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  • Masaje con final muy feliz

    Masaje con final muy feliz

    Hola, mi nombre es Leonardo, pero me llaman Leo, soy un hombre atractivo de 36 años bisexual, me considero un hombre aguapo, de cuerpo atlético de gym, 1.86mts de estatura, moreno aperlado, cabello negro, piernas marcadas y torneadas, nalgón, con un pecho ancho y brazos fuertes y musculosos producto se mi trabajo en el gimnasio.

    Lo que les voy a contar es una experiencia que tuve con un masajista, tengo que decir que tengo cierta adicción o afición de contratar servicios de masajistas que dan el plus del «Final Feliz», he tenido experiencias buenas y malas, de hecho yo tengo un masajista con el que acudo con frecuencia y me da un servicio de masaje profesional de lujo y al final del masaje termina estimulando mis zonas erógenas de manera deliciosa pero se encontraba fuera de la ciudad y en esa ocasión que les cuento traía una contractura que ocupaba un buen masaje, además de que andaba un algo caliente y quería una buena deslechada, así que al no estar mi masajista disponible busqué un servicio en una página de internet de servicios sexuales, había varios prospectos pero la mayoría ofrecía más sexo que masaje, hasta que encontré a Eduardo, un masajista maduro de 45 años, que se anunciaba como masajista profesional con varias técnicas empleadas y además daba el plus de masaje erótico, vi su foto y a diferencia de los otros que ponían sus fotos desnudos, Eduardo tenía una foto en donde no se veia su rostro pero se veía su cuerpo vestido con playera de tirantes y dejando ver sus musculosos brazos y eso me llamó mucho la atención así que le mandé WhatsApp.

    Eduardo me contestó rápidamente y me mandó un listado de sus servicios que incluían varios masajes desde el que solo era masaje profesional en el que él estaba con ropa, uno en el que era masaje medio cuerpo con relax manual, él sin camiseta, otro con relax oral y el ya desnudo pudiendo tocar su cuerpo y el servicio ya completo, obviamente ya más costoso. Acordamos el el servicio que incluía masaje en torso y al final un relax manual, que era de los más económicos, ese día andaba corto de presupuesto. Así que al terminar de trabajar con el estrés del día me dirigí al sitio acordado en el centro de la ciudad, era una pequeña casa antigua, así que llegué, me estacioné y le mandé mensaje a Eduardo quien se encontraba aún en camino, unos minutos después vi que llegó y se dispuso a abrir la puerta, yo bajé del coche, cruce la calle y me presenté. Eduardo fue muy amable, me saludó afectuosamente, muy varonil, sus brazos musculosos cómo en la foto, ojos miel, cabello ya con bastantes canas y con la barba algo crecida, me invitó a pasar, y al entrar pasamos por una sala llena de espejos en las paredes y entramos a una habitación mediana donde había una camilla de masajes, una cama grande, un sillón y una televisión grande.

    Eduardo me dijo que pusiera cómodo y que regresaba en un momento, que podía poner mis cosas sobre el sillón, él entró a otra habitación mientras yo comencé a desnudarme, unos minutos después entró con un pequeño shorts y sin camiseta, dejando ver sus hermosas piernas y su torso bien trabajando en el gimnasio, su cuerpo mucho más trabajado que el mío debo decirlo y puso música relajante en con luz tenue.

    Eduardo se me quedó viéndome de arriba a abajo y esbozó una sonrisa diciendo: «esto se va a poner bueno» y que me acostara en la camilla boca abajo, cosa que hice inmediatamente, él posteriormente con la yema de sus dedos recorrió mi cuerpo desnudo desde mi entrepierna por detrás a la altura de mis testículos y subió suavemente por mis nalgas espalda y nuca, acariciándome, puso un poco de aceite en mi espalda y cuello iniciando con un masaje suave que subía poco a poco la intensidad, sus manos eran grandes y fuertes, el masaje que daba a mi espalda era muy placentero.

    Eduardo si era un masajista con conocimientos de eso me di cuenta; unos minutos después de iniciado el masaje me dijo que lo disculpara un minuto, que ocupaba ir al baño y se retiró, cuando regresó, venía totalmente desnudo y pude ver sus nalgotas bien sabrosas y su verga grande en estado de semi erección; Eduardo continúo dando el masaje y se puso en la cabecera de la camilla, en ocasiones bajaba sus manos y metía una de ellas entre mis nalgas, después metía la otra mano debajo de mi pelvis, por delante y bajaba hasta mis muslos rozando mi pene que ya estaba entumecido, yo levanté mi cabeza y pude ver la verga de Eduardo completamente erecta a unos centímetros de mi cara, el se percató y la acercó aún más, invitandome a degustarla, yo abrí mi boca para degustar el bocado que se me ofrecía y él la introdujo haciendo movimientos de va y ven mientras continuaba masajeando mi cuello y espalda, me gustó su olor a hombre, su verga era grande y gruesa parecida a la mía.

    Después de unos minutos de darme un buen masaje, me pidió que me volteara boca arriba, se puso a un lado mío y yo abrí mis piernas para que me tocara, él me comenzó a acariciar mis testículos y la zona cercana a mi ano, después tomo mi pene y lentamente me empezó a masturbar mientras yo le mamaba tremendo pitote y pasaba mi lengua por sus huevos, de pronto con sus dedos ya lubricados con aceite comenzó a introducir un dedo en mi culito, y comenzó a estimular mi próstata, yo sentía mucho placer y lo compensaba con mi boca.

    Después Eduardo se pasó al pie de la camilla, me tomó de la cadera y me bajó un poco con sus fuertes brazos separó mis piernas e introdujo mi pene en su boca, tengo que decirlo que me hacía unas mamadas deliciosas, mientras seguía metiendo ya no uno, sino dos dedos por mi culo y masajeaba placenteramente mi próstata, de pronto lamía mis testículos y besaba mis muslos, mientras acariciaba todo mi cuerpo. Yo me encontraba en éxtasis total con mis manos en la nuca y mis piernas abiertas, Eduardo lamía mis pezones, mis axilas y en un momento hasta mis pies y yo me dejaba querer, de pronto me decía al oído en voz baja que yo estaba bien rico y eso me prendía muchísimo.

    Nos levantamos de la camilla y de pie me abrazo mientras yo le correspondía y acariciaba su cuerpo el cual era duro y firme por el ejercicio, yo me hinqué frente a él para seguir mamando su verga mientras me tomaba por los cabellos (uso el cabello algo largo) y me movía la cabeza a hacia adelante y atrás, en momentos su pene entraba hasta mi garganta y pensaba que iba a vomitar, pero él controlaba la situación con su fuerza. Después pasamos a su cama y él se tumbó boca arriba mientras yo me le subía encima y ahora era yo quien lo acariciaba y lamia sus pezones, cuello y axilas. Todo era aceite piel y sudor.

    Eduardo me dijo que yo le había caído muy bien y que por eso iba a usar algo conmigo que no usaba con cualquier cliente además se dio cuenta de como disfrutaba cuando me metía los dedos en el culo y le comenté que era inter, el me dijo que también lo era. Sacó de un cajón un juguete como en forma de pera con una cuerda de caucho, tenía un control remoto para hacerlo vibrar y subir las velocidades a voluntad, además que el juguete tenía un área de metal que emitía descargas electricas, me pidió que me pusiera en 4 y que él me ayudaría a introducirla por mí ano, al principio tuve miedo de que dicho juguete se quedara dentro pero me aseguró que cuerda caucho aseguraba poderlo sacar.

    Me puse en cuatro pegando mi pecho en la cama y exponiendo mi culo lo más posible, el lubricó el juguete con aceite y después con sus dedos empezó a lubricar y dilatar mi ano, metía y sacaba sus dedos y yo me sentía sumamente excitado; colocó el vibrador y lo empujaba lentamente mientras acariciaba mis huevos que colgaban al aire, yo sentía que me desgarraba y en ocasiones le pedía que parara, poco a poco mi ano dilató y el vibrador en forma de pera se encontraba dentro de mis entrañas, Eduardo encendió el vibrador desde su control remoto y elevó la velocidad, yo sentía un cosquilleo dentro de mi muy placentero y me dijo:

    -Ahora tu me vas a dar a mi.

    Sacó un condón de un cajón y lo colocó en mi pene que estaba erecto al 100. Se puso en cuatro y me pidió que lo penetrara, yo sonreí maliciosamente, y tomé el aceite y con mis dedos lubrique su ano, no sin antes pasar mi lengua por sus nalgas y testículos, coloqué mi pene en su culo y poco a poco fui venciendo la resistencia, mi masajista íntimo gemia entre dolor y placer mientras lo envarillaba.

    Comencé a penetrarlo mientras Eduardo con el control del vibrador en mano subía la intensidad, mis ojos imagino yo se ponían en blanco de tanto placer y en un momento comencé a sentir las descargas electricas en mi próstata que me hacían gemir y Eduardo me decía «dame con todo chiquito, dame toda tu verga que la quiero sentir dentro de mi» yo sentía demasiado en mi pelvis y dentro de mi y después de unos minutos que lo penetraba y ya con la velocidad del vibrador al máximo, no pude contener el orgasmo y terminé con tremendo grito de placer que espero no hayan escuchado los vecinos. Me recosté en la cama y Eduardo se puso a lado mío para que se la chupara, después el se masturbó terminando a chorros sobre mi cara y pecho, me retiró el vibrador de mi recto jalandolo de la cuerda de caucho, la sensación no era muy agradable pero finalmente salió. Pasamos a su regadera y nos bañamos, él enjabonada mi cuerpo mientras me decía que le había caído muy bien y que le gustaría que fuéramos amigos, salir al café o ir a hacer senderismo. Yo le dije que si, salimos del baño, nos vestimos y me acompañó a la puerta para despedirnos.

