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  • Mi vecina es hermosa

    Mi vecina es hermosa

    Este relato comienza después de que yo regresara de vacaciones a dónde nací. La conocía desde pequeño y no cambié mucho al crecer por lo que al llegar, mi vecina me reconoció al instante. Me abrazó y platicamos un rato sobre nuestras vidas. Después de un rato la invité un café y le dije que iría a casa después de instalarme (mis padres lastimosamente ya no están conmigo).

    Me alisté y salí para ir con mi vecina -ambos tenemos 25 años-. Ella salió muy sexy llevaba un vestido que se pegaba a su cuerpo y podía ver sus grandes pechos y enorme culo. Después de que llegamos al café y de mucho platicar me lancé a preguntar:

    -¿Y tienes novio?

    Ella agachó su mirada algo triste y respondió:

    -Lo tuve, pero me engañó con alguien más, dijo que yo lo aburría.

    Yo me sentí muy mal por ella así que acaricié su mejilla y le dije:

    -Pero mira el lado bueno, de tu lado se fue alguien que te hubiera hecho mucho más daño y él se perdió a una mujer maravillosa y sexy.

    Ella se sonrojó, sonrió y me respondió:

    -Eso es lo más lindo que me han dicho en mucho tiempo.

    La conversación iba muy tranquila aunque yo le lanzaba indirectas de que me estaban dando ganas de darle duro, hasta que ella me dijo:

    -Creo que se cayó mi arete puedes mirar si está debajo de la mesa?

    -Claro que sí -dije y me agaché a ver, ella abrió sus piernas lentamente frente a mí y podía ver sus pantis transparentes mostrándome todo su coñito depilado. Pronto ella dijo:

    -Oh creo que ya lo encontré.

    Yo me levanté y ella me miraba fijamente, se acercó un poco a mi oído y dijo:

    -¿Te gustó la vista?

    Le respondí rápidamente que me encantó y si quería ir a casa mejor. Aceptó y nada más abrir la puerta comenzó a besarme de forma apasionada y yo tomándola de su cintura la llevé hasta el cuarto.

    Pronto empecé a desnudarla y ella hizo lo mismo, me detuvo y me dijo:

    -Desde que teníamos 18 tenía ganas de que me rompieras el culo -ella se giró y puso en cuatro y me decía- todos mis agujeros son tuyos métela toda.

    Tomé su cintura y la acerqué a mí y se lo metí por su húmedo coñito, se sentía como el paraíso. Empecé a embestirla y ella no dejaba de decir “ohh sii dame con todo, no te detengas, lléname con esa dulce leche”.

    Seguimos hasta que ambos nos corrimos

    Pero yo seguía duro y su ano aún no había sido cogido así que le susurré…

    -¿Te la puedo meter por ese dulce anito que tienes?

    Me besó y respondió “hasta el fondo”. Así que se lo metí en su ano, era tan estrecho y delicioso, mientras yo le daba con fuerza por el ano y le daba nalgadas, ella gemía cada vez más fuerte y no dejaba de decir “llénamelo de tu leche rompe toda la noche”. Seguí dándole cada vez más duro hasta que le llené todo el culo de mi semen.

    Desde entonces ella y yo tenemos sexo cada vez que podemos y lo hacemos hasta no detenernos.

  • Mi mejor amigo me feminizó (parte 4)

    Mi mejor amigo me feminizó (parte 4)

    Con cierto temor fui a verme al espejo de mi habitación y pensé en hacerme lo menos reconocible si tenía que prepararme para salir, estaba tan nervioso pero decidido a todo, tome el maquillaje que me había regalado Daniel y busque un tutorial para maquillarme.

    Luego de un buen rato de temblar como gelatina, estaba con mi peluca, maquillado, con un vestido color claro y unos tacones no tan altos con los que me costaba mucho caminar, tomé la bolsa que estaba encima de la mesa, las llaves del departamento y el dinero para comprar.

    Al salir del lugar, la adrenalina me inundaba por completo, era la primera vez que salía vestido de mujer y viéndome tan femenino, hice un recorrido sin tanta prisa para no caer con los tacones y decidí ir a un supermercado distinto para no ser reconocido en el que frecuentaba.

    Dando vuelta por una esquina sentí como unos tipos me miraban de pies a cabeza de forma descarada mientras me gritaban unas cuantas cosas.

    -Que lindas piernas mamacita, dime cuando abren para poder entrar jeje.

    En mi mente solo me sentía tan indefenso y con ese comentario me puse nervioso y aceleré el paso pensando en su estúpido comentario.

    Seguí por mi camino y cuando llegué al supermercado pude comprar unas cuantas cosas para aguantar esos días de ausencia de Daniel, pagué y cuando iba a meter las cosas en la bolsa me percaté que aún no había quitado el dildo de su interior, me subió un color rojo por el rostro que hizo alertar un poco a quien me había cobrado las cosas.

    – ¿Se encuentra bien señorita?

    -Este yo… – Dios, en verdad pensaba que era una chica y aclarando un poco mi garganta fingí un poco la voz y me limite a responderle. -Si, es-estoy bien…

    Tembloroso meto las cosas a la bolsa y salí apresurado del supermercado esperando llegar lo más rápido posible al departamento, intentando evitar un poco la anterior ruta para no toparme con el idiota de antes.

    Me dirigí por otra calle y para mi sorpresa pude ir más relajado, al llegar al edificio subí por el ascensor y entró junto conmigo un chico de no más de 20 años, me saludo y yo le respondí su saludo, yo iba al piso 7 y el al 12.

    Cuando estaba por llegar al piso 7 sentí un ruido espantoso, cuando vi al suelo no lo podía creer, la bolsa se había roto y cayeron todas las cosas que llevaba en ella, el muchacho al percatarse de esto se agacho en seguida a ayudarme a recoger las cosas, me sentía horriblemente avergonzado, claramente se podía ver que el dildo había caído justo entre mis pies.

    Comenzó a recoger las cosas y mientras me agache para tomar las cosas yo también, intente esconder el dildo entre la bolsa rota esperando que no lo hubiera visto, yo tenía unas cuantas cosas ya en mis manos y él tenía el resto de cosas en las suyas.

    -Mejor te ayudo a llevar tus cosas, si no te vas a complicar mucho…

    -N-no hace falta… Yo sol… Sola puedo… – Dije otra vez ruborizado por la vergüenza y por estar fingiendo la voz con este chico, además de referirme a mí como una chica.

    -No te preocupes, no estoy apurado en llegar a mi departamento, vamos no me cuesta nada ayudarte. – Dijo insistiendo y acompañándome hasta la puerta del departamento a dejar todo, me sentía tan extraño que no podía ni siquiera mirarlo, era una sensación tan rara que mi cuerpo parecía que se ponía a temblar con solo estar al lado de él.

    Al estar en la puerta saque las llaves lo más rápido que pude y abrí la puerta para dejar las cosas en algún lado y hacer que el chico se fuera pronto del departamento. El muchacho entró al departamento y me preguntó dónde dejar las cosas, entonces le señale la mesa del comedor y cuando ya estaba todo se fue hasta la puerta.

    -Gracias por ayudarme…

    -No te preocupes, por cierto, ¿Cómo te llamas? – Preguntó el chico, dejándome un blanco por unos segundos interminables, no le podía decir mi verdadero nombre, ¿Qué pensaría de mí?

    A penas tuve tiempo de pensar en algo solo le solté un nombre al azar.

    -Rachel… Un gusto, y… ¿Tú cómo te llamas? – Le pregunté de vuelta algo curioso.

    -Soy Nicolás, y créeme que el gusto es todo mío Rachel… ¿No necesitas nada más con lo que te pueda ayudar?

    -La verdad no, ya ahora tengo que cocinar y hacer la limpieza, pero puedo encargarme de eso sola…

    Me quedo viendo un rato mientras sonreía y se quedaba en el marco de la puerta.

    -Bueno, entonces creo que ya me tengo que ir, me encanto conocerte, espero verte pronto.

    -Quizá nos veamos en algún momento, cuídate mucho. – Le respondí y cerré la puerta dejándolo atrás de esta.

    Dios mío… ¿Qué me está pasando? No entiendo ni como he podido salir de aquí vestido así… Encima los piropos, este chico de ahora, mierda… Tengo que dejar de pensar tanto en todo esto.

    Durante el resto del día solo cocine, limpie y ordené el departamento, tome el dildo y lo lleve a mi habitación para guardarlo en algún lugar.

    Tomé un baño antes de ir a dormir y cuando me dirigía a mi cuarto vi que debajo de la puerta había un papel doblado con unas cosas escritas.

    «No te lo dije antes porque me puse nervioso, pero eres la chica más linda que he visto nunca, me gustaría verte mañana si es posible… Nicolás.»

    -Ay no… ¿Y ahora que se supone que haré?

    Por si fuera poco, ahora ese chico sabe dónde vivo y quiere que nos veamos mañana, bueno, siempre está la opción de ignorarlo supongo.

    Me fui a la cama y me dispuse a dormir, pero estaba nuevamente girando de un lado a otro, quería dormir y no podía, recordaba todo el día que había tenido, tener que salir a la calle vestido de mujer, hacerme pasar por una, el idiota ese hablando de mis piernas… ¿En verdad tanto le gustaron mis piernas…? Son gordas y no me gustan como lucen…

    -Dios… Tengo que dejar de pensar en estas tonterías…

    Comencé a pasar mis manos por mis piernas de abajo hacia arriba, se sentían tan suaves y mi respiración se agitaba de a poco, estaba solo y no necesitaba hacer silencio estando así. Una de mis manos se fue directo a mis nalgas y por encima del pijama empecé a apretármelas de a una pensando en todo lo que había hecho…

    – ¿Por qué… Por qué se tiene que… Sentir tan bien esto? – Dije en voz baja mientras me levantaba de la cama y trataba de dejar de tocarme.

    Con el corazón a mil me dispuse a buscar el dildo que me había dejado Daniel y lo pegué en el suelo, miraba esa cosa mientras impulsivamente me tendía de frente con ese gran pedazo de plástico. Puse mi mano alrededor y comencé a moverla de arriba abajo, estaba tan confundido y al mismo tiempo tan intrigado, la curiosidad y la adrenalina me estaban empujando a hacerlo.

    Tímidamente pasé mi lengua desde los huevos hasta la punta una y otra vez, dejando rastros de saliva por toda su longitud, luego metí la punta en mi boca, apenas cabía, pero estaba decidido, quería llegar más lejos, lentamente empecé a engullir esa polla plástica subiendo y bajando mi cabeza metiéndome más profundo hasta mi garganta.

    -Aaaahh… ¿Qué estoy haciendo…? No debería… Mmmmh… ¿Por qué no… No puedo parar? Uuhmmm…

    Seguía chupando el dildo por un rato mientras que en mi mente seguía sonando la voz de aquel tipo de la calle hablando de mis piernas… ¿En serio me estaba calentando tanto que un desconocido quisiera estar conmigo? ¿Y si me hubiera tocado?

    -Me estoy volviendo loca… – Sin darme cuenta de lo que decía entre mi mente y mi boca no me di ni cuenta que me había referido a mí mismo como una mujer. – Digo loco… Me estoy volviendo loco, esto está mal… Esto está muy… Muy… Uuummm… Muy maagghh…

    Mi respiración se intensificó y seguía lamiendo y chupando el dildo hasta que mi cuerpo parecía tomar el control sobre mi mente, al levantarme, me puse de pie sobre el dildo y con una sentadilla intenté llegar hasta abajo y tocarlo con mis nalgas, pero estaba más bajo de lo que esperaba, ante esto me arrodillé y esa cosa mojada con mi saliva quedaba entre mis nalgas haciéndome abrir los ojos como un par de platos.

    Llevé una de mis manos hasta esa cosa y guiándolo hasta la entrada de mi culo lo restregué un momento.

    – ¿Te gustan mis piernas solamente? ¿Qué te parece esto? Mmmmh… Parece que te gusta mucho…

    Decía susurrando mientras empezaba a entrar de a poco en mi culo, haciéndome apretar los dientes y curvar la espalda, esa cosa era más grande de lo que yo pensaba, pero seguía entrando de a poco.

    Me estiraba de apoco y moviendo mis caderas comencé a subir y bajar lentamente.

    – ¿Te gusta esto también? ¿Te gusta tenerme así verdad?

    Seguía jugando y cuando ya no necesitaba mi mano solo me estiré como si estuviese sentado y me puse a brincar suavemente, a cada minuto que pasaba entraba más y más. Me sentía bien de una manera extraña, no podía tocarme, pero esto me hacía sentir bastante bien y al estar solo me sentía en libertad de hacer ruido sin las burlas de Daniel.

    Seguía y seguía brincando, pensando esta vez en Nicolás, ¿Qué habría pensado de mí? De seguro vio el dildo cuando todo cayó en el ascensor… ¿Pensaría mal de mí? Y si pensó mal de mí, ¿Por qué me quiere ver otra vez?

    De pronto sentía como unas ganas muy fuertes de orinar, estaba ido en el placer del momento y no me importo nada, solo seguí haciéndolo hasta que sentí como un chorro salía de mi pene con tanta fuerza que me hizo chillar.

    -Ay!! Siii!! Uff… ¿Cómo se supone que me vine sin masturbarme normal? Mmmmhh… Tengo que levantarme… Ay aayyy uuuuh… – Me levante de a poco y cuando salió el dildo sentía como se me abría y se me cerraba el culo.

    Luego de haberme corrido por primera vez en más de una semana en castidad, solo decidí acostarme y dormir, pero mi cabeza seguía torturándome mientras yo estaba con el culo abierto… Poco a poco mis ojos se iban cerrando y no me di cuenta cuando ya me había dormido.

