Blog

  • Sexo fuera de la ciudad

    Sexo fuera de la ciudad

    Hola soy Mely, contaré una más de mis experiencias sexuales actualmente tengo mi pareja César vivo con él y me hace muy feliz llevamos una relación de pareja muy apasionada, pero César no sabe de mis relatos creo que no le falto el respeto contando mis historias que son reales.

    Fue un tiempo cuando no tenía pareja fija eran amores pasajeros de una o dos veces y se perdían era un tiempo que necesitaba de sexo soy bien calentona en la cama, así que me decidí poner un anuncio en una página de internet el anuncio decía así: » Travesti de closet busca amigo maduro para sexo” al siguiente día comenzaron a llegar mensajes eran muchos claro que la mayoría eran de jovencitos calientes nada serios pero uno me interesó pues me dejó su número telefónico, al cual llamé era un empresario dueño de una flota de camiones de una ciudad a tres horas de Lima, me envió su foto y me dio bastante confianza, acordamos la fecha y viajé ese día.

    El me esperó en el terminal, me dio los detalles para ubicarlo era una camioneta doble cabina lunas polarizadas subí al carro le di la mano, pero el me jaló y me besó en la boca algo que me sorprendió y excitó, me hizo pasar a la cabina posterior me dijo que me vistiera mientras el hacía unas visitas a unos clientes que tenía que cobrar. Me desnudé y comencé a vestirme de niña linda nadie me veía por las lunas polarizadas visitó a cuatro clientes y le dije… ¡¡¡ya estoy lista amor me miró y me dijo!!! ¡¡Guapa muñeca qué voy a tener entre mis brazos!!

    Entonces vamos al hotel eran aproximadamente 2 pm era un hotel grande, era un patio había varios vehículos bajó del carro me abrió la puerta todo un caballero me dio un largo beso en la boca y caminamos hacia donde estaban las habitaciones primera vez que caminaba de día vestida de chica, las miradas de los trabajadores del hotel las sentía en mi cara, entramos a la habitación nerviosa y roja de la vergüenza pero en fin era algo que lo disfrutaba.

    Me tomo de mi cintura no me dejó hablar sus labios con los míos eran uno solo nuestras lenguas entrelazadas daban rienda a nuestros instintos carnales, me empujó a la cama boca arriba y el en mi encima, el no era tan alto pero si robusto yo tenía 38 años y él 45 tenía bastante fuerza me daba la vuelta como a un muñeca me sacó el vestido y quedé en lencería negra yo soy blanca culona, se desnudó me puso su pinga de 16 cm con 6 cm de diámetro en mi boca sufri para acostumbrarme a ese enorme tronco le pasaba mi lengua por el glande y bajaba hasta sus huevos los chupaba y los metía los dos juntos a mi boca yo le agarraba sus nalgas, seguía chupando sus huevos y le pasé mi lengua por su ano pensé que se iba a molestar pero me dijo ¡¡Qué rico primera vez que me lo hacen!!

    Entonces le seguí chupando su ano le metía mi lengua hasta donde se podía. Luego en posesión de misionero me chupaba mis tetitas mi cuello mis orejas, me hacía gemir fuerte de lo excitada que estaba.

    Gemía cómo una mujer a punto de un orgasmo me volteo boca abajo besaba mi espalda mis hombros el era un macho lleno de placer su pinga dura rozaba mis nalgas yo con temor al grosor de su pinga pobre de mi culo decía yo» sacó un preservativo de su pantalón se lo puso le dije para chuparla la dejé con saliva y me puso piernas al hombro me chupó mi culo metía su lengua mordía mi ano que me hacía gritar de dolor y placer, cuando vio que estaba bien dilatado mi ano, levanto bien mis piernas puso su pinga en mi huequito dilatado y comenzó a meter ufff cómo me dolía él sabía lo que tenía por eso lo hacía despacito besaba mis labios me preguntaba si dolía le decía que sí pero que me gusta, cuando estaba a la mitad la sacó toda le echó bastante saliva y lo puso otra vez en mi culo y de un sólo empujón llegó al fondo dejó de moverse, yo gritando como loca me hizo lagrimear luego empezó mete y saca con fuerza yo gritaba y gemía mis gritos y gemidos se escuchaban fuera de la habitación.

    Mientras yo gemía el me decía «puta tienes rico culo ahora eres mi perra”. Mis tetitas me las mordía mi cuello, luego me puso en pose perrita con mi culito bien parado y mi cara en la sabana se paró sobre mi culo bajo su vientre y me penetró toda su pinga sus huevos chocaban con los míos, después de varios minutos bombeando mi culo lo hacía sonar, porque al sacarla toda se llenaba con aire y al meter sonaba como gases y el se excitaba más.

    Estuvo más de una hora bombeando mi culo en varias poses, cuando lo estaba cabalgando me dijo que se venía empujó duro y su pinga latia y se hinchaba al soltar su leche, yo con la pinga dentro de mi culo me masturbe y tuve mi orgasmo deje mi leche en su pecho y barriga, me jaló hacia él me besó me tuvo abrazada hasta que su pinga se salió de golpe sentí que mi ano había quedado bien abierto, me levanté saqué el condón de su pinga estaba lleno de leche todo un semental, con una toalla húmeda le hice una limpieza su pinga y fui al baño a lavar mi culo adolorido pero feliz de ser una puta.

    Por teléfono pidió comida y un vino me gustó ese detalle, luego de comer y beber nos quedamos dormidos. Me despertó con sobresalto yo no me acordaba dónde estaba me había quedado dormida profundamente, cuando volteo y lo veo recién me ubiqué su teléfono estaba timbrando tenía que irse pero antes de eso me hizo darle sexo oral a semejante pinga por un buen rato pero me pidió por favor que me tragara su leche, después de coger un buen rato mi boca soltó su leche era bien espesa y bastante le enseñe la leche en mi boca y la tomé me dio arcadas primera vez leche bien espesa en mi boca.

    Me dijo que no había tiempo para bañarse y yo necesitaba cambiarme, me dijo en un rato uno de mis trailers sale para Lima el te llevará.

    Salimos del hotel igual cómo entramos yo de chica, y en el camino hasta donde estaba su trailer de su billetera sacó varios billetes y me los dió me dijo «gracias por venir y pasar ricos momentos tienes rico culo sin contar el dinero lo guarde en mi cartera. Al llegar al trailer le dijo ¡¡llévala hasta Lima tranquilo nomás!! le dijo a su chofer.

    Eran 11 de la noche y ya en el carro saqué los billetes me sorprendí me había dado buena cantidad de dinero, el chófer joven rudo bien educado y amable me preguntaba lo de su jefe pero le conté sólo algunos detalles nada me invitó una bebida conversando amenamente le dije que si podía parar en el camino para poder lavarme y cambiarme por qué no podía llegar así vestida de chica me iban a ver en la calle y me dijo ¡¡No te preocupes yo te dejo en la puerta de tu casa!!

    Lo bueno que yo vivía sola y estaba en la ruta de él, cuando estábamos a mitad de camino paró en un grifo a comprar algunas galletas cuando subió al carro me dijo come… al darmela me tomo de la mano y dentro de mi pensé «ya se lo que quiere» era timido no me decía nada lo seguí mirando y le pregunté te gusto? me dijo que quería darme un beso y yo misma le di un beso largo en sus labios, puso sus manos en mis piernas y me dijo para ir atrás al camarote primero entré yo al camarote y luego el se iba a desnudar pero le dije quiero lavarme antes de hacerlo bajamos del carro me echaba agua y me lavé bien luego ya en el camarote se desnudó tenía un pinga grande de 22 o 23 cm pero felizmente delgada pero bien dura le puse un preservativo me cogió en varias poses me hacía quejar de dolor chocaba bien adentro que me hacía doler más lo que me había hecho su jefe yo estaba adolorida, se corrió dentro de mi culo cuando sacó su pinga el condón quedó adentro lo saqué y también tenía bastante leche, nos vestimos y continuó el viaje ahora con más confianza me agarraba mi cara me decía que eres linda tienes buen culo y que esperaba que no sea la última vez.

    Luego de tres horas llegamos se estacionó en la puerta de mi casa yo vivo en la misma carretera antes de bajar me besó y yo le agarré su pinga y se la chupé hasta sacarle más leche que la tomé muy deliciosa nos dimos un beso entré a mi casa y se fue pero antes me dejó número de su celular qué luego tuve dos encuentros con él pero ésa es otra historia amigos éste relato es 100% real. Recibo comentarios sean positivos o negativos deseo tener amigos escríbanme.

    En unos días habrá otro relato espero que les guste besitos.

  • Pecados capitales

    Pecados capitales

    Dos meses enteros de reclusión, celibato, abstinencia de todo pecado, vicio y perdición. Santa, casta y bendita en la práctica diaria. Si no fuera porque tengo la mente atada al cuerpo hubiera podido engañar a Dios y ganar al paraíso. Eso sí, no importa cuán sano mantenga el cuerpo, mi mente con todo y pensamiento pertenece al cálido infierno.

    Una vez al control de mi libre albedrío mis labios, pulmones y sentidos, cayeron bajo los efectos del primer cigarrillo en mucho tiempo. El primero lo fumas con glotonería, lo absorbes con hambre y terminas disfrutando de una leve y efímera borrachera; el típico mareíto rico que te abre el apetito a otro cigarrito. Pero esperé llegar a casa de la prima de mi amiga Elma que nos ahorraría los gastos del hotel para derrocharlos luego en otra exquisitez: alcohol.

    Crucé la puerta de entrada con la extrema urgencia de cambiar mi ropa a algo más cómodo y menos formal, soltar mi pelo atado hasta la raíz y guardar en la maleta, junto con todo lo demás la seria y correcta personalidad que había tenido que crear para sobrevivir la precedente experiencia.

    Con mi apuro olvidé la incomodidad que generan las casas ajenas. Entré como si fuera la mía propia para tropezarme en el comedor con un muchacho que apenas saludé siguiendo mi camino a la habitación para completar mi cometido.

    Luego de almorzar acompañé mi segundo cigarrillo con el delicioso aroma y sabor de un cafecito cubano y entre retazos de anécdotas de mi entrenamiento y conversaciones al azar, noté la mirada curiosa del muchacho que me forcé a ignorar por creerlo pareja de la anfitriona; a la cual conocí tras una fría y distante presentación acompañada de un seco y protocolar saludo de bienvenida.

    Los planes de convertir un aburrido lunes en una extensión divertida de un sábado desenfrenado se retrasaron a causa de la preocupación de Carlos -novio de Elma- de que saliéramos solas las dos en un estado desconocido nada menos que a una licorera.

    El muchacho, viendo la posibilidad de banear lo desconocido, se ofreció a llevarnos so pretexto de hacer una parada en el mercado, para incluir a la velada un apetitoso buffet al barbecue.

    Pero como dicen por ahí: “lo que no buscas te encuentra”; aun evitando cualquier intercambio de miradas o palabras, el chico, se abrió paso entre mi indiferencia y con confianza extrema lanzó preguntas como anzuelo que Elma contestó por mí con un poco de recelo. Actitud que validó mi primera impresión de su estatus civil y me hizo reforzar las defensas para ignorar los motivos de su curiosidad sin darle tanta importancia.

    2 six pack de Smirnoff, una fortuna en shots, 2 botellas de Sweet Marcela y 1 de Apple Crown Royal. El perfecto inventario en el paraíso de un alcohólico o de un par de descarriadas buscando perder la cuarta rueda.

    La boca se me hacía agua mientras abría un Smirnoff para saciar la sed en lo que aparecía el sacacorchos para la botella de vino; invitado de honor a mi paladar. Los shots se enfriaban en la nevera a la espera de su turno y la Crown Royal volaba de mano en mano sellando en nuestros labios su dulce sabor y en la garganta su ardiente fuego.

    Llovieron bailes indecentes, karaokes desafinados, brindis sin sentido, amistades inesperadas y aclaraciones oportunas. Mi nueva mejor amiga de copas resultaría ser en realidad la madre del chico curioso; cuyos ojos se llenaban de sorpresa cada vez que me desprendía de los atuendos de las suposiciones y esa figura rígida, fría y distante que cruzó la puerta a la mañana se transformaba en todo lo que no hubiese imaginado.

    El destino, travieso y juguetón, utilizó una botella de agua, ¾ vacía como desenlace de una serie de memorables acontecimientos. Nunca supe como un par de intentos del reto de la botella terminó siendo motivo de una tentadora apuesta.

    -3 de 5 y si gano…

    Su entusiasmo de ver la oportunidad que había estado esperando todo el día, casi reduce a cero los altos niveles de adrenalina que vienen con esos juegos secretos y furtivos. Se aseguró de nivelar el volumen de su voz a la distancia de terceros y continuó:

    -me pagas con un beso.

    Mis años y los grados de alcohol juzgaron el pago un tanto inocente, por lo que después de un fingido momento de meditación, asentí.

    Entendí esa noche a los ludópatas y su incapacidad de romper los impulsos de seguir recibiendo esas descargas de emoción y entusiasmo generadas por los juegos de azar.

    Siendo honesta jugué sin la intención de ganar. Ni siquiera puse condiciones de mi parte. No importaba quien perdiera los dos saldríamos ganando.

    Sin fecha ni lugar establecidos para saldar mi deuda nos fuimos luego a jugar al dominó. El cual puso a todos a tono mientras las horas pasaban acercando el retorno a casa al día siguiente.

    Estuvimos comprometidos con el nueve hasta que unos torpes forros pasaron inadvertidos, dejando en evidencia el estado crítico de la sobriedad. Sin nadie tocar fondo todavía empleamos las reservas de energía para hacer dúos, cuartetos y hasta coros con nuestros cantantes y canciones favoritas; de género en género, idioma en idioma y época en época.

    Inmersa en la letra de una de mis baladas favoritas de Air Supply olvidé deuda, tiempo y mundo. Me trajo de regreso la sensual voz del muchacho que con cara de culpable me pedía que lo acompañara a buscar más cerveza. Lo seguí sin cuestionar su petición como el que sabe que llegó su hora.

    Una vez fuera hablamos de negocios en lo que terminaba mi cigarro para montar al coche e irnos.

    -Me debes tres besos.

    Dijo caminando apresurado hacia mí y asaltando mi boca para calentar mis labios con el grosor de los suyos en un beso que por rápido, resultó indefenso. Saboreando las huellas de su beso lo miré con audacia desafiante diciéndole:

    -Ahora solo te quedan 2.

    Sin perder tiempo vino en busca de su pago. Esta vez, lo arrancó de un modo tan profundo, brusco y dominante que por segundos creí que le estaba pagando al Capo. Se erizó mi piel ante el peligro de su desafiante lengua persiguiendo la mía de una boca a la otra. Sentí el placentero dolor de sus dientes hincándose en mis labios junto con sus manos agarrando fuerte mi cintura, acercando mi cuerpo al suyo. Y cuando iba a incluir mis manos temblorosas a la fiesta, fuimos interrumpidos.

    Subimos al coche con el nerviosismo infantil de casi haber sido pillados y creyendo en la ingenuidad e ignorancia del testigo.

    Tanteando la suerte le pusimos el cinturón al 24 de corona y de regreso… caí víctima de la fantasía de ser llevada a lo desconocido por un extraño con evidentes malas intenciones. El coche se detuvo en la intimidad de la nada, lo secreto de la noche a la vista de cualquier curioso.

    Dirigió su mirada al asiento del copiloto donde mi cuerpo entero vibraba de pasión. Con paciencia sobrehumana y calculadora calma espero que explotara alguna iniciativa de mi parte a cuyo silencioso reclamo conteste con voz apenada e insinuante:

    -Solo te queda 1.

    -El primero no cuenta -alegó.

    Respondí con una pícara sonrisa al percatarme qué el juego continuaría.

    No hay dos sin tres y como los números son infinitos paramos de contar los incisos derivados del último beso. Adoré su campaña publicitaria a gobernador de mis placeres y mi actuación intermitente de puritana y mojigata. Lo hice dueño de depravadas insinuaciones orquestando tras bastidores un roll play en vivo de cinco personajes y tres entradas.

    Con ternura inmaculada con mi lengua dibujé caricias en su garganta, robé la esencia de sus labios y adorné su cuello, pecho y abdomen con finas hebras de aliento y estampas de ligeras mordiditas. Le frené la urgencia de sus manos bajo mi ropa, aunque le di la libertad de desnudar lo perfecto de sus más ocultos encantos. Con extrema delicadeza mis dedos testificaron el impecable acabado de tan magistral obra, al ritmo de ahogados suspiros, latidos acelerados y máximas 150 grados.

    Los suyos, experimentados y violentos invadieron los confines de mi entrepierna para luego de sumergirlos en la fuente del pecado catar su frescura cual exquisito Cabernet. Leyó al instante la necesidad emanada de mi cuerpo de sentirlo dentro mío. Se acercó lo justo para que el calor de nuestros sexos se encontrarán y desatar en mi ser un impaciente episodio de locura. Clavé mis uñas en sus caderas y con ayuda de la gravedad lo obligué a fusionarse en la cúspide de infinitas lujurias. Até su movilidad entre mis piernas y me permití sentirlo en cámara lenta abrirse paso entre espasmos y contracciones para acomodarse perfectamente en el espacio. Probé la profundidad de mis límites al susurrarle al oído:

    -Más duro, muchacho el Diablo.

    Poseído por la orden rasgó mi esencia en un agresivo toque de tambores y le declaró la guerra a la humanidad al complacer el lívido de sus más primitivos instintos. Con salvajes danzas buscó liberar los caudales del santo grial, solo para desatar en su lugar la feroz incontinencia de un extenso clímax. Con licencia para abusar nos desgarramos los dos, nos arrebatamos todos los placeres y entregamos todas las ganas. Si eso no era el paraíso, que el infierno me sepa a gloria.

