Blog

  • Mariana, la presidenta de colonos

    Mariana, la presidenta de colonos

    Buenos días a todos, mi nombre es Mariana tengo actualmente 39, soy del occidente de México, felizmente casada y con una maravillosa hija Ángeles de 17 años, soy contadora desde hace 10 años en una multinacional, si bien no es el trabajo más apasionante del mundo me permite vivir cómodamente, estoy casada con Cesar (mi novio de toda vida) lo conocí a los 17 y llevamos 20 años juntos él es directivo en la misma empresa, lo cual nos reporta por un lado un tren de vida muy alto y por otro lado sus innumerables viajes me proporcionan la independencia que siempre he querido.

    En el aspecto físico soy una chica normal mido 1.70, algo rellenita, pero con unas curvas increíbles gasto una talla 36D de sujetador mi marido y mis amigas me dicen que, aunque me sobran algunos kilos soy un verdadero mujerón.

    En el aspecto sexual soy una persona muy tradicional si bien los primeros años de noviazgo, fueron ardientes y variados, con el paso del tiempo solo practicábamos sexo dos veces al mes durante en sesiones muy rápidas y siempre en la postura del misionero.

    Les quiero a relatar un suceso que cambió por completo mi vida y la de mi pareja, hace cinco años compramos un departamento en una exclusiva zona de Cancún, en la reunión de vecinos del año pasado medio por obligación y medio porque soy una de las pocas personas de la comunidad que se interesó, me eligieron presidenta, en la última reunión tediosa como siempre me encomendaron que visitara al dueño de los tres locales que tiene el condominio, en un principio pusieron un restaurante chino y un pequeño supermercado pero el año pasado los compro un ruso y madre mía había puesto un sex-shop y un bar que abría normalmente desde las 22:00 y permanecía abierto toda la noche, es mas en este bar se rumoreaba que se consumían drogas.

    Como mi marido iba a pasar cuatro días en la CDMEX cerrando el mes de julio antes de iniciar las vacaciones y mi hija aún no terminaba su ciclo escolar, la deje en casa de mi madre y me fui unos días al apartamento, para descansar e intentar hablar con el propietario del lugar.

    Llegue el lunes por la mañana y cerca de las 10 baje al bar con la esperanza de que estuviera abierto, solo me encontré a la limpiadora, le dije que si podía informarle al dueño que saliera que era la presidenta colonos y que tenía que hablar con él, a los pocos minutos salió el dueño junto a otra persona se presentó como Sergei, el otro señor, con pinta de galán de telenovela, ni se presentó, me dio su tarjeta y me dijo que se iba a cerrar unos negocios pero que si quería que volviera a las 22 y que hablaríamos, yo no tenía otra opción.

    Me fui pase todo el día en la playa y a las 20:30 me vestí con un vestido veraniego que me llegaba por las rodillas y arriba iba atado al cuello con los hombros al descubierto me puse una especie de mantilla pues nunca salía con los hombros al descubierto y baje a cenar, pedí una ensalada pues estaba a dieta no había comido prácticamente nada, me apetecía tomar una copa de vino pero el maître me dijo que solo servían botellas, pedí una botella y serían como las 21:45 cuando me había tomado más de media botella, yo lo más que solía tomar era un copa ya que el resto se lo suele tomar mi marido, cuando pagué y me levante estaba un poco mareada pero me arme de valor y fui al bar, cuando entre me presente al portero, un señor ruso de metro noventa un poco gordo pero impecablemente vestido, como Mariana la presidenta de colonos, le dije que quería hablar con Sergei, el por un aparato de comunicación hablo en ruso y no antes de darme un repaso visual completo me dijo que pasara que me sentara en la barra que ahora vendría Sergei.

    Me senté, el pub era especialmente oscuro y al fondo se veía una zona reservada, y una pequeña puerta por la que se accedía a lo que entendí como el sex shop.

    Nada más sentarme en un taburete de la barra se acercó una camarera, ella sonriéndome me dijo que Sergei tardaría algo más pero que tenía barra libre, yo no estaba acostumbrada a este tipo de situaciones, pero no quería desagradar, le pedí que me trajera algún combinado, ella me dio la carta y pedí algo que se llamaba Deep Blue, parecía un combinado suave, leí que tenía mucha azúcar y ron, me lo trajeron me pareció algo fuerte pero aun así lo bebí, sin saber cómo permanecí en la barra como 50 minutos iba por el tercer combinado cuando en la pista empezó una especie de espectáculo de baile, Dios era un espectáculo porno y el actor era el acompáñate de Sergei por la mañana.

    Por Dios, siendo yo una mujer trabajadora, madre familia y la esposa más mojigata del mundo estaba sola en un pub de dudosa reputación medio borracha y viendo porno en directo, desde luego mi posición en la barra me daba tranquilidad, veía la puerta y solo la camarera me veía, el espectáculo era muy fuerte dos chicos y una rubia espectacular follaban salvajemente, joder no sé como pero me estaba mojando, estaba casi empapada, el espectáculo iba más a más, yo ni me imaginaba que se pudiera hacer todo lo que hacían nunca había visto porno, es más en un momento dado se estaban follando los dos chicos a las vez coño por el culo y coño, lo había escuchado pero entendía que era una leyenda sexual, justo antes de empezar el sexo anal pude ver claramente como la chica olía un tarrito pequeño al olerlo se le vio como poseída los chicos habilidosamente le daban a oler el frasquito cada medio minuto y la cara de vicio de la chica era un poema.

    El espectáculo terminó y noté una mano fuerte en mi hombro, volteé y vi que era Sergei que en un muy correcto español me pregunto:

    – Veo que has disfrutado el espectáculo no?

    Yo me puse como un tomate sin darme cuenta y en la intimidad de mi rinconcito en la barra tenía una mano metida en mis bragas, yo no sabía qué hacer, el solo sonrió y me dijo:

    – No te preocupes voy a estar con mi socio en el reservado, si quieres entramos y hablamos de la problemática de la comunidad.

    Madre mía no sabía qué hacer, por un momento decidí irme pero los vecinos me preguntarían que había pasado y a qué acuerdo habíamos llegado, me arme de valor al levantarme me di cuenta de que los combinados habían hecho su efecto, pero me dije: “Mariana entra y demuestra que nadie se puede reír de ti”, entre en el reservado, estaban los 3 actores del espectáculo anterior en una mesa al fondo, vi claramente como estaban esnifando el tarro nuevamente y unos polvos blancos, enseguida se levantó Sergei y me dijo que me sentara, en la mesa había dos tarros más, me dijo que si quería beber algo más, lo correcto hubiera sido pedir un jugo o agua mineral, pero quería parecer fuerte, pedí un cuarto combinado al probarlo parecía aún más rico que los anteriores.

    – Antes que nada, quiero agradecerle el que me haya recibido, empecé a hablar lo más coherente que podía y a trasmitirle los problemas de la comunidad, el motivo por el cual solicite esta reunión con usted es porque en la comunidad nos preocupa la mala fama que podría generar sus negocios dentro de nuestra urbanización y como representante de y presidenta de colonos le quiero…

    – Espere un momento Mariana, me interrumpió Sergei, mis negocios son están perfectamente reglamentados, aquí están los documentos que los avalan

    Me sentí un poco ofendida por la interrupción, pero algo había en su personalidad que no reaccione al respecto y agache la mirada, al estar ya medio borracha no me di cuenta de que se me había levantado la falda hasta los muslos.

    Me levanté un poco para acomodarla y vi que a la chica le empezaba a realizar una tremenda mamada a uno de los actores mientras el otro se masturbaba.

    Mi mirada iba de la cara de Sergei a la escena que se producía a su espalda, ya no estaba tan cohibida, parecía que los combinados me estaban desinhibiendo.

    Tome los documentos y los empecé leer, quería despejar mi mente, volví a hablar y le plantee nuevamente todas las quejas de la comunidad y él siempre con una sonrisa en los labios, dejándome hablar, sin volver a interrumpirme, ni me dijo nada desagradable, parecía más bien que mis argumentos le parecían razonables

    De pronto a la espalda de Sergei pude ver como la chica que no dejaba de oler el frasquito se desnudó del todo.

    Yo por mi parte de forma automática deje caer mi mantilla de los hombros hasta el suelo, estaba empezando a sentir mucho calor, la chica se había tumbado en el sofá boca arriba y volvió a chupar la verga de su compañero, mientras el que se estaba masturbando dejo de hacerlo para abrirla de piernas y le metía un dedo en la vagina, el chico saco el dedo mojado y lo paso por los polvos blancos que previamente había esparcido por la mesita y se lo volvió a meter, era tan excitante que nuevamente estaba mojada.

    – Mariana!!!, era Sergei que estaba llamando mi atención, se ve que me había quedado tan absorta en lo que estaba viendo que dejé de hablar, cuando lo miré y volví en mí, tosí y di un sorbo de mi combinado, Sergei sonrió

    Como había perdido el hilo de la conversación miré nuestra mesa sin saber muy bien como continuar, en ella junto con nuestros combinados y un paquete de cigarros, estaban los tarritos que había visto oler a la chica y polvo blanco, los mire con curiosidad, en principio, aunque no estoy muy puesta en drogas pensé que era coca, pero cuando vi que se la metía a la chica en la vagina, pensé que sería algún otro producto del sex-shop, de los tarritos no tenía ni idea.

    Sergei al ver mi cara de curiosidad, cogió uno de ellos y me dijo:

    – Es Popper

    Yo no había escuchado en mi vida ese nombre

    – ¿Popper?, pregunte.

    – Si, cuando lo hueles aumenta el placer sexual

    Solté una carcajada nerviosa, pensé en mi marido y pensé en que no estaría mal aumentar nuestro placer sexual, como mencione, hace mucho tiempo que en mi relación lo hacíamos poco y demasiado rápido, yo casi no me enteraba, definitivamente necesitaba aumentar mi placer sexual.

    Pero claro estos eran mis pensamientos y de ningún modo se los iba a trasmitir al ruso, ni le dije que, no me vendría mal un tarrito de esos o más de dos.

    Pero como si estuviera leyéndome el pensamiento, Sergei abrió el tarrito y me dijo:

    – Huélelo, te gustará

    Yo que soy muy recatada normalmente habría dicho que no, pero claro la curiosidad mato al gato y llevaba unos cuantos tragos encima y con la excitación que llevaba por el show frente a nosotros, lo hice.

    Al olerlo, note un olor dulzor, parecido a la acetona de las uñas, totalmente inofensivo y lo hice de nuevo, una sensación de calor ardiente empezó a recorrerme el cuerpo, me sentía muy bien, me apoye en el respaldo de la silla, me levante la melena con los brazos, eleve mis pechos y suspire, definitivamente el Popper te hacía sentir muy bien, alargue mi mano hacia mi bebida, di un sorbo y volví apoyar la espalda, en estas maniobras de echarme hacía adelante y hacía atrás, y al hacerlo sin ningún tipo de cuidado, mi vestido había dejado ya hace mucho tiempo de taparme los muslos, y difícilmente me tapaba las bragas.

    Pero claro entre lo que había bebido, la cálida sensación y una especie de euforia que me estaba embargando, yo no me di ni cuenta.

    En este momento al mirar a Sergei, escuche que estaba argumentando sobre los problemas de la comunidad, pero una sonrisa burlona asomaba a sus ojos, mire a su espalda y vi al chico entre las piernas de la chica chupándola, lamiéndola, mi calor se hizo más intenso y entreabrí mis piernas.

    Sergei que no me quitaba ojo, me dijo

    – ¿Quieres olerlo de nuevo?

    Como un autómata afirme con mi cabeza, sentándose a mi lado, me lo dio a oler.

    La sensación fue liberadora, como si me faltara el aire, abrí más la boca, el oxígeno me parecía llegar cada vez más adentro, no jadeaba, pero respiraba muy profundamente, vi a los actores y uno estaba follándola a cuatro patas, mientras ella seguía comiéndole la verga al otro, que lenguaje Mariana.

    Mi calor ya no podía subir más, de repente note como una mano subía por la cara interna de mi muslo, en ese momento de la comunidad y mi familia no me acordaba de ellos.

