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  • Mi hijo me cambió la vida y mi sobrina también (4)

    Mi hijo me cambió la vida y mi sobrina también (4)

    Hola a todos soy Lore la mami incestuosa, los que hayan mis relatos anteriores sabrán de la relación incestuosa que tengo con mi hijo y de la que también participa mi sobrina, hoy vengo que contarles lo que hicimos en nuestras vacaciones en enero pasado, nuevamente agradezco muchísimo sus mensajes son muy importantes para mi.

    Llego enero y con él mis ansiadas vacaciones, decidimos viajar a Mar del Plata para los que no son de Argentina les cuento que es la principal ciudad costera Argentina, esta vez no fui solamente con mi hijo sino también con mi sobrina, y además allí nos estarían esperando Nancy y Nicolás la pareja con la que cogimos el verano anterior, entre ambos alquilamos un lindo departamento donde tendríamos lugar para nuestras travesuras.

    Llegamos los 3 y nuestros amigos ya estaban instalados, yo les prometí que les llevaría una sorpresa y esa era mi sobrina Ludmila, cuando estramos ellos ya estaban allí, Ludmi venía con un short diminuto que hacía lucir su preciosa cola redonda y firme debido al deporte que practica y un top que hacía lucir su cintura, fue nomas entrar que Nancy y Nicolás fijaron sus ojos en mi princesita.

    Se las presente y les conté que esta era la sorpresa estaban encantados de que haya llevado a tan hermosa mujer Lucas y Ludmila acomodaron su equipaje mientras yo charlaba con Nancy que estaba con un vestidito de verano divino y Nicolás se veía muy bien sin camiseta y su verga que se marcaba en su pantalón.

    Tomamos algo fresco y nos sentamos Nicolás y Lucas se sentaron a los lados de Ludmila mientras Nancy y yo charlamos un par de cosas, oímos como los chicos reían y en un momento no se escuchó más nada, cuando nos asomamos Lucas ya le comía la boca a su prima mientras Nico le metía sus manos dentro del short y de su top, ella tampoco se quedo quieta y empezó a palpar sus vergas ya visiblemente duras.

    «No pierden el tiempo los chicos» me dijo socarronamente Nancy mientras me metió las manos en mis tetas, Nicolás saco su verga y guió a la chica hacia ella para que se la metiera en la boca mientras Lucas ya le bajaba su short y tanguita para empezar a mamar la rajita, yo ya me humedecia y Nancy me metía manos haciendo que me quite la ropa, todos íbamos tomando temperatura y se daba todo para una mañana inolvidable.

    Lucas y Nico quedaron con sus vergas duras al descubierto de pie frente a Ludmila que se turnaba para mamar, Nancy y yo ya desnudas también nos sentamos para recibir nuestra dosis de pija, las 3 chupabamos esos 2 garrotes duros que nuestras bocas dejaban cubiertos de saliva calientes que se escurría por esos troncos divinos.

    Después de unos minutos así acostamos a Ludmila en el sofá, los chicos se turnaban para darle el biberon mientras nosotras nos comíamos su conchita, ella quería gemir del placer que le dábamos pero las vergas en su boca se lo impedían, los 5 en bolas por completo recién estábamos iniciando una orgia que prometía ser épica.

    Después de buen rato dando goce a mi sobrina nos aprontamos para lo bueno, nos abrimos las 3 y los chicos empezaron a cogernos, tenían que alternarse nuestras conchas pero no dejaban a ninguna sin recibir verga, debo decir que Lucas y Nicolás son 2 potrillos cogedores con aguante capaces de satisfacer en cantidad, sus metidas eran intensas y con ritmo, Ludmila gritaba de placer, en un momento Lucas la montó en su verga dejándola ensartada por la concha y Nicolás se la metió en el culo, la niña estaba en el cielo siendo cogida por sus dos hoyos, nosotras nos acercamos así ellos por momentos sacaban sus porongas para hacernos probar el sabor de la nena, nosotras luego nos pusimos a hacer un 69 mientras ellos desarmaban a Ludmila que gemía cada vez más, le decían cosas sucias y calientes como «Grita putita de mierda que te gusta la verga», nosotras nos comíamos mutuamente nuestras conchas que a esa altura eran un manantial de jugos.

    Entonces se escucha a Ludmila gritar y gemir con locura, la habían hecho acabar con la cogida que le habían metido, pero los chicos todavía no habían descargado así que dejaron a Ludmi rendida en el sillon y vinieron por nosotras, Lucas tomo a Nancy y Nicolás me agarró a mi, nos pusieron en 4 y empezamos a coger deliciosamente, nos metían verga desenfrenadamente, nos cogian la concha y el culo, yo deliraba de placer Nancy gritaba que se la metieran más adentro mis tetas explotaban de calentura, era una cogida divina la que recibíamos, hasta Nicolás y Lucas se vaciaron dentro nuestro, yo acabé como loca, sentía que me iba a otra dimensión, menuda sesión de sexo nos habían dado los chicos, sus vergas palpitantes goteando leche se veían hermosas cuando las sacaron, se las limpiamos con la lengua.

    Habíamos iniciado de la mejor manera, Ludmila fue a darse una ducha mientras Nancy y yo veíamos que hacer para comer algo, de golpe los chicos desaparecieron de vista, los muy cuarentones fueron tras Ludmila para cogersela en la ducha, se oía claramente como la estaban cogiendo sus gemidos eran indisimulables.

    Después de unos minutos salieron los 3 más relajados, ese primer día no salimos para nada, nos pasamos en bolas por el departamento y cada vez que venían las ganas cogiamos, los muchachos estaban hechos unos toros lechudos que no paraban de satisfacernos, a Nancy y a mi también nos hicieron doble penetración, por culo y concha al mismo tiempo, en la cama nos montaron como a yeguas en celo.

    Los dias siguientes íbamos a pasar el día a la playa y ple las noches era coger siempre también por las mañanas si nos levantamos temprano, un día me desperté y Ludmila y Nancy estaban chupando vergas ya, obviamente me sumé a la mamada y luego nos cogieron hasta darnos la leche en la boca, acá tienen su desayuno bromeaban los muy atrevidos.

    Fueron unas vaca inolvidables de sexo frenético, una noche Nancy y yo hicimos algo más pero eso merece un relato aparte para contarlo en detalle.

    Espero que les hay gustado como siempre agradezco muchísimo a todos los lectores, como siempre espero sus mensajes sus críticas y elogios son muy importantes, mi correo para los que quieran saber más es [email protected], muchísimas gracias de nuevo y un beso enorme a todos.

  • Sergio se da un festín conmigo y mi esposa

    Sergio se da un festín conmigo y mi esposa

    Hola, soy yo de nuevo, los que leyeron mis relatos anteriores ya saben mi nombre. Después de unos meses trabajando en el interior de mi provincia mi señora que estaba re caliente, decidió visitarme. Ella es algo gordita, buenas tetas, un culo como toda gordita y una conchita bien rica y chiquita, se llama Pamela. Ella llegó como a las 10 de la mañana y yo la acompañé hasta donde me hospedaba y quedó con Sergio charlando de manera tranquila. Yo salía a las 19 h recién y mensajeábamos con mi esposa y se notaba que estaba re caliente quería coger ya ya.

    Al salir llegué y ellos preparaban la cena y yo fui a la habitación a bañarme, ella me sigue y nos besamos acaloradamente, se me puso la pija dura y me hizo un buen pete, la tire en la cama baje la calza, corrí la tanga y me la cogí en cuatro pero con unas ganas locas, le llene la concha de leche.

    Luego nos duchamos juntos y salimos para cenar y en la mesa Sergio se reía y decía que nos escuchó todo y mi esposa se sonrojo un poco, pero lo tomo bien. Él le confeso que no se preocupe que a él no le molestaba eso. Cenamos y charlábamos de lo más agradable, terminamos e hicimos sobremesa con un cafecito.

    Esa noche todo normal. Fuimos a acostarnos y mi esposa por el viaje estaba muy cansada y después del rapidin que echamos se durmió profundamente. Yo miraba tv y de pronto se enciende su celular, veo y es un mensaje, decía te extraño; lo leo y era uno de nuestros vecinos de la casa en provincia. No digo nada pero pensé mucho esa noche, pero como reclamarle luego de que yo me deje coger por un hombre y le devoraba la pija a diario, igual estaba lleno de coraje.

    Al día siguiente me voy a trabajar y Sergio me mandaba mensajes que me quería coger y que tenía la pija re dura llena de leche, y yo me ponía loco pero estaba mi esposa ahí no sé cómo lo íbamos hacer. Y tramamos un plan.

    Sergio: Si te animas yo tengo unas pastillas para dormir que son muy buenas, la ponemos en el café y ahí te re cojo mi putito lindo.

    Yo: ¿Pero será que va a funcionar?

    Sergio: Siii eso actúa en 10 minutos ¿lo intentamos?

    Yo: Dale esta noche será, yo también deseo que me cojas y chuparte bien rico la pija.

    Se largó una lluvia terrible antes de salir de mi trabajo y llegue todo mojado y fui a bañarme, esta vez mi esposa solo quedo con Sergio en el living tomando mate y mirando novela; llego y me sumo a ellos y charlábamos.

    Sergio encargó comida rápida y mientras esperábamos la cena veíamos tv; luego de cenar hicimos la sobremesa y Sergio dijo que iría por los cafés, y le puso las pastillas.

    Tomamos café mientras mirábamos tv en el sofá, mismo lugar que Sergio me enterró la verga por primera vez, mi corazón latía a mil, ella se recostó en mi pecho y en unos minutos la observo y estaba dormida profundamente, me levanto y la recuesto en el sofá quedando de costado, la muevo de los hombros fuertemente como para despertarla pero no reacciona, me di cuenta que funciono el plan, en eso siento algo duro en mi cola, era Sergio apoyándome su pija diciéndome que ya no aguantaba más y ahí junto a mi esposa dormida en el sofá le empecé a chupar la pija como una puta desesperada.

    Chupaba y pajeaba bien rico como a mi macho le gustaba y me dice que me ponga en cuatro mirando a mi esposa, era un pervertido pero me encanto la idea, lo hice y me escupió en el ano y me la empezó a meter suavemente, me cogió en cuatro mientras yo miraba a mi esposa y le digo:

    Yo: No me acabes adentro, tengo una idea

    Sergio: Ufff si mi putito, que querés?

    Yo: Quiero que le acabes en la cara a mi esposa…

    Sergio: Estas seguro?

    Yo: Siii, es una re puta, dale cogeme papi

    Sergio: Si mi putito me encanta cogerte…

    Me avisa que estaba a punto de acabar y le digo que salga, que se ponga frente a la cara de mi esposa y agarre su celular, ya que si grabo con el mío lo tendría que borrar pero quería que quede guardado ese momento, él se pajea bien cerca de la cara de mi esposa y grabo ese momento en el que llena de semen la carita de zorra de mi esposa. Dejo de grabar me acerco y lamo toda la cara de mi esposa y luego le chupo la pija a Sergio.

    Luego nos sentamos en el sofá y me dijo que tenía lindas tetas mi mujer, me levanto y me acerco a mi esposa y bajo su blusa y dejo sus tetas al aire, lo miro a Sergio que se estaba pajeando, le digo si quería nos podía coger a los dos, ella es una puta regalada y yo tu putito sumiso, el sin dudarlo se levanta y se acerca a nosotros. Le chupo la pija y luego le digo, metesela en su boca que yo grabo, y así lo hizo, yo tenía la pija dura de ver como mi esposa dormida recibía la pija de mi macho en su boca, la desnudo y empiezo a chupar su concha mientras Sergio me metía el dedo en el culo, dejo de chupar a mi esposa y le meto la pija a mi esposa cogiéndola como loco y llenándola de leche.

    Entonces le digo que se la coja… él se acerca yo le chupo la pija y paso la cabecita por la entrada de la concha de mi esposa y se la mete toda de una sola vez, que rico era ver como se la metía toda, yo masajeaba las tetas y veía como se las movía con las embestidas de Sergio, y en un momento me dice, le puedo hacer la cola, yo le digo «es tu puta ahora, cogetela como quieras», la acomodamos boca abajo y le chupa el culo y cuando se iba a poner lubricante le dije que no lo haga, abrí las nalgas de mi esposa y le escupí en la entrada del ano, le dije metesela de una por puta ofrecida, y se la mando guardar le rompió el culo literalmente, se la cogia y cogia sin parar y antes de acabar sale de mi esposa y me pone a chupar su pija hasta darme la leche.

    La vestimos y llevamos a mi habitación. Al otro día no me dijo nada de nada, ni que le dolía el culo, se ve que nuestro vecino se la coge por todos sus hoyos, pero anoche ella fue un juguete.

  • El show estelar

    El show estelar

    Donde ahora se levanta una inmensa torre, supuestamente producto de fuertes inversiones (sólo los mal pensados sospecharían lavado de dinero), hace años estaba una famosa tienda con restaurante. En ella, la librería era famosa porque todos acudíamos a leer las revistas sin pagarlas y otros a ligar haciendo como que las leían, checar si valía la pena comprar tal o cual libro mientras disfrutaba uno la vista de las nalgas o las tetas de ésta madura o aquella joven, a la sección de tabaco acudían los que se sentían intelectuales por sus pipas y tabaco para ellas compradas con el dinero largamente ahorrado o depositado por sus papis que los seguían manteniendo y hasta vendían telescopios para aficionados a comprar lo que no necesitaban ni sabían usar.

    El restaurante era famoso por discreto, miles de negocios ocurrían en sus mesas y otros tantos casos judiciales eran ventilados y arreglados en ellas, abundaban los parroquianos nostálgicos del ligue espontáneo que acudían a disfrutar de las piernas y las nalgas de las meseras del bar ataviadas de minifalda negra tableada, medias negras, chaleco rojo y perpetua charola en la mano de quienes uno nunca estaba seguro de que trajeran calzones. O por lo menos la fantasía es que no los trajeran.

    Los baños eran otro cuento. Famosos porque allí pasaba de todo, ubicados en un sótano y bastante aislados del resto de la tienda-restaurante, eran ideales para muchas cosas, además de ir al baño. Un día que legítimamente fui a orinar, me di cuenta de cómo estaba la movida: había fulanos perpetuamente parados en un mingitorio fingiendo orinar, otros se les acercaban con unas pretensiones de discreción bastante cómicas y los más audaces echaban un vistazo a lo anterior y luego empezaban a asomarse por las ranuras de las puertas de los privados a ver qué les deparaba el azar. A veces allí se quedaban parados, mirando por la ranura, respirando agitados y sobándose la verga sobre el pantalón. Me intrigó la necesidad de mirar de éstos tipos, casi todos de apariencia respetable, oficinistas de multinacionales que vivían una doble y hasta triple vida, funcionarios de dependencias gubernamentales cercanas, casi todos trajeados, encoloniados, bien peinados, rasurados y guapetones. Eso me dio la idea.

    Volví otro día para poner en marcha mi plan. Me encerré en uno de los privados y me senté completamente vestido, haciéndole al que allí estaba casualmente como que no quiere la cosa, fingiendo leer una revista. Escuché unos pasos lentos. Se dieron una vuelta por el lugar revisando a quienes había. El de los pasos llegó a mi puerta. Vi sus zapatos. Muy bien boleados, se apreciaba el final de un pantalón gris Oxford, casi seguramente parte de un traje. Un ojo atento podía adivinarse a través de la ranura de la puerta y allí se mantuvo un rato. Ésa era la señal que estaba esperando. Sin dejar de actuar al atento lector, pasé lentamente mi mano por el cuello en el gesto típico de “¡hace mucho calor!”. Con deliberada y desesperante lentitud fui desabrochando uno tras otro cada uno de los botones de mi camisa. Y empezó el show estelar. Muy lentamente me fui levantando al tiempo que me quitaba la camisa. Muy poco a poco. Descubrir el pecho. Acariciármelo. Tocarme los pezones. Ensalivar un dedo y pasarlo por un pezón. Lengua ensalivadora al dedo, pasarlo por el otro pezón. Lentamente. Amasarme el pecho, que se antojara la carne poniendo cara de modelo de revista porno que parecen gozar de una imaginaria verga que las taladra secretamente ante cámara. Recorrer otra vez el cuello, mesarme el largo cabello sufriendo de ése agobiante calor que tan bien se ve en las fotos. Agarrar un discreto ritmo como si bailara una calmada de verdad muy calmada. Y como la luz me caía de arriba hacia abajo, aquello era ideal para un show.

    Una camisa, bien usada, da para mucho en un strip-tease. Le di la espalda a la puerta y descubrí un hombro, acariciándolo, besándolo, lamiéndolo. Después el otro. Tenía la camisa a media espalda y me la volvía poner bruscamente sólo para repetir la operación de enseñar los hombros. Alcanzaba a escuchar una respiración agitada del otro lado de la puerta. La camisa terminó finalmente colgada de un oportuno ganchito pegado en la pared.

    Sin detenerme, aún de espaldas a la puerta y moviéndome con la cadencia de la música calmada que nadie escuchaba, acaricié con ambas manos mi cuello, mis hombros, acariciaba mis propios brazos lentamente besando y lamiendo mis bíceps, acariciándolos con mi propia cara. Acaricié mi pecho de espaldas a la puerta, que se imaginara el espectáculo y cuando calculé que a mi mirón la desesperación le llegaba a niveles poco saludables, me giré con lentitud con mis manos acariciando mi pecho, pellizcando mi pezones y poniendo cara de mucho placer.

