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  • Estrenando mi departamento con mis dos viejos

    Estrenando mi departamento con mis dos viejos

    Después de aquel viaje con Hernán al llegar a casa  y encontrar a mis papás les comenté que quería salirme de la casa y tener mi departamento que cuando ellos llegarán de su viaje ya no me encontrarían en casa, a lo que con respuesta triste dijeron que entendían mi decisión.

    Hernán era el más interesado en que tuviera mi departamento, así que fue el, él que me acompañó a ver y buscar algunos de mi agrado en el sur de la ciudad, el quería darme dinero para una parte de mi departamento pero no lo acepte, con mi fideicomiso lo pague para no deber nada, obvio se tiene que pagar mantenimiento y esas cosas, Hernán quiso regalarme la sala y la cama y pues no puse resistencia, si quería hacerlo pues que lo comprara, tal vez sabía que muchas ocasiones estaríamos en esa sala y en esa cama haciendo el amor, yo compre mi tv, mi horno y mi refri, y pues poco a poco fui llenando mi departamento en poco tiempo, de mi casa llevé mi coche, mi golf roja gti.

    Pasadas algunas semanas Hernan dejó de estar conmigo de acompañarme en lo del departamento, no llegaba el momento de estrenarlo, aun salíamos y de las ganas y ansias no esperábamos a llegar y pasábamos a algun hotel, pero de pronto cuando dejó de verme, me enteré que su esposa se había enterado de la existencia de otra mujer pero afortunadamente no era yo, era su secretaria, intenté llamarle y buscarlo con correos pero no hubo respuesta así que decidí no mortificarme y darme un tiempo, con mis amigos ya habíamos estrenado el departamento, organizamos una fiesta, con mis hermanos primos y amigos, todo super bien.

    Paso algún tiempo y yo seguía sola, un dia sabado por la mañana salí a correr a un parque cerca del complejo de departamentos y cual fue mi sorpresa que me tope con Alonso, al mirarlo solo sonreí y varias cosas se me movieron, Alonso estaba como siempre, muy bien conservado algo más canoso de lo normal pero galan y atractivo, se miraba muy bien en shorts, iba con una mujer ya madura de su edad, se detuvo a saludarme y a presentarme a su mujer u amante, le comentó que era la hija de uno de sus amigos, obvio en la platica yo le di santo y seña de que me habia mudado, en que edificio y departamento vivía, al final sonreímos y nos despedimos, era cuestión de tiempo que Alonso llegara a mi departamento a querer hacer conmigo lo que quisiera, yo estaba loca por el y la verdad quería volverlo a tener entre mis piernas, al final de cuenta solo estábamos distanciados, yo fui su putita mucho tiempo.

    Pasaron dos semanas cuando un viernes por la tarde tocaron la puerta, yo iba a verme con un chico del trabajo que desde hace mucho tiempo me había pedido salir, pero esa es otra historia que más adelante contaré, Eran cerca de las 6 de la tarde cuando abrí la puerta, yo ya estaba arreglada, traía puesto unos jeans muy ajustados, zapatillas en color negro, blusa negra y un saco largo en color blanco, me veia muy bien resaltaban mis atributos traseros, era Alonso el que me fue a buscar, al verlo abrí los ojos y quedé sorprendida, después de 2 semanas no pense que me buscaria, sus palabras fueron, hola putita a donde tan arreglada??? Solo le dije que saldría, que tenía un compromiso, me dijo con una orden, pues te regresas y dejas tus cositas, que esta tarde te voy a coger, voy a desfogar todas esas ganas que despertaste desde el momento que volví a verte, yo no dije nada, solo hice una cara burlona y me senté en el sillón.

    Le pregunte que porque se había alejado de mi, si jamas le pedí nada, me comentó que estaba junto con aquella mujer con quien lo había visto, pero que jamás me había olvidado, le dije que iba de salida que en otra ocasión hablaríamos pero no se fue, lo que hizo fue una sonrisa burlona, me dijo que le agradaba que estuviera sola en mi departamento pero que le gustaba mas cogerme en mi habitación de la casa de mis papás, yo solo sonreí, y le recordé que hasta en la cama de mis papás habíamos cogido, que no era respetuoso, y solo se burló y me recordó que en la cama de mis papás se había cogido a una de mis tías, hermana de mi papá.

    Me dijo que no se iría que tampoco irá a ningún lado con nadie, que aprovecharía la salida de su mujer y que me iba a coger toda la noche, le dije que estaba loco que yo tenia una cita, inmediatamente saco su verga ahi sentado, esa rica verga que durante tantos años e incontables ocasiones metí a mi boca, Yo al mirarlo solo sonrei, obvio me quedé quieta, ahí parada, el fue el que tomó la iniciativa se levantó, me tomó de las manos, y me arrimo hacia él, se sentó y me arrodilló, me tomó de la barbilla y me dijo que fuera a ponerme algo sexi para el, que no le gustaba que con él usará jeans, que le gustaba que mostrará mis piernas, me dijo que me pusiera minifalda sin nada debajo o un abrigo corto sin bra y zapatillas.

    Obvio obedecí y fui a cambiarme, me puse lo que pidió, el con su pene de fuera saco su celular y empezó a grabarme, me dijo que diera vuelta y que me quitara lo poco que traía lentamente hasta quedar completamente desnuda, me arrodille frente a él, lo besé del cuello, le quite la camisa, lo recorrí con mis labios desde el cuello, su pecho, su abdomen hasta llegar a su exquisito miembro el cual introduje en mi boca muy lenta y suavemente, el seguía grabando el acto y yo ahí arrodillada tragandome hasta sus bolas, le dije directamente a su pene cuanto lo había extrañado, tenia cerca de 6 años sin estar con el y obvio cuando lo volviera a ver le entregaría mi cuerpo y mi boca a su pene. Ahí estuve arrodillada hasta que termine por vaciar todo su semen en mi boca hasta dejarlo totalmente limpio.

    Después de ese acto nos fuimos a mi habitación se recostó en la cama y yo me tire sobre el colocando nuevamente mi boca en su pene, hablando y preguntando porque estuvo tanto tiempo lejos de mí, el solo me miraba y yo lo miraba intentando que se levantara rápido, ya no era tan fácil puesto que habían pasado algunos años y no era lo mismo a mis 18 y sus 40 era más fuerte y viril, ahora yo tenía 26 y el 48 y aunque seguía siendo un hombre guapo y físicamente sano ya no era el mismo rendimiento pero yo no me acongojaba, yo quería seguir motivando a ese hombre, hasta que volvimos a revolcarnos, por fin estaba estrenando mí cama haciendo el amor pero con aquel hombre que me enseñó y me hizo adicta al sexo y no con Hernan que me acompañó en todo momento y fue cómplice de la compra y mudanza de mi departamento, me olvidé completamente de el y del chico que me estaba esperando con el cual saldría y deje plantado.

    Eran ya casi las 10 de la noche cuando revisé mi celular y vi que tenia 10 llamadas perdidas del chico con el que saldría, solo le mande mensaje y le dije que me habia sentido mal, que me había quedado dormida vestida y que perdí la noción del tiempo pero que luego platicábamos para recompensar esa noche.

    Después de 4 horas de estar con Alonso, haber cenado, tomado un poco de alcohol y platicado sobre los años que estuvimos ausentes, le dije que ya no era de el, ni de nadie, que yo cogia con quien quisiera y se me diera la gana, que yo elegía y que no estaría a la disposición de nadie, que ya había tenido varias experiencias, grave error!!! se puso super celoso, me dijo que el sabía que durante estos años era imposible que yo no estuviera con alguien, pero que no tenia que haberlo mencionado, me dio una bofetada, me tomó del cabello y me llevó a la ventana de mi departamento, encendió las luces, colocó mis manos sobre el cristal y empezó a cogerme muy fuerte, obvio una que otra persona se dio cuenta de la acción y el espectáculo que había en ese departamento, me quitó de la ventana y me volvió a llevar a mi cama, colocó mi cara sobre la cama con una mejilla hacia arriba, levanto mis nalgas, con las piernas abiertas exponiendo toda mi cola y de repente me penetro por mi lindo ano, di un gran grito de dolor, yo no quería pero me nalgueaba muy fuerte, me decía perra sucia, que ese era mi merecido por abrir la boca y las patas para alguien más, me cogia tan fuerte que era un dolor intenso que no podía dejar de gritar mucho tiempo me cogio hasta que provocó un sangrado en mi, por brusco y animal, yo lloraba y mi llanto era tan fuerte que le decía, no por favor!! pero el seguía más y más, intenten quitarme, pero otro error, me volvio a nalguear mas fuerte y abofetear, asi mucho tiempo muy fuerte y brusco que sentia como pegaba en la pared de mi ano y por fin termino por vaciar todo su semen en mi cola.

    El se levantó entro a la ducha, se vistió y se fue mientras yo termine recostada en la cama llorando por la salvajada que había hecho conmigo, literal me reventó el culo, realmente me gustaba de todo pero no en ese extremo de lastimarme, toda la noche me la pase adolorida, llorando y pensando que me arrepentía de volver a verlo.

    Al otro día, que era sabado por la mañana no podía levantarme del dolor, asi que todo el día me quedé en casa tratando de recuperarme, me metí a bañar tres veces, me sentía exhausta y adolorida, estaba a mis anchas por mi casa semidesnuda con tanga y una pequeña blusita, desayune, comí y me recosté a mirar tv, de pronto a eso de las 9 de la noche tocan a mi puerta, pensé que era Alonso así que no quise abrir, de pronto entró una llamada de Hernan, fue una gran sorpresa, tenía meses sin saber de él me dijo que estaba fuera del departamento le dije que estaba dormida que no había escuchado, así que salí a abrirle la puerta antes me asomé, y al abrir pudo observar mi cuerpo semidesnudo.

    Me preguntó si no había salido o si me sentia mal, lo único que respondí fue que quería estar en casa sin salir y estar relajada, observo que se me dificultaba levantarme y sentarme, me preguntó que tenía, le dije que él viernes había ido al gimnasio y había levantado mucho peso con las piernas, tomamos café y estuvimos platicando, dijo que se alejaría de mi ya que su esposa se había enterado de una infidelidad con su secretaria, yo únicamente lo escuche y me dijo que iba para estrenar mi departamento hacerme el amor y alejarnos por un tiempo, el muy tonto pensó que yo no salía con nadie y que lo iba a estar esperando, pero no se imaginaba que una noche antes estuve como loca cogiendo con Alonso, yo únicamente sonreí.

    Le dije que queria hacerlo despacio que no quería que fuera brusco puesto que estaba exhausta, inició besándome el cuello y yo a masajearle su miembro por encima del pantalón y él metiendo sus dedos en mi sexo pero estaba algo rosada, no disfrutaba mucho, así que mejor lo lleve a la habitación frente a la cama lo desnude, le quite la playera, los jeans y todo, yo solo me quite la blusita y me arrodille, a chuparle su miembro, después lo recoste y continúe mamando su pene, no quería que me penetrara y me quede ahí más de una hora comiendomelo, ¿a que hombre no le gusta tener la cara de una mujer en esa zona? chupandole las bolas y jugueteando todo el tiempo con su amigo, trate de hacerle de todo, que disfrutará para que no quisiera cambiar, le dije que hiciéramos el 69 y así nos dispusimos a hacerlo hasta que terminó vaciando sus fluidos en mi cara.

    Pasaron algunos minutos y volvió a despertar, traía muchas ganas, pero yo no, le dije que despacio y así fue, me lo hizo despacio pero yo estaba gimiendo mucho del dolor hasta que por fin volvió a terminar, despues de unas horas se despidió de mi, me dijo que pronto nos volveríamos a ver.

    Y ahí quedé nuevamente cogida en mi departamento y sola, dos hombres mucho mayores que yo disfrutaron de mi cuerpo, hicieron conmigo lo que quisieron, me cogieron y me dejaron ahí como una puta, fue un fin de semana que después de mucho tiempo pude estrenar mi departamento cogiendo con mis dos viejos de los cuales he aprendido infinidad de cosas en el sexo.

  • El gigoló se cruza con la travesti

    El gigoló se cruza con la travesti

    No soy un gigoló aunque me dedico a seducir mujeres por dinero. ¿Que soy? ¿Prostituto? Ni siquiera es el dinero de ellas, ni es mi única fuente de ingresos.

    Me lo tomo como si hiciera buenas obras, una especie de trabajo social, un hobby placentero. El rumor corre de boca en boca y así es como hago nuevas «amistades».

    La cosa empezó como una broma. Un, no puedo decir colega pues es más bien un impresentable, dejó caer que su hermana era tan horrorosa que no encontraba a un tío que follase por muy borracho que fuera. Yo acepté el desafío, supongo que ese día iba muy borracho.

    Al final la chica no solo no era tan fea sino que es una bellísima persona, desde luego mucho mejor que su hermano. En resumen nos lo pasamos muy bien los dos. Ella fue la primera y a partir de ahí surgieron más oportunidades. El asunto es un complemento para mis ingresos aparte de mi sueldo normal.

    Los clientes son los maridos, amigos y amigas e incluso padres o hermanos. Alguien que quiera hacerlas disfrutar o pasar un buen rato o como regalo. A veces me dan datos sobre la victima, perdón, objetivo. Otras solo una descripción o un numero de habitación de hotel.

    Y normalmente no son ni jóvenes, ni guapas, eso no es importante. Tampoco es que yo sea un adonis, no tengo mal cuerpo ni rostro, pero tengo cierto encanto, labia o como queráis llamarlo.

    Así que al entrar en esa cara suite me sorprendí al ver a aquella tímida joven. Tendría diez y ocho o diez y nueve años enfundada en una ropa no demasiado sexi.

    Llevaba una falda larga de tela ligera por debajo de las rodillas, la blusa tapaba todo el torso excepto parte de sus brazos finos, blancos, suaves.

    El negro cabello caía por debajo de sus hombros. Su cara bonita adornada con un suave maquillaje. Los ojos pardos eran profundos, podía perderme en ellos.

    Parecía tímida cuando me abrió la puerta, me habían dicho que se llamaba Noelia. Nerviosa, jugaba con la punta de un mechón de su cabello retorciéndolo entre sus finos dedos.

    Lógicamente no me lancé de inmediato sobre ella. No soy ningún depredador. Me presenté e intenté hacerla reír con algunas bromas tontas. Su voz apenas era un susurro, un dulce y suave susurro. Conseguí arrancarle el primer beso, un suave roce en los labios.

    – Hola, soy Alex. Tu hermana nos reunió aquí.

    – Yo soy Noelia. Sí, me ha dicho que eres dulce y cariñoso y que puedo dejarme llevar contigo.

    – Espero que pronto confíes en mí, sí.

    Me lo devolvió, tímida, pero un poco mas fuerte con sus manos entre las mías. Eran suaves, me gustaba acariciárselas, con las uñas perfectas pintadas de rojo brillante.

    – Eres muy bonita, eso no debería impedirte tener relaciones. ¿Eres tímida?

    – Algo así. Sí.

    Despacio fui incrementado la fuerza de mis besos buscando más y más. Sus labios, su lengua con la mía que entregó al primer roce. Empezamos a cambiar saliva y ella me daba la suya. Me di cuenta de que se lo estaba tomando cada vez con más ansia.

    Solo separó los labios de los míos para decirme con una voz baja y suave y ronca por la excitación. Que fuera tierno con ella que era virgen.

    – Nunca he estado con nadie. Ten cuidado por favor.

    – Por supuesto, iremos a tu ritmo. Sólo relájate y déjate llevar por tus deseos, por tu imaginación.

    Sonriendo le dije que por supuesto lo sería. Llevé una de sus manos a mi pecho para que me acariciara. Para que se soltara y empezara a conocer el cuerpo de un hombre.

    Ni siquiera toqué el suyo hasta que ella me quitó la camisa. Dejé que sus manos siguieran las líneas de mis pectorales y abdominales para que cogiera confianza. Acariciaron mis pezones con suavidad, casi con respeto.

    – Estás muy bueno. Has trabajado estos músculos.

    – Me cuido. Y ahora te toca a tí, me gustaría ver más de ese cuerpo que escondes tanto.

    Por fin la puse de pie y abrí su vestido al completo dejándolo caer al suelo. Su lencería carisma dejaba al descubierto su blanca piel, sus pechos menudos, apenas insinuados y una cadera fina, tan delgada era que se le marcaban los huesos, las costillas.

    Se colgó de mi cuello para volver a besarme casi con desespero y yo por fin pude agarrar su prieto culo para pegarla a mi cuerpo. La suavidad de su piel me estaba volviendo loco. Volvió a darle otro ataque de timidez y solo dijo:

    – Perdóname.

    – ¿Por qué? No has hecho nada malo.

    Mientras cogía mi mano, la llevaba a su pubis. De entre sus muslos había empezado a salir una polla que sin ser grande no era precisamente pequeña. Fina y recta, bien depilada, me desafiaba a rechazarla. Y parecía que nuestros besos y caricias la estaban poniendo bien dura. Tuve que apartar el encaje de la braguita para que no le hiciera daño.

    Tenía que estar ciego para no haberme dado cuenta antes, pero me había despistado su timidez. No es que me gustara el engaño en que había caído. Pero la dulzura de aquella virginal muchacha hizo que volviera a besarla sorbiendo su lengua.

    – No pasa nada. Para mí eres toda una mujer. Y lo vamos a comprobar. Sin prisa.

    Prometí que no me iría sin hacerla mujer. Deseaba arrancancar la braguita de encaje y el sujetador a juego para disfrutar de la vista de su hermoso cuerpo andrógino desnudo.

    – ¿Te hormonas?

    – Desde hace poco, sí.

    – Parece que te queda bien. Muy bien, por lo que estoy viendo. Vas a ser una mujer preciosa.

    Creo que hasta se ruborizó con mis palabras. Pero ella se estaba excitando a pasos agigantados y queria más. Con mis caricias su polla se había puesto bien dura.

    A mi también la situación y tener esa bonita estaca en las manos me estaba poniendo muy cachondo. Seguí desnudándola, con una sola mano solté el broche del sujetador y me quedé con la leve prenda en la mano.

    Al fin pude contemplar los pequeños y duros pechos. El pezón orgulloso, rojo oscuro, coronando dos conos de carne apenas apuntados. De besar sus dulces labios pasé a la oreja, el cuello, el hombro y esas tetitas que me llamaban.

    No soltaba su cadera, pero aún no quería librarla del delicado tanga. Solo seguía lamiendo su piel. Pasé por sus axilas, las costillas marcadas en busca del vientre plano y el ombligo. Mi legua humedeciendo su epidermis suave. Sus gemidos de placer alagando mis oídos.

