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  • El fetiche

    El fetiche

    En publicaciones anteriores les he contado historias de las amantes que he tenido desde que soy profesor en la universidad, claro que faltan muchas otras historias que seguiré contando, pero en esta ocasión quisiera compartir un fetiche que tengo hace mucho tiempo, el cual empezó desde adolescente.

    A mí me existan los calcetines, es decir verme a mí con calcetines mientras tengo sexo, o hasta cuando me masturbo, por lo general en los trabajos que he tenido me he vestido bastante formal y con calcetines que son como de un material de seda para hombres se siente una textura que en lo personal me parece excitante. No solo eso el olor cuando no está demasiado sudado o excesivamente usados también me parece excitante, no sabría cómo explicar me imagino que ha muchas personas les parecerá extraño, es más, también me parece excitante ver a otros hombres teniendo sexo sin quitarse los calcetines.

    Por eso cuando veo pornografía pongo men in socks, y si por lo general salen bastantes videos gays los cuales por un extraño motivo también me excitan, es por esto que en un par de ocasiones trate de estar con otro hombre pero fue más de morbo y masturbación y hasta sexo oral, pero para mí no se compara al estar con una mujer es decir no fue lo mío y prefiero mil veces el sentir una vagina humedad y caliente a estar con un hombre, mucho menos intentaría que me penetraran debe ser sumamente doloroso.

    Sn embargo lo de los calcetines me excita hasta el día de hoy y me compro calcetines de varios colores en ocasiones no muy comunes, siempre que no sean deportivos, con los deportivos no me produce ningún tipo de sensación si estoy con medias deportivas y se presenta la ocasión de tener sexo me los quito inmediatamente y más aún si son blancos, he leído sobre el tema y existen varios hombres con el mismo fetiche pero por lo general son gays, sin embargo viendo pornografía también he visto actores porno heterosexuales que siempre o por lo general lo hacen con calcetines. En mi caso llega al punto que solo comprándolos si son bien delegados o con algún diseño que me parece sexy se me para la verga y luego tengo que estrenarlos o con mis amantes o con mi esposa o hasta con prostitutas.

    Me encanta coger en habitaciones con espejos porque es ahí donde puedo ver como estoy montando una hembra con mis calcetines puestos, esto si me ha traído problemas porque mi esposa descubrió que seguía una página de una red social en donde era acerca de este fetiche y pensó que era gay y bueno ya se imaginaran el problema que se armó, pero más bien quisiera contarles un poco más de cómo me siento con este fetiche. Como les había comentado siempre que compro calcetines nuevos tengo que estrenarlos y busco las formas de hacerlo muchas veces he acudido a prostitutas para pagar por sexo y saciar mi fantasía de estrenar los calcetines nuevos.

    Algo que también que me ha pasado es que por este fetiche mi libido ha aumentado o siempre lo tengo alto, hubo semanas en las que cogía con mis dos amantes regulares, con mi esposa y me iba donde una prostituta y hasta me masturbaba solo de acordarme de todo, todo eso porque tenía diferentes calcetines en cada ocasión, lo bueno es que yo termino muchísimo entonces mi esposa no se da cuenta. Desde hace 8 años que soy profesor he tenido varias amantes regulares y muchas veces hasta 2 amantes al mismo tiempo, algunas veces hasta han sabido de la existencia de la otra persona y lógicamente que soy casado y no parece importarles, en todo este tiempo ha sido donde más he podido saciar mi fetiche porque tengo sexo regularmente varias veces a las semanas y busco siempre estar listo con mis calcetines.

    Y bueno lo que se siente es que aumenta mi placer en la cama, sobre todo si son como de seda o parecidas a las medias nailon de las mujeres esa sensación de ese material topando la piel de los pies que son mucho más sensibles que de otra parte del cuerpo aumenta y mucho mi placer, me imagino que es por eso que las mujeres a veces se quedan con lencería fina en el sexo, luego viene la parte visual me encanta ver mi cuerpo desnudo montando una hembra y ver los calcetines si son de muchos colores igual me excita muchísimo y me ayuda a rendir mejor en la cama y por último como les decía hasta el olor al momento de sacarse los zapatos de cuero formales, no sé si a estas alturas asocio con sexo inmediatamente pero me fascina.

    Yo soy acostumbrado, creo como casi todos a bañarse todos los días y en muchas ocasiones cuando doy clases en la tarde y noche hasta dos veces por día y lógicamente me cambio de ropa interior y medias, es decir que el olor no es demasiado penetrante o algo que no se pueda soportar, pero ese pequeño aroma me excita mucho, a tal punto que ha habido ocasiones que me he masturbado solo por el aroma. Hasta el momento las mujeres con las que he estado no me han dicho que les molesta o que les parece raro o incomodo y yo lo disfruto al máximo cada vez que puedo.

    Es tal así que por ejemplo yo le decía a mi esposa que iba a hacer deporte y lógicamente vas con medias deportivas pero en realidad me iba a ver con mi amante o donde una prostituta y tenía que llevar mis calcetines favoritos o los que en ese momento me excitaban para estar mejor durante el sexo, y entraba al baño antes para cambiarme de calcetines y así por dejármelos puestos durante el sexo, sin embargo si hubieron ocasiones que estaba en medias blancas y me las tuve que sacar e igual el sexo fue genial, o en la noche para dormir, como siempre duermo sin medias, he tenido sexo con pies descalzo muchas ocasiones.

    No sé, es algo que me gusta que esté presente pero que de igual manera puedo hacerlo sin que este, ahora, si me dieran a elegir siempre elegiría con medias.

  • Topicazos, el bikini de chapa

    Topicazos, el bikini de chapa

    Para promocionar una nueva película de ciencia ficción la productora había organizado una convención en el recinto ferial de mi ciudad.

    Exposiciones de diverso material, libros, muñecos, merchandising, charlas de autores y dibujantes, proyecciones de otras películas, series y documentales sobre el tema. Todo un despliegue que esperaban recuperar en el primer fin de semana desde el estreno.

    Mi trabajo como azafata de congresos me llevó a participar en el evento. Me presenté en la agencia dispuesta a cualquier cosa que se me viniera encima. Lo que vino fue el bikini de chapa de la princesa Leia en el palacio de jabba el Hutt.

    Cualquier aficionado lo conoce y cualquier salido también. Es sugerente y provocativo y me iba a dejar muy expuesta. Casi toda mi piel al aire. Pero también es la ropa de una mujer fuerte que se enfrenta a sus enemigos y les retuerce el cuello por muy grueso que fuera.

    Cuando mi jefa me dio la caja sonreía burlona pensando que me negaría. No sé si buscaba una excusa para despedirme o sólo me tenia envidia. Lo que ella no sabia es que me encanta el personaje de chica dura.

    – Tendrás que ponerte eso.

    Solo podía pensar en la cara de los frikis al verme pasear entre ellos con tan poca ropa. Lo único que dejé en la caja cuando me lo puse en el vestuario de la convención fue el collar de esclava y la cadena, eso no va con mi personalidad.

    Lógicamente, no era yo la única azafata con tan escasa vestimenta, habíamos acudido de varias agencias. Incluso de la mía el reparto de cosplays había sido generoso.

    En el vestuario se veían monos de lycra plateados tan ajustados que no se podía llevar ropa interior debajo. Atuendos de tiras de cuero de esclavas verdes de Orión, pieles reducidas al mínimo de cavernícolas sexys.

    Otras con vestidos de gasa de princesas de fantasía, falditas de colegiala cortísimas sacadas de animes e incluso algún tanga y sujetador de malla metálica de guerreras bárbaras.

    También era lógico que las azafatas no fuéramos las únicas disfrazadas. Había klingons, federados, jedis, Han Solos, vulcanos, caballeros con armadura, guerreros barbaros. Algunos de los chicos más atrevidos también llevaban tangas de cuero y espadas o hachas de plástico.

    También se pasaban por los stands chicas del publico. Algunas mas serias pero otras tan sexys e incluso mas atrevidas y enseñando mas piel que nosotras, las que estábamos trabajando por allí.

    Estaba repartiendo unos folletos entre los stands cuando la vi. Venía derecha hacia mí con un bikini muy parecido al mío, incluida la faldita de gasa trasparente.

    Como yo, la había abierto por los lados hasta la ingle dejando que colgara por la espalda, luciendo sus largos muslos. Eso la hacía aún más sugerente. Al caminar, sus preciosas piernas bronceadas asomaban sucesivamente entre la tela.

    Pero ella no era una de mis compañeras. Me hubiera fijado en tal belleza si me hubiera cruzado con ella en la oficina o en los vestuarios habilitados en la feria.

    Me hubiera dejado hipnotizada el movimiento de su largo cabello negro recogido en una gruesa trenza, me habría percatado de su preciosa cara e incluso de su cuerpo algo mas voluptuoso y pleno que el mío.

    Le sonreí pero fue ella, muy decidida, la que se dirigió a mí, saludándome con un:

    – ¡Bonito bikini!

    – Gracias, el tuyo también.

    No pude mas que contestar riendo. No eran del mismo modelo, diferían ligeramente en la tela, los detalles y el color. Aprovechando el grupo de admiradores que nos rodeaba babeando terminé de repartir los folletos que me quedaban en las manos.

    Cogiéndola de la cintura desnuda con mi brazo le propuse que nos dejáramos fotografiar un rato. Al oído le dije:

    – ¿Dejamos que estos chicos tan simpáticos nos hagan unas fotos?

