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  • Mi padre abusaba de mi madre

    Mi padre abusaba de mi madre

    Dicen que a las mujeres no nos excita lo visual; que preferimos una situación sentimental para alcanzar orgasmos más intensos; sin embargo, viví una situación que me dio uno de los orgasmos más intensos de mi vida.

    Yo soy estudiante de universidad; ya con 19 años, vivo con algunas amigas en un departamento cerca de la universidad. Tengo mi novio y tenemos sexo; él me provoca el orgasmo; pero nada fuera de lo regular.

    En unas vacaciones, regresé a la casa de mis padres para pasar un tiempo con ellos.

    Una noche, desperté en la madrugada por un vaso de agua. Fui a la cocina y al regresar, pasé por enfrente del cuarto de mis padres; un gemido se escuchó saliendo de ahí. La puerta estaba entre abierta. La luz que entraba por la ventana mostraba la silueta de mis padres.

    Mi padre se encontraba sobre mi madre, sus rodillas estaban a los lados de su cuerpo, su falo estaba a la altura de la boca de mi madre; se echó hacia adelante, toda la verga entró en la boca.

    – Chúpala despacio, cierra tus labios, te voy a coger la boca.- dijo mi padre mientras iniciaba el bombeo.

    Mi madre se dejaba hacer; mi padre gemía de placer mientras bombeaba la boca; la vista de mi padre usando a mi madre me comenzó a excitar, mis pezones se pusieron duros y mi vagina se empezó a mojar; los bufidos de mi padre eran de una bestia en celo.

    Sacó su verga de golpe de la boca de mi madre, se levantó y puso a mi madre a gatas; ella se dejaba hacer como si fuera una muñeca. El se puso detrás de ella y la penetró de un golpe; ella solo emitió un gemido apagado que contrastó con el bufido de él.

    Mi mano bajó hasta mis labios vaginales, mi panty apenas podía retener la humedad que salía de mi. Mi mano trataba de llevar el ritmo del bombeo de mi padre. Mi madre sólo gemía. Mi padre se llevó un dedo a la boca, lo ensalivó y lo introdujo de golpe en el recto de mi madre; ella solo emitió un quejido apagado.

    – No, por favor… me duele.- suplicó mi madre.

    – Eres mi esposa y puedo cogerte como yo quiera.- dijo mi padre mientras sacaba su falo de la vagina.

    Acomodó la cabeza en la entrada y empujó; mi madre quiso gritar al sentir al intruso; mi padre le tapó la boca y apagó sus gritos; bombeaba con fuerza, gruñía con cada empujón; disfrutaba violar a mi madre.

    Mis dedos se movían desesperadamente tratando de darme un orgasmo; de repente, mis ojos se encontraron con los ojos de mi padre; al verme descubierta, estallé en un orgasmo delicioso e intenso; al mismo tiempo, mi padre bufó enterrándose completamente en mi madre; me miraba venirme mientras él eyaculaba dentro de mi madre.

    – No te vengas dentro… me duele… por favor.- mi madre suplicaba.

    Él terminó de eyacular, sin dejar de verme, sacó su verga lentamente y pude ver que no perdía su dureza.

    Metió la mano en la vagina de mi madre, tomando sus jugos y se acarició la verga con ellos; sus ojos nunca se apartaron de mí.

    Ahí me di cuenta que yo sería la próxima…

  • Juego entre familia

    Juego entre familia

    Les voy a contar lo que venimos haciendo la familia de mi esposa y yo, es algo que en días anteriores se venía planeando, y esto sucedió después de navidad. La familia de mi esposa es algo abierta en temas y cosas sexuales, y un día una de las gemelas mi cuñada Janet estando todos reunidos dijo que si ya habían visto la serie de Amazon llamada el juego de las llaves, por lo que la mayoría o casi todos ya la vimos, y dijo que estaría bien hacer eso entre nosotros que para que todo quedara en familia, solamente nos reímos y dijimos que estaría bien.

    Después mi suegro comentó que para hacerlo estaría bien irnos a la casa que tiene en un rancho a las afueras de la ciudad y poner cámaras en los cuartos, para reunirnos y ver eso, todos dijeron que si emocionados así que dijeron bueno haremos la rifa de las llaves antes de navidad para qué pasando esas fechas irnos para ser exactos el día jueves 29 de diciembre nos reunimos con una comida y ya en la noche cada quien se encierra en su cuarto con la pareja que toco.

    Todos accedimos a eso, por lo que hicimos un volado de quien depositaría las llaves y quien las sacaría. Tocó poner las llaves los hombres y las mujeres sacarían las llaves. Todos pusimos las llaves de nuestros carros en una canasta y las mujeres se vendaron los ojos. Tocó sacar las llaves de la más grande a la más chica.

    Primero paso mi suegra Laura le tocó con su yerno Óscar.

    Segunda la gemela Janet le tocó con su papa Juan.

    La tercera fue la gemela rosa y le tocó con su hermano Juan que le decimos jr.

    La tercera fue Liliana la esposa del jr y le tocó conmigo.

    Y por último mi esposa Joselyn que le tocó con su cuñado Martin.

    Así quedó la rifa y para hacerla más de emoción mi suegro sugirió que en navidad los hombres le regaláramos algo de lencería a las mujeres que nos tocó para que la usaran ese día. Y en navidad hicimos el intercambio.

    Óscar le regalo a mi suegra un traje de enfermera.

    Juan mi suegro le regalo a mi cuñada Janet un conjunto de lencería amarillo.

    El jr le regalo a rosa un babydoll azul con unos zapatos blancos.

    Yo le regale a Liliana un conjunto de lencería color cremita, con unos tacones negros y una pintura de uñas blancas.

    Martin le regalo a mi esposa un conjunto de lencería blanco con un disfraz de bombera.

    Pasaron los días hasta que llegó el día de irnos a la casa del rancho donde hicimos de comer, tomamos cerveza, bailamos, cantamos cada quien con su respectiva esposa hasta que a las 10:30 de la noche dijo mi suegro mujeres entren cada una a un cuarto y váyanse vistiendo que ahorita entraremos los hombres, ojo nos vemos todos mañana en la sala a las 9 de la mañana. Y después de esas palabras nos fuimos al cuarto con la pareja que nos tocó.

    Al meterme al cuarto la verdad que me excito ver a Liliana vestida con su lencería, es una mujer de muy atractiva sus bubis son algo grandes unos 93cm, su abdomen plano y su culo parado junto con sus piernas, ella estaba sentada en el sofá, con las piernas abiertas y me dijo que me sentara en la cama que ella sería la que mandaría esa noche, me senté y ella se paró para ir lentamente a mi lugar y comenzó a bailarme, la quise tocar y ella me dijo que nada de tocar que la dejara hacer su trabajo, me dijo que me desvistiera que me quedara solo en calzoncillos, se sentó sobre mis piernas y siguió bailándome y comenzó a besarme el cuello y acariciarme, mi pene estaba que explotaba, ella se hinco y comenzó a besar mi pene por encima de mi calzón después me lo quitó lentamente y fue introduciendo mi pene en su boca.

    La verdad que lo chupaba riquísimo y también se metía mis bolas en su boca y jugaba con ellas, siguió chupándome el pene hasta que se tragó toda la leche, se levantó y puso a caminar en cuatro patas sobre la cama hasta que se acostó y me dijo que me tocaba a mí chuparle su vagina, y así lo hice me fui y le comencé a besar su abdomen lentamente, le fui bajando su calzón de hilo dental cremita y mientras le quitaba el calzón le besaba sus piernas hasta que llegue a sus pies y con las zapatillas puestas le bese sus dedos con la pintura blanca que me prenden tanto y me regrese a chuparle su vagina bien depilada, que mientras le chupa su vagina ella me agarró una mano y me la puso sobre sus bubis para que yo se las apretara, ella gemía de lo excitada que estaba, luego de mamarle un rato su vagina tuvo un tremendo orgasmo y su clítoris mas resaltó.

    En ese momento le agarre sus piernas y me las puse en mis hombros y comencé a penetrarla sentía su vagina calientita sobre mi pene, pude ver la cara de satisfacción en cada bombeada que le daba, mientras la bombeaba, besaba sus piernas, agarraba sus tetas y metía mis dedos en su boca para que me los mamara, ella terminó en otro orgasmo, yo la verdad no terminaba, ella me dijo acuéstate que voy a montarme se subió encima de mi pene se agarró el pelo con una liga, puso sus manos en mi pecho y comenzó a brincar sobre mi, yo tocaba sus nalgas y sus piernas, una que otra vez la nalgueaba y ella gritaba de placer, me dijo que me sentara pero ella nunca se sacó mi pene de su vagina, mientras brincaba encima de mi yo le mamaba las tetas, se las mordía y se las succionaba, mientras que con mis manos le acariciaba todo su culo y sus piernas.

    Le dije que ya terminaría que se separara para no venirme dentro, a lo que la me dijo que no que ella también iba a terminar y que quería sentir mi leche caliente dentro de ella, mientras decía todo eso su voz se le cortaba de los gemidos que pegaba, hasta que los dos al mismo tiempo acabamos en un orgasmo largo y delicioso, me separé de su vagina y mi leche le salía y escurría por sus piernas, eso no acabó ahí, recobramos fuerzas y se puso de perrito vamos dame duro en esta posición.

    La verdad que le di durísimo y en esa posición no sé como le hacía que su vagina se sentía más apretada de lo normal, pero eso me excitaba y mas la bombeaba y le pegaba nalgadas, mientras que con una mano le jalaba el pelo y ella se tocaba sus tetas y su vagina, termine nuevamente dentro de ella su clítoris estaba algo grande e hinchado, es algo normal? nos fundimos en un abrazo y nos dimos un largo beso que nos quedamos dormidos, hasta que amaneció, nos levantamos nos dimos un beso en la boca y nos dirigimos a la sala tal y como mi suegro nos dijo ya habían llegado algunas parejas.

    Y estábamos esperando que salieran las dos parejas que faltaban mi suegro y su hija, y mi esposa y Martin.

    Si quieren saber lo que pasó en los videos de las demás parejas díganmelo en los comentarios, así como que les pareció este relato. Les manda un saludo su amigo golozo69. La foto de perfil es del culo de Liliana como se les hace?

  • Marco y Fabiola. Una experiencia religiosa

    Marco y Fabiola. Una experiencia religiosa

    Eran las 12 de mediodía, las campanas de la iglesia comenzaban a sonar para así comenzar la misa dominical, Marco y Fabiola eran integrantes del coro juvenil, jóvenes de entre 18 y 25 años lo conformaban y, a decir verdad, no le pedían nada a un coro experimentado, la voz de todos, el sonido de la guitarra y la melodía del piano hacían que los cantos llegaran al alma.

    Fabiola siempre estuvo enamorada de Marco pues se conocían desde catecismo, hasta que un día ella tomó las riendas de la situación, esperando que Marco aceptará ser su novia, se acercó a él, le invitó a salir y durante la cita le declaro su amor, Marco no podía creer lo que estaba pasando pues él siempre había estado enamorado de ella, sin embargo, para no arruinar la amistad prefería guardar sus sentimientos en lo mas profundo de su corazón. He aquí el inicio de un bonito amor, amor del bueno, un amor real.

    Al pasar los meses, ya sentían querer algo más, pero por ser parte de un grupo religioso, se aguantaban esas ganas humanas de reproducirse con su pareja, el pecado y la lujuria comenzaban a invadir sus cuerpos y mentes tornando esa linda relación en un puro deseo sexual, los valores y la moral estaban en juego pues juntar los cuerpos uno a uno solamente se podía si un contrato matrimonial los unía frente a los ojos de dios.

    Era evidente la virginidad latente de nuestra pareja protagonista, pero un día Marco tomo la batuta de la situación y se dispuso a preparar todo para hacer el amor por primera vez con su amada, rentó una habitación de hotel, una muy lujosa, la lleno de pétalos de rosa y algunos regalos para Fabiola, aprovechando el festejo de su primer aniversario de novios, este joven enamorado pasó por ella en su coche y la llevo al lugar donde ocurriría la mas hermosa prueba de amor en la intimidad de la privacidad, estaban sentados al pie de la cama, Fabiola se mostraba un poco nerviosa pero al mismo tiempo emocionada por el gran detalle que le había hecho Marco, comenzaron a conversar y ver una película en el televisor, se acostaron juntos, abrazados de cucharita bajo la luz de las velas entre dos copas de champagne, era realmente mágico como dos enamorados se fundían cuerpo a cuerpo con el calor del verdadero amor, el destino tenía al preparado para ellos, algo que quedaría grabado en sus corazones por el resto de sus vidas.

