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  • Feminización

    Feminización

    Es deliciosa, dulce, sexi y con un cuerpo precioso, una carita angelical y una polla enorme. Toda una morenaza. Es transexual y ¡qué!, me gusta, me hechiza, me la como en cuanto puedo lamer toda su suave y cuidada piel, desde los dedos de los pies a la nuca, por su elegante y fino cuello.

    Desde luego ella se cuida mucho, no descuida sus tratamientos médicos, el ejercicio, la estética. Del depilado perfecto a la hidratación y el maquillaje, la ropa provocativa, la sensual lencería que no puede ni pretende esconder su rabo.

    Ahora lo cuento así claro. Soy feliz teniéndola en mi cama, despertando cada día a su lado. Mirando su dulce rostro cada amanecer, a veces entre mis piernas con mi polla en su boca. Otras era yo quien la despertaba lamiendo su suave piel. Nos amamos.

    Sabiendo que su duro culito o su boquita siempre perfecta de carmín acogen mi polla o que la suya se abre paso entre mis nalgas y entre mis labios para darme todo el placer que nos merecemos después de todo lo que pasamos juntos para llegar aquí.

    Pero todo eso es hoy, el principio no fue tan sencillo claro, mis dudas y las suyas. Fue un largo y duro camino el que hicimos juntos.

    Cuando la conocí era un chico de diez y nueve años tímido, dulce delgado y guapo. Eso era lo que se veía desde fuera. No sus sentimientos ni sus anhelos. Esto me costó algo mas de tiempo averiguarlo.

    Le contrató su tío con diez y nueve años para mantener abierto el bar unas horas más por la noche. Yo iba a ese bar por costumbre. Me pillaba cerca de casa, al lado de la urbanización y era un sitio discreto y bonito entre robles en un descampado. Podía llegar allí caminando y volver tranquilo aunque me hubiera pasado de copas.

    Mi historia había sido larga y tumultuosa, había probado ya de todo. Divorciado dos veces, morboso y de vuelta de muchas cosas. El chico desde luego me gustaba, solo porque era guapo y estaba bueno. Así lo sentía en ese momento.

    Me había pajeado alguna vez a su salud en mi cama, a solas. Imaginaba lo que escondían sus vaqueros y pensando en lo que me gustaría hacer con ello. En el prieto culito y en la dura polla.

    Muchas noches al salir del trabajo me pasaba por allí y me quedaba hasta que él echaba el cierre. Sin ganas de volver a una casa vacía. Disfrutando tan solo con verle moverse o como algún zorrón vestida sexi intentaba ligarlo enseñándole carne, escote o muslo.

    Exhibición de la que yo no perdía detalle disfrutando del espectáculo. Cuanta mas piel expuesta fuera de quien fuera mejor, mujeres u hombres. Admito mi cinismo de esa época.

    Pero el chico cada vez me gustaba más, me quedaba charlando con él junto a la barra o sentados en mi mesa entre los árboles del jardín. Y a él yo no parecía disgustarle pues me hacía compañía, cuando había pocos clientes, con una bonita sonrisa.

    El verano apretaba cada vez más. Llevábamos menos ropa y las confidencias se hacían mas intimas. Ya parecíamos amigos. Yo fui el primero que admitió haber tenido haber tenido sexo con chicos. Solo como curiosidad le comenté que también con algún travesti. Más de uno, todas las que encontraba.

    Una de mis ex me sorprendió en nuestra propia cama con un macizo entre los muslos comiéndome la polla. Para entonces me reía de la situación pero en su día fue todo un trauma. Situación que me llevó a mi segundo divorcio.

    – Nunca he estado con nadie.

    Él no dijo nada de ello hasta que unos días mas tarde me confesó que era virgen, que nunca había tenido sexo. Con diez y nueve años me extrañó bastante. Y que era muy tímido. Y aun así, aunque se estaba abriendo a mí, todavía no me dijo nada de sus gustos o preferencias.

    Puse mi mano sobre su muñeca y no rechazó el gesto cariñoso. A partir de ahí cada día intenté acercarme más, rozarle más y él se dejaba, incluso lo alentaba. Se rozaba con mi cuerpo como en despistes, pero a veces parecía algo premeditado.

    Una noche al separarnos en una esquina para ir cada uno a su casa se despidió de mí con un tierno beso en la mejilla. Era un rincón oscuro bajo un frondoso roble. Apretando su pecho contra el mío separados sólo por las ligeras camisetas. Casi noté el latir de su corazón.

    – Me voy a quedar solo unos días.

    Sus padres se iban de vacaciones y él tenía que quedarse a trabajar. Le propuse venirse una noche a casa a tomar unas copas y relajarnos. Suponía que no tendría ganas de ver mas bares después del trabajo y que por un día le gustaría que lo sirvieran a él.

    Al entrar en mi casa detrás de su prieto culito le dije:

    – Ponte cómodo, hoy te sirvo yo.

    Me descalcé, me saqué la camiseta y me puse a preparar las copas. Me imitó con sus playeras. Pero no se sacó la camiseta de lycra de rejilla muy pegada que trasparentaba sus pezones y que había estrenado ese día, creo que en mi honor y aprovechando la ausencia de sus padres.

    – Llevas una bonita camiseta.

    Puse música romántica. Le ofrecí la copa y brindé con él. Muy cerca sentados en el sofá se confesó por fin. Me besó en los labios con su aliento aliñado por el dulce licor cuarenta y tres que tomaba. Fue un beso suave, tierno, dulce, apenas un roce de nuestros labios. Nuestro primer beso.

    Por fin me confesó sus más profundos deseos y preocupaciones. Me dijo que nunca se había sentido cómodo con su cuerpo, que le gustaban los hombres, pero que había algo más.

    – Ya habrás adivinado que quiero ser mujer. Tu mujer.

    Siempre se había sentido mujer, se imaginaba con pechos, con rasgos finos y ancha cadera. Se soltó el pelo de la cola de caballo en que lo llevaba recogido y su preciosa melena negra y lisa enmarcó la preciosa cara que esta vez besé yo.

    – Quiero una cara hermosa, un cuerpo trabajado y un buen par de tetas

    Nos morreamos con más fuerza, más intensidad y un poco de lengua. Mas profundo, saboreando sus labios con mi lengua y poniendo una mano en su costado con suavidad.

    – Hay ropa de chica guardada. Mis exmujeres se la han dejado aquí cuando se fueron.

    Sonriendo le conté que tenía ropa de mis ex guardada en el desván y que podría quedarse con ella si se la probaba delante de mí, para mí. Se la hubiera regalado igual, si necesidad de verla, solo por ver la cara de alegría que puso.

    Aunque no se conformó con eso, me clavó la lengua hasta la garganta, recorriendo el interior de mi boca con ella. Puro agradecimiento. Sentado a caballito sobre mis muslos y dejando que por fin mis manos agarraran sus duras y redondeadas nalgas.

    – Tienes un culito precioso.

    Aún sin separarlo de mí, fui subiendo despacio su camiseta con lo que pude lamer su lampiño pecho y mordisquear los rosados y pequeños pezones oyendo sus gemidos de placer un poco mas arriba.

    – Vamos, está arriba.

    Con un suave azote le hice levantar porque si seguíamos allí me lo follaría sin mas preámbulos. Pero deseaba mas de ella. Pues a esas alturas ya solo podía imaginarla vestida de mujer con su sensual cuerpo adornado con lencería.

    Le conduje al desván donde había arrinconado toda esa ropa en cajas de cartón junto a un viejo sofá. Era un rincón tranquilo de mi casa.

    Ilusionada como una niña con juguetes nuevos se puso a revolver en cajones, perchas y cajas. Me estaba haciendo ilusión viéndola desde la puerta apoyado en el marco.

    – Hay cosas preciosas. Tendré ropa para una temporada.

    Casi todo el maquillaje estaba estropeado, pero quedaba lo suficiente para disimular la suave pelusilla de su barbilla. Delinear los labios con un profundo rojo carmín y adornar un poco los bellos ojos azules. Más tarde podríamos comprar todo el que necesitara.

    Eligió para empezar un conjunto de lencería sencillo pero casi trasparente sin dejar que yo la tocara todavía. He de admitir que mis ex vestían como auténticos putones y puede que fuera eso una de las cosas que me atrajo de ellas. Todo lo que quedaba en esas cajas era bastante sexi. Lo que no lo era me había deshecho de ello hacía tiempo.

    – ¿Estoy guapa?

    – Preciosa.

    – No, quédate ahí hasta que termine de vestirme. Quiero estar perfecta para ti.

    Solo me permitió contemplar su transformación apoyado en el quicio de la puerta. Pude ver su delgado y depilado cuerpo completamente desnudo cuando se bajó el pequeño y sexi slip. Mi polla durísima apretada en mi vaquero, que aún no me había sacado, la deseaba con desespero.

    Se colocó el pene entre los muslos y lo sujetó con el tanga. Le señalé unos rellenos de silicona para los pechos que usaba mi primera ex mujer, tenía las tetas pequeñas. Se ponían en el interior del sujetador. Se subió por sus largas piernas unas medias de ligas.

    Al fin cubrió una pequeña parte de sus muslos con una minifalda que al ser mas alta que su dueña original le llegaba muy por encima de las rodillas, muy poco por debajo del culo. La piel desnuda que quedaba entre las medias y la falda podía a gritos ser besada. Una corta camiseta que descubría el vientre plano, el ombligo y uno de sus hombros.

    Le costó calzarse las sandalias de tacón mas grandes que quedaban pero en un esfuerzo lo consiguió. Solo pudo hacerlo porque estaban hechas con muy pocas tiras de cuero muy fino. También podríamos comprar zapatos de su número.

    Sonriendo y contoneando las caderas cruzó la habitación en mi dirección donde tras un tropezón se desplomó en mis brazos riendo. Como no quería que se hiciera un esguince la cogí en brazos para llevarla al viejo sofá. Como llevando una novia crucé la habitación para depositarla suavemente en los cojines.

    Adoptó una pose sensual doblando levemente las rodillas y cruzando los brazos por detrás de la cabeza. Como la venus del espejo de Velázquez pero todavía vestida.

    Aproveché para hacerle las primeras fotos con el móvil. Las primeras fotos que se hacía vestida de chica y ya en ellas era imposible reconocer al chico que fue. Parecía una bella jovencita posando para su novio o para un selfie de los que se publican en las redes sociales. Muy sexi y provocativa.

    Gesticuló para que me acercara y una vez a su lado junto al sofá con cara de vicio abrió mis pantalones que cayeron a los tobillos y se relamió contemplando el duro contorno de mi polla marcado en el bóxer ajustado de lycra.

    Comenzó besándola y rozándola con su cara por encima de la tela. Hasta que bajó la prenda dejándola en mis rodillas liberando mi torturado pene por fin. Pude hasta grabar como lo hizo.

    Pasó la lengua por mis depilados huevos levantando el tronco con su suave manita. Su lengua juguetona mojaba mi piel con saliva. Chupaba mis huevos. La dejé hacer a su gusto, quería que explorara mi cuerpo, que se dejara llevar por su imaginación. Descubriendo sola la piel de su primer amante.

    – No sabía que chupar una polla dura fuera tan morboso

    Por fin subió lamiendo mi rabo, remojándolo entero. Hasta que con una lasciva sonrisa se tragó el glande haciéndolo desaparecer entre sus rojos labios recién maquillados. Todavía no sé como no me corrí en ese momento. No le costó mucho más conseguir mi semen, unas pocas lamidas más y unas caricias a mis húmedos huevos por su saliva. Me tenía muy cachondo.

    – Lo tenemos grabado. Yo corriéndome en sus labios por primera vez.

    Y toda la excitación de la noche la descargué en su lengua donde lo retuvo golosa. Me incliné y la besé compartiendo mi lefa en un beso lascivo con cruce de lenguas. Ni siquiera me había librado de toda mi ropa que seguía enredada en mis tobillos.

    Le hice entonces desnudarme del todo, a lo que me ayudó con gusto y pasé a tumbarme a su lado para poder seguir besándonos y acariciándonos.

    Tiernamente besando y lamiendo la piel que iba descubriendo la dejé en bragas y sujetador. Sin sacarle el tanga le comí la polla que con todos esos juegos había escapado firme y dura de su encierro.

