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  • Marta: azotes y orgasmo

    Marta: azotes y orgasmo

    Marta abrió la puerta de su piso y se quedó unos segundos quieta intentando oír algo que delatara la presencia de su pareja.

    No oyó nada.

    Normalmente Luis llegaba sobre las ocho, eso si no se retrasaba. Eran las siete y media.

    Marta se quitó los zapatos de tacón y caminó en medias hacia su habitación sentándose en la cama. Estaba nerviosa, la reunión con su jefa no había ido bien.

    Sacó el móvil del bolsillo, abrió el whatsapp, y tras unos segundos de indecisión comenzó a escribir a Luis un mensaje escueto.

    – «me han despedido.»

    La respuesta no tardó en llegar.

    – «prepárate, estaré allí en media hora.»

    La mujer se levantó y entró en el baño.

    A los veinte minutos salió, colocó la almohada horizontalmente en medio de la cama y se tumbó boca abajo apoyando la tripa sobre ella. Aguardó unos minutos observando el reloj digital.

    Cuando faltaban 5 minutos para la hora recordó que tenía que esperarle en posición. Se desabrochó el pantalón gris de vestir y tirando de la prenda y de las bragas desnudó su trasero. Tratando de calmarse acostó su cabeza sobre el lado derecho y aguardo.

    La puerta de la calle se abrió y luego la de la habitación.

    Una ráfaga de aire acarició sus nalgas.

    – Ya estoy aquí. Anunció de forma redundante el recién llegado.

    Marta tragó saliva y apretó el culo instintivamente cuando oyó el tintineo de la hebilla que anunciaba que Luis se estaba quitando el cinturón.

    Aguardó.

    – Separa las piernas. – ordenó el que iba a azotarla.

    Marta separó las piernas, su sexo expuesto, su culo en pompa.

    Unos instantes, la calma antes de la tormenta.

    Y finalmente, sin previo aviso. Sintió un contundente golpe de cuero en sus nalgas desnudas.

    Era la segunda vez que Luis la calentaba el culo. Recordaba que a su pareja le gustaba propinar un castigo rápido e intenso y esta vez no fue una excepción.

    Los azotes caían uno tras otro a buen ritmo haciendo danzar el culo y coloreándolo de rojo. El escozor iba en aumento.

    » zas…. ¡ay!… zas… ¡ay!… ¡zas!… ¡aaayyy!» Se convirtió en la banda sonora del correctivo.

    Cinco minutos después, Luis dio por finalizado el castigo y se colocó el cinturón. Bajo sus pantalones el pene se había hecho grande.

    Luego acarició el cabello de Marta y secó un par de lágrimas que corrían por sus mejillas. A continuación sacó de un cajón un tubo de crema y echando un chorrete en cada glúteo, empezó a extenderla por todo el trasero rojo.

    Terminado el masaje, puso la tapa a la crema y salió del cuarto.

    Marta, con el culo encendido, notaba escozor y calor. Buscando mitigar la sensación se llevó una mano a la vagina y comenzó a frotarse. Pronto el placer se mezcló con el picor y gimió.

    No se detuvo, al contrario, incrementó el ritmo e introdujo un dedo en su sexo. Gimió de nuevo. Su pareja podría oírla, pero lejos de importarla, aquella posibilidad la excitaba más. La corriente de placer la recorrió de pies a cabeza, jadeó, gimió, arqueó la espalda y se corrió como pocas veces lo había hecho alcanzando varios orgasmos.

  • Descubriéndome con mi amigo gay

    Descubriéndome con mi amigo gay

    Mi nombre es Leo. Lo que les voy a contar es completamente verídico y sucedió hace ya algunos años cuando estudiaba en la universidad en la ciudad capital de mi país, en ese tiempo era un chavo de 21 años completamente hetero con cierto pegue con las chicas, ya había tenido algunas novias y había probado las mieles del sexo con ellas, lo cual refrendaba mi heterosexualidad. Me considero un hombre atractivo y varonil, 1.88 de estatura, cuerpo atlético, tez aperlada un pecho marcado, brazos fuertes, piernas gruesas, fuertes y marcadas, en general un buen cuerpo que llama la atención, en aquel tiempo tenía poco de haber terminado con mi novia de la universidad ya andaba un poco deprimido porque se me habían frustrado dos que tres conquistas.

    En los primeros años de la universidad había conocido a Eric un chavo foráneo de provincia, de mi edad, alto delgado, moreno y ojos grandes; que veía eventualmente en las instalaciones de ciudad universitaria y nos saludábamos con cordialidad puesto que habíamos coincidido en algunas clases anteriormente y posteriormente coincidimos en el equipo de Taekwondo lo que hizo que nos frecuentamos más además de que Eric rentaba un departamento a unas cuadras de mi casa, con el tiempo nos pusimos de acuerdo para ir y venir juntos a la universidad en ciertos días que nuestros horarios coincidían y los fines de semana a entrenar, con el paso de los días nuestra amistad se fue haciendo más grande, tanto que frecuentemente iba a comer a casa y a mi mamá le caía muy bien.

    Como Eric vivía solo yo empecé a frecuentar su casa, hacíamos reuniones con otros amigos de la universidad y al final yo era el último en retirarme por la cercanía de mi casa, con el tiempo solía ir a su casa a estudiar o a hacer trabajos lejos del ruido de mi casa ya que ahí estaban mis hermanos y compartía la habitación con ellos, e incluso me quedaba a dormir en casa de Eric frecuentemente por la comodidad que su casa representaba para estudiar y hacer tareas.

    Con el tiempo la relación con Eric se hizo más estrecha, su actitud conmigo se empezó a suavizar hasta el punto de ser tierno conmigo, conforme se fue dando la amistad, hubo mas confianza pero un aire de tristeza merodeaba en Eric y yo preguntaba a que se debía esa depresión a lo que me evadía diciendo que yo no lo iba a entender y cambiaba el tema de forma drástica.

    Yo ya me sentía en su casa como si fuera mía, tenía llave, me quedaba a dormir al principio en un tendido en el suelo y después en su cama que era una cama grande, me bañaba en su casa, veíamos películas juntos, en fin todo marchaba muy bien e incluso nos llegamos a cambiar de ropa uno delante del otro obviamente siempre con ropa interior puesta con toda la naturalidad de dos hombres hetero.

    Un día, que salí de bañarme, me sequé y me puse unos bóxer apretaditos que hacían lucir mis torneadas y marcadas piernas y salí a la recamara, pude notar que Eric no podía disimular que le llamaba mucho la atención verme en ropa interior a lo que él se dio cuenta y sentí que se apenó y me dijo: “no vayas a tomar a mal mi comentario, pero que bien luces esos bóxer” yo sentí algo de pena y solo dije gracias.

    Después de lo que acabo de contarles y ese cambio que había habido en él, que se comportaba muy tierno conmigo, empecé a sospechar lo que ustedes seguro están pensando. Un día charlábamos y le pregunté directamente que si era gay, a lo que me respondió afirmativamente, su conflicto era con su sexualidad y su temor era el rechazo de la familia; Recuerdo que esa vez lloró y yo genuinamente lo abrasé como a un amigo y le di todo mi apoyo.

    Después de la confesión cada día nuestra relación se hizo más estrecha, tanto que me daba algo de miedo puesto que ya había mucho contacto físico y me refiero a abrazos, Eric no perdía oportunidad para abrasarme y decirme que era su mejor amigo. Yo en mi soledad meditaba la situación, en alguna ocasión tiempo atrás andando bien caliente había fantaseado de lo que sería estar con otro hombre pero jamás pensé llevarlo a cabo, era solo una mera fantasía que se esfumaba más rápido de lo que tardaba en aparecer en mi mente, pero me asustaba el camino que estaba llevando nuestra amistad, varias ocasiones vi a Eric con alguna erección y cuando él se percataba de que yo me había dado cuenta se apenaba y buscaba la forma de tapar su entrepierna, yo evitaba ya salir de bañarme en ropa interior y él ya lo había notado e incluso en alguna ocasión me dijo que me despreocupara que el hecho de que fuera gay no significaba que le gustaran todos los hombres.

    Un día durmiendo, me abrazó, él estaba dormido a eso pensé y pude sentir su pene repagado en mi espalda baja, yo inmediatamente me quité y me volteé al lado contrario, a veces entre la noche buscaba abrazarme y yo me zafaba, era algo extraño, dentro de mi había una lucha, algo me decía que me retirara y ya no fuera más pero había algo que me hacía sentir bien con él y no podía negarlo.

    Ya había considerado que de seguir así esa relación de amistad, era seguro que pronto rebasaríamos la línea que no quería rebasar, pero la verdad es que yo me sentía súper bien con él, nunca había tenido un amigo con el que platicara tantas cosas, como de mis relaciones con la chicas con las que había estado, yo le contaba que no sabía porque últimamente había tenido problemas con alguna conquista ya que llevaba un buen rato sin novia, a lo que él me decía de forma burlona, que tal vez debía darme la oportunidad con los hombres y que seguro ahí tendría mejor suerte a lo que ambos soltábamos sonora carcajada.

    Una noche después de ver un partido de futbol y tomar un par de cervezas nos acostamos a dormir, el me abrazó por la espalda y me dijo que, nunca había tenido un amigo como yo y que me agradecía mi amistad, de pronto metió su mano por debajo de mi playera y lentamente subió su manos sobre mi piel desnuda y comenzó a acariciarme el pecho, tuve el impulso de rechazarlo y salir huyendo de ahí, pero quedé paralizado cuando acariciaba suavemente mis pezones, no pude evitar que mi pene empezara reaccionar con tremenda erección, la sensación era muy placentera y lentamente repegaba su cuerpo cintra mis espalda y nalgas, pude sentir su pene pegado a mi trasero y poco a poco fue bajando su mano sobre mi abdomen y traspaso la línea del resorte de mi pantalón y ropa interior, su mano quedó entre mi pubis y mi pene erecto hacia arriba. En ese momento, reaccioné y le quité su mano de forma violenta y le grité que le pasaba, que se estaba confundiendo conmigo, él se puso muy apenado, lloró y salió de su departamento hacia el estacionamiento diciendo que lo había echado todo a perder.

    Yo me quedé en shock en su departamento y no sabía si irme de ahí o esperar a que regresara, medité sobre lo que había pasado y me dije a mi mismo que no podía negar que la sensación había sido muy placentera y que no tenía ni un compromiso con nadie y que el darme la oportunidad de una experiencia nueva dependía de mí.

    Pasaron unos minutos y Eric regresó, entró por la puerta de la habitación y se me quedó viendo con sus ojos enrojecidos, su cara reflejaba que estaba muy apenado por lo sucedido y le dije: que es lo que quieres de mí, él se quedó callado y solo agachó la cabeza, mientras yo me desprendía de mi camiseta, después el pantalón que portaba mis calcetas y finalmente mis calzoncillos, dejando ver mi cuerpo totalmente desnudo y con mi pene al aire a medio erección. el levantó la cabeza y abrió sus grandes ojos con asombro, no daba crédito el ver mi cuerpo totalmente desnudo y yo sentía mucha excitación al exhibirme ante otro varón que sabía en ese momento, me deseaba con locura; se acercó lentamente y yo me eché en la cama, Eric se acostó a un lado mío y me contemplaba, recuerdo a lamia sus labios con su lengua, puso si mano sobre mi pene, él lo tomó y lentamente comenzó a masturbarme, se recostó sobre mi abdomen mientras mi pene de casi 20 cm terminaba de levantarse y ponerse al pie de guerra, de pronto sentí como comenzó a mamármela de una manera que nunca lo habían hecho y poco a poco veía como Eric pasaba de la delicadeza a la rudeza y como agarraba mi pene y los paladeaba en su boca, acariciaba mis huevos y yo me sentía en pleno éxtasis.

    De pronto yo estaba en la cama boca arriba con mis piernas abiertas de par en par y Eric entre ellas dándome tremendas mamadas mientras acariciaba mis huevos, mis piernas y de repente bajaba sus manos para acariciar mi culo, yo jamás había sentido tanto placer, Eric poco a poco se iba desprendiendo de sus ropas mientras quedábamos los dos completamente desnudos, después subió y comenzó a besar mi cuello hasta que nos besábamos nuestras bocas apasionadamente.

    Eric no paraba de decirme lo mucho que le gustaba y tanto que me había deseado, pasaba sus manos por todo mi cuerpo y volvía a hacerme tremendas mamadas que sentía que me corría en cualquier momento, yo me sentía extraño, estaba acostumbrado a la piel suave de las chicas y de pronto sentir su barba de 3 días, ere un choque para mí y apenas yo lo tocaba, aunque conforme fueron pasando los minutos yo comencé a corresponder a sus caricias, pronto toqué su pene erecto, el cual no era muy grande comparado con el mío y lo acariciaba tímidamente, el me pidió que metiera su pene en mi boca y lo hice con impulso, de pronto los dos estábamos haciendo un 69 y no podía de tanto placer, cosa que recompensaba como podía puesto que yo jamás me había comido una verga ni sabía cómo usar la boca para darle placer a un varón. Pronto no pude mas y llegué al éxtasis de un potente orgasmo, arrojé tremendos chorros de leche que terminaron en la cara y en la boca de mi ahora íntimo amigo, posteriormente yo quedé exhausto tendido en la cama mientras Eric, hincado a mi lado se masturbaba para acabar con no menos cantidad de semen sobre mi pecho y abdomen.

    Yo me incorporé, limpié todas las secreciones, me vestí y casi sin decir palabras me despedí fríamente y me fui a casa, llegué inmediatamente a bañarme y me sentía muy culpable por lo que había hecho.

    Al día siguiente ya no le conteste el teléfono ni lo busque, pero él se presentó en mi casa como si nada, saludó a mis padres y a mis hermanos y salimos a platicar de lo sucedido, Eric me aseguró que lo que había pasado seria nuestro secreto y que nadie mas sabría lo sucedido pasara lo que pasara, que él estaba consiente que yo era hetero y que solo había sido una experiencia nueva para mi, que solo me estaba descubriendo a mi mismo y que todos los seres humanos tendemos a la bisexualidad y que no tenía nada de malo siempre que ambas partes estuvieran de acuerdo, que no quería perder mi amistad por lo sucedido, pactamos que solo cogeríamos sin compromiso y que cada quien seguiría con sus conquistas por separado, si en algún momento, alguno de los dos se quería retirar para continuar con otra persona, solo bastaba platicarlo y seguiríamos siendo amigos y jamás contaríamos lo sucedido, pasara lo que pasara.

    Con el paso de los días yo recordaba lo sucedido y todos los detalles y no podía evitar masturbarme con las imágenes que venían a mi cabeza, no puedo explicar pero Eric no me atraía físicamente, hasta ese momento nunca me había atraído un hombre pero me excitaba recordar las escenas de sexo vividas y como me tocó y me dio tanto placer, como nunca nadie lo había hecho, posteriormente días después, me presenté como si nada de nuevo en su casa y Eric me preguntó si ya estaba mas tranquilo y si ya había asimilado lo sucedido, yo le dije que si y que la verdad no podía negar que aquello había sido muy excitante, que cada vez que lo recordaba me tenia que masturbar por la calentura que me provocaba todo eso, el se acercó y me dijo, “no lo inhibas, déjate llevar” me dijo que jamás había estado con un hombre como yo, alto, cuerpo atlético, fornido y no es por presumir pero con una verga tan grande y gruesa (así me lo dijo textualmente), y comenzó a besarme y a quitarme la ropa.

    De pronto ya estaba tirado boca arriba en la cama con las piernas abiertas y Eric como un desquiciado mamándomela y besando mis piernas, se despojó de su ropa para dejar ver su pene erecto, yo gemía de placer y de pronto levantó mis piernas para dejarme ir su pene por mi culo y ahí, se cortó el pacer y reaccioné diciéndole que por ahí no, que si quería, yo le daba a él por detrás, él sonrió y de un cajón de su buró saco un condón, lo quise tomar y él lo retiró rápidamente y me dijo “yo lo pongo”, lo sacó del empaque, lo puso en mi pene, no son darme unas mamadas y con su boca lo deslizó, sacó lubricante y puso un poco en su culo, se puso en 4 y yo me acerqué lentamente, empujando mi pene erecto contra su ano, sentía algo extraño y él me decía que lo hiciera despacio, fui empujando y sacando poco a poco y sentí como la resistencia de culo iba cediendo ante mi virilidad, gemidos de dolor y placer despedía Eric y eso me prendía mas, hasta que por fin tenía mi nabo dentro de sus entrañas, me fui moviendo rítmicamente, tomando con mis manos sus caderas y literalmente con las fuerzas de mis brazos yo controlaba los movimientos, mientras Eric me decía que me lo cogiera y que en ese momento él era mi puta y que estaba a mi merced; mientras yo lo penetraba él se masturbaba, y yo me detenía en ciertos momentos para no correrme, en una de esas, quite su mano de su pene y yo mismo lo empecé a masturbar mientras le daba con todo por el culo hasta que dio un grito de placer y terminó en chorros de semen que fueron derramados sobre sus sabanas, después yo seguí moviéndome terminando unos segundos después, terminando los dos bañados en sudor.

    Durante los siguientes días, mi sentimiento de culpa que tenía al terminar de coger con Eric fue desapareciendo, el me reconfortaba diciendo que esto que hacíamos era como un juego secreto entre nosotros, que nadie sabría jamás y que desde luego era sin ningún compromiso, es decir, que no éramos pareja ni novios ni nada, solo dos amigos jugando a darse placer y que el día que yo decidiera continuar mi vida hetero con alguna chica, lo podría hacer sin ningún problema y eso me daba la confianza de darle rienda suelta mas bajos instintos.

    Tener sexo con Eric se convirtió en algo que deseaba todo el tiempo, sobre todo cuando me hacía tremendas mamadas que jamás nadie me había hecho, la forma en que me besaba y acariciaba era sin igual, jamás nadie me había hecho sentir tanto placer, un día platicamos y Eric me propuso que tuviéramos sexo, pero que esta vez yo fungiera como pasivo, me habló de lo placentero que es hacerlo por detrás, que se experimenta un placer desbordante debido a que los hombres tenemos el punto P en la próstata y que al ser estimulada mediante la penetración desencadena orgasmos elevados a la octava potencia, al principio me negué pero Eric me aseguró que sería muy delicado conmigo y que el seria mi guía y maestro en la búsqueda del placer total, ese día jamás lo olvidaré; nos desnudamos y el hizo que me pusiera en 4 sobre la cama, Eric acariciaba mis nalgas y con sus dedos hacia círculos alrededor de mi ano, después acariciaba mis testículos y mi verga, no tardo nada en que mi pene se pusiera duro y se levantara como un mástil, Eric sin decir nada metió sus labios y lengua entre mis nalgas y empezó a lamer mi culito, yo no daba crédito al placer que estaba sintiendo, con su lengua estimulaba mi ano, mis testículos y aspiraba mi olor, me decía que le fascinaba el olor de mi intimidad, puso bastante lubricante en mi culito y me acercó su verga y empezó a empujar, varias veces tuve que detenerlo por el dolor que sentía al irse abriendo mi esfínter, tenía la idea de terminar eso y ya no intentar pero Eric me susurraba que me relajara y que me iba a gustar.

    Poco a poco, su pene fue entrando en mi y en poco tiempo ya estaba en mis entrañas, Eric se movía de forma rítmica y cada vez mas rápido y yo sentía como punzaditas en mi pelvis, primero dolor y poco a poco empezó a hacerse presente el placer; yo comencé involuntariamente a jadear primero de dolor y luego de placer y él me decía “ya vez, te dije que te iba a encantar y te aseguro que después me vas a pedir más” en mi campo de visión, yo estando en 4, veía hacia atrás, mis huevos campaneando de un lado a otro entre mis piernas, las piernas de Eric dándome tremendas envestidas y mi pene erecto con un líquido viscoso que caía a la cama dejando un hilo delgado como si de una telaraña se tratara y de pronto con sus manos agarró mi verga y me dijo “ahora si vas a sentir el placer supremo” y me empezó a masturbar y yo no podía dejar de gemir de placer, sentía que subía a lo más alto de una montaña rusa y que pronto vendría la caída libre; en un momento ya no pude más y estallé gimiendo y di un grito de placer extremo, eyaculando lo que nunca en la vida, mi pene, mis testículos y todo dentro de mi intimidad se contraían y arrojaban semen a borbotones y yo caía exhausto después de un prolongado orgasmo, ese día dejaría de ser virgen de ese hueco en mi cuerpo, había estado a merced de otro varón, Eric se quitó el condón y me hizo que lo que me quedaba de fuerzas las usara para mamársela, yo lo estimulaba con mi boca y manos y pronto terminó a chorros en mi boca y cara.

    Durante aproximadamente 5 meses llevamos una relación free en el clandestinaje, frente a nuestros compañeros y amigos, nos comportábamos como dos machos sin levantar sospechas, salíamos en grupos, hacíamos fiestas, a veces en casa de Eric o en casa de algún otro amigo o amiga, pero al final siempre terminábamos en la cama dominándolo o siendo dominado por él.

    Tiempo después conocí a una chica que me cautivó y con la que se empezaron a dar ciertas cosas, Eric se dio cuenta que mis ausencias eran cada vez mas prolongadas, un día platicamos y le confesé que estaba saliendo con una chica y se enfadó mucho, discutimos y le hice recordar el pacto que teníamos y que incluso el salía a antros gay, solo buscando conquistas sin que yo hiciera algún reproche, pero él me dijo que se había enamorado de mi, la verdad me sentí mal por él ya que para mi fue solo una gran experiencia sexual; nos distanciamos, al poco tiempo se cambió de casa, eventualmente nos encontrábamos en la universidad y terminando la misma supe que regresó a su ciudad y ya no volví a saber de él.

    Con Eric descubrí una parte de mi sexualidad que no conocía, ahora me considero bisexual, puedo decir que en ciertos momentos de mi vida después de esa experiencia, me he sentido atraído por hombres y aunque he tenido ya varias relaciones hetero de vez en cuando busco compañía masculina para revivir aquellos candentes momentos de mi juventud que fueron únicos.

  • Viaje en micro de larga distancia (parte 2)

    Viaje en micro de larga distancia (parte 2)

    Hola a todos ¡¡Feliz Año!! Sé que los dejé colgados con el último relato por mediados de diciembre.  Es que me he ido de viaje y no le presté atención a nada.

    Como prometí, quedó en contarles la segunda parte de este relato.

    Miguel, como era el nombre del muchacho que viajó junto a mí a Bahía Blanca, no les había dicho su nombre, apenas bajó del micro me mandó un mensaje que estaba ansioso por tener sexo conmigo. Lo saludé y apenas bajé del micro necesité acomodar todo lo desacomodado y estirar las piernas. El hotel quedaba a 12 cuadras desde la terminal, podía caminar, pero hacía calor y necesitaba darme una ducha. Tomo un taxi en las afueras de la terminal. En el hotel que ya tenía reservado, era por una noche sola y a nombre de una sola persona, si bien era base doble pero nunca registré que otra persona se fuese a quedar conmigo debido a que se facturaría de esa manera y eso debería presentarlo en el departamento contable de mi empresa para la devolución. Pensé y le digo a la recepcionista. Mira, podemos hacer un cambio? necesito que la habitación sea base doble, seremos dos personas, la otra persona se llama Miguel y vendrá mas tarde, y haceme factura como consumidor final y cobramelo de mi tarjeta.

    Fui a la habitación en un 4to piso, con linda vista a la ciudad, una cama King muy comoda, televisor, minirefri, ducha con mampara y baño espacioso. Me di una ducha rápida, me cambié, y salí para las oficinas de la ciudad.

    A través de una videollamada con la central, y el estudio jurídico que tenía el caso, pudimos suspender el proceso legal que teníamos encima y patearlo para el 2023 ya que la realidad, hagamos lo que hagamos, casi teníamos las fiestas de Navidad y Año nuevo encima, y a la administración pública le habían sumado feriados por lo que entre la feria judicial, y demas retrasos, sería mas sano y lógico retomar el caso de 0 en 2023 y no ahora. Realmente nadie tenía tiempo de ocuparse de ese caso, y por la suma dineraria objeto del litigio, varios preferian patearlo hacía adelante para que cuando el juez falle, agregue actualizaciones e intereses al nuevo año.

    Salí de las oficinas casi a las 2 de la tarde, hacía calor, y el hotel tenía piscina. Así que volví rapidamente al hotel, primero di parte de lo ocurrido a la dirección y luego, me saque la ropa, me puse un minishort cortito y me fui a la pileta. Me parecía mucho usar las sungas que compré en aquella ocasión de mi relato anterior, ya que era un hotel familiar y alguno/a podía darse por ofendido. Eso si, nadie me sacaba los ojos de encima.

    Salí de la pileta, me seque y lo mensajee a Miguel. Le mando una foto de la piscina y le dije: estas registrado junto conmigo en la habitación 403, cuando estes listo venite, y entras directo. Me respondió que estaba pasando la tarde con la familia pero que en un rato se arreglaba y venía.

    Volví a la habitación, me duche, me cambié y bajé a tomar una copa al bar de la recepción del hotel. Siendo las 18hs, me escribe Miguel diciendome que estaba en camino. Que ya llegaba, le avisé que estaba en el bar que me buscara ahí. A los 5 minutos llegó. Nos saludamos con un beso y abrazo. A él se lo notaba algo tímido y le pregunto: estas bien?

    Miguel: si, es que en estos tipos de ciudades, es medio pueblo chico, infierno grande, todos se conocen o nos conocemos y como que cuesta ser visto con alguien ajeno o extraño porque después hablan o comentan.

    Yo: ah, Ok, entiendo, lo he visto que ocurre mucho en el interior del país. No sabía que acá también.

    Miguel: Si, todo lo que sea fuera de la Ciudad de Bs As ocurre.

    Yo: vos tranquilo, y no creo que nadie comente en forma negativa, en todo caso curiosos. y de envidiosos jaja.

    Miguel: (se ríe) eso seguro, hay mucho tapado, y seguramente desde que llegaste mas de uno te habrá mirado.

    Yo: Si, en la pileta nadie me sacaba los ojos de encima, especialmente los hombres.

    Miguel: son de lo peor. Voy a pedir algo si no te molesta… Un fernet…

    Yo: un fernet? no, por favor. eso hacelo con tu familia, pedí algo mas elaborado, mas especial.

    Miguel: No, mira estos precios de la carta. Son muy caros.

    Yo: corre por mi cuenta, pedite otra cosa.

    Miguel: que estas tomando?

    Yo: me dicen que se llama Tinto de verano, es refrescante y algo dulce, está bueno.

    Luego de mas charla y dos copas cada uno, le digo de ir a la habitación. Subimos al ascensor y apenas cerró la puerta, nos comimos a besos apretandonos fuerte. Al abrirse la puerta, nos metimos directamente en la habitación. El efecto de los tragos encima y lo excitados que estabamos los dos le dio a la situación ese toque único.

    Le saque la chomba que tenía, le bajé la bermuda y saque sus sandalias, cuando lo veo llevaba puesto un suspensor. (me leyó la mente).

    Miguel: ahora me toca a mi.

    Me desabotonó la camisa boton por boton, y me la saca. Baja a la bermuda que también tenía puesta, saca el cinturón, desabotona, baja el cierre y hace que caiga al piso, yo tenía un slip negro que marcaba una pija erecta que se salía del slip. Se levanta y sigue besandome y agarrando mi pija por sobre el slip y me dice: guau, es demasiado grande y creo que es la mas grande que he tenido en mi vida, no sé si pueda con ella.

    Yo: shhh, tranquilo, relajate y vamos a pasarla bien.

    Nos acercamos a la cama, el se puso boca abajo, dejando su cabeza a la altura de mi bulto. Me huele, saca el tronco y la cabeza por abajo del slip y empieza a chuparmela. Yo estaba que estallaba. Comenzó a meterla mas profundo en su boca y ya la mitad le ocupaba toda su boquita, daba algunas arcadas.

    Asi que me bajé y quité el slip dejandola libre para que el se la meta hasta el fondo todo lo que quiera. Siguió chupandola como pudo. Media pija quedaba por fuera de su boca. Hacia un esfuerzo por que entre completa pero se ahogaba y daba arcadas. Le dije: tranquilo, despacio.

    Me tiré sobre la cama boca arriba, el se puso entre mis piernas para, según él, chuparla mejor. Se ayudaba con su mano, para masturbarme y chuparmela.

