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  • Jugando al strip-poker con cuatro sumisos

    Jugando al strip-poker con cuatro sumisos

    Llevaba varios días con ello en la cabeza, y un jueves, después de comer, y mientras charlábamos tomando el café, te dije:

    “Ama, me gustaría organizar una partida de poker. De hecho, sería un strip-poker. Había pensado en conseguirte cuatro sumisos para que juegues con ellos al poker. El último en quedarse desnudo será el ganador. Será tu premio. ¿Te parece?”

    “Mmm… pero qué puta eres cariño”, me dijiste.

    E inmediatamente después, ya con fuego en tu mirada, matizaste:

    “Me apetece, y tenemos tiempo para definir las reglas, mi amor… pero también querré una sumisa sirviendo a tu lado. Os vestiré a las dos de sirvientas. Las dos medio desnudas y con ropa interior sexy. Las dos en tacones y con sendos plugs en vuestros culitos. Querré que os metáis debajo de la mesa a lamer a quién vaya perdiendo prendas… Sé que podrías tú solita con cuatro pollas y mi coño, pero quiero que tengas ayuda para lamer y chupar, porque querré que estés muy pendiente de mí”.

    Durante las próximas semanas, mi cometido fue claro. Tenía que buscar a cuatro sumisos para la partida y también a una sumisa que me acompañara. Me pediste gente que supiera jugar al poker suficientemente bien. Te encanta el poker, y no te valía simplemente tener a cuatro sumisos echando cartas sin ser rivales para ti, así que el proceso de selección fue bastante arduo, pero un día, al llegar del trabajo, y después de darte uno de esos besos de bienvenida que llevábamos regalándonos desde hace meses, te dije:

    “Ya lo tengo, mi amor. Tengo a los cuatro sumisos listos, y también he hablado con María, que estará encantada de acompañarme. Le he comentado el concepto por encima y está entusiasmada de que contemos con ella”.

    Sonreíste y sentí que estabas feliz.

    “Qué bien, cariño. Tengo muchas ganas de esa partida, pero tenemos que definir bien las reglas para que todo esté claro. Tengo ganas de pasar una buena noche de poker y pienso follarme al ganador en tu cara y disfrutar mientras aprietas la mandíbula”.

    Agaché la mirada, y un escalofrío recorrió tu espalda. Adoras el nivel de sumisión y entrega al que eres capaz de llevarme. Ambos disfrutamos tanto, que parece un sueño.

    Haciendo un esfuerzo para no ponerme a tus pies y someterme allí mismo, me pediste que cogiera un boli y un cuaderno, para anotar las reglas de la partida, así como el detalle de premios, castigos y comportamientos en general.

    Estuvimos un buen rato fijando las normas e incluso dejándolas en un documento word que tenías pensado compartir con los jugadores. Al terminar de preparar los entresijos de esa madrugada de juegos (nunca mejor dicho), estabas radiante de felicidad… y también muy excitada. Me pediste que fuera a la habitación a por el arnés con el dildo morado. Querías follarme allí mismo, en la cocina. Me desnudé e hice lo que ordenaste. Al minuto entré a cuatro patas con el dildo cogido con los dientes, y te lo coloqué en el regazo. Te quitaste las mallas negras que llevabas puesta y abriendo las piernas me dijiste:

    “Ven cariño. Lame como la perra que eres. Cómeme el coño hasta que me corra unas cuantas veces. No quiero que pares hasta que yo te diga. Pase lo que pase no dejes de lamer y de masturbarme a la vez con tus dedos”.

    Sin pensármelo dos veces, metí mi cabeza entre tus piernas y comencé a lamer tu precioso coño depilado. Estabas muy mojada, y enseguida mi boca se empapó de tu sabor. Estás tan rica… puff. Mientras pasaba mi lengua por tus labios vaginales, mis dedos entraban y salían de ti. Primero dos, y después tres dedos, incrementando el ritmo, mientras tu respiración se iba acelerando y tus gemidos subían de intensidad y de volumen.

    Enseguida sentí tu primer orgasmo. Me explotó en la cara, pero antes de dudar si limpiar o no, te escuché decir con la voz ronca:

    “No se te ocurra parar hasta que te lo ordene, puta. Sigue”.

    Mis dudas se disiparon por completo, y continué lamiendo, jugando con tu clítoris y entrando y saliendo de ti. No pasó ni un minuto y tu segundo orgasmo hizo que todo tu cuerpo de contrajera, mientras susurrabas:

    “Ohhh… sii. Sigue, puta, no pares de comer. Es tu trabajo, zorra”

    Seguí masturbándote y lamiendo. Me agarraste la cabeza y la apretaste fuerte contra tu coño, dificultándome respirar. Ya no sabía si estaba lamiendo o frotándome contra tu coño. Mis ojos, mi nariz, mi mentón y por supuesto mi lengua, luchaban por darte placer mientras agarrabas fuerte mi cabeza y el movimiento de tus caderas hacía el resto. Ni dos minutos después, sentí tu tercer orgasmo consecutivo. No lo sentí llegar, y tu squirt me empapó el pelo, los ojos y la cara. Traté de lamer para tragármelo todo, pero volviste a ordenarme que siguiera masturbándote.

    “Más fuerte, puta. Más rápido. ¿Te cansas, mi amor? ¿Quieres que pida que venga otro a hacer tu trabajo mientras te quedas mirando?”.

    Con fuerzas renovadas, mis dedos entraron y salieron de ti a toda velocidad, y mientras tanto, mi lengua jugaba con tu clítoris. Agarraste mi cabeza y empezaste a pegarme. Eran tortazos sin puntería, fruto de tu excitación. Me pegabas en la frente, en la oreja, en el ojo o en el papo de forma consecutiva, mientras volviste a correrte. Entonces, me dijiste:

    “Ven aquí puta. Quiero tu pequeña pollita en mi culo, y la quiero ahora”.

    Y bajando de la encimera, te colocaste encima de la silla, ofreciéndome tu increíble culo. Sin pensarlo, dirigí mi pollita a tu entrada. Sin apenas resistencia, mis escasos 12 cm desaparecieron dentro de ti, y me dijiste:

    “Fóllame fuerte, preciosa. No te preocupes, porque con esa pollita no me dolerá… pero quiero que empujes con fuerza aunque te corras en un minuto. Vamos, zorra, obedece”.

    Y así fue. Empecé a follar tu precioso culo mientras te agarraba de las caderas. Tus gemidos iban en aumento, y eso me excitaba todavía más, y no pasó ni un minuto y después de pedirte permiso, me vacié dentro de ti.

    Te giraste y me agarraste del pelo. Sin decir una palabra, pero con fuego en tus ojos, me tumbaste en el suelo boca arriba, y en cuclillas acercaste tu coño a mi boca. Entonces, con una pequeña rotación de tus caderas, fue tu culo el que se pegó a mi cara. Y haciendo algo de presión, mi leche empezó a salir de ti.

    “Come puta. Esto es tuyo”.

    Me tragué toda mi leche e inmediatamente después, comencé a limpiar los fluidos de tu culo, tus piernas y tu coño. Apoyaste las rodillas cerca de mis codos y te dejaste caer sobre mi cara, asfixiándome. Mi lengua trataba de buscar oxígeno para respirar, pero ejercías tanta presión sobre mí, que apenas conseguí meter aire en mis pulmones. Empecé a retorcer mi cuerpo para conseguir respirar, pero tus piernas seguían apretando más y más conforme seguías excitándote. Por fin, cuando estaba a punto de rendirme, levantaste tus caderas y dijiste:

    “A cuatro patas, zorra. Voy a follarte como merece una puta como tú. Cerda viciosa”.

    Mientras te colocabas el strapon en la cadera, me coloqué a cuatro patas y estando de espaldas, con mi culo ofrecido a ti para ser follado, sentí un golpe en la entrepierna que me hizo caer al suelo rabiando de dolor. Me habías dado con el pie en los huevos. No lo esperaba, y el dolor se apoderó de mí.

    “¿Duele, mi amor? ¿No eras tú el que me entregaba tu placer y tu dolor? ¿No me decías que querías llorar de rabia, impotencia, humillación y dolor? Pues no te quejes, y ponte de rodillas, con el pecho erguido. Ahora”.

    Recuperando el resuello me incorporé, con la mirada baja y todavía bastante dolor. Sin decir una sola palabra acercaste el dildo de tu strapon perfectamente colocado en tu cadera a mi boca. Abrí la boca y, mirándote a los ojos, comencé a chupar. Quería provocarte con la mirada, pero no me diste tiempo. Agarrando mi cabeza de nuevo, comenzaste a follarte mi boca. Al principio con movimientos suaves y acompasados, pero enseguida aumentaste la profundidad y velocidad de tus embestidas, de forma que el dildo entraba en mi garganta provocándome arcadas.

    En una de ellas, me pediste que levantara la mano derecha y que “con mis deditos” contara hasta 5. Yo no entendía muy bien a qué te referías, hasta que sentí que empujabas mi cabeza contra tu vientre, haciendo que mis labios llegaran hasta el cuero del arnés, y haciendo que el dildo desapareciera completamente en mi garganta. Mantuviste mi cabeza pegada a ti apretando con fuerza y me dijiste:

    – “Vamos, cuenta hasta cinco, puta”

    Levanté la mano derecha y me puse a contar con los dedos. 1, 2, 3… y entonces te escuché:

    “Demasiado rápido, zorra. Empezamos otra vez”

    Liberaste algo de presión para dejarme respirar, mientras mis babas se derramaban por la barbilla y dijiste:

    “Venga puta, demuéstrame lo que te gusta comer pollas. Considéralo un entrenamiento para cuando uno de mis nadies te folle la boca a mi orden”.

    Recuperando la respiración, fui metiéndome el dildo en la boca, pero no dejaste que hubiera ternura en mi mamada, y volviste a presionar fuerte mi cabeza contra ti. Luchaba por respirar. Luchaba por no vomitar. Sentía la arcada subir desde mi estómago, y entonces me relajé, levanté mi mano derecha y comencé a contar con los dedos.

    Al llegar a cinco, sacaste el dildo de mi boca y, mirándome empezaste a pegarme. Consecutivamente. Primero en el lado derecho, y luego en el izquierdo. Cada vez más fuerte. Con la mano abierta sentía que iba a caerme. Tienes una fuerza increíble cuando estás excitada. Te daba las gracias y te miraba con fuego en los ojos. En un momento dado, me dijiste:

    “¿Cuántas llevo, bonita? Las has contado, ¿verdad?”.

    Agaché la mirada furioso, y te dije que no las había contado. Reíste y comenzaste de nuevo. Tus bofetadas llegaban, pero ya no eran consecutivas, con lo que tuve que prestar mucha atención. Pasados unos minutos, me preguntaste otra vez si había contado bien. Contesté que sí, que me habías pegado 56 veces. Y tu mirada cambió.

    “Zorra estúpida. No sabes ni contar. Luego arreglaremos cuentas. Ahora ponte a cuatro. Voy a destrozarte el culo”.

    Lo que empezó siendo un “juego” de excitación, se estaba convirtiendo en un callejón sin salida. Me di la vuelta, coloqué la cabeza sobre mis manos y levanté el culo como me pides que haga cuando me follas tu o me follan tus nadies. Sentí el arnés entrar en mí sin miramientos. La primera embestida me hizo gritar de dolor. No esperaba que me follaras así. Te diste cuenta, exclamando:

    “La próxima vez, aprenderás a lubricar bien cada polla que te comas, zorra”.

    Y me follaste. Me follaste duro. Fuerte. Rápido. Profundo. Y pude sentir perfectamente tu excitación en cada una de tus embestidas. En cada uno de tus orgasmos mientras me sodomizabas insultándome, pegándome, hasta que con la respiración agitada, saliste de mí y agarrándome del pelo, me llevaste hasta el salón. Te tumbaste en la alfombra y no dijiste nada. Yo comencé a lamer todo tu cuerpo, limpiando con mi lengua tus propios fluidos, mientras sentía mi culo arder.

    Cuando estuviste lista te levantaste y me dijiste con otra voz:

    “Ven, mi amor. Quiero besarte”.

    Nos besamos, y el mundo dejó de girar. El tiempo se paró y los dos subimos al cielo. Al cielo de nuestro amor. De mi entrega, de tu dominación sobre mi cuerpo y mi mente. Nos estuvimos besando tranquilos, pausados… recuperando la respiración, hasta que dijiste:

    “Vamos, cariño. A la habitación. Quiero que me prepares un baño. Te has ganado poder enjabonarme, lavarme el pelo, echarme las cremas y que nos acostamos juntos y abrazados. Mañana tenemos una larga noche con la partida de poker y alguna cosita más. Tenemos que dormir”.

    Por la mañana nos despertamos tarde. Bueno, en honor a la verdad, yo me desperté a las 8.30, pero por la noche me dijiste que no se me ocurriera salir de la cama hasta que tu te despertaras, así que estaba cacharreando con el teléfono mientras tú estabas pegada a mi como un koala, y profundamente dormida.

    Sobre las 11.30 empezaste a moverte bastante, e interpreté que había llegado el momento de despertarte. Con cuidado retiré el brazo que tenías sobre mi pecho y salí por mi lado de la cama. Me coloqué en los pies de la misma, levanté las sábanas con cuidado y comencé a lamer tus pies. Es tu rutina de despertarte, y mi obligación. Cada mañana he de lamer tus pies hasta que vas despertándome. Todos los días. Muchos de ellos me agarras de la oreja o del labio tirando de mí hacia tu coño, para proporcionarte los primeros orgasmos del día y “empezar el día con energía”, como sueles decirme.

    Después de estar un buen rato lamiendo tus pies, sentí que abrías tus piernas. No dijiste ni una palabra, pero no fue necesario. Seguí lamiendo tu entrepierna hasta llegar a tu coño. Nada más colocar mi lengua sobre tus labios vaginales sentí tu humedad. Confirmado. Estabas despertándote. Comencé a comerte el coño con ternura, con suavidad. Muy lentamente subía y bajaba por tus labios, y me quedaba jugando con tu clítoris. Tienes un coño espectacular, y adoro darte placer con mi boca. No pasaron ni cinco minutos y sentí cómo tus piernas presionaban mi cabeza. Supe que había llegado el momento de tu primer orgasmo, y comencé a meter y sacar dos dedos a toda velocidad, hasta que algo después sentí cómo te corrías en mi boca.

    Me puse a limpiar tu coño, tus piernas, tu culo y las sábanas porque es otra de mis rutinas. A veces la interrumpes para que siga lamiendo para provocarte otro orgasmo, pero esta vez te quedaste quieta dejándome hacer. Al terminar, subí hasta ti y nos abrazamos. Estuvimos planificando la mañana y finalmente decidimos ducharnos, vestirnos y salir a dar una vuelta por el centro. Comeríamos en un japonés que hay en la calle Almirante, lo que me dejó claro que tenías idea de pasarte por el sex shop del que Andrea es dependienta.

    A la hora estábamos aparcando en el parking de Chueca. Dimos un paseo y pasamos por el sex shop. Te gustaba que entráramos juntos para humillarme un poco con el personal del sex shop, pero en esa ocasión, me dijiste que me quedara fuera esperando, que tenías que comprar algún juguete, y que sería una sorpresa. Esperé fuera, y a la media hora saliste con una bolsa llena de cosas, que -por supuesto- no me dejaste fisgar.

    Comimos, nos tomamos un café charlando de nuestras cosas y a las 5:30 de la tarde estábamos de camino a Boadilla. Hicimos el amor en el sofá, dormimos casi una hora de siesta y a las 7 nos fuimos juntos a comprar cosas para cenar y para picotear durante la partida. Estabas radiante de felicidad y me dijiste:

    “No sabes las ganas que tengo de jugar al poker, mi amor. Pero ya, jugar con cuatro sumisos que se irán desnudando mientras vayan perdiendo manos y saber que tú estarás sirviéndome y apretando la mandíbula con cada uno de mis pestañeos… puff… me excita muchísimo pensarlo. Y de premio, pienso follarme al ganador delante de ti. No veo el momento de que empiece la partida, cariño”.

    Al entrar en casa me ordenaste prepararte un baño. Subí al piso de arriba y lo preparé todo como a ti te gusta. Agua muy caliente, espuma, sales de baño y velas alrededor. También llevé un altavoz con Boyce Avenue sonando. Llegaste al baño y te desnudé. Te ayudé a entrar en la bañera y entonces, me dijiste que me fuera a preparar lo que habíamos comprado de picoteo y cuando lo tuviera todo listo, subiera a ducharme y vestirte. Cenaríamos tú y yo con María a las 10, mientras que los invitados habían sido citados a las 11.30 para empezar la partida.