    Cuando por fin llegué al pubis era el momento de bajar el tanga por sus largos muslos. Aún quedó unos segundos retenido por la dureza de su polla. Pero conseguí sacarla por sus cuidados pies sin más incidentes.

    Aprovechando que tenía mis manos por allí los leve a mi boca y me puse a chupar los dedos. Quería que se diese cuenta de que ninguna parte de su cuerpo me producía rechazo antes de llevar su rabo a mis labios. Y que todas ellas podían darle placer.

    Subí lamiendo la pantorrilla y la cara interna de los muslos hasta que sonriendo y mirando sus bonitos ojos castaños pasé la húmeda por sus suaves y depilados huevos. Me dediqué a chuparlos un rato.

    De ahí pasé a deslizar la húmeda por el tronco, fino y recto, con las venas bien marcadas, hasta llegar al glande, tan morado como el interior de una granada y duro como una roca.

    – ¡Para! Vas a hacer que me corra.

    – Mejor, déjate llevar.

    Recibí su semilla en la boca con gusto. Desde luego no era la primera que probaba y sí la persona con la que estaba me gusta lo hacía encantado. Pero con ella fue especial.

    Paladeé ese manjar un segundo antes de incorporarme y dárselo a probar en un lascivo beso. Abrió la boca recibiendo mi lengua, mi saliva y su semen con ganas atrasadas de lascivia.

    Agarré su pétreo culito pegando su cuerpo al mío. Temblaba de anticipación y deseo. Besé su cuello y orejita. Le dije:

    – ¿Quieres probar la mía?

    – Estoy deseándolo. Es mi primera polla. ¿Sabes?

    – Lo imaginaba, haz lo que quieras y lo que deseo yo, tanto como tú.

    Le dije sonriendo. Me tumbé a su lado en el colchón. Aún respiraba fuerte, excitada. Abrí las piernas para que se pusiera cómoda entre mis muslos, de rodillas.

    Ver su carita de vicio orientada hacia mí, algo tapada por los mechones que escapaban de su melena, mirándome a los ojos me excitaba mucho. Podía distinguir los pechos apenas apuntados. Había escondido su polla ya flácida tras el orgasmo entre sus piernas, debía ser su costumbre. Lo hizo sin pensar.

    Durante un rato estuvo contemplando mi rabo, tenía una cara de vicio impresionante. Moviéndolo con la mano de lado a lado para verla entera. Levantado los huevos. Su curiosidad me estaba poniendo cardíaco.

    Por fin se decidió a pasar la lengua por mi piel. Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando lo hizo. A partir de ahí todo fue rodado, empezó a chuparme los huevos. Subir por el tronco con la sin hueso hasta el glande.

    Intentó tragarla pero le dio una arcada.

    – Tranquila cielo. Eso no hace falta en absoluto. Solo lamela. Chupa el glande y los testículos como caramelos. Piensa en lo que te gusta a tí. De todas formas vas a conseguir que me corra. Puedes hacer feliz a cualquier hombre con esos labios y lengua.

    Le decía bajito, suave, acariciado su cabello y hombros con ternura.

    – Pero yo quiero más, lo quiero todo.

    – No seas ansiosa, no tenemos prisa y ya te lo he prometido. ¿Querrías follarme a mí?

    Intercalaba sus entrecortadas frases con lamidas a mi polla y gemidos de placer, pues de vez en cuando llevaba una mano a su polla y la acariciaba con suavidad. Se estaba volviendo a poner dura.

    – ¿Me dejarías?

    – Todo lo que desees cariño.

    – Y ¿Tú me vas a penetrar? Quiero que me hagas mujer, pero tengo miedo de que me duela.

    – Para eso está el lubricante. Vamos a hacerlo los dos. Solo disfrutar.

    Con la húmeda repasando mis genitales y la conversación estaba más que excitado.

    – Me voy a correr, cielo. ¿Donde quieres mi semen?

    – No voy a perderla. En mi lengua.

    Y así fue, siguió chupando hasta que me derramé en su boca. No se conformó y subió a besarme compartiendo mi lefa en un nuevo beso. Cruzamos las lenguas durante un rato sin dejar de explorar nuestros cuerpos en suaves caricias.

    Los dos queríamos más. Ella buscaba mi polla que con sus caricias y nuevos besos volvía a ponerse dura. Yo acariciaba su culo, deslizaba un dedo por su ano, empezando a dilatarlo. Sin prisa con ternura.

    Alcancé el lubricante y empecé a ponerlo con un dedo, luego dos abriendo su duro culito. Ella gemía.

    – Montáme tú. Así tendrás más control.

    Esparció más lubricante por mi rabo con su manita dulcemente. Haciendo que se pusiera más dura. Me tumbé boca arriba con la polla apuntando al techo.

    Su cadera parecía pequeña entre mis manos mientras la subía encima de mí. Con las rodillas a los lados de mi cuerpo fue bajando poco a poco el culo. Mi polla entraba despacio pero firme. En ningún momento se echó atrás.

    Los gemidos que salían de sus voluptuosos labios me indicaban que no le estaba doliendo y que le gustaba su primera vez.

    – ¡Ufff! Que rico.

    – Despacio, siéntela.

    Aproveché para acariciar su dura polla que apuntaba hacia mi cara. Pellizcaba sus pezones con suavidad. Pero no quería que se corriera, la reservaba para mi culo.

    Ella sí buscaba mi semen en su recto. No dejó de moverse arriba y abajo, sin prisa pero firme hasta que yo tuve mi orgasmo.

    Se derrumbó, cansada, sobre mi pecho besándome el cuello, los labios y hasta los pezones. Yo la acariciaba con ternura, el cabello, la espalda y hasta sus duras nalguitas.

    Su nabo duro estaba apretado entre nuestros vientres. Latía deseoso de descargar. Y yo quería que lo hiciera dentro de mí. Así que la levanté y me ofrecí. Quería ver si cara de vicio mientras me follaba.

    Me tumbé de espaldas y abrí bien las piernas, levantadas hasta mi pecho.

    – Te toca. Dilátame y lubrícame.

    Clavó dos dedos con un buen pegote del pringue en mi ano. Yo notaba como hurgaba en mi interior. Me encantaba la sensación, estaba gozando.

    – Venga póntelo en la polla y clávamela.

    Con una sonrisita perversa empezó a acariciar su recto mástil con el lubricante. Los pezones parecía que querían escapar de su pecho.

    -. ¿Estás listo?

    – Ansioso. Dale.

    Apoyó el glande en mi ano y empezó a empujar despacio. No era mi primera vez, pero tampoco es que estuviera muy acostumbrado a tener un rabo en el culo. Ayudaba el que el suyo fuera finito y que se lo estuviera tomando con calma.

    No me dolió gran cosa y empecé a gemir y jadear como había hecho ella un rato antes. Se inclinó y empezó a acariciar mis pezones mientras me follaba.

    Me di cuenta que empezaba a soltarse a pasos agigantados. Iba a hacer feliz a sus siguientes amantes con su morbo y lascivia.

    Recibí en mi culo su semen e hizo algo que nunca hubiera imaginado cuando la vi entrar en la habitación. Se inclinó y empezó a lamer mi ano recogiendo el semen que salía cuando yo apretaba los músculos del vientre. Casi me vuelvo yo a correr en ese momento. Y ni siquiera tenía el rabo completamente duro.

    La atraje entre mis brazos para descansar y recuperarnos.

    – Si que estás aprendiendo, más de lo que te he enseñado.

    – Eso es porque eres un maestro estupendo.

    Me sonreía mientras me abrazaba con fuerza. Y yo la sujetaba entre mis brazos.

    – ¿Estás contenta?

    – Ha sido genial. Lo estoy disfrutando mucho. Creo que estoy cogiendo más confianza.

    – Deberías vestir más sexy. Estos trapos no te hacen justicia. Tienes unas piernas muy bonitas, lúcelas.

    – Hasta ahora no me atrevía. Quería ser invisible. Pero creo que poco a poco tendré más confianza para enseñar algo más.

    Le iba arrancado confesiones mientras nos acariciábamos. Hacer un poco de psicólogo es parte de ese trabajo. Claro que es más fácil hacerlo desnudos, muy juntos en una cama que en un diván en una consulta.

    Me contó que su hermana, que nos había reunido en esa habitación de hotel era quien más le estaba apoyando. Y que su determinación era firme.

    Desde entonces ha seguido mejorando y ahora es una bellísima mujer con una polla fina y recta que me da placer de vez en cuando. Así como la mía le da gusto a ella, ya sin dinero de por medio.

    Hemos quemado los trapos tras los que ocultaba su bello cuerpo. Viste mucho más sexi. Follamos juntos por que nos apetece y nos gusta.

  • El tío de mi pareja

    El tío de mi pareja

    Hace un tiempo que tenía una pareja, no la actual,  estuve con el tío de él, fui a buscar a mi, en ese momento novio, pero no estaba, pero como fui vestido de mujer porque así le gustaba que llegué, el que estaba era su tío, recién se mudaba con mi novio, me invitó a pasar a casa y me dijo que no tardaba en llegar mi novio, me chuleo, yo le agradecí y pase, jiji, no me pareció que quisiera pasarse de listo o así, me dio confianza, en fin, en la sala me senté y me trajo un vaso con agua, le di un trago y se sentó cerca de mi, yo traía un mini vestido azul marino, boxer azul, bra negro y el mini vestido apenas tapaba mis nalgas, en ningún momento sentí lo que iba a pasar.

    Estuvimos platicando un rato de temas triviales y pues lo primero fue presentarnos, en fin, al ver que soy hombre vestido de mujer me dijo que si me podía preguntar algo sin ofender y con respeto y le dije que si que adelante, que contestaba lo que sea.

    Paulo: Eres novia o novio de mi sobrino o que onda?

    Yo: Soy amiga y venía a ver como estaba y saludar y así.

    Incrédulo, obvio por como iba vestido y así, me dijo.

    Paulo: Si seguro, así vestido y a visitar, bueno, si tú lo dices

    Yo: Bueno, está bien, soy puta de su sobrino, a veces vengo y me coge y así y me paga o ayuda económicamente, otras veces es solo diversión, placer

    Paulo: Entonces podría ser que me dejes cogerte puta

    No termino de decir eso y me tomo del brazo y me aventó al piso, se quitó su camisa, su pantalón y su bóxer y salió un enorme pene de unos 22x6cms, me quedé asombrada y sin poder mediar palabra, era un señor de unos 58 años y con enorme verga y tan dura y venosa, me hipnotizo, no supe en que momento pero para cuando pude pensar y reaccionar ya me estaba cogiendo la boca, metía y sacaba la verga, chupando y lamiendo, jugando con sus huevotes, casi no me entraba y daba arcadas porque me la metía y sacaba hasta la garganta, como media hora después se vino, no dejó que la sacará de mi boca y yo tragando su semen espeso y delicioso, caliente, me levanto y me subió la falda del mini vestido que traía y bajo el bóxer quitándolo, jugaba en mi ano, le ponía crema, metía los dedos y dijo unos momentos después.

    Paulo: Es hora de cogerte

    Yo sólo asentí moviendo mi cabeza diciendo que si, me puso en 4 y abrió un poco mis piernas y de un empujón lo metió hasta adentro y dijo.

    Paulo: No me voy a mover un rato para que te acomode mi verga en el culo puta

    Yo: Si, soy su puta, deme duró, siga

    Como a los 5 minutos empezó a meter y sacar, primero despacio y luego iba aumentando el ritmo, yo sólo gemía y más que de dolor era de placer, estuvo dándome como 1 hora, lo sé porque aunque no estaba aburrida o así, por lo general me gusta estar viendo el reloj, con todo y todo, no se veía que él se cansará y menos que su verga dejará de estar dura, estaba dándome con todo, muy frenético, por fin después de un rato más, logré que se viniera sintiendo su semen caliente en mi ano y me abrazo, luego salió de mí y de mi ano escurría su semen, limpio su verga y se masturbo, volvió a ponerse dura y me dijo.

    Paulo: Ahí te va la segunda ronda en tu culo putota

    Se sentó en un sillón y me puso de espaldas a él y me jalo hacia él sentándome arriba de él, de una sentada su verga se metió a mi ano y me agarró de la cintura y me levantaba y bajaba para ensartar la verga sin piedad y básicamente yo sola me cogía, duramos como hora y media así hasta que se vino y yo sentí rico su semen en mi, llegué un poco antes de las 3pm y me termine yendo a las 11pm solo me dio $50 y le hablo a alguien para que fuera por mi y el señor que llegó por mi me vio con cara de lujuria, pero eso lo cuento después.

    Gracias por leer mis relatos y espero pronto subir otro, dudas, comentarios o platicar, les dejo mi correo en mi perfil, saludos.

  • Secretos ocultos de familia adinerada

    Secretos ocultos de familia adinerada

    Hola a todos, me llamo Sara. Este relato está basado en un hecho real, y es que no hay nada mas real que lo que me aconteció estando viviendo y trabajando como empleada doméstica en la casa de una familia adinerada de mi país.

    Llegué a trabajar con ellos por recomendación de la anterior empleada quien es mi amiga y pues quien lamentablemente se tuvo que mudar a otro estado por lo que dejo el trabajo que yo ahora ocupaba.

    Cuando llegué a trabajar allí me pareció todo normal entre comillas, conocí el primer día al señor Javier quien es el dueño de una importante empresa en esta región del país y a su esposa “la doña” como solían llamarla las cocineras, la señora Beatriz. Dos personas maduras ya, el; de unos 54 años aproximadamente, canoso, semi calvo, algo gordo, alguien que cuando estaba en su despacho solo fumaba habanos y tomaba buen coñac, al mejor y puro estilo de mafiosos como el padrino.

    Se reunía siempre con personalidades allí me imagino que hacer negocios y a hablar de otros intereses pues camine por ese pasillo varias veces y llegue a escuchar risas a todo volumen en el salón. Hasta cierto día que el señor Javier me defendió de uno de sus amigos quienes entraron al despacho con él y yo estaba allí haciendo mi trabajo de limpieza, sacando los restos del cenicero y cambiando los vasos de la repisa. Uno de ellos se acercó a mi y me dio una nalgada por mi trasero con mucha contundencia a lo que el señor Javier respondió en tono altanero haciendo tal reclamo por lo ocurrido.

    J: ¡Déjala tranquila cerdooo que no ves que es la empleada de mi confianza…!

    Yo sali de allí lo más rápido posible, situación que el luego trataría conmigo aparte y me pediría disculpas por el comportamiento de aquel invitado. Todo transcurría muy bien con el señor Javier sentía que me había ganado su confianza pues, de cierta forma llego a contarme cosas de su vida personal con la señora Beatriz, cosas como que por ejemplo ella solo se había casado con él por su dinero, pero que él sabia cual era su debilidad y por eso no se habían divorciado y cosas así.

    Pasado unos días, los señores viajaron por negocios y me toco hacer la habitación luego de su salida. Entre como de costumbre comencé a limpiar la alfombra y note que debajo de la cama sobresalía algo como un cable, levante con cuidado la sabana y mi cara de sorpresa por lo mirado allí fue un espejismo de lo que sucedería luego.

    Allí estaba un vibrador grande de esos de 3 velocidades que mide unos 16 cm y no podía creer que tal objeto para generar placer estuviera allí en ese cuarto donde ambos dormían. Siendo la señora Beatriz una mujer tan refinada, de unos 44 años unos 10 menor que el señor. Mujer de tetas operadas, nariz respingada, ojos marrones claros, ¡de piel trigueña y pecas en su espalda y con un culo hermoso que para su edad ya empezaba a sospechar que sería operado pues no iba a ningún gimnasio que yo supiera…! En fin, toda una mujer refinada de alta sociedad.

    Tome aquel vibrador lo puse sobre la cama, seguí limpiando y me encontré varios preservativos con semen debajo de la cama también, además de toallas sucias, claramente todo indicaba una escena desenfrenada de sexo y lujuria en aquel lugar que desde cierto punto me intrigaba todo aquello y me estaba empezando a excitar, seguí limpiando hasta toparme con una gaveta, que estando entreabierta en lo que la señora llama mesa peinadora o tocador, dejaba entrever un botón por un costado que causándome curiosidad e intriga presione. Al principio no sucedió nada, pensé que no hacía nada por el estilo dicho botón allí, pero me equivoqué al cabo de unos 5 segundo sonó el sonido de un cerrojo justo detrás de un cuadro de botero que había en la habitación.

    Intrigada por aquel asunto, bajé el cuadro con sumo cuidado y allí estaba una puerta semi abierta que luego procedí a abrir por completo, había varias cintas de video, unas esposas, llaves, máscaras y pasa montañas, unas cuerdas, y cinta adhesiva.

    Sorprendida, pero con mucha curiosidad al ver todo aquel alijo de cosas, tomé las cintas de grabación y encendí el televisor y comencé a reproducir aquello en pantalla grande mientras estaba sentada en la cama, allí empecé a mirar como 2 hombres se desnudaban con máscaras puestas en aquella misma habitación y había una mujer a 4 patas atada en la cama, que al girarle la cabeza resulto ser la señora Beatriz, todo aquello ya me tenía mis pantys mojada. A un costado estaba el señor Javier sentado en un sofá observando todo aquello, los dos hombres se colocaron enfrente a ella y le dieron a chupar sus enormes vergas pues eran dos hombres negros, mientras uno de ellos sobaba sus nalgas y ella gemía como un animal.

    Luego se cambiaron de posición y uno de ellos coloco aceite sobre toda su verga y se le coloco en la parte trasera, yo en mi mente pensaba que la iba a penetrar por la vagina cuando de repente se inclina un poco y se deja ver como se la empieza a meter despacio en el culo a la señora Beatriz, hasta que ella suelta gemidos que casi no se entienden al tener la verga del otro hombre en la boca. Yo tome el vibrador lo limpie y me baje los pantys y empecé a masturbarme como loca sentada en la orilla de aquella cama con sabanas de seda, mientras miraba como la mujer de mi patrón era violada literalmente por dos negros en la presencia de su esposo.

    ¡Besos a todos!

  • Mi esposa y mi socio de trabajo

    Mi esposa y mi socio de trabajo

    Hola nueva vez a todas y todos. A pesar que si tengo tiempo para relatar mis historias se me hace un poco difícil. La razón es que mientras estoy escribiendo voy recordando toda la situación y me pongo hasta nervioso de la excitación. Mientras voy escribiendo me voy haciendo la paja también y un relato que puedo terminar en unos 30 minutos me toma algunas horas. Todos son reales, aunque tal vez con un porcentaje de drama para hacerlos más excitantes y morbosos. Espero les gusten y me dejen sus comentarios sinceros, ya sean contrarios o favorables. Gracias.

