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  • La despedida de Ale, en casa y tus ojos vendados

    La despedida de Ale, en casa y tus ojos vendados

    Recuerdo ese día que te dejaste que te cogiera Alejandro.

    Era su despedida, viajaba a Australia. Como olvidar ese polvo que le diste.

    Alejandro era amigo de ambos desde la infancia, siempre venía a casa y compartíamos una cena, unos tragos. En la piscina o en el quincho. Alejandro es atleta, de buen porte y físico, es nadador, por lo tanto ya se imaginarán. Cualquier mujer como tú se fijaría en él.

    Ese día te sentí ansiosa, te sentí diferente. Preparamos la despedida en casa, con varios amigos. Ese día llevabas una blusita rosada y una falda negra que marcaban tus curvas. Entre tus caminatas se subía la falda y dejaba ver un poco más el inicio de esas nalgas blancas. Note ver cómo coqueteabas con Alejandro, esa risa entre ustedes, vos tan bonita con ese cabello lacio suelto y largo.

    Pasaba la noche, y por las escaleras del segundo piso me llamaste. Subí junto a vos y comenzaste a besarme, me tiraste por la pared, comencé a tocarte, dijiste al oído quiero que me toques y sientas lo mojada que estoy, te subí un poco la falda hice a un lado la lencería que llevabas puesta y te sentí, mojaste por completo mis dedos y te la metiste en la boca. Por alguna razón, de reojo vi a Alejandro que vio todo eso. Ella no paró y siguió besándome.

    Algunos invitados ya se iban, y solo quedábamos los tres, dijiste que subías a cambiarte que estabas un poco cansada. Me quedé con Alejandro entre tragos al borde de la piscina y me dijo les voy a extrañar.

    Recibí tu mensaje, que decía subí junto a mi que tengo los ojos vendados, te espero.

    En ese momento decidí pedirle a Alejandro que suba, con la excusa de tener una llamada, de que él vaya a ver si te encontrabas bien. Simule la llamada y subió. Al rato subí detrás de él y logré ver cómo estabas, abrió la puerta, te encontró de cuatro en la cama, con los ojos vendados. Alejandro cómo es amigo nuestro desde la infancia ya sabía nuestro juego, así que, tu no sabías que no era yo, solo escuchaste abrir la puerta y alcance escuchar que decías quiero que me comas toda. Alejandro bajo la boca directo entre tus nalgas y comenzó a lamerte entre la raja, imagino lo mojaba que estabas porque lo sentí. Se sacó el jeans y saco la pija, la mojo un poco y comenzó a meterte. Te agarro de la cintura y no paró. Te la metía como si fuera la última vez. Te escuchaba gritar.

    Llegué abrí la puerta despacito y Ale no dijo nada, el seguía dándote como endemoniado, solo me quite el jeans y tú seguías con los ojos vendados, acerque mi pija sobre tu boca y sonreíste, te quitaste la venda y viste que Alejandro era el que te estaba cogiendo rico.

    Dijiste están locos, y te volteaste en la cama agarrándote de la cabeza. Te levantaste y comenzaste a mamarnos las vergas. Esto es nada más por tu despedida fue lo que dijiste.

    Y dejaste que te siguiera cogiendo, mientras me comías a mi la verga. Podía ver tu cara de deseo, cómo te cogía y te la metía mientras vos me la comías a mi. Invertiste los roles y saltabas como nunca, sobre mi pija dura, la sentías bien adentro, nunca te sentí tan caliente, tan hot tan rebelde.

    Tus poses de cuatro, tu lencería, tu cola roja, tu cabello despeinado, tirada en la cama viéndote encima de él, encima de mi. Teniendo dos vergas para ti sola, volviéndote loca. Gozaste y lo disfrutaste.

    No podíamos contenernos, tus gritos, tus movimientos, lo mojada que estabas, lo rico que te cogíamos, no mencioné que tenías unas cintas que lograban atajarte de ahí para penetrarte más fuerte.

    Terminamos sobre tu rostro. Y esa gota de leche lo agarrabas con el dedo y te lo metías en la boca. Lo disfruté como nunca decías, la verdad disfrutamos los tres. Bajamos fuimos corriendo a la piscina, y luego dijiste que querías a los dos dándote en el agua en la piscina.

    Si lo pides así toda buenita cómo no cumplir esas fantasías, te lo mereces Diosa, que te deseen porque sos extremadamente hermosa, caliente y hot con esas lencerías con las que llegas siempre. Tus juegos siempre serán los míos…

  • Cambio de gym y nuevas experiencias

    Cambio de gym y nuevas experiencias

    Hola a todos, gracias por seguir, likear y comentar mis publicaciones. Para los que me preguntaron, si, son todas reales. Realmente que pase en mi imaginación y creer que pasa en la vida real, es medio creepy. Pero no. En este caso son reales y me da mucho morbo saber que Uds. las leen y les gustan y calientan mis historias. Y para los que me preguntaron, soy de Ciudad de Buenos Aires, Argentina. 38 años. 1.84 de altura, piel blanca, pelo rubio oscuro, ojos celestes claros, lomo de gym, buenas piernas, brazos, dotación de 22×8 real. Activo. Dicho por 3ra o 4ta vez esto, paso al relato del día.

    Resulta que desde hace años asisto al mismo gym. Un gym normal de barrio a 3 cuadras de mi casa, que con los años pudo abrir dos sedes mas en otros barrios de la ciudad. Todo a pulmón. Siempre eran los mismos instructores. A este Gimnasio empecé a asistir casi desde que abrió. Nunca quise ir a las cadenas grandes, no por una cuestión de dinero, sino que son mas marketing, y no suelen estar adaptadas con máquinas e instructores que sepan guiarte con un correcto levantamiento de pesas. Además, en los gimnasios chicos, está mas ese concepto de gym bro, amigos, familia de gym, que son muy buena onda, y uno va enteramente a entrenar. No a estrenar ropa, sacarse foto en los espejos, ver que puede levantar y estar 30 min en la rutina y 45 min en la ducha. Nunca me gustó esa onda y todo eso lo sé por las cosas que mis amistades me han contado.

    El tema que producto de la interminable cuarentena y que los costos $$ de un gimnasio chico, no era el mismo que de las grandes cadenas, y de las 3 sedes, 1 cerró. La otra había disminuido personal, y la que yo iba, entre varios socios con una cierta posición económica, hicimos una donación para que pudieran mantener las instalaciones funcionando, lo cual, generó que por varios meses, no nos cobren la cuota mensual. Se mantuvo, pero producto de que no les aumentaban los sueldos a los docentes y se había abandonado bastante el mantenimiento de varias máquinas, en cuestión de meses, el gimnasio y la onda pasó a ser otra. La segunda sede terminó cerrando y quedó la que yo asisto, pero mi instructor se fue a trabajar a una cadena y me dio el consejo: ¡andate de acá!

    A las 2 semanas me fui a anotar a 6 cuadras de mi casa, a una conocida cadena de gimnasios. El chico de la recepción que me atendió es del bando, el que limpia, es del bando. El profesor que me asistió, no. Por lo que dije: OK, no va a haber distracciones y vamos a entrenar en paz. Además esta cadena lo positivo que tenía una sede a una cuadra y media de mi trabajo. Así que los días con presencialidad en la oficina, iría a esa sede, y los días de home office a la otra. Explique a los profesores el tipo de rutina que yo hacía, que era de progresión, con cierto peso y tiempos. Ya buscaban enchufarme la rutina mediocre de cualquiera que recién arranca. No! Además ahora te envían todo por una app donde ves la rutina que cargó el profesor y la vas siguiendo desde tu celular. Yo acostumbrado a años de tener mi ficha con los días y tipos de entrenamiento. ¡En fin! Parezco un viejo.

    Los días pasaron y fui alternando las sedes y los horarios. No voy a negar que en cada sede había un tipo diferente de gay, y q varios me llamaron la atención. Muchos usando calzas o shortcitos muy ajustados, cosa que en mi otro gym de barrio no se veía. Y varios culos para nada despreciables. Por la cercanía a mi casa, y que siempre asisto después de trabajar, nunca hice uso de las duchas. Salvó hace casi dos semanas atrás.

    Sabiendo que después de la oficina tenía una cena familiar. Fui al gym a la mañana temprano, me ducharía ahí, armé el bolso con la ropa de trabajo y el saco y pantalón lo llevé en una percha, y lo coloqué adentro del locker. Ingresé 7.30 am y terminé con mi rutina cerca de las 8.45.

    Yendo a las duchas olvidé que había puesto toalla. Me acercó al puesto del vestuarista y le solicito una toalla. Me la cobra, (100 pesos 1 toalla con jabón y shampoo) y voy a mi locker a sacar mis cosas. Lo llamativo que cuando entré a ducharme, entraron 3 más que habían estado durante el tiempo que estuve entrenando (algunos el mismo tiempo otros, mucho menos) y también se iban a duchar y solicitaban toallas. Empecé a desvestirme y esos 3 se pusieron en bancos enfrente mío. La realidad que de esos 3 solo 1 me llamaba la atención. Tendría casi 30 años, de físico entrenado, bien formado, 1,72 aproximadamente, de pelo rubio, piernudo, cara de nene y unas nalguitas que parecían un caramelo.

    Agarré el kit que me dieron y me metí en la ducha. Lo sorpresivo de todo es que las duchas tenían unas cortinas que no cerraban completamente, no sé si x lo desgastadas, sucias, o que no eran al tamaño adecuado. Cerré lo que pude y empecé a ducharme para irme a trabajar.

    Los 3 que estaban en el vestuario, los mismos en 3 duchas enfrente mío y todos con las cortinas abiertas, y los 3 tratando de espiarme por las aberturas de mi cortina. De no creer, pero esas cosas pasan. El nene que me había interesado estaba en diagonal mío con la cortina abierta y pude ver un lomaso divino. Unas piernas casi lampiñas, y una cola que era un durazno precioso. Me empecé a empalmar de solo mirarlo. él se pasaba el jabón y me miraba y se masturbaba. Un pedazo de pija importante tenía. De pronto por la situación, mi pija se puso piedra, erecta. Y él se quedó sorprendido por el tamaño, yo me puse jabón en la mano y empecé a pajearme para darle a entender a él, que me interesaba destrozarle ese hermoso orto.

    Los otros dos, viendo que no les prestaba atención, se fueron de las duchas pero sin dejar de mirar a donde estaba el pendejo y donde estaba yo. Cuando me percaté que no había nadie más molestando, corrí la cortina y le dejé ver todo completo. El nene empezó a relamerse y me hizo gesto de que me meta en su ducha. Cerré el agua, y me metí donde estaba él. Nos besamos, apretamos y bajó a mi pija y trató de chupármela entera pero no pudo. Lo levanté lo puse de espaldas, me agaché y le comí el orto. Era una manteca deliciosa. Se lo apreté, mordí, besé y traté de ver si podía penetrarlo pero fue medio imposible. Me puse jabón en la pija y traté de enterrársela un poco al menos, pero me hacía para atrás le dolía. Estaba estrechito y no estábamos cómodos. Me pajeo y me la chupó como pudo un poco más. Casi que acababa pero escuchamos ruidos cerca de las duchas, le di un beso y me fui. Me quedé con la leche hirviendo y con ganas de salir.

    Sali de la ducha, me sequé, miré la hora y volando me vestí para irme a la oficina. Ahora había 6 personas mirándome como me cambiaba. El pendejo salió de la ducha. Se secó, se me acerca y me dice: Usas IG? Si, le respondí. Te lo paso. Me guiña el ojo y me dice: hablemos por ahí.

    Llegue a la oficina 5 min tarde, metí la excusa de que se me había mojado la camisa y la tuve que secar. Veo el celular, abro IG y tenía su solicitud de amistad. Lo acepto y empezamos a hablar. Me cuenta que se llama Ramiro, que está por cumplir 30 años, que entrena desde los 22, que es de capital, cerca de mi casa y que es analista de riesgo e inversiones en un banco que se encuentra a dos cuadras de mi oficina, que vive solo, y que estaba haciendo un Posgrado en inversiones. Interesante prospecto. Por fin uno como la gente!

    Si, obviamente, quedamos en vernos porque ese culo quiero comérmelo completo.

    Continua parte 2.

  • Un nuevo error en mi vida amorosa

    Un nuevo error en mi vida amorosa

    A menudo descubrimos a lo largo de nuestros años que nos sentimos atraídos por la persona que más valoramos en el mundo. Yo también experimenté eso. La mejor parte fue que ella también me mostró el mismo nivel de amor y atención. Pero, sin embargo, no supe desenvolverme. Cometí algunos errores y, antes de darme cuenta, ella me dejó.

    No creía que alguna vez experimentaría otro amor. Soy consciente de que todos expresan los mismos sentimientos después de una ruptura, pero no estoy atravesando por eso. No tengo una actitud negativa o deprimida. Solo que una vez tuve un sentimiento que era más grande que cualquier otro sentimiento que hubiera conocido, y cuando lo perdí, realmente pensé que nunca volvería a percibir otra vez ese sentimiento. Pero la vida es larga, yo tenía 21 años en aquel momento. Ahora, a la madura edad de 30 años, estoy experimentando emociones que no había sentido en mucho tiempo.

    Ahora me consideraba más sabio y seguro de querer tener una relación. Así que me registré en una aplicación de citas gratuita que me parecía confiable y tenía perfiles reales. Estaba destinado a personas que buscaban una relación a largo plazo más que solo conexiones casuales.

    Pronto me enganché a él. Comencé a descartar a la mayoría de los perfiles que examinaba. Durante los siguientes días comencé a enviar mensajes a los pocos perfiles que me parecían interesantes. Pero no recibí ninguna respuesta. Me di cuenta de que probablemente era porque yo no había agregado mi foto. Así que agregué una de mis mejores fotos a mi perfil. De nuevo no hubo un resultado positivo…

    Cuando estaba a punto de concluir que las cuentas gratuitas en tales aplicaciones no son lo suficientemente buenas, escuché el pitido en mi celular. ¡Alguien se interesó en mí!

    “Hola, mi nombre es Alejandra, y después de leer tu perfil, creo que encontré lo que estaba buscando. Si te estoy molestando, tal vez podamos hablar más tarde, cuando tengas tiempo” Alguien había enviado un mensaje de texto.

    «No, en absoluto. Estoy libre ahora” respondí cortésmente.

    A los 5 segundos mi celular comenzó a sonar.

    “Hola, ¿estoy hablando con Diego?”

    “Sí, Diego aquí”

    “¿Cómo estás Diego?

    “Muy bien, ¿y tú?” Pregunté con curiosidad.

    «Yo también estoy bien, ¿puedo saber en qué trabajas?» Saltó directamente al grano.

    “Trabajo para la empresa MIT Info Systems como ingeniero de sistemas en Monterrey”.

    “Trabajo como maestra de escuela de escuela en Saltillo.

    “Relativamente cerca. Suena bien”, respondí.

    «Bueno, Diego, fue un placer hablar contigo» dijo como si quisiera colgar.

    Bueno, eso fue rápido. Pensé en pedirle que esperara, quería hablar más con ella, pero no quería mostrarle mi desesperación. Nunca tienes una segunda oportunidad para causar una primera impresión, lo sabía.

    “Del mismo modo, encantado de hablar contigo Alejandra”.

    «Sí, te llamaré o te enviaré un mensaje por WhatsApp más tarde. En realidad, lo siento por no poder hablar mucho más en este momento».

    “Claro Alejandra, hablemos pronto”

    Colgó el teléfono y me sentí casi extasiado. Debido a lo cautivadora que era su voz, repasé mentalmente todo el flujo de la breve llamada telefónica aproximadamente 20 veces.

    Al día siguiente, seguí mirando mi celular. Había guardado su número, pero no pude reunir el coraje para llamarla. No había ni un mensaje de ella. Continué con mi rutina de trabajo y en mi hogar. Mientras tanto, comencé a recibir notificaciones para registrarme como miembro pago y así poder contactarme con más perfiles.

    De alguna manera no tenía ganas de hacerlo, tal vez porque tenía la esperanza de que Alejandra volviera a llamar. Y sí, llamó después de 4 días. Mi corazón comenzó a latir más rápido cuando mi teléfono decía «Alejandra – llamando»

    «Hola Diego»

    «Oh, hola», traté de sonar tranquilo.

    «¿Me reconociste?» Me preguntó con curiosidad.

    «Por supuesto, eres Alejandra, ¿verdad?» Dije, como si no hubiera guardado su número.

    «¡Bingo! Entonces, ¿cómo has estado, Diego?»

    “Bueno, muy bien, solo rutina, ocupado con mi trabajo”

    «Vale, ¿cómo van las cosas en tu trabajo? ¿Te mantiene muy ocupado o te permite tener algún tiempo libre?»

    Y así continuó la conversación. Me hizo muchas preguntas y le devolví el favor. Fue una sensación fantástica hablar con una hermosa extraña durante casi 30 minutos. Se dice que hay leyes universales saben lo que realmente es mejor para ti, y comencé a preguntarme si tal vez había perdido a mi primer amor porque tenía que conocer a Alejandra.

    Después de esta larga charla con ella, estaba enamorado… casi. Digo casi porque no la había visto, solo la escuché. Sin duda era dueña de una hermosa voz, ¿cómo se vería…? aún era un misterio. Sí, ella no había subido sus fotos en su perfil.

    Empecé a pensar en caras hermosas en mi mente. ¿Se parecería a alguna de nuestras actrices de cine, modelos o se parecería a la chica de al lado? De todos modos, decidí pedirle que me enviara su foto la próxima vez que habláramos.

    Al día siguiente, traté de usar mi tonto cerebro y busqué su nombre en Facebook. Descubrí cientos de chicas con el mismo nombre, pero posiblemente ninguna era ella. Según nuestra hora programada, al día siguiente, Alejandra me llamó durante la hora del almuerzo.

    «¿Qué tal, Sr. Software?» Observé que se estaba poniendo informal conmigo.

    “Estoy bien Sofía, pero un poco inquieto”

    «¿Por qué? ¿Algún problema?» Preguntó con preocupación.

    “En realidad, no he visto ninguna foto tuya, y yo estaba un poco…”

    «¿Un poco cómo…? ¿Quieres ver cómo me veo?»

    «Bueno sí. Veo que has visto mi foto en la propia aplicación. Si quieres te mando más fotos mías. Y si estás de acuerdo, también me gustaría que compartas tu foto? “

    “Hmmm… En realidad, Diego, mis puntos de vista son diferentes. Quiero que nos conozcamos primero sin siquiera vernos. He visto una foto tuya, eso es correcto, pero aun así, incluso si no hubieras agregado esa foto, igual te habría llamado”.

    «¿Por qué…? quiero decir, ¿qué hay de especial en mí?»

    «Porque revisé tu perfil y me gustó todo lo que escribiste allí, parece que eres una persona genuina, no los habituales mentirosos de estos sitios», respondió ella.

    «Bueno… eso es cierto… pero aun así… de todos modos… ¿al menos déjame saber tu identificación de Facebook?»

    «No tengo una cuenta de Facebook Sr. Software, en realidad no estoy en ninguna de las redes sociales»

    «Vaya…»

    “Mira… no quiero aumentar tus expectativas, soy una chica de aspecto promedio y también tengo un par de canas. Por favor, sé franco y hazme saber si te gustaría continuar sin mi foto o es la apariencia lo que te importa más que otras cosas”. Sonaba firme por primera vez.

    “No… no… Sofía. Está bien, perfectamente bien. Conozcámonos primero; las apariencias tampoco me importan”. No quería perderla así.

    De esa manera continuó la rutina de hablar diariamente por teléfono, chatear por WhatsApp, etc. Nunca me pidió una foto ni yo se la volví a solicitar. Durante el período de casi un mes, llegué a conocer muchos aspectos y cualidades de ella. Era increíble simplemente hablar con alguien y conocer los momentos en los que estaba tranquila, sobria, severa, relajada, alegre, enojada, dudosa o insegura.

    Estaba seguro de que estaba enamorado de ella y casi convencido de que ella también me quería. Sin embargo, a medida que pasaban los días, mi ego sospechoso comenzó a ceder. Diseñé un plan para conocerla. La llamé.

    «Hola Sofía»

    «¿Hola?» Sonaba soñolienta.

    “Lamento llamarte tan tarde”

    “Casi medianoche, Diego, ¿algo urgente? “

    «Sí… en realidad Alejandra, mañana iré a Saltillo»

    «Wow… ¡qué padre!… por asuntos de trabajo?»

    “No, para asistir a la boda de un amigo, y me preguntaba si podríamos encontrarnos mañana por la noche”

    «Hmmm… ¿parece que no puedes esperar más?»

    “Bueno, la boda de mi amigo es cerca del lugar donde trabajas. Y creo que sería genial si pudiéramos encontrarnos… ¿no lo crees?”

    “Bueno, yo… no estoy segura, Diego, pensé que probablemente podríamos darnos más tiempo y luego, cuando estemos realmente seguros, podríamos encontrarnos.»

    «Ha pasado casi un mes Alejandra, ¿no estamos seguros?»

    “No lo sé, Diego… Pero pensé que cuando nos encontráramos por primera vez, no debería ser solo para vernos”

    «¿Estás hablando con otros hombres también?»

    «De ninguna manera… ¿por qué crees eso?»

    “Solo quería asegurarme, porque realmente me gustas, Alejandra. No sé tú, pero no creo que pueda pensar en ninguna otra chica en mi vida ahora. Creo que ya te amo y…”

    «¿Y..?»

    “Y no importa cómo te veas, quiero conocerte, solo a ti. ¿Puedes permitirme?” Fui persistente.

    «Bueno, está bien, si insistes, nos ponemos al día en Starbucks mañana por la noche alrededor de las 18. ¿OK?» Finalmente accedió.

    “Perfecto, estaré libre de la boda para ese momento” estaba emocionado.

    «Buenas noches, Diego» Pude notar una pizca de inquietud en su voz.

    Al día siguiente, tomé el auto hasta Saltillo. Llegué alrededor de las 16:00 y no tenía adónde ir. Estaba reflexionando sobre la idea de cómo pasar las próximas dos horas, cuando recibí una llamada de ella.

    “Hola Diego, ¿disfrutando de la boda?”

    “Sí, sí, es una boda por la iglesia bastante bonita y sencilla, de hecho, te extraño aquí”

    “Oh, me extrañas. Je je je”

    «¿Por qué? ¿No puedo extrañarte?»

    “Ni siquiera me has visto, entonces, ¿cómo puede extrañarme, Sr. Software? Está bien, escucha, ¿tendrías algo de tiempo para hacerme una gestión antes de que nos encontremos?»

    «Sí, claro, ¿por qué no? Dime…»

    “¡Qué dulce!, ahora escucha, cerca de la estación de Saltillo, hay un gran estudio fotográfico llamado SL Photo Studio. Te enviaré mi recibo por WhatsApp, si pudieras recoger mis fotos reveladas de ese lugar, sería de gran ayuda para mí. El anticipo ya está pagado pero quedan pendientes $ 280 restantes.

    “Claro, por qué no querida, no es nada, recogeré las fotos y luego nos encontramos a las 18 en punto, está bien”

    “Perfecto, muchas gracias Diego”

    Colgó e instantáneamente me envió un mensaje con el recibo de su factura. Me apresuré al Photo Studio debido a mi propia curiosidad por ver sus fotos. Después de llegar allí, me conecté con el primer vendedor que me miró y le pedí que me diera el paquete de fotos según el recibo que me dio Alejandra.

    El vendedor me dio un sobre con fotos. Tomé el sobre y le intenté pagar $ 280. Dijo que no era necesario, que estaba todo pagado. Me pareció extraño ya que Alejandra me había pedido específicamente que le pagara ese monto. De todos modos, salí y me paré bajo una sombra. Con mucha paciencia, abrí el sello del sobre y uno por uno miré sus fotos.

    Quedé decepcionado. La imagen de Alejandra en mi cabeza era muy diferente a la de las fotos que tenía en mi mano. Estaba destrozado. ¿Cómo alguien con una voz tan hermosa podría verse así? Comprendí por qué no había querido compartir sus fotos conmigo. No se podía decir que no era atractiva, pero no se parecía en nada a lo que esperaba.

    No sabía qué hacer ahora. No quería conocerla solo para romperle el corazón más tarde. Estaba buscando una salida fácil. Decidí enviarle un mensaje después de una considerable deliberación conmigo mismo.

    “Querida Alejandra, acabo de recoger tus fotos”

    «Genial, eso fue rápido, muchas gracias querido», respondió ella.

    «Antes de que nos veamos, quiero decirte algo si no te importa» le envié un mensaje de texto.

    «Soy toda oídos», respondió ella.

    Ahora era mi turno y decidí enviarle un golpe final.

    “Vi tus fotos, te ves genial, pero debo admitir que la chica que había imaginado que era Alejandra no eres tú. Lamento ser tan franco, pero no podré seguir adelante con esta relación”.

    Mi mensaje continuó: «Me reuniré contigo y te entregaré las fotos a las 18 en punto».

    «Hmmm… Está bien, Diego, está bien». Su respuesta me pareció demasiado casual.

    Rápidamente compré algunas flores a un vendedor local, tomé el auto y me dirigí a Starbucks. Cuando llegué allí, eran casi las 18. Entré allí y tomé asiento. Hasta las 18:15 no vino nadie, me empecé a inquietar. De todos modos, ya no estaba interesado en conocerla. Solo estaba siendo amable con ella al conocerla y entregarle las fotos.

    Cuando estaba a punto de llamarla, sonó mi celular. Vi a una chica sorprendentemente hermosa entrar en el local. Vio mi celular sonando y se me acercó.

    «¿Diego?» Ella preguntó.

    «¿Sí y tú?»

    «Sofía. ¿A quién más esperas aquí?» Ella sonrió.

    “¿Eres Sofía? ¿Las fotos que recogí no son tuyas?»

    “¿Muéstrame el sobre Sr. Software? Espero que no hayas escogido las fotos de otra persona”

    Se sentó tranquilamente en la mesa a mi lado y abrió el sobre. Comenzó a reír. Debo admitir que se veía aún más hermosa cuando se reía.

    «¿Qué has hecho? Mr. Software, estas no son mis fotos. ¿Les mostraste el recibo que te envié antes de retirarlas?»

    “Mmm, eehh, no lo sé Alejandra, solo las pedí por tu nombre y me entregaron este sobre. Incluso dijo que estaba todo pagado cuando le estaba dando el saldo pendiente de $ 280 como me habías dicho”.

    «Evidentemente, la persona cuyas fotos tienes aquí, lo habría llamado y le habría dicho que alguien iría a recogerlas y te las dieron por error”

    «Sí, tal vez un error, de todos modos, ¿pedimos un café?»

    “No, ya no quiero un café… vamos a dar un paseo.”

    “Bueno” dije.

    Comenzamos a caminar por las hermosas calles de Saltillo casi sin diálogo en el medio. Me preguntaba por qué no hablaba. Así que empecé.

    “Bueno, lo siento Alejandra, como puedes ver, estaba teniendo las fotos equivocadas y por eso dije antes que no podría continuar”

    “No importa. De todas formas eso resultó muy útil para mí, Diego, de hecho, en cierto modo, sucedió algo bueno. Hoy llegué a saber más de ti”.

    «Sí, así que estamos bien, ¿verdad?»

    “Estamos bien, pero lo de la relación se acabó. Ahora es un asunto terminado”.

    “No… Alejandra, lo siento, pero me equivoqué…”

    “Diego, está bien. Te equivocaste antes y ahora quieres continuar porque crees que soy más guapa que la persona cuyas fotos trajiste. Pero las cosas no funcionan así, no quiero seguir contigo”

    “Alejandra, lo siento, de verdad. Confía en mí, solo estaba…»

    “Ya no se trata de ti, Diego; todo es acerca de mí. No quiero tener una relación con alguien que SOLO valore el atractivo exterior. Puede que hoy me encuentres hermosa, pero mañana puedes encontrar a otra persona atractiva; por lo tanto no puedo confiar en alguien a quien SOLO le agradó mi apariencia física”.

    Quedé mudo, con lo que ya había hecho. No podría decir más, porque Alejandra ya se había decidido.

    Mientras viajaba de Saltillo a Monterrey, seguí pensando en los pequeños errores que he cometido en el juego del amor. De todos modos, mis angustias me estaban enseñando una lección y me estaba volviendo más sabio… quizás.

  • Enseñándole a una chica lo rico del sexo

    Enseñándole a una chica lo rico del sexo

    Esta aventura comenzó en una reunión. Mi mujer y yo estábamos visitando a unos amigos y había varias parejas invitadas, obviamente el tener sobre 40 años hace que tus amistades ya tengan hijos al menos jóvenes. Una de las parejas llevaba a su hija. Una chica de piel blanca y curvas muy bien definida para su edad. Ya 18 años.

    Yo en lo personal no bebo mucho pero todos los de la fiesta beben con singular alegría así que, después de unas horas ya estaban muy entonados. Mi mujer después de unas cuantas cubas quedo en calidad de bulto y le pedí al anfitrión si me permitía llevar a mi esposa a la recamara para que pudiera descansar y reponerse. Cuando entré a la recamara, vi a la chica (la llamaré Lidia para no usar su nombre real). Me disculpe con Lidia y le dije que solo acostaría a mi mujer ahí y que me saldría de la habitación. Lidia me dijo que no había problema si quería quedarme ya que ella estaba aburrida de estar con los adultos y quería apartarse un poco.

    Después de asegurarme que mi esposa estaba completamente dormida comencé a platicar con lidia de diferentes temas hasta que ella dijo:

    – Te puedo hace una pregunta?

    – Claro, dime Lidia.

    – ¿Por qué los hombres no dejan de mirarme? es muy incómodo que a donde quiera que voy siempre se me quedan viendo todos libidinosos. Me choca.

    – Pues primero que nada, eres una chica muy linda y tienes un cuerpo muy bonito. Pero si es muy primitivo eso que muchos hombres hacen de quedarse mirando como si quisieran cogerte ahí mismo. Perdón por las palabras.

    – No, está bien. jejeje. Si lo he pensado pero es muy molesto que se pongan como animales.

    . Ahora yo te puedo hacer una pregunta? – le dije para ver hasta donde podía llegar.

    – claro. Juguemos a preguntas y respuestas. Pero no se vale decir mentiras, te late?

    – súper bien.

    Entonces me dispuse a preguntarle sin mayor miramiento.

    – Tu ya has tenido sexo alguna vez?

    – Un par de veces con un chavo de la escuela pero la verdad fue muy x, el terminó muy rápido la primera vez y después, en la segunda solo me lo metió muy fuerte y no dejaba de decirme cosas como perra y puta y cosas así. Fue muy incómodo.

    – Wow, sí que fue una experiencia muy desalentadora. Me imagino no ha de haber sido nada fácil para ti. Entonces la idea de tener sexo no te gusta? Por eso te incomodan las miradas de los hombres?