    Mi cuerpo estaba totalmente receptivo, esa mano subía y yo ansiaba que encontrara la puerta de mi deseo, abrí más las piernas para indicarle el camino, poco a poco note como unos dedos desconocidos se abrían paso entre mis bragas, si bragas, si yo hubiera planeado esto quizás me habría puesto ese conjunto de lencería tan bonito y sexy que me había comprado en días anteriores.

    Pero como yo venía a hablar de la comunidad y no a portarme como una golfa, que para ese entonces poco me importaba, la mano conocedora de lo que se hacía aparto el algodón y encontró lo que buscaba, el primer dedo fue liberador, no sé si abrí más las piernas, tampoco sabía si podía abrirlas más, pero el anhelo que sentía fue calmándose, primero fue uno, luego dos, de pronto me encontré con tres dedos en mi interior.

    No fue una tarea tan difícil, mi vagina estaba lubricada por sus líquidos, Cesar pocas veces me masturbar con sus dedos, últimamente le parecía algo inmoral, por lo que al ser una situación a lo que ya no estaba acostumbrado lo dejo hacer.

    – Aaahhh!!! gemí y me recosté en la silla dejándome llevar, me gustaba, hacía mucho tiempo que mi marido no me tocaba, esa mano no buscaba nada más que mi disfrute, no solo satisfacer de forma rápida un instinto primario, me acariciaba de una manera apasionada, entraba y salía a veces suave y lento, en otras ocasiones lo hacía rápido y fuerte.

    – Siiii, sigue así, ¡¡Dios que rico!!, empecé a decirle

    – Estas bien apretadita, me dijo Sergei, para llevarse sus dedos a su boca y lamerlos, de esta forma lubricarlos y volver a su labor.

    No sé cómo o en que momento me encontré recostada en el suelo, había alfombra muy suave con lo que la sensación era muy agradable, vi mi mantilla y mis bragas en el suelo, no supe en qué momento me las había quitado, pe no me importaba, una pequeña sonrisa de satisfacción llego a mi rostro, estaba gozando como nunca.

    Sergei en ese momento acerco su boca a la mía y como desespera empecé a besarlo, fue un beso de lo más apasionado, su legua jugaba con la mía, mientras su mano seguía en mi vagina y jugando con mi clítoris, me excitaba demasiado.

    – Mmmm!!, era lo único que pudo pronunciar

    Sus dedos entraban y salían rápidamente haciendo que mi cuerpo vibrara, jamás en la vida había sentido tan rico.

    Me sentía como en otro mundo, como en una realidad alterna donde la esposa y madre feliz no existían, ¿Dónde había quedado la mujer que hasta hace algunos minutos era casta y mojigata?

    En ese momento ocurrió algo que nunca había sentido y me ocasiono una sensación extraña, pero demasiado placentera.

    – Detente por favor me voy a orinar!!, grite en mi ignorancia, en el momento que sentí que una gran cantidad de fluidos iba a salir de mí.

    – Créeme que no es eso, me dijo Sergei, tendrás un Squirt, algo que no sabía que era en ese momento

    – Meee… voooy… aaa… correr, grite tan fuerte como nunca lo había hecho, fue algo indescriptible no creía que fuera posible que es gran chorro saliera de mí, estaba volviéndome loca de placer.

    Sergei saco su mano de mí, y empezó a besar mi vientre y fue bajando más y me abrió las piernas y empezó a chuparme, no lo hacía por cumplir como pasaba últimamente con mi marido, parecía que le gustaba.

    – Estas muy rica Mariana, el sabor de tu vagina es de lo mejor que he probado

    Cada lametón me hacía elevar todo mi cuerpo, de pronto note como su lengua me penetraba, no era profunda, pero si exigente, como si me taladrara, al mismo tiempo cuando salía sus dientes mordían mi clítoris.

    – Duele, pero me gusta cuando me muerdes sigue haciéndolo, le pedí

    Estaba en el séptimo cielo cuando mi ruso, acerco el delicioso tarro a mi cara, no pregunto, lo abrió y yo deseosa acerque mi nariz y olí, otra oleada de placer se apoderó de mí, arquee mi espalda y me expuse todo lo que podía.

    En un momento dado, poco a poco los actores se acercaron a donde estábamos, siguieron a su rollo, pero más cerca de nosotros, de pronto miré a la mesa y a Sergei, él sin pregúntame, como si hubiera escuchado mis deseos, cogió los polvos de la mesa hizo un par de líneas y me miró, a esas alturas no me importaba nada quería probar todo así que me acerque a la mesa, Sergei me indico lo que tenía que hacer.

    – Tápate un lado de la nariz y aspira, así lo hice y esnifé una de las líneas,

    Que sensación tan extraña y placentera a la vez, rápidamente note que los efectos del alcohol desaparecían y solo quedaban las ganas de pasarlo bien y el hecho de que seguía caliente.

    Sergei tomo la otra línea con su lengua, yo toda laxa y excitada asentí y esa lengua que me taladraba hace un minuto volvió a hacerlo esta vez cubierta de polvo blanco, la sensación fue indescriptible, nunca en mis muchos años había experimentado nada así.

    Las drogas me estaban haciendo su efecto, me volví toda una puta y zorrona, dándome la vuelta con el vestido en la cintura, le ofrecí mi coño a cuatro patas.

    – Por lo que mas quieras no dejes de comerme, soy toda tuya, no me importaba nada en eso momento solo disfrutar del sexo, como nunca lo había hecho.

    – Sabia que te gustaría, dijo mi ruso.

    En eso Sergei se bajó la cremallera y sin bajarse los pantalones siquiera, se cogió la polla, yo miré curiosa y abrí los ojos como platos al ver semejante instrumento en sus manos, mi marido estaba bien, pero claro no tenía con que comparar, ya que él había sido el único hombre en mí vida, la de Sergei era gruesa, venosa y más larga que la de mi marido, Dios la superaba con creces.

    Sin preguntarme y sin más preámbulos, me empaló, la embestida casi me hace caer de bruces sobre la alfombra, pero afiance mis manos y espere gustosa la siguiente embestida, con cada una de ellas mi placer iba en aumento

    – Ahh papi, así papi, dame más, que rico me coges, parece que el Popper y la coca estaban haciendo de las suyas y yo estaba en el cielo, a la mierda la comunidad, la familia y mis prejuicios, el ruso estaba haciendo que me olvidara hasta de mi nombre

    – Te gusta putita, era la primera vez que alguien me llamaba así, lejos de ofenderme me enloqueció

    – Si así, ¡¡¡cógeme… duro!!!, papi dale.

    Sergei lo hizo más fuerte, el rápido mete y saca del pene de mi ruso me volvía loca, entre embestida y embestida, uno de los actores, el galancete del día anterior se acercó mucho a nosotros, estaba prácticamente pegado a mí, y en un momento dado, al abrir los ojos me encontré con su verga delante de mis ojos, era sonrosada y muy grande, aún más que la de Sergei, se la había cubierto de polvo blanco y yo como sin querer saque mi lengua y la lamí, más que nada para chupar el polvillo.

    Pero me gusto, me gustó mucho, empecé a chupar esa polla sonrosada, mientras Sergei una y otra vez me embestía, dos hombres para mí, mi cerebro no podía registrar una situación similar, pero como me gustaba, no pensé más, solo les pedía que no se detuvieran, que hicieran de mi lo que quisieran.

    – Dios que placer no paren, soy suya, no dejen de cogerme, papi dame más duro, ¡¡ruso cabrón, métemela toda!!, estaba irreconocible, nunca en mis cabales hubiera dicho tal cosa, pero en ese momento no me importaba.

    Las drogas y el alcohol consumido me habían transformado en otra persona, quería probar todo esa noche, sentía que me podía comer el mundo, aunque en ese preciso instante me estaba comiendo algo mejor.

    Sin dejar de chupar la otra verga voltee hacia la otra pareja y vi algo que me dejo en shock, y pensé que tenia que probarlo yo también, de repente mi ruso como si supiera lo que estaba pensando sin dejar de taladrarme me puso un dedo en el culo.

    – ¡Aaahhh!, grité al sentir esos dedos intrusos que juguetean en mi interior, sentí lo húmedo de esos dedos y empecé a tener miedo, pensé que me dolería, pero no paso así, mi culo hasta ese momento virgen, se relajo y con vida propia, podría decirse, se abrió bien, se estaba preparando para que lo terminen de desvirgar.

    Sergei que parecía un pulpo porque le faltaban manos, se acercó a la mesa y se embadurnó un dedo de nuevo en el bendito polvo blanco, después de habérselo chupado con deleite, ese dedito blanco, fue directamente a mi ano, como si lo estuviese esperando toda la vida se dejó hacer, no me dolió al contrario, me corrí con solo dos entradas del ese maravilloso dedo.

    Mariana, un tío follándote y con un dedo en tu culo y otro con su polla en tu boca, vamos a ver que tú eres toda una señora, que eres la presidenta, un lapso de conciencia llego a mí, pero solo fue por un ínstate, volvía sentir esa deliciosa polla moviéndose en mi vagina me encantaba sentir su dedeo en mi ano, era fenomenal nunca en mi vida había tenido tanta excitación.

    Sergei como si leyera mis pensamientos dejo de follarme y se dedicó a chupar esa parte de mi cuerpo que hasta hace un minuto estaba virgen, me lo rodeaba con la lengua y a cada pasada una oleada de calor me recorría desde la punta de los pies hasta la polla del guaperas.

    – Tienes un culazo espectacular, Mariana, de seguro que tu marido jamás te ha tocado aquí- en ese momento sus dedos pellizcaron fuertemente los cachetes de mi culo, a lo que nuevamente reaccioné con un grito, más de placer que de dolor y empecé a venirme nuevamente, al mismo tiempo que al que se la estaba chupando me lleno toda mi boca con su semen, era la primera vez que también alguien lo hacía y fue delicioso.

    Me descoloque, tenía una lengua en el culo, me acababa de correr y una verga se había venido en mi boca, al mismo tiempo que otra lengua que me chupaba el clítoris. A ver organización, quien puede explicarme esto, son muchas lenguas.

    Me volví y vi a la rubia espectacular tumbada entre mis piernas, chupándome con un deleite, que me dejo fría, perdón caliente muy caliente, al mismo tiempo me pellizcaba los pezones, Dios cuando me había quitado mi vestido, no, simplemente me habían desatado el nudo del cuello y colgaba de mi cintura, pero mis grandes tetas liberadas bamboleaban bajo mi cuerpo y la rubia no dejaba de masajéamelas. De repente, note unos dedos en mi coño, la rubia que aparte de chupar buscaba donde agarrarse, y unos dedos finos entraban y salían, aferrándose a mí.

    – Ah que rico, exclame, estaba que me moría de placer ya que era mi primera vez también con una mujer

    – вкусно, это деликатес богов, la escuche decir

    Sergei al instante me tradujo

    – Irina, dice que tue coño esta delicioso, que es un manjar de dioses

    Como si supiera lo que iba a pasar el guaperas de la polla sonrosada se retiró de mi boca, justo en el momento que Sergei hacía una incursión en mi culo, al principio no fue bien recibida, me dolía era muy gruesa, pero junto con los mordiscos y los dedos de la rubia mis defensas huyeron en retirada y una polla gruesa lleno mi agujero.

    – ¡¡Nooo!!, grite de dolor cuando me metió por completo su descomunal falo por el pequeño orificio anal

    Al principio, sin mucho movimiento, pero en cuanto encontró cómodo dentro de mí, me bombeaba a su ritmo y yo me partía en dos de placer

    – ¡Ahhh!!!, no dejes de meterla maldito que te mato, cógeme pinche ruso, ya no son gritos lo que sale de mi dulce boca de casada, ya son gemidos, y no de dolor, sino gemidos de autentico placer, placer que va en aumento, estaba fuera de mí, me corrí, como nunca creo que me corriera.

    – Te voy a hacer adicta a esto…. Tienes cara de que te encanta el sexo anal, bramó Sergei totalmente fuera de sí

    Irina no paraba de comerme y Alexey (que así se llamaba el guaperas de la polla sonrosada) volvió al ataque, esta vez yo la chupé con fruición, la necesitaba era mi punto de escape, hasta que Sergei se corrió, se salió de mí y yo caí tumbada en la alfombra.

