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  • Mi maestra de último grado

    Mi maestra de último grado

    Bienvenidos, trataré de ir contándoles mis experiencias vividas a lo largo de mis 55 años de vida.

    Capítulo 1: Mi maestra de ultimo grado escuela primaria, llamada Estela.

    Nunca fui muy buen alumno y terminé 7° grado de la escuela primaria como pude, una de mis maestras se llamaba Estela, daba las materias de Lengua y Literatura y Ciencias, una autentica MILF. No tenía un gran cuerpo, pero su actitud felina me volvía loco, medía 1.65 metros de altura y no tenía ninguna curva a simple vista, ya que era flaca y de pechos pequeños, siempre ocultando su cuerpo detrás de su guardapolvo blanco.

    Después de egresado, volví años después al colegio, con motivo de cumplirse 50 años de su creación. Llegué al colegio con la ceremonia ya comenzada, estaba ingresando la Bandera de Ceremonias y comencé a buscar con mi mirada a mi antigua maestra Estela, sin suerte lamentablemente. Pensé tal vez que ya se había jubilado o habría pedido el traslado a otro colegio.

    Ya para ese entonces yo estaba saliendo de mi adolescencia, media 1.69 de altura y practicaba deportes, por lo que mi cuerpo estaba desarrollado, en ese entonces tenía el pelo castaño oscuro y mis ojos siempre fueron de color miel.

    Terminado el acto escolar, saludé a algunos de mis antiguos compañeros de colegio y a las autoridades y estaba por irme cuando decidí pasar por el salón donde había pasado 7 años de mi infancia, entro al salón y me senté exactamente donde me sentaba siempre, tercera fila, ultimo asiento, justo al fondo del salón.

    Me quede unos minutos en silencio recordando todas las travesuras y buenos momentos pasados en ese salón y de pronto la puerta se abre y entra ella, Estela, estaba como la última vez que la había visto, solo que no estaba con su clásico guardapolvo blanco, llevaba puesto un hermoso vestido sastre de color crema y un pañuelo rojo al cuello.

    Nuestras miradas se cruzaron y tardo unos minutos hasta que recordó mi nombre.

    -¿Daniel? ¡Qué bueno verte, después de tanto tiempo!

    Yo me levanté y fui a darle la mano, pero ella me abrazo y me miro directo a los ojos, tocando mis hombros y mis brazos.

    -Que grande que estas -y me pregunta- ¿Cuánto tiempo paso desde la última vez que nos vimos?

    -Hace 5 años que no nos vemos señorita Estela, ya terminé la secundaria y el año próximo comienzo la Universidad.

    -Por favor, llámame solo Estela, ya no soy más tu maestra lamentablemente.

    -Gracias Estela, realmente la aprecio mucho, tengo muy buenos recuerdos de usted.

    -Qué bueno Daniel, me alegro mucho y ¿Qué piensas seguir estudiando?

    -Administración de Empresas.

    -Justo lo que estudio mi hijo, se recibió hace dos años y se fue a trabajar a Chile, en lo que pueda ayudarte estoy a tu disposición- al decirme esto me miró fijamente y sentí que su mirada me estaba sacando una radiografía – Tengo muchos libros de mi hijo en mi casa que quedaron, cuando quieras podés ir por ellos, te los regalo.

    -Muchas gracias Estela, lo tendré en cuenta, muy amable.

    Nos cambiamos nuestros números teléfono personal, en esa época los celulares aun no existían.

    Nos dimos dos besos y sentí como me abrazaba fuerte contra su cuerpo, podía sentir su perfume y despertaron en mi las ganas de besar su cuello y decirle al oído todas las veces que había tenido fantasías con ella y que me despertaba a la madrugada duro como una piedra y mi única solución era tocarme hasta llegar al orgasmo repitiendo para mis adentros su nombre una y otra vez.

    Deje pasar una semana y llame a Estela por teléfono, una tarde calurosa y pesada de verano, típica de Buenos Aires en febrero.

    -Hola, ¿Estela?

    -Sí, ella habla ¿Quién es?

    -Soy Daniel, ¿Cómo estas Estela? Quería saber si hoy podía pasar a ver los libros que me dijo y de llevarme algunos, si es tan amable.

    -Qué alegría que me llamaste Daniel, claro que podes pasar a buscarlos, estoy sola en casa todo el día, anota que te paso mi dirección.

    Anoté su dirección y me fui a tomar el colectivo para llegar a su casa. Después de hacer un par de combinaciones y casi una hora de viaje, llegue a destino. Era un lindo chalet, por la zona Oeste de Buenos Aires. Toque el timbre y después de unos minutos que me resultaron eternos, veo salir a Estela.

    -Hola Daniel, que bueno que pudiste venir. ¿Llegaste bien? Pasa que hace mucho calor

    -Gracias Estela, llegue bien, por suerte tenía la guía Lumi (Jóvenes de mi edad, seguro la recuerdan).

    Al dejarme pasar, la deje ir adelante a Estela y yo la seguía de cerca, lo que me permitió admirar su cuerpo, esa tarde se había puesto unas bermudas ajustadas, que marcaban muy discretamente su cola y tenía puesto una camisa blanca de tela muy fina, que dejaba ver sutilmente su ropa interior.

    Al entrar en la casa, era un amplio chalet de dos plantas, parte de sus paredes forradas con madera, muy hermoso.

    Apenas cerró la puerta, me dio un abrazo y un beso que sentí muy cerca de mis labios.

    -Sentate Daniel, bienvenido a mi casa.

    -Muchas gracias Estela, te felicito, tenés una hermosa casa.

    Estuvimos charlando un rato largo, acompañados por un rico café, una pregunta fue llevando a la otra hasta que llegamos a preguntarnos por nuestras vidas sentimentales.

    -¿Estas saliendo con alguien o estas solo? Yo a tu edad ya estaba de novia con el que fuera mi marido durante 27 años, falleció hace un par de años ya el pobre.

    -Oh- le respondí yo- Lo lamento mucho Estela, mi más sentido pésame. Yo estoy solo, he tenido algo con una compañera de secundaria pero nada serio, quiero concentrarme en mi carrera y con el tiempo ver de encontrar a una mujer especial para mi vida.

    -¿Especial? En qué sentido Dany?- Ya comenzábamos a tener más confianza

    -Especial en el sentido que me gustaría que sea sincera sobre todas las cosas, romántica y muy apasionada, que la mire y sueñe con ella, que sea un poco atrevida, en el sentido a que si quiere algo, no lo pida, que directamente lo haga.

    Se quedó un largo rato mirándome, sentí un pequeño suspiro en su respiración y me dijo

    -Creo que será difícil encontrar lo que buscas, más en chicas de tu edad, tal vez deberías pensar en alguien más madura, con mayor experiencia – Dijo esto llevando la taza de café a sus labios y mirándome con esa mirada felina que recordaba cuando yo era su alumno y ella mí maestra.

    Nos quedamos en silencio mirándonos un largo tiempo, hasta que un relámpago se escuchó a lo lejos. Típica tormenta de verano de Buenos Aires, donde en 30 minutos llueve lo que no se llueve en 6 meses.

    -Subamos al cuarto de Leo, a buscar sus cosas, antes que se largue a llover y no puedas irte.

    Subimos por una escalera caracol y yo no le quitaba la vista de su cintura y cola, como se movía de un lado a otro a medida que subía la escalera, cuando estamos subiendo el último tramo de la escalera, me di cuenta que justo había un espejo y ella podía verme. Al darse cuenta Estela que la estaba mirando, comenzó a mover aún más sus caderas, se notaba que le gustaba provocar.

    Al llegar a la habitación de Leo, comenzó a llover intensamente y luego de unos minutos la luz comenzó a parpadear hasta que se cortó, quedando toda la casa a oscuras.

    -En algún lado debe de haber una linterna por aquí -dijo Estela

    Me ofrecí a ayudarla y entre los dos fuimos tanteando casi a ciegas la habitación de su hijo, en un momento siento las manos de Estela rozando las mías, me abraza y me dice al oído.

    -Siempre me dieron mucho miedo las tormentas, no me dejes sola por favor.

    -No te preocupes Estela, no me voy hasta que pare de llover o regrese la luz.

    -Gracias, muchas gracias querido ¿Te quedarías toda la noche si fuera necesario conmigo?

    -Claro que si Estela, no me iría a ningún lado.

    -Ah… Daniel, SOS un amor- Y me dio un beso muy pequeño y rápido en mis labios

    Yo no sabía que hacer en ese momento, me había agarrado totalmente desprevenido, ella al darse cuenta de mi sorpresa, me dice:

    -Perdona Daniel, fue un acto reflejo.

    -No me importa Estela, podes hacerlo todas las veces que quieras.

    -¿En serio lo decís? Te llevo un par de años, podría ser tu madre.

    -Podría, pero no lo es Estela, debo confesarte que fuiste durante mi adolescencia, objeto de veneración por parte mía.

    Ella comenzó a reírse.

    -Me imagino que tipo de veneración jajaja.

    La abracé y le di yo ahora un beso, que fue recibido con timidez al principio y después con más pasión.

    Estela abrió levemente sus labios y nuestras lenguas al fin se encontraron, la lluvia mientras tanto se había vuelto un temporal, pero a nosotros ya no nos importaba nada. Nos besamos más apasionadamente y sus manos recorrían mi espalda, busque su cuello y lo bese, con besos pequeños, suaves, dulces y calientes y de su boca pude sentir sus leves primeros gemidos.

    La tenía apoyada contra la pared del cuarto, todo mi cuerpo pegado al de ella y mi erección ya era más que evidente, ella al sentirme, se pegó aún más a mi cuerpo y su mano fue bajando por mi pecho, hasta la hebilla de mi pantalón.

    -¿Te ayudo Estela?

    -No bebe, no hace falta, aún recuerdo cómo hacerlo jajaja.

    Sus hermosas manos desabrocharon mi cinturón y después mis pantalones que cayeron al piso, solo quede con un bóxer de algodón blanco. Ella se alejó un poco de mí, y escuche como se quitaba la ropa, cada tanto un relámpago amigo, me dejaba ver su cuerpo.

    Cuando volvimos a estar juntos, los dos estábamos casi sin ropa, a mí solo me quedaban los bóxer y Estela la parte de abajo de su ropa interior.

    Esta vez nos besamos con más pasión, ya las manos de cada uno se movían libremente sobre el cuerpo del otro, busqué sus pechos, eran medianos, pero coronados con unos pezones pequeños y duros, me fui agachando hasta besarlos, cada uno de sus pechos me cabían en mi boca perfectamente

    -Te gustan bebe.

    -Me encantan Estela, me enloquecen…

    -Seguí entonces Bebe, son todos tuyos.

    Mientras seguía jugando con sus pechos y sus pezones en mi boca, sentí la mano de Estela, meterse entre mi piel y mi bóxer, atrapando en sus suaves manos mí pene

    -Bebe, que bien que estas- me dijo

    Creo con luz, Estela hubiera visto como mi cara se puso un poco colorada.

    Me agarro de la mano y me llevo a su cuarto, la ayude a prender un par de velas y quedamos iluminados por una hermosa luz amarillenta, muy sensual.

    -Al fin puedo verte mejor, no te das una idea de las ganas que te tenía bebe.

    -Y yo por vos Estela.

    -Entonces vamos a sacarnos las ganas bebe.

    Caímos sobre la cama, uno arriba del otro, ya sin ninguna ropa que nos moleste, abrazados y besándonos muy apasionadamente. Estela comenzó a besarme el cuello y fue bajando por mi cuerpo, beso mi tetilla, me mordió suavemente mirándome a los ojos, ya una mano había bajado hasta mi pene y su mano subía y bajaba muy despacio, dándome mucho placer. Siguió bajando con su boca por mi cuerpo hasta llegar a mi pene, beso la punta y abrió sus labios y lo atrapo con ellos, se lo fue metiendo en su boca muy lentamente, mientras me miraba a los ojos, yo no lo podía creer, lo que tanto tiempo había fantaseado, se estaba haciendo realidad. Se sacó todo mi pene de su boca y me dijo:

    -¿Te gusta bebe? Ahora que sos mayorcito te lo puedo hacer. ¿Queres que siga? Mira que no me gustan que acaben en mi boca.

    -Seguí por favor, no te voy a dar mi lechita aún. ¿Dónde te gustaría que te la de?

    -La quiero en mi cola o en mis tetas.

    -Te la doy donde vos quieras amor.

    Volvió a comerme, ahora con más intensidad, desde la punta hasta la base de mi pene, sentía como le llegaba al fondo de su garganta y eso me enloquecía. Se fue corriendo y paso una pierna por sobre mi cuerpo y quedamos en un perfecto 69. Su vagina estaba muy mojada, y para mi tenía el más rico de todos los perfumes, el perfume de una mujer en celo.

    Comencé a besarla, primero los bordes de su vagina, en círculos cada vez más cerrados, hasta que la punta de mi lengua penetro su vagina que se abrió como una flor, ella comenzó a mover sus caderas, de arriba abajo, lo cual me ayudaba a comerla mejor, en un momento dejo de comerme y me pidió que le meta un dedo, cosa que hice inmediatamente y comenzó a gemir cada vez más y más fuerte, la punta de mi lengua rozaba su clítoris y mi dedo entraba y salía cada vez más rápido.

    -Seguí así bebe, no pares, que te doy todo amor, ya, seguí…

    -Sí, dámelo amor, en mi boca, lo quiero todo en mi boca -le dije.

    -Mmmmm bebe, eso me enloquece ¿Lo quieres? ¿Seguro lo quieres?

    -Si amor, dámelo, dámelo ahora.

    Sentí como sus caderas se tensionaban y su mano apretaba la base de mi pene fuerte y comenzó a resoplar y gemir, era la mejor canción que podía escuchar, sentir como gozaba Estela y acababa en mi boca era mi éxtasis.

    Me pidió por favor que pare, o haría que tuviera otro orgasmo, ya que me confeso que era multi orgásmica.

    Nos abrazamos y nos dimos unos besos, mientras ella recobraba el aliento.

    -Tu turno Bebe, es hora que me des tu lechita.

    Se montó arriba mío y bajo su mano agarrando mi pene y guiándolo dentro suyo, primero se lo pasó por sus labios vaginales, lo humedeció con sus jugos y después se lo fue metiendo muy despacito, mirándome a los ojos. Yo sentía como su vagina se abría y me recibía, apretando mi pene dentro suyo. Una vez que estuve todo dentro de ella, se quedó inmóvil, mirándome y comenzó a contraer sus músculos. Juro que sentía como si se estuviera moviendo arriba mío, pero estaba completamente inmóvil.

    -No vayas a acabar Bebe aun, espera un rato más, quiero disfrutarte.

    -Si Estela, yo aguanto, pero no sé por cuánto tiempo más amor.

    Comenzó a moverse para adelante y para atrás y después en pequeños círculos, se levantaba y volvía a sentarse sobre mí, más y más rápido. Yo la sostenía de sus caderas y la ayudaba a moverse.

    -Ya amor, no aguanto más, me viene, me viene la lechita.

    -Aguanta bebe y acabamos juntos.

    Nuestros movimientos se coordinaron a la perfección, en cada movimiento de su pelvis, yo sentía como mi pene se introducía hasta el fondo de su vagina. Se inclinó sobre mí, me clavo las uñas en mis hombros y me mordió la boca, en ese momento llegamos al clímax.

    -Acabo amor, acabooo

    -Si Bebe, démela toda, toda adentro, quiero tu lechita bebé.

    Ya era tarde noche y la luz aún no había vuelto, había dejado de llover hace tiempo y quedaba esa pesadez y humedad en el ambiente aún.

    -¿Te querés quedar? Ya es tarde, te puedo preparar algo para cenar.

    -Me encantaría Estela, aviso en casa y me quedo.

    Continuará.

  • El calzoncito

    El calzoncito

    Era una noche bastante pesada después de un día asoleado de duro trabajo en el mar y otras tareas de la tarde así que me encaminé a mi casa feliz de buscar descanso,  jamás hubiera pensado que las cosas no iban a ser como planeado, pero puedo decir mucho mejor…

    Cuando llegué a la reja de mi casa escuché el ruido de metal de la reja de mi vecina de enfrente y me volteé, de ahí salía un joven y atrás aparecía ella, una mujer de pelo muy largo y ligeramente ondulado color blanco y gris como las nubes, una mujer entre 55 y 60 años muy flaca y atrayente que se dedicaba a ayudar a la gente con terapias de acupuntura, también sabía hacer masajes y tuve la fortuna de probar ambos tratamientos con ella, era frecuente y normal ver sus pacientes entrar y salir de su casa por su trabajo.

    Tenía unas manos de hada, además cuando me tocaba podía percibir claramente una especie de energía muy positiva y benéfica y al mismo tiempo también muy sexual, siempre me preguntaba que tan intenso podría ser hacer el amor con ella, además tengo que hacer una premisa:

    Mi nombre es Carlos D. Ward y soy de media edad, desde chavo siempre he tenido deseos sexuales y atracción hacia las mujeres mayores de 40 y hasta 60 años de edad, y de experiencia personal siempre me han resultado interesantes y valiosas como personas y como partner sexual, si son madres aún más; será por la generación y/o por haber crecido hijos en épocas duras quizá ya solteras sin apoyo de un marido;

    Sin divagar más y regresando a Jennifer, así se llamaba, no sabía yo mucho de su vida y a pesar de esto percibía en ella una mujer que sola podría hacer de todo, muy capaz, y tengo mucho intuito con esto: en mi trabajo tengo contacto social y psicológico con muchas personas diario y he desarrollado ciertas habilidades de entender muchas cosas de las personas de todas las edades:

    «Ciao Jenny, ¿cómo estás?», le grité del otro lado de la calle, «Bien, Carlos, todo bien» me contestó, así que cruzo la calle y me acerco, ella me presenta este joven de 30 años, de tez clara que trabaja como veterinario y pronto sube a su moto y se va, así que Jennifer me invita a entrar para enseñarme cómo ha evolucionado la construcción de sus cuartos destinados a la renta de turistas vacacioneros, se ve muy alegre y relajada y poco después me doy cuenta de que había estado tomando unas copas de vino tinto chileno, y que había otro vaso en el cuarto, siguiéndola en el tour me doy cuenta de que en la cama de huéspedes estaba puesto encima un calzoncito marrón que se camuflaba con la sábana del mismo color y solo lo noté después de una larga mirada… (mmmm pensé, algo habrá pasado aquí muy recién), y continuando persiguiéndola mientras ella me contaba los arreglos eléctricos y de plomería de la cocina me enseña el baño y, ya que ella misma me invitaba a mirar con atención el cuarto no pude evitar de ver el basurero chiquito bajo el lavabo, adentro había pedazos de papel, pero también un condón usado, ella no se dio cuenta de que miré ahí y cuando salimos del baño empecé a imaginar una escena muy erótica entre esta guapa mujer cabalgando encima de este joven en la cama y más cosas calientes que se me ocurrían en mi cabeza traviesa.

    De repente paró y se volteó hacia mí, me miró fijo en los ojos con una mirada muy alegre e interesada y me dice: «¿quieres una copa de vino?», le contesto: «nunca puedo decir que no a un hada dulce como tú, y menos si es vino tinto».

    Así me invitó a sentarme sobre el borde de la cama donde probablemente recién había hecho sexo con su visita anterior, y esto me ponía ya caliente, me metió vino en una copa y con tanta amabilidad me la ofreció, agarró la suya medio llena y brindamos, «a la alegría» me dice, y lo mismo le contestó con una sonrisa tenue y agradable.

    Tenía puesto un vestido largo floreal blanco con azul que la cubría todo el cuerpo, pero yo sabía que no traía puesto el calzoncito, y no podía evitar de pensar en esto todo el tiempo, por cuanto trataba yo de concentrarme en su charla mi cabeza perversa se tenía constantemente sintonizado sobre su calzoncito que seguía posado a un metro de mí, tal vez muy húmedo.

    Después de escuchar a su charla seguramente interesante que, pero no hacía tanto caso finalmente volteé a ver el calzoncito e inevitablemente ella se dio cuenta, la escuché suspirar de sorpresa y luego tratar de aligerar el escenario diciéndome: «ups, desde la mañana se me olvidó, descuida» me dice, y yo le contesto: «no debes de temer nada conmigo querida, relájate tal cual como has estado hasta ahora, la verdad es que la cosa solo me puede agradar… Por ambos» moviendo la cabeza hacia afuera en la calle refiriéndome al veterinario.

    ¡En esto entonces se para dándome una mirada congelante por varios segundos y me dice: «sabes… Sí, fue muy agradable, pero no fue suficiente para mis exigencias» y mientras extiende su mano hacia mi pierna y la hace escurrir más hacia mi short sin quitar su mirada congelante de mí, luego de meter ágilmente su mano fina y femenina adentro de mi calzón y agarrarme con tanta firmeza mi miembro, se acerca a mí y me besa en la boca, sus labios son suaves y frescos como una rosa recién floreada, y después me penetra la boca con una sorprendente lengua muy larga que llega casi hasta mi garganta, casi como si quisiera violarme!

    Ella saca un suspiro, pero esta vez de placer y muy profundo, me empuja el busto para acostarme boca arriba en la cama y me dice: «lo que piensas es cierto, no traigo calzoncito, y la verdad no me gustan los condones, me acaban de venir adentro y mi vagina está muy cremosa y lubricada, pruébala mi chiquito» y así diciéndome levanta su vestido, se sienta sobre mi cara y, como una umbrela sobre mí, se iba cerrando la falda, en mi trabajo he visto algo parecido cuando un pulpo de noche anda atacando su presa con su pico mortífero que está justo entre sus tentáculos que se abren como una manta y aterrizan sobre la roca para que la víctima no tenga donde escaparse… Este era yo, la presa de un depredador formidable y mortal!

    Me estaba tragando su líquido vaginal mezclado al semen del veterinario, ya había chupado una vagina llena de mi semen anteriormente y estaba muy rico, igual que ahora, pero lo más emocionante era escuchar sus gemidos de gozo que me cargaban de energía para continuar chupándosela y lamiéndosela interminablemente, a veces apretaba las piernas como si fuera una prensa aplastándome el cráneo, y esto me gustaba porque sabía que estaba en su clímax, «no pares chiquitín, no pares, chúpala» me gritaba, «ah, ah», sus gemidos aumentaban de volumen y me cargaban de excitación hasta que de repente me agarró fuertemente la greña y apretó fuertísimo sus piernas y empecé a sentir un río de squirt escurrir en mi boca como una fuente, era dulcísima y abundante, la estaba tragando más que podía con gusto, pero era demasiada y deje que saliera de mi boca.

    Ella se levanta y finalmente pude respirar oxígeno, estaba muy asfixiado antes, ella me mira con una cara de sorpresa y felicidad y me dice: «qué intenso, mi chiquitín… Perdóname, pero todavía no estoy satisfecha al cien», esta mujer era insaciable y me sorprendió mucho porque después de los 50 años de edad muchas mujeres pierden la libido y ella parecía tener más hormonas de una jovencita en edad de pubertad!

    Me agarra el short y me lo arranca como si fuera de papel, mi miembro obviamente ya estaba enorme y bien hinchado, «uhh que cosotota que tienes aquí, me la prestas un rato? Eh», me dice con una sonrisa que iba de oreja a oreja, «tómala toda querida hermosa» le digo, «disfrútala toda la noche si quieres, siempre que no me hagas venir estará parada para tu placer».

    Jennifer se quita el vestido y muestra sus pequeños senos con unas areolas bien amplias y, excitada como estaba, los pezones parecían dos cohetes picudos que deseaba tener en mi boca en este instante, pero no fue así, ella empieza a tocarme el pene pelándolo todo y metiendo mi cabezota en su boca con una cara que mostraba mucha hambre, cosa que me alimentaba aún más excitación, mientras con la otra mano me empezó a manosear los testículos metiendo los dedos entre ellos y también apretándolos, cosa que me causó mucho placer «síguele mi hermosa, síguele por favor» le digo:

    Su boca se abre grande y saca momentáneamente la lengua y luego veo que mi big bambú desaparece en ella siempre más, Jennifer se lo estaba metiendo hasta la garganta, solo verlo me estaba llenando de placer sin mencionar la sensación de escurrir en su garganta al parecer tan experimentada, «ohi si cariño esto es increíble», sus habilidades eran inesperadamente únicas, debido al tamaño jamás había logrado ninguna mujer meterse todo mi miembro en su boca por completo, ella lo hizo sin ningún esfuerzo y entonces veo que topa con sus labios en mi pubis y mis huevos, la visión era más extraordinaria de lo que había visto en escenas porno extremas por internet, casi me vengo, ella siente que mi glande se está hinchando más en su garganta y lo saca rápidamente diciéndome «no te vengas Carlos todavía, tenemos que disfrutar más…».

    La noche fue bastante larga y rica de placer intenso, después de cabalgarme como un caballo y dejarse penetrar en varias posiciones finalmente volvió a chupármela y me vine en su garganta y en su boca, le gustaba tanto mi esperma que me exprimió el pene hasta sacar la última gota en su boca y después me dio un rico y largo beso cremoso y pasional compartiéndome parte de mi semen y continuando a besarme con sus labios suaves y carnosos.

    Finalmente nos acostamos y dormimos alagados de tanto placer, yo con la cara hundida en su calzoncito, este responsable que soltó tanta lujuria inesperada…

  • Sensaciones sexuales (II)

    Sensaciones sexuales (II)

    Salí de la casa de Natalia, pensando aún qué era lo que había sucedido. No lograba entender pero aun lo disfrutaba.

    Era sólo caminar hasta la avenida para tomar el ómnibus, que con suerte, por ser sábado no tardaría en llegar y no vendría muy lleno. Mi pronóstico se cumplió, llegó en apenas dos minutos y cuando subí solamente tres personas estaban ocupando asientos muy separados. A medio pasillo, sobre el lado izquierdo estaba un muchacho joven, quien al verme puso cara de asombro. Cuando lo vi me pareció conocido pero no tenía la seguridad que así fuera así que lo ignoré y me senté en uno de los asientos del fondo. Luego de un poco más de media hora de viaje, me paré para tocar el timbre y descender del micro. El joven también se paró y se colocó detrás de mí. Por supuesto a una distancia prudente, de todos modos notaba que no paraba de sonreírme.

    Bajé del ómnibus y detrás mío el joven, el cual acelera su paso y me dice:

    – Hola Marisa! Imagino que no te acordás de mi. Soy Lauti.

    Ahí me cayeron todas las fichas. Era Lautaro, el sobrino ahijado de mi vecina. Como olvidar a una persona con ese nombre. Cuando éramos chicos los fines de semana nos veíamos, ya que nos gustaba jugar en la terraza del edificio donde vivíamos. De adolescente se fue a vivir al sur, así que creí que nunca más lo volvería a ver, pero me equivoqué. Y él tampoco había olvidado momentos de nuestra niñez.