    Bajé a la cocina con una mezcla de excitación, ganas y esa mezcla previa a la humillación que sé que voy a vivir, y que tanto nos excita a los dos. Preparé la cena, puse la mesa para ti y mirando el reloj, me di cuenta de que eran las 9. Con prisa en el cuerpo, subí y pidiéndote permiso para pasar al baño, te pregunté si podía ducharme. Me dijiste que sí, que fuera al baño de invitados a darme una ducha y que volviera desnudo para enjabonarte, lavarte el pelo, secarte y comenzar el proceso para que estuvieras perfecta.

    Inmediatamente salí de la habitación, me di una ducha rápida y, desnudo volví al baño. Estabas con los ojos cerrados cuando entré, y sin decir nada me puse de rodillas y te besé en los labios. Te sorprendió. Creo que no me sentiste llegar, pero sonriendo me devolviste el beso mientras decías: “Venga, cariño… que se nos va a hacer tarde. Haz tu trabajo”.

    Sin dudar un segundo aclaré tu pelo con agua caliente y te lo lavé con tu champú favorito. Mientras dejé que el champú hiciera su magia, eché gel de baño en tu esponja y cuidadosamente comencé a enjabonarte. Adoro ese momento. Me encanta pasar la esponja por tu pequeño pero precioso cuerpo. Ese cuerpo que disfruto cada día desde hace años, y que de vez en cuando, ofrecemos para que también lo disfrute algún “nadie”. Esa noche serían cuatro nadies y una sumisa los que disfrutarían de tu cuerpo, pero solo uno de ellos tendría el privilegio de follar contigo (al menos en un principio, que nos conocemos bien).

    Después de aclarar tu pelo y de terminar de retirar el jabón de tu cuerpo, te sequé bien y apliqué tu crema hidratante por cada rincón de ese 1,58 que me vuelve loco. Mientras te echaba la crema con mis manos notaste mi erección, e inmediatamente me dijiste que fuera a por el CB, diciendo:

    “Trae la jaula de castidad de metal, cariño. El pequeño es más que suficiente para tu ridícula polla. Hoy no vas a necesitarla, así que mejor la guardamos para que nadie tenga tentaciones, ¿vale?”.

    Afirmé en silencio y fui a por el CB metálico. Me lo pusiste, de manera que mi pollita quedó aprisionada, y tan cual estaba, me pediste que me pusiera a cuatro patas. Querías usar mi espalda como silla, para seguir maquillándote, de momento completamente desnuda. Mantenía mi mirada en el suelo, mientras decías lo excitada que estabas y me preguntabas por los nadies que había elegido para ti. Conocías a José ,a Javi y a Olibert, porque les habías usado en otras ocasiones, pero había un jugador nuevo, y eso te excitó aún más.

    “¿Me has traído un juguetito nuevo, mi amor? Eres una delicia. ¡Qué ganas! Y dime, ¿está bien dotado o solo pusiste atención en que supiera jugar al poker?”.

    Mirando al suelo contesté tu pregunta:

    “Siempre procuro que estén bien dotados, mi amor. Y desde luego sabe jugar al poker, tal y como me habías pedido cuando comencé la búsqueda”

    Me diste un azote en el culo mientras deslizabas un “buena chica”, que me llenó de orgullo. Me quedé pensando en la ilusión que se reflejaba en tu voz. Te encanta jugar al poker, y hacía tiempo que no jugabas… pero si eso lo combinabas con una buena noche de sexo, de humillaciones y excitación, aquello se planteaba como un planazo en toda regla.

    Cuando terminaste de maquillarte, te levantaste de mi espalda y me dijiste que, de rodillas, incorporara mi torso. Agachándote acercaste tus labios pintados a mi boca, y cuando la abrí para besarte, dejaste resbalar saliva dentro de mi boca, diciendo.

    “Te quiero a tope hoy, preciosa. Voy a abusar mucho de ti, y te voy a llevar muy abajo. Muchísimo. Pero quiero que estés a la altura, porque estoy muy excitada y pienso disfrutar hasta que no pueda más. ¿Estás lista, bonita?”

    Sonreí mirándote a los ojos y te dije que estaba lista. Que hicieras conmigo lo que quisieras. Te mordiste los labios, y como respuesta me diste un bofetón que me cogió por sorpresa. Después otro. Agarraste mi cabeza y la llevaste a tu entrepierna. Saqué mi lengua para lamer tu incipiente humedad, pero sujetándome la cabeza, susurraste:

    “Tranquila puta. No seas ansiosa por lamer. Guarda energías, que hoy te vas a hartar de lamer y de chupar”.

    Me dijiste que te trajera la falda de cuero negro, unas medias con liga negras, y una camisa blanca semitransparente y tus zapatos negros de tacón de aguja. No querías llevar ropa interior, y para provocarme, comentaste:

    “Total, para lo que me va a durar puesta, cuanto menos ropa lleve, mejor. ¿No te parece, puta? ¿Te gustará verme jugar desnuda mientras los demás me devoran con la mirada?”.

    Te dije que me apetecía muchísimo sentirte excitada y jugar semidesnuda, mientras el resto de jugadores no podían prestar atención a sus cartas… y ver cómo poco a poco ibas excitándote para follarte al ganador.

    Te reíste y me pediste que te vistiera. Cuando lo hice me quedé mirándote en la distancia. Puff. Eres preciosa y estabas tan sexy… Sacándome del estado de ensimismamiento en el que había entrado me ordenaste ir a por mi ropa y vestirme. Querías que me pusiera simplemente una falda corta, un tanga, medias de rejilla y zapatos de tacón. Ni María ni yo llevaríamos nada en la parte de arriba. Cuando me vestí, me acerqué a ti moviendo las caderas exageradamente y te pregunté si te gustaría maquillarme.

    Mirándome, contestaste que no. Que esa noche me maquillaría yo solito, y matizaste:

    “Una buena puta tiene que saber maquillarse. Y tú eres la mejor. Ah, y por cierto, mi amor, quiero que te pongas el pintalabios que no queda fijado. Me apetece ver las marcas de tus labios en los condones de mis juguetes”.

    Y sin mirarme, te diste la vuelta y saliste de la habitación, rumbo al salón. Yo seguí maquillándome como tantas veces me habías enseñado, pero no soy muy hábil con las manos y la verdad es que parecía una zorra barata más que el putón de lujo en el que te gustaba convertirme. Me eché tu perfume y bajé al salón a tu encuentro.

    Al verme llegar silbaste y dijiste:

    “Ohhh… menuda zorra estás hecha, cariño. Me encanta que lleves la falda, las medias y los zapatos de tacón, pero mantengas tu torso accesible para mí y para los demás. Seguro que sabremos qué hacer contigo”.

    E inmediatamente, sonó el timbre de la puerta. Miré el reloj del salón y comprobé que eran las diez en punto, así que solo podía ser María. Mientras te sentabas en el sofá del salón, me ordenaste abrir la puerta. Nada más abrirla, encontré a María vestida con una falda negra, medias negras de rejilla y unos zapatos de tacón. Nos miramos y nos reímos. Era evidente que tú habías hablado con ella, porque nada más cerrarse la puerta, se quitó la parte de arriba y se puso a mi lado.

    Sonreiste y te mordiste el labio. Nos pediste acercarnos a ti cogidos de la mano, y fue lo que hicimos. Al llegar al sofá, nos ordenaste colocarnos a cuatro patas. Sentí como me dilatabas un poco y cómo clavabas un plug en mi culo de zorra. También sentí el momento en el que hacías lo mismo con María, que dejó escapar un suspiro cuando sintió el plug desaparecer en su precioso culo.

    “Mucho mejor así, ¿no? Quiero que tengáis el culo listo para quién quiera follaros. Y ahora, venga, poned algo de música y preparadme la cena. Traed también vuestros bol de perro, que vais a comer a mis pies”.

    María y yo hicimos lo que ordenaste. Te preparamos la cena, pusimos la mesa y servimos tu comida. Cuando empezaste a comer, nos ordenaste que nos pusiéramos a tus pies. Uno a cada lado, de rodillas. Eso hicimos, pero durante los primeros diez o quince minutos no pasó nada. De pronto sentí que te agachabas hacia el lado donde estaba arrodillada María y, tras beber agua, lo arrojaste en su bol. Después escupiste dentro, y con desdén arrojaste un taco de queso dentro. María se dispuso a beber con las manos al lado del bol, y tú ni siquiera le prestaste atención. Yo te miraba, pero en mi bol de perro no cayó ni agua, ni queso, ni tu saliva, así que me quedé observando cómo María se esforzaba en beber y comer lo que le habías servido para cenar.

    Cuando terminaste de cenar acercaste tu pie a mi boca y me miraste. No dijiste una palabra, pero yo, de rodillas aún, comencé a lamer el charol de tu zapato para dejarlo brillante. Lamía el zapato por completo, y después de jugar con mi lengua en el tacón, lo metía en mi boca. Al verlo, me dijiste:

    “Vete practicando, mi amor. Hoy te vas a hartar de comer pollas”.

    Yo te miré desde mi posición original, y con una mirada provocadora seguí lamiendo tus zapatos sin parar. Inmediatamente cruzaste tus piernas y colocaste tu pie derecho a mi alcance, y repetí la operación. Me miraste y sonreíste. Estabas feliz. Radiante… y sabía que también estabas excitada por la noche que se planteaba por delante. Apartándome con un movimiento de tu pie, te levantaste y nos dijiste a María y a mí que recogiéramos todo y preparásemos la zona de juego. Pusimos el tapete, preparamos las sillas, y sacamos las botellas que habíamos comprado, los vasos bajos, los refrescos y la cubitera con los hielos Había de todo, pero querías que todo estuviera perfecto.

    María colocó las sillas. Puso el tapete en la mesa redonda para cinco jugadores, y delante de cada silla, colocaste un folio impreso que había preparado para ti con las reglas escritas del strip-poker, unas mínimas normas de comportamiento durante la partida, y sobre todo las condiciones para quién llegara a la mano final contigo. Tu premio. También quisiste dejar claro qué podían hacer y no conmigo y con María quien, al leerlo mientras lo dejaba encima de cada sitio, me miró algo más relajada y sonrió con ojos de complicidad.

    Cinco minutos antes de la hora acordada, sonó el timbre y aparecieron los cuatro nadies juntos, pues así lo habías establecido. Unos días atrás abriste un grupo de Skype con los cuatro nadies, María, tú y yo, para remarcar los detalles, insistir en las reglas y poder debatirlas y, también, para dejarles claro cuál era el código de vestimenta y el de conducta.

    María y yo nos dirigimos a la puerta. Tú nos esperaste unos metros detrás. Al abrir y ver a ambos vestidos de mujer, ambos con nuestro torso al descubierto, los ojos de todos los nadies se fueron a las tetas de María, e inmediatamente a mis pintas. Alguna sonrisa. Saludos y miradas furtivas a ti. María y yo teníamos sendas bandejas con copas de champagne, que todos fueron cogiendo mientras entraban en casa y se dirigían en manada hacia ti.

    Iban en traje, pues así se lo habías exigido, y enseguida empezaron a flirtear contigo, alabando lo impresionante que estabas. Te miré y lo pensé. Tienes un estilo, una clase y una elegancia fuera de lo normal. Pero combinado con ese aura de sensualidad que no he visto en mi vida, hace que todos los hombres que te ven en ese estado de excitación contenida, caigan rendidos a tus pies. José se acercó a tu oído para decirte que estabas preciosa, y sus labios se acercaron demasiado a tu oreja. Yo observé tu caída de ojos, y como tu mano recibió su halago colocándose en su entrepierna y diciéndole algo al oído mientras me mirabas a mí y te mordías los labios.

    Mi pollita luchaba contra el metal de la jaula de castidad. Me excita tanto verte tontear con los nadies… y me humilla de una forma increíble. María me miró y después se quedó mirando a José, que cogiéndote de la cintura descaradamente me miraba provocador. Odio que se apropien de lo que es mío, pero también tengo claro que eres tú la que quiere y fomenta esos excesos de confianza, porque sabes que me duelen y que nos excita a ambos.

    En un momento dado, y mientras miraba fíjamente a José, llamaste a María, que se acercó. Uno de los jugadores nuevos, que se llamaba Dani, y que no tenía experiencia apenas, se había acercado para ligar contigo, pero al ver que estabas ocupada con José, te comentó algo de María. Cuando esta llegó a vuestra altura le agarraste del pelo y, llevándola hacia ti, lamiste su cuello. Después, pellizcaste sus pezones. María respondió con un gemido que llamó la atención del resto de jugadores. Al estar desnuda de cintura para arriba, fue evidente su excitación, pues sus pezones se pusieron duros respondiendo a la presión de tus dedos. Dani te dijo algo y tú afirmaste con un gesto de cabeza. Entonces se acercó a María y lamió y mordió sus pezones, a la vez que empezaba a meterla mano por debajo de la falda.

    Yo seguía observando a distancia y temí que aquello se nos fuera de las manos. José seguía pegado a ti, y en tu mirada y tus gestos, notaba tus ganas de follártelo. María empezaba a ser magreada por Dani y por Javi. Notaba sus pollas duras debajo del pantalón del traje, y pensé que aquello sería cualquier cosa menos una partida de poker. Tosí y traté de llamar tu atención, pero entonces me di cuenta de que tenías tu mano dentro de los pantalones de José, y agaché la cabeza.

    Nuestras miradas se cruzaron, y emitiste un insonoro “gracias, mi amor…te quiero”, al que te respondí con una sonrisa clara y sincera, y un “yo también, princesa”. Entonces, sacando la mano de la entrepierna de José, dijiste:

    “Chicos, empecemos la partida, que se nos está yendo un poco de las manos la copa de bienvenida”.

    Cuando diste el toque de atención para comenzar la partida, Dani y Javi estaban siendo masturbados por María que a su vez era magreada por Olibert, que estaba situado a su espalda. Cada polla en una mano, y ella en medio. José se colocó el pantalón, tratando de disimular su excitación. Todos fuisteis conscientes de que tenías razón, y entre risas nerviosas y miradas tensas, os sentasteis en la mesa poco a poco.

    Antes de repartir la primera mano, volviste a recordar las normas. Todos estuvieron de acuerdo y repartiste la primera mano. Mientras tanto, María y yo, semidesnudos servimos las copas a los jugadores. Casi todos pidieron Whisky, excepto tú, que preferiste una Pepsi Max. Te conozco bien. Querías ganar la partida y desplumarlos. Ya lo habíamos hablado hacía un par de días. A ninguno le iba a salir gratis el privilegio de jugar un stip-poker contigo, ni la posibilidad de poder follar con una mujer como tú. De algún modo, querías cobrárselo.

    Pasada la media hora de juego me llamaste:

    “Ven aquí, puta. Llevo dos manos perdidas y no tengo zapatos. Mis pies necesitan una lengua, y estos cuatro sumisos están jugando al poker y tienen un premio mayor esperándoles”.

    Sin dudar un segundo, me metí debajo de la mesa y, de rodillas, comencé a lamer tus bonitos pies. Con calma, con mimo… con amor. Entonces recibí una patadita en un costado, e imaginé que alguno de tus nadies estaría colocando sus piernas. Pero enseguida noté otra, un poco más fuerte. Era José, y no entendía por qué me estaba dando patadas, pero no le hice caso y seguí con mi obligación. Al rato, escuché que José te decía:

    “Señora, me gustaría que Pedro lamiera mis pies también. Quiero humillar a esa puta tan obediente que tienes”.

    A lo que tú, respondiste con cierta contundencia:

    “Dedícate a jugar a las cartas y te recomiendo que mejores, porque si no, te vas a ir a tu casa con 300€ menos y un buen calentón. Yo decido lo que hace mi puta, y como has escuchado, acabo de darle una orden. Pero ya que quieres atenciones, las tendrás. Me gusta agasajar a mis invitados. María, métete debajo de la mesa y lame los pies de José”

    María se colocó a mi lado y empezó a lamer sus pies. En un momento dado, metiste una mano en tu entrepierna y colocaste los dedos cerca de tus rodillas. Al verlo, subí como un loco para meterlos en mi boca y disfrutar de tu sabor. En un susurro, te dije un “gracias Ama” al que correspondiste acariciando mi pelo. Me encanta sentir que siempre me proteges. Que siempre me cuidas, incluso cuando me humillas más, aunque en esta noche, ese momento ni siquiera había asomado.