    Se pararon junto al buró, se abrazaron y comenzaron a darse unos apasionados besos, los brazos de Fabiola acogían a Marco en su espacio personal, él con mucha pasión le desabrochó ese hermoso vestido floreado muy primaveral con el que lucía fantástica, su piel morena quedó al descubierto y su ropa interior en conjunto nos avisaba que ella también esperaba el momento, Marco se quita la camisa mostrando el vello en pecho que un verdadero hombre debe tener, prosigue con su pantalón, al bajarlo se puede notar un gran bulto en su calzoncillo, pero era demasiado, tal vez traía algún calcetín para aparentar algo o querer impresionar a su dama, al despojarse de su ropa interior Fabiola notó que era mas que un pene normal, era un vergón enorme de unos 20 centímetros y muy grueso, ella sabía que eligió al hombre perfecto pues además de ser entregado al servicio de la iglesia, trabajador, ser un excelente ser humano y guapo, tenía un pene enorme por lo que las bragas de la señorita comenzaron a mojarse a un ritmo acelerado, se acostaron y acariciaron.

    Cuando comenzaba la felación la enorme herramienta del caballero resbaló a través de la húmeda vagina de Fabiola por lo que inmediatamente algo de ella se rompió, él comenzó a darle duro sin importarle el dolor de su vulnerable pareja, los gemidos, lágrimas y llantos de dolor no cesaron, él solo quería penetrarla, su enorme pene entraba y salía con dificultad pues aunque Fabiola estuviera completamente mojada su cavidad vagina era estrecha y muy pequeña, su cuerpo virginal se corrompía con sus demonios internos.

    Marco dejó de ser él mismo y se convirtió en una especie de semental donde su único objetivo era fecundar a su hembra, al momento de querer venirse lo saca y con un grito abrumador llena de leche todo ese cuerpo femenino, desde su pelvis hasta sus pechos y rostro, unas gotas del elixir tocaron los labios de Fabiola a lo que instintivamente procedió a degustar sacando la lengua y terminar de probar a su hombre, ya sabía todo de él, ya lo había probado por fuera, y ahora por dentro, simultáneamente a la leche, un chorro orgásmico baña a Marco dejándolo empapado, le dio un tremendo baño en el que prácticamente marcó su territorio como la hembra que es.

    Esa misma noche, se consumaron en un amor eterno donde ellos sabían que nada ni nadie los separaría pues la prueba final de amor, había sido completada con éxito.

  • La milf compañera del taller

    La milf compañera del taller

    Era un día normal, con Loreto caminábamos después de la clase y al llegar a la parada del bus nos despedíamos. Yo esperaba ese beso en la cara ya que cada día que pasaba era más cerca de los labios, no podía evitar sentir una atracción sexual hacia ella, pero era un joven que no tenía mucha experiencia en el arte de la conquista y ella era una madura de unos 50 años (La verdad nunca le pregunté la edad, no me importaba) separada, muy segura de sí misma, tenía una piel muy blanca y con un largo pelo negro que se le veía hermoso, tenía unos pechos muy grandes y unas buenas caderas.

    Un día al despedirnos me preguntó si quería ir mañana a su casa a almorzar, yo por supuesto que le contesté que sí. Al otro día antes de irme a su casa estaba muy ansioso, yo sabía lo que sucedería, pero no sabía cómo, recuerdo que tenía la verga muy dura porque no podía parar de imaginarla desnuda, con sus grandes pechos colgando o sus caderas blancas posadas encima mío.

    Al llegar a su casa, me saluda de forma muy normal pero no pude evitar darme cuenta que andaba sin sostenes porque se marcaban sus pezones en esa suelta y roja polera que andaba trayendo. Después de comer nos sentamos en el sillón a beber unas cervezas y comienza a contarme que una amiga de ella se había comprado un consolador doble y le preguntó si lo quería probar con ella a lo que Loreto le respondió que le encantaría. Yo todo inexperto en el ámbito sexual le pregunté ¿En serio? a lo que ella me mira tiernamente se sonríe y me responde que sí, acercándose lentamente a mí hasta impactar sus labios con los míos.

    Nos besamos apasionadamente y yo sin pensarlo le tomé sus pechos que eran tan grandes que no caían en una sola mano, sentía como mojaba mi bóxer con el líquido preseminal y que mis pantalones iban a explotar de tan parada que tenía la verga.

    Ella muy excitada se sacó la polera rápidamente… al fin pude ver sus pechos, tenían unos pezones grandes y duros, los cuales se tomaba con las manos mientras miraba mi cara de hipnotizado.

    Se acerco rápidamente a mi dándome un gran beso, pero con su mano me tomó el pene y me pregunto al oído ¿Vamos a la cama? yo moví mi cabeza asintiendo, a lo cual ella tomó mi mano y me llevó hasta su pieza.

    Me acostó en su cama y comenzó a desabrochar mis pantalones yo veía como colgaban esos pechos hasta que logró sacar mi verga, me miró, sonrió y lo tomó con su mano, tiro todo el forro hacia atrás y apretándola subió la mano provocando que saliera una gran cantidad de líquido a lo que ella dijo «uuuyy que rico» y se metió la cabeza en su boca. Yo sentía como succionaba, yo de espalda me sentía en el cielo.

    Ella de pronto me miró y me preguntaba si me gustaba, yo le respondía que sí, ella sonreía y comenzó a solo pasar la lengua por mi falo, ahí estuvo unos segundos a lo que parece no aguantó más y comenzó a darme una mamada maravillosa (superada por muy pocos), yo creo que ha sido una de las mejores mamadas, ella sabía lo que estaba haciendo, me masturbaba, se lo metía todo adentro, le pasaba la lengua y yo acostadito desnudo, de espalda, con los ojitos cerrados cuando de repente pone mi pene entre sus dos tetas y comienza a masturbarme con sus senos, que cosa más rica, me imagino que por el tamaño de sus pechos.

    De pronto se paró y del velador sacó un condón, hizo que me parara mientras ella arrodillada me seguía haciendo una de las mejores mamadas que me han dado, al ratito ella se acostó, sacándose por fin el pantalón con que andaba, para mi sorpresa me di cuenta que andaba sin ropa interior y tenía una vagina depilada al cero.

    Yo con toda mi euforia me subí encima de ella quería penetrarla, pero ella me dijo «No, aun no. Quiero que me la chupes primero», comencé a lamerle las piernas primero, luego la parte del monte de venus y solo rozaba de vez en cuando mi lengua con sus labios vaginales, comenzó a calentarse más y más y su vagina estaba muy húmeda a lo que ella tomó mi cabeza y metió mi boca en su conchita, yo se la chupaba como loco mientras con mis manos no dejaba de masturbarme, de pronto ella me saca para atrás y comienza a masturbarse rápidamente mientras hasta que explota dejándome empapado con sus líquidos.

    Esa fue la primera vez que presencié un squirt, le tiritaban las piernas mientras le salía un chorro por la vagina y ahí fue cuando escuche la palabra mágica «Métemela toda» a lo que yo ni tonto ni perezoso me subí encima mientras aún tiritaba y botaba líquidos y sin avisarle se la introduje toda de golpe, ella me agarro de las nalgas y me presionaba contra ella, yo no paraba me moverme en círculos hasta que soltó mis nalgas y estiró las manos hacia atrás dejándose toda para mí.

    Yo comencé a chupar esas tetas como loco mientras comenzaba a sacar mi vagina y a meterla nuevamente pero esta vez poco a poco, a lo que ella me dice «Deja subirme arriba» Yo sin responder me puse de espalda y ella se subía, primero dándome la espalda, yo le agarraba sus blancas caderas, mis manos quedaban marcadas en sus cachetes, luego se dio vuelta y saltaba encima mío, yo sólo miraba como saltaban esos pechos, ella no paraba de decirme ¿Te gusta? a lo que yo respondía que sí, de pronto ella se salió de encima mío y puso su vagina en mi cara para que se la volviera a chupar mientras se masturbaba, no duró mucho antes que nuevamente volviera a mojarme todo con su squirt.

    Luego ella comenzó a lamerme toda la cara mojada con sus jugos y se puso a lo perrito y me dijo «Rómpeme» yo quería puro acabar, pero a la vez no quería que esto parara.

    Tenía unas nalgas más grandes de lo que creía, blancas y marcadas con mis palmadas que le dejaban rojito. al tenerla en cuatro podía ver su ano y claramente ya se la habían metido antes, ese ano ya había sido penetrado.

    De pronto ella me dice «No te vayas aún, te quiero hacer acabar» Yo me saqué el condón para que entendiera que estaba por eyacular, me acosté nuevamente y ella comenzó con su gran mamada, yo con los ojito cerrados solo disfrutando, me doy cuenta que comienza a bajar chupándome los huevos, yo feliz con eso, pero sigue bajando y comienza a pasarme la lengua entre los huevos y el culo, debo reconocer que en un principio era extraño, pero rico, hasta que de repente su lengua toca mi ano, yo me asuste un poco nunca me habían tocado el culo antes pero se sentía rico así que me quedé tranquilo, todo esto sin dejar de masturbarme y con su otra mano empezó a meterme uno de sus dedos adentro del culo, misteriosamente para mi (En ese momento) me comenzó a gustar a lo que ella con una de sus manos me empezó a tocar el culito y con la otra me masturbaba mientras me la chupaba.

    Acabé como nunca antes lo había hecho a mis 22 años, sentí algo caliente por todo mi falo, estoy seguro que acabé dos veces seguidas y ella que no me sacaba el dedito del culo y tampoco se sacaba la verga de la boca, cuando dejé de acabar quedé casi muerto en la cama, ella sacó su dedo de mi culito y saco mi verga de su boca, mi pene estaba totalmente limpio, se había tragado todo.

    Las reuniones con ella siguieron y las nuevas experiencias también, pero eso será para otro día.

  • Una buena alumna

    Una buena alumna

    Este es mi segundo relato. Es un spin-off del relato de AnaLaura27, «Mmmm cogiendo con el profesor». Les dejo el link al final de este relato.

    Llevaba alrededor de 1 año trabajando ahí, me gustaba mi trabajo, la gente era de lo mejor. Tenía buena onda con la gran mayoría de los profesores, incluso me había hecho amigo de uno, Juan.

    Ambos éramos de la misma edad y habíamos coincidido en varios gustos; musicales, futbolísticos y varias cosas más. Teníamos tema de sobra para conversar.

    Un día fuimos a beber y conversamos más allá de lo laboral, supe que quería seguir con diplomados y títulos para complementar su estatus de profesor, por lo que pasaba bastante tiempo en su trabajo, la oficina era prácticamente su segunda, o tal vez primera casa. Eso le traía problemas con su pareja, la relación no pasaba por su mejor momento.

    Un día cualquiera nos pusimos a beber y bastante, a él se le notó mucho más, por lo que nos tomamos un taxi a su casa. Saludé a su mujer y lo ayudamos a entrar a su casa para acostarlo, ella lo miraba con cara bastante enfadada, al irme de seguro lo iba a recriminar. Lo mejor que podía hacer ahora es irme a mi casa, le pedí el baño, al salir, ella me ofreció algo de beber. Acepté y conversamos algunos minutos. Debo reconocer que era bastante guapa y bonita de cara. Algo triste me confiesa que nada iba bien entre ella y Juan, le dije que lo lamentaba, pero que las relaciones son así, le di un abrazo y me fui a mi casa.

    Al siguiente día le hablé a Juan por chat y me agradeció haberlo acompañado, que hablábamos el lunes.

    El lunes pasé a verlo a su oficina y me contó que habían conversado por bastante tiempo con su mujer, de que las cosas no iban bien, que el poco tiempo que tenían ambos para compartir era muy poco y que hay días en que prácticamente no se veían. El trabajo por turnos que ella tenía tampoco ayudaba. Por tiempo Juan no me pudo seguir contando más cosas y me dijo que daba para largo y quedamos en ese mismo día por la tarde para conversar con unas cervezas.