    – Lauti, no sabía que habías vuelto, te hacía viviendo en Río Gallegos.

    – Sí, pero me acabo de anotar en la facultad de Ingeniería así que me vengo a vivir de mi tía madrina por unos años. Nos volveremos a ver y si tenés ganas podemos volver a jugar en la terraza.

    – Ya no juego, pero sí me gusta tomar sol y tomar mates. Sí querés esta tarde nos podemos juntar y tendremos mucho para hablar ¿te parece?

    Todavía no me había recuperado de las sensaciones vividas en casa de Natalia, y acabo de invitar a un viejo amigo a que tomemos sol juntos. No terminaba de entenderme a mí misma.

    A las cuatro de la tarde tenía todo preparado y me dirigí a la terraza. Decidí ir por la escalera, pensando en cada escalón que subía si era correcto o no lo que había hecho. Llegué y al abrir la puerta lo vi a Lauti, ya con las dos reposeras preparadas y una sombrilla en el lugar justo. Le di las gracias por tener todo preparado, me senté semi acostada en una de esas reposeras y le confesé que estaba con un poco de sueño por haber dormido en otra cama que no era la mía. Por supuesto que no di mas detalles que eso.

    – No te preocupes me dijo. Puedo ayudarte a estar descansada.

    Al instante tomó uno de mis pies y comenzó a hacer un masaje suave. Era una sensación hermosa. Generalmente siento cosquillas en esa zona, pero esta vez lo hacía tan bien que lo estaba disfrutando mucho. Movía mis dedos y acariciaba mi empeine y la planta de mi pie. Primero con uno y luego con el otro. Me preguntó si estaba bien y le dije que sí, que hiciera lo que tenía que hacer.

    Tal vez no tendría que haberme apurado a decir eso, ya que se lo tomó literal y sin pedir permiso comenzó con los masajes por mis piernas.

    – Son masajes linfáticos. Hace que la sangre suba con mas facilidad por las venas.

    Sólo me quedaba creerle, yo estaba disfrutando y los detalles técnicos realmente no me importaban.

    Sin darme cuenta estaba en la parte superior de mis muslos. Muy cerca del short que traía puesto todavía.

    – ¿Te gusta tomar sol con short y remera? Creo que lo mejor es que te lo saques, así no te quedan marcas.

    Era verdad lo que decía, pero no podía confesarle que me había hipnotizado con sus masajes. Con lo que con una sonrisa me quité la remera y dejé a la vista el corpiño de la bikini. Muy poco sutil un rosa fluor que se veía a la distancia. Me aseguré de que nada se haya escapado de su lugar y que cumpliera la función por la que me lo puse. Una vez que estuve tranquila con el corpiño decidí quitarme el short. Era mas difícil porque estaba sentada, así que con un movimiento poco ágil, levanté la cola y me bajé el short. Todo en orden. La bombachita negra estaba en su lugar y era el centro de la mirada de Lauti.

    – ¿Ahora si? ¿y vos, tomás sol con remera?

    Sonrió y se la quitó. ¡Wow! no era el Lauti flaquito que había conocido. El tiempo que había pasado en Rio Gallegos lo había dedicado a un gimnasio o al menos habría hecho actividades deportivas en algún lugar porque tenía muy marcados los músculos de su abdomen. Quedé con cara de asombro, que para no ser tan obvia, decidí cambiarla rápidamente.

    – Marisa, sería bueno usar protección!

    Puse cara de asombro

    – Al protector solar me refiero.- dijo eso y al instante esbozó una sonrisa al tiempo que de su bolso sacaba un pote de protector solar y decía con voz vergonzosa: si querés yo te paso la crema.

    Le agradecí y le dije que yo tenía el mío así que me lo empecé a pasar sola mientras él hacía lo mismo sobre su cuerpo. Era complicado pasármelo y disfrutar como acariciaba su cuerpo. Me imaginaba que era yo quien se lo pasaba.

    Nos pusimos a tomar sol, compartir mates y a charlar acerca de como funcionaba la universidad, los tiempos, etc. etc.

    Pasados unos quince o veinte minutos decidí darme vuelta y ponerme boca abajo. Lo hice, corrí mi pelo mencionando que lo hacía para que mi bronceado sea lo mas parejo posible. A lo que él mencionó que las tiras de la bikini iban a dejar una marca en mi piel. Lo sabía pero no estaba segura si desatarlos o no. Me sentía segura con Lautaro, siempre fue un caballero con todas las letras, así que la desate y corrí las tiras para el costado. Estaba consciente que podía tomar sol así, pero que no debía moverme para nada o mis pechos estarían expuestos.

    Seguimos hablando acerca de nuestras carreras universitarias, al tiempo que él tomó el protector solar y dijo que lo mejor era que estuviera parejo por toda la espalda, así que una vez mas sin permiso me desparramó la crema y al tiempo que me encremaba me acariciaba la espalda. Era una sensación muy rica y me llenaba de morbo porque imaginaba cosas muy sexuales con Lauti.

    Cuando ya estaba en la parte baja de la espalda le dije: ¡gracias! ahora puedo seguir yo. Así que sin prisa y sin pausa volqué un poco de crema en cada cachete de mi cola y empecé a desparramarla haciendo círculos. A propósito lo hacía lento y concentrada en que se abriera la rayita lo máximo que se podía. Miraba sus ojos que estaban como un rayo láser clavados en mis nalguitas.

    – Lauti ¡Se terminó!

    Él me miró asombrado y confundido.

    – No hay mas agua caliente. ¿Podés ir de tu tía y traer mas?

    – ¿algo más señorita?- preguntó irónico al momento que sonreía y agarraba el termo para recargarlo.

    Con prisa se dirigió al ascensor para buscar el agua caliente al tiempo que yo me ataba otra vez el corpiño de la bikini y me paraba para mirar el horizonte desde el borde de la terraza. No era un edificio muy alto, apenas 6 pisos, pero en el barrio era uno de los mas altos ya que no había muchos, y la mayoría eran casas mas bien sencillas.

    Mi corazón empezó a acelerarse al ver lo que vi. A solo dos casas estaba abierta la ventana de lo que sería el dormitorio de una chica. Ella estaba totalmente desnuda a punto de ponerse su traje de baño. No se veía mucho, solo una cola bien redondita y como tenía la luz de esa habitación encendida se veía con absoluta claridad. Primero lo de Naty, luego los masajes de Lauti, y ahora mi vecina desnuda. Mi corazón no paraba de latir acelerado y mi mente imaginaba cosas que es imposible de describir. Algo estaba pasando en mi.

    Decidí que lo mejor era no mirar mas, ya que corría riesgo de excitarme y que se note, o en mi cara o en la bombacha de mi bikini. Lo mejor sería volver a la reposera y seguir pensando en los exámenes de comienzo de ciclo.

    Puse algo de música en mi teléfono como para darle alegría a la tarde y a los pocos minutos volvió Lauti, termo en mano y con una sonrisa muy pícara.

    – ¿qué pasa que estamos tan sonrientes?- le pregunté de forma irónica, imaginando que evadiría la pregunta de alguna manera.

    – Nada, me demoré un poco mas porque una amiga de Rio Gallegos me mandó un whatsapp diciéndome cosas …

    – ¡Ah! una “amiga” diciéndote “cosas” … Sr. Lautaro, cuente mas detalles por favor

    Creí, una vez mas, que se llamaría a silencio, pero para mi sorpresa me contó detalles que me dejaron con la boca abierta.

    Se trataba de Vanesa, una chica que había cursado la secundaria con él y que había hecho muy buena amistad. ¿Hasta qué nivel? Hasta el nivel de ser amigos con derechos. Yo no podía creer (o sí) que me contara tal nivel de detalles.

    Una chica, según Lauti, muy bonita pero a la vez muy tímida. Tan tímida que el único amigo varón era Lauti. Había logrado ese nivel de confianza en una fiesta que hicieron en el secundario, donde se hizo un juego y perdieron los dos. Como prenda tenían que ir a un lugar oscuro y besarse. En ese momento me dí cuenta que la única que tomaba mates era yo porque Lautaro no paraba de contar la historia de Vanesa.

    Según relató, no se habían ido muy lejos y por sugerencia de él, solo iba a ser un cachete con cachete por si alguien los espiaba pero que él respetaría su decisión. Vanesa muy feliz por esta propuesta. Así lo hicieron y pasaron la prenda satisfactoriamente.

    A los pocos días, siguió relatando Lauti, Vanesa apareció en su casa y le dijo: tengo que ver algo muy importante con vos. Y pegado a esa frase su boca se unió con la de Lauti en un beso verdadero. Un pico bastante largo y apretado. Él me confesó que no salía de su asombro al tiempo que ella le pidió que no lo contara a nadie y que si él estaba de acuerdo serían amigos con derecho. Lauty estuvo de acuerdo y según me contaba, es al día de hoy que guardan ese secreto.

    Como todo amigo con derecho empezaron los cruces de mensajes de whatsapp y de Instagram.

    Yo no sabía qué responder. Me estaba imaginando cosas y mi cuerpo acompañaba esa imaginación.

    Decidí decir que ya era tiempo de suspender el picnic de terraza, que tenía cosas que hacer en mi casa y que en otro momento me iba a seguir contando.

    Lauty estuvo de acuerdo, se ofreció ayudarme a bajar mis cosas pero antes, me pidió mi número de teléfono así estábamos conectados también por whatsapp. Por supuesto no podía decir que no, pero me imaginaba todo lo que vendría…

    Continuará…

  • Una tarde de sexo con mi prima

    Una tarde de sexo con mi prima

    Todo pasó una tarde que yo iba paseando por la calle, cuando de pronto me adentré en una callejuela donde había unas tiendas de ropa.

    Al ir caminando durante un rato pude ver a una de mis primas que se iba acercando hacia mí, ella también estaba mirando los escaparates de las tiendas que se iba encontrando al paso.

    Cuando de pronto nos encontramos en plena acera, nos saludamos durante un rato y me cogió de la mano para que la acompañase al interior de una bisutería donde también vendían ropa, escogió unas blusas y un pantalón.

    Me llevó hasta el probador y me dijo que entrase con ella para que la fuese aconsejando si la quedaba bien o tenía que coger una o dos tallas más o menos, mi prima comenzó a quitarse la parte de arriba y yo desvíe la mirada hacia otro lado para no mirar la parte interior de su cuerpo, mi prima me dijo que si me daba vergüenza mirarla cuando ella se estaba cambiando; yo por respeto a ella la dije que sí y me respondió que no pasa nada porque la mirase, que todo quedaba en familia.

    Pues la hice caso y miré como si lo estuviera haciendo toda la vida, ella me cogió las manos y las puso sobre sus pechos, y que pechos tenía mi prima, no eran pequeños la verdad, digamos que mis manos por mucho que quisieran caber aún sobraban por los alrededores de mis manos.

    Ella ni corta ni perezosa bajó su mano hasta la cremallera de mi pantalón y notó que mi paquete estaba un poco abultado y que en cuestión de pocos minutos sé podría poner más duro de lo que estaba cuando ella comenzó a tocarme, de pronto metió su mano debajo de mi calzoncillo y siguió manoseándome mi parte intima, seguidamente me bajó el pantalón y el calzoncillo hasta el suelo y comenzó a masturbarme hasta que se empinase y se me pusiera más duro aún.

    Segundos después con mi pene bien erecto y duro lo introdujo en su boca y comenzó a chupármela como si de un buen helado sé tratase, yo no dejaba de jadear de placer al ver como mi prima me hacía tan feliz en ese momento, saqué mi pene de su boca y la puse a cuatro patas encima de la tapadera del inodoro e introduje mi duro rabo por su mojada y rosada vagina hasta que sintiera todo mi ser dentro de ella.

    Así, así me decía ella, jadeando y gozando como mis huevos chocaban una y otra vez su entrepierna, yo con mis manos en sus pechos y sintiendo como botaban contra la pared del meneo que la estaba dando en ese momento.

    Su precioso y abultado trasero me hacía mucho más fácil el agarrarla por la cintura y de vez en cuando abrirla el culo para que mi pene entrase y saliese con más facilidad de su concha semi peluda, ya pasado un buen rato después y casi a punto de echar toda mi leche dentro de ella saqué mi pene y comencé a correrme sobre sus gordas y grandes tetas.

    Cogí mi polla y la puse entre sus pechos para que ella me hiciera una buena cubana y así poder terminar de echar toda mi corrida sobre su cuerpo, pero no fue el único lugar donde me corrí, ella agarró mi pene y lo volvió a meter en su boca para terminar la chorreante corrida en su garganta y poder ver yo como se tragaba todo el semen que mis testículos habían expulsado a través de mi mojado capullo.

    Terminada la faena empezamos a vestirnos, cada uno cogimos nuestra ropa y como si allí no hubiera pasado nada, pero los dos sabíamos que esa tarde allí si había pasado de todo y ninguno de los dos estábamos arrepentidos de lo que había pasado entre nosotros porque sabíamos que tarde o temprano se volvería a repetir en algún otro lugar.

    Yo con toda mi ropa puesta y ya vestido ayudé a mi prima a terminar de que sé vistiera y así salir los dos del baño de la tienda donde habíamos pasado una preciosa y tórrida tarde de sexo y desenfreno a tope.

    Fin.

  • Una sesión de fotografía

    Una sesión de fotografía

    A Pedro y a mí nos gusta jugar a ser modelo y fotógrafo de vez en cuando. A veces usamos esas fotos para hacer folletos de fotos a través de la PC. A veces publicamos las fotos a través de las redes sociales. Eso hace que todo sea aún más emocionante, por supuesto.

    Así que hay algunas personas que entran en contacto conmigo totalmente desnuda en numerosas poses provocativas.

    Siempre tenemos las plantillas para ajustes manuales. Este proceso es un poco complicado pero los colores son mucho más bonitos y… estamos convencidos de que algunas personas hacen uso de mis fotos quizás para fantasearse durante la noche.

    Como no somos muy expertos en el revelado de las fotos, acudimos a un fotógrafo profesional para que las revele e imprima de una manera experta.

    Mi esposo, Pedro, anda en moto. El domingo por la mañana fue a casa de Carlos. A menudo es saber cuándo volverá. A veces, también yo ando en moto. Pero últimamente prefiero quedarme en casa con más frecuencia. No siempre me gusta cuando él aparece muy tarde.

    Un domingo de mayo, yo todavía estaba en la cama, mientras él ya se estaba poniendo el equipo de moto. Me aseguró que volviera a casa inmediatamente después del viaje. Le dije que, como modelo, me gustaría instalar el estudio fotográfico en la sala de estar. Inmediatamente se emocioné bastante y me prometí que volvería a casa inmediatamente después del viaje, incluso sin salir a tomar una copa primero. No sin antes despedirse de Carlos, por supuesto. Pero luego el material fotográfico tenía que estar listo y la modelo debía lucir un outfit muy sorprendente.

    Peter me comunicó que le interesaba hablar algunas palabras con Carlos, pero que no se iba a demorar mucho tiempo con él. Me dijo que estado pensando en poner en práctica en casa una fantasía se había desarrollado en su cabeza.

    Cuando regresó del viaje, me dijo que acordó con Carlos para que estuviese en casa en horas de la tarde. Me dijo que tomaríamos algunas copas, como en tantas otras oportunidades.

    «Le podremos mostrar las fotos que tomamos a principios de esta semana. Carlos pensó que era una gran idea, y una alternativa a la bebida.» Continuó: «Quizás podría presenciar alguna sesión de fotografías, tú te desnudarías hasta quedar con tu ropa interior más sexy para sorprendernos.»

    Llegó la tarde y Pedro fue a recibir a Carlos a la puerta. Caminamos en silencio por el pasillo hasta la sala y de inmediato se sorprendieron al verme muy ligera de ropa. Saludé a Carlos con un fuerte:

    «¡Hola!», seguido de un grito incomprensible.

    Inmediatamente corrí al baño en estado de shock.

    Llevaba una camisola negra translúcida corta. Debajo de una tanga negra que también era completamente transparente en el frente, un par de medias negras que se sujetaban solas y botas de cuero negras hasta la rodilla. Durante «Hola» había levantado los brazos en una ofrenda y torcido la cadera hacia un lado desafiante. En un instante habían visto el contorno de mis pezones de color rosa oscuro. En las bragas transparentes, pudieron ver claramente mi pasarela. Además, generalmente me afeito completamente. Caminó hacia el baño, Carlos y mi esposo también pudieron admirar mis hermosas nalgas desnudas.

    Carlos quedó solo en la sala por un rato y Pedro me siguió al baño.

    “Cariño, lo siento, realmente no esperaba esto”, trató de calmarme. Yo estaba de pie.

    Lo miré con incredulidad.

    «¡Qué pensará Carlos de mí!».

    “Valos… Carlos te miraba con admiración.”

    “Estará pensar que lo teníamos planeando, con todo ese material fotográfico en la sala de estar”

    “Cariño, todo el mundo tiene sus entretenimientos… Él sabe que regularmente hacemos sesiones de fotografía. Ve a ponerte la bata y a tomar una copa con nosotros.»

    Pedro regresó sonriendo a la sala de estar y se disculpé con Carlos. Yo me unió a ellos y también me disculpé. Carlos, por supuesto, pensó que no había absolutamente nada que disculpar y bromeó diciendo que quería ser recibido de esta manera siempre y en todas partes. Y yo creí eso.

    Mientras tanto, yo todavía estaba de mal humor en el asiento. Pedro me sirvió un gin-tonic con frambuesas congeladas y le dio a Carlos un té helado.

    Carlos tomó un gran trago. Por supuesto, la sed después del viaje y la emoción inesperada después de ser recibido aquí… Tomé mi gin y me senté con ellos.

    “Lo siento amigo”, comenzó diciendo Pedro, “lo siento cariño… Bueno… Carlos lo habrá olvidado muy rápido y probablemente se quedará callado al respecto”.

    “Estoy feliz de prometer lo segundo”, bromeó, “pero si lo olvidaré pronto, aún no lo sé. Al contrario, creo que dentro de 20 años todavía recordaré esa bienvenida celestial”.

    Yo ya podía reírme un poco al respecto.

    «Es todo su culpa», le espeté a Pedro.

    «Pero cariño, errar es de humanos y esto no es tan malo, ¿verdad?»

    Me sirvió otra copa. Mi mente se calmó gradualmente.

    «Carlos, a veces juegas, ¿no?» Le preguntó a quemarropa.

    «Sí, pero no tan a menudo. Los envidio.» Respondió con un poco de risa.

    Mi marido dijo que regularmente jugábamos al juego de fotógrafo y modelo, que nos excitaba increíblemente y que siempre terminaba con un buen acto sexual. Yo claramente me había recuperado un poco porque ahora también me uní a la conversación.

    “A veces hacemos folletos de las fotos y las publicamos en algunas redes sociales. Lo encontramos excitante”, dije con un guiño travieso. “La idea es que otros también vean esas fotos”.

    “Eso es bastante exhibicionista”, comentó Carlos.

    “Sí, comparto lo que dices”, respondí. “Pero realmente nos produce mucha excitación.”

    Así que hablamos y bebimos un rato. Cuando yo estaba en mi tercer vaso, me di cuenta de que Pedro tenía un plan y estaba por dar el siguiente paso. Se aclaró la garganta, trató de reprimir su emoción y tiró la piedra al charco para ver que ruido hacía.

    «Está bien, cariño, ¿estás lista para la sesión?»

    Lo miré con incredulidad.

    «¿Qué quieres decir ? No puedo posar frente a Carlos, no está bien».

    Carlos ahora también me miró con incredulidad, pero dijo con una sonrisa:

    «Bueno, si ésa es la idea de ustedes, yo no me opongo».

    “Mira cariño”, continué, “si te resulta súper emocionante que otros hombres te vean desnuda en nuestras fotos. ¿Por qué no puede haber alguien allí cuando se toman esas fotos?».

    «Sí, pero… pero… ¡Carlos es un buen amigo nuestro!»

    “Es por eso que… Lo hace aún más emocionante y al mismo tiempo es completamente confiable”, dijo Pedro.

    Pensé por un momento, luego de repente me puse de pie y dije:

    «Está bien, pero hasta las bragas y nada, nada, nada más».

    Con mucho gusto accedieron a eso.

    Me quité la bata y volví a pararme frente a ellos con mi lencería negra. Me estiré en la silla, con las piernas ligeramente cruzadas, una mano sobre mi montículo de venus y un brazo sobre mis pechos, todavía envueltos en mi blusa.

    «Pueden empezar a fotografiar» Dije.

    Pedro tomó algunas fotos en esa pose, luego se acercó a mí y apartó mi brazo de mis senos. Sonreí pero me sonrojé al mismo tiempo. Miré subrepticia y maliciosamente a Carlos, que lo admiraba todo desde su silla, vaso en mano.

    Mis pezones de color rosa oscuro eran claramente visibles bajo el material transparente negro. Mi excitación se mostró en la rigidez de mis botones.

    Tomó algunas fotos más y después de un rato me pidió que me subiera la camisola justo debajo de los senos. Un disparo después, un seno ya estaba expuesto. El pezón se erguía con orgullo y se destacaba maravillosamente contra mi piel blanca.

    Pude notar que la mano de Carlos se movió hacia sus pantalones de moto. Ya había olvidado su vaso. Todavía un poco tímida pero también excitada, miraba alternativamente a Pedro y a Carlos. Sentí cómo la excitación surgía por todo mi cuerpo.

    Entonces me desprendí la camisa por completo. Mis dos pechos estaban ahora abiertos y expuestos a Carlos y a mi esposo. Comencé a moverme sensualmente, y mientras me tomaba fotos, comencé a masajear mis senos por mi propia iniciativa. Tomó mis pezones entre el pulgar y el índice, los apretó y los lamí con la lengua. Mis ojos fueron de Pedro a Carlos y viceversa.

    También comencé a jadear suavemente… Una señal esperanzadora de más. Mi corazón latía en mi garganta. Estaba terriblemente excitada porque mi esposo me llevó frente a otro hombre. Yo apretaba mis pechos frente a sus ojos.

    «Está bien», dijo Pedro, «ahora…»

    Lo interrumpí.

    «No, dije que no me quitaré las bragas delante de Carlos».

    Mi respuesta lo decepcionó, pero perseveró de todos modos:

    “No quise pedirte eso bebé, solo quería que pusieras tu mano en tus bragas.»

    Hice lo que me pidió y comenzó a mover mis piernas aún más. Mi mano se movió de un lado a otro debajo de la tela transparente dentro y alrededor de mi coño. Ellos no podían ver los detalles, ni siquiera a través de la fina tela, debido a la posición en que se encontraban. Después de todo, ni Carlos desde su asiento ni Pedro detrás del dispositivo de fotos estaban colocados a los pies del sofá.

    Comenzó a moverme más y más intensamente. Justo en este momento Pedro tuvo que poner una nueva tarjeta SD en el dispositivo. Un excelente momento para mí. La pausa resultante rompió toda la atmósfera. Yo quería volver a ponerme la bata.

    «Espera un minuto, cariño, aún no ha terminado».

    «¿Cómo es eso? ¿Ya tienes suficientes fotos y te dije que no me quitaría las bragas?»

    “No, pero también podemos seguir así”, sugirió. “Mira, la tarjeta ya está ahí. Carlos, ¿no crees que podemos continuar por un tiempo?» Por supuesto que estuvo de acuerdo.

    Mientras tanto, probablemente para refrescarse, rápidamente mi esposo se serví un nuevo té helado. Me pidió, después de tomar otro gran sorbo de mi gin, que se arrodillara en el sofá. De cara al respaldo y el trasero hacia ellos.

    «Bien, ahora da un cuarto de vuelta».

    Hice lo que me pedía y así fue como volvieron a tener mis pechos a la vista mientras también podíamos disfrutar de la tanga y sobre todo de mis preciosas nalgas redondas.

    «Abre un poco las rodillas, ahora vuelve a meter la mano en las bragas y juega contigo misma».

    Veían como mis sus dedos aparecían entre mis nalgas y también, por mi posición, creo que podíamos ver algún trozo de mis labios vaginales de vez en cuando. Mi excitación ahora fue expresada por el movimiento de ida y vuelta de mi culo. Así es como hacía movimientos sensuales.

    Mi respiración se hacía más y más pesada. Carlos me miraba hipnotizado. Ya no le prestaba ninguna atención a Pedro y mantenía la mano en el pantalón.

    «Está bien, cariño, ahora baja tus bragas hasta la mitad de tus muslos».

    Yo había dicho firmemente que no lo haría, pero estaba muy emocionada en este momento, y pedro lo sabía muy bien…

    Continué tocándome a sí misma. Mi oposición se había ido. Y yaaa!! ¡Ni siquiera lo dudé! Con calma tiré de mis bragas por todo mi culo con una mano. Mi respiración ahora se volvió muy, muy pesada y ruidosa. Pedro no podía dejar pasar este momento. Quería fotografiarme de frente con las piernas bien abiertas y las rodillas en alto. La imagen que le ofrecía con mis medias y mis botas de zorra… quería ofrecérsela a Carlos con mi vagina empapada y mis labios vaginales abiertos.

    La voz de mi esposo se volvió más suave y ronca.

    “Vamos, cariño (la cámara se encendió), simplemente déjate caer en el asiento y quítate las bragas. Disfruta tu momento sin inhibiciones.”

    Yo claramente había traspasado algunos límites. Ahora estaba acostada en la silla, con las piernas abiertas y las rodillas levantadas. Todo mi coño mojado expuesto frente al lente de la cámara. Mis ojos vidriosos y mi boca abierta, moví mis dedos sobre mi clítoris y mis labios vaginales, masajeaba mis senos y pezones con la otra mano. Pedro seguía disparando y también me animaba.

    «Sí, excelente, muéstranos tu bonito coño mojado».

    Mi esposo le hizo señas a Carlos para que tomara el otro asiento más cercano a mí. Esto también le dio una mejor vista de mi sensual coño.

    En silencio, pero sin dudarlo, Carlos se apresuró al otro asiento. No puedo recordar hoy si incluso sacó su mano de sus calzoncillos en el proceso. Sus pantalones de moto llevaban mucho más tiempo colgando de sus tobillos. Veía todo de cerca. Cómo yo tocaba mi raja mojada y calva. Cómo movía los labios vaginales de mi coño con los dedos. Cómo mis dedos índice y medio penetraba aún más profundamente en mi coño.

    Las fotos pasaron volando. Estaba lista para otra tarjeta justo cuando tuve mi primer orgasmo. Estaba completamente avergonzada y jadeaba y gemía como poseída.

