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  • La sombra de las Pirámides: Bautismo

    La sombra de las Pirámides: Bautismo

    Los ojos de Jacqueline estaban cerrados mientras flotaba desnuda de espaldas en el agua caliente. Estaba en un profundo estado meditativo, completamente relajada. Había tenido dificultades para lograr este estado después de ver el asesinato del profesor. Cuando volviera a abrir los ojos, se sentiría totalmente renovada como si hubiera dormido toda la noche.

    Hilary se deslizó fuera del agua y dejó que el vapor caliente abrazara su cuerpo desnudo antes de alcanzar un peine y ponerse a trabajar para desenredar su exuberante cabello rojo. La joven católica irlandesa que una vez encontraba escandaloso estar desnuda con su empleadora, pero ahora se había acostumbrado a lo largo de los años a medida que su afecto fraternal seguía creciendo.

    «No me he sentido tan limpia en una semana», susurró.

    La idea de bañarse en un hammam (baño turco) público también habría escandalizado a la Hilary Collins años atrás, pero Jacqueline había alquilado uno solo para ellas dos.

    Hilary miró a su señora. Los pies de Jacqueline estaban cruzados a la altura de los tobillos, los brazos extendidos en una pose de Jesús en la cruz. Su cabello oscuro flotaba detrás de ella. Sus pezones estaban erectos, las puntas de sus senos brillaban con un rayo de sol que entraba por la claraboya. Los senos grandes eran lo único que tenían en común sus figuras, además de una altura similar de 168 cmts. Por lo demás, los cuerpos eran muy diferentes. La inglesa era esbelta y atlética. Sus curvas eran sexys, pero musculosas y sus senos parecían grandes. Hilary también era esbelta, pero era más suave y con más curvas que Jacqueline, con nalgas más grandes y más movimiento en su cuerpo cuando caminaba.

    El cuerpo desnudo de la irlandesa seguía chorreando agua mientras caminaba hacia la pila de ropa y la bolsa por la que el pobre profesor Fady había dado su vida. Abrió la bolsa y sacó la caja cubierta con jeroglíficos. Miró a Jacqueline, que seguía flotando tranquilamente en la piscina antes de volver a centrar su atención en la caja. Hilary a menudo pensaba en el PENE, desde que Fady se los había mostrado por primera vez. Jacqueline lo había revisado una vez en el avión y Hilary lo miró atentamente cada segundo que estuvo expuesto. Ahora abrió la caja en silencio y tomó el PENE DE OSIRIS en su mano.

    «Es tan grande y grueso» pensó una y otra vez. Los propios pezones de Hilary se estaban extendiendo mientras lo miraba. Se pusieron tan duros que comenzaron a doler y sintió que su feminidad emitía calor y se humedecía por dentro. Movió la POLLA hasta sus pechos y pasó la bulbosa cabeza dorada sobre uno de sus duros pezones rosados. Sus areolas parecían pequeñas pirámides que coronaban sus senos con un pezón más rojo oscuro en el centro, las de Jacqueline eran círculos más grandes y planos con pezones mucho más gruesos y largos. Hilary tenía la perturbadora imagen de sí misma deslizando el eje alrededor del pezón de Jacqueline tal como lo estaba haciendo en sus propios pechos. El PENE era tan real que incluso tenía un agujero donde estaría la uretra. «Tan grande, tan grueso», pensó. «¿Cómo se sentiría algo tan grande dentro de mí?» Pensó mientras su mano movía involuntariamente el falo dorado por su vientre hacia el tupido mechón de vello púbico rojo.

    «¡Hilary! ¿Qué estás haciendo?»

    Hilary dio un respingo, sorprendida por el repentino arrebato de Jacqueline. Ella involuntariamente comenzó a sonrojarse desde sus mejillas hasta su pecho.

    «Nada», respondió poco convincentemente. «Estaba examinando el PENE».

    «Bueno, vuélvelo a poner en la caja». Jacqueline salió de la piscina y caminó hacia una toalla, dejando un rastro de agua detrás de ella.

    «¿Crees que hay hombres que lo tengan tan grande?» preguntó Hilary devolviendo la POLLA a su caja.

    No se dio cuenta de que el PENE comenzaba a emitir un tenue brillo verde cuando la soltó y cerró la caja.

    «No he visto ninguno tan grande, pero sí varios que están cerca».

    Jacqueline se acercó a su ropa y comenzó a vestirse. Su atuendo esta vez era un poco más femenino para abordar el tren con destino al oeste. Al principio, Hilary se escandalizaba por las aventuras amorosas de Jacqueline. No es que fuera indecente, había atracción e incluso amor con muchos de sus amantes. El problema eran sus actitudes después de convertirse en amante. Cada uno de los hombres esperaban que ella se estableciera con ellos, se casara y criara hijos, pero Jacqueline no estaba preparada para eso. Hilary llegó a comprender su comportamiento después de un tiempo se hizo menos rigurosa como para ella también disfrutar de algunos hombres.

    Las mujeres se vistieron y salieron del hammam sintiéndose refrescadas y revitalizadas. Pasearon por las calles de Estambul llevando nada más que la bolsa que contenía el PENE y un paraguas nuevo para proteger la piel clara de Hilary. El arma de Jacqueline estaba en su mochila lateral atada a su muslo y debajo del vestido, un poco difícil de alcanzar, pero lista para usarla si era necesario. Las mujeres tomaron un ferry a través de las aguas del Bósforo donde cenaron en el Hotel Pera Palas, que atendía a los viajeros ferroviarios. El vagón comedor del tren no se uniría hasta después de que salieran de Estambul a tiempo para el servicio de desayuno. Los famosos vagones azules y dorados del Orient Express estaban siendo cargados a medida que llegaban. El tren era corto con 4 vagones para dormir, cada uno con diez habitaciones y un vagón de equipajes en cada extremo. Se agregarían y restarían vagones adicionales en las diferentes paradas según el destino. Mostraron sus boletos y abordaron, un mozo francés les mostró su camarote. Su nombre era Jean y sería su asistente durante su viaje. Su equipaje estaba allí esperándolas. Su habitación ya había sido preparada para la noche. Había dos camas, una encima de la otra. En una mesa había un lavabo con un poco de agua caliente y una esponja, pero como las mujeres aún estaban refrescadas con el baño no lo usaron. Por la mañana, el compartimento se convertiría en una sala de estar con un sofá y una mesa, las camas se doblarían contra la pared. Unas horas más tarde, a las 22:00 horas, el tren salió de la estación en dirección a París y las mujeres se cambiaron y se pusieron la ropa de dormir. Jacqueline se subió a la cama de arriba mientras que Hilary se acostó en la de abajo. Ambas mujeres se durmieron rápidamente.

    [El Orient Express prestó servicios desde 1883 hasta 2009. Cubría la ruta Paris-Estambul por 3 recorridos distintos. Entre 1930-1962 llegaba hasta Londres.]

    Hilary se despertó alrededor de la medianoche. ¡Había estado soñando con el PENE DE OSIRIS! Sus pezones estaban duros y se sentía húmeda entre sus piernas. Quería volver a verlo, sostenerlo, sentir su toque en su cuerpo. De repente se asustó. No podía moverse y sentía un gran peso en el pecho. Jacqueline estaba roncando. Hilary trató de pedir ayuda, pero no salió ninguna palabra de su boca. La joven irlandesa se deslizó fuera de la cama, pero no era ella quien tenía el control. Estaba despierta, pero dormida, una sonámbula moviéndose por la habitación hacia la bolsa con el cuadro jeroglífico que contenía el PENE. Hilary miró la bolsa y se quitó los tirantes del sostén. Dejó caer el sostén antes de agacharse para deslizar sus bombachos cortos por su parte trasera hasta quedar desnuda frente a la bolsa. Se arrodilló y sacó la caja. Deslizó su mano sobre los jeroglíficos antes de abrir la caja. El PENE estaba brillando, emitiendo un tinte verde que llenó la habitación con un brillo sutil. Agarró el eje, tan grande y grueso.

    «¡Hilary! ¿Qué estás haciendo?» gritó Jacqueline, deslizándose fácilmente de la litera superior.

    Jacqueline durmía con un camisón de seda transparente. No llevaba nada debajo de la camisola y la seda abrazaba su cuerpo desnudo, sus pezones sobresalían de la seda, los pechos agitados.

    «¡HILARY!»

    «¿Qué… qué?» dijo Hilary, sacudiendo la cabeza y despertándose por completo.

    Se volvió hacia Jacqueline.

    «¿Jacqueline?» preguntó algo confundida. Una mano sostenía la base del PENE, la otra mano se deslizaba hacia arriba y hacia abajo por el grueso eje. Brillaba más cuando su mano acariciaba el miembro dorado.

    «Hilary, detente», jadeó Jacqueline y una nube de polvo blanco brotó de la punta de la polla.

    Tosió cuando el polvo llenó la habitación. Jacqueline agitó su mano frente a su cara. Hilary estaba tosiendo y haciendo lo mismo.

    «Huele», dijo Jacqueline arrugando la nariz. «¡Huele a SEMEN!»

    Jacqueline dio un paso hacia Hilary mirando a su amiga con preocupación. Hilary estaba sonrojada, sus pechos palpitaban y miraba extrañada a Jacqueline. Ésta miró el cuerpo de Hilary. Había visto a su amiga desnuda cientos de veces, pero ésta era diferente. Sus pezones estaban completamente duros, tan hinchados con sangre que su areola normalmente rosada estaba carmesí e hinchada. Su clítoris estaba tan congestionado que Jacqueline podía verlo sobresaliendo debajo de sus mechones de vello púbico rojo. Mientras Jacqueline la miraba, gotas de la excitación de Hilary comenzaron a gotear desde su clítoris hasta el suelo. Jacqueline sabía que su amiga era bonita, asombrosamente hermosa, pero nunca se había dado cuenta de lo atractiva y sexy que era físicamente. La inglesa también sintió el goteo del líquido de su propio clítoris hinchado y un dolor de sus propios pezones duros.

    «¿Hilary?» preguntó mientras la mujer irlandesa se acercaba.

    Hilary extendió la mano y agarró la parte superior de la camisa de Jacqueline, rasgándola hacia abajo y tirando de ella hacia adelante hasta que sus labios se encontraron. Se besaron con más pasión y lujuria de lo que ninguna de esas mujeres había besado jamás a un hombre. Jacqueline gimió cuando su lengua bailó alrededor de la de su amiga. Hilary sabía delicioso!

    Los senos de Jacqueline habían quedado expuestos cuando Hilary rasgó su camisola. La mano izquierda de Hilary levantó un seno y apretó su duro pezón. Jacqueline jadeó alrededor de la lengua de Hilary mientras oleadas de placer recorrían su cuerpo. Sus pezones nunca antes habían estado tan sensibles. La otra mano de Hilary rodeó su espalda y levantó su camisola para poder agarrar una de las nalgas bien redondeadas y tensas de Jacqueline. Todavía sostenía el PENE en su mano y Jacqueline podía sentir el eje duro empujando su piel.

    Hilary Collins, normalmente recatada y sumisa, empujó a Jacqueline de vuelta a la cama. Se subió encima de Jacqueline, hundiendo la cabeza en sus pechos y chupando una de las protuberancias Lady Ainscow entre sus labios. Ésta jadeó de placer mientras más ondas de placer recorrían su cuerpo. Las manos de Jacqueline agarraron la cabeza de Hilary, sosteniéndola contra su pecho. Hilary mordió suavemente el pezón de Jacqueline y medio besó, medio lamió en su camino hacia el otro seno. Jacqueline gimió, sus caderas se elevaron involuntariamente deseando que un hombre estuviera dentro de ella.

    Hilary mordió su otro pezón antes de besar su camino hacia abajo por el tenso y ondulante vientre de la mujer en forma. Besó el ombligo de Jacqueline y movió la punta de la lengua dentro de él mientras las caderas de Jacqueline continuaban moviéndose hacia arriba esperando con impaciencia que los labios y la lengua de Hilary alcanzaran su necesitada vagina. Hilary lamió debajo de su ombligo hasta la parte superior de su montículo púbico de pelo negro. Jacqueline gimió y jadeó cuando su clítoris fue succionado repentinamente entre los labios de Hilary, lo que provocó que tuviera un orgasmo de inmediato.

    Jacqueline Ainscow apenas se había recuperado de su primer orgasmo cuando sintió las punzadas de otro cada vez mayor cuando la lengua de Hilary se metió en su vagina. Jacqueline gimió y se retorció en la cama. Su cabeza se movía de izquierda a derecha, su vientre ondulaba hacia abajo mientras sus labios se abrían extendiéndose alrededor del enorme extremo bulboso de el PENE DE OSIRIS. Hilary movió rápidamente su lengua sobre su clítoris mientras introducía la POLLA más profundamente. Los músculos vaginales de Jacqueline se apretaron alrededor del PENE y se corrió de nuevo, dura y poderosamente, sus gemidos de placer se convirtieron en un grito.

    El PENE había vuelto a la normalidad, ya no brillaba, pero se sentía como si fuera real. Estaba tan caliente como cualquier pene vivo e incluso Jacqueline pudo sentir su pulso. Hilary besó su clítoris de nuevo y luego deslizó su cuerpo sobre el de Jacqueline hasta que su cabeza encontró el pezón erecto de la inglesa mientras su otra mano metía y sacaba la POLLA del coño de Jacqueline.

    Una sombra se movió en el corredor justo afuera de la cabina, deteniéndose en la puerta. La manija se movió suavemente, encontrándola cerrada. El mango dejó de girar. Se oyó un ruido sordo justo fuera del hueco debajo de la puerta y el primer escorpión entró corriendo a la habitación.

    Jacqueline nunca había sido penetrada tan profundamente ni se había sentido tan plena en su vida. Se corrió de nuevo mientras Hilary manipulaba el PENE lo más rápido que podía. Soltó el pezón de Jacqueline de sus labios y deslizó su cuerpo hacia arriba hasta que pudo mirarla a los ojos. Hilary la continuó mirando mientras movía su mano hacia la base rota, empujando lentamente los 10 centímetros restantes dentro de Lady Ainscow hasta que su amante tomó toda la longitud del eje dorado. Los ojos de Jacqueline se pusieron en blanco y gimió mientras su vulva se apretaba alrededor del PENE de piedra, corriéndose una y otra vez.

    Jacqueline le dio la vuelta a su Lady’s Maid hasta que estuvo encima de ella. Jacqueline gimió, corriéndose de nuevo mientras sus músculos vaginales todavía agarraban con fuerza el PENE DE OSIRIS. Apretó y luego se relajó, empujando los músculos de su coño hacia afuera hasta que la pesada polla de piedra cayó sobre la cama entre las piernas de Hilary, la cabeza quedó apuntando hacia su próximo hogar húmedo.

    Jacqueline besó el cuello de Hilary, sus cálidos labios encontraron su pezón rosado. La mujer irlandesa jadeó y se retorció de placer cuando los labios de su patrona succionaron sus sensibles pechos. Jacqueline se movió más abajo. Las manos blancas de Hilary encontraron el cabello oscuro de su amante y lo empujaron hacia abajo. La lengua de Jacqueline se movió dentro del coño de Hilary mientras ésta cruzaba las piernas alrededor de la espalda de Jacqueline. Hilary jadeó en estado de shock por lo bien que se sentía. Jacqueline deslizó la lengua de entre los pliegues del coño de su dependiente. Fue el turno de Hilary de gritar en el orgasmo cuando Jacqueline rápidamente chupó su clítoris. Hilary no pudo parar y continuó sacudiendo sus caderas, la lengua de Jacqueline continuó en el clítoris hasta que Hilary se corrió de nuevo.

    Jacqueline levantó la cabeza, con la boca y la barbilla empapadas de los poderosos orgasmos de Hilary. Observó el vientre ondulante de Hilary y sus pechos palpitantes mientras la mujer jadeante le devolvía la mirada. Entonces Hilary sintió que sus labios vaginales se abrían de par en par cuando el PENE los empujó. Hilary experimentó el placer de ser penetrada tan completamente por el grueso eje. Jacqueline se inclinó y besó la protuberancia de su coño mientras empujaba la polla más profundamente, trabajándola lentamente hacia adentro y hacia afuera para que la sirvienta pudiera acostumbrarse al enorme eje. Hilary de repente gimió y lloró, las lágrimas corrían por sus mejillas por el poderoso orgasmo que sacudió su cuerpo. Jacqueline se aferró con fuerza a la base de la PENE ya que el orgasmo de Hilary era tan fuerte que trató de sacar la POLLA de ella.