    Aplacamos la sequía en la garganta con una refrescante cerveza esperando no mostrar evidencia alguna de los previos delitos cometidos. Me uní a Elma y su prima en la cocina en la preparación de un tentempié de pasada medianoche y un tutorial completo de “cómo ser una stripper exitosa”.

    Con la vergüenza en el quinto sueño, la timidez escondida y el pudor en otra dimensión, sincronizamos los movimientos escandalosos de Sofía que reinaba en experiencia y hermosura. Se detuvo mi atención en el contorno de sus caderas meciéndose de un lado al otro con hipnotizante talento. Acomode mi embriaguez en el asiento ignorando cuán evidente se hacía mi deleite y Sofía no se molestó tampoco en disimular a quien iban dirigidos sus bailes de sirena.

    La cerveza venció al muchacho que cayó en un profundo sueño en el sofá mientras que otros simplemente se retiraron al notar la energía unilateral que a la diva de la noche y a mi nos envolvía.

  • ¿Esto realmente cuenta como infidelidad?

    ¿Esto realmente cuenta como infidelidad?

    El otro día estaba charlando con amigos sobre infidelidades, historias iban y venían, justo recordé una historia que había transcurrido hace algunos años pero que en su momento me causó problemas con mi pareja.

    Era el cumpleaños de Ángel, un buen amigo en la universidad y habíamos quedado varios amigos y amigas en su casa para la noche, mi novio por aquel entonces me acompañó hasta la casa de mi amigo y me dijo que le llamara cuando la fiesta terminara para que pasara a por mí, eran aproximadamente las 7 cuando llegué, había muchas personas en la fiesta, muchos chicos de las otras facultades, había bastante alcohol y música. Apenas llegué me recibieron con un vaso de trago, acepté y me lo tomé muy lentamente, llegué con Ángel y mis amigos, para jugar y bailar con ellos, con el pasar de la noche bailé con muchos chicos, cuando llegó el momento de bailar con Ángel, la cosa se puso un poco picante, ya que justamente empezó a sonar reguetón y Ángel se dio gusto “perreando” conmigo, me ponía de espaldas, me apretaba contra su cuerpo, me agarraba de la cadera, me inclinaba y bueno y se podrán imaginar como fue aquello, en general por la situación y por ser el cumpleañero lo deje pasar, tampoco me desagradó.

    Pasaron las horas y la gente se iba yendo de a poco, entonces empezaron a cantar en el karaoke y Ángel empezó a cantar una canción romántica y me tomaba de la mano, todos empezaron a molestarnos, pero yo hacía de todo para rechazarlo, para ese momento todos estábamos ebrios, aunque yo todavía me sentía bien, nuestro grupo de amigos nos sentamos en los muebles y nos pusimos a jugar cartas. Alguien dijo que juguemos por prendas, es decir a medida que alguien perdía tenía que quitarse una prenda, éramos 3 chicas y 2 chicos y sorprendentemente solo yo voté con un no para el juego.

    Ángel se sentó a mi lado, y así empezó el juego, me considero buena en las cartas, pero no fue nada fácil, con algo de fortuna en las primeras rondas no perdí nada, las chicas habían perdido sus abrigos al igual que los chicos junto con sus zapatos, al cabo de algunas partidas empecé a perder también, primero tuve que sacarme mi abrigo, luego mis zapatos, al cabo de un tiempo una de las chicas había quedado en brasier, y la otra estuvo a nada de quedar igual, pero tuvo que retirarse.

    Quedamos 2 chicas contra 2 chicos, y el primero en quedar solo en ropa interior fue Víctor, que aprovechó para levantarse y servirnos más alcohol a todos en la mesa, la siguiente fue Lizeth que quedo solo en brasier e interior pero se tapó con un mantel que había por ahí, ambos seguían alentando el juego porque obviamente querían vernos igual, mientras el juego no se terminara nadie podía cambiarse, solo quedábamos Ángel y yo, él estaba solo con pantalón mientras yo estaba en blusa y pantalón, para mi sorpresa las siguientes partidas las ganó él y me dejo en brasier e interior, ganando por default.

    La sensación fue bastante extraña, podía notar como los todos chicos me miraban, sé que mi pecho es voluptuoso y que siempre se le quedan mirando, pero esa noche fue diferente, todos me veían con ojos de lujuria especialmente Ángel, en lo ebrio que estaba no podía despegar su mirada de mis senos, además pude notar muy claramente la erección que tenía, por suerte como el juego había acabado me dirigí a su cuarto y empecé a cambiarme.

    En eso él entró y empezó a insinuarse, me dijo que siempre le he gustado, que tengo un cuerpo hermoso, y trato de besarme, tuve que frenarlo en seco y le dije que él no me disgustaba, pero que ya tenía novio, me dijo que yo no le había regalado nada por su cumpleaños, yo le dije que haberme visto en ropa interior era una regalo más que suficiente, el expresó que no, que no había sido el único en ver aquello, y además él había ganado el juego, yo le pregunté por el regalo que él quería en ese momento, recordándole que yo tenía novio, su respuesta me sorprendió, me dijo, -quiero verte sin ropa, eso nada más-, le dije que era demasiado, me dijo que sería secreto, y que no me volvería a pedir nada nunca más.

    Lo dudé muchísimo, pero al final luego de tanta insistencia acepté solo que negocie para solo mostrarle mi pecho, y bueno así lo hice, me quité el brasier, y deje mi pecho al descubierto, podía notar muy claramente su cara de excitación a la par de ebrio.

    Al rato empezó a jugar con su mano como queriendo tocar, le dije que solo podía hacerlo por 30 segundos, de inmediato se lanzó a jugar con mis pezones, mientras yo contaba, el aprovechó muy bien cada segundo, y terminó con un beso en mi pecho, a lo cual lo volví a cortar en seco y me vestí de inmediato, le dije feliz cumpleaños y salí de su habitación. Una vez fuera pude notar que sentía mis pezones excitados y mi respiración algo agitada, por suerte todos estaban ocupados bebiendo o dormidos, así que aproveché, llamé a mi novio para que pasará por mí, era cerca de la 1 de la mañana, una vez llegamos a casa, me sentía bastante caliente y empecé a jugar con mi novio, terminamos cogiendo bastante rico y al final nos quedamos dormidos.

    Algunas semanas después en alguna charla le conté lo que había pasado, y él se enojó muchísimo, desde de mi punto de vista no fui infiel, pero él considera que sí, así que mi pregunta es ¿Esto realmente fue una infidelidad?

  • Armand el amigo de mi padre

    Armand el amigo de mi padre

    Estoy aquí en mi habitación con mi conjunto de encaje rojo que me compró Armand para esta noche.

    Les contare quien es el, es amigo de mi padre, pero llevamos una relación a escondidas desde que tengo 18 años o sea hace un año que somos novios, pero recién ahora tenemos la oportunidad de hacerlo.

    Armand es de origen mexicano, tiene 45 años y es muy atractivo ya que su tez es morena, tiene el cabello bien negro y brillante, unos ojos marrones oscuros profundos, unos labios súper carnosos que merecen ser besados y mordidos, sus cejas son negras y abultadas y tiene un poco de barbita abajo del mentón que lo hace súper sexy, usa lentes que le dan un aspecto de intelectual, es alto ya que mide 1,90, tiene un vocabulario refinado y es fanático de la literatura erótica (lo que lo hace más irresistible).

    Ese hombre es el dueño de todas mis fantasías, pienso en el todas las noches y me toco hasta venirme, lo que el causa en mi no lo he sentido por nadie.

    Dentro de unos minutos llega Armand todo vestido de negro y su camisa le aprieta un poco por sus fuertes y desarrollados brazos.

    El me mira y un brillo de deseo y amor aparece en su mirada.

    -Mi princesa, estas hermosa esta noche- me dice mientras me abraza.

    -Mi conde- le susurró yo en su oído.

    Él me dice princesa y yo mi conde (son nuestros apodos cariñosos).

    -Sofia esta noche será mágica porque nuestros cuerpos y almas se unirán creando un solo ser- ante tan bellas palabras yo lo beso en la boca y el me responde, nos besamos con cariño, con amor, con urgencia, con desenfreno, no podemos parar ya que nuestras lenguas se están encontrando y creando una unión perfecta, una unión llena de pasión.

    Cuando terminamos de besarnos, nos sacamos la ropa con suavidad y con caricias de por medio, cuando estoy desnuda el solo sonríe y me dice:

    – Princesa Sofia es la primera vez que veo tu cuerpo y déjame decirte que me encuentro súper cautivado, tus formas son deliciosas, tus proporciones son excelentes, la blancura de tu piel, la redondez de tu culo y de tus senos, todo es perfecto- este hombre me quita todas las inseguridades sobre mi cuerpo y empieza a hacer su maravilloso trabajo.

    Me acuesta en la cama, yo abro las piernas dejando ver bien mi monte de venus y él me dice: -Este es el manantial donde siempre quiero saciar mi sed- se a lo que se refiere porque su principal fantasía sexual es la lluvia dorada razón por la cual he tomado muchos vasos de agua.

    El empieza a estimular mi vagina, mientras me la acaricia me la va chupando muy suave, cuando recién comienza con el sexo oral me hace vibrar de placer, mientras yo doy gemidos el hunde bastante su lengua en mi vagina y también la saborea por fuera haciendo movimientos circulares (el sexo oral de Armando es una maravilla para la cual no existen palabras suficientes).

    -Ya está por venir- le digo haciendo referencia a mi eyaculación.

    Él se acuesta y yo me siento en su cara dejando mi vagina en el centro de su boca, el abre la boca bien grande y me corro en abundancia.

    Luego le digo que tengo ganas de orinar así que también el abre la boca y le doy mi lluvia dorada que la recibe con mucho gusto, al resto se la doy en su perfecto torso.

    Ver esos labios carnosos mojados con mi lluvia me calienta y lo beso en la boca (el sabor es delicioso).

    El me da vuelta y contempla mi redondo y gran trasero, luego me dice.

    -Tu culo merece ser adorado como un dios y no exagero- luego se dedica a estimularlo, lo mordisquea suavemente, le da besos a medida que pasa su lengua por mis cachetes y lo azota muchísimo.

    Su pene al hacerme todas estas estimulaciones ya está duro como piedra y listo para penetrarme.

    Él me toma las piernas y pienso que las va a poner arriba de sus hombros pero solo las sostiene en alto y me penetra cuando entra en mi lo hace con un solo movimiento y bien fuerte, luego se empieza a mover bruscamente, desde esta posición puedo ver perfectamente como el me da las embestidas y el puede ver mis tetas moverse como locas, además las embestidas de mi conde son mágicas ya que me causan un placer infinito.

    Luego el me pregunta si puede darme por atrás yo le digo que si, el escupe en mi culo para que su saliva sirva de lubricante y su pene entra más fácil, pero es aquí donde se vuelve bestial porque me toma del cuello muy fuerte y las embestidas son muy salvajes.

    -Ayyy- grito por la intensidad por que el nunca había sido tan rudo así, pero me estoy dando cuenta que su lado rudo me encanta.

    Cuando termina de darme por el culo que fueron 12 minutos muy intensos, se viene adentro de mí, luego esperamos un poco más y volvimos a hacerlo como unas 5 veces.

    Esa noche nos dormimos abrazados envueltos en nuestra pasión.

  • Eva y el vagabundo

    Eva y el vagabundo

    A Eva de 24 años, siempre le encantó la independencia, apenas cumpliendo 18 se independizó de sus padres consiguiendo un lindo departamento el cual compartía con su mejor amiga.

    La joven universitaria era la sensación del edificio, debido a su atractivo, acostumbrada a ser fiel usuaria de gimnasio, tenía un cuerpo de diosa, de pechos grandes bien erguidos, desafiantes, incitantes, así como una perfecta cola, bien parada, y dura, junto con su cabello rubio bien claro y suavemente enrulado todo coronado con una delicada cara de inocente debido a sus grandes ojos color miel.

    Eva gustaba de siempre traer ropa ajustada, haciendo notorio tan suculento cuerpo por lo que era inevitable las miradas continuas cuando andaba por la calle, principalmente dirigida a su parada cola, también resaltando sus largas y torneadas piernas y abundantes senos, nada pasaba desapercibida en aquella joven.

    Le encantaba salir de viaje, buscaba la aventura, rechazaba a cualquier pretendiente, no llevaba hombres a su departamento ya que tenía la cabeza puesta en sus metas, la cual era convertirse en una excelente profesora de preescolar, también disfrutaba de ir a bailar y salir de compras.

    Realizaba sus prácticas en un colegio importante de la ciudad. Al término del año escolar y habiendo juntado una determinada cantidad de dinero, decidió emprender un lindo viaje a la playa junto con su roomie, organizaron todo, consiguieron mediante una aplicación una casa en renta cerca de la costa, estaba un poco apartada de las otras, pero era bonita y espaciosa, y tenían un tramo de la playa casi para ellas solas.

    Estaban felices. Al fin vacaciones. Pasaron el primer día en la playa y con el ardor del primer día de sol, la blanca piel de Eva tomó con erótico color bronceado.

    Al siguiente día fueron a pasear las playas públicas, ambas iban vestidas con faldas muy cortitas y arriba solo el top del bikini, al igual que Eva, su amiga también era una rubia despampanante con un cuerpo de infarto, pechos abundantes, vientre plano y cola bien parada, por lo que los comentarios de los jóvenes y no tan jóvenes que pasaban no dejaban de escucharse. Siendo ignorados por ambas, pero mientras que su amiga era de naturaleza más tímida y se llegaba a sentir incómoda de tanta atención de los machos. Eva sentía cierta excitación al sentirse deseada, aunque no se dejaba faltar al respeto.

    En la playa casi desierta que estaba frente a su casa, se Eva se retiró la falta quedando solo con un bikini negro chiquito cuya tanga se perdía entre su imponente cola, hasta su amiga admitía que esa prenda le quedaba bárbara debido a ser tan chiquita.

    Luego de ese excelente día de playa decidieron descansar para comer algo temprano y salir a la noche, hacer algo.

    Cuando llegaron a la puerta de la casa, notaron que junto de uno de los árboles cerca de la entrada, estaba su sujeto parado, que se les quedaba viendo fijamente, causándoles algo de desconfianza.

    Eva sin saber que más hacer le pregunto -¿Que desea?

    El tipo alto, muy muy flaco, pelón, pero con mechones a los lados bastante largos, de cabello sucio enrulado, de tez oscura quemada por el sol, sus ropas parecían harapos. Sus manos tenían las uñas largas y sucias. Con el pantalón como todo sucio y manchado. Claramente era un vagabundo

    Luego de un rato en silencio y con mucha dificultad, como tartamudeando, dijo con una voz de ultratumba -¿Ti…tttienen algo de comer? Solo quiero un pan, no he comido en días.

    Despedía un fuerte olor a alcohol, además mientras hablaba no dejaba de ver a ambas mujeres arriba abajo sudando.

    Evelyn rápidamente contestó -Ah si, espere un poquito que le traemos algo de la casa.

    Las dos entraron rápidamente hacia el departamento. Al cerrar la puerta, Eva se dio media vuelta viendo como el tipo tenía con sus rojos ojos clavados en su cola.

    “Típico jiji” Pensó para sí divertida, ya con la puerta cerrada, le dio risa verlo así con cara de tonto, pensando que era el hombre con menos oportunidades de todos los que la había morboseado ese día.

    Le entregaron unos sándwiches, el cual el viejo agradeció de manera muy efusiva y se fue rumbo a la playa.

    Ya por la noche, decidieron quedarse en la casa a descansar, mientras su amiga se daba un baño de tina, Eva salió a ver el mar desde el balcón y escuchar las olas romper en la playa, como hacía calor, estaba solo con ropa interior, compuesta por una tanguita muy chiquita de color rosa y blusa de tirantes blanca, de tela tan delgada que se podían delinear la forma de sus senos y hasta los botones de los pezones que los coronaban. Tras estar un rato escuchando la naturaleza desde el balcón, se fue a acostar.

    El segundo día lo aprovecharon para conocer los alrededores, tomar un par de tours en lancha y tomar un par de copas en un bar local, se sorprendieron al llegar a su casa al anochecer, de encontrar nuevamente al viejo pordiosero suplicando comida, y rápidamente entraron a ir a buscar algo que darle, Eva nuevamente dándose cuenta como sus ojos se le clavaban en la semidesnuda cola ya que nuevamente vestía una tanga chiquita. La veía de una manera tan intensa y violenta que la hacía sentir desnuda.

    Esa noche al salir al balcón, nuevamente en ropa interior, se imaginó que algún punto entre los árboles se encontraba oculto el sujeto, observándola, deseándola.

    Así pasaron los siguientes días, una rutina similar, yendo a la playa, al puerto, yendo a comer a restaurantes locales, y también como una rutina, el vagabundo hombre las esperaba, con la excusa de buscar comida, ya sin disimulo con su cara de pervertido, admirando los firmes y suculentos cuerpos de las jóvenes, aunque Eva admitía que, el punto de atención favorito del sucio viejo era su cola, por lo que se dedicaba a mostrársela y meneándola para que se diera al menos un gusto, pensaba divertida.

    Un día mientras el mendigo esperaba en la puerta como siempre, su amiga se adelantó a buscar la comida, Eva se quedó en las escaleras, simulaba estar admirando las olas en el horizonte, pero veía de reojo a su viejo admirador, mientras ella sacaba sus nalgas que ese día iban cubiertas solo con un pequeño short.