    Amores, me alegra mucho todo el apoyo que están dando a mis relatos, aún queda mucho por contar, espero que les guste la idea de compartirlo con ustedes.

  • Destrozada por mi primo y sus trabajadores

    Destrozada por mi primo y sus trabajadores

    El día 20 de enero mi primo mayor (32 años) me llamó invitándome a pasar unos días en su rancho, él vivía solo en el campo (sin contar a sus trabajadores) tenía muchos animales y árboles frutales, en sus terrenos también había una pequeña laguna, me pareció buen panorama para vacacionar un par de días así que acepté. Al día siguiente llegó uno de sus empleados a recogerme en una camioneta roja, dejé mis maletas en la parte de atrás y me senté en el asiento del copiloto, el empleado era un joven (25 aproximadamente) de pocas palabras, no habló mucho de camino al rancho así que fue un viaje medio aburrido.

    Aproximadamente llegue al rancho a las 4 de la tarde, un viaje medio largo de 3 horas al llegar me estaba esperando mi querido primo Roberto, era alto, musculoso pero rellenito, una sonrisa muy linda y una voz gruesa que te juro que me mojaba entera, nos saludamos con un fuerte abrazo y un beso en la mejilla.

    —»Tanto tiempo! Creciste mucho pequeña Emm! ¿Ya eres mayor verdad?» Me dijo mientras me daba palmadas suaves en la cabeza.

    —»Si si primo, ya tengo 18 hace ratito» le sonreí

    —»Es bueno saber eso mi pequeña, vamos entremos»

    Nos dirigimos a la puerta de la casa, era enorme parecía mansión, Roberto me mostró toda la zona y luego me llevó a mi habitación para mostrármela, estaba junto a la suya, se apegó a mi por detrás y me dijo en un tono suave que le encantaba mi cuerpo y lo bien que me veía, me acariciaba las caderas y frotaba su duro pene en mis nalgas, me quedé quieta por unos momentos procesando lo que sucedía y luego pegue mis nalgas a él, tomé una de sus manos y la llevé a mi pecho, él lo amasaba y apretaba mientras que su otra mano estaba en mi cadera apretándola con fuerza, rápidamente me empujó hacia la cama haciéndome caer boca abajo, me quito los zapatos y bajó mis pantalones junto a mi ropa interior.

    —»Eres una delicia de mujer, tremendas nalgotas tienes, te las voy a reventar» me decía con voz ronca.

    En respuesta solo moví un poco mis caderas de modo necesitado, poco me importaba que Roberto fuera mi primo así que me permití usar mi cuerpo a su antojo entonces el me acomodó en las orillas de la cama, se bajó los pantalones y abrió mis nalgas con sus manos, frotó con deseo su pene en la entrada de mi vagina y como si fuera un animal me la metió entera de golpe comenzando a penetrarme con fuerza como si quisiera partir mi vagina en dos, yo solo gritaba y gemía entre dolor y placer, su pene era largo y grueso podía jugar que en cada embestida chocaba duramente contra mi útero, Roberto me follaba sin piedad agarraba mi cabello y lo jalaba hacia atrás, me pegaba nalgadas duras con fuerza, me decía cosas sucias y oscuras sobre lo que me haría, me tomaba del cuello ahorcándome, era todo un animal que mínimo me hizo correrme 4 veces en esa follada de mi vida, ya al pasar los minutos podía sentir su pene palpitar dentro mía así que supuse que se correría, siguió penetrándome con fuerza y en una última embestida donde sentí que su pene llegaba a mi útero él se corrió llenándome de su semen espeso y caliente, estaba exhausta y adolorida, Roberto en un lindo acto me acomodo en la cama arropándome, me dio un beso en la frente y se fue.

    Desperté al día siguiente con dolor de caderas y muy sudada así que decidí darme una ducha antes de ir a desayunar, después de bañarme me vestí con una blusita negra de tirantes, un short cortísimo de mezclilla y unas zapatillas deportivas, desayune sola ya que Roberto había ido a un pueblo cercano a comprar unas cosas y no volvería hasta muy noche, así que decidí dar una vuelta por el rancho,

    Llegué a unos establos donde había 4 trabajadores dándole de comer a los caballos, me acerqué curiosa a observar su labor, ellos voltearon a verme con morbosidad, no me molestaban en lo absoluto esas miradas es más me excitaban un montón, me acerqué aún más quedando entre ellos y los saludé con una sonrisa.

    —»Buen día, Soy Emmily la prima de Roberto» dije mientras caminaba hacia un caballo para acariciarlo.

    —»Buen día Señorita, un gusto yo soy Jaime» era un hombre de unos 38 años, rellenito, alto y con una sonrisa encantadora.

    —»Que bonita diversión nos trajo el patrón, soy Alejandro» dijo un joven de unos 25 años, parecía fuerte, no era muy alto pero si era bien parecido.

    —»y estos otros dos son Juan y Gabriel» dijo Jaime apuntando a un hombre de 40 años de contextura gruesa y a un muchacho flaco como de mi edad.

    Ellos continuaron con sus labores y yo acariciando algunos caballos, sentía sus miradas en mi culo así que a modo de provocación me agaché empinado mis nalgas para «abrochar mi zapatilla» sentí que se acercaban y Gabriel se puso delante mía mientras se desabrochaba los pantalones, me puse de rodillas en el suelo y el muchacho sacó su pene (era de unos 15 cm algo delgado) abrí mi boca para recibirlo él lo metió de golpe y tomó mi cabello en un puño, movía rápido sus caderas contra mi boca haciendo que me costará hasta respirar, no duro ni 1 min hasta que se corrió en mi garganta, sacó su pene y abrí mi boca mostrando que tenía su semen dentro y lo tragué.

    —»Que buena perra por dios» dijo Jaime

    —»Gabriel debería usarla para que se le quite lo virgen» dijo Alejandro

    Mientras tanto Juan acomodaba unos fardos de heno y encima les ponía lo que parecían ser unas mantas, me levantaron tomándome del cabello y me llevaron hasta allí, Alejandro se tumbó en la cama improvisada sacó su pene del pantalón y quede embobada, era grueso y largo pero no tanto como el de Roberto, Jaime me quito toda mi ropa y me obligó a tumbarme sobre Alejandro el metió su pene dentro de mi vagina de un solo golpe, me hizo gritar, me tomo de mis nalgas y empino mi culo abriéndole, llamó a Gabriel y le dijo que debía metérmela por el culo.

    Él obedeció acercando su pene a mi ano, lo metió poco a poco quejándose de lo apretado que estaba, yo solo soltaba gemidos si bien no tenía mi culo virgen hace ya rato que no me lo rompían, cuando ya estaban listo comenzaron a penetrarme con algo de fuerza, Gabriel me embestía algo torpe pero de igual manera lo disfrutaba, estuvieron follandome por algunos minutos hasta que ambos se corrieron en mi interior, Gabriel exhausto salió de mi interior y se fue a sentar en un fardo, Jaime se acercó a mi por detrás metiendo de golpe su pene en mi ano, si bien su verga no era muy larga era demasiado gruesa lo que me hizo chillar del dolor.

    Juan se acercó por un costado y me obligó a mamarle la verga mientras los otros me follaban como animales en celo, soltaba lágrimas y quejidos de placer mientras me rompían mis agujeros, Jaime era muy bueno en esto, me penetraba con fuerza y rapidez, Alejandro era más lento pero cada embestida me hacía pensar que tumbaría mi útero por la fuerza que usaba, me corrí mucho antes que ellos, estaba cansada pero ellos no paraban.

    Juan se corrió en mi boca y bebí su semen, se fue a sentar a lado de Gabriel mientras observaban el espectáculo, Jaime comenzó a darme nalgadas duras y fuertes a lo que yo respondía con gritos y gemidos, Alejandro me tomo del cuello asfixiándome por unos segundos lo cual me excitaba aún más y me corrí nuevamente.

    Jaime pasó su brazo por delante de mi cuello ahorcándome y pegando mi espalda a su cuerpo, quede sentada sobre la verga de Alejandro mientras Jaime seguía rompiendo mi culo, luego de unos minutos ambos se corrieron, me ayudaron a vestirme y Gabriel me llevó a mi habitación a descansar.

  • Mariana, la presidenta de colonos (2)

    Mariana, la presidenta de colonos (2)

    Estaba mirando el móvil en la cama, observando las fotos que Sergei me había enviado cuando su sonido me sobresaltó, me quedé mirando unos segundos hasta que al final reaccioné, era Cesar mi marido, tosí, me aclaré la voz y contesté la llamada.

    – Hola, cariño

    – Hola mí amor, buen día ¿Que tal tus días solitarios en el paraíso? ¿Has podido arreglar los problemas de la comunidad?, me pregunto mi marido.

    Me puse nerviosa no sabía que contestar.

    – No, aún no, conteste tratando de calmarme un poco, el día de ayer me presente en el lugar, pero no pudieron atenderme, claro que me atendieron muy bien, pensé, quedaron de concertarme una cita pronto, dentro de esta semana.

    – Ok mami, mucha suerte, sé que podrás solucionar los inconvenientes de la comunidad.

    ¿Mami? ¿Cuándo había dejado de ser mi amor, cariño o Mariana? ¿Cuándo había dejado de ser su mujer para convertirme en solo MAMI? Aunque me molesto un poco, dejé pasar ese comentario.

    Estuvimos un rato hablando de tonterías y en un momento de la plática, me dijo que el trabajo se extendería una semana más de lo previsto y como yo no había terminado mis gestiones en la comunidad, me quedaría unos días más sola y después vendría acompañarnos al departamento ya que él le envió a mi hija un boleto de avión para que llegara el fin de semana, que estaba aún presentando exámenes de final de ciclo escolar.

    Unos días más, para que que yo disfrutaría relajándome y terminar lo que había venido a hacer, arreglar los asuntos de la comunidad, o al menos eso pensaba, aún no sabía cuanto más cambiaria mi vida en esos días.

    Después de colgar, me estiré en la cama y noté como me dolía cada parte de mi cuerpo, la noche anterior me estaba pasando factura, aparte de una resaca tremenda por mi poca tolerancia al alcohol y al consumo de estupefacientes, al levantarme de la cama me costaba andar y mi ano parecía que tenía todavía una verga dentro, de lo abierto que lo tenía.

    Me dirigí al baño, al mirarme al espejo me asusto mi aspecto, tenía los ojos muy enrojecidos, el pelo sudado y pegajoso, sin más me metí bajo la ducha y el agua caliente fue despertando mis sentidos.

    Fue muy relajante, el agua recorría mi cuerpo como si fueran miles de manos tocándome, lo cual me recordó la noche anterior y un poco de calor llego a mi rostro, recordé como Sergei me masturbo y me llevo a la gloria en un instante, me empecé a enjabonar y a recorrer mis manos sobre mi cuerpo y al tocar mis pechos note que mis pezones se pusieron duros, me los pellizque y sentí un calambrazo de placer, la esponja fue bajando y el jabón llegó hasta mi vagina que también seguía muy abierta y sensible, el simple roce de la esponja hizo que me calentará de nuevo, mi clítoris estaba muy hinchado y mi ano me dolía con la sola presión de la esponja, al frotarlo y retirar los restos secos de semen, empecé a fantasear con lo ocurrido la noche anterior.

    Las imágenes se sucedían en mi cabeza, Sergei cogiéndome como mi marido nunca me lo había hecho en todo nuestro matrimonio, tan solo recordar cómo me metía ese monstruo que tiene por pene me empecé a calentar, Irina esa rubia espectacular Dios nunca había estado con una mujer pero como me hizo gozar y además Alexey y el otro tipo Dimitri, creo que así se llamaba, con esa triple penetración que me hicieron, mi mente estallo en un éxtasis, no podía ni creer lo que había pasado, como me habían utilizado, como había disfrutado, sus pollas a mi alrededor, como les hacía una mamada sin ningún remilgo, como habían desvirgado mi culo y me había corrido como nunca, desde luego el Popper era un artículo muy peligroso, sumado al alcohol y la coca, me había convertido en una p…, si en una PUTA, esa era la palabra que mi mente no quería pronunciar.

    Un poco de conciencia me llego y empecé a llorar, como pude ser tan tonta, yo toda una esposa fiel y madre de familia me dejé llevar por mis instintos más básicos, tenía que arreglar todo esto (ilusa de mi).

    Salí de la ducha y todavía dolorida, me vestí, mis pezones muy sensibles e irritados solo me permitieron colocarme un caftán muy ligero de gasa casi transparente, que venía a juego y de regalo, con un bikini que me había comprado, nunca lo había utilizado para bajar a la playa, era demasiado transparente y más que tapar enseñaba, pero estaba sola y mis pezones no podían soportar nada más, me quise poner unas braguitas y el simple roce del algodón con mi vagina y ano, los sentí tan irritados que hizo que me las quitara inmediatamente.

    Sólo con la prenda de gasa como indumentaria me fui a la cocina, al pasar por el pasillo, vi mi reflejo en el espejo y me sorprendió, mi cuerpo estaba totalmente expuesto a través del tejido, mis grandes pechos, parecían más grandes aún, los tenía hinchados y erectos, se marcaban perfectamente los pezones y mi escaso vello púbico se veía sombrear, me sentía muy atractiva, tanto que durante un rato estuve mirándome y girándome ante el espejo.

    Ya en la cocina, me preparé un desayuno ligero, al sentarme en un banquillo de la barra de la cocina, noté mi culo muy dolorido y tuve añadir a mi desayuno un par ibuprofenos, que bajarían la inflamación.

    Me sentía mal por cómo me había comportado la noche anterior y decidí descansar ese día en casa, además que no quería que me preguntaran acerca del asunto de la comunidad, tenía que reacomodar nuevamente mi vida. Trate de descansar el resto del día y dar una manita de gato al departamento.