    Jacqueline se deslizó de la cama y se arrodilló en el suelo junto a Hilary. Besó el pecho pálido y la débil areola de Hilary, chupando y mordiendo su pezón mientras con la otra mano continuaba metiendo y sacando la polla del coño espasmódico de Hilary. Jacqueline giró la cabeza de Hilary hacia ella y acercó sus labios a los de Hilary. Sus lenguas bailaron de nuevo mientras Jacqueline hacía lo mismo que Hilary le había hecho a ella y empujó el PENE hasta que todo el eje entró en Hilary. La irlandesa maulló incluso mientras besaba a su ama. Su cuerpo se tensó, los pies empujaron sus caderas hacia arriba de la cama. Jacqueline deslizó su mano por la temblorosa mujer, encontró su pezón y pellizcó.

    «¡AAHHH!» gritó Hilary, corriéndose.

    Esta vez, el PENE salió disparado del coño seguido de un rastro de fluido vaginal y golpeó en el suelo con un fuerte golpe. El cuerpo de Hilary volvió a caer sobre la cama, mientras respiraba con dificultad.

    Jacqueline se pasó el dorso de la mano por la barbilla. Su amiga expulsó bastante fluido vaginal. Caminó de rodillas hacia el PENE, acercándose a él. Pero su mano se detuvo a centímetros del artefacto. Debajo del eje de piedra sobresalían dos pinzas, seguidas de ocho patas, cuatro a cada lado. Levantó la POLLA y vio la cola malvada del bicho aplastado. ¡¡UN ESCORPIÓN!!

    «¡J-Jacqueline!» gritó Hilary alarmada.

    Jacqueline se volvió hacia su amiga, un segundo escorpión había subido la gran pendiente del pecho de Hilary. Estaba en posición de ataque, con las pinzas abiertas para morder su pezón y la cola hacia atrás para atacar. Jacqueline justo lo agarró por debajo de la púa y levantó al furioso animal de encima de Hilary. Sus garras partieron hacia arriba sin poder alcanzar los dedos de Jacqueline.

    «¡JESÚS!» gritó Hilary, mirando fijamente al arácnido enojado. «¿De dónde diablos salió esa cosa?»

    «Del desierto egipcio», respondió Jacqueline con calma. «Es un leiurus quinquestriatus. Una de las criaturas más venenosas del mundo. Su picadura provocará insuficiencia respiratoria y, finalmente, una muerte muy dolorosa».

    Hilary vió como Jacqueline tiraba la cosa al suelo y la aplastaba con la cabeza aún mojada del PENE.

    «¡Merde!» maldijo a Jacqueline en francés.

    Miró a Hilary alarmada.

    «Bájate de la cama ahora».

    Hilary obedeció y se sentó. Sus pies iban por sus pantuflas.

    «¡NO!» gritó Jacqueline. «Nada de pantuflas», dijo mirando cómo el área de los dedos alrededor de las pantuflas se movía de la criatura dentro de ellas.

    Jacqueline movió las zapatillas hasta que cayó el tercer escorpión y lo aplastó con el falo de piedra de Osiris.

    «¡Jacqueline! ¿Qué está pasando?» preguntó Hilary, todo su cuerpo temblando.

    «Alguien está tratando de matarnos y supongo que es nuestro amigo egipcio del mercado».

    Jacqueline giró la cabeza rápidamente para inspeccionar la habitación.

    «Debe habernos seguido hasta Turquía. Registra la habitación, rápido, tiene que haber cuatro más».

    «¡CUATRO MÁS!» Los ojos de Hilary se movieron de Jacqueline al techo.

    «Jacqueline cuidado…»

    Jacqueline dio un paso atrás cuando el cuarto acechador de la muerte cayó del techo para aterrizar a sus pies. Rápidamente golpeó fuerte con su talón a la bestia, sintiendo que su duro exoesqueleto crujía bajo su pie descalzo. Volvió a pisar con fuerza su resbalón arruinado cuando vio movimiento debajo y fue recompensada con otro crujido. Observó alarmada cómo los dos últimos escorpiones salían corriendo de debajo de la cama hacia los pequeños pies de Hilary. Jacqueline arrojó el PENE a los escorpiones. Hubo un ruido sordo y un sonido aplastante cuando la POLLA aplastó a uno de los arácnidos, pero no alcanzó al séptimo y último escorpión.

    «¡AY!» gritó Hilary. «¡Me picó!» Las lágrimas rodaron por las mejillas de Hilary mientras saltaba sobre un pie.

    Jacqueline agarró un vaso cercano de la mesa y lo invirtió, haciéndolo caer alrededor del escorpión, atrapando al furioso acechador de la muerte dentro antes de que pudiera picar el otro pie de Hilary.

    «Sobre la cama ahora», ordenó Jacqueline mientras el enojado escorpión continuaba atacando y golpeando el vidrio que lo atrapaba.

    «¡Voy a morir!» se lamentó Hilary. «¡Jesús, María y José! Sí, aunque ande por el valle…»

    Jacqueline corrió hacia la puerta y la abrió, saliendo desnuda al pasillo. Miró a ambos lados del pasillo, pero estaba vacío. Cerró la puerta, volvió a bloquearla y encendió la lámpara antes de regresar con Hilary, que seguía recitando el salmo 23.

    «Cállate», le dijo a su amiga, arrodillándose frente a la cama. Hilary dejó de hablar y observó a Lady Jacqueline levantar su delicado pie en su mano. La sangre manaba de su dedo gordo del pie, de un corte y no de una picadura.

    «Vivirás. Solo te pellizcó».

    Jacqueline se inclinó y besó el costado del dedo del pie de Hilary mientras sus manos masajeaban su pie. Hilary se santiguó.

    «Gracias a Dios», susurró ella, su cuerpo se relajó. «¿Estás segura de que no hay más?» ella preguntó.

    Su cuerpo se tensó de nuevo mientras miraba alrededor de la habitación.

    «Bastante segura», dijo Jacqueline.

    Volvió a besar el dedo del pie de Hilary, mirándolo para asegurarse de que la sangre había dejado de fluir.

    «Parece que nuestro villano tiene un don para lo dramático. Hay un mito en la mitología egipcia de Isis viajando con siete escorpiones.»

    Jacqueline besó el interior del tobillo de Hilary y comenzó a subir por la pierna de Hilary.

    «¡Lady Jacqueline! Por favor, ahora no es el momento adecuado para esto», jadeó Hilary mientras movía su cuerpo y abría las piernas para su amiga.

    Su excitación volvió rápidamente y pronto Jacqueline la estaba comiendo hasta otro orgasmo.

    Jacqueline se recostó en el banco, su mano se deslizó sobre el papel. Llevó el carboncillo a la derecha del papel, presionando con fuerza la página mientras coloreaba la esvástica. Miró al zepelín alemán y luego a su página. Satisfecha, terminó de colorear la esvástica en la aleta de cola y escribió el nombre del zepelín en la parte delantera del dirigible. El Graf Siegfried.

    Desvió su atención de los alemanes y pasó una página hacia atrás en su cuaderno de bocetos. Allí estaba dibujado el cuerpo desnudo de Hilary tendido sobre la cama de la cabina. Dormía pacíficamente, con una rodilla ligeramente doblada. Una sábana cubría su entrepierna, pero sus senos estaban expuestos. Jacqueline había extendido el lujoso cabello rojo de la mujer dormida sobre la almohada, desplegándolo alrededor de su cabeza. Rápidamente dibujó a su amiga dormida y ahora amante.

    Jacqueline estaba guardando el cuaderno de bocetos cuando Hilary se despertó. La católica irlandesa se habría escandalizado por el dibujo desnudo de ella misma, pero la joven estaba aún más horrorizada por los eventos de la noche anterior: a sus ojos, habían cometido juntas un pecado mortal.

    «Hilary, deberías saber que muchas culturas a lo largo de la historia han permitido e incluso promovido el comportamiento homosexual».

    «No es mi cultura ni mi dios», respondió Hilary, mientras sus dedos buscaban a tientas el rosario alrededor de su cuello.

    Jacqueline le dijo a su amiga que cerrara la puerta detrás de ella y salió de la cabina para que Hilary tuviera tiempo para orar. Tomó su cuaderno de bocetos y decidió pasear un rato por Budapest mientras el tren movía algunos vagones.

    El Graf Siegfried había llegado una hora antes, descendiendo y amarrando cerca del Orient Express. Los empleados del tren estaban agregando un vagón de lujo con banderas de la esvástica nazi colgando debajo de cada una de las ventanas en la parte trasera del tren, detrás del vagón de equipajes. Dos hombres abandonaron la aeronave y se dirigieron hacia el automóvil de lujo una vez que se había enganchado. La distancia era demasiado grande para los detalles, pero había algo familiar en el hombre más alto. El hombre más bajo vestía un uniforme negro con un brazalete con la esvástica nazi. Era más corpulento que el hombre más alto.

    Los dos entraron en el recientemente agregado vagón de lujo seguidos por varios tripulantes uniformados del zepelín que llevaban su equipaje. Los miembros de la aeronave regresaron rápidamente al Graf Siegfried, cuyos motores rugieron cuando el tren silbó anunciando que el Orient Express se preparaba para partir hacia Viena. Jacqueline recogió sus cosas y caminó hacia el tren justo cuando la aeronave gigante se elevaba una vez más hacia el cielo.

    La habitación había sido limpiada y ordenada por el personal de limpieza, las camas corridas hacia atrás y la cabina convertida en una sala de estar con un sofá y una mesa. Hilary estaba inclinada sobre la mesa y todavía oraba cuando Jacqueline regresó a la habitación. Levantó la vista cuando escuchó la puerta cerrarse.

    «¿Dios te respondió?» preguntó irónicamente Jacqueline.

    «Sí, he llegado a la conclusión de que estaba bajo el control de algún artefacto pagano y que mis acciones no eran mías. Dios me perdonará, pero debo confesarme lo antes posible». Hilary se puso de pie. «¿Tú cómo lo estás manejando?»

    Jacqueline se encogió de hombros.

    «Encontré la experiencia bastante agradable. Siempre me he sentido cerca de ti, pero ahora me siento aún más cerca».

    «¡Pero es un pecado!» Hilary jadeó,

    Jacqueline se encogió de hombros de nuevo.

    «No veo cómo algo tan placentero y mutuamente consensuado podría estar mal. Esperaba que volvieras a compartir mi cama, incluso que te mudaras a mi habitación después de llegar a Londres».

    El rostro de Hilary se sonrojó incluso cuando sus pezones se endurecieron visiblemente debajo de su vestido.

    «¡Yo no soy una SAFISTA, Lady Ainscow!»

    «Me temo que solo eres la señorita Collins. Temo que los efectos del PENE sean permanentes. Todavía me gustan los hombres, pero al mismo tiempo quiero tomarte entre mis brazos y besarte de nuevo. A juzgar por las reacciones de tu cuerpo, tú también sientes lo mismo».

    «Sí, pero rezaré para tener la fuerza suficiente para luchar contra este deseo».

    «Muy bien», dijo Jacqueline. «Tal vez me equivoque y los efectos disminuirán con el tiempo. La leyenda dice que se necesitaron tres bautismos, o sea: tres eyaculaciones, para convertir a Isis en una prostituta lasciva». El vientre de Hilary gruñó con fuerza. «¿Hambre? El vagón restaurante debe de estar sirviendo la cena». Hilary asintió y las dos mujeres caminaron hacia el vagón restaurante.

    Jacqueline se sentó de espaldas a una ventana mientras Hilary se sentaba frente a ella. La irlandesa pidió rodaballo a la parrilla con vino blanco y salsa de mantequilla. Lady Ainscow había comido una pogácsa [panecillos con queso] que compró a un vendedor ambulante en Budapest y aún no tenía hambre. Le pidió al mesero que le trajera un pan rebanado y un pepino entero para que luego hacer sándwiches de pepino en su habitación. Pidió una copa de Merlot.

    Jacqueline quería mirar los ojos verdes de Hilary, pero alguien había intentado matarlas la noche anterior y necesitaba estar alerta. Sus ojos escanearon a los comensales sin encontrar nada fuera de lo común. Eso hasta que llegó un hombre negro mientras ella estaba llenando su copa de vino. Atrajo la atención de todos los demás comensales, la mayoría mirándolo boquiabiertos. Estaba vestido con una túnica blanca con adornos dorados que formaba una V en su pecho desnudo mostrando su musculatura. Era grande, corpulento. Tenía una barba larga y puntiaguda al estilo del antiguo Egipto y usaba delineador de ojos oscuro. El hombre también estaba rapado, incluidas las cejas. La mayoría de la gente nunca había visto a nadie tan exótico y continuó mirando al gigante negro. Tomó asiento solo, frente a Jacqueline y ordenó algo al mesero antes de volver la cabeza para mirar directamente a Jacqueline. Sus labios se curvaron hacia arriba, exponiendo dientes blancos mientras le sonreía.

    «¡Oh, villano, villano, sonriente, maldito villano!» murmuró ella.

    «¿Qué?» preguntó Hilary.

    «Hamlet» dijo Jacqueline. «Nuestro enemigo, Aket, ha llegado, Hilary».

  • Masajes de un aficionado a un campeón de natación (parte 2)

    Masajes de un aficionado a un campeón de natación (parte 2)

    Lautaro se dejaba hacer, yo le masajeaba las piernas y el torso con mucha delicadeza,  él empezó a gemir de gusto y yo a jadear de la calentura y los nervios. Le pregunté si tenía novia, para llevarlo al tema del sexo, me respondió que lo había dejado dos meses atrás porque él estaba muy ensimismado con su entrenamiento.

    -La que se está perdiendo, le dije, y sonrió satisfecho con los ojos cerrados.

    Como al descuido llegué con mis masajes a rozar su bulto y a sobarlo atrevidamente por encima del slip. Dio un respingo, resopló fuerte y gimió aún más.

    -¿Sigo?

    -Todo lo que quieras, me indicó con voz ahogada.

    Se la seguí sobando con ambas manos hasta que tomé coraje y empecé a bajarle el slip muy despacio con una mano, mientras con la otra le acariciaba bien el bulto. Se dejó llevar y aproveché para meter una mano por debajo de sus nalgas para acariciarlas y bajar el slip hasta media pierna. Su pija, húmeda también de líquido pre seminal que hacía brillar su hermoso glande rosado y palpitante, me saltó casi en la cara. Era de tamaño normal, unos 17 cm, estimé, al rodearla con ambas manos, una encima de la otra y empezar a pajearlo descaradamente varios minutos, alentado por sus gemidos cada vez más intensos.

    No aguanté más y me incliné a besarle el glande con mucha dulzura, lamer su líquido y después atraparlo con mi boca ansiosa de saborear ese manjar. Lo chupé, lo lamí y le di varios lengüetazos hasta que comencé a devorarme el tronco de a poco, subiendo y bajando mi mamada cada vez más. Me metí toda su pija en la boca e intensifiqué el sube y baja cuando sus suspiros ya eran jadeos muy calientes y se aceleraban, indicándome que estaba por acabar. No quería que lo hiciera en mi boca, pero no podía dejar de chupar esa verga enhiesta así que yo también apuré mi mamada hasta que se corrió varias veces, deben haber sido como siete chorros de leche cálida los que echó en mi garganta, que tragué con avidez, mientras lo oía gritar y jadear como un burro.

    -¡Qué mamada! ¡Qué hijo de puta! ¡Qué bien me la chupaste! Nunca me la chuparon así, me dijo mientras yo me relamía satisfecho, el semen me corría por las comisuras de los labios y no dejaba de acariciarlo.

    Normalizó su respiración, me miró a los ojos y terminé de quitarle el slip de competición.

    -Gracias, me dijo. Hace más de dos meses que no cojo.

    -¿Y no te pajeaste?

    -No, para no perder energía.

    -Tenés que relajarte más y no obsesionarte. ¿Vamos a ducharnos para sacarnos el gusto a cloro?