    Ella estaba encantada de exhibirse, de lucir su bello cuerpo. Flashes y un montón de cámaras y móviles nos apuntaban mientras nosotras posábamos con naturalidad. Incluso uno de los aficionados nos dejó un par de pistolas laser, para completar la coreografía.

    Si aquellas fotos colgadas en mis redes sociales no me valían para progresar y conseguir mas contratos de azafata o modelo no me llamo Lorena.

    Pero en ese momento toda mi atención la tenia la piel suave de la morena que tenía cogida de la cintura. Hablándole al oído, mis labios casi pegados a su pequeña orejita para que no me oyera nadie mas que ella, le pregunté por el motivo de su disfraz.

    Me contó que por gusto, que era tan friki como cualquiera de los que babeaban a nuestro alrededor y que le gustaba todo aquello.

    -¿Por qué Leia? y ¿por qué ese bikini?

    – Soy tan friki como todos estos. Me gusta la ciencia ficción y este es el más sexi que he encontrado. ¿No te gusta?

    – Me encanta. Por eso te lo preguntaba. Y me gusta más como te queda a tí.

    – Tengo algún disfraz más en casa pero este lo estreno hoy.

    Sonriendo y salivando al rozar su fino cuello con mis labios le dije:

    – Me encantaría que me lo contaras todo sobre el tema, yo soy primeriza. Pero me está gustando. Me gustaría que me enseñaras el resto de tus disfraces y cosplays.

    Ella parecía estar a gusto con mi coqueteo y noté en mi oreja el suave y húmedo roce de la punta de su lengua.

    – Cuando termine esto hoy podemos ir a tomar un refresco a mi casa. No está lejos. Y te lo enseño todo.

    La promesa implícita en ese «todo» me puso los vellos que había depilado esa misma mañana de punta. Cuando me respondió que en su casa podríamos disfrazarnos juntas, estaríamos solas, me derretía.

    Al rato la megafonía anunciaba el final de la jornada. Pasamos ese tiempo juntas, me acompañó a repartir los últimos folletos y provocamos al personal meneando las caderas y la tetas. Las dos juntas éramos algo espectacular y todos babeaban a nuestro paso.

    – Ya estoy lists. ¿Nos vamos?

    Recogí la mochila de la vestuarios. Pero no me molesté en cambiarme y salí con el disfraz. Ella no había llevado ropa de recambio así que andábamos por la calle casi desnudas.

    – Estamos llamando la atención.

    – Mejor, que nos miren.

    Aprovechando el calor de la tarde de verano nos dirigimos a su domicilio andando llamando la atención por la calle con nuestros escasos atuendos. La gente se nos quedaba mirando por lo sexis que íbamos, pero muchos reconocían el disfraz. Una razón más para quedarse pegados mirándonos.

    – ¡Bésame!. Lorena.

    Me acorraló en el ascensor buscando mi boca con sus labios. Abrí los míos recibiendo su lengua juguetona cruzándola con la mía. Chupando sus labios y cambiando la saliva de boca una y otra vez. Ya no podíamos esperar más. Demasiado habíamos aguantado.

    Éramos pura lascivia. Mientras mis manos recorrían la descubierta piel de su espalda. Bajando hacia su culo.

    Pasamos ante su boquiabierto y guapo hermano sin despegar las manos del cuerpo de la otra, camino a su dormitorio. Sólo pude echarle un vistazo pero me pareció muy atractivo, casi tanto como ella.

    Ya en su cuarto, encerradas tras un pestillo y a salvo de más miradas indiscretas pudimos dar rienda suelta a nuestra lujuria. En ese momento nos olvidamos de los demás disfraces y lo dejamos para más tarde muy ocupadas la una con la otra.

    – Aquí estamos tranquilas.

    Levantó la gasa que colgaba del cinturón de imaginación a metal sobre mi tanga para admirar mis largas piernas mientras sus rotundos muslos dejaban la ligera falda de su disfraz entre ellos. Su mano subía por la cara interna de mi muslo acariciando mi piel. Su lenta caricia me quemaba.

    Pronto noté sus dedos juguetones haciendo a un lado mi tanguita buscando los labios húmedos de mi coño. Cuando quise darme cuenta ya estaba desnuda de cintura la abajo.

    Seguíamos besándonos mientras su maníta juguetona deshacía mi escaso atuendo. Ella fue a por mi cuello y orejita, sabía que era una de mis zonas erógenas.

    – Sabes dulce.

    Yo en cambio fui a por sus enormes y preciosos pechos librándolos de la rígida pero escasa prisión que los contenía. Arrojé el sujetador sobre su cama y me agaché a comer sus duros pezones.

    – Son maravillosos.

    Asomaban del resto de su teta como un par de garbanzos de color granate. Podría arañar cristal con ellos y jadeaba mientras yo los tenía entre mis labios y dientes y los acariciaba con la lengua.

    Para entonces ella ya tenía dos dedos clavados en mi coño. Y mis suspiros hacían que gotas de mi saliva humedecieran su pecho. Me dejaba llevar aunque me pudiera oír su hermano al otro lado de la puerta.

    – ¡Joder! ¡Si!. Eres buena, nena.

    Levanté sus brazos para lamer sus axilas, quería saborear toda su piel. No tenía prisa. Bajé lamiendo el vientre con una ligera curvita. Me detuve un momento en su ombligo provocándole algunas cosquillas que la hicieron reír.

    Ella llegaba con sus manos a acariciarme los pechos y los hombros. No las separaba de mi cuerpo. En ese momento aprovechó para sacarme el sujetador de chapa. Ella conservaba el cinturón, la falda de gasa y el tanga. Así que tenía que deshacerme de ellos antes de llegar a su tesoro, mi tesssoro.

    – ¡Desnúdame!

    Quitárselo no me costó mucho y ella colaboró levantando el culo generoso del colchón. En un momento hice todo eso a un lado y poco más tarde todo terminó en el suelo donde se mezclaron nuestros disfraces.

    Su xoxito era delicioso, el monte de venus abultado bien depilado y suave. Los labios mayores gruesos se abrieron al primer roce de mi golosa lengua. A esas alturas ya chorreaba y pude degustar sus jugos sin perder un segundo más.

    – ¡Qué rica estás!

    Estaba deliciosa y quería compartirlo con su lengua en un nuevo beso lascivo y profundo. Sus dedos empezaron a masturbarme con suavidad, pero yo hacía lo mismo, mientras cruzábamos las sin hueso fuera de nuestras bocas.

    Me corrí ahogando mis jadeos con sus besos. Y se que a ella le pasó lo mismo.

    – Levanta, quiero verte desnuda del todo.

    Lo hice, me exhibí para ella, para sus profundos ojos azules. Giraba y modelaba ante su mirada como si aún llevara puesto el cosplay. Incluso me separé las nalgas para indicarle que por detrás también me gustaba mucho y abrí los labios de la vulva.

    Se levantó y se acercó. Sujetó mi cintura para atraerme hacia sí. Me apretó contra su cuerpo.

    – Baila conmigo.

    Pasé la brazos por detrás de su cuello y acaricié su nuca. Sus manos habían pasado de mi cintura a mi culo y tiraban de mi cuerpo con más fuerza. Nuestros pechos se frotaban juntos. La música sólo la oíamos en nuestras cabezas pero la situación era muy sensual.

    Nunca había bailado desnuda con otra persona. Mi muslo se introducía entre los suyos llegando a notar en mi piel el calor y la humedad de su vulva. Bajé una mano por su torneada espalda acariciando por el camino la línea de la columna.

    Agarré una de sus poderosas nalgas y mis dedos se deslizaron por la raja buscado el ano. No me lo negó. Pronto empecé a introducir el índice por el agujerito de músculo que me lo apretaba.

    Soltó un gemido que intentó disimular escondiendo la cara en el hueco entre mi hombro y cuello y dándome un ligero mordisco. Se había dado cuenta de lo que gustaba eso.

    Al ver lo que hacía ella me imitó y pronto noté uno de sus dedos penetrándo mi ano. Seguíamos bien pegadas, en ese momento me hubieran tenido que separar de ella con una grúa. Y por cómo sujetaba mis posaderas a ella le pasaba lo mismo.

    Empezó a buscar mi boca, mi lengua de nuevo. Y yo se la dí. Las sin hueso parecían dos serpientes enredadas en una cópula salvaje. Ahora me empujó con suavidad al colchón.

    Fui yo la que separé bien los muslos, todo lo que podía y soy muy flexible, para hacerle hueco entre ellos. Por supuesto que aprovechó. Incluso levantó mis piernas con la fuerza de sus brazos. Hasta separar mi espalda de la sábana.

    Se metió uno de mis pies en la boca, lamiendo mis dedos. Joder, que bueno. Su lengua subía por mi pantorrilla, despacio llegando a la cara interna del muslo.

    Estando así de ofrecida clavó la lengua en mi coñito. Absorbía mi clítoris entre sus labios. Empujó más mis piernas hasta que mis rodillas tocaron mis pezones. Y entonces empezó a lamer todo.

    De mi espalda al pubis sin dejar un solo rincón. Dándome un montón de orgasmos, me corría una y otra vez con su habilidosa lengua. Cada vez que llegaba al ano me derretía. Y parecía que no quería parar.

    – ¡Me corro!

    Tenía muy claro lo que estaba haciendo y se esforzaba en ello. Y era yo la beneficiada, la que se corría como una loca sobre su colchón, jadeando y gimiendo.

    Después de todo el día de pie, exhibiéndome y repartiendo folletos y la paliza que ella me estaba dando no necesitaba más que un abrazo para relajarme. Parecía que ella me leía el pensamiento. Se acostó a mi lado y me tomó en sus brazos tierna.

