimonio, pero en el altar ella se preguntaba “¿Qué hago yo aquí?” pues no sentía, ni de lejos, amor por su marido a quien sólo le importaba lo material y tener una mujer “para sentar cabeza” pues éste ya había trotado demasiado. Tuvieron dos críos.

    Por más que luchó contra su deseo de sentir algo por su marido, nunca pudo hacerlo y no sabía qué era un orgasmo más allá de los pocos y desangelados que ella lograba en sus momentos de autosatisfacción. De nada sirvieron sus consultas con el psiquiatra y los consejos que éste le daba. Así que, en un arranque de frustración, a los 30 años ella decidió entregarse al primero que le motivara alguna atracción fuerte. Dos intentos fallaron pues ella se decepcionó cuando trató más a los prospectos que le habían atraído. Su terapeuta simplemente le dijo que en realidad ella no estaba enamorada de ninguno de ellos.

    Las confidencias con sus amigas cercanas y los juegos verbales que se hacían entre ellas, tratándose de putas, rameras, güilas y demás sinónimos cuando alguna mencionaba que fulano o zutano estaba muy “ensabanable” le hicieron pensar en que quizá debería de comportarse con mayor seguridad y displicencia ante aquellos a quienes miraba con cierta excitación.

    Esa certeza, la hizo arreglarse con mayor coquetería y vestimenta más atrevida. Su marido lo notó, pero le pareció bien que sus amigos lo envidiaran por tener una mujer tan hermosa, incluso que ellos la miraran lujuriosamente. Pero esto último ocurría porque ella les coqueteaba cuando su esposo estaba distraído o no se encontraba presente. Varias veces, cuando estaba sentada frente a ellos, abrió las piernas para ver qué tanto les crecía el bulto entre las piernas. Todo ello lo contaba con jocosidad a sus amigas, quienes le aconsejaban otras formas de juego para ponerlos más calientes.

    Ella se convenció que estaba bien comportarse como puta y llegó a tirarse a tres hombres, pero sólo con uno de ellos se sintió plena y lo retuvo como amante. Su vida cambió, para bien, a partir de ese momento y durante tres años más. Su marido no se enteró jamás del comportamiento infiel de su mujer, pero sí se enteró, cuando Arcelia se lo informó, que ella decidió estudiar su bachillerato para seguir una carrera universitaria, lo cual mostraba independencia en sus asuntos personales, entre otros cambios de personalidad.

    Teresa. Se casó poco antes de cumplir los 22 años. Era feliz con su novio, con quien tuvo un noviazgo que duró más de cuatro años. No obstante, un par de hombres le habían “movido el piso y las hormonas”, pero ella resistió y le entregó la virginidad a su novio.

    Ya casada, no tuvo mucha resistencia para aceptar de amantes a dos de aquellos hombres a quienes había dejado con la verga lista para el coito. Su parteaguas fue cuando resultó embarazada del primero de los amantes, lo cual le ocultó al padre biológico y el crío nació dentro de la familia. Empezó a leer cuestiones sobre el feminismo y creyó firmemente que las mujeres deberían poder hacer lo mismo que los hombres, lo cual le justificaba plenamente tener amantes y tirarse a todos los hombres que se le antojaran, e hizo sin recato alguno, a pesar de las reticencias de su esposo. La unión matrimonial terminó en divorcio y con una pensión que le garantizó continuar su vida libertina. No aceptó nuevas propuestas de matrimonio y les dejó claro a los pretendientes que ella los quería para el sexo y, si no les parecía, podrían retirarse.

    Su vida transcurrió entre personas de la onda new age y trabajos para impulsar el feminismo, el cual poco a poco aprendió que tenía muchas aristas. Después de tener cientos de relaciones, unas duraderas y otras fugaces, se calmó y quiso recuperar la calma perdida. Así, la “viuda del feminismo”, como solía llamarse a sí misma, volvió a casarse para estar en paz, pero aceptó, esporádicamente y sin que su nuevo marido se enterara, algunos “acostones” para suavizar la calentura.

    Mar (yo). Ya lo relaté al principio. Lo interesante del asunto, es que a las mujeres nos sigue pesando el “qué dirán” y tememos perder el confort económico que nos da un marido, al cual amamos más que al amante. A este último lo conseguimos por calentura, pero nos gustó y continuamos. Lo mejor es cuando el amante es casado y nos comprende. Nos hace crecer como personas. Además, estamos dispuestas a calentarnos chateando con hombres calientes de diversas edades, intercambiar fotos y videos con ellos. Pero si alguno de los contactos resulta interesante, atractivo y seguro (esto va mucho más allá que la salud) para un “acostón”, sin mayor trascendencia que la felicidad del orgasmo, estamos dispuestas a retozar con ellos.

  • Sara, la hermana de mi novio

    Sara, la hermana de mi novio

    David me gusta, mucho, por eso comencé a salir con él. Guapo e inteligente me sedujo con su humor, su personalidad, su atractivo, su sexappeal. Y yo lo seduje a él por supuesto, son cualidades que no me faltan, no voy a pecar de modestia.

    Nuestra relación se fue haciendo cada vez mas intima, los besos de despedida dulces pasaron a ser lascivos. Las manos de coger las del otro, a acariciar el otro cuerpo más desnudo según pasaban los días.

    De hacerlo sobre la ropa a sentir nuestras pieles descubiertas. Luego a sentirlo en mi interior, en todos mis interiores pues no le hurté ninguno de mis orificios. Tomaba su dureza entre mis labios a la vez que su lengua abría los de mi vulva en busca de mi clítoris. Abría mi coño con su polla y también después de lamerlo abría la entrada de mi culo con su rabo.

    Y por qué no, yo lamía su ano con gula y lo follaba con mis dedos hasta que se corría en mi boca que luego besaba para degustar su propia lefa.

    Sabía de que pie cojeaba y lo mejor es que a mí me gustaba el mismo tipo de sexo que a él. Así que nos compenetrábamos de maravilla ambos lascivos y un poco guarrillos.

    Aún estaba más a gusto cuando conocí a su familia, sus padres divertidos y buena gente y su preciosa y rubia hermana Sara. Si él me gustaba mi atracción fue mayor cuando los conocí y me acogieron como parte de la familia.

    Yo que estaba prácticamente sola en el mundo fui seducida por él y por su familia. Congenié con Sara casi de inmediato, nos hicimos buenas amigas. Pecando de optimista podría decir que me aceptó como una hermana postiza.

    Supongo que considerando los zorrones que mi querido novio se habría pasado por la piedra antes de pillarme a mí, yo no debía parecerle mala elección. Putones a las que yo conocía y algunas de ellas con las que había follado.

    Sara era el positivo a mi negativo. Rubia donde yo morena, voluptuosa donde yo delgada. Piel clara donde la mía es tostada, ella una belleza de tipo nórdico, una rubia preciosa.

    Me gusta probarlo todo y eso había incluido algunas, bastantes, mujeres en mi pasado. Me gustaba hacerles el amor a las chicas, son dulces, sensuales sin toda la fuerza y arrogancia de ellos, de la mayoría por lo menos.

    Aún más me gustaban los tríos, tener las dos cosas a la vez. El poder y la fuerza de un chico sometido por nuestra dulzura y sensualidad.

    Con David habíamos hecho algunos con alguna de mis amigas y de sus ex incluso algunos con chicos bisex. Me gustaba lamer sus huevos y los del otro chico y la polla mientras mi adorable novio se lo cepillaba a cuatro patas.

    Sara me atrajo en cuanto la vi, me hubiera gustado ver enseguida más de su voluptuoso cuerpo. Pero todo llegaría. La confianza fue creciendo entre nosotras. A veces salíamos juntas sin David divirtiéndonos a solas. Diversión muy casta al principio.

    Empezamos a hacer cosas mas unidas, salir de copas, hacer deporte, comprarnos ropa juntas. Así pude contemplar más de su piel y ella de la mía. Una tarde salimos a ver algo de ropa.

    David nos dio esquinazo de una forma muy elegante y consiguió irse a ver una peli él solo, diciendo que nos buscaría mas tarde para llevarnos a cenar. Odiaba ir de compras aunque luego le encantaba el resultado cuando modelaba para él la sensuales prendas que me compraba.