    – Si quiero tener sexo, la verdad a veces me masturbo pensando en alguna novela erótica o viendo algo de porno

    Se quedó callada y se puso muy roja. Me dijo que la disculpara, que se le salió el comentario. Estaba muy apenada pero como estábamos sentados al borde de la cama hablando en voz baja, yo le puse la mano sobre su mano y le dije que no se preocupara, que el acuerdo había sido decir cosas sin pena. Entonces ya recobró su color y ella hizo la siguiente pregunta.

    Tú has tenido sexo con alguien más chica que tú? Te gusta tener sexo con tu esposa?

    – Ya alguna vez tuve sexo con una chica un par de años mayor que tu y el sexo con mi esposa no es malo, solo que se ha vuelto algo monótono, ya sabes, por el trabajo y los tiempos pues luego ya andamos algo cansados o las ganas no coinciden.

    – Y… como lo hacen? O sea, quiero decir, solo si quieres contarme.

    En este momento se cruzó una idea muy loca por mi cabeza. Viendo a mí esposa ahí dormida, totalmente perdida por el alcohol y saber que los demás estaban en la sala ya quedándose dormidos tenía la oportunidad perfecta para poder acercare mas a ella. Comencé a pensar en la idea de sentir el cuerpo de lidia, de poder oler y probar ese sexo juvenil. Muy pocas veces se tienen esas oportunidades y todo parecía indicar que lidia tenía curiosidad.

    – Te propongo algo, solo si tú quieres. Mejor te cuento como me gustaría hacérselo a alguien más que no sea mi esposa.

    – Me encanta la idea.

    – Vale, Primero que nada, el entorno. Es fundamental que ambos estemos cómodos. Pongamos de ejemplo que la chica en cuestión estuviera vestida justo como esta vestida. Falda arriba de la rodilla, de tela suave, que con solo tocar la tela ya da una impresión de la sensación al acariciar la piel que está cubriendo, Una blusa de color claro, con un escote no muy pronunciado pero que deja ver el borde suave y terso de un par de senos más que hermosos a la vista, no imagino cómo se han de sentir al tacto y más aun, tenerlos en os labios para recorrerlos centímetro a centímetro. Quiero suponer que debajo de esa falda se oculta una tanga muy sensual que, con un solo movimiento podría hacerse a un lado y dejar expuesta la gloria misma.

    Mientras le iba contando esto me acerque un poco más a su oído para que la conversación solo pudiera ser perceptible por sus oídos. Yo no dejaba de estar al pendiente de que mi esposa fuera a despertar o de que alguien se acercara al cuarto y fuera a entrar. La miraba fijamente mientras la iba describiendo y podría notar como suspiraba de vez en vez como imaginando lo que le iba diciendo.

    – Después la sentaría en la cama y me sentaría por detrás de ella. Tomaría su cabello y lo haría a un lado para poder descubrir su cuello y empezarlo a recorrer con mis labios de una manera suave pero llenándome de tu toda su esencia. Y mientras beso su cuello con una mano empezaría a acariciar sus pechos mientras la otra mano acariciaría sus piernas de manera muy lenta, sintiendo como toda su piel se va erizando y siento como ella va abriendo sus piernas permitiendo que mi mano siga su curso hacia su monte de Venus.

    – Ay qué cosas dices, de solo imaginarlo hasta se antoja. Seguro tu esposa ha de estar bien feliz de como se lo haces.

    – Como te decía, casi nunca puede ser así por los tiempos y el día a día, pero me encantaría poder hacérselo a alguien, poder disfrutar de ese momento y de ese cuerpo de una manera que sea maravillosa para ambos.

    Le dije que saldría por un vaso de refresco porque me había dado un poco de calor, le ofrecí traerle uno también a lo cual ella acepto sin problema. La verdad solo quería saber cómo estaban los demás afuera en la sala. Las dos parejas que quedaban ya estaban como dormitando en los sillones. Así que prácticamente no había nadie que pudiera interrumpirnos.

    Llegue al cuarto con los dos vasos de refresco y le dije que ya todos habían caído, como para darle esa confianza de que nadie entraría.

    – Alguna vez te gustaría vivir algo así? – le pregunte un poco más directo a lo cual ella respondió que sí.

    Me dijo que iría al baño y que no tardaría, así que mientras ella fue al sanitario yo aproveché para bajar mi bóxer por dentro del pantalón y tocarme un poco, quería que ella viera mi pene semierecto debajo del pantalón y ver hasta dónde podría llegar.

    Cuando lidia regreso del baño me di cuenta que debajo de su blusa ya no traía sostén. Sus pezones eran muy perceptibles y la redondez de sus tetas brincaba a la vista. Eso hizo que mi erección fuera más notoria y ella se sentó junto a mí, puso una mano en mi pierna y dijo: En que nos quedamos?

    Yo no pude contenerme. La tome por el rostro y la bese. Sentí su aliento, su respiración, su lengua jugando con la mía y decidí que no podía desaprovechar esa oportunidad. La puse en la esquina de la cama y me senté justo detrás de ella, así como se lo estaba relatando, comencé a devorar a besos ese cuello tan blanco y divino mientras dejaba que mi mano se llenara con uno de sus pechos. Sentía la dureza de su pezón, podía jurar que hasta estaba temblando. Mientras tanto, deje que mi otra mano explorara ese camino hacia su entrepierna. Rocé con mis dedos por sobre su tanga y ya estaba muy mojada. Seguí frotando suavemente por varios minutos hasta que sentí como sus piernas estaban temblando y soltó un pequeño gemido. Yo puse mi dedo índice en su boca para indicarle que no deberíamos hacer ruido.

    Le di la vuelta, La recosté del lado contrario a donde estaba mi esposa dormida y sin perder tiempo levanté su falda y fui besando sus muslos. Dejando que mis labios y mi lengua recorrieran palmo a palmo hasta llegar al borde de su pubis, sin quitar la tanga deje que mi boca sintiera ese sabor, ese olor de su sexo. Sujeté sus piernas con ambas manos y moví la tanga a un costado de su vagina. Pase la puntita de mi lengua por todo el borde superior, casi desde su anito hasta su clítoris. Ella me tomo del cabello y apretó mi cabeza con sus piernas. Sentía como vibraba, como se contenía de no gritar. Entonces dejé que mi boca jugara libremente con sus labios y su clítoris hasta que sentí que terminó. Me levante y la bese de nuevo.

    Ella llevo sus manos a mi pantalón, comenzó a tocar mi verga sobre el pantalón y sentía lo mojado que ya estaba y lo duro que se sentía. Entonces bajó el cierre y me dijo que si me quería acostar pero le dije que no. Que quería estar de pie y le puse unas almohadas en la alfombra y le pedí que se hincara. Ella obedeció y de manera muy tierna saco mi miembro de mi pantalón y lo empezó a meter a su boca. Le dije que esperara, que mejor empezara a recorrer desde la base hacia el glande con la lengua, mientras con sus manos masajeaba mis testículos. Así lo hizo. La fui guiando hasta donde ya no podía más y ahora si le dije que ya lo metiera a su boca y con una mano lo empezara a masturbar. Después de algunos minutos empezó a escurrir semen de sus labios, de su boca. Ella se apartó y fue al baño a limpiarse.

    Ya que salió nos sentamos en la cama y me dijo que nunca se imaginó que un conocido de sus papas le haría el mejor sexo oral que ella había experimentado y que quería poder estar conmigo bien. En otro lugar y sin nadie alrededor.

    En el siguiente relato les contaré del segundo encuentro con esta linda chica.

    Les dejo mi mail para poder saber sus comentarios de mi relato [email protected] y en mi perfil está mi contacto de Telegram.

  • Isabel, te follaba una y otra vez (1/9)

    Isabel, te follaba una y otra vez (1/9)

    Pues bueno, este es mi primer relato. Me ha tocado estar todo un mes encerrado en mitad de la nada literalmente por tema de trabajo, ni internet tenía, y me decidí a empezar un relato rapidillo. Según lo iba escribiendo fui viendo que mi idea de rapidillo no es precisamente algo rápido. Se ve que no sé resumir. La idea era hacer un relato “rapidillo” antes de seguir con otro relato que estoy escribiendo según escribo estas palabras. Ese relato iba a ser el primero que pensaba publicar pero como lo vi tan extenso en el croquis, me decidí por hacer uno más corto durante. Sí, extenso. Viendo ahora este relato me asusto pensando qué cojones quiero parir; la biblia en verso, pero guarrona. Este relato lo he escrito más de improvisación que de planificación, tenía una idea general y con eso me puse a escribir y dejar que el relato fluyera; puede que haya sonado pomposo, pero no sé, es lo que hay gente.

    No sé si a los escritores de relatos eróticos les pasa (cuando yo haya escrito unos cuantos, no sé, tres o cuatro más, me consideraré un escritor de relatos eróticos. O mejor, cuando gane el novel a literatura guarra), pero a mí lo que más me frenaba era irónicamente las partes de folleteo. No es que me quedase en blanco ni nada, en mi cabeza estaba perfectamente descrito todo, era simplemente que cuando tocaba narrar la parte de follar pues me empezaba a distraer con la mayor de las facilidades habidas y por haber. Es como cuando tenía que ponerme a estudiar y mi mente se esforzaba al máximo en concentrarse en cualquier nimiedad antes que en el estudio que tenía frente a mí. No sé si es algo común para los de este gremio, o tal vez es algo que me pasa al ser primerizo, pero el caso es que me pasa. Otra cosa que imagino que será de lo más normal es que paraba a cada rato a cascármela, y cuando no paraba para hacerlo seguía escribiendo con la polla bien dura y sabiente de que iba a encontrarme una mancha de humedad en el calzoncillo de líquido preseminal. La de pajas que me he hecho escribiendo este “relato cortito”. Había veces en que decidía hacerme la paja, aún a sabiendas de que luego no me apetecería continuar escribiendo, es como ver porno tras correrse, pierde la gracia, o ver comida tras haberte cebado. La mayoría de las veces seguía escribiendo con la polla bien dura. En fin, la dura vida del escritor guarro.

    No sé cuándo llegará el que pensaba que sería mi primer relato, porque mi idea es escribir todo el relato completo y una vez hecho, ir publicándolo por partes cada semana, o dos semanas, o cada cierto tiempo. Con éste no sé cómo lo habré hecho porque recordad, estoy escribiendo esto con el relato aún a medias (lo de “medias” es un decir, igual llevo el 25%. Yo qué pollas sé), de hecho ahora mismo estoy por la hora de lectura más o menos, cuando Carlos le dice a Isabel que si quiere correrse tendrá que hacer que él se corra; ni yo mismo sé qué va a pasar ahora. No sé tampoco si habrá muchas faltas de ortografía porque no he revisado nada, según escribía corregía las palabras que estaban colindantes a lo que iba escribiendo. A mí me iba dando la impresión de que no iba teniendo faltas, lo cual querrá decir que habré cometido pocas en comparación al volumen de palabras.

    En fin, que espero que hayáis disfrutado de este relato y que os hayáis hecho muchas pajas y muchos dedos. Que os hayáis dejado la polla y el clítoris en carne viva de tanto frotar. O que al menos os haya hecho amenas un par de tardes si no os ha parecido para tanto.

    Firmado:

    El Que Escribe

    -Tenga, su habitación es la 102. Le deseamos que tenga una feliz estancia. Si necesita algo, la recepción funciona las 24 horas; puede usted llamarnos descolgando el teléfono, o hablar directamente con el compañero en recepción.

    El recepcionista estiró el brazo trajeado para tender la tarjeta de la habitación con un gesto un tanto robótico fruto de la repetición sin fin de su trabajo. Un hombre maduro, que rezumaba saber estar, seriedad y profesionalidad. De rasgos duros y porte serio, tal vez impusiese un poco a los huéspedes que fuesen a hablar con él. Tal vez por ese motivo le hubiesen apartado de detrás del mostrador años atrás para darle un cargo de mando en el hotel, pero esos días hacía falta recepcionistas, el hotel estaba desbordado por el congreso que acogía esa semana y se necesitaban manos tras los mostradores para gestionar esa cantidad de personas.

    -Muchas gracias, hasta luego.

    Carlos se despidió imprimiendo simpatía a sus palabras e intentando permear alegría pero su rostro también serio hacía muchas veces de filtro eliminando estas intenciones. Poco le importaba en este caso en concreto, le tocaba pasar una semana en un buen hotel con todo pagado a cuenta de la empresa. El punto negativo era que debía estar allí por un congreso por temas laborales, nunca parece llover a gusto de todos. Sin más pensares se dirigió hacia las escaleras para subir a la primera planta, no iba a usar un ascensor para subir dos docenas de escalones, ¿para qué? En ese momento sólo le apetecía tumbarse en la cama un rato y entretenerse con algún libro, o viendo cualquier video, o serie en internet.

    El hotel parecía tan caro como realmente era. Las cinco estrellas están para algo, han de hacer acto de presencia hasta en lo más básico. Las plantas no tenían hojas muertas, todas las luces estaban alineadas de la misma forma exacta, todos los cuadros estaban nivelados, los cristales estaba limpios y el polvo brillaba por su ausencia. Incluso pareciese que al propio polvo le sacaban brillo, ¿imposible? Sí. ¿Imposible para este tipo de hotel? Joder, no.

    La habitación 102 era una habitación de un hotel de cinco estrellas, sin embargo no era para nada la mejor habitación que se pueda encontrar nadie en un hotel de cinco estrellas. No era mala para nada, pero no era el nova más. Carlos no esperaba algo mejor, ni se sorprendió para nada, el congreso se celebraba en ese hotel y la empresa corría con los gastos de su alojamiento y todos conocemos que las empresas no prosperan si gastan y gastan, por algún lado hay que ahorrar. Lo cierto era que para lo que iba a necesitar la habitación era más que suficiente, su cama de matrimonio, su minibar que se mantendría virgen toda la estancia y su baño. El baño era lo mejor a ojos de Carlos, tenía una bañera bastante amplia y eso era algo que iba a tener uso diario según estaba pensando. Un baño relajante cada día y luego a relajarse tumbado en la cama leyendo, o viendo cualquier cosa en la tablet, una forma magnífica de eliminar el tedio de conferencia tras conferencia.

    Carlos deshizo la maleta para colgar las camisetas y camisas para evitar demasiadas arrugas, aunque ya estaban bien marcadas las líneas de los dobleces, soñar es siempre gratis. Hecho eso se cambió de ropa para estar cómodo, había dejado la bañera llenándose con el objetivo de estrenar esa bañera tan hermosa. Hasta el día siguiente no tenía conferencia alguna y era a media mañana, no había prisa alguna. El servicio de habitaciones no estaba incluido para él, así que le tocaría salir a buscar algo que llevarse a la boca; bueno, al menos sí que tenía dietas y la comida no saldría de su bolsillo, no todo es malo en esta vida.

    -Bueno, esto ya está -Carlos hablaba a nadie viendo que la bañera ya se había llenado.

    Metió un pie y el agua abrasaba, lo sacó, insultó al agua. Abrió el agua fría, esperó desnudo junto a la bañera, agitó el agua para mezclarla, introdujo de nuevo el pie, se abrasó, pero menos que antes. Se envalentonó y metió el otro, calor, caliente, bastante caliente, por debajo del límite de lo que estaba dispuesto a aguantar. Decidió aguantarlo, una bañera no iba a derrotarle. Se fue sentando poco a poco, cuando el agua le todo los huevos y la polla fue cuando mayor valor sacó de su interior para no rendirse a la tiranía del agua caliente. Reunió todas sus fuerzas y con resoplidos y gemidos silenciados fue sumergiéndose en el magma. Al fin consiguió estar “cómodamente” tumbado dentro de la bañera, con la cara chorreando de sudor debido al calor que le rodeaba.

    -¿Me he pasado con la temperatura del agua? Joder, sí. Su puta madre que calor. Pero ahora me jodo, la bañera de los cojones no va a ser mejor que yo, me cago en todo -De nuevo decía Carlos a nadie.

    Carlos acostumbraba a hablar solo, a pensar en voz alta más bien. Cuando estaba él solo era cuando más lo hacía, siempre en tono irónico y bromista conseguía incluso arrancarse risas a sí mismo. Muchas veces no sabía discernir si eso era vanidad, o simplemente que era gracioso. No le importaba mucho y no le daba segundos pensamientos.

    El baño se alargó unos buenos minutos entre chorretones de sudor y el descubrimiento de Carlos de que tanto los huevos como la polla flotan en el agua. Nunca lo había comprobado, ni había pensado en ello, pero esa vez (que era de las primeras veces que se bañaba en bañera) pudo ver de primera mano como sus genitales flotaban.

    -Hostias tú, ¿pues no que los huevos y la polla flotan? Fíjate, ni lo había pensado. ¿Y si me empalmo también seguirá flotando el asunto? No debería, se llenaría de sangre el aparato y la densidad aumentaría, aunque bueno, al estar tiesa tampoco podría apreciarse flotabilidad ni nada. Bueno, un científico debe experimentar, veamos qué ocurre en la vida real.

    Carlos se dedicó a empalmarse y, efectivamente, no se podía observar flotabilidad alguna en un pene erecto. No al menos en uno con una erección muy dura como era su caso. Su soldadito siempre se ponía en la misma postura lloviera o nevase, tieso y firme en la misma posición siempre, estuviese al aire o bajo el agua. El jugueteo con el manubrio trajo consigo la consecuente llamada de la naturaleza, que Carlos aceptó con gusto.

    -Me parece a mí que me voy a tener que hacer una paja. Tengo curiosidad de cómo es cascársela sumergido en una bañera.

    Se puso manos en la masa. Cogió el móvil con la siniestra, mientras la diestra hacia movimientos cadenciosos en el periscopio; previamente había seleccionado un vídeo porno. Eligió prácticamente al azar, de los primeros que le salió, el hecho de que fuese algo nuevo era excitación (y excusa) suficiente para masturbarse. La paja fue tranquila y no muy rápida, ni siquiera llegó al final del vídeo. En este tipo de pajas uno avanza el vídeo para ver lo que interese más, se saltan casi todas las partes, son pajas “aquí te pillo aquí te mato”, son sucias y rápidas. La paja culminó y la manguera escupió semen a impulsos. Fue algo curioso de ver, algo hipnótico, era como un dispensador de jabón bajo el agua. El semen quedaba suspendido en el agua y se podía “jugar” con él, era algo entretenido.

    Carlos aprendió rápido que aunque el semen se mantuviese suspendido, seguía siendo semen y si lo tocabas, te pringaba. Cuando se pringó la mano, decidió que ya era hora de ir saliendo de la bañera, no le apetecía tener la mano corrida. Se levantó en la bañera, lo cual probó ser un grave error pues el semen flotante se lo llevó en el abdomen, así que mientras el agua se iba por el desagüe, Carlos tuvo que ducharse y enjabonarse para eliminar su semilla de su piel. El semen en el pelo se hace una costra y acaba tirando de los pelos siendo molesto a más no poder. Un hombre con vello sabía que esos tirones eran un coñazo. Y además estaba el hecho de que no le salía de los cojones ir por ahí manchado de su propia corrida.

    La tarde pasó rápido y se acercaba la hora de comer algo, Carlos acabó el capítulo que estaba leyendo y se vistió para salir a cenar algo. Se vistió como solía hacerlo, camiseta y vaqueros. No hacía frío para chaqueta, ni él era de usar chaquetas, siempre había sido muy caluroso y en seguida le sobraba la manga larga. Con su look habitual salió de la habitación con intención de llenar el estómago, algo simple y rápido; iba solo, era solo cenar. Salió de la habitación y recorrió los perfectos pasillos del perfecto hotel, bajó las perfectas escaleras y se dirigió al hall con curiosidad por ver a ese recepcionista tan adusto que pareciese que pudiese rayar el papel de lija.

    Aún había bastante gente que llegaba al hotel, muy seguramente para el congreso, el hotel debía estar haciendo su agosto con ese congreso y debía estar llenado todo cuanto pudiese hospedar a una persona. Había bastante alboroto, más parecía un bar que un hall de un hotel de tantas estrellas. Las conversaciones de la gente se entorpecían unas a otras haciendo que se elevase el volumen general y superando la música de fondo. No había jaleo, pero sí que era un nivel sonoro por encima de lo estándar en esos lugares. Al pasar por allí sorteando personas y maletas Carlos echó una mirada atrás para ver al recepcionista lija, no lo divisó de primera pero se percató que todos los demás recepcionistas eran otros (o eso le pareció, no era bueno con las caras). Entre ellos, le destacó especialmente una recepcionista joven, de la misma edad que él más o menos, de unos 26 o 27 años, pelirroja y con el pelo corto que no le llegaba a los hombros; calculó que mediría metro sesenta quizá y parecía tener los ojos oscuros, tenía una nariz fina y respingona y un rostro dulce y amable. En resumen, le pareció muy guapa. De cuerpo le pareció que estaba muy buena. El vestuario de recepcionista no es ajustado, pero permitía adivinar las formas del cuerpo que cubrían: la pelirroja tenía unas caderas ni anchas ni estrechas, se adivinaba una cintura estrecha y un muy buen culo, la chica en cuestión parecía estar en forma (esto era una suposición basada en absolutamente nada, pero algo le decía que así era). El señor lija se acercó a la pelirroja y le dijo algo, tras lo cual ella fue a atender a otro cliente. Al haber tantos, no sólo estaban en el mostrador atendiendo, sino también en mitad del hall, como era el caso de ella. No le dio más vueltas a la cabeza y salió a la calle en busca de algo que cenar.

    Paseando sin rumbo fijo Carlos llegó a un restaurante pequeño con buena pinta y allí se decidió por sentarse a cenar. Fue una cena sin más importancia que el hecho de llenarse el estómago. Al finalizar pagó la cuenta (solo faltaría) y se marchó. Era temprano y se le antojó el dar un paseo, de nuevo sin rumbo fijo. La mejor forma de hacer turismo es siempre caminar aleatoriamente sin rumbo fijo para ver qué te depara el destino. Pasó junto a algunas tiendas de ropa, cuyos escaparates obvió sin prestarles interés, pasó junto a bares y restaurantes y pasó junto a librerías, cuyos escaparates si que miró con atención al no poder entrar a la tienda. En un momento del paseo vio el cartel de un sex shop y le dio curiosidad visitar la tienda erótica. Estaba en un callejón, parece que estas cosas siempre estén medio escondidas pero a la vista de todos, son siempre secretos a voces. Al entrar a la tienda una mujer bastante guapa, de unos 40 años le dio la bienvenida, era la dependienta de la tienda, era rubia y de ojos azules, no parecía española sino de Europa del este aunque cuando habló lo hizo con acento español.

    -Buenas noches, ¿puedo ayudarle en algo? -Tenía una sonrisa muy magnética. La hacía aún más guapa y también transmitía cierta complicidad con el cliente, como si quisiera decir sin palabras que sabía a lo que venía y que ella era igual.

    -Hola, buenas. No, gracias, por ahora sólo estoy mirando. Simplemente por curiosidad, he visto que había un sex-shop y me ha dado curiosidad por entrar. Me acabo de dar cuenta que jamás había entrado en uno.

    -No, ¿verdad? Bueno pues si necesitas algo, dímelo -la dependienta le explico de forma rápida y general las secciones de la tienda: vibradores, consoladores, dilatadores, suspensores y demás cosas.

    Carlos pensó que la dependienta le vería como alguien sin puta idea de dónde estaba y con vergüenza de estar donde estaba. Nunca había entrado en un sex-shop, pero nunca le había hecho falta, ni simplemente se había dado la situación. La dependienta seguía a Carlos con la mirada, atenta a qué cosas prestaba atención Carlos.

    Anda mira, un coño en lata -pensó Carlos al ver una vagina enlatada- siempre me han dado curiosidad estos cacharros, pero son muy aparatosos y muy bultos. Aquí se va a quedar por ahora, me parece a mí.

    Siguió dándose un paseo tranquilo por los pasillos, mirando cada artículo de uno en uno. Algunos le provocaban una sonrisa divertida y otros le provocaban curiosidad. No podía evitar sentir cierta excitación, de esa que se siente en el bajo vientre, que es el comienzo de un festival de pajas o sexo, al fin de al cabo estaba en una capilla del sexo. Llegó a la zona de las pollas de goma, el pináculo de los juguetes sexuales, replicas anatómicamente exageradas del miembro viril echas con plástico. Le sorprendió y divirtió ver el tamaño monstruoso de alguno de esos pollones, que vicio había de tener nadie para meterse eso, se necesitaría un buen trabajo de dilatación previo.

    Le dio gusanillo con las pollas de goma, la idea de comprarse una le afincó en su ser y echó raíces. Con unos años menos él ya había probado la sodomía, con él mismo pues era hetero aunque siempre le pareció un desperdicio no ser bisexual, pero no se puede cambiar lo que uno es; él no sentía atracción por los hombres, pero no despreciaba el placer que podía conseguir analmente, tal y como hacían casi todos los demás hombres hetero. Ya había probado la sodomía siendo más joven, ya había experimentado, ya se había petado el culo años atrás el solo. ¿Cómo? Pues con cualquier objeto con forma fálica que no fuese una idiotez peligrosa introducir en el culo, como un bate de baseball pequeño (fino, uno que tenía de niño), o un desodorante de bola no muy grueso. Cuando uno es un adolescente que quiere experimentar con su sexualidad, pero vive con sus padres, no es buena idea el tener muchos juguetes sexuales, o habría conversaciones incómodas.

    -¿Te interesa alguno en especial? -La dependienta se había acercado sigilosamente a Carlos al verlo interesarse por los consoladores. Vista ahora de cerca se veía que la mujer una mujer de bandera. Tenía unos años más de los que Carlos le había supuesto en un principio, era ya una mujer más madura que joven, lo cual no quería decir que no fuese joven. Se veía que hacía ejercicio para mantenerse atractiva, y lo conseguía.

    -Pues no sé muy bien, me está entrando el gusanillo de pillarme uno. Jm, no sé. Estoy dándole vueltas. Tal vez uno normalito, es decir, que no sea algo grande. Sería para masturbación anal, y si tengo suerte, incluso lo usaría con alguien si ligo -añadió una risa a esto último para indicar que estaba bromeando y hacer ver que no se comía una rosca, pero que se lo tomaba con humor.

    Carlos vio que por un instante la cara de la dependienta vaciló y entendió que ella no esperaba tanta sinceridad en cuanto a que pensaba petarse el culo con la polla de goma. Ella debía esperar que el fuese tímido respecto a para qué usaría el juguete y que trataría de maquillar la verdad.

    -¿Es para ti, o lo usarás con alguien?

    -Sería para mí. No sé, me da dado el gusanillo.

    -Ah, bien. Entonces necesitarás también lubricante y una ducha para hacer lavativas.

    -Sí, en efecto. Esa iba a ser mi siguiente pregunta. ¿Hay algún pack que traiga en una caja lubricante, ducha y esas cosas?

    -Pues sí. Tenemos packs como tú los llamas que traen los enseres básicos para practicar el sexo anal, son packs para iniciarse en él, vienen con instrucciones bien detalladas. Tienen un bote de lubricante, una ducha anal con varias pipetas desechables y plugs anales. Un plug anal es…

    -Sí, sí. Sé lo que es. Se introduce en el ano para dilatarlo y que se acostumbre a estar abierto. Para ir relajando el esfínter.

    -Sí, eso es. Vaya, parece que sabes bastante.

    -Sí, bueno -soltó una risa para acompañar sus palabras-. Vengo con la tarea hecha podríamos decir.

    La rubia dependienta se rio con Carlos ante su sinceridad y risa.

    -Bien, entonces te recomendaría este pack de aquí, ven acompáñame. -La dependienta le llevó al final del pasillo donde le mostró una caja que contenía lo que le había relatado previamente- También tengo este laxante suave para poder hacer bien la lavativa. Sabes cómo se hace, ¿verdad?

    -Sí, no creo que tenga ningún problema. Laxante, se deja que haga su efecto, lavativa hasta que el agua salga limpia y de ahí a dilatar.

    -Vaya, sí bastante bien. ¿Te lo vas a llevar entonces?

    -Sí, que coño. Me lo llevo. Voy a ver que polla de goma me llevo -finalizó la frase con una risa.

    -Muy bien, yo voy a ir preparándote estas cosas.

    Carlos eligió una polla de goma de un tamaño que se considera normal para los estándares de España. Ni muy larga, ni muy ancha, de color marroncillo rojizo, con cierta transparencia. Si sale manchada de mierda y sangre, no se notará, qué color más malo he elegido. Se acercó al mostrador para pagar la compra.

    -Me llevo esta misma al final. Te pongo la polla sobre el mostrador. Literalmente.

    La dependienta soltó una risa ante la ocurrencia, recogió el consolador y lo metió en la bolsa que le tendió a Carlos.

    -Toma, aquí tienes…

    -Carlos.

    -Estupendo Carlos, yo soy María. Encantada. Si te puedo ser sincera no esperaba que comprases para ti el pene, los hombres no suelen decirlo.

    -Ya, me lo he imaginado. No sé, soy un hombre sincero. En realidad no tenía intenciones ni siquiera de venir a un sex-shop, literalmente pasaba por aquí y lo he visto. Luego entré y me fue entrando el gusanillo.

    -Claro. ¿Te puedo hacer una pregunta?

    -Claro, adelante.

    -Eres heterosexual, ¿verdad? -Como para disculparse, añadió a continuación- Perdona que te lo pregunte, lo hago sin ánimo de ofender.

    Carlos se rio quitándole hierro al asunto, lo cual relajó a María al ver que no había ofendido a su cliente y que este se tomaba bien la pregunta. -Sí, soy hetero. No llego ni a bi. Asumo que pocos hombres hetero vienen aquí a comprarse una polla de goma y te dicen abiertamente que es para usarla ellos.

    María volvió a soltar una risa ante los comentarios de Carlos, esta risa dejaba salir parte de cierta tensión. -Pues siéndote sincera, eres el primero en años. Los hombres esta muy acomplejados con sus culos. Quizás acomplejados no es la palabra… Pero creo que me entiendes, ¿verdad?

    -Sí, sé que quieres decir. Los hombres no quieren malos rollos con sus culos, “eso es de gays” dicen siempre.

    María afirmó con fuerza y entusiasmo a las palabras de Carlos. -¡Sí! Eso es justo a lo que me refiero.

