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  • Mi esposa a los 35

    Mi esposa a los 35

    Actualmente mi mujer tiene 42 y desde hace 7 años se ha vuelto una puta por culpa del amor, nuestra relación estaba distante y en ese tiempo ella se templó de su instructor y termino siendo suya durante dos años, pero ya les contaré eso más adelante,

    Hoy tengo 58 años y vivo con ella cada uno vive su vida sexual y a veces compartimos nuestras experiencias hemos llegado a un punto dónde lo importante es satisfacer nuestros deseos tenemos un hijo en el extranjero y nuestra hija pronto a casarse con un ingeniero, bueno son algunos detalles de mi familia.

    Mi esposa la conocí a los 20, era prácticamente en la empresa, fui el primero en su vida sexual, con el pasar de los años ella me decía que le hubiera gustado tener otras vivencias para saber y comparar, creo que eso le llevo a buscar lo que deseaba en su entrenador del gym. Cuando descubrí su comportamiento infiel quedamos en que se iría de la casa, y así fue se retiró a vivir al departamento del profesor, lamentablemente yo enferme y ella venía a casa más seguido para ver a los hijos. Durante mi recuperación hablamos mucho y me volví su confidente de las cosas que le pasaban tanto así que cuando le pedí que como había sido la relación con el profe me comenzó a contar como inicio todo y por lo que estaba pasando, me dijo que ella se había dado cuenta que el profe siempre le atendía a ella y aprovechaba para tocarle la mano o alguna parte de su cuerpo con el pretexto de entrenarla.

    Así empezó y a ella le gustaba y lo dejaba que el avanzara y llegaba del gym rápido a casa para atender a nuestros hijos y esa rutina la cansaba y aburría, hasta que llegaron unas vacaciones escolares y yo y mis hijos viajamos por dos semanas, ella dijo que prefería quedarse y descansar la animamos pero al final se quedó fue en ese tiempo que el profesor se la cogió. Ella me contó como ya no tenía prisa de regresar a casa a veces se quedaba más tiempo y al salir del gym iba a comer algo en el centro comercial una de esas veces coincidió la salida con el profe y fueron a almorzar juntos.

    Hablamos de todo me dijo ella que no se percató del tiempo, se despidieron, luego de caminar un rato él la ayudaba con el maletín deportivo, al momento del beso de despedida él la besó cerca a los labios. Ella siguió su ruta y asumió que había sido una casualidad. Al día siguiente no lo vio al profe y al terminar su rutina y salir caminando al paradero vio que el profe la estaba esperando. Se saludaron, él la invitó a almorzar, ella aceptó así no tendría que cocinar.

    -paramos un taxi -le dijo ella.

    -no vamos a la cochera del centro comercial tengo mi auto -le dijo el profe.

    Ella lo miró y él le dijo:

    -no te preocupes sino deseas subir no hay problema.

    -no que ocurrencias dices -le respondió ella- además quiero ver tu auto.

    Y ambos rieron, él la tomo de la mano y le pidió el maletín para ayudarla. Ya en el carro él la llevó a un lugar cerca a la playa, así paso toda la tarde y parte de la noche. Habían pedido unas cervezas en lata y estaban a gusto, él le dijo que era padre soltero y que no creía en el matrimonio y ella le decía que la rutina de la relación la aburría y así confesándose ambos él se acercó a ella y la besó dentro del carro, ella respondió.

    Luego de un rato él le dijo “te tengo una sorpresa” arrancó el carro y la llevó a su departamento. Ella le dijo “dónde vamos”, “no te preocupes cualquier cosa gritas”. Ella se rio y le dijo “no tengo por qué gritar si estoy a gusto”. Él la tomo del cuello con una mano mientras manejaba y la acerco a él y le dio un beso con lengua. Entraron al departamento, la hizo sentar en el sofá, ella estaba nerviosa y excitada a la vez. “Ahora vuelvo” le dijo y regresó con una ropa de baño de dos piezas, “te lo regalo pruébatelo” le dijo.

    -¿De dónde tienes esa ropa de baño?

    -Lo que pasa yo vendo ropas de baño y prendas deportivas por las redes sociales es como un respaldo económico -le dijo.

    -Ah me parecía raro -ella le respondió- pero me lo probaré en casa.

    -Como vamos a saber si te queda bien a tu medida puedes usar mi cuarto y cambiarte, si te queda me avisas.

    La tomó de la mano y la llevó al cuarto.

    -No te preocupes si alguien quiere entrar yo estoy aquí para defenderte -le dijo el profe.

    Ella sintió cierto temor, pero también dio cuenta que estaba mojada así que aprovecharía para secarse. Estaba bastante excitada, se probó la ropa de baño y tenía buen ojo el profe le quedaba a la medida. Se miró al espejo que había y notó como sobresalían sus nalgas trabajadas eran sostenidas blanquitas y redondas y miró la parte de arriba y también sobresalía. Era bonito el traje de baño, pero dejaba ver mucho para su gusto. Estaba en esas cosas cuando tocaron a la puerta y al ratito se abrió, estaba el profe mirándole con ojos de deseo.

    -Te queda perfecto -le dijo mientras se acercaba y la tomó de la mano y la hizo girar- no pareces mamá -le dijo.

    -Que parezco -le respondió ella.

    Él no respondió y sin soltar su mano la trajo hacia ella y la puso de espalda a ella y comenzó a besarla el cuello y con su mano la introducía dentro de su ropa de baño. Ella podía sentir primero la mano y luego los dedos en su vagina haciéndole gemir, él le dio la vuelta la beso en los labios mientras sus manos presionaban esas nalgas blancas haciéndola agitarse más no podía creer está su vagina mojada y la mano de él toca su vagina y la otra mano sus nalgas. La separó un poco y le quitó la parte superior y comenzó a besarle las tetas y otra chupaba ambas tetas. Así con sus manos le quitó lo que le quedaba y la dejo desnuda.

    Ella cogió excitada el miembro de el de agachó y empezó a chuparla con una desesperación, era la tercera verga que chupaba, antes de casarse había chupado a un noviecito. Así estuvo deleitándose hasta que él la echó en la cama, la abrió de piernas y le metió toda esa verga que antes había estado en su boca. Sintió una sensación nueva, él se movía y lo sacaba y metía una y otra vez, le dio la vuelta y la puso en cuatro y le daba con fuerza hasta que ella sintió su semen tibio como chorreaba por sus muslos.

    No podía creer lo que había pasado, pero lo mismo se repitió durante esa semana incluso uno de esos días ella se quedó a dormir y fue el día que el profesor le dio por detrás en medio de sus nalgas, pudo sentir como entraba esa verga al comienzo con temor, pero luego le gustó sobre todo porque lo sentía todo.

  • Terapia no convencional: Primera sesión

    Terapia no convencional: Primera sesión

    Primera sesión: Problemas con la autoridad

    Viernes por la noche:

    Por mucho tiempo la actividad sexual con mi esposa fue haciéndose monótona hasta volverse insatisfactoria para ambos, lo que termino por volver el matrimonio en una especie de convivencia entre rommies. Finalmente, en un problema que ambos estuvimos de acuerdo de resolver pues el amor entre los dos era verdadero.

    Acudimos a terapia y trabajo emocional de parejas con varias personas y al final de cada sesión los dos terminábamos incomodos, hasta que acudimos con una terapeuta chica, muy mona que nos dijo con claridad todo lo que estaba pasando.

    – Dejaron de tener buen sexo y se aburrieron, luego todo se fue al traste y vieron a varios terapeutas hasta que por azar dieron conmigo. Les voy a ser franca, necesitan cada uno desempolvar sus fantasías y ponerlas en la mesa con su pareja. De otra forma pasaran de terapia en terapia y la frustración será mayor. –Quizás, continúo diciendo, algún terapeuta les dijo tienen que volver a sentir la chispa, explorarse volver a sentir como cuando eran novios, pero no les dijo como.

    – Y vamos a ser francos, dijo, no son niños de 18 o 19 años, ya se conocen, ya se vieron y olieron desnudos. Para terminar sentenciado, su problema no es el sexo con el otro, es el sexo con ustedes mismos, con sus propias fantasías. Cada uno tiene que aceptar lo que desea.

    Nos fuimos de ahí en silencio, ya en el carro nos miramos a los ojos y ella me pregunto, -pues bien, ¿qué piensas? –ja, pues claro que el problema es el sexo, pero… mi voz ya no era tan confiada, – el asunto es saber qué es lo que cada uno quiere y atrevernos a decírselo al otro. Ella me miro con algo de pena, pero luego sus ojos brillaron, -si, creo que siempre hicimos el sexo correcto, lo que pensamos que estaba bien. Pero nunca propusimos lo que deseamos. Debo reconocer, continuo, que fue muy certera, sin rodeos ni temas emocionales, sabía que nuestro problema es en la cama; concluyo, – a fuera de ella, dije yo.

    -Cómo? Pregunto en voz alta ella. – Si, le dije, tal vez es que queremos tener sexo fuera de la cama, en otros lugares y así.

    Arranque el carro y bajamos por pendiente que llevaba al consultorio con una vista increíble de la ciudad, ella se quedó mirando el horizonte y dijo: – si tal vez, como hacerlo aquí, con esta vista; ¿no crees?

    Yo, en verdad estaba interesado en que funcionara esta vez la terapia y recomponer el rumbo de nuestro matrimonio, así que en una vuelta donde había un lugar para estacionar me pare, apague el motor y la mire muy serio diciéndole: Te quiero coger aquí ahora y sin rodeos. Ella me abrazo y empezó a besar. – Pensé que dirías que sería en otra ocasión.

    Terminamos teniendo sexo sobre el asiento del conductor, apenas quitando las prendas necesarias para ello, hasta que la luz de una patrulla ilumino de azul y rojo el interior del carro. Ella volvió a su asiento, acomodo su falda y yo como pude metí mi pene al pantalón cubriéndome con la camisa desfajada. El policía se acercó y pidió que bajáramos la ventana, -¿Todo bien aquí? Preguntó. – todo bien, respondí, -Ella agrego, hablábamos sobre nuestro matrimonio, venimos de terapia aquí arriba.

    -Bien, tendrán que bajarse, dijo el oficial. Salgan del vehículo, pongan las manos en sobre el cofre abran las piernas, me voy a cerciorar que así sea.

    Una semana antes:

    Mi esposa me hablo de una terapeuta de pareja no convencional, que le gustaría ir con ella como una opción un tanto más atrevida y menos ortodoxa, por supuesto que le conteste que si, por lo que me dijo – ok. Les confirmo y creo que te van a llamar.

    El lunes recibí una llamada que atendí pronto, -Bueno, hablamos del consultorio de terapia no convencional, hablamos por varios minutos en el que quede de escribirles una fantasía que me gustaría vivir sin que mi esposa supiera.

    Y que les firmara una orden de autorización para recrear dicha fantasía o alguna que ella hubiera elegido, que en ningún caso sabría en que momento pasaría, si es que él podría ayudar.

    Pues bien, en resumen, mi fantasía era verla coger con otro hombre, y el de ella, luego lo supe coger con un policía.

    En el carro, el policía, inspeccionaba a mi mujer, yo podía verlo todo, ella se encontraba entre el deseo y la sorpresa. El oficial palpo sus manos, su pecho, su cintura. Bajo por el costado de sus piernas hasta sus tobillos, luego subió despacio sus manos sobre sus piernas, bajo la falda hasta llegar a sus nalgas, sintió su tanga, aun corrida, húmeda, sintió su vagina caliente y dijo, vaya sí que hablaban de su terapia, pero en realidad están listos. Al decir eso desabrocho su pantalón que estaba sujeto con velcro, así que, de un tiro, quedo en una tanga que apenas cubría sus genitales.

    -Manos al frente, le grito a mi mujer, más, inclínese, no me voltee a ver, al frente, mire a su marido, le decía con voz firme, subió su falda a su cintura, se bajó su tanga y empezó a penetrar a mi mujer frente a mí. – ¿Qué estaba haciendo? Le preguntó, mientras ella intentaba dar respuesta: hablábamos de nosotros.

    -De qué hablaban?

    -De nuestra relación.

    -De qué hablaban? Repetía. Mientras le daba una nalgada

    -De nuestras fantasías.

    -No le creo! Grito. ¿Qué hacían?

    – Estábamos cogiendo.

    -Ya ve, no hablaban, volvía a darle una nalgada más fuerte, ella se quejaba.

    Mientras el aceleraba las envestidas haciéndolas cada vez más fuerte ella gemía de placer y no podía aguantar más mi erección en mi pantalón, intente sacarme la verga y masturbarme, pero el policía se dio cuenta y me grito: –¡Alto ahí! No puede quitar sus manos del cofre, que no ve que es una inspección policial.

    Momentos después ella termino con un gran orgasmo sonoro, desfalleciendo sobre el cofre. Él se detuvo un momento y salió de su interior, la tomo por el pelo haciendo que se levante y le dijo: – aun no termino con usted, vamos a ver como esta de alcoholemia, procedo a realizar procedimiento oral, y con fuerza la llevo al frente del vehículo, donde las luces encendidas me permitían ver con claridad a ella y el policía, la hinco con fuerza sobre el pasto, golpeo un par de veces su boca con el pene hasta que la abrió y procedió a fornicar su garganta con fuerza, ella hacia arcadas mientras lágrimas y saliva escurrían por su rostro.

    Luego de un momento, mientras se adaptaba a los empujes de aquella envión alzo su mirada para verlo, una mirada llena de deseo y lujuria, después dirigió su mirada a mí, con el mismo amor y deseo de aquella primera vez que hacíamos el amor. Poco después de eso el oficial saco su instrumento para terminar en su rostro, mejillas y labios. Aun desnudo se dirigió a mi diciendo: -Señor algo más que esta autoridad pueda hacer por usted, si no es así ruego que se retire, esta zona no es segura.

    Se acomodó un poco la ropa y se retiró sin que pudiéramos ver con claridad por las luces de apoyo que tenía el vehículo. Mi esposa se levantó se dirigió a mi aun con semen en su rostro me beso con gran lujuria y tocó con su mano mi pene aun encerrado en mis ropas, – vamos a casa, me dijo, sigo caliente y vamos a atender a este oficial que seguro quiere cogerme. –Vamos le dije y nos subimos al carro.

    A la mañana siguiente recibí una llamada del centro de atención y terapia no convencional, preguntándome si la terapia había sido satisfactoria y en caso de continuar con el procedimiento que enviara detalles de la próxima sesión para hacer las adecuaciones correspondientes. Mi mujer y yo habíamos acordado continuar con la terapia con sesiones mensuales.

  • La esposa de Omar

    La esposa de Omar

    Conocí a Omar durante nuestro tiempo en la preparatoria, podría considerar que era uno de mis mejores amigos, pasamos muchas aventuras juntos, salíamos con chicas juntos, tomamos nuestros primeros tragos, estábamos en el mismo equipo de fútbol, en fin todo lo que se vive en los años juveniles. Yo cambié de residencia al salir de la universidad, me fui a vivir a Puebla, él por su parte se casó con una chica llamada Gabriela, no la conocía plenamente ya que poco a poco fui perdiendo conexión con Omar, sólo la veía en la foto de perfil de Facebook de Omar, la describiría como una mujer muy guapa, con un rostro amigable, ojos hermosos. Sinceramente no le prestaba atención, al final era la esposa de un buen amigo.

    En la empresa donde trabajo se puso disponible una gerencia en Torreón Coahuila, para los que no son de México es una ciudad de provincia, mi jefe me la ofreció y era la oportunidad de crecimiento que había esperado durante años, además era la oportunidad de regresar a mi ciudad natal.