    -¿Tengo gusto a cloro?

    -No, perdón, quise decir el olor a cloro. Tenés un gusto delicioso, bombón, le respondí absolutamente emputecido.

    Lo tomé de las manos para ayudarlo a incorporarse y noté que su pija casi no había perdido la erección.

    -La seguís teniendo dura, le dije, volviendo a sobarla. Hay que aprovecharla. ¿Podés caminar mejor ahora?

    -Tus masajes levantan a un muerto.

    -Gracias. Vamos a ducharnos para ver si es cierto.

    Me saqué mi bóxer de baño y lo llevé tomándolo de la pija, que no quería soltar de ninguna manera. Abrimos el grifo y nos enjuagamos los cuerpos antes de comenzar a enjabonarnos mutuamente con el gel de baño, separándonos alternativamente de la lluvia que caía. Me apliqué decididamente a sus pectorales, espaldas, nalgas y genitales mientras él se enjabonaba el pelo. Incursioné con desenfado entre sus glúteos para enjabonar su ano y le metí el dedo índice con la mayor delicadeza para masajearle también el interior, hasta entrarlo del todo.

    Como noté que se dejaba hacer, tras un par de minutos de masaje anal, le introduje también el anular y lo penetré con dos dedos bien enjabonados, sin dejar de pajear su pija bien parada de nuevo. Gimió mientras terminaba de lavarse el pelo y lo metí debajo de la lluvia para que se enjuagara. Le pedí que me enjabonara la espalda, mientras yo lo hacía por delante y me pajeaba. Sus manos también eran suaves y cuando llegaron a mis nalgas me provocaron un largo jadeo de placer.

    -¿Te gusta cómo lo hago?

    -Me encanta. Te voy a enjabonar adelante también, me dijo.

    -Daaale, por favor.

    Al pasar sus brazos y manos para adelante, apoyó su pija entre mis glúteos, me estremecí de gusto y presioné mi culo contra su pelvis para sentirlo más junto a mí, mientras él me sobaba la pija y los huevos con sus manos enjabonadas. Empecé a menearme y a empujar más para atrás, tomándome de sus nalgas para apretarlo más aún contra mi culo.

    -Esperá que me vas a hacer acabar y no quiero tan pronto, por favor, le pedí para que aflojara con la paja que me hacía.

    Recliné mi cabeza hacia atrás para mirarlo a los ojos, totalmente embobado, jadeando, con mis labios abiertos y anhelantes. Pensé que no lo haría, pero sin dudar, me plantó un beso apasionado de lengua que duró lo que me pareció una eternidad y que retribuí con creces, girando lentamente para tenerlo frente a mí y devorar sus labios y su lengua.

    Lo tomé de la cara y le dije que su lengua era como una pija para mí, lo que hizo que me la metiera en la boca hasta el fondo para que se la chupara con ansia desenfrenada, liberado ya del temor y la vergüenza por lo que pudiera pensar. El morreo que nos dimos fue monumental y duró también varios minutos hasta que nos detuvimos para recuperar el aliento.

    No quise perder un minuto más y le fui lamiendo el cuello, los pectorales, deteniéndome en sus pezones erectos para lamerlos y morderlos con suavidad, seguí por sus perfectos y duros abdominales, el ombligo ovalado, casi femenino, y más abajo, el premio mayor, que lamí, chupé y devoré frenéticamente, como si el mundo se fuera a acabar esa noche. Tomándolo de sus firmes nalgas lo insté a que me cogiera por la boca, lo que hizo con entusiasmo mientras con ambas manos me tomaba por la cabeza para hacerme tragar toda su pija, lo que hice con mucho esmero y mayor placer.

    Más de diez minutos se la estuve mamando y ya se me acalambraban los maxilares, hasta que empezó a jadear más fuerte y acelerar su mete y saca y acabó de nuevo en mi garganta varios chorros de esperma, no tan espesos y con menos espasmos que la primera vez. Lo miré a los ojos mientras me dedicaba a limpiar concienzudamente su miembro y pasar a chupar sus huevos depilados.

    Escupí lo que pude de su semen en mis dedos y con ellos volví a masajear y lubricar su ano, sin quitarme su pija de la boca y sin dejar de mamarla. Lautaro se había relajado y me miraba a los ojos diciéndome que estuvo buenísimo, que jamás se imaginó que le iban a chupar la pija de esa forma dos veces seguidas y abrió sus nalgas para dejarme hacer.

    Me saqué su poronga de la boca sólo para preguntarle si podía seguir con mis dedos en su culo.

    -Hummm, dale, jadeó.

    Volví a mi mamada, pero más concentrado en masajearle el ano ya con tres dedos embadurnados en su propio semen, que chorreaba fuera de mis labios. Flexionó un poco sus rodillas para poder abrir más sus glúteos y me afané con mis masajes en el ano que parecían estar dándole mucho placer. Muy a desgano dejé de chuparle la pija para incorporarme, enjuagarme la boca e instarlo a darse vuelta para tener su precioso trasero a disposición.

    Le mordisqueé las orejas, lamí su cuello y toda su espalda hasta llegar a sus nalgas redondas y firmes, que también lamí y mordí suavemente, se las abrí un poco y le pasé mi lengua por su raja hasta llegar al rosado trofeo que ya había lubricado y dilatado lo más posible.

    -No me lastimes, me pidió.

    -Sería lo último que haría en mi vida, le dije, bombón.

    Le pasé la lengua en círculos por la entrada de su ano hasta que se la pude meter todo lo que pude, sacándola y metiéndola varias veces, provocándole oleadas de placer y gemidos. Volví a insistir con mis dedos, uno, dos y tres, masajeándole bien el perineo y apoyé mi glande en su entrada.

    Mi pija es normal, entre 15 y 17 cm (la medí contra los azulejos una vez), así que se la pude ir metiendo muy despacio, muy de a poco, entrando y saliendo cada vez un centímetro más hasta vencer cierta resistencia, que le provocó un estremecimiento.

    -Relajate y abrite como si fueras a cagar, le dije.

    Lo apoyé un poco más y se la pude meter toda, sin que manifestara dolor, y me quedé en su interior un largo rato, quietos los dos, jadeando y suspirando. Aproveché para besarlo nuevamente con mucha pasión, noté que empujaba hacia atrás y contraía su ano, así que empecé a bombearlo muy despacio, lentamente, casi sacándola del todo y volviéndosela a meter hasta que mi pelvis chocaba con sus glúteos que tanto me gustaban.

    Seguí así varios minutos que me parecieron eternos porque no quería acabar, quería seguir cogiéndolo toda la noche, pero él empezó a menearse, yo aceleré mis embestidas, no fuertes sino acompasadas a su ritmo y al cabo de unos cinco minutos me provocó una tremenda eyaculación de media docena de espasmos, que hizo que las piernas se me aflojaran y tuviera que apoyarme en su cuerpo para no caer al suelo desmadejado.

    Nos quedamos así, unidos, yo en su interior, un par de minutos más, hasta que mi pija se fue aflojando y retirando de su hermoso culo. Se volvió y nos volvimos a besar con mucha pasión, como si fuésemos vírgenes recién casados a punto de tener el primer sexo de nuestras vidas.

  • Conocí a Katia en Instagram

    Conocí a Katia en Instagram

    Para este relato sonará a tontería jajaja pero quiero contarles un multiverso de lo qué pasó después de aquel viaje al Spring Break en Los Cabos, México.

    Ya que esté fue algo que sucedió sin pensar, como ya saben; en el relato pasado les conté lo qué pasó en esas vacaciones con Tití y su amiga Andy, las cuales estuvieron conmigo pues yo había cogido con las dos después de una tarde de copas en una villa espectacular y que además tenía una vista increíble de toda la bahía; donde me disfrute la rica vagina de las dos para que después sucediera lo siguiente… Iba pasar algo que yo no me imaginaba, en esos días que estuve ahí como ya era costumbre yo para la época, soltero; tenía el hábito de abrir Instagram y explorar la zona para checar si es que en los lugares donde yo estaba había mujeres con las que yo pudiera ligar y si mejor aún, eran de Guadalajara, México (la ciudad donde vivo) aquella noche entonces, revisando Instagram después de la orgía en la que estuve con Tití y su amiga Andy como les decía en el relato pasado, nos habíamos dirigido a la discoteca y fue entonces que procedí a buscar chicas como les decía mientras estaba bebiendo esa noche en la discoteca y fue ahí donde comenzó mi historia con la chica que les contaré; mientras veía el celular, descubrí el Instagram de una chica llamada Katia (este no es su nombre real, pero le pondré este nombre por privacidad).

    Ella era una chica preciosa, caso contrario a como se ve hoy, hace poco la vi y su apariencia cambió para mal desde que la deje de ver; pero bueno, para ese tiempo estaba increíble literalmente, ella era: de estatura 1.65, piel blanca, cabello rubio y rizado, cuerpo delgado, labios carnosos y bonitos, ojos café claro, tetas prominentes y culo grande pero en proporción con su estatura, yo al ver las fotos de su perfil quede fascinado y deje mi follow en su perfil, pues había descubierto que había estado en Los Cabos unas semanas antes de que yo estuviera ahí.

    Días después de las vacaciones procedí a mandarle DM y 15 minutos después ya estaba hablando con ella como si la conociera hace años y bueno chicos la química fluyó; semanas después salimos y ese juego duro un año seguido; una cosa llevaba a la otra, nos comíamos como animales, lo pasábamos genial pero nunca llegamos a más, paso 1 año y bueno como todo lo que sube tiene que bajar, la relación entre los dos se daño, pues llego un momento en el que solo nos veíamos para salir de fiesta y fue ahí cuando decidimos que nos daríamos un tiempo; yo seguí mi vida y ella la de ella yo me comía a una y a otra hasta que después de 1 año más corría el 2019 y un día en la discoteca me la encontré de nuevo y fue como si no hubiera pasado nada seguimos hablando y al cabo de unas semanas pasó lo siguiente; llego el sábado y decidí hablarle después de una noche de discoteca ella entre la conversación acepto y es aquí donde empieza la historia, pues pasó lo que les narraré a continuación…

    Aquella vez, llegaron las 5 am y decidí proponerle entre la borrachera que viniera a mi casa; pues para mi era normal hablarle cualquier día y a cualquiera hora y que ella aceptara de echo nunca me dijo que no cuando le proponía vernos y pues bueno, esa noche a los 15 minutos después de que le hablé llego a mi casa, le sirvo un trago, seguimos hablando mientras en la sala suena la música y 20 minutos después nos olvidamos del trago, ella se encaramo encima de mi sobre mi verga y agarro mi boca con sus manos para acariciarla suavemente mientras se me quedó viendo fijamente a los ojos y soltó un pequeño gemido, yo escuché eso y al momento toque su culo y lo apreté fuerte mientras ella se balanceaba de frente y hacia atrás para rozar su culo encima de mi verga, yo seguí besándola sin parar y notaba como poco a poco mi miembro se ponía cada vez más duro por el roce, después…

    Empecé a quitarle la blusa y el bra mientras ella después me quitaba la camisa; ella inclinaba mi cuello y lo empezaba a besar, yo por mi parte después lamía sus senos mientras ella arañaba mi espalda, después de 5 minutos de roce me levanté del sillón de la sala, la sujeté por el culo y con fuerza la subí por las escaleras hacia mí cuarto…

    Llegando ahí, la acosté en la cama con fuerza para después ponerme a un lado de la cama, bajarme los pantalones y quitarme toda la ropa mientras observo como ella se masturba frenéticamente, después colocó mi miembro a un lado de su cara y ella al momento lo tomo con su mano, lo empezó a escupir para después jalarlo con delicadeza al momento comenzó subiendo la intensidad y lo coloco en su boca, después, empezó a propinarme una mamada de maestría, y yo al momento, metí la mano a través de su panty para comenzar a acariciar su vagina de una manera deliciosa mientras ella lamía mi miembro; tuvimos un pre tan delicioso que nos quedamos pegados ahí durante 3 o 4 minutos.

    Ella soltó mi miembro y yo para ese momento anestesiado por el alcohol de esa noche disfrutaba el polvo de manera increíble y más por la idea de que era la primera vez que estaba con ella; yo me puse al frente de la cama después, y enseguida quite su pantalón negro y su panty Victoria Secret de encaje que hacía juego con su piel blanca y bronceadita, deliciosa, (que por cierto algo que me encanta a mi al momento de meterme con una mujer entre las sabanas, es el echo de que tengan ropa interior sexy siempre suma puntos) al instante seguí con un oral que hacía que ella gritara como una demente lo que hacía que el momento se tornara más excitante, yo no creía lo que estaba viendo.

    Pues después de lo qué pasó 1 año atrás lo último que esperaba era tener un polvo con ella y más porque ya había pasado 1 año en que habíamos decidido distáncianos (cabe destacar que nunca fue mi novia pero jugábamos un rol de ser novios pero sin ser nada oficial), pero bueno, ya para este momento yo solo me concentraba en lamer su vagina, que por cierto estaba deliciosa; metía mis dedos minutos después y acariciaba su punto g mientras escuchaba sus ricos gemidos hasta lograr que tuviera un rico squirt que salpicó mi cara acompañado de un grito de ella mientras mojaba mi cama; me detuve por un segundo y me coloqué el preservativo para después cogermela en posición de misionero, la embestía con fuerza y me balanceaba sobre ella mientras oía sus ricos gemidos en voz ronquita que sonaban riquísimos, acto siguiente, la puse en 4 y devoré su culo con mi boca para después metérsela sin parar mientras jalaba su cabello y a la vez le daba un par nalgadas, me recosté y enseguida ella dándome la espalda se movía como una maestra sobre mi miembro.

    Acto siguiente ella se montó sobre mi verga pero esta vez de frente para darme unos ricos sentones mientras se movía de atrás hacia adelante con habilidad los cuales hicieron que después de 1/2 hora terminara en el interior de ella con el condón puesto, me retire el preservativo y seguí lamiendo su vagina después ella me la chupo delicioso y volví a terminar otra vez pero en esta ocasión en su pecho, después de habernos dormido durante unas horas, nos duchamos y terminamos comiéndonos a besos, como a eso de las 12 ya agotados de tanta calentura pedimos el desayuno y luego ella en un tono casi de prisa pues se había escapado de su casa pidió un Uber y se fue, yo al ver que se estaba yendo estaba que no me lo creía; pero esto era solo el inicio.

    Continuará…

  • El primer amor de MaryCarmen

    El primer amor de MaryCarmen

    Hola. Mi nombre es MaryCarmen Flores, continuo con el resumen de mi vida sexual, y continuamos en orden cronológico. Si quieren saber más de los detalles de mi vida pueden leer mi presentación y relatos anteriores, probablemente ahí aclare algunas dudas que les puedan surgir con la lectura de este relato, recuerden que durante mis relatos iré mencionando algunos detalles pasados.

    Tenía yo casi 19 años, después de mi despertar sexual, y sobre todo después de descubrir las maravillas de tocar mi cuerpo y después de recorrer cada rincón de él, experimentando las sensaciones que de él emanaban, mi vida cambió, empecé a preocuparme más por mi apariencia física, me interesaba el cómo me veía y el cómo me veían los demás, si bien mi cuerpo era atlético y tenía ciertas curvas, nunca me había dado la oportunidad de resaltarlas, y gran parte de ello tendría que ver porque no tenía de dónde aprenderlo, mi madre era la típica madre que vestía siempre faldas largas, nunca un escote, no se maquillaba, además no tenía hermanas, no tenía tías, y lo único que tenía como un ejemplo femenino eran un par de primas, pero ambas… como decirlo, no tenían mucho o nada que resaltar.

    Sin embargo, comencé a tomar mi ejemplo de la Universidad, lo podía ver con varias de las chicas incluida mi amiga Andrea, ellas usaban pantalones ajustados, que resaltaban sus caderas, blusas con cierto escote, que dejaban ver las curvas de sus senos y algunas un poco más, empecé a fijarme un poco sobre todo en aquellas que tenían un buen culo y que les gustaba resaltarlo, y que hacían voltear a los hombres, aquellas que tenían buenas piernas y que las enseñaban mediante faldas, algunas de ellas escandalosamente cortas, y por supuesto aquellas que tenían buenas tetas que usaban los escotes o blusas extremadamente pegadas y me ponía a pensar que así podría vestir yo, para poder mostrar algo de mí.