    Lamí sus huevos orgullosos, pelados y suaves, goloso, haciéndola disfrutar y gemir. Mientras notaba que poco a poco mi polla volvía a endurecerse por la excitación de tener esa belleza a mi lado y entregada.

    Me fui desplazando hacia su culito que abrí con las manos para clavar la lengua en su ano. Mientras ella se sujetaba las rodillas contra el pecho gimiendo y suspirando, deseando mi polla en su interior.

    – Joder, si llego a saber esto antes.

    Paré lo justo para lubricarme el rabo y ella se sacaba el tanga y volvía a ponerse la falda, con ella el sujetador y los tacones puestos para ser más femenina en mi honor. Se sentó sobre mi cadera clavándose ella solita y despacio mi polla.

    – Grábalo, quiero tener un recuerdo de la primera vez que me hiciste mujer.

    Ella ya había jugado en su casa con su culito, metiéndose cosas dentro. Fue con cuidado, tierna para no hacerse daño pero a la vez firme y decidida sin retroceder pues tenía muchas ganas de tenerla dentro.

    Cuando por fin apoyó las nalgas en mis muslos la visión de su carita de vicio enmarcada en la melena despeinada. Su pecho apenas cubierto por el sostén era una visión deliciosa.

    Se movía despacio disfrutando de la profunda penetración. No aceleró el ritmo, solo me miraba a los ojos poniendo el gesto mas lascivo que nunca hubiera visto hasta que nos corrimos los dos. Ella sobre mi vientre desnudo con una pequeña ayuda de una de mis manos y yo en el interior de su recto. En la otra mano sostenía el móvil.

    Desde aquel día se ha convertido en la mujer perfecta que es hoy. Ha pasado por todo el proceso: hormonas y hasta alguna operación aunque no ha perdido la polla que tanto placer nos ha dado y sigue dándonos a los dos. Hemos vuelto a ver los vídeos que grabamos esa noche y lo hemos recordado con placer.

    Vivimos juntos, el pequeño bar se ha convertido en un local de ambiente donde chicos chicas y cualquier punto intermedio se conocen y lo pasan bien con toda libertad. Seguimos disfrutando en mi cama tanto o más que el día que desvirgué su duro culito.

  • Otro reencuentro que termina en sexo grupal y bondage

    Otro reencuentro que termina en sexo grupal y bondage

    Había pasado una semana desde el encuentro con Federico y desde entonces, no volví a saber de él. A pesar de que tenía su tarjeta comercial, me pareció prudente esperar su llamada. Sin embargo, registraba en mi Instagram varios mensajes de Carlos, mi excompañero de colegio y desvirgador en una noche de gemidos de sillón. Me contaba que a pesar de que no podía explicarse como habíamos terminado teniendo sexo, lo único que deseaba era volver a “coger mi culito rosado”. Además, elogió mis fotos en la página de la marroquinería e insistió en juntarnos de nuevo en el departamento de Juan para ver en directo como me quedaban los pantalones de cuero que había modelado. Finalmente, decidimos volver a encontrarnos el sábado siguiente.

    Lo que más me gustaba de Carlos era su altura, me llevaba una cabeza . Yo apenas superaba el metro setenta y era delgado, destacaba en mi rostro, unos labios rojos y carnosos herencia de mi madre. Por otro lado, me había dejado crecer el flequillo lacio y castaño un poco más allá de las cejas, por tanto acostumbraba acomodarlo constantemente pasando los dedos por cara. Otro detalle que desdibuja cualquier atisbo varonil eran los enormes lentes de pasta por delante de unos ojos pequeños y almendrados, huidizos al contacto visual.

    Pensé que sería más fácil para Carlos, si me presentaba a la cita con un look más binario, acentuando mis rasgos femeninos. Para eso me pinte las uñas de negro y me calce los pantalones de cuero con una campera de hule azul encima de la remera blanca, por último, deje los zapatos por unas zapatillas de lona. Toque timbre, Carlos bajó a abrirme, juntos subimos los tres pisos por escalera.

    Mi compañero estaba nervioso, lo tomé de la mano y con el dedo gordo comencé a frotar su palma; cuando entramos al departamento, me estiré y lo besé en la boca delicadamente, él sonrió tímidamente. Me senté en el sofá y mi anfitrión fue por una cerveza a la heladera cuando escuché movimiento en la habitación de Juan.

    -¿Está Juan? pregunte contrariado.

    -Espero que no te importe, disculpa que no te avise -dijo Carlos sin levantar la vista

    -Creo que son cosas que tenés que avisar -conteste frunciendo la boca.

    Escuché una puerta correrse, giré la cabeza, Juan estaba de pie en shorts y con el torso desnudo. El entrenamiento policial había logrado efectos en su cuerpo, definitivamente era por lejos más atractivo que Carlos.

    Me puse de pie y me acerque a Juan, gire sobre mis pasos y lo roce con la cola, el me pellizco con ganas.

    -Mmm, quieto vaquero, usted tiene que esperar su turno-susurre mirando intensamente a sus ojos

    -Traiga las esposas y siéntese en la silla -ordene pegando un taconazo en el suelo. Sonriendo y mordiendo la lengua, el policía me entregó las marrocas y tomó asiento poniendo las manos detrás del respaldo. Procedí a esposar y luego me senté en su regazo abrazándolo, y acercando la boca sin permitir que me besara.

    -Quieto vaquero -exclame mientras amasaba su pene visiblemente erecto. Me saque la ropa de un tirón quedando solo en remera y tanga. Volví a sentarme sobre su regazo dándole la espalda, él solo atinó a besarme el cuello y la nuca; con un ademán lo llamé a Carlos que se acercó dándome un sonoro chupón. Me desprendí de la bombachita dejándola caer al suelo para luego, doblarla en cuatro e introducirla con cuidado en la boca de Juan. Doble la cintura en noventa grados apoyando los brazos en las rodillas de mi rehén, mientras con dulzura comencé a besar sus bolas y a chupetear su pene que lucía preciosamente venoso y rojo.

    Escuche la hebilla del cinto de Carlos caer al suelo, gire la cabeza y con los ojos lo invite a acoplarse. El paso su dedo índice ensalivado por mi ano y de forma abrupta me penetró hasta el fondo. Mi exclamación de placer casi le cuesta una mordida al glande de mi rehén. Carlos movía el pene de forma riquísima por mis entrañas, no podía dejar de gemir y sollozar de placer: me costó bastante mantener el ritmo de la felatio que intentaba complacer al dueño de casa. Juan escupió la mordaza casi al mismo tiempo que el lechazo desbordo mis fauces. El ahogo me hizo toser con lagrimeo pero en la retaguardia los bombazos se replicaban con más fuerza y mi pene estaba re duro, empecé a frotarme. Juan intuyo el movimiento y con la parte interna de sus muslos se las arregló para masturbarme, enseguida lo ensucie todo. Sentí a Carlos arquear de placer su cuerpo, su pija me hizo levantar los pies en el aire, sollocé de dulce dolor y caí de rodillas al suelo.

    Extenuado, camine hasta la heladera y destape una cerveza mientras Carlos liberaba a Juan. Los tres nos recostamos en el suelo boca arriba, abrazándonos; dado que estaba en el medio, aproveche para jugar con las pijas de mis anfitriones. Sonó el timbre.

    -Es el delivery -susurro Carlos mientras se incorporó luchando con el sopor.- Vení -Juan me tomó del brazo y me cargó sobre su hombro derecho mientras me agarraba fuerte de una nalga. Pataleando me llevó a su habitación.

    -Shhh -murmuro mientras me tapaba la boca con su enorme palma. Vení, dame las manos- dijo besándome en el cuello. Extendí mis brazos con las muñecas juntas y el me esposo, de un chirlo me dejé caer boca abajo sobre el colchón.

    -Ahora se dio vuelta la taba -musito el agente del orden. Rápido me puso un pañuelo entre los dientes y lo anudo tirante a mi nuca, mis comisuras dolían, imaginé que estarían húmedas y coloradas por la presión de la mordaza.

    Me penetro de una y un sollozo largo escapo de mi boca atada. Su pija era mucho más carnosa que la de su amigo, incluso la adivine más rugosa. Sin lugar a dudas, su estado físico era mejor dado que bombeaba como motor nuevo. Yo no podía dejar de gemir de placer, entre cortando la respiración, largando salivazos entre los dientes. Sobre el último tramo del coito me tomó del cabello con fiereza, a la vez, la mano libre me frotaba la pija que no tardó en descargarse. Cuando terminó, Juan se derrumbó encima de mi espalda, su cuerpo era pesado… con esfuerzo me deslicé al suelo y bajé la mordaza.

    -Que bien cojes, no digas nada a Charly -susurre con una sonrisa malévola. Juan guiñó el ojo mientras salía del dormitorio.

    Me recosté de perfil en la cama y cerré los ojos, estaba fundido. Adivine los pasos de Carlos en la habitación, enseguida quedamos cucharita. Yo seguí inmóvil, como haciéndome el dormido. Mi amante levantó la remera que me cubría la cola y con la pija a media asta me penetro. Largue un gemido corto acomodando las nalgas en un movimiento pélvico ondulante que encendió la mecha. Los pijazos aumentaron en frecuencia ; esposado, tome la mano de Juan y lleve a mi boca. Allí empecé a gemir al mismo tiempo que lamía y besaba su mano. En pocos minutos sentí el forro inflarse por la leche; finalmente hubo un desacoplé y pude dormir unos minutos. Cuando desperté ya no estaba esposado.

    Comimos y nos quedamos dormidos sobre el colchón, mire la hora y eran cerca de las tres. Yo al otro día trabajaba así que me pegué un duchazo y me fui sin hacer ruido en un Uber a casa.

  • Mi chica desnuda, casi nos pillan

    Mi chica desnuda, casi nos pillan

    Mi chica desnuda, yo casi por terminar esta intensa y apasionada tarde, ambos en el sofá. Había llegado la hora de estar juntos. El lugar, quizá el menos indicado, la sala comedor del piso de mi padre, se convertiría en el escenario casi perfecto. Su llamada a mi móvil, momentos antes de culminar una acalorada tarde de besos, caricias, y frotamientos. Muchas ganas por estar dentro de mi chica. Todo ha quedado pausado para intentarlo nuevamente, esta vez con todas las ventajas de nuestra privacidad. Nadie debía de interrumpir estos momentos de sana pasión.

    Antes de contar esta pequeña aventura, me gustaría describir el entorno en el que vivo. Para que tengáis una idea, de las desventajas que me tocaron pasar, para este encuentro con mi chica. Vivo con mi padre y su nueva pareja, mi hermana pequeña y yo compartimos la misma habitación. Esto es temporal. Pero aquella tarde la casa quedaría sola, por un largo tiempo, eso pensaba yo al inicio. Soy un chico estudiante de arquitectura, que por las tardes libres me voy a la academia, para aprender a tocar la guitarra. Es aquí donde comienza mi relación con una de la chica sexy más bonita de la academia, delgada figura, piel sedosa, sentimientos nobles.

    Ya para este mes de Julio, mi hermana la pequeña se había ido con mi madre. Yo seguí en la academia, llevando mis clases de guitarra eléctrica. Estoy estudiando para sacarle provecho a este instrumento, ya que en el piso a donde nos mudamos hace un año, el antiguo dueño dejo una de estos aparatos. Era eso o subirla al wallapop, pero me anime por aprender, así le sacaría un provecho a mis tardes libres. Es que llegar a casa y no hacer nada, eso no me agrada mucho. Prefería estar en la calle con los colegas. Sentado en las escaleras del metro sacando notas al aparato, además que hay una chica en mi clase, que está muy bien.

    En mis clases de guitarra he conocido a una chica, muy guapa por cierto. Ella está aprendiendo a tocar guitarra también, bueno la normal. Pero la chica está muy bien, con la guitarra aún le falta, pero para eso estamos en la academia. Nos conocimos ahí mismo y enseguida hubo conexión, a veces coincidíamos en la parada del bus, para ir a nuestras clases. Al salir nos tomábamos unas bebidas, salíamos a caminar juntos, teníamos gustos por algunos cantantes, actores, comics. Nos hicimos muy rápido de una relación romántica, aunque en clases no la demostrábamos, pero siempre teníamos detalles entre nosotros.