    -Se usa mucho estos últimos años la expresión “la sociedad” para culpar a todos de algo que no gusta, a mí no me gusta esa expresión, pero en este caso voy a tener que usarla. La sociedad nuestra es muy cuadriculada en cuanto al sexo, es muy cerrada sobre todo con los hombres, las mujeres tenéis más apertura de mente en ese aspecto, pero los hombres son más machos entre comillas. No somos una sociedad homófoba, hablo de España, que es donde estamos, pero los hombres hetero no quieren ser percibidos como gays; incluso aunque no piensen nada malo de los gays, el ser percibido como tal lo ven como un ataque a su hombría. Muchas veces es simplemente que ni siquiera se paran a pensarlo, es simplemente algo que tienen dentro de la cabeza. Y eso sí que lo veo yo como un ente en la sociedad. -Viendo que la conversación había tomado un cariz más serio del esperado, suavizo su tono y sonrió- Pero bueno, esto es como todo, va por ciclos. Seguramente en unos años los hombres sean más abiertos y a lo mejor las mujeres lo son menos, o lo son más, o lo que sea. Las cosas siempre cambian.

    -Vaya, pues estoy bastante de acuerdo contigo y con lo que has dicho. Y me sorprende para bien que seas tan sincero con temas sexuales. Me alegra, no tiene nada de malo el disfrutar del placer sexual, creo que mucha gente, hombres y mujeres, se pierden el placer que pueden conseguir con la estimulación anal. Pero bueno, como tú dices, tal vez cambie en un futuro.

    Carlos dejó la bolsa sobre el mostrador otra vez, parecía que la charla no fuese a acabar. Y lo cierto era que estaba interesante. Siempre gusta a uno un debate sobre el que pueda presentar opinión.

    -Bueno, y tengo otra pregunta para ti. ¿No tienes pareja? Se te ve un chico sincero y lanzado, sin pelos en la lengua. A las mujeres nos gustan los hombres seguros. ¿Cómo es que vas a usar el juguete contigo y no con nadie? -El tono de María no era de insinuación, sino de verdadera curiosidad. Como si una amiga preguntase con inocencia, sin buscar nada más allá.

    -Pues que va, estoy más solo que la una. Qué le hago, no he encontrado aún a nadie. Ya encontraré con quién usar al pequeño. Por lo pronto nos iremos haciendo amigos.

    -¿Y no te interesaría comprar también una vagina enlatada para usarla junto con él? Sería un buen combo, lo disfrutarías mucho.

    -Sí, lo he pensado. Pero la he visto muy aparatosa, tal vez otro día. Por ahora me llevaré sólo esto.

    -Muy bien, de acuerdo, como quieras. -María cogió un papel y empezó a apuntar algo a bolígrafo- Toma, este es el número de la tienda -dijo tendiéndole el papel escrito- y debajo está la web de la tienda con el catálogo. Puedes llamar en cualquier momento y te resuelvo la duda que puedas tener y si necesitas que te lo enviemos, también disponemos de ese servicio. ¿De acuerdo?

    Carlos alargó la mano para coger el papel y miró distraído el número escrito, era de móvil y no supo decir si María le daba el número por negocio, o por ocio. -Vale, muchas gracias. Tal vez lo use. A ver si consigo ligar con alguna chavala guapa.

    -Jajaja. Sí, estoy segura de que puedes conseguirlo. -Se irguió un poco tras el mostrados e imprimió un tono firme a sus palabras cuando comenzó a hablar- Bueno, Carlos, un placer el haberte atendido. Y ya sabes, si necesitas algo, ahí tienes el número. Es mi móvil, puedes hablarme por whatsapp si quieres, vivo justo encima de la tienda así que por mí no hay ningún problema. Y no te preocupes por molestarme, el trabajo es el trabajo, siempre es bienvenido. Un placer y diviértete -añadió una sonrisa un poco pícara para rematar.

    -Perfecto y muchas gracias, María. Si al final consigo usarlo con alguien te mando foto -exageró el tono para que no cupiese duda que bromeaba.

    María se quedó petrificada un instante antes de estallar en una carcajada -Muy bien, esperaré esa foto encantada. Significaría que mi tienda da felicidad a la gente.

    Carlos abandonó la tienda tras despedirse de María con una sonrisa y una risa ante su comentario. Con la bolsa en la mano enfiló el camino de vuelta al hotel. La bolsa era negra y opaca, sin nombre alguno del comercio, era bastante discreta. Uno podía ir tranquilo por la calle llevando un puño de goma para fisting en la bolsa ya que nadie sabría que habría dentro. Nadie salvo los clientes de esa misma tienda, puede que dichos clientes se lanzasen miradas cómplices cuando se cruzasen con una persona portando una de esas bolsas negras opacas. Quién sabe, Carlos no era del lugar y no era del mundillo de los sex-shops pero le gustaba montarse sus películas mentales para entretenerse mientras caminaba de vuelta al hotel. Al perfecto hotel.

    El día comenzó con el horrible sonido de la alarma del móvil. Esa puñetera alarma era lo peor de cada mañana. Años atrás Carlos cometió la imprudencia de poner como alarma una canción que le gustaba, craso error pues aprendió por las malas que esa era la mejor forma de conseguir despreciar una canción otrora buena para él. Pero de los errores aprende uno, así que ahora se cuidaba de que la música del despertador fuese una melodía que nadie usase para llamadas ni nada, no quería estar en la calle o donde fuese y escuchar la endiablada melodía que cada mañana le arrancaba de su bendito y tranquilo sueño.

    Carlos tenía un arma secreta para no sufrir demasiado los efectos del despertar forzado, dormir con la persiana subida. Años atrás se había acostumbrado a dormir con la luz del sol dándole directamente, donde vivía no existían las persianas y era acostumbrarse o morir, desde entonces era capaz de dormir con el sol dándole directamente. Cuando el sol salía y le daba en la cara, el sueño se volvía más ligero y le resultaba muy fácil despertarse cuando sonaba la alarma. Todo el mundo le llamaba loco por dormir con tanta luz, pero el prefería verse como un visionario. Como fuera, ese día se había despertado con bastante sueño, más del habitual.

    Me cago en la puta madre de Electrión, de Ares, del chivato de Helios, de la puta Afrodita y de la madre que parió a los gallos y los despertadores de los cojones. Carlos se levantó renqueante de la cama y se dispuso a comenzar el día. Ese día le tocaba un par de conferencias a las que asistir. Tenía pocas, por no decir ninguna, ganas de ir… pero el trabajo conlleva obligaciones. Al menos no tenía que salir del hotel, estaba todo cerca.

    Se duchó, se vistió, se colgó la mochila a la espalda y recorrió los perfectos pasillos y las perfectas escaleras para llegar al perfecto buffet desayuno. Como buen español que se precie, enfiló el desayuno con la idea de hacer perder dinero al hotel con la cantidad de desayuno que comería. En su puta vida había tomado él salchichas, o huevos para desayunar; ni mucho menos había comido eso tras tomarse un bol de cereales, pero los buffets desayunos estaban para probar cosas nuevas y arrasar con todo. Llenó el estómago hasta temer que el ombligo se diese la vuelta, reposó unos minutos, fue al baño a descargar gran parte del líquido que ya iba siendo procesado por sus riñones y se dirigió a la sala de conferencias. Tú verás la de veces que voy a tener que salir a mear durante la conferencia. No veas que atracón me he dado. Innecesario, pero obligatorio, los buffets tienen unas normas y hay que cumplirlas. A comer como un refugiado.

    La conferencia fue avanzando lenta y tediosa. El móvil cada vez presentaba más entretenimiento no sólo a Carlos, sino a los demás pobres diablos allí atrapados. Finalmente acabó la conferencia y Carlos pudo salir de allí. Se encaminó a la siguiente sala donde empezaría la conferencia a la que debía asistir a continuación. De camino a la distancia le pareció ver entrar en la sala a su antigua jefa. No tenía claro si era ella, desde luego que parecía ella, pero no lo tenía del todo claro. La empresa suya y la de ella estaban en el mismo sector, por lo que no era descabellado que ella hubiese asistido a la conferencia también.

    Si no era ella, era una tía igual de buena que su exjefa. Iba con un jersey de cuello vuelto negro y un pantalón vaquero ajustado. A ella siempre le gustaba exhibirse, estaba buena y lo sabía. Su mayor fortaleza era su culo. Tenía caderas anchas y era culona. No era un culo grande, era un culo firme y bien formado, sólo que al tener caderas anchas, el culo era más notorio. Era un culo para plantar nabos. Su pecho era de un tamaño normal, no era grande, ni pequeño, se podría decir que de un tamaño manejable a dos manos, eran tetas que cubrían las manos sin problemas. Llevaba esa mujer el pelo rubio recogido en una coleta tal y como ella solía hacer y parecía llevar las mismas gafas de pasta que ella solía llevar. Desde luego si no era Isabel, era su hermana gemela. Bueno, saldré de dudas cuando acabe la conferencia y pueda ver si es ella. Pensó Carlos al entrar en la sala.

    La conferencia fue tan tediosa como la anterior, pero esta vez Carlo pudo entretenerse un poco al intentar ver si esa mujer era su exjefa Isabel. La buscó con la vista toda la conferencia y creyó encontrarla entre las primeras filas, cosa que pegaba con ella, así era más visible para los ponentes. Entre búsquedas la conferencia terminó y todo el silencio se disolvió en un océano de voces y una marea de personas levantándose y recogiendo para salir. Carlos se apresuró a acercarse cuanto pudo para saciar su curiosidad. Salió de la conferencia y miró y miró hacia la puerta por donde debía salir ella sin conseguir divisarla. Tal vez siguiese dentro. Tal vez salió por otra puerta. Como fuese, no le interesaba tanto el descubrir si era ella o no, debía seguir con su día.

    Al girarse vio cómo Isabel se acercaba a él con intención de saludarle. Pues resulta que al final sí que era ella.

    -Mira tú, resulta que al final sí que eras tú la que vi antes. -Se acercó a ella para darle dos besos, pero ella abrió los brazos con intención de abrazarle. Carlos aceptó el abrazo como saludo sintiendo sus tiernos pechos contra su pecho. Fue una sensación agradable, ojalá todos los abrazos fuesen así de agradables. Le apetecía bajar las manos y apretar ese culo que tantas ves había mirado cuando ella “casualmente” se apoyaba en la mesa junto a la suya dándole una visión de ese culo de primera embutido en esas mallas tan ajustadas que permitían ver el color de la ropa interior de ese día- Joder, sí que le tengo ganas a esta mujer. Lástima que tenga novio. O bueno, espera, se casó ya, ¿no? Iban a casarse antes de irme yo. Jm, no sé, supongo que sí estarán casados ya.

    -Bueno, ¿cómo estás, hombre? Que, ¿me viste antes, o cómo?

    -Sí, justo antes de entrar me pareció verte entrar y no sabía si eras tú.

    -Pero bueno, ¿tan pronto te olvidas de mí? -Puso morritos simulando molestia.

    -Bueno, qué le hago yo. Hay más mujeres en mi vida.

    -Bueno -ella solía alargar la pronunciación de la primera palabra que pronunciaba cuando comenzaba a hablar, duplicaba e incluso triplicaba la primera vocal de la palabra-, cómo eres. Seguro que tienes a un montón de mujeres detrás de ti -hablaba de forma socarrona, con simpatía y cariño hacia él-. Pero bueno, cuéntame. ¿Cómo estás? ¿Qué estás haciendo ahora? Cuenta, cuenta -apuñaló el pecho de él con el dedo acompañando cada palabra.

    -Pues nada. Ahora estoy en esta empresa -se giró para mostrarle la mochila que llevaba a la espalda, la cual tenía el logo de la empresa bien grande, vistoso y conocido- y bien, la verdad. Llevo aquí hará cerca de un año y ahí voy. Aprendiendo, mejorando, cobrando a fin de mes y bueno, sobreviviendo.

    -Anda ¡qué bien! ¿no? Parece que te van bien las cosas. Me alegro por ti -pronunció cada palabra con sinceridad, acompañándolas de una sonrisa cálida. Era muy simpática cuando quería-. Y qué, estás aquí obligado ¿no? Te ha tocado pringar con el coñazo de las charlitas.

    -No lo sabes tú bien. Me han mandado aquí por temas de formación obligatoria. O qué sé yo, una mierda de esas. Es básicamente una tortura de relax. Es un coñazo, pero en un hotelazo. No hay mal que por bien no venga.

    Ella rio antes de hablar- Ya te echaba de menos, tío. Me hartaba de reír contigo. Mi hijo te echa mucho de menos también.

    -Normal, soy la caña.

    -Ya. Le gustaba jugar contigo en la ofi. A ver si te pasas un día y juegas con él, hombre.

    -Bueno, veré mi agenda, a ver qué puedo hacer.

    Ambos sabían que ella no lo había pedido de verdad, pero ambos mantenían el teatro social de esa conversación. Quedaron en silencio un instante mirándose, un silencio que marca que no hay nada más que hablar. Lo suficientemente corto para poder salvarlo añadiendo algo, pero cerca ya de llegar al fin de la conversación.

    -Oye, ¿y te quedas toda la semana? -Isabel fue la que acalló el silencio.

    -Que va, me voy el martes. Me quedan aún dos días más por aquí. -Isabel iba a añadir algo, pero Carlos atacó antes- Que no entiendo el por qué de estos horarios: empieza el congreso un sábado, el domingo no hay nada y la semana continúa. Ese día ahí en medio perdido. Sin sentido.

    -Sí, es así todos los años. Los sábados organizan un cóctel y abren la pista de baile. Dejan las copas baratitas y te invitan a las dos primeras si eres del congreso.

    Carlos se imaginaba qué diría ella a continuación.

    -Oye, quedamos esta noche y nos tomamos una copa. Así nos ponemos al día, ¿vale? -Ella le había cogido el antebrazo derecho con ambas manos para reforzar su petición. Que más que petición era una afirmación, pues no parecía dejarle opción a decir que no.

    -Bueno, venga. Total, no tengo nada más que hacer yo.

    Isabel dio dos saltitos de alegría mientras agitaba el brazo de él. Los saltitos hicieron dar un pequeño bote a sus tetas que Carlos apreció con el rabillo del ojo, concentrado en mirarla a los ojos marrones y maquillados. Joder, qué buena está. De cara es normalita, pero está bien buena. La belleza de ella era de esas bellezas que cuanto más las contemplas más las aprecias. Ella estaba buena, pero de un solo vistazo no arrancaba miradas, pero cuanto más la veías, más querías seguir viéndola.

    -Bien, perfe. Pues entonces esta noche quedamos para cenar y luego vamos al cóctel. Ponte guapo, ¿eh? No me vayas como siempre con una camiseta. Venga ya hablamos luego para vernos. Tienes el mismo número, ¿no?

    -Sí, aún el mismo.

    -Perfe. Pues hablamos luego. Venga hasta luego que tengo más conferencias tostones. Adiós Carlitos.

    Se despidió con otro abrazo que volvió a juntar los pechos de ellas con los de él, haciendo que Carlos se diese cuenta que su pecho no había olvidado el anterior contacto y recibió con alegría esas tetas aplastarse contra él.

    Isabel siguió su camino caminando con un cierto contoneo de caderas. Carlos se quedó mirándole el culo sin vergüenza alguna. Lleva un par de días cachondón y le apetecía alegrarse la mirada un poco. Envidiaba al novio de ella, su exjefe. Solamente envidiaba el poder follar con ella, eso y sólo eso. Ella era muy simpática, pero de carácter difícil, muy difícil.

    Carlos había estado trabajando año y medio atrás en una empresa pequeña, una empresa familiar. Isabel era la sobrina del fundador de la empresa y era la heredera de la misma. El novio de ella había entrado a la empresa como director técnico para sustituir al tío de ella, que se retiraba. Él fue formado por el fundador para llevar la empresa, mientras ella se encargaba de la contabilidad. La empresa cuando Carlos entró era un pequeño caos en la que tío, sobrina y pareja eran jefes. Carlos nunca sabía muy bien quién mandaba más, si la heredera, si el director técnico, o si el fundador retirado. Se sentía muchas veces como una pelota de pin pon. Al finalizar su contrato no fue renovado, cosa que venía siendo norma en dicha empresa. Él no se fue mal de allí, siempre estuvo cómodo y no cobraba mal. Pero bueno, el mundo laboral es así.

    Isabel tenía sus días. Había veces que era un amor, era cariñosa y simpática y ayudaba siempre con simpatía. Había días que era borde e irascible. Siempre era una mujer a la que le gustaba que la mirasen por eso siempre venía maquillada. Ella siempre llegaba más tarde, privilegios de ser sobrina del jefe y novia del otro jefe, y la mayoría de los días se iba antes que los demás. Nunca dejaba pasar la ocasión cuando tocaba opinar negativamente de alguien, y ella solía hacerlo de muchas personas, sobre todo de extrabajadores de la empresa; lo cierto es que tenía razón la mayoría de las veces. Siempre mostró un ego y una superioridad sobre los demás que parecía haber sido suavizado con el tiempo, pero su posición por encima de los empleados hacía aflorar bastante a menudo. Le gustaba mandar y mangonear, ser ella quien llevase la batuta, no se le podía llevar la contraria, eso era lo que le gustaba, el control. Era común oírla quejarse de cómo esta persona, o aquella otra no sabía hacer el trabajo que era muy sencillo en sus palabras, pero ella no tenía ni idea de realizar ese mismo trabajo. Carlos siempre pensó que la boca es lo que perdía a Isabel, de no soltar tanto lo que pensaba, tal vez no cayese tan pesada muchas veces.

    Pero no todo era malo con ella. Era muy cariñosa cuando quería y tenía sonrisas muy cálidas que alegraban a uno el día cuando las recibía. Según la vas conociendo te preguntas si esas sonrisas son verdaderas. Tal vez sea necesario conocerla aún más para saber si lo son, o si son calculadas para provocar ese efecto. Ella era joven, tenía sólo seis años más que los 27 que tenía Carlos. Él siempre pensó que el hecho de ser madre le hacía creer que era mayor de lo que era y eso hacía que le molestase aún más de lo que ya le hacía el hecho de envejecer. Uno no puede luchar contra el tiempo, el tiempo y las mujeres siempre ganan, pero el tiempo gana a las mujeres y a poca gente le gusta perder cuando siempre gana. Pese a que era guapa y tenía un muy buen cuerpo, Carlos siempre enfatizaba el “muy”, ella se hacía retoques estéticos, operacioncitas. Nadie que la conociese lo entendía, ella se cuidaba mucho y estaba estupenda, para follarla una y otra vez. Pero la vanidad se convierte mucho en la perdición de algunos, sin necesidad alguna. Carlos había visto en el Instagram de ella algunas fotos de ella en bikini en la playa, confirmaban sus sospechas de que estaba bien buena y que todo estaba en su sitio. Es una bendición el ser madre joven, el cuerpo se recupera bien y todo queda desafiante a la gravedad de nuevo. Siempre pensó en si las tetas serían firmes, o si colgarían un poco al haber dado el pecho y si sus pezones serían más oscuros. Debía ser así, la maternidad no perdona, seas quien seas. Isabel era una verdadera MQMF: madre que me follaría, o como es más conocido, una auténtica MILF.

    Pasó la mañana, llegó la hora de la comida, pasó la hora de la comida, llegó la tarde, pasó la tarde. Todo fue muy rápido para Carlos. Si se considera rápido las interminablemente aburridas charlas a las que asistía. Carlos era muy dado a perderse en sus fantasías mentales. Su imaginación era muy fértil y eso le hacía evadirse cuando se aburría. Siempre fantaseaba con algo, muchas veces pensó en escribir algo, tal vez debería empezar escribiendo relatos cortos, tal vez eróticos pues mente sucia no le faltaba. Si no fantaseaba, le daba vueltas a cualquier cuestión que le resultara interesante: algún asunto político, algo científico, intentaba averiguar el porqué de algo, examinaba su alrededor a conciencia… Es decir, aunque se aburriese, se entretenía.

    Dio a su mente un descanso cuando al fin ya todo acabó y pudo volver a su habitación. Ya durante las charlas había recibido un par de mensajes de Isabel acompañados de emoticonos para comentar entre ambos lo mucho que se aburrían. Ella era así de amigable, a veces era demasiado cercana. Ella siempre solía decir que un problema que tenía era el que se abría a la gente y no ocultaba nada y que cuando la gente le fallaba se cerraba a ellos. Decía que eso le traía problemas desde siempre, aun así nunca quiso ni hizo por intentar cambiar esto. Lo cierto es que le apetecía el quedar con ella y tomarse unas copas. Charlar un poco con alguien y salir un poco siempre es algo que gusta y la verdad es que le caía bien Isabel. Ella no es la única persona con defectos, es una persona como todos los demás; Carlos podía tener tantos, o más defectos que ella. Y él era bien consciente de ello.

    Qué cojones, me han entrado bastantes ganas de ir a tomar unas copas con esta mujer. Qué coño, venga, vamos pa’llá. -Carlos se preparó para ir a cenar, lo cual significaba ducha y vestirse, nada más, no era alguien que echase mucho tiempo en prepararse. Se puso una camisa, no por petición de ella, sino porque era sábado noche y le gustaba ir bien (lo que para él significaba ir bien) para cenar y unas copas.

    Habían quedado en que ella iría a su habitación a reunirse con él. La habitación de ella estaba plantas más arriba, así que se dispuso así. Carlos se sorprendió en absolutamente nada cuando ella llamó a la puerta, ya que llegaba 30 minutos tarde de la hora pactada. En fin, era ella; habría estado preparándose a conciencia para estar perfectamente arreglada y muy guapa. De hecho, no le habría extrañado el haber recibido mensajes de ella pidiéndole opinión sobre si ponerse tal o cual conjunto, ella era así de cercana; no obstante, no recibió nada. Fue a abrir la puerta con curiosidad por saber que modelo habría elegido para esa noche, curiosidad por ver cuánta fuerza de voluntad iba a usar para mantener la mirada en el rostro de ella.

    Abrió la puerta y saludó a Isabel, que por supuesto estaba guapísima. Iba con tacones bajos, con uno de estos zapatos que permiten moverse bien y bailar, Carlos no tenía ni idea de ropa ni zapatos, el sólo dilucidaba que tenía el tacón justo para ser tacón y poder menear el esqueleto cómodamente. Ella mediría en torno a metro sesenta y mucho, Carlos le sacaba media cabeza y él medía metro setenta y cinco. Ambos estaban en las medias de altura para su sexo y nacionalidad. Isabel había elegido uno de esos vestidos de tubo de una sola pieza que se compone de minifalta y escote palabra de honor, tenía uno de esos cortes verticales en la falta para dar más movilidad a la mujer que lo llevara, también servía de escaparate del muslamen que gastase la fémina en cuestión que llevase dicho trapito. El vestido era azul marino, o ese color tenía a ojos de Carlos. Él era sin duda el mejor ejemplo de que los hombres son malos para los colores; si ella le decía que en vez de azul marino, era naranja fosforito, él la creería sin dudarlo. En parte porque le importaba cuatro mierdas el color, y en parte porque era un negado con la distinción de colores. No era daltónico, solamente un inútil en ese aspecto. Para rematarlo todo, Isabel llevaba un pequeño bolso de esos en los que no cabe una puta mierda y que siempre hay que llevar en la mano. Un puto coñazo a ojos de Carlos.

    Carlos llevaba una camisa negra de manga larga, unos vaqueros que eran los mismos que usaba día sí y día también y los zapatos que usaba día sí y día también. Los zapatos siempre los elegía para que sirviesen para uso diario y fuesen lo suficientemente formales para situaciones más formales. En cuanto a pantalones, tenía tres o cuatro vaqueros que iba rotando cada pocas semanas. Carlos no habría hecho carrera en el mundo de la moda. De hecho, detestaba ir a comprar ropa, siempre era una pelea consigo mismo por ver qué cojones comprar, nunca encontraba nada que le satisficiera.

    -Buenas noches, señorita. Me estaba preguntando si está usted libre esta noche, verá, es usted muy guapa y atractiva y me gustaría dar envidia a los estirados hombres hospedados en este hotel tan adinerado y de pasillos tan bien cuidados -al tono jocoso añadió una suave reverencia mientras le tendía la mano como una petición expectante de la respuesta.

    Isabel, divertida y alagada alargó una mano con uñas bien pintadas para posarla sobre la mano tendida de Carlos con la palma hacia arriba- Que zalamero eres. Anda, venga, vamos yendo ya que se nos hace tarde. Y yo también quiero que me vean con un hombre guapo.

    -Uh, ¿esperamos a alguien más?

    Isabel rio y le dio un golpe en el pecho a Carlos con la palma de la mano. Carlos hizo una mueca de dolor muy mal actuada y empezaron a andar por el perfecto pasillo. El perfecto pasillo desembocada en una perfecta puerta de ascensor la cual Carlos no había usado hasta ese momento pues el usaba las escaleras siempre. Tenía cierto interés en comprobar cómo era el interior de dicho ascensor. Era un ascensor a la altura del hotel, pero era un ascensor al fin de al cabo. Tenía el típico espejo que le daba mayor amplitud a ese espacio tan cerrado, pero eso sí, era un espejo perfecto. Tenía una barra para agarrarse tan típica de ascensor, pero eso sí, también era perfecta. Y tenía unos perfectos botones táctiles para seleccionar la planta, típicos también. Isabel pulsó la planta cero.

    -No veas tú que útil el usar el ascensor para bajar una planta, ¿eh?

    -Ay, déjame. Que estoy cansada de todo el día entre conferencias.

    -Yo también estoy cansado de estar todo el día sentado.

    Las puertas se abrieron y siguieron caminando dirección al hall del hotel, que hacía de intersección entre los pasillos que conectaban con las zonas de ocio.

    -Qué tonto eres, por eso no tienes novia.

    -Hala, vas a hacer sangre.

    Isabel puso voz de villana de cuento infantil y gesticuló con teatralidad como si lo fuese realmente -Soy mala, ji ji ji.

    Su risa de malvada dejaba que desear, pero era divertido a veces. Convenía dejarla creer que era lo que decía ser, o igual se revolvía con una respuesta muy seca y cortante que dejase claro que no quería que le llevasen la contraria.

    Al llegar al hall Carlos redujo el paso y lanzó una mirada en derredor en busca del señor papel de lija.

    -¿Qué pasa? ¿Qué miras?

    -Pues… -al momento de responder, Carlos vio que una puerta tras el mostrador se abría y aparecía la pelirroja de ayer- Ha de ser el cambio de turno, supongo. -pensó para sí- estaba viendo a ver si veía al recepcionista papel de lija. Es un hombre que tiene la cara más seria y adusta que jamás haya visto. Me recuerda a un moai también -Carlos siguió con la mirada los pasos de la pelirroja hasta que esta se sentó en la mesa, donde la examinó a conciencia. Determinó que aún seguía siendo muy guapa.

    -Un moai dice, me meo contigo de verdad. Qué cosas tienes. -Dio un tirón de su brazo para instarle a moverse- Venga, vamos yendo anda.

    Siguieron camino del restaurante, que Carlos esperaba que estuviera a la altura del hotel y que fuese como mínimo: perfecto. De ahí para arriba. El restaurante estaba bastante bien, era bastante perfecto con su orden y limpieza. Parecía un laboratorio súper tecnológico de estos de película de ciencia ficción. Al estar el hotel construido sobre una colina en la ciudad, el restaurante ofrecía unas vistas estupendas de toda la ciudad. Hacía buena noche y se podía ver con claridad las luces nocturnas de la urbe. No hacía el suficiente buen tiempo para estar en la terraza, pese a que había quemadores, decidieron quedarse dentro junto a un ventanón.

    -Uf, menos mal que hay sitio dentro. Me llego a sentar fuera y me muero, vamos. Habría tenido que comer abrazada a un quemador de esos. Con los pelos achicharrados habría acabado, vamos.

    ¿Jm, se le marcarían mucho los pezones si hubiésemos estado fuera? Su puta madre, Carlos, estas más calientes que los quemadores esos, me tendría que haber hecho un buen pajote antes de salir. Esto no es vida joder, parezco un puto adolescente. -Carlos se rio por dentro con su monólogo interno y cogió la carta que le tendía el correcto camarero. ¿Habría también un maitre moai? -Oye.

    -Dime.

    -¿Crees que habrá también por aquí un maitre tan seriote como el mister moai, un maitre moai? ¿Un moaitre?

    Tras reír, Isabel añadió- Afú, madre mía. Cómo está el patio. Mira la carta anda y déjate de tonterías, venga.

    Pidieron la comida y esperaron a que les sirvieran mientras charlaban, poniéndose al día de cuanto habían hecho en sus vidas. No había gran cosa, los días de ambos eran iguales día tras día, vivían en rutina constante.

    -Nada, mi vida es lo mismo cada día. Lo típico, trabajar por el día y cuando salgo por la tarde, voy a la secta o a correr. Los viernes suelo dejarlos libres y usarlos para comprar comida y tal, por aquello de no morir de hambre. Los domingos me gusta dedicarlos a limpiar el piso y cocinar para toda la semana. Ya ves, estoy hecho todo un amo de casa, un partidazo.

    -Sí, ya veo. Desde luego. Más quisiera yo que mi Kike cocinara, pero siempre está en el trabajo. Bueno, qué te voy a contar que tú no sepas ya. Oye, ¿qué es eso de la secta?

    -Ah, sí, perdona. Es como llamo yo al crossfit. Es que son una puta secta. Y yo un sectario más. Si estuviese embichado, pues todavía parecería un crossfitero yo, pero siendo delgadito no sé ni para que sigo dejándome la pasta todos los meses. Pero bueno, me mola la verdad.

    -Ah, sí. Tú ya hacías el crossfit ese antes, se te nota el ejercicio hombre. Estás fuertote. Seguro que estás muy fuerte y las mujeres van de detrás de ti.

    -Sí, no veas. No hago más ejercicio porque no quiero ponerme demasiado fuerte -imprimió su tono de fingida fanfarronería a sus palabras-. No hago fuerza a hora para no romper otra camisa más. Estar tan petado es una maldición

    -Sí, seguro que sí lo es.

    -Y Kike qué, ¿cómo anda?

    -Pues bien, la verdad. Bueno, tu sabes, siempre liado en el trabajo, que tengo que llamarlo muchas veces para que venga a casa. Bueno, en fin, lo de siempre. Para irnos de vacaciones a algún lado es una batalla. Que si no se quiere ir, que si no puede dejar la empresa tanto tiempo… En fin, un rollo.

    -Sí, ya. Lo típico de él, que quiere tenerlo todo bajo control.

    -Claro. Y yo le digo que eso no puede ser. Que tiene que delegar un poco y confiar en los demás. Pero bueno. Así son las cosas y cada cual tiene lo suyo. La verdad es que no me puedo quejar mucho, tenemos trabajo los dos, mi hijo se lleva bien con Kike y la verdad es que los findes casi siempre hacemos algo. Estoy bien, la verdad -le dedicó una sonrisa feliz.

    -Bueno, pues mira. Te va bien, entonces.

    -Y oye, cuéntame, ¿no tienes novia?

    -Qué va.

    La siguiente pregunta solapó con el final de las palabras de Carlos- ¿Ni un rollete tampoco? Venga, ¿alguien habrá?

    -Qué va. Solo en la vida. Así sigo.