    Lo primero que pasó por mi cabeza fue mi uniforme de voleibol, la licra deportiva ya era ajustada, pero nunca las usé cortas, así que decidí empezar a usar licra corta, de esta manera mostraba un poco de mis muslos, después cambia mis blusas de cuello redondo que usaba regularmente para ir a la uni por blusas de botones, las cuales me daban la libertad de cambiar de apariencia rápidamente, de mi casa podría salir con todos los botones completamente abotonados, y llegar a la uni con uno o 2 sueltos, dependiendo de cómo me sintiera, o cuando saliera de casa con falda, siempre eran faldas por debajo o a la rodilla, pero al llegar a la uni, parte de mi falda ya estaba en mi cintura, por lo que podía lucir varios centímetros de piel por encima de la rodilla, el uso de ropa ajustada que no fuera deportiva, no era una opción para ese entonces.

    Estaba acostumbrado a las miradas morbosas de los hombres mientras jugábamos voleibol, era parte del juego, digámoslo así, a lo que no estaba acostumbrada es que los hombres voltearan a verme mientras iba caminando por los pasillos de la universidad, no estaba acostumbrada a que algunos me silbarán, o que me dijeran hola o alguna que otra guarrada mientras me veían pasar, y seamos sinceras, ¿a qué mujer no le encanta que la volteen a ver, al menos yo lo disfrutaba, sabía que el cuerpo estaba ahí, y cada vez que notaba la mirada lasciva de alguno de los chicos me calentaba un poco, debo admitir que había miradas que decían más que otras, esas eran especiales.

    Por supuesto, mi círculo más cercano de amigos se dio cuenta de ello, y hacían uno que otro comentario, entre ellos estaba Sergio, mi compañero de estudios, él no decía mucho, sin embargo podía notar sus miradas furtivas hacia el escote, cuando estábamos en la biblioteca, miradas intensas hacia mis piernas cuando estábamos en el salón y yo llevaba falda y cruzaba las piernas, definitivamente no se perdía ninguna de mis juegos de voleibol, y si a todo esto sumamos mi excelente cambio de humor debido a las constantes masturbaciones lo cual me hacía lucir radiante, estar junto a mí para él debió haber sido algo bueno.

    Sergio era un chico de 19 años ya cumplidos en ese entonces. un par de centímetros más bajo que yo, 173 cm media en estatura, un chico delgado, pero sin el tipo deportista, realmente él no hacía deporte. se mantenía delgado por su gran metabolismo, ojos cafés. cabello castaño, piel blanca, facciones agradables, sin ser el gran adonis, su cara remarcada por unos anteojos de excelente gusto, un chico guapo, aunque muchos lo desdeñaban por considerarlo un nerd, para mí era el un gran amigo.

    Como pasaba gran tiempo en la uni con Sergio, era recurrente encontrarlo o sorprenderlo viendo una parte de mi cuerpo, como lo dije antes, para ese entonces no me molestaba que lo hiciera, sino todo lo contrario y entonces decidí jugar un juego, empecé a provocar. Cuando íbamos a la biblioteca inclinaba mi cuerpo más de lo normal, para que mis pechos se pudieran ver un poco más, inclusive, en algunas ocasiones llegué a soltar un botón de más, lo cual dejaba ver una gran parte de mi sujetador, si se presentaba la oportunidad subía un poco más mi falda de lo normal, y no trataba de acomodarla cuando cruzaba las piernas, para que él pudiera ver hasta dónde empezaban mis nalgas, sabía que eso lo calentaba. Pasado el tiempo empecé a comprar un poco de maquillaje y aprendí a usarlo (aunque parezca raro, nunca sentí la necesidad de utilizarlo) eso resaltaba un poco más mi cara, siempre me gustaron mis ojos y resaltarlos era algo que yo disfrutaba, las miradas de Sergio empezaron a ser cada vez más descaradas y cuando lo sorprendía y el desviaba la mirada, yo solo sonreía y no decía nada, la verdad es que ese juego me ponía completamente cachonda, varias veces llegaba a mi casa y corría directamente a mi cuarto, para poder masturbarme sin importar que mis padres estuvieran ahí, había aprendido a ser discreta en eso.

    Una tarde después de la uni habíamos quedado en ir a casa de Sergio, junto con Andrea, para terminar un trabajo que teníamos que entregar la siguiente semana, para la materia de planeación estratégica. Durante el camino fuimos platicando los 3 sorprendí a Sergio varias veces mirando por entre los botones de mi blusa, se lograba ver el sostén de color negro, la verdad es que ver a Sergio de esa manera, con tanta insistencia, sin importarle que yo lo sorprendiera, me volví a poner cachonda, como lo había hecho ya en veces anteriores, así que al llegar a casa de Sergio, le pedí permiso para entrar a su baño, llevaba ya la braga mojada, baje la tapa del retrete, baje mi pantalón y me senté, entonces comprobé la humedad, que ya sabía que estaba ahí, pase los dedos sobre la tela y decidí hacerlo, metí un par de dedos en mi vagina sintiendo la raja gelatinosa, mi pulgar acariciaba el clítoris y la electricidad comenzaba a recorrer mi espalda, mientras yo estaba martirizando mi centro de placer, durante un par de minutos, realmente quería correrme ahí mismo, sin embargo, me contuve, tenía una idea mejor me levanté del retrete, tomé un poco de papel y me limpié los jugos que ya escurrían por mis piernas, acomode mi braga y mi pantalón y después de eso desabotoné por completo mi blusa para poder quitármela. después me retiré el sujetador y volví a ponerme la blusa esta vez puse especial cuidado en abrocharme un botón más no quería que Andrea se diera cuenta, debía ser discreta, doble con cuidado el sujetador y lo metí en uno de los bolsillos del pantalón y salí del baño.

    Tenía una sonrisa dibujada en mi cara, mientras caminaba hacia la sala de la casa, era una sonrisa malvada, me dirigí de inmediato a mi mochila, con el pretexto de sacar mi lapicera y libreta, y en ese momento saque el sujetador de mi bolsillo, y lo guarde en la mochila. Me acerqué a donde ellos estaban trabajando, y durante 1 hora estuvimos discutiendo los detalles del trabajo escolar, cuando terminamos de ponernos de acuerdo cada uno empezó a trabajar por separado. Andrea se concentró en hacer la presentación y Sergio en la documentación necesaria, mientras tanto yo tenía que preparar una maqueta.

    Casi 15 minutos antes de que termináramos voltee a ver a Andrea, quien seguía concentrada en la presentación y entonces aproveché y solté el botón que normalmente llevaba desabrochado esta vez sabiendo que no había un sujetador debajo de la blusa y estire la blusa para que bajara lo suficiente, me puse de pie y tome el silicón, me incliné sobre la mesa y sobre la maqueta, era consciente de lo que esa posición dejaba ver, unos cuantos segundos después me percate de que Sergio veía lo que yo tanto deseaba que viera, sus ojos completamente abiertos viendo dentro de mi escote, tan hipnotizado estaba, que no se dio cuenta cuando yo levanté la mirada y me le quedé viendo, sin intentar bloquearle la vista, varios segundos después, me miró a los ojos, apartó la mirada, sus mejillas se volvieron rojas por completo, y solo atinó a decir “ahora regreso” y subió las escaleras de la casa, demoró más de 10 minutos en volver, en cuanto a él desapareció, yo volví a abotonar mi blusa, terminamos el trabajo y nos despedimos.

    Sobra decir que esa tarde al llegar a mi casa y darle atención a mi rajita, tuve el mejor orgasmo que había tenido en el mes me sentía sexy, me sentía deseada y cachonda, sabía lo que había provocado en Sergio, y la verdad es que eso me ponía a 1000, después de recuperarme del orgasmo experimentado tras masturbarme, recordando lo que había pasado en casa de Sergio, caí en cuenta que, debido a mi calentura no había pensado en lo que sucedería después, sencillamente se me hizo fácil provocar, lo había conseguido muy bien, pero ahora tenía un problema, qué pasaría con Sergio? qué pasaría con nuestra amistad? qué le diría cuando lo viera en la escuela?, pensé en ello por alrededor de media hora y llegué a la conclusión de que no sabía qué hacer, sin embargo, lo hecho, hecho estaba, y me había provocado un placer indescriptible.

    La semana siguiente hubo cierta tensión entre Sergio y yo, sin embargo decidí no darle importancia y continué mi trato con ellos como si nada hubiera pasado, inclusive decidí olvidar el tema y procurar ser un poco más decorosa delante de Sergio, al final era un buen chico y bastante agradable, me caía muy bien y no quería arruinar las cosas por mi calentura, llegó la fecha de la presentación del trabajo y el profesor nos pidió corregir algunas cosas que no estaban bien, definitivamente era algo sencillo algo que podíamos corregir en un par de horas de trabajo, tal vez menos, así que decidimos hacerlo ese mismo día, fuimos al mismo lugar de siempre, la casa de Sergio, era el lugar más adecuado ya que sus padres trabajaban hasta tarde y él era hijo único, así que nadie podía molestarnos, al terminar las clases Andrea nos comentó que se retiraría antes, que tenía algo importante que hacer y que nos adelantáramos y que comenzáramos, que ella llegaría después para terminar el trabajo con nosotros, así que subimos al auto de Sergio y mientras salíamos del estacionamiento, la tensión volvió a aparecer, note nuevamente el nerviosismo de Sergio en sus manos y procuré bajar un poco mi falda, recuerden había decidido ya no molestarlo más. aunque la situación me ponía en una posición bastante difícil.

    Llegamos a su casa, y yo pensé que al momento de ponernos a trabajar, la tensión del ambiente desaparecería, entramos y él dejó su mochila sobre un sillón de la sala, yo lo imité, saqué algunas cosas de ella y me dirige directamente hacia la mesa del comedor, donde normalmente trabajábamos él se me quedó viendo y después de un par de segundos preguntó

    -¿Quieres algo de tomar?- aunque no era raro que Sergio fuera tan atento, la pregunta me sorprendió, no íbamos a tardar mucho haciendo el trabajo y entre más pronto empezáramos más pronto terminaríamos.

    -No gracias- le dije, me volteé para dejar mis cosas sobre la mesa, y escuché que él dio un par de pasos hacia la mesa dispuesto a ayudarme con el trabajo, cuando volteé lo que encontré fue su cara, a escasos 20 cm de la mía, con esos ojos encendidos, viendo directamente a los míos, mi ritmo cardiaco se aceleró en un instante, un tanto por la sorpresa y otro tanto por la certeza de saber qué era lo que se venía, y efectivamente, mi instinto no falló, en menos de un segundo los labios de Sergio se posaron sobre los míos, sus manos se posaron sobre mi cintura, atrayéndome hacia él y otro segundo después sentí su lengua intentándose abrir camino hacia mi boca, y lo consiguió, nuestras lenguas empezaron a jugar como 2 niños alegres en un parque, mis manos se posaron en su espalda, mientras las suyas alternaban cintura y cadera, por Dios!!!, ese beso, ese dulce momento de ese beso.

    Después de un par de minutos, en donde nuestras bocas estuvieron saboreando la boca del otro, el entrelazó sus brazos, por detrás de mi espalda, de esta manera nuestros cuerpos se juntaron aún más, y fue entonces, cuando pude sentir, en toda plenitud, la erección que habitaba por debajo de su pantalón, la sensación fue excitante, a manera de corresponder su movimiento. yo entrelace mis manos por detrás de su cuello. Sergio no dejaba de comerme la boca, pero ahora mientras lo hacía, comenzó a dar pasos cortos hacia atrás, yo le seguía también con pasos cortos, no entendía qué era lo que él buscaba, hasta que él se detuvo, estábamos a un costado del sofá, sin dejar de besarme, puso una rodilla sobre el sofá y después me tumbó suavemente sobre él, por Dios!!!, no pensaba detenerse, quería llegar más allá, y para ser sincera, yo también lo deseaba, probablemente yo lo deseaba más que él, pero quién piensa en esas cosas en esos momentos.

    Cuando él me depositó en el sofá, mis manos dejaron su cuello y se prepararon para recibirlo sobre mí, el deseo era mutuo, ninguno de los dos podía negarlo, y ahí estaba yo, medio recostada en ese sofá, con un chico guapo besándome encima de mí, reacomode mi pierna izquierda subiéndola al sofá y dejando la rodilla medio flexionada, la intención era que el peso de su cuerpo no recayera sobre mi pierna, sin embargo, a él le abrió la puerta para algo más, el acceso a mis muslos ahora era sencillo y su mano derecha comenzó a acariciarlo por la parte externa, yo ya estaba rendida, no había nada más que yo pudiera hacer, estaba abandonada a lo que él quisiera, y como prueba de ello, comencé a tirar de su camiseta hacia arriba, segundos después esta estaba tirada en el piso a un costado de nosotros, su mano salió de entre mis piernas y lo primero que hizo fue buscar los botones de mi blusa, comenzó a soltarlos uno a uno, con una sola mano, y mientras él lo hacía mis manos fueron en busca de su cinturón lo desabrocharon y posteriormente siguieron con el botón de su pantalón, cuando él terminó con los botones, su bragueta ya estaba abajo.

    Se separó un poco de mí para observarme, menuda estampa la que vio, ahí estaba yo con la blusa completamente abierta, la falda arremangada hasta la cintura, las piernas semi abiertas y la respiración agitada, pero fue su cara, su expresión, la que en ese momento, terminó por derrumbar cualquier resto de duda que pudiera haber en mi ser, y fui yo quien rompió ese momento. Terminé por bajar sus pantalones y me lancé nuevamente a su boca, mi mano derecha cruzó la frontera que imponía el resorte de sus calzoncillos y lo encontró ahí, un pene de considerable tamaño, lo acaricie un poco mientras sentía que la respiración de él se aceleraba a 1000, y mientras lo hacía su mano se perdía por detrás de mi espalda, buscando el broche del sujetador, lo intentó una, dos y tres veces, imposible para él hacerlo con una mano, así que tuve que soltar el nuevo juguete que había encontrado, y ayudarlo un poco, puse mis manos en mi espalda, buscando el broche y lo solté, y después me quite el sujetador que fue a caer justo sobre su camiseta, él me miraba con la boca abierta, y yo volví mi mirada hacia su pene, que cuando había sacado mi mano había quedado por encima del elástico de sus calzoncillos y ahí estaba erecto, duro como piedra, con un brillo en la punta.

    No duró mucho esa vista, naturalmente él buscaba algo más y después de admirar mis pechos, dirigió su boca y su lengua hacia ellos, mis pezones alegremente lo recibieron, con la misma dureza que mostraba su pene, el contacto de su boca y de su lengua, hizo que yo soltara un gemido de placer, y entonces, sentí como los dedos de sus manos se deslizaban por entre el elástico de mis bragas, y empezaban a jalar hacia abajo, levante la cadera para hacerle el movimiento más sencillo, y estas fueron a parar al otro extremo del sofá, debía corresponder y mis manos bajaron sus calzoncillos hacia sus rodillas, no hubo tiempo para más, así, con los pantalones en los tobillos y los calzoncillos en las rodillas, fue en busca de mí y yo lo recibí gustosa, la humedad de mi entrepierna y la firmeza de su pene hicieron que todo fuera muy sencillo y entonces embistió una, y otra, y otra, y otra vez, cada vez con más fuerza, cada vez con mejor ritmo. Y sin apartar nunca sus ojos de los míos.

    Era enloquecedor ese momento, la electricidad fluía, y llegó el momento en que ambos explotamos, nos fundimos en un abrazo y permanecimos en él durante un par de minutos, para finalmente separarnos y terminar todo con un tierno beso, él sonreía, yo también lo hacía, y si bien podría decirse que ninguno de los dos estaba completamente desnudo, había llegado el momento de vestirnos, tomé mis cosas y corrí al baño, aún no sé muy bien por qué lo hice, pero decidí vestirme en el baño, mi justificación seria que necesitaba limpiarme. Cuando salí, él ya estaba vestido, y había acomodado parte del desorden que habíamos hecho en esa sala, me recibió con un beso y decidimos ponernos a trabajar, Andrea no tardaba en llegar, y efectivamente sucedió 20 minutos después.