    Llevo dos meses con ella, esta semana la he invitado al piso, para practicar un poco, ya somos casi novios, bueno ella tiene 22 años, yo ya he cumplido los 19 recién. Me agrada mucho esta chica, para mí, es la tercera vez que salgo con una chica. La primera en ser mayor que yo. Rara vez tocamos el tema de las edades, ya que solo somos jóvenes, eso que importa en este momento. Ambos nos sentimos bien, a ella le agrada mi manera de ser. La sensibilidad y madurez que demuestro, a veces la sorprende. Eso me dice ella. Personalmente creo que ella también es muy realista, con las cosas claras, tiene muchas cualidades, eso me gusta de ella.

    Después de tanto insistir accedió ir al piso, aquel día, yo sabía que no habría nadie en casa. Mi padre y su pareja saldrían de compras. Mi hermana la pequeña ya estaba con mi madre, así que tenía la casa para mí solo. Si a ninguno se le ocurre cambiar sus planes. Limpie hasta debajo de los muebles, la habitación fue en lo que más me enfoque. Quería que aquella habitación brillara de limpia. Libros donde deberían de ir, no precisamente en la cama. Sudaderas y demás ropas, dentro del armario. Las medias sucias en la cesta que corresponde. Los zapatos, zapatillas y demás cosas para caminar, también en su sitio. Todo ordenado.

    Yo me sorprendía de lo que puede hacer una cita, más aun si es en tu propio piso. Sabía que podríamos pasar una tarde tranquila. Quizá mirar algo en la tele para así, no se ser tan obvios en lo que teníamos planeado hacer. Ya habíamos tenido varias escenas muy apasionadas, casi sexuales, pero a la hora de rematar, casi siempre algo nos frenaba. El temor al embarazo era una constante alarma encendida. Esta vez en mi piso, ya habíamos planeado tener relaciones sexuales. Bueno no es que lo hayamos agendado, pero sabíamos que la pasaríamos bien. Compre preservativos para la ocasión. Me fui a la farmacia y le explique al doctor sobre lo que necesitábamos para evitar algún embarazo no deseado.

    Llego la hora de que mi padre y su pareja se fueran del piso. La verdad es que ellos, no se sorprendieron mucho por el orden. Suelo tener ordenada mi habitación. Me gusta el orden para todo, la puntualidad es quizá una de mis cualidades. Sobre las 3pm llego mi chica al piso, nuestro encuentro fue algo tímido. En cierta forma, teníamos las ganas de estar a solas, dejarnos llevar por la pasión de nuestros inexpertos cuerpos. Sentir los calores que nos produce besarnos. Cada beso es el inicio para una interminable ola de caricias, sensaciones acaloradas en nuestros delgados cuerpos. Las ganas de estar juntos es siempre lo que nos hace buscarnos. Querer estar cerca, nos lleva a inventar caricias, besos, maneras de pasarla bien.

    Nos saludamos como de costumbre, con besos en los labios. Permanecemos abrazados un breve tiempo, pero lo suficiente como para sentir que sea por lo que fuera, nos extrañamos. Decidimos sentarnos en el sofá, así miraríamos un poco la tele. No lo sé, pero ambos estábamos muy nerviosos, teníamos toda la casa para nosotros. Pero por alguna razón se notaba una leve angustia. Platicamos un poco de cosas que nos habían sucedido en la academia. Tenemos un compañero que le gustaba mucho el skate, y justo aquella mañana, se había roto el pie. En fin, lo típico, puse algo de música, bebimos refrescos. En el piso no hay alcohol.

    Fuimos a la cocina para picar algo, a esta hora, es la hora de estar almorzando. A lo mejor si comíamos algo, se iban los nervios. Teníamos casi secas nuestras gargantas. Sentir que estábamos cerca, el uno del otro, nuestros cuerpos se atrajeron, nuestros labios se rozaron, provocando esas sensaciones de calor y pasión. Mis manos dibujando su bella silueta, la tela de aquel vestido, dejaba claramente sentir su piel. Las ligas del sujetador, el elástico de sus bragas, el broche del brasier, el calor de su cuerpo. Se sujetó el cabello con una liga que llevaba en la muñeca del brazo. Me dejaba sentir el aroma de su cuello, mis inexpertos chupones, hacían que ella suspirase. Mis manos subiendo y bajando.

    Me senté en la silla de desayunar, ella encima de mí, yo sujetando su delgada cintura. Rozando sus pechos por encima de la ropa que llevaba puesta. Sus caricias en mis cabellos, en mi espalda. Mis labios buscando más zonas donde poder besar, más zonas erógenas para conocer. Ahora sí podría sacarle ventaja a la situación, y no tener que estar frenando nuestras pasiones, por estar en algún lugar público. Porque más de una vez, hemos acabado medios desnudos en la entrada que tiene en su casa. Seguro que de milagro nadie nos ha pillado en una situación algo picante. Pero aquí estábamos solos, tranquilos, besándonos como locos.

    Sentados en la silla, podíamos ser uno mismo, sentir esas ganas de abrazarnos como si esta fuese la última vez que nos veríamos. Su boca en mi boca, mis manos sobre sus pechos, ella frotándose suavemente sobre mi verga, muy erecta para aquel momento. Nuestro goce era muy placentero, cada que ella se frotaba hacia mí, intentando sentir la dureza de mi verga. El molestoso vestido ya era una barrera entre ambos sexos, que se buscaban por debajo de nuestros labios enrojecidos por tanto roce. Había mucho roce en esta zona de nuestras partes íntimas. Sus gemidos, sus caricias, hacían de esto una incontrolable sensación de calor.

    Nuestros cuerpos algo jadeantes, nuestras respiraciones agitadas por el intenso ritmo al que fueran sometidas, nuestras ganas de estar más cerca que antes. Las pieles de nuestros cuerpos pedían una pronta liberación, las telas que tienen sujetas nuestras carnes, tienen ya muchas ganas de respirar, sentir aire fresco, sentir el tacto de la otra piel. Rozar mi piel con su piel, lejos de alguna incomoda prenda de vestir, era lo que necesitábamos. Estar piel con piel, carne con carne, sentir su calor, la sensación de humedad en nuestras pieles. La calentura en mis calzoncillos, la incomodidad de estar con ropa y frotándome contra sus bragas. Ambos nos mirábamos, sabíamos que había que moverse a otro lugar.

    Para llegar al sofá que está a solo 5 metros. Habremos demorado 20 minutos, siempre juntos en estos largos e inagotables minutos. Nuestros labios pegados, respirando uno al lado del otro. Mis manos quitando sus prendas, que para esta ocasión, no necesitaríamos, es más, sobraban para lo que deseaban nuestros cuerpos. Nuestras pieles debían estar más juntas, más pegadas la una de la otra, al parecer llegaría el momento de estar juntos. Pegados, uno encima, debajo, arriba o como quisiéramos estar, la cosa era para nosotros, estar juntos de una manera más íntima, más intensa y a la vez mas sexual.

    Fuera ropas, ambos en ropa interior, las pocas veces que había sentido la textura de sus bragas, habían sido cuando levemente introducía mis dedos entre su piel y el pantalón. Ella, casi siempre dejaba que rozase el elástico de la parte del culito. Solo hasta ahí me dejaba llegar la muy malvada, pero sentir esa parte me dejaba muy caliente. En esta oportunidad, ya podía mirar aquella braguita de color celeste, la parte de delante de una tela elástica, y la parte de atrás con encajes de motivos florales. Una preciosura de braga, lo justo e ideal para el culo de mi chica, que bien olía estar cerca de esas braguitas, que suavidad sentir la parte de adelante.

    Descubrir sus rosados pechos, sus abultados pezones, que eran tal vez los primeros que veía hasta ahora, cabe de resaltar que los de mi madre no los cuento. Es que no los recuerdo. Pero sus pequeños pezones, eran una maravilla. Mordí suavemente aquellos erectos pedacitos de piel. Eran una delicia en mi boca. Los gemidos que le causaba, al morder uno a uno aquellas delicias, yo he sentido que en uno, es más intenso el placer que en el otro. Lo sentí y lo comprobé, se estremecía en cada succionada. Es que besar aquellos pechos, ya lo habíamos disfrutado, pero ahora los tenía en mis manos y lo mejor es que no tenían sujetador.

    Llegar a su parte baja, fue quizá lo que más me tomo tiempo, a pesar de que ya estábamos casi sin ropa. Pero desprenderme de aquellas tetas, fue algo que debía de elegir, seguir ahí hasta que quizá viniese alguien o seguiríamos avanzando. En cierta forma ella también me lo proponía, me decía que la bese por todo el cuerpo, que siguiese, hasta donde a mí se me ocurriese. Nada podría frenar, este avance apasionado para los dos. Mis besos en su vientre eran los que hacían el trabajo de seducirla. Mi lengua juguetona era la que desarmaba cualquier intento de querer escapar. Mis manos apoyadas en sus pechos le ofrecían la confianza para que siguiese tumbada en aquel sofá.

    Estar con mi chica en esta posición, creo que ambos lo habíamos querido. Ambos tenemos las mismas intensiones, las mismas ganas de estar juntos. Los mismos deseos nos han llevado hasta aquí, sus sensibles espasmos en cada caricia. Sus suaves gemidos, las suaves maneras de acomodar su cuerpo, para sentirse más cómoda, más receptiva a mis caricias. Ella es un suave, pero intenso volcán de emociones, no deja de gemir, de rayar con sus uñas mi espalda. En cada momento nuestras ganas van en aumento, van hacia un rio interminable de sensaciones amorosas, sensaciones de deseo. Las maneras más intensas de sentirnos ambos, deseados.

    Este momento llega de manera muy suave, nuestros cuerpos piden tener la paciencia para saber que todo llegara. Todo lo que deba de pasar en aquel sofá, pasara. Ambos ya en un casi desnudo total. Ella no quiere que me quite los calzoncillos, no desea bajármelos, pero a cambio me ha dejado bajarles las bragas. Sentado de rodillas, frente a mi bella chica, me apetece mucho chuparle el coño. Lamer entre sus piernas, que sabor tendrá su vagina, que sentirá al colocar mi lengua en ese montón de pelillos rubios. Siento gran emoción por descubrir el aroma que tendrá aquella vagina. El aroma, el sabor, lo húmeda que la encontrare, lo bien que gozara.

    Me señala hacia su vagina, me hace señas para que me acerque hacia ella, me dice que vaya donde me señalan sus dedos. Hace con sus dedos un gesto de acercarme hacia bajo, a su casi depilada vagina. Con su tierna mirada, expresa que me acerque a sus labios húmedos, pide que no la haga esperar. Tiene muchas ganas de que yo esté ahí en esa parte. Desea sentir mi poca experiencia en aquella delicada parte de su cuerpo. El deseo de ambos por seguir en esta ola de interminables sensaciones, mis ganas de saborear su vagina, las ganas de ella por sentir mi lengua. No deseo hacerla esperar, voy de cabeza a donde se me ha pedido, voy a donde ella me lo diga. Mis primeros lengüetazos le sacaron unos gemidos muy suaves, calmados, excitantes.

    Yo jugando con sus labios en mi boca, sintiendo su abundante humedad, sus desordenados movimientos de abdomen. Solos en aquel sofá, casi desnudos, ella completamente. Bragas en el suelo, sujetador por la silla, ropa en todo el comedor. Las ganas de estar dentro de ella, hacen que mi insistencia llame a su puerta. Mi verga dentro de mis calzoncillos llamaba a la entrada de su coño, deseaba pasar, entrar, penetrar y estar dentro de ella un buen rato. Mis ganas, por estar dentro de mi chica, crecían, se hacían visibles. Cada momento era una cuenta atrás, ya que los miembros que viven en esta casa podrían llegar sin previo aviso. Intente acelerar un  poco la marcha, meter más ritmo, presionar delicadamente.

