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  • Mi compañera la milf

    Mi compañera la milf

    Luego de que Loreto me enseñara el placer que se puede llegar a sentir cuando te tocan el culito,  anduve muy caliente recordando cuando ella me pasaba su lengua lubricando mi ano para después tocarme con su dedo mientras al mismo tiempo me masturbaba. Quería que pronto fuera viernes para volver a verla en el curso.

    Ese día al terminar la clase me di cuenta que alguien la estaba esperando. Era un hombre de unos 40 años, moreno, con un físico trabajado, pelo corto, era bien guapo. Cuando me disponía a caminar muy decepcionado, ella me tomó del brazo y me dijo -¿Te vas tan rápido? Te presento a mi amigo, él es Feña- pero yo seguía muy nervioso, esperaba estar solo con ella.

    Luego de tomarnos unos tragos yo estaba mucho más tranquilo, ya habíamos entrado en confianza y escucho que Loreto dice -Van a cerrar el bar ¿Por que no nos vamos a mi casa?- Feña contestó de manera positiva y yo por supuesto también.

    Al llegar a su casa nos sentamos en la sala de estar para continuar conversando, riendo y bebiendo. Comenzamos a tener conversaciones un poco más subidas de tono, de que poses te gustan más, de bisexualidad y de lo rico que es el sexo anal. En ese momento me calenté mucho y para bajar un poco la intensidad me paré al baño para mojarme la cara. Al volver me encuentro con una escena de película porno. Loreto tenía toda la verga de Feña dentro de su boca, él estaba sentado con una de sus manos en la cabeza de ella, con la otra sostenía un cigarrillo y sus ojos estaban cerrados disfrutando lo que estaba pasando, ni se dieron cuenta que yo los estaba viendo (o tal vez querían que viera).

    Ella de pronto deja de mamarla y sube a darle un apasionado beso, fue ahí cuando por fin pude ver por completo la polla de Feña. Era blanca, gruesa, su glande era más delgado que su falo terminando como en punta, era bien bonita su verga. -¿Te vas a quedar mirando toda la noche? ven- me dijo ella. Yo decidido a que esa fuera una gran noche, me acerqué mientras veía a mi amiga como no dejaba de masturbar la bella polla del Feña mientras que él le besaba el cuello y le tocaba los pechos.

    Al llegar a ella Feña me mira y me dice -Te estábamos esperando- y procede a sacarse la ropa. Loreto se para, me besa y con sus manos comienza a desabrochar mi cremallera. Mi pene que estaba a punto de explotar salió disparado -Te gustó lo que viste parece, ahora me toca mirar a mi- dice Feña ya desnudo en uno de los sofá. Loreto comienza masturbándome mientras me chupa los huevos, luego su lengua la pasa por mi glande y con sus manos me agarraba bien fuerte de las nalgas.

    Yo rápidamente me termine de sacar la camisa que andaba trayendo y al levantar la vista veo que el Feña estaba parado acercándose a nosotros con su gran pija parada -Perfecto, esto es lo que quería- dice Loreto comenzando a chupar las dos pollas sin ocupar sus manos, ya que las estaba ocupando para sacarse el vestido. En ese momento nuestro amigo toma una de mis manos para pasarla por todo su cuerpo. Yo nervioso ya que era primera vez que estaba tocando a un hombre desnudo no sabía que hacer, solo me dejé guiar por él.

    De pronto Loreto se para con su par de senos completamente al aire y un hilo dental negro que resaltaba entre sus blancas nalgas para besarme, tomar mi mano que estaba libre hasta llevarla a su vagina para que la masturbara. Los 3 totalmente desnudos en la sala de estar tocándonos era una escena espectacular, yo la masturbaba a ella mientras le chupaba los senos, ella me masturbaba a mí mientras besaba mi cuello hasta que en un momento llevo mi mano hasta la verga del Feña, yo totalmente entregado lo comencé a masturbar a lo que él comienza a tocar mis nalgas y lamer mi cuello -Ahora si que estoy caliente- me dijo al oído. Loreto se tiró al piso para masturbarse pidiéndome que se la chupara un ratito a lo que yo acepté rápidamente, en ese momento nuestro amigo llevó su gran pollón hasta la boca de ella metiéndola y sacándola.

    Yo no aguanté más y decidí sacar un condón, me lo puse y comencé a penetrarla, tenía toda su vagina mojada así que entraba muy fácil. Feña le puso su ano cerca de la boca a Loreto y ella con su lengua se lo lamía, al ver esto me calenté tanto que estuve a punto de acabar, así que me salí un momento de adentro suyo para volver a pasar mi lengua por su vagina. No pasaron ni 5 segundos cuando ella soltó un gran squirt dejando toda mi cara mojada, yo decidí no dejar de pasarle la lengua. Fue tan excitante ver como tiritaban sus piernas parecía que convulsionaba. Yo me acosté a un lado y Feña comenzó a pasar su lengua por mi cara hasta llegar a mi boca donde nos comenzamos a besar.

    De pronto mientras nos besamos sentí que Loreto se subió arriba mío comenzando a saltar, Feña dejó de besarme y se paró para que mi amiga querida le diera una mamada increíble. En la posición en que estaba podía ver todo. En un momento él se sale y se va a poner un condón, ella se tira hacia adelante dejando todos sus pechos encima mío y con sus dos manos abre sus nalgas dejando su culito al aire, Feña comienza a lamerlo mientras yo me movía muy lentamente.

    Él escupió el culito de mi maestra y comenzó la penetración anal, yo me quedé muy quieto pues podía sentir el pene entrando, que sensación más rica, cuando logró metersela toda comenzamos con un rico juego en donde él empujaba y yo la sacaba creando el roce de nuestros penes, Loreto estaba realmente pasándolo bien, gemía como loca. podía sentir cuando acababa porque me tenía todo el entre piernas mojado de los jugos vaginales. Ella me miró y me dijo -¿Quieres darme por el culo?- a lo que yo con una sonrisa dije que sí.

    Ella se puso en posición de perrito dejando todo su culote frente a mi, yo puse mi verga en la entrada y comencé a empujar, como el Feña ya le había pegado una buena cogida por el culo mi verga entró sin ningún problema, se notaba que ya tenía experiencia, con lo caliente que estaba me subí encima de ella, sentía que así le entraba hasta más al fondo. De pronto comienzo a sentir una lengua por mis nalgas primero y luego comienza a jugar con mi culito, era Feña, yo como dije en un principio estaba entregado, que cosa más rica señores.

    Me imagino que eso se percibió porque mi amiga, que estaba como loca disfrutando me dijo -No vayas a acabar, lo quiero en mi boca- yo con esa frase quería acabar pronto, me saqué el condón y ella me mira y me pregunta -¿Te la puede chupar mi amigo?- yo solo respondí con una sonrisa, Feña era un mamador experto, era como si me estuviera besando la polla mientras tanto Loreto me chupaba los huevos. Yo no quería que la noche terminara sin antes disfrutar de una buena chupada de culo, entonces me puse en cuatro en el suelo a lo que ellos comprendieron de inmediato, Loreto se puso debajo chupandome la verga y Feña comenzó con su lengua a chupar mi ano, realmente sabía lo que estaba haciendo, con su lengua comenzó a jugar como que entraba por mi culo a lo que yo respondí moviendo mi culito, él me pegó una nalgada y Loreto no dejaba de chuparme la polla, de pronto comenzó a jugar con uno de sus dedos, lamiendo con su lengua y frotando mi ano con su dedo.

    Ahí no aguante más, era exquisito ese doble sexo oral, nunca me habían mamado la verga y al mismo tiempo chupado el culito, acabé muy fuerte le dejé la cara llena de semen, pero mi nuevo amigo no se hizo problemas en limpiarla con su lengua -Ahora me toca a mí- dijo ella y mientras yo disfrutaba del rico orgasmo que había tenido, ella se puso encima mio y comenzó a masturbarse rápidamente dejándome todo lleno de sus líquidos vaginales -Ahora solo falto yo- dijo mi nuevo amigo, y sin dudarlo, después de todo lo que habíamos pasado se la comencé a mamar, Loreto luego de reponerse de su orgasmo se unió a mi con una sonrisa en la cara y me dijo -¿Me la prestas?- comenzamos a darle una mamada entre los dos, hasta que veo que comienza a masturbarse hasta eyacular en los pechos de loreto, una buena eyaculada con harto semen, la Lore comenzó a esparcirlo por sus grandes senos, mientras se metía la verga en la boca para dejarla limpia y flácida.

    Que noche fue esa…

  • Siglo XIX

    Siglo XIX

    A finales del s. XIX vivía en Madrid una dama, Susana, vivía sola de una forma relativamente acomodada gracias a una pequeña renta y un piso heredados de sus padres. 

    En esa época una mujer sola dependía de su marido o de su padre. Pero ella no estaba dispuesta a someterse a nadie, quería su libertad. A causa de esto decidió buscar una compañía lo mas agradable y entretenida posible.

    Por culpa de la época pensó que el escándalo seria mayusculo, si se buscaba un hombre ya no solo por la moral, nadie se tomaría a bien que conviviera con un tipo. Sino además, el colmo de los colmos, por tomar ella la iniciativa. Y un hombre querría casarse y quedarse con todo, mandar él.

    Era una chica decidida y caliente. Tenía ganas de sacarse las telarañas del xoxito con algo más que sus propios dedos.

    Ante ese panorama decidió que su compañía debía ser de su mismo sexo, a poder ser guapa y de origen pobre. Que entraría en su casa en calidad de criada, ama de llaves y señora de compañía todo junto.