    Seleccionamos algunas prendas y nos metimos juntas en un probador. Ella trató de librarse de sus ajustados vaqueros, al final tuve que ayudarla yo, pues apenas podían pasar su amplia cadera.

    Yo tuve que quitarme mi camiseta para probarme un escandaloso top. Mi trasparente sujetador le permitía ver mis tetas al completo. No perdió detalle de ellas.

    – ¡Qué tetas más lindas!

    Ella alabó mis pechos. Yo apenas podía apartar la vista de su minúsculo tanga. Veía perfectamente a través de su tejido tan fino, casi trasparente, que llevaba la vulva depilada al completo. Como a mi me gustan.

    – ¡Anda que tu culo! Que envidia.

    Estaba deseando pasar mi lengua por allí y comprobar el sabor dulce de su coñito. Volví a ponerme mi ropa y ella se calzó su minifalda nueva y nos fuimos allí donde habíamos quedado con David.

    Mi novio también había tenido sus experiencias y no teníamos ningún secreto entre nosotros. Él sabía de mis asuntos con chicas y yo de algunas de sus mas escabrosas aventuras, incluidas las que había tenido con chicos, sin secretos.

    Unos días antes le había confesado mi atracción por la dulce Sara. Pero la cosa quedó en eso, solo en un comentario casual.

    La relación entre los hermanos era cordial pero por ambos sabía que nunca se habían rozado. Hasta esa noche al menos, en que nos llevaba a las dos cogidas de la cintura y bien apretadas a su poderoso y masculino pecho. Aunque su mano había bajado a mi culo y amasaba mi nalga.

    – Las dos mujeres que mas quiero.

    Fue su frase. Mientras cenábamos en un discreto restaurante David y yo no hacíamos mas que besarnos y meternos mano todo el rato. Cachondos como animales en celo y provocando adrede a su hermana.

    Sara se movía nerviosa en su silla, parecía nerviosa, excitada ¿caliente? y ruborizada. De vez en cuando yo le cogía la mano con la misma que había rozado la dura polla de mi novio. Con confianza, para tranquilizarla y hacerle saber de alguna forma que no le íbamos a dejar sola, en ningún momento y ya para siempre.

    Al salir del restaurante calientes y algo borrachos las dos volvimos a colocarnos a los lados de nuestro macho y apretarlo entre nosotras. Como sin querer David me ponía la potente teta de su hermana contra el dorso de mi mano. Yo la rozaba con placer acariciando tan bella masa de carne con disimulo. Buscando rozar su pezón.

    Al juntarnos en un abrazo en medio de la tranquila acera terminé besando a mi bella cuñada en sus carnosos y rojos labios. Con cierta sorpresa noté junto a los nuestros los de mi novio y cuando saqué la lengua estaba dispuesta a investigar hasta donde eran capaces de llegar los dos hermanos.

    Ambos respondieron con la suya. Llegamos a un apasionado y húmedo beso a tres lenguas en cuestión de segundos.

    – ¿Y si seguimos con esto en un sitio más discreto?

    Tan calientes estábamos que nos dirigimos volando a su casa que pillaba mas cerca que mi apartamento y donde ese día no estaban sus padres. No podía esperar a llegar al dormitorio para tener a mi cuñadita entre los brazos.

    De inmediato, antes incluso de cerrar la puerta la cogí de la cintura y me lancé a por su boca. Lasciva, saboreando su lengua y poniendo todos mis deseos, como hacía en cada beso que le daba a David.

    Ya ante la enorme cama de mi lascivo novio éste volvió a repetir la frase sobre las dos mujeres que ama. Y que ahora nos quería a las dos desnudas.

    – Las dos mujeres que más quiero en este mundo y están tardando en dejarme verlas sin ropa.

    – Sara, ¿Quieres esto?

    – Desde luego.

    Con sumo placer nos pusimos frente a frente, a desnudarnos despacio la una a la otra. Parecía que se le hubiera pasado cualquier miedo o puede que no hubiera tenido ninguno y solo había temblado de deseo.

    Ella descubrió mis pechos casi de inmediato y enseguida sentí sus labios y lengua acariciándolos. Al principio se la notaba algo torpe pero con mucho entusiasmo. Se discernía que era su primera vez con una chica pero que lo deseaba de verdad.

    Sujetando su top desde la cintura y tirando de él hacia arriba me llevé la prenda y el sujetador por delante para tener por fin sus voluptuosas tetas desnudas al alcance de mis manos. Golosa se las amasé con cuidado rodeando sus pezones rosados con mis dedos excitándolos a tope.

    Seguimos con mi vaquero y su cortísima faldita y por fin pude acariciar la vulva depilada, el objeto de mi deseo, pero solo metiendo la mano por dentro de su tanga.

    Mirándonos a los ojos y de mutuo entendimiento nos lanzamos ambas a por mi novio que nos miraba con su mejor cara de salido. La dejé a ella solo con su minifalda nueva ya que yo ya había visto perfectamente esa parte en el vestuario.

    Asombrada vi las ganas con que ella descubrió la bonita polla, bajando los pantalones y el slip de un tirón y se la metió en su boquita.

    – ¡Déjame un cacho!

    Le dije y tras liberarle de su camisa me arrodillé al lado de ella y le lamí los huevos a mi novio cruzando mi lengua con la de su hermana. Recorriendo con mis manos la espléndida anatomía de mi cuñadita. Mi mano se perdió entre sus poderosas nalgas. Con su propia saliva lubriqué el índice que deslicé en el ano de ella bajo la tela de la faldita.

    Deseaba comerme aquel culo y luego ver como mi novio lo desvirgaba. Me gustaba ese trasero y sabía lo orgullosa que ella estaba de él. Quería ver como David se lo follaba. Al notar mi lengua recorriendo la raja de abajo arriba casi se derrite, gemía y suspiraba como una locomotora de vapor.

    – Sigue por favor.

    Mis labios incansables recorrían todas sus nalgas sin descanso, le penetraba el ano con la sin hueso y mis dedos bien ensalivados. Cuando me di cuenta de que estaba muy excitada y caliente guie la polla de mi novio a ese precioso culo. Ella misma se abrió el culo con las manos y yo puse el glande en el arrugadito ano preparado para abrirla.

    – Clávamela, tato.

    Ella misma se echó para atrás decidida a clavarse en la polla de David. No era el primero que recibía por ahí, como me confirmó luego. Pero las personas con las que estaba hacían que fuera el mas morboso, el trío más hermoso de nuestras vidas.

    Mi novio no se había quedado quieto mientras pasaba todo eso no había dejado de amasar sus tetas y besarle el cuello y la boca. Mordía los pezones con la fuerza justa, la que nos gusta a ambas.

    Se empezó a mover despacio, suave dejando que el precioso pene que notaba dentro fuera encontrando su recorrido placentero. Y así yo podía seguir acariciándolos y lamiéndolos a ambos. Me dejaban camino libre para que mis manos recorrieran sus pieles y mis labios sus cuerpos.

    David por fin le agarró de la cadera guiando la penetración también a su gusto y me miraba a los ojos con ternura y amor y siempre con lascivia.

    Pero yo también quería sus caricias y sus lenguas. Tumbé a mi novio de espaldas y volví a ayudarla a que se clavara el rabo en su coño esta vez y después de limpiarla con unas toallitas.

    Entonces yo me senté en la cara de David, frente a ella, buscando mi ración de placer. Los ojos que me miraban en ese momento con deseo fueron los de ella, sus labios los que besaban mi boca, su lengua la que jugaba con la mía y sus manos las que amasaban mis pechos. No me quedé quieta y de inmediato me apoderé de sus tetas que me tenían hipnotizada.

    Me podía hacer una ligera idea de lo que sentía con la polla de mi novio en su conejito mientras yo me derretía por el culo en el que tenía su lengua ahora. Mi orgasmo fue tan fuerte que tuve que agarrarme a ella, a sus brazos, para no ahogar a David con mis jugos.