    El cómo siempre se la comía sin disimulo con la mirada, Eva observó que, sobre su pantalón, se notaba un enorme bulto sobre su bolsillo, de primera pensó que sería algo que el sujeto tenía guardado en los pantalones. Eva no era ingenua, sabía que el viejo mendigo se excitaba al verla, pero es que aquello se notaba muy grande, de ninguna manera podía ser su miembro.

    Sin embargo, en otro día se repitió la escena, Eva se quedaba afuera, básicamente modelando para el viejo, no hablaban, solo se comunicaban con la mirada, fue ahí que comprendió que efectivamente ese bulto era ¡su bulto! De verdad se marcaba enorme. Eva duró un buen rato viendo la entrepierna del sucio sujeto hasta que notó que la había descubierto, avergonzada levantó la mirada, el hombre sonreía enseñando sus amarillos y cariados dientes.

    Al entregarle la comida ese día y se despidieron del viejo quien se esperó a verlas entrar, al subir los escalones de la entrada, Eva se movía sugerentemente mientras reía para sí misma con lo que acababa de ver.

    Esa noche, durante su ceremonia en el balcón, usando solo una de sus tangas y una blusa de tirantes delgada que le dejaba el ombligo descubierto. Seguía pensando en el pordiosero lo imaginaba observándola desde la distancia, lo que hacía que tomara poses sensuales sobre el balcón, inclinándose, dando la espalda para exponer su retaguardia, llegó incluso a desprenderse de su blusa para una sesión de topless.

    Casi podía ver como el viejo y harapiento hombre se hacía una chaqueta de campeonato mientras la veía, soñando con subir al balcón para someterla y saciar su lujuria y fantasías sexuales con juvenil y sexy cuerpo. Esa idea, por ridícula y grotesca que le pareciera, estaba calentando a la joven rubia.

    Recordaba con nostalgia la última vez que se la había cogido rico, ya hacía demasiado, sentía las tremendas ganas de masturbarse, entró tirándose a la cama, donde y poco a poco fue abriendo sus hermosas piernas de ensueño, llevo sus dedos al nacimiento de su exquisito y perfumado rubio monte de venus, y se dio a masturbar por unos buenos minutos,

    Le temblaba todo su curvilíneo cuerpo por la ansiedad que le causaba el pensar en aquella enorme verga, metiendo y sacando sus dedos a la vez que estimulaba su sensible clítoris. Eva se sacudía y contorsionaba en movimientos coitales.

    -¡!Ohhh!! ¡!Por Dios!! ¡!Pero que ricooo!! -exclamaba la caliente hembra en la soledad de su habitación y perdida en la niebla de la lujuria.

    -¡Ahh!! ¡Siii!! ¡Ahhh!! ¡!Que ricooo!! ¡Ahhh!! ¡Ahhh!! ¡Ahhh!! Eva explotó en un violento orgasmo, quedando rendida en la cama, siguió imaginando lo que el mendigo sucio y maloliente deseaba hacer con ella, hasta quedarse dormida.

    Se hallaban ya en el último fin de semana de las vacaciones, el viernes mientras desayunaban sonó el celular de su amiga, por su cara no eran buenas noticias, al colgar le contó a Eva que necesita volver de inmediato para arreglar un tema en el trabajo sí o sí. Eva, frustrada, pero tratando de ser comprensiva le contestó que estaba bien, que empacaran y se fueran, sin embargo, su amiga se negó, refiriendo que un trámite rápido, y que seguramente el sábado en la noche estaría de regreso, para disfrutar juntas el último día.

    Eva no muy convencida aceptó ya que deseaba extender su descanso lo más posible.

    El día sin su amiga fue distinto, la playa le aburrió, así que fue a pasear por los parques y tiendas por la tarde al volver a la casa, para su sorpresa no estaba el mendigo, le pareció muy raro y hasta se algo molesta, se sentía doblemente abandonada, era ridículo, pero no podía calmar esa sensación.

    Cenó sola, Y cayendo la noche salió a contemplar el mar en la soledad. Vestía una tanguita rosadita super chiquita que se perdía entre las duras nalgas, además a juego un sostén de encaje de media copa, que hacía que sus senos se levantaran y se vieran suculentos, era su conjunto de ropa interior más lindo y el más chiquito de todos también.

    Estaba muy tranquila escuchando el mar, cuando de repente escuchó gritos desde el claro en frente de la casa

    -¡Buenas noches! ¡señorita! Una ayuda ¡por favor!

    Eva volteó, pero por la negrura de la noche no podía distinguir nada, luego observó una diminuta luz en medio de la oscuridad, al acercarse observó que era un cigarrillo, y al estar ya cerca de la luz de la casa pudo ver que era el mendigo de siempre, que se quedó a unos metros de la puerta, fumando y viendo hacia el balcón donde Eva se encontraba.

    Eva entró a su habitación sin contestar nada, pero el viejo seguía con sus gritos pidiendo comida, eso la hizo sentir muy presionada y con cargo de conciencia si no hacía nada, agarró una bata de seda, apenas si le cubría por debajo de sus nalgas y unos zapatos de tacón alto, al ya estar algunas cosas empacadas fue lo primero que vio, pensó que no era lo más adecuado, pero le restó importancia ya que no tardaría.

    Bajó a la cocina y rápidamente preparó un sándwich, cruzó la casa.

    A abrir la puerta y ahí estaba el viejo. Apenas abrir sintió su mirada sin disimulo fija en su escote, esa acción tan descarada, la excitó, no lo podía negar, el viejo sin levantar la vista de las turgentes tetas le pidió disculpas por la molestia.

    -Disculpe que venga a chingar tan noche. ¡Pero traigo harta hambre! -el sucio hombre babeaba.

    -No se preocupe Señor, es un placer ayudarlo- le contestó la bella joven extendiéndole la mano con el sándwich.

    Eva sentía como la devoraba con los ojos lo que la hacía sentir sensaciones contradictorias, si bien sentía una aversión natural, ya que tenía bastante presente que era un viejo mendigo, no podía negar que le gustó como la miraba, le excitaba sentirse tan deseada.

    -Muchas gracias güerita. -respondió el decrépito viejo tomando la comida, mientras se relamía los labios observando las piernas de la joven.

    -Será que me regala un vasito de agua y de paso me presta su baño jeje -agregó.

    Eva, dudosa de dejar entrar un extraño, que además era un vagabundo, a la casa en la que ella se encontraba sola, sin embargo, deseando alargar aquella morbosa situación, le dejó entrar, diciéndole que la siguiera a la cocina para servirle un refresco. Caminó a la cocina sabiendo que el la seguía, por lo que instintivamente comenzó a menear la cola. Ella sabía que su bata de dormir era extremadamente corta, por lo que sus carnosas nalgas estaban prácticamente al desnudo para el deleite del afortunado vejete. Quien de seguro tampoco perdió detalle de que iba en tacones altos.

    La deliciosa joven se estremecía al pensar que estaba sola en la casa con un viejo sucio que solo que de verdad quería como alimento era probar su suculento cuerpo.

    Cuando llegaron a la cocina, Eva se dirigió al refrigerador, abriéndolo se inclinó en ángulo recto para “buscar” el refresco, se tardó en esa posición simulando que no la encontraba. Cuando por fin se dio la vuelta pude ver como el viejo sin disimulo la morboseaba ya mientras se masajeaba la entrepierna.

    Eva notó que por el bulto formado ya debía tener una gran erección, pero no dijo nada, estaba muy nerviosa, pero no nerviosa de forma común y corriente, sino de esa forma que solo la excitación extrema puede provocar… estaba ansiosa.

    El viejo se sentó a la mesa en la cocina y empezó a devorar la cena, sin desviar la vista de su joven y suculenta anfitriona, quien se hacía la distraída, yendo de un lado al otro de la cocina, abriendo cajones, simulando estar ocupada.

    Sin embargo, de cuando en cuando veía de reojo al famélico viejo, cuyos ojos la seguían descaradamente llenos de excitación…, o mejor dicho calentura pura; ese viejo a quien se quería comer era a ella lo sabía… Y le excitaba, se sentía toda una putita calentando a un vejete rabo verde.

    Pero ya venía siendo hora de acabar con esa locura, recargada sobre la barra de la cocina dándole la espalda; cerró los ojos, tratando de recobrar el control. Pero podía dejar de ser consciente que aquel viejo le miraba, generándole ideas demasiado provocativas.

    -¿Hoy está solita verdad rubia? Hace rato en la mañana vi que la otra rubia se iba en el carro. -le soltó de repente el sujeto con una voz divertida.

    -Si este… no…digo es algo solo de hoy. -Eva se congeló, tomada por sorpresa, al parecer el viejo estaba pendiente de ellas.

    -No se preocupe mi bella, yo ando al pendiente jeje. -es más, que le parece si le hago compañía para que no se sienta tan solita jejeje.

    Eva nerviosa escuchó como el viejo se levantaba de la silla y se acercaba a hacía su dirección.

    – ¡Nooo! Digo, no es necesario señor, de hecho, ya me iba a dormir. -La rubia rápidamente había perdido el control de la situación.

    ―Lo digo por su bien güerita ―dijo el mendigo, cuya voz Eva escuchó ya a centímetros de su oído. ―una joven tan guapa como tú no la deben dejar sola.

    Ella no respondió, quedándose inmóvil de espaldas a él viejo, a quien le pareció una actitud algo sumisa por lo que prosiguió.

    ―Tienes unas piernas muy deliciosas, y esa cinturita… apuesto a que has de ir arto al gimnasio.

    Eva se limitó a asentir, temía que de abrir la boca para hablar se le hubiera escapado algún gemido involuntario.

    ―Y esa cola… Mmh esta fantástica

    Al decir aquello por fin el viejo se colocó justo detrás de la hermosa y dócil mujer, Eva sintió una seca y callosa mano qué se le deslizaba lentamente por uno de sus muslos.

    ―Que rica tu piel, es suave como la seda.

    ―Ggggracias señor ―respondió nerviosa, tartamudeando por el estremecimiento que le había provocado el tacto.

    El sucio vagabundo, ya completamente tomando el mando, comenzó a mover sus manos sobre el delicioso cuerpo, le desanudó la bata, para empezar a manosear la plano y marcado vientre de la joven.

    ―Tienes un cuerpazo y desde que llegaste lo has estado mostrando cómo una calentona, incluso tus ojos claros de gata se ven incitantes ― le susurró directo al oído.

    Al decirle eso la presionó contra la barra de la cocina, apoyándole su bulto en el redondo trasero, dejando sentir a Eva sobre sus nalgas aquella palpitante y enorme barra llena de lujuria. Nunca había sentido un bulto tan grande, aquello hizo que a pesar de que su mente le gritaba que huyera, su cuerpo tenía otras intenciones.

    ―¡Nooo! Señor… aaah por favor… Ya retírese. ―dijo Eva en un susurro mordiéndose el labio para evitar soltar un sonoro gemido

    ― ¡esto no está bieeen! No me manosee

    El viejo no le hizo el menor caso. Lo que paradójicamente excitó a la ya caliente joven; tenía a un hombre sucio, demacrado y además se veía tan viejo que podría ser su abuelo, aprovechándose de la situación para disfrutar de su cuerpo, de manera pervertida y sin su consentimiento, sin hacer el menor caso a sus súplicas.

    Sin poder evitarlo, empezó a rozar su dura y parada cola contra los viejos pantalones, trataba de lenta y suavemente de atrapar ese miembro palpitante que sentía entre sus voluptuosas nalgas, el viejo al sentir aquello, empezó a puntearla con más fuerza mientras chupaba y metía su sebosa lengua en uno de los oídos de la joven.

    ―¡Suéltemeee! ¡mmnh¡ ¡aaah! ―suplicó por última vez mientras ya no podía reprimir un gemido. A la vez que cuerpo se mantenía pegado al del vejete.

    ―Hoy te voy a enseñar lo que es estar con un verdadero macho putita ―susurro en el ensalivado oído el viejo con su mal oliente voz.

    -¡Te voy a coger toda la noche, me tienes loco, te quiero romper el culo! ¡Te burlabas de mí y me mostrabas tu rico culito, pero ahora lo tengo en mis manos!!

    Le dijo mientras una de sus asquerosas manos apresó aquella hermosa cola. Eva al escuchar sus aberrantes intenciones, empezó sentir como su intimidad se humedecía entre sus piernas a la vez que toda su piel se ponía de gallina.

    ¡Plass plaas! Resonó en la sala al viejo propinarle un par de fuertes nalgadas a los cachetes de ese culo.

    -¡Todas las noches te he estado espiando, haciendo tremendas chaquetas en tu honor jeje, según tú mirando el mar y solo vestida con esas ricas tanguitas, yo sé que lo hacías para calentarme puta!

    Eva sabía que se encontraban solos en una casa completamente aislada, y el mendigo lo sabía, por eso se sentía tan triunfador, ya que tenía a una joven y hermosa mujer absolutamente impotente entre sus manos, era suya y lo sabía, suya para gozarla a voluntad, suya para satisfacer con su cuerpo cualquier capricho de sus depravados instintos y puercas fantasías.

    El de pronto la giró abriendo su bata para apoderarse de sus grandes tetas apretándolas por sobre el brasier mientras por detrás le apoyaba fuertemente todo su miembro justo sobre el triangulito de tela que cubría la tierna intimidad de la excitada joven, deslizando su barra de carne como si ya se estuvieran apareando, se refregaba de arriba y abajo haciendo que ella cerrara los ojos del placer.

    -¡Estas infernal, rubia, tienes un culo perfecto, quiero que lo pares más para mí!

    Eva al estar concentrada en su propio placer, no lo obedeció, por lo que el viejo le propinó una nueva tanda de fuertes nalgadas dejando su blanca piel enrojecida.

    -¡Vamos! ¡para tu culito zorra!

    Ante los fuertes golpes Eva sacó lo más que pudo su culo, que de por sí ya lo tenía bien parado por los tacones que portaba.

    El viejo estimulado porque veía que la joven respondía, en un arranque de excitación jaló de las costuras del sostén rosa que rápidamente cedió siendo arrancado y arrojado al suelo, Eva sintió como las callosas y sucias manos se apoderaron de sus suaves pechos completamente y como los comenzó a estrujar desesperadamente, dándoles fuertes apretones que la hacían sentir dolor y placer para terminar con bruscos pellizcos de sus pequeños pezones.

    -Aah aaaah ¡mmmhn! -involuntariamente Eva dejó escapar un gemido que rápidamente calló, no quería que el viejo supiera lo excitada que la estaba poniendo.

    Al viejo que seguía apoyando su enorme bulto en la húmeda prenda íntima, no le pasó desapercibido el gesto de ella diciéndome al oído.

    -¿Ya te estas calentando verdad gatita? Estás muy buena de verdad. Tienes unas tetas divinas y un culo espectacular. ¡Te voy a romper toda, mi amor! ¡te aseguro te hare gozar como una puta!

    Ella estaba segura de que ese degenerado anciano iba a cumplir con lo que decía, sabía que en ese momento era como su dueño, que podía hacerle lo que quisiera, que podía apoderarse completamente de ella, y que se la iba a follar cuando y como él quisiera, y cuantas veces quisiera. Esa idea la tenía ya completamente ida de calentura.

    El sujeto de pronto la tomó del pelo y jaló dejándola de espalda pegada la pared, posándose frente a ella, Eva no sabía que era lo que seguía, solo se quedó parada, semi desnuda, agitada, frente a él.

    Entonces el sujeto dijo – ¡Vamos gatita, de rodillas!

    A lo que Eva obedeció ante sus fuertes gritos, nuevamente el miedo la invadió al verse completamente por debajo de él, se sentía sometida completamente.

    El vagabundo sin dejar de sonreír se bajó sus pantalones dejando expuesto su enorme miembro colgando, ¡era enorme! Todo sucio, demasiado largo y además muy gordo, Eva calculaba que era más grueso que su muñeca, por toda su longitud le surcaban gruesas y pulsantes venas.

    El mendigo tomó su verga con su mano y meneándolo le pegó con él en la cara de la joven mujer que ya sentía de su propiedad, se lo pasó toda la cara y se detuvo en los carnosos y frescos labios, como demostrando su poderío.

    El olor del viejo miembro era asqueroso, Eva mantenía la boca cerrada, le daba asco pensar dejar entrar eso a su cuerpo. El viejo la tomó por la mandíbula y apretaba la gigante cabeza del glande contra su boca, Eva no cedía entonces el gritó.

    -¡¡Vamos rubia, chupa rápido sino te muelo a golpes!!

    Fue la primera vez que Eva sintió verdadero miedo durante la noche, por lo que obedeció rápidamente, atrapando el caliente y húmedo glande en su fresca boca, y empezó una serie de lamidas y chupabas donde alternaba la cabeza con el tronco.

    El viejo rápidamente empezó a gemir desenfrenadamente, Eva levantó sus ojos color miel para ver si el viejo aprobaba su trabajo, sus miradas se encontraron, la de ella con ojos grandes, cargados de una mezcla de miedo y calentura, la de el de ojos negros inyectados de sangre que reflejaban perversión pura.

    Luego de un largo rato de acción mamatoria, en la que Eva cada vez más introducía aquella lanza de carne más profundo en su garganta, dejando menos de la mitad fuera la cual mantenía apresada con ambas manos, todo esto sin romper el contacto visual. El viejo la sujetó la cabeza, básicamente fijándola contra la pared, y empezó un movimiento copulatorio a fin de follarse esa estrecha garganta, Eva sentía como el grueso pene básicamente le ensanchaba las paredes de su garganta, luchaba por no desmayarse, finalmente el viejo gritó y Eva sintió como la verga comenzaba a pulsar rápidamente, el viejo había acabado dentro de su boca, o más bien directo en su estómago, ya que al final había introducido la verga hasta la misma base, sintiendo la rugosa y peluda piel de los huevos del viejo en su fina barbilla.

