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  • Un día con amigas

    Un día con amigas

    Días de verano, mucho calor y un grupo de cuatro amigas. No teníamos mucho que hacer y decidimos quedar al día siguiente para salir a un pueblito que queda a dos horas de donde vivimos pero que sabíamos que no había mucha gente, son unas piscinas naturales en medio de una zona boscosa, la única manera de llagar es hacer una caminata de una hora, en medio lindos árboles, rodeados de naturaleza, se respira totalmente una calma y tranquilidad a cada paso que das.

    No es la primera vez que vamos, pero si sería la primera en que solo vamos nosotras 4. Anteriormente incluso llegamos a acampar ahí.

    El plan salió mientras hablábamos por teléfono cada una desde sus habitaciones, quejándonos del calor y teniendo como única opción ir a la alberca del municipio, una lástima que estos días está a mas no poder de personas y realmente ni disfrutas nada.

    Finalmente llega el día elegido para ir de ruta, por una carretera en la sierra, llena de curvas y vistas increíbles, para seguir con una divertida, no tan cansada caminata para al final tener una enorme recompensa, nadar en unas frescas aguas rodeadas de naturaleza.

    Magui fue la encargada de llevarnos en su linda camioneta y por consecuencia, pasar por todas, llegó muy coqueta y sensual como siempre, luciendo una faldita deportiva muy cómoda y un top que realzaba todos sus atributos, yo por mi parte decidí llevar unos leggins que marcan muy bien mis piernas, junto con una blusa deportiva blanca.

    Subimos todas las cosas y partimos hasta el departamento de Laura, donde ya nos estaba esperando junto con Emily, quienes tenían una relación reciente que nos tomó por sorpresa a Magui y a mí.

    Laura salió primero luciendo unos leggins negros y un top sin copas que la hacían lucir toda una reina, cargaba solo su pequeño bolso y nada más, fue raro ya que las demás llevamos mínimo una maleta con cambios de ropa y aparte algo de comida, de pronto sale Emily, cargada con dos enormes maletas, bueno, de tamaño medio, luciendo una falda corta que le quedaba poco arriba de medio muslo, color rosa y una blusa gris de tirantes holgada que claramente estaba usando sin sujetador ya que se podían ver sus pezones marcados en la fina tela que usaba, fue extraño, ya que no solíamos verla así y aún más raro que fuera ella la que traía las maletas de las dos.

    No me quise quedar con la duda y pregunte porque traía las dos maletas, cuando Laura estaba por responder Emily dice de manera apresurada que Laura no podía cerrar y ella tomo las maletas y comenzó a bajar primero, no me quede convencida pero Maqui cambio de tema para decirle a Emily que nunca la había visto tan guapa, con lo que solo se sonrojo y dijo que solo estaba probando nuevos estilos, agachando la cabeza y haciendo una sonrisa algo cómplice con Laura – Algo traman ustedes dos – comente mirando la sonrisa en respuesta le Laura hacia Emily, finalmente dijo Magui que lo mejor sería partir para evitar el tráfico en la salida del municipio, a lo que todas nos subimos a la camioneta para partir.

    Música, buenas platica y actualizándonos de los chismes que pasaban en la universidad al voltear a la parte de atrás no pude ignorar lo bien marcados de los pezones de Emily en la playera que estaba usando y sabía que tenía que preguntar porque así vestida si nunca la había visto así, ella como yo no solíamos ir tan destapadas.

    -Una pregunta, desde que sales con Laura he notado que cambiaste un poco, pero es que verte con esa ropa, es algo que jamás me imagine- comente a Emily quien se encogió en hombros y se puso algo colorada

    Magui comentó en forma de broma y desviando un poco la mirada hacia Laura – ¿Acaso eres mala influencia para nuestra pequeña Emily?

    -Ni te imaginas – respondió en un tomo perverso pero seductor, diabólico pero apasionado, en un tono que nos dejó en silencio, un silencio no incomodo, sino un silencio de curiosidad, expectante y con ganas de entender qué estaba pasando, nuevamente volteó a verlas sentadas en la parte de atrás, estaba Emily detrás del asiento del conductor por lo que fue lo primero que vi, estaba viendo con los ojos como platos, lo más abiertos que podía a Laura y Laura, ¿Laura? Actuando de lo más natural voltea a ver a Emily, estaba viendo por la ventana de la camioneta y con una naturalidad total le dice dirigiéndose solo a Emily, va a ser parte de tu castigo…

    Volteo rápido para ver a Emily, roja de la cara y tratando de hacerse bolita en el asiento, rápidamente giró la cabeza para ver a Magui quien me está viendo con la misma cara que la mía, una cara de ¡¡que rayos!!

    – ¿De qué estás hablando? Interrumpió Magui el silencio que ahora sí era algo incómodo, solo relleno por la música que salía por los altavoces de la camioneta.

    -Bueno, tarde o temprano tendrían que enterarse, ¿no es así Emily? – Dijo Laura aun mostrando una tranquilidad.

    Con apenas un hilo de voz y manteniendo la cabeza baja se escucha un – no por favor- de Emily.

    -Es lo que creo que es- dijo Magui con una sonrisa que me dio a entender que ya había entendido lo que estaba pasando, por el contrario, estaba yo, que a cada momento entendía menos.

    -Si es mi sumisa, desde hace un tiempo- comentó Laura

    – ¿Pero en qué momento? – pregunto Magui

    ¿De paso, me estaba perdiendo en la conversación, la situación me parecía totalmente fuera de lugar, sumisa, a que se referían, era lo que estaba pensando? Tuve que interrumpirlas y pedir que me explicarán que estaba pasando.

    -No te hagas mensa- bien que sabes- me dijo Magui cine cara de juego, pero al ver mi expresión de total duda cambio a un tono serio y me pregunto nuevamente. Solo pude responder que no -Bueno, te explico con un ejemplo- me dijo Laura.

    -Emily aquí presente es mi sumisa, mi esclava sexual, a ella le gusta que la trate así, básicamente disfruta ser mía- Esto era algo que yo no podía entender aún, como algo así podía ser verdad aún en nuestros tiempos. Tuve que preguntarle a Emily si eso era cierto, y solo me dijo que sí, siempre le gustó sentirse dominada y Laura lo noto en sus primeros días de relación, que cada día ella la anima a hacer más cosas

    – ¿Cómo qué cosas? – pregunté, y simplemente Emily volvió a ver a Laura para obtener su aprobación, ella con un movimiento de cabeza positivo le dio a entender que me podía contar.

    -Comenzamos con cosas simples durante nuestras relaciones, me ató las manos, me daba unas pequeñas órdenes, acuéstate así, ponte esta lencería, vendarme los ojos. Poco a poco fue aumentando las cosas, compramos algunos juguetes, me comenzaba a dejar tareas que si no se cumplían me castigaba, unas eran llevar lencería a la uni, salir al baño a tomarme algunas fotos con ciertas características y mandarlas. – decía Emily con la cara roja, pero con una evidente felicidad.

    – ¿Y en estos momentos qué es lo que está pasando? – preguntó Magui

    Bueno dentro de sus normas que tiene que seguir todos los días es que no se puede correr en ningún momento y el día de ayer rompió esa norma, por lo que hoy está cumpliendo una serie de castigos, como le da mucha pena hacer esto en público, pues ese es su castigo-

    – ¿Qué clase de castigo? – pregunté ingenuamente

    -Va a ser humillada delante de sus amigas- respondió Magui con una gran sonrisa

    – ¿Es encerró que eso te gusta? Pregunté a Emily, como una respuesta fue ella encogiéndose en hombros y respondiendo un sí. -No puedo creerlo- Seguía en negación total de que eso fuera posible

    -Te propongo algo, porque no lo intentas, así sabrás si te gusta o no.- Me dijo Magui

    Después de pensarlo algunos segundos y analizar lo que me estaba pidiendo, no lograba entender que es lo que me estaba pidiendo -Pero no sé qué es lo que tengo que hacer-

    -Eso es lo mejor de todo, nosotras decidimos por ti, tú sólo te limitas a obedecer y si no tienes que ser castigada, es bastante simple- me dijo Laura

    Realmente yo no quería y no me agradaba mucho la idea, pero me estuvieron insistiendo demasiado que finalmente decidí aceptar por el resto del viaje ser la sumisa de mis amigas, de este modo y según sus palabras, no dejaría sola a Emily en su aventura.

    Finalmente llegamos a la zona donde podíamos dejar el coche, es un pequeño mirador, pero sí de cien des y comienzas a ir hacia el interior del bosque rápidamente te encuentras rodeada de naturaleza, un silencio y tranquilidad sin igual.

    -Bueno creo que notaste la dinámica con las maletas- me dijo Laura, a lo que yo afirme, pronto nos vimos Emily y yo cargando las maletas y bolsas de todas.

    Rápidamente entendí que nosotras seríamos las sumisas y ellas las dominantes.

    -Bueno, aclaremos unos puntos antes de iniciar la caminata- Mencionó Laura-

    En resumen, serán las normas que ambas tendrán que seguir a menos que digamos lo contrario-

    Las primeras normas fueron simples, creo, pero a cada palabra me arrepentía de mi decisión

    -Siempre nos van a obedecer, no quiero un NO por respuesta

    -Serán castigadas si no obedecen o si lo consideramos oportuno

    Magui sólo se mantenía callada viéndonos de arriba a abajo, con una sonrisa llena de excitación que realmente me asustaba.

    Laura- bueno como van a cargar mucho y está algo lejos para evitar que les de calor van a ir sin ropa interior, de hecho, el resto del fin de semana será así –

    Quedé de piedra, no me agrada nada y claro que notaron mi cara porque Laura se acercó a Emily y le dijo que ella ya estaba lista, ya sabía que eso iba a pasar, un ademán le bastó para que Emily se levantará la falda y nos dejará ver que no traía nada debajo, y sus pezones marcados no dejaba duda, Magui se acerca a mí y me dice, recuerdas que tienes que obedecer, ¿cierto? Lo dice con su rostro a menos de dos centímetros del mío, tomando con su mano el centro, arco de mi top a través de la blusa y trino hacia abajo, lo soltó de pronto y me sacó de del estado de shock en el que me encontraba.

    No podía quitarme nada de mi ropa interior sin quitarme la capa de arriba, así que rápidamente entendí que me tendría que desnudar para poder cumplir la orden, comencé a caminar hacia la camioneta cuando de pronto un – A donde crees que vas!!- me detuvo en seco -ahí donde estas y ni te cubras- me dijo Laura, al mal paso darle prisa, me quite lo más rápido que pude mi blusa para sacar mi sujetador deportivo tapándome lo mejor que pude, me puse de nuevo la blusa y al ser tan pegada a mi cuerpo se me marcaban los pezones erectos gracias a la frescas corrientes de aire que había en la zona, venia lo más humillante para mí, los leggins, me quite torpemente los tenis y tire de una sola vez mi braga con pantalón para estar expuesta lo menos posible, así habría sido si no es porque perdí el equilibrio y caí sobre mi trasero con mi legging en uno de los tobillos echo bolas -que remedio- dije para mí misma y ahí sentada sobre el suelo terroso y lleno de hojas caídas de los árboles termine de quitar el pantalón, lo acomode y me puse para ponerme de pie con la cara roja, muerta de vergüenza y ver como mis amigas tenían una gran sonrisa, claro que Emily no, ella seguía con la cabeza baja y quieta.

    -Deja eso en el tablero del coche y vámonos que nos espera un largo camino- dijo Laura comenzando a caminar con Magui por el sendero hacia el lago. Tomé mi ropa interior y “trote” más bien di una caminata rápida hasta la camioneta y la escondí debajo del asiento del copiloto, cerré la puerta y se escuchó la alarma del coche.

    Me di la media vuelta y Emily seguía ahí, con las maletas de Laura y de ella en las manos, vi a un lado de ellas y estaban las mía y las de Magui las tomé y ambas comenzamos el viaje.

    – ¿Cómo te sientes? – me preguntó con voz baja y cuidando que no nos escucharan nuestras amigas – humillada más que nada, pero no te puedo negar que esto de da algo de curiosidad, respondí honestamente. – ¿tu cómo te sientes? –

    -Bastante excitada, no quería que nadie se enterara de esto, pero el hecho que ahora sepan ustedes es algo que me quita un peso de encima, aunque a decir verdad no esperaba que terminaras en esta situación-

    Me quedé helada, no sabía porque alguien realmente disfrutara de esto, pero ella se veía bien, pese a siempre estar agachada y seria, algo que no se solía ver anteriormente, suponía que era porque se estaba exhibiendo una de sus fantasías íntimas, pero ahora ya no lo tenía claro.

    Continuamos caminando por unos 25 minutos “solas” ya que Magui y Laura se habían adelantado y encima no tenían el peso de las maletas por lo que podían ir un poco más rápido, fue en ese punto en el que los últimos metros nos tocó pasar por una parte en la que el terreno es una subida bastante pronunciada, nuestro esfuerzo era evidente gracias a sudor y agitación que teníamos cuando llegamos arriba y por fin las vimos sentadas cómodamente, descansando y esperándonos.

    -ya era hora de que llegaran, tenemos sed- dijo Magui mientras se acercaba a nosotras para tomar de una de las maletas dos botellas de agua, y dar media vuelta, por mi parte deje caer las matas que llevaba y me disponía a descansar un poco cuando escucho un grito bastante fuerte que me hizo dar un brinco no solo a mi si no a las 3

    -¡¡¡Que crees que haces estúpida!!!- era Laura levantándose de la piedra y dirigiéndose a nuestra posición, mire a Emily y estaba quieta, la cabeza hacia abajo mirando el suelo, con todas sus maletas colgadas o en las manos, Magui también se quedó quieta, supongo que tampoco se lo esperaba. Cuando reaccione tenía a Laura enfrente de mí, cara a cara, podía sentir su respiración en mi rostro, me quede como una piedra, en sus ojos se veía una furia que pocas veces había visto.

    – ¿Estas cansada? – me pregunto, ahora con un tono suave, no sabía qué hacer, mire a Emily y ella solo me miro rápido y apartó la mirada, entendí justo ahí entendí que estaba pasando,

    -No-

    -No ¿qué? –

    -No estoy cansada- Una bofetada directa a mi mejilla me hizo irme de lado, como estaba una de las maletas casi me caigo, pero logré mantenerme de pie, un poco más alejada de Laura, aunque no por mucho ya que me hizo regresar a mi lugar y ahora con lágrimas en los ojos y algo de miedo me puse de nuevo tan cerca como hace unos momentos de su rostro.

    -Para ti somos tus AMAS, y nos llamarás así siempre, una última vez, ¿estás cansada? –

    Temerosa de mi respuesta conteste un poco bajo y mirando hacia el suelo, aunque lo único que veía eran los pechos de Laura. – No estoy cansada AMA –

    – ¿Y porque las maletas se están ensuciando en el suelo? – Rápidamente me agache y tome todas, regrese a la misma posición con la esperanza de que esto termine y nada más alejado a la realidad que ver como se agacha y de una de las maletas toma un pequeño botiquín de primeros auxilios y saca unas tijeras. Por un momento me asusté pensando lo peor.

    -Parece que tienes algo de calor y esas prendas no ayudan, vamos a solucionarlo. Quédate quieta si no quieres un accidente- tal como lo dijo y con el miedo que sentía no quise ni respirar, comenzó cortando la parte de abajo de mi blusa, justo por debajo de mis pechos cuando termino tiro un poco de ella para que se recogiera la tela sobre sí misma haciéndola un poco más corta aun, tenía el inicio de mis pechos a la vista y estaba segura que si levantaba las manos se saldrían por completo, el escote hay que arreglarlo, la blusa tenía un cuello redondo, y ella se encargó de dejarlo en “V”, tenía gran parte de mis pechos a la vista, luego se puso de rodillas y pasó muy lentamente las tijeras entre mis labios, por encima del leggin, me hizo estremecer, curiosamente no de miedo.

    Comenzó a cortar la tela de una pierna y luego la otra, dejándolo prácticamente al inicio de mis nalgas, dijo que se veía increíble pero que usaba el leggin muy abajo, se puso de pie y lo tomó de los laterales tirando hacia arriba, haciendo que dejara a la vista un cuarto de mis nalgas, en la zona de mis labios vaginales hacia que se marcaran a la perfección, eso ya parecía más una braga que un pantalón o unos shorts.

    -perfecta, ahora no vas a tener calor y podemos seguir. –

    -creo que ya descansamos bastante y es hora de continuar- dijo Magui entregando su botella de agua a Laura.

    -Si tienes razón, pero ustedes adelante que luego las tenemos que estar esperando, a y ni se les ocurra retrasarnos que les va a ir mal-

    Genial, ahora tenemos que ir más rápido con todo el peso que llevamos, yo con esta ropa hecha añicos y mostrándoles mis nalgas.

    Comenzamos a caminar con un ritmo más rápido y ellas riendo y platicando como si nada en la parte de atrás. Aunque rápidamente me di cuenta que el movimiento de mis pechos junto con la “ropa” provocaría que se me subiera el top por encima de los pechos dejándolos a la vista, en un inicio lo acomodaba una y otra vez hasta que Emily me dijo en voz baja -Resígnate, será lo mejor- inhale profundo dándome cuenta que tenía razón y camine el resto del sendero con mis pechos al aire.

    Me tranquilizo un poco el saber que es muy poco probable el toparse con otra persona en estos caminos, aun así, mis miedos no están ni cerca de desaparecer.

    Finalmente después de unos muy largos minutos llegamos a un pequeño valle que está a unos cuantos pasos de un río que apenas parece que se mueve, sus aguas son tan cristalinas que se puede ver sin problema el fondo, te inspira una tranquilidad impresionante el sonido a agua corriendo a través de unos pequeños desniveles que hacen unas “cascadas” de unos pocos centímetros, las cuales delimitan una a una van creando lo que pareciera pequeños jacuzzis privados en los que puedes entrar y relajarte, si bien el agua no es caliente o fría, más bien fresca, al punto perfecto para ser una recompensa de una larga caminada en una época del año en la que el calor se vuelve insoportable.

    Llegando al que en nuestra visita anterior a este paraíso fue nuestra base para descansar y pasarlo bien, Emily y yo estábamos agotadas, se podía ver el brillo en nuestra piel por el sudor de todo el esfuerzo que acabamos de realizar, la ropa se nos pegaba a la piel por lo mismo, en mi caso la poca tela que me quedaba.