    Carlos seguía jugando con su polla en calzoncillos, pero suavemente. No pensé que se hubiera atrevido a masturbarse frente a nosotros.

    Pedro también estaba a punto de explotar, simplemente porque su esposa estaba completamente desnuda frente a él. Fue en ese momento que decidí llevar las cosas un paso más allá. Un paso que no sé si lo había planeado. Un paso demasiado lejos. Pero, ¿cómo podría este espectáculo terminar de manera diferente? Sin quererlo de antemano, mi esposo pronto me prestaría aquí a mi mejor amigo como un objeto sexual listo para usar. El impulso de hacerlo era mucho más grande que el sentido común. Yo seguía jadeando en el sofá.

    «Bueno, eso es todo, ¿lo disfrutaste?» pregunté en el tono ligeramente dominante a mi audiencia.

    “Absolutamente”, respondieron.

    Carlos se había quitado rápidamente la mano de los calzoncillos.

    «Está bien», dijo, «voy a vestirme ahora».

    «No, espera un minuto», dije Pedro. «Solo tomaremos algunas fotos más para terminar, solo por diversión».

    «¿Cómo? Ya has recibido 100 veces más de lo que acordamos”. Protesté.

    “Sí, pero quiero unas lindas fotos tuyas CON Carlos ahí…”

    Y quedó esperando la respuesta de Carlos y mía.

    «¿Qué es lo que quieres?» reí incrédula.

    «Dime, ¿tengo que quitarme la ropa aquí también?» Respondió Carlos también riendo incrédula y torpemente.

    «¿Y entonces por qué no tú?» entré indignada inmediatamente en la conversación. “¿Por qué sólo YO tengo que quitarme la ropa? ¿Te importaría unirte a mí? Tssss… ¡hombres!»

    «Punto para Larisa» dije Pedro riéndome… “Carlos, sácate esos pantalones de moto de los tobillos”.

    Riendo, Carlos nos calmó e hizo lo que le pedíamos. «¡Wow!», pensé, «eso parece exagerado… ¡qué bulto!»

    «Cariño, siéntate en las rodillas de Carlos por un momento.»

    Me senté en su rodilla en toda mi desnudez. Lo hice a horcajadas y de espaldas a Carlos. Una pierna de un lado y la otra del otro lado, de modo que mi coño húmedo ahora descansaba sobre su rodilla. Pedro empezó a disparar de nuevo.

    Yo me deslicé hacia adelante y hacia atrás sobre su rodilla, estirándose también para que se pudieran ver claramente los labios de mi coño extendido sobre su rodilla a través de la lente de la cámara. Mientras se arrastraba de un lado a otro, volví a cerrar los ojos y mi respiración se hizo más pesada, gimiendo de nuevo.

    Mi esposo nos animó aún más:

    “Cariño, ahora siéntate en el regazo de Carlos. No… con tu cara hacia mí.»

    Carlos rápidamente se agachaba más en el sofá para que mi trasero terminara justo en su barra. Incliné mi pelvis ligeramente para que mi raja solo estuviera separada de su polo por un par de pantalones cortos. Pedro me miró fijamente y comprendió que yo estaba lista, que no retrocedería y que llegaría tan lejos como él me dejara ir. Sí, es verdad, yo misma lo quería… Claramente aproveché este momento único y no dejé pasar la oportunidad de hacer esto: tomé las manos de Carlos y las colocó sobre mis pechos.

    “Me siento excitada por lo que me haces ahora.» Le dije a Carlos mirándolo hacia atrás. «Mis pezones están tan duros. ¿Los sientes?» —gemí.

    Carlos amasó mis pechos y jugó con mis pezones. Gemía, mientras me movía de un lado a otro en el regazo de Carlos.

    AHORA era el momento de ese último empujón que me llevaría a cruzar la última frontera. Esa frontera a la que nunca pensamos que nos acercaríamos. La mirada de Pedro me indicaba que me dejaría continuar cruzando la línea. Yo estaba lista. De hecho, ahora me había puesto al otro lado de la frontera. Era ahora o nunca.

    Pedro me ordenó que sacara la polla de Carlos de sus pantalones. Había adivinado correctamente mi mirada en sus ojos. Obedecí sin dudarlo. Estaba lista. Mi esposo sacó la cámara del trípode y se acercó a nosotros para tomar algunos primeros planos.

    No solo saqué la polla de Carlos de sus bóxers, sino que también agarré su rígido garrote sin dudarlo, me arrodillé y lamí su cabeza justo debajo del borde.

    Pedro empezó a disparar de nuevo. Me fotografió lamiendo las bolas de otro hombre, poniendo su vara en mi boca y pasando mi mano sobre la misma vara. Ya no tuvo que dirigirme.

    Después de que se la había chupado por un rato, Carlos tiró de mí, todavía completamente desplomada en la silla, directamente sobre sus piernas. Me agarró el trasero y tiró hacia él en el asiento. Me arrodillé sobre él hasta que mi coño húmedo estuvo sobre su rostro y pudo comenzar a lamer mi coño hiperexcitado. Mientras tanto, bajé la cabeza. La cámara hacía clic sin cesar. En el momento en que yo comencé a masturbarme con un fuerte gemido un estruendoso orgasmo explotó dentro de mí, Carlos inmediatamente lo aprovechó.

    Ahora que estaba completamente desconcertada, me empujó hacia un lado y hacia atrás para que yo cayera de nuevo en el sofá. Antes de que yo me diera cuenta y tuviera la oportunidad de protestar, empujó su polla dentro de mí. Ni siquiera tuve la oportunidad de preguntarme si realmente quería esto.

    Cuando salí de mi orgasmo y desconcierto, era demasiado tarde y la polla de Carlos ya estaba entrando y saliendo de mí sin cesar. Mis ojos sorprendidos se encontraron con los de Pedro mientras ponía mis manos sobre el pecho de Carlos como para alejarlo.

    Una vez que le encontré, lo miró con incertidumbre. Ahora me di cuenta completamente de que otro hombre me estaba follando como una bestia salvaje sin que yo supiera lo que YO pensaba al respecto. ¡Sin que yo hubiera discutido esto con mi esposo primero!

    Me sonrió ampliamente y asintió para hacerme saber que todo estaba bien. Me liberé la presión del pecho de Carlos y me rendí.

    Volví a mirarlo, alternando entre una mirada vidriosa, todavía sorprendida en mis ojos y luego volví a cerrar los ojos con una cara contorsionada por la calentura, por el placer y por darme cuenta de que me dejaba follar como una zorra por alguien que no era mi Pedro.

    Un momento después, ya estábamos tan enamorados que apenas nos dimos cuenta de que la cámara de mi esposo ahora hacía clic sin cesar. Carlos se había arriesgado mucho al simplemente empujar su polla en mi coño húmedo. Al no haber tenido la oportunidad de pensar en ello, ahora su polla bombeaba dentro y fuera de mí.

    Mansamente ahora me dejaba llevar por completo y así vivía sin haberlo planeado de antemano, también mi fantasía de ser semi-violada y usada como puta a préstamo. Porque… Pedro sabía cuál era mi fantasía.

    Con mis piernas ahora envueltas alrededor de Carlos, sentí que me acercaba rápidamente. Mi amante aceleró el paso y se presionó completamente contra mi coño empapado de felicidad. De vez en cuando, Carlos observaba cómo su polla entraba y salía entre mis grandes labios de mi coño (las alas carnosas que mi esposo tanto ama). Nuestra visita se puso más excitado. Los dos nos corrimos al mismo tiempo. Carlos roció profundamente en mi coño.

    Se sacudió y gimió como nunca antes había visto, rociaba chorro tras chorro de su cálido semen, profundamente en mí. Mientras su ritmo cardíaco se ralentizaba un poco y con su polla todavía en mi coño, Carlos me susurró al oído:

    «Amiga… eres muy especial… eres incluso más caliente de lo que pensaba… gracias… Esto va a merecer una repetición…»

    Mientras tanto, Pedro había dejado su cámara a un lado, se desnudó y se puso a masturbarme. Hizo seña con la cabeza a Carlos para que sacara su todavía dura polla de mi coño y se pusiera de pie. Tomó su lugar entre mis muslos abiertos. Mientras que el semen de Carlos todavía estaba profundamente en dentro de mí y se corría un poco por mi trasero. Ahora, sin ningún tipo de preámbulos, mi esposo empujó su polla calva profundamente en mi vagina recién follada y me dio una cogida increíblemente dura.

    Lo miré a los ojos con amor y también lo sujeté entre mis muslos. Carlos tomó la cámara. Ahora era su turno de tomar fotos de sus mejores amigos… una pareja felizmente enamorada que puede disfrutar del sexo más allá de los límites sin comprometer su amor mutuo en lo más mínimo.

    Mientras ahora tomaba fotos con algún que otro primer plano, mi mano fue a las bolas de Carlos y comencé a amasarlas. Con una cara contorsionada por la lujuria, lo miré y me acerqué a su polla. De nuevo su pene desapareció en mi boca. Aun así Carlos no paró de sacar fotografías. No mucho después nuestro mejor amigo gimió fuertemente otra vez anunciando una descarga de semen en mi boca. Justo en ese momento Pedro se vino con un gruñido. Con todo Carlos consiguió sacar su palpitante polla de mi boca, hizo algunas sacudidas más y disparó una segunda carga sobre mis hermosos senos.

    Los tres quedamos diseminados, exhaustos, yo en la alfombra, mi esposo despatarrado en el sofá y Carlos de rodillas en la alfombra y apoyado en los codos sobre el sofá. Al rato Carlos algo restablecido rompió el silencio:

    «¿Qué tan fantásticas resultaron las fotos?»

    «Sin duda que lo suficientemente buenas para ocupar un lugar de preferencia en el libro de fotos» respondió Pedro.

  • Mis primeras locuras en cine porno

    Mis primeras locuras en cine porno

    Hola amigos soy Mely, les contaré mi aventura en cine porno, siempre escuchaba a mis amigos hablar de cines porno que ellos habían ido y me dio la curiosidad de ver con mis propios ojos y vivirla. Un día salí temprano de mi trabajo y fui al cine al entrar estaba totalmente oscuro, solo se veía en la pantalla a dos negros cogiendo a una rubia gritona la tenían atravesada con sus enormes vergas por la vagina y por el ano, estuve unos minutos parado hasta que mis ojos se adapten a la oscuridad aparte de los gritos de la rubia se escuchaban gemidos cerca mío, cuando ya podía ver volteo para buscar asiento vacío veo que un travesti con la minifalda levantada sentada sobre la verga de un hombre que la jalaba de las nalgas y la hacía gemir, me senté una fila más atrás de ellos para poder mirarlos.

    Y no era la única pareja haciendo sexo, miré toda la sala del cine algunos hacían sexo oral besándose entre hombres y así la travesti después que lo hizo terminar al hombre se acomodó la ropa le sacó el condón de la verga enorme del hombre le limpió la verga con papel higiénico y se fue la seguí con la mirada entró al baño. El hombre volteó me miró y me dijo ¡Que rico mueve el culo me sacó toda la leche! Yo sólo le sonreí le pregunté y ella cobra? me dijo ¡sólo una propina! Yo miraba por toda la sala había varias parejas cogiendo, el señor me seguía conversando me dijo que pasara a su fila y me pasé me preguntó si yo iba coger le dije que sólo había venido a ver, y eso creo que no se la creyó y me dijo o’ te gusta la verga? yo estaba colorada de la vergüenza sólo me sonreí le dije voy al baño se sonrió regresas me dijo.

    Entré al baño toda nerviosa había dos travestis haciendo sexo oral y otras dos la tenían contra la pared penetrándolas, me puse a orinar a lado de otro hombre, le miré su verga grande la tenía bien parada él se dio cuenta que yo miraba su verga y me dijo Quieres chuparla? agarró mi mano y la llevó hasta su verga, me decidí y se la comencé a mamar sus huevos besaba su glande después él me agarró de mis cabellos y comenzó a cogerme la metió toda en mi boca, me cogia con fuerza y rápido que me hacía dar arcadas se agachó y me dijo al oído te vas a tragar toda mi leche, y siguió cogiendo en eso una de las travestis qué ya habían terminado con sus clientes dijo ¡nos está quitando clientes! salieron del baño y me quedé chupando esa verga gruesa y grande se movía rápido y se agitó ¡se me viene puta toma leche! sentía dentro de mi boca los chorros de leche calientita y espesa me daba arcadas de vómito pero él me apretaba mi cabeza contra verga cuando soltó toda su leche me soltó pero me dijo que me trague su leche y así lo hice ¡mamas bien rico! me dijo se limpió y salió del baño.

    Me enjuagué mi boca y salí con la intención de irme a mi casa, lo que no contaba era que el señor me estaba esperando yo salía y una voz me detuvo ¡ No te vayas ven para conversar! Me detuve y fui a sentarme a su lado ¿Qué tal la verga que chupaste? Me negué le dije que sólo fui a orinar me dijo que había dos travestis las escuchó decir que en el baño hay uno que nos está quitando clientes entonces él fue al baño y me había visto de rodillas mamando tremenda verga. Bueno me había descubierto mi mentira, conversamos le conté cómo era yo y él igual me preguntó si ya estaba satisfecha? Le dije que por ser primera vez en el cine estaba bien, me dijo agarra mi verga se bajó el pantalón hasta las rodillas chúpala que ya la lavé en el baño, se la comencé a chupar era una grande pero delgada llegaba hasta el fondo de mi garganta se le comenzó a poner bien dura y venuda buen rato se la mame me tenía agarrada de la cabeza la levanto me besó apasionadamente, me hizo sentar bien pegada a él me abrazaba y besaba me dijo quiero cogerte pero no tengo condón me dijo espérate se levantó el pantalón fue dónde una travesti para que le venda un condón, regresó y me preguntó disculpa no te pregunté si deseas que te coja el culo? le dije que sí que no hay problema.

    Se bajó el pantalón y metió su verga a mi boca se la chupé hasta que se puso bien dura se puso el condón, me hizo poner de perrito en el asiento yo paré bien mi culo él ponía su verga en mi huequito y jugaba con el hacía que lo metía y lo sobaba yo estaba excitadísima mi culo ya estaba bien mojado con su líquido preseminal pero hubo algo que me subió la adrenalina varios hombres nos habían rodeado mirándome como entregaba mi culo, en eso sentí un empujón metió toda su verga yo di un gemido fuerte, uno de los hombres que miraba me acariciaba mi cara y decía : tranquila ya va a pasar el dolor y se reía la verga entraba y salía yo cerraba mis ojos de vergüenza me estaba dejando coger en público siento algo en mis labios abro mis ojos era la verga del hombre qué acariciaba mi cara abrí mi boca y el metía y sacaba y en mi culo también entraba y salía, vi a los tres qué miraban que se jalaban su verga, mientras esto pasaba en mi boca, mi culo seguía siendo taladrado por esa verga rica, se me viene dice sentí chorros de leche en mi boca la sacó y echó el resto en mi cara, yo gemía de placer por mi culo y otro que miraba también metió su verga a mi boca sólo duró un par de minutos y me dejó su leche en mi boca pasaron dos travestis y dijeron y ésta puta sigue quitando nuestros clientes, los otros dos que miraban se la corrieron y soltaron su leche cerca de mi cara pero todo cayó al piso, y mi macho me tenía agarrada de mis nalgas me preguntó ¿Te la doy o quieres en tu boca? Dámela en mi culo ya tomé bastante leche por hoy y nos reímos, jalo de mi culo empujó con fuerza y soltaba su leche, en cada chorro que soltaba me daba un empujón que gemía fuerte, se quedó por unos minutos sin moverse hasta qué su verga se puso flácida y la sacó, pero oh sorpresa el condón se había quedado dentro de mi culo, me dijo llévatelo ahí dentro, el hombre que me había cogido por la boca con papel higiénico me limpió mi cara me dio papel y me lo puse en el culo cómo si fuera toalla higiénica.

    Con el hombre que me cogió por el culo intercambiamos números de celular, todos seguimos sentados pero yo quería salir sola o ellos primero no quería que vean mi cara, yo era el punto de conversación, me decían rico culo tienes! la mamas bien rico! Les dije gracias ya me voy, te acompañamos no me quedó otra que salir juntos yo y mis maridos caminamos unas cuadras llegó el bus todos se despidieron con una caricia en la cara mi espalda y el que me dio su número me dio un abrazo me dijo su nombre Germán.

    Este es mi primera experiencia en cine porno la segunda vez fui mejor preparada lleve mi ropa para vestirme como puta, pero ese va a otro relato me despido chicos esperando que les haya gustado 100% real acepto comentarios, críticas y si desean tener mi amistad me dejan un correo espero sus comentarios besitos.

  • Maravillosa historia de hoy

    Maravillosa historia de hoy

    Esta historia inicia temprano, como cada día en la mañana, solo basta una mirada para que se encienda mi imaginación y aunque traté de no estar en mi oficina a su llegada, mis impulsos no resisten buscar la excusa para verle, el caos se apodera de mí, solo verle con cualquier ropa que porte me lleva a admirarle, pero también a imaginar que le desnudo para mí.

    Nadie sabe cuánto intento aguantar este deseo, es más fuerte que yo, ni siquiera imaginaba que en mi vida pudiera desear tanto a alguien, la verdad, es una idea que me gusta porque me llena de una energía bonita, me siento más viva que nunca.

    Retomando hoy le vi, le quise coquetear, ser más atrevida, pero pienso en el rechazo, odiaría si algún día me dice que soy intensa, aunque con él quisiera serlo todo el tiempo, él no se imagina lo que produjo en mi cuando me dijo que si conseguía las horas extra era para aprovechar a diario, de verdad, me excita saber que lo piensa, que también crea las historias, yo solo dije que sí, pero lo que se inició en mi son una de tantas historias eróticas con él… esto hizo que mi cabeza se calentara e inicié un proceso de auto excitación que si no estuviera el compañero en su oficina cuando fui a decir adiós, seguramente lo hubiera besado como nadie lo imagina.

    Llego a casa, prácticamente sola, decidí dormir para que esta fiebre de estar con él me pasara, pero parece que mis sueños también se mojan y desperté con mucho mas deseo y como las oportunidades son una sola, decido llamarle, esperando la forma como respondiera así mismo actuaba, pero el solo escuchar su voz me doblega a sus deseos, ya había pensado enviar fotos que le mostraran lo que soy capaz por él, para descubrir esa pasión que puede llegar a sentir por él y él por mí.

    Los videos se dan en el momento, nunca había confiado en nadie para enviar este tipo de contenido, me da confianza, sé que no será usado para nada malo, solo para que piense mucho en mí. Me caliento al saber que él se excita viéndome en fotos, me lleva al cielo saber que siente el mismo deseo y hoy fue bastante especial sexualmente hablando, hice lo que me pidió y lo haría siempre, entre ama o esclava, juro que prefiero ser su esclava.

    Termino de la misma forma que me imaginé, gritando su nombre en mi pensamiento, deseando que sean sus manos y no las mías, que me bese hasta el cansancio y que quiera mas como yo, escucharlo decir que hacía lo mismo pensando en mi no una sino varias veces, me dejó como al principio, con más ganas de comprobarlo, me imagino como el en su soledad, en su pensamiento me imagina teniendo sexo delicioso y llegando sin temor dentro de mí, disfrutando los dos, como dos adultos que no conocían hasta donde puede llegar una locura de estas (bueno ese solo es mi caso, porque valoro la experiencia que él tiene en estos casos y no me importa con cuantas haya estado, ellas lo prepararon para mi).

    Hay mucha expectativa de los dos por ese tan esperado encuentro, donde libremente podemos disfrutar de ese placer, yo de lo único que estoy segura es que trataré de hacerlo como si no hubiera otra oportunidad, dejando un poco para que quiera descubrir mas de mí, para que no se arrepienta y se repitan los encuentros hasta que tomemos la decisión de solo mirarnos de lejos (no quiero pensar en eso aún).

    Ha pasado un rato desde que lo llamé y le envié este contenido excitante y aun sigo con ganas de hacerlo de nuevo, a lo mejor antes de dormir lo invoco con mi pensamiento y duermo feliz, cuanto me gustaría saber si él esta noche pensará en mí, que sus manos inquietas se transformen como si fueran las mías, porque lo que haría yo con mis manos en su miembro, no podría contarlo en este corto cuento.

    Dejo esta historia hasta aquí, con un continuará, con un le deseo mas y con unas ganas de ir a trabajar para ver a mi jefe que me vuelve loca.

  • Samantha: Corrupción y perversión de una casada (lll) (2/2)

    Samantha: Corrupción y perversión de una casada (lll) (2/2)

    Mientras tanto, dentro de la oficina. Samantha veía cada rincón de aquel cuarto con mucha nostalgia. Aunque ya estaba muy cambiado a como estaba la última vez que lo visitó cuando aún era una colegiala. Rigo por su parte, no perdía la menor oportunidad para tocarle ya fueran sus manos o espalda mientras le platicaba de algunas fotos que estaban en una de las paredes. Samantha no se incomodaba por dichos toqueteos, recordaba perfectamente que así era antes también con ella. La mujer de vez en cuando giraba la mirada hacia otros lados de donde el viejo le explicaba de alguna foto. Veía que enfrente estaba un enorme escritorio de madera de alta calidad con una computadora enorme con el logo de la manzanita, detrás del escritorio había un gran ventanal que abarcaba toda la pared y daba hacía unos arbustos que como tal no daban ningún tipo de vista hacia fuera pero también servían para que fuera muy complicado que alguien desde afuera pudiera ver hacia dentro, mientras en una de las paredes de los lados, en otro mueble de madera había una televisión que más bien parecía pantalla de cine, en la otra pared había un enorme sillón que también se veía muy costoso por la tela y la madera, mientras que en el centro había una mesa de cristal con algunos platos de comida a medio acabar. Samantha estaba muy sorprendida por lo lujosa que se veía la oficina.

    -“Ni la oficina de Roberto esta tan bien acondicionada”- pensaba la mujer. En sus tiempos dicha oficina no tenía el más mínimo lujo y el ver lo cambiado que estaba le dio mucha alegría ya que concluía que a la escuela le estaba yendo bien.

    Rigo al ver que estaba hablando como pendejo ya que la mujer ni lo pelaba, decidió callarse y veía con mucho orgullo como la mujer estaba asombrada por el cambio que él le había dado a la dirección.

    -¿Qué opinas Samantha, quedo bien?- el viejo no dejaba de inflar el pecho mientras preguntaba ya que con solo el verle el rostro sabía que le había encantado.

    -¡Wow! En verdad que se ve asombroso. ¿Cómo le hizo? Porque supongo todo esto si salió muy caro- cual, si fuera una reportera en búsqueda de la nota, la mujer comenzaba con su interrogatorio.

    -Pues esto es lo que se merece el director más chungón que ha tenido esta escuela jejeje- olvidando su papel de director, el viejo hablaba con la simploneria con la que siempre hablaba. -Pero siéntate, toca la tela del sillón, este me lo trajeron del extranjero jejeje. ¿Tienes calor? Déjame prender el aire acondicionado. Lo primerito que hice cuando me volví director fue el quitar el pinche el ventilador que había en el techo y me puse este aire acondicionado de última generación jejeje- Rigo no se cansaba de presumirle a su ex alumna todos los lujos con los que contaba. Pareciera como si fuera un niño que va a presumirle sus regalos a los demás niños.

    -Muchas gracias. Si esta super cómodo este sillón. Incluso más que mi cama jijiji- de forma bromista le comentaba.

    -Jejeje si, de hecho, yo ahí me quedo jetón de vez en cuando. Pero ya dejemos de hablar de esto y hay que platicar de nosotros. Espera…- estaba a punto de sentarse cuando olvidaba algo, yendo atrás de su escritorio, saco 2 tazas y las lleno de café de una cafetera que tenía. Acercándose a la casada le ofreció una taza mientras le entregaba unos sobres de azúcar para que ella le pusiera a su antojo. Samantha con una sonrisa le tomaba la taza y también sostenía la del hombre para que este dejara caer toda su humanidad en el sillón. -Ahora sí, hay que ponernos al corriente jejeje- la morsa desparramándose en el sillón le decía con una sonrisa, mostrando restos de comida entre sus dientes.

    Samantha dándole un ligero sorbo a su café giraba hacía en frente. Tratando de no ver tan vomitiva dentadura.

    -Bueno, y ¿qué me cuentas, muchacha? ¡Slurp!- el viejo reiterando su pregunta le tomaba un sorbo a su café, solo que el a diferencia de la mujer, sorbia tan fuerte que ocasionaba un desagradable ruido.

    Samantha omitiendo tan desagradable comportamiento de ese viejo, comenzó a platicarle sobre su vida desde que había egresado de la secundaria. Desde sus etapas académicas donde había sido la mejor alumna de su preparatoria y universidad, hasta de las cosas más triviales, como de la vez que había ido de vacaciones con sus amigas de universidad a Cancún o la vez que su padre le había enseñado a manejar y casi choca el carro en el primer árbol que se topó. Así continuo por poco más de una hora. La mujer tenía un semblante alegre, tenía mucho tiempo que no platicaba de ella misma con otra persona, por lo general en su casa los temas eran de cómo le había ido a Roberto y Daniel en su trabajo y escuela respectivamente, dejando de lado las anécdotas que la mujer pudo haber tenido durante el día. Rigo por su parte ya se encontraba aburrido, llevaba poco más de 1 hora escuchando las cosas que decía la mujer y el solo se limitaba a responderle de vez en cuando con un, “Si, ¿En verdad, No me digas o con una risa fingida”? Incluso ya estaba a punto de mentirle, diciéndole que tenía un compromiso importante para que se largara y lo dejara a solas en su oficina. Cuando sin previo aviso la mujer se giró hacia él y sin más le dio un abrazo, agradeciéndole por haberla escuchando. Al viejo tal acción lo tomo por sorpresa, tan solo reacciono a responderle el abrazo, poniendo sus gordas manos en su espalda y apretarla hacia él.