    Me sentía bien allí. Con su cuerpo voluptuoso bien pegado al mío. Descansando, relajadas, sin preocuparnos de nada más. Anochecía cuando decidimos movernos.

    – ¿No querías ver alguno de mis disfraces?

    – Pues claro, me interesa todo lo tuyo.

    Le contesté apretando uno de sus pechos con cariño. Me incorporé en la cama expectante. Ella se dirigió a su armario y abrió dos puertas. Allí tenía bien colgada en perchas y ordenada su ropa y entre ella estaban los cosplays.

    Empezó sacando el de colegiala japonesa, muy típico. A primera vista apostaría a que la faldita no llegaría a cubrir sus poderosas nalgas. Le quedaría fantástico.

    A su lado había un mono de lycra que debía quedarle tan pegado que parecería pintura corporal. Sería el mono de vuelo e un piloto de mecha.

    Sobre la cama, a mi lado, extendió un vestido de princesa confeccionado con una gasa tan trasparente y fina que se podría ver perfectamente la lencería que llevaba debajo. Si llevara alguna.

    También había un body hecho con tiras de finísimo cuero. Sería para hacer de esclava de Orión o de guerra bárbara.

    El uniforme de enfermera de Star Trek también tenía una falda cortísima. Pensaba que serían sólo uno o dos. Pero aquello parecía interminable.

    – Se que algunos te quedarán bien, si algún día quieres acompañarme a otra convención, o podemos disfrutarlos a solas.

    – Si tu quieres, por supuesto. Lo hacerlo juntas también me parece muy interesante.

    Le sonreía lasciva mientras me enseñaba sus cosplays desnuda ante mí.

    – Quédate a dormir y mañana vamos juntas al segundo día de la convención.

    Aquél trabajo tuvo para mí muchas implicaciones, puede que relate algunas de ellas en otros cuentos.

  • Mi mejor amigo me feminizó

    Mi mejor amigo me feminizó

    Este es mi primer relato, soy Omar, un joven de 22 años con un cuerpo normal casi delgado, aunque mis piernas son algo gorditas.

    Hace unos meses tuve una discusión con mi familia por lo cual decidí irme de casa, mi amigo Daniel con quien hemos compartido durante años me propuso vivir juntos en su departamento mientras que podía encontrar otro lugar para quedarme.

    Daniel tiene 24 y desde los 20 comenzó a trabajar y ser independiente, esto era agradable, ya que, me sentía muy cómodo viviendo allí.

    Durante un fin de semana nos pusimos a beber un poco de whisky cuando comenzó a hablarme sobre la situación de nuestra convivencia.

    -Mira… No te lo tomes a mal, pero vas a tener que buscar un empleo pronto, estoy corriendo con muchos gastos y aunque seamos amigos, deberías aportar algo. – Me dijo mientras servía los tragos.

    -Dani, he buscado, pero nadie quiere contratarme, he buscado hasta el cansancio y no he podido encontrar nada…

    -Se que estas buscando trabajo, pero en serio, he tenido que pagar muchas cosas últimamente y necesito que me ayudes con eso.

    -Te lo juro, haré todo lo posible por ayudarte como tú me ayudaste a mí.

    Al terminar un par de vasos y con la botella a medio vaciar, me propuso una apuesta mientras sacaba una baraja de póker.

    -Hagamos una apuesta, jugaremos a quien saca la carta más alta, si ganas, no tendrás que buscar empleo durante 2 meses más, pero si yo gano, esos 2 meses que prometí, tendrás que hacer todo lo que yo te diga…

    Me miro con una cara risueña por el alcohol y yo en mi evidente borrachera solamente accedí por el lujo de no hacer nada durante 2 meses.

    -Perfecto jajaja juguemos entonces.

    Revolvió las cartas y las extendió en la mesa, al hacer esto sacó su carta y la volteo para que la viese, era un 8 de corazones, una carta no muy alta, tenía mi oportunidad.

    -Bien, entonces serán 2 meses sin buscar trabaj…

    Al elegir mi carta y voltearla me di cuenta que era un 3 de diamantes, mi cara cambió de pronto y Daniel solo se largó a reír mientras tomaba las cartas.

    -Bueno amigo, parece que yo gane, asi que harás lo que yo diga durante 2 meses, descuida, no seré ningún dictador ni nada jajaja espérame un poco, voy a buscar algo.

    Mientras se levantó me serví el último vaso de whisky, estaba atónito, ahora tendría que obedecerle por 2 meses pagando mi apuesta.

    -Comenzaremos hoy, asique vamos al baño. – Me dijo llevando algo en la mano que no podía distinguir bien.

    Al llegar al baño y algo mareado por el alcohol, me dejó lo que parecía una jaula de castidad de color rosa, con una llave solamente.

    -Te vas a poner esto, y cuando estés listo vas a salir y me vas a mostrar que lo pusiste donde debe ir. Búscate un tutorial en algún lado si no sabes cómo se usa jajaja.

    -Espera, N-no haré esto, ¿por qué tengo que hacerlo?

    -Porque perdiste una apuesta conmigo y porque si no lo haces, vas a tomar tus cosas y te iras ahora mismo de aquí, te espero en la mesa.

    Al cerrar la puerta me dejo temblando de miedo, me sentía confundido, me sentía extraño y vulnerable en ese momento. Rápidamente busque como poner la jaula y cuando lo hice, salí a mostrarle a Daniel para que diera su visto bueno.

    -Ya está listo…- Dije avergonzado al ver mi pene encerrado en esa cosa rosa.

    -Se te ve muy bien jajaja ahora dame la llave.

    Le entregue la llave y la guardo en sus pantalones mientras que sacaba otra botella para seguir bebiendo.

    Durante toda la noche hizo como si nada ocurriese y yo me sentía muy incómodo con esa cosa puesta. Pase la noche pensando en que había hecho y que sería mejor pedir hacer otra cosa en lugar de esto.

    A la mañana siguiente me levante y Daniel no estaba, pero había una nota en la mesa que decía: «Salí a comprar unas cuantas cosas, cuando vuelva ten algo listo para comer».

    Si les gusta o quieren saber como sigue esta historia háganmelo saber, denle apoyo a este relato y tendrán la segunda parte muy pronto amores.

  • Recibí un bukake por parte de mi hijo y sus amigos

    Recibí un bukake por parte de mi hijo y sus amigos

    Hola mi nombre es Lyla soy una madre de 42 años pelo negro y liso, con un lindo rostro, grandes tetas, cintura gruesa pero sexy que hace juego con mis caderas anchas, un culo rugido y a la vez suave y con piernas bien marcadas, casi siempre uso camisa y faldas o vestidos.

    Antes de empezar quiero aclarar que todo es una fantasía mía, he visto muchos videos porno de bukake y cada que veo a mi hijo y sus amigos (todos mayores de edad) no puedo evitar pensar algo pervertido, así que contaré esto como si fuera una historia real.

    Un día llegando a casa, del trabajo, como de costumbre vestía tacones con medias negras, una falda apretada y camisa blanca. Subiendo al segundo piso escucharía a mi hijo con sus amigos.

    Prepararía algunos bocadillos e iría a verlos, al entrar mi hijo y sus tres amigos me estarían saludando, me invitarían a jugar, mientras me enseñaban algunos me mirarían toda o intentarían ver bajo mi falda, mientras yo de forma traviesa abriría un escote y un poco mis piernas.

    Después con algo de música estaríamos bailando todos juntos y uno de ellos se pegaría por detrás levantando mi falda, mientras de sorpresa mi hijo toma mi rostro y me besa en los labios metiendo algo a mi boca con su lengua hasta tragarlo.

    Volteo a ver a los demás que se están quitando la ropa y luego a mi que igual me están desnudando. Sacan mi sostén y de inmediato dos de ellos se adhieren a chupar mis tetas, mientras los demás frotan sus vergas en mi y al levantar la vista veo una cámara que nos está grabando.

    Les pregunto que hacen y mientras hablo soy interrumpida por mi hijo que mete su verga a mi boca lo más que puede, todos lo miran sorprendido y su amigo al lado se acomoda y también mete su verga en mi boca al mismo tiempo.

    Los otros dos me hacen masturbarlos y yo miro las vergas de los cuatro cada una diferente a la otra ya sea más larga, ancha, recta, curva, etc. Se van turnando para usar mi boca, en un momento saco la verga de uno pues actúa muy brusco y mi hijo se separa del grupo un momento para después volver con un collar y correa para perras.

    Me hace usarlos y de nuevo empuja su verga hasta mi garganta usando la correa para que lo trague todo, después de varios segundos la saca y apenas logro tomar aire cuando otro amigo suyo hace lo mismo y van jugando conmigo como su perra.

    No se que me haya dado mi hijo en ese beso pero me estaba haciendo hervir, con cada probada sus vergas se me hacen más deliciosas. Finalmente dejan de usar mi boca y mi hijo me baja la cabeza para estar en cuatro y abre mis nalgas ante sus amigos para decir «quién va primero?».

    Uno de ellos se mete debajo de mi y me mira de forma pervertida mientras me da un largo y húmedo beso, para distraerme de su verga que entra con fuerza, al natural, y abriendo mis paredes, me da una nalgada y me ordena que lo comience a montar.

    Por lo caliente que estoy lo hago y veo a mi hijo y sus amigos masturbarse viéndome con mis tetas y culo rebotando, mientras el de abajo me escribe los muslos con marcado «puta» y «fácil», me detengo un momento para descansar y escribe en mi vientre «llenar de verga» con una flecha apuntando a mi coño.