    Comienzo:

    Sucedió el lunes de esta misma semana. Sergio Me llama para pedirme ayuda con un problema estaba teniendo en su laptop que le impedía revisar las operaciones de sus tiendas. Él es un hombre joven y muy prospero. Proveniente de mi mismo país. Lo conocí por casualidad un día que visité una de sus tiendas para ver la clase de ropa que ofrecían y los precios. Me impresioné y comencé a escoger algunas camisa y pantalones que no tenía intención de comprar, pero me gustaron. El, que estaba paseando por el piso chequeando como andaba todo se me acerca, me saluda y me dice:

    Sergio: Hola, soy Sergio. ¿Es la primera vez que nos visita?

    Yo: Si. He pasado varias veces por el frente y siempre tenía la curiosidad por entrar a ver las ofertas.

    S: Aaah, buena decisión. Pues por ser su primera compra con nosotros le vamos a dar un 25% de descuentos en su primera compra.

    Yo: Ok, gracias.

    En realidad, yo no tenía la intención de comprar en ese momento, pero al ofrecerme el descuento ya me comprometido. Seguí escogiendo algunas cosas más y hasta para mi esposa escogí algunas prendas íntimas y bien sexy. Mientras seguía sorteando la tienda el caminaba conmigo y me contaba que esa era su primera tienda y que tenía otras cuatro más en toda la ciudad y pronto abriría otra en la siguiente ciudad. Yo le hacía preguntas y escuchaba más para seguir aprendiendo de él.

    Bueno, cuando me presente para pagar en la registradora sucedió un problema y todas las registradoras pararon de funcionar. Sergio chequeo lo que sucedía y no podía resolver el problema lo cual empeoro porque su celular comenzó a timbrar como loco. Sucede que todas sus tiendas corrían bajo el mismo sistema y las otras tiendas estaban experimentando el mismo problema. En ese momento le doy a Sergio mi tarjeta de negocios y le ofrezco mi ayuda. Soy Ingeniero de Sistemas y sabía exactamente lo que estaba pasando. Ya he tenido experiencias en estas situaciones.

    Ante el dolor de cabeza por el que estaba pasando no dudo de mi conocimiento y me contesto que sí, que si yo podía resolver el problema me pagaría por mi servicio. Fuimos al cuarto donde estaban los equipos que controlaban el sistema completo de todas sus tiendas y en menos de veinte minutos su dolor de cabeza estaba resuelto. Las registradoras en todas las tiendas comenzaron a operar de nuevo.

    Sergio estuvo sumamente agradecido. Me pregunto qué cuanto le iba a cobrar por mi servicio. Le dije que no me debía nada, que era un placer estar ahí en ese momento y poder ayudarlo. Insistió, pero le asegure que de verdad no le iba a cobrar nada. Al final me dijo que en ese caso escogiera algunas cosas más que deseara de la tienda que aceptara eso como pago entonces. Le dije que no tenía que hacer eso y que ya tenía todo lo que quería en ese momento. No me cargo por la compra. Conversamos unos minutos más y nos despedimos.

    Mi esposa le gusto las cosas que escogí para ella. Le hable de la experiencia que paso. Estuvo impresionada como yo de la historia que aprendí de Sergio. Un hombre que no creo tenga 40 años cumplidos aún. No viene de familia rica, sino que se hizo a fuerzas de duro trabajo. Esto sucedió unas dos semanas antes de que me llamara para decirme del nuevo problema con su laptop.

    Cuando recibí la llamada de Sergio me sorprendí porque no recuerdo haberle dado mi número. Le pregunté que como lo había conseguido me dijo que de la tarjeta que le di. Se me había olvidado por completo. Me dijo de su problema y le pregunte si podía venir a mi casa porque no estaba trabajando en un sistema para un cliente en ese momento. Acepto y apareció como en unos veinticinco minutos. Era cerca de las cinco de la tarde.

    Sergio se impresiono al ver mi residencia.

    S: Wow, esto es increíble. Que maravillosa mansión tienes amigo.

    Yo: Vamos hombre, no exageres. (Aun estábamos afuera)

    S: ¿Que no exagere? Es inmensa. La mía es grande, pero esta es enorme comparada con la mía. No me mal intérpretes, no es que tenga envidias. Es que de verdad me ha gustado y me alegro por tu comodidad.

    No quise escuchar más halagos, le di las gracias y le pregunté cuál era su problema esta vez mientras íbamos entrando a la casa en camino a mi pequeña oficina en su interior. Llame a mi esposa y se la presente. Vi como observo toda la figura de ella. Le pedí a mi esposa que nos sirviera unos tragos. Vi que se sirvió uno para ella también. Como conozco bien a mi mujer, sé que le gusto Sergio, aunque él es algunos nueve o diez años más joven que ella. Lo sé por la forma en que me miro y se sonrió cuando nos trajo los tragos.

    Mientras trabajaba con Sergio en solucionar su problema, recibo la llamada de otro cliente. Me disculpo con Sergio para ayudar a mi cliente. Llamo a mi esposa y le digo que le dé un tour por la casa mientras yo ayudo a mi cliente. Ella me mira bien picarona y me dice que con mucho gusto. Yo le guiño un ojo y ella sabe que es dándole luz verde.

    Mientras estoy trabajando en el teléfono con mi cliente ella lo pasea por la casa. Pongo en mi computador a chequear las cámaras para ver donde estaban y que hacían. Puedo verlos, pero no escucharlos. Están conversando en el baño de mi habitación. Ella lo va llevando de la mano como si el fuera un niño. Mientras salían de una de las habitaciones él se encontraba distraído y vi cuando se golpeó la frente con el marco de la puerta. Ella empezó a pasarle la mano suavemente y hasta llego a darle un beso en donde se había golpeado. Se quedo mirándolo bien de cerca a su cara, le dijo algo que no podía yo escuchar. Le acariciaba su cara y lo beso de nuevo en la mejilla. Él se encontraba un poco nervioso y quería regresar a la oficina para que siguiéramos trabajando.

    Era temprano en la noche todavía. Fui a ver a mi mujer. Ella estaba caliente y con ganas. Me puse de acuerdo con ella y le dije que me llamara al celular en unos tres minutos. Así lo hizo y cuando conteste pretendí que estaba hablando con el cliente que me llamo anteriormente. Le dije a Sergio que me excusara, pero iba a tener que salir un momento a ver al cliente para resolver su problema. Sergio me dijo que no había problemas, que se iba a retirar y que al día siguiente podíamos tratar de nuevo. Le dije que, de ninguna manera, que yo regresaba como en media hora. Insistió, pero lo convencí para que me espere. Lame a mi esposa y le dije que iba a salir a resolver un problema de ese cliente, que atendiera bien a Sergio y que yo regresaba en una media hora. Esa era la señal para que ella supiera cuanto tiempo tenía disponible. También le dije que yo la llamaba antes de regresar por si necesitaba algo de la tienda.

    Me fui a unas cuadras de mi casa y me estacioné en el parque de una tienda de licores. No les voy a seguir cansando con todos los detalles, pero esto es lo que tanto ustedes querían leer y yo quería ver. Abrí la aplicación de monitoreo de las cámaras de mi casa y allí estaba mi esposa, detrás de la silla donde estaba Sergio sentado, acariciándolo. Él se veía nervioso y trataba de resistirse. Ella dio vueltas a la silla y quedaron de frente. Levanto el apoyo de los brazos y se sentó sobre él. Lo empezó a besar en la boca. El trataba de resistirse. Parecía que ella lo estaba violando y en realidad eso era lo que estaba haciendo.

    El caso es que él fue perdiendo las fuerzas a resistirse y empezaron a comerse las bocas. Yo estaba tan caliente que necesitaba un trago y salí de mi auto, entre a la tienda de licores y compre algo y regrese rápidamente al auto para encontrarme que mi esposa estaba de rodilla dándole una buena mamada. Abrí la botella y me di un trago largo mirando el espectáculo. Vi cuando se estaba viniendo en la boca de mi esposa, como tragaba ella esos chorros de leche. Que delicia de mujer la mía. Tan pronto termino de tragar hasta la última gota se levantó y se sentó a cabalgarlo. Mientras él le daba verga y chupaba sus tetas ella miraba la cámara y se reía y me lanzaba besos sin que él se diera cuenta.

    Veía como ella jadeaba y se movía sobre él. Como se daban lenguas. Ella chequeaba su reloj para contar el tiempo sin que él se diera cuenta y me miraba, me lanzaba besos. En una, me abrió una mano y me mostro los cinco dedos. Eso quería decir que faltaban cinco minutos para la media hora. El empezó a convulsionar, se estaba viniendo dentro de mi esposa. Ella empezó a tener un orgasmo también. Era divino ver como se mecían en esa silla mientras se venían.

    Se quedaron tranquilos unos segundos. Se estaban diciendo alguna cosa y esta vez él fue que la halo y le dio un buen beso con lenguas. Ella me hacía seña con un dedo como pidiéndome que le dé un momento más. Se estuvieron acariciando por un rato. Llame por teléfono para avisar que ya iba de regreso (aún está en el estacionamiento) Él se levantó rápidamente y se arregló su ropa y siguió frente a la computadora.

    Cuando regrese mi esposa se prendió de mi cuello y me dio un rico beso con lenguas delante de él y me pregunto que por qué tarde tanto. Sergio se mostraba tenso y nervioso y yo actúe como que no notaba nada extraño. Le Conte brevemente del problema que tenía mi cliente. Continuamos trabajando en su computador por unos minutos, pero estaba tan nervioso que se excusó y me dijo que era muy tarde y tenía que llegar a su casa, que al día siguiente continuábamos. No quise presionarlo y le dije que estaba bien.

    Cuando se fue mi esposa me comió la boca a besos mojados. A ella la vuelve loca besarme después de haberse mamado una verga y tragarse su leche. Me pregunta si me gustan sus besos con sabor a verga y leche y se enciende más cuando le digo que me encanta. Mientras estábamos de pies, besándonos y acariciándonos empezó a salirse la leche que tenía en su vagina y a rodar por sus muslos. Me pregunto si quería limpiarla con mi lengua. Le dije, eeeh, no. Nos reímos y nos fuimos a la habitación. Se limpio con una toalla.

    Se tiro en la cama y me dijo: Papi, sé que no te gusta, pero hace mucho tengo la fantasía de que me lo chupes después de haber sido cogida por otro macho. Hazlo ahora, por favor, cómeme antes de bañarme. Es cierto que no me gusta, pero en ese momento estaba tan caliente que no lo pensé dos veces. La halé por las piernas y empecé a comerme su coño. Ella me decía cosas que me encendían más. Me preguntaba si podía saborear esa verga en su coño, que si la iba a dejar coger con el de nuevo. Cuanto le había gustado y que quería de nuevo. Estaba tan excitada y agitada que alcanzo el orgasmo como en tres minutos.

    Luego de eso la penetre. Hicimos el amor de forma desenfrenada hasta que nos vinimos y nos quedamos dormidos. Si, así sin bañarnos.

    Espero les haya gustado y dejen sus comentarios. Gracias.

  • Nunca pensé llegar a ser corneador

    Nunca pensé llegar a ser corneador

    Sucedió no hace mucho. Por esto del trabajo tengo la necesidad de contratar proveedores y muchas veces hacemos cierta amistad, pero nunca pensé que llegaría a tanto con la esposa de uno de ellos.

    Como ya les he platicado en otros relatos, no tengo mucha experiencia con esto de la dominación y mucho menos con ser corneador ya que pienso que no solo es cogerse a la esposa de otro sino que implica la seducción de la mujer y de la dominación que se vaya teniendo con el marido de ella. Es todo un juego de roles muy pasional e interesante. Siempre he creído que la seducción es lo más importante y darle a la mujer todo el respeto que se merece al igual de toda la lujuria que ella desee.

    Este proveedor era nuevo para mí así que lo cité en mi oficina para tener una junta inicial y poder ver su catálogo de productos y servicios. Llegó a la hora indicada y venía acompañado de su esposa. Una mujer de aproximadamente unos 35 años, pero con un cuerpo divino. Traía un vestido entallado, arriba de la rodilla donde se podían percibir unas piernas blancas y delineadas por ejercicio, una cintura muy definida y unas tetas medianas, pero en una forma escultural.

    Me presenté, los invité a tomar asiento y empezamos a platicar. De inicio buscaba solo la atención del esposo (mi proveedor) pero no podía evitar mirarla de vez en cuando y apreciar ese maravilloso cuerpo.

    Supongo que él se dio cuenta ya que cuando ella se levantó para ir al baño me descubrió mirándola directo a las nalgas. Su respuesta a eso me dejo algo confundido de inicio.

    – Tiene bonitas nalgas verdad? – Me dijo con una sonrisa picara.

    – Tienes un mujeron con todo respeto- Atiné a contestar.

    Ella regresó del sanitario y siguió la junta muy normal. Quedamos de cerrar trato en una semana y nos despedimos, A él le estreché la mano y a ella le tome las manos y le di un beso en la mejilla. Olía delicioso. Su esposo le dijo – amor, pero despídete bien, dale un abrazo al Lic. Entonces ella me abrazo y pude sentir esas tetas tan deliciosas pegadas a mi pecho y me excito bastante. Yo puse una mano en la espalda y la otra en la cintura tocando muy discretamente el borde superior de sus nalgas a lo cual ella no dijo absolutamente nada.

    Durante días tuve contacto con él para ir organizando lo del pedido de productos pero siempre salía a colación su esposa. El la mencionaba mucho y hacia hincapié en que saliéramos a beber algo los 3 para conocernos mejor y como agradecimiento a la compra quería que aceptara dicha salida.

    Quedamos de acuerdo de ir a un bar cercano a la oficina. Llegué primero, pedí mesa y un bourbon para empezar. No tardaron mucho en llegar. Ella venia con una minifalda blanca, una blusa color negro con un escote muy sexy y unas zapatillas blancas que la hacían ver tan antojable, tan deseable que no pude quitarle la mirada de encima. Me puse de pie para saludarla y le di un beso en la mejilla muy cerca de los labios y un abrazo muy fuerte ya que quería sentir el calor de su cuerpo y llenarme de ese olor tan delicioso que emanaba.

    Pasadas unas horas y varios tragos la conversación fue subiendo un poco de tono. Ya hablábamos de experiencias sexuales y de fantasías. En algunos momentos me paraba a bailar con la esposa y no perdía oportunidad de acariciarla y mirarla. Mientras bailábamos la miraba a los ojos y acariciaba su cintura. En cada vuelta aprovechaba para rosar esas nalguitas tan deliciosas y en ocasiones llegue a sentir sus tetas muy cerca de mis manos.

    Ya entrados en tema le confesé a el que su esposa me gustaba a lo cual solo respondió – Te gustaría coger con ella?

    No puedo negar que me desconcertó su pregunta pero obviamente le dije que sí. Que deseaba cogérmela pero que me gustaría que el mirara. Que fuera testigo de cómo me cogía a su esposa. El mencionó que si su esposa estaba de acuerdo, no habría mayor problema.

    En la siguiente pieza que bailamos me le acerque al oído y le dije que de verdad me gustaba mucho. Que disculpara el atrevimiento pero que debía saber que la deseaba y que cada momento que pasaba quería más y más hacerla mía. Ella se aparto un poco y me miro fijamente al compas de la canción, así estuvimos unos segundos y le robe un beso. Al principio fue suave y romántico pero se empezó a poner más intenso y termino siendo un faje a media pista. De ahí nos fuimos a la mesa y seguimos tomando. Yo ya la tenía abrazada y discretamente acariciaba sus nalgas o le ponía la mano en las piernas. Su esposo solo era testigo de todo ello. No hubo la necesidad de decir más. Les dije que si querían ir a otro lado, mas privado y el dijo que si su esposa quería el no tenía inconveniente. Ella asintió y pedí la cuenta, se la pasé al esposo y el pagó todo.

    Le pedí al esposo que manejara para yo irme con su esposa en la parte de atrás del coche. Le dije que nos llevara a un motel cercano a lo cual el accedió.

    Ya rumbo al motel me dispuse a disfrutar de su esposa. La comencé a besar mientras mis manos acariciaban sus piernas e iban levantando esa falta poco a poco, subiendo de manera sutil, con el roce de mis dedos, sin ser invasivo pero si persuasivo. Cuando llegue justo a su entrepierna mi sorpresa fue grande al sentir que no traía ropa interior. Eso hizo que mi verga se pusiera más dura de lo que ya estaba y comencé a deslizar mis dedos surcando el borde de esa vulva deliciosa, sintiendo lo mojada que ya estaba y mi otra mano no dejaba de acariciar esas tetas divinas por el borde de su blusa. De repente ella bajo la bragueta, metió su mano a mi pantalón y saco mi miembro, me miro fijamente y me pidió permiso para chuparlo, diciendo que s esposo solo era nuestro chofer, que ella deseaba poder probar mi verga. Le pedí, le ordené que lo mamara, que se lo acabara por completo y así fue. Durante lo que restaba de camino ella fue dándome una felación de lo más delicioso y al llegar al motel el esposo le dijo al de la entrada: Cuanto por la habitación, solo traigo a mi esposa y su amante.

    El del hotel volteo hacia la parte de atrás del coche y con un poco de morbo pregunto si estaríamos los 3 en la habitación. El esposo solo dijo que el seria un observador. Se acercó un poco más a la ventana del coche y miro la vagina de ella, que traía las piernas abiertas y una teta de fuera mientras seguía chupándolo.

    Nos asigno cuarto y entramos. Ya dentro la desnude por completo y ella seguía pegada a mi verga, así que la puse de pie, la lleve hacia el tocador y la senté ahí, justo con las piernas abiertas a u costado de su esposo que estaba sentado en el silloncito. Me dispuse a penetrarla sin quitarle la mirada al esposo. Ella gemía cada vez mas. La penetraba fuerte, duro. Se podía escuchar ese choque de caderas, ese chasqueo que hacia su vagina jugosa y lubricada.

    La baje de ahí y la puse en 4. Sus manos estaban apoyadas en las rodillas de su esposo y quedaron frente a frente. Con cada empujón que le daba casi podían besarse pero no se tocaban, solo se miraban. Ella seguía gimiendo casi en la cara de su marido mientras yo no dejaba de penetrarla. Moje mi pulgar con mi boca y comencé a metérselo por el culo mientras montaba. Sentí como se vino por el chorro que empezó a escurrir por mis piernas y eso me hizo sentir que ya me venía por lo cual la puse de rodillas, le pedí que tomara la mano de su esposo mientras ponía mi verga en su boca y explote, la llene de leche caliente y abundante. Podíamos ver el esposo y yo como le escurría semen de la boca. Ella lo trago y fue entonces que beso a su esposo.

