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  • El reencuentro: bondage y sodomización al twink

    El reencuentro: bondage y sodomización al twink

    Al salir de la marroquinería me mordí los labios del dolor, nueve horas trabajando de pie eran demasiado para mis tobillos acalambrados. Con veintiún años y recién llegado de Balcarce, en pocas semanas la Avenida Corrientes había perdido el encanto de su opulencia y de a poco, se transformaba en un territorio hostil donde contrastaban mi esfuerzo diario para sobrevivir y la actitud relajada de los turistas que obstruían mi andar ligero.

    Yo apenas superó el metro setenta y soy delgado; en cuanto a mi rostro, labios rojos y carnosos herencia de mi madre, son lo más destacado. Por otro lado, en ese tiempo había dejado crecer mi flequillo lacio y castaño un poco más allá de las cejas, el cual acostumbraba acomodarlo con un soplido vertical. Otro detalle que desdibuja cualquier atisbo varonil, son los enormes lentes de pasta que enmarcan ojos pequeños y almendrados, huidizos al contacto visual.

    Seguí apurando el paso, intentando escapar del dolor que subía por mis pantorrillas cuando en la esquina con Suipacha un auto me cortó el paso. Antes del susto pude reconocer a Federico, el hombre de traje gris y asiduo cliente de la tienda para quien había modelado unos shorts de cuero.

    Subí al coche el cual conocía, una tarde de diluvio y aburrimiento había practicado una felatio al conductor, y volví a besarlo en las comisuras; el no pudo sacar la mano libre de mis genitales durante el trayecto hasta Puerto Madero. Bajamos por una rampa y ya en la habitación nos besamos apasionadamente, sujetando nuestras cabezas, acariciándonos las orejas, cuello y pecho.

    Apenas terminé de desvestirme Federico me alcanzó una bolsa de papel fino: dentro encontré una tanga y sostén rojos con bordados y transparencias delicadas. El conjunto me calzaba a la perfección: levantaba la cola y ocultaba mi pene con firmeza. Me recosté en la cama de espaldas y el hombre de gris siguió mi movimiento con una andanada de besos y caricias a lo que respondí abriendo las piernas. Bajo mi bombacha y con solvencia me penetró, sentí su enorme verga incrementar el cosquilleo dulce en mi ano con cada pujanza.

    ¡Qué rico sos!- suspire entre gemidos para terminar mordiéndome los labios. A pesar de sus cincuenta años, Federico no ahorraba en movimientos enérgicos que hacían trepidar mis entrañas. Cuando pensé que terminaba, mi partenaire me colocó boca abajo con un movimiento fuerte y seco, solo para incrementar el ritmo de sus embates sobre mi cola rosada. El placer era desconocido y extremo, sentía chorros de transpiración y saliva caer sobre mi espalda y rodar cuesta abajo. Me tomó del cabello para un último y dulcísimo empellón rectal al cual conteste con un sollozo finalizado en sonrisa. Me quedé quieto un instante, mientras su pija se retraía para conservar el regocijo.

    Nos metimos en el hidro donde una vez recuperados por las burbujas y el agua cálida siguieron los escarceos de juego genital. Me acerqué a Federico y subí encima suyo; él me abrazó y quedamos uno acostado arriba del otro con los pies fuera del hidrante. Mientras me mordía cariñosamente las orejas, acomode su pene en mi cola, la erección no tardó mucho… el movimiento fue relajado al principio. Como pude, afiance la palma de mis pies contra la pared del hidrante y seguimos aumentando la frecuencia hasta que nos ganó el sopor por el esfuerzo.

    Cuando salimos del agua y antes de que dieran las doce, sentí la necesidad de que la despedida fuera a mi manera.

    -¿Te puedo pedir algo? -pregunte acomodando el dedo índice en mi ombligo

    -Claro, corazón

    -Sabes, desde que tengo memoria me gusta amordazarme y gozar así… es un poco loco…

    -Lo que quieras mi vida -interrumpió mi galán.

    Federico tomó el cinturón de la bata y me amordazo anudando tirante en la nuca, de inmediato mis comisuras se humedecieron; los labios, aún más rojos , como dos ajíes a punto de reventar. A continuación, me llevó a un rincón donde abrace una columna, luego ató mis muñecas con su corbata

    -Te gusta fuerte ,¿no , darling? -susurro Federico a mis espaldas y yo gemí en asentimiento. Sentí su enorme y peluda verga penetrarme con una dureza desconocida.

    De parado, él con una mano sobre mi cuello y la otra tanteando, masturbándome por delante, el placer se redobló. A cada pijazo yo respondía con un gemido agudo; entonces, Federico aumentaba la intensidad sobre mi pija y contrapartida, yo devolvía un sollozo suspirado en un auténtico ping-pong sexual. Casi terminamos al mismo tiempo, con un movimiento ágil me desato las manos. Extenuado de placer y transpirado me recosté en la cama sin sacarme la mordaza, no quería ni podía… Con mis ultimas fuerzas y con la tela colgando en mi cuello nos duchamos

    Antes de despedirnos, Federico me tomó del mentón y me dijo:

    -ahora que se tus gustos, la próxima estaré mejor preparado.

    Sonreí, lancé un beso al aire y cerré la puerta… sin volver la cabeza atrás, me introduje en la boca del subte.

  • Dulce perla blanca mexicana

    Dulce perla blanca mexicana

    Roberta es muy hermosa, honestamente, siempre usaba ropa holgada y su apariencia es un tanto descuidada, pero cuando bajaba del baño a la alberca fue algo espectacular, su piel es blanca, es pequeña y delgada, debe pesar unos 50 kilogramos, 24 años, usaba un bikini color naranja, se podía ver una cintura sumamente esbelta y unas piernas muy bien proporcionadas que el gimnasio había ayudado a tornear demasiado bien.

    Una vez se fue acercando se podían ver unos pechos algo pequeños pero lo suficientemente apetecibles y debajo había una tanga que además de los hilos de la cintura y el culo sólo cubría una parte por delante muy pequeña de su monte, se alcanzaban a ver los bordes de su pubis muy bien depilado. Y unos rizos castaños preciosos que se sujetó con un chongo cuando entró al agua.

    Fue la primera en salir de la alberca, la escena de Roberta de espalda incorporándose para salir, derramando gotas de agua de su cabello ondulado ya suelto a través de su columna cayendo con velocidad hasta sus preciosas nalgas blancas que sofocaban y hundían ese hilo naranja entre ellas me dejó con mi bañador a punto de explotar bajo el agua.

    Horas después al caer la noche y con algunos tragos encima nos besamos y ambos sabíamos lo mucho que deseábamos que ese momento llegara, el conocerla de hace años y su matrimonio eran un aliciente para hacerla mía, ya no importaban las consecuencias ni nada para ese momento.

    Le pedí que se pusiera ese bikini para mí y así lo hizo, me sentó en una silla y en parte por lo ebria que estaba comenzó a bailarme, se puso de espalda a mí y restregaba su culo en mi verga, tan rápido ya tenía una erección, desaté el sujetador y me puse a sobar sus tetitas con enjundia, quité mis manos de ellas sólo para desnudarme por completo, le di la vuelta, la senté en mi regazo y me comí ese manjar que aunque era algo pequeño para mí era un deseo, un capricho, areolas y pezones rosados y algo medianos, muy paraditos y duros, me gustaba tanto el contraste de ellos con el blanco de su piel. Me sostenía mi cabeza y la presionaba contra su pecho, yo me hundía en sus chichis y chupaba sus pezones, les daba ligeros mordiscos a los pezones y con mi lengua hacía círculos en sus areolas, sentía un calor inmenso e intenso, y ese sudor que provoca un buen polvo en mi frente y mi pecho.

    Roberta suspiraba y empujaba su cabeza hacia atrás pero sin liberar presión de mi cabeza en sus tetas, tuve que hacer fuerza para sostenerla o nos caeríamos de la maldita silla.

    -Roberta: Ahhmm, ahhmm, chúpalos bebé, chúpalos, qué rico siento. Sigue, sigue…

    Sin retirar su tanga solo haciéndola a un lado le pasé dos dedos en la raja y gimió con sutileza, al asegurarme que estaba mojada chupé mis dos dedos y le di un beso en la boca para que también pudiera saborear su propio sexo. Saqué un condón de mi short, Roberta me lo puso, tomó mi verga y se la ensartó con facilidad en su pucha, por fin me liberó de esa llave que tenía presa a mi cabeza, sus manos se agarraron de mis hombros y empezó a moverse de adelante hacia atrás, me estaba cabalgando y gemía de placer, su mirada estaba pérdida, la boca abierta y la agitación a tope, era un ritmo brutal, después se detuvo un poco, de nuevo se acercó y nos besamos, bajo sus pies de la silla y así volvió a mover su culo enterrado en mi pene pero esta vez en círculos, la nalgueaba de vez en cuando y se quejaba un poco pero sin decir que parara.

    Nos levantamos de la silla, y de la mesa quitamos unos cuantos platos y cubiertos para subirnos a coger ahí, ella me acostó en la mesa y me iba a empezar a chupar el pene, ella se quedó abajo pero rápido le dije que se subiera para hacer un 69, le dije que quitara el condón para sentir su lengua como se debe, además tenía otro en la bolsa del short, lo hizo y nos chupamos nuestros aparatos sobre la mesa con nada más en mente que complacer uno al otro, tomaba con la lengua y los labios su clítoris, lo chupaba en momentos, luego lo besaba y también lo sobaba con mis dedos, trataba de ir con la misma intensidad que Roberta lamía mi glande y me hacia la chaqueta para estar en armonía, sus fluidos eran abundantes y los míos también, en particular Roberta tiene un olor y sabor que me gusta demasiado, sabe riquísimo esta puta, tragaba y tragaba sus fluidos y ella hacia lo mismo conmigo, sentí que pronto me vendría, ella ya lo había hecho entonces le dije que al estar cerca la quería penetrar otra vez.

    Me puse el preservativo, puse en cuatro a Roberta sobre la mesa y empecé a follarla con la intención de acabar, sus gritos me excitaban mucho, tomé su cabello empujando su cabeza hacia atrás y con mi mano derecha le acariciaba sus tetas, sentir de nuevo sus pezones duros me calentó mucho. Sin soltar sus hermosos rizos jalé su cara junto a la mía en la misma posición de perrito, le besaba el rostro, el cuello y sus orejas y le decía al oído:

    Luis: ¡Qué bien follas perra! Tu marido sabe que eres una pinche puta. Qué bien come el pendejo.

    Roberta: Claro que no –gemía- ahh, ahhh, y espero que no entre por la puerta, todavía necesito de él, pero un día lo voy a mandar a la verga y a ti también.

    Luis: Pero ese día no es hoy zorra. –La verdad me prendió como me había hablado y le di unas nalgadas de nuevo, algo más fuerte.

    Ya en ese punto estábamos totalmente desenfrenados, embestía más rápido para acabar y ella también seguía moviéndose como una diosa, en verdad lo era en ese momento, ese sonido de mi pubis y sus nalgas chocando era más rápido y sentía lo apretado y caliente de su vagina también, estaba por venirme y al traer el condón le dije si quería que me viniera adentro, me quitó mis manos de sus tetas y se quitó rápido de mí, y me dijo que no. Me sorprendí un poco porque nunca me había pasado pero me dijo que quería el semen en sus pies.

    Bajé de la mesa, retiré el condón, me hacía esa última chaqueta mientras ella con sus pies tocaba mi pecho y mi boca, le dije que me venía, bajo sus pies y eyaculé en sus diminutos pies blancos, tenía sus uñas perfectamente esmaltadas en color blanco y aunque me hubiera gustado acabar en otra parte a ella le gustó mucho, parecía, se unto con sus mismos pies el semen por todos ellos y nos vestimos rápido por si pudiera llegar alguien. Me excita el hecho de saber que me comí a Roberta donde ella y su esposo comen todos los días.

  • Intercambio de parejas por accidente con mi hermana

    Intercambio de parejas por accidente con mi hermana

    Pues sí, así como el titulo lo dice, terminé por accidente en un intercambio de parejas con mi hermana, para esto les voy a dar un poco de contexto de mi vida familiar omitiendo los nombres por obvias razones.

    Nací en la ciudad de Querétaro, México. Mi familia está conformada por mis dos padres, mi hermana y yo, a quien le gano por 4 años, mi infancia fue de lo más normal y divertida, con mi hermana siempre tuve una relación cordial y sana, siempre fuimos a colegios diferentes. Mis padres procuraron darnos la mejor educación y en ese tiempo eran aun famosos los colegios católicos exclusivo de mujeres por lo cual ella asistió toda su educación básica a este tipo de institutos y yo a colegios mixtos, esto llevó a que no tuviéramos amigos o situaciones en común y nuestra relación solo se basaba en apoyo cuando ella necesitaba resolver alguna tarea o platicas comunes de gustos musicales o chismes faranduleros, casi nunca nos pelamos y siempre hubo apoyo, cariño y respeto mutuo.

    Pasó el tiempo, yo me case a los 25 años y llevo 10 años de matrimonio con mi esposa con la cual tengo un hijo de 8 años, tiempo después mi hermana también se casó, pero ella lamentablemente se divorció teniendo como fruto de su ex matrimonio una niña de 6 años.

    Bueno ya contando los detalles más generales, les cuento como llegué a meterme en este lio hace aproximadamente un año.

    Resulta que un día me habla emocionada mi hermana al celular, diciéndome que en su trabajo (es maestra de primaria) los de su gremio hicieron una rifa para un viaje todo pagado a las playas de Ixtapa Zihuatanejo para 4 personas (clásica familia mexicana) una semana completa, y que afortunadamente ella se lo había ganado, y me solicitó darle permiso a mi hijo para que las acompañe a ella y a mi sobrina, para que su niña se la pasara más divertida en compañía de su primo en la playa, a lo cual accedí sin problema y al final de la conversación le pregunté:

    Yo: oye ¿y a quien más vas a llevar o que vas a hacer con el lugar que aun te queda pendiente?

    Hermana: yo creo que lo voy a dejar perder, no hay quien me acompañe y la verdad voy con los niños, voy en tema puramente familiar.

    Yo: Pues que desperdicio, invita a mis padres y que solo uno pague su viaje, y sirve que te ayudan a cuidar a los niños y disfrutes un poquito mas la playa y no solo te la pases cuidando.

    Hermana: si lo pensé y se los dije, pero me dicen que una semana es mucho tiempo y que se enfadan aparte de que tiene cosas que hacer en la semana en que es el viaje. Oye ¿y por qué no me acompañas tú? Sirve que nos alternamos para cuidar a los niños y disfrutamos más el viaje, aparte de que te va a salir todo gratis.

    Yo: estaría muy bien, pero deja ver si mi esposa no tiene planes para esa semana y si le parece bien te acompaño, ¿te parece?

    Hermana: me avisas, si nos acompañas sería estupendo.

    Le comenté la situación a mi esposa y me comentó que no había problema, que ella tendría mucho trabajo y que estaría bien que me distrajera y pasara mas tiempo con mi hijo.

    Llegó el día y nos fuimos los 4 a la playa, mi hermana, mi sobrina, mi hijo y yo. Al llegar no instalamos en el hotel el cual tenía todo tipo de actividades dentro de sus instalaciones, las cuales las aprovechamos al máximo desde el inicio, tours en bicicleta, actividades en cayac, actividades en bote, voleibol y futbol playero, etc.

    Al final del segundo día, terminamos enfadados de tanta actividad y de cuidar niños que ni siquiera tuvimos tiempo para relajarnos nosotros, por lo cual en la cena le comenté que, terminado la cena y durmiendo a los niños podríamos ir un momento a la discoteca que estaba dentro del hotel para que no pasara el día sin haberlo disfrutando a nuestro modo y sin estar tan al pendiente de los niños, a lo que ella me contesto que no había problema, pero que solo sería poco tiempo porque luego los niños se podían despertar y que ella también estaba muy cansada como para andar bailando toda la noche.

    Total terminamos de cenar y llevamos a los niños a la habitación, los cuales cayeron inmediatamente rendidos de sueño por tantas cosas que hicimos en el día y nosotros nos dispusimos a ir a la discoteca que estaba dentro del hotel, al llegar pedimos bebidas a mas no poder y nos sentamos a platicar un poco de la impresión que teníamos del hotel, seguimos bebiendo y después el dj puso música de salsa y nos levantamos a bailar, había bastante personas bailando que casi estábamos pegados los unos de los otros, pero aun así había buen ambiente y buena música.

    Estábamos bailando las últimas canciones antes de irnos, ya que ya habíamos comentado irnos a la habitación porque ya estábamos algo tomados y nos íbamos a levantar temprano a correr a una ciclovía cerca del hotel, aparte de estar cansados. Cuando de repente me toca el hombro un hombre que va con su pareja y me dice:

    -Hola amigo, oiga ¿puede bailar con mi esposa esta canción? Espero no le moleste si yo puedo bailar también con su esposa, los vimos desde que entraron y bailan muy bien y pues yo no sé mucho y mi esposa se desespera un poco conmigo.

    La verdad quise brincarme la explicación de decir que no era mi esposa para no hacer conversación y tampoco quise ser grosero por lo cual solo asentí con la cabeza, aparte de que su mujer se veía muy bien, alta, delgada de pelo castaño y con un culazo espectacular que había visto desde que llegamos. Los dos se veían muy atléticos, inmediatamente se notaba el cuerpo de gimnasio aunque un poco mayores que nosotros de aproximadamente unos 40 años pero se veían muy bien físicamente aparte de ser personas agradables a primera vista

    Empecé a bailar con la esposa del señor la cual me dijo que se llamaba Rosalba y su esposo se llamaba Salvador, que era de la ciudad de Torreón y que sus vacaciones habían terminado y se iban el día siguiente a su ciudad. Volvimos a bailar la siguiente canción y empecé a notar como su cuerpo se pegaba más al mío, hasta el punto de estar completamente pegados, mi mano estaba donde termina su espalda y comienza su culo y mi pene semi erecto estaba completamente pegado a su pierna. Seguimos bailando y la verdad nos estábamos calentando y ronzando nuestros cuerpos cada vez más que ni voltee a ver dónde estaba mi hermana hasta que me dijo.

    Rosalba: ¡mira tu esposa! Se está divirtiendo más que nosotros, que bien se ven bailando ¿no lo crees?

    Yo: ¿Queee? ¿mi esposa?

    Todavía estaba en la pendeja sin saber que se estaba refiriendo a mi hermana.

    Rosalba: Siii tu esposa, espero no te moleste y aproveches tú también je je

    Volteo a ver a mi hermana que estaba a unos 10 metros de nosotros, y quede sorprendido, la muy cabrona ya se estaba besando a Salvador, y se veía toda cachonda y caliente con la cara sonrojada y con su cuerpo bien pegado al de él, contoneado su cadera y pegando su pelvis al bulto de el.

    Yo: jajaja no te preocupes, mientras ella se divierta no hay problema, yo ahorita me pongo a mano. (si fuera mi esposa ya lo hubiera llenado de putasos a Salvador) -es lo único que pensé.

    Inmediatamente nos besamos y le empecé a agarrar parte del culo disimuladamente, que por cierto lo tenía delicioso y voluptuoso.

    Rosalba: entonces son de los nuestros!! Qué bueno que no te moleste y claro que te puedes desquitar, estoy dispuesta a hacerles la competencia.

    Nos fuimos a sentar a una nueva mesa, que estaba más alejada de la pista de baile y de las luces, lo cual daba una privacidad más cachonda. Se nos unieron y se sentaron frente a nosotros.

    Salvador: ¡¡ey amigo!! déjame felicitarte, vaya esposa que tienes, baila súper bien y esta guapísima que no pude evitar aprovechar un poco sus pasos de baile que me pusieron a mil.

    Yo: si no hay problema, yo también me aproveche un poco, ojala tampoco le moleste.

    Salvado: Ey claro que no!!! Nosotros somos liberales igual que ustedes y solo buscamos divertimos y encontrar nuevas experiencias que nos ayuden a tener una mejor intimidad, que hasta el momento es el secreto para que nuestro matrimonio vaya excelente.

    Volteo a ver a mi hermana, y la veo diferente a como la veo normalmente, la analizo a detalle como hombre y es más chaparrita que Rosalba, más o menos 1.55 de estatura, grandes pechos, acinturada, un culo no tan grande pero lo tiene muy respingón, las piernas las tiene bien trabajadas y torneadas, desde chica juega voleibol y nunca lo ha dejado por lo cual conserva un buen cuerpo.

    Rosalba: ¡!Eeey!! ¿por qué no nos acompañan a nuestra habitación para estar más cómodos y seguirnos conociendo? sirve que podemos seguir bailando más a gusto sin tantas personas y jugar alguno que otro juego.

    Hermana: si claro, me parece excelente idea, solo pasamos a ver a los niños para ver como están y vamos a su habitación, ¿le parece que nos veamos en 10 minutos allá?

    Salvador: claro, nos vamos yendo y los esperamos, no vayan a faltar, nos vamos a divertir, es la habitación 509 casi pegado a la segunda alberca infantil.

    Yo: ok, nosotros estamos en la misma sección, llegamos en unos momentos.

    Nos despedimos momentáneamente y vi como Salvador le da un beso a mi hermana agarrándole el culo por bastante tiempo, la suelta y nos vamos adelantando para ver a los niños.