    -Colocar las maletas por ahí y comienzan a armar las carpas para descansar- indicó con un tono firme y señalando un buen lugar Laura, yo la gire mi cabeza para verla y note como estaba tomando agua de su botella, mi boca totalmente seca, la fatiga y el calor que tenía en ese momento hizo que me perdiera, que me quedara viendo a Laura y a Magui sacar un par de sillas plegables y sentarse, tomando esa tan refrescante agua que tanto necesitaba.

    -Amas, puedo tomar primero un poco de agua antes- estaba claro que no era la única que se moría por unas cuantas gotas de ese vital líquido. Emily parecía que estaba a punto de desfallecer, supongo que yo me veía igual porque Magui dijo que sí, inmediatamente, levantándose de la silla y dándonos un poco de agua.

    -Supongo que las carpas pueden esperar- Dijo Laura dando un último trago a la botella -Porque no mejor nos damos un chapuzón antes de armar todo, aún es bastante temprano-

    Por supuesto que todas estábamos de acuerdo, pero Magui fue la única en contestar diciendo que sería lo mejor, que así nos sentiríamos más cómodas.

    -Muy bien, vamos a ponernos los trajes de baño- Dijo Laura dirigiéndose a Magui -ustedes dos, se ven más acaloradas, lo mejor será que entren desnudas-

    Ambas nos volteamos a ver con una cara de susto increíble, supongo que ella tampoco había experimentado algo similar, pero aun así comenzó a quitarse la ropa, entendí que no tenía más opciones y le seguí, además que remedio, estábamos solas aquí.

    Al principio era raro, nosotras dos dentro de la piscina natural completamente desnudas y ellas dos con sus trajes de baño que hacían que se vieran increíbles. Los primeros minutos fueron tranquilos solo estábamos sentadas en los bordes naturales descansando y curiosamente hablando tan normalmente, hasta siento pinto se me llegaba a olvidar en qué situación estaba.

    Aunque eso no duró mucho, en cierto momento le pidieron a Emily que se pusiera de pie, con estos separados y cruzara sus manos por detrás de la espalda, Laura se acercó a ella y comenzó a pasar sus manos por todo su cuerpo entreteniéndose en sus pechos, los movía, apachurraba y pellizcaba los pezones, haciendo que soltara ligeros gemidos con una mezcla de placer y dolor que aún no podía comprender, una de sus manos comenzó a bajar hasta su entre pierna y empezó a hacer un masaje muy lento entre sus labios, buscando algo, poco a poco aumentó la velocidad para hacerla disfrutar a lo grande, poco a poco se escuchaban sus gemidos más y más. No sé en cómo, no me considero lesbiana o aun no, no lo sé, pero poco a poco comencé a bajar mis manos hasta mi entrepierna y me comencé a masturbar viendo la escena, algo que no pasó desapercibido por Magui quien se acercó lentamente hasta sorprenderme hablándome al oído

    -Creí que eras una santa- con un tono burlón, muy bajo y sensual me saco de ese trance haciendo que me cubriera mis pechos con una mano y mi entrepierna con la otra, me quería morir de la pena, no podía creer que estuviera haciendo eso.

    Ella muy hábilmente comienza a ponerse detrás de mí, con su cuerpo empuja al mío quedando con cada una de sus piernas a mis lados.

    -pon las manos en la espalda- una orden simple pero que es el estado en el que estaba no reaccione, ya no sé si fue por la excitación que tenía encima, los nervios de no saber qué demonios estaba pasando o el hecho de tener a una de mis mejores amigas en mi espalda dando órdenes. Bueno ella al final lo haría por mí, tomo mis brazos y con un poco de fuerza y haciéndome algo de daño los puso en mi espalda -No los muevas, ¿ok?- solo moví la cabeza afirmativamente, fue ahí donde soltó mis brazos, ni los moví, pronto comenzó a pasar sus pies cerca de mis rodillas y hace que abra las piernas, ahora no puedo cerrarlas ya que ella me lo impide, usa sus manos para comenzar pellizcar y estirar mis pezones, yo cierro los ojos y me dejo hacer, puedo sentir sus manos bajar por mi pecho, mi vientre, hasta llegar a mi entre pierna y me comienza a masturbar, muy muy lentamente, me estoy poniendo a cien por hora – ¿Te está gustando?- muevo la cabeza

    -No, No, quiero escucharte, quiero que lo digas- mi mente esta tan concentrada en lo bien que se siente

    -Sí, me encanta-

    – ¿Quieres que siga? –

    -Si-

    -Sí, ¿qué? –

    -Si AMA-

    Poco a poco comenzó a subir la intensidad de sus movimientos en mi entre pierna, me apretaba los pechos más fuerte, los pezones de los estiraba o retorcía, lamia mis orejas mi cuello, estaba a mil por hora, ya no lo podía aguantar más, llegue a uno de los orgasmos más fuertes que nunca antes había experimentado, grite con fuerza, sentí que todo mi cuerpo se salía de si, que no tenía control, por un momento sentí me que estaba inconsciente, fue algo maravilloso.

    Poco a poco fui abriendo los ojos y tratando de entender cómo es que había pasado esto, note como la barbilla de Magui estaba sutilmente apoyada en mi hombro y cuando mire hacia donde estaba, ella me dio un pequeño beso en los labios para después mostrarme una amplia sonrisa de alegría, eso más que ayudarme me dejo más desorientada, pero pronto regresaría a la realidad cuando vía Laura sentada en la orilla con su teléfono en las manos, claramente grabando la escena.

    -Quedras tener un recuerdo de esto- Me dijo comenzando a reírse

    -No, tienes que borrar eso- justo cuando estaba por pararme Magui quien aún sujetaba mis piernas con las suyas, paso sus brazos para abrazarme y no dejarme ir.

    -Tranquila, solo es por hoy y no los vamos a publicar-No me agradaba la idea, pero esa frase cumplió su cometido, tranquilizarme un poco.

    Justo ahora caí en cuenta que, no estaba Emily, en que momento salió Laura para ir por su teléfono. Realmente me deje llevar por la situación.

    -Ya es tarde y hace hambre, que tal su salen del agua y vamos a comer- dijo Laura poniéndose de pie y tomando dirección al “campamento”

    Magui me soltó y ambas nos pusimos de pie para seguir a Laura, quien se estaba poniendo un pareo para después descansar en una silla, Magui hizo lo mismo, pero Emily continuaba desnuda y terminando de armar la carpa para descansar un poco, supuse que no me dejarían vestir y ayudé a Emily con los últimos detalles.

    -Quieren que hagamos la comida lo antes posible- Me dijo Emily con una gran sonrisa, supongo que escucho mi escena de hace un momento.

    Comenzamos a preparar las cosas que habíamos llevado y en unos 45 min teníamos todo listo.

    -Les servimos primero a ellas y esperamos instrucciones- me dijo muy sutilmente, a lo que asentí con la cabeza los más disimuladamente que pude, aun no entendía muy bien porque esta dinámica, pero sabía que no quería problemas.

    Ellas tomaron sus platos y nos dieron las gracias, pero comenzaron a reír como el malo de una película apunto de hacer una travesura.

    -Sírvase sus platos y colóquelos en el suelo, van a comer sin usar las manos- dijo Laura, claro que de inmediato Emily se apresuró a servirse, pero yo no, no lo quería hacer, y fue Magui quien me hizo “entrar en razón” -¿Entonces no vas a comer? Para que empieces a buscar algo de leña- Me dijo en un tono serio y algo molesta -Si voy a comer- Dije dándome la vuelta y notando que Emily ya estaba de rodillas con las manos cruzadas en la espalda comiendo del piso, me serví mi plato y pronto imite la postura, me era muy difícil comer de esa manera, tenía que levantarme un poco y separar más mis piernas para no perder el equilibrio, pero poco a poco estaba comiendo tranquilamente. De pronto, Laura se puso en cuclillas delante mío, levente un poco la mirada sin saber qué hacer, mire a donde estaba Emily en busca de una respuesta, pero nada.

    Laura-Veo que no te gusto mucho aun te queda bastante-Sin saber que responder o si tenía que responder ella tomo un pedazo de carne de mi plato, se puso de pie y comenzó a pasarlo por mi entre pierna – Vamos a ponerle un poco de aderezo, quizás te guste más- no sabía qué hacer y cómo la mayoría de veces en las que me encontraba en una situación similar, simplemente no decía nada, no hacía nada. Laura nuevamente se puso enfrente mío y me dijo que comiera, extendiéndome el pedazo de carne, yo me resistí y cerré lo más fuerte que pude mis labios, recibí una cachetada que me tumbo, levante la mirada entre queriendo llorar y furia, le miraba fijamente pero solo se me acerco de nuevo y me dijo -come- extendiéndome el pedazo de nuevo y levantando el brazo opuesto en señal de amenaza abrí la boca y ella deposito el pedazo de carne, tenía un sabor extraño, pero no mal

    -quiero que regreses a tu posición- Rápidamente me reincorpore, nuevamente tomo otro pesado, lo paso por mis labios un par de veces y me lo dio de nuevo, esta vez lo comí de inmediato, una vez más, pero en el siguiente tomo el pedazo de carne, se fue detrás mío, pero no sentí nada, regresa y me hace comer, no entendí porque esta vez no lo pasaría por mi cuerpo, pero comí, extrañamente sabia similar que los anteriores.

    -Esta bueno ¿cierto? – pues como ya no hay carne y te queda todo el arroz vamos a ponerle al mimo aderezo- le indico a Emily que se recostara boca arriba y juntara las piernas, pusiera lis manos detrás de la espalda, ella lo hizo a la primera, Laura tomo mi plato y comenzó a vaciar el arroz en la entrepierna de Emily, justo aquí caí en cuenta que el trazo de carne no tenia de mi aderezo, si no del de Emily, aunque no me importo mucho que digamos.

    -Comienza a comer, y no quiero que se quede ningún grano por ahí-

    Rápidamente me acerque gateando y comencé a sacar todos los pequeños granos de arroz, inevitablemente mi lengua y cada vez que succionaba para tomar la comida hacían que Emily soltase uno que otro gemido sutil.

    -Ya terminé- Dije en voz alta

    -Tanto jugar y comer me dio sueño, porque no tomamos una siesta- sugirió Magui.

    -Tienes razón, para recuperar energía y poder regresar antes de que anochezca-

    – ¿Y qué hacemos con ellas? –

    -Tengo una idea-

    Laura se acercó a la maleta de Emily y saco algunas cuerdas y dos aparatitos color rosa, le dio uno a Magui y algunas cuerdas, Laura se acercó conmigo y comenzó a explicarle a cómo hacer correctamente los nudos y poder atarnos las manos en la espalda, Magui practicaba con Emily, cuando nuestras manos estuvieron bien atadas explico que ese aparato era un huevo vibrador que se controlaban por el control al otro extremo del cable, solo tenían que girar la ruleta para aumentar la intensidad. Si bien tengo una bala vibradora en mi casa el hecho de usar uno en estas circunstancias me daba algo de miedo, nos insertaron el huevo y con unas cuerdas que ataron a la cintura para poder pasarla por la entrepierna se aseguraron que no se fueran a salir, finalmente ataron nuestros pies y con una cuerda unieron los brazos con las piernas, dejándonos en una posición algo incomoda. Encendieron los vibradores según escuche en el mínimo y se fueron a la carpa a dormir.

    -Bueno hay que descansar porque tenemos que regresar pronto-

    -dulces sueños-

    Nos dejaron ahí realmente no se cuánto tiempo, tumbo que ser una hora y poco más, las vibraciones, las cuerdas, el roce de mi clítoris con lo áspero de la cuerda hacia que si intentara dormir no pudiera, me tenía en un éxtasis increíblemente alto, Emily no estaba mucho mejor que yo, se le veía desesperada por conseguir ese gran orgasmo que a las dos nos hacía falta.

    Finalmente se abrió la carpa, nos preguntaron cómo habíamos descansado, claro con un tono de ironía ya que claramente sabían que no podíamos.

    -Por favor necesito tener mi orgasmo, se los ruego- Fue lo primero que dije en cuanto las vi, ambas se echaron a reír

    Laura se acerca a mí, por un momento pensé que estaba por ayudarme en acabar con esta desesperación que estaba sintiendo. Pero fue todo lo contrario, apago el vibrador, solo podía mirarla con una cara de súplica y no paraba de repetir en voz baja -por favor, por favor, por favor…

    – ¿Que estas dispuesta a hacer para que te deje correrte? – Me pregunto a lo que sin pensar en la respuesta dije -Lo que sea, lo que quieras- Saco su teléfono y pude escuchar como iniciaba a grabar.

    -quiero que seas nuestra sumisa, como lo es Emily-

    -Sí, sí, por favor, pero déjame correrme-

    -Ese lenguaje-grito Magui en el fondo quien estaba viendo divertida de la situación

    Laura-Dilo, di que vas a ser una perrita obediente y quienes van a ser tus dueñas-

    -Seré su perra obediente, seré una buena sumisa, para ustedes dos Ama Laura, Ama Magui-

    -bien, te portaste bien hoy, aunque tendremos que entrenarte- asentí con la cabeza y pude sentir como el vibrador comenzó a trabajar a tope, no basto más que unos segundos para que llegara a ese orgasmo que tanto quería, incluso solté lágrimas de alegría.

    -Ya es tarde, tenemos que irnos o nos tocará caminar de noche. –

    Aun no me recuperaba, pero nos desataron las manos y los pies, aunque no nos quitaron las cuerdas de la entre pierna y por lo tanto aun teníamos los vibradores puestos, aunque apagados, por el momento. Esta vez entre todas recogimos todo y nos preparamos para regresar, Laura y Magui se pusieron sus ropas con las que llegaron, pero esta vez nosotras regresamos desnudas. En este punto la verdad que no me importaba mucho, aunque a medida que salimos del bosque y nos acercábamos al camino donde estaba en auto me daba más nervios encontrarme con otras personas.

    Al fin llegamos a la camioneta, menos mal ya que estaba ya algo oscuro, 15 min en lo que terminamos de subir las cosas y ya era una oscuridad total, para el regreso en la carretera continuemos desnudas las dos en el asiento trasero, estábamos muy asustadas/excitadas, pero sabíamos que ya de noche era muy poco probable que nos encontráramos con alguien.

    Llegamos a la casa de Laura y Emily, y se bajaron, claro a Emily le dieron una playera que apenas le cubría el culo para que entrara a su casa, nos despedimos y continuamos nuestro trayecto, me tocaba bajar a mí, Magui me dijo que me pusiera una sudadera oversize que tenía en la camioneta para poder bajar, tome mis maletas y cuando nos estábamos despidiendo puso el vibrador en marcha, diría que, a media potencia, apenas podía mantenerme en pie

    -Solo te los puedes quitar cuando llegues al departamento- Me guiño un ojo y se fue, era muy difícil caminar así, por suerte no me encontré a nadie en el camino. Finalmente, entre al departamento, me quite las cuerdas y en lugar de sacar el aparato, me acosté en mi cama, lo puse al máximo y comencé a tocarme recordando todo lo que viví en el día, hasta que conseguí el orgasmo que quería, bueno hasta que logre correrme.

    ———————————

    Espero que les guste.

    Todos los comentarios son bienvenidos.

  • Mi amiga de la Universidad

    Mi amiga de la Universidad

    Estábamos las dos acostadas en mi cama estudiando ya que somos compañeras de facultad y ambas estudiamos derecho.

    Conocí a Paola hace unos meses cuando empecé la carrera de abogacía, cuando la vi me llamo mucho la atención esa bonita chica de cabello dorado con rulos y ojos celestes como el cielo.

    Y ahora mismo apenas podía disimular mi calentura por ella: tenía un short rojo que se le veía medio culo y una remera super corta que dejaba al descubierto su abdomen (como me gustaría besar y chupar su abdomen).

    -Ana -me llamo ella sacándome de mis pensamientos.

    -¿Que cielo?

    -¿Me podrías repetir otra vez el concepto de contrato?

    -El contrato es un acuerdo voluntario entre ambas partes, ambas partes deben estar de acuerdo con lo que dice el contrato y debe ser voluntario y ambos sujetos deben respetarlo.

    -Gracias -me dice ella y comienza a escribir.

    Cuando termina de escribir me dice:

    -No me puedo concentrar mucho hoy -cuando termina de decirme esto yo la agarro de la cintura y ella se sienta a horcajadas sobre mi.

    -¿Por qué no? -le pregunto mientras acarició su abdomen que esta al descubierto.

    -Por ti, ese sostén que llevas te queda muy chiquito y tienes las tetas casi al aire y tus tetas son enormes.

    Dejo de acariciar su abdomen y me quito el sostén dejando las tetas al aire.

    -¿Así está mejor? -pero ella no me responde y me agarra las tetas con sus dos manos suaves y delicadas y me las empieza a masajear.

    Me las masajea muy rico y le da una atención especial a los pezones, luego me las empieza a chupar y su lengua saborean todas las zonas de mi teta, a medida que su lengua recorre mis tetas me las va mordiendo, luego escupe sobre ambos de mis pechos y pasa su mano para que queden completas de su saliva.

    Mientras Paola hacia esta estimulación a mis senos yo le acaricie y le aprete sus nalgas (que quedaron completamente en mis manos por lo corto del short).

    Ella me miro a los ojos, en su mirada se veía deseo y lujuria, yo la tome de la nuca y la bese, con mi lengua invadí su boca por completo y luego su lengua se unió a la mía, nos besamos mucho no queríamos que nuestro beso terminara, mientras nos fuimos besando nos desnudamos por completo quedando ambas desnudas.

    La mire por un momento y quede enamorada de esta chica: sus mejillas coloradas, su pelo suelto, sus labios hinchados de tantos besos, su hermosa piel blanca y en especial su bonita vagina bien pelada y rosa.

    -Qué bonita concha- le dije y luego acaricie su vagina primero lento y suave para que se acostumbre a mis caricias, luego fui aumentando de velocidad y con un solo movimiento le metí 3 dedos (entraron bien porque su vagina estaba bien lubricada).

    Le metí mis dedos bien al fondo y ella gemía mientras yo hacía movimientos circulares con mis dedos, cuando saque mis dedos de la vagina de Paola me los chupe disfrutando el sabor de mi amiga (era un sabor súper rico y especial).

