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  • Con mi primo en un cine de sesión continua

    Con mi primo en un cine de sesión continua

    Mi primo es un chico joven, y guapo. Teníamos la misma edad, diez y ocho. No recuerdo de quién de los dos fue la idea de ir a un cine así. Pero lo de ir juntos parece que nos dio valor para no echarnos atrás antes de comprar las entradas.

    Fue hace muchos años en un cine de sesión continua. Cuando todavía se exhibían películas por entonces clasificadas «S».

    La mayoría del público estaba formado por chicos tímidos que no se decidían a tener relaciones con chicas, como yo mismo y mi primo Mario y que nos excitábamos con esas películas.

    Al salir y ya en nuestras casas nos masturbábamos con furia acordándonos de los pechos femeninos, los coños peludos lejanos y los coitos fingidos de la pantalla. Ayudados por las revistas abandonadas por hombres mas mayores.

    Encontradas quizá en la calle o compradas en algún kiosko lejano y ocultadas con celoso cuidado de la vista de nuestras madres.

    Así que allí estaba yo, un muchacho de diez y ocho años, que no se había jalado rosca en toda su vida, al lado de alguien que conocía bien en un sitio poco recomendable. Dos twinks en busca de aventuras.

    Mario no perdió el tiempo. Puso una mano en mi rodilla. Yo, a pesar de estar deseando hacerlo con una chica, estaba tan caliente que lo hubiera intentado con una gallina, me excité sin remedio. Mi corazón latía con tanta fuerza que quería salirse del pecho y mis nervios me hacían temblar.

    Algo me decía que la cosa podía salir bien: mi excitación y hormonas juveniles, y le dejé hacer. Subía su mano lentamente sobre el muslo sobándolo hacia la cremallera de la bragueta del pantalón.

    Ahí empezó a notar mi erección y mi falta de reacción. Tomándolo como un permiso para seguir adelante bajó la corredera de la cremallera y metió la mano entre mi ropa en busca de mi pene.

    Lo acarició por encima del virginal slip blanco, hasta que apartó este último obstáculo y sacó el miembro a tomar el aire en la penumbra de la sala.

    Me lo masturbaba suavemente, despacio casi con mimo.

    Entonces me decidí a moverme, la situación ya no tenía vuelta atrás y yo debía hacer algo, así que puse mi mano en su bragueta y descubrí que, como era lógico, su miembro también estaba rígido.

    Desabroché sus pantalones para averiguar que no tenia ropa interior. Así la maniobra me resultó fácil, sacar su polla al exterior y comenzar a pajearlo. No lo había mirado a la cara todavía.

    Quizá el tratarse de mi primera experiencia sexual, la primera que no tenia conmigo mismo, el temor a ser sorprendidos con el rabo fuera de los pantalones me tenía muy cachondo. Simplemente la tremenda excitación del momento hizo que me corriera enseguida. Él apenas tardó unos segundos en seguirme.

    Ambos intentábamos tener cuidado de no salpicar con el semen del otro y pringarnos enteros. Incluso llegó a inclinarse sobre mí cuando las contracciones de mi polla anunciaron el orgasmo para recoger la leche con su boca y depositar un agradecido beso en el glande. Mi sabía que mi primo tuviera tanta maña.

    Mi inexperiencia hizo que no pudiera pagarle con la misma moneda y no acerté inclinarme a tiempo, solo conseguí manchar el respaldo del asiento que tenía delante. No habíamos dicho nada, solo actuábamos.

    En estas la película que había contribuido a nuestro placer con sus escenas eróticas estaba finalizando. Aunque podíamos quedarnos a la siguiente, era un cine de sesión continua.

    Él acercando mucho sus labios a mi oído, me invitó a acompañarlo hasta su casa donde estaríamos solos un rato pues mis tíos tenían la costumbre de salir a esa hora.

    Como íbamos juntos no se nos acercó ninguno de los maduros que había por allí en busca de sexo. Puede que otro día fuéramos cada uno por nuestro lado en busca de algo más morboso.

    Sin pensarlo más salí del cine siguiéndolo. Nadie se extrañaba de eso. Era habitual en esos locales abandonar tras haber encontrado algo de sexo.

    Aprovechando lo solitario del trayecto rodeo mi cintura con su brazo haciendo descansar la mano sobre mi cadera. Yo puse una mano en el bolsillo trasero de su vaquero sabiendo que solo la tela de algodón del pantalón separaba mis dedos de su culo que amasaba y acariciaba casi sin disimulo.

    – ¡Bésame! primo.

    De vez en cuando en la calurosa calle sus labios rozaban los míos en un beso apenas insinuado ocultos en un portal. Me hubiera muerto de vergüenza si alguien nos hubiera visto en un trance tan cariñoso.

    Al llegar a su casa salíamos a mis tíos que aún no se habían marchado, pero ellos ya salían dejándonos solos en su habitación. Se abalanzó sobre mi con verdadera hambre, con ansia, abrazados uno frente a otro nos besábamos en la boca chupándonos las lenguas.

    Nos separamos un segundo para comenzar a desnudarnos. Íbamos casi igual: los vaqueros las camisas y mi slip. Así que desvestirnos no fue difícil. Comenzó sacándome la camisa aprovechando para acariciarme el pecho e inclinándose besarme las tetillas e incluso lamer mis axilas peludas.

    Luego le quité la suya acariciando la suave piel. Hizo desaparecer mis pantalones por detrás de su cama. Yo desabroché los suyos bajándolos lentamente descubriendo su absoluta desnudez ante mi.

    Guapo donde los haya, y todo un atleta, los músculos insinuados bajo la suave piel le daban un magnífico aspecto desnudo. Practicaba fútbol de forma habitual. El David de Miguel Ángel le hubiera tenido envidia.

    – ¡Qué bueno estás! No sabía que hicieras tanto ejercicio Mario.

    Enseguida yo le seguí cuando mis slips siguieron el mismo camino piernas abajo. Me dijo que era marica perdido, esa era la palabra que se usaba entonces. Antes de que se extendiera el uso del término gay y palabras políticamente más correctas.

    – Solo me gustan los chicos. Primo. No he estado con una tía nunca.

    – Me estoy dando cuenta, Mario y creo que me doy cuenta de por qué te gusta tanto esto.

    Me decía que nunca había hecho el amor, o cualquier otra cosa a una chica, pero que tenía bastante experiencia con hombres.

    Yo tenía ganas de su piel, de su cuerpo, lo senté en su cama y me arrodillé entre sus muslos. De una forma inexperta pero con ganas de aprender me puse a chuparle los huevos y el pene cubiertos, a lamer sus testículos, a besar el tronco y meterme el glande entre los labios.

    El sabor de su anterior corrida en mi boca me traía el recuerdo de mis propias masturbaciones cuando me había llevado la mano pringosa de semen a la boca.

    Había perdido la oportunidad de hacerlo en el cine pero ahora la aproveché bien. Seguí mamando, masturbándolo mientras le comía el capullo y besaba los testículos, con ese tratamiento descargó en mi boca.

    Saboreando su semen lo besé en la boca para que compartiera conmigo su propio sabor. Me chupó la leche que quedaba en mi boca, jugando con mi lengua. Apreció el detalle llamándome:

    – ¡Pervertido!

    Yo le reí la broma contestando:

    – Tú te lo has bebido antes.

    Mis manos recorrían su piel, sin descanso, igual que las suyas mi cuerpo.

    Nos tumbamos en la cama agarrando cada uno la polla del otro como si no quisiéramos soltarlas nunca. La mía, que aun no había descargado, seguía dura y dándose la vuelta me pidió:

    – ¡Follame!

    – No sé si sabré.

    Se agachó apoyando la cabeza en su almohada y poniendo el bello culo en pompa. Le acaricié las nalgas y comencé a besarlas, pasando mi lengua por ellas deslizándola cada vez mas hacia el centro, por su raja buscando el ano. Miles de veces había imaginado que estaba haciéndole eso a una chica.

    Lo comencé lamer, ensalivándolo con ansia, intentando penetrarlo con la lengua, luego con un dedo, con dos, ayudado con un bote de nívea que oportunamente sacó de su mesilla. Generosamente lo embadurné, culo y polla hasta que me incorporé y apoyé el glande en su estrecha entrada.

    Comencé a penetrarlo, lento y suave, mi inexperiencia hacía imposible otra cosa. Sentía su culito apretarme la picha con fuerza y comencé a moverme rítmicamente cuando por fin pude acostumbrarme a la sensación.

    Paraba de vez en cuando para besarle en los hombros o si giraba la cabeza en los ardientes labios y comerle la lengua juguetona. Acariciaba sus nalgas que iban adelante y atrás al ritmo mi follada.