    La partida seguía mientras María y yo estábamos debajo de la mesa. Yo no me separé de tus pies, mientras que María fue siendo demandada por unos y otros. En un momento dado escuché que había una mano bastante tensa que terminaste perdiendo. Todos estaban emocionados del resultado, especialmente Dani, el ganador de aquella mano. Comprobé por qué cuando vi tu camisa blanca transparente caer al suelo. Sabía que no llevabas sujetador, y pude sentir la excitación de todos los jugadores, pues hubo una especie de silencio tenso que tú misma te encargaste de apagar.

    “¿Qué os pasa? ¿Nunca habíais visto las tetas de una mujer? De hecho, en esta mesa José, Javi y Olibert ya las han probado. El único que queda es Dani, así que no seáis niñatos, tratad que vuestra sangre se dirija otra vez al cerebro o me va a resultar muy fácil ganaros esta noche. Y no me gustan las cosas fáciles”.

    Me llamaste y ordenaste que sirviera otra ronda de bebidas. También nos amenazaste a los dos sobre algo que nos habías dicho antes de empezar la partida. Siempre tenía que haber bebida en las copas, pero no querías que ningún nadie se emborrachara. Querías disfrutar del ganador, y por nada del mundo se te pasaba por la cabeza que estuviera tan borracho como para no saber follarte como es debido.

    Salí de la mesa, me acerqué al mueble de las bebidas y, con una bandeja serví las bebidas a todos los jugadores. Entonces le pediste a María que se dedicara a tus pies. Me quedé inmovil en medio del salón. La partida seguía su curso, María lamía tus pies y los jugadores empezaron a perder manos poco a poco. Dani acababa de perder sus pantalones y sus calzoncillos en dos manos desastrosas, y me pediste que me metiera debajo de la mesa y comenzara a masturbarle. El efecto en los demás fue inmediato. Mientras yo masturbaba con la mano a Dani, el resto de la mesa comprobaron lo difícil que es concentrarse en jugar al poker mientras recibían placer. Dani perdió otras dos manos consecutivas, y a tenor de tus comentarios, solo le quedaba un calcetín puesto.

    En un momento dado, nos ordenaste a María y a mí salir de debajo de la mesa. María se acercó a ti y susurraste algo en su oído. Ella se acercó a mí y en medio del salón y a la vista de todos se desnudó. Yo hice lo mismo y todos los nadies comenzaron a reírse al ver mi ridícula polla reducida a su mínima expresión y atrapada en la jaula de castidad de aluminio. Estábamos los dos completamente desnudos, y María se sentó en el sofá, con las piernas abiertas. Yo me acerqué a cuatro patas y comencé a comerle el coño, tal y como me habías ordenado hacer. En esa postura, todos se dieron cuenta de que ambos teníamos un plug, y se escucharon risas, pero yo sabía que a todos les estaba sobrando la partida de poker y entendí tu estrategia. Querías mover un poco el árbol para que cayeran las nueces. Mientras le comía el coño a María y después de un par de intensos orgasmos por su parte, te escuché decir:

    “¿Qué os pasa chicos? Acabo de ganar cuatro manos seguidas. Parece que tenéis ganas de terminar la partida, pero os recuerdo que solo el último que quede follará conmigo. El resto os marcharéis a vuestra casa sin dinero y sin follar. Más vale que espabileis”

    El primero en perder y levantarse de la mesa fue Dani. Al levantarse de la mesa, completamente desnudo se acercó al sofá donde María y tú habíais ido recogiendo cada una de sus prendas y las habíais dejado convenientemente dobladas, pero tú, sin retirar los ojos de las cartas, dijiste:

    “Pedro, cariño… hazle una mamada a Dani. Quiero que se lleve un buen recuerdo de esta noche, y ya que no me va a poner una mano encima, que se vaya con el premio de consolación”.

    Dejé de comerle el coño a María y me acerqué a Dani. Él no sabía qué hacer, así que le dije que si quería, podía sentarse en el sofá, al lado de María, y aceptó. Tenía un buen cuerpo. Era un chaval joven, de unos 27 años, con una polla bastante grande que él mismo comenzaba a agitar para que fuera ganando tamaño. Retiré su mano y le masturbé un poco hasta que cogió la firmeza suficiente. Le puse un condón y comencé a chupársela. Era bastante más grande de lo que pensaba, y enseguida sentía mi garganta invadida. Además era ancha y apenas podía respirar. Debiste darte cuenta de que no estaba poniendo todo mi empeño, y le pediste a María que me ayudara. En un principio me alegró. Imaginé que María me ayudaría a comerle la polla, pero debiste hacerle algún gesto, porque lo que hizo, fue empujar mi cabeza con sus manos. Al principio de una forma suave, pero después rítmica y profundamente, de modo que Dani empezó a gemir y a respirar cada vez más aceleradamente. Incluso el propio jugador agarró con sus dos manos mi nuca y empujó fuerte mi cabeza contra su vientre, momento que aprovechó para, moviendo sus caderas, follarme la boca con movimientos bastante violentos que me estaban provocando arcadas.

    Pasaron varios minutos y a pesar de mis esfuerzos en que se corriera, el tipo aguantaba como un campeón. Te diste cuenta de que estaba aguantando para humillarte más, y decidiste intervenir, diciéndole:

    “Dani, quita el plug que tiene mi sumiso en el culo y fóllatelo. Tienes exactamente 5 minutos para correrte. Si no lo haces, el propio Pedro te dará la ropa y te acompañará a la puerta”.

    Al escuchar tus palabras, dejé de comerle la polla y me coloqué a cuatro patas, ofreciéndole el culo a Dani. Enseguida sentí como me sacaba el plug y sin pasar ni dos segundos, volví a sentirme lleno otra vez. Me agarraba de la cadera y empujaba fuerte, entre gemidos y jadeos por ambas partes. Sabía que no tenía mucho tiempo y por la intensidad de sus embestidas, no quería marcharse de nuestra casa sin haberse corrido… aunque seguro que eras tú quién estaba en sus planes, y no yo.

    Pasado un buen rato te escuché arrancar una cuenta atrás: “10, 9, 8, 7, 6…”. Y entonces sentí que Dani se estaba corriendo, porque sus gemidos y la fuerza con la que agarraba mis caderas fueron palpables. Finalmente apoyó su pecho en mi espalda y se quedó quieto recuperando la respiración. Yo no me moví, esperando y notando el calor de su leche comprimida entre el condón y mi culo. Al rato salió de mí y me levanté para darle su ropa. Al levantarme todos pudieron observar lo zorra que soy, ya que un hilo de líquido preseminal colgaba desde mi polla enjaulada hasta el suelo. Tú también te diste cuenta y dijiste:

    “Pedro, cuando se vaya Dani tienes trabajo. Estás dejando el parqué lleno de tus babas de puta. Le acompañas y lo recoges”.

    Cuando Dani se vistió se acercó para despedirse, pero ninguno le hicisteis demasiado caso. Levantando la mirada, indiferente, le dijiste adiós, y yo me acerqué y coloqué mi mano en su codo para acompañarle a la puerta. Cuando llegamos allí, me dijo:

    “Dale las gracias a tu Ama por la invitación. Siento haber perdido tan pronto, pero no soy un gran jugador de poker. Espero saber pronto de vosotros y que volváis a contar conmigo”.

    Yo le dije que te trasladaría el mensaje y le di las buenas noches. Al marcharse y cerrar la puerta miré el reloj de Alexa, y me di cuenta que eran las 2:45 de la madrugada. Me dio la sensación de estar cansado, pero también era muy consciente de que tu excitación sólo aumentaba y tu hambre te mantenía despierta. Adoras trasnochar, pero si hacerlo significa una noche de juegos como la que estábamos viviendo, mucho más.

    Al llegar a la mesa te pregunté si necesitabas algo, y sin levantar la mirada de las cartas, dijiste que sí… que Olivert estaba a punto de desplumarte, y que quizás te vendría bien algo de ayuda. Te observé y pude ver que tan solo llevabas tu tanga negro de encaje, y me di cuenta de que la situación era límite. Aunque tendrías tu premio en el ganador, significaba que estabas a punto de quedarte fuera de la partida, y eso no te iba a gustar.

    Sin dudarlo, me metí debajo de la mesa y comencé a masturbar a Olibert. Debía tener un gran poder de concentración, porque no conseguí que se empalmara… o no significativamente, así que decidí dar un paso al frente y mientras seguía masturbándole con la mano derecha, con la izquierda exploré su culo, y comencé a jugar en su entrada. Algo cambió, porque noté que se movió en la silla echándose hacia adelante, en una clara señal de que quería más. Seguí masturbándole cada vez más rápido mientras ya tenía dos dedos entrando y saliendo de su culo. Escuchaba sus “uffff”, sus “joder”, y sus “qué puta es su sumiso, Señora”, y supe que le tenía donde tú querías tenerle.

    Me dediqué a mantener mi estrategia mientras en la mesa había una apuesta gorda, y solo quedabais Olibert y tú. Era evidente que la situación era límite. Si él ganaba la mano, te quedabas fuera de la partida. Pero perdió. Lo perdió todo. El dinero y toda su ropa. Dando un grito de alegría me dijiste:

    “¡¡Tengo mucha suerte de tener algo de ayuda entre bambalinas!!. Sal de ahí cariño. Olibert está contrariado y habrá que complacerle para que no se vaya a casa de vacío y enfadado, ¿no crees?”.

    Contesté con un “Sí, Ama” y salí de debajo de la mesa. Me ordenaste ponerme a cuatro patas y de forma despectiva le dijiste a Olibert:

    “Follátelo. Está dilatado y deseando recibir más polla. Quiero que aguantes hasta que pierda el próximo jugador”.

    Olibert afirmó y se le encendieron los ojos. No era la primera vez que me follaba el culo, ni tampoco la primera vez que follaba contigo. Y en todas las situaciones que ocurrió, fueron “combates” de larga duración, así que me coloqué a cuatro patas esperando su polla, mientras escuché que le decías a María:

    “María, cariño. Ponle el condón a Olibert y cuando lo hayas hecho siéntate delante de Pedro. Como se le va a hacer largo, será bueno que se entretenga comiéndote el coño… así no se aburre”.

    María obedeció, porque pasados unos segundos se sentó en el suelo, abriendo sus piernas y ofreciéndome su coño empapado. Casi a la vez que mi cabeza llegaba a ella, sentí la polla de Olibert entrando en mí. Puff… su primera embestida no dejó lugar a dudas. Pensaba follarme duro. Mientras lo hacía, yo gemía de dolor y de placer por ofrecerme a ti, Por estar humillándome para ti mientras uno de tus juguetes me follaba. Pero al menos me habías dado con qué entretenerme, y procuré dejar a un lado el dolor de sus embestidas para concentrarme en darle placer a María.

    En eso estaba cuando te escuché decir:

    “Pufff. Qué suerte he tenido. ¡¡Pensaba que perdía la mano!! Bueno chicos, pues ya tenemos ganador. José, ponte a la cola para follarte a Pedro, que yo terminaré esta mano con Javi y después me cobraré mi premio con creces. ¡No sabes las ganas que tengo de follarte, guapito!”

    Sin levantar la cabeza del coño de María, esas palabras me hicieron sentir un calor tremendo que me subía desde el estómago hasta la cabeza. Es el calor de la humillación extrema. De escuchar a la mujer de tu vida verbalizar las ganas que tiene de follarse a otro, y de saber que lo hará delante de ti. Pero a pesar de la humillación y del dolor de mi culo por sentir a Olibert, me concentré en mi obligación, y seguí comiéndole el coño a María, que se estaba corriendo en mi boca, aunque no de la forma que lo haces tú, empapándome completamente, sino de una forma mucho más silenciosa y sin squirt.

    Al verlo, y darte cuenta que a Olibert le quedaba un buen rato, le dijiste a María que se colocara pegada a mí, y que le ofreciera su culo a José para que no estuviera esperando sin hacer nada. Este no se lo pensó dos veces y, cogiendo un condón de una pecera donde los guardamos, comenzó a follarle el culo a María. Me alegré de que no me estuviera follando a mí, porque tiene actitud chulesca y a veces se extralimita humillándome de más, así que, girando la cabeza y mirándole a los ojos le dije:

    “¿Te apetecía follarme, José? ¿Querías humillarme follándome duro, verdad? Pues hoy te vas sin follarme a mí y sin follar con mi Ama. Pero no te preocupes… un mal día lo tiene cualquiera. A lo mejor volvemos a llamarte alguna vez”.

    En la mesa escuché tu carcajada, mientras decías:

    “Pero mira que eres puta, cariño. Te mereces que les diga a los nadies que cambien de objetivo… pero me has hecho reír. Seguid disfrutando, chicos… nosotros estamos ya en la última mano y enseguida nos unimos a la fiesta”.

    Te miré y te guiñé un ojo. Me tiraste un beso, y volviendo a concentrarte en tu mano de cartas y en la apuesta que acababa de hacer Javi, dijiste:

    “Las veo. Poker de ases. Baja tus cartas Javi… y creo que puedes ir bajándote los calzoncillos también, porque acabo de ganarte”.

    Mientras Olibert seguía follándome, observé la cara de Javi. Acababa de perder todo lo que les había ido ganando a Dani y a José. Habías conseguido ganarles a todos. Delante de ti estaban todas las fichas, lo que significaba que tenías la mitad de tu objetivo conseguido. Estaban desplumados. Ahora te tocaba cobrar la otra mitad. Javi.

    Pero no tenías prisa por cobrarte a tu presa. En tanga te sentaste en el sofá, y le pediste a Javi que te acompañara a disfrutar del espectáculo. Se sentó a tu lado y os quedásteis mirando cómo José le follaba el culo a María mientras Olibert hacía lo mismo conmigo. Te conozco y sé que no querías follarte a Javi habiendo demasiada gente alrededor, pero sentí perfectamente tu excitación y segundos después, tu mano se deslizó por debajo de tu tanga y comenzaste a acariciarte.

    José se corrió escandalosamente, y le pediste que siguiera bombeando hasta que Olibert terminara conmigo, pero por si acaso le dijiste:

    “Olibert, tienes un minuto para correrte mientras te follas a mi sumiso. Si no lo haces en ese tiempo te irás a casa igual que has venido, pero sin tus 300€”.

    Miraste tu reloj y el nadie aumentó su velocidad. Me estaba destrozando por dentro pues no solo me follaba más rápido, sino también mucho más fuerte. Me agarraba por la cadera y me atraía con sus brazos mientras su polla empujaba dentro de mí. Yo le suplicaba que se corriera dentro de mí. Que me hiciera sentir lo zorra que soy, que me hiciera disfrutar como un hombre… y no pasaron diez segundos de estas palabras y se corrió entre gemidos que yo acompañé como buena puta.

    “Chicos, que Pedro os quite los condones y os de la ropa. Vestiros y marcharos a casa. Mi chico, ¿puedes ser tan amable y servicial como hasta ahora y acompañarlos a la puerta?. María, acércate y cómeme el coño, por favor… Estoy muy cachonda y tengo muchísimas ganas de correrme”.

    Les quité el condón a José y a Olibert. Estaba humillado y dolorido, pues llevaban follándome más de 20 minutos sin parar, pero estaba contento de haber aguantado y de ver lo excitada que estabas. Además habías ganado la partida, te habías llevado más de 1.000€ y, aunque no me habías dicho nada, sentía que tu objetivo real era Javi, así que estaba seguro que estabas feliz.

    Cuando ambos se vistieron se despidieron de ti, pero apenas contestaste. Estabas desnuda, con las piernas abiertas y María comiéndote el coño. A tu lado, Javi estaba completamente desnudo y le estabas masturbando mientras tanto. Tu pequeña mano apenas conseguía tapar un 20% de su polla. Era enorme, y recordé que me hablaste de lo grande que era cuando te lo follaste 2 o 3 meses atrás. Yo no pude verlo, porque me mantuviste las 3h que estuvo en casa con los ojos cerrados, pero lo sentí perfectamente cuando le ordenaste follarme. Me pasé dos días recordándole cada vez que me tenía que sentar.

    Acompañé a los nadies a la puerta y les di las buenas noches. Eran más de las 4 de la madrugada, y conociéndote, todavía quedaba un rato de fiesta y estaba seguro que pensabas aprovechar tu premio. Pasé por la cocina para beber agua y después fui al baño a limpiarme un poco. A los tres minutos volví al salón y te encontré cabalgando encima de Javi. La imagen era increíble. Estabas dándole la espalda, subiendo y bajando sobre su polla. Tenías los ojos casi en blanco y tus gemidos eran super intensos. Mirándome fijamente apenas podías articular palabra, y solo decías:

    “Puta, puta, puta… eres una puta mi amor. Ohhhh Dios… qué polla. Es increíble. Agghhhh. Sigue Javi. No pares, voy a correrme”.