    Después de un rato, nos dimos un baño, no cambiamos y nos fuimos.

    Después de esa experiencia hemos tenido algunos otros encuentros, pero lo dejaré para otros relatos.

    Les dejo mi correo para saber si les ha gustado mi experiencia [email protected].

  • Por culpa de la pandemia fui la hembra de mi cuñado

    Por culpa de la pandemia fui la hembra de mi cuñado

    Relato anterior «Fogoso encuentro en una reunión de exalumnos de secundaria», dejo el enlace al final del relato.

    La primera vez que escuché sobre el misterioso virus me pareció algo tan lejano, ciudades y regiones enteras de China en cuarentena, poco después el virus se había propagado por Europa y las alarmas se encendieron en todos los países (excepto unos pocos, entre ellos México).

    México reaccionó tarde, mientras otros países cerraban fronteras, aeropuertos y confinaban ciudades enteras, nuestros gobernantes se hacían de la vista gorda, el presidente seguía pidiendo salir y abrazarse, el secretario de Salud rechazaba el uso del cubrebocas y las pruebas de Covid a los sospechosos de tener la enfermedad, una negligencia criminal, hasta que la realidad los rebasó, miles de personas empezaron a fallecer y se empezaron a tomar medidas, entre ellas el confinamiento.

    Uno de los fallecidos, en esa primera ola del Covid, fue mi suegro, llevándose a la tumba cualquier posibilidad de saber si era el padre o el abuelo de mi hijo.

    El fallecimiento afectó muy fuerte a toda la familia, no podía creerlo, mi suegro era un hombre sano, fuerte y vigoroso, lo que demostraba una vez más las mentiras del gobierno, que torpemente justificaba el exceso de muertes a la obesidad y a la diabetes en lugar de su ineptitud. Su sepelio fue muy triste, sólo permitieron a mi suegra y a los dos hermanos de mi esposo estar presentes en la cremación, no hubo velorio.

    Ante tal acontecimiento me dio tanto temor el virus que extremé precauciones, respeté el confinamiento a ultranza y no salía para nada a la calle, incluso el super lo pedía a domicilio, para colmo mi empleada doméstica se regresó a su pueblo a cuidar a sus abuelos, me daba terror cada que iniciaba la etapa de trabajo de mi esposo, pensando si regresaría o no, se sabía tan poco del virus, los 14 días que quedábamos completamente solos mi hijo y yo se me hacían eternos y los 14 días que estaba en casa se me hacían tan cortos, mi hijo ya tenía cuatro años, y precisamente su compañía era lo que evitaba que me volviera loca en ese triste encierro.

    Con el confinamiento vino el quiebre de cientos y cientos de empresas, miles de personas se quedaron sin trabajo, entre los que se encontraba Carlos, el hermano mayor de mi esposo.

    Mi esposo, por medio de sus contactos, le consigue empleo en una empresa de mi ciudad, y se vino a vivir con nosotros.

    Aunque me agradaba el hecho de no quedarme sola en las ausencias de mi marido, me disgustaba el hecho que diariamente tenía que salir a trabajar, lo que rompía el confinamiento y me daba temor que por su culpa entrara el virus a la familia, lo obligaba a salir a la calle con mascarilla, guantes y cubrebocas y lo desinfectaba de pies a cabeza cuando regresaba del trabajo, un ritual que llegué a sentir incómodo, Carlos al igual que mi esposo y su otro hermano, era muy guapo y tenía un cuerpo bien formado, mientras lo rociaba para desinfectarlo, admiraba su firme trasero y su ancha espalda, así como su pecho e incluso su entrepierna y podía visualizar que se le dibujaba un buen bulto.

    Los días transcurren uno tras otro en forma rutinaria, 14 días con mi esposo y mi cuñado, 14 días sola con mi cuñado, en ocasiones notaba que se me quedaba viendo, era notorio que le atraía y aunque me hubiera gustado cogérmelo, era mi cuñado y no quería repetir una situación como la que pasé con mi suegro, que, si bien fue muy excitante, también muy riesgosa y me hacía sentir culpable. Creo que él pensaba lo mismo, era el hermano de mi esposo y además gracias a él había conseguido trabajo y donde vivir.

    Llegó el día de mi cumpleaños, para colmo fue en la etapa de trabajo de mi esposo.

    Muy temprano recibí un enorme arreglo floral, cortesía de mi esposo, siempre tan detallista, eso me levantó el ánimo, era triste pasar mi cumpleaños encerrada, decidí que ese día no debería ser como los demás, así que me arreglé sexy, como acostumbraba antes de la pandemia, me puse un conjuntito de bra y tanga de color negro con encaje y que levantaba mis tetas, un vestido corto negro y entallado con detalles en pedrería y me maquillé un poco, me puse unos zapatos de tacón alto, me miré al espejo y me gustó la imagen que me devolvió, aunque no fuera a salir a ningún lado me gustaba sentirme hermosa.

    En la tarde llega Carlos y cuando salí para rociarlo con desinfectante se sorprendió al verme así:

    – Cuñada, que bien te ves, ¿vas a salir a algún lado? – preguntó.

    – A ninguno, no me arriesgaría a salir, simplemente que hoy es mi cumpleaños y quise arreglarme un poco. – contesté

    – Un poco, pero si estás despampanante – añadió

    – Gracias- respondí.

    – Y muchas Felicidades. no sabía que era tu cumpleaños- dijo al momento que se acercaba y me daba un fuerte abrazo y un beso en la mejilla.

    Ese abrazo y ese beso me estremecieron, Carlos era el hermano mayor y el que más se parecía a mi suegro, tenía una complexión muy similar y por un instante sentí como si hubiera sido mi suegro quien me abrazaba, buscó en la despensa y encontró unos panecillos empaquetados, buscó unas velas que sobraron del cumpleaños de mi hijo, puso una en el panecillo y la encendió, llamó a mi hijo y juntos me cantaron Las Mañanitas (canción popular que se canta en México en los cumpleaños), un bonito detalle que me sacó unas lágrimas.

    Pidió una pizza y me dijo:

    – Voy a abrir una botella de vino, el fin de semana se la repongo a mi hermano.

    – No te preocupes por reponerla, son para eventos especiales y gracias a ti hoy lo es.- respondí

    – Insisto en que la repongo el fin, mi hermano las tiene guardadas y es lo justo.

    Ya no insistí y en un rato llegó la pizza, cenamos junto con mi hijo y vimos una rato televisión, hasta que mi hijo se durmió, en cierta forma sentía como si estuviera mi marido. Subió a mi hijo cargando a su recámara y al regresar puso un poco de música y abrió una botella de Whisky.

    – Hay que seguir celebrando, un cumpleaños no se celebra todos los días.

    Seguimos charlando, era buen conversador y ocurrente, me hacía reír mucho. El licor y la charla me hacían sentir más relajada y desinhibida, disfrutaba su compañía, era muy caballeroso y me gustaban sus atenciones.

    No soy muy asidua a la bebida y pronto me sentí mareada, sin embargo, la estaba pasando tan bien que seguía bebiendo, no sé si era mi idea o no, pero creo que las bebidas que preparaba Carlos estaban muy cargadas de alcohol, de pronto en la plática, expresó:

    – Sabes, todos en la familia envidiamos a mi hermano por tener tan bella esposa.

    El comentario me ruborizó, no contesté, solamente sonreí sonrojada, pero me encantó el halago.

    Carlos cada vez se acercaba más a mí, también estaba bebido y me hablaba muy cerca de mi cara, a unos 30 centímetros a lo mucho, la proximidad de su cuerpo me hacía sentirme un poco nerviosa, mi cuerpo me hormigueaba, un calor extraño me envolvía, y sentía mi vulva extremadamente húmeda, Indudablemente me estaba excitando la presencia de mi cuñado, intentaba seguir la plática, pero ya no recuerdo que tantas cosas decía, creo que empezaba a decir algunas estupideces, solamente recuerdo que reía mucho, la ingesta de tanta bebida hizo efecto y necesitaba ir al baño urgentemente, así que intenté incorporarme y trastabillé con la mesa de centro, afortunadamente Carlos me sostiene de la cintura y evita que caiga de bruces, sentir sus fuertes manos en mi cintura me causó un estremecimiento que recorrió mi cuerpo, me acompañó al baño, sosteniéndome de su brazo para no perder el equilibrio, a pesar de haber bebido la misma cantidad de alcohol que yo, se notaba sobrio, una vez que terminé de orinar me limpié bien, hasta la última gota de orina, pero noté que mis calzoncitos estaban completamente húmedos, regresé al sofá, ya era muy tarde y no me sentía en condiciones de seguir bebiendo, le expresé que me sentía muy mareada y que era hora de irme a acostar, que le agradecía mucho su compañía, intenté levantarme y tropecé nuevamente con la mesa de centro, otra vez mi salvador estaba allí para evitar que cayera al suelo.

    – Disculpa, pero no estás en condiciones de subir las escaleras- lo escuché decir al tiempo que toma mis piernas en sus brazos y me levanta en sus brazos como una recién casada rumbo al lecho nupcial.

    No puse resistencia, me encantaba estar en sus fuertes brazos, sentir el calor de su cuerpo, instintivamente me acurruqué en su pecho y pasé un brazo por su cuello, me subió a mi recámara y con delicadeza me depositó en la cama, algo me preguntó, no recuerdo qué, no estaba en condiciones, todo me daba vueltas y tenía los ojos cerrados, estaba empezando a quedarme dormida, me quedé esperando el ruido de mi puerta cerrar, nunca lo escuché, entreabrí los ojos y lo descubrí en la orilla de la cama contemplándome, volví a cerrar los ojos, después de un rato sentí su mano acariciando mi pelo y después rozar la piel de mi mejilla, la suave caricia me estremeció y al mismo tiempo me llevó a un estado de mayor lucidez, no protesté, seguí fingiendo dormir, me sentía muy caliente y disfrutaba sus suaves caricias, después de un rato se inclinó y sentí sus labios rozar los míos, muy suave, las caricias me enardecieron, ya no aguanté más y tomándolo del cuello lo besé con pasión, solamente quería ser la hembra de ese macho, sin importarme que era el hermano de mi esposo, sin medir las consecuencias.

    Poco a poco nos fuimos desnudando, la ropa nos estorbaba, pronto quedé solamente con mi tanguita puesta y Carlos encima de mi cuerpo, piel con piel, estaba totalmente cachonda.

    Sentía el duro miembro de mi cuñado en mi entrepierna, quemante, sentía como se restregaba por encima de mi vulva.

    Me lamía la oreja y mordisqueaba el lóbulo de mi oreja divinamente, empezó a susurrarme cosas al oído que me terminaron de excitar.

    – Preciosa, divina, no sabes la envidia que le tenía a mi hermano, las veces que me masturbé soñando que te cogía.

    Volvió a mis labios, me besaba lenta, suave, despacio, correspondí a sus besos, su lengua entró en mi boca y exploraba la mía, un beso húmedo, jugoso, cachondo, saboreaba su saliva, su aliento, mordisqueaba sus labios, mi corazón palpitaba con rapidez.

    Después de un rato fue bajando a mi cuello, sus manos encontraron mis tetas y empezó a apretarlas, estiraba y apretaba mis pezones haciéndome gemir, siguió, sus labios llegaron a mis pezones, una corriente eléctrica me estremeció, no pude evitar dar un respingo y mis pezones se endurecieron al instante, mis gemidos se intensificaron, su boca continuo bajando hasta llegar a mi vientre, pronto llegó a mi entrepierna, allí hundió su cara y encontró mi sexo ardiente, su lengua empezó a recorrer mi rajita divinamente, desde mi culito a mi clítoris, cuando la sentí entrar en mi coñito, sentí que me desmayaba de placer, mis piernas se aflojaron y tomándolo del pelo hundí su cara en mi vagina, succionaba mis labios vaginales, mi clítoris, me sentía desfallecer, pronto sentí que su lengua hacía presión en mi orificio trasero, todo mi cuerpo se tensó y lancé un gemido, su lengua era increíble, abrí las piernas lo más que podía, entregándome por completo, sin dejar de lamer mi coño, empujó uno de sus dedos al interior de mi culo, sólo la punta, lo movía en forma circular, una caricia suave y divina que me encantaba, siguió empujando, mi culo lo recibía sin resistencia, pronto entró por completo, mi ano se contraía de placer, apretando suavemente, lo metía y sacaba, cuando ya entraba y salía con facilidad otro dedo se unió, la sensación de dos dedos rozando mi interior era increíble y la combinación con sus lamidas me estaban llevando al éxtasis, mi vista se nubló, olas de placer recorrían mi cuerpo, mi cuerpo empezó a retorcerse y alaridos de placer salían de mi boca, me corrí en un orgasmo intenso y prolongado, mis fluidos escurrían por mis labios vaginales y sentí que todo mi cuerpo temblaba, cuando terminé de correrme me sentí exhausta, agotada, pero la noche apenas empezaba, Carlos se incorporó y dirigió su enorme rabo a mi boca, entendí que era mi turno de darle placer, su verga tenía un olor fuerte, un olor a macho que hizo que mi boca empezara a salivar, abrí los labios y la enorme cabeza entro en mi boca, gorda, brillante y roja, succioné suavemente, una mano de mis manos buscó sus pesados huevos, la otra recorría su grueso tronco, intenté tragarme lo más que podía hasta que la punta de su nabo tocó mi garganta, eso lo volvió loco y empezó a gemir, metía y sacaba su verga de mi boca, mi saliva escurría por el tronco, entonces sentí el sabor de su precum y con mi lengua recorrí la punta de su verga en busca de su preciado líquido, hilos de precum se formaron entre la punta de su verga hasta mi lengua y mirándolo a los ojos lo saboreé en mi lengua y lo tragué, como una verdadera puta.

    – ¿Te gusta?

    – Me encanta, papi, tu verga es tan rica.

    – Entonces chupa ohhh, si, te daré tu ración de carne todos los días, putitaaa

    Cuando parecía que iba a acabar, sacaba su verga de mi boca y la restregaba en mi cara, algo que me hacía sentir tan puta, era un experto, sabía controlar su orgasmo sin que perdiera la excitación, hasta que después de un buen rato me pidió que parará, ya que estaba a punto de correrse y se subió sobre la cama, abrió mis piernas y se situó entre ellas, sentí que posicionó la punta de su nabo entre mis pliegues vaginales y me dijo:

    – Siempre soñé con cogerte, hacerte mía, no pudo creer que te tengo en mis brazos.

    – Cógeme, por favor cógeme le supliqué,

    Sentí que restregó la punta de su verga, buscando la entrada de mi coño y cuando lo encontró empezó a empujar lentamente, mis pliegues vaginales se fueron abriendo entrando poco a poco su enorme nabo, hasta que entró toda la cabeza, me retorcí de placer y gemí cuando sentí esa barra de carne palpitando en mi interior, se quedó quieto, disfrutando el calor de mi vagina en lo que me miraba a los ojos.

    – Ya tienes toda la cabeza dentro preciosa, ¿la quieres toda?

    – Si papi, métemela toda.

    – Ahí te va princesa, disfrútala.

    Sonrió y siguió empujando lentamente pero sin detenerse, sentía como esa barra de carne se iba abriendo paso, estirando mis pliegues vaginales, me retorcía de placer, mordía mis labios para no gritar, cuando ya tenía la mitad de su verga dentro, me sujetó de la cintura y con un golpe de cadera me empaló de un solo golpe hasta el fondo de mis entrañas, me llegó tan profundo que se me escapó un grito de placer-dolor.

    – Ah, mmm, ayyy, papi, despacio, me partes en dos -me quejé.

    – Perdona, ya no pude aguantar empalarte de una, tiene un coñito tan suave y estrechito, siento tan rico como me aprietas la verga.

    Me tenía bien ensartada, sus pesados huevos chocaban con mis labios vaginales, empezó el vaivén, muy despacio, mientras me besaba la boca y apretaba mis tetas, su aroma a macho me embriagaba, poco a poco aumentaba el ritmo de sus embestidas y mis gemidos y espasmos eran más intensos, me estuvo cogiendo largo rato, tenía un gran aguante y pensaba que me estaba volviendo loca de placer, llegó un punto que le supliqué que parara,

    – Aghhh, para, detente, agggh, ya no puedo más, le supliqué.

    Lo vi sonreír, pero en lugar de parar aumentó el ritmo de sus embestidas y me susurró al oído:

    – Eres una delicia, princesa, aguanta, quiero disfrutarte toda, relájate y goza como buena putita,

    Mi cuerpo se arqueaba y se contraía sin control, espasmos recorrían mi cuerpo, las embestidas de Carlos tenían un ritmo infernal, ya no aguanté y me corrí en un intenso orgasmo, gimiendo y jadeando de placer, estaba segura Carlos se correría también de un momento a otro, cuando de pronto sacó su tremenda verga y empezó a frotarla en mi raja, le pedí que nuevamente me la volviera a meter:

    – Que pasa, papi, sigue, que bien me coges, anda, preñame- le supliqué

    – Sabes, me encantan tus nalgas, me prende el culito que tienes, quiero tu culito, quiero romperte el culito.

    No me hice del rogar, me levantó una pierna al máximo y la otra quedó apoyada en la cama de tal forma que mi ano quedó expuesto, escupió en la entrada de mi culito y me ensartó dos dedos, mi ano ya estaba dilatado del juego previo y entraron sus dedos con facilidad, me llenó mi culito bien con su saliva y apuntó su lanza contra mi orificio, justo cuando sacó sus dedos empujó la cabeza de su verga hasta colarse toda dentro, me causó un poco de dolor y no pude evitar dar un grito agudo.

    – ¿Te duele?, ¿Quieres que te la saqué?

    – Si me duele, me la metiste por sorpresa, no estaba preparada, pero si me la sacas te mato, sólo cógeme con suavidad.-respondí.

    Carlos sonrió y fue empujando lentamente, mi colita fue cediendo, estaba feliz de sentir esa verga en mi interior, jadeaba de placer, me metía un poco de su verga y la sacaba, hasta que le pedí que la quería toda dentro y con una sonrisa pervertida me la metió de una hasta que sus huevos chocaron con mis nalgas, mi cuerpo se retorció y gemí de placer y un poco de dolor,

    – Relájate ya la tienes toda dentro.