    Mis manos descendieron a mi entrepierna y sobre mi pantalón acaricié mi verga, que se notara que estaba muy parada. Metí una mano, lentamente, por el pantalón: mira cómo me agarro la verga para masturbarme. Comencé a oscilar lentamente, como si estuviera embarrando mi verga en las nalgas de alguien muy ganoso y rogaba porque en ése momento no fuera a sonar la alerta sísmica porque iba a ser particularmente peliagudo salir a toda velocidad poniéndome la camisa, ya deja tú lo de traer la verga bien parada. Con la mano dentro del pantalón agarrándome la verga, giré otra vez dando la espalda a la puerta y ahora metí mi otra mano por la parte trasera del pantalón para sabrosearme las nalgas, para darle a antojar mis nalgas que yo mismo gozaba como si fueran las de alguien más. Abría mis piernas para que se me pegara más el pantalón y la escena fuera más morbosa. Aún de espaldas a la puerta abrí mi cremallera para sacarme la verga y que el mirón notara que lo hacía, que se imaginara mi verga afuera ya y recibiendo mis caricias.

    Con cruel lentitud bajé mi pantalón hasta las rodillas, luciéndole mis nalgas y mis muslos que nunca dejé de acariciar. Me empiné para que gozara de mi culo al abrirme las nalgas y pasarme los dedos acariciándolo, que me viera los huevos al agarrármelos y se le antojaran.

    Giré con la verga en la mano sabiendo que era lo que mi mirón quería ver. Con una mano masajeaba mis huevos y con la otra acariciaba mi verga, luciéndosela, presumiéndole su grosor y dándosela antojar. La mano que tenía en mis huevos también recorría mi cuerpo. Empecé a mirar directamente a la ranura de la puerta donde sabía que estaban los ojos de mi mirón. Quiso abrir la puerta pero al estar ésta asegurada por dentro, no pudo. Sabiendo que me miraba, con una mano libre (la otra no soltaba mi verga) le hice un lento gesto de calma y después llevé un dedo a mis labios para imponerle silencio. Ése dedo lo chupé como si de una verga se tratara.

    Saber que me estaban viendo tenía mi verga durísima. Descubrí que me gusta ser visto y admirado, deseado sin que pudieran alcanzarme. Comprendí lo que muchas mujeres saben. Seguí masturbándome lentamente, tenía un show que dar y no podía defraudar a mi público. Me masturbaba y movía mi cuerpo cadenciosamente como si cogiera a alguien lentamente. Y al fin me vine, eyaculé cantidades mayúsculas de semen, sentí fuertes las contracciones de la pelvis, el culo y hasta los huevos me dolieron. Todo mi semen acabó contra la puerta.

    Muy lentamente me vestí. Mi mirón quiso otra vez entrar. Ésta vez le hice con la mano el gesto de mostrarle cinco dedos y después señalar con el índice hacia un allá imaginario: “en cinco minutos te veo allá afuera”. El mirón lo comprendió y salió hecho una bala.

    Lo que el mirón no sabía, porque no alcanzó a verlo, es que yo tenía una mochila con un pantalón diferente y otra camisa, un look totalmente diferente al que vio. Até mi cabello en una cola de caballo y salí con paso firme y decidido, parecía un joven profesionista sin otra particularidad. Aún dentro de la tienda compré cigarros y unos chicles, me aseguré que nadie me seguía y pude ver al mirón esperando al inicio de la escalera descendente que conducía a los baños. Había pasado junto a él sin que se percatara. Sonreí y me fui muy quitado de la pena. Me estaba volviendo adicto a vivir mis fantasías. Si éste país no fuera tan mojigato, habría hecho el mismo show ante mujeres.

  • Primeras veces (II)

    Primeras veces (II)

    Mi amigo se acomodó con su amiga, el traía unas botellas de licor y ella, tenía la blusa abierta ya con el sostén a la vista. Les sonreí sin decir nada, estaba sudando y concentrado en no correrme todavía, se sentaron a ver el show, mientras comenzaba el de ellos.

    Los vi de reojo, siendo que ella ya se inclinaba a manosearle la entrepierna y mi amigo metía mano bajo su pantalón sobándole una nalga, luego ella se la saco y se levantó quitándose el pantalón y quedando solo con una tanguita azul, se puso a gatas y dándome a ver su culo se fue encima de la verga de mi amigo y comenzó a chuparla… ahí no aguante más y me corrí dentro de Jorlena, ella soltó un pujido largo, mientras nos estremecíamos juntos.

    Fue cuando ella se percató de nuestros vecinos, cuando empezaron los vítores al ritmo de mi corrida dentro de ella. Tapo su cara de susto apenas se dio cuenta que no estábamos solos, pero no pudo evitar seguir gimiendo por los embistes de mi corrida; la verdad es que me excito más el que nos vieran y la pena que Jorlena trataba de controlar al tiempo que seguía estremeciéndose con el orgasmo.

    -Bravo! bravo! -gritaba mi amigo y su acompañante, que si bien no reconocí al principio me di cuenta que era una compañera de algunas clases del semestre.

    Mi amigo se recostaba disfrutando como la mano de la chica le ponía dura la verga con su constante subir y bajar, mientras ella miraba como tenía a Jorlena, piernas abiertas y con el constante mete y saca en su sexo.

    Cuando ya no tuve más que bombearle, me separe de ella, que rápidamente se acomodó con la cara vuelta hacia la pared, buscando algo con que cubrirse las nalgas desnudas, alcanzo una camiseta de por ahí para ponerse sobre el rostro, pero en el otro lado ya la fiesta era otra, la chica estaba haciendo una magistral chupada de verga. Le frote las nalgas a Jorlena, besándole la cintura y masajeándole las piernas, luego le agarre un pezón y se lo apreté, ella me araño el brazo y levanto la camisa sobre su cara y me lanzo una mirada de enojo.

    -Pásame mi ropa! -me dijo con una voz grave, su cara estaba casi tan roja como su pelo y me apartaba la mano con la que seguía frotando sus nalgas descubiertas.

    -tranquila nena, aquí todos estamos para divertirnos -dijo la chica de al lado, cuando había levantado su cabeza de entre las piernas de su chico, tomando aire y con el rostro húmedo de sudor y escurriendo liquido por la comisura de sus labios.

    Me quede viendo su melena corta cabello negro y seguí las líneas de su cuerpo con la mirada, bajando por su cuello hacia su pecho aun escondido bajo la prenda, su piel bronceada y pechos redondos y se notaban los pezones duros, eso me excito, ella lo noto y me pareció que se acomodó para que pudiera ver bien sus pechos, su vientre y como al bajar más debajo de su ombligo, la curva se escondía bajo su pantaleta húmeda.

    Estaba absorto cuando Jorlena se levantó buscando su vestido, se lo alcance, lo agarro y busco la chaqueta y sus zapatos. Quería irse desnuda.

    -Me voy! -dijo sin más y se fue hacia la puerta, tirándome la camiseta a la cara.

    -Se te va! -Alcanzo a decir entre jadeos mi amigo, intentando no correrse con la mamada que le estaban dando.

    Apenas agarre de la muñeca a Jorlena y trate de detenerla y ella se giró enojada y estaba a punto de gritar algo cuando la mano de la chica le jalo del brazo para que la volteara a ver

    -si te vas pierdes, yo me lo quedo! -dijo con la voz agitada, viéndome de forma muy intensa, con sus pechos de frente a mí y con la mano sobre las piernas desnudas del chico.

    Eso hizo que Jorlena se paralizara, se quedó muda, con la escena de la chica levantándose de entre las piernas del chico, con la cara llena de secreciones y el cuerpo sudoroso, se puso frente a ella, cuerpo con cuerpo era más voluptuosa que Jorlena, tenía más vello entre las piernas y unos pezones grandes y parados.

    -Toma un sorbo -le dijo, ofreciéndole un trago, que casi se lo empino en la boca.

    Se lo puso frente a los labios y aunque trato de rechazarlo, no le permitió hacerlo, pego su cuerpo con el de ella y Jorlena no tuvo opción más que poner las manos en el cuerpo de ella para tratar de apartarla, eso me excito porque vi el roce de cuerpos, creo que ella también se excito y se olvidó de la pena y el enojo.

    Aproveche y tome de la cintura a Jorlena, que quedo entre los dos, además mi verga estaba nuevamente dura, ella giró hacia mí al sentirla detrás de sus nalgas, la chica la abrazo por la cintura, pegándose con sus pechos a su espalda y deslizando sus manos hasta su bajo vientre, con lo que rozo mi verga.

    -mira, tu chico sigue con energía, no lo desperdicies -le dijo al oído y rozo mejilla con mejilla, mientras sus manos seguían recorriéndole las caderas desnudas.

    Jale a Jorlena nuevamente a la cama y nos quedamos viendo a la chica sentarse sobre mi amigo moviendo las caderas y los pechos frente a nosotros, antes de voltearse y poner su trasero a la vista y volver a chuparle la verga al otro. Me pudo más el morbo y con Jorlena sentada frente a mí, comencé a jalármela nuevamente viendo hacia las nalgas de la chica.

    -Oye! -dijo Jorlena al notar hacia donde miraba.

    Acércate le dije acariciándole la cintura e invitándola a que me tocara la verga con las manos, que se inclinara con su boca en posición para chuparme. Pero ella aun tímida solo alcanzo a tocarla.

    -Dale, tómala -le dije, jalando su mano para que sintiera el tallo duro y húmedo.

    Su mano se deslizaba y poco a poco agarraba con más confianza y yo seguía acariciándole su nalga, pasando la mano hacia adentro, entre sus piernas, rozando su coño húmedo, cuando de repente al otro lado el chico dio un alarido, se estremeció y se corrió, la chica lo atrapo todo en su boca, su cuerpo también vibro cuando levanto la cabeza tomando aire y agarrándole la verga empapada con la mano, con la otra lanzo su cabello hacia atrás y se relamió los labios, nos quedó viendo con la cara empapada en jugos, me hizo una mueca sonriente mientras se relamía los labios y bajaba la mirada hacia mi verga.

    Se hizo una cola con el cabello, se acercó a la cama y se puso al lado de Jorlena, hombro con hombro y se le quedo viendo, poco a poco acerco su mano a la de ella y también tomo mi verga…

    -Te ayudo amor? -le dijo a Jorlena, quien del asombro solo alcanzo a asentir.

    Entonces dos manos me estaban manoseando la verga, también tocándome las bolas

    -aquí también los pone calientes amor… -le dijo cuándo llevo sus dedos a deslizarse también entre los de ella y mis bolas.

    -eyy! -se quejó el chico, al ver que su chica se entretenía en otras bolas.

    Ella volteo a verlo y le hizo señas que el rápidamente entendió y se quitó el pantalón del todo y se fue detrás de las nalgas de la chica, comenzó a comérselas, esto hizo que diera un largo suspiro y apretara la mano sobre mi verga y la mano de Jorlena.

    La chica me lanzo una mirada de complicidad, cuando se fue pegando a Jorlena y le acercaba la cara a mi verga, cuando ella dudo, se fue a darle besos en la mejilla y yo seguía manoseando su concha que estaba húmeda y caliente, cuando Jorlena comenzó a correrse con mi mano en su coño, la chica la besaba sin pudor, metiéndole la lengua entre los labios.

    El chico tenía bien agarradas las nalgas de la chica, pero viendo la situación trato de alcanzar el cuerpo de Jorlena, pero esta no se dejó tocar así que siguió agarrando y palmoteando las nalgas de la chica. Ella hizo que Jorlena pusiera sus labios sobre mi verga, al principio con mucha pena, pero cuando empezó a pasar su lengua por mi verga, se decidió a hacerlo también, ahora dos bocas se deslizaban por mi verga, una mano de Jorlena agarrándome el vello en el pecho y la otra chica, tanteando mis nalgas. Ahora estaba besándola y acariciándole un pecho, metiéndole la lengua entre los labios. Me puse a mil y no aguante más, me empecé a correr y Jorlena se apartó cuando un poco fue a caer a su cara, inmediatamente la chica se apresuró a jalármela con más ganas y a que no se desperdiciara nada, se la trago toda, mi semen estaba en su boca. Me estremecí.

    -que rico me lo chupas! -casi lo digo gritando.

    Eso enojo a Jorlena, que se puso de pie y agarro otra vez sus cosas, el chico le palmeo una nalga cuando se inclinó a recoger el vestido, ella se movió rápido hacia la puerta, apenas con el vestido puesto y los zapatos y la chaqueta en mano salió aventando la puerta.

    -espera! -le grite a Jorlena, pero ella salió apenas pudo ponerse el vestido

    -siéntate -volvió a hablar ella y obedecí sin decir nada.

    Ella se quitó la blusa dejando a la vista sus pechos, él se los agarro y froto con fuerza, tenía unos pezones duros y oscuros, su piel morena no tenía marcas de traje de baño, lo que me gustó mucho, también podía ver cierto vello corporal, pero que resultaba muy sensual. Se volvió a inclinar sobre mí y sin más me agarro de nuevo de la verga con la mano, se acomodó otra vez el cabello corto, era de un negro intenso, dejaba ver su cuello y espalda y como se arqueaba levantando las nalgas, que seguían bien agarradas siendo perforadas por el chico.

    Volvió a chupármela al tiempo que la seguían bombeando por detrás, eso la hizo lanzar un largo gemido y contonear el cuerpo, levantando la cara mostrándome sus pechos balancearse por el movimiento, en un movimiento rápido se lanzó otra vez sobre mi verga, se apoyó sobre mí, así que sentí sus manos arañarme los muslos mientras alcance a poner mi mano sobre su cabeza.

    Le estaban dando duro por detrás, dándole fuertes palmadas en las nalgas y agarrándole los pechos, por su parte la chica lo hacía como profesional, pensé que me costaría ponerme nuevamente duro, pero ella me lo estaba chupando maravillosamente, me la puso tan dura como cuando Jorlena puso sus labios sobre la punta y sentí igual de placentero, ella lamia, chupaba, acariciaba mis bolas y lo hacía al tiempo de las embestidas que le estaban dando.

    No aguante más y me corrí, ella sintió mi arcada y se sacó el miembro de la boca, toda mi leche fue a parar a su rostro; en ojos, frente, nariz y boca. Siguió jalándomela con la mano, sacando todo lo que me quedaba, lo hizo al tiempo que se corrían por detrás de ella, lanzo un gemido largo de satisfacción. Me acomode para relajarme, mientras ella me limpio de semen el miembro y su chico se recostaba en la cama, con la verga flácida y jalándosela. ella se puso en pie relamiéndose los labios y pasándose la mano entre las piernas que ahora le escurrían de semen, me dio un vistazo completo a su cuerpo moreno, a su pubis recortado y su coño enrojecido por la acción, sus pechos altivos, redondos y de pezones hipnóticos. Se recogió el pelo y me hizo un guiño con la mirada, me quede ido un rato viéndola.

    De pronto el chico de al lado tosió y lo voltee a ver, entendí de inmediato que quería que me fuera, que ya había disfrutado lo suficiente. Tome mi ropa y me fui apenas subiéndome los pantalones, en lo que ella se lanzaba a chuparle la verga flácida al chico, que seguro con la habilidad de ella se pondría duro nuevamente.

    Pasaron varias semanas en que no vi a Jorlena por ningún lado, ni me contestaba llamadas o mensajes, pero no lo pensaba dejar así nada más.

  • La sombra de las Pirámides: Strasbourg

    La sombra de las Pirámides: Strasbourg

    Jacqueline lloró con lágrimas de placer y tristeza por lo que tenía que hacer, pero había que detener a Aket.

    «¡Me corro! ¡Me estoy corriendo!»

    Ella se derrumbó por la intensidad de todos los orgasmos. Aket la sacó de él antes de que su polla hubiera terminado de chorrear. El primer chorro cubrió el torso de la inglesa, empapando sus pezones y dejando esperma salpicado por todo su vientre. Otra cascada alcanzó sus muslos mientras él se ponía de pie. Aket agarró el eje retorcido en su mano y tiró de él, disparando su semen caliente para cubrir su rostro. La lasciva mujer se retorcía en el suelo, aún corriéndose. Sus manos se deslizaron sobre su hermoso cuerpo, frotando la esperma en su piel. Aket se vistió con su túnica. Ahmed ya estaba vestido.

    «Te lo dije, no se podía confiar en ella, Maestro». El pequeño y feo egipcio agarró su Kpinga, mirando con avidez el cuerpo de Jacqueline. «Habrá otras mujeres, Maestro».

    «No como ésta,» gruñó Aket.

    El Gran sacerdote agarró el PENE y el Enfield del suelo. Apuntó el arma al cuerpo desnudo de Jacqueline. Su mano tembló cuando su rostro se arrugó con ira. Aket bajó el arma, enojado por su propia debilidad.

    «Toma», le dijo a Ahmed, entregándole el Enfield. «Tú la matas.» Aket la miró por última vez antes de meterse el PENE en su bata y salir de la cabina.

    «Por supuesto, Maestro».

    Ahmed volvió a mirar a la perra blanca. Le apuntó con el arma, pero la bajó. Ella todavía estaba en medio del placer que había obtenido de las dos pollas de los cultistas en ella y ni siquiera era consciente de su propio peligro.

    «Ahmed te matará bien, pero no con una bala.»