    El dolor se fue mitigando, aunque sentía molestias, mi mente recordaba cómo había gozado horas atrás, esa noche tratando de descansa en mi cuarto, mi cuerpo me traiciono, ya que empecé a sentir la necesidad de estar gozando como la noche anterior ¿Por qué? Si hasta ahora solo me contentaba con un sexo tradicional y cortito, Dios como deseaba que me volvieran a meter esas vergas rusas, después de experimentar el placer con mayúsculas, deseaba volver a experimentar esas sensaciones, mis manos empezaron a tocar mis pechos y pellizcar los pezones de manera automática.

    – ¡Aahhh!, estaba fuera mí, trataba de recordar como fue que me los tocaba Sergei y una de mis manos empezó a deslizarse hacia mi vagina y aunque me dolía un poco al momento de tocar mi clítoris me llego un orgasmo tan grande que el dolor se tornó en un gran placer, me empecé a masturbar como una poseída.

    Deseaba que Sergei estuviera cogiéndome en ese momento, sentir su rico falo entrando y saliendo de todos mis agujeros, estaba loca de placer, me vine unas tres veces más.

    Definitivamente mi antigua vida sexual me iba dejar muy poco satisfecha, pero claro Cesar, mi marido, es a lo que me tenía acostumbrada y no podía de un día para otro, encontrarse con una loba sexual. Estaba más que claro ese tenía que ser mi secreto, yo era una mujer normal, tradicional y respetable (aún lo creía), que simplemente había tenido una noche loca.

    Al día siguiente terminado el desayuno, aún con un poco de dolor por lo sucedido un par de noches atrás, trate de comunicarme con Sergei para terminar el asunto de la comunidad, pero me dijo que ese día no me podía atender, así que me comunique con mi marido para saludarlo y saber cómo estaba, pero con el exceso de trabajo que tenía solo fue una llamada muy corta (como el sexo con él), me sentía apenada con él por todo lo que me estaba pasando, le mande mensaje a mi hija, me contesto más tarde anunciándome que termino los exámenes ese día, así que cambio su vuelo y que al día siguiente estaría en el departamento, me alegró y me preocupó a la vez, ya que tenía menos de un día para resolver mi dilema, tendría que tomar el toro por los cuernos e ir nuevamente a buscar a Sergei en el bar esa noche.

    El día estaba caluroso y solo traía puesta bata ligera y semi transparente, total no saldría hasta muy tarde, además que aun sentía cierto escozor en mi vagina y ano, fui a la cava del departamento y me serví una copa de vino para relajarme y me deje caer en el sofá de la sala, eran las 12 de la mañana y el sopor hizo que me quedara de nuevo dormida.

    Al rato me desperté sobresaltada, estaban llamando al timbre de la puerta, mire el reloj y eran las 4 de la tarde, un poco atontada me dirigí a la entrada y miré por la cámara del timbre, para ver quién estaba llamando, era una chica rubia, alta que me resulto familiar, pero no acertaba a recordar quién era, entreabrí un poco la puerta y asome la cabeza.

    – Hola, soy Irina ¿Te acuerdas de mí?, me dijo la rubia con un notable acento ruso.

    En ese momento el recuerdo de los besos que nos habíamos dado me hizo subir los colores, pero claro que no la reconocí la última vez que la vi estaba totalmente desnuda y hoy esa rubia espectacular iba vestida con una minifalda muy entallada que le llegaba a medio muslo y una blusa negra que hacían resaltar sus hermosos pechos un par de tallas menores a los míos, su pelo recogido en una coleta parecía una chica normal, con las gafas de sol sobre la cabeza y un gran bolso deportivo colgado al hombro.

    Yo debía tener cara de tonta, ruborizada y solo con la cabeza asomada fuera de la puerta, entonces volví a escucharla.

    – Mariana estás bien, ¿ese era tu nombre no?, volví en mí, y entreabrí un poco más la puerta.

    – Si, perdona estoy un poco aturdida, me había dormido un rato.

    – No importa, me dijo, lo entiendo, acabo de salir de trabajar del Sex Shop, pero acordándome de la fiesta de la otra noche, y pensando que quizás no estabas muy acostumbrada, decidí pasarme por tu casa para traerte algo que creo que te vendrá muy bien, metió la mano en su bolso y sacó un pequeño bote de color rosa.

    – Mira esto es una crema calmante, tiene rosa mosqueta y aloe, creo que te refrescara y bajara la inflamación que seguro aún tienes.

    Sin acordarme de cómo iba vestida, abrí del todo la puerta, y me acerque a coger el tarro, Irina en ese momento me miro de arriba abajo, con una sonrisa se quedó mirando mis pechos, que se marcaban en la bata, todo mi cuerpo se trasparentaba a través de mi bata, intentando tapar mi desnudez, me eche un poco hacia atrás para no quedar tan expuesta, y ella lo tomo como una invitación a entrar, ya que yo ya no le franqueaba la puerta.

    Una vez ella estuvo dentro y para que ningún vecino me pudiera ver semidesnuda cerré la puerta, ella volvió a coger el tarro de mis manos y se dirigió al salón, empezó a contarme, que la crema no me provocaría ninguna reacción alérgica, que era un producto que se vendía mucho en la tienda y que no solamente era buena para después de una buena sesión de sexo, sus propiedades calmantes me vendrían de perlas para después de tomar el sol, por ejemplo.

    Irina hablaba de sus productos, como si de una promotora de la perfumería de Liverpool o Palacio de Hierro se tratara, para ella hablar de sus propiedades era lo más natural, yo la seguí a la sala y al sentarme a su lado, note de nuevo un poco dolor en mi culo y mi vagina, mi cara tuvo que cambiar y el gesto de dolor tuvo que ser claro, ya que ella dejo de hablar y con una sonrisa me dijo:

    – Acuéstate, esto te hará mejorar en un momento.

    Yo como si estuviera hablando con mi médico, hice lo que me decía, era tal la confianza que me inspiraba y el dolor que sentía (en ese momento me estaba arrepintiendo de la sesión masturbatoria que tuve la noche anterior), que no me lo pensé dos veces, lentamente me eche hacía atrás, quedando recostada en los cojines de cara a ella. Irina, me abrió un poco las piernas y se sentó en medio, lentamente me fue abriendo la bata, hasta dejar mis pechos al descubierto, era una locura, estaba completamente expuesta a una total desconocida y no sentía ningún pudor, es más notaba como un calorcito muy agradable me subía desde la entrepierna.

    Ella sin dejar de sonreír, abrió el bote, metió tres dedos y con ellos embadurnados en un gel rosa se acercó a uno de mis pechos, lentamente y con mimo fue rodeando mi aureola y mi pezón que, aunque duro y sensible después del maltrato recibido en días anteriores, agradeció la sensación de frescor que me produjo de forma inmediata.

    Irina no dejaba de mirarme a los ojos y yo me sentía prisionera en esos ojos azules, fue ampliando sus refrescantes caricias, hasta masajear por completo esa teta, ya no solo empleaba sus tres dedos sino la mano entera, el masaje era muy agradable, en un momento note que paraba y mire de nuevo su mano, simplemente volvía al tarro rosa para recoger más gel y emplearse con el mismo mimo en mi otro pecho, ansiaba su contacto y al recibirlo deje de mirarla a los ojos y entrecerré los míos.

    Era increíble como me estaba dejando tocar por una mujer, una desconocida que sabía perfectamente lo que necesitaba.

    – ¡Mmmm!!!, gemí al contacto de sus manos

    – Veo que estas empezando a sentirte mejor, me dijo ella, yo solo asentí con mi cabeza si abrir mis ojos.

    ¿Cómo era posible? Yo una mujer normal, madre y esposa mojigata, hasta hace 2 noches jamás había tenido más contacto sexual que con mi marido y nunca de los nunca había pensado en una mujer, ahora me estaba dejando masajear por una rubia espectacular llamada Irina, que anteriormente me había penetrado con su lengua, con sus dedos y con un aparato enorme atado a su cintura, era una locura.

    Cuando terminó de masajear mi otra teta, abrí los ojos, la quemazón había desaparecido, mis pezones, aunque erectos por el contacto y el frescor, ya no me dolían, la vi levantarse y arrodillarse junto al sofá, al mirarla me di cuenta de que no llevaba sujetador, sus pezones también estaban duros y se transparentaban a través de la camiseta, en ese momento sonó su móvil, se puso de pie y me pidió disculpas por contestar, de su conversación pude deducir que alguien le estaba cancelando una cita.

    – Perdona, esta tarde tenía una reunión de Tupper’s sex, concertada desde el sex shop y me la acaban de cancelar, parece ser que no han podido reunir al suficiente número de chicas, y lo han aplazado para la semana próxima, me dijo.

    Yo me quede mirándola sin saber que decir. No sabía que era una reunión de Tupper’s sex, ella entendió perfectamente mi cara y acercó su bolso, arrodillándose de nuevo junto a mí, metió la mano y empezó a sacar varias cosas dejándolas en la mesita de centro de la sala, entre ellas había una cajita blanca, que parecía un estuche de joyería, al abrirlo sobre un terciopelo rosa aparecieron dos canicas metálicas, del tamaño de nueces.

    – Una reunión de Tupper’s Sex, comenzó a hablar, es una reunión de amigas, a la que invitan a una experta en productos eróticos, en este caso yo, de forma amena y con un café les voy enseñando las últimas novedades en productos de nuestro sex shop, aconsejándolas como utilizarlos y recomendándoles los productos que más salida tienen según sus gustos.

    Mi cara parecía un poema con su explicación y más aun viendo todo el material que estaba sacando de su bolso, no sabía dónde esconderme, me estaba poniendo más roja si es posible de la excitación, ya que vi un par frasquitos que se me hicieron conocidos, ya que fue el producto que me transformo; Popper.

    – Esto primero que te he enseñado son unas bolas chinas, sirven para darte placer con sus movimientos y para fortalecer las paredes de tu vagina, sobre todo si has tenido niños.

    Incrédula tome la cajita y las saque, pesaban un poco, al chocar entre ellas producían un sonido metálico.

    Irina me miró y dijo:

    – Quizás quieras probarlas, tengo tiempo, ya que me han cancelado mi cita y como veo que no conoces mucho estás cosas, ya que estoy en tu casa, puedo hacerte una reunión privada y así justifico mi tiempo fuera de la tienda.

    Nerviosa como estaba no supe que contestarle así que tomo de mis manos el par de bolitas y me dijo:

    – Mariana, verás como te gusta, además como tenemos la crema aquí, puede ser una forma estupenda de refrescar tu irritada vagina, acuéstate de nuevo, me dijo guiándome, sentí que la tela de mi bata se quedó pegada por el gel a mis pechos, dejándolos más marcados si cabe.

    Cogió las bolas, las embadurno en el gel y se acercó a mí, me abrió un poco las piernas, cogiendo una bola entre sus dedos y acercándola a mi vagina, la pasó suavemente por mis labios vaginales, de arriba a abajo, hasta que note una pequeña presión que enseguida dio como resultado que la bola estaba en mi interior, la sensación fue muy extraña y refrescante, inmediatamente cogió la otra bola y realizó la misma operación, la paso por toda mi raja y después de una leve presión, también mi vagina la engulló sin ningún problema, al entrar la segunda, note como un leve choque en mi interior, que volvió a producir una oleada cálida en mí.

    – Levántate un momento Mariana, para que notes el movimiento en tu interior, se levantó y dándome la mano me ayudó a incorporarme, al ponerme de pie, mi bata seguía abierta dejo expuestos mis pechos y mi vagina.

    Las bolas en mi interior pesaban y tiraban de mi vagina hacia abajo, yo tenía que contraerla para evitar que se salieran y eso hacía que rebotaran en mi interior, produciendo un cosquilleo que iba calentándome.

    – Aaahh!, exclame generando una sonrisa en el rostro de Irina

    – Vuelve a tumbarte, me dijo y obedecí dócilmente

    De la mesa tomo otra cajita, esta vez metálica, la abrió y en su interior una especie de punta con una base brillante.

    – Esto es un plug Mariana, me comento, es pequeño, sirve para dilatar y estimular el ano.

    Yo la mire asombrada, sin embargo, ella sonrió y continuo con su explicación.

    – Pero en tu caso como veo que todavía lo tienes dilatado, supongo que, la penetración de la otra noche fue tu primera vez, dijo mientras me moría de vergüenza.

    – Lo podemos embadurnar también con gel y te calmara por dentro, para que no te duela al introducirlo.

    En ese momento me dijo algo que volvía a cambiar lo que iba a suceder esa tarde.

    – Si quieres te puedo dar a oler un poco de Popper, al momento que tomaba uno de los frasquitos.

    Popper, era la palabra mágica para una mujer que, como yo, se había dejado llevar hasta la locura hace unas noches, me había gustado y quería volver a experimentar la misma sensación, me sentía segura con Irina, estaba en mi casa y en mi sofá, (que podría pasar).

    Yo asentí con mi cabeza y tomando un frasquito de la mesa, lo destapo y me lo dio a oler, de nuevo el olor dulzón a acetona y al mismo tiempo ese calor que empezó a recorrer en mi interior, una sensación de euforia me empezó a invadir.

    – Wow, que delicioso es esto, comente fuera de mi

    – Bien Mariana lo hiciste muy bien, me dijo a la vez que me ofrecía nuevamente el frasco, aspira dos veces por cada orificio y recuéstate.

    Y así lo hice sin detenerme a pensar, me sentía tan bien, relajada, eufórica y desinhibida, Dios me sentía nuevamente excitada y deseaba coger y que me cogieran

    Irina tomo el plug y lo mojo en el gel, pero no me lo metió, lo paseo por toda mi raja, subiendo y bajando, hacía presión en mi clítoris y lo bajaba hacia mi ano, volvía a acariciar mi clítoris, yo abrí más las piernas, el placer me estaba embargando.