    Lentamente el viejo se fue retirando, al llegar al tener solo el glande en la boca, se detuvo, dirigiendo una mirada a la rubia, ella supo lo que tenía que hacer y mientras se mantenía sujeta a su pene, comenzó a repasar con su lengua a fin de limpiar todos los fluidos, para posteriormente tragar todo.

    El sujeto como si nada, rápidamente tomó a la joven, cargándola sobre uno de sus hombros, cómo si un bulto de cemento fuera, subiendo las escaleras se dirigió hacia la habitación. Eva ya recuperada de la bestial corrida con la que la habían alimentado, observó con incredulidad cómo el viejo y flaco vagabundo la llevaba cómo si nada, y más sorprendente aún, ¡su pene aún estaba todavía duro!

    El viejo, como si conociera la casa de toda la vida, con paso firme se dirigió a la que era la habitación de Eva, apenas entrar la arrojó sobre la cama.

    -¡¡Ponte en cuatro gatita!!- La rubia ya completamente sometida a su macho, se colocó como se lo ordenaron, justo al filo de la cama, inclinando su torso hasta que sus pechos se aplastaron contra la sábana! Haciendo que su cola se viera monumental cubierto solo por una tanguita diminuta.

    El viejo tomó la frágil prenda por los elásticos de los lados, y de un brusco jalón la arrancó de la anatomía de la rubia, llevándosela a la nariz para embriagarse de olor a hembra en celo.

    -¡¡Que rica hueles rubia jajaja, esta tanguita ya está húmeda, muestra de que te gusto puta!!

    Eva poco a poco había perdido la batalla contra su cuerpo, se encontraba más que caliente, y el viejo tenía razón desde que fue prácticamente cogida por la boca su vagina se encontraba secretando fluidos como anticipando que era la siguiente, y también tenía razón en que ya se moría porque él viejo la penetrara.

    Él se acomodó atrás de ella con la verga parada e inflamada, deslizándola por en medio de las nalgas que su hembra le ofrecía, entre los globos de carne se veía el orificio anal de la rubia, pequeño y cerrado, y por la estrecha vagina de paredes rosadas y húmedas.

    Queriendo ya por fin poseerla, tomó la gorda verga por la base y la apuntó sobre los húmedos labios.

    Eva abrió los ojos a más no poder y cortó la respiración, el maldito viejo metió la cabezota de un golpe, ensanchándole su estrecha hendidura, y no conforme, siguió metiendo el resto del grueso pene hasta casi la mitad.

    La tierna mujer jamás había sentido algo así, la intrusión le provocó un grito fuerte de dolor y por primera vez en la noche se enfrentó al viejo.

    -¡¡Nooo, aaaay!! ¡Maldito! ¡me duele mucho! ¡sáquela! Por favor!!

    El viejo sin inmutarse por el dolor de su hembra retiró lentamente su tranca hasta dejar solo dentro su grueso e hinchado glande, para de golpe volver a meterla con fuerza, repitió el movimiento, una y otra vez hasta que tomó gran velocidad cada vez introduciendo más centímetros de carne.

    ¡Oooh, espereee! ¡¡Auch!! ¡¡No tan adentro por favor!! ¡¡Deténgaee!! ¡¡Su pene es muy grandeee!! ¡¡Snifs!! ¡¡Es muy grueso!! ¡¡Auhchs!!

    Eva resistía lo mejor que podía, cada empujón la tiraba para adelante, sin embargo él viejo ya la tenía fuertemente sujeta de la cadera por lo que no podía escaparse. Pasados unos minutos sometida a la tortura del vaivén, sentía ya un calor insoportable en su sexo, además de la necesidad de moverse, por lo que despacio comenzó a acompañar con su propia cadera el ritmo del macho que la montaba.

    Los gemidos de la rubia eran cada vez mas fuertes en cada empujón, eran una mezcla de dolor y placer, que sentía como una descarga eléctrica en todo el cuerpo y ya no podía disimular, el mendigo al percatarse de ello y de cómo ya su gatita comenzó a menear el culo, aumentó el ritmo al que la embestía brutalmente mientras gritaba.

    -¡¡Pero que puta saliste gatita, te calienta que te cojan como a una perra!! Jajaja.

    Eva seguía gimiendo sin poder controlarse, para el asqueroso placer del viejo, el cual continuó gritándole

    -¡¡Ves como te gusta, puta!! ¡¡Deseabas que te cogiera!! ¡¡Desde el primer día que me mostraste la cola, querías que te la rompiera toda!! ¡¡Tomá!! ¡¡Como te gusta!!

    -Aaaah siii ¡Papiiii! ¡qué ri…ricooo! —gimió finalmente Eva desfalleciente, se sentía completamente llena.

    —¿¡Sientes como te entra!? ¿¡Sientes como te culeo!? —consultó como loco el triunfal viejo ante semejante declaración de su hembra.

    -Aaah ¡Sííí! Papito ¡Me la metio todaaa!

    El sujeto siguió con sus violentos movimientos, pasaban los minutos y no daba señales de agotamiento.

    Un estremecedor orgasmo se venía a pasos agigantados para ella. Su cuerpo completo estaba siendo bombeado de forma violenta por aquella verga.

    —¡Me vengooo! ¡Me vengooo, papiii! ¡¡Mmmggg! ¡¡Uuyyy!! El cuerpo entero de Eva se estremeció, quedando medió desfallecida sobre la cama, mientras su macho apaciguaba sus embistes.

    El viejo satisfecho de hacer gozar a esa hermosa y joven mujer, nuevamente le rugió una orden.

    -tírate boca arriba gatita, quiero seguir cogiéndote mientras veo cómo te hago gemir de placer jejeje.

    Eva inmediatamente obedeció colocándose de espaldas en el centro de la cama, doblándolo ambas piernas para exponerle su intimidad al viejo macho.

    ¿Así Papi? ¡Hagamelooo! ¡Cójame! ¡Culéeme como usted quiera!

    El viejo se lanzó sobre él tierno y joven cuerpo, apresando sus enormes tetas con ambas manos acercó su cariada y hedionda boca a uno de ellos para empezar a succionar y chupar como becerro buscando leche.

    -¡Aaah! ¡sííí que rico¡ gimió Eva, sintiendo como el viejo brincaba de una teta a la otra dejando ambas llenas de chupetones y espesa saliva.

    -¡Auuch por favor no muerda tan fuerte! -Reclamo la joven al sentir cómo uno de sus sensibles pezones fue jalado por los quebrados dientes del viejo.

    -Tranquila gatita, que estás tetas por hoy me pertenecen, además te gusta que te traten rudo jejeje- rio el vagabundo.

    Eva estaba a punto de reclamar, pero su abusador se lanzó a comerle la boca, ahogándola con un beso de sus secos y partidos labios, inicialmente opuso resistencia ya que el hediondo aliento del viejo le hizo sentir repulsión, sin embargo, igual que previamente le sucedió, al poco tiempo cedió y comenzó a corresponder enlazando su tersa y suave lengua con la del viejo.

    Eva seguía pérdida en el húmedo beso cuando sintió que nuevamente su vagina era invadida, y en un instante sintió la irrupción de su zona más íntima y estrecha por aquel monstruo de carne que la estaba haciendo gozar.

    -mmmhn -fue el sordo quejido que soltó Eva mientras el viejo ya se empezaba a mover nuevamente penetrándola, ella cruzó sus poderosas piernas por sobre la espalda entrelazando sus pies aún con los tacones puestos, a fin de facilitar su penetración.

    -¡Así papito! ¡Mmm! ¡Cojameee! ¡Culéeme fuerte! —le animaba la rubia Eva, arremetiendo ella misma su pelvis contra la gruesa verga. El ambiente en la habitación apestaba a sexo. El erótico olor a coito, coño mojado y verga, era envolvente

    —¡Aaah!! ¡¡Aaaaah! —gemía la joven, clavando sus uñas en la huesuda espalda de su macho. Y sentía como sus pezones se endurecían por el roce con los gruesos pelos del pecho del viejo

    —¡Oooh… pa… papiii! ¡La… la tiene muy gran… grandeee! ¡Due… dueleee! ¡Aaaah!

    —¡Argh!! ¡Sí, putaaa! ¡Pero sé que eso te gusta! ¿¡Te gustaaa!? ¿¡Te gustaaa!? —le preguntaba el pordiosero por cada punteada que le daba.

    —¡Sííí! ¡Ooooh! ¡me encantaaa! ¡Ay!! ¡Ayyy! —gritaba la hembra por cada una de las fieras embestidas.

    El viejo siguió culeandola, pero lo que a ambos les pareció una eternidad, hasta que sentían llegar al límite.

    —¡Sííí! -lo animó la joven rubia-. ¡Más duro! ¡Demee! ¡Ooooh… Que me vengo! ¡Me estoy viniendooo!

    El viejo no se quedó atrás y volvió a gritar fuerte.

    -Ahora, ¡gatita! ¡también me vengo! ¡Oh! ¡Toma mis mocos, putaaa! ¡Aaah! ¡Ahí te vaaan! ¡Arggh!

    Eva sintió como el viejo acabó dentro de ella, siendo llenada múltiples corros de espeso semen lo que la hizo a su vez explotara en un demoledor orgasmo que la dejó inconsciente…

    *******

    El sol, brillaba sobre las olas del mar y él sonido de estas, junto con el de las aves marinas se colaba por la puerta del balcón del cuarto de la joven. En la cama se encontraba la inverosímil pareja.

    Tras la salvaje sesión de sexo ambos se habían quedado dormidos. Él mendigo fue el primero en despertar, al darle la luz del sol en su lado de cama, siendo recibido al mundo vigil con la increíble visión de aquella rubia y suculenta diosa se encontraba yaciendo a su lado, completamente desnuda.

    -Entonces no había sido un sueño jejeje -se dijo sonriente

    Aún no se creían su suerte, se había culeado a una mujer que ni en sus más calientes fantasías se hubiera imaginado, y esto estaba lejos de acabarse…

    Eva se encontraba dormida boca abajo, dejando su deliciosa cola a la merced de quien quisiera tomarla, llevó una de sus asquerosas manos a esos perfectos glúteos, apretándolos fuertemente, mientras los miraba libidinosamente.

    La joven al sentir el magreo sobre su cuerpo empezó a agitarse, despertando confundida

    -¡ Se… sé… señor! ¿qué hace aquí? -la joven rápidamente rememoró los sucesos de la noche anterior, justo al tiempo que era consciente del escozor que sentía en su vagina, producto del duro trato al que la habían sometido.

    Con sus soñolientos ojos observó al viejo, tenía si cabe una cara de más degenerado que el día anterior, además que se encontraba con la verga ¡completamente dura y bien parada!

    -Ayer fue nuestra primera noche gatita ¡pero la luna de miel aún no acaba jejeje!

    -Por favor señor, váyase ya, ya disfruto todo lo que quería -Respondió una joven que hacía lo posible por cubrir su voluptuoso cuerpo, sentía el remordimiento de cómo se había entregado ayer a un tipo viejo y horrible, del que ni siquiera sabía su nombre.

    -Jejeje no te hagas la inocente gatita, que la que más gozó fuiste tú, ¿o acaso ya olvidaste como gritabas que te diera más duro?

    El viejo, aprovechando la duda de Eva de pronto tomó una de sus manos y la puso sobre aquel enorme miembro que instintivamente apresó, sintiendo su dureza y su calor, sin poder evitarlo empezó a mover su mano al rededor del tronco.

    Eva nuevamente estaba perdiendo ya contra aquella dominante verga, pensaba para sí misma que igual ese día se encontraría sola, así que, qué más daba, reflexionaba con la mirada fina en la brillosa verga, mientras se mordisqueaba el labio inferior.

    Mirándolo a los ojos le dijo -¡¿Que desea que hagamos?!

    La calentura de la rubia se fue al suelo al escuchar que el sucio sujeto contestó.

    -¡Quiero tu deliciosa cola!

    Ante lo cual Eva muerta de miedo respondió.

    -¡Nooo, no por favor cualquier cosa menos eso! Puede cogerme como desee por mi vagina, o si lo quiere se la mamo y puede follarme la boca. Casi no lo he hecho por ahí y su pene es demasiado grande, ¡me va a destrozar mi culito!

    Pero el sujeto, como la primera vez que la joven le dio una negativa, violentamente la tomó dejándola boca abajo, al tiempo que se montaba sobre ella, apoyando su descomunal miembro sobre el canal que formaban las perfectas nalgas y comenzó a refregarlo vilmente, Eva intentó levantarse para impedir que mancillaran su cola pero el viejo la tenía bien sujeta.

    Mientras, le decía cosas al oído, el asqueroso y vil mendigo disfrutaba de la situación diciéndome.

    –¡Desde que vi tu hermoso culito cuando entrabas a buscarme comida, no hago más que pensar en él, no dormí pensando en mi enorme verga adentro de este divino agujerito, y ahora lo tengo aquí totalmente indefenso esperando que lo entierre hasta el fondo!

    Semejante declaración nuevamente jugó en contra para la estimulada rubia, aquellos asquerosos comentarios, la tenían en shock, pero no podía evitar, a su pesar notar como con cada palabra su ya no tan estrecha vagina prácticamente se derretía además de que sentía sus sensibles pezones duros cuál roca.

    Ella era un mar de nervios solo un par de veces había entregado la cola, a un novio que había tenido, el cual había sido tan bruto que solo le provocó dolor y nada de disfrute.

    A pesar de aquello, incapaz de oponerse a ese viejo que cada vez sentía más como su macho, obedeció cuando este de repente la jaló, sacándola de la cama y caminando ambos hacia el balcón, Eva sintió el fresco aire por toda su suculenta anatomía, se sentía expuesta, cualquiera que pasara por el camino podría verlos.

    –¡apóyate sobre la baranda y levántame la cola! -ordenó el viejo

    Eva se acomodó como le comandaban, quedando casi en ángulo recto, al no tener puestos los tacones, se mantenía de puntillas para estar como su viejo quería, con la cola apuntando hacia arriba, completamente indefensa, él con una mano tomó fuertemente del rubio pelo sometiéndola, mientras decía burlándose

    -¡Mira como tengo a tu culo, parado y deseando que lo rompa! -Gritaba como loco mientras acariciaba las perfectas y redondas nalgas.

    -¡Estoy desesperado por penetrarlo, te voy a bombear peor que por la concha!

    Eva cerró los ojos y esperó, sintió con como una mano la tenían bien sujeta del cabello, presionándola contra la madera, mientras que, entre sus piernas nuevamente sentía la gruesa anaconda de carne que era frotada por todo su canal, provocándole suspiros de placer, sentía como la hinchada cabeza separaba sus húmedos labios menores, como queriendo, en contra de las intenciones del viejo alojarse nuevamente en la tierna cuevita.

    Durante una eternidad el viejo se dedicó a frotarla, su intención era calentar nuevamente a su hembra, claro le había quedado que prendiéndole el motor esta mujer se convertía en una gatita sumisa, además, buscaba lubricar el pequeño orificio, ya que usando la verga cual brocha, esparcía los fluidos de la joven desde su hendidura vaginal hasta el espacio entre sus nalgas.

    Finalmente, con ambas manos sobre aquellas perfectas nalgas, abriéndolas todo lo que pudo, y empezó a dirigir su enorme y asqueroso miembro hacia la ya rendida cola. Empezó a empujar, Eva notaba el calor que expedía el monstruoso miembro en su casi virginal orificio hasta que sintió la cabeza del pene empezar a penetrar en su orificio para entra.

    La pobre Eva soltó un grito y con desesperación -¡Noo!, ¡pare! Hijo de puta ¡sáquela que no me entra!, ¡me va a romper la cola!! ¡¡Aahhhyyy!!

    A pesar el grito, Eva no se movió de su sensual postura, solo apretando los ojos sentía como ese viejo le seguía metiendo ese enorme miembro sin compasión adentrándose en sus apretadas nalgas centímetro a centímetro.

    Como único desahogo Eva seguía con sus reclamos a gritos para tratar de calmar el dolor.

    -¡Sácala viejo degenerado, ¡ayy! Me vas a dejar toda rota ¡no podré sentarme en una semana! -reclamaba la ya sudorosa rubia, a sabiendas que el tipo no se detendría.

    De hecho, como respuesta el desgraciado viejo, similar a como le había hecho por la concha, retiro la enorme verga hasta el tener sólo alojado el prieto glande dentro de aquellas jóvenes y blancas nalgas, para después empujar violentamente, mandándole a guardar toda la extensión de aquella la barra de carne. Ante lo cual prácticamente hizo que a Eva se le nublara la vista y se embotarán los oídos por la mezcla de dolor, y placer que ya empezaba a sentir.

    Dejando todo él grueso miembro dentro hasta la base, el viejo se inclinó sobre su puta, y con la boca cerca de su cuello le dijo burlándose.

    -¡La sientes bien mi rubia yegua, ahora sí que te va a quedar el culo bien abierto jejeje!

    Acto seguido comenzó un violentamente el mete y saca a un ritmo acelerado, haciéndola gemir fuertemente.

    Tras unos embistes más ella empezó a gritar -¡Aaahh! ¡Aaayy! Ten piedad de mi culo, ¡me duele! ¡Ya no aguanto más!