    Pero él seguía con la polla dura sin haberse derramado así que nos pidió cambiar lugares. La hice sentar sobre la cara de David que de inmediato clavó la lengua entre sus labios mientras a mi ahora me tocaba empalarme en su polla.

    Ella me ayudó sujetando mi estrecha cintura para que no hiciera demasiado rápido y me hiciese daño, amaba a esa chica y a su hermano, claro. Pero evidentemente no era mi primera vez y aquello entraba en mí sin problemas. Mientras él seguía duro y mi cuñada se corrió un par de veces más con la lengua de David.

    Si en vez de mantenerme erguida para besarla en la boca me inclinaba podía incluso alcanzar su clítoris y cruzar la lengua con la de mi novio en los labios de su vulva. Nuestras manos acariciándonos sin descanso. Pellizcando nuestros pezones lamiendo cuellos y hombros.

    Como antes pasó con ella me corrí antes ayudada por dos de sus dedos en mi clítoris, mientras el pene que compartíamos seguía duro como una roca. Nos miramos a los ojos y entendiéndonos sin palabras nos lanzamos a comerla a dúo en cuanto descabalgué. Eso si dejando nuestros culos al alcance de sus manos a los lados de su cuerpo.

    Se que a mi me follaba el xixi con dos dedos de la mano izquierda no se lo que le hacia a ella con la derecha pero a juzgar por la mirada perdida, la cara de vicio y la lengua sin descanso que tenia frente a mi debía ser tan excepcional como lo que David me hacía a mí. Mientras yo chupaba sus depilados huevos ella subía por el marmóreo tronco y cuando yo subía a por el glande nos cruzábamos húmedas en medio de la polla.

    Logramos que por fin se corriera con ese tratamiento dándonos su semen en nuestras lenguas y caras. Él se unió al beso lamiendo nuestros rostros y saboreando su lefa con tanto gusto como lo hacíamos nosotras.

    Ya relajados sin la urgencia que habíamos sentido hasta ese momento nos acostamos cada una a un lado. Acariciándonos con suavidad y ternura. Besándonos entre los tres y compartiendo nuestro amor y deseo.

    Ese día daba comienzo una historia de placer entre los tres que no hemos dejado de amarnos y de gozarnos desde entonces.

  • Con el novio de mi prima y amigos

    Con el novio de mi prima y amigos

    Estaba en un boliche con dos amigas pasándola bien, bailando y bebiendo ricos tragos. En eso vemos llegar un grupete de chicos re altos, ellos eran 4.

    Vanessa dice: Llegaron los chicos del Básquet. ¡¡Miren lo que son!!

    Inés comenta: Lo que estaba pidiendo la noche!! ¡¡Como me gustan los chicos así!!, el mío es el rubio.

    Yo riéndome dije: A estos para darles un beso hay que subir una escalera.

    Inés, con cara de picar y sacando la lengua a un lado dice: – Quien dijo de dar besos, yo con agacharme un poquito llego hasta lo que quiero comer hoy.

    Vanessa: Uhhh estás hot Inés!, ¿que les parece invitarlos? , y vemos que pasa, a mi mientras no me toque el gordito, todo bien ya los otros se ven bien.

    Yo: ¡Paren nenas, que uno viene para acá! -y por lo bajo disimuladamente les murmullo- Ay! no te puedo creer, sonrían, es el novio de mi prima que viene.

    Llega hasta nuestro sitio y Aníbal dice: -Manuela cómo estás, ¿qué haces por aquí? -y agrega- Perdón que hacen tres reinas por acá? -y mira también a mis dos amigas.

    Inés dice: -Gracias, por el cumplido, me llamo Inés y ella Vannesa -ambas se acercan y saludan con un beso a Aníbal.

    Yo respondo: – Queríamos salir un poco y el lugar nos pareció buena onda, y tú con quién vienes, son los de tu equipo? -le preguntó a Aníbal, yo sabía que él jugaba al básquet.

    Aníbal: Si, nos juntamos y salimos un rato, ya que hoy ganamos y pasamos a las finales del torneo.

    Inés: ¡Felicitaciones! Que juegan básquet, ¿verdad? Por qué no les dices a tus compañeros que vengan aquí a nuestro living y celebramos nosotras con ustedes.

    Aníbal: Seria lindo, dale ya les digo que vengan y en un minuto estamos por aquí, quieren algún trago que ya voy por la barra?

    Vanessa: Si por fa un mojito, para mí

    Inés: Cualquier trago está bien, el que pida el rubio lo comparto con él.

    Aníbal: Jajaja bueno traigo ese trago y le preguntó a Bruno si quiere compartir su trago jeje.

    Aníbal se fue con los amigos, y obviamente les comentó el pedido de Inés, ya que Bruno se dio vuelta y le sacó una radiografía a Inés, que en ese momento aprovecho a soltar un botón de su top.

    A los pocos minutos ellos estaban con nosotras, nos sentamos en uno de los living y la pasábamos bien, obviamente Inés se sentó junto a Bruno y Vanessa en el medio de los otros chicos, que la verdad re buena onda, pese a ser más chicos que nosotras.

    Aníbal quedó al lado mío y re buena onda, le pregunté por Carina, mi prima, que estaba re perdida ya que yo no la veía hacía mucho.

    Me contestó: -Cari está con mucha cosa estudiando mucho y con el trabajo nuevo, hasta a mí me tiene abandonado,

    Yo: Jajaja no creo que tanto, igualmente Cari es siempre así, ella se lo pierde porque la verdad se te ve muy bien, está más grande -y le tocó los músculos de su brazo.

    Aníbal: Gracias, si este año metí mucho gimnasio, porque cambié de posición en el equipo y necesitaba ganar masa muscular.

    Yo: la verdad que sí la ganaste, estás todo marcado- y le toco con mi mano sus abdominales, que la verdad se sintió muy bien.

    Aníbal: ay gracias, tú también te ves muy bien. estás haciendo algo de gym? tienes bien marcadas estás piernas -y me acaricia el muslo.

    Ya el franeleo el uno al otro era evidente, y yo contesto: -ay bueno gracias, que lindo que se note y te gusta? -apoyo mi mano sobre la de él y hago que me acaricie un poco más alta las piernas y agregó- Si hace tres meses de que deje con Seba volví al gym ya que tengo más tiempo para dedicarme.

    Aníbal se acercó un poco a mí, del otro lado de la mesa estaba Inés ya en la falda de Bruno muy abrazados, y Vanessa riéndose con Marcos y Mauro.

    Aníbal: Creo que nuestros amigos lo están pasando bien? ¿Te molesta si pongo el brazo por acá? -pasándolo por detrás de mi cuello.

    Yo: Jejeje no para nada, mientras Cari no le moleste.

    Aníbal: Cari no sé va a molestar, cómo tampoco se molestaría si me acompañas al baño ahora, que tengo algo que mostrarte.

    Yo: Mmm que es lo que tienes para mostrarme, espero que sea algo rico -y acaricio su pecho bajando con mi mano casi tocándole el cinturón- ¿por qué decís que no le molestaría a Cari?

    Aníbal: Porque yo no le voy a decir nada y vos estimo que tampoco, me parece.

    Me levanto y le digo: -dónde está el baño? -mirándole con cara pícara.

    Él me tomó de la mano y me llevó entre la gente hasta el baño que era mixto, y como distraídos nos metimos juntos a un box.

    Aníbal: Esto es lo que siempre quise mostrarte -y lleva mi mano a su entrepierna mirándome con ganas de darme todo.

    Puf se sentía que había algo importante y duro ahí y por lo que una vez había comentado Carina, yo recordaba había dicho que era grande, pero está se sentía larga bajaba pegada a su pierna derecha, estaba que estallaba.

    Me empezó a besar el cuello divinamente y sus manos grandes se apoderaron de mis pechos por arriba de la blusa. Todo me empezó a calentar sus manos eran intensas sus besos, también sabía que en ese instante no tenía otra que dejarme llevar por él, sentía que el deseaba intensamente disfrutar de mi y eso mas me calentaba.