    Mi descanso duraría poco pues con una nalgada vería a mi hijo presionando su verga para hacerme un anal hasta lograrlo, no dolería mucho por el uso de lubricante, y con el mismo marcado, en mi espalda baja, pondría «amante de anales», lo cual es cierto amo los anales.

    Con las dos vergas dentro me harían gemir muy fuerte y al cerrar los ojos otro de ellos metería su verga hasta mi garganta, ahogando mis gemidos, mientras el otro me hacía masturbarlo, mi hijo bajo sus manos a mi coño y empezó a frotar el clítoris con fuerza.

    La excitación era bastante con cuatro vergas usandome para satisfacerse, tuve unos espasmos y seguido de eso un fuerte orgasmo, que no oculté, mi hijo y su amigo se vieron felices y sacaron sus vergas de sus agujeros cambiando de lugar con los otros.

    Uno se sentó apoyado en la cama y me dio un tirón con el collar mientras yo iba en cuatro hacia el, me senté en su verga y apenas me iba acostumbrando cuando el otro me dio una embestida anal hasta estar pegado a mi.

    El otro chico levanto mi rostro y escribo en mi cuello «traga verga», después de eso hizo mi cabeza hacia atrás y metió su verga ,en mi boca, hasta llegar a la base con sus bolas en mi rostro y mi hijo jugaba con mis tetas metiendo su verga entre ellas para hacer una rusa.

    Los cuatro eran muy rudos conmigo, el que estaba en mi culo tomo el marcador y escribió en mi espalda «Fuck me» y en mis nalgas «nalguear» y «apretar», mi hijo soltó mis tetas un momento y al que estaba en mi coño escribió en ellas «chupar» y «morder» dibujando corazones alrededor de mis pezones.

    Me estuvieron usando un buen rato hasta que mi hijo dijo:

    Hijo: quieres semen puta?

    Yo: si mi amor dale semen a mami.

    Al escuchar esto sus demás amigos dejarían mis agujeros para estar alrededor de mi y hacerme masturbar y chupar sus duras y calientes vergas para alimentarme.

    El primero tomo mi rostro con fuerza y soltó su semen en mi sacando mi lengua para también darme y que lo probará. El segundo me hizo tragar la verga de mi hijo hasta donde podía y me hizo un facial muy caliente.

    Mi hijo por lo caliente lo hizo en mi boca mientras chupaba su verga, ya después la saco y se masturbó rápido soltando un poco más en mi rostro. El último me hizo un poco hacia atrás y se masturbó con fuerza soltando su semen en mi rostro y tetas a la vez.

    Chupé un poco más sus vergas en agradecimiento y me tomaron varias fotos y vídeos cubierta de semen ya después me subí a la cama y me empecé a masturbar muy rápido enfrente de los cuatro hasta que tuve un fuerte squirt mojandolos y quedarme ahi para tomar un descanso, la cama era muy grande asi que entramos los cinco y dormimos ahí.

    Bueno esa es mi fantasía muy pervertida y que en verdad tengo ganas de vivir, díganme que les pareció y si quieren que les cuente más, porque tengo muchas fantasías, nos vemos luego y dejen un comentario, chao.

  • Mi esposa, la puta de la empresa (II)

    Mi esposa, la puta de la empresa (II)

    Tras descubrir que mi esposa me era infiel con casi toda su empresa mientras tuve su teléfono mi vida dio un vuelco. Mi mente rebotaba entre un enojo enorme y una excitación constante. Mi ego, mi orgullo, estaban heridos, pero mi verga se ponía dura cada vez que repasaba los episodios de mi esposa con algunos de sus amantes. Incluso había podido descargar algunos videos y fotos de Gaby follando con esos tipos. Los guardaba y revisaba celosamente y siempre terminaba en una paja monumental.

    Todo aquello había despertado un livido muy interesante, veía a Gaby y me entraban unas ganas de atenazar sus anchas caderas y penetrarla en cualquier sitio, muchas veces lo hice, ella siempre se dejaba, incluso me decía que le gustaba mucho ese nuevo yo. Pensé que mi nueva actitud podría satisfacer sus necesidades y tal vez dejara de ver a sus amantes pero no fue el caso.

    Establecí una rutina para estar siempre oculto en la acera del frente del motel que Gaby frecuentaba. A diario salía del trabajo, compraba un sándwich para almorzar, estacionaba a dos cuadras y caminaba para ubicarme detrás de un árbol para no ser visto y poder ver.

    Tres veces por semana un auto distinto llegaba a la misma hora, al mediodía, uno de ellos tenía vidrios polarizados, los otros dos dejaban ver a las personas dentro. Podía identificar a Gaby y estoy seguro que también era ella quien iba en el auto con vidrios oscuros. Siempre entraban a la habitación 201 y cuando ya estaban dentro yo entraba a la 202 con la intención de oír lo que más pudiera.

    No sé si estaba recopilando material para el divorcio o si era un fetiche, me sentía confundido. Solo me sentaba allí a escuchar y me masturbaba. A veces llevaba una prostituta, sentía que era como una venganza. Bebía y me quedaba con la puta incluso después de que oía a Gaby salir del lugar. A veces llevaba dos putas, a veces tres, les regalaba dinero, me embriagaba, lloraba en ocasiones. Mi rendimiento decayó en el trabajo y empecé a recibir advertencias por mis ausencias, un desastre.

    No me atrevía a enfrentar a mi esposa, temía que de hacerlo ella se decantara por sus aventuras y me abandonara. La amaba y follabamos mucho, para mi era mejor compartirla que no tenerla.

    Habían pasado un par de meses tras el accidente que desencadenó todo esto, llegaba diciembre, se acercaba la fiesta de fin de año de la empresa. En años anteriores Gaby había llegado a las 4 o 5 de la mañana de aquella celebración siempre algo tomada. En aquel entonces, cuando confiaba plenamente en ella, para mi no era motivo de preocupación, pero ahora tras saber que era la puta de la empresa me imaginaba que habría hecho hasta esas horas y con tal cantidad de alcohol en su sistema. Veía los videos y me pajeaba. Me gustaba especialmente uno en el que ella estaba en cuatro recibiendo verga mientras el tipo le encajaba el dedo gordo en el culo.

    Llegó el día de la fiesta y yo quería saberlo todo. Gaby me dijo cuál era el lugar y me informó que las parejas no estaban invitadas como de costumbre. A eso de las 7pm la vi salir del baño con un vestido negro con detalles rojos ajustado al cuerpo y que llegaba a la mitad de sus muslos. Elegante y apropiado. Se me paró al ver sus gruesos muslos e imaginar como se los abría a sus compañeros de trabajo. Fui hasta ella y le levanté el vestido, no tenía ropa interior.

    Ay amor, aún no me terminó de poner todo – me dijo.

    No creí su mentira pero no me importó, abrí mi bragueta y saqué mi verga tiesa para apuntarla entre sus piernas y allí mismo, frente al espejo de nuestro cuarto empecé a follarmela.

    uff papi, que rico papi – me dijo.

    ¿Te gusta mi amor?

    Me encanta papi, dame duro

    ¿De quién es este culo? – Le dije mientras le encajaba un dedo en el ano.

    aaah solo tuyo bebé!

    La llevé a la cama y la puse en cuatro. Posé mi verga sobre su ano y la empujé. Mi falo entró suave y no pude evitar pensar que aquella amplitud no era gracias a mi sino a sus compañeros de trabajo y todo lo que le trabajaban el culo. Me excité más, me vine dentro de su culo y me metí al baño.

    Mi amor me voy – me gritó mientras yo estaba en la ducha.

    Que te diviertas – Respondí con la cabeza gacha.

    Compré un bigote falso y una peluca rubia y tras crear mi personaje salí en mi auto rumbo a mi prostíbulo habitual. Elegí a Carolina, una chica con una cara un poco brusca pero con un culo de campeonato y un porte elegante, como para pasar desapercibidos. Le pedí que se pusiera lo más elegante que tuviera y nos subimos a mi auto con dirección a la discoteca donde se iba a desarrollar la fiesta de fin de año de la empresa de mi esposa.

    Estacioné lo más lejos posible para evitar que fuera a detectar mi presencia. Entré al lugar con mi ridícula peluca y mi bigote postizo y pedí una mesa en la periferia del lugar, en la sombra, una ubicación apropiada para ver todo el lugar que era bastante grande.

    ¿Por qué tienes puesto eso? – Me preguntó riendo Carolina, la puta.

    estoy espiando a mi mujer y no quiero que me vea

    ¿Tu mujer está aquí?!

    Pronto llegará

    Amigo no quiero problemas, ¿qué tal nos vea?

    No nos verá, te lo aseguro, tranquilizate

    Bueno, lo que usted diga señor

    Pedí unos tragos, pasó una media hora y vi llegar a un grupo de persona a una mesa grande al otro extremo del lugar, entre ellos Gaby. Un tipo posaba su mano en su espalda y la llevaba a una silla. Ya no tenía el vestido negro con rojo, tenía un vestido blanco escotado y muy corto. Sus tetas se apretaban y se querían salir de la prenda y juro que pude verle una nalga cuando se sentó.