    El sujeto lanzó una carcajada – ¡¿A quién crees que engañas?! ¡Siento muy bien que té está gustando, si me pides que te suelte es para calentarme y que té de más duro! -. Y aceleró su ritmo más aún.

    Ella se mordió los labios para ahogar un gemido. La bella melena rubia cubría su rostro, sus enormes tetas bamboleaban rítmicamente con cada embestida, mientras perfectas y rotas nalgas retumbaban bajo el peso del viejo

    A la rubia le habían hecho mella las burlas del viejo mendigo. El placer anal tan rico que sentía hizo que se moviera al mismo compás de la cogida brutal que recibía su cola.

    Pasaron los minutos y los movimientos de ambos se mantenían sincronizados. El viejo queriendo seguir sometiendo a su hembra, tomó con una mano el sedoso cabello rubio y la jaló hacia atrás, haciendo que la rubia quedara enderezada a medias, con su espalda arqueada. Y le dijo al oído.

    —¡Eres mía! ¿¡Me oyes!? ¡Mía! —mandando un enérgico empujón hacia adelante, para darle a entender que él era su dueño. Eva sintió larga extensión de carne dura y caliente llenándole las entrañas.

    “¡No puede ser! Esto se siente muy, pero muy bien” se decía Eva, entregada totalmente

    —¡Sííí! ¡Así! ¡No paré Papi! ¡Rómpame toda! —gritó al fin la sometida joven fuera de sí.

    Sus nalgas se comían toda la robusta y larga herramienta del viejo. Le encantaba la sensación de estarse comiéndosela por su ano. Su vagina rubia segregaba muchos líquidos, mientras tenía un orgasmo tras otro.

    —¿¡Te gusta que te enculen putita!? ¿¡Te gusta!? —le preguntaba el macho moviendo su pelvis hacia arriba.

    —¡Sííí! —gritó ella-. ¡No paré! ¡Por favor, no paré!

    —¡Eres mía, puta! ¡Dilo! —le ordenó el viejo a gritos.

    —¡Sííí! ¡Soy…, soy suyaaa! —gritó Eva, totalmente convencida. Justo en ese sintió el mejor orgasmo de su vida y, como si estuvieran sincronizados, el viejo también llegó al orgasmo, eyaculando de manera abundante en el recto de la joven. Quien sintió ese líquido viscoso llenar su ano.

    El satisfecho viejo, se inclinó sobre espalda de la rubia, para morder la piel a su terso cuello, chupó y volvió a morder, a fin de dejar una marca, como reclamando a la joven de su propiedad.

    Eva apenas si sintió aquello. Sentía todo su cuerpo de goma, después de un breve momento, sus piernas colapsaron. Se sintió elevada por el viejo, quien entraba a la habitación para arrojarla a la cama, donde la pobre y agotada hembra quedó inconsciente.

    *******

    El hambre y el dolor la despertaron. Eva abrió los ojos para darse cuenta de que ya era más del medio día. Se encontraba aun completamente desnuda, y completamente sola, con mucho esfuerzo se levantó, sintiendo dolor en todos los músculos, así como un escozor proveniente de su ano.

    Llamó al viejo, pero este ya no estaba. Notó que se había llevado consigo su cartera. El maldito no había tenido suficiente con haber saciado sus más puercos instintos con ella, sino que también la había robado.

    Eva descansó el resto del día. Tomó una larga ducha, limpio su habitación y esperó la llegada de su amiga.

    Tuvo que inventar una ridícula historia de cómo había conocido un guapo y musculoso joven con el que se había enrollado, ya que tenía un chupetón en el cuello que era imposible de ocultar. Al menos no había mentido cuando le dijo a su emocionada amiga que había sido la mejor culeada que le habían dado en su vida.

    Habían pasado las semanas, la rutina había vuelto, Eva volvía hacía su apartamento después de una agotadora mañana en la escuela. Vestía un pantalón de vestir color café claro el cual se le pegaba a las torneadas piernas y parada cola, además de una blusa de botones, donde dejaba ver un breve escote, como siempre sobre zapatos de tacón de aguja.

    Al entrar a su edificio, revisó el buzón de su departamento para retirar los recibos que pudieran haber llegado, casi sufrió un infarto al abrirlo.

    Dentro arriba de varios sobres, se encontraba su cartera, aquella que el viejo había tomado.

    ¿Pero cómo era posible? ¡claro! ¡sus identificaciones! El viejo la había rastreado hasta su casa.

    Abrió la cartera encontrando, que sus identificaciones y se encontraban todas ahí, nada de efectivo obviamente.

    Sin embargo, notó un papel que sobresalida del compartimento de los billetes. Lo tomo desdoblándolo observó que era una nota.

    “Este viernes, 8 pm, estarás solita, lo sé, te quiero lista para tu macho”

    Eva sintió un mareo que hizo que tuviera que apoyarse en la pared respirando agitadamente, precisamente los viernes eran los días que su amiga doblaba turno, quedándose ella sola en el departamento. ¡El viejo lo sabía!

    Aquellas semanas que habían transcurrido probablemente el mendigo las había utilizado para espiarlas, aprendiendo sus rutinas, esperando el momento oportuno.

    Eva sentía su corazón palpitar tan fuerte que creía que se le saldría por la garganta, sin embargo, de manera sincrónica y cada vez de mayor intensidad, sentía una segunda serie de latidos, proveniente de su vagina y ano…

    El anciano viejo caminaba por la calle iluminada por farolas había estado durmiendo las últimas semanas en un parque cercano, se puso en camino cuando en el reloj de la plaza que faltaban 15 minutos para las 8 pm.

    Daba gracias que aquel no fuera uno de esos edificios con guardias o intercomunicadores, por lo que con ligereza entró para dirigirse al departamento 6B.

    No tenía reloj, pero estaba seguro de que daban las 8 en punto cuando llamó a la puerta.

    Tras unos segundos se abrió lentamente. El viejo sonrió.

    -Hola putita, espero no hayas olvidado a tu macho. -dijo el apestoso anciano, deleitándose ante la visión que tenía.

    Eva se encontraba frente a él, su rubia melena se la había peinado en dos coletas, haciéndola ver como colegiala, su ropa consistía solo en una diminuta tanga rosa con un brasier de encaje a juego, calzaba unos altos tacones de aguja blancos.

    -Buenas noches papi. -Dijo ella mordiéndose el labio.

  • Mi pareja, su hija y la empleada del hogar

    Mi pareja, su hija y la empleada del hogar

    Ana, mi pareja, tiene 48 años (tres más que yo) y está estupenda. Corre dos veces por semana y hace gimnasia en casa. Tiene una hija de veinticuatro de una relación anterior. Nos conocimos hace dos años y desde entonces llevamos una vida en la que impera el respeto. Ana tiene amigas y algún amigo íntimo. Yo, por el contrario, soy un tipo bastante más solitario. Al principio, aquello no me pareció del todo bien y tuve un episodio de celos. Hablamos, intercambiamos puntos de vista y definimos la relación que mantendríamos. Para ambos era importante llegar a casa y tener a alguien en quién apoyarse. Sin preguntas.

    Compartíamos gustos literarios, disfrutábamos conversando y lo pasábamos bien en la cama. Sí, lo hacíamos con frecuencia y ella o yo, según la ocasión, tratábamos de innovar y probar nuevas cosas. Así, descubrí que no le disgustaba el sexo anal de vez en cuando y ella, por su parte, se mostró dispuesta a ejercer, también de vez en cuando, un papel de dominación. Me encantaba llegar a casa y confesarle algo que había hecho mal en el trabajo, o la última vez, por ejemplo, decirle que me había distraído mirándole los pechos a la secretaria de mi jefe. Ana, metida en su papel, me sermoneaba y luego me ordenaba tumbarme en su regazo, boca abajo, con el culo al aire. Mi pene, excitado, colándose entre sus muslos. Los azotes, las caricias, su voz, me ponían mucho y acabábamos «cogiendo» de manera salvaje, sin tabús, como animales irracionales.

    La semana pasada, el sábado, después de tres días con fiebre y voz ronca, mi pareja fue a la consulta. Volvió de la farmacia con un antibiótico inyectable y la correspondiente jeringa y aguja.

    – Venga, túmbate sobre el estómago en la cama. -dije.

    – ¿Ahora? -respondió tragando saliva.

    – Sí, ahora. -dije con firmeza.

    Las inyecciones le asustaban. Me contó que una vez, se escondió debajo de la cama cuando llegó el practicante y desde allí oyó como preparaban la inyección. Su madre, algo avergonzada, se disculpó con el galeno y enfadada, la agarró de una pierna y la arrastró fuera. Seguro que le cayó algún azote. El caso es que no podía hacer nada para zafarse de su destino, los pantalones del pijama y las braguitas abajo, el olor a alcohol y el pinchazo en el glúteo. Y luego, para aumentar la humillación, su madre, entre pastillas o supositorios, había optado por estos últimos, añadiendo más humillación a su difícil periodo de adolescencia.

    La inyección estaba lista, apreté el émbolo y unas gotas de líquido emanaron de la punta de la aguja. Ana, apretó el trasero instintivamente.

    – Relaja ese culete, que ya eres mayorcita. -dije.

    Y cuando menos se lo esperaba, puse la banderilla.

    – Pasado mañana viene Marta. -me dijo incorporándose y cubriendo su desnudez.

    – Ok. -Respondí.

    El lunes por la tarde, vino la empleada del hogar. Una vez por semana, por espacio de tres horas, Marija, una chica rubia de corta estatura, se encargaba de limpiar habitaciones o planchar.

    Yo me encontraba tumbado en la cama con la Tablet, masturbándome, mientras mi pareja y su hija veían la tele en el salón. La empleada entró sin llamar y me pilló en plena faena, sacudiendo el pene.

    – Lo siento. -musitó al percatarse de la situación.

    Aunque me ruboricé reaccioné a tiempo.

    – Por favor, no salgas. Haz tu trabajo y no te preocupes por mí.

    Marija dudo unos instantes, pero finalmente cerró la puerta, echó una nueva mirada al miembro y se puso a pasar el paño.

    Yo apagué la Tablet y la observé mientras continuaba con la paja.

    – ¿Te llamas Marija verdad? ¿De dónde eres?

    La muchacha asintió y respondió a mis preguntas. A su vez se interesó por mi trabajo. Finalmente, mirando el pene de nuevo, ya sin disimulo, dijo ruborizándose.

    – ¿Le ayudo?

    – Adelante. -dije retirando mis manos de la tarea.

    La muchacha se acercó, observó con curiosidad, se mordió el labio inferior y dijo.

    – ¿Puedo?

    – Todo tuyo. -respondí.

    Con habilidad, Marija tomó el palpitante miembro en sus manos y comenzó a estimularlo. Luego, acercando su boca, sacó la lengua y, con la punta, después de dejar caer un chorrito de saliva, lamió el glande. A continuación, se lo metió en la boca. Apreté el culo mientras el placer recorría mi bajo vientre.

    – Acércate. -dije cuando sacó el falo de la boca.

    La miré a los ojos, le toqué el culo y la besé en los labios.

    En ese momento entró Marta.

    – Mamá dice…

    No terminó la frase.

    – Cierra la puerta. -le dije con calma.

    Mi «hijastra» obedeció mientras miraba todo aquello con interés.

    – ¿Quieres participar?

    – Mamá dice que cenamos en diez minutos.

    – Diez minutos… nos da tiempo a algo rapidito. -respondí.

    Marta no dijo ni que sí ni que no así que me levanté de la cama.

    – Bájate los pantalones e inclínate. -ordené.

    La veinteañera obedeció dejando su culo en pompa.

    – Las bragas. -dije mirando a la empleada.

    Marija bajó las braguitas de Marta hasta las rodillas y luego, separó sus nalgas dejando la vagina lista para la penetración.

    Di un paso al frente. Mi pene erecto, listo para la acción.

    – Un momento señor. -dijo Marija arrodillándose detrás del trasero de la joven.

    Sacó la lengua fuera y un segundo después, enterró el rostro en la raja del culo de la joven.

    Marta gimió y arqueó la espalda cuando notó la húmeda lengua explorando sus cavidades.

    Aquello era super excitante. Aguanté un minuto mientras mi verga se ponía más dura todavía.

    En cuanto la chica de la limpieza sacó su rostro en busca de aire, azoté las nalgas de la hija de mi pareja y metí el pene en la vagina empujando hasta el fondo.

    Marta perdió el equilibrio durante unos instantes dejándose caer sobre la cama. Yo la tomé por la cintura, saqué el pene y la arrastré sobre la cama, su cuerpo en diagonal. Luego me encaramé sobre ella, metí de nuevo el pene en su sexo y apoyando la palma de las manos a ambos lados del tronco, empujé. Repetí media docena de veces, eyaculé fuera y me dejé caer sobre ella jadeando.

    Al lado de la cama, de pie, con las bragas bajadas Marija se frotaba el coño con la cara colorada.

    – Es hora de cenar. -anuncié.

    Las mujeres se vistieron. Marija reanudó su trabajo y Marta, colocándose los pantalones fue al baño.

    La cena transcurrió de forma amena. Vino blanco, sopa, pescado y conversación en torno a las amigas de Ana y al trabajo de Marta.

    Sobre las diez Marta se despidió. La empleada se había ido antes.

    Mientras me lavaba los dientes entró mi pareja en el baño en ropa interior, se bajó las bragas y se sentó en la taza.

    – ¿Qué tal el día me preguntó?

    – Bien. -respondí.

    Luego se oyó un pedo y a continuación el sonido del pis chocando contra la taza.

    – Me alegro. -añadió la mujer mientras pasaba el trozo de papel a lo largo de la raja.

    – Por cierto… tienes gasolina para más. -añadió dándome un azote en el culo.

    Me volví.

    – ¿Qué se te ocurre?

    Ana se desabrochó el sujetador.

    – ¿Qué tal un masaje?

    Sus tetas, coronadas por oscuros pezones, se merecían un esfuerzo.

    Fin

  • El chico candente del gym

    El chico candente del gym

    El relato que hoy les vengo a contar y que es totalmente verídico me sucedió en el gym,  al que voy a ejercitarme a diario, esto ocurrió con un chico llamado Paco, el cual ya tenía como un año entrenando ahí.

    Paco es chico de 23 años, un poco robusto, no gordo pero complexión gruesa, de esos chicos macizos pero con buen cuerpo, cabello castaño, una estatura de 1.78 m y ojos verdes muy bonitos con tremendas pestañas, muy parecido de la cara a el actor Tanner Buchanan.

    Cuando llegó al gym, los entrenadores le ponían la rutina y como es común, no le ponian atención y centraban a entrenar a las chicas, Paco en un inicio no ejecutaba bien los ejercicios y cuando yo me encontraba cerca trataba de orientarlo cómo lo hago con cualquier compañero nuevo, la relación con Paco era del saludo y conversaciones cortas del tema de gym y ya.

    En varias ocasiones vi a Paco mirándome cuando yo entrenaba, al principio pensé que era solo para aprender a ejecutar el ejercicio pero después empecé a sospechar que le atraía, además no les hacía caso a las chicas que se le acercaban, ya que como conté antes, aunque es un poco gordito, Paco es muy guapo, pero a él no parecía interesarle ninguna chica y varias veces lo caché viendo a los compañeros entrenando y dije «este chico es gay, chingaos que no».

    En una ocasión que hubo un festejo en el gym tomé unas fotos con mi móvil, Paco me pidió que le pasará las fotos por WhatsApp ye dio su número así que lo grabé, yo nunca pensé en tirarle la onda porque yo tengo 36 años así que Paco me parecía un niño, pero me divertía verlo viéndome las nalgas cuando entrenaba pierna y en alguna ocasión me hizo dos que tres cumplidos sobre mi cuerpo.

    Pasó un tiempo y un día me metí a una página de anuncios donde venden y anuncian mil cosas, ahí hay un apartado de encuentros y a veces me divierte ver a la gente buscando pareja o alguien con quién coger y las cosas que piden entre otros anuncios de masajes y servicios sexuales, me llamó la atención un anuncio de un vato que se anunciaba buscando a un hombre maduro que le hiciera perder la virginidad y pedía total discreción, me llamó la atención más porque especificaba una zona de la ciudad cercana a dónde yo vivía y aparecía una foto donde mostraba el torso desnudo en pose de bíceps, en la página venía el enlace para Whatsapp, cuál fue mi sorpresa que el presionar el enlace me mandaba a WhatsApp de Paco a quien ya tenía guardado en mis contactos, no lo podía creer e hice el intento de nuevo y lo mismo, me direccionada al WhatsApp de Paco y a la conversación en la que le mandé las fotos, corroboré el número y efectivamente: Paco andaba buscando quien lo estrenara y pedía macho maduro, digo nunca pensé en tirarle la onda pero me pareció interesante considerar ser su padrino.

    Los siguientes días, empecé a ver a Paco con otros ojos, me gustó la idea de ser su primer hombre, pero no sabía cómo abordarlo, así que un buen día platicando se la solté y le dije:

    Oye Paquito y ya encontraste quien te estrene?

    Paco abrió los ojos y no captaba a qué me refería

    Si no te hagas, ya se que andas buscando macho que te dé pa tus chicles y no lo niegues, ya hombre sincera te, conmigo no hay falle y hay confianza.

    No se de qué me habla, me dijo, -no entiendo. Y se reía de nervios, se puso rojo y la voz le temblaba

    A poco crees que no me he dado cuenta como miras a lo chavos del gimnasio y como me miras las nalgas, no te apenes, no tiene nada de malo, solo te digo que si andas buscando a alguien y yo te parezco el adecuado, me apunto para estrenar ese cuerpecito. Va! Ya me dices

    Me di la media vuelta y me fuí.

