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  • Madre e hijo, experiencias eróticas (V)

    Madre e hijo, experiencias eróticas (V)

    Siento haber tardado tantísimo en continuar este relato, os recomiendo quizá revisar los 4 anteriores para refrescar la historia.  Espero que lo disfrutéis tanto como yo escribiéndolo.

    La semana comenzó con cierta normalidad. Mi cabeza no paraba de recordar lo que habíamos consumado mamá y yo el fin de semana, solo el recordarlo me excitaba muchísimo.

    En casa con mi padre por medio, nos veíamos forzados a reprimir nuestras ganas de disfrutarnos mutuamente. Intercambiábamos mensajes constantemente, cuando estábamos fuera de casa así como cuando estábamos los tres en ella.

    A mitad de semana mi padre nos dijo que ese finde estaría en casa, y el tiempo parecía no acompañar a la idea de poder escaparnos al pueblo, para mi desgracia y tristeza.

    Recibí al poco un whatsapp de mi madre que decía:

    Nati: No te preocupes cariño, se me ocurre que podríamos escaparnos el finde siguiente a algún sitio, viernes sábado y domingo, y hacemos un viaje madre e hijo.

    Paul: Me parece una idea genial, mamá. ¿Dónde quieres ir?

    Nati: Pues a algún sitio que podamos ir en coche, alquilamos un hotel y podemos ser una pareja a todas horas, donde nadie nos conozca

    Al leer ese último mensaje me excité y emocioné muchísimo, a lo que respondí:

    Paul: Voy a buscar algo y a prepararte además una cita completa

    Nati: Me encanta la idea cielo! Además… me tiemblan las piernas solo de recordar lo del fin de semana pasado…

    Paul: Yo también me excito mucho de recordarlo… sentir tus pechos juntos a mi pecho…

    Nati: Me encantó como me lamiste los pezones cariño

    A lo que acompañó el mensaje con una foto de sus tetas.

    Paul: Dios mamá…Te deseo tantísimo…

    Nati: Lo se cielo, y yo a ti… en una semana estaremos juntos disfrutando de nuestros cuerpos…

    Los días fueron pasando y reservé un hotel en Soria, donde sabía que sería un lugar donde no nos cruzaríamos con nadie conocido, y podríamos disfrutar juntos. Finalmente el sábado por la mañana llegó y nos fuimos con el coche hacia allí. No sin antes, darnos un húmedo y erótico beso en la boca en el garaje, antes de salir.

    -Va a ser un fin de semana mágico cielo- dijo Nati.

    -Si mamá…vamos a disfrutar sin límites- dije yo.

    Mientras íbamos por la autopista, mis ojos no podían evitar mirar el sugerente escote de mamá, con aquella blusa de seda rosa ceñida. Ella se dio cuenta naturalmente y dijo:

    -No sé que miras tanto cielo, si solo son dos tetas

    -Si… pero son las tuyas, y son preciosas- respondí yo

    -Ah si? Te parecen suaves?- dijo mi madre al tiempo que tomaba mi mano y la ponía en una de sus tetas

    -Son muy suaves y preciosas, como tu mamá…-dije yo

    -Ufff-suspiró Nati-No me digas esas cosas que me pongo tontorrona, y te hago parar el coche para un repaso…- dijo con un tono muy juguetón.

    Yo sonreí y seguí tocándole los pechos mientras durante un rato más.

    Finalmente llegamos al hotel en Soria, al entrar al cuarto, había una cama grande de matrimonio y un baño con una ducha enorme donde cabríamos los dos cómodamente.

    Dejamos las maletas y nos fuimos a recorrer la ciudad, cogidos de la mano, a veces abrazados, sin duda parecíamos una pareja realmente, no solo una madre y su hijo.

    Llegamos a lo alto de un mirador, donde podíamos ver una imagen de la zona muy amplia. Mi madre se quedó mirando el paisaje y yo la abrace por detrás, rodeándola con mis brazos por las caderas. Mi pene, que comenzaba a estar erecto apretaba su firme culo, y Nati, apretaba sutilmente sus nalgas contra mí.

    Al tiempo se giró rodeó mi cuello con sus brazos, mientras la seguía tomando de sus caderas, se acercó a mi, nuestros vientres pegados y me besó con dulzura. Nuestras lenguas comenzaron a jugar, y el beso inicialmente romántico y dulce comenzó a tornarse excitante y pasional. Mis manos comenzaron a acariciar su culo, y mi madre empezó a frotarse contra mi erecto pene.

    Al separarnos, nos miramos con deseo y lujuria y Nati dijo:

    -Uff cielo… estoy muy excitada ahora mismo, podría hacerte el amor aquí y ahora

    -Dios mamá… yo también… te deseo muchísimo- respondí en mitad de un suspiro fruto del deseo.

    Nos cogimos nuevamente de la mano y fuimos al hotel, ambos aun muy excitados.

    Al llegar a la habitación, mi madre dijo:

    -Te apetece que estrenemos la ducha y nos calentemos un poco?

    -Me has quitado la idea de la mente, mamá- dije yo.

    Ambos nos desnudamos rápidamente y nos metimos bajo el chorro caliente de agua.

    La imagen de mi madre, bajo el agua, cayéndole sobre sus pechos mojando esa línea cuidada y perfilada de bello en su vagina, hizo, como siempre, que mi pene se pusiera muy duro, a lo que ella sonrió de gusto, por ver la excitación que causaba en su hijo.

    Comenzamos como siempre a enjabonarnos mutuamente, y poco a poco Nati pasó de frotarme el pecho y el abdomen a masturbarme con dulzura. Al mismo tiempo, yo frotaba sus pechos y poco a poco fui bajando hasta su coño, comenzando poco a poco a jugar con su clítoris, frotándolo despacio con mi dedo corazón, notando como, a pesar del agua su coño comenzaba a humedecerse despacio. Poco a poco mamá comenzó a masturbarme más intensamente, y yo fui introduciendo mis dedos en su dulce y húmedo coño.

    Su cara delataba un intenso placer acompañado de momentos donde apretaba mi pene con fuerza fruto del placer que le estaba dando. Hasta que en un momento dado:

    -Ah, aaah, aaaahhh… joder…- gimió Nati mientras se corría dulcemente.

    Yo la miraba con gran placer y deseo. Entonces Nati comenzó a masturbarme con mas intensidad mientras decía:

    -Vamos cielo ahora córrete tu para mi…

    Poco a poco me iba excitando mas, hasta que finalmente no puede aguantar mas y me corrí, un intenso chorro de semen salió de mi pene y fue a impactar en su vientre mientras yo gemía de gusto.

    Nati, se acarició el vientre con mi semen, en un gesto de gozo, mientras decía:

    -Que gusto cariño, me encanta ver lo excitado que te hago estar- esbozando una sonrisa.

    Salimos del baño y nos tumbamos en la cama, desnudos y abrazados. Era ya mitad de tarde.

    -En un rato deberíamos prepararnos para ir a cenar, he reservado un restaurante para nuestra cita mamá- dije yo.

    -Ay cielo… que bonito eres…- dijo mientras me daba un tierno beso en la boca.

    -No mamá tu eres bonita, y preciosa… eres la mujer mas sexy que he visto nunca- dije yo sonriendo tiernamente.

    -Pues yo tengo una sorpresa para ti también, para nuestra cita, pero no puedes cotillear ni verlo antes de tiempo- dijo mamá al tiempo que se levantaba. Voy a prepararme- dijo mientras cogia una bolsa de su maleta y se metia en el baño.

    Al cabo de una hora, yo ya me había vestido, y mamá salió del baño. Mis ojos se salían de sus orbitas al verla, preciosa y elegante, y sutilmente sexy.

    Llevaba un vestido negro ajustado con un escote muy sugerente que sostenía un top que venía con el vestido, lo que me indicaba que no llevaba sujetador. El vestido largo acababa en unos tacones negros muy elegantes.

    -Wow mamá… estas increíble- dije sinceramente

    -Bueno, me alegro de causarte esa impresión, es justo lo que buscaba- dijo Nati mientras guiñaba un ojo y me daba un sutil beso.

    Salimos del hotel, caminamos de la mano hasta el restaurante y nos sentamos en nuestra mesa.

    Pedimos una botella de vino y disfrutamos mirándonos y sonriéndonos, realmente parecíamos una pareja de verdad. El camarero muy amable, nos invitó a un postre alegando:

    -Por cortesía de la casa el postre es gratis, por ser una pareja tan encantadora y sin duda abierta.

    Al marcharse mi madre y yo nos miramos sonriendo.

    -No se imagina que somos madre e hijo- susurro mi madre.

    -Ya… se piensa que somos solo una mujer y un yogurin cualesquiera- dije yo susurrando.

    Al acabar la cena, volvimos al hotel, abrazados, en una nube fruto del deseo y del vino.

    Una vez allí, mi madre dijo.

    -Paul, cariño, desnúdate y túmbate en la cama, quiero darte tu sorpresa.

    Yo obediente y deseoso, así lo hice, me tumbe totalmente desnudo y semi erecto en aquella gran cama.

    Nati, sutilmente se bajó el cierre de cremallera del costado de su vestido, dejándolo caer suavemente hacia abajo. Pude ver como sus hermosas tetas se quedaban al aire primero, dejando luego al aire su vientre. Finalmente al pasar de sus caderas, cayo rápidamente.

    Mi pene se puso duro al momento al verla, pues solo llevaba puesto un liguero, con las ligas y unas medias, sin braguitas, y los tacones. Además pude observar que había depilado todo su bello. En ese momento en mi cabeza solo había un pensamiento.

    -Es la mujer mas hermosa que jamás he visto

    Poco a poco Nati se acercó hacia mí.

    -Paul cielo, quiero demostrarte un poco lo pasional que puede llegar a ser tu madre, quiero que me dejes guiarte y hagas lo que te voy a sugerir, vale?- dijo suave y sensualmente

    -Hecho, mamá…- dije yo con un suspiro de deseo

    Entones Nati, se subió a la cama, y se arrodilló a la altura de mi pecho, acomodando finalmente su coño en mi boca. Suavemente tomó mi cabeza por el cabello, y la acerco a su coño.

    Yo, entendiendo lo que quería comencé suavemente a buscar su clítoris con mi lengua, haciendo poco a poco presión sobre este, despacio fui recorriendo sus labios vaginales con firmeza, y recorriendo su coño de abajo a arriba hasta llegar a su clítoris nuevamente y hacer presión con la punta de mi lengua.

    Mi madre se estremecía de placer, tomó mis manos y las puso en sus pechos, jugaba con sus pezones a la par, acariciándolos y pellizcándolos, mientras yo continuaba disfrutando de su dulce coño.

    Finalmente y tras un rato comiéndoselo, Nati se corrió de gran placer, gimiendo como hasta quedarse sin voz.

    Finalmente con las piernas temblorosas, se echó a un lado, tumbándose boca arriba.

    -Joder hijo mío… que placer más intenso, tienes un piquito de oro… – suspiraba aun jadeante por el orgasmo.

    -Joder mamá ha sido increíble disfrutarte así- dije yo también jadeante.

    Nati, se recompuso, y se colocó sobre la cama en cuatro patas.

    -Ahora cariño, quiero que me folles, que me empotres con fuerza y deseo- dijo Nati con un tono muy picante.

    Yo me posicioné detrás de ella, arrodillado y lentamente metí mi pene en su coño, hasta que mi vientre estaba pegando totalmente esas nalgas que me volvían loco.

    Poco a poco comencé a bombear mis caderas subiendo el ritmo, mientras mamá acompañaba el paso.

    -Acaríciame las tetas Paul, dijo irguiéndose mientras tomaba una de mis manos y la ponía en su teta.

    Mis embestidas sonaban cada vez mas fuertes, y mi madre gemía de gusto.

    -Así cariño, así… -gemía y jadeaba Nati, -más fuerte, follame con todas tus fuerzas..-dijo muy excitada

    Entonces coloqué mi pie derecho sobre la cama para ganar cierta tracción, y aumenté aún mas mi ritmo.

    -Tírame del pelo hijo, eso me excita muchísimo- dijo jadeando y casi sin voz

    Así lo hice, agarrándola de los pechos con mi mano izquierda, mientras con la derecha le di un fuerte agarre del pelo, embestía con fuerzas, notaba que ya no podía aguantar mas.

    -Ah aahhh jodeeer…- gemí de gusto mientras eyaculaba en el coño de mi madre.