    Al día siguiente, Sergio hizo las cosas como él consideraba prudente, me compro una rosa blanca, se acercó y me pidió ser su novia, a lo cual yo acepté de manera gustosa, duramos juntos poco más de 2 años y medio, juntos aprendimos mucho sobre sexo, experimentamos y más. Ahora puedo decir que, si bien Sergio no fue mi primera experiencia sexual, sí fue mi primer gran amor, aunque la naturaleza es fuerte y la carne es débil, y tiempo después sucedió lo inevitable, ahora entiendo que sí que fue inevitable

    Gracias por leerme y recuerden que sus comentarios son bienvenidos. Besos

    MaryCarmen

  • En un hotel respetable

    En un hotel respetable

    Caminaba por el camellón de una bella avenida, el ocaso del día ya se anunciaba y el vecindario tenía ese sabor de lo viejo sin ser decrépito, había restaurantes, uno que otro café, árboles por todas partes, era un lugar agradable en el que años antes había pasado mucho de mi tiempo por la sencilla razón de que había estudiado por allí. La zona estaba a punto de convertirse en una mediocre imitación de los barrios progres de Estados Unidos y los vecindarios cercanos ya deliraban con sentirse el epicentro de la intelectualidad, el periodismo, las artes, se empezó a poner de moda que actores y otros famosillos de peor calaña fueran a vivir por allí. Cuando eso pasó, empezó la decadencia. Pero lo que narraré ocurrió poco antes de que todo eso sucediera.

    Mientras caminaba por el camellón de tan precioso vecindario, iba atormentado por mis pensamientos, o quizá sería más preciso admitir, por uno de esos días de extrema calentura que quién sabe de dónde sale y lo único que uno necesita con imperiosa necesidad es coger. Coger sin piedad, sin descanso, sin respiro. La irrevocable necesidad de un cuerpo, de otro sabor, de un sudor, del peso de otro cuerpo, la piel caliente de alguien más, los gemidos de otra persona. No sabe uno qué hacer, no puede uno pensar, la verga parada dentro de los pantalones es una deliciosa pero infinita tortura a cada paso…

    En esas andaba sobre el camellón de la avenida cuando llegué frente a un hotel de apariencia respetable pero donde todo mundo acudía (y acude) para faltarse el respeto concienzudamente. Pensaba en que sería genial ver asomarse a alguien a medio vestir por las ventanas del hotel y guiñarle un ojo. Para mi infinita sorpresa, eso pasó: en una ventana del segundo piso apareció un hombre delicioso de pecho musculoso sin ser exagerado, brazos marcados y una sensualidad que rompía la ventana y llegaba hasta mí, que me hallaba como a veinte metros de él. Era cachondísimo ver cómo luchaba por ponerse una camiseta blanca de manga larga que le quedaba muy justa. Y cuando por fin su cabeza logró salir de la tela que la ocultaba, pude contemplar el rostro de un hombre muy guapo. De inmediato se me antojó ese pecho, esos pezones, esos brazos, aquellos labios.

    Pero lo más sorprendente es que él de inmediato me vio y no quitó su mirada de mí. Ahora o nunca. Sonreí, le aguanté la mirada, adopté una pose ligeramente retadora y esperé. Él terminó de ponerse la camiseta con desesperante lentitud, gozando de lucirme su cuerpo y sin dejar de mirarme. Con idéntica lentitud se alejó de la ventana y apagó la luz de su habitación. Rogaba porque bajara a buscarme, así que decidí esperarlo. Pasaron los minutos y me di cuenta que si de esperar se trataba, lo mejor sería que me sentara, así que me acerqué a una banca donde pudiera verme con facilidad si es que ocurría el milagro de que bajara y me buscara.

    El milagro ocurrió, como quince minutos después de que ya empezara a perder las esperanzas. Salió éste machazo del hotel respetable y haciéndose el desorientado atravesó la calle para llegar al camellón. Se paró a diez metros de donde estaba sentado y de plano me modeló el cuerpazo que se cargaba haciendo como que buscaba algún lugar a su derecha y luego a su izquierda en una actuación aceptable de alguien que anda buscando algo. Jeans ajustados que lucían sus preciosas nalgas y le marcaban la rica verga, la camiseta ajustadísima que hacía ver delicioso su pecho, sus brazos y su abdomen. Desde donde estaba sentado pude darme cuenta de que tenía ojos verdes oscuro y labios de besar sabroso y mamar delicioso. Cuando estuvo seguro de que me había lucido lo suficiente su cuerpo y calentado lo necesario para lo que se ofreciera (como si me hiciera falta estar más caliente), se acercó así como que no quiere la cosa.

    Me preguntó si conocía una farmacia cercana y de inmediato supe que era un clásico trámite para ligar a alguien, porque era imposible que no hubiera visto una farmacia que estaba a media cuadra y que para colmo tenía un enorme anuncio luminoso que decía en letras mayúsculas “farmacia”. Me halagó el ligue, así que decidí jugar con las reglas del juego. Platicamos cosas tan absolutamente intrascendentes que comprendí que quería lo mismo que yo: arrancarme la ropa, morderme, lamerme, besarme, cogerme, llenarme de semen, tanto como yo quería hacerlo con él. Después de un rato de plática ociosa pero veloz, lo acompañé a la dichosa farmacia a donde compró cosas igualmente inútiles. Luego de todos estos años me doy cuenta de que él estaba nervioso y que con la plática y las compras bobas intentaba diluir su nerviosismo. Pero al fin llegó a la parte que no podía evitar si es que de veras quería que algo pasara: “¿quieres subir conmigo a mi habitación?” Dije que sí inmediatamente, no tenía la menor intención de ocultar las ganas que tenía de coger con este rico macho. La entrada a su hotel respetable fue el típico ritual de iniciación en cada hotel, respetable o no: miradas supuestamente discretas de los trabajadores pero que todas dicen cosas como “¡pillines!, ¡cochinotes!, ¡se van a chupar sus cositas, maricones!, ¿quién de ustedes es la mujercita?”, como si ellos fueran gente de conducta intachable en posición de señalar con dedo flamígero a los demás, cada uno de ésos empleados habían visto muchas cosas, protagonizado otras tantas y aun así se daban aires de pureza moral. Así son los hipócritas.

    Pero al entrar a su habitación, todo cambió. Prendió la televisión como quien enciende una lámpara y no lo dudé, me acerqué a su espalda y así lo abracé. Recibió el abrazo con gusto y se notaba que lo estaba esperando, emitió un suspiro que no pudo ocultar y repegó su cuerpo al mío. Sentía su espalda completamente en mi pecho y sus nalgas firmemente pegadas a mi bajo vientre. Por supuesto que sintió mi verga erecta y lo disfrutaba con esas ricas nalgas que se cargaba. Olía a recién bañado y perfumado. Aroma de hombre limpio, fragancia varonil, pero eso no bastaba para ocultar el indefinible pero perceptible olor de un hombre caliente que quiere coger. Por encima de la tela de la camiseta acaricié suavemente ése pecho que, a fin de cuentas, era lo que me había atrapado y llevado hasta allí. Tenía erectos los pezones. Me torturé un poco más sin quitarle la ropa. Parecíamos estar bailando una calmada. Besé suavemente su cuello y su nuca. Nuestros cuerpos se frotaban con mayor fuerza y la temperatura, literalmente, aumentaba. Bajé mi mano derecha y palpé su verga por encima de los jeans. Mi mano fue feliz de encontrar una verga de buen tamaño y de dureza que delataba las ganas que tenía de ser acariciada, así que le bajé las cremallera y metí mi mano en su pantalón para poder acariciarle la verga sin obstáculos mientras seguíamos frotando nuestros cuerpos y besaba su cuello, su nuca y sus hombros.

    Encontré una verga durísima, cálida y muy húmeda porque secretaba grandes cantidades de líquido lubricante. Por fin él se volteó y nos besamos rico, profundo, con mucha lengua y mordidas de labios. Ya no aguanté más y le quité la camiseta. Comprobé que si era difícil de poner, también lo era de quitar. Pero al lograrlo, no dudé y me lancé a besar ese pecho lampiño y musculoso, oloroso a macho que quiere coger, con sabor a sexo. Gimió cuando mi lengua jugó con sus pezones y respiraba agitado al sentir mis labios recorrer su pecho mientras mis manos acariciaban su espalda. Me di gusto besando sus brazos fuertes, me imagino que iba al gimnasio pero no era de los estúpidos que toman pastillitas para agrandarles los músculos y que acaban por empequeñecerles los huevos. Eran unos brazos torneados, definidos, muy cachondos, sin vellos como su pecho. Besé, lamí y mordí suavemente cada parte de sus brazos gozando con sus reacciones cada vez menos controladas. Besé su cuello, disfruté su boca y su lengua, mordí sus labios si querer resistirme al encanto de su boca antojosa mientras mis manos acariciaban y estrujaban su pecho, pellizcando sus pezones, mordiendo ocasionalmente su brazos.

    No pude ni quise controlarme más. Me arrodillé y le bajé los pantalones de un jalón. Ante mí quedó parada una verga de muy buen tamaño, durísima, húmeda, ligeramente curvada a mi izquierda, de glande rosado y brillante, huevos sabrosos y llenos de leche. Lo miré a los ojos y sin decir nada metí su verga a mi boca. Era una fantasía hecha realidad: de rodillas mamarle la verga a un hombre de mi gusto y elección. Y lo gocé como enajenado. Qué delicia es tener una verga en la boca, bien parada, dura de excitación y deseo, que está manando constantemente líquido lubricante y beberlo con ansiedad. (Para los lectores morbosos: deberían animarse a hacer eso que sólo se atreven a fantasear cuando leen estas historias encerrados en el baño de su casa sabiendo lo felices que serían mamando verga y gimiendo como putas cuando se los cojan. Ah, pero es que son respetables padres de familia o cosas por el estilo, el qué dirán, ya se sabe. Y si quienes me leen son mujeres, no me extraña: muchas fantasean con ver a dos hombres guapos teniendo sexo y, en dado caso, unirse. ¿Qué están esperando? Háganse menos del rogar, allá afuera sobran hombres que gustosos participarían de sus fantasías). Y con su verga en la boca, que lentamente mamaba disfrutando su sabor, su textura, su delicada firmeza, me dí vuelo acariciando las riquísimas nalgas que se cargaba, redondas, firmes, lisas, mucho mejores y más hermosas que las de varias vanidosas que había conocido. Es maravilloso mamarle la verga a un macho nalgón que suspira al sentir las manos en las nalgas anticipando que le toquen el culo y gime con una mamada de verga que se eterniza siempre dándole placer y negándole al mismo tiempo la menor oportunidad para que se venga. Acariciaba sus huevos con una mano, amasaba sus nalgas con la otra, me metí un delicioso testículo en la boca y luego el otro, deleitándome en su sabor de macho en brama. Besaba, mordía sus muslos…

    Tardamos una eternidad en llegar a la cama, envueltos en besos, caricias, mamadas y un torbellino de manos que me quitaban la ropa a velocidad espectacular y repartían caricias ansiosas, calientes, provocadoras. Sin decir nada, se trepó a la cama poniéndose en cuatro, ofreciéndome sus nalgas y su culo. No recuerdo de dónde salió el condón y el lubricante, pero velozmente me calcé el condón en la verga y unté generosas cantidades de lubricante porque mi verga, de largo promedio pero de grosor más que respetable, lo iba a necesitar para abrirme paso. Poco a poco pero decididamente lo penetré y gimió delicioso cuando sintió mi cuerpo al fin chocar con sus nalgas.

    Lo que siguió parecía más una competencia olímpica que otra cosa: la velocidad de la penetración aumentaba, el sudor corría ya de plano a chorros por nuestros cuerpos, mis huevos sentían sus huevos al chocar contra su cuerpo, besaba y mordía su espalda mientras me lo cogía al grado de que me dolían pero en lugar de detenerme el dolor de mis huevos me enardecía todavía más y le metía la verga sin compasión haciéndolo gemir sin la menor inhibición mientras le daba tremendas nalgadotas, la cama crujía como si en cualquier momento fuera a romperse (eso me pasó en otra ocasión, pero es otra historia que ya luego contaré) y yo juraba y perjuraba que por el escándalo que teníamos no tardarían en llamarnos de la recepción diciendo que nos pondrían de patitas en la calle por indecentes o algo por el estilo. Me vine a chorros y seguí eyaculando cuando le saqué la verga, así que todavía pude regar sus nalgas con una buena cantidad de semen. Caímos rendidos, respirando agitadamente, riendo, con el cabello empapado de sudor mientras le untaba mi semen como si fuera crema en sus nalgas y lo que alcanzaba de la espalda.

    Pero no dejamos de besarnos, de acariciarnos, de mordernos, de desearnos. Acabé recostado sobre su cuerpo y no iba a desperdiciar un sólo momento, así que aprovechando la maravillosa sensación que da la caliente piel sudada, acariciaba su cuerpo con el mío, sintiendo su verga bien parada atrapada entre nuestros cuerpos, besándolo y mordiendo sus labios sin descanso. Lo monté a horcajadas, su pene quedó deslizándose entre mi escroto y mi perineo mientras sus manos me sujetaban por la cintura y mi verga lo desafiaba una vez más. En otras palabras más sabrosas: su verga acariciaba ansiosamente mis huevos y antojaba mi culo mientras él me marcaba el ritmo y no dejaba de verme la verga. Tomé nuestras vergas y las comencé a masturbar juntas. Él cerraba los ojos y respiraba profundamente, gozando lo que hacíamos. Y no aguantó mucho tiempo, de un empellón me acostó y se puso encima de mi, abriéndome las piernas y picándome el culo con su verga mientras lo besaba apasionadamente y mis manos lo agarraban de las nalgas para provocarlo más. Ahora fui yo quien se liberó de su abrazo y me puse en cuatro lo más puta que pude para que entendiera que quería que me cogiera sin piedad. No se lo dije dos veces, se puso un condón, echó mano del lubricante y penetró lentamente pero de una sola estocada. Gemí como perra en brama. Cógeme, cógeme duro, papi. Jálame del cabello, eso, así, más duro, papi. Dame de nalgadas. Más duro, no temas. Apriétame los huevos, así. Cógeme, méteme tu verga duro, duro, duro. Dime que soy tu puta, soy tu puta, dime que soy tu puta, mira cómo goza tu puta con tu verga de macho en brama, cógeme, cabrón, más duro, cógeme como a una puta, me encanta sentirte en las nalgas, adoro cómo me coges, más, más, más, dame duro, soy tu puta…

    Se vino en medio de jadeos y gruñidos mientras me enterraba la verga hasta el fondo, me jalaba el cabello y me decía como desesperado que era su pinche puta, sentí cómo su verga palpitaba el eyacular y cómo todo su cuerpo se tensaba. Las sábanas estaban completamente empapadas de sudor y semen. Entre besos nos fuimos a la regadera. Allí se le volvió a parar la verga y yo, al sentirla en mis nalgas, me empiné para que me acariciara con su verga bien parada (¿no se les antoja, morbosos lectores, una verga en medio de las nalgas?, ¿no es ésa una de las tantas razones por las que andan leyendo éstos exquisitos pecados?). Una vez más y con gusto infinito me puse de rodillas frente a él y bajo el chorro del agua para mamarle la verga. Puse una cara de puta que lo calentó todavía más y me tomó del cabello obligándome a tragar verga hasta la empuñadura. Agarraba duro sus huevos, amasaba sus nalgas y metía un dedo en su culo. Lo hice con tanta intensidad que tardó poco en venirse, sentí las contracciones de su pelvis al tiempo que sus huevos escapaban de mi mano y su culo apretaba mis dedos, llenándome la boca de semen que saboreé con infinito placer. Cuando nos dimos cuenta eran las dos de la mañana. Debí quedarme. No lo hice. Me dio su número de teléfono y nos prometimos un después que los dos, en la estupidez de ésos veintitantos años que teníamos, sabíamos que nunca sucedería. Le di un beso largo, eterno, voluptuoso, mamé su verga una vez más y me fui sin mirar atrás.