    Para encontrarla recorrió porticos de iglesias y sopas de convento. Susana no se amilanaba por nada, disfrazaba su búsqueda de caridad. Así podía recorrer Madrid sin que nadie se extrañara, sin escándalos. Vagaba por las zonas donde se apiñaban mendigos y los alrededores del Manzanares al oeste y sur de Madrid.

    De pronto una casa llamó su atención. Una corrala, construcción típica de la época con un patio al que daban corredores abiertos con las puertas de las viviendas. Penetró en ella por un corralón o corredor sucio y lleno de basuras.

    Por allí pululaban niños medio desnudos jugando entre los escombros. En un balcón un grupo de prostitutas con los pechos al aire, fumaban y reian. Un poco más allá un hombre pegaba a una mujer y solo ella sabía si gemia de dolor o placer.

    Un piso mas arriba, una chica tendía de una cuerda ropa recién lavada, entre tiestos de geranios. Aquello era un detalle que no pasó inadvertido. Una pista sobre una joven limpia y trabajadora.

    La observó atentamente, el cabello recogido en alto descubriendo un cuello fino y elegante. Era morena, los ojos pardos y grandes, la nariz aguileña, los labios rojos gruesos y sensuales, deliciosos y que invitaban al beso.

    Su cuello fino y torneado como una columna de mármol que el pobre vestido no podía tapar, el busto que se adivinaba estaba bien formado y parecía firme aunque no muy abundante, quizá por su juventud.

    Los antebrazos aparecían finos y las manos pequeñas asomando de las cortas mangas, casi como los de una dama. Caderas redondeadas y pies descalzos diminutos.

    Había encontrado lo que buscaba. Se interesó por la jóven que tendría alrededor de los diez y ocho años, quizá los diez y nueve. Se llamaba Casta, hasta ese momento le venía bien el nombre.

    Ya se ocuparía Susana de que no fuera tan adecuado. Trabajaba en lo que salía siempre que fuera decente, costurera, planchadora o vendedora. Ya no tenía familia, todos habían muerto.

    Dos chicas solas en el mundo, bien podrían hacerse compañía. Susana consiguió que la joven se lo contara todo en su reducido piso alquilado de una habitación.

    La dama le explicó su situación y casi la obligó a aceptar el trasladarse. Le daría una vida mejor, una educación y desde luego su trabajo sería mucho más ligero que todo lo que había hecho hasta entonces.

    Susana había encontrado una flor en el lodo y no iba a dejar que se pudriera en él. Metieron apresuradamente las pocas pertenencias de la joven en un coche cerrado para ir al adinerado barrio de Salamanca.

    Ya en la casa la persuadió a que cambiara sus harapos por un vestido de mejor tela y corte. Y a que se pusiera unos zapatos.

    – Tengo ropa preparada para ti. Vamos desnúdate, no seas tímida conmigo. La dos somos mujeres.

    La joven Casta no quería abusar de la generosidad de su nueva señora. Apenas hablaba. Ella la ayudó a sacarse el raído vestido por encima de la cabeza.

    Se puso colorada, su cara y cuello y casi el pecho se pusieron deliciosamente rojos al quedar solo con un viejo corsé y unas enaguas, pero todo muy limpio. Lo hizo ante la atenta mirada de su bienhechora que no perdía detalle.

    Susana, quién quizás con la intención de confundirla más, la beso en la boca tiernamente. La inocencia de la joven salió a relucir e impidió que volviera a vestirse y se marchara corriendo a la pobre barriada de donde había salido.

    A pesar de todo lo que había visto en ese barrio Casta había intentado permanecer pura, literalmente casta. La dama acarició suavemente con dos dedos la mejilla de la chica, bajó por el borde de su mandíbula hasta el mentón.

    – Eres preciosa. Ya verás lo bien que vamos a estar juntas.

    Continuó bajando por su cuello, besándolo hasta su pecho donde acarició lo que podía alcanzar con la suave yema de sus dedos. No conformándose con eso comenzó a desabrochar el corsé, aflojando cintas y corchetes que estaban cerca de desintegrarse de puro viejo.

    – Señora, no puede hacer eso. Yo debo cambiarme sola.

    – Primero llámame Susana, al menos aquí a solas en casa. Y luego vamos a ser como hermanas o amigas más que señora y criada. Deja que te ayude.

    Su invitada estaba en un estado de consfusión tal que no sabía que hacer, pero le gustaba lo que estaba ocurriendo y respondía a los besos. Pronto quedaron al descubierto sus duros pechos y niveo abdomen.

    Pero esas manos inquisitivas continuaban explorando el hermoso cuerpo. Susana no iba a parar ya por nada del mundo.

    Bajaron las enaguas limpias pero raidas y comenzaron a explorar su pubis. Enredando sus dedos en el vello suave y negro que lo adornaba.

    Y abrieron los otros deliciosos labios, de esa deliciosa boca asomó el clítoris como una pequeña lengua, duro por las caricias. Los dedos no pudieron pasar mucho mas allá a causa del virgo muy cerrado en ese caso.

    Así como estaba desnuda del todo, la condujo al dormitorio la hizo sentar en la cama y despues tumbarse con los pies colgando. Le abrió los muslos oliendo el fresco aroma de su suave piel. Como ya se lo imaginaba la dulce joven estaba muy limpia.

    Se arrodilló y comenzó a besar el tierno coñito y los adorables rizos. Con la lengua acariciaba los labios dejando que se abrieran solos a la caricia descubriendo el clítoris.

    Casta gemía y suspiraba sintiendo el placer que le daba su señora. Subiendo el volumen hasta llegar a ahogados jadeos mordiendo su propia mano. Hasta que le llegó el orgasmo y pudo chupar los abundantes jugos del pubis de la muchacha.

    Entonces comenzó a desnudarse ella, descubriendo su blanco y bello cuerpo. Sus grandes pechos, su liso vientre. La rubia mata de pelo que cubría la vulva, sus muslos que como de marfil parecían modelados por el artista que esculpió la Venus de Milo.

    Casta la contemplaba, admirada, descubriendo a cada minuto que pasaba delicias que nunca había imaginado.

    Entonces su señora se metió en la cama a su lado. Cogió su cara entre las manos y la besó dulcemente en los labios. Sus pechos se juntaron y se frotaron durante sus abrazos.

    Poco a poco la joven se iba soltando y respondiendo a las cariñosas atenciones de Susana. Separó sus voluptuosos labios y dejó libre acceso a la lengua juguetona.

    La tímida y curiosa mano de la jovencita se deslizó sobre la piel de la dulce amante hasta llegar a la vagina que exploró curiosa. Asombrándose de lo dentro que podían llegar sus dedos en la caliente y húmeda gruta.

    Pronto una abundante corrida premió sus esfuerzos, mojando la manita. Con ella las dudas afloraron de su mente y a su boca e hizo preguntas. La respuesta fue:

    – Luego, ahora goza. Disfruta.

    Todo el cuerpo de la muchacha era objeto de besos y caricias, incluso unas manos abrieron sus nalgas para que los labios y la lengua rozaran su ano. La heredera sabía que estaría tan limpio como el resto de su dueña.

    Casta gemía sintiendo como Susana se dedicaba en cuerpo y alma a darle placer. Cada centímetro de suave piel besado y acariciado. Los pequeños pies, lamiendo sus deditos, el empeine y los finos tobillos. Las delicadas pantorrillas, entre los muslos torneados para volver a lamer el coñito y culito de la joven.

    El cuerpo de la dama también recibió las atenciones de la lengua y de los dedos curiosos de la jovencita. Su curiosidad por el cuerpo de la otra mujer y por los placeres que estaba descubriendo hizo que se soltara.

    Casta con los ojos muy abiertos para no perderse detalle daban gran placer a la nívea piel de la rentista. Entre sus muslos lamía la rubia vulva haciendo lo mismo que un momento antes le habían hecho a ella. Consiguiendo así más orgasmos de su nueva señora.

    La joven prodigó con sus manos y boca, besos a su nueva amante que recogió en su boca los líquidos procedentes de la vulva de su protectora.

    Al día siguiente tomaron de un baño en común, en la bañera de porcelana que era un lujo extravagante que Susana se permitía. Allí renovaron sus amorosos goces eróticos, sus caricias y besos.

    La dama enseñó a su jóven alumna poco a poco los secretos del amor, los que ella conocía. Los que iban a descubrir juntas, lo harían poniendo todo de su parte.

    Le describió la vida de placer sin problemas que le esperaba a su lado. Casta por supuesto aceptaba todo aquello maravillada de cómo había mejorado su suerte en esos pocos días.

    Que pasarían durmiendo y haciendo el amor juntas el resto de las noches y buena parte de sus días, las dos y amandose sin trabas. Casta recibió la mejor educación que Susana podía darle, ambas devoraban cada libro que caía en sus manos.

    No sólo se dedicaban a pasar el día desnudas. Las dos se quisieron mucho y quizas alguna vez invitaran a alguna otra «dama» a unirse a ellas en los placeres del sexo.

  • Lula, mujer prohibida

    Lula, mujer prohibida

    Hola, este es mi primer relato, tengo 37 años, soy alto, delgado con personalidad.  Mi suegra Lula es, lo sé, una mujer que se moja cada vez que estamos cerca, al principio yo no lo podía creer.

    Mi suegra es de una religión donde son super recatados, y aunque tiene un culo y tetas que me encantan, ella siempre viste sin escote, sin embargo, con esos vestidos que usa, aunque largos, me dejar ver lo toca que está, así que por fin mi animé y esto sucedió.

    Resulta que Lula iba a mi casa casi todos los días, y aunque ella sabía los horarios de mi esposa, iba a horas que ella no estaba y solo charlábamos un rato, pero se notaba que los dos nos excitábamos mucho.