    -Aah que bueno Paul…- gemía mamá

    Finalmente tras correrme caí rendido junto a mama. Ella me abrazo y me beso, y me dijo

    -Hijo mío, eres increíble

    – No mamá, tú lo eres, me has demostrado una pasión que es un sueño- dije yo.

    Finalmente tras asearnos un poco dormimos plácidamente toda la noche.

    Al día siguiente tras desayunar y levantarnos debíamos dejar el hotel. De vuelta en el viaje mi madre me miraba deseosa.

    -Por cierto Paul, en dos semanas se casa la prima Miriam, y tu padre lógicamente no va a querer ir, pero tu si, verdad?

    -Por supuesto mamá, voy contigo sin dudarlo, aunque me va a costar no querer hacerte muchas cosas allí con todos delante- dije yo

    -Ya… pero bueno compartiremos habitación y en silencio podremos hacer muchas cositas- dijo ella pícaramente

    Llegamos a casa finalmente, nos besamos con deseo en el garaje y subimos.

    Disimulamos como si nada nuevamente, y en mi cabeza solo estaba la idea de ir a esa boda con mamá, y el morbo que me daba estar con la familia sin que supieran que follábamos.

  • La tormenta Elisatetha

    La tormenta Elisatetha

    Atormentados eran mis anocheceres,

    atormentados eran mis amaneceres,

    ella fluía en todo mi ser, podía sentirla escurrir en mis venas, sobre mi piel,

    sus ojos vibrantes y brillosos eran tan hipnóticos,

    las curvas de su cuerpo sinuoso daban círculos infinitos en mi mente,

    sus arrugas encantadoras en el entorno de sus ojos le daban toda la atracción fatal que no me dejaba dormir,

    tanto misterio que yo sufría por este cuerpo desconocido y tan magnético no me dejaba en paz… me atormentaba;

    más eran los días que pasaban en este misterio de belleza oculta y más subía la intensidad de la tormenta,

    más eran las horas que mi mente se atrevía a pensarla y más impetuosos eran estos vientos de pasión que me rodeaban,

    más caminos de fantasía tomaba mi valiente mente y más daños causaba esta tormenta tropical,

    estos remolinos de sensualidad se hacían más poderosos al ser alimentados por los vientos calientes de mi deseo,

    el deseo de descubrir esta belleza y poderla admirar,

    sus senos sueltos y libres, el mastodóntico tamaño, el tono de color de sus pezones y la surgencia que tienen,

    disfrutar el poder de la naturaleza en acción hundiendo mi cara en la ternura de su enorme pecho,

    consciente de mi impotencia contra ella solo puedo mirarla, dejar que me abrume inevitablemente y dejar que me trague en el ojo del ciclón.

  • Todo en familia

    Todo en familia

    ¿Qué sucede cuando ves a tu hermano tocándose, mientras ve algunos videos; pero, tienes miedo de quedar embarazada?

    Cierta vez, mis padres salieron de viaje y mi hermano y yo nos quedamos solos en casa; ya éramos mayores de edad y nos podíamos cuidar.

    Yo me había peleado con mi novio y no planeaba salir; y mi hermano no tenía novia, porque era muy tímido. En la noche, cada quien estaba en su cuarto, cuando mi hermano llegó a mi cuarto y me preguntó alguna manera de conquistar chicas, porque ya se había cansado de masturbarse y quería saber lo que se sentía el sexo.

    El solo vestía un bóxer, yo traía una pijama de 2 piezas muy corto. El bóxer dejaba entrever que mi hermano tiene muy buen equipo. Empecé a tener pensamientos sucios; sólo había visto el falo de mi novio y me mojaba pensar en verlo.

    Le pregunté si alguna vez había besado a alguna chica o si había estado con ella; me contestó que era muy tímido y que tenía miedo de no funcionar.

    La abstinencia me estaba traicionando; al ver a mi hermano tan sólo con bóxer, me estaba mojando. Le dije que si quería una opinión, debía yo ver el equipo; a él le dio pena. Le dije que se acercara.

    Estaba yo sentada a la orilla de la cama; cuando estuvo frente a mí, tomé su bóxer de sus caderas y lo bajé lentamente; su falo estaba a la altura de mi cara; largo, dormido; las bolas colgaban desafiantes, escondidas en una mata de cabello. No pude resistirme y las acaricié; él reaccionó con un gemido y el falo pareció despertar; se hinchaba y crecía con cada caricia. El jadeaba y trataba de controlarse, pero el deseo era más fuerte; el prepucio estaba a punto de explotar por no poder contener la cabeza. Seguí acariciando sus bolas, y con la otra mano, eché el prepucio hacia atrás, liberando la cabeza, enorme, casi morada; una gota de líquido transparente brotó de la punta.

    No sé porqué lo hice, pero mi lengua salió para recoger ese líquido. La punta de mi lengua percibió un sabor salvaje, fuerte; mi vagina chorreaba y comenzaba a palpitar de deseo. Él bufaba, gemía.

    En un movimiento que yo no esperaba, me tumbó sobre la cama, hizo mi pijama hacia arriba, dejando mis pechos desnudos, los pezones estaban erectos por la excitación, necesitaban ser chupados; él se subió encima de mi y comenzó a chupar con desesperación, mordía, lamía, apretaba; me lastimaba, pero ese dolor me excitaba más. De un movimiento, me quito mi short y mi panty; sus fosas nasales se abrieron, recibiendo el olor de hembra excitada.

    Le dije que se detuviera, traté de empujarlo, pero si excitación y la mía fueron más fuertes; el líquido que salía de la cabeza, ahora la cubría completa y brillaba. Embistió y el falo no encontraba la entrada.

    Le pedí que se detuviera, que al menos se pusiera un condón; no me escuchaba, sus ansias eran más grandes que su razón. En una estocada, la cabeza encontró la entrada; y a pesar de que estaba yo lubricada, le era difícil entrar por el grosor. Empujaba sin detenerse, quería sentirse todo dentro de mi.

    Seguía yo lubricando y sentía cada centímetro que entraba en mi, él sudaba a chorros, yo jadeaba y pujaba, tratando de dejarlo entrar; levantó mis piernas y entró por completo; sentí la cabeza golpear algo dentro de mi y sus bolas tocar mis nalgas.

    Le dije que no se moviera; podía yo sentir el palpitar del falo; le ofrecí mi pecho y lo chupó con desesperación; me dolía, pero ese dolor acrecentaba mi placer.

    No resistió más y comenzó a bombear; él ocupaba todo mi espacio; mi clítoris era rosado por el movimiento; mi clítoris se había hinchado y gozaba con el roce. El bufaba y gemía, gruñía que se sentía muy rico y apretado mi coño, que cogerse a una mujer era delicioso; me excitaba oírlo hablar así.

    De repente, se salió por completo; todo mi jugo salió de mi, era abundante y resbaló hasta mi culo, ese jugo caliente se sentía delicioso ahí. Él se volvió a meter completo de un golpe; no pude más que suspirar de placer. Así como estaba, su mano busco la entrada de mi culo, lo sintió húmedo; comenzó a meter uno de sus dedos.

    No aguante más, el roce en mi clítoris, mis agujeros ocupados, el sentirme totalmente llena; lo mordí en el hombro, le encajé mis uñas en su espalda y empecé a temblar en el orgasmo más delicioso que nunca había tenido; podía sentir mi vagina palpitando, queriendo exprimir esa verga que la invadía.

    Él gruñó más fuerte y me dijo que se estaba viendo; mientras seguía yo temblando por mi orgasmo, traté de quitarlo de mi para que no se viniera adentro; pero su mano en mis nalgas me impedía moverme; su bombeo se hizo más rápido y, en un momento, se enterró hasta el fondo. Puso los ojos en blanco, respirando rápidamente; emitió un bufido animal; sentía como la verga se hinchaba más; un chorro ardiente golpeó el fondo de mi vagina, después vino otro; era mucho, creí que se orinaba dentro de mi; él bombeó un poco más dejando toda su semilla dentro de mi; él se iba a salir y lo atraje hacia mi; me estaba viniendo otra vez; él gozaba con el palpitar de mi vagina en su falo.

    Él me pidió perdón, yo no supe que decir; pero mi hermano me había hecho gozar como nadie.

    Quizá lo convenza de repetir…

  • Infidelidad adquirida (I)

    Infidelidad adquirida (I)

    Me llamo Ángel, al lado de mi esposa soy engendro horrible. Tengo claro que ella no me eligió por mis cualidades físicas. Mi esposa es perfecta. 35 años, alta, de cabello negro liso, tetona, amplias caderas y culo voluminoso. Creo que yo le doy estabilidad y la seguridad de que nunca le seré infiel porque no tengo atributos para gustarle a nadie.

    Tenemos dos hijos y una vida estable, o la teníamos. Perdí mi trabajo. Nos retrasamos en los pagos casi por un año. Diana, mi esposa, sobrellevaba el peso de los gastos familiares pero apenas le alcanzaba, me sentía un inútil. Sentía que no merecía semejante mujer.

    -¿Qué vamos a hacer? – Me preguntó mientras revisamos las cuentas.

    -No sé, no alcanza – Respondió.

    Lo más urgente era la hipoteca de la casa. Ya estábamos en mora por más de ocho meses y las llamadas del banco no cesaban. Pronto nos citaron para una conciliación. La persona que nos atendió era un tipo arrogante, gordo y grande. Nos amenazaba con quitarnos la casa y desalojarnos y además no le quitaba la vista de encima a mi esposa. Le rogamos por más tiempo, nos dio una semana, era imposible.

    Pasada la semana Diana fue al banco de nuevo a buscar otra prórroga. Llegó a la casa con cara de circunstancia.

    -¿Cómo te fue? – Le pregunté.

    -No hay más prórrogas

    -¿Qué vamos a hacer?

    -Pero hay una opción

    -¿Qué opción?

    -Una prórroga de un año

    -¡Genial!

    -Hay unas condiciones

    -¿Cuales?

    -El tipo que nos atiende puede darnos la prórroga, no pagamos nada por un año mientras conseguimos dinero… pero quiero acostarse conmigo… el precio es una noche conmigo.

    Me quedé helado.

    -¡Jamás! – Grité. Ella guardó silencio.

    -Amor, es un año… yo sé que no es algo normal

    -¿Lo estás siquiera considerando?

    -pues

    -Jamás, primero muerto – Dije.

    Durante las siguientes semanas el acoso del banco fue brutal. Tanto que la idea empezó a parecer plausible.

    -¿Puedo hacerlo? Es una decisión de los dos, y es una prórroga de un año – me dijo una noche sentados en la mesa.

    -Me parece terrible que te tengas que someter a eso, es como … venderte

    -Lo sé amor… pero es por nuestra casa, por nuestros hijos

    -déjame pensarlo

    Al final asentí con la cabeza y miré para otro lado, estaba decidido. No quise saber nada del tema.

    ***

    Hola me llamo Diana, mi esposo se ha vuelto un pelmazo. Perdió su empleó y no ha podido conseguir otro o buscar la forma de traer dinero a la casa. Todo me ha tocado a mi. Para colmo, para conseguir una prórroga en la hipoteca de la casa, un empleado del banco con cierto poder se ha fijado en mí y me ha pedido una noche a cambio del beneficio. No tenemos de otra, es eso o que mis hijos duerman en la calle.

    El tipo me cita en un restaurante. Fue claro, quiere una noche conmigo, no solo sexo. Así que llego al lugar. Él ya está ahí, con su calva, su bigote, su gran panza y una sonrisa de seguridad falsa que me asquea. No es digno de mí tener que hacer esto… pero bueno. Yo voy con un vestido gris escotado, la falda me llega a la mitad de los muslos, las miradas se despiertan al pasar.

    El incompetente de mi esposo solo me escribe y pregunta “como va todo”… como si pudiera ir bien. “Todo bien amor” le respondo. El tipo me mete conversación, no es tan tonto como pensaba, es feo, pero inteligente, por lo menos sabe mucho de números. Me dice que ordene lo que quiera. Ordeno algo ligero. Me tomo tres copas de vino para facilitar la cosa. Terminamos de comer.

    -¿Vamos? – Le digo.

    -sí

    -¿Un año de prórroga verdad?

    -Sí, hasta las 8 am

    -Ok

    Nos montamos en su carro y me lleva a su apartamento, un edificio clase media, es bonito. Pone música, trata de hacer ambiente, pero yo no tengo tiempo para eso. Vamos al cuarto, me quito el vestido y al tipo casi se le cae la quijada al ver lo que tiene al frente.