    Ella se acostó encima mío y se acomodó para que nuestras vaginas quedaran en contacto, entonces ocurrió lo mejor de todo: frotamos nuestras conchas súper rico, el contacto de su vagina contra la mía me super excito y ambas gemíamos súper fuerte, los gemidos se escuchaban por toda la casa pero no nos importaba, nos daba todo lo mismo, nos movimos a la par hasta que eyaculamos las dos juntas.

    Cuando terminamos estábamos bañadas en sudor.

    -Bañémonos juntas, quiero tocar ese hermoso culo tuyo -le dije a Paola mientras nos dirigíamos al baño.

  • Cogiendo con la dueña de la empresa

    Cogiendo con la dueña de la empresa

    Buenas día, es mi primer relato. Le pondré de nombre a ella Angela, ella tiene 49 años y 33 años.

    Todo comenzó cuando entré a este nuevo trabajo (hace 7 meses aproximadamente), entré a trabajar y después de 3 meses, empecé a sentir esa mirada por parte de ambos, pasaba, me saludaba y nos quedábamos viendo, ahí fue donde empecé a sentir algo por ella, a simple viste se veía una señora ya cincuentona sin mucho que saliera a relucir, nuestro trato fue siendo con mucha más confianza, todos decían que era el consentido de la empresa.

    El trato siguió igual por alrededor de 2 meses más, buscábamos cualquier pretexto para estar juntos sin que pasara nada más, solo era platica, a veces ni del trabajo, ya era algo más personal, hasta que llego un día cualquiera y estábamos platicando cuando de repente los dos volteamos a vernos a los ojos a escasos centímetros, en ese momento intente besarla y ella inmediatamente me rechazo y me dice ya retírate pero en una forma muy nerviosa, ahí fue donde se me habían acabado mis esperanzas de poder tener algo con ella, pasaron los días y actuábamos normal como si no hubiese pasado nada.

    Un viernes después de ir a tomar unas cervezas con unos amigos me decidí a mandarle un ms y decirle lo que sentía por ella. Dije pues no pasa de que me corra jajaja, y al principio se negó rotundamente a si quiera salir conmigo y me dijo que lo pensaría, cuál fue mi sorpresa que al día siguiente me dijo que podíamos salir ese día, de inmediato acepte el salir con ella. Quedamos de vernos a una hora y lugar, y ahí estaba yo puntual con una rosa, llego por mí y wooo nada que ver con la mujer del trabajo, se veía muy diferente con una figura no tan marcada pero más estética, fuimos a cenar y empezamos a platicar solo de nosotros, hasta ahí ni si quiera un beso en la mejilla.

    Salimos de cenar y fuimos a platicar en un parque que estaba un poco solo (Que tiempo después me confeso que me diría que no podía haber nada entre nosotros) y ahí fue donde intente por segunda vez plantarle un beso y nuevamente fue rechazado pero esta vez puso de pretexto que había gente viéndonos, entonces poco a poco nos dimos apenas un piquito y cuando menos pensé ya nos estábamos comiendo uno al otro, con un poco de toqueteo, me pidió que nos pusiéramos de pie, nos abrazamos y dimos muchos besos más pero ella sentía como estaba de duro, le pedí fuéramos a otro lugar más privado pero ella se negó, tal vez queriéndose ver no tan fácil, ahí estuvieron cerca de 2 horas solo calentándonos y al final cada quien a su casita jajaja.

    A los dos días tuvimos un mal entendido, y por segunda vez dije aquí se acabó todo, no nos dirigimos la palabra ese día, al siguiente solo era de trabajo y más cortantes que nada, al 3 era día recibí un mensaje donde me decía que no podíamos seguir así, que al menos teníamos que ser profesionales, y pues llegamos a un acuerdo.

    Ella se fue de vacaciones y mantuvimos la comunicación por ms, al llegar teníamos a que ir a una planta que está en otro poblado y solo fuimos ella y yo, en el camino ella se orilló y nos dimos unos buenos besos, quedamos que a las 3 iríamos a comer y así fue, se dieron las 3 y recibí un mensaje de ella diciéndome que nos fuéramos, salimos todo normal, nos fuimos a comer y de ahí decidimos ir a un centro comercial, donde nos dimos unos bueno y ricos besos, en el estacionamiento subió mas la temperatura y era toqueteo, logre sacarle una teta y wooo tenía un bueno tamaño.

    Ahí volví a insistir en ir a otro lugar y creo que la calentura me ayudo en ese momento porque esta vez si acepto, nos dirigimos rumbo a su casa y al llegar al motel por despiste mío me pase de este y ella solo comenzó a reír y en ese momento me dijo, bueno vamos a mi casa y así fue, entramos a su casa (que era toda una mansión) nos besamos en su sala y nos desvestimos quedando solo en ropa interior, cuando la vi solo en ropa interior wooo nunca imagine lo buena que estaba, me abalance sobre ella y empecé a besarla todita de pies a cabeza, nos quitamos la ropa completamente y cogimos toda la noche.

    Al día de hoy después de 3 meses vivimos juntos, con todas las comodidades posibles, cogemos mínimo 1 vez al día, el sexo es riquísimo.

  • Encontré a mi suegra masturbándose, y le rompí el culo

    Encontré a mi suegra masturbándose, y le rompí el culo

    Hace un mes, con Carla mi esposa, y Sofía y Carlos, mis suegros fuimos a pasar una semana de vacaciones a las Sierras de Córdoba, a un lugar hermoso, lleno de arroyos, vegetación, pequeñas playas sobre los cauces de agua. Alquilamos una cabaña, con dos habitaciones muy cómoda, y por el pronóstico del tiempo, esperábamos tener muy buenos días.

    A mí, con 30 años, me encanta el senderismo, pasear por lugares casi vírgenes, disfrutar de la naturaleza. A Carla, no, prefiere sentarse junto a los arroyos, y tomar sol. Mi suegra, una mujer de 48 años, con un par de kilos de más, pero con muy buen culo y tetas, en nuestra ciudad, Pilar, solía caminar casi cien cuadras por día.

    Al segundo día de llegar, después de desayunar puse un par de botellas de agua en una mochila, me puse un short, zapatillas y una remera y salí a caminar por las sierras. Cerca de dos horas después, estaba regresando y veo a mi suegra, que caminaba como buscando algo. Me detuve a observarla y vi que se sentaba detrás de unos arbustos, a uno cien metros de la casa y se empezaba a acariciar la concha por sobre la malla enteriza. Lo hacía con ganas, y unos minutos después, bajo los breteles y la parte de arriba de la malla y se apretaba los pechos mi entras se frotaba cada vez con más ganas.

    Mi pija se empezó a poner dura, y cuando ella corrió la malla para meterse dos dedos saqué mi pija y me puse a masturbarme despacio… Ella gemía suavemente… Me subí el short y sin que me viera, me fui acercando.

    —Hola Sofía. Le dije cuando estaba a un par de metros.

    —Martín… yo…

    —Estas caliente, como yo… mira. Dije y saqué mi pija del short.

    —Martín, por favor… Carla.

    —Sofía, yo no voy a contar nada, supongo que vos tampoco.

    —No, me moriría de vergüenza si le digo que me viste masturbándome…

    —Podemos tener más razones para no decirle…

    —¿Qué decís?

    —Chupame la pija.

    —No Martín, no me pidas eso.

    —No te lo pido, te digo que lo hagas. Dale.

    Me acerqué para dejar mi pija junto a su boca y ella tímidamente al principio la besaba, para luego empezar a chupar y volver a meterse dedos en la concha.

    —Que buena que sos chupando, tu marido debe estar loco con vos…

    —Martín por eso estoy aquí, ni me toca… y yo…

    —Sos muy caliente por lo que veo… seguí chupando.

    Ella siguió chupando y yo me agache un poco para apretarle los pechos. Ella gimió y se puso más caliente chupando. Luego de un rato, le dije:

    —Ponete en cuatro patas.

    —Martín, por favor no…

    —Dale…

    Ella sin volver a protestar se puso en cuatro, en realidad en tres, porque de inmediato se apretaba las tetas con una mano. Me puse detrás y se la fui metiendo de a poco, y Sofía cuando la empezó a sentir empezó a gemir y a moverse lentamente…

    —Que apretadita, me encanta. Dije.

    —Ningún uso en cuatro años… Dijo ella.

    —Mentira, te vi metiéndote dedos.

    —Bueno… eso y algún que otro consolador, pero no es lo mismo…

    La tome de la cintura y entraba y salía con fuerza. Su orto, era una hermosura, y por supuesto una tentación irresistible. Llevé uno de mis dedos y empecé a intentar penetrarla.

    —No Martín, mi culo no…

    —Me encanta, quiero cogerte el culo…

    —Ah Martin, es grande. Dejame…

    Y para mi sorpresa, mojo dos dedos con saliva y se los empezó a meter y sacar mientras yo la cogía.

    —Me gusta mucho que me cojan el culo…

    Escucharla y meterle mi pija en el culo, fue una sola cosa. Ella, mientras yo entraba y salía de su culo, se metía dedos en la concha y gemía… La cogí así varios minutos y ella tuvo un orgasmo y yo acabé en su culo. Ella limpio mi pija con la boca, yo me arreglé la ropa y seguí mi camino por otro lado, para volver a la casa. Al ratito, llego ella.

    —¿Cómo te fue? Pregunto el marido.

    —Perfecto Pedro, perfecto, disfrute mucho, mañana voy a hacer otro paseo. Dijo y me miró de reojo.

    Al día siguiente, nuevamente salí a hacer senderismo y cuando regresaba, decidí pasar por donde había encontrado a mi suegra el día anterior. Ella estaba sentada, como esperando.

    —Hola Martín.

    —Hola Sofía, ¿Pasa algo?

    —No…

    —Entiendo…

    —Entendeme, años sin estar con un hombre y ayer… desataste un fuego.

    —Veamos que tan caliente. Sacate la malla por completo.

    —Pero…

    —Y chupame la pija, no perdamos tiempo.

    —Ella lo hizo, se puso de rodillas y me empezó a chupar la pija.

    Atraje su culo hacia mí, y le metí dos dedos en la concha… ella empezó a gemir como loca…

    —Como te gusta chupar suegra…

    —Me encanta, eso y que me rompan en culo… y las dos cosas juntas, ni te cuento.

    —Le gustan los tríos a la puta de mi suegra…

    —Me encantaban, pero como mi marido no puede…

    —Tríos y con tu marido… cornudo feliz entonces.

    —Jajaja.

    —Basta de hablar y chupa…

    Ella siguió chupando y yo metiéndole dedos… de pronto se me ocurrió una idea para probarla.

    —Quiero ver como te coges el culo con algo, si te veo gozar realmente, te acabo en la boca, si no… al arbusto ira todo.

    —No Martín… si querés te monto por el culo…

    —YA dije lo que quiero…

    Ella me miró y de su bolso sacó un pepino bastante grande.

    —Viniste preparada puta…

    —Deje mi consolador en casa, y por si no venías…

    —Dale entonces…

    Sofía lo chupo un poco y lentamente fue metiéndoselo. Era grande pero lentamente fue entrando… Le di un chirlo en el culo y ella gimió y aceleró la entrada y salida del pepino… Gemía y resoplaba sin parar. Lleve mi mano a su concha y estaba chorreando…

    —Dale puta, chupame hasta hacerme acabar en tu boca.

    Corriéndose un poco, y poniéndose de forma que vea como se masturbaba el culo con el pepino, empezó a chupar como loca… casi cogiéndose su propia boca con mi pija. Me hizo acabar con todo, y se tragó todo… limpió mi pija y siguió masturbándose hasta tener un orgasmo.

    Mientras ella lo hacía, me fui vistiendo.

    —Esta noche le voy a hacer el culo a tu hija, y vas a escuchar como goza…

    —Desgraciado…

    Esa noche, con mi mujer tuvimos un sexo tremendo. Debo decir, que parte de mi morbo era hacer que Sofía escuche como gozaba la hija. Y lo logre.

    Al día siguiente, hice mi recorrido más corto, y cuando la Encontre a Sofía, ya se estaba masturbando el culo con un pepino.

    —Hola.

    —Parece que estas muy caliente…

    —Estallo, anoche hiciste que me haga una paja en el baño de como la hiciste gozar a Carla.

    —¿Celosa de tu hija?

    —Eh… yo…

    —Sí…

    —Hagamos un acuerdo: Desde hoy sos mi puta… cuando, y donde quiera te voy a coger, solo, con un amigo, dos, con una amiga…

    —Martín…

    —¿Qué?

    —Es que tu mujer, mi marido… y nunca estuve con chicas…

    —De mi mujer me ocupo yo, de tu marido, vos, aunque no me molestaría cogerte bien cogida y mostrarle lo puta que sos delante de él.

    —Sos un desgraciado… ¿Si no quiero?

    —Serás siendo mi suegra. Pero no nos encontraremos nunca más.

    —Bueno, acepto…

    —Me alegro… Ah, por no haberme esperado para empezar, termina sola. Nos vemos.

    —No Martín, dame tu pija por favor…

    Le di el gusto, y le cogí el culo con todo. Mordía el pepino para no gritar… Yo la cogía, le daba chirlos y le decía lo que le íbamos a hacer con un par de amigos… Ella se puso totalmente loca, me pidió montarme, y en un solo movimiento se enterró mi pija en su culo y de ahí en más saltaba como loca, hasta hacerme acabar.

    Los días de la semana que quedaban, todos la cogí y me chupo la pija. Tremenda puta mi suegra.

  • Anécdota de Jane mi novia de la universidad

    Anécdota de Jane mi novia de la universidad

    Ya describí a Jane antes, en breve resumo su físico como una chica de 1.58, piel clara, cabello lacio largo a cintura, carita no bonita pero no fea, cinturita y tetas chicas, caderona, nalgona y piernuda. Duré 3 años con ella y al ponernos teniendo ella 22 años ya contaba con algunos encuentros sexuales con novio y amigos, a continuación les relato uno muy hot.

    En el salón de Jane iba una de esas parejas de novios que desde la prepa están juntos, ella se hizo amiga de Rosita la chica y en consecuencia de su novio Chicho que era un tipo mayor que ellas 2 años algo gordo, pero simpático y no feo dice ella.

    Jane notaba que Chicho la miraba más cuando iba en faldas sin embargo era sutil y ella lo dejaba pasar sin embargo con el tiempo ya no era tan sutil Chicho, a Jane no le molestaba sino hasta cierto agrado sentía de saberse deseada; aunque según ella no pensaba dejar pasara a más; una ocasión fueron a un congreso a una playa cercana y rentaron juntos para ahorrar hospedaje Chicho, Rosita, el primo de Chicho y ella.

    En dicho hospedaje ellas (Rosita y Jane) dormirían juntas en una cama y ellos en la otra. Sin embargo Jane era caliente y tenía tiempo sin pareja por lo cual deseaba un poco de acción por lo que se hizo a la idea de dormir con el primo de Chicho aunque no le gustaba mucho ya que era muy delgado poco atlético y no muy vistoso para vestir aunque tampoco alguien feo a su decir, en la primera noche fueron a un antro ella bailó con Carlos (primo de Chicho) y tal cual Rosita y Chicho durmieron en una cama y ella y Carlos en otra donde Carlos la culeó bajo las sábanas.

    Al día siguiente Chicho se sentía algo diferente con ella, estaba muy lanzado en cómo la miraba y trataba pues se había enterado que su primo la culeó y quería él disfrutar de lo mismo, así pues la siguiente noche en el antro Chicho se encargó de emborrachar a Rosita y convencer a su primo de no llegar al hotel esa noche, así pues si bien bailó con Carlos este se fue temprano según al cuarto donde ellos tres (Rosita, Chicho y ella) llegarían después, al llegar Rosita era cargada prácticamente y Chicho la puso en la cama, Jane no vio a Carlos allí; luego sabría que Chicho le dio dinero por no llegar y quedaron prácticamente solos chicho y ella. Ella quería verga y él lo sabía.

    Ella se sentó en su cama y él se sentó a un lado, rápido iniciaron los besos y caricias, la mano de Chicho recorrió los muslos de Jane hasta pasar bajo la falda y frotar la conchita caliente, todo era rápido pero con cautela para no hacer ruido pero tampoco durar mucho pues Rosita podría despertar. Prácticamente con la ropa Chicho sacó su verga, recostó a Jane, le abrió sus piernonas ricas dejando la conchita mojada bajo una suave tanga rosa, hizo a un lado la tanga, apunto su verga a la rajita de Jane, y se la metió suavemente, jane estaba muy húmeda y no fue difícil su penetrada, luego fue un vaivén de la verga de Chicho entrando y saliendo de la rajita de Jane mientras está gemía muy suavemente y el jadeaba impresionado de ver a esa hembra tirada muslos abiertos recibiendo su verga, Rosita se movió y estos se pararon como estatua sin embargo al darse cuenta Rosita seguía dormida, siguieron con su encuentro hasta que Jane tuvo su orgasmo el cual esperaba Chicho para dejarse venir en Jane sin condón ni nada.

    En cuanto termino su objetivo Chicho se retiró de Jane fue al baño a orinar y paso a recostarse junto a Rosita, Jane pasó al baño a limpiar los desechos de Chicho de su rajita se cambió de ropa interior y puso un short corto y blusa para dormir plácidamente.

    Ese viaje no pasó más pues al día siguiente se regresaron, Chicho intentó tener otros encuentros con Jane, pero está no quería problema con Rosita, Carlos si la culeó más veces. Jane rápidamente supo que en las borracheras de hombres del salón era el tema favorito de Chicho y su primo como la culearon, realmente no le importaba a la hembra sabrosa por eso siguió cogiendo con Carlos unas veces más.

    A mi me decía Jane «pues si me cogieron, mentiras no dicen» y le preguntaba “¿quién te gustó más y por qué?”, ella decía «Chicho, porque tenía buena reata y me gustaba».

  • Filmando para clientes (2)

    Filmando para clientes (2)

    La petición desafiante. Es la cuarta entrega de filmación para lo que piden los clientes por internet. 

    La tercera entrega terminó en que el nuevo cliente pidió una sesión privada y le aceptamos para el día siguiente.

    En esta cuarta parte nos debíamos preparar para complacer al nuevo cliente en su exigente petición.

    Pasó el día, ambos ocupados en distintas cosas, al mediodía limpiamos la habitación que tenía algunos chorretes por el piso, y cambiamos las sábanas y toallas que protegían el colchón. Descansamos un ratito al mediodía antes de que yo me fuera a trabajar y miramos algunos videos de fisting, miento si digo que no terminamos muy calientes los dos. Me preguntó si hoy podríamos empezar nosotros solos en la cama un rato antes de conectarnos y le propuse lo siguiente.