    – Aghhh, ufff, como me aprietas la verga, que rico, aaahhh .- Gruñía

    Mis piernas temblaban, pero él las sostuvo bien abiertas, esperando que mi culo se acostumbre al invasor, empezó nuevamente el vaivén, cada vez entraba más fácil, mi culito se iba dilatando poco a poco, despacio me fue dando vuelta y abrazándome apoyó su cuerpo a mi espalda, y empezó a cogerme con mayor velocidad, no habíamos usado lubricante, y sentía como su verga me rozaba por dentro, la saliva no era suficiente, sentía ardor, pero no me importaba, solamente quería que siguiera cogiéndome, sentir esa verga que me lastimaba y me daba tanto placer al mismo tiempo, sentirme taladrada, sentir los pelos de su pubis haciéndome cosquillas en mis nalgas, todo mi cuerpo se zangoloteaba y sentía que me faltaba la respiración, era algo tremendo, intentaba tomar bocanadas de aire, veía estrellas, todo mi cuerpo vibraba, empecé a convulsionar y jadeando me corrí nuevamente, mis piernas se tensaron y mi culito se contraía involuntariamente apretando su rica verga, ya no pudo aguantar más lo escuché gruñir y me empaló hasta el fondo, cerró los ojos y haciendo muecas de placer, sentí su primer chorro de semen inundar mi culo, seguía gesticulando y en cada mueca suya una nueva estocada y un chorro de semen caliente llenaba mis entrañas, se dejó caer sobre mi cuerpo, sudoroso y me dio un beso en la boca sin sacarme su verga, que no había perdido toda su rigidez y seguía embistiendo lentamente, hasta que después de unos minutos su verga salió de mi interior junto con un hilillo de semen, me abrazó y quedamos en posición de cucharita, tardó un buen rato en recuperarse y se levantó sin decir palabra alguna, yo me quedé dormida profundamente, sintiendo como poco a poco iba escapando el ese tibio néctar depositado en mi interior y deslizarse entre mis piernas.

    Al otro día al levantarme sentía un fuerte dolor en la vagina y el culo, los tenía sumamente rozados y recobré conciencia de lo que había pasado, aunque había sido una cogida fenomenal, era algo que no podía volver a suceder, no quería volver a vivir una situación como la que tuve con mi suegro.

    Al levantarme ya Carlos se había marchado al trabajo, era tarde y me puse a prepararle el desayuno a mi hijo, ya no nos conectamos a las clases en línea, no estaba en condiciones, me dolía el culo a cada paso que daba y preferí descansar.

    En la tarde regresó Carlos y volvimos a la rutina de siempre, no me tocó el tema, y de momento tampoco lo saqué.

    Una vez que cenamos y que mi hijo se durmió, por fin hablé con él, le dije que lo que pasó fue producto de la borrachera, pero que no podía volver a pasar, estuvo de acuerdo, se mostraba apenado.

    Sin embargo, esa cogida había sido tan buena que sólo era cuestión de tiempo para repetir, al final y durante algunos meses fue mi amante, cuando mi esposo se iba a trabajar a plataforma.

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    Relato anterior:

    «Fogoso encuentro en una reunión de exalumnos de secundaria»

  • Pedro y Lindsay. Un inmigrante cumpliendo el sueño americano

    Pedro y Lindsay. Un inmigrante cumpliendo el sueño americano

    Hacia un calor infernal en una ciudad llamada Mexicali al norte de México, Pedro un hombre entusiasta de 35 años, guapo, varonil de 1.87 metros de estatura, pero no muy bien acomodado económicamente, se dispone a cruzar la frontera ilegalmente hacia Estados Unidos para tener una mejor vida y poderle mandar dinero a su esposa e hijos que estaban pasando por un problema económico muy difícil. Esto fue rápido, al brincar el cerco los policías aduanales “La migra” lo comenzaron a seguir junto con otras personas de otras regiones de México para capturarlos y evitar que entren a territorio americano sin papeles, dicen que a las personas que capturan les hacen la vida imposible, los dejan sin comer, los golpean, los humillan e incluso los deportan a través de otro estado para evitar que entren por donde mismo y dejarlos lejísimos de su punto de partida. por fortuna, unos “gringos” lo ayudaron y los subieron a su coche para llevarlo lejos de ahí y que pueda salvarse. Lo dejaron a las afueras de Calexico y así comenzó su viaje por el extranjero, sin rumbo, pero con el sueño de conseguir un trabajo estable y ganar en dólares.

    Tras hablar con algunos contactos y su celular casi sin batería logró contactar a un paisano quien sería de mucha ayuda pues lo recogió a un costado de la carretera y lo llevó hasta Beverly Hills, una ciudad chica en el condado de Los Angeles pero aun siendo no muy grande, las mansiones, autos de lujo, los senderos, las tiendas de marca y la gente con buen porte, hacían presencia ante los ojos humildes de Pedro, un mundo nuevo, desconocido, casi irreal estaba por entrar a su vida y las cosas se pondrían mejor.

    Pero no todo es miel sobre hojuelas, tendría que trabajar duro, le consiguieron un trabajo de jardinero con el señor González, era un viejo gordo, mamón y engreído, se creía americano pero el bigote delataba su natal ciudad Neza; trataba a sus paisanos como basura y si no trabajaban y hacían lo que él decía los delataba con la policía y amenazaba con la deportación. Pedro muy acomedido accedió a trabajar con el señor González, a pesar de no tener otra opción, lo hizo con gusto. A menudo les gritaba a sus empleados y aunque se hicieran bien las cosas, si no eran a su manera los golpeaba o recortaba los sueldos aprovechando el poder que tenía sobre los inmigrantes, pero a Pedro nunca le pasó, de hecho a los dos años de trabajar con González se fue ganando su confianza. Un día al viejo mamón le dio un micro infarto por siempre estar enojado y comiendo comida chatarra por lo que tuvo que ser internado, cuando Pedro lo visita en el hospital este le dice que necesita que le ayude con unos trabajos personales en una casa ubicada Sunset Blvd. Así que Pedro ya había llegado a lo más alto que se podía llegar en la empresa de jardinería del señor González.

    A la siguiente semana se sube a la troca y se dirige a la dirección que le indicaron pues tenía que podar algunos árboles y limpiar la piscina de los Walker. “wow, ¿en serio alguien vive aquí?” Esto no es una casa sino una verdadera mansión de lujo” a pedro normalmente le tocaban trabajos en corporativos, centros comerciales y parques, pero esta era su primera vez en una mansión, con acceso a la piscina sonaba demasiado tentador.

    ¿Cuándo llega se coloca junto a un comunicador y se escucha una voz femenina diciendo “are you the gardener? (¿eres el jardinero?)” y contesta con un acento muy peculiar y latino “That´s right, i´m the gardener, Mr. González has sent me to finish some gardening and cleaning work that the Walker family has requested (así es, soy el jardinero, el señor González me ha enviado a terminar unos trabajos de jardinería y limpieza que la familia Walker ha solicitado)” y replican “órale que bien, otro paisano, entra por favor”.

    De pronto unas puertas metálicas se abren para dar paso a Pedro y por fin pudo visualizar por primera vez como es una verdadera mansión por dentro, los jardines, las esculturas de piedra, la cantera en las paredes, la gran piscina, los muros enormes que acorazaban y daban privacidad a la propiedad y en un segundo él ya formaba parte de todo eso. El mayordomo le dio las indicaciones de cómo se debía de trabajar, hora de descanso, funcionamiento de la bomba de la piscina entre otras cosas. Dejó algunos árboles podados a la perfección, la piscina quedó cristalina y todo de una manera muy veloz y eficaz, ese acto dejó a la señora Walker complacida por lo que le sugirió al mayordomo contratarlo de planta y de manera independiente. Esto dejó a Pedro atónito y contento pues ya no tendría que trabajar para el gordo mamón pues consiguió trabajo seguro y felizmente se fue a casa.

    Al día siguiente regresó a la casa de los Walker a seguir con el mantenimiento de la mansión, cuando cambiaba unas mangueras de la bomba de la piscina ahí apareció, Lindsay Walker, la única hija del señor y señora Walker, con 19 años disfrutando su año sabático antes de entrar a la universidad de Harvard, con un diminuto bikini y un pareo casi transparente que no dejaba nada a la imaginación, delgada, piel blanca, tal vez 1.65 metros de estatura, cabello rubio desde sus puntas, unos ojos más azules que el mar, unos pechos bastante pronunciados, tal vez operados, una curvilínea que llegaba a la gloria de sus caderas y sus piernas marcadas por sus clases privadas de spinning.

    Independientemente de ya haber visto mujeres hermosas en la ciudad, ella cumplía con las expectativas físicas de lo que Pedro buscaba en una mujer por lo que no pudo evitar tener pensamientos pervertidos en su cabeza e imaginarla sin las pocas prendas que llevaba puestas, pero sería lo más estúpido intentar algo pues el trabajo que siempre quiso había llegado a su vida. De cualquier manera, la saludó y de forma despectiva Lindsay solo volteó su cara hacia una revista de moda y lo ignoró.

    Pasaron las semanas Y Pedro se había percatado que Lindsay salía con un productor de música, un tipo joven, drogadicto pero adinerado, un rufián del que cualquier chica joven de Beverly Hills estaría enamorada, un día, llegaron en un deportivo a toda velocidad a la mansión, dando marchas pausadas y aceleradas, cuando se bajaron del auto este joven maleante le dio una bofetada tan fuerte a Lindsay que la mando al suelo gritándole “You´re a ungrateful bitch, rot and go to hell fucking harlot” (eres una perra malagradecida, púdrete y vete al infierno ramera)”. Pedro no dudó ni un segundo y se lanzó sobre el machito golpea mujeres y no aniquiló a golpes, el tipo completamente noqueado solo subió a su deportivo sin decir nada se marchó. Lindsay con la cara golpeada y algunos moretones en el brazo agradeció a Pedro, pero sin más, entró a su casa a resguardase en su habitación para que su madre no notara los golpes y que no se enterara de lo sucedido porque ya le habían advertido que no aprobaban esa relación por los antecedentes penales del maldito bastardo.

    Pasaron algunas semanas más, Pedro estaba haciendo una limpieza a la piscina y volvió a salir Lindsay, como nueva y radiante, esta vez saluda y se le acerca agradeciéndole lo que había hecho por ella, no sabía como darle las gracias por lo que opto por darle un incentivo económico por su trabajo además de su valentía, Pedro como todo un caballero le dijo que no quería el dinero, independientemente del trabajo, solo hizo lo que un hombre tiene que hacer ante una circunstancia de esta índole, después de insistir un poco Lindsay le pregunto “Well, how would you like to be rewarded” (bueno, ¿cómo te gustaría ser recompensado?)” a lo que Pedro le contesto… solamente con una mirada coqueta. Él sabía que Lindsay era una golfa y se acostaba con cualquier millonario, pero por lo ocurrido semanas antes, se sentía con toda la confianza de coquetear con una chica inalcanzable, después de una charla de reconocimiento Lindsay lo invitó a un antro super lujoso por la noche, que él no se preocupara, que ella pagaría todo en agradecimiento por lo ocurrido y él aceptó.

    Ella se miraba espectacular con un vestido ajustado, color dorado y lentejuelas, unos tacones rojos que la hacían lucir como una super modelo, Pedro por su lado, sabía que tenía que vestir bien, por lo que un pequeño gustito no le haría mal, se fue de compras durante la tarde y se hizo de unos zapatos de charol, un pantalón gris Oxford, una camisa azul celeste a la medida y un perfume embriagante que haría que cualquier chica se rindiera ante su aroma varonil.

    La noche apenas comenzaba y el sonido de los bajos se comenzaba a escuchar, la limosina estacionaba frente al lugar y como si fueran estrellas de cine el ballet abre la puerta del extenso automóvil y se dispusieron a entrar y tomar en la barra, los cocteles eran exquisitos además de caros, pero eso no era problema con una Walker y la tarjeta de crédito de su padre, lo que Lindsay no sabía es que en México mientras se está tomando siempre se toman algunos caballitos de tequila para amenizar la borrachera, y así fue como comenzó todo, bebieron y bailaron, Pedro por un momento se olvidó de su familia en México porque al estar bailando de cerca con una ardiente californiana olvidó todo lo demás y solo se enfocó en ella.

    Aprovechó para tocarla y sentir su deliciosa cintura, tomarla de la mano y acercase a su oído para hablarle, esto definitivamente era un match perfecto, la noche parecía acabar, pero en la borrachera olvidó su trabajo y las consecuencias por si algo salía mal, solo quería acostarse con ella.

    Pedro era un latino dotado, salvo sus 18 centímetros de verga, era tan gruesa como una lata de Coca-Cola. Al momento de pagar la cuenta, Lindsay saca la Centurion Card de American Express, la tarjeta de crédito más exclusiva del mundo y paga la cuenta de un par de miles de dólares sin problema, al caminar a la entrada Lindsay tropieza de lo borracha que estaba y Pedro por segunda vez logra salvarla, la toma entre sus brazos y ella sin querer toca ese paquete que escondía el mexicano, la verga no tenía ni media erección pero fue suficiente para que esta nena lo deseara, al parecer nunca había conocido a alguien con un pene enorme por lo que el deseo de ser penetrada por un latino vergón se habría convertido en su más sucio anhelo.

    Estando en la limosina en marcha comenzó el juego sucio, comenzaron a besarse y tocarse, eran unos tremendos pechos naturales, un culo bien trabajado y unos labios carnosos deseosos de comerse todo lo que le pusieran en su camino, Lindsay toca la entrepierna del caballero y queda sorprendida del volumen del bulto, procede a sacarlo y no pudo evitar quedarse sorprendida y sin palabras, era el pene más grande que jamás haya visto en su puta vida y no dudo en comenzar a degustarlo, el oral fue espectacular, era casi imposible pensar que una mujercita acostumbrada a micro penes americanos se le abriera el hocico con tanta facilidad pudiendo meter ese pedazo de carne erecta hasta el fondo de su garganta.

    Pedro la tomaba del pelo y la asfixiaba con su enorme verga todo con tal de llegar al éxtasis porque no sabía cuando se repetiría, así que tenía que hacer su mejor trabajo, le bajó la ropa interior a Lindsay, era una tanga pequeña y mientras la ponía en cuatro, ella con sus rodillas sobre el asiento mirando hacia el parabrisas trasero, y él en el suelo con su verga colgando, comenzó a darse un verdadero festín con una vagina tan rosada y clara, olía a recién bañada, estaba depilada y suave, lamio cada parte incluyendo el ano, sabia a bombones de fresa, metía y sacaba su dedo dejando un hilo de fluido orgásmico mientras su boca tragaba todo lo que de allí saliera, se sentó y tomo a la señorita por la cintura y se la montó con plena facilidad.

    El coito había comenzado y la hermosa vagina rosada estaba siendo penetrada por esa verga morena e ilegal, le daba tan duro que era imposible no tener multi orgasmos, la tiró al suelo como si de una muñeca de trapo se tratase, y le metió la verga hasta el fondo tocando cada milímetro de su cavidad en la posición del misionero, los besos se volvieron escupitajos y cachetadas, a ella le encantaba sucio, era una maldita perra lujuriosa sedienta de sexo y pedía más a gritos, Lindsay le pidió que la ahorcara y le diera más cachetadas, sus mejillas rojas y sus pezones duros casi transparentes no podían con tremendo semental, este cabrón le estaba dando la cogida de su vida a esa gringa pretenciosa, después la pone de perrito y se dispuso a entrar en terreno prohibido.

    Le comienza a querer penetrar el culo y a ver que la golfa no ponía objeción continuó haciéndolo, se ocupó mucha saliva para lubricar ese blanco culazo hasta que lo logró y penetró, le daba tan fuerte que la perra no dejaba de gemir, las palmas estaban marcadas en sus trabajados glúteos de tanta nalgada, le jalaba el pelo con la fuerza de un verdadero hombre, no dejaba de meter y sacar su verga, la experiencia y el deseo de cogerse a esa hembra se había logrado, comenzó a meter su pene en la vagina para sacarlo y meterlo en su ano, sacaba el pene del ano y lo metía en la vagina, repitiendo muchas veces, muy rápido, muy duro, como tenía que ser, atraviesa su culo por última vez, con el cuerpo sudado y jarioso, comenzó a taladrar ese culo hasta que lo eyaculó todo, una gran cantidad de semen que no dejaba de salir de su miembro, muchos litros de leche tal como una fuente sin descanso y sin parar brotaba por su glande, era tanto semen que alcanzo a darle la vuelta y derramar su ultimas gotas en su boca para que se los tragara.

    Lindsay le dio una última mamada de verga y se comenzaron a vestir pues estaban llegando a la casa de Pedro, se dieron un último agarrón y se despidieron, definitivamente fue una descarga sexual total.

    Después de esa noche, Pedro se convirtió en los planes de fines de semana de Lindsay Walker, follada tras follada hasta que se fue a estudiar a Harvard, pero cada vez que viene de visita, ahí está él, el jardinero vergón que está dispuesto a complacerla. Un hombre común con la suerte de nadie, un caballero que recibió su recompensa y cumplió el sueño americano.

  • Fernanda y yo

    Fernanda y yo

    Mi nombre es Carlos Borrás, nací en Valencia en mayo de 1975 y actualmente vivo en Madrid con mi esposa Fernanda y nuestra hija Mariel. Mi esposa es propietaria del 50% de las acciones de una cadena de tiendas con unos 12 locales en toda España y dirige la empresa junto con su socio comercial Ramón Alvarado desde la sede central en el centro de la ciudad.

    La historia que quiero contar aquí, o tengo que hacerlo, en realidad comenzó cuando nos conocimos. En ese momento trabajaba como comerciante mayorista para una empresa de productos eléctricos y vivía en un pequeño pueblo cerca de Valencia.

    Era fines de agosto. A los 24, ciertamente era un poco más reservado que la mayoría de mis contemporáneos que ligaban mujeres y bebían. Todavía era virgen y con mi figura algo regordeta no era exactamente el tipo de hombre preferido por las mujeres. Tenía un apartamento pequeño y un buen trabajo, así que realmente no me faltaba nada. Mis amigos me convencieron para ir con ellos a una discoteca.

    El sábado por la noche se desató el infierno otra vez, hacía mucho calor y en la disco había baile, gritos y, por supuesto, bebida. Ya era bien pasada la medianoche cuando me fijé en una joven, entró sola, echó un vistazo rápido a su alrededor y se fue a la pista de baile. Parecía muy joven, con un toque asiático y hermosos ojos verdes. Era bastante alta, de aproximadamente 1,75 m, muy delgada y vestía una camiseta blanca y una minifalda verde peligrosamente corta. Debajo de la camisa se podía ver un sostén blanco que intentaba domar sus senos.