    María estaba lamiendo tus pies, y cuando sentí que tu orgasmo estaba cerca coloqué mi boca pegada a tu coño. Tenía la polla de Javi rozándome la nariz, y me aseguraba de que mi lengua llegara a tu clítoris, a pesar de que apoyaba mi barbilla en sus pelotas y que cada vez que subías y bajabas sobre él, su polla llegaba a mi lengua. Pero tenía claro lo que quería hacer, y seguí empujando con fuerza para comerte el coño mientras tu orgasmo llegaba. ¡Y vaya si llegó! Te corriste de una forma increíble, y empapaste mi cara completamente. No sabía si le pedirías a Javi que parase un segundo para dejar que te limpiara bien, así que comencé a pasar mi lengua por tus piernas, tu coño, sus pelotas, hasta que, sin preguntar agarré su polla y me la metí en la boca.

    Comencé a hacerle una mamada mientras tú seguías masturbándote. Así llegó tu tercer orgasmo casi consecutivo, pues te habías corrido también en la boca de María. Cambié boca por mano y, mientras mantenía la polla de Javi en su máximo esplendor, limpié con la boca tu corrida, hasta que me dijiste:

    “Cariño, mete su polla en mi coño. Quiero correrme con él. Se lo está ganando, ¿no te parece, puta?”.

    Metiendo su gran polla en tu coño, te dije que por supuesto que se lo estaba ganando. Me miraste fíjamente mientras tu boca se abría, y tu cuerpo volvía a subir y bajar encima de Javi. Entonces me pediste que te besara. Me incorporé y nos besamos. Nos besamos intensamente. Salvajemente. Nuestras lenguas se movían a toda velocidad y parecía que nos íbamos a arrancar los labios. Entonces te separaste un poco de mí y me escupiste en los ojos. Después otra vez. Y comenzaste a pegarme mientras no parabas de follárselo. Y entonces ocurrió. Con una voz grave, me dijiste:

    “Suplícamelo, zorra. Suplícame que me corra. Pídele al juguete que se corra conmigo. Quiero disfrutar de una polla de verdad por una vez. ¡Vamos!. ¿A qué esperas?”

    Y mientras seguías pegándome, te supliqué que te corrieras con el juguete. Le supliqué que aguantara hasta tu orgasmo. Le dije que yo le avisaría, pero que por favor aguantara hasta el final. Y tus golpes cada vez eran más fuertes, y tus movimientos más violentos… hasta que echaste el cuello hacia atrás y lo sentí llegar.

    “Por favor, Ama. Córrete para mí. Córrete follando con otro. Soy tu puta, y disfruto de compartirte con otros. Te lo ruego mi amor. Dame tu orgasmo. Javi, ¡atento!”

    Y sentí un escalofrío recorrer tu cuerpo. Una especie de descarga eléctrica en el instante en que te vino un orgasmo increíble, y le dije a Javi: “Ahora, Javi. Por favor. Córrete con Ella”.

    Y así fue. Me quedé observando dos cuerpos moverse en perfecta sincronía. Tu pequeño cuerpo insertado en su polla. Tus bonitos ojos inyectados en sangre. El placer rebosando por todos los poros de tu piel Tus pezones duros, la piel de los dos brillante por el sudor.

    Y entonces, la pausa. Los jadeos, igual que los de un maratoniano después de terminar sus 42km. Te dejaste caer, colocando tu espalda sobre su pecho y ambos tratabais de recuperar el resuello. Yo, sin dudar un instante comencé a limpiar tu orgasmo, y cuando lo hice, sujeté el condón en la base de su polla y, haciéndole un nudo te lo enseñé y lo metí en mi boca. Sentía su leche caliente en mi lengua. Sabía que te excitaba sobremanera que tuviera el sabor del látex mezclado con tu sabor, y la textura del semen del juguete, y dijiste:

    “Muy bien cariño. Por respeto a nuestro amigo, no se te ocurra sacarlo de tu boca hasta que se vaya, zorra”

    E inmediatamente le dijiste a María:

    “María, preciosa. Ponte mi arnés y fóllate a mi puta. Creo que se ha quedado con ganas de más, y mi amante acaba de correrse. Necesitará un descanso. Nos lo preparas, bonita?”

    María sonrío y te dijo que lo haría encantada, así que se acercó a la mesa del salón repleta de juguetes y se colocó el arnés con el dildo rosa, que le quedaba increíble. Me dijiste que me colocara a cuatro patas a escasos centímetros de tus pies, y mirándote. Seguías tumbada encima de Javi, cuya polla relajada era bastante más grande que la mía en su máxima erección. Él besaba tu cuello y tu espalda mientras sus manos disfrutaban de tus preciosas tetas. Bajé la mirada, porque no soporto que otros labios recorran tu piel, pero al darte cuenta, me dijiste:

    “No retires tu mirada de nosotros, mi amor. Quiero que veas cómo su boca recorre mi piel, como sus manos me hacen suya y cómo vuelve a excitarme, y voy a enseñarte a comerse una polla así de grande, para cuando volvamos a verle otra vez. Porque pienso repetir, y no voy a tardar mucho en hacerlo, pero los tres solos. ¿Te parece bien, mi amor?”

    Manteniéndote la mirada, y mientras apretaba los dientes, contesté que sí. Que me parecía perfecto, y que tenía muchas ganas de que volvieras a follártelo. Sonreíste y dijiste:

    “Y dime, puta. ¿Tienes ganas de que me vuelva a excitar y follemos otra vez después de comérsela? ¿Quieres verlo de cerca, bonita?”

    Contesté un “Sí, Ama” que apenas salía de mi. Humillado mientras él no paraba de besar tu cuerpo y manosearte. Ahora tenía una mano en tu coño y otra seguía en tus tetas. Estaba siendo follado por cuarta o quinta vez en la noche (había perdido la cuenta), en esta ocasión por María, que respiraba cada vez más agitadamente, fruto de su excitación y de ver el primera persona que la polla de Javier estaba volviendo a la vida gracias a tus caricias y a las suyas.

    Entonces te retiraste de su espalda, te arrodillaste en el suelo y me besaste. Mientras María seguía follándome, el tiempo se detuvo durante unos segundos. Y me sentí volar. Tus besos son pura gasolina para mi cansancio… para mi motivación. Pero en el momento que dejaste de besarme, dijiste:

    “Mira y aprende cómo se come una polla de verdad, zorra”.

    Y después de ponerle un condón, sentía que hacías magia cuando su polla desaparecía en tu boca. No podía creer lo que estaba viendo. Yo apenas era capaz de meterme la mitad, y tú estabas llegando con tus labios hasta su base, de forma que no veía más que la última vuelta del condón. Enseguida su polla fue enorme otra vez, y sin mirarme siquiera, esta vez mirándole a los ojos, comenzaste a follártelo de nuevo. La imagen era espectacular. Sentía cada cm de Javi entrando y saliendo de ti, apenas a 30cm de mi cara. En un segundo, el salón se inundó de gemidos. Los vuestros eran los que se clavaban en mi cerebro, pero también me descubrí gimiendo como una puta… como tu puta, e inmediatamente sentí que María se estaba corriendo de tanta excitación acumulada.

    Cuando se corrió te escuché ordenarme limpiar a María como lo hacía contigo, así que retiré cuidadosamente el strap de sus caderas para comerle el coño en el suelo, cuando la ordenaste sentarse al lado de Javi. Allí estaba yo, lamiendo el coño de María mientras te veía montar a Javi y gemir de una forma que no te había visto antes. También María emitía ruiditos cada vez que mi lengua rozaba su clítoris, sensible después de su orgasmo. Javi, por su parte te agarraba del pelo y te follaba de un modo animal. Estrujaba tus tetas con sus grandes manos y te agarraba de la cadera para entrar bien dentro de ti. En pleno polvo, te dirigiste a mí:

    “Puta, siéntate en el respaldo del sofá. Coloca tus piernas a ambos lados de la cabeza de Javi y bésame. Quiero correrme mientras nos besamos”.

    Obedecí inmediatamente y nos besamos. En medio de nuestros besos y nuestros te quieros, te corriste. Un orgasmo larguísimo que quizás fueron dos seguidos, pues Javi siguió follándote un buen rato más, hasta que comenzó a gritar:

    “Joooder, siiiiiii. Me corro, me corro… me corro”

    Y efectivamente, se corrió dentro de ti a la vez que tu segundo orgasmo consecutivo llegaba a su fin. No dejamos de besarnos ni un momento. Javi seguía dentro de ti y ambos recuperábais la respiración. Pasados unos minutos me dijiste que hiciera mi trabajo. Saliste de Javi y lo primero que hice fue hacer otro nudo a su condón y meterlo en la boca, junto al anterior, que ya estaba frío. Con ambos condones en la boca, agaché mi cabeza y me acerqué al lado del sofá en el que te habías sentado. Te limpié durante un buen rato y después te incorporaste y me dijiste:

    “Chicos, tenéis que iros. Quiero descansar y abrazar a mi chico. Hoy se ha portado como un campeón. Vamos cariño, ayúdales a vestirse y les despides”.

    Te acercaste a María y le diste un beso. Al acercarte a Javi, este te agarró de la cintura y te pegó contra él, y le dijiste:

    “Tu turno ha terminado. Ahora eres transparente para mi, vete con Pedro y ya volverás a tener noticias nuestras… o no. Gracias por ser el vehículo de nuestro placer. Hasta otra”

    Y sin mirar atrás, te diste la vuelta y desnuda subiste a la habitación. Tenía claro que ibas directa a la ducha, así que me apresuré en despedir a Javi y a María y subí contigo a la ducha. Nos besamos abrazados durante 5 minutos. Nos besábamos y nos mirábamos a los ojos. Nos decíamos sinceros “te quiero” y volvíamos a besarnos, hasta que al salir de la ducha, retiraste mi jaula de castidad y abriéndome la cama me dijiste:

    “Vamos mi amor. Hoy quiero que duermas desnudo para mí. Mañana te despertaré con una mamada que no olvidarás en mucho tiempo. Me has hecho disfrutar muchísimo hoy. Te quiero”

    Y me metí en la cama con una sonrisa y el cuerpo destrozado. Me dolía todo, pero estaba feliz.

  • Sometida (1)

    Sometida (1)

    Les vengo a hacer un diario de mis locuras con mi pareja.

    Soy un hombre muy fantasioso que le gusta la imaginación y mi mujer ama eso.

    Una noche comencé a decirle cosas para calentarla y como siempre lo logré, y en mi don de imaginar historias y demás. Ella comenzó a tocarme y le digo

    -quiero que seas una puta hoy y te acabo de levantar en mi auto.

    -Cómo es eso? -Dijo y comencé.

    -Hola linda que bonita sos

    -Sí, te gusto?

    -Mucho bebé

    En eso comenzó a besarme y chupar como loca su lengua y sus labios jugaban con mí miembro, delicioso placer me hacía sentir.

    -Hace mucho te vendes?

    Moviendo su cabeza me lo negó, en ningún momento sacó de su boca mi pene erecto.

    Tan rico lo hacía que gemía de placer.

    -No podes hacerlo tan rico -le decía y ella reía.- Me parece que voy a tener que comprarte seguido

    -Si? Seguro -dijo

    -Si bebe si la chupas como ninguna y esa cola me encanta.

    Ella arrodillada apasionada cumpliendo su tarea y yo acariciando ese culito carnoso mientras su lengua rozaba todo mí miembro.

    -Y te gusta tu nuevo trabajo?

    -Sí, bastante

    -Que rico, muchos ya probaron tus talentos?

    -No, no muchos -decía tocándome- creo que tres

    Mí calentura no daba más y le dije:

    -te quiero solo para mí ahora.

    -Y bueno paga y tenme.

    Me comprenderán que luego de eso ni puse resistencia a acabar y venirme, ella apuntó con mí miembro había mi panza y vi toda mí calentura mojar mi cuerpo, mi locura llegó a su máximo al ver cómo recorría todo el camino de leche con su lengua.

    Espero les guste y seguiré subiendo. Gracias

  • El curioso mundo de la diversión para adultos

    El curioso mundo de la diversión para adultos

    Años antes había hecho tres descubrimientos. El primero es que soy bisexual y no tengo el menor empacho en reconocerlo. El segundo es que es muchísimo más fácil acostarse con hombres que con mujeres porque los hombres no se andan haciendo del rogar (aunque hay casos de divos que logran superar la fatuidad y pretensiones de las personas más vanidosas) y quieren lo que quieren cuando lo quieren, como lo quieren, donde lo quieren y hasta donde lo quieren; es sexo puro y duro sin ilusiones emocionales. La tercera cosa va de la mano con las dos anteriores: si proclamas a los cuatro vientos que eres un hombre bisexual recibirás el rechazo de los homosexuales y heterosexuales por igual, para ellos no eres una rareza sino una traición a sus prejuicios; la bisexualidad femenina es mucho más aceptada que la masculina y le dejo esa reflexión a las mujeres que por ello se interesen. En consecuencia, uno aprende a ser prudente y es información que compartimos con muy poca gente, lo que no asegura nada porque aun así puede haber sorpresas traicioneras. Muchos hombres viven su bisexualidad de forma secreta o, cuando menos, discreta.

    En los años en que era un glorioso y joven Don Nadie de cabello largo, figura apetecible y guapura considerable, me di a la tarea de explorar muchos lugares que harían persignarse a gente de apariencia respetable (mientras en su imaginación se calientan con sus morbosas fantasías inconfesables) y en aquella ocasión llegué a una disco gay la noche de un viernes a eso de las diez. El lugar era un cliché gay en toda la extensión de la palabra: ubicada en un barrio de conocida vida nocturna gay, la disco estaba en una agradable penumbra, la música tecno sonaba a todo volumen, había televisiones por todas partes con videos porno gay mostrando a sus modelos de cuerpos imposibles, belleza inverosímil y pitos infinitos, había jaulas para cuando acudieran go-go dancers (que ésta vez estaban ausentes), las bebidas eran auténticos matarratas de precios irracionales, los trabajadores eran, con toda seguridad, policías judiciales que estudiaban detenidamente a quién podían extorsionar o de quién podían aprovecharse cobrando en especie, las mesas eran diminutas y deprimentes para dejar amplio espacio para bailar a gusto… Y tras una cortina pesada había, cómo no, un cuarto oscuro que era el verdadero centro de atención de todo mundo que allí acudíamos. Lo usual es que las mesas cercanas al cuarto oscuro estuvieran todas ocupadas porque desde allí podía verse quién entraba y, si se antojaba el que entró, ir tras él. Pero esta vez, para mi sorpresa, estaba casi vacío en lugar. Estaba yo, los trabajudiciales y un hombre guapo con un cuerpazo musculoso enfatizado por la ropa pegada que llevaba. Y nadie más.

    Miré al musculoso y suspiré, éste está totalmente fuera de mi rango de alcance así que ni te ilusiones porque no te hará caso ni para decirte que no. Pensé que todos estaban dentro del cuarto oscuro, así que con la cerveza en la mano entré. Vana ilusión, adentro estaba todavía más solo que afuera. Me tomaré mi cerveza en santa calma y luego me voy. Pero entonces entró el musculoso. Yo estaba a un metro escaso de la cortina que servía como umbral para acceder al dichoso cuarto oscuro y no lo dudé. Estiré un brazo para tocar su brazo izquierdo y atraerlo hacia mí. Total, ¿qué podía pasar?, ¿que se safara?, ¿que me rechazara? No sería la primera vez y uno se va acostumbrando a esas cosas. Pero sorprendentemente reaccionó con suavidad a mi mano que lo atraía y gracias a la poca luz que se coló con su entrada alcancé a ver una sonrisa franca en sus labios mientras lo atraía a mi cuerpo. Acto seguido, empezamos a besarnos con mucha pasión. Sus labios eran sabrosos, su saliva sabía a macho caliente. Pero lo que me tenía extasiado y con la verga durísima era su cuerpo musculoso. Era un fantasía, ¿qué se sentirá acariciar a uno de ésos He-Manes de gimnasio?, ¿cogerán rico?