    Ahmed levantó la kpinga de múltiples hojas, mirando de arriba abajo su cuerpo, pero antes de que pudiera descargarla, el talón de Jacqueline lo golpeó en la rodilla. Gritó de dolor cuando su rodilla se rompió. Jacqueline sonrió, girando y levantándose para agacharse. Oyó un ruido sordo cuando el Enfield golpeó el suelo. Ahmed no había dejado caer la kpinga. Sus ojos estaban llenos de rabia y dolor cuando la levantó de nuevo. Jacqueline apoyó todo el peso en su pie izquierdo, arremetiendo con fuerza contra la otra rodilla de él, pero resbaló y Ahmed logró girar ligeramente. Él atrapó su patada en la parte posterior de la rodilla, lastimándola, pero sin romper nada, pero cayó a través de la puerta de la cabina.

    Jacqueline se dejó caer y rodó, agarrando el arma y colocándola en una posición de disparo, pero Ahmed había desaparecido.

    «¡MALDICIÓN!» gruñó, corriendo hacia la puerta.

    No había llegado muy lejos. Estaba al final del corredor. Ahmed se abrió camino cojeando a través de la puerta, pero no se dirigió hacia el vagón comedor, sino hacia el vagón de equipajes justo detrás de la locomotora, pero estaba cerrado. Jacqueline lo siguió fuera del vagón y, efectivamente, él estaba tratando de forzar la puerta del siguiente vagón para que se abriera. Había una escalera para acceder a la parte superior del carruaje, pero con la rodilla rota, Ahmed no podría subir. Atrapado, se volvió y levantó la kpinga.

    «Déjalo», gritó Jacqueline. Le apuntó con el arma a la cabeza.

    «Ríndete y te entregaré a las autoridades egipcias por el asesinato del profesor Amr Salah».

    «No lo creo, perra,» siseó.

    Su rostro se retorció con odio y dolor. Ahmed dio un paso adelante, arrastrando su pierna mala detrás de él. Jacqueline sonrió y se encogió de hombros.

    «De hecho, yo también lo prefiero de esta manera». Le apuntó con el arma a la cabeza y apretó el gatillo.

    Ahmed se rió de la mirada de sorpresa en su rostro cuando el martillo hizo clic y no pasó nada. Volvió a apretar el gatillo y el arma seguía sin disparar. Él metió la mano en su bolsillo y levantó el puño, dejando caer las balas que había sacado de su arma mientras estaba en su habitación.

    «Es hora de morir, puta». Su brazo retrocedió y luego se balanceó hacia adelante, liberando la kpinga.

    Jacqueline se las arregló para mover la cabeza hacia un lado, sintiendo una brisa pasar por su oreja y el cuchillo clavado en la puerta con un golpe seco. Tan pronto como su visión se aclaró, vio a Ahmed cruzando entre los vagones, arrastrando su pierna mala detrás de él. Su rostro estaba pálido, contorsionado por el dolor. La kpinga había estado tan cerca que le había arrancado un mechón de pelo. Jacqueline lo sacó de la madera y dio un paso adelante. Lo sopesó, probando el peso y sonrió. Se sentía muy similar en peso al tomahawk de Grey Wolf, ella era muy buena con el hacha del hombre rojo. Dio la vuelta a la kinga y la arrojó por debajo de la mano.

    Golpeó a Ahmed con un crujido cuando la hoja principal atravesó su esternón. Él miró el arma que sobresalía de su pecho con incredulidad, pero ya estaba muerto. La hoja le había atravesado el corazón. Ahmed cayó hacia atrás cayendo entre los vagones. Hubo un crujido más fuerte y luego nada mientras el tren continuaba su viaje con un pasajero menos.

    «Eso es por Fady», dijo Jacqueline, lamiendo un poco de esperma de su mano.

    «Jesús, María y José», murmuró Hilary, levantando la vista cuando Jacqueline regresó a la habitación.

    Hilary estaba de pie en el centro de la habitación, mirando los charcos de fluido sexual por todo el suelo. El repentino regreso desnudo de Jacqueline a través de la puerta rota la había asustado.

    «¿Qué pasó?» preguntó Hilary, observando el cuerpo desnudo de Jacqueline.

    La mitad del semen de Jacqueline aún estaba húmedo y la otra mitad se había secado en escamas.

    «Aket, eso es lo que pasó», gruñó Jacqueline, caminando hacia el lavabo. «¡Y tiene el PENE!»

    «¡Oh, no!» jadeó Hilary.

    Sus ojos se llenaron de preocupación por la pérdida del PENE y luego de horror cuando una vez miró más detenidamente el cuerpo desnudo de su ama.

    «¡Tuviste relaciones con un negro!»

    «Vamos, Hilary, parece que no tienes elección con quién tienes sexo bajo la influencia del PENE».

    Jacqueline recogió la esponja del lavabo. Miró con desagrado el agua, llena de nubes blancas y grumos de esperma. Empezó a limpiarse con él de todos modos.

    «¿Pero un negro? ¿Estás bien?»

    «Estoy bien», respondió ella. «Mejor que bien, fue bastante…» Jacqueline se detuvo. «Bueno, asombroso, el mejor sexo de su vida», quiso responder, pero Hilary nunca comprendería a una mujer blanca disfrutando del sexo con un hombre negro.

    «Estoy bien», dijo de nuevo, «pero debemos preocuparnos por recuperar el PENE. Tenemos que detener a Aket».

    «¿Qué hacemos?»

    «No irá a ninguna parte hasta que el tren se detenga en Estrasburgo por la mañana. Un hombre negro gigante no debería ser difícil de detectar.»

    Hilary tomó la esponja y ayudó a limpiar el cuerpo de Jacqueline. Con disgusto pero estoicamente cumplió con su deber. Los pezones de Jacqueline se endurecieron de nuevo cuando la esponja fría se deslizó sobre sus pechos. Hilary los miró fijamente y Jacqueline detectó un aumento en la respiración de Hilary y un ligero rubor en sus mejillas. Las dos mujeres se miraron a los ojos antes de que Jacqueline se inclinara para besarla. Los ojos de Hilary se cerraron parcialmente y sus labios se separaron, pero en el último segundo se apartó, con una mirada de desagrado en su rostro.

    «¿Qué?» preguntó Jacqueline.

    «Tus mejillas están hinchadas como cuando has estado chupando el pene de un hombre…» Hilary se sonrojó y sacudió la cabeza como si estuviera tratando de luchar para no vomitar. «¿Tenías el falo del negro en la boca?»

    «Sí», dijo Jacqueline al ver a Hilary sacudir la cabeza en negación de nuevo. «Hilary, supéralo. Su polla era increíble.»

    «¡DETENTE!» gritó Hilary, dejando caer la esponja y tapándose los oídos con las manos.

    Jacqueline se inclinó más cerca, olfateando.

    «Por el contrario, tú hueles muy bien.» Jacqueline acogió a su amiga.

    Hilary se veía genial. Estaba limpia, olía a lavanda y se había lavado el pelo.

    «Muy bien. ¿Dónde has estado? Si se puede saber»

    Hilary se sonrojó un poco más.

    «Karl Jaeger está aquí y se ofreció a mostrarme su autocar de lujo».

    «¡JAEGER!» Jacqueline se sorprendió, pero luego recordó al alemán que había llegado en el zepelín. «¿Karl está aquí?»

    «Sí, y tienen bañera». Hilary asintió. «¡Una tina de baño en un tren!»

    Jacqueline tenía una mirada perdida en sus ojos, pero no estaba pensando en un baño.

    «¿Preguntó por mí?»

    «Sí, muchas veces», dijo Hilary, celosa de nuevo. «Estoy segura de que lo verás mañana en el coche comedor.» Hilary se detuvo a pensar. «¿Por qué no le pedimos ayuda para detener a Aket?»

    «No», respondió Jacqueline. «Cuanta menos gente sepa sobre el PENE, mejor».

    Jacqueline se sintió más limpia, agarró una toalla, secando su magnífico cuerpo mientras que Hilary, para su crédito, cumplió con su deber y se puso a cuatro patas para fregar los charcos de esperma. Jacqueline se quitó un vestido sencillo por la cabeza y agarró la palangana de agua contaminada con semen.

    «Voy a tirar esto sobre la barandilla», dijo Jacqueline. «Ve a buscar a Jean y dile que un pasajero ebrio cayó contra nuestra puerta y rompió la cerradura. Luego pregúntale al mayordomo en el vagón comedor si podemos tener agua fresca o, mejor aún, pregúntale si puede calentarla. Necesito lavarme el pelo».

    Grandes mechones de su cabello estaban unidos por esperma seco. Más tarde, Jacqueline se sintió bastante limpia lavándose en la palangana fresca cuando llegó Jean. El empleado del tren se disculpó profusamente e insistió en que haría que alguien viniera a arreglar la puerta de inmediato, ya que dos señoritas que viajaban solas no estarían seguras en estas condiciones. Él le preguntó si había visto quién había caído en su puerta y Jacqueline respondió que era el africano grande de aspecto exótico, con la esperanza de encontrar la habitación de Aket. El hombre frunció el ceño y dijo que no estaba al tanto de ningún pasajero negro a bordo del tren.

    Temprano a la mañana siguiente, Jacqueline saltó de la litera superior y despertó a Hilary.

    «Ven, Hilary», dijo, quitándose la camisa por encima de la cabeza. «El juego está en marcha.»

    Jacqueline se vistió con su ropa de «trabajo»: pantalones marrones y una blusa blanca. Se ató un bolso a la parte exterior de la pierna derecha mientras Hilary se ponía un vestido verde por la cabeza. Jacqueline revisó las balas en su Enfield y lo deslizó en el bolso en su pierna.

    «¿Cuál es el plan entonces?» preguntó Hilary.

    «El tren se acerca a Estrasburgo y tenemos que encontrar a Aket antes de que pueda desembarcar. Preguntaremos. Un hombre como Aket se destaca.»

    Jacqueline y Hilary caminaron a lo largo del tren interrogando a cada mozo o pasajero que encontraron, pero todo el personal insistió en que no había ningún hombre negro que coincidiera con esa descripción en el tren. El tren silbó y empezó a frenar.

    «¡Maldición!» maldijo Jacqueline.

    «¿Qué hacemos ahora entonces?» preguntó Hilary.

    «Desembarcamos primero y estamos atentos a Aket», respondió Jacqueline, dirigiéndose hacia la salida más cercana.

    La inglesa se bajó tan pronto como el tren se detuvo por completo en la estación de Estrasburgo.

    «Hilary, camina hacia la parte trasera del tren, yo vigilaré la parte delantera».

    Jacqueline la vio irse cuando de repente se le ocurrió que tal vez no estaba haciendo la pregunta correcta sobre Aket. Miró hacia la puerta del carruaje. «¡Jean!»

    «Oui, Mademoiselle,» respondió él, todavía mirándola con enfado.

    «¿No recuerda haber visto a un negro grande a bordo?»

    «No, Mademoiselle, como le informé antes…»

    «¿Hay algún egipcio a bordo, de piel morena demasiado alto?»

    «Oui, hay un egipcio se está quedando en la cabina junto a la suya». Dijo él arrugando la nariz con disgusto.

    Eso explica porqué Aket desapareció tan rápido anoche, pensó ella.

    «¿Y no hay otro negro con él?»

    Jean suspiró, exasperado.

    «No, mademoiselle, no hay ningún negro que se quede con él. Solo su esposa, una mujer bastante grande, pero es difícil verle la cara; las mujeres musulmanas se cubren con esos burkas pesados. Mire, ahí está ella, si usted… quiere interrogarla personalmente». Extendió los brazos, las manos hacia abajo e hizo ademanes de espantar a Jacqueline.

    Jacqueline se dio la vuelta y observó una voluminosa figura que bajaba del tren a grandes zancadas. Su labio se curvó. La figura oscura, vestida de pies a cabeza con un burka negro, se destacaba sobre los demás pasajeros. ¡Demasiado grande para ser mujer!

    «¡Hilary! ¡DETENLO! ¡ÉSE ES AKET!» Jacqueline gritó, comenzando a correr.

    Aket empujó casualmente a Hilary a un lado y la hizo caer hacia atrás sobre su trasero. Se quitó la pieza de la cabeza y comenzó a correr. Jacqueline salió tras él con Hilary luchando por alcanzarlo. El egipcio tenía una ventaja inicial y desapareció por un callejón, las cabezas en la calle llena de gente se giraban para ver el extraño espectáculo de un hombre negro gigante perseguido por dos mujeres encantadoras.

    Las fuertes piernas atléticas, los pantalones y los zapatos cómodos de Jacqueline le permitieron avanzar mejor que Hilary, pero la mujer irlandesa alcanzó a Jacqueline cuando derrapó hasta detenerse en la bifurcación de un callejón.

    «¿Cuál camino?» jadeó Hilary.

    «No lo sé», dijo Jacqueline, escaneando el suelo en busca de huellas, pero los adoquines no mostraban nada. «Tendremos que separarnos».

    «¿Pero qué hago si lo atrapo?» Los ojos de Hilary se abrieron como platos mientras miraba a su ama.

    Jacqueline abrió su bolso del muslo y sacó su revólver.

    «Toma», dijo, entregándoselo a Hilary. «La has disparado antes. Úsalo solo si es necesario. Grita si ves a Aket».

    Hilary tomó el arma con cautela y echó a correr por el callejón de la izquierda. Jacqueline la vio alejarse y luego echó a andar a un ritmo constante. La inglesa podía correr muy bien. Lobo Gris había quedado impresionado con su carrera de larga distancia y su capacidad para controlar su propio ritmo. Un indio tamahumara del norte de México la había entrenado y él también había llegado a respetar sus habilidades.

    [Los Tamahumara son una tribu nativa americana famosa por correr largas distancias. Había pocos que rivalizaran con un Tamahumara en carreras de larga distancia.]

    Sin embargo, ella no necesitaba esas habilidades en los estrechos callejones de Estrasburgo. No había señales de Aket y Jacqueline esperaba que Hilary tuviera mejor suerte. El callejón pronto terminó, dividiéndose en forma de T. La izquierda la llevaría de vuelta hacia Hilary y la derecha hacia lo desconocido. El grito de Hilary tomó la decisión por ella. Jacqueline giró a la izquierda, aumentando la velocidad.

    «¡NOOO!» resonó por el callejón más adelante.

    La callejuela se dividía de nuevo, Jacqueline tomó una decisión y dio un giro al azar. Escuchó ruidos más adelante en una esquina y disminuyó la velocidad a medida que se acercaba.

    «Oh, no», murmuró Jacqueline, mirando por la esquina.

    Hilary estaba desnuda y sentada a horcajadas sobre el estómago de Aket. El burka había sido extendido en el callejón sucio. La túnica dorada y blanca de Aket fue arrojada a un lado y el hombre negro estaba acostado de espaldas sobre el burka. El PENE estaba al lado de su mano y el Enfield de Jacqueline yacía al lado. La monstruosa polla de Aket estaba completamente erecta. Hilary estaba cabalgando sobre el pene de él mientras pasaba sus manos sobre su pecho duro y musculoso. Una nube de polvo dorado todavía se estaba asentando a su alrededor y Jacqueline podía detectar el olor a esperma incluso desde donde estaba. ¡Aket había usado la PENE otra vez!

    Hilary apretaba su coño alrededor de la cabeza de su polla. Ella se inclinó hacia adelante hasta que sus pezones tocaron el pecho del egipcio y lo besó. Ella se acomodó hacia atrás para permitir que el pene entrara más en ella. Se excitó y se corrió.

    «Dile al Gran Aket que amas su polla», ordenó el cultista, apretando sus pechos.

    «Me encanta tu polla negra, Aket», gimió la irlandesa.

    «¡Hilary!» Jacqueline gritó, cargando contra los amantes. «¡Te salvaré!»

    Los ojos verdes de Hilary miraron a Jacqueline con una intensidad demente. Tomó desesperadamente el arma, levantándola y apuntándola a Jacqueline.

    «¡DETENTE!» ordeno Hilary. «¡Apártate!»

    Jacqueline se congeló en seco. El arma temblaba cuando Hilary se incorporó un poco y dejó que la totalidad de la polla entrara profundamente dentro de ella mientras sus ojos se ponían en blanco. Dejó caer el arma y Jacqueline se acercó, pero ya no quería rescatar a su amiga. Empezó a desabrocharse la blusa, quitándosela y tirándola al suelo. Aket apartó los ojos de los pechos de Hilary para mirar los de Jacqueline mientras ella se quitaba el sostén. Él tenía la misma mirada de niño encantado en su rostro como la noche anterior cuando había descubierto el sexo por primera vez.

    «¡Sí! La poderosa polla del Gran Aket puede complacer a varias mujeres», afirmó.

    Jacqueline se giró y deslizó sus pantalones hacia abajo e hizo lo mismo con sus bombachos.

    Hilary estaba montando la polla de Aket mientras miraba con lujuria su mano, descansando sobre el pecho negro de Aket. Jacqueline sintió que su propia libido todavía era tan abrumadora que también quería unirse a Hilary y Aket. Era el segundo «bautismo» de Jacqueline. Tenía la esperanza de que este deseo desaparecería siempre que no recibieran el tercer bautismo.

    Hilary levantó la vista cuando Jacqueline pasó por encima de la cabeza de Aket. La pelirroja se encontró mirando fijamente el arbusto negro de Jacqueline hasta que ésta se arrodilló y bajó su coño sobre la cara de Aket. El hombre no tuvo objeciones y con entusiasmo empujó su lengua entre los pliegues del coño de Jacqueline. Ella gimió, embistiendo la lengua mientras su espalda se arqueaba y tenía su primer orgasmo. Hilary aprovechó el empuje de los senos y chupó uno de los pezones de Jacqueline más allá de sus labios, lo que provocó que Jacqueline se corriera de nuevo, incluso cuando el empuje de la polla de Aket provocó su propio orgasmo.