    Fue intenso, mi primera experiencia sexual y me estaba follando aquel culito maravilloso. Descargué mi leche caliente en su interior en un profundo orgasmo que sacó de mi cuerpo casi todo el ansia acumulada de las hormonas.

    Aunque no llegó a correrse él pareció disfrutarlo tanto como yo. Su polla estuvo dura durante todo el polvo pues de vez en cuando lo comprobaba acariciándola. Entonces no me explicaba el placer que él estaba sintiendo, solo he podido, comprenderlo y compartirlo después, cuando él lo hizo conmigo.

    Abrazados y acariciándonos suavemente descansamos un rato. Como una confesión me enseñó su mayor tesoro, unas revistas de tema gay, creadas para maricas y para mujeres.

    ¡Que cantidad de tíos desnudos y follando! En las mas variadas posturas tenían sus pichas duras y empinadas como palos con los que sodomizaban a sus compañeros.

    Pero yo seguia hambriento, empecé un recorrido a fondo por su piel. Empecé por la cara besando sus ojos, su frente pómulos y boca. Seguí bajando, mis labios acariciaron su cuello y su pecho.

    – Quiero explorarte, primo.

    Levanté sus brazos por encima de la cabeza y lamí sus sobacos peludos. No se llevaba por entonces depilarse. Mis manos ya estaban en su abdomen, acariciando, volví a prestar gran atención a su aparato que me fascinaba.

    Hermoso, su órgano, largo, recto, fino, con las venas muy marcadas. Besé su tronco y volví a meterme su glande entre los labios donde sentia como se endurecía de nuevo. En esa época a mí tampoco me costaba tener una nueva erección en cuestión de minutos.

    Después por detrás, mi boca recorrió sus muslos, su culo, dedos de pasar una toalla para quitarle los restos de nívea. por el que todavía rezumaba parte de mi semen que probé asi por primera vez. Lo hice de un sitio que no fuera mi propia mano. Seguí por su espalda hasta el cuello y la raíz de su cabello.

    Hizo lo mismo conmigo siendo muy tierno. Me besaba, acariciaba mi piel, toda ella, con su lengua. Dándome tan pronto extensas lengüetadas como que me rozaba apenas con la punta.

    También me hizo eyacular de nuevo con su juguetona lengua. Utilizando mi propio semen para darme masajes y lamerlo de mi piel y lubricarme el culito. Entonces con su polla bien dura por la excitación de haberme comido decidió desvirgarme.

    Yo tenia miedo pero también lo quería en mi interior. Con mi propia leche y nuestra saliva embadurnada en su polla y mi ano fue forzando la entrada apretada y dura por la que nunca había entrado nada.

    Siendo tierno, y dulce consiguió penetrarme, consiguió darme todo el gusto y el placer de una buena polla en el culito sin que me doliera demasiado. Bombeaba despacio pero insistente me acariciaba la espalda clavándome las uñas.

    Agarraba mi polla agotada que ya apenas conseguía endurecerse y la ordeñaba, acariciaba mis huevos sensibles. Fue acelerando, procurándome mas placer y mas dolor hasta que se corrió dentro de mi culito que ya no era virgen.

    El tiempo se nos había pasado volando, casi nos pillan sus padres desnudos sobre su cama agotados pero felices.

    Nos vestimos con el tiempo justo y ordenamos un poco la cama y la habitación para que sus padres no sospecharan nada, suponíamos. Bueno casi nos vestimos del todo él se quedó con mi slip como recuerdo y me regaló uno de los suyos que me hizo llevarme en el bolsillo. Me hizo salir a la calle sin nada bajo mis vaqueros.

    Cuando bajó a la calle a despedirme aprovechamos un oscuro rincón de su portal, junto a los buzones, para besarnos apasionadamente durante un rato y pudo meterme así mano por mi desvirgado culito sin el impedimento de unos calzoncillos.

  • La perrita de su amo

    La perrita de su amo

    Una vez subes por la escalera y pasas por la puerta, ya sabes que no tienes escapatoria, no hay vuelta atrás. Hoy tengo un menú de humillación para ti, para centrarte, hace ya unos días que no practicamos.

    Como ya te conoces la casa, y a mí, pues entras con naturalidad, no te quedas plantada en la entrada sin saber muy bien que hacer, como hacías antes. Te acercas a la mesa, dejas tus cosas, tu abrigo, el bolso. Me miras, comentas algo, te respondo… te miro, sonrió, sonríes, todo muy normal y convencional, excepto que hay unos cuantos cinturones sobre la mesa, y la maleta abierta con todos los juguetes y artilugios.

    Mientras hablamos, me acerco a ti, toco tu culo, lo aprieto, acerco mi cara a la tuya, te miro, te escucho, sigues hablando. Me acerco a la mesa, cojo un cinturón, me sigo acercando a ti.

    – Quítate la ropa y calla un poco, anda…

    – Voy

    – Voy?…

    – Voy, mi amo.

    Te quitas el vestido, no llevas bragas, como me gustan esas cosas!… venias con el coño al aire, de pensar en ello ya se me pone dura, me gustan tanto las guarradas estas que ya no sé si hago bdsm porque soy un guarro, o soy un guarro porque me gusta el bdsm.

    Realmente mi contacto con los “grupos de bdsm” en fiestas y demás, me han hecho replantearme las cosas, yo entiendo esto como un vehículo, no como un fin, quizás tenga más de guarro que de bdsmero, no entiendo como puede ir alguien a una fiesta bdsm e irse de allí sin correrse, al menos una vez!!… yo necesito correrme todos los días, y si me pongo en faena varias veces… si no, no entiendo a que vengo… y también necesito ver como se corre mi sumisa, y beberme su coño… bebérmelo todo… así que, por lo que parece, soy un poco raro… que cosas eh?…

    Desnuda que estas, ahora ya te veo más centrada, con la cara con otro gesto, yo me pongo serio, la cara se me tensa, me acerco con el cinturón, te cojo las manos, te las ato con el… mientras te miro…

    – Sabes perrita lo que te toca hoy?

    – Lo que quieras mi amo.

    – Degradación… voy a degradarte, eso es lo que toca.

    Cojo otro cinturón, y te lo pongo a la altura de los codos, aprieto, tus brazo ya están inmovilizados, cojo otro cinturón y te lo pongo en las piernas a la altura de las rodillas, aprieto, puedes andar, pero con dificultad, te tengo a merced… cojo un collar y te lo pongo… te cojo de la cara, escupo en tu cara, quedas mirándome, sacas la lengua, te relames, lamo tu cara… tu coño debe estar bien mojado, bajo mi mano, y meto la mano entre tus piernas cerradas, efectivamente mojado está, paso mi dedo por tus labios, lo saco y lo chupo, este es el mejor premio del mundo, el sabor de tu coño en mi dedo, mientras nos miramos, acerco mi mano, chupamos mis dedos juntos… que bueno esta esto, adicto a los coños.

    Cojo una cadena y te lo pongo en el collar.

    -Vamos zorra, te voy a enseñar el rinconcito donde vas a aprender a estar, te lo he preparado para ti.

    – Gracias mi amo.

    Lentamente, andando, nos acercamos a la habitación, con la mano sujetando la cadena cogida a tu cuello, y al entrar, ¡sorpresa!… a los pies de la cama, he puesto unas mantas en el suelo y un bebedero, todo limpio y bien puesto, soy muy detallista, me gusta crear confort y hogar, pienso que te vas a sentir muy a gusto.

    – Has visto Zorra?… que te parece?… que sorpresa eh?… aquí a los pies de la cama, es tu sitio, reconfortada… y con tu bebedero para que bebas…

    – Me gusta mi amo.

    – Vamos, agáchate, venga, zorra…

    Te ayudo a arrodillarte sobre la manta y engancho la cadena al somier de la cama, ya estas donde debes estar… dejas caer tu cuerpo hacia adelante y te sientas sobre tus piernas…

    – Muy bien zorra, te gusta lo que ha preparado tu amo?

    – Me encanta mi amo, soy una perra.

    – Eso es. Una perra atada a los pies de la cama… eso es.

    – Una puta perra atada a la cama!…

    Me voy al salón, y cojo otro cinturón, vuelvo a la habitación.

    – Levanta el culo Perra.

    – Si mi amo.

    Levantas el culo y me acerco a tus tobillos, los junto y rodeo con el cinturón, aprieto y lo engancho. Ya llevas un cinturón en los tobillos, muslos, brazos, y muñecas. No puedes hacer nada. Así aprenderás. Me pongo de pie, cojo la fusta que estaba encima de cama.

    – Perra, ponte a cuatro patas… vamos… -Mientras te doy un toque suave con ella en la espalda.

    – Si mi amo. – Lo haces.

    – Ahora, siéntate sobre tus piernas… vamos… -te doy otro suave toque con la fusta.