    -Bueno -alargó la primera vocal tal y como solía hacer tantas veces-. Ya encontrarás a alguien. ¿Y la recepcionista de antes, qué? Te vi mirándola. ¿Te gusta? Ve a por ella hombre, aprovecha tú que puedes.

    -No sé, no creo. Me parece que tiene novio la mujer -era mentira, bueno, no lo sabía. Se lo inventaba para que le dejase tranquilo. No le gustaba cuando la gente le instaba a entrar a tal o cual tía.

    -¿Y qué más da chiquillo? Pero no seas tonto y háblale hombre. Seguro que te la ligas. Venga, yo te ayudo.

    Desvió el tema de conversación adulando a Isabel amistosamente- Que va, mujer. Yo sólo tengo ojos para una mujer, y la tengo sentada delante. No tengo ganas de perder el tiempo con una chiquilla con el pelo colorao cuando tengo a una mujer a la que conquistar.

    Los dos mantuvieron la seriedad que exigía la actuación del momento y entonces estallaron a reír ambos.

    La cena trascurrió sin más percances. Ambos cenaron sus respectivos platos, carne para él y pasta para ella. Al acabar pidieron la cuenta y fue entonces cuando Carlos pensó en cuánto le saldría la broma. Tenía dietas pagadas, pero tendría que recibir un tirón de orejas por presentar esa factura en concreto. No temía al tirón de orejas, sino que le resultaba tedioso el tener que recibirlo, le daba pereza la charla que recibiría. Pero bueno, le importaba poco.

    El cóctel organizado por el hotel había comenzado al caer la tarde y los asistentes iban llegando a cuentagotas al principio, y en gran cantidad según el tiempo avanzaba. Parecía que según la noche avanzase, más apetito tenía la gente por ingerir alcohol. Todos los asistentes parecían personas sensatas y con muy buen saber estar, pero claro, no hay que juzgar nunca a un libro por su portada. Todas estas personas parecían sensatas, sí, pero durante el día; no era conocido su comportamiento durante la noche, ni mucho menos como alteraría ese comportamiento el alcohol. Para cuando Carlos e Isabel llegaron, ya había dos personas a las que el alcohol estaba ganando la batalla, y una persona había sido totalmente derrotada.

    -Bueno, qué, ¿pedimos un algo? -Carlos preguntó a Isabel para comenzar a moverse en ese ambiente- ¿Dime, qué te pido?

    -Pues… -Isabel se llevó el índice de la mano derecha al moflete derecho mientras perdía su mirada en algún punto del techo pensando qué bebida quería- no sé. Venga va, un Gin Tonic.

    *Apunte del autor: no sé si se escribe así, pero justo ahora estoy sin internet y lo estaré para el próximo mes haga lo que haga, así que se quedará escrito así. Ustedes me disculpen.

    -¿Una mierda de esas, en serio? ¿Cómo te puede gustar eso?

    -¡Oye! ¡¿Qué tiene de malo?! Bien bueno que está.

    -¿Bueno? Pero si sabe a colonia.

    -¿A colonia? Tú si que sabes a colonia. Anda, ve y tráeme la bebida -las palabras de Isabel sonaron muy imperativas. Tal vez imprimió ese tono de orden a propósito, o tal vez simplemente le salió así.

    -Sí, ama. A sus órdenes -Carlos hizo una reverencia teatral fingiendo servilismo-. Busque un sitio en el que sentarse, mi señora, se lo imploro.

    -Anda ya, payaso, Ve ya a por las copas.

    Carlos dejó a Isabel con la sonrisa divertida en la cara para que buscara dónde sentarse ambos y él se fue a la barra a pedir el brebaje horrible de ella y un Ron cola para él.

    Para desgracia de Carlos, no tenía a mano la identificación de Isabel, así que por más que le pesase tuvo que pagar la bebida de ella mientras que la de él fue gratis al usar la primera de sus dos consumiciones. Podía haber ido a pedirle a ella la identificación, pero tampoco le importaba tanto el pagar la copa, total, al final tendían que pagar la tercera copa.

    -Toma, aquí tienes tu colonia -Carlos le tendió la copa. Y tras ver cómo era derrotado por el móvil de ella en ganar su atención, la dejó en la mesa frente a ella y se sentó junto a ella. El sitio elegido era un sofá corto de dos plazas con una mesa de cristal delante. Tenía buenas vistas a la ciudad y todas sus luces nocturnas, tal vez por eso lo hubiese escogido ella.

    Carlos le dio un toque con su hombro derecho al izquierdo de ella para llamar su atención y traerla de nuevo de vuelta al mundo de los vivos.

    -¿Qué? -Miró hacia delante y vio que su copa ya estaba sobre la mesa- Ah, perdona, que estaba hablando con mi hijo. Ven, vamos a hacernos una foto venga.

    Isabel no esperó a que Carlos respondiera, no era una petición, agarró a Carlos del brazo y lo atrajo hacia ella mientras con la otra mano abría la cámara del móvil con una habilidad pasmosa. No cupo ninguna duda de la maestría de Isabel con la cámara del móvil cuando con una sola mano cambió de cámara trasera a frontal y cambió algunos ajustes en el tiempo en que Carlos soltaba como podía la cosa sobre la mesa intentando evitar que se derramase nada.

    Isabel hizo un par de fotos, y luego hizo un par más. Y por si se había quedado con ganas, hizo otro par más. Con el catálogo de fotos hechas Isabel se dedicó a elegir en las que ella salía mejor, solo para luego someter a Carlos a la tortura de tener que decirle cuál era en la que ella salía mejor. Carlos no sabía que respuesta era la que ella quería, así que siempre decía la que ella no quería. Tal vez fuese que dijese la que dijese ella siempre iba a decir que no. Maldito el día en que se decidió poner cámara a los móviles.

    Isabel se decantó por una foto finalmente y se la mandó a su novio Kike. Aunque, ¿aún eran novios?

    -Oye, ¿aún sois novios, o ya os habéis casado? Me acaba de venir a la cabeza ahora que hablas de él.

    -Ah, sí, ya nos casamos -Isabel dejó el móvil en la mesa dejándolo caer-. Fue hace cuatro meses la boda. Aunque ya sabes, la boda fue de pegotillo, fue la ceremonia y ya está. Nosotros nos habíamos casado por lo civil tiempo antes.

    -Que era, para ponerte el traje de novia y lucir el pañito, ¿no?

    -Cómo lo sabes. Y bien guapa que estaba. -Cogió el móvil de la mesa y abrió la galería de fotos- Mira qué guapa iba -dijo enseñándole una lista de fotos de su boda.

    -Pues sí que estás guapa, sí. -Y realmente lo estaba, era un vestido de novia con escote palabra de honor… y hasta ahí era capaz de describir Carlos. Isabel pasaba fotos una detrás de otra donde se la veía a ella posando de mil formas distintas, sola o acompañada de mujeres, hombres, familiares y claro, su marido. Se la veía feliz con su marido en las fotos, se veía en sus miradas amor mutuo. Cuando eran sus jefes, ellos dos mantenían una cierta distancia y no era raro que a veces se enfrentasen por temas de trabajo, medían quién la tenía más grande.

    -Anda, mira a tu hijo con la pajarita que gracioso.

    -Ay sí. Más mono que iba mi niño. Y mira mi padre qué guapo.

    Isabel le fue mostrando fotos de cada integrante de la boda mientras iba dando sorbos a su copa, era como un autómata, las fotos pasaban y la copa bajaba. Carlos escuchaba pacientemente, lo cierto es que no le interesaba mucho ver las fotos de la boda, haber visto un par estaba bien, al fin de al cabo él había preguntado, pero verse el álbum completo se le hacía algo pesado. Así que se dispuso a beber su copa tranquilamente mientras escuchaba las historias de ella.

    Le contó los percances pre-boda, las anécdotas durante la boda y hasta quiénes y cuándo se emborracharon y dejaron vídeos ridículos para la posteridad. El alcohol fue soltando la lengua de la mujer y poco a poco ahondaba más en sus explicaciones dando información que cada vez era menos de dominio público y más privado. A Carlos le daba igual, no conocía a nadie de esa gente salvo a ella, su marido, su tío y su hijo. Y a él también le gustaba un buen cotilleo, en el fondo Carlos tenía un alma de maruja y le encantaba cotillear sobre quien fuese.

    Isabel dio un sorbo a su copa y se dio cuenta de que ésta estaba vacía, puso cara de incomprensión, como si la copa no debiese haberse acabado nunca. Misterios insondables de la vida. Carlos le pidió la identificación y fue a por otra copa para ella, para aprovechar el viaje, apuró la suya y también fue a rellenar su copa. Cuando Carlos volvió con las copas vio que Isabel se escribía con alguien en el móvil y que tenía una cara distinta, parecía un poco molesta. Se sentó junto a ella y le dejó la copa a su lado. Al cabo de un minuto soltó el móvil sobre la mesa y entonces pareció reparar en la presencia de Carlos.

    -Ay, gracias. Que no te había visto -no era la primera vez que Carlos oía esto-. Es que estaba hablando con Kike. ¿Tú te crees que me dice ahora que se va una semana a Galicia por trabajo? ¿Es que no ha tenido más tiempo para decírmelo? Vamos, ni que se hubiese enterado ahora. Este hombre siempre está igual.

    Parecía enfadada, y más lo iba pareciendo según hablaba, hasta que pareció percatarse de ello al ver la cara de Carlos (pese a que ésta no había cambiado) y se relajó visiblemente. Cambió la cara y puso una sonrisa cercana, se disculpó y se levantó para ir al baño. Parece que al levantarse notó el efecto de la copa anterior ya que dio un único balanceo, nada significativo, caminó sin problemas hasta el baño moviendo las caderas y atrayendo miradas según pasaba. Era de esas mujeres que te encanta ver cómo se van, quieras o no que lo hagan.

    Isabel volvió al sofá y se sentó junto a Carlos. Más bien se dejó caer sobre el sofá. Y más bien se sentó pegada a Carlos, aunque dejando algo de hueco. Sacó su móvil de nuevo y volvió a abrir la galería de fotos, parece que la presentación de imágenes aún no iba a acabar. -Bueno, creo que íbamos por aquí. -Carlos sólo asintió por toda respuesta afirmativa, hacía ya un rato que no había pronunciado palabra, sólo asistía al monólogo de ella.

    Isabel siguió narrando las fotos de la boda una a una mientras bebía su copa sorbo a sorbo. Cada vez había más chismes sobre los invitados y cada vez Carlos se interesaba menos por todo, el tedio era ya alto. Carlos la escuchaba porque le daba la impresión de que ella necesitaba hablar, parecía que el que su marido se marchase sin previo aviso por trabajo varios días le había alterado. Para sorpresa de Carlos, las fotos de la boda se acabaron. Carlos no cabía en sí de gozo y alegría.

    -Bueno, ahora te voy a enseñar las fotos de la luna de miel.

    -Madre mía, que alguien me pegue un tiro en el pecho por favor. Venga, va. Pero antes voy a ponerme otra copichuela, ¿te traigo algo?

    -No, gracias. Yo estoy bien todavía -miró a su vaso y vio que estaba por debajo de la mitad, esto no pareció ser de su agrado así que en un instante cambió de opinión-. Bueno, vale. Tráeme otra porfis.

    Carlos volvió con las copas y se sentó para seguir con su tortura cuando para su sorpresa la primera foto que avistó en el móvil de ella fue a ella misma en bikini. Vaya, la cosa parece que mejora un poco.

    La siguiente salva de fotos eran casi todas de playa. Los recién casados en la playa, una playa de arenas blancas y aguas cristalinas. Carlos llevaba ya largo rato oyendo sin escuchar, y ahora sólo encontraba algo de consuelo en grabarse a fuego las fotos en las que su exjefa estaba en bikini. Su cerebro desarrolló una increíble capacidad de concentración para estas fotos, cuando aparecía Kike por en medio, lo obviaba y era capaz de resaltar todos los detalles de los bikinis de Isabel. Es increíble la capacidad que tiene el cerebro para lo verdaderamente importante.

    Parecía que el alcohol había hecho ya algo de mella en la mujer, pues tras volver de otra visita al baño y tras volver a dejarse caer más pegada a Carlos, comenzó a ahondar en la privacidad de ella y su marido.

    -¿Mira, ves esa caseta que se ve ahí en esta foto? -Dijo ella ampliando una parte de la foto. Era una caseta hecha con fibras, de esas que son tan típicas de las películas de playas de paraíso- Pues ahí lo hicimos Kike y yo -esto lo dijo bajando la voz, como si alguien pudiese oírlos siquiera. Como si fuese algo que no podía decir en voz alta.

    -Qué me dices. ¿Qué sí? -Poco o nada interesaba a Carlos dónde lo hubiesen hecho esos dos, pero el tedio al que le había sometido Isabel le había dado ganas de cobrarse una venganza. Así que decidió tirar del hilo- Pero ese sitio es una mierda, no sé. No tiene chicha hacerlo ahí.

    -¿Cómo que no? -El tono con el que le respondió era de herida, como si se sintiese insultada por las palabras de Carlos.

    -No le veo yo nada a hacerlo ahí. Es un sitio cerrado y apartado. Ahora, si lo hubieseis hecho en la orilla de la playa, o en el agua, o yo que sé, en algún sitio más público pues la cosa cambiaría.

    -¿Un sitio más público? -Repitió las palabras con cierto tono de duda. Enseguida se recuperó y respondió con cierto orgullo- Pues que sepas que lo hicimos un par de veces en esa caseta. ¿Qué te crees tú?

    -Vale, vale -Carlos alzó las manos para pedir paz-. No te hacía yo a ti tan picarona, ni tan lanzada.

    Los labios de Isabel se trazaron en una media sonrisa sugerente y pícara. La sonrisa se amplió hasta ir descubriendo la dentadura que se ocultaba tras ellos al mismo tiempo que ella ladeaba la cabeza ligeramente.

    A Carlos le divertía el cariz que estaba tomando la conversación y no pensaba dejar las cosas ahí. Era el momento de ahondar y descubrir más y más. Siempre se podría culpar al alcohol de la conversación mantenida. Ah, el alcohol, ese amigo que tan rápido se podía convertir en tu enemigo; y ese amigo al que podías tachar de enemigo sin problemas, pues el alcohol siempre estaría ahí para ti.

    -Y ¿cómo es que surgió eso de follar en una caseta ahí en la playa? Venga, a ver qué sale de ahí. Yo al otro no me lo veo consintiendo a algo así.

    -Pues tú sabes, una cosa lleva a la otra y… Pues eso.

    -¿Y a Kike le pareció bien? No le veo yo así, que le mole ese rollo. O no le veía así, al menos.

    Isabel cambió la cara un poco, la máscara de confianza se agrietó un poco dejando ver que tras ella había algo más. -Bueno, tuve que convencerlo en realidad.

    -Eso es alcohol, tú obra tu magia. ¿Convencerlo? ¿Cómo que convencerlo?

    -Pues que tuve que insistirle para poder hacerlo. Él es muy… -hizo una pausa, como para buscar la palabra, o tal vez para decidir si decir la palabra que tenía pensada- paradito. Bueno, a veces es paradito, ¿vale?

    -Vale, vale. -Carlos dio un sorbo a su copa para dar un tiempo a Isabel no sólo de hacer lo mismo sino de poner un poco más en orden sus ideas. Cómo le gustaba enredar a Carlos- Entonces me dices que es paradito. Per paradito en qué sentido, ¿de follar con la luz apagada, de no decir follar sino algún eufemismo, de follar poco, de no llevar la iniciativa?

    Carlos no se metía nunca en la vida privada de la gente, ni le gustaba compartir datos sobre la suya. Sin embargo esa noche y con ella no parecía importarle. Seguramente fuese porque a ella pocas veces más la vería y poco tiempo, así que le daba más igual el sacarle esa información; información que ella compartía sin problemas, tal vez ese fuese otro motivo que empujaba a Carlos a preguntar. Tal vez fuese porque llevaba ya bastante tiempo trabajando sin mucho descanso y necesitaba sacar por algún lado la hartura. Tal vez fuese el alcohol. Tal vez fuese que ese día tenía la guardia baja por algún motivo ajeno, o por el conjunto de motivos anteriores. Como fuera, ya que había empezado, sigamos.

    -Ay, pues… Ya sabes, que le cuesta… Le cuesta empezar. Tengo que tirar de él para que hagamos algo.

    -Vamos, que tu eres la que lleva la iniciativa.

    -Bueno pues sí, ¿vale? Soy yo.

    -Jm, interesante.

    -Interesante por qué.

    -Nada, nada. Y entonces qué, ¿lo arrastraste a la caseta, lo tumbaste en el suelo y tú hiciste todo el trabajo, o qué?

    Carlos se rio ante su broma mientras cogía su copa y le daba otro tiento, pero al ver que ella no se reía y que ponía una cara un tanto raro dedujo que efectivamente eso era lo que parecía haber ocurrido. Parecía que la conversación la había dejado un poco cabizbaja en cuanto se tocó el tema de la vida sexual de ella. No era intención de él el deprimirla, así que se dijo a sí mismo: De perdidos al río.

    -Pues tía, si fuese por mí, te empotraba contra alguna pared y te follaba. Isabel, te follaba una y otra vez.

    Pese a lo tosco y bruto de sus palabras, a Isabel le cambió la cara y se alegró hasta reír. Le dio un golpe en el hombro a Carlos y bebió hasta acabarse la copa. Parecía que lo que necesitaba en ese justo momento era el sentirse atractiva y parecía que esas palabras habían conseguido eso. Fue un disparo un poco a ciegas, pero había funcionado.

    -Pero cómo eres, anda. ¿Y no tienes a nadie a quien “follarías una y otra vez”?

    -Si ya hablamos de eso antes, mujer. Que no, que estoy solo en la vida sin más compañía que yo mismo.

    -Pues sigo pensando que deberías hablar con la recepcionista tan mona. Seguro que te la ligas. Y podríais iros a tu habitación.

    El tema volvía a aparecer y a Carlos no le apetecía volver a pasar por ello, por lo que optó por un cambio de rumbo. Se levantó y le tendió la mano a Isabel.

    -¿Echamos un baile? -Aunque tuviese ella mejor cara, se notaba que seguía rumiando problemas con Kike, tal vez el bailar la alegrase e hiciese que despejase la cabeza de todo lo demás.

    Isabel se sorprendió ante el rápido cambio de Carlos y lentamente alzó la mano para coger la que le tendía él, la asió, sonrió alegre y se levantó con decisión. -Venga, vale.

    Había una sala de baile donde ya había ido entrando gente poco a poco a lo largo del tiempo que se necesita para consumir un par de copas y que estas hagan su efecto sobre la gente. Las mujeres que habían asistido a las conferencias eran las que más disfrutaban de la sala de baile, ellas fueron las primeras en ir ingresando a la pista y ellos fueron los siguientes, azuzados por la presencia femenina en aquel sitio. Quizás hubiese algún hombre que estuviese allí moviéndose de forma ridícula creyendo que eso era bailar por decisión propia, pero la mayoría lo hacía por ir donde estaban las mujeres; todos se creían cazadores y pocos no se darían con un canto en los dientes esa noche. De esperanza también vive la gente. Aunque, si no te arriesgas nunca, nunca ganas.

    En las escasas decenas de metros que separaban el sofá de Carlos e Isabel de la pista de baile, ella había ido colgada del brazo de él. A él le gustaba el tener a una mujer bonita colgada de su brazo, pero no le gustaba tanto el hecho de tanta cercanía de una mujer con pareja. Al entrar a la pista de baile Isabel rauda se descolgó de su brazo y entonces le cogió de la mano con firmeza para a continuación tirar de él hasta arrastrarlo contra su voluntad y con toda su reticencia, al centro de la pista de baile.

    Sonaba una música que Carlos no esperaba escuchar, no era el tan repudiado por él reggaetón, sino que eran canciones clásicas de los 80 y 90. Tal vez también de los 70, Carlos nunca había sido un experto en música, no llegaba ni a entendido; era un patán en tema de música, pero un patán feliz. En ese momento sonaba la canción cuyo estribillo cantaba: “baby don’t hurt me, don’t hurt me. No more”. Ni puta idea tenía Carlos del nombre de la canción, él sólo se sabía el estribillo, como parece que era el caso del resto de la gente presente ya que el coro de voces superaba en volumen a la canción cuando llegaba el momento del esperado y afamado estribillo. Animado por la canción conocida y agradable para sus patanes oídos (y por supuesto, aupado por la ayuda del alcohol) Carlos se unió al baile, convirtiéndose en un hombre más que se movía de forma torpe e irrisoria. Pero a fin de cuentas en es consistía bailar, ¿no es así? En divertirse haciendo el tonto, olvidarse de todo y echar unas risas. Al final haciendo el tonto es como más se divierte uno.

    La canción cambió a la canción por excelencia de los viajes largos en coche “and I will walk 5000 miles, and I will walk 5000 more…”. Se sorprendió que Isabel supiese cantar esa canción, porque ¿quién no chapurrea las letras de las canciones en inglés? Ambos cantaron al unísono la canción acercando las caras: “just to be the man who walked 5000 miles to fall down at your door”. La canción seguía su camino y ambos bailaban a su ritmo, él la cogía de la mano y la hacía dar un giro, y luego sin soltarse las manos era él el que giraba. En su cabeza eran unos pasos de baile de película, pero en la realidad eran tan torpes como los de las personas que les rodeaban. La canción acabó con ambos comenzando a sudar y entre risas. El siguiente paso era el obvio, pedir unas copas. Carlos no cambió de elección, pero Isabel sí que cambió, se decidió por un ron cola arguyendo que la cafeína le haría bien para combatir el sueño.

    Las canciones se sucedieron y los bailes continuaron, las copas se fueron vaciando y los estilos de bailes cambiaron al contar ahora con un vaso con líquido en la mano y con mayor concentración de alcohol en la sangre. Los dos cada vez bailaban más juntos, lo suficientemente juntos como para que un observador externo pensara que esos dos buscaban algo, pero no lo suficiente como para confirmarlo. A Carlos no le gustaba un pelo que cada vez ella se acercase más, que cada vez hubiese más caricias “inintencionadas”, más acercamientos de cabezas, más miradas ininterpretables. Por más que le pudiese apetecer el follar con Isabel cómo mujer que era, no lo haría con Isabel por su condición de no soltera. Mantenía siempre una distancia prudencial con ella, había trazado una frontera de cercanía física que decidió que era el límite entre lo amistoso (a términos de ella) y lo peligroso. Consiguió mantener a raya a Isabel, que siempre intentaba atravesar esa frontera de la que no sabía de su existencia pero que parecía que era un reto que superar para ella.

    La canción cambió, y la felicidad se acabó. No más clásicos, era el turno del burdo y sexual reggaetón. A estas alturas Carlos ya le daba igual que sonase esa “música”, ya se había soltado y no le importaba qué música sonase. El problema, que esa música incitaba a los bailes pegados. El problema, que Isabel lo sabía. El problema, que Isabel no se cortaba el pelo a la hora de bailar pegada. El problema, que a Carlos se la pelaba el bailar pegados. Sabía que era una mala idea pero le gustaba el estar con una mujer maciza, ¿a quién no? Un baile tras otro y una cerveza tras otra, Isabel conseguía hacer retroceder la frontera poco a poco. Su cara desde que el reggaetón había comenzado a sonar se había tornado de una cara de diversión sin más, a una cara de diversión retorcida. Su cara tenía una sonrisa que reflejaba que quería conseguir algo y que sabía que lo conseguiría. Cómo le gustaba el control. Carlos la dejaba hacer, la dejaba acercarse más y la dejaba contonearse pegada a él. Las manos de él no bajaban de la cintura de ella, siempre controladas, ella notaba esto y no presionaba más, pareciese que esperase a que fuese él el que diese el paso. Que siga esperando, se decía Carlos. No quería meterse en medio de una pareja ni aunque la mitad de la pareja lo quisiera.

    Isabel aprovechó el ritmo de la música para usar sus contoneos dándole la espalda a Carlos e ir arrimándose a él hasta quedar su culo pegado al paquete de él. El paquete de él llevaba ya un tiempo duro, su polla podía ser de piedra, pero él no lo era. Hacía rato que el tema se había puesto candente y los roces con Isabel y su cada vez más que evidente acercamiento afectaban a Carlos excitándolo como lo haría cualquier otro hombre. Isabel era consciente de la erección de Carlos, y Carlos era consciente de que ella lo era también. Era difícil ocultar algo tan evidente cuando estas estrujándolo.

    Carlos no terminaba de creer todo aquello, sin comerlo ni beberlo esa mujer iba a por él de esa forma. Él no había intentado nada con ella, ni siquiera quería hacer nada con ella mientras no estuviera soltera, sin embargo ahí estaban, bailando culo con polla. Carlos disfrutaba del culo, del baile y de los roces, pero aún seguía reticente a no hacer nada con Isabel. Por más que le doliese la polla luego. Sus manos seguían en las caderas de ella, tercas de no descender de ahí. Las manos de ella estaban por todos lados, hasta que se posaron sobre las muñecas de él, las agarraron con fuerza y las obligó a moverse; una la mandó hacia el nacimiento del muslo, la frontera entre muslo y pubis, y la otra la mandó a su vientre, un vientre en forma y tonificado. La polla de Carlos sufrió una palpitación y un cosquilleo le subió desde los huevos hasta la nuca.

    La mano izquierda de Carlos, con la mano izquierda de Isabel sobre su muñeca descendió milímetros hacia la entrepierna de ella. Fue un movimiento casi imperceptible, apenas se había movido del sitio y aún quedaba a distancia del tesoro. No supo decir Carlos si fue él quien movió la mano, o si fue ella quien se la movió, él sólo notaba el dolor de polla; polla que le pedía a gritos que la liberase y la enterrase en carne. Pero no, no podía hacer eso, no con ella. No.

    Isabel se removió como si se le erizaran los bellos, Carlos escuchó un gemido salir de la garganta de ella, aunque sabía que eso no era posible con el ruido de la música, entonces sintió la mano derecha de ella en su mejilla derecha, tirando de su cara firmemente haciéndole girar la cara. Su cara giró, parte en contra de su voluntad, parte a favor de su voluntad, y vio a Isabel muy cerca de él con los ojos entrecerrados, esos ojos brillaban en ese momento, brillaban de lujuria y de deseo. Vio como su rostro se contorsionaba en una mueca de placer y supo que otro gemido había salido de su garganta, fue entonces cuando sintió la mano de ella sobre su mano izquierda y fue cuando pudo notar que su mano había seguido avanzando lentamente hacia la entrepierna de la mujer. Ahora sabía que a cada milímetro que su mano había recorrido habían hecho erizarse a Isabel un poco más cada vez. Ahora estaba en la zona sobre la ropa interior de ella, sólo la falda impedía el contacto piel con piel. Era hora de salir de allí, había llegado demasiado lejos, pero aún no había llegado al punto de no retorno. Isabel le atrajo hacia sí y unieron sus labios.

    Pasaron segundos, o minutos, no lo sabía decir Carlos. Se besaron suave al principio, segundos tal vez, minutos quizás, y en algún momento la lengua de uno de los dos entro en la boca del otro dando paso a un segundo beso más largo, de minutos tal vez, o tal vez segundos. Isabel había pasado a restregar su culo contra Carlos, la mano de él se había movido hacia el muslo de ella y ahora subía lenta y sugerente aprovechando el corte vertical del vestido. La otra mano, la derecha había subido desde el abdomen hasta el pecho de ella, donde ahora aprisionaba con firmeza una de las dos colinas, ni siquiera era consciente de cual. Ella había conseguido lo que quería. Carlos se separó de ella.

    Quedaron ambos mirándose de frente, acalorados, sudorosos y con las respiraciones alteradas. Ambos notaban sobre su piel dónde habían estado en contacto con el otro, ambos se miraban de forma intensa, con deseo, ambos estaban contenidos a la espera del movimiento del otro para lanzarse de nuevo a besarse y recorrerse con las manos, a dejarse llevar. Carlos hizo el primer movimiento, y fue el de girarse y marcharse de allí, debía hacerlo o acabaría siendo el cómplice en una puesta de cuernos. Deseaba serlo, joder que si lo deseaba, pero no quería convertirse en eso.

    Carlos marchó a buen ritmo para salir de la pista de baile, siguió caminando sin mirar a ningún sitio más que hacia delante, aún notaba el bum-bum de la música en los oídos, aún se sentía embotado por el jaleo, por todo el guarreo con Isabel, aún le dolía la polla, pero no notaba nada, sólo estaba centrado en poner distancia entre ambos. Salió de la sala donde se celebraba el cóctel, caminó sin mirar a nada ni nadie, caminó por el pasillo con paso firme y siguió caminando hasta llegar al hall, donde desembocada el pasillo. Recorrió apenas unos metros del hall cuando notó una mano en su hombre que le instaba a darse girarse. Era Isabel. Había estado llamándole, pero él no se había dado cuenta, o hacía ver que no lo hacía. Isabel le hablaba, pero él no escuchaba, seguía resistiéndose. La cara de ella tenía una sonrisa de condescendencia y de alegría, sus ojos mostraban confianza, sus manos cálidas se posaron sobre el pecho de él y empujaron hasta que la pared chocó contra la espalda de él, esas manos cálidas subieron hasta entrelazarse detrás del cuello de él creando un lazo de donde no había escape. Isabel se puso de puntillas para lanzar sus labios contra los de él, lo tenía a su merced, había ganado.

    Carlos giró la cara y sintió cómo los labios de ella besaban su mejilla en lugar de sus labios. Le pareció ver que la pelirroja de recepción les miraba con curiosidad, le pareció ver que Isabel también veía esto. No llegó a bajar del todo la mirada hacia Isabel cuando sintió los besos de ella en su cuello. Había dejado su cuello expuesto al esquivar su beso y ella había aprovechado esto para continuar con su ataque. Dejó escapar un gemido cuando la lengua de ella recorría su cuello, miró ahora sí hacia la recepcionista, la pelirroja no perdía detalle de nada con cara de curiosidad. Cuando las miradas de Carlos y la pelirroja se cruzaron, ella la retiró rápidamente con vergüenza. Isabel se despegó de su cuello, vio que Carlos miraba hacia algún punto que no era ella y torció la mirada en la misma dirección que la de él. Al ver que miraba a la pelirroja, le lanzo a ella una sonrisa que se podía interpretar cómo que Isabel ganaba mientras que ella perdía y, acto seguido, tomó la cara de Carlos con sus manos y le plantó un beso de lleno en los labios. Una vez lo tuvo de nuevo atrapado en el beso, le agarró las manos y se las estampó contra su culo.

    Cuando Carlos tuvo las manos sobre el culo de ella solo tuvo un pensamiento: Mira, a la mierda.