    Yo: hagamos un 69, quiero saborear ese ojete mientras me la seguis chupando. Se dio vuelta, acomodé los almohadones de manera que me levantarán bien la cabeza y quedó su orto derecho para mi boca y mi cara. Un hermoso orto se veía en ese suspensor, apenas tenia vello. Comencé a chuparselo de la misma forma que me lo trancé y gemía de placer. Le pasaba la lengua, le mordía las nalgas, y seguía chupando, fui metiendo un dedo, dos, a ver si estaba preparadito pero le dolía. Se lo chupe un poco más para relajar y le pregunté: estas listo?

    Miguel: eso creo, tengo la boca cansada.

    Yo: Ok, hora de usar el culo.

    Tome los preservativos que había traido y el pomo de lubircante. Toma, ponete bien y bastante le dije. Así hizo.

    Yo me puse el preservativo, y lo puse boca abajo en la cama. Le abrí las piernas y me pidió por favor que vaya despacio. Así lo hice, le levanté un poco el orto, para ver por donde había que entrar, fui de a poco enterrando la cabeza de mi pija y cuando entró, hizo un espasmo medio de dolor, y le pregunté: estas bien?

    Miguel: Si, pasa que no hago esto seguido. Duele pero va bien. En serio, es la pija mas grande q vi en mi vida.

    Yo: Ok, tranqui, respirá. Y fui enterrandosela de a poquito. De a poquito. Él apretaba las almohadas y se tapaba la boca para que no se lo escuche. Yo seguía con el entierro y cuando vi que estaba toda adentro le dije: ya está, toda adentro. Me sujeta con una mano de la cintura y me dijo: Ok, no te muevas, quedate así un momento.

    Yo empecé a chuparle las orejas, el cuello, y a moverme muy despacio. Gemía pero así la aguantaba. De a poco, fui moviendome un poco más, un poco más y un poco mas, hasta que pude acelerar la cogida. él por momentos gritaba y me decía: mas despacio! por lo que yo tomaba un poco de lubricante, me lo ponía y volvía a meter. Ya no era un tema de lubricante, era que él era estrecho.

    Le pedí cambiar la posición, le dije: sentante encima. él con algo de miedo, yo sujetándolo, se fue sentando de a poco y su carita de dolor era notoria. Le dije. bueno, hasta ahí, despacio. Si él no bajaba, yo subía para que le quede toda adentro.

    Yo: respira y relajate, no te contractures sino te va a doler más.

    Él: ok ok, respiraba cual mujer en parto, y se sentó y toda adentro. Empezó a cabalgarme con cierto dolor y excitación. Su mini pija por dentro de su slip estaba dormida, caída, pensé que no estaba excitado y le pregunté y me dice: no, soy pasivo pija muerta. Lo que me calentó mas ya que me representa un lado mas mujer o trans de él y eso me calienta mas, entonces, me senté, lo sujete de sus nalguitas y empecé a moverlo yo.

    Practicamente tenía sus piernas en el aire cuando lo subía y lo bajaba con la fuerza de mis brazos. él gritaba y gemía, me pedía que siga pero que pare. Yo dejé de escucharlo y empecé a que su cola estuviera entregada a mi voluntad. Lo levanté, lo apoye contra la pared y mientras nos besabamos me lo cogía a mi antojo. él me decía que no podía más y yo le decía que si, y que aguantara. Lo lleve a upa nuevamente a la cama, lo puse en cuatro, y vi algo de sangre en el preservativo. le eché mas lubricante y se la volví a meter para ya acabar, lo cogí en 4. Él había puesto su cabeza debajo de una almohada y me dejo su culo a mi uso y abuso, me lo cogí de esa forma unos minutos más y le dije: voy a acabar. Él. si por favor, si, acaba. Me saque el forro y los lechazos fueron disparados a su espalda y a sus nalgas.

    Se derrumbó sobre la cama. Yo quedé de pie mirando como mi leche se caia por su cuerpo y le dije: anda a ducharte y lavate bien porque noté algo de sangre, creo que algo te pude haber lastimado. Igual traje una crema para eso. Se la di y se fue al baño. Tiré el preservativo, lo envolví en un papel, el envoltorio y me tumbe sobre la cama esperando que Miguel saliera del baño.

    Tardó un rato que hasta que me quedo dormido. Salió del baño y me expresa: me quedó dolorido y me rompiste chabon!!

    Yo: perdones. en serio, soy de coger así. La crema quedatela te va a servir y si te duele o arde te va a aliviar, maximo en 3 días estás bien.

    Miguel: Ok, pero ya está por hoy basta!!

    Yo. si, tranqui, no te quiero poner incomodo o q te sientas mal. Querés que cenemos acá en el hotel?

    él: bueno dale.

    Cenamos, tomamos, charlamos de la vida, del laburo. Y cuando terminamos le digo: te queres quedar a dormir?

    él: no, ni loco, tengo que volver a mi casa con mi familia.

    Yo: Ok, dale! No hay problema, lo saludé, pagué la cena y me fui a dormir. Al dia siguiente retorné a capital, y no tuve mas contacto con Miguel.

  • Las notas de la vecina de arriba

    Las notas de la vecina de arriba

    El edificio en el que vivía en Belgrano era relativamente nuevo y tenía dos departamentos por piso, todos de una habitación, por lo que la mayoría de los que vivíamos ahí éramos solteros o parejas jóvenes. Como eran pocos departamentos, era muy raro cruzarme con alguien en el ascensor y tampoco conocía a mucha gente, más que mi vecino de piso y, de vista, a algún que otro vecino de otros pisos.

    Entre esa gente que pocas veces veía, tenía identificada a una chica que vivía en el departamento que estaba justo arriba mío, que me parecía bastante atractiva, pero con quién nunca cruzamos palabra. Joven, rubia de pelo por los hombros, buen cuerpo, buenos pechos, sonrisa amplia.

    Una noche llego con una amiga a casa, con quien de vez en cuando, si andábamos con ganas de pasarla bien, nos juntábamos a pasar la noche. Algo que me gustaba de esta amiga es que hablaba fuerte y era bastante ruidosa en sus gemidos y sobre todo en sus orgasmos, cosa que me vuela la cabeza. Esa noche, para variar, estuvimos haciendo bastante ruido, con la ventana abierta (por el calor de ese verano) y hasta bien tarde en la madrugada.

    Nada de esto es raro, pero lo diferente es que esta vez, al salir a desayunar afuera a la mañana, me encuentro con una nota en la puerta. La nota decía:

    “Estimado vecino: por favor, mantené los ruidos o más bajos o no tan tarde. ¡No a todos les gusta escuchar tanto gemido de tus chicas a la noche!

    -Tu vecina de arriba”

    Una sensación entre vergüenza y excitación se apoderaron de mí. Por un lado, sentía que toda posibilidad de acercarme a ella iba a tener ese freno de por medio, pero, por otro lado, me calentaba saber que ella había estado escuchándome toda la noche.

    Pasaron un par de días y todo volvió a la normalidad, hasta que un jueves por la noche, curiosamente, coincidimos en el ascensor. Ella venía acompañada por un tipo cualquiera y yo me sonreí al entrar con ellos.

    —Vas al 5º piso, ¿no?

    —Si —responde ella.

    —Yo voy al 4º

    —Ah…

    Aprieto los botones y me quedo mirando al frente con una sonrisa. En ese momento, ella se dio cuenta que era yo a quién le había puesto la nota la otra vez. Moría por ver su cara, pero prefería mirar para adelante y no cruzar mirada. Me bajo y me despido, ellos siguen al 5º piso… escucho su puerta cerrar. Me abro una botella de vino y me pongo a ver una película en el sofá, olvidándome de la situación. A la hora de acostarme, me estoy cepillando los dientes y escucho, en el silencio de la noche, gemidos y movimientos de cama. Prestando atención, veo que es mi vecina de arriba, usando al pobre chico ese como un ariete sobre el cual moverse.

    La situación me calienta y al meterme en la cama, sobre el acolchado, empiezo a masturbarme escuchando sus gemidos y ruidos, extrañamente, más fuertes de lo usual. La escucho gemir y la pienso moviéndose, cabalgando… siento el ruido de los pies de su cama deslizándose por la habitación. Mis manos se mueven al mismo ritmo, masturbándome deseando verla, pensando en cómo se debe sentir su cuerpo moverse así. En sus gritos acompañando a sus orgasmos me saboreo y relamo, decidido a ser el próximo que se la coja.

    Al otro día, decidido, le dejo una nota en su puerta, como ella me la había dejado a mi antes.

    “Estimada vecina: a mí no me molestan los ruidos ni en la tarde ni en la noche. ¡Gracias por compartirlos!”

    No me animé a ponerle «tu vecino de abajo» porque quería que se pregunte quién era esa persona atrevida que le dejaba esa nota, aunque debería ser obvio. Nuevamente, días tranquilos transcurren.

    Finalmente, un viernes coincidimos en el horario de regreso a casa y con la suerte de que sea en la entrada del edificio. Abrí la puerta del edificio y la deje entrar con una sonrisa enorme, y ella creó que en ese momento recordó quién era. Subimos al ascensor juntos y aprieto los botones del 4º y 5º piso. Ella estaba un poco colorada, pero a su vez sonriendo, mirando hacia abajo, como avergonzada, pero disfrutando la situación.

    —Este edificio es muy tranquilo los viernes por la noche, ¿no? —le pregunto de manera atrevidísima. Ella levanta su mirada con una sonrisa y me dice que sí. Nos reímos juntos y le elevo la apuesta.

    —Por suerte estamos nosotros dos para elevar los estándares de sonido del edificio —a lo que a ella le cambia su mirada.

    Cambió de una risa ingenua a una sonrisa de intriga, de una timidez naif a una complicidad mutua. Aprovecho esta situación y cuando llego a mi piso, me bajo y le doy un beso en la mejilla.

    No pasaron cinco minutos que escucho que la puerta del ascensor de mi piso se abre otra vez, escucho ruidos de alguien que se acerca a mi puerta, que luego pega la vuelta y sube al ascensor de nuevo, para volver al 5º piso. Salgo a ver y encuentro una nueva nota que decía:

    “Hoy me gustaría escuchar más ruidos».

    ¿Qué es este juego? Me sentía intrigado, por lo que agarré otro papel, le escribí algo respecto a que la podía ayudar en lo que me pidió. Junto ánimo y subo al 5º piso… me acerco a su puerta y me agacho para dejarle la nota y en ese preciso momento ella la abre rápidamente, riéndose. Me paro, sorprendido pero sonriente y ella me saca la nota de la mano y entra a su departamento, leyendo la nota y me dice “¿cerrás la puerta?».

    Decidido, cierro la puerta y camino tras ella, que se acerca a la barra de la cocina, idéntica a la mía, ya que el departamento tenía la misma distribución, pero claramente decorado por una mujer. Y qué mujer… cuerpo divino, caminar seductor y aún vestida de oficina. Se queda inmóvil leyendo la nota y me acerco por atrás y, con complicidad ella acerca su cuerpo al mío, lo que me da la posibilidad de poder abrazarla por la cintura y empezar a besar su cuello.

    Mis manos no aguantaron mucho en subir a sus pechos, sintiendo sus pezones marcándose bajo la camisa y un corpiño pequeño para pechos de una medida perfecta. Lanza un suspiro y mueve su cabeza para exponer su cuello, mientras su cintura se acerca más a mí, momento en donde ella se encuentra con mi erección, para lanzar otro suspiro aún más grande. Mis manos empiezan a bajar y mis dedos a buscar calor y humedad, que terminan encontrándolos entre sus piernas.

    Le doy vuelta contra la pared y empiezo a bajar su pantalón, mientras ella empieza a abrir su camisa, pero sin sacársela. Al termina de bajar su pantalón yo hago lo mismo con el mío y al ver su tanga y una cola perfecta, me arrodillo a besarla y lamerla. Voy abriendo sus piernas mientras ella esta con su cara pegada en la pared y empiezo a llenarme de su olor y sabor, cosa que me enciende aún más y puedo sentir mi verga queriendo salir a los gritos de mi bóxer.

    Levanto la mirada y la veo en un ángulo perfecto, de piernas abiertas como una A mientras baja su tanga, completamente dispuesta a recibirme. Mi bóxer queda a la misma altura, por lo que la agarro de la cintura y acerco mi verga a sus labios, mientras ella empieza a arquearse para acercarse a mí. Siento sus labios mojados empapando la cabeza y ahí mismo empiezo a enterrarme en ella, dejando salir un gemido entre dientes. Se empieza a mover, empiezo a moverme, el ruido de ella mojada en cada penetración me enloquece, sus gemidos y jadeos me aceleran. Esos mismos gemidos y jadeos con los que a veces me masturbaba al escucharlos, ahora eran míos.

    La agarro del pelo, mientras ella entierra sus uñas en la pared y abre más las piernas, mojándome más, jadeando más fuerte, diciéndome que me la siga cogiendo así, tal como le gusta. Manoseando sus pechos como puedo no paro de bombear y empiezo a sentir que en cualquier momento acabo. Me acerco a su oído y le digo que voy a acabar y eso la enloqueció, al punto que siento una explosión de sus jugos en un orgasmo de ella que me hace también, llegar a un orgasmo adonde termino acabando dentro de ella de manera brutal.

    Mientras seguí viviendo ahí, seguimos viéndonos varias veces, siempre dejándonos notas tentadoras bajo la puerta. Como desconocidos.

  • Hueco oriental: Masaje con final feliz

    Hueco oriental: Masaje con final feliz

    Este día comenzó con una llamada erótica con una chica que conozco como Rose por estos medios cibernéticos. Quedamos en tener sexo telefónico y aunque regularmente no me presto para esto, lo hice porque esta chica tiene 18 años y dice ser virgen y vive en Ecuador. Estamos en eso y ver si algún día podemos tener un encuentro físico y conectarnos físicamente. Bueno, este día esta chica con esa plática candente donde le describía como le rompería el culo, pues la verdad me dejó con las bolas hinchadas. No me masturbo, pues a mi edad toda esa energía la ocupo para un evento real y poder satisfacer a cualquier chica que se me presente. Realmente la necesitaría un par de horas después.

    Me fui a una tienda de auto partes por algo que necesitaba y me estacionaba cuando veo salir de este lugar a una chica de apariencia asiática, con un lindo rostro y un erótico y exquisito cuerpo. No era la típica chica asiática flaca o esbelta, esta era una chica con un poco más de carnes y donde se le podía ver unas buenas tetas y un rico llamativo trasero. Vestía unos pantalones de tela delgada y muy coloridos que esas curvas resaltaban. Tuve que esperar y verla caminar y disfrutar de su belleza y de esa manera vi como cruzó la calle frente al estacionamiento donde yo me encontraba y para mi sorpresa se metió a un lugar donde ofrecen masajes. No sabía si ella era cliente o trabajaba en ese lugar y sin pensarlo mucho, me fui directo para ese lugar después de haber hecho mis compras en la tienda de auto partes.

    Me alegré al ver a esta linda chica de nuevo dándome la bienvenida y mostrándome una especie de menú de los servicios prestados. Ya de cerca descubría que no era una chica joven o adolescente, le calculaba unos 30 a 35 años muy bien cuidados. Me gustaba su bonita sonrisa y con un inglés bastante fluido me recomendaba una hora de masaje que incluía un baño y sauna. No sabía si ella solo era la recepcionista del lugar, pues había tres mujeres en la recepción, pero Anna, como dijo llamarse, era la más joven de las tres. Me tomó de la mano y me encaminó a un pequeño cuarto donde se podía ver una típica cama de masajes. Me pidió que me desvistiera y me dio una toalla grande para luego cubrirme. Para mi sorpresa ella regresó y de nuevo me llevó a otro cuarto donde esta chica completamente me quitó la toalla y me pidió que me acostara para darme ese baño. Me echó agua caliente y se dio a la tarea de enjabonarme y frotarme con sus manos donde llegó sin ningún permiso al canal de mis nalgas y me quitaba el jabón. Me pidió que me volteara y mi verga pasiva que había un tanto reaccionado tomó un poco de grosor y estaba en una erección también un tanto pasiva frente a ella. Me echó esa loción en todo el cuerpo y como al principio comenzó a frotarla por todo mi pecho y mis piernas y ya acercándose a mi verga ella me preguntó:

    -¿Te quieres remover el jabón tú o quieres que yo lo haga?

    -¡Si tú quieres hacerlo, puedes hacerlo! – le contesté.

    -¡Por mi no hay problema! Solo quería pedir permiso, pues no quería que te sintieras incómodo.

    -Para nada… créeme que no me harás sentir incómodo… al contrario, me harás sentir muy cómodo. -le dije sonriendo.

    Ella me tomó la verga con su pequeña mano y me echaba agua caliente y a la vez me frotaba las bolas y me masajeaba la entrepierna. Obviamente mi verga terminó de reaccionar y estaba a pleno volumen con todas esas ganas que la chica ecuatoriana había generado con esa plática erótica donde la oia gemir mientras ella se masturbaba. Anna, quien en ese momento me tomaba la verga masajeándola con sus dos manos me decía:

    -¡La tienes grande!

    -¿Te parece grande a ti?

    -¡Si… es muy grande! Imagino que su esposa a de ser una mujer muy feliz. – Me dijo sonriendo.

    -No tengo esposa. – le dije.

    Ella me quedó mirando un tanto seria y me hizo una plática trivial donde se presentó con ese nombre de Anna. Me pidió que me parara y me comenzó a secar el cuerpo para luego meterme a otra habitación que era la sauna. Ahí estuve por 15 minutos relajándome, escuchando esa música asiática de fondo y con la ansiedad de saber sí esta chica de nombre Anna era la que me daría el masaje. Anna regresó y de nuevo me tomó de la mano y me llevó de nuevo al mismo cuarto donde había dejado mi ropa. Me pidió que me acostara boca hacia abajo y me cobijó con una toalla y comenzó a masajear mi cuerpo por sobre la toalla. Era un tanto decepcionante pues quería sentir el calor de sus manos, pero eso solo era el principio, era solamente una forma de secar el cuerpo. No se lo pregunté, pues lo intuí cuando ella me removió la toalla y solo me cubría las nalgas y piernas. Comenzó masajeando mis espaldas donde ella se colocaba por mi cabeza y cuando se estiraba para alcanzar mis nalgas, podía sentir con mi cabeza las curvas de su entrepierna, pues a ese nivel me quedaba. No sé si lo hacía adrede o de una forma desapercibida, pero sentir el calor de su conchita en mi cabeza me comenzó a excitar, especialmente que la tela de su pantalón era delgada y podía sentir plenamente esos muslos muy bien desarrollados.

    Quizá pasó masajeando mis espaldas y mis nalgas por unos 20 minutos y me pidió que me volteara y me tapó la verga con la toalla. Me dio un rico masaje en los pectorales, hombros y brazos para luego pasar a mis piernas cubiertas por la toalla. Hizo una pausa y me preguntó:

    -¿Quieres que te la cubra con la toalla o no te importa?

    -La verdad que no me importa. -le he contestado.

    La verdad que quería que me viera con la verga parada, pues eso de que te masajeen la entrepierna en esa zona púbica no deja de excitar a nadie. Mi verga se volvió a parar y solo sentía como sus brazos chocaban con mi verga mientras ella me masajeaba alrededor. Me agarraba los huevos con sus uñas en una especie de masajes y pensaba que en minutos me iba a hacer la oferta típica que he escuchado les han hecho a otros y es por eso por lo que a estos lugares algunos le llaman: masaje con final feliz. Anna se me acercó al oído, pues próximo a esta habitación hay otros cuartos y estas habitaciones no son a prueba de sonido o térmicas. Ella me preguntaba murmurando al oído:

    -¿Quieres que te le dé un masaje?

    -¿Cuánto? – fue mi respuesta lógica.

    -No… yo no te cobro por esto y nunca lo he hecho. Lo hago porque me gustaría hacerlo por ti.

    -Si tu quieres… hazlo. La verdad que tu puedes hacer todo lo que tú quieras con ella.

    Me dio una sonrisa y con sus dientes me atrapó el lóbulo y me decía ya con una mirada erótica: -¡Eres un hombre muy guapo y me gusta cómo se mira tú verga! Comenzó con una pajeada bien rica con sus pequeñas manos y luego vino lo impensable pues no me puso un condón y sentí como sus delgados labios me atraparon el glande y me lo besaba y chupaba tiernamente. Podía ver en esa luz débil y amarillenta como esta chica me mamaba la verga tan deliciosamente. Debería haber estado tan caliente o era esos días fecundos del mes que andaba las hormonas avispadas. Cuando sentí que sí seguía mamando me mandaría a la gloria me levanté y ella solo me hizo de señas que no hiciera mucho ruido. Le removí esa blusa blanca que llevaba y un brasier que sostenían unos melones talla doble D, por lo menos y comencé a chuparle los pezones mientras mi mano se adentraba en esos pantalones coloridos y llegaba a su concha ya mojada y podía sentir algunos vellos recortados. Le sobaba el clítoris y le insertaba uno o dos dedos a su concha y aquella chica oriental solo gemía de placer. Le bajé los pantalones a los minutos y tenía unos calzones cacheteros de color naranja que los tenía ya saturados de sus propios jugos vaginales y la puse en esa misma cama donde ella me daba ese masaje y aunque ella me decía que no, yo hice caso omiso y le abrí las piernas y comencé a chuparle la concha.

    Al principio puso algo de resistencia, pero al sentir ese masaje de mi lengua en el hueco de su panocha decidió mejor disfrutar mi invasión y se le oía un respirar erótico con algunos tímidos gemidos. Comenzó a mover su pelvis para encontrar la presión y calor de mi lengua y supe que se estaba corriendo. Me subí por sobre ella y le he hundido la verga sin misericordia y comienzo con un embate frenético y se oía como esa camita crujía y como nuestros pelvis chocaban en ese baile del placer. Le mamaba las tetas a la vez mientras ella vivía un largo orgasmo y se oía a la vez ese chasquido de mi verga entrando y saliendo de este hueco oriental. No me corrí en su panocha y tuve que esperar para que esta chica retomara una mamada que me hizo temblar las piernas y le he hundido su boca con una tremenda corrida. De por si ya la chica Rose me había dejado con una calentura y así que esta corrida era muy abundante. El pequeño cuarto olía a sexo y esta chica comenzó a rociar un aroma ambiental para camuflar ese olor penetrante del sexo. Después de esa breve y sorpresiva cogida no hablamos mucho. Ella solo me preguntaba:

    -¿Vas a venir otra vez?

    -Con este tipo de servicio obviamente que volveré.

    -Nunca lo había hecho antes con algún cliente… lo hice porque me gustaste.

    -Tu eres una chica muy bella también. ¿Podría verte en algún otro lugar?

    -No… no puedo. Si quieres cogerme otra vez, tendrá que ser aquí.

    -¿Y sería posible que este culito esté disponible para mí?

    -¡No estoy muy segura de que pueda con lo tuyo, pero si vuelves tenlo por seguro que te lo doy!

    -Recuerda, la próxima vez nos saltamos todo esto del masaje.

    -Tenlo por seguro… quiero que me culees como tú lo quieras.

    [email protected]

  • Cena navideña

    Cena navideña

    Soy arquitecto de la Ciudad de México, tengo 45 años, aunque me dicen que aparento menos, complexión normal y algo alto (1.78).

    El año pasado por trabajo estuve en la ciudad de Morelia supervisando unos trabajos, un viernes me quedé más tarde en la obra y ya llegué más o menos tarde a mi hotel, al llegar noté que había más gente de la normal, pero no le di importancia, como había sido un día pesado decidí pasar al bar a tomar unos tragos y relajarme antes de subir a mi habitación, ya en la barra le pregunté al cantinero que por qué tanta gente, me comentó que el hotel tenía rentado los salones para las cenas de navidad de algunas empresas y por eso el bar también estaba un poco lleno por lo cual me senté en la barra y pedí un tequila para relajarme.

    En las pantallas tenían programas de deportes y me quede embobado viendo un programa del mundial por lo cual no note que el bar se llenaba ni las personas que se sentaban a mi alrededor, de repente una voz muy dulce me saco de mi embobamiento de la tv preguntándome que estaba tomando, al voltear hacia la voz descubro a una muchacha delgadita, no más de 30 años aproximadamente, unos ojos bellísimos, morena clara, cabello corto arreglado, unos senos pequeños y un trasero fabuloso, algo chaparrita, 1.60 a lo mucho y todo enfundado en un vestido de noche largo, con un escote pronunciado al frente y una abertura en la pierna que subía todo el muslo y medias negras de red, al voltear casi escupo mi trago de tequila que acabada de tomar por la impresionante belleza de dicha mujer.

    Ella vio mi contratiempo y se rio un poco disculpándose por preguntar de improviso, le dije que no había problema, que estaba tomando tequila derecho, acto seguido me pregunto que si podía sentarse a mi lado y podía invitarle una copa, le dije que sí, que pidiera lo que quería y pidió una margarita también con tequila. Honestamente estaba confundido, no soy feo, pero tampoco me considero un galán y el que una mujer tan hermosa se me acercara a platicar pues si provoca un poco de desconfianza, aunque al estar dentro del bar del hotel hizo que me relajara un poco. Me pregunto de donde era porque notaba que no era de ahí, le dije que soy de la CDMX y que estaba ahí por trabajo, que estaba relajándome antes de irme a descansar. Yo también le pregunte que de donde era y por qué tan arreglada, me dijo que es de Morelia, que estaba en uno de los salones en su cena de navidad pero que se había hartado y que prefirió salirse un rato.

    Ya con la plática más en confianza me dijo que estaba soltera, que vivía sola y que tenía 35 años los cuales no se le notaban, que andaba con un chavo de su misma empresa pero que el si estaba casado y que al chavo este se le ocurrió llevar a su esposa por lo cual ella se molestó mucho con él y por eso solo ceno y prefirió salirse pero que no quería llegar aun a su casa y por eso entro al bar a tomar algo y al verme solo también por eso decidió acercarse conmigo. Le dije que me sentía muy afortunado de haberse acercado conmigo y poder platicar un poco. Me pregunto si era casado o con compromiso, le dije que soy divorciado y sin compromiso.

    Ya entrados en calor después de los tequilas y las margaritas mientras platicábamos me empezaba a rozar la pierna del pantalón, a veces el brazo, a veces el cabello, yo no sabía bien que hacer ni cómo actuar ante eso pero me excitaba mucho, en una de esa acaricia mi pierna y empieza a subirla y le hago el comentario que si subía mas no iba a responder por lo que provocara, con una sonrisa pícara me miro y me dijo susurrando al oído, ya te habías tardado pues sé muy bien lo que estoy provocando, después de escuchar eso no me pude contener, la tome de la cara y le di un beso, nuestras bocas al contacto explotaron toda la pasión contenida, su boca era suave y dulce, su lengua jugaba con mi lengua y mis manos empezaron a recorrer todo su cuerpo, no sé cuánto duro ese beso pero lo sentí eterno, divino, maravilloso.

    Le dije que si subíamos a mi habitación a lo cual accedió sin problemas, pague la cuenta y antes de tomar el elevador le dije que mí me esperaba o me acompañaba a un Oxxo que estaba afuera pues necesitaba comprar unas cosas (condones), me dijo que prefería acompañarme, salimos los dos del hotel, tomados de la mano, me gusto su actitud sin preocupaciones, entramos al Oxxo, compre unos condones y me dijo que si podíamos llevar algo de tomar, le dije que sí y tomo unos Jack Daniel´s con miel y unas Caribe Cooler, pagamos y nos regresamos al hotel.

    Una vez dentro de la habitación, mientras me lavaba las manos y lavaba los dientes me dijo que pondría algo de música y se pondría cómoda, al salir del baño que imagen tan impactante descubrí, estaba parada frente a la cama, solo con un bra negro de encaje, una tanga a juego también en color negro, sus medias de red de liguero y sus zapatillas, se veía realmente hermosa y muy sexy. Me hizo el comentario de «Mira lo que se perdió el pend… ese», y yo le conteste » Que bueno que se lo perdió pues ahora a mí me toca disfrutarlo». Me acerco a ella, me agacho para besarla y nos damos un beso muy cachondo que fue el inicio de todo, empezamos a besarnos, yo recorría su cuerpo por completo mientras ella me desabrocho mi camisa para luego seguir con el pantalón, la cargue entre mis brazos y ella me abrazo con sus piernas, eso hizo que sus pecho me quedaran frente a mí los cuales los empecé a besar sobre el bra, el cual baje los tirantes para estar más cómodo para besar sus pechos, eran algo pequeños con unos pezones pequeños y paraditos los cuales antojaba a besarlos y chuparlos y así estuve un buen rato.