    Ese día en la tarde me llega mensaje de Paco y me dice que retomando lo platicamos en la mañana, me dice que si le gustaría que yo fuera su primera vez pero que me súplica que por favor no le diga a nadie, que solo es pura curiosidad que el tiene de estar con un hombre.

    Al día siguiente que lo vi en el gym, Paco andaba muy nervioso y tengo que admitir que yo también, platicamos y quedamos que todo se haría en mi casa que vivo solo, un sábado e iríamos a comer y después a mi casa.

    Se llegó el dichoso sábado y fuimos a comer a un restaurante cerca, platicamos un rato sobre lo que Paco buscaba en esta experiencia. Me dijo que quería sentir el calor de un cuerpo masculino, tocar y saber que se siente chupar un pene, y que se siente se cogido por un hombre, conforme la plática pasó, Paco se relajó y se dio un ambiente confianza.

    Fuimos a mi casa y lo pasé a la recámara, le dije que se pusiera cómodo y yo entre a otro cuarto a cambiarme. Me puse un suspensorio, un short corto y pegado y una bata. Cuando regresé al cuarto Paco estaba vestido aun y le dije.

    Ya te arrepentiste?

    No, no solo que te estaba esperando- me contestó y se empezó a quitar la ropa, quedando en bóxer, me acerque a él y lo miré fijamente sonriendo, me quité la bata, el estaba nervioso y tocó mis brazos, comenzó a besar mi pecho. Yo lo acariciaba y lo abrazaba suavemente, lo besé, después me tendí en la cama y Paco lamia mis pezones, mi pecho y mi abdomen, tocaba y besaba mis piernas. Mi pene estaba ya bien duro y se quería salir, Paco notó la tumefacción y sobre mi short besaba mi pene. Le dije

    Que esperas, es tuyo.

    Paco sonrió maliciosamente y me quita short y después el suspensorio para ver mi vergota de 20 cm, gruesa ya con líquido pre eyaculatorio en la punta. Después comenzó a besar mis testículos y metió mi verga en su boca, de forma brusca e incluso me llegó a lastimar con sus dientes, era evidente que no había probado verga antes, poco a poco se desinhibiendo, yo le quité el boxer y pude ver su pene erecto, era grueso como de unos 16 o 17 cm, con mucho vello púbico y testicular, axilas velludas y moderado en pecho y abdomen.

    Lo acosté en la cama y lo empecé a besar, tenía un cuerpo rico, carnoso, brazos y piernas gruesas y fuertes, traía una loción muy agradable, baje por el cuello, axilas, pezones, abdomen hasta que llegue a su verga y le empecé a mamar su verga, olía un poco fuerte por el vello abundante, Paco emitía gemidos de placer, yo le acariciaba los testículos y el ano mientras lo felaba y le decía que era un putito deseoso de verga y que yo tenía todo lo que él deseaba. Paco me contestaba diciendo que me lo cogiera cómo quisiera, que era mío y estaba dispuesto a que lo usara. Yo lo acariciaba y la idea de que yo era su primer hombre me excitaba mucho. Hicimos un 69 y Paco aprendió rápido a mamar verga sin lastimar, me daba unas lengüeteadas y yo le metía los dedos en el culo mientras lo felaba.

    Después llegó el momento que tanto esperó, lo puse en 4 y lubrique su culo con un poco de lubricante como a mí me habían enseñado, comencé a dilatarlo con mis dedos y al mismo tiempo estimulaba su próstata, lo que hacía que emitiera sonidos de placer.

    Me puse un condón y me dispuse a penetrarlo, estaba muy cerradito aún y poco a poco entre gemidos de dolor y placer mi verga fue entrando en esos entrañas hasta que por fin lo tenía poseído completamente. Con movimientos suaves y rítmicos empecé a empalarlo y Paco gemía como una mujer, disfrutaba como un loco y unos momentos después comencé a masturbarlo mientras lo penetraba, poco tiempo después, Paco tenía un potente orgasmo que lo llevo emitir un sonido muy excitante. Me quité el condón y le metí la verga en la boca, me mamó la verga con unas ganas como si fuera un hombre hambriento con un mendrugo de pan hasta que termine en su cara y boca. Paco tomaba con sus manos el semen derramado fuera de su boca y se lo lamía.

    Esa tarde cogimos como nunca, estuvimos viendo películas en la cama toda la tarde y de rato me pedía más sexo, yo le correspondía, ya la segunda vez, procuré no terminar para darle batería, Paco tiene 23 y yo 36años, así que el me lleva ventaja por ser un hombre más joven con todas esas hormonas a su favor. Pero esa vez Paco terminó siendo penetrado 4 veces hasta que quedó exhausto, yo solo 2 veces. Después de eso nos bañamos juntos, yo le sugerí a Paco que era higiénico recortar el vello genital y axilar por higiene y me ofrecí para dicha tarea así que saque mi máquina de cortar cabello y rasuré sus testículos, recorte el vello púbico con mucha delicadeza así como el de sus axilas. Paco es fecha que me dice que eso fue un momento muy erótico.

    Ese día se fue a su casa bien estrenado y satisfecho de la cogida que le di, la verdad es que es muy candente.

    La vez pasada me dijo que a ver qué día repetíamos lo de aquel sábado y claro que me gustaría volver a estar con el.

  • Veinticuatro horas de libertinaje

    Veinticuatro horas de libertinaje

    Alta y desde hace algún tiempo, sin ser una atleta, ahora estoy cómoda, confiada y bien en mi cuerpo desde que aumenté la frecuencia de mi actividad deportiva. Dejé de preocuparme por estos pequeños defectos que a menudo marcan los cuarenta años de una mujer (¡y de los hombres también!) y tomé el asunto en mis propias manos hace un año. Consecuencia: esta semana mi agenda está llena de descanso primaveral. ¡Larga vida a los sitios de citas!

    El martes por la noche, con Carlos, uno de mis libertinos habituales, promete ser calurosa como habitualmente. Mientras tanto, dos nuevos encuentros han tenido lugar el lunes por la noche y el martes por la tarde. Como una nunca sabe realmente qué esperar con este tipo de citas, no me preocupa pactar varias seguidas en veinticuatro horas; dos de ellos solo están haciendo contacto, después de todo. Además, sabemos que la química nunca está garantizada de antemano en este tipo de entrevistas, ¡que a veces puede ser desastrosa!

    El primero de mis invitados, Eduardo, finalmente pudo encontrar un lugar el lunes por la noche, el único posible. Parece bastante sabio en vista de sus mensajes de texto, que es simplemente para conocernos. En cuanto a Juan Pablo, quería adelantar nuestra cita para el martes por la tarde, parece muy ansioso por conocerme. Deja entrever que necesita especialmente un hombro para consolarse de una dolorosa separación. Además, apenas tiene dos horas para dedicarme. ¡Mmmm! Estas dos citas no son, por tanto, las más prometedoras.

    El aperitivo con Eduardo, que llegó sobre las 19 horas, comienza con un panorama positivo. Físicamente, este hombre de pelo castaño, cuarentón, me agrada mucho. Debajo del exterior sobrio (camisa, pantalones y zapatos), supongo un miembro viril deseoso conocerme. Sin embargo, su rostro inexpresivo, no es de lo más agradable y no refleja ningún deseo de seducirme. En este momento, estoy lejos de imaginar cómo es Eduardo, sin embargo, una verdadero licencioso, especialmente porque el contenido de sus mensajes escritos hasta ahora ha sido muy banal. No tardaré mucho en saber que él tiene pareja el día que nos encontremos ¡Seamos realistas, eso pone mi mérito en perspectiva! ¿Somos realmente ingenuas a veces?

    Aquí estamos sentados uno al lado del otro en mi sofá cama, en el entrepiso de mi departamento, una taza de café en la mano. Parece que me gusta este hombre. En cualquier caso, veo que tiene una idea bastante clara de cómo podría terminar la velada, de lo contrario no habría colocado sus manos sobre mis piernas, y seguidamente por debajo de mi falda ligeramente levantada, mientras mantenemos una charla. Mis manos son un poco lentas antes de responder a la invitación de sus dos compases, solo para despertar el deseo. Mis piernas son hermosas, esbeltas y suaves. La pregunta que me impulsa durante su monólogo es «¿cuánto va a tardar para follarme?, espero no quedarme agotada para mañana por la noche con Carlos?» Reconozco que la conversación, un poco aburrida, está a punto de derrumbarlo todo. Pero «todo» se aclara cuando deja de hablar de su vida profesional, sus problemas de salud y la vida con sus ex, para contar sus libertinas experiencias en un club. Con fotos de apoyo tomadas por un fotógrafo, para la ocasión.

    “¡Ves, ahí fue cuando Manu y yo fuimos mamados por tres amigas!»

    «Emocionante, dime, deben haberlo pasado muy bien, ¡los afortunados!»

    «Sí, ¿se puede decir que nos cuidaron muy bien?»

    Eduardo me mira con una sonrisa pícara, porque sintió que se le formaba un bulto en los muslos. Terminamos besándonos. Entonces, veo que estoy tratando con un libertino más experimentado que yo? Primera gran sorpresa, porque ingenuamente esperaba a alguien más cauteloso o un tanto tímido dados nuestros primeros intercambios de mensajes. Está decidido: quiero que me folle esta noche.

    Naturalmente, su mano comienza a levantarme la falda. Mientras continúa mostrándome sus fotos «pornochic», adornadas con comentarios más bien «técnicos», empieza a acariciarme en el hueco de mis muslos, en el borde de mis bragas. Me digo a mí misma que tal vez pueda hacerlo callar. Pero pasa mucho tiempo antes de que deje su teléfono celular. Poco a poco se hace el silencio, otra señal inequívoca, y efectivamente: entrecierro mis ojos para saborear mejor este momento, me abandono, con los dos brazos extendidos encima de mi sofá cama. Esta actitud tan confiada después de tan poco tiempo es típica de las libertinas. Su mano no tarda en despedir mis bragas, ya un poco mojadas, para descubrir mi sexo depilado y rematado con un ligero vellón cuidadosamente recortado. ¡Es muy emocionante!

    Surgen varios aullidos de placer animal cuando se compromete, sin más, a masturbar mi clítoris, alternando suavidad y firmeza. Termino acostada, con la falda completamente levantada, su cabeza entre mis piernas, su lengua entre mis labios vaginales. ¡El cunnilingus es definitivamente una buena manera de romper el hielo! Después de haber gratificado mi coño brillante con largos movimientos de ida y vuelta, se detiene astutamente para besar el interior de mis muslos, luego se acercó de nuevo a mi sexo mientras juego para evitarlo, para rozarlo, para volverme loca… Finalmente agarra mi clítoris con la boca abierta y la lengua, antes de detenerse tan pronto como siente que voy demasiado lejos…

    Este jueguito de «¿disfrutarás, no disfrutarás?» dura largos minutos. Me encanta ese poder de provocarme un orgasmo cuando mi partner de turno lo decide, y de privarme de él cuando yo lo espera… Los aullidos de Eduardo y mi coño cada vez más húmedo me guían perfectamente en la penumbra que comienza a envolvernos. Tengo la capacidad de disfrutar muy fácilmente, pero él no quiere que lo disfrute tan pronto.

    Muy emocionada ahora, en la línea de la cumbre entre la frustración y el placer, he entendido que tendré que esperar antes de subir el telón definitivamente. Aquí estoy, pues, sentada en el sofá cama, el olor a sexo ya llena la habitación. Los besos intrusivos son más lánguidos cuando tienen gusto. ¿Quería jugar conmigo? Es su turno de experimentar las punzadas de la frustración. Agarro el bulto que distorsiona sus jeans para medir el tamaño potencial de su polla, el tamaño de del deseo. Le quito el botón de los pantalones y la bragueta, acaricio a través de sus calzoncillos, luego me voy de inmediato, como si estuviera tranquila, para concentrarme en su camisa.

    El despojo continúa lentamente mientras nuestras bocas de sabores se entremezclan. Mis besos húmedos recorren su pecho, me demoro mucho tiempo en su vientre, antes de aventurarme en sus calzoncillos… Mis manos están masajeando firmemente sus bolas a través de ellos, hago que este momento le parezca interminable. ¡No puede más y yo lo sé muy bien! La mirada me da lo demuestra perfectamente. Su rostro no es en absoluto el mismo que el del comienzo de la noche. Hago de Eduardo una criatura lujuriosa, una máquina de placer, dedicada a llegar al clímax y hacer que la gente se corra, y luce una sonrisa viciosa que significa «¡ya verás!»

    Luego me levanto. Lentamente, me desnudo por completo. Él también se levanta y me pone de rodillas frente a él; obviamente aprecio este pequeño gesto de dominación. Es bueno saberlo. Mientras termino de quitarle los calzoncillos palmo a palmo, sigo besando su vientre y tomo suavemente su polla en mi boca, antes de engullirla toda en un solo acto. Se estremece de placer, ya está duro como la madera. Saco el pene todo brilloso de saliva, lo agarro con ambas manos y lo mira con un aire que claramente significa «¿Me voy a divertir esta noche?» Con el paso de los minutos sus gemidos indican que aprecia mi forma de chupar, llena de dulzura y humedad. Al mismo tiempo que su polla entra y sale de mi boca, lo pajeo con firmeza y sensualidad. Noto que se encuentra con ganas de correrse, más aún cuando bajo a tragarme las bolas. Finalmente se contiene; todavía no quiere que yo termine con él.

    Un momento de simples caricias le da tiempo para recobrar el sentido, y le da la oportunidad de saborear mis pechos, cuyos pezones adquieren rápidamente el sabor y el olor de mi sexo. Todo mi cuerpo termina oliendo a sexo. Después de bajar de mi entrepiso, cenamos y tomamos unas copas. Durante este interludio, el hombre me resulta más interesante que al principio. Pero sigo siendo muy objetiva. Es muy emocionante suspender el acto sexual de esta manera, mejor para retomarlo más tarde.

    El ambiente sombrío por las velas, y unas copas, acaban por despertar nuestros deseos. Manos y bocas se vuelven a conectar rápidamente. De frente a mi pareja, sentada desnuda como él, al cabo de un rato termina entre mis piernas y besa mi cuerpo firme y suave de arriba a abajo. No puede esperar mucho antes de volver a lamer mi coño. Inmediatamente balanceo mis caderas y emito mis característicos gemidos. ¡Wow! parece que ha llegado el momento de hacerme correr por primera vez. Agarro un condón que había traído (¿por si acaso?). Luego acerca dos sillas a cada lado de mí, para que yo pueda sostener mis piernas estiradas; este pequeño ceremonial, lento, meticuloso y realizado mientras me mira a los ojos, solo aumenta mi excitación. Le ofrezco mi coño y mi culo. Apenas instalada, siento que su dedo medio y su dedo anular me penetran sin previo aviso en modo «bola de bowling» y me sacudo vigorosamente; mis pezones, mi boca, mi sexo se turnan saboreando su lengua… Gimo más fuerte.

    Se avecina un orgasmo que no olvidaré pronto. Abre mi culo e introduce un dedo espesamente cubierto con gel, luego gradualmente un segundo dedo; al mismo tiempo y antes de que pueda bajar de este sentimiento, su otra mano está tocando mi coño lenta y profundamente. Me gusta que me registren así por todas partes, es obvio, y con mi mirada lasciva rápidamente le ruego que me noquee de una vez por todas. Pero yo no lo sabía, un furioso deseo de follarme ha terminado de surgir en él. Reemplaza sus dedos con su polla, y qué placer sentir cómo se abre paso en este estrecho agujero… Una sonrisa de placer al sentir mi culo invadido. Con este libertino puedo pasar varias horas, y por otra parte esta obscena falta de vergüenza me excita. La expresión lasciva de su rostro me muestra que esta noche tiene la intención de hacer lo que quiera conmigo.

    Me agarró firmemente por las caderas, saboreando cada centímetro introducido en esta vaina deliciosamente expandida, mientras mis aullidos le animaban a hundirse más. A pesar de su buena longitud, su pene, fino como debe ser, va hasta la empuñadura. Disfruto de esta increíble sensación de sentirme empalada literalmente por el culo. Lentamente de un lado a otro y no tardo mucho en gritar de una manera muy diferente esta vez. ¡Si los vecinos están en casa, seguramente lo escucharán todo! Para acompañar mi orgasmo, Eduardo empieza a aplastarme con tanta fuerza que al día siguiente seguro que quedaré con un moretón en la espalda. Escucho caer algunos objetos, ¡pero en este preciso momento me importa un carajo! Dos de sus dedos vuelven a buscar en mi coño, mientras me folla de una manera más lenta pero más completa; su polla se sale a veces, pero como la naturaleza aborrece el vacío, es mejor entrar de nuevo…

    El espectáculo que le ofrezco en este momento suspendido es memorable: mi rostro tenso de un placer indescriptible, mis pechos errantes, mis piernas abiertas, coño y culo llenos. El sonido de sus bolas golpeando contra mi pequeño trasero resuena. Esta alucinación vislumbrada en la oscuridad se confunde con mis propias sensaciones, mientras mi orgasmo parece no detenerse nunca y alcanzo un nuevo pico, quizás sea incluso una sucesión de orgasmos. ¿Y él? Está cerca de cruzar el umbral y correrse de inmediato. Sin embargo, ¡no tiene la intención de terminar tan rápido!