    – Si mi amo -Lo ejecutas y punto.

    Hacía tiempo que no practicábamos así, pero enseguida respondes a tu amo, por mucho que te relajes o pase lo que pase, en tu cabeza está metido bien profundo que eres mi sumisa, y que lo que yo digo te conviene obedecerlo, tu cabeza relaciona portarse bien y obedecer con el premio que luego te llevas… estas bien educada.

    – Flexiona los brazos, perra, vamos, júntalos contra tu pecho…

    Lo haces, me acerco y cojo tus manos, y te las pongo en la posición que quiero, caídas hacia adelante, estas cosas son las que te quiero enseñar, guardar las posiciones que llevo en la cabeza.

    – Abre la boca, saca la lengua.

    La polla me revienta el pantalón, me desabrocho y me bajo los pantalones, me quito la camiseta que llevo, acerco mi polla a tu cara, a tu boca, la lames…

    – Ves, ya tienes premio, ves lo que pasa cuando te portas así de bien y eres obediente.

    – Si amo, soy muy obediente, tu perra obediente.

    – Así es, obediencia es lo que tienes que mostrarme.

    Meto mi polla en tu boca, cojo tu cabeza con mis manos, te la follo, te follo la boca, entro en ella con mi polla, hasta el final, aguantas bien, hasta tu garganta, ya tienes práctica, no puedes evitar que entra y salga de tu boca, no quieres evitarlo, abres tu boca y ya está, dejas que haga lo que quiera, porque para eso estas. Comienzo a contar las embestidas en tu boca, 1, 2, 3, 4, 5. me gustan los números, me van los numeritos. Paro, y cojo tu cara con mi mano.

    – Vamos a estrenar tu bebedero, te lo voy a preparar con mucho cariño.

    Me arrodillo a tu lado, sobre la manta, cojo el bebedero, tiene un poco de agua que había puesto antes.

    – Vas a beber de aquí perrita, es para ti, ¿te gusta?

    – Si amo, me gusta mucho.

    – Buena chica.

    Acerco mi mano a tu coño otra vez, bien mojado esta… se me hace la boca agua de pensar en chuparlo y bebérmelo todo. Acerco el bebedero a mi polla y la meto dentro con el agua, la sacudo ahí.

    – Ves como te lo preparo zorrita?, para ti… para que lo lamas…

    Lo dejo en el suelo.

    – Venga, a ver como bebes…

    Te pones a cuatro patas, con los brazos y piernas juntas, inmovilizados, te agachas y acercas la boca al bebedero, sacas la lengua… lames… ummmm… ¡que escena!… veo tu ano y tu vagina asomarse entre tus nalgas… no puedo parar de pensar en chupártelo todo… me miras mientras lames el bebedero, el agua con sabor a mi polla en tu lengua… me agacho hacia tu culo en pompa, abro tus nalgas, chupo tu culo y tu coño con mi lengua de abajo a arriba, como un perro a su perra, escupo, y vuelvo a lamer, una y otra vez, tu con tu cara contra el suelo al lado del bebedero, meto mi lengua en tu culo… lo quiero abrir con ella, lo consigo, la meto bien adentro, me encanta chupar tu culo. Toco con mis manos tu coño… lo froto… te vas… me pringas, bajo mi cara, lo recibo en mi boca… que placer me da… restriego mi cara entre tus nalgas, me lleno de ti, tu corrida por mi cara, mi nariz mojada de ti, me encanta el olor de tu coño.

    Me levanto, giras tu cabeza y me miras, me muerdo el labio de verte con el culo en pompa mirándome con esa cara de cachonda que tienes.

    – Quiero culo – me dices.

    – Ah si?… claro que toca culo ahora puta. Culo roto.

    – Si amo, mi culo roto es lo que necesito.

    Me acerco a la maleta cojo un dilatador, un dildo, y lubricante, vuelvo hacia ti, sigues en la misma posición, esperando, esta parte te la sabes bien, te sale ya muy bien, tu culo está listo para mi siempre, pero me gusta meterte cosas por el culo, y que las chupemos como un helado cuando las saco. Así que me agacho a tu lado, estas a cuatro patas, acerco mi cara a la tuya, dejo caer los juguetes al suelo a tu lado, te beso en la boca, mientras acerco mi mano a tu culo, y meto un dedo en tu ano, sacamos las lenguas buscando lamernos nos encontramos, nos chupamos la cara, muevo mi dedo dentro de tu ano, lo saco y acerco mi mano a nuestras caras, lo chupamos juntos, lamemos nuestro dedo con sabor a tu culo, la polla me chorrea, meto el dedo en mi boca, me miras hacerlo, lo saco y lo meto en la tuya…

    – Turno para dilatar, zorra.

    Cojo un dilatador, he traído el grande directamente, dejo caer lubricante en tu ano, unto el dilatador, lo pongo en posición y aprieto… hacia adentro, suave pero constante, se hunde en tu ano, se mete pero no dejo que lo haga del todo, dejo la parte grande en la misma entrada, me encanta ver la piel del aro del ano sobre la superficie del dilatador, parece que lo engulle pero no puede, no le dejo, lo saco un poco, lo vuelvo a meter, gimes, arqueas tu espalda, no puedes moverte mucho mas, lo muevo apenas dos centímetros, en la entrada del ano, un poco dentro un poco fuera, dilatas… lo saco del todo, queda abierto unos segundos, se cierra, vuelvo a repetir… tu coño chorrea, repito la jugada, y cuando lo saco meto mi lengua en tu culo, aprovecho la abertura y lamo tu interior.

    Me pongo de rodillas detrás tuyo, ha llegado el momento de follarte, meto el dilatador finalmente del todo, y con las piernas juntas, meto mi polla en tu coño apretado, apretado por los lados por tus muslos y por arriba por el dilatador, me cuesta entrar, pero resbala tanto que entro, comienzo a embestirte mientras te cojo de las caderas, mueves tu culo al ritmo, continuamos, fuerte, mi polla entra dentro y sale, acelero, dame fuerte me dices, sigo haciéndolo mientras veo tu espalda arqueada, te giras y me miras con el rabillo del ojo, con los ojos medio abiertos medio cerrados, la boca entreabierta, muerdes tus labios… muerdo los míos. Choco con el dilatador una y otra vez.

    Bajo el ritmo, toca culo, a eso voy ahora, con mi polla dentro tuyo, cojo el dilatador, estiro hacia fuera, lo saco, tiro mas lubricante, meto dos dedos, los muevo, los saco, saco mi polla de tu coño, me incorporo para follártelo con las piernas flexionadas sobre ti, apunto a tu ano, y adentro… empiezo fuerte desde el principio, hasta dentro del todo, no hay problema de nada, te lo parto, gimes de placer, suspiro cada vez que entro, continuo, te vas, te corres mientras me dices que te rompa el culo, yo ya no puedo hablar demasiado, solo resoplo, giras tu cara, me miras, mi mano derecha se apoya en la cama, mi izquierda sobre tu nalga, sigo y sigo, hasta que me voy y te lleno por dentro, me pego una corrida de escándalo, grito varios segundos al hacerlo. Los vecinos me odian.

    Como puedo te desabrocho el cinturón de los muslos y los pies, me tiro en la cama, te tiras a mi lado, boca arriba, piel con piel, me giro hacia ti, nos besamos. Lo pasamos bien.

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  • Mi primera vez con mi cuñado

    Mi primera vez con mi cuñado

    Buen día/noche. Quería contar mi primera experiencia, compartirla con Uds., espero que la disfruten. Primero me presento, Soy Mica, tengo 24 años, soy morocha, mido 1,52, de contextura delgada, pechos pequeños, de buena cola, dicho esto empiezo.

    Siempre tuve una buena relación con mi hermana Melisa, ella más grande que yo, me ayudó en todo, está de novia. Mi cuñado Gustavo siempre tuvo muy buena relación conmigo, somos como amigos, mide como 1,82, de buena espalda, marcado en línea general.

    Hace tiempo que ando poquito caliente, he tenido novios, pero nunca pude entregarme a ellos, porque la mayoría eran y se comportaban como pendejos. Mi cuñado de vacaciones, vinieron a casa a pasar unos días, tenemos pileta, por lo que aprovechamos de bañarnos y disfrutarla, al verlo bañarse y verlo marcado empecé a desearlo cada vez más, a la noche mi mente empezó a volar, a fantasear con él.

    Por la mañana nos despertamos primeras con mi hermana, nos pusimos a charlar, en eso me comentó que se dio cuenta como miraba a Gustavo, yo sin saber que decir, acepté le dije que era verdad, que me llamó la atención. Ella me dijo que no le molestaba, que estaba muy segura de su relación, de hecho, que estaban intentando implementar nuevas cosas, como los tríos, en sus charlas en un trío con dos mujeres yo estaba incluida, me quedé sorprendida, pero vi un buen momento para sacarme esas ganas. Le contesté que era muy rápido, que mi falta de experiencia me hacía dar vergüenza. Ella me ofertó que si quería, podía estar dos o tres veces a solas con Gustavo, así me acostumbraba a él. Yo simulé pensarlo unos segundos, para finalmente aceptar su propuesta.