    De momento besaba de fábula y no tenía el menor problema en dejarse acariciar donde se me pegara la regalada gana. Su respiración agitada delataba que se estaba excitando de verdad. Estaba fascinado acariciando sobre la ropa su pecho musculoso y mordiendo sus brazotes de gimnasio. No quise aguantar más y busqué liberarle el pecho para besárselo. Resulta que traía un body masculino que se abrochaba en la entrepierna. Mira, qué conveniente. Le abrí el pantalón de mezclilla y se lo bajé un poco, como a medio fantástico muslo que cubrí de besos y lamidas mientras mis dedos buscaban el famoso broche. Al encontrarlo y soltarlo, brotó una orgullosa verga de buen tamaño que me quedó a la altura de la nariz, lo que me permitió percibir su olor a verga hambrienta. No lo dudé un sólo instante, metí esa verga hambrienta a mi boca hambrienta de verga. El musculoso estaba tan excitado que gimió como sólo los hombres saben hacerlo cuando les mama la verga una boca experta. Era tal su excitación que le manaban cantidades espectaculares de líquido lubricante que muy rápido me llenaban la boca. No había nada más hermoso en el mundo para mí en ése momento que estarle mamando la verga al musculoso mientras acariciaba sus nalgas y jugaba con sus huevos. El musculoso estaba depilado, ni un sólo velllo en la entrepierna. Me incorporé a besarlo y hacerle probar sus propios líquidos, cosa que lo encendió todavía más. Le pude alzar el body hasta dejar su pecho al descubierto. Me bajé el pantalón a medio muslo, me pegué al él para sentir sus brazotes y su pecho y lo cubrí de besos, amasaba sus pectorales y lengüeteaba sus pezones mientras él me abrió las piernas con su muslo, me pegó a la pared y empezó a acariciar mi escroto con su verga como si me estuviera cogiendo. Me llenó la entrepierna de su líquido lubricante y mi culo empezaba a desearlo, así que le dí la espalda y froté mis nalgas en su verga mientras pegaba mi espalda a su pecho. Me llenaba el cuello de besos ardientes mientras sus manos estrujaban mi pecho como si fueran las tetas de una mujer, después bajaron para aferrarse a mi cintura e imponerme el ritmo. Y eso que todavía no me metía su verga, pero qué rico era sentirla en medio de mis nalgas.

    Mientras tanto, mi verga estaba durísima y de pronto una boca la engulló, nunca supe quién me la mamó pero lo hacía delicioso. Al mismo tiempo alcancé a ver que otros empezaban a meterle mano a mi musculoso. Ya me estaba despidiendo mentalmente de él, fue bonito mientras duró, cuando para mi sorpresa volvió a mis labios y a mi cuerpo. Empezamos a rechazar otras manos, otras vergas, otros cuerpos. Queríamos estar solos. Me propuso irnos a su hotel. Corriendo, que ya es tarde.

    El hotel era casi espantoso, pero tenía lo necesario: cama limpia, sábanas remendadas pero recién lavadas, baño oloroso a desinfectante recién regado y los clásicos jabones rosas chiquitos que delataban a quien los había usado como frecuentador de ésos deliciosos antros de vicio y perdición. En el camino no dejamos de besarnos ni acariciarnos, en alguna calle oscura le saqué la verga para mamársela y casi se vino allí. Ya en la habitación la ropa desapareció como por ensalmo y nos trenzamos en un glorioso 69. Mamar y que te la mamen con entusiasmo. Él quedó encima de mi y desde entonces supe la dicha de tener el peso de un macho caliente sobre mi cuerpo, que sólo me quiere devorar, que sólo me quiere coger, que sólo quiere derramar su semen en mi cuerpo, que sólo le importa el aquí y el ahora. Devoraba mi verga y apretaba con fuerza mis huevos como si quisiera exprimirles el semen. El dolor en los huevos, producto de sus rudas caricias, descubrí que me enardecía más que aplacarme. Y mientras mamaba mi verga con semejante voracidad y estrujaba mis huevos, con su otra mano empezó a penetrarme, con un sólo dedo. Al mismo tiempo yo estaba en la gloria, mi cabeza enmarcada por dos magníficos muslos que cubría de besos y saliva, amasaba sus carnosas y exquisitas nalgas y mamaba con desesperación ésa verga que no cesaba de manar líquido lubricante que sabía delicioso mientras él movía su cadera con un ritmo cadencioso y sostenido. Era cachondísimo ver oscilar su cadera sintiendo entrar y salir su verga de mi boca. Me estaba cogiendo por la boca, me estaba cogiendo por el culo, se comía mi verga con ansiedad, sudábamos, gemíamos, gruñíamos, amasaba sus nalgas y acariciaba sus bellos huevos con mis labios.

    Rodamos y lo monté. Quería que me cogiera mientras lo montaba, mientras acariciaba ése pecho musculoso que me tenía loco, mientras besaba ésa boca maravillosa, mientras sus manotas me agarraban muslos y cintura para imponerme el ritmo que quisiera. Su verga condonizada penetró sin mayores problemas mi culo ganoso de verga. Gemí sin tapujos, hice cara de gozar que me penetrara sin inhibición alguna. Me preguntó si me sentía muy puta encima de él. Era la primera vez que alguien me hablaba en femenino mientras me cogían y para mi sorpresa eso incrementó mi excitación a un nivel insospechado.

    — Me siento putísima, papi. ¿Te gusta tu puta? ¿Te gusta cómo te ha mamado la verga tu puta? Cógeme, cógete a tu puta, lléname de verga, cabrón, dame verga, hazme gemir como la puta que soy. Dame duro con tu verga, quiero sentir tus huevos chocando con mis nalgas. Así papi, que macho tan sabroso eres, la verga te sabe deliciosa y mira cómo me la estás metiendo tan duro, me haces gemir como puta, soy tu puta, soy tu puta, soy tu pinche puta.

    Y de verdad me estaba metiendo una cogida de miedo mi macho musculoso, impulsaba enérgicamente su cadera, ayudándose con ésos muslos que cubrí de tantos besos y lamidas, para enterrarme la verga hasta el fondo y hacerme gemir fuertemente mientras con sus manos me tenía bien atenazado de la cintura para marcarme el ritmo de la cogida. Qué verga tan rica me estaba cogiendo, no quería que parara nunca. A veces me soltaba de la cintura y me agarraba la verga para masturbarme pero pronto lo dejaba de hacer si le rogaba, con la voz más sensual que podía, que no dejara de cogerme, que no dejara de hacerme su puta, que no dejara de darme verga, que quería que me llenara de semen, que su puta deseaba estar llena de su semen, que quería sentir su verga hincharse antes de que me echara su leche y mientras le decía eso estrujaba su pectorales de musculoso y pellizcaba sus pezones. Estábamos locos de deseo. Aceleró el ritmo y supe que su eyaculación estaba cerca. Lo desmonté y metí su verga a mi boca. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, hasta nueve fuertes chorros de semen arrojó dentro de mi boca éste macho musculoso que gruñía como sólo pueden hacerlo los hombres bien satisfechos. Me llenó la boca de semen. Era delicioso. Lo saboree con fruición mientras me masturbaba y muy poco a poco empecé a tragarlo porque no quería dejar de saborearlo. Estaba tan excitado que mi propia eyaculación se aproximó y sin que lo le dijera nada empezó a mamarme la verga con desesperación hasta que arrojé mi semen dentro de su boca. Ahora lo besé con pasión y pude saborear mi propio semen. Totalmente empapados de sudor y de semen nos recostamos con la respiración agitada y nos abrazamos fuertemente sin dejar de besarnos.

    Un rato después y apenas recuperada la respiración volvimos a enlazarnos en un 69. No queríamos dejar de mamarnos la verga, de acariciar nuestras nalgas, de besar nuestros muslos, de antojar nuestros culos con los dedos. Ésta vez se vino más rápido, montado encima de mí mientras me cogía por la boca. Volví a paladear su semen de hombre caliente. No dejé que cambiara de postura y apenas había eyaculado en mi boca cuando le metí mi condonizada verga por su riquísimo culo rebotando en sus nalgas de musculoso de gimnasio. Lo tomé de la cintura y lo cogí con pasión, con fuerza, con velocidad, con dureza, se escuchaba el bello sonido de nuestros cuerpos al chocar cogiendo y sus gemidos eran sensuales y sonoros al tiempo que yo respiraba agitadamente como si estuviera corriendo a toda velocidad sudando a chorros, los dos sudábamos a chorros y nuestros cuerpos brillaban por nuestro sudor mientras no cesaba de meterle y sacarle la verga a gran velocidad, con creciente fuerza que hasta los huevos me dolían de tan enérgicas embestidas que le daba a mi macho musculoso. Cuando al fin eyaculé me sorprendí de la cantidad de semen con la que desbordé el condón y el semen que quedó dentro de éste lo derramé encima de sus nalgas mientras lo untaba en éstas y se las besaba, se las lamía, se las mordía. Caí rendido encima de él, que estaba boca abajo y completamente agotado también. Pronto nuestros cuerpos empapados de sudor y semen comenzaron a sentir frío y nos cubrimos con la remendada sábana mientras no dejábamos de besarnos y acariciarnos. Su pecho musculoso me tenía loco, adoraba el abrazo de ésos brazos fuertes, sentir sus muslos entre mis piernas, su mano buscando mi verga. Por tercera vez nos enlazamos en un desesperante 69 y ésta vez llenamos de semen nuestras bocas casi al mismo tiempo. Dormitamos un rato, abrazados en cucharita, él dándome la espalda y antojándome sus nalgas. Pero ya no podía más, estaba agotado.

    Salí del casi horroroso hotel con las primeras luces del amanecer, cuando en la calle nada más andan repartidores, barrenderos, trasnochados y taxistas a la búsqueda de los rezagados de las fiestas. No sabía si lo volvería a ver otra vez o no. Lo más seguro es que no: a los 19 años cuenta más la novedad que la constancia. No me importaba, me sentía seguro de repetir la hazaña las veces que yo quisiera. Y así comencé a caminar en el fresco amanecer, sin la menor preocupación por lo que ocurriría a lo largo del día o las semanas. Vivía una vida secreta y eso me hacía sentir vivo, importante, dueño de algo que era sólo mío.

  • La primera vez que disfruté como mujer

    La primera vez que disfruté como mujer

    Mi primera vez que tuve una verga dentro de mi, simplemente pasó, no sentí dolor ni placer. La segunda vez fue de adulta con un profesor de la universidad, me uso para su placer, dolió muchísimo, me causo heridas físicas y mentales; a raíz de esa experiencia decidí que no lo volvería a hacer.

    A Mario lo conocí por una red social, desde el principio fue diferente a los demás, me comentaba mis publicaciones con inteligencia y sabiduría, eso despertó mi interés.

    Las charlas con Mario eran muy interesantes y cada vez más frecuentes, me atraía su personalidad y su físico. En sus fotos se veía atlético y definido, su piel morena y una linda sonrisa que me encantó desde el principio. Al poco de estar hablando le di mi WhatsApp y comenzamos a hablar por vídeo llamada, siempre me ha gustado sentirme sexy y femenina, me ponía linda para charlar con él.

    Muchas veces hablamos de vernos en persona, siempre terminaba en que nunca había dejado ver mi parte femenina en publico y no me sentía capaz de hacerlo. Un día me llamo para decirme que no aguantaba las ganas de verme en persona, estaba cerca de donde vivo y yo también quería verlo y tenerlo cerca así que decidí ir.

    Ese día tenía puesto lencería sexy, casi siempre estoy así; me puse la ropa de hombre asegurándome de que mi pelo a los hombros se viera fantástico. Mientras me dirigía al sitio de la cita iba muy nerviosa, la ansiedad me dominaba y al mismo tiempo sentía una gran emoción. Nos saludamos de un abrazo, como dos amigos que llevan tiempo sin verse, mientras me abrazaba me dijo al oído que le encantaba la mujer que veía, yo estaba encantada de sentir su cuerpo y sentir su olor a hombre.

    Quede sentada frente a él dándole la espalda a los demás, eso me permitió soltar un botón de mi camisa y dejar que viera el encaje de mi brasier, me sentía sexy y muy femenina. La velada fue muy agradable, me sentí cómoda y segura con él.

    Después de ese primer encuentro seguimos saliendo, Mario siempre se porto como un caballero, sabia como tratarme y eso me daba tranquilidad. El quería verme en mi rol 100% femenina pero no me presiono, simplemente se fue ganando mi confianza, fue derribando los muros que yo construía, aunque en el fondo deseaba mostrame y soñaba con entregarme a él.

    Decidí que lo haría para sus cumpleaños, le envíe por correo una invitación para cenar ese día sin especificar el lugar. El día de su cumpleaños me levante muy temprano, coloqué sobre la cama un vestido súper lindo y la lencería de encaje que usaría. Abrí el WhatsApp, le tome una foto y escribí: “Tú nena cocinara para ti hoy”, agregué mi dirección, la hora en la que lo esperaba y le di rápidamente enviar para no caer en la tentación de borrarlo. Moría de los nervios y la emoción.

    A medida que pasaba el tiempo aumentaba mi nerviosismo, estuve tentada de cambiar el sitio y verlo en un lugar publico, ganó la nena que quería tener un rato a solas con su hombre finalmente. Había dedicado tiempo para ser mi mejor versión femenina: Exfoliación, mascarilla, depilación, pelo, uñas, cremas, maquillaje; aun así, cada vez que me veía en el espejo sentía que podía verme mejor y retocaba algo.

    Me decía a mi misma en un momento que no pasaría nada, solo una cena agradable, nada más; al siguiente instante estaba imaginando que me comía bien rico y me daba esa cogida que nunca había tenido.

    Estaba imaginándome en los brazos de Mario cuando llamaron de la portería, temblaba de la emoción, me toco respirar profundo y calmarme para contestar, la voz del portero dijo que el señor Mario preguntaba por mi, le dije que lo dejara seguir. Trate de relajarme, Mario llegaría en cualquier momento y no quería que de diera cuenta que estaba como una niña ante su primera cita.

    Solo transcurrió un minuto o dos que me parecieron una eternidad perdida en mis pensamientos, el timbre de la puerta me regreso a la realidad, caminé hacia ella moviendo mis caderas lo más sexy posible y la abrí. Mario intento decir algo, su boca quedo un poco abierta, parecía que se había convertido en una estatua, yo le estaba obsequiando mi dulce sonrisa, su mirada se movió de mis ojos a mi boca y de nuevo a mi boca, eso elevo mis nervios.

    Le pregunté si quería quedarse en la puerta o prefería entrar. No quería que algún vecino me viera. Sin perder el contacto visual siguió y cerré la puerta y al hacerlo estaba cerrando una etapa de mi vida.

    Me dijo que lo había impresionado tanto que se había quedado sin palabras, me entrego una botella de champaña y una caja muy bien empacada. Lo invite a seguir, lleve la botella a la nevera y regrese con la caja diciéndole que el cumpleañero era él, los regalos eran para él, no para mi.

    Abrí la caja y saque de ella un baby doll de seda fría tipo body con abertura en la entrepierna. Me dijo que al verlo me había imaginado usándolo, le corte diciéndole que seguramente me había imaginado usándolo mientras el me cogía.

    El estaba frente a mi, muy cerca, su olor me encanta, su mirada va de mis ojos a mi boca y de nuevo a mis ojos, eso eleva mi tensión sexual, nota que me tiene grave, estoy como hipnotizada, no puedo dejar de verlo, acaricia mi mejilla con una mano y se inclina para besarme, en el ultimo instante logró reaccionar y giro mi cara para que me bese en la mejilla.

    Le dije que aun no estaba preparada para dar ese paso, que lo usaría cuando lo fuera a hacer con él, fui a la habitación a dejar mi regalo y para calmarme un poco. Al regresar nos sentamos en la sala y comenzamos a hablar, el ambiente se fue relajando.

    Después de comer y de partirle una torta él quiso brindar con la champaña, coloco música suave y seguimos hablando en la sala, esta vez se sentó junto a mi en el sofá. Mi vestido tenía una larga raja por un lado, cuando cruce mis piernas para estar más cómoda le deje ver gran parte de mi pierna y las medias de seda que tenía puestas.

    En varías ocasiones toque sus brazos y su pierna, eso le dio permiso para también tocar las mías, cada vez que lo hacía sentía un cosquilleo que recorría todo mi cuerpo, sentía mis mejillas calientes, seguramente estaba roja.

    Se levanto y tomándome de la mano me dijo que quería bailar la canción que estaba sonando, me negué pero él insistió diciendo que era su cumpleaños, nunca había bailado con un hombre, era una situación nueva para mí, la tensión sexual se fue a las nubes, no supe como decir que no y no quería hacerlo.

    Con una mano me abrazo por la cintura y con la otra llevo mi mano derecha a la altura de su corazón, se sentía acelerado, coloqué mi otra mano sobre su hombre y me peque a su cuerpo, sentí su pene duro y muy caliente en mi vientre.