    Se me paró y le metí mano a Carolina. La besé y gracias a nuestra mesa alejada y oscura pude lograr que me agarrara un poco la verga. En la mesa de Gaby había unas 25 personas, no era toda la empresa sino un grupo particular. No sé bajo qué criterios. Eran más mujeres que hombres. Un tipo sacó a bailar a Gaby y durante la danza le hablaba al oído y reían, también deslizaba su mano sobre la parte superior de las nalgas de mi esposa y pude ver como en un rápido movimiento ella deslizó su mano sobre el pené del hombre y la retiró rápidamente. Todos la invitaban a bailar y ella aceptaba encantada.

    Quiero que vayas y averigues que dicen – Le dije a Carolina.

    ¿Quieres que espie a tu esposa?

    Si

    Amigo, tu me pagas por follar, no por investigar

    Te pago el doble pero hazlo ya

    No le resultó muy complicado conseguir una pareja con ese par de piernas y ese culo tieso. Pronto estaba bailando cerca a Gaby que bailaba con el tipo que le tocó la espalda al llegar. Terminada la canción volvió a la mesa.

    Van a esperar que se vaya la mayoría y después se van a ir a un motel, ella dijo “que sean varios” – fue lo que averiguó Carolina.

    La cosa siguió igual, baile, risa, coqueteos y yo iracundo y excitado. Gaby se veía espectacular, sexy, deseable, todos sus atributos desbordaban y sus nalgas aparecían de ves en cuando cuando le hacia twerking a alguno de los tipos. Tomé a Carolina de la mano y la llevé al automóvil, entré en la silla trasera y me senté liberando mi falo. Ella se sentó encima de mí dándome la espalda y se ensartó mi verga y empezó a moverse. Saqué mi teléfono y le escribí a Gaby.

    ¿Cómo va tu reunión mi amor? – Le dije.

    Muy bien amor, estamos charlando – Respondió.

    ¿Quieres que pase por tí?

    No amor tranquilo, yo llego, el papá de Ángela me va a llevar

    Te veías muy bonita hoy, me voy a poner celoso de que te miren

    jajaja bobito, sabes que yo te amo a ti

    Tuve ganas de decirle que era una maldita puta mentirosa, pero recordar su cuerpo adornado por aquel ajustado vestido me emocionó, aunque otros la tuvieran yo también podría tenerla, era estúpidamente suficiente. Volvimos a la mesa.

    Se hicieron las 12, la mayoría de la gente de la empresa de Gaby se había ido, quedaban cuatro hombres, Gaby y otra chica gordita. Todos se notaban altamente alicorados. Uno de los tipos sacó a bailar a mi esposa y durante la danza la besó en la boca, ella respondió. Él le agarró fuerte una nalga arrastrando su vestido y dejando al descubierto su culazo. Gaby se acomodó la falda, lo miró y pude distinguir un “vamos” en sus labios.

    Me apresuré a salir primero y llegar a mi auto con Carolina con la intención de seguirlos, aunque sabía hacia donde iban.

    ¿Como aguantas esto? – Me preguntó Carolina en el trayecto.

    No lo sé, creo que la amo

    Se está cogiendo a todos…

    Lo sé

    Te mereces algo de respeto

    ¿Qué sabe una puta como tú de respeto?

    No tienes que ser grosero, es mi trabajo, así soy yo. En cambio tu esposa es una mentirosa y te trata como un idiota –

    Llegué primero y pedí la habitación 202 con la absoluta certeza de que mi esposa llevaría a su amante a la 201. No me equivocaba, pero no estaba del todo en lo correcto, no llegó solo con uno sino con cuatro tipos y la chica gordita.

    Carolina entró al baño y yo fui directamente a la pared que separaba las habitaciones. Oía risas primero, pero después pusieron música a alto volumen y aquello bloqueó cualquier conversación que pudiera escuchar. Carolina se acercó.

    Amigo, entiendo tu situación, debe ser muy difícil, pero podemos hacerlo divertido para que te olvides por un rato de esa maldita – me dijo.

    Yo estaba alcoholizado y vi como esa hermosa morena se plantó frente a mi y se quitó su vestido, el más elegante que tenía, quedó en una ropa interior de encaje negra, se inclinó frente a mi, bajó mi pantalón y empinando sus duras nalgas empezó a chuparmela. Un espejo justo enfrente me daba una vista de la entrepierna de Carolina, su par de muslos duros terminaban en una diminuta tanga que se adentraba en su culo.

    Me quité la ropa, me acosté en la cama boca arriba. Un espejo gigante sobre la cama me daba la vista ideal. Carolina se puso en cuatro entre mis piernas y siguió mamando. Su trabajada figura se contoneaba para mi.

    En este momento varios tipos se deben estar cogiendo a tu mujer. Le deben tener abierto cada agujero. ¿Te imaginas? El amor de vida atragantada con la verga de otro – Me dijo y dio en el clavo.

    Mi excitación explotó hasta la luna, me incorporé y fui detrás de Carolina, me bajé la tanga bruscamente y busqué su ano. La taladré con sevicia.

    Ufff que rico papi!!! Así tienen a tu esposa – Dijo Carolina.

    Disfruté de aquella diosa a pagos. Pero pronto mi atención volvió al otro cuarto. Habían apagado la música.

    Jajaja es fácil, solo tienes que relajarlo – Era la voz de Gaby.

    Es que me duele – otra voz femenina, probablemente la gordita.

    Yo quería ver. Me acomodé la peluca y el bigote, me vestí, tomé una cerveza del minibar y me dirigí a la 201. Toqué la puerta. Un hombre apareció.

    ¿Qué pasó? – me dijo mirándome confundido. Escondía su desnudes tras la puerta.

    Pidieron una cerveza a esta habitación- Le dije.

    ¿Alguien pidió una cerveza? – gritó para dentro de la habitación.

    Nadie respondió.

    No hemos pedido eso amigo – y empujó la puerta para cerrarla.

    Evité que se cerrara completamente y esperé con la esperanza de que no se diera cuenta. Pasados unos segundos sin ningún intento de manipular la puerta nuevamente la empujé sutilmente para ver adentro.

    Wow, la habitación 201 era un palacio, un espacio enorme con 2 camas, jacuzzi, muebles, una ducha muy fancy, un tubo y un arnés colgado del techo. Entendí por qué Gaby escogía esa habitación, la muy puta lo disfrutaba en grande con todos los juguetes.

    En una de las camas estaba la chica gordita en cuatro, su culo en alto era una delicia, una nalgas redonditas y blancas. Tenía cara de circunstancia. La circunstancia era que uno de los hombres trataba de penetrarla por el culo pero parecía estar complicada la misión. A su lado estaba mi esposa de rodillas sobre la cama, hacia mi empinaba ese culo abundante mientras sujetaba la verga del tipo tratando de empujarla dentro de la gordita.

    Gaby se veía deliciosa, había adelgazado, su cinturita anticipaba un culo perfecto, su cabello castaño caía sobre su espalda arqueada, ufff.

    Gaby, ¿quieres? – dijo un tipo desde otro punto del cuarto.

    Mi esposa volteó a ver. El tipo tenía sendas líneas de polvo blanco sobre un mesón.

    Siii quiero – dijo Gaby.

    Se bajó de la cama y en puntillas levitó hasta la ubicación del sujeto. Al acercase al polvo él la detuvo.

    No mi amor… aquí – Dijo el tipo soltando algo del polvo sobre su verga tiesa.

    Mi esposa lo miró, se mordió el labio inferior y cayó de rodillas. Puso un dedo sobre su nariz y se inclinó para inhalar todo aquello. Mi esposa se drogaba, además. Se tragó la verga del tipo por un momento y se puso de pie.

    Uh que rico – Grito Gaby. Y con tres saltitos se arrojó sobre la cama aterrizando en cuatro para hacer twerking. – ¡¡¡quiero verga!!! – volvió a gritar.

    Uno de los tipos se aproximó y se la folló en cuatro. Yo saqué mi teléfono y empecé a grabar como podía. Podrían ser pruebas para el divorció pero en realidad los quería para mi, para verlos.

    Dame duro papi, parteme el chocho, parteme el chochito – Decía Gaby.

    Mami que rica estás, lastima que no seas solo para mi –

    jajaja ni para ti ni para nadie, este culo es del mundo! quiero más coca!

    Tenía la verga a mil viendo como se follaban a mi mujer, en su nariz había una mancha blanca, estaba desatada.

    ¡Quiero una por el culo! – dijo.

    Pronto habían dos hombres trabajando a mi esposa por sus dos agujeros. Por su lado el otro tipo había logrado penetrar por el culo a la gordita que solo sabía gemir. El cuarto hombre estaba sentado en una esquina aún vestido viendo su teléfono.

    Eran las dos de la mañana y le escribí.

    Mi amor, ¿cómo va la reunión? – Envié el mensaje. Pude ver como ella notó que vibraba su teléfono que estaba sobre la cama, lo tomó y accionó.

    Todo bien mi amor, acá charlando con la gente –

    ¿Quieres que vaya por ti? –

    No amor tranquilo, el papá de Ángela nos va a llevar –

    Me respondía mientras movía su culote en cuatro con dos tipos dandole duro.

    ¡Ahh diooos que rico! ¡Denme duro! – Gritaba.

    Más que ira tuve celos. Decidí llamarla. Al oír su teléfono timbrar se incorporó.

    ¡Silencio!, hagan todos silencio, es mi esposo – Les dijo y todos se callaron.

    Hola amor, ¿como va todo?- Le dije.

    Todo está bien mi amor, divertido

    ¿Dónde están?

    En la disco

    No se oye música…

    Es que salí a tomar aire – Tras decir esto miró fijamente a uno de los tipos, el mismo con el que estuvo más cercana durante la fiesta. Se arrodilló frente a él y sin quitar su mirada de la de él abrió la boca y se tragó su falo.