    Los dedos de Carlos se cerraron con fuerza alrededor de esas nalgas tan prietas. Se dedicó en cuerpo y alma a amasar ese portentoso culo, lo apretaba y lo volvía a apretar mientras besaba la boca de ella. Las lenguas de ambos luchaban a ratos en la boca de él y a ratos en la de ella. Las femeninas manos recorrían el torso de Carlos por encima de la camisa, palpaban y tocaban como si quisiera hacerse una imagen mental. Entre besos y magreos Carlos atisbó a la pelirroja que parecía no perder detalle de lo que pasaba a unos metros de ella. Hizo contacto visual con ella mientras mantenía a Isabel entretenida con un largo y acuoso beso y llevó sus manos del culo de la rubia a la espalda del vestido; una mano justo sobre el culo, en los lumbares, presionándola contra él, y la otra sobre la cremallera del vestido. Agarró la cremallera sin dejar de mirar a la pelirroja y comenzó a bajarla lentamente sin perder en ningún momento el contacto con ella, una mirada que provocaba e invitaba, una mirada que no admitía noes, una mirada imperativa. La cremallera bajaba lentamente ante la atenta mirada de la pelirroja, poco a poco fue descubriendo centímetro tras centímetro de la espalda de la rubia que alternaba besos en el cuello y en los labios. Otro centímetro más, y otro, y otro más. Entonces apareció una línea horizontal oscura, el sujetador hacía acto de presencia. La recepcionista no perdía detalle del espectáculo que le estaban brindando, lo observaba todo con ojos muy abiertos y muy oscuros, con una mirada de sorpresa, incredulidad y curiosidad. Cuando Carlos detuvo la baja de la cremallera, los ojos de la recepcionista fueron directos a clavar su mirada a los ojos de él.

    Isabel se giró, se separó de Carlos y le dio la espalda.

    -Abróchame la cremallera.

    Fue una orden más que una petición. La recepcionista retiró la mirada y la dirigió a algún punto bajo el mostrador, parece que la mirada de la rubia era más poderosa que la de ella.

    Carlos tardó un momento en subir la cremallera, el tiempo justo para que no pareciese que incumplía la orden, pero no lo suficientemente rápido como para parecer estar bajo control de Isabel. No le gustaban esas órdenes por parte de ella, en este caso prefería seguir el juego de ella, obedecerla y dejar que crea que ella tenía mando total sobre él. Mejor así, por ahora.

    Carlos comenzó a subir la cremallera tal y como lo había pedido Isabel, pero lo hizo lento. Muy lento. Cuando ella iba a abrir la boca para lanzar otra orden la besó en el cuello, haciendo que no saliesen órdenes de su boca sino un suave gemido mientras cerraba los ojos. Detrás del mostrador, unos ojos muy oscuros alzaron la vista al escuchar el gemido, sólo para ver cómo Carlos besaba el cuello de la mujer mientras la miraba directamente con expresión divertida. La calma no tardó en quebrarse de nuevo, la mujer rubia volvió a hacer contacto visual con ella, se volvió a separar del hombre, se giró y le cogió la cara entre las manos, y le besó de nuevo.

    Isabel soltó la cara de Carlos, le agarró de la mano y dijo: -Ven, vamos a mi cuarto. Allí estaremos más cómodos.

    Lo dijo en un tono alto y claro, no lo gritó y mucho menos lo susurró. Lo dijo en un tono que podía ser escuchado perfectamente en toda la sala si había silencio, somo justamente era el caso. Isabel echó a andar hacia el pasillo que daba a las habitaciones mientras tiraba de Carlos, unidos por sus manos cogidas. Isabel pasó caminando muy cerca del mostrador de recepción sin más motivos que dejar bien a la vista de la recepcionista que ella era la que se llevaba a Carlos a la habitación, ella y sólo ella. Isabel lanzó una última mirada a la pelirroja, una mirada altiva y de superioridad. Había desarrollado una rivalidad con esa mujer que no venía de ningún sitio más que de su propia cabeza, aún así, se sentía vencedora frente a la rival que ella misma se había inventado.

    Recorrieron el perfecto pasillo en dirección al ascensor, también perfecto. Mientras esperaba escasos segundos a que el ascensor llegase, decidieron matar el tiempo intercambiando saliva y en comprobar la firmeza de sus respectivos cuerpos. El culo de ella volvía a estar bajo la presión de las manos de él, el cuello de él volvía a estar húmedo de la lengua de ella. El ascensor abrió sus puertas y se adentraron en él a trompicones, un revoltijo de brazos y piernas, más concentrados y devorarse mutuamente que en caminar. De algún modo, Isabel consiguió pulsar el botón de su planta, y el ascensor comenzó su subida.

    Isabel quedó apoyada en la esquina del ascensor, con el pecho moviéndose al ritmo de su agitada respiración, la cabeza un poco gacha, la mirada alta, la expresión de deseo irrefrenable. Carlos, a un paso de ella, con la camisa remangada, con dos botones superiores desabrochados durante todo el forcejeo, con la respiración más tranquila que la de ella y mirándola con la cabeza sin agachar, con los ojos un poco entrecerrados, mirando hacia abajo, hacia los ojos de ella.

    -Quiero verte -Dijo Isabel cuando de repente agarró las solapas de la camisa de Carlos y tiró en direcciones opuestas, haciendo que esta se abriese sin remedio. Algunos botones parecieron romperse, otros parece que aguantaron el envite.

    A Carlos no le gustó nada ese tratamiento a su camisa, le había molestado bastante ese arranque de ella que se había llevado por delante parte de sus botones. La había sujetado con fuerza por las muñecas para evitar que hubiese más destrozos y se le pasó un poco la molestia cuando la lengua de Isabel recorría su torso. Esa mujer usaba mucho la lengua. Liberó las muñecas de ella y la dejó hacer, le palpaba y lamía, subía a su cuello y bajaba a su pecho. Y así continuó hasta que el ascensor abrió las puertas.

    Isabel echó a andar sin mirar atrás sabiente de que él la seguiría. Caminó moviendo las caderas de forma tan sugerente como parecía posible, rozando lo imposible, se paró frente a una puerta y sacó rápidamente la tarjeta de su mini bolsito. Carlos miraba el mini bolsito ahora, consciente de su presencia y se preguntaba dónde demonios había estado ese trasto todo este tiempo.

    Isabel abrió la puerta empujándola con un golpe de su culo, estableció contacto visual con Carlos y avanzo al interior de la habitación caminando de espaldas mientras sonreía juguetona y hacía gestos con el dedo para que se acercara. Carlos entró y cerró la puerta tras de sí con un taconazo, Isabel lo empujó contra esa misma puerta y le besó, le besó y continuó besando, dejó su boca y besó su cuello, dejó su cuello y besó su pecho, dejó su pecho y besó su abdomen, y finalmente quedó de rodillas frente a él.

  • Nos quedamos sin gasolina, no sin placer

    Nos quedamos sin gasolina, no sin placer

    Parte 1

    Todo fue un caos es fin de semana, un verdadero infierno de placer, por decir algo, tuve un viaje a la ciudad de México de último minuto, no había oportunidad de buscar ni avión ni camión, tenía que ir en mi propio carro, manejando solo hasta allá.

    Sin embargo, no perdí la oportunidad de avisarle a mi amante que estaría por allá, esperando pudiera ir ella a la CDMX, pues de su ciudad había salidas continuas y su trabajo desde casa le permitían moverse sin problema. Ella estaba encantada de que fuera, pero me pidió un favor, pasar por un amigo personal de ella, en un pequeño poblado que me quedaba de camino, una desviación que representaba más o menos 2 o 3 horas de diferencia.

    Me prometió que lo compensaría. Y vaya recompensa.

    El viaje gracias a la aplicación de mapas no hubo ningún problema, el chico me esperaba en la tienda del pueblo, lo encontré dándome la espalda, vestía uno sknny jeans blancos y una camisa ajustada azul y un chaleco del mismo color. Me costó trabajo reconocerle pues a simple vista pensé que era mujer, por su figura estilizada y su culo redondo. Hasta que volteo y me dijo eres Nico. Me mandó tu foto Mon Cerise. Sin esperarlo me dio un abrazo mucho más caluroso de lo que esperaba.

    -Vale, vale. Le dije. Metamos tus cosas a la cajuela.

    Se gira y agacha para sacar de la maleta sus lentes de sol, con su movimiento, los pantalones que estaban a la cadera dejaron ver una tanga de hilos rojos con un pequeño anillo con brillos que sostenía los tres hilos que sostenían aquella minúscula prenda. Toma sus pertenencias, dos maletas de mediano tamaño, al tiempo que le digo: la cajuela está abierta, ¿gustas algo de la tienda? – solo unas mentas y cervezas si no te incomoda.

    Compro las mentas, una pequeña hielera en promoción con 12 cervezas y una botella de tequila, además algo de botana y sus pastillas de menta. Pensaba que eso me ahorraría dar vueltas por la ciudad de México comprando cosas.

    Dejo las cosas en el asiento de atrás, y él ya está sentado al frente, cuando subo me doy cuenta que se ha quitado sus zapatos y a puesto sus pies sobre el tablero, desnudos con las uñas pintadas de rosa pálido, -ay, me puse cómodo, si te molestan dime.

    -No para nada, respondo, viendo que también lleva dos pulseras en cada tobillo, cada una con un corazón dorado. Que debo reconocer, le quedan muy bien. –Bueno empieza el viaje, digo en voz alta.

    Sin conocer el pueblo y creyendo que voy en la dirección correcta tomo la carretera libre, no el libramiento que me llevaría a la autopista. El problema surge cuando el tanque de gasolina marca que estamos en la reserva. Con las prisas, y la vuelta a recogerle olvide llenar el tanque, o mejor dicho lo deje pensando que entraría en cualquier momento a la autopista. Sabía que aun podíamos recorrer unos 20 minutos, tenía la esperanza que encontraría una gasolinera o un estanquillo donde vendieran algún bidón con combustible.

    Parte 2

    En el camino, me conto que se llamaba Alfredo, que le decían Alfie, yo apenas lo escuchaba, me concentraba en no acelerar mucho y encontrar un depósito de gasolina. Pasaban los minutos y mi silencio se tornó incómodo. –Ay, creo que te molesta mucho mi compañía, perdona si incómodo. Pero ir en silencio puede ser peor, ¿no crees? Se atrevió a decirme. No me quedó más que externarle mi preocupación.

    -Pues nada, dije. Que me ha marcado que estamos en la reserva de gasolina, hace como 20 minutos, si no encontramos pronto gasolina nos vamos a quedar parados, y esta carretera no sé a dónde salga, confesé.

    -Uy, me hubieras dicho, en el pueblo todos venden gasolina, por este camino, hay una o dos más adelante, pero no sé si estén abiertas, las cerraron hace tiempo, cuando el desabasto. Sentencio.

    -Pues, con suerte ya abrieron, y si no tendremos que esperar a ver si alguien nos ayuda, como sea espero que podamos llegar a ellas.

    Minutos después vimos los letreros que indican gasolinera próxima, viejos y desgastados. Nerviosos por no quedarnos en medio de la carretera, recorrimos el ultimo kilometro en total silencio, despacio tratando de usar cada gota de gasolina de la mejor forma. Finalmente llegamos, y como mi compañero lo previno, estaba cerrado.

    No había más que hacer. Me estacione de forma que pudiéramos ver la carretera en ambos sentidos, esperando que pasara por ahí alguien que nos vendiera un poco de gasolina. Y nos bajamos. Tome un par de cervezas y le lance una a él.

    -Salud, ya no hay más que hacer.

    -Salud. Respondió

    – ¡Ja, ja, ja, escuche su carcajada, No tengo señal! Me grito desde el carro, yo me había ido a orinar, revisa si tienes señal, lo escuche decir mientras se acercaba a mí. Y una vez a mi lado se gira dando la espalda al muro y bajándose los pantalones y su tanga se pone de cuclillas; -perdona me acostumbré a hacer sentado.

    Revise mi celular, solo para confirmar, no tenía señal tampoco. Lo supe durante el camino, cuando intenté corregir con el mapa del celular mi error de navegación. En eso estaba cuando al levantarse pude ver la entrepierna de mi compañero de viaje, llevaba su pene, depilado dentro de una minúscula jaula de acrílico rosa. Por ello debería hacer sentado, entendí.

    Parte 3

    Aún era temprano, había sol y el calor hacia que las cervezas fluyeran con calma. Ambos teníamos esperanza de que pronto alguien pasará por aquella carretera. Entre tanto nuestra platica era un ir y venir de lugares comunes y obviedades como el clima, hasta que me pregunta, ¿Cómo conoces a Cereixa?

    -Nos hicimos amigos por internet, poco a poco tomamos confianza y nos fuimos confesando nuestras fantasías, hasta que logramos vernos.

    -Wow. Y cómo es vivir en dos ciudades diferentes; preguntó, -Bueno, respondí, -En realidad no hay problema, los dos conocemos bien la vida del otro, digamos que nos respetamos y sabemos que la distancia es lo mejor para mantenernos vivos. Y siempre que puedo viajo a la Ciudad de México para verla; hoy por ejemplo es un pretexto, podría no ir y hacer todo por internet, pero aprovecho la oportunidad.

    – ¿Y, tu cómo la conociste? Revirando su pregunta.

    -Bueno, así como me ves todo guapo y seductor, no era así antes de conocerla, y es que te tengo que confesar un secreto, bueno seguro serán muchos, pero hay que ir de uno en uno para que no te asustes. Me advirtió.

    – Yo no soy gay, soltó de pronto haciendome soltar una carcajada. –Perdona no quise sonar grosero, pero wey, ya con más confianza, tienes las uñas de los pies pintadas, los pies súper cuidados, esas cadenitas, las uñas de tus manos también están arregladas, y perdona, pero no pude dejar de ver que usas tanga y esa cosa en el pito depilado.

    – Ja, ja, ja, se ríe el también. – Sé que eso parece, bueno si me puedo comer un buen hombre y su corrida y hasta dejarme hacer el culo. Pero, por más que suene raro no soy gay; no sé cómo definirlo. – Ya se!, exclama, como en la película, lo mío lo mío es ser sumiso. Mientras lo miro con cara de no entender que me dice, continúa hablando mientras destapa una cerveza más y me la pasa, tomando otra para él.

    – Cereza y yo fuimos novios, seguro no te lo ha contado, o mejor dicho ya sé que no te lo ha dicho, sino, no hubieras preguntado, pues mira antes fuimos novios y hoy es como mi ama y yo su esclavo. Es una cosa rara, ya se pero a ella y a mí nos funciona muy bien.

    En un principio, continua su relato, fuimos una pareja normal, incluso vivimos juntos y casi nos casamos, yo era un chico muy fresa y algo despistado con ella, y ella siempre fue un incendio en la cama, siempre se quedaba con ganas de más, ahí fue que empezó a hacerse adicta a los dildos y juguetes sexuales. Por eso ahora tenemos el negocio de los mismos, y yo me encargo probarlos y hacer las reseñas, puntualizó.

    Pues bueno te cuento, un día como si nada, luego supe que lo tenía planeado, aunque también me confeso que no sabía hasta donde llegaría metió todos mis boxers y calzones a lavar, continuó, – a la hora de irme al trabajo, ella me dice; “Alfred; – deja decirte no era Alfie, era así Alfred, preciso; perdona, se me olvido ponerlos a secar, puedes irte sin ellos, o llevarte unas pantaletas mías” un poco molesto le dije ¿Cómo crees?

    -En fin, continuo, me dice ella con cara perversa y unos ojos que me desnudaban, – “te dejo que elijas cuales de las mías quieres ponerte, y prometo que al regresar del trabajo te mamare la verga y te comeré el culo hasta que te vengas”. Para terminar, diciéndome, – Ya antes habíamos hablado de ello, y habíamos probado cada uno hacer besos negros, a ella le encantaba la idea; creo que es uno de sus máximos placeres.

    En fin, sin más abrí su cajón de lencería y noté una pataleta alta, negra, con transparencia en el culo y al frente de satín, y aunque el corte parecía de esas de abuelita lucia bastante bonita y pensé que sería lo más cómodo para mí y mi amigo. Y así, ese día, me confeso con una sonrisa pícara inicio una transformación que ni ella ni yo imaginamos.

    Parte 4

    Mientras se acababan las cervezas, Aflie me contaba poco a poco como cambio su ropa interior, inicio a usar medias y tacones durante las sesiones sexuales, al tiempo que poco a poco dejaba de penetrar a Cereza con su pene. Siendo sustituido por un arnés con dildos y como él fue poco a poco dilatando también su entrada dejándose coger por ella. (Una historia que merece su propio relato).

    Evidentemente los dos empezamos a sentir la temperatura en nuestros cuerpos que se excitaban con cada nuevo recuerdo. En eso estamos cuando no pude más con la curiosidad y le pregunté por lo que tenía en el pene. Me dijo – es una caja, o jaula, soy un cockold, y sissyboy. Ella es mi ama, y le encanta feminizarme, para ella soy todo una chica, cuando estoy con ella visto como una diosa. Y hacemos el amor de forma maravillosa, dura, fuerte o dulce según de que humor este, pero siempre ella dominando, y desde hace mucho deje de penetrarla con mi pene, en su lugar uso arneses y dildos. Asombrado le pregunte si no era peligroso para el o su salud. –Ja, ja, ja. No para nada hay que hacerlo poco a poco, con cuidado, resulta que el tejido interno se va compactando y se adapta al espacio en el pubis, cuando lo libero puedo tener una erección normal. Y ahora puedo pasar hasta 15 o 20 días encerrado con mi pequeño pene encerrado y ¡me encanta!, exclamo.

    Para luego preguntar ¿Quieres verlo?, yo estaba vuelto loco, con varias cervezas dentro le dije que si. De esa forma poco a poco se fue quitando su pantalón dejando su ropa interior, se hinco en el asiento para quedar a mejor altura, y me presumió como lucia con ropa, ves apenas se nota, es muy cómodo y siempre que estoy excitado tengo un poco de dolor que pronto cambia a un placer que no sabría cómo explicar, y sin más me pidió que bajara yo la tanga, pues la curiosidad la debe satisfacer el curioso.

    Así poco a poco baje su tanga, dejando al descubierto su pubis depilado, suave y un minúsculo pene envuelto en una capsula rosa transparente conectada con un anillo a sus testículos también depilados y en el cual había un pequeño cerrojo, – ¿y quién tiene la llave? Pregunte.

    Hay tres juegos, uno, obvio lo tiene Sakura, -¿Quién? Pregunte, -Es Flor de cerezo en japonés, jejeje. A veces de le digo así, sobre todo cuando cumple su papel de Ama Dominante, otra la tengo yo para casos de emergencia exclusivamente y la tercera está disponible para mi regente siempre y cuando lo apruebe mi Señora.

    Después de eso, sin subirse la ropa se giró para pasar entre los asientos y decirme desde atrás, – ¿quedan aún cervezas y hay tequila, quieres algo? En esa posición me permitía ver sus nalgas desnudas y una pequeña joya que cubría su ano. – y eso! Pregunte. –Ja ja ja, sabría que preguntarías, tomo sus manos y abrió sus nalgas dejando de ver por completo ese objeto que parecía como un diamante de rubí rojo. –Es un Plug, es algo que uso para sentirme siempre excitado y estar dilatado siempre para cualquier cosa, este es un juguete nuevo y debo hacer su reseña. Me respondió.

    Sin pensarlo mucho, le doy una nalgada y le pido cacahuates y una cerveza, diciéndole que parece que un poco más y se pondrán calientes. El me preguntó por las mentas, diciendo que quizás las necesitemos. Al darse vuelta noto un poco de color en sus mejillas y se pasa la cerveza por la nalga que acabo de golpear mientras me dice, chico tienes buena mano.

    -Sabes, continua, a mi quien me trata como hombre, lo trato como cuate, si me tratan como mujer, lo tratare como caballero, si me trata como una dama, lo tratare como rey, pero si me trata como una zorra lo tratare como un dios.

    Parte 5

    Sentándose con la tanga y el pantalón en los tobillos abrió la cerveza y dio un trago, para después continuar con un vago y simple uff, crees que alguien pase pronto por aquí, ya se hace tarde. Sin que mi mente pueda digerir todo, me quedo descolocado con que se quede medio desnudo frente a mí, y le pregunto, ¿no te vistes?, -Bueno es tu carro, son tus reglas, y tu pediste ver my Little Candy; me responde.

    Yo sin saber que hacer o cómo reaccionar, vamos puedes quedarte así, si gustas, pero creo que si alguien viene tendríamos que… interrumpiendo me dice, – va no te apures, aún es temprano y todo puede pasar.

    Ambos nos quedamos en silencio, y en mi mente se repitió como eco su frase: “todo puede pasar”. Y él se vuelve a vestir, doy dos tragos a mi cerveza y digo voy al baño. El sale del carro y me dice –No te asustas si te acompaño, ¿verdad?, -no que va, respondo ya te vi nada que ocultar. Revirando me dice: – entonces te puedo ver yo a ti? Salgo del carro dejándolo atrás sin responderle y camino al muro del edificio que debió ser la tienda o las oficinas. Él se queda en el carro unos segundos más, cuando llega conmigo me doy cuenta que se ha quitado su chaleco, y que su playera tipo polo pegadita tiene desabrochado los botones del cuello, dejando un pequeño escote que revelaba dos pequeños bustos de mujer, no supe si era postizo, si era un implante o producto de algún tratamiento hormonal. Pero sea cual fuere el origen lucio realmente bien, haciendo juego con su delgado cuerpo y su cuello estilizado.

    Cuando llego yo ya me he desabrochado el pantalón y bajado el bóxer, a diferencia de la vez anterior que solo baje la cremallera, al llegar, como antes, se bajó el pantalón, su ropa interior y giro contra la pared, ya de cuclillas y después de verme detenidamente el pene, mirándome a los ojos me dice, creo que vi una venta abierta, tal vez podemos forzarla un poco e intentar entrar, al menos yo podría pasar y ver si podemos abrir desde adentro. Solo para concluir, tenemos rato aquí y no ha pasado nadie. Esta carretera casi nadie la usa, los del huachicol solamente, quizás por la madrugada tengamos suerte con algunos de ellos, o con los dueños de los ranchos que han pagado su derecho.

    Nos acomodamos nuestras ropas y buscamos esa ventana, logrando abrir lo suficiente para que pasara el, por ser más delgado. Escuche un ruido de cosas que caían y un grito desde adentro, -¿Estas bien? Le pregunte, -sí, solo me he mojado todo. Minutos después lo vi por el lado de la tienda revisando cada una de las puertas y sus cerrojos hasta que logró abrir una que solo tenía pasador sin cerradura.

    Cuando abrió lo vi escurriendo en agua, había tirado una cubeta de agua de una hielera y algunas cervezas que aún conservaba. Sin aguantarme la risa le dije que lo mejor es que se cambiara de ropa y pregunte si tenía algo que ponerse. Su respuesta fue contundente: -Si, pero tendrás que tratarme como rey o dios, y no sé si estás listo para eso, remato.

    Diciendo se fue al carro donde tomo sus maletas y de paso se trajo la botella de tequila. Mientras yo encontré la caja de luz, logrando tener corriente eléctrica para iluminar y limpié un poco. El entro al cuarto por el que entro que resultó ser una especie de habitación con baño.

    Mientras él se cambiaba yo revisaba el lugar ya con luz, encontrado unas velas, unos vasos, chamarras que supongo utilizaban para la cámara fría y algunas latas con comida y sopas instantáneas, revisé también la bodega donde encontré entre otras cosas un bidón de 20 litros de gasolina. Pensé en contarle la buena noticia cuando escucho unos tacones de mujer, calzaba unas zapatillas altas, quizás las más altas que jamás he visto, de tacón fino, negro, con el talón cubierto y el frente en punta, brillantes de color dorado, que combinaban con las pulseras de sus tobillos, que era lo último que sus largas y depiladas piernas tenían hasta llegar a la minifalda de un vestido de lentejuelas color lila ajustado a su cuerpo, con la espalda descubierta y un escote en corazón que hacia lucir aquellos pequeños senos turgentes y apetitosos.

    Me quede con la boca abierta, sin saber que decir ella tomo la iniciativa. Diciendo: Rey o Dios, tus reglas, tus deseos. La tomé de la mano la hice girar viendo su hermoso cuerpo, y solo pude decirle – ¡eres una verdadera tentación!

    Parte 6

    Realmente lucia increíble, se había puesto una peluca negra, lacia, con flequillo sobre la frente, se maquillo los ojos con sombras de casi negro a lila obscuro para terminar en un tono lila ligero, los labios se los pintos de manera ligera, rosa, pero con un gloss brillante, juro que de verle en la calle no pensaría que era un chico, su cuerpo lucio increíble, espigado con una cintura ligera y una trasero redondo y bello.

    Después de dar un giro jugo a que se resbalaba cayendo entre mis brazos, apoyándose sobre mí con los labios muy cerca de los míos. – ¿y cómo te debo llamar mientras estas así?, bueno, respondió me puedes decir, Diosa, Perra Sucia, Puta, o My Sweet Lily. Y yo como te debo decir, mi rey, mi dios, o mi emperador.

    Me quede callado, ella supo interpretar que había puesto en marcha el motor y pisado el acelerador a fondo. Me dio un ligero beso, apenas tocando con sus labios los míos y se separó de mí. Se dirigió caminando sensualmente a lugar donde estaba la botella, sirvió un par de vasos de tequila y tomo una menta entre sus labios, regresando hasta mi dándome los vasos ya con las manos libres me toco el pene por arriba del pantalón, y poco a poco desabrocho primero el cinturón, luego el botón del pantalón y por último bajó el cierre.

    -Eres el primer hombre con el que estoy. dijo. Pero, respondí antes habías dichos que podías comerte una corrida y dejarte penetrar. – mmm si, pero también te dije que no soy gay, con susurros en el oído me contestaba, mientras me masturbaba bajo mi bóxer; -me comí las corridas que dejan otros hombres en Beutycherry, y solo me ha penetrado ella. Lo más cerca de una pinga fue la vez que ella y yo hacíamos un 69, mientras uno de sus amigos la cogía por detrás. –Así que hoy tienes para ti, una chica virgen, por decirlo así.

    Dicho lo anterior se bajó a la altura de mi pene y empezó a mamármelo con maestría y elegancia. Como una verdadera dama, la magia la hacia la menta haciendo que las sensaciones se multiplicaran mientras avanzaba en su trabajo, por momentos tomaba entre sus labios mi glande, otras ocasiones besaba a lo largo y en otras me tomaba hasta tocar con sus labios la base de mi pene, trabajando por momentos suave y por momentos duro como si la cogiera por la garganta, después de unos minutos empezó a mastúrbame con su mano para ayudarme a terminar, – voy a terminar, le advertí, dicho lo anterior metió su glande a la boca succionando hasta que termine en ella. Después de limpiarme, me volvió a acomodar la ropa me subió el cierre, abrochó el botón y se puso de pie, tomó su vaso y de un trago se acabó el tequila que había servido.

    – Pues bien, dijo, ¿te gustan las mentas?; oh vaya no había probado de esa forma, y creo que son mis favoritas así.

    Parte 7

    Yo me quede frio, no sabía cómo debería reaccionar, -Tranquilo me dijo, también es mi primera vez, no solo con un hombre, sino que tampoco este mi Ama presente.

    Ven vamos a bailar me dice. Toma su celular y pone algo de música para bailar, baladas en inglés, me toma del cuello con sus brazos, yo la tomo de la cintura, apenas nos sentimos cómodos, ella se da cuenta y me ve a los ojos, -Esta bien, yo también tengo miedo.

    Se acerca a mi besándome tiernamente. Le respondo a su beso y acerco a mí. Mi mente da vueltas, mi pene se enciende. Y entre tanto escucho la música sin parar. Mientras bailamos reconstruyo todo lo que a pasado, me percato que no he visto mi celular desde medio camino, que cuando entramos a la tienda había unas latas de cerveza tiradas y una cubeta con agua, pero no había charco de agua en el piso, y que la música era de una aplicación no era música guardada en la memoria del celular. No habíamos perdido señal, quizás yo si, en algún punto del camino.

    Mientras pienso eso, noto como lleva mi mano a su pecho, y con la otra me toma de la cadera pegándome a ella. –relájate, disfruta, soy tuya. Me dice.

    La beso con confianza, aprieto fuerte su incipiente pecho con mi mano, con mano toco su pierna y subo por su piel hasta sus nalga, siento su suavidad tomo su nalga con fuerza y mis dedos llegan a su ano, aún tiene el juguete puesto, lo tomo un poco, juego con el tirando hacia afuera, me dice: -despacio, ¿nunca has jugado con uno de ellos?, no, respondo.

    Me quita la camisa, y desabrocha el cinturón sin dejar de besarnos, por mi erección le cuesta trabajo, lo que hace que se separe, así tengo oportunidad de verla una vez más con ropa, le ayudo con mi ropa, me quito la camisa y ella baja mis pantalones y ropa interior inclinándose para ahí hincada quitar mis zapatos, mis calcetines y liberar mis piernas de la ropa.

    Besa con esmero y sumisión mis pies y tobillos. Con cuidado sube por mi cuerpo hasta ponerse de pie, momento que aprovecho para tirar hacia abajo el zipper que está a su costado, con ello su vestido cae al suelo dejando al descubierto su cuerpo solo cubierto por su lencería. –Quédate con los zapatos, le pedí.

    Conservaba la tanga rosa que le había visto antes, ahora pude notar con claridad un bordado de flores que tenía además de la malla transparente, el brasier de media copa hacia juego en color y figuras, la transparencia dejaba ver dos piercings que adornaban sus pezones pequeños.

    La acerque a mi a besarla por fin con más pasión, cuando se acercó a mi note como la jaula de su pene sobre el mio. Una nueva sensación que no conocía y recorrió mi cuerpo.

    Justo en ese momento escucho una voz conocida, era Cereza que llegaba al lugar donde estábamos, vestía con sandalias negras, altas que dejaban ver sus uñas arregladas, y también el polvo del camino que tuvo que hacer desde su carro hasta donde estábamos.

    Traía puesto un short corto, como de piel, negó con un cinturón con abotonadura de mental a todo lo largo. Una blusa tipo corset blanca, de encaje salvo la zona del busto que era de seda, llevaba el pelo negro liso agarrado en una cola de caballo.

    -Así te quería agarrar zorra, cogiendo con mi hombre, en posición. Dijo.

    En ese momento Lily dio un giro sobre sus pies, se puso de rodillas con las manos detrás y bajo su cara. –Mis pies, están sucios, límpialos, dijo sin voltear a verlo, tenía su vista en mis ojos, sonreía maliciosamente. – Mi amor, que gusto verte, tenía miedo de que se hubieran quedado en un lugar desprotegidos, veo que esta zorrita te ha seducido con su lujuria. Es una puta deseosa de verga, podría seducir al Papa si tuviera la oportunidad. Pero hoy no va a ser. Dijo contúndete.