    Al ir caminando hacia la habitación le digo en broma:

    Yo: oye te desconozco, andas súper caliente jaja

    Hermana: ay hermano jaja, perdóname pero la verdad es que si, desde que me divorcie hace un año no he tenido ni tiempo para esto, con todos los tramites de la separación, andar consiguiendo nuevo departamento y bueno el cabrón de salvador esta súper bueno que si me puso bien pinche cachonda y arrecha nada mas de restregarme el bultote que trae entre las piernas.

    Yo: no te preocupes hermanita, te entiendo y las oportunidades no hay que desaprovecharlas, nunca mas lo vas a volver a ver, y si te puede hacer el favor para sacarte el estrés y pasarla bien en tus vacaciones que bueno, hay que seguirles el juego, espero y te lo cojas bien y te deje como yegua recién nacida con las patitas temblando.

    Hermana: jajaja hay hermano nunca habíamos tenido una plática así, me da gusto que me entiendas, pero tu no tienes problema en acompañarme, me siento mal por mi cuñada, creo que no sería correcto.

    Yo: ey, no te preocupes hermana, esto va a ser un pequeño corto circuito en mi vida matrimonial que nadie va a saber, lo que pase hoy lo olvidamos mañana y como si no hubiera pasado nada, aparte de que Rosalba también esta súper buena la cabrona y nada mas de recordar su culo me la pone bien dura.

    Hermana: ¡¡vaaa!! Lo que pase hoy se queda en esta noche, y no se vuelve a tocar el tema, espero y no te detengas y te reprimas por ser tu hermana, hoy es un buen momento para sacar todos nuestros bajos instintos y dejarlos con esos dos.

    Yo: que va hermana, lo mismo digo, muestra tu lado más puta y pervertida a salvador, y pon en alto el orgullo familiar jaja que yo haré lo mismo con Rosalba.

    Hermana: ¡me encanta la idea hermano! Te acuerdas que siempre quise ser actriz de chica, pues bueno hoy voy actuar tan bien siendo tu esposa y la más piruja que no sabes la que le espera a salvador, me vas a felicitar al término de la noche.

    Llegamos a nuestra habitación y vimos que los niños estaban profundamente dormidos, inmediatamente nos fuimos a la habitación de nuestros nuevos desconocidos amigos.

    Nos abre la puerta Salvador invitándonos a pasar

    Salvador: eeey pensamos que no vendrían, pasen, pasen, que bueno que llegaron, mi esposa ya te estaba extrañando.

    Yo: cómo crees que no íbamos a venir, si dejaste a mi esposa toda emocionada.

    Rosalba: ¿les sirvo algún vino? Solo está la cama y esta mesita con dos sillas, siéntanse donde quieran y donde se sientan más cómodos.

    Hermana: si de favor un vino está bien, y gracias yo me siento en la cama.

    Salvado: Que les parece si jugamos a las cartas y hacemos una dinámica divertida con ellas.

    A lo que todos asentamos, explicándonos que la baraja española tiene 4 figuras, copas era tomar un shot, si era oros era contar una verdad cachonda o una fantasía, si era espadas era quitarse alguna prenda y bastos era cumplir un reto.

    Mi hermana es la primera en sacar una carta, a lo que le sale oros y se quita la playera, asomando sus grandes tetas atrapadas por el biquini, la siguiente es Rosalba quien saca una de copas tomando su respectivo shot, el siguiente fue salvador quien también saca oros quitándose la playera y dejando ver su estómago bien trabajado, que mi hermana fue la que mas emociono viendo lo que se iba a comer, por ultimo fui yo quien saque una de espadas mencionando una fantasía de querer tener relaciones en una playa nudista.

    Así paso un poco más de tiempo y cada vez nos íbamos poniendo más borrachos y con menos ropa, hasta que mi hermana le toco sacar un basto y le pidieron hacer el reto de un baile erótico a Salvador.

    Ella se paró ya solo con su bikini, quitándose la parte de arriba para dejar al descubierto sus tetas valiéndole verga todo, se acercó a Salvador y le empezó a perrear de espalda moviéndole el culo y quedando sus tetas de frente a mi, la verdad que me quede pasmado y todo pendejo viendo esas majestuosas ubres que se cargaba mi hermana, que inconscientemente me empecé a agarrar la verga frente a ella.

    En un momento nos quedamos viendo a los ojos como preguntándonos “¿que estamos haciendo?” para después ella empezar a sobarse las tetas sin dejar de mirarme, cosa que me puso a full y me saque la verga del short para empezar a jalármela viéndola también, valiéndonos verga todo tipo de valor o prohibición moral.

    Rosalba: ¡¡mira como le pusiste el pito a tu marido amiga!! Se ve que todavía lo prendes, que se le ve bien dura y rica esa verga.

    Se acerca Rosalba y se hinca a lado de mi para empezar a mamármelo, pero mi hermana no quita la mirada de mi verga y yo no quito la mirada de como Salvador le agarra las tetas por detrás y le restriega su paquete por encima de su bañador mientras ella sigue bailando.

    Posteriormente se voltea mi hermana y recuesta completamente a salvador para quitarle el short y también chuparle la verga, en esos momentos veo como también se quita la parte de abajo del bikini y puedo ver toda su raja y culo en pompa frente a mi, en ese momento todo sentido común abandona mi cuerpo para levantarme y acercarme por detrás a mi hermana quien estaba en 4 para empezarle a mamar el culo, dando lengüetazos desde la raja hasta su culo.

    Hermana: ¡que ricooo! ¡Mmmm! Sigue así comiéndome la cola cabron pervertido.

    Abro sus nalgas para meter toda mi lengua lo más que puedo en su hoyo, Rosalba me sigue para seguir succionando mi verga y los huevos, cambiamos de posición después de un momento y colocamos a las dos hembras boca arriba para empezar a darles en posición de misionero, Salvador toma a mi hermana y yo a Rosalba para empezar a taladrarlas.

    Yo: a esa puta le gusta que le den fuerte Salvador, bombéala sin piedad.

    Hermana: ¡¡Siii!! Me encanta que me den pija fuerte Salvador, métela ya, que me urge sentir tu verga.

    Se la mete de una estocada y mi hermana emite un gemido fuerte, empieza a penetrarla con metidas firmes y constantes. Yo empiezo a comerle el coño Rosalba, chupando todos sus labios vaginales y clítoris, siento como se retuerce de placer, empezando a gemir a boca abierta.

    Rosalba: ¡aaah! Que delicioso papi, tiene razón tu esposa, comes bien rico! Asiii no vayas a parar

    Siento como sus fluidos vaginales empiezan a brotar cada vez mas y como su vagina se contrae con mi legua dentro. Se que esta por correrse y meto mis dos dedos dentro de su vagina mientras empiezo a lamer y succionar su clítoris.

    Rosalba: ¡así así así! Sigue sigue que me vengo, ¡aaaah que ricooo, asiiii mmmm!

    Me levanto y coloco mi verga dura en la entrada de su panocha, volviendo a rosar su clítoris ahora con mi pene, para posteriormente metérsela de un solo golpe.

    Empiezo el mete saca de forma suave y constante, aumentando cada vez mas la velocidad de la embestida, veo a mi hermana al lado de Rosalba tomándose las piernas para tenerlas mas abiertas y sentir aun mayor placer con las metidas de Salvador, empiezo a tomarle las tetas a mi hermana y pellizcar sus pezones, se sonroja cada vez más y tensa la mandíbula, está por venirse y salvador lo sabe por eso aumenta la velocidad de la metida.

    Hermana: Si si, cógeme duro que me vengo, dale cabron que me voy a venir bien rico en ti, aaay que rico, me vengo me vengo, aaaah.

    Termina mi hermana y empieza a besar a Rosalba en la boca, para después pasar a chupar sus tetas, que aunque son chicas son firmes con pezones grandes mientras yo sigo metiéndosela con fuerza, hasta que nuevamente veo como empieza a gruñir Rosalba y sonrojarse aún más para terminar por segunda vez.

    Rosalba: ¡¡otra vez, otra vez!! Que rico me estoy viniendo papi, dale papi, no pares que me voy a correr bien delicioso, ¡¡mmmm, así así así, aaaah!! Que sabroso me vine papacito.

    Rosalba se levanta para ir al baño, y yo quedo recostado boca arriba en la cama, cuando mi hermana dice:

    “Ahora quiero que me cojan los dos al mismo tiempo y me empalen bien rico con sus dos vergas”

    En ese momento mi mente está explotando, tratando de asimilar lo que está a punto de suceder, es una corriente de emociones inexplicables, la conciencia abandona por completo el concepto de lo correcto e incorrecto, dejando me llevar por el instinto animal básico del placer.

    Mi hermana me monta, y toma mi verga para llevarla a su verija, dejándose caer para que entre la verga de una sola metida en su vagina, noto como se sobresaltan las venas de su cuello de la excitación y placer, para posteriormente empezar a contonear su cadera y usar mi falo para su completa satisfacción al ritmo que ella determine.

    Hermana: que rica verga tienes cabron, si hubiera sabido te cojo desde hace mucho, me pones a full y quiero ser tu zorra para siempre.

    Yo: que rico me perviertes puta, te voy a dar verga siempre de hoy en adelante.

    Veo como Salvador frunce el ceño con gesto de extrañeza por lo que estamos diciendo jaja, no entendiendo por que putas decimos eso si somos esposos, pero el ambiente es 100 % de éxtasis y lujuria que no da pie a preguntas de curiosidad y seguimos diciendo mi hermana y yo lo primero que se nos viene a la mente.

    Hermana: ¡¡tienes la verga más deliciosa que he probado!! Que ricooo sentirte dentro.

    Yo: eres mi nueva perra, y quiero que estés en celo siempre, para darte pija a diario.

    Hermana: ¡tú me pones en celo! Mira como mueve la cola tu perrita de lo contenta que la pones con tu palo, ¡¡así así que sabroso es coger contigo!!

    En ese momento veo como salvador se pone detrás de ella para darle por el culo, y nos quedamos un momento quietos para que se la empiece a meter poco a poco y mi hermana se acostumbre a las dos vergas.

    Mi hermana empieza a bufar cada vez más y más, su rostro esta encima del mío y sus gemidos retumban en mis oídos, noto como ingresa otra verga dentro de mi hermana y como los separa una delgada pared de carne. Mi hermana y yo seguimos sin movernos hasta que logra meter toda la verga Salvador y mi hermana empieza a contonearse y mover las caderas a su ritmo. Veo como Rosalba está en una silla abierta de piernas pasándose los dedos por su verija viendo excitada como mi hermana está disfrutando de dos pijas.

    Ya su cuerpo acostumbrado a las dos vergas, salvador empieza a bobearla por el culo y yo empiezo a chuparle las grandes ubres a mi hermana, ese momento es un concierto de gemidos y ruidos corporales.

    Hermana: ¡¡siii, jodanme bien!!, denme mucha verga, quiero que me den sus lechitas, y dejen bien llenos mis agujeros, ¡aaaay que ricos machos me estoy dando!

    Salvador: no voy a poder con tu culo, aprietas bien rico zorra, ya me voy a venir

    Noto como aumenta la velocidad Salvador para tensar su cuerpo y emitir un gruñido señal de que se estaba corriendo en el culo de mi hermana (para eso me gustabas cabron, es lo único que pensé ya que mi hermana estaba en medio de su éxtasis y este wey ya había acabado).

    Se tumbó Salvador en la cama y nosotros seguimos cogiendo, sintiendo como escurría la leche de Salvador bajando del culo de mi hermana llegando a mis huevos, le dije a mi hermana que cambiáramos de posición para darle por el culo (ese culo no fue tratado como debería y tenía que rescatar el trabajo inconcluso de Salvador) nos colocamos los dos boca arriba, ella encima de mí, metiéndole la verga por el culo y sintiendo la leche de salvador aun en el culo.

    Empecé a taladrarla con fuera agarrándola de las caderas para que subiera y bajara con violencia sus nalgas y fuera la metida mas profunda y dura, le dije a Rosalba que se acercara para que le comiera la vagina a mi esposa (hermana) a lo que ni tarde ni perezosa se acercó toda feliz a comer toda la panocha mientras yo le hacia la cola.

    Fue el éxtasis de la noche, mi hermana gimió con todas sus fuerzas, estaba cachondisima y caliente, que seguramente en otras habitaciones se escuchaban sus gemidos.

    Hermana: Es lo mas rico que eh sentido, ¡así así cómeme el coño muñeca! Y tú no me la vayas a sacar del culo que estoy a punto de venir como nunca.

    Se empieza a tomar y pellizcar las tetas ella misma, y a contonear mas sus caderas para correrse.

    Hermana: ¡¡mmmm!! Asiii, delicioso delicioso, mmmm, ya ya ya, que ricooo lo hacen, me vengo me vengo, aaay que hermosooo, asiii. Aaaah.

    Yo estaba a punto de venir también, pero se me hacía descortés no aprovechar el culo de Rosalba jaja, que hice un esfuerzo sobre humano para no terminar en mi hermana y sacarla antes de venirme, para poner a Rosalba a 4 y darle por el culo mientras ella seguía lengüeteado y limpiando la vagina y culo de mi hermana de todos los fluidos.

    Posteriormente Termine en el culo de Rosalba, para después mi hermana me limpiara la verga con su lengua.

    Terminamos todos extasiados y cansados que no nos acordamos que los niños estaban solos, a lo que después de recobrar el aliento y un poco la conciencia de lo sucedido, nos dispusimos a despedirnos e irnos a nuestra habitación.

    Cuando íbamos caminando por el hotel hacia la habitación había un silencio un poco tenso entre mi hermana y yo, con el viento de la noche se despeja más la mente el pensamiento y la verdad es que no quería decir algún comentario desacertado porque no sabía que estaba pensando mi hermana en ese momento, a lo que solo la abrace de lado por encima del hombro dándole un apretón a sus hombro y ella me regreso el gesto abrazándome por la cintura volteándonos a ver y sonriéndonos un momento para después soltarnos y seguir caminando, llegamos a la habitación y los niños seguían dormidos, nos acostamos y nos dormimos también.

    En los siguientes días no tocamos el tema ni hablamos al respecto, solo nos cachábamos miradas de vez en cuando sonriéndonos cada vez que nos mirábamos, regresamos a la ciudad y nuestra vida siguió de lo más normal, pero la verdad es que seguido pienso en lo que pasó y en que fue la mejor noche de placer que he tenido en toda mi vida.

  • Libertinaje en la alta sociedad

    Libertinaje en la alta sociedad

    Montreal. Alimentábamos suficientes fantasías. Con Elizabeth, finalmente habíamos decidido dar el paso hacia el del pluralismo. Después de una satisfactoria experiencia con otro hombre, un intruso en nuestra relación, habíamos decidido introducirnos en el mundo de la orgía, al extremo. Estábamos en una encrucijada, en un momento decisivo: mantenernos en nuestras relaciones actuales o intentar la búsqueda de nuevos cuerpos, nuevas sensaciones, siempre juntos, de la mano.

    Esa era nuestra complicidad. Un eventual amante de una noche la había follado en nuestra casa y en mi presencia. Mientras duró el coito no nos quitamos los ojos de encima. Mis ojos azules, en sus ojos verdes. Amo a mi esposa. Ella era tan hermosa mientras se corría. El orgasmo la trasciende. Saca a relucir en ella una belleza única y sutil. El juego de miradas alcanzó su punto máximo cuando su amante la había penetrado por el culo, con una mano le tiraba de los cabellos y con la otra le introdujo dos (o tres) dedos en su vagina. Vi el fuego ardiendo en los ojos de mi amor. Gritó, se contorneó y se apoyó en mis rodillas. Una vez aliviada, su amante la liberó, había hecho el amor, largo y tiernamente, como nunca antes. Ya recuperada se sentó a mi lado en el sofá y se inclinó sobre mi pene. Descargué mi semen en su boca. Nos quedamos abrazados para preservar este frágil momento, pura complicidad. El esperma fluía, olía.

    Era obvio que tal momento no podía permanecer sin continuación. Habíamos llegado a un nuevo nivel en nuestras relaciones sexuales. Nuestros orgasmos eran cada vez más intensos, habíamos enterrado mucho de nuestros complejos. ¡Era como una droga, necesitábamos algo más fuerte! Luego se estableció una especie de ritual: contándonos nuestras fantasías. Sumisiones, humillaciones, sodomía, juegos de cuerdas, roles, hablamos entre nosotros, y uno como el otro trataba de mostrarse a la altura de las expectativas del otro. Éramos amantes en la cama. El tema de la pluralidad aparecía de vez en cuando sobre la mesa. Elizabeth quería verme que la follaban otra vez. Esa idea la excitaba. Me moría por verla ensuciada por hombres para después poder abrázala, límpiala, bésala, acariciarla, amarla.

    El siguiente paso sería la orgía. Evitamos los clubes, que juzgábamos, sin realmente saber mucho, como demasiados superficiales. Queríamos algo privado, más íntimo. El único y verdadero problema de todo esto es que no sabíamos a dónde ir. La situación se desbloqueó una noche. Elizabeth regresó a casa después de tres días de viaje por razones de trabajo; era directora-ejecutiva en una empresa de telecomunicaciones. Yo esperándola, deseándola, comiéndole las nalgas, chupándole los pechos… Llegó triunfante de su viaje a Winnipeg.

    «¡Encontré algo!»

    «¿Encontraste qué?»

    «Cosas increíbles, ¡te van a encantar, mi amor!»

    Sacaba las prendas de su valija mientras me decía.

    «Un «colaborador» de nuestra sucursal en Winnipeg me dio datos valiosos. En los momentos libres me acompañó en el hotel. Buen amante, ¿sabes?

    Ella de cómo la sedujo. Elizabeth es hermosa, lo entiendo, yo hubiera hecho lo mismo. Ella se reía diciéndome eso:

    «Era un chico guapo e irresistible. De todos modos, está casado… eso es un poco cerdo, ¿no? ¿Te follarías a la esposa de otro tú?»

    «Si tú lo hiciste, yo también»

    Puso su ropa sucia en la lavadora. No me pude resistir. Su historia no me interesaba en ese momento, la cogí en la pieza donde está la máquina, el tambor vibrante cubrió nuestros gemidos. Los dos queríamos el orgasmo que llegó rápidamente.

    Más tarde, antes de la comida, me dijo:

    «Sabes lo que te estaba diciendo antes. Este tipo… Tiene una casa en las afueras y organiza «fiestas» algunos fines de semana. Tiene mucho dinero, un lindo auto… Me dice que a sus reuniones solo asisten personas de la high society, políticos, industriales, profesionales.»

    «¿Fiestas?»

    “Bueno, finas fiestas, orgías qué… Me dio su tarjeta y si me interesa que le mande un WhatsApp y me invitará a la próxima… ¡incluyéndote a ti, me dijo!»

    Se estaba riendo cuando me dijo eso…

    Pasó una semana, retomamos nuestros juegos íntimos. El ritual estaba bien establecido. Elizabeth salió varias veces al mes por su trabajo, cuando regresaba, me volvía loco con ella. Mientras nos contábamos nuestras fantasías me recordó que esta oportunidad era inmejorable para ingresar en el mundo del libertinaje. Me admitió, mirando hacia abajo, que le gustaría. Ella me juro no había estado allí, pero que su pretendiente le había mostrado algunas fotos. Fue a buscarlas a su móvil para mostrarme dichas imágenes.

    Efectivamente, era otro mundo. Pequeños grupos estaban ocupados en una casa de estilo más bien barroco, muy erótico. Había mucha gente. Unos días de reflexión y diálogo venció toda resistencia. Elizabeth vino contra mí, con su celular, en nuestra cama. Ambos escribimos el mensaje, febrilmente. La respuesta llegó 10 minutos después: una fecha, un lugar:

    “Querida Elizabeth, me alegro de que finalmente hayas cedido a tus deseos, no tuve ninguna duda de que te vería de nuevo. Estoy tratando de reservarte una habitación… ¿vienes con tu esposo, verdad?»

    Hicimos el amor. Orgásmico.

    Un mes después el avión hacia Winnipeg, una vez allí nos dirigimos al hotel. Una nota nos esperaba en la habitación: con el lugar bien detallado del encuentro e indicaciones sobre la vestimenta a usar. Pasamos la tarde holgazaneando en la cama, pensando en la noche, en acurrucarnos uno contra el otro abrazándonos. Los dos estábamos emocionados. Conscientes de que poníamos en peligro nuestro amor. Sin embargo, esta pequeña prueba de riesgo nos excitaba.

    A las 17:00, Alicia aprovechó la gran bañera para darse un baño caliente, dedicó un largo rato al cuidado de su cuerpo, y en la preparación del mismo para agradar. Se depiló todo el vello no deseado y al abordar el tema de su pubis, surgió un debate: dudaba en afeitarse toda, lo que probablemente sería más cómodo para ella. Finalmente lo hizo así.

    Se perfumó, se maquilló. Hizo una elección discreta, valorizando su rostro.

    «Creo que es un poco demasiado soso allí, ¿qué te parece mi amor?»

    «Eres hermosa así, cariño…»

    «¡Esta noche prefiero ser tu puta! ¡Así es mejor… me da un perfil de zorra!»

    La beso en el cuello. Está más hermosa que nunca. Vuelve al baño, entonces regresa con una bolsa:

    «¡Sorpresa! ¿Te encanta?, llevo un conjunto super sexy.»

    Dim-ups, corsés, tangas… todo en negro, con motivos bordados. Sus pechos se destacan, no sé dónde encontró eso, el escote como a mi me gusta…

    «Mmmm, quedémonos, te hago el amor aquí toda la noche, ¡eres demasiado hermosa!»

