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  • Ajedrez con mi cuñada

    Ajedrez con mi cuñada

    Había empezado como otras tardes a echar un rato jugando al ajedrez, mirando nuevas jugadas en mi libro y a ver pasar la tarde de la mejor manera, cuando, de improviso, llegó mi cuñada Marta, que la cabrona está como un tren, tiene tres años menos que mi mujer, es rubita de mechas, con una media melena muy graciosa, es pequeñita, delgada, y desde siempre me ha atraído de ella sus tetas chiquitinas, alguna vez he podido verlas en la playa mientras hace topless, y me han parecido increíbles.

    ―¿qué haces? Me dijo nada más abrirle la puerta.

    ―Aquí echando un ajedrez, ayer me compré un libro nuevo y estoy practicando, y tú? Que te trae por aquí?

    ―Nada, que pasé a dejarle unas cosas a mi hermana, que le tomé prestadas el otro día, te importa?

    ―Que va, estás en tu casa, ya sabes, lo que quieras.

    ―A ver, te echo yo una partida al ajedrez.

    ―No digas tonterías, en tres jugadas estás lista, además tengo una partida a medias.

    ―Venga, yo pillo las negras que tienen más y ya verás cómo me defiendo.

    ―Te liquido en cuatro jugadas.

    ―Que te juegas a que no?

    ―Lo que quieras, estás lista en tres movidas.

    ―Vale, si me ganas te enseño mi sujetador nuevo, que me ha dicho mi hermana que te gusta mucho la lencería negra.

    ―Ok, venga, mueve…

    Evidentemente no me lo pensé dos veces, total, por verle el sujetador no pasaba nada, y además la situación estaba controlada, podía ganar hasta en dos jugadas, una y dos… lista

    ―Perdiste, a ver que te has puesto hoy.

    Marta no se cortó se inclinó un poco hacia mí, y me mostró el escote de su blusa semitransparente, como no veía muy bien tiré del escote hacia abajo y pude ver el sujetador negro que escondía aquellos maravillosos pechos, pero ella se acercó a mí y me besó.

    ―Marta, esto está mal, dije yo pensando lo contrario

    ―Por besarnos no pasa nada, no seas crío, además mi hermana no tiene porque enterarse, sé que te encantan mis tetas, sólo mirar, así no pasa nada…

    ―A ver, déjame verlas un poco, sólo un poco, por favor -yo mismo me contradecía, pero aquella situación podía conmigo. Ella se subió la blusa, se sentó en la mesa y sacó sus pechos por encima del sujetador, nunca las había tenido tan cerca, que delicia, eran preciosas.

    ―Esto está mal, tenemos que parar, le dije a mi cuñada

    ―No seas tonto, mira, tengo las braguitas a juego, – y me volvió a besar.

    Yo no pude aguantar, deslicé mi mano por su barriga hasta sus bragas, que ya estaban algo húmedas, y seguimos besándonos, no me lo podía creer, en eso ella paró.

    ―Jacobo, se por mi hermana que comes el coño como nadie, y siempre he fantaseado con que me lo comías, por eso tampoco va a pasar nada, anda, verás cómo te gusta, me depilé ayer mismo.

    No tardó ni dos segundos en quitarse los vaqueros, y echarse en el sofá, subir las piernas y dejarme una visión perfecta de su coño, que empecé a chupar primero con delicadeza, y luego a meter con desenfreno mi lengua hasta los últimos rincones que llegaba sin problemas debido a lo húmeda que estaba, ella jadeaba y hacía mención a su hermana.

    ―Qué suerte tiene mi hermana, eres muy bueno, me voy a correr como sigas así, hay que ver la suerte que tiene Sylvia, sólo falta que tengas una buena polla Jacobo, entonces es para matarla de zorra, anda, vamos a ver que tienes ahí…

    Me levanté y me quité el jersey, que me estorbaba, ella empezó a desabrochar los botones y una vez quitados, torpemente tiró de vaqueros y bóxer hacia abajo, para soltar mi polla que estaba como un resorte esperando, empezó a mamarla con autentico vicio, me temblaban las piernas, y no sabía dónde amarrarme, por lo que la subí para quitarle la blusa, mientras nos besábamos y me hacía una paja con su mano derecha, pero yo no podía aguantar más, la incliné sobre la mesa y se la metí desde atrás.

    ―Toma, guarra, para que sepas lo que mete tu hermana todas las noches, te gusta, eh?

    ―Sí, dame más, Jacobo, dame y pídeme lo que quieras.

    ―Lo que quiero es que esto no salga de aquí, porque estás muy buena, pero yo quiero a tu hermana, y a ti te follaré cada vez que me dé la gana, sí, como una guarra, toma, que eso es lo que eres, siempre has sido muy caprichosa, ahora toma.

    Seguí dándole por detrás, dentro de su coñito depilado, de repente, se abrió la puerta de casa…

  • Por unas copas de más de mi sobrino

    Por unas copas de más de mi sobrino

    Cuando mi sobrino vino a casa para pasar las fiestas de Navidad en nuestro pueblo, no podía imaginar ni en sueños que pudiera pasar lo que ocurrió entre nosotros.

    Juanito es un buen mozo de veintidós años que hizo en el verano pasado una buena pandilla de amigotes en nuestra urbanización, por eso y porque está un poco consentido al ser hijo único, mi hermana no puso reparos a la posibilidad de que pasara la Nochevieja en nuestra familia, entre montañas nevadas.

    Yo por mi parte tengo 49 años, un poco fondona, felizmente casada y sin hijos ya que aunque lo intentamos en la juventud, estos no vinieron. Mi marido trabaja por las noches por lo que la historia que sucedió aquella noche pudo terminar aproximadamente de la forma que narro a continuación:

    Era ya muy tarde, sobre las nueve de la noche del 28 de diciembre, cuando los amigos de mi sobrino me lo trajeron a casa con una borrachera de espanto. Lo pasaron a su habitación y lo dejaron tendido en la cama, ellos tampoco iban mal servidos de vino y licor, por ello y después de agradecerles la entrega del paquete y aconsejarles que tuvieran cuidado con el coche, les despedí diciéndoles que yo me encargaría de cuidar a mi sobrino.

    Le preparé un café con leche y después de hacérselo tragar entre sus improperios, le comencé a desnudar para meterle en la cama manejándole a duras penas ya que mi sobrino es muy grandote. El muy borrachín no paraba de manosearme con los ojos turbios y medio cerrados, tocándome y diciéndome cosas algunas ininteligibles y otras del tipo: – ¡Tengo que tirarme a la María; pero ella no quiere…! ¡Encima se morrea y se da la paliza con otro…!

    Cuando le quité los pantalones, él se bajó los calzoncillos y empezó a tocarse la minga diciendo: -María, mira todo lo que te voy a meter en tu chuminete. Seguro que la tengo más gorda que el gilipollas de Luis. Para entonces y con un gran corte por mi parte, él se había quitado los calzoncillos descubriendo sus vergüenzas envueltas en una negra pelambrera. El muy guarro me cogió la mano y la puso en su cosa medio flácida pero morcillona. Quise retirarla pero sus gemidos y mi corazón acelerado lo impidieron. No sé cómo empecé a meneársela mientras él con los ojos cerrados y beodo perdido me susurraba: -María, llévala suavemente de atrás hacia delante… Ya verás qué líquido sale…

    Se alargó bastante la manola por los efectos del alcohol, yo no paraba de meneársela pero no se empalmaba aunque se movía lujuriosamente. Le senté en el borde de la cama, pero se cayó de espaldas empujándome con él.

    Sin saber cómo llegué a tanto, me metí su morcilla en la boca. Me notaba tan mojada como en mis mejores años, dándome saltitos la cueva de follar. Seguí chupando ruidosamente, con ansia, hasta que a Juanito se le empezó a empinar sin decir nada, sólo suspiraba. Cuando estaba en su punto me la saqué de la boca y me quedé atónita. ¡Qué estaca tenía el muy ladrón!  Desde luego mucho más grande y gorda que la de mi marido. Yo me encontraba que no podía más observando su cipote y acariciándolo sus huevos con una mano para mantener la erección. El chichi me pedía guerra, deseando ser desfondado por aquel trozo de carne dura y joven

    En un arrebato apagué la luz de la habitación y, montándome encima de aquel rabo poderoso y caliente como un hierro al rojo, me puse a dar saltos de perra en celo corriéndome entre ayes y suspiros de loba cachonda.

    Juanito empezó a decir palabras que no entendía mientras me tocaba las tetas y todo el cuerpo. No dejaba de moverse y me estaba volviendo loca con su picha a reventar hasta la matriz, llenándome toda la cuevita del amor hasta el punto de encontrarme otra vez a punto de estallar con otro orgasmo. Deseé que su leche regara mis entrañas pero aunque se agitaba y suspiraba era incapaz de correrse, descabalgué y quise premiar a mi sobrinote con una buena corrida. Empecé chupándole las pelotas, seguí por su cimbel hasta llegar a su roja cabezota, casi amoratada.

    En aquellos momentos me susurraba que se iba a correr, que quería metérmela en el conejo. Le monté lo más rápido que pude y follándole con todas mis fuerzas llegué de nuevo al orgasmo mientras Juanito se corría llenándome el chocho con su caliente lefa. Fue maravilloso e incomparable, yo habría seguido hasta la agonía pero su picha se aflojó a toda velocidad quedándose dormido entre ronquidos bajo mi cuerpo hambriento.

    Me hallé de pie totalmente desnuda y con la leche aún caliente de mi sobrino resbalando por mis muslos. Le tapé con una manta después de ponerle los calzoncillos, me puse una bata y me tomé un café con leche, al volver a su dormitorio todavía se me pasó por la cabeza el meterme en la cama con él, pero no me atreví y allí le dejé dormido profundamente. Me acosté todavía excitada pero con las dos corridas que había sentido no tardé en caer dormida sin sentir ni siquiera la llegada de mi marido.

    Al día siguiente y aunque muy bien descansada, los remordimientos me atormentaron sobre todo hasta que mi marido se levantó a eso de las 12 de la mañana. Le expliqué lo de Juanito y él se mostró comprensivo, era una gran persona y eso me hizo sentirme aún peor. Cuando estábamos comiendo apareció Juanito con muy mala cara y por supuesto con una resaca de campeonato, se excusó como pudo y juró y perjuró que no volvería a beber tanto, que por favor no se lo dijéramos a sus padres, etc…

    Realmente si en su casa estaba consentido, en la nuestra era el príncipe de Gales. Para nosotros era como nuestro hijo, así que mi marido le hizo vestirse y asearse y le sacó a dar un paseo para hablar entre hombres y ayudarle a pasar su resaca seguramente bebiéndose alguna cerveza con sus amigotes del pueblo. Pasé un mal rato pensando si Juanito podría recordar lo sucedido la noche anterior, como no quería sentirme tan culpable pensé que todo volvería a su cauce y que para mis años me había dado un festín inolvidable abusando de la picha gorda y dura de mi sobrinito, que narices me lo merecía…

    Mi marido y Juanito llegaron con el tiempo justo de cenar. Mi Pepe se vistió deprisa y con un beso nos despidió a ambos ordenando cariñosamente a Juanito que se durmiera pronto para poder gozar de las fiestas que se aproximaban y estar en forma para María; esto último lo dijo con un guiño de ojo. Me sentí feliz con mi Pepe, era todo un padrazo o aún mejor, un amigo de mi sobrino.

    Quedamos solos tomando un poleo. Juanito me pidió perdón por las molestias que le había ocasionado la noche anterior, entre risas mutuas le conté su actuación a excepción de lo de la cama. Le pregunté por María y se puso colorado pero poco a poco fue confesándome lo que yo ya sabía. Necesitaba mi consejo y como yo le escuchaba tan bien me soltó:

    – Me vas a perdonar y por favor no se lo digas a mi tío, pero anoche con la borrachera tuve un sueño muy extraño. Soñé que me acostaba con María y la dejaba embarazada, mientras hacíamos el amor su cuerpo ya estaba de siete meses y sus pechos y su tripa eran enormes.- Se quedó en silencio y entrecortadamente siguió: -Pero la cara era tuya, ¡Tía perdóname!

    Se agarró a mi cuello gimoteando que aquello le pasaba por beber tanto y porque me quería mucho. Me besó en la cara, el cuello y en el escote de la bata. Yo le apreté contra mis senos mientras le decía que no se preocupara, que eso le pasaba por que cariño y que yo le quería como a un hijo. Mi escote se abrió aún más entre suspiros. El seguía besándome el canal de las tetas calentándome de forma explosiva, me agité sin remedio lo que hizo que la bata se abriera totalmente poniendo al descubierto mis grandes melones embutidos en un ligero camisón transparente. Juanito siguió besándome los pechos entre te quieros mutuos. No pude más y apreté su cabeza contra mis pezones endurecidos a través de la fina tela. Juanillo se aplicó a chupar alternativamente mis gordas tetas mientras con su mano me agarraba de un carrillo del culo apretándome contra el paquete de sus vaqueros.

    Me hice la estrecha y separándome de él me le quedé mirando. El bajó la cabeza hasta mis melones mojados a través del camisón, al momento volvió a hundir su cabeza entre mis pechos mientras me pedía perdón por su comportamiento. Yo le soltaba un rollo sobre las chicas mientras él me embelesaba con su timidez pidiéndome que le enseñara a hacer el amor. Decía que no podía contenerse y que le ayudara. Me lo decía con lágrimas en los ojos mientras me contaba cómo se excitaba sin poderse controlar con mi presencia. Me hice la dura pero por dentro estaba temblando de emoción, deseando decirle lo que había sucedido la noche anterior. No pude continuar con el engaño, así que haciéndole prometer que nada de lo pasara se lo contaría jamás a nadie, me comprometí a enseñarle a follar y a calmar su excitación.

    Le levanté del sofá y me lo llevé a su habitación como a un corderillo. Me quité la bata y le bajé los pantalones. Su polla se levantó erguida como un resorte, el seguía con la cabeza de baja, los dos de pie pero el muy pillo me descubrió una teta lanzándose a chuparla como un hambriento. Le retiré la boca de mis pezones diciéndole que me besara. El me obedeció pero agarrándose la picha con una mano me restregaba el capullo por la entrada de mi almeja.