    Calzoncillos fuera, mi verga libre y campante, era el momento para estar dentro de ella. Sentir la humedad de su interior, fue una larga espera que valió la pena. Nuestros cuerpos seguían un ritmo, sus caderas ajustadas a mis pausados movimientos. Mi pronunciada verga, dentro de ella completamente, hundida en su estrecho interior. Nada nos separa, estábamos unidos. Nuestros constantes gemidos, tiradas de cabellos, mordidas en nuestros labios. Nuestra forma de encontrar el placer en esta habitación. Todo había llegado a su fin, dejaríamos que nuestros cuerpos volcasen toda la excitación acumulada durante tanto tiempo. La explosión de deseos que emanaban nuestros cuerpos, hacían que tanta espera, bien haya valido la pena. Tener este encuentro con mi chica, fue una de las experiencias más explosivas y alocadas, que he tenido.

    Antes de poder terminar, recibí una llamada a mi móvil. Era mi padre que se había dejado las llaves de casa sobre la mesa del comedor, efectivamente, yo las estaba viendo. Estaba a 5 minutos del piso, quería que saliera para la calle a recibirle las cosas que habían comprado. Mi desesperación por no ser pillado ahí, me hizo brincar del sofá, vestirnos lo más pronto posible y salir fuera, antes de que ellos se planten frente a la puerta del piso. No sé cómo lo tomaría si me encontrase dentro. Las cosas no llegaron a terminar como debían, ya que por este incidente todo quedo en pausa. Ambos con las ganas, la insatisfacción por quizá haber querido más tiempo para terminar, pero eso se cortó abruptamente, de un momento a otro.

    Gracias por leer, compartir y comentar.

  • Recibiendo el año con la amiga de mi prima

    Recibiendo el año con la amiga de mi prima

    Antes de empezar este relato me disculpo con ustedes por la ortografía del post que hice antes de este, estaba escribiendo desde mi laptop y no sé como poner los símbolos jajaja dicho esto comienzo; que por cierto dicho sea de paso creo que mas de uno se sentirá identificado con lo que me pasó iniciare dejando una moraleja que alguna vez me dijo un maestro de la prepa «a veces las mujeres que más te caen mal, son las mujeres con las que terminarás enredando» qué razón tenía el cabrón algo así me paso con la mujer en cuestión de la que les hablare a continuación:

    Todo inicia un 2017 en el que yo estaba con 6 años menos para ese entonces cumplí 22, todos sabemos que está edad es el punto en el que perdemos el control por un momento y nada nos importa vamos empezando la universidad por lo regular y dicho estamos brincando y conociendo mujeres como si no hubiera un mañana; esa última semana de diciembre agarre la fiesta como nunca; empecé festejando el cumpleaños de mi mejor amigo Samuel un hombre que no conoce límites hasta que toca fondo amante de la fiesta, los tragos, y las sustancias, el motivo por el cual yo había agarrado la fiesta con él fue porque el hombre venía regresando de Canadá a Guadalajara ese año y apenas aterrizar celebraría su cumpleaños, para este punto ya teníamos el plan en mente la idea era recogerlo en el aeropuerto y a partir de ese momento empezar a beber.

    Procedimos a beber cerveza nos cambiamos de ropa y acto siguiente fuimos a la discoteca un jueves por la noche para esto es importante destacar que era 28 de diciembre empezamos la fiesta nos amanecemos con un par de mujeres que conocimos en esa reunión en la cual el exceso en aquella discoteca fue algo que nunca había vivido, por poner un poco en contexto esa noche en la discoteca estábamos 8 hombres y 16 mujeres en una sola mesa, habíamos pedido una cantidad absurda de alcohol (36 botellas), había estupefacientes, y el sexo obvio estaba presente; llegó un punto de embriaguez en el cual nos corrieron de la discoteca por mi culpa ya envuelto en los tragos me envolví con una chica que había conocido en ese momento y en un impulso a empecé a devorar sus tetas delante de todos los que estaban presentes acto seguido “los meseros observaron eso y nos echaron”. Ya fuera de la discoteca a las 5 am llego a mi casa y como ya es viernes 29 estaban ahí un grupo de amigos de mi hermana, mi prima y entre ellos una mujer de estatura 1.70, blanca, con unos senos increíbles, un culo precioso y una cara muy bonita.

    “Cual va siendo mi sorpresa que era la amiga de mi prima, la cual había dejado de ver desde la secundaria y que para esos tiempos para mi era una mujer insoportable, de esas que todo el mundo se quiere tirar en la escuela y que es la más inalcanzable del salón para algunos”, yo, al verla era como si estuviera reviviendo ese odio que sentía por ella en ese momento como mencioné al principio del relato vino a mi mente aquel recuerdo de mi profesor de la prepa y dije: «¿porque no?», una vez que pensé eso como dice la canción me acerque fijo la mire y le pregunté ¿tienes cuantos años «Tití»? ”diré este apodo por motivos de seguridad, por si algún día llegan a leer esto las personas que me conocen no revelar su identidad, jajaja” cuando ella escucha esto voltea y como si no hubiera un mañana me besa la mejilla y me dice: «Yo ya tengo 22, ¿tú quién te crees? Que nunca me hablaste desde la secundaria presumido» yo me reí y a partir de ese momento empecé a tirarle labia y le ofrecí 1 par de shots y ahí comenzó el juego de seducción; entendí como si fuera cuestión de una partida de ajedrez que no debía revelar mis intenciones tan rápido.

    Seguimos bebiendo ella y yo hasta que todos cayeron rendidos y amaneció, ya para este momento era 30 de diciembre yo dormí con ella (sin que pasara nada) hasta las 11 de la mañana, cuando desperté noté que ya estaba yo solo en mi casa y abrí las ventanas con una resaca que casi me reventaba el cerebro, salí a tomar un café y no supe más de mis amigos ni de ella, me relaje y seguí bebiendo un poco más por la tarde…

    Llego la noche de ese sábado 30 de diciembre y ya para este entonces yo sentía como si estuviera forzando el tomar sin ningún tipo de sentido, me temblaba la boca y las rodillas ya no me respondían, resoplaba una y otra vez ondeando mi cabello y fumando un cigarrillo mientras bebía mi trago de vodka; volteando a ver a todos lados y observando a la gente «reflexionando como para este punto ya llevaba jueves, viernes y sábado sin dormir», llego la noche y cuando llegue a mi casa con la intención de esperar a que «Tití» estuviera ahí con mi prima mi hermana y mis amigos en cuanto llegue y abrí la puerta ya estaba medio mundo en mi casa tomando la veo y me dirijo a ella para seguir la conversación, volvimos a tomar como si no hubiera fin pero ya ahora era más evidente que solo era cuestión de tiempo… Que algo iba a pasar.

    Amaneció y ya en domingo 31 desayunamos junto con todo el grupo de amigos yo salí de nuevo a comer algo solo y volví a ver a «Titi» hasta en la noche, cuando llego veo que «Titi» un amigo de mi hermana y mi hermana están arreglándose para salir, yo sin dudarlo les digo que me esperen que me voy a cambiar para salir con ellos “me cambio en 5 minutos vuelvo a la sala y me monto en el carro con ellos”.

    Fuimos a una discoteca que en aquel tiempo estaba en la Colonia Providencia en Guadalajara, ya estando ahí empecé a tirarle labia a «Tití» y ella cada vez hacía más evidente que iba a terminar en el sillón de la casa conmigo, sigue la noche y llego el punto en el que los tragos ya habían hecho efecto yo empiezo a seducirla y ella me empieza a bailar poniéndome el culo de frente perreamos y en ese momento, notó que mi hermana y mi amigo se estaban quedando dormidos en el sillón de la discoteca; yo le digo a «Tití» y al amigo de mi hermana que ya nos vallamos del lugar el amigo de mi hermana me dice: «Bro tu hermana ya está muy borracha y yo igual, vamos a irnos en un taxi, tú vete con «Tití» en el carro que ella maneje y yo le dije: «está bien nos vamos a mi casa»…

    Me subí al carro y en ese momento y veo que «Tití» ya se había puesto el cinturón; me fui con «Tití» y en el trayecto a mi casa ya se notaba el habiente de tensión sexual muy pesado, yo empecé a sacarle platica de cualquier tema y mientras ella me respondía yo le empecé a tocar la entrepierna notaba como ella mientras conducía se mordía los labios y su respiración se agitaba, mientras nos deteníamos en un semáforo «Tití» volteó a verme y nos empezamos a besar, en cuestión de 15 minutos llegamos a mi casa y apenas abrir la puerta «Tití» empezó a tocarme mi verga entre gemidos que hacían acelerar mi respiración, en ese momento acaricié sus senos con ritmo y mientras ella me bajaba el cierre del pantalón yo comencé a quitar su bra y sentarla en el sillón de la sala “era tal la excitación que sentíamos los dos, que en ningún momento pensamos en cerrar la puerta de mi casa”, la devoraba a besos y sentía tanta lujuria al igual que ella que quite su bra lo aventé en el sillón de la sala junto a su blusa y mi camisa y la cargué hasta mi habitación entre besos.

    Ya entrando en mi cuarto ella mi quita el pantalón y el bóxer para después darme una mamada de antología, yo acaricio su vagina deliciosa, depilada y rosita mientras noto como se moja y su piel se eriza mientras sus gemidos son cada vez más intensos, no me detuve y seguí apretando su culo viendo como su mirada se era cada vez más traviesa, después de seguir lamiendo su vagina sentí como llegaba al «squirting» el cual ya en este momento me hacía sentir muy excitado, yo seguía acariciando sus senos mientras ella no dejaba de chupar una y otra vez mi verga y me decía: «ya metemela» “la complicidad de saber que estábamos solos en casa y que nadie más iba llegar a pesar de que la puerta estaba de par en par, hacia que la lujuria creciera más y más” yo procedí a mérales una y otra vez al natural y 15 minutos después ya sin ningún sentido me puse preservativo para seguir dándole mientras ella recargaba su mano en la ventana de mi cuarto el cual siempre me ha acompañado con la mejor vista de la ciudad, ya a las 12 de la noche ella y yo seguíamos enredados de una manera sobrenatural y el polvo seguía sin parar ella saltaba una y otra vez en mi verga y yo al cabo de 3 horas terminaba, de empezamos el año 2018 uno dentro del otro pero eso no era todo, era solo el inicio; «Tití» y yo tenemos otras historias que ya les contaré más adelante…

    Esta vez despertamos con una resaca por lo que había pasado el día anterior y bajamos a la sala en ese momento nos habíamos dado cuenta de lo que les había comentado antes “habíamos dejado la puerta abierta sin darnos cuenta toda la noche mientras nos comíamos”, nos volteamos a ver y nos reímos al darnos cuenta, terminamos ese día duchándonos y vistiéndonos para después terminar el día desayunando en un restaurante de la ciudad.

  • Fede, Luli, Emanuel y yo en el jacuzzi (parte 7)

    Fede, Luli, Emanuel y yo en el jacuzzi (parte 7)

    Emanuel estaba sentado en mis piernas, con su precioso trasero rozando mi pija dura y viendo cómo Fede le daba a mi novia como si fuese un pistón, mientras ella se apoyaba con fuerza en los bordes del jacuzzi, gemía y jadeaba pidiendo más.

    Al tiempo que lo empezaba a pajear con una mano y con la otra le acariciaba el pecho, el abdomen y las piernas, le susurré al oído:

    -¿Te parece bien que sigamos mirando y que los dejemos terminar de coger?

    -Sí, lo que vos digas, me respondió con voz entrecortada.

    Lo seguí pajeando con una mano y pasé de nuevo a ocuparme de su ano, ya más complaciente al mete y saca, mientras le decía que estaba muy rico y que ya le iba a tocar a él. Sólo asentía y jadeaba muy caliente por todo. Volví a lamerle el cuello y la espalda inclinándolo un poco hasta que pude apuntarle con mi pija a su agujerito virgen, metiéndole apenas la cabeza del glande, pero se contrajo y no pude entrarle.

    -Tranquilo, no pasa nada, le dije mientras lo recostaba sobre mi pecho y él se mecía suavemente en mis piernas casi pajeándome con la separación de sus glúteos. Yo estaba caliente a reventar cuando escuché a Luli gritar:

    -¡Dame más, cógeme más, quiero más pijaaa!

    Fede le dio como una locomotora unos minutos más hasta que mi novia aulló y gritó en un orgasmo múltiple que parecía no terminar nunca, sin dejar de empujar hacia atrás, estremeciéndose como si le estuviera pasando una corriente eléctrica.