    Entonces Alexey le dijo algo en ruso a Sergei

    – ты должен сделать дубль, y estos se rieron

    Se sentó en un pequeño taburete y me indico que me subiera, tenía las piernas entumecidas pero mi cuerpo aun quería más, me subí y me la metí de golpe en el coño, era mucho más grande y larga que la de Sergei pero mi coño se la comió entera, empecé a menearme con furia, de pronto note algo en mi culo mire para atrás y era Irina, la rubia espectacular con un consolador metido en una especie de cinturón no me lo podía creer, ella me sonrió maliciosamente, embadurno el consolador en una especie de gel y lo fue introduciendo poco a poco, en unos minutos me encontré con dos pollas dentro de mí que no paraban de bombearme placer, creo que me corrí dos veces más, perdí la cuenta.

    – Dios, soy muy puta, cójanme, no dejen de hacerlo, malditos rusos de mierda, gritaba extasiada de placer

    Irina que era una guarra de mucho cuidado, mientras me partía el culo en dos me pellizcaba los pezones, me mordía el cuello con furia y me daba fuertes cachetadas en mi culito.

    El otro ruso Dimitri se acercó a nosotros y me dio a chupar su polla, la cual no era tan grande, pero si mucho más gruesa que la de sus compañeros.

    – Así Mariana… demuéstrame que eres una puta, me decía Sergei, lo cual hizo que me moviera más frenéticamente si es posible.

    – Así…así… no paren, jadea fuera de mí, mis pechos se movían de forma hipnotizante, subiendo y bajando, perlados de gotas de sudor, impresionante.

    De esta forma estuvieron al menos cuarenta minutos más, me cambiaron de postura varias veces, parecía una muñeca, en un momento de movimiento vi como Sergei estaba cerca nuestro con una cámara, madre mía me estaban grabando, pero no lejos de incomodarme y en el estado de perversión en el que estaba me excitó aún más, casi esbocé una sonrisa a la cámara.

    Justo cuando creía que iba a desmayarme de placer Alexey se levantó y apuntando su polla a mi cara se masturbo unos segundos, la corrida fue descomunal cinco o seis grandes chorros de espeso y caliente semen cayeron sobre mi cara, y este empezó a chorrearme, la rubia se me acerco y empezó a lamerlo, hábilmente no dejo que nada cayera a la alfombra, lamía mi sudor y el semen, mi frente, mis ojos, mi boca, después nos fundimos en un tremendo y húmedo beso que me dejó sin respiración.

    Cuando toda la excitación bajo, no sé como y sin despedirme, recogí mis cosas como pude y me fui corriendo, me acosté y prácticamente no tarde ni unos segundos en dormirme.

    A la mañana siguiente, cuando desperté, tenía un mensaje en mi móvil de Sergei, recordaba haberle dado mi teléfono durante la charla inicial, en el junto a tres fotos mías una durante la penetración doble, otra con la pequeña orgia y otra con toda la cara llena de semen, me decía, eres libre de elegir tu camino.

    Tú decides.

    ¿Continuará?

  • Darse un tiempo

    Darse un tiempo

    Nuestra relación ya venía mal en lo personal, lo único que nos soportaba era el sexo que siempre fue lo mejor y que nos llevó a estar tantos juntos. Con mi novia Estephania ya veníamos en la rutina que no nos soportábamos por el trabajo no nos veíamos tan seguido por que al final nuestra relación se basaba en sexo oral, ella en cuatro, el misionero y mucho sexo anal.

    Bueno ese día era la clasificatoria del mundial si que todos andaban preocupados de ese partido chile vs Argentina si que aproveche de ir a verla a su casa para poder hablar del tiempo que nos queríamos dar, bueno llegue a buscarla nos fuimos en silencio en mi coche hasta mi casa sin decir ninguna palabra de lo que pasaría.

    La invité a pasar a mi dormitorio conversamos un rato y llegamos que nos daríamos un mes a ver como nos iba, ahí le dije si podíamos tener sexo de despedida y hacer una que otra cosita a la cual ella acepto.

    Empezamos con un rico sexo oral mutuo donde yo estaba arriba si que introducía todo mi pene hasta el final de boca, después ella se ponía arriba mío para chupar muy bien su vagina y tomar todos sus jugos deliciosos así estuvimos un buen rato.

    Ya ella entregada en su calentura me pide que la penetre a lo cual accedí de inmediato, esta vez iba ser diferente la penetre como una bestia con fuerza y duro para que le doliera mi idea era partirla por la mitad estaba en eso cuando sus gritos me pedía que parara por que le dolía a lo que yo ignoraba su petición.

    Después de un momento me pedio que cambiáramos de posición porque quería descansar su vagina si que tenía dos opciones sexo oral o sexo anal que eligiera de buena forma.

    Mi elección fue anal pero quería acabar en su boca si que procedí a sacar un condón para seguir con el sexo anal ahí cómo mi intención era partirla por la mitad fue sin lubricante sin dilatar su ano si que sus gritos se escuchaban en la calle como me la estaba follando, después de un momento saque mi pene de su ano.

    Saque el preservativo si que le dije que chupara mi verga hasta que la dejara seca ya cuando me estaba a punto de ir en su boca le pedí que me hiciera un dragón, eso lo escuchamos en programa de radio si que ese era el día para ver si funcionaba ella en su afán hasta el último de satisfacerme y ver hasta donde podía llegar en el sexo lo realizo.

    Me fui en su boca con toda mi fuerza sentí que ella con su lengua atrapaba mi verga en su paladar y de repente veo salir semen por su nariz y un par de lágrimas me dice después de eso feliz por lo cumplido a lo que contesto que si no esperaba menos de ella…

    Luego de ese momento ella se limpió su rostro nos vestimos fuimos a comer y beber algo nos mirábamos y nos reímos de lo que habíamos hecho después nos fuimos a descansar y durante la tarde procedí a seguir teniendo sexo con ella oral, vaginal y anal si era la despedida si que tenía que aprovecharla al máximo.

    Cuando la fui a dejar a su casa ella iba chupando mi pene por el camino hasta llegar a la esquina de su casa cuando vuelve a realizar su técnica nueva el dragón ahí nos quedamos un rato donde ella se limpió su cara nos reímos y nos despedimos.

    Ese fue el tiempo que nos llevó a terminar nuestra relación y juntarnos de vez en cuando a tener sexo para satisfacer nuestras necesidades.

  • Culos rotos

    Culos rotos

    Cuando aquel verano mi chica me dijo que una compañera de trabajo nos había invitado a pasar un finde en su casa de la playa me pareció genial,  playita, solecito, tapeo… allá que fuimos y fue una gran experiencia.

    Cuando llegamos nos recibió Manuela, enseguida me gustó, era guapa, tenía buenas tetas y un culazo. Nos saludamos y mi chica preguntó por su novio, resulta que no estaba, tenía que trabajar ese finde, la verdad en es que me pareció genial, no por nada, no lo conocía y pensé que iba a ser más cómodo para mi que no estuviera.

    Nos llevó a nuestra habitación, nos acomodamos y nos fuimos por ahí a pasar la tarde. Después de varias tiendas, un par de helados, unas cuantas cervezas y una cena nos fuimos a casa, era tarde pero nos sentamos en la terraza seguir un rato más. Nos pusimos unos cubatas y Manuela saco algo para fumar, ya sabéis, y aunque no estábamos acostumbrados nos pareció bien, nos apetecía fumar un poquito.

    Bebimos y nos fumamos un par, no sé en qué momento se quitaron la parte de arriba, pero de repente hablaban muy animadamente con las tetas al aire, por supuesto me puse cachondo y según me empalmaba me di cuenta que estaba desnudo, tampoco sé cuándo ocurrió, me miraron riéndose y me tapé de la vergüenza, me fui a la habitación corriendo mientras mi chica me decía que no me fuera, que era divertido. Seguramente mi novia tenía razón y era algo divertido, pero estaba bebido, fumado y muy confundido, me puse un calzoncillo, me tumbé en la cama y no sé cómo y muy rápidamente me quedé dormido.

    Me desperté algo desorientado, vi a mi novia dormida a mi lado boca abajo con un lado de las bragas metidas en el culo, me puse muy cachondo y empecé a besarlo, morderlo y meter la nariz entre sus nalgas, me encanta, es sucio, excitante, huele a sexo… ahora no, me dijo apartándome la cara de su culo. Comprendí lo borracha que estaba y recordé que cuando me fui a dormir las dejé allí con las tetas al aire, ¿habría pasado algo más? Me empalme pensando una escénica lésbica entre ellas, le saque las bragas a mi novia y fui a la ducha.

    La ducha no tenía cortina ni nada, el desagüe estaba directamente en el suelo y no había mucha intimidad, la sensación de que te puedan pillar desnudo creo que nos gusta más o menos a todas/os.

    Me quité el calzoncillo y ya empecé a ponerme a cien, me la tocaba la tenía morcillona, abrí el grifo y me puse a meneármela de cara a la puerta oliendo las bragas de mi chica, estaban algo húmedas y eso me ponía más cachondo. Mientras me pajeaba mirando al techo con las bragas en la nariz note una presencia y no me equivoque, Manuela sonriendo estaba ahí mirándome.

    Mi primera reacción fue intentar esconderme sacando culo, pero poco a poco me puse recto mirándola con la polla durísima apuntando al cielo, iba vestida con un pequeño bikini que tapaba sus pezones y un fular, una prenda de esas que solo dejan ver una pierna.

    Se acerco sonriendo y cogió las bragas de mi mano, no las metió en mi boca pero hizo que las sujetará con los dientes, puso mis manos en la espalda y agarró mi polla como el mango de una sartén, solo podía gemir mirando al cielo mientras me la meneaba, notaba como su mano golpeaba en mis huevos. Yo solo gemía de gusto con las bragas metidas entre los dientes y no aguante más, la mire a los ojos, asintió con la cabeza sonriendo orgullosa y me corrí intensamente mirando al cielo con las piernas temblorosas, ella siguió ordeñando hasta la última gota, cuando terminó cogió las bragas de mis dientes, se limpió, las tiro al suelo me beso y salió del baño. Estaba flipando, vaya pajote me había hecho.

    Mientras me secaba entro mi novia, vio sus bragas en el suelo y se puso cachonda, te has masturbado? me preguntaba mientras me besaba y masajeaba mi polla aún morcillona, la dije que claro pero que si quería podía ducharse y yo la esperaría en la cama, se mordió el labio y me dijo ahora mismo voy.

    Fui a la habitación y me tumbe desnudo en la cama, pasaron bastantes minutos, me extraño que tardara tanto y fui a ver que hacía, abrí la puerta, asome la cabeza y vi a Nuria, que así se llama, con las piernas abiertas apoyada contra la pared y a Manuela con el culo en pompa comiéndola el chocho, me puse cachondísimo ver a mi chica con otra mujer gimiendo y jadeando. Estuve observando un rato mientras me la meneaba hasta que Nuria tubo un intenso orgasmo que hizo que sus piernas cedieran y acabó gimiendo sentada en el suelo. Cerré despacio y volví a la habitación.

    Me tumbe en la cama, tenía un montón de sensaciones que se transformarán en excitación y se reflejaba en mi polla, dura como un bate. Unos minutos después mi chica entró en la habitación, nada más verme la polla dura se puso entre mis piernas y empezó a chupármela, me encantaba su forma viciosa de chuparme la polla, le ponía pasión, mientras me miraba le dije que la había visto con Manuela en la ducha, que no sabía que le gustarán las chicas, sonriendo con la lengua en mi capullo me dijo que a ella le gusta divertirse.

    Con algo de agresividad agarre sus hombros y la tumbe en la cama, levante sus piernas, en su cara se veía lo cachonda que se había puesto y se la metí hasta el fondo con algo de fuerza, literalmente dio un grito encorvándose hacia atrás y llevándose las manos a la boca. Seguí bombeado sacándola casi toda y empujando fuerte, cuanto más jadeaba más cachondo me ponía.

    Bajé el ritmo, apoyé sus piernas en mis hombros sin dejar de follarla, estaba cachondísimo mirando su cara y como se estremecía con cada embestida. Cerré los ojos unos segundos para disfrutar la follada, cuando los abrí vi a Manuela delante nuestro mirando, estaba con las tetas al aire y con el fular, sin dejar de bombear mire a mi novia que jadeaba mientras la miraba y me miraba una y otra vez.