    Yo tomé mi coche y fui a casa después de una tremenda experiencia sexual con un masajista, que me provocó muchas masturbaciones en solitario recordándolo en los días posteriores. Les puedo decir que regresé a solicitar servicio 15 días después pero eso ya se los contaré en una segunda parte.

  • Atrevida en el bus

    Atrevida en el bus

    Siempre me gustó, estando solo o acompañado, escaparme a la playa en invierno. Mar del Plata, Villa Gesell… ciudades de la costa de Buenos Aires que, durante el invierno, tenían poca gente, pero siempre con algo para hacer. Ese año estaba soltero y decidí irme unos días en junio a pasar frío en la playa, pero despejarme de un año de bastante trabajo.

    Conseguí unos pasajes en un bus con asientos tipo cama, cómodo para un viaje de 5 horas adonde solo iba a escuchar música y ver la interminable pampa y sus vacas durmiendo al sol. Como era de esperarse, al subir al bus había muy pocos pasajeros, todas las filas en vez de tres o cuatro personas contaban solo con una o dos. Antes de subir vi que había una familia de un matrimonio relativamente grande con un chico adolescente y una chica de unos 22, 23 años, que se la notaba bastante malhumorada, casi como reclamando que no quería ir. Me rio ligeramente y subo al segundo piso, adonde me acomodo los auriculares y me quedo mirando por la ventana. Son las 5 de la tarde y llegaría a las 10 de la noche, si no hay retrasos, por lo que pienso en ir durmiendo un poco.

    Llevábamos una hora de viaje aproximadamente y la gente empezó a moverse: yendo al baño, buscando café, acomodando bolsos. Yo estaba en uno de los últimos asientos y no había nadie en las filas de atrás, por lo que podía ver todo y estaba contento de que nadie pase a mi lado molestando. De repente, la veo subir al segundo piso a esta chica que no quería viajar, con cara de mal humor, diciéndole a sus padres que se cambiaba de asiento.

    Era flaca, relativamente alta, de pelo castaño corto y enrulado, ojos claros y venía con un short y una camisa escocesa de mangas largas, con una pequeña campera rompeviento para llegar a la noche a la playa. La miro con curiosidad y veo que se sienta en la misma fila, pero del otro lado, en la otra ventanilla. Curiosamente, yo había reclinado completamente mi asiento contiguo, que daba al pasillo, para poder estirarme e ir cómodo. Al sentarse veo que se pone a leer en una Kindle y de reojo me miró y su mirada se perdió nuevamente en su libro electrónico.

    Ya llevábamos dos horas, estábamos en el medio de la nada y me despierto de vuelta. Miro hacia la derecha, curioso por esta chica y la veo que su campera ya no estaba puesta, sino que la estaba usando de cobija, nada del otro mundo, mientras parecía dormida. Pero de repente veo que hay un movimiento bajo ella, como si sus manos se estuviesen moviendo a la altura de su cintura. ¿Se estaba masturbando? No, debe ser mi morbo constante me dije a mi mismo. De todos modos, la situación me calentó enseguida, por lo que no pude evitar acariciar un poco mi miembro que sentía duro y caliente bajo el jean.

    No podía dormirme de vuelta, mi cabeza empezó a maquinarse y fantasear. Apago mis auriculares para ver si la podía escuchar y efectivamente, escucho algunos gemidos. Ella seguía con cara de dormida, pero empezando a moverse suavemente y yo, con cuidado, empiezo a tocarme de vuelta por sobre el pantalón. Todos estaban dormidos, a excepción de nosotros dos, por lo que intenté ser cauteloso. De repente… ella abre sus ojos claros y me queda mirando, sorprendida, pero no baja la mirada, sino que sigue ahí, ahora desafiante. Me doy cuenta de que su mirada va a mis manos que siguen sobre mi pantalón. Veo que, aun usando su campera como una manta, sus piernas se abren más y yo, en ese momento, sentía que iba a acabar en mis pantalones.

    Sin ser directo, pero sin rodeos, me paro y voy a la última fila de asientos, pero asegurándome de que al pasar entre los asientos ella pueda ver mi erección. Me pongo de vuelta contra la ventanilla y veo como ella se para y se acerca adonde estoy sentado. No hablamos, solo nos miramos. Ya no usaba más la campera como una manta, así que pude ver que su short de jean tenía el botón abierto y el cierre abajo, mostrando una deliciosa tanga de encaje blanco que ella empieza de vuelta a acariciar.

    -Shhh -me dice y gesticula con un dedo en su boca. Podía oler su aroma en ese dedo mojado. Entiendo el mensaje y decido avanzar, decido abrir el botón de mi pantalón y bajar el cierre haciendo poco ruido. Su mirada estaba clavada en mi entrepierna, esperando ansiosa ver lo dura y caliente que estaba mi verga. Cuando la saco ella se muerde el labio inferior y me mira desafiante. Entiendo nuevamente el mensaje y empiezo a masturbarme para ella, empiezo a acariciarme y mover mi mano hacia arriba y hacia abajo. Puedo sentir el olor de su humedad en el aire y de repente siento su mano agarrando mi verga, para empezar a hacerme una paja muy suave, pero firme; lenta, pero efectiva. Me reclino hacia atrás y ella, en este caso, también entiende el mensaje.

    Con su boca llena de saliva, siento sus labios empezando a chupármela, empezando a subir y bajar su cabeza, haciéndome tener otro viaje increíble. Siento su saliva cayendo por el tronco, mojando mis bolas, e intentando no hacer ruido. Empiezo a agarrarla de su cabeza, recorriendo sus rulos, indicándole que quería meterla más adentro de su boca. Quería enterrársela hasta la garganta, moría de ganas de llenarla de mi semen caliente, quería sacarle la ropa y cogérmela a los gritos en el pasillo, pero eso no podía ser.

    Deja de chupármela por un rato y se acomoda para volver a masturbarse, pero en este caso soy yo quien guía sus dedos con los míos. Ella los retira y me deja recorrer sus labios completamente mojados y empiezo a meter mis dedos cada vez más adentro, mientras ella se muerde la boca para no emitir sonido. Empiezo a masturbarla cada vez más rápido y siento como sus labios se aprietan, sus piernas se abren más, acaricia sus pechos y su espalda se arquea. No paro de masturbarla hasta que llega a su orgasmo, corriéndose como una puta, empapando el asiento, tapando su boca, mientras mi verga estaba completamente dura. En ese momento, con mi mano aun llena de sus jugos, empiezo a masturbarme rápidamente, buscando acabar y ella, aún extasiada, acerca su boca, diligentemente, a la cabeza de mi verga para poder recibir toda esa leche y tragarse hasta la última gota.

    Se limpia los restos de semen de mi boca, me da un beso y vuelve a su asiento a seguir leyendo. Yo, aún enloquecido, me contengo y guardo mi verga -aún dura esperando un segundo round- bajo mi pantalón y me quedo mirando la noche por la ventana del bus. Me duermo y cuando me despierto ya habíamos llegado y esta chica, calentona y atrevida, ya no estaba más. Fue un buen viaje, efímero e intenso, como deben ser.

  • Sexting con el nuevo entrenador

    Sexting con el nuevo entrenador

    Como les contaba en mi relato anterior, soy bajita y tengo buen cuerpo y ahora un poco más ya que voy al gimnasio, en este momento voy al bodytech y llego hace unos meses un entrenador nuevo y bueno se los describo un poco, es alto 1.75 o 1.80cm, piel trigueña, ojos oscuros, cabello claro, marcado no muy ancho pero pues se notan sus músculos, tiene un trasero exquisito (no se si ya les conté que el trasero de un hombre me encanta demasiado, así como a los hombres el de la mujer), y unas piernas Uff!

    Cuando lo vi por primera vez estaba indicándole a una chica, como hacer un ejercicio por lo que me agrado ver la forma como se expresaba con la chica muy respetuoso, muy serio y eso si manteniendo su distancia; eso me agrada en un hombre, no me gustan esos hombres que se comen a las mujeres con las miradas, que son super lanzados etc. como suelen ser todos los entrenadores de gimnasio.

    Por lo que este chico me llamo la atención, pero en un principio fue más por su forma de tratar a las chicas y bueno, bueno por su cuerpo también, no les voy a mentir que era interesante verlo. Pero pues obvio no nos hablábamos y no me atrevía a hablarle ya que siempre era muy serio, me daba pena hablarle adicional, aunque no lo crean soy muy tímida. Pero después de tener COVID empecé a tener problemas de fuerza y articular, por lo que muchas veces necesitaba ayuda de un entrenador, y justo ese día necesitaba ayuda con una máquina que me era difícil.

    En ese momento era el único entrenador en el piso por lo que, se me presento la oportunidad de hablar con él,

    – Hola, tú me podrías por favor ayudar con “esta máquina”, es que no sé cómo utilizarla, y pues no sé cómo hacer “este ejercicio.