    Nos juntamos, y ya a la tercera ronda se empezó a confesar. Me contó que el motivo que los mantenía unidos era el sexo, que ella es muy caliente y que cumple todas sus fantasías sexuales. Incluso tenían una especie de pacto, el cual podían estar con otras personas siempre y cuando fueran sinceros entre ellos. Me dejó bastante pensativo, no pensé que me iba a terminar diciendo algo así, quedé sorprendido. Y me hizo imaginara a su mujer de otra forma.

    Su historia me tenía intrigado y me dio la confianza de seguir preguntando, la confianza sumada al alcohol jaja. Cuando me empezaba a contar le llegó un mensaje de su mujer, Juan se sonrió y quiso continuar el tema, pero le pregunté a que se debía su sonrisa, me contó que ella le había dado su victo bueno para que el pudiera jugar con alguien.

    Lo primero fue preguntar con quién, me dijo que eso no me lo podía decir, pero que era alguien del ambiente laboral. Le dije: “¿La conozco?”, me dijo: si, es probable que la reconozcas de cara y por su nombre claro que sí.

    ¿Y por qué en este momento te dio el pase para darle con esa chica?, pregunté, porque en la tarde le envié una foto de ella y le dije que las miradas con la chica habían sido de mucha química sexual.

    Buen ahí quedó el tema, luego nos fuimos cada uno a nuestras casas.

    Pasaron algunos meses y con Juan no seguimos el tema.

    Un día me invitó a su cumpleaños, sería con algunos profesores y amigos íntimos, acepté de inmediato.

    Llegó el día saludé a todos, saludé a su pareja también, la cual me dio un abrazo grande. Pasada la noche varios se fueron a sus casas, yo cuando quise irme no me dejaron y sacaron tequila, comenzaron las rondas, éramos 6 personas, Juan, 2 amigos suyos, su señora y su mejor amiga, la cual la tuvimos que entre su señora y yo ayudarla a acostarse de la ebriedad que tenía. En eso nos quedamos conversando en otro lugar de la casa, le pregunté como estaban las cosas con Juan, me contó que bastante bien. Sólo sonreí y me alegré de la situación. Con Juan no habíamos hablado en harto tiempo del tema y la verdad no sabía ni suponía nada.

    Ella me dijo: “bueno, ¿debes saber algo no? Dije, “no”, y que de verdad hace tiempo no hablaba con Juan de ese tipo de temas. Ella se rio, y me dijo: “¿sabes de nuestros juegos no?, Juan me dijo que algo te había contado” y yo le dije lo que sabía, y la verdad era que no sabía mucho.

    Ella se puso de pie y fue a ver si había alguien cerca y me dice: “¿sabes cuál es la chica?, supongo que sí”. De una le dije que no y que Juan no me había querido contar.

    En eso saca su teléfono y me muestra la foto de la chica. En ese instante la reconocí de inmediato, la verdad siempre los había notado algo cercanos cuando conversaban, pero nunca pensé nada más, Juan en general se lleva muy bien con los alumnos.

    Me dice: “es así de exquisita como en la foto” y le dije que sí, que la chica se lleva miradas, “no me sorprende y dale las gracias”, me dijo, con una risa final. Le dije que me explicara algo para entender. Me pasa su teléfono y me dice “lee un poco para que entiendas”.

    La conversación era entre Juan y su pareja (Rocío), él le contaba cosas a ella. Eran bastantes mensajes y sólo me concentré en los últimos.

    Juan: Amor ahora viene el examen de Laura, ¿recuerdas que te dije que era oral cierto? Jeje

    Rocío: Evalúa bien su desempeño no quiero que regales las calificaciones bueno?

    J: Claro amor, ¿qué quieres que le evalúe?

    R: ¿Es oral no? Ya sabes

    J: ¿Quieres que ella me lo haga nuevamente?

    R: No, quiero que tú la comas a ella ahora y pedirte quiero algo

    J: Dime

    R: No te laves la boca, esta es tu última clase de hoy y yo estoy por salir, no sólo quiero que tu verga tenga el sabor de su vagina, también te quiero besar y sentirla en tus labios

    Quedé impactado, y miré a Rocío, no sólo lo hacen, sino también se cuentan y piden cosas en tiempo real.

    “Te ha gustado como está nuestra relación”, me pregunta Rocío. Me quedé sin palabras, pero ella bajando la vista nota mi erección y me dice, “sí, te gustó jeje”.

    “Sigue leyendo ya vuelvo” me dice.

    J: ¿Quieres que se la meta también entonces? Jajaja de seguro la evaluación será buena, como las otras veces que te conté

    R: Espero que ella te evalúe bien también, hazla sentirse en el cielo con esa verga tan gorda que tienes

    J: La haré pasar ahora, luego te hablo, ¿alguna última petición?

    R: No, ninguna. Estoy muy caliente, cuéntame cuando salga ella

    J: Listo amor, que rica está la pendeja esta

    R: Ufff contestaste!!! me tenían vuelta loca fui al baño a calmarme un poco y me estuve frotando un poco el clítoris, estoy lista para ti. Mira: (y le manda una foto de sus dedos bien lubricados y de fondo su vagina).

    En ese instante no aguanté más, saqué mi verga y me empecé a masturbar con su foto, pasan unos segundos y veo a Rocío, que había entrado sigilosamente, “que rica verga me dice, ¿te gustaría ser parte del juego?”.

    Comenten si quieren continuación.

    **********

    «Mmmm cogiendo con el profesor».

  • Hada, el primer maduro

    Hada, el primer maduro

    Me gustaba vestirme de chica. Hacía años que le cogía prestada ropa y zapatos a mi hermana y mi madre. Me he dejado el pelo largo. Era mi elección, hay quien me ayuda y otros a los que no les parece tan bien.

    Mi cuerpo, ya era andrógino de nacimiento, lo que me ayudó. Delgado, es femenino, suave fibrado. Ahora que he cumplido los diez y ocho he empezado a hormonarme, con lo que además tengo la piel aún mas suave casi sin vello. He empezado a ir de compras, mi propia ropa, lencería y maquillaje. Mi vida cada vez era mas femenina.

    Ya no me vestía de chico nunca y aunque me costaba tiempo y esfuerzo siempre iba perfecta, depilada, maquillaje, ropa y lencería.

    Aun así siempre había quien me rechazaba o a quien desagradaba mi actitud.

    No se como él se fijó en mí. Andaría por los cuarenta guapo y atlético. Era vecino de mis padres, toda la vida puerta con puerta. Yo me sentía deseada cada vez que sus ojos se posaban en mí.

    Cuando nos encontrábamos en el pasillo me trataba como a una dama, sin extrañarse ni hacer gestos raros, ni de rechazo. Como me conocía de años antes su actitud conmigo tan natural, sin complejos, hacia que me sintiera atraída hacia él. Además de un buen físico para su edad, claro.

    Cuando se divorció su aire melancólico y abatido me atraían y yo le sonreía intentando animarlo. Por fin se decidió y en un encuentro casual por la calle me invitó a tomar algo en un pub cercano.

    – ¡Hola! Nunca hemos estado a solas. ¿Te tomarías una copa conmigo?

    Siempre correcto y agradable con una charla interesante y amena seduciéndome con su actitud, pero en realidad sin querer hacerlo de forma consciente. Pasaban los minutos e incluso las horas, perdida en su conversación y en su mirada de ternura.

    Sí noté que sus ojos recorrían mi anatomía, la barbilla suave por las hormonas y el escote en el que empezaban a despuntar mis pechitos, mi vientre plano adornado con un pircing que el top dejaba al descubierto.

    Mis muslos largos y trabajados saliendo de una falda muy cortita y enfundados en unas finas medias con ligas de silicona y los pies en mis sandalias de alto tacón. Vale, lo admito, me había vestido bastante putita para él.

    La conversación comenzó con frases casuales pero poco a poco se fue interesando por mi vida y pasando a temas más íntimos. Yo también le pregunté por su matrimonio.

    Imaginando que había algo más en la historia de lo que todo el mundo conocía. Conseguí sacarle que ella había sido infiel. Yo no le quería como novio, ni marido, solo animarle y desde luego follar, hablando en plata.

    De pie junto a la barra con las copas en la mano el tiempo parecía que no pasaba. Le ponía la mano en el brazo notando sus músculos y le sonreía bobalicona deseando que se lanzara y me tomara entre sus brazos para hacerme el amor. Estaba dispuesta a entregarme.

    Por fin cuando me giré, para coger una servilleta, acercando el culito a su cadera, aparté la melena sobre un hombro. Se decidió a cogerme de la cintura, depositar un suave beso en la piel desnuda del otro hombro y apoyando la cabeza en mi clavícula destapada y susurrarme al oído:

    – Me gustas, te he visto mejorar mucho, de ánimo y de físico, estos últimos meses y me encanta la mujer en la que estás convirtiendo.

    Creo que fue su timidez la que hizo que consiguiera soltarse cuando yo no le miraba.

    Mi sonrisa que él no llego a ver porque le daba la espalda tuvo que rozar mis orejas a pesar del carmín. Sin dudarlo más pegué el culo a su polla y mi espalda a su pecho fuerte y solo giré la cabeza para besarlo.

    Cogí sus manos para que las pusiera sobre mi vientre, cruzadas sobre el pircing, rodeando mi cintura. Mi lengua se enroscaba con la suya añadiendo saliva al deseo que ambos sentíamos.

    – Eres la cosita más linda que he tenido nunca entre mis brazos. ¿Te vienes conmigo? Vente a casa.

    – Te deseo. Te he deseado siempre.

    – ¿No te importa lo que piensen los demás?

    – Me da igual. Solo quiero estar contigo.

    Le contesté. No me importaba, ni a él que nos vieran en esa actitud tan cariñosa. Sus manos empezaron a deslizarse por mi cuerpo, caricias suaves, tiernas que me enardecían aún mas. Aunque sus labios besaban mi cuello y hombros todavía no bajaba de mi cintura supongo que por un resto de complejo, aun así notaba su polla dura en mi culo.

    Jugueteaba con el pircing rozando la piel desnuda de mi vientre. Lo deseaba, necesitaba ese pene duro que notaba en mi retaguardia en mi interior y se lo estaba haciendo saber. Empezábamos a montar todo un espectáculo lascivo en medio de aquel pub.

    Así que me llevó a su casa sin soltar mi cintura en todo el camino, sin importar que alguien conocido nos viera. En el ascensor su lengua húmeda exploraba mi boca profundamente, mientras sujetaba mi culo con fuerza.

    Ya ni le importaba que nuestros vecinos le vieran conmigo, la putita transexual del edificio. Mientras sus manos por fin se apoderaban de mis nalgas desnudas por el tanga bajo la pequeña falda.

    Levantó la minifalda y al fin noté sus caricias en la piel de mis muslos. Su piso estaba desordenado, típico de un soltero, pero ni me dio tiempo a verlo, me llevó cogida de la mano a su cama deshecha, directamente.

    Las sábanas aún conservaban el aroma de su sudor. Me tumbé de espaldas en el lecho dejando que el viniera encima y a mi costado sin separar sus labios de mi boca, su mano recorría todo mi cuerpo sin prisa subiendo por mis piernas por debajo de la falda ralentizándose según se acercaba a mi tanga.

    Yo abrí su camisa desnudando su pecho, acariciando y pellizcando sus pezones. No llegó a acercarse a mi pene todavía, pero tiró de mis medias, enrollándolas, desnudando mis piernas. Sensual, tierno, acariciaba la piel de mis muslos.

    Aprovechó el momento para coger mis pies desde el borde de la cama y lamer mis dedos. Pasaba la lasciva lengua entre ellos y lamía mis plantas. Nunca unas cosquillas me habían gustado tanto ni me habían dado tanto gusto. Nos desnudábamos el uno al otro según el deseo nos dictaba.

    – Quiero saborearte entera, como un caramelito, como un pastelito.

    Pero aún no sé decidía a hacerlo del todo. Se notaba todavía algún tipo de recelo heterosexual. Tendría que tener paciencia.

    – ¡Hazlo! Deseo tu lengua en todo mi cuerpo.

    De todas formas tenía que hacérselo saber.