    Se arrodilló a nuestro lado, cogió mi mano y se la llevó a las tetas, yo seguía follando a Nuria, que en ese momento se corrió dándole una tembladera que la duro unos segundos antes de dar un fuerte gemido. Si no fuera por la paja de antes yo no podría haber aguantado.

    Manuela se puso en pie y se quitó el fular, fue toda una sorpresa cuando una polla morcillona le colgaba entre las piernas. Rápidamente Nuria la cogió, Manuela se arrodilló cerca de su boca y mi novia empezó a chupársela aún blanda, lo hacía como ella sabe, vi como crecía un pollon en su boca mientras ella miraba al techo tocándose las tetas, yo seguía follando a Nuria, que solo se la escuchaba jadear, miraba como se la chupaba y me excitaba muchísimo, tuve que sacarla para no correrme.

    Cambiamos las tornas, Manuela se puso en mi lugar y yo en el suyo, yo estaba a 100 no quería metérsela en la boca para no correrme, quería llegar al final, se la acercaba a la boca y la miraba mientras le daba golpecitos. Manuela se la metió entera, tenía una buena tranca, Nuria gimió y se encorvo, la estaba empotrando a un buen ritmo y mi chica no tardo ni un minuto en volver a correrse estremecida y con un gemido entrecortado, Manuela no dejó de empujar ni un segundo, acerco su boca a la de Nuria y la empezó a besar.

    Al ver la situación metí la polla entre las dos bocas y empezaron a chupármela las dos, me encantaba la sensación. Manuela seguía follando a mi novia que estaba extasiada y eso me excitaba, masajeándose el culo Manuela me pidió que la follara, no lo pensé ni un segundo, me puse detrás y dirigí mi polla a su ojete.

    Lubriqué mi polla con saliva y empecé a penetrarla despacio, las oía gemir a las dos y me ponía a 100, cuando ya tenía dentro medio rabo apreté con fuerza y se la metí entera, yo sé la clave a ella y ella a Nuria, que se encorvo con gran gemido mientras Manuela grito de dolor, cosa que me excito y con mis manos en sus glúteos la empecé a empotrar con fuerza, mi empuje hacía que gimieran las dos, cada embestida repercutía en mi novia que agotada solo podía jadear.

    Volví a notar que me corría y se la saqué del culo, un grito ahogado salió de su boca, quería correrme ya estaba a tope y poco mas podía aguantar, volvimos a cambiar.

    Me puse delante de mi novia, estaba agotada, sudada, se veía que no podía más y verla tan vulnerable me excito muchísimo, apunte a su culo y por favor me pidió que no, me entro perfectamente hasta el fondo, lo tenía empapado de sus propias corridas y dio un grito entrecortado echando las manos hacia atrás mientras encorvaba el cuello.

    Mientras le follaba el culo a mi novia Manuela se dirigió al mío, empezó a lamérmelo y me gustaba la sensación, cuando empezó a penetrarme me pare con la polla en el fondo del culo de Nuria, que jadeaba con las manos en alto como si fuera un atraco. Metió la mitad, me dolía y me gustaba, empujó despacio y la metió entera, me sentía empalado con la espalda encorvada y empezó a empotrarme duramente sujetando mis hombros. Aquello empezó a ser una excitante sinfonía de gemidos, gritos y jadeos, yo me iba a correr pero antes vi a Nuria como volvía a temblar empalada y con los ojos en blanco, no me pude contener, me corrí dentro de su culo con unos buenos gemidos y gritos mientras Manuela seguía follandome con fuerza, la escuche gemir note como se corría dentro de mi culo, sentir que mi culo daba placer a alguien fue algo que me excito y gusto. La sacó y note la humedad. Yo también se la saque a Nuria, que completamente agotada dio un pequeño respingo.

    Manuela se levantó cogió su fular y salió de la habitación, nosotros nos quedamos tumbados, estábamos agotados, sudados, y aunque aún nos brotaban las corridas del culo, nos abrazamos y nos quedamos dormidos.

  • El lector (parte 2)

    El lector (parte 2)

    Final de la parte 1:  «Un puto exceso de vida. Eso es lo que era Alejandro. Tenerlo para una noche era una exageración. Me había dado tanto placer que no podía imaginar más. Estaba saciada y agotada, y ni siquiera me había penetrado. Viendo que estaba muy cansada, me propuso dormir un rato. Lo abracé como abrazo a los que saben hacerme dormir. Puse mi cara contra su pecho, estaba en casa. Los tenía a todos latiendo debajo de sus costillas. Matías, el barbudo, Diego, el mozo, Lionel, el rubio, mis amores adolescentes, mis amantes fugaces, los que devoraba con la mirada en el metro, los que nunca tendría y los que recordaba. Me empezó a doler la cabeza. Cerré los ojos, lo respiré y me dormí al instante.»

    No sé qué hora de la noche era. Creo que no había pasado mucho tiempo cuando sentí que Alejandro me acariciaba la espalda y las nalgas, en silencio y con ternura. Su mano era suave, su gesto leve y controlado, se ajustaba con exactitud a mis curvas. Se pegó contra mí y sentí su verga dura contra mi pierna. Un relámpago delicioso irradió desde mi clítoris. Después de tantos orgasmos y pese a tan poquitas horas de sueño, lo seguía deseando, y el hecho de no haber sentido su sexo todavía me daba aún más ganas.

    Nuestros labios se volvieron a encontrar con un beso muy húmedo. Me encantaba sentir su lengua contra la mía. Agarré su sexo para masturbarlo lentamente. Alejandro hubo un delicioso suspiro. Empezó a amasarme la concha. A los diez segundos, le empapaba los dedos. Yo quería disfrutar de una penetración completa y profunda, me metí naturalmente en cuatro, con las piernas muy abiertas, arqueándome para presentarle mi culo. Se apoyó con las manos en mis caderas, consiguiendo un equilibrio perfecto entre delicadeza y firmeza. A los 33 años, estaba descubriendo la exactitud de los gestos que quisiera por parte un hombre. Los suyos. Sentí mis labios íntimos abrirse para envolver la masa dura de se deslizaba en su medio.

    Avanzaba lentamente, como me gusta. Sentía mis carnes chorreantes estirarse para acogerlo, respirábamos hondo, era una delicia. Cuando entró totalmente, dejó de moverse unos instantes, dejándome disfrutar sentirme perfectamente llena. Quería que se quedara así para siempre. Un chasquido neto se escuchó en la habitación. Su mano acababa de caer sobre mi nalga derecha. Me arqueé y me enderecé, más por reflejo de rebelión que para evitar la siguiente cachetada que rápidamente reavivó el calor dulce y picante que había dejado la precedente. No estaba acostumbrada a recibir este tipo de gesto, no era algo que me excitaba. Hasta Alejandro. Alejandro lo hacía con morbo, maestría y virtuosidad, con una mano ágil, precisa, y una fuerza perfectamente dominada. La tercera me hizo gemir, no de dolor; pero por el placer de saber que estaba satisfaciendo algo de sus ansias de dominación.

    Lo dejé agarrarme el cabello con la otra mano, obligándome a levantar el pecho y arquearme aún más, todavía empalada en su sexo. Empezó a mover lentamente, regalándome la sensación exquisita de sus idas y venidas. Apoyé una mano al cabecero de la cama y pasé la otra entre mis piernas para acariciarme. Tenía la boca entreabierta y gemía, esta posición me hacía sentir muy perra y con el amo que me tocaba para esta noche, me encantaba.

    —Más fuerte… —le dije, moviendo mi culo insatisfecho.

    Soltó mi cabello para agarrarme por las caderas y se puso a cacharme como yo quería. Duro. Sus caderas chocaban contra mis nalgas, su verga salía casi por completo y volvía a entrar brutalmente en mi concha. Me mojaba más que nunca y mi masturbación simultánea me llevaba paulatinamente hacia un nuevo orgasmo, al ritmo de sus movimientos. Cada penetración era un paso más en la escalera del placer. Giré la cabeza para buscar su mirada.

    —Tenía razón, qué zorra que eres…

    Le contesté moviéndome para darle el gusto de ver cómo me metía yo misma su verga, más rápido y más fuerte. Su cuarta cachetada en mi culo fue el detonante. Ahogué mi grito mordiéndome el labio inferior. Salió de mi sexo y sentí enseguida su lengua recorrerme, lamiendo mi goce con aplicación.

    —Esto me lo quedo para mí, ya tuviste mucho —me dijo con una sonrisa, refiriéndose a la primera parte de la noche durante la cual había procurado escupirme en la boca el jugo de cada uno mis orgasmos que lamía escrupulosamente.

    Me había dejado caer de costadito, Alejandro se sentó a mi lado. Me acariciaba el cabello con ternura. Cerré los ojos un instante para disfrutar de este momento de calma. Se escuchaban los pájaros de la madrugada en los árboles de la avenida, el día se estaba a punto de levantarse. Cuando los volví a abrir, se había acercado para poner su sexo a la altura de mi boca. Lo empecé a lamer dócilmente, disfrutando mi propio sabor, el limón tibio y suave de siempre. Mirándolo a los ojos, abrí la boca para chuparlo. Aumentaba la presión de mis mejillas y de mi lengua sobre su verga, creando una succión que sabía deliciosa. La rabia morbosa de Alejandro estalló de nuevo en sus ojos. Decir que le quedaba bien esta expresión de loco arrecho sería una pésima aproximación. No, no le quedaba bien, le volvía irresistible.

    Conociendo sus aficiones, no me costaba mucho figurarme lo que atravesaba su mente al verme con la boca ocupada por su sexo. Probablemente me estaba imaginando prodigándole esta caricia oral atada con una de sus queridas cuerdas, la de fibra natural, seguro, que me inmovilizaría de rodillas, reuniendo mis muñecas y mis tobillos. Maestro entre los maestros para anudar, se las hubiera arreglado para que la cuerda, después de un par de vueltas alrededor de mi cintura, pase entre los labios de mi vagina y alcanzara mi espalda siguiendo la zanja de mi culo. Yo nunca había probado algo parecido, pero sentí mi clítoris volver a hincharse al imaginarme a su merced, condenada a dejarme cachar la boca sin poder moverme, para quedarme en el exacto punto entre el dolor y el placer procurado por la cuerda rugosa que partía mi intimidad.

    Sin interrumpir mi mamada aplicada, volví a tocarme. Obviamente me mojaba de nuevo, entre la delicia de tenerlo en la boca y su mirada, me era imposible evitar entrar de nuevo en un estado de excitación intensa. Agarró mi mano y la puso de lado para tocarme él mismo, deslizando lentamente tres de sus dedos en mi concha. Solté su verga, gimiendo al descubrir una sensación extraña y agradable. Apoyaba firmemente una mano en la parte más bajita de mi barriga, mientras los dedos de la otra, orientando hacia arriba, hurgaban deliciosamente mi intimidad. Rápidamente, mi placer se encontró atormentado por unas ganas urgentes de orinar.

    —¿Ya hiciste squirt? —me preguntó sin pararse.

    —No, eso no sé hacer… —le contesté, jadeando— pero tengo que hacer pis. Déjame un minuto…

    —Eso es, relájate. No vas a hacer pis, solo vas a soltar mucho líquido, confía en mí, relájate Sandra…

    Sus dedos se movían más rápido y con fuerza, seguía presionando mi barriga. Lo que sentía era rico e insoportable. Era como si me mantuviera al borde del orgasmo y al mismo tiempo en los terribles segundos que preceden el momento de orinar, cuando ya no se aguanta. Respiraba hondo. Alejandro me seguía mirando a los ojos sin dejar de mover sus dedos, con un ruido que más y más se parecía al de una mano jugando con un charco. Después de un rato, el miedo de inundar la cama se alejó poco a poco. Me costaba mucho resistir y me estaba dejando caer lentamente hacia una liberación de esta tortura divina.

    —Relájate… —me repitió.

    Obedecí, exhalando y relajando los músculos de mi perineo que me empeñaba a mantener contraídos, últimos garantes de mi contundencia. Fue un instante de abandono total, me invadió el calor acogedor de la vergüenza provocado por la sensación de mearme encima al que se mezclaba el placer de un orgasmo. Alejandro estallaba en júbilo, su mano inundada por mis líquidos que habían chorreado en mis muslos y hasta mi culo. La retiró para hundir su cara entre mis piernas y, lamiéndome como un muerto de hambre, empezó a masturbarse.