    Melisa por la tarde se fue a pasear con sus amigas, mis viejos trabajan todo el día, por lo que quedé a solas con él. Yo estaba algo nerviosa, empezamos a hablar de todo un poco, hasta hablar de sexo eso me hizo relajar bastante. Yo pregunté puedo bañarme, mis nervios me habían hecho transpirar otra vez, salí de bañarme me fui a cambiar, él se fue a duchar también.

    Salió, yo me estaba terminando de vestir, con el toallón en la cintura veía su cuerpo, era muy atractivo, veía que disimulado, pero me miraba el culo. Eso me hacía sentir deseada, me estaba calentando y mojando con sólo mirarme, me paré cerca, me tomó de la cintura, me llevó a su cuerpo, acercó su boca a la mía, empezamos con un beso tranqui, sus labios bien carnosos, me derretían, fueron cada vez más apasionados, yo estaba muy hot, sentía que me latía la conchita.

    Me apoyaba su cuerpo empecé a sentir su pene crecer y endurecerse, ya no aguantaba más, quería que me hiciera de todo, me levantó la remera me tocaba mis pequeñas tetas con sus grandes manos, luego me las empezó a chupar y lamer, sentí un calor indescriptible.

    Él se reincorporó, me dijo “ahora arrodíllate”. Abrió el toallón, tenía por primera vez un pene frente a mis ojos, si soy sincera, me asustó un poquito, era grande, con las venas bien marcadas, más grueso que mi brazo.

    Él me explicó con una mano acariciarle los huevos, con la otra, masturbarlo, con la boca chuparlo como si fuera un helado, me explicaba cada paso. Con mis dos manos y con la boca no cubría su pene, que parecía seguir creciendo y endureciéndose, intenté meterlo más en mi boca, pero me atragantaba.

    Me levantó, me acostó en mi cama, bajo mi short, mi cola less, me hizo un oral, su lengua recorría por fuera mi conchita, también mi colita, me fascinaba, me hizo ver las estrellas, creía tener un orgasmo, un calor me quemaba desde adentro, cuando ya no daba más de placer. Se puso encima mío, me abrió las piernas, empezó a meterme su pedazo poco a poco, Gustavo me decía que mi conchita era muy estrecha, yo sentía su pene abrirme la conchita, me dolía, pero a la vez me encantaba, cada vez me daba más profundo, sin darme cuenta estaba gimiendo, mis ojos extraviados, mis uñas clavadas en su espalda, denotaban que tenía un orgasmo tras otro.

    Me puso de lado, él atrás mío, me tocaba por encima de mi conchita con una mano, con la otra me acariciaba las tetas, a veces me besaba el cuello, me volvía loca con cada cosa que me hacía. Luego se puso boca arriba, me enseñó a montarlo, en principio me costaba mucho moverme, su pija dura me tenía inmovilizada, luego me ayudó con sus manos a moverme, liberé mis caderas, me dejé llevar, me agarraba de la cola o de mi cintura de una forma que me encantaba, estaba teniendo un orgasmo cuando sentí que me metía un dedo en mi ano, me hizo gritar, sentía más estrecho mis espacios, aunque me importaba poco.

    Me hizo poner en 4 al borde de la cama, él atrás, me tomó de la cadera y me cogía cada vez más profundo a ritmo medio sentía su verga hasta el pecho, yo gritaba como una putita, me estaba desarmando, me tiraba del pelo, mientras me nalgueaba, me sentía una actriz porno, mientras llegaba a un orgasmo intenso, me dijo que estaba por terminar, quería llenarme la boquita de leche, yo le respondí “dámela toda”.

    Me hizo arrodillar, abrí mi boquita y comenzó a eyacularme, era bastante, me cayó en mi boca, en mi cara y en mis tetas, tragué lo que tenía en mi boca, su sabor era muy agradable, me gustó, con mis dedos junté lo que cayó en mi pecho, limpié mis labios con mi lengua, veía en su pene gotas de leche, se lo chupé un ratito más.

    Al terminar me ruboricé, nunca pensé en hacer tanto, él me halagó, me dijo que lo disfrutó mucho. Yo gocé y disfruté como nunca lo hubiese imaginado.

    Esa fue mi primera vez, pero no la última…

  • Miro como la nueva lo hace con mi jefe

    Miro como la nueva lo hace con mi jefe

    Me llamo Nuria, tengo treinta y nueve años y estoy casada. La oficina donde trabajo consiste en un espacio diáfano donde los puestos con las butacas de tela y los escritorios se encuentran en islotes, agrupando a los empleados de cuatro en cuatro. Hay cuatro excepciones, el despacho del jefe donde don Antonio, cuatro años mayor que yo, trabaja; la sala de reuniones, los cuartos de baño y una habitación estrecha con microondas, nevera y fregadero.

    El martes llegó la nueva, una joven recién salida de la universidad. Llevaba pantalones de licra negros que moldeaban su figura, camisa blanca con escote y el pelo largo y ondulado. Era atractiva y no puede evitar fijarme en como sus nalgas subían y bajaban por turno mientras caminaba sobre los zapatos de aguja camino del despacho.

    Diez minutos después salió sonriendo en compañía de don Antonio.

    —Esta es Paula, una chica preparada y con ganas de comerse el mundo. Trabajará en el departamento de Nuria, bajo su supervisión. —anunció mi jefe.

    «¿Qué podía decir de la nueva empleada una semana después?» Bueno, pues que Paula era lista y tenía mucha ambición. Sus palabras y falsa adulación podían engañar a cualquiera, pero no a mi. Casi desde el principio noté que la nueva persona que tenía a mi cargo era todo menos sincera, dentro de esa cabecita, detrás de esa sonrisa y esos ojazos, existía un ser frío y calculador que no se detendría ante nada. Cada consejo que le daba, cada truco, cada tarea podía ser usado en mi contra si la situación se torcía.

    La situación ocurrió muy pronto, el error fue de ella, pero el asunto me salpicó de lleno. Cuando salió del despacho de Antonio supe que me la había jugado, su sonrisa la delataba.

    —Nuria, ven a mi despacho.

    Me levanté y traté de mantener la calma, durante un instante el nudo que se aferró a mi estómago fruto de los nervios, me dejó sin aire. Por fortuna, me repuse y caminé hacia el despacho.

    Lo primero que me reprochó mi jefe fue que no hubiese supervisado a la nueva. Ésta, al parecer, le había vendido la moto poniendo cara de gatito abandonado. Me rebelé, si aquel tipo pensaba que iba a agachar la cabeza estaba equivocado. Podía no ser tan arpía como la nueva, pero no estaba dispuesta a crear un precedente y poner el culo cada vez que esa zorra quisiera.

    —Eres tonto. —dije sin pensar.

    —¿Qué dices? —replicó Antonio con cara de sorpresa.

    —Digo que todos los tíos os volvéis gilipollas en presencia de una joven atractiva. Seguro que la zorra te ha hecho ojitos y te ha ablandado el cerebro con su monserga. Pero para tu información los hechos son los que son.

    Después de este arranque salido de la rabia que acumulaba, expuse con respeto y precisión los pormenores del caso. No tuve piedad con Paula. No la merecía.

    Después de recibir a un cliente y hacer unas llamadas. Antonio salió del despacho y parándose enfrente de Paula dijo.

    —¿Vamos a tomar un café?

    —Yo prefiero manzanilla. —respondió la joven cameladora.

    —Lo que sea. Vamos a la cocina. —dijo Antonio molesto.

    No pude evitar sonreír celebrando mi victoria. O eso creía yo.

    Al día siguiente, Paula estaba seria y me alegré pensando que le había caído un buen rapapolvo. Aunque luego la pillé sonriéndome de manera enigmática y me entraron las dudas.

    Ya por la tarde, antes de ir a casa, fui al baño y me entretuve un buen rato. Cuando salí no quedaba nadie, sin embargo, el despacho de mi jefe tenía la puerta entreabierta y había luz.

    Me acerqué procurando no hacer ruido.

    —Ya sabes lo que toca. —oí que decía don Antonio.

    Luego oí el sonido de una cremallera bajándose. Luego un gemido.

    Me asomé con precaución para no ser vista.

    Paula estaba sin camiseta y sin sujetador, de cuclillas. Su espalda desnuda. De pie, con los pantalones de vestir y los calzoncillos a la altura de los tobillos mi jefe. Sus ojos estaban cerrados.