    ¿Con quién estás?

    ¿Qué pasa amor? ¿Qué son todas estas preguntas? Tú no eres así.

    Por supuesto maldita perra, porque no te conocía del todo.

    En una hora y media paso por ti a la disco – le dije.

    No amor, ya te dije que el papá de Ángela me va a llevar

    No. En una hora y media paso por tí, chao – Sentencié.

    Al colgar la llamada miró al tipo al que se la estaba chupando.

    Dame coca y revientame a verga papi, que en una hora me tengo que ir – dijo.

    Siguieron follando, seguí grabando. Gaby se subió al arnés, se la follaron en el jacuzzi, se la follaron en los muebles, se drogó hasta el copete. Faltando media hora para el momento acordado en el que la recogería en la disco se metió a la ducha y se bañó, se vistió y se despidió besando en la boca a cada una de las personas en el cuarto. Tomé mi auto y llevé a Carolina al prostíbulo para después seguir a la disco donde me estaría esperando mi infiel esposa.

    Al llegar al sitio Gaby estaba parada en la puerta del lugar. Llevaba su vestido negro con detalles rojos, sonrió al verme, normal, como si nada hubiera pasado. Se subió al auto.

    Amor ¿por qué esta intensidad con venir a buscarme? Sabes que siempre me llevan – Me dijo. Yo decidí ser sincero.

    Tengo muchas ganas de follar contigo rico, ¿a donde me vas a llevar?- me dijo mordiéndose los labios mientras se inclinaba sobre mí para chuparmela.

    Conduje directamente al motel en el que había pasado las últimas horas. No hubo una sola reacción que la pusiera en evidencia cuando llegamos. Pedí la 202. Estaba disponible. Entramos. Delante de mí estaba el culo más rico que conocía, el culo de la puta de mi esposa, la abracé, levanté su falda, tenía una tanga, había pensado todo.

    La llevé al mismo sitio en el que se la cogieron en cuatro después de inhalar. La puse en cuatro y me arrodillé frente a su culo. Introduje mi lengua y empecé a juguetear.

    Papi que rico, mamame el culito, limpiamelo con tu lengua mi amor – Dijo entre gemidos.

    Pasado un rato le pedí que me la chupara.

    Lo que quiera mi rey – respondió.

    Se arrodilló frente a mí y agarrando mi verga desde la base abrió su boca y se la tragó. Tomé mi celular y puse los videos que había tomado un rato atrás. Nos metimos al jacuzzi, nos empapamos en espuma. La besé.

    ¿Qué quieres que haga? – le dije.

    Imagina que tengo esposo, y que tu eres mi amante

    ¿y dónde está tu esposo?

    En casa durmiendo

    La llevé a la cama.

    Te amo, más que a mi vida – le dije.

    Y yo a ti mi amor

    ¿De quién es este culo?

    Es tuyo mi rey

    ¿Solo mio?

    Únicamente tuyo

  • Atracción inmediata y entrega total

    Atracción inmediata y entrega total

    Emprendí un viaje familiar por arreglar papeles a Colombia, las cosas no iban bien con mi matrimonio, estuve varios días en Bogotá y como cosa del destino tuve que ir a Cali a terminar el papeleo.

    Hubo un chico que en alguna oportunidad me dio like en alguna publicación de Facebook puesto que tenemos familia en común, pero ni pendiente, todo normal, aunque si se veía simpático.

    No fue hasta una noche un cumpleaños de una de mis primas, en las que obvio me arreglé como me gusta y en las que las miradas hablaban por si solas. Sentía no solo la mirada de él, sino de otros. Mi esposo en Venezuela, trabajando y seguramente en alguna relación furtiva.

    Atrajo mi atención y yo la de el por completo esa noche. luego de eso intercambiamos mensajes y me elogiaba, me sentía como una jovencita, emocionada y elogiada, me gustaba mucho sentirme así. al cabo de días salimos en familia compartimos, había mucha química, Ya supongo entre más confianza un día nos quedamos solos en un pasillo y se fue sobre mí, me rozó y se me erizo la piel, sentí su paquete y fue una sensación divina. Toda la vida había sido de mi marido.

    Me atacó por días, me deseaba, pero no soy de irme a las primeras. Espere, solo un beso y un abrazo nos juntaron en esa oportunidad. En mi regreso a Venezuela, estaba confundida, lo pensaba, lo deseaba y al cabo de unos meses, me la puso fácil mi esposo.

    Tenía la coartada de irme pues le descubrí una infidelidad, me inventé un viaje y me fui a Cali a quitarme de encima mi rabia y a matar lo que había quedado pendiente. Me aloje cerca de él. y me trato como una reina, me recibió y todo genial. Bueno llegó el día tenía que consumar lo planeado, el medio torpe pero tosco me beso me desvistió y me sentó encima de él, me hacía sobre el muy duro, se me escapaban los gemidos, su pene no era tan grande pero muy grueso, mi cuquita se sentía apretadita me gustaba como me cogía, aunque el medio precoz, era una experiencia nueva.

    Más que por sexo fue una experiencia para quitarme de encima los años de engaño.

    Como es normal de esperarse, las cosas no siguieron funcionando en Caracas y al cabo de tres años y con varios meses sin tener sexo, decidí ubicarlo pues aquella vez la cosa no fue tanto sexo sino más compañía.

    Lo abordé para ir y nuevamente emprendí el viaje, esta vez sí más sexual el encuentro, me cogía casi todos los días.

    Mi cuca se sentía ajustadita, cuando me ponía en 4 veía el cielo, me gustaba mucho. Él se ganó una mamada de güevo, se lo chupe como las diosas, el solo se retorcía del placer, hice que acabara en mi boca. también me sentaba de espaldas y le movía ese culo, en su vida lo habían cogido así. No es muy creativo, pero al menos tuve una experiencia en mi vida.

    Nada como marido, pero al menos tuve esa experiencia.

  • ¡Lástima que estoy casada!

    ¡Lástima que estoy casada!

    Un día de verano. Hace mucho calor. El tiempo está tormentoso.

    Me llamas, estoy en el trabajo. La cita está hecha para el almuerzo. La terraza del restaurante es agradable.

    Nos saludamos, mi mano que estaba en tu hombro resbaló a tu nuca. Tu mano que estaba en mi cadera, se desliza hacia atrás y me atrae hacia tu.

    Besas la comisura de mi boca, una vez, luego por segunda vez.

    Nos sentamos en una mesa, uno al lado del otro, de cara a la calle.

    El aperitivo empieza con champán. «¿Una copa?» pregunta el camarero. «No. La botella y algo para picar.»

    Conversamos sobre nosotros. Me miras a los ojos, me gustas hasta la muerte. Te atreves a poner una mano en mi muslo, riendo. Yo hago lo mismo y mi cuerpo se electrifica. Lentamente levantas tu mano, te inclinas y me desafías.

    «¿Te parece bien si vamos a un hotel a seguir hablando y tomando algo tranquilos?»

    El hotel está muy cerca. Vamos a la recepción, la recepcionista, ve la urgencia en nuestros ojos y nos entrega las llaves.

    Pediste que nos trajeran una botella. Conversamos, nos reímos, tomamos una copa, interrumpimos. Hace mucho calor y el aire acondicionado no es suficientemente para mitigar el calor.

    Decides aprovechar para darte una ducha.

    Antes de entrar al baño, te desnudas frente a mí.

    Entras al baño. Apenas has ingresado y mis manos en tu pecho y mi cuerpo también desnudo presionándose contra el tuyo.

    Te das la vuelta y pones un beso en mis labios, me abrazas y empiezas a mojar mi espalda besando mi cuello.

    Tomas un poco de jabón y empiezas a pasar tus manos por mi cuerpo, yo hago lo mismo.

    Las caricias son suaves y más precisas. Mis senos, mi estómago. Te tengo cerca de mí. Espalda baja, glúteos. Te paras a mis espaldas, los senos con una mano, el vientre con la otra. Bajas sobre mi cadera, sobre una nalga. La mano en mis senos camina de un uno al otro, en mi cuello, en mi espalda.

    La mano en mi nalga camina en al interior de mis muslos, en la entrepierna.

    Besas mi cuello, mi nuca. Las caricias son cada vez más precisas. Tu dedo se divierte en mi clítoris. Siento tu cuerpo tenso. Tus caricias son suaves y estimulantes.

    El agua se deshizo del jabón, pones una rodilla en el suelo. Tomas una de mis piernas y la pones en tu hombro. Tu cara pegada a mi entrepierna, empiezas a lamer mi clítoris, a chuparlo. Pasas tu lengua por mis labios vaginales. Para llevarla adentro. Mi cuerpo se tensa y se retuerce. Te agarro la cabeza y muevo las caderas para marcar el ritmo.

    Disfruto, te levanto y tomo tu polla en mi mano. Avanzo y retrocedo mientras la otra mano se pasea por tus nalgas. Estás en éxtasis. Nos besamos, nos abrazamos.

    Es hora de salir de la ducha. No hay necesidad de secarse. Te llevo a la cama tomándote del sexo y me tiro encima.

    Beso tu abdomen, tomo tu pene en mi boca. Me pides que me ponga de cabeza para que el placer sea mutuo.

    Mientras sigo y te acaricio las nalgas, te lamo de arriba a abajo hasta el perineo. Por tu parte tratas de lamerme desde el clítoris hasta el ano. Apuntas tu lengua hacia adentro, sales para entrar en mi vagina. Mis caderas se están moviendo.