    «Demasiado tarde para dar marcha atrás, nos esperan.» ella responde riendo.

    «¿Dón hiciste esas compras?»

    «Esto lo encontré en New York mientras hacía tiempo para ir a una reunión»

    Me deslizo detrás de ella y paso mi mano debajo de su tanga. Me sorprende lo suave que se siente. Paso un dedo a través de su raja que demuestra que está excitada.

    «Déjame terminar, vamos a llegar tarde»

    Se pone un collar de perlas y un vestido de noche negro, muy bonito, con el corte perfecto para volverme loco. Tiene un marcado fashion style para vestirse. Leo en sus ojos que es mi amante y reconozco el fuego en sus ojos. Rápidamente me puse mi traje negro con una camisa blanca. Se requiere vestimenta adecuada. Ya es la hora. Mi corazón late a 100 por hora, tengo escalofríos y un nudo en el estómago, pienso en las fotos que me mostró del lugar.

    Un taxi nos espera abajo, 1h30 de viaje. Llegamos a una propiedad grande, en el medio se asienta una gran mansión de dos plantas, bastante antigua al parecer pero magníficamente mantenida. Llamamos, un hombre viene a abrir.

    «Elizabeth, me alegro de verte, ¡entra!»

    Son las 21:00 h, Barry, el «colaborador» de Elizabeth nos da la bienvenida. Su esposa también viene a recibirnos. Una mujer de 35 años, con un cuerpo filiforme.

    «Bienvenidos. Vamos a tener una noche muy agradable, vais a ver».

    Barry mira el trasero de Elizabeth. Me pongo un poco celoso, se está aferrando a eso. Su esposa me detalla el buffet. Entramos en el gran salón. Hay alrededor de unas veinte parejas. Barry nos presenta a la asamblea, pero su anuncio cae en la indiferencia general. Se han formado pequeños grupos. Se instala el buffet en la parte de atrás de la sala, nos serviremos una bebida. Elizabeth se vuelve hacia mí, la abrazo.

    «Te amo» me dice.

    La sala empieza a vaciarse gradualmente. Barry viene a vernos.

    «Todos han llegado, la fiesta comenzará pronto».

    Al ver que Elizabeth y yo estamos un poco separados del resto, nos propone juntarnos con otras 2 parejas. Es una buena oportunidad para conocernos. Barry nos explica que todas las habitaciones de la casa son accesibles excepto una: su oficina cerrada. Por lo tanto, tenemos derecho a visitar todos los rincones del edificio. Elizabeth obviamente está más cómoda que yo. Pasamos por todas las habitaciones de la planta baja. Durante el recorrido vimos pequeños grupos conversando sobre diversos temas. En una gran habitación, con música de fondo, dos mujeres inician un baile muy erótico. La noche y la bebida comienzan a hacer efecto.

    Vamos a la planta alta. Entonces Barry supone que no debe haber mucha gente. Descubrimos que los pasillos son bastante laberínticos. Barry va de habitación en habitación. Al abrir una puerta, se encuentra con una pareja en completa acción. Les susurra el motivo de nuestra presencia, después del acuerdo de los participantes entramos en la habitación. Una mujer yace con los ojos vendados, un hombre la folla brutalmente mientras que otro, probablemente su marido, está cómodamente instalado en un sillón y observa la escena tomando un trago.

    Abandonamos esa pieza y finalmente llegamos a las últimas habitaciones de la casa. Éstas no están abiertas, nos explica, sólo durante sus fiestas de desenfreno. Hay un «calabozo» y descubro lo que es un glory hole. Nos vamos.

    Elizabeth está en todos on fire, puedo verla. Antes de volver a la planta baja, agarro a Elizabeth por el brazo y la abrazo. Nos besamos. Pone su mano en mi paquete y sonríe.

    «¡No durarás mucho!»

    ¡Traicionado por mi erección! Ella me conoce. Estoy demasiado excitado.

    «¡Dame un pequeño regalo entonces ya que me voy a correr rápido!»

    «¿A mí?, ¡no te voy a hacer nada! Pero te encontraré una boca para eso»

    Tiene los ojos vidriosos, debe de estar al borde del orgasmo intelectual, eso no no me sorprendería. Se me hace un nudo en la garganta, la emoción me retuerce el estómago y me estira el pene. Bajamos. Los grupos se dispersan. Elizabeth me lleva a la habitación donde la música estaba ardiendo. A ella le gusta la música, le gusta bailar. Sé que este baile es para mí. Me siento en un sofá y la observo bailar. También bailan otras parejas, mujeres solteras, hombres al acecho. Las parejas no parecen existir. ¿Quién esta con quien…?

    Elizabeth cierra los ojos, se para en medio de la habitación y disfruta que yo la mire. Una pareja se sienta a mi lado en el sofá y empiezan a acariciarse. Los ignoro, pero después de unos minutos me doy cuenta de que la mujer está chupando al hombre, su sexo apenas salía de los pantalones. Se detiene por un momento cruzándose con mi mirada, se saca el pene de la boca y me sonríe. Puede ser una invitación… ¿para chuparme también?, respondo con una sonrisa y ella reanuda su tarea, el hombre gruñe, con los ojos desenfocados. Miro hacia donde estaba Elizabeth, muy pegada a otra mujer. Muy hermosa, cabello negro y corto, formas perfectas. Le susurra algo al oído, las dos mujeres se vuelven hacia mí. Se acercan.

    «Hola, soy Sabrina»

    «Eehh… Hola. Yo soy Ralph. Encantado de conocerte.»

    Elizabeth muestra una gran sonrisa y un aire de desafío.

    «Voy a buscar algo para tomar y me uniré a ustedes». Dijo Elizabeth.

    «Ralph, ¿te gustaría ir a un lugar más tranquilo?». Sabrina estira su brazo y me levanta del sofá. La sigo, ella sostiene mi brazo. Toma el pasillo y se detiene en la primera puerta, por el mobiliario parece una especie de tocador con bancos, sillas y varios cojines.

    Entramos en la habitación. No había nadie. Tanto mejor. Sabrina me hace sentar en una especie de banco y trae una silla para ella. Pasa su brazo por mi hombro, me acaricia la mejilla con la parte externa de la mano y me da un delicado beso en la comisura de mis labios. Apoya su cabeza en mi hombro mientras me acaricia la nuca. Se levante, trae un almohadón y se arrodilla sobre él entre mis piernas. Lentamente me baja los pantalones y agarrar mi polla. La mira, su lengua hace contacto con mi glande, sin dejar de mirarme a los ojos la engulle. Es romántica. Le acaricio el pelo, sus ojos expresan complacencia. Elizabeth se une a nosotros y se sienta a mi lado. Tres vasos y una botella.

    «¿Cómo lograste convencerla?» Logré articular entre dos movimientos de succión.

    «¿Por qué convencerla? Muy sencillo: le pregunté si quería conocerte y ella dijo que sí».

    Sabrina se rio con mi polla en su boca. Ella lo retira para dárselo a Elizabeth.

    Liz le acarició el mentón, después el pelo:

    «No mi amor. Continúa. Después yo también voy a disfrutar de tu cuerpo, ¡hermosa mía!». ¡Oops! Sorprendido por la respuesta de mi esposa.

    Elizabeth se apoyó contra mí. Ella también iba dar de sí misma. Empezamos a besarnos. Tres o cuatro movimientos más de Sabrina y me corrí. Mantuvo mi pene en su boca hasta que terminaron mis descargas. Después apoyó su frente en mi rodilla y dejó escapar mi sagrado líquido. Y así se quedó como absorta.

    «¡La noche acaba de comenzar mi amor!» dijo mi esposa.

    Elizabeth la tomó de los cabellos e hizo que la cabeza de Sabrina quedara mirando hacia el techo. La chica permaneció sumisa, sin reacción, con su boca abierta, la mirada extraviada. Ojos tristes. Lisa la tomó del mentó y sus miradas se enfrentaron. Escena estremecedora: Elizabeth dominante, imperativa, segura de sí misma, determinada a satisfacer sus deseos con la chica; Sabrina subordinada, rendida, dispuesta a obedecer lo que sea. Mi esposa se movió hacia adelante y metió su lengua en la boca de Sabrina, sin soltarla de los cabellos. La joven tenía unos pechos grandes, libres bajo el vestido. ¡Curvas y mucho encanto! Mi mujer la estaba besando, saboreando el momento, sacando y volviendo a meter la lengua en la boca de ella. Vi que un movimiento de escalofrío recorrió la columna de Elizabeth.

    Otra pareja había entrado en la sala y disfrutaban del espectáculo, sentados en el banco de enfrente. La mujer estaba de espaldas por su hombre, que había pasado una mano entre sus piernas levantó su falda de color rojo oscuro, se deslizó en ella, a tientas en la intimidad de su compañera. Me levanté, con los pantalones a la altura de los tobillos, y serví champaña a mis dos amantes. La puerta permanecía abierta. Pequeños grupos pasaban riendo. Sabrina se sentó en el borde del banco y se levantó el vestido. Elizabeth lo besa por todas partes, frenéticamente, estaba como poseída. La chica no llevaba bragas, abrió las piernas y desafió a Elizabeth:

    «Tómatelo con calma, haz que el momento dure bastante».

    Sabrina agarra su bolso y toma un paquete de cigarrillos. Enciende uno, bebe uno sorbo de champán y echa la cabeza hacia atrás con un suspiro. Ella guía a Elizabeth, que queda atrapada entre sus piernas, lame, alterna, acaricia, acelera, frena, la penetra con un dedo. Está con los ojos entrecerrados, concentrados. Me paro detrás de Sabrina y le beso el cuello. Gimió.

    El hombre que había entrado con otra mujer me llama.

    «¿Le gusta mi esposa, señor?»

    «Eh… si por supuesto»

    Realmente era una mujer hermosa, sí: tinte berenjena, falda y bustier, muy delgada, pechos pequeños sostenidos por lencería. En ese momento parecía haber entrado en un trance orgásmico, reemplazó la mano de su esposo por la suya y se frotaba violentamente el sexo para obligarse a correrse. Elizabeth que había presenciado la escena me susurra al oído:

    «Es muy hermosa, tú deberías acompañarlos» Una vez dicho esto Elizabeth se sumerge de nuevo en su trabajo, arrancando de la boca de Sabrina un gemido ronco y sordo.

    Me levanto y voy hacia la mujer. La beso con ternura y sus ojos confirman la sugerencia de mi esposa.

    «Ella es Cecile» dice su marido que había entrado con ella.

    «Hola Cecilia, ¿cómo estás? Mi nombre es Ralph»

    Cécile no responde. El hombre me invita a quedarme con ellos. El espectáculo es surrealista y provoca una erección de mi parte.

    «Tranquilo Ralph. Me llamo Kovalchuk.» Me estira la mano para saludarme. «¿Vives en Winnipeg?, tienes acento francés…»

    «Vivimos en Montreal» y le señalo a mi esposa.

    Gente de la alta sociedad inmersa en la lujuria. El hombre me hace un movimiento con la cabeza para que me ocupe de su mujer. Obedezco, me acerco a Cécile, paso mi pulgar por su labio, ella abre la boca pero no sus ojos. Ella espera que su esposo o yo la follemos según nuestros dictámenes. Su marido, con un movimiento de la mano, me invita a sumergir mi pene en ella. Cecilia parece concentrada.

    «¡Ven a follarla, ella solo está esperando esto!… Toma su culo, su coño o su boca… haz lo que quieras».

    Crudas palabras que contrastan con el fino estilo de este acomodado buen caballero. Me preparo y me sumerjo en ella. Cécile no reacciona, está empapada, completamente dilatada. ¡Notoriamente la joven evacuó demasiado jugo de amor! Un poco de ida y vuelta y empiezo a sentir su placer. Ofendido por su falta de reacción la empiezo a follar más frenéticamente, pero su marido me llama al orden, así ella no puede chupárselo bien, sacudida en todas direcciones por mis embestidas.

    «¡Date la vuelta, perra, él te la va a meter por el culo!»

    Nadie me pide mi opinión. Cumplo. Ella se pone a cuatro patas, sin soltar a su hombre, se la chupa, ahora con una verdadera furia. Él está cada vez más excitado al verme follar a su mujer. Apunto mi pene frente a su culo. Lo humedezco con sus propios fluidos, y la penetro, se desliza sola. Nunca había visto a Elizabeth tan mojada como esta mujer. Me vuelvo hacia mi esposa, para ver dónde está: ha invertido los papeles, mi mujer se contorsiona bajo las caricias orales de su amante soltando pequeños gritos. Liz es hermosa cuando se corre.

    Estoy entre las nalgas de Cecile. Ella está más receptiva ahora. La limo fuerte, gime, gime, chilla bajo mis embates. Parece excitar a su marido que se corre en su boca. Ella no traga, medio ausente, baja su cabeza… el semen brota de su boca.

    El hombre toma su copa de champán. Agarra del mentón de su amada, lo levanta en atrás y dejar correr el champán en su boca, en su cara. Cécile se echa a reír, una risa nerviosa, seguida de espasmos característicos de un orgasmo violento, se pone rígida, yo acelero el movimiento, provocando reacciones en cascada de mi pareja. Ella me ruega que pare: «Je t’en prie, québécois» [Por favor, quebequés]. Me retiro, ella se va rápidamente de la habitación.

    «Ella siempre necesita una ducha en estos casos. Pero te puedo asegurar que has estado a la altura de nuestras expectativas. ¡Gracias!» me dijo su marido.

    Por su parte, Elizabeth está sumergida entre unos cojines. Sabrina la deja, Elizabeth ni la mira cuando se va, ni una palabra. Ella me tiende la mano. Voy hacia ella. Recuperamos el aliento.

    «La noche no ha terminado» Me dice.

    Tomamos un profundo sorbo de champán. Beso a mi esposa. Un merecido descanso. Ella acaricia mi sexo.

    «Te amo»

    Hagamos un primer inventario. Llegamos hace más de una hora, un recorrido rápido acompañados por el dueño, Elizabeth negocia favores con una extraña, que me la chupa y se folla a mi media naranja en un banco de un tocador. Por mi parte, aproveché las nalgas acogedoras de Cécile, una fina burguesa, distinguida, de alto nivel social que se ha hundido en el libertinaje. Elizabeth está acostada en el banco, su cabeza en mis muslos. Acaricia mi polla.

    «Hice bien en depilarme todo, es muy dulce, te da una buena polla»

    Quedamos solos en la habitación. Lisa inclina la cabeza y me toma en la boca. Después de algunos ida y vuelta:

    «¡Ajj! Tu polla huele al culo de la morena».

    A Elizabeth realmente no le gusta chuparme después de la sodomía, lo olvidé. Su cara está como congelada, con una especie de melancolía. El momento es seguido por una intensa vergüenza. Pero, ¿qué es lo que estamos haciendo allí? Podríamos irnos de inmediato. El abrazo que sigue es un momento mágico de complicidad. Es exactamente lo que queríamos. Pero… no nos movemos.

    «¿Te fue bien con Sabrina? No sabía que te atraían las mujeres.»

    «Yo tampoco lo sabía. No estuvo mal»

    Elizabeth huele a sexo. Su perfume ahora está cubierto por el olor de la saliva y los fluidos del amor. El momento se prolonga. Sin fuerzas, sin ganas, estamos bien aquí. El hermoso vestido negro de Elizabeth está empapado de humedad. Comienzan a aparecer manchas blancas.

    “Tendremos que tomar un taxi para llegar al hotel. Mis pantalones tienen una larga mancha blanquecina. Elizabeth rueda sobre su espalda, su cabeza todavía en mi regazo, me mira a los ojos.

    «Quiero continuar.»

    «Okey»

    Nos besamos, su olor a zorra me excita, mi erección no se debilita. Entra una pareja a la pieza. Se besan, se acarician, se tocan, como si fuera un momento que llevaban mucho tiempo esperando. Los observamos. Una verdadera película porno en vivo. La mujer, una pequeña morena gordita se vuelve hacia la pared y arquea la espalda. El hombre solo desabrocha la bragueta de sus pantalones y, tómalo, así, en seco. No nos han visto, están demasiado ocupados. El hombre literalmente desgarra a su compañera, que grita de placer sin freno. Otra pareja los mira desde el pasillo

    «¡Vamos, ven!» Elizabeth me tira del brazo. Su paso no es muy seguro, está un poco en otra parte. Parece que ella había estado esperando esto durante mucho tiempo. Camina como una borracha, con el vestido sucio. Sus arreglos matutinos son solo un recuerdo, su cabello enmarañado.

    «¡Es el momento del Satya Loka! ¡Es el momento del Satya Loka!» Alguien pasó por los pasillos anunciando en voz alta haciendo sonar una campana, Talán talán, talán talán. «¡Todos al salón principal! ¡Todos al salón principal! ¡Es el momento del Satya Loka!»

    Nos miramos con Elizabeth. Le pregunto a una pareja que pasaba en el pasillo. «¿Qué es eso? ¡De qué se trata?»

    «El Satya Loka, vamos, no te demores, ya empieza.» Me respondió una mujer. No entendí nada, es como si me hubiera hablado en zulú. Elizabeth me muestra a través de su celular que Satya Loka es un término del hinduismo que describe el plano más elevado de la conciencia y lo más alto de los reinos celestiales.

    Bien, como todos los demás nos trasladamos al amplio salón principal. Había desplazado el mobiliario hacia los costados. Solo quedó en el centro una lujosa y mullida alfombra. En el medio de la alfombra estaba Barry elegantemente vestido. Todos los demás se acomodaron (nos acomodamos) alrededor de él manteniendo una distancia 3 o 4 metros.

    «Damas, caballeros, nuevamente les agradezco vuestra presencia. Espero que todos estén disfrutando de esta hermosa noche. Llegó lo que todos esperamos: ¡Es el momento del Staya Loka!» Dijo Barry.

    Algunos aplaudieron, otros dijeron «¡Bravo!» Todo el mundo estaba eufórico con esa cosa del Staya Loka.

    «¡Comencemos!» anunció Barry. «Por favor, invitamos a nuestro amigo ¡Glen Barber!»

    Otra vez aplausos y «¡Bravo!». ¿Glen Barber? Ni idea de quien era. Pero no estaba entre los presentes en el salón. Después de unos segundos por una de las puertas que comunican al recinto apareció un hombre de cerca de 60 años, muy bien vestido, con una corbata de moño color café. Buen físico, alto, quizás con algunos kilos de más, con calvicie, solo tenía cabellos por encima de las orejas y en la nuca. Notoriamente una persona importante de la alta sociedad de Winnipeg, todos ansiosos por saludarlo y decirle unas palabras.

    Se paró junto a Barry. Se dieron la mano muy sonrientes.

    «Ahora llamaremos a la diosa Rati» dijo Barry.

    Siguiendo el ejemplo de mi esposa busqué rápidamente en internet: Rati – diosa del amor y del deseo sexual, de extrema belleza. Su nombre viene del sánscrito y significa disfrutar, deleitar de todo tipo de placer físico.

    «¡Sííí!» a coro gritaron todos.

    Barry giró 360 grados, miró a todos los que estábamos a su alrededor, extendió su brazo derecho y con su dedo índice señaló a Elizabeth. Los que estaban cerca de nosotros nos saludaban, la tocaban, la felicitaban, felicitaban a mí también. Ella sin demora y sin titubear se dirigió a los dos hombres en el centro del salón.

    Glen la tomó de sus manos, después la agarró del mentón, pasó su pulgar por sus labios e introdujo en su boca sus dedos índice y mayor. Ella quedó embelesada le chupó los dedos a Glen. Parecía fascinada. Él sacó los dedos de su boca y de inmediato Barry, desde atrás, puso sus manos en los hombros de mi esposa. La masajeó en los hombros y en el cuello, ella se contorsionaba; evidentemente super excitada. Entre los dos hombres comenzaron lentamente a sacarle sus medias, la tanga y desabrochando el vestido le sacaron el soutien. Solo quedó con su vestido negro.

    En el «público» un silencio sepulcral. Todos con la atención fija en esas tres personas.

    Ahora es Elizabeth quien comienza a desvestir a los dos hombres, por turnos, le saca una prenda a Barry y otra a Glen y así sucesivamente. Llegó el momento de sacarle el slip a Glen, lo hizo caminando a su alrededor y con un dedo se lo bajó hasta que la prenda cayó al suelo. Salió a relucir un pene normal ya en plena erección. Ella se arrodilló frente a él, acarició su pene con sus mejillas, después con sus labios, más tarde con la punta de su lengua, y lo ocultó totalmente en su boca, así quedaron unos segundos sin moverse.

    Mi esposa sacó el pene de su boca y giró quedando de espalda a Glen. De rodillas. Barry trajo dos cojines y los puso en las rodillas de Lisa. De esa forma su pelvis iba a quedar algunos centímetros por encima de la de los dos hombres. Glen que ya tenía su miembro lubricado por la muy breve estadía en la boca de Liz, también se arrodillo de espaldas a ella.

    ¡Oh sorpresa! Nunca había visto eso: Elizabeth extiende sus brazos horizontalmente hacia sus costados. Parece una cruz humana. Las palmas hacia arriba. Glen comienza a tocarle con sus pulgares y con la punta de su sexo su orificio anal. Cuando considera que ella ya está receptible, pasa su brazo izquierdo por delante de su cintura y dirige su pene a la entrada de su culo. La penetra. Mientras tanto Barry apoya sus manos en los hombros de ella para que mantenga el equilibrio. Glen empuja un poco más. Elizabeth emite un grito lastimero y de placer. Silencio total en los demás asistentes.