    No sé qué me pasaba, tenía frío y calor y solo tenía un pensamiento: «¿Cómo hago para conocer esta chica?» Como dije, yo era bastante tímido y no sabía mucho sobre ligues y tampoco era un gran bailarín, así que me paré en el mostrador, probablemente con la boca abierta, y miré hacia la pista de baile.

    Por supuesto, los otros hombres también notaron su presencia, por lo que inmediatamente bailaron y coquetearon con ella. Lamentaba no haber tomado nunca una clase de baile. Le gustaba y disfrutaba de la atención y el esfuerzo de los hombres. Me dio una punzada verla coquetear con cada hombre más y más violentamente.

    Me di la vuelta y miré hacia atrás del mostrador en busca de una bebida.

    «¿Me podrás invitar con de beber?» Escuché la voz de una mujer.

    «Sí, por supuesto», dije, mirando directamente a los ojos verdes de la mujer de mis sueños. No podía moverme, y mucho menos preguntarle qué quería. Yo estaba en trance y mirándola fijamente.

    «Una botella de vino espumoso y» se dio la vuelta y contó a los chicos que la habían seguido, «cinco copas, ¿tú estás bebiendo también?»

    «Oh, por favor, ¿hay alguna ocasión especial?»

    «Hoy es mi cumpleaños, cumplo 18, eso es motivo de celebración, ¿no?»

    Pedí al barman una botella de vino espumoso y la coloqué con las seis copas en una mesa.

    «Bueno, si ese es el caso, la botella por supuesto es mía», le dije. «Feliz cumpleaños» luego la besé en ambas mejillas «¿Cómo te llamas?»

    «Fernanda», dijo, «Salud, chavales». Mientras tanto, uno de los otros había llenado las copas y brindamos con Fernanda.

    Traté de tener una conversación con ella pero siempre había alguien que nos interrumpía por lo que no pudimos tener una charla fluida. Pero descubrí que ella estaba de vacaciones con sus padres y había decidido celebrar su cumpleaños en esta discoteca.

    Ya estaba muy avanzada la noche y Fernanda dijo que tenía que irse ahora porque todavía le quedaba una buena media hora de caminata hasta el hotel. Esta era mi oportunidad. «Tengo auto y, aparte de la copa de champán, no he bebido nada, con mucho gusto puedo llevarte a tu hotelcasa», le ofrecí.

    «¡Genial!», y me sonrió, haciendo que mi corazón diera un vuelco.

    Tuvimos una gran charla en el camino a casa. Descubrí que ella vive en Liria y se graduará de la secundaria en la primavera. Intercambiamos números de teléfono y de despedida le di dos besos en sus mejillas. Conduje a casa y me sentía muy emocionado, nunca había experimentado algo así. Estaba totalmente enamorado y casi no pude dormir en toda la noche.

    Busqué contacto con ella y así se formó una amistad, la recogía de vez en cuando y salíamos juntos, a comer, al cine, a caminar, ella también se quedaba conmigo de vez en cuando, pero sin relaciones sexuales. Al principio estaba bien, pero con el tiempo creció el anhelo de amor.

    Pero ella me rechazó y dijo seriamente: «Carlos, me gustas mucho, de verdad. Pero también tengo mis ideas sobre cómo es el hombre con el que quiero tener sexo. Debe ser delgado y estar en forma, quiero un chico deportivo para la cama. Por favor, no me malinterpretes, eres un osito de peluche en el que apoyarse y eso también es agradable. No estés triste, tal vez algún día cambie de opinión».

    Quedé profundamente deprimido. ¡Pensé que éramos pareja y ahora esto! ¿Cómo podría pensar que a una chica tan soñada le gustaría un chico como yo? ¿Qué hacer ahora? Reflexioné durante algunas noches de insomnio hasta que llegué a una decisión. Si quería un tipo delgado, en forma y deportivo, pues eso es lo que voy a ser.

    Me inscribí en un gimnasio y me ejercité como un maníaco. Mientras tanto, había llegado el invierno y debido a la ropa gruesa y holgada Fernanda no veía el cambio que estaba ocurriendo en mi cuerpo, demasiado lento en mi opinión. Solo a veces llegaba la pregunta: «Dime, ¿has perdido peso?»

    Entonces yo siempre evitaba y cambiaba de tema, no quería decirle que iba al gimnasio por ella y que estaba a dieta.

    En mi cumpleaños, el 23 de febrero, recogí a Fernanda para disfrutar de una excelente comida con ella. Yo llevaba un traje oscuro que compré y una camisa azul claro. «Te ves bien», me dije mientras me paraba frente al espejo, me aplicaba un poco de Hugo de Boss y partí.

    Fernanda ya estaba lista cuando llegué a Liria, con un vestidito negro combinado con unos zapatos burdeos. Se veía hermosa. Yo había reservado una mesa en un restaurante muy bueno y caro en Valencia y comimos como reyes. Fernanda me miró de manera tan extraña toda la noche, luego preguntó: «Dime Carlos, ¿entrenaste en secreto? Tienes un cuerpo, me hace sentir completamente diferente».

    «Te gustan los hombres deportistas y a mí me gustas tú, así que tenía que hacer algo». Definitivamente había perdido 15 kilos y también ganado un poco de músculo a través de mi entrenamiento diario. Mi nueva camisa realmente lo mostraba porque tenía un corte muy ajustado.

    Fernanda se inclinó sobre la mesa hacia mí y dijo en voz muy baja: «¿Así que hiciste eso solo por mí?» Sin esperar una respuesta, me besó correctamente por primera vez.

    No me pareció suficiente, así que nos besamos como locos hasta que llegó el camarero y nos dijo, «por favor, deberíamos tomárnoslo con calma.»

    Luego fuimos a un bar de cócteles para tomar una copa. Fernanda me preguntó si no quería conducir más porque ya me había tomado dos copas de vino. Le dije que así yo no iba a dirigir. En el bar tomamos otro cóctel y nos abrazamos como locos. Noté cómo sus pezones se elevaban y empujaban a través del sostén, así que a ella también le gustó. Le acariciaba las piernas y de vez en cuando muy suavemente sus pechos.

    «¿Cómo piensas que llegaremos a tu casa?», me preguntó.

    «Este bar es parte de uno de los mejores hoteles de la ciudad y aquí es donde pasaremos la noche, si no te importa».

    Me abrazó y me susurró: «Te amo». Yo estaba en el séptimo cielo.

    Entramos a nuestra habitación a las 00:30, abrazados fuertemente y toqueteándonos, caminamos por el largo pasillo del hotel y ahora estábamos en la habitación 214 y nos besábamos. Fernanda me quitó el abrigo, luego la chaqueta y me desabrochó la camisa.

    Cubrió mi pecho con besos calientes y luego se movió hacia abajo. Desabrochó el cinturón y el botón, luego bajó la cremallera. Me bajó los pantalones y me lo quitó de las piernas, después me sacó los calcetines y lentamente me bajó el slip. Ahora estaba parado desnudo frente a ella y quería deshojarla también, pero ella me empujó hacia atrás sobre la cama y comenzó a desvestirse lenta y frívolamente.

    Primero el abrigo, que se deslizó lentamente sobre sus hombros desnudos, luego, milímetro a milímetro, levantó el dobladillo de su vestido, revelando una tanga de encaje rojo y se dio la vuelta. Se quitó el vestido por la cabeza y se volvió hacia mí. Ya la había visto en bikini, pero este conjunto de encaje rojo era puro erotismo, lentamente, muy lentamente llevó las manos hacia atrás para desabrochar el sujetador, volvió a llevar las manos hacia adelante y cruzó los brazos frente a sus senos y me tiró el sostén revelando sus senos. Luego, una mano bajó y se enganchó en el dobladillo de las diminutas bragas, deslizando lentamente la otra mano hacia abajo. Se volvió hacia mí y miró mi pene hinchado a punto de reventar.

    «Te gustó, ya veo.» me dijo. Se acercó a mí y se acostó a mi lado en la cama.

    «Fernanda», le dije en voz baja, «nunca me he acostado con una mujer», sintiéndome terriblemente estúpido.

    “No importa, al contrario me parece muy bonito ser tu primera y única chica.»

    Nos acariciamos muy suavemente y tuve que controlarme tremendamente no solo para no correrme sino que también estaba nervioso y tenía miedo de hacer algo mal y decepcionar a la mujer de mis sueños. Luego me giré lentamente hacia ella y guie mi polla dura como una roca hacia su coño, ella abrió la entrada al paraíso con sus dedos y luego insertó mi pene muy lentamente con la otra mano.

    Fue un sentimiento indescriptible. Cuando la penetré por completo, me quedé muy quieto porque tenía miedo de rociarme al menor movimiento.

    «Ahora fóllame», susurró Fernanda en mi oído, «dámelo duro».

    Quedé como poseído y tiré mi lanza como un loco dentro de su cueva caliente y la miré a los ojos verdes, ella tenía la mirada fija y comenzó a retorcerse y temblar y ahí fue cuando me corrí violentamente. Sentí que Fernanda se retorcía debajo de mí, abrió los ojos y me sonrió feliz. «Wow, eso fue fuerte», dijo simplemente y cerró los ojos de nuevo.

    Nos acariciamos durante bastante tiempo hasta que me quedé dormido, no recuerdo cómo me bajé y salí de ella. Me desperté con Fernanda besándome y diciendo: «Pasemos a la siguiente ronda».

    Solo ahora me di cuenta de que tenía mi polla ya dura en su mano y la estaba masajeando. Mis manos fueron hacia ella y comencé a jugar con sus hermosos senos. Pensé para mis adentros: «Siempre has soñado con que te despierten así y ahora es real».

    Me di la vuelta y comencé a besar el regazo de Fernanda, sabía dulce y ya estaba muy mojada. Pasé mi lengua a través de sus labios vaginales y empujé brevemente en su coño antes de estimular su clítoris con la punta de mi lengua.

    Se retorció y gimió en voz alta. Entonces sentí como ella besaba mi glande, muy suavemente y luego posaba sus labios sobre mi pene y lo tomaba casi por completo en su garganta caliente. Aumenté mis esfuerzos y me concentré más en su clítoris, ella respondió de inmediato con espasmos incontrolados, luego sentí que me chupaba y subía y bajaba por mi eje más y más rápido.

    Fernanda dejó escapar un fuerte gemido y luego gritó su orgasmo. Se sacudió, se puso totalmente rígida y comenzó a sacudirse de nuevo, gimiendo en voz alta. Le tomó un momento recuperar la conciencia y luego se inclinó sobre mi polla de nuevo y lentamente la metió en su boca. Su lengua jugaba alrededor de mi glande, era maravilloso. También movió su mano en mi eje y sentí que la presión aumentaba y gemí.

    Soltó mi polla de su boca y continuó masturbándola, yo me corrí en arcos altos sobre su estómago y en su cabello. Había llegado al cielo, no podría haber sido más hermoso.

    Cuando pudimos volver a pensar con claridad, cogí el teléfono y pedí el desayuno a la habitación. Fernanda se duchó primero, luego lo hice yo. Cuando yo estaba a punto de terminar, escuché: «Gracias y que tengas un buen día».

    El servicio de habitaciones había traído el desayuno, salí de la ducha y miré a Fernanda con horror. Estaba sentada a la mesa, con una toalla atada a la cintura. «¿Es así como lo recibiste?»

    «¿Y qué, crees que nunca ha visto a una mujer desnuda? ¿O soy tan fea que no puedo mostrarme?»

    Un destello de celos me atravesó y no supe cómo reaccionar ahora. «Eres hermosa y lo sabes, pero pensé que tu cuerpo desnudo era para mí y no para todos».

    «Pero, querido, no estarás celoso, no tienes ninguna razón.”

    El incidente tampoco la había dejado sin rastro, sus pezones sobresalían de sus senos como pequeñas torres y además tenía un leve sonrojo en su rostro, lo que claramente mostraba su emoción. Lo dejé así porque no quería estropear este gran cumpleaños y poner en peligro su buen humor con una discusión. Pasamos un día más de ocio y luego la llevé de vuelta a su casa porque yo tenía que volver al trabajo al día siguiente y Fernanda tenía que ir a sus estudios.

    Nuestra relación se desarrolló muy bien y nos casamos el día 23 agosto en Valencia y también nos quedamos a vivir allí. Después de graduarse de la secundaria, Fernanda hizo un aprendizaje como empleada minorista y fue ascendida a gerente de sucursal poco después, por cierto, como la mejor en su año. Su supervisor, el Sr. Alvarado, la apoyó siempre que fue posible.

    En la mañana de Año Nuevo, a la medianoche en punto, mi esposa me informó que tendríamos un hijo. Abracé a Fernanda y al mundo, mi felicidad era perfecta. A principios de marzo, llegó la noticia de que a la empresa en la que trabajaba no le estaba yendo muy bien y que algunos despidos probablemente eran inevitables.

    Como es habitual en tales casos, circulaban los rumores más descabellados y la incertidumbre era alta. Casi al mismo tiempo, el gerente de mi esposa anunció que dejaría la empresa y comenzaría su propio negocio y le ofreció a Fernanda una participación porque la valoraba como empleada. La idea era tentadora, sin embargo, tendría que mudarse a Madrid, ya que allí estaría la sede de la empresa.

    En una tarde lluviosa de junio, nos sentamos a discutir la situación con calma. Fernanda se moría por dar el paso, confiaba completamente en el Sr. Alvarado y me dijo que probablemente nunca tendría otra oportunidad como esta en su vida. Le señalé que estaba embarazada y con un bebé pequeño, ese paso era muy difícil.

    Me dijo: «Cariño, las cosas van cuesta abajo en tu empresa y si tú te haces cargo de nuestro hijo, esa sería la solución ideal». ¿Qué debería haber respondido? ¿Que como hombre no quiero algo así, que quería alimentar a la familia, que no quería mudarme? Quería que ella estuviera bien.

    «Mi amor, sabes que haría cualquier cosa para hacerte feliz, pero ese es un gran paso, considera los riesgos».

    “Cariño, los riesgos son manejables. Nos hacemos cargo de una cadena de tiendas ya existente y en funcionamiento cuyo propietario ha fallecido y su único hijo no está muy dispuesto a continuar con la empresa. Todo se trata del precio, pero incluso eso no es un problema, ya que lo hemos planeado profusamente. Sé que es difícil para ti dejar tu tierra natal.»

    “Bueno, en nuestra empresa en cada segundo que pasa probablemente se perderán puestos de trabajo, los que se vayan voluntariamente serán generosamente recompensados. Es más barato que un plan social, por lo que podría servir».

    «Bueno, verás mi amor, te quiero mucho. Eres el mejor hombre del mundo”, vitoreó y saltó alrededor de mi cuello.

    «¿Hasta qué punto desea participar en la empresa del señor Alvarado?»

    «Quería ofrecerme el 25%, pero le dije que me gustaría aportar la mitad y espero que esté de acuerdo con eso. Queremos negociar sobre eso el próximo sábado, sería bueno que tú también estuvieras allí”.

    «Claro que te acompaño, ¿y sobre qué sumas están negociando?»

    «Por supuesto, se fundará una sociedad anónima y el capital social rondará los 200.000 euros. En total ya está en el orden de unos pocos millones, pero no te preocupes. También existen valores equivalentes en forma de bienes inmuebles”.

    Tragué saliva, tal vez esos son números, pero tenía la sensación de que Fernanda sabía exactamente en lo que se estaba metiendo. Parecía tan segura y confiada que en secreto la admiraba por ello. Decidimos ir a Madrid el viernes y quedarnos el fin de semana en un lindo hotel. Llegamos a las 20:00 pm y nos registramos, por conveniencia decidimos cenar en el restaurante del hotel.

    Había traído dos trajes conmigo y me veía bastante bien con cualquiera de ellos. Fernanda se vistió como si fuera para el baile de la ópera o algo así. Un vestido negro, hasta la rodilla, sin espalda, que tenía una ingeniosa abertura en el costado para que pudieras ver el borde de encaje de sus medias. El escote llegaba casi hasta el ombligo. Además, zapatos bombas de 10 cm de altura.

    «¿No te gusta el vestido, o por qué me miras así?»

    “Sí, me gusta mucho, ni siquiera sabía que tenías algo así. Es muy, eh… sexy. ¿No llevas sostén?»

    «No puedo, cariño, todos lo verían. Además, estoy orgullosa de mis pechos y a ti también te gustan, ¿no?» Sus pezones se erizaron y asomaron a través del material delgado, se veía increíble. Solo pude asentir, por supuesto que me gustaban sus pechos. ¿Pero que ella quisiera andar en público así…?

    «Y además, como empresaria, tengo que jugar un poco con mis encantos», me sonrió y movió los hombros de un lado a otro, lo que provocó que sus senos se balancearan debajo del delgado vestido y pensé que estaban a punto de saltar fuera de su ropa en cualquier momento.

    «¿Estás segura de que quieres ir a cenar así?»

    “Claro, que me tengo que acostumbrar a andar así, en ciertas ocasiones esto es simplemente previsible y, como te decía, también facilita mucha las negociaciones. Vamos, bajemos».

    El restaurante estaba lleno pero tuvimos suerte de conseguir una mesa libre para nosotros. Mi esposa me impresionó, vi varias miradas de hombres y mujeres que la seguían. Tengo que decir que me gustó, estaba muy orgulloso de Fernanda. Pedimos un aperitivo y brindamos: «Buena suerte, cariño. Haré todo lo posible para apoyarte».

    «Gracias mi amor, te amo. Eres el mejor hombre que cualquiera podría desear”.

    Cuando el mesero vino a tomar la orden, lo noté mirando el escote de Fernanda desde arriba y me di cuenta por primera vez que me excito cuando otros hombres desean a mi esposa. Ya no me molestaba que Fernanda vistiera tan sexy, al contrario, me empezó a gustar.

    Bebimos un vino tinto con la comida. Estábamos un poco borrachos y nada cansados, así que cuando dejamos el restaurante decidimos tomar una copa en el bar del hotel. Estaba muy bien decorado con sillas de cuero distribuidas libremente alrededor de las mesas, una pista de baile y una gran barra con taburetes. La luz era tenue pero no demasiado oscura y la música actual sonaba a un volumen cómodo. Como no habían mesas disponibles, nos ubicamos en la barra y pedimos un vodka con zumo de piña y naranja para Fernanda y un Cuba Libre para mí.

    Hablamos sobre la cita de mañana y nuestro futuro, en realidad más sobre el futuro de ella. «Cariño, vamos a bailar», dijo abruptamente.

    «Oh mi amor, sabes que no soy el gran bailarín».