    Vi en ese momento como tomo el plug con sus dedos, cual si fuera una pequeña verga empezó acariciarlo, sus dedos se fueron llenando de gel, cuando considero que tenía el suficiente gel en sus dedos empezó a estimular mi ano con ellos.

    Sus dedos resbaladizos por el gel iban abriéndose paso por mi ano, sentía como golpeaba con ellos desde mi recto el par de bolas chinas dentro de mi vagina.

    – Dios que placer, reconocí y en ese momento me beso, el cual yo correspondí como si no hubiera un mañana. No había duda me encontraba en el séptimo cielo.

    Irina me estaba volviendo loca y adicta al sexo lésbico, me acerco de nuevo el frasquito y lo volví a oler dos veces más, ella seguía estimulándome anal y vaginalmente, al mismo tiempo que su boca devoraba mis pechos.

    – Oh, sigue así puta rusa, no dejes de comerte mis tetas son todas tuyas, yo estaba muy caliente para pensar en otra cosa, ella volvió a mojar el plug y esta vez lo puso en mi ano y con una leve presión me lo introdujo, al mismo tiempo lo iba girando y las sensaciones en mi interior se iban multiplicando y lo dejo allí.

    – ¡Que ricooo!, grite fuera de mi.

    – ¿Te gusta Mariana?, pregunto mientras empezaba a masturbar mi clítoris y con sus dedos de la otra mano jugaban con las bolas chinas dentro de mi vagina.

    – Si, si, ¡SI!… ¡Me encantaaa! No te detengas, esa presión me estaba volviendo loca y al mismo tiempo las bolas se hacían más presentes, chocando entre sí y con el plug.

    – Eres una buena putita, me dijo con una sonrisa maliciosa.

    Subió una mano a mis pechos y pellizco un pezón, arquee la espalda, al mismo tiempo seguía acariciando mi coño con la otra mano, mi clítoris, me metía un dedo, luego dos, con ellos empujaba las bolas más dentro de mí, acariciaba el plug desde dentro era una sensación rara pero muy placentera.

    – Me voy a venir, gritaba cuando me llego el orgasmo, un orgasmo, que me dejo toda desmadejada y temblorosa en el sofá.

    Había tenido un orgasmo con una mujer, una mujer me había acariciado hasta hacerme perder el control y había conseguido que me corriera. Era una locura, a mí no me gustan las mujeres, pero Irina estaba cambiando eso, era toda una zorra experta en hacerme disfrutar.

    Sin dejarme respirar y de improviso Irina metió su cara entre mis piernas y empezó a comerme, no, a devorarme mi rajita, mis fluidos no dejaban de salir y ella parecía querer beberme entera, y yo todavía con las piernas temblando del orgasmo anterior, no solo la deje hacer, sino que las abrí más para que me tomara toda.

    – Mmmm, gemía, mientras ella me devora.

    Me restregaba con su boca, me agarre yo misma los pezones y los pellizque, tire de ellos y tuve otro orgasmo que me hizo cerrar las piernas alrededor de su cuello, pero ella se hacía fuerte entre ellas y seguía chupando, mordiendo, metiendo los dedos.

    – Gózalo putita, tu coño está muy mojado y delicioso, me dijo sin dejar de comerme, ya no me importara que me llamara así, es más me gustaba y me daba más placer.

    De repente escuche caer algo sobre mesita, el sonido me sobresalto, al voltear vi a Dimitri (en qué momento había entrado) esparcir sobre el vidrio, el mismo polvo blanco de coca que termino por volverme loca, y empezó a cortarla haciendo varias líneas y esnifo un par de ellas, estaba tan metida en mi placer que no me importo que ese ruso de verga gorda hubiera entrado a mi casa a drogarse.

    – Я вижу, тебе весело, можно я присоединюсь к вечеринке?

    Escuché que dijo Dimitri al momento que sacaba su grueso falo todo erecto y se lo jalaba para dejarlo más duro si era posible tal cosa, se veía esplendoroso, se acercó a mi ofreciéndomelo en la boca y sin dudarlo lo empecé a besar y lamer.

    Irina que en eso momento seguía con la comida de coño más rica que me habían dado en mi vida, metió un par de dedos en mi mojada vulva, volviéndome toda una perra, y empecé a mamar con intensidad esa gruesa verga, apenas cabía en mi boca, pero deseaba tanto comérmela.

    En eso sentí que algo salió de mi interior, era una de las bolas, había conseguido sacármela con los dedos, al poco tiempo la otra también salía, dejado un vacío en mi interior, Irina con sus dedos mojados por mis fluidos los llevo a una de las líneas de coca que había dejado Dimitri en la mesa y se lo embadurno con ese maravilloso polvo, los acerco a mi rostro y pare la felación que en ese momento hacia a Dimitri para lamer esos dedos con coca, Dios yo me consideraba una mujer normal hasta hace unos días y en solo 2 noches me estaba volviendo una PUTA y lo peor adicta a la coca y al maravilloso Popper.

    Pero solo fue un momento de conciencia, ya que al probar esos deliciosos dedos quede extasiada que me baje del sofá y poniéndome en cuatro patas me acerque a la mesita e inhale una línea e inmediatamente empecé a sentir su efecto, ya que mi calentura aumentó.

    Dimitri que aprovechó mi posición en ese momento empezó a meterme su gruesa verga en mi vagina, la cual a pesar de que estaba muy estimulada por la deliciosa mamada que me dio Irina, le estaba costando entrar

    – ¡Me duele, Dimitri! ¡Por favor, retírate! ¡Échate para atrás! ¡Aayyyh! ¡Aauuch! ¡Dueleee! ¡¡Dueleee!!, le pedía y me quejaba.

    Aun así, sentí cuando los estirados labios vaginales cedieron, dándole la entrada a ese monstruoso miembro

    – ¡Ay, Diosss! ¡No puedooo! ¡No la aguantooo! ¡Sacalaaa!, graba de dolor, pero no lo hizo

    El empezó a realizar un lento movimiento coital, el dolor era demasiado.

    – Es…, Espera…, De… Déjeme ahí un ratito… Ne… Necesito adaptarme, le pedí, aceptando mi desgracia, ¡No te muevas, pinche ruso! ¡Aaayyy! ¡Por favor no te muevas!

    – ¿Como la sientes, puta? ¡Quiero empezar a moverme dentro tuyo! Quiero que me digas como me la sientes, exigió saber el ruso orgulloso de tenerme ensartada.

    – Grande… Es demasiado… Te… Te la siento bien parada dentro mío.

    – ¡Jejeje! ¿Qué dijiste, putita? No te escuché, me consultó el muy patán, disfrutando de lo que le decía ya casi desmayada.

    – Que la tienes muy grande…, grite desaforada

    Irina se acercó a mi dándome un beso, tierno y erótico y me dijo.

    – Mariana con esto te consagras de puta, has recibido una de las vergas mas gruesas en tu vida, volvió a besarme y al tiempo que acercaba un frasco de Popper y lo inhalamos entre las dos, haciendo olvidar ese grueso miembro en mi vagina y excitándome sobremanera.

    A esas alturas, Dimitri, había empezado a meter y a sacar su verga con un poco más de fuerza y velocidad, vulnerando aún más mi mente. Pues al estar pendiente de cuanto ahondaba la verga, para que no me lastimara mucho había comenzado a poner atención en la deliciosa fricción que se originaba con ese acelerado mete y saca.

    – ¡Oh Dios! ¡Diooos! ¡Tu… ¡Tu pene… es… es enorme!, exclamé por fin, sin poder aguantarme y sin más comencé a mover la pelvis, soltándome e intentando buscar el mismo ritmo con el que me metían la verga.

    – ¡Ohhh putitaaa…! ¡Que rico que te comiste mi vergaaa…!!, escuche decir a Dimitri

    – ¡Ayyy…! Mmmm ¡Ufff…! Ayyy, Siiii…! Ohhh…!! ¡¡Dios…!! ¡¡¡Diossss…!!! ¡¡¡Diooos…!!!, ya gritaba audiblemente por cada feroz vergazo que me metía el ruso.

    Irina, sin dejar de besarme empezó a hurgar en su bolso y con dificultad, saco un consolador de él, pero no era un consolador normal, era como dos penes unidos por la base, el tamaño era enorme, cada una tenía un tamaño de unos 20 centímetros y un grosor de más de tres dedos, con él en la mano, se acercó a mí, empezó a acariciar la cara y beso mis labios nuevamente, nunca hasta un par de noches había tenido algo con una mujer y esto era maravilloso, nuestras lenguas jugaban y nos acariciábamos.

    Se separó un momento para quitarse su blusa unos pechos grandes, pero más pequeños que los míos aparecieron, tenían un tono tostado, igual que el resto de su cuerpo, con unas aureolas oscuras por el sol y unos pezones pequeños y duros. Los acaricié con los dedos, eran los primeros que tocaba en mi vida y comprendí que no serían los últimos, con un movimiento ágil, se bajó la falda, no llevaba ropa interior, estaba totalmente depilada y su coño al igual que sus tetas era de color tostado, seguramente hacía nudismo o se bronceaba en alguna cabina

    -Mariana…a ver que tal te comes tu primer coñito., comento Dimitri

    -Sí zorrita. A ver qué tal me comes el coño, dijo Irina abriéndose de piernas.

    Ella acerco su vagina a mi boca y sin dudar un instante la empecé a devorar me pareció riquísimo tenía un olor fuerte pero un sabor muy agradable, sentí que Irina me ponía sus manos en la cabeza y me apretaba contra ella.

    – Aggg que rico…vas a ser una estupenda…comecoños…, la escuche decir

    Dimitri en ese momento acelero sus movimientos y me volví loca, cosa que la rubia me agradeció

    – No pares Mariana… sigue putita, lo estás haciendo excelente, aaah!

    Me estaba cogiendo muy fuerte y el placer que me daba había hecho que dejara de lamerla. Así que me cogió por el pelo y me llevó otra vez a su vagina, Dimitri le había metido la polla de un solo estacazo en mi coño y con el plug moviéndolo en mi culito, me cogía muy rudo, fuerte, haciendo que con cada envestida mi cara se pegase más contra el coño de Irina, ella gemía de placer y yo también, pero mis gemidos quedaban ahogados en su vagina.

    -¡Plas!!! Dimitri me dio una fuerte nalgada con su mano.

    – Zorra. ¡Mira que dejarte coger y chupar la raja de un par de desconocidos! ¡Plas!

    – ¡Aggg!, grite, nunca me habían nalgueado en mi vida

    -Plas!!!, continúo haciéndolo sin piedad y me estaba excitando más, esforzándome a comer mejor la vagina de mi rusa

    -Siii pégale papi!!, escuche a Irina decir, Que se entere de que no es más que una puta

    – Plas

    Me empecé a correr con los ‘cariñosos’ golpes, la polla enterrada en mi rajita y mi culito siendo penetrado por el plug, en mi boca el sabor del coño de Irina fue demasiado para mí, mi cuerpo se empezó a convulsionar, al ser atravesado por intensas oleadas de placer.

    Tenía entre mis labios el clítoris de Irina en el frenesí orgásmico me entraron ganas de morderlo, pero sólo lo apretó entre mis labios, con fuerza.

    – ¡Aggg que ricooo!!!, exclamo.

    Todavía con espasmos de mi propio orgasmo, recibí en la cara la corrida de la rusa, en forma de ricos jugos que se bebí con placer, era el sabor más rico que había probado en mi puta vida, Dimitri no se corrió, sacó su enorme polla de mi coño, el cual goteaba de lo cachonda que estaba.

    – Ahora tú, putita, dijo refiriéndose a Irina, – ponte en el sofá.

    Se acomodo y con su mano tomo mi mano y la llevo a su entrepierna, note su humedad, su suavidad, su calor, me agrado el contacto, aún con mi poca experiencia con mujeres, empecé a recorrer su rajita con mis dedos, haciendo presión en los lugares que a mí me gustaban y con la otra mano seguía acariciando sus pechos, se inclinó y volvió a besarme, primero en el cuello, luego las orejas, acercándose cada vez más a mi boca, yo a esas alturas ya no sólo le acariciaba el clítoris, le metí un dedo, el calor de su cuerpo me agrado.

    Dejamos de besarnos y mirándonos, lentamente fue introduciendo parte del consolador en mi vagina, notaba como me abría a ella, estaba tan lubricada que, a pesar del tamaño, no me produjo ningún daño, cuando ya llevaba más de la mitad, ella se fue introduciendo la otra parte en su vagina y empezó a moverse y seguí su ritmo, nos estábamos penetramos la una a la otra

    – ¡Aggg mi amor!!! Que… rico me coges!!, grite con cada movimiento de penetración que nos dábamos con es consolador doble, nos seguimos besando.

    Dimitri y entre embestida y embestida, me retiro el plug y estaba comiendo mi ano tan rico que me volví a correr, mis espasmos junto a sus movimientos hicieron que Irina también se corriera.

    – ¡Ag cabrón! ¡Aggg, que ricooo!!!, grite

    – Siii que bien me coges Marianaaa.

    Dimitri dejo de comer mi culo y se levantó para masturbarse, cogía su pene con una mano y empezaba a moverla a lo largo, se acercó un poco más la punta de su pollón casi no tocó la nariz.

    El seguía pajeándose frente a nosotras era muy cachondo y erótico, de la punta de su polla empezó a gotear líquido preseminal, el cual esparció por mis mejillas.

    – Par de putas prepárense a recibir su baño de leche.

    Dimitri aceleró la paja, se iba a correr en pocos segundos en nuestra cara.

    – Levanten la cara, zorras.