    Con la planta de su zapatilla aparto a Lily de sus pies, se acercó a mi besándome, – ¿Quieres un culo para coger?, toma el mio, se giró frente a mí al tiempo que desbrochaba su short y lo bajaba junto con su tanga. – una silla! Ordeno, y sin dudarlo Lily acerco una a Cereza, permitiendo que se pudiera apoyar. – Ahora cómele el culo hasta que se venga, después me lo voy a coger yo.

    El resto del fin de semana, y las otras historias se contarán poco a poco.

  • Sábado, el destino final de una relación o tal vez de dos

    Sábado, el destino final de una relación o tal vez de dos

    En la mañana siguiente,  después de la noche vivida con mi sobrina en su rol de mi esposa, al despertar me percaté que ella ya no estaba en la habitación, por lo que procedí a levantarme y arreglar la cama, al salir la vi a ella en la cocina, se encontraba preparando el desayuno que me empezó a abrir el apetito, me acerqué y disfrute de la vista, ahí estaba Betsy con una blusa blanca de tirantes y un bóxer cachetero de color rojo, por lo que no me quise quedar atrás y dejándome solo mi bóxer, me acerqué por la espalda a Betsy y la abracé

    – ¡Buenos días, hermosa!
    – ¡Buenos días, mi amor!
    -¿Qué cocinas que huele tan delicioso?
    – Nada asombroso, solo unos huevitos con jamón
    – Mmm, se ven deliciosos, – lo decía mientras apretaba sus pezones- y los huevos también
    – Deja de andar de tentón, vas a hacer que me quemé
    – Está bien, pero me impacienta el no poderte comer
    – Tranquilo, ya podrás saborearte el postre. Por cierto, ya lavé la ropa que usé durante la noche, solo es cuestión de que se seque y poder guardarla.
    – Ok, me parece perfecto.

    Nos sentamos a comer el desayuno, platicando de varias cosas, principalmente de Betsy y sus estudios, pude enterarme de que le iba bien en cuanto a sus calificaciones, a pesar de las circunstancias provocadas por el COVID-19, y que ya le había agarrado el ritmo a las clases en línea.

    Terminamos de comer y ayudé a Betsy a lavar los trastes, acomodamos las cosas y nos sentamos en el mueble a ver un poco de T.V., después Betsy se recostó sobre mis piernas viéndome fijamente

    – ¿Te pasa algo Betsy?
    – No tío, no me pasa nada
    – ¿Entonces por qué te me quedas viendo así?
    – Por nada
    – ¿Cómo que por nada?, anda, dime, ¿qué te pasa?
    – Es que a veces me pongo a pensar si todo esto es real, siento que estoy viviendo como en un sueño del cual no quiero despertar, es algo tan bonito que he estado viviendo últimamente que no quisiera perderlo.
    – Pero esto es real, Betsy, ¿por qué piensas eso?
    – Porque tarde o temprano despertaré de este sueño y volveré a la realidad, aquella que era antes de iniciar toda esta aventura, y no quiero dejar de soñar, no quiero perder esto, pero sobre todo no quiero perderte a ti. Eres una persona con las que muchas mujeres quisieran compartir su vida, eres atento, amoroso, responsable, protector y bueno en el sexo, eres todo eso, pero no me pertenece solo a mi, eres de mi tía y es ella la que puede disponer de todo ello sin ataduras, sin arrepentimientos.

    Betsy había pensado en algo que yo ni siquiera me atrevía a pensar, cada vez que tenía el mismo sentimiento me convencía a mi mismo de pensar en otra cosa, pero era cierto, tarde o temprano esto acabaría y tal vez no terminaría con la misma intensidad para todos los involucrados.

    Todo lo dicho por Betsy provocó que comenzara ella a llorar, por lo que la atraje a mi y la abracé, quería que dejara de llorar pero no paraba, por más que la consolaba seguía llorando, así que solo dejé que se desahogara, tal vez era lo que necesitaba. Al paso de los minutos logró tranquilizarse, por lo que aproveché para hacer que se sentara en mis piernas y así de frente me sinceré

    -Betsy, sé que esto no es algo que a lo mejor hubieses pensado que pasaría entre nosotros, al fin de cuentas somos familia y todo lo que hemos hecho ha sido diferente a lo que se supone es normal, sin embargo quiero que sepas que yo estoy consciente de todo esto y que me atengo a las consecuencias que puedan suscitarse y asumo toda la responsabilidad. Yo tampoco quisiera que acabara, por eso podemos seguir con todo esto tal como lo hemos hecho hasta ahora, y así no dejar de tener este sueño que hemos forjado juntos.
    – Pero tío, al final del día no estarás conmigo, como por ejemplo hoy, regresaré a mi casa y tú no estarás ahí conmigo, y yo, yo te quiero a ti, solo para mí, ni siquiera compartirte con mi mamá o mi prima, pero no puedo hacerle daño a mi tía, ella no se lo merece y luego lo de mis padres, que si se separan o no se separan, ya no sé qué hacer.
    – Tranquila corazón, lo de nosotros puede seguir y sobre lo de tus padres de eso no tienes de qué preocuparte, ellos van a estar bien y te puedo asegurar que no se van a separar.

    Le di un fuerte abrazo y después un beso en la boca, sentí el sabor salado de sus lágrimas, sequé sus ojos con mis manos para seguir dándole de besos, bajando poco a poco por su cuello y su pecho. Le bajé los tirantes de su blusa para dejar libre sus tetas y así poder comenzar a comerle sus pezones, lo hacía de manera suave, quería que sintiera esa ternura para que se diera cuenta lo bien que lo podemos disfrutar.

    Mientras tanto, Betsy enredaba sus manos en mi cabello y pegaba sus tetas más a mi boca para que se las comiera. Mis manos recorrían su espalda, metía mis manos entre su bóxer para acariciar sus nalgas, las apretaba y recorría con mis dedos la división de su culo, pasando por su orificio anal, podía escuchar los gemidos suaves de Betsy, se notaba que le gustaba, así que fue el momento para pasar al siguiente nivel.

    Por un lado de mi bóxer saqué mi pene, haciéndole a un lado el bóxer de ella, para después acomodarla lentamente en mi verga y metérsela por completo, no me moví, seguí comiéndole sus tetas, quería que la sintiera bien adentro.

    – Mmm, tío, que rica verga la tuya, puedo sentirla bien adentro, mmm, me lo estás haciendo suavemente, me encanta que me lo hagas así.

    Betsy comenzó a moverse poco a poco, ella sola llevaba su ritmo, así que la dejé ser, podía sentir lo bien que estaba mojada, mi pene no tardó en cubrirse de blanco producto de sus jugos vaginales, mientras que Betsy seguía en lo suyo.

    Pasados los minutos le pedí que parara, quería cambiar de posición, así que la desnudé por completo, haciendo yo lo mismo, para después pedirle que se acomodara para hacer un 69, donde una vez acomodados Betsy comenzó a comerme mi verga, podía sentir su boca y lengua jugar con mi pene, por momentos se encargaba de engullir mis huevos, definitivamente sabía lo que hacía, así como yo también me encargaba de darle placer a su vagina, mordía sus labios, metía mi lengua lo más profundo que podía, succionaba su clítoris, le daba placer a más no poder.

    – Tío, se siente rico todo lo que me haces, pero ya se me cansó mi mandíbula, ¿podemos cambiar de posición?
    – Si mi amor, lo que tú pidas

    Betsy se bajó del mueble, yo me quedé sentado, por lo que puse de Betsy de espaldas y la acomodé en mi verga, ella comenzó a darse de sentones apoyándose de mis piernas, mientras que yo la tomé de la cintura para acompañar sus movimientos, seguían siendo movimientos suaves, sin ser tan salvajes, quería que fuese lo más suave posible, y así lo fue, poco a poco la excitación de Betsy fue subiendo a tal grado de que, inesperadamente, comenzó a venirse, pude sentir cómo su venida escurría por todo mi pene, bajando por mis huevos y empezando a gotear, mientras que Betsy se aferraba a mis piernas apretándolas.

    – Ay, tío, me vine bien rico
    – Si corazón, lo pude sentir, me bañaste bien rico mi verga, pero esto debe continuar, agárrate de mi cabeza

    Betsy, sin saber lo que pasaría, obedeció a la indicación, mientras que yo preparaba mi movimiento. En esa misma posición, la tomé por debajo de sus piernas y me puse de pie, cargándola, sin sacar mi verga y así comenzar a subirla y bajarla sobre mi verga.

    – Tío, qué difícil postura, me da pena que me tengas así, toda abierta de piernas, puedo ver mi puchita bien mojada y abierta
    – ¿Te encanta?
    – Si, por supuesto que sí, solo tú sabes cómo hacerme gozar con cosas nuevas
    – Pues qué bueno mi amor, porque es justo lo que quiero que sientas

    Seguí metiéndosela, pero mis brazos se estaban cansando, así que decidí bajarla, y así parados los dos seguí cogiéndola con todas mis fuerzas, ya había dejado atrás los movimientos suaves, ya era momento de ser un poco más salvaje, por lo que metía y sacaba mi verga lo más duro posible, hasta escuchar el rebotar mi pelvis con sus nalgas. Después la coloqué en cuatro sobre el mueble y continúe con la faena, estaba sintiendo que pronto me vendría así que cambiaría a una última posición, por lo que me senté en el mueble y le pedí a Betsy se sentara de frente a mí sobre mi verga.

    – Cariño, estoy a punto de venirme, quiero que me cabalgues con todas tus fuerzas
    – Si tío, te cogeré lo más duro que pueda

    Betsy comenzó a cabalgarme, era tan intensa que repentinamente comenzó a venirse a chorros, por lo que la levanté para que dejara salir todos sus jugos e inmediatamente le volví a meter mi verga

    – Tío, ya no, ya no puedo con tanta verga, me tienes bien ensartada, así, así, ay tío, me vengo otra vez – Betsy comenzó nuevamente a venirse, dejándome totalmente empapado
    – Qué rico Betsy, mmm, pero aún falto yo

    Betsy parecía una muñeca en mis manos, estaba totalmente a mi merced debido a sus intensos orgasmos, pero yo seguía en lo mío, quería venirme igual de sabroso que ella y así lo conseguí, comencé a verterle mi semen en su interior hasta derramar mi última gota.

    – Pero Betsy, ¿qué ha sido todo esto?, mira cómo me dejaste
    – Uff, tío… no sabes lo rico que fue… no me quedaron fuerzas…

    Si a Betsy no le habían quedado fuerzas, mucho menos a mí, me sentía cansado, por lo que me recosté en el mueble dejando a Betsy encima de mí y sin sacarle la verga, ambos nos quedamos dormidos por casi una hora. Al despertar mi pene estaba totalmente flácido, cubierto de semen que había salido de la vagina de Betsy, mientras que ella aún yacía en mi pecho, así que me dediqué a darle besos en su frente, mientras que con mis manos recorría lentamente su espalda y nalgas, hasta que Betsy poco a poco fue saliendo de su trance.

    – Tío, creo que hemos dejado un desastre en este mueble
    – Sí lo creo, pero no te preocupes, me encargaré de limpiarlo después. Por cierto, me dejaste bien seco
    – ¿En serio tío?, me da gusto escuchar eso
    – Anda, vayamos a ducharnos para después salir a comer

    Nos dirigimos al baño, donde solo jugueteamos para después cambiarnos e irnos a comer a un restaurante. Betsy se había colocado una blusa escotada que permitía ver el nacimiento de sus tetas, sin brasier ya que se le marcaban los pezones, así como una minifalda negra ajustada, combinándola con su tenis blanco. Se veía estupenda, que ganas me daban de comérmela ahí mismo.

    – Tranquilo tío, ya me disfrutaste hace un rato, ¿es que acaso no tienes hambre?
    – Pues sí, pero también me dio hambre de tu cuerpo
    – ¿En serio quieres comerme?
    – En serio
    – Entonces tío, necesito que me prometas algo
    – ¿Algo como qué?
    – Que esa verga tuya será solo para satisfacer a mi tía y a mi, a nadie más, ni siquiera a mi mamá
    – ¿Estás bromeando verdad?
    – No, lo digo muy en serio. A partir de hoy quiero que me prometas que solo serás de mi tía y mío
    – Pero Betsy, esto no lo puedo decidir así de rápido
    – ¿Sí o no, tío?
    – Sí, está bien, te lo prometo
    – Ok. Solo una última cosa
    – ¿Cuál?
    – Quiero que hoy, cuando regresemos a mi casa, le digas a mi madre que ya no podrás cogértela, tú sabrás que excusa le inventas, pero quiero que seas firme con tu decisión, de lo contrario olvídate de que podrás seguirme cogiendo.
    – Dalo por hecho

    Betsy había escalado un nivel más en su personalidad, tal vez ya lo venía planeando, tal vez no, pero si algo puedo asegurar es de que Betsy hablaba en serio. No me quedaba de otra más que acceder a su petición, ella era con la que mejor había cogido, se llevaba el primer lugar y eso era algo que pesaba mucho para mí, así que tendría que idear algo para cortar de tajo la relación con Mary pero sin llegar a lastimarla, lo menos que quería es separarla por completo de mi vida.

    Eran casi las tres de la tarde, salimos a comer al restaurante, estuvimos charlando plácidamente, al final pagué la cuenta, dimos un paseo por la plaza comercial, le compré ropa a Betsy, nos sentamos a comer helado, hasta jugamos en las máquinas de peluche sin que tuviéramos suerte. La tarde caía, eran casi las siete por lo que se acercaba el momento de regresar a casa de mi cuñada. Durante el trayecto podía ver el semblante en Betsy, se veía contenta, feliz, sin ninguna preocupación, con una confianza en lo nuestro que bien lo emanaba con su forma de ser, no habíamos tenido un día como ese. Por una parte era algo que también a mi me agradaba, ya que después de toda esta aventura con Mary, Betsy e Itzel, sería conveniente tener a solo una de ellas y qué mejor que a Betsy, ya que con Itzel era más difícil poder tener un encuentro, no así con Mary quien estaba casi a la misma disposición que Betsy, pero ahora con su problema marital sería una buena excusa con tal de cumplir con la petición de mi sobrina.

    Llegamos a su casa, cerca de las ocho y treinta, le pedí a Betsy que ella entrara primero en lo que yo me encargaba de llevar su maleta y rosas que le había regalado, porque obviamente no las podía dejar en mi casa. Al entrar bastó solo con abrir la puerta para ver a Mary ahí para esperándome con una gran sonrisa, por lo que procedí a saludarla de beso para después dejar sobre el piso la maleta de su hija. Betsy no estaba a la vista, al parecer se encontraba en la cocina sirviendo un poco de agua en un florero, apareciendo después con el recipiente, pero justo cuando se acercaba para tomar sus flores, su madre comenzó a desabrochar mi cinturón y pantalón, quedándose Betsy ahí parada sin saber qué hacer.

    – Mary, espera, Betsy está también aquí
    – Y eso qué, no creo que le importe
    – Pero Mary, espera un momento
    – Bueno, si te preocupa la presencia de Betsy no tengas cuidado. Betsy, por favor ve a tu cuarto, que tu tío y yo vamos a coger de lo lindo, y si es posible ponte tus audífonos para que no escuches cómo me coge o a menos que quieras tocarte mientras oyes como gimo de placer – todo esto lo decía Mary mientras se levantaba su vestido floreado con tirantes y despojándose de su pantie –
    – Pero mamá… – Mary no dejó de terminar que Betsy hablara –
    – Ya te dije que te vayas a tu cuarto, tú ya lo tuviste toda una noche y parte del día, si no lo disfrutaste no es mi problema
    – Mary, no seas así con tu hija – mientras que yo ya tenía mi pantalón por el suelo, con mi bóxer a la altura de las rodillas y con mi verga en proceso de erección- primero mejor hablemos de algo que quiero decirte
    – Deja la plática para después, ahorita lo que quiero es comerme esta verga

    Mi pene ya estaba erecto y Mary se encargaba de masturbarlo, mientras que yo volteé a ver a Betsy, quien tenía los ojos llorosos a punto de arrojar sus lágrimas, solo logrando decirme a mí – Lo prometiste– para después irse apuradamente a su habitación

    – Betsy, espera
    – Déjala Sam, solo está haciendo berrinche, es algo que a pesar de que ya está grande no puede dejar de hacer – eso decía Mary ya con mi verga en la boca –

    Por un momento me preocupé por los sentimientos de mi sobrina, el ver esos ojos llorosos me recordó lo ocurrido en la mañana al estar ella recostada sobre mis piernas, ver esa mirada de tristeza por segunda vez me estaba provocando querer ir tras ella, derribar la puerta de su habitación y abrazarla fuertemente, sin embargo ese pensamiento solo duró muy poco, mi cuerpo comenzaba a disfrutar la lengua de Mary, quien con destreza engullía mi verga.
    Mary estaba arrodillada con mi verga en su boca, cuando de pronto de la habitación salió Betsy con un vestido de tirantes color morado tornasol, ignorándonos por completo, dejando la casa sola para nosotros dos, sin que Mary pareciera importarle.

    – Mmm, Sam, no sabes cuánto extrañé tu verga, me encanta sentirla en mi boca

    Mary terminó de quitarme mi pantalón y bóxer así como mi playera, para después hacerme sentar en el mueble. Ella se subió a mis piernas comenzando a desabotonar su vestido por la parte de enfrente, liberando sus tetas y así ensartarse, hasta el tope, mi verga.

    – Mmm, así, así, dame verga, ay, qué rico – Mary cabalgaba a más no poder, era notoria su urgencia de tener mi verga, sus jugos vaginales bañaban por completo mi pene, tanto que se escuchaba el chapoteo. Cambió de posición, se bajó de mis piernas, dándome la espalda para abrir mis piernas lo más posible y sentarse nuevamente en mi verga. Desesperada realizaba los mismos movimientos, apoyándose de la mesa de centro, mientras que yo no podía soportar tanto placer, me estaba volviendo loco, no tenía cabeza siquiera para pensar en Betsy.

    – Mmm, Mary, que rico te mueves, estoy a punto de venirme
    – Si amor… en serio, ¿ya mero?, entonces dame más fuerte

    Sin pensarlo dos veces, la tomé de la cintura y con movimientos fuertes hacía que se sentara sobre mi verga y le llegara lo más profundo posible, pero no duré así por mucho tiempo, ya que comencé a venirme para lo último ella desparramarse sobre mi pecho, sin sacarse mi verga.

    Mi erección comenzó a ceder y el semen hizo su presencia, poco a poco fue escurriendo hasta salir por completo de la vagina de Mary, quien no quiso desperdiciarlo, así que comenzó a degustarlo sin dejar rastro alguno, donde una vez logrado su objetivo se sentó en la mesa del centro, con sus piernas abiertas y dejando sus brazos apoyados en la mesa, dejando ver su vagina bien abierta, brillosa, totalmente depilada. Nos quedamos viendo fijamente, sin decir una sola palabra, podía ver a una Mary muy distinta a la que conocía, aquella que era mi cuñada pero ahora era también mi amante, se notaba lujuriosa, satisfecha en el sexo, con una nueva personalidad que tenía muy escondida y que yo fui parte de ese cambio. El silencio no duró mucho, tuve que terminar con ello, así que fui el primero en decir algo

    – ¿Qué te pasa?, ¿por qué me ves así?
    –  Solo estoy disfrutando tu cuerpo, quiero dejar bien guardado en mis recuerdos así como estás ahorita
    – ¿Por qué lo dices así?
    – ¿Así cómo?
    – Si, como si fuera algo que vas a ver por última vez

    Mary solo sonrió, para después pedir que fuéramos al baño para darnos una ducha, dejando en el aire la conversación, no sé para ella, pero así había sonado para mí, una especie de despedida que no se atrevía ella a decirlo.

    Salimos del baño y ella se dirigió a su habitación, me pidió que la esperara en el comedor, mientras ella se vestía acorde a la ocasión, y ahí la esperé. El reloj marcaba ya las once de la noche y Betsy no hacía acto de presencia, consulté su última conexión en Whatsapp y marcaba a las 21:00  horas, la verdad ya me estaba preocupando así que le envié mensajes pero solo marcaban como enviado y peor aún sin obtener respuesta, así que me atreví a llamarle pero resultó lo mismo, no había forma de poder saber sobre ella, estaba pensando en la forma de poder contactarla cuando detrás de mí apareció Mary, quien con sus manos me tapó los ojos.

    – Te tengo una sorpresa, pero necesito que mantengas cerrados los ojos, ¿vale?
    – Ok
    Mary quitó sus manos para después hacerme girar sobre la silla y a la cuenta de tres abrí los ojos. Tenía frente a mi a una Mary con un vestido que le llegaba a media pierna, de color rojo vino de tirantes con la parte del pecho en forma de V un tanto arremangado, unas zapatillas de color rojo, pero al darse la vuelta no podía ser más sexy, su espalda era adornada por los tirantes del vestido en forma cruzada, y el escote llegaba en V hasta lo más bajo de su cintura, marcándole perfectamente ese trasero. Definitivamente iba a extrañar mucho el cuerpo de Mary.

    – Wuau!, pero que hermosa te ves con ese vestido. Si saliéramos a dar una vuelta serías la envidia de todos.
    – Gracias corazón, anda, bebamos algo, que la ocasión así lo amerita.

    Mary sacó de su refrigerador un par de cervezas y así comenzamos a hablar de varias cosas. Mientras charlábamos, podía ver cómo Mary tan pronto se terminaba una cerveza seguía inmediatamente con la otra, donde yo apenas llevaba 1, ella ya llevaba tres, pareciera que ella estuviera tomando valor al fervor de la cerveza.

    – Samuel, tengo algo serio que decirte. Es algo que me ha estado dando vueltas en estos días y que hoy por más que quiero hacer eterna la noche y no decírtelo, no puedo.
    – Pero Mary, qué sucede, anda, dime.
    – Mi vida ha dado un cambio drástico este año, me he liberado de ciertas ataduras que por estar casada había dejado guardadas, sin embargo, tu llegada hizo que me sintiera con la libertad de poder hacerlas sin temor a ser juzgada, tanto así que ahora puedo ser yo misma. Tú me abriste ese camino y afortunadamente has sido un buen acompañante, en quien he encontrado ese respaldo para no sentirme sola. Me enseñaste que aún puedo sentirme amada como mujer y que puedo experimentar y disfrutar de cosas nuevas.

    Pero lamentablemente creo que he tocado fondo. Nuestra relación no es la correcta, por un lado ambos estamos casados, compartimos lazos familiares a través de mi hermana y eso implica el tenernos el respeto debido, no por nuestro estado civil, sino precisamente por Adriana. Por momentos se me olvida que mi hermana es tu esposa, pero cuando soy consciente de ello, me remuerde la conciencia el simple hecho de haberle fallado a ella y a Sergio. Y precisamente hablando de Sergio, también a él le fallé, ya que él me dijo que lo que pasó en ese motel era apenas la segunda ocasión y que todo era reciente, entonces eso quiere decir que yo fui quien falló primero pero eso él no lo sabe y es otro cargo de consciencia que tengo, el hecho de que él piense que fue el primero quien falló y que yo sepa que no es así, es algo que no me deja dormir y por todo eso y más quiero decirte que lo nuestro no puede seguir más, me duele en el alma aceptarlo, pero ahora tengo que concentrarme en mi matrimonio, me duele profundamente el tener que dejarte ir, no solo porque ya no podríamos disfrutar de nuestra relación sexual, sino también por qué ahora te conozco mejor y me entristece saber que a mi vida llegaste tarde, me hubiera gustado haber estado disponible para ti cuando aún estabas soltero, que fuera yo a quien hubieras enamorado y que fuera yo con quien tú compartieras tu vida y tu cama, pero la realidad es otra.

    Mary estaba a punto de soltar sus lágrimas, todo lo que me había dicho lo decía con pausas prolongadas, aguantando el llanto bebiendo su cerveza, acumulando ya cinco latas vacías y con ello las consecuencias de beber desmedida y apresuradamente. Yo comprendía su situación, la cual no se comparaba con la mía, pero aún así era entendible lo que sentía. Por otra parte, era justo lo que yo necesitaba para cumplir con lo prometido a Betsy, pero ahora la situación con mi sobrina también había dado un giro inesperado, estaba a punto de perder a ambas y quedarme con las manos vacías.

    Me acerqué a Mary, hice que se pusiera de pie y la abracé, ella en automático comenzó a llorar, provocándome un nudo en la garganta, pero tenía que hacerme el fuerte por Mary.

    – No debes preocuparte Mary, te entiendo y respeto tu decisión. A mi también me duele, no sabes cuánto, pero es entendible lo que dices y aunque yo no quiera, estaré de acuerdo contigo. Recuerda que siempre puedes contar con mi apoyo para cualquier cosa que necesites, como familia, como amigo y cómo alguien que alguna vez fue tu amante.

    Mary me miró fijamente, comenzando a quitar los rastros de sus lágrimas, provocando que su maquillaje se corriera.

    – Te amo – dijo Mary – y no es necesario que tú también lo digas, pero quiero que sepas que para mi no fue solo una aventura, sino que también se compenetró muy dentro de mi y que serás una persona muy especial. ¿Puedo decirte una última petición?
    – Si, por supuesto, dime.
    – ¿Podemos tener una última noche juntos?
    – Si Mary, lo que tú pidas yo lo haré.
    – Que bueno. Entonces dame un momento en lo que voy a darme un retoque con maquillaje, no tardo- Mary se encaminó a su habitación, pero justo antes de llegar a la puerta se tambaleó, alcanzando a recargarse del marco, evitando su caída – Uff, parece que los efectos del alcohol está subiendo de intensidad.

    Pasado unos minutos se apareció de nuevo Mary, ya con el maquillaje en su lugar se acercó al refrigerador y sacó una última cerveza, para después tomarme de la mano e irnos juntos a su cuarto. Ya ahí Mary abrió la lata de cerveza, le dio un trago prolongado para después comenzar a besarme, podía sentir el sabor amargo característico de la cerveza y eso hacía más cachonda la situación.

    Le quité el vestido por completo y ella se recostó en la cama bocabajo, llevaba puesta una tanga de hilo dental color rojo con formas de corazones al centro, aproveché ese instante para desnudarme y acercarme a ella, para con mi boca comenzar a recorrer sus piernas, su espalda, su cuello y después hacer a un lado su tanguita, abriendo sus nalgas para adentrarme con mi boca en su vagina, lamía y metía mi lengua lo más profundo que podía, provocando los primeros gemidos de placer en Mary, podía sentir escurrir sus jugos en mi lengua, así que ya era momento de meter mi verga, y en esa misma posición me acomodé y se la fui metiendo poco a poco hasta tenerla toda dentro.

    Comencé a moverme y a empezar a jugar con el orificio anal de Mary, en esa posición y con esa lencería me ponía más cachondo y también a ella. Podía ver cómo su ano se dilataba al meter mi dedo pulgar, me tentaba a que le metiera mi verga, así que sin más le saqué la verga de su vagina para después comenzar a metérsela en el ano, poco a poco se fue abriendo camino hasta tenerla toda adentro, me tomé unos segundos para que Mary se acostumbrara, para después iniciar mis movimientos combinándolos con palmadas en sus nalgas, hasta comenzar a ponerse coloradas, no importaba el dolor que sintiera Mary, así que la coloqué en cuatro y seguí con mis embestidas, Mary solo gemía y daba pequeños gritos de dolor, pero ni eso me pararía, podía sentir cómo me apretaba la verga deliciosamente, así que cambié de posición, ahora estábamos recostados, de lado, Mary con la pierna en alto y yo por detrás de ella, de momentos aprovechaba para acariciar su clítoris y sus labios vaginales, llenando mi mano completamente de jugos, Mary estaba al punto de venirse al igual que yo, así que le saqué mi verga para después pedirle que se recostara en la cama, frente a mi, y en esa posición le pedí que se volviera a meter mi verga en su culo, ella se la acomodó y solita se la fue ensartando, para después comenzar a moverse con frenesí, mientras que yo la masturbaba, hasta que por fin Mary se vino bien rico, tanto que me baño todo con su venida, mientras que yo le llenaba su ano con todo mi semen.

    Mary se sacó mi verga de su culito para después metérsela en su vagina, aprovechando aún mi erección, comenzando a moverse e increíblemente hizo que me viniera una vez más, vertiéndole un poco de semen en su vagina, dándose por satisfecha hasta ese momento.

    – Uff, Sam, no sabes lo rico que fue todo esto. Me dejaste bien llena de leche.
    – Eres increíble Mary, me dejaste bien seco otra vez
    – Ni que lo digas Sam, mira cuánta leche hay en la cama, pero ya me ocuparé de ello mañana.

    Mary se levantó de la cama, tambaleándose por un segundo para después recobrar el equilibrio, dándole un trago a su cerveza, la cual no le agradó ya que ya no estaba fría
    – Que asco, sabe feo ya – dijo ella- mejor voy otra más fría
    – Mary, ¿no crees que ya debas pararle a la tomadera?
    – Por qué, si apenas llevo – Mary se quedó pensando en el número que iba a decir – cuatro, no, no, cuatro no, son cinco ¿o seis?, no sé, pero no es necesario que lleves la cuenta Samuel, es más, para que veas te voy a traer una también a ti
    – No te preocupes Mary, estoy bien así
    – Ok, tú te lo pierdes

    Mary salió de la habitación, fue al refrigerador, sacó una cerveza más y comenzó a beberla hasta la última gota, mientras que yo solo la veía, sabía bien que tanto alcohol sucumbiría en el cuerpo de Mary.

    – Ya deja de verme así Samuel, ni que fueras mi marido para verme así
    – Mary, estás tomando mucho sin siquiera disfrutarlo, mira, te acabas de beber una cerveza en menos de cinco minutos
    – Y qué, soy yo no tú. ¿Quién está enculada?, yo, ¿quién ha estado engañando a su marido?, yo, ¿quién fue la primera en decir “te amo”? pues yo, solamente yo.
    – Mary, ya deja de decir tonterías
    – Ya Samuel, caes mal de veras, anda, mejor vamos al baño a limpiarnos – esto lo decía mientras sacaba una cerveza más del refrigerador y llevándose al baño mientras le daba tragos

    Mary se sentó en la taza del baño, mientras que yo me metí a la ducha perdiéndome en mis pensamientos hasta que caí en cuenta que no se escuchaba ningún otro ruido que no fuera el agua cayendo de la regadera, así que me asomé a ver a Mary para darme cuenta que se había quedado dormida, ahí sentada, por lo que rápido me enjuagué y sequé y me dirigí a Mary, le hablé pero no despertaba, así que la moví hasta que comenzó a balbucear, pero ella, tal cual animalito que llega a su nariz el olor a comida, comenzó a buscar mi verga con sus manos y una vez localizada, comenzó a metérsela en la boca, intenté desprenderla de mi verga pero ella se aferraba con sus manos en mis nalgas, y a pesar de la situación comencé a tener una erección y así fue como me doblegó, me entregué al placer provocado por su boca y lengua hasta que logró que eyaculara, bebiéndose todo.

