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  • Un jueguecito morboso

    Un jueguecito morboso

    Suena el timbre de casa. Me siento algo nervioso. Llevo ya un rato esperando sin saber qué hacer, viendo un programa de esos en los que no paran de gritarse entre unos y otros, y sin sentirme cómodo con ninguna postura apoltronado en mi sofá de piel. Me levanto y me dirijo hacia el interfono situado justo al lado de la puerta de entrada. En la pantallita aparece ella y, tal como habíamos pactado, abro sin mediar palabra. No tardará más de un par de minutos en subir a mi piso, y tampoco tardará demasiado en volver a irse.

    Nos conocimos en una popular red de contactos en internet y, tras varias conversaciones a través de la mensajería del sitio web y whatsapp, decidimos vernos en persona en un café de Barcelona. Charlamos, reímos, nos miramos, nos dimos el visto bueno… Ese día no pasó nada. Tan solo fue una primera toma de contacto. No disponíamos de demasiado tiempo puesto a su condición. Rosa es una mujer casada de 41 años.

    Ella es risueña, divertida y charlatana. No para de hablar y da la impresión de estar siempre de buen humor. De piel pálida, cabello largo y negro, y ojos marrones. El día que nos vimos llevaba un pantalón tejano claro y ajustado, el cuál dibujaba perfectamente el contorno de sus anchas caderas, sus muslos, su culo… Y una camisa de color blanco roto que, a pesar de llevar bien abrochada y no mostrar escote, se intuía sobradamente que Rosa poseía unos pechos grandes y, a simple vista, diría que naturales.

    Escucho el eco de sus pasos por el pasillo de mi planta cada vez más cercano. Se detiene. Suena el timbre. Abro… y comienza nuestro sencillo juego de hoy.

    Nos miramos a los ojos. Sonreímos. Nadie dice nada. Una sola palabra y deberá marcharse, y yo volver a mi sofá. Es parte de nuestro juego.

    Lo primero en lo que me fijo es en su abrigo. Debe ser de la marca Desigual, con mucho colorido, curioso, original, y a la vez bonito. Abrochado hasta el cuello prácticamente y tapando todo su cuerpo hasta unos pocos centímetros por encima de sus rodillas, cubiertas por unas medias negras que apenas transparentan, y calzando unas botas oscuras, altas y de tacón.

    Al verla me arrepiento de no haberme vestido un poco mejor. Llevo una sudadera de chándal gris con capucha, y unos pantalones a juego. Aunque realmente me he decantado por esta prenda por comodidad. Comodidad hacia ella. Lo tendrá más sencillo.

    Doy un paso atrás para dejarla entrar, y una vez nos encontramos ambos en el recibidor, cierro la puerta. Nada más hacerlo me giro hacia ella, y sin apenas darme tiempo a nada, se pega frente a mí, sujeta mi sudadera levantándola levemente con su mano izquierda, para posteriormente introducir los dedos de su otra mano por la cintura de mi pantalón hasta encontrar mi polla, la cual no tarda en despertar de su siesta.

    Me quedo quieto. No puedo hacer nada. No puedo tocarla, no puedo besarla, no puedo hablar. Tan sólo quedarme quieto y esperar a que ella haga lo que ha venido a hacer. Así son las normas de nuestro juego.

    Realmente sí hay algo que puedo hacer mientras tanto. Disfrutar de ello.

    Acaricio su aliento con mis labios. Su intensa mirada, sus caricias… Crean un Todo rebosante de erotismo. Me tiene donde quería. Sabe que me está poniendo de lo más cachondo. Lo sabe por mis suspiros, y porque cierro mis ojos para dejarme llevar. También porque mi polla y mis huevos ya no caben en su mano.

    Lentamente y tras una última caricia que recorre todo mi miembro, desde su base hasta la punta, retira su mano del interior de mi pantalón, e inmediatamente después lo sujeta por la parte de mis muslos para comenzar a bajarlo. Despacio. Muy despacio. Saborea este momento. Lo disfruta. Observa a medida que lo baja cómo la base de mi polla va quedando al descubierto. Ahora mis huevos. Finalmente mi glande a medio cubrir. Está algo más que morcillona. Y deja caer mi pantalón hasta mis pies.

    Se incorpora y nos quedamos uno frente al otro. Nos miramos. Me resulta algo incómodo porque se queda quieta, y yo ahí, con mi pene fuera y los pantalones por los tobillos. Pero al ver su expresión me doy cuenta de algo. ¿Qué le pasa? ¿Se echa para atrás? Quizá se lo está pensando… Duda, pero ¿por qué?

    Comienza a dibujarse una sonrisa más bien pícara en su rostro. Me siento excitado, pero también con algo de vergüenza por la imagen del momento en sí. Y una frase suena repetidas veces en mi pensamiento: Creo que voy a ser su juguete… Su juguete… Su juguete…

    Me gusta la idea.

    Baja sus manos hasta la parte inferior de su abrigo y desabrocha el último botón. Me mira. Sonríe. Y sigue… Desabrocha el siguiente, y al tercero se detiene. Vuelve a mirarme. Se incorpora con gesto pícaro sobreactuado y a su vez gracioso, y adelanta una pierna para que pueda deleitarme con la vista.

    Sus medias oscuras sólo alcanzan hasta mitad de su muslo y quedan sujetas por unas delgadas tiras que lo recorren hasta perderse bajo su abrigo. No lleva pantalón. Tampoco falda. El tercer botón que abrocha su abrigo queda estratégicamente colocado de tal manera que no me deja ver si lleva o no ropa cubriendo su zona más personal, y me corroe la curiosidad. La odio. Me excita. La deseo.

    Ahora es turno de los botones superiores. Desabrocha el segundo, puesto que el primero ya lo estaba. Al tercero abro los ojos como platos y sonríe. ¿No lleva nada? El cuarto… Sí, lleva algo, pero ¿qué es? El quinto…

    Su ombligo queda cubierto por lo que parece un corsé, y un generoso escote me hace pensar que no hay absolutamente nada sujetando sus pechos. Verla así me acelera el pulso. El corazón no tardará en atravesar mi pecho, y la respiración me… Creo que he dejado de respirar.

    Tan sólo lleva abrochado su botón estratégico. A saber quién pondría ahí ese botón. Algún ingeniero industrial o un físico nuclear, quién sabe. Intento hacer fuerza con la mirada, pero no consigo desabrocharlo. Me siento impotente y con el rabo ahora más tieso.

    Coloca una mano en su cintura y separa un poco las piernas, creando una postura de lo más erótica. Mueve de un lado a otro sus caderas, de un modo cómico, pero que la hacen irresistible. Yo sonrío. Ella me mira a los ojos, e inmediatamente después dirige su mirada hacia mi polla. Su movimiento eroticómico se va ralentizando a la vez que se muerde el labio, y se acerca hasta que mi glande roza ligeramente su abrigo.

    Las yemas de sus dedos acarician mi pecho a medida que se agacha despacio, muy despacio, a la vez que me mira a los ojos y pasa su lengua por la comisura de sus labios. Sé hacia dónde se dirige. No hay lugar mejor en este instante. Pero entonces sucede algo inesperado, algo que no formaba parte de su improvisada coreografía. Su mágico botón no soporta la tensión de tan sensual movimiento y, accidentalmente, se abre el abrigo.

    Por la expresión de su rostro intuyo que no sabe qué hacer. Así que opta por no hacer nada mientras observa mi reacción. Y mi reacción es disfrutar de lo que veo.

    Unos pezones de grandes aureolas rosadas. Sus pechos posan sobre un pequeño corsé de color negro, el cual no hace acto de sujetar nada, tan sólo los deja caer sobre éste creando una imagen de lo más porno. Y no. No lleva nada cubriendo su zona prohibida. Desde mi campo visual sólo alcanzo a ver algo de vello cubriendo su apetitoso coño. Suficiente para endurecer por completo mi polla, haciendo que ahora apunte hacia su objetivo. Su boca.

    Por su expresión intuyo que sabe que me encanta lo que veo. Relame sus labios y acerca su boca hasta mi miembro. Sigue mirándome a los ojos. Abre su boca. No deja de mirarme. Tengo la punta humedecida por la excitación, y mis huevos repletos de amor. Acaricia con sus labios mi glande en su totalidad, absorbiéndolo como si de un chupachups se tratase y saboreando el amargo fluido que lo cubre. Y cierra los ojos. Disfruta su sabor. Le gusta.

    Con su mano sujeta la base de mi polla y de forma delicada comienza a masturbarme. Primero muy despacio. Unos segundos más tarde acelera el ritmo. Me encanta. Lo sabe. Uff…

    Sin dejar de masturbarme se introduce parte de mi gordo falo en su boca. Siento cómo lo abraza con su lengua y aprieta con sus labios. Yo exhalo. Ahora lo hace más fuerte y rápido. Y como no afloje… creo que no podré aguantar demasiado. Ahora que pienso, ¿si en nuestro juego no podemos hablar, significa eso que no podré avisarle cuando…? Lo mejor será que cumpla con las condiciones y calle.

    Ya no sujeta apenas mi polla, pero sí acaricia ligeramente mis huevos hinchados.

    Desde mi glande hasta la base. La absorbe completamente una y otra vez con ansia. Y cada vez más rápido. No pares por favor. Umm…

    No veo si me mira a los ojos, y prefiero no comprobarlo. Permanezco con los ojos cerrados para no ver como se balancean sus enormes tetas, o esos pelitos que asoman sobre su coño. Prefiero no ver nada de eso. Sólo el hecho de pensar en ello hace que me sea prácticamente imposible aguantar mucho más.

    Pero no puedo evitarlo y abro los ojos. Dios…

    Sus pechos asoman por completo a través de su abrigo abierto y se balancean a cada movimiento. Sus pezones duros como el hielo. Y su mirada viciosa. Me mira a los ojos a la vez que se traga una vez tras otra mi gran polla. Pero lo que hace que no pueda seguir siendo capaz de contenerme, es ver cómo se introduce un par de dedos en su coño mientras me engulle. Y comienza a hacerlo mucho más rápido tras averiguar, imagino que por mi cara, que voy a correrme.

    Sabe que la explosión es inminente y aun así no deja de devorarme. Joder… Siento cómo todo lo que tenía guardado para este momento comienza a alborotarse en mis huevos y se abre camino recorriendo el interior de mi polla. Voy a correrme en su boca. Uff… Joder…

    Entonces llega a mis oídos un sonido el cuál adoro. Sonido celestial. Esa música procedente de su coño húmedo al introducir sus dedos también mojados. Lo hace muy rápido. Me pone muy perro ese ruidito. Va a correrse conmigo.

    Intentamos contener nuestras palabras. A cambio sólo surgen gemidos… un Uff, un Ahh… Me corro dentro de su boca con una energía brutal. Ella la mantiene cerrada, apretando mi polla con sus labios. Como siga saliendo mi cálida leche de esa manera acabará por asfixiarla.

    Gime con fuerza, aunque con la boca cerrada, y dos dedos en el interior de su coño. Se está corriendo, y lo hace mientras comienza a tragar mi esperma caliente.

    Me quedo vacío. Me tiemblan las piernas. Estoy relajado. Lentamente me libera de su boca procurando no dejar rastro de poción mágica. Y me observa con mirada perversa.

    Ríe porque no es capaz de levantarse al estar de cuclillas, y tras un par de intentos cae hacia atrás quedando sentada sobre su culo.

    Vaya… Ahora sí puedo ver su raja en un primer plano. Está totalmente mojada, y sólo la parte superior de ésta y el pubis contienen algo de vello. Precioso. Morboso.

    Al darse cuenta cierra sus piernas rápidamente y pone cara de ¿Qué haces mirando ahí, cochino? Me sorprende. Total, acaba de comerme la polla y tragarse mi semen. Mirarle el chocho no creo que sea tan grave, ¿no?

    Y se incorpora con una torpeza de lo más cómica. Es adorable. Me encanta esta mujer.

    Se me ocurre que debe querer ir al baño o, como mínimo, necesitar una toalla. Pero no me mira, se está abrochando el abrigo, y el pacto era que no podíamos hablar durante todo el juego desde que llegaba hasta que salía por esa puerta, tras haberse metido mi polla en la boca hasta correrme. Así que espero y mientras tanto me subo el pantalón.

    Impecable. Parece que no ha pasado nada. Sigue con su pelo perfecto, su abrigo abrochado y sin rastro de bebida energética en sus labios. Le hago gestos para que vaya al baño, pero me deja desconcertado ver que, tras guiñarme un ojo y regalarme una pícara sonrisa, abre la puerta de mi piso y…

    Se larga.

  • Peligrosamente sola

    Peligrosamente sola

    Te voy a contar que pasa cuando estoy sola en casa.

    Me gustar estar cómoda y libre, me gusta pensar que alguien por ahí puede estar observándome.

    Regreso de la universidad y me quito la ropa, para quedarme solo con una braguita, me estiro y me siento en el sofá para ver televisión.

    No hay nadie en casa, “él” está trabajando, es cualquier día de la semana, la casa esta ordenada, el aire es fresco.

    Me quedo cómoda fumando un cigarro de los que dan risa, solapada por eso comienzo a acariciar mis pechos, a contraer mi vagina un poco apretando mis muslos, es totalmente excitante. Subo una de mis manos y me meto un dedo a la boca, humedeciéndolo para después, bajar hasta mi sexo. Me gusta dejarme las bragas e imaginar que es “él” el que los corre hacia un lado y empieza a abrirse camino… Me siento totalmente mojada, no creí estar tan excitada, saco los dedos y los chupo probando mi sabor, un poco dulce. Me pregunto si a “él” le gusta que sepa dulce.

    Mojo toda mi vagina con mis fluidos al pasar mis dedos para lubricarla bien con uno, luego con dos y después con tres dedos, metiéndolos en ella, moviéndolos despacio, mientras, con la otra mano me aprieto los pechos con fuerza, cerrando los ojos y dejando salir un gemido ahogado.

    Mi respiración se acelera, mis jadeos llenan toda la sala, siento el placer recorrer mi cuerpo y la temperatura que crece dentro de mi pone a mi clítoris, gordito y durito, demasiado excitado, pidiéndome que sacie mis instintos. Juego un rato, moviendo mis dedos a veces rápido y otras pocas lento, mientras me pellizco un pezón con fuerza, mis pechos se ven completamente rojos por la fuerza con la que los aprieto.

    Coloco una almohada entre mis piernas, haciendo que mi clítoris roce suavemente con ella dando ligeros movimientos para después comenzar a introducir dos dedos, dando gemidos de placer siento como la almohada empieza a humedecerse con mis jugos, sin darme cuenta dejo caer saliva sobre mis pezones, y me dejé ir dejando salir chorros de fluidos poniéndome más y más caliente.

    Me coloco a 4 patas, necesito más, mis pezones rozan la cama y mis dedos regresan a mi sexo, continúo masturbándome sin parar, me muevo como loca, arqueo la espalda, siento como mis fluidos bajan por mis muslos y siento el sofá mojado, toda yo estoy mojada y no paro de gemir.

    Involuntariamente mi cadera empezó a moverse sin poder contenerse y sentí el orgasmo que tanto anhelaba venir, di un gran grito de placer al sentir mi abdomen contraerse y venirme con tanta fuerza.

    Después de un momento me dejo caer en el sofá intentando controlar el desastre de mi respiración. Mis dedos, mi cuerpo, mi sexo, mi sofá, todo está mojado, sonrío satisfecha y me quedo así unos minutos, abierta, cansada y gozando, recordando que tal vez, alguien pudo haberme visto.

  • Follando con mi jefa

    Follando con mi jefa

    La junta con los ejecutivos avanzaba y mi jefa, Paulina; aún no me mandaba la información de última hora que me iba a pasar, me sentía como el niño del salón que llegó al examen sin estar totalmente preparado. Bueno, sí iba preparado pero tenía un as bajo la manga para que los ejecutivos se decidieran por nuestro equipo y dependía de Paulina para eso. Lo habíamos planeado en secreto y hasta el último momento lo daríamos a conocer para evitar que algún otro equipo nos robara la idea.

    Yo sabía que así lo teníamos calculado, solo hasta que le mandara la señal ella me mandaría la información completa.

    Pero ya habían pasado 5 minutos desde que le di la clave y ella no daba señal de vida.