    -Claro que sí, no hay problema… Procede a explicarme… llevas mucho en el gimnasio o eres nueva.

    -No llevo entrenando aproximadamente 1 año, pero nunca había utilizado esta máquina.

    -Ok, probemos este peso y me dices como te sientes

    -Esta perfecto.

    -Listo, cualquier cosa que necesites me puedes llamar.

    -Ok, muchas gracias por tu ayuda.

    Después de unos días, empezamos a hablar un poco más seguido, pero nada del otro mundo, como les digo era muy discreto y muy respetuoso, pero a medida que íbamos hablando le fui contando mis problemas de fuerza entonces un día sin más, me dijo que si quería le podía escribir y así, él me podía ayudar dándome rutinas para mejorar la fuerza, por lo que obviamente acepté, sin más.

    Empezamos hablar todo muy normal, muy serio me recomendó varias rutinas y varios entrenadores, incluso páginas para leer sobre que otros ejercicios podía incluir en mis rutinas para mejorar la parte cardiorrespiratoria y demás. Pero no sé, de un momento a otro se empezó a calentar la conversación, me empezó a preguntar cosas como…

    -cuando fue la última vez que tuviste sexo?

    -Hace más de un año y tú?

    -Hace una semana

    -y por qué llevas tanto tiempo sin tener sexo?

    -Bueno pues es que sucede que para mí no es fácil conectar al punto de llegar a tener sexo y hace rato que no tengo una buena conexión que me lleve a tener sexo.

    Así sucesivamente se fue dando la conversación bastante caliente y entretenida, lo cual después de un rato me empezó a decir que estaba erecto con la conversación que estábamos teniendo, lo cual obviamente yo también ya me sentía muy mojada, y se lo hice saber, por alguna razón con el me sentía en confianza y conectada a tal punto que me dejé llevar por la conversación. El empezó a decirme que le gustaría verme por lo que empecé a molestarlo en que ya nos habíamos visto varias veces en el gimnasio, a lo que respondió:

    -te puedo confesar algo?

    -Claro, dime

    -Desde la primera vez que me hablaste me llamaste mucho la atención, pero pues no podía decirte nada, no sabia cuál iba a hacer tu reacción y pues estaba en mi trabajo y no puedo generar mucha confianza con los afiliados.

    -tú también me llamabas la atención, pero pues siempre te veía super serio, por lo que me daba pena y hasta nervios hablarte, pero justo ese día no había más entrenadores a la vista.

    -pues que afortunado que mis compañeros hubieran estado ocupados y pude ser yo quien te ayudara, tienes un cuerpo muy llamativo y sexy

    Y sucesivamente así se fue dando más la conversación y me volvió a decir que si le podía enviar fotos mías, que le encantaría verme sin tanta ropa, que a veces cuando me veía en el gimnasio se imaginaba verme sin ropa e imagina como seria mi cuerpo. Por lo que entre mis ganas pero con pena acepte pero siempre y cuando el primero me enviara una foto de como estaba en ese momento, por lo que sin decir que “si”, me envió una foto de su verga, cosa que fue una gran sorpresa era una verga de largo normal pero era más gruesa de lo normal por lo que me encanto y me puso mucho más caliente ver esa verga dura por mí, saben me excita demasiado saber que un hombre se esta masturbando y esta muy erecto por mí, por lo que le digo o por lo que escribo y que llegue a mi nombre Uff me enloquece.

    Por lo que empezamos a hacer sexting, enviarnos fotos, videos, y audios contándonos lo calientes que estábamos, y lo que nos haríamos si estuviera en su apartamento, en este momento yo estaba tan excitaba que me salían mis líquidos vaginales, mi dildo entraba sin enfuerzo, deseando que fuera esa verga deliciosa que me estuviera penetrando, que me hiciera gritar de placer, que mientras su pene entraba y salía el me besara y cogiera mis nalgas, haciéndome sentir las ganas y lo que me gusta meter tu verga en mi chochita muy mojada y con ansias de ser penetrada hasta el fondo, esa chochita con ganas de sexo delicioso.

    En ese momento yo ya estaba tan caliente que tenía muchas ganas de venirme, por lo que le dije que quería ver un video suyo masturbándose porque quería llegar ya, que no aguantaba más y quería correrme. Por lo que me propuso hacer una videollamada y asi vernos mientras llegábamos juntos, esa idea me prendió aún más de lo que ya estaba por lo que accedí, nunca lo había hecho y me llamo bastante la atención, verlo llegar y que él me viera tener un delicioso orgasmo.

    Por lo que de una hicimos videollamada, ya que él al igual que yo tampoco aguantaba más y fue una experiencia bastante rica, llena de adrenalina, saber que él veía como me masturbaba y escucharlo como disfrutaba al ver el espectáculo que le estaba dando y ver como él se masturbaba a la vez, ver como llego de rico y salió toda su leche a mi nombre, fue una experiencia inolvidable. Después de recomponernos le dije que, al día siguiente, no iba a tener cara para verlo en el gimnasio, que iba a morir de pena que jamás pensé que una conversación sobre rutinas iba a terminar teniendo sexting y teniendo una rica videollamada.

    Pero esto continua esperen la segunda parte de como pasamos de tener sexting a hacer la fantasía real y tener un final feliz…

    Espero les guste este relato, y recibo opiniones, sugerencias y saber si les ha gustado, por este medio o a mi correo [email protected].

    Mucho sexo para todos.

  • Mi primer trío con mi esposo y mi prima

    Mi primer trío con mi esposo y mi prima

    Les cuento de la primera vez que hice un trio con mi esposo y mi prima. Hace algunos años, mi prima acudió a mi casa ya que necesitaba ayuda para arreglar algunos documentos.

    Durante los días que acudió a mi casa, un día vio sobre mi clóset abierto lencería y me preguntó si yo utilizaba esas prendas, le conté que sí, que las usaba de manera regular y se las enseñe, me sorprendió cuando me dijo que nunca había utilizado prendas de ese estilo. Por lo que le sugerí si le parecía que me pusiera lencería para que me tomara algunas fotos para mí esposo y ella viera como se veía la lencería ya puesta. Ella accedió mientras me cambiaba le sugerí ponerse algunas prendas y así fue como de llenar documentos pasamos toda la tarde cambiandonos.

    He de aceptar que lo hice porqué mi prima tiene unos pechos de un buen tamaño y yo siempre había tenido la intención de verlos, ya que he de aceptar que aunque no me considero lesbiana siempre he tenido un gusto enorme por los pechos de otras mujeres. Durante los cambios de lencería y tacones le sugerí tomarle fotos con mi celular de ella ya que tenía más definición para que se las enviara a su celular y las pudiera apreciar con más detenimiento. Empezamos a cambiarnos con cada una de las prendas que tengo y tacones. Cada que cambiaba no podía dejar de ver sus hermosos pechos desnudos. Ya pasada la tarde. Guardamos la ropa porque sabía que mi esposo llegaría y se retiró al llegar mi esposo, lo sorprendí con la sesión de fotos en lencería de mi prima y mía. Todas las fotos eran de lencería.

    Ninguna paso desapercibida por el todas las encantaron. Me sugirió que porque al otro día no hacían lo mismo. Pero un poco más atrevidas haciendo poses sexuales. Y así fue al día siguiente en cuanto llegó me dijo mi prima que porque no nos probamos el resto de la ropa que había quedado pendiente, me sorprendió su iniciativa le dije que si. Pero que está vez pensaba grabarle un vídeo a mi esposo desnudándome y tocandome para el que si me ayudaba, ella accedió sin chistar y al empezar a denudarme y acariciar mi cuerpo como ambas estábamos en lencería pude apreciar que estaba ruborizada y sus pezones se veían muy firmes, le dije es tu turno la tome de la cintura y la recosté sobre la cama, le dije que si ella quería intentar lo que yo hacía y empezó a desnudarse lentamente pude ver cómo tocaba sus pezones y me quedé perpleja cuando de pronto empecé a ver cómo de su vagina húmeda traía sus fluidos y los untaba en sus pechos.

    Así continuamos hasta que nos interrumpió el sonido de la cochera era mi esposo que había llegado. Por lo que apresuramos a cambiarnos y se retiró apenas vio entrar a mi esposo a la habitación estaba muy apenada con el. Esa noche le sugerí a mí esposo que porque no intentábamos invitarla a jugar con nosotros, ya que yo sabia que ella después de lo que había visto el día de ayer no se negaría a vivir una experiencia así, ya que yo sabia que a mí prima le encantaba mi esposo. Pasaron varios días y le envié por mensaje que si podríamos vernos. Un vienes por la tarde llegó media hora antes que llegara mi esposo y hablé con ella, le hable sobre la posibilidad de jugar un poco con mi esposo ella y yo.

    Al principio se sorprendió pero de apoco fue pasando la plática logré convencerla de que nuestra experiencia fuera con una persona de confianza como ella. Al llegar mi esposo ella estaba muy nerviosa pasamos a la sala y empezamos a platicar, de apoco se fue relajando el ambiente sugerí jugar botella y así fue como de castigo en castigo logramos desnudar entre las dos a mi esposa y a ella, los castigos fueron subiendo de tono le pedí besarlo, acariciar la verga de mi esposo y por supuesto que desapareciera entre sus labios. Mientras que ellos lograron que yo masajeara su clítoris con mi lengua y ella me besara los labios y me acariciara los pechos.