    La levanté y la llevé a la regadera, la ayudé a bañarse, saliendo ambos rumbo a su habitación pero ella se desvió del camino para ir al refrigerador, si, por una cerveza más a la cual le dio dos tragos para después irse a su habitación, el reloj ya marcaba las doce y treinta. Ya ahí, se recostó y yo a su lado, se acomodó en mi pecho, no tardó mucho en dirigir su mano a mi pene, para comenzar a alborotarlo, subía y bajaba su mano y con su dedos jugaba con la cabeza y punta de mi pene, provocando saliera el líquido preseminal, para después subirse en mi verga y recostarse en mi pecho, comenzando el vaivén.

    – Sam, cariño mío, te amo mucho, muchísimo, gracias por todo

    Mary dejó de moverse, así que yo me encargué de los movimientos, sin embargo, pasados unos minutos, me percaté que ella simplemente estaba inerte, así que me detuve, le hablé y no contestó, hasta que le puse atención y me di cuenta que se había quedado dormida, algo que jamás me había pasado, pero en su estado de embriaguez era algo obvio, así que la levanté, le saqué mi verga y acosté en la cama, quedándome descansando un momento hasta que escuché un fuerte rechinido de llantas, por lo que me levanté y me asomé por la ventana, la casa estaba en completa oscuridad salvo la habitación de Mary. Al asomarme, me di cuenta que se trataba de Betsy, quien tambaleándose bajó de un vehículo, llevando en una de sus manos sus zapatillas, acercándose a ella un sujeto a quien Betsy abrazó y besó, mientras que el sujeto la agarraba del culo, apretándolo y dándole una nalgada, para después subirse de nuevo al auto e irse del lugar.

    Betsy como pudo pasó el portón principal, pero al llegar a la puerta de la casa y debido a la oscuridad, estaba batallando para poder abrir con su llave, así que le ahorré el esfuerzo y abrí, encendiendo el foco de la sala, mostrando ante mí el desastre en el cual venía. Llevaba su vestido tornasol con los tirantes fuera de sus hombros, enrollada la parte de abajo dejando ver su conchita depilada, mientras que en su mano no solo llevaba sus zapatillas sino también una tanga azul.

    – Upss… perdón – dijo Betsy haciendo notar su estado de ebriedad – creo que hice mucho ruido, ¿te desperté?, a no, no, no, creo que estabas cogiendo con mi mamá – dijo eso porque yo andaba desnudo y semi erecto – pareces exhibicionista.
    – ¿Exhibicionista yo?, que no te das cuenta de en qué condiciones llegas a tu casa
    – Y qué, ¿cuál es tu problema?, ni que fueras mi papá para estarme cuestionando
    – Pues te cuestiono porque me importas
    – Ahora resulta que te importo – comenzó a caminar rumbo a su habitación agarrándose de la pared, percatándome que de su entrepierna escurría algo blanco, inclusive dejando una que otra mancha en el piso.
    – ¡Betsy! – la detuve del brazo – que carajos es eso – señalándole su entrepierna –
    – ¿Qué? – buscando la evidencia – ah, ¿esto?, pues es semen, qué más va a ser
    – ¿Semen?, y lo dices así nomás, como si no fuera la gran cosa
    – Pues qué tiene, ¿qué quieres que te diga?, tú mismo lo estás viendo
    – ¿A caso es del idiota ese con el que llegaste?
    – Pues – Betsy se quedó pensando en la respuesta – creo que sí, no sé, solo quiero ir a dormir
    – Tú no vas a ningún lado hasta que me contestes, ¿o acaso hubo más de uno que estuvo contigo?
    – Ay, ya Samuel, si quieres martirizarte con esto, pues si, fueron dos… no,  a ver, deja y hago cuentas, mmm, tres, cuatro, seis, siete, no, fueron seis, hubo uno que no me agradó y mejor escogí a su amigo
    – Pero qué dices, seis Betsy, seis te cogieron y te dejaron así
    – No, no, no, los cinco me cogieron de lo lindo pero me bebí sus lechitas, deliciosas por cierto, de este último no lo tenía contemplado, pero pues me dio raid y durante el trayecto comenzó a manosearme y como forma de agradecerle el raid pues le di chance a que me cogiera antes de llegar aquí, aprovechando la oscuridad y la poca gente alrededor, pero el muy bruto no duró ni dos minutos de mis sentones y se vino dentro. Y así, eso fue lo que ocurrió, ¿contento?, además qué te preocupa, tú y yo no somos nada.
    – ¡Eres una idiota! – mi frustración hizo que le contestara así, mientras que ella solo se quedó en silencio, mirándome fijamente para que después de sus ojos comenzaran a caer lágrimas, dándose la vuelta y entrando a su habitación.

    La sinceridad con la que me hablo Betsy fue aterradora, sentí un dolor profundo, inexplicable para mi edad, sentí rabia, impotencia, frustración, una combinación de todo. En una sola noche había perdido a Mary y Betsy, pero lo que más me dolía era cómo se dieron las cosas con mi sobrina. Estaba a punto de entrar a la habitación de Betsy, cuando escuché un fuerte sonido en el cuarto de Mary, por lo que fui a ver qué había sucedido. Se trataba de Mary, quien intentaba sujetarse de la cama para poder ponerse de pie, sin éxito alguno, así que me acerqué y le ayudé a pararse.

    – Me siento mal – dijo Mary – todo me da vueltas, creo que tengo ganas de vomitar

    Sin más, me llevé a Mary atrás de su casa, había un pequeño patio en el que ella vacío su estómago, donde una vez terminado le di agua para que se enjuagara la boca, después la cargué en brazos y la llevé a su habitación, recostándola en la cama, la cubrí con una sábana y la dejé descansar. Me vestí y le di un último vistazo a Mary, quien plácidamente yacía dormida, solo me acerqué y le di un beso en la frente para salir de la habitación. Estuve a punto de irme sin despedirme de Betsy, pero me arrepentí y mejor fui a su habitación, ahí estaba ella, acostada boca abajo en la cama, con las piernas abiertas, escurriendo de su vagina el semen del último idiota que estuvo con ella. Me acerqué a ella y para sorpresa mía Betsy se volteó y me vio, para solo decir:

    – Tío, hermoso – mientras que con una mano acariciaba mi rostro – eres lo mejor que me ha pasado, te amo mucho, pero ahora mismo también te odio.

    Esas fueron las últimas palabras de Betsy, quien después de decirlo solamente se quedó dormida, mientras que yo no pude hacer más que tragarme mi dolor e irme de esa casa en la cual ya nada tenía que hacer. Mi historia con ellas se había cerrado, no sé si para siempre, pero no quería darme falsas esperanzas.

  • Sobre ruedas (capítulo once)

    Sobre ruedas (capítulo once)

    Estaba claro que no quería tener nada más por el momento ni mucho menos meterme en alguna relación o compromiso, la última me había dejado algo vacío o decepcionado de todo. Por supuesto que Nelson trató de comunicarse conmigo, llamando por teléfono o mandando recados con los amigos o conocidos. Yo simplemente no respondía a ninguno de sus recados y si me ponía al teléfono al escuchar su voz, decía con voz monótona que se había equivocado de número. Mi reencuentro con Tito, el camionero, fue casual porque muy a pesar de tener su dirección, era de la opinión que no debía tener ningún tipo de relación con nadie de aquel ambiente de mi ex pareja. Estaba yo en La Lisa esperando la guagua como siempre que no pasaba, cuando alguien se me acercó, era Tito que me había visto cuando pasaba con su camión y que lo aparcó en una calle cerca y había venido a saludarme.

    -¡Coño, qué casualidad! Menos mal que te vi.

    Nos dimos las manos como si de dos amigos se tratara. Me explicó que me vio de casualidad y me invitó a ir con él hasta el camión porque allí no podía dejarlo por mucho tiempo. Me dijo que llevaba una carga a Pinar del Río que si quería ir con él para acompañarlo, para que los “amarillos” no le metieran a nadie en la cabina y para hablar de nosotros. Al principio no supe que decirle, él me calmó que ya sabía lo de mi ex y yo, reafirmó que era lo mejor que podía haber pasado.

    -¿Sabes? No eres el primero ni el último a quien Nelson le jode la vida y engaña…, no eres el primero que me singo cuando llevo a Nelson a su tierra. Aunque sé que no deba decirlo, él me paga el viaje dejándome a su gente, pero tú eres diferente…, se te ve por encima que no eres la mierda que le rodea.

    -¡Mira, Tito! Dejemos de hablar de ese, ya bastante me hizo…

    -¡Okey, mi nene, no se habla más de él!

    Subimos al camión porque de todas maneras Tito no me había hecho nada malo y me caía bien, amén de que con él el sexo era diferente. Como el camión iba cargado y en la cabina sólo había espacio para dos, los “amarillos” no pudieron meter a nadie en la cabina aunque cuando fuimos a Las Villas íbamos dos, pero la cabina era para dos. La tarde caía cuando tomamos la autopista rumbo a Pinar del Río, por suerte en la radio ponían buena música y nosotros conversábamos de mil cosas a la vez sin hacer caso al deseo que a ambos nos minaba por dentro. Yo le conté lo que había pasado en Las Villas con Nelson, el primo y que el amigo me había ayudado a huir porque realmente fue una huida. Tito dio dos piñazos en el timón.

    -¡Cojones, maricón de mierda! Yo tenía que haberte llevado conmigo…

    Yo le dije que no se pusiera así, que todo había quedado atrás y que le agradecía la manera en que se había portado conmigo, los consejos y sobre todo que debía haberlos seguido para evitar aquel mal momento.

    -¡Mira, yo mantengo lo que te dije en cuanto a que seas mi gente! Ahora tú mismo decides lo que quieres hacer…, sé que no te esperas una propuesta así pero te lo digo de corazón. Te pido que seas mío, primero porque veo que eres un tipo leal y buena gente, segundo porque nosotros dos disfrutamos rico aquel día.

    No me esperaba una declaración así, en plena carretera con aquel tipo machote, aunque delgado, en él todo era virilidad. Lo miré y sonreí, me gustaba su bigote, sus ojos oscuros, su nariz, su manera abierta y clara de decir lo que pensaba, me gustaba su sexo. Alargué la mano hacía su entre pierna para agarrar su pinga.

    -Si tú lo deseas, lo será… – Suspiró con fuerza, apretó mi mano con la suya.

    Sabes que me gustas, que me volví loco desde aquel día en que singamos… No soy de enamorarme así como así, pero de verdad de los que he singado, tú me has llegado hondo. Te lo juro, después de ti no he singado con gusto… y lo mejor, sabía que nos encontraríamos porque supe que te habías alejado de Nelson. Él vino a mi casa a saber si tú estabas conmigo o no. Se lo dejé bien claro que si te encontraba, iba a hacer todo lo posible para que seas mi gente.

    Quería darle un beso, pero le tomé la mano y se la besé. Vi en su sonrisa que le había gustado mi gesto. Después sabría más de ese gesto que para mí era normal y que él lo había interpretado como sumisión total hacia él. En la primera oportunidad que tuvo aparcó el camión girando por un camino, ocultándolo de la carretera, ya casi oscurecía. Me atrajo hacia sí para darme un beso en la boca, un beso pasional, dulce y sabroso. Después yo mismo me encargué de desabrochar la portañuela y sacar su pinga larga que empezaba a ponerse dura.

    -¡Trágatela toda para que cuando se me pare la tengas toda adentro! -Así hice, metí en mi boca su pinga tratando de que al pararse fuera adaptándose dentro de mi garganta. – ¡No sabes las pajas que me he hecho pensando en este momento y lo ricos que mamas!

    Yo empecé a mover mi lengua masajeando su pinga, la sacaba y saboreaba su glande y volvía a tragar todo de nuevo. Le acariciaba los huevos, cuando sentía que mis labios tocaban el tronco de la pinga, apretaba un poco los dientes para darle una suave mordida. Estuve chupando su pinga hasta que se vino, empezó a gemir, a decir que se venía y yo intensifiqué mis caricias y mamadas. Se vino en mi garganta, y cuando saque su pinga que seguía dura y chorreando semen, la lamí como si se tratara de un helado. Nos besamos.

    -¡Nene, sé que no te gustaba tragarte la leche! Pero quiero que sepas que a cualquier macho eso le encanta. A mí me vuelve loco…, lo que has hecho es lo mejor.

    -¡Papo, lo sé, lo sé y me gusta hacerlo cuando a mi macho le gusta!

    Mi respuesta le gustó, nos besamos y me pidió que me desnudara y me acostara boca bajo en la cabina. Lo obedecí y quedé así esperando a que me poseyera. Antes me lamió mi ojete, mientras murmuraba “¡cojones, cómo me gusta!”, “le voy a dar mantenimiento todos los días” y muchas cosas más. Yo no pude más y le pedí que me penetrara.

    -¡Cojones, eso me vuelve loco, que me pidan pinga!

    No me hizo esperar y despacio después de lubricarme con saliva, me penetro. Se abrazó a mi besándome y acariciándome, tuvimos un sexo largo porque ya se había venido por lo que venirse una segunda vez, le llevó su tiempo. Todo el tiempo en la misma posición, él encima de mí entre mis piernas bombeando con su pinga larga y haciéndome jadear de placer. Cuando se vino, estuvo un rato dentro de mí y me pidió que no me masturbara, qué él se encargaría de que me viniera. Hizo algo que pocos hacen, empezó a mamarme mi pinga mientras que con sus dedos jugueteaba en mi culo recién singado. Me vine rápido en su boca, él se incorporó sin decirme nada para besarme, pensé que me devolvería mi semen pero no fue así porque se lo había tragado.

    Al rato continuamos nuestro camino ya de noche, hablábamos de nuestros planes, él quería que me fuera a vivir a su casa porque le hacía falta alguien que se ocupara de los quehaceres y de él. Que podría ponerme como ayudante e iría a todos los viajes con él haciéndole compañía en todo. Hablaba y hablaba, hacia planes en los que yo entraba. Eso me gustaba porque contaba conmigo.

    -¿Qué es lo que te gusta de mí? – me pregunto de sopetón, yo pensé un poco.

    -Me gustas completo…, me gusta que eres viril, macho, bien macho. Tú bigote me encanta y tus labios, tus ojos. Me gusta cómo eres, como hablas y como singas. No te lo voy a negar, me gusta tu pinga, tus cojones, el sabor de tu leche y tu saliva… – él sonreía.- Me gustó mucho cuando te vi fumar un puro, ¿te acuerdas?…

    -¡Sí, me acuerdo bien que mientras ese te cogía el culo, tú me mirabas! En ese momento decidí que fueras mío. – me besó.- ¿Te gustó verme fumar?

    -Mucho.

    -Entonces te daré ese gusto…, te dejaré mamar mientras yo fumo, ¿te gustará?

    Le dije que nunca había hecho eso pero que me atraía, aunque recuerdo a aquel negro de Güira que fumaba puros, pero bueno, era mejor decirle que no.

    -Pues, tú me gustas porque no tienes pluma, no eres afeminado sino más bien machote… eso me pone a mil, ver que me singo a un macho y no a una loca. Me gusta como mamas, eres un loco dando lengua y chupando, y tu culito, uf… ¿sabes? Lo que tienes por culo es mucho, estrecho, tragón, caliente, rico… y lo mejor es que te gusta que te den pinga, la gozas, la disfrutas a tope…

    Después de aquella confesión me dejó a que durmiera un rato, me desperté cuando se detuvo el camión en una cafetería. Bajamos a tomar café, a mear y a estirar un poco las piernas. Fue entonces cuando encendió un puro, mientras daba los chupetones para encender el fuego, me miraba, con esos ojos picantes. Comprendí su intención, le sonreí y él se sintió contento de que hubiera esa química entre los dos. Nos fuimos al camión que estaba apartado, además que no había casi nadie en el parqueo. Él se acomodó en su asiento con sus piernas bien abiertas y yo me encargué de sacar su pinga que antes de empezar a mamar, acaricié mientras lo miraba.

    -¡Vamos, nene, haz lo que sabes hacer!- me animó.

    Costaba trabajo en la cabina hacer una buena mamada. Él lo comprendió bien y me invitó a salir afuera, en la oscuridad, del otro lado de donde estaba la cafetería, se recostó al camión ofreciéndome su miembro largo y duro. Yo me arrodillé y empecé a tragarme todo aquel trozo de pinga. Él tomando mi cara me dijo:

    -¡Nene, quiero que me mires mientras me mamas!

    Fue algo emocionante, ver como a cada chupada que él daba al puro, se iluminaba su cara, me acariciaba la cabeza, me decía cosas agradables. Yo me sentía bien, sobre todo aquella situación me gustaba, me daba ánimos.

    -¡A ver, mi nene, súbete en la cabina y bájate los pantalones! Quiero comerte ese ojete rico y fumar…

    Así hice, me bajé los pantalones y me doblé sobre el asiento quedando fuera mis nalgas y piernas. Sentí como me acariciaba, sentí el humo que me echaba y su lengua que lamía mi culo.

    -¡Qué rico lo tienes, bien mojadito de mi leche!

    Volvía a comer mi culo, a besar mis nalgas, a echar bocanadas de humos en mi ojete. Era una locura aquello, yo me sentía en el quinto cielo y supongo que él también. Al rato me dijo que me iba a singar, que no podía más seguir así. Nos acomodamos en la cabina e hicimos el amor con mucha pasión, me hizo acostarme de un lado para que pudiera verlo con el puro en la boca mientras me daba caña. Parecía que nunca íbamos a terminar, para mí ya había pasado mucho tiempo, pero se vino y después me hizo venir a mí. Se quedó un rato abrazado a mí, me besó, dejándome ese olor a tabaco en los labios.

    -¿Te ha gustado? Nene.

    -¡Mucho, mucho!

    -Lo hemos tenido que hacer apurado, pero te prometo que cuando tengamos tiempo, la vas a pasar bien…me gusta singar hasta que se terminé el puro.

    -Eso puede ser mucho tiempo ¿no?

    -¡Sí, mi amor, sí…pero no te preocupes, que te va a gustar!

    No sé si alguien nos habrá visto o no, después nos fuimos del lugar. Habíamos hecho aquello casi a la vista de cualquiera que pudiera haber pasado por allí. Yo dormí como una piedra y eso que debía haberle hecho compañía, pero a Tito no le molestó. Me dijo que se sentía feliz de que su gente se durmiera cansada de un buen sexo. Era cierto, estaba medio muerto de aquellas dos ocasiones. Muy a pesar del poco tiempo que medio entre los dos sexos y lo agotador, me sentí bien, muy bien.

    Habíamos empezado muy bien nuestra relación, porque Tito era muy pasional y cariñoso. El sexo entre los dos funcionaba de lo mejor. Aquel viaje pues fue así, de locura total, de regreso igual tuvimos nuestras locuras apurándonos para llegar a su casa y como me decía él, poder casarnos de verdad, es decir tener un sexo en la cama, de ley y no apurados en el camión o un matorral. Por el camino además de dos botellas de ron, pues compró papas, gallinas, plátanos, para la casa. Llegando me dejó y fue a dejar el camión en el garaje porque como estaban los robos era probable que amaneciera sin ruedas o gasolina. Yo me quedé en la casa, una casa chula, pequeña pero cómoda. Me metí en la ducha mientras llegaba Tito que al rato ya estaba en la puerta del baño desnudándose para meterse bajo el agua.

    -¡Nene, déjame bañarte bien!

    Me dijo besando mi nuca mientras se agachaba y abría mis nalgas, me besó antes de comenzar a lamer mi culo. Era un experto en ellos, sabía cómo dar placer con sólo rozar su bigote por la piel. Estuvo bastante rato lamiendo, comiéndose mi ojete antes de incorporarse preguntándome si deseaba que me la metiera. Mi respuesta fue buscar a tientas su pinga dura y ponerla en mi culo dándole a entender que lo deseaba.

    -¡Así, me gusta, me gusta que seas un loco a la pinga!

    Hicimos el sexo con pasión bajo el agua de la ducha, después nos secamos y continuamos en la cama como si fuera la última vez que lo haríamos. Mucha pasión, mucho morbo. La cama crujía bajo nuestro peso y movimientos. Aquella pasión adquiría la dimensión de algo incontrolable, Tito dueño de la situación metía y sacaba su pinga, con la misma me abría las nalgas y lamía, besaba, mordía mi culo que volvía a penetrar despacio unas veces, otras brusca. Yo gemía de goce, me gustaba cómo lo hacía, cómo gozaba él de mí. Su cara me seguía gustando, aquel bigote pequeño, se mordía los labios inferiores de su boca en acto de placer, su mirada fija en la mía. Se vino mirándome fijamente, me besó después mientras me masturbaba para que yo me viniera. Cuando lo hice recogió mi semen con su mano y sacando su pinga de mi culo, empezó a meter mi leche.

    -¡Quiero que te quedes preñado de mí! Nuestras leches juntas en tu culo…

    Volvió a meter su pinga ya no tan dura y nos acomodamos abrazados en la cama. Así nos quedamos dormidos, yo ni me di cuenta cuando su pinga salió de mi culo. Eso significaba que había dormido satisfecho.

    Empezamos a vivir la vida de compromiso, yo en su casa cuando podía, después de mis clases iba a su casa a esperarlo, tenía la llave. Vivíamos una vida de sexo pleno, era incansable como yo, ambos nos deseábamos mutuamente. Generalmente lo acompañaba en sus viajes a las provincias si podía, viajes marcado por esas travesuras sexuales que hacíamos. Porque, aparte de todo, hacíamos muchas locuras en la carretera o en las paradas que hacía. En uno de esos viajes cuando íbamos a Las Villas me propuso que visitáramos a Polo, yo le había contado aquella historia. Polo no estaba en la casa, fuimos a la Casa de Cultura y allí lo encontramos, se quedó sorprendido. Me abrazó preguntándome cómo estaba, después le presenté a mí gente que miraba la escena con interés. Nos dijo que lo esperáramos para después ir a su casa.

    -¡Yo no sé qué hacer! Él quizá se cree que he venido por él… – comenté yo a Tito.

    -¡Mi amor, tú y yo somos pareja! Eso está claro, no es un problema, además él se comportó bien contigo y eso hay que tenerlo en cuenta.- yo me quedé algo confuso y él agregó.- Sé lo que estás pensando, mira, si se da un trío, pues no pasa nada y no va a cambiar nada en nuestra relación.

    Había quedado todo claro después de nuestra conversación, Tito como siempre se comportaba bien. Polo se nos unió y fuimos a su casa. Sacó cervezas y nos llevó al estudio para mostrarnos los cuadros que había hecho cuando yo posé, aunque posamos los dos en realidad. No eran dos cuadros, había un sinfín de dibujos en papel, bosquejos, y cuadros pues había cinco. Tito le pidió a Polo que nos pintara y éste aceptó, se sabía de antemano que diría que sí. Nos desnudamos y Tito se sentó desnudo después de encender un puro y me dijo que empezara a mamar. Polo acepto fumarse un puro igual y al rato me vi con los dos fumando mientras yo les chupaba la pinga a ambos por turno.

    – ¡Ya basta de mamar, pon ese culito rico que te vamos a dar pinga y leche! – me dijo Tito.

    Me vi allí singado por turno por los dos, uno daba al otro el sitio y así hasta que Tito empezó a decir que se venía, cuando lo hizo le dio paso a Polo que apretó en sus embestidas para venirse también. Cuando terminó y sacó su pinga, la leche empezó a salírseme y Polo con su pinga la recogía para meterla en mi culo dilatado.

    -¡Coño, quédate con toda esa leche dentro! – me dijo Tito.

    Yo lo obedecí, me levanté y me puse el calzoncillo, les sonreí sabiendo del orgullo de los dos. Todo macho sentía orgullo de que su gente se quedara con la leche dentro, lo sabía y al menos les di ese gusto, aunque al ser dos los que habían dejado su semen en mí, este empezaba a bajar y querer salir. Aquella noche dormí bien entre los dos, aunque parezca molesto dormir así, cuando uno te abraza, el otro te roza o cruza un pie por encima, dormimos bien más por el cansancio que otra cosa. Al amanecer, Tito se levantó temprano y me dijo:

    -Mira, vamos a hacer una cosa, yo tengo que ir a echar gasolina y llevar la carga a Trinidad, salgo ahora mismo y tú te quedas con Polo… – viendo la sorpresa que provocaba entre nosotros dos, Polo al igual que yo había quedado sorprendido, sonrió. – Mira, este negro es de ley, es buena persona y le gustas, no soy ciego, mejor te quedas con él y yo te recojo a la vuelta.

    -Pero…

    -Nada de peros que valgan, te quedas con él y ya… ¿verdad?

    -¡Mira, chico, si tu marido dice que te quedes, pues hazle caso! – intercedió Polo con jocosidad.

    No se discutió mucho, al parecer la partida ya había sido decidida con antelación. Prometió regresar al segundo día dándonos ese tiempo para nuestro idilio o pasión. Todavía no había arrancado el motor del camión cuando ya tenía encima a Polo embistiendo sobre mis nalgas mientras mordía mi nuca. Escuché que arrancó y se iba mientras Polo se ocupaba de mi ojete, singamos como siempre, con deseos o ganas locas porque no iba a negar que no me gustaba aquel tronco de negro. Me gustaba mucho y él lo sabía bien. Por la tarde nos fuimos a dar una vuelta, nos encontramos con el primo de Nelson que se nos acercó con su descaro acostumbrado.

    -¡Vaya, vaya, pero mira quién está por aquí! – dijo mientras le daba la mano a Polo. – ¿Qué me cuentas?

    -¡Na´todo bien! ¡Ya ves!

    -Ya veo, ya veo… ¿así que te has quedado con la putica de La Habana?

    – ¡Vamos!, deja eso ya…

    -¡No por mí, nada…te lo puedes comer to!- le dijo mientras me miraba con cierto odio.- Pero recuerda que esta perla le gusta que lo singuen bien… ¿o se te olvidó cómo lo conociste?

    -No, no se me ha olvidado y yo me lo singo bien, como a nosotros nos gusta. -le dijo mientras me abrazaba.

    Se fue y seguro que rabiando, porque ni una palabra le dije a todas su provocaciones. Polo me comentó que había hecho bien, que ese tipo era tan mierda como el primo, los dos eran un asco de gente. De todas maneras aquel encuentro nos aguó el paseo, al rato a Polo se le ocurrió que iríamos a visitar a un amigo de él, claro si yo quería. Acepté porque al menos era tratar de olvidar algo a aquel estúpido. El amigo vivía en las afueras, en una finca pequeña, y según Polo era muy buena gente.

    -¡Lucas, para servirte!

    Fue lo que me dijo cuando me dio la mano, a Polo le dio un beso. Lucas resultó ser un tipo interesante, mayor, tendría más de cincuenta, porque se le veían las arrugas y desde el inicio supe que había sido la pareja de Polo durante mucho tiempo y que ahora les unía una buena relación. Hablamos de mil cosas, Lucas era alfarero, nos mostró mil cosillas de cerámica que había hecho y que estaba haciendo. Al rato comimos una merienda, bebimos cerveza y nos fuimos. Ya en la casa le dije a Polo que me había gustado mucho su ex pareja, que parecía una gente preciosa. Polo lo confirmó, y me contó que vivieron juntos durante mucho tiempo pero que Lucas nunca pudo decidirse vivir con él porque temía lo que dijera la familia, antes vivía con la madre, ahora con una hermana, por lo que siempre habían ocultado su relación y eso fue lo que acabó convirtiéndolos en amigos ya que no podían ser amantes.

    Regresamos a la casa para dedicarnos a hacer el amor, esta vez un sexo largo, despacio, Polo se preocupó mucho en que me sintiera bien cómodo. Estuvimos casi toda la noche entre caricias, besos y sexo, sobre todo sexo porque Polo no salía de mí, se mantenía pegado a mí sin salirse siquiera. Yo me sentía contento, feliz, teniendo un amante tan pasional. Claro que al día siguiente no apareció Tito, ni tampoco al cuarto. A mí me preocupaba aquella demora, Polo trataba de calmarme, diciéndome que seguro le dieron alguna carga para Oriente pero no creo que el mismo creyera aquella historia. Muy a pesar de que aquellos días no me falto su amor, sus caricias, su deseo y por qué no decirlo, su pinga dura y grande; al final decidí irme por mi cuenta. Polo algo entristecido me reprochó que era la segunda vez que le dejaba así.

    -Vaya que suerte la mía, nos conocimos porque me dijeron, ve y singátelo, después entre nosotros hubo mucho más que buena química, pero te tuviste que ir…, mira, cosas de la vida, volviste ya con otra gente, volviste a mí y de nuevo tu gente te ha dejado plantado conmigo.

    -¡Bueno, es que…no sé!

    -¡Eso lo sabrás a su debido tiempo! Pero piensa, mi amor, yo te quiero y no te voy a dejar plantado por nadie. Hazte mi gente…

    Guardé silencio, comprendía lo que me decía aunque no iba a decidir algo así a la ligera porque los cinco días que había pasado con él allí habían sido como una luna de miel, un sueño.

    -¡Mira, papo, no te voy a mentir! Ya veo que el destino nos pone uno delante del otro…

    -Por eso tenemos que probarlo… – me interrumpió.

    -Mira, primero tengo que aclarar esto, saber qué ha pasado y además, me he ido de mi casa y no saben nada de mí…, tengo que ir a mi casa. Compréndeme.

    -A ver, te comprendo si me prometes que vendrás dentro de unos días.

    Me besó, me gustaba aquel negro tierno, rico, suave y viril. No tuve que recoger nada porque nada había llevado. Me acompañó por segunda vez a la estación de autobuses y me acompañó hasta que me fui, nos despedimos con un abrazo mientras me susurraba en el oído que regresara, que me iba a esperar.

    De nuevo me vi huyendo de esa ciudad, no sé cuál sería el secreto pero por segunda vez me veía envuelto en ese tipo de situación, me sentía deprimido, porque por se repetía la historia y Polo de por medio se quedaba con las ganas de que me quedara junto a él. ¿Quizá sería él la persona ideal? No sé, dudaba tanto, mil ideas se me agolpaban en la cabeza. Dormí un rato, me desperté cuando el autobús hacía una parada en una cafetería para que la gente estirara las piernas o fumaran o fueran al baño. Bajé no con mucho ánimo, pero era mejor ir a mear que después fajarme con el chófer para que parara en algún sitio. Caminando al baño me pareció ver el camión de Tito, simplemente fue como una corazonada de que era ese su camión, como había tanta gente en la cola del baño, me llegué para comprobar que sí, aquel era el camión de Tito, estábamos ya en San José. Miré a mi alrededor para ver si lo veía por alguna parte, pero no lo vi, no estaba por allí. En la cafetería no estaba por lo que me adentré en el monte que había detrás del baño, caminé alejándome porque mucha gente meaba allí para no tener que hacer aquella cola. Al rato vi a Tito, allí estaba con otro dándole de mamar, me vio y se quedó mirándome sorprendido. Quiso decir algo, separar al mamón pero yo puse pie en polvorosa y me fui. Ya no me importaba mear y por suerte llegué a tiempo porque el autobús ya empezaba a moverse, entré y el chófer me dijo ·por poco te quedas”, ya sentado vi que del bosque aparecía corriendo Tito, nos miramos, él haciendo gestos con la mano y yo como si mirara algo pero sin verlo del todo.