    El culo firme, redondo y esculpido de Fede seguía bombeando como un martillo neumático hasta que su hembra, mi novia, pidió clemencia y él se retiró suavemente para ayudarla a recostarse en el jacuzzi, un poco desmadejada y temblando por el brutal orgasmo que le había provocado. Se besaron con mucha dulzura, como dos flamantes enamorados y el semental vino hacia nosotros, sentándose a nuestro lado, con su mástil siempre en alto.

    -¡Hdp!, le dije, acariciándole el miembro con suavidad, qué dura la tenés. Sos una máquina y tu pija está para comérsela.

    Me tomó de la barbilla, me miró a los ojos, me felicitó por la hembra insaciable que se estaba cogiendo y nos dimos un morreo de campeonato ante la asombrada mirada de Emanuel.

    -¡Qué rico estás, Ema!, exclamó, tomándole la pija sobre mi mano para acompañarme en la paja.

    La fui retirando lentamente para dejarlo a cargo, mientras Ema se volvía a reclinar sobre mi hombro, pero del lado de Fede, que lo seguía pajeando como él sabía hacerlo. Lamí el cuello y las orejas del bailarín mientras él miraba a Fede a los ojos hasta que se besaron largamente y bien a fondo, al tiempo que nuestro amante deslizaba su otra mano para pajearme a mí también.

    Mi calentura era descomunal y se acentuó cuando Emanuel giró la cabeza y me dio un buen morreo, tan extenso y profundo como el que se dio con Fede. Estaba a punto de correrme y Fede lo notó, me apretó bien fuerte la base del pene casi hasta hacerme doler y luego dejó de pajearme, para ponerse de pie frente a nosotros y dejarnos la pija ante nuestras caras.

    La invitación era obvia y no dudé en comerme su glande húmedo por el agua y los fluidos vaginales de Luli, siguiendo con el tronco riquísimo y sus huevos, en mi ya habitual rutina de mamar porongas. Fui y vine varias veces a centímetros de la boca de Emanuel que miraba con asombro, hasta que puse la pija de Fede entre la boca de Ema y la mía para besar todo con ansia y apoyar el miembro de Fede en los labios de Ema.

    Pasé de nuestro beso a compartir el glande de Fede, al que lamió con timidez y luego chupó con frenesí, seducido por la suavidad y el sabor de la piel rosada y palpitante. Lo hizo solo y con bastante pericia, pese a que recién había visto cómo lo hacía yo. Goloso, se lo fue comiendo varios minutos hasta que me metí en la escena para compartirlo.

    Así lo fuimos chupando y nos besamos con la pija entre ambos muchas veces, hasta que de pronto Fede le pidió a Ema que se levantara y él volvió a sentarse a mi lado, poniéndolo de lado entre nosotros, con el culo respingón del bailarín al alcance de mi boca.

    Se lo empecé a lamer como antes y me dediqué con esmero a chuparle el ano y darle lengüetazos profundos en su agujero, mientras Fede le daba una mamada fenomenal a fondo del otro lado, ayudando a separar sus nalgas para que yo pudiera entrar socavándole el hoyito virgen con mi lengua.

    Le dábamos un placer tremendo que se notaba porque empezó a menearse para atrás y para adelante para recibir lenguas y mamadas hasta lo más profundo de su ser por varios minutos, hasta que Fede se detuvo, siempre en control de la situación, se puso de pie e hizo sentar a Emanuel sobre mí, muy despacio, sosteniéndolo de su cuerpo y abriendo uno de sus glúteos mientras yo guiaba mi pija hacia el ano que deseaba desvirgar.

    -Despacio, le dijo, tranquilo, sentate a tu ritmo que no te va a doler.

    Lo hizo con aprensión, mientras yo le abría bien el otro glúteo y guiaba mi pija hacia su ano. Se fue metiendo mi glande muy lentamente, se quejó un poco, pero siguió, siguió hasta que le entró toda la cabeza y luego el tronco bien despacio hasta que lo tuvo adentro y lanzó un profundo suspiro.

    Nos quedamos quietos para que se acostumbrara a la intrusión, mientras Fede se apoyaba en sus rodillas y empezaba a chuparle la pija también muy despacio. Emanuel le agarró la cara para empujar más la boca de Fede hasta el final de su miembro y el macho se dejó llevar acelerando la mamada y las lamidas. Esto hizo que Emanuel se empezara a menear con mi pija adentro de una manera espectacular, al tiempo que yo lo abrazaba y acariciaba su torso, diciéndole:

    -Dale así, acomódate bien, dame más, cogeme con tu culo.

    Si era su primera vez, lo hacía muy bien, pensé que tal vez por su práctica bailable. Me cogía a mí con el culo, a Fede se lo cogía con su pija en la boca y por sus gemidos deduje que se sentiría en el paraíso. No aguanté mucho tiempo hasta que estallé en un orgasmo espasmódico, jadeando y gritando, empujando hasta el fondo de su ano y llenándolo con mi leche contenida con varios chorros de semen.

    Debo haber provocado tales estímulos eléctricos en su próstata novel que Emanuel eyaculó también en la boca de Fede, que se tragó todo el semen del bailarín, dejándosela limpia y brillante, para volver a sentarse a nuestro lado, algo cansado, por fin. Emanuel volvió a recostarse sobre mi hombro, me besó larga y apasionadamente y luego se dio vuelta para morrearse con Fede y compartir el sabor de su propia leche en la boca de nuestro amante.

  • Fui a un bar por un hombre y terminé con dos

    Fui a un bar por un hombre y terminé con dos

    Un gusto soy Emily de 24 años, piel morena cabello castaño y liso, tetas grandes y un poco caídas de forma muy sexi, cintura y caderas bien conservadas por el gym y un culo que se roba muchas miradas y unas piernas igualmente marcadas y sexis.

    Hace unos meses salí a un club para divertirme llevaba un vestido negro con la espalda descubierta y abierto a los lados igual con escote y tacones, mi plan era follar con alguien si o si, estaba bebiendo y buscando, hasta que encontré mi objetivo, un hombre se veía mayor como de 30 sentado en un mini sofá solo.

    Veía como me acercaba y se le notaba algo nervioso, llegué con él y me senté en sus piernas mirándolo de forma sexi y fin el mini vestido mostrando mis muslos.

    Yo: hola grandote, como te llamas?

    Hombre: Fernando y tú linda?

    Yo: uff que buen nombre yo soy Emily, te gustaría estar juntos esta noche?

    Fernando: y que quieres hacer?

    Yo: bailar y divertirnos y si todo va bien podemos tener sexo

    Fernando: jajaja no pierdes tiempo

    Yo: nop

    Fernando: ok vamos a bailar

    Se levantó y fuimos a bailar todo iba bien y vi que otro hombre se estaba acercando, creí que quería bailar así que lo deje unirse pero cuando llegó a nosotros se acercó a Fer y lo beso en la boca yo me quedé quieta y cuando termino el beso le dijo.

    Hombre: hola amor que haces?

    Fer: hola cariño estaba bailando con Emily

    Yo: hola jeje

    Hombre: hola, soy Samuel

    Yo: bueno creo que los dejo

    Fer: no no espera, amor recuerdas lo que hablamos?

    Samu: crees que ella quiera?

    Fer: creo que si jeje

    Yo: que pasa?

    No los escuchaba bien por la música y fuimos a una mesa más alejada de la música.

    Fer: bueno Emi, Samu y yo somos bisexuales y al ser pareja hemos dejado abandonada la parte de las mujeres.

    Samu: y Fer me decía hace unos días que podríamos tener sexo con una mujer.

    Fer: y con lo que dijiste hace un rato creo que podrías ser la indicada

    Yo: oh wow yo? Con ustedes dos?

    Samu: si jeje

    No sabía que decir me estaban proponiendo un trio y no había estado en un trio antes estaba nerviosa pero se veían muy sexis y ellos me miraban con mucho deseo.

    Yo: ok acepto jeje

    Fer: si!

    Samu: bueno podemos ir a nuestra casa te parece?

    Yo: si está bien.

    Salimos del club y nos subimos a su auto los 3 al frente y Samu conducía mientras Fer me tocaba las piernas y metía su mano bajo mi falda. Podía sentir que ya estaba húmeda y no tardamos mucho en llegar a su casa, guardaron el auto y entramos y me llevaron a su cuarto.

    Apenas entramos Samu se empezó a quitar la ropa y cuando volteé a ver a Fer sentí sus manos en mi rostro y me dio un buen beso, sus manos acariciaban mi rostro y sentí otras manos en mis nalgas, Fer me soltó del beso y Samu levanto mi rostro para besarme también (ambos eran más altos que yo).

    Mientras besaba a Samu, Fer se quitó la ropa y bajo mi vestido quedando en la lencería negra que llevaba y mis tacones (les dije que iba dispuesta a tener sexo), Samu se puso enfrente e iba intercalando entre sus labios los besos mientras mis manos bajaban tocando sus vergas duras.

    Samu es moreno y Fer un poco más claro pero tenían las vergas casi iguales largas, anchas y con las venas marcadas (fetiche mío jeje).

    Yo: uff cuántos años tienen?

    Samu: yo 32 y Fer 31, y tú?

    Yo: 24 y me gustan mayores que yo.

    Les lancé un beso a ambos y me puse de rodillas con una verga en cada una de mis manos, vi ambas y empecé a chupar la de Fer hasta donde entraba, la saqué tomando un respiro y metiendo la de Samu igual hasta dónde podía.

    Ellos soltaban pequeños y sexis gemidos mientras chupaba sus vergas y en un momento junte las puntas de sus vergas y les pase mi lengua al mismo tiempo para después meterlas a mi boca juntas, ellos se besaron mientras yo hacía eso.

    Me quite el sostén y frote sus vergas en mis tetas en especial en mis pezones que estaban duros y Samu tomo mi cabeza y metió su verga a mi boca moviéndome a su gusto mientras besaba a Fer y poco después Fer empezó a hacer lo mismo.

    Samu: buena elección amor

    Fer: gracias papi

    Samu: Emi la chupas riquísimo

    Yo: mmmm!, Aaahg.

    Fer: siii muy rico

    Después de un rato ambos soltaron mi cabeza y me levanté mientras recuperaba aire, los mire de forma sexi a ambos y me bajo las bragas quedando solo en tacones ya desnudos los 3.

    Yo: les gusta?

    Fer: mucho

    Samu: ya te la quiero meter Emi, pido el coño jeje

    Fer: ok amor yo aún quiero más de su boca caliente.

    Me llevaron a la cama y me pusieron boca arriba con Fer en mi cabeza y Samu entre mis piernas, vi que Samu estaba buscando un condón y le dije.

    Yo: si quieres la puedes meter al natural, tengo un DIU

    Samu: ok hermosa

    Fer usaba sus piernas como almohadas en mi cabeza mientras veíamos como Samu me penetraba y yo sentía su gran verga abrir mis paredes de manera suave y que me había sentir cada parte de él, mientras iba gimiendo.

    Samu la termino de meter y Fer se acomodó metiendo su verga en mi boca, estuve tranquila unos segundos mientras escuchaba como se besaban y ambos se empezaron a mover intercalados.

    Mis gemidos eran interrumpidos por la verga de Fer que de vez en cuando la sacaba para que tomara aire y gimiera, Samu estaba muy entusiasmado dándome muy duro y bajando a chupar mis tetas y la verga de Fer.

    Estuvimos así un buen rato hasta que Fer se movió de mi rostro y le dijo a Samu «ya estoy listo amor» y Samu me abrazo y cargo pegando mis tetas a su pecho mientras yo lo abrazaba con brazos y piernas.

    Volteé a ver a Fer y vi como vaciaba lubricante en su verga y en mi ano y luego en mi cuerpo, siendo más resbaladiza, y fue que me di cuenta que me iban a dar una doble penetración (iba a ser mi primera doble penetración!).

    Iba a decir algo pero Samu me beso y durante el beso Fer metió su verga en mi culo di un saltito y rasguñé un poco el pecho de Samu que me hizo saltar y meter una buena parte de la verga de ambos.