    Afuera estaba cayendo un aguacero torrencial que no tenía para cuándo. No me importó, acababa de tener una de las mejores cogidas de mi vida hasta ese momento y sentía que podía con lo que fuera, así que luego de gozar del sudor y el semen de éste machazo, salí a disfrutar de la bendita lluvia de mi ciudad. Al llegar a casa encontré tres recados de una supuesta novia que tenía entonces, los tres recados eran uno más enojado que anterior. Lo que pasaría con esa novia es digno de contar en otra ocasión.

  • Con mi mejor amiga en su casa (parte 1)

    Con mi mejor amiga en su casa (parte 1)

    Llegué a la capital y solo quería verla, esperé y conté los días,  hasta que me invitó a su casa al cumpleaños de su papá, recuerdo que me alisté desde muy temprano, estaba un poco nervioso porque no quería quedar mal delante de toda su familia o conocidos.

    Todo transcurría muy normal, empezamos a tomar, bailar, tomar, mezclar cerveza y pisco hasta que nos mareamos, la estábamos pasando muy chévere, empezamos a reírnos, bailábamos y conversábamos de nosotros.

    Ya era tarde y la casa donde me estaba quedando estaba lejos así que su mama me pidió que me quedara en su casa a dormir y ahí ocurrió todo…

    Dada mas de las 3 am ya nos alistábamos para dormir cuando aproveche en ir al baño justo cuando salía me la encontré en la puerta y aproveche de la nada en darle un beso con lengua, nos besamos muy apasionadamente(ella también lo quería) fue un beso de 30 segundos mas o menos hasta que nos separamos y mordiéndose el labio inferior me mando al cuarto donde me habían asignado en el primer piso.

    No pasaron ni 10 minutos hasta que sentí que alguien bajaba del segundo piso, era ella con su blusa ploma con detalles pero sin pantalón y en bragas, me saco de la habitación y nos dirigimos hacia la sala, hace unos minutos estábamos bailando en ella y en esos momentos empezamos a manosearnos y besarnos con mucha intensidad, las poses no recuerdo exactamente cuantas hicimos, caímos en la provocación del alcohol, ese momento exacto en donde dices a la mierda todo…

    Eso fue, gemidos se escuchaban por toda la sala, ella encima de mi se movía una y otra vez, ahhh dame, besaba sus pechos perfectos, los cogia y mas los apretaba, ella me escuchaba gemir, siempre me a gustado hacer eso da mucho mas placer, sentí saborear hasta su leche que le salía por los pechos en ese tiempo, me besaba y la besaba con mucha pasión hasta que ya quería venirme y la puse en 4.

    La vista perfecta cuando se pone en 4 y me mira a los ojos, se sonríe y me pide mas pene, le di muchas bombeadas antes de expulsar mi esperma caliente, quería disfrutarlo, mi pene ahogado en esa vagina que lo único que hacía era seguir chorreando y humedeciéndola mas y mas, puse mi dedo pulgar en su ano y mas se movía, le encantaba eso, lo disfruto a mil por hora… hasta que le termine dentro de ella, lo hice sin miedo porque estaba en sus días no fértiles… una vez acabado ese espectacular encuentro nos besamos y ella se fue a su cuarto.

    Ese fue el primer día y momento que lo hicimos en su casa, borrachos y llenos de mucha lujuria, son momentos que siempre quedaran en mi mente.

  • Sexo en el templo

    Sexo en el templo

    Hola soy Ishtar, la típica cristiana que tiene su matrimonio en el seno de una familia evangélica, mi esposo y yo, acudimos y colaboramos en la iglesia evangélica a la que pertenecemos, sin embargo, no tenemos problema en asistir a una Iglesia Católica. Por lo que constantemente, acudimos a retiros espirituales. El pastor de nuestra congregación organizo un retiro, el sábado 18 de febrero del 2023, vendrían pastores y feligreses de diferentes templos. La cita era a las 8 pm y la salida hasta el día siguiente en la mañana, decidieron dividirnos en grupos mixtos y con diferentes feligreses, con ninguno del mismo templo. Tres lideres pastorales, eran los que organizaban todo, uno de ellos, era el pastor Ismael, de Guadalajara, alto, muy guapo, marcado, moreno claro, aproximadamente de unos 35 años.

    Una vez divididos los grupos me despedí de mi esposo, cada grupo iría a un cuarto para llevar diferentes actividades, antes de ir al lugar asignado el pastor Ismael, me pidió que lo acompañara al salón principal para recoger unos materiales. Yo acudí con un vestido leopardo, hombros descubiertos, medias color carne, tanga negra, tacones negros, me encantaba ir muy sensual al templo, lo que me ha traído problemas con las mujeres de mi congregación, pero me tiene sin cuidado. Llegamos al vestíbulo, me quede unos minutos en silencio observando al pastor, de pronto nuestras miradas se cruzaron y tardo unos minutos hasta que preguntó mi nombre. ¿Cómo se llama hermana? -Verónica respondí- Él dijo, yo soy Ismael, mientras me miraba, sentí un pequeño suspiro en su respiración y me dijo, -eres una mujer extremadamente guapa- Sonrojada alcance a darle las gracias.

    Se acercó a mí, apoyo su mano en mi cintura y me dio un beso suave, me lo dio en la comisura de mis labios, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, en ese momento me quede un poco paralizada. Estaba entre sorprendida, asustada, y algo excitada, mi cuerpo me pedía sexo, pero mi cabeza me decía que no, porque a unos cientos de metros estaban los feligreses y mi marido, pero la lujuria me poseía. Ismael, empezó a bajar su mano hacia mis piernas, para volver a subir lentamente mientras levantaba mi minivestido. -Verónica: desde que te vi me gustaste, deseo estar contigo, me atraes mucho, me encanta tu cuerpo. -Le dije no pastor, esto ha llegado bastante lejos, hasta aquí por favor. -El muy cínico dijo: Pues esto no dice lo mismo, parece que estás bastante mojadita por aquí abajo. Me estaba dedeando, lo que me hizo gemir.

    Estaba pasando sus manos por encima de mis bragas, yo estaba mojadísima, empezó a besarme el cuello, sus manos apretaban mi trasero y yo me sentía hipnotizada dejando que el pastor se apoderara de mi cuerpo, en ese momento me dio la vuelta, puse mis manos sobre el altar, él apretó fuertemente su cuerpo al mío, él pasaba sus manos por toda mi cintura y mis tetas. ¡Ohhh que buena estás, joder! Dios como me pones. Decía mientras me besaba el cuello y el lóbulo de la oreja, sus manos no permanecían quietas, yo que no podía mover los brazos, me estremecía con los mordiscos que me daba en el cuello, echaba el culo hacia atrás, a la vez que inclinaba el cuerpo hacia delante, aquella tortura me hacía estremecer de gusto, notaba lo hinchada que tenía la verga, cada vez que echaba mi culo hacia atrás, yo ya estaba con una calentura y una tremenda excitación, sentía mis pezones duros, el muy cabrón viendo cómo me estremecía de gusto cada vez que me mordía el cuello, no dejó ni un momento de hacerlo, veía que aquello me hacía estremecer y gemir, retorciéndome de gusto, por lo que no tenía intención de parar, con mi culo pegado a su entrepierna.

    Ismael: Qué hermoso cuerpo, zorra. Te voy a castigar por lujuriosa. Mientras él jugaba con mi cuerpo yo seguía mojando mi entrepierna, Ismael se arrodilló ante mí, levanto mi mini vestido, hasta la cintura, dejando su cara frente a mis bragas, me las bajo y quedó completamente descubierta mi vagina -Ismael: desde que te vi, te quería coger tu coño y ano -Yo: Pues cómetelo, es todo tuyo. No podía creer que, en un retiro espiritual, estuviera con el pastor en la intimidad, estaba muy caliente y era esa calentura la que me hacía olvidarme de todo. Al sentir su lengua en mi coño, hizo me excitará mucho más, Su lengua subía y bajaba, mi clítoris ardiendo, me recosté sobre la mesa de ministración, y comencé a disfrutar de aquella comida de vagina, me sentía tan puta teniendo al pastor en mi entrepierna, empecé a sentir como Ismael introducía un dedo dentro de mi coño. -aaaa que rico amor, sigue- luego dos dedos, posteriormente tres.

    Empecé a morder mis labios, mientras él seguía metiendo y sacando sus dedos de mi coño como si de una mi verga se tratara, posteriormente me besaba mi vagina, al cabo de unos minutos de estar disfrutando de aquella lengua en mi vagina, Ismael se levantó y quedamos enfrente uno del otro, nos miramos fijamente a los ojos, él con sus dedos mojados de mis flujos empezó a acariciar mis labios, me metió uno de sus dedos en mi boca y se lo empecé a chupar, le empecé a quitar su camisa, me saqué su dedo de mi boca y comencé a besar su pecho a pegar pequeños mordiscos a sus pezones, él seguía sobando mi culo, yo estaba perdida, entregada y unas ganas de sexo enormes, no podía detener este deseo, le desabroché su cinturón y le quité sus pantalones, el bóxer le iba a reventar con aquella verga dentro, el pastor hizo un poco de fuerza en mis hombros indicándome que me arrodillarla, me hinque de rodilla, le baje los boxes y quedo aquel trozo de carne delante de mi cara, wow, era muy cabezón, gordo y largo. En una palabra, era enorme.

    -Ismael: ¿Te gusta lo que ves? – Yo que miraba sus ojos cuando él me hablaba, moví la cabeza diciéndole que sí. -Ismael: Vamos ramera quiero que tomes mi verga y la acaricies. Tome aquella verga como me ordeno con mis manos, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Estaba dura muy dura, la empecé a acariciar, notando lo caliente que estaba. Y posteriormente le di un beso en el glande, después metí la cabeza del pene, y sacaba, lo hice varias veces, y mas adelante, introduje todo ese enorme miembro en mi boca, aunque sentía ahogarme, -Ismael: ¡Ohhh que bien la chupas! ¡ooohhh! Así, así, trágala toda, trágala toda, ¡ooohhh!, no me equivocaba contigo sabía que eras una auténtica zorra que le gustan follarse a los amigos de su marido. Que rica puta eres. Decidí morderle el tronco, y bajar a los testículos, mordiéndolos suavemente, comiéndomelos todo, mientras con mi mano masturbaba su miembro y el me peinaba.

    Después de varios minutos, me puse de pie, el se recostó en una banca del templo, y me invito a que lo montara, empecé a introducir ese miembro, mientras gemia –aaa mi amor- que rico, lentamente me la introdujo, sentía como me abría mi coño, como esa enorme y gorda verga me partía, yo gritaba y gritaba que me follara más duro, aaay… ahhhh gemía, mientras poco a poco iba metiendo más y más. -Ismael: ¿Te gusta cómo te follo verdad? ¿El cornudo nunca te ha follado así verdad? -que rica verga tienes mi amor- me comenzaba a dar de sentones una y otra vez, mientras sus manos acariciaban mis nalgas e introducía sus dedos en mi ano, nos besábamos, mordíamos nuestros labios, sonó el reloj del templo indicando que era media noche -le dije no vendrán a interrumpirnos- el muy cínico, dijo no ya le avisé a mis colegas que no vengan, siempre cuando cogemos con alguna feligrés nos avisamos.

    Posteriormente, el Pastor, me cambio de posición y se echaba sobre de mí; me dejaba caer todo el peso de su cuerpo, y empujaba para metérmela más, para partirme en pedazos: ¡lo sentía delicioso! Me levantaba las piernas, me las separaba, con fuerza, hasta causarme dolor, ¡delicioso!, y luego se acomodaba y me la dejaba ir, hasta el fondo, con fuerza, con saña, con mucho ardor y placer. Me sacaba su verga; la frotaba en contra de mi clítoris, me la paseaba por encima de mis labios vaginales, los recorría sin meterla y luego, de repente, ¡me la clavaba de nuevo! ¡Qué verga!, ¡que rica manera de coger! ¡Lo disfrutaba, mientras me mordía los labios! Sentí, en mi vagina un poco de semen, pero el seguía, le dije cambiemos de posición, pero dijo no aun no, y me besaba y echaba sus fuerzas, por lo que con mis largas piernas lo enredé de la cintura, aprete fuerte mis muslos, para asfixiar a su miembro, lo que lo hizo gritar de placer. Le dije aun no te vengas, por lo que nos levantamos, y me hinqué y empecé a jugar con su pene, al cual ya le escurría un poco semen, pero su miembro mantenía el vigor.

    Así continuamos varios minutos, después me dijo, vuélveme a cabalgar pero en esta ocasión en posición inversa, esta vez mis largas piernas ayudadas por mis tacones tocaban el suelo -zaz, zas- sonaba duro nuestras carnes chocaban muy rico, mientras me mordía mi espalda, yo comencé a realizar giros, para hacer mas placentero el acto sexual y lo logre -maldita puta que rico te mueves- me vas hacer venir y todavía no quiero, -yo solamente sonreía- el llevo sus manos a mis muslos y los comenzó a masajear, lo que hacia rico el momento, después me empujaba para que me clavara mas duro su verga, levántate perra, -pero le dije no, yo mando ahora- y volví hacer giros alternados con sentones duros –aaaa que rico- me estaba castigando pero me encantaba, nuestros cuerpos llenos de sudor, la saliva le escurría por el deseo, -y llego mi primer orgasmo, aaa delicioso, mis fluidos salían y mojaban a mi amante -que rica puta, ya te viniste- después comencé a orinar -desgraciada meretriz-

    Nos pusimos de pie, estábamos mojados, me dijo ponte en cuatro maldita puta, quiero destrozar tu ano, por lo tanto, comenzó a clavármela toda de un solo golpe, para después sacarla y de nuevo clavármela entera, sentía que era enorme me pellizcaba las tetas, con su mano me azotaba en el culo y me sentía como una zorra, los empujones me hacían sentir un dolor como que me fuese a partir en dos, pero al mismo tiempo me provocaban un placer inmenso, era tanto mi placer que empecé a gemir y a pedirles que me la metiera toda sin piedad. -Yo: ¡Así, así, más, métemela más, métemela toda hasta el fondo, párteme siii siii joder, destrózame, toda, todaaa, así, así, ah, ah, aaah! Penétrame fuerte, no pares, Dios mío, esto es la gloria, mientras mi ano sucumbía ante esa gran verga, él me tomaba de mi cintura, para castigarme duro, que yo me ensartar con ese pene, era muy duro pero delicioso, mi amor quiébrame, desgárrame amor, sacaba su miembro, lo masturbaba y me la metía de un solo golpe, esta acción la hizo varias veces.

    Me soltó, y agarro un mantel lo puso en el suelo se recostó, y me dijo móntame, así lo hice, y me penetro analmente, en la posición de vaquero. Me estaba dando tremendos sentones en ese miembro, me puse en cuclillas, lo que fue un delirio, la altura de mis tacones hacia mas rico el momento, mientras hacia los clásicos sentones, Ismael, llevaba sus manos a mi vagina para dedearla. -Mamacita que ano más rico, tienes- como el piso era frio, se puso de pie, mientras me cargaba y me penetraba, -aaa que rico- hizo mas placentera la penetración, cuando paso mis largas piernas, a sus hombros, era una especie de columpio -su pene reventaba mi ano- estábamos entregados al placer, de mi ano salían fluidos, que se juntaban con los de su pene, sentía un poco de semen, el Pastor, aprovechaba para besarme los senos, cuello y en la boca. Después me giro y quede suspendida en el aire, solamente anclada a esa verga, y nuevamente dándome sentones muy ricos, tenia mucha fuerza en aquellos brazos, pues no se cansaba de cargarme y que decir de su rica verga, muy dura.

    Después me bajo, nos empezamos a besar, mientras yo le jalaba su pene, el me dedeaba, así continuamos por varios minutos, y por fin me quito el vestido, quedándome solamente con las medias y tacones, me recostó en la mesa del templo, y empezó a penetrar vaginalmente, en la clásica posición de misionero, yo lo abrazaba con mis piernas, intentando empujarlo para que se recargara en mi y que su miembro me penetrara más fuerte y hasta lo mas profundo de mi vagina, sacaba su miembro lo frotaba contra mi clítoris y volvía a penetrar, luego lo sacaba, lo masturbaba y lo volvía meter, este ritual lo hizo varias, veces, le escupía a mi vagina y a su cabeza, para que entrara más fácil, asi continuamos varios momentos, hasta que me dijo voy a venirme, y sentí como una carga caliente de semen inundaba mi vagina, nos quedamos por un momento pegados como animales, mientras la leche, entraba en mi vagina, -dijo te la dejo adentro, porque como dice el señor, el semen es sagrado, debe depositarse solamente en la vagina- yo sonreí y lo bese.