    Esa tarde ella comenzó y me dijo, “flaquito unos golpes o que”, “órale” le dije yo, ella dijo, “se me hace que no me aguantas ni el primer round”.

    Enseguida y bien caliente como me tenía le dije, “yo creo que usted es la que se raja, hasta se me hace que se asusta”, ella movía sus manos con sus puños cerrados diciendo, “órale vente”, invitando a pelear.

    Así que me acerqué, le mostré lo rápido que era y le di dos golpecitos en las mejillas, suaves solo para que viera, y así tonteando y tonteando, empezó un pequeño forcejeo, pero hubo algo curioso, calientes los dos como estábamos, yo sentía su calentura, la podía oler, así que se me paró y se quería salir del pantalón.

    Ella con un vestido un poco pegado a su figura, yo pantalón de vestir, cuando la tomé por detrás, la abracé sujetando sus manos, y ella sintió mi verga dura, y desesperada por coger, no pudo contener un gemido, así supe que ya era mía.

    Más adelante contaré los detalles.

  • Cuando conocí a mi dominante

    Cuando conocí a mi dominante

    Durante el vuelo, no pude dejar de pensar cómo sería ese encuentro. Tenía miedo, pero también me sentía totalmente excitada. Me dijo como debía vestir y que tipo de ropa interior debía llevar. Él me estaría esperando en un restaurante céntrico y prácticamente lo único que me indicó que llevara fue ropa interior sexi que él elegía por Internet. Durante todo el tiempo que tuvimos contacto telefónico a través de sus indicaciones me decía cómo vestir, cómo arreglarme y como aumentar mi autoestima haciéndome sentir deseada a cada paso.

    Por fin llegué y lo vi. El de levantó, me dio un abrazo y no supe como aguanté las ganas de pedirle que me hiciera suya ahí mismo. Pero teníamos que ser discretos. Me indicó cuáles serían sus horarios y la forma en que yo debía esperarlo en los momentos que él llegara a la habitación de hotel que él había reservado para mí. Una habitación en el mismo piso donde él estaría hospedado, ya que él se encontraba en un congreso médico.

    Lo que me pidió portar era unas calzas ajustadas que hacían que mi culo resaltaba y se marcaba, debajo una tanga negra y bra de encaje negro, con una blusa que hiciera resaltar mis tetas y una chamarra larga, para no causar sospechas. Yo en verdad al verlo me sentía mojada, no sabía cómo agradecer todo el placer que me había dado sin siquiera tocarme y como había cambiado físicamente desde que él me tomo como su aprendiz de sumisa.

    En fin, me indicó que debería de subir por las escaleras sin usar elevador. Y ahí mientras subía las escaleras, sentí el primer contacto físico que me llevó a las alturas, cuando sentí, como una mano suya me daba una ligera nalgada, y comentó: “que rica estás”.

    En un descanso me hizo voltear jalándome hacia él y levantándome una pierna, recargándome a la pared, y cuando sentí que estaba a punto de besarme, solo me dijo: “sé que estás sedienta y mojada, así me gustas mi puta”.

    El camino a encontrar la habitación se me hizo largo. No aguantaba mas las ganas de que me hiciera suya, ya mi voluntad le pertenecía, pero necesitaba que él sintiera el fuego que él había iniciado y que me estaba quemando. Pero no fue fácil, al ingresar a la habitación cometí el error de demostrarle mis ganas y me castigó diciendo: “yo digo cuando. Ahora de castigo, esta noche te quedarás sola. Y por esta noche tienes prohibido masturbarte”.

    Se fue y me dejó con unas ganas inmensas de sentir. Quería llorar, quería irme, quería tocar su habitación y pedirle perdón. A cambio de eso solo cerré los ojos y me quedé dormida.

    Al abrir los ojos a la mañana siguiente, tenía un mensaje:

    S. Dúchate y ponte el juego de tanga y bra en color blanco de encaje. Llego en 10 minutos.

    P. Sí Señor.

    Justo en 10 minutos tocó la puerta eran las 5:40 am. Ingresó y fue directo al sillón que estaba al fondo de la habitación. Esta vez no quería hacerlo enojar y solo esperaba su indicación.

    S. Ponte en 4 patas, como si fueras una gatita, y vienes buscando una pelotita entre mis piernas.

    Así lo hice, tal cual me indicó.

    S. Que obediente mi gatita, te vas a llevar un premio.

    Yo no había estado en esa situación, nunca. Pero él me había preparado durante los meses previos. Una vez que su miembro empezó a crecer, me subió a sus piernas de espaldas y empezó a tocar cada parte de mi espalda con las yemas de sus dedos, mientras sus labios rosaban mi cuello. Yo tenía la piel totalmente erizada, sentía pequeños toques de electricidad que recorrían mi piel. Mientras me decía al oído. «Que linda gatita puta tengo».

    Me decía “muévete” y yo sentía si miembro como crecía, como me lastimaba, de pronto empezó a tocar mis tetas a apretarlas por encima del bra, y me decía: “que tetas tan sabrosas”.

    “Ahora siéntate de frente”, era incómodo, porque el sillón era pequeño, pero me mamó las tetas como nunca jamás ni siquiera lo había imaginado. Mordía de una forma deliciosa mis pezones y los estiraba y succionaba provocando un poco de dolor. No quería que parara, estaba totalmente mojada, pero no debía de correrme o soltarme y entregarme totalmente porque él tenía que indicarme cuando debía hacerlo. Pero yo quería gritarle que me penetrara, que me cogiera, que me hiciera suya, porque ya no aguantaba tanto placer contenido.

    De pronto me besó y fue mágico. Era la primera vez que estaba a merced de un hombre maduro que me estaba dando tanto placer, sin penetrarme, y sin poderme contener más, le devolví el beso apasionado. Eso no pudo más que terminar en unas horas de mucho sexo, fuerte, duro, apasionado, me dio muchas nalgadas, me dijo muchas obscenidades que solo hacían que yo me calentara más y más.

    Al final nos bañamos juntos y él se fue a su congreso. Yo quedé solo cubierta con la bata de baño, esperando sus instrucciones.

    Continuará…

  • Noche inesperada con mi ex, un amigo y su amiga (1)

    Noche inesperada con mi ex, un amigo y su amiga (1)

    Empezaré este relato mencionando que todo lo que pasó es totalmente real y aconteció hace tan solo 15 días, lo que a continuación les voy a relatar es el contexto de la que ha sido sin duda la experiencia más llena de sentimientos encontrados en tan solo una noche, empezaré por presentarme, mi nombre es Oscar y vivo en león Guanajuato.

    Actualmente tengo 28 años, mido 1.78 soy un hombre algo atlético, lo normal para mi edad ya que a pesar de que no voy al gimnasio hago mucho deporte, anteriormente yo fui single, por medio de Facebook tuve encuentros con parejas donde los esposos eran voyeristas, a ellos les gustaba ver cómo me cogia a sus esposas, me citaban en algún bar, platicábamos y posteriormente nos íbamos al hotel e incluso algunas veces me citaban directamente en el hotel.

    Para no hacer el cuento más largo, duré en el ambiente aproximadamente un par de años dentro de los cuales tuve oportunidad de conocer a mucha gente y ahí conocí a un amigo que era más grande que yo, su nombre es Saúl y el actualmente tiene 40 años mide aproximadamente 1.80 y es un tipo muy dedicado al gimnasio, tiene un cuerpo muy atlético y son de ese perfil que a la mayoría de las mujeres les parece atractivo con barba de candado y un muy buen automóvil, tenía entendido que el continua en el ambiente, ya que perdí contacto con el después de que me retiré del ambiente al conocer a Fabiola quien ahora es mi ex, y a quien procederé a describirla, ella es una mujer de 34 años con unos pechos muy prominentes y un trasero muy aceptable, pero nada exagerado, tiene una sonrisa muy picara desde siempre, es de piel morena y mide aproximadamente 1.60 actualmente y es mamá soltera con un hijo.

    Yo la conocí cuando tenía 23 años y ella tenía 29, al momento de conocerla ella ya era mamá, situación que sinceramente no me importó para seguirla conociendo y posteriormente empezar una relación con ella, nuestra relación duró 4 años dentro de los cuales tuvimos muy buenos momentos, en el aspecto sexual sin duda me satisfacía mucho, se podría decir que era toda una puta en la cama, ella fue la primer mujer que me permitió acabar en su boca, así que con eso les describo mucho de su personalidad al momento de la intimidad.

    En una ocasión acudimos a una fiesta con algunas de sus amigas y una de las amigas ya algo tomada se le escapo decirle delante de mí que si aún le seguía mandando mensaje un ex que ella quiso mucho, esa situación no pasó desapercibida para mí; sin embargo no quise reclamarle en ese mismo momento, la fiesta continuo y en un momento yo sin poderme quitar de la cabeza esa situación que ella no me había comentado ya con una mezcla de alcohol por parte de ella y mía, le comenté porque ocultarme eso, a lo que ella ya esperando mi comentario, me menciono que no quería que me molestara, que ella lo había mandado al carajo pero que el seguía insistiendo, a lo cual le mencione que por que simplemente no lo bloqueaba y terminé por querer marcharme.

    Y me salí de la fiesta a pedir un taxi, ella me siguió y se subió al taxi conmigo, llorando me comentaba que habláramos, que por favor arregláramos las cosas, a lo cual yo molesto le decía que sus explicaciones no me aclaraban nada, ella terminó por pedirme que si la iba a dejar al menos tuviéramos una última noche juntos, lo cual ya se me hacía muy cobarde de mi parte negarme y terminamos llegando a un motel en el sur de la ciudad, una vez estando en el cuarto comenzamos a besarnos desesperadamente y con la mezcla del alcohol y el sentimiento de celos cogimos de una forma más rica que de costumbre, ya que me pidió que no me pusiera el condón y yo también muy caliente decidí no ponérmelo, ya desnudos estuve dándole de misionero y observando mi verga entrar en su panocha bien mojadita y sus tetas rebotar en cada embestida, ella tenía los ojos cerrados pero la habitación se impregnaba completamente del olor de nuestros sexos y el ruido de sus gemidos pidiéndome que no parara.