    Reconocí la alternancia de movimientos enérgicos y más suaves, el baile regular de las idas y venidas de su mano en su verga que ya había tenido la suerte de conocer con los videos que me había mandado. Se enderezó para mirarme. Sus labios mojados se quedaban entreabiertos, su placer subía fuerte y rápidamente.

    —Quiero venirme en tu cara…

    A modo de respuesta, sonreí, viciosa. Se acercó y siguió masturbándose a la altura de mis ojos. Siempre me fascinó ver a un hombre darse placer de forma solitaria, entonces, estar en primera fila para asistir al mejor momento me complacía totalmente. Alejandro exultaba, estaba a punto de explotar. Sosteniendo su mirada furiosa, abrí la boca y saqué un poco mi lengua, esperando recibir ahí un algo de su precioso jugo.

    —Zorrita mía… —me dijo suspirando.

    Sabía que él no iba a poder resistir mucho al verme así. Efectivamente, su suspiro se convirtió en un largo gemido, acompañando el brote cálido de su semen que cayó en choros,

    en mi lengua, en mis mejillas, en mis cejas y en mi cabello. Se quedó unos instantes así, respirando hondo y mirándome, como hipnotizado por el retrato encantador que le regalaba, sonriente y llena de leche. Se acercó para besarme, con el mismo beso que el primer que habíamos compartido, un beso evidente entre dos amantes.

    El día ya se había levantado. Nos metimos en la bañera, prendió el agua y empezó a jabonearme suavemente y con mucho cuidado antes de lavarme el cabello. Sus gestos eran de una delicadeza infinita. Eran gestos de amor.

    Nos despedimos con sobriedad en el umbral de la puerta de su habitación.

    Esperando en el paradero del bus, pensé que acababa de pasar la más hermosa noche de mi vida con Alejandro. Hasta la siguiente…

  • Me metí con la gordibuena de mi suegra

    Me metí con la gordibuena de mi suegra

    Hola, soy Rubén y les vengo a contar cómo es que me empecé a meter con mi suegra Isabel.

    Yo soy de complexión delgada, mido 1.70 m, soy de cuerpo marcado porque hago algo de ejercicio, tengo 30 años. Mi suegra es llenita, mide 1.65 m, tiene las tetas grandes, piernas y culo también grandes y tiene la edad de 58 años y pesa unos 110 kilos.

    El relato comienza cuando el día 12 de enero cuando me encontraba jugando call of duty en mi consola play station 5, en eso mi esposa de la cocina me llama y me dice que si puedo ir a la casa de mi suegra por unas cosas que le iba dar para la comida, molesto me puse una playera y un short, me subí al carro y me dirigí a casa de mi suegra que vive como a 3 minutos.

    Llego a casa de mi suegra y me dice que pase, ahí estaba vestida con una falda larga, una playera negra y traía el pelo agarrado con una liga. Me siento en la sala y ella saca unas cosas del refrigerador y las pone en la mesa, me comienza a decir que se encuentra algo estresada y que le duele el cuello, me pare del sofá y me dirigí a la cocina donde estaba ella.

    R: tranquila suegra que tiene

    I: ay mi niño ando un poco estresada porque ya ves tú cuñada no agarra el rollo.

    R: no se preocupe, que se va enfermar si sigue así.

    Entonces comencé apretarle el cuello en forma de masaje para que se relajara.

    I: ay que rico, apriétame un poco más fuerte

    R: le gusta?

    I: si ve como se me pone la piel chinita de lo rico que siento.

    R: ya vi que si esta estresada.

    I: síguele un poco más abajo

    Y fue moviendo mis dedos más y más abajo estaba a punto de llegar a su culo.

    I: hazme en el cuello

    Le hice caso subí mis manos a su cuello y seguí haciéndole masajes.

    Hasta que vi como ella cerró los ojos y me dijo un poco más abajo, estaba tocando sus enormes tetas.

    I: síguele ahí. Me decía con voz entre cortada.

    La verdad eso me estaba excitando, y sin más rodeos le di un beso en la boca, pensé que reaccionaría de mala manera pero al contrario accedió al beso después del beso nos empezamos acariciar y sin decir nada me senté en la silla del comedor y le comencé a subir la falda que traía, me acerqué a mi suegra y ella me bajo el short y el bóxer hizo cara de asombro cuando vio mi miembro de 20cm de largo y algo grueso, procedió a irse sentando sobre mi pene poco a poco, pude ver cómo hacía cara de dolor y de satisfacción cuando iba metiendo mi pene en ella, sus tetas quedaron en mi cara pero solamente se las pude mamar por encima de la playera, empecé a tocar sus enormes caderas, y ella comenzó a cabalgar, podía sentir como su panza subía y bajaba, pero eso no me importaba yo quería sentir su vagina lubricada y como mi pene se abría paso en esa vagina.

    I: mi niño que grande tienes eso pero que rico se siente

    R: usted suegra que rica vagina tiene, la tiene muy lubricada y está algo apretada

    S: no me digas suegra dime Isabel o mi amor.

    I: ay mi niño ya casi me vengo sigue así no te pares, mi niño mi niño

    Blanqueó sus ojos y terminó en un largo orgasmo yo todavía no acababa procedí agarrarle sus enormes caderas y la movía de arriba – abajo, pero no lograba terminar, en eso llega su nieto Emanuel y desde la entrada gritaba “abuelaaa abuelaaa”, por lo que mi suegra se levantó y se acomodó la falda, me arruinó el magnífico momento este niño por lo que tuve que acomodarme el short y quedarme sentado mientras mi suegra se levantaba e iba a la cocina, llego su nieto y se quedó en la sala, por lo que me paré y me dirigí a la cocina a decirle que me había dejado caliente y que al rato regresaría a terminar lo empezado.

    Paso la tarde y ya entrando la noche le dije a mi mujer que iría a la tienda, tenía poco tiempo para ir con mi suegra y así lo hice le mande mensaje que me ya iba con ella a su casa.

    Llegue abrí la puerta de la casa y estaban los focos apagados de la casa, pero ella me esperaba en el sofá, se levantó para recibirme con un beso, que nuestras lenguas se enlazaban, le dije que no tenía mucho tiempo, así que ella se agachó me bajo mi short o y mi bóxer y comenzó a mamarme el pene lo hacía delicioso parecía una puta mamando mi verga solo levantaba ella la mirada para que la viera, se levantó me acostó en el sofá y se montó encima de mí, comenzó a cabalgarme, sus enormes y gordas tetas brincaban yo en el aire trataba de agarrarlas para chuparlas, ella terminó.

    Le dije que se levantara y se colocara en posición de perrito ella accedió le metí mi verga de un solo golpe solamente gimió y comencé a bombearla, mientras la bombea su cuerpo se movía como gelatina, me tenía tan excitado que comencé a nalguearla sin vagina se sentía húmeda y apretada cuando menos pensé ya iba terminar estaba a punto de soltar el chorro de leche.

    Cuando me vacíe dentro de ella le inunde su vagina de leche ella se tiró en el sofá y pude ver cómo le temblaban sus piernas, fueron los mejores 10 minutos de mi vida, el mejor rapidín que había tenido.

    Después de terminar me dijo que si le podía chupar sus pies que se les había arreglado para mí, y eso fue lo que hice le chupe sus hermosos pies y sus dedos color rojo.

    Procedí a retirarme para llegar a la tienda y comprar las cosas para la cena, mi suegra y yo seguimos teniendo encuentros después les contaré del otro cuando me dejó chiquitearla.

  • La falacia del jugador

    La falacia del jugador

    “Entonces, de una manera extraña, la pandemia me hizo darme cuenta de que debería estar en el marketing de las redes sociales en lugar de en la enfermería”.

    «Sí, te entiendo perfectamente», dijo Francisco, mientras su mano se movía en su bolsillo.

    “Una vez que salí del encierro, quería ir a Valencia, ¿sabes?”.

    Victoria tomó un sorbo de su rosado y tarareó en voz baja, mirando las flores y el empapelado morado con admiración.

    “Hmm, este lugar es tan lindo. ¿Cómo lo elegiste?»

    «He venido con algunos amigos aquí», dijo Francisco; su mente quedó en blanco por medio segundo.

    La ceja de Victoria se levantó.

    «Amigos de la universidad, ya sabes, como para una noche de chicos», Francisco se recuperó rápidamente.

    «Hmm, sí, parece un lugar ideal para una noche de chicos», dijo Victoria de manera divertida, rozando su dedo contra el ramo de la mesa.

    Francisco sonrió a medias y le hizo una seña al mesero para que trajera otro whisky. Tenía la sensación de que podría disfrutar mejor de esta cita si no estuviera tan distraído.

    Cuando llegó el postre, Francisco tenía la sensación escalofriante de que había perdido la última hora, durante la cual Victoria había seguido hablando principalmente sobre su trabajo en las redes sociales, su familia y lo abatida que estaba cuando tuvo que pasar su último semestre de la universidad a distancia. Necesitaba recuperar el tiempo perdido, rápido.

    “Oye, ¿cómo estás? Quiero decir, ¿estás bien?» preguntó Victoria, anticipándose a él. «No sé si siempre eres tan callado».

    Francisco levantó la vista de la servilleta hacia el rostro abierto y austero de Victoria: su copa de vino colgaba lánguidamente entre las yemas de sus dedos. Tenía una sonrisa sencilla que le recordaba a su madre.

    «Oh, sí, estoy bien, todavía desorientado por las vacaciones, ¿sabes?»

    “¿Te desorientas por las vacaciones? Oh, yo las encuentro energizantes. Me siento como en un gran abandono de todo lo que me retuvo del año pasado, bueno y malo. Las cosas buenas también pueden detenerte, ¿sabes?»

    Sus labios estaban algo fruncidos mientras decía esto, y se la veía muy seria.

    Francisco se río y miró a su alrededor con complicidad por un momento.

    «Sé lo que quieres decir. Sería algo así como una superstición, ¿verdad? ¿Alguna vez has tenido algún amuleto para la suerte?»

    “El equipo de baile de la secundaria tenía un animal de peluche al que lo llevábamos a todas nuestras competencias. Ganamos varios torneos, así que se podría decir que fue nuestro amuleto de la suerte”.

    “Hmm, eso es lindo. Bueno, te cuento, yo tengo una cadena, ¿verdad?» Francisco comenzó a hablar pero se contuvo de inmediato. Disminuya la velocidad, Francisco, no revele demasiado a la vez… Sea tranquilo… Este era el punto exacto donde podría estar masajeando la cadena en su bolsillo, para calmar sus nervios.

    “Mi papá me la dio cuando tenía 18 años, y, ja, es raro, pero no puedo salir sin esa cadena. No recuerdo haber tenido una buena noche sin ella; casi nunca tengo una mala noche con ella. Así que…» —se encogió de hombros—. «Supongo que es una especie de amuleto de la suerte».

    “Oh, qué interesante. ¿Entonces lo tienes contigo ahora?»

    «¡No!» —gritó Francisco, un poco demasiado alto. Se rio para aclarar el aire y tomó un trago de su whisky. «La dejé en casa en Granada. Perdí mi amuleto de la buena suerte”, puso los ojos en blanco y bebió su bebida de nuevo. Francisco se encontró con los ojos preocupados de Victoria cuando terminó de beber.

    “¿Eras muy cercano a tu papá? ¿Es por eso que importa tanto?»

    «No, nada de eso», dijo Francisco. “El tipo era un imbécil; engañó a mi madre cada año de su matrimonio. Pero…»

    “Pero había algo en él, ¿verdad? ¿Alguna parte de ti realmente se preocupaba por él?»

    Victoria estaba inclinando la cabeza con simpatía ahora; Francisco estaba recibiendo señales de advertencia de color rojo brillante en su cabeza: peligro, peligro, ya había revelado más de lo normal en una primera cita. Pero su pregunta, sus límpidos ojos azules y la curva de su dulce mejilla enmarcada por los ramos de flores que colgaban alrededor del restaurante, lo empujaron a continuar:

    “No, no me importaba él, pero el tipo simplemente sabía cómo conseguir lo que quería. En ese sentido lo admiraba”, dijo Francisco, escupiendo las últimas palabras. “Quiero decir que es enfermizo, manipulador, un estafador, pero ha tenido una carrera bastante exitosa, logra obtener todo lo que quiere y sí, estaría mintiendo si dijera que yo no aspiro a también a eso.”