    -¿Qué quieres que haga? – Le digo.

    -¿Qué haces mejor? – Me responde. No me esperaba eso.

    Me quito la panty, le agarro la verga, me pongo en cuatro sobre la cama, lo traigo hacia mí. Su verga se pone dura rápidamente en los segundos que pasan mientras me pongo en posición. Pronto tengo en mi mano una verga grandísima, ancha, poderosa. Me sorprendo. Cuando me la mete me estremezco, solo mi esposo y su verga promedio habían entrado en mi cuerpo hacía 15 años. Aquella verga de aquel tipo horrendo es refrescante.

    Me embiste un par de veces. Mi asco desaparece, el choque de su barrigota contra mis nalgas me resulta excitante.

    -Dame más duro – Le pido.

    Oigo mi teléfono vibrar, seguramente es mi esposo, lo ignoro. Empiezo a moverme en dirección a él, está delicioso!!! El tipo se viene dentro, todo bien, ya me desconecté. Prende un cigarrillo, le pido uno, fumamos, tomamos vino, me habla de cosas interesantes.

    -¿Haces esto comúnmente? ¿pedir favores sexuales por beneficios bancarios?- le pregunto.

    -jajaja, no, nunca. Tú me pareciste espectacular y probé suerte, además de arriesgarlo todo. Si tú hubieras decidido hacer pública mi propuesta me hubiera ido al demonio

    -Te salió bien, atrevido

    -No lo dudo

    -¿A qué otro beneficio puedo acceder con este tipo de intercambio?

    Me inclino sobre él, tomo su verga y la pajeo un poco antes de meterla en mi boca. No solo es por el contrato, quiero más de esa verga. Está buena. Follamos tres o cuatro veces y nos quedamos dormidos. En la mañana me despierta una lengua inspeccionando mi entrepierna. Ese gordo horrible me folla de nuevo en la mañana y siento que estoy enamorada de como me coge de rico. Nada parecido al endeble de mi esposo.

    ***

    La vi llegar en la mañana. Su maquillaje estaba corrido. Unas lágrimas se pintaban de mejillas abajo. Mi mujer había dado su orgullo por nuestra familia.

    ***

    Las lágrimas son reales, pero son de placer, el gordo me hizo llorar de gusto. Pensé que dejarlas podría facilitar el tema para mi.

    ***

    -Tenemos un año más mi amor – me dijo Diana.

    -Gracias amor, no saber lo que esto significa – Y rompí a llorar.

    ***

    Subo las escaleras y entro al baño. Mi esposo me da lástima, ya veo que no será capaz de liderar nuestra familia. Saco el teléfono y le escribo al gordo del banco…

    -¿Un crédito de cuanto me das si te doy culo? – le escribo.

    -Uno bastante grande

    ***

    Diana no es la misma desde el suceso. No me mira, me da la espalda, está encerrada en sí misma. Creo que toda la situación ha sido un trauma para ella. Debo tener paciencia.

    El gordo me dejó caliente, había olvidado lo que era coger de verdad. No puedo follar con el gordo mucho, cada polvo es un intercambio que me beneficia. Tengo el coño ardiendo, me masturbo a diario. Mi esposo me es indiferente, perdí cualquier atracción hacia él.

    Durante años cientos de hombres me han hecho cumplidos, propuestas, insinuaciones, pero siempre he sido fiel porque amaba a mi esposo y sentía respeto por él. Ahora que todo mi respeto por ese hombre se ha ido al piso veo las cosas de una manera distinta. Yo, con ese cuerpo, esta cara, puedo estar en la cima, sin él. Pero tenemos una familia, debo moverme con calma.

    Le he pedido un fin de semana para mi “para pensar”.

    Me pidió un fin de semana, dos días para reencontrarse. Por supuesto que sí, me encargo de los niños mientras ella pone su mente en orden.

    ***

    Meto mi ropa más sexy en la maleta. No digo para donde voy, tampoco me preguntan. Me voy para la playa, es un viaje de dos horas en las que pienso mucho sobre lo que quiero hacer. Reservo un hotel bonito, lujoso y cómodo, el gordo me ha dado un crédito con la promesa de un nuevo encuentro, promesa que pienso cumplir, obvio mi esposo no tiene ni idea. Al llegar abro mi maleta, me pongo mi vestido de baño de dos piezas, un pareo y me voy a buscar una cómoda silla en la playa. Mi esposo me escribe, lo ignoro.

    ***

    Me siento culpable por haberla hecho sacrificarse así por la familia, sé que necesita tiempo, le daré todo el que necesite.

    ***

    Tres margaritas para un poco de perspectiva. El sol se siente mejor, el sonido de las olas se siente mejor, y dios me perdone pero estoy pensando en el gordo, en cómo me cogía, mi coño se humedece, pido otro margarita. Cae el atardecer, vuelvo a mi habitación y me cambio para la noche, un vestido blanco con minifalda y unos tacones altos. Busco por internet los mejores lugares para rumbear. Escojo uno cerca al hotel. No tengo que hacer fila, apenas me ven me dan acceso, estoy deliciosa.

    Más mensajes de mi esposo. Si supiera que busco la forma de deshacerme de él sin afectar mucho a mis hijos. No le respondo. Me siento en la barra. No alcanzo a pedir un trago cuando ya alguien me ha enviado un regalo. No me gusta el tipo pero le agradezco. Dos jóvenes me miran y sonríen, podrían tener unos diez años menos que yo. Tomo el sartén por el mango, me levanto de mi silla y voy hacia ellos.

    Me reciben alegres, un poco sorprendidos de mi actitud entradora. Me ofrecen trago y también unas pepas que se están metiendo. Sí a todo. Hacen parte de un grupo más grande de chicos y chicas y me presentan. Pronto estoy bailando con todos ellos. Hago amistad con una chica, me veo en ella hace 20 años, llena de sueños y esperanzas y con un culazo a tono para conseguirlo todo. “No te amarres a un pelele” deseo decirle pero no quiero hablar de eso.

    La fiesta se acaba tipo 3 am, me voy con ellos y el grupo se va dispersando. Quedo al final con dos hombres altos y fornidos, bellos ambos. Parece que depende de mí así que doy el paso, decidida. Los tomo de la mano y los invito a mi cuarto de hotel. En la recepción me hacen caras, eso vale más. Concuerdo y gestiono y los dos grandotes entran conmigo.

    -Mi amor ¿como estas? – Me escribe mi esposo. Esta vez le respondo.

    -Mi amor trabajando en mi misma, haciendo lo mejor para mí

    -Me alegra, escribe cuando quieras

    Apago el teléfono. Llegamos a mi habitación, pienso en el gordo horrible y mi coño empieza a latir, no lo entiendo pero así es. Ellos me desnudan, me meto sus vergas en la boca. Me ponen en cuatro, uno me coge por el coño, el otro me mete su verga en la boca, yo gimo como puedo. No es la primera vez, en la universidad lo había hecho también despues de una fiesta, también tenía pareja, un novio de 3 años, me reencuentro conmigo misma.

    -¿A que no puedes con las dos por el mismo hueco? – Me reta uno.

    -Sino tienes problema con rozar sus vergas…

    Me pongo boca arriba, como pueden se acomodan para poner sus palos juntos sobre mi coño. Me penetran los dos. Al principio cuesta un poco, a pesar de estar muy mojada es bastante carne para tragar, separo mis piernas tanto como puedo, con mis manos las sostengo arriba en el aire y aquellos dos pedazos se empiezan a abrir paso. Me cogen muy rico.

    -¡¡¡aaah diooos!!! – grito.

    -a que no te la podemos meter hasta la garganta

    Me acuesto boca arriba al borde de la cama y abro mi boca, mi cuello arqueado hacia arriba y mi lengua afuera los invita a seguir. Uno de ellos posa su falo sobre mi lengua y busca el fondo. Su pene traspasa mi campana y llega a mi garganta, me dan ganas de vomitar pero las contengo. Lo logré. Después de un rato les pido que me la echen en la cara, me pongo de rodillas en la cama, ellos se ponen de pie frente a mí, se las empiezo a chupar y cuando es el momento adecuado los masturbo. Al final son ellos mismos los que toman control de sus respectivos aparatos y pajeandose frenéticamente hacen desembocar par ríos de leche sobre mi cara. Cae sobre mi boca abierta, sobre mis fosas nasales, sobre mi ojo derecho, sobre mi frente y mi pelo. Tomo mi teléfono y voy al baño, me miro al espejo, me veo putisima, el maquillaje de mi ojo derecho está corrido siguiendo una larga lágrima de semen que cuelga sobre mi mejilla. Abro la boca y ahí está una sustancial cantidad de fangosa leche blanca. Me tomo un par de fotos y me meto a la ducha.

    Me quito todo aquello de encima y salgo, me seco y vuelvo a la habitación. Mis amantes están dormidos, no los culpo. Pero yo estoy despierta, la pepa que me dieron no se me baja. Reviso mi teléfono, son las 5:30 de la mañana, el sol asoma tímido en el cielo pintando de morado la habitación. Voy a mi Instagram, reviso los chats, ese montón de mensajes de hombres, algunos deseables, la mayoría no, que nunca respondo por respeto a mi relación, una idea muy poderosa que se ha ido desdibujando.

    ***

    Diana volvió de su retiro de fin de semana. Le veía mucho mejor, sonriente, amable, cariñosa con los niños y conmigo. El día que llegó nos hizo comida en la noche y nos contó de su relajante fin de semana en la playa acostada leyendo libros sobre superación. Me dio ánimos, dijo que todo estaría bien, que siguiera esforzándome y seguro pronto encontraría un buen trabajo.

    Pasaron las semanas y por fin apareció algo. Era una propuesta interesante, la paga no era la mejor pero serviría para ayudar bastante en casa y volver a sentirme útil y al nivel de alguien como mi esposa, digno. El problema era que tenía que viajar casi todo el mes, eran tres semanas fuera de casa en un pueblo lejano haciendo estudios y luego otra semana en casa yendo a la oficina a compartir los análisis y resultados. A pesar de eso, es más importante volver a hacer dinero, no tengo ninguna razón para preocuparme por mi esposa y su fidelidad, sé que cuidará bien a mis hijos y la casa, y seguro este trabajo me abre puertas a otro mejor, tal vez un par de años no más de ir y venir.

  • Vacaciones candentes

    Vacaciones candentes

    El año pasado (2021), aprovechando que yo tenía un receso en mi trabajo, hicimos uso de un viaje que ya teníamos pago con mi esposa, la idea inicial era irnos de viaje solo mi esposa y yo, pero por pandemia y el nacimiento de nuestro segundo hijo esa idea se vino abajo.

    Así que los planes cambiaron fuimos mi familia completa e invitamos a mi suegra, mi mama y además mi cuñada pidió permiso en su trabajo y se nos unió, la aventura era de 4 días y 3 noches, llegamos a nuestro destino tipo 10 am, nos hospedamos en un muy buen hotel, con playa propia y piscinas muy bonitas, en una habitación dormiríamos mi familia y en la otra mi madre, mi suegra y mi cuñada, nos instalamos bajamos a desayunar y después a disfrutar del sol y la brisa, mi esposa a pesar de llevar pocos meses de haber dado a luz conservaba sus buenas piernas y su cola, además de que sus tetas eran mucho más grandes, su abdomen si aún estaba prominente, pero se veía espectacular, pasamos al comedor tipo 2 pm y nos relajamos en la zona de la piscina, mi esposa y yo nos metimos a la piscina a jugar, poco a poco mi esposa empezó a rozar con mi pene, a tocarlo y a sobarme su vagina y su culo, yo también la acariciaba bajo el agua, jugamos unos 30 minutos y mi esposa me dijo al oído que quería hacer el amor, se salió de la piscina y dijo que subiríamos a dormir un poco.