    Ella mantiene los brazos extendidos horizontalmente. Parece un ritual… es un ritual.

    Glen inicia una serie de saca y entra en el tubo de Lisa. Apenas deja adentro su glande e inmediatamente introduce todo su miembro cada vez más profundo. Los alaridos de ella son patéticos y excitantes para los tres que están en el centro de la pieza y notoriamente para los espectadores, yo entre ellos.

    En la concurrencia comienzan a verse hombres que sacan sus penes de sus pantalones para masturbarse, mujeres que se llevan sus manos a sus entrepiernas, hombres que meten sus manos por debajo de las faldas de las mujeres, mujeres que acaricias los bultos de los hombres que están a su lado. Pero todos… todos… todos, con la vista fija en Elizabeth, Glen y Barry.

    Finalmente Glen introduce totalmente su miembro en el culo de Elizabeth y así lo mantiene durante varios segundos. Mi esposa emite un leve gemido, sus brazos extendidos ya no los mantiene muy firmes. Glen hace una seña con su cabeza a Barry y éste clava, de una, su polla en el coño de Liz. Ella emite un «¡ugghh!» Pierde fuerza, pierde equilibrio, sus brazos extendidos se caen. Los hombres inician un armónico y sincronizado vaivén en ella.

    Entre el público una mujer emite un gemido. Barry se detiene manteniendo su pene dentro de Lisa, mira hacia donde había venido el gemido:

    «¡Silencio!» Y continua junto a Glen taladrando rítmicamente a mi mujer.

    Sabrina que estaba muy cerca de mí estira la mano en un gesto para que me acerque a ella. Pone su brazo sobre mi hombro, me susurra al oído: «Tranquilo». Su mano empieza a acariciar mi pene a través del pantalón. Muy pocas caricias fueron suficientes para venirme en seco vestido, en mi ropa interior y en mi pantalón. Apoyé mi boca en su hombro para no emitir ningún sonido. Ella se dio cuenta: «Tranquilo amor». Me tomó tiernamente de la cabeza. «Estás conmigo».

    Los dos hombres del centro comienzan a acelerar sus movimientos cada vez más frenéticamente. Elizabeth apoya su espalda en el cuerpo de Glen, Barry toma sus pezones y se los retuerce. Ella grita todo tipo de sonidos, creo que está en un orgasmo continuo, se retuerce, se contorsiona. Glen emite como un aullido anunciando su eyaculación adentro de Liz, se mantiene quieto dejando que su miembro descargue todo su semen dentro de ella. Barry da tres cachetazos en las tetas, vuelve a retorcerle un pezón, ella exhalar un largo y fuerte grito. Glen evita que se desplome y Barry dispara toda su artillería en su coño.

    Los tres permanecen acoplados. La gente mirando con admiración. Elizabeth mueve un poco su cabeza e intenta mover un brazo. Comienza a recuperarse lentamente. Glen se desacopla primero, después Barry, y Lisa clava su cabeza en la alfombra. Glen trae una silla con reposabrazos y la ayuda a sentarse en ella. Se funde con Elizabeth en un apasionado beso. Se retira. Barry se acerca con su verga embadurnada de los fluidos de Lisa y de los suyos; le pasa el miembro por las mejillas y los labios, pero ella está muy extenuada.

    Los espectadores comienzan a comentar en voz baja, ahora sí se puede hablar: «¡Qué mujer!» – «¡Esto es de antología! – «¡Estuvo brillante!» – «¡Una obra maestra!» – «Señor, ¿usted es su esposo? «¡felicitaciones, realmente felicitaciones!»

    Se desarmó la rueda que rodeaba a los tres del ritual. Unos iban a saludar y a felicitar a Elizabeth, otros me felicitaban a mí. Inmediatamente Glen se vistió lo mejor que pudo y se encaminó a la salida.

    «Senador Barber, senador Barber, él» (señalándome a mí) «él es esposo de Elizabeth» dijo uno.

    «¡Ahhh! Qué bien. Entonces tú eres Ralph, mucho gusto, senador Glen Barber. ¿Cómo estás?»

    «Eeehh… sí. Soy Ralph (yo ya era famoso en Winnipeg). Igualmente un gusto. ¡Muy bien y usted senador?»

    «Mi amigo, estoy con poco tiempo.» Puso su mano en mi hombro. «Tienes que convencer a Elizabeth. Le hice una propuesta laboral. Es una excelente profesional. Ella te va a explicar en que consiste, pero te doy un pequeño adelanto: si gano las elecciones para Primer Ministro de Manitoba la quiero como Ministra de Economía. ¡Cuento contigo! Mucho gusto de haberte conocido. Je dois m’en aller [Tengo que irme]. À bientôt! [No vemos pronto]. Ah, escucha, hay una limusina esperándolos afuera para llevarlos al hotel.»

    Se acerca Anne, la esposa de Barry. Me agarra por el hombro:

    «No hemos podido charlar nada Ralph. Espero que en vuestra próxima visita conversemos algo.» Me dijo apoyando su pierna en mi pene.

    «Eres muy hermosa Anne, Barry es un afortunado en tenerte como esposa.»

    Me sonrió y se dio vuelta a saludar a otros invitados.

    Estamos de vuelta en Montreal. Yo no soy el de antes. Winnipeg parece ser un antes y después en mi forma de ver la vida, sobre todo en el aspecto sexual. Ahora no estoy tan seguro en aquella idea de introducirnos en el mundo de la orgía. Incluso me estoy cuestionando la conveniencia de haber traído a aquel tipo que se folló a Elizabeth en mi presencia.

    Siento temores de que Elizabeth vaya a continuar a mi lado. Si nos mantenemos como hasta ahora, sería como no tenerla: ella no puede disimular su atracción por su «colaborador» Barry. Si acepta trabajar con Glen Barber, seguramente ganará mucho dinero y ganará prestigio, pero Glen se la follará cuando y cómo quiera. Y si se mantiene en su trabajo actual, cada tanto está obligada a viajar a Winnipeg…

    Yo sabía que ésta era una prueba de riesgo. Parecía que no, pero sí: soy celoso. Los seres humanos somos posesivos. Lo novedoso, lo desconocido me traicionaron. Este tipo de relación no encaja con mi personalidad. Perdí.

  • ¡Me metieron una culeada muy fuerte!

    ¡Me metieron una culeada muy fuerte!

    Ser bisexual tiene muchas ventajas, puedes sentir placer al tener sexo con una linda chica, es lo más delicioso de estar vivo, o también tener el placer de comerte una rica verga, tener la capacidad de disfrutar los dos placeres por igual. A veces pienso que es como una aberración sexual, o problema psicosexual, pero medito en ello y me doy cuenta que soy privilegiado.

    La sexo-adicción también puede traer sus inconvenientes y situaciones adversas, ayer me di cuenta de eso y quiero compartirlo:

    Ser ninfómano y acostarse con personas extrañas es placentero pero este expuesto a que te pueda pasar algo malo, pues no sabes quién es la otra persona y que problemas mentales pueda tener, ayer estuve con otro chico que conocí por redes y la experiencia no fue tan buena como pensaba:

    Me puse una cita con otro chico moreno, joven, atlético, entramos a la habitación del motel al principio él muy callado, tímido, se quitó su ropa y era delgado, se veía de bajos recursos, pero su cuerpo bien marcado y tonificado. Su verga ya estaba dura y me asustó ver su tamaño, pues era más grande y gruesa que los otros dos chicos morenos con quien estuve anteriormente.

    Como siempre se acuestan en la cama a esperar que yo les chupe su polla, y pues así fue, me prendí de inmediato de ese enorme palo, sabia saladito, estaba tan duro y grueso que lo cogía con las dos manos, el chico empezó a empujar para que yo lo tragara todo hasta el fondo de mi garganta, pues eso no me gustaba él quería forzarme hacerle garganta profunda, pero ese no era mi estilo yo no lo disfrutaba así.

    Me di cuenta que el tipo quería ser dominante y yo no era sumiso, a mí me gustaba el sexo lento, suave para poder disfrutarlo bien cada minuto. El seguía forzando a mamar y yo ya no quería, le dije que mejor que me lo metiera, que yo me sentaba encima de él para que entrara suave. Entonces se puso el condón y me unté del lubricante que siempre llevo a mis encuentros y me fui metiendo su polla poco a poco, era delicioso como se sentía tan grande y tan dura, pasó el dolor y entró, empecé a cabalgar encima de él. El empezó a excitarse mucho a cogerme de mis caderas y a meterla duro.

    Todo iba bien hasta que me empezó a comer en la posición de pollo asado puso mis piernas sobre sus hombros, pero lo hacía de una manera desesperada, empezó a embestirme con fuerza. Yo aguantaba en esa pose, pero lo malo es cuando me quieren dar en 4, así si me duele mucho. El empezó a decirme que yo era su perra que me violaba, que si le gustaba su verga… y yo le seguía el juego diciendo sí. Entonces llegó la parte que no me gusta, me hizo voltear en 4, yo le dije “despacio por favor”. Pero el con su instinto agresivo no le importó y me hacía muy duro, con fuerza, con rabia… Me imagino que hay gays que les encanta que se los coman así. Pero yo no era de ese tipo.

    En ese momento entendí que lo que yo estaba haciendo era algo peligroso. Uno no sabía con quién se acostaba, podría ser un violador, maniático o asesino y yo estaba exponiendo mi vida. El tipo me estaba lastimando y eso no me gustaba. Él no me quería soltar, yo sentía que todo se me iba a salir por dentro, pero él no quería parar, yo ya no sentía ni dolor, pues los músculos se habían dormido de tanto golpeteo que me daba el, metiéndomela hasta el fondo. Hasta que por fin paró, se quitó el condón y se metió al baño. Yo sentí un descanso. Y me tranquilicé, ya me di cuenta que él no tenía intenciones de lastimarme. Pero yo no lo estaba disfrutando, yo quería buen sexo, pero la forma de él era agresiva y eso no me gustó.

    El chico también sacó un porrito y se dio una fumada antes de volverme a coger. O sea que para más preocupación mía, él estaba algo drogado.

    Entonces lo agarré por la cintura y le besé sus labios para calmar el ambiente, esos labios gruesos carnosos de chico moreno me encantaban. Él también me besó suave y nos pasamos saliva deliciosamente, empecé acariciarlo y a besarlo sus tetillas y pectorales, otra vez le hice una mamada y le agarré sus nalgas pequeñas y frías, le pregunté que si ya se iba a venir, me respondió que no y eso me preocupó. Me di cuenta que él me quería embestir otra vez. Se puso el condón y me lubrico con saliva, me puso nuevamente con mis piernas en sus hombros, y yo le repetí que despacio. Otra vez me cogía y me daba duro, mis nalgas sonaban bien duro, empecé a mirar el televisor el video porno de esas perras como le daban de rico, en ese momento me sentía como una de ellas. Aquellas lindas actrices porno, que tenían que dejarse follar ante las cámaras.

    Quería darme en 4, yo me resistía, le dejé que siguiéramos como estábamos, pero él insistía, me dijo que ya casi se iba a venir, entonces yo cedí pues para que ya terminara rápido y dejará de lastimarme con su enorme verga. Esta vez me dio más fuerte, me volteé de lado para que no doliera tanto, me dio tan fuerte que sonaba fuerte el golpeteo con mis nalgas y sus huevos, hasta que por fin la sacó se quitó el condón me puso de rodillas y eso yo si quería, recibir su leche, eso sí me gustaba mucho. Le chupé su polla con un sabor bastante salado combinado con sabor a preservativo, pero lo importante es que ya se iba a venir y no me la iba a meter más.

    Salpicaron los chorros de leche caliente sobre mis labios, sentí que votaba bastante, yo me saboreaba, sabía saladito, seguramente el chico comía mucha sal. Saboree su esperma con mi lengua, limpié su verga grande y se la chupé con ganas él estaba sensible, se retiró al baño a ducharse, yo como estaba algo lastimado no sentí ganas de venirme, solo me quería ir, me limpié, también me duché y salí de la habitación. El chico me hizo un comentario para que yo le diera dinero, lo ignoré y le dije chao. Pues me había lastimado, yo mucho menos le iba a dar algo.

    De todas formas, una parte de mi lo gozó y lo disfrutó. Salí con ese sabor a sexo a semen, con mi cola hinchada y adormecida. Me comí unas pastillas de menta mentolada, fui al parqueadero por mi vehículo, llegué a casa, me lavé bien, me cambié de ropa y fui a buscar a mi esposa.

    La invité a comer, nos tomamos unas cervezas, regresamos a nuestra casa y en nuestra cama yo tenía la leche acumulada, hicimos el amor deliciosamente, le chupé su vagina peluda, podía sentir todos los sabores del sexo combinados, sabor a leche, a trasero, a flujos vaginales, estaba muy excitado. Se la metí a ella y descargué mi leche adentro de su vulva pensando en todo lo que pasó con el chico, fue un orgasmo muy fuerte y placentero, mi cuerpo cayó relajado y cansado a la cama, con el trasero abierto y adormecido.

    Hoy domingo me levanté con mi verga parada, con ganas de escribir y compartir este relato a todos los lectores. Y la enseñanza es mejor no andar haciéndolo con extraños, voy a tratar de contener mis ganas y no arriesgarme tanto, tengo un problema de sexo adición que debo superar.

  • Pornorelato (1)

    Pornorelato (1)

    Parecía una escena familiar de la privilegiada clase media de México: una casa de veraneo en Cuernavaca, cuatro personas recostadas tomando el sol en tumbonas junto a la alberca. Padres asoleándose junto a sus dos jóvenes hijas, podría pensarse, sin embargo, no era precisamente así. Manuel, el hombre que lucía un marcado cuerpo propio de un modelo de revistas, no era el padre de las jóvenes, era el novio de la madre de éstas, Ángela, una mujer con aire fatuo recostada a su lado. La mujer le llevaría por lo menos diez años al treintañero.

    Las chicas, Ana Paula, de 18 años, y su hermana mayor, Angie, eran hijas del antiguo esposo de Ángela, de quien se divorció hacía varios años. Las jóvenes poseían un carácter muy opuesto entre sí. La primera en nacer, Angie, al haber experimentado la separación de sus padres muy pequeña, pero ya consciente, le había afectado de tal manera que desarrolló un carácter serio, arisco; siendo más bien reservada, contenida emocionalmente. Ana Paula, en cambio, era muy libertina, aprovechaba cada oportunidad para obtener la satisfacción de cualquier capricho en la vida. Y así iba a ser ese día.

    Astuta como era, Ana Paula había urdido que su madre fuera de compras acompañada de María, la sirvienta. La joven se las había arreglado para quedarse sólo ella y su hermana en casa con Manuel.

    “Qué rico abdomen de lavadero tiene el nuevo novio de mamá, ¿no te parece?”, le comentó Ana a su hermana, mientras lo veía recargada en una columna. El mencionado aún tomaba el sol tumbado.

    Manuel era ciertamente un hombre atractivo. Vestido únicamente con su ajustado calzón de baño, ninguna mujer dejaría de darle por lo menos un vistazo; poseía poderosos brazos; duras piernas labradas por el ejercicio; pectorales macizos y un vientre masculino en six pack bien marcado.

    “Ay Ana, cállate, cómo puedes decir eso”, le respondió Angie, más avergonzada que su hermana, incapaz de ni siquiera dirigirle la mirada al novio de su madre tras lo dicho.

    “Es que se me hace agua nomás de verlo”, y la chica talló sus muslos entre sí, como si se estuviese aguantando las ganas de orinar, así evidenciando a dónde se refería que se humedecía.

    “¡Ana Paula, qué cosas dices!”, exclamó Angie y se alejó incómoda.

    La sonrisa maliciosa de Ana Paula evidenciaba, no obstante, que iría incluso más lejos.

    Angie fue a la cocina y tomó una bebida en lata del refrigerador.

    Cuando regresó al área de la alberca casi se le cayó la bebida al ver que su hermana Ana Paula le acariciaba el ya mencionado abdomen a Manuel.

    El hombre recibía tales cariños justificadamente ya que las manos de la joven le aplicaban crema protectora por toda la piel. Era evidente que la chica disfrutaba de acariciarle el viril cuerpo al novio de su madre con ese pretexto.

    Las manos parecían demasiado pequeñas para abarcar todo el cuerpo, no obstante, al ver que su hermana la estaba mirando, Ana le sonrió con la malicia totalmente expuesta en la cara.

    “Angie, ven. Ayúdame a ponerle el bloqueador solar, no lo puedo abarcar todo yo sola, y no queremos que a Manuel se le queme la piel, ¿verdad?”

    La hermana se pasmó ante la petición de su hermana.

    “¿Verdad que no te importa Manuel? ¿Que ambas te lo hagamos?”, le preguntó con malicioso doble sentido al atendido.

    “No, claro, para nada. Venga Angie, ayúdale a tu hermana”, dijo aquél.

    Angie se quedó inerte parada donde estaba. Pensó en irse sin más, huyendo así de la situación, pero no pudo hacerlo pues sus piernas no se movieron.

    Su hermana tuvo que ir a por ella y tomándola de la mano la encaminó hacia Manuel.

    Cuando estuvo hincada ante el tendido macho Angie se sintió incómoda, fuera de lugar, pese a ello su hermana la animó.

    “Vamos Angie, ten —y le puso en sus manos un poco de crema— pónsela en sus piernas, ahí no le he puesto”

    Pese a su incomodidad, Angie inició el trabajo. El cuerpo del hombre invitaba, sin palabras, a tocarlo. Fue así como la joven sintió esos muslos grandes y bien macizos. Experimentar aquello produjo una descarga de sensaciones en la contenida joven.

    El hombre, por su parte, se dejó agasajar.

    Cuando terminaron de ese lado Ana le pidió voltearse para atenderlo esta vez por detrás. Y así Ana Paula dio masaje a la enorme espalda mientras que Angie aplicó la crema a las pantorrillas.

    A punto de acabar, Angie pensó que, después de todo, eso no había sido tan obsceno. En realidad no habían hecho nada malo.

    “Oye Manuel, ¿no te parece que tus nalgas también hay que protegerlas?”, dijo de repente Ana Paula. Y sin esperar respuesta, así como estaba el hombre, boca abajo, le bajó el traje de baño descubriéndole sus perfectos glúteos.

    Angie no podía dar crédito. Con la mirada le cuestionó a su hermana su atrevimiento. Aquella, en respuesta, le sonrió perversa.

    Ana Paula puso un poco de crema en sus manos y tras frotar ambas la aplicó a tales glóbulos. Y no paró ahí, sabiendo el pensar y sentir de su hermana la tomó de las manos para que ella también acariciara aquellos dos volúmenes.

    Angie no podía contenerse en sí misma, aquello era demasiado. Estaba sonrojada como jitomate, aunque en su fuero interno lo disfrutaba.

    “Sabes Manuel, con papá mi hermana y yo nos gustaba jugar al caballito. ¿No crees que ahora que eres como nuestro nuevo papi podríamos jugar contigo?

    Al escuchar eso el macho sabía a dónde iban las intenciones de la pícara muchacha, pero sabiendo que Ángela tardaría en regresar no se hizo de rogar. Se giró situándose en posición supina y como diciendo “si esto es lo que quieres tómalo”, con sus propias manos tomó de la cintura a la hermana menor, ayudándola así a montarse sobre él.

    Ante los ojos de la estupefacta Angie, Ana se le montó al hombre. El calzón a medio bajar aún resguardaba, no obstante el sexo del varón. Esta tela junto con la de la tanga de la joven aún protegía del contacto genital entre el hombre fibroso y la delicada jovencita. Pese a ello Ana Paula inició movimientos de adelante a atrás como si en verdad estuviera cabalgando.

    Manuel gozó a la chicuela en toda su frescura de juventud. Para un hombre de su edad una chamaca montándolo así era un placer gustoso, de esos muy escasos pero por tanto especiales. Y gracias al carácter de la chica incluso se puso mejor.

    “Oye Manuel, como que me está raspando el traje de baño, ¿no te importa si lo retiro?”, Ana Paula decía esto y sin haber terminado de hablar, o esperar respuesta, ya le bajaba el calzón al hombre sobre el que estaba.

    Aquél, deseoso, movió sus piernas deslizando la prenda hasta retirársela completamente.

    Angie vio, sin poder creerlo, cómo su hermana se desvestía, ya que hasta el top se quitó. Así, ya desnuda, Ana Paula volvió a sentarse sobre el hombre; los sexos hicieron contacto ras con ras, longitudinalmente. El contraste entre recio hombre y tierna jovencilla era delicioso. Como si de verdad se tratara de un juego, Ana Paula continuó con su movimiento haciendo resbalar la hendidura de su sexo con el apéndice genital de aquél. Parecían los labios de una tierna boca recorriendo a lo largo un caramelo.

    La de por sí gruesa verga se fue tonificando, hinchando y endureciendo, nada más sentir los finos labios sexuales de la jovencísima hembra que tenía encima. Angie tenía muy abiertos los ojos pues nunca antes había visto un miembro masculino. A diferencia de su hermana, Angie era virgen, mientras que Ana Paula ya había fornicado en varias ocasiones.

    “¡Qué divertido!”, decía Ana mientras embarraba su sexo con el de aquél resbalándolo fácilmente gracias al lubricante natural que su abertura expelía.

    “¿Te gusta?”, le preguntó el semental que tenía debajo.