    Total, regresé a Torreón, me instalé en un departamento muy bonito en el centro de la ciudad, cabe mencionar que soy divorciado y me resultó bastante fácil hacer mi mudanza. Una vez viviendo nuevamente en Torreón me puse en contacto con antiguos amigos para socializar nuevamente entre ellos Omar.

    Quedé de verme con él en un bar del centro de la ciudad, llegó acompañado de Gabriela, sinceramente no pude disimular mucho la atracción que genera esa mujer, iban vestidos casual, pero elegante, Gabriela llevaba una falda un poco arriba de la rodilla color negra y una blusa azul claro, zapato de tacón alto y el pelo suelto, además exquisitamente maquillada, se veía hermosa.

    Una vez que llegaron, saludé de mano y abrazo a Omar y al presentarme a Gaby miré directamente sus ojos, le di un beso en la mejilla y procedimos a sentarnos. Estuvimos ahí en el bar charlando de diversos temas, entre ellos a lo que me dedico, soy gerente de ventas de una empresa de materiales eléctricos, además en mis tiempos libres doy consultorías de obra civil para remodelaciones o proyectos completos, Gaby se mostró interesada en el tema y Omar me comentó que estaban por realizar una remodelación en su casa, así que me puse a sus órdenes.

    Después de un buen rato platicando y riendo de anécdotas, yo había notado que Gaby buscaba mi mirada de vez en cuando. Gabriela se disculpó para ir al baño y al caminar hacia el tocador mire su culo y quede asombrado de lo hermoso que era, redondo, grande, perfecto, además sus piernas bien torneadas de un delicioso color claro hacían contraste con su falda negra. Vaya que afortunado era mi amigo Omar, hermosa mujer, simpática, buenísima, sentía un poco de envidia por él. Seguramente tenían sexo delicioso, ya que juntos proyectaban la sensación de ser muy sensuales.

    Dejé de lado mis pensamientos sexuales que ya eran varios, no vaya ser que mi buen amigo Omar los notara, seguimos platicando y brindando, cuando de repente el mesero nos avisó que estaban próximos a cerrar el lugar, que si se nos ofrecía algo más, a lo cual respondimos que nos trajera la última ronda y la cuenta, terminamos la última copa y al salir del lugar nos despedimos amigablemente como dos buenos amigos, Gaby se despidió de mí de beso y abrazo, no pude evitar sentir esa cintura delicada y sus senos pegados a mi, vaya que esa mujer proyectaba sensualidad.

    A la siguiente semana recibí un mensaje de ella:

    -¡Hola! ¿Cómo estás?

    -Muy bien Gabriela, que gusto saludarte.

    -si, a mi también. Espero no te moleste que tomé tu número de teléfono del celular de Omar.

    -Para nada, estoy a tus órdenes. -respondí.

    -quisiera saber si pudieras venir a mi casa, queremos hacer una remodelación en el área del jardín y nos gustaría nos dieras algunas ideas al respecto.

    -claro que si, ¿cuándo me podrían recibir?

    -mañana por la tarde, después de las 6 de la tarde que llegó del gimnasio. -respondió ella.

    -ok! Mañana nos vemos.

    No me tomé demasiada importancia, una cita de trabajo, mi primera remodelación en Torreón, además con la confianza de que era para unos amigos. Me gustó la idea.

    Al siguiente salí de camino a casa de Omar y Gaby, llegué muy puntual a la cita. Al abrir la puerta vi a Gabriela vestida con ropa de gimnasio, unos leggins negros ajustados a su cuerpo delineado, que a su vez transparentaban claramente una tanga, además de una blusa ajustada que mostraba también perfectamente su hermosa figura. Se veía deliciosa con el cabello recogido. Wow! Pensé al caminar con ella.

    Me mostró el jardín y conversamos sobre la idea que tenían y quedamos en que haríamos un render o diseño por computadora para proponerles una idea.

    Le pregunté por Omar, y me comentó que se encontraba fuera de la ciudad, sinceramente no pude evitar emocionarme, al final, solo había fantaseado un par de veces con esa mujer. Tragué un poco de saliva, pensé en despedirme rápidamente y salir de ahí, pues es la esposa de mi amigo de la juventud, y yo sentía mucha atracción hacia ella, seguramente cualquier hombre quisiera tener a una mujer así. En fin, cuando estaba por despedirme Gaby me comentó que también quería hacer una modificación en su vestidor, a lo que me invitó a su recámara. Camino por enfrente de mi guiándome a su dormitorio, yo no podía dejar de ver sus nalgas hermosas y su espalda delineada, entramos a su cuarto y me explicó la idea de la modificación, platicamos un poco sobre eso, debo reconocer que la casa de Omar y Gaby era muy bonita y equipada, tenía en su recámara un mini bar y una pequeña sala de estar. Estando ahí, Gaby me invitó a sentarme y sin preguntar me sirvió un whisky en las rocas y a la vez sirvió uno para ella, estuvimos conversando sobre cosas comunes hasta que de la nada me preguntó:

    -¿Eres de mente abierta? En cosas sexuales.

    -si, jajaja bueno depende. Respondí

    -te cuento, Omar es un buen esposo, realmente somos una pareja muy unida, pero como sabes él viaja muy seguido por su trabajo, así que… sabe que me quedo sola, y pues me da permiso de conocer “amigos”.

    -amigos? Pregunté

    -si, se podría decir que me deja coger con otros.

    -mmmm interesante, que buen marido tienes.

    Para ese punto yo sentía que mi pene empezaba a ponerse duro, no sabía cómo iba a acabar la situación pero yo me sentía muy excitado.

    -si, yo digo que es un loco, pero la verdad a él le gusta verme coger con otros, de hecho la condición es que documente mis encuentros.

    Al decir eso, se levantó del sillón y se acercó a mi, e inclinándose un poco me dio un beso en la boca. Terminando acercó su boca a mi oído, y me dijo susurrando: -hoy, el elegido eres tú.

    Se disculpó y fué al baño, me quedé ahí, imaginando un montón de cosas, no soy un puritano, pero sentía algo de remordimiento, al final Omar era mi amigo y pues su esposa por muy buena que estuviera era suya!

    Pues el remordimiento se me acabó cuando la vi salir del baño, salió en un baby doll blanco, casi transparente que dejaba ver perfectamente su cuerpo, sus senos deliciosos, acentuados con unos pezones marrón claro, su cabello ahora suelto hacía que se viera más sexy aún.

    Caminó lentamente hacia la cama dejándome ver su hermoso cuerpo. Yo estaba sentado en el sillón.

    Te gusto? Me preguntó.

    Yo asentí y sonreí tranquilo, mientras ella subió lentamente ponía sus rodillas en la cama y se apoyaba en sus codos, dejándome ver de perfil su hermosa figura, el baby doll se había movido hacia su espalda y me dejaba ver perfectamente la curva de su espalda y de sus nalgas. Yo estaba tremendamente excitado, me levanté del sillón buscando acercarme a ella, pero ella me ordenó quedarme sentado un poco observando. Regresé a mi lugar y di otro sorbo a mi wiski.

    Ella en la cama me dio totalmente la espalda mostrándome sus nalgas en cuatro y acariciando su vulva por encima de la tanga, de repente buscó algo debajo de la almohada, y sacó un consolador muy realista, lo metió en su boca un par de veces, hizo su tanga a un lado, dejándome ver sus labios que comenzó a acariciar con su consolador, era una vista espectacular, hasta el sillón veía y escuchaba es chasquido de humedad que salía de su vagina, lentamente el consolador abrió totalmente la entrada de sus labios y se deslizó hasta el fondo de su vagina, mientras dejaba salir un gemido de su boca, con una seña me pidió que me acercara a la cama mientras ella seguía en cuatro y se masturbaba con el consolador. Inmediatamente me puse de pie cerca de ella, con la mirada me ordenó que sacara mi verga del pantalón, la cual estaba ya a reventar, bajé mi bragueta y saqué mi pene, ella se acercó y primero con su lengua acarició la cabeza dura de mi pene, del cual ya había salido una gota transparente, luego abrió completamente la boca e introdujo mi verga en su boca regalándome unas chupadas deliciosas.

    Yo estaba impresionado con la vista que tenía, Gaby en primera vista con mi verga en su boca, sus nalgas en el espejo del tocador y el consolador dentro de su vagina. Duramos un rato así, entonces ella giró y se puso de espaldas en la cama y en el filo de la cama, dejándome ver su vulva dilatada y húmeda, nos besamos en la boca mientras acariciaba ella mi pene y yo sus tetas, tragué un poco de saliva y bajé lentamente pasando mi lengua por sus pezones, ella respiraba profundo, mi boca llegó a sus labios vaginales, los abrí con mi lengua y encontré un clítoris delicioso, lo comencé a lamer delicadamente, mientras mis manos acariciaban sus tetas, introduje mi lengua en su vagina, probando un delicioso sabor.

    Duramos así un rato, mi lengua recorría desde su ano hasta si clítoris, ella mientras se apretaba las tetas y gemía de una manera deliciosa. Me incorporé hasta llegar a su boca y darle un beso apasionado, mientras, tome mi verga y la acomodé justo en la entrada de su mojada vagina, comencé acariciando con la cabeza de mi pene recorriendo de arriba a abajo, ella levantaba las nalgas cómo pidiendo que la penetrara, pero me gustaba hacerla desear, poco a poco fui empujando mi verga hacia adentro de su vagina estaba muy mojada y apretada, ella abrió sus piernas lo más que pudo y me dejo entrar los más profundo posible, comencé moviendo lentamente mi verga de su vagina, cada que la sacaba salía muy mojada y se escurría entre sus nalgas hasta llegar a la sábana.

    De repente sentí como Gaby se movía más fuerte y me apretaba hacia ella, entonces lanzo un pequeño grito y tuvo un delicioso orgasmo, me encantaba ver su rostro sonrojado y su boca entreabierta respirando agitadamente mientras sus piernas estaban totalmente separadas y sus manos parecía que querían arrancar las sábanas de la cama.

    Descansamos un poco.

    Ahora Gaby, me pidió que me acostara en la cama boca arriba, yo tenía la verga durísima y dejando la modestia de lado, tengo un pene de buen tamaño y grosor, así que Gaby se acercó a él, lo tomó con su pequeña mano, y comenzó a masturbarme, acercó su lengua a la cabeza dilatada y la lamió suavemente, luego abrió completamente la boca y la llevó casi por completo adentro de ella. Así como estaba se montó en mi, colocó la cabeza de mi pene en la entrada de su vagina y de un solo sentón dejó caer su cuerpo sobre mí dejando que mi verga entrara profundamente en su vagina mojada.

    Se veía hermosa, su cabello castaño totalmente suelto, sus hombros finos y delicados y sus tetas moviéndose de arriba a abajo. Se movía delicioso con movimientos de adelante hacia atrás y de repente los alternaba con movimientos circulares, ella misma tomaba mis manos y me hacía apretarle las tetas. Y cómo si fuera adivina cuando aceleraba el ritmo de los movimientos parecía que quería que me viniera pero no, se detenía. Así hasta que elle misma no dejó de moverse y tuvimos un orgasmo al mismo tiempo. Mi verga soltó una gran cantidad de semen en lo más profundo de su vagina y su vagina a la vez soltó un chorro de líquido transparente, la mezcla de líquidos mojaron mi verga, mis huevos y la sábana…

    Se recostó en la cama exhausta y yo también descansé un poco, no sé si dormité un rato hasta que escuché la voz de mi amigo Omar que decía:

    ¿Se divirtieron?

    Continuará…

  • Mi año sabático (2)

    Mi año sabático (2)

    Después de nuestra extraña noche con Rebeca, las cosas se volvieron bastante extrañas.  Era inevitable vernos y hablarnos, pues vivíamos juntos. Pero cada vez que lo hacíamos se sentía la tensión e incomodidad. Ese ambiente duró poco más que un par de semanas. Afortunadamente todo el tiempo que llevamos siendo amigos, además de las clases de baile que impartíamos juntos, ayudaron a que poco a poco las cosas se fueran relajando. Pero era claro que algo había cambiado.

    Para comenzar Rebeca ya no pasaba tanto de su tiempo libre en nuestra casa. Por el contrario, siempre buscaba alguna excusa o algo que hacer para salir. Y cuando estaba, sobre todo cuando estábamos en la misma habitación, se le veía ansiosa y nerviosa. Incluso cuando dábamos clase, evitaba realizar conmigo las demostraciones de los pasos de bailes, a menos que fuera estrictamente necesario.

    Hubo una ocasión, justo una semana después de nuestro encuentro sexual, en la que estábamos dictando una clase a un grupo de turistas. Nos habían pedido enseñarles a bailar específicamente bachata. Para los que no lo sepan, o apenas hayan escuchado algo sobre este ritmo. La bachata es un baile muy sensual, que, para bailarlo bien, es necesario tener una conexión muy fuerte con la pareja. O, en su defecto, sentir atracción sexual por el o ella. Por esta razón, durante esa clase, se sintió claramente la incomodidad de Rebeca al evitar realizar los ejemplos conmigo. Pero llegó un momento en que no pudo hacerlo más.

    Necesitábamos explicar un paso en el que la pareja realiza una especie de ondulaciones con sus cuerpos desde la cabeza hacia las piernas. Pero para poder hacer este paso, es necesario que ambos estén muy juntos, con el hombre tomando con una mano la cintura de la mujer, y la otra puesta sobre su espalda. Mientras que la mujer rodea el cuello de su pareja. Ambos muy pegados en la zona de la cintura y la pelvis.

    Cuando nos acercamos para realizar la explicación, sentía con mucha claridad la incomodidad de Rebeca. Tanta, que en ningún momento hicimos contacto visual. Y acabamos lo antes posible. Escenas fueron abundantes durante las siguientes semanas. Hasta que una tarde me cansé y decidí hablar con ella.

    Tuve que esperar que Rebeca regresara después de una de sus salidas con excusas tontas. Cuando la oí entrar por la puerta la intercepté cuando se apresuraba a entrar en su habitación.

    Yo: Qué hay Reb?

    Rebeca: Hola

    Su respuesta era cortante. Una simple formalidad.

    Yo: Reb, podemos hablar?

    Rebeca: Hablar? Paso algo? Cancelaron la clase de mañana?

    Yo: No. Eso está bien. No es nada de las clases.

    Rebeca : Entonces?

    Ella se había movido hasta la puerta de su habitación y la había abierto. Hablaba con su cuerpo a medio entrar por la puerta.

    Yo: Tenemos que hablar de lo que pasó. De lo de la otra…

    Rebeca: Ya te dije que no pasó nada -me interrumpió.

    Yo: Pues si pasó. O al menos así parece por tu actitud.

    Apenas en ese momento ella levantó la vista y me miro a los ojos. No recordaba cuando había sido la última vez que me había visto a los ojos. Pero si dijera que fue mientras teníamos sexo, cuando ella estaba encima de mí, cabalgando mi polla, tal vez no me equivocaría.

    Rebeca: Lo sien…

    Yo: Yo entiendo que puede ser incomodo -la interrumpí yo esta vez- Se que puede que las cosas se sientan raras después de lo que hicimos. Pero son más raras si no lo hablamos. Somos adultos ¿no? Pues hablemos como adultos.