    Todo era muy diferente a la noche anterior, me asusté con la posibilidad de que se corriera al momento pues le notaba a tope, me separé de él y volviéndole a hacer prometer el secreto de lo que estaba sucediendo, le dije que le iba a dar mucho gustito:

    – Te voy a hacer una cosita que te va a encantar, pero no te corras. Pórtate como un hombre y aguanta hasta que yo te lo diga.

    Separada de Juanito un poco me extasié de nuevo con la visión de su polla toda tiesa. Me arrodillé en el suelo y cogiéndola con las dos manos, acerqué mis labios a su capullo. Le di unos golpecitos con la punta de la lengua en toda la corona; después la conduje para que entrara en mi boca. Mientras tanto le masajeaba los cojones renegridos. Entreabrí los labios y los saqué hacia fuera, como cuando las mujeres nos pintamos. Los aproximé al glande: y éste fue pasando al interior poco a poco y muy suavemente. En el momento que tenía su roja cabezota dentro de mis labios, le giré el tallo y con la lengua di una vuelta en sentido contrario. Realicé un movimiento de derecha para el tallo y de izquierda para el capullo. Me sentía como comiéndome una piruleta mientras Juanito se retorcía de placer, tuve que parar varias veces pues sabía que una chupada más era para él correrse. Después de una pausa más larga me la introduje entera en la boca hasta tocar con mis labios los pelos de sus vergüenzas. Succioné provocando el vacío, sacándola muy despacio. Sus antes diminutas y fina venillas aumentaron al máximo su grosor. ¡Qué empalme más gigantesco y que placer sentirle a tope de vigor y juventud esclavizado por mi boca.

    De pronto, con un tirón brusco, mi Juanillo sacó su cipote de mi boca ya que estaba a punto de correrse.

    – Tía por favor, déjame correrme en tu vagina, por favor que no aguanto más, déjame hacerte el amor que te quiero mucho.

    Se estaba portando como un hombre y yo como un putón verbenero. Le cogí de la minga a reventar y le conduje a la cama, las palabras sobraban y para entonces mi coño era una presa a punto de estallar de caldos chochiles, le tiré de espaldas y subiéndome el camisón me empalé en su verga follando a toda marcha.

    La corrida mutua fue casi instantánea, con la polla de Juanito hasta los ovarios me incliné para llegar con mis labios a los suyos para unir nuestras lenguas en desenfrenada orgía. Su picha seguía tiesa mientras me agradecía lo que había hecho por él y me juraba amor eterno. Podría haber estado empalada en su picha hasta la muerte pero como una sombra en la noche me llegaron los remordimientos y un espíritu mojigato se apoderó de mí.

    Nos vestimos y entre miedos comunes pasamos un rato hablando recatadamente hasta que nos fuimos cada uno a sus aposentos.

    Las fiestas pasaron y ahora espero la llegada del verano siguiente. Cuantas pajas me hago pensando en mi aventura y en su próxima llegada.

  • En el cumpleaños de mi vecina

    En el cumpleaños de mi vecina

    Hola amigas, me llamo Sandra, estoy casada hace 10 años, tengo 31 años, y tengo un hijito, mi esposo Luis, es muy trabajador pero la verdad es que últimamente solo trabaja y trabaja y después a tomar con los amigos de la fábrica, y casi no salimos a divertirnos como pareja, y llega tan cansado o borracho que solo llega para dormir.

    Por eso me sentí muy contenta cuando mi vecina que es una morena, (que así llamamos en el Perú, a la gente de raza negra), que debe tener como 60 años, nos invitó a su cumpleaños, le dije a mi esposo, y de mala gana me dijo que bueno.

    Me arregle y me puse un minivestido negro, me aproveche, pues mi esposo solo me deja que me vista así cuando salgo con él, me peine mi pelo negro que es lacio, mis zapatos de tacao, y me mire al espejo, soy chiquita pero tengo un cuerpito que en la calle todavía me dicen barbaridades cuando ando sola, la verdad es que la verdad me moría de ganas de estar con mi esposo, así que me proponía marearlo con cerveza y después en la casa aprovecharme de él, me puse a esperarlo, el debía llegar a las 8pm.

    Dieron las 10 y no llegaba, en eso me llama por teléfono.

    – Sandrita avanza por tu cuenta que en la obra ha habido problemas, ya después te alcanzo.

    La verdad es que conozco a mi esposo, y me di cuenta que estaba mareado, solo le dije bueno, y me dije yo tengo ganas de bailar y me voy de todas maneras.

    Me fui a la casa de mi vecina, se escuchaba la música, cuando entre, me recibió mi vecina, muy contenta le di un regalito y se emocionó, su esposo que era un moreno de pelo blanco muy alto, me abrazo.

    – Que bueno que ha venido vecinita, y mejor que ha venido solterita, así todos vamos a poder bailar con Ud.

    El inmediatamente me saco a bailar, a mí me encanta bailar, así que feliz, estaban tocando un vals criollo, el me sujeto finamente por la cintura, me di cuenta mientras bailaba, que la mayoría de los presentes eran morenos que debían estar por los 60 tas, casi todos con sus parejas, cuando acabo el vals, vino mi vecina y brindo con un vaso lleno de cerveza, me di cuenta que ella ya estaba media mareadita, la fiesta estaba en su mejor momento y yo contenta.

    Ya era la medianoche y no me perdía una pieza, pues o mi vecino u otros morenos mayores, me sacaban a bailar, casi todo era criollo antiguo, valses, polcas, aparte que todos me fastidiaban pues era la más joven del grupo, me vecina me hacía barra,

    – Vamos mi vecina solterita, va a romper bailando a todos estos viejos, vamos Sandrita.

    Cada vez que me acercaba a ella para conversar, me hacía tomar un vaso lleno de cerveza, ya me estaba mareando, ella no podía bailar pues había tenido una fractura de cadera. En eso mi vecino me sorprendió al presentarme a un moreno joven y alto, debía tener como 40 años.

    – Sandrita te presento a mi sobrino José, él me va a reemplazar pues ya no doy con tanto baile.

    El me tomo la mano y comenzamos a bailar una salsa, bailaba muy bien, me daba vueltas, congeniamos al toque, me contaba que sus tíos lo habían criado, y siempre venia para sus cumpleaños. El baile seguía y la cerveza seguía corriendo de vaso en vaso, a mí me daba vueltas la cabeza ya era la 1 de la mañana, y por momentos me decía a qué hora venia mi esposo, pronto me olvidaba pues no dejaban que descansara de bailar. En eso veo que mi vecina se había quedado dormida, y entre su esposo y José, la llevaban a su dormitorio. Cuando regresaron muchas parejas se comenzaron a ir, José me saco a bailar un vals, y no sé si fue mi imaginación pero sentí como su brazo me pegaba un poco más a su cuerpo, me estremecí, pero no me resistí, sentí como su mejilla y sus labio se pegaban a mi oído.

    – Sandrita, mi tía me ha hablado de ti que eran muy buena con ella, pero no me había dicho que eras tan bonita, ni que tuviera un cuerpo para volver loco a cualquier hombre.

    Sentía como su mano en mi cintura me estrechaba un poquito más, me estremecía pero no me resistía, me decía que locura me estaba pasando, además no estaba haciendo nada malo y mi esposo llegaría en cualquier momento y todo esto acabaría, y sin querer de mi boca salieron estas palabras.

    – Y José, podrían volver loco a un hombre como tú.

    Mientras lo miraba pícaramente, sentí como su cuerpo disimuladamente se pegaba más al mío, protegido por el hecho que la mayoría de los viejitos ya estaban mareados y dicho sea de paso quedaban solo 5 o 6. en ese momento sonó mi celular, me desperté de mi sueño, era mi esposo.

    – Hola Sandrita, acabo de llegar a casa me duele un poco el estómago, además no tengo ganas de ir a un fiesta de viejos y para remate negros, no no, cuando te canses te vienes, me voy a dar un duchazo y me meto a la cama, chau -y colgó.

    José que me había soltado para que respondiera, me pregunta que quien era, yo le digo, es mi esposo que se siente enfermo y que no va a venir. Me sentía confundida. El sin más ni más, me estrecho a su cuerpo, no me resistía, me cuerpo no me obedecía, mi cuerpo se moría por estar con mi esposo, y ahora el no venía, pero mi cuerpo no estaba molesto, pues sin que yo se lo ordenara se pegaba a ese cuerpo de hombre que me sujetaba.

    – Que rica cinturita Sandrita, si fuera tu esposo nunca te dejaría sola, en manos de otros, pues es muy peligroso y la tentación es grande.

    Yo levante la mirada y viéndolo a los ojos, de mí boca salieron estas palabras,

    – José y tu resistirías la tentación?

    No podía creer lo que decía, yo era una mujer casada y siempre había sido fiel, pero el pegaba más su cuerpo al mío y yo no hacía nada para rechazarlo. En eso termino la pieza y los pocos que quedaban se despidieron de mi vecino de mí y de José, yo también entonces reaccione e intente despedirme de mi vecino, quería huir, me sentía débil. Cuando me acerque para despedirme de mi vecino el me miro a los ojos y me dice:

    – Vamos vecinita, báilese una última pieza para despedirse, solo la ultimita, baile con mi sobrino que el seguro piensa como yo y sentimos lo mismo, mientras yo me voy a dormir, después el la puede acompañar a su casa.

    Mi vecino se acercó al equipo de sonido, y entonces se retiró, y comenzó a sonar un bolero de Lucho Barrios, que era el preferido de mis padres, “Amor de Pobre”, entonces sentí a José que tomaba mi mano y sin más comenzó a bailar conmigo, sujetándome estrechamente por la cintura, sentía su cuerpo caliente y mi corazón que latía a 100, nuestro dos cuerpos se movían al ritmos del bolero como si fueran uno, su cara caliente se pegó a la mía y entonces sus dos brazos estrecharon mi cintura, me sentía débil, lo mire con cara suplicante y dije:

    – No no José no sigas estoy casa…

    No me dejo terminar la palabra, sentí como sus labios se unían a los míos, no me resistí ya mi voluntad ni daba más, nuestras lenguas jugaban desesperadamente, y nuestras manos no descansaban, las suyas recorrían todo mi cuerpo, sentí como sus manos en mi espalda corrían el cierre de mi espalda, y suavemente bajaba mi vestidito, yo ya no me oponía, es más creo que cuando lo tenía en las rodillas, mis piernas ayudaban a sacarlo, mientras nuestra lenguas seguían comiéndose todo avanzaba, mis manos no me obedecían y ya habían bajado el cierre de su pantalón, y mi mano había agarrado una maza de carne, que no pude evitar despegarme de sus labios para ver, ese monstruo que salía de su cuerpo con un solo ojo.

    Cuando repare, yo solo estaba con mi tanguita, y el estaba arrodillado chupando mis pezones.

    – Puta que ricas tetas, um um um, ah ah.

    Yo estaba recostada a la pared y me sentía que abajo me estaba mojando, no daba a mas, el siguió bajando y con sus manotas me bajo la tanguita, sin más me levanto como una muñeca desnuda y me echo en la alfombra, él estaba parado frente a mí, y sin más se sacó la ropa y al sacarse los boxes, pude ver su musculoso cuerpo negro y su maza de carne, era más grande y más gruesa que la de mi esposo, se agacho y sentí su enorme cuerpo encima mío, me separo las piernas y yo ayude en eso, él se recostó entre ellas y entonces sentí como ese cilindro de carne entraba en mí, tenía miedo que semejante pieza me rasgara, pero sentí como si bien me apretaba y todo mi cuerpo temblaba con cada centímetro que ingresaba, mi cosita se estaba comiendo todita esa pieza.

    – Ah ah que rica conchita Sandrita, que apretadita, ah ah, estas mojadita, carajo te voy a dar como no te da el cachudo de tu marido ah ah ah.

    Ya la tenía toda adentro y entonces comenzó a meterla y sacarla, adentro y afuera, una y otra vez, yo me sentía flotando de placer con semejante pieza dentro de mí, mis piernas automáticamente se atenazaron a su espalda, y me movía como loca a su ritmo para que entrara más.

    – Mas mas mas papi, rómpeme, no no la saques más mas, ah ah…

    No pude más y me puse rígida, me había venido un orgasmos terrible, hace mucho tiempo que no lo sentía, todo mi cuerpo sentía mil agujas, y todo me quemaba, el seguía y seguía con e l mete y saca, me sentía como una perra en celo quería más y más, cerré los ojos y me vine otra vez. Cuando los volví a abrir tenía una verga en mi cara, todo me daba vueltas, me sentía borracha por el licor por los orgasmos, casi nunca lo hacía, pero sin más la agarre con mis dos manos y la metí hasta la mitad en la boca, la chupaba arriba y abajo, todo me daba vueltas, pero en eso sentí como esa maza seguía entrando y saliendo de mi conchita, y entonces ¡¡¡que tenía en la boca!!! Entonces recién me di cuenta que el cuarto estaba a oscuras, pude ver la silueta desnuda de mi vecino!!!

    – Ah ah que rico vecinita, ya le dije que mi sobrino piensa igual que yo ah ah ah…

    No podía creerlo, me había convertido en una puta, tenía dos hermosas vergas dentro de mí, la de José entre mis piernas y la de mi lindo vecino en mi boca, pensé un segundo y lo seguí disfrutando, chupe y chupe, hasta que me vine en otro orgasmo, me sentía flotando en las nubes, cuando me di cuenta seguía con una pieza de carne en la boca, al abrir los ojos me di cuenta que era ahora la de José.

    – Anda Sandrita chupámela, ahora.

    Sin más ni más la chupe con más ganas, si bien esta era un poco más gruesa, lo hacía con desesperación, entonces sentía como otra pieza de carne entraba y salía de mi conchita, no podía mas me volví a venir mi cabeza reventaba, no me recuperaba cuando, sentí que tanto mi boca como mi conchita se llenaban de un líquido caliente, abajo no había problema,, pero en mi boca era tanto el líquido caliente que tenía que tragármelo lo mas rápido posible para no ahogarme, finalmente sentí unos huevos negros y peludos en mi cara, los bese y los lamí uno por uno agradecida de todo los que me habían hecho disfrutar.