    Después de unos momentos dándole de misionero la puse en posición de perrito y ella volteaba para besarme al mismo tiempo que seguía penetrándola con rabia.

    Faby: Prométeme que esta no va a ser la última vez que me cojes.

    Yo no contestana y solo seguía penetrándola duro y salvajemente.

    Faby: Oscar, por favor prométeme que siempre vas a cogerme, si quieres termíname, pero prométeme que esta verga siempre va a estar a mi disposición.

    Yo seguía sin contestar y solo le gemía al oído por lo rico que estaba sintiendo.

    Faby: Oscarrr, por favooor, ahhh, dame bien duro papi, dime que esta verga será mía siempre papito.

    Yo ya demasiado caliente termine por contestarle lo que ella quería.

    Oscar: Si mami, esta verga es tuya siempre, siempre te la voy a meter.

    Faby: Si, dame papi, no pares por favor Oscar, sigue por favor no paresss!!

    Yo seguida dándole muy duro y nuevamente la puse en posición de misionero besándola apasionadamente y penetrándola completamente con rabia, el sonido de mi verga entrando en su cueva era muy notorio ya que con la mezcla de nuestro sudor hacía que incluso se escuchara para el pasillo.

    Oscar: Ya voy a terminar

    Faby: Si papi termíname en la boca.

    Acepté su propuesta y me salí de su vagina para terminarle en su boca, me sorprendió el cómo termino absorbiendo todo mi semen con su boca, nunca la había visto tan caliente en los años que llevábamos de relación, al estarnos vistiendo y una vez que se me pasó lo caliente termine por decirle que eso no podía volver a pasar, porque yo ya no confiaba en ella por ocultarme que seguía hablando con un ex, ella me suplicó nuevamente llorando, pero la decisión estaba tomada, realmente yo me sentía decepcionado y no estaba dispuesto a estar sufriendo episodios de inseguridad por lo cual terminamos.

    Pasó el tiempo y ella seguía buscándome, pero yo ya no acepté ninguna salida con ella e incluso yo ya con otra pareja ella continuaba buscándome, por cierto también me enteré que ella tenía una nueva relación y a pesar de eso seguía buscándome de una manera algo obsesiva; sin embargo poco a poco sus intentos se volvieron más esporádicos y con el tiempo y al ya no sentir lo mismo por ella, mi mente empezó a fantasear cosas que antes no me hubiera imaginado desear, y este tipo de cosas me hicieron pensar en que mi amigo Saúl podría asesorarme en base a su experiencia, y esto se los relataré en la siguiente parte que créanme se pone muy interesante y es la razón por la que me animé a contar esta historia que pasó reciente, así que continuará…

  • Desde mi terraza (Parte 3)

    Desde mi terraza (Parte 3)

    Dos días habían pasado, no había tenido el tiempo suficiente de asimilar lo ocurrido con mis vecinos de la terraza de enfrente.

    Era martes, estaba por terminar mi turno laboral en modalidad de teletrabajo. Estaba agotado sólo quería dormir, ya eran las 9 pm y no daba más de sueño, me fui a duchar, comí algo y me dormí.

    Pasaron las horas…

    Sentí un fuerte ruido que me hizo despertar, no atiné a nada, hasta que se cayó al piso un vaso que había dejado al borde la mesa. Estaba temblando, muy fuerte. Reaccioné, abrí la puerta, se escuchaban muchos gritos y llantos de niños. Habrán sido uno 30 segundos, pero fue un movimiento muy fuerte y ruidoso.

    Ya todos más tranquilos, entré, miré la hora, eran las 2:30 am.

    Pasaron 10 minutos, ya me había acostado, me había puesto un short y una camiseta de dormir. Nuevamente se sintió un ruido fuerte, duró algunos segundos, para pasar un movimiento mucho más fuerte, ahora si era terremoto, no hay duda -pensé yo-. Por un alto parlante nos indicaron bajar por las escalas y ponernos en un lugar de seguridad destinado para este tipo de eventos, ubicado cerca del estacionamiento.

    Saqué lo primero que encontré para vestirme, un pantalón largo y bajé. Había mucha gente desesperada, sobre todo niños. Nos juntaron a todos en un círculo gigante, en todo el tumulto veo a mis vecinos de la terraza de enfrente, mi vecina estaba llorando desconsolada.

    El joven me vio y me saludó con la mano, correspondí el saludo. Si había un mal momento para encontrarme con ellos era este.

    Algo le dijo a mi vecina, la cual se limpió las lágrimas y me saludó.

    Al cabo de unos minutos se acercaron a saludarme: “hola somos, Joel, y ella es Laura, mal momento para conocernos no?”.

    Ellos estaban vestidos al igual que yo y casi toda la gente, en pijama. Joel estaba similar a mí, un pantalón largo y arriba una camiseta. En el caso de Laura, ella estaba con una bata larga, me imagino que debajo estaba con pijama. Aún es marzo y las noches siguen estando agradables, como para dormir ligeros de ropa.

    Yo: “el peor momento, pero un gusto conocerlos. ¿Estás bien Laura?”.

    Laura: “si, ya mejor y gracias por preguntar, me causan pánico estás situaciones”.

    Yo: “es normal”.

    Joel: “tuviste daños en su departamento?”.

    Yo: “vi un vaso caer nada más, y ustedes?”.

    Laura: “sentí una pared sonar muy fuerte”.

    Habían pasado 30 minutos y la conversación se mantuvo entre anécdotas de casos anteriores parecidos a este.

    Joel: “voy a subir, necesito saber cómo está todo”.

    Lau: “me vas a dejar sola?”.

    J: “no quedas sola, estás con el vecino”.

    Lau: “pero él se subirá a su departamento también”.

    J: “quieres venir vecino, subimos los 3 a mi casa?”, me dijo.

    Yo: “bueno, subamos”.

    Al llegar arriba notamos que había colapsado una pared, no estaba trizada, sólo se había salido de su lugar, el televisor colgaba, llegamos a tiempo y lo bajamos.

    Laura lloraba, tenía pena. La intentamos calmar.

    “No voy a pasar la noche acá”, dijo Laura.

    Yo: “voy a ver como quedó mi hogar”.

    Laura: “te podemos acompañar?”.

    Yo: “si claro, vamos”.

    Mi departamento estaba casi igual, recorrí todo y sólo vi algunas cosas que no estaban en ubicadas en su lugar habitual, nada más.

    Joel: “que suerte tienes vecino”.

    Laura: “no podemos quedar acá por esta noche”.

    Yo: “si claro, el único problema es que tengo el sofá y mi cama solamente, pero nos podemos acomodar de todas formas”.

    Laura: “no creo que duerma mucho esta noche, por mi está bien”

    Joel: “gracias vecino”.

    Dicho esto, nos pusimos a conversar, salimos a la terraza, y Laura me dice: “sí que tenías buena vista de acá vecino jaja”.

    Eso rompió el hielo y nos soltamos a hablar otro tipo de cosas.

    Yo: “alguna vez habían hecho algo así?”.

    Laura: “sí, pero nunca con gente que pudiéramos conocer realmente. Las 2 veces que hemos hecho algo así han sido; una acampando en vacaciones con algún mirón desde bien lejos, y la otra en una carretera de noche, ¿recuerdas Joel? Jaja”. Ambos rieron.

    Yo: “y que les hizo atreverse esta vez?”.

    L: “mira, nosotros llevamos 1 año juntos, yo me separé de una relación de 10 años donde no podía ser yo misma libremente, a Joel lo conocí en el gimnasio y dejamos en claro que esto era para pasarlo bien en primer lugar y luego si resulta algo más, nos íbamos a vivir juntos”.

    Joel: “y bueno a los 6 meses nos fuimos a vivir juntos, y aquí nos ves”.

    Yo: “pero no me contestaron, ¿qué los llevó a coger en la terraza?”.

    Joel: “Laura me contó el juego que tuvo contigo, me calentó saberlo”.

    Laura: “bueno si jaja, le conté todo. Nosotros somos de fantasear mucho desde que nos conocimos, la verdad si te soy honesta partimos como amantes, hasta que preferí separarme. A Joel le excitaba saber cuándo me cogía con mi ex, le gustaba saber lo que hacía y ese tipo de cosas. Aunque no hacíamos mucho con mi ex a esas alturas jaja”.

    Joel: “si jajaja Laura me contaba de vez en cuando las ganas que tenía de hacer cosas, pero su marido no se animaba, también otras cosas que hizo o intentó hacer, me calentaban mucho sus ganas”.

    Laura: “y mis tetas!!!”.

    Joel: “eso siempre, me gusta que use escote, mucho escote jejeje”.

    Laura: “ves por eso me animo a hacer cosas jaja, este hombre despierta mi imaginación, bueno eso, y que es más joven y con más energía jaja, él tiene 25 y yo 36”.

    Joel: “y no solo eso!!! ¿O no Lau?”.

    Lau: “y su vergota ya! Lo dije, es grande, ¡lo sabemos!, esteee jaja”.

    Yo: “vaya química entre ustedes dos jajaja, y habían hecho cosas arriesgadas alguna vez?”.

    Joel: “en el gimnasio donde nos conocimos, hemos cogido varias veces en la ducha”.

    Laura: “y la ves que me pediste que entrara al baño de los hombres Joel??? Jajaja”.