    De repente me pidió que le desprenda el pantalón que necesitaba mostrármelo, bajé su cierre mientras lo miraba los ojos me agaché a su altura y lo desprendí. Y me sorprendí al ver que no traía bóxer ni calzoncillo estaba todo depilado hermoso bebé de 19 años.

    Efectivamente su pene era largo, necesité bajarle el pantalón para terminar de sacarlo, no podría decir cuánto media, pero no era ancho, pero sí muy largo y lucia delicioso con su cabeza descubierta. Y sin más lo puso en mi boca y se lo empecé a chupar suavemente, tiernamente, le di besitos en su cabecita hermosa, que se ponía más dura y más cuanto más profundo se la chupaba.

    El con las manos en mi cabeza me acariciaba, me pedía que le mirara a los ojos, mientras se le chupaba hermosamente, las venas de su pene se empezaron a hinchar y se le sentía su latir, lo disfrutaba locamente mientras mis manos le acariciaban esos abdominales marcados deliciosos.

    Aníbal: Sabía que la chuparías hermosamente, siempre quise esto desde la primera vez que te vi en el cumple de Carina.

    Yo saqué boca de su pene, le mire le dije: No la nombres solo dedícate a darme toda está manguera hermosa que tienes bebé -y continúe chupándole.

    Al rato Aníbal dice: -me gustaría chuparte toda -me sube gira, pone de espaldas y sube mi falda roja corta a mi cintura, se pone en cuclillas con mi cola a su vista.

    Yo sé la muevo muy sexy y me dice: -Por dios mira la tanga que tienes, se come todo el hilo estas nalgas hermosas que tienes -y me da una palmada- uy qué dura que la tienes.

    Puso su boca y me comenzó a besar toda, estaba feroz con su lengua yo me subía en puntas de pie para darle todo para que comiera y empecé a gemir contenida, porque estábamos en el baño y escuchábamos la gente entrar y salir, por suerte la música estaba alta.

    De repente siento que sus dedos empiezan a jugar con mi culo pone uno, y juega un poquito.

    Yo: ¿Qué haces bebé? Si vas a jugar con eso, no te voy a dejar salir de aquí, si no me lo haces bien rico.

    Aníbal: Mmm siempre quise hacerte la cola, seria todo un sueño para mí!

    Yo: pero antes vamos a comenzar por otro lado -y yo empiezo a frotar toda mi cola sobre su pene hermosamente erecto, mientras él se aprieta a mi tomándome los pechos y besándome todo el cuello, me eriza la piel sentirle, y me empieza a decir cosas chanchas, y más me calienta.

    Suena en ese momento su celular, y clama una gran puteada el aire, y me dice: -Perdón es Cari, la tengo que atender sino se altera y pone muy celosa insoportable. -Yo le hago señas que no y me agacho a chuparle.

    Aníbal: No seas mala tengo que atender -poniéndose el dedo en la boca diciendo que haga silencio atiende y dice: -holis amor, la más bella como estas?

    Yo le hago señas que corte rápido y él me dice que no puede, entonces le pido que me la pase a mí.

    Aníbal: Te voy a pasar con alguien que me encontré, y te quiere hablar. Besos te amo.

    Yo tomo el teléfono y le digo: -Cari prima hermosa como estas?? Tanto tiempo -ella me responde y yo agrego:- si nos tenemos que ver pronto, acá estoy cuidando a tu novio, je je no te preocupes que lo tengo vigilado, te dejo que hay mucho ruido Aníbal te tira besos yo te mando otros besos.

    Cortó el teléfono y me doy vuelta me agachó para continuar de chupársela, él estaba duro como una roca le pido el forro para ponérselo, lo pongo en mi boca y se lo deslizó hasta sobre su pija hermosa interminable, le digo: ya estoy húmeda quiero sentirte y me le subo cómo un koala, la acomoda en la entrada de mi vagina y me empieza a coger con intensidad contra la puerta de box, más y más profundo unos movimientos pélvicos del sueño una penetración profunda hermosamente estaba, toda acaramelada colgada de él, yo no paraba de gemirle al oído y el más duro me daba hasta que empiezo a temblar de placer y me fui toda ahí y él se dio cuenta aceleró y estalló también.

    Le comí la boca de un beso y me bajo, del otro lado de la puerta se escucharon aplausos y risas, obviamente se habían dado cuenta de lo que estábamos haciendo.

    Nos empezamos a vestir y le digo: -vamos a casa así terminas lo que has empezado en mi cola, quiero hacer que tu sueño se haga realidad.

    Suenan los teléfonos de ambos, Inés en el mío y Bruno en el de él. Inés me pregunta dónde estoy, qué hace rato no me ve, y me dice si le prestó el apartamento para ir con Bruno, le contesté: -Si dale, voy por ropería a buscar la cartera y la llave -y corte.

    Aníbal corta y me dice: -Bruno me pidió el auto le tengo que dar las llaves, tú viniste tu auto, verdad vamos a tu apto a un hotel?

    Yo: Upss, no vine en auto y mi apartamento se lo preste a Inés –pienso un instante y se me ocurre una idea, tomó a Aníbal de la mano y le digo:- Tú sígueme se me ocurrió una linda idea para hacer todos juntos -abrimos la puerta del box y sintiéndonos observados salimos del baño.

  • El profe (capítulo 5. Final)

    El profe (capítulo 5. Final)

    Que sean casi las cinco de la mañana y recibas un mensaje de “necesito verte urgente” es algo que no puede pasarse por alto, menos aun viniendo de mi pequeña y hermosa Danelita. Aunque la cabeza me martilleaba por lo poco que había dormido y mi verga aún estaba con esa sensación de haber sido complacida me senté y decidí que llamaría a mi bombón para saber qué ocurría. Sentí algo extraño en la espalda, como un escalofrío, así que volteé y me topé con los ojos semiabiertos de Fiorella, que me miraba, definitivamente me miraba. Sentía que adivinaba que estaba a punto de marcharme.

    —Lo siento, tengo que hacer una llamada —le dije.

    —Está bien, solo no hagas mucha bulla —me contestó, un tanto fría. Tal vez había llegado a leer el nombre de la remitente de los mensajes en el celular.

    Me paré, aún desnudo caminé al balcón, mi falo se balanceaba de lado a lado con cada paso así que busqué una toalla limpia y me cubrí de la cintura hacia abajo. Abrí el balcón y el frío aire nocturno terminó de hacerme despertar. Cerré la mampara de vidrio, pues realmente no quería incomodar a Fiorella. En la calle pocos vehículos transitaban por el lugar, siendo lo normal por lo temprano que era. Marqué el número de Daniela y esperé. Timbró varias veces, pero ella no contestó, esperé un momento y volví a hacerlo, sin resultado nuevamente. Decidí mandarle un mensaje. Un tanto incómodo escribí:

    —¿Dónde Estás? ¿Qué Pasó?

    Esperé un par de minutos, sintiendo como la piel se me ponía como de gallina (o gallo) por el frío cortante. Seguramente en unas horas estaría con gripe por mi descuido de no abrigarme. No había respuesta de su parte y empezaba a incomodarme. Voltee para volver a la cama, besaría a Fiorella y succionaría sus grandes pechos para entrar en calor, si ella se sentía dispuesta podríamos por fin usar ese extraño sillón tántrico que aguardaba en una esquina de la habitación. Y el celular timbró, ella me estaba llamando, le contesté de inmediato.

    —Lo siento profe, no sabía a quién acudir —me dijo Danielita con voz entrecortada, y ella notoriamente estaba llorando, eso me hizo perder toda la molestia que recién sentía por la hora y el frio.

    —¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

    —Lo siento profe, por favor ayúdeme —sonaba realmente deshecha por el llanto.

    —Danielita, bebé, dime dónde estás e iré a verte.

    —Estoy sentada fuera de su departamento, no quería causarle problemas.

    —Bien espérame allí, no te vayas a mover, iré enseguida.

    —Lo esperaré, gracias profe —dijo, con algo de hipo de quien no se puede controlar por la tristeza, y luego colgó.

    Escucharla así me puso alerta, sentía la urgencia de ir, en taxi estaría a unos veinte minutos de viaje. Pedí un vehículo por aplicación y me salió que en tres minutos me recogerían.