    Noté sus labios en mis axilas, mi cuello, su lengua en mi oreja. Yo misma me abrí el top para que tuviera acceso a mis tetitas desnudas. Puso sus labios sobre ellas haciéndome suspirar, mordisqueaba tierno mi piel, mis pezones, volviéndome loca.

    Mi mano buscaba su polla, su rabo duro. Abrir sus pantalones, bajar la lycra y notar como salía de entre sus boxers ajustados buscando mi cuerpo. Acariciar sus huevos pelados y subir y bajar los dedos por el tronco. Masturbarlo despacio haciéndolo disfrutar.

    Deseaba darle todo el placer que pudiera y decidí tomar su pene y huevos entre mis labios rojos y acariciarlo con la lengua. Nunca he sido de hacer gargantas profundas pero me las apaño bien chupando el glande, baboseando el resto y lamerlo todo, del perineo a la punta, degustando los testículos con auténtica gula. Y si me dejan llegar al ano por supuesto.

    – ¡Oh, sí! ¡cómeme! Es toda tuya.

    Ya ni paré hasta notar el sabor de su semen en mi boca. Por fin se soltó y me besó librándose de parte de sus complejos. Saboreamos los dos el sabor de su lefa cruzando nuestras lenguas. Mezclándolo con nuestras salivas en un baile de lenguas, en un lascivo beso blanco.

    Ya estábamos desnudos del todo los dos. Estaba encima de mí, acomodado entre mis muslos, besaba mi cuello, mi cara mis orejas. Su lengua buscaba la mía a través de nuestros labios entreabiertos. Y yo se la daba, por supuesto, chupaba la suya como había hecho con su rabo.

    El peso de su musculoso cuerpo sobre mi torso. La dureza de mi polla apretada por su pubis contra mi propia cadera ya no parecía molestarle. Parece que a él ya no le importaba al notarla contra la suya.

    Mis muslos rodeando los suyos por detrás de las corvas para sentirlo aún más, rozando mi piel, arañando suavemente con mis largas uñas su firme espalda.

    Solo me dejaba llevar por la sensación de estar clavada al colchón de su cama. Esas sensaciones hacían que su polla despertara de su letargo y se frotaba con la mía, duras y juntas las dos.

    Yo también tenía mi fuerza, así que nos giré para quedar yo encima. Me incorporé entre sus muslos mirándolo a los ojos con expresión lasciva cogí las dos pollas con una sola mano. Frotando una contra otra pajeándonos sin prisa. Por la cara que ponía y los gemidos que daba le gustaba.

    – ¿Quieres follarme?

    Me preguntó con cara de morbo y algo de miedo.

    -¿Quieres que lo haga? No te asustes, haremos todo lo que quieras.

    Pero yo quería más.

    – Fóllame tú. ¿A qué nunca has penetrado un culito? Tu mujer no te dejaba. ¿verdad?

    – El tuyo va a ser el primero y me muero por hacerlo.

    Me estiré y alcancé mi bolso y el tubito de gel lubricante. Chica preparada vale por dos. Mientras pajeaba las dos pollas juntas lo puse en la suya y en mi ano, aprovechando para dilatarme con un dedo.

    No le hice esperar más. Me subí encima de su cadera para cabalgarlo. Me gusta cuando puedo ver los ojos y la cara de mis amantes mientras me follan. Me apoyaba en su poderoso pecho pellizcando sus pequeños y duros pezones.

    Sujetando su rabo en vertical, apoyé el glande en mi ano y fui bajando despacio. Mis rodillas a los lados de su cadera. Cuando por fin apoyé las nalgas en sus muslos se me escapó un gemido. Luego empecé a moverme, despacio, acostumbrándome a su grosor en mi interior.

    Para él era su primer culo, y para mí no era mi primera vez, pero por entonces tampoco podía considerarme una experta. No como después que he conseguido mucha experiencia. Así que hacerlo suave y sin prisa era la mejor opción para los dos y podíamos disfrutar juntos.

    Mi polla y huevos golpeaban su vientre según subía y bajaba. por fin se decidió a cogerla con la mano y acariciarme. Como lo estábamos haciendo despacio y sin prisa podía hacerlo con comodidad. Recreándose con la primera polla aparte de la suya que tenía en la mano.

    Ya no paré hasta que se corrió. Dejó su semen en mi interior y yo me sentía contenta, no, eufórica. Yo también me corrí sobre su tableta y me dejé caer sobre su pecho, besando y mordisqueando sus tetillas y pezones. Mi lefa se enfriaba entre nuestros vientres mientras él besaba mi cabeza, mi melena con ternura.

    Yo temía ese momento, no se arrepintiera y me echara de su casa. No pasó, estábamos muy a gusto juntos. Me sentía muy abrigado entre sus fuertes brazos y él parecía tan cómodo como yo.

    – ¿Pedimos algo de cena? ¿tienes que volver a casa?

    – Si, estoy famélica, y no hace falta, puedo llamar por el móvil o dejarles un mensaje. Si me dejas dormir contigo.

    – Sería maravilloso. Tenerte en mis brazos toda la noche.

    Abrí la puerta, provocando, únicamente vestida con mi tanga dejando al repartidor boquiabierto y con la mínima concentración como para cobrarme la comida. Según cogía el ascensor debía escuchar nuestras risas.

    Cenamos desnudos sobre la alfombra del salón mientras la suave brisa de la noche de verano refrescaba nuestras pieles. Notaba su mirada de deseo sobre mi cuerpo y me gustaba. Era sobre toda mi anatomía esta vez, sin sombra de rechazo por ninguna de mis partes.

    Juguetón puso una rodaja de piña en mi polla y sin ningún problema se agachó a comérmela. Toda una corriente eléctrica recorrió mi columna del culo a la distendida garganta por donde escapó todo el aire de mis pulmones al sentir su lengua en mi glande.

    Me limite a echarme hacia atrás apoyada en mis antebrazos sobre la alfombra y dejar que él me hiciera gozar. Y separar bien los muslos para dejarle sitio a su fuerte cuerpo.

    Fue la primera mamada de muchas que me hizo y bien que la disfrutamos los dos. Besaba mi escroto con auténtica adoración metiéndose los huevos en la boca y luego subía por el tronco hacia el glande que yo alucinada veía entrar en su boca.

    Nunca pensé que se atrevería a eso tan pronto pero allí estaba yo a punto de correrme en su lengua. Le avisé, claro, lo último que quería es que se enfadara conmigo por una tontería como esa.

    – Me corro cielo, ¡sácala ya!

    – He fantaseado tanto con este momento que no pienso parar ahora. Dámelo cariño, dámelo todo.

    Y así fue, un segundo más tarde me derramé en su boca y lo tragó todo. No me dejó más que el sabor en su lengua cuando volví a besarlo eufórica.

    Era ya tarde, habíamos pasado toda la tarde y parte de esa noche jugando y conociéndonos mucho mejor. Me llevó a su cama y dormimos juntos. Pasé la noche en sus brazos, entre sus sábanas, como me había prometido.

    La primera de muchas. Nunca lo engañé, durante nuestra relación follé con más gente, chicos y chicas y luego se lo contaba con pelos y señales. Él también se ligó a más de una milf y también me enteraba de cada de detalle de su boca.

    Meses después mi tía, la hermana de mi madre, un calco de la mujer que yo quiero ser cuando tenga la edad que ella tiene ahora, se vino a pasar unos días con nosotros. Los presenté y fue todo un flechazo, amor a primera vista. El hecho es que de vez en cuando los visito y dormimos los tres juntos.

  • Juntada, pero no era suficiente

    Juntada, pero no era suficiente

    Hace un par de años cuando tenía 24 entro a trabajar a mi área una chica con mi misma edad, parecía mayor y lo tomábamos con mucho humor, agarro confianza conmigo muy rápido (algo que pasaba seguido con las de nuevo ingreso) me contaba sobre su vida, que estaba juntada y con hijos, pero al paso de las semanas ella se pegaba mucho a mi con diferentes intenciones, me abrazaba me saludaba de beso y alguna que otra indirecta cuando estábamos solos.

    Un día laborando ella me dijo, te voy a dar algo y la neta me vale, me tomo de la cara y me robo un beso así sin pena y siguió normal, de vez en cuando pasaba lo mismo solo que ahora incluía la lengua y más acercamiento.

    Poco después me dijo, oye tengo una situación difícil, vivo con mi marido hace 5 años pero el casi nada de nada y la verdad tengo ganas de coger contigo, quiero llegar más allá contigo, si me sorprendió eso y pues me dedique a investigar el asunto. Nos dimos nuestro número y en pequeños tiempos platicábamos por lo regular más noche, me decía que le llamaban la atención los moteles y que tenía uno en especial al que quería visitar conmigo. Me mandó fotos de sus pechos desnudos de sus nalgas, incluso me decía lo mucho que quería meter mi pene en su boca, pues dije zaz vamos solo que me dijo, oye pero no se coger, eso me saco de onda teniendo hijos y 5 años de juntada, pues que raro, pero pues la íbamos a pasar bien.

    Nos vimos en el motel por la mañana antes de ir a trabajar entramos y empezamos a besarnos y a tocarnos, ella se calentó muy rápido que me quito la ropa rápido, le dije que se pusiera de rodillas y puse mi pene frente a ella, lo vio, lo tomó y empezó a chuparlo lo agarraba con ambas manos, lo lamia como si fuera una paleta extrañamente me siguió dando sexo oral por un buen rato.

    La tome y la puse en 4 en la cama y sin decir nada se la metí en la vagina la empujaba duro y ella gemia le daba más duro y solo gemia la puse boca arriba, le abrí las piernas para volver a metérselo y ella solo gemia le daba duro y veía como sonreía mientras cerraba sus ojos y mordía sus labios. Me sentí muy dominante y ambos calientes, la volví a voltear y le dije que abriera sus nalgadas, ella lo hizo y metí mi verga en su culo, ello grito un poco, pero se aguantaba, y con lo mucho que disfruto el sexo anal vaya que lo goce en ese momento.

    Ya era tarde, fuimos a la regadera y mientras nos bañábamos ella se volvió agachar y a chupármela otra vez, me masturbaba y lamia la cabeza del pene, lo metí en su boca y me vine ella succionaba fuerte se paró y me dijo que ya quería una buena cogida como la que le di, porque para mi ella era materia dispuesta.

    Después de allí ya actuábamos normal al parecer las ganas le seguían pero a ella le excitaba más el sexo oral.

  • Jimena, la abuela sexy de mi novia

    Jimena, la abuela sexy de mi novia

    Desde que conocí a Jimena, la abuela sexy de mi novia, pero admirar a esta mujer madura en tanga fue lo que me llevo al deseo de querer follarla. No he dejado de pensar en ella, cómo sería cogerla, follármela completamente por todos sus agujeros. Llenarla con mi abundante leche, vivir una experiencia diferente, ella es una bella mujer madura, una madre hermosa, abuela vibrante, una sexy mujer madura. Lo que sería para algunos una persona mayor, pero que, para mí, se ha vuelto un deseo.

    Jimena, que es como se llama la abuela sexy de mi novia, es una mujer de 62 años. Una mujer divorciada, pero a diferencia de muchas mujeres de su edad, que podrían estar llevando una vida tranquila, viviendo una vida casi de jubilación, abnegadas amas de casa. Esta mujer es todo lo contrario. Trabaja en una tienda de preparación de jugos, ella debe ser una de las más hermosas de todo el mercado, ya que siempre va muy apretada en sus prendas de vestir. Me gusta mucho la alegría que te hace sentir, esa fuerza de mujer luchadora.

    Yo conozco a Jimena, desde mucho tiempo atrás, suelo pasar por el mercado donde ella tiene su negocio, una juguería, el sitio es pequeño pero muy acogedor. Cada vez que yo visitaba esa tienda, me preparaban un batido y me lo bebía en el camino. Pero desde que ella fue la nueva dueña, me pasaba por el local dejando dos días. Empecé a frecuentar aquel lugar, y en mayor parte, por una razón en especial. Me agradaba mirarle el culo, ver una mujer madura en tanga, mirar la forma de sus prendas íntimas, el modelo que se marcaba en sus nalgas. Vestía muy bien los pantalones blancos, apretados, las mayas de hacer deporte, eran muy tentadoras a la vista de cualquier persona. Sobre todo de un varón morboso, con las mujeres de sexys y singulares proporciones. Su cuerpo, su mejor carta de presentación en su local, ya que ella siempre te atiende, atenta a si necesitas algo.