    Alternamos conversaciones cariñosas y besos intensos hasta la una de la madrugada. Ya no trato de ahorrarme, después de todo, mi cita del día siguiente con Carlos podría ser, en el peor de los casos, pospuesta. Es una regla tácita del libertinaje, que ya he aprendido más de una vez de la manera más difícil: las aventuras de una noche, cuando parecen valer la pena, están antes que las regulares. Con este último es fácil arreglarse, por otra parte Carlos ya me lo ha hecho una vez, me ha dejado plantada para follarse a un nuevo ligue. No tengo nada en contra de las «infidelidades», siempre que me las cuenten detalladamente. Brevemente.

    Mi invitado retoma su misión de follarme. Le toca a él ser cabalgado, y verá como yo tengo un amplio repertorio en cuanto a follar. Todo intercalado con mamadas, cunnilingus y 69 salvajes. Me someto a todos sus deseos; estoy feliz de que satisfaga mi coño con su lengua, sus dedos y su polla. Después de tres nuevos orgasmos, le hago entender que no puedo más. Se aguantó bien hasta ahora, pero el disfrute también lo agota.

    “Quiero que me hagas correrme con tu boca. ¡Déjate llevar como quieras, esta vez! ¡No te detengas!»

    «¡Con eso, bastardo, puedes contar!» Luego se acuesta en la cama y lo trago, sacudiéndolo bruscamente.

    ¡Atención! ¡Se corre! Me empuja aún más fuerte. Eyaculó con una rara intensidad. Su semen se esparce en mi garganta de mi pareja en largos impulsos, mientras mi boca contiene sus espasmos de gozo. Me salgo de él y abro la boca dejando caer su regalo. Gotas de su esencia descienden a su cuerpo, parte en su ingle, su pierna, otra parte en la sábana.

    Finalmente, como pusimos nuestras últimas fuerzas en la batalla, no es tan complicado para él como para mí caer en un sueño profundo, después de una lluvia de rayos. Siempre es desconcertante pasar la noche entrelazada con un extraño, sobre todo cuando la mañana siguiente nos deja todo el tiempo necesario.

    Despertar junto a Eduardo, a la luz del día es una pequeña sorpresa, me toma un poco de tiempo darme cuenta: «¡Ah si es verdad…!» Me siento bien descansada, y la mañana ya está en marcha en realidad. Mi invitado no se molestó en volver a ponerse la ropa interior antes de quedarse dormido, así que mis manos vagan felizmente por su espalda, trasero y piernas mientras duermo. Exuda una inocencia que contrasta con nuestras travesuras del día anterior. Esta reunión lo confirma una vez más: los mejores polvos suelen tener lugar con hombres que esconden bien su juego. No es de extrañar después de todo. Cuanto más cómodo te sientas con tu cuerpo, menos necesitarás presumir de él y usar trucos.

    El contacto con mi piel no tarda en volver a ponerlo duro, ¡incluso más duro que nunca! ¡Rápido, un condón! Me arrimo contra él, y al sentir que su «morning wood» me toca, dejo escapar un suspiro de deseo. Luego me agarro durante mucho tiempo contra su cuerpo que me aprieta mi culo contra su bajo vientre. Sin molestarme en saludarlo, agarra su polla y la inserta en mi sexo. Me penetra en toda su longitud, encantado de encontrarme ya empapada. Lo beso suavemente durante largos minutos. Después de esta presentación me enderezo y me pongo de rodillas, con los brazos extendidos contra la cama, ofreciéndole mi sexo y mi culo. «Adelante, fóllame bien como lo sabes hacer» finalmente le dije, desafiándolo con mi mirada.

    ¡Es increíble tener tantas ganas de follar después de la sesión del día anterior! Su deseo, intacto, es comunicativo. Esta pequeña sesión matinal terminará en un slamming doggystyle, una de mis disciplinas favoritas. Con un pie anclado en la cama, solo frota su polla en mi vulva por un momento, antes de invadirme de nuevo y propulsarme sin piedad, durante un largo rato, animado por mis pequeños aullidos. No tardan en convertirse en gritos de placer, mientras las palmadas resuenan en mi culito cada vez más rojo. Esta vez es en mi culo donde termina divirtiéndose.

    Después de un desayuno rápido, Eduardo se va y yo me derrumbo en mi cama, ¿saciada?

    Ha pasado parte de la tarde cuando salgo. Apenas tengo tiempo para ordenar y borrar las huellas (bastante numerosas) dejadas por el paso de mi invitado. Aprovecho para también ventilar mi apartamento, porque hasta un ciego habría adivinado fácilmente el tema principal de mi noche. Es cierto que mi cita con Juan Pablo debe ser en terreno neutral y no espero nada especial en el futuro inmediato. Además, a diferencia del día anterior es una «cita» de un sitio de citas. Pero bueno, mi experiencia me dice que es mejor planear con anticipación. En nuestros mensajes, hasta ahora, he indicado que tiene mucho tiempo. También me dijo que no quería apurarse dada la dolorosa separación por la que acaba de pasar. ¿Para qué apresurarse? Para una mujer, ser paciente y fingir desapego muchas veces le atrae el interés de los hombres e incluso su confianza, como lo he comprobado en varias ocasiones. La paciencia es el lujo de las mujeres que ya tienen un harén masculino, y nuestra mejor arma para expandirlo cada vez más. Por el momento, por lo tanto, me concentraré sobre todo en consolarlo. Veremos más tarde.

    Una vez que llegué al parque donde habíamos planeado encontrarnos durante dos horas, vi a un hombre muy guapo, de pelo bien negro, de estatura media, en sus cuarenta. Sus pantalones y su camisa resaltan formas bastante atléticas. Me encantó inmediatamente su sonrisa sincera, aunque un poco deprimida, y su mirada viva, en el intercambio de saludos y presentaciones. En muchos aspectos, nada que ver con el hombre que dejé hace unas horas. A diferencia de Eduardo, Juan Pablo resulta interesante desde el principio. Muy pronto, durante la conversación, detecto un equilibrio de vida, un poder y una cierta finura mental que contrasta con el cogedor, ciertamente convincente, del día anterior. Me gusta que me exciten por dentro, rara vez sucede, pero poco a poco siento la necesidad de seducir a este hombre que me parece un poco fuera de lo común.

    Después de discutir su situación, la conversación naturalmente se desliza hacia mi práctica del libertinaje, que ya hemos mencionado en nuestros mensajes. Por supuesto que no le digo que apenas me estoy recuperando de una cogida memorable. De todas formas, rápidamente entiendo que el tema le emociona, y sus preguntas demuestran que le atrae este tipo de experiencias. Sus repetidas visitas a mi perfil rápidamente me permitieron adivinar su interés en mí. Además, me dijo rápidamente, de una forma bastante descarada, que estaba contento de haberse topado con una pareja swinger en nuestra web de citas “convencionales”, porque al menos los swingers saben cómo hacerlo. Me ofrece guiar mi entrada en la industria, porque ya conoce a varias parejas confiables o al menos competentes. Echaré un vistazo al sitio. De paso le hago entender que es bastante mi tipo y que si es recíproco, estaré feliz de contarme entre sus libertinas favoritas. A las mujeres nos gusta sentirnos elegidas… Siento que estoy dirigiendo el espectáculo en este momento.

    Los hombres son decididamente ingenuos a veces. Están convencidos de que tienen el control, pero en realidad muchas veces son las mujeres las que hábilmente los guían hacia nosotras cuando lo decidimos. Después de media hora, finjo buscar un retrete en el parque, que sin embargo conozco muy bien… ¡Obviamente no hay ninguno! Creo que él entendió mi maniobra: miró la hora como calculando cuánto tiempo le queda para follar. Así que le sugiero que venga a mi casa. Prometiendo honor, respeto y caballerosidad. ¡Palabra de oportunista!

    Una vez en mi departamento, no toma mucho tiempo ver con quién estoy tratando realmente. No se puede decir que demoró mucho en venir a mis brazos, después de solo unos minutos, y besarme. Besos mucho más húmedos que el día anterior, una mirada ardiente que me desnuda, ¡y mi elección está hecha rápidamente! Todavía estoy cansada de mis reciente sets de la pasada noche, eso es seguro, pero no puedo dejar ir a Juan Pablo sin darle un vistazo de lo que puede esperar si nos volvemos a encontrar. De todos modos solo tenemos tiempo para un polvo rápido y efectivo. Así que terminó acostándome en mi cama.

    Después me levanta la blusa y el sujetador para saborear mis pechos. Se quita el pantalón y descubro unos glúteos y unas piernas firmes y tonificadas. Mientras sus ojos lujuriosos no se apartan de los míos, abro mis muslos, invitándole a comerme el coño, lo cual hace sin rodeos mientras me penetra con sus dedos. Poco después surge mi orgasmo, y elige ese momento para tomarme sin rodeos, en la misma posición, para prolongarlo lo máximo posible. Creo que no va a durar mucho. Por otra parte mi cuerpo no responde tan bien como esta mañana. Su deseo de placer satisfecho, el resto es solo una bonificación. Después de unos minutos de vigoroso ir y venir, me detiene, a pesar de mi mirada ardiente pidiendo más. Y se viste.

    «Creo que tenemos que cuidar el tiempo, tengo que irme pronto» dijo.

    «Tú, quisiera volver a verte» respondo, frustrada. ¡Y cómo!

    Todavía no lo sé en ese momento, pero esa tarde inconclusa marca el comienzo de una de mis relaciones libertinas más hermosas. Durante unos meses, Juan Pablo fue introducido al mundo libertino por mí. Le gustaba que le cuente en detalle sobre mi exploración de otros hombres; el descubrimiento de grandes pollas perforantes, sumisión, nalgas marcadas de rojo, mis primeras fuentes, e incluso mi primer trío. Madre ejemplar y profesional hiperactiva durante el día, culo loco desatado por la noche (o por las tardes), que odia el sexo estándar. Mis dulces pecados son la sodomía y el fisting. ¡Qué orgullo haberlo abierto al libertinaje! En contacto conmigo, aprendió aún más sobre las mujeres y su deseo. Deseo de ser dejadas libres, pero también deseo de ser guiadas o incluso dominadas; deseo de ser doblemente penetrada (en mi caso, la mayoría de las veces con mi consolador favorito en mi coño, y su polla en mi culo. Aquí hay una mujer que no usa trucos para presumir.

    Son más de las cinco de la tarde cuando Juan Pablo sale de mi apartamento, no sin haber fijado nuestra próxima entrevista (¡Mañana! Por lo tanto, está motivado). Me quedan dos horas antes de ir a ver a Carlos, mi habitual. Vamos, no cancelo, pero la velada será suave, ¡eso es seguro! Este hombre que se acerca a la cincuentena tiene un perfil muy diferente al de otros libertinos que conocí. Primero, intelectualmente es muy instruido. Luego físicamente. Es de una energía desbordante. Me encantan sus formas. Altamente responsable de una gran caja toráxica, compensa su permanente carga mental con una gran regular descarga sexual. Es voluntariamente sumiso, pero también sabe ser muy emprendedor y capaz de dominar bien a su pareja en ocasiones.

    Llegó a mi casa sobre las 19 horas, para una cena de aperitivo con que lo espero. Nuestra charla es tan rica como siempre, y como siempre, no sabemos de antemano si las ganas de follar van a estar ahí, o si terminaremos viendo una buena película. ¡Me digo a mí misma que, después de todo, es más razonable si no pasa nada! Sin embargo, después de dos horas, mientras Carlos llena nuestros vasos, comienza a besarme en el sofá, su mano en mi pierna. No estoy segura de poder responder a su invitación, al principio, pero al ver el creciente bulto de su polla, que a menudo da buenos consejos, me encargo de él. Ayudando al alcohol, olvido mi cansancio y me lanzo a atacar este dulce Everest. Mi blusa termina rápidamente en el suelo, y empieza a quitarme el sostén; mis dos tetas aparecen de repente. Mis pezones súper sensibles son, lo sabe desde hace algún tiempo, interruptores imparables… Así que los humedece, los mueve y tira de ellos sin piedad con sus dedos, con su boca. El efecto es inmediato y me invade una oleada de deseo, empiezo a gemir. Los pequeños dolores, para mí, son una fuente de excitación.

    Después de un tiempo, mientras me arrodillo, me pide que me levante. Rápidamente se encuentra con pantalones y calzoncillos alrededor de sus tobillos. Mi boca se apodera de su polla y, rebosante de baba, me la trago entera. ¡Cuando chupo, no estoy bromeando! Yo misma estoy sorprendida después de las últimas 24 horas que pasé. Aquí está él ahora, sosteniendo mis dos senos en sus manos y dejando correr un largo hilo de saliva por el medio. Nos conocemos bien ahora y sé lo que eso significa. Así que no demoro para meter la polla en este particular refugio, que se cierra inmediatamente para abarcarlo por completo. También comienzo a masturbarle entre mis pechos bien lubricados, en una paja de tetas que no tiene nada que envidiar a la penetración, la felación o incluso la sodomía. Mi movimiento lento hacia arriba y hacia abajo lo deja sin palabras y saboreo la rara sensación. Sé que le gusta cuando mis senos y mi boca trabajan juntos, ¡un milagro difícil de lograr! Así que levanto mis pechos cada vez más altos, dejando que su glande sobresalga, y comienzo a lamerlo, girando mi lengua por todos lados, mientras lo pajeo lentamente en mis pechos. Por un momento, pienso en este milagro del deseo femenino, del que he podido sentir tantas facetas desde anoche.

    Se sienta por unos momentos para recuperar el control de sus sentidos. Aprovecho para escabullirse y regreso completamente desnuda, con tacones; me los puse perfectamente a la altura justa para que él me folle de pie. ¡Mi sonrisa pervertida recibe una respuesta inequívoca! Me acerco a él y le pongo un condón masturbándolo de una manera sensual pero firme, luego me acerco a su barra y arqueo mi espalda apoyándome en ella para que él me tome por detrás. ¡Más! Pero él pospone este proyecto para otro momento. Elige en cambio comerme el coño, hasta que siento que se acerca un orgasmo. En el último momento, se levanta y me sodomiza con un solo empujón. Mis nalgas forman un maravilloso manantial natural para aplastar y embestir descaradamente mi hambriento sexo. No tardo en proferir fuertes gritos de placer mientras me doy sus últimas fuerzas… Mi primer objetivo cumplido, me acomoda después de unos instantes para terminar.

    “Ponte en cuclillas”, me dice, quitándose el abrigo.

    Abajo, lo miro masturbarse mientras masajea mis pechos y me mira a los ojos, lo que rápidamente lo hace correrse. Recibo su semen en mis pechos y lo esparzo con una sonrisa satisfecha. Un pequeño placer para mí: una vez que se haya ido, me iré a la cama con este pequeño recuerdo suyo sobre mí.

    Es la única vez en mi vida que he tenido sexo con tres hombres diferentes en tan poco tiempo. Ya no busqué encontrar este tipo de momento después. Hay momentos en que la vida nos da la oportunidad de poner a prueba nuestros límites sexuales, sin que sea premeditado o querido. ¡Cada uno es libre de aprovechar estas oportunidades o no! Mientras no las hayamos vivido, tales experiencias despiertan excitación. En contacto con ellas, sin embargo, medimos cuánto nos llevan a la línea de la cresta que separa nuestra realidad y nuestras fantasías; por un lado, contemplamos la vida cotidiana desde lo alto, sintiendo el orgullo, enteramente humano, de haber cruzado tales alturas; por el otro, el abismo de nuestros deseos aparece deslumbrante. Todo lo que se necesita es un paso en falso para dejar que gobiernen nuestras vidas y se caiga en la adicción y la superioridad. Es aún peor cuando crees que puedes escapar de la depresión de esta manera, como admitió una vez una de mis ex parejas después del hecho. El riesgo es aún mayor en nuestro tiempo, ya que hoy en día es fácil multiplicar parejas gracias a los sitios de citas.

    Potencialmente alienante para las personas propensas a la adicción, la experiencia libertina también puede ser muy agradable cuando puedes detenerla tan libremente como la comenzaste y reanudarla cuando te apetezca. Se convierte entonces en un capítulo de nuestra vida, en una «leyenda» que hemos forjado y que guardamos cuidadosamente en lo más profundo de nosotros mismos, diciéndonos «¡Todo eso lo aprendí de los hombres y de mí!». El libertinaje puede ser, finalmente, un buen paso para reconstruir tu autoestima y confianza en ti mismo. Muchos de los hombres que he conocido en los últimos años también lo han probado, solo temporalmente, ya sea por unos meses o un poco más. Por mi parte, «traviesa», según el eufemismo consagrado, perdió su encanto cuando llegué a encontrarme, finalmente, «no tan mal». Las experiencias ganadas quedan ancladas en mí, sin embargo, y alimentan batallas inagotables con el hombre del que hoy estoy enamorada. No tiene nada de libertino, pero es con él que alcanzo las cumbres más bellas, las más inesperadas.

  • Encuentro familiar sorpresa (2)

    Encuentro familiar sorpresa (2)

    Después de salir del baño, pasados los 3 minutos como Yolanda me había pedido. Me dirigí como si nada a la mesa, ahí estaban todos. Las tías sirviendo la comida y Blas ahí, jugando con Yolanda, con un pedazo de comida, metiéndole en la boca, sin imaginarse que fue lo que había hecho hace poco con esa boca, su novia.

    Ya después de comer todo, cada quien se fue a reposar un poco, yo fui a la pileta a meter mis pies y esperar que la comida se asiente para darme un chapuzón, ya que todo el día aún no me había bañado. En un momento vi que Blas y Yolanda, se encontraban sentados detrás de mi en la hamaca, mientras ella le hablaba, el no dejaba de mirarme, estuve algunos minutos ahí, pero esa mirada me empezó a incomodar, así que salte dentro de la piscina y fui nadando de una punta hasta la otra, luego salí de la piscina y me dirigí a la habitación que me habían encargado a mi, que por cierto debía compartir con 3 primos menores.