    Jacqueline se movió empujando su vulva hacia afuera haciendo que su lengua se deslizara a lo largo de su perineo hasta su ano. Aket no se dio cuenta o no le importó, la punta de su lengua se introdujo ansiosamente en su ano y Jacqueline se quedó sin aliento ante el placer inesperado que esto le dio. Cambió su táctica, balanceando su entrepierna para que la lengua de él se deslizara de un lado a otro entre su vagina y su ano. Otro orgasmo se estaba construyendo dentro de ella. Miró a Hilary. La pelirroja también temblaba mientras se acercaba su propio éxtasis. Ambas mujeres se inclinaron hacia adelante y se besaron, con los labios entreabiertos, susurrando pequeños maullidos de placer cuando ambas se corrieron.

    Los ojos de Hilary se abrieron de golpe y su maullido se convirtió en un grito. Ella rompió el beso y volvió a caer sobre sus manos. Aket gruñó en el coño de Jacqueline. Miró hacia abajo y observó la base reluciente del eje negro justo debajo del arbusto rojo y esponjoso de Hilary. Blancos riachuelos de esperma aparecieron deslizándose por el eje para cubrir su vello púbico negro y sus grandes bolas palpitantes.

    Hilary se había caído hacia atrás sobre sus manos y pies y estaba empujando su cuerpo hacia arriba. La polla de Aket se salió de su coño, todavía rociando más semen del que Jacqueline jamás había visto producido por un hombre. Un diluvio de esperma blanco comenzó a fluir del coño de Hilary. Jacqueline se inclinó hacia adelante enterrando su boca en la vagina de su amiga y comenzó a lamer el semen de Aket. Hilary gimió empujando su coño en la boca de Jacqueline incluso cuando la lengua de la inglesa provocó otro orgasmo de la pelirroja.

    Hilary llegó al punto en que no pudo más y retrocedió por completo. Jacqueline bajó la cabeza, levantando el eje de Aket para poder chupar el glande y lamer el eje limpio. Trabajó rápido, tratando de mantenerlo duro mientras se posicionaban en lo que los franceses llamaban soixante-neuf [69]. Se mantuvo duro y después de sorber la cabeza de su polla por un tiempo, Jacqueline se arrastró hacia adelante hasta que pudo forzar su vagina alrededor de su polla. Ella empujó su pene hacia abajo y hacia afuera dentro de ella mientras se sentaba en el pecho de Aket. Él se incorporó un poco, sus fuertes brazos agarraron sus pechos.

    «Me has enseñado tantas cosas, mi reina», gimió mientras ella movía su polla hacia atrás. «Ven a servir al Gran Aket y gobierna a mi lado. Serás mi esposa y tu amiga será la primera concubina de mi serrallo. Aket puede mantener satisfechas a muchas mujeres».

    «Tu ah-oferta es muy Ahh-tentadora, mi AH faraón», gimió ella, levantando las caderas con entusiasmo.

    Jacqueline gimió de lujuria, pero cuando miró hacia abajo en busca de su eje, solo vio el cabello rojo de Hilary flotando entre sus piernas. Hilary gimió moviendo su mandíbula alrededor del final de la polla de Aket hasta que Jacqueline suplicó:

    «Por favor, vuélvela a poner».

    Hilary se separó de mala gana de chupar el pene y besó la punta antes de inclinarla hacia atrás para que Jacqueline pudiera extender los labios de su coño alrededor de la cabeza.

    Esta vez se acomodó mejor para evitar que su polla se volviera a caer. Jacqueline rebotó en su regazo, mirando hacia abajo para ver a Hilary lamiendo el esperma de su carga anterior de los enormes testículos que se extendían entre las piernas del hombre negro. Jacqueline se corrió, media docena de veces, sus propios fluidos orgásmicos cubrieron el escroto de Aket solo para ser lamidos por la lengua de Hilary.

    «¡Mi semilla va a salir!», gruñó Aket.

    Jacqueline golpeó su coño hacia abajo y cerró los ojos. Su polla latía dentro de ella, gimió de placer. Ella gritó cuando la primera explosión de su semen llenó su matriz. El llanto se convirtió en un chillido cuando sus músculos vaginales se apretaron contra la polla tratando de mantenerla quieta incluso mientras luchaba por sacudirse. Explosiones más poderosas de su semilla fértil llenaron su útero desencadenando una intensa ola de orgasmos múltiples.

    Instantáneamente, Hilary levantó la cabeza, con la boca abierta para obtener la inundación de semen caliente que brotaba del coño bien cogido de Jacqueline.

    Jacqueline se derrumbó sobre el pecho de Aket y luego rodó fuera de él hasta que se encontró de lado sobre el burka extendido. Hilary continuó arrodillada en el callejón sucio, gimiendo mientras lamía su eje limpio.

    “Venid, os follaré a las dos a la manera de las fieras. Poneos en cuatro patas una al lado de la otra”, ordenó Aket.

    Jacqueline estaba agotada, pero lo obedeció. Se puso a cuatro patas sobre el burka y al mirar hacia abajo vio su mano derecha cerca de la POLLA y su pistola. Hilary estaba gateando a su lado cuando se oyó un grito femenino desde el callejón seguido de

    «¡GENDARMES! ¡GENDARMES!»

    Aket suspiró y se levantó. Se inclinó para recuperar el revolver Enfield de Jacqueline.

    «Voy a silenciar a la perra», gruñó.

    Jacqueline no dudó. Agarró la POLLA y se puso de pie de un salto cuando Aket se giraba para apuntar con la pistola a una anciana francesa. Agarrando la POLLA por la base, la descargó con fuerza sobre la cabeza de Aket. Por un momento Jacqueline temió que solo lo hubiera aturdido, pero luego él cayó lentamente y se desplomó en el callejón. Jacqueline recuperó su arma y su ropa.

    «¡Vamos Hilary, vámonos!».

    «¡GENDARMES!» gritó la anciana de nuevo.

    «¡Hilary, corre!», ordenó Jacqueline, tirando de su amiga desnuda por el callejón.

    Se detuvieron a la vuelta de la esquina y Hilary dejó caer la POLLA mientras Jacqueline se arreglaba la bolsa del muslo y se abotonaba la parte delantera de la blusa. Hilary se deslizó el vestido por la cabeza.

    El tren silbó a lo lejos.

    «Tenemos que movernos», dijo Jacqueline, mirando a la vuelta de la esquina.

    Aket se había puesto de pie mientras la anciana gritaba cerca.

    Jacqueline se volvió para ver a Hilary con la POLLA en su mano. Hilary frunció el ceño y pareció comenzar a volver a sus sentidos.

    «¡Hilary!» Jacqueline miró horrorizada cuando la POLLA comenzó a emitir su resplandor verde nuevamente y estalló.

    La nube no se hinchó ni estalló en una burbuja alrededor de las dos mujeres. En cambio, salió disparado como un chorro de eyaculación a seis metros y golpeó a Aket. Él se dobló al toser y luego se enderezó con los brazos extendidos, los puños levantados hacia el cielo, los músculos abultados flexionados. Los músculos del hombre negro se veían más grandes e incluso parecía haber crecido varios centímetros. Echó la cabeza hacia atrás y bramó como un toro imbuido de poder.

    «Me temo que nuestro enemigo se volvió aún más peligroso», dijo Jacqueline mirando la escena con asombro. «¡Vámonos!», dijo Jacqueline, justo cuando el tren silbó de nuevo.

    El convoy se movía lentamente justo cuando las mujeres corrieron hacia él. Jean estaba aún más furioso al ver que llegaban tarde a la partida. Extendió su brazo cuando el tren comenzó a moverse, mirando en estado de shock los pechos agitados de Jacqueline, ayudándola primero a ella y luego a Hilary a subir a bordo hacia su última parada en París.

    **********************

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  • Reflexiones del día

    Reflexiones del día

    No sabía cómo empezar a escribir, desde anoche quise hacerlo, no era fácil conciliar el sueño cuando lo único que deseaba era verle…

    Son muchas emociones que nacen a partir de verlo, sus roces, miradas, voz me llevan a un punto de excitación que no tiene límites, solo imaginarme que rio arriba había algún escenario digno de locuras me hacía crear contenido erótico, sus comentarios cargados de doble intención, verlo bailar y hasta mi baile quería atraer su atención para que perdiera la cabeza igual que yo, afortunadamente él es muy centrado, yo no, ante cualquier insinuación me derrito, es un niño lindo detrás de un hombre en todo el sentido de la palabra, un macho que sin duda alguna podría darme el mejor placer que no he tenido, sin embargo, en medio de ese cúmulo de excitación viene otro sentimiento en donde siento un constante rechazo de su parte, y eso me preocupa más, siendo yo la única que muestra sin censura lo que lo desea.

    Tuve un lugar privilegiado para verlo todo el tiempo, quizá mi subconsciente siempre me lleva a quedar muy cerca o mi consciente desea tenerlo así, es tan loco lo que siento por el que, hasta verlo comer, hablar, dar las orientaciones con su voz que vibra dentro de mí, me elevan a imaginarme cosas, nadie sabe que nueva historia nació de mi cuando corrió su gorra hacia atrás, ¡Dios Santo! Se veía tan bien, pero mejor se podría ver sobre mí.

    Se preguntarán que historias me imaginaba, pues al estar cerca de un rio, sería maravilloso que en medio de la naturaleza, él y yo solos, metidos en el agua, completamente desnudos, acariciándonos, besándonos, dejando que el agua extremadamente fría contrastara con la temperatura de nuestro cuerpo y lo mantuviese equilibrado, el agua que corre, el sonido silencioso de la naturaleza solo harían juego con los gemidos que muy seguramente yo haría, en algún momento en medio de mi memoria recuerdo los suyos, y verlo en otro rol, diferente al de jefe, mas vulnerable, bajo los dominios de la pasión me encienden constantemente.

    Me gustaría que el tuviese claro que esta pasión solo le pertenece a él, que llegar a casa con la llamita encendida no hace que busque placer donde no lo voy a tener, me quedé dormida profundamente, desnuda por el calor no solo en el ambiente sino dentro de mí que se formó en todo el día y a pesar de las insistencias de este lado no logró objetivos sexuales solicitados, quería mucho unirme al grupo en donde estaban, aunque era algo muy peligroso porque el licor desinhibe y no era prudente.

    Yo sé que en él genero algo de deseo, no lo dudo, pero siempre me pregunto, ¿cuáles serán sus temores? Yo sé que parte de la situación es que nos descubran y por supuesto que yo tampoco quiero que lo hagan, pero me tiene en una espera tan larga y pues quiero terminar con esto ya, de pronto al tener nuestro momento pueda alejarme o quizá conocerlo en toda su potencia me aferre a este deseo tan fuerte que tengo por él y solo por él, eso es otra cosa que no tiene explicación, ¿cómo es que no miro para otro lado? ¿Por qué él? ¿por qué lo veo tan sexy cada día? Es como si el hilo rojo de la pasión lo hubiesen atado a él exclusivamente, pero ¡ah destino infame! Encontrarnos casados los dos, ¿por qué no fue durante la juventud? Mi escuela hubiese sido maravillosa y hoy ya podría haber cumplido esa meta de aprendizaje y recordarlo como mi maestro.

    A propósito… alguna vez escribiré cuando lo imagino como mi maestro, de esos que te dan clases y tienen sexo contigo.

  • Mi mujer le cobra la tercera cuota del gimnasio a Ricky (3)

    Mi mujer le cobra la tercera cuota del gimnasio a Ricky (3)

    Pasó otra semana en el gimnasio con la misma historia, sin hablarnos con Ricky. Fede me preguntó cómo había cumplido la rutina aeróbica del viernes anterior y le conté que a la perfección y que se había empleado bien a fondo en cinta y bicicleta.

    -Anda bien ese pibe, me dijo. Esta semana le dio con todo a la musculación, tanto que lo tuve que parar porque estaba sobre entrenado y podía lesionarse, agregó.

    Además, me contó que Ricky le habló de un amigo suyo y un primo que iba a traer y el entrenador le dijo que podía darle una promoción. Le dije a Fede que no se apresurara, que primero vinieran los chicos nuevos y tuvieran cierta continuidad.

    -Ok, arreglá vos los números con él, dijo Fede. Y el viernes tiene que repetir la sesión aeróbica, nada de pesas, como la vez pasada.

    -Uy, el viernes viene mi mujer a cerrar, respondí.

    -Listo, le dejo la rutina a ella.

    Mi mujer, Luli, ya sabía de mis escarceos con Ricky y esa misma noche, cuando en la cama le conté que ella debería cobrarle la tercera cuota atrasada, se puso muy cachonda y tuvimos un sexo fenomenal. Al otro día, me relevó casi al anochecer, vestida para el infarto con un solero entallado, escote generoso, sin sostén y una tanga hilo dental que resaltaba sus formas a la vista.

    A la hora de siempre apareció Ricky y mi mujer lo recibió con un sonoro beso y abrazo para hacerle sentir los pechos contra su cuerpo, como siempre vestido con una remera ajustada y calza celeste de lycra bien ceñida debajo de su pantaloncito corto. Ocurrió lo mismo que la semana anterior, cinta, otros socios que se van yendo y bicicleta.

    Cuando quedaron solos, mi mujer fue acomodando pesas y mancuernas siempre pasando frente a Ricky y agachándose frente a él, para mostrarle su culo y su escote de vértigo. En el último cuarto de hora se puso detrás de él para filmarlo mientras pedaleaba a fondo, para mandarme el video. Luego se le acercó, le apoyó la mano en su brazo transpirado, para preguntarle si necesitaba toalla, recorriendo el brazo con un dedo hasta el hombro y diciéndole:

    -¡Cómo le estás dando! ¿Siempre entrenás así, a fondo?

    -Sí, gruñó Ricky.

    -¡Sos una máquina! Dale, que me gusta verte entrenar así, con ganas, y bajó la mano por la espalda hasta sus nalgas que acarició largamente.

    Ricky aceleró y Luli dijo:

    -¡Qué firmes glúteos! Caramelito, parece que tenés todo duro, y sin más, pasó sus caricias de las nalgas a la parte delantera, donde estaba el paquete bien duro, bien al palo.

    -¡Guau! Estás muy duro, bombón.

    Y le acarició la pija todo a lo largo, hasta hacerlo gruñir de placer. Le susurró al oído:

    -Acelerá a fondo y no te la suelto. Llevó el pedaleo a cien y mi mujer le apretó más su pija dura y le acarició las nalgas con la otra mano.

    -Dale, vamos, dos minutos más, lo incentivó, dedicándose a sobarlo cada vez más.

    -Andá aflojando caramelito que te empezaste a mojar, le dijo al oído. Y yo también.

    Ricky fue ralentizando el pedaleo y la miró asombrado.

    -Voy al vestuario a buscar la toalla, los jabones y la crema enjuague, guiñándole un ojo pícaramente.

    Se sentó a esperarlo con el ajuar, como había hecho yo, y al minuto llegó Ricky, jadeando.

    -Estás muy cansado, voy a tener que ayudar a bañarte, me parece.

    Le abrió la ducha, le dio un jabón y lo hizo meterse debajo del agua sin desvestirlo. Ella se sacó el solero y quedó con la tanga solamente. Ricky se estaba enjabonando, pero no podía creer lo que veía. Lo hizo volverse y comenzó a enjabonar su espalda con mucha suavidad y con la otra mano le acariciaba el pecho y los abdominales, mientras le apoyaba las tetas en su espalda y su pelvis contra las nalgas. Ricky jadeó de placer y quiso volverse, pero ella lo presionó suavemente y le susurró al oído que se lavara bien esa hermosa pija porque se la iba a comer toda, a lo que el chico dio un respingo.

    Luli siguió enjabonando y acariciando la espalda, bajó hasta la cintura y empezó a poner bastante jabón en las nalgas y en la rayita por dentro de la calza, arrancando gemidos de placer de su caramelito. Lavó y acarició los firmes glúteos, en caricias giratorias que se fueron desviando hacia el centro de su culito.

    -Sos precioso, bomboncito, y tenés un culo hermoso, le dijo cuando empezó a meterle un dedo enjabonado en su ano y luego dos, mientras pasaba una mano por delante de su cintura hasta alcanzar su pija erecta.

    -¿La lavaste bien, ricurita? Porque está al mango, y lo empezó a pajear.

    -Sí, sí, dijo el chico, resoplando, me lavé bien la pija y los huevos.

    -Estás depiladito, bombón hermoso, como me gusta a mí y le atrapó pija y huevos para sobarlos bien enjabonados, asegurando limpieza.

    Le bajó la calza y dejó una mano adelante para seguir con la paja y volvió a meterle dos dedos y masajearle el perineo. Es una experta en ese tema y le arrancó varios gruñidos de placer y estremecimientos. Le enjuagó la espalda y el culo, y siguió enjabonando las piernas, sin soltarle la pija que estaba durísima. Cuando llegó a los tobillos le pidió que se volteara y se arrodilló frente a él.

    -Tiene razón mi marido cuando me cuenta que sos una belleza, le tomó la poronga con una mano y empezó a deleitarse lamiendo su glande y chupando la cabeza rosada y húmeda de la ducha y el líquido seminal que tragó con fruición. Se fue metiendo todo el tronco en la boca y se apoderó de sus glúteos para obtener una cogida bucal. Paró de pronto y le pidió que no le acabara en la boca.

    -Avisame antes, no seas turro, que quiero tu leche en otro lado, bombón.