    Joel: “una vez le dije que entrara al baño de hombres y se cambiara de ropa, sabía que luego entraría un chico, el cual Laura siempre le dedica miradas, ella entró, se duchó y se comenzó a secar. En ese instante entró el chico, yo me puse detrás a mirar todo en silencio, él se tocó la verga mientras veía a Laura”.

    Laura: “y yo después hice como que lo descubrí jaja. Pero contigo fue diferente vecino”.

    Yo: “en qué sentido diferente?”.

    Lau: “no fue premeditado, simplemente ocurrió. Ocupamos esa fantasía varias veces con Joel en nuestras mentes”.

    Joel, preguntó por mi baño, “es aquel, adelante, pasa”, señalando el baño le dije.

    Cuando de un momento a otro los movimientos telúricos volvieron nuevamente a sentirse, mucho más sorpresivo y más fuerte que los anteriores, pero a diferencia de los anteriores, este fue bastante corto, tal vez fueron 5 segundos a lo más. Tiempo suficiente para que Laura que estaba de pie en la terraza diera un salto gigante hacía la persona que tenía más cerca, que afortunadamente en ese caso era yo.

    Al abrazarme con mucho miedo pude notar que andaba sin sujetador, sentí sus pechos grandes a la perfección. Intenté no pensar en eso, la abracé con intensión de tranquilizarla. Pasaron unos momentos y Joel salió del baño, nos vio abrazados y dijo “por lo menos encontraste refugio jaja”, Laura sonrojada se fue alejando lentamente, me pidió disculpas.

    Yo le dije, “no hay problema”.

    Lau: “qué vergüenza, fue involuntario”.

    Joel no pudo evitar fijarse en mi erección también involuntaria, y le dijo a Laura: “no creo que le haya molestado mucho a nuestro vecino tu abrazo, mira”, señalando mi erección, y bueno yo como les comenté, yo vestía short deportivo con un pantalón sobre él, por lo que un leve roce podría producir algo así.

    Laura: “pero vecino jajaja no hice nada”.

    Yo: “disculpen, es que te apegaste bastante a mi cuerpo y se sentí”.

    Laura: “que sentiste vecino?!”

    Yo: “ya sabes… tus pechos”, dije, algo sonrojado.

    Laura: “jajaja es que no llevo sujetador, por eso los sentiste”.

    Joel: “son grandes no?! Jaja, no te culpo, también me producen muchas erecciones”, luego de decir eso se acercó a Laura y le dijo algo al oído.

    Laura: “quieres ver mi pijama?”, me dijo.

    “Por supuesto!”, dije.

    Laura abrió su bata y era un pijama de seda, bien apegado, por lo menos la parte de sus senos se marcaba mucho, se notaban claramente sus pezones.

    “Que delicia vecina, se ven más grandes de cerca”, le dije.

    “Y eso que no estás tan cerca, acércate y los ves mejor”, dijo Joel.

    Laura se agarró sin reparos sus tetas sobre el pijama como ofreciéndomelas.

    Joel le quita la bata, la deja en el sofá, “siéntate”, me dice.

    Luego Joel se pone detrás de mi vecina, le sube el pijama y se lo quita. Laura estaba sin ropa interior, tenía un cuerpo increíble, unas tetas bastante grandes, pezones muy duros y marcados. Su pelvis estaba ligeramente con vello, muy bien recortado.

    “Menos mal nos duchamos antes de acostarnos amor jaja”, le dice Joel.

    “Jajaja estúpido! ¿Estás seguro de que esto es lo que quieres?, dice Laura.

    J: “claro, tu disfruta. Después de tal susto, esta noche debe ser tuya, siempre y cuando nuestro vecino quiera”.

    L: “que dices vecino?”

    Me atreví y me quité el pantalón y short a la vez, saliendo mi verga disparada, tenía una erección tremenda.

    J: “alguien está más que listo”, Joel se fue a sentar en un sofá que está más aislado y al igual que el resto se desnudó, el también ya estaba erecto a más no poder. Y si, como adelanté en el relato, tiene la verga bien grande debo decir.

    Laura no lo dudó, se arrodilló y se metió mi pene en su boca, lo chupaba como una experta, mientras Joel no paraba de masturbarse, todos estábamos en silencio, el único ruido en el ambiente era de la boca de Laura jugando con mi verga ensalivada, la cual ya estaba en su plenitud, grande, gorda, lubricada y con las venas bien marcadas.

    Puse mis manos en la cabeza de Laura y le empecé a empujar mi verga contra ella, le di unas cuantas cogidas, su boca era deliciosa. A ambos les gustó que hiciera eso al parecer. Laura sacó su boca de mi verga y la puso en medio de sus enormes tetas. Si mamando era una bomba, con sus tetas no se quedaba atrás, era una mujer muy talentosa en el sexo.

    Joel se pone de pie, pone a Laura en 4 sobre el sofá y le comienza a comer la vagina y ano desde atrás. Laura gemía y le dijo: “por favor mételo ya”, Joel no se hizo de rogar y le enterró la verga hasta el fondo, el gemido de Laura fue fuerte, “dame fuerte, mira lo caliente que me tienen, me estoy comiendo 2 vergas yo solita, dame fuerte”, le decía a Joel.

    “Vamos a mi cama”, les dije.

    Ambos se dirigieron a mi habitación. Joel se acostó en mi cama y Laura fue como poseída a su verga, se la metió muchas veces a su boca, pensé que Joel acabaría, pero no y me dijo: “te gusta la vagina de mi Laura?”

    Yo: “siii se ve rica y mojada”

    “No vas a saber eso si no la pruebas”, dijo Laura.

    Cuando iba directo a comerme a esa rica mujer, Joel me detuvo con sus palabras y me dijo: “¡NO!, no quiero que te la comas. Métesela”. Laura subió hasta Joel y le dio un beso muy intenso y le dijo “Gracias, lo necesito”.

    Me acomodé y le metí la verga, estaba tan mojada y caliente, ni se imaginan. Laura gemía tan fuerte, deben haber escuchado todos los vecinos.

    “Ves, yo siempre te dije que tu podrías estar con 2 vergas”, le dijo Joel a Laura, mientras ella hacía todo lo posible por comerse la verga de su pareja entre gemidos.

    L: “¡que rico, denme fuerte!”

    Laura estaba como loca a esa altura, se puso de pie, y dijo “sí quieren que sea su puta esta noche, no me lo pregunten, sólo sométanme, quiero que me lleven al extremo”

    Joel: “¡Sólo eso quería escuchar! Ven vecino ponte a mi lado. Y tú Laura arrodíllate y chúpanos la verga”.

    Laura obedeció de inmediato, se metió mi verga a la boca mientras masturbaba a Joel, después cambió y se metió la verga de Joel a la boca, sin dejar de masturbarme.

    Joel agarró del pelo a Laura y le cogió la boca bien fuerte. “Ahora tu vecino”, hice lo mismo. Laura se puso de pie y dijo “cójanme, penétrenme fuerte, los quiero duros dentro mío”. Se puso en 4, Joel se acercó y le empezó a comer el ano. Yo me quedé mirando la escena, Joel le metió 2 dedos como si nada y dijo: “mi putita está dilatada esta noche”.

    “Así me tienen”, dijo Laura.

    Laura con sus manos toma sus nalgas y me dice, “vecino quieres ver cómo me la meten por el culo?”

    Joel: “estás segura?”

    Laura: “¡muy segura! Cógeme rico”

    Me ubiqué cerca del ano de Laura para ver la penetración, Joel fue acomodando su verga en el ano de mi vecina, primero la punta, mientras Laura se iba a acostumbrando de a poco a su tamaño, ella estaba con sus nalgas abiertas aún. Joel siguió metiendo su verga poco a poco.

    Laura: “ya está entera adentro?”, dijo Laura con una voz entrecortada.

    “Aún falta” dijo Joel.

    Cambié de posición y me fui a sentar a la cama para ver las expresiones de Laura.

    Joel siguió entrando, mientras la chica estaba con los ojos blancos, con una expresión de goce máximo. Al parecer tenían poco sexo anal o muy de vez en cuando, sólo para momentos especiales y este al parecer era uno.

    Ya estaba completa adentro, Joel comenzó con sus embestidas, primero muy lento, Laura sólo se quejaba con su boca abierta y los ojos aún en blanco.

    “Dame más fuerte, quiero sentirla”, dice Laura.

    Joel cambió su actitud en un principio tranquila, a una actitud más ruda, la agarró de sus caderas y le metió la verga, ahora con más intensidad. Laura me dice, “ven acércate”, y me comienza a chupar el pene, me pasa la lengua por toda la punta. Mira a Joel y le dice: “¡más fuerte! ¡¡¡Lo quiero sentir todo!!! ¡Dame lo que quiero!”

    Joel la coge con muchas fuerzas, ella gime fuerte agarrada de mi verga, ya no puede siquiera pasar la lengua y menos meterla en su boca, los gemidos y gritos se lo impiden.

    “Ahora tu dale”, me dice Joel.

    No lo dudé y me ubiqué detrás de mi vecina y metí mi verga a la primera, “así me gusta”, dijo Laura.

    Sus palabras fueron silenciadas por la verga de Joel en su boca, ambos la cogimos fuerte, yo dándole por el trasero, Joel por la boca, tuvimos varios segundos de intensidad y fuerza. Laura quedó un segundo en silencio, y dijo: “quiero cumplir completa mi fantasía amor”, le dijo a Joel.

    Joel: “Segura?”

    Laura: “si, muy segura, cúmplanme mi fantasía”.

    No sabía a qué se refería con certeza, imaginé que tenía relación con sus fantasías que tenían en la intimidad.