    Tomó otro sorbo de su bebida, dejando que el aire se despejara. Sintió una mano suave agarrarlo desde el otro lado de la mesa.

    “He conocido a muchos hombres así”, dijo Victoria. “Gentes que piensan que necesitan ser algo, además de una buena persona”.

    “Así es la mayoría de los muchachos en Valencia”, dijo Francisco.

    «Eh, quizás sea por eso que no me gustan la mayoría de los hombres», dijo Victoria, soltando su mano excepto su dedo índice en su nudillo. Francisco la miró fijamente a los ojos un momento, con discernimiento.

    «Bueno lo que sea. Tengo que dejar atrás todo lo que funcionó en el pasado”.

    “Mmm, sí. De todas formas, sin tener ahora esa cadena, estás en una cita, ¿verdad?»

    Francisco reflexionó por un momento. En cualquier otra cita, este era el punto en el que él saldría con una llamada de emergencia falsa de un amigo de la zona o que haría la propuesta final, un tira y afloje agresivo para que ella se quedara con él en su casa. Pero su conversación lo cautivó y, francamente, hablar de su padre lo disuadió del sexo.

    “Oye, ¿quieres ver ese espectáculo de luces que anunciaron que comienza alrededor de las 10, no está muy lejos de acá?”

    Victoria se iluminó, «¡Claro, eso suena bien!»

    Llegaron al lugar exactamente a las 10 de la noche; cuando las luces comenzaron a bailar a lo largo de los edificios circundantes, Victoria se agarró del brazo de Francisco y se inclinó sobre su pecho. Francisco sacó las manos de los bolsillos y la abrazó, sintiendo que se le levantaban las mejillas. Estaba sonrojado y por un momento, su mente estaba fuera de la cadena.

    Francisco y Victoria progresaron rápidamente; el fin de semana siguiente la invitó a ver una película de terror y pasaron las siguientes tres horas en un bar discutiendo las implicaciones psicológicas del cine de terror.

    El próximo fin de semana cocinó una lasaña ragú con queso bechamel, especialidad de su mamá, y le dio una serenata de guitarra. Esa fue la primera noche que durmió en su apartamento; ella comenzó a dejar una muda de ropa en su casa durante las próximas semanas a medida que las fiestas de pijamas se volvían más frecuentes.

    Luego, en febrero, como al pasar, ella le preguntó: «Somos exclusivos, ¿verdad?»

    Tuvo que pensar en esto por un momento, claro, todavía tenía aplicaciones de citas en su teléfono, y todavía estaba coqueteando con la rubia ejecutiva de ventas en el trabajo, pero la tierna mirada de Victoria lo obligó a darle la respuesta que ella quería.

    “Sí, cariño, por supuesto. No estoy viendo a nadie más.»

    En marzo, hicieron un viaje de fin de semana para visitar a la hermana de Victoria en Madrid; conocieron al bebé recién nacido de la familia se ofrecieron a cuidar al bebé mientras su hermana y su esposo salieron a cenar. El bebé se durmió en los brazos de Francisco mientras miraban una película.

    Al regresar de Madrid a la mañana siguiente, Francisco sintió una extraña sensación de finalidad en la relación. Ella es la indicada, pensó, sintiéndose tanto eufórico como aterrorizado.

    Como todas las llamadas de la madre de Francisco, ésta llegó en el momento más oportuno, justo cuando él llegaba tarde para encontrarse con Victoria en un bar de cócteles, para lo que ella llamaba «nuestro aniversario de tres meses».

    “Oye, mamá. ¿Cómo estás?» dijo, mirándose en el espejo junto a la puerta principal…

    “Hola, espero no estar molestándote”, su mamá se estremeció. Como de costumbre, sonaba como si acabara de terminar o estuviera a punto de empezar a llorar.

    “Estoy bien, solo preparándome para salir con un amigo. ¿Qué pasa?»

    Todavía no le había contado a su familia sobre Victoria. No lo consideró una superstición, sino más bien una apuesta contra su ego, en caso de que la relación fracasara.

    «Oh eso es agradable. Yo, um, encontré tu cadena, creo que es tuya, con la moneda de oro en ella, ¿grabada con Venus?»

    «¿Eh? ¡Vaya!» exclamó Carlos. «¿Espera, Venus?»

    “Diosa romana del amor.”

    La moneda de oro en el extremo de la cadena apareció en la visión de Francisco: era pequeña pero gruesa: de oro puro con la silueta de una mujer con mechones sueltos grabada en un lado y una frase en latín, «Veni, Vidi, Amavi» (Vine, vi, amé). Nunca se tomó la molestia de investigar el origen de la frase o de la mujer.

    “Oh, nunca supe quién era. Vaya, lo he estado buscando por todas partes desde que regresé de Navidad. ¿Dónde la encontraste?»

    «Pues estaba en la mesa de la cocina», su madre olió crípticamente. «¿De dónde has sacado esto?»

    Carlos vaciló.

    “Fue, ya sabes, fue un regalo de cumpleaños de papá o algo así. La has visto conmigo, ¿verdad? La guardo siempre en mi bolsillo. De hecho, estoy muy contento de que la hayas encontrado, me he vuelto un poco loco buscándola. La trato como una de esas bolas antiestrés, ja, ja.»

    «¿Tu padre te dio esto?» dijo su madre. Su voz se profundizó en un tenor grave al decir tu padre. “Oh, si hubiera sabido que tenías esta cadena…, me dan ganas de vomitar con solo mirarla…”

    “Mamá, cálmate, fue un regalo. Déjame darte mi dirección, yo te mando el dinero para que me la envíes”

    “Él le daba esto a cada mujer con la que salía. Era como si la cadena supiera cuando su última aventura había terminado, y cuando se fue…” Ella se atragantó.

    Francisco se quitó el teléfono de la oreja y suspiró cuando su madre tosió entre unos sollozos apenas ahogados. Esto, pensó Francisco, era parte de la razón por la que rara vez llamaba a su madre. Cada conversación se convertía en una sesión de terapia sobre las infidelidades de su padre.

    “Mamá, ¿de qué estás hablando? He tenido esa cadena desde que tenía 18 años”

    «Tu padre me dio esa cadena para nuestro quinto aniversario de bodas, luego la recuperó antes de que nos separáramos, pero justo después, ya sabes, justo después de que me enteré de sus otras mujeres».

    Terminó con un grito ahogado y sollozó un poco más. Francisco apretó los labios, su padre le había dicho que «siempre se aferrara a su suerte», cuando le dio la cadena, acompañada de un guiño de complicidad.

    «¿Así que esa cadena te pertenecía?» Francisco preguntó en voz baja.

    “Sí, y Dios sabe cómo consiguió que todas esas fulanas le devolvieran la cadena cada vez que las abandonaba. Pero ese es tu papá, ya sabes, él es solo, así de persuasivo”.

    Francisco se aclaró la garganta, “Sí. Sí, es persuasivo”.

    “Esta cosa está maldita. No la quiero en mi casa”, dijo su madre, venenosamente. Hizo una pausa y dejó que la pesada respiración de Francisco llenara el silencio. «No sabías la historia de esa cadena, ¿verdad?»

    «No.»

    Más silencio de parte de ella. Finalmente, su madre dijo, con la voz más clara y firme que de costumbre: «Es tu cadena, Francisco, así que dime qué quieres que haga con ella».

    «Sí. De acuerdo.»

    Colgó el teléfono y se derrumbó en su cama, hundiendo la cabeza entre las rodillas.

    Victoria, siempre confiada, no hizo preguntas de investigación cuando Francisco le dijo que quería caminar por el puente esa noche; solo preguntó dónde y cuándo quería que se encontraran.

    El camino hasta el puente era ventoso, los motociclistas pasaban por la parte superior del puente, ocasionalmente gritando blasfemias mientras atravesaban el camino peatonal.

    Francisco metió tensamente la mano en los bolsillos y siguió adelante, vagamente consciente de que Victoria marchaba animosamente a su lado.

    “Francisco, estás haciendo eso otra vez”.

    «¿Qué cosa?», Dijo, tratando de no sonar irritable.

    “No hablas nada. No dices lo qué tienes en mente.»

    Francisco apretó sus puños con fuerza dentro de sus bolsillos.

    «Nada. Solo admirando la luna. Joder, qué grande está hoy.»

    Realmente la luna parecía que ocupaba casi la mitad del cielo.

    “Es luna llena”, dijo Victoria con admiración, mirándola y apretando el brazo de Francisco. “Significa un indicio de buena suerte”.

    Francisco se burló; Victoria aflojó su agarre.

    «¿Qué fue eso?» preguntó ella

    «Nada. Tengo frio.»

    «¿Por qué te burlaste de mí?»

    Francisco puso los ojos en blanco.

    “¿Realmente crees en esas cosas? ¿En las fases de la luna, la suerte, los horóscopos o lo que sea?»

    “Creo que es divertido”, dijo Victoria. “Siempre hay un poco de verdad en las locuras, ¿verdad? Incluso las personas más racionales tienen creencias irracionales”.

    Francisco no dijo nada pero apretó la mandíbula.

    «¿No estás de acuerdo?»

    «Supongo que no.» respondió él.

    “Está bien si crees que es una tontería. Como dije, realmente no sigo esas cosas de cerca. Sin embargo, a mi mamá le gustaba mucho”.

    Francisco dejó que Victoria hablara un poco más sobre su madre, mientras miraba la luna llena. Parecía tan grande que podrían tropezar con ella en lo alto del puente.

    “Francisco, en serio. ¿Otra vez?»

    «¿Lo qué?»

    «¡Te comportas como si yo no estuviera presente!»

    «Lo siento, ¿podemos llegar allí?»

    Victoria caminaba unos pasos detrás de él ahora; él disminuyó la velocidad y se giró para mirarla.

    «Me estás poniendo nerviosa», dijo, con los ojos muy abiertos brillando.

    «Vamos, solo unos pocos pasos más».

    «Explícame de qué se trata»

    «¡Éste soy yo, estoy hablando contigo!» dijo, disimulando mal su molestia. Dio media vuelta y siguió caminando.

    Llegó a la cima del puente y casi se sorprendió cuando sintió que Victoria lo tomaba del brazo.

    «Francisco, ¿está todo bien?»

    Él suspiró y miró fijamente la enorme luna amarilla, le recordaba a un panqueque en una sartén, como los que su madre solía preparar para él los sábados por la mañana, cuando era muy pequeño.

    “¿Recuerdas que hablábamos de amuletos de la buena suerte en nuestra primera cita? Bueno, lo he estado pensando y…, creo que los humanos confunden la suerte con la probabilidad aleatoria.»

    Francisco notó que Victoria todavía estaba de pie a unos pasos de él; notó que ella estaba incómoda.

    “Tengo frío y no sé de qué estás hablando. ¿Podemos irnos?» dijo ella.

    “No, no, necesito decirte esto. Mira, los eventos son simplemente aleatorios. Una racha de buena suerte son solo eventos independientes unidos que parezcan estar relacionados. Pero pensar que una serie de eventos favorables se debe a algún amuleto de la suerte no es otra cosa que un paralogismo, una falsa razón, una interpretación equivocada de las probabilidades.»

    “La falacia del jugador”, dijo Victoria.

    «¿Cómo?»

    «Falacia del jugador: es un falso razonamiento en el que suelen caer aquellas personas que participan en determinados juegos de azar. Piensan que, como ya se registró un suceso en el pasado, existen menores o mayores probabilidades de que este hecho se repita o no en el futuro.»

    Francisco sonrió, impresionado de que ella se le hubiera adelantado, «Sí, exactamente, es como tú dices»

    Sacó una cadena de oro con una pequeña moneda brillando al final. Victoria tuvo que entrecerrar los ojos para verla.

    “Mi papá me dio esto cuando tenía 18 años, me dijo que siempre me aferrara a mi suerte. Resulta que mi padre se refería a la suerte con las mujeres, supongo que me la dio por eso”.

    Victoria hizo una mueca.

    “Dejó a mi madre llorando todas las noches de mi infancia, se perdió todos mis logros: mi primer juego de balonmano, mi primer día de clases, los juegos de fútbol del campeonato juvenil, todas mis graduaciones, todo porque estaba ocupado tratando de hacer dinero y/o acostándose con cuanta mujer que le gustaba. Y, yo quería ser como él”, se burló Francisco. Levantó la cadena, que brillaba a la luz de la luna.