    Mi teléfono vibró y disimuladamente vi el nombre de Paulina en mi teléfono.

    Abrí el mensaje y casi me voy de espaldas con todo y silla los sueños eróticos y las ganas de recorrer su cuerpo me invadieron al instante.

    Era uno fotografía de ella. Paulina estaba semidesnuda sentada al borde de su cama y frente a un espejo sus piernas de Ébano abiertas de una forma sugerente, una mano sobre su rodilla y la otra en el teléfono que tomaba la fotografía, sus bragas color vino, la silueta de su cintura invitando a pecar, sus perfectos pezones prietos como el ónix adornando sus tetas. Su sonrisa es todo lo contrario a la inocencia; es pícara y traviesa una invitación declaración de intenciones, una invitación a pecar.

    Es una fotografía impactante y soberbia. Sin mucha producción, ni adornos, ella es suficiente para llenar la imagen.

    Su belleza en toda su extensión.

    La imagen me descolocó y sacó de balance y mi verga reacciono de inmediato endureciendo bajo mis pantalones.

    Todo eso en menos de un minuto que Paulina tardo en poner un lo siento y mandar el archivo correcto.

    Tuve que pedir unos minutos para poder concentrarme de nuevo en la exposición.

    Pero los sueños eróticos que la imagen de Paulina despertaron en mí no se fueron.

    Creo que no se irán hasta que la tenga entre mis brazos.

    Al final de la reunión salí de ahí con el proyecto autorizado, lo que suponía una buena entrada de recursos que beneficiaria los bolsillo de todos.

    La celebración fue en un bar cerca de la oficina pedimos cerveza y papas fritas. Se prolongó hasta cerca de la medianoche. Cuando todos comenzaron a despedirse solo quedamos Paulina y yo, teníamos un festejo a parte y ningún otro integrante del equipo estaba invitado.

    Elegimos el departamento de Paulina porque queda más cerca que el mío.

    Con una mirada me invitó a pasar y cuando vi su sonrisa supe que hoy no iría a dormir a casa y lo más probable era que ninguno de los dos se durmiera por un buen rato.

    Subimos los dos pisos a pie, como si fuera un adolescente no pude evitar tocar su trasero en los recodo de las escaleras.

    Busco las llaves en su bolsa y abrió la puerta me indicó que la siguiera así que entre después de ella al departamento que estaba sumido en la semioscuridad ya que por una de las ventanas se filtraba la luz del alumbrado público.

    Su gato Ramses ronroneo alrededor de sus piernas restregándole la cola a la altura de las rodillas. Fue a la cocina le sirvió un poco de comida y luego sacó un par de vasos y una botella de whisky. Tomamos un par de tragos más entre besos y caricias…

    Luego Paulina se levantó del sofá desnudándose poco a poco mientras caminaba en dirección a su habitación.

    Tenía la boca seca por el deseo y el corazón me latía rápidamente, la seguí de cerca disfrutando el contorno de su figura en la oscuridad.

    Cuando entré a la habitación no la vi, pero escuché el agua corriendo en el cuarto de baño y como la puerta estaba abierta la seguí hasta allá mientras era mi turno de desnudarme.

    Por fin la pude ver completamente sin ninguna pantalla que se interpusiera, a plena luz, sin ninguna sombra que ocultara algo.

    Ella estaba de espaldas con su cuerpo bajo el chorro del agua, la vista fue maravillosa . Su piel brillaba húmeda y sensual. Admiré en silencio su cuerpo, el pelo mojado sobre su espalda, su trasero firme y sensual, su cintura, sus espectaculares caderas, esas nalgas morenas redondas y apetecibles.

    Me acerqué a ella y no pude evitar darle una nalgada antes de acariciar su cuerpo.

    Pase mis dedos por toda su anatomía antes de tomar el shampo y comenzar a dar un masaje sobre su cabello, se relajó de inmediato cuando mis dedos acariciaban su nuca y la parte de las sienes, enjabone su cuello y baje por su espalda hasta llegar a las nalgas donde me detuve algunos momentos disfrutando de ellas, seguí por sus muslos hasta enjabonar sus pies, luego le di la vuelta y enjabone la parte delantera de su cuerpo, fue un verdadero placer acariciar y endurecer sus senos, tocarlos y besarlos; luego su abdomen y por fin mis dedos llegaron llenos de deseo a su pubis.

    Un negro y fino vello púbico acarició mis yemas antes de sentir una humedad que no venía del agua que caía de la regadera. Gimió cuando mis dedos comenzaron suavemente a masturbarla.

    Introduje un par de dedos en su vagina mientras mi pulgar seguía dando un masaje circular en sus puntos más sensibles.

    Paulina abrió sus piernas disfrutando mis caricias luego se abrazó a mí mientras mis dedos juguetones en su sexo llevándola al clímax. Sus piernas temblaron al momento del orgasmo, tuve que sostener su peso mientras le pasaba el placer, sentí como mordía mi hombro derecho ahogando ahí sus gemidos.

    Luego ella tomó el control y al igual que yo lo había hecho ella enjabono mi cuerpo sin dejar nada por cubrir, jugó con mi verga y mis testículos mientras la otra mano jugaba en mi trasero con una sonrisa pícara.

    Cuando se hinco frente a mí descubrí el paraíso, su boca se cerró sobre mí falo y comenzó a succionar mi verga, sus manos acariciaban mis bolas y me masturbaban coordinadas con su boca, su lengua jugaba por todo el falo, lo metía por completo en su boca y me llevaba poco a poco a la gloria.

    Eyacule en la boca de Paulina llenándola de grandes chorros de leche, sus ojos nunca se desviaron de los míos, no dejo caer ni una sola gota, limpio mi pene con su lengua hasta que este perdió su dureza. Reímos mientras nos secamos mutuamente, pero esto apenas comenzaba y ambos teníamos ganas de más así que cuando quedamos secos ella salió del baño.

    Me pidió que la esperara 5 minutos cuando salí del cuarto de baño Paulina seguía desnuda, pero estaba en tacones y traía puesto un plug con una enorme cola blanca que colgaba en medio de sus nalgas, se veía hermosa y exótica, sentí que mi verga creció varios centímetros, me sentía duro y grueso, tal vez como nunca lo he estado.

    Ahí estaba Paulina como una diosa erótica reina de la lujuria.

    Vi el espejo donde se tomó la foto y lo llevé a un ángulo donde ella pudiera observar su rostro mientras follabamos. Aunque sin duda ella sabía lo bien que se miraba al coger, yo quería que viera su reflejo, que se diera cuenta del efecto que su cuerpo causaba sobre cualquier hombre, pero también quería que se viera como si fuera la protagonista de una película para adultos, que viera sus gestos en el reflejo. Que disfrutará viendo como mi verga entraba en ella una y otra vez.

    —Eres una zorrita muy hermosa y traviesa.

    No espere más y la cargue hasta la cama, pero no la recosté en ella, la baje de pie justo frente al colchón y le pedí abrir las piernas. Luego me recosté sobre el colchón en una posición que me permitió poner mi cabeza entre sus piernas. La vista desde ahí fue magnífica; su culo y esa cola saliendo de él, su vulva oscura y brillos a deseosa, el color rosado de su vagina expuesta y la notable hinchazón de su clítoris excitado.

    Acerqué mi cabeza hasta que mi lengua alcanzó a probar las mieles de su cuerpo y comencé a lamer, lamía entre sus pliegues abría con mi lengua su vagina metiéndola lo más posible, subía hasta succionar su clítoris provocando sus gemidos y aumentando su placer. Mis manos fueron las cómplices perfectas pues mientras una acariciaba su trasero, piernas y espalda la otra jugueteaba con sus tetas.

    Paulina se sentó en mi cara cuando el primer orgasmo la alcanzó, sus jugos fluyeron sobre mi boca y seguí moviendo mi lengua hasta que mi verga me exigía entrar en ella.

    Cuando me detuve con la intención de penetrarla ella me indicó:

    —Los condones están en el cajón de encima.

    Ya no había más juego previo, yo estaba duro como una roca y ella húmeda como la tierra recién llovida.

    Mientras agarro el preservativo y lo extiendo sobre mi verga Paulina se acomoda en su cama esperando que la penetre su subordinado. Su culo está en alto y me sorprende saber que de esa manera se ve aún más buena que junca, sus tetas están pegadas al colchón y sus manos abren su trasero exponiendo su sexo para mí.

    Hago a un lado la cola de zorra que sale de su culo y la acomodo sobre su espalda observando que se ve hermosa. Luego de un segundo de embelesamiento ante ella la penetro lentamente, siento como tu cuerpo vibra al recibirme y como de tu boca escapa ese primer gemidos que me excita, puedo sentir como su sexo se va abriendo ante mí invasión.

    Disfruto entrar en ella centímetro a centímetro y notar como su humedad baña mi polla.

    Cuando toda la extensión de mi verga está dentro de ella y mis bolas chocan contra sus muslos me aferro a sus caderas y comienzo un vaivén delicioso, un ritmo que nos vuelve locos: sueños de placer vueltos realidad entre tus piernas.

    Entró suavemente en Paulina una y otra vez, me vuelve loco escucharla y sentirla, pero luego de unas embestidas lentas y profundas mis movimientos se vuelven más violentos. Ahora entró en ella con fuerza y mayor velocidad.

    Paulina me pide que no pare, que le dé más duro, justo como lo estoy haciendo. Sus manos buscan desesperadamente a que aferrarse y son las sábanas las que pagan el precio de su orgasmo. Es delicioso verla y escucharla, yo también estoy a punto y siento como mi verga se endurece más y ella lo nota y gime de placer.

    —¡Que rico!

    —¿Te gusta?

    —Siiii

    Detengo los movimientos cuando el orgasmo me alcanza, pero mi verga sigue dura y comienzo a moverme de nuevo mientras mi mano derecha acaricia su clítoris, doy una nalgada de vez en vez y jalo de su pelo un poco algunas veces, Paulina está llegando nuevamente al clímax pero esta vez son chorros los que anuncian su placer y luego de ese maravilloso orgasmo no puede mas y se deja caer sobre el colchón mojado mientras yo caigo sobre su espalda, salgo de ella, pero sigo recostado sobre su espalda mientras nuestras respiraciones se recuperan…

    No sé cuánto tiempo pasa antes de quedarnos dormidos solo sé que despertamos en la misma cama yo con mi verga dura y ella con una sonrisa de ganas.

    Quitándole la cola le dije:

    —Aún falta que te folle por aquí…

  • Tuve que dejarme coger para salvar mi matrimonio

    Tuve que dejarme coger para salvar mi matrimonio

    Enlace al relato anterior al final. Rodrigo se había convertido tanto en mi amante como el de mi esposa, a mí me cogía varias veces cada tres semanas y a mi esposa una vez al mes, encuentros que grababa sin que mi esposa se diera cuenta.

    Esos videos los tenía en mi computadora portátil y los reproducíamos antes o durante nuestros encuentros sexuales en una enorme pantalla que tenía Rodrigo en su recámara, era muy morboso ver como Rodrigo se cogía a mi esposa y me cogía viendo esos videos, en cierta ocasión acepté que grabara uno de nuestros encuentros, video que formó parte de nuestra biblioteca erótica, era increíblemente excitante ver cómo me rompía el culo y me hacía gemir de placer.

    A los pocos meses nuestro jefe fue transferido a otra ciudad y el elegido para ocupar la vacante fue Rodrigo, lo cual me dio mucho gusto y a todos en la oficina también, excepto a Victor, un hombre mayor de 58 años, divorciado, alto y de complexión robusta, con una abultada panza y velludo de todo el cuerpo, próximo a jubilarse, había pedido el ascenso, pensando en su retiro, pero era una persona vulgar y libidinoso con las mujeres, con fama de pervertido, se decía incluso que varias veces lo habían visto en compañía de jovencitos homosexuales.

    De pronto me convertí en el favorito del jefe, el que lo acompañaba a todas partes, si bien eso facilitaba nuestros encuentros, ya que podía comisionarme o enviarme a algún lugar y el desaparecerse con cualquier pretexto y cogerme, también levantó algunas envidias, principalmente de Victor, quien me miraba con recelo.

    Como Jefe, Rodrigo solicitó un curso de integración de equipos de trabajo, con la finalidad de mejorar el ambiente laboral, se lo autorizaron para todo el personal, el cual se llevaría a cabo en la ciudad de Palenque, dos días a tiempo completo, viernes y sábado.

    Se rentó un autobús y todo el personal viajo en él, nos hospedamos en un bonito hotel con amplios jardines, Rodrigo pidió habitaciones para ambos, juntas, al terminar el primer día del curso, muy cansado por todas las dinámicas de los instructores, nos dimos un baño y todos fuimos a cenar, después de la cena la mayoría se fue a dar una vuelta al pueblo, pero Rodrigo dijo que estaba cansado y prefería quedarse, tampoco acepté salir, un rato después llegó Rodrigo a mi habitación, y me pidió pasar, así es, quería aprovechar y cogerme, no estaba seguro ya que era riesgoso y tenía miedo de que nos descubrieran, pero como siempre pasaba, me convenció y accedí a dejarme coger, me dio una cogida memorable que aunque intenté no hacer mucho ruido, algún gemido se me escapó, en la madrugada se regresó a su habitación para no levantar sospechas.

    Al otro día, continuó el curso y en el receso que nos dieron para comer, Victor se acercó a mí, me extrañó un poco, pero pensé que era consecuencia del curso, ya que los instructores fomentaban al personal a conocerse mejor.

    Me empezó a hacer plática.

    – ¿Que tal anoche?- Me dijo.

    – Bien Gracias – Contesté escuetamente.

    – Ya lo creo que bien, rebien, ja ja, por lo que alcancé a escuchar en mi habitación.

    – No sé a que te refieres- contesté nervioso

    – Creo que si lo sabes, ja, ja, me tocó la habitación al lado tuyo y escuché gemidos y como rechinaba la cama, que cogida, ufff, me tuve que masturbar.

    Mi cuerpo se estremeció, mi corazón empezó a latir de prisa, mi cara se puso roja como un tomate, me puse muy nervioso, no alcanzaba a articular palabra, hasta que se me ocurrió decirle:

    – Disculpa, es que Rodrigo y yo fuimos al pueblo a echarnos una copa y de regreso nos conseguimos un par de putas.

    – Si, escuché también la voz de Rodrigo, pero no escuché a las putas que mencionas, me pareció que los gemidos eran tuyos.

    – Ja, ja, ja, como crees, – sonreí nervioso, intentando parecer tranquilo.

    – Es en serio, más bien parecía que Rodrigo te estuviera cogiendo.

    – Ja, ja que imaginaciones tuyas- contesté con voz temblorosa y me levanté, escapando de su interrogatorio

    Después de la comida el curso continuó y al atardecer regresamos todos en el autobús a nuestra ciudad, todos estaban cansados y muchos dormían, pero yo no podía dormir, mil pensamientos pasaban por mi mente, ante la posibilidad de que nos hayan descubierto, incluso Rodrigo se acercó y me preguntó si tenía algún problema, ya que estaba muy serio, lo negué y le dije que sólo era un pequeño dolor de cabeza.

    El lunes noté que Victor me miraba diferente, sus ojos recorrían mi cuerpo, lo que me incomodaba y sonreía en forma maliciosa.

    En la tarde, me quedé un rato, atendiendo asuntos pendientes, la mayor parte del personal se había marchado cuando Victor se acerca a mi escritorio y me dice:

    – ¿Que tal coge el jefe?

    Molesto le reclamé:

    – Estás loco, demente, soy un hombre de familia casado…

    – Ja, ja, pues no sabes a cuantos hombres de familia casados me he cogido, vamos no te hagas pendejo, sé que eres la putita del jefe.

    – Ya párale, respétame, Rodrigo y yo solo somos amigos y te puedo denunciar por difamación- respondí al tiempo que me marchaba molesto para terminar con la incómoda conversación.

    Esa noche no pude ni cenar, ni conciliar el sueño, mi esposa se preocupó y le dije que sólo era stress por algunos pendientes, nada grave. Al otro día, en la oficina no me podía concentrar, hasta que en un momento veo que Rodrigo queda sólo en la oficina y entré cerrando la puerta con seguro para contarle todo.