    El me acariciaba la espalda con su mano mientras me besaba en mi cuello y oreja, me decía que le gustaba mucho estar conmigo y tenerme junto a el, su mano bajo mas de lo debido y me acaricio una nalga, mi vestido de seda intensifico la caricia, instintivamente me acerque más a el.

    Al terminar la canción no me soltó, me hizo girar y al darle la espalda me atrajo hacia el, sentí su pene entre mis nalgas mientras me decía que sintiera como lo tenía, que era mi culpa por estar tan buena. Me aparte de él y le dije que necesita ir al baño, entre al baño de mi habitación, busque un condón y me lo puse, mi excitación era tal que podía correrme en cualquier momento y no quería manchar mi tanga.

    Salgo del baño y veo el baby doll sobre la cama, lo cojo, siento la suavidad de la seda, lo huelo, quiero sentirlo sobre mi piel, me quito el vestido y me lo pongo, se que me estoy demorando pero quiero hacer tiempo para bajar mi calentura.

    Me acerque al espejo para ver como me quedaba y en ese momento veo de reflejo a Mario, esta parado en la puerta, en sus labios una hermosa sonrisa, recuerdo lo que le había dicho, los nervios me paralizan, parte de mi quiere salir corriendo, la otra quiere sentir.

    Mario es un hombre de mucha experiencia, sabe cuando una mujer esta lista para ser cogida y yo lo estaba hacía rato. Mario comienza a desvestirse, tengo que ser justa, esta muy bueno, se baja los pantalones y me deja ver su hermoso pene, no puedo apartar mi mirada de su pene, se veía duro como roca, las venas se marcan sobre la piel, su puntica apunta hacia mi, esta húmeda y brillante; pienso que esta así por mi y eso me excita, un espasmo recorre mi cuerpo.

    Sigo inmóvil viendo su pene hermoso, se acerca, sus brazos rodean mi cintura, el calor de su pene entre mis nalgas me hace vibrar de nuevo, su pecho contra mi espalda, su aroma, su cara sobre mi hombro… escucho su voz varonil preguntarme si estoy bien, no puedo responder, solo siento.

    Vuelve a preguntar. Le digo que si, corre mi cabello hacia un lado con una mano, besa mi cuello, el lóbulo de mi oreja, mi hombro, la sensación es deliciosa, no sabia lo sensible que era esta parte de mi cuerpo, su abrazo firme me mantiene pegada a él, no puedo y no quiero separarme de su cuerpo, quiero seguir sintiendo.

    Gira mi cabeza hacia el para besarme en la boca, mis labios están entreabiertos y listos para recibir los suyos, mi lengua se encuentra con la de él, mi pasividad acaba, giro mi cuerpo, lo abrazo y sigo besándolo apasionadamente.

    Una de sus manos esta en mi espalda, hace que mi pecho este pegado a él, siento mis pezones duros; al minino roce con la seda y su cuerpo me produce descargas que recorren todo mi cuerpo, su otra mano baja a mi cola, acaricia mis nalgas, la desliza entre mis nalgas, abro mis piernas para sentir más.

    Me agarraba fuerte a su cuello pues mis piernas temblaban en espasmos y no quería terminar en el suelo, debió darse cuenta de eso porque me levanto entre sus brazos, con suavidad me colocó sobre la cama y se acostó a mi lado.

    Sus dedos comenzaron a recorrer mis tetas sobre la tela, rozaba mis pezones y los apretaba entre sus dedos, sentía que había llegado al máximo de excitación pero su siguiente caricia me hacía sentir más. Me besaba las tetas, apretaba mis pezones con sus labios y usaba la lengua para estimularlos más.

    Me giro sobre la cama, metió una de sus piernas entre las mías y fue besándome en la espalda, entreabrí mis piernas y se colo entre ellas, sentí su pene duro y caliente entre mis nalgas, parecía que tenia vida propia, me prepare para sentirlo dentro de mi, lo deseaba, quería ser penetrada.

    Siguió besándome la espalda y fue bajando hasta llegar a mis nalgas, sentí como separaba las partes del baby doll que cubría mis nalgas y separo las tiras de mi tanga, besana mis nalgas mientras se acercaba a mi vagina, lamía, succionaba, mordía; todo me daba placer. Gire un poco mi cabeza y pude ver en el espejo sobre la cama a una mujer y su macho muy excitados, en ese momento sentí su lengua tratando de entrar en mi sexo, se me escapo un gemido y con el se fue de mi todo lo que no fuese femenino.

    Me faltaba el aire, mi corazón estaba a mil, él seguía dándome placer con sus labios, su lengua recorría toda el área, luego me succionaba con su boca y dejaba que su saliva empapara todo, cuando se sintió satisfecho me giro boca arriba, se coloco encima mio con sus piernas entre las miás.

    Su pecho apretando los míos, la sensación de ser medio aplastada, aumentó al máximo mi excitación y mi deseo por él, le abracé y le besé, él introducía su lengua en mi boca, yo jugaba con ella y la succionaba para sentirla mas, sus manos agarraban mi cara y me acariciaba.

    Le dije que me gustaba mucho lo que me estaba haciendo, su cara se ilumino, le gusto saber que yo estaba gozando, me dijo… viene el plato fuerte, voy a calmar las ganas que tienes de mi pene. Abrí mi boca mostrando sorpresa por lo que había dicho, los dos sabíamos que era verdad.

    Hacía mucho que soñaba con el momento en que me penetrara, había comprado juguetes cada vez mas gruesos para dilatar mi vagina pero ninguno era tan grueso como su pene. Saque de la mesita de noche una crema lubricante y le pedí que la usara.

    Se puso de rodillas sobre la cama, mis caderas estaban entre sus muslos y mis piernas flexionadas sobre las de él, la vista es increíble, mis piernas se veían hermosas con las medias de seda, el roce con las de él me encanta mucho, su pene en dirección a mi hoyito.

    Unta todo el pene con la crema y deja buena cantidad en la punta, la lleva hacía mi agujero, me encanta el roce de su cabeza, intenta meterlo con suavidad pero mi vagina lo rechaza, su roce me producía un hormigueo y un cosquilleo delicioso.

    Siento el frio de la crema, el calor de su pene, el hormigueo cuando lo empuja y abre mi agujero; luego mi vagina lo rechaza como dándole un suave beso, siento que cada vez me abro un poco más.

    Vuelve a colocarse encima mio, nuevamente la sensación de ser aplastada, mi piernas rosan las de él, su punta besa mi hoyo, mis manos acarician su costado y espalda, sus manos juegan con mi cabello y me besa apasionadamente, me relajo con el beso.

    Me mira con deseo, me pregunta si estoy lista, digo que si, que lo deseo mucho. Siente la presión de su cabeza en mi vagina, no se porque me hecho un poco hacia atrás e intento frenarlo con mis manos, lo veo apenada por portarme como una niña, me mira con ternura y me besa de nuevo.

    Mientras me besa toma mis manos y las lleva detrás de mi cabeza entrelazando sus dedos con los míos, siento más fuerte la presión de su pecho contra el mío, él es grande y yo soy pequeña, siento miedo, me siento vulnerable, estoy en sus manos, él tiene control total, siento que no hay nada que pueda hacer para salir de ahí y no quiero.

    Sujeta mis dos manos con una sola de él, lleva la otra a su pene, lo coloca de nuevo en la entrada, presiona suavemente abriendo un poco mi agujero, sigue besándome muy rico como para distraerme de lo que pasa abajo.

    No me distraigo, siento la suavidad de su pene, de nuevo el cosquilleo, duele un poco pero el placer es mayor, lleva su mano libre a mi cabeza para impedir que me eche hacia atrás, es un macho sediento de sexo que no perderá la oportunidad de comerse a su hembra.

    Me ve con deseo y lujuria, su mirada me reafirma que siempre he sido mujercita, lo veo con desesperación y ansiedad, sé que pronto estaré comiendo su verga, el deseo crece y el dolor disminuye, presiona nuevamente, mi hoyito se abre un poco más y su cabeza continua avanzando.

    Sentía que me partiría en dos, estaba totalmente entregada, Mario controlaba mi cuerpo y a mi, me siento frágil, femenina, mi sumisión era total, cada vez que su verga avanzaba un poquito sentía un miedo que recorría cada nervio de mi cuerpo.

    Moví mi cadera y piernas buscando estar más cómoda, en ese mismo momento Mario volvió a presionar, sentí como mi vagina se abría y su cabeza me llenaba con ella, una contracción de mi coño hizo que avanzara un poco más y la atrapo en mi interior.

    Una ola de calor recorrió mi cuerpo y gemí de placer, sentía placer y dolor al mismo tiempo, él se quedo quieto, dejo de presionar y soltó mis manos, vi su cara llena de placer y gozo, sabía que ya era su mujercita, comenzó a besarme y acariciarme con mucha ternura.

    El dolor disminuyo, mientras me besaba su pene se introducí poco a poco dentro de mi, no tenía afán, me decía que que le gustaba mucho sentirme apretadita, yo estaba disfrutando sentir el roce de su verga en mi interior, cerraba mis puños sobre mis sabanas, me faltaba aire, respiraba aceleradamente y no podía contener mis gemidos.

    Sus bolas tocaron mis nalgas y me di cuenta que ya lo tenía todo, era su mujer, estaba totalmente sumisa y entregada debajo de él, sentía como me llenaba su verga, su calor, las contracciones de mi coño. Deja de besar mi cuello, me dice que ya la tengo toda, que es toda mía como lo había soñado. Sus palabras reafirman que estoy con quien quiero y como debo estar, lo abrace y busque su boca con desesperación.

    Lo abrace con mis piernas, era mi forma de decirle que era mio, se vengo sacando un poco su pene, solo lo suficiente para sentir el vació que dejaba y de nuevo me lo clavo hasta el fondo, nuevamente gemí, me estaba volviendo loca de placer.

    Siguió con ese juego, lo sacaba un poquito suavemente y cuando menos lo esperaba volvía a clavármela toda, su verga resbalaba suavemente sin dolerme mucho; me movía a su ritmo, no era difícil, estaba totalmente pegada a él por mis brazos, piernas, boca y por ese verga que me volvía loca. Gemía, suspiraba, respiraba hondo para calmar mi falta de aire.

    Sus movimientos se volvieron más largos, llegué a sentir su cabeza en el anillo de mi coño antes de que la llevará hasta el fondo de nuevo, mis miedos se fueron diluyendo, soy suya, este es mi lugar y quiero que mi hombre me disfrute.

    Siento su acelere, su excitación, sus gemidos, su respiración, disfruta comerme y me encanta como me esta cogiendo, se lo digo, le digo que soy suya, su pene se siente delicioso, mi coño lo succiona y eso le gusta a él, lo noto en la cara que pone, mi cuerpo se mueve solo siguiendo mis instintos femeninos.

    Tome mis piernas con mis manos jalándolas contra mi pecho y haciendo que mi coño se abriera mas, entendió que lo quería mas adentro, toma mis piernas y las coloca sobre sus hombros, sentí como me abría más, era delicioso sentir toda esa verga adentro.

    Mario temblaba de la emoción o excitación y yo me estremecía. Si hubiese sabido que me comería tan delicioso, hubiese dejado mis prejuicios de lado y me hubiese entregado mucho antes…

    Su verga me domina, controla todo mi ser, mi coño tiene vida propia, se abre y cierra solo, ya no era necesaria ninguna presión, cedía, se contraía y disfrutaba de su visitante. Mario acelera y me clava más rápido y duro, siento que voy a estallar de placer.

    No aguantaba más, mi boca estaba abierta tratando de tomar todo el aire que me hacia falta, sentía que moría, no podía aguantar tanta excitación, siento su pene mas grueso, tiembla, mi coño se contrae de nuevo, siento que Mario explota de placer y su pene estalla dentro de mi.

    Sentir el calor de su leche disparo mi orgasmo, temblaba sin control, mi coño se contraé rápidamente, esta exprimiendo a su visitante, exploto intensamente, nunca antes había experimentado un orgasmo así.

    Sentir los corrientazos del orgasmo mientras su pene temblaba dentro de mi era la mejor sensación del mundo, mi cuerpo seguía temblando y olas de calor me recorrían de pies a cabeza.

    Estamos exhaustos, aun temblando bajo mis piernas, Mario intenta bajarse pero lo abrazo y cruzo mis piernas detrás de él, le pido que siga dentro, quiero seguir sintiendo como mi coño se contrae apretando su verga y el cosquilleo que eso me produce.

    Pone sus manos a los lados de mi cabeza acariciándome, me besa toda la cara para finalmente besarme con pasión en la boca; soy tuya le digo, si me vas a comer siempre con esas ganas y así de rico puedes hacerlo cuando quieras.

    Seguimos así por unos minutos, su pene ha perdido gran parte de su tamaño pero aún siento como lo agarra mi coño, sale de mi dejando un vació inexplicable, Mario se levanta y va al baño social a limpiarse, aprovecho para ir al de mi habitación.

    Mi baby doll esta lleno de crema lubricante, de sudor y de los fluidos propios del sexo, me lo quito y me limpio, me pongo una tanga limpia con un protector pues siento mi coño abierto y no quiero que su leche se riegue.

    Regreso a la cama, me quito los tacones y queso solamente con la tanga y las medias, Mario regresa con una copa en cada mano, me da una, la choco con la de él y le digo: ¡Feliz cumpleaños amor!

    Bebemos un trago, me regala la sonrisa más sexy que he visto, toma las copas y las coloca sobre la mesa de noche, se acuesta a mi lado y me abraza quedando mi cabeza sobre su pecho, me quedo dormida sintiendo sus caricias sobre mi espalda y cuello.

    Déjame tu comentario para motivarme a seguir contando mis experiencias.

  • Mi eterno amor secreto

    Mi eterno amor secreto

    Hola, me llamo Grey. Trataré de relatar de la mejor manera mi experiencia de cuando coincidi con Gloria.

    Gloria a quien conocí por mi trabajo, llevamos un año viéndonos a escondidas, esto porque yo soy casado. Antes de estar juntos nuestro trato fue siempre de trabajo ella estaba casada y siempre fue muy respetuosa de eso, además nunca le insinue nada, solo fue trabajo.

    Pasaron muchas cosas en su vida, le perdí la pista un tiempo por la pandemia, hasta que un día regreso y me platico que había quedado viuda, retomamos la relación de trabajo y así estuvimos dos años más aproximadamente. Un día ella dejo un café en mi oficina por agradecimiento de un favor que yo le hice, yo no estaba en mi oficina y al regresar encontré el café frío y recibí su mensaje, yo le escribi para darle las gracias y hacerle mención que el café mejor hubiera sido ir y tomarlo caliente a lo que ella respondió que quizá un día podríamos tomar un café. Luego de ese chat los mensajes fueron más frecuentes y hacia bromas del café hasta que ella me dijo que estaba bien que fuéramos por el café, nos vimos un 14 de febrero sin planear ni darnos cuenta de lo que era esa fecha, tomamos un café y platicamos un buen rato.

    Después de esa conversación donde dejamos ver cada uno muestra forma de pensar los chats supongo fueron diferentes hasta que un día que llegó a mi trabajo me dijo, hay algo en usted que no se que es, cómo que oculta algo, lo voy a averiguar. Yo le dije que ya que estábamos en esa plática tendría que confesar que me llamaba mucho la atención. Ella es de estatura media, con buena nalga, tetas pequeñas pero bien puestas, piel canela podría decir. Ahí empezó todo, ya los chats eran extensos y subidos de tono hasta que un buen día me dijo, está bien, nos vamos a comer pero deme tiempo.

    Paso un mes y luego nos pusimos de acuerdo en vernos, fue un primero de abríl, con ansioso por la experiencia, ese día me salió un contratiempo en el trabajo y tuve que salir de la ciudad, no quieria quedar mal con la cita así que resolví en medio día y tome un vuelo de regreso para estár a tiempo. Nos vimos y visitamos un motel en las afueras de la ciudad donde vivo, cabe mencionar que ella vive en otra ciudad.

    Llegamos los dos a esa habitación, incrédulos de lo que encontraríamos en nosotros, me desvesti y mientras lo hacía ella también lo hizo por su cuenta, nos juntamos desnudos y nos besamos, nos besamos como dos eternos enamorados, nos tiramos en la cama y exploramos nuestros cuerpos, encontré un aroma en su piel, exquisito, yo besaba su cuerpo mientras olía y observaba a adetalle, ella empezó a dejarse llevar y empezó a relajarse. Bajo lentamente besando mi cuerpo hasta llegar a mi pene, lo beso y prosiguió a meterlo en su boca, un poco tímida al inicio pero luego intento meterlo completo en su boca, no le cabía no por mi tamaño porque tengo una medida promedio según yo, 16cm si no que se notaba que le faltaba experiencia, luego de disfrutar aquella mamada, que debo confesar me gusto mucho, proseguir a penetrarla, fue salir de este planeta por un rato, nos fundimos con nuestros cuerpos experimentamos algunas posiciones, ella murmura lo delicioso que sentía, no lo podía creer que estábamos ahí juntos y disfrutando, termino no se cuántas veces pero yo disfrute darle todo el placer que sintió esa tarde de abril.