    Samu tenía mi rostro en sus manos y no paraba de besarme mientras sentía las embestidas de Fer que follaba mi culo emocionado, me dejó de besar y ya sin poder hacer más abrí mis nalgas a Fer.

    Estaba a su completa disposición de ambos mientras Samu me cargada y me envestían con sus duras vergas que parecían frotarse entre si dentro de mi.

    Fer jugaba con mis tetas mientras Samu apretaba mis nalgas y yo gemía a gritos por sus vergas, ninguno tenía condón así que sentía sus vergas a total esplendor.

    En un momento se miraron y en una fuerte embestida se quedaron presionando con fuerza hasta que tuve un fuerte orgasmo y ellos al darse cuenta relajaron sus vergas.

    Samu se acostó y Fer saco su verga mientras decía «date vuelta Emi ahora Samu te dará por el culo y yo por el coño», me prepare y senté despacio en la verga de Samu que abría más mi culo.

    Samu tomo mi cintura y me sentó de un tirón en toda su verga y mientras gemía Fer no espero e hizo lo mismo, empezaron duro de nuevo como si fuera su juguete sexual (lo cual me excitaba más).

    Me encanto la energía que tenían de tener sexo con una mujer otra vez y como lo estaban disfrutando (igual de yo) Samu apretaba mis tetas con sus fuertes manos mientras Fer las chupaba y sentía como si sus vergas se tocaran dentro de mi.

    Estuvimos así un buen rato hasta que Fer dijo «Emi estoy cerca lo puedo hacer dentro?» Y yo lo abrace lo más que pude y le dije al oído «llename papi» fue maravilloso sentir como de inmediato soltó su carga de semen dentro de mi coño mientras nos estábamos besando y tenía otro orgasmo junto a él.

    Saco su verga y le pido a Samu que me pusiera en 4 para darle un oral, se la chupe y Samu me estaba volviendo loca con su anal hasta que me tomo de la barbilla y dijo «gracias por esto puta» y presionando bien su verga en mi culo también tuvo su orgasmo liberando gran cantidad de semen.

    Soltó toda su carga en mi culo y cuando termino saco su verga y abrió mis nalgas apreciando mis agujeros con creampie y deje que le tomara algunas fotos. Me acosté del lado y ellos a mis laterales tocándome, hablamos un rato y me limpié un poco hasta que me quedé dormida en su cama.

    Les di mi número y me llamaron más veces para tener sexo hasta que finalmente hace poco me ofrecieron una relación de poliamor y acepte, ahora vivo con ellos y tengo una verga casi a diario. Espere que les guste y díganme si quieren saber algo más, los amo mucho. Nos vemos.

  • Cabinas calientes

    Cabinas calientes

    Querido diario:

    Hoy te traigo una historia corta, pero no por eso deja de ser intensa. Hoy se trata de sexo, puro y bestial sexo. Sin sentimientos, sin remordimientos, sin complicaciones, sin nada más de por medio que el placer.

    Eso sí, tal vez un poco descuidado y peligroso, pero al fin y al cabo cada uno es dueño de sus decisiones…

    Bueno vamos a la historia que me muero por contarte.

    Desde que por casualidad vi un video de lo que pasa dentro de las cabinas me llené de curiosidad y me dieron unas ganas enormes de ir por lo menos una vez en la vida y saber de qué se trata.

    Hoy el destino me ha puesto en una ciudad que no conozco y donde no pasaré más de 15 días.

    Prácticamente no tengo conocidos más que Juan, el asesor que la empresa me puso como guía y Teresa, la secretaria que me da las órdenes de gerencia.

    Así que sin nada que hacer por las tardes luego de terminar mi trabajo me iba a la habitación del hotel a esperar que pase la tarde y salir de noche a alguno de los bares de por ahí.

    Casi me pasa inadvertida. El local no tenía anuncios visibles ni nada que llamará la atención, pero ese par de piernas no podían pasar inadvertidas así que las seguí con la mirada hasta encontrarme con la dueña de la sonrisa más pícara que hubiera podido imaginar. Era morena; una belleza sin dudarlo, sus ojos claros contrastaban con el pelo negro, una cintura que parecía pequeña junto a esas caderas hermosas. Se rio un poco de mi cuando vio que la miraba con la boca abierta, me guiño un ojo y lanzándome un beso luego se dio media vuelta y entro por la estrecha puerta de metal.

    Dudé en seguirla, pero total qué podía perder si no era ella igual sería alguien más en un bar así que decidido fui tras ella.

    Toqué el interfón y esperé, luego de unos momentos que me parecieron horas la puerta se abrió haciendo un ruido eléctrico.

    Al pasar seguí un pasillo angosto por unos metros hasta llegar a una zona más amplia como recepción.

    Ahí una joven muy guapa me dio la bienvenida, me registró en su bitácora y me explicó las reglas:

    —Todo es consensuado

    —No es no

    —En cualquier relación con alguna de nuestras chicas los preservativos son obligatorios.

    —El sexo casual entre clientes es bajo su riesgo.

    —Nada de peleas.

    Por el pasillo de la derecha están las cabinas, si vas por la izquierda veras solo las piernas de nuestras chicas en medio de las dos áreas está el bar.

    Fui de inmediato a las cabinas y al llegar me encontré con una pared llena de huecos, la mayoría estaba vacíos pero había otras por donde salían diferentes vergas, unas gordas otras flacas, unas cortas y otras grandes, algunas estaban erectas y otras esperando que las despertaran. Había cuatro que gozaban del placer de unos labios. Una pareja donde el hombre ayudaba a su mujer, tres mujeres solas y un hombre hacían sexo oral a la verga suertuda que tenían en sus narices.

    Pase de largo sin apenas mirar unos pocos minutos como una morena recibía la leche en su cara llena de sorpresa.

    Fui del otro lado y encontré el lado opuesto donde los hombres ponían sus miembros para que cualquiera pudiera mamarlos.

    Abrí el cierre de mi pantalón y desabroché el botón para mayor comodidad, bajé mi ropa interior hasta medio muslo y metí la verga en uno de los huecos.

    No pasó mucho rato para que sintiera la mano delicada de una mujer sosteniendo mi miembro, acariciaba todo desde los testículos hasta subir su mano por todo el tronco y acariciar el fresnillo con la suavidad de su yema, me puso duro en unos segundos y sus movimientos se aceleraron por unos momentos. Luego así como empezó todo acabó. Sus movimientos se terminaron de súbito dejándome con la frustración y las ganas de que siguiera hasta encontrar mi desahogo.

    Estaba medio flácida cuando sentí ahora unos labios suaves y húmedos succionando el glande sin llegar a meterla del todo en su boca, luego una lengua juguetona recorría todo el tronco y daba lengüetazos sobre mis bolas cada vez más calientes. El líquido preseminal ya goteaba en la punta y la lengua lo recogía sin dudarlo.

    Por fin lo que suplicaba en silencio sucedió y su boca arropo mi verga, la trago toda y se quedó ahí un instante mientras una de sus manos acariciaba mis bolas suavemente. Ella sabía lo que hacía.

    Pronto su boca comenzó a subir y bajar por mi falo una de sus manos subía y bajaba al ritmo de su boca acercándome cada vez más y muy rápido al orgasmo.

    Pero otra vez me dejaron sin poder eyacular y sin decir nada las caricias terminaron aumentando mi frustración.

    Pasé otra media hora esperando pero ya nadie apareció para dar amor a mi verga. Así que decidí ir a la segura y fui al bar por un trago antes de ir a la sección de las chicas de casa.

    Luego de una cerveza artesanal me dirigí al extremo contrario de donde estaba.

    Abrí la puerta y vi un espectáculo, varias chicas estaban en diferentes posiciones dentro de sus pequeñas cabinas algunas boca abajo mostrando su culo, otras boca arriba, de lado e incluso una estaba recostada con sus piernas para dentro del cuarto y su boca abierta para que pudieras follarle la boca.

    También ahí había algunos tipos que usaban a las chicas para saciar su placer sin mediar una palabra de por medio.

    Pasé la vista por toda la habitación y reconocí las piernas de inmediato.

    No lo dudé, fui a situarme detrás de ella y acaricie sus piernas desde el tobillo ascendiendo por su pantorrilla y muslo hasta llegar a sus nalgas, bese la base de su espalda y mordí cada glúteo de forma casi imperceptible pero alcance a ver como erizo la piel de la chica.

    Me puse un preservativo y me clave con furia en ella, estaba húmeda y dispuesta así que luego de un momento para que se acomodara mi verga comencé a moverme, necesitaba desahogarme, pero también quería que ella gozará así que busque primero su placer y cuando lo obtuve me deje llevar y me vacíe dentro de ella sin remordimientos.

    Luego salí de ahí dejando el preservativo en su espalda. Nunca supe su nombre ni nunca volví a esas cabinas, solo sé que fue una experiencia de lo más placentera…

  • ¡Amigos como siempre!

    ¡Amigos como siempre!

    Estaba terminando una velada muy borracho con amigos de la universidad.  El alcohol había corrido libremente y muchos tuvieron que regresar en taxi o a pie. En mi caso, por suerte, solo vivía a 5 minutos de a pie. Estaba a punto de irme cuando me di cuenta de que Karen no tenía dinero suficiente tomar un taxi y estaba demasiado borracha para conducir.

    «Solo tienes que dormir en mi casa, regresarás por tu auto en la mañana. Vivo a apenas 5 minutos de acá, caminando.»

    «¿Estás seguro? ¿No es problema para ti?»

    «Para nada, no hay problema, mientras puedas caminar durante 5 minutos»

    «Creo que sí ¡No estoy tan borracha!»

    Entonces Karen aceptó mi invitación. Éramos amigos desde hacía mucho tiempo, mi invitación fue sin malas intenciones y ni malentendidos. Saludamos a los pocos que quedaban en el restaurante y tomamos juntos el camino a mi departamento. Karen y yo hablamos por el camino de todo y de nada y de la hermosa velada que había terminado. En poco tiempo estuvimos en la entrada de mi departamento. A pesar de los efectos del alcohol ella todavía quería charlar y charlar un poco más. Nos sentamos en la sala Karen aceptó mi invitación para tomar dos buenos cafés. La conversación giró en torno a Érica, una amiga de nuestro grupo que había terminado la velada besando a un chico desconocido en el bar y que después se había ido con él a toda prisa. Pensé que era divertido, pero pude ver que Karen parecía preocupada y pensativa.

    «Sabes, somos adultos y no hay nada de malo en eso, creo, en lo que hizo Érica esta noche»

    «¿Por qué me dices eso?»

    «No sé, ¿no te ves bien con su actitud?»

    «Ah no, me interpretaste mal, no es Érica para nada, es solo que… no, déjalo como está, no puedo decir algo así.»

    «Vamos, puedes decirme cualquier cosa, no soy de los que juzgan, por el contrario, soy bastante condescendiente.»

    «OK, a mí también me gustaría que un chico me arrastrara de algún lugar como en el que estuvimos y terminara mi velada con el!»

    «Me parece razonable. Es la ley de la vida. ¿Lo has hecho alguna vez?»

    «¡Ja ja ja! Mira, ¡no soy virgen! Lo he hecho en dos ocasiones, pero eso fue hace mucho tiempo.»

    «A ver, una chica hermosa como tú, debería tener muchos interesados en repetir esa historia.»

    ««Una chica hermosa», me dices eso, porque somos amigos, eso es todo.»

    Miré a Karen y pude ver que este punto la atormentaba. Mi mirada estaba sobre ella y no podía entender por qué los chicos no estaban más interesados en ella. Sin ser un canon de belleza, Karen era muy bonita. Un ligero silencio se había instalado y todavía estaba atrapado en mis pensamientos.

    «Vamos, di algo, ¿en qué estás pensando?»

    «Me pregunto por qué los chicos no se interesan mucho más en ti.»

    «Muy sencillo: soy gorda. ¡A los chicos no les gustan las chicas como yo!»

    «Cálmate Karen, estás lejos de ser gorda.»

    «No, pero gordita sí. No puedes decir lo contrario.»

    No sabía qué decir y traté de pensar. Karen ya no se atrevía a mirarme y sorbía su café sin decir una palabra. Era un poco gordita, sí… pero como dije, muy lejos de ser una chica obesa. La observé, pasando mi mirada por su cuerpo. Sin papada, sin grasa flácida en ninguna parte. ¡Simplemente formas más definidas!