    Rodrigo me escucha y me dice que no debo preocuparme, ya que Victor no tiene pruebas de nada y si dice algo sería despedido y acusado de difamación.

    Pasa una semana y Victor ya no vuelve a molestarme, pero no deja de mirarme y sonreir burlonamente cada que me ve, en cierta ocasión veo que me mira y parece pronunciar la palabra Pu-ti-to, sin emitir sonido alguno, todo me tiene muy nervioso.

    Más tarde recibo un mensaje por Whats app, que dice: ¡Mira lo que me encontré! y adjunto me envía un video de Rodrigo y yo cogiendo, ambos estamos mirando la cámara y Rodrigo me está empalando recostado sobre mí, haciéndome gemir de placer.

    – Ya ves que no estaba equivocado.- Terminaba el mensaje.

    Al ver el video siento que todo el mundo se derrumba, casi caigo de la impresión, mi corazón parece salirse de mi pecho y me pongo pálido, si ese vídeo se hiciera público estaría expuesto al escarnio de la sociedad, sería el final de mi matrimonio, de mi reputación como hombre de familia, estaría en boca de todos, sería el blanco de todos los chismes, mi virilidad estaría en entredicho. Me pongo a pensar y recordé que en varias ocasiones me había levantado de mi lugar para atender algún asunto y había dejado mi computadora portátil desprotegida sin clave de acceso, no podía creer lo descuidado que había sido, seguramente Victor aprovechó esos breves instantes para ir a mi equipo portátil y compartir electrónicamente mi disco duro, maldije el haber sido tan descuidado y no haber protegido la información con alguna clave.

    Una vez que me repuse un poco de la impresión fui a la oficina de Rodrigo a contarle todo, era el jefe y seguramente sabría que hacer.

    Rodrigo me dice que me tranquilice, que hablará con Victor y averiguará cuales son sus intenciones, seguramente algún chantaje económico, pero que no me desespere, ya que el haber entrado a mi equipo sin mi autorización y obtener información personal era un delito y si lo daba a conocer perdería el empleo y podría ir a la cárcel.

    Sentía que me hervía la sangre de coraje y me contuve con no ir a golpearlo.

    Más tarde, una vez que se había ido el personal, me habló Rodrigo a su oficina y me informa:

    – Mira hablé con el desgraciado y le hice ver que si daba a conocer el video todos perdíamos, ya que tenemos pruebas de que él fué quien extrajo el video sin tu consentimiento y además de despedirlo, iría a la cárcel, pero es un cabrón difícil de convencer y al final aceptó borrar el video con una condición.

    – Y cuál es esa condición- interrumpí.

    – El cabrón quiere cogerte, prometió que solamente sería una vez.

    – ¿Que, qué?, no, que ni lo sueñe, maldito pervertido, está loco si cree que voy a aceptar.

    La verdad, le tenía tanto odio que era algo inconcebible dejarme coger por él, además de su feo carácter y lo poco agraciado.

    – Te entiendo, pero creo que no hay otra opción, si llegara a salir ese video, sería el final de nuestra reputación y familia.

    – Esta bien, déjame pensarlo- expresé.

    Marché a casa y pasé toda la noche sin saber que hacer, intentando buscar alguna solución, no la encontré, la única forma de evitar que ese video saliera a la luz era dejarme coger por ese viejo pervertido y libidinoso.

    Al otro día hablé con Rodrigo y este a su vez con Victor, y en la tarde me informó que ya estaba todo acordado, la cita sería en su casa el siguiente lunes, ese día Victor no iría a trabajar con la concesión de un permiso especial y yo saldría a la hora de comida con la excusa de una reunión con algunos clientes.

    Fui a casa de Rodrigo quien me prestó las llaves de su casa para asearme y salí rumbo al domicilio de Victor, me sentí como una puta barata.

    Una vez que encontré la calle busqué su domicilio, me encontré una casa con una barda alta con una puerta y cochera de color blanco que no dejaba ver el interior, tenía un intercomunicador y con voz temblorosa anuncié mi llegada, inmediatamente se abrió la puerta en forma automática, crucé la cochera a paso lento, mis piernas temblaban a cada paso que daba, hasta que llegué a la puerta principal y toqué. Salió a abrirme, vestido sólo con una bata de baño

    – Adelante nena, te estaba esperando-

    Me hizo pasar y entramos a una amplia sala, se sentó en un sillón y abriéndose la bata dejó al descubierto su cuerpo, peludo, desde el pecho a las piernas, su verga destacaba, un miembro moreno con una cabeza descapuchada de color rojizo, estaba morcillona, aun así era de un buen tamaño.

    – Quítate la ropa- ordenó sin previo aviso.

    Fue una orden tajante y al mismo tiempo humillante, dudé en obedecer, todo mi cuerpo temblaba.

    – Vamos, ¿no me oíste?, te ordené quitarte la ropa, obedece, o quieres que mande el video a todos mis contactos- amenazó.

    Estaba en sus manos, tenía que obedecer, así que me fui quitando la ropa muy lentamente, hasta que solamente quedaron mis calcetines puestos, me moría de pena y nervios y eso causó que mi verga quedara reducida a su mínima expresión.

    – Toda la ropa, también los calcetines, pero hazlo sin flexionar las piernas y de espaldas a mí.

    Me dí vuelta y obedecí, mis nalgas desnudas se entreabrieron al agacharme, me sentí humillado, expuesto, mis manos sudaban y torpemente me quité los calcetines.

    Al levantarme y dar vuelta tapé nuevamente mi disminuida verga con mis manos, al contrario de la suya que había aumentado de tamaño considerablemente.

    – Quita las manos, quiero verte completo cabrón.

    No podía hacer otra cosa que obedecer a ese desgraciado pervertido y quité mis manos de mi verga, humillado.

    – Con razón te la tapas, más que verga parece un clítoris, serás mi hembra y ese es tu clítoris. Entendido.

    – Si- respondí con una tenue voz.

    – Bien cabrón, así me gusta, acércate más y date vuelta, quiero ver tu culo otra vez.

    Me acerqué hasta donde me dijo, quedé a centímetros de su cara y dí media vuelta.

    – Wauuu, tienes culo de hembra, blanquito, redondito y lampiño, con razón el cabrón de Rodrigo te hizo su putita.

    – Empinate hacia adelante y levanta bien el culo.

    Abrí un poco las piernas y tomé mis rodillas con mis manos obedeciendo, cada vez me sentía más humillado.

    Con sus grandes manos me dio un par de nalgadas y empezó a acariciar y apretar mis nalgas.

    – Cabrón definitivamente tienes nalgas de vieja, son tan suaves, estás mas buena de lo que pensaba, te voy a coger hasta que chilles de placer.

    Abrió mis nalgas y quedó expuesta mi zona más íntima a centímetros de la cara de ese pervertido.

    – No mames, esto si es una sorpresa, no tienes ningún pelo en el culo, hasta las viejas tienen, ¿Te depilas?

    – No, no me depilo, soy lampiño.

    – Waaww, que sorpresa, será un placer coger este culito, se ve tan cerradito, apretadito, con razón tienes loco a Rodrigo- dijo, al tiempo que con sus pulgares estiraba los pliegues de mi ano como si quisiera borrar sus arrugas.

    Me dio otra nalgada y volvió abrir mis nalgas al momento que posó su nariz directamente sobre mi ano y respiró profundamente, sentí su respiración, el tibio aire en mi ano fue una sensación extraña y me causó un escalofrío, agradecí el haberme aseado antes de ir a su casa.

    – Cabrón, me encanta tu olor a culo, es rico, suave.

    Siguió olfateando mi culo y dando besos en mis nalgas, de pronto, sentí la humedad de su lengua posarse en mi orificio anal e involuntariamente contraje mi esfínter, di un respingo y apreté mis nalgas, dándome una nueva nalgada me ordenó volver a inclinarme.

    – Nena, no te dí permiso de moverte, anda, vuelve a poner el culo en pompa y afloja las nalgas.

    Obedecí, abrió nuevamente mis nalgas con fuerza y sentí la punta de su afilada lengua presionando mi esfínter y hurgar en mi interior, logró introducir su lengua un poco más. una sensación sublime que me hizo estremecer y arrancar un gemidito de placer, vaya que el viejo sabía usar su lengua, lo escuché decir:

    – Ufff, que culito tienes, está para chuparlo todo el tiempo.

    Siguió un largo rato con su lengua explorando mi culo, besando y mordiendo suavemente mis nalgas, cada vez me aflojaba más, estaba gozando, era delicioso, estaba a punto del orgasmo, cuando de pronto dejó de mamarme el culo y estuve a punto de protestar, pero me contuve, no quería darle el gusto que supiera el placer que me había dado.

    Escuché su voz, ordenó:

    – Ya estoy al palo, vamos, voltea y mamame la verga.

    Su verga estaba completamente erecta, era un poco más pequeña que la de Rodrigo, pero del mismo grosor, y tenía un aspecto intimidante, todo el tronco rodeado de venas muy gruesas y marcadas, coronado por una cabeza rojiza y brillante que contrastaba con el tono moreno del tronco, de la punta salían las primeras gotas de precum.

    Me arrodillé frente a su gruesa herramienta, me daba la impresión de ser una serpiente de un sólo ojo que parecía mirarme, me llegó un olor fuerte, un olor a macho enardecido inundó mi nariz.

    Tomé su verga en mi mano y sacando la lengua lamí la punta, roja, olorienta, con un sabor salado y ligeramente ácido, un sabor diferente a la verga de Rodrigo, pero definitivamente el sabor de una verga de macho, recorrí lentamente todo su glande, paladeando y acostumbrándome al sabor en mi boca, seguí con el frenillo y se sacudió, dando un ligero gemido, procedí a lamer el tronco hasta llegar a sus gruesos, peludos y pesados huevos, los empecé a lamer en forma alternada y abrió más las piernas en señal de que le encantaba como mi lengua recorría su sexo.

    – Puta madre, cabrón que rico chupas, sigue, que buena puta eres, agghhh.

    Intenté meterme sus huevos a la boca, y succionarlos suavemente, un tenue sabor salado, a sudor invadió mi boca, pero no me desagradó, los succioné con suavidad, abrió más las piernas y gimió.

    – Sigue puta, mama mi verga- dijo al tiempo que tomando su verga me dio un par de azotes en la mejilla.

    Abrí la boca y la cabeza chocó con mi paladar, cerré los labios y succioné la punta, salía un líquido viscoso, su precum, lo degusté y me encantó el sabor, fuerte, a macho, su precum era abundante y mi lengua golosa recibió el rico néctar, se me hizo agua la boca, salivaba en abundancia y escurría por la comisura de mis labios, empapando de saliva el tronco de su verga, seguí mamando y mamando al tiempo que Victor jadeaba y se retorcía, pensé que si lograba que se corriera en mi boca ahí terminaría todo, ya que era un viejo y viéndole a la cara me esmeré en hacerlo acabar, metí lo más que pude su verga en mi boca, en eso me toma con ambas manos la cabeza y sujetándome fuertemente me la hunde profundo, hasta la garganta, sentí que me ahogaba, no podía respirar, con la boca atiborrada de verga, un par de lágrimas rodaron por mis mejillas.

    Empezó un mete y saca de su verga en mi boca, mi nariz rozaba su pelambre, la cabeza golpeaba mi campanilla y me provocaba náuseas, gruñía y resoplaba, hasta que dando un alarido me embiste profundo y sin previo aviso siento un chorro de un líquido espeso y ardiente que se cuela por mi garganta, la tragué como pude, pero era tanta que sentía que me ahogaba, tenía la boca llena de su leche y chorreaba entre las comisuras de mis labios, logré sacarme su verga de la boca para poder respirar y un par de chorros se estrellaron en mi cara, me sorprendió tanto semen, una corrida digna de un adolescente, empezó a restregar su verga por la cara, expulsando hasta la última gota y embarrándomela en la cara, me quedó la cara llena de semen, como si me hubiera hecho una mascarilla, una mascarilla de semen, la sentía húmeda y pegajosa. Me había sorprendido su abundante corrida pero más me sorprendió que su verga seguía dura.

    Al ver mi cara de sorpresa y adivinando mis pensamientos expresó:

    – Ja, ja, creías que eso fue todo, no nena, antes de que llegaras me tomé una pastillita azul, así que esto apenas empieza, levántate, que es hora de reventarte el culo.

    – Sígueme en la cama estaremos más cómodos.

    Me tomó de la cintura y me llevó como corderito al matadero.

    Me ordenó ponerme en 4 y abrirme con mis manos las nalgas, se aproxima a mí y un dedo recorrió el surco entre mis nalgas hasta tocar mi agujero, lo masajeo un poco y dio un escupitajo justo en la entrada de mi ano, masajeo la entrada de mi orificio moviendo su dedo en forma circular, y empujó, la punta de su dedo lleno de saliva entró en mi interior, y se aseguró de humectar mis paredes internas con saliva, solo un poco, en los pliegues internos de mi ano y lo sacó, dándome una nalgada, se posicionó detrás de mi, y me dio un par de azotes con su verga contra mis nalgas, estaba tenso y no lograba relajarme, apuntó su verga justo en la entrada y presionó un poco, como ubicando bien mi entrada y tomándome de la cintura me la intentó clavar de golpe, sentí un dolor terrible, punzante en la entrada de mi culo, cómo si me hubiera cortado con una hoja de afeitar y por instinto me aventé hacia adelante logrando zafarme y dar media vuelta, me incorporé tapando mi culo con las manos y empecé a reclamarle.

    – Cabrón, que te pasa, me has desgarrado el culo, estás loco.

    Sonriendo me dice.

    – Ya, no seas puto, si bien que te coge Rodrigo, ja ja, que digo, si eres bien puto, que acaso Rodrigo la tiene chiquita.

    Si bien mi culo estaba acostumbrado a la verga de Rodrigo, más larga e igual de gruesa, su forma brusca de intentar metérmela fue lo que me causó tanto dolor y así se lo hice saber:

    – No, la tiene más grande que tú, pero sabe coger, tú eres un bruto.

    – Ya, ya, que collón, pensé que tu maridito ya te tenía bien abierto, pero veo que no, no te preocupes, también se abrir putitos, es más, me encanta abrir putitos por primera vez.

    – Mira, mi condición para dejarme coger es que lo hagas despacio, que permitas que mi culo se vaya dilatando para que pueda entrar tu verga, es gruesa y me puedes desgarrar por dentro.

    – Ya putito, no llores, te voy a abrir despacito, como a una princesa.

    – ¿Lo prometes?

    – Ya te dije que sí, te lo prometo-meto. Quiero gozar tu culito y te lo abriré despacito, ven para acá, trae ese culo.

    Con temor me volví a poner en posición, el dolor había cedido, pero mis piernas temblaban, tomó un par de almohadas y las puso bajo mi cintura, me hizo recostar y abrir bien las piernas, con una mano de empujó mi espalda hacia debajo de tal forma que mi culo quedará bien empinado,

    – Que colita más hermosa, putita, no sabes como la voy a gozar.

    Empezó a besar mis nalgas y lamerlas, la piel de mis nalgas se erizó, su boca era mágica y me empecé a relajar, abre mis nalgas y siento la punta de su lengua tocar mi rosado y arrugado agujero, mi cuerpo se estremeció y no pude evitar dar un respingo

    – ¿Te gustó princesa? tienes razón, tu culito merece ser disfrutado despacio, lento, sin prisas, es delicado como una flor y lo voy abrir como se abre una flor.

    Nuevamente abrió mis nalgas y su lengua recorrió el contorno de mis arrugados pliegues, mordió y chupó mis nalgas en forma deliciosa, mordía la almohada para no gemir, su lengua se posicionó en mi orificio y presionó, sentí como se iba abriendo mi esfínter y entraba la puntita de su lengua.

    Sentía mi colita cada vez más dilatada y abierta, su lengua cada vez entraba más profundo, la saca y succiona mi ojete, fue algo sublime, todo mi cuerpo se estremeció.

    En eso se levanta y abre un cajón sacando un botecito de lubricante.

    – Esta es mi botecito abre putos, tiene xilocaína y lo uso para aquellos putitos que son vírgenes o muy estrechos, no pensé que la necesitaría contigo.

    – No cabrón, no, porque con el anestésico me podrías lastimar y no sentirlo, no me garantiza que cumplirás tu palabra y no me harás daño- le contesté, ¿no tienes otra?