    Ella no dijo nada, solo se quedó en silencio mirándome

    Yo: Vamos. Hemos sido amigos por 10 años. Creo que me has visto hacer cosas peores que lo que pasó esa noche. Además, si crees que verte desnuda, va a cambiar mi imagen que tengo de ti, estás muy mal. Recuerda que fui yo quien te encontró toda bañada en vómito después del cumpleaños de Emilia en el 2014. Créeme, después de verte así no puedo verte de otra manera.

    Rebeca: eres un pendejo -dijo soltando una pequeña risa.

    Yo: eso es, así me gusta, que me insultes y me trates como tu hermano con deficiencia mental.

    Rebeca: Lo siento. Puede que si tuviera algo de resaca moral después de esa noche. Se me hizo difícil procesarlo.

    Yo: Lo se. Pero ya lo dijiste tu. Habíamos bebido, teníamos mucho tiempo de sequía sexual, y simplemente nos dejamos llevar. Además es normal que quedaras enamorada después de descubrir mis capacidades.

    Rebeca: ¡Cállate idiota! Ni que hubieras sido tan bueno.

    Yo: ¡Auch! Eso sí que hirió mi ego masculino -dije riéndome, muestran me presionaba el pecho con mi mano derecha fungiendo que me dolía.- Esperaba que fueras algo más suave conmigo. ¿Eso significa que no vamos a repetir?

    Rebeca: ni que tuvieras tanta suerte. Mejores palos he rechazado. Además creo que después de mañana, ya no estaré de sequía.

    En ese momento todo el buen humor que tenía por estar arreglando las cosas con mi amiga desapareció de golpe.

    Yo: ¿Qué?

    Rebeca: Si. Lo que pasa es que la otra noche que salí a buscar los víveres. Mientras regresaba me encontré con Santiago. ¿Lo recuerdas?

    Yo: Claro, él y su hermano manejan la oficina de turismo -dije en tono seco. Ahora el cortante era yo.

    Rebeca: Si, él. Pues me presentó a su primo. Rubén. Los va a ayudar con la oficina un tiempo. No te quiero dar muchos detalles pero solo voy a decir que es metro ochenta y nueve de sabrosura latina.

    No era la primera vez que mi amiga me hablaba de esa manera sobre alguna conquista. Pero en ese momento lo sentí como un balazo de agua fría. No es que Rebeca me gustara como pareja. Pero si sentía celos, y de los fuertes.

    Rebeca: Y pues bueno -continuó- me invitó a salir. Esta tarde nos encontramos y me dijo que quería ir a bailar conmigo. Así que quedamos en ir mañana por la noche. Bueno, tarde-noche en realidad. No sabía como pedirte que te encargues tu solo de las clases de mañana. ¿Puedes?

    Por un momento se me ocurrió decirle que no. No me gustaba nada que fuera a salir con ese tipo. Pero después de todo lo que había pasado entre nosotros. Hacerlo, le daría más razones para continuar con la actitud de las últimas semanas. Así que acepté. Ella me agradeció y entro en su cuarto, cerrando la puerta tras ella. Y dando por acabada la conversación.

    El siguiente día fue horrendo, a pesar de que las cosas con Rebeca volvían a ser mas o menos normales. Desayunamos juntos, y salimos a dar una vuelta por el pueblo, mientras conversamos de nada en específico. Pero durante todo ese tiempo yo no podía quitarme de la cabeza lo que Rebeca me había dicho la noche anterior. Saldría con ese tal Rubén, y seguramente terminarían la noche en su casa. O lo que era aún peor, en la cama de Rebeca. Lo que significaría que yo podría escuchar toda la noche lo que hicieran juntos. Esa idea me torturaba.

    Después del almuerzo Rebeca fue a su habitación para arreglarse, mientras yo me quedaba en nuestro salón para preparar las cosas para la clase de esa tarde. A eso de las 6 pm Rebeca salió de su habitación. Se veía despampanante. Llevaba un vestido veraniego color rojo oscuro con motivo de puntos pequeños blancos. Era bastante holgado, exceptuando por la cintura, en la que se ceñía al cuerpo. Su escote en V y la espalda descubierta dejaban ver su blanca y nacarada piel. Se había soltado y alisado el cabello. Peinándolo para que la cascada de cabello castaño cayera sobre su hombro derecho. Y la cereza sobre el pastel, eran sus labios, que había pintado de un color rojo igual al de su vestido. Estaba hermosa, y todos los estudiantes que estaban en el salón esperando que comenzara la clase se lo comentaron.

    Rebeca: ¿Y tu, que dices Mateo? -Me preguntó acercándose.

    Yo: Concuerdo con todos, te ves muy bien

    Justo en ese momento se escuchó el motor de una motocicleta justo frente a nuestra casa.

    Rebeca: eso espero, porque creo que ya llegó Rubén. Y no creo que tenga tiempo de cambiarme.

    Yo: ¿Te vino a ver en una moto?

    Rebeca: supongo. Nunca lo he visto en auto.

    Yo: ¿Y te vas a montar? ¿Así?

    Rebeca: No sería la primera vez que me subo en una, vistiendo una falda. -mientras decía eso el timbre sonó- Bueno creo que me voy. No me esperes. Mañana te cuento todo. Mucha suerte.

    Yo: Cuídate…

    Sin ponerme atención se dirigió a la puerta. La abrió y salió.

    Debo decir que la clase de esa tarde no fue la mejor que he dado en mi vida. Estaba muy distraído. Y me costaba mucho seguirle el hilo a los pasos que trataba de enseñar. Por esa razón la terminé antes de lo normal, y cuando todos se fueron, me encerré en mi habitación a ver algo en la televisión. Tratando de distraerme. Evitando pensar en lo que podrían estar haciendo Rubén y Rebeca en ese momento. Y fallando miserablemente en ambas cosas. Después de un par de horas, a las casadas supongo, terminé dormido.

    Me despertó el ruido de la puerta al abrirse. Seguido por unos golpes y rechinidos se los muebles del salón al moverse. Maldije en silencio al pensar que había tenido razón y que ahora tendría que escuchar toda la madrigada los sonidos de sexo de mi amiga con ese tipo. Pero cuando tomé el celular me di cuenta que era temprano, apenas eran las 9pm. Lo que significaba que apenas llevaba unos 20 minutos dormido. Y, aun más importante, que no se habían demorado nada en regresar. Supuse que ambos debían estar muy cachondos y no querían perder el tiempo.

    Inconscientemente agudicé el oído. Aunque no quería, me daba mucho morbo escuchar lo que hacían. Pero me di cuenta que había demasiado silencio. Incluso para una pareja que intentara no hacer ruido. Me levanté, y me acerqué a la puerta para intentar escuchar mejor. Nada.

    Salí de mi habitación despacio y en silencio para evitar arruinar el juego previo, por si me equivocaba. Al asomarme al salón encontré a Rebeca sentada sobre el sillón, abrazada las rodillas y con la cara hundida en ellas.

    Yo: ¿Reb? -me acerqué cautelosamente- ¿estás bien?

    Rebeca: Si -respondió- Bueno, no. Ya ni siquiera lo se.

    Yo: ¿pasó algo? ¿Dónde está tu sabrosura latina de metro ochenta y nueve?

    Rebeca: No lo sé. La última vez que lo vi estaba camino al baño de hombre de la discoteca.

    Yo: Vas a tener que explicarme porque no entiendo un carajo.

    Rebeca: El tipo es un patán -dijo explotando. Al fin levantó la cabeza y pude ver como el rímel de sus ojos estaba corrido. Había llorado- Ni bien llegamos a la discoteca me pidió el trago más fuerte. Ni siquiera me preguntó qué quería. Solo lo ordenó. Quería emborracharme. Y cuando se dio cuenta que no estaba bebiendo se sacó a bailar. Si a eso se le puede llamar bailar. Lo único que hacía era frotarse y restregarse contra mi. Y cuando creía que nadie estaba viendo, Intentaba levantarme la falda.

    Yo: Pedazo de idiota -dije sinceramente enojado.

    Rebeca: Y eso no es todo. Creo que creyó que le estaba funcionando, porque finalmente se acercó y me habló al oído. Me dijo «mira lo que tengo para ti». Tomó mi mano y la llevo a su paquete. Estaba excitado. No espero a que yo le respondiera de ninguna manera. Simplemente dijo «te espero en el baño» y se fue. Yo también lo hice. Pero me fui de ahí. Pedí un taxi y vine a casa.

    Yo: mierda Reb, lo lamento.

    Rebeca: Lo peor de todo es que yo si quería coger. ¡Mierda! ¡Me muero de ganas de coger! Incluso toda esa mierda me tenía muy excitada. Pero tampoco le iba a aceptar. No sé qué clase de zorra cree que soy. Apenas nos conocemos.

    Para ese punto ya no decía nada. Sabía que mi amiga no necesitaba consejos, y tampoco apoyo. Solo necesitaba desahogarse.

    Rebeca: Me siento sucia. Caliente, pero sucia. Es verdad que a veces me gusta sentirme una puta. Pero no me gusta que los demás me vean como una. Carajo. Necesito una ducha.

    Sin esperar respuesta o palabra de mi parte, se levantó del sofá y fue hacía el baño. Cerró la puerta de un golpe. Yo me quedé por un rato en el salón, tratando de procesar todo eso. Me sentía sumamente enojado con ese idiota, y por atreverse a hacerle eso a mi amiga. Pero a la vez estaba aliviado. Los celos que había sentido hasta entonces habían desaparecido. Con esa mezcla se sentimientos decidí regresar a la cama. Ya mañana se me ocurriría mejor que hacer con respecto a ese idiota, y también pensaría en como subir el animó de Rebeca.

    Al pasar frente a la puerta del baño, me detuve al escuchar un ruido al otro lado. Sonaban como sollozos. Mi amiga estaba llorando. Abrí la puerta despacio para no asustarla. Y metí la cabeza por el espació que había dejado. Puede ver a Rebeca, aun vestida, sentada sobre la tapa del excusado. Pero no estaba llorando. Se estaba masturbando. La imagen que tenía frente a mi era terriblemente excitante.

    Rebeca estaba sentada sobre la tapa del excusado, con su espalda apoyada sobre el tanque de agua y la cabeza echada hacia tras. Sus cabellos se regaban por los lados de la tapa del tanque. Tenía los ojos cerrados y la boca media abierta por los gemidos que se le escapaban. Aun tenía puesto el vestido, pero estaba levantado. Sus piernas abiertas le daban paso a sus manos que se daban gusto jugando y explorando su intimidad. Con su mano derecha utilizaba las yemas de los dedos para acariciar el clítoris, mientras que con los dedos anular y medio, penetraba en el interior de su vagina.

    Me quede petrificado con la visión de lo que tenía frente a mi. No sabía que debía hacer. Si alejarme en silencio y dejarla terminar tranquila en su soledad, o aprovechar el momento y unirme a ella. Por suerte no tuve que tomar esa decisión. Pues en ese momento Rebeca abrió los ojos y me vio directamente.

    Rebeca: ¿Te vas a quedar ahí parado toda la noche? -Me pregunto.

    Sin responder me acerqué a ella, y sin mediar ni una sola palabra me agaché. Recorriendo la mitad del trayecto hasta la tasa del baño de rodillas. Al llegar a sus pues, tomé su pierna izquierda y la levanté a la atura de mi rostro. Con suaves toques, fui besando sus pies descalzos, y lentamente subiendo por sus fuertes piernas. Pasando mis labios meticulosamente por sus tobillos, sus pantorrillas, sus canillas y rodillas, sus muslos, sus caderas. Hasta finalmente estar frente con frente con su apetecible vagina. Acerqué mi rostro a su entrepierna, y con mis labios acaricié lenta y pausadamente alrededor de sus labios mayores, pero sin tocarlos, sintiendo como se estremecía con cada casi imperceptible ráfaga de aire que salía de mi nariz y se encontraba con su piel desnuda.

    Para luego repetir el movimiento pero esta vez utilizando mi lengua, sin parar un solo momento, hasta dejar bien húmedo con mi saliva, cada parte de sus pubis, ingle y entrepierna. El penetrante ahora de su humedad entraba por mi nariz y me embriagaba de deseo y lujuria. Fui invadido por un impulso irracional de cogérmela en ese momento. Sin juegos previos, ni más esperas. Simplemente levantarme, y hundirle hasta el fondo mi tranca. Pero sabía que esta vez debía hacer las cosas de mejor forma. Si quería tenerla, de verdad poseerla, debía complacerla en todos los sentidos. Y sabía clara mente por donde debía comenzar. Al fin y al cabo ya estaba ahí.

    Los gemidos de rebeca no se hicieron esperar. Desde el momento en que mis labios y legua tocaron sus labios vaginales pude escuchar como esos gritos se escapaban de su boca. Ataqué sin piedad y sin remordimiento. Movía mis labios mordiendo, presionado y halando los pliegues de carne. Por momentos centraba mi atención completamente en su pequeño botón de placer. Dándole al Clítoris la atención que se merece. Luego sumergía por completo mi rostro entre sus piernas para saborear gustoso cada gota del delicioso néctar que salía de su interior. El placer se fue apoderando de Rebeca por completo. Sus gemidos solo eran interrumpidos por cortas frases destinadas a dirigir mejor mis esfuerzos o para expresar lo bien que se sentía

    Rebeca: Si!!! Así!!! No pares!!! Si!!! Más a la derecha!!! Eso!!! Ahora para arriba!!! Mierda!!! Dios!!!

    Sus manos revolvían mi cabello y presionaban mi cabeza hacía su vagina. Su Espalda se arqueaba y sus piernas rodeaban mi cuello y hombros. Los espasmos continuaban y el incesante flujo de humedad me mojaba el rostro por completo. Yo continuaba lamiendo, besando y mordiendo.

    Rebeca: Espera, Espera -dijo después de un rato.

    Alejo mi cabeza de ella y torpemente se giró para quedar apoyada las rodillas sobre la tapa del inodoro y con las manos y la cabeza sobre el tanque. Dejando la erótica imagen de su parte trasera a mi vista. Frente a mi tenía tanto su chorreante vagina como su ano. No me pude controlar mas y me abalancé contra ella. Hundiendo nuevamente mi cara entre sus nalgas.

    Con mi lengua recorría desde su clítoris hasta su ano. De vez en cuando usaba mis dedos para ayudarme a estimular ambos orificios alternadamente. Rebeca lo disfrutaba como nunca antes la había visto disfrutar algo. Sus gritos y gemidos eran tan fuertes que estaba seguro que toda la cuadra se había enterado de lo que estábamos haciendo. Pero ninguno se comparaba como el que soltó cuando le llegó el primer orgasmo de la noche. Cuando estaba a punto de correrse, apartó bruscamente mi rostro de sus nalgas, para luego cerrar sus piernas con fuerza, y hundir su cara entre sus brazos. Su espalda estaba arqueada, y temblaba tan violentamente que tuve que sostenerla para no caerse ser excusado.

    Cuando terminó mi amiga se encontraba en un estado deplorable. Con su maquillaje corrido, y sus cabellos enmarañados. Su hermoso vestido arrugado y recogido solo cubría un pequeño espacio entre sus pechos y su obligo. Su pubis, ingles y muslos brillaban por la mezcla de fluidos vaginales y saliva.

    Yo: Creo que ahora si necesita un baño -Dije mientras me levantaba con dificultad

    Rebeca: Creo que si -Dijo riendo. Su voz aún estaba entrecortada por la agitación- ¿Qué haces?

    Yo: me quito la ropa. Me voy a meter a la ducha contigo

    Rebeca: ¿A si?

    Yo: Si. No creas que esto se ha acabado aquí. Te voy a coger hasta que digas basta. Y siempre me ha gustado hacerlo en la ducha.