    Los cuerpos del tío y del sobrino rodaron en alfombra, respirando fuerte, me senté en la alfombra y los admire y entonces lo hice, comencé a limpiar primero la pieza de mi vecino y después de dejarla limpita, lo hice con la de José, los dos suspiraban y suspiraban. En unos minutos se levantaron me ayudaron a cambiarme y José me acompaño a mi casa.

    Cuando llegue a mi casa, mi esposo se despertó y me pregunto, que tal la fiesta?

    ABURRIDA!!!

  • Mi alumna es mi puta

    Mi alumna es mi puta

    Yo me encontraba en la universidad entregando calificaciones a mis alumnos de enfermería, termine de entregarlas, todos se van excepto una de mis alumnas llamada Paulina quien se acerca a mí y me pregunta que por que la había reprobado, yo le explique la situación, pero ella me pregunta que si no hay forma de que la apruebe, yo le respondí que sí, que viniera a mi casa el fin de semana, Paulina es un poco inocente pero también es muy morbosa, así que ella ya sabía de lo que se trataba.

    Paulina es una estudiante de intercambio que tiene 19 años, ella es mexicana, tiene piel morena, una cara angelical, senos firmes pero grandes y unos glúteos y piernas tremendas.

    Finalmente llega el sábado a mi casa, vestida con un pequeño short y una playera, ambos muy apretaditos y que dejaban ver muy bien sus atributos, era obvio que Paulina quería aprobar.

    Le ofrezco un poco de vino y ella lo acepta, charlamos un rato hasta que por fin Paulina me dice:

    -Maestro, creo que es hora de que me apruebe

    Enseguida Paulina se quita su pequeño short y su tanguita, dejando su enorme trasero al descubierto, yo aprovecho el momento y me quito el pantalón, mi verga está totalmente erecta, pongo a Paulina en 4 patas y meto mi verga en su enorme trasero, ella empieza a gritar y gemir de inmediato.

    – ¿Qué te pasa Paulina, nunca te habían penetrado?

    A lo que Paulina responde:

    -Si me han penetrado, pero por el culo no.

    Y yo le respondo:

    -Pues será mejor que lo disfrutes, porque esta será tu primera vez.

    El ano de Paulina esta dilatado y mi verga puede entrar con un poco más de facilidad, después de unos minutos Paulina me dice:

    -Estoy exhausta, quiero descansar un poco.

    Yo: -Como quieras Pau, pero tendrás un castigo.

    Levanto mi mano y la impacto con toda mi fuerza contra las nalgas de Paulina (Plass), que de inmediato empiezan a moverse como si fueran gelatina.

    Yo: -Lista para una segunda ronda Pau

    Paulina: -Si estoy lista mara una segunda ronda, pero mis nalgas no.

    En ese momento Paulina se quita su playera y su brasier dejando sus enormes senos desnudos frente a mí, toma mi verga y la coloca entre esos enormes senos y comienza a masturbarme con ellos, estoy a punto de venirme y me vengo en la cara de Paulina, ella solo lame el semen que hay alrededor de su boca.

    Yo: -Muy bien Pau, has conseguido aprobar con un 10, eres una excelente alumna.

  • Una colegiala muy sexy

    Una colegiala muy sexy

    Por mi casa vive una chica de 18 años con su madre, ambas intentan salir adelante como pueden, la chica estudia y la madre trabaja, yo soy nuevo en la colonia así que no las conozco del todo bien; la chica está muy bien desarrollada, sus tetas son grandes y bien firmes, tiene un culo exquisito que dan ganas de cogerlo siempre que lo veo y un cuerpo delgado, aunque la chica no luce su cuerpo, siempre usa pants y camisetas, usa faldas solo cuando va a la escuela que es cuando puedo verla mejor; una tarde mientras regresaba de mi trabajo más tarde de lo habitual al entrar a mi casa escuche que alguien andaba en mi patio trasero así que con gran sigilo me acerque miré por una esquina y vi a alguien serruchando la cadena de mi bicicleta creo yo para llevarse la bicicleta, al aproximarme me di cuenta que era la hija de mi vecina la chica de que les hablé; la tome del hombro y le dije:

    – ¿Qué haces?

    – Ay no… – grito la chica con bastante preocupación

    – Ya se me hacía raro que siempre te veía mirando a mi patio, ya se me han perdido varias cosas así que imagino que tú eres la culpable.

    – No… por favor, yo solo…

    La chica estaba en shock, yo había notado que algunas cosas que dejaba desaparecían, como herramientas y accesorios del patio, así que en un intento por captar quien era intente poner una cámara sin éxito, solo deje una webcam mirando hacia el patio, más no estaba conectada a ningún sitio. Entonces en ese momento vino la lujuria a mí, porque no aprovecharme, así podría ver ese culo de cerca y sin problemas, entonces dije…

    – Llamaré a la policía y les daré el vídeo de la cámara de seguridad – le dije mientras señalaba la web cam

    – No por favor… mi mamá quedara destrozada… por favor no – rogaba la chica

    – Ah no quieres, entonces tienes que hacer todo lo que te diga, ¿está claro? – le dije mientras la tomaba del brazo

    – Si… – respondió entre sollozos

    La hice entrar a mi casa, una vez allí la senté y le dije:

    – Bien, no llamaré a la policía ni le mostrare el video de la cámara de seguridad si tú haces todo lo que te ordene – dije con voz altiva

    – Pero por favor no muestres ese vídeo… por favor, hare todo lo que digas – dijo la chica algo desesperada

    -Bien, para empezar quiero que vayas a tu casa y que te pongas tu uniforme escolar y regresa enseguida, si no regresas llamaré a la policía y les daré el vídeo.

    – Está bien – dijo la chica mientras salía en dirección a su casa

    Tardo un rato pero al final regresó, se veía suculenta con ese uniforme de falda azul marino y blusa blanca tipo polo.

    – Bien, ahora quiero que te quedes quieta y no te muevas al menos que yo te diga.

    Entonces me acerqué a ella, con gran excitación la acerque a mí y la tome de su culo mientras lo apretaba con fuerza, la chica grito

    – Pero que haces… degenerado… no me toques – dijo mientras se alejaba

    – Hey, cálmate- le dije mientras la dominaba con fuerza- Ya te dije lo que te pasara si no haces caso, me entiendes hablo en serio, ahora haces lo que te digo

    La chica solo agacho la cabeza y se dejó.

    Yo seguí por tomarle los senos, eran esponjosos y bien duros, no sabía qué hacer con tanta hermosura, estaba muy excitado, entonces le dije que se diera vuelta y la empuje hacía una mesa, le dije ordene que me bajara el cierre y que me sacara el pene, la chica bastante sonrojada me dijo

    – Es que nunca lo he hecho… soy virgen… nunca he visto a un hombre desnudo

    – Eso me da igual, tú me abres el pantalón maldita zorra – dije bastante excitado

    La chica no le quedó otra más que obedecer, me bajo el cierre lentamente y me bajo el pantalón lo mismo hizo con mis calzoncillos, yo tenía una súper erección, entonces le di la vuelta y la tenía a mi merced, no quería penetrarla ten rápido así que lo que hice fue restregarle mi pene en su trasero mientras la tomaba del cabello, estuve un buen rato en ello, hasta que repleto de lujuria le di una nalgada y le dije.

    – Ahora, ponte de rodillas y chupámela…

    La chica se dio la vuelta y se puso de rodilla, todavía seguía con su uniforme puesto eso me excitaba, es un fetiche que tengo; la chica solo miraba mi pene sin hacer nada entonces le dije:

    – Vamos trágatelo, si ya vi que eres bien puta

    – Pero es que no sé…

    – Solo metelo en tu boca perrita.

    La chica con gran desdén comenzó a lamer la punta de mi pene, y poco a poco la introdujo en su boca, aquello fue lo más excitante que había sentido en mi vida, cuando estoy excitado siempre digo groserías y esa vez no fue la excepción…

    -Vamos, así, chúpala, que zorrita…

    ¿Verdad que eres mi puta?

    La chica no respondía, entonces la tome del cabello y le dije

    – Responde carajo, o quieres que te acuse

    La chica con gran humillación tuvo que responder

    – Si

    Que rico la chupas, mami…

    ¿Que eres? -preguntaba yo

    – Tú puta – me decía la chica

    Estuvo chupándomela unos 15 minutos aproximadamente, hasta que sentí que no podía más, entonces la aparte y la hice que se diera vuelta, una vez que la tenía su culo enfrente mío comencé a pajearme, apunté bien y le dio un baño de semen, termino con todo el culo lleno de semen, me excitaba el contraste entre el color blanquecino y el azul marino, le dije a la chica que volviera el día siguiente pero esta vez que se pusiera una minifalda sin nada más. La chica estaba nerviosa y triste, yo por mi parte estaba satisfecho, me excito más el verla irse bañada en mi leche. Aquella noche dormí como nunca, esperando el día siguiente.

     

  • El jefe Chimbo

    El jefe Chimbo

    Hola, gracias por pasearse por mis relatos, me presento, mi nombre femenino es Paulina, tengo 30 años y actualmente tengo la fortuna de poder vivir casi a tiempo completo como mujer, sin embargo no siempre fue así, y de estos recuerdos es de donde me agarro para compartirles y escribir mis relatos, en esta ocasión les contaré una experiencia que sucedió cuando inicie mi vida formal independiente, fuera por fin del hogar de mis papis, quiero aclarar que no me salí enojada de casa de mis padres, ni mucho menos tuve la desgracia de que me corrieran por mis preferencias sexuales, gracias a Dios, aunque un tanto cerrados y a regañadientes mi familia termino aceptando (después de algunas malas experiencias, que poco a poco les contare) que en mí, jamás encontrarían un varón como tal, pues a su hijo, o más bien a su hija, le encanta, le fascina e idólatra la verga.

    Está de más decir que me encanta vestirme de mujer, tengo un muy bonito cuerpo, herencia de todas las mujeres de mi familia, piernas anchas, abdomen planito, piel morena clara, pero sobre todo, un culo enorme y firme, créanme que no les miento cuando les digo que es la parte que más me chulean los hombres.

    Aunque actualmente soy un homosexual desclosetado, en aquel momento únicamente podía vestir acordé a mis preferencias sexuales solo en casa, ya para ese entonces, contaba con un amplio guardarropa femenino con toda clase de accesorios, pelucas, tacones altos, maquillaje y lencería de primera, que fui comparando poco a poco a mi gusto. Aclaro, me gusta y siempre me gustó el encaje por sobre todas las cosas.

    Mi relato tiene lugar en la CDMX por el año 2009, tenía yo 22 añitos, y como ya me describí un poco antes, gozaba de una linda figura y muchas ganas de explotarla y aprovechar mi juventud. Cierto día me encontraba solita en mi departamento y estaba muy aburrida, así que decidí probarme lencería. Me gustaba mirarme al espejo durante horas mientras modelaba y caminaba con batas, tacones, pelucas, medias, ligueros, vestidos sumamente cortos y ajustados, etc., en fin, disfrutaba plenamente de la libertad que había obtenido al vivir sola.

    Vivía en el segundo piso, de un edificio de 4 pisos, trataba de no hacer tanto ruido con los tacones para que mis vecinos no sospecharan, todo mi caminar era encima de una alfombra gruesa.

    En aquella época vivía por Cuautitlán, Edo. México, en una zona de edificios de departamentos, y las unidades estaban cercadas en secciones de 4 edificios, y a cada entrada había una caseta de vigilancia bastante grande, inclusive las casetas tenían un segundo piso donde estaba el baño para los vigilantes.

    El turno de los vigilantes era de 24 horas, y eran tres los vigilantes que trabajaban ahí, dos eran jóvenes, como de 35 y 30 años, pero uno, el coprotagonista de mi relato y en este caso el que nos importa conocer era de aproximadamente 55 años, alto, fuerte, con un poco de barriga propia de un hombre de su edad, muuuuy moreno (casi llegando a negro), con pinta de hombre costeño.

    No les puedo negar que desde que descubrí mi gusto por la ropa de mujer y después por los hombres, siempre he fantaseado con hombres maduros, así que ya sabrán cuál era el que me gustaba a mi. A el le decían jefe Chimbo, y supongo que entre todos los vigilantes de las demás casetas tenía cierto rango, pues todos los demás vigilantes le reportaban a el las anomalías.

    Este señor era el típico macho, se la pasaba buscando pretextos para hablar con las vecinas, les miraba el culo cuando pasaban, o se ofrecía a llevarles sus bolsas hasta sus departamentos. Por el puro placer de verlas caminando delante de él. Jamás imaginé que pasaría lo que estoy a punto de relatar.

    Una noche como a eso de las 10:30, había sido un día largo en el trabajo, así que sentía que me merecía ser consentida por mi misma, después de depilarme completamente y lista para darme un baño, me quedé sin agua en la regadera, no sabía que hacer, estaba al corriente con mis pagos y era muy raro que me quedara sin agua.

    Decidí salir a hablar con el vigilante, para saber si el sabía algo al respecto, me puse rápidamente un fino pantalón de mi pijama, que a pesar de ser de hombre, de tan delgado que era se me transparentaba y se pegaba a mi cuerpo, obviamente para ese punto en mi vida yo me había olvidado por completo de la ropa interior de hombre y todo el tiempo usaba o tangas oculta pene, o bóxer cacheteros, ese día traía una tanga negra con holanes, que seguramente lograba marcarse debido a la transparencia que provocaba la fina tela del pantalón de la pijama, encima me puse una sudadera cualquiera, ya que mi edificio era el más cercano a la caseta. Cuando llegué toqué un par de veces pero nadie me atendió, así que decidí abrir la puerta para ver si no estaba dormido el vigilante, hasta ese momento no sabía que le tocaba el turno al Jefe Chimbo.