    Al llegar a la habitación, justamente le encontré a mis tres primitos, les pedí que salieran, que me iba a cambiar y que iba a tratar de dormir un poco. La conversación que vi de Blas y Yolanda me dio algo de miedo, así que decidí alejarme un poco de ahí. Los niños no se molestaron y salieron, les pedí que no me interrumpieran hasta que salga de la habitación, si no salía, significaba que aún seguía durmiendo, ellos comprendieron lo que le pedí. Entre a la ducha de mi habitación, para limpiarme y luego acostarme, no tarde mucho, ya que antes de comer, ya me había duchado en el baño donde sucedió aquel bizarro encuentro.

    Cuando salgo de la ducha y busco entre mi mochila un short para vestirme, siento que alguien intenta abrir la puerta. Y por mi mente ya pasaron todas las barbaridades que le diría a mis primitos por no hacerme caso. Me acerqué a la puerta, ya con mi short puesto, y la abrí. ¡¡¡Sorpresa!!! No eran los niños, y cuando vi quien era, una preocupación se apoderó dentro de mi ser…

    ¡Yolanda, que haces acá! Pregunté desesperado cuando sabía que recién estaba con Blas, y ahora ya vino a mi habitación. Con un brazo empujó con fuerza la puerta semi abierta, y con el otro sobre mi pecho me empujó en dirección a la cama, la puerta había quedado entreabierta y en mi mente solo decía ¡Está chica realmente está loca!

    Llegamos al borde de la cama y ella con todas sus fuerzas me empuja y de espalda tropiezo y caigo sobre el somier. Ella se queda parada y toma su goma que tenía en la muñeca y volvió a recoger su cabello. «Déjà vu». Dije dentro mío. Pero la puerta seguía entre abierta, ¿¿Dónde dejo a Blas?? ¿Qué pasará si los niños regresan? ¿Por qué se está arriesgando tanto? Todo eso me dije dentro mío.

    Hasta que por un momento sentí sus manos tomando la goma de mi short, como para bajármelos y hacer aquello que realmente sabe hacer, pero mi sentido de supervivencia se despertó y me permitió gritar…

    -Esperaaa!! la puerta está abierta… Dije desesperado, y ella dejo quieta las manos, me miró y me dijo. ¿Acaso eres cobarde? ¡En el baño no te veías tan temeroso! ¿¿Acaso un poco de riesgo no aumenta más la excitación?? Solo déjate llevar, él está muy ocupado ahora. Dijo, refiriéndose a Blas.

    Pero no solo me preocupaba Blas, me preocupaba toda la familia, no sabía que hacer, ella era tan sexy, tan deseable, tan caliente, aún seguía con su bikini puesto, de color blanco transparente que permitía ver un poco esos rosados y puntiagudos pezones, pensándolo bien, en el baño no pude verle los senos, que delicioso sería verlos ahora, tocarlos, chuparlos, pincharlos, y por qué no, meter mi pene entre esos dos grandes pechos y que me haga una paja rusa mientras me lame la punta de mi pene. Que delicioso sería todo eso.

    Por un momento me olvide de todo a mi alrededor y mi imaginación me domino, hasta que volví a sentir su mano, bajando mi short. Y saz….Short abajo, hasta el tobillo, yo acostado Mirando ese hermoso culo que se levantaba mientras ella estaba gateando camino a mi pene, me lo volverá a chupar, dije. Mi pene ya estaba durísimo, desde el momento en que me empujó desde la puerta. Cuando llegó hasta mi cintura, con su mano derecha me agarró la verga dura, y con la izquierda usando su uña, me arañaba levemente el pecho, mirándome con esos ojos café claro, y su expresión tan delicada y tierna, me dice: ¿Empiezo despacio o me trago completo?

    Su pregunta me sorprendió, pero reaccioné rápido, y le dije, “Sorpréndeme, esta vez no será fácil sacarme la leche tan rápidamente”.

    Cuando ella escucho eso, su cara fue totalmente otra, se puso sería, pareciera que lo tomo como un desafío, si tantas vueltas sus labios tocaron la punta de mi verga, dejo de agarrarlo con la mano y con solo la boca se la metió hasta la garganta, profundo, dejándolo ahí sin ningún esfuerzo, sin ningún gesto de molestia, en simultáneo sentía su lengua moverse alrededor de mi grueso pene. Experta en lo que hacía, cinco segundos lo chupaba profundo, y luego volvía a la punta, profundo, a la punta, profundo y a la punta. Mientras lo hacía, tomaba mis bolas con las manos y los acariciaba, de vez en cuando sentía que su dedo del medio iba hacia mi culo, eso me incómodo un poco, pero está tan bueno su chupada, que no lo tuve en cuenta, a parte me di cuenta que no quería meterlo, solo jugaba conmigo.

    De pronto, en mi excitación, mirando ese culo parado, escucho pasos, ¡Mierda! Ya se nos acabó la fiesta, dije, pero no pude apartar a Yolanda de mi pene. Miro hacia la puerta y veo entrar a Blas. Entró sin haber mirado dentro de la habitación, cerró la puerta y le puso el seguro, ella se detuvo, no parecía sorprendida, se sentó encima de mis rodillas y dijo, ¡Ya está listo, lo tiene bien duro, toma asiento! Y se ríe. Blas me mira, se ríe, y me hace un gesto colocando un dedo frente a sus labios, diciéndome, “silencio”.

    Yolanda me miró, sabe que quedé pasmado, pero con el pene recto, y me explicó, ¡Blas y yo somos muy abiertos, fantaseamos mucho, ya hicimos muchas cosas juntos, y una de nuestra fantasía era verme coger con otro, que me diera duro y que me viera disfrutar, pero no teníamos con quién, así que desde que llegamos hoy, decidimos que serías tú quien me cogiera duro frente a él, y con tu mirada en la pileta, te delataste! Ahora, cállate y haz lo que te diga.

    Solo asentí con la cabeza, Blas se sentó en la silla y empezó a filmarnos, ella se acercó y me empezó a lamer el cuello, mientras me pedía que suelte su sostén, sus pechos quedaron al descubierto, hermosos, redondos, firmes, apoyo su seno derecho a mi boca, y lo empecé a chupar, a morder suavemente, ella soltaba leves gemidos, si que estaba excitada, con su mano izquierda me la jalaba, mientras disfrutaba de mis lamidas. Empezó a bajarse hacia mi abdomen besando mi pecho, soltó mi verga y tomo sus tetas con las dos manos, metió mi pene entre sus senos, y me empezó a masturbar con ellas, mientras yo, por inercia empecé a masajearle el clítoris sobre ese bikini blanco, sus gemidos aumentaron en ese momento, pude notar que Blas ya la tenía dura sobre ese short.

    La paja rusa se detuvo, Yolanda se levantó sobre la cama, dio un paso, se colocó sobre mi pene, y se puso en cuclillas, tomó mi verga y encosto a un lado el bikini, acercó la punta de mi pene y lo introdujo, si que estaba mojada esa vagina, no tuvo problema para entrar, que placentero, estar dentro de esta diosa, en simultáneo soltamos un súper gemido cuando mi pene llegó a lo profundo, y empezó a cabalgar, no se imaginan como se movía, como apretaba ese coñito, la goma de su cabello cayó, y yo solo la veía gemir y disfrutar de mi verga, me encantó mirar esos pechos como rebotaban, me encantó mirarla gimiendo con su rostro lleno de placer.

    ¡Veremos si con mis movimientos no te vienes súper rápido! Me dijo, recordando el desafío anterior. De reojo ya noté que Blas tenía su verga en su mano, seguía filmando, pero definitivamente ya se estaba masturbando con nuestro sexo. Ella se movía demasiado bien, ya tenía ganas de venirme realmente, y en un momento que sentía que ya me vendría ella lo noto y aceleró su movimiento, yo aún no quería venirme, así que con todas mis fuerzas la tomé de la cadera y la levanté antes que me corriera, y en ese momento que la levanté, ella sorprendida, pues no esperaba esa reacción, mi pene salió de su vagina y se empezó a correr orgasmos tras orgasmos sobre mi abdomen, y gritaba y gemía como loca, vi sus piernas temblar mientras se mojaba toda la cama, al parecer Blas también quedó sorprendido y yo me sentí súper bien al verla correrse encima mío. Le di la vuelta, y le dije que era mi turno, le traje la nalga a la altura del borde de la cama, ya la sentía débil por los chorros que tiro, pero seguía sensible, le quite el bikini, acerque mi cabeza a su vagina y la empecé a chupar, rosadita y depiladita, metía mi lengua por completo.

    Chupándole el clítoris y con dos dedos metidos dentro de su vagina, tocando el punto G, la escuchaba gritar de placer, me pedía que me detenga, que pare, que no aguantaba tanto placer, y mientras más suplicaba, más velocidad hasta que volvió a mojar, salpicando por toda la cama, piernas temblando, su rostro todo rojo, ojos lagrimosos de placer, ¡Mételo ya, solo mételo! Me decía, tomé mi verga y la volví a meter, metía hasta el fondo, y lo dejaba ahí con leves movimientos, tocando el fondo, sintiendo su punto en la cabeza de mi pene, ella gemía, lloraba, diez golpecitos con fuerza y lo sacaba de golpe, y al sacarlo se venía deliciosos orgasmos suyo, y así seguí, haciendo ese jueguito y mojando la una ocho veces, hasta que me pidió descansar un rato. Pude notar que sus piernas temblaban, retiré mi pene de ella, me puse a un costado a tomar aire, cuando de pronto pude ver a Blas levantándose y acercándose a ella.

    ¡Quien dijo que puedes descansar!? Le agarro de la cintura y la puso en cuatro, la tomo de su cabello y empezó a penetrarla, yo me quedé quieto, ya no quise interferir, parecía estar enojado, ella gritaba, ya me confundía si era de placer o ya le dolía, pero el seguía metiéndole, sin parar, fuerte, salvaje, me miró y me dijo, ¡Sube a la cama y métele la verga en la boca para que se calle!

    Dude en hacer eso, luego miré a Yolanda en el rostro y me hizo un gesto con la lengua, creo que quería chupármela, gemía, me subí a la cama, y metí mi pene, me lo chupaba profundo mientras Blas la empujaba más en cada penetración, lo mire a él, y vi que lo disfrutaba, también me percate que estaba preparando el postre del día. Su pulgar estaba dilatando su culo, y ella lo disfrutaba. Me dijo, ¡Ya estoy por terminar, y ya te preparo el su delicioso culito para que tú termines dentro de el! Saca ese pene de su boca y ven a meterlo en este culo.

    De pronto Blas aceleró el paso y empezó a darle con más dureza, ella seguía gritando, yo me bajaba de la cama, cuando un grito de placer soltó Blas terminando dentro de su coño, y ella gritando también se vino, temblando. ¡Es el momento, mételo ahora! Dijo Blas, tomé sus nalgas, abrí un poco y sin miedo, mi pene penetró hasta el fondo ese culito, sus gritos fueron fuerte y con más placer, es lo que me imaginé en ese baño, meterle por el culito y sentir lo apretado que podía ser.

    Sinceramente sentí que me vendría rápido esta vez, se sentía demasiado bien, mientras apretaba su cadera con las manos, mis bolas chocaban con sus nalgas en cada envestida, no se imaginan lo duro que le daba por ese culo, como gemía, como gritaba, Blas seguía filmando, sentí que ya me vendría, le agarre del cabello y fui más salvaje, duro, duro, ella gritaba, yo gritaba, ya me vendría, ella temblaba, duro, duro, duro… Y paaas… Llené ese culo de leche, y ella se corrió por toda la cama… Cayó exhausta boca para abajo, mi pene dentro suyo aún, me quedé encima suyo tomando un respiro, Blas aplaudiendo, como orgulloso de lo que experimento, tomo fuerza para levantarme, y la veo tirada en la cama, muerta, y mi semen se escapaba de su culito, pero que lindo culo, que lindo cuerpo, esto era algo único…

    ¡Espero te haya gustado, luego te mando el vídeo! Dijo Blas, ¡Levántate amor, debemos salir antes que se den cuenta! Replicó.

    Yolanda se levantó casi sin fuerzas, tomo su bikini y se vistió, el semen aún estaba en su coño y su culito, pero se lo puso igual. Miro mi pene que estaba durmiendo de a poco, lo tomo con su mano, se agachó, y lo limpio con su boca.

    ¡Espera 5 minutos y luego sal! Volvió a repetir lo mismo que en el baño, me pidió pasar al baño antes, le dije que si, Blas se vistió, y ella no tardó mucho, se tomaron de la mano y salieron de la habitación. Yo quedé sin moverme, nadie creería lo que me había pasado, pero fue fabuloso.

    Tome mi toalla, volví a entrar para ducharme y no se imaginan que halle en el baño. ¡Estuvo delicioso, te dejo mi número, llámame! Una nota de Yolanda antes de irse. Y creo que está vez no quería que Blas lo supiera… Fue el mejor encuentro familiar.

  • ¡Regalo de cumpleaños!

    ¡Regalo de cumpleaños!

    Tuvimos un día largo y agotador, viniste para mi fiesta, aunque te advertí que la casa se iba a llenar de personas y ruido. Me pareció lindo que te hayas hecho un tiempo solo para venir a verme, incluso si sabes que mi familia no aceptaba que estemos juntos ya que eres más mayor que yo.

    Hasta me dijiste que tenías un regalo que no podía ver hasta que completamente solos. No podía dejar de pensar en eso, trataba de imaginar que podría ser.

    No te molestaba que hubiera alguien hablando fuera del cuarto en donde nos escondíamos, tus manos recorrían todo mi cuerpo, mis caderas, mi barriga, mis pechos. Besabas mi cuello y yo te rogaba que no dejases marcas. Te gusta verme toda sonrojada cuando llaman a la puerta y debo salir corriendo a pretender que no estuviste manoseándome, puedo ver es sonrisa en tu rostro.

    Una a una todas las personas se fueron, cuando se hacía tu hora de irte me rogaste para que vaya a casa contigo, querías que abra mi regalo frente a ti.

    Tomé mis cosas y salimos rápido, estaba muy emocionada por ver lo que me compraste.

    Mientras conducías una de tus manos acariciaba mi muslo, subiendo más y más por debajo de mi falda, hasta que yo la subí para mostrarte mis panties, eran rosadas con encaje blanco decorándolas. Ver que estaba poniéndome húmeda poco a poco pareció excitarte pues podía ver tu erección.

    Cuando por fin llegamos a tu casa corriste a abrir mi puerta para tomar mi mano, guiándome dentro de tu casa. Fuimos hasta tu cuarto donde me hiciste sentarme en la cama hasta que por fin abrí mi regalo, un precioso set de lencería celeste con lazos y moños adornando los bordes.

    Te pedí que te sientes en la cama mientras yo salía del cuarto para ponerme mi nueva lencería, abrí la puerta lentamente, cuando por fin pudiste verme toda tu mano fue directamente a tu pantalón, estabas acariciando tu evidente erección sobre la tela.

    Me recostaste en la cama con cuidado para quedar sobre mí, tus manos jugaban con mis pechos sobre la tela, los apretabas suavemente, rozabas mis pezones con tus dedos y los apretabas también. Liberaste mis pechos del sostén, estabas desesperado, tu boca se aferraba a ellos, tu lengua jugaba con mis pezones, dejabas chupones por todos lados mientras yo gemía tu nombre suavemente.

    Bajaste dejando un rastro de besos hasta abajo, una de tus manos tomó mi pierna y la levantaste para poder besar y morder mis muslos a gusto. Poco a poco te acercaste a mis panties, estaban muy húmedas, tu dedo se paseaba por ella sobre la tela hasta que encontraste mi clítoris.

    Sacaste mi panty finalmente, la dejaste tirada en el suelo y te quedaste mirando lo mojada que estaba solo por ti. Acercaste tu lengua, lo que comenzó como algo tranquilo y suave terminó siendo desastroso, mis gemidos se podían escuchar por todo el cuarto, mis manos se aferraban a tu cabello para poder acercar más tu rostro, mis caderas se movían mientras jadeaba.

    Mi orgasmo fue tan bueno, mi espalda se arqueó mientras mis muslos apretaban tu rostro empapado sin querer, aunque no te importaba, podía ver lo excitado que eso te hacía sentir, una de tus manos estaba sobre tu pene duro, lo palmeabas sobre la tela.

    Me besaste metiendo tu lengua en mi boca, dejando que saboree mis propios jugos, mi mano bajó hasta tu pene para poder ayudarte, bajé tu pantalón y tu bóxer.

    Cualquier roce era suficiente para hacerte gemir, cuando estabas por correrte en mi mano paré de pronto, escuché tus suplicas hasta que pude levantarme y obligarte a acostarte, poco a poco me puse sobre ti, tratando de introducir tu pene dentro de mí, no podíamos para de gemir, especialmente tú cuando sentiste como mi interior estaba tan estrecho, tomé tus manos, mi espalda se arqueaba cuando por fin entró todo, me sentía tan llena, no podía pensar en nada más que en la sensación que me causabas.

    Soltaste mis manos con cuidado y tomaste mi cintura para guiar mis movimientos, eran rápidos y torpes, ambos estábamos desesperados persiguiendo el orgasmo, tiré mi cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, mi boca abierta gimiendo tu nombre con cada movimiento, llegabas tan profundo que no pudimos evitarlo, estaba tan feliz cuando te corriste dentro mío.

    Luego de un rato me acosté a tu lado, estábamos agotados.