    Dentro de todo este tiempo, y creo que en paralelo, conocí a mi novia, luego de unos 3 largos meses de relación, me llevo a su casa, para conocer a su familia. Mi sorpresa fue grande al saber que la hermosa mujer madura, aquella que por las mañanas me ponía súper cachondo con sus prendas apretadas, es la abuela sexy de mi novia. Fue una sensación rara, al conocerla de esa manera. Ninguno de los dos, dio algún detalle de que ya nos conocíamos, creo que fue una complicidad mutua, que no dijéramos nada sobre nuestra amistad. Mis palabras hacia ella, durante mis visitas a su local, en más de una vez, siempre fueron de alago, de lo bien que se veía, lo bien que lucía por las mañanas, lo mucho que me gustaba su atención.

    Yo miraba a Jimena como una posible fantasía a realizar, pero en el sentido de tener intimidad con ella, para ese momento no tenía nada serio, en cuanto a una relación. Estaba en coqueteos con mi novia, y pues la cosa estaba en el aire. Jimena me inclinaba hacia sus encantos, cada mañana al pasar por su local, era una oportunidad para dejar caer la opción de seducirla, conquistarla con palabras de doble sentido. Pero que también sintiera las ganas que yo tenía sobre ella. No intentaba ser mal educado, tampoco quería que cayeran en saco roto mis ganas. Mi plan era simple, seducirla y llevarla a un punto donde ella también sintiera lo mismo.

    Nuestra amistad fue tomando algo de confianza, yo siempre intentaba ser algo más atrevido. Me gustaba hablarle sobre lo bien que se veía por las mañanas, lo radiante que solía estar a primeras horas en su local, como hacía para ella sola lidiar con todo el negocio. Sé que está divorciada, ella me contaba que nunca imagino tener un local propio, que su ex esposo la limitaba profesionalmente. La cuidaba según él, no dejándola trabajar, estar fuera de casa más de 8 horas diarias. Incluso me decía que antes no tenía el cuerpo que tiene ahora, pero que después de su separación, las cosas cambiaron para ella. Al no tener el apoyo de nadie, se vio obligada a buscarse la vida y conseguir cosas que antes, ni siquiera las soñaba.

    Un 14 de febrero pase por su local, como siempre por la mañana. La salude con un beso en la mejilla, que bien olía aquel día, como siempre, que bien se veía, lo hermosa que estaba. Le pregunte para quien se había puesto tan sexy, ella solo sonrió, yo tenía ganas de invitarla a salir, pero quizá el temor a un rechazo, me freno. Me senté donde siempre, ella muy alegre y animada, me invitaría lo que yo pidiese, porque también era el día de la amistad. Me tomo la iniciativa, le agradecí el gesto, le pregunte si podría invitarle a tomar un café o algo, en manera de devolverle la invitación. Me dijo que con mucho gusto aceptaría tomar algo.

    Desde aquel día, no la había vuelto a ver, empecé mi relación con mi novia, ya no quise pasar por aquel local, tomé la decisión de seguir con mi relación. Meses van, hasta que me la presentaron en casa de mi novia. Aquel encuentro fue raro, ¿por qué no dijo que me conocía? ¿por qué me saludo como si jamás me hubiera visto?, es que ni siquiera pestaño al mirarme. Aquel día me dirigió la palabra como un recién conocido, y en cierta forma, me preguntó sobre cosas que nunca hablamos cuando estábamos a solas. Se enteró de más cosas mías, de las que ya sabía. Yo sí que me incomode cuando la vi, temí dijera algo que me delatara.

    ¿Cómo fue que me la folle? Debo decir que fue una conquista algo lenta, pero que la llegue a conseguir. Volví a su local en más de una ocasión, regrese después de casi dos meses, lo primero que paso, es que nos miramos algo tímidos. Ninguno de los dos tocó el tema de aquella presentación, fije mi atención en sus miradas. Mire a Jimena, como la abuela sexy que es, como una dulce recompensa hacia mis esfuerzos, me centre en conseguir su atención. Le pedí disculpas por dejar de lado mi invitación, que me surgieron temas que no tenía previstos. Que había extrañado mucho sus batidos nutritivos, pero lo que más echaba de menos, era su amable atención.

    Mis palabras tocaron un poquito en su sensible personalidad, ya que ella también me había extrañado, le sorprendía mucho que no volviese más por su local. Pero que como no sabía nada de mí, ella, había asumido que había encontrado otro lugar. Por las mañanas muy temprano es la hora precisa para yo hablar con ella, ya que a esa hora está sola. Sus ayudantes llegan más tarde y casi que podemos hablar de varias cosas sin ser interrumpidos, me agradaba llegar a esa hora, encontrarla más abierta a escuchar, hablar, dejarse seducir, ella dentro de todo, es una persona muy amable, es una mujer muy sensible.

    Nuestra conversación tomaba matices eróticos, cada quien intentaba sacar sus mejores estrategias. Yo enviando preguntas directas, sobre sus relaciones anteriores, quizá las relaciones sexuales con sus ex parejas, ¿que disfrutaba más en el sexo? La verdad es que casi no se cortaba a la hora de hablar sobre estos temas. Posiciones, orgasmos, sitios, lugares, comidas, juguetes. Que le gustaba antes de la penetración, si era cierto que las mujeres casi siempre tienen ganas de follar. Si se veía de mal gusto que una mujer se quisiese llevar a un chico a la cama. Si era de esa parte de mujeres, o quizás lo contrario. Me sentía muy excitado en cada respuesta de ella, en cada expresión en su rostro, en cada movimiento.

    Jimena, la abuela sexy, como cariñosamente le digo, en ningún momento evadió las respuestas, pero tampoco se dejó pillar en si lo haría con otra persona. Nuestra amistad ya tomaba más confianza, preguntas más picantes, cada mañana de casi un mes, dieron sus resultados. Sirvió de mucho, ser un poco lanzado, salir de la zona del amigo tranquilo. La invite a salir, aun sabiendo que era muy probable que me rechazase, o que quizá le contara a su nieta mi osadía. De momento no habíamos hecho nada, pero eso no me inquietaba, lo que me ponía en alerta, era a donde la podría llevar, que lugar podría visitar con Jimena, a donde podríamos entrar. No sabía cómo comportarme con ella, yo me sentía muy a gusto en su local, pero ya de salir a la calle con ella, esto se ponía más serio.

    Pase a recogerla a su casa, para mi suerte ella vive muy cerca del centro, la zona donde vive es muy bulliciosa y concurrida de gente, se mueven muchos negocios cerca de ahí. Quedamos directamente en su casa, así nos evitaríamos exponernos, logre convencerla de eso, creo que a ella también le agrado la idea. El día fijado fue un lunes al medio día, ella descansaba, en su casa no habría nadie. Los lunes, para faltar al colegio, al trabajo, al colegio, o la universidad es perfecto. De la manera que yo lo veía, todo estaba siendo muy fácil, sencillo y sin complicaciones, eso me ponía algo más nervioso, algo me hacía suponer, que fácil o peligrosa era toda esta situación.

    Después de casi, llegar a escondidas a su casa, ya estábamos sentados en el sofá, tomamos algo de licor, ambos necesitábamos soltarnos un poco. Ella, la abuela sexy, para este momento estaba muy tranquila, Jimena estaba muy relajada, yo necesite más de 3 copas de vino para eliminar los nervios. Casi que inspeccione la casa, en busca de que hubiera alguien escondido, y todo esto fuese una trampa, o algo así. Ya en confianza, tomamos más ritmo de la situación, yo estaba muy cerca de ella, muy excitado, las distintas maneras de mirarnos, rozar nuestras manos, compartir momentos de pareja en su casa. La acompañaba a la cocina por hielo, que los vasitos, que si las papitas para picar, a cada momento pegado en su espalda, mirar a esta madura en tanga, y ahora más de cerca y solo para mí, me encendía mucho.

    Llegamos hasta su habitación, yo aún seguía con algo de nervios, por su insistencia en querer subir hasta arriba, por la manera de abalanzarse sobre mi cuello. No había querido que nos desnudáramos en el salón, ella siempre insistía con subir a su habitación. Ya dentro, discretamente me cerciore que no hubiese nadie, al menos por los sitios de donde alguien podría aparecer, ya si habría algún dispositivo, eso ya era otra cosa que no podía manejar. Sus manos entre mis piernas, sus labios arrancando los míos, sus gemidos intensos, todo estaba saliendo de una manera que no me la esperaba. Pensé que estar a solas con ella, me tomaría más tiempo, pero ya estaba a punto de desnudarla. Unos escalofríos secos, casi paralizantes recorrían mi vientre.

    El algún momento nuestros cuerpos se pegaron más de lo que quizá no debieron de estarlo, mis manos no se apartaban de sus nalgas, yo apretaba aquellas pesadas tetas, mi boca en su boca. Mi mano derecha hurgando entre sus bragas, mi lengua buscaba su abultada vagina, los gemidos en cada lamida de sus labios húmedos, arrugados, algo colgantes, pero que dentro de su vagina, habían mucha humedad, mucho olor a sexo, sentía mucha excitación. La erección en mis calzoncillos se notaba, me dolían los huevos de tanta presión de sus manos, los botones de mi camisa, más de uno se rompieron, era muy rabiosa su manera de querer quitarme las ropas.

    Fui directamente a su vagina, no le quite la tanga negra que llevaba puesta, solo se la corrí para un lado. Me sumergí directamente en el pozo, succioné y lamí aquella vagina, el olor a sexo que salía de aquella raja, me ponía muy caliente. Yo tenía toda mi boca embarrada de sus fluidos, más de un pelo suyo me los quitaba de mis labios. Mi cara en ese momento era una cosa babosa, pegajosa, una sensación que hasta ese momento no había experimentado, yo hurgaba en sus profundidades vaginales. Levante con mis manos sus pesadas nalgas, para correr su tanga chorreante de tanto líquido, me atreví a besar el orificio de su ano. No me importaba si el mal olor me inundase las fosas nasales, o en el peor de los casos, algún resto de algo, estuviese suelto en esa zona.

    Primero mis labios, besaron delicadamente aquel agujero, mis besos en aquella parte de su redondo culo, hacían eco en toda la habitación. Fue como besar las mejillas de alguna mujer en señal de saludo. Besos alrededor de su asterisco, ella sujetando sus piernas con ambas manos, el pedazo de tanga a un lado, mi boca subiendo y bajando entre ambos agujeros, uno algo maloliente y el otro, mojado y viscoso. Yo había perdido el sentido, esto olía tan bien, se sentía bien, yo estaba muy excitado. Jimena, la abuela sexy, por otra parte solo sujetaba sus piernas, no dejaba de gritar, repetía que no parase, que siguiese, que estaba a punto de correrse. Que me mojaría si no me apartaba de entre sus piernas, no le hice caso, su vagina era un gran charco de olores y pegajosos líquidos. Ahora yo disfrutaba de esta mujer madura en tanga mojada.

    Jimena se había corrido en mi cara, me sentí invadido por la curiosidad de probar aquellos líquidos, toda una nueva experiencia para mí, sobre mi inexperta vida sexual. La curiosidad me empujo a oler. Pero más que eso, a saborear, sentí el morbo de mirar su expresión, eso a ella la estremeció, la excito más de lo que ya estaba. Luego de pasar del asombro por meter mi boca nuevamente entre sus labios vaginales, se dejó caer, acercaba mi cabeza con ambas manos a su vagina, ya se había ido la salvajada con la que había empezado. Ahora era una tierna mujercita, sus mimos en cada lamida de coño que yo le propinaba, la enternecían, la hacían una dócil mujer. La abuela sexy disfrutando, sus ojos cerrados, su rostro placentero, la expresión en sus labios.

    Todo este panorama, me dejaba con muchas ganas de querer más de ella, en este momento yo no sabía si debía besarla, abrazarla o ya, fóllarmela. Solo sentí un fuerte tirón hacia la cama, y en seguida, vi sus hermosos ojos mirando hacia los míos, pero desde la parte baja de mi estómago. Jimena, la mujer madura en tanga, me estaba lamiendo la verga. La tenía dentro de su boca, me estaba succionando las ganas, las ansias de haber querido todo este tiempo estar con ella. Se estaba tragando tramo a tramo mi erecta verga. Yo solo veía mi estómago tiritar y estremecerse en cada succionada, que ella ejercía sobre mis huevos. Me gustaba más este lado de Jimena, la abuela sexy, que delicia para lamer con su lengua, lo que tenía entre sus labios, las sensaciones se disparaban en mi cabeza. Mis ganas siempre latentes, mis sentidos atentos a cualquier cosa.