    -Te hago unos masajes que van a terminar indefectiblemente masajeando la vulva, está ya está predispuesta de estos dos días de uso intensivo y del dildo de ayer. Agregamos el dildo inflable y así empezamos la transmisión, no hacemos caso a otras notificaciones porque lo que nos interesa es llegar en forma a la sesión privada. Trata de no llegar a ningún orgasmo antes del fisting porque ese va a ser muy intenso y vas a quedar muerta. Yo cada diez minutos voy a aumentar el tamaño del inflable, un ratito antes lo voy a desinflar, agregaré lubricante, te meteré los dedos que entren y volveré a meter el inflable hasta que vea que es similar a un puño y así esperaremos el inicio de la sesión.

    -Ok, contestó

    -Te amo, nos dijimos al unísono

    Me fui a trabajar sabiendo que tenía que volver por lo menos una hora antes de que diera inicio la sesión, estaba en el trabajo a media tarde y me llega un mensaje de mi mujer

    “Hola”

    “Sabes qué?”

    “Desde que te fuiste tengo el dildo xxl dentro, primero uno más chico y ahora este”

    Inició una video llamada y me mostró como estaba en la cama del estudio, acostada, con ambas piernas en alto y el dildo más grande que tenemos unos que casi nunca usamos por el tamaño exagerado, más de la mitad metido en su vagina.

    Le contesté “No exageres porque si no vas a estar dolorida cuando empecemos a jugar”

    “Yo ya empecé” me contestó, prendió el vibrador que pasó por su clítoris y cortó la conexión.

    Quedé de boca abierta, ella se estaba masturbando con el dildo más grande, no era como mi puño pero faltaba poco, me alegré porque tendríamos menos trabajo, pero mi miedo era que se hiciera daño y llegara dolorida a la hora del inicio.

    Al llegar a casa estaba todo normal, ella recién bañada, olor a jazmines, algún leve olor a sahumerio que venía de otra habitación y le pregunté como estaba.

    -Fantástica y pronta, contestó

    -Te gusta este trabajo?

    -Me encanta, contestó, y agregó

    -Pero no sé por cuanto tiempo durará dijo

    A lo que yo acoté

    -Que dure lo que tenga que durar, ya sea porque nos cansemos o porque el esfuerzo sea mayor que el beneficio. Pero lo que no hay dudas es que gozamos mucho y nos entra un dinerito.

    -Me baño y vamos? A los masajes?

    Ella me estaba esperando en nuestra cama, boca abajo, con aceites para masajes, lubricante y el dildo inflable arriba de la mesa de noche del dormitorio, recién lavado. Le pregunté si ya lo había usado y me contestó que probó y le pareció que fue más allá del tamaño del dildo gigante, justo previo al orgasmo. Mientras empezaba a masajearla le dije que a mí me parecía que lo mejor era que debíamos intentar el fisting cuando faltara poco para un orgasmo, y que en las dos horas previas de filmación ella podía simular un orgasmo teniendo el dildo inflable dentro y dándose placer con las manos. Y si aún faltaba tiempo ella me podía dar una mamada a mí. Con todo esto ya iba aumentando la calentura, me pidió le pusiera el dildo inflable y lo inflara hasta que ella dijera. Desinflado tenía unos cinco centímetros de diámetro pero entró como si fuera de tres, ella ya estaba entrenada, había pasado la tarde dándose caña. Ahí me confesó que le iba costar llegar al orgasmo porque en la tarde había tenido tres, y después de cada uno su vulva se había dilatado un poco más. Inflé hasta que levantó la mano, allí sentía incomodidad pero no dolor, también me confesó que había tomado un relajante muscular para que ayudara

    -Bueno, tomé dos, dijo

    Yo había pasado la jornada laboral con varias erecciones, en la tarde había llamado dos veces a casa sin respuesta por lo que imaginaba lo que estaba sucediendo, y esa imaginación me dejaba de pene duro y con ganas de explotar. Su trabajo de la tarde había sido fantástico, la elasticidad que tenía a esa hora, aun faltando mucho tiempo ya nos allanaba el terreno bastante. Su sexo tenía un olor distinto y le pregunté si se había colocado alguna loción, ella me confesó que se había colocado dentro de la vagina, con los dedos un poco de una crema para dolores musculares, que le había ardido un poco pero que creía que ayudaría. A esa hora ya la había absorbido totalmente, y necesitaba agregar gel, pero el que tenemos a base de agua se absorbe muy rápido.

    Llegó la hora de la conexión, ambos estábamos calientes, ya desnudos, con los antifaces colocados, ella en la cama de filmación, el dildo inflable dilatando su vulva y vagina luego de haber agregado un poco de lubricante a base de silicona ya que lo único que usaríamos sería el inflable hoy, que ya estaba adentro y parcialmente hinchado. Me conecté al streaming y me acordé que aún no habíamos editado el video que necesitábamos para el día siguiente, prendía las otras dos cámaras y comenzaron a rodar, ella se tocaba los labios alrededor del círculo negro que asomaba de su vulva, del cual salía el canito para inflarlo y lo unía con la pera de goma, se lo desinflé un poco para agregar lubricante y se lo volví a inflar un poco más, ella cerró los ojos, estiró los dedos de la mano como diciendo hasta ahí, y se siguió tocando y en ese momento sentí un ruido en la casa, la dejé que siguiera con lo suyo y revisé todas las aberturas y aseguré todas las puertas, el perro estaba tranquilo.

    Cuando volví a la habitación, ella continuaba tocándose y la pera de goma estaba en su mano, la había hinchado un par de veces más, y le pedí que se girara y se pusiera con su culo respingón apuntando al cielo y la vulva hacia la cámara, y que hiciera fuerza para expulsar el dildo, ella gemía muy poco, comenzó a hacer fuerza y el gemido se transformó en quejido, la pelota en que se había transformado el dildo asomaba dilatando al máximo sus labios vaginales pero no salía, elle continuaba quejándose casi gritando hizo mucho más fuerza y la expulsó, y quedó jadeando y rodándose la dolorida vulva, el tamaño del dildo era superior a mi puño y se lo volví a colocar con más lubricante inflándolo de nuevo pero un poco menos y le dije

    -Ya está pero debemos mantenerla.

    Pasaron los minutos, había pocos espectadores, algunos observando, unos pocos comentarios, ninguna moneda y menos el cliente que iba a pedir sesión privada, ella se levantó de la cama para por agua y dejé reproduciendo un video de una mamada que me dio el día anterior, al volver caminaba de piernas separadas, caía de su vulva el canito y la pera se bamboleaba paso a paso, mientras se volvía a colocar en la zona de mejor luz y enfoque, zona alfa como le pusimos, vimos que estaba en línea el cliente, inmediatamente suena la notificación de pasar a sesión privada, dejamos el video corriendo en el streaming, pero antes de conectar la cámara le desinflo el dildo y éste cae solo de su vagina solo con el peso del canito haciendo fuerza, pasamos a sesión privada ya con la cámara filmando.

    Él hizo un comentario de sorpresa y nos contó que su esposa estaba mirando, que eran un matrimonio mayor que nosotros y que querían aprender pero pidieron que me presentara yo en cámara, ella quería ver mis atributos, entré en la imagen, pelé la cabeza de mi pene que normalmente está cubierta y eso sumado a la erección que tenía y además al estar depilado pareció por un momento que era un gran miembro, les contestamos que estábamos aprendiendo juntos, que desde hoy temprano estábamos trabajando para el acto y que si salía todo bien, luego le daríamos algunos tipos.

    Él ya quería comenzar, se le notaba ansiedad por como escribía, dijo que la esposa “Gretel” quería ver como yo la penetraba, eso dilató más el comienzo de la sesión pero me puse detrás de ella, reorienté la cámara, arrimé mi pene y lo metí en su vulva sin ninguna dificultad, diría que entre el lubricante y la dilatación que tenía, hubieran entrado varios penes como el mío, todos a la vez, empecé a follarla sin pausa pero cuando me dieron un poco de ganas de eyacular salí, volví a ubicar la cámara e hice un poco de zoom a su vulva.

    Metí tres dedos de la mano derecha lubricados y tres de la izquierda, con unos tiré hacia abajo y con los otros hacia arriba y el espacio que quedaba era muy grande, saque los de una mano y metí 4 dedos hasta los nudillos sin dificultad y continúe así un par de veces más, en la siguiente vez al meterlos los flexione formando un puño y los saqué sin dificultad y sin ningún signo de dolor por parte de ella y llega una notificación. Nos decían que querían ver toda la preparación y no directamente el fisting. Paramos, le coloqué el dildo inflable y lo inflé de nuevo hasta que ella estiró los dedos de la mano

    Les escribimos por el chat que para hacer esto había que tener práctica, que ella debía tener experiencia con dildos de por lo menos seis o siete centímetros de diámetro. Que el día de la sesión tendría que comenzar temprano con diferentes dildos para llegar a la hora prevista ya dilatada, que no se podía lograr en un rato. Y le dije que íbamos a mostrarles los juguetes que habíamos usados.

    Primero la penetré rápidamente con un par de dildos más chicos, su vulva en reposo tenía una abertura natural del tamaño de una pelota de golf, luego con un dildo mediano y luego con el xxl que entró hasta la mitad porque era muy largo, casi treinta centímetros, ella tenía capacidad ilimitada a lo ancho pero no mucha profundidad. La abertura de su vulva al sacar el dildo quedó por un ratito del tamaño de una pelota de tenis. Rápidamente pasamos por todas las etapas de preparación, lo que había llevado una tarde entera. Ellos entendieron y continuamos.

    Continué agregando lubricante, su vulva, mi mano y las piernas chorreaban, después de meter varias veces cuatro dedos agregué el quinto plegado debajo de la palma de la mano, hubo que vencer una ligera presión y se deslizó al interior sin dificultad. Ella preguntó si ya estaba con cuatro dedos adentro y le dije que acababa de meter el puño, no lo podía creer. Lo saqué y lo volvía a meter, primero lentamente, luego más rápido, ella gemía y decía cosas que yo no llegaba a entender, varias veces su vulva me apretaba fuertemente la mano, y otras me liberaba para que yo la sacara y la penetrara de nuevo hasta que vi y sentí que llegaba al orgasmo, saque parcialmente la mano hasta que quedó en su abertura la parte más gorda de mi puño, ahí tuvo el orgasmo, me apretaba el puño y me soltaba con cada espasmo de su vientre, hasta que se fue calmando, me pidió que retire la mano y su vulva se siguió achicando con cada espasmo que cada vez era más separado, hasta que al final quedó tendida boca abajo en la cama.

    Aquello era un desorden, lubricante por todos lados, la cama bastante desordenada, la cámara del streaming continuaba filmando y la otra se había apagado, seguramente sin batería. El cliente no daba señales de vida pero seguía conectado, no queríamos cortar antes que el depositara las monedas en nuestra cuenta. De pronto comienza a escribir algo, la mujer había tomado el control, su esposo se estaba masturbando y ella quería liberarnos, nos agradeció en una mezcla de inglés y alemán, dijo que lo intentarían, hizo el depósito cortó la conexión, nosotros también.

    Mi mujer estaba agotada luego del orgasmo, apenas se le escuchaba la voz diciendo que había sido el orgasmo más fuerte que había tenido en su vida, que no se imaginaba que esto era así.

    Seguramente el juego de toda la tarde había hecho maravillas, también los relajantes musculares, y su excitación de estar dentro de cámaras.

    Le pregunté si había visto el fin de la sesión y me dijo que no, le conté que los espectadores, que la espectadora había cortado porque el tipo se estaba masturbando, ella sonrió y me preguntó si quería llenarla de semen antes de ir a bañarse, que ella deseaba que yo la llenara porque se imaginaba que tendría ganas a lo que accedí. Le pedí que se volviera a poner en cuatro y le dije que iba a revisar como estaba mi estrella porno favorita, metí dos dedos en su vulva que aún continuaba muy dilatada, a pesar de que hacían unos quince minutos que habíamos parado. Penetré aquella vagina laxa, grande, extremadamente floja y lubricada, mi pene casi no tenía resistencia, y en cuatro o cinco embestidas descargué mi semen allí dentro. Después de eso, nos fuimos a bañar y a planificar el futuro, y dijo.

    -Esta ha sido una semana muy intensa, demasiado para ser la primera, me estoy haciendo puta rápidamente. Como continuaremos?

    El trabajo de puta te está saliendo muy bien, te calentó saber que el tipo se masturbaba viéndonos hacer el fisting para él?

    -Sí. Mucho, me contestó.

  • Reencuentro con Fede y el final de la fiesta bondagera

    Reencuentro con Fede y el final de la fiesta bondagera

    Federico, el hombre de gris, me mandó un mensaje esa tarde, esperaba verme linda a la noche: el audio remarcaba “linda” con “a”, lo que claramente debía interpretar como el pedido para verme un poco más “femenino” que desde la última vez. No era tarea difícil para ser sinceros: apenas superó el metro setenta y soy delgado; en cuanto a mi rostro, labios rojos y carnosos herencia de mi madre, se destacan del resto de las facciones. Además, había dejado crecer el flequillo lacio y castaño un poco más allá de las cejas, el cual acostumbraba acomodar con un soplido vertical. Otro detalle que desdibuja cualquier atisbo varonil, son los enormes lentes de pasta que enmarcan ojos pequeños y almendrados, huidizos al contacto visual.

    Eran las nueve de la noche cuando entré al baño de un pub en la calle Lavalle para cambiarme. Remera oscura que dejaba el ombligo al aire con campera y short de cuero negro en juego con borceguíes en el mismo tono. Mis piernas cubiertas por media de red oscura en combinación con el esmalte de uñas y el delineador de ojos azulados. Mi boca la pinte bien roja y salí ligero a la calle sin reparar en las miradas ajenas. El auto de Federico estaba en el lugar de siempre, subí y lo saludé con un beso húmedo y prolongado.

    Estas hecho una bebota, hermosa, me dan ganas de comerte toda, ¡mi amor! – me felicito mientras encorvado sobre mí torso , aprovechaba a besar generosamente mis tetillas, hurgando con la mano libre en mis genitales. Suspire de placer, todavía recordaba la flor de cogida que me había dado la semana anterior

    ¿Queres que te la chupe? -ofrecí entre risitas.

    Nada me haría más feliz, pero ahora vamos a ir a un lugar especial, a una fiesta y quiero que estés preciosa como ahora, con la trompita impecable- sonrió apoyando su mano en mi rodilla.

    Una fiesta, ¿una fiesta chanchita? – acote

    -Si, bebe, con gente que le gusta lo mismo que a vos, el cuero, los juegos de rol

    No se que decirte, me calienta y también me asusta- replique sincero. La verdad es que a los veintiún años apenas llevaba unas semanas sexualmente activo y todo era nuevo. Decidí confiar en el criterio de mi amante.

    Federico me entrego una caja elegantemente forrada de negro, dentro había un par de esposas de cuero, una mordaza de bola y un antifaz ciego. Un calambre dulce atravesó mi vientre.

    ¿Te gusta? -preguntó Federico. Me encantaba, del éxtasis, me ruboricé

    Lo a-do-ro-conteste mordiéndome los labios rojos.

    Federico detuvo el auto- Sacate la campera y junta las muñecas atrás de la espalda. Devorado por el juego sexual me deje llevar. Las esposas me apretaron lo justo pero además, eran acolchadas lo cual resultaba placentero.

    Ahora los ojos- pidió. Acerque la cabeza y de repente, solo veia negro.

    ¡Ah, esa boquita hermosa, que tentación, que tentación!- susurro. Escuche un trozo de cinta estirarse , como saliendo del rollo y el corte del mismo. La banda se adhirió con firmeza sobre mi boca. Nunca me habían amordazado con ese material, a pesar de mis muecas no había posibilidad de que se despegara. Proteste en vano, solo sonidos guturales eran posibles

    Sentí que atravesamos un portón bastante pesado; por fin el auto se detuvo. Se escuchaba música instrumental de fondo, algunas personas, pensé no más de seis, conversaban a la distancia. Federico me ayudó a descender del auto. Alguien se acercó, sentí pasos aproximándose .

    Bienvenidos, están aquí para disfrutar de una noche única- nos recibió una voz aguardentosa. Federico me descubrió los ojos. Un hombre calvo y regordete me miraba de cerca como inspeccionando…

    Bonita perra, Señor Naranja- felicito a Federico colgando su pesado cuerpo del hombro. Intenté hablar pero mis palabras salieron inentendibles, la cinta era efectiva.

    Yo soy el señor Amarillo. Esta noche todos usamos colores… Está prohibido dirigirse a las personas por su nombre original. Tu preciosura- apretando su dedo índice sobre mi boca platinada por la mordaza-serás Rosa, ¿entendido?-. Gemi asintiendo con la cabeza. De un tirón, el dueño de casa me arranco la mordaza. Suspire amargamente de dolor, un rectángulo de rubor quedó instalado en mi rostro por unos minutos.

    Federico me besó efusivamente y tomándome de las muñecas esposadas marcó el camino. Encontramos parejas de todo género a las que saludamos inclinando la cabeza.

    Ya vas a ver, es todo nuevo pero te va a gustar- susurro Federico, alias el señor naranja, intentando tranquilizarme. Atravesamos lo que parecía una cancha de fútbol cinco, en uno de los arcos colgaba de los brazos un muchacho de mi edad; esposada al poste y con una bola en la boca, observaba lasciva una señora totalmente desnuda que podría ser la vecina cincuentona de cualquiera.

    Federico me hizo arrodillar frente al muchacho que estaba encadenado al travesaño: era moreno y estaba totalmente desnudo, lucía una mordaza de cuero que no dejaba ver su boca.

    El “Señor Naranja” me bajó los shorts y comencé a bezar y babosear su enorme verga, entre gemidos y tos, note que el muchacho tenía una impresionante erección. Federico me levanto por las axilas y me acomodo frente a nuestro espectador.

    Si te gusta, chupala, no seas tímido.- susurro al oído.

    Mire a la cara al moreno y este asintió. Despacio, con delicadeza bese y chupe el pene negro. Mientras seguía con mi tanda de gemidos y lengüetazos, desde el rabillo del ojo divisé a Federico cogiendose, por atrás y de parado, a la cincuentona que no paraba de mojar el suelo con la saliva.