    El chico se acostó en la cama de espalda, Laura que era un fuego en aquel momento, se montó sobre la verga de Joel y le dio varios sentones furiosos en poco tiempo, “estoy lista” dijo en voz alta. “Vamos vecino, métemelo por el culo ahora”. Nunca había pensado hacer algo así en la vida, pero estábamos tan calientes que ya nada lo cuestionábamos, por lo que en aquel momento acomodé mi verga en el interior del culo de Laura, mientras la de Joel estaba adentro de su vagina, nos comenzamos a mover, era increíble la sensación, se sentía todo ahí.

    Laura: “por fin puedo sentir 2 vergotas grandes dentro de mí, ¡me siento tan puta! ¡que rico!”.

    Yo estaba por acabar, pero aguanté con todas mis fuerzas.

    Laura: “más duro chicos, ¡denme fuerte!”

    ¡Fuimos con todo!, lo de Laura ya no eran gemidos, eran gritos.

    En un momento Laura empieza a temblar muy fuerte, le saqué mi verga de su ano y comienza a hacer movimientos cortos pero rápido sobre Joel y da el último gemido.

    Laura: “¡Que rico estuvo!”

    Joel: “acabaste fuerte amor”

    L: “Es que fue más de una vez jajaja que delicia”, decía Laura mientras se tocaba toda, tenía las tetas duras, pezones en punta.

    Laura se fue de la habitación, vuelve con su teléfono celular y lo deja en mi velador, “faltan ustedes y quiero recordar por siempre este momento” dice.

    Deja su celular grabando, mientras ella se arrodilla para chupar nuestras vergas, mira a la cámara muy caliente y le dice a Joel “¿tenemos que terminar la fantasía no?”. Joel toma su celular y la graba comiéndose mi pene por completo, me pasa el celular y ahora yo los grabo a ellos mientras ella le hace sexo oral a él.

    Laura: “quien primero? Quiero la leche en mis tetas como habíamos dicho amor”

    Joel: “voy yo, ya no aguanto más”

    Le agarra la cabeza a mi vecina y le mete la verga completa en su boca, Joel la saca se masturba cerca de su boca, Laura le pide la leche en sus enormes tetas, Joel se tensa por completo y le empieza a tirar muchos chorros de semen mientras yo sigo grabando toda la escena, entre sus enormes tetas se forma una buena posa de semen.

    Laura suelta sus tetas y comienza a caer todo el líquido y me dice: “Ahora tú, lo quiero todo”. Joel agarra el celular y empieza a grabar. “Amor me lo puedo tragar?” pregunta Laura a Joel.

    «Claro, disfrútalo”, dice Joel.

    Laura agarra mi verga y la pone entre sus tetas llenas de leche, la comienza a chupar, la empuja de tal forma que llega hasta su garganta, no di más, tomé con fuerza su cabeza y le llené la boca de semen, fueron varios chorros calientes. Al terminar Laura seguía chupando hasta dejarla limpia, saca la lengua y dice mirando a la cámara del teléfono, “mira, me lo comí todo”.

    Joel detiene el vídeo y se recuesta, Laura me pregunta si se puede bañar ahí, le señalo el baño.

    Voy a la cocina a beber agua y salgo a la terraza, ya estaba amaneciendo.

    En eso sale Laura desnuda de la ducha y me dice, “ojalá se repita”, me besa y se va donde Joel que se había dormido. Lo despierta y se van.

    Ojalá volviera a temblar jeje.

  • El lado oscuro del convento (parte 1)

    El lado oscuro del convento (parte 1)

    Me lo he pensado mucho antes de escribir estas notas, pero pienso que hacerlo es una manera de que todos disfruten y puedan sentir tal y como yo sentí todo lo que viví como trabajadora de uno de los tantos conventos de Sevilla, España.

    Me llamo Lucia, soy piel blanca, ojos verdes claros, melena castaña natural larga, de buen cuerpo, tetas redondas y firmes a mis 28 años, y un culo que ha puesto a flipar a chicos y chicas, no he tenido hijos y me cuido muy bien. A los 21 años entre a trabajar en el convento de mi ciudad, ayudada por el sacerdote de la parroquia quien era muy amigo de mi madre y allegado a la familia y fue quien le hablo a mi madre, una mujer muy católica, de que podía trabajar allí, pues el mantenía buenas relaciones con la que en ese entonces era madre superiora de aquel convento y le había comentado que necesitaba a alguien que le ayudara con ciertas cosas de oficina, como redactar oficios en computadora y aquellas cosas que comúnmente haría una secretaria.

    Todo comenzó a fluir muy bien, entrado el verano, me presente un día lunes a laborar pues ya tenía la recomendación de parte del padre, así que no habría problema, llegue llena de expectativas y al tocar la puerta me estaban esperando ya. Me presente y me saludo muy cordialmente la hermana Sofía, quien me mostro las instalaciones y en cada pasillo me presentaba como la nueva secretaria de la madre superiora, así pase algo de no menos 40 minutos recorriendo todo el complejo y conociendo a muchas de las monjas que estaban allí, dando tiempo a que la madre superiora saliera de una oración con otro grupo de hermanas.

    Me instale y comencé a laborar pasaron dos meses y todo iba fluyendo muy bien, no había nada extraño o fuera de lo normal que no fuera redactar oficios, enviar misivas ya sea vía email o redactar documentos, un día me quede trabajando hasta tarde pues debía enviar unos reportes al obispo, recuerdo que era un viernes, ya me había ganado la confianza de las hermanas y pues tenía acceso a varias llaves para entrar y salir, estuve en la oficina hasta las 10 de la noche y pues cuando iba caminando por uno de los pasillos que daba hacia el corredor, y daba al frente de la cocina, escuche un ruido sutil como unos gemidos, un poco nerviosa y asustada me quede inmóvil, luego lentamente y tratando de que mis pasos no sonaran, me acerque a la puerta de madera que estaba cerrada, me agache lentamente y me dispuse a mirar por el ojo de la llave, y pues fue tal mi sorpresa que quede enmudecida y pálida en el momento pero luego muchas cosas pasaron por mi mente, pues lo que estaba ante mis ojos uff fue toda una locura, allí estaba la hermana Sofía junto a otra monjita llamada Elena dándose mucho placer con besos muy apasionados, juntando sus tetas y tocándose ambas totalmente desnudas recostadas del mesón de la cocina.

    Mi mente empezó a volar y pues para mí era totalmente nuevo ver a dos mujeres en vivo y directo teniendo sexo, algo que claramente conocía pues soy bisexual, pero sexo lésbico de monjas solo lo había mirado en algún video porno de internet, caliente por todo esto solté mi bolso y comencé a tocarme, por debajo de mi falda, pues siempre llevaba faldas, ya que esa era una de las pocas condiciones que me coloco la madre superiora para trabajar con ella, usar faldas y no usar descotes ni maquillaje voluminoso, en fin, empecé a frotarme por encima de la tanga, sintiendo uff muchas cosas y mojándose casi inmediatamente tanto mi mini tanga como mis manos y piernas, era indudable que estaba excitada por lo que estaba mirando, sus lenguas podía verlas muy bien cómo se enredaban y se besaban mientras Sofía pasaba sus manos por las tetas de Elena, uff que rico, y yo dándome sobre el clítoris bien rico y bien húmeda, en ese instante ellas cambian de posición y en el piso colocando un mantel de la cocina, se acuestan y empiezan hacer una tijera bien rica mientras Elena le soba las tetas a Sofía, y veo como se desprende el sudor de su cuerpo, ambas estaban en su máximo placer, sus cuerpos desnudos vibraban de placer mientras yo detrás de aquella puerta tocaba mi clítoris como loca, sin parar.

    Elena se levanta, mientras Sofía mete su cabeza entre sus piernas para lamer su clítoris y esta le aprieta el pelo y cada vez hunde su cabeza y hace un gesto bien rico mientras suspira de placer y se muerde los labios, Elena estaba dispuesta para acabar y cada vez sujetaba con más violencia a Sofía de su cabello, al mismo ritmo mi mano sobaba mi clítoris y estaba a punto de venirme, hasta que lo logre creo que sin darme cuenta en sinergia al mismo tiempo que Elena se corría yo hacía lo mismo, uff que placer que rico se sentía, y el morbo que me daba de todo aquello de lo prohibido que era lo que mis ojos estaban mirando en ese momento, estas dos hermanas teniendo sexo lésbico en la cocina de un convento, ufff luego de acabar me arrodille de placer, y así estuve un par de minutos hasta que me recobre y me dispuse a marcharme, toda mi tanga estaba empapada, mis manos logre limpiarlas un poco con un pañuelo, que llevaba en mi maletín, y pues salí despacio hasta la puerta principal, abrí, salí y cerré, y me dispuse a tomar un taxi, de camino a casa no paraba de pensar en lo que había ocurrido y en lo loco que fue todo aquello, y a su vez en que acabada me di de solo ver lo que tenía antes mis ojos.

    Continuará…

  • Un buen amante

    Un buen amante

    Cuando lo conocí nunca imaginé que fuera el amante apasionado con el que soñé. Es imposible cuando ves a una persona saber como es sexualmente. Hay hombres que alardean de tener grandes aparatos y ser muy buenos en la cama, lo mismo hay mujeres que dicen ser muy calientes y apasionadas, siendo los dos, en la mayoría de los casos, puros cuentos. He descubierto que la gente que menos alardea es la mejor. Este es el caso de él que se veía tan común, tan ocupado en sus libros y negocios daba la impresión de siempre estar en su mundo, que nunca presumió de galán y conquistado resultó ser el mejor amante. Les cuento nuestra historia.

    La primera vez que me llevó a la cama fue la experiencia más excitante que sentí hasta ahora, tan es así, que nunca pensé poder tener varios orgasmos y tan ricos.