    Se desprendió de mí, y dijo vamos a besarnos mientras me recupero para otro round, estábamos fajando en el altar principal, aunque era de madrugada y el templo grande, hacia mucho frio, pero el calor de nuestros cuerpos, nos mantenía calientes, me acostó en la mesa principal, y él se subió y me mordía los pezones –aaa despacio—después me puso sus testículos para que los mordiera, y me orino, aaaa ya quería hacer del baño, -cabron casi me ahogas, no ves que estoy acostada- empezó a meter sus dedos en mi vagina, y después con sus manos la abría, jugaba con ella. Le escupía, y empezó a hacerme un rico oral, mordía ligeramente mis labios vaginales –aaa sigue asi Ismael.

    Su miembro ya estaba más que erecto, sus venas a punto de reventar, le di unos besos, y estando los dos sobre la mesa, nos pusimos en una posición de mecedora, me penetraba muy rico, el ritmo, era despacio muy delicioso, después nos juntamos me abrazo mientras su miembro seguía castigándome, la mesa era incomoda, por lo que nos pusimos de pie, y así me empezó a penetrar, -exquisito mi amor- con sus manos apretaba mis piernas, para que mi vagina ahogara su miembro grande, a lo lejos se escuchaba las oraciones de los feligreses, mientras en el templo se escuchaban puros gemidos, y el choque de dos cuerpos entregados a la completa lujuria.

    Posteriormente, me volteo, y me penetro, yo arqueaba la espalda, para ayudar a que la embestida fuera menos dolorosa, mi ano ardía, de dolor y placer, me daba muy duro, me tomaba de mis senos y empujaba para que su miembro me entrara, castigaba muy rico mi ano, nuestros cuerpos chocaban muy rico, mientras su pedazo de carne entraba de una manera fenomenal en mi ano. Mi pastor, me estaba sodomizando, y yo lo disfrutaba como una hembra en celo, posteriormente me tomo de la cintura, puso mis manos en su cuello y por enésima vez en la noche me cargo, que rico era cabalgar ese miembro -aaa, duele, pero me gusta, sigue asi mi amor- -claro que si puta- me daba sentones en ese miembro, que me destruía analmente, hubo un momento en que solamente quede ensartada, y el me mordía muy rico la espalda, ya estaba amaneciendo, salía el sol y nuestros cuerpos bañados en sudor, líquidos, era una escena de lujuria extrema. Me estaban dando tremenda cogida en el templo. Mis plegarias ya no eran de fe, sino de lujuria -oh Dios Mio, que rico-

    Inmediatamente, se colocó encima de mí, me abrió las piernas e introdujo en mi vagina su poderoso instrumento, aggg, grité desesperadamente, mientras que le colocaba mis piernas en su espalda, ofreciéndole mi sexo abierto, y grité – que rico. Ya no media la fuerza de mis gritos, por lo que imagino que se llegaban a escuchar a fuera del templo, pero debido a que los grupos estaban en oración, no los percibia, Sentía un infinito placer que me llegaba a cada parte de mi cuerpo. Mi vagina se llenaba de un pene tan increíblemente delicioso. La sensación de placer me producía la necesidad de curvar mi espalda, de mover para adelante y para atrás mis caderas, para hacer que el pene de Ismael, se me metiera más profundamente en mi vagina y saliera, solo para arremeter en la siguiente introducción. Con mis manos me sostenía mis tetas para que no se movieran tanto durante la tremenda follada que estaba gozando.

    Posteriormente nos pusimos de pie, me acaricio mi vagina y le respondí con un beso en la boca. Para después ponerme en cuatro patas, él se acercó, sosteniendo mis piernas con ambas manos, escupió una cantidad considerable de saliva en mi agujero trasero, puso la cabeza de su verga justo en la entrada y sin previo aviso me la ensartó toda, hasta los huevos. – Ay, pegué un alarido que se debió haber escuchado en todo el templo-. Si bien mi ano estaba acostumbrado a recibir grandes cogidas, me dolió pero lo goce, al metérmele de una forma brutal, de un solo golpe me hizo retorcer de dolor, fue como si me hubiera enterrado una daga al rojo vivo, sentí morir, era un dolor terrible, forcejeé, manoteé, empujé su pecho con todas mis fuerzas, movía mi cuerpo, intentando hacerlo menos doloroso, pero lo único que conseguía era mover su verga en mi interior, intenté patalear, y lo que lograba era apretar su verga en mi interior, gritaba, ¡me dijo eso fue porque eres una ramera, tengo que castigarte!

    Así continuamos por un momento, me ensartaba su pene en mi ano sin piedad, hasta que sintió venirse, se separó de mí, iba a limpiar su verga, pero no lo deje, lo comencé a masturbar, despacio y luego muy rápido, por lo que lo hice venir –aaa que rico puta- una buena cantidad de leche inundo mi cara hermosa, -que rico- terminamos, y con unas toallas del baño, nos limpiamos el sudor y los líquidos que había en nuestros cuerpos. Al llegar las 8 am, todos los feligreses nos reunimos, y mi Pastor Ismael, hablaba del adulterio y como evitarlo, mientras me veía disimuladamente. Que rica experiencia coger en el templo. Mi cornudo digo esposo, creyó que pasé la noche en rezo, pero fui cogida por el Pastor.

  • Mi arrendataria

    Mi arrendataria

    Hace unos días mi esposa estaba realizando visitas a algunas empresas donde la institución donde trabajamos tiene convenios educativos,  dentro de su recorrido se encontró con Doña Magaly, ella es la señora dueña del apart-estudio donde yo arrendaba mientras trabajé en el año 2010 en un municipio al sur de mi departamento, allí viví por 6 meses, mi señora me acompaño por unos 4 meses en esa etapa, Doña Magaly es viuda, una señora súper amable, colaboradora.

    Vivía sola y por eso dividió su casa en 3 partes para tener una entrada económica, a simple vista era una señora normal físicamente, creo yo que para esa época debería de haber tenido ella unos 48 años, la verdad nunca le preste atención a su físico, tal vez por la forma en que vestía que era muy recata, siempre con ropa suelta y holgada.

    Hasta que en una ocasión tuve que viajar a la capital con mis aprendices en un día de semana y debía regresar el día sábado muy temprano a realizar una presentación con ellos en el municipio para una actividad cultural, mi esposa no pudo regresar conmigo así que volví solo, al llegar a mi destino note que no tenía las llaves de mi domicilio, así que debía pedir la copia a Doña Magaly, creo yo que eran las 8 am, subí al segundo piso de la casa para pedir el favor y vi la puerta entreabierta y se escuchaba música, de todas maneras golpee, pero nadie me respondió, abrí la puerta y llame, pero nada, así que me atreví a entrar, escuche una voz en el patio de la casa y me dirigí hasta allá, me encontré a Doña Magaly lavando el trapeador, pero lo que me impacto fue ver como esta vestida, tenía un short corto que dejaba ver sus gruesas piernas y sus nalgas y una blusa que deja ver que no llevaba sostén.

    Buenos días dije, Doña Magaly dio un salto del susto, profe, me asusto dijo, que pena Doña Magaly, pero nadie respondía y me atreví a entrar, mi profe es que con esa música no escucho nada, y usted me encuentra en estas fachas me dijo, que pena, no señora tranquila, para mí no son fachas, le dije de forma picara, ella solo sonrió, y tomo una toalla del tendedero y se la puso sobre sus hombros tapando sus senos, le conté que no tenía llaves y le pedí el favor de que me facilitara la copia, yo no dejaba de ver sus piernas y su cola, a ella eso parecía no molestarle, me entrego las llaves y yo salí hacia mi apart-estudio, ella se paró detrás de la puerta y yo la voltee a ver y le dije: “no se tape, igual ya la vi”, ella sonrió y dijo: “ay no, profe que pena”, yo reí y me fui, me arregle para ir al evento.

    Al salir me encontré a Doña Magaly quien también iba hacia la actividad, nos fuimos caminando, hablando de cosas, ella pregunto por mi esposa, le conté que ella tenía algunos asuntos familiares y no había podido acompañarme, ella sonrió y me dijo: “hoy puede pedir domicilio a las comidas rápidas de doña Fanny”(Doña Fanny era una madura con la que me acostaba también de vez en cuando), yo la voltee a ver con cara de asombro y solté a reír, ay Doña Magaly, pero no se le pasa ninguna, le dije, ella también rio y me dijo: “como se me va a pasar si la señora no deja dormir cuando se va a quedar con usted”, seguí riendo al escuchar esas palabras, no me diga que arriba se escucha todo, le dije, si señor me dijo, se escucha clarito como gimen su novia, la chica del colegio y doña Fanny, me comento ella con mucha picardía, nunca pensé tener una conversación de esos temas con ella, siempre la vi con otros ojos, pero ese día cambio mi perspectiva de ella, primero por verla en esa ropa y también por escucharla hablar de esa forma tan abierta.

    Llegamos al evento y todo transcurrió de la mejor manera, mis estudiantes presentaron sus actos y aprovechamos una vez terminada la actividad para beber unas cervezas los organizadores nos invitaron, no toda la gente se fue del lugar por lo que se colocó música y empezamos a bailar, para mi sorpresa Dona Magaly también se había quedado, se acercó al grupo donde estaba yo, de inmediato la invite a sentarse y le destape una cerveza, ella se sentó sin ningún problema, éramos un grupo de unas 20 personas, entre mis estudiantes y amigos de futbol de ese pueblo, estábamos contando anécdotas y bailando, había 2 grupos más que hacían lo mismo, baile con Doña Magaly varias veces y cada vez la apretaba más, ella estaba muy contenta escuchando lo que hablábamos.

    Ya eran casi las 4 pm y uno de los presentes nos propuso irnos a un estadero donde podíamos seguir bailando y hablando, además de poder comer algo, Doña Magaly dijo que no iba y yo la tome de la mano y la subí al carro donde yo me iba a ir, llegamos y pedimos comida y licor, seguimos bailando y hablando, ya eran las 8 pm y Doña Magaly me pidió que nos fuéramos, ella estaba bastante tomada y se sentía mal, pedimos un taxi y nos despedimos, rumbo a la casa ella se recostó en mí, pensé que estaba maluca y le pregunte si se sentía bien, ella miro al conductor, al ver que estaba concentrado en la carretera me beso apasionadamente, no me pasa nada, tranquilo profe, yo solo me reí y no le dije nada.

    Una vez llegamos a la casa Doña Magaly me dijo: ¿entramos a su apartamento o al mío?, al suyo le dije y subimos las escaleras, entramos y ella de inmediato me beso y yo aproveche para pasar mis manos por todo su cuerpo, jugamos con nuestras lenguas y yo besaba su cuello y la tomaba de las nalgas para apretarla y para que sintiera mi verga, yo llevaba una sudadera y ella un pantalón de tela, por lo que sentía como se unían nuestras pelvis, ella respiraba fuerte y acariciaba mi espalda con sus manos, la desnude y así pude tocar sus tetas y su clítoris, vamos al cuarto me dijo.

    En medio de la oscuridad me llevo de la mano hasta su habitación, entramos y me pidió que no encendiera la luz, le dije que siempre me gustaba ver a la mujer con quien iba a hacer el amor, ella me dijo que le daba pena, que hacía mucho no estaba con alguien y menos menor que ella, la tome de la mano y la acerque a mí para besarla y empezarle a decir: usted está muy linda Doña Magaly, tiene unos senos muy bonitos, mire estas nalgas de grandes y estas piernotas, ay no profe, no me diga esas cosas, me dijo, encendí la luz y empecé a besarla y a acariciar tiernamente sus senos, pase a sus nalgas y por ultimo a su vagina, ella no abría sus ojos, note que estaba bastante excitada por la humedad de su vagina y sus pezones parados, la acosté en la cama y le hice sexo oral, la señora gemía como loca, no soltaba mi cabeza y me pedía que no parara, sentí como tenía un orgasmo y como su cuerpo se estremecía, no deje de jugar con mi boca en su vagina, empecé a meter mis dedos dentro de ella y vi cómo Doña Magaly se tapaba la cara con sus manos, no dejaba de gemir y movía su cadera al ritmo de mis dedos, comencé a acariciar su clítoris con mi otra mano y eso la hizo estremecer más, se quitó las manos de la cara para acariciar mi cabeza y me dijo: “nunca había sentido tan rico, me voy a venir de nuevo profe, me va a volver loca”, la hice venir de nuevo y vi cómo se retorcía de placer.

    Me puse de pie y me quité la ropa, ella se sentó en la cama y empezó a pajearme, de razón la bulla de esas mujeres, lo tiene muy grueso y cabezón profe, me dijo, la tomé por la cabeza y ella entendió que debía mamármelo, la verdad no era muy hábil para eso, pero lo hacía con gusto, le costaba trabajo tragarse solo la mitad, me la chupo por unos 10 minutos y le pedí que se pusiera de pie, la hice que subiera un pie a la cama y en esa posición la penetre, ella estaba muy mojada por lo que no tuve ningún problema, nos besábamos apasionadamente y yo poco a poco fui aumentando el ritmo y la profundidad y los gemidos de ella fueron apareciendo, yo le daba cada vez más duro y ella ya casi gritaba.

    La puse en cuatro al borde de la cama y así pude penetrarla más profundo y más rápido, sus gemidos eran muy fuertes y ella apretaba sus ojos y mordía sus labios del placer que estaba sintiendo, busque con mi mano su clítoris y eso la hizo explotar, metió su cabeza entre sus brazos y apretaba la cobija, me voy a venir empezó a decir, yo aumente las penetraciones y ella sus gemidos, no pare profe, no profe por favor, ya me voy a venir, y entre jadeos se vino, no deje de penetrarla y ella me volteo a mirar y me dijo: ¿y usted no se piensa venir?, tranquila, por ahora lo importante es que usted goce mamasota, le respondí.

    La coloque a borde de cama, le abrí las piernas al máximo y la penetre sin compasión, quería ver su cara cuando se la metía de un solo golpe hasta el fondo, como me esperaba su expresión fue de placer completo, le daba tan duro que nuestras pelvis sonaban cuando chocaban, me puse sus piernas en mis hombros y mis penetraciones fueron muy profundas, ella apretaba mis antebrazos con sus manos y gemía riquísimo, Doña Magaly usted está muy rica, que delicia tenerla así, poder disfrutarla por completo, le dije, ay profe, me encanta que le guste, quiero que me haga suya, que me haga lo que quiera, me respondió, me quiero venir en sus tetas Doña Magaly, le dije, donde usted quiera mi profe, me respondió.

    Escucharla hablar así a Doña Magaly me puso a mil, volví a abrir al máximo las piernas a mi arrendataria y apretaba sus tetas muy duro, me voy a venir le dije, le saque mi verga para ponerla en sus tetas, ella las junto y me dijo: “vengase mi profe, quiero ver y sentir su leche, que rico ver cómo se va a venir en mi”, y me vine bastante, mi semen voló hasta su cara y la mayoría quedo en sus tetas, ella me limpio la verga con su boca y se limpió con una toalla, yo me acosté en la cama y ella se tiró encima mío, nos besamos y ella me ofreció algo para tomar, estaba haciendo más calor que de costumbre y peor con la actividad en la que estábamos.

    Ella busco una camisa para colocarse y yo le dije que no se la pusiera, que quería verla desnuda en todo momento, que pena profe yo con estos gordos, me dijo, no señora usted es hermosa, ya quisieran todas tener esas piernas, esa cola y esas tetas, le respondí, salió sonriendo de la habitación rumbo a la cocina, regreso con 2 vasos de jugo, me paso uno y se sentó a mi lado, me pregunto si me había gustado lo que habíamos hecho, mucho, le respondí y le di un beso con lengua, ¿puedo ser grosero con usted?, le pregunte, si profe, fue su respuesta, usted picha muy rico Doña Magaly, nunca pensé que usted podría ser tan caliente, me voy la voy a gozar esta noche y cuando yo quiera de hoy en adelante, ay profe, me voy a creer sus palabras, me dijo.