    “Esta mierda no da suerte. La prueba de ello es que nada me hizo sentir tan afortunado hasta que te conocí.»

    Victoria se quedó en silencio; podía oírla temblar, de pie en el viento frío. Caminó hacia el costado del puente y se inclinó, colgando la cadena de su puño.

    «Estoy tan contento de no haber tenido esto cuando te conocí», dijo él, con los ojos cerrados dolorosamente. «Pero, si esto es buena suerte, ¿te perderé ahora si lo dejo caer?»

    Volvió a mirar a Victoria, que tenía lágrimas en los ojos.

    “Creo que debes soltar lo que sea que te esté atormentando”, dijo, tan bajo que él apenas podía escucharla.

    Dejó caer la cadena antes de darse cuenta de que había tomado tal decisión.

    «Joder», gritó, sorprendido por su impulsividad. Se acercó a la baranda para ver si podía ver en qué dirección caía; hubo un fuerte ‘plink’ debajo. Sus ojos miraron hacia abajo. La cadena de oro desapareció en el agua.

    «Y ahora, ¿cuáles son las probabilidades?» gritó Francisco, riendo con exasperación.

    Se inclinó para ver si conseguía divisar la controvertida cadena. Sintió un ligero toque en su hombro.

    «Creo que esta es una señal de la luna llena te está dando suerte».

    Francisco se volvió hacia Victoria: su impresionante silueta estaba enmarcada por la luna. Parecía una diosa… Sonrió.

    «Sí. Tal vez esto sea lo más afortunado que me ha pasado en toda la noche”.

    Los dos partieron juntos por el puente. La luz de la luna se oscureció cuando pasó una nube mientras la cadena se deslizaba lentamente impulsada por la corriente del agua…

  • Los secretos de Rebeca (1)

    Los secretos de Rebeca (1)

    Siempre me han gustado las mujeres mayores. Desde mi adolescencia, el atractivo de una mujer madura ha generado en mí esa serie de pensamientos y deseos que no únicamente me son irresistibles, también me han colmado de idilios gustosos.

    Uno de esos idilios, quizá el primero, fue con mi vecina Rebeca. De tez morena, curvas profundas, de cadera pronunciada, senos levemente asomados y de piernas que se pronunciaban como el calor de sus encantos, he de reconocer que lo que más me llamaba la atención eran el vientre y el pubis que se le marcaban, principalmente, en prendas ajustadas como los jeans o alguno que otro vestido: un triángulo dibujado con un ligero abultamiento debido a que fue madre en su adolescencia. Encuentros casuales en la tienda o en la calle motivaban saludos que en mí se transformaban en fantasías y en ella sólo eran atenciones educadas. Después le perdí la pista debido a que salí a estudiar la universidad a la capital pero no podía olvidarla en lo absoluto.

    Pasajeros romances en aquel tiempo apenas podían fingir parecerse a mis sueños con Rebeca. Las chicas de mi edad me representaban no tan deseables como las mujeres mayores y poco a poco fui desistiendo de aquellos placeres juveniles para centrarme, únicamente, en carnes con el clímax en su punto.

    Cuando regresé a la ciudad, después de uno que otro encuentro fugaz con mujeres no mayores de treinta que no me convencían del todo, la encontré en una plaza bebiendo café, pasaba los cuarenta años y se veía mucho mejor que en aquellos ayeres de martirio adolescente.

    El impulso me llevó hacia ella en automático y, al acercarme le llamé por su nombre, por espacio de unos segundos ella buscó en su memoria mi rostro pero al ver la tardanza le dije que era Dorian, su ex vecino, el que solía saludarla en la tienda o en la calle y ella me regaló esa sonrisa que me significó también un encuentro en su memoria.

    Le pregunté si esperaba a alguien y ella, dulcemente, me dijo que no pero no dejó de parecerle extraño. Sin más, le dije que podía invitarle otro café a lo que ella accedió no sin mostrarme también cierto nerviosismo. Éramos dos extraños conocidos y, tras saber que ella administraba el negocio de sus padres, que estaba divorciada y que por el momento no había mucho que abordar en temas pasionales le dije, sin detenerme a esperar otra casualidad, que siempre me había gustado, que durante el tiempo que estuve afuera de la ciudad no había dejado de pensar en ella y que me había prometido que, si la volvía encontrar, sí o sí, se lo iba a decir.

    Incomodidad y nerviosismo se apoderaron de su rostro, me agradeció el cumplido y, después de unos segundos de no saber cómo actuar, me dijo que tenía que irse y que agradecía de igual manera el café. Le dije que estaba bien y le pregunté si tenía Facebook a lo que ella, entre ese nerviosismo que clausura la razón, me dijo que sí, me dio su nombre de usuario, inmediatamente la busqué en mi teléfono, le envié la solicitud y ella, sin más, sólo dijo que en un momento me agregaba.

    No pasaron muchos minutos para que mi teléfono sonara y me avisara que Rebeca había aceptado mi solicitud. Inmediatamente vi sus fotos y, en tanto se iban presentando esas imágenes sentí todos aquellos deseos adolescentes que nacieron desde el primer momento que la vi. Pedí la cuenta y fui al departamento a seguirme llenando de sus imágenes para después explotar entre deseos.

    Pero fue una de esas fotografías que me animó a enviarle mensaje. Aparece ella con tacones amarillos, blusa amarilla dejando al desnudo sus hombros y con jeans apretados exponiendo su vientre y su pubis que siempre me habían motivado a soledades felices. Le di “me gusta” a aquella fotografía y le envié un mensaje privado. Desde ahí, poco a poco, nuestras conversaciones fueron acercándonos hasta también intercambiar números telefónicos y usar whatsapp por comodidad.

    Un fin de semana quedamos en salir y pensaba que probablemente, esa noche, se consumirían, por fin, esos sueños reprimidos adolescentes.

    Cuando la vi en el restaurante mi excitación me desbordó. Vestía igual que en aquella fotografía y pude notar que el pantalón le apretaba lo suficiente marcándole los ángulos insospechados.

    Tras los alimentos y una botella de vino, nos dimos por bien servidos y fuimos a mi departamento en ambos automóviles. Ahí acompañamos nuestras pláticas, en la cocina, con otra botella de vino y un poco de Sting y de Clapton hasta que el tono de la charla y de nuestros rostros fue subiendo hasta lo imposible.

    Supe de sus insatisfacciones debido a sus deseos imposibles. Le gustaba la dominación pero también el trato cariñoso, también el lenguaje soez como el silencio pero le gustaba, principalmente, el ser sometida a encanto de su dueño.

    Todo en mí se acrecentaba y poco a poco nuestros labios fueron acercándose hasta fundirnos en nuestras lenguas humedeciéndonos el cuerpo. Después ella me preguntó que por qué me gustaba ella si era quince años mayor que yo y le dije que principalmente por eso. Con entusiasmo y con otro beso me pidió que le indicara, de su cuerpo, que era lo que más me gustaba y le pedí que se incorporara para dejárselo claro. Al pararse y al tener frente a mí a esa hembra dispuesta a mis manos no dejé de percibir, también con el olfato, el olor de sus feromonas estallando. Le pedí que se acercara a mi rostro y al segundo tenía frente de mi rostro su vientre y su pubis dispuestos a mi descubrimiento. Sobre su pantalón comencé a besarla y también a darle pequeñas mordidas en sus profundidades cubiertas y ella tomaba mi cabello pidiéndome que no parara. Al momento de desabrocharle el pantalón y bajarle el cierre, de su tanga blanca salían bellos humedecidos y así, sin más, fui pasando mi boca por cada resquicio que se asomaba. Después subí a su boca y mientras nos besábamos yo jugaba con mis dedos en su interior y ella acariciaba mi excitación incontenible. Al poco rato fue ella quien descendió, se metió a la boca mi deseo y fue jugando con él con su lengua y su rostro. “Termíname”, dijo y le jalé el cabello hacia mis labios, después la volteé y le baje con dificultad el pantalón y la tanga que le hacía justicia a sus encantos. Frente de mí sus monumentos traseros con no poca maravillosa celulitis hervían y, sin pensarlo, entré en ella para consumar la ebullición del deseo. De nada sirve presumir, los minutos fueron pocos debido a que el previo había sido un juego de años pero entre escucharla gritar que la acabara y sus movimientos de madura, terminé por salir de ella y finalizar en su pantalón.

    Nos sentamos en los bancos de la cocina, desnudos, y compartimos el resto del vino y comimos una que otra fruta. Poco tiempo pasó para que ella avisara su salida debido a que su hijo llegaría a su hogar pronto. Se puso su tanga y pude ver la complejidad de subirse al pantalón, húmedo por los líquidos abandonados. Así, casualmente, la humedad que había depositado estaba incrustada entre su vientre y su pubis y ella, como si un trofeo fuera, me dijo que se lo llevaba así, sin incomodidad alguna.

    Cuando llegó a su casa le pedí una foto de la parte que más me gustaba y tardó pocos minutos en enviarme ese trazo fulguroso asomando también parte de sus ahogantes piernas.

    Qué extraordinaria es la mujer madura que esconde deseos y pasiones sin saber o reconocer que es esta la que puede dominar al mundo con sólo mostrar la grandeza de sus secretos.

    Después, vendrá más…

    [email protected]

    «Texto publicado por primera vez en CuentoRelatos».

  • Caliente día de aseo con mi roomate

    Caliente día de aseo con mi roomate

    Hacía un calor insoportable, el sol ardía sobre nuestra piel. Nos comprometimos a colaborar en la mudanza de una compañera de trabajo. No había de otra, era mejor cumplir. Inicia la jornada. Sol incesante y despiadado que nos doraba. Él subía y bajaba escaleras con las cajas al hombro. Sus bíceps se tensionaban, sus venas se pronunciaban. Masa redonda y blanca, piel firme y tersa. Una y otra vez, subía y bajaba. Yo ya me había rendido, me escondía del diablo ardiente.

    En la sombra, te observaba, me perdía. Me dijiste algo, te reíste. Me molestabas, algo bromeabas sobre mí, mientras me mirabas. Te llevaba la cuerda, aunque no te entendía. Nos fuimos, nos reímos, cargamos, nos cansamos.

    Sudaba, y su olor lo sentía fuerte. La mezcla de sudor, perfume y su propio olor, me calentaba más que el diabólico sol.

    Nunca te deseo, se me prohíbe. Eres casado, yo lo respeto. Yo, una promiscua, tengo muchos hombres y ninguno a la vez. Me los respetas. Vivimos hace año y medio juntos. Demasiado tiempo, demasiado cerca para conocerte, para quererte. Pero no puedo quererte, no puedo desearte, no puedo mirarte, no puedo provocarte. Hoy no lo soporto, el calor es mas fuerte que yo.

    Terminamos la mudanza, y llegamos a nuestra casa. Es nuestra, de los dos. Tú me soportas, yo ni te siento, pero se cuándo sales, cuando entras, cuánto duras en el baño, lo que tomas, lo que comes, lo que oyes, lo que miras, lo que tienes, lo que hablas, cuánto duermes, cómo duermes. ¡No!, ¡eso no!

    Te encierras, me encierro. El calor continúa, y mientras a otros duerme, a mi me despierta. Me levanto.

    Hoy es día de aseo. Barro, oigo mi música favorita, lavo. Me provoca fumar, trabarme, alivianarme. Me encierro, tú sales.

    Dos plones me bastan para estar mejor, para sentir la electricidad chispeante acalorada que me produce, la suavidad que me menea.

    Salgo. Tu barres tu cuarto, pues hoy es día de aseo. Estás en pantaloneta, es de color verde, tu espalda blanca deslizante resbaladiza. Te inclinas y tus nalgas se pronuncian detrás de ese trapo verde. Entras y sales. Te observo con levedad. Lo percibes, te incomoda. Me miras. Te entras. Yo sigo.

    Te imagino. Imagino que me coges por la espada, que aprietas mis nalgas, que me bajas el pantalón, que quería ya caerse. Tu mirada como de “ya que más da”. Me tomas mi cara y me besas fuerte. Yo que debería resistirme, te beso, profundamente.