    – Ja, ja, si tengo otra, sin xilocaína, y me alegro que la pidas, quiero que sientas como te va abriendo mi verga.

    Sacó otro botecito y lo abrió, puso una cantidad generosa en sus dedos y aplicó en forma abundante en mi agujero, metió uno de sus gruesos dedos lleno de lubricante hasta el fondo haciéndome dar un respingo, por la sorpresa, pero pensando que fue de dolor me dice:

    – No mariconees, apenas es un dedo, deja untarte bien para que resbale bien mi verga y no te duela.

    Mi culito se contraía y relajaba alrededor de su dedo y expresó.

    – Tienes el culito muy apretado, cabrón, hasta pareces virgencita.

    Después de meter y sacar su dedo unos minutos, se unió un segundo dedo, con dos dedos las sensaciones eran más intensas y cuando alcanzó mi próstata me sacó un gemido de placer, me retorcí y alcancé a ver en el espejo del buró que sonreía burlonamente, una mueca pervertida se dibujó en su cara, con ambos dedos masajeó mi próstata al tiempo que abría y cerraba sus dedos en forma de tijera, mis gemidos se volvieron interminables.

    – Vaya que te gusta, pinche putita, pero ya estás lista para recibir mi verga, te dije que era experto en abrir culitos.

    Sacó sus dedos y me dio una nalgada al tiempo que empujó mi espalda hacia abajo y me hizo abrir más las piernas para tener mi trasero en posición:

    – Para bien el culo putita y abre bien las piernas, te quiero bien abiertita.

    – Despacito por favor- le recordé.

    – Si, será muy despacito, no te preocupes, confía y relajate para que no te duela.

    Aplicó una cantidad abundante de lubricante en la cabeza y el tronco de su verga y posicionó su verga en la entrada de mi orificio, y presionó con suavidad, y luego su verga recorrió mi raja, repitió la operación varias veces, sólo presionaba un poco y recorría el surco entre mis nalgas, en cada empujoncito sentía como mis labios anales acariciaban la punta de su tibia y tersa cabeza, era riquísimo ese suave contacto, realmente mi culo no requería tanta preparación, pero me dejé llevar, recordé mi desvirgación, realmente sabía cómo desvirgar un culo, mi colita se abría cada vez un poco más invitando al intruso a continuar, hasta que tomándome de la cintura empujó un poco más y mi esfínter se abrió para amoldar toda la cabeza en mi interior.

    – ¿Te duele?- preguntó.

    No, no me duele le respondí.

    – Ya ves, nena, te dije que era un experto, ahí va un poquito más.

    Me la fue metiendo poco a poco en un lento vaivén, la sacaba un milímetro y metía dos, sentía como su grueso y caliente trozo de carne me iba abriendo poco a poco, estirando mis pliegues internos y conquistando mi culo en una forma deliciosa, pronto tuve la mitad del tronco en mis entrañas y empezó un vaivén un poco más largo, sacando su verga hasta dejar solo la cabeza dentro y regresar hasta meter la mitad de su verga, mis gemidos aumentaron de intensidad, hasta que tomándome fuerte de la cintura me da un fuerte embiste y me la entierra hasta lo más profundo, el dolor fue terrible y me aventé sobre la cama para tratar de zafarme, pero siguiendo mi movimiento se recostó encima mío con todo su peso, impidiendo que lograra mi objetivo.

    Pegué un grito estremecedor y un par de lágrimas rodaron por mis mejillas, me retorcía de dolor e intentaba zafarme sin éxito, empecé a maldecirlo por no cumplir su palabra.

    – Shhh, shhhs, tranquila, ya va a pasar el dolor, relajate.

    – Cabrón, maldito, me has reventado el culo, prometiste empalarme despacio, aghhh

    – Cálmate, me gusta que mis nenas me sientan, ya no chilles, ya pronto gozarás.

    Me sentía aplastado por su cuerpo, casi no podía respirar, sus manos sobre las mías, sus vellos rozaban toda mi piel, su aliento sobre mi nuca, después de un rato sin moverla me dijo:

    – Relajate nena, que ahora empieza lo bueno, te voy a coger como nadie te ha cogido en tu pinche vida-

    Empezó a dar pequeños empujoncitos como para que notara bien su verga enterrada hasta lo más profundo y moviéndose en forma circular, el dolor disminuyó y empecé a disfrutar, hasta que nuevamente me la sacó hasta la mitad y me la vuelve a enterrar en forma violenta hasta el fondo, volví a gritar, el dolor regresó, me lastimaba, todo mi cuerpo se retorció, grité:

    – Basta, basta, sácala, aggh, me estás matando, hijo de putaaaa

    – No te la voy a sacar, nena, estoy disfrutando como nunca, tienes el culo tan suave, caliente y apretadito, pareces virgencita, te aconsejo que aguantes y te relajes, no te la voy a sacar hasta que te deje bien preñada, esta cogida no la olvidarás en tu vida, para que sientas como coge un verdadero macho.

    Seguía intentando zafarme, sin éxito, me tenía bien sujeto y seguía embistiendo con toda su fuerza y hasta el fondo, mi culo era castigado sin misericordia y un par de lágrimas resbalaron por mis mejillas, cualquier huida era imposible, así que resignado traté de relajarme, se echó una carcajada y dijo

    – Asi es putita, aghhh, relájate y pronto estarás chillando de placer.

    Aunque ya no me resistía, seguía pidiendo piedad, pero más lo excitaba:

    – Sácala, anda, te la chupo, ya mo me lastimes.

    Su única respuesta era empalarme una y otra vez, mi culo estaba completamente a su merced.

    Seguía gritando e insultandolo, solamente reía, al pervertido le gustaba verme sufrir con su verga enterrada en mi trasero.

    Poco a poco mi culo se fue acostumbrando al salvaje tratamiento, una ola de calor invadió mi cuerpo, sentía fuego en mis entrañas, pero cada que su verga golpeaba mi próstata era más placentero, un placer que aumentaba a pasos agigantados, sus vulgaridades ahora me excitaban, mi verga se había puesto durísima.

    Seguía gritando, pero mis gritos eran de placer, me besaba y chupaba la espalda y el cuello, pellizcaba mis pezones, mis gemidos aumentaron, señal inequívoca de que estaba gozando la salvaje cogida, al escucharme se echó a reír:

    – Ja, ja, ja, puta, ya te está gustando, ¿verdad?, sabía que eras una putita de categoría, pronto vas a estar pidiendo más, que te ensarte más duro, recuerda lo que te estoy diciendo.

    Mi única respuesta fue un fuerte gemido, acercó sus labios a mi oreja y me empezó a susurrar vulgaridad es, mientras mordisqueaba mi oreja:

    – Toma putita goza, disfruta a tu macho, te voy a dejar el culo abierto como un coño, toma, toma, aghhh

    Continuó el violento mete y saca a toda velocidad en mi adolorido culo, ya no me importaba, el placer que sentía superaba con creces el dolor que sentía, me entregué por completo, levanté más el culo y empecé a gritar:

    – Agggh, papi, sigue, dame más duro, preñameee, rómpeme el culo, soy tu putaaa, Aggh.

    Entonces me tomó de la cintura y empezó a empalarme a una velocidad tremenda, prácticamente me taladraba, con el culo levantado y la espalda arqueada, me la metía en un ángulo que me entraba mucho mejor, mi culo era suyo, estaba en la gloria, me encantaba como chocaba su pelvis con furia contra mis nalgas, extraños espasmos recorrían mi cuerpo, mi piel se puso más sensible y los vellos que acariciaban mi piel me causaban escalofríos en cada poro, me susurró:

    – Sabía que te iba a gustar putita, me encanta cogerme a tipos como tú, que se vean machitos, pero en la cama sean unas putitas mariconas, me da coraje que el cabrón de Rodrigo haya gozado primero tu rico culo, aghhh, pero te voy a dar tanta verga que mañana no vas a poder ni caminar.

    Se dejaba caer completamente sobre mí, como si quisiera hundirme en la cama, cada embestida era brutal y al mismo tiempo sublime, me retorcía en cada embiste, la cabeza de su verga golpeaba con furia mi próstata y una corriente de placer recorría mi cuerpo en cada embestida, todo mi cuerpo empezó a convulsionar, me sentía desvanecer y de pronto mi verga explotó en un orgasmo potente e intenso que aumentó mis convulsiones, parecía que estaba teniendo un ataque epiléptico, no podía controlar mi cuerpo, mi culo se contraía en forma involuntaria, ahorcando aquel ariete que me estaba causando tanto placer, el sudor escurría por nuestros cuerpos, me apretaba con sus brazos contra su cuerpo con fuerza, mi cuerpo parecía una muñeca de trapo que se zangoloteaba sin control, mis ojos estaban en blanco y saliva escapaba por la comisura de mis labios, ya no pudo aguantar más, sentí como su verga se engrosaba y estallaba en mi interior, inundando por completo mis entrañas, mi culo estaba tan sensible que la sentía palpitar y notaba como se engrosaba para lanzar sus chorros de leche ardiente en lo más profundo de mi cuerpo, no recuerdo cuantos trallazos de leche me depositó, hasta que por fin se desplomó sobre mi cuerpo, sentí que la frecuencia de los espasmos de su verga fueron disminuyendo al tiempo que perdía rigidez, hasta que finalmente salió de mi estropeado culo.

    Pasaron unos diez minutos cuando por fin recobramos la conciencia lo empujé para quitarlo al lado mío y con piernas temblorosas intenté levantarme, sentía un intenso ardor en mi trasero y fui lentamente al baño a descargar su semen, después me di una ducha rápida.

    Al salir Victor seguía recostado y dijo.

    – Carajo, jamás había gozado tanto, con razón el cabrón de Rodrigo te hizo su puta y dejó de coger con viejas. Se tiene que repetir.

    – Ni lo sueñes, ya cumplí y me voy, espero cumplas tu palabra.

    – Soy hombre de palabra. Si lo prometí así será. No te preocupes, pero estoy seguro que gozaste con mi verga y mucho, y me encantaría volver a culearte.

    – Ni lo sueñes cabrón, eres un bruto, me has dejado todo el culo maltrecho, me duele horrores.

    Con una mueca de satisfacción y sonriendo dijo:

    – Vamos, si te encantó que te cogiera así, no puedes negar que te corriste con mi verga enterrada en tu culo.

    – Sabes, prefiero coger con hombres porque me gusta coger fuerte y mis culeadas no la aguanta una vieja, me encantó cogerte y sé que también te encantó, estoy seguro que regresarás por otra cogida, eres una puta y como buena puta regresarás con tu nuevo macho.

    Era verdad que había gozado, no respondí, me puse con dificultad mi ropa y me marché.

    Al otro día era notorio mi dificultad para caminar e inventé que había tenido una caída, el culo me seguía ardiendo horrores y no podía ni sentarme, Victor me miraba con una sonrisa burlona y recordé que me había dicho que no podría ni caminar. Rodrigo me llamó a su privado y le conté todo lo que había pasado, pero le oculté que al final había gozado como una perra, maldijo a Victor y me pidió que le enseñara el culo, sacó una pomada del botiquín y me la aplicó en mi maltrecho ojete, el cual me comentó estaba al rojo vivo, pero no parecía un daño mayor, así también me dio el día para que fuera a descansar a casa, y así fue, al otro día amanecí mucho mejor, aunque seguí con el ardor en mi culo varios días, un ardor que me hacía recordar la encarnizada cogida que me habían dado.

    Aunque había sido una experiencia muy dolorosa, también fue muy intensa, nadie jamás me había cogido con esa brutalidad y con frecuencia la recordaba y me ponía muy caliente, si bien Rodrigo cogía estupendamente y me hacía gozar hasta la locura, la forma dominante y salvaje de coger de Victor también tenía lo suyo.

    Tres semanas más tarde me llegó un mensaje de Victor que decía:

    – Ya borré el video de Rodrigo y tú, tengo palabra, pero me gustaría volver a cogerte.

    – Ni lo sueñes, no – contesté tajantemente, aun cuando en el fondo, me hubiera gustado repetir.

    – ¿Y si te digo que ya sé quién es la putita que está con Rodrigo, la de los otros cinco videos?

    – ¿Podemos negociar?

    Me apresuré en responder:

    – Una cogida por cada video.

    Solo recibi una carita sonriente y los emojis clásicos de la berenjena y el durazno.

    El trato estaba cerrado. Creo que fue un buen trato, ¿o no?, ¿Que opinan?

    Si les gustó, espero sus comentarios a [email protected].

    Relato anterior:

    “Por amor a mi esposa le permití a mi amigo que se la cogiera”

  • Mi hermano Matías

    Mi hermano Matías

    Es una locura pero es lo que yo siento: estoy super caliente con mi hermano mayor Matías: es un atractivo muchacho de 25 años, tiene el cabello color marrón chocolate y ojos verdes, es bastante alto ya que mide 1,85 de altura. Solo nos llevamos 5 años y tenemos el mismo color de cabello.

    Siempre fuimos muy cariñosos, él me suele dar besitos en la mejilla y me acaricia el cabello, yo lo abrazo y me siento en sus piernas mientras el me acaricia

    Esta noche me preguntó si quería dormir con él, ya que sabe que no me gusta dormir sola, le dije que sí. Por eso mismo me puse mi típico pijama: un short rosa que hace que mi trasero se vea más grande y un top del mismo color que parece un sostén por que deja mis pechos casi al descubierto (pero no llevo sostén).

    Voy al dormitorio de Matías y el me hace lugar en su cama, nos acostamos y nos ponemos en posición de cucharita.

    -Estas hermosa -me dice mientras no para de darme besos por la mejilla y algunos por el cuello.

    -Matías

    -Dime

    -Me encanta estar con vos, los mejores momentos de mi día son los que pasamos juntos.

    -Eres lo mejor de mi vida, mi querida Amber, te quiero mucho.

    -Yo te quiero más -me doy vuelta para mirarlo de frente y por unos minutos apoyo mi cabeza en su pecho, luego es mi turno de darle unos cuantos besos, empiezo por las mejillas, le lleno de besos su cuello y le doy besos en las comisuras de los labios.

    -Bésame -murmura por lo bajito, entonces me doy cuenta que mi hermano quiere que lo bese en la boca, no lo dudo ni un minuto y eso es lo que hago.

    Primero fue algo suave porque él estaba sorprendido, pero luego él fue quien se encargó de ponerle pasión al beso, empezó a mover sus labios rápido alrededor de los míos y a saboreármelos, cuando el beso termino nos quedamos mirándonos a los ojos.

    -He besado a mi hermana menor y me ha encantado -dice Matías, con esta afirmación nos empezamos a besar nuevamente pero con caricias de por medio, yo le toque suavemente su pecho hasta sacarle la remera y luego le he tocado sus abdominales, mientras tanto Matías se ha dedicado a acariciarme la espalda y a introducir sus manos por debajo de mi top.

    -Amber

    -¿Que?

    -¿Quieres que siga?

    -Quiero que me hagas el amor, quiero ser tuya ¿tú no quieres?

    -También quiero hacerte mía -me dice y minutos después ya estamos desnudos los dos.

    -Que hermosa eres sin ropa -me dice mientras mira mi cuerpo desnudo.

    -Más hermoso eres tú -le agarro su pene que ya está muy duro- tu miembro es una obra de arte que debe ser adorada -cuando termino de decir esto meto su pene en mi boca (no puedo creer que le esté haciendo sexo oral a mi hermano).

    Primero le chupo la zona de la cabeza y muevo mi lengua despacito haciendo los movimientos más ricos y hot posibles, después voy bajando con mi lengua hacia el resto de su verga, la saboreo, la disfruto, me encanta que esa verga este en contacto con mis labios de una manera tan sensual, miro a Matías a los ojos y está en un placer infinito, ya se le olvido que hasta soy su hermana y está gimiendo por lo bajito, le hice un sexo oral tan rico hasta que le temblaron las piernas de tanta excitación.

    -Tu concha también merece ser adorada- me dijo y le dio unos cuantos besos a mi vagina para después pasarle la lengua como si fuera una paleta de helado, mientras me chupaba la concha súper rico me manoseaba las tetas, su lengua hizo contacto con el fondo de mi clítoris y eso me causo un estremecimiento de placer y calentura, luego metió los 3 dedos y cuando los saco se los metió en la boca de una manera tan sensual que me volvió loca.