    -Sí, sí, le dijo Ricky y siguió bombeando en su boca hasta provocarle arcadas.

    -Pará potrillo, me vas a hacer vomitar. Sos un potro, y se levantó para darle un morreo desenfrenado, mientras él le bajaba la tanga y trataba de meterle su pija en la concha empapada.

    -No, esperá, te toca a vos y la miró asombrado.

    -¿Nunca te comiste una concha? Ya vas a aprender y le inclinó la cabeza para que le chupara las tetas mientras lo pajeaba.

    -Bajá más, bajá más, te quiero sentir.

    Se agachó Ricky hasta la concha de mi mujer que se devoró sin más, metiéndole la lengua hasta el fondo.

    -Esperá, más suave, potro salvaje, le dijo y lo volvió a acercarse suavemente, sacá la lengua y apuntá arriba, le ordenó.

    Así lo hizo Ricky y le empezó a lamer y chupar el clítoris, al punto que mi mujer tuvo un multi orgasmo en dos minutos, tomándole la cabeza de los pelos contra su concha ávida de placer. Se le aflojaron las piernas y tuvo que apoyarse en los grifos de la ducha, ofreciendo su hermoso culo a la pija dura y ansiosa de Ricky.

    -Despacito, por favor, arrimala y me la vas metiendo de a poquito, que la tenés bien dura, grande y gruesa.

    Ricky hizo lo que le ordenó tomándola de la cintura y acercando su glande a la concha chorreante de mi mujer, se la fue metiendo hasta el fondo. Cuando Luli sintió la pelvis del muchacho contra sus glúteos empezó un meneo circular y un vaivén lento para sentirlo más adentro y para que no se corriera enseguida, pero el caramelito sintió la calidez, la suavidad y la humedad de la vagina de mi mujer cogiéndoselo y no pudo evitar una prolongada y precoz eyaculación que la llenó de leche joven y nutritiva.

    Luli se siguió moviendo al notar que la pija no se ablandaba, más y más, mientras el joven se quedaba quieto, aunque temblaba de placer. Lo acometió con más embestidas hacia atrás por varios minutos hasta obtener otro multi orgasmo de campeonato, que la hizo gemir y gritar desaforada. Cuando se calmó, se volvió y le dio un largo beso de lengua acariciando el preciado culo del chico.

    -Hijo de puta, la tenés parada todavía. Qué fuerte que estás bombón. Vamos al banco.

    Lo recostó boca arriba cerca de la punta para sentarse enseguida sobre la poronga parada de un saque y gimiendo como perra en celo. Lo cabalgó, se meneó, lo besó, le pasó los pechos por la boca y siguió montándolo varios minutos, que pusieron a Ricky a mil, pero no lograban acabar. Cuando se cansó de cabalgar encima de él, lo atrajo hacia sí para volver a comerle la boca y le dijo al oído:

    -Ya sé lo que querés, vamos a la ducha, y lo puso contra los grifos.

    Empezó a franelearle los glúteos con crema enjuague y enseguida pasó al orificio anal con dos dedos directamente y luego con tres, mientras le decía que quería que le diera más de su leche joven y espesa adentro.

    -Esto mismo me tenés que hacer vos, ¿entendés?

    Mientras, le masajeaba el perineo con tres dedos hasta el fondo.

    -Probá primero con uno y yo te voy diciendo como seguir.

    Así, Ricky le metió un dedo, después otro y por último tres dedos y mucho mete y saca con crema enjuague hasta que lo tuvo bien lubricado.

    -Ahora ponémela, pero despacio, como con los dedos, en el culo. La quiero toda adentro, pero de a poco.

    Ricky le puso el glande que entró bastante fácil y fue empujando y parando, entrando y saliendo mientras el culo ávido de Luli se iba amoldando a su tamaño. Ella colaboraba empujando para atrás y relajando y contrayendo, hasta que se la metió toda. Volvió a sentir la pelvis del joven contra sus glúteos y empezó un vaivén enloquecido, enseguida sincronizado con las embestidas de Ricky, gimiendo y pidiendo más y más. Ricky aceleró el vaivén varios minutos hasta que acabó en su culo.

    -Quedate, no te salgas, dijo ella y siguió meneándose y empujando para atrás, mientras encogía y relajaba su ano, hasta alcanzar un tercer orgasmo escandaloso por los gritos. Ricky se desplomó agotado sobre su espalda y ella aprovechó para besarlo y chuponearlo con frenesí, mientras le susurraba:

    Papito, qué bien me cogiste, cómo cogés, hermoso, fue el mejor polvo de mi vida. Dame más, quiero más.

    -No doy más, dijo Ricky.

    -Otro día entonces, bombón. Esto no se termina acá, solamente pagaste la tercera cuota, pero quédate adentro, por favor no te salgas, tenemos que durar más. Besame, chúpame, cógeme, dame con todo. Quiero dejarte vacío de leche y sin más ganas de nada.

    -Ricky se fue retirando, Lilu se dio vuelta y se prendieron en un morreo de varios minutos. Cada tanto le apartaba la cara y le decía que era demasiado hermoso para coger una noche solamente. Y que jamás se olvidaría de su cuerpo y de su pija. Terminaron de ducharse y lavarse los fluidos corporales. Mi mujer lo ayudó a vestirse para tocarlo, acariciarlo y besarlo más intensamente, hasta dejarlo de nuevo al palo. Cuando lo vio empalmado, le sobó la pija por fuera de la bermuda, le dio un piquito y le dijo que se tenían que ir.

    -Hasta la semana que viene, que te falta saldar la deuda y ponerte al día, bombonazo, caramelito.

    Pero no le contó que había grabado todo con su celular para verlo en casa conmigo.

  • Joven culona entrega el culo para conseguir trabajo

    Joven culona entrega el culo para conseguir trabajo

    Cuando estaba por terminar mi carrera, debía de realizar las prácticas profesionales. Me pasó lo que a muchas chicas de la edad: tiraba currículums pero nunca me llamaban. Llegué a tener unas cuantas entrevistas pero no llegaban muy lejos, hasta que finalmente llegó una oportunidad muy buena.

    Era para una compañía que se ajustaba a mis horarios, la paga era bastante buena y no me quedaba para nada lejos. Cuando me llamaron para agendar una entrevista se me comentó que me vería con el Arquitecto que sería mi jefe si me llegara a quedar con el trabajo. Cuando escuché eso, sabía que tenía una sola misión: ligarme al arquitecto.

    El día de la entrevista llevé una blusa naranja, tengo los pechos medianos tirándole a pequeños, pero como el título del relato lo sugiere, mi busto no es mi mejor atributo, sino mi culo. Mi culo no es por estar gorda ya que estoy delgada; es un culo resultado de ir al gym y genética; un culo en forma, redondo y esponjoso. No por nada me llegaron a mandar foto de que en un baño de la universidad alguien escribió mi nombre completo y varios chicos le respondieron escribiendo al rededor cosas como “Está bien culona”, “Pinche culote delicioso”, “Culona”, etc. Retomando lo de la entrevista, me llevé un pantalón blanco que parecía de vestir con una tela suave para que se pudiera sentir la suavidad de mi culo.

    Para la entrevista, me pasaron a una oficina que estaba bastante escondida dentro de un pasillo. Era algo pequeña pero al estar designada para entrevistas no me molestó. Estuve esperando unos minutos hasta que llegó el arquitecto. Era un hombre de aproximadamente unos 50 años, más alto que yo y viéndolo por encima se conservaba bien.

    Todo fluyó normal, me pidió mi currículum y platicamos sobre mí y mis estudios. Durante la entrevista, yo trataba de que se me marcara el escote, le hablaba con una voz muy suave y me reía de todo lo que decía. En una de esas se me ocurrió tirar por accidente una hoja y antes de que el arquitecto la levantara por mí, yo me paré y caminé para recogerla. Esto, obviamente, con la finalidad de que me viera el culo, y más aún cuando, en lugar de agacharme, me estiré para agarrar la hoja, de modo que pudiera ver mi culo en todo su esplendor. La entrevista continúo mejor aún después de esto, yo lo notaba más interesado en mí y cuando menos me di cuenta ya estábamos hablando sobre nuestras vidas.

    Al finalizar el tiempo, los dos nos pusimos de pie para despedirnos. Él me dijo que le caí muy bien, pero que todavía tenía que entrevistar a otros candidatos para saber que decisión tomar. Esta respuesta no me convenció mucho, por lo que caminé hacia él, comencé a jugar con su corbata y le dije:

    —Pues… espero que si me quede. —Después de decirle esto, noté como pasó su lengua por los labios saboreando a su futura empleada.

    —Ay niña, estás tentando al lobo —Me respondió, denotando el deseo en su tono de voz.

    —¿Y qué me va a hacer? ¿Me va a comer? —le dije con un tono juguetón, acercándome poco a poco hacia sus labios, mientras sentía como su respiración se comenzaba a agitar.

    —Ven aquí —me susurró antes de comenzar a besarme.

    Nos comenzamos a besar con mucha pasión, yo lo sujetaba de los cachetes mientras él acariciaba mi espalda. Más pronto que tarde bajó su mano derecha hacia mi culo y le dio un buen apretón por encima del pantalón seguido de una nalgada, para después volver a apretarlo mientras me sujetaba de la espalda con su mano izquierda. Seguimos besándonos por varios segundos hasta que, se separó del beso.

    —Si me entregas el culo te quedas con el trabajo— Me susurró al oído.

    —Si… mi culo es tuyo— Le dije en voz baja.

    Después, me dio media vuelta y yo apoyé mis manos en la mesa donde antes estábamos teniendo la entrevista mientras arqueaba la espalda y paraba el culo. El arquitecto se puso de rodillas y sólo sentí como restregaba su cara contra mis nalgas mientras con sus manos las apretaba.

    —Pinche culote delicioso— Me dijo.

    —Ah si… ¿te gusta mi culo?— Le respondí.

    —Mmm mijita, cada vez las hacen más culonas— Me respondió.

    Luego de la manoseada, finalmente comenzó a bajarme el pantalón, me quitó los tenis para poder desprenderme de mi pantalón y lo aventó a un lado. Ahora sólo me quedaba mi panty puesto. De pronto, sentí como seguía restregando su cara contra mi culo, como pasaba sus cachetes por mis nalgas sintiendo mi piel mientras me daba besitos en las nalgas.

    Cuando finalmente se animó, me bajó el panty pero no me lo quitó por completo, sino que me lo dejó a la altura de las rodillas. Ahora tenía mi culo desnudo frente a él.

    —Niñita, lo que estoy por hacer nunca lo había hecho antes, pero es que tu culo parece perfecto para hacerlo— Me dijo super emocionado.

    —¿Hacer que…?— Le respondí.

    —Mamar culo— Contestó, y antes de que pudiera decirle algo, sentí como me comenzó a chupar el culo.

    No me las daré de blanca palomita, ya me habían chupado el culo antes y se siente delicioso. Me encanta recibir una buena mamada de culo antes de una rica cogida.

    Me lo mamaba con mucha pasión, se notaba que era su primera vez porque era muy tosco en algunas ocasiones. A veces sacaba su lengua y lamía todo el alrededor de mi ano de una manera torpe, pero no evitó que yo disfrutara su rica chupada.

    —Mmm si… mámamelo, mámame todo el culo, cómetelo entero— Le dije con una respiración agitada.

    —Ayy que rico sabe tu culo pinche culona— Respondió —Que bueno que me vine sin desayunar.— Agregó en tono de burla, para después seguir mamando mi culo.

    —¿Nunca habías mamado culo?— Le pregunté.

    —No mija, nunca había mamado culo. Pero cuando vi el tuyo me dieron unas ganas tremendas de mamártelo todo, pinche culote delicioso. Mmm cuando estés trabajando aquí te mamaré el culo todos los días. Quiero llegar a mi despacho y mamar culo.— Contestó mientras restregaba su cara, manoseaba, apretaba y besaba el culo.

    Para este punto ya estaba super caliente, sentía que ya no podía más y fue justo en este punto cuando lo escuché decir:

    —Mmm ya quedó bien lubricadito tu culo. Tan rico que sabe… ahora te lo voy a romper—

    Se puso de pie y escuché como se quitaba el cinturón y bajaba el pantalón. Cuando menos me lo esperaba, comencé a sentir su verga rozando mi culo. Primero la rozó contra mis nalgas, luego la comenzó a meter entre ellas pero sin penetrarme, sólo pasaba su verga en medio como si fuera un hotdog.

    —Está bien suavecito tu culo— Me decía mientras hacía un hotdog con su verga y mis nalgas. —Tan esponjosito, ya quiero ver como este culo se pasea por el despacho… ¿Estás lista?—

    —Sí…— le respondí —Rómpeme el culo, cógeme bien duro.

    —A sus órdenes culona— Contestó y acto seguido comenzó a penetrarme lentamente.

    Quiero recalcar que no le había visto la verga, todo este tiempo seguía de espaldas a él, por lo que me comencé a excitar más y más mientras sentía como seguía y seguía entrando lentamente hasta que finalmente topó su pelvis contra mi culo. Me tomó de la cintura con sus dos manos y comenzó a cogerme por el culo.

    Empezó con unas cogidas suaves, escuchaba como mis nalgas daban suaves aplausos mientras los dos gemíamos. Poco a poco fue subiendo la intensidad, ahora ya no aplaudían, sino que tronaban. Yo quería gemir más fuerte, pero él me decía que no lo hiciera para evitar que nos escucharan, así que me tuve que contener mientras escuchaba como me tronaba el culo. Era algo increíble, nunca me había cogido alguien con una verga tan gruesa como la suya, mi culo le apretaba bastante rico y aun así él tenía la fuerza para cogerme muy fuerte sin ningún problema. Si bien, mamar culo no era su especialidad, se notaba que ya tenía experiencia rompiendo culos. Al final, lo único que sonaba en esa oficina era como me tronaba el culo.

    —Pinche culona, eres la culona más puta que he conocido. Todavía no soy ni tu jefe y ya me andas entregando el culo ¿También me entregarás el culo para que te dé un aumento?— Me preguntó mientras me cogía

    —Si… quiero crecer en esta empresa gracias a mi culo— Respondí entre gemidos

    —Mmm, con ese culo vas a llegar muy lejos. Nadie te va a decir que no, todos querrán complacerte para que les entregues el culo. Una culona como tú puede hacer lo que quiera en este mundo de pervertidos.

    —Ah si… usaré mi culo para conseguir lo que quiera.

    —Otras chicas tienen el privilegio de ser hijas de papi, pero tú tienes el privilegio de estar bien culona, es el privilegio más rico de todos.

    Toda esta rica conversación la tuvimos mientras me rompía el culo. Me calentaba que me digiera lo mucho que podía crecer dentro de la compañía gracias a mi culo. Era una delicia escuchar todo eso mientras me tronaban las nalgas.

    Fue tanta la pasión, que dejé de estar de pie apoyada con las manos en la mesa, y pasé a reclinarme, ahora apoyándome en mis antebrazos sobre la mesa para recibir más rico y mejor la verga del arquitecto. En esta posición, se podían apreciar mejor mis caderas y la forma de corazón que tiene mi culo, cosa que el arquitecto no pasó por alto al decirme:

    —Que rico durazno te cargas pinche culona.

    Me siguió rompiendo el culo un buen rato, incluso llegó a detenerse en una ocasión para retomar energía, cosa que yo aproveché para comenzar a mover mi culo en círculos para seguir estimulándolo, esto lo calentó aún más y me siguió cogiendo el culo un buen rato. Obviamente tampoco faltaron las nalgadas, las cuales tronaban bien rico.

    Cuando finalmente se vino, lo hizo dentro de mi culo, en esta recta final sus embestidas se volvieron más fuertes y rápidas, mi culo me comenzaba a arder y yo solté un fuerte gemido, pero rápidamente me tapé la boca con la mano y seguí recibiendo sus embestidas hasta que finalmente terminó de llenarme todo el culo de leche. Al terminar, nos quedamos los dos quietos sin despegarnos en nuestra posición. Cuando finalmente estuvo listo, sacó su verga de mi culo y me dio una nalgada.

    —Bienvenida a la compañía, culona— Me dijo mientras se volvía a poner el pantalón.

    Los dos nos vestimos y antes de despedirnos nos dimos un rico beso con agarrón de culo por su parte.

    —Cuando sea tu primer día te quiero en mi oficina bien tempranito para desayunarme tu culo— me dijo antes de salir de la oficina.

    Y fue así como salí con el culo roto de una entrevista de trabajo. Obviamente me quedé con el puesto y claro que en mi primer día recibí una buena mamada de culo por parte de mi ahora jefe.

    Como dato extra, mi jefe me registró en su celular simplemente como «Culona».

    Si quieren mandarme sus opiniones de mi relato, pueden dejar su comentario o algún correo en los comentarios y yo los contacto.

  • Me confundieron con una profesional y me encantó

    Me confundieron con una profesional y me encantó

    Comienzo describiéndome. Me llamo Angélica, la mayoría me conoce como Angie, aunque no me molesta que me pongan apodos o sobrenombres. Soy morena clara, casi blanca. Ojos grandes café obscuro, pestañas largas, cejas pobladas, labios gruesos y cabello castaño obscuro. Desde la secundaria soy muy caderona y con el tiempo mis pompis han ido creciendo más y más al igual que mis pechos. Es algo común en las mujeres de la familia de mi mamá, las pompis y los pechos no les dejan de crecer hasta los cuarenta y es peor si tienen hijos. Somos de un pueblo en provincia, bien conocidas allá y muy buscadas como esposas también porque somos de carácter alegre y dócil. Incluso en el pueblo tenemos un apodo, en un orgullo para cualquier hombre conseguir casarse con una “Potranca Montiel” o “Yegua Montiel”.