    Entramos a la habitación, mi esposa se desnudó, nos metimos al baño y parados hicimos el amor muy rico, mi esposa estaba súper arrecha, me pedía que le diera duro y sin parar, tuvo uno de sus orgasmos mojados, yo seguí dándole sin parar, me quería venir en cara, pero ella me pidió que la llenara, que me viniera bien adentro, nos duchamos y nos acostamos a dormir un rato, creo yo que pasarían unos 30 minutos y sentí que mi esposa buscaba con su mano mi verga, me voltee y se la saque, me masturbo con su mano hasta que se me paro, diciéndome a todo momento que mi verga la volvía loca, que siempre quería tenerla dentro de ella, yo le respondi que no solo la mía, ella me dijo amor, en el presente si, las de antes ya no valen, yo quiero la tuya amor, que con esta me hagas lo que quieras, como quieras y cuando quieras, mírame como me pongo solo de pensar que ya me la voy a comer, y me mostro la humedad de su vagina, se metió mi verga a la boca y luego me cabalgo primero metiéndoselo por la panocha y después por el culo, ella se vino 2 veces, y cuando ya estaba por venirme, la hice entrar al baño, arrodillarse en la ducha y me vine en su cara, nos aseamos y a los pocos minutos subieron todos a las habitaciones para cambiarse y bajar a cenar.

    Cenamos y vimos unas presentaciones de grupos musicales y artísticos, en medio de eso nos encontramos a un viejo amigo de mi época de futbolista, con el compartí equipo de segunda división y nos manteníamos en contacto siempre, la verdad me dio mucho gusto verlo, hablamos de nuestros viejos tiempos, de las anécdotas, le presente a mi familia, él siempre fue un solterón, mil amores, estaba acompañado de una chica bastante menor que él, no muy bonita de cara, pero con un muy cuerpo, nos contó que había colocado un centro alto rendimiento para futbol, que había obtenido la licencia pro como entrenador y estaba dedicado de lleno a ese proyecto, subieron a las habitaciones los demás y nos quedamos con mi esposa para seguir charlando con mi amigo, pensé que él se estaba alojando en el hotel y me dijo que estaba hospedado en unas cabañas para parejas cerca de ahí, que también eran de la cadena hotelera, son intimas dijo y él y su compañera soltaron a reír, la pareja de mi amigo le pidió a mi esposa que la acompañara al baño, ya solos me conto que la chica era una de las instructoras del gimnasio de su centro deportivo, que andaba de pelea con el esposo y le había aceptado la invitación a las vacaciones por eso, era solo un pasatiempo, me felicito por mi familia, me dijo que seguía mis publicaciones en redes sociales, llego mi esposa y nos despedimos, mi amigo se regresaba al otro día temprano a su ciudad.

    Mi esposa me pidió que diéramos un paseo por la playa, ella estaba vestida con una falda larga blanca y una blusa licrada, hablamos un poco de cosas, empezamos a besarnos y me pidió que nos fuéramos a un sitio oscuro detrás de unas palmeras, ahí empezamos a besarnos más apasionadamente, ella se arrodillo y saco mi verga para mamarla, se escuchaban muchas voces del hotel, aun había mucha gente por la playa, una vez se me paro bien la verga mi esposa se puso de pie y se subió la falda, se dio vuelta y pude ver que no tenía pantys, ya tenía todo planeado, tomo mi verga y se la metió de un solo golpe, así parados estuvimos un buen rato hasta que ella se vino, le dije que se pusiera en cuatro sobre la arena, así le di hasta que me vine dentro de ella y subimos a nuestra habitación.

    Estábamos alojados en un séptimo piso con balcón a la playa, mi esposa salió al balcón, desde allá me llamo, nos sentamos y seguimos hablando de cosas, ella fue al baño y regreso solo con la salida de baño puesta, la cual traía abierta, la acerque a mí y empecé a hacerle sexo oral, ella me acariciaba la cabeza y a los pocos minutos empezaron sus gemidos, comencé a meter dos dedos de mi mano derecha en su vagina buscando estimular su punto G, eso la excito muchísimo y empezó a decir: “me encanta amor, me encanta como me haces, mira como estoy de arrecha”, voltee a ver hacia su cara y vi cómo me mostraba sus pezones parados apuntando al cielo, seguí con mi tarea, ella gemía durísimo, sentí algo caliente en mi espalda, mire y era leche de sus tetotas, se le estaba saliendo porque ella se las estaba apretando de la excitación, creo que estuvimos unos 5 minutos así y ella empezó a decir: “no pares amor, no pares, me voy a venir mi vida”, acelere mis movimientos con mi lengua y mis labios y ella empezó a retorcerse, quiso soltarse, pero la tome de las nalgas y le chupe el clítoris hasta que se orino, se retorcía de la excitación y lo fuerte de su orgasmo, malo me dijo, mira como quede, se apoyaba en la baranda del balcón y respiraba entrecortadamente, entro a ducharse y yo la espere sentado en una silla dentro de la habitación.

    Salió del baño y fue directo a chupar mi verga, quiero todo tu semen en mi boca amor, me dijo, y empezó a mamármela de lo lindo, a todo momento me preguntaba si me gustaba como me la chupaba, yo solo le asentía con la cabeza, la tomaba del cabello y la hacía que se la tragara toda, eso para ella es fácil, me la mamaba y me masturbaba, me chupaba los huevos, me pasaba la lengua de abajo a arriba, estaba muy motivaba, me pare de la silla, la tome de la cabeza y empecé a meterle mi verga muy rápido y profundo, ella me tomo de las nalgas y seguía mis movimientos, mi verga se perdía por completo en su boca, estaba por venirme y ella lo sabía, y me apretaba fuerte contra ella, me vine tal cual ella quería, no desperdicio una sola gota, sus ojos estaban llorosos, pero en ningún momento se sacó mi verga de la boca, ¿te gusto? me pregunto, eres la mejor mi vida, le respondí, le dije que extrañaba ese comportamiento, que esa era la mujer fogosa que había conocido, amor es que salir de lo habitual cambia todo, además venimos de la llegada de un bebe, pero creo que estar en este sitio, el ambiente me hace portarme de nuevo como antes, sin darnos cuenta ya era pasada la medianoche, dormimos muy a gusto.

    Yo me desperté primero y busque acomodarme junto a mi esposa y buscar el mañanero, ella me sintió y entendió mis intenciones y también se posiciono para iniciar a hacer el amor, nos besamos y yo busque con mi mano su vagina, la lubrique y le pedí que se acostara boca abajo y así hicimos el amor por unos 15 minutos, no hicimos nada del otro mundo, pero fue muy satisfactorio ese polvito.

    Dormimos un rato más y nos levantamos para ducharnos y bajar a desayunar con los demás, teníamos un paseo en yate a una isla cercana, ese día mi esposa uso un vestido de baño que dejaba ver mucho sus tetas y sus nalgas, no uso el pareo como normalmente lo hace, llegamos a nuestro destino y buscamos un lugar en la playa, antes de pasar a almorzar fui al baño, cuando iba llegando mi esposa me alcanzo y me dio unos ricos besos, me tomo de la mano y entramos al último de los vestieres, yo le quite el vestido de baño y ella busco mi verga con su mano, me puse de rodillas y empecé a chupar su clítoris y a meter un dedo en su vagina, apenas estuvo bien lubricada me puse de pie, la bese en la boca y ella puso mi verga en su vagina, de un solo golpe se la metí y ella soltó un gemido, no teníamos mucho tiempo así que le di con todo, hacía mucho no hacíamos una de esas locuras, por sus gemidos note que estaba a punto de venirse, la voltee y ella apoyo sus manos contra la pared, mientras la penetraba le daba caricias con mis dedos en su clítoris, se vino a los pocos minutos, quiero ver cómo te vienes amor, le saque mi pene y ella empezó a masturbarme, nos besábamos apasionadamente, me vine y ella se tomó el semen que le cayó en la mano, nos vestimos y salimos al comedor, nos demoramos unos 10 minutos creo yo, en el comedor no notaron nuestra ausencia.

    Regresamos al hotel y subimos a cambiarnos para ver los shows de esa noche, nos metimos a la ducha juntos, mi esposa me dio una mamada espectacular como siempre, salimos y nos metimos a la cama, le pedí que hiciéramos un 69 y ella acepto muy gustosa, hice que se viniera 2 veces y aproveche para dilatar su ano para penetrarla, la puse en cuatro al borde la cama y le di por su culo un largo rato, quería escucharla gemir y por eso le di muy duro, se lo metía lo más profundo que podía y sacaba todo mi pene para volverlo a meter, me duele amor, me dijo, no importa mi vida, a ti te gusta, tome su mano izquierda y la coloque en su clítoris y seguimos en lo nuestro, mi esposa estaba muy excitada y me pedía que no parara, que le diera más, le pedí que se metiera dos dedos en su vagina y a los pocos minutos se vino a chorros, yo seguí penetrándola, quería acabar en su ano, sus gemidos ya eran muy sonoros, vente amor, vente dentro papi lindo, quiero tu semen amor, me decía, y así lo hice, ella se repuso y cuando se iba a vestir le pedí que no se colocara pantys, ese día uso un vestido de playa ancho, un poco más arriba de la rodilla, vi cómo me complacía.

    Bajamos a unirnos a los demás en la cena y el show, esta vez sí nos reclamaron por la demora, nosotros solo reímos, mi mama y mi suegra subieron a las habitaciones, nos quedamos en el salón con mi esposa y mi cuñada, hablamos un buen rato y mi cuñada se despidió y se fue a la habitación, mi esposa y yo fuimos a dar otro paseo por la playa, mi esposa se veía muy bella esa noche, había mucha gente en la playa, así que buscamos un lugar más solitario, mi esposa me agradeció por esas vacaciones, más aún por haber permitido que su mamá viajara con nosotros, la bese y le dije que eso no era gratis, que ella debía pagar por esa invitación, ella sonrió y me dijo que con todo el gusto del mundo ella me pagaba, se subió el vestido y me mostro su panochota, y saco sus tetas por el escote, cóbrate amor, me dijo, las personas que estaban en la playa estaban lejos, me acerque y bese sus tetas y su boca, le acaricie la vagina y el clítoris un buen rato, ella no soltaba mi pene con su mano, quería comérmela ahí, pero había mucha gente, le dije que fuéramos a la habitación y allá me cobraría, ella entendió y nos fuimos.

    De camino yo no dejaba de manosearla cuando podía, en el ascensor saque sus senos para besarlos y metí mis manos en sus nalgas y vagina, cuando entramos a la habitación ella se paró en la mitad y me dijo: “estoy lista para pagarte de la forma que quieras”, desnúdate por favor le dije, ella muy obediente lo hizo, me desfilas por favor, ella sonrió y lo hizo, se paseó de un lado para el otro, haciendo varias poses, mostrándome sus senos, sus nalgas y su vagina, la tome de la mano y la lleve a la cama, la acosté y le pedí que doblara sus rodillas, empecé a acariciar su clítoris con la yema de mis dedos, comencé a albar su belleza diciéndole: “estas muy hermosa amor, hoy lucias muy linda con el vestido de baño y el vestido de noche, definitivamente no pude haber elegido una mujer más linda para mi vida”, ella se acariciaba sus senos y apretaba sus pezones, gracias amor por amarme tanto, me dijo, estas vacaciones me han servido para subir mi ánimo y mi autoestima, me comento, yo seguía jugando con su clítoris, que quieres que haga amor, me dijo, mastúrbate amor como lo hacías en los videos mi vida, estaba muy arrecha y de inmediato empezó a meterse los dedos de su mano izquierda en la vagina, seguía apretando sus tetas con la mano derecha, tú también mastúrbate amor, me dijo, me pare frente a la cama y empecé a hacerlo, ella aumento la velocidad de sus caricias y sus gemidos eran muy fuertes, me voy a venir papi, me voy a venir, que rico amor, me vengo, dijo, y de su vagina salió mucho líquido cuando saco sus dedos, se quiso parar de la cama, pero la detuve y le dije que apenas habíamos empezado, amooor, que más me vas a poner a hacer, quiero ver cómo te metes algo por el culo, busque algo de un buen grosor y encontré un splash de loción, se lo pase y ella lo lubrico con sus jugos vaginales y empezó a meterla en su ano poco a poco, quiero tu verga en mi vagina papi, me dijo y se puso en cuatro, sin sacar la botella de su ano, la penetre y ella empezó a meter el splash por su culo a mi ritmo, gemía riquísimo, y me pedía que no parara, me encanta que me tengas así mi vida, no sabes cuánto me gusta complacerte, me fascina ser tuya, desde el primer día que me entregue a ti soy feliz recibiendo tu verga, me dijo, estuvimos en esa posición unos 10 minutos y ella tuvo otro orgasmo, el ano le quedo muy dilatado y listo para recibir mi verga, la puse de pie contra una pared dándome la espalda y la penetre por detrás con fuerza, yo apretaba sus tetas muy duro, la nalgueaba, le halaba el cabello, y ella gemía rico y me pedía que no parara, yo soy unos 10 cm más alto que ella, por lo que cada que la penetro en esa posición ella se tiene que empinar para evitar el dolor, yo le decía cosas sucias, eso a ella la excita, le digo siempre que si fue perra, que si fue puta, y ella responde que sí y sus gemidos aumentan, ese día no fue la excepción y al poco tiempo de tratarle de puta y de perra se vino, yo la tome por los hombros metiendo mis brazos por debajo de sus axilas para penetrarla más duro y venirme, vente perra le dije, le pregunte: ¿porque no te has venido?, sabiendo que ya lo había hecho, me respondió: ya amor, ya me vine, ahora ves mis muslos, estoy súper chorreada mi vida, vente tu papi lindo, quiero sentir tu semen dentro de mí, me dijo, y empezó a ella misma a clavarse, yo le seguía los movimientos y se lo metía duro y lo más profundo que podía, en un momento me dijo que la estaba lastimando, yo le respondí que no me importaba y continue sin parar, ella solo gemía y me apretaba los brazos, vente mi amor, vente, quiero sentirte dentro de mí, me encanta papi bello que me llenes, me dijo, esas palabras me excitaron mucho y me vine mucho, ella espero a que acabara de eyacular todo dentro de ella y se sacó mi verga, mira como estoy me dijo, mostrándome su entrepierna empapada de sus orgasmos, se fue al baño a limpiarse, yo espere un poco y la seguí, nos duchamos y dormimos profundamente.