    Aquella gorda verga empezó a escupir, sentí en la cara potentes y calientes chorros de espeso semen, que me quemaban la piel, pero era delicioso, nos pasó la polla por la cara, esparciendo su leche y aprovechábamos para besarla como si fuera algo divino.

    No sé cuántos orgasmos me dieron Irina y Dimitri esa tarde, está de más decir que lo volvimos a hacer varias veces, perdí la cabeza y hasta la conciencia, no supe en que momento se fueron, cuando me desperté cerca de las doce de la noche, estaba en el sofá de mi casa, con una colcha por encima, al incorporarme estaba aún desnuda mi bata no sabía en donde estaba, estaba toda embadurnada de gel y semen, no me dolía nada, me sentía bien, junto al sofá, estaba la crema, la caja de las bolas, el plug y una nota de Irina que decía:

    Mariana fue una tarde deliciosa, eres una excelente putita, besos.

    P.D. Habrá una Tupper’s sex mañana a las 3 de la tarde, anímate.

    Continuará…

  • Amigos de verdad

    Amigos de verdad

    Hola, soy Miguel y quería contar la historia de la primera vez que tuve sexo con otro hombre, de cómo despejé mis dudas y simplemente pude para probar algo que resulto en un gusto y se convirtió en una buena forma de pasar el tiempo e incluso de relajarnos.

    Mi historia comenzó en el tercer semestre de universidad con mi mejor amigo Alberto, para empezar hay que poner este contexto, ese día era el día de la mujer las mujeres en mi universidad no habían asistido a clases y solo los hombres habían ido, ellas decían que era un día de protesta y que nosotros no teníamos que faltar, pero esta la contradicción de que no podemos ver nada en clase porque se debe respetar ese día y no podemos ver nada que pueda perjudicarlas en las materias por la primera clases si las tuvimos como repaso ya que eran maestros, pero las maestras no habían ido.

    Teníamos 5 horas libres, pensar algo irse es la solución perfecta, pues no porque la clase de las 3 era dada por un hombre y era seguro que la tendríamos porque ya habíamos visto al profe, uno en ningún momento pensaría que las horas libres estresarían, pero en la universidad si que lo hacen, en fin nuestro otro amigo, Rafa se iba con su novia y nos dejaba solos a los dos, era demasiado temprano para comer y la verdad no había mucho que hacer, casi todo estaba solo, así que quedaba la opción de ir a donde se estaba quedando, que él le decía departamento pero más bien era solo un cuarto.

    Al llegar solo esta su cama, un buro, cosas para aseo personal además de los que tenía en la mochila y es comprensible pues al ser foráneo tienes que ahorrar y este lugar está muy cerca de la universidad, así que al no haber nada que hacer comenzamos a platicar de videojuegos, nuevos personajes, eventos, hablamos como por media hora de eso, luego sobre comida, jugamos un rato en el celular y después ya que estábamos aburridos se nos ocurrió jugar verdad o reto pero con un juego de intermedio, o sea quien perdía la ronda le tocaba decir la verdad o hacer el reto, en las opciones que teníamos de juegos era, algún juego básico como gato o cualquiera que se pueda hacer con una hoja o lápiz, así que elegimos gato porque era el más sencillo, así empezamos a jugar y gane la primer ronda:

    – ¿Verdad o reto?

    – Verdad

    – ¿Quién te cae mal de nuestros compañeros y por qué?

    Así empezamos a hacer preguntas algo simples hasta que simplemente al ganar el me pregunto:

    – ¿Lo harías con otro hombre?

    – Ah cabron, ¿por qué?

    – Pues estamos solos los dos y tenía esa curiosidad

    – Si ya se pendejo, pero ¿por qué eso?

    – Porque es lo único que se me ocurrió

    – No mames

    – Pues responde

    La verdad la pregunta me saco un poco de onda, pero la verdad en ese momento pensé en confiar en él, después de todo era mi mejor amigo.

    – Pues he tenido muchísima curiosidad, no creo que tenga nada de malo querer probar, ¿O sí?

    Después de esa repuesta simplemente dejamos el juego a un lado y comenzamos a platicar del tema.

    – Jajaja, la neta yo también, pero si te dan ganas de hacerlo o nel. (Dijo Alberto con mucha confianza)

    – La neta sí, me gustaría probarlo bien en algún momento.

    – Puta madre, bueno, a ver, se honesto ¿te la has jalado teniendo una fantasía gay o con porno gay?

    – Jajaja, si un chingo.

    – Enserio

    – Si, wey

    – Wey, falta un chingo para las clases, no quieres probar.

    – ¿Probar que? (Ya sabía, pero seguía medio sacado de onda)

    – Pues coger, que más, los dos traemos ganas.

    – No sé, haber, déjame pensar.

    Ya que había confesado eso pensé que tal vez es la oportunidad que busco para poder experimentar y aún quedaba mucho tiempo, aunque se me empezó a notar que me emocione porque después de imaginarme que había posibilidad se me empezó a parar así que al verme me pregunto.

    – Si quieres, no te hagas o porque se te está parando

    Así que con la confianza que estaba teniendo y muy posiblemente por lo caliente que estaba, me siento en su cama y empiezo a hablar sin ningún filtro:

    – No tienes ni idea de cuantas ganas tengo de probar la verga, también me la jalo viendo o imaginándome situaciones.

    Empiezo a recostarme levemente en su cama, subiendo los pies y abro mis piernas mientras bajo mi pantalón de pants (ya saben ropa deportiva) recostado en su cama enfrente de él dejando ver mi culo, mis huevos y mi verga bien parada y solo le pregunto.

    – Empieza tú, ¿que se te antoja probar?

    Apenas le dije eso, se acercó a mi quitándose la ropa toda la ropa se inca frente su cama me quita todo el pantalón y la ropa interior de una y comienzo a sentir su respiración en mis huevos, para lentamente lamérmelos, comienza a sostener mi verga y lamerla desde la base hasta la punta, succiona de forma muy fuerte la cabeza y comienzan a escucharse esos ruidos de que succiona, así que solo sostengo su cabeza mientras explora con su lengua mi verga, siento que lame con entusiasmo, comienza a escupir en mi culo y meter uno se sus dedos que había chupado, todo eso me excitaba muchísimo, además en frente de mi podía vernos a ambos en un espejo grande que había en la pared, podía verlo a él hincado, como movía su cabeza y como exponía su culo al aire, pero en ese reflejo, había algo que me llamo la atención y era que podía ver su verga y sus huevos colgando y moviéndose mientras me lamia los míos, pero tenía que comprobar lo que veía, así que le dije:

    – Ahhh, sí, quiero probar los tuyos, me toca a mi

    – Te gusto

    – Muchísimo, pero si sigues tú, se ve que traías ganas

    – Quiero hacerlo bien

    – Haber recuéstate

    Intercambiamos lugares y ahora yo estaba frente a sus huevos y su verga, así que confirme lo que veía en el espejo, una verga que podría llamarla larga, que media más o menos lo mismo que la mía, (18 cm) pero lo que me llamaba la atención y que tenía algo que simplemente me llamaba para saborearla era su forma, la venas se marcaban en toda la verga y su cabeza era enorme, era como ver un hongo, así que sin dudarlo la metí a mi boca y comencé a succionarla y lamerla lo mejor que pude, pasando mi lengua alrededor de toda la cabeza, era imposible que la metiera toda completa por lo cabezona que es, y al observar la cara de placer que tenía continue y comencé a chupársela más rápido e incluso esa situación me encanta, lamia su verga e incluso estaba ya chupándole los huevos, la forma de su verga simplemente me tenía hipnotizado, así que en ese momento ambos dejamos de pensar y simplemente nos enfocamos en el placer.

    Después de un rato deje de chupársela un instante para ir a mi mochila, (la cual estaba también arriba de su cama en una orilla) para sacar unos condones, y mientras los sacaba empecé a sentir como comenzaba a lamer mi culo, nunca había sentido eso en mi vida, así que imaginen mi cara de placer al sentir su lengua entrando por mi culo y también lamiéndome los huevos, mientras yo sostenía una tira de condones, finalmente solo le escupió un poco y me dio una nalgada, a lo que yo rápidamente le puse el condón como pude, y comencé a sentarme lentamente en su verga mientras lo veía a él pero simplemente no entraba, a lo que pensamos, falta algo.

    Así que desesperados porque él ya me la quería meter y yo ya la quería adentro, agarre un poco de crema corporal que tenía ahí (fue lo que se nos ocurrió) y comencé a frotarle la verga con ella, después de ver como estaba resbaladiza me puse un poco en el culo y ahora sí, a sentarme en ella pero esta vez volteado viendo al espejo, ósea de vaquero invertido, sentí como costaba trabajo al principio por la enorme cabeza que se cargaba, hasta que al entrar toda la cabezona mi culo empezó a comerse toda su verga y sentir placer como nunca antes había sentido, mis caderas empezaron a moverse casi por instinto, se sentía muy bien el cómo entraba una parte y salía lentamente, mi culo simplemente lo empujaba de nuevo hacia dentro apenas la sacaba un poco.

    Podía sentir su verga dentro, en como su cabeza recorría mi interior, el calor que despedía y el placer que sentíamos ambos, dejando salir los ruidos y el olor característicos del sexo, el sonido de mi culo succionando su verga, de mis nalgas golpeando su vientre, de la cama rechinar con cada movimiento y por supuesto el olor inconfundible de dos machos teniendo el mejor sexo de sus vidas, mi verga ya no estaba parada y aun así sentía un placer extremo y que de hecho estaba chorreando, al voltear a ver el espejo y ver como mi culo se comía esa verga, fue algo que detono en mí, quería ver más de mí, comenzando a ir más rápido y de nuevo mi verga se estaba parando, veía como su verga entraba y salía mientras mi verga y mus huevos se movían al unísono con el sonido de mi culo siendo golpeadas por su cadera.

    De nuevo con mi verga completamente parada empezó a sentir como comienza a agarrarme más fuerte de la cadera y empieza a frenarme de a poco hasta que simplemente comienzo a sentir como su verga se endurece como una piedra dentro de mí a sentir ligeramente caliente la puta, eso hizo que simplemente mi verga explotara sacando tanta leche como nunca lo había hecho, dando ese gemido de placer final al mismo tiempo y sin importarme disparándola hacia donde cayera, manchado la cama y escurriendo incluso en su buro.

    Después de eso, simplemente comenzando a levantarme de a poco para sacarme la verga del culo y ver lo inflado que había quedado el condón, que por cierto estaba escurriéndole por los huevos ya que se le estaba saliendo la leche por las orillas, así que al sacármela y relajarme un poco simplemente me siento junto a él, no me había dado cuenta mientras lo hacíamos pero las piernas me dolían, el solo se sacó el condón dejando al descubierto su verga brillante por todo lo que había salido de ahí así que aunque cansado me incline para darle una última mamada y probar su leche.

    Finalmente mientras terminaba de mamársela, al vernos fue inevitable que nos besáramos así sin más, solo disfrutando del momento, desnudos, batidos con la leche que acabábamos de ordeñar aun sin seguir pensando nada, después un rato, al fin ya pensando “bien” o más bien algo mejor no reímos del batidero que hicimos.

    – Jajaja no mamas cabron sacaste un chingo

    – Imagínate si te estuviera viendo a ti, terminas todo cumeado

    – No estaría mal

    – Quieres lechita

    – Si, pero mejor ayúdame a limpiar

    – Pues si, haber

    – Así quédate, sin ropa, me gusta verte así.

    – Mejor no, o nos van a dar ganar de coger otra vez.

    – Te gusto la verga

    – Obvio sí, pero mejor vestiste también, jajaja

    Comenzamos a limpiar, incluso sus cobijas todas manchadas, así gastamos ese día, nos convertimos en verdaderos cogi-amigos, incluso llegando a faltar a clases por tener su verga en mi culo, de lo cual no me arrepiento y de hecho casi no me afecto, de hecho, estoy seguro de que nuestras calificaciones mejoraron, aun continuamos y estamos planeando llevar un servicio profesional en un mismo lugar para poder así tener fines de semana y noches de sexo, yo disfrutando su verga cabezona y el de mi culo, experimentando entre nosotros, claro sin descuidar nada, incluso nos hemos planteado la posibilidad de ser pareja pero al estudiar lo mismo y trabajar en lo mismo puede que nos traiga problemas, así que estamos bien simplemente concentrándonos en el estudio teniendo una muy buena amistad y el mejor sexo sin preocuparnos de sentimientos de ese tipo y disfrutando del sexo como debe de ser.

  • La segunda vez por plata

    La segunda vez por plata

    Luego de tener sexo por plata, ser mi puta personal, pasaron unas semanas donde todo volvió a la normalidad. Algunos cuidados extras a su figura me daban indicios de que se estaba tomando a pecho el nuevo trabajo de puta vip y eso incluía además de la peluquería uñas impecables, cremas anti age y algunas otras cosas, también vi que estaba manteniendo bien cortado el césped de su jardín, apenas una pelusa en el pubis.

    Un sábado a mediodía, en esas tediosas mediodías de verano me dijo que necesitaba ir a la peluquería y le contesté que ella sabía cómo conseguir plata, a lo que me preguntó si yo estaba dispuesto a pagarle, porque si no tendría que salir a buscar alguien que le quisiera pagar.

    Me dio mucho morbo su comentario, de imaginármela teniendo sexo por plata con un extraño, o no, mientras hablábamos si se animaría a coger con cualquiera por plata ella fue hasta el vestidor y volvió al living vistiendo un conjunto de lencería erótica y zapatos de tacos aguja rojos.

    -Estas divina, le contesto, estás buscando guerra?

    -No, estoy buscando plata, replicó.

    La conversación se tornó mas comercial entonces, y menos sentimental.

    -Que tienes para ofrecer? Le dije

    A lo que contestó

    -Te bailo, dejo que me hagas la cola, y después terminamos con una garganta profunda, todo por cincuenta, a lo que accedí.