    Tus manos acarician mis nalgas y entre mis nalgas, mientras tu lengua vaga sobre mi sexo. Me estoy retorciendo de placer.

    Te enderezo y me siento cerca de tu cara. Yo marco el ritmo. Me froto contra tu boca, arqueo la espalda para abrir las nalgas. Te vuelves loco, me devoras. Quiero correrme de nuevo.

    Mi cuerpo se pone rígido de placer. Sales de abajo para pasar detrás de mí.

    Una mano en mi vientre y la otra en mi nuca, me guías para que me agache.

    Me penetras, el deseo me descarrila, vienes y vas lentamente, lo sacas para frotarlo contra mi clítoris, luego subes y bajas para que lo sienta en el borde de mi ano, pasas entre mis labios vaginales, entras, sales y luego frotas mi clítoris de nuevo.

    Empiezas de un lado a otro de nuevo, acelerando y excitándome cada vez más. Tus caderas y mi trasero chocan, luego disminuyes la velocidad.

    Tratas de llevarme al borde del precipicio del disfrute. Te ralentizas. Justo a tiempo, para empezar de nuevo.

    Vuelves a frotarme de arriba a abajo, te pido que vuelvas por el otro lado, abriendo mis nalgas. Así lo haces, despacio, un poco, sales, entras, despacio. Poco a poco. Durante este tiempo me acaricias. Se hace una lenta ida y vuelta.

    Entonces cuando estoy al borde del precipicio otra vez, te pides que me acaricie hasta el final.

    Nos acostamos, mi mano descansa sobre tu pene, y acariciándote te masturbo hasta que te corres.

    Te pegas a mí, las caricias se vuelven menos apremiantes, más suaves.

    Nos besamos, nos miramos a los ojos, acaricio tu rostro. Me dices que soy hermosa.

    Es tiempo de irse. Te vistes y me ayudas a vestirme besando todo mi cuerpo mientras lo cubres. Respiro tu olor. Imprimo en mi memoria el sabor de tu piel.

    Salimos del hotel, te tomo la mano. Me acerco y pongo mis labios en la comisura de tu boca.

    Sin adiós, solo una mirada para imprimir tu rostro. Una leve sonrisa tuya. Nuestros caminos se separan de nuevo. Quizás en otro momento, o no. ¡Lástima que estoy casada! No importa, hemos hecho un recuerdo único, que nos pertenece solo a nosotros.

  • Verdulero siempre listo

    Verdulero siempre listo

    Don José, un hombre grande, de sesenta y pico, muy amable, educado, muy alto, manos grandes, siempre simpático.  Estaba a 6 cuadras de mi casa, no era muy frecuente ir a su negocio, Iván cómo es chef, siempre compra al por mayor y trae siempre fruta y verdura. Pero alguna vez tocó ir.

    Verano caluroso, nada como una ensalada de tomate y zanahoria, fui al gimnasio, a la playa, a bañarme, me puse un vestido de algodón sin corpiño y apenas una colaless, fui a la verdulería y don José me atendió, con una amabilidad exagerada, estaba ya guardando los cajones porque cierra para la siesta.

    Debe haber estado excitado previamente, terminó de guardar y me preguntó, en qué te ayudo nena, ese “nena” me produjo una excitación que me mojé, cierro por si entra alguien más, dijo y cerró la puerta. Nos quedamos solos, me miró y se acercó sonriente. Tomate le dije un kilo. Eligió con delicadeza como siempre. Me miró a los ojos, pepino, dije. este te va a gustar me dijo y puso un pepino largo en la mesa, le sonreí, entendí su indirecta, acaricié suavemente el pepino y le dije, necesito al menos 4 de estos y sonreí, él río fuerte, me buscó 3 parecidos y los puso junto al elegido primero.

    Acariciaba los pepinos y le pedí zanahorias, ¿unas 4 bien grandes? Me preguntó entrando ya en un terreno muy picante. ¿Siempre cierra a esta hora? Dije desviando el tema, vos vení cuando quieras me dijo a mi espalda apoyando las zanahorias en la mesa. ¿Te gustan así? Me dijo. Me encanta le dije y acaricié morbosamente la más pareja, larga y bien pareja. Querés alguna albahaca me dijo siempre a mi espalda, yo estaba muy caliente ya

    Su pepino me encanta le dije mirándole apenas de reojo, sentí sus manos en mi cola, abrí las piernas y dejé que me tocara, muy ágil y en un segundo estaba don José besándome en el cuello sacando su tremenda herramienta, no tengo preservativos, ¿te hago la cola? Claro le dije gimiendo y lamentando, abrí las nalgas y sentí la interminable entrar y entrar fue muy placentero, era descomunal, estaba tan lubricada que entraba despacito, bombeó suavemente, dándome placer gemía poco por vergüenza, ¿así que te gustó este pepino?

    Lo agarró y me lo acercó a la vagina, totalmente ensartada por detrás como un experto me comenzó a frotar el pepino en la vagina. Increíble, yo tenía orgasmos y mojaba el pepino, no tan hábil como Iván, Don José se las arregló para meterme el pepino y hacerme acabar unas 30 veces hasta que se estaba por correr y la sacó, me di la vuelta y se la chupé, me tragué todo, muy feo sabor y olor, pero genial, yo tenía el pepino metido todo, se ofreció a seguir, me lo saqué, lo puso en una bolsa aparte, me dio la compra y fui temblando a casa.

    Llegó Iván a las 4, yo estaba en la cama con el pepino, llegó se duchó se recostó y me preguntó, le conté, lo que había pasado, con detalles mientras me manoseaba y metía dedos me besaba y disfrutaba más que yo. El pepino fue por todos lados y el artífice de unos 200 orgasmos y un trío arriba de Iván con el pepino hasta el fondo en la cola y luego adelante. Genial.

    Programamos dos visitas más a don José, una un lunes que Iván tenía descanso, eligió el vestido y todo. Un amor don José.

  • Infiel en una convención de mi esposo en Ciudad de México

    Infiel en una convención de mi esposo en Ciudad de México

    Mi esposo debía viajar a una convención a Ciudad de México. Le pagaban el hotel, los pasajes y todos sus gastos. Con lo que le daban alcanzaba de sobra para los dos, así que me propuso ir juntos. Pidió tres de días de vacaciones antes de la convención para pasear juntos y consiguió que le compren su pasaje para salir un sábado de Lima y volver el domingo luego de su convención. Con su itinerario listo, compró mi pasaje y preparó todo el viaje juntos.

    Llegamos a Ciudad de México el sábado a medio día. Del mismo aeropuerto tomamos un bus a Puebla. Estuvimos una noche allí. Luego viajamos en bus a Oaxaca y estuvimos dos noches. El martes volvimos a Ciudad de México en avión y paseamos lo que quedaba del martes y el miércoles. El jueves y viernes era su convención y me compró un ticket de dos días en un bus turístico para subir y bajar y visitar lo que quería. No me animaba a hacerlo sola, pero la parada del bus era a una cuadra del hotel y finalmente me decidí a hacerlo.

    El jueves se fue temprano. Como a las 10 salí. Tomé el bus y rápido me adapté. Con el mapa era fácil usarlo. Por la tarde se me juntó un señor de Colombia y comenzamos a caminar juntos. Quedamos en hacer los paseos juntos al día siguiente. Para ser sincera, no tuve el menor morbo con él y todo en plan tranqui. Intercambiamos números para coordinar al día siguiente y hacia las 6 llegué al hotel, mi esposo llegó unos minutos después.

    Esa tarde fuimos a cenar con mi esposo a un restaurante lindo, en una zona llena de bares, estuvo genial. Pero a las 10pm volvimos al hotel. Recién abrí mi celular en el hotel, mientras mi esposo se bañaba. El colombiano me había escrito muchas cosas, diciéndome que era linda, genial, preciosa, encantadora y todos los piropos imaginables.

    Le respondí riéndome y empezamos a charlar. De pronto me mandó una foto de su pene. Me dijo que estaba pensando en mi y que se masturbaría. Que esperaba no me molestara. Me quedé fría, su pene era ufff, como de todos, más grande que el de mi esposo, no excesivamente largo, pero si muy grueso por lo que se veía. Me calenté. Mi esposo volvió a la cama, hicimos el amor, pero yo, como casi siempre, no llegué. Se quedó dormido. Me acosté a su lado y me dormí.

    Al despertar bajamos a desayunar, él ya listo para su convención. Yo sin bañarme, sólo cambiada. Al terminar él se fue y yo volví a la habitación. Abrí mi celular y tenía más fotos del pene del colombiano, inclusive una luego de eyacular, estaba muy caliente y me masturbé sobre la cama, viendo las fotos. Llegué. Pensé que con eso me tranquilizaría.

    Seguí con el plan de pasear con el colombiano. Coordinamos por mensajes y nos encontramos. Esa mañana no me decía nada subido de tono. Empezamos a pasear y almorzamos juntos. Durante el almuerzo me dijo que me deseaba mucho. Le dije que yo también. Cerca al restaurante había hoteles. Fuimos a uno que no parecía tan caro, si que lo era, pero igual pagó.

    La habitación era realmente muy linda, no era un hotel “de paso” sino uno turístico, y estuvo genial así. Nos desnudamos y de pie nos abrazamos, empezó a besarme y le respondí. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo y muy pero muy rápido estaba lista para ser penetrada.