    Pase y saludé con un clásico “buenas noches», pero nadie me respondió. Había un sillón grande como para tres personas y cobijas donde generalmente dormían los vigilantes, pero estaba todo revuelto. Lo que llamó poderosamente mi atención, fue que debajo de las cobijas había varias revistas. Cuando me acerqué un poco más, me di cuenta que todas eran revistas porno, pero no de cualquier tipo de porno, eran revistas de travestis y transexuales!!! En eso que escucho que le bajan al baño en el segundo piso, dejé todo como estaba y volvía decir «buenas noches», con voz temblorosa. Esta vez obtuve una respuesta un tanto molesta «Ahorita bajo» Se escuchó el ruido del cinturón mientras se subía el pantalón y enseguida vi al Jefe Chimbo bajar las escaleras con una de las revistas dobladas entre el brazo. Fingiendo completamente no saber de qué se trataba la revista que llevaba le dije:

    P -Perdón Jefe Chimbo, buenas noches, lo que pasa es que me quedé sin agua y quería saber si Ud. Sabe si ya me la cortaron o algo así?

    JC- Acaso no has pagado? me respondió de manera seca

    P- Sí, precisamente por eso es que vengo, porque ando al corriente.

    JC -Bueno, regrésate a tu casa, voy a checar los tinacos y ahorita paso a avisarte, vives en el 204 verdad?

    P -Sí, muchas gracias, entonces ahí lo espero.

    Y terminé la conversación sonriendo casi de una manera coqueta, demasiado tarde me di cuenta de esto, así que lo único que esperaba era que no fuese contraproducente, pues pensaba que si el Jefe Chimbo tenía fama de machito y era demasiado perro con las vecinas, podría odiar a un simple jotito como yo y en ese momento podría hacerme cansado mi problema con el agua, sin embargo, al caminar de regreso a mi edificio, me percate de que el Jefe Chimbo se había quedado en la puerta de la caseta de vigilancia, justo como si cuidara que llegará yo bien hasta mi edificio, ¡ Pero lo que en realidad hacia era verme de la misma forma en como veía a las vecinas, pues seguramente se me veía mi pequeña tanga marcada en mis grandes y redondas nalgas contoneándose debajo de la ligera tela de mi pijama, la verdad es que yo no quería quedarme con la duda, pues como ya les había confesado previamente este hombre también me gustaba a mi, así que me arme de valor y me animé a voltear hacia la caseta y pude comprobar que en efecto el Jefe Chimbo me estaba mirando el culo de una manera morbosa y descarada, yo solo atiné a sonreírle un poco más.

    Cuando llegué a mi departamento, un mar de emociones y dudas invadían mi cabeza, no podía dejar de imaginarme al Jefe Chimbo masturbándose viendo la revista de travestis en lencería. De qué tamaño la tendrá? Le gustare yo? Le abra gustado mi culote? Se me notaba mi tanga?

    Decidí que si se arreglaba el problema del agua me iba a masturbar como loca pensando en el Jefe Chimbo mientras me bañaba.

    Cómo a los 15 minutos tocó a la puerta y me dijo que todos los tinacos estaban casi vacíos, pero que ya lo había reportado y se debía a una fuga en una colonia vecina, que hasta el día de siguiente lo restablecerían. Le di las gracias con una nueva sonrisa y cerré rápido, me sentía algo nerviosa y con el corazón acelerado en ese momento, como si lo mirara ahora de una manera diferente.

    Pasaron los días y no podía dejar de pensar en lo sucedido con el Jefe Chimbo, quería buscar cualquier pretexto para ir a la caseta y verlo, pero era muy pronto, así que me conformaba con masturbarme pensando en este macho moreno, como tendría su verga? me la imaginaba muy morena y peluda como el.

    Un día después de una clásica sesión en lencería me encontraba muy caliente, me masturbé pero eso no ayudó, seguía estando bastante cachonda. Yo quería darme un baño, para bajarme la cachondez, cuando de pronto otra vez faltaba el agua, pensé que era el pretexto perfecto ya que no era inventado, rápido me puse el mismo pantalón de la pijama de la vez pasada y una playerita, y traté de acomodar mi tanga que traía ese día para que se notará lo más que se pudiera sin llegar a parecer que era yo una ofrecida. Cuando llegué a la caseta toqué y para mi mala sorpresa estaba en turno uno de los vigilantes jóvenes, el más joven. Le dije lo que sucedía y me comentó que restablecerían de nuevo el agua hasta el día siguiente, desilusionada regrese a mi departamento y supe que no se me haría pronto volver a ver al Jefe Chimbo sin un pretexto bueno.

    Pero fue tanta mi calentura y mi fantasía que decidí hacer que las cosas fueran más rápidas y poner a prueba al Jefe Chimbo para saber de una vez por todas si podía obtener una oportunidad de allí o de plano era una oportunidad perdida. Así que como buena fémina que soy, maquile un plan para saber y de una vez por todas llevar a cabo lo que tanto deseaba: ser cogida por este macho, y mi plan era que me vestiría de una manera sexi, sin usar completamente ropa de mujer, pues si mi plan fallaba no quería pasar un mal momento o ser quemada en la unidad por el Jefe Chimbo diciéndole a todos los vecinos que en el 204 vivía un jotito ofrecido, entonces trataría de ser lo más cautelosa posible, así que el día que seleccione, a propósito descompondría la regadera de mi baño, bajaría a la caseta con el Jefe Chimbo, y le pediría ayuda para volver a colocarla y al estar vestido con algo sugestivo pero sin exagerar, podría ver si de verdad me miraba el culo como a las otras vecinas.

    Estaba todo planeado, hasta el último detalle, si me miraba de manera morbosa, como la última vez, llevaría el juego hasta el límite, y si no, no quedaría expuesta con el.

    Comencé a ver qué día le tocaba a él, era un lunes, así que el movimiento en la privada estaría tranquilo, a las 11 ya estaba cerrada la privada y quienes llegaran debían bajarse a abrir el portón por su cuenta. Sabía que tenía que apurarme antes de que se masturbara, así lo agarraría caliente y tendría mayores posibilidades con el. Me puse un shortsito de fútbol soccer que me quedaba un poco ajustado y encima una playera de tirantes y una sudadera que cubría mis nalgas, parte de mi plan es que si el Jefe Chimbo aceptaba venir a ayudarme a mi departamento, me despojaria de la sudadera con cualquier pretexto, quedando únicamente en el ajustado shortsito y la playera.

    Así que con todo debidamente planeado, me dirigí a la caseta, totalmente decidida a ser la hembra de este macho, me asomé por la ventana y justo vi cómo estaba leyendo una revista mientras se sobaba un gran bulto que se notaba demasiado por debajo de su pantalón. Así que toqué de inmediato a la puerta y el Jefe Chimbo me contesto:

    JC -Quién es?

    P -Perdón, Jefe Chimbo, buenas noches, disculpe que lo moleste otra vez pero necesito ayuda

    JC -Este… Sí, Un segundo…

    Se tardó más de un minuto en salir, supongo que esperaba que se la bajara la erección. Por fin abrió la puerta y no me pude contener, mis ojos fueron directamente a su paquete a ver si mi teoría era cierta, movimiento que el Jefe Chimbo detecto de inmediato. Por lo que Proseguí con mi plan. Le dije:

    P -Perdón Jefe Chimbo, es que tengo problemas con mi regadera y quería ver si me podía ayudar.

    JC -Otra vez te quedaste sin agua?

    P- No, lo que pasa es que no la puedo poner, siento que se barrió.

    JC- Bueno, a ver si te puedo ayudar, lo bueno es que yo se un poco de plomería, definitivamente necesitas un hombre en esa casa.

    Este último comentario me hizo pensar muchas cosas, pero no supe que contestarle, así que nos dirigimos rumbo a mi departamento y camino a este yo me fui delante de él todo el tiempo y subí las escaleras contoneándome de la manera más sutil y a la vez coqueta que pude, ya sin miedo a que se diera cuenta de mis preferencias sexuales. Cuando llegamos al departamento cerré la puerta, sin llave para que no sospechara, lo encaminé al baño y le di la regadera que acababa de quitar.

    El Jefe Chimbo era muy alto, de cuerpo grueso sin ser gordo, tenía las manos muy gruesas también y muy marcadas de venas, supongo que por el trabajo duro, la nariz grande.

    Usaba un uniforme que consistía en una camisa blanca con mangas cortas, y un pantalon negro, con dos lineas rojas a los lados, un cinturón con muchas bolsitas para guardar cosas, de esos que también usan los policías, de este colgaba también un garrote, una lampara, un juego de esposas y un juego de llaves, supongo que de las rejas y las áreas cerradas, además usaba botas tipo militar y una especie de gorro con un logotipo que después me enteré, era el logotipo de la corporación de seguridad privada para la que trabajaba.

    Cuando le di la regadera no le costó colocarla por su altura, afortunadamente estaba algo barrida así que no mentí del todo, me preguntó que si tenía un poco de cinta teflón y me dirigí por ella, ese era el momento perfecto para quitarme la sudadera y lucir mis piernas y mi culo con el ajustado shortsito que traía puesto, cuando regrese con la cinta, el Jefe Chimbo no pudo disimular su asombro al verme, yo me excuse diciéndole:

    P- Me quite la sudadera para poder ayudarle en algo, por si se necesita.

    JC- Claro, gracias.

    Era evidente su nerviosismo y sorpresa, y me dijo:

    JC- Oye, veo que en esa maleta tienes algo de herramienta, podrías facilitarme unas pinzas de presión o un perico? Ocupo apretar la regadera para que no vuelva a zafarse.

    P- Claro, un segundo.

    Me incline de una forma muy descarada, totalmente dándole la espalda y con mis nalgotas apuntándole a el y comencé a buscar lo que me había pedido, tardándome a propósito más de lo debido en encontrarlo, cuando pensé que ya le había dado el tiempo suficiente para deleitarse con mis gran culo femenino, me voltee y vi que en efecto el se había clavado por completo en la rica visión que le regalé. A pesar de esto, para mi no era prueba suficiente, tenía que hacer algo más para poder estar completamente segura y poder pasar a la siguiente etapa de mi plan, estaba pensando en eso cuando me dijo:

    P- Vaya culo que tienes eh!, parece el de una mujer, si mal no vi, hasta depilado estás!

    Sentí como si un rayo eléctrico me paralizará, a pesar de que esperaba una reacción de el, no pensé que fuera tan pronto, ni tan directa.

    P- Gracias

    Fue lo único que pude decir mientras me sonrojaba.

    JC- Bueno, pues ya quedó, si estaba algo barrida, si vuelves a necesitar ayuda para lo que sea, avísame y yo vengo de inmediato.

    P- Muchas gracias Jefe Chimbo.

    Le decía mientras miraba al piso y no lo volteaba a ver por la pena. Lo acompañé hasta la puerta y cerré con llave. De camino a mi habitación pensé para mí misma:

    P- Soy una tonta, era mi gran oportunidad y la desperdicié.

    Me pasé la noche triste, pues pensé que después de eso sería más difícil lograr mi cometido, aunque fue todo lo contrario, pues en los días siguientes, cada que era turno del Jefe Chimbo, el mismo buscaba pretextos para coincidir conmigo, así que me puse muy contenta y la excitación la tenía al mil, no dejaba de pensar como llevaría a cabo la siguiente parte de mi plan para poder tener en mi cama al Jefe Chimbo.

    Comencé a llevar la cuenta de los días de guardia del Jefe Chimbo, así que seleccione el día que a mí parecer era perfecto, cayó en viernes, y si me desvelaba como tenía planeado hacerlo, al otro día no me pesaría levantarme a trabajar, a eso de las 6 PM escribí un pequeño recado y fui rápido a la caseta, lo metí debajo de la puerta, toqué y me fui lo más rápido que pude, cuando llegué al departamento pude ver que apenas El Jefe Chimbo salía de la caseta y cómo recogió la nota y cerró la puerta. La nota decía más o menos así:

    “Jefe Chimbo, buenas tardes, antes que nada me gustaría agradecerle infinitamente por la ayuda y su atención que me a brindado, espero no sea molesto para Ud. Volver a ayudarme, pues nuevamente ocupo de sus habilidades de plomería, espero pueda pasar a las 10:30 en punto a mi departamento, lo cito a esa hora pues en agradecimiento le tendré algo listo para cenar” atentamente Depto. 204

    A este punto, ya no había vuelta atrás, pensé, pues seguramente el Jefe Chimbo detectará la indirecta de mi parte.

    Eran las 9 PM y yo ya me encontraba bañada y depilada, sólo me hacía falta elegir la ropa adecuada.