    Sus labios no dejaban de jugar con mi erecta verga, su lengua, la más inquieta, traviesa y húmeda compañera para este trabajo bucal. Dentro de su vagina sentí cobrar nuevas fuerzas, sentí que mi verga, tenía o que tiene un cerebro diferente. Pensaba de otra manera, completamente erecta y no le daba tregua para que siquiera respire. Se había convertido en un taladro, entraba, salía a una fuerza que yo no había sentido antes. La penetración era cada vez más intensa, ella pedía eso, yo sentía unas ganas enormes por darle placer. Ella se tragaba sus palabras, tenía la boca rebosante de saliva, las mejillas rojas y los ojos blancos, pedía más fuerza y que no salga de ella por nada, que ahora no debía de parar.

    La fricción de mi verga dentro de su vagina húmeda, chorreante de placer, estaban llegando a un punto de sentir que me corría, tenía esa sensación de correrme. Tengo en ese momento, la intención de durar un poco más, pero ante tanta excitación me estaba costando tomar el control de mis ganas por aguantar un poco más. Me faltaba probar posiciones diferentes, es que mi intención era cogérmela por toda la casa. Follármela en cada rincón de su habitación, hacerlo en el baño, en la tina enorme que había visto, la imaginaba a ella montada encima de mí. Tener a esta mujer madura en tanga, sentada en mis piernas, sus grandes pechos rebotándome en la cara. Me sentí correr de tanto gusto, esa sensación de ya correrme me asechaba en cada penetrada que le daba.

    La abuela sexy, ya se había corrido más de una vez, pero aún seguía pidiéndome que la penetrase, pedía más fuerza a mis movimientos. Sus manos rasgándome el pecho, sus gemidos cada vez más fuertes y escandalosos, no era momento de terminar así. Me costaba seguir el ritmo, seria acaso por ser la primera vez con ella, que no sabía hasta donde llegarían sus ganas de sentirse satisfecha. Hasta ahora no había encontrado la manera de saber sus gestos para sentirse completa. De momento la había visto correrse en más de una oportunidad, desbordarse de fluidos vaginales, eso lo tenía casi memorizado, y es algo que surgió sin buscarlo mucho. Le acaricie con uno de mis dedos, la entrada a su orificio anal, moje con un poco de saliva mi dedo.

    Eso la tomo de sorpresa, no esperaba que llegara a tanto, tampoco se sintió ofendida ni mucho menos violentada, es más, le gusto la intención, la iniciativa le había sorprendido sí, pero no le resulto rara. Mas por el contrario, dejo que siguiera jugando en ese pequeño orificio. Seguí jugando con su estrecho ano, busque la forma de meter un dedo, pero para que, si mi verga, también podría hacer esa labor, porque dejar de pasar esta oportunidad. Saque mi verga algo flácida, ya que el ritmo anterior, me había aburrido un poco. Al llevar mi erección, a su entrada anal, sentí la fuerza nuevamente en mi verga, el glande me palpitaba, me parecía que se me reventaría alguna vena.

    Deje caer un chorro de saliva, no tenía tiempo para buscar nada, solo había tiempo para actuar, hacer lo que debíamos de hacer, yo entrar, follarla por ahí, ella disfrutar. Dejarse penetrar sin más oportunidad, la recompensa para ella, serían los orgasmos que podría tener. No tenía claro de hasta donde llegaríamos después de esto, pero en esta parte del encuentro sexual, ya no podíamos retroceder, había que penetrar, gozar como dos buenos amantes. Que por otra parte era en lo que nos habíamos convertido. La penetración demoro un poco en producirse, pero una vez dentro, ella lo disfruto mucho, le vi una cara de dolor, pero luego, todo cambio.

    Estando yo dentro de ella, pero esta vez por su retaguardia, el escándalo fue más excitante, las palabras que decía, los gemidos muy delirantes, los torpes movimientos de sus manos. Sentí que disfrutaba más de esta manera que de la forma tradicional. Habíamos encontrado una forma nueva de sentir placer, porque a decir verdad, yo también me excite mucho. Su ajustado ano, me producía mucho placer, mi excitación fue diferente, a la vivida con anterioridad, alucinaba con este momento, que bien se sentía dentro de tan estrecho lugar. No quería salir de este agujero, el ajuste de su irritante, pero ajustado ano, me hacía sentir nuevas sensaciones, la estaba follando por el culo, sin pensarlo quizá que llegaríamos a tanto. Estaba follando con la abuela sexy de mi novia, no era cualquier mujer, debo de saber, quizá esto ya tenía que ocurrir.

    Esto no me hizo durar tanto, aguanté lo más que pude resistir. Mis ganas de querer alargar un poco más este momento, mis fuerzas al igual que mis ganas, estaban por venirse abajo con esta forma de follar a Jimena. Estábamos súper excitados, creo que demasiados calientes para pensar en lo que pasase fuera, me corrí dentro de ella, me di cuenta porque dejamos de gritar. Lo supe hasta que Jimena se quedó quieta, ya le incomodaba tener sus piernas golpeando sus pechos. Repare en eso al sentir mi verga salir resbalándose de su ano, al descansar sus piernas sobre mis hombros y mirar como chorreaba mi esperma de dentro de ella. Ambas miradas se contemplaban, sabíamos que lo habíamos hecho, terminamos de follar, ambos nos corrimos, desde ese momento, éramos cómplices, secretos pero que importaba.

  • La primera vez de Lucia

    La primera vez de Lucia

    Este relato es 100% real, por razones obvias voy a cambiar los nombres y no mencionar la ciudad exacta.

    Marta mi vecina era muy atenta y junto a su marido Octavio tenían una excelente relación de años conmigo.

    Un tiempo atrás los había invitado a ambos a conocer mi departamento en el centro de la ciudad, el cual utilizo para alquilar en forma temporal a turistas y visitantes. Aunque a decir verdad también en caso de ser necesario y requerir un espacio para llevar a cabo «los trabajos» que me solicitan, es allí donde los realizo.

    En una de esas charlas con Marta, salió el tema del departamento y en que lo utilizaba. Más que nada solo por saber y yo con algo de maldad le insinué que no solo llegaban turistas, cada tanto le daba uso yo mismo.

    Le hablé solo de trabajos y no me detuve a explicar con detalles, pero ella me preguntó con insistencia hasta que le dijera de que se trataban esos encargos o pedidos.

    Sin más le dije, en hacer mujeres a jóvenes vírgenes. Desvirgarlas y lograr que tengan una «primera vez» muy placentera y amena, como realmente se merecen.

    Ella como que se sorprendió un poco de mi respuesta y lo tomó en broma todo.

    Con el correr de los días nos encontramos con ella y casualmente ó a propósito el mismo tema surgió en la charla. Marta es una mujer de unos 60 años, muy divertida y algo liberal a la vez.

    – Sin tapujos o vergüenza de su parte me preguntó: dime ¿Realizarías un pedido de mi parte?

    – ¿Que tipo de pedido? Si lo puedo realizar, cuenta como hecho ese trabajo.

    ¿Pero de que estamos hablando?

    – Mira pues me detuve a pensar y llegué a la conclusión que eres la mejor opción para desvirgar a Lucia, ya debe probar… lo que sabes…

    Le expliqué que pondría mis condiciones y si las aceptaba podría realizar el trabajo «muy bien».

    Me solicitó poder ingresar al departamento sin que se diera cuenta su hija y así escuchar detrás de la puerta, a lo cual me negué. Le ofrecí si quería una prueba, darle la sábana manchada de sangre una vez que consumara el acto y que lo certificaría luego el ginecólogo que la atendiera que todo había sido un éxito.

    Pregunté que deseaba y ella me explicó que solo fuera oral y vaginal por esta vez y la hiciera gozar bien, para que la joven supiera lo que es el sexo.

    Ya Lucia había tenido todo tipo de regalos: peluches, ropa, entradas a recitales, fiesta de 15, viaje a EEUU y ahora a sus 20 años el mejor obsequio que podía recibir era «sentir un buen pene entre sus piernas».

    Solo le pedí a Marta que la controlara estrictamente con la regla a la joven, debía ser el día correcto (una semana antes de que le bajara). En ese día es cuando la mujer tiene excitación plena.

    Todo continuó según lo hablado y quince días antes Marta me avisó de la fecha en que Lucia estaría lista, en ese periodo aproveché para prepararme bien, una dieta estricta para luego sacar la leche dulce y también el no eyacular para estar «bien cargado de leche». Si bien un hombre más joven que yó tal vez tenga más potencia sexual, no iba a estar en todos los «detalles» para realizar una iniciación de manera adecuada.

    Llegó la fecha señalada, tocaron al portero eléctrico del edificio, lo accioné sin preguntar quien era y Marta subió con su hija. Yo las esperaba desnudo, solo con una toallón anudado a mi cintura marcando el paquete (sin erección aún), simulando que me estaba por duchar.

    Sonó el timbre y abrí, al verme Lucia exclamó ¡¡¡Oscar!!! Se sorprendió mucho de verme.

    Marta no le había comentado nada de quien iban a ver y tampoco de que tipo de regalo de cumpleaños le estaba ofreciendo esa tarde a Lu.

    Las saludé con un beso y las invité a pasar.

    Al ingresar Marta dijo estar con prisa por diligencias y trámites que debía realizar. Me dijo que si no me importaba la dejaba a Lucia para que le mostrara mi departamento así aprovechaba la joven de «disfrutar» de las vistas al mar. Y vaya que disfrutaría… pero no precisamente de las vistas sino de un buen pene y mucha leche caliente, dulce.

    Mi propósito era aplacar su calor y excitación y a la vez hacerla gozar bien rico. Que tuviera orgasmos intensos.

    Lucia es de una estatura media, algo así como 1.60 m, palo lacio hasta el cuello, ojos marrones y una cara de no haber roto un plato.

    Tiene curvas, es tetona y con una gran cola. Una joven de armas llevar…

    Mientras Lucia se encontraba en el living le pedí permiso para darme una ducha, y con gran descaro y premeditación dejé caer el toallón que me cubría, ofreciéndole para que me viera de espaldas. Su mirada seguro se posó en mi cola.

    El baño quedó con la puerta abierta y comencé a ducharme. Lucia continuaba en el living, le ofrecí que recorriera el departamento pero no quiso. De sentía con vergüenza aun, poco a poco luego se desataría y dejaría de lado eso.

    Al terminar mi baño le pedí que me trajera un nuevo toallón de mi habitación a lo cual accedió con un poco de reparo.

    Yo estaba de espaldas y ella para no verme desnudo también a mí, solo extendió su mano para dármelo. Era toda una dulzura. Yo me encargaría luego sacar lo mejor de ella.

    Luego me acompañó a la habitación y mientras ella miraba por los grandes ventanales los edificios de enfrente, yo me senté en la cama y coloqué por debajo del toallón un slip que marcaba mi bulto y no dejaba nada librado a la imaginación. Me quedé solo con esa prenda. Hacía mucho calor esa tarde de verano.

    – Le pregunté si le importaba que me quedara solo en slip y ella me contestó: no, para nada.

    Debido a la alta temperatura me dio sed y bebí una cerveza, le ofrecí otra y aceptó el ofrecimiento.

    Si bien le solicité un mínimo de dos horas a Marta, todo se podría extender algunas horas más por si la joven estaba tensa o no lo deseaba hacer. Nada sería forzado.

    Como estaba estudiando periodismo y por su carrera debe contestar preguntas, lo que hice para romper el hielo y comenzar fue el entablar una conversación sobre sus estudios que luego derivó en un cuestionario sexual completo.

    Lucia se encontraba más relajada, la segunda cerveza ayudó y dio una ayuda a que se le quitaran los nervios y contestara todas las preguntas.

    – La última pregunta fue: ¿Eres virgen?

    – Sí, fue su respuesta.

    No quería hacerla sentir mal y se lo hice saber.