    Ella me hizo sentar en un sillón del living, oscureció con las cortinas, puso música suave y se dirigió a la heladera, preparó un vaso con agua y hielo y se paró delante de mi bailando sensualmente al ritmo de la música que era lenta, suavemente contorneaba sus caderas, las piernas ligeramente abiertas dejaban adivinar sus labios

    Ella se quitó la ropa interior pero se quedó con el portaligas y los tacones, sacó un hielo del vaso y comenzó a pasarlo por sus pezones mientras bailaba, continuó descendiendo por su vientre con la mano que sostenía el hielo, se lo pasó por los labios vaginales y lo metió en su vagina mientras bailaba, de allí comenzó a chorrear agua a medida que se terminaba de derretir.

    Se arrimó para que la tocara, apenas me dejó pasar la mano un par de veces por sus labios y cuando fui a meter un dedo me sacó la mano, pude percibir el frio de su vagina.

    Ella bailaba sobre sus tacones, contorneaba sus caderas, bajaba en cuclillas todo lo que le permitían los tacones y antes de subir caía una gota de sus labios, mezcla de agua y de su lubricación natural, trajo una botella de la heladera que tenía algo de champagne, restos de las fiestas pasadas, le pasó la lengua sensualmente al pico y sirvió en una copa que previamente pasó por su vulva antes de dármela en la mano para que yo la tomara, la botella quedó en el suelo, ella fue bajando con el ritmo de la música hasta que el pico rozó sus labios.

    Se, que cuando el pico rozó su vulva un escalofrío recorrió su cuerpo aunque ella trató de disimularlo, continuaba bailando, la siguiente vez que bajó apoyó la vulva en el pico, hizo una leve presión y penetró su vagina unos centímetros, como ella además movía sus caderas la botella cayó y rodó, pero ella la volvió a parar, giró sobre la punta de sus pies, su abundante trasero hacia mí, se agachó hacia adelante dejando expuesta toda su húmeda vulva y le pasó la lengua varias veces al pico de la botella, hasta que un hilo de saliva se cortó entre la punta de su lengua y el pico.

    La siguiente vez que bajó bailando el pico completo desapareció en su vulva, que se estiró al llegar a la parte ancha de la botella y repitió esa escena un par de veces más. Bajando un centímetro más cada vez.

    Mi pene estaba que explotaba, no la había visto nunca así, ella se dio cuenta me sacó la bermuda que tenía sin nada debajo y me invitó ir al dormitorio, y vaya sorpresa me llevé, ella lo tenía todo planeado, allí estaba todo a media luz, un sahumerio había perfumado el ambiente, el lubricante y uno de los consoladores medianamente grandes, por si acaso hiciera falta para el final.

    Ella se me adelantó y quedé cerrando la puerta por si acaso, aunque en casa vivimos solos no es raro que nos visiten nuestros hijos que tienen llave, cuando me di vuelta hacia la cama que es de tamaño King situada más o menos en el centro de la habitación de cinco metros por tres ella gateaba en la cama con un plugo anal puesto que nunca había visto.

    -Y ese plugo? pregunté

    -Es para prepararme para vos. Contestó

    Me pidió por favor que me quería coger ella montada arriba unos minutos antes de que yo continuara, accedí, porque al final esto es de a dos y nada mejor que coger con una puta perra caliente en lugar de una puta fría que piensa en cobrar lo antes posible. Me acosté y apunté mi pene al techo para que ella viniera y se sentara arriba de él clavándoselo todo hasta el fondo en un solo movimiento, claro ya estaba dilatada y lubricada por el baile de la botella. En unos minutos de galopar ella casi llega al orgasmo pero la pared a tiempo, y le dije.

    -Hey, hey, hey, quien paga a quien?

    Así como estábamos le saqué el plugo que quedó limpito a un costado de la cama, puse lubricante en la línea de su cola que se deslizó hacia abajo por el calor, le pasé el pene un par de veces por toda la línea del culo y a la tercera penetré ese ano que me estaba esperando, al entrar la cabeza ella se tensó, esperé que se aflojara y se empezara a mover y le pedí que se pusiera en cuclillas como con la botella, pero esta vez era mi pene, cada vez que bajó fue entrando un poco más, y después de la cuarta o quinta vez ya entraba todo, desaparecía por completo dentro de su ano, mientras su vulva se pegoteaba con mi pubis.

    Debemos haber estado unos ocho o diez minutos así, yo intentaba aguantarme pensando en otra cosa, mientras disfrutaba de ese masaje que estaba recibiendo, ya no sentía que me apretara como al principio pero cuando miraba mi pene desaparecer todo engullido por ese agujero negro me ponía a mil hasta que exploté, cuando ella se dio cuenta que estaba eyaculando se sentó con todas las fuerzas, intentando que la descarga de semen fuera bien profunda, y allí quedamos unos instantes.

    Ella me pidió quedar así y que le pusiera el dildo en la vagina, yo sabía que si se me salía del agujero donde estaba no volvería a entrar, por un costadito deslicé el dildo y lo fui metiendo en su vagina, mi pene iba disminuyendo firmeza y el tamaño de lo que estaba penetrando su vagina me iba desplazando pero continué. Con un movimiento de cadera lo terminó de meter todo, y yo continuaba atrás, ella en este momento estaba doblemente penetrada, y eso le encendía el morbo, galopó, cabalgó, se clavó todo lo que pudo el dildo, también se salió mi pene del culo y de éste comenzó a brotar semen, como lava de un volcán, que nos pegoteaba aún más a ambos mientras ella llegaba a un orgasmo muy intenso.

    Nos cruzamos en el baño y nos tocamos como dos adolescentes de cincuenta, llegué al dormitorio y aún había olor a sexo, el aire acondicionado encendido por el calor, la cama bastante revuelta estuve acostado unos instantes , agarré el teléfono para distraerme unos minutos mientras ella llegaba y “Plan” mensaje.

    -Mira como me has dejado, todo el culo abierto. Y una foto de su ano, dilatado, rosado, y con un tamaño que nunca había tenido.

    -No vas a tener más problemas de estreñimiento. Le dije bromeando

    -Cuando quieras vienes y te lo vuelvo a reventar. Insistí

    -Pero solo por plata. Dijo ella

    La imagen me puso de pene duro de nuevo, la miré una y otra vez y la comparaba mentalmente con la de actrices porno que había visto. Busqué en internet “Anal gape” y una foto de un culo bastante más abierto que el de ella la descargué y se la mandé.

    -No es nada lo tuyo al lado de esto. Le dije

    Al volver del baño, me confesó que el fotografiarse para mandarme la foto le calentó mucho, también al mirar la foto que yo le mandé y pensar que tal vez ella podía lograr eso. Me encontró de pene duro , me lo agarró fuerte, deslizó el cuero para atrás y me dijo que le daba la impresión de que yo también me había calentado.

    Comenzaron las caricias, la saliva me mojaba todo el tronco, ella se metía de a poco el pene en la boca, cada vez un poco más hasta que hizo una arcada. Probamos en otras posiciones, como la última vez y en un punto siempre sentía ese reflejo, pero en el fondo quería superarlo, si ya lo había superado. Paramos un par de veces y lo conversamos, le recordé que la última vez, en un momento yo sentí como un escalón y entró toda, ella insistió unas veces más y esta vez no podía, se frustraba y cada vez menos.

    Recordé que alguna vez había visto hacer una garganta profunda en un sesenta y nueve.

    Le dije esto y nos colocamos uno arriba del otro en posición, yo disponía de toda su vulva para lamer y de su ano para meter los dedos, ella tenía un pedazo de carne para tragárselo entero sin masticarlo, y vaciarlo directamente a su estómago.

    Comencé por los alrededores, labios mayores, menores, clítoris con mucho cuidado, meter la lengua hasta donde me daba, moverla dentro de su vagina y saborear los restos de lubricante y fluidos de ella, aún estaba dilatada, y a medida que yo insistía dilataba más, metí un dedo en su culo y a continuación otro, el pulgar en la vagina moviendo los tres ritmo, ella gemía y se olvidaba de la tarea que fue a hacer, le escuché escupir abundante saliva, abrió grande su boca sacó la lengua por debajo del pene y se lo metió de una hasta la garganta, metió y sacó tres o cuatro veces y dijo

    -Pude, ahí

    Volvió a metérselo hasta el fondo y yo escuchaba ruidos de saliva y sentía un placer enorme. Volvió a respirar, y lo volvió a tragar, tres o cuatro veces más hasta que le dije.

    -Cuando me esté por venir te nalgueo y te lo quedas adentro de la garganta.

    Se lo sacó de la boca y como pudo dijo

    -Ajaba

    Con otras metidas hasta el fondo, que cada vez entraba mejor, le di una nalgada y cuando se quedó unos instantes con los labios pegados a mi pubis, descargué un chorro que no pasó por su garganta, fue directo al esófago, ese espasmo le debe haber molestado porque sacó la boca y el siguiente chorro fue en su nariz, y la siguiente gota la lamió para que no cayera.

    Ella se encargó de limpiarme a lengüetazo limpio cualquier resto de semen. Y se lo tragó hasta la última gota. Estábamos ambos jadeando, yo por la segunda eyaculación en poco rato, y ella porque en los últimos minutos había respirado muy mal y había contenido la respiración al final.

    Pactamos el pago por transferencia bancaria.

    Ella aún desnuda, fue a la cocina y volvió con un gran cuchillo, que puso al lado de mis bolas y me dijo, con una gran sonrisa.

    O me transferís ahora, o te corto las bolas.

    PIN 6969 y quedó hecha la transferencia.

  • Lupe

    Lupe

    Soy un hombre de 52 años, como muchos, normal sin ningún atractivo, casado y con 2 hijos mayores; quiero compartirles algunas de mis vivencias a lo largo de mi juventud.

    A lo largo de mi vida, he tenido experiencias de incesto con mi madre y con mi hermana; con alguna prima hermana y con dos tías, hermanas de mi padre; también las normales con amigas y novias y como diría la canción -con una que otra casada-.

    Ya de casado, con una linda mujer de bello cuerpo y sensuales nalgas, me tocó vivir la experiencia de cogerme a mi suegra y a mi cuñada, también a mis dos concuñas, a una de ellas solo dormida y la otra despierta; con esta fue despiertos ya que mi cuñado, resultó ser muy liberal y me propuso hacer un trío con ellos, fueron varias ocasiones que nos cogimos a su esposa, pero fue tan buena la química y tan buen entendimiento en la cama que después, cogimos muchas veces solos y sin que mi cuñado se diera cuenta.

    También con una sobrina, hija de mi cuñada.

    Pero hoy lo que les quiero compartir es lo que me pasó con 2 vecinas en los departamentos en que habitamos mi esposa y yo; espero que les guste y lo disfruten.

    Fue en tiempos de la pandemia, dónde yo pienso que a todos, nos dio la oportunidad de conocer de mejor manera a nuestros vecinos, de todas las maneras posibles.

    En el edificio en el que vivo, hay 5 departamentos, incluido el mío, me tocó la suerte de poder coger a una de las vecinas y a su hija. De otro departamento nada más a la señora, a su hija nada más la manoseé y me mamó la verga. En esta ocasión les comparto lo que pasó con la vecina que vive en la parte de abajo del edificio, su departamento da directo al garaje, hay un lugar para cada departamento; esta familia está compuesta por la señora en cuestión, su marido y sus dos hijas. Por azares del destino, mi esposa y está señora, se conocían de su juventud, por ser vecinas, tuvieron algunos problemas clásicos de la misma juventud, con el tiempo cada quien agarró el camino que le marcó el destino; tras casi 35 años después el mismo destino las juntó en el mismo edificio; ellos llegaron a 3 años de que nosotros ya vivíamos ahí.

    Desde que mi esposa la reconoció, me dijo que, no quería que le hablara más que lo necesario a la nueva vecina, ya que la conocía y sabía cómo era, como ella me conocía de como soy con las mujeres me dijo -tú de pájaro loco y ella de cola pronta, no dudaría que te la terminaras cogiendo y te he pasado muchas pero nunca con ella, con ella jamás te lo perdonaría-, ya con esta advertencia y como yo en ese tiempo me andaba cogiendo a mi cuñada, pues le dije que no se preocupara; cabe mencionar que yo aprovecho todas las oportunidades que me da la vida de cogerme a las mujeres que se me pongan enfrente, ya sean gorditas o flacas, jóvenes o viejas, buen cuerpo o no tanto, jóvenes o viejas; está señora, era chaparrita, gordita, un poco de nalga, pero lo que más resaltaba de ella, eran sus grandes senos, aunque vestía de manera normal, se notaba que tenía unas buenas tetas.

    Casi siempre que nos cruzábamos era el clásico saludo de buen día, tarde o noche, las veces que nos poníamos a platicar, tocaba la suerte de que mi esposa estaba presente, así ni como hacer o pensar en otra cosa. Con el paso del tiempo, cómo el garaje daba a la puerta de su departamento, cada que bajaba, (nosotros vivimos en el departamento de hasta arriba) ya sea a lavar mi carro o hacerle algún arreglo, me di cuenta de algunas cosas que pensé me podrían ayudar a cogerme a la vecina. Al principio me tocó escuchar como el señor y ella cogían, las escaleras terminaban o empezaban, casi a escaso metro de la puerta de su departamento. Su departamento, es el más pequeño de todo el edificio, así que su recámara está casi en la puerta del mismo, así que si uno se acercaba, podía escuchar o hasta incluso ver así dentro, ya que la puerta, era la clásica de mitad vidrios, las cuales tenían unas dobles cortinas, una delgada y otra gruesa, la otra mitad era de metal.