    La cargue hacia la cama, la recosté con cuidado mientas terminaba de quitarle su bra, la bese en la boca, en el cuello, baje a sus pechos para besarlos y masajearlos al mismo tiempo, eso le prendía mucho y lo demostraba con sus gemidos y sus movimientos, baje a su vientre hasta llegar a su tanga la cual hice a un lado y pude apreciar su deliciosa vagina, rosadita, con un olor exquisito y totalmente rasurada, se le notaba un poco de humedad y al pasarle la lengua pude comprobar que no solo era un poco sino que estaba totalmente lubricada, empecé a besarla y ella soltó un grito de placer, empecé a recorrerla con la lengua abriendo sus labios, recorría de arriba a abajo y al subir otra vez me quede pendido en su clítoris, lo chupaba, lo mordía con mis labios, mi lengua jugaba en él, se empezó a retorcer de placer, me tomo de mi cabeza y me pegaba aún más a ella hasta que en un grito termino por explotar y empapar mi boca con su humedad la cual bebí con placer.

    Después de eso dijo que era mi turno, me pidió que me recostara poca arriba, se puso encima de mí y me beso en la boca con un beso riquísimo, todo su cuerpo encima del mío, podía sentir su calor y la suavidad de su piel, me beso el cuello, el pecho, tomo su pequeñas tetas y con ellas envolvió mis pene que estaba totalmente erecto, esa imagen la hacía ver muy cachonda pues al hacerlo levantaba la mirada y me veía de frente preguntándome si me gustaba a lo cual le dije que si, después bajo un poco más y se puso de frente a mi pene, me dijo que le encantaba, le dio un pequeño beso y empezó a chuparlo con la lengua, lo hacía de arriba abajo para después empezarlo a meter en su boca, lo hacía riquísimo, jugaba con su lengua lo cual me hacía enloquecer, quiso metérselo por completo pero no le cabía aunque sentí que llegaba hasta su campanilla, estuvo así un buen rato hasta que le dije que parara o me haría venir en su boca, me dijo que lo hiciera pero le dije que después, que primero necesitaba estar dentro de ella.

    Tomo un condón del buro y me lo puso con la boca, después se fue subiendo en mí, se sentó encima de mí, tomo mi pene con su mano y fue bajando poco a poco hasta que lo tuvo todo adentro, soltó un suspiro cuando terminó de hacerlo y se quedó quita un rato, le pregunté si estaba bien y me dijo que solo se estaba acostumbrando al tamaño, la vista que tenía frente a mí era espectacular, ver su cuerpo desnudo encima de mí, solo con sus medias y zapatillas puestas y sus pequeños pechos erectos apuntando hacia enfrente, la tome de las caderas y poco a poco empezó a moverse, al principio era de arriba abajo dándose sentones hasta el fondo, con cada embestida gritaba de placer, sentía como llegaba hasta el fondo de su diminuto cuerpo hasta que yo creo se cansó de esa posición y empezó a mecerse encima de mi cuerpo, se acomodó su clítoris para empezar a tallarlo en mi aun con mi verga dentro de ella, así pasamos unos minutos hasta que empezó a erguirse y a gritar de placer, se estaba viniendo por segunda vez, ella se recostó encima de mí, yo la abrace y empecé a mover mis piernas para seguir penetrándola, me dijo que seguía sensible pero continúe dándole así hasta que volvió a venirse nuevamente, entonces me di cuenta que era multiorgásmica.

    Nos quedamos recostados ella encima de mí, abrazados, nos empezamos a besar y aun con mi verga dentro de ella nos giramos para dejarla a ella debajo de mí, me abrió su piernas para acomodarme en medio de ella, nos seguimos besando y yo empecé a moverme con fuerza encima de ella, tomo mi mano entre la suya, me decía que le encantaba y gritaba que sentía muy rico, besaba mi cuello y me pedía que no parara, que estaba llegando hasta el fondo de ella, yo estaba a punto de venirme por lo cual pare para cambiar de posición, me puse de rodillas frente a ella, tome una almohada y la puse debajo de sus caderas y puse mis piernas sobre mis hombros, volví a metérsela de un golpe y grito diciendo que la sentía hasta la garganta, en esa posición me empecé a mover, yo creo tocaba su punto G pues decía que sentía delicioso, que le encantaba como me estaba sintiendo y bastaron unos cuantos movimiento más en esa posición para hacerla venir otra vez, al ver lo que provocaba me excitaba aún más y seguía dándole que le provoque varios orgasmos más dejando la almohada y la sabana toda llena de sus humedad.

    Me pidió cambiáramos de posición, le dije que se volteara y se pusiera en 4, cuando lo hizo el espectáculo era maravilloso, lo que no tenia de pecho lo compensaba con esas nalgas tan deliciosas, no pude resistirme a darle un beso en esas nalgas, le chupaba desde su culo hasta su panochita, a ella le encantaba aunque me pedía también que ya no la hiciera esperar y que se la metiera, la obedecí y puse mi verga en la entrada de su panochita, apenas la sintió y se hizo hacia atrás para que se la metiera hasta el fondo, yo la tome de sus caderas y le daba con fuerza, se escuchaba como mi cuerpo se estrellaba con el de ella, como nuestra humedad se mezclaba, era tanta que esa misma humedad empezó a escurrírsele por la piernas, le di una nalgada sin pensarlo, ella grito pero le gusto y me pidió le diera más, me decía que le dijera que era mi puta, que la tomara con fuerza, le grite que era mi puta, que esas nalgas eran mías, que era una zorrita viciosa de mi verga, en ese momento grito que era su puta y que le encantaba mi verga y termino explotando una vez más.

    Me dijo que ya se había cansado un poco, acomode unas almohadas bajo su vientre y la recostea si boca abajo, era divino verla con sus nalgas paradas, me acomode entre sus nalgas, le fui metiendo mi verga lentamente y me recosté encima de ella, mientras se la metía le besaba la espalda y el cuello, le susurraba al oído que me encantaba y que me excitaba mucho, ella tomo nuevamente mi mano entre la suya y me decía que le encantaba lo que le hacía sentir, ella paro aún más sus nalguitas y empezó a hacer un movimiento en donde apretaba sus nalgas y apretaba mi verga al mismo tiempo, no podía aguantar más y le dije que estaba a punto de explotar, me dijo que me saliera, que quería mi leche en su boca, me puse de rodilla en lo que ella se acomodó, me dio unas cuantas chupadas y solté toda mi leche en su boca, era tanta que se le salía y le escurría entre sus pechos lo cual empezó a esparcirlo en su pecho, nos abrazamos y nos besamos.

    Después de eso nos recostamos, la recosté en mi pecho mientras besaba su frente y su boca, recorría su cuerpo desnudo, sus caderas, sus nalgas. Le dije que me sentía muy afortunado por haberse acercado a hablarme y me dijo que ella sentía lo mismo y que si podía quedarse esa noche conmigo a lo cual accedí y así nos quedamos recostados hasta quedarnos dormidos.

    Luego de eso yo quede rendido hasta cierta hora de la madrugada en donde sentí como ella estaba masturbando mi verga, al despertar sentí como mi verga estaba nuevamente parada y lista para la acción, empecé a tocarla a ella también y le pregunte que como quería sentirla, se volteo y me dio la espalda y se pegó a mí de cucharita y me dijo que se quedó con ganas de sentirme en su culo, con solo escucharla mi verga se puso aún más grande, empecé a acariciarle su panocha, tenía aun mucha humedad lo cual empecé con ello a lubricar su culito, me puse otro condón y después empecé a frotarme entre sus nalgas, ella solita volvió a tomar mi verga entre sus manos y se la acomodo en la entrada de sus culo, empecé a meterla poco a poco, sentía como me iba abriendo camino entrando y saliendo poco a poco hasta que ya había entrado casi la mitad se la deje ir por completo.

    Ella se movía riquísimo, se notaba que no era la primera vez que le daban por ahí, sabia como moverse y lo disfrutaba mucho además de que lo apretaba riquísimo, se giró bocabajo y pude darle aun con más fuerza, sus gritos de placer eran excitantes, me pedía que no parara y que le encantaba le metiera mi verga en su culo y no dejaba de apretarlo, sentí que estaba a punto de venirme y le pedí se girara, lo voltee boca arriba, le levante las piernas y se la metí por su culo de esa forma pero ahora de un solo golpe pues ya su culo se había acostumbrado a mi tamaño, era una delicia sentirla así, me excitaba mucho y le dije que estaba a punto de explotar, me dijo que la esperara un poco pues ella también estaba a punto de explotar, tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no venirme en ese momento, entonces tomo mi mano, sus jadeos se incrementaban, de repente empezó a apretar mi mano y me di cuenta que empezaba a venirse y yo hice lo mismo, nos fundimos en un grito de placer, sentía como se convulsionaba y apretaba mi verga ordeñándome a mi también, me recosté a su lado, volvimos a abrazarnos y quedarnos dormidos nuevamente.

    Despertamos ya muy tarde, pedí de desayunar al cuarto y mientras esperábamos nos metimos juntos a bañar, ver su cuerpo diminuto me encanto, parecía una muñequita, no podía dejar de admirarla y se dio cuenta, empezamos a besarnos dentro de la regadera, yo enjabonaba su cuerpo y ella hacia lo mismo con el mío, recorrer su cuerpo desnudo era una delicia, seguimos así un buen rato hasta que tocaron la puerta con el desayuno, tuve que salir de la regadera para recibir el desayuno y cuando quise regresar al baño ella ya estaba saliendo envuelta en la toalla, la jale hacia mí para darle un beso y en eso se le cayó la toalla dejando su desnudez al descubierto, me senté en la cama, la atraje hacia mi besándole los pechos, la cargue y ahí en la orilla de la cama cargándola frente a mi volví a cogerla, su cuerpo diminuto hacía que la tomara de la forma en que quisiera.

    Después de un rato la cargue y la senté en la cubierta frente al espejo, ella se apoyaba en sus manos para levantar sus caderas pero se cansó rápido y se bajó, se puso de pie y nos besamos, la gire para que quedara frente al espejo, empecé a frotarme entre sus nalgas, luego la recline y la penetre así, fue excitante vernos los dos frente al espejo, ver sus caras de dolor y placer al mismo tiempo mientras la penetraba fue excitante, después de un rato me pare, la gire a ella y nos dimos un beso, así besándonos la cargue y la lleve a la cama, la acosté boca arriba y volví a poner unas almohadas bajo ella para penetrarla así, en cuanto empezó a sentirme de esa forma volvió a sentir un orgasmo y aunque quise seguir me dijo que se sentía muy sensible por todos los orgasmos que ya la había provocado, entonces le pedí que se volteara para penetrarla por detrás, se acostó dejando las almohadas en su vientre, empezó a moverse como la vez anterior exprimiéndome así mi verga hasta que me hizo explotar de placer.

    Terminamos rendidos otra vez, desayunamos desnudos en la cama, estuvimos tocándonos, besándonos, acariciándonos así durante toda la mañana, después de un rato se empezó a vestir, le dije que la llevaba hasta su casa pero me dijo que mejor así, que nos quedáramos con el recuerdo de esa noche, se puso su vestido y se puso mi camisa encima de ella, se quitó su tanga le dio un beso y me la dio después de darme un beso a mí, me dijo que le había encantado esa noche y salió por la puerta del cuarto diciéndome que esperaba haberse llevado un recuerdo además de la camisa y esa noche y se acerico su panza y me lanzo un beso, en ese momento me di cuenta que al hacerlo en la mañana no habíamos usado condón.

  • Mi regalo de Día de Reyes es un gangbang interracial

    Mi regalo de Día de Reyes es un gangbang interracial

    Hola soy Verónica, aunque mi nombre artístico es Ishtar, me encanta el sexo, no tengo ningún complejo para disfrutar mi sexualidad, me encanta vestirme provocativamente, usando puti vestidos, que resaltan mi figura, usando tacones, medias que le dan un toque sexy a mi persona, me encanta provocar a los hombres y porque no decirlo también a las mujeres, me fascina los encuentros casuales, el saber que tendrás sexo con desconocidos y nunca más los volverá ver.

    Era el primer viernes del 2023, día de Reyes, como ya es una costumbre de los días viernes, mis hijas salieron de fiesta, y regresaban en la mañana del sábado, mi marido atendiendo negocios, fuera de la ciudad y también volvía en la mañana. Así que decidí no quedarme en casa, y visitar un bar cerca de mi hogar, es decir se encuentra, por la estación Zapata, de la alcaldía Benito Juárez, por lo que me bañé y me dedeaba imaginando que podría pasar, en dia de Reyes, quería que me rompieras mi rosca y me llenaran de leche, que rico solamente el imaginármelo, los Reyes Magos son tres, me decia ojala encontrar tres sementales.

    Sali del baño, abrí mi closet, tengo cientos de mini vestidos o mejor dichos puti vestidos, elegí el clásico color negro, es mi color favorito, porque es elegante y sexi, y porque me recuerda a los negros bien dotados. Era un mini vestido negro con algunos brillantes impregnados, dejaba ver mis atributos, los hombros iban descubiertos, medias color carne, tanga negra, mis tacones color plateados, mis labios rojos y mis uñas del mismo color, pelo suelto, me veia muy sexi, como siempre, era una leona en celo, y quería que unos leones me cogieran. Decidí no llevar mi coche, y caminar aproximadamente medio kilómetro, varios caballeros me miraban y algunos me decían unos piropos a lo que yo devolvía una sonrisa pícara, finalmente llegue al bar, pedí un whisky y me senté, estaba sola en la barra y en consecuencia, note que varios caballeros me miraban pero no se acercaban, eran las 10pm, cuando para mi fortuna, seis caballeros negros llegaron, me mordí los labios, imaginándomelos cogiendo conmigo, eran los clásicos negros, altos, de 1, 80 hasta 1, 90, fuertes, jóvenes maduros, entre 20 y 35, todo lo que una Leona en celo, necesita para aparearse y satisfacer sus necesidades, mi lujuria ya estaba al 100, como es costumbre, pero esos negros la aumentaban, esta muy excitada, con el simple hecho de verlos.

    Eran las 10pm, cuando cruzábamos miradas, escuchaba que hablaban entre ellos y volteaban a verme. De pronto tres negros, decidieron ponerse de pie y acercarse a la barra —Buenas noches, señorita. —Me dijo uno de ellos. —Buenas noches caballeros. —Conteste amablemente. Permítame presentarnos bella dama, mi amigo es Yosel, mucho gusto, dijo mientras medio un beso sexi en la mejilla, el es Jassael, otro beso tronado, yo soy William, y me dio un beso y abrazo, ¿Cuál es su nombre bella dama? Me llamo Ishtar, dije sonriendo, un gusto – ¿le gustaría acompañarnos a nuestra mesa? -claro respondí- me llevaron a la mesa, —Amigos, les presento a la dama, Ishtar— Buenas noches un gusto, dijeron los otros tres acompañantes. -siéntate Ishtar- Gracias- él es Walter, Isaac y Ronaldo, un gusto bella dama. ¿Qué gustas tomar? -respondí, otro whisky- pregunté- ¿de dónde son, claro si se puede saber? – sonrieron, claro que se puede saber, somos empresarios cubanos, tenemos una empresa, y vinimos a cerrar un traro aquí en tu tierra, pero mañana salimos -me gustaba su acento, sonreí y les dije no es mi tierra natal, yo soy de Guatemala, aunque vivo aquí en la ciudad de México.

    William, menciono, nosotros cuando venimos, rentamos una casa, está aquí a dos cuadras, lo tome como una invitación y siendo una Cougar, que sale a buscar a sus presas, respondí -que rico, es más cómodo el hogar, nada nos molesta-sorprendidos atizaron a decir, gustas que vayamos a la casa- solamente sonreí. Nos levantamos, pagaron la cuenta y salimos del bar rumbo a su casa, uno de los negros me agarro la nalga y me dio una nalgada, yo iba con la lujuria a tope, seis negros, yo imaginaba tres machos por el día de Reyes, y ahora era el doble de machos, llegamos a la casa, entramos a la sala, y como perros hambrientos se lanzaron sobre mi, me comenzaron a besar, manosear, jalaban mi cabello, chupaban mis hombros descubiertos, metieron sus negras manos, en mi vagina -ya estas mojada, puta- asi me tienen desde que los vi.

    —¡Que buena estas mamacita! ¡Que ganas de meterte la verga en tu culito! ¡no solo en el culo, en todos tus orificios-—Que ganas de enterrarle mi verga hasta el fondo. —sus palabras solamente me excitaban- Como la Puma que soy, y a pesar de tener 6 negros sementales, tome el control, y los avente, a los sillones, y me fui subiendo en cada uno de ellos, mientras iba fajando con cada uno, les arrimaba mi culo, mi vagina, y yo sentia esos grandes miembros. Me puse de rodillas en medio de la sala y les dije ahora si saquen sus vergas, Dios mío, salieron seis miembros erectos, gordos, largos, cabezones, con unas venas a punto de explotar -puedes con los seis- respondí con orgullo -soy una Diosa en el sexo- me arrimaron sus miembros, agarre como pude con mis manos y empecé la felación, era muy difícil, pero podía meter la cabeza y parte del tronco, y asi fue uno por uno. Sabia que para aguantar a esos seis toros, tenia que usar todas mis habilidades, empecé con mis manos a masturbar despacio sus miembros y luego muy rapido, mientras el pene que tenia en mi boca, le mordía duro el tronco, le metía mi lengua en el frenillo y glande, los hacia gemir.

    Sentía ahogarme con tremendos miembros, Isaac dijo levántate me subio mi vestido hasta la cintura y dijo ponte en cuclillas, así lo hice y el se metió y empezó a chuparme y morder la vagina, aunque tenia la tanga, me hacia gemir –si mi amor, asi, chúpame la vagina—los demás caballeros, comenzaron a lamer mis senos y succionarlos, mientras otros sementales, los otros me acariciaban y mordían mis las piernas y muslos, Isaac hacía a un lado mi tanguita negra para meter sus dedos en mi vagina fue algo tan delicioso y excitante estar rendida e indefensa, expuesta ante esos sementales. Después, fue William el que tomo el lugar de Isaac, me temblaban las piernas, por el tremendo oral quedaba y recibía, Ronaldo el mas joven puso su negra verga en mi boca, y me peinaba muy dulcemente, mientras me besaba la frente, me hizo sentir mas deseada, ese noble gesto en medio de tanto deseo animal.

    De repente Walter, me tomo y levanto fuertemente, —Ahora sí hermosa te voy a meter la verga bien duro. —, quien junto a Ronaldo tenía la verga más grande, unos 24 cm, aunque los demás la tenían entre 19 y 20cm.—Cójanme a su antojo, úsenme, cójanme con todas sus fuerzas, soy su meretriz. Me llevo al sillón, hizo mi tanga a un lado y me la metió de un solo golpe –aaaa gemí, aaa rico, me entro completa- sentí que llego hasta mis entrañas, me empezó a coger, Yosel y Jassael, me llevaron sus miembros para que los mamara, mientras yo era penetrada y partida en dos, asi mismo me ahogaba con esos miembros, mientras los otros sementales, mordían mis piernas, el miembro de ese toro me embestía, muy fuerte, solamente penetraba fuerte, no entendía otro ritmo era un animal salvaje, asi fueron varios minutos, William dijo ahora voy yo, partiré ese culo tan rico, mientras decía esto me daba nalgadas, con sus grandes manos abrió mis nalgas y dijo vengas escupan, y asi pasaron todos a escupir.

    Me puso en cuatro, y también de un solo golpe me la metió, pero el literal sentí desgarrarme, su gordo pene, parecía atorarse en mi ano, la saliva no ayudo mucho, y penetraba duro, -aaa que rica, perra, si vieras el panorama que tengo de tu culo- mi ano sentia que se estiraba, se estaba abriendo más y más, suplicaba porque no se desgarrara, mmm que rica estas, dos negros, agarraron mis manos para que los masturbara, y Ronaldo, nuevamente puso su enorme miembro, pero lo saco y me beso en la boca, y nuevamente metio su miembro -me encantas estoy enamorado de ti- -que lindo alcance a decir- -a todos nos encanta esta perra- William, me castigaba con sus grandes manos mis nalgas, y con su gordo pene mi ano, hice movimientos circulares, para poder amortiguar la cogida, pero el muy cínico, me detuvo con sus manos y dijo así perra, quieta, y me saca la verga y de un solo golpe otra vez.

    Jassael dijo es mi turno, yo seguía en posición de cuatro, pero el si quito mi tanga, mi espalda quedo curveada hacia abajo y mis nalgas sobresalían empinadas como un corazón bien formadito, el sí fue más tranquilo metió la cabeza de su pene en mi ano, y poco a poco el tronco, hasta meterla toda, me sentí tremendamente excitada, aunque despues fue brusco, con sus manos grandes y toscas me tomó con fuerza de la cintura y de un fuerte empujón, me penetró violentamente hasta el fondo, mi ano estaba completamente desecho, me la metió muy fuerte y rápidamente, tal como yo lo quería, cada que me penetraba podía sentir un golpe dentro de mi vientre, así continuó cerca de veinte minutos, hasta que de pronto sentí que iba a tener un orgasmo me estaba viniendo. –aaa que rico —estas mojada perra.

    Posteriormente, fueron turnándose, cogiéndome todos en mi posición de cuatro, como bestias insaciables solo buscando su propia satisfacción, disfrutando de mi cuerpo a su antojo, era una muñeca, una puta, atragantándome con sus vergas y apretándome los senos, sentía sus manos tocando todo mi cuerpo. Cuando fue el turno de Ronaldo, me dijo con permiso mi amor, me beso en la boca, y me penetro dulcemente, pero su verga al ser grande y tosca, no pensaba igual que el, -aaa que rica la tienes Ronaldo, que rico amor- Así pasaron los seis negros, cogiéndome analmente, disfrutando y marcando el ritmo que ellos querían. Cuando Walter, dijo -Ronaldo acuéstate en el sillón y tu puta, móntalo analmente, asi lo hicimos, -aa grite cuando monte esa verga negra —Walter se aproximó, abrió con sus manos mi ano, intento estirarlo y metió su anaconda- -Dios mío que rico —que puta eres te entraron los dos, tienes mucha experiencia -resondi, si mi amor- esas negras vergas se unian para hacer una sola, y cogerme mientras otros machos ponian sus vergas en mis manos y boca, era una escena de pornografía llevada ala realidad, que rico.

    Después Jassael y Yosel, tomaron el lugar, de Walter y Ronaldo, y empezaron a penetrarme, igual de duro, Jassael me jalaba del cabello, mientras Yosel mordía mis senos, quería gritar pero tenia la verga de Walter en mi boca lo que me impedía, y sentí estremecer de dolor y placer, cuando me tapo mi nariz, -mi única forma de escapar era morderle el tronco —aa perra, me dolió mientras medaba unas cachetadas con su vergota, Jassael era el que tenía la verga más gorda, y me jalaba de las cintura para ensartarme con fuerza, solo escuchaba el sonido de nuestros cuerpos chocando, me sentía tan lastimada en ese momento sin poder hacer nada, las piernas se me empezaban a acalambrar, perdí la fuerza en todo mi cuerpo, Jassael me jalaba del cabello cada que me embestía era un sentimiento de vulnerabilidad, pero poco a poco fue pasando y sentí como mi ano estaba más relajado lubricado por mi sangre que escurría entre mis piernas, seguía doliendo cada impacto por dentro pero lo estaba disfrutando.

    William e Isaac, seguían pero ellos me limpiaron la sangre y otros líquidos que ya salían de mi cuerpo, me cargaron, quedando William en mi vagina e Isaac en mi ano, que rico empezaron a embestirme mientras yo cabalgaba esos miembros enormes, dijeron vamos a la recamara, a la de William, tiene una cama King, mientras subíamos las escaleras, me metían sus vergas, era un sensación rica, me siguieron clavando sus penes, llegamos a la habitación y se sento William en la cama, y esto lo aprovecho Isaac, para penetrarme mas duro, ya no era tanto movimiento, ahora mas estático pero doloroso, -aaa que ricas vergas- dije mientras mis ojos parecían salir unas lagrimas de placer, dos sementales se subieron a la cama, y me pusieron sus vergas calientes, intentaba meterme las dos pero era prácticamente imposible, Isaac, se recargaba con saña y sentia ese enorme miembro perforándome todo mi cuerpo.

    Dijeron tomemos un descanso sirvieron, whisky, y este fue una especie de anestesia para mi cuerpo, Ronaldo se acerco y me empezó a fajar y a besar, -que rica mi amor, en serio que rica, eres una Diosa- me besaba mis manos, el joven estaba realmente enamorado, y yo le empezaba a jalar su miembro en señal de agradecimiento, estuvimos varios minutos asi, me besaba, me mordía mis hombros. Isaac se acercó, y me empezó a quitar el vestido, solamente quede en tacones y medias, me acostó en la cama, y nos pusimos de cucharita, Isaac, penetrando analmente, William, también se sumo y el le daba a mi vagina, era un frenesí de lujuria, nos movíamos, mientras Ronaldo, se subió también y empezó a ponerme su enorme verga, para que la mamara, nuevamente, monte a Isaac, esta vez vaginalmente, llego Jassael, y me dio en el ano, luego pasaron los seis negros, intercambiándose –aaa me quiebran, que rico, métanla más- que rica estas, tienes mucha experiencia, otras ya se hubieran desmayado, me decían, mientras montaba y recibía esas negras vergas. Y grite fon fuerza -Amo los GangBang Interracial- mientras ellos aplaudían.

    En el dia de Reyes, seis sementales me estaban rompiendo mi rosca, a pesar de tener enterradas unas vergas enormes, con mi habilidad de meretriz comencé a moverme, -que rico perra, que bien lo haces- de repente al estar mamando dos vergas, me picaron los ojos, y quede un poco aturdida, mientras recibía embestidas, fue cuando senti llenarse mi culo y vagina de semen, -aaaa me vengo —William se había venido en mi Vagina, y Yosel en mi culo, Ronaldo tomo mi culo y Walter mi vagina, y aprovecharon la leche como si fuera lubricante para cogerme, unos instantes después, Isaac y Jassael, terminaron eyaculando mi cara, salió mucho semen pegajoso, entrando en mis ojos, y dejándome sin poder mirar, -que rico, ya me llenaron de leche- mientras escurría a mi boca y lo comía, Ronaldo, descargo una enorme cantidad de semen caliente en mi ano, posteriormente Walter, se inundo mi vagina de su cremoso semen, y se puso de pie, y penetro mi ano y orino en él, lo que hizo que mi ano, tuviera semen y orina, los cuales combinados con mis jugos internos, escurrían mis piernas.

    Con mis manos limpie todo el semen, de mi cara, vagina y ano, y me los lleve a la boca para comerme toda la leche, eran ya las 4am, -uuff aun tenemos tiempo para el segundo round- dijeron, mientras servian whisky. Me aventaron a la cama, y quede completamente extendida, de manos y pies, dos sementales negros a cada lado de mí, comenzaron a chupar mis pezones al mismo tiempo mientras los otros dos besaban mis muslos y jugaban con mi vagina. Asi continuaron unos instantes y vi que sus grandes miembros, ya estaban erectos nuevamente, mientras ellos se la jalaban, aunque quería más verga. Un negro se metió entre mis piernas y me agarró por los tobillos y los apoyó en mis hombros, que lindos aretes, dijo. Pude ver la expresión de su rostro cuando enterró lentamente su polla en su coño. Mientras yo decía, «Oh Dios, es tan grande», su polla yendo más y más dentro de mi vagina. En solo unos segundos, comenzó a follarme duro y rápido. Ahora era el turno de Ronaldo, se metió entre sus piernas, pero esta vez consiguió que dos de los sementales me sujetaran por los tobillos mientras él empujaba su verga en mi vagina empapado. «Sostén sus piernas mientras le follo la vagina”. Estaba recibiendo embestidas de verga y amando cada minuto. A continuación, tuve otro orgasmo y grité muy fuerte -aaa que rica verga. Con dos negros abriéndole las piernas y el otro follándome la vagina, mi cuerpo tenia descargas eléctricas de placer, asi fueron intercambiándose, cada negro reventó mi vagina, mientras otros dos me sujetaban.

    Ahora Walter, me puso en cuatro, y metió su verga por mi ano, Ronaldo, se adherido y ambos, juntaron sus vergas para romper mi ano, -aaa despacio, si caben pero con calma, les dije- pero ellos no entendían razón, lo hacían duro, pero no coordinaban, hasta que se calmaron y lograron penetrar juntos -lo que hizo quebrarse, a mi cuerpo, mis piernas temblaban- -que ricos negros, me están cogiendo- más quiero más- decía, mientras mi ano, pedía clemencia, pero esos sementales, no la daban, continuaron asi, varios minutos, hasta que uno de ellos empezó a orinar mi ano, por lo que se pusieron de pie. Ahora voy yo dijo Isaac, cuando con sorpresa, dijo lo siguiente; —No mames ya le rompiste el culo. —Está escurriéndole más sangre. —Ya está más abierto su culo. —Decían ellos con mucho morbo. A pesar de que lo estaba gozando, una parte de mi se sentía muy cansada y adolorida, y dije lo siguiente, —No, ya no por favor, ya déjenme, me duele mucho, me están haciendo daño, se los ruego ya no. —Pero ellos no hicieron caso. —Esto es lo que querías ¿No? —Me dijeron recordándome que les pedí, que me cogieran con sus grandes vergas negras.