    “Sí”, respondió sincera y entusiasmada. Parecía verdaderamente una chiquilla encantada por el juego que ejecutaba.

    La suave panocha de la joven parecía ceñirse al pene que tenía debajo, abriéndosele por sí misma como deseosa de ser penetrada. Se ensalivaba cual hambrienta boca apeteciendo un manjar anhelado.

    El hombre llevó ambas manos a los tiernos pechos de la hija de su novia, y los comprimió mientras Ana Paula reía traviesa. Mientras esto sucedía, Angie se había quedado ahí arrodillada inmóvil, atónita ante el espectáculo que atestiguaba. Manuel, compadeciéndose de ella, llevó una de sus manos a uno de sus senos.

    La chica se asustó de que aquel hombre le palpara ahí, sin embargo, como el toque fue gentil y sin brusquedad excesiva lo toleró; y habría que decir, el hombre le parecía realmente atractivo. Luego Manuel le acarició cariñosamente la mejilla a Angie. Posteriormente, tomándola del cuello, hizo que ésta se le inclinara para que él la besara tiernamente. Angie aceptó ese afecto tímidamente, disfrutándolo incluso.

    Cuando los labios se despegaron Angie vio a Ana Paula. Ambas hermanas se sonrieron por fin cómplices en aquella travesura.

    Mientras Ana Paula continuaba con su juego de “montar al macho”, la verga ya bien robusta aún reposaba en el abdomen de él, aunque cabeceaba. Se levantaba cada que se libraba del peso de ella al irse para atrás. Como evidenciando su aspiración por hacer lo que su natura imperaba, aquella erecta carne se fue irguiendo sin necesidad de ayuda. Fue así que, luego de unos movimientos más:

    Sin asistencia manual, la cabezona de aquel fuste de carne, apuntando instintivamente hacía su natural objetivo, se irguió y se le metió por sí misma a la chiquilla casi veinte años menor. Por la diferencia de complexiones el placer para ambos fue grande. Para la chica de dieciocho años aquel tamaño era tremendo, se mordió el labio inferior, y gimió expeliendo el placer nunca antes sentido; para el hombre la estrechez fue deliciosa, como un tierno abrazo que además se sentía muy caliente.

    La alertada expresión en el rostro de Angie reflejó su estupor y espanto al atestiguar aquella unión de sexos. No podía asimilar que el novio de su madre se uniera en tal cópula con su propia hermana. La cara de la joven parecía la de una niña que ha atestiguado cómo su hermana ha roto algo valioso en una juguetona travesura.

    Hombre viril y tierna hembra se habían unido y copulaban bellamente. Las recias manos tomaban las delicadas mejillas brindándole sostén a la fémina, quien se entregaba con juvenil energía a su montada.

    “Ay hijita… qué bien montas, y qué apretada estás”, decía aquél aún metido en el juego. Ana Paula le sonreía gozosa.

    A un lado su hermana veía pasmada la escena nunca antes vista. Boquiabierta, Angie parecía niña inocente ante algo que no lograba entender. El hombre, no obstante, quiso integrarla y la acarició. El cuerpo de la joven reaccionó instintivamente y se dejó amar. Volvió a aceptar el beso del novio de su madre, aun cuando éste no dejaba de penetrar sexualmente a su hermana.

    Aquellos tres estaban haciéndose el amor, y tal afecto se hizo patente cuando Ana Paula, lejos del egoísmo, le cedió su lugar a su hermana en una muestra de generosidad.

    “Ahora le toca a Angie”, le decía a Manuel mientras se desmontaba de él.

    “¡No, cómo crees!”, dijo Angie llena de espanto, sin poder dejar de verle el báculo de carne al hombre. Tal miembro aún se meneaba tras el desacople de la hembra que lo había resguardado.

    Sin embargo, Angie fue asistida y conminada por los otros dos compañeros de travesura, quienes terminaron por colocarla a horcajadas sobre el macho.

    Esta vez el hombre sí tuvo que usar sus manos ya que la chica no se lo puso fácil, Angie amenazaba con desmontarse antes de consumar la unión. Además, Manuel tuvo que desnudarla ya que ella aún traía el traje de baño.

    “No, esto está mal”, decía Angie, trastornada por el temor a ser penetrada por primera vez.

    Pese a la agitación de la muchacha, Manuel guio su verga hasta que ésta entró en ella, Angie chilló. El invasor le dio tiempo antes de comenzar con el mete y saque. El desvirgador la abrazó con sus fuertes brazos recostándola sobre sí, paciente a que ella se acostumbrara a su intromisión, mientras la besaba con ternura.

    Pese a que el ardor aún estaba presente, fue el propio cuerpo de Angie el que comenzó con los movimientos de ayuntamiento. La pelvis comenzó a ir y venir de atrás a adelante en una cabalgata natural, ligera y constante. Así aquella joven hembra montó al macho de su madre, sin pensar tanto en ello pecaminosamente como sí disfrutándolo. Ana Paula animaba a su hermana alentando una mayor celeridad en sus movimientos meneándola de la cadera.

    “Eso, así, hazlo más rápido Angie”, le decía Ana Paula con una imborrable sonrisa en su rostro.

    La hermana mayor copulaba acicateada no sólo por su hermana, sino que más aun por su necesidad de apareamiento recién liberada; luego de haberla reprimido por años estaba necesitada de eso, de felicidad; y los vehementes movimientos de su pelvis lo demostraban.

    Como aquella trabazón ya se movía por impulso propio Ana Paula se alejó de la cópula, dejándolos hacer y sintiéndose sedienta, según les dijo, fue a por algo de beber. De esta manera no se supo si fue por malicia o si fue sólo suerte pero cuando Ángela, su madre, regresó junto con la sirvienta, halló a Angie fornicando con Manuel.

    Ana Paula salió indemne de tal situación, mientras que Angie tuvo que dar explicación de su acción al haber sido descubierta en plena unión sexual con el entonces novio de su madre.

  • Siendo más femenina para papi

    Siendo más femenina para papi

    Hola a todos y todas, soy Kate, tengo 19 años y soy de género fluido, físicamente tengo el pecho plano, cintura algo femenina, caderas con curvas, un culo de buen tamaño y piernas sexys, mantengo la figura para verme de ambas formas.

    Mi «papi» es el padre de mi mejor amigo de toda la vida, se llama Paul tiene 40 años, es bisexual y es muy bueno tanto físicamente como persona. Vivo solo con mi madre así que a él lo considero un padre.

    Llevo siendo género fluido por 6 meses y todos han sido muy buenos en especial Paul que pasamos todo un día comprando ropa de chica tanto normal como interior, fue muy lindo y desde ahí empecé a usar también ropa de chica.

    De ambas formas era lindo conmigo y como sabía que es bisexual pensé en como agradecerle todo y un día que estaba como mujer sentí como al abrazarme pasó una mano en mis nalgas, así que ya sabía que hacer.

    Un día que no estaba mi amigo en su casa lo fui a ver, Paul se sorprendió cuando le dije que lo iba a ver a él y no a mi amigo, aun así acepto verme, vimos una peli y hablamos, llevaba un vestido, zapatos normales y un bolso, todo iba bien mientras me trataba como su hija.

    Íbamos a ver otra peli y él se levantó por botanas y yo igual, me fui a su cuarto y cambié de ropa, estaba muy nerviosa y ya que tomé valor lo llamé, esperé unos segundos y mientras pensaba que podía pasar vi la puerta abrirse y el entrar.

    Empezó su vista desde abajo con mis tacones algo altos, medias con encaje bragas cortas y un baby doll semi transparente y todo de color rojo además de mi maquillaje, me veía sorprendido y yo estaba sonrojada y dijo.

    El: Wow Kate te ves hermosa… Aunque no recuerdo comprarte esto.

    Yo: no, no compraste esto, yo lo hice para ti… Papi. Te gusta?

    El: Wow… Si si me gusta

    El aún me veía sorprendido y yo me acerqué a él tomando una de sus manos para llevarla a mi cintura, empecé a besarlo del cuello, metí una mano a su pantalón y sentía como crecía su erección, empezó a mover sus manos y a jugar con mis nalgas.

    Ya que estaba duro me puse de cuclillas y abrí su pantalón sacando su larga verga que seguía palpitando, la metí a mi boca y noté que creció un poco más e igual se puso mas dura.

    Seguía moviendo mis labios y lengua, lo voltee a ver y él aún me veía sorprendido y excitado, su verga era muy larga para mí así que lo que no podía tragar le pasaba mi lengua y masturbaba el resto. Mientras seguía mi oral él me detuvo y levantó.

    Paul: Kate eres como mi hija o hijo y no puedo dejar de verte así, aunque en verdad quiera hacer esto no sé si sea bueno.

    Yo: si es bueno papi, así también puedes demostrarme tu amor, vamos papi… Ten sexo con tu hija.

    Cuando dije eso algo se encendió en él y me empezó a besar con fuerza, aún con los ojos cerrados logré quitarle la ropa y el hizo lo mismo pero cuando toco mis bragas lo detuve y le pregunté por lubricante, él dijo que en un cajón y lo fui a buscar.

    Mientras buscaba el lubricante Paul se sentó en la cama masturbando su verga mientras me veía, lo encontré y regresé con el dándole la espalda y empinando mi culo y le dije «ya me puedes quitar las bragas» mientras le entregaba el lubricante.

    Las bajo y al abrir mis nalgas se encontró con un sexy plug anal y mi verga, empezó a masturbar mi verga y a jugar con el plug metiéndolo y sacándolo hasta que no lo sentí más y pocos segundos después una carga de placer me lleno, lo voltee a ver y me estaba comiendo el culo.

    Su lengua era muy buena y más que metió dos dedos en mi culo para abrirlo más, se sentía muy bien y ya empezaba a gemir además que sentía como él también lo disfrutaba, hasta que se detuvo de golpe, lo voltee a ver y dijo:

    El: ya estás lista amor.

    Yo: ok papi, como quieres hacerlo?

    El: jeje ya se justo como quiero nena.

    Tomo mi cintura y la bajo despacio hasta que sentí su verga empujar en mi entrada dilatada que se abría más por él, ya había montado mi dildo varias veces y sabia como hacerlo aunque está vez era diferente.

    No solamente era montarlo si no que el como me tocaba y me hacía sentir me ponía algo nerviosa además de su verga grande y carnosa en mi culo suave y apretado, con cada centímetro me hacía gemir más y ponerme más dura.

    Estaba tan concentrada en mis pensamientos y excitación que solo percaté lo que estaba pasando hasta que sentí toda su verga dentro de mi y como él se movía suavemente en mi culo mientras yo hacía lo mismo con saltitos.

    Su verga palpitaba mucho así que le di un beso para calmarlo y funcionó, me empecé a mover más fuerte y de no ser por los tacones no habría alcanzado el suelo, el acariciaba mis pies y verga mientras yo saltaba en la suya.

    Cada que me emocionaba y lo hacía muy rápido él tomaba mis caderas y me daba una dura embestida que dejaba unos segundos hasta que lo hiciera un poco más lento, he de admitir que lo hacía más rápido a propósito para recibir esa embestida.

    Él estaba masturbando mi verga mientras yo lo seguía montando pero se me cansaban las piernas y me dijo.

    El: estás bien amor?

    Yo: si si solo que me canso un poco.

    El: está bien déjame moverme.

    Mientras respiraba el metió sus manos bajo mis muslos y de un tirón levanto mis piernas abiertas mientras se comenzaba a mover duro, apoye mi cuerpo en el suyo y mis gemidos iban directo a su oído.

    Aunque no tocaba mi verga seguía dura por como el me follaba, estuvo así unos minutos y luego la saco y me sentó en el mientras ambos tomábamos un respiro.

    El: te gusto eso amor?

    Yo: si papi, eres muy fuerte.

    El: quieres hacerlo otra vez?

    Yo: si tú lo quieres.

    Me puse de pie y el hizo lo mismo para besarme, durante el beso levanté una pierna y el tomo la otra hasta levantarme de nuevo y ponerme entre él y la pared, tomo su verga y me volvió a penetrar fue hasta ese momento que me separé del beso para gemir.

    Yo solo podía gemir y tocarlo lo mayor posible mientras el me penetraba y masturbaba igual que me daba besos y caricias por todo el cuerpo, me hacía sentir muy sumisa ante él y eso me gustaba.

    Ambos lo estábamos disfrutando tanto que él se acercó a mi y me dijo al oído «Kate eres hermosa y voy a acabar dentro de ti» me hizo sonrojar bastante y sus embestidas se volvieron más fuertes y rápidas convirtiendo mi gemidos en gritos de placer.

    Estaba tan excitada que solo pude sentir la punta de mi verga calentarse y ver chorros de semen salir, cayendo sobre de mi o al suelo, poco después de mi orgasmo Paul me abrazo con fuerza y separó de la pared.

    Se detuvo con su verga palpitante y mientras jadeaba me volvió a besar, durante el beso pude sentir como salía el semen de su verga y gemía en su boca, después del beso se tiró en la cama conmigo encima y me recosté en el para acariciarlo.

    Yo: estás satisfecho papi?

    El: si amor, necesitaba esto, gracias.

    Yo: cuando quieras papi estoy para ti.

    Me abrazo y puso la sábana encima, saque su verga y salió un chorro de semen, él la tomo y volvió a meter porque le gustaba más así, no dije nada más y lo acompañe hasta que ambos nos quedamos dormidos.

    Desde entonces llevo una gran relación con el tanto siendo chico como chica y tenemos mucho sexo, mi amigo ha sospechado que su padre sale con alguien y lo he convencido de relajarse y no pensar en eso.

    Me gustaría saber que piensan y si quisieran saber más de papi y yo, gracias por leer, los leo luego.

  • Follando con mi familia (5)

    Follando con mi familia (5)

    Como se acordarán yo empecé todo esto con mi tía Frida, ella después de lo que pasó en la playa hizo como si nada, pero todo cambió.

    Como también saben yo fallaba con mis tías y madrastra, pero bueno, era un sábado y yo había ido con mi tía María, ella a mediodía que se dormían los niños me subió a su cuarto, puso algo de música y se sentó en mi pene y me besó, cuando ya se me paró me bajó el pantalón, me la chupó y de ahí unos sentones que hacían que pudiera verle el culo grande botarle, ya desnudos se ponía en 4, le abría las nalgas y se la metía por el culo, para de ahí a su rica concha, sentía cómo se humedecía más y gritaba como mi perra en celo, pero después de eso, le pasé mi pene en medio de sus chichis y me vine en su cara.

    De ahí yo me cambiaba y ella iba al baño, agarraba su calzón y lo olía a sus líquidos, entonces un viernes me escribe que si podía ayudarla urgentemente y era el viernes de Fany y ella me dijo que fuera porque es raro que pida favores, pero que a cambio haríamos un 69, yo fui y todo fue muy raro al inicio.

    Frida estaba con una blusa amarilla y se podían ver sus pezones, usaba un short corto y podía verse un poco su calzón, me dijo que tuvo un problema con un mueble de su cuarto, que su esposo no estaba y pues pensó en mí porque vivo cerca, (yo no sé ni madres de carpintería) le dije que veía pero que no sabía y al entrar al cuarto me dijo que me vio con María, que primero escucho algo y abrió un poco la puerta y nos vio y que solo se tocó y pues me dijo que si no quería que dijera lo que hice debía comprarle su silencio.

    Yo le pregunté qué quería y me dijo.

    -Quiero que me folles 5 veces y te vengas en mi vuelo, quiero un embarazo y solo tú estás en condiciones.

    Yo tenía nervio y me dijo que no diría nada y acepté, entonces yo estaba listo y me dijo que no, que solo sería cuando ella lo pidiera, pero me dijo que esperara, que se iba a lavar los dientes, cuando salió del baño solo usaba una tanga morada y me pregunto si me gustaba y le dije que sí, entonces fue a mí y me saco el pantalón, puso mi pene por sus nalgas y se acostó, abrió sus piernas y se masturbo y dijo que ya estaba lista, se la metí, yo ya sabía cómo hacerlo, ella solo estaba quieta pero ella me pidió estar encima y se movía muy rico y se la chupe, estaba depilada y estaba rico, entonces se la meto de nuevo pero ella siempre ha sido uno de mis crash entonces no aguante y me vine en ella, al acabar ella me quito y dijo que me avisaría cuando quisiera de nuevo.

    No les contaré nada de la segunda vez, debido a que no fue nada relevante, pero en la tercera vez es mi segundo trío y fue con alguien externo a mi familia, pero será importante para el futuro.

    Verán hay una amiga de mi madrastra y de Frida que se llama Andy, ella es madre de alguien de mi edad, pero ella es mi segundo crash de toda la vida, su nariz es perfecta, sonrisa hermosa, pocas chichis pero perfectas y un culo que es enorme, redondo y perfecto; ella tiene unas piernas gigantes, ella está casada con Carlos y se nota que él es poco para ella pero debe tener sus dotes para haberla conquistado.

    Esto que diré esta fuera de lugar pero creo que sirve para entender contexto. Una vez en su casa pase al baño y tiene dos puertas, yo cerré una y me quite el pantalón, ella abrió la otra que no cerré en toalla pues se iba a bañar y del miedo solo le vi un poco de reojo pero ella solo sonrió y cerró la puerta.

    Entonces un día me escribe Frida y me dice que fuera a su casa, que era para otra cosa, cuando voy estaba Andy, la saludé y tenía una blusa con un poco transparente y a su vez escote, le podía ver su bra y no solo eso, me las quería comer.

    Frida me dice que le arregle algo de la compu de Andy y mientras lo hacía escucho que Andy le dice que tiene problemas con Carlos pues que con el estrés que ha tenido ella no ha tenido relaciones y pues sentía que cometió un error con él, entonces Frida me voltea a ver y le dice que ella folla con otra persona para sentirse mejor y que podía presentárselo si ella quería, Andu me hizo apenada y dijo que si me podía retirar, Frida le dijo que no, que yo le daba pene y que si ella quería podía, Andy solo dice que si yo quiero ella dispuesta y digo que sí.

    Entonces dejo las cosas y me acerco a ella y Frida dice, vayan a mi cama, yo estaré por acá, cuando vamos ella me besa tan sexy y me dice que siempre tuvo fantasías conmigo, porque sabía como la miraba y le daba morbo que fuera de la edad de su hijo.

    Nos besamos y le quite la blusa, ella me quito el pantalón, le quito el resto de ropa y veo que solo usa tanga y un brasier que le hace juego, dice que siempre usa así, entonces ya, le pasó mis dedos y estaba mojada, se la meto y ella dice que eso necesitaba, apenas se la meto de nuevo y Frida entra al cuarto desnuda, dice que no solo soy de Andy sino también de ella, entonces Andy dice que no es lesbiana, Frida le dice que mientras ambas tenga sexo no pasará nada, ellas me acostaron y Andy se sentó en mi cara y que rico coño, le sabía a pipí y tenía pelos pero estaba delicioso y Frida me daba sentones y Andy grita que quería experimentar con Frida y se besaron, se acariciaban sus tetas y en eso les daba pene a una y luego a la otra, así hasta que me quería venir y se pelearon por cual pussy y pues intenté darle a las dos.

  • Encuentro en una fiesta

    Encuentro en una fiesta

    Un plato de frutillas en su mano. 

    Una en su boca y antes de morder la jugosa carne, su lengua, la punta de su lengua acaricia la roja piel erizando los casi invisibles hilos de su superficie.

    “Como mis vellos públicos”

    “Muy fuerte esto”

    Me digo y busco los cigarrillos en mi cartera.

    No logro encender.

    Mi mirada en él, mi mano que no encuentra el cigarrillo.

    Él que ya está a metro y medio de mí, sujeta mi mano.

    Enciendo.

    -“Manuel”

    “Sara”

    No dice nada, solo sonríe y… esas frutillas.

    Que convida.

    Imito su forma de comer.

    “¡Manuel! De esta no te vas a escapar” dice la anfitriona.

    Elegante dama de sesenta o más años.

    Y a mí “prestámelo un rato, es reacio este bicho escurridizo, no quiere ser el centro, ni cuando lo es. Te lo devuelvo en un rato”

    La fiesta es un éxito.

    Más de 400 invitados comparten tragos, risas, charlas, atracciones, aversiones, enredos. Hablarán bien – y mal.

    De los demás.

    Desde la barra, vaso de vino blanco helado, una dama que mira hacia nosotros.

    Disimula, pero su afán la descubre.

    De espaldas ahora, se inclina hacia adelante para pedir otra copa y su pollera, corta ya, se levanta más descubriendo hermosos muslos.

    Y no menor hermosa cola.

    “Está provocando” pensé.

    Y un sentimiento nuevo para mí: “¿a quién, a Manuel o a mí, o a los dos?”

    No deseché la idea.

    Es más.

    Me encantó.

    Ella sabe que la vi, y siguió.

    Mientras Manuel nada percibe.

    -“Es tarde, tengo que irme”

    “También yo” digo.

    Manuel, su suave mano en mi espalda.

    -“Vamos”

    El taxi.

    A la derecha Manuel, a la izquierda yo.

    ¿A la izquierda?

    Naaa.

    En el medio.

    Fantaseo con el interior de sus muslos, su bragueta que se abre.

    Mi boca que desde esos muslos sube a su miembro, su cabeza reclinada hacia atrás, sus fuertes manos asiendo con rudeza mi cabeza.

    Sueño con esto.

    Mientras Manuel pregunta.

    “¿Dónde vives?”

    Y al chofer “me deja a mí primero y a la señorita después”

    “¿Después?”

    ¿No juntos?