    Rebeca se quedó mirándome con cara de asombro. Aunque en su expresión también se podía distinguir la lujuria. Estaba claro que ella aun no tenía suficiente tampoco. Tomando la iniciativa, se levantó de la taza del baño como pudo y me tomó de la mano. A rastras me llevó dentro de la ducha y abrió la llave de agua con su mano libre. No habían caído aun las primeras gotas de agua sobre su piel, cuando se abalanzó nuevamente sobre mi. Comiéndome la boca y recorriendo cada parte de mi cuerpo con sus manos.

    Creo que nunca en mi vida me habían besado de forma tan caliente. El deseo que de Rebeca se desbordaba, y exudaba por cada uno de sus poros. Sus besos eran intensos. Diría que incluso agresivos. Más que pasión o lujuria, lo que demostraba mi amiga era necesidad. Actuaba de la misma manera que lo hubiera hecho un drogadicto al mostrarle un poco de polvo, después de semanas de abstinencia. Su lengua se repasaba meticulosamente cada rincón de la mía. Sus manos alternaban sus caricias entre mi pecho, abdomen, nalgas, y mi verga. Que para ese momento palpitaba intensamente debido a la excitación. Entre todo eso, Rebeca me rodeaba con su pierna izquierda. Restregando contra mi cuerpo su doblemente mojada vagina. Primero por sus jugos y ahora por el agua tibia de la ducha.

    Mientras tanto, yo me dejaba hacer. Solo permanecía quieto. Casi petrificado. Fascinado por la idea de ser, al menos en ese momento, el objeto del deseo de mi amiga. Y que ese deseo haya llegado a tales extremos, que prácticamente se estaba follando a si misma, usándome como una herramienta. Y de esa forma. Desesperada y descontrolada. Mi amiga de hacía tantos años. Aquella con la que había compartido tanto. Ahora usaba sus mandos para masturbarme.

    Siempre me ha gustado la sensación de ser masturbado por una chica. Dicen que no hay mano como la propia. Pero para mi eso nunca aplicó. De la misma manera que hay personas que tienen fetiches con los pies. Creo que puedo decir que yo siento un fetiche por las manos. Y no hay cosa más excitante para mi, que sentir las manos de una chica en mi polla, Subiendo y bajando. Jugando. Deslizando el prepucio y rozando mi glande con la yema de sus dedos. Pues esto era completamente diferente a eso. Pero a la vez era enormemente estimulante. No había caricias en lo que Rebeca le hacía a mi falo. Era un acto de lujuria pura. Su mano apretaba el tronco de mi pene como si quisiera exprimirlo y el recorrido de adelante a atrás, se asemejaba más a un apuñalamiento que a un acto amatorio.

    Me masturbaba con rabia y locura. Y de esa misma forma introdujo mi miembro en su hinchada entrepierna. De una sola estocada. Fue tan repentino que mis gemidos se mezclaron con un grito de sorpresa al sentirme dentro de ella. Por su parte, mi amiga no se detuvo ni por una milésima de segundo. En el momento que mi polla la penetro, comenzó con un arrítmico movimiento de caderas. Ayudándose de sus manos que se habían clavado en mi espalda con las uñas y de su pierna que se enredaba entre las mías como una serpiente. Yo no la follaba a ella. Ella me follaba a mi. De haber sido en otro contexto, podría haber dicho que Rebeca estaba violándome.

    Durante todo este tiempo. Rebeca tenía mi cara pegada a mi. Me besaba la boca, el cuello, el pecho. Y no fue Hasta que se alejó por un momento, para poder lanzar un intenso gemido, que pude ver su cara. La cara de una posesa. Rímel corrido enmarcaba sus ojos nublados por completo, con los que me miraban sin mirarme. Su boca, tenían labial embarrado por todas partes, lo que la asemejaba a una bestia que acabara de dar un gran mordisco a su presa y la sangre le manchara las fauces. Su cabello mojado se adhería a la silueta de su cabeza, cuello, hombros y espalda. Era la imagen de una ninfa de leyenda, salida de un lago. No, más bien, era la imagen de un súcubo salido de las pesadillas de un niño, o los sueños húmedos de un adolescente.

    En ese momento ya no me pude controlar más. Tenerla así, completamente desatada, era una tentación insoportable. Todo su cuerpo, vibraba y pedía ser cogido, de la forma más salvaje y desenfrenada. Yo no era tan fuerte. Cómo una estatua que estuviera tomando vida. Lentamente me fui acompasando a los movimientos de Rebeca. Complementando el vaivén de sus caderas, con las mías. Respondiendo los rasguños, pellizcos, y agarrones de sus manos con las mías. Devolviendo cada beso, lamida y mordida.

    Rebeca: ¡Ahhh!!! -Gritó en una mezcla de placer y dolor cuando atrapé su labio inferior entre mis dientes- ¡Que bruto eres!!!

    Yo: ¿Quieres que pare? -Más que una pregunta, era una amenaza.

    Rebeca: ¡NO! -suplicó desesperada- Cógeme, muérdeme, destrózame. Hazme lo que te de la puta gana. Estoy burrísima y no creo poder parar.

    Eso fue suficiente para que yo dejara a un lado mi rol pasivo, que llevaba hasta ese momento. Ella me había dado carta blanca para hacer con ella lo que quisiera. Y la iba a provechar. Pero debía asegurarme. Con un gesto tosco, la separé de mi, casi arrancando su labio. Le sostuve la cara con ambas manos y la presioné contra la pared de la ducha. El gesto fue fuerte agresivo y dominante. Rebeca detuvo el movimiento de su cadera, y me miró con algo que se parecía mucho al terror.

    Yo: No quiero más juegos -le dije sosteniendo su cara y acercando mi rostro al de ella- No quiero que me uses para tener sexo esta noche y mañana te levantes con cargo de conciencia y quieras fingir que nunca pasó.

    Rebeca: Yo…

    Yo: Tu, nada. -la interrumpí alzando la voz- Si es lo que quieres. Te voy a follar como nunca te han follado. Y mientras lo hacemos te voy a tratar como la puta zorra que eres cuando te entra la calentura. Pero de ahora en adelante, esto será de doble sentido. Tu podrás cogerme cuando te dé la gana, pero yo haré lo mismo.

    Durante mi discurso Rebeca solo me miraba. Su miedo me excitaba muchísimo. Y mi actitud dominante a ella también, porque al descuido trató de comenzar el movimiento pélvico nuevamente. Yo la detuve empujando mi polla y presionado sus nalgas mojadas contra la pared. Ella soltó un pequeño gemido.

    Yo: Durante el día, seremos igual que siempre, nada cambiará, seguiremos siendo los mejores amigos. Pero en la noche, o mejor dicho, cuando nos dé la gana de tirarnos un buen polvo, tú serás mi perra y yo seré tu consolador marca acme. ¿Quedó claro?

    Rebeca: sssiii

    Yo: No te escucho

    Rebeca: Si

    Yo: Si, ¿qué? Maldita sea

    Rebeca: ¡SI! ¡Si a todo, mierda! Cómeme de una puta vez.

    Callé su respuesta con un beso. Y antes de que pudiera reaccionar, comencé con el bombeo. Esta vez, yo llevaba la batuta. La presioné con intensidad contra la pared abaldosada de la ducha. Lleve mi mano derecha a su garganta y la así con la fuerza justa para tener el control sobre ella, sin hacerle daño. Mi mano izquierda, por su parte, alternaba apretones y pellizcos entre sus senos. Me encantaba sentir la dureza de los pezones de mi amiga. Eran pequeñas gemas oscuras de puro placer. Para ese momento, mis besos no eran, ni por asomo, muestras de cariño, ternura, o incluso deseo. El deseo se había superado ya hacer rato. Eran besos de pura y dura lujuria. Y los besos, que rebeca me daba en respuesta, no se quedaban atrás.

    Por un momento dejé de jugar con los pezones de mi amiga. Que al sentir ausencia de mi mano soltó un quejido de protesta dentro de mi boca. Yo no le hice caso, pues necesitaba de mi extremidad para tomar mi miembro, húmedo y pegajoso, por el cóctel de fluidos vaginales, liquido preseminal, agua de la ducha y sudor. Retiré mi polla férrea de su guarida, ganándome una nueva y más larga protesta que fue acompañada de un mordisco en mi labio inferior.

    Rebeca: ¿qué haces? Lo quiero adent… Aaaahhhh!!

    La protesta de mi amiga fue interrumpida por un grito de pacer cuando sintió como pasaba mi glande por la entrada de su húmeda caverna. Con movimientos de pincel, repasaba con maestría cada pliegue y rincón de los labios mayores y menores. Sentía los temblores y ligeras convulsiones, que Rebeca daba como respuesta, a las caricias que mi miembro genital le daba al suyo. Era algo que no se esperaba para esas alturas del partido. De la misma manera que no se esperaba, que justo cuando estaba estimulando su clítoris con la punta de mi pene, con un rápido movimiento en picada, lo volviera a clavar en su interior.

    Rebeca abrió los ojos en una mueca que se debatía entre la sorpresa, el placer y el dolor. Sin embargo la expresión se perdió en milésimas de segundos, puesto que no me entretuve, ni tuve reparos en retomar las embestidas nuevamente.

    Mis movimientos, eran constantes, intensos y rítmicos. Cada embestida no solo la empujaba contra la pared sino que también la hacía levantarse unos centímetros del suelo. A veces haciendo que se parara de puntillas, y otras, incluso levantarse por completo del suelo, dando pequeños brinquitos. Con cada estocada sus nalgas chocaban contra las baldosas del baño, sonando como aplausos que siguen el ritmo de una comparsa. Tras un momento en ese ritmo, las piernas de Rebeca empezaron a flaquear, en parte por el cansancio de la mala posición, y en parte por el placer que estaba experimentando. Yo utilice mi mano que no presionaba su cuello, la izquierda, para sostener su muslo derecho. A su vez, ella posó sus manos sobre mis hombros para ayudarse a sostenerse.

    No se cuanto tiempo estuvimos cogiendo en esa posición. Solo puedo decir que un par de veces ella trató de acomodarse subiendo su pierna y enroscándola en las mías. Presionado su sexo, aun más fuerte, contra el mío. Y en esas ocasiones, pude sentir ese leve temblor que había aprendido a relacionar con sus orgasmos.

    Ella ya había terminado. Dos veces, si contamos con el orgasmo que le di con el sexo oral. Ahora me tocaba a mi. E iba a aprovechar la situación y las nuevas reglas que establecimos para hacer algo que llevaba tiempo deseando hacer.

    Sin previo aviso, y sin que Rebeca se lo esperase. Me separé de ella a media penetración. La tomé de los hombros, y con un movimiento brusco y falto de cualquier cuidado, la gire. Mi amiga quedo de espaldas a mi, mirando la pared en la que sus nalgas había estado chocando, y apuntándome con ese hermoso y perfecto culo.

    Las nalgas de Rebeca, son de ese tipo que aun siendo grandes, no pierden su forma. Incluso tienen cierto poder contra la gravedad, ya que más allá de un leve rebote, cuando camina, salta o baila, no parece que dicha fuerza de la naturaleza tenga efecto en ellas. Mas de una vez sorprendí a un par de desubicados, por la calle o en discotecas, que se las quedaban mirando, soñando despiertos poder hacer lo que yo estaba a punto de hacer.

    Llevé mi mano derecha a mi boca y lamí las yemas de mis dedos medio y anular. Y con ese lubricante natural realicé caricias en una extensa línea recta que abarcaba desde la vulva hasta la entrada del ano. Cada recorrido extendía por toda la zona la humedad de los jugos de mi amiga. Con esos mismos jugos hice un pequeño masaje circular en ano, cerrado y estrecho.

    Yo esperaba una negativa, o al menos alguna protesta por parte de mi amiga. Pero en lugar de eso lo que obtuve fueron leves gemidos de gozo, y un movimiento circular con su trasero que me guiaba a donde ella quería sentir mis dedos. Incluso, poco a poco, sacaba su culito haciendo que mis dejos entraran en su estrecha abertura.

    Yo: Veo que ya te han dado por el culo -dije susurrándole al oído- Y además te gusta.

    Rebeca: hay pendejos que no se conforman con un hueco, y quieren ambos -Dijo entre gemidos- pero cuando los tienen no saben qué hacer.

    Yo: crees que yo no sé qué hacer con este lindo culito -dije mientras metía lentamente la punta de mi dedo por su ano.

    Rebeca: ¡Aaaayyy!! -gritó, era un grito de puro placer- No, estoy segura que tu si sabes.

    Yo: Pues te equivocas. Nunca me han dejado. Pero sé que tú me enseñaras lo que te gusta que te hagan ahí. Pero no ahora. Ahora quiero terminar de cogerte bien.

    No había terminado la frase, cuando lentamente incrusté la cabeza de mi verga entre sus nalgas, y lentamente, dejándome resbalar, por toda la lubricación, fui ingresando de nuevo en su vagina. Más húmeda de lo que había estado, si acaso era posible. Retomé las embestidas lentamente. Como el pistón de un motor que vuelve a la marcha después de una fría noche de inactividad. Y con cada uno de mis movimientos Rebeca se inclinaba más hacia adelante, encorvaba más su espalda y presionaba contra mi sus deliciosas nalgas. Hasta que estuvo completamente apoyada con ambas manos contra la pared, y su culo a mi absoluta merced.

    Nunca he sabido explicar el efecto que aquella posición tiene sobre mi. Es la postura que más me excita y que más disfruto. Tener a una mujer, de pie, de espaldas a mi. Con sus nalgas apuntándome y sus piernas abiertas, libera algo dentro de mi. Si de por si, suelo descontrolarme cuando la lujuria me invade. En esa postura es como si algo me poseyera. Un demonio de deseo que solo busca una cosa. Follar.

    Eso fue exactamente lo que sucedió en ese momento. Las embestidas, que habían comenzado suaves, poco a poco se iban convirtiendo en desenfrenados asaltos a la retaguardia de mi amiga. Mis manos, que otrora había usado para darle placer a mi compañera de departamento, Ahora atenazaban con fuerza sus caderas. Y solo tenían la función de ayudar a que cada penetración sea más y más fuerte. Evidencia de eso eran las marcas rojas que dejaban a los costados de sus caderas. El sonido del agua de la ducha, fue acallado por los golpes que propinaban mis ingles y testículos al chocar contra las nalgas de Rebeca. Yo ya no podía pensar en nada. Lo único que buscaba era el climax que tendría al llenar con mi esperma el útero de mi amiga de tantos años.

    De la boca de Rebeca escapaban sonidos que alternaban entre quejidos, jadeos, gemidos, y gritos. Para cualquier persona hubiera sido evidente que ella sufría a la par que gozaba. Para cualquier persona, que no fuera yo, claro está. Pero a pesar del dolor que le estuviera causando. Ella no me detenía. Es más me alentaba.

    Rebeca: ¡Siii!!! ¡Por diosss! ¡Sigue, mierda! ¡Sigue! Esto era lo que quería. ¡Que rico!

    A mi ya me daba igual. Sus grupos de placer, ya no tenían ningún efecto en mi. Pues ya no buscaba su placer, si no únicamente el mío. Llegue a un punto en que era imposible aumentar la velocidad de las embestidas. Penetraba su interior lo mas rápido y fuerte que era humanamente posible. Empecé a sentir que el clímax se aproximaba y que el ansiado orgasmo estaba cerca. De golpe baje la intensidad. Ahora cada vez que salía de su vagina era solo para entrar más fuerte y más profundo. Podía sentir como mi verga golpeaba algo en el interior de Rebeca. Y así hubiera seguido, pero sentí la corriente que salía expulsada de mi interior.