    Primeramente, comencé la hermosa sesión de maquillaje, escogería algo sencillo y solo pondría especial énfasis en mis ojos, pues siempre he tenido la idea de que una mujer puede bajar cierres tan solo con su mirada, por lo que me aplique una base de maquillaje color canela claro por todo mi rostro, enseguida selle mis poros con un poquito de polvo traslúcido, aplique en esta ocasión rubor en mis mejillas, solo un poquito casi nada, pues era maquillaje de noche, Proseguí a pintar mis párpados con sombras oscuras, y pinte una amplia línea a todo lo largo de la parte superior e inferior de mis ojos, casi para terminar aplique gruesas capas de rímel en mis pestañas, en aquella época utilizaba un rímel de la marca L’Oreal que me ayudaba a ganar volumen en las pestañas, era en verdad mágico, y ya por último, con un lápiz de maquillaje remarque mis cejas perfectas y dibuje un sexy lunar justo arriba de mi labio superior, este detalle siempre me pareció demasiado femenino. Al terminar mi maquillaje, tome una de mis pelucas favoritas, era castaña clara, rizada y me llegaba por debajo de los hombros, la peine a modo que las capas naturales de la peluca dieran la ilusión de ser mi cabello natural, y acomodando la caída todo del lado derecho, dejando descubierta en su totalidad la parte izquierda de mi rostro, un par de pasadores con forma de mariposa me ayudaron a sostener la peluca a mi red interna y además me dan un toque sumamente femenino, mi peinado estaba listo. Ahora tocaba iniciar la difícil selección de la lencería, en definitiva quería cautivar y provocar la lujuria en este macho, por lo que después de muchas pruebas y muchos cambios entre selecciones de conjuntos, me decidí por una de mis tangas oculta pene color cereza, está tanga en particular me gustaba pues tenía detalles de encaje y flores, y se me encajaba mucho entre mis nalgotas respingándolas aún más, y tal y como lo dice su nombre, me ayudaba a ocultar mi pequeña verguita, dejándome la impresión de tener un lindo monte de Venus. Para la parte superior seleccione un bra negro con efecto push UP, que juntaba mis pequeñas bubis y me hacía ganar volumen y apariencia de un muy respetable escote. Para esta ocasión había preferido no usar medias ni ligueros, pues pretendía usar unos leggins negros de tela de nylon, a juego con un blusón que simulaba piel de leopardo, que llegaba un poco debajo de mis nalgas, pero más arriba de medio muslo, cortito cortito, esa noche estrene unas botas que había comprado a una señora por catalogo de Price Shoes, (gracias a Dios tengo el pie pequeño, apenas calzo del 6 ½, por lo que nunca tuve problemas para poder encontrar y comprar calzado femenino de mi agrado, y por fortuna nunca faltaba la vecina que vendía ropa y calzado por catalogo, así que podía pedir los catálogos con el pretexto de que mi mamá quería encargar unas botas o unas zapatillas y nunca recibí una mirada rara cuando me los entregaban), en fin, estás botas eran cafés, llegaban casi a la rodilla y lo atractivo de ellas era su fino tacón de aguja, pues al ser de 12 CM me ayudaban a corregir mi postura y paraba más mi ya de por si muy femenino y redondo culo, haciéndolo en verdad muy llamativo a la vista masculina, (efecto de este tipo de tacones comprobado con anterioridad en varias ocasiones), complemente mi atuendo de esa noche con un sexy cinturón también en color café justo a la altura de mi ombligo, que me ayudó a estilizar mi figura y entallo el blusón a mi cuerpo de una manera muy deliciosa, sobresaliendo mis respingones y redondos atributos femeninos, me coloque algunos accesorios a juego: pulseras, collar, un reloj de pulsera de dama, y un par de aretes en forma de corazón que me encantaban.

    Cuando me sentí lista, me miré al espejo y me sentí en verdad espectacular, me gustaba mucho la imagen que el espejo me regalaba, desde que tengo uso de razón nunca fui para nada masculino, todo lo contrario, incluso de más chico, cuando en algún momento llegue a tener alguna noviecita, a veces recibía comentarios por parte de ellas o de otras personas en los que me decían que me veía más femenino yo que ellas, bueno a este punto de mi vida eso era un verdadero halago, en ese momento no existía nada de mí parte masculina, todo y absolutamente todo en mi funcionaba en mi modo femenino, y yo lo sabía y lo entendía a la perfección, por lo que aún mirando el espejo me dije a mi misma:

    P- Bueno Paulina, estás radiante, es hora de entregarte como la hembra ansiosa de verga que eres a este macho, lo tienes todo para tener a este Guardia madurito en tu cama.

    Mire la hora y eran las 10:15 PM y moría de la ansiedad, los minutos se me hacían eternos, apagué todas las luces del departamento y solo deje encendida la del baño que alumbraba la entrada y el pasillo que conectaba a todos los demás cuartos de una forma tenue.

    Estaba justo por asomarme por la ventana cuando escuché que tocaron la puerta, no hacía falta preguntar quién era.

    P- Buenas noches Jefe Chimbo, pase por favor.

    JC- Buenas noches señorita, me dijo el joven que de nuevo tuvieron problemas con su regadera.

    Esta vez el Jefe Chimbo no hablaba con esa voz gruñona que siempre tenía, más bien se dirigía a mi de una manera muy atenta, justo como cuando se dirige a las vecinas, esto obviamente me encantaba, pues significo que la primera imagen mía que le regalaba la poca cantidad de luz de la sala lo había cautivado, y esa era mi intención. Así que seguí:

    P- Sí, sígame por favor.

    Entre penumbras yo me contoneaba como una zorra, y sabía que el Jefe Chimbo tenía clavada su mirada en mi femenino culote, a mi me encantaba el ruido que mis tacones producían, para ese momento me sentía tan mujer que no me importaba que los escucharan mis vecinos.

    Llegamos al baño y pensé que con la luz él se daría cuenta del engaño, pero actuó como si nada y comenzó a aflojar la regadera. Él no hacía nada más que volver a colocarla, ni siquiera me volteaba a ver a pesar de mi mirada directa y coqueta. Así que pensé en romper el hielo y le dije:

    P- Le ofrezco algo de tomar Jefe Chimbo?

    JC- No gracias muñequita, estoy en servicio, y no puedo tomar alcohol.

    P- Claro, ya será en otra ocasión.

    JC- Pero muchas gracias. Por cierto, no sabía que vivías aquí con tu hermano, nunca te había visto.

    Por dentro sentí que el fuego me subía hasta la cara y se disparaba para todos lados.

    Ya estaba yo en mi máximo punto de excitación y de atrevimiento. Así que era el momento exacto para atacar con todo, y le dije:

    P- No, yo no tengo ningún hermano, vivo aquí sola, pero hace un par de días un hombre madurito que me encanta, me dijo que tenía un culo de mujer, así que decidí vestirme como tal para el.

    Apenas termine de decir esto y el Jefe Chimbo volteo a mirarme mas que sorprendido algo espantado, su cara fue tan cambiante que hasta yo me espante, pues pasaba por mi cabeza que quizá su reacción no sería la que yo esperaba, por lo que pregunte:

    P- Pasa algo Jefe Chimbo?

    JC- No, no, no es nada malo, perdone mi expresión señorita, es que está usted tan bonita que de plano me fui con el engaño y en verdad creí por un momento que tenía una hermana, pues su carita es igual de hermosa y aniñada con y sin maquillaje, en verdad, por favor discúlpeme señorita.

    Después de unos segundos de silencio habló por fin con seguridad y retomando por fin el estilo machista que lo caracterizaba.

    JC- Y bueno, sostengo lo que te dije, tienes un culito bien hermoso, como de chica, y te ves bien rica así vestida.

    P- Muchas gracias, me gusta ser una mujer sexy y es bueno tener a un hombre maduro en casa, pues hay cosas que una niña cómo yo no puede hacer solita y por eso se necesita a un hombre como ud en casa.

    JC- Pues no necesitas seguir buscando bonita, ya me tienes aquí. Por cierto, creo que tú regadera ya casi quedo lista.

    Me acerqué a él, de una forma casi felina, sensual, puta, mientras terminaba de colocar la regadera con las manos estiradas pero sin perderme la vista ni un solo momento, así que «accidentalmente» abrí la llave del agua.

    P- Ay perdón Jefe Chimbo, ya lo mojé todo, que pena.

    JC- No te preocupes hermosa, estas cosas pasan.

    P- Ay no, que pena, vamos a tener que quitarle esta camisa para que yo pueda ponerla en la secadora.

    Comencé a desabotonarlo y mis manos acariciaban su pecho sumamente peludo y sus fuertes y varoniles brazos. El momento me pareció perfecto para pasar al siguiente paso, por lo que en tono de niña inocente le pregunté:

    P- Jefe Chimbo, le gustaría que fuéramos a mi habitación?

    JC- Niña hermosa, me gustaría mas que nada, pero por favor ya no tienes que decirme Jefe Chimbo, tu puedes llamarme por mi nombre, me llamo Pedro.

    P- Gracias papi, pero me gusta más decirte Jefe Chimbo, pues de esta manera me cumples mi fantasía de estar con un madurito uniformado.

    JC- Bueno, siendo así, puedes llamarme como gustes preciosa, también debo sincerarme contigo y decirte que soy un hombre casado, y si después de esto tú quieres que me vaya lo entenderé.

    P- Descuida papi, no soy celosa, me gustas mucho y puedo compartirte con tu esposa.

    Tras este último comentario su erección se disparó al máximo y ahora el en un tono casi de súplica me pidió:

    JC- Ok niña hermosa, vamos a tu habitación por favor, quiero enseñarte lo que puede hacerle un verdadero macho a una hembra ganosa como tú.

    Me giro del brazo de una manera brusca, y acto inmediato me propinó una nalgadota en mi culito dejándome en claro que a partir de ese momento el era allí el hombre y yo su mujer. Camino a mi habitación iba contoneándome de la manera más provocativa posible, y me percate de que el Jefe Chimbo iba sobándose su hinchada verga por encima del pantalón, provocando que se le marcará un inmenso paquete el cual estaba yo muy ansiosa por descubrir. Al llegar a mi habitación yo esperaba que mi macho se me abalanzara encima y que casi casi me arrancará las ropas, pero sucedió todo lo contrario, el Jefe Chimbo me abrazó por detrás y comenzaba a besarme de una forma tierna, al notar mi sorpresa me dijo:

    P- Acaso mi hembra pensó que me la cogería solo así? No mami, un verdadero macho seduce a su mujer, quiero seducirte hasta que estés totalmente mojadita para recibir el gran trozo de verga que se carga tu hombre.

    Me dijo esto último mientras me restregaba su hinchado paquetote en mis ansiosas nalgotas, sus grandes manos no perdían el tiempo y con una me acariciaba mis senos de una forma tan experta, que me arrancaba gemidos de placer y con la otra se recreaba en mis contorneadas piernas, en pocas palabras me estaba llevando al cielo del placer, claramente estaba decidido a que le pidiera verga como la puta golosa que yo era. Sin embargo, yo quería saber hasta dónde podía llevarme este macho con su experiencia que demostraba, por lo que solo me mordía el labio para no hablar. De pronto, sus suaves caricias fueron cambiando de tono, sus manos descendieron hacia mi espalda baja, pero sin llegar a mis regordetas nalgas. Sus besos se hicieron mas osados, su lengua ya penetraba mi boca y se enroscaba con la mía. Su cuerpo se aproximó más al mío y sentía su calor. Levantó mi blusa y sus manos buscaron mis senos acariciándolos ahora de una forma más rica, al fin venció mi resistencia y obtuvo respuesta de mi parte a sus caricias. Para ese momento yo estaba totalmente excitada, me urgía sentir su cuerpo desnudo, sin embargo mi mente femenina aún quería que el diera ese paso. Él, obedeciendo sus instintos más carnales, ya había hecho saltar mis pequeñas pero bien formadas bubis del bra que las aprisionaba y sin poder contenerse, pegó sus labios a mis pezones succionándolos con verdadera fruición provocando que se erectaran. Sus manos ya apretaban mis bien formadas nalgas deleitándose en su carnosa consistencia. ¡Ya no pude contenerme un solo momento más!, como pude me separé un poco de él y a jalones le quité la playera de manga corta que usaba debajo de su uniforme, maldije las botas militares que usaba, pues me costó mucho trabajo quitarlas, pero cuando al fin pude le desabroché los pantalones y casi casi se los arranque. Retire también mi blusa, y él me quito mis botas y los leggins, y volví a buscar su cercanía, pegándome a su cuerpo, aún sin descubrir su tamaño sentí su verga erecta, dura, amenazante, mojándose en ese divino néctar que es el liquido pre seminal. Su boca no cesaba de chupar mis erectos pezones, aumentando mi deseo, mientras sus manos abrían mis grandes y femeninas nalgas y sus dedos jugueteaban en el resorte de mi diminuta tanga, llegando apenas a tocar a mi ansioso culo, que para ese punto ya pedía a gritos que lo penetraran.

    Apartándose un poco de mi el Jefe Chimbo, me tomó de los hombros y mirándome lujuriosamente, me hizo una seña muy fácil de entender con sus ojos. No tenía planeado hacerme del rogar así que obedeciéndolo de inmediato, descendí como felina hasta su parte media y con mi lujuriosa boca baje por completo su bóxer, liberando por completo de la prisión en que se encontraba y salto como resorte ante mis ojos una gran serpiente negra, gorda y venosa, totalmente erecta, que orgullosa apuntaba a mi, como si supiera que había sido yo quién la había despertado y liberado de su jaula y al bajar por completo su bóxer con la intención de retirarlo evidencie su enormeee par de huevos que le colgaban, por lo que brinque del gusto y zona a la que me dirigí y en donde me extasié besándolos y lamiéndolos como si una niña hubiese encontrado un par de dulces. Tomándome de los cabellos, me colocó directamente frente a su vergota que ya se encontraba totalmente empapada en su propio liquido pre seminal, el Jefe Chimbo en un acto hasta cierto punto brusco empujo su pelvis, y me acercó su cosotota de tal manera que no pude rehusar la invitación, por lo que sumisamente abrí por completo mis golosos labios y acepté su gruesa anaconda ofreciéndole refugio entre mi carnosa cavidad, besándolo y succionándolo, fui devorando la totalidad de esa rica vergota (al menos todo lo que pude) que ya imaginaba invadiendo y taladrando una cavidad mas apretada y mucho más estrecha. El Jefe Chimbo, adivinando mis deseos, retiró su rico trozo de carne de macho de mi jugosa boquita y violentamente me colocó boca abajo en la cama, acomodándose rápidamente tras de mí. Esperaba yo la embestida de su verga, preparándome para recibirla brutalmente, pero cual no sería mi sorpresa cuando sentí una tibia y húmeda caricia en mi ansioso y mojado agujerito de placer. ¡Me estaba comiendo el culo!, su lengua penetraba en mi pequeño orificio sexual llenándolo de rica saliva, y sus manos abrían todo lo que podían mis femeninos glúteos. No me pude contener y me vine en un orgasmo delirante. Pero el Jefe Chimbo no se detuvo a pesar de darse cuenta y siguió con su delicioso trabajo oral. Ahora era constante su penetración lingual y me estaba conduciendo de una manera Excelsa hacia otro orgasmo. Sin embargo mi cuerpo de hembra me exigía algo más sólido y ahora sí, sin importar lo que el pensará de mi, le pedí a tono de súplica que me hiciera suya. Desprendiéndose de mi culo, se puso encima de mí en la deliciosa posición de misionero invertido y clavó sin compasión su gorda vergota en mi pequeño receptáculo tan anatómicamente construido para aceptar esos hermosos instrumentos, esas ricas, duras y redondas vergas. Emití un ligero grito, no tanto de dolor, sino de placer.