    «Mi opinión sincera, Karen: eres hermosa.»

    «¡Ah! No intentes animarme.»

    «No, no, no. Vamos a haber en serio. Mírate. Tienes un hermoso cabello negro. Una bonita sonrisa y unos ojos muy hermosos.»

    De repente, una leve sonrisa apareció en su rostro, pero desapareció muy rápidamente. A pesar de mi cumplido, parecía obstinada en no verse como yo la veía. Me comentó que le gustaba su cara, pero que su cuerpo era el problema.

    «¡Simplemente tienes unas curvas femeninas bastante, bien definidas, que las pequeñas anoréxicas no tienen! Una chica que tiene un poco mas de caderas me parece super sexy!»

    «En serio? ¿Me encuentras sexy?»

    Los ojos de Karen parecían tímidos pero orgullosos de mi comentario. Se colocó uno de sus largos mechones de cabello detrás de la oreja y volvió a sonreír, sin atreverse a mirarme. La observé y sí, era hermosa y atractiva. Pero no me atrevía a decírselo… Sabes los momentos en que algo parece estar pasando y que una relación puede ponerse patas arriba… la situación se había vuelto así. Karen era una amiga para mí y realmente no quería ofenderla. Teníamos una relación hermosa que yo no quería arriesgar. Al verme vacilar, Karen se levantó y se acomodó en el sofá frente a mí.

    «No te preocupes, no quiero salir contigo ni nada por el estilo. Eso no está en mi mente. Aunque somos amigos y eso está bien, si es verdad que me encuentras sexy… ¡dímelo! En este momento necesito que un chico me diga que soy hermosa. Que me desea…»

    «Karen, eres hermosa. Lo digo sinceramente.»

    Estábamos sentados en el sofá. Los dos en la misma posición, pero inversa. Ella con su rodilla izquierda sobre el sofá, yo con mi rodilla derecha sobre el sofá. Ella con el brazo izquierdo sobre el respaldo, yo con mi brazo derecho sobre el respaldo. Frente a frente. Mirándonos.

    Actué. Tomé la iniciativa.

    Mi mano izquierda se dirigió hacia ella y desabroché un botón de su blusa, luego un segundo. Quedo a mi vista un precioso escote pronunciado. No hubo reacción en ella, siguió mirándome. Sin aliento, traté de encontrar algunas palabras. Solo pude admirar sus magníficos pechos redondos, realzados por este pequeño encaje negro que llevaba bajo la blusa. Las bonitas curvas que se me revelaron me dieron deseos que yo mismo no conocía. Un ángel y un demonio se empujaban en mi cabeza. Karen es una muy buena amiga, ir más allá podría romper todo en nuestra relación. Pero ella está ahí, frente a mí, mostrándome sus encantos que ya no puedo ocultar que me atraen. A pesar de mi conciencia, mis deseos poco a poco querían tomar el control y fue entonces cuando Karen me dijo:

    «No te preocupes, siempre seremos amigos, pero esta noche, por favor… ¡hazme sentir hermosa! Mañana olvidaremos esta noche, pero hazme vivir lo que es ser deseada»

    Con esas palabras, coloqué suavemente mis manos sobre la divina curva de sus caderas. Un verdadero torrente de deseo surgió en mi cabeza. Olvidando todo lo demás, solo flotaba en mi mente el deseo por todos sus encantos. Se inclinó lentamente hacia mí, con los ojos cerrados. Podía oler el aroma de su piel mezclándose con el exquisito aroma de su largo y fragante cabello negro. Sus labios tan cerca de los míos y ese suspiro de duda justo antes de atreverme a besarla. Sus labios se mueven lentamente y siento esa lengua tímida pero terriblemente suave tocando la mía. Nos besamos durante mucho tiempo, con ternura. Mis manos recorren sus caderas, sus muslos y vuelven poco a poco a sus pechos por encima de sus prendas sin atreverse a tocarlos directamente. Karen deja mis labios y se aparta unos segundos. Sus manos se deslizan para desabotonar por completo su blusa. ¡Abre los lados de su blusa y me revela un cuerpo y magníficos activos! Un sostén de encaje negro retiene sus senos con una elegancia seductora que mis manos desean tanto acariciar. Luego muevo suavemente mis manos desde sus caderas hasta su pecho. Con las yemas de mis dedos, rozo suavemente su piel, tan suave, tan tierna. Apenas rozo esas curvas antes de tomar por sus pechos. Ella deja escapar un largo suspiro de felicidad y vuelve a besarme de nuevo. Nuestros labios se devoran con pasión, luego mi hermosa Karen me quita el suéter. Hace una pausa y me mira como si nunca antes lo hubiera hecho. Yo mismo estoy un poco avergonzado por esa mirada en mí. Siento la ambición en sus ojos. Besa mi cuello y me susurra al oído:

    «Si supieras cuantas veces te quise tener así. Nunca pensé que podría excitarte…»

    «¡Karen, eres realmente seductora! Quiero tocarte, besarte, acariciarte…»

    «¿Tienes ganas de mí?»

    Opté por responder con los hechos. Tomé su mano y la guie sobre mi pecho y la hago bajar hasta mi pene. Siente bajo sus dedos mi excitación hinchada de placer que está esperándola. Sus ojos luego se congelan en los míos, viendo que no estaba mintiendo y que me estaba excitando por completo. Se mordió el labio y volvió a besarme. Cuando su boca probó la mía, sentí sus dedos desabrochando mis pantalones. Deslizó su mano debajo de mi ropa interior y llegó hasta mi polla, que estaba esperando ser acariciada por sus manos. Sus movimientos sobre mi miembro eran suaves. Su boca besándome va poco a poco sobre mi cuello, luego besa mi pecho y sigue descendiendo. Karen se pone de rodillas frente a mí y me mira sentado frente a ella en mi sofá. Parece tan traviesa mirándome así, sonriendo con avidez mientras acaricia mi polla con una mano. Mi mirada debió decir mucho sobre mis deseos, porque ella suavemente puso su boca sobre mi pene sin dejar de mirarme a los ojos. Besa mi glande, luego pasa su lengua por toda la longitud de mi polla. Su mano continúa acariciándome mientras su boca se adueña de mi mástil y lo chupa apasionadamente. ¡La diversión es completamente loca! Ya no aguanto más, ella sigue sin parar.

    Después de largos minutos de placer, no puedo más y le aviso que me voy a correr, porque no sé si el esperma le da asco. Baja poco a poco el ritmo de sus caricias y se detiene. De repente parece tan avergonzada y apenas se atreve a mirarme, acaba de ofrecerme un placer tan intenso. Sin esperar, la beso de nuevo y la ayudo a levantarse. Ambos quedamos levantados, la giro en mis brazos. Su espalda está pegada a mi pecho, mi pene erecto está presionado contra sus nalgas. Sigo besándola… en la boca, en la mejilla, en el cuello.

    Mis brazos la sostienen apretada contra mí, mientras devoro su cuello con un beso. Soplo en su cuello y me acerco a su oreja. Mi aliento sobre su piel le da escalofríos, mantiene los ojos cerrados y aprovecha al máximo mis caricias. Mis manos se mueven adelante y atrás sobre su cuerpo, sus caderas, su cintura, sus senos. Acaricio tiernamente sus pechos y luego le desabrocho el sostén en silencio. Deslizo los tirantes de sus hombros. Vuelvo a besar a Karen, mientras su blusa de encaje cae a sus pies. Mis manos descansan suavemente sobre su piel, que es suave y sensible. Sus pechos están ahora en la palma de mis manos y mis dedos acarician suavemente el límite sensual de sus pezones. Beso sus hermosos hombros ahora desnudos de tirantes y aprovecho para respirar el olor de su piel. Karen todavía tiene los ojos cerrados y pasa una mano por mi cabello, mientras que la otra guía mi mano hacia su vientre. Continuamos este vals de besos y caricias, ella desabrocha los pantalones con una mano y continúa guiándome a su jardín secreto. Mi mano se desliza debajo de la tela de su ropa interior. Mis dedos acarician con ternura esta zona tan tersa y suave. Poco a poco siento la curva húmeda de sus labios vaginales y de su vagina. Mi índice se desliza en ese valle de carne y placer. Acaricio su clítoris tan sensible a mis atenciones. Karen se inclina y suspira de placer mientras se aprecia el sentimiento de mis caricias. Lentamente, pero con ternura, sigo bailando el vals con los dedos, deseando solo su placer. Mi boca está dedicada a la suya y mis manos solo están ahí para su felicidad. Me ronronea al oído lo bien que se siente. Continúo mis movimientos sobre su sexo, pero de repente quiero más, tocar ya no es suficiente para mí, quiero ver, quiero probar, ¡quiero hacerla gritar de placer!

    Mis manos relajan sus caricias por un momento y tranquilamente bajo totalmente los pantalones de Karen, así como su lindo tanga negro de encaje. Karen arquea la espalda y frota sus hermosas nalgas en mi pene, lo que me excita hasta la locura. La beso apasionadamente y la empujo hacia el sofá. Voy sobre ella y la devoro a besos, luego bajo a sus pechos. Pasando mi lengua por sus areolas y lamiendo con avidez sus pezones endurecidos por la excitación. Siento la mano de Karen sosteniéndome del cabello y suspirando para que continúe.

    «Continúa ¡bésame por todas partes! «Mmmm hazme el amor!»

    Inclina la cabeza hacia atrás y continúo mi descenso hacia sus muslos que abro poco a poco. La visión de su jardín secreto es divina, hermosos labios vaginales rosados empapados por la emoción. Pongo mi lengua en su muslo y me deslizo en silencio hacia su bonito coño, que está esperando mis amables atenciones. Tímidamente mi lengua aterriza en su hendidura y pruebo a Karen por primera vez. El sabor es ligero y delicioso. Me sumerjo en un placer y lamo con avidez su sexo, sintiendo sus piernas cerrarse con cada contacto. Ella gime ante el deleite que le ofrezco y yo saboreo plenamente este delicioso momento. Lamo cada parcela de su piel con una pasión que lo consume todo. Pronto Karen gime más fuerte, sus muslos se tensan, su cuerpo se arquea hacia atrás y su mano me obliga a no detenerme. Ella disfruta, lo siento y disfruto tanto como ella para ofrecerle tanto éxtasis. Su mano se desliza por mi cabello y me insta a volver a levantarme. La beso por todas partes a mi paso y vuelvo a su boca. Nuestro beso es largo y cuando nos detenemos, la mirada de Karen se bloquea en la mía.

    Luego la guío a mi habitación. Admiro su magnífico cuerpo, sus generosas caderas, sus voluminosos pechos y esa cintura más grande, pero tan armoniosa con el resto de su cuerpo que me gusta mucho. Se acuesta en mi cama y me mira con una leve repentina vergüenza en sus ojos, debe haber notado mis largas miradas sobre sus encantos. Tiene una sonrisita avergonzada pero traviesa que literalmente me hace reír a carcajadas. Me acuclillo a los pies de la cama, beso sus pies, subo acariciando sus piernas cubriéndola de besos. Tomo sus pechos con toda la mano y beso la apasionadamente. Mi pene ahora está tan cerca de su vagina. Mi glande roza su húmeda entrada, empapado de excitación. Después de un largo beso, mi mirada se congela en la de Karen y la penetro. Mi polla se desliza suavemente entre sus carnosos labios vaginales. Su respiración se detiene por un momento, como si una ola de sensaciones inundara su cuerpo. Mi pene ahora está completamente dentro de ella. Karen deja escapar algunos gritos de placer cuando empiezo a hacerle el amor. Una autentica delicia, mi sexo va y viene. La calidez de su cuerpo, sus tiernos labios que se aprietan con cada pasada sobre mi pene. Pierdo la cabeza ya que el disfrute es intenso.