    En consecuencia, entendí que no había nada que yo pudiera hacer y que me seguirían cogiendo por el culo así que intenté relajarme y entregarle mi culo sin resistirme, entonces él se puso atrás de mí y sin preguntarme solo coloco su verga en la entrada de mi ano, me tomó de la cintura y me jaló muy fuertemente contra él, me penetró hasta topar en mi interior, sacándome uno gritos desgarradores. —¡Aaaah aaaa aaaa! —Hasta quedarme afónica. Se te fue la voz mi amor, dijo uno de ellos, ten mama verga para que te regrese y asi lo hice, gracias a mi gran experiencia, movía mi culo y yo empezaba a tener un poco de control, pero inmediatamente me ensartaban su pene lo que me hacia perder otra vez el control, sentí que nuevamente eyacularon en mi ano, dijo otro, rápido ahorita esta lubrica y comenzó a penetrarme, el semen ayudaba a que la embestida fuera mas fácil, le estaba mamando la verga a Yosel, y le daba lengüetazos en su frenillo y se vino, en mi boca, salió una cantidad considerable de semen.

    Nuevamente, me cargaron penetrándome vaginalmente y analmente, yo parecía una muñeca de trapo que movían a su antojo, Ronaldo que era el mas alto, puso mis piernas en sus hombros -aa que rico mi amor, me encanto esta posicion- su pene entraba en mi vagina, y otro negro, llego para penetrarme analmente, y así se iban turnando para romperme el ano, me aventaban, para que sus vergas se clavaran bien en mi vagina y ano, mientras yo sentía quebrarme por la posición en que tenia mis piernas, a pesar de que son largas, el tenerlas en un hombre de 1, 90, me hacia gemir de dolor aunque también de placer, -aaa que martirio tan rico, decía, mientras me mordía los labios, y arañaba al negro que me tenía ensartada de la vagina, al mismo tiempo, eyacularon Ronaldo e Isaac, que rico mi rosca la estaban llenando de leche, me bajaron y me puse de rodillas en el suelo mientras otros dos sementales eyacularon en mi cara, ya estaba amaneciendo y yo tenia todos mis agujeros llenos de semen -tenemos que irnos reina —mientras yo solo asentaba a decir que si con mi cabeza- llena de semen, comenzaron a orinar en todo mi cuerpo, -que rico, que gran regalo de día de reyes, me dieron- -claro puta llenamos tu rosca de leche cremosa- aproveche sus orines como si fuera agua, para enjuagarme la cara, mi maquillaje ya se había corrido todo, el semen y los orines, me gustaban a pesar de su sabor amargo, el piso todo mojado, cuando quise ponerme de pie, casi me caigo, me agarro Ronaldo, me cargo y me llevo a la cama.

    Muy tiernamente, me empezó a besar mi cuello, no le importo que estaba llena de restos de semen y orines, y asi fue besando cada parte de mi cuerpo, hasta bajar a mis pies, quito mis tacones y medias, y me empezó a penetrar vaginalmente en la clásica posición de misionero, tenia la verga muy rica, negra, -te gusta amor- si me encanta las enormes barras de chocolate, metió la cabeza, luego el tronco y de un golpe toda entro, la saco, hizo la misma acción, y empezó a saltar sobre de mí, intentando que entrara toda su verga, y me rompiera, mientras sus manos y mis manos se unían, mi cabello mojado por los orines, lo empezaron a tomar otros negros y comenzaron a enredarlo, en sus grandes miembros mientras se masturbaban, ya no nos va a dar tiempo de bañarnos, pero que importa si tenemos hasta puta, decían y empezaron a embestirme, pusieron una almohada debajo de la cama, recostaron mi cabeza y echaron mis piernas hacia atrás, quedando mi ano a merced de ellos.

    Nuevamente empezaron a embestirme, una por una de esas gordas y sabrosas vergas negras entraban en mi ano, uno de ellos empezó a combinar vagina y ano, asi me tuvieron varios instantes, para después, Jassael, se acostó, lo monte dándole la espalda su pene entro en mi vagina, y Walter, se subió y también la puso en la vagina -ya te hemos dado dobles anales, ahora le toca sufrir y gozar a tu vagina, me encantaba, mi coño podia resistir mas que mi ano. Mientras dos negros, se subieron y de pie comenzaron a meterme sus vergas, se estaban masturbándose con mi cabello enredado, y todavía salió semen que dejaron en mi cabello y después me dieron a chupar sus miembros, Walter y Jassael cambiaron de posición y me penetraban muy duro.

    Ponte de pie, me dijo Ronaldo, asi lo hice, desmonte a mis machos y me puse de pie, me empezó a metérmele analmente, mientras sus manos castigaban mis nalgas, -aaa que rico —zaz, zaz, chocaban muy deliciosamente nuestros cuerpos, mientras su dura verga rompía por enésima vez mi ano, mas rápido lo hacía, y ahora me tomaba de mis senos, para que eso permitiera entrar mas a su verga, después me jalo del pelo, -si amor me encanta, sigue- saco su grande miembro, y fue turno de William, quien escupió en mi ano y de una sola embestida metió toda su verga –aaaa rico amor-, asi fueron turnándose los cuatro leones negros, yo era su leona en celo, la cual requiere que varios machos la penetren para satisfacer sus necesidades, uno por uno penetraba y eyaculaba en mi ano, todavía de sus dotados miembros salía buena leche, me aventaron a la cama, y aun continuaron castigándome analmente, -que rica perra—mientras me mordían la espalda, hombros, dijo Walter, tengo una idea, todavía alcanzamos a eyacular, cada uno jálesela y deje el semen en esta copa, aun podemos, todavía alcanzamos a sacar leche, uno por uno fue vaciando su semen, en la copa, era lógico que ya no salía una cantidad como lo fue en la primera vez.

    Cuando los seis terminaron de dejar su semen, este se mezcló haciéndose uno solo, pero dijo Walter, ahora orinemos en la copa, poco para que tengamos espacio los seis, y asi lo hicieron, dejándome una copa llena de semen combinado con orines, ellos se sirvieron, whisky y dijeron brindemos por esta gran noche de sexo y por la puta y Diosa Ishtar, me sentí tan halagada, me bebi de un solo golpe el contenido de la copa y saque la lengua en señal de que me había bebido todo. Ahora si tenemos que irnos, se cambiaron rápido, y me fueron dando un beso en mi frente, agarrándome mi vagina, como queriéndose llevar el olor de mi sexo. -Me dijeron gracias amor- Jassael agrego, la casa la tenemos rentada hasta medio día, todavía puedes quedarte y por el aseo no te preocupes el dueño limpia, no hay problema por el desorden, el entiende- ok, respondí, Ronaldo fue el ultimo en salir y me dio unos ricos besos, para después besarme mis manos, eres una Diosa, me dijo cual es tu nombre verdadero, soy Verónica Flores, -gracias amor- le dije llévate mi tanga que esta en la sala como un recuerdo.

    Me quede sola en la cama, eran las 8:30 am, descanse una media hora, y casi arrastrándome me fui a bañar, me seque todas mis partes y me puse el mini vestido, y los tacones, las medias estaban llenas de orines por lo que ya no quise ponérmelas y las meti en una bolsa. -Que rica cogida me habían dado, que rico GangBang Interracial, que gran regalo de dia de reyes, seis barras de chocolate me habían reventado mi rosca, y llenado de leche cremosa. Eran las 10am como pude, me levante, sali de la casa y observe que no hubiera gente para caminar rápido e irme a mi casa, al llegar no había nadie, por lo que subí a mi cuarto me puse mi bata y me quede dormida, hasta medio día que mis hijas llegaron, pero les dije que me dolía un poco la cabeza y que le dijeran a su padre, cuando llegara que no me molestara. Así lo hicieron, y ese día pude descansar de las enormes metidas de verga, sobre todo mi ano y vagina e incluso mi boca, necesitaban un descanso. Días después me fui a realizar una prueba de VIH, Porque, prácticamente había cogido con seis negros desconocidos, de otro país, afortunadamente sali negativa, no obstante, tuve unas infecciones vaginales y bucales, pero para mi fortuna nada de cuidado, y en días estaría sanando, para mi fortuna y sorpresa mi ano, se sentía muy bien, listo para volver a ser embestido. Debido a las infecciones, tuve que decirle a mi señor que tenia síntomas de gripe y para evitar contagiar usaría el cubrebocas en casa, por lo que no se dieron cuenta de mis infecciones labiales ni vaginales.

  • Trío en la sala de reuniones

    Trío en la sala de reuniones

    Estoy casada con un hombre maravilloso que haría cualquier cosa por mí. Nuestra vida sexual ha mejorado desde nuestra pequeña boda. Sin embargo, aún no hemos podido pronunciarnos a favor de los hijos. El miedo a que el sexo pudiera cambiar me hizo decidirme en postergar la tenencia de los niños. Mi esposo sabe exactamente lo que necesito y lo que quiero. Sucedió un miércoles. Antes de casarnos abrí mi propio consultorio en sociedad con otra oftalmóloga. Los miércoles yo no atendía consultas, de la misma forma que ella se tomaba libre los jueves. Mi esposo trabaja como jefe adjunto en el departamento en línea de una gran empresa de Tecnología e Información en Monterrey.

    Dicho día, quise alegrarlo y esperarlo con su plato favorito: pescado al horno y arroz. Tenía tantas ganas de hacerle un cumplido por lo que me quedé en la cocina durante tres horas para que la comida fuera casi perfecta. Me duché y peiné mis largos rizos castaños oscuros. Incluso en la ducha, noté que estaba bastante excitada y que ya esperaba con ansias la hora de salida de mi esposo. Apenas podía quitarme las manos de encima. Me enjaboné varias veces y me lavé los senos en particular. Tengo bustos copa C. Como resultado, esta zona en particular me emociona. Bueno, como estoy, no me detuve con el jugueteo de mis pechos. Pasé mi mano nerviosamente entre mis piernas. La cena estaba casi lista y no podía quedarme mucho tiempo en la ducha, pero pensando en el sexo del día anterior, me apoyé en el piso de la ducha con ambas manos entre las piernas.

    Froté mi clítoris, masturbándome con dos dedos dentro de mí. Traté de mirarme a mí misma para ponerme aún más caliente. Mi cabello largo colgaba suelto sobre mi cabeza mientras me inclinaba hacia adelante para verme masturbándome. Ya fría, el agua resbaló por mi espalda y cubrió mi cuerpo. No pude evitar los gemidos que se hacían más fuertes. Sentí el clímax llegando y grité mi lujuria. Me eché el pelo hacia atrás y me apreté contra la pared de la ducha, temblando. Me arrastré y me lavé más mal que bien. Luego fui a nuestro dormitorio para elegir un vestido de verano aireado. Era un día de mucho calor y no tenía ganas de ponerme nada más. Rápidamente corrí a la cocina para preparar la comida antes de ponerme un poco de maquillaje en mis ojos para que se destaquen mejor. Como él, sabía lo que le gustaba de mí y quería complacerlo. Me miré en el espejo con satisfacción y me puse de lado como de costumbre.

    Me conmocioné cuando noté que las bragas que tenía puestas eran claramente visibles en el vestido. Molesta, me las quité después de subirme al auto y conducir al centro de la ciudad hasta la oficina de mi esposo; los miércoles, que yo no trabajaba, lo llevaba y lo iba a buscar en mi auto. Cuando llegué allí, me di cuenta de que estaba toda caliente de nuevo. Puede que haya sido el calor. Me bajé ágilmente del coche y lo cerré. Crucé hasta el otro lado de la calle y toqué el timbre de la gran casa de cristal frente a mí. Una señora respondió por el intercomunicador: «¿sí por favor?» Le expliqué quién era y que venía a buscar a mi esposo. La señora me dejó entrar. Subiendo dos pisos, estaba emocionada de volver a ver a mi joven esposo. Cuando llegué a mi destino, me encontré por con una mujer joven sentada frente a un pequeño escritorio y detrás de ella una gran puerta de madera.

    «¡Hola Olivia!» La saludé, sabiendo que ella era la mujer con la que hablé antes por el intercomunicador.

    Ella también me saludó y señaló la puerta: «Desafortunadamente, su esposo está atrapado en una reunión desde hace veinte minutos» Gruñendo, le di las gracias y atravesé la otra puerta que conduce a la llamada sala de espera. Agarré una revista y me senté en una de las cómodas sillas. Antes de leer, miré alrededor de la habitación. Habían terminado de renovar todo hace menos de un mes y se veía realmente agradable. La habitación en la que estaba sentada era exorbitantemente grande y se comunicaba con la oficina donde estaba Olivia y la sala de reuniones donde estaba mi esposo con otros ejecutivos de la empresa. Concentrándome, miré hacia la sala de reuniones, pero no pude escuchar nada. Aburrida, hojeé Computer Vision, solo para dejarla rápidamente y caminar nerviosamente por la habitación. El tiempo no pasaba ni quería pasar. Perdida en mis pensamientos, de repente escuché la voz profesional de mi amante.

    Sobresaltada, me puse de pie, mirando a la puerta de la reunión. «¡Gracias caballeros! Mi encantadora esposa me espera afuera.» Sonreí.

    Otra voz dijo: «Nunca se debe hacer esperar a las mujeres. Estoy deseando conocerla.»

    Miré hacia la puerta de nuevo, sobresaltada. No estaba vestida para conocer a los socios comerciales de mi esposo. Miré hacia abajo con nerviosismo y tiré de mi vestido. Pero recordé que habían instalado un ascensor especialmente para que los socios comerciales pudieran usarlo para entrar y salir sin pasar por las oficinas. Me pasé los dedos por el pelo con alivio. Se giró el pomo de la puerta y un apuesto joven alto y rubio con ojos entrecerrados y una sonrisa seductora me miró. Salté y caminé hacia él y lo abracé por el cuello. Me sonreí. «Hola mi hermoso ángel.» Me acarició el pelo. «¿Finalmente me besarás ahora?», le espeté. Soltó una carcajada estruendosa, tomó mi cabeza con una mano, se inclinó hacia adelante y posó sus labios sobre los míos.

    Nuestras lenguas jugaban apasionadamente entre sí. Lo abracé más. Ese beso me excitó. Interiormente me reí de mi calentura por mi esposo. Lo abracé aún más fuerte. Sentí mis pechos frotarse contra su cuerpo de acero, haciéndome aún más apasionada. Desde que él comenzó a hacer ejercicios, el sexo ha mejorado aún más y responsablemente siguió con el entrenamiento diario y la motivación resultante. Confundido, me dijo: «¿Quieres seducirme?» Una indignación fingida corrió por su rostro. Le seguí la corriente y le di una expresión inocente. «Mis socios realmente quieren conocerte. Te adoro demasiado.» Me acarició la mejilla y me miró con amor. Esquivé su pregunta indirecta. Volvió a reír a carcajadas.

    Me rendí: «Entonces solo invítalos a cenar. Pero tienes que ayudarme a cocinar.»

    «Hablando de comida, ¿qué preparaste para la cena?»

    Molesta, me paré frente a él y me crucé de brazos: «no te dejaré escapar tan fácilmente.» Hice un puchero y miré hacia abajo. De nuevo tomó mi cara entre sus manos y tiró de mi cabeza hacia él.

    Me miró directamente a los ojos: «¡Te amo!» Lo abracé de nuevo y me puse de puntillas para poder besarlo salvajemente. Sus manos recorrieron mi cabello hasta mi trasero. Hizo una pausa.

    Confundida, me separé de él: «¿Qué pasa?» Se rio descaradamente y agarró mi trasero con fuerza.

    Así que me acercó a su boca, pero en lugar de besarme de nuevo, me susurró emocionado: «No llevas bragas, estás caliente ¿verdad?» ¡Besos! Luego me miró seriamente a los ojos: «Ya lo hiciste, ¿verdad?» Me sonrojé. ¿Cómo lo supo? Pero estos pensamientos fueron dejados de lado por otros. Sus manos en mi trasero, él también estaba caliente. Quería sexo.

    «¿Aquí? ¡Oh Dios!» Lo miré con pánico y con los ojos muy abiertos.

    Se rió levemente: «Vamos a la sala de reuniones. Allí no hay nadie aquí. Estamos solos. Se fueron todos.»

    «Dios, me excitas así.» Sus manos amasaron suavemente mi trasero. Mis pezones se erizaron con entusiasmo. «¡No! ¿Aquí?» Nunca antes habíamos hecho algo así. Retrocedí levemente. Pero no me soltó. Más bien, apretó su agarre. Mis pechos estaban aplastados por su torso. Me levantó suavemente el vestido. Presa del pánico, me escapé de su fuerte agarre y me cepillé el vestido, de color rojo brillante. El tabú que estábamos a punto de romper era demasiado serio.

    Decidido, se puso detrás de mí y me agarró de la cintura, «vamos, pequeña gata asustada.» Me abrazó contra su regazo y me movió un poco. «Hazlo» me susurró al oído. Cayendo bajo su encanto, moví mis caderas contra su miembro. Arqueé apasionadamente mi espalda y puse mi cabeza en su cuello: «¡Adelante!» Susurró y mordisqueó mi oreja, haciendo que mis pezones se erizaran de nuevo. Como si lo hubiera estado esperando, agarró mis senos con ambas manos y lentamente comenzó a amasarlos. Eso fue demasiado para mí. Abrí un poco la boca y suspiré ruidosamente.

    En ese mismo momento, sentí algo presionando contra mi trasero. Él también gimió levemente. Eché mi cabello sobre sus hombros y me apoyé en su cuello, mirándolo frenéticamente. Él sonrió y besó mi frente. Sus manos se separaron de mis pechos y deslizó los breteles de mis hombros, exponiendo mi sostén favorito. Susurró: «Tienes unos pechos tan bonitos, ¿por qué siempre los escondes?» No pude responder porque ya me había abierto el sostén y estaba sosteniendo mis senos. Volví a gemir y me apreté contra su creciente miembro. Con este movimiento, mi vestido se deslizó hasta mis caderas. Rápida y hábilmente, se apartó de mí para dejar que el vestido se deslizara hasta mis pies. Nuevamente, recordando dónde estábamos, quise escabullirme de sus seductores brazos nuevamente. Pero él ya me había vuelto hacia él y me miró fijamente: «No querrás dar marcha atrás ahora.» Llena de duda miré hacia atrás y agregó: «Sí aquí y ahora. Tú también lo quieres. Lo veo en tus grandes ojos.»

    Desnuda como estaba frente a él ahora, no tenía oportunidad de escapar. Renuncié y comencé frenética y nerviosamente primero con su chaqueta y luego nerviosamente a tientas con los botones de su camisa. Así que, sinceramente, estaba actuando como una chica púber. Traté de recomponerme. Mientras me miraba, se rio suavemente y tomó mis manos entre las suyas y las besó.

    Lo miré enamorada. «Lo haré, mi angelito nervioso.» Maldije que se diera cuenta, al mismo tiempo que lentamente comenzaba a quitarse la camisa. Me impresionó de nuevo lo que había hecho con su cuerpo. Cuando terminó, pasé suavemente mi mano por su torso. Él sonrió y tomó mi mano y la guio hacia sus pantalones. Suspiré. Incluso después de vivir juntos durante tanto tiempo, su ventaja en experiencia aún era notable. Era tres años mayor que yo y, en consecuencia, había tenido más mujeres que yo hombres. Sin embargo, hábilmente le abrí los pantalones y me arrodillé frente a él. No es muy frecuente que haga algo como esto.

    Sorprendido, vio como hábilmente le bajé los pantalones y se asombró cuando su pene saltó hacia mí completamente alineado. Sin dudarlo, se deslizó directamente a mi boca. Además, lo tomé con la mano derecha y masajeé sus testículos con la izquierda. Estaba tan concentrada en lo que iba a hacer que no me di cuenta de que se inclinaba hacia delante y me agarraba el pelo. Lamí su glande con deleite. Lo escuché gemir. Lamí todo su miembro mientras lo masajeaba con mi mano derecha. Luego lo volví a llevar a mi boca y lo moví lentamente de un lado a otro. Él gimió. Seguí siendo más rápida y más exigente. Dejé caer mi mano derecha y traté de hundirlo más profundamente en mi boca. Me ayudó en mi intento soltándome el cabello y agarrando mi cabeza para que se moviera hacia mí. Mi cabello se extendió por mi espalda y se me puso la piel de gallina. Decidido, me agarró del brazo y me levantó.

    Nos besamos y otra vez apasionadamente. Con una mano continué complaciendo su pene. Me rodeó y comenzó a trabajar en mi vagina. Me puse de puntillas para darle un mejor acceso. Como todavía no funcionó, levanté una pierna y la envolví alrededor de su cintura. De repente sentí sus dedos dentro de mí. Gemí apasionadamente, «Lo necesitas con más urgencia de lo que pensaba.» me dijo.

    «¡Sí, llévame!» le dije en voz alta. Plantó un beso en mis labios y me susurró que me callara, Olivia todavía estaba afuera. Al mismo tiempo se acercó a mí. Sentí su polla frotando contra mi clítoris. Eso me excitó inmensamente y gemí en voz alta. Miré su rostro. Él sonrió. Se inclinó hacia adelante y empujó su miembro profundamente dentro de mí. Grité de asfixia cuando me besó en los labios, y él también gimió. Se movió un poco y tuve que aferrarme a él para no perder los estribos.

    Para que no tuviera que agacharse así, me aferré a él y rápidamente puse mi otra pierna en la silla. Así que se escapó de nuevo solo para empujarse profundamente dentro de mí otra vez. Gemí de éxtasis mientras mantenía una de mis piernas alrededor de su cintura. De pie completamente libre, me tomó por la cintura y me movió hacia arriba y hacia abajo. Era totalmente emocionante estar tan cerca de él, estar a su merced. Volví a gemir con cada embestida y él también se olvidó de Olivia y gimió un poco fuerte. Pasé mis manos por su cabello, lo besé y susurré: «¡Vamos, fóllame!»

    Me miró con audacia, pasó una mano por mi trasero alrededor de mi clítoris. «¿Te atreves?» Aquí se rio sombríamente.

    «¡Sí por favor lo quiero!» Sorprendido, me miró. Llevó su mano a mi cara donde chupé sus dedos. Me agradeció en voz baja y volvió a mi trasero, todavía moviéndose sobre sus caderas y gimiendo. Muy lenta y cuidadosamente presionó un dedo en mi ano.

    Casi grité y me agité. Él también gimió. De repente, su dedo estaba profundamente dentro de mí. A través de mi saliva se deslizó dentro y fuera al igual que su polla. Me moví rápidamente. De repente, mi esposo se detuvo y rápidamente me apartó. Pero no lo solté. «¡Sigue adelante!» Sacudí mi cabeza alrededor, asustada. Detrás de mí, en la puerta, estaba el Gerente General de la empresa en la puerta de la sala de reuniones. Estaba tan asustada que no podía moverme. Lo miré inquisitivamente. El gerente no era tan alto como mi esposo y el tipo era completamente opuesto. Tenía el cabello castaño oscuro, pero un poco más claro que el mío, labios carnosos, ojos azules rasgados y una barba de tres días. Llevaba un traje azul con una camisa de color más claro. A través de la chaqueta abierta y la camisa pude ver que no estaba tan en forma como mi esposo. En general, se veía bastante bien, pero en realidad no era mi tipo.

    Se acercó calmadamente y se apoyó en la gran mesa de la sala. «¿Cómo estás? ¿Cómo es tu nombre?» preguntó.

    «Eh, Gabriela. Mucho gusto.» respondí.

    «El gusto es mío Gabriela. Eres muy hermosa» me dijo mientras me acariciaba la mejilla y seguidamente se adueñó de uno de mis pezones. «Te felicito, muy bonita tu esposa», dirigiéndose a mi marido.

    Estaba allí. Tomó mi mano y la dirigió a su bulto en su entrepierna mientras me sonreía seductoramente. «Lo siento Señor» dijo mi esposo. Pero el gerente hizo un gesto con la mano interrumpiéndolo. Mi marido no se movió.

    «Tienes una esposa muy atractiva, sería una pena que no consiguiera lo que quiere.» Ahora reaccioné y traté de escapar del agarre de mi esposo. Pero me abrazó fuerte. El gerente se paró detrás de mí y movió sus manos hacia mi culo. Esto era demasiado ahora, me moví para que no pudiera llegar a mí. Sus manos aterrizaron en mi trasero con un golpe. Golpeó tan fuerte que mi esposo saltó y yo gemí. Tomó mi pezón y me lo apretó y lo tironeó. Me dolió, grité y apoyé mi frente en el pecho de mi esposo. Sus manos se volvieron a mi culo y comenzaron a frotarlo. Suspiré y miré con incertidumbre a los ojos de mi marido, mientras el gerente seguía con una mirada salvaje y descarada.

    Mi esposo, con todas sus fuerzas, me presionó de nuevo sobre su pene. Con las palabras: «¡Te odio!» Me rendí y nuevamente sentí una cálida sensación seductora cuando se deslizó dentro de mí. Gemí en voz alta y eché la cabeza hacia atrás. Sentí algo de resistencia y cuando abrí los ojos me encontré recostada sobre el hombro del gerente y miré sus brillantes ojos azules con confusión. Su reacción fue tomar mis brazos debajo de mis senos y masajearlos suavemente. Dado que esta es una de mis zonas más excitantes, me olvidé de mí misma, arrojé mis brazos hacia atrás y los envolví alrededor de su cuello. Arqueé la espalda y la usé como apoyo. Mientras me tomaban fuerte y rápido de frente, gemí en el oído del caballero detrás de mí, que estaba masajeando apasionadamente mis senos. Esta posición le permitió a mi esposo tomarme aún mejor. Así que agarró mis muslos y se hundió un poco.

    Ahora dependía aún más de mi apoyo, que se acercaba más a mí. Me sobresalté cuando mi marido empezó a embestirme de nuevo. Nunca me había tomado así antes. Detrás de cada embestida noté su feroz determinación y su calentura. Mis gemidos se convirtieron en gritos mientras admiraba los ojos brillantes del gerente, sonriéndome con descaro. Pero noté algo más mientras me deslizaba hacia abajo. Algo duro se frotaba contra mi culo y buscaba con urgencia una entrada. Solo la tela evitó que entrara en mí. Pero yo tampoco era completamente inocente y me apoyé contra él. Una mano subió por mi torso, se deslizó entre mis piernas y frotó mi clítoris. «Mmm, sí ahí mismo.» Gemí en su oído, moviendo mis caderas contra mi esposo. Me atrajo hacia él y me empujó su miembro hasta el fondo. Su fuerte gemido se perdió en mi suspiro. Sentí su jugo cálido y reconfortante muy dentro de mí. Lo besé

    Estaba satisfecha aunque todavía no me había corrido (probablemente porque ya había tenido un orgasmo). De repente me di cuenta de lo que estaba sucediendo: algo me sujetaba con fuerza por detrás. Algo cálido y palpitante se frotó contra mi ano. Noté que ya se había quitado los pantalones. Me separó de mi esposo y embistió su polla dura y brutalmente en mi culo. Grité de dolor. «Aún no hemos terminado.» Él jadeó en mi oído, «déjame adivinar, eres virgen aquí atrás, ¿no?»

    «Usted es tan fuerte.» balbuceé.

    «Estás agarrando mi polla… Oh», gimió y yo gemí de acuerdo con él. No sé de qué parte del cuerpo de mi esposo me agarré, porque el gerente había ingresado demasiado en mi ano. Yo estaba goteando de mi entrada principal. Se me puso la piel de gallina otra vez. Era tan emocionante, este juego de dolor y placer. Traté de relajarme. Pero cuando sentí que sacaba y entraba su pene perdía el control de mí misma. Lo sacó de nuevo y repitió su juego.