    Memorizo la dirección.

    ¡No lo puedo creer!

    Desciende, paga al chofer y besa mi mejilla.

    “¡Esto no va a quedar así!”

    Al minuto.

    Mi dedo en el timbre

    -“¿Qué haces acá?”

    “¿Te parece podría dormir con todo lo que fantaseé en el taxi iba a hacer con vos?”

    Sofá

    Manuel ¿“que fantaseaste?”

    Y por varón o por intuición se sentó como los varones, de piernas abiertas.

    “Esto fantaseé”

    Y acaricio del muslo su parte interior, mi lengua en su boca, mi mano en la bragueta.

    Que abro.

    Y devoro.

    Y tal como fantasía del taxi, mi boca en su sexo, sus manos en mi cabeza.

    Subo, bajo.

    Las manos de Manuel acompañan el movimiento.

    Su cabeza, tal como en mi imaginación, tumbada hacia atrás.

    Interrumpe.

    Con un beso profundo en mi boca, dos dedos diligentes en mi vulva, su pulgar en mi clítoris.

    Me siento.

    De frente.

    Lo cabalgo.

    Nos besamos.

    Inclinada sobre su boca.

    Erguida y tomándome de los pechos.

    Con manos, con boca.

    Que muerde.

    Que duele.

    Que excita.

    Más.

    De espaldas y ciñéndome de la cintura.

    Fuerte.

    Que duele.

    Que excita.

    Más.

    Acabamos.

    Acabados.

    Miguel “algo para beber”

    La noche transcurre.

    Miguel “disculpa la descortesía pero tengo que preparar un trabajo para mañana y necesito descansar, te pido un taxi”

    “Descansamos acá” intento.

    Las risas se transforman en carcajadas.

    “En 5 minutos, el taxi acá”

    Despierto extenuada, muy feliz.

    La cita es pasado mañana, cena.

    “Nos encontramos en el subte y desde allí caminamos al restorán”, me dice.

    Impaciente llego antes.

    Mirando vidrieras en el boulevard.

    Descubro que delante de mí, vestida como “tenista”, pollera corta casi minifalda, zapatillas deportivas y blusa ajustada, nuestra dama.

    La de ayer.

    Canina como si el mundo no existiera.

    Y quienes la cruzan como si otra cosa no existiera.

    ¿Cuarentona, cincuentona?

    No lo sé.

    Atractiva, seductora, sí lo sé.

    Quiero seguir sus pasos.

    No puedo.

    Tengo que volver.

    A la estación de Metro.

    Manuel ya allí.

    Manos en los bolsillos, un pie en la pared, cigarrillo en la boca.

    Nuestras cervezas servidas.

    La mística cuarenta-cincuentona fortísima entra.

    Se sienta.

    Pide una cerveza.

    Manuel de espaldas a ella.

    Que bebe su cerveza y con su lengua quita la espuma de sus labios.

    Para luego mirar hacia nosotros.

    ¿La espalda de Manuel o a mí?

    Y luego, a través de su vacío vaso de cerveza.

    Quito la espuma de mis labios como ella momentos antes.

    Con mi lengua.

    Apenas perceptible sonrisa de ella.

    ¿Cómo aprobación?

    Esto me está gustando.

    Esto promete.

    Pero “¿qué?”

    ¿Manuel, la misteriosa y yo?

    ¿Ella y yo?

    La fantasía fluye.

    Lo oculto, lo no vivido.

    Pero alguna vez soñado.

    Mi calor enciende mis mejillas.

    Manuel lo presiente.

    “la primavera y sus alergias” respondo.

    Un señor lee el periódico.

    Que lo baja a cada instante.

    Para mirar la misteriosa mujer de blanco.

    Que no cabe dudas lo atrae.

    Ella que se levanta.

    Al baño.

    Señor que la sigue.

    “Si tuviera el coraje de seguirlos” me digo.

    “Seguro que la dama entra, el caballero detrás de ella. Seguro que quiere que Ella, lo pajee o más. Seguro que pone mano en su boca para silenciarla, cierra la puerta con tranca, seguro que ahora la silencia con su lengua dentro de boca de Ella mientras baja la bombacha, seguro la inmoviliza junto a la pared, seguro que toma la rodilla de Ella y la levanta pone su miembro dentro de Ella, que Ella no quiere pero no puede evitar que su vulva se vuelva almíbar. Que ella lamenta, se autocompadece y al final cede. Todo goce. Quiere no querer, pero no puede dejar de querer. El caballero la ensarta y Ella goza y no quiere. Y acaba. Ella antes que Él. Y no quiere. No quiere pedir más. El caballero, parece leer la mente de Ella simula aún más su deseo como imposición. La da vuelta. De espaldas. Las manos de Ella contra el lavamanos. Las piernas abiertas. Él que escupe su miembro. Que pone a punta. Ella que se queja. Que quiere liberarse. Un instante. Él que pone dos dedos en boca de Ella. Que no quiere pero chupa. Su vulva y su boca océanos. Y él que escupe de nuevo. Y la entierra. Y Ella que nunca así, nunca de esta forma, nunca tan bestial, nunca sin deslizante. Y ella que recula, y quiere más mientras Él en sus últimos violentos golpes de cadera una cascada de semen en la cola de ella, que ella aprieta para no dejar salir gota alguna y Él se deja caer sobre la espalda de Ella. Ella, nunca así. Nunca tan salvaje. Nunca tan lindo, piensa entre jadeos”

    Todo esto en mi mente.

    Mientras la conversación con Manuel fluye

    En una segunda cerveza.

    El caballero reaparece.

    Paga y se va.

    La dama después.

    Paga y se va.

    “Voy al baño Manuel”

    Y no me pude contener.

    Me pajeo muy fuerte.

    Pagamos y nos vamos.

    Al restorán.

    La cena deliciosa.

    Manuel tiene mundo.

    Me enseña a comer con palillos.

    Los suyos en mi boca crustáceos.

    ¿Me mojé de nuevo o continúo empapada por la paja?

    Por debajo de la mesa, con punta de mi pie, ahora descalzo, busco su bulto.

    Lo que “viví” en mi imaginación fue terrible. Y excitante.

    Sexos compartidos igualitarios, me gusta, tanto como ser dominada y dominante .

    Y ahora esa curiosidad: atraída por una mujer.

    ¿Lo estaba?

    ¿O atraída por la idea a esa mujer le gustara Manuel?

    ¿O atraída por compartir esa atracción?

    Mucho da vueltas en mi cabeza.

    No pasaron dos días desde la fiesta.

    ¡Y todo esto!

    Manuel sonríe.

    -”Zorra, ustedes pueden tener orgasmos, poner cara de póker si lo desean o gritar como pasajeros en un naufragio, pueden además muchos, a nosotros nos cuesta la cuesta. Arriba después de uno. Picante la salsa?”

    La cena transcurre.

    Augura la noche que se avecina.

    En mi mente Manuel.

    ¿Y la extraña dama de la fiesta y el bar?

    ¿Interesada en Manuel, en mí?

    Que yo en ella no caben dudas.

    Pero ¿en qué sentido, una punta del triángulo, más que punta en el centro o encuentro a dúo?

    Ninguna de las tres opciones dejaban de fascinarme.

    Ya en casa de Manuel.

    Suave mano sobre mi espalda que me la recorre la columna, que me eriza.

    Soy toda agua. Mi boca, mi vulva.

    Sus besos que me beben.

    De rodillas como quién pide a su amada que lo acepte como esposo, Manuel.

    Manos arriba recorren mi espalda.

    Me electrifica.

    Su lengua baila alrededor de mi ombligo.

    Y baja.

    “Mi bebé” digo.

    Y agrego “mi bebé te quiero todo vos dentro de mí”.

    Sus manos diligentes con afán en mi columna vertebral.

    Sus yemas me producen “urticaria, picazón, estremecimiento, placer” y como los diminutos vellos de la frutilla, los míos se elevan.

    La lengua de Manuel ya en mi clítoris.

    Mis manos en sus cabellos.

    Su cabeza que la atraigo a mí.

    “Más” pido.

    Tomo una mano de Manuel y llevo su dedo mayor a la búsqueda de ese punto, del tamaño de una lenteja.

    Lo encontramos.

    Su pulgar ahora en mi clítoris.

    Su mayor en mi punto.

    Nos acostamos.

    Manuel es un reloj de péndulo.

    Exacto.

    Metódico, meticuloso en sus movimientos.

    Exploto.

    Océanos de saliva y flujo.

    Se funden en mi vulva, en mi boca, en la boca de Manuel.

    Y Manuel ahora que separa mis piernas.

    Mis muslos, bufanda en su cuello.

    Y sigue y sigue.

    Jadeo de satisfacción pero también de agotamiento.

    Me cuesta respirar.

    Mi abdomen es como gelatina de flan. Ondulante.

    Primero.

    Espasmódicos, epilépticos movimientos después.

    Acabo.

    Suspiro.

    Sonrío.

    Manuel se levanta a servir una copa.

    -“no te levantes, te quiero mirar”, me dice.

    “Toda vos, esa pícara sonrisa anuncia el deseo, esa entrega fiera, feroz, cuando cogés, esa plenitud de tu sonrisa al final”

    Bebemos.

    Lo que cuenta Manuel, nunca antes relatado por nadie para mí.

    ¿Será así?

    -“ Vamos a coger mucho” me dice.

    Y comenta “ahí apareció tu sonrisa de pilla”

    Y no puedo otra cosa que reconocer.

    Me besa con su boca llena de vodka.

    Me caliento de nuevo.

    Sus manos ahora en mis pechos.

    Su boca en la mía.

    Que ahora baja.

    Y ya no sé donde estoy.

    Y todo es “collage” de nuevas y viejas emociones.

    Y de ese collage surge la dama de la fiesta y bar.

    Y le cuento las encontradas sensaciones me produce esa dama.

    Curiosidad desde el principio, luego fantasías.

    La fantasía del baño con el caballero que lee el periódico, lo sensual de su boca lamiendo la espuma de la cerveza en su labio superior, mis fantasías de trío con ella, o solo de verte a vos con ella o lo excitante me vieras con ella, o entre los dos cogiéndonos a ella.

    Manuel se excita aún más.

    Me pajea con mayor en mi punto, pulgar en mi clítoris y me chupa los pezones.

    Estoy de nuevo por acabar.

    Manuel lo presiente.

    -“Subite cabalgame” me dice.

    “No puedo Manuel, estoy hecha un charco. Haceme la cola, por favor”

    Y como la escena imaginada, ahora deseada del señor en el baño del bar, me pongo con las piernas abiertas, las manos en el colchón, la cabeza reclinada hacia abajo.

    Y Manuel y yo, sin nombrarlo lo hicimos exactamente así.

    Como mi imaginación en el bar.

    Así.

    A morir.

    Con alma y vida.

  • Isabel, te follaba una y otra vez (2/9)

    Isabel, te follaba una y otra vez (2/9)

    Isabel tenía frente a sus ojos un pantalón vaquero que dejaba ver un objeto cilíndrico tras la tela, ella estaba a escasos centímetros, podía oler la tela vaquera, impregnada de cuantos aromas había estado expuesta, el último fue el vestido de ella, la parte de su culo. Adelantó la mano derecha y la llevó a la arruga del pantalón que delataba la presencia de algo bajo él y palpó esa forma alargada; una sonrisa se le dibujó en la cara y en la mirada, los ojos brillantes y bien abiertos, la boca entreabierta. Palpaba la longitud, el grosor, la base, la punta, todo junto. Parecía que fuese ciega y que quisiera conocer qué tenía delante de ella. Carlos llevó una de sus manos a la cabeza de ella y la dejó sobre su pelo, ejerciendo presión simplemente por el propio peso de la mano, Isabel alzó la mirada y la cruzó con él, acto seguido se levantó y avanzó hacia dentro de la habitación.

    La habitación no era una habitación, sino una suite, y no era pequeña precisamente. Tenía un gran ventanal con unas vistas magníficas a la ciudad, que dejaba ver también una terraza amplia con sillas y una mesa de aspecto cómodos; la suite tenía un mobiliario a la altura de lo esperable, mullido y caro, contaba con dos butacones y un sofá amplio, todo rodeando una mesita de cristal. Tenía también una mesa de madera con sillas rodeándola a modo de comedor. El dormitorio se encontraba tras unas puertas correderas, la cama era amplia, muy amplia y tenía sobre sus almohadas las chocolatinas que los hoteles suelen dejar sobre las almohadas.

    Isabel condujo a Carlos hacia la cama, donde le empezó a quitar la camisa que ya llevaba abierta desde que salieron del ascensor. Ya descamisado se situó delante de él, la puso las manos en el pecho y empujó.

    -Túmbate -le ordenó.

    Más vale que tanta obediencia tenga su recompensa -pensó Carlos.

    Carlos cayó sobre la cama quedando sentado sobre ella, con Isabel frente a él, mirándole desde arriba. Echó los brazos hacia atrás quedando apoyado sobre ellos y esperó a que ella hiciese el siguiente movimiento, seguiría jugando a su juego un rato más. Isabel le dio la espalda una vez más, tentando a Carlos de agarrar ese culo una vez más, o de azotarlo, o de morderlo sobre la tela, lo que fuese.

    -Desabróchame el vestido.

    Esa era sin duda una orden que con gusto cumpliría él. Se echó hacia delante, alargó ambos brazos y bajó la cremallera con lentitud, dejando que el dedo índice recorriese la piel de su espalda según descendía la cremallera, arrancando escalofríos a ella. La cremallera bajó al máximo e Isabel se apartó de él y le dio la cara para comenzar a salir del vestido como si fuese una serpiente y el vestido fuese la piel de la que se estaba deshaciendo. El vestido fue resbalando por su suave piel hasta caer a sus pies. Se llevó las manos a la espalda y palpó buscando algo, el broche del sujetador, al no encontrarlo miró hacia abajo en busca de la prenda y la vio a sus pies en el suelo en lugar de en su pecho. Miró con cara de no entender nada, hacia el suelo primero y a Carlos después que la esperaba con una sonrisa.

    -Te lo desabroché en el hall.

    -Qué habilidad, ni me he dado cuenta.

    Carlos avanzó hacia ella con intención de enterrar la cara entre sus tetas. Eran como pensaba que serían, ni grandes ni pequeñas, del tamaño justo para que cupiesen en sus manos y coronadas con dos pezones muy bonitos y oscurecidos. Solo les faltaba una cosa para ser perfectos, y esa cosa era ser probados por Carlos, lamidas, manoseadas, mordidas, besadas. Isabel retuvo la cabeza de Carlos y lo empujó hacia la cama una vez más. Vestida sólo con las bragas, no, era un tanga, vaya con la esposa y mujer de negocios. Vestida sólo con el tanga fue arrodillándose ante él y comenzó a desabrocharle el cinturón y luego la bragueta. A cada intento por parte de él de ayudarla a desabrocharse, ella le lanzaba una mirada que decía que se quedase quieto, y así lo hacía él. Se peleó con los pantalones para bajarlos apenas una cuarta, ni se molestó en quitarle los zapatos, Carlos se los quitó como pudo ayudándose de ambos pies.

    Al fin quedó Isabel frente a frente con los boxers de él. Había una forma muy obvia tras esa tela y en la punta había una mancha de humedad. La forma tras la tela parecía latir al ritmo del pulso de Carlos. Isabel estiró una mano y comenzó a palpar ese objeto por encima de la tela. Lo recorrió de arriba abajo comprobando bien su grosor y longitud. Los ojos de ella, más brillantes que nunca esa noche, miraban hipnotizados a lo que tenían en frente de ellos. Finalmente agarró el elástico de los boxers y tiró de ellos hacia abajo dejando al descubierto esa forma cilíndrica, que resultó ser una polla. La mano de Isabel agarró la polla de Carlos y comenzó un lento sube y baja mientras miraba ese trozo de carne con los labios entreabiertos. Parecía hipnotizada frente a la visión de ese mástil y se mantenía quieta, moviendo sólo la mano que usaba para masturbarlo. Sin salir de su trance bajó la cabeza, sacó la lengua y comenzó a lamer los huevos bajo la polla. Los lamió por encima al principio, mientras masturbaba sin parar, para luego comenzar a absorberlos con la boca primero uno y luego otro, para luego volver a lamerlos por fuera. Comenzó a subir por la base lamiendo y lamiendo, y siguió subiendo lenta pero imparablemente. Recorrió toda la extensión de la polla con la lengua, siempre mirando a los ojos de él con los ojos entrecerrados y brillantes. Cuando llegó a la punta se entretuvo largo rato jugueteando con la lengua en el glande antes de rodearlo con los labios y hacerlo desaparecer dentro de su boca. La mamada fue de menos a más, al principio sólo se metía el glande en la boca y poco a poco fue tragando más y más centímetros hasta que no le cupo más en la boca, momento en el que comenzó a subir y bajar la cabeza mientras usaba la mano para masturbar al mismo tiempo.

    Carlos la dejó hacer la mamada como ella quisiese, se había colocado ambas manos tras la cabeza en postura de descanso y se dedicó a disfrutar de la mamada. Veía la cabeza rubia subir y bajar y subir y bajar y subir y bajar, luego se sacaba la polla de la boca y la lamía cuan larga era, como si se tratase de un polo, y luego volvía a engullirla y de nuevo a subir y bajar y subir y bajar. Isabel sacó la polla de su boca haciendo un fuerte sonido de pop, le dio un par más de lamidas rápidas y comenzó a subirse a la cama a gatas, hasta quedar de rodillas sentada sobre su regazo, con la polla enhiesta justo delante de su tanga. Carlos no se lo pensó más y agarró el culo que tanto anhelaba haciendo que Isabel lanzase un prolongado ronroneo. Ella apoyó las manos sobre el pecho de él y se agachó para que pudieran besarse, de nuevo las lenguas se encontraban y bailaban juntas.

    Carlos recorría la espalda de Isabel acariciándola con las manos y volviendo al culo a dar apretones furtivos. Notaba el vientre de ella contra su polla. Ella notaba la polla contra su vientre, caliente, ardiendo, le quemaba el abdomen. Fue avanzando poco a poco hasta quedar la polla bajo su coño, cubierto por la tela del tanga. Isabel se separó de Carlos e irguió la espalda, quedando sentada sobre él de nuevo, pero esta vez con la polla de él bajo su coño húmedo. Carlos notaba en su polla lo mojado que estaba ese coño, había calado completamente el tanga y con cada contoneo de las caderas de ella hacia delante y hacia atrás, notaba y oía esa humedad pringosa. Con las manos en las caderas de ella, Carlos la ayudaba a moverlas hacia delante y hacia atrás, masturbando su coño con el frote contra su pene. Fue llevando las manos hacia arriba arrastrándolas por su piel, en dirección a sus tetas. Isabel mantenía los ojos cerrados y lanzaba ligeros gemidos con cada delicioso roce, cuando sintió las manos de él aproximarse a su pecho las agarró por las muñecas deteniéndolas, abrió los ojos, apartó las manos de Carlos a un lado y se levantó un poco sobre él; llevó su mano izquierda al tanga y lo echó a un lado, dejando vía libre a la polla que ya tenía bien sujeta con la mano derecha y apuntando hacia su entrada vaginal. Colocó la punta bajo su vagina y poco a poco fue dejándose caer sobre él, dejando que la polla se abriese paso poco a poco en su interior. Mantenía los ojos cerrados y la boca abierta vocalizando una “O” que no pronunciaba pues estaba conteniendo el aliento. Siguió bajando lentamente, disfrutando de cada centímetro de profundidad que ganaba la polla en su interior hasta que quedó sentada sobre él de nuevo solo que esta vez con él en su interior.

    Carlos puso voz a su pensamiento. -¿No usamos condón?

    -Mmmm -Isabel abrió los ojos como si acabase de darse cuenta de que Carlos estaba ahí con ella, debajo de ella-. No, no hace falta -Aprovechaba el espacio entre frases para mover las caderas ligeramente hacia delante y atrás y dejar escapar pequeños gemidos-. Tomo la… mmm… la pastilla.

    A Carlos esa respuesta le bastó y no necesitó más que eso. Dudaba mucho que llegase a correrse dentro de ella, pero aun así siempre hay riesgo de embarazo, pero si ella decía que todo estaba bien, entonces a follar. La agarró fuerte de las caderas y la ayudó en sus movimientos pélvicos. Delante y detrás. Cansado de la monotonía de la follada dio un caderazo hacia arriba que empujó a Isabel hacia delante, cayendo sobre Carlos y dejando vía libre para que Carlos moviese las caderas. Con ella sobre él fue moviéndose más hacia dentro de la cama para poder tener las piernas extendidas sobre la cama y dejar la incómoda postura que tenía con las rodillas en el borde de la cama. A cada movimiento Isabel lanzaba un fuerte gemido al sentir la polla clavársele más profunda que antes.

    -¡Ahh!

    Avanzaban otro poco, caderazo.

    -¡Ahhh!

    Avance.

    Ya más en el centro de la cama Carlos comenzó a quitarse los pantalones como bien pudo mientras Isabel comenzaba a moverse por sí misma con movimientos lentos y suaves como antes. Una vez se hubo desembarazado de sus pantalones sonrió con complicidad a Isabel, clavó los talones en la cama, la atrajo hacia sí para mordisquearle el cuello y comenzó a mover las caderas para follar bien ese coño húmedo. Isabel gemía y gemía mientras se dejaba lamer, morder y chupar el cuello. Comenzó ella misma a moverse acompañando los movimientos de Carlos hasta que consiguió apagar los movimientos de él y ser la única que se movía en la cama. Cabalgaba sobre él, cabalgaba sobre su polla y le encantada.