    Al día siguiente salimos de nuevo de tour, llegamos muy cansados, hicimos el amor sin nada novedoso, solo me subí, ambos nos vinimos y listo, salíamos de regreso a la tarde siguiente por lo que en la mañana arreglamos maletas y bajamos un rato a la piscina, estando ahí mi esposa me dijo que ese viaje le había servido mucho para subir su autoestima, que estaba feliz de como la habíamos pasado, a mí también me gusto revivir la llama de la pasión.

    Ese fue el relato, nos vemos pronto.

  • El capataz y la criada

    El capataz y la criada

    Hoy día de la festividad de San Jorge y como todos los primeros de mes toca limpieza en el establo y recoger la siembra de los maizales en los campos que hay junto al molino pegado al río.

    La dueña de la mansión me ha ordenado que haga una selección de personas; hombres y mujeres para hacer dos grupos y así poder mandar a un grupo al molino y el otro grupo a los maizales y más o menos ya los tengo bien organizados.

    El grupo de los hombres irán a los maizales y el de las mujeres me las llevaré conmigo al molino y así se ocuparán de la limpieza dentro y fuera de dicho molino, en este grupo de mujeres se encuentra una señora que lleva muchos años con la dueña de la hacienda en la cual está la mansión.

    Su nombre es: Giuliana Asanrri, ella es de procedencia italiana, es la más veterana de la hacienda, su experiencia como trabajadora es única y muy servicial, ya veréis a que me refiero.

    Yo como capataz de los trabajadores de la hacienda me subiré conmigo al torreón a Giuliana, ella me ayudará a limpiar las ruedas y el engranaje de dicho molino para que las aspas del molino no se oxiden y así no dejen de funcionar.

    Nos dirigimos a subir los agotadores escalones que nos llevan a lo más alto del molino, según vamos subiendo me voy dando cuenta que la veterana va muy suelta en el tema de ropa de trabajo, ella va delante de mí y yo unos dos metros por debajo de ella puedo divisar que no utiliza ropa interior o por lo menos puedo ver.

    Minutos después y ya por fin llegados al torreón veo que la señora se sienta en una butaca que allí había y al saber desde cuando estará aquí arriba, yo terminando de subir los últimos escalones me doy cuenta que lo primero que me alcanza la vista es que no lleva braga debajo de su uniforme de trabajo, la parte de arriba de su vestimenta también dice mucho, me doy cuenta que se notan sus pezones bien señalados tras esa camiseta de hombreras que lleva y que a mí me están dando ganas de poder pellizcar sus botoncitos que son como del tamaño de las uñas del dedo meñique.

    Solamente estamos ella y yo solos en lo alto del molino y no creo que a nadie le dé por subir hasta donde nosotros estamos, yo no dejo de pensar en cómo será el tamaño de sus pechos al haber visto sus pezones y me están dando ganas de levantarla la camiseta ahí mismo y así deleitarme viendo esa belleza de mujer.

    La cosa sé empieza a poner bien aquí arriba en el torreón, Giuliana se ha dado cuenta que él bulto de mi bragueta a aumentado de tamaño y el tema se puede poner aún mucho mejor, se levanta la señora de dicha butaca y sé acerca hasta donde yo estoy, me mira fijamente y comienza a acariciarme mi abultado paquete que ya va en aumento casi a punto de estallar la cremallera de mi pantalón.

    Ella sigilosamente desabrocha el botón y después baja la cremallera hasta abajo, mete su mano por dentro del calzoncillo y comienza a toquetear mi duro y empinado pene que estaba pidiendo libertad a través de dicha ropa interior, Giuliana me agita y soba mi polla hasta ponerla más dura aún.

    Se pone de rodillas en el suelo y comienza a chupar y masturbarme, yo no dejo de mirar como me hace ese trabajito que a todo hombre le gustaría que le hicieran en un momento como este que yo estaba viviendo en primera persona.

    Giuliana se pone en pie y se pone a cuatro patas apoyando sus manos sobre la banqueta que allí había dejado entre ver su coñito peludo y su abultado trasero, me acerqué hasta ella y la introduje mi polla por su orificio anal, al principio la dolió un poco porque nunca la habían penetrado analmente pero con el paso del mete y saca constante ya apenas la dolía, después ya todo era; más sigue, sigue, no pares.

    Minutos después ya habiendo cambiado de postura me tocaba a mí comerla su conejera peluda, la verdad es que tenía muchas ganas de saborear esa concha que Giuliana tenía bien abierta y que parecía bien jugosa, ella tumbada en el suelo boca arriba y yo entre sus piernas con mi lengua dentro de esos labios empapados en flujo conejil, no quería separar mi cabeza en un buen rato hasta que dejase bien relamido su coño y con mis manos agarrando sus enormes tetas.

    Ella no dejaba de gritar de placer, y yo cada vez repasaba y jugueteaba con sus carnosos labios vaginales, mientras me comía su coño podía ver cómo la señora sé retorcía de placer en el suelo y yo con mis dedos sobando y jugando con sus pezones.

    Ya para ir terminando me puse de rodillas entre sus piernas y la penetré el conejo hasta sentir que me iba a correr en cuestión de minutos, aceleré la penetración y saqué rápido mi polla de su interior para echarlo por encima de sus tetas y boca y así que se lo pudiese tragar que era una de las cosas que más la gustaba del sexo.

    Fin

  • Una pequeña escapada

    Una pequeña escapada

    Después una rica salida llegaríamos a una donde cerrarías de inmediato la puerta, te arrodillarías frente a mi para correr el colaless a un lado dándome un rico oral ya que con los besos que me has dado antes me tienes bastante húmeda entonces quiero que saborees un poco lo que te espera más adelante.

    Me tomas fuerte de los muslos, mientras sostengo tu cabeza hacia mi vagina y la manera que mueves tu lengua en mi me tiene demasiado excitada.

    Para dejarte con las ganas me voy a la cocina para dejar el bajón dulce listo. Mientras sacas vasos para beber y yo la weed para fumar. Fumamos un poco bebo mi vino y tu una rica chela. Te acercas para besarme pero quiero que me robes los besos, voy al sofá para que me voltees y me coloques sobre el sofá mientras saco tu camisa dejando todo tu torso al descubierto. Sobre mi te rodeo con mis piernas, me tienes de la cintura subes mi vestido para sacarlo de una vez sacando mi sostén para sentir mis pechos tocarlos y morderlos.

    Te levantas para sacarte esos pantalones que te tienen aprisionado de sentirme con tu pene que está tan duro. Me siento delante de ti mientras estás de pie para poner tu pene en mi boca para sentir cuan dura la tienes con mi lengua, quiero que me veas y tomes mi cabello, lo sacas de mi boca para pegarme en los pechos con el, quiero seguir pero me empujas contra el sofá abres mis piernas y vas mordiendo de poco hasta llegar a mi vagina sacas mi colaless montándote, meneándote intento tocarte pero tomas mis manos dejándolas sobre mi cabeza mientras lo sigues metiendo súper fuerte y con tu otra mano agarras mi cintura.

    Te encanta ver como mis pechos se mueven, me sueltas para besarlos y morderlos aprovecho que te colocas así para hacer que te sientes sin dejar de sentir que lo tienes dentro de mi.

    Ahora yo te tengo como quiero, me agarras firme la cintura con ambas manos apegándome más a ti, se siente tan intenso que me prendo mucho más a medida que saboreas mis pechos, muerdes mi cuello y tocas todo de mi con mucha fuerza.

    Mientras estoy sobre ti te detienes a ver cómo mi cuerpo se contornea, cada vez que me meneo tomas mis caderas y te pones súper duro. Siento como tú cuerpo va a tomando fuerza, a medida que voy más rápido sobre ti agarras mis manos tras mi espalda y con la otra cubres mi boca pero yo la muerdo y te excitas mucho más al verme. Abres mi boca pasando tus dedos por mis dientes y lengua, te prendes tanto que para molestarte te digo que estás siendo muy suave y comienzas a ahorcarme y te digo que aun así sigues siendo muy suave.

    Logró lo que quiero y te pones firme tomándome en dirección al muro me penetras duro, golpeas mis muslos mientras me meneo, estamos jadeando demasiado te beso y muerdo tus labios voy de a poco mordiendo suave tu cara hasta llegar a tu cuello, te tengo entre mis brazos agarrándote firme. En tus brazos me llevas a la cama donde me coloco en 4 pero quieres que tenerme encima, quieres tocarme y dejas mis muñecas atadas tras mi espalda, me tocas de los pechos hacia mi vientre, con tus dedos tocas mi vagina me tienes gimiendo fuerte tanto que te empapo todo mi y se siente tan rico lo caliente que sale que cambias de posición abruptamente me dejas boca abajo sosteniendo mis muñecas te pones rudo tras de mi penetrando súper fuerte golpeando y rasguñando mi cuerpo.

    Me enderezo para que me beses pero vuelves a dejarme boca abajo no me dejas respirar pero si sientes mis gritos y gemidos lo qué te lleva a penetrar más rápido. Me tienes el culito con tus manos marcadas de las nalgadas que me das. Me encanta escucharte gimiendo y quejándote al mismo tiempo bajas para morder mi espalda y de apoco me enderezo para que me tomes del cuello voltees a ver cómo muerdo mis labios y metas tu pulgar en mi boca mordiéndote y lamiendo para que de una vez me beses sin darme respiro.

    Cada beso acompañado de un rico gemido de ambos, me muerdes a tal punto de herir mi labio sin importarte sigues dándome tan duro que ya siento cómo te vienes en mi.

    Me sueltas las muñecas y con lo que me ataste lo colocas en mi boca para amordazarme. Mi cuerpo muy extendido sobre la cama y tú tras de mi te sigues montando y extiendo mi pelvis hacia a ti para me penetres y nuestros cuerpos súper pegados, siento tu respiración en cuello te tomo de las manos haciendo fuerza, te beso gimiendo fuerte pidiendo más rápido te meneas de una manera espectacular que mi vagina la siento más y más mojada que ya quiero me empapes de ti y metas todo dentro de mi. Te enderezas presionando mis hombros hacia la cama volteando mi rostro para jalar mi cabello para ya venirte que empiezas duro a meterlo muy seguido, yo gimiendo más fuerte cuando lo sentimos ya dentro y cómo te vas lo cremoso y caliente que se siente que ambos estamos gimiendo acalorados a medida que sale me tocas fuerte masajeando mi cuerpo y yo queriendo probar tu semen con mi boca.

    Sacas tu pene mientras estás de rodillas en la cama me enderezo para que me des una probadita de lo que queda succiono todo para no quedarme con las ganas de beber hasta la última gota de tu semen. Saboreando y lamiendo todo tu pene para escuchar que botes ese gemido que tanto espero y termines en un quejido de placer.

  • Ese culo respingón

    Ese culo respingón

    Nos conocimos por internet, específicamente por Twitter. Después de unos intercambios en público, comenzamos a enviarnos mensajes directos. Conversábamos de todo: experiencias, vida práctica, política y por alguna razón también de sexo. No pasó demasiado tiempo hasta que las conversaciones comenzaron a subir de temperatura, en una extraña mezcla entre coqueteos, descripciones gráficas y preguntas muy directas.