    Me subía y bajaba mis caderas. Presioné mis pies contra sus muslos por el dolor recurrente. Me aferré a sus brazos y arañé su carne. Si yo tenía que sentir dolor, ¿por qué él no podría hacerlo también? Esto pareció motivarlo, sin embargo, y volvió a repetir lo que había sucedido. Empecé a moverme en un movimiento circular para que mi ano pudiera adaptarse a su miembro. Él gimió en consecuencia: «Sí, así es como obtienes mi jugo, ordéñame, lo haces muy bien.» Solo podía adivinar cómo se sentían mis movimientos. Hice una pausa, miré a mi esposo. Se paró frente a nosotros con la boca abierta y observaba a su esposa y a su gerente general llenos de emoción mientras él se masturbaba. Mi amada contraparte estaba a punto de enderezarse de nuevo. Nuevamente, la persona detrás de mí, que me era bastante desconocida, levantó mi pelvis. Con un suspiro apasionado, me di cuenta de que no se estaba esforzando por completo. «Vamos. ¡A moverse niña!

    Sonaba más como una orden, así que puse mis caderas hacia atrás en un movimiento circular. Me palmeó los muslos: «Eeeso, vamos, dámelo, querida.» Me moví más rápido y lo sentí clavarse en mí. Solo noté en el borde de mi conciencia cómo mi esposo se paró frente a mí y acarició mi clítoris. Levanté la vista y me sonrió con incertidumbre, con el pene en la mano, que se había vuelto a erigir por completo. Pensé para mis adentros lo que estaba pasando ahora y con solo pensarlo casi me hizo correrme. Mi hombre se acercó y jugó con su miembro entre mis piernas. El gerente agarró mis muslos para que pudiera descansar mis piernas sobre los hombros de mi esposo. Yo era lo suficientemente flexible como para que pudiera besarme apasionadamente, salvajemente, antes de hundirse nuevamente en mí. Gemí, corcoveando salvajemente y completamente fuera de mí. Nunca había sentido algo así, tan completamente plena que solo tenía el deseo de ser bien follada (si se puede decir así).

    Me moví violentamente de un lado a otro entre las dos pollas. Mientras el gerente me sujetaba, mi esposo me masajeaba los senos. Los hombres tomaron el control y me tomaron por delante y por detrás al mismo ritmo. Tuvieron cuidado de penetrar profundamente en mí. El gerente gimió: «Oh, sí, no he tenido un culo tan apretado en mucho tiempo.» Empujó dentro de mí de un poco más y susurró, «nunca había experimentado algo así.» Yo masajea su pene con los músculos de mi culo. Mi marido, acicateado por los discursos de su gerente, me agarró los muslos y los abrió. Luego se acercó más a mí y me presionó contra el gerente. Con este movimiento repentino, los dos se deslizaron más profundamente dentro de mí. Grité. ¡Orgasmo a la vista! Me tensé y crucé las piernas alrededor de la cintura de mi marido. Mi ano se contrajo por reflejo y el gerente gritó: «¡Ahí va mi leche!» Y empujé profundamente una vez más antes de sentir un líquido caliente dentro de mí. Sentí una descarga eléctrica desde mi nuca hasta la pelvis. No podía mantenerme de pie y caí de rodillas en el suelo.

    Moví los brazos para agarrarme de algo pero fue un manotazo en el aire. Sentí que los fluidos salían de mí y me di cuenta de que mi esposo también había descargado su semen en mí. Mi cabello se separó y cayó al suelo también. Levanté la vista con cautela. Mi esposo me miró con amor y se inclinó hacia mí. «¿Estás bien, cariño?» Él también se arrodilló, tomó mi cabeza entre sus manos y me besó. Su lengua rozó mis labios, vagó por mi boca y jugó con mi lengua. Salió de mi boca y besó mis mejillas y la frente. Cuando terminó, agarró mis antebrazos y sin esfuerzo me puso de pie. Para no volver a caerme, me acurruqué contra él y dejé que me abrazara. Estaba temblando por todas partes y sentí un fluido frío y caliente corriendo por mi pierna.

    «Su esposa es maravillosa, sabe complacer a un hombre.» Una voz casi olvidada dijo eso detrás de mí. Me estremecí. Era consciente del tabú que acabábamos de romper. Realmente no tenía que ser así.

    Miré a mi esposo con sorpresa, pero vi que estaba sonriendo. «¿Te gustó no?» Sentí mis manos deslizarse fuera de mi cuerpo y caí hacia atrás ligeramente. Mi caída fue detenida por una resistencia.

    Otros brazos me rodearon. Volví a mirar hacia arriba y vi directamente los ojos rasgados de color azul brillante. Él también sonrió. «Eres tan hermosa.» Escuché decir al hombre que estaba detrás de mí y volví a mirar a mi esposo.

    «¿Quieres repetir eso?» los dos hombres me preguntaron. Un deseo fluyó a través de mí y asentí vacilante.

    «Pero no hoy, está totalmente agotada», comentó mi esposo. Me sacó de los brazos del gerente y me ayudó a vestirme.

    «Gabriela, ha sido un gusto conocerte.» Me dijo el gerente mientras me agarraba con un poco de rudeza mi seno izquierdo, lo que me hizo emitir un gemido y arquear mi cuerpo. «Es mejor que salgan por el ascensor de acá». Me besó, me dio una leve bofetada en el seno y se marchó. Cuando iba a traspasar la puerta del ascensor dijo: «Gabriela, me contó tu esposo que el pescado con arroz te queda delicioso…»

  • ¡Hijo, me tienes harta!

    ¡Hijo, me tienes harta!

    María entró aquella mañana por tercera vez en la habitación de su hijo. Abrió la puerta con ganas y vio que el joven seguía tumbado en la cama, hecho un verdadero bollo con las sábanas.

    —¡Levántate ya, joder! —le vociferó como todos los días.

    Eran las ocho y media de la mañana y ni siquiera había puesto un pie en el suelo. La habitación olía a cerrado y con cierto aroma fuerte que María sabía de donde vendría. El consumo de clínex era exagerado y el muy guarro no se le ocurría tirarlos a la basura. Los dejaba en la mesilla para que se secaran y que “alguien” los recogiera, por supuesto, siempre era su madre.

    Javi hizo un sonido ronco como si todavía estuviera soñando, aunque bajo las sabanas tenía los ojos abiertos y esperaba que su madre se largase para estar tranquilo.

    —Vas a llegar tarde a la universidad. —tiró de las sabanas y el joven, únicamente con sus calzoncillos, se acurrucó en posición fetal al notar que no tenía la protección de la manta— Siempre llegas tarde a la primera hora. ¡Levanta, vamos!

    —Voy…

    La voz de ultratumba dio unos segundos de paz al muchacho que vio cómo su madre se iba de la habitación con fuertes pasos. Nunca le dejaba dormir tanto como quería, ¿Qué más daba la primera hora? Lo que un joven necesitaba era dormir y bueno… las pajas, aunque eso nunca le faltaba.

    Llegando a la cocina con el entrecejo torcido, Manuel levantó la vista del móvil viendo como su mujer llevaba el mismo cabreo que todos los días.

    —Cálmate, cielo, es lo de siempre. Es un vago sin remedio.

    —¿Y qué hacemos? ¿Dejamos que haga lo que quiera? Todos los días igual… no hace nada. —María se sentó al lado de su marido mirando el desayuno de su hijo que llevaba 20 minutos preparado. Lógicamente, estaba frío.

    —Cuando tenga un trabajo, seguro que madurará. Al menos, cuando requiere, se pone las pilas, está sacando la carrera… ¿No?

    —Saca la carrera con cincos de mierda porque no le apetece estudiar más, —el enfado mañanero todavía no se diluía— solo duerme, está frente al ordenador… —no quería añadir que también se masturbaba sin control— y sale de fiesta. ¡Esa es su vida!

    —Cariño, como todos los adolescentes.

    —Pero ¿y en casa qué? Ni siquiera hace la cama, ¡su puta cama! Y no la hace… —no la gustaba soltar palabras malsonantes, pero es que su hijo la sacaba de quicio.

    —Ya te lo he dicho miles de veces, —Manu mantuvo un tono calmado, esperando que su mujer no la pagase con él— no le hagas su habitación.

    —¡Claro, qué fácil! ¿Cómo no se me ha ocurrido antes? —su esposo casi podía sentir el sarcasmo golpeándole en la cara— Y que nos coma la mierda. Ya dejé de limpiar su cuarto durante una semana y no quiero volver a tener que limpiar semejante basurero como ese. —vio a su marido como movía la cabeza indicando que Javi llegaba.

    —¡Coño! —María giró su cuello para ver, de que forma su pequeño entraba con pasos lentos— El bello durmiente. ¿Ya has dormido tus quince horas diarias para funcionar?

    Levantó la mano como si quisiera pedir calma. Aquel pasotismo a María la encendía como pocas cosas y tuvo que levantarse para empezar a limpiar lo que había en el fregadero, así no pensaría tanto en el vago de su hijo.

    —Mamá, —se dio la vuelta para mirar, como sujetaba la taza con ambas manos— está fría. ¿Me la calientas?

    —¡Hazlo tú! —le aulló mientras Manuel se levantaba en dirección al baño para escapar, podía oler la dinamita a punto de explotar y él, quería conservar todos sus miembros— Tienes unas bonitas manos para hacerlo, ¡levanta el culo y mételo en el micro!

    Javi no lo hizo, dejó la taza en la mesa y se tomó su desayuno totalmente congelado, menos mal que siendo verano y con el calor que hacía le venía bien algo fresquito. María, en cambio, se mordió el labio para no decir más y cuando terminó de fregar, salió de la cocina con paso acelerado, para hacer… la habitación de su hijo.

    Al escuchar que los dos hombres de la casa se marchaban, uno para la universidad (llegando tarde) y otro al trabajo, María se dejó caer en el sofá. Tenía todo más o menos terminado, quizá después de un rato relajándose le tocaría planchar, pero lo complicado, que solía ser la habitación de su hijo, era una tarea que estaba finalizada.

    Aprovechó la buena mañana para ir a comprar por el barrio, se enfundó sus mayas de yoga, las zapatillas deportivas y con su pelo moreno recogido en una coleta, salió de casa sonriente. Pasó por dos tiendas, haciendo caso omiso a las miradas lascivas que SIEMPRE le lanzaba el panadero.

    Le visitaba desde hacía veinte años y el muy viejo verde no cambiaba ni un poco sus ojos de depredador. Aunque era normal, María se conservaba en una buena línea y el yoga la ayudaba a mantener un cuerpo esbelto y tenso. No como Manu, que, avanzados los cincuenta, cayó en picado, cuesta abajo y sin frenos. Ella todavía a mitad de la cuarentena se mantenía a las mil maravillas.

    Mientras caminaba con las bolsas de la compra, pensó en como poder acercarse Javi. Dentro de una semana terminarían las clases y le tendría metido en casa… todo el día. Aquello derivaría en miles de discusiones para que estudiara, no lo podía evitar. Alguna vez había meditado sobre si era demasiado dura, sobre todo cuando su marido le decía que dejara más manga ancha al joven, pero… igual Manu era demasiado blando.

    Volvió a casa con varias miradas clavadas en su trasero, el yoga lo mantenía en su sitio sin grasa y con mucha dureza. Principalmente, los ojos del panadero eran los que más sentía, incluso salía de la tienda para saludarla con una amable sonrisa y después… mirarla con tal descaro que no podía disimular.

    Ordenó la compra en la nevera y los cajones, aprovechando el rato libre que le quedaba para ponerse una serie en la televisión y descansar de toda la mañana. Esta no había sido especialmente dura, pero con el calor que hacía, parecía que las tareas del hogar pesaran el doble.

    Cogió el móvil, aprovechando para hablar con su marido, que sabía que estaría cerca de la pausa para comer. Desbloqueando la pantalla y moviendo sus gráciles dedos le mandó un mensaje.

    —Este verano va a ser movido…

    —¿Por qué? —Manu se había adelantado a la hora y ya estaba comiendo.

    —Con Javi en casa, va a ser peor que los años anteriores. ¡Cada año que pasa es más vago!

    —Mujer, relájate un poco. Es una fase, sigo creyendo que cuando tenga un trabajo seguro que se normaliza. —no confiaba en ello a pies juntillas, más bien, era su esperanza. La verdad que a Manu le sorprendía lo vago que podía ser su hijo.

    —No estoy de acuerdo. Nació vago, es vago y está más que claro que seguirá siendo vago, Manu.

    —María, te pasas, en serio. —a la mujer le molestaba mucho que no la apoyase, pero se lo calló— Tienes que ser más cercano a él, últimamente solo os escucho discutir. Lleváis un año que tela…

    —Si me apoyases, seguro que no discutíamos tanto… —no se pudo reprimir, casi nunca le ayudaba cuando discutían, siempre la decía que no pasaba nada o no era para tanto. El punto de vista que no veía María en eso, era que tal vez no quería echar más leña al fuego.

    —Bueno, no creo que sea mi culpa. Pero sea como sea, tienes que acercarte más a él. —en casa cada vez se veía más en mitad de una guerra que no le gustaba.

    —Tú me dirás como me acerco a un adolescente que solo le gusta dormir y vaguear. —porque del tercer vicio que eran las pajas prefería olvidarse.

    —No sé, le gusta mucho el ordenador, me suele hablar de juegos, de películas, de chicos que hablan en internet… los llamo algo así como youtubers o estimer.

    —Stremers, sí. Estoy algo más a la moda que tú, carcamal… —Manu se rio sabiendo que su mujer también lo estaba haciendo al otro lado del móvil. Se conocían demasiado— Te dejo comer tranquilo, yo también voy a picar algo.

    —Come un buen plato que te vas a quedar en los huesos. —estaba delgada, pero no para tanto.

    —No tengo mucha hambre, tengo una ensalada preparada, dejaré la mitad para la cena.

    —Al final, te vas a consumir. Va a quedar un esqueleto con dos tetas y nada más…

    María rio en el sofá. Tenía unos buenos senos, que parecía hubieran agrandado a medida que adelgazaba, porque estos no habían decrecido con la perdida de varios kilos. Meditó sobre lo poco que lo hacían últimamente, el deseo sexual de Manu se estaba apagando por la edad, algo normal, aunque a ella todavía le quedaba una gran hoguera.

    —No veo que te quejes mucho de eso —le añadió varios guiños y corazones mientras sonreía de forma coqueta delante de la televisión.

    —De ese cuerpo tuyo… nunca. Eres preciosa, mi vida.

    La esposa le acabó mandando un corazón y se levantó para dar buena cuenta de la ensalada. Cierto era, que no tenía mucha hambre, pero era hora de comer y se tenía que meter algo en el cuerpo.

    ****

    Pasaron dos semanas y Javi ya se encontraba en casa estudiando. Aunque gran parte del tiempo la pasaba con el móvil, sobre todo hablando con sus amigos. María le veía sentado en el escritorio, pero nada más era una excusa para que su madre no estuviera echándole la bronca de continuo.

    La mujer estaba hartándose, con solo una semana juntos, no le soportaba más. No aportaba nada, se tumbaba en el sofá, no hacía su cuarto, no ayudaba en casa… solo estaba en el ordenador, veía películas y estudiaba… esto último cuando le gritaba. Al menos, parecía que si leía los libros más que de costumbre, o eso pensaba la mujer, ya que no sabía todo lo que estaba con el móvil.

    —Mamá, voy a salir un rato. —soltó Javi desde la puerta sin mirar a su madre, que estaba tumbada en la sala.

    —¿Has estudiado? —le miró por encima de la revista, tratando de comprobar si le iba a mentir. El joven asintió, pero María no le pudo ver la cara— Vale, ¿vas a venir a cenar?

    —No sé. —el tono de voz era de lo normal, sin ningún tipo de emoción, como si hablar con su madre no le importase.

    —¿Te hago la cena? —el chico alzó los hombros sin saber muy bien que haría.

    —Ya me haré yo algo cuando llegue.

    —Javi… eso… nunca pasa. —levantó una ceja sorprendiéndose de la tontería que decía su pequeño. No pudo contener una leve sonrisa que nacía en su boca debido a la incredulidad de la frase— Anda… Avísame por el móvil y te hago algo.

    Se despidió con la mano y María se quedó sola en la casa, su marido llegaría en breve, pero le apetecía disfrutar un poco de la soledad. En multitud de ocasiones y, principalmente, esa semana, los momentos en los que la casa estaba en completo silencio eran los mejores.

    Aprovechó para levantarse y darse una buena ducha, sin que nadie entrara preguntando donde estaba el pan Bimbo o las llaves del coche. Quería una pequeña relajación… quizá una buena masturbación con gemidos y sin contenerse, de esas que tan poco se podía dar.

    Pero al pasar por la habitación de su hijo, algo le picó en el cerebro. Fue como una llamada y atravesó la puerta abierta para adentrarse en los dominios de su pequeño. No pudo evitar fijarse un poco en cómo estaba todo, pese a haber hecho su cuarto a la mañana, el escritorio era claro ejemplo de su “organización”.

    Los libros y papeles que tenía de la universidad se agolpaban sobre toda la longitud de la mesa, de un extremo a otro, casi sin dejar ver la madera que los sostenía.

    —En el caos, hay orden —dijo para ella misma, sin recordar donde había podido escuchar esa frase. Aunque tampoco se la creía, más parecían unas palabras salidas de alguien que quiere dar validez a su desorden.

    Al menos, le pareció que su hijo estaba hincando los codos, o por lo menos… su “estudio fingido” estaba bien orquestado. Esa llamada mental para entrar en el cuarto, había venido de la mano de las palabras de su marido por acercarse más a su hijo. Por lo que hizo memoria sobre sus gustos, lo que Manu le decía por el teléfono, ya que ella… no los conocía. La verdad que conocía muy poco de él, últimamente solo discutían y eso no era bueno, aquella reflexión la disgustó.

    —¡Menuda mierda de relación que tengo con mi hijo! —murmuró mientras tocaba los papeles de encima de la mesa para apartarlos un poco.

    Se sentó delante del ordenador, moviendo el ratón por la única parte del escritorio sin libros y sacando el teclado de la parte de abajo por si lo necesitase. La pantalla se encendió, comenzado a navegar con calma por las carpetas que encontraba. La gran mayoría eran juegos que, obviamente, María no conocía.

    —Seguro que de matar… Este también… —viendo un rifle en el icono, no pudo evadir un comentario sarcástico— Toda la pinta de que es muy didáctico, sí…

    Dejando a un lado esa parte de la pantalla, bajó el ratón para buscar en internet. Por supuesto, ese ordenador solo lo utilizaba su hijo, ella apenas se metía alguna que otra vez si quería imprimir una cosa y Manu… dudaba de que supiera encenderlo.

    Las páginas que tenía de inicio tampoco decían nada, alguna de periódicos deportivos, la de la universidad donde miraba las notas y redes sociales, nada donde rascar. María meditó si sería buena idea abrir el historial de navegación, se imaginaba lo que podía encontrarse, pero también sacaría en claro los gustos de su hijo.

    Pulsó el ratón y ante ella apareció una larga lista de páginas web. Era evidente lo que veía, su hijo no ponía pestañas ocultas porque nadie jamás le había espiado como ahora lo hacía su madre. Si lo hubiera sabido, se hubiera cuidado un poco.

    El porno que consumía Javi parecía desmedido, al menos para una madre en mitad de la cuarentena que no estaba puesta en ello. Si las demás madres hablasen del mismo tema o vieran lo que había dentro de los móviles u ordenadores de sus hijos, todas llegarían a la conclusión, que pese a ser mucho… era lo normal entre los jóvenes.

    Bajó y bajó por la gran lista, viendo que también alternaba el porno con otras búsquedas, viendo stremers en directo y videos de YouTube. Sin embargo, se sorprendió de la gran cantidad de páginas web que visitaba…

    —¡Normal que me deje sin papel…! —dijo en voz baja sacando una pequeña sonrisa.

    De pronto, una curiosidad nació en ella, algo que ni siquiera fue un pensamiento, únicamente una inquietud a la que todavía ni siquiera le había dado forma. El dedo que tenía encima del ratón pulsó de manera impulsiva, dándole “sin querer” a una de las páginas para adultos y, en un instante, se puso en la pantalla.

    Antes de esa milésima de segundo en la que la página se cargó, María ya quería buscar el icono de la X para deshacerse de ella. Pero cuando sonó el primer gemido de un video que estaba a la mitad, sus manos soltaron el ratón como si la hubiera empezado a quemar, para dirigirse tan rápidas como torpes a bajar el volumen.

    Quedó con los dedos pétreos en la pequeña ruleta que encontró en uno de los dos altavoces, con la mirada fija y casi hipnotizada en la mujer que cabalgaba como posesa a un hombre tumbado en el suelo. Le hizo gracia la estampa, porque la mujer, con unos pechos realmente grandes, vestía un pequeño disfraz de policía… o lo que quedaba de él.

    —¿¡Es esto lo que le gusta a Javi!? —se preguntó con una ceja levanta y una sonrisa que no podía disimular.

    Calmando su curiosidad, pulsó el anterior video que salía en la lista. Otra mujer vestida de policía salía a escena y María, esta vez, se tapó la boca para no reírse. No es que le fuera gracioso que a su pequeño le gustase “ese rollo”, pero la situación le era tan extraña… que la sacaba una ligera sonrisa. No todos los días se descubren los secretos sexuales de un hijo.

    Descendió por la lista y seguía habiendo mujeres disfrazadas como agentes de la ley. Daba la impresión de que su hijo tenía un fetiche, no era nada extraño, quizá peculiar, pero a María no le asombró. Solamente se le pasó una broma por la cabeza, una pequeña frase que le hizo sonreír de la tontería que era y acabó brotando de sus labios.

    —Si me vistiera de policía, seguro que recogía su habitación.

    Cuando sus labios se volvieron a sellar, le pareció tal locura que volvió a reír, esta vez de manera estridente, porque en su cabeza de verdad le parecía de lo más gracioso. Aunque la idea de que consiguiera que Javi hiciera su habitación… la gustaba.

    ****

    Pasó otra semana y aunque Javi seguía estudiando o eso parecía, las continuas broncas eran el pan nuestro de cada día. Manu solía escapar más temprano de lo habitual, dejando en el cuadrilátero a los otros dos miembros de la familia para que peleasen cuanto quisiesen.

    Era la tónica de las mañanas, decirle veinte veces que se despertase, hacerlo a las tantas y después, ir al sofá a “estudiar” con el móvil al lado, porque hacerlo delante del ordenador, según sus palabras… le cansaba.

    A María esa dejadez la ponía de los nervios, ella siempre había sido tan decidida y rutinaria para todo, odiaba cuando algo le quedaba sin hacer. En cambio, su hijo tan… tan… no sabía cómo calificarlo. “¡Esto es culpa de su padre, seguro!” pensó queriendo pagar su enfado con alguien más que con Javi.

    —¿Ahí se vive bien? —le dijo mientras entraba en la sala recogiendo su desayuno. La miró y volvió a sus hojas, tenía el móvil con luz sobre su vientre, no estaba estudiando— ¿El cuarto? ¿Se hace solo?

    —Voy en nada, esta página y ya hago la cama —contestó sin mucho entusiasmo.

    —La cama, abre la persiana, tira esa basura llena de mocos, —clínex de semen para ser más exactos, pero María no lo iba a decir— la ropa que huela mal a lavar… ¿Sigo o te lo sabes?

    —Te prometo que ahora voy. —eso olía a mentira.

    María no pudo contener un bufido que trataba de ser una carcajada, aunque pareció más el sonido de una yegua rebuznando. Miró negando a su hijo y algo se le pasó por la cabeza. En un rayo de imaginación recordó todas las páginas porno con la que tenía el gusto de deleitarse. Sonrió de forma macabra, queriendo tirarle alguna pulla sobre todo ese contenido y quizá por la vergüenza que la hiciera caso, pero se serenó, solo dejando una pequeña frase.

    —¿Sabes que debería hacer? —el joven no la miró, seguía con la vista fija en los papeles, no obstante, no movía los ojos— Voy a comprarme una porra. De policía, ¿eh? Nada de imitaciones. Real, de las negras que tienen madera por fuera y hierro por dentro, para cuando no me hagas caso, darte con ella. ¿Qué te parece?

    En aquel preciso instante, en el que terminó de hablar, María contempló un milagro. Javi la observó detenidamente, apartando sus hojas de encima y se levantó del sofá, dejando todo allí, incluso el móvil. Pasó por donde estaba su madre sin ni siquiera mirarla, dejando un olor a semen y sudor que a María le hizo dar un paso disimulado alejándose de él. Era demasiado fuerte.

    —Ya voy.

    Fueron las dos únicas palabras que salieron de su boca mientras su madre le miraba tratando de contener la estupefacción que sentía. Parecía derrotado, vencido por una única frase que a María le había salido sin pensar. Y allí se quedó la mujer, con la boca abierta y escuchando los pasos de su pequeño, perdiéndose en la largura del pasillo.

    María no se lo podía creer, se llevó la mano a la boca con los ojos abiertos como una lechuza en mitad de la noche. ¡Había vencido! Por primera vez había ganado a su hijo de forma clara. Solo había sido necesaria una alusión a la autoridad, nada más. Trató de ocultar su carcajada que se quería elevar por encima del sonido de la televisión y acabó por sentarse para tratar de calmar su euforia.

    Al de un cuarto de hora, pasó algo temerosa por la habitación. Quizá su gran alegría ahora se convertiría en desesperación cuando viera que su hijo no había hecho nada. Sin embargo, menuda sorpresa cuando abrió la puerta y se encontró a Javi agachado bajo la cama sacando calcetines perdidos.

    María se quedó parada en el umbral de la puerta, sin decir ni una palabra, ni tan siquiera querer respirar. Era como ver un fantasma o un cuerpo difunto levantarse de su tumba, algo tan imposible que por primera vez en su vida se preguntó si estaba despierta.

    No sabía si entrar del todo o decir algo, cualquier movimiento pudiera romper ese halo de magia que cubría la mente de su pequeño. Al final, cuando el joven se levantó del suelo después de limpiar debajo de la cama, se decidió por decir algo.

    —Muy bien… —no podía ocultar su asombro.

    —Me falta el armario. —su tono era seco y casi avergonzado.

    —No, no, no. —paró María a su hijo que afanosamente se encamina al armario para ordenarlo por completo— Tienes que estudiar, cielo.

    Hubo un silencio, más por parte de María que por Javi. En su cabeza resonó una pregunta al haber escuchado semejante palabra cariñosa hacia su hijo. “¿Cuánto hacía que no le dedicaba una palabra amable?” No lo recordaba.

    Pasó su mano con dulzura por el antebrazo del joven, sintiendo algo de humedad debido al sudor por tanta tarea mañanera y le añadió.

    —Ya termino yo. Ponte a estudiar o… —no se creía lo que iba a decirle, pero tal vez su hijo se lo merecía— si te apetece, puedes descansar un poco.

    —Mejor será estudiar, mañana tengo un examen y el viernes otro.

    —Bien… muy bien. —no podía decir más, la expresión en su rostro tenía que ser un verdadero cuadro.

    El joven se puso en el escritorio, abriendo de golpe un libro que contenía un buen puñado de papeles, mientras María cogía los calcetines desparejados que estaban sobre la cama.

    Echó un vistazo rápido, estaba todo ordenado, más o menos de forma correcta, pero ¿qué se le podía pedir? Era su primera vez.

    —Cariño, —qué raro sonaba en su boca, era como hablar otro lenguaje— te dejo mejor solo. Estudia mucho, ¿vale? —lo añadió en un tono dulce, conciliador, sin los gritos habituales. Una maravilla.

    —Sí, mamá. Y, por favor, cierra la puerta.

    María le hizo caso, arrimando la puerta mientras el joven se levantaba hacia la mesilla de noche y allí cogía algo. El sonido que la llegó a los oídos fue similar a un papel rasgándose. Supo al momento que su pequeño estaba cogiendo un trozo de papel de la caja de la mesilla, con toda seguridad para darse un momento de relajación y placer.

    Por primera vez, no lo vio como algo asqueroso, sino como una situación normal. No la importaba, era de imaginar que en tales años la ebullición de sus hormonas le haría tener un ardor que ella apenas recordaba. “Que haga lo que quiera” se dijo María para acabar por añadir “se lo ha ganado”.

    Anduvo la distancia que la separaba hasta la cocina, mirando extrañamente hacia atrás como si todavía estuviera soñando. No podía creerse que Javi… ¡Su Javi! La hubiera hecho caso a la primera, sin discutir y de manera tan eficiente. Solo por… decirle que le iba a dar con la porra policial.

    Un extraño sentimiento afloró en ella, teniendo que agarrarse el pecho como si algo la estuviera oprimiendo desde dentro. No podía parar de sonreír y ya en la cocina, se dio cuenta de que el caso que le había hecho… esa posición de autoridad que había adquirido… la gustó. Tal vez, demasiado.