    «Oh, vamos, siempre dices que haces todo para hacerme feliz». Fui persuadido e hice lo mejor que pude, pero después de tres canciones decidimos volver a nuestros asientos. Sin embargo, ahora estaban ocupados por dos hombres jóvenes y una mujer.

    «Oh, lo siento, ¿tomamos sus asientos?», preguntó uno cuando nos vio. «Si nos acercamos, seguramente todos tendremos espacio», dijo y se acercó un poco más a la mujer para que tuviéramos algo de espacio en el mostrador.

    De alguna manera entablamos conversación con los jóvenes y nos dijeron que vienen de A Coruña y están aquí en Madrid para una entrevista en una gran compañía de seguros. Tomamos unos tragos más y el ambiente se volvió cada vez más relajado. Los hombres le pidieron a la joven que bailara por turnos y finalmente le preguntaron a Fernanda si no quería bailar.

    «Sí, pero a mi esposo no le gusta mucho bailar», respondió ella.

    «Bueno, entonces atrevámonos a bailar un poco, ¿no te importa si secuestro a tu esposa por un momento?»

    Me dio una puñalada en el corazón, quise decir: «Sí, porque ésta es mi mujer y sólo yo bailo con ella.» Pero sólo dije: “Claro que no, si te gusta querida”.

    Así que me quedé solo en la barra y traté de observar disimuladamente a Fernanda y al joven. La música era bastante rápida y bailaron separados unos de otros. La pista de baile no estaba muy concurrida por lo que podía observar bien a los bailarines. El otro hombre estaba indagando a la joven, bailó a su alrededor y le tocó repetidamente las caderas, las nalgas y ocasionalmente los senos. A ella no pareció importarle, más bien tuve la impresión de que le gustaría. Por un momento pensé en cómo reaccionaría Fernanda si su pareja de baile actuara con ella de esa manera y sentí una leve erección en mis pantalones.

    Me sobresalté un poco y traté de pensar en otra cosa. Luego volvieron los bailarines y vi el escote de Fernanda reluciente de sudor. Esto tampoco había pasado desapercibido para el segundo hombre, que miraba sin reservas el escote de Fernanda.

    «Ahora puedo llevar a nuestra nueva amiga a la pista de baile», dijo el segundo hombre y llevó a Fernanda a la pista de baile y los otros dos también volvieron a bailar. Me preguntaba si pretendía ligar con Fernanda, ¿o eso esperaba? La música ahora era más lenta y la gente bailaba junta.

    Inmediatamente me di cuenta de que seguía mirando el pecho de Fernanda. Mientras bailaban y cuando conversaban, mi esposa se inclinaba hacia él para que tuviera la mejor vista. La pista de baile ahora estaba llena, por lo que no era tan fácil observarlos.

    Su mano se había deslizado un poco por el costado y ahora estaba directamente sobre su cadera. La música volvió a tomar velocidad y él hizo girar a Fernanda en la pista de baile. No pudo evitar dejar que su vestido mostrara un poco más de su cuerpo. De vez en cuando veía un trozo de piel desnuda por encima de las medias y a veces se podía admirar casi todo el pecho, pero muy brevemente.

    No si ella se daba cuenta, o el alcohol la había atontado o la hacía deliberadamente. De nuevo la música se hizo más lenta y bailaron más cerca. La mano del hombre estaba muy baja en la espalda de ella y sus dedos parecían casi desaparecer debajo del vestido. Sentí una erección de nuevo. Seguidamente deslizó su mano debajo del vestido en su trasero ¿y ella? Ella fingió no darse cuenta y siguió hablando con él.

    Sentí que me subía la presión arterial. No podía permitir eso, pero ¿qué hacer? A ella no parecía importarle y tampoco mostraba intención de reprenderlo. Así que seguí observando y me di cuenta, para mi propia consternación, de que deseaba que fuera más allá. Poco después, los bailarines regresaron al mostrador y pude ver claramente el bulto en los pantalones del joven.

    Así que el baile no lo había dejado intacto. Tomamos otra copa, Fernanda estaba de muy buen humor, muy emocionada y coqueteando con los coruñeses como loca. Me contuve un poco y charlé con la joven mientras intentaba observar a mi Fernanda y a los dos extraños. Apenas podía concentrarme en la conversación, mis emociones eran como una montaña rusa.

    Por un lado, estaba muy orgulloso porque mi esposa estaba siendo cortejada por estos dos chicos guapos. Por otro lado, tenía un sentimiento ardiente de celos y luego volví a sentir esta extraña emoción cuando vi cómo los extraños tocaban repetidamente las piernas de mi Fernanda, su trasero y también sus senos como por casualidad. Brevemente jugué con la idea de coquetear con la joven también, pero rápidamente descarté la idea. Eso no era lo que quería.

    Cuando Fernanda fue brevemente al baño, uno de los coruñeses se me acercó y me dijo: «Tío, tienes una esposa muy sexy. Dime, ¿realmente no te importa si coqueteamos así con ella? Nos dijo que no te importaría, que harías cualquier cosa para hacerla feliz».

    «Por supuesto que haría cualquier cosa para hacer feliz a Fernanda. Si ella es feliz, yo también».

    «También dijo que eras el mejor hombre del mundo y que no podías negarle ningún deseo». Estaba irritado y al mismo tiempo orgulloso de mi esposa. ¿Por qué hablaba con extraños sobre cosas tan privadas? De alguna manera no pude asimilarlo correctamente, probablemente también debido al alcohol.

    «Le concedería cualquier deseo si estuviera en mi poder de alguna manera», me oí decir.

    «¿De verdad todos? ¿Estás completamente seguro?»

    «Si se puede hacer, seguro. Quiero mucho a Fernanda y no hay nada como verla feliz». Mientras tanto, ella estaba de vuelta con el otro hombre.

    «Su esposa es muy afortunada de tener un marido tan comprensivo. No todos los hombres permiten que su esposa se divierta tanto sin ponerse celosos», dijo la joven a mi lado, señalando con la cabeza a Fernanda.

    Estaba sentada en un taburete de la barra, apoyando la espalda contra alguien que le estaba masajeando suavemente el cuello. En esta posición el hombre podía admirar los senos de Fernanda en todo su esplendor y lo hizo extensamente. El segundo ahora estaba parado frente a ella nuevamente y había puesto su mano derecha en su muslo izquierdo.

    Pedí otro trago para la joven y para mí y continué observando. A Fernanda parecía gustarle, tenía esa mirada dichosa. Seguí charlando con la joven, ahora sobre mi tolerancia hacia Fernanda. Me llenó de orgullo que a ella le gustara mi comportamiento y el sentimiento de celos disminuyó con el tiempo, pero mi excitación no. Los dos hombres ahora coqueteaban abiertamente con mi esposa y una y otra vez vi una mano acariciando sus hermosos senos o desapareciendo debajo del vestido que se había deslizado bastante alto.

    La joven me explicó que deseaba tener una pareja que permitiera que su esposa se divirtiera así, pero su novio se pondría muy celoso y nunca permitiría eso. «Los celos son un sentimiento que hace mucho más daño que bien», expliqué con frialdad y confianza, aunque mi interior dijo algo completamente diferente cuando Fernanda de repente se paró a nuestro lado.

    «Carlos, ¿podrías pagar? Quiero irme ahora. Sabes que la cita de mañana por la mañana es muy importante para mí».

    «Por supuesto, cariño», le dije, llamando al cantinero para pagarle. Cuando me di la vuelta, vi a mi esposa despedirse de los dos hombres con un apasionado beso francés, luego se acercó y se despidió de la joven. En el camino no nos dijimos una palabra, solo cuando estábamos en la habitación dije: «Estoy bastante mareado, no estoy acostumbrado al alcohol, ¿tú cómo estás?»

    «Estoy bien, el baile probablemente me ayudó a lidiar con los cócteles y el vino». Y con esas palabras desapareció en el baño y me desnudé lentamente y pensé: «Probablemente no fue solo el baile».

    Después de Fernanda fui al baño y cuando regresé ya estaba en la cama con los ojos cerrados y una expresión de satisfacción en el rostro. Así que me acosté junto a ella, la besé suavemente en la mejilla y le dije: «Buenas noches, querida, que duermas bien».

    «Tú también, y gracias por haberte mantenido con tanta calma al ver este juego, las cosas fueron bastante lejos después de todo».

    «¿Qué tan lejos?» Pregunté de inmediato y de inmediato sentí una poderosa erección nuevamente.

    «Bueno, los dos me levantaron bastante el vestido, estuviste mirándonos todo el tiempo, eso me excitaba aún más».

    «Yo también», dije espontáneamente y de inmediato me arrepentí. ¿Qué debe pensar mi amada esposa de mí? «Y ahora me siento así de nuevo», dije con una sonrisa, acariciando mi polla dura como una roca. Puse mi mano entre sus piernas y sentí que estaba empapada.

    «Sí, estoy caliente otra vez, ven y fóllame ahora». Por supuesto, no necesitaba que me lo dijeran dos veces, así que ataqué a mi esposa. Me contó lo que los hombres le habían hecho y eso me excitó aún más y después de unos pocos empujones tuve que recomponerme para no correrme de inmediato.

    Y una y otra vez frases como: «Uno tenía tres dedos en mi coño mientras hablabas con la joven» o «Tenían las pollas muy duras y gruesas, me las restregaban a través del pantalón» o «Querían que follara con ellos pero les dije que mañana tenía que levantarme temprano. ¿Te hubiera gustado que me cogieran también?» No pude contenerme más y me corrí profundamente dentro de Fernanda como nunca antes. Pensé que me destrozaría, el orgasmo fue tan poderoso.

    Después de una breve pausa, me dijo: «Te gusta la idea de que tu esposa deje que otros hombres la follen, ¿no?»

    Se me subió la sangre a la cabeza, pero asentí con la cabeza, «¿Gustarme? No sé, pero me emociona locamente. Es solo una fantasía».

    «¿Por qué solo imaginación?, deberíamos intentarlo, creo». Al poco rato Fernanda se dio la vuelta y se quedó dormida casi de inmediato.

    Pasé despierto la mayor parte de la noche preguntándome por qué me sentía así y si era correcto ser honesto con ella. En algún momento me dije a mí mismo que era el alcohol lo que había causado esta situación y que probablemente ella no recordaría nada en la mañana, así que pude dormir unas horas después de todo.

    A la mañana siguiente no dijimos una palabra sobre la noche anterior, solo nos concentramos en la próxima conversación con el Sr. Alvarado. Cuando llegamos a la oficina central, el Sr. Alvarado nos recibió con entusiasmo y nos mostró las instalaciones. Presentó a Fernanda al personal como su «socia», lo que pensé que era un poco apresurado ya que todavía no se había decidido nada (¿o sí?).

    Luego fuimos a la oficina de administración y el Sr. Alvarado le presentó el borrador del contrato a Fernanda, también me dio una copia para estudiar. Al principio hubo silencio y repasamos los pasajes de manera concentrada. Me detuve en seco y miré de reojo a Fernanda cuando vi una división 50-50 del negocio. Ella también había llegado a esa parte y miró interrogativamente al sr. Alvarado.

    «Sé que quieres ser una socia igualitaria, así que pensé en hacerlo porque realmente quiero trabajar contigo. Espero que te convenga, y a ti también”.

    Con eso, el punto básico en discusión quedó eliminado y la historia financiera también se trató rápidamente. Alvarado fue muy generoso. Fernanda aportó 70.000 euros a la empresa, el capital social era de 200.000 euros a partes iguales, Fernanda podía devolver al Sr. Alvarado los 30.000 euros que faltaban en 5 años sin intereses.

    «Le sugiero que lleve el contrato con usted y que lo lea nuevamente en su tiempo libre. Pero no se tome demasiado tiempo, quiero comenzar rápidamente. Nos espera mucho trabajo”. Dijo Alvarado.

    Fernanda me miró en busca de aprobación y respondió: «Señor Alvarado, no necesito más tiempo para pensar, hemos discutido todo y podemos firmar los papeles de inmediato».

    «Pues bien, tanto mejor», dijo él y le entregó un bolígrafo a mi esposa. Ella me miró de nuevo y firmó el contrato. El Sr. Alvarado también firmó y dijo: «Vayamos hasta mi casa y brindemos por el acuerdo, mi esposa ha preparado algo para comer».

    Fue una tarde muy agradable y relajada la que pasamos con los Alvarado. Su esposa había preparado un gran menú, que disfrutamos después de brindar con champán. También había un vino tinto fuerte, por lo que estábamos un poco borrachos cuando nos dirigíamos al hotel alrededor de las 19:00 p.m. Me sentía un poco extrañamente dejado atrás porque nuestros anfitriones hablaban con Fernanda la mayor parte del tiempo y yo parecía estar de adorno allí, pero eso se perdió en el ambiente tranquilo y no creo que Fernanda lo notara tampoco.

    Cuando llegamos a la habitación del hotel, Fernanda me abrazó y me besó salvaje y emocionadamente.

    «¿No es maravilloso? Todavía no puedo creerlo, Ramón ha respondido a todos mis deseos, es como en un sueño. Pero primero tengo que darme una ducha, me siento bastante borracha”.

    «Sí, es como un sueño», le confirmé. Mi cabeza estaba despejada de nuevo, el aire fresco me había hecho bien. Realmente no sabía cómo clasificar mis sentimientos, por un lado, por supuesto, estaba feliz por mi esposa, por otro lado, estaba casi un poco celoso de ella, me encantaría tener este éxito profesional también. Pero cuando salió de la ducha y la miré a sus ojos brillantes, supe que la decisión era correcta porque mi esposa estaba radiante de felicidad. ¿Qué más quería?

    «Cariño, vamos al bar, podemos dormir hasta mañana y después de todo todavía tenemos algo que celebrar». Inmediatamente mis pensamientos regresaron a la última noche, cuando mi esposa estaba tan claramente excitada y mis sentimientos bastante ambivalentes al respecto.

    «¿Realmente quieres? De hecho, pensé que nos sentiríamos cómodos aquí».

    «Oh, vamos, no seas aguafiestas, a ti también te gustó ayer. Date prisa con la ducha, estoy segura de que tendremos una noche divertida por delante». Con esas palabras agarró mi entrepierna y mi polla reaccionó de inmediato. Estaba duchándome y vistiéndome rápidamente cuando mi esposa se me acercó por detrás y me tapó los ojos. «No mires.» Apartó las manos. «Ahora date la vuelta.»

    Me di la vuelta y…: Fernanda se había vestido de nuevo como una estrella en los Oscar. Llevaba un vestido azul oscuro que le llegaba justo por encima de las rodillas. Debajo vi medias negras con costura morada y zapatos de tacón azul oscuro. El vestido estaba hecho de una tela fina y muy flexible que era bastante transparente dependiendo de la luz.

    De pie frente a la luz, podías ver sus pechos con bastante claridad. La cereza del postre: la sisa. Era lo suficientemente ancha para mirar de derecha a izquierda, dependiendo de la posición, y se podía ver los senos de Fernanda completamente descubiertos. «¿Te gusta?» Solo pude asentir.

    Eran las 21:45 cuando entramos en el bar del hotel. No estaba tan ocupado todavía, así que nos sentamos en una mesa libre y cuando el mesero se acercó, pedí una botella de champán para celebrar el día. Tuvimos una charla maravillosa y el tiempo pasó volando. Estábamos sentados cuando mi esposa se dirigió al baño y yo la observé.

    «Hola, ¿cómo estás? Tú estabas aquí ayer, ¿verdad?» era uno de los chicos que estaba ayer.

    «Hola, bien, ¿y tú?»

    «Bien, ¿y tu esposa, dónde está, no la veo bailando?»

    «Recién fue al baño»

    «Ah, qué bueno. Podemos sentarnos con vosotros?»

    «Sí, no hay problema, siéntense. ¿Y tu amigo que estaba con vosotros ayer?»

    «Por motivos laborales tuvo que regresar a A Coruña.»

    Los dos tenían alrededor de 20 años, él era bastante alto, probablemente 1,90 y delgado, y ella tal vez 1,70 alta y rubia. Él llevaba un traje y una camiseta blanca debajo que dejaba ver su tonificado torso. Tuve problemas para quitar mis ojos de sus senos de Victoria.

    Cuando Fernanda volvió a la mesa saludó a Tomás de la misma forma en que lo despidió ayer: con un apasionado beso francés. Solo tenía ojos para ella. También saludó a la chica. Tuvimos una charla muy agradable.

    Tomás y Victoria eran de A Coruña. Ella era hija de un industrial millonario. Cuanto más se prolongaba la conversación, más informal se volvía y los cumplidos iniciales se convertían cada vez más en comentarios obscenos. Al principio hice comentarios sobre el tamaño del busto de Victoria, que luego me lo presentó completo al abrir su blazer, pero con el tiempo me contuve cada vez más y observé cómo Fernanda respondía a la insinuación de los dos, especialmente la de Tomás.

    Victoria explicó que nunca usaba ropa interior y que es mucho más cómoda para ella que esas bragas y sostenes apretados. Para probarlo, se levantó brevemente y se giró frente a nosotros, no solo no se podía ver una huella debajo de los pantalones delgados, su coño también era claramente visible a través de la tela.

    «No puedo imaginar eso», respondió Fernanda.

    «Pruébalo», dijo Tomás.

    «No, ahora a través de esta multitud al baño otra vez, eso es demasiado para mí».

    «Llevas un vestido, vamos, quítate las bragas aquí. Nadie se dará cuenta de eso, excepto nosotros”, dijo Tomás.

    Fernanda me miró brevemente y luego miró a su alrededor. Fernanda estaba a mi derecha, Tomás a su lado y Victoria entre Tomás y yo. «¿Qué obtengo si me atrevo?»

    «Te ofrezco una noche caliente», dijo Tomás con un guiño.

    «Y yo también me uniré», se rio Victoria.

    No dije nada, solo miré a Fernanda, quien se levantó un poco el trasero y se quitó la tanga para dejarla desaparecer en su bolso. Tomás estiró su brazo, «Dámela». Vacilante, le dio su tanga a Tomás, quien se la acercó a la nariz y la olió. «Hueles muy bien, eso me excita. Carlos mira sus pezones rígidos, tu esposa está cachonda.»

    «Victoria también lo está», dije y señalé sus pezones, que querían perforar rígidamente a través de la delgada parte superior. Tomás metió la mano en el vestido de Fernanda y le hizo girar uno de sus pezones. Mi esposa gimió y se inclinó hacia adelante por el dolor.

    «¿A Carlos no le importa verdad? Haría cualquier cosa para hacerte feliz»

    «Carlos me da todo lo que me hace feliz, ¿no es así, cariño?» Sentí que mis pantalones se apretaban y solo pude asentir.