    Paula chupaba y chupaba.

    Me retiré pegándome contra la pared mientras mi corazón latía con fuerza.

    Las palabras que acababa de oír y las imágenes de la felación en mi mente. «Ya sabes…», no era la primera vez pensé. Una idea tomó forma en mi cerebro, los dos, ayer, en la estrecha cocina. Seguro que esa zorra había hecho todo lo posible por quedar bien y se había ofrecido a su jefe… podía haber sido al revés, pero no cuadraba con su actitud de hoy. Imaginé a Antonio manoseando los pechos y el culo de la empleada mientras ella le susurraba al oído lo mucho que le ponía que le metiesen mano.

    Sentí un cosquilleo en su bajo vientre. «¿celos?, ¿envidía?»… tenía marido y follaba con cierta frecuencia y me lo pasaba bien, pero… «No era nada prohibido, siempre el mismo ritual… solo cambiábamos la posición. A veces yo estaba arriba y el abajo, a veces al revés… y luego abrazados un buen rato. ¿Eso me gustaba no?, ¿acaso mi marido no demostraba lo mucho que me quería?… y sin embargo, ahora, aquí… ¿de dónde venía ese deseo? ¿Pura lujuria? O algo más…»

    Me sentía culpable de sentir, de querer unirme a mi compañera y a mi jefe, de querer unirme en una orgía. Odiaba a esa zorra, de buena gana le daría unos buenos azotes a esa niña malcriada… sí, le daría unos azotes y le lamería el culo y las tetas y le besaría y…

    «Basta» pensé.

    Miré de nuevo.

    Ahora Paula estaba inclinada sobre el escritorio con el culo al aire. Antonio se estaba colocando un condón.

    Aguardé hechizada con aquel trasero.

    Mi jefe la cogió por detrás y empujó. Su trasero peludo tomó protagonismo contrastando con la imagen de las nalgas y deliciosa raja de la nueva que permanecían cubiertas por el varón.

    El sonido de los huevos chocando contra los glúteos se mezclaba con los jadeos de ambos amantes.

    Me aparté de nuevo apoyándome contra la pared. Tenía la mano metida en las bragas y me estaba frotando el coño. Quería más. Manipulé un dedo que se aventuró a entrar en mi vagina mojada por el deseo. Lancé un gritito y sentí miedo. Miedo a ser descubierta.

    Entré en el baño de mujeres y tras cerrar el pestillo me bajé las bragas, subí la falda y me senté en la taza.

    El orgasmo no tardó en llegar.

    Luego oriné, me sequé el chocho y la raja del culo con papel higiénico y volví a casa.

  • Mi amigo me la mama y me encanta (parte 2)

    Mi amigo me la mama y me encanta (parte 2)

    Luego de ese día en el que mi amigo me la mamó dos veces las cosas cambiaron mucho entre nosotros, y todo empezó a tener sentido, siempre pensé que era de esos típicos malos amigos que siempre se acercaba mis novias le gustaban porque notaba cierto rencor cuando salía al tema alguna de ellas, siempre pensé que estaba celoso de mi o que me tenía envidia, pero no era del todo cierto.

    Hasta cierto punto su envidia se retorció de manera que en lugar de verse en mi lugar (como me cogia a mi novia o como la ponía a mamármela) se veía en el lugar de ellas y supongo que de ahí había nacido la atracción que él sentía por mí y esas ganas de estar conmigo (verme el pito, agarrarlo o mamarlo).

    La cosa es que después de ese día cada vez que estábamos solos me hacía ese tipo de cosas, me daba mamadas o me seducía agarrándome la verga por encima del pantalón. Y a decir verdad me encantaba esa dinámica entre nosotros, me hacía sentir atractivo y deseado. Así que yo también buscaba estar a solas con él y me encantaba cuando me bajaba el pantalón y mis partes sexuales quedaban expuestas ante mi amigo con el propósito de darnos placer sexual. Ufff, de solo recordar esa sensación me dan ganas de tenerlo aquí conmigo y sentir sus manos de hombre bajándome el pantalón y amamantarlo como siempre lo hago, creo que me ha sacado más la leche que cualquiera de mis novias. Aparte de que me encanta que sea nuestro secreto porque nadie más me hace sentir lo que mi amigo me hace sentir.

    A veces nos vamos de parranda en su auto con el pretexto de que vamos de juerga, ya que es una fachada que nuestros amigos y conocidos se creen, lo que no se imaginan es que mientras estamos solos, yo me tomo mi cerveza y mi amigo se prende de mi verga como si fuera un becerro a las ubres de su madre y me exprime los huevos con su áspera mano para poderse tragar mi lechita.

    Me encanta en verdad, no estoy seguro de que quiera que me lo coja porque todo lo que hace es darme mamadas mientras él se pajea, pero yo no me quejo, sé que el disfruta tanto como yo y posiblemente nunca deje de tener a mi amigo a mi lado, y eso me gusta porque siempre tendré una mamada asegurada (cosa que no tengo asegurada con mi novia) tal vez a la próxima le pregunte si quiere que me lo coja.

    Ya les estaré contando que pasa. Disfruten de su paja en honor a la bonita amistad que sostengo con mi amigo.

  • Mi mejor amigo me feminizó (parte 3)

    Mi mejor amigo me feminizó (parte 3)

    Durante la semana todo fue normal, comencé a usar la peluca y la ropa que me dejó Daniel y de vez en cuando me miraba en el espejo, haciéndome alguna que otra pose para ver si en verdad me veía bien.

    – ¿Qué estoy haciendo? Esto no me gusta… Pronto va a llegar…

    Daniel tenía por costumbre llegar a las 6 de la tarde todos los días y su rutina era comer algo, bañarse y ver algo juntos en la televisión.

    Yo debía cumplir con hacer la limpieza durante el día y cocinar para mantener todo en orden, a veces me quedaba algo de tiempo extra para descansar, pero aun así no me terminaba de sentir bien del todo.

    Cuando nos sentamos a ver la tele puso una peli donde una chica usaba un plug anal y le daban varios hombres a la vez.

    Me levante del sofá y fui por papel para cuando estuviera a punto de acabar, pero antes de eso me tomo del brazo de golpe.

    -Espera, voy a buscar algo primero, quédate aquí viendo la tele. – Me dijo mientras entraba a su habitación y volvía con un plug con forma de corazón en el tope.

    Se sentó nuevamente en el sillón y aún con la verga afuera me quedó mirando mientras sostenía el plug y me dijo:

    -Dime que prefieres, ¿usar este plug, o hacerme acabar tu con tus manos?

    Cuando lo escuche me quede helado, ¿Qué le estaba pasando? Yo no soy gay, porque debería hacer esas cosas si no quería…

    – ¿Estas bromeando verdad? Jajaja No haré nada de eso…

    -Te daré una tercera opción en ese caso, solo porque soy alguien bueno y quiero que te sientas bien… Me haces acabar con tus manos, usas el plug, o salimos a pasear un rato, decide o lo haré yo.

    Cuando dijo lo último sentía que el corazón se me saldría del pecho, ¿Qué iba a hacer? Si alguien me veía y me reconocía por la calle, ¿Cómo explicaría todo esto? Estaba entre la espada y la pared…

    -Espera… No, no harías eso… No puedo salir a la calle así…

    -Entonces elige el plug o tus manos, elige ahora o vamos a salir a dar una vuelta.

    Mi corazón se estaba acelerando tanto y entre los nervios solo cerré mis ojos y llevé mis manos a su verga. Sentía como esa cosa palpitaba y no quería verlo, solo me enfoqué en la película y no le dije nada.

    Luego de un rato sentí como soltaba semen por el suelo y manchaba un poco mis manos, se sentía tan extraño, estaba temblando como si tuviese frío y el aún no se levantaba del sofá.

    – ¿Si te enteraste que ya acabé cierto?

    -Si… Lo pude notar, manchaste todo, hasta mis manos.

    – ¿Entonces porque todavía no me has soltado si ya acabé? ¿Acaso te gusta sentirla?

    Sentía cómo mi cara se ponía roja por completo y quitando mis manos de su miembro me levanté y me fui a lavar mientras que Daniel apagaba la televisión y se iba a dormir.

    Cuando salí del baño me fui a mi habitación y me percaté que había dejado el plug en mi mesa de noche.

    -Idiota…

    Me desvestí y me acosté a dormir, pero me costaba conciliar el sueño, me movía de un lado a otro, la película y lo que había hecho, de alguna forma me gustó, era como haberme tocado yo mismo y necesitaba hacerlo… Llevé mi mano hasta mi pene, pero era inútil, no podía hacer nada, veía el plug tan cerca y recordando a la chica de la película pensé, «¿Que se sentirá usar uno?».