    Pasan los minutos y compartimos un placer que jamás pensé compartir con Karen. La beso, inhalo profundamente el olor de su cuello. Mis dedos se deslizan por su largo cabello negro. Nuestros cuerpos se rozan en esta danza de erotismo y éxtasis. De repente siento las uñas de Karen apretándose en mi piel. Sus caderas se levantan ligeramente mientras mis movimientos se mezclan cada vez más. ¡Respiración agitada, ojos cerrados, Karen me sostiene entre sus muslos y llora de placer! Al verla tomar tanta satisfacción no puedo contenerme más y disfrutar con ella. El tiempo se congela por un momento… Un minuto que dura una eternidad. Mi mirada admirándola tomando tanto placer como yo, nuestros cuerpos convirtiéndose en uno. Lo que sigue es siempre más y más dulce. Nuestros movimientos no son más que caricias y abrazos. La beso suavemente y me alejo de ella. Vuelvo a acariciar su cuerpo que nunca pensé que conocería así. Los momentos son sólo ternura a partir de entonces.

    Una noche excepcional para dos amigos. Antes de dormirnos, Karen me dice en el hueco de la almohada:

    «Gracias por regalarme esta noche. ¡Amigos como siempre!»

  • Masturbándome enfrente de la criada

    Masturbándome enfrente de la criada

    ¡Hola de nuevo!

    Como ya sabrán si han leído mis otros relatos soy una puta muy cachonda.

    Esta vez me encontraba en casa tenido un chat hot con una de mis seguidoras, conforme avanzaba la conversación podía sentir la humedad en mi entrepierna, pero no podía tocarme ya que la muchacha del aseo estaba en mi recamara haciendo su trabajo, pero verla solo aumentaba mis ganas. Ella es una chica de 20 años de tetas grandes y culo redondo, les mentiría si dijera que no la contraté por eso, la verdad desde que la vi no dejo de fantasear que pase algo entre nosotras.

    Trate de aguantar las ganas de tocarme pero se volvían insoportables. Espere un poco más para que entrara a hacer el baño de la habitación así podría aprovechar para darme placer un rato, me quite las bragas las puse en mi boca para no hacer mucho ruido, baje mi mano a mi pecho, comencé a acariciar mis pezones, para ese punto ya estaban muy duros, no aguante más y baje mi mano hacia mi coño totalmente húmedo, me frote el clítoris, pase mis dedos de arriba abajo, acariciaba la entrada de mi coño sin introducir totalmente mis dedos.

    No podía con la excitación del chat, más la fantasía de que la criada me descubrirá y al fin poder probar su coño. Mi respiración se aceleraba los gemidos de mi boca eran ahogados por la tanga, no quería parar pero sabía que ella no tardaría en salir del baño, así que me apresure seguí frotando mi clítoris, metí mis dedos dejando el móvil de lado mi coño estaba chorreando del placer que sentía, era todo tan intenso que no pude más y deje salir un pequeño gemido mordí mis labios para contenerlo seguido de eso tuve un buen orgasmo dejando salir todos mis jugos.

    Antes de que mi criada saliera me tape con una manta para ocultar mi orgasmo y mi pequeño desastre en la cama, ella se fue ese día sin sospechar nada o eso quiero creer, meses más tarde por fin pude cumplir mi fantasía con ella pero esa ya es otra historia.

    Espero les guste ya saben que piden escribirme a insta aparezco como saraem_17.

  • Jorge Luis, su hermano y yo (V): Una sorpresa para Jorge (1)

    Jorge Luis, su hermano y yo (V): Una sorpresa para Jorge (1)

    Este es el quinto relato de aquel fin de semana lleno de morbo, sexo y semen.

    El fin de semana estaba resultando de lo mejor, apenas eran las primeras horas del sábado y ya me había corrido varias veces, me habían cogido y había cogido. Para este punto no sabía si mi verga aguantaría tantos maratones de sexo.

    Después de que Jorge y yo habíamos desahogado nuestra corrida matutina a través de un oral, nos dispusimos a preparar el desayuno mientras Hugo se bañaba. Durante aquel desayuno hablamos de recuerdos de nuestra época de estudiantes y cosas que no tenían que ver con sexo, tal vez los tres queríamos descansar un poco.

    Estábamos terminando de desayunar, cuando el teléfono de Jorge sonó y salió hacia las recamaras a contestar, mientras Hugo y yo recogíamos la mesa y lavábamos los platos. Llegó Jorge –Me hablaron de la chamba, tengo que ir un par de horas a resolver un pequeño contratiempo, pero más les vale que guarden su leche para cuando venga, porque voy a querer un buen masaje para desestresarme de la chamba- dijo mientras nos agarraba el paquete sobre los pantalones- Claro- dijo Hugo, agarrándole el paquete a su hermano, aquí te esperamos- nos dimos un beso de tres en el que las lenguas tomaron la iniciativa. Jorge entró por sus cosas y se fue

    Hugo y yo terminamos de lavar los platos y guardar las cosas que habíamos ocupado para el desayuno y nos fuimos a la sala, pusimos una película que estaban dando por la tele, nos quedamos en silencio, disfrutando de aquel momento de paz y tranquilidad. Cuando la película terminó, Hugo se recostó en mis piernas y me hizo que lo abrazara mientras empezaba una nueva película.

    Aprovechando que lo tenía recargado en mis piernas lo hice que se girara para que quedara boca arriba y le di un beso en la boca, beso que Hugo respondió apasionadamente agarrándome del cuello. La intensidad del beso aumentó mientras mi mano bajaba a sobarle su verga sobre el pantalón de mezclilla que tenía puesto.

    -Deberíamos prepararle una sorpresa a Jorge para cuando regrese- dijo Hugo

    – ¿Qué tienes en mente? – le pregunté mientras le seguía masajeando la verga

    – Pues él siempre ha querido ver una función de teatro privada llena de sexo, ¿te parece si le preparamos una obra que termine haciéndole el masaje que quería?

    -vale, pero una obra requiere ensayo, así que tendremos que ensayar antes de presentarla- le dije

    Nos propusimos que la obra sería un médico (yo) y su pasante (Hugo) quienes se estaban preparando para atender a los pacientes del día, Hugo consiguió un par de batas blancas de aquellas que usamos en la escuela para las clases de Química y sería en un cuarto que tenían desocupado al fondo del patio, ese cuarto estaba básicamente libre a no ser por una camilla (Su mamá había vendido camillas hace un tiempo y había guardado esa) Trajimos un escritorio del cuarto de Hugo y acondicionamos el espacio como un pequeño consultorio. Pusimos el sillón donde se sentaría Jorge y empezamos a planear la obra

    Yo simulaba ser el medico que estaba en su escritorio llenando expedientes cuando entraba Hugo y me decía:

    ¿Doctor vengo porque tengo unas dudas de lo que va a venir en el examen, puedo pasar?

    -Si claro, pasa y cierra la puerta. Dime ¿en qué te puedo ayudar? – Hugo se acercó al escritorio y tomó asiento en el, sacó de la mochila una libreta y una pluma- ¡ahh mire es esto! No entiendo bien la revisión de la zona genital ¿me podría ayudar?

    -claro, si quieres te explico con un ejemplo- quítate la ropa y siéntate en la camilla, te voy a enseñar cómo se hace con un paciente real- Hugo se quitó entonces la ropa, una vez que estaba desnudo se volvió a poner la bata, eso me empezó a calentar ya que uno de mis fetiches son los uniformes, me ponen muy caliente.

    Mira, ahorita no tengo guantes, pero normalmente se hace con guantes. Esto es lo que vas a hacer, primero vas a palpar los testículos- empecé por sobar los huevos de Hugo- y después de recorrerlos bien con toda tu mano, vas a tomar su pene entre tus manos y lo vas a ir examinando- mientras decía estas cosas, hacía los movimientos sobre la verga de Hugo que ya estaba reaccionando- bueno…es normal que el pene de tu paciente reaccione, pero tú no te preocupes, sigue haciendo el examen. Después, vas a pedirle que abra un poco las piernas y vas a empezar a pasar tu mano de arriba abajo apretando ligeramente y vas a hacer todo lo que yo haga a continuación- en ese momento, dejé de explicar y me ocupé de masajear aquella verga que ya empezaba a lubricar, sin resistirme más me arrodillé y empecé a hacerle un oral a Hugo.

    – ¿eso es necesario doctor?

    -Claro, a los pacientes especiales hay que atenderlos bien, usted ponga atención y no se distraiga- seguí haciéndole el oral, sentía el sabor de su precum sobre mi lengua y cómo aquella verga tan deliciosa seguía creciendo en mi boca. Después de un par de minutos de entregarme a aquella mamada, le dije- voy a tener que hacerle una revisión más profunda, quiero ver si es usted capaz de penetrar con esa verga- dicho eso me empecé a quitar toda la ropa y Hugo me pidió que me dejara la bata, así que una vez que estuve completamente desnudo le dije -necesito que usted me coja para ver la funcionalidad de su verga.

    Hugo se bajó de la camilla, me puso de espaldas, se arrodilló y separando mis nalgas con sus manos, empezó a darme un delicioso beso negro, sentía como su lengua hacia círculos, y de vez en cuando intentaba entrar en mi ano, al poco rato sentí como sus dedos empezaban a juguetear en la entrada, los llevó a mi boca, se los chupé, regresó a meterlos en mi ano, yo estaba en el cielo, sentir aquellos ya 4 dedos dentro de mí, me tenían tan caliente, que mi verga está llena de precum y muy dura.

    Hugo sacó de una de las bolsas de su bata un condón y se lo puso. Escupió en su mano, llenó de saliva el condón, y empezó a empujar su verga en mi ano, el cuál le abría paso poco a poco. Debido a que la verga de Hugo es gruesa me causaba un poco de dolor, pero rápidamente se convirtió en placer, en eso sentí como sus huevos chocaban conmigo, eso quería decir que ya estaba completamente dentro de mí, empezó con un suave vaivén y yo dejaba salir los quejidos- Muy bien alumno, si sigue así va a pasar con diez el examen- esto hizo que Hugo incrementara el ritmo de la cogida, después se salió y me pidió que me subiera a la camilla, llevó mis piernas a sus hombros y volvió a meterme su verga, gracias a la posición la penetración fue más profunda y podía disfrutar de la cara de Hugo, que estaba llena de lujuria, lo veía morderse los labios y bufar mientras me cogía. Intenté llevar mi mano a mi verga, pero Hugo me dijo que no moviendo la cabeza.

    Siguió cogiéndome en esa posición, después me bajó de la camilla y me llevo a la silla donde se sentó y me pidió que me sentara sobre el, dándole la cara, me senté sobre su verga y empecé a saltar mientras sentía como sus manos apretaban mis nalgas y mi verga rozaba con su abdomen.

    En una de las veces que bajé para encajarme toda su herramienta dentro de mí, sentí que mi verga palpitaba y lanzaba 5 chorros de semen, que quedaron atrapados entre el abdomen de Hugo y el mío, esa corrida sin siquiera tocarme la verga hizo que apretara mi ano en cada uno de los disparos y Hugo dijo- Me corro profe- me bajé de su verga y quitándole el condón, me metí su verga a la boca justo a tiempo para sentir los disparos de leche caliente en mi boca. Le limpié perfectamente su verga con mi lengua y nos fundimos en un ardiente beso.

    Nos recostamos sobre la alfombra que habíamos puesto entre el sillón donde estaría Jorge y la camilla y le dije – vaya obra le vamos a presentar, ¿te parece que después de que me la hayas metido en la camilla, digamos creo que llegó un paciente, lo paramos y lo empezamos a desnudar y le damos un masaje… y ya lo incluimos en la cogida?

    Así quedamos, nos vestimos y dejamos todo listo para aquella función que le daríamos a Jorge, Hugo hizo un rápido diseño a computadora de una invitación para la función y se la envío por correo a su hermano.

    Minutos más tarde Jorge nos envió un mensaje al celular de su hermano, donde ponía: se alargó un poco la chamba, voy a comer aquí y después voy a ir a una obra a la que me invitaron, la función empieza a las 5- A los dos, nos puso calientes que Jorge siguiera el juego de la función de teatro. Así que comimos y nos preparamos para “recibir al público en nuestra función”.

    Hasta aquí termina esta primera parte del relato, en el siguiente les contaré con Jorge interactuó en la obra… Si te gustó este relato, deja tus comentarios. Si tienes sugerencias para hacer mejor mis relatos también te las agradecería. Puedes escribirme para que platiquemos.