    El viejo poco a poco caía en cuenta del calibre de la hembra que tenía en sus brazos, haciendo que la lujuria y calentura poco a poco se apoderaran de él. Desde que Samantha era su alumna, él siempre la vio con mucho morbo y excitación, aunque aún era una puberta, sobresalía sobre las demás estudiantes de la escuela por el cuerpo que se cargaba, mientras que las demás alumnas apenas y se les marcaban unos piquetes de mosquitos en sus pechos, Samantha se había saltado rápidamente su etapa de usar corpiños para comenzar a usar brasieres por ese par de toronjas que tenía por pechos, su breve cintura realzaba su nalgas y piernas. Agradecía el viejo ser el maestro de educación física ya que en su clase las mujeres usaban un short parecido a la licra con una blusa blanca que trasparentaba el corpiño que sus alumnas usaban. Pero Samantha dicho short le quedaba tan pegado que se le marcaba de forma más que visible su joven panochita y la blusa le dejaba parte de su vientre al descubierto por lo chichona que estaba. Siempre fantaseaba con poseerla y hacerla suya de todas las formas posibles, incluso una vez en su calentura, ya había ideado un plan para robársela e irse a vivir con ella a algún pueblito lejano donde nadie los conociera. Pero jamás se atrevió a tanto, aunque alardeaba de ser un hombre valiente, los que lo conocían sabían que era un cobarde. Así que tan solo se conformó con ser su amigo, por lo menos así ella siempre le contaba sus cosas y de vez en cuando le daba sus abrazos, pegándole sus chichotas a su cuerpo o le daba un beso en sus sebosos cachetes.

    Pero ahora todo era diferente, pensaba el viejo. Ahora Samantha no era una puberta menor de edad, ni él era un asalariado maestro. Ella ya era una mujer con todas las de la ley, incluso hasta ya era madre y él era director de la escuela, aunque tampoco es que ganara millones, si la podía invitar a un buen restaurante a comer. Así que el viejo aprovechando la confianza y cariño que le tenía esa mujer, comenzó a acariciar su espalda y comenzaba a olfatear su rico aroma a un lado de su cuello y oreja.

    Por su parte Samantha, estaba muy alegre por la plática con su ex maestro. Sintiendo poco a poco pequeños roces en su espalda, cosa que no le tomo mucha importancia, recordaba que solía hacer lo mismo antes, así que lo dejo continuar, incluso la pesada respiración en su cuello y oreja le causaba cosquillas, provocándole risas en el proceso. Hasta que sintió algo que era nuevo o por lo menos en ese momento no recordaba, una de esas sebosas manos, sin previo aviso se posó en su rodilla y comenzó con un ligero sube y baja desde su rodilla, hasta el inicio de su vestido, que dado a que se encontraba sentada, este estaba justo a la altura del encaje de sus medias donde estas iniciaban. Samantha poniendo sus manitas en el pecho de ese sujeto, alejo su torso de el mientras con una risita nerviosa le preguntaba del porqué de su acción.

    -Tranquila, muchacha. Solo que cuando te vi, pude ver que sigues teniendo un cuerpazo como cuando estudiabas aquí. Así que quise tocar tus piernas como cuando eras mi alumna jejeje- sin quitar su mano de la rodilla, le respondía mirando fijamente los ojos de la pelirroja.

    -Es que me tomo por sorpresa jijiji- Samantha girando su rostro sonrojado hacia otro lado ponía ambas manos sobre sus piernas en señal de barrera para que aquellas invasoras manos no fueran más allá de los límites permitidos.

    Si era cierto en aquellos años ella dejaba que su viejo maestro le tocara sus piernas, pero era porque según él le decía que con eso podría ver que tipos de ejercicios necesitaba hacer para que las tuviera tonificadas. Y ella al ser aun una ingenua puberta lo aceptaba. Tampoco es que su maestro alguna vez se hubiera sobrepasado con sus tocamientos en sus piernas, pero lo que en aquella época le parecía algo ingenuo, ahora no lo veía así. Y mucho menos ahora que estaba casada.

    Samantha permanecía en esos pensamientos de su época en la secundaria, mientras que el mantecoso director no le quitaba la mirada de encima a su pecaminoso cuerpo. Ahora que la mujer se encontraba mirando hacia otro lado, el degenerado sujeto tenía acceso a verla sin ningún problema, pero sin duda lo que más le llamaba su atención eran esas colosales chichotas que en sus pensamientos aceptaba que apenas con sus 2 manos podría agarrar una de ellas.

    -“Pinche cabrona, te pusiste mas buena con los años. Mira esas chichotas que te cargas. Le quitas el hambre a medio país, me cae de a madres jejeje”- pensaba maliciosamente el viejo

    Los segundos en silencio comenzaron a hacerse eternos para la casada quien sentía como la palma de esa mano comenzaba a emanar sudor que se filtraba entre sus finas medias de seda, haciéndola sentir cierto asco y replantearse que ya era hora de marcharse. Mientras que para el viejo esos segundos le parecían la gloria al tener tan esplendida visión. Pero como si pudiera leerle la mente a Samantha, el viejo rápidamente salió de sus fantasías y continuo con su charla.

    -Me da gusto el saber que sigues haciendo ejercicio, muchacha. Se nota que te enseñe bien jejeje- notando como su mano ya estaba completamente empapada en sudor, decidió quitarla de la rodilla de la mujer, mientras le daba sus felicitaciones como si en verdad tuviera la calidad moral mientras frotaba su mano sudada en su panza para secarla.

    -Gracias maestro. Pues de vez en cuando hago ejercicio, aunque últimamente si me ando descuidando un muchito jijiji- la mujer tomando una muy pequeña lonja que se le marcaba en su vestido ahora que estaba sentada, le respondía.

    -No digas eso, tu estas perfecta. Es más, perdón por el atrevimiento, pero estas bien buena jejeje- volviendo a poner su mano en su rodilla, pero ahora levemente más arriba, se atrevía a decirle tremenda guarrada. Apelaba a que la amistad que habían tenido antes le sirviera para que no se lo tomara a mal. Aunque con la tremenda calentura que estaba sintiendo y con la erección de su verga en sus pantalones ya no le importaba mucho si la mujer le volteaba la cara de una cachetada y se iba de ahí. Total, no sería ni la primera ni la última mujer que se lo hiciera.

    Pero para su sorpresa la mujer permaneció estoica a su lado. Aunque en su rostro podía ver cierto asombro ya que tenía los ojos como platos y su boca abierta.

    Por su parte la mujer no esperaba ese vulgar halago por parte de su ex mentor. Aunque esa frase ya era parte del extenso y variado catálogo de piropos que recibía últimamente cuando salía a la calle, no les tomaba importancia mas allá de lo necesario, aunque si alimentaban su ego e inconscientemente su calentura, no se paraba a mirar quien se lo había dicho, tan solo era un comentario al aire. Pero ahora era distinto, porque el que se lo decía no era un desconocido de la calle, sino que se trataba de alguien a quien le tenía mucho cariño y aprecio. En cuanto escucho salir esa palabra de Rigo, su cerebro quiso levantarse en ese mismo momento e irse, pero justo a la par de ese pensamiento, aquella vocecita traviesa le decía que se quedara. Para su sorpresa sus piernas y sus brazos pareciera que la apoyaban ya que no le respondían, y cuando intento articular alguna palabra, sus labios quedaron mudos, era como si su cuerpo se pusiera en su contra e intentara que ella aceptara el permanecer ahí.

    -¿Que paso, Samantha? ¿Te molesto mi comentario?- Rigo intrigado veía como la mujer continuaba petrificada. Aunque mantenía la caricia en su pierna.

    Samantha al escuchar de nueva cuenta la voz chillona del viejo, salió de su letargo. Agachando la mirada y pudiendo ver aquella mano que ahora se situaba unos cuantos centímetros más arriba de lo que estaba antes. Todo aquello le parecía raro, el que su ex maestro usara esa palabra para referirse a ella, sin duda alguna le había sorprendido. Ahora su cabeza no pensaba en salir de ahí, sino en que, ¿si ese obeso director la veía ahora como una mujer y no solo como una ex estudiante? ¿Si en todo ese tiempo le había estado mirando el cuerpo para llegar a la conclusión de que estaba ´buena´? Esas preguntas poco a poco más taladraban su cabeza y aunado a eso los recuerdos de todo lo que había vivido en ese día de nueva cuenta aparecían en su mente, haciendo que las ricas punzadas en su vagina junto con ese rico calor se volvieran a comenzar a esparcir por todo su voluptuoso cuerpo.

    Justo en ese momento las palabras de su amado esposo aparecían en la mente de la casada como un último recurso de su intachable moralidad para que la mujer entrara en razón, “haz lo que quieras”, pero para su desgracia esas palabras tan solo despertaron un enojo en ella que avivo más su excitación

    -“Si ese es el caso, entonces hare lo que yo quiera”- fue el pensamiento con el que desencadeno una personalidad que estaba dormida muy dentro de ella y era la dueña de aquella vocecita.

    -No, maestro. Tan solo es que me tomo por sorpresa tal atrevimiento de su parte jijiji- levantando su mirada y ahora mirándolo directamente a los ojos, la mujer con unas sensual pero elegante sonrisa le respondía.

    El viejo ahora era el que había quedado asombrado por el comportamiento que había tomado la casada. Incluso sentía como el ambiente en esa oficina comenzaba a calentarse sin importar que el aire acondicionado estuviera prendido. Sentía como unas gotas aparecían en su calva cabeza y su frente. Su mano comenzó a temblar al ver esos ojos color miel que emanaban sensualidad, en su miserable vida una mujer lo había visto con aquella intensidad con la que su ex alumna lo veía. En eso momento pudo sentir como la delicada mano de la mujer se situó encima de la de él, en un principio pensó que era para quitar su gorda mano de su pierna, pero mayor fue su sorpresa cuando la casada apretando aquella mano, comenzando a hacer que esta se moviera de arriba hacia abajo de su pierna, hasta el límite de sus medias. Mientras Samantha continuaba mirándolo con una sonrisa.

    -Entonces que dice, ¿les hacen falta ejercicio a mis piernas? Jajaja- sin dejar de mirarlo a los ojos, le preguntaba al hombre, pero este no le daba respuesta alguna, lo que le provocaba una risa diferente a la habitual que era tímida, ahora era coqueta.

    Todo aquello le resultaba sumamente divertido y dado a la excitación ya no le importaba que fuera prohibido por su estado civil. Recordaba como en su época preparatoriana y universitaria, antes de que se hiciera novia de Roberto, ella tenía esos momentos de puteria sutil por así decirlo. Desde que entró a la prepa y comenzó a tomarle gusto a vestir más a la moda, veía que los chicos la seguían a donde quiera que fuera y las chicas la seguían tan solo que ellas lo hacían para ser sus amigas y así algunos de sus pretendientes las voltearan a ver a ellas también. Aunque su personalidad era muy reservada y amigable, había días en los que su calentura anhelaba un poco de más atención. Así que esos días prefería alejarse de su grupo de amigas que más bien parecían su sequito y dejar que su calentura aflorara un poco. Ya fuera al aceptarle un regalo a alguno de sus pretendientes y de recompensa ella les daba un beso cercano a sus labios o incluso siendo más descarada y acariciar su pierna viendo como a estos se les marcaba un pequeño bulto, para tan solo levantarse e irse, dejándolos empalmados. Se podría que era una calienta huevos. Ella para ese entonces ya sabía el cuerpo que se gastaba y sabía que podría tener a cualquier hombre a sus pies sin dudarlo, pero aun con eso, deseaba perder la virginidad con su hombre ideal. Así que controlaba dicha calentura tan solo con esas cosas que le resultaban muy agradables.

    Por eso al mirar a ese viejo andar de tentón y adulador, su calentura la regreso a su etapa antes de Roberto donde apaciguaba su calentura con dichos juegos.

    -¿No cree que a mis piernas les falta un poco de ejercicio? Las siento un poco flácidas- rompiendo aquel acalorado silencio, la mujer fingiendo un tono de niña triste, le preguntaba al viejo mientras continuaba haciendo que aquella vieja mano le sobara su pierna.

    -¿Eh?- fue lo único que salió del apesto hocico del viejo, al seguir sorprendido por el repentino cambio de la mujer.

    A Samantha le gusta ese poder que sentía sobre el director. Era igual que con sus ex compañeros, siempre quedaban mudos al ver ese comportamiento de ella. Tan solo que ahora dicha calentura era mayor a la que sentía en aquellos años, alentándola a continuar con sus puterias disfrazadas de juego. Sus pezones ya los sentía como rocas, y gracias al encaje de su brasier, hacia que tuviera un roce muy placentero con cada movimiento de su mano. Su vagina afiebrada continuaba mandando ricas punzadas a su sistema nervioso que se transformaban en leña para avivar aún más esa calentura que no parecía tener fin. Era como si todos esos años en los que se comportó como la mujer ideal para su esposo e hijo, tan solo hubieran almacenado ese calor muy dentro de ella y desde el encuentro de aquel feo verdulero ese fuego hubiera abierto la cerradura dejándolo salir de su encierro y comenzó a incendiar todo a su paso, haciendo que desde entonces, ella se calentara con mucha facilidad.

    Mientras pensaba en todo eso, la casada no pudo evitar recordar las manos de aquel verdulero e inconscientemente las comparo con las de ese gordo hombre. Aunque eran gordas y algo grandes, no se comparaban a las de su pueblerino indígena. Las recordaba duras y con las venas saltadas, pero lo que más le había encantado de aquellas manos, eran esos callos en varias partes que las hacían ser rasposas al tacto. Sin darse cuenta, se puso a imaginar lo que sentiría si aquellas manos fueran las que estuvieran recorriendo sus piernas.

    -“¿Aunque tuviera mis medias, sentiría lo rasposas que son?”- Samantha no podía evitar morderse el labio al pensar en todas esas cosas, ya tenía rato que no pensaba con su cabeza sino con su acalorada panocha.

    El viejo mientras, continuaba viendo esos gestos cachondos que hacía Samantha y sentía como su verga ya estaba completamente erecta en sus calzoncillos. Incluso se podía marcar ya en sus pantalones. Al igual que Samantha, dejando de pensar con su cabeza, comenzó a pensar con la cabeza de la verga, haciendo que sacara valor de sabrá Dios donde y sin previo aviso, subió su sudada mano para ahora si poder tocar la piel desnuda de la pierna. No sabía si era su mano o la pierna pero podía sentir que como esta hervía, el viejo sentía lo suave y dura de aquella piel. Samantha por su parte no pudo evitar emitir un ligero gemido que el viejo no alcanzo a escuchar. No podía entender como el que fueran así de abusivos con ella no le molestaba, tan solo le hacían sentir más ricas las punzadas en su panocha. Era algo que Roberto nunca había hecho con ella, él era muy respetuoso en todo y eso le gustaba. Pero el que la tomaran de esa forma como si ella tan solo fuera un objeto sin duda alguna le estaba haciendo descubrir un placer nunca antes sentido y que para su sorpresa le era muy agradable.

    La cachonda casada al sentir ese tacto piel con piel no hizo el más mínimo movimiento por quitar aquella mano. Es más, abrió ligeramente sus piernas para que el viejo pudiera atenazar con mayor facilidad su pierna. Todo eso ya la tenía en un estado de calentura nunca antes vivido para ella, pero sin duda alguna quería continuar con ese juego que tan gratificantes sensaciones le estaba regalando.

    -En… Entonces… ¿cómo… si… enteee… misss… pier… nasss…?- la mujer con su respiración entre cortada continuaba con sus preguntas como si todo eso fuera algo normal.

    El viejo dejando de mirar su pierna semi desnuda y mirando el rostro de ella, le respondió con una sonrisa pícara al igual que la que ella tenía en su rostro. Comenzaba a entender el juego que le estaba proponiendo y sin duda alguna le sacaría el mayor provecho posible.

    -Este… pues si están un poco aguaditas jejeje- el viejo respondía mientras veía la cara de asombro fingido que hacía Samantha. -Pero, ahorita mismo podemos cambiar eso. Aún recuerdo algunos ejercicios que te ponía a hacer para que tuvieras las piernas duras, Samantha. Ahorita mismo hay que empezar jejeje- sin dejar de darle ligeros apretones en su pierna le notificaba.

    -Pero mmh donde hare esos eje…rcicios mhh?- ya sin importarle mucho, soltaba ligeros gemidos cada que el obeso tipo le daba esos apretones en su pierna.

    -Pues como que donde? Aquí merengues jejeje. Ándale, párate para empezar jejeje- con una risa de excitación el viejo quitaba su mano de la pierna de la mujer y la tomaba de su breve cintura para que se levantara.

    Samantha sin hacerse del rogar se levantó mientras sentía esas manos en su cintura. Al levantarse y juntar ambas piernas, pudo sentir como su tanga estaba completamente empapada de sus jugos vaginales y estos ahora también se habían impregnado en parte de sus piernas. Cosa que en otro momento tal vez le hubiera parecido asqueroso, pero en ese momento le resultaba sumamente excitante. Sin que Rigo se diera cuenta, comenzó a mover sus piernas sutilmente para que se filtraran más caldos de la tanga a sus piernas, sintiendo como quedaban pegajosas. Haciendo que también dichos movimientos, movieran su tanga, dejando uno de sus carnosos labios vaginales expuesto.

    La hembra había quedado cerca del sillón y la mesa de centro, dejando muy poco espacio para su movilidad. El viejo al notar eso, sabía que no podría seguir con la idea perversa que tenía planeada que su ex alumna le secundara. Así que el también levantándose torpemente ya que su prominente barriga le dificultaba en demasía dicha acción, tomo a la mujer de nueva cuenta de su mano y la guio hasta a un lado del enorme del escritorio. En el efímero camino podía sentir como ambas manos se fundía en el insano calor que ambas emanaban lo que hacía al hombre sentir mayor morbo, ya que esa era señal inequívoca que ella estaba igual de caliente que él. Soltando su mano y jalado su costosa silla de escritorio, la coloco enfrente de ella y se sentó ahí. Samantha no podía evitar sentir muchos nervios ya que todo eso era nuevo, pero a la vez la tremenda calentura que controlaba su voluptuoso cuerpo le animaba a continuar, así que ella permaneció estoica a la espera de la solicitud de su degenerado ex profesor.

    -Bueno, ya que quieres unas clases privadas de ejercicio, no me puedo negar ya que tú eres mi alumna favorita jejeje- el viejo acomodándose plácidamente en su asiento, dejando ambas piernas abiertas le decía mientras su mirada la pasaba por toda la anatomía de Samantha. -Tendremos que empezar con lo básico. Comienza con unas sentadillas, Samantha jejeje- relamiéndose los labios y quitándose el exceso de sudor que tenía en la frente, le solicitaba.

    La casada al instante supo cuáles eran los indecentes planes de aquel viejo al pedirle que hiciera dicho ejercicio con ella llevando un vestido puesto. Pero lejos de asustarle o molestarle, más le excito.

    -Ay, maestro. Pero estoy usando vestido, mire- la casada con un tono de inocencia le comentaba al viejo mientras tomaba el borde de su vestido y lo levantaba levemente, mostrando el encaje de sus medias.

    Rigo por su parte, se llenaba el ojo con todas esas acciones que hacia su ex alumna. No la reconocía, es sus 3 años que le dio clases, jamás vio dicho comportamiento. Era como si se la hubieran cambiado por alguna puta de las cantinas que solía frecuentar con su esquelético amigo, de esas que se encueraban por $100 pesos. Pero la diferencia es que esta lo estaba haciendo gratis y físicamente era infinitamente era superior a cualquiera de las que se ofrecían en eso tugurios de la mala muerte. Sin duda alguna lo tenía aprovechar.

    -¿Y que tiene? Yo soy tu maestro, esto lo hago para que te ejercites y te pongas más buenota jejeje- ya el viejo sin ningún tipo de miedo a alguna represalia, le respondía con autentica naturalidad. Sabía que ella buscaba que le hablaran de tal forma y se pensaba que él era el idóneo para tan guarra labor.

    -Tiene razón. Usted esto lo hace por mi bien mmh… ¿así está bien?- Samantha no pudo evitar liberar un gemido de sus carnosos labios al ponerse de cuclillas. Y es que pudo sentir como la tanga se expandía, haciendo que su labio que aún permanecía dentro de esta, fuera jalando ya que la prenda y el labio estaba pegados por los jugos vaginales, provocándole un rico dolor. Aunado también a la rica presión y roce del hilo en su rosado esfínter.

    Samantha quedando en dicha posición, espero expectante por la siguiente orden de su viejo mentor. Mientras jalaba un poco su vestido hacia arriba para dejarle con mayor movilidad a la hora de hacer dicho ejercicio.

    -Pe… pero, aaabre un poco esas piernas papapara que puedas hacerlas mememejor- el viejo sin dejar de sorprenderse cada vez más, le solicitaba entre tartamudeos el siguiente paso. Casi podía oír claramente como su corazón latía cada vez más rápido, bombeando toda esa grasosa sangre a su pene el cual ya sentía que explotaría en cualquier momento, dejando una gran mancha de jugo preseminal en su pantalón que comenzaba a hacerse notorio para cualquiera que mirara la entrepierna de su pantalón.

    -Mmmm… ¿así?- Samantha sin cuestionar, abrió ligeramente un poco más sus piernas tal y como el director le había solicitado. Ella por su parte, ya sentía que sus pezones le dolían de lo duros que los sentía.

    Aunque la mujer se había abierto las piernas, el viejo no podía aun ver muy claramente lo que en verdad quería ver. Y es que Samantha era muy piernuda, lo que hacía que sus piernas aun estando en tan comprometedora postura, taparan su intimidad.

    Aunque se moría de ganas por pedirle que las abriera completamente como si fuera un compás, sentía que, si la presionaba más de la cuenta, la mujer se iría y lo dejaría ahí sin haber logrado su cometido. Sabía que, si jugaba bien sus cartas, la mujer terminaría mostrándole su panocha.

    -Bueno, comencemos muchacha. Como en los viejos tiempos jejeje- con su risa de degenerado y frotándose sus manos como si estuviera a punto de comerse el mejor banquete de su vida. El viejo le pedía que comenzara con el ejercicio.

    -¡Si!- poniendo ambas manos en su nuca, la mujer comenzó con aquel cachondo ejercicio sin dejar de mirar el rostro del viejo.

    -¡1!… ¡2!… ¡3!… ¡Vamos Samantha! ¡4!… ¡5!…- la mujer escuchaba como el director iba contando sus flexiones y podía notar como con cada flexión que hacia su vestido se recorría más, dejando ya sus piernas casi completamente a la vista de él. Por un momento un instinto de pudor se quiso hacer presente y soltando su nuca, estaba por dirigir sus manos a bajar el vestido. Pero el solo hecho de volver a mirar como el obeso mastodonte se devoraba sus piernas tersas y blancas, hizo que un calambre corriera por toda su espina dorsal, haciendo que reculara su acción pudorosa y volviera a poner sus manos en su nuca. Incluso en un arrebato de pura calentura, la mujer decidió ir un paso más allá y sin dejar de mirar al hombre abrió casi de par en par sus piernas, dejando ahora si completamente visible su empapada tanga negra con su rojizo labio vaginal expuesto. Al hacer esa acción, pudo ver como al instante el viejo inclinaba su torso hacia adelante con su boca completamente abierta.

    -¿Lo estoy hmm… haciendo bien hmm…?- Samantha sin dejar de hacer las sentadillas, le preguntaba haciendo que el viejo volteara a mirar su rostro mientras esta se mordía de una forma ya descarada el labio inferior.

    -Este…cof, cof, cof… si, muy bien muchacha cof, cof, cof- el viejo casi ahogándose con el exceso de baba que había en su boca al ver tal descaro de Samantha de andarle enseñando la panocha, le respondía. Y es que, aunque su otro labio vaginal permanecía dentro de su tanga, la tela era transparente aunado a que ese labio estaba pegado a la prepa por el exceso de jugos vaginales, hacia como si también tuviera ese labio al descubierto.

    Ya Samantha había dejado de hacer sus sentadillas por mero ejercicio (si es que en algún momento así las hizo). Ahora las hacía por el mero disfrute de calentar al viejo que tenía enfrente y en consecuencia calentarse ella también. Las subidas y bajadas las hacia lo más cadenciosas posibles haciendo imaginar al director que estaba cabalgando su verga. Con toda sentadilla, veía como esos majestuosos pechos daban un rico bamboleo y es que, con el constante movimiento, los pechos ya estaban más de la mitad afuera del brasier de la casada, ahora si dejando visibles sus erectos pezones a través del vestido. Pero lo que sin duda más le llamaba a Rigo la atención era lo que había de la cintura para abajo.

    Y es que no era para menos, el mirar esas piernas semi cubiertas por esas medias negras de seda, que daban paso a la desnudes de la otra parte de sus piernas que mostraban esas ligas negras que iniciaban en sus piernas y se perdían en su vestido, para coronar con esa pequeña tanga negra que dejaba visible la intimidad de la casada junto a unos encrespados vellos púbicos rojizos, tenían como burro en primavera el viejo. Ya sin ningún tipo de recato, había bajado una de sus manos hacia su entrepierna y comenzaba a masajearse el bulto por encima del pantalón, haciendo más visible la mancha preseminal en su pantalón al igual que se marcaba de mejor forma su verga.

    Samantha por su parte, había estado mirando en todo momento el rostro del viejo. Y es que le causaba mucho morbo y excitación los gestos vulgares que hacia este al mirar su curvilíneo cuerpo. Pero al momento que vio que el director bajaba una de sus manos, con la mirada siguió el destino de aquella mano y grande fue su sorpresa al mirar lo que el viejo tenía entre sus piernas. Si bien no era igual de grande que la de su amigo el conserje, si era mucho más gorda, pensaba la pelirroja. Podía apreciar como una gran mancha de humedad se acentuaba justo donde podía ver se encontraba la cabeza de aquel pedazo de carne. Por mero instinto se relamió los labios y sintió un cumulo de saliva en su fresca boca que comenzó a tragar y es que no era para menos, el ayuno de verga que tenía Samantha ya era de meses, no recordaba la última que ella y Roberto habían intimado y el andar viendo y sintiendo vergas en los últimos días de diferentes tamaños y formas, habían comenzado a despertar ese apetito voraz que ya tenía.

    Saliendo de sus pensamientos cachondos, mientras permanecía en cuclillas y con sus piernas abiertas, la casada volvió a mirar el rostro del viejo el cual ya estaba más colorado y sudado que el de ella, y eso que el director no había hecho ni una sola sentadilla como la ama de casa. Podía ver que los ojos de Rigo estaban clavados en su vagina lo que hacía que la mujer diera ricas contracciones en su panocha a la vez que su rosado ano también ya comenzaba a abrirse y cerrarse en búsqueda de mitigar esa rica comezón que tenía por las constantes presiones del hilo sobre él.

    -¿Que está viendo ¡mmh!… maestro?- haciendo ligeros pero visibles movimientos de cadera sin cerrar sus piernas, la casada le preguntaba al viejo mientras soltaba un gemido por la presión que hacia la tanga en sus orificios.

    -Ando viéndote esa pano… ramica que tienes jejeje- sin siquiera apartar su mirada de la vagina de la mujer se limitaba a responderle en un tono de albur.