    Le conté que su madre me había alquilado el departamento por todo el día como regalo de cumpleaños, de forma completa.

    -A lo cual ella preguntó: ¿Que incluye la manera completa?

    – El lugar y lo que quieras que haga, estoy para cumplir tus deseos. Creo que estas en edad de disfrutar una buena… ya sabes Lu.

    – Sí, lo que sucede es que no he encontrado con quien hacerlo, tengo días que estoy supercaliente sabes.

    Esto que quede entre nosotros he.

    – Tranquila. No contaré nada de que suceda aquí. Si quieres ya sabes, puedo solucionar eso yo mismo. Tu madre ha pensado que soy la persona correcta para hacerlo.

    – Y tomando mi teléfono con una mano dije: Si quieres lo puedo hacer y si no le envío un mensaje a tu madre que te pase a buscar temprano, que no aceptas su regalo. Eso para ejercer presión, aunque yo sabía que tensión sexual que se percibía en el aire era una señal inminente que algo sucedería.

    – No espera. Por favor no le envíes un mensaje. Es que me da vergüenza. Quiero hacerlo y que sea suave. No sufrir y padecerlo. A todas mis amigas se lo han hecho de forma ruda y no han gozado en absoluto.

    – Solo haremos lo que quieras, tú decides. Y llevas el poder de ordenarme lo que desees. Solo será hacerte disfrutar Lu y que lo pases genial.

    Espero que les haya gustado esta primera parte.

    Es mi primer relato en la página.

    Si desean escribirme para comentar algo o hacer críticas, consejos o sugerencias, les dejo mi mail [email protected].

    Un saludo amigos y amigas.

  • Una sesión fotográfica con los 5 sentidos

    Una sesión fotográfica con los 5 sentidos

    Hacía tiempo que mi relación con Marta, una chica por la que sentí una gran admiración en mi juventud, había pasado a la etapa de la simple y llana amistad y, aunque echaba de menos muchas cosas de nuestros inicios, ahora era tiempo de escucharla y apoyarla en sus nuevas aventuras. Y precisamente, aquel día vino a contarme la última de ellas. Una relación a través de la red con un hombre de otro país. En principio, me dijo, nada importante: Cosas en común y largas conversaciones, algo de pasión erótica a través del chat, insinuaciones y una futura promesa de verse en persona algún día.

    El caso es que mi querida amiga vino a pedirme consejo sobre una propuesta realizada por su amante a distancia, consistente en solicitarle que le enviara algún tipo de imagen subida de tono. Por supuesto no lo hizo, pero prometió pensarlo y enviarle una en la que insinuara algo, pero no se exhibiera demasiado para no ponerse en peligro. Ya se sabe como son estas cosas, uno (o una en este caso) no puede fiarse de ir enviando fotos de ese tipo por Internet o no se sabe donde van a acabar. En resumen, que la pregunta que me planteó fue ¿Qué foto podía enviarle donde no mostrara nada importante, pero fuera capaz de calentar al chico?

    —¿Qué tal una de tu boca? —le propuse.

    —¿De mi boca? —contestó.

    —Tus labios, tu lengua, tus dientes… en general tienes… una boca muy sensual y excitante.

    —¿En serio? —Dijo mi amiga mientras se palpaba los labios incrédula.

    Y así, creo que ambos pensamos en que mi sugerencia se podría convertir en una excitante sesión fotográfica de primeros planos con uno de esos caramelos con palo (llamémoslo así para no hacer publicidad) consiguiendo con ello el objetivo de, no tener que desnudarse ni exponerse de ningún modo. Jugando con la simple idea de que, aunque típica, el detalle de una boca bien retratada, siempre será una imagen que pone malísimo a cualquiera, especialmente si la protagonista de dicha sesión fotográfica tenía unos labios como los de quien que vino a verme en busca de consejo de seducción.

    —Me gusta la idea, pero vas a tener que ser el fotógrafo —Dijo con entusiasmo.

    —Bueno, es lo que tiene ser aficionado a la fotografía y tener una cámara que hace buenas fotos (la cámara, no yo), que te encargan este tipo de trabajos. —Contesté en tono burlón

    En fin, no me importaba, ya que tenía tiempo, así que quedamos otro día para la reunión planeada donde retratar las imágenes que se nos habían ocurrido. Pasó entonces una semana y el día “D” (o F de foto) llegó.

    Marta entró por la puerta de la casa presumiendo de haberse cuidado los “morros” con autentica dedicación. No iba a permitir que el frio le estropeara su sesión de fotos estrella, por lo que iba bien tapada con una bufanda e incluso con una chaqueta gris que con sus solapas levantas la resguardaba y le proporcionaban un aspecto muy elegante, a lo que contribuía, por supuesto, sus cabellos dorados y lisos cayéndole por los hombros.

    Así pues, estábamos listos: Ella, con un caramelo y sus labios sutilmente pintados para la ocasión de un tono rosado pastel, que hacía juego con sus ojos azules claros, y yo, con mi cámara y el zoom de la misma, atento para captar al detalle como mi amiga saboreaba aquella golosina. Dispuesto para la captura de imágenes. Y fue tan extrañamente excitante que resulta difícil contarlo. Aunque haré a pesar de todo, un esfuerzo e intentaré transmitirlo con total precisión.

    Tras colocar una iluminación sutil con luz principal y de relleno para que resaltara todos los detalles, desde el primer momento en que centré la lente de la cámara en su boca y se acercó el caramelo para pasar su lengua sobre él por primera vez, me hizo sentir escalofríos. Lo chupaba con cuidado dejando simplemente que sus labios resbalaran sobre su superficie y luego se relamía para notar el sabor de los restos que le pudieran quedar. Se acomodaba las comisuras sutilmente con los dedos de su mano derecha y se humedecía haciendo que la saliva incrementara el brillo de su pintalabios. Mordía también el caramelo con cuidado y le dejaba una pequeña muesca con sus perfectos incisivos. Solo con esos pequeños gestos, me estaba poniendo tan malo, y en tan poco tiempo, que no podía creérmelo.

    Qué gran momento fue aquel en el que rodeó la golosina describiendo círculos con su lengua y, después de un largo lametón, recogió la saliva que goteó un poquito extendiéndola por el caramelo con chupetones suaves. Se lo pasó despacio rotándolo como una rueda por sus labios, recorriéndolos de izquierda a derecha y de derecha a izquierda mientras entrecerraba sus ojos y parecía gozar realmente de aquello. Le dio un beso húmedo dejando que su boca se cerrara con lentitud para que mi cámara pudiera captarla y finalmente, la puso en forma de “o” e hizo girar el dulce mientras lo succionaba un poco haciendo un ruido muy sensual, hasta que de repente… Se empezó a reír.

    —¡¿Pero qué te pasa?! ¡¿Has sacado alguna foto?! —Me dijo sin parar de reír.

    Y yo, entre excitado y descompuesto por todo lo que acababa de ver en primer primerísimo plano a través de la lente de la cámara, no supe ni contestarle.

    Todo estaba siendo demasiado para mí, y es que las imágenes no eran lo único. La voz y la risa de mi amiga, era algo a lo que yo era secretamente adicto. Guardaba audios en mi teléfono para escucharla cuando tenía ganas de sentir como se me erizaba la piel. Digamos, para que se me entienda, que cuando ella hablaba en tono relajado y divertido, cada vez que cogía aire sonaba como un pequeño y sutil orgasmo, que se unía después a una vocalización perfecta y una forma dialogar tranquila, que te hacía sentir como si te masajeara la mente con un erotismo inefable.

    Pero bueno… El caso es que Marta, se fijó entonces en que su provocación había hecho estragos en mí y ya se me empezaba a notar un poco en el pantalón que me había distraído de mi papel de fotógrafo profesional “capta-labios” y había identificado la situación del caramelo con otra algo más carnal que también tenía que ver con lamer o chupar de esa forma tan sugerente. Así que se me acerco con una mirada peligrosa y risueña y me arrebató la cámara de las manos dejándola sobre una mesa junto con la afortunada golosina, procediendo después a empujarme ligeramente hacia atrás para que me sentara en el sofá.

    Su mirada era excitante y traviesa, segura, directa… Sus manos se empezaron a mover por encima del bulto que se notaba en mi pantalón haciéndolo más evidente a cada una de las caricias que me habían pillado por sorpresa y con la guardia baja. Acercó su deliciosa boca a mi oído y, sin dejar de acariciarme suavemente empezó a susurrarme lo que acababa de decidir que iba a pasar a continuación en forma de tortuoso pero placentero spoiler. Así, me habló de sexo oral, pero sexo oral, al parecer, de un modo que nunca antes había hecho a otro hombre. Básicamente por algo tan simple como que me imponía una norma básica: yo no podía correrme hasta que ella no me lo pidiera. Sin importar el cómo, tenía que aguantar todo lo que estaba a punto de hacerme y mi misión era relajarme y tratar por todos los medios de aguantar, para cumplir así su tiempo de capricho, hasta que tuviera ocasión de disfrutar haciéndome suplicar por el deseo, y luego, decidir con calma, como y sobre que parte de su anatomía, tal vez, me iba dejar derramar mi líquido caliente cuando alcanzara el todavía lejano orgasmo.

    Yo, si fuerzas para rechistar, había perdido la orientación por completo. Me sentía como aturdido, y me había sorprendido tanto de lo que estaba ocurriendo que no me salían las palabras ni sabía cómo reaccionar. O más bien, en realidad, creo que mi propio cuerpo tenía la certeza de que disfrutaría tanto de aquello, que se paralizó esperando recibir las atenciones prometidas antes de que pudiera hacer o decir algo que estropeara el momento.

    Así que mi amiga, al ver que me tenía controlado y no me negaba, comenzó a besarme por el cuello, a mordisquearme el lóbulo de la oreja y a darme pequeños besitos en la boca mientras se acomodaba entre mis piernas y desabrochaba los botones del pantalón y la cremallera con tortuosa calma. Me prohibió moverme sin articular palabra, sometiéndome con una mirada profundamente penetrante, mientras se humedecía los labios y conseguía que me estremeciera al introducir su mano de repente bajo mi ropa interior, para sacar al exterior mi sexo, ligeramente duro y caliente. Aquella forma de mirarme desde abajo mientras se mordía el labio inferior me hacía pensar que lo que me esperaba iba a ser un infinito placer que no sabía si podría soportar, como había prometido, hasta que decidiera. Y mientras, ella, que seguía a lo suyo. Se besó el dedo índice humedeciéndolo un poco en el mismo gesto y después lo pasó despacio por todo el tronco de mi sexo, desde el frenillo hasta abajo, parándose luego un instante para desabotonarse el primer botón de la camisa, dejando ver un poco de su escote.

    Marta empezó a moverse cerca de mi miembro, sin dejar de mirarme, prácticamente rozando su cara con él, respirando su aliento sobre él, haciendo que mi pulso se acelerara por momentos y el corazón casi se me saliera del pecho. Pronto, empezó a darme pequeños besitos por el tronco, a posar sus labios levemente, dejando que se deslizaran con lentitud, adaptándose a las formas, que se iban endureciendo casi hasta el dolor, al notar el contacto de su saliva caliente. Hizo que cerrara los ojos de placer y empezara a temblar cuando comenzó a recorrerme con su lengua, paseándola por cada milímetro, trepando hasta la cima, más hinchada que la parte del tronco, donde se paró para tomarla entre sus labios y dejarla ir hasta el fondo de su boca. Aquel delicioso gesto lo sentí húmedo, suave, ardiente, y me dejó completamente petrificado cuando empezó a mover un poco su cabeza arriba y abajo, y succionaba fuerte durante el movimiento de retirada, para luego darme algunos besos suaves más al pararse delante de la punta y volver a atacar. En ese instante tuve un pequeño momento de reacción y le acerqué un cojín para que se acomodara sobre él y tuviera una posición más confortable.