    -¿Estas lista? -me pregunto, yo le hice un movimiento afirmativo con la cabeza y puse mis piernas alrededor de su cintura.

    Matías me tomo de la mano cariñosamente para demostrarme que me quiere mucho más allá del sexo y con una embestida profunda me penetro, su pene entro completamente en mi vagina.

    Yo di un gemido de sorpresa, luego de que el asombro paso el empezó con los movimientos sin soltarme nunca de la mano, sus embestidas fueron tan increíbles que yo no he podido evitar gemir pero siempre tratando de no hacerlo tan fuerte porque nuestra madre es católica y dice que el incesto es un pecado totalmente aberrante, yo pienso que el incesto es el pecado más delicioso que puede existir y más si lo haces con tu hermano mayor.

    Luego cambiamos de posición: nos pusimos de cucharita otra vez pero en esta ocasión fue totalmente desnudos y el me penetro de costado agarrando fuerte mis tetas.

    Pasamos unos cuantos minutos en esa posición sensual y romántica hasta que vino el momento más rico: el de la eyaculación.

    Yo abrí bien grande la boca a pedido de Matías y el eyaculo una buena cantidad (fue tan abundante por que hasta se escapó un poco de leche y fue a parar a mi pecho).

    Cuando terminamos de tener sexo nos abrazamos y nos empezamos a besar.

    -Fue increíble -le dije

    -Vamos a repetirlo

    -Claro

    -Pero ahora quiero que seas algo más que mi hermana

    -No te entiendo

    -Desde que cumpliste los dieciocho estoy enamorado de ti, y ahora que tienes veinte recién me animo a confesártelo, quiero que seas mi novia.

    -Acepto -fue mi respuesta

    Desde esa increíble noche me he convertido en la novia de mi hermano Matías…

  • Tato, mi hijo

    Tato, mi hijo

    Con Clara, mi esposa, llevamos 37 años de casados. Yo tengo 67 y ella 62 años. Tenemos un hijo de 36 años, profesional, pero aún vive con nosotros. En cada reunión ya sea por cumpleaños o fiestas de fin de años, nunca falta quien le diga:

    — Y Tato… ¿para cuándo los confites?, porque que yo sepa, todavía no tenés novia.

    Él siempre respondiendo con una tímida sonrisa.

    Cierto día, a la hora de la siesta, mi esposa dormía y yo me levanté a tomar jugo de la heladera, cuando lo vi a Tato que estaba sentado llorisqueando. Me alarmé y sentándome a su lado, lo abracé y pregunté qué le estaba pasando.

    Tato gemía tratando de cortar el llanto y mirándome a los ojos me dijo:

    Papá, todos me preguntan cuándo me voy a casar o cuándo voy a tener novia, pero tengo que confesarte algo que te puede lastimar, pero sos al único que se lo puedo decir no quiero lastimar a mamá. ¡Perdoname!

    La verdad, me quedé preocupado pensando que padecía de alguna enfermedad grave que nunca nos confesó y esperé a que se abriera y lo contara.

    ¡Papá, soy gay! No me gustan las mujeres y sí, tengo relaciones sexuales con hombres.

    Lo abracé conteniendo las lágrimas y dije:

    — Mirá hijo, es tu decisión, si vos sos feliz así, te apoyo.

    — Sí, pero no dije lo peor.

    — Decime sin miedo alguno, hijo.

    Él me miró a los ojos casi con miedo y ante mi insistencia, me abrazó fuerte y lo oí decir:

    — Lo peor es que, siempre estuve enamorado de vos. Desde chico y en la adolescencia me masturbaba fantaseando con tu pija y me calentaba mucho. No sabés lo triste que es esto y tengo miedo de tu rechazo y si no querés verme nunca más, lo entenderé. Buscaré alquilar lejos para no verte.

    Me quedé pasmado. Nunca hubiera esperado tal confesión, pero recordé las veces que se metía en el baño cuando yo estaba orinando y se paraba mirándome la pija. Yo lo corría para que no viera. Claro, cómo no entendí el mensaje. Pude corregirlo, pero, guardé silencio por vergüenza, porque yo fui abusado por un amigo de mi padre y fui su “hembra” cuando se daba la ocasión. Primero lo sufrí mucho, pero con el tiempo era nuestro secreto y esperaba que llegara ese momento para estar con él. Quizá, los genes homosexuales se lo transmití a mi hijo y sentía culpa.

    Abracé fuerte a mi hijo, pues, ahora teníamos un problema más grande. Cómo hacía para que ese chico que lleva mi sangre, no sintiera ese “amor” hacia mí. Debía pensar algo rápido para ayudarlo.

    Tato seguí abrazado a mí, llorisqueando. Tal vez no se soltaba esperando un rechazo y asco de mi parte, pero, recordando mi pasado, tuve que contarle mi gran secreto para que dejara de sentirse tan mal.

    Tato me soltó y miró a los ojos como preguntándose si era verdad cuanto le contaba y se lo confirmé.

    Me abrazó con más fuerza y dijo:

    — ¿Entonces no pierdo la esperanza de tener relaciones con vos, papá?

    Guardé silencio por unos segundos y sin pensarlo, respondí:

    — Todo puede ser, pero dame tiempo para asimilarlo. Confieso que nunca dejé de sentir esas ganas de volver a estar con un hombre y si se tiene que dar de esta manera, la acepto con mucho orgullo que sea con vos.

    Tato me miró y sin darme tiempo a nada, me dio un beso de lengua que casi me ahoga. Respondí enseguida y nos trenzamos en una franela impresionante. Me manoteó el bulto y dijo:

    — ¡Por favor, dame esa verga, te la quiero mamar!

    Me bajé el calzoncillo y me entregué a una estupenda mamada. Yo lo miraba y disfrutaba, aunque no era lo correcto, debí tratar de que abandonara esa fantasía, pero lo frené y le dije:

    — ¡Vamos a tu cuarto!

    Una vez allí, cerro con llave la puerta y se desnudó. Yo me quité el calzoncillo y no tiramos a franelear en la cama. Me sentía que volaba de calentura. Necesitaba hacer esto, aunque sea con mi hijo.

    Luego, hicimos un 69 y acabamos el uno al otro en la boca y tragamos el semen con placer. Tato quería que lo cogiera y yo le dije lo mismo, es decir que él me penetrara, pero ante el temor de que mamá nos descubriera, mejor lo dejamos para otro momento. Lo principal es que, ya habíamos roto el obstáculo de ser padre e hijo, para ser “amantes” de ahora en más.

  • La sombra de las Pirámides: Un viejo amigo

    La sombra de las Pirámides: Un viejo amigo

    Hilary miró por encima del hombro y se quedó sin aliento al ver al extraño hombre negro. Él asintió y siguió sonriendo.

    «¡Jesús!», murmuró la pelirroja.

    «Creo que es hora de conocer a nuestro oponente», dijo Jacqueline.

    Se puso de pie, agarró la bolsa y se fue. Hilary observó a Jacqueline salir del vagón comedor. La mirada del hombre negro siguió la de Jacqueline. A Hilary no le gustaba que la dejaran sola y rezaba para que el hombre negro no se acercara a ella. Estaba distraída por la llegada de su comida.

    Jacqueline corrió a través de varios coches cama hasta que llegó a su compartimiento. La habitación había sido reconvertida para dormir. Rápidamente sacó la caja de los jeroglíficos y la abrió. El escorpión se abalanzó sobre ella. Había puesto al acechador de la muerte sobreviviente en la caja como una trampa para cualquiera que intentara robarla. Jacqueline chasqueó los dedos para distraerlo y lo levantó fácilmente por la cola con la otra mano. Colocó el escorpión en un vaso y cerró la caja. Recuperó su revólver Enfield y abrió el cilindro, comprobando las balas. Dejó el revólver junto a la caja, listo en caso de que lo necesitara y luego salió al encuentro de su enemigo después de asegurar la puerta de la cabina.

    Lo primero que notó cuando regresó al vagón restaurante fue que Hilary no estaba. Ella había limpiado su plato. La comida de Jacqueline estaba en su lugar, intacta. Un hombre con un uniforme negro oscuro estaba sentado en la mesa contigua a la de ella. Un brazalete nazi alrededor de su bíceps; era uno de los alemanes que había visto llegar ese mismo día.

    «Fraulein», dijo, asintiendo hacia ella, notando su atención y observando sus formas y su belleza.

    Sus ojos recorrieron su cuerpo arriba y abajo, deteniéndose en la curva de sus pechos.

    «Sturmbannführer», respondió ella, leyendo la insignia de su rango.

    [Sturmbannführer equivale a «mayor», fue uno de los rangos militares de la Alemania nazi usado por SS. Su traducción bien podría ser «comandante de la unidad de asalto». Este rango era superior al de hauptsturmführer (capitán)]

    Era un hombre feo, pálido e hinchado. Sus ojos eran hundidos y brillantes, mirándola a través de unas gafas redondas de alambre dorado. Era corpulento con una gran papada y mayormente calvo con algunos mechones de cabello colgando en parches sobre su cabeza. Un político fuera de forma, para nada un militar.

    «Tal vez le gustaría unirse a mí», dijo, su voz con mucho acento. «Siempre es bueno poder disfrutar de la compañía de una mujer hermosa».

    «Tal vez en otro momento», respondió ella. «Yo estaba sentada aquí. ¿Vió adónde fue mi compañera?»

    «¡Sí, la Rotkopf [pelirroja]! Se fue justo antes de que usted llegara, Fräulein [señorita]».

    «Danke», respondió Jacqueline.

    Quizá Hilary acababa de salir para usar el baño y Jacqueline se había cruzado con ella en el pasillo.

    «¿Puedo al menos refrescar su bebida, Fräulein?»

    Jacqueline miró el vaso que estaba en la mesa y su contenido.

    «No, gracias, mayor». Ella sonrió y asintió antes de darse la vuelta.

    «Soy Odilo Blobel», dijo con insistencia. «Si cambias de opinión sobre la cena o esa bebida. Estoy en el autocar de lujo al final de la línea».

    «Jacqueline Ainscow», le dijo. “Danke nochmal” [Gracias nuevamente]

    Se preguntó acerca de la extraña ubicación del coche nazi. Por lo general, el último vagón era un vagón de equipajes. Pero eso no importaba ahora, el cultista africano todavía la estaba esperando. Jacqueline se acercó al corpulento hombre negro. Él la vio acercarse, continuó sonriéndole.

    «Aket, supongo», dijo, sacando una silla y uniéndose a él.

    Hubo algunos jadeos y murmullos de la multitud al ver a una joven blanca unirse a un hombre negro en su mesa.

    «Soy Aket, Sumo Sacerdote y humilde servidor de Set». Levantó la mano para evitar que se presentara. «Tú eres Jacqueline Ainscow, exploradora, arqueóloga y aventurera, hija de Sir John Ainscow, un violador británico de las antigüedades de mi país».

    Jacqueline extendió la mano y volcó el contenido del vaso en la bebida de Aket.

    “Creo que esto es tuyo.”

    Sus ojos miraron al escorpión que se agitaba mientras se ahogaba en su bebida.

    «¡Oh, qué mujer más perniciosa! Esto es un whisky escocés de veinte años».

    «¡Hamlet!»

    Jacqueline miró al hombre sorprendida y notó sus ojos: no estaban del todo bien. Las pupilas no eran redondeadas, sino más estrechas como las de una víbora. Se estrecharon aún más cuando ella lo miró fijamente. Aket sonrió y buscó en la bebida el escorpión muerto. Lo levantó y se lo metió en la boca. La caparazón crujió mientras lo masticaba, antes de tragar y lamerse los labios.

    «Delicioso», afirmó, apurando el resto de su whisky.

    Dejó la bebida y le sonrió, pero la sonrisa se desvaneció cuando vio que ella no reaccionaba.

    «Vayamos al grano, Aket, amigo. Quieres el PENE y no puedes tenerlo».

    «Ahí es donde se equivoca, señorita Ainscow. Tendré el PENE DE OSIRIS, es la voluntad de su hermano SET que yo lo posea. Extendió la mano y agarró su muñeca, aplastándola con su fuerte agarre. «Yo tendré la POLLA y el mundo se hundirá en el caos”

    Jacqueline tiró de su muñeca del agarre de Aket. Ya había visto lo suficiente para saber que acababa de vislumbrar un posible futuro.

    «Sobre mi cadáver», le dijo a Aket, poniéndose de pie.

    «Ser o no ser, esa es la cuestión». respondió él acariciándose la barba.

    Jacqueline dio media vuelta y salió corriendo del vagón restaurante. Blobel se levantó como si fuera a hablar, pero ella lo ignoró y recogió el pan y el pepino de su mesa al pasar. Esperaba que Hilary estuviera en su habitación. Tendrían que defender el PENE. Tal vez, incluso, bajarse del tren en la próxima parada. Aket era más peligroso de lo que había pensado. Jacqueline decidió tener su Enfield a mano a partir de ese momento.

    Entró en el primer coche cama y se puso de lado para dejar pasar a una pareja de ancianos. Escuchó a la esposa jadear y miró por encima del hombro. Aket había aparecido en la puerta. Su forma corpulenta ocupaba la mayor parte del corredor y la pareja de ancianos tuvo que apretarse con fuerza contra la puerta de una cabina para que él pasara. Jacqueline dejó el vagón, la campiña austriaca pasaba a toda velocidad junto al veloz tren cuando entró en el siguiente coche cama. Aket estaba muy de cerca.

    El siguiente corredor estaba vacío y Jacqueline corrió a su cabina. Llegó a la puerta y se volvió para mirar a Aket cuando entró desde el exterior del tren.

    «Tengo un arma adentro», gritó, apoyando la mano en la puerta. Se abrió de golpe. ¡Alguien había forzado su puerta!

    Jacqueline cayó en su cabina, dejó caer su cena y se encontró mirando unos pies sucios con sandalias. Miró los pantalones caqui, la camisa blanca holgada y el feo rostro del hombre debajo de un fez rojo.

    «Este revólver», siseó Ahmed, a través de sus dientes podridos mientras apuntaba a su cabeza.

    . . . . . . . . . . . . . . . .

    Hilary estaba saboreando su rodaballo cuando se dio cuenta de una gran presencia de pie a su lado. Levantó la vista temerosa de que fuera el extraño hombre negro, pero se encontró mirando el hermoso rostro tosco de un oficial del ejército alemán.

    «¡Karl!» exclamó con deleite. Hilary se puso de pie y abrazó al hombre de constitución fuerte. «¿Cuándo llegaste?»

    «Hoy temprano», respondió Karl Jaeger. «¿Y dónde está Lady Jacqueline?»

    Hilary frunció el ceño ligeramente. Jaeger estaba bastante enamorado de Jacqueline Ainscow y durante su última aventura, los dos se habían convertido en amantes. Hilary se había acostado en su tienda escuchando durante horas los gritos de placer de Jacqueline mientras hacía el amor con el apuesto alemán. Jacqueline comenzó a referirse cariñosamente a su pene aparentemente grande como Mjolnir después de que se convirtieron en amantes.

    [En la mitología nórdica Mjölnir es el martillo/garrote del dios Thor.]

    En la opinión de Hilary, Karl Jaeger era uno de los hombres más perfectos que jamás había visto. Medía más de 1.80 mt. y era todo músculo duro. Su rostro era todo virilidad cincelada, con penetrantes ojos azules y cabello rubio arena. Su único defecto físico era el largo schmiss [cicatriz de Mensur] a lo largo de su mejilla izquierda, resultado de la ridícula tradición alemana de duelos. [El Mensur es un combate de esgrima con reglas estrictas entre miembros de una Studentenverbindung (asociación estudiantil) con armas de filo. Las cicatrices resultantes reciben el nombre de Schmiss, y estuvieron consideradas como una señal de honor hasta y la primera mitad del XX] Tenía la edad suficiente para ser el padre de Hilary, rondaba los cuarenta, y había luchado en el Somme durante la Gran Guerra, coincidentemente en la misma batalla en la que también había participado Sir John Ainscow, el padre de Jacqueline. Hilary estaba muy enamorada del hombre y no podía disimular la punzada de celos cuando mencionó a Jacqueline.