    En una ocasión, baje a revisar mi carro, al pasar junto a la puerta de mi vecina, claramente se escuchaban, los sonidos clásicos de cuando uno está cogiendo, los jadeos, los suspiros, los «aplausos» que provoca, cuando uno se la mete a una mujer, estando de perrito, me pare junto a la puerta, solo tenían corrida la cortina delgada, así que, acercándose se veía al interior del departamento, tenían la luz de su recámara encendida, eso facilitó mi visión, estaban los dos desnudos, ella era cómo me la había imaginado: gordita, con unas tetas bastante apetecibles, casi nada de nalga, algo de vello púbico; el señor con una verga como de 18 cm delgada.

    El señor estaba acostado, mientras ella le mamaba la verga, que mamada le estaba dando, después de un rato, ella se montó en él, se acomodó la verga en la panocha y se la fue metiendo poco a poco, hasta que terminó de comerse totalmente esa barra de dura carne, dio un pequeño grito, comenzó con un sube y baja, lento, moviendo las caderas y las nalgas en círculos, ya cuando tomó ritmo, comenzó a moverse más rápido hasta que alcanzó una buena venida, se recostó sobre el pecho de su marido, en lo que se recuperaba de tan rica venida.

    Al cabo de unos minutos, el señor la colocó en posición de perrito, le puso la verga en la entrada del culo, ella como que no quería, pero su marido la sujeto fuertemente de las caderas, le dejo ir la verga tan fuerte que ella dio un grito, que no sé cómo los demás vecinos no escucharon; ella le decía que ya porque no la aguantaba, pero él le decía, que se callara, que aún tenía pila para rato, después de unos 10 minutos de estar bombeando su culo, el marido comenzó a llenarla de leche, ella solo jadeaba y decía que ya la sacará, el muy canijo todavía se la dejo adentro, hasta que se le bajó, se la saco y brotó un poco de leche, ella le dijo, que se pasaba, que ya sabía, que la lastimaba cuando se la cogía por el culo, el solo le dijo que se amolaba, ya que a él le gustaba darle por el culo. Me aparté de ahí para que no me descubrieran.

    Pasaron algunas semanas de este evento, el señor empezó a salir a trabajar; para hacerlo yo tenía que mover mi carro, para que él pudiera sacar el suyo del garaje, su esposa siempre le ayudaba a abrir y cerrar el portón, se me olvidó comentarles el nombre de esta señora, se llama Lupe.

    Pues bien todas las mañanas, Lupe subía a tocar a mi departamento, a eso de las 5 am, para que moviera mi carro y que su esposo, pudiera sacar el suyo, yo bajaba en shorts, que es como duermo, bajaba, saludaba al vecino, hacíamos el movimiento de los carros y le ayudaba a Lupe a cerrar el portón, me quedaba algunos minutos platicando con ella; al paso de los días, con la misma rutina, me di cuenta que ella siempre salía con una chamarra larga, que le llegaba a media pierna, esa ocasión, puse más atención, me di cuenta que siempre tenía agarrada la chamarra, ya que no le servía el cierre, me sentí un poco excitado, imaginando que ella no traía nada abajo, decidí lanzar toda la carne al asador, como decimos en México, en la plática, le comenté que con el frío que hacía esa mañana, todo se encogía.

    Lupe me contestó, -no todo vecino- y bajo su mirada a mi verga que estaba semi parada, le dije que lo que provoca la imaginación, me preguntó porqué, le contesté que uno imagina cosas bastante locas, ella me preguntó qué cosas, le contesté con pregunta: -si le digo se va a enojar y me va a acusar con su marido-, ella contesto que si tan atrevida era mi imaginación, acto seguido, le pregunté que si adivinaba me dejaría comprobarlo, ella solo me regaló una sonrisa coqueta y de invitación a hacerlo, le pregunté que si debajo de su chamarra no traía nada, ella por respuesta, solo se acercó a mi, puso su estómago en mi verga, se empezó a restregar; que más invitación había para empezar un cachondeo, cabe mencionar que el garaje tiene unos focos para controlar la luz, los cuales apagábamos, cuando, ya nos metíamos a nuestros respectivos departamentos, en esta ocasión, ya los habíamos apagado.

    La tomé de la cintura, le restregué todavía más mi verga, que ya estaba a todo lo que daba, mis 15 cm, estaban como piedra, ella no me rechazó, me abrazó del cuello, dejó que yo hiciera con ella, lo que quisiera, no cabía duda que estaba excitada, con el abrazo que me dio, soltó la chamarra, pude ver qué se la agarraba porque no servía el cierre, comprobé que efectivamente no traía nada abajo, iba totalmente desnuda, nos besamos, mis manos entraron en esa chamarra abierta, tocaba sus tetas que si eran grandes y suaves, su estómago era también algo grande, sus nalgas eran también suaves y tersas, su panocha tenía, cómo ya había visto el vello púbico sin recortar, pero no estaba muy grande.

    Me abrí paso entre ese vello, para tocar su clítoris, ella dio un suspiro, ya me agarraba la verga por encima del short, me decía que la tenía muy dura, le metí poco a poco mi dedo medio en la panocha, ella ya gemía del placer que le estaba dando, alternaba su clítoris con el interior de su panocha, se comía fácilmente todo mi dedo, así estuvimos un rato, hasta que ella, se empezó a estremecer, viniéndose en mi dedo, estaba muy mojada, saque mi dedo, lo lamí y después se lo metí a la boca, lo succionó con frenesí desesperado.

    Después me alzó la playera que traía, me chupo de manera muy rica, mis pezones, nunca soltó mi verga, se fue bajando, hasta llegar a ella, me bajo el short con todo y mi trusa, me dio una gran mamada como ya tenía tiempo que mi esposa no lo hacía, se metía la verga hasta la garganta, la lamía y la succionaba con mucho placer, casi me hace venir, me hubiera encantado llenarle de leche su boca, pero quería probarla más, la levanté, ahora yo le estaba mamando sus pezones, ella contenía sus suspiros, tal vez sus gritos, para que no se diera cuenta su familia, estábamos algo cerca de la puerta de su departamento, a mí no me hubiera importado que cualquiera de sus hijas nos vieran, también se antojaban mucho.

    Sus hijas, eran jóvenes, de dieciocho y diecinueve años, una era delgadita, bonita, con un cuerpo bien proporcionado, tetas pequeñas pero que ella hacía resaltar usando brasieres con relleno, sus nalgas eran también pequeñas pero se veían muy ricas con los pantalones y mallas que se ponía, en fin, se veía muy rica; la otra también bonita, más joven, era más exuberante, tenía unas tetas algo grandes, sus nalgas en combinación con sus caderas, hacían ver qué tenía unas nalgotas, pero le faltaba tener la redondez más pronunciada para considerarlas así, era una gordibuena en potencia, siempre usaba ropa que hacía resaltar sus curvas, como ellas no salían por la pandemia, casi siempre andaban de shorts y playeritas muy ligeras, la mayor casi siempre sin brasier y la otra con unos shorts muy pequeños, a veces sin tanga, la más pequeña fue la que me cogí.

    Volviendo con Lupe, después de la mamada, la recargue en uno de los carros de lo otros vecinos, ella se empinó no más que pudo, apoyando las manos en la parte trasera del carro, me agache para mamarle la panocha y el culo al mismo tiempo, me enfoque en su clítoris, a veces le metía la lengua hasta lo más profundo de su panocha, de pronto siento como se ponía más jugosa de lo que ya estaba, la había hecho venir nuevamente, me levanté, le coloque mi verga en la entrada de su panocha, con lo mojada que estaba, se la deje ir hasta lo más profundo de su panocha, ella dio un gran grito de placer o eso creo yo, ya que estaba mordiendo la parte baja de la chamarra para que no nos estorbara.

    Comencé a moverme lento pero profundo, para después acelerar mis movimientos, después bajaba la intensidad y luego la volvía a aumentar, así estuvimos por varios minutos, no sé cuántos pero a mí se me hicieron muchos, la hice venir más ocasiones, hasta que ya no aguantaba más, le empecé a tratar de meter el dedo en el culo, con las venidas de ella y la mamada que le di, estaba más que lubricada, me dijo que por ahí no porque le dolía, le dije que no se preocupara, que se lo haría despacio y con cuidado, no quiso, me dijo que no había problema que le echará la leche adentro de su panocha, ya que estaba operada desde hacía tiempo, no me lo dijo dos veces.

    Aceleré mis movimientos, la jale lo más que pude de la cadera, trate de meter la verga lo más profundo que pude, comencé a echarle mi leche, fueron varios chisguetes largos, ya tenía tiempo que no hacía nada con mi esposa, así que ya sabrán toda la leche que traía almacenada, ella se vino una vez más y yo terminé hasta que ya no quedó ninguna gota de leche dentro de mi, le saque la verga, ella se volteó, se hincó para mamármela nuevamente, pero solo era para limpiármela, cuando acabo se alzó y nos besamos, gozando de el sabor de su panocha y mi leche, me dijo que le había gustado mucho, que ya tenía tiempo que no se venía tantas veces en un solo palo, le dije que cuando quisiera estaba a sus órdenes, nos acomodamos la ropa y cada quien se dirigió a su respectivo departamento, hasta ese momento, repare en la hora, pero mi tranquilidad, solo habían pasado 40 minutos, 40 muy ricos y cachondos minutos.

    Entre a mi departamento, e inmediatamente fui al baño a asearme un poco, para que mi esposa no sospechara, me lave muy bien la verga, que con el movimiento y el recordar la cogida a Lupe se volvió a parar, no con la intensidad de hacía unos momentos. Me fui acostar, me preocupé un poco recordando la advertencia de mi esposa, pero terminé durmiéndome en pocos minutos.

    Repetimos varias veces las cogidas mañaneras con Lupe, con la vuelta a la normalidad de la pandemia, nos ha costado algo de trabajo en encontrar algún momento para coger, pero lo seguimos haciendo, a veces en su departamento o a veces en el mío, solo en una ocasión hemos ido al hotel, eso porque ella no quiera ausentarse de su casa por tanto tiempo.

    Espero que les guste mi relato.

    Para el siguiente relato, les platicaré cómo me cogí a la hija de Lupe, la gordibuena. Gracias por leerme.

  • ¿Arrimón consensuado o prostitución soft?

    ¿Arrimón consensuado o prostitución soft?

    Cada vez está siendo más común encontrar en grupos de wasaps o Telegram a muchos hombres solicitando encuentros para arrimones. “arrimón consensuado” le llaman. Desde mi punto de vista esto es una falacia. Todas las chicas que se ofrecen para estas prácticas siempre son con un pago de por medio. Se me hace tan chistoso como tienen hasta sus tarifas.

    -El viaje es por 6 estaciones en el metro.

    -500 por ir tocando nalga

    -$ más si quieres que te dejen tocar más.

    Señores. No caigamos en el juego de creer que esto es rico. Es de lo más soso que pudiera imaginar. Lo rico de un arrimón es entrar en ese juego con la mujer en acercarte y de que ambos están dispuestos a jugar esta danza de cortejo donde se inicia con caricias furtivas y se puede llegar a tener el mejor sexo de la vida.

    Hay muchos que dicen que han tenido problemas por tratar de tocar o por acercarse demasiado. Yo creo que el problema se lo generan cuando no saben ver las señales de que la chica no está cómoda o no le gustas.

    Desde que yo comencé en esto jamás he tenido ningún problema ya que me gusta observar si me dan entrada o si no lo desean.

    En este mundo de las caricias a escondidas y que inician como un no consensuado y pueden llegar a terminar en sexo casual debemos estar conscientes que no solo es tocar por tocar. He conocido chicas que dicen que se sienten mal de que un hombre todo desalineado, sucio o grotesco se acerque a tocarlas. También están aquellas que eso les gusta, pero en general la cosa cambia cuando hueles rico, estás limpio, das un buen aspecto. Aunque no lo crean eso es un gran aliciente. Que tengas los dientes y la boca limpia y no oliendo a coladera es fundamental.

    Estamos en una sociedad de contrastes. Donde se sataniza el acoso, pero donde se buscan aventuras en lugares obscuros. Donde se enaltece la fidelidad, pero cada día hay más clubes swingers. Donde se favorece el machismo, pero cada vez hay más hombres deseando ver a su esposa cogiendo con otro. Y así me podría seguir con estos contrastes pero la idea es que entendamos que la mujer siempre es la que decide con quien acostarse, con quien hablar, con quien dejarse tocar.

    El ponerle un precio o un acuerdo para estos arrumacos públicos le quita todo el contexto y seguimos favoreciendo esta rapacidad de algunas mujeres que solo buscan comercializar con algo que es tan rico para todos los involucrados.

    Dejemos de ser tan simplones y si en verdad nos gusta todo esto del sexo y sus vertientes seamos más congruentes y cambiemos las cosas.

    Dejemos que la mujer empiece a liberarse de ese claustro machista y que ellas también participen activamente y sin miedos a estos tabúes sociales donde todo lo que es respecto a su sexualidad siempre tiene que ser a escondidas.

    Me encantaría saber de primera mano la opinión de las mujeres que lean este relato si están de acuerdo o que piensan de estas ideas. Ustedes son las que realmente tienen el sartén por el mango. Al menos todo esto de lo que hablo es lo que veo en mi país México. Sería maravilloso conocer la opinión de lectores de otras partes del mundo.

    [email protected] es mi correo y en mi perfil esta mi enlace a Telegram.

  • Tristeza

    Tristeza

    Las notas musicales entraban por mi ventana un sábado por la mañana.

    El sol inundaba el patio del edificio, donde ya se mezclaban los típicos sonidos del fin de semana. La familia del 5 yendo con sus primos, los dos amigos de la escalera A que se estaban empujando para ir a jugar al fútbol, la abuelita de arriba de mi apartamento que ha puesto su televisor un poco fuerte.