    Me detuve. Con toda mi tranca dentro de ella. Sentía que había liberado litros de semen en el interior de Rebeca. Ella por su parte se quedó inmóvil. Entre cansada, adolorida y extasiada, lo único que podía hacer era respirar. Poyando su pecho y cara sobre las baldosas de la pared, su cuerpo oscilaba adelanta y atrás por su profunda y agitada respiración. Movimiento que se acompasó con el palpitar de la punta de mi pene.

    Muy lento fui sacando mi polla del viscoso interior de Rebeca. Movimiento que hizo que volviera soltar un gemido, entre suspiros. En cuanto lo sintió afuera, se dio la vuelta para quedarse con su rostro a centímetros del mío.

    Rebeca: No sé si lo que estamos haciendo está bien. -dijo sin dejar de mirarme- pero se siente tan rico.

    Yo: Se siente putamente rico -Confirmé.

    Rebeca: Espero que aún no te hayas cansado, porque después de ducharnos, ahora si de verdad, quiero terminar esto en tu cama.

    No podía creer lo que me estaba diciendo. Después del sexo oral y la titánica cogida que acabábamos de tener en la ducha, Rebeca aun quería más. El apetito sexual de mi amiga rayaba en la ninfomanía. Y ahora estaba seguro que no se debía a al alcohol. Tal vez la última vez le pudimos echar la culpa al ron. Pero ahora no. Rebeca había aceptado el placer que tenía al acostarse conmigo, y ahora se estaba entregando completamente a el.

    Definitivamente este año sabático se había puesto interesante…

  • Jugando pádel

    Jugando pádel

    Ellos estaban jugando pádel en la pista de la urbanización. Yo tomaba el sol tumbada en la piscina justo al lado, con el bikini mas pequeño que tengo. No podía evitar mirar como se movían.

    A cada saltito su cortísima falda me dejaba ver un culo perfecto por que se había puesto un tanguita blanco a juego con la minifalda, todavía mas pequeño que el de mi bañador. Natalia es una vecina en la que ya me había fijado antes, esta muy buena.

    El culito respingón y moreno atraía mis miradas cada vez que un brinco levantaba la pequeña prenda descubriendo sus nalgas duras y perfectas. Parecía un video de tik tok en vivo, su faldita de lado a lado descubría el pubis apenas cubierto.

    Aunque su oponente también merecía algún vistazo. Sabia que vivía sola, podía ser un novio pero se parecían mucho, el mismo cabello rubio, los mismos ojos azules. ¿Seria su hermano? ¿Un primo?

    Alto, delgado, fibrado, nada mal la verdad. Y bajo ese pantalón corto de deporte se adivinaba un culito prieto y duro, como para clavar los dientes en esas nalgas.

    Sabía que de vez en cuando sus ojos, los de ambos, reposaban en mi cuerpo. Sobre mi piel desnuda cuando le ponía bronceador, lasciva, acariciándola e hidratándola. Más de una bola se había perdido por esos despistes.

    Acariciando mis pechos cubiertos únicamente por la lycra suficiente para tapar mis pezones. Al ser día de diario no esperaba que apareciera alguien más por allí.

    – ¡Hola!, ¿no descansais un rato? Os vendría bien reponer electrolitos.

    Me había bajado unos refrescos que les ofrecí amable para que hicieran un descanso. Antes de sentarse en el césped a mi lado él aprovechó para sacarse la camiseta y secarse el sudor del torso con ella.

    – Eres muy amable, gracias. Hace mucho calor y ya llevamos un rato dándole a las pelotitas.

    – Pues a mí me parece que le has dejado las pelotitas en paz.

    Si ella se hubiera quitado el polo hubiéramos visto sus duros y cónicos pechos cuyos pezones se marcaban perfectamente desafiantes en el fino tejido. Estaba claro que no llevaba sujetador.

    – No sabía que te hubieras echado novio, Natalia.

    – Ja Ja, no es mi novio, Carlos es mi hermano. Y ella es Olga mi vecina. ¿Has visto, tato, la vecina tan buena que tengo?

    – ¡Si! Ya veo, ya, esta buenísima.

    Nos interrumpiamos al responder.

    – Eso explica lo guapo que es. Se ve el parecido de familia. Encantada.

    – ¿Me estás halagando? Igual por cierto.

    – A los dos y descarada. ¿Os importa?

    – Para nada.

    – Que lastima no poder sacarnos los sujetadores ni las camisetas aquí. Estoy sudando.

    Eso, el top less, no lo permitían las normas de la piscina. Lo que todas obviábamos usando los bañadores y bikinis mas pequeños que podíamos encontrar.

    – Te puedo dejar uno de los míos, si quieres quitarte el top. Tengo otro bikini seco en la bolsa. Aunque así sudado, y trasparentandose te queda muy bien. Casi se adivinan los pezones.

    – Déjame el suje. Al menos se podrá secar el sudor.

    Yo pensaba que me encantaría lamer ese sudor directamente de su piel. Me puse a gatas dándoles la espalda para buscarlo en la bolsa que había bajado. Así ellos veían mi culo, mis nalgas separadas, la gomita del tanga que apenas tapaba el ano y los labios de la vulva marcados en la licra.

    Me giré para darle la prenda y sorprendí con agrado las miradas lascivas que ambos me estaban dedicando. Sus ojos clavados en mis posaderas.

    Rocé los dedos de Natalia para alcanzarle una prenda que apenas cubriría sus pezones. Su sonrisa al verla me indicó que le agradaba la idea de ponerse tan impúdico trozo de tela.

    Sin más tardanza se sacó el polo sudado, dejándonos ver sus preciosos pechos. No pensábamos que nadie mirara así que no se tapó más. Unos segundos más tarde los tenía tapados, por decir algo, con mi sostén.

    Tras ponerse el sujetador se sentó con las piernas cruzadas frente a nosotros, lo que levantaba la cortísima falda y nos mostraba la húmeda tela del tanguita. Por lo menos a mí que la miraba justo enfrente.

    Tumbada boca abajo en mi toalla, me permitía ver su húmedo tanga introduciéndose entre los labios de su depilada vulva. Sabía que ambos me estaban mirando el culo perfectamente expuesto en esa posición. Sus lujuriosa miradas estaban clavadas en mi grupa. Les ofrecí ir a tomar algo a mi piso, un almuerzo ligero y seguir conversando.

    – Si ya estáis cansados podemos subir a casa, os invito a almorzar.

    – Tendríamos que ducharnos antes.

    – Da igual, con el calor que hace volveríamos a sudar en minutos. Animáos. Y podéis hacerlo en mi piso.

    Se miraron el uno al otro como pidiéndose permiso.

    – Vale, genial.

    Me cubrí la cadera con un pareo de gasa trasparente y no les di oportunidad ni para que se negaran ni para que fueran a buscar mas ropa. De hecho arrimando mis tetas al pecho de él impedí que volviera a ponerse la camiseta. Nadie nos vería en el breve trayecto en el ascensor.

    – No hace falta que os tapeis más. Solo vamos a coger el ascensor.

    Ya en mi piso les indiqué que se pusieran cómodos mientras dejaba caer las sandalias y el pareo y me dirigía a la cocina. Al volver con la bandeja, meneando el culo, me senté entre ellos dejando que mis muslos desnudos rozaran los suyos.

    – Si queréis algo más solo tenéis que decirlo.

    Eso sí que iba con doble intención.

    – Podría pedirlo, pero creo que tu también quieres pedirlo y darlo.

    Me apoyaba en uno o en otro para charlar según me convenía. Tocando su piel con toda confianza. Le dije a ella que podía sacarse la minifalda con toda confianza. Así estaríamos las dos iguales.

    – Yo solo estoy con el bikini. Natalia igual te estorba la falda. Con este calor sobra todo.

    – Tienes razón, total eso no tapa nada.

    Uniendo la acción a la palabra se limitó a ponerse en pie y dejar caer la falda al suelo. La apartó de una parada y dio una vuelta sobre si misma. Estaba claro que a los dos nos gustaba lo que estábamos viendo.

    El tanguita era algo mínimo, apenas un triángulo de tela sujeto en su sitio por finos cordones. Aunque había tenido vistazos fugaces de la prenda en la pista de tenis y la piscina por fin pude ver su precioso par de nalgas en todo su esplendor.

    Volvió a sentarse junto a mí. Esta vez creo que con toda intención rozando con su duro culito todo mi brazo. Le sonreí y no me lancé sobre ella en ese momento por que su hermano estaba allí y los deseaba a los dos.

    Se pegó más a mi muslo rozando nuestras piernas. Me giré hacia Carlos.

    – Tira de la lazada. Me parece que te gustaría verme las tetas.

    A su confirmado bello hermano le pedí que soltara el nudo de mi sujetador girándome. Con lo cual yo volvía a enseñar más piel que ella.

    – Vaya Olga, menos mal que en la piscina no se pude hacer top less. O todos nos pondríamos malitos viendo esas dos preciosidades.

    – No exageres, Natalia que las tuyas son impresionantes y más grandes que las mías. Mi suje apenas te cubre los pezones.

    – Si que es un poco pequeño para mí. Pero eso lo hace más interesante. ¿Verdad?

    En ese momento contestó su hermano.

    – A mí es a quién estáis poniendo duro, entre las dos.

    Notaba sus manos en mi espalda mientras las mías acariciaban los pechos de ella según la ayudaba a subir la poca tela que los cubría. Notaba su polla dura rozando mi culo detrás de la fina tela de su pantaloncito de deporte.

    – Eso me parece que lo estoy sintiendo yo.

    Mientras lamía la sal del sudor del cuello de la hermana. La mano del chico pasó por encima de mis piernas para buscar entre sus torneados muslos su coñito.

    – ¡Lo sabía! Vosotros os queréis mucho.

    – Pero mucho, mucho. No parece que te importe.

    – Si me dais un poco de cariño a mi también, en absoluto. Me da curiosidad y morbo.

    Las sonrisas lascivas y las caras de morbo decían todavía más que las palabras. Y eso que lo estábamos dejando todo claro.

    – Desde luego no te vamos a dejar sólita.

    Y cerró mis labios con un lascivo beso. O más bien los abrió más para meter su lengua en mi boca hasta la campanilla. La mía respondió cruzándose y jugando.

    Yo ya me besaba con ella. Nuestras lenguas cruzándose con ansia intercambiando saliva que resbalaba por las barbillas cayendo sobre nuestras tetas desnudas.

    En mi nuca notaba la lengua del hermano excitándome aún más. Mientras sus habilidosas manos terminaban de quitarnos las pocas prendas que nos quedaban. Y él se libraba de su short de tenis.

    Mi tanga desapareció misteriosamente, no he vuelto a encontrarlo, más que en la cadera de Natalia la siguiente vez que nos cruzamos en la piscina. Claro que Carlos me ha regalado un precioso body y unas medias como compensación.

    Ella acariciaba mi vulva y buscando el clítoris con la yema de los dedos. Me recostó sobre el pecho del chico babeando mis tetas, el vientre, el ombligo. Por entonces fue cuando me corrí jadeando y gimiendo como una vieja locomotora.

    Mientras él me subía sobre sus muslos, ella abría los míos para acariciar los labios de mi vulva con la lengua, mi perineo y el ano. Me lo excitaba, abría. Y yo seguía corriéndome.

    Siguió dándome dedos, lengua y saliva en el culo durante un rato. Mientras Carlos besaba mi cuello y hombros y cuando yo giraba la cabeza cruzábamos las lenguas. Al oído me dijo.

    – Quiero follarte el culito. Me estaba calentando mucho desde que te lo veía abajo en la piscina.

    – Pues adelante, tu hermana me lo ha preparado bien.

    Conseguí decir entre suspiros. A fuerza de brazos levantó mi cadera lo suficiente para que Natalia guiara la imponente polla dentro de mi cuerpo. Y desde luego lo hizo por el ano. Una vez bien sentada sobre los muslos de Carlos esta llevó sus manos a mis pechos amasándolos y pellizcando mis pezones con suavidad.

    Con sorprendente fuerza los brazos del chico me levantaron hasta clavarme la poderosa polla en mi culo. Ella, entre nuestras piernas separadas, seguía lamiendo todo lo que podía: el clítoris, los labios de mi coño separados por el rabo, los huevos de él, los muslos de ambos, toda nuestra piel.

    La postura parecía ideal para grabar un video porno o para que ella se acomodará entre nuestros muslos y pudiera lamer todo mi xoxito y los huevos de su hermano. Como no era una pose cómoda por fuerza el ritmo había de ser lento, justo como a mí me gusta que me follen el culo.

    Además de sorber mi clítoris como si quisiera arrancarlo me penetraba con dos dedos. Yo estaba en la gloria siendo el centro de las atenciones de los dos hermanos. Me corría una y otra vez.

    Carlos ya no paró hasta que con un fuerte gemido dejó su semilla en mi interior. A mí me temblaban las piernas y Natalia tuvo que ayudarme para poder ponerme de pie.

    Tras una rápida visita al baño para asearmos descansamos un rato en el mismo sofá que nos había visto disfrutar tanto. Estuvimos charlando y me contaron como llevaban una buena temporada siendo amantes cuando ninguno de los dos tenía pareja.

    – Pero es la primera vez que hacemos un trío juntos y además con alguien que sabe de nuestro secreto.

    – Y a quien le da tanto morbo, puedes decirlo. Pero al final yo apenas os he visto juntos. Aunque casi me matáis de gusto a mí.

    – Eso podemos arreglarlo.

    Y uniendo acción a la palabra cogió a Carlos de la mano y tiró de él mientras ella se recostaba en el sofá. El chico no se limitó a tumbarse sobre ella para penetrarla. Se le había ocurrido otra cosa.

    Se giró y buscó un sesenta y nueve con su hermana. Sus rodillas a cada lado de la cabeza de ella dejaban su duro culito en una posición levantada. Como tenía la lengua muy ocupada con la vulva de Natalia no podía protestar por lo que yo le hiciera.

    Decidí ver como se tomaba el que yo probara si duro culo. Le di un suave muerdo a una de sus pétreas nalgas antes de pasar la lengua por toda la raja. Tuvo que separar la cara del pubis de su hermana para gemir. Parece que le estaba gustando. No siquiera protestó cuando le clavé un dedo bien ensalivado.

    Mientras Natalia le chupaba los huevos a su hermano podía ver perfectamente lo que yo le estaba haciendo. Y parecía aprobarlo por completo. De hecho con las manos sujetaba las nalgas manteniéndolas bien abiertas para mí.

    Por fin tenía a los dos hermanos comiéndose ante mí. Sin complejos, demostrando un amor mucho más allá de lo filial y manteniendo mí excitación al máximo.

    Cuando Natalia se dedicaba a chupar la polla me dejaba a mí los huevos. A la vez que podía meter la mano entre los dos cuerpos y acariciar los preciosos pechos de mi vecina.

    – Bien, pero me gustaría más.

    – ¿Quieres que me lo folle?

    – Desde luego, quiero ver ese coñito bien abierto con su polla.

    – Pues a ello. Túmbate.