    Todo cambió una tarde de viernes. Comenzamos a hablar por teléfono mientras ella hacía las compras en el supermercado. Después de repasar los temas de la semana, comenzamos nuevamente ese ir y venir, entre preguntas directas del tipo qué harías si estuviese ahí e hiciese tal cosa. En un momento la conversación fue lentamente subiendo de todo, dándole un carácter bastante especial que ella estuviese en un lugar público mientras yo podía hablar con total libertad al encontrarme a solas. Una vez terminada sus compras y sentada en su auto, aunque aún aparcada en el estacionamiento, la conversación subió a tal nivel que ella comenzó a masturbarse. Nunca lo había hecho en su vida: tener sexo telefónico. Las preguntas y contra preguntas, ese qué harías si estuvieses aquí, le arrancó tres orgasmos. Mucho más de lo que había tenido con la enorme mayoría de sus amantes. De alguna manera, se dio cuenta que era absolutamente real aquello que señala que las mujeres tienen conectado el clítoris con el oído. La pregunta que, por supuesto, quedó en el aíre era si la realidad podría superar a la fantasía que fluía vía teléfono.

    Ahora bien, no deseo relatarles la primera vez que tuvimos sexo. Si bien fue una vez especial, como toda primera vez, no fue la más especial. Ella sí había tenido sexo con otros, también muy buen sexo. Claramente con tipos muy distintos a mí. Esto pues, algo que aún no les he contado, ella me sacaba casi dos décadas de ventaja. Así como lo leen. Una mujer con dos décadas de ventaja había tenido un trío de orgasmos en un estacionamiento sólo hablando por teléfono conmigo. Cuando esas fantasías se materializaron, también tuvo esa cantidad de orgasmos. Pero nunca había vivenciado lo que relataré a continuación.

    Viviana era una mujer ancha, no gorda, con pechos normales, muy parados y bien cuidados para su edad. Una cara muy risueña, con una sonrisa expresiva y sonora. Lo mejor era su culo. Un culo redondo y muy respingado. Era de esas mujeres que tienen la gracia de ser acinturadas, de tal manera que, al poseer un culo respingado, lo contonean de manera grácil y coqueta. Sin embargo, ella no era sólo un culo precioso. Tenía una personalidad muy afilada y una increíble capacidad para hacer la pregunta precisa, el comentario acertado, la intervención oportuna que desarmaba al interlocutor. Las veces que nos veíamos, siempre en su casa, bebíamos tres o hasta cuatro botellas de vino conversando los más variados temas. Era una mujer leída y viajada, que había dedicado su vida a vivenciar el descubrimiento de su propia individualidad femenina. Nunca antes había estado frente a una mujer que había pasado la edad de tener hijos sin arrepentimiento alguno de no haberlos tenido. Por el contrario, mostraba esa hambre de vivencias. La que tenía en enfrente ahora era tener un amante dos décadas menor. Esto la hacía sentir no sólo rejuvenecida, sino que en un grado mayor de autonomía femenina.

    Un episodio relata bien este grado de autonomía al que me refiero. Su vecina solía mirarla con el desdén y la suficiencia con que miran las mujeres que ya son abuelas a las que nunca se casaron y tuvieron hijos. Siempre que lograba establecer una conversación con Viviana intentaba notificarle de alguna manera que su vida no era la vida que toda mujer que se preciara de tal. Que si no había tenido hijos, por lo menos tuviese una pareja estable con la cual pudiese completar su vida. Todo esto siempre con el tono de envidia que tiene esa generación de mujeres con la siguiente que avanzó, aunque sea unos metros más, en ese enrevesado camino a la emancipación.

    Recuerdo que una vez vi a la vecina, llegando incluso a saludarla, para después enterarme por boca de Viviana cómo era su relación con esta última. Después de arreglar el mundo, acompañando la tarea con botellas de vino, la tomé por la cintura de sorpresa en la cocina. Mientras la besaba apasionadamente la fui guiando hasta la habitación. Después de tres pasos mis manos ya se encontraban debajo de su falda buscando sus muslos y su culo, bastando esto para comenzar a sentir sus suspiros. Como era habitual la puse de espaldas contra la cama, bajándole su ropa interior a la búsqueda de su entrepierna con mi boca. La besé tan apasionadamente que no hizo falta mucho tiempo para que llegara su primer orgasmo el cual gritó con total sinceridad. La forma en la cual me había contado la relación con su vecina, ese inocultable hastío, me hizo proponerme darle un sexo fantástico. Posteriormente, ella misma reconoció algo que yo ya intuía y algo que no. Lo primero, que nunca había gritado tan fuerte durante el sexo. Lo segundo, es que su vecina le había hecho saber unas semanas después que la había escuchado. Para su sorpresa su cuerpo no contuvo una piza de vergüenza, como la vecina quería lograr, sino más bien de sincero orgullo. Sabía que la vecina, en lo más profundo de su ser, allí donde había sólo sinceridad, la envidiaba. Era la diferencia entre la que se sentía mujer por haber sido esposa y madre con la que se sentía mujer por ser deseada y orgásmicamente penetrada.

    La experiencia que cambió su vida sexual para siempre ocurrió en terreno neutral. Esta vez ella vino a mi ciudad por trabajo, quedándose en un hotel céntrico. Quedamos en que la pasaría a buscar a las ocho de la tarde. Era un viernes de primavera en un día precioso. Lo suficientemente agradable para que ella se pusiese un vestido rojo ligero, con medias caladas negras y tacos aguja del mismo color. Debajo llevaba una ropa interior también roja, muy fina y delgada. Recuerdo que al verla llegar inmediatamente pensé que se veía fantástica. Al decirlo me respondió con una sonrisa coqueta, acercándose a mi mejilla con sus rojos labios. Cuando posterior al beso, claramente a propósito, comenzó a caminar delante mío unificando su coquetería en ese culo respingón.

    Fuimos a cenar a un restaurante que no quedaba lejos. Algo así como dos cuadras. El lugar elegido era un excelente restaurante peruano. La comida estuvo exquisita, pero lo que hizo la real diferencia fueron los pisco sours catedral. Unos vasos enormes de casi medio litro. Nos tomamos dos cada uno. A medida que la fantástica conversación ambos sentíamos esa mezcla única y explosiva que sólo logra la cantidad adecuada de alcohol con la cantidad adecuada de deseo. A pesar de que la conversación transcurría lejos de cualquier tema de carácter erótico, ambos sabíamos cuánto nos deseábamos. Pareciera que el no tocar dichos temas hacía que el deseo se delatara en miradas, en risas, en toques de mano, en caricias bajo la mesa. La perfección de la velada se acabó cuando nos dimos cuenta de que era la hora de llamar al garzón y pagar.

    Recuerdo que al levantarme sentí mi ligera borrachera. Para ella era peor pues debía no sólo controlar su cuerpo, sino que también lograr dignamente la hazaña de caminar con tacos. Es un misterio de la física cómo logró caminar gallardamente con esos tacos aguja negros, a pesar de la borrachera. Pero es un misterio divino cómo logró a pesar de toco contonear ese culo respingón enfundado en el vestido rojo. Ese momento divino, ese big bang, sólo duró unos cincuenta metros. Después tuvo que agarrarse de mi brazo. Ante la pregunta de si estaba bien, me respondió mirándome fijamente con ojos de deseo que se encontraba perfectamente. Sucedía sólo que hace tiempo que no bebía pisco sour. Con irónicos ojos le respondí que le creía su mentira.

    Caminamos de vuelta al hotel disfrutando de la brisa de primavera. Eran alrededor de las doce de la noche. Tuvimos la enorme suerte, al llegar al lobby del edificio, de que el ascensor se encontraba vacío. Apenas se cerró la puerta comenzamos a besarnos apasionadamente. Sentía que tanto mi piel como la suya estaba hirviendo, que nuestras bocas se encontraban con desesperación, que nuestras manos sabían perfectamente sus objetivos. Una vez abierta la puerta del ascensor, ella sacó rápida y diligentemente la llave de su cartera. Ni un atisbo de la torpeza que siempre acompaña a la borrachera. Una vez cerrada la puerta detrás de nosotros, no tuvimos tiempo siquiera para prender las luces. Yo sabía cuál era mi objetivo.

    Introduje mi mano debajo de su falda, mientras la seguía besando con furia, buscando su entrepierna. Al alcanzarla y sentir ese gemido conocido que me encantaba, seguí con mi tarea primero por encima de la tela, con la intención de continuar debajo de ella. Cuando ya casi alcanzaba mi ansiado objetivo, ella me detuvo. Al mirarla preguntando con mis ojos qué sucedía, puso su índice en mis labios. Me besó en la boca y en el cuello, bajando lentamente hasta enfrentarse a mi entrepierna. Ella desabrochó mi cinturón, desplazó después los botones correspondientes, todo para introducir su mano dentro de mi ropa interior y sacar mi desesperación de su encierro. Sus labios rojos comenzaron a consumirme con fuerza y profundidad. Una mano se apoyó en su nuca, sin ánimo de dirección, sino de caricia y gratitud.

    Sus labios lograron activar las dos sensaciones que todo hombre desea. Que ese placer no acabe con el siguiente y que el calor corporal del deseo mezclado con alcohol se concentre donde se hallaban hace poco sus labios. Con un movimiento firme de mi mano la separé de su ensimismamiento y la levanté frente a mí. La besé apasionada y agradecidamente para después tomarla por la cintura y voltearla, poniéndola en frente de la cama. Le saqué la cartera que aún colgaba de su hombro, lanzándola a un rincón, para posteriormente empujarla suavemente contra la cama. Ella entendió mi intención, poniendo sus rodillas encima del borde de la cama y levantando lentamente su culo respingón. Procedí a levantarle la falta lentamente mientras mordía sus muslos a través de sus medias negras caladas. Ella acompañaba cada mordida con suspiros que se fueron transformando en gemidos. Una vez que posé mi boca en su entrepierna, por encima de su fina ropa interior, escuché su aprobación en forma de un gemido largo e intenso. Después de algunos minutos mordiendo con mis labios aquella zona, me alejé y le bajé su ropa interior hasta la parte baja de los muslos. Ella intentó levantar sus rodillas, pero la contuve. Deseaba verla en esa posición. Sus pies con los tacos negros aguja, seguidos de sus medias caladas negras, coronado con el vestido subido hasta la cintura con la magnificencia de ese culo respingón.

    Después de quedar embobado por unos segundos, volví a posar mis labios en su entrepierna. Al juntar mis labios con los suyos ella dio un respingo, casi como si le hubiesen dado un golpe de electricidad. A sus labios los mordía con los míos, los apretaba, me alejaba de ellos recorriendo sus alrededores para después volver a besarlos. Después de unos minutos ella comenzó a comunicar sus ganas de ir más lejos ofreciéndome su culo respingón en la forma de movimientos hacia atrás y hacia adelante. La ignoré. Seguí con mi trabajo con los labios interiores hasta que en un momento puse mis manos alrededor de sus muslos y comencé a acariciarlos. Cuando sus movimientos ya denotaban una suplicación, apreté sus muslos con fuerza e introduje mi lengua hasta el fondo de sus labios interiores. Un “aaaah” desde el fondo de su garganta me dio la bienvenida.

    Mientras seguía ateniendo a sus labios interiores y a sus cavidades, un pensamiento cruzó mi mente y elevó mi temperatura corporal. Al mismo tiempo, los gemidos de Viviana comenzaban a acelerarse por lo que aproveché de seguir su ritmo. Aplicando una técnica que siempre me había dado buen resultado, saqué de mi bolsillo un condón y comencé a ponérmelo sin detener mi tarea. Pocos minutos después comenzó a decir algo por primera vez en la noche “sigue…sigue…sigue”, por lo que llevé mi pensamiento lentamente a la práctica. Introduje dos dedos dentro de ella, los cuales recibió como una agradable sorpresa. Continúe besándola, ahora en su clítoris, y cuando noté que su orgasmo era inevitable, me dirigí a besarle su culo. Su primer orgasmo llegó entre gritos. Mi idea tenía su primer éxito.