    Acostada en mi cama, me concentré en aquella música, inusual: un piano.

    Recordé que acababan de alquilar el apartamento de enfrente. Me gustaban los inquilinos anteriores, una pareja joven que se había separado demasiado rápido.

    Un movimiento lento, romántico, pero rítmico. Una música que me hizo retroceder años, cuando mi hermano repetía esta pieza, una y otra vez, hasta la perfección.

    Me puse de pie, tratando de echar un vistazo a la persona que estaba tocando tan bien.

    Justo entre dos muebles lo vi desde atrás, cabello largo y negro.

    Al final de la pieza, la cabeza se volvió y vi su rostro. Sus ojos especialmente. Negros, profundamente negros, pero que difundían una tristeza. Luego el rostro desapareció, dando paso a una espalda que dejó el piano, luego nada.

    Me senté frente a mi ventana, luego me sumergí de nuevo en mi lectura, pero mi mente estaba en otra parte…

    Después de media hora, decidí salir a caminar para tomar un poco de aire. Llegué a mi patio, saludé al conserje. Un señor cincuentón, bien conservado, que tiene la costumbre de tener conmigo una charla seductora cuando su mujer no está.

    «Entonces, señorita Carolina, ¿vamos a hacer algunas compras o tal vez a ver a su novio?

    «Señor Flores, usted sabe muy bien que no tengo novio.»

    «No puedo entenderlo, usted es tan linda, sabe que yo podría estar enamorado de usted.»

    «¡Cállese, por favor! Si su mujer lo oye, volverá a enojarse y no quiero estar involucrada en los problemas de otras parejas.»

    «Buen paseo, señorita Carolina. Escuchó, ahora tenemos una corte musical, es agradable, ¿no?»

    «Es verdad. Muy bien, adiós Sr. Flores.»

    Me había revivido en mi ensoñación. Aquella mirada, estoy pensativa. ¡Qué mirada tan profunda y triste! Sin embargo, estaba segura que él no me había visto, era yo quien lo había observado. Imaginé esos ojos mirándome fijamente. ¿Sería capaz de soportar una mirada así?

    Pasé la mañana en el parque cerca de mi casa, caminando alrededor de la piscina, observando las mascotas, a los niños jugando y corriendo. Y bueno, la abuelita también había salido en este hermoso día. ¡Oh!, y aquí están los dos jugadores de fútbol que regresan. ¡Ah!, pero. Sí, sí, es él quien ahora está saliendo del edificio. Gira a la derecha y sigue por la acera, hacia el mercado.

    Lo seguí, de lejos, sin pensar.

    Al llegar al mercado, lo observé comprando, charlando con los vendedores de verduras, sonriéndoles también. Natural, elegante, normal.

    Aproveché la oportunidad para yo también comprar algo de comida.

    Estuve dando vueltas, en puestos distantes, a su alrededor, devorándolo con mi mirada.

    «Dios mío, Carolina, ¿qué te está pasando?» Me preguntaba.

    Nunca antes había actuado así.

    Pero me atraía irresistiblemente. No lo encontraba particularmente guapo, sexy o seductor. No, pero su mirada, su mirada profunda y triste me había torcido el alma.

    Salió del mercado y volvió al edificio. De pasada entró en la panadería, en la esquina de nuestra calle.

    Seguí mi camino y yo también regresé a casa.

    Imaginé cómo ponerme en contacto con él, pero todas mis ideas me parecían estúpidas. Telefónicas, demasiado obvias. En resumen, ¡me iba a tomar por una buscona!

    Fui a darme una ducha para refrescarme. Aproveché la oportunidad para calmar el fuego que crecía entre mis muslos. Masajeé mi ingle, luego me acaricié a mi hendidura, presioné mi clítoris, rodeándolo con mis dedos. Finalmente, me vine, brutalmente, su mirada estaba en mi mente.

    Ha caído la noche. Con el calor, las ventanas estaban abiertas.

    La de él estaba cerrada, pero se escuchaba el sonido del piano.

    Delicado, no quería molestar a los vecinos con sus gamas.

    Yo estaba mirando hacia su ventana.

    Luego, el silencio. Hasta que apareció en su ventana. Justo frente de mí. Me sonrió, se llevó el dedo índice a los labios como señal para pedirme que me callara.

    Desapareció.

    Enseguida lo vi cruzar el patio.

    Entra en mi edificio.

    Oí el timbre de mi apartamento.

    Abrí.

    «Hola, ¿tú eres la señorita que mientras hace las compras en el mercado observa a su vecino?» preguntó con una dulce y franca sonrisa.

    «Eh, no, ¿por qué?, no…»

    «¡Ah! Lo siento, entonces me equivoqué de puerta.» Y me dio la espalda para irse.

    «No, no, eh, espera, sí, sí, soy la persona a la que tú te refieres. Yo soy la joven que observa a su vecino haciendo las compras…»

    Se dio la vuelta, me sonrió de nuevo.

    «¡Me parecía!»

    “Lo siento, no sé qué me pasó, vi tu mirada esta mañana cuando terminaste de tocar el piano, y quería ver de quién eran esos tristes ojos negros que me rondaron todo el día.»

    «Mmm, ya veo.»

    «Entra, por favor.»

    «¿En serio?

    «Entra», le sonreí.

    «¡Ah, una sonrisa, eso es lo más atractivo!»

    Cerré la puerta detrás de él.

    Me acurruqué contra él.

    Lo besé. Él me devolvió el beso. Con ternura, pero también con pasión.

    Me levantó en sus brazos, encontró mi habitación como si siempre la hubiera conocido y me puso sobre la cama.

    Se arrodilló a los pies de la cama.

    Movió sus manos por mis piernas, debajo de mi falda.

    Me quitó las bragas.

    Abriendo suavemente mis piernas, se acercó, luego me lamió, lentamente, durante mucho tiempo, aprendiendo mi gusto, descubriendo mis reacciones a sus caricias, buscando mi clítoris para darle lamidas devastadoras.

    Me dejé llevar por el placer y disfruté.

    Entonces, con solo la luz de la luna para vislumbrarnos, nos desnudamos.

    Su pene estaba tenso, listo para penetrarme.

    Dijo:

    «Tocaba una pieza que tenía reservada para que te enamoraras de mí a primera vista…» Hizo una pausa, mientras sus tristes ojos negros me miraban. Finalmente continuó: «¿Sabes? Nunca me he atrevido a acercarme a una mujer, nunca he tenido sexo con ninguna, esta es la primera vez.»

    Yo como en sueños. Este hombre que me había hecho correrme tan bien, ¿era su primera vez? Cómo no dejarse fascinar por las promesas que ocultaba su inexperiencia.

    «Es hermosa, ¿qué es esa pieza que tocabas?»

    «Es de Chopin: Estudio en mi mayor Nº 3 «Tristeza»»

  • Complazco a mi suegro con un trío en casa

    Complazco a mi suegro con un trío en casa

    En algún momento, mi suegro empezó a pedirme hacer un trío. Le dije que estaba loco, que acostarme con él era bastante. Pero cada vez que teníamos sexo, seguía insistiendo. Comenzó a mandarme videos y fotos de tríos por el WhatsApp y, para ser sincera, empezó a calentarme la idea. Cuando nos acostábamos empecé a ceder, preguntándole como sería, donde sería, con quien sería.

    El tema siguió fluyendo hasta que un día, por WhatsApp indicó cuándo, dónde y con quién.

    Me sorprendió el con quién. Realmente me dejó sin reacción que mi suegro me proponga hacer el trío con un primo de mi esposo, sobrino suyo. Lo había visto en muchas reuniones familiares y jamás había notado en él ninguna intención impropia, ni una mirada indiscreta, ni siquiera una palabra inadecuada. Le pregunté si estaba seguro y me dijo que sí, que ya lo habían hecho antes, con otras chicas y que era la persona ideal.

    De mi suegro no me sorprendió saberlo. Era y sigue siendo un viejo muy mañoso y con el dinero suficiente para darse todos los gustos que quisiera. Pero que hiciera dúo con un sobrino y, con ese sobrino en especial, ya me pareció muy subido de tono, pero hombres son hombres y lo que yo quería era gozar. Y, para ser sincera, era un triple morbo, primero por el trío en sí, segundo porque sería con mi suegro, y tercero porque el otro chico sería uno de los primos de mi esposo. Todo quedaría en familia.

    Para hacerlo más caliente aún, mi suegro propuso que fuese en mi casa. Le dije que no, que no aceptaría algo así, pero al leer su propuesta se me humedeció la concha. Muy, demasiado, rápido, pase de un rotundo no a coordinar la fecha de su venida a casa. Quedamos en que sería en 10 días.

    Fue un tiempo demasiado largo de espera. Me masturbé casi cada día. Cogí con Alonso también casi cada día. Pero igual no podía con la calentura de imaginarme entre ambos, entre mi suegro y el primo de mi esposo. Ya le había preguntado a mi suegro si el primo de mi esposo la tenía tan grande como él. Sólo se río y me dijo que no quedaría decepcionada. Sospeche que eran penes de la misma envergadura. Eso me ponía aún más caliente. Cuando mi suegro me cogía por la cola me dejaba todo ardiendo por varias horas. Imaginar una así en la cola y otra en mi concha me hacía acostarme otra vez sobre la cama a masturbarme.

    Llegó el día elegido. Mi esposo me dijo que vendría su papá a almorzar. Le dije que ok, que no había problema. Para despistar le pregunté por su mamá y me dijo que ella tenía un almuerzo por el cumpleaños de una amiga de su promoción de colegio. Entendí en ese momento porque mi suegro había elegido esa fecha. Ni bien mi esposo salió a trabajar, me subí a la cama y me volví a masturbar. No podía con la calentura.

    Como los dioses son buenos conmigo, hacia las 11 am me llamó mi esposo para decirme que no podría venir a cas a almorzar. Le sentí la culpa en la voz y me dijo que si quería cancelara el almuerzo. Le dije que no se preocupe, que había pedido todo y que no sería problema comer con su papá. En ese momento me dijo mi esposo que su papá no iría solo, sino que lo acompañaría su primo que había llegado de Trujillo (yo ya lo sabía, pero igual me hice la sorprendida). Le dije que ok, que como el no vendría el pedido estaba más que suficiente.

    Cuando colgué me volví a masturbar. No podía con la calentura de un trío en casa, con mi suegro y el primo de mi esposo y que, para mi enorme suerte, mi marido no viniera a almorzar como estaba previsto. Lo que habíamos coordinado con mi suegro era almorzar y que cuando mi esposo volviera al trabajo tendríamos la tarde de trío.

    Luego de masturbarme le escribí a mi suegro contándole que Alonso no vendría. Le pedí que viniera lo más rápido que pudiera. Me dijo que si, que había que aprovechar.

    Me duché y seleccioné la tanga y el brasiere más sexy que tenía. Quería aprovechar cada instante y no perder el tiempo desvistiéndome. Me acosté a esperar.

    Poco antes de la 1pm tocaron la puerta del departamento. Supuse que el vigilante del edificio dejó pasar a mi suegro sin mayores problemas pues siempre venía. Miré por el ojillo de la puerta y vi a ambos.

    Les abrí. Me vieron en tanga y brasiere. Sabían que los esperaba muerta ya de ganas.

    Mi suegro tomó el control de la situación en el acto. Sentó en el sofá, se desabrochó el pantalón y me pidió que se la chupe. Me arrodillé sobre la alfombra y empecé a hacerlo. Gabriel, el primo de mi esposo, se sentó al lado. Y mientras se la chupaba a mi suegro se desnudó completamente. Lo que vi me encantó. Era un pene muy parecido al de mi suegro, en la calentura juraba que eran iguales. Me levanté y comencé a chupárselo a Gabriel.

    Mi suegro nos miraba. Unos minutos después se levantó y me pidió que me ponga como perra. Lo obedecí y sobre la alfombra, mientras se la chupaba a Gabriel, mi suegro ensalivó mi concha y me penetró. Sentí un placer brutal, por el tamaño que siempre me llenaba y por el tener en mi boca otra igual. Y peor aún, todo eso en la sala de mi casa.

    En pocos minutos, chupando y siendo cogida por mi suegro, tuve un primer y muy jugoso orgasmo. Luego del clímax, mi suegro le indicó a Gabriel que cambiaran de posición. Se sentó, Gabriel se levantó y se puso detrás mío. Yo seguí siendo perra. Puse mi lengua sobre la verga de mi suegro y sentí el sabor de mi coño chorreando. Sabor que sentía al masturbarme y chupar mis dedos. Gabriel en una sola empujada me la metió toda. Sentí como empezaba a penetrar mi culito con uno de sus dedos, luego sentí dos.

    Seguí mamando y de pronto sentí como Gabriel me la iba metiendo lentamente, muy lentamente en mi culo. Me fui abriendo y disfrutando cada centímetro que introducía. Tuve un segundo brutal orgasmo.

    Gabriel me la sacó y sin decirme nada se acostó sobre la alfombra. Supe que era el momento de tener dos penes dentro de mí. Me acosté sobre él y empecé a besarlo violentamente, a chuparle su lengua morbosa. Mi suegro se puso encima y me penetró por mi culo palpitante.

    Tener a ambos dentro de mí me llevo a un nuevo clímax y a otro y luego otro. Temblaba de placer y de pronto sentí que mi suegro se vino entre mis nalgas. Un momento después Gabriel me llenaba la concha de leche.

    Miré el reloj y eran casi las 2 pm. Nos tiramos los 3 sobre la alfombra y unos quince minutos después sonó mi celular. Mi esposo me llamaba. Había terminado su reunión y me preguntó si quedaba almuerzo. Le dije que aún no habíamos comido y que viniera. Me di un duchazo rápido. Ambos se alistaron y cuando mi esposo llegó, la mesa estaba servida.