    Terminé mi asunto con el moreno y con la boca llena de leche espere que el señor Naranja acabara su faena. Por fin, le pedí que me lavara. En pocos metros encontramos un quincho; en la pileta, Federico me limpio la cara.

    Es todo muy loco, nunca hice algo así… pero me calienta- susurre en la oreja a mi amado. Me deslicé con la boca por el torso del señor Naranja y bese su tetillas. Note que su pene estaba activado , en cuatro patas desde arriba de un sillón jardinero, lo invite con un suspiro-gemido.

    Espera- dijo Naranja. Saco una mordaza de bola del bolsillo y con delicadeza la puso en mi boca, ajustando las correas con firmeza.

    Cogeme- intente decir a través de la mordaza y parece que esta vez si se entendio por que Federico me penetro en seco y aunque cansado, me hizo sentir el mas profundo placer. Yo ayudé contrayendo la cola un poco, aumentando los gemidos y acariciando sus bolas cada vez que podía.

    De nuevo, lance una queja amordazada, Federico me quitó la bola de la boca. Haceme la paja -dije casi sin aire. No hubo tiempo, el señor Amarillo acompañado por otro hombre alto y de pelo gris interrumpio el goce.

    ¿Se suman al brindis?- disparo registrando cada centímetro de mi cuerpo con la mirada.

    No ves que estamos en el medio de algo- respondí ofuscado. Federico posó su mano en mi hombro,- tranquilo, dulzura.

    La verdad es que no quiero nada, acá con Fede estamos genial- devolvi despectivamente. Mi pareja me apretó bruscamente el hombro, había infringido la regla fundamental de la casa: no nombres

    Vamos hacer como que no escuchamos nada- dijo el hombre alto de cabello gris- Sin embargo, Debemos tomar medidas-continuo.

    Si la perra ladra, hay que callarla- solto Amarillo mientras arrojaba una banda de cuero a Federico- amordazalo! – ordeno.

    Incrédulo, con la boca abierta me di vuelta para mirar a Federico. Él no devolvió la mirada y me quitó las esposas. Mientras refregaba las muñecas doloridas, Federico , dejó la mordaza a mis pies.

    Es tu decisión- dijo levantando la mirada. Me arrodille y recogí la mordaza del suelo. Después de dudar unos instantes en búsqueda de una mirada cómplice que no llegó, aplique la pieza en mi boca, una especie de mini pene de plástico con una tapa de cuero que sellaba mis labios. La mordaza apretaba fuerte y al intentar hablar , el cuerpo extraño daba la sensación de poder irse por mi garganta.

    Federico se fue con los otros dos hombres dejándome solo en el quincho, desnudo y amordazado. Me senté en el suelo abrazando mis rodillas, intenté contener las lágrimas, pero la cara se me puso roja de congoja.

    Pasaron unos quince minutos cuando de repente, la puerta se abrió y un flash de penumbras me permitió distinguir la figura que con movimientos relajados se acomodo a mi lado. Era la señora cogida por Federico. Me miró como quien se encuentra con un huerfanito

    -Me manda el señor Naranja- murmuró tomándome del mentón y con franqueza continuó -Yo soy la señora Naranja, con eso te digo que soy la esposa de…vos sabes quien. Me parece que es hora que te vayas a casa-continuó Asentí con la cabeza tibia por el calor de las lágrimas . La señora Naranja dio tiempo a lavarme, me devolvió el short, la campera y la mochila con mis pertenencias y por un sendero lateral abrió la puerta de la calle. Pedí un Uber, la aplicación me tiro la ubicación ¿Que carajo hacía en La Plata?

  • Me entregué a mi sexy tío casado

    Me entregué a mi sexy tío casado

    Hola a todos y todas, mi nombre es Carolina de 19 años, físicamente soy de piel blanca, tetas grandes, un poco gordita y por ellos caderas anchas, culo grande y piernas rellenas y suaves.

    Mi tío es Oscar de 37 años, alto, musculoso, casado y muy bueno en el sexo ya verán el porque. Hace tiempo que tenía fantasías con él y un día que nos fue a visitar y estábamos solos aproveche.

    Le dije que nos fuéramos a la piscina un rato y el acepto solo tomaría un pequeño baño antes de ir, mientras él fue a darse su baño yo prepare todo para nosotros y cuando salió del baño, en bata, lo llame.

    Le dije que quería mostrarle el bikini que usaría y cuando entro cerré la puerta, me vio usando un bikini de hilo negro con una minifalda, medias, tacones igual negros y con algo de maquillaje para verme sexy. Se sorprendió al verme y dije:

    Yo: se que estás casado y estás bien con mi tía pero… hace tiempo que veo tus fotos y cuando me masturbo pienso en ti.

    El: oh vaya Caro no sabía eso.

    Yo: y pensaba que la mejor manera de pasar eso es tener sexo contigo.

    El: Wow no deberías decir eso de manera tan abierta.

    Yo: que tiene? Vamos tío solo por esta vez, además tú también lo estás deseando.

    Me acerqué rápido a el y le abrí la bata para ver su fuerte erección y como el me veía excitado. Lo mire mientras me mordía los labios y tome su verga para masturbarla, estaba sorprendida por el tamaño y la forma que tenía, era larga, gruesa y curveada.

    Le termine de quitar la bata dejándolo desnudo y tome una de sus manos para llevarla a mis tetas las apretó un poco y después de verme por unos segundos me rodeo con su brazo y me beso metiendo su lengua a mi boca de una manera muy pervertida que le iba sonrojando.

    Mientras nos estábamos besando el bajo sus manos a mis nalgas y yo levanté una pierna, me quitó el hilo que estaba usando y se pego más a mi frotando su verga en mi coño y mano, su otra mano quitó los nudos de arriba y me terminó de quitar el bikini.

    Me quedé con la mini falda, medias y tacones. Nos separamos del beso y vi hilos de saliva entre nuestras bocas. Nos miramos unos segundos y bajo a chupar mis pezones y decía cosas como «que rica te has puesto Caro» mientras me tocaba toda. Levantó mi otra pierna y me puso en la pared frotando más su verga en mi coño y me dijo.

    El: te la voy a meter ahora puta.

    Yo: espera, la quiero chupar, dejan sentir tu verga en mi boca.

    El: veamos si puedes.

    Con dos dedos saco mi lengua húmeda de mi boca, me puso de cuclillas sobre los tacones y aún con mi lengua fuera metió su verga un buen tramo, me sorprendió y respondí de inmediato.

    La intente sacar y eso solo hizo que la metiera más profundo mientras acariciaba mi rostro que en palabras de el se veía muy tierno y sumiso, me dijo «vamos a probar tu garganta profunda nena», con la cabeza entre la pared y el que seguía empujando su verga y abría paso por mi garganta.

    Tome aire y lo deje continuar, lo quería sacar pero mi garganta se movía como si lo fuera a tragar todo, me vio y de un tirón la metió hasta que mis labios tocaron la base de su verga, aguante unos segundos y después le empecé a dar palmadas en la pierna.

    La saco toda y tome una gran bocanada de aire mientras el exceso de saliva en mi boca caía al suelo, lo mire y el me ayudó a levantarme, me abrazo y durante el abrazo sentí de sorpresa una fuerte nalgada seguida de un agarrón mientras aún me sostenía, lo mire y me dijo.

    El: eres muy pervertida al insinuarte así.

    Yo: disculpa tío pero… Mmmmm! (Otra nalgada)

    El: shh estoy hablando.

    Yo: disculpa.

    El: pero está bien de todos modos.

    Yo: me vas a cumplir mi fantasía?… Oooh! (Otra nalgada)

    El: no Caro, te voy a castigar por ser tan puta.

    Me dio una nalgada doble y me hizo saltar estando entre la pared y el de nuevo, las nalgas me ardían pero estaba más enfocada en verlo y ver cómo la iba a meter, estaba nerviosa y muy excitada, el la acomodo y de un tirón metió una buenas parte.

    Solté un grito de gemido y mis piernas que estaba relajadas se cerraron con el en medio y dijo «que pasa puta? Esto es lo que quieres» y metió más de su verga en otro tirón en el cual rasguñe un poco su espalda por accidente y el me dio varias nalgadas como castigo.

    Lo abrace más fuerte mientras gemía en su oído y el se empezó a mover con su dura verga al natural, no le dije nada porque así se sentía mejor. Mis tetas estaban rebotando mucho y el las chupaba con mucha fuerza como si quisiera sacarles leche.

    Me tuvo así un rato y luego me cargó para llevarme a la cama, me recostó y siguió moviéndose más duro que antes, abrí mis piernas por sus embestidas y el llevo mis pies a sus hombros.

    De vez en cuando lo veía a él o bajaba la mirada a ver cómo su madura verga penetraba mi joven coño. Me dio una fuerte embestida y se quedó presionando, yo no paraba de gemir y jadear, y dijo «ni siquiera me estoy moviendo y sigue gimiendo putita»

    Bajo mis pies y los junto mientras el se subía a la cama estando de cucharita y empezó a moverse duro de nuevo levantando una de mis piernas y jugando con mis tetas mientras besaba mi cuello.

    No había nadie en casa y aun así el tapo mi boca con su mano para que mis gemidos no lograran salir y eso me estaba volviendo loca sumando que con la otra mano frotaba mi clítoris sin dejar de moverse.

    Mis ojos subían y mi aliento se calentaba casa vez más hasta que sentí mis jugos salir y el placer de un orgasmo llenar mi cuerpo, bajo su mano de mi boca y apretó mi cuello mientras se escuchaba el chocar se sus caderas en mis nalgas rápidamente.

    El: Caro estoy muy cerca, lo voy a hacer dentro de ti, para satisfacerte bien puta.

    Yo: si tío lléname de semen, te amo y también amo tu verga.

    El: quiero ver tu rostro de puta mientras te lleno.

    Rápido saco su verga y me puso boca arriba de nuevo, con un dedo abrío mi boca y yo saqué la lengua, gemia a gritos mientras el casi penetraba mi útero hasta que sentí chorros de semen salir de su verga manchando las paredes de mi coño.

    El también estaba gimiendo un poco y pude ver su sonrisa al correrse dentro de mi, con un tacón lo aparte despacio hasta que la saco y se subió a la cama para que la chupara.

    Le pase mi lengua y la limpie lo mejor que pude probando su semen y mis jugos. Se acostó a mi lado y yo con el y lo convencí de dormir conmigo antes de que su esposa y mis padres regresarán.

    Desde ahí aprovechamos cada oportunidad para tener sexo y así hemos seguido, espero que les haya gustado y me digan que les parece, gracias por leer, adiós.

  • Cartas de amor en ruso

    Cartas de amor en ruso

    Sentado en un banco junto al lago del parque Clara-Zetkin-Park de Leipzig en una fresca y soleada tarde de mediados de octubre,  observé los dorados, ocres y bermellones de las hojas de otoño contra el cielo azul. Un bote de remos pasó a la deriva y, a su paso, el brillante follaje otoñal se reflejaba como un tapiz ondulado en las ondas del agua. Tomé un sorbo de mi café tibio y respiré profundamente el aire intoxicantemente fresco.

    Mi ensoñación fue interrumpida por una voz que venía detrás de mí.

    «¿Vy govorite po-russki?» [¿Usted habla ruso?]

    Me di la vuelta para ver a una anciana en una silla de ruedas detrás de la cual estaba una mujer que parecía tener unos 20 años, su enfermera o su nieta, supuse. Apesar de la pregunta parecían alemanas.

    «¿Vy govorite po-russki?» repitió la mujer en la silla de ruedas.

    «Da, gospozha, ya govoryu po-russki.» [Si, señora, hablo ruso], aventuré en mi oxidado ruso, desconcertado al escuchar ese idioma hablado en el entorno del parque Clara-Zetkin-Park.

    «Oh, qué maravilla que hables ruso», continuó la anciana en alemán. «Mi difunto padre era un estudioso de la literatura rusa y yo estudié ruso en el Leipziger Sprachenzentrum hace muchísimos años. Pero rara vez tengo la oportunidad de hablarlo en estos días».

    «Bueno, sin embargo, lo hablas extraordinariamente bien», respondí vacilante mientras intentaba recuperar lo que quedaba de mis habilidades en ruso de los archivos polvorientos de mi cerebro. «Es un placer escuchar hablar ruso en este hermoso entorno. Estoy feliz de poder darle la oportunidad de practicar sus habilidades lingüísticas».

    En ese momento, la mujer más joven había empujado la silla de ruedas directamente a mi lado para que pudiera hablar con ella sin tener que torcer el cuello.

    «La tía ha estado molestando a los extranjeros que pasan por aquí en el parque durante no varias semanas, preguntándoles si hablan ruso», dijo la mujer más joven en alemán. «Lamento que te esté molestando así».

    «Sí, he estado molestando a los que pasan», se río la anciana. «Estoy segura de que todos piensan que estoy loca. Pero tengo una razón especial para querer encontrar a alguien con conocimientos de ruso, y mi intuición, en la que siempre confío, me dijo que encontraría a esa persona aquí en el parque Clara-Zetkin-Park.»

    Nos presentamos. Su nombre era Eva Biedermann. Ella dijo que había vivido cerca del parque durante la mayor parte de los 70 años. El nombre de su sobrina, su sobrina nieta, de hecho, era Katrin Bielicki.

    «Clara-Zetkin-Park Park tiene recuerdos mixtos para mí», continuó Biedermann. «Regresaron a mí el otro día mientras limpiaba la casa. Encontré una caja que contenía algunas cartas viejas que había olvidado por completo. Me las envió alguien a quien conocí por primera vez un día de otoño aquí en el parque. Hace muchos años.»

    «Era un día hermoso, muy parecido al de hoy. Y de hecho, creo que estaba sentado en este mismo banco cuando escuché una voz detrás de mí hacer la misma pregunta que te acabo de hacer: «Ty govorish na russkom?” [¿Hablas ruso?] Me volteé y vi a un caballero extranjero bastante alto, al menos así me lo pareció a mí, y bastante bien parecido, sonriéndome.

    «Era terriblemente tímido y yo me avergonzaba de mi pobre ruso. Pero le respondí en ese idioma y le expliqué que estaba estudiando ruso aquí en Leipzig. Sus ojos se iluminaron y se sentó en el banco a mi lado. Me dijo su nombre se llamaba Vladímir, y que estaba buscando un compañero de intercambio de idiomas».

    Biedermann me miró mientras una media sonrisa irónica escapó de sus labios. «No es un pretexto terriblemente original, obviamente. Pero seguí, porque, bueno, siempre había querido tener una aventura romántica. Crecí en una familia tradicional muy estricta, y tenía muchas ganas de liberarme y dejar andar a mi espíritu. ¿Te imaginas que la anciana destrozada que ves ahora fue una vez una joven voluble, llena de estúpidas nociones sobre el amor y el romance?»

    Me abstuve de emitir ningún comentario, dándome cuenta de que era mejor dejar que Biedermann continuara con su historia, que obviamente disfrutaba contando. Ella se río y me miró con un brillo travieso en los ojos.

    «De todos modos, es muy difícil para mí leer las cartas después de tanto tiempo; están escritas en ruso, en cirílico, y como seguramente sabrás, los caractéres cirílicos cambian mucho de letra de imprenta a cursiva. Él tenía una hermosa letra cursiva, descifrarla ahora está más allá de mis habilidades. Así que me gustaría que alguien las tradujera para mí. Significaría mucho para mí… Ha pasado tanto tiempo desde que conocí al pobre y querido Vladímir».

    Biedermann suspiró con nostalgia y miró al otro lado del lago. «¿Cuál es exactamente tu trabajo?» ella preguntó.

    «Soy director-ejecutivo en una empresa que fabrica termómetros industriales», respondí.

    “Pero tú no eres alemán, ¿verdad? Me preguntó.

    “No, soy inglés.”

    «¡Espléndido! Sabía que encontraría a la persona adecuada aquí en el parque», dijo Biedermann felizmente.

    «Bueno, me encantaría ser de ayuda, Frau Biedermann», dije, titubeando y resoplando, «pero no creo que esté a la altura del desafío de traducir estas cartas al alemán, ya que tengo mucho trabajo y responsabilidad en la empresa. Mi actividad laboral me mantiene bastante ocupado”

    «Escucha, joven» -Biedermann ciertamente sabía cómo acariciar el viejo ego masculino- «Haré que valga la pena dedicar un tiempo a traducir las cartas de Vladímir. El dinero no es problema. Y por favor, no te preocupes por traducir las letras al alemán. Como puedes ver, puedo desenvolverme en inglés: trabajé durante muchos años como secretaria en la oficina de Leipzig de una compañía británica.»

    Después de que le dije que yo ganaba suficiente dinero en la empresa y que no iba a aceptar ningún pago por ayudarla, acepté al menos echar un vistazo a las cartas. Ella y su sobrina nieta me llevaron a su casa, que estaba a solo unos minutos a pie del parque. Era una antigua casa tradicional alemana de una sola planta, con un jardín que necesitaba una buena poda. Fui invitado a tomar una taza de té en la sala principal. Biedermann le pidió a su sobrina que trajera la caja que contenía las cartas.

    Estaba hecha de madera y bellamente acabada con laca. «Recuerdo esta caja de cuando era niña», dijo Biedermann. Mi padre guardaba en ella su correspondencia más importante.»

    Empujó su silla de ruedas cerca de la mesa baja sobre la que estaba la caja, se agachó y quitó la tapa con una velocidad y un sentido de determinación que discordaron con mi imagen de ella como una anciana frágil. Adentro habían varias cartas cuya edad era evidente por los sellos postales alemanes de la década de 1950 y los sobres estaban amarillos por el tiempo.

    Todas las cartas estaban dirigidas a Fräulein Eva Biedermann en la dirección donde ahora estaba tomando té. La dirección estaba escrita en caracteres latinos fluidos y muy estilizados, lo que debe haber representado un desafío para la oficina de correos alemana menos internacionalizada de aquella época.

    «Me gustaría que comenzaras con esta, por favor», dijo Biedermann, sacando una carta de la caja, «ya que es la primera que Vladímir me envió». Saqué la carta del sobre ya abierto con cuidado, el papel parecía estar muy seco y frágil. Estaba escrito con letra cirílicos, manuscrita y cursiva. Mientras la hojeaba, tuve la certeza de que podía penetrar en la espesura caligráfica y lingüística de las letras y entregar una traducción al alemán limpia y clara.