    Samantha, aunque no era muy hábil para los albures, ese lo capto instante y más porque el viejo dejo un gran vacío cuando dijo ‘pano’, cosa que le gusto y decidió continuar con su juego.

    -¡Mmmh! Le gusta mi pano… ¡mmh!… ramica…-No entendía de donde le salía el decir esas zorrerías. Ya era un mar de jugos y de lujuria para ese entonces que ya no se cohibía a la hora de gemir. De hecho, en su mente ya solo estaba esperando la hora de que su ex maestro la tomara y la poseyera a su antojo.

    Rigo al notar que la casada le seguía la corriente por fin entendía que lo más seguro es que ambos terminarían en aquel sillón, con ella abierta de piernas y el encima de ella. Tal cosa ya lo tenía que ardía y sentía que sus huevos se llenaban cada vez mas de su semilla aun fértil, intuyendo también sus espermas que tal vez en esta ocasión no terminarían en el retrete o en un pedazo de papel, sino que se adentrarían a un útero fértil y anhelante de ellos.

    -Claro que sí, mira nomas como me tienes la ver…- el viejo apenas comenzaría con su amplio repertorio de vulgaridades cuando la casada no lo dejo terminar.

    -¡AAAH!- un grito de sorpresa mezclado de terror salió de la casada mientras veía hacia el amplio ventanal que había detrás del gordo director.

    Mientras tanto unos minutos antes.

    Goyo se encontraba barriendo o fingiendo barrer el atrio de la escuela sin dejar de mirar hacia la puerta de la dirección para ver en qué momento se abría y salía de ahí su culona amiga. Pero para su mala suerte ya iba más de 1 hora que aquel par habían entrado a aquella oficina y no daban señales de vida. Lo que hacía que con cada minuto que pasaba su enojo se intensificara más, y no es que se enojara con Samantha sino su colera iba contra su marrano amigo. Sentía que lo que le estaba haciendo era una gran traición. Aunque Samantha no fuera nada de él y su amigo tampoco supiera lo que había sucedido a la hora de entrada, lo sentía como tal. Aunque conocía a su amigo y sabía que era medio miedoso para las mujeres ya que siempre lo mandaban a la chingada y él era el casi siempre le había montado una que otra señora que conocía para que su amigo se deslechara con ellas. Sabía que hasta el gay más gay de todo el planeta, con ese portento de hembra haría su luchita y era por eso que manos o menos intuía lo que podía estar sucediendo adentro de la dirección, con su cobarde camarada y la culona mujer. Los celos eran los que pensaban en ese momento por el, cada vez más su cabeza se llenaba con imágenes de su pelirroja montando a su amigo en su silla, o ella recargada en su escritorio mientras le daban por detrás y le azotaban sus nalgotas.

    -Pinche Rigo, esas nalgas son mías, cabron- el molesto conserje decía entre dientes mientras apretaba con todas sus fuerzas el palo de la escoba.

    Aunque moría de ganas por ir a abrir la puerta de la dirección y salir de dudas. Sabía que era una muy mala idea. Al final sabía que él era el simple conserje de la escuela y su amigo el director. Lo que menos quería era que en un arranque de ira como los que regularmente solía tener el obeso director, lo terminaran corriendo. Y para encontrar un jale así de fácil donde no hace casi nada y la paga es decente, no lo iba a hallar, pensaba un Goyo impotente. Sin duda alguna se quería coger a esa ama de casa. Pero no era pendejo y sabía que ningún palo vale más que un trabajo y menos con su edad, así que no lo quedaba de otra que tragar bilis y esperar ahí afuera hasta que salieran.

    Los minutos continuaban pasando y la poca paciencia que le quedaba al esquelético hombre se comenzaba a ir. Intentaba por momentos ser optimista e imaginar que adentro estaban hablando sobre temas de la junta o tal vez al final la mujer se dio cuenta que a su hijo se lo madrearon y estaba a dentro de la oficina regañado al marrano ese por ser tan incompetente. Mientras pensaba en esa última versión, comenzaba a reírse para el mismo.

    -Al final no se ve que sea tan puta esa vieja y menos la creo que tenga el valor de meterse con tremendo marrano jejeje- Goyo se decía, intentando tranquilizarse.

    Pero aun con eso que lo hacía sentir más calmado, su curiosidad le pedía saber que estaba ocurriendo adentro. Así que fingiendo que continuaba barriendo, se fue acercando a la puerta e intentar asomarse por las ventanas que se encontraban a los lados de esta, pero para su mala suerte, las persianas estaban abajo lo cual no dejaba ver absolutamente nada. Luego intento pegar lo más que pudo su sucia y peluda oreja a la puerta para tratar de escuchar algo, pero solo escuchaba murmullos. Lo que lo dejo medianamente tranquilo, ya que eso le daba a entender que si estaban hablando. Pero aun con eso, la curiosidad seguía pidiéndole ver lo que hacían adentro. Fugazmente una idea cruzo su cabeza, pero rechazo en un principio, pero entre más le daba vueltas, más le encontraba sentido, aunque fuera complicada llevarla a cabo.

    -¿Y si me meto por los arbustos de atrás?- la idea si bien en el papel no era mala ya que uno podría pensar que eran simples arbustos, en la práctica era todo lo contrario. Y es que eran arbustos grandes que el cómo conserje jamás se había puesto a cortar por flojo y que después Rigo se lo había pedido ya que le servían de privacidad mientras se ponía a ver alguna película o video porno. Por eso sabía que jamás cerraba las persianas de ese ventanal, lo que le permitirá ver hacia dentro. Incluso entre los arbustos habían crecido unos rosales sin saber quién lo había hecho, lo que haría su misión más dolorosa ya que sin duda alguna se encontraría con más de una espina escondida entre los arbustos.

    En otro momento hubiera rechazo la idea y tan solo se hubiera ido a su bodega a descansar un rato. Pero en esta ocasión no, se trataba de su futura hembra, pensaba él. Así que, dejando su escoba, dio marcha hacia atrás de la oficina del director. Cuando por fin llego, se dio cuenta que sería más complicado de lo que había pensado, por las lluvias de la temporada, todo estaba frondoso, incluso esos malditos rosales, pensaba resignado. Pero dejando de lamentarse, comenzó a adentrarse en aquellos selváticos territorios, sentía como algunas espinas se enterraban en sus manos a la hora de querer abrirse paso entre la maleza e incluso su decrepita cara resulto raspada por las ramas que le golpeaban. En su vida le había dedicado tanto empeño a algo, pero esta ocasión valía la pena o eso pensaba él.

    Después de unas cuantas maldiciones y unos piquetes, el viejo por fin llego a su objetivo. Aunque rápidamente se puso a un lado del ventanal para que nadie lo pudiera ver. Asomando ligeramente su rostro, veía que a primera instancia la oficina se encontraba vacía, ya que en el sillón donde suponía que ambos se encontrarían hablando, no se encontraba nadie, en su escritorio también se encontraba de la misma forma, lo único raro que veía Goyo era que la enorme silla se encontraba a un lado de su escritorio. Por un momento se comenzó a maldecirse porque pensó que ambos ya habían salido de la oficina mientras el como si fuera Indiana Jones, se había metido en aquella selva. Ya iba a marcharse para ver si alcanzaba a mirar de nueva cuenta a Samantha antes de que se fuera, cuando con el rabillo de su ojo vio como la silla dio un movimiento y vio que una de las sebosas manos de su amigo se posaba en el descansa brazos. Volvió a asomarse por el ventanal, pero poniendo toda su atención en ese lugar, aunque por lo grande de la silla le era imposible poder tener buena visibilidad de lo que había delante de ella. Comenzó a frustrarse por no ver ni escuchar nada. Goyo por la desesperación de ver asomo su cara completa por el ventanal y gracias a que la silla se giró levemente hacia un lado pudo ver lo que había delante de ahí.

    Casi siente que se cae para atrás cuando vio aquella escena. El mirar a la que hace un par de horas le estaba bailando de forma sensual pero aun con ligera timidez, no tenía nada que ver con la que estaba dentro de la oficina del director prácticamente en cuclillas con las piernas abiertas mostrando su panocha mientras meneaba sus caderas, pero lo que termino por asombrarlo fue el mirar esa cara de viciosa y hambrienta de verga que tenía. Aunque el la había calentado, no había logrado que ella le mostrara ese rostro ni mucho menos que estuviera entregada a ese grado. Aunque su verga hacia una carpa en su overol, no pudo evitar sentir lastimado su ego de macho. Y es que como ya se había dicho, Goyo siempre había sido más “galán” que Rigo por así decirlo a la hora de conquistar mujeres, aunque estas estuvieran todas feas y gordas. Así que el ver a tremenda hembra rendida ante su amigo, le había hecho sentir menos hombre que él. Estaba hundido en sus pensamientos cuando como si de un sexto sentido se tratara, rápidamente se intentó ocultar en la pared mientras los ojos de Samantha giraban hacia el ventanal y miraban como una silueta o una sombra, no supo distinguir bien se movía y se perdía en la pared.

    Goyo entre asustado y excitado se apresuró a comenzar su huida, adentrándose en los matorrales de cara. No le importaba si salía rasguñado del rostro, lo que temía era que la cachonda mujer lo hubiera visto y esta se asomara por el ventanal, así que moviéndose como si fuera un mapache, se perdió entre aquellos arbustos.

    Mientras tanto dentro de la oficina, Samantha le decía al director de la silueta que había visto pero este que continuaba aun con su calentura lo minimizaba diciendo que lo más seguro es que se trataba de algún pájaro o un gato que pasaba por ahí mientras se levantaba de su asiento y se asomaba por el ventanal por confirmar que no había nadie. Lo que quería era que la mujer siguiera con sus punterías. Aunque en un principio Samantha si sintió cierto miedo de que algún curioso los estuviera mirando, poco a poco ese miedo fue alimentando una idea perversa en su cabeza que seguía bajo los efectos de su excitación.

    Su cabeza intentaba imaginar que entre aquellos frondosos arbustos un par de ojos estaban mirándola fijamente y no perdían detalle de su imponente cuerpo. Haciendo que de nueva cuenta volviera a comenzar a mover sus caderas, pero ahora de una forma más rápida, intercalando ese movimiento de caderas con movimientos de su pelvis hacia delante y hacia atrás como si estuviera culeando con una verga imaginaria, mientras seguía su mirada perdida entre aquellos arbustos. La calentura que había perdido por el susto de nueva cuenta volvía al imaginar todo eso. El viejo tan solo miraba son una sonrisa de triunfo mientras se agarraba la verga. Ya le quedaba claro que si o si, hoy se culearia a tremenda hembra. Su risa también estaba mezclada con cierta malicia y es que tan solo de pensar en Roberto. Ese hombre que no le dirigía ni siquiera el saludo porque no lo consideraba digno ya que de seguro pensaba que era un don nadie. Pues ese don nadie tenía a su fiel e intachable esposa en cuclillas, enseñándole la panocha en espera de que se la cogiera. Entre más pensaba eso, más se calentaba, así que ya no pudiendo esperar más, el obeso director se acercó a la mujer, quedando de pie delante de ella, con su entrepierna justo en el rostro de ella.

    Samantha por su parte ahora que estaba tan cerca de la entrepierna, podía ver de mejor forma aquel hinchado bulto que se formaba entre los pantalones desgastados. Entre más veía aquella cosa más dimensionaba el grosor que tenía. Su mente haciéndole una mala pasada, comenzó a compararla con el único pene que había visto en su vida.

    -“¡Es más gorda que la de Roberto!”- con un tono de asombro la mujer pensaba sin quitarle los ojos de encima. Mientras que a su pequeña nariz comenzaba a invadirla un olor como si de un pescado echado a perder se tratara. Continuando mirando aquella silueta de los pantalones mientras aspiraba aquel fétido olor, llego a la conclusión que el olor provenía de aquella gran mancha que tenía el viejo en sus pantalones. Pero aquel olor entre más lo aspiraba más le resultaba embriagante haciendo que llegara hasta su cerebro y este atacaba su sistema nervioso, provocando que la panocha de la mujer, soltara una buena cantidad de jugos vaginales.

    -Ya fue suficiente del calentamiento. Es hora de empezar con el cardio, mamacita jejeje- el viejo que había estado mirando toda aquella escena de la mujer mirando y oliendo su verga, con la mirada agachada y con una sonrisa de maniático sexual, ponía una de sus manos en la cabeza de la mujer.

    -¿Qué tipo de cardio, profesor?- apoyando sus 2 manos en las piernas del hombre y levantando su mirada, con un tono sugerente le respondía al hombre. Samantha sabía perfectamente a lo que se refería, incluso ella ya lo estaba deseando. Desde hace bastante tiempo la esposa fiel y recatada se había ido y ahora solo se encontraba la hembra anhelante de verga. Tan solo que quería estirar lo más posible aquel juego que tanto le había gustado.

    -Es uno en el que te voy a tener que ayudar jejeje. Tú te acostaras en el sillón y te abrirás de piernas como estas ahorita, mientras que yo me subo encima de ti jejeje- Rigo tomando las manos de la casada la levantaba mientras la tomaba de la cintura y la pegaba a su bofo cuerpo.

    -¡Mmh…! suena que será muy divertido- soltando un gemido por tan dominante acción la mujer le respondía acercando sus labios al odio del director.

    Rigo ya sin querer perder más tiempo, puso a su lado derecho a la hembra y tomando una de sus colosales nalgas, se dirigieron hacia la que sería su máquina para hacer ejercicio. Samantha soltando una sensual sonrisa por el atrevimiento del viejo, siguió caminando mientras se apoyaba de él. Y es que al estar tanto tiempo en aquella difícil posición, sentía sus piernas adormecidas lo que le dificultaba el caminar por su propia cuenta.

    El catedrático ya teniendo a la que se en breve se volvería su amante delante del sillón, no pudo evitar comenzar a besar el hombro de la mujer, que estoica recibía aquellos besos.

    -¡Muac! ¡Slurp! ¡Muac!- Samantha solo escucha aquellos ruidos que hacia el viejo cada que le soltaba un ensalivado beso mientras sentía como la mano que tenía en una de sus nalgotas, ya sin ningún tipo de pudor comenzaba a cerrarse y abrirse, provocándole un cierto dolor por lo rudo que estaba siendo. Pero lejos de molestarse más levantaba sus nalgas para que siguieran con tan soez caricia.

    -No sabes cómo soñé por muchos años con este momento, ricura. ¡Muac! De tenerte para mi solito. ¡Muac! Aún recuerdo cuando usabas esos shorts de licra en mi clase y se te marcaba toda la panocha ¡Mmmh! Nomás hacías que se me pusiera dura la verga. ¡Muac! Tenía ganas de quitarte la ropa y darte una cogidota ahí delante de todos tus compañeros de clase ¡Muac!- el viejo entre besos y gemidos le contaba sus tan profundos y perversos secretos que tenía con ella desde que era una adolescente.

    Samantha cerrando sus ojos y con su respiración pesada intentaba imaginar aquellos medios días en las canchas de futbol con el sol cayendo a plomo mientras ella y sus compañeras hacían los ejercicios que les pedía su profesor. En aquel entonces todo aquello le parecía una clase de educación física común y corriente. Pero ahora, al escuchar de viva voz de ese cerdo sus verdaderos motivos por los que le pedía que en su clase no usara el pants y mejor usara solo el short de licra, la hacían hervir en calentura. El imaginar como el viejo no le quitaba la mirada a su intimidad mientras hacia los ejercicios como lo había hecho unos minutos, la estaban volviendo loca.

    -¡Mmaahh! Entonces… desde que… era su alumna… lele gustooommahh- manteniendo sus ojos cerrados para seguir recreando esas imágenes y moviendo sus caderas mientras con sus piernas friccionaba su vagina que soltaba cada vez más jugos que podía sentir como comenzaban a deslizarse por sus piernas, Samantha le hacia la pregunta, aunque el viejo ya se lo había dicho, ella quería escuchar la respuesta lo más clara y concreta posible.

    -¡SIII!- en lo que se escuchó como un grito de liberación, fue la respuesta que dio aquel hombre. -¡SI! ¡SI! ¡SI! y ¡¡SIII!! Desde la primera vez que te vi entrar por aquel portón con tus 2 coletas y tu uniforme, quedé cautivado de ti. Pero cuando te vi en mi clase con esa playera y ese short, moría de ganas por cogerte. Deseaba encuerarte en medio de la cancha y ahí mismo hacerte mía. Llenarte de mecos la panocha para dejarte panzona y tus papás no tuvieran otra opción que aceptar que te casaras conmigo para que fueras mi esposa, mi mujer, mi hembra- salpicando de babas el hombro y el rostro de la mujer, Rigo expulsaba cada vez más todo eso que por muchos años tuvo que reprimir.

    De estar pensando en sus clases de educación física, la casada no pudo evitar imaginar aquel futuro que le había contado su viejo maestro. Ese donde no existía una carrera universitaria, viajes nacionales e internacionales, Roberto ni mucho menos su amado hijo Daniel. Tan solo ella con su vientre hinchado, vestida de blanco, diciendo “Acepto” al sacerdote en el altar mientras con una de sus manitas sostenía la gorda mano de su querido maestro que ahora se convertiría en su esposo. Todo aquello le resultaba tan bizarro, pero eso no evito que sus labios esbozaran una sonrisa mientras se mordía su labio.

    -“¿Mis papás lo hubieran aceptado? ¿Me hubiera hecho tener más hijos de el? ¿Cómo sería ser su esposa?”- mil y una pregunta giraban en su cabeza. Cada que una nueva pregunta se formulaba, era como si una daga perforara su útero, provocándole unas ricas punzadas.

    Samantha no era consciente del tiempo ni nada a su alrededor, ella solo continuaba con sus mundanas fantasías. Hasta que la voz de Rigo lo saco de sus pensamientos.

    -Ya échate en el sillón, mamacita. Que ya no aguanto las ganas jejeje- casi aventando a la casada, hizo que esta se tuviera que meter sus manos para apoyarse en el asiento del sillón. El viejo no buscaba ser un caballero con ella, lo único que imperaba en su calva cabeza era el ya poderse enchufar a esa hembra.

    Samantha tan solo volteo su rostro para mirar al viejo por tan impaciente acción. Pero lejos de recriminarle solo le sonrió. Sin emitir ni una sola palabra, la mujer se giró para poner sus prominentes posaderas en el sillón. Manteniendo su mirada nuevamente fijamente a la del viejo, fue apoyando su espalda en el respaldo del sillón mientras subía sus 2 piernas, abriéndolas lo más que podía, quedando en forma de una “M”, mientras con sus manos se arremangaba su vestido dejando de nueva cuenta expuesta su vagina que solo la cubría esa delgada y transparente tela de su tanga. Todo esto sucedía mientras ambos permanecían en silencio. Tan solo se escuchaba el ligero sonido del aire acondicionado y de sus pesadas respiraciones, pero la tensión sexual que había en el ambiente se sentía como una losa muy pesada en aquel cuarto.

    Rigo manteniéndole la mirada a Samantha, comenzó a desabrocharse el cinto para posteriormente hacer lo mismo con su pantalón que cayó hasta sus tobillos. La curiosidad de la pelirroja casada pudo más, rompiendo el contacto visual comenzó a descender la mirada hasta que pudo ver lo que llamaba su atención. Su sorpresa fue mayúscula al poder ver la carpa que hacia ese bóxer gris que tenían una enorme mancha de líquido preseminal, era tanta que la casada podía ver como una viscosidad amarillenta se formaba en medio de la mancha.

    El viejo mirando como su miembro era devorado por la mirada de aquella mujer, no la quiso hacer esperar más y poniendo sus manos a los lados de su bóxer de un jalón los dejo caer junto a sus pantalones.

    -¡Mmmahh!- fue el gemido que dejo salir Samantha disfrazado de un suspiro al mirar el miembro que se cargaba su ex mentor. Por primera vez en su vida, veía un pene que no fuera el de su esposo. Y vaya que le había asombrado lo que veía. Era muy diferente al de su esposo, el pene de Roberto era rosado y de un tamaño y grosor que para su pobre vida sexual le resultaban aceptables. Y no es que Roberto tuviera el pene pequeño o algo así. Tan solo que lo que Samantha estaba viendo le parecía irreal. La verga que se gastaba Rigo era lo opuesto a la de Roberto, esta era morena, con un tamaño que rondaría los 18 – 20 cm. Pero lo que llamo completamente la atención de la mujer fue sin duda alguna el grosor, el tronco de la verga esa muy gordo, era como si algo dentro de ella estuviera obstruyendo la circulación de sangre e hiciera que pareciera que fuera a explotar en cualquier momento. Samantha dejando de mirar esa protuberancia en el tronco, miro el glande y pudo ver que este era un poco más pequeño, pero sin dejar de ser de una buena proporción. Podía ver como la cabeza brillaba gracias a esa baba que estaba soltando lo cual la hacía más llamativa para esos ojos de color miel.

    El viejo dando pasos de pingüino ya que los pantalones en sus tobillos le dificultaban su caminar se acercó hasta quedar en media de las piernas de Samantha quien la veía expectante para ver cuál sería su siguiente paso. Apoyándose con una de sus manos en una de las rodillas de la mujer, Rigo fue bajando hasta casi quedar de rodillas lo que permitió que su verga quedara a escasos centímetros de la aun fiel vagina.

    Ahora que veía más de cerca aquella cosa, la casada veía las grandes proporciones que tenía. En su vida solo el pene de su esposo se había adentrado en su cavidad amatoria. Pero al ver las dimensiones de ese pene, un miedo comenzaba a apoderarse de ella. No encontraba lógica de como eso entrara dentro de ella, sin duda alguna le rajaría la vagina en 2, pensaba espantada.

    El viejo como si pudiera leer los pensamientos de la casada y adelantándose a cualquier miedo que ella pudiera tener. Tomo con su mano libre su verga y comenzó a pasársela por encima de la tanga. Tal acción tomo por sorpresa que continuaba debatiéndose el continuar o no.

    -¡Aaammmh!- fue el gemido de genuino placer que Samantha saco del fondo de cuerpo al sentir aquel pedazo caliente de carne hacer contacto con su también caliente y sensible vagina.

    -¡Ufff!… que caliente tienes la panocha, chichona jejeje. Se nota que tienes hambre de verga jejeje- mirando su encharcada vagina el viejo en tono burlón se regocijaba de poder tener a esa hembra en ese estado de calentura. –¿Te gusta cómo te tallo la panocha con la verga, nalgona?- Rigo queriendo disfrutar ese momento lo más que pudiera. Quería empujar a que la fiel casada se comportara como una autentica puta y comenzaría haciendo que aceptara que todo eso le gustaba.

    Pero para su mala suerte Samantha no emitió ni una sola palabra, a cambio tan solo quejidos combinados con gemidos eran los sonidos que salían de su boca. Pero no es porque no quisiera, es más, ella intentaba que de su boca saliera la afirmación a la pregunta del director. Pero eran tanta las sensaciones que estaban atacando el cuerpo de la mujer que su voz se había diluido.

    Aunque tal acción había molestado levemente al hombre, no quiso apresurar las cosas. Ya tendría tiempo de sacarle su lado más pirujo cuando tuviera su verga adentro de ella. Mientras continuo un poco más con el roce de su verga por toda la zanja de esa vagina. Samantha tan solo era una espectadora en primera fila que veía como aquel trozo de carne rozaba por encima de la tanga su anhelante vagina, mientras ya comenzaba a hacer unos ligeros movimientos de cadera. Incluso ya podía ver como el enorme tronco brillaba gracias a todos sus jugos vaginales que habían quedado impregnados en la tanga. El viejo volviendo a agarrar su verga la retiro un poco de la vagina para poner su cabeza justo en la entrada y darle ligeros empujones. Lo que hizo que Samantha soltara gemidos de placer.

    -¡Mmmhhh! ¡Ahhh! ¡Mmmhhh! ¡Siii!- eran los gemidos de goce que Samantha emitía con cada ligero empuje que el viejo hacía.

    Samantha sin percatarse, puso sus 2 manos en sus pechos y comenzó a masajearlos mientras sentía esa rica comenzó en su vagina y en su hinchado clítoris. Gracias a que la tela de la tanga era tan delgada, no le provocaba ningún tipo de dolor al glande del viejo por el constante roce de cada empujón.

    -Bueno, ya es hora de darte la cogida que andabas buscando, putita jejeje. Esta va en honor de tu pinche esposo ¡JEJEJE!- con su risa burlona mientras tomaba su verga y le daba golpes con ella a la hinchada vagina, Rigo le decía para quien sería dedicado el primer palo.

    Pudo escuchar como el nombre de Roberto llegaba a sus oídos. Pero estos no ocasionaron ningún eco dentro de ella, estaba hipnotizada viendo como aquella verga con cada golpe que le daba a su vagina se erguía con unos hilos transparentes que podía asegurar eran la mezcla de los fluidos de ambos sexos por los ricos roces que se habían dado. Ya su cabeza tan solo podía pensar en lo que va a sentir cuando albergue esa verga en su vagina.

    Rigo soltando su verga palpitante, dirigió su temblorosa mano hacia el pequeño triangulo de tela que servía como una última defensa para esa vagina. Sus ojos los tenia completamente abiertos mientras pasaba saliva cada segundo. Sentía que en cualquier momento le daría un paro cardiaco por lo rápido que su corazón palpitaba. Por fin vería por primera vez esa vagina completamente desnuda y a su completa disposición. Mientras que Samantha lo miraba al rostro con sus ojos entre abiertos y una sonrisa de viciosa.

    Estaba jalando la tela hacia un lado cuando unos fuertes sonidos alarmo a la pareja.

    -¡TOC! ¡TOC! ¡TOC!- fueron los fuertes golpes en la puerta lo que hizo que la pareja volteara al mismo tiempo.

    -¡VAYANSE QUE ESTOY OCUPADO, CHINGADA MADRE!- sin moverse de la posición en la que se encontraba y con un semblante molesto y desesperado. El hombre de manera enérgica lanzaba un grito cual, si de un león se tratase, el cual estaba a punto de devorarse a su presa.

    Samantha por su parte continuaba recargada en el sillón y con sus piernas abiertas. Pero dado al impertinente que se encontraba detrás de esa puerta y había dado tan fuertes toquidos, unas leves señales de cordura volvían a su cabeza.

    -¡NO ME IRE A NINGUNA PARTE! ¡NECESITO HABLAR MUY SERIAMENTE CONTIGO SOBRE LOS FONDOS DE LA ESCUELA, RIGOBERTO!- una voz femenina le respondía desde el otro lado de la puerta. Rigo al instante supo de quien se trataba lo que hizo que se levantara como resorte mientras se subía sus pantalones y bóxer entre maldiciones por cortarle la oportunidad de cogerse a tan suculenta hembra. La mujer por su parte al ver la acción del director, rápidamente bajo sus piernas y comenzó a acomodarse su vestido mientras se acicalaba su rojiza cabellera y se quitaba las gotas de sudor que tenía en su rostro. Mientras hacía eso, aquella voz femenina le resultaba familiar pero no recordaba de dónde.