    Nos quedamos un rato sobre la cama platicando y luego fui a darme un baño, saliendo del baño la tomé de nuevo apreté sus nalgas y lo hicimos de nuevo con tanta intensidad que la primera vez.

    Experiencia aparte que vivimos fue, que cuando estábamos de salida la administración del lugar me cobró un recargo porque las sábanas las dejamos manchadas de sangre, y no fue por estar en sus días. Creo que por el tiempo que había estado sin actividad había tenido cierta regeneración, jajaja. Siempre nos reímos porque en el lugar pensarían que era una virgen la que había llevado.

    Espero les guste y Gloria, si lees este relato quisiera conocer tu versión.

  • Cumpliendo mi fantasía con un taxista

    Cumpliendo mi fantasía con un taxista

    Les quiero contar una de mis tantas fantasías sexuales cumplidas, y sé que muchos al igual que yo también han tenido esta y es de coger con una taxista.

    Yo deseaba tanto cumplirla pero no sabía cómo hacerlo, el día llego sin buscarlo; ese día fui a visitar al chico con quien había empezado a salir y era uno de esos días en los que se esta tan caliente que solo deseaba que me diera durante toda la tarde, así que me fui preparada, solo llevaba puesto un leggins (mi culo se notaba más grande de lo normal y super duro) usaba un top crop de encajes y una blusa, me le insinué varias veces a mi chico pero el solo estaba pendiente a la play, así que me aburrí y decidí irme a casa, agarré mi móvil y solicite un taxi.

    El chico no daba con la dirección y decidió llamarme, le expliqué cómo llegar pero no cortaba la llamada, a lo que me dice que mi voz era muy bonita y me empieza a describir, por un momento pensé que ya me estaba viendo porque me describía tal cual; alta, morena, buen cuerpo, senos grandes y un gran culo. No sé porque automáticamente empecé a calentarme solo con escuchar cómo me describía, cuando llegó se sorprendió mucho al ver que era como él pensó, solo que agrego que no imagino que yo tuviera unos ojos tan bonitos y yo le respondí que no imagine que el fuera tan joven y atractivo, así que sentí confianza y me fui de copilota.

    Íbamos hablando de todo un poco y ya estaba llegando a casa cuando se me ocurrió preguntarle si alguna vez una pasajera se le había insinuado para coger, él se echa a reír y me responde que sí, que ya un par de veces pero que nunca ha pasado nada ya que han sido señoras bastante mayores. Yo me empezaba a calentar y sentía mi clítoris palpitar y bastante húmeda, no me contuve y le confese que esa era mi mayor fantasía, quería que un taxista me cogiera dentro de su carro, el chico no supo que decir y solo puso su mano en mi pierna y la empezó a sobar, yo lo miraba y le pedí que lo hiciéramos, nos dirigíamos a un lugar un poco más privado mientras yo comencé a tocar su verga, estaba muy dura y se sentía bastante gruesa.

    Logramos encontrar un lugar apropiado y ese hombre de inmediato me empezó a besar y apretaba mis tetas, y empezó a bajar hasta mi entre pierna cuando nota que no llevo pantys, le dije rápidamente que fui preparada para mi chico, pero que solo me dejo con ganas, automáticamente me responde »yo te las voy a quitar» empezó a masajear mi clítoris y yo gemía mucho, estaba excitada, el disfrutaba de mí, de mis gemidos y de cómo me hacía sentir placer, pero ya yo deseaba sentir tu verga en mi boca, así que me acomode y la fui sacando de su pantalón, con su ayuda pudo quedar totalmente afuera y empecé a chuparla, que verga tan gruesa, tenía vellos no muy largos, pero a mí no me importó yo solo quería disfrutarla, me percaté que no tuviera mal olor y de una la metí como pude a mi boca, se la moje todita, la escupía y me la volvía a meter, me di mucho gusto con su glande que era grande, el me agarraba del cabello y me la enterraba para que pudiera entrar toda, lastimosamente era tan gruesa que no la pude sentir mucho tiempo en mi garganta, en un momento el intento agarrar mi culo pero no alcanzaba por la separación del auto. el me pidió que nos hiciéramos atrás porque deseaba comerse mi vagina y sentir mis fluidos, así que me quito el leggins y metió sus dedos en mi húmeda vagina y puedo paso su lengua, saboreaba mis fluidos y le gustaba mucho sentir su olor, me la chupo tan delicioso que hasta paso la lengua por mi culo, ya en ese momento yo le rogaba que me le metiera, ya quería sentir como esa verga abría mi vagina, por fortuna ambos llevábamos preservativos, mientras él se lo colocaba, yo me puse en cuatro con las nalgas saliendo del auto y el de pie, la fue metiendo con delicadeza ya que a pesar de estar tan mojada tu verga no me entraba con facilidad, cuando logró entrar toda me empezó a coger super delicioso, me daba muy duro, con nalgada y podía sentir y escuchar como tus bolas chocaban, me hacía gemir y gritar tanto, me hizo venir a chorros y él estaba muy complacido por eso, tanto que una vez logró venirse, me pidió que fuera a su apartamento y poder disfrutar más de mí, accedí y ahí sí que nos comimos delicioso.

    El taxista me cumplió mi fantasía y de qué manera, ha sido una de las mejores experiencias sexuales que he vivido, aunque la verdad ahora ni siquiera puedo recordar cuál es su nombre.

  • Me gusta tocarme mientras miro dormir a mi mujer

    Me gusta tocarme mientras miro dormir a mi mujer

    Abro los ojos en la oscuridad de la pieza, no puedo dormir. Me siento en el borde de la cama, apoyando las manos en el colchón. Percibo entonces, como la oscuridad de la pieza me atraviesa por todos lados, por todos los rincones de mi cuerpo.

    Voy hasta la computadora en mi silla de ruedas para revisar unos mails. La luz que proviene del monitor deja ver, a penas la ropa interior de mi mujer cómodamente tirada en el piso.

    Giro la cabeza, ella duerme boca bajo, plácidamente desnuda. A ella siempre le gusta dormir así, desprovista de todo indumento. Las sábanas blancas cubren a penas, sus glúteos bien formados y firmes.

    Me gusta mirarla dormir así. Suelo hacer esto muchas veces, lo hago como una especie de ritual nocturno, especialmente deseado.

    Mirar a la mujer de uno dormir desnuda es una de las cosas mas bellas del mundo.

    Me acerco a la cama y recorro lentamente con mis ojos su espalda desnuda. La contemplo por varios minutos como si estuviese viendo una réplica de algún cuadro.

    En ese momento, me invade unas terribles ganas de cogerla otra vez pero me contengo, porque me gusta verla, así toda desnuda, con esa cola perfecta, en este mundo imperfecto.

    Percibo que a fuera llueve. Las gotas golpean levemente en la chapa del alero de casa y mi cuerpo, poco a poco empieza a erizarse. Mi pene comienza a crecer, a medida que observo ese culo redondo y duro. Ese culo que, todos los hombres miran cada vez que ella sale a comprar al supermercado, con ese vestido rojo ajustado que le marca bien sus glúteos.

    Comienzo a tocarme sin dejar de ver a mi mujer. Acelero el ritmo del movimiento de mis manos a medida que aumenta la intensidad de mis pensamientos. Ella se mueve buscando otra posición en la cama, parece dormida, pero no lo está. En realidad, está mirándome de reojo.

    Luego de unos minutos, saca un pie fuera de las sábanas y me empieza a tocar la pierna. Yo sigo masturbándome muy excitado.

    Ahora, con su pie toca mi pene sobándolo muy lentamente. A ella le gusta tocarme. Me mira a los ojos con una tibia sonrisa entre la poca luz que derrama el monitor de la compu.

    Ahora, ella se da vuelta en la cama y con ambos pies empieza a flotar mi miembro como si fuera una lampara mágica, esperando quizás a que salga algún mago que la posea, que la coja toda la noche, que la deposite en otro mundo. La delicadeza de sus pies, provoca mas excitación y ella lo sabe.

    Luego de frotar mi miembro por unos cuantos minutos, tras un momento de muchísima excitación, empiezo a derramar en sus pies mi líquido seminal. Ella me mira a los ojos tenuemente colmada de satisfacción, sus pies humedecidos de placer.

  • Las reinas de la oficina

    Las reinas de la oficina

    Trabajaba en una oficina a mis 23 años con un compañero y 3 compañeras, aparte de la supervisora.

    Elsy la coordinadora, tendría unos 30 años, era divorciada, a veces parecía que eso le amargaba la vida porque siempre tenía un semblante serio. Era llamativo que con sus 1.63 le gustara tanto usar chaquetas anchas que ocultaban su figura, porque también vestía de tacones altos, blusas con profundo escote y faldas o falda pantalón muy cortita, que la chaqueta le cubría más las piernas. Y eso que si tenía caderas y busto, a veces me acercaba a consultarle algo solo para tener una mejor vista de su escote, cosa que nunca se mostró incomoda, pese a su expresión de pocos amigos.

    Las compañeras andaban en una edad similar de 20 a 21 años, y estatura similar a excepción de una que era casi tan alta como yo, de 1.72. Una de las compañeras era parecida a Elsy, aunque de carácter más alegre, las otras dos con sus diferencias y atractivos. El otro compañero era un Cerebrito, solo miraba hacia su trabajo y todo lo que conversaba era sobre el trabajo.

    Ya habían pasado varias semanas y algunas cosas por lo que ya tenía más confianza con la coordinadora y las compañeras, que en ocasiones eran demasiado fastidiosas, pero, un día en particular:

    Estaba en mi estación de trabajo cuando Elsy me llamó para que me acercara a su estación a ver algo, estábamos todos en el mismo espacio, 4 estaciones alineados de par en par, con el escritorio de la supervisora viendo hacia nuestras espaldas. Me puse frente a ella, pero me indico que fuera a su lado y me ofreció un audífono para escuchar el audio de un video que iba a reproducir. De pronto se cortó el video, mire a Elsy y ella solo me miró con más intensidad, estaba por decirle algo, cuando me indicó que siguiera viendo en la pantalla, puso otro video…

    Esta vez aparecía de fondo una habitación que por la decoración era obviamente de mujer, al rato apareció Elsy, vistiendo solo lencería negra, usaba una bata blanca que apenas tapaba las formas de sus pechos, se sentó al borde de la cama, cruzando la pierna sobre la otra y tomo unas cartulinas que tenía a la par y fue pasándolas frente a la pantalla con unos mensajes:

    1. Mañana, a las 6 pm en el baño ejecutivo.

    2. Lleva 2 pañoletas, apagas la luz y entras.

    3. Te vas tras de mí y me amarras las manos

    4. Habla con voz fingida, no digas nombres.

    5. Quiero la fantasía de hacerlo a oscuras con un desconocido

    6. Terminas, me dejas con la pañoleta sobre el rostro y anudada las manos, pero que pueda desatarme.

    Tiró los rótulos y se levantó del asiento acercándose a la cámara lanzando un beso, su bata se abrió y miraba como sus pechos se proyectaban por la gravedad, quedo así unos instantes y luego se alejaba de la cámara, sin acomodarse la bata, se podían ver sus pezones duros asomarse por la lencería, dio un giro completo y vi sus nalgas redondas, luego se sonrió y acerco a la cámara antes de terminar el video. Se me estaba poniendo dura y la mire a la cara, ella solo se sonrió y me dijo que ya, que solo eso quería mostrarme y que volviera a lo mío.

    -que quería que vieras?- me pregunto Daniela, la compañera que tenía a la par.

    -nada, algo sobre colores publicitarios del momento- le dije, sin dejar de pensar en lo que vi.

    El día siguiente era mi día libre, así que no tendría por qué estar en la oficina, bueno, al menos no debería verme nadie en la oficina. Eran las 5:40 cuando entre al edificio, el portero nada más me dejo entrar al mostrarle mi carnet, como siempre, solo verificaba por rutina.

    Entre al baño en silencio, todo el piso estaba ya a oscuras a esa hora, me asome por un lado y ella estaba frente al espejo arreglándose el cabello, tenía la cara tan pegada al espejo que seguro no podía ver más allá de su propio reflejo, la mire de arriba abajo, tenía el típico chaleco ancho que tapaba su blusa, pensé en todas las veces que vi hacia su escote y miraba la curva de sus pechos esconderse en el sostén, el chaleco tapaba hasta sus caderas, debajo la falda bajaba hasta medio muslo con abertura por atrás, usaba unas medias oscuras y tacones altos; entonces entre en silencio y apague la luz rápidamente, no se dio cuenta, hasta que estaba detrás de ella y le tape la boca y le agarre de las manos, ella se asustó y trato de zafarse…

    -quieta, o lo lamentaras- dije con la voz más ronca y distorsionada que pude.

    Ella se congelo, entonces le llevé las manos a la espalda y las amarré con una pañoleta, luego puse una más tapándole los ojos.

    -si gritas también lo lamentaras- Volví a amenazar y ella solo gemía quedamente.

    Entonces empecé a manosearle las piernas y pegarle lo que ya era una erección contra sus nalgas, ella se dejó hacer, estaba paralizada, comencé a subirle la falda y deje al descubierto sus nalgas, le bese toda la línea de la entrepierna y mordí sus nalgas, fui acariciando entre las piernas y luego por su cintura, tocando su vientre cálido, me baje el pantalón y el bóxer y le frote directamente mi verga en su trasero, ella soltó un largo suspiro, hasta arqueo la espalda y templó las piernas, estaba entre el miedo y la excitación, metí una mano entre sus piernas, frotándole contra su sexo, se calentó bastante, subí su blusa y apreté un pecho con la otra mano, casi sacándolo de la copa del sostén. Cuando le puse la verga contra su concha ella gimió y se reclinó sobre el lavabo, ya estaba mojada cuando le baje la pantaleta y comencé a meter mano buscando su sexo, se lo frote y le di unos lengüetazos que la hicieron jadear con más fuerza, le mordí una nalga y le apreté un pezón y le dije que se callara, obedeció sin chistar e incluso creo que empezó a mojarse aún más, entonces le frote mi verga entre sus nalgas, tenía un culo respingón, ideal para la posición en que comencé a penetrarla, al principio estrecha, pero con tanta lubricación fue entrándole, ella gimió y arqueo más la espalda, la volví a recostar sobre el mueble del baño, le baje el chaleco a la altura de las manos y abrí su blusa, solté el broche de su sostén y atenace sus pechos con mis manos, mientras se empinaba en sus tacones cada vez que la embestía hasta casi levantarla del suelo.

    Ahora quería disfrutar de sus pechos al tiempo de correrme, así que la hice girarse y me acomodé para levantarla y metérselo de frente, ahí me llevé una gran sorpresa, no era Elsy.

    No tenía idea que había pasado, lo único seguro era que mi verga estaba bien parada y a punto de disparar y no me iba a quedar con las ganas. Me recorrió una descarga de calor cuando dispare el líquido caliente hacia su sexo, un chorro que exploto en su interior, que la hizo gemir y dar balbuceos que solo pude entender que estaba en pleno orgasmo, aun con mi sorpresa, el sexo no podía parar, mordí y saboree un pezón con fuerza, ella gemía y su cuerpo vibraba, seguía mojándose, su cuerpo despedía calor, seguí bombeando hasta quedarme seco y darme cuenta que hasta mi ropa se empapó con sus secreciones. Al terminar le temblaban las piernas y jadeaba. Me sentí seco y le temblaban las piernas, yo tome lo que pude de toallas de papel para limpiarme y le di una pasada con el papel húmedo entre las piernas, le di un chupón en los pechos antes de acomodarla sentada sobre un inodoro, ella en silencio solo se dejó sentar, no dijo nada cuando le puse el pene en la boca, solo empezó a lamerlo y luego lo engullo, ella terminó de limpiarlo… me aparte para subirme los pantalones, ella quedo con la boca abierta, jadeando por aire.

    Cuando salí del baño, ella apenas intentaba soltarse las muñecas y aún tenía que ponerse de pie y acomodarse la ropa. Salí lo más rápido que pude y me fui del edificio. Estaba aún asombrado, no tenía idea de que había pasado, llame a Elsy, pero no me contesto. Pase muy angustiado ese fin de semana.