    Para entonces yo estaba súper excitada le pedí pasáramos a la alcoba y así fue como empezamos a besarnos desenfrenadamente.

    Mientras ella y yo hacíamos un 69 mi esposo logro entrar en su vagina húmeda, le pedí a mi prima hacerlo sin condón y el y ella encantados, mientras el entraba una y otra vez yo besaba y lamía la verga de mi esposo cada que salía de ella sabía riquísimo al parecer se había lavado con un jabón vaginal de frutos, le pedí a ella se subiera en mi esposo y le bailará estando dentro de el me sorprendió como se movía en el, mi esposo estaba impactado y veía como desparecía su verga dentro de ella me miró a los ojos y durante un gemido fuerte de ella me pidió besara sus pechos y yo accedí me monte de frente a ella colocando mi vagina sobre la cara de mi esposo y nos comenzamos a besar desenfrenadamente mientras el la penetraba una y otra vez y mientras con su lengua refregaba sobre mi duro clítoris, he de acotar que por tanta excitación empujaba demasiado fuerte mi vagina sobre la cara de mi esposo que me empujó con fuerza y metió aire me dijo con calma amor me estás ahogando me disculpe y le dije que continuará estaba tan excitada con los besos de mi prima y sus caricias y por el candente movimiento de la lengua de mi esposo en mi clítoris que no pude evitar tener una lluvia dorada sobre el. Y a su vez mi prima le pedía que por favor ya terminara que ella ya iba a terminar.

    Me sorprendió que mi prima le dijera amor ya voy a terminar por favor vente dentro de mi quiero sentirte todo dentro de mi por favor amor vente en mí. Porque yo sabía que ella podía quedar embarazada ya que no traía condón mi esposo y me impactaba como le decía quiero ser solo tuya y de nadie más amor.

    Yo estaba limpiandome a un costado sorprendida de como mi prima rogaba porque mi esposo la embarazara, he de aceptar que de la excitación pase a los celos le dije a el que por favor ya terminara.

    Termino dentro de ella y le pedí a ella que se cambiara en el baño por favor.

    Hablé con mi esposo lo abrace y le pedí de favor que no me soltara que me habían dado celos enormes de ver a mi prima fuera de si, pero que sabía que solo era de ocasión y que no volvería a suceder algo así.

    Sin embargo ocurrió en repetidas ocasiones pero los tres lo hablamos y yo pude dejar de lado los celos de mi prima a mi esposo.

    Espero algún día poder contarles alguna de las otras ocasiones que estuvimos los tres juntos.

  • Encuentro con Yuliana (relato 02)

    Encuentro con Yuliana (relato 02)

    No he parado de pensar en lo de ayer. Creo que las cosas fluyeron bien. Ese trato como de servicio al cliente me parece estupendo. Sin emociones o sentimientos de uno hacia el otro. Esa conciencia de saber a lo que se va y aun así tener la voluntad de disfrutarlo.

    Yuliana por decirle de algún modo era una chica de carácter fuerte. Reflejaba madurez y fortaleza en su forma de hablar y de expresarse. Se me hizo muy madura para su edad. De repente descubrí que teníamos cosas en común, como el hecho de ser hijos únicos.

    Me di cuenta que los nervios se van calmando conforme la plática y el tiempo pasa, creo que este será mi tipo de cita pensé, una donde halla oportunidad de platicar y conocer de algún modo a la otra persona. Y aun así algo de lo que más me gusta es tener la oportunidad de rápidamente pasar del plano social y respetuoso, al plano íntimo y desinhibido. Basta con tomar la decisión con determinación y todo se va dando de manera natural.

    El cuerpo también reacciona de manera natural, sin que uno haga nada solo permitirse sentir, ver, tocar y oler. El olor de su cuerpo era el de una mujer joven. Pensé que iba a ser como la última vez, solo caricias y contacto de cuerpos. Sin. Embargo en esta ocasión los besos surgieron y de una manera que no me esperaba y es que al parecer ella quería disfrutarlo. Hace tanto tiempo que no besaba así a alguien, de esa forma, y no solo yo a ella sino ella a mi. Y comenzar a sentir su calor, su olor, su sabor. Tener la oportunidad de saborear sus labios, su lengua, sentir el roce con la mía, besaba muy rico, ella me pregunto si no estaba siendo demasiado apasionada, yo le dije que estaba todo bien que me gustaba. Además mi miembro ya estaba súper erecto y pude sentir como al mismo tiempo que nos besábamos mi pene rozaba su clítoris, esto creo que nos éxito más. Ya quería estar dentro de ella.

    Ya no había que esperar, me prepare y la penetre, estaba húmeda seguíamos besándonos, como dos novios apasionados. Aunque cabe aclarar que no es el hecho de besarnos como novios lo que me excitaba, sino todo lo contrario el hecho de que éramos dos perfectos desconocidos. No pensaba en nada solo en lo que sentía, me preguntó si me gustaba así, le dije que si y continuamos moviendonos.

    Después le pedí que se pusiera en cuatro y vi su torso completo, su piel lisa, sus nalgas, para ese momento ya olía a sexo, a la fricción de nuestros sexos frotándose. Ya no tenía tan consciente que esto es de las cosas más ricas que puede uno oler. La penetre por cierto tiempo, escuchaba sus gemidos, yo disfrutaba el movimiento sincronizado que se genera cuando estás cogiendo.

    Después le pedí que me montará, mi erección no tenía problema, me sentí orgulloso y poderoso con esa sensacion. La vi de frente estaba sudando, de su frente comenzaban a escurrir gotas de sudor que en cualquier otra circunstancia me parecerían asquerosas pero no aquí, en este momento eran pruebas y testigos del delicioso momento que estaba sucediendo. Sus senos que si bien eran pequeños, tenían unos pezones carnosos de buen tamaño para poder apretarlos. Rebotaban al ritmo de mi penetración. Los tocaba y los apretaba, agarraba sus nalgas y las traía hacia mi. La vista era increíble, el olor delicioso.

    Entonces me detuve me sentí cansado y se notaba que ella también, me había confesado momentos antes que había ido a una fiesta la noche anterior y iba con algo de resaca. Quise cuidar esa situación y no llevarla al extremo para poder disfrutar otro poco.

    Ahora esas personas que platicaban amablemente minutos antes reposaban desnudos y agotados en la cama. Bebimos agua nos limpiamos. Seguimos hablando, ella hablaba mucho, quería expresarse, yo la dejaba. A Veces me distraía mientras hablaba, recorría su cuerpo desnudo con la mirada, me percataba y volvía a poner atención. Pasaron varios minutos hasta que mi pulso se tranquilizó, le dije que quería más, me dijo claro, lo que tú quieras, escuchar esas palabras salir de su boca hizo que mi excitación volviera a encenderse.

    Volvieron los besos y ahora eran más intensos, más profundos con mucha más confianza, le acariciaba las nalgas los pechos ella comenzó a sobarme los testículos y el pene, la sensación era deliciosa. Dentro de mi pensaba por qué lo hacía, no me importaba. Me sentí orgulloso de que mi cuerpo funcionará de que reaccionara ante esos estímulos, ya que venía de una temporada de sequía sexual si así se puede decir.

    Me dijo que le gustaba que le apretaran los peones y yo le dije que si podía intentarlo, que me dijera que tan fuerte y así lo hice pero el mayor de mis apretones le pareció poco, quizá esta acostumbrada a un trato más rudo pensé, pero eso no es tanto mi forma de ser.

    Me dispuse a penetrarla de nuevo ahora ella boca abajo yo encima, me excita demasiado poder ver todo el panorama y comencé a sentir sensaciones más intensas, de nuevo en cuatro y está vez le di con todo lo que tenía la tome del cuello, la empujaba hacia mi, hacia mi miembro, gemía y no sé si fue a propósito o natural pero dijo ”que rico está» o algo así.

    Me entusiasme más le seguía dando y a veces me detenía para descansar un poco y luego de vuelta a darle. Me pidió que la nalgueara fuerte como me había dicho me dijo que quería sentir y lo hice, la nalgueé con toda la fuerza que me puedo permitir en estas situaciones pero de nuevo se le hizo poco, quería más fuerte que las nalgas le quedarán rojas me dijo, y pues lo seguí intentando pero aún no me permito ser tan rudo con una mujer supongo.

    Decidí entonces mejor concentrarme en mi y en mi placer, que es a lo que iba. Aún teniéndola en cuatro seguí penetrando a juliana y disfrutando esas grandes nalgas que se le veían desde atrás. No tarde mucho para comenzar a venirme, algo que disfrute demasiado fue la visión de nuestros cuerpos en el espejo frente a la cama, creo que eso por fin me hizo explotar.

    Terminamos algo agitados, ella siguió acostada boca abajo y yo me tumbe a su lado, mantenía una de mis manos en sus nalgas, ese contacto después de terminar lo disfruto mucho.

    Se levantó, fue al baño y observó su reloj, inicio de la despedida. El tiempo que a mí me parecía mucho hace unas horas ya había transcurrido. Se vistió nos despedimos de la misma manera amable y se fue. Repose unos minutos y era hora de prepararme para salir. Me gusto el encuentro con Yuliana, quise volver a contactarla un tiempo después sin embargo su número ya no aparecía como válido, ni modo pensé, al menos me quedó la gran experiencia de disfrutarla.