    -Una disculpa, mamacita. Pero nos arruinaron nuestra sesión privada de ejercicio jejeje- acabándose de abrochar su cinturón y agachando su mira hacia el sillón, el viejo con una sonrisa pícara se disculpaba mientras veía que los ojos de la casada que hace unos segundos irradiaban fuego del mismo infierno, ahora poco a poco volvían a la normalidad.

    Tomando su saco que había dejado en el sillón y sosteniéndolo en su entre pierna para que pudiera ocultar su aun prominente erección. Se dirigió hacia la puerta a paso veloz para quitarle el seguro y dejar entra a la mujer que se encontraba del otro lado.

    -¡¿Dime cómo es posible que la Secretaria de Educación no nos dieran el aumento de fondos que nos habían prometido desde el anterior curso escolar?!- sin siquiera dejar que Rigo le diera la bienvenida, la mujer entro y sin detener su marcha, llego hasta el escritorio para sentarse mientras en todo el recorrido le cuestionaba su falla. Sin percatarse de la presencia de Samantha.

    Ese tipo de discusiones entre ambos ya era el pan de cada día. Rigo por lo general siempre lograba evitar esas discusiones, pero cuando era atrapado por ella, sabía que tendría que aguantar su reprimenda. Por lo general siempre callaba y dejaba que ella hablara, porque para su desgracia todo lo que le decía era cierto. Pero hoy al estar ahí la mujer que casi hacia suya, no quería quedar como un agachón. Así que agarrando valor camino también al escritorio para confrontarla y demostrarle quien era el que mandaba en esa escuela.

    -Espérate tantito, recuerda que aquí yo soy el director y como tal, me debes respeto. Aparte, ¿que son esos modales de no saludar a la madre de uno de nuestros alumnos?- el hombre tratando de sonar lo más serio que podía ya que su respiración aun tenia los estragos de su excitación, giraba la silla donde se había sentado la maestra para que pudiera ver de la madre a la que se refería.

    El rostro de la maestra cambio en unos segundos de enojo a asombro al ver a aquella mujer. Mientras que Samantha mantenía su mirada en el suelo con la mente dispersa, intentado poder asimilar lo que había ocurrió hace unos segundos.

    -¡Samantha! ¡¿Eres tú?!- la maestra levantándose de su asiento se acercó a la distraída mujer mientras tocaba su brazo haciendo que levantara la mirada del suelo para poder ver de quien se trataba.

    -¡¿Maestra Myriam?!- grata fue su sorpresa al mirar que de quien se trataba era aquella maestra que al igual que Rigo, le había impartido clases cuando estudiaba ahí.

    -¡Si! ¡Soy yo, muchacha!- diciendo eso, maestra y ex alumna se fundieron en un abrazo mientras los ojos lagañosos de Rigo miraba aquella escena. Y es que él no sabía que Myriam había sido la maestra de Samantha. Sabía que esa maestra ya tenía más de 20 años trabajando ahí, pero dado a que nunca fueron amigos ya que él siempre la acosaba y ella jamás le dio entrada, no sabía muchas cosas de ella tanto laborales ni mucho menos personales.

    Myriam quería ponerse a platicar con la que hasta la fecha consideraba su mejor alumna desde que impartía clases. Pero rápidamente recordó en el lugar y el motivo por el que estaba ahí. Recomponiendo su postura y girando su torso hacia la dirección de Rigo, continuo con las preguntas hacia él.

    -Entonces, me podría decir porque nuestro brillante director no consiguió el aumento de presupuesto?- en tono sarcástico la mujer cuestionaba las gestiones del hombre, todo esto ante los ojos de Samantha.

    -Este… este… jejeje. Digamos que el presupuesto va a tardar en llegar un poco más de lo esperado- Rigo sintiéndose juzgado tan solo se limitaba a sonreír con una risa nerviosa mientras le daba largas a la maestra.

    -Es muy raro, ¿no? Eso viene diciendo desde hace mucho tiempo. Pero bien que tiene dinero para remodelar su oficina con cosas caras e irse de vacaciones mientras que la escuela se cae a pedazos- Myriam sin pelos en la lengua y sin importarle que escuchara alguien ajena a los problemas de la escuela como Samantha, continuo con aquel interrogatorio.

    -Es que ese era presupuesto exclusivo para el director, maestra jejeje- metiendo uno de sus dedos al cuello de la camisa para dejarlo respirar un poco mejor, el viejo comenzaba a ponerse tenso ante tales acusaciones. Miraba a Samantha quien, aunque no entendía bien que era lo que sucedía, lo miraba con cierta molestia. Pero no era por las tranzas que hacía en la escuela, sino porque su cabeza poco a poco iba disipando aquella neblina lujuriosa y caía en cuenta de que casi iba a sucumbir ante el.

    -¡No sea ment…- de forma brusca la maestra fue interrumpida justo cuando en verdad iba a sacar todos los trapitos al sol sobre las tranzas que sabía, había hecho el obeso sujeto desde que había tomado el cargo como director.

    -Bueno, bueno vean la hora que es jejeje. Me tengo que ir ya. Tengo una reunión en el sindicato. Me gusto charlar con ambas, pero es hora de marcharme. ¡Adiós!- Rigo a paso veloz y sin dejar de hablar durante su huida para no dejar que aquella docente siguiera con sus comentarios, salió de su oficina y se fue de la escuela mientras su esquelético amigo quien se estaba quitando una que otra rama que se le había pegado lo veía salir de ahí.

    -¡Maldito! Siempre me hace lo mismo, me deja con la palabra en la boca- con un visible disgusto en su rostro, maldecía mientras caminaba hacia la puerta y veía que ya no había rastro de Rigo.

    Estaba meditando esas cosas, cuando recordó que Samantha estaba ahí. Volteo a mirarla y le causaba cierta preocupación la mirada que tenía, pareciera como si hubiera visto a algún fantasma. Ni si quiera le hacía caso cuando la maestra desde la puerta le decía que salieran de ahí. Así que sin más remedio, ella tuvo que ir por ella lo cual hizo que la casada diera un ligero brinco al sentir como la mano de la maestra la tomaba de su brazo para guiarla fuera de esa oficina. Y es que Samantha continuaba tan metida en esas imágenes que su cerebro poco a poco le mostraba de lo que había hecho hace unos minutos que la comenzaban a atormentar.

    -Vente Samantha. Salgamos de aquí. Vamos al salón de maestros para tomarnos un café- sin poder oponerse a la invitación de la mujer, Samantha tal si fuera una muñeca de trapo fue guiada por ella. Ni siquiera se dio cuenta del saludo que el viejo Goyo le mandaba mientras pasaba a unos cuantos metros de él.

    -Pinche culona, ni me saludo. ¿Pinche marrano, ¿qué le hiciste a mi funda?- maldiciendo a su obeso amigo pero sin perderle el caminar a Samantha, siguió mirándola hasta que ambas mujeres entraron a aquel salón.

    Después de unos minutos en los que Samantha ya un poco más tranquila gracias al té de manzanilla que prefirió ella tomar en vez del café. Escuchaba a su ex maestra sobre las vivencias que habían tenido y le comentaba como ella siempre había sido su alumna más destacada. Samantha podía ver que aunque los años habían cobrado factura en su ex maestra, esta aun mantenía su figura y parte de su belleza aun la conservaba. Y es que para una mujer que ya estaba en las 5 décadas, se conservaba de buena manera. Sus manos y rostro denotaban aquellas arrugas y manchas por su vejez, pero no deja de lucir aun esa viveza que en sus épocas de gloria tuvo, era de complexión delgada pero con una bien marcada silueta en sus caderas que lucía con ese vestido que llevaba puesto, que tenía un cinto, lo que dejaba mas visibles esa parte de su cuerpo. Y aunque prácticamente era nulo su volumen de pecho, lo compensaba con las colosales nalgotas que se cargaba, que incluso rivalizaban con las de Samantha.

    Las mujeres tocaron muchos temas tanto profesionales como personales en los que ambas pudieron saber más una de la otra y así poder actualizarse. Pero Samantha fiel a su curiosidad, no pudo evitar preguntar a la maestra sobre esa discusión que había tenido con el director.

    Myriam primero pidiéndole disculpas por haber presenciado aquella discusión le comenzó a contar por las carencias que la escuela comenzó a pasar desde que Rigo tomo las riendas. Si bien, la escuela no es que antes viviera en abundancia, si se podía decir que era solvente en los materiales que se necesitaban los maestros para la enseñanza. Pero de un tiempo a la fecha todo eso se había acabado, diciendo Rigo que los fondos habían sido recortados. Cosa que ella no creía ya que había hablado con maestros de otras escuelas públicas y estos le habían informado que a sus escuelas no les habían hecho ese mentado corte. Y de manera paralela a ese recorte, Rigo había comenzado a remodelar su oficina con muebles importados y aparatos electrónicos de alta cálida. Pero dado a que él era el director y ella solo una maestra, sus constantes reclamos no eran escuchados por la Secretaria de Educación.

    -¿Porque usted no fue la directora de la escuela?- dándole un ligero sorbo a su te, la mujer le preguntaba mientras veía lo deteriorado que estaba ese salón y haciendo memoria, si había notado que el aula donde estaba su hijo estaba en las mismas condiciones sin mencionar las fachadas de los diferentes edificios donde estaban los demás salones. Aparte, ella sabía que la maestra Myriam era la persona ideal para que se hubiera hecho cargo de la escuela. No entendía como el maestro Rigo había quedado como director.

    -Jajaja ay mi niña- con una sincera risa como si le hubieran contado el chiste más gracioso del mundo la maestra le respondía. -Pues esto se maneja como todo en México, con tranzas y compadrazgos. El anterior director me había postulado a mi como su sucesora y todo iba bien, pero de la noche a la mañana el director cambio de idea y puso a Rigo como el director, diciendo que era lo justo ya que era el docente con más años trabajando aquí. Aunque también es el maestro que más indisciplinas tiene. Después de unos años me encontré al ex director en un seminario y ahí fue donde me dijo toda la verdad. Que una noche uno de los lideres del sindicato de maestros le marco por teléfono y le dijo que, si no le daba el cargo a Rigoberto, él se encargaría de congelarlo sin poder cobrar sus cheques de jubilación y taparía a sus hijos para que no pudieran ejercer como maestros ya que ellos también habían estudiado lo mismo que él. Así que viéndose acorralado tuvo que ceder. Yo intente confrontar a Rigoberto, pero sin pruebas me fue difícil el hacer algo- Myriam con un semblante de tristeza le contaba la historia a una sorprendía Samantha que no daba crédito de lo ruin que podría ser aquel hombre que consideraba en sus años de adolescente como un maestro ejemplar.

    -Pero entonces ¿porque no se fue a otra escuela? Estoy segura que hubiera tenido posibilidades de haber sido directora- le cuestionaba la decisión a su ex mentora.

    -Jajaja que te digo. Soy una romántica empedernida, Samantha. Esta fue la escuela que me abrió sus puertas cuando yo era una jovenzuela que apenas había salido de la Universidad. Le tome mucho cariño y me jure que aquí permanecería toda mi vida profesional sin importar si lo hago como maestra, directora o la conserje. Amo esta escuela y amo a mis alumnos- sus ojos reflejaban completa sinceridad. Ella amaba tanta su profesión que todos los galardones y premios que había recibido por su extraordinaria labor en educar a tantas generaciones de adolescentes, no le llenaban tanto como el recibir una felicitación de los padres de familia o de sus mismos estudiantes que con los años se los había encontrado y veía que ya eran todos unos profesionistas o personas de bien.

    Samantha no pudo evitar soltar unas lágrimas de felicidad por tan lindas palabras que había dicho la maestra. Sabía que todo lo que decía era cierto porque tuvo la fortuna de haber sido su alumna y había visto lo apasionada que era a la hora de educarlos. Incluso recuerda aquellas horas que se quedaba después de clases para darle clases extras a sus compañeros que iban más atrasados y no recibía un dinero extra por eso.

    -Pero no llores porque me harás chillar a mi también jijiji- Myriam tomando una servilleta de la mesa se limpiaba los ojos ya que podía sentir como unas lágrimas se comenzaban a formar en su lagrimal.

    -¡RIIIIING!- el ruido del timbre las saco de aquel bello momento que estaban pasando.

    -¡Chin! Ve la hora que es, los muchachos ya saldrán a su recreo. Fue un gusto volver a verte y charlar contigo, Samantha. Pero tengo que ir a calificar unas tareas- levantándose de su silla y la casada secundándola se dirigieron a la puerta mientras continuaban charlando.

    -No maestra, el gusto fue mío de poder verla de nuevo y ver que sigue siendo tan extraordinaria maestra. Por cierto, ahí le encargo a mi hijo, se llama Daniel Jauregui Santillán va en primero- ya ambas en la puerta, veían como comenzaban a hacer acto de presencia los primeros alumnos que salían de sus salones.

    -Así que Danielito es tu hijo. Por eso es tan inteligente y responsable, salió idéntico a la madre. No tienes de que preocuparte, es un alumno extraordinario, es el número 1 en todas sus clases- con una risa apenada por el parecido de madre e hijo, Samantha le agradecía por ese cumplido. Mientras se sentía orgullosa al escuchar que su hijo era el más aplicado.

    Luego de decirse una que otra cosa e intercambiar números telefónicos para estar más en contacto, la maestra de despidió y se fue perdiendo entre la multitud de alumnos que salían a su media hora de descanso. Samantha ya iba con rumbo a la salida ya que esos recuerdos de los que sucedió en la oficina del director de nueva cuenta comenzaban a aparecerse en su cabeza, cuando a lo lejos vio a su hijo que caminaba por detrás de las aulas mientras giraba su cabeza hacia todos lados como si alguien lo estuviera siguiendo. Así que decidió ir con él para ver que le sucedía y despedirse.

    Mientras tanto Daniel.

    Había salido de su salón para ir directo hacia la tiendita para comprarse algo de desayunar, pero justo en ese momento vio como Brayan y sus amigos venían hacia él. Con el temor recorriendo todo su cuerpo por lo que había sucedido ayer, el chico solo atino a recular y comenzar su huida mientras los demás estudiantes servían como obstáculos para que aquel pandillero y sus amigos no lo alcanzaran. Rápidamente llego justo a la espalda de los salones que se encontraban más al fondo de la escuela donde casi nadie nunca iba. Intuía que tomar ese camino le serviría para caminar más rápido y llegar a la bodega donde su viejo amigo lo podría defender. Pero su sorpresa y suspenso fue mayor cuando giro su cabeza y miro que Brayan ya no se veía. Aunque una parte de el sintió verdadera paz al pensar que se había enfadado de tener que caminar entre tanta gente y prefirió claudicar el intento. Su sexto sentido lo mantenía alerta ya que presentía que algo malo iba a ocurrir y por desgracia tenía razón.

    Daniel ya había llegado a la última aula en la que no había ni un alma a la redonda, estaba por girar a la esquina para así llegar a la puerta que lo llevaría directo a la bodega cuando fue rebotado por un cuerpo, haciendo que el chico cayera de nalgas al suelo.

    -¡BUUU!- fue lo que dijo Brayan en tono de burla al ver la cara horrorizada del gordito, como si hubiera visto a un fantasma. -¿Acaso intentabas escapar de mí, marrano?- rápidamente cambiando su cara burlesca por una seria se ponía de cuclillas para acerca más su rostro.

    -Nononono- dado al pavor que tenía, Daniel comenzó a tartamudear al tener tan de cerca aquella mirada.

    -¿Sabes algo, marrano? Hoy no tengo tiempo de juegos. Hace rato que mi mamá salió de la junta me regaño porque el maestro le dio muchas quejas de mí y me dijo que en la casa se las iba a pagar. Así que tengo que liberar mi enojo con mi costal de boxeo favorito. Así que levántate para emparejarte el otro ojo jajaja- haciendo una señal, sus amigos tomaron de los brazos al indefenso puberto y lo levantaron mientras el pataleaba y movía sus brazos intentando liberarse.

    -¡NOOO BRAYAN! ¡PORFAVOR NO ME PEGUES! ¡TE LO SUPLICOOO!- con sus ojos vidriosos queriendo llorar por la impotencia de no poder hacer nada. Daniel deseaba que en ese momento le pudieran salir alas y salir volando de ahí para ya no volver jamás. Pero tan solo miraba con pánico como Brayan se ponía de pie mientras se arremangaba la camisa del uniforme para comenzar con su martirio.

    -¿De qué hablas, marrano? Si hasta tú me pones de pechito. Mira que venir a la parte más sola de la escuela donde nadie nos ve. Me cae que a ti ya te gusta que te de tus madrazos jajajaja- poniendo su brazo en el hombre de Daniel, en tono burlesco de nueva cuenta, le comentaba lo tonto que había sido al tomar aquella ruta.

    Brayan dando otra seña a sus amigos que no dejaban de reír por los hirientes comentarios que le decía al indefenso chico, hizo que lo soltaran dejándolo de pie. Daniel pensó en correr, pero para su desgracia lo tenían acorralado sin ningún lugar a donde ir. Brayan ya estaba quitando su brazo del hombro de Daniel para empezar con su sesión de terapia cuando el grito de una voz femenina lo detuvo.

    -¡DANIEEEL! ¡ESPERAME HIJO!- tastabillando por lo complicado que era caminar por aquel camino ya que carecía de cemento y estaba repleto de raíces que sobresalían de la tierra de los diferentes árboles que se encontraban por ahí, sin mencionar la lama que había en el suelo. La casada se fue acercando poco a poco a esa pequeña aglomeración de estudiantes que había a unos metros de ella.

    -¡Chin! ¡Es la mamá de este wey! ¡Mejor vámonos!- el grupito se decían entre ellos mientras veían como aquella pelirroja mujer ya estaba cerca e intuían que se meterían en problemas ya que lo más seguro es que Daniel los delataría con ella.

    -Aguántense, no sean jotos- Brayan de forma autoritaria los calmaba. -Tu no vas a decir nad…- apenas iba a persuadir a Daniel cuando Brayan pudo ver detrás de uno de sus amigos la melena pelirroja de la mujer.

    Pero grande fue su sorpresa y la de sus amigos cuando vieron de cerca a aquella mujer. En su prematura vida jamás habían visto a una mujer tan guapa y atractiva en su vida. Ni las modelos de los videos porno, se comparaban a aquella diosa. Por su parte Samantha, al llegar y mirar como aquellos chicos la veían embelesados, solo se limitó a levantar su mano y hacer una señal de saludo mientras le sonreía a cada uno de ellos.

    Aquel grupo de chicos le parecían un grupo normal, pero el que le llamo fuertemente la atención fue el chico que estaba de frente a Daniel. Le daba la impresión de que él era el líder de dicho grupo ya que sin duda alguna era el más guapo de todos. Aunque aún era un puberto, no demostraba el ataque del acné en su rostro como en los demás, su piel era blanca y sus ojos negros con una mirada era penetrante. También veía como tenía un piercing en la ceja izquierda y su cabello lo tenía peinado para arriba con unos rayitos de color amarillo en las puntas. Su complexión era delgada pero no escuálida sino más bien atlética. Tenía unas pulseras de picos y una cadena con una calavera como dije en su cuello. Entre más veía al chico, Samantha más caía en cuenta que ese chico debería de ser uno de esos chicos problemas que nunca faltan en cualquier escuela. Lo cual la alarmo al ver a su hijo junto a él y recordar que ayer le había dicho que había hecho nuevos amigos.

    -“¿Acaso ese será su nuevo amigo?”- pensaba con inquietud la mujer. -Mi amor, ¿Qué haces aquí?- pasando entre los chicos que tenía enfrente, la casada se acercó a su hijo mientras lo tomaba de su mejilla.

    -Es que…- Daniel aun con el miedo que le había provocado el casi recibir su segunda paliza, le hacía no poder hilar una oración completa y más sabiendo que si decía algo que echara de cabeza a Brayan. Prácticamente estaba firmado su sentencia de muerte.

    -Estábamos jugando, doña- al mirar como el obeso chiquillo no podía emitir palabra alguna y con miedo de que aquella hermosa mujer comenzara a sospechar, Brayan rápidamente respondió haciendo que Samantha lo volteara a mirar.

    -Pero no jueguen aquí, está muy peligroso. Se pueden caer- con verdadera preocupación por la integridad de ellos, la mujer les recomendaba que evitaran aquel lugar mientras los chicos decían que si tan solo moviendo la cabeza.

    -Una disculpa, doña. Es que estábamos jugando a las alcanzadas y su hijo vaya que nos resulta difícil atraparlo todos los días jajaja- en tono irónico y poniendo de nueva cuenta su brazo en el hombro de Daniel, Brayan le respondía a la mujer.

    -Entonces ellos son los amigos nuevos que me dijiste que te hiciste ayer y te invitaron a jugar futbol, amor?- volteando a mirar a su hijo y con una ligera intriga, Samantha esperaba expectante la respuesta.

    Daniel sintió vergüenza al ver como su madre ventilaba delante de ellos que habían mentido y no les había dicho a sus padres que había sido víctima de una golpiza por el chico que tenía a un lado. Seguro que todos ellos pensaban que era un cobarde por preferir callar aquel maltrato que había recibido ayer. Con la mirada hacia el suelo en señal de sentirse derrotado y viendo que su mentira había terminado, el chico entendía que era hora de contarle la verdad a su madre aceptando las dolorosas consecuencias que estas conllevaban.

    -¡SÍ! Esos somos nosotros. Mucho gusto doña- justo antes de que Daniel abriera la boca, Brayan como si le leyera la mente de lo que estaba a punto de decir se adelantó y de la forma más amigable posible le respondió a Samantha. Cosa que dejo asombrando tanto a Daniel como a su grupito que reían entre ellos cuando habían escuchado que el cobarde chico le había dicho a su madre que eran sus amigos.

    -¡Oh! Mucho gusto… este… me llamo Samantha y ¿tu?- con un tono de no estar muy convencida con aquella amistad la mujer se presentaba. Total, ya tendría tiempo de charlar con su hijo sobre lo mala influencia que podría ser esa amistad.

    -Yo me llamo Brayan- el chico tomando a Daniel del cuello en forma de hacer notar lo buenos amigos que eran, le respondía mientras miraba aquellas colosales montañas de carne que se podían notar en la parte delantera del vestido.

    -Mucho gusto. Bueno solo venía a despedirme de ti mi vida. Ya me voy a la casa. Nos vemos al rato. Te amo. ¡Muac!- Samantha volviéndose a dirigir hacia su hijo le daba un beso tronado en la mejilla mientras los demás chiquillos morían de envidia, en especial Brayan ya que él quería ser quien recibiera tan cariñoso beso.

    Daniel estaba tan sorprendido por todo lo que había sucedido que ni siquiera había puesto atención a tan vergonzoso acto que había hecho su madre delante de aquellos chicos.

    Samantha despidiéndose con un saludo al aire de los demás estudiantes y volviéndoles a reiterar que no jugaran en esos lugares se marchó no si antes regalarles a aquellos pubertos calenturientos un involuntario pero exquisito meneo de caderas.

    Después de que aquella pelirroja mujer se perdiera de la vista de aquellos chicos, estos de nueva cuenta centraban su atención en Daniel que de nueva cuenta sentía como el pavor volvía a su cuerpo, presagiando lo que le estaba por pasar.

    -¡Ahora si Brayan, pártele su madre jajaja!- los chicos de forma eufórica le decían a su líder que comenzara con golpiza que tenía prepara para ese indefenso chico.

    Daniel ya no gritaba ni lloraba, era como aquel preso resignado que esta delante del verdugo que acabara con su vida. Pero en eso sus ojos vieron algo que no entendía.

    -¡Vámonos!- dándole la espalda a Daniel y tan solo diciendo eso, se comenzó a alejar del chico mientras sus achichincles veían atónitos la acción.

    -Pepe… ro Brayan. ¿No le vas a partir su madre al marrano?- uno de los chicos le pregunto mientras se acercaba a él.

    -Si sigues chingando al que le voy a partir su madre es a ti- girando su mirada y mirándolo con enojo le respondía, haciendo que el chico tragara saliva. -Ya les dije que nos vamos- al escuchar aquella orden, los demás chicos se fueron sin protestar mientras dejaban a un confundido Daniel ahí parado.

    Nadie entendía el porqué de aquella acción del Brayan. Ni el mismo estaba completamente consciente del porque lo hizo. Tan solo podía pensar en aquella mujer que acababa de ver y sentía como su pene daba señales de vida en sus pantalones. Todo eso lo tenía confundido, al final ya tendría más días para madrearse a ese gordo, pensaba el chico.

    Una hora más tarde en la casa Jauregui.

    Samantha apenas había entrado a su casa y había comenzado a llorar. La culpa de la casi infidelidad que había estado a nada de consumar la tenían con un cargo de consciencia como jamás antes había tenido. Y es que, aunque con el viejo verdulero había tenido un ligero desliz que no había pasado mas allá de un no tan ingenuo abrazo. Lo que había vivido en aquella oficina había superado cualquier límite de moralidad, prácticamente se le había ofrecido al director de la escuela de su hijo como si fuera una prostituta.

    -Soy una estúpida. ¿Con que cara voy a ver a Roberto? El siempre tan bueno y atento conmigo y yo comportándome como una cualquiera. ¡Dios ayúdame por favor!- la mujer recriminándose se ponía a mirar el retrato religioso que tenía pegado a un lado de su cama en búsqueda de alguna señal que pudiera sanar su alma tan dañada.

    Tomando su teléfono intento contactarse con su esposo, pero este jamás le contesto ninguna de sus insistentes llamadas. Samantha se sentía sola flotando en medio del mar mientras la peor de las tormentas la azotaba. Mirando desde la cama su reflejo en el espejo, un ataque de ira se apoderaba de ella y es que recordaba que todas esas pecaminosas desgracias habían comenzado desde que había vuelto a vestir de una forma más ligera. Recordaba todas las veces que tanto su madre como Roberto, le habían comentado la forma en que debería de vestir una mujer casada, pero ella fiel a su terquedad intentaba regresar a sus años de gloria. Ahora veía a su cuerpo con odio de nueva cuenta y pensaba que era algo así como la caja de pandora, ya que cada que se destapaba, aunque fuera un poco, algo muy malo ocurría. Sin perder tiempo se quitó el vestido quedando en su erótica lencería que también sin el más mínimo miramiento se despojó de ella, enfundándose en su camisón de dormir y se volvió a acostar en la cama mientras sollozaba de tristeza.