    ****

    Toda aquella semana fue demasiado rara o, más bien, peculiar. Desde el día de la “porra” como ya lo llamaba María, Javier había estado totalmente servicial. Hacía su cama según se levantaba, desayunaba, estudiaba e incluso pedía permiso para salir.

    No podía sentirse mejor, María había vuelto a sonreír a diario e incluso Manu le pregunto qué había pasado con el joven, porque no discutían. Únicamente tenía una respuesta para ello.

    —Habrá madurado. —mientras ponía una sonrisa tonta que la hacía de lo más bella.

    No era cierto y el poder de la porra era lo que había creado a un hijo del todo ordenado y responsable. Su madre estaba tan encantada que, sorpresivamente el sábado a la noche, mientras veía con su marido una película, un instinto sexual salvaje surgió de pronto.

    Apenas lo hacían y la mujer ya se había acostumbrado, pero esa noche, con Javier lejos de casa, algo la picó entre sus piernas y despertó como un basilisco.

    Se lanzó sobre su marido, dejando que este se quejase sin cambiar la media sonrisa que portaba. Lo empezó a besar, sintiendo el sabor de la cerveza en su paladar, al tiempo que el hombre no daba crédito a lo que pasaba.

    Todo fue rápido, demasiado para María, que al de tres minutos de cabalgar a su hombre en el sofá, sintió como un cálido esperma la llenaba por dentro sin que llegara al orgasmo.

    Manu pidió perdón, le había pillado todo por sorpresa, y María dijo que no pasaba nada. Sin embargo, sí que pasaba, el fuego no se había apagado y con la excusa del sueño, tuvo que apagarlo en su cama, con la cabeza sobre la almohada y las venas del cuello a punto de estallar.

    No pensó en nada en particular, mucho menos en su marido. Sin embargo, sí que recordó la sensación que tuvo con su hijo, ese sentimiento de autoridad y de obediencia que hizo que su mano, después de un movimiento frenético sobre su sexo, se acabara llenando de jugo pringoso.

    ****

    Las cosas no duran eternamente, y esta situación, no iba a ser la excepción. El lunes por la mañana, María no fue a la habitación de Javier y este se levantó sobre el mediodía. Pese a que la mujer se imaginaba que esto volvería a pasar, no esperaba que fuera tan pronto.

    La rutina anterior al día de la porra volvió como si nada hubiera pasado. No hizo la cama, no abrió la ventana, ni siquiera desayunó, directamente se fue al sofá a tumbarse.

    María no dijo nada y permitió que hiciera lo que quisiera, se había ganado un poco de manga ancha después de los días tan buenos. Sin embargo, aquello duró todo aquel lunes y a la noche, después de estar toda la tarde con sus amigos en la calle, María le abordó en la sala mientras Manu cenaba en la cocina.

    —¿Vas bien con los exámenes? —usó el tono conciliador que esos días imperó en sus cuerdas vocales.

    —Creo que sí, los de la semana pasada los bordé —“normal” pensó María imaginando una porra golpeando a su hijo— Esta semana me queda uno el viernes, es bastante complicado, no creo que lo apruebe.

    —¿Por qué no? —preguntó sin dejar de mirarle y acomodándose en el sofá.

    —No sé —resopló con algo de desidia— estoy muy cansado de tanto estudio. No me entra más.

    —¿Qué dices? —por poco le sale una sonrisa al suponer que era una broma, pero no lo parecía— Si has tenido dos exámenes, no es para tanto. ¿Cuántos te quedan?

    —Este y dos más, aunque a uno de ellos no sé si me presentaré.

    María le miró con los ojos bien abiertos, meditando sobre si le había oído bien o no. Si no había entendido mal, su hijo no se iba a presentar a un examen porque estaba cansado y reposaba en el sofá. Recobrando su antigua personalidad y dejando a un lado el entendimiento a su hijo, le comentó.

    —¡Ah! ¿No vas a hacer ese examen? —Javi trató de decir que no, pero no le dio tiempo— Lo vas a hacer y mañana mismo te pondrás a estudiar todo el día. ¿Qué es eso de no aprobar porque estás cansado? —se levantó para no seguir discutiendo y se encaminó hacia la cocina— ¡Como no estudies…! ¡Ya verás…!

    No sabía muy bien lo que le haría, era una amenaza vacía, pero por algún motivo sintió que Javi la tomaba muy en serio. Tenía un rostro plano, mientras su pelo, de forma graciosa, apuntaba en picos hacia miles de lados, contrastaba con lo que estaría pensando.

    María se tiró en la cama, después de pasar por la cocina y no responder a las preguntas de su marido sobre lo que pasaba. Tampoco indagó mucho más, se quedó a un lado de la conversación como siempre hacía, no quería recibir también un grito como su hijo.

    Miró el móvil con calma, sin ningún objetivo en particular, al tiempo que reflexionaba sobre cómo hacer cambiar el parecer a su pequeño. Lo de la porra había calado en él, solo unos días, pero bueno, había sido un inicio.

    ¿Qué podía hacer para que Javi siguiera con la buena actitud durante más tiempo? Rebuscó en su cerebro, pero no se le ocurría más que decirle que le iba a esposar. Una tontería y según lo que le decía su lógica, el efecto sería tan breve como el de la porra.

    Siguió oteando el móvil, alguna que otra amiga la había escrito en el grupo de yoga, pero no la hizo mucho caso. Sin embargo, viendo ese grupo, una idea rocambolesca colocada por la gracia del universo le apareció en la mente.

    Era demasiado atrevida, no obstante, podría suponer tal shock para su hijo que igual cambiaba para un año entero o… para siempre. La idea había nacido después de pensar que tenía que comprar otro pantalón de yoga, el que tenía estaba viejo y alguna que otra mancha de a saber qué, no desaparecía.

    Debía comprarse uno nuevo, no obstante, la última vez no encontró ninguno de color negro, solo de colores llamativos. Lo que dijo en aquel momento, mientras se dirigía a pagarlo, es que parecería que estaba disfrazada de payasa. Todavía tirada en la cama, una frase hizo acto de presencia en su cabeza, alumbrada con luces de neón para darle muchísimo más énfasis. “Como si fuera disfrazada”.

    Fue con eso último que apareció una imagen muy nítida de ella. Estaba detrás de Javi, mientras este estudiaba sentado de manera afanosa en su escritorio, casi como un reo picando piedras en el patio.

    Ella tenía una porra en una mano que mecía hasta golpear la otra de forma amenazante. Aunque no era solo eso, vestía un uniforme policial, uno intimidante que no permitía a Javier ni siquiera virar el cuello para mirarla.

    La imagen de su hijo estudiando día y noche por miedo a las represalias abordó su mente como un germen que lo infectó todo. La idea estaba en marcha, exclusivamente tenía que comprobar que no era tan descabellada. Lo haría a la mañana, mientras su marido no estaba y si Javi se reía solo tenía que decirle que sabía que se masturbaba con policías. Con aquel argumento tan directo ganaría cualquier discusión y haría cerrar la boca a su pequeño.

    Navegó un poco por internet, todos los disfraces que encontraba eran… demasiado subidos de todo y unos cuantos, excesivamente provocativos. María no tenía mal cuerpo, pero una cosa era vestirse de policía y otra de policía “sexy” como rezaba un anuncio.

    Lo que tenía en mente era un uniforme más recatado, más acorde a la realidad, aunque parecía que no había nada similar y lo que se acercaba a lo que ella veía en las calles, era demasiado caro. Tampoco iba a gastarse un dineral en una cosa que no sabía si funcionaria, de no ser así, tan solo sería un trapo viejo oculto en el armario.

    Se metió bajo las sabanas con la idea de probar. No tenía nada que perder, si no funcionaba solamente quedaría como una anécdota, le diría a su hijo que no sabía que más hacer para que centrase un poco la cabeza y ya. ¿Qué tenía que perder?

    Así se durmió, con una sonrisa que no se borraba del rostro y un raro escozor dentro de su cuerpo que no podía calmarse ni aunque se rascase. Soñó con varias cosas, de las que ninguna recordaría a la mañana siguiente, sin embargo, durante la noche su vagina llegó a humedecerse.

    ****

    Caminó bajo el sol de verano con descarada alegría. En su cara, sin saber muy bien el motivo, no podría borrar la sonrisa que tenía dibujada desde que amaneció. Había tenido una buena noche y con un sueño bastante satisfactorio que, lamentablemente, no recordaba.

    Javier parecía que tenía la intención de hacer cosas, se había levantado pronto, al menos, eso era positivo. Aunque María, tampoco había perdido el tiempo en comprobar qué hacía su hijo, tenía otras cosas preparadas.

    El nerviosismo la entró cuando atisbó a lo lejos la tienda de disfraces. Tampoco hacía nada malo, o eso se decía una y otra vez para borrar el temblor que emergía de su interior. Suspiró una vez delante de la puerta, echando una rápida ojeada y cuando la dependienta quedó liberada, entró para acudir directamente a ella.

    —Buenos días. —la mujer entrada en años se contagió de su sonrisa— ¿La puedo ayudar?

    —Buenas, sí. —se frotó el pantalón vaquero, queriendo hacer desaparecer esos nervios tontos que tenía encima— Eh… mire… buscaba un disfraz en concreto. He mirado por internet, pero no lo encuentro, no sé si me puede ayudar.

    —Veamos si juntas lo encontramos. —la dulce mueca de la mujer, a María le recordó a la de su abuela y aquello, templó un poco su cuerpo— Dime, ¿qué es lo que en concreto estás buscando?

    —Pues…

    Por un momento se mantuvo en silencio con los ojos fijos en la mujer. La idea parecía del todo descabellada, estaba yendo a comprar un disfraz en mitad de verano sin ninguna festividad presente. Además, lo picante del disfraz podría hacer que aquella mujer pensara algo que no era lo correcto. Sin embargo, una frase emergió en su cerebro como si fuera un chasquido de dedos y le dijo con total naturalidad, “¿Qué más da lo que opine?”.

    —Un disfraz. Bueno, eso es obvio. —sacó una sonrisa muy bonita que la dependienta volvió a copiar— Había pensado algo de… un disfraz de la autoridad… de policía…

    —Entiendo. Creo que tengo alguno en la parte del fondo. —la mujer comenzó a andar y la hizo un gesto con la mano— Vamos a mirar, ven conmigo.

    Recorriendo la tienda, que no era pequeña, llegaron hasta dos filas de disfraces colgados en perchas, una encima de otra. La mujer comenzó a rebuscar en una zona específica, asintiendo la cabeza justo cuando sacaba uno de los disfraces. Siguió buscando entre la montonera de ropa que pendía de una barra de metal y otros dos acabaron en sus manos.

    —Estos son los tres que tengo para mujer. —echó un vistazo rápido y María sintió los ojos de la mujer recorriéndola el cuerpo— Creo que te van a sentar de maravilla.

    En la puerta, el sonido de la campanilla advirtió a la dependienta que otro cliente había llegado. Se acercó a una mesilla de cristal cercana y los depositó en esta con sumo tacto, mirando después a María que estaba tensa como un cable de acero.

    —No te preocupes, tienes tiempo. —la regente de la tienda era de lo más amable. Se dio la vuelta para mirar a la puerta y acabó de añadir— Voy a atender a esa chica, si necesitas otro disfraz o cualquier cosa me llamas. Te dejo sola para que puedas decidir.

    María tenía delante de ella las opciones, y antes de que la mujer se alejase con pasos lentos y acolchados por unas cómodas zapatillas, ya tenía uno como elección principal. Era el más caro, pero también el más completo. El disfraz era que más se acercaba a la realidad, con un pantalón largo, un polo de manga corta y los demás accesorios básicos, era el idóneo, la viva representación de lo que imaginó en la cama.

    Sin embargo, no quería precipitar su elección, por lo que ojeó los otros dos por mera curiosidad. Uno de ellos, directamente, lo volvió a colgar en la larga barra de metal, aislado con los demás disfraces a la espera de ser comprado. Era demasiado explícito, con una camisa de pocos botones que dejaba al aire el escote de forma directa y, una falda tan pegada como pequeña que más parecía un cinturón.

    Puso atención en el otro que tenía, no lo quería descartar con tanta rapidez. Parecía más moderado, un vestido de color azul marino algo ceñido, tenía una cremallera que podía abrirse hasta el pecho y terminaba en una falda plisada que, por lo menos, la cubría los muslos. La modelo que posaba en la foto de la esquina superior derecha, se veía realmente sensual, pero también poderosa y autoritaria. Tenía un cinturón pegado que portaba tanto la porra, como las esposas, además de una pistola que enseñaba amenazante.

    Cogió los dos en el aire, mirándolos detenidamente y cedió a unos impulsos que nacían dentro de su alma y que, desde la noche anterior, no podía detener. Colgó de nuevo en la barra uno de los disfraces que la amable dependienta le había sacado y caminó por la tienda con el otro en la mano.

    No levantó el rostro y esperó paciente a que la mujer la atendiese para cobrarle el nuevo disfraz que iría directamente a su casa. María no podía dejar de mirar la foto de la esquina superior, meditando sobre porque había elegido ese… el más sexi de los dos.

    Por supuesto, buscó excusas en su mente, el precio era menor y, para usar una vez o ninguna… no iba a gastar una burrada. Aunque se acabó riendo de sí misma, sobre todo en el camino de vuelta, después de que la agradable mujer la deleitaría con una pícara mirada.

    A cada paso que daba miraba la bolsa, mientras el sol de verano la picaba en la piel como un enjambre de mosquitos sedientos. Ese pequeño trozo de plástico la pesaba y apenas quería que nadie la viera con ello en la mano, lo agarró con fuerza, como si dentro tuviera un millón de euros y trató de darse una última excusa.

    —La gorra es mucho más bonita… —murmuró con una carcajada contenida en su garganta. Malas excusas que ocultaban la verdad, quería verse tan espléndida como la modelo de la foto.

    ****

    El día de la compra pasó por completo y también el posterior en el que María miró por más de diez veces su armario pensando en lo que hacer. Pero al día que siguió a esos dos… la mujer la se encontraba en el baño, con el atuendo en la mano y una pequeña intranquilidad que no le dejaba ponérselo. El plan del día anterior era el mismo que este, la única diferencia era que hoy, al menos, lo había podido sacar del armario.

    Sin embargo, se levantó con unas ganas diferentes y con una intención muy profunda por poner firme a su hijo y, ¿quién mejor para hacerlo que una agente de la autoridad?

    Javi todavía estaba dormido y Manu hacía unos cuantos minutos que se fue por la puerta directo al trabajo. El “NO” imperaba en su cabeza, pero con el recuerdo fijo de la actitud de su hijo después del “momento porra”, la valentía aumentó. Se comenzó a convencer a ella misma, lo hacía por su hijo, esto era bueno para él, pero ¿ella tenía algo que ver?

    Para la mujer solo era un juego, un leve e inocente juego del cual no pensaba sacar nada más que buenas notas para el joven. Se comenzó a quitar el pijama, viendo que las clases de yoga parecían hacer un gran efecto en su cuerpo. La piel estaba tersa, flácida en algún que otro punto como los codos, no obstante, eso era imposible de evitar. Pese a eso, estaba casi como en la adolescencia, no pasaba el tiempo por ella, más que esos mínimos “colgajos” y alguna arruga que ya se marcaba alrededor de sus ojos.

    Se metió el vestido por las piernas, subiéndolo con lentitud y sin dejar de mirarse en el espejo, la figura que se reflejaba la estaba encantando. Todo se pegó a las mil maravillas y después de meter ambos brazos, subió la cremallera para tapar su escote.

    Viró su cuerpo noventa grados, quedándose de lado con respecto al espejo para completar la silueta que, de perfil, se vio perfecta. El disfraz era una segunda piel, sin ninguna arruga que lo estropease y… la tela era tan fina que al estirar su torso, pudo percibir sus costillas.

    Como se imaginó por la foto del paquete, la falda sí que le tapaba la mitad de los muslos, con la del otro disfraz, hubiera ido enseñando sus bragas, mejor así. Iba más… recatada.

    De pronto, en medio del silencio del baño, con la luz de encima del cristal del lavabo iluminando su figura, un pensamiento repentino la inundó. La frase era clara, junto con ese vestido, el cual enseñaba mucho, su parte más ardiente le dijo “igual a Javi le gusta mirar un poco”.

    Aquello no… no estaba bien. Era todo por el bien de Javi, por su disciplina, no para su gusto, pero… pensando en que “momentos” veía su hijo a las mujeres vestidas de policía, dudó. Tal vez la gustase verla así, igual le… ponía… esa idea se asentó en la mente de la madre, que seguía negándola una y otra vez. Sin embargo, esta vez no era ella… eso era cierto… con ese disfraz no era María, sino la agente especial Bermúdez.

    —Me debería hacer una placa con mi apellido… —soltó de pronto con una sonrisa sin dejar de contemplarse en el espejo.

    Ya bastaba de suposiciones estúpidas, el juego era por y para Javier, no para ella. Por lo que con los labios apretados y llenos de decisión, cogió el coletero de su muñeca y se recogió la cabellera morena en una fuerte coleta.

    La melena aprisionada colgaba hasta su nuca de forma tensa, girando el cuello en dos ocasiones para ver como bailaba tras su cabeza. Lo siguiente fue colocarse el cinturón, que le estrechaba el disfraz encina de las caderas, dejándola una figura de escándalo. María se dio cuenta y cualquiera que la hubiera visto opinaría lo mismo.

    —¡Joder…! —la palabra se le escapó del alma en apenas un susurro, pero es que era cierto— ¡Estoy muy buena…!

    Se estaba poniendo demasiado nerviosa, todo el plan quizá era un poco desproporcionado. Con una nueva charla como en el pasado o una nueva mención a un atributo policía, podrían funcionar, al menos, durante un tiempo.

    Sin embargo, a María le venía a la mente la idea de que su hijo aprobase todo y además con nota, como era capaz de hacerlo, pero que su vagancia no permitía. Hubo un último atisbo de duda, no obstante, al recordar de manera voluntaria como su pequeño le decía que no se presentaría al examen, fue el empujón clave que necesitaba.

    Se puso unas botas de color negro que eran de su propiedad y que le venían como anillo al dedo a su nuevo atuendo. Una vez bien atadas se volvió a alzar en medio del baño, con la cabeza sin ninguna otra cosa que la imagen de Javi diciendo que igual no se presentaba, era su combustible para ayudarla con el objetivo que tenía en mente.

    Cogió la gorra con ganas, enfundándosela por encima de la coleta y después, añadió unas gafas de estilo aviador que tenía desde hacía años. Era el toque final y cuando vio el mundo a través del color de sus lentes, no se podía ver más perfecta.

    —Vamos… —se dio los últimos ánimos para que la mano le dejase de temblar— No eres María, ni su madre. Eres la agente Bermúdez que necesita poner en cintura a un maleante. Métete en tu papel o esto va a ser el mayor ridículo de tu vida. —volvió a mirarse en el espejo, si Manu la viera de esa guisa… no la daría tregua en mucho tiempo. Eso era bueno, el disfraz tendría un segundo uso— Igual me he pasado.

    Recorrió la fina tela con sus dedos, podía notar su piel vibrando de la emoción. Estaba exaltada por lo que iba a hacer, sin saber muy bien si era por lo raro de la situación o por… la propia excitación.

    Resopló con fuerza delante del espejo y salió del baño con una decisión como nunca antes. Tenía todo el equipo listo, vestido (con su placa y logos), cinturón con esposa y porra, gorra, gafas, botas y… unas ganas de lucirse por completo que no eran normales.

    Anduvo por el pasillo con fuertes pisadas, como si se tratase de un desfile y ella fuera la que marcara el paso. Llegó hasta la puerta de su hijo y teniendo un leve instante de duda, detuvo la mano a unos milímetros del pomo. No era tiempo de dudar, el personaje que se había cultivado en su interior había tomado el mando de su cuerpo y con fuerza entró en el cuarto de su hijo.

    Todo estaba oscuro, apenas unas líneas de luz entraban por las rendijas de las persianas que dibujaban extraños rectángulos en la alfombra. Javier estaba dormido, siempre lo estaba y aquello calentó más a una mujer que ya venía con un enfado preparado.

    Dio zancadas poderosas, que resonaron en la habitación debido al peso de las botas. Con gran fuerza y sin reparar en el bienestar de la ventana, alzó la persiana dejando que el caluroso sol de verano inundase la habitación. Javier se despertó de golpe, aunque más bien, se tapó con la manta para que el sol no le desintegrara al igual que a un vampiro.

    —¡Despierta! —gritó con la autoritaria voz que parecía concederle aquel disfraz.

    Javi apenas reaccionó, solo se hizo una bola en la cama, totalmente cubierto por las sabanas, debajo de las cuales, se creía a salvo. Para nada iba a escapar de la agente especial Bermúdez, su especialidad eran los chicos díscolos y este no era más singular que los otros. Con gesto torcido y los mismos pasos sonoros que al entrar se colocó al lado de la cama.

    Dio un fuerte tirón, hasta tal punto que si Javier las hubiera tenido aferradas con más ganas se hubieran desgarrado a la mitad. No fue el caso y la tela voló como un fantasma por encima de la cabeza de María hasta caer en un rincón al que nadie le importaba.

    Javier estaba con su calzoncillo, colocado en posición fetal y tratando de volver a dormir o, al menos, simulándolo. María no quería que la engañara, sacó su porra del cinturón, meciéndola en su mano y obviando ese fuerte olor que de seguro nacía en el calzoncillo de su hijo. Un sentimiento fuerte, de poder… que nunca antes probó recorrió su alma, aunque también, una excitación que la abrasaba.

    Levantó tras su cabeza el trozo de plástico, tenía cierta dureza y podía hacer daño a alguien si se lo proponía. María, o más bien la agente Bermúdez, después de alzar la porra en el aire, justo en el momento que la empezó a bajar, esperó provocarle un leve dolor a su hijo.

    Le golpeó con fuerza en el muslo, emitiendo un sonido de choque que rápido se colapsó por el quejido de Javier, que abrió los ojos con una estupefacción completa sin tener ni idead de lo que estaba ocurriendo.

    No le dio tiempo a asimilar por qué su madre la había golpeado, cuando se sentó en su cama y vio a María, no dio crédito. La sorpresa era tal que reptó por encima del colchón, escapando de esa figura que le era desconocida hasta que sin encontrar más donde apoyarse, cayó al suelo de forma torpe.

    María en ese segundo que su hijo se encontraba con la cabeza en el suelo y las piernas en el aire tratando de levantarse, se llevó una mano a la boca de manera coqueta y evitó reírse.

    —¡Vamos, sabandija! ¡Levántate ahora mismo! ¡No me hagas perder el tiempo! —exigía la progenitora en un tono alto.

    A Javier le costó reconocer la voz de su madre, no era su grito habitual, parecía más cargado de autoridad real que, además, parecía incontestable.

    —¿¡Qué haces, mamá!? —en su voz hubo duda y un leve carraspeo debido al levantamiento tan brutal. Pero María, recibió algo con agrado, porque también tenía un tono de… respeto.

    —¿Mamá? ¿Acabas de llamar mamá? —su enfado fingido estaba siendo digno de un Óscar— ¡Cómo te atreves a llamarme así! ¡Soy la autoridad! —golpeó con fuerza la cama logrando un sonido amortiguado— ¡Ahora mismo, haz la cama! O si no… ¡Prepárate para las consecuencias!

    Javier se puso de pie con la agilidad de la juventud. En un lado de la cama, estaba María vestida de policía y, al otro lado, su hijo con calzoncillos y un gesto de sorpresa que no le dejaba cerrar la boca.

    Hubo dos segundos de duda, nadie dijo nada, el silencio lo inundó todo como el sol de verano al subir la persiana. Era el momento que se decidiría todo, si María podría seguir con aquello o no. Javier no sabía qué hacer, solo esperaba acontecimientos, el shock de la mañana había sido demasiado duro. La madre se dio cuenta de que su hijo iba a mover los labios, seguramente pondría un nuevo impedimento a todo aquello, debía detenerle, ese era su nuevo oficio.

    Con rapidez y fuerza volvió a golpear la cama, haciendo que las sabanas se levantaran del colchón y que su hijo cerrara esa boca de vago que estaba empezando a abrir. Incluso se alegró cuando le vio dar un paso atrás.

    —¿¡No tienes odios, jovencito!? ¡La cama…! ¡YA!

    Otro segundo de duda, pero que se solucionó más rápido de lo esperado. Con gesto impaciente, Javier se agachó, comenzando a meter la bajera por su lugar y buscando las sabanas sin poder levantar la cabeza para mirar a su madre.

    La cama estuvo hecha en un periquete y el poder que parecía ir creciendo en su interior, la hacía esbozar una sonrisa.

    —Hazte el desayuno y luego ven a estudiar, estaré esperando. —su hijo escapó por la puerta obediente, aunque justo en el umbral, la voz de su madre le detuvo— ¡Si tardas…! —le apuntó con la porra y Javier tragó saliva— ¡Prepárate…!

    No tardó, ¡vaya si no tardó! En menos de cinco minutos se preparó él solo el desayuno y se lo tomó a la carrera. María esperó sentada en la cama recién hecha, con las piernas cruzadas y los muslos medio desnudos, gozando de la sensación por la obediencia de su vástago.

    Con aquella prenda se sentía cómoda y extrañamente sensual… si aquel era el único modo que su hijo reaccionase, lo repetiría. El fin justificaba los medios.

    —¿Todo acabado? —preguntó María al ver a su hijo entrar con el pecho desbocado.

    —Sí. —estaba jadeando y apenas parpadeaba.

    —¿Has limpiado la taza? —su tono no dejaba de ser autoritario.

    —Sí.

    —Sí, ¿Qué?

    —¿Señora…?

    Se levantó de un salto, mostrando un exagerado enfado en su rostro y alzó la porra hasta la barbilla de su hijo. La mantuvo allí, levantándole la cara para que la mirase a los ojos, a través de sus lentes podía ver y casi sentir que Javi… disfrutaba.

    —Señorita. —el plástico no dejaba al muchacho mover su cara— ¿O me ves vieja?

    —¡No, señorita!

    —Así me gusta. —quitó su arma y la dirigió a la mesa de estudio— Ponte a estudiar, no quiero que pierdas ni un segundo. ¿Me has odio?

    —¡Sí, señorita!

    El muchacho se puso a estudiar de inmediato, con una atención que María nunca había visto. Con los codos en la mesa apenas movía levemente su cabeza para tratar de mirar a su madre que caminaba a su espalda como un verdadero guardia. Cada vez que observaba como su hijo trataba de mirarla con unos ojos… curiosos, ella ponía la porra en la cabeza y se la fijaba en las hojas.

    Verdaderamente, a Javier le gustaba “ese juego”, María se dio cuenta en el momento que su expresión habitual cambió. No la había mirado como todas las mañanas, con ojos perdidos y cierta desgana. Esta vez era directo, con unos ojos fijos y afilados que parecían chispear al sol del verano. Si la agente Bermúdez no se equivoca, esos ojos destilaban perversión.

    Todo eso a María no le importaba, porque era normal. Estaba realmente guapa con el disfraz y, además…, no era su madre, era solo una agente de policía destinada a que cumpliera con su cometido, estudiar. El chico rebelde que tenía bajo su custodia, que mirase cuanto quisiese, porque ella mandaba y lo que importaba, el objetivo de la misión, era que estudiase.

    —Quiero que lo estudies todo. ¡Todo! ¿Me entiendes? —Javier asintió sin mirarla— A la noche te lo voy a preguntar. Cada tema.

    —¿Y si no me lo sé?

    María detuvo su incesante paseo haciendo que el sonido de sus botas no fuera escuchado por su hijo. Javier agachó algo más la cabeza, sabiendo que había errado en preguntar aquello.

    Sintió que una porra recorría su espalda desnuda con ligereza, hasta llegar a su nuca, donde se posó con cierta fuerza, haciendo descender su cabeza hasta casi rozar los folios con la nariz. María quitó la porra del lugar y se inclinó ella hasta que su hijo sintió su aliento en la espalda. Dio un leve golpe en la mesa, algo que hizo temblar a Javier, aunque no sabía muy bien el motivo, no tenía miedo… era otra cosa.

    —Qué atrevido preguntando, ¿no? —no hubo respuesta, el chico prefirió esperar lo que tenía que decirle la autoridad— Estúdialo bien, porque te castigaré.

    Durante todo el día, solo le dejó levantarse de la silla dos veces, la primera para comer y después porque no podía aguantarse más y debía vaciar su vejiga. María lo permitió a regañadientes, diciéndole al final que mientras ella se iba, debería de seguir estudiando.