    Me puse de espaldas en mi propio sofá. Esta vez ella se colocó sobre mí en un sesenta y nueve, dejando al alcance de mi ávida legua su deliciosa vulva. Su hermano se colocó entre mis muslos y fue acercando el glande a nosotras. Para entonces mi vecina ya había clavado la lengua en mi

    No resistí la tentación y lo agarré llevándolo primero a mi boca para darle unas lamidas. Luego yo misma lo coloqué entre los labios de Natalia y dejé que él se lo clavara. De un solo empujón se lo metió hasta la empuñadura. Así quedaron sus testículos colgando sobre mi boca.

    Podía ver como la polla entraba y salía, sin prisa pero a un ritmo constante. No iba a dejarlo, me puse a lamer todo lo que tenía a mi alcance. Al menos mientras no suspiraba de placer. Notaba cómo Natalia me comía el coño al ritmo de la penetración de Carlos.

    Para entonces había perdido la cuenta de mis orgasmos. El cuerpo nos pedía descansar y el tiempo había pasado. Decidimos dejarlo por esa tarde, pero teníamos que continuarlo otro día. Ya fuera los tres juntos o con cada uno de ellos por separado.

  • Margaret: de rebelde a obediente, de ingenua a pragmática

    Margaret: de rebelde a obediente, de ingenua a pragmática

    Margaret se despertó sobresaltada sudando. La oscuridad era absoluta en aquella habitación y el ruido que la había desvelado hacía que su corazón latiese fieramente.

    A sus veinticinco años, la honestidad, la dignidad y esa rebeldía que la habían convertido en alguien popular en la universidad habían cambiado. Un año y medio en prisión le habían enseñado a morderse la lengua y a tragarse su estúpido orgullo.

    El primer día en la cárcel, durante la recepción, le ordenaron desnudarse. Una guardia que tenía malas pulgas y parecía disfrutar humillando a las internas, le había metido un dedo en el culo con la excusa de cumplir con la inspección protocolaria. No, no se había tratado de algo rápido, la muy zorra había hurgado allí dentro durante más de cinco interminables minutos, acompañando el abuso con palabras denigrantes.

    Eso solo fue el principio. Inspecciones semanales de celda que solían concluir con bajada de pantalones, duchas con manguera como castigo por supuestas miradas amenazantes y un par de veces en la celda de aislamiento, con un cubo de metal dónde hacer las necesidades y el frío suelo como catre para pasar la noche.

    La segunda vez, después de permanecer tres días en solitario, enfermó y la llevaron a ver al médico. El tipo tenía cara amable y voz de terciopelo. Diagnosticó a la paciente y prescribió una inyección. Cuando Margaret, amablemente, comentó si no sería posible tomar pastillas, la actitud del galeno cambió. La mujer recibió una bofetada y una bronca que la dejó sin ganas de seguir hablando. Dócilmente se tumbó boca abajo y descubrió su trasero. La aguja era grande y larga y el pinchazo, sin miramientos, la hizo morderse el labio. El líquido penetró lenta y dolorosamente haciéndola llorar. Por fortuna una sola dosis obró el milagro y la fiebre desapareció.

    La cárcel le cerró las puertas del mercado laboral y no le quedó más remedio que entrar a trabajar como criada en casa de un coronel. La mansión era grande y la servidumbre se componía de cuatro doncellas más un ama de llaves y un mayordomo.

    Dos días antes de que el ruido la despertase, durante una recepción a invitados, un tipo le había pellizcado el trasero mientras servía la sopa provocando que parte de esta cayese en el vestido de la mujer que le acompañaba. De poco o nada sirvieron las disculpas, es más, la situación empeoró cuando comentó que aquel caballero le había tocado el culo. Al día siguiente el ama de llaves reunió al mayordomo y a las criadas en el salón. Margaret fue obligada a inclinarse y desnudar su culo para el castigo. En total recibió veinte azotes de vara que dejaron marcas rojas en sus posaderas.

    Al día siguiente, el caballero que la había pellizcado visitó de nuevo la casa y Margaret fue conducida a su presencia.

    -Le pido disculpas por lo de ayer. -dijo la chica bajando la vista.

    -No esperaba menos. No solo derramaste sopa sobre mi mujer, si no que me pusisteis en evidencia delante de los invitados.

    Margaret guardó silencio esperando que aquel episodio terminase ahí.

    No tuvo esa suerte.

    -Ya me comentaron que te han castigado por ello.

    La chica asintió.

    -¿Puedo verlo? no me fio mucho de lo que me dicen.

    Margaret enrojeció por el insulto y la humillación, pero obedeció dándole la espalda y mostrando sus nalgas, todavía rojas.

    -Bien, bien. Pero yo también necesito una compensación. -dijo el caballero mientras la criada cubría su desnudez y se daba la vuelta.

    -Se buena y arrodíllate.

    Margaret obedeció de nuevo.

    El hombre se desabrochó el cinturón y el botón de los pantalones y sacó su pene, grueso y flácido.

    -Venga, a que esperas. -dijo con arrogancia.

    La chica, a pesar de que no le apetecía chuparle el nabo a aquel tipo, obedeció sumisa y, abriendo la boca, introdujo el falo en su interior.

    Comenzó a chuparlo.

    El tipo cerró los ojos, gimió y se tiró un pedo.

    El olor llegó a la nariz de la que practicaba la felación haciéndola toser. El tipo se rio con maldad.

    Minutos después eyaculó en la boca de la chica y la obligó a tragarse el semen.

    ****

    Escuchó durante unos minutos sin atreverse a mover un músculo. «Quizás estaba solo soñando» pensó.

    Y acostándose de lado se dispuso a cerrar los ojos. Entonces fue cuando vio la silueta de una persona.

    -ssshuuu -dijo una voz susurrando.

    Margaret logró detener a tiempo el grito que iba a salir de su boca.

    -¿Qué queréis? -dijo en voz baja reconociendo al dueño de la casa.

    -Quiero follarte. -respondió el aludido sin rodeos.

    Margaret pensó durante un instante en decir algo, resistirse o incluso huir. Sin embargo los últimos años la habían domesticado. Sabía que una negativa o un intento de escapar solo acarrearía castigos corporales o, lo que era aún peor, perder el trabajo. Al menos su señor no era tan asqueroso como aquel tipo de la cena, de hecho, tenía su atractivo. Rápidamente su mente funcionó analizando la situación, si se la iban a follar al menos ella intentaría llevar la iniciativa y disfrutar de todo aquello.

    -Está bien. Pero lo haremos poco a poco. -respondió.

    El hombre fue a decir algo pero Margaret le interrumpió.

    -Ven aquí y métete en la cama conmigo. Pero primero dame un beso.

    La chica besó al coronel metiendo la lengua en su boca. Luego le susurró al oído.

    -Quítate la ropa mientras me desnudo.

    Ambos se desnudaron y Margaret dejó sitio para que el varón se acostase.

    Le besó de nuevo mientras que con una mano agarraba el pene que cada vez se hacía más grande.

    Luego, él jugó con las tetas de ella haciéndola gemir de placer.

    -Date la vuelta, boca abajo. -dijo apresuradamente el coronel.

    Margaret obedeció mientras el tipo se ponía sobre ella.

    Lo siguiente que notó la chica fue el dedo del coronel explorando su sexo.

    Luego la punta del pene en la entrada.

    Margaret aguantó la respiración y aguardó expectante durante unos instantes.

    A pesar de los preparativos la envestida la pilló por sorpresa.

    La sensación de aquel pene colándose en su coño, la corriente eléctrica recorriendo su bajo vientre mientras soltaba aire resoplando.

    El juego había comenzado. Las envestidas se sucedían, el mete y saca cada vez con más ritmo, los huevos chocando contra los glúteos, los jadeos, los resoplidos… en definitiva, los sonidos de dos cuerpos cabalgando, dos cuerpos desnudos entregados al sexo y al placer.

  • La calentura es mucha

    La calentura es mucha

    Cuando estaba en mis 30 años, Saúl y yo pensábamos divorciarnos y vivimos separados algunos meses.  En esa época, mi pareja habitual era Eduardo, pero también había otros dos o tres más con quienes hacía el amor desde años atrás. Mi ninfomanía estaba al tope. (Aclaro para que no haya sorpresas, que al escribir esto, también he copiado algunos párrafos de otros relatos que ya escribí.)

    Algunas veces, me visitaban en casa y desde que recibía la visita había ido al baño a quitarme las pantaletas para estar más a gusto. Mi pareja de turno, y algunas de las otras, sabían que me gustaba que él no trajera ropa interior para que las caricias fuesen más directas. Generalmente nos sentábamos en la mesa donde platicábamos, es un decir, pues yo abría las piernas y él se bajaba el cierre de la bragueta donde yo sacaba ese tesoro del que ya fluía de líquido preseminal. Nos acariciábamos los genitales, ocultos por el mantel a la visión de mis hijos que a veces, en sus juegos, pasaban por el lugar. Nuestros dedos se mojaban de nuestras respectivas viscosidades, nos chupábamos los dedos y compartíamos en ellos los sabores. Cuando la calentura exigía más, les prendía la tele en el estudio a mis hijos y les pedía que se quedaran ahí mientras “platicaba” con mi amigo. Cerraba la puerta y a él lo agarraba de la verga para llevármelo así a la recámara, cualquiera era buena: la mía, la de mi hermana o la de mis hijos. Allí lo besaba y las caricias estallaban. Era frecuente que cuando él ya tenía mis tetas afuera y las mamaba, me subía la falda, ¡de inmediato ascendía el olor de mi vagina, ya mojada y caliente! Yo le desataba el cinturón y él se bajaba de inmediato los pantalones, me ensartaba y caíamos en la cama. Se movía frenéticamente provocándome dos o más orgasmos y se vaciaba en mí. Quedábamos quietos disfrutando la calma del amor consumado. Si por alguna razón, escuchaba que se abría la puerta del estudio, a la cual le rechinaban las bisagras, me levantaba de inmediato cerrándome la blusa para salir antes de que llegaran a donde estábamos y cerraba la puerta para que no vieran algo más mientras mi amante se levantaba el pantalón. A veces alcanzábamos a tener otro orgasmo más o yo le limpiaba el pene con la boca y le ofrecía mi vagina para hacer un rico 69.

    Cuando andábamos fuera, acompañados de mis hijos, obviamente no era fácil, fueron escasísimas las veces que tuve una penetración en esta situación. Recuerdo dos. Una de ellas con Roberto. Sólo nos acompañaba mi niña, entonces de tres años; habíamos ido al bosque a juntar piñas para adornos navideños. Al terminar la recolección de piñas, arribamos a una ciudad turística y comimos en el restaurante de un hotel, donde mi pareja solicitó un cuarto mientras comíamos. La niña estaba muy cansada y le dijimos que descansaríamos allí. Más tardó en acomodarse sobre la cama king size que en quedar dormida. Abrí la puerta y entró mi Roberto. Lo que siguió fueron besos, caricias y fornicación desenfrenada provocada por el morbo de que ella pudiera despertarse con el movimiento y nos descubriera en pleno clinch amoroso. Cuando se despertó la niña, tapé a Roberto con la cobija y me llevé a la niña al baño. Roberto se vistió, salió y nos esperó afuera, así que mi hija no se enteró más allá de lo que la mecimos en la cama.

    La otra fue con Eduardo y tuvo más sicalipsis. Te recuerdo que mis parejas y yo no usábamos ropa interior en nuestros encuentros, preferentemente yo traía falda o algún pantalón holgado al cual le descosía un poco la zona de la entrepierna. Fuimos a una función de títeres para niños que se presentaba en un teatro pequeño. Estaba lleno y logramos dos lugares en la última fila donde se sentaron los niños y nosotros nos acomodamos en la parte trasera de esa fila, a un lado de la cabina de proyección y control de luces. Cuando inició la función y se apagaron las luces, Eduardo se colocó detrás de mí, se sacó el pene y me levantó la falda. ¡Rico…! Toda la función estuvimos de pie cogiendo de cucharita o bajando uno para chupar el sexo del otro. Si alguien con buena vista hubiera volteado hacia atrás, se hubiese dado cuenta que la función estaba mejor colocándose de espaldas a los actores.

    Cuando salíamos con los niños, ellos iban en la parte trasera del vehículo y nosotros nos manoseábamos a gusto. Ellos no veían desde atrás, o si se asomaban hacia adelante, casi siempre traíamos un suéter o una chamarra cubriendo los sexos que traíamos uno a disposición del otro.

    Quien primero durmió una noche conmigo, fue Eduardo. Una noche, después de haber dejado a mis hijos durmiendo en su recámara le dije “Ya llevamos casi un año de hacer el amor, pero nunca hemos pasado una noche juntos, quédate hoy a dormir conmigo”. Eduardo, en principio se negó: “Aún no estás divorciada, tu marido anda de viaje, pero tus vecinos se darían cuenta”.

    Me molesté y le retobé “¡Qué me importa lo que digan los vecinos! Ya nos vamos a divorciar, él sabe que ando contigo y no me importa lo que él diga, ¡menos lo que diga el resto del mundo! Pero me preguntó “¿Qué les dirás a tus hijos en la mañana cuando despierten? o si alguno despierta en la noche y viene a tu recámara”. Eso no me preocupaba, pues los niños no acostumbraban levantarse en la noche y se lo aclaré “Le ponemos seguro a la puerta por si las dudas y te vas antes de que ellos despierten. Quédate”, le supliqué al tiempo que le sacaba el pene y lo besé como yo sabía que se excitaba mucho.

    Sin dejar de besarlo, lo abrace para que sintiera mi pecho sólo cubierto por la blusa, sin el sostén que ya me habías quitado junto con las pantaletas desde que él llegó. Ninguno usaba ropa interior cuando alguno me visitaba, así que mi mano fue dentro de su bragueta, tomé su miembro y lo froté en los vellos mojados de mi vulva para que creciera de tamaño rápidamente.

    Eduardo metió el glande en mi raja y yo lo tomé de las nalgas para meterme todo su miembro. Lo empujé hacia el sofá del estudio de mi marido, donde estábamos despidiéndonos. Moví lentamente mis caderas y el olor a amor inundó el ambiente… “¿Verdad que sí te quedas?”, le dije separándolo de mí, evitando que eyaculara. “Vamos a la cama a encuerarnos”, le ordené agarrándolo del pene para llevármelo al lecho marital.

    Yo lo desnudé en la recámara, y le pusiste seguro a la puerta. Pegué mi cuerpo al suyo restregando mis frondosas tetas en su pecho, sin despegarlas de su piel lo rodeé para tallarlas en su espalda, lo abracé en el pecho con una mano y con la otra lo masturbé suavemente e inicié con mi vello púbico caricias circulares en sus nalgas. “¡No sé si fue tu esposo, o tu primero o segundo amantes, con quien lo habías aprendido y practicado, pero debo agradecer la dicha!”, exclamó, y pleno de felicidad concluyó “Bonita, caliente y golfa, ¡qué más puedo pedir!”, al ritmo de los chasquidos in crescendo que yo provocaba jalándole la verga.

    Le solté el tronco cuando ya iba a iniciar la eyaculación. Me hinqué y le mamé el falo para limpiar el presemen que le escurría. Suspendí para levantarte, me metí su crecidísima verga y me colgué de su cuello asiendo su cintura con mis piernas enganchando mis pies. Tuvo que cargarme de las nalgas para no perder el equilibrio y ayudarme a mover de abajo hacia arriba. Me vine antes que él y me solté para caer en el colchón, dejándolo otra vez sin eyacular.

    Vio mi mueca de evidente satisfacción y sonreí al ver su pito parado y reluciente de mis jugos que escurrían hacia su escroto. Al minuto, ya reestablecida mi respiración, palmeé en la cama para indicarle que se acostara.