    Posteriormente, me puse en píe, acercando mi boca a su oído y ubicándome en la entrada de sus labios. “Lo quieres?” le pregunté, respondiendo con un “¡siii!”. De un solo golpe llegué hasta el fondo de su ser. Ella respondió con un grito de placer y sorpresa. Yo respondí moviendo ligeramente mis caderas hacia arriba, hacia abajo y hacia el frente para que se sintiera absolutamente penetrada. Nos conocíamos y el “ah! ah!” fue la respuesta que esperaba. Tengo la fortuna de decir que todas las mujeres que he penetrado se han sentido llenas. Viviana no fue la excepción, sintiendo cómo sus labios apretaban mi base. La unión perfecta entre vaina y espada estaba completa.

    Mi penetración consistía en sacar un tercio para volver a entrar con fuerza, en una sucesión que terminaba con una salida total y una penetración con todas mis fuerzas. Ella conocía mi ritmo. Deseaba calentarla aún más. Cuando sentí que sus jugos aumentaban, le di una fuerte palmada en su culo, a lo que ella respondió con un gemido de placer. Así, comencé a acelerar la profundidad y cantidad de mis penetraciones, acompañándolas siempre con palmadas en ambos lados de su culo. Viviana me comunicó con el vaivén de sus caderas y el volumen de sus gritos que continuara. Dos minutos después vivieron nuevamente sus “sigue… sigue… sigue!”, coronados por un enorme orgasmo lleno de gritos y espasmos corporales.

    En el momento en que los gritos comenzaban a apagarse, la volteé en la cama, poniéndola frente a mí. Me subí encima de ella, ubicándome nuevamente en su entrada. Estaba vez entré gentilmente mientras la besaba. Me fui hundiendo en ella mientras le mordía su cuello y le apretaba sus muslos. Quería ser gentil y darle un descanso después de aquellos dos exquisitos orgasmos. Le hice el amor durante varios minutos hasta que, en un momento, entre suspiros y gemidos, me dijo al oído: “haría cualquier cosa por ti”. Superando la sorpresa inicial, le contra pregunté “lo que fuera”, a lo que contestó con un sí.

    En ese preciso momento me salí de ella. Poniéndome de rodillas, la tomé con fuerza volteándola. Su culo respingón estaba nuevamente en frente mío. Me acosté sobre ella, quitándome raudo el condón. No podía quitarle la virginidad sin sentirla. Ella estaba completamente sorprendida, mientras bajé mi mano para ubicarme dónde tanto lo deseaba. Mi deseo era tan grande que no me pude contener. No pude ser un caballero, tampoco un enamorado, sino un amante preso de la lujuria. Una vez ubicado la penetré con fuerza tomando su virginidad. Su culo, después de mis besos y sus orgasmos, estaba totalmente lubricado. Sin que ella lo supiera, su culo deseaba abandonar su virginidad. Como lo esperaba su culo virgen era absolutamente delicioso. Su resistencia, cual mantequilla al sol, tenía una resistencia que me llevaba a placeres inimaginables. Viviana gritó muy fuerte de sorpresa y dolor. Decidí parar y decirle al oído: “relájate y disfruta”. La terminé de penetrar completamente con suavidad y dulzura, nuevamente moviendo mis caderas hacia arriba y hacia abajo en el proceso. Continué siendo gentil con mi virgen por unos minutos hasta que volví a sentir que lentamente volvían sus gemidos de placer.

    Un morbo que nunca había sentido antes en mí comenzó a dominarme. El morbo de ser veinte años menos y, sin embargo, estarle quitando su virginidad haciéndola sentir un placer desconocido. Sabía que se había mantenido virgen pues ninguno de sus amantes había logrado convencerla, no porque se lo hubiese preguntado, sino porque sabía que nunca nadie había sacado esa puta que llevan todas las mujeres dentro. Esa puta, no el sentido de dominación machista o del pago en dinero, sino esa puta que se entrega al placer sin importarle nada más. Ese ser puta que es el estadio superior de las amantes femeninas. Yo sabía que con eso la haría “mi putita” para siempre.

    De solo recordar cómo lo gocé me calienta el cuerpo. El contacto de mi pelvis con su culo respingón no hacía más que invitarme a volver a penetrarla. El morbo me hacía hablarle sucio al odio. Sabía que debía acompañar la destrucción de su virginidad haciéndola sentir lo más puta posible. “Te gusta que te rompa el culito?” comencé a decirle al oído. “Te encanta que el pendejito te estrene ese culito respingón?”. Seguí hablándole sucio al odio mientras la penetraba, sin que aún ella respondiera, hasta que llegué al momento clave: podía salirme hasta la punta y volver a entrar completamente sin resistencia alguna. Más aún, cuando la llenaba recibía un gemido de aprobación. Entonces, decidí llevarla hacia el último estadio de placer. La volví a penetrar fuerte y completamente. Ella respondió con un gemido. Entonces, quedándome completamente quieto, me acerqué a su oído y volví a preguntarle: “Te gusta que te rompa el culito?”. A lo que ella respondió que sí. “No te escuchó” mentí. Ella volvió a decir que sí. Repetí mi frase mientras la comenzaba a penetrar con más velocidad. Después de la tercera vez que pregunté su respuesta fue un largo “siii!!!”.

    Entonces me enfoqué en que tuviese su primer orgasmo. Mientras le mordía el cuello la penetraba sin miramientos. Entonces logré sintonizarme con ella. Sus gemidos fuertes comenzaron a transformarse en gritos que aumentaban a cada momento. De manera exquisita su culo estaba totalmente lubricado y me invitaba a romperlo. Logrando controlar mis ganas de venirme, seguí acoplado a sus tiempos hasta que supe que su orgasmo era inminente. Aceleré con las fuerzas que me quedaban hasta que ella tuvo su orgasmo, casi estrangulándome con su culo en el proceso. Nunca había gritado tan fuerte.

    Desde ese momento algo cambió para siempre entre nosotros. Ella supo que su culo siempre sería mío y que sólo yo había sido el que la había hecho gozar como una puta. Desde ese momento se convirtió para siempre en mi putita.

  • Mi primo finalmente se cogió a mi esposa

    Mi primo finalmente se cogió a mi esposa

    Hola a todos, ha sido ya un largo tiempo desde que Carla y yo tuvimos nuevamente una de esas aventuras para variar en la alcoba, por lo que he estado ausente en estos meses. el siguiente relato que les traigo es fresco ya que sucedió hace apenas dos semanas y como ya saben, me gusta contarles los acontecimientos con mi mujer.

    Hace dos semanas, justamente una noche de viernes nos fuimos Carla y yo a un concierto que hubo en nuestra ciudad, para poder disfrutar y regresar a casa sin inconvenientes por la hora, dejamos a mi hija en otra casa. Nos divertimos de lo mejor en el concierto junto con unos amigos míos y sus parejas, aquella noche Carla vestía una blusa de tirantes con un generoso escote en los senos, y una falda de cuero satinada bien ajustada al cuerpo, se veía deliciosa, y no pasaba desapercibida según lo notaba. Tomamos un poco más de la cuenta y ya andamos calientes con las caricias en público, no andamos en busca de alguna aventura más aparte de lo que sucedía entre nosotros, pero a veces así es el destino y nos pone en el camino aquello que no pedimos pero si deseamos.

    Saliendo del concierto, nos despedimos de nuestros amigos y ya en la salida nos encontramos con un primo mío, él es de tez blanca y cuerpo fornido ya que le gusta hacer ejercicios, de unos 1.75 aproximadamente, como ya les he dicho Carla mide unos 1.60, es delgada, de apenas 50 kilos, pero tiene unas ricas piernas y un pomposo trasero que se marca siempre en sus jeans, y que hace que sea casi inevitable que queden al descubierto, prestas a las vistas de cualquiera que esté a la caza del andar de sus piernas cuando usa faldas muy poco pequeñas, junto con unos senos hermosos que si bien es cierto no son muy grandes, si se ven y se saborean deliciosos, con su aureolas redonditas, muy cercanas al tamaño de moneda de cincuenta centavos americanos, de color canela, y con esos pezones que siempre se paran al menor estímulo, una delicia en la boca.

    Entre Carla y mi primo en algún momento había sucedido algún coqueteo, resulta que en una ocasión en la que de novios ella y yo nos peleamos y nos separamos, mi primo se puso en contacto con ella y se volvieron un tanto cercanos, llamadas telefónicas casi todos los días, e incluso llegaron a salir en una ocasión, y aunque después de reconciliarnos mi esposa, novia en aquel entonces, me dijo que no pasó absolutamente nada, me quedó siempre esa espinilla de que mi primo pretendió a quien ahora es mi esposa, y aunque entre él y yo nunca hubo algún problema por lo sucedido, nunca me aceptó que le gustara mi esposa, sino que simplemente habían sido coincidencias.

    Retomando aquella noche del concierto, nos encontramos a mi primo, quien me cuenta que estaba peleado con la novia y había venido con una chica con la que pretendía pasar la noche, pero que al final los planes se le terminaron cayendo y ahora no tenía a donde ir a dormir y se encontraba muy lejos para regresar a su casa, por lo que me pidió posada para esa noche, diciéndole que solo sería hasta que amanezca y se iría en taxi tan pronto sea posible.

    Luego de consultarlo con mi esposa si tenía algún problema con eso, y ser su respuesta favorable, le dije a mi primo que no se preocupe y que venga con nosotros, y al final se quede con toda confianza hasta que desee. Como mi esposa y yo aún andábamos calientes y con ganas de seguir tomando, le dije a mi primo que manejara mi carro y que se detuviera en alguna gasolinera en el camino para comprar más trago ya que queríamos seguir tomando al llegar a casa, y de paso le extendí la invitación. De la calentura mi esposa y yo nos sentamos atrás, y le dije a mi primo que nos llevara con cuidado. Mientras mi primo conducía recordé aquella situación de hace años entré ellos, así que empecé a besar a Carla aún con más ganas, subiendo y bajando mi mano por su pierna descubierta, besando su cuello de fácil acceso debido a la blusita que cargaba aquella noche, y que hacía inevitable que mi boca buscará bajar hacia sus apetecibles senos. Esto nos dejó a ambos bien calientes.

    Llegamos a casa y empezamos a tomar, nos instalamos en la sala donde tenemos dos sillones grandes, en uno estábamos Carla y yo, y en el otro mi primo. Ya para esto era pasado las 3:30 am, entre platicas y tragos, seguía calentando a mi esposa, pero de repente me dio un bajón y me recosté sobre el respaldar del sillón, y sin poder evitarlo me estaba quedando dormido, por lo que les dije a Carla y a mi primo que si gustaban siguieran mientras yo cerraba los ojos un momento, a lo que me respondió mi esposa que quizás ya debíamos descansar todos, pero mi primo insistía en que siguieran un poco más, ya que estaba entonado, y me animaba a que solo descansara un poco, y que luego seguiríamos los tres. Miré a mi esposa nuevamente, quien añadió que, si yo no tenía problema, seguiría entonces haciendo compañía a mi primo en lo que yo me reincorporo. Sin entender mucho, ya por mi estado de embriaguez, solo le dije que gracias y cerré finalmente los ojos.

    Vaya mi sorpresa al abrirlos nuevamente, encontrar a mi esposa que se había cruzado al sofá donde estaba mi primo, de risas con la copa en mano, denotaba que pasaban un momento muy agradable. Ellos no notaron de inmediato que estaba despierto, o al menos esa impresión me dio, ya que aún tenía los efectos del alcohol encima, vi el reloj de la sala y me fijé que ya había pasado al menos una hora. De inmediato pensé, ¿que habrán estado haciendo ese par todo ese tiempo, podría ser que mi primo habría aprovechado que estaba dormido? La pregunta taladraba mi cabeza mientras los observaba. Ya un poco más consciente, noté que la blusa de Carla estaba ajetreada, no dudé más en pensar que mi primo le había besado al menos sus tetas, y de inmediato una sensación de celos y excitación empezó a recorrer por mi mente y todo mi cuerpo. Sentí como instantáneamente mi verga se puso erecta, y decidí entre cerrar los ojos para ver qué más pasaba.

    El tiempo pasó y finalmente pude comprobar mis sospechas, mi primo abordaba a mi mujer, acercándose a su cuello y susurrando al oído, en eso Carla cede a su cortejo y eleva el rostro, por lo que mi primo sin titubeos besa su cuello y baja a sus senos, mi verga estallaba en mi pantalón, sentía coraje porque en su momento ambos me lo habían negado, pero ahora estaban ahí, mi primo devorando a besos los senos de mi mujer, que ya los tenía afuera de su blusa de tantos besos y caricias. Sus manos recorrían toda la pierna de mi mujer, hasta perderse por en medio de su falda, en eso, sacó mano, la llevó a su boca, y saboreó sus dedos, no podía escuchar lo que le decía, pero definitivamente habla saboreado los jugos de mi esposa.