    «¿De verdad todo?», preguntó Tomás, deslizando su mano entre las piernas de mi esposa. Él sacó la mano de debajo del vestido de Fernanda, con el dedo medio mojado. «Carlos, tu esposa ya está mojada, mira». Los tres comenzaron a reírse y algunas personas nos miraron.

    «Vamos, vamos a nuestra habitación donde podemos tomar una copa en paz», sugirió Victoria. Después de unos instantes Fernanda accedió.

    Tomás agregó: «Y profundicemos un poco más en nuestra conversación». Volvió a agarrar el vestido de mi esposa por el costado y apretó sus senos. Fuimos al ascensor, Tomás y Fernanda iban delante muy abrazados y Victoria y yo los seguíamos.

    «Tomás se va a follar a tu esposa ahora mismo», Victoria me dijo de repente en voz baja, «¿está bien para ti?»

    Asentí levemente y pregunté, «¿Y para ti?»

    «Me uniré a los dos si me dejan».

    La puerta del ascensor en menos de un minuto ya estábamos dentro de la habitación de ellos. Era una pieza un poco más grande que la nuestra, amueblada de la mejor manera. Nos sentamos, Tomás entre las dos mujeres en el sofá y yo en una silla enfrente. Levantó el vestido de mi esposa y puso una mano entre sus piernas mientras masajeaba las tetas de Victoria con la otra. Tomás y Fernanda se besaron como verdaderos amantes.

    Me dio una punzada profunda en el corazón, pero también me emocionó increíblemente. Vi a Fernanda deslizarse en su regazo y desabrocharle los pantalones. Su mano liberó la polla de Tomás de su prisión. Era aproximadamente del mismo tamaño que mi pene, quizás un poco más grueso.

    Victoria se levantó y le quitó el vestido a Fernanda por la cabeza. Luego Victoria comenzó a desvestirse, no pude apreciar su cuerpo, estaba demasiado absorto en lo que sucedía alrededor de mi esposa, quien ahora tomó la polla de Tomás en su boca y la chupó más y más profundamente. Victoria ahora le quitó la camiseta a Tomás y luego le sacó los pantalones de las piernas. Después de eso acarició brevemente el coño de Fernanda, que gimió con fuerza. Tomás me miró.

    «Carlos, tu esposa es mía ahora, la haré feliz esta noche, la follaré hasta el éxtasis total y tal vez se vuelva adicta y quiera follar conmigo una y otra vez».

    Lentamente acostó a Fernanda sobre su espalda y la empujó hacia el reposabrazos del sofá con su trasero. Le abrió las piernas y puso su polla en la vagina de mi amada esposa. Victoria besó a Fernanda cálida y profundamente y casi sentí náuseas, no podía pensar más.

    «Carlos, dime que me folle a tu esposa, que la haga feliz, corres el riesgo de que se vuelva adicta a mí». No pude pronunciar una palabra, tragué saliva y quería pensar con claridad, pero no pude.

    Hubo un momento de silencio en la habitación. Tomás pasó su glande a través de la raja de mi esposa hasta el clítoris. Fernanda gimió.

    Tomás me miró y me dijo: «¿Quieres que la penetre ya? Mírala Carlos, ella quiere tener esta polla caliente adentro ahora. Voy a hacer feliz a tu esposa, es mía, ahora es mía».

    Me escuché decir con voz ronca: «Hazla feliz. Fóllala muy fuerte y hazla adicta a ti. Hazla gritar de placer. Haz lo que quieras con mi mujer, es tuya.» Mientras decía estas palabras, sentí que mi esperma se derramaba en mi slip sin tocarme.

    Victoria tomó la polla dura de su amigo y la puso directamente en la puerta de mi esposa y Tomás empujó lentamente, poco a poco, dentro del coño de Fernanda hasta que llegó al tope. Era una vista increíble. Mi esposa tenía los ojos cerrados y gimió profundamente cuando él quedó completamente dentro de ella y se mantuvo quieto. Mi erección apenas había retrocedido, saqué mi polla dura y manchada de mis pantalones y comencé a masturbarme lentamente.

    Fernanda abrió los ojos y me miró, una expresión que nunca olvidaré: obsesión, excitación, felicidad, placer, todo salió de sus ojos cuando dijo: «Tomás, es increíble tener tu polla dentro de mí. Soy tuya, haz cualquier cosa conmigo. Solo quiero que me folles. ¿Escuchaste a Tomás? Tómame como quieras, soy tuya. Pero fóllame ahora o estallaré de lujuria».

    Nunca vi a mi mujer así, tan desinhibida y cachonda. Solo miraba a Tomás, que lentamente comenzó a moverse dentro de ella. Él se tomaba su tiempo, casi volviéndola loca. Sacó su pene y de inmediato la volvía a penetrar profundamente tres o cuatro veces. De nuevo él se quedó inmóvil con su polla a fondo dentro de ella. «¿Cuál te gusta más? ¿Mi polla o la de él? ¿Me quieres? Dímelo en voz alta.»

    Fernanda me miró como diciendo que «lo siento, no puedo evitarlo» y luego dijo con voz temblorosa: «Sí, Tomás, me encanta tu polla, es la que más me gusta».

    «¿A quién amas más? Vamos, cuéntanos todo, puta cachonda, dime a quién amas más y quién debería follarte ahora y siempre. Dílo en voz alta para que tu esposo pueda escuchar”.

    «Oh, Dios, perdóname, sí, Tomás, te amo, solo te amo a ti, quiero que me folles hasta el cielo ahora mismo. Vamos, fóllame, te amo”, gritó en voz alta.

    Por un lado, me rompió el corazón cuando escuché que mi esposa amaba más a otro hombre, pero por otro lado, estaba tan emocionado de nuevo que ya no podía pensar con claridad.

    Simplemente me quedé sentado en mi silla y observé cómo este hombre apuñalaba dura y brutalmente a mi amada esposa. Ella gritaba de placer y presionaba su pelvis contra sus fuertes embestidas. Follaba a mi Fernanda sin cesar y nuevamente tuve que contenerme para no correrme. Duró al menos 10 minutos durante los cuales mi esposa estaba en una especie de orgasmo constante y solo gritaba y convulsionaba hasta que Tomás le sacó su polla y se deslizó hacia arriba para ponerla en la boca de ella: «Vamos, chúpala, trágatelo todo, puta cachonda.»

    El cuerpo de él se puso rígido y con un gruñido profundo pude verlo estallar en la boca de mi esposa. No me contuve más y me masturbé como un hombre poseído y rocié en un arco alto el piso de la habitación. Mi Fernanda se tragó toda su carga y luego cayó hacia atrás. Pensé que podía haberse desmayado, pero abrió los ojos y lo tomó de la cabeza y enredó sus dedos en el pelo de él: «Gracias, Tomás, fue lo mejor que he experimentado. Estoy tan feliz.»

    Tomás no dijo nada, ahora se dedicó a su novia, a quien acostó en el suelo y lentamente comenzó a lamer hasta que ella se sacudió por un orgasmo. Luego la dio vuelta y comenzó a follarla lentamente por el culo.

    Fernanda se levantó, se puso el vestido, recogió sus zapatos y me dijo en voz baja: «Vamos». En el ascensor me dijo: «Salgamos de este hotel ya mismo.»

    Mis pensamientos eran demasiado turbulentos. Este fin de semana había cambiado para siempre nuestras vidas en todos los ámbitos.

  • Bálsamo de placer

    Bálsamo de placer

    Comparto una fantasía de una sumisa. Este texto fue derivado de una tarea asignada a ella.

    Estoy emocionada por ofrecerte esta experiencia. Tengo velas encendidas, pétalos de rosa y esos juguetes que aún, no me atrevo a usar. Estoy en un cuarto algo oscuro, a un costado de la cama esta una cruz, muero de ganas que me tengas atada ahí.

    Él, acaba de llegar, está aquí. Ojos brillantes, mirada suave y retadora al mismo tiempo. Amo su espalda, su piel, sus manos, amo su fuerza y dominación. Lo amo a él.

    Ese hombre me excita con solo verlo. Se acerca a mí, toma mi cabello fuertemente, me levanta hacia él y me comienza a besar. Levanta mi cadera y aprieta mi culo con sus ricas manos. Nos besamos, jugamos con nuestras lenguas y me avienta sobre la cama. Abro mis piernas y le pido sutilmente si puedo tocarme. Me dice -sí puedes frotarte, pero solo por encima de tus pantaletas-.

    Este juego de sumisa la verdad es que me encanta. Sin embargo, es la primera vez que agregamos a una tercera persona. Su nombre es Pam, una chica por la cual, estoy celosa y hemos tenido muchos problemas. Pero muy dentro de mí, me excita la idea.

    Él, se quita apresuradamente la camisa blanca mientras me mira, me dice que le gusta lo que hago. Me acaricio el pecho, mi clítoris, mientras se acerca a mí y me pregunta si estoy mojada. Solamente se me ocurre asentir con la cabeza y le digo -demasiado mojada-, le pido sutilmente – por favor, ¿me puedes tocar? – sin duda él esta dispuesto a complacerme. Se arrodilla y me abre más las piernas.

    Le digo que muero de ganas de que me pruebe. Sin embargo, empieza a pasar su lengua por mis pechos y luego un poco en mis pezones. No dejo de imaginar esos movimientos en mi clítoris, lo deseo demasiado. Le pido que baje, pero me dice que aún no. Me molesta que haga eso, pero me encanta al mismo tiempo. Pareciera obviamente que le encanta que le ruegue antes de dármelo.

    Me pide que me levante y acuda a la cruz. Moria de ganas que me lo pidiera. Me indica que le dé la espalda. No entiendo lo que hace, no entiendo por qué me pide eso, pero accedo a su petición.

    Asegura mis muñecas con la correa de velcro. Primero la derecha, después la izquierda. Ahora pasa sus manos por mis nalgas, las acaricia y me da la primera nalgada. Uff!!!, fue tan fuerte que moría porque lo repitiera. Pasa sus manos por mis piernas y ahora empieza a atar mis tobillos. Al menor movimiento de su cuerpo para poder atarme, puedo sentir su pene caliente, firme y dispuesto totalmente para mí.

    Empieza a besar mi cuello, estoy mojada, quiero que siga. Pasa sus manos por mis pechos, los acaricia y de pronto, aaaah!!! pellizca mis pezones y de mi boca entreabierta sale en susurro una suspiro de excitación. Me suelta y se aleja un poco diciéndome -Ahora, quiero que, en voz alta, vayas narrando lo que deseas que yo te haga-.

    Más emocionada no podía estar. Le pido que bese mi cuello de nuevo, pero de repente… escucho unos tacones, era ella, había llegado. Me exige que no pare, que continue con la narrativa. Estoy molesta, no quiero que este ella, pero no puedo negarme.

    Le digo que bese mi cuello y escucho como la está besando a ella. Me grita diciendo con voz firme -¡continua!- le pido que toque mis pechos y empieza acariciar los de ella. No entiendo su juego malvado, pero detecto que estoy entre el placer y el enojo. Luego le imploro que bese mis pezones y se los besa a ella. Sin duda, sé el placer que le esta dando. Ella empieza a gemir y yo, me excito. En mi cabeza solo escucho una voz interna diciendo -él solo es mío, es mi hombre-. Así que le pido ahora sutilmente que le de un azote.

    Sí, era mi juego perverso y sabía que no podía insultar su inteligencia.

    Me mira con ojos penetrantes, le pide a Pam que se levante de donde está y me de un azote. Quedé desconcertada al escucharlo. Ella lo obedece, toma la fusta de cuero con mango largo que esta sobre la cama y… ¡zaaas! aquí está el primer azote en mi espalda. Logro sentir enojo y placer al mismo tiempo.

    Él me laza la voz de manera más firme y me pide que continue, describiendo lo que yo desearía que él me hiciera. Me siento humillada, quiero parar, me duele lo que hace. Pero, al mismo tiempo no puedo evitar que excite tanto. Le pido que me bese mis piernas -ella sonríe-, estoy molesta. Le digo que presione mis pezones y escucho como a ella la besa y comienza a gemir. La verdad es que me he humedecido bastante, quisiera que me lo hiciera a mí.

    Luego le digo que quiero que tome en su boca un cubo de hielo que está al pie de la cama y lo pase por todo mi cuerpo, empezando por mis senos y que haga una sutil parada en los pezones. Escucho que él lo hace, tal cual se lo estoy pidiendo. Pam no para de gemir de placer, sé perfectamente lo que ella está sintiendo. Quisiera estar yo en su lugar. Le pido que baje el cubo de hielo con su boca poco a poco pasando por su estomago y se detenga en su vientre.

    Suplico que con sus manos pueda golpear mis senos y él accede a la petición. Empieza a golpear los senos de ella, grita, gime, gime, gime. Lo dirijo a que baje con el cubo de hielo a su vagina y pase el cubo por los labios mayores y menores. Estoy sintiendo demasiado. Siento que me vengo, lo puedo percibir.

    Su miembro lo alcanzo a ver desde lejos, está duro, firme y tiene una tonalidad roja ardiente. Quisiera tenerlo en mi boca, pasar mi lengua por su gran pene erecto, pasar mi lengua por sus testículos, amos besarlos. Escucho una voz a lo lejos que me grita -¡continua!- me perdí por un momento entre mis deseos y pensamientos.

    Le pido que suelte el pequeño cubo de hielo que tiene ya casi derretido en su boca y comience a lamer mi clítoris. Ella suspira, y yo, siento nuevamente que me voy a venir. Él sabe lo que siento. Me dice con una voz firme y fuerte -Aún no te doy permiso de venirte- No entiendo si se lo dice a ella o a mí, pero, no quiero provocar más su enojo, así que continuo.

    Ahora le digo que pase su lengua de arriba abajo, no puedo dejar de sentir este calor en mi vagina, mis pezones están muy duros. Le pido ahora que por favor lo haga en círculos y finalmente le pido que me succione el clítoris. Estoy segura que Pam está a punto de tener un orgasmo, al igual que yo. Observo como ambos lo disfrutan y…, no sé, pero, yo también lo estoy disfrutando. La escucho gemir y quisiera estar ahí. Solo quiero que me penetre y me haga suya.

    Ahora ella le da la espalda estando acostada en la cama. Le suplico que toque mi culo y nuevamente se lo toca a ella. Sinceramente ya no quiero seguir. Me grita -¡Continua!- y yo guardo silencio. Le pide a Pam que no se mueva, él toma la fusta, camina y de repente me da un primer azote, ¡zaas! intento no quejarme, así que se prepara nuevamente, toma distancia y aquí viene el segundo azote que cubre parte de mi espalda y mis nalgas. Suelto un ligero quejido. Mi cuerpo no aguanta, me queman mis manos por la posición en la que estoy, me tiemblan mis piernas, quisiera que me acariciara, pero no lo entiende. Me dice que continue y deja caer la fusta.

    Le expreso que deseo que tome una vela perfumada con olor a fresa y que acerque ese fuego a su espalda, a su piel. Quiero sentir esa adrenalina de poder quemarme y sentir este ardiente placer. Deja caer la cera desde las cervicales, hasta llegar a los hoyuelos de venus. De manera inmediata se convierte en un vibrante aceite para masaje, sin duda, no paro de pensar que daría lo que fuera en este instante por estar ahí.

    Él deja la vela y sin que yo le diga nada, empieza a acariciar su espalda. Observo como su pene roza con su culo. Sé que tiene intención de penetrarla, lo puedo ver en sus ojos y en sus movimientos de cadera. Le digo -¡cógeme, métemelo, quiero sentir tus ganas, tus ansias, quiero que me hagas tuya!

    De repente, todo es silencio, cuando de pronto, su miembro estaba dentro de mí. Era a mí a la que penetraba. No puedo dejar de sentir el mejor placer de mi vida. Me cogía a mí fuertemente, su pene estaba firme y muy caliente. Ahora la pide a Pam que continue con la historia.

    Sí, sé que es un juego muy perverso, pero ella obedece la instrucción. Le dice -cógeme más duro y toca mi clítoris- sin duda estoy gozando, comienzo a gemir, pero ya no aguanto la postura. Me quiero venir y al mismo tiempo siento que me queman mis brazos, pero no quiero que pare. Ella le dice -ahora méteme tu miembro lentamente-. Mi cabeza por dentro gritaba no lo hagas, eso no es lo que quiero. Quiero que lo haga fuerte y más rápido, pero sé, que no le puedo decir nada.

    Él empieza a moverse de adentro hacia fuera lento, siento como mi vulva se abre y cierra, puedo sentir mi lubricación, cada que entra puedo sentir el calor de su pene, siento como entra, como esta duro, firme.

    Escucho la voz de Pam que le pide que sea más rápido y fuerte. Me encanta lo que hace, me está cogiendo fuerte, me nalguea. Ya no dirige ella, ahora el que dirige es él. Se mueve muy rápido, coloca sus uñas en mi espalda, jala mi cabello, me lo mete fuerte y yo sigo gimiendo de placer, me voy a venir, ya casi, lo siento en mi cuerpo y le digo – por favor, ¿puedo venirme?-

    Él me dice -vente conmigo.

    Y mi cuerpo explota en un orgasmo descomunal. Juntos, terminamos al mismo tiempo, es maravilloso todas las sensaciones que están en mi cuerpo en este preciso instante. Siento como se acerca al mí, percibo sus pies fríos, sus latidos, sus manos, incluso siento su respiración. Puedo ver su sonrisa, aunque, todavía me falta abrazarlo. Me da un beso cerca de mi hombro mientras me susurra -estuviste excelente mi pequeña-.

    Le dice a ella que me quite de la cruz. Yo sin fuerzas empiezo a caer el suelo. Luego le pide a Pam que se vaya y observo que él viene con una sábana blanca para mí. Me envuelve en ella, me levanta y lleva a la cama, casi no puedo moverme, mi cuerpo casi no lo siento, me arde, me quema. Son sensaciones muy extrañas.

    Me quita la sabana, me observa desnuda y empieza a llenarme de besos, pareciera que quiere cubrir mis heridas con cada uno de ellos, es como si deseara curarlas, mientras yo, me dejo llevar. Me dice que me relaje, porque lo necesito, yo solo siento que me voy a desmayar.

    Lo observó, esta encima de mí. Sigue besando mi cuerpo, mis pechos y mis pezones. Mis ojos se cierran, quiero estar consciente, pero mi cuerpo no puede más, cierro mis ojos y me pierdo en ese bálsamo de sueño de lujuria y placer.

    EP & YM

    Contacto: [email protected].