    Llegamos a su casa, y entre palabras y miradas me empezó a besar. Eran unos besos muy apasionados que inmediatamente mi parte se humedeció, comenzó a besarme la cara, la boca, el cuello, y yo, al sentir su aliento y su respiración, comencé a llegar al borde del placer. Entre besos y caricias me quitó la campera que yo traía y en ese momento se fue sobre mis lolas mientras las chupaba y lamía, yo comencé a quitarle la camisa.

    Entre besos y jadeos, él desabrochó mi vestido y se dio cuenta del liguero que traía puesto, eso lo excitó más, y yo sin poder resistirme toque su verga erecta. Ya los dos estábamos alcanzando el nivel máximo de placer, sin poder dejar de sentirnos, besarnos y acariciarnos, entonces me empujo sobre la pared y comenzó a besar toda mi espalda hasta llegar a las nalgas. Mientras las mordía, su mano se deslizo por debajo de mi tanga y con su dedo acaricio mi clítoris, de arriba abajo, fue tal mi placer, mis gritos y gemidos se confundían con sus palabras.

    Me llevó a la cama, lentamente me comenzó a quitar el liguero y las medias. Cuando estuve desnuda por completo comenzó otra vez a besar y lamer cada parte, hasta abrir mis piernas y quedar su cara en mi vagina. Lentamente comenzó a besar mi clítoris y a meter su lengua mientras sus manos se deslizaban por todo mi cuerpo. Pero yo quería probarlo, así que comencé a moverme hasta que mi cuerpo quedó de tal manera que él siguiera besando mi clítoris y yo pudiera probar su pene y realmente sabia delicioso, yo no creía que se pudiera sentir tanto placer y tuve mi orgasmo. Él recibió con gusto mi liquido; al escuchar mis gritos y gemidos se excitó más, me volteó y así de espaldas me penetró. Al fin lo sentía dentro de mí, se movía lentamente y con ritmo hasta que sus movimientos se hicieron más rápidos, yo ya no pensaba, sólo sentía como se movía cada vez más rápido y llegamos al orgasmo al mismo tiempo. Sentí correr su liquido dentro de mí y como su cuerpo temblaba, sin darme cuenta algo que me excita muchísimo estaba sucediendo.

    Nuestros cuerpos estaban empapados (el sudor que se desprende cuando se hace el amor es algo que en verdad me excita y me gusta porque no sabe a sal, sabe a sexo; a placer), él sudaba riquísimo, yo con la lengua comencé a limpiar ese sudor de su frente, de su pecho, de su abdomen y de nueva cuenta tenía su miembro en mi boca, este comenzó a pararse otra vez, él comenzó a quejarse, yo deslizaba suavemente mi lengua y labios por toda su verga y recorrí también sus testículos, así estuve hasta que su miembro se endureció…

    Sin dejar que él se moviera me subí en él y comencé a introducir su pene en mi vagina y a moverme (esta posición me gusta porque yo tengo el mando, yo decido cuando entra, sale y como se mueve). Después de un rato me puse en horcajadas y comencé a moverme de arriba hacia abajo, sintiendo como entraba y salía su miembro una y otra vez con movimientos suaves que se intensificaron hasta que logré sentir otra vez esa sensación llamada orgasmo.

    Era tal mi cansancio que me recosté a su lado, él me atrajo a su cuerpo y entre besos, caricias y palabras tiernas me adormecí pensando que él era tierno y apasionado como ninguno. Entre sueños recuerdo que él se levantó y me cubrió con una sábana, no sé cuánto tiempo estuve así, cuando desperté la habitación estaba llena de velas y una música suave envolvía el ambiente. Él parado a mi lado me enseñó unas cintas de seda y una pluma, sin decir nada y con mucha suavidad me ató las manos a los barrotes de la cama y lo mismo hizo con mis pies, me tenía a su disposición.

    Con la pluma fue recorriendo todo mi cuerpo, esa sensación me enloqueció; en unos minutos ya estaba otra vez al borde del placer y la pasión, lo deseaba y no podía más, necesitaba sentirlo nuevamente, como no podía moverme le pedí que me penetrara, que quería sentirlo dentro de mí, suavemente me desató mientras me besaba y me hizo suya una vez más; las velas, la música y él despertaban en el ambiente el romanticismo y la pasión, esta vez no sólo gemíamos sino también hablábamos, yo le pedía más y él decía que me deseaba y que le encantaba hacerme el amor.

    En una noche había descubierto tantas cosas y tantas sensaciones nuevas para mí, habíamos probado casi todo, y lo increíble era que todavía ardíamos en placer, y así obtuvimos nuestro segundo orgasmo juntos. Ahora el adormecido era él; sentí tanto amor al verlo así que lo acaricié para que descansara.

    Tenía sed, fui a la cocina por un vaso de agua y en el refrigerador vi una botella de chocolate líquido, en ese momento se me ocurrió hacer algo que siempre había deseado; tomé la botella de chocolate y regresé a la cama, él descansaba aún pero al verme sonrió, tomé la botella y lo bañé de chocolate, desde su pecho hasta su verga, que se encontraba flácida, en ese momento. Comencé a lamerle el chocolate lentamente desde el pecho hasta que llegue a su miembro y chupé, éste de nuevo empezó a tener erección; una vez que termine de limpiar el chocolate, él excitado de nuevo me recostó y comenzó a besarme desde el cuello hasta mi ano y lo besó. Lentamente deslizó un dedo en él, despacio para no lastimarme, era una sensación desconocida, entre dolor y placer, lo hacía con tanto cuidado que el dolor desapareció; sacó el dedo, me inclinó un poco y con mucho cuidado me fue penetrando por atrás (yo siempre había pensado que de esa forma dolería mucho, qué equivocada estaba, él lo hacía con tanto cuidado que el dolor fue sustituido por placer), yo gemía; comenzamos a movernos más y más rápido hasta llegar al orgasmo. Cuánto tiempo llevábamos haciendo el amor, no sé. Esta vez quedamos exhaustos los dos que nos quedamos dormidos abrazados.

    A la mañana entre caricias y besos lo desperté, entre bromas y risas fuimos al baño. Él abrió el grifo del agua caliente y nos metimos a bañar, tomó el jabón y comenzó a enjabonarme: una vez más despertó la pasión y volvimos a amarnos bajo el agua, esta vez con mas calma, más tiernamente pero igual de placentero.

    Cuando terminamos, salimos a desayunar, en verdad estábamos hambrientos, hablamos de mil cosas, reímos de bromas y cosas sin sentido. Me llevó a mi casa, nos despedimos y quedamos en volvernos a ver.

  • Paredes de pladur

    Paredes de pladur

    Su presencia me conturbó. La media melena sujeta por una diadema elástica; una cazadora acolchada negra con la cremallera subida hasta el cuello; unas mallas cortas azules y unos zuecos deportivos, sin calcetines. Sus piernas blanquísimas eran carnosas; de excelentes proporciones. Me entraron ganas de reproducirme. Una mujer como esta que he descrito no se ve todos los días. Lo malo es que ni la conocía.

    Allí estaba, un domingo por la mañana; frente a la puerta cerrada de un estanco. Se movía por la acera inquieta; quizá su síndrome de abstinencia me podía servir para algo, así que me acerqué a ella. No tardó en preguntar: «Oye, ¿tienes un cigarrillo?». «Sí, claro», se lo di. Durante el gesto de darle el cigarrillo, me acerqué más a ella hasta tenerla a pocos centímetros: olía a sudor viejo y a habitación cerrada, lo cual me daba una pista: una opositora. «Y, ¿qué tal van los estudios?», pregunté; «Bien, pronto me examinaré…, estoy algo nerviosa y fumo demasiado», dijo; «Quizá, un poco de relax no te vendría mal», dije mientras, de manera ostensible, me llevaba la mano derecha a mi paquete. Ella siguió el movimiento de mi mano hasta el final. «No, no me vendría mal tener ese paquete a mi disposición».

    Fuimos a su casa. La encontré demasiado limpia para lo que esperaba. En fin, una opositora, ya se sabe: sólo tiene tiempo para estudiar. Me confesó, ante el asombro que le mostré, que tenía una amiga que le hacía la limpieza una vez a la semana; me contó también que se lo hacía gratis, a cambio de irse a la cama con ella. De camino, se soltó, y me dijo que estaba ya harta de coño, que iba necesitando una buena polla. Inmediatamente, ahí, de pie, en medio de la sala de estar, me bajé los pantalones. Ella no lo dudó un segundo e inclinó su torso para chupármela. «Oh, oh, qué bien», exclamé nada más notar la humedad de su boca en mi glande.

    Ella seguía chupando y chupando; emitía agudos gemidos y respiraba fuerte por la nariz; no se había quitado nada de ropa: supuse que debía tener calor, de modo que pasé una mano por debajo de su barbilla y bajé la cremallera de su cazadora. No me sorprendió que sus tetas salieran grávidas a saludarme, me lo imaginé. Detuve sus movimientos de cabeza y la así por las axilas hasta terminar de sacarle la cazadora. Entonces, me entretuve con sus tetas, mordiéndoselas y besándoselas. «Ah, ah, qué gusto», decía ella, «venga, métemela». Se bajó las mallas hasta los tobillos y se tumbó en el sofá. Yo dirigí mi polla hasta su coño y la penetré.

    «Oh, ah, Iván, oh, ah», sonaban mis gemidos, «sí, así, ah, más, más». Yo arañaba la espalda de mi amante, que no cesaba en su empeño por darme placer. Su cabeza se pegaba a la mía y podía oír su respiración en mi oreja, cada vez más agitada a medida que se acercaba su orgasmo. Ya no podía más: mis espasmos me tenían agotada; le pedí que eyaculara pronto: «Porfa, Iván, porfaa-ah-aahh, córrete». Sentí el chorro de su semen caliente en mi coño y eso hizo que también yo me corriese: «Oohh, Iván, oohh».