    Karl se hizo a un lado y, por primera vez, Hilary notó a su compañero, un hombre regordete y pálido con un uniforme negro, casi exactamente lo contrario de lo que ella veía de Karl Jaeger.

    «Este es mi colega, el Sturmbannführer Odilo Blobel.»

    Blobel entrechocó los talones e inclinó la cabeza.

    «Fräulein».

    Jaeger continuó.

    «Ésta es la señorita Hilary Collins, Sturmbannführer.»

    «Hauptman [capitán] Jaeger, ha hablado muy bien de usted, Fräulein Collins, pero su descripción no hace justicia a su belleza».

    Los ojos de Blobel parecían pegados a la hinchazón de los pechos de Hilary. Sacó un pañuelo de su bolsillo y se lo pasó por la frente. A Hilary le disgustó de inmediato el hombre sudoroso. También había notado que Jaegar lo había presentado como un colega y no como un amigo.

    «Si me disculpan un momento», dijo Blobel inclinándose de nuevo. Se alejó y dejó el vagón del restaurante, aparentemente para usar el baño.

    «Yo lo llamo Odd Blob», dijo Karl, sonriendo mientras Hilary se reía. «El partido nazi asigna tales oficiales políticos a la mayoría de los miembros de la Abwehr [defensa]».

    «Qué bueno verte otra vez, Karl», se rió.

    «Tú también, Hilary», dijo Karl. Jaeger hablaba un inglés impecable sin rastro de acento. «Entonces, ¿Jacqueline regresará?»

    De hecho, giró la cabeza, mirando de arriba abajo las dos entradas del vagón restaurante. «Como un cachorro enamorado», pensó Hilary tratando de no mover la cabeza. Odilo Blobel volvió y tomó asiento. Hilary le sonrió, tratando de no reírse.

    «Debería volver por su comida en breve, Karl», dijo Hilary, señalando con la mano la cena intacta de Jacqueline.

    «Gute» —dijo Karl de nuevo, mirando de un lado al otro del vagón comedor—. «¿En qué coche cama te quedas?»

    «El primero más cercano a la locomotora. Nos subimos en Estambul. ¿Tú dónde te hospedas?» preguntó Hilary, mirando fijamente a los ojos de Jaeger.

    «Tenemos un autocar de lujo del partido nazi al final». dijo Karl.

    «¡Un autocar de lujo! Apuesto a que es asombroso» Hilary sonrió. .

    «Es bastante agradable. Camas grandes, armario, escritorio, hasta tiene una bañera con calentador eléctrico».

    «¿Qué tan grandes son esas camas, Karl?» preguntó Hilary, inclinándose y colocando su mano sobre su rodilla. Karl arqueó una ceja y le devolvió la mirada. Nunca antes había sido tan atrevida con un hombre y Hilary se preguntó a sí misma si estaría sufriendo los efectos del PENE. Se había sentido excitada todo el día, y su calentura había aumentado al ver a su enamorado. Además, confiaba que hacer el amor con Jaeger borraría sus pensamientos pecaminosos sobre Jacqueline.

    «Las camas son muy espaciosas», dijo Karl, sacudiéndose un poco cuando la mano de ella se deslizó por su rodilla y encontró la cabeza de su schwanz [pene]. «¿Te gustaría ver el carruaje ahora, Hilary?»

    «Sí, claro, me encantaría». Hilary se pasó la servilleta por los labios y se levantó.

    Jaeger también se levantó.

    «¡Rotkopf schlampe!» [pelirroja puta] murmuró Blobel. Estaba disgustado por la suerte que estaba teniendo Jaeger.

    «Tómese su tiempo, Herr Sturmbannführer», dijo Karl al nazi. «Puede que tarde un poco».

    Hilary tomó el brazo de Karl y se fue hacia la parte trasera del tren. Corrieron a través de los vagones cama y se besaron con mucha lujuria en el vagón de equipajes.

    Ella quedó impresionada con el autocar de lujo. Tenía cuatro camas gemelas, una mesa y sillas junto a una ventana. Jaeger se acercó a la mesa y guardó algunos documentos en una carpeta. Un escritorio tenía una radio de comunicaciones y un micrófono. Una gran bandera con la esvástica nazi colgaba de una pared junto a una pintura del canciller Adolf Hitler. El baño estaba detrás de un tabique, un lujo increíble para un tren. También se exhibieron estoques cruzados en una pared.

    «Desabróchame, por favor.» le solicitó ella mientras se sujetaba el espléndido pelo rojo del cuello.

    «Esta es una sorpresa inesperada», dijo Karl, acercándose y besándola justo debajo de la oreja mientras sus dedos desabotonaban su vestido por la espalda. Ella gimió ante su beso. Ésta era su fantasía más profunda hecha realidad.

    «Es una larga historia, Karl. Realmente necesito estar con un hombre en este momento y tú eres el más varonil de todos los hombres que he conocido».

    Él besó su cuello y colocó sus manos debajo de su vestido sobre sus hombros desnudos, deslizándolo lentamente hacia sus brazos. El vestido cayó a sus pies cuando él le pasó las manos por la espalda. Hilary dio un paso adelante y se volvió, atónita al ver que su sostén también se le caía del cuerpo. Ella levantó la vista sorprendida. Ni siquiera lo había sentido desabrocharlo, pero el hecho de que fuera hábil quitando la ropa interior de una mujer no la sorprendió. Se había detenido y miraba fijamente sus pechos desnudos. Sus pezones rosados ya estaban completamente duros y doloridos por su toque.

    «¿Te gustan?» le preguntó ella, y agregó después de que él asintió con la cabeza, «¿no son demasiado grandes?»

    «A los alemanes nos encantan las mujeres tetonas. Y tú, mi amor, eres tan rolliza como una sirvienta de cerveza bávara». Jaeger se rió.

    A Hilary le gustaba oírle llamarla «mi amor». Le gustó aún más cuando él dio un paso adelante y la tomó en sus brazos, inclinándola hacia atrás para un beso apasionado que vio sus lenguas bailando en la boca del otro. La empujó ligeramente hacia atrás y se inclinó, besando y chupando primero el pezón izquierdo y luego el derecho.

    Jaeger se arrodilló y lentamente bajó sus bombachos, besando su ombligo cuando apareció. Los bombachos cayeron a sus pies y se los quitó mientras Karl se levantaba.

    Dio un paso atrás y observó su forma desnuda.

    «¡Impresionante!» exclamó él. «Eres absolutamente impresionante».

    Hilary tembló desnuda ante el apuesto oficial alemán uniformado. Dio un paso adelante y se puso de rodillas. Sus manos hurgaron su hebilla antes de abrir sus pantalones. Tiró de ellos hacia abajo, mirándolo mientras lo hacía. Él le devolvió la mirada mientras se quitaba la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. Hilary le bajó los pantalones y dirigió su mirada al enorme bulto debajo de su ropa interior. Sus manos temblorosas se estiraron y la jaló hacia abajo, revelando su vello púbico arenoso y la base de su grueso pene.

    «Dulce Jesús», susurró cuando su polla saltó libre.

    «¿Te gusta?» preguntó, riéndose. «¿No es demasiado grande?»

    «A las mujeres irlandesas les gustan las pollas grandes», respondió ella. «¡Y tu Mjolnir es un GRAN PENE!”

    Karl sonrió. Le gustó el apodo de Jacqueline para su schwanz y realmente disfrutó el asombro en los ojos de una mujer cuando lo vio por primera vez.

    Hilary sonrió. Karl siempre podía hacerla sonreír. Ella no quería apartar la mirada de su polla. Era casi tan grande como el PENE de OSIRIS. Debía de tener quizás más de 20 cm. de largo.

    «Normalmente no hago esto, Karl», dijo ella, inclinándose hacia adelante y tomando la cabeza de su magnífica polla en su boca.

    «Dios, sí», siseó Jaeger, echando la cabeza hacia atrás y gimiendo mientras su lengua giraba alrededor de la cabeza de su polla.

    Hilary gimió de lujuria cuando la cabeza de su polla alcanzó su garganta. Quería complacer a este hombre. Quería quitarle parte de su enamoramiento por Jacqueline Ainscow. Sus ojos lo miraron mientras él se abría el uniforme. Su pecho era musculoso pero vio con algo de tristeza que su cicatriz de duelo no era su único defecto físico. Jaeger tenía dos cicatrices de bala en el pecho y una larga cicatriz mal curada a lo largo de la cintura derecha sin duda de una bayoneta británica o francesa. Una correa de cuero alrededor de su cuello mostraba un amuleto de Thor, no la cruz que ella esperaba.

    Hilary chupó su polla más profundamente, luchando por no atragantarse cuando la cabeza redondeada entró más profundamente en su garganta. Para un hombre tan fuerte, los dedos de Jaeger fueron suaves cuando se deslizaron por su espeso cabello rojo. Su agarre se intensificó en su cabeza y comenzó a guiarla arriba y abajo de su eje, sus caderas empujaban hacia adelante.

    Hilary casi se atragantó cuando su polla se hinchó aún más y se sacudió en su garganta. Su semilla corrió a través del eje para brotar de la punta y deslizarse dentro de su boca. Nunca antes había tragado el semen de un hombre y trató de apartarse, pero él mantuvo su fuerte agarre sobre su cabeza mientras su polla enviaba más ráfagas de semen a su boca. Él relajó su agarre y ella se echó hacia atrás, pero justo cuando el glande salía de su boca, volvió a brotar y su boca se llenó con su semen caliente. El sabor la sorprendió. ¡Estaba bien! Después de eso, sus manos encontraron el eje, acariciándolo en un intento de ordeñar más esperma. Varios chorros más se dispararon a través de su lengua.

    «Lo siento, ha pasado un tiempo», se disculpó Jaeger.

    Él se agachó y la ayudó a ponerla de pie, inclinándose hacia adelante para besarla. Siguió besándola mientras la giraba y lentamente la hacía retroceder hasta que ella cayó de espaldas sobre una de las camas, con las piernas colgando por el costado.

    «Yo tampoco suelo hacer esto», dijo él, cayendo de rodillas entre sus piernas.

    «Mentiroso», se rió ella mientras su lengua lamía entre los pliegues rosados de su coño excitado.

    La risa se convirtió en un maullido cuando su talentosa lengua se puso a trabajar con ella. Él no se detuvo después del primer orgasmo y continuó lamiendo su coño, metiendo dos dedos en ella para llevarla a un segundo y tercer orgasmo. Hilary levantaba su ondulante cuerpo acompasando la lengua del militar como la de una mujerzuela lasciva. Jadeó cuando tuvo un poderoso cuarto orgasmo. Apenas se estaba recuperado de su último orgasmo cuando Karl se puso de pie y la punta de su polla la abría y la empujaba profundamente.

    La polla de Jaeger fue nombrada acertadamente cuando tomó sus rodillas debajo de sus brazos y comenzó a martillar a la irlandesa con fuerza. El cuerpo de Hilary saltaba en cada embestida del grueso pene, sus músculos vaginales se aferraban con fuerza a él mientras se corría una y otra vez. De repente tiró de su pene para liberarlo, en busqueda de unos segundos de descanso y de aire. Ella miró su miembro; era de un rojo brillante, duro e hinchado, desenfrenado por su necesidad de correrse. También estaba empapado y goteando con sus fluidos. Aún no había terminado.

    «Date la vuelta», jadeó él.

    Hilary se dio la vuelta, poniéndose a cuatro patas. Él se paró detrás de ella y lentamente guió su polla de regreso a su coño caliente. Ambos gimieron cuando lo volvió a enterrar. Karl se quedó quieto durante varios minutos tratando de luchar contra su necesidad de correrse, su polla se sacudía varias veces dentro de ella enviando temblores de placer por todo su cuerpo. Después de varios minutos, él agarró sus caderas y comenzó a trabajar su pene de nuevo, lentamente al principio, aumentando la velocidad. Los gemidos de Hilary se convirtieron en un grito constante a medida que un orgasmo se convertía en otro: en un poderoso y continuo clímax. Entonces Karl hizo algo inesperado. Sus manos agarraron sus glúteos y ella sintió la punta de su pulgar presionando contra su ano. Su capullo de rosa se abrió para él quien empujó su pulgar dentro. El clímax ya fuerte se duplicó, sus músculos vaginales apretando su eje mientras rociaba sus bolas con fluidos vaginales. Él la empujó hacia adelante hasta que su pene y su pulgar salieron de su cuerpo.

    Hilary quiso decir algo pero solo pudo jadear sobre la colcha. Karl se tumbó sobre ella.

    Un minuto más tarde el alemán se tumbó de espaldas, jadeando. La tocó en el hombro y movió la mano como diciendo: «Vamos, es tu turno para hacer el trabajo…»

    Hilary se levantó y se sentó a horcajadas sobre él. Su eje se sentía grueso entre sus piernas mientras deslizaba su húmedo coño por él, empujando el glande hasta que entró en ella. Lentamente el pene de Karl la penetró por completo. Hilary se sentó y asimiló su coño alrededor de su eje disfrutando la sensación de ser penetrada por completo. Miró amorosamente el cuerpo de Karl. Sus músculos abdominales y pectorales eran duros y sexys. Miró sus ojos azules. Inclinó hacia adelante su cuerpo. Karl entendió la intención de ella y mordió y lo succionó con su boca el pezón. Hilary jadeó y se corrió de nuevo.

    Karl gimió en su teta. Su pezón salió volando de su boca cuando Hilary de repente se sentó y comenzó a montarlo con fuerza. Sus enormes pechos blancos se agitaron mientras rebotaba en su regazo. Hilary se sonrojó un poco de vergüenza: la polla de Karl la estaba haciendo actuar como una maldita puta. La joven tembló cuando otro orgasmo sacudió su cuerpo. Había perdido la cuenta de cuántas veces se había corrido.

    Karl decidió participar en el acto: Gruñó, agarró sus nalgas y comenzó a levantarse mientras movía las caderas. La cama se estremeció por sus embestidas.

    «Voy a correrme. ¿Quieres que me retire?»

    Lágrimas de alegría rodaron por las mejillas de Hilary.

    «Nunca te retires. Sigue follándome hasta que tu gran polla me honre con tu semen».

    La vagina de Hilary explotó en una serie de contracciones alrededor de su verga chorreante. Chorro tras chorro del semen caliente del alemán roció su matriz. Tenía un nuevo orgasmo cada vez que su polla manaba y manaba. Hilary se sentó empalada en su polla jadeando antes de caer sobre su pecho donde se besaron hasta que su miembro quedó inerte dentro de ella. Ella se deslizó hasta que rodó fuera de él, todavía jadeando mientras miraba hacia el techo.

    «Nada en toda mi vida…», jadeó, «…se ha sentido tan bien como sentir tu esperma caliente corriéndose dentro de mí».

    «Eso fue increíble y una agradable sorpresa. Siempre quise follarte, Hilary».

    «¿Cómo es que nunca hiciste nada en ese sentido?»

    Karl se incorporó.

    «Bueno, ahí estaba Jacqueline. Además, tengo edad como para ser tu padre. Tengo una hija un año mayor que tú».

    «No sabía que tenías una hija».

    «Sí, su nombre es Ursula. Completó su servicio en la Liga de Chicas Alemanas de las Juventudes Hitlerianas. Ahora está en la La Liga Nacional-Socialista de Mujeres. La organización para mujeres miembros del partido. Estoy muy orgullosa de ella».

    «Suena bien.»

    Jaeger se rió.

    «Desde que le enseñé a disparar cuando era joven, quiere unirse a las SS e ir a la escuela de francotiradores. No quiere casarse. Me temo que se parece demasiado a mí».

    «No tiene nada de malo casarse y tener muchos bebés», suspiró Hilary.

    . . . . . . . . . . . . . . . .

    Aket entró en la habitación y cerró la puerta detrás de él.

    «¿Dónde está? ¿Dónde está el PENE DE OSIRIS?»

    «Lo encontré, maestro», dijo Ahmed sin dejar de apuntar con el arma a Jacqueline. «Está en la caja.»

    Aket pasó su gran mano negra por los jeroglíficos de la caja.

    «Por fin», gritó, con los ojos muy abiertos y brillando como un maníaco. Abrió la caja.

    Sacó el PENE de la caja. Estaba verde brillante.