    Biedermann se alegró cuando le dije esto. Me pidió que fuera a su casa en una semana con la traducción. «Si no es mucho pedir, me gustaría que me leyera las cartas en voz alta. Eso me facilitará mucho las cosas. Mi visión no es la misma de cuando yo era una muchacha. Sería amable de tu parte ayudarme con algunas de las frases en ruso más difíciles.»

    Estuve de acuerdo, y Biedermann colocó las cartas en un gran sobre manila. Nos despedimos y me dirigí y salí por la puerta yo solo. Qué trabajo más interesante e inesperado, reflexioné. Hay algo que decir sobre pasar la tarde en el parque.

    La luz del sol del atardecer bailaba delicadamente en las hojas rojas y doradas de los árboles del jardín de Biedermann. La calma fue rota por el constante plonk-plonk del agua que goteaba en una pequeñísima cascada. Después que cerré la puerta principal de Biedermann regresé a mi casa.

    Me presenté en la residencia de Biedermann la próxima semana a la hora señalada. Katrin abrió la puerta. Explicó que vivía con su tía abuela y la cuidaba mientras trabajaba en su maestría en educación en una universidad cercana. «Hemos tratado de hacerla entrar en razón y mudarse con mis padres, pero ella se niega a dejar esta casa, está tan apegada a ella, ¿sabes? A veces me preocupo por ella. No creo que sea una buena idea, porque vive tanto en el pasado. Y ahora está obsesionada con estas tontas cartas antiguas».

    «¡Te escuché, Katrin!» La voz iracunda de Biedermann era claramente audible en la entrada. «Solo porque soy una vieja loca no significa que haya perdido mi sentido del oído, ¿sabes?»

    «Eso fue muy grosero de mi parte, tía abuela», murmuró Katrin, escarmentada. «Por favor, acepta mis humildes disculpas».

    «Aceptadas. Ahora corre a la escuela como una buena chica y déjame a mí y a este caballero para llevar a cabo nuestros negocios».

    Katrin puso los ojos en blanco. «Vuelvo en un par de horas», me dijo. «Aquí está mi número de celular si necesita comunicarse conmigo. Estoy segura de que la tía abuela estará bien. De todos modos, no me malinterprete, es bueno para ella tener a alguien con quien hablar». Katrin se puso la chaqueta, recogió una cartera llena de libros y salió por la puerta.

    «¡Adelante, adelante!» Biedermann me llamó desde la habitación. Entré e hice una reverencia, estaba sentada en su silla de ruedas en el mismo lugar donde la había visto por última vez. «Por favor, toma un poco de té y algunos de estos deliciosos pasteles. Me recuerdan a Vladímir, que siempre fue goloso. Bueno, entonces, señor, ¿qué progreso has hecho con esa carta? Me muero por escuchar lo que se le ha traducido».

    «Bueno, Frau Biedermann, son muy, muy…»

    «¿Románticas? Por favor, no te avergüences por mí. No soy una mojigata y no me gustan las ambigüedades. Quiero la verdad». Cuando Biedermann pronunció esta última palabra, su voz adquirió un tono más oscuro que contrastaba con lo que hasta ahora había encontrado como su personalidad bastante optimista.

    «Si puedo ser franco, la verdad es que, a juzgar por esta primera carta, Vladímir estaba muy enamorado de ti.»

    Biedermann suspiró. «Y yo con él. Bueno, no soporto el suspenso. Perdona a una anciana impaciente, ¿puedo ver tu traducción, por favor?»

    Le entregué una copia impresa del texto que había preparado. Biedermann la miró rápidamente. «Leeré esto en mi tiempo libre más tarde. Pero mientras tanto, según nuestro acuerdo, ¿me lo leerías en voz alta?»

    «Será un placer», respondí. «La primera carta está fechada el 29 de septiembre de 1955. Dice así:

    Mi querida Eva,

    Me cuesta creer que hayan pasado tres semanas desde que nos encontramos en el parque. El tiempo ha pasado tan rápido y tan dichosamente porque lo que he pasado contigo. Estaba tan solo en Leipzig antes de conocerte, sin saber hablar alemán y encontrando muy pocas personas que pudieran hablar ruso. Has progresado mucho en ruso desde que nos conocimos; eras la mejor estudiante de la universidad donde enseño. Y estoy verdaderamente agradecido por que me hayas ayudado a aprender alemán.

    «¡Oh, qué buen operador era Vladímir!» se rio Biedermann. «Mi ruso era atroz, y dudo que supiera suficiente alemán para hacer un pedido de una brocheta a la parrilla».

    Nunca podré olvidar lo hermosa que te veías cuando te vi sentada sola junto al pequeño lago. Eras como una visión de una pintura, con tu suéter dorado y rojo brillante, que combinaba perfectamente con las hojas que comenzaban a adquirir su brillo otoñal.

    Al principio dudé en hablar contigo, en parte porque era tímido, pero también porque no quería estropear la imagen perfecta de ti sentada allí bajo la brillante luz del sol, mientras los reflejos del follaje de otoño se reflejaban en el agua ondulante del estanque

    «Lo pone un poco pesado, ¿no?» dijo Biedermann. «Disculpa mi interrupción, por favor continúa».

    Recuerdo la mirada de sorpresa en tu dulce rostro cuando te volviste para mirarme cuando finalmente me sentí lo suficientemente valiente como para hablar contigo. Cuando nuestros ojos se encontraron, supe que mis miedos al rechazo eran infundados, porque me di cuenta de que había encontrado a mi alma gemela, una joya brillante, que al igual que yo quería experimentar la belleza y la pasión del amor.

    Aquí Biedermann emitió un largo suspiro, y después de un momento continué.

    Me alegré mucho cuando accediste a encontrarte conmigo para tomar un yogur al día siguiente, y nunca olvidaré nuestro romántico paseo juntos por el jardín. Tenía miedo de que te sorprendieras cuando traté de plantar un beso en tus dulces labios. Pero cuando estábamos en una parte apartada del jardín, y me miraste con tanta dulzura, supe que era el momento adecuado para tomarte entre mis brazos y besarte. Tal vez te avergüence recordar nuestro primer beso; por favor, perdóname, mi querida Eva. Pero nunca olvidaré la exquisita sensación de aspirar el delicado aroma de tu perfume, mientras te sostenía junto a mí y apretábamos nuestros labios, sin importarnos si alguien pudiera venir por el camino.

    «Todo está volviendo a mí ahora. ¡Pensé que iba a morir!» exclamó Biedermann. «Pero después de que superé el shock, estaba en el cielo».

    Más tarde ese día, cuando el sol comenzó a ponerse debajo de los árboles y tuvimos que separarnos, me pregunté si debería pedirte que me acompañaras a Berlin, que había querido recorrer más profundamente desde que llegué a Alemania. Me preocupaba si estaba siendo demasiado atrevido e inepto, sabiendo lo respetable que eres. Pero recordando que «el corazón débil nunca conquistó a la bella doncella», decidí preguntarte, a pesar de que una vez más tenía miedo de que retrocedieras y me rechazaras. Cuando aceptaste, me llenó una felicidad indescriptible y una sensación de anticipación que mitigó el dolor de tener que separarme de ti ese día.

    Tengo muchas ganas de nuestro viaje romántico juntos a la hermosa ciudad de Berlin.

    Miles de besos,

    Vladímir

    «Bueno, bueno, ¿no fui una niña traviesa?» se rió Biedermann. «Recuerdo haber inventado una historia tonta sobre un viaje de una noche con una amiga de la secundaria a la villa de su familia en Riesa, después de que convencí a mi amiga para que me cubriera. Fue bastante conveniente que la villa no tuviera un teléfono en aquella época.”

    «De todos modos, creo que es suficiente nostalgia romántica por un día. ¿Hacemos una cita para encontrarnos aquí nuevamente a la misma hora la próxima semana?» Estuve de acuerdo y bebí lo último de mi té antes de saludarla y salir de la habitación mientras Biedermann me seguía en su silla de ruedas.

    Cuando estaba en la puerta, Biedermann volvió a decirme cuánto apreciaba mi trabajo en la carta e intentó darme un sobre con dinero que yo de la manera más educada que pude no lo acepté. «Esto lo hago con mucho placer», respondí.

    Katrin me recibió en la puerta la semana siguiente. Sentí una leve desaprobación por la mirada en sus ojos, y me sentí un poco incómodo. Hice una pausa mientras trataba de pensar en algo que decirle. Antes de que pudiera decirle algo a Katrin para tratar de tranquilizarla sobre mi traducción de las cartas, su tía abuela llamó desde la sala de estar.

    «Ahora ocúpate de tus propios asuntos y vuelve a tu trabajo escolar, Katrin. ¡Estoy cansada de que la gente se entrometa en mis asuntos!”

    Biedermann se rio cuando entré en la sala de estar. Después de pedirme que me sirviera té y galletas, me preguntó cómo había ido mi trabajo en el segundo lote de cartas.

    Me sonrojé levemente. «Bueno, este es un poco más… íntimo que el anterior».

    «Sí, por supuesto. No hay necesidad de avergonzarse en mi nombre. He estado esperando toda la semana por esto, así que volvamos al carril de la memoria, ¿de acuerdo?»

    «Vladímir escribió esta carta el 15 de octubre de 1955».

    Mi más dulce Eva,

    Mientras escribo esto, todavía estoy inundado por el resplandor rosado de nuestra estancia celestial en Berlin. Todo parece todavía un sueño.

    Cuando nos reunimos en la estación para tomar nuestro tren romántico (¡sería el nombre más apropiado para este medio de transporte!) a nuestra ciudad de destino, me impresionó de nuevo tu refinada elegancia y belleza mientras estabas de pie en tu adorable Lederjacke [chaqueta de cuero] (ves, ¡estoy aprendiendo algo de alemán!) y tu suéter dorado claro; Pensé que estaba viendo una visión de un cuento de hadas alemán. Pero cuando sentí tu mano delicada apretada en la mía, supe que eras muy real, mi dulce ángel.

    El viaje en tren a Berlin pareció pasar como un borrón; todo lo que puedo recordar es sentarme a tu lado y mirarte a los ojos en lugar del paisaje que se precipitaba afuera. Para ser honesto, recuerdo muy poco de las vistas a Berlin mientras explorábamos sus encantos pintorescos y deliciosos, cuando caminábamos por la Alexanderplatz y cantabas una vieja canción en alemán. En silencio sentí que la dicha que había encontrado contigo duraría para siempre.

    Escuché lo que sonó como un leve resfriado y miré a Biedermann al otro lado de la mesa. Se secó los ojos con un pañuelo. «¿Debería dejar de leer?» Pregunté.

    “No, por favor continúa. Parece que tengo algo en el ojo».

    «Está bien, pero podemos parar en cualquier momento si quieres».

    La posada que había elegido para nosotros era la quintaesencia de la refinada estética alemana. Ojalá pudiera recordar los nombres de todos los platos exquisitamente presentados que disfrutamos en la cena; me temo que les presté mucha menos atención que a ti. Y hasta entonces no me había dado cuenta de que el vino de Sajonia podía ser tan delicioso y tener una textura tan seductora y sedosa; se me subió a la cabeza mucho más rápido de lo que esperaba.

    «Ambos estábamos bastante «iluminados», como dice la expresión tan curiosamente», dijo Biedermann con una risita de niña. «Seguí intentando que bebiera un poco de agua, pero él no paraba de hablar del orgullo de los soviéticos o de alguna tontería por el estilo».

    Correré un discreto velo de silencio sobre la noche de gloriosa pasión que siguió; baste decir que fue realmente maravilloso haber logrado una comunión intelectual, espiritual y física tan total contigo, mi querida Eva.

    «Oh querido», murmuró Biedermann, sonrojándose ligeramente.

    Hice una pausa.

    «Por favor, continúa», insistió ella.

    Quiero escribir volúmenes de poesía rindiendo homenaje a tu belleza y exclamando el tema infinito de mi profundo y eterno amor por ti, pero mis pobres habilidades no están a la altura de tan formidable tarea. En cambio, quiero expresar mi amor por ti con una miríada de besos que depositaré en tus labios divinos la próxima vez que estemos juntos. Propongo que visitemos Magdeburg este próximo fin de semana, es una ciudad de la que tanto he oído hablar pero que aún no he visitado. Espero que en algún momento pueda conocer a tu familia; entiendo que, después de los terribles tiempos de la guerra, deba pasar algún tiempo antes de que acepten la idea de que te involucres con un soviético. Dado eso y al hecho de que aquí no tengo teléfono, supongo que tendremos que mantenernos en contacto por correo. Espero ansiosamente recibir tu respuesta, mi único amor.

    Tuyo para siempre,

    Vladímir

    PD: Olvidé mencionarte que después de regresar de Berlin encontré tu horquilla de laca mezclada con mi ropa. Debió caer en mi maleta cuando estábamos haciendo las valijas y de repente te abracé. La encontrarás en este sobre.

    El silencio descendió sobre la habitación. Biedermann miró hacia el jardín a través de la ventana de la sala y no dijo nada, aparentemente ajena a mi presencia. Se llevó una mano a la cabeza y con cuidado ajustó lo que me di cuenta que era la horquilla que Vladímir le había devuelto. Pensé que era mejor no hablar y observé cómo las partículas de polvo giraban sin rumbo bajo los rayos del sol que entraban a raudales por la ventana de la habitación.

    «Lo siento, estaba a mundos de distancia», dijo Biedermann con una sonrisa. «Bueno, creo que ya basta de revolcarse en el pasado», dijo con aire distraída. «Por favor, sé tan amable de leerme otra carta a la misma hora la próxima semana».

    «Es un placer», dije. «¿Estás… bien?» me aventuré.

    «¡Sí, sí! No te preocupes por mi estado de ánimo. Pero gracias por preguntar. Por favor, saluda al gran mundo exterior de mi parte, ¿quieres?»

    Dejé a Biedermann sola mientras la luz del sol se desvanecía y las sombras emergían sigilosamente de los rincones de la habitación como la vanguardia de la fresca tarde de otoño.

    Regresé a la residencia de Biedermann la próxima semana a la hora acordada. Toqué el timbre y escuché la voz alta pero firme de Biedermann pidiéndome que pasara.

    «Bueno, espero que la próxima carta no sea demasiado lasciva», dijo cuando entré en la sala de estar. «No me gustaría trastornar tu tierna sensibilidad».

    «No exactamente,» dije. «Es todo lo contrario».

    Biedermann me miró con una sonrisa melancólica. «De hecho», dijo ella. «Bueno, ¿volvemos a los «poteryannoye vremya» [en ruso: tiempos perdidos]?»

    «Si estás lista…» dudé.

    «Lo estoy. Por favor, adelante».

    «Correcto. La siguiente carta de Vladímir está fechada el 23 de octubre de 1955. Es mucho más corta que la primera».

    Querida Eva,

    Confío en que ésta te encuentre bien. Espero que hayas disfrutado del espléndido cuadro de las hojas de otoño, lo que me hace desear haber empezado a pintar para intentar hacer justicia a su sutil belleza.

    Espero que hayas recibido mi carta del 15 de octubre; tenía la esperanza de que fuéramos el fin de semana pasado a Magdeburg, pero no recibí una respuesta tuya. Estoy seguro de que hubo una muy buena razón para que no me respondieras; quizás estés ocupada con tu trabajo escolar o tengas compromisos familiares. En ese caso, perdona mi insistente y egoísta reiteración en encontrarme contigo lo más pronto después de nuestro viaje a Berlin.

    También se me ocurre que tal vez hayas tenido alguna dificultad para leer mi escritura impenetrable.

    «Sí, debe haber sido una gran lucha para ti leer sus cartas, Frau Biedermann», observé.

    «Sí, de hecho», respondió ella, con un ligero temblor en su voz. «Por favor, continúa».

    Intentaré escribir de forma más clara (¡y sucinta!) a partir de ahora.

    Mi dulce, dulce Eva. Me encanta tu alegría, y cómo me provocas coquetamente con ese brillo travieso en tus ojos, cuando estamos solos.

    «¡Oh, Vladímir! ¡Hombre travieso, travieso!» exclamó Biedermann como si su antiguo amante hubiera entrado de repente en la habitación. «Fui una coqueta incorregible», se rió entre dientes, dirigiendo su atención hacia mí. «Lamento interrumpirte, por favor continúa».

    Cada vez me resulta más difícil concentrarme en mis funciones docentes; cuando miro a las jóvenes en mis clases, todo lo que puedo ver es a ti. Espero ver tu hermoso rostro pronto, mi amor, y besar tus dulces labios mientras nos abrazamos tiernamente.

    Por favor escríbeme cuando puedas; cada día que pasa sin saber de ti es una eternidad insufrible para mí.

    Miles de besos,

    Vladímir

    «La eternidad… sí, qué terriblemente larga es», murmuró Biedermann. «Hablando del paso del tiempo, demos por terminado el día, ¿de acuerdo? No puedo soportar mucho que me recuerden los tiempos perdidos. Katrin volverá pronto para ayudarme a preparar la cena».

    Acordamos volver a encontrarnos a la misma hora la semana siguiente y nos despedimos.

    «¿Deberíamos hacer retroceder el reloj una vez más?» Biedermann preguntó cuándo me presenté en su casa la semana siguiente.

    «Sí, si estás lista».

    «Ciertamente lo estoy. Por favor, procede».

    «Está bien. La siguiente carta está fechada el 25 de octubre de 1955».

    Mi querida Eva,

    Como no he sabido nada de ti, me estoy preocupando seriamente por ti, mi amor. Cada noche espero que no te hayas encontrado con alguna calamidad desafortunada. ¿O me has rechazado? Puede ser que un simple bárbaro como yo sea indigno de ser el amante de una princesa exquisita y exótica como tú.

    «Oh, Dios mío», intervino Biedermann, sonrojándose ligeramente.

    Pero debes creerme cuando te digo, con la mayor seriedad y gravedad, que eres mi único amor, y que la ambición de mi vida es hacerme digno de tu afecto.

    Es mi mayor esperanza que algún día viajemos juntos a Rusia, para poder presentarte a mi familia y mostrarte mi ciudad, Voronezh y la hermosa campiña donde he pasado tantos días felices y tranquilos.

    «Ese también era mi sueño», dijo Biedermann.

    Mientras tanto, sin embargo, nada me daría más placer que pasar un tiempo contigo en este hermoso y dorado otoño, y escuchar tu risa alegre y tintineante como cuando nos encontramos por primera vez en el parque cerca de tu casa.