    Entré como un torbellino a la habitación y empecé a vestirme, saltando sobre un pie logré ponerme la ropa interior y calzarme el pantalón, luego las demás prendas, todo ello sin percatarme que Fiorella estaba sentada en la cama mirándome fijamente sin articular palabra alguna. En la penumbra sus grandes ojos brillaban, como si de un felino se tratase, la escasa luz acentuaba su silueta, perfilando aún más sus sobresalientes tetas.

    —Te vas… —me dijo.

    —Lo siento Fiorella, tengo una emergencia —le contesté, evitando entrar en detalles.

    —Y esa emergencia se llama Daniela Fernández, ¿o no es así? —comentó con frialdad, retomando su carácter avasallador de siempre. Era mi amiga, pero también era una mujer implacable y muy independiente con la que había tenido un excelente sexo. Todo ello me hizo sentir culpable, pues ella merecía algo mejor.

    —Lo siento, nuestra fiesta y lo que vino después fue fantástico, pero ha pasado algo, no sé bien qué y ella me necesita —le dije, evitando su mirada.

    Se quedó un breve tiempo en silencio, justo cuando yo terminaba de vestirme y alistar mis pocas pertenencias sueltas ella se levantó y avanzó hacia mí. Pensé que querría agredirme, pero en vez de eso tomó una de mis manos y la llevó a su enorme seno, y con la otra me agarró la verga por encima del pantalón.

    —Ahora tú también eres mío —me dijo, casi como un susurro, apretando un poco mi pedazo, para soltarlo y volver a la cama—solo recuerda eso.

    —Lo recordaré —le dije, saliendo de la habitación.

    El viaje de retorno resultó sumamente rápido, pues las calles estaban aún poco transitadas, descendí del vehículo e ingresé a mi condominio, subiendo las gradas, en la oscuridad la encontré, sentada en el piso, encorvada, prácticamente abrazando sus rodillas mientras sollozaba. El verla así me partió corazón. Tenía puesto un vestido enterizo muy pequeño, con brillos y encajes, similar al que tenía puesto el primer día que salimos. Al estar así sus piernas quedaban a la vista casi en su totalidad. Me agaché y le toqué un brazo, que estaba sumamente frío.

    —Ven, entremos —le dije, tomándola de ambos brazos para facilitar que se levantara. Ella temblaba y mantenía la cabeza gacha, pero hizo caso y me acompañó.

    La hice sentarse en el sillón de siempre, y raudo puse agua a hervir mientras tomaba una manta y volvía para cubrirla, abrigándola con un abrazo, ella se movió en el sillón y acomodó su cabeza en mi muslo, así que le empecé a acariciar el cabello.

    —Cuéntame qué ha pasado —le sugerí.

    —Gracias por recibirme —me dijo, sin agregar nada más.

    —¿Acaso no confías en mí? —pregunté, pues seguía intrigado por el motivo de su llanto, de todo lo que pudiera estar pasándole.

    —Es que, él me pegó, y esta vez se pasó de la raya —dijo, rompiendo en llanto— me hizo doler mucho, me golpeó con su puño y luego me pateó, me insultó y me botó de su casa, me hizo sentir basura —dicho esto ella se rindió a la tristeza y lloró descontrolada.

    Solo atiné a seguirla acariciando, a susurrarle que ya estaba segura, que no tenga miedo, pues allí nadie más le haría daño. Poco a poco el calor y mis palabras hicieron mella y la calmaron. Me levanté un instante y le preparé café, con unos bocaditos que guardaba. Mientras me hablaba había logrado distinguir que ella había bebido y eso no ayudaba a que se calmara, pero tal vez el café si lo lograse.

    Encendí una lámpara y le puse las cosas en la mesa de centro, acercándosela para que pudiese tomar y comer con comodidad. Con cuidado la destapé e hice sentarse. Allí pude ver su mejilla enrojecida, testigo del golpe que le habían propinado esa misma noche.

    Mi parte de abogado emergió.

    —Vamos a la comisaría, tenemos que denunciarlo, un médico te evaluará y debes contar todo lo que ha ocurrido, te ayudaré a ordenar tus ideas y así podrás hacer justicia con ese canalla.

    Ella cerró los ojos y volvió a ponerse a llorar.

    —No puedo hacer eso, él o sus amigos me harían daño, y dependo totalmente de él —me contestó.

    —Ahora estás conmigo, yo te cuidaré, pero algo tenemos que hacer —le dije muy serio, pues no deseaba que todo ello quedase impune, en tanto que ella negaba con la cabeza, dejando caer aún más lágrimas.

    —Te contaré algo para que entiendas mi problema.

    Y me contó muchas cosas de su vida, de malos tratos, de cómo escapó de casa cuando ese joven la enamoró y le prometió ayudarla a estudiar, con un buen inicio, con ciertos lujos, algunas veces él se ponía violento, pues no siempre sus “negocios” le salían bien, ella no entendía, hasta que entendió. Tenía por novio a un traficante de sustancias tóxicas, mejor dicho, el abastecedor, los pequeños vendedores le compraban a él, y él compraba a alguien más grande.

    Daniela no era ninguna tonta, y sabía que estudiaba derecho por recomendación del novio para que lo ayudase ante problemas que pudiesen surgir, pero no esperaba que poco a poco él se hiciera más lejano, más violento y desconfiado. Lo peor había sido cuando él volvió de un viaje, no la encontró y uno de sus “amigos” le dijo que pudo verla salir de cierto departamento.

    A veces uno goza sin saber de los problemas de los demás. Por ello me prometí ayudarla.

    —Tranquila bebé, ya verás como todo se solucionará.

    —Gracias profe, de verdad gracias.

    Y allí, con la manta medio caída, mientras ella sorbía un poco de café y se llevaba una galleta a sus carnosos labios, con mucho cuidado de no hacerle daño me acerqué y besé su mejilla, besé sus lágrimas y sus ojos pues no quería que siguiera llorando. Ella no lo merecía.

    Volteó y me besó, nuestras lenguas se juntaron, con el sabor a café y whisky de la noche reciente.

    Quise quitarle el vestido, pero ella me detuvo la mano, levantándose con cuidado se arrodilló en el piso frente a mí mientras que con sus manos me abría el pantalón, mi verga ya había tomado vida, así que sacarla no le fue difícil. Se agachó y empezó a mamarla, la dejé hacerlo mientras mi cabeza bullía de ideas. Le contraría una solución al problema, aunque tuviese que molestar a viejas amistades, o a nuevas amistades, muy nuevas amistades en realidad. En mi mente ya iba articulando cómo todo se resolvería, mientras mi falo recibía caricias de mi pequeña a la que protegería, prometiéndome que nadie más la volvería a hacer llorar.

    Ella estaba entregada a ensalivar mi pinga, se la sacaba, lamia los lados, abajo, y volvía a metérsela, en una de esas tomé mi verga y le di sus pequeños golpecitos en la cara. Ya había parado de llorar, y el contacto con mi virilidad la hizo sonreír.

    La levanté, pues quería penetrarla, y cansarla para hacerla dormir tranquila, nuevamente intenté levantarle el vestido, pero ella me detuvo. En cambio, se giró dándome la espalda y levantó la falda lo suficiente para que sus nalgas quedasen libres, así se fue sentando y se ensartó solita, soltando un gritito de placer en el proceso.

    Yo no tuve mucho que hacer, pues ella apoyándose en mis muslos subía y bajada el culito metiéndose entera la verga, saltando y volviendo a caer. Sentía que ella llevaba la fuerza de sus piernas al límite, y así, de salto en salto, viendo como ella con ese juvenil y hermoso cuerpo se ensartaba solo, hizo que me viniera en abundancia.

    Se quedó muy quieta, respirando con dificultad, echándose hacia atrás. Yo la recibí en un tierno abrazo. Ahora estaba caliente y llenita, le tocaba dormir. Ya más tarde le contaría mi plan.