    Entre mi curiosidad y mis ganas de masturbarme comencé a acariciar mi culo y tomando el plug intenté empujarlo, pero dolía un poco. Me lleve el plug a la boca y lo llene de saliva para ver si ahora entraba, entre la angustia y el tira y afloja con el hecho de si hacerlo o no, decidí apoyar mi cara sobre la almohada y levantar mi culo, apoye el plug en la entrada de mi ano y empuje hasta que solo quedó el tope afuera.

    Se sentía tan extraño y a la vez tan diferente, intentaba apretar, pero sentía como si se metiera más cada vez que lo intentaba, estuve un buen rato y me percate que mi pene estaba goteando líquido preseminal. Pasado un poco de tiempo me lo saqué y me dormí.

    Al otro día desperté y el plug había desaparecido de mi habitación, me arreglé como de costumbre, me puse la peluca, falda, top y una lencería negra. Cuando salí de la habitación vi una nota otra vez en la mesa junto a una bolsa.

    «Estaré ausente un par de días, pero te deje un regalito para que te diviertas en mi ausencia».

    Busqué en el interior y al sacarlo me di cuenta que se trataba de un dildo con base para pegarlo en algún sitio, al verlo pensé en que estaba loco, como se le ocurría que iba a usar esta cosa para divertirme.

    Fui a prepararme algo para comer y me puse pálido del susto. Daniel se había llevado todo lo que había para comer y para preparar, me dejó solo en el departamento sin nada más que ropa femenina y algo de dinero en el mostrador de la cocina para que fuese a comprar las cosas yo… Dios… ¿Cómo se supone que haré esto ahora?

    Si quieren saber que ocurrió después denle apoyo a este relato amores, iré subiendo los partes de esta historia cada semana, espero lo disfruten mucho.

  • Licenciada Paula (parte 2)

    Licenciada Paula (parte 2)

    Me acerqué, y la besé con pasión,  a la vez que ella tomaba mi pene y lo masturbaba, la tomé por la parte trasera de la cabeza para dirigir los besos, ella estaba perdiéndose en mi boca, bajé a su cuello, ella me tomaba del cabello mientras yo iba bajando para ir a lo que quería, esas chichis que tanto deseaba tener, comencé tocándolas, apretando levemente sus pezones, procediendo a chuparlos y disfrutar como gemía de gusto por tenerme ahí.

    Luego de unos minutos y de dejárselos empapados de mi saliva, me solicitó:

    – Quiero probar eso que llevo rato tocando, está caliente, huele bien y quiero conocer su sabor.

    – Disfrútalo como yo estoy disfrutando de esas tetas tan deliciosas.

    Empezó a chupar la punta, babearlo, escupirle, lo hacía lento, ya que los brackets la limitaban un poco, pero lo hizo delicioso, lamía como se debe, y la metía lo más profundo que podía.

    – Realmente sabes lo que haces, Paula

    – Quiero ver qué hacer tú Ahora

    Se acostó en la cama y era mi turno, ella estaba experimentada, tenía que hacerlo bien si quería que se repitiera.

    Inicie pasando mi boca por sus muslos, acariciando su cuerpo, eso le fascinaba, se retorcía y decía sentir cosquillas deliciosas, lamía lentamente hasta llegar a su vagina, dónde usé mi lengua extendida, dando una pincelada larga y lenta por toda su vagina y terminando en su clítoris, dónde comencé a dar lengüetazos, a la vez que tomaba sus piernas y entrelazaba mis manos con las suyas, gemía tan delicioso, sabía tan exquisita y se sentía tan bien, que comenzó a tomar mi cabeza y moverse ella misma, mientras mi lengua continuaba estimulándola. Ingresé un dedo en su orificio que se encontraba totalmente empapado, por lo que fue fácil entrar; acto seguido comencé a mover el dedo hacia mí, estimulándole más y provocando que gritara.

    – Santos! ¡Santos! ¡Por Dios! No me importa lo que estás haciendo pero no pares! ¡Es lo que mejor!

    Obedecí su petición, estuve un muy buen rato tocándola, hasta que comencé a hacerlo más contante, hasta el momento en que comenzó a temblar y te jalo el cabello para quitarme de su vagina, gritó como jamás la había oído.

    – Santos! ¡Te necesito! ¡Métemela ya! ¡Así! ¡Hazme lo que quieras después, pero penétrame en este momento!

    – A mi amante lo que pida!

    Puse mi verga en posición, le escupió a su mano y la restregó en mi miembro, después comencé a introducirlo, estaba más que lubricada, hervía de cachonda, así que prácticamente su concha la absorbió, se sentía tan bien, nunca había tenido relaciones sin condón y lo estaba disfrutando mucho, ella gemía y me pedía besos, chupar sus pechos, y decía cosas que me calentaban.

    – ¡Ay cariño, la siento tan profundo! ¡Me vas a dejar más invalida!

    – Yo te cuido, pero esto te pasaría diario

    – Yo soy tu mujer puedes hacerme lo que quieras, menos sacármelo

    – Ah, ¿eres mi mujer!?

    – Si, toda tuya

    – Y puedo hacer lo que yo quiera?

    – Sí mi amor, tú pide y yo obedezco

    – Me quiero venir adentro de ti!

    – Dónde quieras, chamaquito! ¡Yo me los trago y los absorbo!

    – Me voy a venir!

    – Relléname!

    Me salió tanta leche que en el momento que salí de dentro de ella, mis chicos se escurrían, a lo que ella dispuso.

    – Wow, está muy calientita, siento como sale y… (Tomó un poco de lo que le salía y lo probó) mmmm está muy rico!

    – Me alegra que te guste, lo que te salió a ti me encantó.

    – Pues si todavía aguantas, quiero que te vengas en mi boca para poder probarlos directamente.

    – Por supuesto que aguanto, solo déjame… (Me acerqué a sus pechos para olerlos, sudaban y tenían un aroma tan delicioso, que procedí a chuparle todo hasta que casi casi solo olía a mi saliva) son perfectos.

    Me levanté, y le pedí que se sentará hacía la cabecera de la cama, de modo que mi pene quedará a la altura su boca y que me lo chupara para darle lo que me pidió, lo hizo y comenzamos.

    Comenzó chupándolo con tal pasión, que desbordaba saliva que caía en sus chichotas, lo que aproveché para la rusa más rusa de la vida, se deslizaba con tal facilidad y las apretaba tanto, que sentía que me saldría la leche en cualquier momento, así que le dije.

    – Ya viene! ¿¡Lista!?

    – Lista! (Dijo con la boca abierta y la lengua afuera).

    Expulse 3 grandes chorros, de los cuales 2 fueron a la boca embarrando parte de sus labios y cayendo hasta sus pechos, y el 3ero fue hacia su rostro, dejando manchada su nariz, cachete y frente. Me senté en la cama rendido, y mirándola, sentada y con mi leche por la cara y senos, tomándose mi leche y mirándome con esa sonrisa que me estaba encantando ahora más que nunca.

    – Está dulce

    – Gracias, estuvo muy bien eh

    – Ya sé, quién te viera mocoso, si sabes cogerte a una mujer

    – Solo a las de verdad (le guiñe un ojo)

    – Jajaja, déjame ir limpiarme, y nos vamos a dormir porque no hemos descansado, y por mi condición no puedo aguantar más, ¿me ayudas? Y te dejare dormir entre mis pechos.

    – Claro, aunque no te prometo no chuparte los mientras duermo.

    – Cuento con ello (me guiño el ojo).

    Terminamos de limpiarla y nos acostamos desnudos, cumplió su palabra y dormí todo el tiempo entre sus pechos, oliéndolos, ese aroma a sexo era inigualable. Pasaron las horas y despertamos, tomamos un baño (por calientes y para ayudarle) y me retiré de su casa, no sin antes decirme.

    – Yo soy tu mujer, y necesito que vengas a cuidare cuando esté sola

    – Yo soy tu hombre, y mi deber es complacerte

    Me fui a casa, esperando con ansias el siguiente encuentro.

  • Entrevista para la comunidad

    Entrevista para la comunidad

    ¡Hola queridos! Soy Tania Love, travesti de closet y hoy quiero compartirles una entrevista que me hizo mi amiga Diana (travesti full time), me pareció interesante y agradezco que se fijara en mí de esta forma, como ser humano. Ojalá les guste.

    D. Hola tu nombre es:

    T. Tania

    D. Eres todo un hombre físicamente… ¿Cómo te defines?

    T. Mira, tuve el honor de nacer hombre, luzco como uno, hago vida como uno, pero me defino bisexual, primordialmente pasivo, me encantan los hombres y vestirme de mujer para ellos… Se puede decir que soy travesti de closet.

    D. ¿Casado?

    T. Si… El tener esta vida masculina exige en ocasiones cumplir con ciertos protocolos sociales, casarse, considero yo es uno de ellos.