    Por lo anterior, desde chica me enseñaron a hacer la limpieza y a cocinar, a obedecer a los hombres de mi familia. Mis papás dicen que me debo fijar sólo en los hombres más destacados, de dinero y buena familia. Todas mis primas se han casado antes de los 25 y mis papás no esperan otra cosa de mí. De acuerdo con mis papás me debo casar con alguien que tenga terrenos y camionetas o que sea un abogado o médico respetado.

    Por lo anterior ellos piensan que la mejor forma de conseguirme un buen marido es que vaya a la universidad y ahí conozca alguien de acuerdo con sus expectativas. Sobre todo, porque así me casaría con alguien de edad similar a mí y no con un viejo adinerado como varias de mis primas. Fue un orgullo para mi familia cuando logré quedar en la que de acuerdo con ellos es la mejor universidad del país, que se ubica al sur de la capital. Mi papá sin embargo trabajaba en Ecatepec y ahí vivíamos con él mi mamá y yo. Cuando entré a la universidad los traslados se convirtieron en una pérdida de tiempo. Dos horas para llegar al sur de la ciudad que es donde está el mega campus.

    Lo que pasa en este relato me sucedió apeNas 5 meses después de ingresar a la universidad. Mi prima Ximena ya rentaba un departamento cerca del campus universitario, a 5 minutos. Pero a mis padres les parecía mala idea que dos señoritas vivieran solas. Al final aceptaron pues los traslados eran terribles y la universidad valía mucho la pena al ser de las mejores del país y de bajo costo.

    En el relato anterior describí lo que ocurrió con mis amigos de la universidad, en este relato describo lo que pasó justo después del primero.

    Después de unos minutos de que Eliseo se había ido, me levanté de la cama, yo estaba aún desnuda y sentía bastante calor. Eran ya las 3:30 de la tarde, estaba sudando pero por algún motivo me sentía muy contenta, como si estuviera satisfecha con la vida que estaba viviendo. Salí de mi cuarto, descalza y desnuda. Ese viernes mi prima saldría de fiesta después de la universidad por lo que no temía encontrármela en el departamento hasta la madrugada del sábado. En la sala todo parecía muy tranquilo, si no fuera por mis prendas que yacían en el piso y por los vasos a medio tomar de la mesa, se podría decir que ahí no pasó nada. Acomodé todo para que no hubiera rastro y me dirigí al cuarto de lavado con mi ropa sucia y la ropa que había tomado prestada de mi prima, el calor no disminuía.

    Dentro del cuarto de lavado había una pila de ropa muy grande, era lo que mi prima había acumulado sin lavar. Por curiosidad decidí separarla un poco. La mayoría era ropa común de una universitaria: playeras, pantalones, pantaletas y brassieres comunes y corrientes. Pero a medida que removía la pila de ropa sucia comenzaba a notar otro tipo de prendas; vestiditos de lycra o de telas muy delgadas como algodón, brassieres de media copa, tangas de encaje y algunas pendas íntimas de diamantina. En ese momento toda esa ropa me pareció muy bonita y en particular llamó la atención una pequeña tanga de encaje que hacía juego con un brassiere de encaje divino, eran de marca Lise Charmel, una marca poco común y muy fina. La tela era muy suave y brillante casi satinada. Eran de color vino o rojo obscuro, pero brillaban con la luz como si fueran de seda u otra tela resplandeciente. El encaje tenía unas bellas flores y tenía algunas pequeñas transparencias. No sé porque, pero decidí tomar ambas prendas, la tanga y el brassiere y ponerlos junto con mi ropa en la lavadora. Todo tardaría un poco en lavarse y secarse por lo que decidí bañarme para quitarme el calor y relajarme un poco.

    Siempre he estado muy acostumbrada a bañarme con agua caliente, adoro cuando el vapor llena la habitación y la sensación de poder estar desnuda y cómoda en un espacio que es sólo mío. Pero esta vez el baño se sintió diferente. Cuando el agua caliente tocó mi piel, de inmediato recordé las manos de Rodrigo pero sobre todo las de Eliseo, acariciando, recorriendo y apretando mi cuerpo. Cuando me estaba enjabonando mis pechos y mis pompis pensaba en ellos y en el descaro con el que me disfrutaban, me excité muy pronto. Jamás me había tocado con tanto placer pero no pude llegar al orgasmo pues también me sentí sola, sin nadie ahí para hacer de mí lo que le dicte su deseo.

    Me sequé y salí desnuda rumbo al cuarto de lavado. Tomé toda la ropa que había lavado y la llevé a mi cuarto. Aunque se sentía seca me gusta estirarla antes de guardarla o plancharla. Había olvidado el conjunto de ropa íntima que había tomado de la ropa de mi prima. Me encantó, lo acaricié y lo llevé a mi rostro, era muy muy suave. Lo estiré de igual forma. Aún hacía calor y el baño en lugar de relajarme me dio mas ansiedad e inquietud. Me acosté para tomar una siesta, quizá eso me tranquilizaría. A los pocos minutos de tener los ojos cerrados, de nuevo recordaba a Eliseo, pero esta vez era más potente. Recordaba como se sentía su miembro dentro de mí, su fuerte respiración y sus manos calientes y fuertes sobre mi trasero. Era inútil, me sentía muy caliente y no podría dormir. Tenía algunas cosas que comprar en el supermercado por lo que decidí que iría a la plaza comercial, quizá eso despejaría mi mente.

    No sabía que ponerme, hacía mucho calor. Mi primera idea era usar unos jeans y una camiseta. Pero me distraje con la tanga y brassiere color vino, decidí probármelos y luego los dejaría en el cuarto de mi prima. La tanga era muy elástica subió con facilidad y se acopló perfectamente a mi cuerpo, la sensación cuando el elástico entró entre mis glúteos fue muy suave y cómoda. Mi entrepierna también se sentía muy bien. Me vi en el espejo, era una tanga muy pequeña pero muy bonita, el color vino tinto hacía resaltar mi piel clara, pero por el tamaño de la prenda mis glúteos y muslos se veían todavía más grandes. Noté la herida que Eliseo me había dejado en una pompi cuando apagó su cigarro, no me dolía mucho, pero se veía rojo obscuro, me puse algo de crema. Después me coloqué el brassiere. También estaba hecho de elástico de muy buena calidad y su apariencia era muy linda, lo que me sorprendió era el tipo de brassiere que era. Era de esos brassiere de media copa que levantan y aprietan los pechos de forma que hace que resalten y se junten, dejando nada de espacio entre los dos. Mis pechos se veían todavía más grandes de lo que eran y muy apretados y abultados. Me dio algo de risa al principio. Recordé como algunas mujeres guardan cosas entre sus pechos y me dio algo de risa. Por algún motivo se me vino a la mente otra prenda de la pila de ropa sucia de mi prima. Fui al cuarto de lavado, la tomé y regresé.

    Era un vestido rosa pastel, hecho de lycra satinada. En apariencia era muy muy pequeño, pero estiraba mucho. No olía mal, sólo me pareció percibir el perfume que siempre usa mi prima. Me lo puse con algo de dificultad, pero al final lo logré acomodar. Mi trasero lucía enorme y era muy notorio que traía debajo una tanga muy pequeña pues el vestido se pegaba a mi cuerpo, delatando el detalle en vez de cubrirlo. También mis muslos lucían muy anchos y no alcanzaba a cubrir mucho de ellos. Si no tenía cuidado y me agachaba o después de algunos pasos, el vestido se me podría subir y dejar ver mi entrepierna con la tanga color vino o la parte baja de mis pompis. Pero al estirar el vestido hacia abajo mis pechos se descubrían más y el brassiere de encaje se asomaba. “Así se deben vestir las niñas más lindas en la ciudad” pensé inocentemente. Me puse mis tacones altos morados para complementar el conjunto, eso hizo que mis pompis se elevaran y resaltaran un poco más. Olvidé por completo que iba ir a la tienda y decidí peinarme y maquillarme de acuerdo con el atuendo. Me puse un brillo de labios rosa fosforescente y una sombra de ojos morado obscuro con diamantina. Me enchiné las pestañas y me las llené de mascara negra para que resaltaran aún más. Me miré al espejo y me encantó mi apariencia.

    Me acerqué al espejo y me di un beso a mi misma dejando la marca de mis labios en el espejo. “Jamás habías tenido una mujer como yo Eliseo” dije en voz alta, después de un momento me pareció algo muy extraño que yo dijera eso. Lo ignoré y recordé que iría a la tienda. Sin darme cuenta ya eran las 5 de la tarde, pero el calor no bajaba, si me cambiaba de ropa me tardaría todavía más y al salir del super sería incluso de noche. Decidí ir vestida así, por el calor que hacía de seguro no sería la única con ropa fresca. Me puse desodorante y muchísimo perfume para ocultar el olor del perfume de mi prima. Me decidí a irme caminando pues la plaza comercial está prácticamente enfrente del fraccionamiento, sólo hay que caminar unos metros y subir y bajar un puente peatonal. De regreso tomaría un taxi con las cosas que compré y le pediría ayuda al taxista para subir las bolsas a cambio de una propina.

    Salí del edificio y me dirigí caminando al acceso del fraccionamiento, haciendo el notorio sonido que hacen los tacones altos al caminar y estirando el vestido hacia abajo después de unos cuantos pasos para evitar que se me subiera de más. A medio camino me encontré a mi vecino de arriba, es divorciado y tiene como 40 años, casi 50. Carlos, mi vecino, estaba llegando de su trabajo y acaba de estacionar su coche. “Vecinita Angie, gusto en verla, la caché camino a la fiesta” lo saludé y le dije que regresaría pronto. “Cómo? No me diga que una mujercita tan linda estará sola en viernes, si no te sale plan te invito a ver películas” Le agradecí y seguí caminando.

    Después de unos pasos sentí una mirada sobre mí, tomé la parte baja de mi vestido y lo estiré hacia abajo para taparme lo más posible, giré mi cabeza y vi a mi vecino mirando mis pompis. Después de unos segundos de mirar descaradamente mi trasero, Carlos mi vecino alzó la mirada y me gritó “Nos vemos chula, ojalá podamos disfrutar esta noche” Le sonreí algo nerviosa y seguí caminando, sentí la mirada todavía después de unos pasos. Cuando llegué a la caseta de acceso miré hacia atrás y ya no estaba Carlos. Saludé a mi amigo Fernando el vigilante y le dije que ahorita regresaba. Fernando me chifló y me miró de pies a cabeza. “A donde vas toda rabona Angie” me dijo, le comenté que sólo a la plaza. “Si fueras mi novia no te dejaría salir así, ya verás que cuando me case contigo te pongo en cintura y te portas bien” Sabía que lo decía de broma, pero si noté algo de celos en su voz, ahora que me acuerdo de él creo que estaba enamorado de mí. Noté que tenía algunas botellas de cerveza en una bolsa, algunas ya vacías. Le dije que tuviera cuidado que no lo vayan a descubrir. “Ya es viernes y siempre tomamos los vigilantes aquí” Me dijo con voz nerviosa y se notaba preocupado de que lo descubriera, le dije que no le iba a decir a nadie.

    Me comentó que su turno terminaba en un par de horas y seguiría tomando después con sus amigos en las áreas verdes del conjunto de edificios. Le dije que quizá nos veríamos cuando yo regresara del supermercado. Como lo consideraba mi amigo decidí despedirme de él de beso y abrazo. Le dejé un besote marcado en su mejilla y lo abracé fuerte, empujando mis senos contra su pecho. “Que rico hueles Angie” me dijo cuando nos dejamos de abrazar, le sonreí y le troné mis labios a manera de enviarle otro beso. Me fui caminando. También sentí la mirada de Fernando sobre mis pompis, pero decidí no voltear y seguir caminando, ahora sobre la banqueta de la avenida Insurgentes en la que está el fraccionamiento de edificios habitacionales, crucé el puente peatonal y seguí caminando hacia la plaza.

    Mientras caminaba tranquila recordé a Eliseo y a Rodrigo, recordé todo lo que me hicieron y me dijeron, sentí bonito. También pensé que todo eso lo habían hecho por el momento, que de verdad no lo decían en serio, sólo estaban muy excitados. Pensé que de seguro la próxima vez que nos veríamos sería normal, nos reiríamos de lo ocurrido y seguiríamos siendo amigos. En ese momento sentí mucha satisfacción y libertad mientras caminaba. Una brisa fresa entraba por abajo del vestido y me refrescaba también el pecho y mi cuello. Todo estaba regresando a la normalidad y yo volvía a ser el orgullo de mis padres, la señorita Angélica Vera Montiel en camino a convertirse en la respetada esposa de algún joven con futuro prometedor. Seguí caminando mientras me empecé a imaginar mi boda, donde sería y como sería mi vestido blanco. ¿Sería en la playa? ¿Sería en una iglesia colonial? ¿Sería en un elegante jardín?… En ese momento me sorprendió el claxon de un coche…

    Era un taxi, del tipo zuru que le llaman. El coche estaba algo maltratado, con muchos rayones y algunas abolladuras. Tenía música de salsa muy fuerte, se orilló en la avenida para acercarse a mi mientras yo seguía caminando. Noté como apagó su radio y luego me gritó con voz grave y profunda “¡Nalgona! ¡Nalgona espérate! ¡Quiero servicio!” Fingí no escuchar y seguí caminando un poco más rápido. La banqueta estaba sola, pero en la avenida pasaban muchos autos muy rápido, me faltaban aún como 200 metros para llegar al estacionamiento de la plaza “¡No te hagas la pendeja pinche marrana! ¡Te digo que quiero que me atiendas, traigo lana!” Eso último que me gritó me hizo enojar y me detuve, me agaché para verlo a la cara a través de su ventanilla de copiloto que tenía completamente abierta y le dije “Se está confundiendo señor, por favor váyase”. Primero me vio a los ojos, luego mi escote el cual cubrí enseguida con mis manos. “¡Ay mamacita estas bien chichonzota!” Hice cara de enojada y le grité que se fuera, pero el me respondió: “Jajaja y también tu carita de puta mamadora, estás bien pinche guapa aparte de ponedora. ¿Entonces no me vas a decir cuánto, cuando te la meta ni me vas a querer cobrar?” Le grité que no y seguí caminando rápido. Oía como me seguía a marcha lenta, entré a la plaza y vi como siguió avanzando. Era un hombre mayor, tenía la cara muy maltratada, muchas arrugas, el pelo algo canoso y entradas muy grandes sin cabello. Sin barba, muy moreno, nariz grande y aguileña. Tenía las cejas pobladas y el ceño fruncido. Se veía fornido y de manos grandes y venosas.

    Estuve paseando por las tiendas de la plaza para tranquilizarme, no me sentía enojada ni asustada. Sentía curiosidad de por qué me empezó a gritar todo eso. Sólo me indigné un poco cuando me comenzó a insultar, yo era una dama, una señorita que se merecía todo el respeto. Aun así, mi encuentro con él no me pareció del todo desagradable y me preguntaba si me lo volvería a encontrar.

    Seguí paseando, entrando y saliendo de tiendas sin comprar nada. Me compré un cono de helado de vainilla y me dirigí de manera inconsciente a una tienda de ropa de caballero. La tienda era muy grande y, pero sólo había un empleado, le pregunté amablemente si podía entrar con mi helado y me dijo que sí. Me pregunto si me podía ayudar con algo y le dije que sólo quería ver. “Con esos ojos hermoso mire lo que usted quiera señorita” Me sonrojé un poco y le sonreí, yo creo que agarró confianza porque estábamos solos. Seguí mirando la ropa de caballero mientras con la otra mano comía mi helado, sentía una mirada sobre mí. Volteaba y descubría al empleado viéndome, a veces mi cuerpo, a veces mi cara. Yo no le daba mayor importancia, sólo le hacía miraditas mientras seguía lamiendo mi helado lentamente. Todo ese intercambio me empezó a calentar. Me hizo un poco la plática sobre temas superficiales. Pero yo ya me estaba excitando y empecé a pensar en Eliseo. Se me ocurrió comprarle algo de regalo. Vi un chaleco azul que de seguro le gustaría, pero no había talla extragrande.

    Le pregunté al empleado si me podía ayudar a buscar la talla. Me pregunto si era para mi novio y le respondí que sí. Imaginarme a Eliseo como mi novio me excitó otro poquito más. El empleado de la tienda dijo que de seguro si había talla extragrande en la bodega, pero la bodega estaba en otro local de la plaza y al ser el único empleado, no podía dejar sola la tienda. Le rogué con mi mirada más tierna, lo tomé del brazo y presioné un poco mis pechos contra su brazo mientras le rogaba. Al final aceptó con voz nerviosa y me pidió que cuidara la tienda porque si no podría perder su empleo y que quizá se tardaría bastante pues la bodega es grande y esta desordenada. Le guiñé el ojo y le dije que no pasaba nada. “Me siento como toda una señora respetada, comprando ropa para mi hombre” pensé mientras seguía viendo las camisas y corbatas y me imaginaba a Eliseo usándolas.