    Aquel fue el punto final de aquella relación, porque estaba claro que de La Villas donde me había dejado, había regresado a La Habana y allí andaba con alguien. Tal vez aquella dura verdad me calmó algo, tengo al menos esa táctica de poder cambiar y mirar lo pasado desde otro punto de vista. Quizá demasiado práctico pero que me servía mucho siempre. Cuando llegué a la capital mientras esperaba la guagua para mi casa, aproveché y llamé a Polo a casa de sus vecinos. Le conté lo que había pasado. Polo se encabronó mucho, me prometió que si se aparecía le iba a romper la cara, me pidió que regresara. Yo le dije que lo llamaría desde mi casa. Nada me impedía irme a Las Villas, de todas maneras no tenía nada en contra de Polo, por el contrario, me gustaba cada día más.

    Ya en el pueblo al bajarme de la guagua me encontré con William que de costumbre estaba allí, como de guardia. Me saludó con alegría, pocas veces tenía mal carácter y siempre todo lo mezclaba con ese deseo impetuoso de hace el sexo que él padecía.

    -¡Coño, mami, estaba pensando en ti! ¿Dónde cojones te metes, maricón?

    Siempre tenía un lenguaje así, entre enfermizo y vulgar, pero repleto de deseo sexual. Le conté por encima lo que había pasado, me escuchó sin interrumpirme.

    -¿Cuándo vas a aprender que tienes que estar preparado para todo? Ya sé que te gusta mucho la pinga y te enamoras de la primera pinga que te metan por la boca y por culo, pero en esto… mira, no hay parejas. No, aquí la gente está para singar. Métetelo en la cabeza.

    Tenía razón William, él era un jodedor de primera y no se estaba con enamoramientos con nadie. Me llevó a un derrumbe que había cerca, nos colamos y nos abrazamos besándonos como unos locos. Yo me arrodillé mientras él se desabrochaba el pantalón y se sacaba ya su pingón morcillón. Empecé a mamársela con ganas, siempre me gustaba, me había gustado siempre y los dos lo disfrutábamos a la perfección. William me decía esas cosas que se le ocurrían sólo a él, y al rato me preguntó que donde quería que me echara el lechazo. Yo no le respondí, me levanté, me bajé los pantalones y me encorvé apoyándome en mis rodillas. William sonrió bajito mientras que murmuraba que sabía lo que yo quería, me ensalivó bien el ojete preparándolo para la singada que me esperaba. Cuando me tuvo bien clavado, me hizo volver la cabeza para besarlo, después me dijo en voz baja.

    -¡Te voy a singar con toda la tranquilidad del mundo! Y tú calladito, sin decir nada, tranquilito y disfrutando…

    -Lo que tú quieras…

    -¡Psh…, cállate, te dije que no abrieras el pico! No mires, hay uno que nos está mirando, vamos a ver qué hace.

    William estuvo singando sin pronunciar ni una palabra, yo igual, se escuchaba el chasquear de sus embestidas y quizá de nuestras respiraciones algo alteradas. Al rato el tipo que nos estaba mirando salió de la oscuridad manoseándose la pinga por encima del pantalón. No lo conocía, era un tipo flaco y bigotudo.

    -¡Dile que te de mamar! – me ordenó William sin detener sus movimientos.

    Le hice señas de que se nos acercara, dudo algo al principio pero terminó acercándose a nosotros plantándose delante de mí ya blandiendo su pinga que olía y sabía a salobre. Yo no podía ver nada, primero que el sitio estaba a oscuras, segundo que delante tenía al tipo pero no me hacía mucha falta ver porque sentía todo bien. Me estaban dando pinga por delante y por detrás, como se dice: “pinga por todos los huecos”.

    -¿Te gusta?- le preguntó William al tipo. – No sabes lo rico que tiene el culo…

    -¡Oye, yo no estoy en esto! Yo no soy bujarrón… – me dio risa aquella respuesta tan típica, porque si no era bujarrón qué hacía dándome de mamar.

    -Yo tampoco, pero éste es maricón y le gusta la pinga de los machos.- agregó Williams con ese tono tan conocido.

    -Ya lo veo…, maricón tragón de pinga.- dijo mientras me daba unas cachetadas suaves en la cara.

    -¿Si quieres te dejo que lo singues un rato? – le propuso William.

    -Yo nunca me he singado a un maricón.

    -Pero le has dado de mamar bien… como si antes lo hubieras hecho.

    -Nunca, es la primera vez…

    -¿Y te gusta como mama esta maricona? – William seguía hablando y signándome como si nada.

    -¡Cojones, mama rico! ¡Mama mejor que mi mujer!- dijo mientras me empujaba por la nuca para que me tragara su pinga – Se la traga toda sin chistar, con las jevas que he estado, sólo la cabeza y este, hasta el tronco y lo goza.

    -Ya te lo dije, es maricón y el mejor…

    -Se ve, vi que ni chistó cuando se la clavaste…

    -Es maricón de culo… y de boca…

    -Bueno, cuando termines, me dejas darle por culo… – aceptó el tipo.

    -¡Mira, chico, ven pa´cá!- le dijo William- ¡Ven y mira cómo lo tengo clavado y cómo hay que darle pinga! ¡Ven y nos turnamos!

    William había logrado lo que quería y que tan bien se le daba, embaucar a la gente en sus líos. El tipo sacó su pinga y se acercó por detrás, sentí que tocaba con su mano mi culo y la pinga de William.

    -¡Cojones, de verdad que tiene aguante este maricón porque tu pingón es de los grandes! – dijo asombrado.

    William sacó si pinga y le dio paso al tipo que metió rápido su pinga sin siquiera saber que podía gozar más si lo hacía lento. Comprobé que era cierto, no sabía singar, porque tenía esa idea de que a los maricones hay que singarlos duro, que mientras más duro, mejor, más macho era él. Se vino en un minuto y sacó su pinga rápido en lugar de seguir, William ocupó su lugar enseguida y yo volví a sentirme cómodo sabiendo que William me daría placer. El tipo se apartó algo, se pasaba la mano por la pinga y la olía.

    -¡De pinga, yo pensaba que me dejaría la pinga cagada y me la ha dejado limpia! – dijo sorprendido.

    -¡Oye, te lo he dicho… aquí hay un culo limpio pa´singar y mejor que un chocho!

    William empezó a singarme para venirse, con más ritmo que antes.

    -¡Mira, métele la pinga en la boca que le voy a dar duro para venirme pa´que no grite el muy maricón!

    Era quizá la contraseña de que debería empezar a quejarme o gemir, no pude dar ni dos gemidos porque ya tenía la pinga a medio parar en la boca. Gemía como podía, trataba de que me salieran los gemidos para seguirle la corriente a William que quería inmiscuir más al tipo. Cuando William se vino y sacó su pinga, me dijo.

    -¡Quédate así, mami! Tú ven para que veas cómo le hemos dejado el culo. – cuando el tipo estuvo allí, William encendió la fosforera para alumbrar, yo intenté de dosificar la salida del semen haciendo contracciones. William apagó la fosforera y empezó a mamarme el culo.- ¡Ves lo rico que es, si es un chocho… y te lo puedes singar cuántas veces quieras!

    William sabe cómo hacer las cosas y cómo poner a todos a jugar lo que él desea, no pasó un rato cuando el tipo le dijo que quería singarme de nuevo. William había logrado lo que deseaba, le dio paso, se subió el pantalón y nos dejó solos con el pretexto de que regresaría pero sabía que no iba a regresar. El tipo, porque a esas alturas ni sabía cómo rayos se llamaba, estuvo un rato singando a lo bestia, hasta que le dije que aguantara un poco, que más despacio que aquello era para gozar los dos. Para sorpresa se dejó guiar, yo le decía cómo hacer, qué hacer y los dos gozamos mucho, cuando se vino, le dije que se quedara dentro, que no la sacara. Empecé a mastúrbame hasta que me vine, él comprendió que tenía que moverse para darme placer. Había comprendido todo muy bien. Me vestí y lo miré a la cara.

    -¡Pues para no ser bujarrón, coges culo muy bien!

    No respondió, quizá sintió pena o vergüenza, estaba muy ocupado en vestirse y limpiarse. Yo me le acerqué y cogí su pinga, se la acaricié.

    -Te la he dejado limpia, ¿pero si quieres te la limpio más?

    Sin esperar la respuesta, me arrodillé delante de él y empecé a darle lametones. Para dejarle la pinga brillante. Vi que le gustó aquel gesto mío. Cuando me iba me dijo que quería hablar conmigo.

    -¡Oye!…

    -¿Dime…?

    -¿Cuándo nos vemos?

    -Cuando quieras… me gusta que me singuen y a ti singar…

    -Es la primera vez que lo hago…, aunque me atraía, pero es la primera vez… -se me tiró encima y me abrazó.

    -Pues, hombre, espero que te haya gustado…

    -¡Sí, sí, papi, sí…, pero no sé qué hacer ahora…

    -Pues nada, todo sigue igual.

    -Estoy casado, tengo dos niñas…, no estoy en esto pero creo que si lo he probado, no voy a poder detenerme…me gustas…- aquello era una confesión, además de aquel hombre rudo había pasado a un tipo tembloroso y pasional- quiero tenerte, quiero tenerte.

    -¡Bueno, podemos encontrarnos mañana o pasado!

    -¡Sí!- su respuesta parecía la de un niño que va a recibir un juguete ansiado, me dio un beso, un beso apurado e ingenuo.

    Yo me disponía a irme, cuando me retuvo.

    -¡Ven acá, no me has dicho dónde nos vemos!

    -Pues aquí o en el parque…

    -A las nueve, en el parque… te voy a esperar… pero ven aquí, acércate.

    Me acerqué, me abrazó y besó la nuca.

    -Déjame, déjame… – me decía mientras con una mano me abrazaba y la otra me acariciaba las nalgas. Yo le toqué por encima del pantalón y noté que tenía la pinga más dura que al principio.

    -¡Oye que acabamos de singar!

    -¡Mira cómo estoy…, mira! – me dijo sacando de nuevo su sexo- ¡Déjame aunque sea ponértela entre las nalgas!

    Me le acerqué, ensalivé su pinga, y me volví bajando mis pantalones y agarrando su pinga la puse en mi ojete que ya estaba dilatado por tanta pinga anterior.

    -¡Bueno, la última por hoy y nos vamos!- le dije.

    Él dejó deslizar suavemente su miembro dentro de mi culo, sentí placer, goce, lo sentía a él gozar, sufrir de goce. Estuvimos allí en silencio singando, con pasión, él me besaba mi nuca, mis orejas, me abrazaba.

    -¡Quiero singarte todos los días!

    -¿Todos, y tu mujer?

    -¡Bah, a ella con una vez al mes se conforma! ¡En cambio tú necesitas todos los días, lo veo y yo también lo necesito. –se detuvo en su movimientos- quiero preguntarte algo…

    -¿Dime?

    -¿Quieres ser mi jeva?

    -¿Cómo?

    -¿Qué si quieres se mi jeva, mi mujer… vaya mi gente?- volvió a intensificar sus movimientos- ¡Mira, mira cómo vamos a gozar!

    Estuvimos singando un rato hasta que se vino. Quise besarlo, pero no se dejó y le dije que si quería que fuera su jeva, tenía que dejar que lo besara. Se dejó, lo besé y luego nos abrazamos. Pasó sus manos por mis nalgas y por la entre pierna.

    -¿Qué es esto? ¿Te he partido el culo?

    .No, papo, no, eso es leche… ha sido demasiada leche hoy. – le dije con tono de broma. Nos besamos más.

    Se llamaba Alfredo y habíamos quedado para el día siguiente. Cuando salí William esperaba para que le contara las cosas que habían pasado. Claro que como de costumbre bromeó.

    -¿Cuántas veces te dio por culo?… – yo le conté lo que habíamos hecho, lo que habíamos hablado y que habíamos quedado para el día siguiente_ ¡Coño, ya estamos igual! – se río- A mí me gusta iniciar a maricones, y lo hago bien, y ahora tú inicias a bugarrones.

    Me fui a mi casa a descansar, al otro día estaba yo allí, esperando a Alfredo. William pasó por allí pero siguió de largo, andaba detrás de un jovenzuelo al que le había echado el ojo. A la hora de estar allí apareció Alfredo, disculpándose por haber tardado tanto pero no podía irse así como así. Estaba en la bicicleta, al rato se levantó y se metió en el derrumbe donde nos habíamos conocido, yo dejé pasar un rato y entré buscándolo en la oscuridad. Allí estaba, nos abrazamos, me besó, me comió a besos mientras me abrazaba y buscaba mis nalgas por encima de la ropa.

    .¡Me vas a volver loco, mami!- decía- He estado todo el día pensando en ti, en ese culazo rico…

    .-Y yo en tu pinga, macho!

    -¡Ah!, ¿cómo me has dicho?

    -¡Macho, mi macho!

    Sabía que le gustaría que lo llamara así, se volvió como loco, le dio un arrebato total. Yo me encargué de que se quedara quieto contra la pared para arrodillarme y sacarle la pinga dura para metérmela en la boca. Casi lloró, gemía, se veía que le gustaba y yo aumentaba mis juegos con la lengua en su glande. Me levanté, lo besé.

    -¿Te gusta, papo?

    -¡Mamas como el mejor! Eres el rey mamando…

    -¿Quieres que te saque la leche de una mamada?

    -¿Me lo harías?

    Yo me arrodillé de nuevo y empecé a trabajarle la pinga como sabía yo que le gustaba a los bugarrones, como William me había enseñado. Alfredo parecía gritar, jadear, se sofocaba o parecía desfallecer. No duró mucho su tortura, se vino en mi boca queriendo sacar su pinga, pero no lo dejé. Me tragué su semen salobre y seguí chupando su pinga hasta dejarla bien brillosa.

    ¡Cojones, mami, te has tragado toda mi leche!

    -Sí, papi, ¿te gustó?

    -Mira que he singado jevas, pero ninguna se ha tragado mi leche, mi mujer ni me la mama…

    -Ya ves… los maricones sabemos lo que hacemos…

    -Nadie me ha dejado la pinga tan limpia como tú…, mami, me voy a enamorar de ti.

    -Ya sabes que soy loco por la pinga…

    -¡Mami, conmigo vas a tener pinga y leche por todos los lados y cada vez que podamos!

    Como respuesta me bajé el pantalón y me volví agarrando su pinga que seguía dura, por eso me gustan los casados, no se les cae nunca; me la metí despacio y él se dejó guiar. Me abrazó fuerte, me besó y comenzamos a singar despacio, muy despacio. Había mucha pasión en la forma en que lo hacíamos. Al rato de estar singando vimos que alguien entraba, nos quedamos quietos ocultándonos en las sombras, pero al parecer nos había visto ya. Se quedó allí como meando pero supimos rápido que no meaba, se meneaba la pinga y miraba hacia donde estábamos nosotros. Me susurró al oído qué haríamos, le dije que nada, que siguiéramos singando.

    El recién llegado se nos acercó blandiendo su morronga, era negro y fuerte. Me puso el glande delante y yo empecé a mamar aunque tenía que abrir demasiado la boca para poder tragar aquella morronga.

    -¡Déjame darle un poco de pinga! – el Negrón le dijo con voz brusca.

    -¡Esta es mi jeva!

    Bueno, tu jeva pero me está mamando la pinga y le gusta…vamos, déjame darle un poco de caña.

    Para mi sorpresa Alfredo cedió ante el desconocido, que ocupó su lugar y empezó a bombearme el culo, mis nalgas dejaban escapar chasquidos.

    -¡Mami, si te duele, dímelo! –casi en un susurro a mi oído.

    -¡Qué va a dolerle…, a este hay que darle pinga que pa eso es maricón!

    Se vino rápido, se secó la pinga en mis nalgas y se fue silbando. Alfredo estaba allí sin decir palabra, hasta que le dije que siguiera él.

    -¡Vamos, qué esperas!

    -¡Te ha dejado el culo lleno de leche! –fue su protesta cuando me volvió a penetrar.

    Singamos en silencio, cuando terminó, se guardó su pinga.

    -Tu eres muy puta…

    -Oyee, espera, pero si tú mismo no me defendiste…vino un tipo y lo dejaste que me singara… ¿qué tipo de macho eres? Te han singado a tu jeva en las narices y no dijiste nada…

    Sabía el efecto de esas palabras, además ya me había vestido y me disponía a salir dejándolo en el lugar. Me atajó, me abrazó, me besó diciendo que no, que no me pusiera bravo con él, que lo decía porque me quería solo para él. En fin, trató por todos los medios de calmarme. De todas maneras aquello se jodió antes de que empezara porque si iba en ese plan de culparme, pues nada teníamos que hacer juntos. Claro que me atajó para que no me fuera, besándome, acariciándome y prometiendo que no iba a pasar nada parecido. Al instante entró William a modo de ángel de la salvación, se apoderó de la situación y exigió lo suyo, estuvo mirando un rato como William se daba gusto con mi culo. Yo lo miraba en silencio y él a mí, William hacía lo posible para arrancarme quejidos de placer. Alfredo al parecer no soportó más y se fue del lugar.

    -¡Uf…, trabajo costó que se fuera!

    Fue el comentario de William al ver que se iba, pero sin detenerse en sus movimientos. Al rato terminó y dándome unas nalgadas me instó a que me vistiera. Ya afuera me contó que ese tipo era un esquizofrénico y que lo mejor era terminar.

    -¡Mami, tú sabes que yo no me meto en tus cosas! Al contrario, me agrada que tengas tus singantes por ahí, que tengas tus compromisos y lo que te dé la gana, yo mismo te he buscado algunos bugarrones pero con este, tengo que evitarlo…no es un tipo normal.

    La sinceridad de William me había sorprendido, estuvimos en el parque sentados un rato, cuando me iba a ir, vimos que Alfredo estaba por una de las esquinas. William me acompañó hasta la casa, se despidió diciéndome que me fuera para la capital unas semanas para evitar a aquel loco.

  • Amo serle infiel a mi novio (parte 3)

    Amo serle infiel a mi novio (parte 3)

    Hola a todos y todas me llamo Valeria y como ya he contado en mis anteriores relatos tengo un fetiche con serle infiel a mi novio (les dejaré el link al final de este).

    Cómo dije en mi primer relato voy al gym y a veces ahí suelo charlar con una chica llamada Diana, ella es muy linda tanto como persona y físicamente, de piel clara y cabello oscuro.

    Se acercó a hablar y estuvimos hablando un rato y luego me invitó a comer algo, fuimos a un café y estuvimos ahí bastante tiempo hasta que empezó a anochecer y le dije que me tenía que ir para encontrar taxi.

    Me invito a su casa, pues se nos había hecho tarde, acepte y le avisé a mi novio que estaría con una amiga y nos fuimos, al llegar ella fue muy amable y me dijo que tomaría una ducha y si deseaba yo podía tomar una después, estaba aún cubierta de sudor así que acepte.

    Estaba esperando en su cuarto cuando la vi entrar en toalla ella vio que estaba ahí y se quitó la toalla, me sorprendió un poco pero no dije nada.

    mire su cuerpo con sus piernas sexys y algo musculosas luego su culo bien levantado y formado, más arriba su espalda lisa y su vientre con algunos cuadritos, sus tetas grandes y con los pezones duro que eran tocadas por sus manos y brazos con músculo y con un rostro muy lindo.

    Me miró y despertó de shock diciendo que ya podía usar la ducha y que le diera mi ropa para que la lavara mientras, estaba algo sonrojada y me empecé a quitar la ropa frente a ella mientras me miraba hasta estar totalmente desnudas las dos.

    Ella se acercó a tomar mi ropa mientras me miraba completa, me dijo que iba muy bien en el gym y algunas partes que podía trabajar más, empezaba a sentir algo y le dije que me podía tocar y señalar esas partes y lo hizo.

    Sentía sus suaves manos pasar por mi cuerpo mientras ella estaba hablando y no la escuchaba porque estaba enfocada en como me estaba sintiendo, su mano en mi rostro me despertó de mi mente y mientras me veía fijamente solo dijo «Valeria…». Y junto sus labios con los míos.

    Empezó a acariciar mi cabeza y demás cuerpo, me sonroje y sentía como el beso me iba relajando mientras ella metía su lengua a mi boca y le dije.

    Yo: oye tengo novio

    Ella: si, pero no te gustaría hacerlo con una mujer?

    Yo: creo que si…

    Ella: entonces prueba amor.

    Me siguió besando y nuestras tetas con pezones duros se juntaban, ella me hizo dar unos pasos hacia atrás y nos acostamos en su cama mientras bajo una mano a mi entrepierna y empezó a tocar mi coño húmedo.

    Dos de sus dedos masajeaba mis labios vaginales mientras el otro se frotaba en mi clítoris, me separé del beso para gemir y ella bajo su cabeza a chupar mis tetas, estaba disfrutando mucho eso y mis manos jugaban con las tetas de ella.

    Subió de nuevo y sus besos se sentían muy cálidos y excitantes al mover su lengua, mientras nos besamos y tocamos ella metió dos dedos a mi coño y con el pulgar frotaba mi clítoris.

    Me sentía más húmeda a cada segundo y vi como ella abrío sus piernas así que hice lo mismo con su coño mientras la tocaba de la manera que a mí me gusta pues no había estado antes con otra mujer.

    Saco sus dedos y con dulces besos bajo por mi cuerpo abriendo mis piernas y besando mi coño, jugaba con mis tetas disfrutando de su lengua que me causaba mucho placer en mis labios y clítoris mientras ella me veía con una sexy sonrisa y me hacía sonrojar.

    Me veía disfrutar y de un momento a otro toda su boca cubría mi coño y lo comía con fuerza, cerré mis piernas con su cabeza en medio y ella me jalaba para seguir con su lengua y mientras gemía de dije.

    Yo: Diana, Diana, me…

    Ella: si nena hazlo.

    Yo: mamiii!

    Cuando dije eso unos cachorritos de jugos salieron y ella cambio su lengua por sus dedos en mi coño, seguía gimiendo y diciendo «mami» sin parar mientras me temblaban las piernas y aprete las sábanas teniendo un fuerte squirt con orgasmo sobre de Diana que parecía disfrutarlo.

    Veía mis jugos salir con fuerza y como ella los recibía como si tomara una ducha con ellos. Se separó y la vi orgullosa de mi orgasmo y dijo «que tal tu primer orgasmo con una mujer?» Sin decir nada me levanté de la cama y la volví a besar con mis manos recorriendo cada parte de su cuerpo.

    Empecé a bajar por su cuerpo y me dijo «espera» y fue a su armario, regreso con una cajita que tenía juguetes sexuales, tomo un vibrador de huevo y lo chupo, levanto una de mis piernas y me lo metió al coño, lo encendió en el máximo de prueba y eso me hizo ponerme de rodillas a ella.

    Me miraba desde arriba y me dio otro diciendo «si quieres lo puedes usar en mi» mientras subía su pierna a mi hombro y me dejaba ver su suave y fresco coño caliente. Me acaricio el rostro mientras mi lengua pasaba lentamente por sus labios vaginales y sentía el sabor de su coño que me iba gustando.

    Me veía algo tímida al comer su coño y ella encendía el vibrador para motivarme lo cual funcionaba pues movía más rápido mi lengua y juntaba mis labios con los suyos. No había probado a una mujer antes y me estaba gustando mucho.

    Abrí sus labios vaginales con mis dedos y vi su clítoris dilatado así que me enfoqué en el y metí un par de dedos a su coño acariciando sus paredes, abrí los ojos y cuando nuestras miradas se cruzaron ambas nos sonrojamos, me pareció lindo así que moví mi lengua más rápido.

    Ella también se movía montando mis dedos y en un momento con una mano me tapo los ojos y se separó de mi lengua y dedos, me quedé quieta unos segundos hasta que sentí algo caliente caer sobre mi y recorrer todo mi cuerpo, quitó su mano, y vi su coño soltar un poco más de jugos sobre de mi.

    Le habia causado un orgasmo y squirt, ella me veía sonrojada y yo le di un beso a su coño que estaba goteando y me puse de pie, nos volvimos a besar y durante el beso levanté su pierna y le metí el otro vibrador. Me cargó sin dejar de besarnos y llevo a la cama.

    Ya estando ahí se acomodo y sentí su coño chocar con el mío, me dejó de besar y la vi sobre de mi mientras se movía haciendo unas tijeras, se sentía delicioso y por el placer apreté el botón de su vibrador y ella se movía más rápido igual encendiendo el vibrador en mi.

    Bajo sin dejar de moverse y nuestros rostros estaban muy cerca pero sin besarnos mientras nuestras tetas se tocaban y frotaban entre si, ella saco su lengua y yo la mía para que se tocaran sin juntar nuestros labios.

    Se separó y me ayudó a acomodarme para movernos juntas, de igual manera me enseñó como moverme y volvimos a hacerlo, el cuarto se llenó de nuestros gemidos estando frente a frente.

    En un movimiento rápido ella me beso con mucha pasión, tenía unos espasmos y note que tuvo otro orgasmo, el pensar eso y con todo lo que estaba pasando me lleno de placer y tuve un orgasmo al mismo tiempo mientras íbamos bajando el ritmo de nuestros movimientos poco a poco.

    Nos separamos del beso jadeando y nos acostamos justas acariciando nuestros cuerpos y viendo las sábanas mojadas de placer, me acurruque en ella y dormimos juntas. Desde ahí hemos tenido otros encuentros y casi siempre estamos juntas en el gym.

    Bueno esta es la tercera vez. Espero que les guste y hayan disfrutado leerlo, me gustaría leer que piensan y su apoyo para contarles las otras veces.

    “Amo serle infiel a mi novio (parte 2)”

  • Con mi prima en navidad (Final)

    Con mi prima en navidad (Final)

    Continuemos con la última parte de la primera vez que me cogí a mi prima.

    Y: Bueno primita, te voy a dar bien duro putita (Mientras le metía más rápido mis dedos).

    A: ¡Cógeme!

    Y: ¿Ya quieres que te la meta perrita? (Mientras le metía dos dedos rápidamente)

    A: ¡Siii! Por favor primito ya méteme tu verga.

    En eso que acomodo la punta de mi verga en su estrecha y virginal vagina toda mojada, donde comienzo por frotarla, para dejarme toda la verga con sus juguitos.

    La acomodo en su entradita y comienzo poco a poco a meterla dentro de mi primita, sentía como apretaba mi verga de lo estrecha que estaba.

    A: ¡Ah! ¡Despacito primo que me duele!

    Y: ¿No querías verga primita? (Le tapé la boca y se la metí hasta el fondo, sentí con mi verga rompía algo).

    A: Mmmm (Con una mezcla de excitación y dolor)

    Y: Tranquila primita ya paso lo peor, ahora toca disfrutar.

    Empecé a mover despacio mi verga dentro de mi primita, ella daba aún pequeños quejidos en eso se la saqué por completo y se la metí hasta el fondo.

    A: ¡Ahhh primito!

    Y: ¿Te gusta putita? (Mientras le daba unas ricas nalgadas)

    A: ¡Siiii! Esta vagina ya necesitaba verga, ¡cógeme soy tu puta!

    Esas palabras fueron música para mis oídos porque empecé a bombearla muy duro mientras le daba de nalgadas.

    A: ¡Que rico me coges, soy una putita, soy tu putita!

    Y: Toma verga puta

    A: Métemela toda, ¡soy tuyaaa!

    Agarré su cabello de un fuerte tirón hice su cabeza para atrás y nos dinos un rico de beso, le metí la lengua hasta las anginas, ya en este punto no me importaba si nos escuchaban está disfrutando de esa vagina que me ordeñaba de lo apretada que se sentía.

    Cambiamos de posición al clásico misionero, donde pude disfrutar más de su boquita y de lamer esos ricos pezones mientras le seguía dando duro, tome sus piernas y las coloque sobre mis hombros para cogérmela más fuerte, mi prima solo podía taparse la boca para no sacar esos gemidos.

    A: Primito, quiero montarte.

    Y: Súbete a mi verga perra.

    Me acosté sobre la cama y mi prima se subió arriba de mí, acomodo mi verga en su entradita y fue bajando poco a poco con unos suspiros, podía sentir como le temblaban las piernas.

    Honestamente que escena tenia a mi prima montándome, ella empezó a subir y a bajar primero lentamente mientras le chupaba y mordía esos pezones que rebotaban.

    Y: Toma putita, bien que te gusta la verga.

    A: Me encanta tu verga primito, se siente muy rico.

    Tomé sus nalgas en mis manos y empecé a tomar el ritmo de la cogida.

    A: ¡Ay! Primito que rico se siente así sigue (Ya era el segundo orgasmo de la noche)

    Y: Muévete zorra, amo tus nalgas.

    A: ¡Son tuyas!

    Y: Que putita me saliste primita

    A: ¡Siii! pero soy todita tuya

    La agarre de la cintura y le daba círculos a mi verga, que rico se sentía y más como estaba apretadita, estaba en el cielo.

    Los movimientos comenzaron a hacerse más rápidos y ya no podía más estaba que reventaba a chorros.

    Y: Primita me voy a venir ¡Ah!

    A: ¡Ni se te ocurra sacarla, quiero tu semen dentro de mí!

    Y: ¡Pídemelo zorrita!

    A: ¡Lléname de tu lechita primito!

    Ya no aguanté más y comencé a lazar chorros dentro la vagina de mi prima Andrea, solo pude agarrarme de sus pechos y apretaros mientras veía como se ponían sus ojos en blanco.

    MI prima se levantó y escurría todo mi semen de su vagina, tomo de rápido su ropa y se fue al baño, yo me puse mi ropa y me acosté.

    Paso media hora y todos mis familiares se empezaron a ir, mi prima se despidió de mi rápidamente con una sonrisa de putita satisfecha.

    Como a los cinco minutos me llego un mensaje de mi prima.

    A: Que rico todo lo de hoy primito, la próxima vez quiero que me ropas mi culito.

    Fin de la historia de la primera vez que me cogí a mi prima, espero que les haya gustado.

    Como les mencione tengo más relatos, con otra prima, mi novia o amigas de universidad, si quieren saber esas historias, dejen un comentario o escríbanme a mi correo:

    [email protected] para saber qué próximo relato hacer.