    En la habitación sólo se oían los gemidos de ambos, los femeninos y musicales gemidos de ella, y los más comedidos y guturales gemidos de él. Ambos gemidos se acompasaban con el ruido de la carne chocando entre sí y todos los sonidos y ruidos desaparecían cuando se besaban, escuchándose sólo el sonido de sus labios y lenguas restregarse uno contra otro.

    Carlos había conseguido al fin agarrar las tetas de ella y ahora las apretaba, jugaba con sus pezones y las besaba y lamía. Ella incrementaba sus gemidos cuando él jugaba con ellas, pidiéndole que hiciese a continuación lo que el cuerpo le pedía.

    -Así, sí. Mmmm qué bien. Ahora chúpame los pezones. Joder, joder.

    Se mordía siempre el labio inferior cuando Carlos le mordía o apretaba los pezones.

    -Azótame. -Plaff- Sí, así. Dame más fuerte -Plaf, plaf, plaf. Las nalgas de Isabel se volvían más y más rojas a cada azote recibido, y ella apretaba el coño cada vez que recibía uno, la volvían loca. Cuando pedía muchos azotes solía curvar la espalda y echar la cabeza hacia atrás.

    -Ufff. Sigue nene, no pares que me voy a correr.

    Isabel se mordía el labio inferior mientras su cara mostraba una mueca desencajada de placer. Bailaba sobre Carlos alternando movimientos circulares con las caderas con botes sobre la polla, cual pistón; alternaba movimientos adelante y atrás con movimientos circulares; alternaba botes sobre la polla con movimientos adelante y atrás; y mezclaba todo. Carlos tenía ambas tetas atenazadas entre las manos y las sobaba de lo lindo mientras añadía algún movimiento de cadera cuando Isabel le daba un hueco para moverse. La respiración de Isabel se aceleraba, y con ella sus movimientos. Carlos la azuzaba azotándola, eso la acercaba más y más al orgasmo que venía anunciando. Con cada azote su coño se apretaba más y Carlos pensaba que le acabaría arrancando la polla. Isabel apoyó las manos sobre el pecho de él y le clavó las uñas, el pelo le cayó sobre la cara y su cara era de concentración y esfuerzo, esfuerzo por alcanzar ese orgasmo que se acercaba cada vez más.

    Carlos la ayudaba a mover las caderas, disfrutando del portentoso cuerpo que se movía sudoroso frente a su mirada. -¡Estate quieto! -Ordenó ella. Carlos obedeció, la orden era imposible de ignorar. En el momento en que Carlos retiró las manos de las caderas de ella, Isabel se movió libre buscando su placer y alcanzando al fin su orgasmo. Estalló en un orgasmo precioso, se llevó las manos a la cabeza y enredó los dedos en los cabellos sudorosos mientras lanzaba un potente gemido con cada contracción del coño, que le mandaba torrentes de placer por todo el cuerpo. Acompañaba cada contracción con un movimiento de cadera, con los ojos cerrados con fuerza para aislarse de todo lo que no fuese su orgasmo, concentrándose en él. El orgasmo fue perdiendo intensidad y ella fue acallando sus gemidos hasta que fue dejándose caer sobre el pecho de Carlos.

    Con la respiración agitada aún abrió los ojos y miró a Carlos a los ojos y le puso una de sus sonrisas más dulces. -Ufff. Joder, ha sido brutal. -Dicho lo cual se acercó a él y lo besó con dulzura, siendo correspondida por Carlos. Ella lo besó en agradecimiento al placer dado, y el en agradecimiento al espectáculo tan hermoso. Aún seguía él dentro de ella pero ambos permanecían quietos, él esperaba que fuese ella quien se moviese, acababa de correrse y estaba sensible.

    Carlos notaba la humedad de ella contra su entre pierna, así como notaba las tiernas tetas de ella aplastadas bajo su peso contra su propio pecho, las manos de ella a ambos lados de su cara sujetándola con dulzura mientras se besaban acaramelados, los muslos carnosos y hermosos de ella a ambos lados de sus caderas, la espalda de ella suave contra sus manos que la recorrían de arriba abajo dando caricias suaves. Carlos calculó que ya había pasado tiempo suficiente y comenzó un suave movimiento de pelvis contra su amante que lo recibió con una mirada interrogativa y tímidas semillas de gemidos.

    -¿Más?

    -Yo aún no me he corrido.

    -Ya -dijo ella alargando la palabra-. Pero yo sí lo he hecho ya.

    ¿De verdad era esa su respuesta? ¿Ni siquiera iba a fingir que le importase un ápice su placer? Ni siquiera se molestaba en dar alguna excusa para no seguir, sino que simplemente le parecía normal que ya se hubiese acabado todo. Así es como debían sentirse muchas mujeres cuando el hombre acababa antes que ellas. La de vueltas que da la vida.

    -Pues yo aún no y pienso hacerlo.

    Isabel iba a contestar a eso, seguramente alguna negativa imperativa de las suyas, pero no pudo articular palabra, Carlos los hizo girar en la cama quedando ahora él encima de ella y aún dentro de ella. La mirada de Isabel era ahora desafiante, no parecía gustarle no estar al mando en la cama. De nuevo abrió la boca para protestar, pero Carlos lo evitó dando un empujón con las caderas haciendo que su polla se clavara honda en su coño. De la boca abierta de Isabel sólo salió un fuerte gemido que mezclaba placer y sorpresa. Tras una serie de acometidas por parte de Carlos Isabel volvió a intentar hablar con el ceño fruncido en una mezcla de placer y enfado, ese momento lo acalló Carlos sellando los labios de ella con los suyos e introduciendo la lengua dentro de la boca de ella. Podría decir lo que quisiera, pero le gustaba aquello y el beso lo demostraba, tan sólo quería estar al mando. Ahora le tocaba a él, y le tocaba de verdad. Siguió follándosela en la postura del misionero un rato, arrancando cada vez más y más gemidos a la mujer bajo él, que se agarraba a ratos de sus brazos y a ratos clavaba las uñas en su espalda. No tardó mucho en sentir cómo le atenazaba con las piernas, haciendo un candado del que no podía escapar. Carlos le sonreía sobre ella, divertido por las muecas de placer que desfiguraban el rostro de la mujer.

    -Mmmm, síii. No pares ahora nene. Que… me… viene… otro orgasmo.

    Necesitaba coger aire tras cada palabra para poder seguir hablando. Alternaba gemidos con palabras y con bocanadas de aire, eso cuando no estaba ocupada recibiendo algún beso. Carlos sabía muy bien cuáles eran las posturas donde más placer ganaba él y cuáles las que más placer daban a ellas. En el caso del misionero siempre era la postura que más placer daba a las mujeres con las que estaba. No había escogido esa postura por casualidad.

    Isabel clavó las uñas en las nalgas de Carlos, instándole a que la ayudase a recorrer los últimos metros hasta la meta. Ese era el momento que esperaba. Carlos detuvo su movimiento y quedó quieto observando el rostro de Isabel. Ella abrió los ojos y le miró con preguntas en los ojos “¿por qué paras ahora?” parecían decir. “Porque así lo quiero” decían los de Carlos.

    -Si quieres correrte, tendrás que hacer que yo me corra antes.

    Isabel se quedó sin nada que decir, quedó con la boca abierta en señal de sorpresa. La expresión empezó a cambiar muy suavemente hacia la ira, pero no había problemas, él tenía la cura. Comenzó a moverse de nuevo dentro de ella parando en seco el cambio de expresión de ella y devolviéndola al gesto de placer que tanto le gustaba. Viendo como se le contraía el gesto y aceleraba la respiración cuando se acercaba a su orgasmo. De nuevo se detuvo. Esta vez ella le miró con gesto furibundo y él rio ante ella mientras daba un par de caderazos para hacer que el rostro de ella volviese a cambiar a placer según él quisiera. Ahora iba a ser él el que jugase con ella, y él era un jugador peligroso al que tener muy en cuenta.

    Se mantuvieron así unos minutos, minutos en los que Carlos follaba a Isabel en la postura del misionero hasta llevarla cerca del orgasmo y entonces se quedaba quieto dejando que el orgasmo se enfriara y que ella cambiase su gesto. Ni una vez la había dejado hablar, si no la acallaba con movimientos de cadera, lo hacía besándola con pasión. La follaba y paraba a intervalos, con paciencia, hasta que al fin la cara que presentaba Isabel no era de ira, ni de sorpresa sino de súplica. Ahora estaban entendiéndose.

    Carlos volvió a comenzar a follarla una vez más, escuchando los gemidos de ella, escuchando el chapoteo de su coño, escuchando el sonido de la carne contra la carne, escuchando su respiración y controlando, sobre todo controlando. Vio cómo se acercaba de nuevo al clímax y ralentizó la marcha para permitirle acercarse pero no alcanzar el orgasmo, compensaba los desesperados movimientos de cadera de ella por conseguir el poco placer que le faltaba con sus propios movimientos de cadera para que no lo alcanzase. La besaba para distraerla lo que pudiese cuando frenaba la marcha, ella correspondía a los besos inconscientemente, era su boca quien besaba, no ella, ella sólo quería correrse. Estaba a punto y ambos lo notaban, Isabel miraba con ojos suplicantes mientras dos lágrimas caían por sus mejillas; eran lágrimas de placer, y de cierta desesperación. Pobre, si eso la desesperaba que se agarrase bien. Carlos se salió de ella lentamente y comenzó a frotar el coño de ella con toda la longitud de su miembro. Esto sólo la haría volverse más loca aún, no la haría correrse y los dos lo sabían. Carlos la miraba desde arriba con una sonrisa que reflejaba control y diversión, le encantaba tenerla así. Isabel le miraba desde abajo con una mueca a medio camino entre el placer y el llanto. Carlos retrocedió un poco dejando su polla fuera del alcance de su coño por unos centímetros, Isabel le miró primero a él y luego a su polla.

    -Qué cabrón eres -dijo ella acercándose hacia la polla.

    Carlos volvió a alejarse y esta vez siguió haciéndolo mientras la miraba a los ojos, retrocedió hasta bajarse de la cama y quedarse de pie en el suelo junto a la ropa de ambos. Isabel fue acercándose a él hasta quedar sentada al borde de la cama, donde aún alcanzaba la polla húmeda y brillante que le debía un orgasmo. Alargó una mano temblorosa para agarrarla pero Carlos dio otro paso más hacia atrás.

    -Ven aquí y cómeme los huevos.

    Isabel no dijo nada, sólo se dejó caer de la cama y avanzó hasta quedar de rodillas frente a Carlos y su polla dura. La mirada de Isabel era de frustración ahora, no le gustaba este juego pero sabía que tenía que jugarlo si quería su orgasmo. Qué rápido cambian las tornas.

    La rubia tomó el falo con la mano derecha y empezó a masturbarlo mientras enterraba la cara bajo él y comenzaba a comerle los huevos. Los chupaba los dos hasta dejarlos bien ensalivados, jugueteaba con ellos con la lengua, se los metía en la boca y les daba lamidas. Esos huevos debieron haber recibido una buena ración de fluidos vaginales de ella durante la aburrida follada en que ella estaba sobre él, pero eso había sido hacía rato ya y ahora recibían ración de fluido oral de Isabel. Isabel pasó por iniciativa propia de comerle los huevos a comerle la polla, y lo estaba haciendo con ganas. Carlos guio la mamada colocando su mano sobre la cabeza de ella. Vio cómo ella se llevaba la otra mano a la entrepierna y cómo separaba las piernas para facilitar su masturbación. Isabel comenzó a gemir con su polla en la boca.

    Viendo que ella se animaba solita, aprovechó para forzar un poco la mamada agarrando la cabeza con ambas manos y moviendo las caderas como si follara, lo hizo lento y fue subiendo la intensidad sin llegar a hacerlo duro. Isabel dejó quieta la cabeza y dejó que le follase la boca mientras ella se masturbaba cada vez más rápido. Hacía tiempo que no cruzaba la mirada con Carlos, desde que la obligó a hacerle la mamada. Hacía tiempo que no hablaba con Carlos, desde que le llamó cabrón. La mano que ahora tenía libre Isabel la llevó hasta sus tetas y la usó para pellizcarse los pezones y apretarse las tetas una cada vez.

    Carlos agarró las dos manos de Isabel y tiró de ellas hasta dejarlas en alto, allí las sostuvo con su mano izquierda.

    -Pero qué haces -aquello salió de la boca de ella como una medio pregunta y medio afirmación, sin quedar claro si tenía tono de enfado o de sorpresa.

    -Aún no me he corrido ¿verdad? -Dijo Carlos con una sonrisa, con esa sonrisa que hacía tiempo que tenía.

    -Déjame correrme y te la chupo hasta que te corras -ante la mirada de Carlos, Isabel intentó negociar-… y te dejo correrte en mi boca. O en mi coño. Joder me da igual, pero déjame correrme cabrón.

    Isabel se contoneaba como una anguila, movía las caderas en búsqueda de algo que llevarse a la boca, en busca de apagar el fuego que tenía entre las piernas. Sin soltar las muñecas de ella, Carlos de acuclilló hasta quedar frente a frente con ella.

    -Vale, voy a dejar que te corras.

    Dicho eso le metió tres dedos en la boca para que se los chupara, cosa que ella hizo sin rechistar mientras miraba a los ojos de él con los ojos entrecerrados. Carlos sacó los dedos de su boca y los fue bajando poco a poco arrastrando las yemas por la barbilla, luego el cuello, pasando por el pecho y tras recorrer el abdomen y esquivar el ombligo, llegó al tanga que aún tenía puesto, giró la mano para que la palma mirase a ella e introdujo la mano dentro del tanga. Se deleitaba Carlos con hacer las cosas lentas y ver las reacciones de ella, ya no forcejeaba para liberar las manos y sólo seguía la mano de él con toda su atención. Cuando los dedos hicieron círculos en su hinchado clítoris, ella comenzó a soltar suspiros profundos mientras le miraba de reojo, a su media sonrisa, esa media sonrisa.

    Finalmente dejó de jugar con ella e introdujo dos dedos en su encharcado coño, los introdujo hasta la segunda falange y una vez dentro los dobló para formar un gancho. Se quedó quieto mirando cómo ella esperaba ahora que él se moviese y le diese placer, pero al no sentir llegar nada, abrió los ojos y le miró de nuevo suplicante, entonces la besó y le metió la lengua dentro de la boca mientras comenzaba a mover los dedos dentro de ella comenzando a arrancarle gemidos. Gemidos que el mismo acallaba. Siguió masturbándola y besándola y cada vez aumentaba más el ritmo haciendo cada vez un ruido más sonoro de “chop chop”. Ella se contorsionaba cómo podía y cómo le permitía la posición de rodillas y con las manos sostenidas en alto.

    -¿Quieres correrte? -Se lo preguntó con la media sonrisa en la mirada. Esa media sonrisa de condescendencia.

    Por toda respuesta, ella atinó como pudo a asentir con la cabeza mientras apenas lograba fijar la vista en él a través de los ojos medio cerrados y las lágrimas.

    Carlos aceleró ahora el ritmo para hacerla correrse, los chapoteos se hicieron ensordecedores hasta que los gemidos de ella consiguieron superarlos en sonido. En apenas unos segundos el tan anhelado orgasmo llegó. Llegó y explotó. Puso los ojos en blanco y comenzó a retorcerse con violencia, Carlos le sostuvo las manos fuertemente unidas y en alto y ella se retorció con el resto del cuerpo dando tensionando los músculos aleatoriamente, liberó sus piernas y lanzó coces involuntarias mientras explotaba en su orgasmo, pateó la ropa y su bolsito recorrió un par de metros por el suelo; Carlos mantuvo su movimiento dentro del coño de ella durante el orgasmo hasta que le pareció ver cómo éste llegaba a su punto álgido, en ese momento dejó de mover la mano y dejó que el orgasmo fuese apagándose lentamente en aquella mujer.

    Isabel fue calmándose poco a poco teniendo cada vez menos espasmos y más espaciados entre ellos. Fue quedándose sentada con la espalda apoyada en la cama y con las piernas abiertas. Carlos sacó suavemente los dedos de dentro de ella, estaban chorreando. Hizo el recorrido a la inversa que había hecho antes y dejando un rastro de flujo vaginal los llevó hasta la boca de ella dónde los introdujo en su boca para que se los limpiara. Finalmente liberó sus manos que cayeron inertes a ambos lados de su cuerpo relajado. Isabel lamía los dedos con sabor ácido que Carlos había puesto en su boca hasta que se los quitó de la boca y entonces se dedicó a lamer la lengua que Carlos había puesto en su boca.

    -Súbete a la cama, que esto está lejos de acabar.

    -Mmm, ¿más?

    -Joder que más. Aún no me he corrido, ¿no?

    Isabel miró hacia abajo, hacia la polla de Carlos y la vio allí, erecta y mirándola con su único ojo. La calentura que no había terminado de abandonarla ganó fuerzas de repente. Los rescoldos se avivaron.

    -Vale -dijo ella con la mirada fija en la polla de él.

    Cuando fue a levantarse las piernas le fallaron un poco y Carlos la ayudó a incorporarse y a tumbarla boca arriba sobre la cama. Él se arrodilló junto a ella y comenzó a besarla en los labios. La mano de ella la sintió de repente en su polla, agarrándola con fuerza y masturbándola. La mano de él fue hacia el pecho de ella, a jugar con los pezones. Carlos aún no se acercaba a la entrepierna de ella, iba a dejarla descansar un poco del orgasmo, no sabía cuál era su sensibilidad, aunque seguro que la estaba subestimando como le pasaba casi siempre. Iba a ir en busca de su coño pero ella se le adelantó y fue en busca de su polla y comenzó a tragársela.

    La chupada de lado, restregando el glande contra los carrillos de ella, se la sacaba con un sonido de succión y volvía a tragársela. Poco a poco fue cambiando su posición para facilitar la mamada y Carlos hizo lo mismo hasta acabar el de rodillas sobre la cama y ella a cuatro patas. No parecía una posición especialmente cómoda para chupársela, pero bueno, ella la había elegido. Carlos la veía desde arriba chupándosela usando sólo su boca, ambas manos apoyadas en la cama y con el increíble culo moviéndose al son de la mamada; echaba el cuerpo adelante y atrás para realizar la mamada y esas nalgas se movían a ese ritmo, era algo hipnótico y hermoso de ver. Carlos llevó una mano hacia ese culo y le dio un azote, tras recibir un gemido como respuesta, introdujo la mano entre el tanga y el culo. Ese tanga sólo era una molestia.

    Sus dedos volvían a recorrer los pliegues de su vagina, la piel de ella se erizó al sentir la mano adentrarse en su tanga y comenzó a contonear sus caderas con cada caricia. Los dedos dejaron de explorar las inmediaciones y se introdujeron en la caverna húmeda, primero uno y tras un minuto introdujo un segundo dedo. Siguieron dándose placer mutuamente variando las cadencias de ambos, cuando Carlos masturbaba más rápido a Isabel ella ralentizaba su mamada y cuando ella aceleraba su mamada él dejaba los dedos quietos. Al final los dos llegaron a una suerte de equilibrio en el cual los dos se daban el placer suficiente para que el otro le diese el placer suficiente. Carlos estaba durando sin correrse bastante y eso empezaba a impacientarle, así que decidió concentrarse en él. Sacó los dedos de dentro de ella y fue recostándose en la cama hasta quedar sentado con la espalda en el cabecero y la cabeza de Isabel subiendo y bajando en su entrepierna.

    -Joder, chupa bien que ya va siendo hora de que me corra.

    Isabel aceleró su mamada al oír esas palabras, debía tener ya las mandíbulas doloridas tras tanto rato chupándosela pero no daba señales de ello. Carlos llevó una mano a la nuca de ella y con la otra agarró una teta para entretener esa mano. Carlos echaba la cabeza hacia atrás y bufaba con la mamada de Isabel, parecía que al fin veía luz al final del túnel. Isabel lo notó y se aplicó más aún a la mamada, parecía orgullosa de arrancarle bufidos a su amante. Carlos notaba un orgasmo acercándose, pero no sería uno especialmente bueno, sería uno pasable, sería el primero de la noche, o eso esperaba.

    -Sigue, tía. Que ya me voy a correr.

    Isabel tenía una mano sobando los huevos y la otra masturbando mientras tenía sólo el glande dentro de la boca y hacía círculos con la lengua sobre él. Notaba el placer de Carlos por cómo la agarraba de la cabeza y por el ritmo de su respiración. Le estaba llevando al orgasmo y le encantaba darle ese placer.

    Carlos aceleró su respiración e Isabel se preparó para lo que venía. Los dedos de él se enterraron en la melena de ella, enredándose entre los cabellos mientras tensaba todos los músculos del cuerpo y comenzaba a correrse. Isabel previó este momento y justo antes de que él se corriese se sacó su polla de la boca y la masturbó con ganas haciendo que la corrida cayese directamente sobre un totalmente cogido por sorpresa Carlos, el cual sintió su corrida caliente aterrizar sobre su pecho y vientre. Una vez hubo terminado la corrida y recuperado el aliento, habló.

    -Qué cabrona eres, me la has jugado, perrilla -lo dijo en tono de humor, no le había molestado la jugarreta sino al contrario, le había divertido. Le había cogido desprevenido totalmente, punto para ella.