    Poco a poco le saqué mi falo, sintiendo como mi leche se iba derramando. Normalmente me gustaba echar mi corrida encima de mi pareja, pero esta vez ella había hecho el trabajo sola, y se había ganado su premio. Así que, sin dejar de abrazarla la llevé a la cama, y acostándola de lado la hice dormir, mejor dicho, ambos nos quedamos dormidos. Con lo último de mis fuerzas logré cubrirnos con una manta, quedando finalmente abrazados.

    Cuando desperté estaba solo en la cama, la cabeza me martillaba un poco, y sentía algo de flema en mi interior, seguramente los primeros síntomas de una fea gripe bien merecida. Escuché el sonido del agua correr, seguramente Daniela se estaba duchando. Me senté en la cama y, luego de estirarme un poco, me encaminé a la ducha, para bañarme junto a ella.

    El baño estaba lleno de vapor, así que ingresé y cerré la puerta para evitar que el calor escapase. Al abrir la mampara para ingresar a la ducha ella soltó un gritito y tomó la toalla tapándose. Me sentí extrañado, ella nunca había sentido vergüenza conmigo. Como la toalla estaba empapándose cerré la llave y el agua caliente dejó de caer. Nos quedamos parados, mirándonos mientras el vapor se iba disipando. Ella miraba al piso, recordé su mejilla enrojecida y con cuidado la tomé del mentón y le levanté la carita.

    El hematoma en su mejilla era notorio, entre rojo y morado. Le tomé las manos y se las besé, ella cerró los ojos y dejó que le quitase la toalla. Su perfecto cuerpo tenía varias marcas, le habían jaloneado y arañado uno de sus brazos, pero la peor marca era un grande y feo moretón en sus costillas, poco más debajo de su ceno derecho.

    Lágrimas caían por sus mejillas y yo solo atiné a abrazarla y volver a abrir la ducha. Junto al agua caliente nos quedamos por buen rato, hasta que me hablo.

    —Tengo hambre —dijo.

    —Bien, vamos bebé.

    Salimos y nos secamos, parecía más calmada, así que calenté algo de arroz mientras ella, vistiendo uno de mis polos que le valían como pijama, preparó leche con miel.

    —Estas algo agripado ¿no? —me preguntó.

    —Si, tú también —le dije, tocándole la punta de la nariz, ella también parecía afectada por el frío de la noche, ante el gesto me sonrió.

    —Sé que no debería molestarte, pero no sabía qué hacer.

    —Estoy feliz de que hayas venido conmigo.

    Desayunamos en silencio, nos mirábamos y agradecíamos el espacio para pensar. Cuando terminamos volvimos a meternos a la cama y charlamos un tiempo, de cosas insulsas, hasta que quise abordar el tema nuevamente.

    —En serio, deberíamos ir y denunciarlo.

    —Por agresión a una mujer, ¿cuánto tiempo le darían?

    —Podría lograrse una pena de tres años —le contesté, nuevamente en modo profesional.

    —¿Y el peor escenario?

    —Con tu declaración y el examen médico recibirá una pena no menor a un año.

    —Saldría y algo peor sucedería, no puedo arriesgarme de esa forma, compréndelo.

    Entendía, había sido agredida y se requería algo más grave. Ella acomodó su cabeza en mi tórax y yo le fui acariciando la espalda mientras la abrazaba. Gracias a la diferencia de tamaños y a que solo vestía mi polo-pijama, podía llegar a levantar un poco la tela y frotarle las nalguitas, que aún estaban frías al tacto. Ella pasaba sus dedos por mis piernas, subiendo y bajando, apenas rozando mis bellos. Mi mente volaba buscando una solución que me parecía haber pensado ya, pero tenerla así me distraía. Peor aún, ahora ya no frotaba mis piernas, sino que directamente agarraba mi verga por encima de los ligeros pantalones cortos que llevaba puestos. Le separé las nalgas y con mi dedo medio, estirándome aún más, llegué a palparle el ojete, ella se sobresaltó un poco, pero por mi espejo la vi sonreír. Su culito era hermoso, un asterisco perfecto y bien cerradito entre dos voluptuosas y redondas nalgas morochas, mientras se lo palpaba, moviendo mi dedo por encima sin hacerlo entrar, acariciándole la colita, recordé mi encuentro con Angy, la forma en la que la dominé y como la empalé haciéndola saltar en el aire dándole un magnífico sexo anal. Pero para eso aún faltaba trabajar mucho el culito de Daniela, si es que no quería traumarla o hacerle daño.

    Daniela se agachó, facilitándome la tarea de manosearla, primero se echó sobre mi barriga y levantó el elástico del short, haciendo que mi verga ya hinchada salga de él. Yo humedecí mi dedo medio y volví a acariciarle la colita, ella tomó el tronco acercándose la cabeza de mi verga, dándole ligeros besos. Me masturbaba mientras le iba dando lengüetazos como si de una paleta se tratase. Hice algo de presión y sentí como parte de mi dedo hacía que su colita ceda un poco, pero eso la puso tensa y apretó las nalgas. Para relajarla levanté un poco la cadera, metiéndole la cabeza en a la boca, al poco rato volvió a relajarse, concentrándose en mamar, recordándome una foto de un hámster comiendo una banana. No quise asustarla, así que no le metí mucho el dedo, solo lo movía un poco, a los lados y hacia fuera. Por fin parecía que su colita no oponía resistencia, pero definitivamente meterle la verga no era una opción, por lo menos aún no.

    Quería probar algo nuevo, así que sin quitarle el juguete de la boca la tomé de la cadera y la levanté, girándole las piernas hacia mí cara, quedando mi cabeza entre sus rodillas, las mismas que estaban flexionadas y dejaban su conchita a la altura de mi boca. Ella al estar de cabeza ya no solo mamaba la puntita, sino que se veía forzada a tener que comerse la verga hasta la garganta, pero lejos de amilanarse se dedicaba de lleno en eso, como si de un biberón se tratase. Le separé un poco las piernas y acerqué la cara a su conchita, estaba húmeda y bien depilada, como solía llevarla ella. Mi pequeña era tan ligera y flexible que sin problemas acomodé mi lengua y le di una buena lamida de abajo hacia arriba, haciéndola soltar un gemino ahogado por tener ella la boca llena. Al ser tan sensible la lamí solo con la punta de la lengua, casi rozándola, besaba sus muslos, nalgas, le ensalivé el culito y le acomodé el dedo pulgar, así mientras lamía sus labios y bordeaba el clítoris le iba introduciendo el dedo en el ojete. Ella al estar sintiendo tantas cosas a la vez dejó que le abriera el culito, y como premio, después de estar bordeando sin tocarlo, le lamí ese pequeño botón sobresaliente arrancándole un pulso que le hizo mover todo el cuerpo, no me detuve, sino que la empecé a atacar con fuerza, lamía ya no suavemente, sino que le sorbía, lamía y frotaba con toda mi boca y besaba haciendo vacío su conchita. Danielita movía las caderas acompañando cada caricia, ya mi pulgar la penetraba sin oposición, salía y entraba en tanto su mente en blanco, con la boca muy llena, se dejaba llevar por el placer. Sentí mi verga hincharse aún más, y por ello le metí todo el dedo en el culito, junto a mi lengua que entró en su vagina, haciéndola soltar un enorme calambre mientras se venía. Me mordió un poco la pinga, llevándome al clímax, soltando borbotones de leche directo a su garganta, que de alguna manera se los tomó mientras subía y bajaba la cabeza para ir tragando, dejándome finalmente reluciente, no habiendo derramado ni una gota de leche. Estuvimos quietos un momento, hasta que sentí como, palpitando, poco a poco mi falo, muy agotado se fue decayendo. Con cuidado la bajé de costado y ella se levantó como un resorte, empezando a toser por haber estado aguantando la respiración tanto tiempo. Yo no me había dado cuenta de que casi se había atragantado con la leche. Cuando se calmó tenía los ojos muy rojos, pero reía por la fuerte y placentera experiencia. También empecé a reírme debido a que un poco de semen le colgaba de la nariz, pues hasta por allí se le había salido.

    Nos quedamos rendidos en la cama, ella se sonó los “mocos” y caímos en una ligera siesta para recuperarnos. Luego le conté mi plan, le pedí detalles vitales e hice una llamada.