  • Mi primera vez con una transexual

    Mi primera vez con una transexual

    Buenas, voy a contar mi relato con una transexual. Para empezar yo me llamo Diego, tengo 20 años. A mi siempre me ha dado morbo las chicas con polla. Desde que empecé a mirar porno siempre buscaba porno de transexuales y futanari, casi siempre trans activas.

    En 2021 me decidí por hacer realidad mi fantasía de que una transexual me folle. Empecé a buscar en páginas de escorts, mirando las pollas y que tenga tetas, ya que me flipan las tetas. Me decidí por una chica joven, se llamaba Camila por la foto tenía unas buenas tetas y una polla normalita. A todo esto yo tenía novia, pero estábamos en relación abierta. Continuando, quedé con ella concretamos los precios que fue 50€ media hora. Voy a su piso vivía en un 4°, me aseguro que no hay ningún vecino y entro a su piso. El piso era pequeño pero bien cuidado y ella me recibió en lencería, con un tanga cubriéndole la polla, me dirigió a la habitación. Recién en la habitación Camila se sienta en la cama, la empecé a comer las tetas y fui bajando hasta toparme con el tanga. Empecé a chuparle la polla por encima del tanga, comencé a quitárselo poco a poco con mi boca para descubrir lo que tenía entre las piernas. Como había estado sobandole por encima, Camila, tenía la polla dura, su polla era normalita unos 13/14cm como mucho pero me encantaba. Empecé a comerle la polla y ella me iba indicando como hacerlo, con más saliva, más despacio. Empecé a intentar tragarmela toda pero no pude.

    Luego cambiamos de posición, me senté yo en la cama y me empezó a comer la polla. Yo tengo una polla que no me quejo me mide unos 17 cm pero lo que más destaca es el grosor, cuando se me pone dura no puedo ni cerrar el puño. Siguiendo, Camila me dice: «que pollón» y empieza a lamerla lentamente con su lengua mirándome a los ojos. Luego empieza a introducírsela en la boca, lo cual le cuesta debido al grosor de esta. Pero finalmente la engulle hasta la garganta y comienza una de las mejores mamadas de mi vida. Estoy a punto de correrme y le digo que cambie que le quiero follar las tetas. Camila se tumba en la cama e introduzco mi polla entre sus tetas firmes y grandes. Ella empieza a apretarme la polla entre sus tetas y comienzo a follarlas. Estamos un rato así hasta que me pongo cachondo del todo y le digo que me folle.

    Camila, me pone en cuatro y empieza a lubricarme el año, poco a poco primero introduciendo un dedo, luego dos y luego empieza a lamerlo. A todo esto era la primera vez que lo hacían y sentía un placer enorme. Un rato después ella se pone un condón y empieza a metermela, poco a poco, ya que sabía que era mi primera vez. A mi me empieza a doler un poco pero me dice que aguante, y empieza a introducirmela toda. Ahí empieza a follarme bien duro, con unas buenas embestidas, y dándome cachetadas en el culo. Luego me dice de cambiar de posición y me pone boca a arriba, con mis piernas en sus hombros y empieza a follarme estilo misionero. En esa posición yo le iba chupando los pezones y ya me estaba gustando. Estamos un rato a si luego me puse a cabalgarla. Empecé a sentarme en su polla que ya me entraba toda y empecé a mover el culo. Fue tanto mi placer en esa posición que no pude evitar correrme le eché 5 chorros de leche (mi corrida suele ser abundante) por el cuerpo a Camila.

    Después ella me dijo que estaba a punto de correrse también y yo le dije que quería su leche en mi boca. Camila se puso de pie y a mi de rodillas, se la empecé a mamar un poco, hasta que ella se empezó a tocar porque se iba a correr. Me dijo «me corro» y empezó a correrse por mi boca y toda mi cara, yo me tragué todo lo que pude. Nos limpiamos me fui muy satisfecho.

    Y este es el fin de mi historia, desde entonces he vuelto a probar con algunas chicas más pero ninguna experiencia ha sido como con Camila.

  • Primera mistress (parte 1)

    Primera mistress (parte 1)

    Entro a su casa y me baño. Salgo con la toalla puesta. Ella estaba en su trono mirando su celular. Probablemente respondiendo mensajes a sus esclavos. Ella era delgada, de 170 cm de altura, y con un pelo rubio de león hermoso. Me mira, deja el teléfono, y me dice:

    -Desnúdate y ven aquí-. Señalando el suelo.

    Yo le hago caso. Me acerco y me arrodillo desnudo. Ella extiende sus hermosos tacos hacia mi y dice:

    -Besame los tacos.

    Y lo hago.

    -Buen chico, pero besalos mirándome a los ojos.

    Me daba vergüenza, pero ahí estaba yo, con mi pene ya muy duro, besando sus pies. Ella estaba completamente vestida. Tenía calza y remera negra. No tenía escote.

    -Quitarme los tacones y sigue besándome los pies. Deja de masturbarte. Yo te diré cuándo puedes empezar a tocarte.

    Y yo lo hacía. Descubrir sus pies era hermoso. Tenían un aroma indescriptible. No sabía si olían mal o bien, solo que era una fragancia que me excitaba mucho.

    La tentación fue más fuerte que yo, y comencé a usar mi lengua para lamerle entre los dedos. Mientras le chupaba un pie, el otro estaba sobre mi frente, humillándome.

    Luego de unos minutos.

    -Mira hacia arriba y abre la boca bien grande- Y procede a escupir una gran cantidad de saliva en mi boca. -no la tragues, saborearla mientras me das besos en los pies.

    Yo sentía que mi pene estaba a punto de estallar. su saliva era deliciosa. Comienzo a darle besos cada vez más rápidos, y más profundos. Cada medio minuto, aproximadamente, ella me volvía a escupir en la boca.

    -No te olvides de mirarme a los ojos.- me decía mientras sonreía, riéndose de mi. -sos muy desagradable.

    Estuvimos varios minutos así, que para mi fueron segundos. Su exquisita saliva en mi boca y sus hermosos pies eran todo lo que necesitaba. O, al menos, eso creía.

    Ella se escupía lentamente los pies, y con sus hermosas manos lo señalaba para indicarme que lo debía limpiar con mi boca. A veces incluso escupía el piso. Y se enojaba si dejaba saliva sin recoger.

    Tenía una varilla de plástico, con la que me pegaba en la cola, cada vez que yo me agachaba a lamer su saliva del piso, para pedirme que me apure y que lo haga bien.

    Se dio cuenta que constantemente yo miraba hacia su entrepierna. La calza dejaba ver la forma de su vulva, donde comenzaba y terminaba su ropa interior y cuál era el centro de su vagina. Ahí estaba, intocable.

    -¿Te gusta lo que ves? Sos tan asqueroso que apuesto a que quieres lamerlo. Voy a dejar que les des solo un beso, pero sobre la calza. Eso es todo lo que tendrás: Un beso sin lengua durante 5 segundos. Pero para que ganes ese privilegio primero tienes que ser un buen chico. ¿Vas a ser un buen chico para mi?

    Yo asentía con la cabeza pero me costaba hablar por la excitación. Si me tocaba el pito iba a correrme instantáneamente. Estuve sin tocarme durante varios días para poder visitarla con mucha sensibilidad, y no sabía si había sido una buena idea. Literalmente no podía pensar del placer. Tenía mucha leche acumulada. Como leyendo mis pensamientos, me dice:

    -Ponete en posición con los pies sobre la cabeza para que puedas correrte directo en tu boca. Quiero verte poner toda tu leche en la boca. Pero no lo tragues, o te vas directo a la calle y nunca más me vuelves a ver. Quiero que mantengas tu leche en tu boca sin tragar.

    Cuando me puse en posición, quedé con el culo hacia arriba. Ella se bajó de su trono y vino a darme nalgadas y a tocarme los huevos para que acabase más rápido y más fuerte. Yo me sentía muy avergonzado y expuesto.

    -Solo hago esto para que me des mucha más leche. Vamos, pajeate y acábate en la boca. no quiero que desperdicies ni una sola gota, apunta bien.

    Yo comencé a tocarme, con mi pene apuntando directamente a mi boca, mientras ella me daba nalgadas y me apretaba los huevos. Pero estaba nervioso y no podía acabar, cosas que a veces suceden. Luego de unos minutos ella se enojó. Fue a un cajón y agarró un consolador.

    -Vamos a ver si ahora acabas.- Y con lubricante, me fue penetrando la cola lentamente. -Vamos, abre la boca y saca bien la lengua, no quiero que caigan gotas afuera.

    Apenas la base del consolador hizo tope con mi cola, eyacule una gran cantidad de semen en mi boca. Ella comienza a reírse y burlarse de mí mientras yo acababa grandes y espesas gotas de semen sobre mi boca abierta.

    En ese momento, ella vuelve a su trono y me dice:

    -No lo tragues y ven para acá, arrodíllate, que tenemos mucho para hacer… Y sacate el consolador que pareces una puta.

  • Claudia la prima de Andrea

    Claudia la prima de Andrea

    Después de hablar con Andrea sobre que su prima Claudia nos había descubierto en los establos llegamos al acuerdo de que le daríamos lo que pedía (su encuentro conmigo).