    -Hombre -dijo ella con una sonrisa en la boca-. No esperarías que me lo tragase ¿no? Que ascazo.

    -Joder, podrías haberlo dicho antes en vez de haberme hecho correrme encima -rio él.

    -Ah, no sé. Los tíos siempre esperáis que nos traguemos el semen cuando os corréis.

    -Touché.

    -¿Ves? A mí no me ganas -imprimió un aire de superioridad y orgullo a sus palabras.

    -Calla y bésame, anda. Ya veremos si no te gano.

    -Primero límpiate.

    Ja. Vaya con la tía, no se le puede no hacer caso, ¿eh? Carlos se levantó y fue hacia el baño para meterse en la ducha, algo rápido. A medio camino entre la cama y el baño se dio la vuelta y volvió a la cama. Isabel le vio volverse y caminar hacia ella, con la polla morcillona colgando habiendo perdido un poco de su longitud y mirando hacia abajo, le tomó de la mano y tiró de ella con firmeza instándola a seguir su paso. Impelida por la firmeza con que tiraba de ella, se levantó y fue guiada por él hasta el baño. El baño podría tener la mitad del volumen de la habitación de Carlos, era una cosa exagerada. Había un plato de ducha bastante espacioso, cabrían allí unas tres personas sin sentirse apretadas; el baño tenía también una cosa bastante interesante, un jacuzzi. Carlos literalmente flipó con el jacuzzi, era lo último que hubiese esperado en aquel baño, no estaba fuera de lugar, pero no lo esperaba allí. El jacuzzi le daba bastantes ideas, bastantes y parecían entretenidas… pero no para ese momento, se dirigió hacia la ducha con Isabel cogida de la mano. Isabel entendió que él pretendía que se duchasen juntos, pareció que no había comprendido algo tan obvio hasta que estuvo a dos pasos de la placa de ducha. Carlos notó una leve vacilación en Isabel, una leve resistencia a ir hacia la ducha sólo duró un instante.

    Carlos miró a Isabel y esta le devolvió la mirada hasta que entendió qué quería, se llevó las manos al tanga y se lo bajó. El tanga hizo resistencia a ser bajado, toda esa humedad absorbida mantenía unidas la prenda con la fuente de dicha humedad. Una vez se hubo despegado, la humedad absorbida por la prenda hizo que esta cayese a plomo contra el suelo debido al peso que ésta añadía a la tela. Al fin Carlos iba a ser capaz de ver a Isabel totalmente desnuda, Isabel enderezó la espalda hasta quedar de pie y recta de nuevo. Apenas pudo Carlos echar un vistazo cuando ella le quitó las gafas de la cara, ahora no veía a un palmo de distancia. Un borrón de muy buen ver entró en la ducha, el borrón con forma de mujer tenía un culo borroso que incitaba a agarrarlo y amasarlo. Carlos se quitó los calcetines, que tenía olvidados en sus pies, y entró a la ducha siguiendo a la rubia borrosa.

    El agua comenzó a caer y ambos se comenzaron a frotar a sí mismos. Carlos se dedicó a limpiarse su propia corrida de encima, o se limpia con jabón, o aquello queda hecho una costra. Isabel se enjabonó todo el cuerpo. No sabía si es que ella es más lenta en la ducha, o si lo hacía apropósito, pero para cuando él estaba ya limpio ella aún seguía enjabonándose el cuerpo; aún tenía partes sin enjabonar. Tal vez lo incitase a ayudarla, tal vez no. Como fuese, cogió el bote de gel, se echó en la mano y comenzó a enjabonarla.

    -Eh, esas manos.

    -Es para ayudarte, así acabamos antes y no gastamos tanta agua -las manos de él en su culo.

    Él no había hecho ningún esfuerzo por enjabonarla, simplemente había llevado sus manos hacia ese culo que le volvía loco y había comenzado a sobárselo sin importarse que todo el gel que tenía en las manos iba resbalando siendo arrastrado por el agua. La polla ya había empezado a despertar de nuevo, notaba cómo crecía y comenzaba a mirar al cielo con cada palpitación.

    -Y me estás enjabonando el cuello también, ¿o qué? Mmm.

    Carlos había comenzado a besarle el cuello.

    -Para el cuello lo mejor es la saliva, que es antiséptica -sacó la lengua y le lamió el cuello.

    Isabel se vio atraída hacía Carlos al tirar este de ella, al tirar éste de su culo. Notó algo caliente contra su ombligo, algo que la quemada, le abrasaba el bajo vientre. Llevó su mano allí y agarró el origen de ese calor y comenzó a masturbarlo. Sus bocas volvieron a unirse, se besaban con lentitud y suavidad. Eran besos largos, que no tenían prisa alguna por acabar y, que cuando acababan, se tomaban un momento para tomar aire y volvían a acercarse lentamente para volver a besarse con todo el tiempo del mundo por delante.

    Carlos estaba encantado con agarrar y estrujar el culo de ella, pero ya le parecía que era el momento de continuar con algo más así que ordenó a sus manos que fuesen cerrándose para que sus dedos alcanzasen la vagina que se escondía bajo las nalgas y entre los muslos. Isabel fue abriendo las piernas para facilitar el paso a la mano que se acercaba a su rajita, notó la mano descender e introducirse entre las nalgas y descender por entre ellas. Notó los dedos pasar sobre su ano y eso le envió un pequeño escalofrío por la columna, escalofrío que Carlos no dejó pasar por alto.

    Siguieron besándose mientras Carlos comenzaba a juguetear con la vagina de ella y mientras ella jugueteaba con el pene de él. Los besos no tardaron en convertirse de besos lentos y suaves a besos donde cada uno intentaba devorar al contrario, los jugueteos con los genitales ajenos no tardaron en pasar a ser masturbaciones en toda regla. Carlos agarró a Isabel por los hombros, la giró y la empujó contra la pared, hizo que sacase el culo y se acuclilló ante él.

    Isabel cerró los ojos y dibujó una sonrisa en su cara cuando sintió cómo le comían el coño desde atrás. Estaba apoyando contra la pared su pecho, palmas de las manos y su mejilla izquierda y mantenía el culo lo más afuera que podía para que esa lengua que empezaba a recorrerla por dentro y por fuera lo tuviera más fácil para realizar su labor de darle placer.

    Carlos lamía al fin ese coño al que tantas ganas le tenía, al fin podía hincarle el diente a ese Monte de Venus. Recorría toda la extensión de la vagina, lamía los pliegues y hacía círculos en el clítoris, introducía la lengua dentro de la vagina, volvía al clítoris… Notaba cómo Isabel echaba el culo hacia atrás, como si quisiera que se acercase aún más a su coño.

    Carlos penetró la vagina de Isabel con sus dedos arrancando gemidos de su garganta al hurgar en su interior. Comenzó a comerle el culo mientras le metía los dedos en el coño, Isabel hizo un amago de apartarse, pero Carlos tiró de ella hacia atrás para desestabilizarla y que no tuviese más remedio que apoyarse contra la pared para no caer, quedando su culito expuesto a él. Isabel pareció comenzar a encontrar placer en que su entrada posterior fuese lamida, tal vez fuese por el placer recibido en su entrada delantera. Carlos se giró quedando su cabeza entre las piernas de ella con la espalda mirando a la pared donde Isabel se apoyaba, desde esa posición continuó lamiéndole el coño mientras podía meter los dedos al mismo tiempo. Tenía dos dedos metidos en su coño y con el dedo corazón de la otra mano hacía círculos sobre el ano de ella, presionando ligeramente cada cierto tiempo. Sacó los dedos del coño e intercambió las posiciones de las manos. Un dedo entró en el coño, caliente y húmedo, otro dedo cubierto de fluido vaginal se colocó en el ano e hizo presión. Un segundo dedo entraba en el coño mientras el otro dedo empezaba a entrar en el ano aprovechando el estar lubricado debido a haber estado dentro del coño. Cuando el segundo dedo hubo entrado en el coño, un tercero empezó a entrar, al mismo tiempo que el otro dedo se introducía hasta la segunda falange dentro del ano. Penetró con los cuatro dedos los dos agujeros de Isabel mientras masturbaba su clítoris con la lengua y se mantuvo así durante un par de minutos, entonces colocó un segundo dedo en el ano. Colocó el segundo dedo justo bajo el primero, trazando ambos dedos juntos una línea vertical, suavemente fue haciendo presión para ir introduciéndolo lentamente, para distraer a Isabel de la segunda intromisión en su culo, incrementó su acose a su clítoris y su coño. Si Isabel estaba disconforme con un dedo en su culo y un segundo en camino, no daba muestras de ello, en su cara sólo había una sonrisa.

    El segundo dedo fue adentrándose lentamente en el culo de ella hasta quedar enterrado hasta la segunda falange, como el primero. Volvió a comenzar a masturbar el ano, ahora con dos dedos dentro, mientras masturbaba el coño con boca y dedos. Poco a poco, muy lentamente fue moviendo los dedos dentro de su culo para que estos pasasen de estar uno bajo otro a estar uno junto al otro, formando una línea horizontal. Isabel no pareció percatarse de cambio alguno en su culo y seguía sonriendo y gimiendo. Llevaba ya un rato de pie en esa postura tan incómoda, debía estar cansada y bastante cachonda. Carlos sacó ambas manos de dentro de ella y se levantó quedando de nuevo tras ella. Isabel se mantuvo en la misma posición que antes, con el culo levantado, invitándole a entrar, esperando que lo hiciera. Carlos colocó su polla sobre el ano y presionó suavemente, no iba a introducirla, sólo quería lanzar el mensaje de qué es lo que acabaría viniendo esa noche. Metió su polla por debajo de su coño, entre sus piernas y comenzó a mover las caderas rozando su polla contra la vagina de ella. Isabel llevó su mano hasta la polla que asomaba entre sus piernas y la palpó y masturbó.

    Carlos apuntó su polla a la entrada del coño y al mismo tiempo apuntó un dedo a la entra del culo. Comenzó a penetrar ambos orificios al mismo tiempo y comenzó a bombear el coño de Isabel mientras metía el segundo dedo dentro del culo. El coño de Isabel estaba más apretado y los gemidos que lanzaba ahora señalaban que se acercaba a un orgasmo.

    -Joder, qué apretadita estás cabrona.

    -Ay, ay, sí… Estoy muy cachonda.

    -Te mola que te hurgue el culo, ¿a que sí? -Al decirlo movió los dedos para los notase dentro. Ella apretó un poco más el coño, pero no respondió con palabras. Acercó su cara a la oreja de ella y le dijo- Te pienso follar el culo esta noche -otro apretón de coño-. Te voy a partir ese culazo que tienes y ¿sabes qué? -Hizo una pausa para que ella respondiera a su pregunta.

    La pausa se alargó bastante hasta que Isabel se rindió y quiso saber qué

    -Qué -su voz tenía matices de timidez.

    -Que solo te follaré el culo cuando me lo pidas tú.

    Isabel no añadió nada más, cerró los ojos y se dejó seguir siendo follada contra la pared del baño.

    En el baño sólo se oía el agua de la ducha caer, el chop chop de las caderas chocando entre sí y los gemidos de ella, cada vez más fuertes. No, aún no. Carlos se detuvo y salió de ella, tanto de su coño como de su culo. Isabel miró hacia atrás con la pregunta “¿por qué paras?” en la cara, por respuesta recibió una cachetada en el culo y ver cómo Carlos cerraba el grifo y salía de la ducha. Ella salió de la ducha y cogió la toalla que él le ofrecía, al verle secarse con ella, hizo lo mismo.

    -¿Qué pasa, por qué paras?

    -Tengo que irme un segundo, voy a mi habitación y vuelvo en seguida. Te da tiempo a secarte el pelo. -Se acercó a ella y la besó tras agarrarla por la cintura. -Ah, y esto de aquí manténmelo caliente hasta que vuelva -dijo mientras metía dos dedos en el coño de ella y lo masturbaba un poco hasta oír el chapoteo tan característico.

    Sacó los dedos del coño y se los dio a chupar, una vez estuvieron bien limpios se marchó del baño y la dejó allí secándose el pelo. Recogió su ropa y comenzó a vestirse, no se puso los zapatos, ni se abrochó la correa, no le hacía falta, sólo necesitaba taparse el cuerpo desnudo. Descalzo pasó junto al bolso de ella, tirado en mitad de la habitación desde que ella le diese una patada tras haberle hecho un dedo hasta provocarle un orgasmo, el bolso se había abierto y había arrojado todas las pertenencias por la habitación; entre ellas se encontraba la tarjeta para abrir la puerta, junto al móvil de ella, que mostraba un icono de llamada perdida. Carlos cogió la tarjeta del suelo para poder volver a entrar. Salió de la habitación y se dirigió hacia el ascensor para ir hacia su habitación.

    Esperando al ascensor se dio cuenta de que no llevaba el móvil encima, pero se la sudaba bastante. Qué más daría que no lo llevase, iba a volver rápido y no es que se fuese a poner a hablar con nadie a esa hora ni quería hacerlo tampoco. Aunque, tal vez sí que le hiciese falta el móvil. Algo le había venido a la cabeza. El ascensor llegó y se abrieron las puertas, pero Carlos no entró sino que se dio media vuelta en dirección a la habitación de ella de nuevo. Vio la cara de sorpresa de Isabel al verle entrar, no debía saber que tenía su llave, se había puesto una bata roja de seda y eso le hacía estar igual de buena que antes.

    Carlos se acercó hacia donde habían estado tirados sus pantalones para recoger su móvil, que estaba tirado de cualquier forma en el suelo. Le hizo un gesto a Isabel para que se acercara, aún tenía la polla dura, y cuando lo hizo le puso una mano en el hombro y la otra en la cabeza y la hizo arrodillarse frente a él. Ella entendió de qué se trataba y desabrochó la bragueta para sacar la polla y empezar a chuparla. Carlos la empujó hasta que su espalda tocó la cama, agarró su cabeza y comenzó a follarle la boca. Ella intentó apartarle empujándoles con las manos, pero agarró sus manos con la suya y las retuvo contra la cama mientras mantenía la cabeza asida con una única mano y mantenía la follada de su boca con ímpetu. Isabel al verse atrapada no tuvo más remedio que acceder a dejar que su boca fuese follada. Carlos le abrió la bata y le agarró una teta y la sobó a consciencia, Isabel dejaba la cabeza quieta aceptando la mamada forzada. Le sacó la polla de la boca de repente, escupiendo ella bastante saliva que se le había ido acumulando. Carlos la levantó de un tirón, la giró y la empujó contra la cama para que quedase con las manos apoyadas en ella. Le levantó la bata y se la metió de un solo movimiento. Ella dio un pequeño grito, fue de sorpresa al no esperar la embestida tan de repente. El ritmo de la follada fue muy rápido, fuertes caderazos que hacían a Isabel perder el equilibrio y gemir fuerte hasta comenzar a dar gritos con cada pollazo. Entonces Carlos sacó la polla de su coño, se la guardó en los pantalones, se guardó su móvil en los pantalones y se dio la vuelta para salir de la habitación.

    -Espero que ese coño siga igual de mojado y abierto cuando vuelva en un par de minutos -dijo él sin darse la vuelta y sin ver cómo ella miraba hacia atrás y se llevaba una mano al coño para meterse un par de dedos.

    Esperando al ascensor Carlos cogió de su cartera el papel con el número apuntado de la mujer del sex shop y guardó el contacto para poder hablar por whatsapp.

    -Buenas noches, María.

    Soy Carlos, que ayer estuve por tu tienda. Mira, una cosa, no sé si te pillo fuera, o durmiendo, o lo que sea; si no estas disponible, entonces nada. Estaba interesado yo por ese kit de sexo anal tan simpático que me enseñaste. Resulta que al final he tenido suerte y podría usarlo con una. Si no se puede, pues nada, me jodo y bailo, pero si es posible que me lo mandes al hotel te invito un día a una cerveza.

    Se guardó el móvil y siguió camino a su habitación, no iba a contestarle inmediatamente, era cerca de la una de la madrugada de un sábado. Si no estaba de parranda por ahí, estaría en su casa tranquila, o dormida. Pero por intentarlo no perdía nada.

    Llegó a su habitación y fue directo a la mesa, sobre ella había una bolsa de plástico con una caja de cartón dentro. Sacó el paquete de su interior y vio que no era nada discreto, así que abrió el paquete y dejó su contenido dentro de la bolsa de plástico, dejando la caja de cartón tirada de cualquier manera en el suelo de la habitación. Salió de su habitación con la bolsa en la mano de camino hacia la habitación de Isabel, varias plantas más arriba.

    Cada vez tenía que llamar al ascensor, no estaba nunca en su planta pese a haberlo usado él solo hacía unos segundos. ¿Quién estaba usando el ascensor a esa hora, y por qué no veía a nadie pero el ascensor nunca estaba donde él lo había llamado? Tal vez la gente del cóctel/fiesta estaba volviendo a sus habitaciones. Tal vez algunos lo hiciesen acompañados. Tal vez algunos se conformasen con un buen Vladimir: una paja y a dormir.

    Subiendo ya el ascensor Carlos notó que el móvil el vibraba en el bolsillo, ¿podría ser? Sacó el móvil y vio que efectivamente, era María que le respondía al mensaje:

    “Hola Carlos. No te preocupes no estaba dormida ni nada.

    “Ya te dije que me hablases cuando quisieras, no te preocupes

    “Sí. Se cual es el kit que me pides. Tranquilo que te lo preparo y te lo mando a donde me digas.

    “Para mandarlo usamos una de estas empresas de repartos. Tardará por lo menos 20 minutos en llegar

    “Te vale?

    “En cuanto me digas bajo y lo preparo todo. Me puedes pagar por bizum. Tu dime y te digo el precio.

    “Ah y que sepas que me apunto lo de esa cerveza y así me cuentas mas sobre esa chica.

    “Ya me dices.

    Poco o nada tardó Carlos en dar una respuesta afirmativa a María, en preguntarle cuánto costaría el kit y el transporte y en darle la dirección del hotel.

    “Ah, sí. Una cosa más María

    “Si es posible que se le entregue al paquete a una recepcionista pelirroja que hay en recepción, me harías un favor.

    Con los negocios hechos, Carlos abrió la puerta de la habitación de Isabel y entró. Oyó a Isabel hablar con alguien, ¿tal vez había alguien allí? No, más bien sería el teléfono y se le podía ocurrir quién podría ser.

    -Que sí que ya te he oído. No me lo repitas más.

    Isabel estaba andando por el dormitorio con el teléfono pegado a la oreja, caminaba de un lado para otro. Cuando no le quedó más habitación que recorrer en línea recta, se giró para deshacer el camino y se percató de que Carlos había vuelto. Ella aún llevaba la bata puesta y la había vuelto a abrochar, los pezones se le marcaban bajo la fina seda y las caderas sugerentes dibujaban sus curvas bajo la prenda. Isabel se paró cuando vio al intruso y puso una mirada de sorpresa, no entendía qué hacía Carlos ahí.

    A Carlos poco o nada le importaba qué estuviese escuchando ella tras el auricular del teléfono, avanzó hacia la cama y dejó caer al suelo la bolsa de plástico.

    -Hombre, sólo faltaría. Vamos -parecía enfadada-. Ahora encima tengo que darte las gracias porque retrases tus planes para que no se quede solo el niño hasta que yo vuelva.

    Ya era claro que estaba hablando con Kike. Carlos se empezó a quitar la camisa como si la cosa no fuese con él.

    -¡Joder, Kike! Que yo estoy aquí por trabajo, ¿lo recuerdas?

    Isabel prácticamente odiaba trabajar, pero esgrimía ese argumento contra su marido. Él era el obseso del trabajo y ese argumento siempre le dejaba en silencio. Carlos pasó a dejar caer su pantalón al suelo, no aún los calzoncillos.

    -¿Bien? ¡¿Bien?! -Isabel pasó junto a Carlos poniéndole una mala cara de campeonato, que él ignoró-. Pues claro que sí. No, si ahora te parece me quedo en cualquier habitación de mierda. Si me haces venir a esta mierda por la empresa, lo menos es que esté en una buena habitación. La mitad de la empresa es mía, joder.

    Ah, mezclar el dinero y la familia. Eso nunca salía bien. Carlos dejo su móvil sobre la mesita de noche y lo puso a cargar, luego fue tras Isabel.

    -¡Sí! ¡Sí te lo digo, porque a veces se te olvida! Tu pued… -dos manos se posaron en las caderas de Isabel. Ella se volvió y le lanzó una cara de odio a Carlos mientras vocalizaba las palabras: “¡Qué haces!”. Las vocalizó tan bien que hasta se podían oír- ¿Qué? Eh… sí. Mira no me cambies de tema, que no pienso… -Carlos la atrajo hacia sí quedando culo con polla, la rodeó por las caderas y besó su cuello suavemente- Que no pienso irme antes de aquí.

    Isabel forcejeaba con Carlos. Lo hacía para liberarse pero lo hacía con mucha menos fuerza de la que ella tenía. Era como si no quisiera que Kike se diese cuenta, pero él no podía verla sino oírla, y era capaz de hacer más fuerza sin hacer ruido. Por su parte a Carlos le daba igual que el marido estuviese de oído presente. Ella había ido tras él toda la noche y él no quiso hasta que sucumbió a ella. Ahora que no le viniese con milongas, no se iba a conformar con ser un capricho pasajero. Ya habían hecho cornudo a Kike y ya había ido contra su mentalidad de no meterse en relaciones, de perdidos al río. Ahora sí que iba a hacer cornudo a Kike.