    Al poco rato me percaté que aún me sentía observada, como si el empleado no se hubiera ido o como si la persona que me estuvo observando todo este tiempo no fuera el empleado. “Vi como el empleado salió de la tienda” pensé mientras poco a poco levantaba la mirada para buscar a alguien más. Demasiado tarde. Sentí una palmada fuerte en mi pompi izquierda “¡Clap!” fue el sonido que hizo mi pompi al recibir la palmada mientras sentía como temblaba. Después de eso sentí cómo me sobaba la misma mejilla de mi trasero mientras la apretaba fuertemente también, yo estaba paralizada por la sorpresa. No dije ni hice nada hasta oír su voz. “Me hiciste bajar de mi taxi y buscarte putita, cogidota que te acabas de ganar pinche nalga mamona” Era la misma voz grave y profunda del hombre del taxi. Su mano se sentía fuerte y grande y podía percibir un fuerte olor a sudor, como si no se hubiera bañado en días. No sé porque no me asusté más, al contrario, me tranquilicé al saber quien era. Le dije sin voltear a mirarlo: “Señor por favor se confunde, yo soy una señorita que estudia en la universidad, no me dedico a lo que me pide” mientras le decía esto trataba de quitarle su mano de mi pompi, en cuanto lo lograba la volvía a colocar en el mismo sitio. “Cierra el hocico puta, que la boca la tienes para chuparme el palo. Ahora te voy a llevar de la nalga a mi taxi y te portas bien marrana”. Lo escuché muy decidido y de algún modo sentía el impulso de obedecerlo, me estaba calentando pero al mismo tiempo quería salir corriendo.

    Cuando iba a dar un paso hacia adelante me tomó por el brazo y me retuvo en mi lugar. “Ya estoy enojado contigo tetona, ponte más pendeja y vas a ver” cuando me dijo eso giré mi cabeza para tratar de verlo a los ojos, ya no tenía su mano en mi pompi, me estaba mirando el cuerpo de arriba abajo, de repente olfateaba mi cuello y me pelo, seguía sujetando mi brazo fuertemente con su mano, apretándolo con mucha fuerza, me miró a los ojos y me dijo “Ora si te vas a portar bien guapa, se ve que te cotizas pero por portarte como pendeja ora yo decido la tarifa; dependiendo como me atiendas va a ser tu propina” Yo ya no quería decirle nada más para no hacerlo enojar peor, el forcejeo me estaba calentando un poco, su fuerte olor a sudor también. Me dio la vuelta y quedé de frente a él, puso sus manos en mi cuello y lo empezó a acariciar, mientras me miraba a los ojos me dijo “Con esa jeta de zorra coqueta y esas nalgotas seguro el que te ve te pide precio”. No se por que eso que me dijo que gusto y fue perfecto por que enseguida me comenzó a besar, de inmediato introdujo su lengua, sus labios se sentían muy mojados y su lengua alcanzaba a tocar la mía, primero hice mi lengua hacia atrás, pero a medida que me besaba, saboreaba su aliento a cerveza y a comida, sentía sus manos rasposas en mi cuello yo me excitaba más y más. Terminé lambiendo su lengua también, saboreando y boca, disfrutando el beso, dejando que chupara mis labios fruncidos, llenando mi boca con su saliva. Con ese beso tan vulgar le estaba dando el mensaje de que si sería su puta para lo que el quisiera. Mi intención no era la de darle ningún mensaje, pero en definitiva estaba yo disfrutando el momento.

    No sé cuánto tiempo nos estuvimos besando dentro de la tienda, ni me di cuenta cuando tiré mi helado al piso. El seguía disfrutando mis labios, muchas veces ya me había tenido que pasar el exceso de saliva con sabor a su boca. Él tenía sus manos en mi cuello todavía y yo tenía mis manos en sus brazos, dándole pequeñas caricias con mis dedos, tenía los brazos fuertes y velludos. “¿Todo bien señorita?” escuché la voz del vendedor encargado de la tienda, tenía en sus manos el chaleco que le había pedido para Eliseo. El taxista me dejó de besar y los dos volteamos a mirar al vendedor. Yo estaba asustada, no quería que nada malo le pasara a nadie, titubeando le dije sí que todo estaba bien, que el señor era mi novio. yo ya estaba muy caliente después de ese beso, me costaba trabajo pensar claro. En ese momento sentí una fuerte nalgada del taxista “CLAP!” sonó en toda la tienda, dejando mi cachete derecho temblando y ardiendo por la palmada. Me lleve mi mano derecha a mi trasero para sobarme el dolor. El taxista me tomó por la mandíbula, apretando mis mejillas. “A parte de grosera y gata, mentirosa.” Me dijo el taxista mientras me miraba a los ojos y apretaba aún más mi rostro. Después se dirigió al encargado de la tienda y le dijo: “Esta vulgar mujerzuela te mintió, no es mi novia, es una prostituta que me debe un servicio”. No podía creer lo que estaba escuchando, me sentía super avergonzada y al mismo tiempo sentía deseo por el hombre que me acababa de humillar enfrente de otro desconocido. “Como compensación por quitarle el tiempo y mentirle, esta putita le ofrece un servicio, usted sólo le pagará la propina dependiendo de que tan bien se porte con usted ¿En que día le parece bien que venga a cumplirle?” Yo seguía de frente al taxista, tenía mis ojos cerrados, como queriendo imaginar que esto no estaba pasando.

    Salí a comprar unas cosas, pero terminé en esta vergonzosa situación. Con voz dudosa el empleado de la tienda dijo “El jueves salgo a las 6 de la tarde, que a esa hora me espere y nos vamos juntos”. El taxista acercó su boca a mi oído y me dijo. “Pídele disculpas al señor, dile a que te dedicas y prométele que el jueves a las seis estarás aquí para tratarlo como se merece.” Esperé unos segundos con los ojos cerrados para agarrar fuerza, me di la vuelta y justo cuando iba a comenzar a hablar, el taxista me interrumpió. “No pendeja, te disculpas bien, ve con el señor” Le dije que si y caminé hasta donde estaba el encargado de la tienda. Comencé a hablarle con voz titubeante: “U-una una disculpa señor”.

    El encargado me tomó por la cadera y me acercó a él de un jalón al grado que mi cuerpo quedó pegado al suyo. Yo continué hablando “U-una dis-disculpa señor, no fue mi intención mentirle ni hacerle perder el tiempo.” El encargado de la tienda en ese momento me dio un beso en la boca y me dijo “continúa pequeña ramera”. Le seguí diciendo: “Una disculpa por mentirle, soy prostituta y estaré encantada de servirle como usted se merece el jueves a las 6:00 de la tarde” El encargado me lambió el cuello y me dio la vuelta, me dio una fuerte nalgada y me dijo “Aquí te veo ramera, pobre de ti donde no llegues, vete a trabajar” Los dos se rieron un rato, caminé hacia el taxista y el puso su mano en mi trasero, apretándolo un poco “Dile adiós al señor.” Con la mano me despedí del encargado de la tienda y caminé junto al taxista hacia la salida, mientras caminábamos el taxista seguía apretando mi pompi con su mano izquierda.

    Caminamos de la misma manera hacia la salida de plaza. Muchos se nos quedaban viendo, me miraban a mi y luego lo miraban a él. En la salida de la plaza hay un local de dulces, el taxista compro dos barras grandes de chocolate y seguimos caminado. Cruzamos el estacionamiento hasta llegar a su taxi, el mismo Tsuru en malas condiciones. Me detuvo y me empujó contra su vehículo, me comenzó a besar y a acariciar mis piernas, poco a poco subía sus manos, pero junto con ellas levantaba el vestido color rosa pastel de lycra satinada. Yo trataba de impedir que subiera mi vestido, pero el era muy fuerte. Mientras el trataba de sacarme el vestido, también me besaba de manera salvaje, nuestros labios se empujaban, a veces nuestras lenguas se encontraban y a veces mordía mi labio inferior.

    Ya el vestido iba casi a la altura de mi entrepierna, seguro de repente se podía ver mi tanga, yo jalaba el vestido hacia abajo y él hacia arriba. Yo tenía mis piernas cruzadas, muy juntas, estaba escurriendo algunas gotitas por la excitación. “Ya puta, o te encueras o te rompo el vestido y te regresas en fondos a tu casa” Lo dijo algo enojado. Levanté mis brazos y terminó de sacar mi vestido. Quedé sólo con mis tacones morados y el conjunto de tanga y brassiere de encaje color rojo oscuro. “Mira nomás que elegante disfraz de puta traes puesto, te ves riquísima condenada piruja” Me dijo mientras me veía de arriba abajo. “Hasta pareces puta fina y hueles bien rico” Me dio la vuelta y me tomó por el abdomen, pegándome a su cuerpo, mi trasero quedó pegado a su miembro. Podía sentirlo ya parado. “Que bien se sienten tus nalgotas” Me decía mientras me arrimaba su miembro, me daba pequeños empujones.

    Seguíamos en el estacionamiento. No había muchos coches, el sol estaba fuerte, aunque yo ya no tenía tanto calor por estar semidesnuda, aunque estaba sudando por la excitación. Con sus manos apretó mi vientre, pellizcándome el pellejo. Me pregunto mi nombre, después de dudarlo un poco le dije que me llamaba Angie, a lo que el me respondió “Pues bien desde ahora serás Angie la puerca tetona, ¿entendido? Dime tu nombre” Le respondí: Me llamo Angie la puerca tetona. “Muy bien pendeja, me voy a dar una vuelta, me vas a esperar aquí y me vas a ofrecer tus servicios como se debe.” Le dije que si, ya estaba completamente resignada a obedecerle, no se si por temor o por deseo o por una mezcla de ambas. Me soltó y subió a su taxi, arrancó y se fue. Me quedé sola, en ropa interior y tacones en un estacionamiento público a plena luz del día.

    Sentía aún su aroma a sudor sobre mi cuerpo y el sabor de su boca en mis labios. Me cubría como podía el cuerpo con mis manos y brazos. Vi como el taxi se alejaba más y más. Después de unos minutos dio la vuelta y comenzó a regresar hacia donde yo estaba. Mientras se acercaba reflexioné un poco. En definitiva, el tipo del taxi pensaba que yo era una prostituta, esta situación no se acabaría hasta que no saciara su deseo por mi y mi cuerpo; por el otro lado yo había disfrutado hasta el momento la experiencia con él, aunque estaba asustada. Lo único que me hacía rechazar esta situación era lo ofendida que me sentía, yo me consideraba una señorita de buena familia, una estudiante universitaria con un brillante futuro; ¿Cómo se atrevía este don nadie maleducado a tratarme como a una cualquiera? Tenía que tomar una decisión, la primera opción era salir corriendo a buscar ayuda con los policías de la plaza y luego le tendría que explicar a mis padres lo sucedido, seguro me harían volver a vivir a su casa y se terminaría esta locura, regresaría a ser una señorita hogareña o la segunda opción esperar al taxista, subirme a su auto y cumplirle sus deseos. Lo que sea que decidiera lo tenía que hacer en serio, ya no podía dudar.

    Decidí ir por los policías, enfrentar a mis padres y ser una señorita decente y responsable. Sin embargo, cuando di los primeros pasos me di cuenta que me estaba observando un policía de la plaza comercial. Pero su mirada no era de preocupación, ni siquiera de curiosidad, era de deseo, no me estaba mirando a la cara, veía mis muslos, mi entrepierna, mis pechos. Su mirada me puso la piel de gallina, pero al mismo tiempo me hizo sentir deseada y a mi mente regresó Eliseo, Rodrigo y el taxista. Perdí la cabeza en ese momento, la sangre me hervía. Reanudé mi camino, pero en otra dirección, de espalda al policía, contoneando mi colita, a un lado, luego al otro. Llegué al punto por donde sabía que pasaría el taxista y me di media vuelta.

    El policía seguía ahí, de pie, disfrutando el espectáculo. Había unos 100 metros entre él y yo, se escuchaba que el taxi se acercaba poco a poco. Vi al policía a los ojos, le sonreí. El policía apuntó con su dedo hacía arriba, señaló una cámara, gritó “¡Todo se está grabando niña!” En ese momento no me importó, le guiñé el ojo al policía y le mandé un beso al aire. El policía sonrió. Puse mis manos sobre un auto estacionado y levanté lo mas que pude mi trasero. Lo empecé a sacudir de lado a lado, sentía el sol sobre mis glúteos lo que hacía arder los lugares donde había recibido las nalgadas de ese día. Después de un rato corto el taxi llego y toco el claxon. “¿¡Hermosa cuanto cobras por ese par de cachetotes?!” Mi colita estaba hacia donde llegó el taxi, volteé la mirada, me puse de pie completamente y caminé hacia el taxi.

    Tenía la venta del copiloto abajo. Me incliné sobre la puerta del copiloto, ahora mi colita estaba hacia el policía y estaba segura de que me la estaba viendo. Asomé mi cabeza al interior del auto, dejando que mis senos se inclinaran, le sonreí al taxista y lo miré con los párpados relajados, le dije “Hola guapo” el me respondió: “Pufff con esa cara de coqueta mamadora y esas tetas gordas no me vayas a querer cobrar tan caro” me dijo el taxista, fingiendo que apenas nos estábamos conociendo. Yo estaba contoneando mi colita para deleite del policía. Me reí un poco de lo que me dijo el taxista y le sonreí, le dije con voz tierna y amable “Soy Angie, la puerca tetona. Me dedico a prostituirme, por unos cuantos pesos te trato como si fueras mi novio de mucho tiempo. Pero a usted por guapo sólo le cobraré la propina, usted decide si cuando me merezco cuando terminemos.” Le dio algo de risa oír eso pero ya estaba también muy excitado, se le notaba una gran erección en su pantalón. Me dijo “¿Segura que no quieres cobrar más? Te voy a tratar bastante duro” le respondí “Si, soy toda de usted, usted es el jefe”. “Súbete cochina” me dijo, abrí la puerta y me senté del lado del copiloto.

    En cuanto cerré la puerta el taxista se inclinó hacia mí y me comenzó a besar, metió su mano izquierda entre mis piernas. Por encima de la tanga de encaje me estaba sobando la vulva, eso me excitó muchísimo, sentía fuertes contracciones en mi vagina, por lo mismo mi colita se movía de un lado a otro y mientras lo besaba yo gimoteaba como una completa tonta. Después de un rato mi corazón se comenzó a acelerar, empecé a sudar mucho y sentía que estaba respirando más rápido. Inconscientemente tenía las piernas tan abiertas como me lo permitía el asiento del copiloto. El taxista seguía sobando con gran velocidad y sin ningún respeto o ternura mi entrepierna.

    De repente me dejó de besar y sólo se dedicó a seguirme sobando la entrepierna y a verme a la cara. Yo estaba jadeando como un animal exaltado “ah ahh ahhh”. Yo tenía la boca abierta y los ojos entrecerrados mirando sus ojos. El tenía una mirada maliciosa y confiada, algo burlona. Me dijo “Mírate, primero tan cotizada y ahora tan jariosa, con las patas todas abiertas, maldita guarra.” Me seguía sobando la entrepierna mientras miraba mi cara con su expresión burlona. Cada vez la presión dentro de mi cuerpo subía más y más. Mis jadeos cada vez eran más rápidos. Estaba escurriendo saliva por mi boca. “Me encanta tu carita de putita y más ahora que estás bramando. Repite que eres una prostituta barata” me ordenó y le hice caso. Entre mis gimoteos yo decía “Soy una prostituta barata” y otra vez “Soy una prostituta barata” y lo seguí repitiendo como pude hasta que mi cuerpo no pudo más y disparó un fuerte orgasmo, se sintió como un espasmo en mi entre pierna que subía como choques eléctricos hasta mi cabeza.

    Tuve el impulso de decirle “Te amo por favor métemela hazme mujer, te amo.” A lo que el me respondió con un manotazo en la cara. “Calmada guarra, ahorita te la encajo” me dijo. No me dolió en ese momento el manotazo por que estaba completamente llena de placer y de sentimientos de amor. De repente sentí una intensa relajación, y la cabeza la sentía entre nubes rosas, me recargué en el asiento y el taxista arrancó. Ni siquiera presté atención a donde íbamos ni me di cuenta cuando salimos del estacionamiento ni por cuanto tiempo condujo, de repente ponía su mano derecha sobre mi muslo izquierdo y me lo sobaba, me decía que ya pronto llegaríamos.

    Sentí que el taxi se detenía y escuché algunos silbidos. Mi mente ya se había aclarado un poco, me incorporé sobre el asiento y vi a un joven dándole señas al taxi. Nos estaba indicando que nos metiéramos a un callejón. El joven estaba mal vestido y la ropa la tenía muy sucia, tenía un trapo rojo en su mano que sacudía en círculos, el taxi se acerco lentamente al joven y comenzaron a intercambiar palabras:

    Joven: Quiobo don Herme ya es la hora del antojo? A cual se trajo ahora?

    Taxista: Una culona que encontré puteando en insurgentes.

    Joven: Uuuy a esa nunca la había traído, está bien chula. Otro día me la presta, como ve?

    Taxista: Ya veremos. Esta libre?

    Joven: Si don, no hay nadie en el callejón y hoy no vinieron a trabajar los del taller, diviértase y yo le aviso si alguien viene. Adiós chula, pórtate bien.

    El taxi avanzó hasta lo más profundo del callejón, estaba entre una barda y un edificio alto que parecía una fábrica. Topó con un muro, era un callejón sin salida. Había basureros a ambos lados, no sabía donde estábamos. Pero si sabía por que estábamos ahí. “Ahora si mi tetona, te voy a dar una cogidona” Me acerqué a él y le di un besito de labios a labios. “Si jefecito, lo que a usted se le antoje” me respondió “Se me antoja que bajes esas tremendas nalgotas de mi taxi” le obedecí y esperé afuera del taxi, vi como se movió al lugar del copiloto. “Ahora si niña, montese de cara a mí.” Pasé mi pierna derecha primero y me monté en él quedando de frente a él. Puso sus manos sobre mis muslos. Movía sus manos de arriba abajo, recorriendo todos mis muslos. Me miraba mi rostro y mis senos, yo lo miraba a los ojos.