    Estoy medio tentado de ir a tu casa para ver si te encuentras bien; pero sé que bajo las reglas de la etiqueta eso sería una imposición imperdonable y una violación de tu privacidad.

    Así que por favor, escríbeme cuando puedas. Estoy tan solo sin ti, Eva.

    Tuyo solamente,

    Vladímir

    Mientras leía estas últimas líneas, Biedermann sollozó y se secó los ojos con un pañuelo.

    «Me temo que todo esto es demasiado para mí», dijo, secándose las lágrimas. «Siempre me he considerado una persona poco sentimental, pero como puedes ver, soy muy sentimental».

    No sabía qué decir.

    «Hay dos cartas más de Vladímir, Frau Biedermann. ¿Estás segura de que quieres continuar con esto?»

    «¡Sí, sí! Ahora que hemos llegado tan lejos, no tiene sentido detenerse. Algunas personas, Katrin por ejemplo, bendita sea su alma, piensan que es morbosamente sentimental para mí sacar a la luz viejos recuerdos como éste. Pero no estoy de acuerdo. Yo ¡quiero enfrentar el pasado de frente, sin importar lo doloroso que sea!» La voz de Biedermann se hizo cada vez más fuerte mientras decía esto, y mientras casi que gritaba la palabra «doloroso», golpeó con fuerza el puño sobre la mesa mientras me miraba con furia.

    Rápidamente recuperó la compostura. «¡Oh, lo siento mucho! Qué grosera de mi parte. Por favor, perdona a una anciana amargada y frustrada».

    «No hay nada que perdonar, Frau Biedermann. Sé que todo esto debe estar afectándote emocionalmente».

    «Gracias por tu comprensión. Realmente lo aprecio. Pero ahora me gustaría estar sola y ordenar mis pensamientos. Por favor, trae las traducciones de las dos últimas cartas la próxima semana».

    Prescindiendo de las formalidades habituales, salí de la residencia de Biedermann. Era tarde en la tarde y el sol, bajo en el cielo, arrojaba algunos rayos débiles de luz en el jardín. Algunas hojas marrones y amarillas quedaron en las ramas casi desnudas de los árboles. Nada se movía. Me detuve y observé. Perdí la noción del tiempo, hasta que el frío de la tarde me hizo recordar que tenía una cita que cumplir. Salí del jardín y caminé por las tranquilas calles.

    «Buenas tardes, Frau Biedermann» dije cuando entré al genkan una semana después. «Confío en que estés bien».

    «À la recherche du temps perdu [En busqueda del tiempo perdido] célebre novela de Marcel Proust,” dijo Eva con una sonrisa melancólica.

    “Escelente pronunciación del francés. ¡Felicitaciones! Eva Biedermann”

    “Gracias. Estoy mejor que nunca», respondió. «Ahora, creo que nos estamos acercando al desenlace de mi asunto del corazón de hace mucho tiempo. Debes estar terriblemente aburrido con los excesos floridos de Vladímir, ¿no?»

    «Realmente no. En estos tiempos cínicos, es refrescante constatar que alguna vez existió el romance y la pasión. Y que la gente solía dedicar tiempo y esfuerzo al noble arte de escribir cartas. Pero debo admitir que me siento un poco… voyerista mientras leo las cartas de Vladímir».

    «Entiendo. Pero recuerda que me estás haciendo un gran favor al leer la prosa enredada de Vladímir. Ahora, ¿procedamos?”

    «Correcto. Aquí están las dos últimas cartas. Ambas son bastante cortas. La primera está fechada el 27 de octubre de 1955, solo dos días después de su carta anterior».

    Querida Eva,

    ¿Por qué no respondes a mis cartas? ¿Soy un pretendiente rechazado? ¿No soy digno de tu cariño? ¿Solo fui un capricho pasajero para ti? ¿Una novedad? Por favor, dime que me equivoco y disipa los pensamientos oscuros y melancólicos que nublan mi mente atribulada.

    No puedo trabajar. Me he perdido varias clases recientemente, alegando enfermedad. Me acuesto en la cama todo el día preguntándome qué pude haber hecho para ofenderte. No tengo energía, ni siquiera para llorar. Mi corazón está roto en un millón de pedazos. Estoy enfermo de angustia. ¿Por qué, oh por qué, me tratas así?

    Peor que estos pensamientos son aquellos que me sugieren que algo terrible te ha sucedido, que estás enferma o has tenido algún accidente, espero que no sea así, que nada te impida mantener correspondencia conmigo.

    Ayer reuní suficiente energía para ir al Clara-Zetkin-Park con la débil esperanza de que pudieras estar allí. Pero no estabas. Las hojas de otoño no tenían ningún atractivo para mí. Me sentí muerto para el mundo. Ya nada tiene ningún significado para mí. El mundo es solo un revoltijo de polvo y sombras, y la vida para mí no tiene sentido o, en el mejor de los casos, es una broma cruel.

    Por un capricho tonto, traté de encontrar tu casa, pero mi lamentable falta de habilidad para leer alemán me hizo imposible determinar dónde estaba. Mientras caminaba por las calles de tu barrio, un policía se detuvo para preguntarme si necesitaba ayuda. Le mostré tu dirección y tu nombre, y me acompañó hasta donde indicaba el papel que le mostré. Se fue y toqué timbre en el número que indicaba el papel con tu dirección que me habías dado. Salió un señor mayor, le mostré el papel con tu nombre y dirección. Me respondió con un categórico «Nein. Es ist nicht hier.» [No. No es aquí].

    Regresé a mi habitación solitaria, donde ocupo mi tiempo pensando en los momentos trascendentemente románticos que pasamos juntos. Solo una palabra tuya tranquilizaría mi alma torturada, incluso si esa palabra es «sayonara».

    Te amo, Eva. Por favor, alivia el dolor de mi corazón y escríbeme. Te lo ruego…..

    Con todo mi corazón,

    Vladímir

    Levanté la vista de la carta, medio esperando ver a Biedermann llorando. Pero estaba mirando hacia el jardín o hacia algún punto indefinido del espacio. Su mirada de acero y su mandíbula apretada me dijeron que estaba haciendo todo lo posible para mantener a raya sus emociones turbulentas. Respiró hondo y se aclaró la garganta.

    «Estoy segura de que piensas que fui una zorra despiadada al tratar a Vladímir de esa manera. Si tan supieras…»

    En ese momento decidí que la discreción era la mejor parte del valor y opté por permanecer en silencio.

    «Bueno, ¿no vas a leerme la última carta?» dijo Biedermann, alzando la voz. «¡Vamos, adelante!»

    «Correcto. La última carta está fechada el 5 de noviembre de 1955. Aquí vamos:”

    Estimada Eva,

    Es con gran pesar que debo decirte que regresaré a la Unión Soviética la próxima semana. Debido a mi profunda e interminable depresión, he descuidado tanto mis deberes como docente que el director no ha tenido más remedio que pedirme que renuncie.

    Cuando llegué por primera vez a Leipzig hace un año, uno de mis compatriotas me dijo que, a menos que tuviera cuidado, Alemania me rompería el corazón. En ese momento, me reí de esto como una percepción cínica y barata de un expatriado hastiado, pero ahora entiendo cuán perspicaz fue su comentario. Mi entusiasmo ingenuo por todas las cosas alemanas se ha desvanecido, lamento decirlo, y ahora es solo una sombra tenue en mi mente atribulada.

    Lo que permanece fresco y vívido para mí es mi recuerdo de ti, que atesoraré hasta el día de mi muerte. Hablar de ti como un recuerdo hiere mi corazón con mil lanzas; Ojalá pudiera hablar de ti como mi sueño, mi esperanza, mi amor eterno.

    ¡Parece que tal esperanza es una mera quimera!, de la que la sangre vital se escurrirá como los colores de las hojas del otoño.

    Estoy seguro de que debe haber alguna muy buena razón para que hayas decidido rechazarme. Tenga la seguridad de que cualquier resentimiento, ira y frustración que pueda sentir por eso será más que compensado por el feliz conocimiento de que una vez nos amamos y estuvimos juntos.

    Nunca te olvidaré, Eva; por favor piensa en mí a veces, o al menos sueña un sueño conmigo.

    Tuyo para siempre,

    Vladímir

    Biedermann se quedó en silencio cuando terminé de leer esta última carta.

    «¿Quieres otra taza de té?» ella preguntó.

    «Um, sí, claro», respondí. Ella recogió la tetera y la acercó a mi taza. Pero mientras lo hacía, sus manos comenzaron a temblar; tanto que tuve que arrebatarle la tetera.

    «Permíteme, yo lo hago», le dije.

    «Oh… gracias», respondió. «Me temo que la última carta me afectó».

    «Entiendo. Sé lo emocional que ha sido esta experiencia para ti. Solo puedo imaginar lo traumático que debe haber sido volver a leer esas cartas después de tantos años».

    «Así es, ya ves», respondió Biedermann. «Me temo que no he sido lo suficientemente comunicativa contigo. La verdad es que no estaba al tanto de su existencia hasta que las encontré cuando estaba limpiando la casa hace unas semanas».

    El silencio descendió sobre la habitación. De repente, Biedermann parecía muy vieja y preocupada.

    “La guerra, el odio. Vladímir y yo fuimos víctimas inocentes de la guerra, del odio. Parece que mi padre, que no ocultaba su admiración por el nazismo y su aborrecimiento por el comunismo, interceptó las cartas de Vladímir y me las ocultó».

    «¡Oh no! ¡No se puede llegar a tal extremo! ¡Destruyó el amor sano entre dos jóvenes!” exclamé yo también con rabia.

    «Sí. Exactamente. Todos estos años pensé que Vladímir se había burlado de mí y luego me olvidó. Pero ahora me doy cuenta de que…»

    Biedermann inclinó la cabeza y se disolvió en un torrente de lágrimas. Su frágil cuerpo estaba atormentado por los sollozos. Traté de decir algunas palabras de consuelo. Sonaban huecas y falsas. Katrin, al oír el llanto de su tía abuela, entró en la habitación y la abrazó.

    «¡Estoy demasiado vieja para que me rompan el corazón en un millón de pedazos otra vez!» gimió la anciana. «¡Ay, Vladímir! ¡Vladímir! Mi amor, mi único…»

    Biedermann se levantó de repente y estiró los brazos, como si estuviera a punto de abrazar a alguien. Pero juntó los brazos y solo abrazó el aire vacío. Los sostuvo contra su pecho y sollozó pesadamente.

    Me sentí muy fuera de lugar. Murmuré algunas formalidades educadas sobre tener buena salud y mantenernos en contacto, y salí de la casa.

    Todavía era temprano en la noche y tenía algo de tiempo, así que bajé la colina hasta el parque Clara-Zetkin-Park. El fatídico banco estaba vacío. Me senté para tener un momento de paz en la quietud silenciosa. La luna creciente se reflejaba en las ondulantes aguas grises del estanque.

    Me levanté repentinamente sin control ninguno y grité a los cuatro vientos:

    “¡LA PUTA QUE LOS PARIÓ A LOS HOMBRES DE LA GUERRA QUE DESTRUYEN VIDAS Y SIEMPRAN EL ODIO! ¡LA PUTA QUE LOS PARIÓÓÓ!

  • Esclava del placer

    Esclava del placer

    Valeska o Vali como ella prefiere le digan, es una mujer casada que conocimos en un bar y tras unos tragos nos contó que tuvo sexo con dos tipos a la vez con el fin de cerrar un suculento negocio. Fue un relato más como para sí misma que pata nosotros en un tono monótono e impersonal como si estuviese confesándose con un cura en vez de contarnos una aventura de vida.

    I

    Al terminar la historia, la mirada vacía de Valeska de pronto, luego de uno o dos pestañeos, volvió. Miró su celular… Todos miramos la hora. La una y media. Al levantar los ojos y encontrarse nuestras miradas en su rostro de niña buena se dibujó una enigmática sonrisa.

    No sabíamos si era cierto lo que acabábamos de escuchar, pero en ese momento muy poco nos importó, pues la verdad, todos habíamos quedado ultra prendidos y calientes… Prueba de ello fue que no pude evitar una tremenda erección que por estar al lado de Valeska, no logré ocultar aunque ella se hizo la desentendida.

    Valeska: no sé ustedes, pero es muy temprano para guardarse… pero este lugar me aburrió… podríamos ir a otro sitio???

    Yo: otro lugar??? Y qué propones???

    JC: vamos a la habitación del hotel donde me encuentro alojando por estos días… Es amplio y muy cómodo… cómo se llama el hotel, Cri???

    Yo: Terrado suite… me parece una buena idea solo si no te has tomado el whisky de regalo que tenías…

    JC: por quien me tomas… por supuesto que la tengo… bueno, menos dos sorbitos que le di antes de salir, para la suerte… y parece que dio resultado…

    Todos: jajaja…

    Valeska: entonces, no se diga más… vamos.

    Al llegar al carro, Valeska se nos adelantó para sentarse en la parte de atrás, obligándonos a los dos a ocupar los asientos delanteros. Al encender el carro, escuchamos con atención JC y yo que la final del Abierto de Australia estaba por comenzar y quería verla, pues estaba seguro que sería la última de Federer.

    Yo: que buena… quiero verla…

    Valeska: igual de fanático que mi marido… le ponen mucho color y seguro que ese mono pierde…

    JC: ganará…

    Valeska: igual va a perder… está viejo.

    Yo: vieja está la ropa, mija… uno solo está más usado.

    Valeska: jajaja… -al soltar la carcajada, nuestra inesperada invitada, dejó al descubierto en no pocas veces su albo calzón.- de todos modos, el jetón pierde…

    JC: y dale con la cantinela… Mire seño…

    Yo: llegamos… abre la puerta con el control que me mostraste… ese mismo… nos estacionaremos en el de visitas para no buscar el 705…

    Al llegar noté que eran las dos menos cuarto y, al unísono que despojaba de su corta chaqueta de jeans a Valeska, JC preparaba todo para la tertulia. Acompañé a nuestra invitada a tomar asiento en el sofá grande al tiempo que en sus manos dejaba el control de la TV. Sin dudarlo, de inmediato sintonizó un canal de música de los 80 y 90.

    Yo: un mojito, cierto?

    Valeska: no… es mucho atado, dame un ron cola con jugo de limón y ya…

    Yo: escuchó el barman??? Te dejo solita unos instantes… voy a ayudar a mi compa… -Al levantarme, JC ya estaba a mi lado, entregándole a Valeska su vaso y a mí el mío.- Gracias… parece que no necesitas mi ayuda?

    JC: para nada… no dejes sola a nuestra invitada…

    Valeska: gracias… -en cuanto JC desapareció por el pasillo que conducía al baño, señaló,- son un par de locos buena onda… sanos…

    Yo: voy a tomar lo que acabas de decir como un cumplido… pero detecto otra cosa desde hace rato… qué es lo que te preocupa? Si se puede saber, claro…

    Valeska: es que a pesar que estoy absolutamente convencida de haber hecho lo que había que hacer, igual algo no me deja sentir tranquilidad, como en otras ocasiones…

    Yo: me lo preguntas esperando una respuesta sincera de mi parte o solo estás pensando en voz alta???

    Valeska: es que les conté lo que hice y por qué lo hice. Saben mi estado civil, estoy acá con ustedes y no me has dicho nada de lo que piensas o es solo que te da lo mismo???

    Yo: mire señora… si quiere una opinión, le diré que por menos abandoné a mi ahora ex mujer… pero eso lo hice yo…

    Valeska: por eso no le digo… no lo quiero perder, pero…

    Yo: pero no puedes evitarlo… como el discutir por todo…

    Valeska: a qué te refieres?

    Yo: -justo entraba JC a la sala de estar- a que por ejemplo, le discutiste a mi amigo por Federer simplemente para molestarlo… o no?

    Valeska si y no… si cuando noté que se molestó y no porque de verdad creo que va a perder…

    JC: te apuesto 100 mil a que gana…

    Yo: wow… no es para tanto, bro…

    Valeska: no… no apuesto dinero… pero les apuesto que el que pierda haga, por una hora, todo lo que el ganador le pida… qué les parece???

    JC: qué implica todo???

    Valeska: implica eso… todo… estamos o no?

    Los dos: estamos!!!

    El tiempo pasó volando, bebiendo, riendo y conversando animadamente de todo entre los tres. El alcohol corría por nuestras venas. Las mejillas de Valeska parecían estuviesen encendidas al igual que su torso. La mirada vidriosa denotaba que la ebriedad era su condición dominante.

    Al comienzo de la conversa nos distribuimos cada uno en un sillón diferente de modo que Valeska quedó de frente entre los dos sentada en el sofá de tres cuerpos, mientras que cada uno de nosotros ocupaba un sitial individual, acercándonos poco a poco, cada vez que podíamos.

    Al cabo, los tres compartíamos el sofá con Valeska en medio. Cada uno con una mano en uno de sus muslos, conversábamos desenfadadamente y durante los últimos 20 minutos el tema fue ella. Elogios como lo bello de su cabello o lo bien que le quedaba lo que llevaba puesto que claramente escuchó, pues la televisión se encontraba casi sin volumen y el ambiente bien iluminado por lo que notamos cuando comenzó abiertamente a coquetearnos. De pronto sonó un celular. Era el de la chica.

    Mientras buscaba dentro de su bolso, la llamada se cortó, pero ella sabía quién era… Miraba la pantalla del equipo con la vista perdida en el más allá cuando de súbito se decidió. Nos miró y mientras marcaba para devolver el llamado, se llevó el dedo a los labios en señal de silencio.

    Valeska: -parada cerca de la televisión, a unos 3 metros de nosotros- hola chini… me vine con Rosana… estoy copuchando y nos quedan varias cosas de qué hablar… te llamo cuando vaya saliendo para allá… qué bueno que los niños estén bien… buenas noches…

    La pequeña señora paseándose de un lado para el otro entre la TV y nosotros mientras conversaba. en medio de la charla, estando ella de espalda al equipo, nos enteramos que Federer era el nuevo campeón en Australia.

    Menos de un segundo después de colgar nos preguntó por el baño. Casi dos minutos más tarde la vimos acercarse tras cerrar la puerta del servicio. Al llegar, se sentó, cruzando las piernas, entre los dos, sobre la mesa de centro, frente a nosotros.