    La acosté y la bese, me puse sobre ella y fui bajando dándole besos hasta sus tetas, que para su edad eran muy redondas y paradas, le lami y mordí los pezones, le apretaba duro esas tetas y ella gemía, metí mis manos en su entrepierna y le di dedo para lubricarla, ella abrió sus piernas y yo sin dejar de besar sus tetas seguí mi labor, ella resoplaba y apretaba mi cabeza contra sus pechos, saque mis manos de su entrepierna y busque su boca con la mía, ella busco con sus manos mi verga que estaba dura y la coloco en la entrada de su vagina, me la quiero comer toda de nuevo, me dijo, y de un solo golpe se la metí, ella dio un salto, soltó un gemido y apretó mis brazos, te la meto así o más duro, le dije, como quieras papi, métemela como quieras, me respondió y me dio un beso con lengua, le sacaba toda mi verga y se la metía de un solo golpe y la miraba a los ojos, ella me apretaba los brazos y decía: “que rico”, mira cómo te entra de fácil, le dije y ella miraba como yo la penetraba, me gusta profe, me gusta que me dé así, me decía, ella misma me empujaba las nalgas para que no parara, mis penetraciones ya eran cortas, rápidas y profundas, y los gemidos de mi amante madura eran muy ricos, me pedía que la besara, que no parara, le hice cerrar la piernas y así el roce fue mayor, a los pocos minutos se vino, yo no deje de penetrarla, la besaba y alababa su belleza, ella se movía muy rico siguiendo mis movimientos, vengase profe, vengase dentro de mí, quiero sentir su semen en mí, esas palabras fueron un detonante para mí y me vine bien adentro de ella, ella no dejaba de besarme y resoplaba, que rico profe, que delicia sentir como te viniste, me dijo, estábamos llenos de sudor, caí rendido a su lado, ella me miraba y secaba mi sudor, delicioso mi profe, me vine muy rico, me comento.

    Ella se fue al baño, yo me quede en la cama recuperándome, ella regreso y se acostó a mi lado, hablamos de algunas cosas y llegamos al tema de los amantes, me conto que ella había tenido pocos hombres, que le había sido infiel a su esposo con 2 hombres varias veces, y que después de que él falleció, se estuvo acostando con 4 más de manera regular, y que en la actualidad frecuentaba solo a 2, uno de ellos casado, esa conversación hizo que de nuevo se me parara el pene y ella al ver mi erección se subió y me cabalgo, lo hizo de una manera increíble, se notaba su experiencia, me cabalgo de frente un buen rato, luego me cabalgo dándome la espalda y termino cabalgándome en cuclillas, se vino y me preguntaba si me había gustado, le dije que sí, que me había encantado, ella seguía montándome, pero sus movimientos eran suaves, me besaba y me ponía sus lindas tetas en la boca, que quieres que te haga, me pregunto, le empecé a acariciar el ano con mi dedo corazón y le dije: “quiero este culito mami, quiero entrar por ahí”, me va a doler, pero quiero complacerte, por favor no me lastimes mucho, me dijo.

    Se acomodó boca abajo y yo empecé a empujar la cabeza de mi pene en su ano, yo le daba besos y de a poco mi cabeza fue abriéndose camino, ella apretaba las cobijas, yo no dejaba de darle besos buscando distraerla, pero el dolor era más fuerte, empezó a morder la almohada y a apretar sus nalgas, relájate, le dije, duele mucho, me respondió, metí mano debajo de su pelvis buscando su clítoris, lo acariciaba a medida que iba empujando mi verga, eso algo la relajo y pude introducir toda mi verga en su culo, la seguía besando su boca y acariciando su clítoris, sin moverme, con mi otra mano tocaba sus tetas, a los pocos minutos inicie con el vaivén, primero suave, una vez que ella se adaptó a mi verga, le di muy duro, ella tolero rápido mi pene en su culo y empezó a pedir que no parara y a seguir mis movimientos, yo me quede quieto y ella sola se lo metía, poco a poco la fui colocando en cuatro y así mi verga podía entrar más profundo, ella no gemía, gritaba, le dolía mucho pero estaba gozando, profe quiero que me llene de leche el culo, me está matando, acabe rápido por favor, no aguante más y me vine, ella salió corriendo al baño, y yo la seguí despacio, en su casa inodoro y ducha estaban separados, por lo que yo entre directo a la ducha, ella se me unió al rato, me dolió mucho, me dijo, yo la bese y acaricie tiernamente bajo el agua.

    Salimos al cuarto y dormimos mucho, me desperté yo primero a buscar mi celular, tuve tanta suerte que al encontrarlo estaba vibrando, mi esposa en ese entonces mi novia me estaba llamando para decirme que ya salía para la terminal de transporte, Doña Magaly estaba detrás mío y escucho, se asustó porque pensó que nos descubrirían, la calme diciéndole que teníamos 3 horas más, volvimos a la cama y en posición de misionero le volví a hacer el amor, ambos tuvimos orgasmos, ella se levantó a preparar desayuno, apenas acabamos le pedí que se duchara conmigo, ella accedió y en la ducha le pedí que me dejara hacerle de nuevo por atrás, no le gustó mucho la idea, pero se dejó, la verdad le hice más duro que la primera vez, salimos de la ducha, me vestí y me despedí con un beso muy apasionado.

    Baje a mi apartamento a esperar a mi novia, sentí que Doña Magaly salía de su casa, me quede dormido y me desperté al escuchar la voz de mi novia charlar con Doña Magaly, golpearon la puerta y abrí para que entrara mi novia, me saludo muy eufórica, me pregunto cosas y me conto lo que había pasado en la celebración familiar en la que había estado, me pregunto que, si estaba muy enguayabado y le respondí que sí, que quería dormir, ella me dijo que también estaba cansada y se acostó a mi lado.

    Con Doña Magaly me acosté unas 6 veces más en su casa, aprovechando siempre la ausencia de mi novia.

  • La puta de mi ex

    La puta de mi ex

    Soy Mónica después de un tiempo de ausencia me animé a escribir otra experiencia.

    En mi relato anterior les conté de Carlos y cuando fui su puta por primera vez, pues resulta que después de un tiempo y de muchas veces de sexo terminamos estableciendo un noviazgo que terminó muy mal, estuve deprimida por muchos meses y el al cabo de unos días ya andaba con la que hoy es su esposa.

    Todo esto para mí fue muy duro y por más que intentaba tener otras relaciones jamás tuve la sensación como con Carlos, hasta que una nueva coincidencia nos puso en el mismo trabajo.

    Seré directa así que omitiré más historia, hasta llegar al punto donde todos nos preguntaban el por qué nos veíamos con odio y cada quien contaba su versión, la de él era que yo era una puta que se cogia a todos y no quería nada más conmigo. En una ocasión olvidé mi celular en el trabajo y tuve que regresarme por él, al entrar me di cuenta que todos se habían ido menos Carlos y una chica de servicio social, a la cual tenía abierta de piernas en su escritorio y dándole como a mí me gustaba. En lugar de salir de ahí me dieron celos y fui a armarle un lío, para lo cual la chica salió corriendo de inmediato.

    Carlos después de todo solo se reía y eso me enfurecía más, el cabrón sabía que estaba celosa. Lo amenace con acusarlo pero él dijo que no le importaba ya que era amigo del jefe, pero que como yo tenía la culpa de que su amante se fuera tenía que terminarle el trabajo. Al principio lo rechace aunque en el fondo lo deseaba con todo mi ser, así que no dije nada y me arrodillé a chuparle la verga que sabía extraño por estar hace unos momentos en la vagina de aquella chica. No me importo y yo lo hice como la primera vez. Hasta que lo escuché decir:

    -Ahh se nota que sigues siendo mi puta, que rico lo haces.

    Yo saqué su verga de mi boca y le dije siempre seré tuya pero tú eres mío, y la volvía chupar aún con más ganas.

    -Eso es perra trágatela, ninguna otra lo hace como tú.

    -Ni tu esposa?, Ni tus amantes?

    -Cállate y date la vuelta que ya extrañaba este culito

    Me volteo con fuerza y comenzó a metérmelo justo como lo recordaba, yo cerraba los ojos y disfrute tanto ese momento. Después de un rato se sentó en su silla y me dijo que lo montará, yo obedecí cada indicación y terminamos juntos después de un buen rato, también volver a sentir su leche dentro de mi fue maravilloso.

    C: muy bien perrita de ahora en adelante tendrás que venir a darme esas nalgas cada que yo las quiera, pero la condición es que sigamos siendo esas personas que se odian, aceptas?

    Yo: claro que sí, no me perderé la oportunidad de tener tu verga otra vez.

    Y ese fue el inicio de muchas más infidelidades de él hacia su esposa y yo con mi novio el cual creo que comienza a sospechar.

  • A espaldas de mi novio

    A espaldas de mi novio

    Dos noches soñando con Gabriel, no podía parar de pensar en él, en sus besos y sus brazos levantándome.

    Pasaba el día conteniéndome, no podía escribirle, aunque mi novio y yo tenemos una relación abierta, él estaba prohibido, teníamos historia, y las reglas eras claras.

    Lo hablé con mi psicóloga, expuse mis deseos, todo parecía indicar que era una mala idea, pero algo cambió cuando llegué a casa.

    Eran las 9 de la noche, llegué una hora antes de lo esperado y mi novio ya tenía que estar en casa. Abrí la puerta y no había nadie. Abrí el chat para escribirle, pero pensé que algo no estaba bien… «estoy por entrar a sesión, vos?», Enseguida respondió «en casa, hoy te espero con sushi». Okey, estaba mintiéndome, ¿por qué? Eso me enfureció, decidí salir a caminar, el viento me iba a calmar. Abrí Instagram y ahí estaba, una foto de Gabriel, con su perfecto cuerpo, automáticamente me mojé al recordar el último sueño que tuve, en el que nos encontrábamos en un bar y cogíamos en el baño. No lo pensé demasiado, y le envié un wasap. La excusa fue planear el regalo para el babyshower de una amiga en común

    -Ey, ¿cómo va? ¿Ya pensaste qué regalarle a Azu? Tengo algo en mente, podríamos hacerlo entre los dos

    – Me gusta la idea, vos siempre tenés buenas ideas, así que acepto

    – jajaja, ni siquiera sabes en qué pensé. Podría ser un ser de cuchillo y tenedor

    – cualquier cosa va a estar buenísima si la llevas vos, me quedo tranquilo

    – yo me quedaría más tranquila si lo vemos juntos y lo encargamos

    – ¿mañana?

    – perfecto, después de las 18 h estoy libre

    – listo, podemos vernos en ese bar cerca de tu trabajo, el de los sillones cómodos

    – jajaja, gran lugar para planear el regalo para un bebé

    – puedo invitarte directamente a mi casa, pero no creo que a tu novio le guste mucho la idea

    – nos vemos mañana

    Llegué a mi casa con tantas ganas de coger que se me olvidó totalmente la mentira de mi novio, sostuve que salí a las 10 de la psicóloga, cenamos y dormimos, no podía esperar a soñar con lo que pasaría al día siguiente.

    Finalmente llegó la hora de salida, me fui al baño del fondo, a dónde no va nadie, me puse un body, pollera corta color beige, botas negras altas, por encima de las rodillas y una blusa blanca, llena de botones por delante, algunos desabrochados para que se vean un poco mis tetas. Mi novio sabía que tenía una cita, aunque, cómo las reglas indicaban, en teoría era un desconocido.

    Llegué al bar, él ya estaba sentado tomando algo, no me pude controlar y aceleré el paso, casi que trotaba, me senté en el sillón y lo abracé por el cuello. No nos veíamos hacía mucho, la última vez estábamos desnudos en su casa, creo que 2 años atrás. Se veía aún más lindo que esa vez, quería tenerlo adentro mío, pero ya.

    Me pedí un trago, hablamos un poco, y le confesé que hacía algunas noches soñaba con él y su hermoso pene, que no podía dejar de pensar en su lengua recorriendo mis tetas. Mientras le decía esto, note que su verga se ponía dura, me miró, y con su mano en mi mejilla, sugirió que nos fuéramos de ahí.

    Subimos a mi auto y empezamos a besarnos, ay como extrañaba estos besos. No quiero parecer ingrata, los besos de mi novio son muy lindos, pero Gabriel es el mejor en esto, sabe cómo moverlos, y le encanta mi saliva, tanto como a mi la de él. Me agarraba de la cintura, haciendo fuerza contra él, cada vez más, y mi concha estaba totalmente mojada.

    – Arrancá si no querés que te coja acá.

    Nos fuimos al hotel más cercano, la habitación estaba en el primer piso, justo arriba del estacionamiento. Bajamos del auto, y ahí mismo me puso contra el baúl, levantó mi pollera y empezó a tocarme, cuando sus dedos estaban lo suficientemente mojados, los puso en su boca y chupó, todo mientras no sacaba sus ojos de mi. Lo agarré de la mano y subimos.

    Entramos, ni siquiera llegamos a cerrar la puerta, agarro mis muñecas, las puso en mi espalda y empezó a besar mi cuello, bajo hasta mis tetas, lo que se asomaba por la blusa, y las chupó como nunca. Me puso de espaldas, contra la pared, bajo el cierre de mi pollera, y cuando tuvo todo mi culo para él, empezó a chuparlo, mientras acariciaba mi clítoris, empecé a sentir mis flujos caer por mis piernas, aún tenía las botas puestas, siempre le gustaron eras botas.

    Ahora era su turno, lo empujé y cayó al suelo, desabroché su pantalón, un movimiento más y ya tenía su verga enfrente mío, junté saliva en mi boca y lo escupí, empecé a pajearlo y cuando no aguante más, la puse en mi boca, él me agarraba del pelo y gemía con cada mamada, me saqué la blusa en medio de una especie de baile, disfruto mucho cómo me mira mientras me desnudo, me saque el body, o eso intentaba «hasta ahí» me dijo, cuando tenía mis tetas al aire, y obedecí. Volví a escupir su verga y la puse en el medio de mis tetas mientras me movía, a veces lento, a veces más rápido.

    «Subite arriba mío porque estoy a punto de explotar» me dijo, y yo me acerqué, me tomó de las caderas y corrió la lencería a un lado, y muy lentamente metió su pene adentro mío, que placer! Me movía como loca, quería acabar, y también que ese momento durara para siempre. Arriba y abajo, mientras él me chupaba las tetas y yo rasguñaba su espalda, me gusta pensar que la minita con la que está cogiendo va a ver las marcas que yo le dejé.

    De repente, sentí como mi clítoris empezaba a hincharse, y mi pelvis se volvía más y más sensible, mi espalda se arqueó y tuve el primer orgasmo de la noche. «Necesito recuperarme», le dije, así que empezó a besarme, yo sentía su verga durísima dentro mío, por momentos con un espasmo que me excitaba muchísimo. «¿podemos seguir?» Dijo, y yo asentí. Me dio vuelta y puso en cuatro, paso su mano por mi concha y uso esos líquidos para humectar mi culo, segundos después ya tenía su pene rompiéndome el orto y sus manos, una agarrándome el pelo, y la otra presionado mi cintura. No quería que paré, pero él es fanático de hacerme sufrir, y por momentos se detenía y decía cosas como «que calor, ¿no?» Eso me enloquecía, solo quería seguir sintiéndolo.

    Le pedía a gritos que siga, que me llenara de leche, hasta que en un momento, mi segundo orgasmo apareció, más corto, menos intenso, pero suficiente para que mis piernas se aflojaran. Quedé acostada en el piso, y él? Aún dentro mío, aunque ahora estaba casi sentado arriba de mi culo. Empezó a moverse frenéticamente, me tapo la boca con su mano, él sabe cuánto me gusta eso, y de repente, sentí su semen salir, y finalmente él salió de mi, se paró y me ayudó a pararme a mi, me levanto del piso y recostó en la cama «ahora vamos a probarla», y empezó a chuparme la concha mientras tenía 2 dedos adentro, creí que no iba a poder más, estaba exhausta, pero tuve un orgasmo más, de esos que se sienten como un estallido en mi interior, grité y me prometí no volver a dejar pasar tanto tiempo sin tener este tipo de encuentros con él.