    «Gran Set, te traigo de regalo el PENE de tu hermano, perdido hace 5000 años.»

    La luz verde se hizo más brillante.

    ****************************

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    Episodio siguiente: “La sombra de las Pirámides: Jacqueline enseña a coger al Gran sacerdote Aket”

  • Me cogí a mi mejor amiga

    Me cogí a mi mejor amiga

    Hola, mi nombre es Darío, 28 años, mido 1,78, flaco, cabello negro. Mi novia es Cami, 25 años, castaña clara, ojos verdes, 100 de tetas y cola grande. Hace años que somos novios y como publique en mis 2 anteriores relatos, nos encantan los tríos y el morbo. Si clickean en mi perfil van a encontrar esos relatos. En esta oportunidad les quiero contar cómo fue que termine en una orgía con un desconocido, mi novia y mi mejor amiga en la cama!

    Todo empezó un verano cuando en unas fiestas conocimos a Fede, amigo de Tatiana, mi mejor amiga, resultó ser que Fede era flaco, alto, ojos claros y eso le llamo mucho la atención a mi novia Cami, quién casi todos esos días me tiraba indirectas cómo que le gustaría probar hacer algo con él y yo. Entonces accedí y con charlas a través de Tati fuimos coordinando excusas para volver a juntarnos en distintas jodas, resultó ser que pronto sería el cumpleaños de Fede y no tenía lugar donde festejarlo, decidimos rápidamente con Cami que sería una buena excusa para que lo invitemos a casa.

    Ansiosos con mi novia empezamos a planear que haríamos ese día, y decidimos que cuando todo esté entonado por el alcohol y la fiesta, jugariamos unos juegos prearmados dónde en los retos nos indicaría ir a la habitación los 3 por unos minutos, y estuvimos de acuerdo que ella exagerando estar muy borracha nos haría sexo oral a ambos, y todo terminaría ahí, como un regalo de cumpleaños para Fede.

    Unos días antes de la fiesta, coordinando con mi amiga Tati por mensaje, le comenté nuestra idea de encerrarnos con Fede y Cami para ver qué pasaba, y entre risas y chistes le dije que ella también podía estar, a lo que me respondió, bueno ya fue jajaja… le conte a Cami sobre lo que había dicho Tati y como si fuera algo completamente normal, me dijo que no había problema!

    Desde ese momento empecé a pensar muchas cosas, Tati es mi mejor amiga hace más de 10 años y siempre me pareció muy linda, es flaquita, alta casi como yo, con muchos tatuajes, pelo teñido de colorado cortito, tetas chiquitas pero lindas, y una cola bien paradita bastante marcada con una cintura chiquitita. El solo pensar que iba a entrar a la habitación con nosotros me excitaba mucho, aunque aún no estaba seguro si ella iba a participar en algo y si realmente me iba a hacer sexo oral como lo planeamos con Cami.

    La semana paso sin tocar más el tema y llego el sábado, arrancamos tipo 17hs con pileta y alcohol, fue cayendo la noche y todos cada vez tenían menos ropa, unos 10 amigos y amigas en nuestra casa.

    La fiesta se fue entonando para la madrugada, recuerdo haberme besado con casi todos los presentes y entre alcohol y la pileta llegamos a las 3 de la mañana casi todos en ropa interior y mojados, fue en un momento que todos estaban en la pileta cuando me acerque a Cami que estaba en corpiño y short y le dije que era el momento perfecto para ir a la habitación, ella tomaba vodka y le dió un trago largo como para tomar valor y me dijo que si. Luego me acerque a Tati que bailaba en tanga y corpiño, ambos negros, y a Fede que estaba en boxer igual que yo. Les dije si querían ir a la habitación y rápido accedieron y nos fuimos los 4 para adentro.

    Entramos a la habitación, y Tati tumbó a Fede en la cama y se subió encima de él y comenzó a besarlo.

    Camí se sentó en el borde de la cama, saco mi pene de mi boxer y comenzó a chuparmelo muy excitada, yo de frente veía el culo de Tati en tanga sobre Fede y en unos segundos pude escuchar sus gemidos, él le había corrido la tanga y la estaba cogiendo, no podía creer lo que veía, no era lo planeado jajaja, Tati se levantó y vino a buscar a Cami cómo ayudándola en complicidad a que fuera con Fede. Cami dejo de chuparmela y fue a acostarse al lado de Fede y comenzaron a besarse y tocarse. Al mismo tiempo Tati se arrodilló delante mío, me agarró la pija y me la empezó a chupar muy fuerte, yo aún no caía, mi mejor amiga me estaba haciendo un pete. Unos 2 minutos después se levantó y me dijo vení, tomo un condón que no se dónde lo tenía y rápidamente me lo puso ayudándose con la boca, yo solo me deje llevar… me tomo de la mano y se subió a la cama a medio metro de Cami y Fede que ya estaban cogiendo de misionero, y se puso en 4 patas, aún con corpiño y la tanga puesta, no podia creer lo que veía porque varios años mire inocentemente su culo pensando que jamás pasaría algo así… no dude ni un segundo, me acerque, la tomé de la cintura y corrí su tanga a un lado y empecé a cogerla, el hecho de que siguiera con la tanga puesta me excitaba muchísimo más y se la estiraba hacia los costados mientras la agarraba de la cintura y le daba embestidas cada vez más fuertes. Empezó a gemir muy fuerte y eso me calentaba más, y de reojo miraba a Cami que también se había puesto en 4 y Fede se la estaba cogiendo aunque lo hacían en silencio.

    Cogí a Tati con la tanga puesta unos 5 minutos, luego se dió vuelta y puse sus piernas en mis hombros y la empecé a coger mientras la besaba y le chupaba las tetas, le quite el corpiño y su tanga, se volvió a dar vuelta y se acostó boca abajo, le levanté la cintura, dejando su cola hacia arriba y empecé a cogerla otra vez por detrás pero con toda la fuerza contra la cama, me ayudaba metiendo la mano por delante y masturbándola provocándole gemidos más fuertes, en esos momentos nos golpearon la puerta de la habitación pero nada nos importo y seguimos cogiendo, aunque pude ver que abrieron la puerta y al menos unos 3 amigos y una amiga nos vio todo, aunque nadie quiere decir nada al respecto actualmente, reconocí las voces de ese día en la puerta jajaja. Luego Tati me dijo que me acueste y ella se puso encima mío, me besó y empezó a cabalgarme encima rebotando sobre mi pija que le entraba toda mientras gemía y me agarraba fuerte los brazos dándome palmadas rápidas cómo que la excitaba y pedía mas. En una vista rápida ví a Cami chupandosela a Fede que la tenía sentada al borde de la cama, agarrando su cabeza contra su pija. Tati se levanto y me saco el condón, se acostó entre mis piernas y comenzó chuparme la pija nuevamente, me apretaba los huevos mientras se la metía hasta la garganta, aproveche ese momento para agarrar su cabeza y empujarle la pija hasta no dejarla respirar, ella aguantaba unos segundos haciendo garganta profunda y me empezaba a dar palmaditas en la pierna para que se la saque para respirar, así estuvimos unos 5 minutos más, me lamía la punta de la pija, me agarraba los huevos y se metía toda la pija hasta el fondo pidiendome que le acabará dónde yo quisiera, ya llevábamos media hora cogiendo a toda velocidad y cuando me pidió que le acabe, me levanté, ella se acostó y me arrodille sobre su pecho, pase mi pija por sus tetas, su cuello y agarrándole la cabeza volví a metérsela en la boca dándole embestidas para que se atragante, y me empecé a masturbar mientras me pasaba la lengua por la punta de la verga, me agarró de la cintura y me comió la pija nuevamente con mucha fuerza, prácticamente le estaba cogiendo la boca y cuando no aguante más se la saque y le acabe toda la leche en la cara y en su cuello. Fue una acababa larga y quedó acostada pidiéndome que le traiga algo para limpiarse mientras se reía.

    Me vestí y salí a buscar algo mientras que Camí y Fede también ya terminaban lo suyo en silencio, Tati se limpio, se vistió y se fue al baño, Cami se quedó un rato rescotada y Fede también se vistió y salió, me quedé con Cami y le pregunte si le había gustado, me dijo que le encantó, aunque se reía porque decía que no era lo planeado, no tenía en los planes coger con Fede a quien no volvimos a ver, y tampoco se esperaba que yo me coja a Tati de esa forma tan excitante. Los 2 nos quedamos satisfechos de esa noche aunque no volvimos a estar ni con Fede ni con Tati, quién ahora volvió con su novio, siempre recordamos ese cuarteto y lo loco que fue.

    Ahora como planes a futuro buscamos desconocidos aunque nos cuesta por una cuestión de confianza y seguridad, pero estamos planeando ir a algún club donde haya un Glory hole, que nos da mucha curiosidad y morbo. Espero les haya gustado el relato, dejen sus opiniones y comentarios!

    Saludos

    Dario

  • El pago de la cuota atrasada del gimnasio (parte 1)

    El pago de la cuota atrasada del gimnasio (parte 1)

    A raíz de una crisis económica, quedamos sin trabajo mi mujer y yo. Tras un par de semanas conseguimos conchabo en el gimnasio de nuestro viejo conocido Fede para limpiar y llevar la administración. Nos turnábamos en las tareas y debíamos cerrar a la noche, día por medio. Mi amigo era entrenador personal y daba clases particulares.

    Un socio habitual era un chico de unos 20 años, Ricky, carilindo hasta lo indecible, pelo negro corto, unos ojos celestes que cortaban el aliento y algo menudo, pero con el cuerpo marcado lo justo, nadador de competición y también jugador de fútbol con amigos. Como decía que le faltaba fuerza, tomó clases de musculación tres veces a la semana, con tarifa especial.

    Ya iba el quinto mes y había progresado bastante notándose en sus brazos y piernas bien torneadas, además de su culo respingado, que se notaba cuando pasaba de una máquina a otra. Revisando las planillas de pago, noté que debía tres meses y estaba a punto de vencer otro. Como Federico dejaba en nuestras manos las cobranzas, no le dije nada, pero se lo hice saber a mi mujer.

    -¿El caramelito no está pagando?, me dijo la muy calentona.

    -Sí, pero dejá que yo le hablo. Por ahí tiene algún drama.

    Una noche Ricky vino a última hora y Fede ya se había retirado, pero me dejó la rutina, así que supervisé su recorrido por las máquinas, aprovechando para tocarle los brazos y las piernas en cada una de ellas, con la excusa de guiarlo. Cuando terminó su rutina era la hora de cerrar y no quedaba nadie. Me dijo que debía ducharse, si lo podía esperar, a lo que respondí que no había drama pues estaría ocupado en bajar la cortina y acomodar las pesas y mancuernas, que se bañara con calma.

    Se entretuvo con su celular, mientras hacía lo mío, hasta que oyó el ruido de la cortina y se fue a los vestuarios, pidiéndome una toalla, champú y crema enjuague. Cerré la puerta de la cortina y fui tras él. Me senté en un banco con la toalla, puse lo demás en la ducha que iba a usar y le pregunté si no le molestaba que me quedara, porque quería hablar con él sobre las cuotas.

    -¡Uy! Sí, debo un par, ¿no?, me dijo.

    -Dos pares, le respondí, mientras veía cómo se enjabonaba su cuerpo lampiño y marcado, la espalda en V, con esos surcos en diagonal de sus riñones hasta sus nalgas empinadas y me excité, así que tuve que taparme con la toalla que había dejado en el banco.

    -¿Cómo lo podemos resolver sin que Fede se entere? Me hace muy bien el entrenamiento, tengo más fuerza, estoy más marcado y hasta gané en velocidad.

    -Es cierto, le dije, estás mucho mejor de hace un par de meses, cuando te conocí, pero la deuda es cada vez más grande.

    -Lo que pasa es que vivía con una chica con la que compartíamos el alquiler, pero cambió de carrera y facultad y se fue a vivir al Sur hace tres meses.

    Le respondí que me resultaba difícil seguir tapando el agujero, porque hacía dos meses que había registrado el retraso. Se quedó cortado y para romper el hielo le pregunté si estaba todo depilado.

    -Sí, por la natación, para no tener problemas con los speedo y porque queda mejor estéticamente, me confió.

    -Ya lo veo que te queda mucho mejor estéticamente, le dije, de puro baboso.

    -Sí, me respondió y se volvió hacia mí mientras se enjabonaba los genitales y las piernas.

    Di un respingo cuando vi cómo se enjuagaba subiendo la cara hacia la lluvia y cerrando los ojos.

    -Verdaderamente te queda muy bien la depilación, tenés un cuerpo perfecto.

    -¿Te parece?

    Y fue girando, como un modelo.

    -Tengo contracturas en la espalda y a la altura de los riñones, pero Fede me dijo que eran producto del estrés.

    -Te vendría bien un buen masaje, dije con voz entrecortada. Algo sé del tema, mentí. Si querés, te puedo hacer algo.

    -Pero te vas a mojar todo.

    -No hay problema, me saco la remera y el pantalón, ya estoy en ojotas. El bóxer me lo puedo cambiar, si se moja (ya lo tenía mojado de líquido preseminal).

    -Si no tenés drama, es acá atrás y me señaló partes de la espalda y la cintura.

    Se me hacía agua la boca mientras me desvestía, rogando para que no se volviera y viera mi bulto. Me acerqué y le dije que dejara caer el agua sobre el pecho para no salpicar tanto, que lo relajaría más. Y me apliqué a masajearle torpemente debajo de los omóplatos hasta que encontré un nudo de casualidad.

    -¡Qué manos suaves! Se nota que sabés de qué se trata, me dijo.

    -No tanto, un poco, me defiendo y apliqué presión en el nudo mientras le acariciaba el resto de la espalda.

    -Ahí, se va aflojando, seguí ahí.

    Yo quería ir más abajo y fui abriendo las palmas, más para acariciarlo que para masajearlo. Seguí bajando las manos hasta llegar a la altura de los riñones, donde presioné un poco más a ambos lados de la columna y él gimió.

    -¿Te sentís bien así?

    -Sí, seguí por favor.

    -A tu orden, y le refregué bien la zona, totalmente empalmado.

    -¡Uf!, resoplaba cada tanto.

    -Avisame si te molesta o te duele.

    -Para nada. Hoy tuve calambres en los cuádriceps, me contó.

    -Dejame ver, y me dediqué a sus muslos, bajando y subiendo hasta el borde de sus nalgas perfectas y redondas.

    Fui rodeando sus muslos con mis manos haciendo como si lo masajeara, siempre subiendo un poco más arriba, hasta la pelvis.

    -Se siente increíble, me dijo.

    -Me alegra que te esté sirviendo. Date vuelta, así te doy masajes al revés, de adelante para atrás.

    -No, me dijo.

    -No tengas vergüenza, ¿pasa algo? Dale, no seas chiquilín y comencé a voltearlo tomándolo de la cintura hasta que noté el motivo de su embarazo. Estaba bien al palo, con su pija recta, de tamaño normal y su glande rosado y brilloso.

    -¡Qué hermoso palo tenés!

    -¿Te gusta? ¡Sos puto!

    -Me gusta mucho. Y estoy viendo el pago de una cuota. Además, a vos se te paró con los masajes, le dije.

    -Y a vos también, me parece, respondió al advertir mi erección.

    -Es que tenés un cuerpo hermoso y volví a masajearle los muslos por adelante y por atrás, subiendo cada vez más cerca de la ingle, teniendo su pija enhiesta a diez centímetros de mi cara.

    -¿De verdad me perdonarías una cuota?

    -No te la perdonaría, te la cobraría, acá y ahora, si vos querés y me arrodillé frente a él, sin dejar de masajear sus muslos, pero llegando por detrás hasta sus nalgas.

    Me tomó de la cara y, mirándome a los ojos, me pidió que le prometiera que no se lo contaría a nadie.

    -Tenés mi palabra, me juego el trabajo. Si te estuve bancando hasta hoy, no te voy a fallar ahora, tomándolo de los glúteos.