    Ahí estaba yo, en lencería y tacones, montada en un hombre desconocido de casi 50 años. “Con esa cara y ese cuerpo sólo te quedaba trabajar de puta, abre la boca.” Le hice caso y escupió un gargajo dentro. “¿Te gusto tu premio puta?” le dije “si jefecito”. Me dijo “Que bueno Angie, ahora disfrutare tus gordas tetas” Se le quedó viendo a mis pechos por un largo rato, sin tocarlas. Luego puso sus manos debajo de ellas y las levanto un poco como para ver cuanto pesaban. “Que bonito brassiere traes tetona” se acercó a mis pechos y le dio un besito a uno, luego a otro. Yo solo lo miraba, sonriéndole. De repente con sus dedos pulgares comenzó a tallar por encima del brassiere. “Ya encontré tus pezoncillos Angie, se sienten ya duritos”. Tomó los tirantes del brassiere y los bajó de mis hombros a mis brazos sentí como mis pechos se liberaron un poco, de repente sentí un salto en mi colita. El taxista empezó a brincar en su asiento bruscamente.

    Mis pechos comenzaron a saltar. El taxista seguía golpeando mi trasero con su miembro haciéndome saltar hasta que mis pechos se comenzaron a salir del brassiere, comenzó a saltar más bruscamente, incluso hizo que me golpeara la cabeza contra el techo del taxi a lo que él dijo riéndose: “Perdón no fue intencional, de todos modos, más pendeja no te puedes quedar”. Continuó con lo mismo hasta que mis dos pechos se liberaron del sostén. Primero rebotaron hacia arriba, luego cedieron ante la gravedad y quedaron colgando de mi cuerpo moviéndose ligeramente de lado a lado. “¿Te gustan?” Le pregunté sonriendo, me dijo “Pinche vieja tetona, estas bien completa y las tienes bien paradas y gordas” yo me reí y vi como buscaba algo en su bolsa. Eran los dos chocolates que había comprado en la plaza, los abrió y vimos como estaban completamente derretidos. Los abrió más y comenzó a embarrar el chocolate derretido en mis pechos. Comenzó por los pezones, pero trato de cubrir lo más posible con ambos paquetes. La sensación era muy agradable, similar a cuando me pongo crema para mantener la piel firme.

    Cuando terminó aventó las envolturas a la parte de atrás del vehículo. Sin avisarme sentí como puso sus manos en mis pompis y comenzó a chupar mis pechos. Tomé su cabeza con mis manos y lo empecé a acariciar tiernamente. Sentía sus labios, su lengua, a veces sentía sus dientes en mis pechos mientras devoraba el chocolate que lo cubría. Cuando llegaba a mis pezones se detenía y comenzaba a molestarlos con su lengua o a darles ligeros mordiscos. Eso me hacía sentir cosquillas en mi estomago y en mi entrepierna. Mi vulva estaba en contacto con su miembro caliente y duro, aunque él aún tenía puesto el pantalón. Sentía que devoraba mis pechos, su lengua iba desde abajo hasta mi pezón o me levantaba una teta para chupar la parte donde se unía con mi pecho. Yo me estaba excitando demasiado, mi entrepierna estaba ya algo sensible y por instinto me tallaba contra su miembro.

    El también estaba cambiando, ya no lo sentía frío y calculador, ahora era más salvaje, no dejaba de apretar mis senos con sus manos y manipularlos para chuparlos mejor, se notaba que estaba disfrutando de mis pechos. De repente interrumpía para decir cosas como ”Pinche vieja tetona” o “Que chichis tan gordas te cargas pendeja” cada que decía esas cosas yo me excitaba más y me daban ganas de besarlo pero él me decía “Espérate pendeja ando gozando tus tetotas”. Después de un rato al fin logró limpiarlas de todo el chocolate. Me miró a los ojos y me dijo “Pinche puta estas bien buena” el contacto visual, sus palabras, la sensación de mis senos completamente cubiertos en su saliva, sus fuertes manos sobre mis pechos, en ese momento me sentí su mujer completamente, no podía pensar con claridad, él era el macho fuerte, inteligente, con determinación y yo era la putita encima de él, sólo usando una tanga de encaje, unos tacones y un maquillaje ya algo arruinado por los besos.

    No sé por qué me pasa pero cuando llego a ese punto no puedo resistir sentir cariño verdadero por la persona con la que estoy, con toda naturalidad le dije “La estoy pasando bien rico amor”, le tomé la cabeza con las dos manos tiernamente y comencé a lamerle la cara para quitarle el chocolate que le quedaba en su rostro. Cuando lo terminé de limpiar por fin se me hizo besarlo, mordí tiernamente sus labios y gocé el sabor de su boca como si fuera un delicioso dulce. Cuando terminó nuestro beso me dijo, “Ahora sí putita, te voy a usar para lo único que sirves, bájate tantito del taxi guarra” le obedecí y el se bajó. Me tomo de la mano y me dio una vuelta “Así te deberías vestir siempre, sólo con tacones y una tanga, tus tetotas al aire y tu cara de pendeja sonriendo” Me sonrojé y le sonreí y luego miré al piso.

    Él acomodó el asiento del copiloto lo más horizontal que pudo a manera de cama “Acuéstate puta” lo obedecí y me acosté boca arriba, me le quede viendo, sonriéndole en todo momento. Con un movimiento brusco, hizo el asiento hasta atrás. Luego me puso el cinturón de seguridad, me quedó entre ambos pechos. “¿Te sabes la de la pollita rostizada?” me preguntó, yo sonriendo le dije que no. “No sabes más que sonreír con esa cara de puta pendeja. Pega tus rodillas lo más que puedas al pecho” Le hice caso y con ayuda de mis manos levanté mis piernas y me puse como cuando los niños se avientan a la alberca de bolita. Si no fuera por el cinturón me hubiera ido para adelante. “Ándale así tonta, ahora sin soltar tus piernas trata de estirarlas y las vas agarrando de más arriba hasta llegar a tus pantorrillas”.

    Le obedecí y con algo de esfuerzo levanté mis piernas hasta que mis muslos tocaban mis pechos y sólo veía mis piernas frente a mi cara. “Puta hija de tu requeté chingada madre, estas bien culona. Pero ahora abre las patas pendeja, que tus chichotas queden entre tus piernas” Le hice caso y pude levantar un poco más las piernas pues mis pechos ahora tocaban la parte interna de mis muslos. “Andale pedazo de zorra, así te debes ofrecer a tus clientes, así es como te ves más bonita, te veo el culo, los jamones que tienes por muslos, tu pinches hoyos que la tanga ni tapa, tus tetotas de vaca y tu cara de mamadora coqueta con esa sonrisa de niña estúpida.” Me quedé así, sonriéndole, sintiendo mucha satisfacción por complacerlo. Del alma me salió decirle “Si mi amor como a ti te guste”.

    Se comenzó a desabrochar el pantalón. Se lo bajó un poco y saco con algo de esfuerzo su pene erecto. Era obscuro, muy velludo, mas grande que mediano, con la cabeza roja, de inmediato me llegó un fuerte olor a hombre. De la punta escurría un líquido cristalino, como miel transparente, muy abundante. Yo seguía en la posición que me indicó, más nerviosa que nunca, sabía que pronto sería penetrada por este extraño. “Ahora sí puta, para lo que naciste” Me acarició mi vulva y me hizo la tanga a un lado, entró en el coche, frente a mí, acostándose sobre mis piernas. Sentía como su peso empujaba mis piernas hacia mí, hasta que mis piernas tocaron mis hombros y mis pantorrillas los hombros de él. “Me fascina tu cara de puta chupa pitos, abre el hocico perra” abrí grande la boca y el dejo caer dentro una gran cantidad de saliva, espesa, salada, con sabor a él. “Gracias mi amor, sabe bien rico” le dije sonriéndole después de tragarme su regalo. “Ahora si putita, ahí te va”.

    Puso su mano izquierda sobre el respaldo del auto para apoyarse y se levantó un poco. Con su mano derecha en su miembro se acomodó y poco a poco fue entrando en mi vagina. Yo me sentía muy asustada pero al mismo tiempo emocionada y encariñada con él. “Ay amor, ay amor, ay amor, ay amor” Yo repetía mientras sentía como su miembro se abría paso poco a poco dentro de mí. “Ay puta, estas apretadita para ser profesional” Me dijo riéndose mientras seguía poco a poco entrando en mí, se sentía su palo hirviendo y grueso y parecía que nunca acababa de entrar. “Chulada de vieja” me decía mientras al fin llegaba al fondo de mí. Yo lo miraba a los ojos, jadeando. De repente lo comenzó a sacar despacio y empezó a mover sus caderas con buen ritmo, hacia adelante, hacia atrás. Me estaba haciendo el amor, poco a poco más y más rápido, sin ningún cuidado ni ternura, pero se notaba que lo estaba disfrutando y yo también. “¿Como te llamas?” entre gemidos le respondí “Angie, tu puerca tetona”.

    Me estaba empujando con fuerza el fondo de mi vagina, se sentía cuando la tocaba, empujaba y sacaba de nuevo para después volver a empujar. De repente nuestras bocas se alcanzaban, nos besábamos, nuestras lenguas se tocaban y nos seguíamos mirando a los ojos. Yo trataba de aguantarme los pujidos pero después de como ocho minutos de estar siendo cogida no pude. “Uh, ay mi amooor” Entre gritos y aullidos no podía dejar de exclamar el placer que estaba sintiendo. “Uh. Uh.” Después de unos minutos más, la presión se comenzó a acumular en mí. Él no dejaba de impactar la punta de su miembro contra el fondo de mi vagina, cada vez que eso pasaba yo sentía un escalofrío en todo el cuerpo, la piel se me ponía de gallina y mi respiración se aceleraba más y más; como si estuviera corriendo.

    “Jadeas como una perra correteada” me decía con voz burlona. Yo me aferraba a sus brazos, con mis manos, lo más fuerte que podía.

    El se veía confiado, fuerte, como si supiera exactamente lo que estaba haciendo. Sus ojos me miraban a la cara, miraban mis pechos. “Te rebotan bien chido pendeja”.

    Sentía su pito como rozaba toda la pared de mi vagina mientras salía y luego de nuevo al entrar, sólo paraba al sentir el fondo de mí. A veces se detenía ahí y empujaba un poco más. “Ya te falta poco, pero ya disfrutaste tú. Me toca a mí putita, haré que te ganes tu propina”

    Tomó con sus manos mis dos piernas y las empujó hacía mí, doblándolas y estirándolas al límite, sentía una mezcla muy extraña entre dolor y placer. Mis muslos se apretaban contra mis hombros. Él se estaba divirtiendo. Y comenzó a empujar, meter y sacar su miembro con gran velocidad. El taxi temblaba y brincaba de arriba abajo. Yo estaba gritando, jadeando, berreando, todo al mismo tiempo. Mi cuerpo estaba empapado en una mezcla de su sudor y mío. “Ay puta de mierda estas bien buena” decía él mientras apretaba mis piernas, casi enterrando sus uñas en mi piel. Ahora se veía tenso, excitado, fuera de sí; él estaba disfrutando mucho mi cuerpo.

    Él seguía en lo suyo sin preocuparse por mí, sus ojos se enfocaban en mis pechos. Yo sentía mi cuerpo casi a punto de ebullición, la cabeza me explotaba de placer, hasta que un orgasmo intensísimo se desató en mí. Recorriendo todo mi cuerpo, partiendo desde mi entre pierna hasta subir a mi cabeza. Por unos segundos todo lo vi en color de rosa. Como si estuviera en una nube de algodón de azúcar. Dulce y suave. Sin pensarlo y como por instinto dije “Te amo mi macho adorado” él seguía muy intenso y no descansaba de sus empujones conta mí. “Cállate puta” me dijo mientras soltaba mis piernas y de golpe tomaba mis pechos, apretándolos contra mi cuerpo. Yo me encontraba aun muy relajada y adormilada por el orgasmo pero sus manos pellizcando fuerte mis pechos. Me encantaba el abuso al que me estaba sometiendo. Me sentía completamente suya, sin poder hacer nada. “Vente dentro papi” le dije con voz tierna, de corazón deseando su semen dentro mí.

    Me cumplió mi deseo.

  • La abogada Paulina y su cliente Enrique

    La abogada Paulina y su cliente Enrique

    La abogada Paulina Lennoz de 26 años se encontraba sentada en su despacho pensando en su atractivo cliente Enrique Miller: un atractivo hombre de 45 años, bastante alto, muy corpulento, pelo bien rapado y ojos marrones oscuros.

    Enrique era arquitecto y la empresa para quien trabajaba lo había despedido injustamente por eso mismo había acudido a Paulina.

    Ella tenía muchas ganas de verlo y comentarle como estaba avanzando el caso, pero los pensamientos sexuales con su cliente eran cada vez más abundantes.

    Ella sabía que con esto estaba rompiendo una regla de ética, como abogada no tenía que involucrarse sentimentalmente ni sexualmente con ningún cliente.

    -¡Al diablo con la ética!- Exclamo y lo llamo

    Luego de unos minutos Enrique estaba en su estudio.

    -Buenas tardes Enrique, tome asiento

    -Buenas tardes doctora- dijo el y se sentó.

    -Tengo novedades de tu caso, estamos avanzando muy bien, la empresa que ha decidido despedirte injustamente va a pagar las consecuencias, ya los demande y vamos a ir a juicio, deberan pagarte unos buenos dólares.

    -¿Y si se niegan a pagarme?

    -Ya me asegure de eso, el juez los va a obligar por que lo que ellos hicieron fue violar tu derecho laboral.

    -Muchas gracias abogada usted es la mejor- el alargo su mano y ella se la tomo, entrelazaron los dedos y Enrique le acaricio suavemente la palma.

    -El momento es ahora- penso Paulina.

    Ambos se levantaron y el le dio un beso en la mejilla y ella lo abrazo.

    Luego Paulina le puso seguro a la puerta.

    -Para que nadie nos moleste- le susurro a Enrique en el oído y el se dio cuenta de que era lo que esa mujer queria: ella deseaba que el le hiciera el amor duro y salvaje y se lo haría.

    Paulina puso los brazos alrededor del cuello de Enrique, el se puso a la altura de ella y se besaron apasionadamente, Paulina chupaba y mordía lentamente el labio de Enrique mientras el le acariciaba las nalgas con ambas manos.

    Pero luego las caricias fueron a otro extremo por que el le saco la falda y pudo ver su tanga azul, aun así ella siguio besandolo y el continuo acariciando su redondo y blanco trasero.

    Paulina se separo de los labios de Enrique para sacarse la blusa y el sosten quedando con sus pechos libres.

    Luego lo devistio a el y pudo ver que su pene era muy grande, mucho más grande que los penes de los abogados con que ella habia cogido (pues, Paulina se habia acostado con todos sus colegas hasta con un juez).

    Y la idea de que el pene de ese hombre fuera tan grande la excito demasiado.

    Ella se subio al escritorio de madera abriendo las piernas todo lo que podía.

    Enrique tuvo una vista privilegiada del coño de paulina: rosado y completamente depilado, hasta un poco gordito.

    -Que delicia de coño- dijo mientras se humedecia tres dedos con saliva y los introducia en la hermosa vagina, empezo a hacer movimientos dentro del coño, se sentía apretado y super caliente pero después con tanta estimulacion se fue abriendo de a poco.

    Y otros 2 dedos los puso en la boca de Paulina y ella se los chupo sensualmente mientras gemia.

    Con esos dedos que saco mojados de la vagina y de la boca se dedico a estimular los pezones, los tenia duritos de la excitaciòn que esto le estaba causando (se estaba por coger a su abogada).

    Despues de una rica chupada de senos fue el momento de la penetración.

    Ella abrio más las piernas y el la agarro de la cadera para situarla más cerca y la penetro suave.

    Pero cuando su pene hubo entrado en el coño de Paulina el no fue nada suave (era un tipo que le gustaba coger muy duro y salvaje, disfrutaba mucho cuando las mujeres gemian con su gran pene adentro).

    Las embestidas salvajes de Enrique hicieron gemir a la abogada y que sus tetas se movieran de arriba a abajo con una velocidad que no se habian movido nunca.

    Mientras el la embestia ella se tocaba la vagina frenéticamente y el ritmo era duro, rápido y fuerte.

    Cuando el pene hubo salido de la vagina habia una buena cantidad de eyaculación femenina en el escritorio.

    Paulina se vio el coño bien rojo por las embestidas.

    -Es una bestia como coge, pero lo estoy disfrutando- fue su pensamiento.

    Luego la chica se dio vuelta y levanto su trasero bastante para que Enrique lo vea.

    -Penetrame por atrás y hacelo mucho más fuerte.

    -Es una amante del sexo- dijo en su mente Enrique.

    La habia penetrado salvajemente por adelante y ella queria más fuerte por atrás.

    Pero cumplio el deseo de ella y así lo hizo.

    Durante 15 minutos la penetro con una fuerza y velocidad sobrehumanas por atrás, los gemidos de ella fueron extremadamente fuertes y el termino todo sudado por el esfuerzo físico que hizo por cumplir el deseo.

    Fue el sexo más fuerte, salvaje y maravilloso que han tenido ambos.