    Tomé su tronco para seguir masturbándolo y evitar que decayera la turgencia. Otra vez más se quedó a punto de soltar el chorro de semen pues me acomodé para cabalgarlo hasta hacerlo venir y tener yo dos orgasmos más que culminaron en gritos. Quedamos acostados, desguanzados y sudorosos: yo sobre él, sin salir aún su verga de mi cueva.

    De pronto escuchamos que querían entrar a la recámara, nos levantamos de inmediato. Escurrieron nuestros fluidos en la colcha de la cama, en mis piernas y en sus huevos. Tiré la colcha de la cama en el piso, entre la cama y las cortinas del ventanal, y a señas le ordené acostarse allí, quedando oculto a la vista con medio cuerpo bajo la cama y el resto por la colcha.

    Me puse una bata cortita mientras preguntaba quién era y apagaba la luz. “Yo”, se escuchó como respuesta la voz de mi hijo de ocho años. “¿Qué pasa?”, pregunté abriendo la puerta. “Oí que gritaste”, me dijo el nene. “No fue nada, iba a ir al baño y me tropecé”, contesté.

    “¿A qué huele?”, preguntó prendiendo la luz, “¿Te hiciste pipí?”, dijo aspirando el penetrante olor a sexo y viendo en mis piernas que escurría un hilillo de semen que había bajado del nivel que cubría la batita. Seguramente mi hijo reconoció, en una escena similar con mi esposo, quien le explicó en su momento que “mami se había hecho pipí”, al ver exactamente lo mismo que ocurría ahora, tres años después. Lo cierto es que ya no se le podía engañar fácilmente. Fue hacia el baño, pensando en que allí estaría su padre u otra persona.

    Lo dejé que inspeccionara, prendí la lámpara de luz tenue del buró y apagué la del techo. Cuando salió, lo llevé a acostar a su cama, me quedé un rato acariciándolo hasta que se quedó dormido. Regresé y volví a poner el seguro a la puerta.

    “Sube acá, mi garañón”, le dije a Eduardo haciendo a un lado la cobija que lo cubría. Él subió y lo obligué a hacer un 69 que me hizo tener otros pequeños orgasmos soltando más líquido de mi vagina. La verga de mi pareja se empezó a parar hasta que eyaculó en mi boca. Tragúe un poco del esperma que le salió y me enderecé para darle el resto de su semilla en un beso. “¡Furcia!”, musitó mientras yo metía mi lengua en su boca.

    Nos metimos bajo las cobijas, nos abrazamos para dormir. Tomé una teta y se la ofrecí mientras jugaba jalando su escroto. Mamando como bebé se quedó dormido.

    “Despierta, mi amor, ya se escuchan los pajaritos”, le dije a Eduardo en voz baja moviéndole la verga y los huevos. Mis caricias hicieron reaccionar al “pájaro madrugador”. Me monté en él y me moví hasta hacerlo venir. “Ya no hay tiempo para que te bañes, vístete antes de que despierte a los niños” dije y allí no pasó nada…

    En otra ocasión, varios amigos nos quedamos cantando y tomando el viernes en la noche. Ya de madrugada se retiraron todos, menos uno, Nemesio, a quien le pedí que se quedara porque “quería escuchar cómo cantaba al amor en el amanecer”, nunca habíamos pasado una noche juntos, pero sí nos habíamos amado varias veces en el hotel. Esa noche sólo hubo besos y caricias, pero estábamos rendidos y quedamos dormidos al poco rato de que me penetró “de cucharita” y sólo fornicamos cuando sonó el despertador. Me puse a preparar el desayuno para los niños, porque en poco tiempo llegaría Saúl, mi marido, por ellos, pero, mientras Nemesio estaba en el baño, los niños se levantaron y lo vieron cuando salió. El amigo tomó su guitarra y se despidió de nosotros.

    En el desayuno, me preguntaron mis hijos dónde había dormido él. “En el estudio”, contesté. Saúl llegó y se llevó a los niños. Al rato regresó Nemesio, cuando vio que pasaba el auto de Saúl. La pasamos desnudos, cantando y cogiendo hasta la tarde del domingo. En la noche, la cama olía a semen y flujo, el olor del amor desenfrenado.

    Resumiendo, al parecer, mis hijos no registraron que yo estuviese cogiendo con otro que no fuera Saúl, su padre (bueno, padre de uno, pero oficialmente de ambos).

  • Me cogí a las amigas de mi madre (parte 4)

    Me cogí a las amigas de mi madre (parte 4)

    Marta desde esa mañana que se enteró que el hijo que llevaba en su vientre era mío, no dejó de visitarme y acosarme, quería pija a cada rato, quería caminar conmigo de la mano por la calle, me buscaba en la universidad y de pronto pase a ser el chico más envidado de toda la facultad.

    Estaba cogiéndome a una milf que era una verdadera diosa, además Marta se vestía provocativamente, usaba minifaldas cortitas que casi mostraban sus pequeñas trusas de color negro o rojas, con madias largas de red y porta ligueros que se le veían de lejos, vestía pequeños top que apenas cubrían sus dos formidables tetas y sus pezones siempre estaban parados, además por el embarazo sus tetas había crecido más y estaban turgentes bien paradas y se movían solas al caminar, la cabellera le llegaba hasta su cintura y venia siempre bien maquilada, con sus labios rojos húmedos, y una andar de loba única.

    Me daba un profundo beso asegurándose que se veía como sacaba su lengua antes de comerme la boca y sin disimular me tocaba con su mano el pene, luego les decía a mis amigos,

    -Chicos les robo por unas horas a mi novio ya se los regreso

    Y caminaba moviendo el culo provocativamente, dejando a todas las pijas paradas y a mis amigas celosas por su figura.

    Varias veces se paseó a propósito frente de su esposo, y me comió la boca de un beso refregándose las tetas en mi pecho y poniendo mis manos en su culo, asegurándose que la viera, estaba enojada o tal vez seguía enamorada de su ex esposo, y hacia esos gestos solo para herirlo más.

    Todos los días me llevaba a su departamento cuando sus hijos estaban en el colegio, le decía a su mucama que diera un paseo y que regresara dos horas después y esa loba preñada, se montaba en mi pija, me ordeñaba sin pasión, me vestía de besos, y caricias, para explotar en sonoros y húmedos orgasmos, luego me solicitaba que le llenara el útero de leche, cosa que hacía con mucho placer, para luego darse vuelta y en posición perrito me pedía que le culeara.

    -Por favor nene, culeame.

    Y yo que sin decir nada ni mucho menos negarme le partía el culito de una, arrancándole gemidos y orgasmos seguidos.

    Estaba obsesionada con mi pija y eso llevó a despertar los celos de mi madre, quien en mi casa ya no nos tratábamos como madre e hijo, sino como marido y mujer. Ella seguía manteniéndome solo con la promesa de que yo terminara mi carrera de médico, carrera en la que estaba muy adelantado ya que con solo 20 años cursaba el tercer año de la carrera y con muy buenas notas, pero Marta me traía seco, ella se encargaba de quitarme hasta la última gota de esperma con su boca su culito y su concha, pero mamá también reclamaba su porción de pija y cada noche ella al llegar se desvestía y andaba desnuda en la casa, sus hermosos ojos verdes me miraban con deseo y sus pequeñas y bien paradas tetitas con su pequeño triangulo de pelos y esa conchita chiquitita y rosada, apretada hacía de mi pija las delicias de mi vida, la penetraba de parada. Me gustaba cuando ella se ponía un delantal y se predisponía a cocinar, llegaba yo y después de masajearle sus tetitas vedarle el cuello, ella sacaba su colita hacia atrás, abría sus piernas y sus juguitos se desprendían en pequeñas gotas, y yo le ponía la puntita de mi pija y con pequeños movimientos le masajeaba por fuera esos labios carnosos de su rosada concha, así estaba cuando ella misma me decía:

    -Penétrame ya de una vez, por favor.

    Se agachaba abría sus piernas, quedando su cuerpo en una L, yo miraba ese culito cerrado, lleno de pliegues y soñaba con estar adentro, pero en esa posición su conchita se abría como una flor, y yo de un solo empujón la penetraba, hasta chocar el cerviz de su cuello uterino, en ese lugar donde alguna vez estuve durante 9 meses, sus gemidos inunda toda la casa, ella marca el ritmo y yo me prendo de sus caderas, hasta que siento sus orgasmos llegar, son varios seguidos, ella es multiorgásmica y son tres o cuatro en esa posición. Es hermoso verla como termina, como una joven recién desvirgada, lo más hermoso es verle como su culito virgen se abre y cierra rítmicamente, ese culito es mi sueño, ya que ella me dijo que sigue siendo virgen en la cola.

    Yo que casi ando seco por las cogidas de Marta aguanto mucho más, la doy la vuelta y de frente la taladro sin parar, me como su boca y me encanta verla cuando abre su boca en un grito agudo y al instante siento el temblor de sus piernas y el latido de su vagina y las llegadas de sus múltiples orgasmos, que no la dejan satisfecha y quiere tener más. Al quinto o sexto su clítoris sobresale de su capullo y lo siento en mi pelvis, cuando se lo toco ella pega saltitos y luego me regala dos o tres orgasmos seguidos.

    Ya encontré la llave para que sus acabadas sean grandiosas, y de pronto me dice a los gritos, “¡por favor relléname con tu leche!”, acelerando sus envestidas, abriendo y cerrando esa maravillosa concha, apretando mi miembro adentro de ella, así que le doy su contenido de esperma que mis huevos secos por tanto seco se esfuerzan en producir, pero para ella siempre hay algo, terminamos revolcándonos y besándonos como dos enamorados en el salón, ella pidiendo más pija y yo loco por su culito a lo cual me dijo se guarda para un momento especial.

    Mi madre me dijo una tarde:

    -Hijo ¿otra vez te secuestró la puta de Marta verdad, porque me diste muy poca leche en mi concha?

    Ven hablemos, debemos poner reglas claras y trazar un plan para saber que vamos a hacer con Julia, Karen, Laura y Marta, solo Marta y Karen estaban confirmados sus embarazos, las otras no habían presentados todavía síntomas de aquella noche de la mujer, pero debíamos ser certeras, es jueves era la noche previa a su viernes de divorciadas.

    El viernes por la noche nos sacaríamos las dudas, ¿estarían todas embarazadas de mi o solo serían Karen y Marta? Ahhh mi mama se tomó la píldora del día después y su regla le llegó, pero yo quería su culito y embarazar su matriz, pero eso ya es otra historia.

  • Un relato erótico con la licenciada encantada

    Un relato erótico con la licenciada encantada

    Los gemidos de Rebeca no se hicieron esperar.

    Desde el momento en que mis labios y legua tocaron sus labios vaginales pude escuchar como esos gritos se escapaban de su boca.

    Ataqué sin piedad y sin remordimiento.

    Movía mis labios mordiendo, presionado y jalando los pliegues de carne.

    Por momentos centraba mi atención completamente en su pequeño botón de placer, dándole al clítoris la atención que se merece. Luego sumergía por completo mi rostro entre sus piernas para saborear gustoso cada gota del delicioso néctar que salía de su interior.

    El placer se fue apoderando de Rebeca por completo. Sus gemidos solo eran interrumpidos por cortas frases destinadas a dirigir mejor mis esfuerzos o para expresar lo bien que se sentía

    Rebeca: ¡Si!!! ¡Así!!! ¡No pares!!! ¡Si!!! ¡Más a la derecha!!! ¡Eso!!! ¡Ahora para arriba!!! ¡Mierda!!! ¡Dios!!!

  • Facebook me sorprendió (3)

    Facebook me sorprendió (3)

    Cuando desperté la vi, ella seguía allí, junto a mí, solo la cubría una sábana, su cuerpo desnudo y el olor a sexo de la noche anterior, me hicieron pensar en lo ocurrido hacía apenas unas horas, fue el producto para que mi verga se ponga tiesa y mis manos comiencen a recorrer todo su cuerpo acariciando su suave piel.

    Mica, fue despertando de a poco, entreabriendo sus ojos color miel, giro, se abrazó a mí y con dulzura apoyo sus labios en los míos besándome apasionadamente, mientras con sus delicadas manos, tomó mi sexo para comenzar con un lento movimiento hacia abajo y arriba, mientras que con la otra, acariciaba los cabellos que habían quedado de mi incipiente calvicie.

    Me tendí sobre su cuerpo para fundirnos en un beso vehemente, durante el cual, nuestras lenguas se buscaban con avidez.

    Sin previo aviso, sus manos se apoyaron en mi pecho, empujando con una fuerza que nunca imagine que tendría, caí a un costado, totalmente sorprendido por la reacción, con sus finos y delicados labios busco rápidamente la cabeza de mi verga, comenzando a succionarla, pasando su lengua desde el glande a los testículos, intercalando con suaves chupadas y pequeños mordisquitos, con la punta de la lengua busco el agujero de la uretra intentando meterla, jugo con ese sector de mí miembro, sensación que nunca había sentido, confieso que fue la primera vez que me lo hicieron.

    A punto de descargar mi semen, le pedí que se detenga y se ponga en 4 y así lo hizo, arrodillada a piernas abiertas, la cabeza apoyada en la almohada ofreciendo su dulce vagina y permitiéndome ver su culo hermoso, me abalance al preciado tesoro, ya chorreando sus jugos y emanando su dulce aroma me dedique a bucear su sexo con mi lengua haciendo todo el recorrido, desde su clítoris hasta su esfínter anal, ambas manos aferradas a la cabecera de la cama, no tuve mucho tiempo para disfrutarlo, pues tuvo un orgasmo que no pudo disimular, su hermosa concha comenzó a destilar jugo, junto con un grito que no pudo contener, en ese mismo momento apoye la punta de mi verga en la entrada de esa caverna húmeda y latente, la tome del pelo y se la clave hasta el fondo para comenzar un frenético vaivén entre gemidos y grititos de placer, cosa que me calentó aún más, empezó a gemir anunciando su inminente orgasmo, le di dos palmadas en sus glúteos y le detono una acabada con un grito de placer tal, que, sin anuncios ni advertencia previa, hizo que descargue en su canal vaginal una tremenda carga de semen. Entre sus contracciones vaginales y las pulsaciones de mi verga cuando liberaba cada chorro de ese líquido lechoso que había comenzado a chorrear ya por sus piernas, ambos caímos rendidos en la cama, ella boca abajo y yo todavía sobre ella.

    Cuando nos recuperamos un poco, nos acostamos de espalda para acariciarnos sin decir nada.

    Ni una palabra, hablaban nuestros ojos y nuestras caricias.

    Decidimos ir a bañarnos, se incorporó de la cama, quede absorto viendo su cuerpo desnudo entre los reflejos del sol matutino que iluminaba su escultural cuerpo, camino al baño, seguí sus pasos, abrimos la ducha e ingresamos ambos, nos enjabonamos mutuamente, esas caricias fueron nuevamente elevando la temperatura corporal, colocó en el zócalo de la bañera su pierna derecha y nuevamente mi verga ávida de sexo, se introdujo, ahora más suavemente, en su cálida argolla, movimientos suaves y lentos acompañaban nuestros gemidos, contándonos, mientras tanto, como nos íbamos sintiendo.

    -Así también me gusta, suave.

    -¿Cuál fue la experiencia hasta ahora que más te gusto?

    -A decir verdad, todas, me elevo mucho el sentir los chirlos en mi culo.

    -¿Siempre te gusto ese tipo de cosas?

    -Es la primera vez que me lo hacen.

    -Si te gusto, en próximos encuentros incorporamos algo más.