    Con el corazón latiéndome a mil abrí la puerta e ingresé al local. Era un restaurante – café de barrio, no lujoso, ni llamativo. Caminé decidido hacia el tipejo, que solía reunirse con sus amigos en ese espacio poco transitado, él no era el típico villano de teleserie, sino que era un flacucho atrevido pero muy hábil y escurridizo, y yo solo necesitaba hacerlo salir de ahí, y ganar algo de tiempo. Solo eso.

    En la quinta mesa estaba él, mirando su celular, siempre de cara hacia la puerta, buen lugar para cosas ilegales. Avancé hacia él y lo encaré.

    —Así que te gusta golpear mujeres ¿no? Idiota —le dije, con tono amenazador, casi gritándole.

    —¿Qué pinche pendejo? ¿Eres el padre de Daniela? ¡mejor lárgate abuelo! —respondió, poniéndose de pie, mirando hacia los lados, comprobando que estaba solo.

    —Intenta golpear también a este abuelo, escuálido marica —lo reté, tirándole su silla al suelo.

    —¿Cuál escuálido? —me dijo, empujándome— ¿Cuál marica? Te voy a partir la cara pendejo —seguía empujándome.

    —Ramiro ¿necesitas ayuda? —se paró un sujeto saliendo en su ayuda.

    —Eso confirma que eres un marica hijoeputa —dije retrocediendo, sin alejarme tanto como para desanimarlo, avanzó un par de pasos hacia mí, pero se detuvo.

    —¡naa! ¡di lo que quieras abuelo! ¡solo lárgate que estoy ocupado! —sentenció, girándose a buscar su silla nuevamente.

    Pensé rápido en qué podía hacer, no debía darle el primer golpe, pero tampoco quería que se me escapara la oportunidad de armar un alboroto y poder cumplir mi cometido, y se me ocurrió lo que a cualquier hombre le dolería.

    —¡Por eso Daniela dice que la tienes chiquita! ¡ahora todo tiene sentido amiguito! —no fue necesario anda más, echó a correr hacia mí, y tuve que salir esquivando cuanto golpe pude hacia la calle.

    Afuera lo encaré, pero tras él había un par de sujetos que no sabían si entrometerse o no. Debieron haber decidido esperar a ver como se desenvolvía la pelea, así que se quedaron al margen.

    Y la cosa no fue tan bien, pues él era tan flaco cono nervudo y muy rápido, le conecté dos golpes que lo hicieron trastabillar, pero también yo recibí lo mío, y en mayor medida fueron golpes bien dados; entonces, vi cómo se encendían las luces de un determinado carro, recibí un fuerte golpe en el pómulo y lejos de alejarme lo abracé por la cintura, lo presioné cuanto pude para evitar que se soltara. Se sorprendió al principio, pero cuando escuchó las sirenas acercarse pareció desesperarse. Y yo no lo solté, pese a los codazos y rodillazos que recibía, por mucho que insultase, aguanté, sintiendo fuego en mi abdomen, igualmente me obligué a mantener la fuerza de mis brazos. Sus amigos se esfumaron del lugar dejándolo solo hasta que llegaron los policías y lo tuvieron bien agarrado, allí me permití liberar a mi presa.

    —¡Mierda! ¡Llamen a un médico! —dijo el policía de más rango, al ver que mi camisa estaba manchada de sangre, y que de mi costado colgaba un puñal.

    Las cosas fueron como coser y cantar, como ya había coordinado con uno de los fiscales que conocí al compartir mesa en la cena de Fiorella Bravo, llevaron al innombrable a la comisaría, donde horas antes habían capturado a uno de sus compradores que tan solo al verlo ingresar lo identificó y pidió colaborar contra él a cambio de beneficios penitenciarios. Además, la policía al ver su registro y antecedentes se sorprendieron por hallar que ya tenía una orden de captura en proceso. Con todo ello nos deshicimos del buen hombre por muchos años, lo malo es que yo acabé en un hospital, con muchos puntos de sutura, semanas de descanso y sin poder hacer esfuerzos excesivos.

    Curioso fue que en las noticias aparecí como un héroe de las calles, con un video que mostraba el preciso momento en que me apuñalaban, pero aun así no soltaba al delincuente ese. hasta me hicieron un reportaje y todo. Lamentablemente en mi trabajo la decana logró poner en contra a varios padres y decidieron no renovar mi contrato.

    La policía, que no contaba con el tema mediático, me había recomendado mudarme por un tiempo, así que al ya no estar atado al trabajo puse en venta mi departamento y me mudé a una ciudad costera vecina, donde planeé poner un estudio jurídico y dictar clases en una universidad a la que ya me habían recomendado, la misma a la que cierta estudiante se había transferido, por casualidades de la vida.

    —¡Lanza! —le dije, viéndola como saltaba y hacía volar la pelota hacia mí, que apenas pude parar y menos devolver.

    —Profe es muy malo en esto —me dijo Daniela riendo a carcajadas. Estaba vestida con un bikini de dos piezas, jodidamente sensual, color rojo, al agacharse a recoger la pelota la tanga se le metía entre sus preciosas nalgas bronceadas.

    —¿Me puedo unir? —ambos volteamos y saludamos a Angy, que venía a visitarnos al nuevo departamento frente al mar.

    —Claro, ayúdame contra esta pequeña deportista —le dije a Angy mientras Daniela le sacaba la lengua. Ambos le dimos un beso como bienvenida, ella también estaba sabrosa, aunque su bañador era un top con un short, este le caía a pelo por su fino cuerpo y sus glúteos alargados. Al saltar y darle el golpe a la pelota sus pechos rebotaron con gracia, haciendo que comience a salivar.

    Pasamos un día genial, reímos y los cócteles no faltaron, pues hacía bastante calor, ellas cuchicheaban y yo las dejaba, pues, aunque se comunicaban constantemente por celular, siempre había algo nuevo que contarse.

    Me encaminé al mar, que estaba un tanto tranquilo, el agua fría se sintió revitalizadora y al poco tiempo los tres nos bañábamos muy gustosos, aprovechaba cada instante para manosear a Daniela, que ya era mi pareja hecha y derecha, y ella jaloneaba a Angy, jugando un poco tosco, llegando al extremo se hacerle saltar una teta de su top, lo que yo festejé y nos hizo reír a todos. Angy regresó a la sombrilla, a tenderse un momento, quedándome solo con Daniela, a la que le comí la boca de un profundo beso. ¿Podía ser la vida más perfecta?

    Regresamos y ella se tendió en la arena boca abajo junto a Angy, y siguieron cuchicheando. Yo leí un poco un librito que llevaba conmigo para no interrumpirlas, pero lejos de leer les miraba a ambas el culito, de Daniela no me podía aburrir, pues al estar echada con los pulgares hacia adentro sus gruesas piernas y sus nalgotas quedaban para un poster de mecánico, dignas de una foto. Por su lado Angy, de piel más clara y más delgada emitía sensualidad, su short mojado estaba pegado a la piel, permitiéndome ver esas nalguitas como cola de avispa, delicadas, y en medio imaginar ese ojete al que había llenado hasta decir basta. Mi verga ya estaba hinchada, y a punto de sobresalir de mis pantalones cortos.

    Había atardecido un poco, y ellas se levantaron.

    —¿Estás lista? —le dijo Angy a Daniela.

    —¡Si! ¡lo lograré! —le contestó Danielita, levantando los puños.

    —¿Qué cosa? ¿de qué hablan? —les pregunté, con genuina curiosidad.

    —Lo siento Profe, ¡Es un secreto! —me contestó Angy, mientras mi pequeña hacía la mueca de llevarse un dedo a los labios y soplar, pero terminó chupándose el dedo, sin dejar de mirarme, haciéndome dar ganar enormes de atragantarla.

    —Vamos a ir al departamento —me dijo Danielita, muy coqueta.

    —Bien, vamos —les dije, levantándome.

    —¡Noo! —me dijeron al unísono.