    Claudia es la prima menor de Andrea con recién 18 años cumplidos era una chica no más de 1.60 de estatura, rubia de ojos azules, buenas tetas piernas gruesas y caderas anchas y un culo respingón que provocaba devorarlo con solo mirarlo además que se le marcaba una buena porción de coño.

    Habíamos cuadrado la salida un día que nos tocara a Andrea y a mi buscar provisiones al pueblo donde siempre íbamos ese día Andrea inventaría cualquier pretexto para ella no ir y que mandaran a su prima conmigo sola, las cosas pasaron tal cual lo planeado, en el camino iba conversando con Claudia sobre lo que había visto.

    Yo: Claudia que viste con exactitud el día que me viste con Andrea en los establos.

    Claudia: solamente vi cuando la cogías por el culo y como ella se retorcía de placer a cada embestida tuya ya había visto las pantaletas de mi prima llenas de leche y solo me faltaba descubrir de quién era esa leche y vaya que si lo descubrí me gustó lo que vi ese día.

    Yo: ¿qué fue lo que te gustó?

    Claudia: me gustó ver un hombre de verdad con un güevo de verdad no con uno como el de los mocosos todos inexpertos y si mi prima lo pasa bien contigo porque yo no puedo hacerlo sería un secreto entre tres.

    Yo: ah pero tú ya has tenido relaciones con otros hombres por lo que me cuentas.

    Claudia: claro ya te dije son mocosos de güevo corto jajaja.

    En ese entonces llegamos al pueblo y nos dirigimos a comprar las cosas ella llevaba un mono de esos de licra que dejaba poco a la imaginación, una vez terminada las compras me fui con Claudia al motel donde siempre llevaba a Andrea.

    Claudia: o sea que aquí es su nidito de amor jajaja que bueno.

    Yo: ahora es nuestro también le dije.

    Una vez ya en la habitación procedí a besarla y de una vez mis manos se posaron en sus nalgas le quite su franela y sostén y empecé a mamarle esas tetas grandes de pezón rosado ella gemía entrecortada y me quito mi camisa y me acariciaba la espalda mientras mi lengua jugaba con sus tetas y labios me separó y se agachó y desabrochó mi pantalón y dejo salir mi güevo que ya estaba listo para la pelea y se lo metió en su boca y empezó una mamada torpe al principio pero después agarro ritmo sus babas caían en sus tetas y me decía esto si es un güevo de verdad uff que rico la levanté porque no quería acabar ahí.

    Claudia: que te pasa porque me cortas

    Yo: termina de desvestirte Claudia que yo haré lo mismo.

    Así lo hizo pude verla totalmente desnuda hermosa blanca como la leche tetas grandes abdomen plano caderas anchas piernas y nalgas gruesas y tonificadas y lo que no podía faltar su cuca era grande tal cual como se marcaba labios finos pero gordos y rosada.

    La bese la pegué a mi y sintió mi güevo pegarse a su vientre la coloqué en cuatro patitas en el borde de la cama con su pecho apoyado en el colchón y empecé a pasarle la lengua por su rosada Cuca empezó a retorcerse de placer aullaba cómo gata en celo ya mi lengua pasaba de largo mamando esa cuca rosada junto a ese botoncito rosado que era su culito también la tenía de carnes abiertas, de pronto se incorpora y voltea roja de excitación y me dice cogerme, me levanto y la agarro con una mano de sus caderas y con la otra pongo la cabeza de mi huevo en la entrada de su Cuca chorreante y empiezo a penetrarla cuando voy por la mitad se lo meto de golpe hasta los huevos.

    Claudia: oooh que rico uff me entró todo me abres toda.

    Yo: estás súper estrecha y apretada ya sabrás lo que es cojer con un hombre de verdad y no con mocosos.

    La agarré de sus caderas y empecé con las embestidas todas eran profundas y con fuerza ya la sentía más abierta el choque entre los cuerpos era muy sonoro de repente se tensó y largo un gemido fuerte y se desmadejo sobre la cama había alcanzado su primer orgasmo con mi güevo dentro.

    Claudia: me matas tienes ese güevo grande y grueso uff.

    Se lo saqué y me acosté boca arriba en la cama y la puse a qué me cabalgara así lo hizo y yo me agarraba de sus nalgas grandes que ya estaban rojas y le mamaba sus tetas grandes y firmes.

    Claudia: no me lo saques no dejes de cogerme nunca que rico me haces sentir uff…

    Ya le tenía un dedo metido en su culo.

    Claudia: por ahí lo he hecho solo una vez pero con tu güevo me vas a destrozar mi culito.

    Yo: lo mismo decía tu prima y ya pudiste ver cómo se lo traga todo.

    Le dije ponte boca abajo mete la almohada debajo de tu vientre y abre tus nalgas para mí, así lo hizo podía ver su culo palpitante, me ensalivé un dedo y se lo metí para dilatarlo un poco ella solo se retorcía agarrando sus nalgas.

    Le mamé el culo un rato le metí el huevo por la Cuca para lubricarlo con sus flujos y empecé a metérselo poco a poco bufaba se retorcía.

    Claudia : me vas a matar me traspasaras me duele ohh me arde.

    Ya había logrado meter la cabeza del güevo empecé un ritmo mete y saca suave cada vez iba penetrando más ese culote que tenía para mí hasta que se lo dejé ir todo.

    Claudia: aaah me duele me rompiste el culo oohh

    Arrugaba las sábanas y se movía del dolor yo me pegué a su oído y le dije ya eres mi putita Claudia igual a tu prima tienes mejor culo que ella oh si que apretado lo tienes ella medio voltea y se dibujó una sonrisa entre dolor y placer.

    Empecé a cogerla fuerte por el culo la agarraba por las muñecas y le daba caña con todo ella gemía gritaba que le dolía pero que no se lo sacará.

    Yo: voy a acabar en tus tripas Claudia te inundaré tu culo con mi leche

    Claudia: hazlo lléname llena a tu puta con tu leche que rico uff.

    Empecé a darle más fuerte hasta que no pude más y empecé a vaciar mi leche en sus tripas.

    Claudia: oohh la siento me quema por dentro me tienes el estómago revuelto aaooh.

    Termine de vaciarme en su culo y la tenía abajo tomada por sus tetas besando su cuello.

    Yo: de ahora en adelante el único que te coje por el culo seré yo.

    Claudia : si amor así será ¿y mi cuca?

    Yo: tu cuca también es mía pero se la puedes dar a quien gustes tu culo es mío solo mío.

    Claudia: nadie más me cojera solo tu ya con tu güevo dentro de mi cualquier otro queda flojo.

    Le saque el güevo del culo y pude ver cómo le salía leche con algo de sangre, ella se levantó corriendo al baño y me dijo que le habían dado ganas de hacer su necesidad y lo que salió fue leche y sangre que le había roto el culo.

    Nos bañamos juntos la cogí nuevamente en la ducha, pero está vez acabe en sus tetas nos arreglamos y nos fuimos de vuelta a la finca, en el camino me decía que le dolía el culo al llegar a la finca sale a encontrarnos Andrea y nos dice que tal les fue ella le dice todo bien socia silencio comprado y le guiña un ojo y se ríen. Andrea me dice te espero en los establos para hablar le digo que ok que en 20 minutos iba. Claudia voltea y le dice ve si le sacas algo porque creo que lo deje seco jajaja y se ríen.

    Así fue como empecé a andar con Claudia la prima de Andrea.

  • Génesis, la muy caliente esposa de Josué. Coge delicioso

    Génesis, la muy caliente esposa de Josué. Coge delicioso

    Génesis era y es una mujer muy guapa. Alta y delgada, de piel blanca, con una cara un poco alargada, labios y boca pequeños, de ojos grandes de color café claro. Sus pechos firmes que cabían en cada una de mis manos, cintura breve y de nalgas ni muy grandes ni muy chicas.

    Tanto Yesica como yo no cabíamos de gusto al saber que intercambiaríamos parejas con su esposo Josué. Estando en el motel y mientras Yesica se lo llevó a él a la habitación que eligió, Génesis y yo entramos a nuestra habitación.

    -¿Has estado con alguien más aparte de tu esposo? -Le pregunté mientras nos sentábamos en el sillón y pedía unas cervezas a la recepción.

    -Nunca. Se me ha antojado uno que otro chico de la plaza comercial, entre ellos tú, pero ni loca me hubiera atrevido a engañar a Josué. No sé dónde tenía la cabeza cuando acepté intercambiarnos.

    -Espero que no te arrepientas ahorita. ¿Qué sientes al saber que tu esposo se va a coger a mi novia? ¿Estás celosa?

    -Sí me dan celos, pero él a muchas chicas les tira la onda, así que aprovecharé esta para desquitarme.

    Mientras nos tomábamos las cervezas platicamos un buen rato, del trabajo, de la infidelidad, de los sentimientos, hasta que tocamos el tema del sexo. En qué le gustaba y qué no, para este punto ya estábamos sentados juntos y la abrazaba con un brazo mientras con mi mano libre acariciaba sus piernas, nos comenzamos a besar, me encantaban sus labios y su boca pequeña.