    Su verga, morena, casi negra que a mí me parecía un aparato monstruoso, era lo suficientemente grande para originar verdaderos tumultos tanto en mi boca como en mi otra cavidad más pequeña, y más aún, por la posición en que estábamos podía sentirla hasta adentro de mi, lo cual me encantaba, pues además del inmenso placer que yo sentía, mi macho me trataba de una manera casi humillante, como si me estuviera violando, además de su peso que estaba totalmente sobre mi me tenia hundida en el colchón recargando una de sus grandes y fuertes manos en mi cuello y con la otra sujetaba mi muñeca derecha a modo de sumisión, propinándome fuertes embestidas, yo deliraba totalmente del placer que me regalaba, sin embargo de un momento a otro bajo la intensidad de sus penetraciones, al parecer la posición le canso, así que sin retirarse de mi orificio, se puso de rodillas y levantó mi culote dejándome en la exquisita posición de perrita, y tomando impulso a la vez que se afianzaba de mis caderas, de una sola estocada me clavó su rica vergotota, lo que provocó que viera estrellitas, la sentía clavada en lo más profundo de mis entrañas sin embargo, no me dolía en absoluto, pues era tanta mi ansiedad y necesidad de verga que en ese momento hubiera aceptado hasta la verga de un caballo. Yo solo alcanzaba a balbucear:

    P- Ahhh a… así papiii!! Me estas cogieeendo de uuuna maneraaa deliciosaaa…

    JC- Te gusta putita? Querías verga? Que te parece la verga de un verdadero macho?

    ¡Que rica sensación es tener metida en el culo la verga de un verdadero macho!, sobre todo cuando éste es el macho con el que se ha fantaseado, además de que el mismo sabe que una lo ha buscado. Bien afianzado en mi goloso culo, sus embestidas eran potentes. Tal parecía que quería traspasar mis entrañas. Yo estaba delirante a pesar de mis múltiples orgasmos, de los cuales ya había perdido la cuenta, deseaba que esa rica cogida no terminara nunca, que su verga me penetrara por siempre. Podía sentir como sus huevototes chocaban con mis pequeñas bolitas y sus vellos cosquilleaban mis femeninas nalgas, sus manos acariciaban mis senos y pellizcaban mis pezones. Besaba mi cuello y mordía mis orejas, sentía su aliento quemándome y eso me excitaba aun más. Mi culo no estaba ocioso pues mi esfínter apretaba y aflojaba su grandísima verga a la cadencia que sus movimientos de mete y saca me imponía.

    En un momento dado, sentí que su tremenda verga aumentaba de volumen y sus movimientos se aceleraban. Su orgasmo era inminente y me preparé a recibirlo. Incliné mas mi cuerpo para que la penetración fuera más profunda. Él me tomó de las caderas y empujó todo su cuerpo contra el mío; sentí su verga como palpitaba y sus venas engrosaban dándome la sensación de que iban a reventar. Aflojé todo lo que pude mis músculos anales y entonces el Jefe Chimbo dando una tremenda arremetida, se desbordó dentro de mi en un torrente de semen. ¡Cielos!, que cantidad tan exagerada de esperma me inyectó. Parecía que su potente eyaculación no tenía fin. Sentía como los chorros de rica leche de macho se proyectaban en mis intestinos como si fuera una manguera de alta presión. El Jefe Chimbo emitió un bestial rugido, un rugido de satisfacción como de león macho que al fin preñaba a su Leona. Se quedó quieto con su vergota aun a su máxima extensión dentro de mi, yo también permanecía estática saboreando y disfrutando la hermosa cogida que me había dado este macho, casi inconsciente pues había tenido orgasmo tras orgasmo y cuando sentí sus chorros de semen tuve uno mas que quedé seca.

    Su gran vergotota, casi sin perder su dureza, aun estaba bien clavada entre mis nalgas. Recobrando un poco la conciencia me di cuenta de que el Jefe Chimbo masajeaba mis nalgotas, como si quisiera no perder su posesión. Por instinto apreté mi esfínter pues sentía que la tremenda cantidad de semen que había depositado en el interior, buscaba la salida, el Jefe Chimbo interpretó esto como una señal para que siguiera cogiéndome y retomó la marcha; yo no podía creer tanta belleza, pues a pesar de que estaba verdaderamente exhausta, sentir esa rica viborota moviéndose en mi interior me hizo reaccionar. Con la exagerada lubricación y la relajación de mi culo, su verga entraba y salía completamente de mi orificio. Esto producía un sonido por demás erótico a la vez que bombeaba aire a mi interior. No podía apretar pues estaba completamente dilatado mi esfínter, así que dejé que el Jefe Chimbo hiciera todo el trabajo. Sus manos en mis caderas no permitían que yo hiciera ningún movimiento, así que él llevaba completamente el ritmo. Una vez más, me penetró profundamente, a la vez que se venía en otro orgasmo ya no tan abundante. Su verga perdió rápidamente su dureza y su tamaño y se salió de mi devastado culo, el que expulsó torrentes de semen acompañados de aire que los movimientos de bombeo habían alojado en mis intestinos. Casi delirando le dije:

    P- Gracias papi! Esta noche quedará en mi cabeza como una de las mejores.

    JC- Gracias a ti hermosa, me hacía mucha falta encontrar a una hembra como tú.

    P- No puedo creer la cantidad de semen que expulsaste! No te tienen bien atendido en casa?

    JC- La verdad no, mi mujer casi ya no me pela, y cuando lo hace no le gusta mamármela ni dejarme hacer en su chiquito.

    P- Bueno papi, pues ya no tienes nada de que preocuparte, puta ya tienes!!

    JC- Me prometiste una cena y me salte directo al postre.

    P- Quédate a dormir hoy conmigo.

    JC- No puedo chiquilla hermosa, tengo que regresar a la caseta de vigilancia, pero si no te molesta, puedo pasar a visitarte mañana a las 6 PM que termine mi turno.

    P- Te estaré esperando como niña enamorada, y te prometo que ahora sí va a haber comida. Se te antoja algo en especial?

    JC- Chiquita hermosa, si me comienzas a consentir de esa manera terminaré dejando a mi señora y te haré mi esposa… Ammmm, se me antojan unas enchiladas suizas y de postre las ricas nalgotas de esta deliciosa mujer, está bien?

    P- Lo de las enchiladas me parece muy bien, aunque de postre a mi se me antoja esta rica vergotota con leche.

    Se dio un baño para quitarse olores misteriosos, se vistió, me dejó lo que él llamó “mi gasto para preparar la comida” y se fue, yo soñé con lo sucedido toda la noche, así mantuvimos una relación de casi año y medio, hasta que lo asignaron a otra zona pues varios vecinos reportaron que se desaparecía en las noches, después de eso yo me mudé y nunca más supe de él por su situación de hombre casado.

    Agradezco sus comentarios a mi correo:

    [email protected]

    FIN

  • Un recuerdo con Nadia

    Un recuerdo con Nadia

    Me considero un promiscuo, siempre estoy en busca de la siguiente chica que me he de follar, pero en todo caso siempre he tenido parámetros y no solamente busco una escoba con faldas, más bien busco una chica bella y a quien complacer sexualmente.

    Debo de admitir que no siempre he sido así: me casé a los 19 años con una linda mujer persa y que me dio dos hijos. Infortunadamente murió junto a mi hija menor en un accidente de tráfico y me quedé viudo hace 20 años y desde entonces nunca volví a casarme.

    Con mi esposa siempre tuve un buen sexo, quizá de los pocos que pueden decir, que tienen por lo menos una relación sexual diaria con su mujer sino es que más. Quizá el único receso era en ese tiempo de cinco días de su menstruación, pero aun así recuerdo que ni en esos días teníamos dieta. Recuerdo en varias ocasiones ver mi pene saturado de la sangre de mi mujer, porque simplemente no nos podíamos aguantar las ganas.

    Este es el tiempo que le he sido fiel a una mujer. Ocho años que estuvimos casados y que a pesar que siempre me salían excusas para otras aventuras, mi mujer siempre tenía la aventura para mantenerme ocupado. Mi madre que era psicóloga siempre me dijo que teníamos una relación muy sana y ella nos pilló follando en medio de la cocina o sala. Es que con Nadia no había tiempos especiales, ella hacía cada tiempo de la vida especial y siempre me coqueteaba y se me insinuaba en una provocación constante. Inclusive cuando me alejaba por un par de días, ella tenía sexo telefónico conmigo. Ocupó todos los pensamientos y los tiempos. En esos 8 años no me dio tiempo de pensar en otra mujer, pues ella era la sumisa, la que llevaba el control, la sofisticada y la sencilla, la extraña y la vecina, la puta y la monja, que decir, si de vez en cuando me salía con su velo musulmán, aunque ella era cristiana.

    Recuerdo en ese tiempo se me arrojaba una mujer de nombre Jacqueline, una mujer hermosa que a cualquiera pone en tentación. Yo tenía unos 25 años y ella unos 20 y ese día prácticamente me tiró sus pantis a la cara, pero esa mañana mi mujer me había llamado y me contaba de la lencería que había comprado para desfilarla ante mí esa noche. Si, Jacqueline me gustaba, pero mi mujer era linda, que digo, era bellísima y a pesar de haberme dado ya dos hijos, se mataba diariamente haciendo ejercicios para lucir lo más bella posible. Siempre me decía al oído o por teléfono lo que me quería hacer y lo que deseaba que hiciera yo con ella. Tenía muchas erecciones diarias, pensando en las cosas que me decía esa chica que conocía desde la infancia de nombre Nadia.

    Creo que en eso consistía el secreto, en que desde novios siempre me mantuvo en la sorpresa, llenándome de adrenalina a cada instante. Recuerdo que el día que íbamos a acampar en nuestra primera casa rodante. Íbamos con la familia de mi hermana y también iba mi madre. Yo manejaba a horas de la madrugada y Nadia sabía que estaba cansado y todos dormitaban. Me bajó el zipper del pantalón y me hizo un sexo oral mientras los demás dormían y yo manejaba. Eyaculé en su boca, e hizo que me olvidara del sueño.

    Recuerdo el día que uno de sus admiradores le llevó rosas y que por pura casualidad yo me encontraba en su bufe de abogada. Recuerdo le dijo algo que hasta el día de hoy me excita: – siento no poder aceptar tus rosas, pues tú sabes que soy casada. En realidad es que ya tengo un amante y si vez este hermoso tallo que me has traído de tus rosas, el tiene uno así de grande que me tiene feliz.

    La fidelidad es un proceso constante de seguir conquistando a ese ser a quien amamos. Quizá esa sea la razón el por qué nunca me volví a casar. No le podría decir a otra mujer que le sería fiel hasta que la muerte nos separe, pues se lo dije a la mujer de mi vida y la muerte nos separó. Nadia quizá habrá pensado esto algún día, que si ella muriese tendría a la mujer que yo quisiese en mi cama, y de alguna manera han pasado más de 150 mujeres pero a ninguna le juré fidelidad hasta que la muerte nos separara.

    No sé, a pesar que me he acostado con muchas mujeres, al final sigo siéndole fiel a esa mujer que el día de hoy cumple 20 años de no estar conmigo, pues con todas esas mujeres solo fue sexo y no lo podría comparar con la pasión y deseo que Nadia y yo nos entregábamos.

    Recuerdo esos ojos oscuros y su sonrisa de 11 años, los pantalones capri de la segundaria. Fue la valedictorian en nuestra clase y la vi desfilar a recibir su reconocimiento sin pensar que esa chica estaba enamorada de mi y que sería la madre de mis hijos. Recuerdo ese primer beso en la universidad, el día que lloraste por mí en nuestros pleitos de novio. Los celos que me provocaste cuando te vi caminando con tus amigos cuando por llegar a donde no debía de llegar, me dijiste que todo había terminado. El día que tu prima Kashira se hizo mi hermana, ese mismo día que decidiste ser mi mujer dejando a tus padres a un lado. Dejaste a tus padres y la riqueza que ellos tenían y te aventuraste por mí. Por eso, nunca dudé de tu amor, por eso siempre supe que tus besos eran deliciosos, que el tener sexo contigo era hacer el amor.

    Nadia, recuerdo tu bello rostro en la cima de la pasión. Me ha tocado a mí vivir otras experiencias con otras mujeres, pero sé que el día en que yo me muera, ese lindo rostro alcanzando un orgasmo conmigo es el que llevaré siempre a la eternidad. Eras una chica linda y una chica muy dulce: lo niños y los viejos se enamoraban de ti y quizá nunca te lo dije… no recuerdo decírtelo, tu amigo Chuck quien siempre vivió enamorado de ti, el día que nos hicimos novios, él llegó a mi cuarto en la universidad y llevó una botella de whisky para celebrar su derrota ante quien le había ganado esa mujer idealizada para él. Lo dijo en cortas palabras: Cuídala, se que lo harás, Nadia es una linda y gran mujer. Y no lo invité a la boda porque todo se dio de un de repente y cuando llegó al funeral y vio de nuevo tu rostro inerte se lo expliqué. Lloró por ti al igual que yo lo hice y estuvo conmigo en esos momentos difíciles para mí y entendí la suerte que yo tuve contigo y tenerte como esposa y la madre de mis hijos, aunque ese mismo día, yo me quedé con Andrés, y tú te llevaste bajo tus alas a esa chiquilina que le pusimos tu mismo nombre. Eran dos, pero fue como perder un solo amor.