    —No te creas que me vas a engañar, —de nuevo en su espalda le puso una mano en el hombro y apretó— cuando yo no esté aquí, tú vas a estudiar. —la porra apareció en el hombro opuesto y Javier dirigió la mirada hacia allí— ¿A que sí?

    —Sí, señorita. Lo haré.

    —Muy bien, buen chico. —pasó la mano libre por la nuca, meciendo su cabello y finalmente dándole un leve empujón para que bajase la cabeza— No me gusta castigar a los chicos buenos.

    Se alejó de su hijo, pensando en lo poco que quedaba para que su marido llegase, no era bueno que la viera de ese modo. Se volvió a inclinar sobre su pequeño, que seguía sentado en la silla como si estuviera pegado. Pasó su rostro hasta dejarlo paralelo al de este, tenía un sentimiento muy fuerte dentro de ella, muy parecido al que sintió al nombrarle con un apelativo cariñoso.

    —De esto… ni una palabra, ¿me entiendes? —el joven asintió y ella giró su cara— Más te vale…

    Acabó por hacer algo que tenía olvidado y que, como madre, le dolía no hacer. Dispuso sus labios, se acercó a la mejilla afeitada de su hijo y le puso un rápido beso antes de que el joven pudiera negarse o que, a ella misma, le diera reparo.

    Salió con rapidez sin esperar reacción, dispuesta a ir al baño para cambiarse con las tripas que le revoloteaban como una lavadora en pleno centrifugado. Fue un momento especial, una mañana y parte de la tarde del todo atípicas, pero muy placenteras. Tanto fue así, que no le sorprendió lo que vio cuando se cambió la ropa en el baño.

    Comprobó lo que estaba creyendo por imposible era cierto, mientras caminaba de un lado a otro. Se acercó la ropa interior, dando antes el chorro de la ducha para que su intimidad fuera total. Olía… tenía un aroma fuerte… un olor muy conocido, cuando pasó el dedo el corazón le tamborileó con fuerza, verificando que sus suposiciones eran más que acertadas. Durante todo aquel tiempo, había estado humedeciendo su braga.

    ****

    —Oye, ¿has hablado con Javi? —preguntó Manu totalmente sorprendido mientras desayunaba. Había pasado por la habitación de su hijo y estaba despierto y… ¡Estudiando!

    —¿Yo? Nada nuevo. —durante la noche estuvo pensando en qué decir a su marido si esta conversación se producía. Lo más lógico siempre era una buena excusa— Hablé con un poco con él y le pedí por favor que dejase de vaguear y se pusiera a estudiar.

    —¡La leche…! —no podía creer que lo más fácil fuera también lo más útil— Pues parece que ha surtido efecto. Por lo menos de momento.

    —Ya veremos… No cantes victoria. —María empezó a desear que su marido se marchase para ponerse el disfraz. Desde que se levantó era su único pensamiento— Creo que puede ser flor de un día, hay que estar encima de él. Pero tranquilo, yo me ocupo de eso.

    —Tengo ganas de ver si sigue así. —se levantó de la mesa, dando un beso a su mejor en mitad de la frente— ¡Es que eres la mejor madre del mundo!

    Manu, dejando la taza en su lugar, se limpió los dientes y se despidió de su mujer con un segundo beso. Parecía algo abstraída como si pensase en otra cosa, pero era normal, por mucho que se quejase de su hijo, a ella siempre le costaba espabilar por la mañana.

    Mientras el hombre cogía su coche para ir al trabajo, María se encontraba en el baño, calzándose sus botas con rapidez para ir a “jugar” con su pequeño.

    —¡Escoria! —entró María en el cuarto de Javi a grito pelado. Del susto que le dio, el joven saltó de la silla— Ayer no fallaste ni una pregunta, pero… tu madre te tuvo que ayudar en par de ellas. Qué te crees, ¿qué voy a permitir que eso suceda? ¡Espero que no vuelva a pasar, sabandija!

    —No, señorita. Lo siento. —decía mirando a los folios de la mesa— Fue un fallo, nada más.

    —No digas nada. —pasando la porra, por segundo día consecutivo, por la espalda desnuda de su hijo. Como le empezaba a gustar jugar con aquel trozo de plástico— Estudia y punto. Tienes que pelarte los codos, mañana es el examen y no quiero una nota menor de un siete.

    —Pero… —no pudo decir más, porque la agente Bermúdez parecía enfadada.

    —¿Osas…? —golpeó ligeramente un hombro de Javi y bajó el tono sonando más dura— ¿Contradecirme?

    —No, señorita. —con ese tono parecía tornar a su más tierna infancia.

    —Me gusta cuando no contradices a la autoridad.

    —Pero… —esta vez María le dejó hablar— ¿si no consigo un siete o más?

    —¡Castigo! —sonó grave y muy cerca del oído de Javi que tembló.

    —¿Qué castigo?

    María se alzó poderosa, sus botas le daban una mayor altura y con el disfraz parecía que midiera varios metros. Estaba demasiado metida en el papel y la insolencia de su hijo debía ser pagada. Cogió una de las sillas, la puso al lado del joven que la miraba con cierta inquietud, dándose cuenta de que los mismos ojos lujuriosos del día anterior seguían allí.

    Su madre le contempló de arriba abajo, por encima de las gafas de sol que no se quitaba para nada. Javi estaba sentado en su silla, con el pijama habitual que portaba siempre, un bóxer pegado con alguna que otra delatadora mancha blanquecina y nada más.

    María descendió la mirada paulatinamente y con descaro, observó con pausa el torso desnudo y delgado de su hijo. Las costillas se le marcaban al igual que a ella y unos pequeños pelos nacían por encima del calzoncillo.

    Aunque lo más curioso era lo de más abajo. La agente Bermúdez y, no María, no quitó la vista. ¿Por qué debería hacerlo? La policía podía mirar donde quisiera, en esa casa, era la ley. Entre las piernas de Javi reposaba un bulto inquieto, una masa de músculos que reptaba bajo la tela queriendo salir de su encierro.

    Allí permanecieron sus ojos por unos segundos, sintiéndose demasiado atraída a la par que su excitación aumentaba. El pene de su hijo parecía grande y se movía llamando su atención a propósito, en verdad era un chico demasiado descarado “tengo que reeducarle con dureza” pensó de forma erótica.

    No se sorprendía de nada, el disfraz la confería otra mentalidad en la que estaba muy metida y cuando quitó los ojos de la entrepierna, colocándose las gafas de nuevo, no se sorprendió al notar su vagina húmeda. Por lo menos, esta vez había aprendido y con las piernas cruzadas, no había prenda que se fuera a manchar, quizá algo sus muslos e igual la silla, pero sus bragas no… porque no llevaba.

    —Lo tengo que reflexionar. Pero te puedo prometer, niñato bocazas, que será duro.

    La última palabra salió rodeaba de un aire caliente que le puso al joven la piel de gallina. La policía que tenía al lado era realmente estricta y debería hacerla caso, si no acabaría castigado. Aunque en su interior, ¿quería que fuera así?

    —Quizá… —posó su porra en el pecho del joven y dio unos leves golpes mientras la bajaba muy lentamente— te dé con esto en alguna parte.

    —¿Qué parte? —osó preguntar.

    —¡Cállate y estudia! —casi le gritó por semejante descaro, aunque antes de ir a sentarse en la cama para vigilarle, le añadió— Desde ahora, llámame agente Bermúdez. Ningún otro nombre. ¿Queda claro?

    No había más que decir, la autoridad había hablado. Con la mirada fija en sus libros, estudió durante todo el día, moviéndose esta vez únicamente por orden de su madre para que fuera a comer.

    Cerca de la hora en la que el otro hombre de la casa llegaba, María todavía seguía sentada al lado de su hijo, en silencio, mirándole mientras este no sacaba su mente de los libros. Hacía calor, lo hizo durante todo el día y no parecía que fuera a cambiar. La cremallera se deslizó entre sus dedos, algo que hizo con premeditación, casi como una recompensa por lo bien que se estaba portando su chaval.

    Al momento que topó con el final de esta, no se reconocía. Ya no era María, detrás de las gafas, su alter ego, la agente Bermúdez, había tomado su lugar.

    —Te permito levantarte y descansar —dijo María con la cremallera totalmente bajada.

    Javier, al voltear el rostro, lo vio en primicia, sus senos estaban apretados por la tela y por un sujetador que los dejaba casi perfectos. No pudo reprimir que su pene, se endureciera algo más de lo que había estado durante gran parte de la tarde. María, o en este caso, la agente Bermúdez, lo contempló y sonrió.

    —Espero que mañana apruebes. —colocó la porra en los libros, por una vez, de forma calmada— ¿A qué hora es?

    —A las nueve. —María frunció el ceño detrás de las gafas, Javier lo entendió— A las nueve, agente Bermúdez.

    De pie frente a él, con la cremallera mostrando todo su escote, su hijo la observó como era en ese momento, una diosa, una mujer poderosa, una madre que se hacía respetar. Pero había algo más, un ligero olor que notó con levedad horas atrás y que desde hacía media hora era inevitable que no atravesase sus fosas nasales. Era fuerte y se le metía en la nariz con cierto gusto.

    —Estate puntual, ¿me entiendes? —las gafas brillaban con el sol que entraba por la ventana y el muchacho asintió— Como no lo hagas… —en un movimiento veloz, la porra se posó con relativa fuerza en el pene del joven que estaba algo duro— ¡Ya verás! —lo quitó dejando que Javier sintiera un pequeño escozor que no llegó a doler. Añadió mientras caminaba a la salida— Me voy a duchar. Por cierto, limpia mi silla. Está mojada…

    Cuando escuchó cerrarse la puerta del baño, lanzó un rápido vistazo a la silla de madera donde su madre estuvo sentada gran parte del tiempo. En el centro, reposaba un pequeño destello que se visualizaba mejor con los rayos del sol, podría haber sido sudor, pero necesitaba comprobarlo. Javier agachó su cabeza, colocándose de rodillas y acercando sus ojos para contemplarlo en óptimas condiciones.

    Parecía agua, quizá sí que fuera sudor, pero estaba impregnado de ese olor que le había entrado en la nariz a la última hora. Volvió a asegurarse, porque no se podía creer lo que era, acercó su olfato tanto como pudo y aspiró con fuerza, no había dudas. Era flujo salido de una vagina, de la de su madre.

    Con un temblor imparable en su cuerpo, se aferró con fuerza a la silla, quizá intentando parar una tentación incontrolable. No pudo. La lengua apareció tras sus finos labios y con los ojos abiertos hasta el punto de que se le iban a escapar, lamió las pequeñas gotas que había en la silla. Le supo glorioso y todo quedo como quería la agente Bermúdez, limpio.

    ****

    —Manu, despierta…

    El sonido era muy bajo y su marido solo hizo un sonido que más parecía el rugido de unas tripas hambrientas. No parecía reaccionar. María le agitó el brazo, haciendo que la parte izquierda se moviera y el hombre emitiría un graznido bajo.

    —¿Qué quieres? —todavía tenía el tono somnoliento sintiendo que ni la lengua había despertado.

    —No puedo dormir. —en plena oscuridad la voz parecía un grito

    —¿Qué quieres que haga con eso?

    —Es que me pica… —María se frotaba las piernas, la una contra la otra sin parar, había estado así por más de media hora.

    —¿Qué te pica el qué?

    De haber estado totalmente despierto se hubiera dado cuenta de lo que quería decir su mujer. Emanaba un calor muy reconocible, haciendo que el roce con su piel casi fuera ardiente en aquella noche de verano. María se acercó de forma melosa, dándole un beso en su mejilla con barba de tres días y fue subiendo hasta morderle el lóbulo de la oreja.

    —Me pica el coño… —le susurró tan cerca de su oído como pudo.

    Su voz era un bálsamo de lujuria. Manu sintió su sangre arder, toda en dirección a un pene poco usado que le costaba arrancar como un coche viejo.

    —¿¡Ahora!? —se sorprendió al ver el reloj de la mesilla que marcaban las dos de la mañana.

    Ella asintió en su oído, con la anterior frase le había activado, pocas veces era tan directa y en menos ocasiones utilizaba la palabra coño, solo cuando estaba realmente cachonda. Manu se fue a girar, pero el cansancio le podía, su pene estaba a media asta y no daba signos de querer pelea, prefería seguir durmiendo.

    Por mucho que fuera suculento un coito nocturno con su bella mujer, cada vez le costaba más y, menos ganas le envolvían cuando estaba así de cansado. Se volvió a acurrucar, apretando las piernas para ahogar un poco a su serpiente y que no luchara por algo que ninguno de los dos querían.

    Su mujer, en cambio, seguía deseándolo y le besaba con cierta calma pasional el trapecio desnudo de su marido.

    —Un poco… vamos… solo un poquito… —María se sorprendía de lo ardiente que estaba, hacía muchísimo que no se sentía así, quizá desde la noche de bodas— Yo encima. No tienes que hacer nada. Te lo prometo.

    —María… —Manu miró el reloj de nuevo, apenas se podía creer que le estuviera pidiendo sexo a esas horas. Necesitaba dormir, al día siguiente trabajaba— Mira qué hora es. Mejor mañana, que ahora es todavía muy pronto… o muy tarde… no son horas.

    —Por favor… uno rápido —otro beso en el trapecio que acabó por ser el mordisco de una vampiresa sedienta. Sin embargo, Manu no reaccionó.

    —Cariño, mañana, te lo prometo.

    —¡Mierda…! —dijo con un aire malhumorado.

    La mujer se levantó de la cama con un calor casi febril recorriéndole el cuerpo. Su marido le preguntó con medio ojo cerrado a donde iba, pero ella levantó la mano y de forma rápida respondió.

    —¡A mear! ¡A ver si se pasa!

    Iba realmente enfurruñada, mientras atravesaba el pasillo con pasos rápidos sin importarle los vecinos de abajo. Que se quejaran si eso era lo que les apetecía, ella tenía asuntos más importantes entre sus piernas.

    Pasó la puerta de la habitación de su hijo, pensando por un segundo que seguro que él, en sus sueños, estaría haciendo las delicias de una policía muy autoritaria. Rio tontamente sabiendo la locura que era aquello, aunque… ¿Por qué no? No era su madre, solo la agente Bermúdez, que no tenía nada que ver con Javier. “No digas chorradas” se dijo al poner el pestillo del baño.

    Sentada en la taza y mirando su braga con una mancha más que apreciable, escuchaba el hipnótico sonido del chorro golpeando contra el retrete. Se quedó mirando a la nada con la mente en blanco. El pis la había relajado una pequeñísima parte de lo que necesitaba y ahora, estaba allí, sentada en el baño con un calentón de tres pares de narices.

    Casi por instinto humano, por necesidad real, miró hacia la entrepierna y ¡sorpresa! Su mano había descendido en secreto hasta una vagina que estaba empapada como cuando tenía dieciocho años.

    Palpó lo abultados que estaban sus labios. Una fina capa de pelo los tapaba, pero no importaba, no notarlos era imposible. Mientras la luz fluorescente la iluminaba, ella buscó con acierto lo que tanto quería. Sus dedos separaron con gracia los labios, dejando un camino sencillo en la parte superior donde un prominente clítoris duro como una roca la esperaba.

    —¡La Virgen María…! —suspiró al apretarlo.

    Con dos de sus dedos, comenzó un movimiento circular, lento y profundo. Su vagina se abría ante las extremidades que resbalaban involuntariamente al interior de la cavidad. Sus labios, los que tenía en el rostro, también se separan tratando de expresar lo que sentía, pero María detuvo el gemido en su garganta, no era lo adecuado. Las venas del cuello se le notaban grandes y llenas de sangre, a punto de explotar como si fueran un volcán. Los músculos de su cuerpo se estaban tensando mientras los dos dedos entraban y salían de su interior.

    Se inclinó hacia delante, casi llegando a colocar la cabeza entre las piernas. Una de las manos seguía con el entrar y salir placentero que le producían sus dedos mojados por todo el flujo. La otra, se aferraba a la barra de las toallas con tanta fuerza que, de estar un poco suelta, la hubiera arrancado.

    Tuvo que coger una de estas últimas, justo la verde que solía usar para el pelo. Abrió la boca y con fuerza la mordió con sus dientes. Su mandíbula se cerró como la de un perro furioso, escuchándose solo unos gemidos contraídos que nadie en la casa lograría oír jamás.

    Ambos dedos volvieron a entrar, dejando un placer tan profundo que no volvieron a pasar la puerta de entrada. Solo se centró en el clítoris, que llamaba con fuerza para que le hicieran caso.

    María volvió a llevar ambas falanges a la zona más sensible de su cuerpo, creando movimientos más duros y rápidos. Los fluidos estaban haciendo que resbalasen y minúsculas gotas golpeaban en sus muslos debido al frenético movimiento.

    Entonces lo sintió, la punzada de un cuchillo que le atravesaba la espalda la hizo ponerse de nuevo en un ángulo de noventa grados en comparación al retrete. Su columna se curvó, casi llegando a dar con la cabeza en la pared que estaba a su espalda llena de baldosas. Con la fuerza con la que se movió, podría haber reventado una por el cabezazo.

    No hubo grito, solo un murmullo mientras la toalla estaba a punto de desgarrarse. María, miraba abstraída de todo el mundo, como el fluorescente la cegaba mientras sus ojos se abrían y blanqueaban al sentir un orgasmo casi divino.

    Vibró, tembló de locura casi cayéndose al suelo y, soltando la toalla de sus dientes para que esta reposara en su regazo, tomó un aire que podría haber reventado sus pulmones. El labio se le movió de forma involuntaria, sacando una leve baba que brotó hasta la barbilla con rapidez. No importaba, nada más importaba que el orgasmo que estaba teniendo.

    Al de unos minutos se levantó con el alma sonriente y unas piernas renqueantes que arrastraban con dificultad los pies. Cogió otra toalla, la que se le cayó al levantarse, era imposible atraparla, estaba en el suelo, un lugar tan lejano como otro planeta. Tenía en sus manos la de su hijo de color rojo, que pasó por su entrepierna limpiando el exceso que tenía en su vagina y también en los muslos.

    —¡La policía te lo regala!

    Susurró con los ojos a medio cerrar y con la voz de la agente Bermúdez, mientras dejaba de nuevo la toalla en su situó con su ADN en gran cantidad.

    Tuvo que calmarse un rato, pensando en que solo a una pared de distancia, Javi dormía plácidamente, ajeno a que su madre, se había masturbado como una posesa. El orgasmo había sido glorioso y, momentáneamente, su ardor le dio una leve tregua.

    Salió al pasillo, parándose en la puerta del joven, donde miró dentro, pudiendo observar en la oscuridad, como su pequeño descansaba sin saber quién le observaba. Por algún motivo, María se lamió los labios, para después morderse el inferior y resoplar lo más bajo que pudo. Quería vestirse, quería volver a ser la autoridad, pero… hoy no podía ser.

    Volvió a su cama con su marido, que ya volvía a roncar mientras ella se quitaba la braga y dormía únicamente con el pantaloncito del pijama. Ahora se sentía mucho mejor, pero sabía que a la mañana… en unas horas, el fuego volvería a quemarla y no estaría su marido para sofocarlo. Quizás de ese modo… fuera mejor.

    ****

    María se despertó algo más tarde de lo normal, eran cerca de las ocho y escuchó como alguien se preparaba en el cuarto de al lado. Se levantó con gesto liviano, el cargamento de líquido que soltó unas horas atrás parecía que pesara infinidad de kilos.

    Fue donde su hijo, para ver que estaba haciendo. Esta vez no espió desde fuera, tocó y sin escuchar el permiso, entró dentro.

    —Javi, ¿qué haces levantado tan pronto? —la duda era más que razonable, esas no eran horas del “típico Javi”.

    —Marcho, mamá, así voy con tiempo al examen —María echó la cabeza hacia atrás golpeada por la sorpresa.

    —¡Qué bien, cariño! ¿Quieres que te haga el desayuno?

    —No, no, ya desayuné. —le dirigió una sonrisa tierna mientras su madre seguía tan sorprendida por semejante cambio— Marcho ya, lo siento, es que voy con prisa. Quiero repasar un poco allí.

    —Ah… pues… —no sabía qué decir y mejor de esa forma— Vale, cariño.

    El joven se fue con paso rápido, pasando al lado de su madre y dándola un beso en la mejilla que María recibió con mucho afecto. Se palpó esa zona con la mano, sintiendo el calor que Javier había producido y miró como escapaba por el pasillo.

    Escuchando el golpe de la puerta al cerrarse, se fue de forma incrédula a la cocina. El café le sentó de maravilla y su cuerpo se activó después del shock de ver a su hijo siendo tan responsable. Cogió el móvil, todavía no eran las nueve, faltaban veinte minutos y le mandó un mensaje a Javi.

    —Según salgas, cuéntame qué tal el examen.

    No obtuvo respuesta, porque su hijo estaba estudiando en uno de los bancos de la universidad, repasando los últimos puntos antes de entrar… ¡Quién lo diría…!

    Manu se fue a trabajar y María quedó sola en casa, con el móvil en la mano, esperando la respuesta de su hijo. El tiempo pasaba despacio, con unas ganas incontrolables de que su pequeño acabase y la dijera que todo había salido de maravilla. Al final, el móvil vibró en la mesa haciendo que María diera un pequeño brinco por la sorpresa, estaba de los nervios.

    —¡De maravilla el examen! Creo que voy a rondar el nueve seguro. —unas cuantas caras de felicidad completaron el mensaje.

    —Me alegro mucho. ¿Vuelves a casa? —a la madre las manos le temblaban.

    —Sí, ya estoy en el metro, en quince minutos estaré.

    —Bien, ahora te tocan los otros dos exámenes para terminar. No te queda nada, cielo.

    —Merezco un poco de descanso, ¿no? —otra carita sonriente volvió a aparecer en la pantalla.

    A la mujer una pequeña sonrisa le esbozó en el rostro. Estaba llena de imaginación y como si tuviera puesto su disfraz policial, volvió a escribir en el móvil.

    —No. No te mereces nada. ¡Estudia!

    Su rostro se ruborizó al de pocos segundos, llenándose de un calor muy conocido que nacía entre sus pegadas piernas. El aire le sabía a poco y tenía que ventilar sus motores, cada vez le ponía más pensar en el juego que llevaba con su hijo. No entendía muy bien por qué, pero aquel rol dominante le hacía olvidar el parentesco entre ambos, cuando se lo ponía, era otra mujer.

    Javi volvió a casa al de diez minutos, parecía que la parte que tenía que ser andando, la había hecho corriendo. Recorrió el pasillo con cierta curiosidad, no se escuchaba nada en la casa. Abrió la puerta de su cuarto y se quedó quieto al ver quién le esperaba.

    La agente especial Bermúdez estaba sentada en la cama, con su atuendo habitual y señalando con la porra la silla de estudio. Tras sus gafas no se podía ver su expresión y, menos mal, el calor la estaba desatando y quería atravesar todos los niveles de ese juego.

    El joven la hizo caso, sentándose en la silla mientras ella cogía otra y se colocaba a su lado. La cremallera estaba muy bajada, más de lo normal, y el escote que dibujaba el sujetador era visible, incluso un poco de la tela negra de la que estaba hecho el sujetador.

    María no podía sentirse mejor. Miraba a su hijo con otros ojos, tras las lentes una mirada sedienta de amor y pasión observaba al joven como una depredadora. Apretando sus piernas cada vez más, sentía como un líquido pegajoso rezumaba de su interior para llegar de nuevo hasta la silla. No se podía contener, aquello era lo que más deseaba del mundo.

    —¡Estudia…!

    Su voz sonó autoritaria, pero sin poder ocultar un calor naciente que agarrotaba su garganta lasciva. Colocó la porra en el pecho de su hijo. Recorriendo lentamente un camino que conducía a la entrepierna de este, la tenía dura.

    El bastón bajó hasta el lugar donde un bulto sumamente grande reposaba con ganas de romper la tela. María apretó con fuerza, tanta que su hijo se inclinó sobre la mesa, comenzando a sacar los libros. Su madre, sin dejar de presionar su duro pene, se acercó hasta el odio de su hijo, dejando que viera su escote desde muy cerca y le volvió a decir con un susurro.

    —¡Estudia…!

    El aire caliente y llenó de erotismo, logró que el cuello del joven se retorciera por el escalofrío que nació en su espalda, llegando a perturbarle cada vértebra de la columna. Las manos le temblaban y cerró los ojos para sentir como su madre estaba a escasos centímetros de su cuerpo. No dudo en echar un ligero vistazo a los senos de esta, los quería para él.

    —Así… —se atrevió a hablar Javi con la voz temblorosa y con un tono levemente mayor que un murmullo— Así no puedo estudiar…

    —¿¡Cómo dices!? —María se acercó mucho más, colocando su oído en la boca del muchacho para que le contestase. Repitió lo dicho— Repítemelo, que no te he oído. ¿¡Cómo dices!?

    Javi tragó saliva realmente atemorizado por el respeto que le provocaba ver de ese modo a su madre. El pene dio un leve salto dentro del vaquero, algo que, desgraciadamente, María se perdió y que le habría encantado contemplar.

    Logró humedecerse los labios, mientras miraba la perfecta oreja derecha de su madre como estaba muy cerca de estos. El pelo recogido en la coleta le caía por la espalda y en las gafas se podía reflejar su nerviosismo. Sacó todo el valor que pudo.

    —No puedo… —tomó valor y decisión— No puedo estudiar con tu porra en mi polla.

    Rápidamente, María volvió su cabeza para atrás, con la boca abierta del todo, fingiendo una sorpresa que rozaba la indignación. Se levantó de un salto mientras su hijo trataba de calmar su ansiosa respiración, algo que María ni siquiera ocultaba.

    Empujó con una de sus botas la silla de su hijo, que hizo que las ruedas le separaron de la mesa, fue algo bruto, sin nada de ternura, la agente Bermúdez estaba enfadada. Se colocó delante del chico, mirándole desde arriba con el reflejo de sus gafas y con la porra, meciéndola en ambas manos. Javi olió algo, un néctar que nacía debajo de la falda de su madre, donde unas piernas abiertas descubrieron una gota que corría por el muslo.

    —Como… te… —a la madre le costaba respirar y las palabras se le apelotonaban en una garganta seca de nervios y pasión— ¿¡Cómo te atreves, malnacido!?

    Javi no podía hablar, apenas era capaz de respirar con tranquilidad. Solamente notaba su pene rugir con fuerza para enfrentar a la policía que estaba abusando de su poder.

    —¿Quieres que te detenga, asqueroso? ¿Es eso lo que quieres? —María no dejaba de darse en la mano con la porra— Un buen correctivo policial es lo que te mereces, niñato.

    La gota de flujo que corría por su muslo se había detenido, evaporándose debido al cuerpo ardiente de la mujer, que ahora comenzaba a sudar de puro nerviosismo. Su lívido estaba por las nubes y por nada del mundo bajaría.

    En un lapso de tiempo que no supieron medir, se quedaron con los ojos fijos el uno en el otro. Javi vio como la mirada de su madre le analizaba por encima de las gafas, quizá a la espera de una contestación que diera permiso a toda la locura. No dudo en qué hacer, aunque no podía hablar, porque su garganta ya no le dejaba emitir ningún sonido, por lo que asintió.

    —¡Sucio delincuente…! ¡Eres un deslenguado y rebelde! ¡Te mereces el peor de los castigos!

    María no podía sujetar más la situación, no era una madre, no había dado a luz a Javi, solo era una policía cachonda con ganas de enseñar unas cosas a ese desobediente chaval.

    Dio la vuelta a la silla quedándose en la espalda de su hijo. Cogió primero un brazo, después el otro y los sujetó detrás de la silla giratoria por las muñecas. De su cinturón sacó las siempre presentes esposas de plástico que, con muchos temblores, le logró ajustar en las muñecas.

    —Esto es lo que querías, ¿no? No obedecer. Estás detenido. —María dejó las gafas en la mesa del escritorio y en un acto tan impulsivo como loco, se sentó con fuerza encima de las piernas su hijo— Te debería de dar porrazos sin parar. Eres peligroso, tengo que educarte.

    La dura polla del joven atravesaba la vagina desnuda de la mujer. El prominente bulto estaba siendo masajeado por unos labios cada vez más hinchados que notaban el roce del vaquero.

    Con fuerza, María deslizaba su cadera por encima de la entrepierna de su hijo mientras ninguno de los dos se dejaba de mirar, sus ojos tenían un brillo peculiar, un resplandor lleno de lujuria.

    —¿Qué tienes ahí? —el roce cada vez era más intenso y la fuerza que hacia María la hacía resoplar— ¿¡Llevas un arma, pedazo de cabrón!?