    -Si por favor, estoy experimentado cosas que nunca había sentido.

    -Te juro que me pasa lo mismo, me llevaste a un clímax que no sabía se podía alcanzar.

    Parece que la conversación la había excitado sobremanera, pues comenzaron las contracciones vaginales, esta vez sin gemidos, pero vinieron acompañadas de una boca abierta, como gritando, pero muda y ojos hacia arriba que parecían estar en blanco.

    Cuando me asegure que su orgasmo había terminado, saque mi pija y la di vuelta, bajando su pierna, las abrió y apoyo sus manos contra los cerámicos de la ducha, la comencé a bombear de nuevo, pero la sentía rara, pues era como si se la quisiera sacar de adentro, ocurrió en un par de oportunidades, resignado la saque, rozando sin intención (lo guardaba para otra oportunidad) su ano y se estremeció, vi cómo se le erizo la piel, la mire, ella observo por encima del hombro con una mirada que interprete de aprobación.

    Quería reservar el culo para otra ocasión, pero como dice el refrán la carne es débil…

    No lo dude, apoye la punta de mi verga en su orificio, empujando suavemente, pero mica se adelantaba con las caderas cada vez que la punta penetraba un poco, le pregunte si no quería.

    -Seguí por favor, después te explico, no pares.

    Nuevamente comencé la tarea, esta vez dilatando con los dedos, haciendo círculos en su tan cerrado agujerito, introduciendo la punta de mis dedos, del más pequeño al grande, con ese permiso continué suavemente, colaboró un poco más, nuevamente apoye la punta ejerciendo un poco de presión hasta que entro toda la cabeza del pene, como pego un gritito, me detuve hasta que se amolde, y fui introduciendo de a poco todo el cuerpo de mi verga, me pidió que no pare, colaboro con unos movimientos de cadera desde adelante hacia atrás, haciendo ella que mi verga ya sedienta de ese culo valla entrando hasta el fondo, con un suave mete y saca me puse a disfrutar de ese tan preciado, ajustado, delicioso e impensado, bonus track.

    Ese momento épico, inolvidable y exquisito, lo disfrute a full, tratando de hacer mis movimientos de vaivén lo más lento posible, para lograr prolongar el placer que da llenar esa cavidad (tan deseada por la mayoría de los hombres) de líquido seminal.

    El agua a temperatura cayendo sobre nuestros cuerpos, la respiración agitada de ambos, los movimientos de cadera sensuales que Mica profería, esos gemidos mezcla de placer, incomodidad y pequeño dolor, hizo que estalláramos en un inmenso orgasmo.

    Con una gran oleada de semen llenando el recto, de esa simiente calentita que quería escapar por los costados de mi verga, sin poder hacerlo, hasta que perdiendo dureza, pude sacar el invasor de ese tan y siempre deseado agujero, empezó a chorrear por sus muslos, nos abrazamos y con un gran beso, terminamos la tarea inicial, que era bañarnos.

    Nos vestimos para salir a disfrutar de un paseo, comenzó a vestirse muy sensualmente, poniendo su tanga entre sus largas piernas hasta calzarlas en su sitio, tanga que cubría a penas su concha depilada y por detrás una fina tira de tela que se colaba entre sus glúteos, tan fina que no cubría el agujero que un rato antes recibió una visita imprevista.

    Un corpiño haciendo juego, que se deslizo por sus brazos cubriendo sus tetas, pantalones muy ajustados al cuerpo, zapatillas blancas impolutas, una remera negra, proporcional a su figura y su típico peinado, “cola de caballo” completo su atavío.

    Sin cartera; cigarrillos en el bolsillo como así también su móvil y con movimientos gráciles en su andar la vi ponerse rumbo al auto para llevarla a su hogar.

    Ya de regreso y en mi casa, recapitule todo lo vivido, detalle por detalle, se me hacía increíble que me estuviera ocurriendo esto tan hermoso, sensual y sexual.

    -Cuantas cosas que me he perdido. Viví toda una vida dentro de un “tupperware”.

    Camino a su casa fuimos hablando muchas cosas, entre ellas, se sinceró y me dijo con rubor en su rostro.

    -Vos tuviste la posibilidad de ser el primer hombre que entra por mi culo, lo reservaba para una ocasión especial, y vos sos el especial, me impresiono la dulzura con que me lo hiciste, no te dejo de reconocer que dolió, pero fue un dolor con gusto y placer, nunca imagine que analmente podía tener un orgasmo, sobre todo con la intensidad que experimente, siempre pensaba que mis amigas, cuando me lo habían dicho, lo hicieron solo para que me dejara romper el culo.

    -Me alegro que te haya gustado, me llena de felicidad haber sido tu primer polvo en ese culo hermoso que me vuelve loco, sobre todo que lo hayas gozado; te prometo que van a venir cosas que tanto vos y yo desconocemos en la práctica.

    En la paz de mi ambiente hogareño, me dispuse, computadora por medio, a buscar temas de sexo, para llevar a cabo con el ángel guardián de la soledad que había llevado en estos meses.

    Toda la semana transcurrió entre ordenador, charla telefónica y la casi obsesiva búsqueda de las mil maneras de tener sexo, había calado hondo en mi mente la idea del poco hilo que me quedaba en el carrete, teniendo en cuenta que la vida son solo tres días y yo ya había vivido dos…

    Cuanto había perdido por dejarme llevar en una sociedad pacata, llena de tabúes; infierno, purgatorio, cielo, san pedro, Dios (aclaro, soy creyente, creo en dios por sobre todas las cosas, no creo en el hombre, no curas, no monjas).

    Como ya había contado, en la semana me puse a investigar e hice algunas compras… aunque con mucha vergüenza por ese temor a lo desconocido, nunca había entrado a ningún shop de sexo, por suerte los dependientes hicieron una lectura rápida inspirándome confianza, logrando me relaje y pueda contar las experiencias a implementar, comprando un montón de insumos sexuales.

    Con el combo de cosas ya adquiridas, prepare toda la habitación, un par de luces de colores, un arnés para pies y manos de cuero con esposas que tenían una tela suave por dentro, un inmovilizador extensible de piernas, una fusta pequeña de cuero, antifaz de seda, un pequeño vibrador con forma de pene, aceite para masajes y velas aromatizadas que también cumplían la función para masajes (según me dijo quién me la vendió, la sensación de la cera caliente en el cuerpo era indescriptible, solo había que probarla).

    Después de armar todo el cuarto, me puse a pensar, debía llevar nuestros encuentros a un nivel superior, tomar el control en cuanto a sexo se refiere, por lo que fui nuevamente al shop y adquirí un “huevo vibrador” con funcionamiento a bluethoot, es tal cual, con forma de huevo, el que se introduce en la vagina y sale como una antena con una bolita (también vibratoria) que se posiciona sobre el clítoris y se acciona mediante una aplicación en el móvil.

    Entre dime y diretes, llego el tan esperado fin de semana, como habíamos quedado, la pase a buscar 21 horas para ir a cenar y luego paseo.

    Como ya la había visto en otra oportunidad, su silueta se dibujó en el contorno del marco de la puerta, se veía solo una sombra dibujada, al irse acercando se comenzó a vislumbrar todo su esplendor femenino, pantalones de jean color negro, blusa del mismo color, una chamarra también de tela jean color celeste, sus zapatillas tenis blancas y su infaltable peinado.

    Nos saludamos con un candente beso, se apoyó en mi pierna casi rozando mi pene y este dio un respingo como queriendo salirse del pantalón, ambos reímos a carcajadas de la situación, cosa que fue motivo de cargada hasta llegar al restaurante.

    -Que apurado esta tú amigo.

    Dijo en tono de broma mientras lo acariciaba y le daba unas palmaditas cariñosas a través del pantalón.

    -Que lástima que vamos por la ciudad, si no lo besaba a él también, por ahí se puso celoso por eso se levantó…

    -Tranquilo, ya vas a tener tu turno (le hable a mi verga).

    Era todo risas, nos contamos como había ido la semana; sobre todo lo que no habíamos podido hablar por teléfono.

    Llegamos al lugar, una parrilla pequeña pero cómoda, con luz tenue, pocas mesas y prácticamente todas parejas, mesas separadas por una buena distancia, que no permitían escuchar las conversaciones entre sí.

    Le entregue, la caja con el huevo vibrador, le explique cómo se ponía y su función, diciéndole que valla al toilette a posicionarlo, accediendo de forma inmediata.

    En la cena, todo transcurrió normalmente hasta que eche mano a mi móvil, charlando de cualquier cosa y comiendo frugalmente, accione el vibrador en el modo más suave, vaticinando lo que se vendría después, se sonrojo y hacía unos movimientos leves en la silla, la estimulación era alternada, activado, desactivado, subiendo y bajando las velocidades, hasta que dejo escapar un gemido no tan leve que no pasó desapercibido por una pareja que estaba en una mesa contigua a la nuestra, echándonos una mirada entre cómplice y picara (tanta lectura porno, había activado mi morbo a un punto que no me había enterado que lo tenía, me sentía la reencarnación de Rasputín jajaja).

    Tuve que detener, muy a mi pesar, el juego, el artilugio electrónico supero ampliamente mis expectativas, y tuve temor que Mica no pudiera contenerse, ya había experimentado que sus gritos de placer siempre iban de menor a mayor, el mayor hubiera espantado a Jason de martes 13.

    Salimos de cenar, subimos a auto y fuimos sin rumbo, sin saber dónde, o quizás sí, lo cierto es que tomamos por una avenida, en la cual, no me pude aguantar y puse en funcionamiento nuevamente el vibrador hasta llegar a la ruta, en el camino sí que se retorcía del placer sin contener gemidos, aunque modere un poco más para que no terminara en un orgasmo con un aparato, así que lo detuve.

    Su pequeña mano acaricio mi pierna, sentía el calor de su mano masajear mi muslo, me daba gusto sentirlo, pasando directamente a posarse sobre mi verga apretándola, creo yo para sentir bien la erección, la apretaba la soltaba la masajeaba y volvía a repetir el ciclo varias veces, acerco su cara a mi entrepierna besándola sobre el pantalón, luego de unos minutos siento su mano bajar la cremallera buscando su tesoro aprisionado por esas capas de tela.

    Noche con una luna que no se veía muy grande pero que iluminaba el oscuro camino, fui deteniendo la marcha de a poco, orillándome a la banquina para que pudiera terminar con comodidad lo que había empezado.

    Ya totalmente detenido el vehículo, nos entregamos mutuamente, ella con lo que había empezado y yo por comenzar.

    Con su pequeña mano tomo la mía dirigiéndola a ese punto de encuentro donde se topa el comienzo de sus dos extremidades inferiores, esa cueva inquieta, cálida, que traspasaba su calor a través del pantalón, (sin darme cuenta, porque estaba absorto en sentir lo que mis manos tocaban, como así la temperatura de su vagina), mica libero mi verga de su encierro y había comenzado a masturbarme con lentitud, mientras miraba a mi rostro para ver como disfrutaba.

    Me estaba excitando más y más, se acomodó bien en el asiento para poder cruzarse mejor y así llegar a mi verga con facilidad, la metió en su boca comenzando el movimiento de entrada y salida, con leves cabeceos, mientras, cómo podía le acariciaba su culo, que por la posición me había quedado a disposición, aunque se me dificultaba el acceso, por la posición y el pantalón ajustado.

    Mientras estaba entregada a la tarea tan meticulosa que se había puesto a realizar, pude posicionar mis manos para acariciar sus pechos, la blusa que llevaba puesta y su corpiño, eran dos obstáculos a sortear para que sus tetas descansen en mis manos y poder tomar entre mis dedos sus, ya, duros pezones.

    La sensación de sentir sus manos y su boca jugando en mi virilidad, era casi indescriptible, por momentos mi verga entraba toda en su boca, por momentos su lengua jugaba a explorar cada centímetro de piel, dejándola empapada de su tibia saliva.

    Reclinando un poco el asiento la incorporé para así, poder levantar su blusa, cosa que hice junto a su corpiño para acariciar la suave piel de sus tetas y jugar con sus pezones, mientras tanto, mica seguía con su acción masturbadora gimiendo y haciéndome disfrutar.

    Sin mediar palabra, se inclinó nuevamente sobre mis piernas para continuar aquello que había dejado trunco.

    Esta vez, comenzó a chupar mi verga con tanta devoción que era casi inminente mi descarga de semen en su boca, le avisé que estaba por llegar al clímax y siguió más ávidamente, hasta que no pude aguantar llenando su boca con ese líquido espeso y caliente, los que ingería con cada descarga, por su cantidad, un poco salió por la comisura de sus labios, con su lengua lo atrapaba para no desperdiciar nada de nada, haciendo luego una exhaustiva limpieza de mi aparato.

    Al acabar su faena, termine de recostar el asiento, aprovechando la oscuridad y soledad de la ruta, le saque suavemente los jeans, quedando expuesta su tanga, la que comencé a besar y pasar mi lengua, notando la humedad de esa caverna, esa humedad producida por sus jugos que venían desperdiciándose en el afán de impregnar ese minúsculo trocito de tela que cubría la rosada concha que pedía acción,

    La incomodidad se estaba haciendo sentir, les recuerdo que mido 1,78 con esa estatura se me complicaba posicionarme en la parte delantera del vehículo; abrí la puerta, la tendí con la cabeza en el asiento del conductor y sus piernas las lleve hacia afuera del auto, para poder arrodillarme sobre el césped de la banquina y llegar al dulce fruto que pude por fin contemplar; me esperaba candente y húmedo, deseoso de ser explorado, le quite con suavidad el huevito vibrador, que ya había cumplido su misión.

    Comencé, diría, no a chuparlo, sino más bien a saborear, la catarata de fluidos; comenzó en un principio a dar suspiros, pequeños y cortos suspiros, la intensidad ellos se convirtieron en pequeños jadeos de placer, susurrándome me dijo…

    -Por favor no me dejes acabar… andá despacio, muy despacio…

    Recorrí todo el contorno de esa raja disfrutando de la textura de los labios vaginales y la dureza de su clítoris ya erecto, ese botón detonador del placer, quedando mi lengua untada de los mencionados jugos que salían de los lugares más recónditos de esa cueva, mi lengua, con la lentitud de un gusano, entraba y salía, llegaba al clítoris y volvía a bajar.

    Coloco ambas piernas en mis hombros para más comodidad, aprovechando la postura, di unos toques con la punta de mi lengua en el agujero del culo, dio un respingo, se estremeció y aprovechando eso, recorrí nuevamente sus labios vaginales hasta llegar al clítoris, deteniéndome y permitiendo otra vez a mi lengua jugar con él; mientras lo hacía mis dedos índice y mayor se deslizaron al interior de su concha, haciendo que comenzara unos movimientos pélvicos que iban de menor a mayor intensidad, creo en este punto no hacía mucha falta que me dijera que ya acababa, su eyaculación caliente y espesa, combinado con sus gemidos y gritos, me hacía saber que había tenido un orgasmos largo e intenso.

    Ya repuestos de tan intensa faena y luego de acomodarnos la ropa, fumar un cigarrillo y platicar sobre el momento vivido, emprendimos el viaje hacia mi casa, con la intención de pasar un hermoso, sensual y sexual fin de semana.

    Mica, sin saberlo estaba por llegar a un lugar donde íbamos a pasar dos días, que a mi juicio, serian tanto inolvidables como cargados de nuevas experiencias, como habíamos quedado, pondríamos en práctica.

    Estábamos llegando y ella ni sospechaba que aún, quedaba más…

    Continuará…