    D. ¿Cómo es tu relación con tu esposa?

    T. Normal, como cualquier pareja, vamos al súper, cocinamos, etc…

    D. Y… ¿En el sexo?

    T. Uff… Bueno, te darás cuenta que soy ya un hombre maduro, tengo 52, el libido masculino ha disminuido bastante. Cuando joven fui muy activo con ella, teníamos sexo en cualquier lugar y momento, soy completamente funcional en el plano masculino, aún tenemos relaciones.

    D. ¿Ella sabe tus preferencias?

    T. No … Aunque soy muy abierto con ella, solo funciono como hombre para ella, la satisfago y trato de tenerla contenta en lo posible.

    D. ¿Lo logras?

    T. En el momento si, pero debo decir que ella tiene relaciones con otros, ella piensa que no lo sé, pero es una verdad que ella necesita satisfacer sus deseos, es muy ardiente y tú sabes… Sandía grande no se la come uno solo jaja!

    D. ¿Piensas confesarle alguna vez tus gustos?

    T. No lo sé… Como dice una canción: «nadie sabe al día siguiente lo que hará» pero es muy lejana esa posibilidad.

    D. ¿Alguna vez pasó por tu mente el cambiar de sexo?

    T. No… Soy travesti con gusto por los hombres, no quiero ser mujer. Me encanta que los amantes imaginen en mi a la mujer que siempre han querido, realizar sus fantasías y tenerlos satisfechos, pero cambiar de sexo… No.

    D. Emocionalmente ¿Te hace falta amor de un hombre?

    T. Uff… Te mentiría si te dijera que no, es necesario que las relaciones vayan más allá del sexo, para mí es importante sentir afecto y por qué no… Amor. Amor de un hombre, Yo amo a los hombres, me gusta su forma de ser, de pensar y de amar, por supuesto que me hace falta.

    D. Entonces… ¿Estarías abierta a una relación con un hombre que te ame?

    T. Jaja eres muy lista! Pero… Si, y si la siguiente pregunta es que si lo busco, te respondo de una vez… No, llegará cuando tenga que llegar y si no llega no hay problema.

    D. Gracias hermosa! Tus respuestas son muy valiosas para nuestra comunidad.

    T. Gracias a ti linda!

    Eso fue la entrevista que me hicieron favor de hacer para una comunidad transgénero hace unos años. Ojalá les haya gustado. Les dejo como siempre mi correo [email protected] para recibir sus comentarios.

    ¡Besos!

    Tania Love.

  • Pegging ¿algo enfermizo?

    Pegging ¿algo enfermizo?

    Hacíamos tiempo mientras se preparaba la comida, estábamos limpios fresquitos y vestidos, bueno yo me puse el pantalón vaquero mientras mi calzoncillo estaba tendido, era su casa y yo andaba con lo puesto. Ella sí estaba medio desnuda, con una camisa de tirantes finos que dejaba ver su ombligo y unas braguitas verdes metidas en el culo, siempre descalza. Era una diosa y me tenía cautivado, sabía tratar y dar a los hombres lo que les gusta en cada momento, le excitaba dominar.

    Cada vez que nos cruzábamos nos morreábamos y nos chupábamos, yo le comía el escote y ella lamia mis pezones, el horno siempre encendido.

    Mientras ponía la mesa pude ver a la vecina en la terraza haciendo tareas, me escondí para observarla, ahora era yo quien espiaba, ya la había pillado espiándome ella a mi estando en calzoncillos y me gustó. Seguía con la misma camisa, pero había cambiado los pantalones por una faldita corta, me excite al pensar que no llevaba bragas. Seguí mirando un poco empalmado, tenía rasgos asiáticos, filipina o thailandesa y aunque parecía una cuarentona larga, tenía buen cuerpo, desde mi posición aprecié unas tetas desproporcionadas. Estaba bastante cachondo y distraído, mi chica me vio.

    Cuando me preguntó que estaba mirando, mire a la terraza y ya no estaba, no me corte y le dije que espiaba a su vecina. Ella se reía y quería saber más y mientras comíamos me confesé sin tapujos. Se excito muchísimo cuando le conté que esa mañana me había masturbado en la ducha oliendo sus bragas sucias, se la ponían los ojos como platos y se mordía el labio. Le conté como había pillado a la vecina espiándome, le dije que me había excitado muchísimo y me había empalmado, también le conté que estaba dispuesto a masturbarme mientras me miraba pero se fue y me quedé con las ganas. Ella estaba encantada, mientras me decía que era un guarro me puso las tetas en la boca y masajeando mi polla por encima del vaquero me dijo: » voy a preparar estas braguitas que llevo para ti cochino», me empalme como un burro. Se fue a dormir la siesta y decidí echarme también.

    La habitación estaba con la persiana bajada, estaba oscuro y me sentí a gusto quitándome el pantalón para dormir desnudo. No sé cuanto había dormido cuando me despertó ella de golpe abriendo la persiana hasta arriba y dejando entrar luz, me cegué y me puse boca abajo tapándome los ojos con la almohada. Cuando giré la cabeza la vi ahí de pie mirándome y comprendí que empezaba la acción.

    En una mano llevaba las bragas verdes que antes tenía puestas, podía apreciar el verde más oscuro donde estaban más húmedas, en la otra mano pajeaba una polla unida a su arnés. Me di cuenta que estaba desnudo y me excité, me sentía vulnerable. Mojo su mano en su coño para lubricar el falo, luego seco su chocho con las bragas y me las puso en la nariz: «te gusta como huele a que si guarro» me dijo. Me daba azotes hasta que contestaba y yo decía que si.

    Tenía la polla como un garrote. Metió las bragas en mi boca, las dejo ahí y empezó abrir mis piernas, estaba en posición rana, la cara y las manos en la almohada. Estaba sintiéndome usado, castigado. Ella se subió a mis piernas y a empezó a metérmela, sentir como estaba encima de mí metiéndomela y no poder moverme hizo que me corriera, disimule los gemidos para que no se diera cuenta.

    Note la humedad en la tripa. No se dio cuenta y la metió hasta el fondo de un tirón, grite de dolor pero sus bragas en mi boca amortiguaban mis gritos, que era uno por embestida, me estaba follando muy duro. Ella jadeaba sudorosa mientras embestía todo lo fuerte que podía, me dolía, me excitaba, me gustaba. Empezó a frenar y me la sacó poco a poco, me dijo que me diera la vuelta y obedecí.

    Se dio cuenta que me había corrido, enseguida levantó mis piernas y me la metió de golpe embistiendo fuerte, yo seguía gritando de dolor mientras me decía que me había corrido sin permiso, la tía era un martillo y me estaba rompiendo el culo. Mientras me follaba con fuerza me decía: «siempre que te corras quiero verlo cochino, ¿de acuerdo?». Me azotaba hasta que decía que sí, estaba tan profundamente empalado que casi no me salía el aire.

    Saco las bragas de mi boca, me decía que no me acostumbrara mientras seguía zurrándome el culo, me sentí como un juguete, cachondísimo y como pude la avise que me iba a correr. Enseguida empezó a embestirme más deprisa, mire su cara de placer mientras me hacía una paja y me dijo: «córrete cabron» y un grito de placer precedió a una fuerte corrida que ella dirigió a mi cara.

    Seguía follandome, pero a un ritmo menor, ya casi no sentía el culo. Notaba como me chorreaba mi corrida por la cara, pero me volví a excitar otra vez cuando me la restregó por los labios y luego se lamio la mano. Estaba cachonda, me estaba follando, notaba que tenía el control, se excitaba, se crecía. Limpio mi corrida de la cara con las bragas y seco su chocho, volvió a metérmelas en la boca, me estaba castigando y me excitaba cómo me utilizaba.

    Me dijo que pusiera el culo en pompa y pegara la cara a la almohada como yo había hecho con ella, estaba claro que se estaba vengando. Obedecí y me puse en posición, note cómo volvió a abrir mi culo, lo sentí vulnerable, me excite.

    Me la empezó a meter suave, cosa que agradecí, pero la metía hasta el fondo y me dejaba sin aire, notaba la humedad de las bragas en mi boca. Me observaba gemir, sabía que me gustaba sentirme usado y me dijo: «mira cómo le gusta que le folle el culo a mi putita», mi polla se puso dura y ella empezó a embestir con más fuerza.

    Estaba empalado casi sin aire y volvió a sacarme las bragas de la boca, yo jadeaba sin parar, no entendía como tanto dolor generaba tanto placer. Siguió humillándome cuando me puso las bragas de gorrito mientras me follaba con fuerza, decía que yo era su juguete.