    Nos acostamos, él encima de mí. Seguimos besándonos y cuando pensé que me penetraría, empezó a bajar, besando mi cuello, mis senos, mis pezones, mi vientre hasta llegar a mi vagina, que atendió con una lamida que me hizo llegar en pocos minutos. Pensé que llegaba mi momento de hacerlo gozar, pero no, me dio vuelta y empezó a lamerme el culo con tanta magia que volví a llegar solo con su lengua y labios. En ningún momento me había introducido los dedos, ni a la vagina ni a mi culo y yo ya llevaba dos orgasmos.

    Volví a pensar que llegó mi momento de atenderlo y nada. Empezó a hacerme masajes, tan ricos que me relajaron y cuando estaba a punto de quedarme dormida, tras dos orgasmos y la suavidad de sus manos en el masaje, cambió de técnica y empezó unos masajes excitantes que me volvieron a calentar en instantes. Sentí que estaba ya lista para ser penetrada. Me pidió que me ponga como perrita y lo obedecí, pensé por tercera vez que me penetraría y no lo hizo, comenzó a lamerme cola y concha.

    En ese momento, al borde de un nuevo clímax, mi esposo empezó a escribirme al WhatsApp. Felizmente tenía el celular sobre la cómoda, al lado de la cama. Le dije al colombiano que tenía que responder. Más que molestarse, le gustó. Comencé a responder, que seguía de tour, trivialidades, que volvería a las 6 al hotel y todas las cursilerías que me venía a la mente. Por el momento, tuve un tercer orgasmo sólo con la lengua del colombiano.

    Mientras seguía escribiendo, él se puso a mi lado, colocó su pene en mi boca y mientras le respondía a mi esposo, me llenó la boca de semen. Supongo el momento lo puso tan caliente que eyaculó en instantes, no más de dos minutos.

    Seguía mensajeándome con mi esposo, se acostó a mi lado. Mi esposo no paraba de escribirme. Estaba en un break. Felizmente no se animó a llamarme, supongo estaba rodeado de personas. Me animé a chupársela de nuevo al colombiano y pronto estuvo nuevamente dura. Yo chorreaba de placer por el momento, chupando su pene, con el celular en la mano escribiéndole a mi esposo.

    Cuando estuvo muy muy dura empecé a montarlo. Seguía chateando con mi esposo. Llegué demasiado rápido y él conmigo. Dejé de chatear. Nos duchamos juntos y seguimos de tour.

    Nunca supe si él era precoz. Supongo que sí, pero como pasaron las cosas, fue genial y quedé satisfecha. Seguimos mensajeándonos un tiempo hasta que se apagó el interés.

  • El sauna del gimnasio

    El sauna del gimnasio

    Hola a todos mis lectores, me llamo José, tengo 23 años y este relato es verídico, sucedió en la ciudad de Villavicencio, Colombia.

    Como todos los chicos jóvenes de mi edad, solía ir a entrenar al gimnasio, en mi caso y para quienes conocen era el que quedaba en el Centro Comercial Llanocentro de la ciudad de Villavicencio.

    Un día normal, me encontraba entrenando pasada la hora del almuerzo, me gustaba hacer un calentamiento previo en la caminadora porque quedaba al lado del pasillo donde entraban todas las personas, así tenía un desfile de mujeres frente a mi, yendo y viniendo.

    Ahí la vi por primera vez, ella era una mujer de unos 30 años, con cabello castaño, pocos senos, pero paraditos, un abdomen plano sin estar marcado y unas nalgas bastante grandes firmes. En lo personal a mi siempre me ha gustado que vistan solo top y un corto bicicletero que en este caso le hacía ver unas nalgas de en sueño.

    Después de dejar la zona de cardio subí a hacer pesas, empecé por el área de brazos, y ahí la volví a ver, a través del espejo cruzamos miradas, nada fuera de lo común, ella me sonrió, yo también. Traté de ser lo más disimulado posible, pero me era imposible no bajar la mirada para ver cómo se le marcaban las nalgas al hacer peso muerto. Ahí empecé a tener una gran erección.

    Parecía un adolescente en plena pubertad, babeando por una cola y una señora mucho mayor a mi. Así que preferí dejar esa zona y pasar a hacer pierna, pero allí llegaría ella de nuevo, dos máquinas al frente, yo «intentando ejercitarme» cuando en realidad solo veía como el sudor mojaba sus senos y las máquinas quedan con el contorno de sus glúteos marcados entre sudor y calor.

    Termine mi rutina haciendo abdomen, coincidimos en que fuimos a buscar una colchoneta al tiempo, nuevamente nos sonreímos, pero nada más. Yo ya la había imaginado en todas las poses y creo que ella ya se había dado cuenta de mi erección, así que preferí irme no sin antes acercarme y tratando de hacer alguna conversación preguntarle si sabía si el sauna estaba en servicio, pero de lo embobado que estaba no sé qué responderle al seco «si» que me respondió.

    Ya en el baño me moje la cara me relaje y empecé a pensar en otras cosas, me cambié, me puse una pantaloneta y entré al sauna, el cual es mixto.

    En principio estaba solo, solo un señor saliendo cuando yo ingresaba, allí estuve cerca de 10 minutos hasta que en medio del vapor vi que entró una mujer con un brasier deportivo pequeño y una especie de traje de baño entre bicicletero y cachetero.

    Cuando cerró la puerta y se acercó me di cuenta que era ella. La mujer que me comí con la mirada arriba por 40 minutos.

    -Hola nuevamente- le dije con una sonrisa.

    -Hola -también se rio- después que me preguntaste lo del sauna quede un poco antojada de venir.

    -Si, es que es bueno venir para la recuperación después del ejercicio

    -Y para hacer ejercicio acá también- me dijo en un tono un poco serio

    Ahí me quedé callado, cerré los ojos y traté de disimular la erección que tenía, sin embargo, fue en vano.

    -Eres nuevo acá?

    -Si -le respondí- llegue hace unas semanas y no conozco a nadie acá en Villavicencio.

    -me refería a nuevo en el gimnasio, pero bueno, ¿qué haces acá en Villavicencio?

    -soy conductor

    -debes ser perro entonces

    -Pero de una sola ama

    Ella abrió los ojos y miro mi erección a través de mi pantaloneta.

    -como que el que está respondiendo es el de abajo

    -tal vez -le dije acercándome a ella- ¿y que me puedes decir de ti?

    – ¿Que te digo? Me separé hace un mes, el me dejó por una de 20, entré al gimnasio para pasar el tiempo, y acá estoy.

    -Que chistoso el te dejo por una de 20 y yo soy de 23.

    -¿23? Creí que tenías al menos 27

    -tengo 23, tiene sus ventajas salir con alguien tan joven… ya sabes, somos obedientes, discretos y muy complacientes.

    -jajaja ¿de que hablas? Ustedes son inmaduros.

    -yo creo que tú propones y yo dispongo

    -mm propongo que me dejes ver lo que tienes ahí abajo.

    En ese punto ya tenía la verga a reventar. Pero me animé y se la mostré, mi verga es gruesa, curva a la izquierda y cabezona por la circuncisión.

    Ella quedó inmóvil, creyó que no lo haría, pero cuando reaccionó con su mano temblando la cogió por la base.

    -alguien va a venir, nos van a echar -dijo

    -tranquila, no hay nadie, el vapor nos ayuda

    Acto seguido ella empezó a masturbarme suavemente al principio tímidamente por la base y luego en círculos por la cabeza.

    -tienes un buen pene

    -y tu una buena cola

    -si, lo sé, todos me lo dicen

    – pero pocos lo disfrutamos -le dije de forma pícara mientras se lo agarraba.

    Ella siguió masturbándome con una mano mientras se agarraba un seno con la otra.

    -que tal si lo metemos? -le pregunté

    -no hago nada sin protección.

    En mi mente me convencí que tenía que venirme y jugarme el todo por el todo, así que metí mi mano por debajo de su pantaloneta y no le pareció importar.

    Le saqué un seno por encima del bra, y me lo lleve a la boca, y lo disfruto, cerró los ojos y botó un ligero suspiro.

    Nos sentamos uno al lado del otro y ella me masturbaba y yo a ella. Jugué con su clítoris, arriba abajo, de un lado a otro, en círculos, estaba bastante mojada, gemía suave, pero hacía caras como si quisiera gritar, hasta que le dije que me iba a venir, a lo cual ella me quito y metió mi verga en su boca. Me empezó a chupar duro mientras me masturbaba, me escupió la verga y me dijo que le diera mi leche. Yo para ese momento no aguante más y me vine.

    Ella se tragó todo para no dejar evidencia. Me subí mi pantaloneta y me quedé ahí unos segundos, hasta que vi que ella empezó a masturbarse. Yo le baje del todo su mini short y quedó sin nada abajo. Le empecé a hacer un oral, comiéndome sus labios (gruesos por cierto), y mordiendo suavemente su clítoris, a lo que ella solo respondía contrayéndose un poco y recogiendo su abdomen.

    Metí dos dedos dentro de su vagina y con mi lengua seguí con su clitoris hasta que ella botó un suspiro y de forma ahogada me dijo que ya había llegado.

    Le puse se short, me senté al lado de la y nos besamos de manera lenta y apasionada un par de minutos.

    Cuando nos recompusimos salimos de ahí, bastante sudados y rojos, por el calor del sauna y el fuego entre nuestras piernas.

    Nos dimos otro pico y cada quien salió por su lado.

    No la volví a ver en el gimnasio, pero siempre me excito al pensar en lo qué pasó.

    Si hay mujeres en Villavicencio que gusten de encuentros así o parejas que deseen contactarme pueden escribir a mi correo:

    [email protected]