    Mi querida compañera y yo, hemos hablado en multitud de ocasiones sobre nuestras ocurrencias para convertir nuestra atracción en una velada de sexo llena de placenteros estímulos capaces de hacerte desear que no exista el tiempo, y ella, siempre categórica, solía hablar de prestar atención a la activación de todos los sentidos. Teoría que sin duda estaba poniendo en práctica poco a poco. Y es que, su perfume y el aroma de su champú, se mezclaban en una combinación muy agradable, que claramente había sido planeada, y llegaban hasta mi olfato para hacerme sentir relajado; una de sus manos acompañaba con caricias por todo mi cuerpo, sobre mi ropa, el ritmo de su boca, notando así el tacto de sus dedos deslizándose por mis muslos, por mi torso y paseándose por mis pezones para endurecerlos, mientras la otra sujetaba y guiaba mi sexo al encuentro con su lengua o sus labios, que obviamente, emitían sonidos descuidados a propósito, con el fin de excitarme más. La succión, el goteo de la saliva por mi miembro, el roce de las caricias, un parpadeo antes de una mirada pícara, el recoger y extender el exceso de humedad entre algún gemido de placer, la respiración profunda por la nariz cuando su boca se llenaba de mi… Todo parecía la perfecta banda sonora dirigida Marta para matarme de satisfacción.

    Continuando con los sentidos, era obvio que había dos de ellos claramente desatendidos… Por ahora. Mi amiga sabía perfectamente que el sentido de la vista era muy importante, ya que había sido el que había empezado todo, y fue por eso que detuvo momentáneamente su juego para levantarse frente a mí y deshacerse de su ropa. Así, lenta pero segura, se sacó los zapatos de tacón de color negro y bajó la cremallera de su pantalón vaquero, deslizándolo luego hasta abajo y quedándose con un culotte oscuro muy sexy.

    —Desnúdate tú también, vamos —Me dijo con una sonrisa traviesa.

    Me ayudó a quitarme la ropa que llevaba. Zapatos y calcetines negros, camisa blanca, pantalón oscuro… y así hasta quedar completamente desnudo. Fue entonces cuando me empujó para caer de nuevo al sofá y continuar su número. Y es que tenía claro que no debía dejarme descansar mucho para que no contraatacara.

    Marta cogió el caramelo con palo y se lo llevó a la boca, risueña. Luego se quitó la parte de abajo de la ropa interior y volvió a ocupar su sitio entre mis piernas arrodillada sobre un cojín frente a mí. De ese modo, antes de que pudiera reaccionar, usó la golosina para extender su saliva en círculos por mi glande y darle un toque de sabor antes de volver a probarlo. Así, su nueva estrategia para hacerme sufrir de placer surtía efecto con su semidesnudo, pero aun surtió más efecto cuando se quitó la camisa blanca que llevaba y el sujetador de encaje, a juego con el culotte que ya reposaba en el suelo de la estancia.

    Aquella chica tenía un cuerpazo, bajo mi punto de vista. Su trasero era ligeramente respingón. Lo justo, como a mí me gustaba. De piel suave, no era extremadamente delgada, si no, que tenía “donde agarrar” y sus pechos eran de buen tamaño, anchos, y grandes amigos de las leyes físicas de nuestro planeta, que los mecían de manera sugerente a cada movimiento. Mi única defensa ahora, ante la excitación del sentido de la vista que me provocaba, era cerrar los ojos. Cosa que me salía natural al sentir el gusto de como de nuevo volvía a llenarse la boca con el extremo de mi sexo.

    El caso es que todo se reiniciaba para continuar, pero esta vez la técnica era distinta. Un combo perfecto entre el roce del caramelo, que trazaba caminos por toda la extensión del miembro y su lengua que húmeda, los transitaba después, mordiscos suaves a cada centímetro, mirada relamiéndose y saboreando y vuelta a los pequeños chupetones subiendo de abajo arriba.

    Ella jugaba… Si, ella jugaba y yo trataba de resistir, de no pensar si quiera en la posibilidad de correrme. Pensaba en… no sé, me puse a contar números para distraerme. Hasta que me di cuenta que estaba contando las veces que su cabeza bajaba y subía para llevarme al interior de su boca. La admiraba desnuda, la escuchaba provocarme, la sentía acariciarme y hasta su aroma me estimulaba, mientras ella continuaba con su plan y comenzaba a dejar caer un buen montón de saliva desde sus labios por todo mi sexo, logrando con ello estimulantes sonidos de… ¿Eso parece un “chapoteo”?

    Cuando abrí los ojos y me fijé, me di cuenta de que al mismo tiempo que Marta me hacía gozar del mayor placer del mundo estaba masturbándose. Gemía mientras seguía degustando mi sexo, pero al mismo tiempo lo hacía porque rozaba su clítoris con dos de sus dedos y luego se los metía hasta el fondo. Se apartó de mí, masticó el dulce con su preciosa dentadura para deshacerse luego del palo, y se dirigió con los dedos que hace unos segundos habían estado dentro de ella hacia mi boca para que probara su sabor. Ya me extrañaba que se le escapara el sentido del gusto… Sin embargo, esta vez no salió como esperaba, ya que, aunque llegue a paladear ligeramente la humedad de sus jugos, fue cuando se inclinó sobre mi cuerpo cuando se dio cuenta que algo me hizo dar un pequeño respingo de placer. El roce de sus pechos en mi glande.

    —Vaya, vaya… así que te gusta que te roce también con las tetas, ¿verdad? —susurró mientras movía sensualmente su cuerpo para acariciarme con ellas, disfrutando de encontrar otra forma de provocarme.

    —Aguanta un poco más y tal vez te deje correrte sobre ellas, ¿vale?

    Y acto seguido descendió a su posición de rodillas anterior y tras humedecer su escote con un poco de saliva, colocó con calma mi sexo entre sus pechos abrazándolo y comenzó a moverlos con sus manos arriba y abajo. El contraste de mi dureza con su suavidad se sentía increíble y ya empezaba a sentir espasmos que me avisaban de que mi cuerpo suplicaba eyacular en ese momento. Pero no contento con resistir a eso, en una de las veces que mi glande emergió de entre sus generosos senos se encontró con que su boca estaba esperándole sedienta. Así, mientras volvía a estimular su clítoris al mismo ritmo, continuó estimulándome solo con sus labios, de forma tan decidida que ya parecía buscar un final.

    Apretar el vientre y contenerse hacia dentro, no pensar o pensar en otras cosas, no mirar… Ya nada funcionaba para enfrentar el deseo natural de explotar ante las ya bastante aceleradas caricias orales de Marta. Sus gemidos, ligeramente ahogados por tener mi sexo en la boca se aceleraban también cuanto más se tocaba. Y es que sus manos eran ya solo para masajearse los pechos y rozar su clítoris y sus labios y su lengua para hacerme tocar el cielo.

    —Uff Matt, estoy lista para correrme, córrete cuando quieras y lo haré contigo, ¿vale?

    Pero… al final no me había quedado muy claro como tenía que hacerlo. Así que… me dejé llevar y dejé que ella decidiera.

    Al sentir fuertes espasmos y una corriente eléctrica recorriéndome todo el cuerpo avisé a mi amiga de que estaba a punto de explotar, esperando que dirigiera mi orgasmo hacia su pecho. Pero no dejaba de saborearme extasiada. Así, extrañado, la avisé alguna vez más, casi entre gemidos, entre súplicas por no poder aguantar más, y en vista de que no se detenía, empecé a vaciarme sin remedio.

    Estremeciéndome y entre gemidos, pude ver como en cuanto pudo notar los primeros chorros calientes, Marta también se dejó ir en un increíble orgasmo que la hacía temblar. Mientras, lo recibía todo sin detenerse y lo dejaba escapar al llenar su boca por completo. Mi leche manchaba sus labios, goteaba por su barbilla y caía sensualmente por sus pechos, en nuestro orgasmo perfectamente sincronizado. Luego, simplemente dejó deslizar todo el líquido desde su lengua hacia mi glande de forma provocativa, sonrió y se desplomó agotada sobre mi cuerpo.

    Uff, aquello fue increíble.

    Tras el éxtasis, llegó una pequeña pausa para la limpieza. Con cuidado, mi amiga usó una toallita húmeda para limpiarnos de todo fluido. Y comprobó algo que había olvidado desde que no tenía relaciones conmigo. Que si estimulaba como ella sabía hacerlo mi mente y no solo mi cuerpo. Mi sexo permanecería con la dureza suficiente para repetir, aun después de eyacular.

    —Umm, escucha… Voy a tener que irme y no sé si nos vamos a quedar a medias, pero necesito seguir… Y veo que vas a poder un poco mas… ¿Quieres…? —Dijo fijándose en el reloj de la pared del fondo y con cierta timidez dejando las frases a medias.

    Y ante el movimiento afirmativo de mi cabeza dándole permiso, no tardó ni dos segundos en colocarse a horcajadas sobre mí, sujetar mi miembro para guiarlo y dejar caer su cuerpo para introducírselo de golpe, haciendo que nos fundiéramos mientras tanto en un húmedo y profundo beso que enfrentaba apasionadamente nuestras lenguas la una contra la otra.

    Marta había perdido completamente el control y me sujetaba la cabeza, cerca de sus pechos mientras subía y bajaba sus caderas de forma casi violenta. Jadeaba, arqueaba su espalda y echaba su cabeza hacia atrás. Se dejaba masajear sus senos y me suplicaba que me los comiera. Obviamente lo hice, agradecido, con ansia, como si llevara siglos esperando que me hiciera esa petición, metiéndome uno en la boca casi entero, todo lo que podía, chupando y lamiendo sus pezones o sumergiendo mi cara en su escote.

    Había una tensión y una necesidad en aquel momento que seguramente no me iban a permitir correrme una segunda vez, pero estaba disfrutando muchísimo por cómo me cabalgaba, del rostro extasiado de mi amiga y de su respiración entrecortada y sus gemidos. La agarré por el culo, acompañando sus movimientos de subir y bajar, y empecé a moverme a la contra buscando una penetración más profunda con la colisión entre nuestros cuerpos. Sus pechos se mecían delante de mis labios, sus cabellos caían sobre mi rostro embriagándome con su aroma, y notaba como su sexo apretaba el mío y lo acariciaba y envolvía con una humedad cálida en cada movimiento de entrada y salida.

    El reloj sonaba de fondo. Un tic tac que nos acompañaba a cámara lenta, pero no cesaba, y advertía que Marta tendría que marcharse pronto y estaba alargando lo inevitable. Sin embargo, yo quería que se fuera satisfecha y también unos minutos para despedirme apropiadamente, así que decidí acelerar las cosas dándole un poco más de placer.

    En cuanto vi el momento introduje mi brazo derecho entre nuestros cuerpos y busqué la estimulación directa de su clítoris con mis dedos. Lo acaricié en círculos, con un roce constante, usando su respiración como metrónomo y como guía. La sentía muy mojada, notaba sus contracciones y como ya le costaba continuar y se abandonaba a que yo la sujetara con fuerza y levantara las caderas para penetrarla profundamente y con distintos ángulos. Así, unos instantes después de que su clítoris recibiera las atenciones necesarias, acercó su boca a la mía y me anunció que iba a correrse. Y Efectivamente, no hubo terminado la frase, cuando estaba casi gritando de placer en un estallido final y con temblores de nuevo en todo su cuerpo. Justo a tiempo para poder vestirnos con cierta tranquilidad y decirnos adiós… O mejor hasta la próxima. Pero eso sí, lo mío no había forma de bajarlo…

    Terminamos de ponernos la ropa entre besos y alguna risa, aunque yo tuve ciertas dificultades para abrocharme el pantalón y algunas más para caminar y acompañar a mi amiga hasta la puerta. Ella por otro lado se sentía un poco mal por dejarme de aquella manera, pero no había margen para más y las prisas tampoco iban a ayudarme.

    —Bueno yo te doy permiso para que pienses en mí y hagas lo que tengas que hacer… No sé si me entiendes —insinuó con una sonrisa. Y tras desabrocharse el primer botón de la camisa, mostrarme un poco de su escote y señalarse disimuladamente los pechos, añadió —Yo solo te aconsejo un buen final como idea para acabar.

    Y luego me guiño el ojo, me besó profundamente con lengua y me dio las gracias, para cruzar a continuación la puerta de salida con prisa.

    Por supuesto que tendría que relajarme y… ¡Pero un momento! ¿Y qué pasa con las fotos para su ligue extranjero? Bueno… Ya se las mandaré por correo. O mejor le digo que venga a por ellas si lo prefiere. Pero más me vale entregárselas a ciegas, sin coger la cámara y verlas o… o… me acordaré de todo otra vez y… vaya… al final tendré que seguir su consejo.