    II

    Valeska: también lo vi… y bien… son las… 3:27… Tienen hasta las 4 y media… una apuesta es una apuesta…

    Yo: vaya… honro tu determinación… queremos que sepas que grabaremos todo (solo para nosotros) Ahora bien, también te pedimos te saques todo, te duches, te pongas solo tus chalas taco alto, vayas a la pieza y en 4 patas sobre la cama nos esperes dándonos la espalda.

    Al quedar desnuda, ambos nos miramos asintiendo con un leve gesto de la cabeza. Valeska era una mujer de 1.50 m con mentirosos 44 años, de blanca piel, cabello largo y liso, castaño claro con matices más claros que lucía hasta media espalda.

    Expresivos y vivaces ojos, acompañaban a un generoso par de labrios que encuadraban una delineada y hermosa boca. Cuello largo y estilizado, senos más bien pequeños, pero perfectamente formados, ambos coronados por sendos y definidos pezones los que en ese momento ya estaban erectos como cañones a punto de disparar.

    De escasa cintura como la mayoría de las bajitas, sin embargo, ostentaba un sexy par de margaritas en medio de la espalda baja, justo encima de su proporcionado y bien formado culo que si bien grande no era, al igual que sus pechos, era de formas perfectas y con el tamaño adecuadamente proporcionado. De piernas estilizadas y largas y bellos y refinados pies.

    El depilado coño le brillaba a la distancia, alimentado por sus propios fluidos. Su abultado monte de Venus nos garantizaba un clítoris ansioso y hambriento. Una forma de describir a Valeska es afirmar que es de las mujeres que se ven bien con y sin ropa sin ser una modelo inmaculada.

    Sobre sus talones dio un rápido giro sobre su eje. Luego otro menos veloz para dar un tercero, esta vez, permitiéndonos deleitar nuestros ojos con su excitada desnudez, para al cabo, salir caminando con felinos y sexys movimientos con estudiada parsimonia a cumplir su segundo mandato. Actuaba con la seguridad que brinda la experiencia. Cuento corto; a todas luces lo estaba disfrutando.

    JC , con cámara en mano, y yo, la seguimos hipnotizados por sus redondos y firmes glúteos. Al notar nuestra presencia, sin ser una de las reglas, dejó puerta y cortina abiertas justo antes de entrar en la ducha.

    En ella, por casi 5 minutos, nuestros ojos y por supuesto cámara fueron testigos de un sensual y lujurioso espectáculo protagonizado por nuestra señora invitada al masturbarse hasta el orgasmo abrigada por el agua corriendo por su cuerpo.

    Salió de la tina, tomó una toalla y se secó en breves instantes. Entonces, aún con gotas de agua en el cuerpo, fue al lugar donde hasta hace poco departíamos. De pronto detuvo su andar para con la vista escudriñar el suelo. Segundos después se agachó a recoger su calzado, pero lo hizo sin doblar las rodillas, mostrándonoslo húmedo que ya tenía el coño. Los volvió a depositar en el suelo, esta vez ordenadamente y se los calzó.

    Justo antes de traspasar el umbral de la puerta que conducía al dormitorio, Valeska miró el reloj de la pared y torciendo la cara señalo en un evidente tono de sarcasmo, -las 3:48, cu cu, cu cu- y desapareció, prendiendo la luz y cerrando la puerta tras de sí.

    JC: Cri… recuerdas esa ingeniera cuica con la que llegué esa vez a tu casa…

    Yo: cómo olvidarlo…

    JC: démosle a esta puta infiel la misma dosis… qué te parece???

    Yo: me sumo… vamos a darle como bombo en fiesta… pero estoy seguro que no será un castigo para ella… Sabes, Juanca… creo que la señora Valeska es una puta manipuladora y mentirosa, pero como no es mi mujer… y además, dime si no está rica está menudita, proporcionada y caliente putita con rostro de niñita bien criada que no rompe un huevo, pero se los come atravesados… Me da lata por el esposo, pero de seguro que la follemos o no nosotros, es seguro que otros sí lo harán…se ve que le gusta la verga más que al común de las mujeres… sabes… entremos porque quiero salir de una duda… no estoy seguro, porque ni ella lo sabe, pero creo que esta perrita es multiorgásmica y…

    JC: mucho bla, bla… entremos mejor…

    Al ingresar al cuarto vimos a Valeska tal cual le pedimos estuviera. La visión que teníamos frente a nosotros a menos de dos metros nos terminó de poner a mil. Por casi un minuto en silencio admiramos la belleza animal que exudaba esta curiosa, seductora y amoral hembra.

    Gracias a lo respingado de su culo, a simple vista podía verse su depilado y bello coño y el constante fluir de sus, agradablemente aromáticos, líquidos vaginales. Acercándome en silencio hasta quedar al lado de su oído derecho. Una vez ahí, susurré, -qué sensual y elegantemente bella eres, Valeska,- retirándome hasta quedar nuevamente con su expuesto culo frente a mí.

    Yo: te puedo dar nuevas peticiones que nos hagas, querida?

    Valeska: estoy esperando… el tiempo es oro.

    Yo: ok… entonces… permítenos hacerte gozar para luego follarte a nuestro antojo…

    Valeska: donde firmo… wow… están listos, señores…

    Una vez sin ropa, JC se dirigió hacia los pechos los que comenzó a masajear y chupar para luego, beso a beso pasar por su cuello hasta arribar a su húmeda y ávida boca. En tanto, mis manos recorrían su espalda y glúteos al tiempo que pasaba la lengua por su excitado y dilatado coño, tímidamente al comienzo, mas poco tardé en aumentar la presión y velocidad.

    Los primeros gemidos no tardaron en escucharse. Estuve lamiendo desde su ano hasta su clítoris por al menos un par de minutos. Su coño cada vez más excretaba cantidades no menores de lubricantes fluidos.

    Suavemente me alejé medio metro para verla. Se besaba apasionadamente con mi amigo, el que con las manos no paraba de acariciar sus maduros senos. En el instante que JC se metía casi todo un pecho en la boca, yo hacía lo propio, insertándole gentilmente, en su ya dilatado coño, mis dedos anular y corazón de la mano derecha, comenzando casi de inmediato, un movimiento ascendente – descendente que no tardó en tomar una vertiginosa velocidad.

    Los gemidos fueron desplazados por gritos de placer los que a su vez fueron aumentando de volumen proporcionalmente al ir acercándose al límite. El arqueo de su espalda fue la señal que precedió a su primera eyaculación.

    Los chorros que salían expelidos desde su coño mojaron todo lo que se encontraba a un metro alrededor, incluyéndome. Después de la sorpresa, volví a comenzar con mis dedos (los que mantuve todo el clímax en su interior), obteniendo en menos de un minuto profusas y seguidas eyaculaciones que dejaron a Valeska, apoyando hasta sus hombros, henchida de placer.

    Miré mi reloj de pulsera que nunca me saco. Estábamos pasados en 10 minutos y la fiesta recién comenzaba. Noté que las manos de JC volvían a recorrer el ardiente cuerpo de Valeska y que éste respondía con anhelo. Fue entonces que sin volver a pensar en la hora, me avoqué a estimular, al parecer, a una adúltera multiorgásmica.

    Con mi mano derecha jugaba con su empapado y erecto clítoris. Con la otra, hurgaba con delicadeza su rosado ano al tiempo que mi lengua iba de aquí para allá recorriendo todos los recovecos de su depilada entrepierna por lo que poco demoró en ser presa de su primer orgasmo.

    Instantes después y casi al mismo tiempo, JC en la boca y yo en su coño, insertamos lentamente nuestras vergas hasta el fondo de cada cavidad. Estuvimos haciéndole el amor por ambos lados sin cambios por casi 10 minutos. Fue cuando con mi dedo índice empecé a presionar sobre su cerrado ano. La chica de inmediato reaccionó, sacándose de golpe la verga que ocupaba su boca, sin embargo, el ritmo del mete y saca que aplicaba sobre su coño, en ningún momento varió.

    Valeska: no me gusta por ahí… me lo hicieron una vez y sentí mucho dolor… no…

    Yo: te prometo que no haré nada que te haga sentir mal… pero dale una oportunidad…

    La conversación fue interrumpida por un nuevo orgasmo de Valeska. Por un par de latidos del corazón detuve el movimiento, mas, transcurrido ese lapso, lo reinicié llegando prontamente al mismo ritmo que llevaba. La chica del infierno se tardó menos de 10 segundos en volver a excitarse y sin arrugarse siguió gozando.

    Casi al mismo tiempo reinicié también con las caricias en su ano. Sin embargo, luego de varios minutos follándola, de igual manera frunció el culo al sentir sobre él verdadera presión para entrar. Una vez más, mirando a JC, por señas le indiqué lo que necesitaba de él.

    Pude ver que sin demora, éste, se acercó a su oído y que de inmediato, ella misma llevó la mano derecha a su clítoris con el fin de estimularlo. Instantes después Valeska ya tenía la mitad de mi dedo incrustada en su culo y ni un ay había escuchado. Comencé a pensar que la virginidad de su culo era otra de sus mentirillas para no quedar etiquetada como actriz porno en la primera cita.

    Forzados quejidos de dolor se mezclaban con auténticos aullidos de placer, dejando a la pequeña mujer presa de sensaciones que se apoderaron de su voluntad y sentido de la razón. Justo en ese momento y para mayor abundamiento que justifique el total abandono en el que se sumergía su sensatez al ser invadida por un intensísimo orgasmo que desató la lujuria absoluta en su ya bipolar mente.

    Durante los segundos que duró el placer, en un movimiento rápido logré que mis dedos índice y corazón casi desaparecían entre sus glúteos, comenzando de una un mete y saca que prestamente se igualó al ritmo marcado por mi verga. La esposa infiel del pobre desgraciado, por largo rato mantuvo sus tres agujeros tapados.

    Mi compadre, al cabo de casi media hora follándole la boca, acabó en ella en medio de variadas exclamaciones de júbilo. La muy zorra se tragó el semen de JC como si fuera un fino caviar. Por mi parte ya quería acabar también, pero el coño de Valeska se encontraba demasiado mojado y abierto, ofreciendo escaso roce.

    Por ello, en cuanto terminó de tragarse la mayor parte de la descarga de JC, extraje mi verga y los dedos al mismo tiempo y puse la primera en el lugar donde estaban los segundos, comenzando a presionar la entrada de inmediato. Valeska volvió a tocarse el clítoris. Esta vez sin recibir instrucción previa. Sin lugar a dudas. Valeska era una completa zorra, pero una zorra proactiva.

    A la cuarta embestida el culo de Valeska ya se había comido la mitad de mi verga. Cuatro veces más, insistí, llegando en la última oportunidad al final del recorrido. La chica estaba tan caliente que temblaba sin poder controlarse.

    Yo: todo bien?

    Valeska: de-ma-sia-do-ri-co…

    Yo: sigo???

    Valeska: yaaa…

    Yo: no dejes de tocarte el botoncito del placer… -torció la cabeza para mirarnos, sonrió- te dije que te gustaría… y créeme cuando te digo que te va a gustar más…

    Las dos primeras embestidas fueron casi amorosas, empero a partir de allí, le follé el culo con tierna rudeza por otros 5 minutos a mi entera satisfacción, obteniendo ella en el proceso, dos orgasmos casi seguidos que la mantenían en un embriagador estado de perpetuo éxtasis. Al levantar la vista recién lograba percatarme que mi compadre había vuelto. Nos miramos y otra vez sin palabras, nos entendimos.

    JC se acostó mirando al techo al lado de Valeska con su verga nuevamente dura. Entonces, de manera abrupta extraje completamente la verga de su dulce y fragante culo para, con suaves palmadas en sus glúteos, instarla a sentarse sobre la polla de mi amigo. Ella, obediente, subió y dándole la espalda a JC para iniciar casi al tiro una suave cabalgata. Segundos después se dio la vuelta quedando de frente a él, lo que mi compa de inmediato aprovechó, chupando con frenesí sus armónicos senos.

    A petición de ella, JC en cada chupada, se metía casi todo el seno en su boca, obteniendo como premio de parte de nuestra hembra, variados gemidos, jadeos y quejidos que solo calentaban, aún más si eso era posible, el ya eróticamente caldeado ambiente.

    Mis ojos no podían dejar de mirarla. Sin serlo, en esos momentos era perfecta. Una verdadera y real actriz porno, pero con garbo y una sutil elegancia. Sabía de los tríos, pero hasta esa noche, solo eran parte del mundo de la pornografía, por lo que lo que me estaba pasando era una de esas cosas que uno sueña vivir, pero uno sabe que son solo parte de la depravada fantasía de las películas triple x. Meditaba en ello cuando me detuve en lo hermosamente expuesto que lucía su culo y la verga ipso facto, reclamó su parte del pastel.

    III

    Menos de un minuto pude mirarlos follar, pero cuando Valeska apoyó su peso en el torso de mi compa vi mi oportunidad y sin pensarlo dos veces subí a la cama para de inmediato ubicar mi verga en la entrada de su ano.

    Al notar mis intenciones, JC, bajó rápidamente la intensidad del mete y saca hasta detenerse por completo con toda su verga en el interior de Valeska. Ésta, una vez más, solita, cargó todo su peso en mi compa para con sus manos abrir sus glúteos de par en par. Lenta, gentil, pero con lujuriosa determinación por su ni tan virgen culo, la penetré. Esta vez casi sin resistencia toqué fondo.

    Menos de 30 segundos utilizamos en acoplarnos y coordinar la follada a un solo ritmo para los tres. Cualquier idea loca o retorcida expectativa que pudiese urdir mi mente esta mañana al salir de mi casa, fueron completamente superadas por lo que estaba viviendo, Con mi compa de toda la vida nos estábamos follando a todo ritmo y por todos sus hoyos a una estupenda, muy caliente y casada mujer absolutamente desconocida.

    Los gritos de placer que por casi 3 minutos nos acompañaron como banda sonora, de pronto cesaron, siendo reemplazados, primero, por cortos y roncos jadeos los que a su vez, luego de un intenso espasmo, dieron paso a un hermético silencio.

    La boca entre abierta, contraída en una muda mueca, complemento apropiado para un atractivo y desencajado rostro, fiel reflejo de lo absolutamente poseída por la lujuria se encontraba Valeska en esos instantes.

    El lujurioso cuerpo de la chica gobernado ya de forma total por su clítoris era azotado por una cadena de orgasmos que duraron otros casi 6 minutos, tras los cuales, primero yo y segundos después JC, acabamos llenándole las tripas y el útero, respectivamente, con nuestro semen.

    El clímax de los tres fue tan brutal que por largos dos minutos nos quedamos tal cual habíamos acabado, bañados en sudor, respirando agitadamente, los corazones saltando. Al salirme, Valeska rodó a un lado. Nuestras respiraciones era lo único que se escuchaba.

    Yo: oiga señora… tiene un chochito de verdad gozador… es una pena que tengamos que ir a dejarla…

    Valeska: para todos los efectos, la versión oficial dirá que me quedé donde mi amiga… -con un gesto casual, miró su reloj de pulsera, continuó,- son las 5 y media y tengo que llegar a las 6 y media a más tardar… tráiganme esas tulitas para acá, mira que las pongo en forma, rapidito…

    A las 6, cuando otra vez se comía dos vergas a la vez, el esposo la llamó y ella, sin detenerse o bajar el ritmo, contestó. Luego de 10 segundos escuchando, cortó…

    Valeska: denme más duro, por favor… quiero que me revienten el coño y el culo y tienen todo el día para eso… muero de placer… ahhh… que ricooo… me voy de nuevo…

    Nos follamos con verdadero afán a esa petiza infiel y caliente hasta bien entrada la mañana. Exhaustos los tres, sin darnos cuenta nos dormimos profunda y plácidamente. Valeska despertó poco antes de las dos de la tarde. Apareció desnuda en la cocina donde faltaba poco para servir la comida que con mis manos había preparado.

    Al verla, apagué todos los fuegos, me despojé del short deportivo que vestía y me abalancé sobre ella, fundiéndonos en un largo, acariciado y pasional beso. Al separarnos vi, a las espaldas de Valeska, a JC meneando su verga erecta con la mano.

    Con un casi imperceptible gesto de mi cabeza lo invité a tomar el postre antes del almuerzo. Casi una hora después mientras comíamos recordé que nunca se fue y que si lo había explicado, nunca lo oí o fue entendido el por qué…

    Yo: no me mal interpretes chiquitita, pero por qué no te fuimos a dejar a las 6 y por qué aún estás acá… no me estoy quejando… pero me intriga de verdad Valeska…

    JC: de cualquier modo, de aquí no te vas sin antes volverte a follar…

    Todos: jajaja

    Vali: dime Vali… recuerdan el llamado de las 6… era mi esposo avisándome que nos veíamos mañana ya que se iba con los niños a pica a pasar la noche… y esa es toda la historia, así que tenemos tiempo para seguir gozando…

    JC: Vali, ven… -le dijo tomándola gentilmente del brazo con el fin de ayudarla a quedar con su torso apoyado sobre la mesa, las piernas separadas. Pasó lenta y pesadamente la lengua desde el ano al clítoris repetidas veces. Levantó la cabeza encontrando mi mirada- compa, venga… démosle la verga que le falta a esta putita…

    Vali: siii… hoy quiero ser su putita…

    Yo: eres extraordinaria, Vali… pero sácame de una duda… No era la primera vez por el culo, cierto bandida?

    Vali: no… y espero tampoco sea la última…

    Y de hecho lo fue durante todo ese día y prácticamente toda su noche. La fuimos a dejar cerca de las 8 de la mañana. Su familia aún no llegaba. Antes de entrar se dio la vuelta y gesticuló con la mano a la altura de su oreja, imitando un teléfono claramente la palabra llámame y desapareció.

    El trayecto de vuelta fue todo silencio y tranquilidad hasta que casi llegando al hotel, JC de pronto exclamó –y a qué teléfono la vamos a llamar???- Llegamos directo a dormir, lo que hicimos hasta pasadas las 3 de la tarde. Al despertar medio triste me dirigí por algo para beber y lo vi. Me volvió el alma al cuerpo por ahí, en la puerta de la conservadora, escrito con tinta roja en el cartel donde está la bienvenida del hotel, se encontraba el número de teléfono de esta verdadera esclava de la verga.

    Nota: Hola, si les gusta este cuento, procederé, entonces, a publicar la precuela donde conocemos a la señora Valeska la que conversando, nos contó un pecadillo, qué digo, un pecadote, quedando todos con ganas de replicar lo que habíamos escuchado. Las siguientes líneas dan cuenta de ello.