    Las horas pasaban y aunque su ánimo le pedía seguir en la cama, veía que ya no tardaría en llegar su hijo y lo que menos quería era el que la viera en ese estado tan lamentable. Así que, tomando fuerzas de lo más profundo de su ser, se levantó y se dirigió al baño. Suponía que la mejor forma de recobrar energías era con un baño. Así que desnudándose le abrió a la regadera y comenzó con aquel baño. Mientras estaba debajo del chorro de agua no pudo evitar comenzar a llorar de nueva cuenta al recordar lo vivido, pero a diferencia de hace rato, ahora no solo recordaba lo que paso en aquella oficina sino también lo vivido con el verdulero, el conserje y con el taxista. En un principio no paraba de recriminarse por todo eso, de cómo se había dejado manosear con aquellos viejos feos que podrían ser sus abuelos. Pero para su sorpresa las lágrimas poco a poco fueron dejando de salir de sus ojos y fue cambiado por un ya familiar calor en su vientre. Y es que entre más recordaba lo viejos y feos que eran esos sujetos, un morbo comenzaba a nacer dentro de ella, uno que le insinuaba lo degradante que sería para ella, una mujer guapa y atractiva el estar con alguien tan feo y viejo. Justo en ese momento su cabeza de nueva cuenta jugándole una mala pasada, le ponía imágenes de los enormes bultos que se les marcaban a esos viejos. Eran cosas que consideraba irreales. Pero al recordar aquella verga babosa que se había tallado contra su hinchada vagina hace unas horas y la había visto en todo su esplendor le confirmaba que si eran reales. Aunque la verga de Rigo era la más pequeña de la de todos esos viejos, su grosor sin duda alguna no le envidia nada a la de los demás.

    Sin darse cuenta su calentura se había apoderado de su cuerpo, haciendo que una de sus manos comenzara a masajear sus enormes y duros pechos mientras que su otra mano comenzó a sobar con toda su palma su carnosa vagina.

    -¡Aaah! ¡Mmmhhh! ¡Aaaah!- era los gemidos que comenzaban a salir de los labios de Samantha mientras tenía los ojos cerrados y se recordaba a ella abierta de piernas en la oficina de Rigo. Pero con la ligera diferencia que ahora no solo era Rigo quien estaba presente, sino que eran los 4 viejos quienes estaban completamente desnudos mientras se masajeaban sus erectas vergas alrededor de ella.

    -Esto mhhh… esta mal aaah… pero… pero… porque mmh… se sienta tan bien ¡AAAH!- la mujer se decía entre jadeos y gemidos mientras continuaba estimulando sus zonas erógenas. Justo fue cuando estaba terminando aquella oración que presa de la calentura introdujo uno de sus dedos en su hambrienta panocha que por instinto aprisiono aquel dedo, provocándole un gran placer a Samantha. Y es que aún no entendía como aquella escena con tan deplorables sujetos la tenían en ese nivel de excitación. Tan solo sabía que entre más se imaginaba a ella abierta de piernas, masajeando su vagina y pechos, mientras ellos la miraban con esos ojos de lujuria y se masturbaban, más caliente se iba poniendo.

    Ya no importándole nada y dejándose guiar por las necesidades que en eso momento tenía su cuerpo. Dio rienda suelta a sus deseos mundanos.

    -¡Aaah siii! ¡que ricooo! ¡mmmh! ¡Síganme viendo viejos rabo verdes! ¡¿Les gusta como me toco para ustedes?!- desatando sus más bajos instintos, la casada comenzó a exclamar las primeras peladeces que se le venían a su cabeza mientras comenzaba a descender su cuerpo hasta que sus rodillas se apoyaron en el piso, pero sin dejar se dedearse su encharcada panocha y ya pellizcando ligeramente sus erectos pezones. Todo esto mientras seguía con los ojos cerrados imaginando toda esa escena con los viejos.

    -¡Si! ¡¡Si!! ¡¡¡Si!!! ¡Miren lo cachonda que me ponen por sus peladeces que me dicen y la forma vulgar en la que me miran! ¡mmmh! ¡aaah que rico siento mi vagina!- mientras más vulgaridades decía, sentía como su cuerpo la premiaba con más placenteras descargas de electricidad que recorrían toda su espina dorsal y hacían que cada poro de su piel se estremeciera.

    A lo largo de su vida jamás había sido una mujer practicara habitualmente el masturbarse. Tal vez cuando iba en la secundaria o preparatoria que comenzaba a explorar y descubrir los placeres que su cuerpo le podía regalar fue cuando más exploro ese camino. Pero dada a la poca por no decir nula educación sexual que había tenido de sus padres y a los sermones dominicales en los que el sacerdote de la iglesia les decía que todas esas acciones eran pecados que Dios les cobraría cuando le fueran a rendir cuentas. Hizo que la adolescente en ese entonces se alejara completamente por el miedo de ser juzgada por Dios. De esa forma es que la mujer encontró una salida y fue el sentirse deseada y amada por todos a su alrededor, eso le ayudaba a mitigar esos deseos en la noche. Pero ahora después de varios años de estar casada y estar reprimida, sus hormonas que se encontraban en un profundo letargo, se comenzaron a despertar con aquellas miradas y caricias del verdulero, haciendo que a la postre todas ellas llegaran a su grado más alto de ebullición con las zorradas que había hecho esa mañana, dejándole como única opción el tocarse para mitigar aquel asfixiante pero placentero calor que estaba sintiendo en ese momento.

    -¡Sigan…seee tocandose sus enormes pe…nesss! ¡aaahh! ¡¿Que se sentirá tocar esas cosotas?! ¡mmmm… quisiera tocarlas!- en su fantasía los viejos no emitían ni una sola palabra, tan solo se masturbaban de forma desenfrenada mientras veían a Samantha masturbarse y diciendo aquellas guarradas.

    Ya sintiendo que algo muy dentro de su vagina se comenzaba a formar, introdujo un segundo dedo y como si estuviera poseída comenzó con un vaivén feroz de sus dedos, entrando y saliendo a gran velocidad de su inundada vagina haciendo que en el baño aparte del ruido de la regadera, sus guarradas y gemidos, se escuchara un ¡chop, chop, chop! por el chapoteo que hacían sus dedos al entrar y salir de su vagina.

    -¡Si! ¡¡Si!! ¡¡¡Si!!! ¡Que ri…coooo! ¡Ya vieneee…! ¡Ven… gan… seee conmigooo aamhh mmmhhh ahhhh…!- meneando salvajemente sus caderas como si estuviera montando una de esas mortales vergas y arqueando su espalda al punto que termino cayendo de nalgas en el piso pero con las piernas bien abiertas elevadas sin dejarse de masturbar, abrió los ojos como plato intentando dar un gran grito que quedo ahogado para luego dejar sus ojos en blanco mientras sentía como una gran cantidad de chorros calientes salían de su panocha a la par que en su fantasía, los viejos se corrían y la llenaban de abundante semen caliente en gran parte de su cuerpo. Con cada nueva descarga de nuevos caldos, sentía como su cuerpo se estremecía, sintiendo como su vagina succionaba sus dedos como si se los quisiera devorar. Con las pocas fuerzas que le quedaban retiro sus dedos y se dejó caer en el piso. Su cuerpo había quedado sumamente sensible, sentía cierto dolor cada que el chorro de la regadera golpeaba contra sus pezones que aún permanecían como roca o el chorro tocaba su rojiza vagina. Pero eso no le importaba mucho a la casada, en toda su vida, jamás había llegado a un clímax tan intenso y placentero, dibujándosele una gran sonrisa en su rostro mientras respiraba entre cortadamente.

    Después de unos minutos que le sirvieron para recuperar el aliento, Samantha termino de ducharse y comenzó a alistarse para recibir a su hijo. Ya se había cambiado y ahora se encontraba sentada en su tocador acicalándose su cabello. Aunque aún tenía esa tristeza en sus ojos de lo que había pasado en la escuela, aquel baño y sobre todo aquel intimo masaje que se había dado le habían servido para liberar demasiado estrés, ahora la pregunta que rondaba la cabeza de la mujer no era de la casi traición que casi le iba a cometer a su esposo. Sino por qué había fantaseado con aquellos viejos mientras se tocaba y como es que dicha fantasía le había hecho tener el mayor placer sexual en toca su vida. Mientras más pensaba en eso, su rostro más se ruborizaba de la pena al imaginar que tal vez le excitaban los viejos.

    -Tu estás loca. Tan solo pensaste en ellos por todo lo vivido con ellos en los últimos días- intentando calmarse y encontrando una respuesta medianamente creíble, la mujer continuó arreglándose.

    La tarde continuó de una manera tranquila. Su hijo llego y dado a que no pudo hacer nada de comer, decidió consentirlo encargando unas pizzas para comer ambos mientras veían alguna película o serie que su hijo quisiera ver. Samantha y Daniel se pasaron la tarde viendo la tele, sin que ninguno de los dos tocara el tema de Brayan. Al final Samantha no tenía ánimos de entrar en una discusión con su hijo y Daniel en realidad no tenía nada que decir y más con aquella acción que tuvo aquel chico al no golpearlo.

    Sin darse cuenta la noche había llegado y con ello el miedo de nuevo se apoderaba de Samantha al recordar la discusión que había tenido esa mañana con su esposo. Roberto en todo el día no le había devuelto una llamada o enviado algún mensaje. Lo que le dejaba entre ver que el seguía muy molesto con ella y con justa razón pensaba ella ya que lo había contra decido delante de otras personas. Daniel dándole un beso en la mejilla se despidió de ella, diciéndole que ya era noche y se iría a dormir. La mujer saliendo de sus pensamientos, le regreso el beso y lo acompaño a su recamara para luego de dejarlo acostado ella irse a la suya. Ya de nueva cuenta vestida con su camisón se metió a la cama y tomo su libro para ver si con eso se podría tranquilizar y encontrar las palabras perfectas a la hora de que llegara Roberto. Pero justo estaba por abrir su libro cuando escucho que la cerradura de la puerta principal se abrió. Samantha tomando con todas sus fuerzas su libro, comenzó a rezarle a todos los dioses que le ayudaran. En esta ocasión sentía un vacío en su estómago, pero no era placentero como las otras veces, esta vez era un vacío que le provocaba angustia y miedo. Justo en ese momento miro como se abría la puerta del cuarto y entraba su esposo.

    -Buenas noches- fue el escueto y gris saludo que el hombre le dijo a su esposa mientras le daba la espalda y comenzaba a desvestirse.

    -Bubuenas noches amor. ¿Cómo te fue?- la mujer intentando no soltarse a llorar, le respondió de la forma más dulce posible.

    -Bien- fue la constatación fría que recibió de nueva cuenta por parte de él.

    Ya no pudiendo contener sus lágrimas de culpa y tristeza la mujer comenzó a disculparse por lo de esa mañana.

    -Amor… snif… perdóname por lo de esta mañana no fue… snif… mi intención- Roberto volteando su mirada vio como de los ojos de su esposa rodaban lagrimas mientras continuaba sosteniendo con todas tus fuerzas su libro entre su pecho.

    El hombre aun con sus pantalones puestos, pero con su torso bien trabajado al desnudo se arrodillo del lado de la cama del que duerme su esposa y tomando una de sus manos se la beso mientras con un rostro de verdadero arrepentimiento ahora era el quien se disculpaba.

    -No tienes por qué pedirme perdón, amor. Aquí el único culpable fui yo y mis celos estúpidos. Tu estabas emocionada de ver a tu profesor de la secundaria y en vez de dejarte charlar cómodamente con él te hice una escenita de celos como si fuéramos unos niños. Te pido una disculpa de corazón, amor- el hombre tomando firmemente la mano de su amada y permaneciendo con una rodilla en el suelo, le pedía disculpas.

    -Pepero…- Samantha sin entender la situación y aun con una lagrimas que surcaban sus mejillas lo veía asombrada ya que su esposo era muy raro que tomara esa postura donde él era el que se tuviera que disculpar.

    -Estaba muy molesto en la mañana, pero después Conchita mi secretaria me hizo ver lo infantil que me había portado contigo y en la tarde no quise venir a comer con ustedes porque se me caía la cara de vergüenza. Pero en verdad quiero que me perdones, Samantha- Roberto con verdadero arrepentimiento por su comportamiento ahora no solo la tomaba de la mano si no que le daba tenues besos en ella.

    -No tengo nada que perdonarte… snif… amor. Yo también tuve parte de culpa por tomar esa postura… snif… pero qué bueno que Conchita intercedió y pudo solucionar el problema. Mañana que la veas le agradeces de mi parte, ¿si?- sonriendo aun con lágrimas en su rostro, la mujer acercaba su rostro al de su esposo para darle un beso.

    Después de la reconciliación entre ambos, Roberto termino por desvestirse y ponerse su pijama para meterse en la cama. Ya con la luz apagada y ambos acostados, continuaron una breve conversación.

    -Aparte ahorita que venía para la casa, me sentí más estúpido al recordar los celos que me dieron en la mañana. Como le podría tener celos a ese tipo, ni volviendo a nacer podría tener una oportunidad contigo. Ya que tú eres la mujer más hermosa de este mundo y el… mejor dejémoslo así jajaja ¡Muac!- mientras reía, con su brazo atrajo a su amada esposa hacia el para darle unos besos en su frente.

    Samantha sintiendo un frio que recorría todo su cuerpo al escuchar esas palabras. Tan solo le hacían recordar lo vivido esa mañana, haciéndole sentir como si unas dagas atravesaran su corazón. Porque para mala sorpresa de su esposo, ella estuvo nada de haberse entregado a ese inferior hombre. Pensaba la mujer mientras se hacía bolita e intentaba meter su rostro entre la cobija por miedo de ser juzgada.

    Manteniéndose en silencio sin responderle a su esposo mientras el reía, ella se limitó solo a voltearse dándole la espalda. El cargo de consciencia de a poco volvía a ella y sabía que no tenía nada que decir si es que no quería perder a su esposo. Roberto al sentir la postura que había tomado su esposa, intuyo que se había molestado por hablar mal de ese sujeto que resultaba ser un amigo. Así que intentando no arruinar aquel momento en que ambos se habían reconciliado tan solo le dijo que mejor ya era hora de dormir, soltando a su esposa. A los minutos la mujer pudo escuchar los leves ronquidos de Roberto lo que le decía que su esposo ya se encontraba en los brazos de Morfeo. Pero ella entre más intentaba cerrar los ojos, las imágenes de aquel obeso tipo encima suyo, restregando su pene contra su intimidad hacían acto de presencia. Hasta que después de unas horas donde el cansancio pudo más, la mujer también cayo rendida.

    A la mañana siguiente la mujer escuchaba entre sueños como su esposo le llamaba mientras él ya se encontraba metiéndose a bañar.

    -¡Se me hizo tarde!- decía la alarmada mujer mientras de un brinco se levantaba de la cama.

    Ella era la primera en levantarse para preparar el almuerzo, pero dado a que ayer no podía conciliar el sueño, le causo factura esas horas en vela. Rápidamente dirigiéndose a la cocina preparo el almuerzo lo más rápido posible. Por fortuna para ella todo salió bien y la familia desayuno como de costumbre mientras Roberto felicitaba a su hijo por lo buenos comentarios que le habían dicho ayer en la junta. Después de almorzar padre e hijo se despidieron de Samantha y se marcharon. A diferencia de los días anteriores, la mujer rápidamente se metió a la casa, sin esperar a su joven admirador. Así que sin perder tiempo se fue a su cuarto y prefirió recuperar esas horas de sueño que había perdido ayer.

    Mientras tanto Roberto y Daniel ya se encontraban en la entrada de la escuela y para sorpresa de Roberto, ni el tilico intendente ni el mantecoso director se encontraban ahí. Roberto no prestándole de más importancia se despidió de su hijo y se marchó en su coche mientras Daniel entro a la escuela. El motivo de que ninguno de aquellos sujetos se encontrara ahí es que ambos tenían miedo de que Samantha hubiera contado algo de lo de ayer y el hombre trajeado hubiera ido a darles la golpiza de su vida.

    El día paso sin mayores aspavientos para la casada que se entretuvo limpiando la casa y preparando la comida. Hacer el aseo, comer con su familia e irse a dormir. Así fue los demás días hasta que llego el viernes, un día antes de la gran noche.

    Ya era pasado mediodía y en la escuela sonaba el timbre notificando que las clases acababan de concluir. Los chicos como es habitual salieron en estampida buscando la libertad. Mientras Daniel con un paso tranquilo era casi de los últimos en salir. El chico iba caminando por la calle mientras iba tomándose un raspado que había comprado afuera de la escuela mientras pensaba en como desde el día que su madre fue a la escuela, Brayan había cambiado con él. Desde ese día no había vuelto a tener contacto con él. Pensaba que tal vez le había tenido miedo a su madre y por eso es que había decidido alejarse. Pero lo desecho rápido esa idea, nadie le podría tener miedo a su madre (solo si se enojaba) ella era un pan de dios. Con su mirada y su sonrisa podría descongelar el tímpano de hielo más gélido que existiera. Sin encontrar una respuesta exacta prefirió dejar de lado todo aquello y continuar con su vida, al final todo volvería a como era antes, pensaba el chico.

    Justo en ese momento y para sorpresa de Daniel, Brayan de la nada aparecía y le cortaba su camino. Tan solo que a diferencia de las demás veces que lo había visto, ahora se encontraba solo pero no por eso dejaba de ser alguien intimidante.

    -Brayan, ahorita no tengo dinero. Me lo acabo de gastar en mi raspado. Si quieres te lo doy, pero no me pegues- el chico pensando a lo que venía, quiso adelantarse para ver si así podía evitar que le fueran a pegar. Pero tan solo veía que el pandillero se le quedaba viendo sin emitir ninguna palabra. Los segundos pasaban y Daniel sentía que habían pasado horas, temía que en cualquier momento sin avisar tan solo sintiera el mismo golpe. Pero sin más, Brayan comenzó a hablar.

    -Le dijiste a tu jefa que éramos compas, ¿no?- apenas Daniel le iba a explicar el motivo cuando de nueva cuenta Brayan comenzó a hablar. -Entonces serás mi compa, pero a escondidas. Ya no te hare nada mientras que tú me ayudes con mis tareas- Daniel ni siquiera había escuchado eso último, con el solo hecho de escuchar que el bullying de la escuela le estaba ofreciendo su amistad no pudo evitar sonreír. -¿Entendiste?- Brayan al mirar que el chico lo veía con una sonrisa estúpida, le pregunto si había escuchado el acuerdo.

    -Sisisi, entiendo- el gordito afirmaba apenas medio entendiendo las cosas. Aun pensaba que era el amigo del chico más temido de la escuela y eso lo llenaba de mucha emoción.

    -Bueno, me voy. Nos vemos luego marran… ¿Cómo te llamas?- intentando verse educado con su nuevo amigo, el chico intento evitar llamarlo por el apodo denigrante que le había puesto con sus amigos. Quería comenzar de la mejor forma posible aquella nueva amistad.

    -¡Daniel! ¡Me llamo Daniel- con un brillo en sus ojos y una sonrisa de oreja a oreja le respondía.

    -Bueno. Dani nos vemos luego- dando media vuelta se comenzaba a alejar, pero fue detenido por la voz de su nuevo amigo.

    -Si quieres puedes venir mañana a mi casa. Mis papás no estarán y podemos jugar videojuegos mientras comemos pizza- con verdadera alegría le daba la invitación mientras se acercaba a él.

    Aunque Brayan tenía otros planes con esa amistad, el escuchar que habría pizza le llamo mucha la atención mientras sentía como sus tripas se alborotaban. La pizza era de sus comidas favoritas, pero por desgracia casi nunca podía comerla por la pobre economía que había en su casa. Así que, al ver aquella oportunidad, no la quiso desperdiciar.

    -¡Arre! Mañana te guacho en tu casa entonces. Pásame la dire por whats- sacando ambos su teléfono, intercambiaron números y sin más cada uno se fue por su lado. Daniel muy alegre de por fin tener un amigo y no cualquier amigo, sino el más popular y temido de la escuela. Mientras Brayan se alejaba con una sonrisa maliciosa.

    -Tal vez mañana se me haga ver de nuevo a la pelirroja- decía en voz baja mientras le hacia la parada a un microbús y se subía en el.

    Daniel llegando a su casa, corrió en búsqueda de su madre para contarle tan buena noticia. Pero se la encontró ocupada en la sala con Doña Carmen viendo los últimos detalles de la salida de mañana. Por lo que su madre no lo pudo atender y prefirió irse a su cuarto en vez de escuchar esa aburrida platica. Suponía que a la hora de la comida aquella señora se habría ido y entonces les podría decir a sus 2 padres juntos la gran noticia que les tenía. Pero para su mala suerte Doña Carmen se quedó a comer para también hablar con Roberto sobre la noche de mañana, haciendo que su padre tampoco le hiciera caso. Después de la comida y ya sin su padre y Doña Carmen, su madre ahora si le pregunto qué era lo que le tenía que decir, pero con un tono de fastidio por averse sentido desplazado tan solo le dijo que nada y se fue a su cuarto. Así termino aquella jornada hasta que llego el tan esperado día para los 4 involucrados.

    Samantha se levantó con un mejor humor del normal. Pudo ver que su esposo ya no se encontraba en la cama. Sabía que se había ido mucho más temprano para adelantar algunos documentos que tenía pendientes para salir antes y poder ir con ella al bar. Puso música y se puso a hacer la limpieza de la casa para después preparar el almuerzo para ella y su hijo. El día corría de forma maravillosa para la joven casada. Hasta que en la tarde cuando estaba arreglando la ropa que se pondría, escucho que sonaba su celular y se dio cuenta que se trataba de su esposo.

    -¡Hola, mi amor! Justo me agarraste en la elección de cual vestido me pondré para al rato jijiji- como si se tratara de la primera cita de 2 enamorados, la mujer se acostó en la cama mientras movía sus pies en el aire.

    -Este… justo de eso te quería hablar, amor- de fondo se podía escuchar maquinaria pesada y los gritos de varia gente que se podía imaginar eran los albañiles que Roberto tenia a cargo. -Sucedió un percance en la construcción y tuve que venir para solucionarlo. La verdad no creo que vaya a poder llegar a la hora que te había dicho- entre gritos el hombre le decía y es que, con los fuertes sonidos de la maquinaria, apenas y así se podía oír.

    -Pero tú me habías dicho que si iríamos…- con un tono de tristeza combinado con enojo la casada le recriminaba. Había estado esperando tanto esa noche pensando que sería especial, que al escuchar aquella mala noticia, tan solo le daban ganas de llorar por la impotencia de que su esposo prefiriera atender su trabajo y no a ella.

    Roberto alejándose cada vez más de las obras, prefirió entrar a su coche para así poder escuchar de mejor manera las quejas de su esposa.

    -Lo sé, Samantha. Pero entiende que no es mi culpa, hubo un ligero deslave a la hora de estar construyendo el estacionamiento subterráneo y 2 de mis trabajadores resultaron heridos, pero gracias a Dios nada de peligro- el hombre le contaba lo complicado que estaba siendo su día, esperando recibir palabras de ánimo de su querida esposa, pero tan solo recibía todo lo contrario.

    -¡Eso no importa! Tú me habías dado tu palabra de que hoy saldríamos y estas rompiendo tu promesa- con voz entre cortada y con ligeros pujidos, Samantha le respondía a su esposo quien se comenzaba a sentir mal por no poderle cumplir a su esposa.

    -No llores, amor. Mira, que te parece si te van con Doña Carmen al bar y yo llego allá. Te prometo que cuando me desocupe, me voy directo para el bar- Roberto fiel a no romper sus promesas y mucho menos la promesa que le había hecho a la mujer que más amaba en su vida, rápidamente le encontró una solución a su problema.

    Samantha al escuchar aquella propuesta no le convenció del todo ya que ella quería que el estuviera desde el inicio con ella. Pero sabía que aquella idea no era tan mala. Aparte, si había dicho eso, es porque si tenía planeado ir.

    -¿Me prometes que si vas a ir?- con voz chiqueada la mujer le preguntaba.

    -Jajaja claro que sí. Ahí estaré, chiqueada- recordando su etapa de novios, Roberto sabía que cuando Samantha hacia aquella voz es porque no tenía otra opción más que aceptar fuera cual fuera la petición que quisiera.

    Samantha contenta porque su salida seguía en pie, se despidió de su esposo para terminar de arreglar su ropa y para que su amado terminara lo más antes posible aquel percance. Luego de ya tener todo listo le marco a Doña Carmen para contarle lo que había pasado con Roberto y ver si se podía ir con ella al bar. En primera Doña Carmen lamento por los trabajadores que resultaron lastimados y en segunda acepto sin rechistar a la petición de su nena. Quedando en la hora en que pasarían por ella dieron por concluida la llamada. Justo la vieja había acabado de colgar cuando Erasmo salió del baño con una toalla enrollada a la cintura dejando al descubierto su tremenda panza completamente velluda. Al enterarse de la noticia de que Samantha se iría con ellos no pudo evitar ponerse aún más de buen humor. Así que apurando a su pareja a que se metiera a bañar él se comenzó a vestir y ponerse las mejores garras que tenía en su ropero. Quería darle una buena impresión a la pelirroja. Samantha miro el reloj y pudo ver que tan solo tenía hora y media. Así que sin perder más el tiempo se metió al baño.

    La mujer era muy meticulosa en su aseo personal, pero en esta ocasión lo fue aún más. Era la primera vez después de mucho tiempo que saldría de noche y quería verse espectacular para su esposo y en parte también para ella misma. Pasando un rastrillo por todo el largo y ancho de sus torneadas y femeninas piernas en búsqueda de algún vello, los cuales prácticamente eran nulos. Luego comenzó a enjabonar su parte íntima y pudo sentir como unos diminutos vellos púbicos hacían su aparición. Aunque sabía que a su esposo no le agradaba que se depilara esa zona, hoy quería sentirse lo más femenina posible, así que tomando de nueva cuenta el rastrillo elimino cualquier evidencia de que ahí alguna vez hubieran existido vellos. Mientras enjabonada cada rincón de su cuerpo, podía sentir que su piel era lisa y sedosa, había erradicado todos aquellos inconvenientes.