    La recosté en el sillón y me hinqué a su costado, seguíamos besándonos mientras con mi mano acariciaba sus pechos sobre la ropa, metí mi mano bajo su blusa y el contacto con su piel le provocó escalofríos, abrió sus piernas y sobre su pantalón froté su panocha, al sentirme cerró sus piernas apretando mi mano con fuerza, aún sobre la ropa se sentía muy caliente. Metí mi mano bajo su pantalón a la altura de su abdomen y fue ella quien lo desabotonó y con calma lo fue bajando hasta donde pudo y yo terminé de quitárselo.

    -¿Te gusta que te la chupen? -Le pregunté. Y ella contestó que sí, pero su esposo casi nunca se lo hacía.- Pues que mal por él, no sabe de lo que se pierde -le dije.

    La levanté un poco para que se reclinara en el respaldo del sillón y me puse entre sus piernas. Se las levanté para quitar su pantaleta y me encontré con una vagina como no había visto antes. Sus labios vaginales no se notaban, se veía como lo que se llama una pata de camello, sólo había una rajita muy húmeda. En su pubis muy poco vello púbico de un tono claro por ser el color de su piel muy blanca. Luego de admirar esa hermosura de panocha, acomodé sus piernas sobre mis hombros y sus nalgas en la orilla del sillón. Me supo deliciosa su humedad. Metí mi lengua en ella y era diferente su forma de apretar, succioné con mis labios su clítoris que de igual forma apenas y se notaba, lo encontré por sus gemidos, pues ese era el punto en donde más fuerte gemía. Le dediqué un buen rato a mamar su rica panochita, ella se quitó la blusa y como pudo desabrochó su brasier, me mostró un hermoso par de tetitas blancas con pezones en un tono café muy claro, aunque quise acariciarlas, estaba tan metido en su panocha, que con mis manos atraía sus piernas hacia mí, para estar lo más posible dentro de ella. Ambos disfrutamos de ese rico oral, se vino delicioso en mis labios mientras echaba su cabeza hacia atrás y gritaba tan fuerte que seguramente se oiría en otras habitaciones.

    Su respiración seguía agitada. Se puso de pie igual que yo y mientras nos besábamos, me ayudó a quitarme la ropa. Me sentó en la misma forma que ella estuvo en el sillón, se puso entre mis piernas y yo apoyaba mis pies en el piso. Su cara era de impresión, mi verga rasurada se veía más grande que la de su esposo llena de pelos, usaba sus dos manos para acariciar mi tronco y huevos al tiempo que subía y bajaba la piel de mi verga. Me daba tiernos besos en los huevos y abrió lo más que pudo su boca, pero siendo esta tan pequeña, no le entraba la cabeza, con su mano derecha me empezó a masturbar muy fuerte, diría que de una manera violenta, pues me ardía la piel de la verga, su saliva ayudó para que resbalara mi cabeza en su boca y alternó un rico sube y baja tanto con su mano como con su boca, que me estaba haciendo disfrutar mucho, pero el dolor que me provocaba su masturbación, me hacía aguantar el orgasmo. Eran violentas sus mamadas, pero ella lo disfrutaba, gemía aún con mi verga llenándole la boca y movía su cuerpo de manera que me hacía entender que disfrutaba estar mamando verga. Se vino sin tocarse, gemía de modo que así lo entendí y ni así dejó de chupármela. Le avisé que me iba a venir, ella sacó mi verga de su boca y apretó mi tronco con fuerza, de modo que contuvo mi esperma para que no saliera a chorros, sino que fue aflojando de apoco para que resbalara por mi cabeza y sobre su mano, yo la veía con una sonrisa hermosa en su rostro, así como si cumpliera una fantasía. Sacó su lengua y empezó a beber mi leche, lamía su mano y toda parte donde hubiera esperma, gemía y lo disfrutaba.

    Se relamió los labios y con un poco de mi semen en la boca se acercó a besarme, abrió su boca frente a mí para que viera lo que me iba a compartir y así recibí ese beso, sus hermosos pechos estaban sobre mi pecho y con una de sus manos jalaba mi verga. Disfrutamos de ese rico sexo oral.

    Se sentó a mi lado y se tomó una cerveza completa. Se veía feliz, no paraba de sonreír, hacerlo de ese modo era un deseo reprimido.

    Pedimos otras cervezas. En ella ya se notaba el efecto del alcohol. Sentados uno al lado del otro, ella acariciaba todo el tiempo mi verga, yo estaba ya muy duro. La volví a recostar en el respaldo del sillón, me puse un condón y tuve una hermosa visión al ver entrar mi cabeza en esa panochita extraordinaria, ella soltó un gemido, con sus piernas a mis costados me incliné para abrazar su cintura con mis brazos y de a poco me fui metiendo en ella , con una sensación deliciosa en mi verga y ella gimiendo con cada centímetro que le entraba. Nos movíamos con ritmo, abrazados y con nuestros cuerpos muy juntos. En verdad ella gemía casi a gritos y se vino dos o tres veces así, yo sentía los espasmos dentro de su vagina, pero no dejaba de moverse. Sus besos seguían riquísimos y ambos disfrutábamos de sus ricos orgasmos. En uno de esos orgasmos yo me vine junto con ella, me vacié dentro del condón, pero como ella seguía moviéndose y mi verga no perdía su firmeza, seguimos cogiendo rico hasta que nos cansamos de estar en esa posición.

    Aprovechamos para ir al baño. Los dos seguíamos muy calientes, así que ella no se negó cuando sentada en el escusado me incliné para besarla y metí mis dedos en su panocha, sintiendo cómo salía su orina y escurría por mi mano, gemía entre mis labios y yo disfrutaba de ese líquido tibio.

    Nos metimos bajo la regadera y al salir, pedimos otras cervezas. Ella seguía feliz y el sueño ni se nos acercaba, a pesar de que sabíamos que ya era muy tarde. Nos metimos a la cama y luego de ponerme un condón ella se montó en mi verga, con sus manos sobre mi pecho, ella subía y bajaba sobre mi tronco, igual no paraba de gemir. Tuvo otro orgasmo así montada sobre mí. Se recostó sobre mi pecho a descansar pues había hecho algo de esfuerzo.

    Entendió cuando la puse en cuatro patas que me la iba a coger de a perrita. Empinada como estaba podría decir que se veía como una letra i, una rayita de su vagina y el punto que era su ano. Me incliné para lamer su vagina y de paso darle un beso a su ano, muy antojable para mí. Ella se resistió un poco, pero terminó por aceptar esa caricia de mi lengua en su culo. Sólo metí un poco mi lengua, pues no era mi intención pedirle sexo anal ese día. Con sus manos se agarró a los barrotes de la cama, me puse otro condón y la tomé por sus caderas, le metí la verga de a poco, tenerla así también fue una experiencia diferente. Apretaba de otra forma. Creo que le gustó mucho, como para la mayoría de las mujeres esa es su posición favorita, le metía la verga con fuerza y ella se echaba para atrás impulsándose de los barrotes de la cama, por lo cual la pared también recibía esos impulsos.

    Se veía hermosa de a perrita, y más hermoso su rostro cuando sobre su hombro volteaba a verme, entrecerrando sus ojos y gimiendo muy fuerte. Disfruté mucho metiéndole la verga en su apretada panocha, en esa hermosa y rica panochita. Tuvimos nuestros respectivos orgasmos, me vacié tan rico dentro de ella y ella igual, que su fluido escurrió por mis huevos, tanta fue su humedad que no pude evitar, al sacarle mi verga, bajarme a beber su orgasmo a pesar de combinarse su sabor con el sabor del condón, ella me lo agradeció levantando más su hermoso culo, lamí hasta dejarla casi seca.

    Seguíamos sin sueño, así que nos sentamos a platicar y tomar otras cervezas. Entre pláticas nos besábamos. Llegué a poner cerveza sobre sus pezones. Y de su pecho y ombligo yo la bebía encantado. Ella hacía lo mismo sobre mi verga y así pasamos el resto de la noche o, mejor dicho, madrugada.

    Josué comenzó a tocar el claxon de su coche, así que nos comenzamos a vestir. Ver a esa mujercita hermosa vestirse y con esa sonrisa en los labios, me paró la verga al instante. Le pedí una mamada más y ella aceptó encantada. Nos quitamos la ropa de rápido y nos pusimos a hacer un 69, ella con su rica masturbada y mamada fuerte en mi verga y yo con su hermosa panochita en mis labios. No pude evitar meterle un dedo en el ano y ella al sentirme se movió más rico, con más ritmo, no tardó mucho regalarme un rico orgasmo en mis labios, lamí hasta el último rastro de su humedad. Afuera sonaba el claxon del coche de su marido, así que fue bajando la intensidad de su mamada. Yo estaba satisfecho con el orgasmo que me dio a beber, así que en esa posición, ella sobre mí, le di una nalgada suave provocándole un leve gemido, señal de que le gustó.

    Mientras nos vestíamos rápido para salir, ella me pidió que si Josué preguntaba si ella me había mamado la verga, yo debía decir que sí, pero que lo había hecho mientras usaba un condón. El punto era hacerlo creer, que no había tenido contacto con mi leche. Le aseguré que eso diría si me preguntaba.

    Al subirnos al coche yo saludé a mi novia Yesica con un beso largo en la boca. Génesis quiso hacer lo mismo con Josué pero apenas y le dio un beso pequeño en los labios. Ella iba feliz, platicando conmigo y con Yesica, preguntando cuándo lo íbamos a repetir mientras Josué iba de malas.