    Regreso. Estoy sola, trapeando, repitiendo el mismo lado 10 veces. Tu puerta está cerrada. Me acerco a ella, la choco con las mechas del trapero. Pienso en si la abriera, qué pensaría. Se reiría. Yo le pediría disculpas y la cerraría. Seguiría trapeando.

    Sigo trapeando. Él sale, me estoy agachando, ¿se me están cayendo los pantalones? ¿me metí la mano en las nalgas mientras él pasaba? ¿Se me vieron las pantaletas?

    Él pasa fugaz. Se devuelve y me pregunta si puede usar el baño. ¿Lo usamos juntos?, quería decirle. Ehh, sí, el baño, sí -titubeo-. Me quedo pensando, ¿se daría cuenta? ¿me vería muy trabada? Trapeo.

    Te imagino desnudo, blanco tú. Tus tatuajes en la espalda y en tu pecho, goteada tu piel, tu barba aplacada, escurridiza. Tus ojos mirándome, tus ojos cerrándose mientras cae el agua y te pasas tu mano sobre tu cara. Te cierras los ojos, los abres y me miras. Tus nalgas duras, tu verga rozagante, firme, dura, grande, larga y gruesa como me gusta. Empieza a erguirse. Te ríes, me miras. Tu mirada es fuerte, la siento extraña, la siento malvada, la siento agresiva, la siento enloquecida, como esa vez que me cogiste fuerte en mi sueño.

    Un día soñé que abrías la puerta de mi pieza, la tirabas con fuerza y me detenías, me paralizabas, me abrías, me la metías, firme, como lanza enfurecida. Era grande, roja, y tu estabas poseído por el espíritu de la lujuria. Tu lengua era larga, bífida, roja y me la metías igual de fuerte que tu verga, en mi boca, me mordías, me mojabas, me clavabas, me agredías, me encantaba. Así te imagino ahora. Me mojo.

    Vuelvo. Sigo trapeando. Definitivamente ya está limpio ese pedazo. Sales, y el baño que está cerca al lavadero donde lavo el trapero, nos arrincona. Yo me río. Estás en toalla.

    Ya te había visto, pero ese momento era perfecto para simular un asombro, una impresión, un descubrimiento. ¡oye!, le grito, ¿qué? me pregunta. ¡Cómo te quemaste! ¡Mira tus brazos! Se los señalo, mi dedo se roza con su piel.

    Dios, estoy trabada. No controlo mis movimientos. Me separo, rápidamente. Él se ríe. Menciona que no se había dado cuenta que tenía la piel así. “Se quemó mucho, toca que se tome una foto y se la envíe a Katherine” (nuestra compañera, a la que ayudamos a mudarse de casa). Se ríe.

    Pienso, me voy. Imagino que tomas una foto de tu brazo, y me la envías a mí, me enciende, me masturbo con ella, me vengo.

    Vuelvo. Te entras, cierras la puerta. ¿se daría cuenta? ¡ash, soy tan torpe así! Sigo trapeando. Suena: Heroes And Villains de The Beach Boys, me emociono. Bailo. Lo muevo duro. Se abre la puerta de su pieza. No fue intencional, lo juro, yo estaba en la playa.

    Tu asombro y el mío. Estás desnudo. Todo se detiene. Me miras punzantemente. Me asusto, me excito, me sonrojo. Te acercas, me jalas, tiras la puerta y se cierra. Me tiras a tu cama, me dejo. Me bajas el pantalón, me la chupas, te la comes, la lambes, hundes tu lengua lo mas profundo que puedes. Me miras, succionas, me agarras las nalgas y hundiéndolas en tus manos, las empujas hacia ti, quieres tragarte mi vagina, quieres tragarme toda.

    Yo no resisto, jadeo, mis ojos se calientan, lagrimean, estoy encendida. Se sube y me besa con furia, con fuerza, la entra profundo que lo puedo sentir en mi pecho. ¡Dios, ay Dios! Se acelera, suave, fuerte. Lo hunde. Me coge de la cintura y me sube curvando hacia afuera. Mi cabeza choca con su almohada. Su mano en su cintura me electriza, me enfría y me calienta al mismo tiempo.

    No soporto el ardor, el calor, el fuego que me produce. Me mojo, me ahogo, me vengo, él sigue, no para, quiere venirse, sigue fuerte, su mirada malévola es real, lo logra. Llegamos al cielo.

  • Au-pair: Azotes y más

    Au-pair: Azotes y más

    El cielo encapotado y gris junto a una persistente y fría lluvia es mi primer recuerdo de aquel país. Terminada la carrera, a mis 21 años, decidí pasar unos meses en el extranjero trabajando como au-pair.

    -Hola Ana.

    Me saludaron un hombre y una mujer maduros.

    Son las primeras y últimas palabras que oí durante un tiempo en mi idioma.

    Luego ella me presentó al niño de tres años y me entregó una lista de tareas. Con gestos, algunas palabras que pillé aquí y allá y un diccionario, logré enterarme.

    Al principio todo fue bien, yo me esforzaba por entender y ellos me corregían verbalmente cuando hacía algo mal.

    Sin embargo, dos semanas después, la cosa cambió. El tiempo de adaptación según ellos había concluido, y las faltas contaban.

    Una advertencia, un segundo toque de atención con amenaza y a la tercera…

    Me quedé dormida y tuvieron que despertarme. La mujer entró en mi habitación y tal y como estaba en pijama sin tiempo a tirarme ni un mísero pedo mañanero en la intimidad de mi cuarto, me llevaron al salón. El niño todavía dormía en la habitación.

    El caballero me habló despacio, asegurándose de que entendía y, aunque no todo, me quedé con lo principal del mensaje.

    «Van tres, romper reglas, castigo».

    La pareja se sentó en el sillón de dos plazas y yo me tumbé boca abajo sobre el regazo de ambos. La mujer me acarició el cabello mientras mi corazón latía con fuerza.

    – ¿Lista? – dijo el tipo.

    No, no estaba lista. Pero el miedo a empeorar mi situación me hizo responder.

    – Sí, señor.

    Y aquel tipo comenzó a darme azotes en el culo.

    Acabado el castigo, me mandaron a mi habitación a reflexionar. Tenía el culo caliente, la cara roja de vergüenza y aun así, sabiendo que tendría unos minutos para mi sola, aproveché para masturbarme. Las nalgas escocían, pero el ser humillada de aquella manera, el notar el crecido pene de mi azotador en contacto con mi vagina, me excitaba.

    Cinco minutos antes de que terminara «el permiso» fui al baño y me cambié de bragas.

    Una semana después se repitió un nuevo episodio. Esta vez no estaba el hombre y fue la mujer la que me atizo. Esta vez, por reiteración, empleó una vara. Antes hizo que me bajara los pantalones del pijama y las bragas y me inclinara exponiendo mis vergüenzas.

    Terminado el correctivo, me acarició el pelo y las nalgas y me dio un beso en los labios.

    Ni que decir tiene que, aquella noche, decidí sacar partido a mi estado de excitación y, en parte para mitigar el escozor y en parte para acallar el picor en mi vagina, restregué mi sexo frotándolo con la almohada mientras trataba de amortiguar el volumen de mis jadeos.

    Aunque en los siguientes meses metí la pata alguna vez, bien por falta de tiempo o bien porque mi idioma había mejorado y me apreciaban más, no tuve que enfrentarme a castigo alguno.

    Y entonces llegó la última semana. Una mezcla de nostalgia por tener que dejar el país y alegría por volver a casa se confabularon para distraerme. Empecé a pensar en los preparativos para la vuelta y descuidé mis tareas.

    La mujer, en presencia del marido, me leyó la cartilla.

    El hombre se quitó el cinturón y fui obligada a desnudarme por completo.

    – De rodillas. Ven aquí.

    Yo, en pelotas, con las tetas colgando, gatee hacia dónde se encontraba aquel tipo.

    Se desabrochó el botón, se bajó la cremallera y saco el falo más grande que había visto en mi vida.

    Me puse de cuclillas y empecé a lamerlo.

    La mujer se acercó, cogió el cinturón de manos de su marido, y me ordenó que metiera la verga en mi boca y le hiciese una felación.

    Mientras se la chupaba, la mujer comenzó a golpearme en las nalgas con el cinturón. Era difícil concentrarse en la mamada mientras me calentaban el culo con el cuero.

    Tras una docena de azotes, la mujer dejó caer el cinturón.

    – Levántate y ven aquí. – dijo el varón.

    Me acerqué y el hombre me abrazó apretándome contra su cuerpo.

    Por su parte, ella se colocó de rodillas detrás de mí y comenzó a lamerme el trasero, el ano y la vagina. Su lengua me hizo temblar y su cara, literalmente enterrada en mi raja, me hacía cosquillas.

    Me excite tanto que imploré a aquel tipo, en repetidas ocasiones, que me follara. El hombre, tras mirar a su pareja, accedió a ponerse un preservativo y a penetrarme vaginalmente.

    Tras varias embestidas, me corrí entre convulsiones y gritos mientras el hombre y la mujer me abrazaban y se abrazaban. Yo era el queso derretido y ellos las tapas del sándwich.

  • Estuve con el hermano de mi novio

    Estuve con el hermano de mi novio

    Hola, quiero recordar antes que nada que mido 1.55, soy de piel blanca, cabello negro, y soy delgada, básicamente puedo gustarle a quien quiera si soy honesta.

    Hace poco fui a la casa de mi novio porque me pidió que fuera ya que yo acababa de salir de la universidad y pues quería que pasara a almorzar. Cuando llegué a su casa me di cuenta que estaba Oscar su hermano y pues yo entré normal, recuerdo que mi novio me sirvió el almuerzo de la manera más caballerosa posible y me dijo que iba a comprar unas pastillas para su madre y que se las iba a llevar y se demoraba, me dijo que quedaba con Óscar por si llegaba a necesitar algo.

    Cabe destacar que me han dicho mucho que soy muy follable, recuerdo que Oscar se metió a su cuarto, pero dejo su puerta abierta y pues yo estaba en el comedor que da de frente a su cuarto, él en ese momento estaba dándome la espalda y empezó a cambiarse su ropa, recuerdo que me hizo tragar en seco cuando se quitó su camisa, él no se daba cuenta, pero yo lo miraba de abajo hacia arriba sin parar.

    Yo terminé de comer y me fui a lavar los platos, pero en mi cabeza pensaba en el cuerpo de Óscar. Decidí pararme en la puerta de su cuarto y le dije que como estaba y me dijo que bien y que estaba descansando un poco, él estaba sin camisa en su cama jajaja, así que yo le dije que si quería que le diera un masaje para que se le quitara un poco el estrés y me dijo que no había problema.

    Recuerdo que empecé a tocarlo y él se fue durmiendo lentamente, así que aproveché para desabotonar su pantalón y ver qué no tenía nada por debajo y vi su pene que por cierto estaba demasiado rico, él se despertó y me dijo que estaba haciendo, que si era que estaba loca.

    Yo le dije que no se preocupara, que realmente se dejará llevar, entonces me miró con cara de sorprendido mientras empecé a masturbarlo, recuerdo que llegó un momento donde me agarró del pelo y me hizo chuparle su pene que estaba muy duro y grueso.

    Recuerdo que yo llevaba falda así que me senté sobre él y fui metiendo suave su pene porque realmente era grande, él media 1.85 y yo 1.55, así que ya pueden imaginar la diferencia, me lo metía suave hasta que empecé a mojarme más y más, recuerdo que le pedía más duro y él me ponía como se le daba su gana, tenía mucha fuerza y me alzaba de acá para allá, yo no quería que parará de ser tan hostil conmigo y quería que se corriera y ver su cara de satisfacción.

    Oscar estaba empezando a sentir que se venía así que rápidamente empecé a dar sentones fuertes hasta que me dejó su lechita dentro y creo que hace rato no lo hacía porque mi vagina solamente soltaba más y más leche, quedé impresionada con la cantidad, me puse rápido mi ropa y salí de nuevo al comedor y veo que si semen se me resbalaba por las piernas y mi novio ya estaba abriendo la puerta, así que no me lo pensé dos veces y no me quedó más que lamer la lechita de Óscar para quedar medio limpia.

    Me sentí culpable porque tanto mi novio como su hermano están muy ricos y bueno ni que decir de su papá con el cual también tengo otra historia, pero más adelante se las contaré, espero que les guste y recuerden que es demasiado rico el sexo.