    Tiro de las bragas y me puso a 4 patas, yo ya era un saco, estaba agotado, sentía que podría hacer lo que quisiera conmigo y era una sensación excitante. Estábamos sudando a chorros, pero seguía embistiendo con ganas, me preguntó si me ponía cachondo que me mirara la vecina y dos azotes después dije si con un jadeo entrecortado, me sentía castigado, violado.

    Tiro de las bragas y levantó mi frente hacia la ventana, la persiana estaba levantada y pude ver a la vecina escondida mirando como me rompían el culo, me puse muy cachondo muy rápidamente y jadeaba sin parar y sin poder dejar de mirar.

    «¿Te gusta no? ¿Querías que te viera la vecina no? Pues ya te está viendo cabron», me dijo dándome fuertes embestidas profundas y espaciadas, yo decía si como podía jadeando para coger aire.

    La vecina pensaba que no la veían y buscaba la mejor perspectiva entre los barrotes y yo jadeaba mientras la miraba, no aguante más y grité mientras me corría sin control, perdiendo las fuerzas en las piernas y dando un fuerte gemido continuado, seguro que pudo oírme. Me había corrido a lo bestia mientras me follaba el culo una tía buena y me miraba su vecina asiática, sentía placer, joder ¿estamos enfermos?

    Dejó de violarme y me puso boca arriba, estaba sudadisima y excitada. Mientras se quitaba el arnés vi como la brillaba todo el cuerpo, las gotas de sudor recorrían sus tetas, era una diosa. Sin mediar palabra empezó a ordeñar las últimas gotas de mi polla, no estaba tiesa pero que gran sensación, era tan cochina como yo. Se sentó en mi cara y empezó a frotarse, sentí la cara húmeda rápidamente, me dijo que chupara, que fuera guarro: «trágatelo todo cabron» fueron sus palabras. Gemía y se retorcía en cada frote, se notaba como disfrutaba, balbuceó que la vecina la estaba mirando y se iba a correr, chupe su chocho y se corrió a chorros en mi boca mirando a la vecina, no quito su coño de mi boca hasta que lo tubo bien escurrido. Se reía, estaba satisfecha y salió de la habitación. Yo quede agotado y me palpitaba el culo, me quite las bragas de la cabeza, tenía el cuerpo lleno de corridas y fluidos, me había sometido, castigado y humillado mientras su vecina miraba, que la tubo que gustar porque no se sabía que la estaban viendo, pero se quedó hasta el final.

  • Mi cuñada en navidad

    Mi cuñada en navidad

    Les voy a contar como por fin pude cumplir mi fantasía. Desde los 18 me casé y les juro que amo a mi esposa Rocío. Tenemos la misma edad, novios desde la secundaria, ahora con 35 años de edad. Pero al paso de los años tuve que ver como su hermana Marcela crecía, se desarrollaba y se volvía para mí una obsesión.

    Toda la familia de mi esposa es delgada, pero nalgonas. Por eso me casé, no podía dejar de saborear las caderas de Rocío, una locura como debajo de esa cintura ajustada vivían ese par de nalgas. Pero lo de Marcela fue diferente. Ambas son castañas y con una cara hermosa, labios gruesos y pechos pequeños, pero las nalgas de Marcela crecieron mucho más y al paso de los años se pusieron más redondas. Por una ruptura amorosa ahora ella vive con nosotros en la capital, sigue trabajando de secretaria así que usa ropa ajustada, pantalones y vestidos que lucen espectaculares con su cuerpo. Así que como salíamos a la misma hora al trabajo, yo salía detrás de ella en un largo pasillo con un par de escaleras para admirar el movimiento de sus nalgas, luego llegaron los benditos teléfonos inteligentes, así pude grabar casi a diario cada atuendo ajustado a ese culote.

    —tu siempre viendo el teléfono -me decía, no sé si sospechaba.

    —un ratito antes de trabajar no hace daño

    —te vas a freír el cerebro –lo que me exprimía era la verga en el baño del trabajo, miraba sus videos para masturbarme y los eliminaba antes de llegar a casa.

    Muchos me decían que si no me daban ganas de tocar esas nalgotas, obvio si, pero como les digo a todos. Amo a mi esposa. Algunas veces hasta cerré los ojos mientras tenía sexo con Roció e imaginaba que era su hermana. Así estuve durante meses. Hasta la noche previa a navidad.

    Marcela tuvo la cena navideña en su trabajo, así que llegó un poco pasada de copas y muy contenta, tanto que no paro hasta que Roció aceptó tomarse unas copas con ella.

    —vamos, tú nunca quieres tomar -le decía haciendo pucheros de niña.

    —Mañana tengo que preparar la cena, vienen mis papás acuérdate

    —solo una -le decía con insistencia

    —Bueno… pero una y ya me dejas en paz

    Para no interrumpir me metí a mi habitación a ver una película, escuchaba como reían como locas, al final me quedé dormido y ya de madrugada noté que mi esposa no estaba en la cama, salí y vi a ambas tiradas sobre los sillones, tres botellas de vino vacías y una más de tequila. Cargué a Rocío hasta la cama y regresé a la sala para hacer lo mismo con mi cuñada, pero me detuve en seco apenas estuve frente a ella. La belleza de 30 años que en mi mente saboreaba estaba tendida sobre el sillón con esos leggins que parecía reventarían con ese culo, moví una de sus piernas para ver si despertaba, pero no fue así, aunque ahora estaba con las piernas un poco separada y podía ver como su ropa interior se metía entre su panochita. Tal vez por instinto o para frenar los miles de pensamientos que tenía en la cabeza devolví su pierna al sillón, pero ahora con el movimiento se bajó un poco su pantalón y pude ver el encaje de esa tanga rosa pastel asomarse, mi verga estaba echa piedra, podía escuchar mi propia respiración y mi corazón martillaba a mil por hora.

    Por fin tuve el valor de poner mi mano sobre sus nalgas, sentía la suavidad de ese culo y como esa tanga se perdía entre sus nalgas, me arrodillé para ver mejor sus tetas y podía sentir su aliento en mi mejilla, voltee y quede a centímetros de sus labios, pude haberla besado, pero preferí otra cosa.

    Me levante, baje el cierre y acerque mi verga a la misma distancia, la recargué un poco con los nervios a tope y pude ver la punta rozar sus labios rojos, no pensé que se pudiera poner más dura pero así fue en cuanto sentí el aliento chocar con la cabeza de mi verga, la acomode un poco y pude hacer que entrara, su saliva mojo mi verga y ella respingó, solo se giró, con el movimiento bajo más su pantalón y ahora pude ver sus nalgas desnudas.

    Bajé con suavidad su pantalón, si se despertaba no sabría qué hacer, aun así, seguí hasta que pude ver y oler su sexo. Detrás de ese pedazo de tanga estaban las arrugas de su ano y debajo veía como sus labios humedecían la tela. Pegué más nariz y me llené de su aroma. Luego con la yema de mis dedos rose un poco, me acomode y coloque mi verga sobre su panochita, sol quería sentir ese calor. Pero en cuanto logre colocarla resbaló y empuje hay estar bien dentro de ella.

    Ahí en la obscuridad y en silencio, permanecí inmóvil esperando alguna reacción que no llegó y comencé a menearme entrando y saliendo suavemente de Marcela que roncaba sin parar, mi verga estaba envuelta en su humedad y no resistiría demasiado, tampoco podía terminar dentro de ella, todo eso pasasen mi cabeza mientras seguí cogiéndola de lo más rico, en cuanto sentí que no podía más saqué mi verga y vi mi semen chocar en sus enormes nalgas y escurrir sobre ellas.

    Exprimí lo más que pude mi verga y luego con mi camiseta l limpie un poco, me levante y puse mi verga aún con restos de semen sobre sus labios dejando una gota sobre ellos. Fui al baño por toallas húmedas para terminar de limpiar su culo, pero en cuanto salí noté que ya no estaba ahí, escuché como se cerraba su puerta y tuve tanto miedo que apenas y pude dormir.

    Al día siguiente con mis suegros en casa todo fue de lo más normal, Marcela me pidió que la acompañara por pan, no pude negarme y salí como siempre tras ella mirando su culo en esos pantalones entallados.

    —¿qué milagro que no traes tu teléfono?

    —aquí lo traigo nomás no tengo ganas de ver nada.

    —yo hasta pensé que me grababas las nalgas –dijo girando un poco la cabeza para ver mi reacción.

    —¿cómo crees cuñada? -dije casi ofendido

    —No serías el primero ni el último, mínimo dime que no te desagrada –dijo soltando una carcajada.

    —para nada cuñada, para nada.

    —ya lo sé -dijo ella doblando a la izquierda para abordar un taxi y dejándome helado con mil ideas en la cabeza.

    Hoy es fin de año y tanto Marcela como mi esposa están tomando, yo espero en la sombra de mi habitación a qué se repita lo de navidad.

    Ya les contaré.