    Empecé a salir con Noe. En fin; ella, a causa de sus estudios, no tenía mucho tiempo libre. Tampoco es que yo tuviese demasiado, pues mi trabajo como redactor en un periódico local me tenía, por gusto mío, absorbido. Pero lo llevábamos bien. Es cierto, lo había olvidado: su amiga, la que le limpiaba; ¿qué ocurrió con ella? Bien, pues la conocí un día que toqué en casa de Noe muy temprano: yo no había dormido a causa de una columna que debía entregar en el periódico antes de que amaneciese, ya que querían abrir conmigo en las redes sociales: el primer post del día me lo habían reservado a mí, y no podía fallar.

    Su amiga me abrió por el portero electrónico sin ni siquiera preguntar quién era: supuse que era su amiga por eso mismo, porque ni habló por el micrófono. Subí al piso de Noe y vi que la puerta de su casa ya estaba abierta; así que entré. Ahí me recibió Laura, su amiga. Laura iba vestida…, bueno, o desvestida, sólo con unas bragas. «Cierra la puerta», me ordenó. Cerré. Laura era una mujer madura, calculé que entrada en la cuarentena, de figura despampanante: su cintura era fina; sus hombros, suaves; sus tetas , firmes y redondas; su pubis, acogedor y sus muslos eran carnosos. «Hola, me llamo Laura, ¿tú eres el nuevo novio de mi niña?». Qué sorpresa. Resulta que Noe me mintió: ¡la amiga que le limpiaba a cambio de un poco de cama era su madre! «Hola, me llamo Iván…, sí, yo soy», respondí. Lo demás lo dejo a vuestra imaginación. Únicamente diré que el polvo fue de aúpa. Eso sí, me prometió que no volvería más a casa de Noe porque se iba de viaje y no pensaba volver: un extranjero con dinero que había conocido por Internet la reclamaba para sí. Qué suerte.

    «Oh, ah, Iván, oh, ah», sonaban mis gemidos mientras Iván me follaba. «Uf, uf, Noe, Noe, me corro, me-co-rróóóhhh». Una vez aprobadas las oposiciones me casé con Iván. Hogar dulce hogar. Iván seguía escribiendo en el periódico; yo iba y venía a la oficina de Correos que me habían asignado. Por supuesto, compramos un pisito céntrico. Pequeño pero muy acogedor: suficiente para los dos. Solamente había una pega: debido a que nuestros vecinos eran turistas que estaban de paso, las noches de desmadre estaban a la orden del día. A veces Iván y yo cuando volvíamos de cenar fuera o del cine, encontrábamos en el portal a alguna pareja besándose; incluso follando, ella apoyada la espalda en la pared con la falda levantada, él con los pantalones bajados y embistiendo. Bueno, no nos importaba demasiado con tal de que nos dejaran en paz.

    Una noche que venía de echar unas horas extra en el periódico por gusto mío, entré en el portal de mi nueva casa y cuál fue mi sorpresa al encontrarme de frente a una pareja follando en la escalera junto al ascensor. Él estaba sentado en un escalón y ella estaba sobre él con las rodillas flexionadas y culeando; ella enseñaba un culo inmenso y redondo bajo los pliegues de su falda levantada. Miré unos segundos y me empalmé. Me acerqué a ellos. Subí un escalón y me puse a su lado. Me saqué la polla y la acerqué a la cara de ella. Ella era una extranjera rubia corpulenta de ojos azules. Me miró con cara extasiada y se metió mi polla en la boca. «Mmmpf, mmmpf». Perforada por el coño y por la boca, su respiración nasal delataba que le estaba gustando. Escupió mi polla para gritar de placer cuando el hombre dio sus últimos espasmos y luego me terminó a mí haciéndome una paja y esparciendo mi semen por toda su cara.

    «Iván, ¿no estarás follando por ahí, verdad?»; «No, amor»; «Te noto desganado últimamente»; «Bah, ya se me pasará».

    «La española está buena de cojones. Se asoma al balcón a colgar la ropa en el tendedero y casi le puedo ver las tetas cuando se inclina a poner las pinzas. Esta tarde se ha dado cuenta de que yo la estaba mirando; y, no se ha cortado un pelo: se ha quitado la camisola que llevaba puesta y me ha mostrado sus tetas; luego se ha llevado la palma de la mano a sus braguitas y la ha introducido por debajo de la tela para hacerse un dedo. Ha estado unos minutos así; después, su labio inferior se ha relajado y ha descendido, su cara se ha contraído bruscamente y he sabido que se había corrido. Debo follarme a esa española, Marie» (18:05).

    «Hazlo, Pierre» (18:07).

    «El extranjero que folla con su amiga en el portal me ha estado mirando mientras colgaba la ropa y yo me he masturbado delante suya. Está bueno el extranjero; me gustan, sobre todo, sus músculos; y también lo guapo y rubio que es. He conocido a su amiga; se llama Marie. Ella me ha dicho que Pierre, así se llama su amigo, quiere follarme. En fin, yo sólo estaba jugando cuando hice lo que hice delante suya. Y le he gustado. ¿Debo serle infiel a Iván, mamá?» (22:10).

    «Hija, Iván no te es fiel» (22:12).

    «He hablado con Marie. Me ha dicho que ella le ha hecho una paja a Iván. Que aunque eso no es propiamente sexo, ella, Marie, si considera que es infidelidad. ¿Qué opinas, mamá?» (23:16).

    «Hija, yo misma me he follado a tu marido» (23:18).

    Noe ha salido de su casa vestida solo con una batita de andar por casa. Ha tocado en la puerta de sus vecinos. «Sshh, Marie está dormida», ha dicho Pierre con el dedo índice en vertical sobre sus labios cuando ha abierto la puerta. Noe ha asentido y ha entrado. Noe se ha sacado la batita y ha expuesto su desnudez a los ojos de Pierre. Este la ha tomado de la mano y la ha conducido al dormitorio. Sus cuerpos se han enlazado. La boca de Pierre ha degustado los pezones oscuros de Noe, la lengua de Pierre ha descubierto el lugar donde se oculta el clítoris de Noe, y esta suspira, suspira. Pierre, muy empalmado, sabe que se correrá pronto si Noe se la sigue chupando de esa manera, tan bien; así que la empuja con suavidad y la tiende sobre el colchón para follarla. Pierre la folla, la folla con deleite. Pierre piensa que se ha enamorado de la española sin sospechar que íntimamente está siendo correspondido. Las paredes son de pladur. Noe, a punto del clímax, oye los pasos de Iván: ella los conoce, los distinguiría a metros de distancia. Noe susurra entre grititos y sollozos: «Pierre, te quiero». Pierre la mira tiernamente, tan cerca sus caras, mira los ojos de Noe, se eleva con sus brazos sobre el torso de Noe, sobre sus tetas, su vientre, mira abajo, al misterio de sus pubis unidos, mete su polla con fuerza en el coño de Noe arrancándole a esta un gemido, y dice: «Y yo a ti, Noe».

    Marie es una chica cojonuda. Noe me abandonó para irse con ese apuesto extranjero que conoció y Marie, nada más saberlo, vino a consolarme. Marie trabaja de camarera en un chiringuito. Me ha dicho que lleva tiempo viviendo aquí; ah, pues ni idea: ya me parecía a mí que se manejaba con mucha soltura con el castellano. Las tetas de Marie son frondosas, muy blandas y apetecibles, y yo me las como cada vez que puedo: por la mañana cuando nos levantamos, cuando nos duchamos, cuando vemos la tele… El coño de Marie es un triangulito rasurado que da gusto chupar. Tiene un culo Marie que es un manjar, tierno y rebosante. A Marie le gusta que la folle a todas horas. Le quito el kimono y toda su voluptuosidad es mía. «Marie, oh, uf, oh, te quiero»; «Ay, Iván, y yo a ti». Después de estas excitantes palabras, el semen se dispone a salir. Y lo descargo, ya, así, ¡ahora!

  • Mi amigo me la mama

    Mi amigo me la mama

    Tengo un amigo de hace muchos años y dejé de verlo durante 3 años, cuando nos reencontramos lo invité a beber en mi casa y todo transcurrió normalmente, quedamos muy ebrios y se quedó a dormir conmigo en mi cama.

    La cosa es que en la madrugada me desperté porque sentí una mano agarrándome la pierna en la zona de la ingle y era mi amigo que me estaba tocando, me quedé paralizado, no sabía que hacer, pero la verdad era super excitante y me estaba poniendo muy caliente, mi pene ya estaba al erecto al 100% y lo estaba disfrutando mucho así que agarré su mano y me la puse sobre mi pene erecto y ufff se sentía super bien la sensación de su mano áspera en mi pene y huevos.

    De pronto se puso mejor, mi amigo se metió debajo de las cobijas y empezó a chúpamela, era la cosa más intensa que había sentido en mi vida, agarré su cabeza y lo hice metérsela hasta topar con mis vellos púbicos y así lo tuve por un rato dándome la mamada de mi vida cuando me di cuenta de que él se estaba haciendo tremenda paja mientras me la mamaba lo que me dio el estímulo final para agarrar su cabeza con ambas manos y cogérmelo por la boca hasta terminar dentro de su garganta y gemir como un toro mientras él también se venía sobre mis sábanas.

    Seguíamos ebrios así que no dijimos nada, solo nos volvimos a acomodar para dormir y en la mañana ambos despertamos erectos por lo que le agarré la mano y me la puse sobre el pene y volvimos a hacer lo mismo pero ahora sin cobijas.