    Sabes, me he movido en tres ocasiones desde esa casa que yo le llamaba casa. Recuerdo que un amigo me preguntó por ti al moverme de esa casa y le dije que nos habíamos divorciado. No podía aceptar que ya no existías en este mundo y preferí decirle a la gente que nos habíamos divorciado. La argentina Gaby no me lo creyó y me entendió tiempo después que yo no aceptaba tu muerte. En los estantes están tus vestidos, todavía mantengo toda tu lencería de esa época en mi tocador, y es por eso que no dejo a la sirvienta limpiar mi habitación, no quiero que nadie toque nada de ahí… tu foto está en mi cuarto y esas fotos de nuestra boda. Miro tu rostro y recuerdo tus suspiros y esos ricos momentos y hace una hora subió tu prima Kashira y me ha dicho lo siguiente: Tony, hoy es el aniversario de la muerte de Nadia, pero nunca te he dicho esto, siempre que llega este día, y no lo entiendo, siempre me recuerdo ese día cuando vivíamos en San Francisco en esa casa de huéspedes que rentábamos en nuestros años de universidad, lo que siempre me llega a esta loca memoria, ese día que me los encontré follando como locos.

    En realidad me lo decía con esa simpleza, pues con Kashira vivimos juntos y ella es como la madre de mi hijo y nosotros nos tratamos como hermanos. Hoy este día, al igual que le prometí un día fidelidad a esa linda mujer, este día del aniversario 20 de su muerte, también prometo no volver a escribir nada mas en este sitio. Por los recuerdos de esa mujer, por el amor que nos tuvimos, hasta aquí llegan mis relatos, hasta aquí llegan los escritos.

  • Lujuria por mi suegra

    Lujuria por mi suegra

    El padre de mi esposa, Francisco, es un hombre muy adinerado de 69 años. Yo lo conocí hace ya un lustro en un foro internacional para presidentes de empresas y por razones de piel simpatizamos enseguida a pesar de ser él 35 años mayor que yo. Creo que se impresionó por ver que a mi edad tenía los cojones suficientes como para mantener mi propia compañía, y la amistad se hizo genuina y rápida.

    Al tiempo de frecuentarnos profesionalmente, conocí a su hija y me enamoré de ella. Francisco no opuso resistencia. Al fin de cuentas era evidente que la unión sería más que algo sentimental una virtual fusión de capitales.

    Un año después de mi matrimonio, su esposa falleció y un año más tarde, luego de un viaje, él anunciaba que había contraído en secreto nuevas nupcias con otra mujer, desconocida para todo su entorno familiar y 25 años menor.

    Recuerdo bien esos tiempos. Mi esposa era una furia de celos, y, siendo muy moralista, estaba escandalizada.

    Creo que por eso Francisco demoró en presentarla formalmente. Sin embargo, y gracias a nuestra amistad, me confesó que Sandra (ese era su nombre) había sido un gran consuelo en su vida.

    Por consejo mío, accedió a presentarla en una reunión social que brindaría en su mansión junto a nuestras amistades. Yo supuse que en público mi esposa lo soportaría mejor.

    Lo que no podía suponer era que el verdadero peligro era Yo mismo. Y me di cuenta en cuanto vi a Sandra por primera vez.

    Ella resultó ser de alta clase. Refinada, esbelta, de un rostro precioso que cuadraba perfecto a sus 45 años. Aunque su esbelto (¿o debo decir escultural?) cuerpo parecía de 30. Más aún cuando mi primera visión de ella fue enfundada en un vestido blanco entallado, muy escotado para poder lucir unos pechos que se adivinaban firmes y grandes, piernas de gimnasio interminables y sandalias plateadas de tacón con finísimas tiras y tacos aguja.

    La vi y me enamoré. A partir de ese momento supe que mis esfuerzos solo serían para follármela.

    En segundos la catalogué como a una perra sedienta de sexo. Placer que Francisco no podría darle por su avanzada edad y por su secreta afición a la bebida.

    Apenas pude dominarme al darle el beso de presentación en la mejilla. Sin pensarlo, mi mano escapó de control y se posó en su espalda baja que el vestido dejaba profundamente al desnudo y casi al límite superior de su redondo culito.

    Sentí que ella acusó el movimiento. Tal vez, luego de un nanosegundo de duda pensó que no era algo preocupante. Que quizás exageraba al pensar… Y simplemente me devolvió el beso al tiempo que decía a mi esposa:

    «Eres más linda de lo que tu padre cuenta. Te mereces este galán que tienes por esposo».

    Para mí eso fue un mensaje: Me había registrado y no le era indiferente.

    Esa noche para mí fue muy larga. Sandra me tenía poseído con su blanca sonrisa de dientes perfectos, sus ojos celestes de muñeca y su lacio pelo rubio que caía hasta casi los hombros.

    Sus pasos eran un desfile de bellísimas piernas. Acodado en la barra mi polla se endurecía con la imagen de mí mismo lamiendo sus sandalias y penetrando su culo solo tapado ante mis ojos por un finísimo hilo dental.

    Francisco estaba feliz. Pero bebía en exceso. Era obvio que esa noche Sandra no tendría sexo y eso me estaba desquiciando.

    Fuimos los últimos en irnos y cuando llegué a casa mi mujer recibió la mejor cogida que yo recuerde haber propinado a alguien.

    Pero ni eso me calmó.

    Casi no pude pegar un ojo hasta que, con mi esposa ya dormida, pude acariciar mi polla con la fantasía de poseer a Sandra.

    El tiempo comenzó a pasar lentamente a partir de ese día. Todos mis pensamientos estaban destinados a Sandra.

    Por razones sociales íbamos a muchos lugares juntos ambas parejas. Eventos de empresa, cenas de caridad, días de campo o simplemente tardes en mi mansión o en la de Francisco.

    En todas ellas Sandra parecía ser una modelo. No importaba que ropa luciera, si eran zapatos cerrados de alto tacón y punta metálica, ó finas sandalias altas, siempre, siempre lograba ponerme a mil. Y nunca tenía oportunidad de acercarme.

    Pero esa oportunidad llegó casi sin quererlo, cuando un viaje sorpresivo alejó a Francisco de la ciudad. Tan sorpresivo fue, que solo lo pensé al salir conduciendo mi automóvil del aeropuerto donde lo había acompañado a abordar su avión.

    Solo al imaginar que estaba decidido a atacar hizo que mi polla se erectara y sin darme cuenta, pocos minutos después, estacionaba mi auto dentro de la mansión de mi suegro.

    Sandra se mostró sorprendida de verme a esa hora tan poco habitual. Yo sin embargo, al verla con ese ajustado traje de falda a la rodilla y zapatos blancos de tacón supe que había hecho bien en acudir.

    Me invitó a pasar y me ofreció un whisky para ambos que ella misma preparó dándome la espalda y dejándome una vez más el placer de venerar su maravillosa figura.

    No pude controlarme.

    Lentamente me acerqué a ella por la espalda y tomándola por la cintura empecé a besar su cuello.

    Ella se sacudió y dándose vuelta sobresaltada me dijo:

    «¡Que hacés!???

    Entonces saqué fuerzas de donde no creí tener y le conté todo lo que sentía con lujo de detalles, sin retroceder un solo paso para mantener con su cuerpo una distancia de impacto.

    Sentía su aroma y mi cuerpo alcanzaba temperaturas límite.

    Ella guardaba silencio, pero mirándome fijo a los ojos me dijo con voz temblorosa.

    «No podemos Carlos. Esto está mal».

    ¡Ella también estaba que ardía por mí!

    Yo insistí atrayéndola hacia mi cuerpo mientras mis manos buscaban su culo.

    «No Carlos», repitió, «los sirvientes… vamos al cuarto»

    Y me separó, tomó la botella de whisky y sin mirarme caminó hacia el ascensor con una sensualidad que jamás había yo visto en alguna mujer.

    Cuando la puerta del cuarto se cerró y la tomé en mis brazos ella ya no se resistió.

    Nuestras lenguas chocaron con fuerza y mis manos trataban de abarcar su cuerpo con fuerza y con pasión.

    Ella desabotonaba su camisa para dejar libres sus firmes y puntudos senos.

    Yo desabroché su falda y solo quedó con su tanga de hilo dental y sus zapatos blancos de tacón.

    No aguantaba más. Mi polla parecía atacada por fiebre. Me tomaría mi tiempo para follarla.

    Me acosté en el suelo y empecé a lamer sus pies y sus zapatos.

    Ella metía sus dedos en la raja y acariciaba sus propios senos.

    Me incorporé y mi polla estaba a reventar, así que la recosté en la cama y la penetré sintiendo como su vagina se transformaba en un ajustado guante para mi pija.

    Solo al hacerlo ella comenzó a acabar. Y al hacerlo jadeaba en mi oído. Y me hablaba

    «No sabés como deseaba esta pija dentro mío. Francisco vive borracho de frustración porque su pene ya no sirve, y vos sos el único hombre que me ronda y me ronda».

    ¿Te gusta mi pija, putita?

    «Si»

    Cómemela.

    «Si»

    Yo no podía creer que me la estaba follando. Tanta era mi pasión que en medio de la cogida mis ojos seguían admirándola como a una obra de arte.

    Ahora que era mi amante nuestra vida se transformaría en un morbo permanente en el que tendríamos que ocultar el deseo todo el tiempo y con interminables caricias a escondidas.

    Era una espléndida lamevergas. Y también una adicta al semen. Lo bebía con desesperación.

    La cogí con suavidad y con furia. La hice una cualquiera. Transformé una dama de sociedad en alguien licencioso y perverso.

    Ese día llegué tarde a casa. Tarde y cansado.

    Al día siguiente ella llamó a mi celular al mediodía.

    «Estoy esperándote»

    Bastó para tomar mi tarde libre. Y follarla sobre la mesa de billar en la sala de juegos.

    Se había puesto un ajustado vestido corto sin bragas, y mi debilidad: altos zapatos negros de tacón con punta de acero.

    Era una puta poseída por el placer. Gateaba sobre la mesa para incitarme y yo la follaba como a una perra por su cueva y por su culo.

    Nunca decía basta. Ni siquiera en los intervalos, donde bebía whisky como agua y en su borrachera aumentaba su deseo.

    Al fin, cuando ya tarde tuve que partir, pude observar como la beldad que horas antes me había recibido ahora me despedía con paso tambaleante por el cansancio y el alcohol, pero sin perder un ápice de belleza.

    Una verdadera puta.

    Cuando Francisco regresó de su viaje nuestra libertad de movimientos se restringió.

    Sandra estaba cebada. Tan en celo que la presencia de su marido solo sirvió para aumentar su audacia: Había conseguido mi verga y la conservaría.

    Así que en cada oportunidad fregaba su culo en mi polla, o acariciaba mi sexo bajo la mesa de las cenas, o me invitaba a follar en baños de señoras de lugares ajenos.

    Éramos presos de una locura.

    En una ocasión me invitó a almorzar junto a su esposo y se aseguró que este bebiera una cantidad desacostumbrada de vino durante la comida. Tal vez hasta usó algún narcótico.

    Yo notaba que Francisco cabeceaba suavemente y que sus palabras salían desarticuladas de su boca.

    Sandra servía su copa con una mano y con la otra masturbaba mi polla debajo del mantel.

    Cuando Francisco al fin se durmió en su sitio, ella se deslizó bajo el mantel y me propinó una mamada de antología sin dejar derramar una sola gota de semen.

    Sandra era a mis ojos una reina.

    Para el postre, ella estaba cabalgándome en su habitación y gimiendo sin ningún tipo de censura.

    Yo acariciaba su cintura y me extasiaba con la visión de su cuerpo.

    Aún la veo desnuda, solo vestida con sus zapatos de tacón y recorriendo la habitación con completo dominio de sus actos. Tal vez lo hacía adrede. Al verla mi polla siempre reaccionaba y la cosa terminaba con sexo rabioso y muy cercano a la condena eterna.

    Su audacia crecía.

    Primero con cierta cautela y luego con periodicidad, comenzó a concurrir a mi oficina por cualquier excusa.

    Llegaba vestida como la dama que era. Y se dedicaba a comer mi polla arrodillada frente a mí.

    Pero quienes han tenido amantes alguna vez, saben que lo difícil es mantener el control de las cosas para evitar un desastre. Y yo lo estaba perdiendo.

    Sandra estaba totalmente loca por mi polla. Loca y desquiciada.

    Cuando Francisco murió fue en parte un alivio para mí. Al menos ya no debía preocuparme por hacerlo cornudo.

    Pero por otra parte ya no tuve excusas para ir a su casa. Mi esposa, que nunca había terminado de digerir del todo a Sandra, me impedía siquiera tener contacto con ella.

    Y Sandra no soportó que menguara su dosis diaria de sexo.

    En su locura le contó a mi esposa absolutamente toda la verdad. Incluso una parte que ni yo mismo sabía: Sandra estaba embarazada de mí.

    Perdí todo. Mi esposa me quitó el fruto de todo mi trabajo de años y me prohibió judicialmente acercarme a menos de 2 km de la que había sido mi casa.

    En ese contexto, dejé de ver a Sandra.

    Supe más tarde por un encuentro casual con un amigo de aquellas épocas, que Sandra no tuvo ese niño, y que, sola en la mansión heredada de Francisco, se había convertido en cortesana y dedicaba sus días a la práctica de sexo de alto nivel social. Su fama era conocida en los círculos más selectos y no había ejecutivo que se preciara de tal que no hubiese dejado dinero a cambio del placer de Sandra.

    A mí ya no me importaba. Solo me importa llegar temprano a mi trabajo en el matadero municipal porque si lo pierdo quedaré en la indigencia total.

  • El regalo prometido: una noche con mi cuñada

    El regalo prometido: una noche con mi cuñada

    Tenía 38 años de edad, casado desde hacía 16 años con Martha, una mujer de mi misma edad, rubia, ojos claros, muy guapa, con muy buen cuerpo y que con el paso de los años, ha madurado como mujer a tal grado que cada día que pasa la deseo más, y los acostones con ella son cada vez más placenteros, pues hemos ido encontrando otras formas de disfrutar el sexo.

    Todo era felicidad, pero debo aceptar que desde hacía mucho tiempo, tenía fantasías que me excitaban a más no poder, hasta llegar a masturbarme imaginándola en situaciones muy cachondas.

    Ejemplo de lo anterior es imaginar a mi preciosa mujer siendo cogida por otro hombre en mi presencia, verla entregarse a otra mujer en fin, una serie de situaciones, que si bien es cierto, las deseo vehementemente, no me atrevo a cumplir.