    Mi primo sacó su verga del pantalón, no lo había visto desde que éramos bien pequeños, pero ahora que lo veía, se manejaba una buena verga, no en exceso larga, a la distancia la calculaba del tamaño de mi mano, aproximadamente unos 15 centímetros, pero bien gruesa, muy muy gruesa.

    Noté que le pedía a Carla que se la mamara, seguramente pidiéndole que no lo deje con las ganas de probar sus labios en su verga, pero Carla aún dudaba, nunca vio hacia donde yo estaba, y esperaba que no lo hiciera, deseaba que pase lo que estaba por suceder, y no quería que mi presencia interrumpiera. Mi primo besó a Carla, le agarró su mano y la llevo a su verga, y con su otra mano acarició sus senos mientras la besaba. De repente, Carla baja hacia las piernas de mi primo y empieza a mamarle su verga. Finamente Carla bajó del mueble y se puso de rodillas en el piso, y continuó mamando plácidamente la verga de mi primo, ninguno se había dado cuenta de mi despertar, por lo que aproveche a recostarme por completo en el sofá y pretender que seguía dormido mientras tenía los ojos entre abiertos. Mi esposa veía hacia donde yo estaba de a ratos, quizás sospechando que los estaba observando, entendiendo que quizás podría estar fingiendo para no incomodar a mi primo: ya no sería la primera vez que fuese su cómplice mientras culeara con otros, pero aun así, prefería fingir para que tenga la duda, y de paso continuar observando lo que era de mi agrado, rápidamente le pidió a mi primo que esté ligeramente de espaldas a mí, cosa que mi primo no notaría si yo me despertaba o discretamente los veía.

    Carla siguió mamando la verga de mi primo por buen rato y se escuchaba que lo disfrutaba, ese sonido único de cuando la mujer se atraganta con la verga en la garganta me tenía loco, mi primo de a ratos la agarraba fuerte del cabello y la jalaba hacia su pene, haciendo que mi esposa se atragante, hecho que ella disfrutaba aún más, ya que más se prendía y no se alejaba de su verga pese a las arcadas que hacía, yo estaba totalmente excitado de escuchar la saliva y como la verga de mi primo atragantaba la boca de mi amada esposa.

    De repente mi primo no aguantó más y la sentó sobre el sillón, bien abierta de piernas, mientras me seguía dando la espalda, y de manera muy arrogante le dijo a Carla: es casi un pecado que mi primo se haya dormido y te haya dejado así de caliente, a lo que mi esposa solo soltó una pequeña risa. Mi primo sin más preámbulos, se bajó por completo el pantalón, la tomó de las piernas, las elevó y casi que de un solo tirón, le quitó la tanga negra de encaje que cargaba, la última prenda que se interponía a la eminente culeada que le quería dar, y ahora sí, él con sus pantalones hasta el suelo, y completamente con su herramienta frente a ella, le clavó su gorda verga de una buena vez por todas, lo que arrancó un fuerte gemido a la putita de mi esposa desde lo más íntimo de su ser, haciéndome a mi empapar mi bóxer de mis líquidos por la excitación que tenía al verla y escucharla gemir de tanta excitación, mientras contemplaba como sus testículos se mecían al compás que su tronco entraba y salía de la humedad vagina de mi esposita.

    Que rico era escuchar el aplaudido de sus genitales chocando, el sonido de la vagina de mi mujer empapada, acompañada de sus gemidos y sus gestos faciales, y uno que otro momento, su mirada clavada en mí, como diciendo: disfruta el espectáculo, sé que lo estás viendo.

    Carla gemía cada vez que mi primo la embestía, de manera imprevista, Carla se da la vuelta, entregándole el tremendo monumento de culo que tiene a los ojos de mi primo, y a los míos que observaban desde un poco más lejos. A todos aquellos que sienten curiosidad por el cuckold les comento lo siguiente: una de las cosas más ricas es ver a tu mujer empinada dándole el culo a alguien más mientras tú lo observas desde el mejor ángulo posible, la vista es única, se las recomiendo.

    Ya que ambos me daban la espalda pude observar al detalle como mi primo agarraba a Carla de las caderas, mientras la jalaba del cabello, y la hacía agachar aún más, haciendo que brote ese tremendo trasero. Me era imposible ver como le entraba la verga de mi primo a mi esposa, era difícil ver entre su entrepierna, pero la excitación, el movimiento, los sonidos, ya eran de por si todo un deleite. No me podía aguantar mas las ganas de correrme, pero no sabría como tomaría mi primo mi repentina intromisión, así que esperé unos minutos más, quería que ambos acabaran, y se me ocurrió hacer unos pequeños ruidos moviéndome suavemente en el sofá, dándoles la espalda para que sintiesen más confianza pero esperando a la vez que aceleraran el paso. Alcancé a escuchar como mi primo le decía a mi esposa que fueran al cuarto, pero ésta le respondía que mejor se enfocara en disfrutar y terminara de una vez porque ella ya estaba por acabar.

    Carla no se aguantó más y soltó un extenso y constante gemido “ahhh”, por lo que imagino que más se apresuró mi primo, y al poco tiempo lo escuché gemir también muy efusivamente “uuuufff”. Finalmente había acabado.

    Hice un poco mas de movimientos ligeros aún sin darme la vuelta. Carla le dijo a mi primo que era mejor que se marchara y que ella me explicaría luego que al final ya había tomado un taxi. Siento que no habrán transcurrido ni cinco minutos y escuché a mi primo saliendo por la puerta. Finalmente terminé mi actuación y me levanté del sofá. Observé a mi esposa, vestida pero ajetreada, y riéndose simuladamente.

    Se acercó a mí y empezamos a besarnos, yo ya estaba erecto al instante, por lo que sin decirle nada, la recosté sobre el sofá y bajé a su vagina, le quité el interior empapado de jugos vaginales y semen que recién se había puesto, y le empecé a chupar esos ricos labios aún melosos y lubricados. Carla dejaba que lo disfrutara a la vez que me apegaba con sus manos aún más a su entrepierna.

    Voy a dejar este relato hasta este punto ya que se ha hecho demasiado largo y ya quiero leer sus comentarios para saber si les interesa saber lo que continúo después. Una vez mas agradezco por darse el tiempo de leer mis experiencias y las de mi esposa, esperando como siempre que sea de su agrado.

    Sin más, hasta la próxima.

  • Hacer el amor con una mujer de 60

    Hacer el amor con una mujer de 60

    Esta historia ocurrió hace cuatro años, el 26 de enero de 2019, en Ciudad de México. Sus protagonistas, Esther y Guillermo, ella, una bella mujer de 60 y yo un hombre de 35.

    Luego de 12 años de no tener contacto con ella, un buen día de 2018 recibí una grata llamada, un amigo en común le había pasado mi número de celular. Platicamos un buen rato, hablamos de todo un poco. Supe que, tras su divorcio, se dedicó de tiempo completo al cuidado de sus cinco hijos, trabajando mucho para sacarlos adelante.

    El tiempo siguió su paso, nos llamábamos o escribíamos constantemente, como aquellos amigos que quieren recuperar el tiempo transcurrido. En julio es nuestro cumpleaños, así que aprovechamos para conocernos un poco más, para festejar nos reencontramos un par de meses después. Fuimos a comer, ella llegó con dos de sus hijos más chicos, la pasamos muy bien, aproveché para llevarle un detalle especial. Nos tomamos varias fotografías con su familia y una solo ella y yo.

    Seguimos en contacto, vinieron las fiestas de fin de año y los buenos deseos por el año que empezaba.

    El 1 de enero de 2019 me escribió para decirme que había soñado conmigo, le dije que me alegraba saberlo, que esperaba no fuera en pesadilla, sonrió y me dijo que al contrario, que había sido un sueño muy lindo pero que le daba pena contarme porque era muy comprometedor, le respondí que no había problema, que si éramos los protagonistas teníamos que saber que hicimos en su sueño, algo apenada me respondió que me soñó en una fiesta bailando, disfrutando pero lo que le había daba vergüenza era que nos besábamos. Le comenté que no tenía por qué apenarse, sino todo lo contrario, le agradecía por haberme tenido en su sueño, desde aquel momento nuestras conversaciones empezaron a ser más íntimas. A tal punto que acordamos vernos para salir, también me dijo que le gustaría que tuviéramos intimidad, si yo quería, ya que era una mujer muy mayor, le respondí que si ella quería yo estaría encantado, que para mi sería un placer estar con una mujer como ella, seguimos platicando, planeando y esperando el día de nuestro encuentro.

    Llegó el día añorado. Compré rosas y velas rojas -su color favorito- para el departamento. Sábanas blancas, velas y pétalos de rosa aromatizaban mi habitación. Antes de la hora acordada fui por ella a la terminal de autobuses. La esperé con un ramo de rosas rojas. Mi espera en la sala fue la adrenalina pura. Al llegar nos abrazamos apasionadamente, nos dimos un beso en la mejilla y nos fuimos al auto. Una vez en el estacionamiento y sin la mirada de la gente -como ella dijo- nos volvimos a abrazar y nuestras bocas se fundieron en un beso apasionado. Guardamos su pequeña maleta, entramos al auto un poco nerviosos, platicábamos, me pidió que antes de ir a cenar fuéramos a casa para que se cambiara de ropa y así lo hicimos. Entró a la habitación de visitas en el departamento y salió con un vestido rojo con negro, pelo suelto, zapatos con tacones y un abrigo para el frío, lucía muy sensual. Nos fuimos a cenar, reímos, nos besamos, bailamos y brindamos. En un momento de la noche me pidió que nos retiráramos para estar juntos, así lo hicimos.

    Al llegar al departamento caminamos abrazados. En la sala nos seguimos besando y acariciando, ella temblaba, me decía que estaba muy nerviosa, le dije que se tranquilizara, que disfrutara el momento, puse música para bailar y abrí una botella de vino para relajarnos un poco. Bailamos, movimientos sensuales fueron dando la seguridad de la intimidad. Nos besábamos y poco a poco empecé a sentir el calor de su piel y como iba tomando confianza, pronto me dijo que quería ir a la habitación, la tomé de la cintura para cargarla, era tan rico oler su cuerpo, sentir su respiración, la senté sobre la cama y encendí algunas velas que había dispuesto para nuestra noche. Nos seguimos besando y acariciando, ya más en confianza nos empezamos a desvestir, poco a poco, para sentir el calor de nuestra piel, acariciando cada parte de su cuerpo, besándonos apasionadamente hasta quedar completamente desnudos. En ese momento me confeso que llevaba varios años sin tener relaciones y que nunca en su vida se había sentido tan deseada como esta noche, la recosté sobre la cama, besé su cuello, pasando por sus senos que aun con el paso del tiempo se sentían duritos por lo excitada que estaba, bajé a su cintura y me perdí entre sus piernas, probé, lamí, bebí de su manantial, puse una almohada en su cadera y la seguí besando y acariciando, para ese momento estaba tan excitada y completamente lubricada, gemía de placer pidiendo que la hiciera mía, que ya quería tenerme dentro de ella.

    En la clásica posición de misionero, apunté mi pene hacia su hermoso sexo, poco a poco y con la buena lubricación mutua mi pene se fue deslizando en sus labios y su vagina, que completamente mojada me recibía dulce y calurosa, sentía como sus paredes vaginales le habrían paso a mi pene, una vez que entró empecé con el mete y saca, mientras nos besábamos y acariciábamos, una explosión de emociones la llevó a su primer orgasmo, sus gemidos se hacían cada vez más fuertes, el sonido de nuestros cuerpos fundiéndonos, entregándonos me llevó a terminar en ella, acabamos juntos y fue lo más delicioso, me quedé por unos minutos sobre ella para besarla y acariciarla y decirle la felicidad que me había dado, me recosté a su lado para abrazarla. Así nos quedamos dormidos.

    Ella a sus 60 años conserva su pequeña cintura, piernas delgadas y senos pequeños. Mide 1.50 de estatura, es delgada y de piel clara. Yo al hacer un poco de ejercicio conservo el cuerpo en forma, mido 1.77, soy talla 32, peso 78 kilos, moreno, velludo.