    Levantó la cara hacia la ducha y se dejó llevar. Me puse su glande entre los labios, tan suave, tan rosado, tan hermoso, y empecé a chupárselo de a poco, mientras lo atraía hacia mí con sus nalgas, hasta que pude tragarme toda su pija y me la quedé un rato dentro de la boca jugueteando con mi lengua. Gimió de placer y me tomó de la cabeza. Lo dejé hacer y me empezó a coger despacio por la boca. Le seguí el ritmo, aunque cada tanto me la sacaba para saborear el glande y lamerle todo el tronco por afuera hasta llegar a sus huevos, también depilados, bien juntitos y muy suaves.

    Así estuvimos unos cinco minutos cuando se puso tenso e intuí que se iba a correr, así que le apreté bien fuerte la base del pene para contenerlo. Me miró a los ojos sorprendido y le dije que todavía no y que la cuota no era barata y había generado intereses.

    Lo di vuelta y lo hice apoyarse sobre la pared de la ducha, para lamerle toda la espalda mojada de arriba hasta abajo, y me extendí hasta sus glúteos, se los mordí suavemente y le di varios chupones suaves y lamidas. De ahí pasé al centro, separando sus nalgas y me dediqué a saborear su culito virgen y lampiño a puros lengüetazos, que lo hicieron gemir de puro placer.

    -¡Qué hermosa depilación te hicieron!

    -Me la hizo una amiga de mi mamá, pero no me cobró nada.

    -Una depilación tan buena debe ser cara.

    -Sí que es cara, pero no me cobró y me desvirgó.

    -¿Paro o sigo?, lo provoqué.

    -Seguí, por favor, con voz ahogada.

    -¿Me vas a contar cómo te desvirgó?

    -Otro día, me respondió jadeando.

    Me empeñé a fondo, le metí la lengua varias veces y le ensalivé bien el ano, hasta que le metí lentamente un dedo para masajearlo, la lengua y un dedo, más masajes y más lengua, más adentro el dedo índice, hasta que se lo metí del todo y masajeé su culito virgen. Dio un respingo, pero se amoldó, así que lo invité a darse vuelta de nuevo para volver a comerme su pija que chorreaba bastante líquido seminal, que chupé con todo gusto mientras lo miraba a los ojos como prometiéndole más.

    Me miró, me agarró la cabeza y empezó nuevamente a cogerme por la boca. No le soltaba un glúteo y seguía el mete y saca con mi dedo índice, hasta que se puso tenso otra vez. Volví a presionarle la base del pene, bien apretada hasta que gimió de dolor, mientras me ponía de pie. Tenía el caramelito a punto, como le decía mi mujer. Le sostuve la presión hasta que se calmó y me susurró:

    -¡Que puto sos!, inclinando su cabeza sobre mi hombro, sofocado por la calentura. Le sostuve la barbilla y le hice alzar la cabeza para tener su boca a cinco centímetros.

    -Cuando vos quieras, dejamos en suspenso el pago de la cuota, le dije.

    Negó con la cabeza y aproveché para besar sus labios, se resistió hasta que al final cedió y abrió la boca. Nos entrelazamos en un magreo descomunal y aproveché para atraerlo contra mi cuerpo apretando sus nalgas. Nuestras pijas se rozaron y se meneó un poco como si quisiera cogerme de frente. Pensé que no soltaría esa boca fresca, suave y deliciosa por nada del mundo.

    Tras varios minutos en los cuales nos estuvimos besando, noté que lagrimeaba, debía tener una lucha interior entre el placer y la vergüenza.

    -No pasa nada, le dije, soltándolo, todo queda acá, tranquilo, y me agaché para volver a chuparle la pija con fruición y sin parar esta vez, empujando sus glúteos para me cogiera oralmente. En tres o cuatro minutos de vaivén empezó a tensarse y lo dejé seguir hasta que eyaculó en mi boca un montón de leche, que saboreé con mucho gusto hasta limpiarlo del todo. Me enjuagué la boca en la ducha, mientras notaba que el cuerpo le temblaba. Lo tomé de la cintura y le susurré al oído si le había gustado.

    -Sí, atinó a decir.

    -Sí, ¿nada más?

    -Me gustó mucho, puto, me dijo con una sonrisa.

    -Mirá cómo me dejaste, le agarré la mano y se la puse sobre mi bulto durísimo por encima del bóxer empapado.

    Me lo acarició, mientras yo hacía lo mismo con su culo y lo miraba a los ojos.

    -Enjuagate bien la boca, me pidió.

    Lo hice y me sorprendió con un morreo impresionante de lengua, abrazo y caricias. Me bajé el bóxer y la mano le quedó sobre mi pija, me la empezó a sobar y a pajear.

    -Qué bien lo hacés, bombón, cómo me gusta tu mano.

    Le retribuí con la suya, que aún no había tocado más que con mi boca. El muy turro seguía al palo y le dije que si me hacía una buena paja se la comería otra vez. Así incentivó la paja hasta que me estaba viniendo y me apretó con mucha fuerza la base del pene.

    -Rápido aprendiste.

    -Esa no la sabía, me dijo.

    -Ahora la vamos a completar.

    -¿Qué me vas a hacer?

    -Nada que no te haya hecho antes y lo puse de espaldas apoyando mi pija entre sus glúteos y acariciando su pecho, los abdominales y la poronga ya dura de nuevo.

    -Sos hermoso y estás muy bueno, me gusta todo tu cuerpo, tu pija, tu cara y acariciarte y chuparte.

    Se inclinó apoyando las manos contra la pared de la ducha y me dediqué de nuevo a chuparle el ano, pero esta vez usé el índice y el anular para masajearlo, mientras volvía a pajearlo y acariciarlo por delante. Ya no se sobresaltó y gimió de placer. Se viene lo mejor, pensé. Metí tres dedos despacio hasta el fondo de su culito estrecho y lo atraje para mí sin soltarle la pija susurrándole al oído:

    -Estás a punto de caramelo, sos hermoso y le di otro largo beso de lengua.

    Volvió a apoyarse en la pared y me quedó su culo parado, sin dejar de masajearle el ano con los tres dedos para dilatarlo aún más. Le saqué los dedos para tomarlo de la cintura estrecha y apoyarle mi pija húmeda de líquido pre seminal. Me fui abriendo paso y exclamó

    -¿Qué vas a hacer?

    -Tranquilo, que ya estás por terminar de pagar la cuota más los intereses y le lamí el cuello y la oreja.

    -¿Estás bien? Relajate.

    Le abrí los glúteos y empecé a lamerle el ano de nuevo bien a fondo con la lengua, ya seguro de que estaba todo limpio. Gimió de placer, fui subiendo con la lengua por su columna y le apoyé la punta de mi glande en la puerta de su culo. Muy despacito fui entrando y se contrajo.

    -Relajate, quédate tranquilo y le di un par de sobadas a su pija, chorreante. Abrite como si fueras a cagar.

    Seguí presionando y entrando muy de a poco, parando cada tanto para que se fuera amoldando, mientras él abría y cerraba alternativamente su ano. Acompañé sus contracciones para meterla más y más hasta que lo llené y mi pelvis tocó sus redondos y perfectos glúteos. Me quedé unos minutos quieto en su interior. No decía nada, pero resoplaba.

    -Movete vos, si querés, no te voy a hacer nada que vos no quieras.

    Y empezó a menearse, contraerse y dilatarse.

    -Así, bombón, le dije, seguí así y comencé con el bombeo despacio, para no violentarlo, pero ya le había llegado al punto sensible y se notaba que le gustaba. Acompasamos el vaivén, se volvió cimbreante y me dijo:

    -Me estás cogiendo, puto.

    -Vos me cogés, hermosura y le di un morreo a fondo mientras me mantenía bien adentro suyo.

    El contacto con sus glúteos me volvía loco de placer. Recomenzamos el vaivén, lo tomé de la cintura y tras varios minutos noté que se tensaba, intensifiqué mis embestidas y gritó:

    -Voy a acabar, puto.

    Le di más rápido y más a fondo y acabó gritando de placer, lo que me hizo correrme dentro suyo hasta echar toda mi leche en su culo. Me recosté exhausto sobre su espalda y lo besé en todas las partes a las que llegaba, mientras él jadeaba y resoplaba. Nos enderezamos, sin salirme de su cuerpo, lo tomé de sus pectorales y abdominales y le di un beso profundo, apasionado y muy prolongado, mientras él llevaba sus manos a mis glúteos y me presionaba contra su cuerpo y contraía y dilataba su ano en mi miembro ya morcillón.

    Me fui separando de a poco, le miré esos preciosos ojos celestes llenos de lágrimas, se las lamí, volví a besarlo con mucha dulzura y a acariciar su espalda y glúteos, lo atraje contra mi cuerpo y le susurré:

    -Te merecés una buena propina.

    Le fui besando los pectorales, mordisqueé y le lamí sus pezones duros, lamí sus abdominales, uno por uno, seguí hasta la pelvis y me apoderé de su pija morcillona que goteaba aún y se la chupé con ganas hasta que le puso dura de nuevo. Incentivé mis besos, lamidas de glande y mamadas hasta el fondo prendiéndome a sus glúteos firmes para que cogiera en la boca, suspiró, me tomó de la cara y me dio una cogida oral de varios minutos hasta que volvió a eyacular de nuevo en mi garganta.

    Le limpié los restos de semen, me lo tragué todo y di por cancelada la primera de las cuotas adeudadas. Nos secamos mientas admiraba su precioso cuerpo y se vestía. Fuimos juntos hasta la puerta cerrada del gimnasio, mientras me tocaba el culo y yo su paquete, nos volvimos a besar antes de abrir y le dije que la semana próxima le cobraría otra cuota, si le parecía bien.

    -Me parece genial, puto, me respondió, y se fue.

  • Voluptuosa y de buen sabor (desvirgando su culito)

    Voluptuosa y de buen sabor (desvirgando su culito)

    Había llegado el gran día, ya estaba todo hablado no había más preámbulos, me dirigía hacia su departamento, vaselina en mano dispuesto a pasar y hacer pasar la mejor noche de nuestras vidas.

    Al llegar Enry, solo me beso y me dijo estoy nerviosa, así que mi trabajo consistió en tranquilizarla y empezar a poner leña al fuego interior de esa tremenda hembra.

    Cuando nos dimos cuenta entre besos y manos que van y vienen ya estabamos desnudos sobre la cama con ganas de comernos, ella quiso ser la primera, tomó mi verga y comenzó a hacer una mamada con hambre, de esas que te hacen poner los ojos blancos, jugaba con mi cabeza, bajaba hasta poseer mis huevos los cuales devoraba haciendo doler y excitarme más, su lengua recorría toda mi extensión haciendo que mi pija se ponga como un hierro de caliente y dura.

    Casi 10 minutos esa mujer estuvo devorando mi verga y yo sufriendo y resistiendo tremenda mamada, de pronto su teléfono desde la mesa de luz sonó fuertemente, ella solo dijo, con cara de susto, -mi novio!!!

    -tranquila contesta, respondí, mientras ella hacía señas de silencio.

    -hola amor, como estas, estas cerca de casa ya o viajando.

    -uuuu, amor como que no vas a llegar, te esperaba desnudita.

    -si, estoy sobre mi cama desnuda y muy excitada. Decía mientras me guiña un ojo.

    Y eso fue la invitación a hacer una maldad, abriendo sus piernas comencé a desgustar esa concha mientras en su celular ella tenía una charla erotica con su novio.

    -estoy muy caliente amor, me estaba tocando.

    -queres chupar mi conchita,??? Yo mientras entre sus piernas devoraba esa delicia entre sus piernas.

    -no sabes como estoy de caliente, me encantaría que estés acá devorando mis jugos, yo mientras haciendo lo mejor que sabia e introduciendo mis dedos en su concha buscando su punto g.

    -quiero acabar mientras escucho tu vos, y yo con un mete saca de mis dedos y mi lengua golpeando su clitoris me aprovechaba de la situación.

    -chupa papi, que estoy caliente, decía ella a su teléfono y era yo quien obedecía, eso a ella la lleno de calentura y en pocos minutos se corrió con mucho flujo y gritos hacia su teléfono, por mi parte no quería que nada de esos jugos se desperdicien y recogía con mi boca mientras ella temblaba de placer.

    -acabe, papi con mucho flujo, ya quiero que estés acá, se escuchaba de su boca mientras la respiración se iba normalizando.

    -la pase muy bien y estaré esperando para mañana pasarla mejor,

    -adiós mi amor te veo mañana a la tarde, te extraño se escucho. Y fue mi confirmación a que tenía toda la noche para poder cojerme esa tremenda hembra.

    -hijo de puta, lo que hiciste me encendió quiero que metas esa verga en mi orto ya, fueron sus palabras mientras se acomodaba en 4 patas, mi verga erecta, estaba lista, puese un buen poco de vaselina en mi pija y con mi dedo con vaselina busque su orificio, al sentirme senti como se arquea y mi dedo hizo presión sin tener resultado en su entrada.

    Solo atine a jugar con su entrada, y lubricar la zona.

    Saca ese dedo de ahí no quiero que me desvirge ese dedo lo quiero a él dijo mientras tomaba con su mano mi verga por debajo de su cuerpo.

    Jajja solo me ríe, y vos pensas estar lista???

    -no lo se pero meterme esa verga caliente, entonces fue cuando mi glande hizo presión sobre su rico orifio pudiendo meter solo la punta.

    Ella tomó sábanas en sus puños y mordió fuertemente su almohada. Mi glande se deslizaba lentamente milímetro a milímetro dentro de ella.

    -para, para que me estas matando de dolor.

    -queres que te la saque?

    -por nada del mundo saques lo que ya hemos avanzado, tomo aire y me dijo métela ya hijo de puta.

    El cual fue una invitación, tome sus cabellos entre mis dedos su espalda se arqueo dejando reflejar sus tetas en un espejo lejano.

    -desde que que vi que quiero romperte el orto enorme que tenes, le decía mientras mi mano se aferraba a sus tetas y mi verga se abría paso, 

    -ayyy, hijo de puta que enorme verga.

    -sos una yegua en celo, cuando toda mi verga entre te cabalgar.

    -métela toda puto, que estoy caliente.

    -estas segura???

    -no pero rompe de una vez ese orto.

    Así lo hice de un movimiento de caderas mi verga se introdujo hasta hacer tope mis bolas con esa concha mojada, sus gritos se escucharon retumbar en el departamento su concha acabó en un squirt y mi verga se hincho en su interior.

    -putita ya la tenes adentro ahora vas a gozar como cerda.

    -dale papi sin piedad que ese orto es tuyo.

    Fue mi invitación a empezar lentamente un vaivén, mu verga se sentía prisionera y sus gritos se debían escuchar desde la calle.

    -coje hijo de puta rompeme el orto a vergazos 

    Fue sin más una invitación a que el ruido de nuestros cuerpos golpear empiecen a tomar ritmo.

    Mi pija empezó a sentir como ese culo comenzaba a disfrutar de mis envestidas, mis mano tiraba más fuerte hacia atrás y la otra presionaba el pezon de una de sus enormes tetas.

    Que hermoso espectáculo digno de ver, mi voluptuosa siendo desvirgada su culo rebotar con mis envestidas y mi verga salir y entrar ya con menos resistencia dejando ver una mezcla de vaselina y sangre en su largo.

    Mi ritmo se torno frenético, sus gritos se transformaron en gemido fuertes, y mi visión era algo que recordaré por vidas.

    -cojeme más duro que estoy por acabar, fueron sus palabras y mi orden, ya que también lo deliciosos de la situación ya casi hacia que mi leche se derramará en su interior.

    Ya no aguantaba más su gemidos se transformaron en gritos, mis sentidos se agudizaron.

    -llename de leche que acabo se escucho

    -aaa, seguido de un esquirt que mojo mis bolas.

    Aaahhh, y mi verga se transformó wn un volcan de lava blanca llenando el interior de ese desvirgado culo, varios espasmos de ella y míos acompañaron nuestras acabadas, dejándonos caer sobre la cama sin abandonar ese adolorido orto.

    Sobre ella tratando de recuperar aire con los últimos espasmos y chorros de leche mi cuerpo se fue liberando primero se su teta, luego su cabello después poco a poco abandonando su interior mientras mi verga perdía rigidez 

    -gracias por darme ese orto!!!

    -cumpli mi promesa y además me encantó, fueron sus palabras que sonaron como una invitación a seguir acometiendo toda la noche con sexo del bueno tanto anal como vaginal…

    Espero que les haya gustado si quieren saber más o alguna sugerencia respondo a todo