    Javi dejó caer la cabeza. Sumido en un placer que le producía la agente de policía más sensual de la tierra. Pensó en que haría si no estuviera atado, quizá coger el tremendo trasero de su madre y desnudarla. Lo meditó mejor, porque seguramente no se movería y dejaría hacer a María, por lo que tampoco la contestó.

    —Si no me lo dices. Tendré que cachearte. —su voz siseaba de puro placer y una neblina parecía cubrir su visión, la agente especial Bermúdez tomaba el mando— Esto era lo que buscabas. ¿Verdad, mamonazo?

    María se levantó, con la mirada fija en el pene que se hacía notar bajo la tela. Javi tenía que sentirse mal, le tenía que doler tener semejante animal enjaulado. Se colocó de rodillas mientras su hijo no la dejaba de mirar, le daba lo mismo, ese ya no era Javi, solo era un malvado convicto.

    El botón del vaquero se soltó prácticamente solo y el sonido de la cremallera mientras María la bajaba inundó el silencioso cuarto. Un gracioso calzoncillos de perritos salió a la luz, con la tela pegada en el arma que la policía buscaba. Deslizó el pantalón junto a la ropa interior hasta dejarlo en los tobillos del joven, como si fueran otras esposas que no le dejasen caminar.

    El miembro viril que María había visto tantas veces cuando era pequeño salió como un resorte. Aquel no era esa mínima salchicha que solía estar arrugada. Ahora se erguía ante ella un árbol lleno de raíces que llevaban sangre de forma copiosa. Era un obelisco en la mitad del cuerpo de Javi que se alzaba como un monumento de oración.

    Por un segundo, María se mantuvo en silencio, observando la poderosa polla que la tenía hipnotizada con aquel capullo rojizo que la saludaba en una humedad incipiente. Se fijó con detenimiento en lo mojada que estaba la punta, los primeros líquidos preseminal estaban presentes.

    —¿Ese…? ¿¡Esa arma!? —estaba escandaliza por semejante miembro y… por no verlo antes.

    No podía estar más inquieta, las piernas le temblaban y por poco olvidó su juego. Debía seguir metida en su papel, porque necesitaba esa polla en su interior, la necesitaba ya mismo, de pensar que “eso” era de su hijo… todo acabaría.

    —No puedes llevar algo como eso… —soltó con la voz cortada sin que su hijo la contestase— Por hoy. Solo por hoy… Voy a hacer la vista gorda.

    —Mire… —La voz de Javi parecía perdida y sus ojos estaban llorosos— Agente…, mire a ver… si es peligrosa…

    —¿Cómo? —su conversación era más silenciosa que un susurro.

    —Escanéala… con el aparato policial… que tienes bajo la falda…

    A María un relámpago le cruzó la espalda y su labio inferior comenzó a temblar. Todo se había unido para que el momento fuera del todo ardiente. Ella asintió, sin dudar ni un momento en lo que iba a hacer. Con su hijo arrestado en la silla, pasó cada pierna a los lados de joven, se levantó la falda y comenzó a sentarse.

    No hubo momento de espera y mucho menos de duda. Mientras el cuerpo de la agente Bermúdez descendía con celeridad, el pene del reo se ponía en disposición para que lo escanearan. Como si lo oliera o si el propio miembro fálico del chico tuviera consciencia propia, se dispuso en el agujero de su madre.

    Javi sintió cada centímetro meterse en un horno líquido que le abrasaba. María cerró los ojos con la boca abierta tratando de aspirar un aire que no la satisfacía. Pudo mirar al final a su hijo, cuando aquel pene… ¡Aquel pedazo de polla…! Estuvo completamente dentro de ella sacudiendo sus intestinos.

    Los movimientos empezaron a acontecerse, una sucesión de golpes fuertes de cadera que hacían que el miembro de Javi nadase en los líquidos de su madre. Ya no había conversaciones y menos miradas, los dos estaban haciendo lo que querían, sabiendo que después, habría consecuencias.

    De momento, les daba lo mismo. Javi quería desatarse de sus ataduras, pero no podía, aunque María, viendo que el pobre apenas podía moverse, se bajó la cremallera del todo. Apartó la tela que le cubría el sujetador, sacándolo para que el joven viera sus bonitos pechos apretados el uno contra el otro.

    Apenas llevaba un minuto cabalgando encima del joven. El coito estaba siendo intenso, no tanto en rapidez, sino en sentimientos. Las manos de María atraparon en un abrazo la cabeza de Javi, que comenzó a lamer la parte de arriba de los senos que tenía a su disposición. La madre comenzó a gemir, estaba decidida a manchar el pene de su hijo con los jugos de su vagina, de igual manera que hizo en la silla o en sus bragas.

    El joven apretó un poco sus nalgas elevándolas sobre la silla y haciendo que la penetración fuera más profunda. María lo notó tan dentro como le tenía permitido su cuerpo y soltó un ligero grito que rompió el silencio de la casa.

    —¡Ya…! —resopló con fuerza, un bufido en medio de la sabana— ¡Dios…! ¡Ya!

    Javi emitió un sonido silbante detrás de sus dientes, notando como sus genitales se contraían. El placer era inmenso y de incalculable potencia, las ganas de esos días, viendo a la agente policial responsable de sus estudios, explotaban en un instante. María apretó algo más, alzando sus rodillas para dejarlas caer de nuevo y que el pene de su hijo la penetrase como nunca antes le había pasado.

    Dibujó una gran “O” en sus labios, sin prestar mucha atención a la cara de su vástago, que se contraía de placer mientras sus manos seguían atadas a la espalda. El pene había engordado (aún más) sintiendo en su interior un placer que había olvidado por completo. Fue entonces que miró a su hijo, como reclinaba la cabeza hacia atrás, casi rompiéndose el cuello y soltando un quejido mantenido. Un calor vibrante la llenó por completo, haciendo que su trasero se moviera en tres espasmos seguidos y sus ojos se entrecerrasen temblorosos.

    El poderoso semen de su hijo, acumulado debido a que su madre estudiaba junto a él y le quitaba tiempo de pajas, chocó con lo profundo de sexo. El placer fue instantáneo y detuvo el movimiento para girar su cadera en círculos y detenerse paulatinamente.

    El orgasmo había llegado, su vagina apresó con fuerza todo lo que tenía dentro, haciendo una verdadera llave de artes marciales con sus labios vaginales, para después, relajarse por completo.

    Su cuello se tensó, las venas se vieron gordas y llenas de sangre, igual a las que rodeaban la gran polla de Javi. De su boca empezó a brotar un grito de placer, tan mantenido como sentido que salió de su alma.

    —¡AAHH…!

    El gemido continuó en el tiempo, mientras Javi, simplemente respiraba entrecortado con el corazón acelerado y con unas piernas que se movían poseídas por un demonio. La situación pareció calmarse al de un minuto, cuando la mujer logró levantarse con unas piernas temblorosas después de un único minuto de sexo.

    Se quedó de pie, con las piernas abiertas encima de su pequeño. Javi miró a la agente especial de policía más erótica sobre la faz de la tierra y como por debajo de su falda, manaba un líquido espeso y blanco que cayó hasta su pene.

    María bajó sus manos para separarse los labios vaginales con dos dedos. Tembló al hacerlo. Pero era necesario, tenía que sacar todo aquel exceso de semen que caía abundante de nuevo por donde había salido, la polla de su hijo.

    La agente Bermúdez, alejándose paulatinamente de su papel, dio un paso atrás, chocando contra la mesa y llevándose una mano a la frente por el calor que en ella nacía. Se sintió mareada, como si la realidad le hubiera dado un guantazo en todo el mentón. No era la agente especial, era María, la madre de Javi, al cual se había beneficiado hacía escasos segundos.

    Le dio un leve mareo, teniendo que apoyarse en el mueble aledaño a la mesa y caminó tambaleante hasta la puerta. Aunque no le dio mucho tiempo, tras de sí escuchó un leve clic, como si un cerrojo se hubiera abierto. Sin embargo, no era concretamente eso.

    A su espalda, su hijo estaba erguido con las muñecas rodeadas por las esposas, con la cadena de plástico rota a la mitad. Su pene seguía tan duro como antes, incluso más grande debido a la sangre que viajaba con ayuda de la gravedad. Sobre este se podían observar las manchas blancas de sus fluidos mezclados con el propio semen que caminaba en borbotones hacia sus piernas. Una de las grandes gotas ahora yacía en su muslo, de una pierna que se movía hacia ella.

    —¿¡Qué…!? Javi, ¿qué…?

    No logró terminar su pregunta. Su hijo la rodeó con sus brazos, alzándola en el aire como una simple hoja seca de otoño. María se quedó de piedra, observando el movimiento de su hijo que la tenía en volandas mientras su polla oscilaba duramente de un lado a otro.

    Por el propio movimiento rudo del joven, la silla salió volando hacia atrás con sus pequeñas ruedas. Javi dejó caer a su madre de forma pesada al lado del escritorio, formando un estruendo con las botas al tocar el suelo. No hubo miradas, solo podía ver el fuego que había en sus ojos, parecía que había despertado a la bestia.

    Las manos la apresaron la cintura, donde su cinturón de pega sujetaba la porra y las esposas, ambas lejos de sus manos. María se quedó de cara a la pared, con el escritorio justo más arriba de la mitad de sus muslos, casi en su cadera. Con ligera fuerza, las manos de su hijo la empujaron, dejando caer la parte superior de su cuerpo sobre los libros.

    —¡Estoy cansado de esta brutalidad policial! —María sintió el pene de su hijo, como golpeada pesadamente sobre su nalga derecha. Estaba empapado y resbalaba como si lo hubieran untado en mantequilla— Siempre abusa de su autoridad, agente Bermúdez. ¡Es momento de rebelarme!

    No podía decir nada, estaba perpleja ante como había desembocado la situación. La polla de Javi reptaba por su nalga dejando un rastro de líquido caliente mientras uno de sus folios se pagaba en su rostro.

    Notó la mano de su hijo agarrándola de la muñeca y colocándola a su espalda, al tiempo que la otra estaba dirigiendo su pene a un lugar muy cálido.

    —Va a ver lo que las hago a las policías corruptas como usted. —en su voz se podía sentir el cargamento de lujuria.

    Javi estaba súper caliente, más que en toda su vida, y metió dentro de su madre todo lo que la genética le había dado sin esperar una invitación o el permiso de la mujer. La espalda de María se curvó y apretó los dientes de la impresión, el poder de su pequeño era brutal.

    El joven todavía seguía con la muñeca de su madre sujeta, aprovechando esa situación, la movió la otra la mano y le juntó ambas en el mismo punto, atrapándola con un agarre. María, en un visto y no visto, apresada, con la cara y las tetas en el escritorio lleno de folios, y con una enorme polla metida en su cuerpo, se volvió a sentir más cachonda que en toda su vida.

    —¡Socorro…! ¡Socorro…! —simuló pedir ayuda volviendo a meterse de lleno en su papel— ¡Un preso, hijo de puta, desobedece a la autoridad!

    De pronto, la primera temible penetración la silenció, surgiendo en su interior un temblor muy profundo que exteriorizó con un grito. Javi sonrió, el placer que había llenado a su madre fue algo que le satisfizo por completo y mucho más cuando escuchó como la agente Bermúdez se salía por primera vez de su papel.

    —¡Joder, qué polla! Jamás había tenido una así… ¡Es enorme!

    El joven enaltecido por el comentario que se salía de la boca de María, dio con más fuerza, con un brío que solo se conoce en la juventud. A la mujer, que posteriormente le dolería la espalda por soportar semejantes envites, trataba de encajarlos con cara de placer mientras su saliva caliente caía sobre los folios.

    —¡Levanta la espalda! —pidió su hijo eufórico tocándola en los hombros.

    —Pídelo, por favor —de nuevo ese tono autoritario que tanto gustaba al joven.

    —Por favor…

    María, con las muñecas liberadas, colocó sus manos en la mesa, alzó su espalda mientras Javi la rodeaba con sus manos y alcanzaba los pechos apretándolos con ansia. Lo que siguió fue una penetración dura y frenética digna de un adolescente, que se podría asemejar a un mandril.

    —¡Sí…! ¡Así, así! ¡Házmelo así! —suplicaba la mujer sumida en un sexo que nunca había probado en su vida.

    La madre pedía y pedía, notando el próximo orgasmo que no tardó en llegar, mientras Javi la estimulaba los pezones de unos pechos que habían emergido del sujetador. Sus senos se pusieron duros y en un movimiento fuerte que hizo que los genitales de Javi contactaron con el clítoris de María, esta se corrió.

    —¡Mi amor! —aulló como un lobo en medio de la noche— ¡Qué…! ¡Qué…! —las palabras se le atragantaban en una garganta seca mientras su cuerpo vibraba sin control— ¡Qué bueno eres!

    Unos cuantos envites más siguieron, sin detenerse para que la mujer pudiera asimilar semejante orgasmo que la estaba nublando el raciocinio. Aunque de pronto sintió un hueco, algo se había salido de su cuerpo dejando la vagina sin acompañante.

    El jadeo de Javi era evidente y de estar más consciente, María se hubiera dado cuenta. El joven habida cesado en su movimiento sexual de penetrarla sin parar, porque se iba a correr. Mientras sonreía cara a la pared y sus pies tensos estaban de puntillas por semejante placer, la voz de su hijo la llamó rápidamente.

    —¡Me corro! ¡Ven aquí que la tengo en la punta! —las peticiones eran exigencias y su tono era frenético.

    Con su gorra mal puesta, la madre se dio la vuelta, viendo al pequeño pajeándose con insistencia un pene que parecía que fuera a reventar. Había dicho “ven aquí”, pero ¿a qué se refería con eso?

    La mano de Javi se posó en el hombro de su madre, sujetando la tela con fuerza y haciendo saber dónde se tenía que poner. Debido a la presión, la madre se arrodilló delante de aquel trabuco, que no paraba de moverse de manera frenética y daba la sensación de llamarla con su punta morada.

    —¡Chúpamela! —jadeó con pasión mientras entrecerraba los ojos— ¡Agente, sáqueme la leche!

    Cesó en la masturbación, para meter de improviso el pene dentro de la boca de su madre. Ella se vio marcada por un calor inhumano al sentir semejante músculo tocando su paladar. Cedió a las súplicas de su muchacho y succionó a la par que las caderas de Javier metían y sacaban el pene.

    El sabor era fuerte, podía degustar la mezcla tanto de su corrida como de la anterior que su hijo había combinado en su vagina. Estaba totalmente sucia y con toda seguridad no se la hubiera chupado a su marido si se lo hubiera pedido como Javi. Pero el momento era distinto, la lujuria la había poseído y cuando lamió por primera vez aquella polla, sintió que si su hijo lo requería, lo haría por horas.

    Succionó tan fuerte como pudo, tratando de acompasar el movimiento de cadera de su hijo al de su cuello. Pero era complicado y dejó hacer a aquel preso cabrón, que se deleitase como quisiera.

    El chico se estremeció con fuerza, con un grito que seguramente unos vecinos atentos podrían haberse percatado.

    —¡Sucia, policía corrupta! ¡Toma de tu medicina! ¡Toma la medicina!

    La polla topó con el final de la boca, llegando al comienzo de la garganta. Javi soltó el hombro de su madre, aferrándola de la coleta e introduciendo unos centímetros más su rabo de toro.

    María sintió que eso se adentraba en su cuerpo, cerrando los ojos debido a un placer desconocido, al tiempo que se le humedecían por la brutal potencia. Fue entonces que lo sintió. No escuchó el aullido feroz de su hijo, pero sí que notó como un líquido espeso la golpeaba en su garganta para comenzar a bajar por su esófago.

    Estaba incrédula sin saber lo que estaba ocurriendo o si aquello realmente era un sueño, hasta que tragó como pudo semejante carga que… ¡Menos mal que era la segunda!

    La sacó cuando pudo, cogiendo aire y tosiendo para que el exceso de semen corriera por fuera de sus labios camino al suelo de madera. María se puso de pie, con un dedo limpiándose el labio inferior, puesto que una gota de semen buscaba salir. Se lamió la falange manchada, sintiendo un sabor que para nada era desagradable y lo engulló con ganas dejándolo con el resto en su estómago.

    Su hijo estaba en el suelo, había caído de culo de semejante placer, con el pantalón en los tobillos, un pene medio muerto y las esposas rotas en las muñecas. Estaba como para hacerle una foto y humillarle de por vida, pero la agente Bermúdez decidió darse la vuelta con las piernas renqueantes.

    Cogió la porra, se adecentó un poco el atuendo, pero sin limpiarle las gotas de semen que poblaban su barbilla y algo de sus senos. Con el joven todavía sentado en el suelo, se acercó hasta donde estaba y sin mediar palabra le propinó un buen golpe a uno de los muslos, para después ponerle una bota encima del menguante pene.

    —Te libras del castigo porque hoy… me has puesto de buen humor. —apretó un poco la polla con su bota y sonrió— Te permito descansar un poco. Pero luego, a estudiar o tendrás doble castigo. ¿Lo entendiste, preso pervertido?

    Un leve golpe de la porra alcanzó la parte baja de su abdomen, muy cerca de donde yacía la bota encima del pene. Javi se retorció como un gusano y gimió por el dolor que su madre le había propinado, mientras esta abandonaba la estancia con el repiqueteo duro de sus pasos. Sus botas resonaron en el pasillo mientras la sonrisa no le cabía en el rostro.

    Javier descansó, solo un poco, para ponerse a estudiar de continuo. Pero no únicamente ese día, sino también todo el fin de semana. Parecía que la estrategia de María había obtenido buenos resultados.

    ****

    El lunes de la siguiente semana, Javi se encontraba desayunando tranquilamente cuando apareció su madre. No hizo falta que le hiciera el desayuno, ya se lo había preparado antes de que llegase. Se sentó a su lado y se saludaron con indiferencia, al de tres minutos la mujer le preguntó.

    —Esta semana, ¿vas a ir a los exámenes?

    —Sí, claro. —lo dijo como si fuera la mayor obviedad del mundo.

    —¿A los dos? —pese al cambio de esos días, quería cerciorarse de que todo seguía bien.

    Este asintió mientras se comía una galleta de chocolate. Su madre le miró y sonrió de forma pícara, casi malvada, recordando un juego muy gustoso del cual no habían hablado. Removió la cuchara en su café y sintió un picor en su entrepierna que la puso a tono despertándola por completo.

    —¿Vas a aprobar? —su marido estaba en el cuarto, pero le daba lo mismo.

    —Por supuesto. —hubo un momento de silencio y Javier tragó el trozo de galleta que se movía en su boca— ¿Qué pasara si no apruebo o… si no saco un diez?

    La mirada de Javi era retadora, María fue a contestar, pero las pisadas de su marido la callaron. Con paso lento y dormido, Manu entraba en la cocina saludando a dos personas que echaban fuego por sus ojos.

    El joven se levantó, llevando al fregadero su taza, al tiempo que su padre ocupaba su lugar. Javi limpió la taza mientras su madre le dejaba la suya y le miraba con una respiración cortada del todo cachonda. Echó un vistazo a su marido que lo tenía de espaldas y en un movimiento rápido, su mano atrapó con suma fuerza la polla de su hijo.

    La cuchara de Manu tintineaba dentro su café mientras su mujer manoseaba con fuerza el paquete de su hijo y se acercaba a su oído. Una única frase nació de su boca haciendo que Javi se empezase a empalmar como pocas veces en su vida.

    —¡Te castigaré…!

    Le soltó con rapidez al escuchar como su marido preguntaba si quedaban galletas. María se las alcanzó dándole un beso en la mejilla y viendo de reojo la polla dura de su hijo como marchaba a estudiar.

    Se quedó a limpiar un poco la cocina, escuchando de fondo como su marido se marchaba y pensando que hoy debería dejar estudiar a su hijo en paz, el cual se había enderezado. “Mañana le tocará cacheo matutino. Me parece que empezaré… sí… ¡Por su polla!” acabó por pensar mientras una gota de flujo caía en su pantalón de pijama desprovisto de ropa interior.

    FIN

    —————————————-

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    Saludooos!!!

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    Fede, Luli y yo en el jacuzzi, admirando a Ema (parte 5)

    Nos metimos los tres en el jacuzzi sentados con Luli en el medio, y enseguida se apoderó de nuestras pijas para pajearnos, mientras Fede la besaba y le chupaba los pechos y yo le metía mis dedos en su culito y en su vagina al compás de sus meneos cachondos. Cada tanto, mi novia se volvía hacia mí para besarme con pasión y mucha lengua para enseguida volverse a nuestro amante y seguir con sus morreos lujuriosos.

    En una de esas interrupciones, Fede tomó su celular y llamó para pedir comida, usando el altavoz:

    -¡Hola Pedro! Me mandás dos pizzas, por favor, que tengo una pareja amiga invitada.

    ¡Hola Fede! Perdón, pero nos quedamos sin mercadería, vendimos casi todo, sólo me quedan unas empanadas surtidas y ya estamos cerrando. Sí te sirven, te las mando con Emanuel, que se queda a dormir acá en el local.

    -Mandamelas, pero ¿por qué se queda a dormir ahí?

    -Mañana tiene una clase de salsa y merengue preparatoria para dar el examen final y si viene a dormir al country, se tiene que levantar muy temprano.

    -¡Ah! ¡El baile! Hacé una cosa, que Ema me traiga las empanadas y se venga con el bolso a mi departamento, así se queda a dormir acá, que yo tengo lugar.

    -¡Uy! Muchas gracias, nos hacés un gran favor porque el catre de acá no es tan cómodo. Te mando unas cervezas de cortesía.

    – No hace falta, lo hago de onda. Yo te pago las cervezas.

    -Insisto, no tenés que pagarme nada.

    -Ok. Arreglo con Ema cuando venga. Que me mande un mensaje desde la puerta.

    -¡Listo! Ya va para allá y yo cierro.

    -Es acá a la vuelta y el pibe es un bomboncito, nos dijo Fede, suspirando porque Luli no paraba de pajearlo y me decía que estaba recaliente de nuevo.

    -¡Qué hembra calentona sos!

    -Vos también, putito mío, me respondió y nos chuponeamos desesperadamente.

    Me susurró al oído que se lo quería coger ya, otra vez.

    -Esperá que te lo preparo.

    -¡Ya está preparado!

    -¡Lo querés todo para vos!

    ¡Siií!

    -Yo te enseñé a compartir.

    -¡Dale, puto que no doy más!

    Me arrodillé frente a Fede y empecé a darle una mamada de campeonato mirándolo a los ojos, empezando por su glande, siguiendo por el tronco y hundiéndome en el agua le chupé los huevos depilados y suaves y terminé lamiéndole su culo rosadito mientras él elevaba sus caderas. Casi me ahogo dándome el gusto de meter mi lengua en su agujero y emergí de golpe jadeando, a lo que Fede respondió dándome un morreo súper apasionado con muchos lengüetazos y aferrándome los glúteos para apretarme contra su cuerpo de escultura.

    Nos miramos a los ojos en una pausa y me dijo que le parecía que había otra interesada, mirando a mi novia que estaba con las piernas abiertas metiéndose los dedos en la vagina ansiosamente y chupándoselos de forma alternativa.

    -Se lo prometí, le dije a nuestro semental.

    La ayudé a levantarse, a sentarse delicadamente de frente a él sobre sus piernas y fui acomodando su poronga dura como una piedra dentro de su concha empapada. Luli lanzó un grito ahogado de placer que duró más de un minuto y empezó a cabalgarlo sensualmente, a su modo, mientras Fede le chupaba las tetas y la tomaba de sus nalgas para acompasar la montada con sus propias caderas.

    Me arrodillé a un lado de ellos para poder compartir algo de la tremenda cogida. Apenas me prestaron atención, sobre todo mi novia que no paraba de gemir y jadear mirando a los ojos de su amante. Fede la obligó a hacer una pausa, ella se recostó sobre su hombro con la respiración agitada y él me dio una breve mamada a fondo, que me puso a mil, para luego volver a su faena de cogerse a Luli como yegua en celo, que volvió a su cabalgata de pasión y deseo.

    Estuvieron así más de diez minutos, con breves interrupciones para chuparme la pija por turno a modo de premio consuelo. Como daba la impresión de que sería un coito interminable, aproveché para posicionarme y meterle dos y tres dedos en el culo a los dos, sin moverlos, ya que el propio meneo de Luli y las acometidas de Fede hacía que entraran y salieran a su voluntad, mientras contraían y relajaban esfínteres, cuando sonó el celular de Fede.

    Era Emanuel, que estaba en la puerta del edificio con las empandas. Luli jadeaba, bufaba y gemía rogaba pidiendo más y más pija, hasta que llegó a otro orgasmo múltiple a los gritos, sonidos que seguramente el chico estaría escuchando. A duras penas la pudimos calmar, Fede le dio al chico la clave de acceso al edificio y al ascensor para llegar a su palier privado y poder entrar al departamento.

    Mi novia lo tomó de la cara y le estampó un enésimo beso de lengua. Lo miró a los ojos y le dijo:

    -¡Quiero más! ¿No me vas a dar más?

    -Sí, tranquila, te vamos a coger hasta que vos quieras. Pero no te salgas, quédate así.

    -¿Y Emanuel?

    -No pasa nada, es un chico discreto y educado, ya lo vas a ver.

    Entró Emanuel con las empanadas y su mochila pidiendo permiso, porque no veía a nadie. Fede le avisó que estábamos en el jacuzzi, que dejase las empanadas y las cervezas sobre la mesa y pasara al baño. Emanuel se quedó de una pieza al vernos a los tres desnudos en el agua, sobre todo a Luli, montada aún a horcajadas sobre la pija de su amante y morreándose con él y a mí, con mi poronga al palo apuntando al techo.

    Delgado, pelo negro, bien corto a los costados y más tupido arriba, cuello largo, mirada vivaz de ojos marrón claro, nariz fina y delicada, labios carnosos y barbilla hendida. El dueño de casa lo invitó a que se fuera a bañar, pero Ema dudó porque la ducha estaba cerca del jacuzzi y tenía un cerramiento transparente.

    -No te preocupes, son amigos y estamos en confianza. Sacate la ropa y bañate tranquilo, así venís a acompañarnos.

    Ema se quitó la remera y se bajó la bermuda de espaldas a nosotros, que notamos su físico fibroso, apenas marcado y lampiño, con el tórax en V y caderas estrechas, piernas bien torneadas y nalgas firmes y redondas. Se duchó y enjabonó de cara a la pared, esmerándose en sus partes delanteras y pasando abundante jabón en su hermoso trasero, así que Luli, ya relamiéndose con el espectáculo, le susurró al oído a Fede:

    -Decile que se dé vuelta, así podemos verlo todo completo.

    -Ema, ¿te podés dar vuelta para que mis amigos puedan admirarte?

    -No, no puedo.

    -¿No podés o no querés? No tengas vergüenza, ya nos viste a nosotros. Te queremos ver bien a vos, por favor.

    Emanuel giró su cuerpo tratando de tapar sus genitales depilados, pero no podía evitar que le viéramos su preciosa pija, algo más larga que las nuestras, recta, circuncidada, dejando ver su glande rojo, pletórico de sangre.

    -Bañate tranquilo, pero quedate de frente.

    Mi novia se desmontó de frente a su semental para volver a sentarse de espaldas a él metiéndose la pija de nuestro amante (que yo sostenía con la mano) en el culo, muy suavemente, bien despacio hasta el fondo, con un largo suspiro de placer. La besé, le chupé las tetas mientras me acariciaba la cabeza y me arrodillé para comerle la conchita y lamer algo del pene de Fede y sus huevos. Fede le susurró al oído:

    -¿Te gusta?

    Sólo suspiró profundamente, me alzó para besarme muy cachonda otra vez y me agarró la poronga.

    -Nena, sos insaciable, le dijo Fede.

    Yo le dije que me gustaba mucho el pendejo, que estaba para comérselo de postre pero que le tocaría primero a ella, seguramente. Asintió, resoplando por la calentura y acentuó la sobada a mi miembro, recostándose apenas sobre el pecho de Fede. Con vos entrecortada le habló al chico:

    -Ema, por favor, lávate bien adentro la cola y las piernas, pero de espaldas. ¿Lo harías por mí?

    Obedeció sin chistar y se enjabonó bien el culo, abriendo las nalgas y pasando sus manos suavemente por la separación de los glúteos.

    -Bien adentro del culo ponete jabón, le pidió y Ema profundizó el enjabonado, para después agacharse y lavarse las piernas y los pies, mostrándonos bien su agujero rosadito y estrecho, a lo que Luli dio un respingo y susurró:

    -¡Me lo como! Fede me guiñó el ojo y sonreímos satisfechos y muy calientes.

    Continuará.