    Después de poco más de media hora de bañarse, por fin salió de la ducha y tomando la secadora se sentó en su tocador y comenzó a secar su abundante melena roja. Luego de tener su cabello seco, continuo a pintarse su rostro de una forma sobria, ya que ese estilo combinaría con su vestimenta. No se veía igual de sexy que la vez que se maquillo y fue a la casa de Doña Carmen, pero su propia naturaleza hacía que emanara seducción de igual manera. De lencería había optado por otro un bóxer de algodón color blanco completamente y el brasier era del mismo color. Sin perder tiempo en mirarse en el espejo porque ya era tarde, rápidamente tomo su vestido y se lo puso. Era un vestido que le llegaba a media pantorrilla de color blanco con vivos en negro. Tenía un discreto escote y le llegaba debajo de los hombros. Justo estaba poniéndose unas zapatillas cuando escucho que su hijo desde la planta baja le llamaba.

    -¡Mamá ya llego Doña Carmen por ti!- y en efecto. La mujer puntual a la cita ya se encontraba en la banqueta junto a Erasmo. Pero la mujer llevaba consigo una bolsa de plástico.

    -“Chin ya llegaron y yo aun no estoy lista”- pensaba la casada mientras se apresuraba a terminar de ponerse las zapatillas. -¡Dile que ya ahorita bajo!- gritándole a su hijo, Samantha terminaba de ponerse las zapatillas y ahora tan solo se miraba en el espejo en búsqueda que su maquillaje y peinado continuaran intactos.

    -Mijo, voy pasar. Le tengo un regalo a tu mami aquí- señalando a la bolsa la mujer le decía a Daniel quien, sin darle mucha importancia a la bolsa, dejo pasar a la mujer mientras el continuaban mensajeándose con su nuevo amigo para ver a que horas llegaría.

    Doña Carmen como si estuviera en su casa, a paso veloz se dirigió a la recamara principal y sin tocar se metió mirando a su querida “hija” sentada en su tocador. Lo cual le trajo unos recuerdos de cuando su difunta madre también pasaba horas en su tocador cepillando su rojizo cabello mientras ella acostada en la cama la veía y platicaban sobre los chismes de la colonia.

    -Tu siempre tan chula, mija- fue lo que le dijo la señora mientras se acercaba a ella.

    -Hola Doña Carmen. Disculpe por aun no estar lista, es que se me vino el tiempo encima. Pero ya solo me ando dando unos pequeños retoques. ¡Muac!- abrazando y dándose ambas un beso en la mejilla, se disculpa por su retraso mientras de nueva cuenta le daba la espalda y se volvía a pasar un poco de polvo por sus mejillas.

    -No tienes que pedirme perdón, mi niña. Recuerda que te conozco desde siempre y se cómo volvías loco al pobre de Roberto con lo mucho que lo hacías esperar cuando te arreglabas jajaja- ambas mujeres reían mientras recordaban la cara tortuosa de Roberto siempre sentado en la sala por horas mientras Samantha se arreglaba. -Quise llegar a la mera hora porque te tengo un rega…- la señora ni termino la oración al prestarle atención al vestido que llevaba puesto su hija putativa. -A ver, ¿qué es eso que llevas puesto?- con una mirada de disgusto le preguntaba mientras la miraba de arriba abajo.

    -Ay que tiene mi vestido jijiji. ¿No cree que es bueno para la ocasión?- modelándole su vestido, Samantha le preguntaba mientras veía la cara de negación de la señora.

    -Ya te dije la otra vez que dejes de vestirte como señora. Mírame a mi- la mujer ahora era quien le modelaba. Llevaba un vestido rojo debajo de la rodilla, dejando al descubierto sus piernas cazcorvas. Tenía un escote ligeramente pronunciado, dejando ver parte de esos caídos y pequeños pechos. Mientras que, por lo gorda, parecía más bien una piñata la pobre señora. En sus pies llevaba unas zapatillas ortopédicas y la cereza del pastel era su maquillaje, si alguien en la calle la confundía con un payasito que va a una fiesta infantil no se debería de sentir equivocado. Prácticamente se había empanizado el rostro con colores muy llamativos que no le ayudaban en nada. Pero Samantha al tenerle gran cariño, la veía con ojos de amor y aunque si le parecía un tanto excesiva su vestimenta, también sabía que a ella siempre le había gustado vestir así.

    -Si se ve muy guapa, Doña Carmen- con autentica sinceridad la elogiaba. -De seguro quiere conquistar unos cuantos corazones hoy jijiji- con cierto toque de coquetería la mujer le insinuaba dicho comentario mientras reían juntas.

    -Gracias mija. Pero no, hoy voy con mi hombre. Tal vez, luego solo salimos nosotras y entonces si conquistamos a unos cuantos jajaja- ambas mujeres riendo por aquellos comentarios adúlteros, seguían su charla. -Por cierto, sabiendo lo mojigata que te volviste, sabía que te vestirías justo como estas ahorita. Por eso es que te traje ese regalo, mija- estirando su mano con la bolsa de plástico, se la entregaba a Samantha. Que al abrirla se quedaba asombrada por lo que había dentro.

    -¡Wow! ¿En verdad son esos?- metiendo una mano, mostraba lo que había dentro. Eran los 2 vestidos que había visto en el local, pero no se había atrevido a comprar, aunque le habían gustado. -No se lo puedo aceptar, Doña Carmen. Son parte de su negocio y no está bien que lo ande regalando- metiendo ambos vestidos a la bolsa, intentaba regresárselos pero recibía una negativa de la señora.

    -Tonterías, Samantita. Este es un regalo que te quiero dar. ¿Acaso una madre no le puedo dar un regalo a su hija? ¡Chihuahua!- con un tono de molestia falsa, Doña Carmen cruzaba sus manos dejando a Samantha con la mano extendida.

    -Bueno eso si jijiji. Muchísimas gracias en verdad. ¡Muac!- acercándose a la chaparra mujer, Samantha la abrazaba y le plantaba otro beso pero ahora en su arrugada frente, haciendo feliz a la señora.

    -De nada mija. Pero volviendo a los vestidos. Considero que el blanco hoy es el indicado para que haga su debut- quitándole la bolsa, sacaba el vestido y se lo ponía por encima mientras con una señal de sus dedos le daba el visto bueno.

    -Si me gustaría. Pero a Roberto no le gustara verme con ese vestido puesto porque es muy chiquito- aunque se moría de ganas por medírselo y salir con él al bar. Sabía que el usarlo solo le ocasionaría muchos problemas con Roberto y no quería que se estropeara esa noche por su culpa.

    -Tu déjame a Roberto. Si te dice algo yo lo calmo. O dime, ¿no te gustaría usarlo?- agachando la mirada por pena, tan solo movía la cabeza de forma afirmativa. -¿Ya ves? Póntelo y si no te sientes cómoda pues te pones ese vestido que traes puesto ahorita. Te dejo para que te lo midas. Te espero aquí afuera- dándose la media vuelta la mujer salió del cuarto sin dejar que la pelirroja mujer pudiera decir algo más.

    Mordiéndose el labio inferior de nervios, rápidamente se quitó el vestido que traía y en un santiamén ya traía puesto el nuevo vestido. Antes de avisarle a la mujer que estaba afuera, Samantha se fue a mirar al espejo y veía lo bien que le queda el vestido de la cintura para abajo se pegaba de manera perfecta a su cuerpo, pero aunque en un principio pensaba que este le llegaría a media pierna, la verdad era que le quedaba un poco más arriba por sus proporciones mientras que de la parte trasera, pareciera que estaba a punto de estallar ya que el pobre vestido se expandía lo más que podía para poder albergar aquel par de enormes y jugosas nalgas, dejando visible el contorno de su bóxer por lo ceñido que le quedaba. Mientras que en la parte superior el escote V dejaba prácticamente al descubierto su brasier mientras se giraba para verlo de atrás y de igual forma al tener toda su espalda al descubierto, su brasier quedaba completamente visible. Lo que a su criterio no se veía muy estético. Pero para su gusto, sus pechos llenaban de gran manera ese sugerente escote, haciendo que se dejara de ver holgado y quedara completamente lleno.

    -Doña Carmen ya puede entrar- con una tenue voz, le informaba a la viejita que ya entrara para que le diera su visto sobre cómo le quedaba el vestido.

    La señora al entrar quedo fascinada y orgullosa por lo que veían su viejos y cansados ojos. Le quedaba aún mejor de lo que había imaginado. Con una gran sonrisa en su rostro y comenzando a aplaudir le daba el visto bueno sobre cómo le quedaba. Aunque había algo que no le agradaba del todo.

    -Se te ves precioso, mi amor. Pero date una vuelta para verte mejor- Samantha haciéndole caso, comenzó a darse una vuelta lenta mientras agachaba la mirada aun con algo de pena. -Espérate ahí- la señora deteniendo la vuelta, se acercó a la casada que se encontraba dándole la espalda.

    Sin avisarle, con sus manos desabrocho el brasier y se lo quito antes de que pudiera reaccionar Samantha. Sintiéndose desnuda por aquella acción, llevando sus manos a sus melones que aún permanecían adentro del vestido mientras que volteaba su rostro completamente colorado para cuestionarle tal acción.

    -Pero porque hizo eso?- Samantha girando completamente su cuerpo hacia la señora le preguntaba pero no en un tono molesto, sino más bien con una mueca burlona.

    -Ay mija, se te veía horrible el brasier así todo salido. Este tipo de vestidos todos destapados es para que tengas a las niñas libre- sin ningún tipo de pudor, la señora se tomaba sus aguados pechos. -A ver, quítate las manos para ver cómo se te ve- pareciendo una orden, la señora le decía.

    Samantha concordaba con Doña Carmen en eso de que el brasier de plano no le iba con el diseño del vestido. Pero por su cabeza no había cruzado la idea de quitárselo. Aunque girando su mirada hacia atrás, podía ver en el reflejo del espejo lo bien que se veía su espalda desnuda ya sin el brasier. Haciéndole caso a la mujer, lentamente fue bajando sus manos hasta que dejo visible la parte superior del vestido. Grande fue la sorpresa de la señora al ver lo perfecto que se veía. Pareciera como si la casada llevara un brasier invisible ya que sus pechos se mantenían completamente erguidos. Incluso le parecía a la señora que el haberlos liberado de su prisión los había vuelto más grandes. El ver aquellos enormes globos de carnes mantenerse estoicos era como una burla para la gravedad que no tenía ningún efecto en ellos.

    -Mírate en el espejo y dime si te gusta cómo te ves o no- la señora mirando que en todo ese momento la casada tenía su mirada hacia un lado, le pidió que ahora fuera ella la que viera lo bien que se le veía el vestido.

    Samantha sin responder de nueva cuenta giro para mirarse en el espejo y al igual que Doña Carmen quedo fascinada por la vista que tenia de su propio cuerpo. Una sonrisa de orgullo inundaba su rostro mientras una de sus manos de posaba a un lado de uno de sus pechos.

    -Entonces si te gusto, ¿verdad?- Doña Carmen sacándola de sus pensamientos le pedía una respuesta aunque por su rostro de felicidad ya lo tenía claro.

    -Si…- fue la respuesta en susurro que dio la mujer mientras volteaba su mirada hacia la señora.

    -Pues no se diga más. Ese vestido te llevaras hoy. Aunque también deberías ponerte una tanga o algún calzón más chiquito porque esa carpa de circo que llevas puesta se te marca toda. También date una manita de gato, mi vida. Píntate mejor, así como el día que fuiste mi local. Y por Roberto no te preocupes, yo me encargo de él. Te voy a esperar abajo. Apúrate- pareciendo tarabilla, la mujer no dejaba de darle órdenes a la casada mientras salía del cuarto sin dejarla hablar de nueva cuenta. Pero de manera obediente se puso a hacer al pie de la letra todo lo que le dijo. Empezando por quitarse su bóxer y ahora sacando una pequeña tanga de hilo dental de color blanca, que al mirarse en el espejo apenas y eran ligeramente visibles los hilos de los costados. Luego fue a su armario para sacar de lo más profundo unas zapatillas rojas de tacón alto y por último se volvió a maquillar mientras sonreía.

    Mientras abajo, Erasmo ya se encontraba en la sala viendo un partido de futbol mientras esperaban a que bajara Samantha. El viejo era alguien muy desperado, pero dado de que se trataba de Samantha, el viejo era capaz de esperar una eternidad si fuera necesario.

    -Jejeje pinches arrimados del frustra azul, se los andan chingando los chiqui tigres jejeje. Me cae de a madres que como Papá América no hay 2. No por nada somos el rey de copas y el rey de las remontadas. ¡Ódienos más, perros!- como típico americanista promedio de primaria trunca el viejo habla solo mientras veía el partido.

    Después de poco más de media, Doña Carmen que se encontraba con Daniel en las escaleras platicando. Escucharon como la puerta del cuarto de Samantha se abría y comenzaban a escucharse los tacones de sus zapatillas bajar por las escaleras. Ambos quedaron con la boca abierta al ver el a aquella irreconocible mujer.

    -¿Que les pasa? Parece que vieron a un fantasma jijiji- la pelirroja mujer en tono de burla les preguntaba mientras movía sus brazos y manos hacia los lados mientras hacia una mueca como si de un monstruo se tratara.

    -Te ves… preciosa mamá- fue lo que Daniel apenas y pudo articular al ver a su madre. Era la primera vez que la veía vestida y maquillada así desde que tenía uso de razón, pero sin duda alguna había quedado asombrado para bien.

    -Tu siempre tan lindo mi vida. ¡Muac!- propinándole un beso en su mejilla por tan lindas palabras, la mujer le dejaba marcados sus labios en su mejilla.

    -Bueno, ya vámonos Doña Carmen- reanudando su caminar, la casada tomo del brazo a la viejita que no podía emitir aun palabra por lo hermosa que se veía su niña.

    -“Es la viva imagen de ti, Victoria”- mirando hacia arriba, la mujer decía en sus pensamientos mientras recordaba a su gran amiga.

    Fue en eso que Erasmo escucho el ruido de unos tacones acercándose hasta que estos se detuvieron y escucho en la entrada de la sala la voz de Samantha que le llamaba.

    -¡Oiga! Ya vámonos- con un tono de impaciencia la mujer le decía al viejo quien había quedado paralizado por aquella imagen que tenía delante de sus ojos.

    Subiendo y bajando la mirada por todo el cuerpo de Samantha, sentía como su lengua se trababa y su corazón bombeaba sangre como loco, llevando la mayor cantidad hacia su verga. Apenas pudiendo emitir de su boca un.

    -¡¡¡Wow!!!

  • La pareja de la playa

    La pareja de la playa

    El último fin de semana de septiembre me pasé por una playa nudista del sur de España en busca de morbo. Suelo ir y casi nunca encuentro nada interesante. Pero ese sábado tuve mi día de suerte. Después de pasar toda la tarde, y tras quedarme casi dormido, sobre las 6 me di cuenta que a unos 25 metros se había instalado una pareja. Para entonces no había nadie más, la playa estaba desierta.

    Comenzamos a intercambiar miradas morbosas. El hombre empezó a manosear desde atrás las tetas de la mujer, que sentada en su toalla, me miraba. En la distancia se veían dos muy buenas tetas (posiblemente operadas). Yo le aguantaba la mirada y mi polla reacciona poniéndose dura. La situación fue en aumento cuando el marido le mordía el cuello y metía la mano entre las piernas de ella.

    Decidí acercarme a ellos. Recorrí los 25 metros exhibiendo una tremenda erección que provocaba que la mujer se relamiese. Al llegar nos saludamos, por su acento no eran andaluces, apostaría que castellanos (Valladolid, Salamanca).A simple vista se les veía una pareja con clase, elegantes. Muy posiblemente profesionales de prestigio. Rondaban los 50, quizá algo menos (de mi edad). Se mantenian muy bien. Ella era guapa, tetas operadas, coño rasurado.

    El hombre seguía masturbándola mientras seguía masajeándole las tetas. Ella alargó la mano para agarrarme la polla. Yo, colocado de rodillas, me dejé hacer. Le acariciaba la cara y las tetas. Mientras nos mirábamos con media sonrisa, el hombre se tumbó para comerle el coño. La mujer dio un suspiro de placer antes de acercarme a ella para chuparme la polla. Era una situación muy morbosa. Apoyé mis manos en su cabeza y dejé que la mujer saciara su hambre a gusto. Cuando intuyó que me iba a correr se la sacó y me pajeó mirándome a los ojos. Dirigió mi corrida a sus tetas operadas. Mi lefa caliente impactó entre sus tetas y su cuello. Inmediatamente después llegó al orgasmo con la comida de coño que le estaba dando el hombre.

    Me senté junto a ellos para recuperarme del orgasmo. El hombre estaba totalmente empalmado. Le decía que se había portado muy bien y comenzó a besarla. La tumbó sobre la toalla y comenzó a follarsela delante de mí, y sin importarle que mi corrida estaba sobre su pecho, acabo lamiéndola y llevándola a la boca de ella. El tipo se corrió como un animal. Yo volvía a estar empalmado.

    La mujer le comentó algo al oído del hombre para luego preguntarme él si me la quería follar. La mujer sonreía con lascivia. No lo dudé. Me puse un condón y me la follé a 4 patas. Agarrado a las caderas de ella comencé a clavarsela con ganas. La tía gritaba y se retorcía de gusto. El hombre le preguntaba si le gustaba la experiencia. La mujer acabó corriéndose con mi polla en el coño. Y yo también. Caímos los dos exhaustos mientras el hombre se acariciaba la polla. Minutos después nos despedimos y nos fuimos.

  • Me excita mirar mientras cogen los vecinos

    Me excita mirar mientras cogen los vecinos

    Tenía 19 años, era un joven vigoroso en busca de muchas metas en la vida, me encantaba salir con chicas a antros y si era posible, fajar un rato y algo más.

    Me gustaba ver porno y masturbarme mínimo una vez por día, sino tenía con quien deslecharme pues dos manuelas al día. A veces mis vecinos que por cierto eran primos entre ellos, se ponían a jugar aventándose a la cama o a las “luchitas” sabía que esos dos traían algo entre manos ella la verga de él y el la pepa de ella y no estaba erróneo, ese día los veía era de tarde y estaba escondido, comenzaron los juegos y empezaron a meterse las manos respectivamente yo le veía las tetas al descubierto y me excitaba de a madres, el tenia buen tamaño pero el mío era más grande, pensaba en cogerme a su prima, pues siguieron con los juegos se calentaron y comenzó el desnudo y a coger ella lo montaba de manera descomunal, sus tetas rebotaban deliciosamente mientras él le ayudaba con sus manos a mover las caderas hasta que se bajó y se vino el güey en la cara de la prima, que escena amateur tan chingona que me vengo también y saque harta leche.

    Me dedique a espiarlos varias veces eran como ratón de laboratorio, a la misma hora comenzaban a amarse en secreto, en una ocasión ella le montaba la verga a su macho, pero estaba viendo hacia mí, parecía que me había visto o me estaba viendo y si me espanté no salí corriendo, pero si me moví y perdí entre esos matorrales y después corrí ahora si cuando pude. Días después ya no los veía, de hecho, ya no cogían entonces yo intuía que, si me había visto ella y que le dijo al güey, pensaba que me había metido en un pedote por esa situación, siguieron pasando los días, regresaba de la escuela y me senté hasta atrás y que se sube la chava que espié, me puse nervioso, me escondí disimulando que se me había caído algo, pero fue inútil, se sentó al lado mío:

    Ella: hola

    Yo: hola

    Ella: te gusta verme, verdad

    Yo: de que hablas

    Ella: no te hagas güey la vez pasada te vi que me estabas espiando con mi primo

    Yo: no por favor yo ni estaba cerca a esa hora

    Ella: te vi cuando te masturbabas, no le vayas a decir a mi tía por favor. Ok

    Yo: ok no les digo nada, pero que me das a cambio

    Ella: mmm…

    Comenzó a masajearme la verga que ya estaba erecta al cien, sentía como mis jugos pre seminales mojaban mi pantalón, me baja el cierre y comienza a masturbarme, sentía que me moría del placer, era tan chingon ahora ser tú el que está a merced de que te vieran otros que me excite a tal grado que no dure erecto ni 3 minutos, comencé a tirar leche como una fuente, ella tomo tantita leche que me había caído en el pantalón, y la probó diciendo que estaba rica:

    Ella: tendrás mas de esto mientras no hables ok

    Yo: si, no diré nada a nadie

    Y siguió lamiendo mi leche de su mano, se veía tan porno que no se me bajaba el pene de la emoción.

    Ella: no se te baja, andas bien caliente, a poco te gusta tanto verme

    Yo: si, estas bien rica, si te cogería, la neta

    Ella: quieres cogerme ahora

    Yo: vamos

    Nos bajamos antes de llegar a las casas, bajamos la calle y antes de llegar a un rio ahí me comienza a bajar el cierre del pantalón y ella se baja las bragas y se comienza a meter el tolete que ya estaba duro nuevamente:

    Ella: lo tienes durísimo güey, y está más grande que el de mi primo oh si güey mételo, mételo más cabron.

    Yo: no te muevas tanto que me voy a venir

    Ella: cuando ya no aguantes me dices para mamártela

    Yo: ya no puedo más, perdón, es que te mueves demasiado rico que no puedo soportarlo

    Y se tragó mi leche de un trago la cabrona, mientras me la chaqueteaba más y más, yo ya estaba rendido y con dolor de verga por jalármela de más, hasta que por fin me deja en paz el pito, se ríe y se va, tendrás mas si no vas de chismoso ok, adiós.

    Las tardes eran un agasajo para mí porque los veía cogiendo mientras yo me la jalaba, era riquísimo verlos en acción, como cabalgaba, en 4 patas, a sentones, le abría las piernas bien cabron y ese cerdo le dejaba caer bien cabron la verga a la prima, ya estaban entrenados para no hacer ruidos para que no los escuchara nadie y yo de pajero en los arbustos, era divertido, excitante, pero es demasiado bueno para ser verdad, en esa misma semana el primo ya no iba, tuvieron pedos seguramente alguien dio el pitazo a la familia y no volví a ver al primo comiéndose a la prima, hasta a mí me pego porque me divertía tanto ver, que veía porno y no me satisfacía, necesitaba ver amateur en vivo para poder jalármela chido.

    Un día me acerque a ella:

    Yo: qué onda, ya les cayeron verdad

    Ella: si güey, mi tía nos cayó

    Yo: pero como, si yo nunca la vi

    Ella: es que no lo hicimos ahí donde siempre, ahora lo hicimos en otro lado de la casa y mi tía nos cayó en el acto, y pues ya nos cagaron y se fueron de aquí para no pasar vergüenzas, dijo

    Yo: ahora a quien voy a ver, pinches pendejos los dos

    Ella: jajaja no mames cabron, ni que fuera tu bufón, güey, vamos allá abajo o que, no tengo con quien sacarme las ganas

    Yo: anda pues

    Repetimos la rutina, va de más escribir lo que paso porque fue igual que el anterior, a mí solo me usaba para quitarse las ganas y ya, obvio, yo también, pero la morra a lo que va, no le importaba durar 5, 10 o más tiempo o menos, le gustaba un chingo tomar lechita o untársela en la cara, como que eso es lo que más quería, nunca la veía orgasmeando:

    Ella: que buena verga tienes güey, la neta, pero no te he dado una cogida de aquellas, no me aguantarías el paso, soy bien cabrona por eso yo me los cojo no ustedes a mi

    Yo: si te creo, eso excita un chingo mira no más, ya se me puso tieso el fierro, es que algo tienes que a cualquier hombre hetero caería irremediablemente.

    Ella: soy ninfómana, güey me encanta ver, hacer, que me hagan, me encanta todo güey y no tengo llenadera, soy puta pero no cobro por pendeja y porque me encanta que me metan el chorizo a cada rato.

    Yo: pues comete esta pues

    Y nuevamente se repite lo mismo, yo ya con la verga cansada le digo hay mañana nos damos otra cogidita, a lo que me responde “no, yo decido cuando si y cuando no” y yo le digo “mamona, adiós”

    En días posteriores andaba muy caliente, no quería jalarme el ganso, quería tirarle la leche a la morra, pero su ano, había visto unas escenas donde se rompían los ortos majestuosamente así que me influenció para también darle por el chiquito.

    Yo: vaya hasta que te dejas ver

    Ella: andaba ocupada que quieres güey

    Yo: pues cogerte, vente, tengo otro lugar más chido

    Ella: si no me gusta el lugar te vas a la verga güey, no tengo mucho humor para coger

    Era un cuarto que rentaba un compa, pero él llegaba hasta la noche a dormir así que ni nos molestaría en lo mínimo y aparte deje un calcetín colgado afuera que esa era la clave para no molestar por si llegaba antes.

    Entramos y la empecé a tocar de sus senos deliciosos, los besaba, mordía, chupaba esos pezones que me encantaban, había visto pero no había tocado tan majestuosa figura, ella me mordía literalmente el hombro, y lo hacía fuerte a lo que me dejo marca, ya me estaba jalando el ganso y se lo ponía en su concha que ya estaba húmeda, se lo pasaba por su clítoris y se baja y comienza a mamarlo.

    Ahora si estuve preparado porque un ratito antes, me había untado un retardante para aguantar más jajaja así que ella se sorprendía que me jalaba y no me venía, pero seguía sin parar, la tuve que levantar, la desnude rápido y la empecé a fornicar como loco, ella se retorcía de placer después de penetrarla un rato comencé a mamarle la concha y a meterle los dedos rápidamente sin piedad, ella solo gritaba y gemía, de tal rapidez que movía mi boca y dedos se dejó venir en la cama de mi compa jajaja pero aun así seguía estimulando su vagina hasta que se vino 3 veces más, ya estaba bien jodida la güey, pero yo no dejaba de meter y sacar la verga, dedos y lengua.

    La acomode y le lubrique más con saliva su ano y empecé a meter mi verga, pero le paso rápido ya estaba guango ese hoyo, gemía y gemía la cabrona, pedía a gritos que no se la sacara del culo, ya no aguantaba y le quería tirar la leche, le avise pero ella la quería en la boca así que se la di en la boca y nuevamente se tragó toda mi leche, fue fantástico ahora si una cogida como debe ser, ella termino tan cansada que se durmió unos 5 minutos mientras yo le metía los dedos todavía, cuando despertó:

    Ella: ya güey no mames, es un rato no todo el día

    Yo: es que estas como quieres perra

    Ella: ya soy perra ahora

    Yo: eres mi perra

    Y le empecé a dar nalgadas hasta que se pusieron rojas, mientras ella disfrutaba.

    Ella: no mames ya es bien tarde güey hay mañana seguimos

    Yo: no perra, ya se me paró otra vez, ven y mámamela

    Pues ella me la mamó, pero no termine y se fue corriendo

    Deje de verla varios días, hasta que me la llegue a encontrar en la calle e iba con un güey todo guarro el cabron, era su nuevo picador seguramente, y me vio, pero hizo como si no me conociera, pues está bien a final de cuentas ya me la había cogido rico y ella también disfruto y si no lo hizo, lo siento.