  • Adela a sus 18 años: Quiero sentir su verga (1)

    Adela a sus 18 años: Quiero sentir su verga (1)

    Tengo 55 años y la verdad que me gusta cuidarme en todo sentido. Hago mucho ejercicio y creo que me alimento bien y mucha gente a pesar de mi cabello con algunas canas piensan que tengo unos diez años menos. Mido un metro y ochenta y ocho y peso 200 libras que me hacen ver alto y esbelto y obviamente mi equipo de batalla va acorde con mi altura. Me visto regularmente formalmente, quizá sea costumbre por mis años como ejecutivo en una compañía y creo que a muchas mujeres les atrae ese tipo de hombres o por lo menos en mi caso considero es parte de mi suerte. Como dije, siempre pensé que se me haría difícil llevarme a chicas jóvenes al pasar del tiempo, sin que esta no fuera una chica de paga, pero la verdad también me he llevado a chicas que simplemente quieren tener esa experiencia con un hombre mayor y este es el caso de mi siguiente experiencia con Adela.

    Voy a ser breve en los detalles de cómo la conocí y las varias anécdotas que he vivido con esta chica que acaba de cumplir sus dieciocho añitos. Adela es la hija menor de la señora Lupita, quien junto a su esposo tienen una carnicería y abarrotería cerca de mi casa en Cancún. Los conozco desde hace cuatro años y la señora Lupita es una mujer pequeña y como le dicen a este tipo de mujeres en México: gordibuena. La verdad que no esta gorda por decirlo, pero si se mira muy buena. Para hacer todo esto breve, un buen día la señora Lupita se me insinuó y sin pensarlo mucho nos metimos a la bodega de su tienda y le di una buena cogida que si no gritaba porque se la dejé ir hasta por el culo fue porque simplemente se la aguantó para no ser delatada de la verga que la estaba abriendo en dos, pero lo que pensaba era solo un secreto nuestro, hace poco me di cuenta de que no era así, Adela nos había escuchado y espiado.

    Es como esta chica llega a tomar esa confianza conmigo, pues Adela con el correr de sus años se ha vuelto una chica muy directa y creo que su madre la considera la oveja negra de la familia. Dejó de estudiar ahora que terminó su preparatoria y se puso un piercing en la nariz y en sus cejas. Hace unas semanas me hizo la siguiente sorprendente conversación:

    —Tony, ¿usted se sigue cogiendo a mi mamá?

    —¿Qué dices… quién te ha dicho eso?

    —No lo niegue… los vi con mis propios ojos. -me dijo.

    Ella me había relatado con lujo de detalles como nos vio cogiendo en la bodega junto a su mamá y hasta me confesó que desde esos días se comenzó a masturbar. Yo realmente no sabía mucho de ella, pues aunque me llamaba la atención por su juventud y culazo que se tiene, pues nunca intuí nada de ella, más lo que una vez me dijo un señor que trabaja en la tienda: -Adelita tiene una comezón en la panocha… creo que busca quien se las rasque. – O algo así por el estilo. La verdad que ese día de esa conversación ella fue mas directa que la insinuación que un año antes me había hecho su madre:

    —Sabe, desde que le vi su miembro solo pienso en eso… como le digo, pensando en eso me masturbo.

    —¿Pero has visto otras vergas?

    —En el porno, algunas, pero en la realidad solo la suya. Me gustaría verla otra vez. – Me dijo.

    —Adela, no quiero tener problemas con tus padres. -Le dije.

    —Usted sabe que puedo guardar muy bien los secretos. Hasta el momento mi papá no sabe que usted se cogió a mi mamá.

    —¿Realmente quieres coger con un hombre mayor como yo? Soy mayor que tu padre… ¿Sabes?

    —Eso no me importa… lo que quiero saber es como se siente tener una verga adentro.

    —¿Nunca has cogido entonces?

    —Solo mis dedos han entrado a mi panochita. ¿Usted la quiere probar?

    —Si tu quieres te espero esta tarde en mi casa. -le contesté y salí de su tienda.

    A las cuatro de la tarde estaba llegando a mi casa. Adela como dije es de complexión llenita como su madre y al contraste de sus progenitores, ella es de piel clara y rubia. Tiene unos pechos llamativos y un trasero de esos que a muchos pueden intimidar. Esa tarde llegó con sus típicos pantalones cortos y sus blusas sueltas de esa tela transluciente pues mitiga el calor de esta zona. Cuando algo así me sucede, siempre pienso que estoy soñando, pues se me hace difícil de creer que me voy a follar a una chica tan joven. Tenía un par de condones en mi buró y la hice pasar a mi habitación. Tan solo entró y me dijo que me la quería chupar.

    Aquello me daba a saber que esta chica estaba hirviendo en calentura y deseosa de coger. Yo me bajé el cierre del pantalón y la saqué a media erección. Adela se agachó y la comenzó a besar con cierta delicadeza, pero a los segundos intentaba tragársela. Miraba esos ojos verdes y esa carita con esos piercing en las cejas y nariz deseosa de experimentar todo lo que el sexo pudiera ofrecer y en esa plática previo a este encuentro ella me había relatado con mucho morbo como había visto que le rompía el culo a su mamá. Me la mamó por unos siete minutos y le dije que se desnudara ante mí. Ella me dijo que le ayudara, que hasta cierto punto le daba pena. Ella se quitó la blusa y el pantalón corto y yo le quité su brasier y su calzón estilo bikini de color rosa ya bastante mojado. Me lo llevé a la boca y saboreé sus jugos vaginales bien espesos. Ella me quedó mirando y me preguntó:

    —¿Te gusta cómo huelen mis pantis?

    —¡Me gusta como sabe tu panochita!

    —Es toda suya… haga todo lo usted quiera con ella. -Me lo decía con una sonrisa nerviosa.

    La conduje hacia la cama y pude ver esa piel clara con unos pequeños vellos rubios, parecía que no se rasuraba, pero tampoco tenía mucho vello en la zona púbica. Le besé los labios y se los atrapé como chupándolos y le dije al oído: -así te voy a halar tus pezones y el clítoris de tu panochita. – Me dio una sonrisa picara y me fui a mamarle las tetas a esta linda chica. Quizá llegaban a una copa D con una areola rojiza y un pezón redondo y de buen tamaño. Le mamaba las tetas y le halaba los pezones y Adela me decía: -Que rico… ¡usted me va a volver loca! —Yo le contestaba: -Espera que sientas cómo te como tu panochita y me cuentas. – Me comí sus tetas por varios minutos pues me tomé el tiempo para llegar a su conchita. Le besaba sus encajes, le chupaba sus entrepiernas, con mis dedos le halaba los pezones y solo se escuchaba sus gemidos y su constante decir: ¡Por dios… que rico…quiero que me cojas ya… me está matando de placer! ¡Métame la verga don Antonio… quiero sentir esa vergota!

    Cuando me cogí a su madre, nunca le chupé la panocha a ella y no se si Adela se lo esperaba pues me pedía que le metiera la verga mientras yo le besaba alrededor de los labios y contemplaba con mucho morbo como se le miraba de mojada y brillante esa panochita. Le pedí algo que no recuerdo habérselo pedido a mujer alguna y le guiaba a que ella se abriera los labios con sus manos y le temblaron las piernas cuando sintió mi lengua invadir ese rico y sabroso hueco y me dijo: ¡Por dios don Antonio, que rico… métame por favor la verga, quiero correrme con su verga adentro! —Sabía que estaba a punto de correrse, pues una chica de esta edad, con esa fuerza de la juventud y una buena chupada inesperada en la panocha, es un volcán a punto de erupción. Me levanté de entre sus piernas y ella me quedó viendo como me limpiaba sus jugos con mi propia camisa y me quedaba viendo sin decir nada como abría el envoltorio del condón. A ponérmelo iba cuando me dijo lo siguiente:

    —Métemela sin condón… quiero que mi primera vez pueda sentir sin nada su verga. Pero no se corra adentro.

    —¿Estás segura?

    —Si… no use condón por favor.

    Sabia que estaba a punto de correrse y me acomodé como hincado entre sus piernas y me tomé la verga con mi mano derecha y comencé a pasearle la punta de mi verga de arriba abajo y le amenazaba con hundírsela de repente. La verdad que jugaba con su ansiedad de joven, y sé que a esa edad nuestros sentidos lo magnifican todo. Podía observar ese rostro de placer que como instinto natural Adela se mordía lo labios y los fruncia a la vez. En esos momentos ella misma comenzó a apretarse los pezones y supe que no era nada de tímida y que en cualquier momento vendrían esos espasmos deliciosos, que son mucho más intensos a la flor de su edad. Le hundí en ese resbaladizo hueco la mitad de mi verga, que quizá para el promedio de mujeres es una verga de tamaño regular. La panochita de Adela se sentía apretada y deliciosamente caliente. Solo se la hundí a la mitad sin hacer mucho movimiento y ella cerró sus ojos y continuó ella misma apretando sus pezones y comenzó a hacer ese vaivén de sus caderas como pidiendo más verga y he intentado hundírsela más, pero esta chica es de esas chicas que uno puede sentir que tienen tope… quizá una verga de 15 centímetros sea la medida perfecta para Adela. sentí el apretón de su vagina y como me mandaba esas vibraciones tan fuertes en ese abismo de una fuerte corrida. Adela jadeaba profusamente y me haló para que me fuese por sobre sos dos pechos y mientras ella me abrazaba yo le besaba los lóbulos y le decía:

    —¿Quieres más verga?

    —¡Si! Dame mas verga. -me contestaba con una voz erótica que vivía en ese momento un intenso orgasmo.

    Como decía, no se la hundí más porque Adela se quejaba del dolor cuando lo intentaba y era obvio, esta chica es de vagina reducida. Cuando ella se recuperó de su corrida me dijo que me la quería mamar para que yo me viniese en su boca, pero yo le propuse a que me hiciera una rusa. Adela no conocía el concepto de una rusa y sus dos hermosos melones se prestaban para esa rica acción. Ella me había hablado de que quería sentir una corrida en su boca y después de explicarle que era una rusa, se dio cuenta que también me podría venir adentro de su boca. Se sentó a la orilla de la cama la cual convenientemente es de una altura adecuada para esta acción. Mi pene estaba saturado de los jugos vaginales de Adela y le pongo mi verga entre sus pechos y ella me lo cubre con sus dos tetas tomando a cada una con sus manos y llevándolas a unirse entre ellas. Mi verga se desliza placenteramente entre sus tetas y mientras yo le hago ese vaivén, Adela me chupa y besa la parte baja por mi ombligo. Paso así por unos cinco minutos y le pido que me la comience a mamar que estoy a punto de correrme. Ella toma mi verga y comienza a chuparla agresivamente, quizá porque ve mi ansiedad de acabar, pues mi verga también entra hasta la mitad una y otra vez hasta que mis piernas me dicen que me voy a correr. Siento esa electricidad expandiéndose por mi columna, llega a mis pies y rebota hacia mis huevos y le tiro como una escupida mi corrida en su boca y por primera vez también esta chica de solo dieciocho años siente el sabor de ese liquido lechoso que muchas veces ha visto solo en películas porno.

    Me apretaba las nalgas y fueron como tres escupidas que sentí llenaron el hueco virginal de su boca. Primera vez que chupaba una verga, como también era su primera corrida sintiendo un verga en la cavidad de su vagina. La habitación olía a sexo, ese olor adictivo y que Adela lo describía como el olor de la lejía, me decía. Creo que en otros lugares del mundo le llaman cloro a ese mismo componente.

    Todo aquello nos había tomado unos 45 minutos, pero estuvimos follando por más de tres horas. Ahora… si quieres que siga con este relato, házmelo saber, ya sea dejando una nota en los comentarios o escribiendo a mi correo.

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  • Mi nuevo vecino (parte I)

    Mi nuevo vecino (parte I)

    Comenzar una nueva vida siempre es difícil, tengo 25 años, y hace poco me mudé de ciudad por cuestiones de trabajo. Hoy día no es fácil encontrar un buen puesto de trabajo, entonces no me encontraba en posición de rechazar esta oportunidad, la ciudad que solía llamar casa se encuentra a 18 horas en auto de donde empezaré a vivir desde ahora. Mi nombre es Tatiana soy de pelo claro, de tez blanca y cuerpo delgado.

    Por fin llegaba a mi nueva casa y tenía que acomodar algunas cosas que me había traído, además de acomodar unos muebles que me prestaba mi tía. Fue fácil meter las cosas pequeñas al nuevo departamento, sin embargo, los muebles y cajas más pesadas ciertamente era más complicado, además que no conocía a nadie de la ciudad entonces no podía pedir ayuda.

    Consideré en llamar a algún servicio de mudanzas, sin embargo, no tenía mucho dinero en efectivo como para pagarles, mis opciones se iban reduciendo. Por suerte un señor que vivía en el mismo edificio apareció y se ofreció a ayudarme. Un señor mayor de unos 50 años, con pelo ya canoso y una barriga notable por la edad.

    Ya habíamos podido acomodar la gran mayoría de muebles y él me hizo saber su cansancio, además de su dolor de espaldas. Se disculpó por no poder seguir a lo que yo obviamente agradecí, empecé a mover algunos muebles que faltaban, cuando un joven de unos 30 años tocó mi puerta. Yo lo vi y se presentó muy amablemente

    -Hola como estas, mi nombre es Franco soy hijo de Ernesto el señor que te estaba ayudando.

    Me quería morir de vergüenza porque me había ayudado tanto el señor y no sabía ni su nombre. Salude a franco muy cordialmente. Cuando él me ofreció su ayuda, comentándome que su padre le conto de mi situación. Franco era un hombre relativamente alto, de aproximadamente 1’80 pelo oscuro y se notaba que se mantenía en estado atlético, si bien no era un cuerpo de deportista se notaba que tenía cierto cuidado con su cuerpo.

    Franco me termino de ayudar acomodamos lo que quedaba y le dije si gustaba quedarse a tomar un refresco o algo en modo de agradecimiento. Propuesta la cual rechazo, me comento que debía volver a su casa a poder seguir trabajando. Soy una chica atractiva por lo cual no es muy común que me rechacen, obviamente no quería hacer nada con él, solo quería platicar un poco y hacer un amigo, por lo cual imaginaran mi sorpresa. Fue raro, un poco inusual, y eso me dio cierto calor en mi cuerpo, un cierto morbo por aquello que era difícil de conseguir.

    Llegaba la noche, para cenar compre una pizza y un vino para celebrar yo solita mi nuevo apartamento. Tome unas dos copas y al llegar a mi cama intente descansar para limpiar y acomodar un poco más mi nuevo departamento. Intente dormir, pero el vino reavivo el calor que genero franco en mis horas anteriores.

    No podía evitarlo, bajé mi mano lentamente y empecé a acariciar suavemente mi entrepierna, el calor empezó a subir por todo mi cuerpo enfocándose en mi puchita. Imaginaba a aquel hombre, y me hacía preguntas, ¿cómo se vería con su pecho al aire?, ¿cómo besaría?, ¿se depilará ahí abajo? ¿Cuál será el tamaño de ahí abajo? Muchas dudas que solo me calentaban más y más. Empecé a acariciar suavemente mi clítoris, lo movía en círculos con dos dedos mientras con mi otra mano acariciaba uno de mis pechos. Poco a poco aumentaba la intensidad de mis movimientos, apretaba más fuerte mi pecho, movía mas rápido mis dedos en mis caricias. Acerque mis dedos a mis labios y los ensalive totalmente, a lo que proseguí a introducirlos en mi puchita. Sentía el calor que emanaba dentro mío, pocas veces me había sentido así, la humedad ahí abajo era impresionante, algo que pocas veces viví. Al sacar mis dedos observaba como estos estaban totalmente mojados producto de mi excitación. Intercalaba constantemente entre masajear mi clítoris, e introducir mis dedos, mientras la otra seguía jugueteando con mis pechos.

    Cada vez era más difícil poder contener mis gemidos, intentaba ahogarlos, sin embargo, el recuerdo no lo dejaba fácil. Cada vez aumentaba más la velocidad de mis dedos, y sentía como lentamente mi cuerpo empezaba a desobedecerme, sentía que se acercaba aquella sensación que de explosión de placer. Me sentí en los cielos unos segundos, mientras sentía como explotaba en un orgasmo y no podía evitarlo, di un gemido, que si mi vecino estaba despierto estoy segura que lo habrá oído, ojalá lo haya oído. Al quitar mis dedos de mi entrepierna vi que estaban exageradamente húmedos, el morbo me invadió, nunca antes estuve tan caliente. No tarde mucho en dormirme y en tomar una decisión, me iba a follar a mi vecino.