    Ella se había enterado de estas fantasías y aunque muchas veces me ha dicho que está dispuesta a complacerlas cuando yo quiera, sé que por su formación y principios morales, llegado el momento, no serías capaz de hacerlo.

    Quizá la más antigua de mis fantasías es sin duda el hacerle el amor a mi cuñada Sonia, hermana de mi esposa, y que desde que éramos novios, he deseado al grado, de platicarle a mi mujer lo que le haría cuando hacemos el amor, situación que nos hace llegar a ambos a alcanzar orgasmos increíbles.

    Mi cuñada Sonia, es una mujer 3 años mayor que mi esposa, más guapa que Marta, con una figura delgada sumamente estilizada, con unos senos muy duros y muy bien formados, con preciosos pezones que ha dejado entrever más de una vez por debajo de la tela de blusas, en alguna fiesta familiar o al ir de visita a su casa, unas nalgas preciosas, muy duras y paradas, unas largas piernas excelentemente torneadas y unos pies, que si no son tan bonitos como los de mi esposa, son también fuente de mi admiración.

    El fin de semana anterior, cumplimos un aniversario más de boda, por lo que obligadamente unos días antes, nos interrogamos mutuamente que queríamos recibir como regalo.

    –Lo que tú quieras— me contestó ella. Y yo, después de haberlo pensado desde hace algunos meses atrás, me atreví a pedírselo: quiero que me regales una noche con tu hermana Sonia.

    Quedó sorprendida de mi petición, pero después de un largo silencio, aceptó pensar cómo hacer coincidir a mi cuñada con nosotros esa noche, aunque me puso dos condiciones: la primera era que dependía de mí, si lograba yo llevarla a la cama o no y la segunda, que si yo lo conseguía, ella tendría que observarlo.

    El plan estaba trazado. Y todo se facilitó, cuando al invitar a mi cuñada y su esposo a cenar, ella comentó a Martha, que tendría que ir sola, pues su esposo, que es músico, por ser fin de semana, tendría trabajo esa noche.

    Aunque se sentía entre nosotros la tensión, la tarde pasó rápido. Mi esposa se veía exquisita esa noche, vestida con un top color negro y una falda larga con una gran abertura hasta su precioso muslo y zapatillas de tacón alto que resaltaban su preciosa figura.

    Yo ya iba caliente por el panorama de mi mujer, pero ver salir a Sonia, mi cuñada, de su casa al pasar por ella, créanme que hizo que mi miembro empezara a aumentar de tamaño: blusa blanca abotonada por delante que dejaba ver claramente que no llevaba sujetador, minifalda estrecha negra que dejaba contemplar sus preciosas piernas, pero que dejaba ver también que marcado por debajo de la tela, una pequeña tanga que se metía entre sus dos preciosas nalgas, sin medias y unas zapatillas de pulsera que parecían guantes a sus bellos pies.

    Llegar al lugar que habíamos escogido para celebrar y ver como los ojos de otros hombres que se encontraban en la discoteca se clavaban en ellas, hizo que me sintiera orgulloso de ir con dos verdaderos cromos pero también aumentó mi erección a tal grado que era ya notoria en mi pantalón.

    Pasaron las horas y desde luego, consumíamos tragos libremente. Yo me alternaba los bailes con las dos hermanas, aunque no intenté nada en ese momento con mi cuñada.

    Considerando que era el momento, me di cuenta que tenía al alcance de mis manos a ambas mujeres, al encontrarnos sentados los tres alrededor de una pequeña mesa circular.

    Deslicé mi mano derecha por debajo del mantel de la mesa, y la coloque sobre la pierna de mi cuñada, apretando fuertemente su aterciopelado muslo, para evitar que la alejara como fue su primera reacción. Cruzó su mirada con la mía y sentí como aflojó la pierna en señal inconfundible de que la entregaba a la mano atrevida.

    Deslizando mi mano ya sin impedimentos sobre toda su pierna, metí la otra también bajo la mesa y metiéndola por la abertura de la falda de mi esposa, la coloque también sobre su pierna, sobándola a mi antojo.

    El cuadro no podía ser más excitante para mí. Tocaba a mi antojo a las dos mujeres que más he deseado en mi vida, atreviéndome cada vez más con ambas manos. La respiración de ambas se agitó visiblemente, cuando coloque ambas manos, una de cada lado, sobre la vagina de cada una.

    Sonia, mi cuñada, tenía apenas un pequeño pedazo de tela, que cubría muy forzadamente la abundante mata de vello púbico y Martha, mi mujer, no llevaba absolutamente nada por debajo de la larga falda.

    Frotando ambas entrepiernas por largo rato y sintiendo como ambas rajadas iban humedeciéndose, les propuse irnos de ese lugar.

    Por ser de transmisión automática, nuestro auto permitió que nos sentáramos los tres en el asiento delantero, quedando mi cuñada entre mi esposa y yo.

    Empecé a avanzar rumbo a un motel cercano, metiendo la mano descaradamente entre las piernas de mi cuñada, incluso tocando ya su clítoris que se erguía poderoso por debajo del mini calzón, mientras mi esposa, en una reacción inesperada para mí, pero sin duda como consecuencia de la excitación y de los tragos consumidos por ambas, se frotaba acaloradamente su entrepierna, mientras ambas hermanas se besaban en la boca apasionadamente.

    Al llegar al cuarto del motel, de inmediato tendí sobre la cama a mi excitadísima cuñada, besando ardientemente su boca, entrelazando mi lengua con la suya, mientras mis manos acariciaban frenéticamente todo su cuerpo, deshaciéndose de cuanta prenda de ropa se encontraban a su paso hasta dejar totalmente desnuda a la mujer más sexy y exquisita que he visto en mi vida.

    Poniéndome de rodillas en la cama, saqué mi erecto pene de entre mis ropas las cuales también volaron, y acerque la inflamada cabeza peneal a la apetitosa boca de Sonia, la cual golosamente la acepto y empezó a mamar de una forma extraordinaria.

    La posición adoptada, me permitió comprobar que mi esposa, sentada en el sillón frente a la cama, se había también zafado las ropas y alcanzaba su primer orgasmo auto proporcionado con su masturbación.

    Con un ademán le pedí que se acercara mientras bombeaba la boca de mi cuñada, y decidí que podía aprovechar el momento para cumplir otra de mis fantasías, por lo que le pedí mamara la raja humedecida de su hermana.

    Totalmente fuera de control, Martha se colocó entre las piernas de Sonia, y retirando de su rajada el dedo que frenéticamente entraba y salía, lengüeteó frenéticamente el clítoris de su hermana produciéndole casi al instante, un orgasmo tan intenso que hizo que apretara los labios alrededor de mi miembro a tal grado que empecé a chorrearme en su boca de una manera tan intensa que no pudo tragarse toda la leche que salía, la cual escurría por las comisuras labiales.

    Como comprenderán, lo cachondo de la situación no iba a satisfacer a ninguno de los tres con un solo orgasmo, por lo las cambié de posición rápidamente.

    Yo me coloqué entre las piernas de mi cuñada, perdiendo mi miembro erecto de nueva cuenta, en su tremendamente húmeda vagina, mientras que mi esposa se montó sobre su cara de tal manera que yo me cogía como loco a la hermana mayor, mientras que ella chupaba y daba lengua a la menor, y esta a su vez, lamía los durísimos y erectos pezones de la primera.

    Fue un verdadero concierto de sexo. Sufrí de verdad para contener mi segundo orgasmo, cambiándonos de posición innumerables ocasiones, alcanzando ambas mujeres infinidad de orgasmos con cada cambio de posición.

    Finalmente, yo a punto de estallar y ellas verdaderamente cansadas de tanto venirse, tras cogerme a ambas, tras lamerme mutuamente, tras haber yo lamido a ambas, entre las dos se prendieron a darme una mamada fenomenal. Turnaban su boca para alojar mi inflamado pene, que seguramente sabía a los líquidos vaginales de ambas, los tres lo sabíamos. Y mientras una succionaba el miembro, otra pasaba la lengua por mis huevos, los cuales me dolían ya por la excitación tan grande que sentía.

    Me derramé espectacularmente, sobre la cara de ambas, que abriendo la boca, trataban con la lengua de capturar los chisguetazos de leche que con mucha presión y abundantemente salían.

    Ya tranquilos, nos metimos al baño los tres para asearnos, y mientras esporádicamente nos besábamos entre los tres, quedamos de acuerdo de que en próxima sesión, incluiríamos el sexo anal.

    Después de dejarla en su casa, y ya acostados mi esposa y yo, me preguntó si me había gustado mi regalo, lo que ocasiono una nueva excitación en ambos, lo que terminó en una nueva cogida, dándole a Martha literalmente hasta por el culo…

    Ya estamos listos para la sesión de este fin de semana, pero yo ya estoy pensando en el próximo, pues por descanso, el marido de mi cuñada, podrá acompañarnos, por lo que podría cumplirse otra de mis fantasías.

    FIN

  • La reina de las mamadas

    La reina de las mamadas

    Me encontraba trabajando como jefe de un área equis, y a decir verdad me creía todo un experto en los temas sexuales, pues anteriormente ya me había cogido a algunas señoronas entre los 35 y los 40 años, que para mí es la mejor edad de una mujer.

    Iniciamos una campaña promocional para la empresa, entro al equipo una mujer de 35 años, casada con tres hijas, pero con unas sabrosas nalgas y enormes tetas que se veían tan ricas como después les contaré.

    Se fue dando el trato, ella no dejaba de quejarse de su marido, de su falta de atención, etc. pues era una mujer inteligente, con buen gusto por la música y la lectura, a medida que la conocía se me antojaba más, en la vida creí que le daría lo que ella deseaba tanto… una verga joven y un amigo tierno y cariñoso que la tratara como lo que era «una reina» y que la hiciera gritar como puta y llenar su culo virgen y rosado de semen.

    Un buen día decidí tirarme a matar, le dije que su marido no sabía lo que tenía en casa, me imagino que esas palabras la levantaron; pero aún no me atrevía… ¡y me anime! le dije que tenía un culo riquísimo que me encantaría acariciarlo, comérmelo y todo lo que se imaginen, por el momento me quede quieto y asustado, esperando respuesta… Me dijo que estaba súper caliente pues tenía varios días sin coger, pero tenía miedo, pues jamás había sido infiel, eso me excitaba aún más, sabía que estaba jugando una vez más ese juego excitante y prohibido.

    Para nuestra suerte ese día nos quedamos solos en la oficina, le pedí que fuera a la sala de juntas y comencé a manosearla de arriba a abajo, pasando lenta y suavemente mi verga caliente sobre sus muslos, sus nalgas, rozando con mi lengua sus pezones duros aun con la blusa puesta; en eso algo nos distrajo y nos tuvimos que reincorporar a nuestras actividades; a los tres días le pedí que fuéramos a un hotel y accedió, pues ya no podíamos aguantar más las ganas de coger, nos vimos en un café de la zona ella quedo de esperarme ahí, completamente nerviosa me esperaba como una puta a su dueño, me llevaba unos 10 años, pero en la cama me salía debiendo, y yo se lo cobraba con suculentas mamadas cajetosas que por varios meses me aplico mi putita.

    Al llegar al hotel mi reina de las mamadas se agacho para que no le reconocieran, entramos al cuarto y como locos nos desvestimos en segundos, íbamos súper calientes, nos besamos como estúpidos, nuestras lenguas se trenzaron, se fundían en calor, mi verga erecta brillaba de la calentura y los líquidos que ya hacían su aparición en la escena erótica de nuestra habitación, ella sacó de su bolsa un poco de cajeta que había comprado mientras me esperaba, la untó en mi convirtiéndome en su rico postre sexual, dulce y pegajoso como la miel pero excitante y tieso como su gran colección de aparatos sexuales.

    Ya entrados en calor y después de enpalagarse del postre vendría a la inversa el rico plato principal, anunciado con un fuerte grito: “¡cogeme yaaa!”. La orden no daba para revelarme, tome mi miembro y se lo clave de una sola acción hasta el fondo, sentí como nunca a una mujer mojada hasta las rodillas en sus jugos, empecé el mete y saca su calor me ponía más caliente, ella solo cerraba los ojos y se limitaba a hacer sus movimientos como una perra en brama. Luego de besarla y hacerla sentir mi reina le dije que podía gritar si así lo sentía, pues en su casa no podía hacerlo, ni tarde ni perezosa, previa lubricación a cuerdas bucales, soltó su garganta con gemidos y gritos, “asiiii, dame más, soy tu puta”, solo de acordarme.

    Imagínense me estaba cogiendo a la señorona de la oficina, la tenía gritando como puta tuvo varios orgasmos antes de que yo me viniera, estaba como loca fuera de sí… cuando sintió que iniciaba mi bajada de ese rico y sabroso paseo que nos dábamos se detuvo para pedirme que la cogiera por el culo, que era su máxima fantasía aun no cumplida y mi garrote venudo era el elegido; me la acomode en cuatro, ella se untó crema que sacó de esa bolsa mágica que cada vez daba la impresión de que iba lo suficientemente preparada, yo de rodillas me acerque con la verga en la mano guiándola a su pequeño orificio dilatado por sí solo, con un poco de crema se la deje ir, penetrándola lentamente sentí como se tragaba mi verga hasta que sus nalgas tocaron mis huevos, pues sus consoladores ya habían realizado trabajo previo; no tarde ni cinco minutos en venirme le eche todo mi semen en su culo que por todo lo que les he contado deberán imaginarse cuanto semen recibió mi putita mercenaria.

    A partir de esa tarde comenzamos una constante rutina de cogidas, me encantaba su forma tan especial de mamar la verga, debo confesarles que el peligro es un perfecto afrodisíaco, pues la dejaba en la puerta de su casa como toda una dama, pero llena de leche por dentro, así nos despedíamos en el carro con un rico beso de lengua, ella se iba a cumplir con sus obligaciones de esposa después de gozar de nuestras sesiones de sexo, como verdaderos amantes.