    —Tenemos que hacer algo, cuando lo llamemos viene ¿sí? —sentenció Angy y ambas se marcharon, dejándome con la verga hinchada y desilusionada. Por lo menos podría ver sus colitas moviéndose a los lados mientras avanzaban por la arena.

    Me senté y continué con mi lectura, sin realmente poder concentrarme. Miré el mar y a una que otra belleza pasar, pero no podía dejar de pensar qué estarían haciendo sin mí. ¿Estarían teniendo sexo sin mí? ¡Diablos señoritas!

    Pasó casi una hora. Ya estaba aburrido con el libro sobre la cara empezando a conciliar un ligero sueño cuando timbró mi celular.

    —¡Profe ya venga! —me dijo Angy, y no necesité más.

    —¡Allá voy China! —le contesté, colgando.

    Caminé rápido, tenía que recorrer la extensión de la arena, luego un pequeño malecón e ingresar a la avenida para bordear un edificio de departamentos y subir al mío, que estaba en el quinto nivel. Llegué en un santiamén, y cuando quise ingresar la llave en la cerradura salió Angy, pidiéndome que me gire, tapándome los ojos con las manos.

    —Es una sorpresa, no lo vaya a malograr —me ordenó.

    —Bien… bien, guíame.

    Sentí que giramos e ingresamos al departamento, al ser más alto que ella se veía forzada a levantar los brazos, por lo que sus pechos se presionaban contra mi espalda, en un tacto exquisito.

    —Bien, cierre los ojos y ábralos cuando yo le diga, ¡no haga trampa! —volvió a hablar Angy.

    —Okey

    Unos pasitos, un poco de sonido y risitas nerviosas.

    —¡Bien ábralos!

    Abrí los ojos y las vi a las dos, habían acomodado mi fiel sillón en medio de la sala y Daniela estaba en perrito, con la colita hacia mí, y en su ojete tenía metido un consolador de mediano tamaño, sus nalgas brillaban por estar bañadas en aceite y lubricante, Angy le dio una nalgada y le abrió los cachetes.

    —¡Feliz Cumpleaños Profe! —dijeron ambas al unísono.

    Vamos, la vida sí que puede ser más perfecta. Angy me dio una rápida mamada mientras rociaba lubricante en mi pinga, y Danielita, notoriamente nerviosa se metía y sacaba el consolador preparándose para lo que le venía.

    Me acomodé tras ella y le saqué con lentitud el consolador, era metálico y liso, muy curioso. De inmediato el anito de mi bombón empezó a cerrarse. Dejé a un lado el consolador y me subí en el sillón poniendo mis piernas separadas, listo para montarla. Con mis manos me apoyé en su cadera y empecé a bajar flexionando las piernas. Angy tenía cogida mi verga y apuntó la cabeza a la colita de su amiga.

    Mi poronga estaba repleta de sangre, y por el momento parecía incluso aún más grande de lo normal, al llegar a ponerse sobre el asterisco de Daniela ambos nos quedamos quietos, y de pronto, bajo una ligera presión su culito cedió y la puntita le entró. Ella pujó un poco y su culito se contrajo, pero Angy fue hacia su cara la empezó a besar, relajándola con caricias y susurros, por lo que continué con la penetración. Y de poco en poco, con poco y casi nada de fuerza fui entrando en ella, hasta que la penetré por completo, tanto así que la base de mis huevos estuvieron cómodamente colocados entre su ojete y vagina. Ella arañaba un poco el sillón, yo sentía como toda mi verga estaba siendo presionada por su virginal culito, le acaricié las nalguitas y empecé a besar la espalda y cuello, mientras Angy hacía lo suyo. De forma casi imperceptible se la saque un poco y la volvía clavar, ella pujó y luego aflojó, lo volví a hacer, tomé una de sus manos la llevé entre sus piernas, justo hacia su vagina, incitando a que se tocara. Angy la besaba, yo la masturbaba y mi verga poco a poco la penetraba, salía y volvía a entrar. Y así seguimos hasta que sentí que ella acompañaba el ritmo moviendo el culito, sus dejos se había relajado y parecía presionar menos mi falo. La levanté un poco y la besé, mientras me atrevía a sacar más y volver a metérsela entera, ella gimió y siguió jugando con su mano. Angy sonrió triunfante y se acercó a besarme también, luego se acomodó con mucha agilidad bajo ella y le empezó a darle sexo oral.

    Y ya más sueltos, mientras Danielita gemía y yo la montaba por el culito, agradecí cada cosa buena y mala que me había sucedido en la vida, cada pelea, cada tropiezo, pues la vida al fin y al cabo es hermosa, sea como sea que la veas.

    Se la metí hasta el fondo, y me corrí como los dioses, mi pinga palpitó soltando abundantes chorros de leche en el mejor regalo de cumpleaños de mi vida.

    Salí de ella con cuidado, pues la leche rebalsaba de su, hasta hace poco, virginal culito. Ella se levantó con cuidado y se fue corriendo al baño, pero se detuvo en seco y regresó, me dio un beso y me susurró:

    —Todo estuvo muy rico profe.

    FIN

  • Mi mejor amigo llena de leche a mi mujer

    Mi mejor amigo llena de leche a mi mujer

    Voy a ser muy breve, pues mientras estoy con el móvil escribiendo esta pequeña historia, mi mujer nos está comiendo la polla a mi mejor amigo y a mí.

    Es una mujer maravillosa a la que amo con locura, además es más bien gordita, de pechos grandes, un culo espectacular con un tattoo en la espalda y una piel suave.

    Su rostro es agraciado, lleva gafas, un piercing discreto en la nariz y su cabello de media melena azabache. Sus labios son gordezuelos y una auténtica máquina de placer.

    La noche empezó yendo a cenar a una pizzería y ahí nos dimos un atraco de pasta y pizzas; además bebimos una buena botella de lambrusco.

    Charlamos de varios temas, entre los que había una nueva publicación de novela, una nueva obra musical y por parte de mi mujer, de un nuevo sistema de hacer masajes alucinante.

    A mí ya me había explicado algo, pero la conversación la tenía con Enrique, yo estaba al lado de ella y a mi amigo justo enfrente de Lucía, mi esposa.

    Él le preguntó de que se trataba y ella le respondió que se inclinara a través de la mesa hacia ella…

    Enrique obedeció y ella también se inclinó hacia él, rozándole los labios, muy suavemente lo que hizo que mi amigo se estremeciera.

    – Qué te parece, si quieres luego te avanzo más.

    -Me parece muy buena idea -le respondió él.

    Se cogieron de las manos mientras yo miraba.

    Se reían de cosas triviales y cuando salimos a la fría noche para volver a casa, ella se acercó lentamente a él para darle un suave beso en los labios.

    Cuando entramos en el coche, vi el gran bulto que tenía en la entrepierna.

    – Andrés, tú siéntate detrás, yo me pongo junto a tu amigo -me dijo mi esposa.

    Enrique puso en marcha el vehículo y a medio camino, mi mujer le dijo que parara en un descampado medio a oscuras que había.

    Ahí, sin más empezaron a besarse, primero suave y luego con pasión…

    Enrique respiraba entrecortado y cuando Lucía le bajó los pantalones y luego su ropa interior y se metió con suavidad toda la polla, él jadeaba de placer.

    Desde la parte trasera veía un espectáculo fascinante y lleno de excitación.

    Lentamente Enrique le quitó el jersey de lana a mi mujer, para comprobar los dos que no llevaba sujetador… y unos pechos enormes caían hacia abajo… cuando acabó de lamérsela, empezó con una cubana espectacular.

    Pero lo importante era seguir comiéndole la polla, así estuvo diez minutos, quince, cuarenta… hasta que mi amigo gritó:

    -¡Me corrooo!

    Ella no apartó la boca y él empezó a convulsionarse en su interior. Yo me había bajado pantalones y calzoncillos y me hacía una paja. Fue maravilloso.

    Ahora estamos los tres en la cama, desnudos y mientras escribo esto, ella nos va felicitando el año nuevo con una buena comida de polla.

    En esta vida no hay nada más hermoso como sentir placer y follar hasta el agotamiento.

    Qué maravilla.

    Buen año 2023.

    David Caricias.