    Nos dejaron en donde rentábamos y ellos se fueron a su casa. Yesica quería saber los detalles de ese encuentro con Génesis, pues estaba muy caliente viéndola tan animada. Entramos a nuestro cuarto con la idea de hacer el amor mientras nos contábamos nuestras experiencias en ese intercambio, pero encontramos un papel que echaron bajo nuestra puerta, decía que fuéramos lo más pronto posible a la casa de mi suegra.

    Preocupados nos dirigimos para allá.

  • Verano del 2015

    Verano del 2015

    Como era costumbre en temporada habíamos rentado una casa a unos 80 km de la capital, en un balneario cercano a Costa azul. La segunda quincena de enero era un poco más apacible que la primera, pero aun así el flujo de turistas era continuo.

    La idea como siempre era que fuesen vacaciones familiares, Claudio mi hijo llevó a su esposa, yo a mi mujer y a Camila nuestra hija de 21 años. Alquilamos aquella amplia casa de veraneo para tener la comodidad necesaria las tres semanas que pensábamos permanecer. Nada más lejos de la realidad.

    La primera semana transcurrió de lo más normal, playa, siesta, barbacoa, alcohol… Lo común sin excesos, mi esposa y yo nos encerrábamos en el dormitorio y el sexo veraniego era más frecuente de lo normal, el calor disparaba el morbo y la escasez de vestimenta la imaginación, uno estaba siempre dispuesto.

    Marta (mi nuera) supongo, a juzgar por algún quejido que huía de su habitación le ocurría mismo y la nena ya lejos de su infancia se escondía en libros y problemas matemáticos para darle sentido a una existencia un poco más agitada, que lo que hasta ahí yo sabía. La deserción obligada se desató la segunda semana, a Marta la llamaron de la capital de forma urgente para hacerse cargo de una nueva sala, que inauguraba el hospital donde se desempeñaba, era un sueño hecho realidad que truncó felizmente sus vacaciones, así que nos abandonaron sin vacilar, prometiendo volver para pasar los últimos días en familia.

    Al calor húmedo y sofocante las noches le otorgaban una tregua tan relajante como deseada. Dos días después de la partida de mi hijo y su mujer, una alarmante llamada repentina dio por tierra nuestra continuidad. La hermana de mi señora tuvo un accidente cardiovascular y fue internada urgente en Buenos Aires (Argentina). Por lo que debíamos viajar.

    —Amor, ustedes quédense. Disfruten estos días, la casa está pagada hasta el 4 de febrero, no vamos a perder eso.

    Y así fue como luego de un corto debate decidimos llevarla al aeropuerto para que permanezca con su familia y regresé con Cami y un débil resto de ánimo a continuar aquellas vacaciones saboteadas por el infortunio. No es sencillo narrar lo que ocurrió ese verano, de una manera racional, no quiero despojarme de la culpa que me corresponde, pero debo añadir que fui víctima también de un perfecto complot del destino, que tejió sin dudas un ámbito propicio para aquella deliciosa aberración que se gestaba.

    El aire acondicionado de mi dormitorio dejó de funcionar, por lo que opte mudarme para la habitación de arriba, la que antes ocupaba mi hijo, contigua a la de Camila, fue sin saber fue el principio de la trampa sutil de un deseo abrasador que estaba por consumir la moral férrea que hasta allí creía poseer.

    El calor agobiante sudaba nuestras pieles es verdad, sin embargo, solo era una pequeña porción, una rueda en aquel engranaje que empezó a girar la segunda noche que quedamos solos. Después de cenar entre varias pausas donde el sonido de los cubiertos y platos fueron protagonistas, Camila se retiró a su habitación con la excusa de chatear con su amiga que estaba en Brasil, y yo me ofrecí a lavar la losa y acomodar la cocina.

    Luego de eso salí a fumar un cigarrillo y contemplar las estrellas. Una parte de mi quería irse, regresar a la ciudad, pero por otro lado sabía que no tenía forma de ayudar. Más de una hora después escalé a mi habitación para descubrir en el camino, la puerta de Cami entreabierta, la tenue luz de la notebook bañaba las sábanas blancas y las teñía de un pálido azul al igual que el derrotado cuerpo desnudo y bronceado de la veinteañera, posaba de perfil con un pie estirado y el otro recogido ¡mi Dios! No pude evitar mirarla sin recordar a su madre que era igual a su 21, casi 22 años lo recuerdo como para tratar de tener algún indulto por lo que pasaba en mi interior.

    La contemplé varios minutos como a una mujer de dudosa procedencia el cabello negro caía como una cascada sobre su rostro agrio, con una mueca de dolor como si me estuviera mirando profundamente dormida. La mágica luz , lamía su figura juvenil y tatuó en mi retina la perpetua imagen que como una maldición acosaría el resto de mi vida.

    Me retire lentamente sobre mis pasos sin dejar de observarla perturbado, y aunque cueste reconocerlo excitado terriblemente excitado por una joven que desee ahí, que no fuera mi hija. El marco de aquella puerta se declaró mi enemigo y dentro habitaba la diabla sumisa e intelectual que volaría sin tapujos la baja integridad de su padre. Fue la noche de verano más larga de mi vida, masajee mis ojos cerrados intentando apartar aquella imagen quimérica que corrompía mi voluntad.

    En la mañana desayunando la miré diferente

    —Pasé a despedirme anoche. —Dije apresurando a tragar la tostada.

    —Estaba muerta, Pá. Apenas me bañe, me tire en pelotas. ¿Me viste?… —Preguntó, apurando el café y riendo.

    No conteste. Ella había cambiado de mojigata a Mata Hari en un día y yo estaba totalmente desorientado como nunca a mi casi medio siglo de existencia.

    —Esta noche podemos ver la película tenebrosa, esa del bosque de no sé qué… ¿Te parece? —Propuso la mujer de la casa.

    Las nubes descompusieron el clima perfecto en más de 25 días del mes y la película nocturna se adelantó para las14 horas en medio de una llovizna mansa que supongo era parte del plan. Dos latas de cerveza aliviaron un guion malísimo. Un rato antes que comenzará el bodrio apagó las luces y nos cubrimos con una manta liviana para entrar en clima, la temperatura había descendido un poco pero pronto en living treparía a niveles catastróficos.

    Cada poco la película ofrecía algún sobresalto que la veinteañera aprovechaba para aferrarse a mi pecho. No lograba concentrarme en nada que no fuera en ella, en la visión diabólica de la noche anterior y su desnudez total de la persona que tenía abrazándome bajo la manta. La cosa no se podía poner peor cuando al protagonista de la película le comienzan a hacer una mamada en el auto.

    Me ruboricé. No era algo para ver con mi hija precisamente, por eso sostengo que fue la tormenta perfecta. Estaba empalmado tremendamente y ella lo notó, porque dejó caer una mano encima del miembro que la engendró. Le aparté la mano lentamente y en sus gafas me vi, pero no me reconocí. Era un sujeto diferente un tipo que había perdido la batalla entre el bien y el mal y que pronto estaría follando a su hija sin importar la condena. Decidí permanecer inmóvil con aquella brutal erección y la chica en mi pecho escuchando el corazón que se debatía a muerte entre lo que deseaba y lo correcto. Luché hasta donde humanamente me dieron las fuerzas y finalmente decidí ceder ante la joven voluntad que no claudico a su deseo.

    —Que pasa papá? ¿Nunca te la chuparon en el auto? —Me pregunto sin rodeos y no contesté.

    Su mano busco nuevamente el pene, pero esta vez, la dejé ser y le ayudé a liberarlo bajando las bermudas. Me sobo el grueso miembro en la penumbra y cuando ya no soporté las caricias tortuosas de la fémina, la miré con rabia, con deseo voraz e irrefrenable de tenerla.

    —Ya. Basta. Le implore mientras me enseñaba la tanga negra que extrajo de entre la manta.

    La tele se apagó y entre las sutiles sombras del pino que mecía el viento la muchacha olvidó su parentesco y succionó mi verga de forma magistral, la misma que le había dado su vida ahora estaba en su boca y sabía perfectamente qué hacer. Aquel maravilloso y prohibido placer fue retribuido con sabia pericia y en un movimiento felino le masqué el clítoris para que sepa lo que sentía su madre antes de la cabalgata.

    El último rasgo de luz y de coherencia lo vislumbré justo a la entrada, tenía a la veinteañera lubricada bajo un espeso bigote hitleriano de vellos que también lamí con desesperación ante sus histéricos y entrecortados grititos de «—no papi… no» y apuntalada con la gruesa punta que castiga a su madre. Y ahí unos segundos antes de entrar, recobré la cordura.

    —Soy tu padre, Cami… No, no puedo… esto no está nada bien…

    Y cuando comencé una lenta retirada, agarró mis huevos con vehemencia y una lágrima rodó por su mejilla, los ojos dilatados exclamaban la excavación profunda y así sin más y plenamente consciente de mi acto y sus consecuencias le enterré los 21 cm de amor paternal, al contado.

    Los extensos gemidos de mi hija aún resuenan en mí y el secreto de aquella tarde inexplicable e irrepetible yace en nuestras miradas muy de vez en cuando.