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  • El regalo de cumpleaños

    El regalo de cumpleaños

    En este cuento Vali se sincera y en una suerte de catarsis me señala que desde ese momento aprendió con quién podía meterse y con quien no, porque por ser una zorra que pensó era más inteligente que el resto, recibieron ella y su inseparable e igual de caliente amiga, la lección de su vida.

    I

    El amigo del hijo de Vali cerraba la puerta tras sí. Ya no sería una molestia para ella, por lo que satisfechos, brindamos con champagne y follamos como perros en celo todo el resto de la mañana hasta la hora del almuerzo pasada. De vuelta del baño, Vali sentada sobre la cama, desnuda, hablaba por celular.

    Mis ojos no podían evadir verla… Valeska es una mujer de 1.50 m con mentirosos 45 años, de blanca piel, cabello semi ondulado, largo, color castaño claro con matices más claros que lucía hasta media espalda.

    Expresivos y vivaces ojos, acompañaban un generoso par de labios que enmarcaban a una delineada y hermosa boca. Cuello largo y estilizado, senos más bien pequeños, pero perfectamente formados, ambos coronados por sendos y definidos pezones.

    De escasa cintura como la mayoría de las bajitas, sin embargo, ostenta un sexy par de margaritas en medio de la espalda baja, justo encima de su proporcionado y bien formado culo que si bien grande no es, al igual que sus pechos, es de formas perfectas y con el tamaño adecuadamente proporcionado a su tamaño y complexión. De piernas estilizadas y largas con bellos y refinados pies.

    Una forma de describir a Valeska es afirmar que es de las mujeres que se ven bien con y sin ropa sin ser una modelo inmaculada. Y es quizás por la soltura de cuerpo con la que se desenvuelve o su rostro de niña de bien o ambos… Volví a la realidad al notar que la charla llegaba a su fin.

    Vali: si chini… no me olvidaré… pilas doble a y el pan. Yo también. Besos.

    Yo: no te cansa esta doble vida?

    Vali: un poco, a veces…

    Yo: y por qué sigues viviendo igual…

    Vali: porque me acomoda y tiene sus beneficios… excepto cuando me pasan cosas como la que viví con esos pendejos que a pesar del miedo igual lo disfruté, pero igual me sentí usada sin mi consentimiento y eso no me agrada…

    Yo: Entiendo… oye… y qué pasó con la foto?

    Vali: aquí la tienes… rómpela después de verla, porfa…

    Yo: oye chica… me contarías algún día la historia que hay detrás de esta foto…

    Vali: -sacándola con gentileza de mis manos para mirarla, me dijo casi con nostalgia, pensé,- Era una pendeja con 19 años recién cumplidos. Era mi fiesta de cumpleaños organizada por mi novio de entonces, supuestamente para disfrutar con las amistades. Menos mal que me acompañaba una amiga… pues resultó que el muy desgraciado solo convocó a 7 invitados, todos hombres, cada uno de ellos con una plausible explicación por la ausencia de sus parejas… que el niño, que el baby shower de la hermana y así… Cuento corto… nos emborracharon y follaron, por el coño y la boca, sin misericordia a cada una, de dos en dos por toda la noche… -por casi 5 segundos guardó un solemne silencio, tiempo en el tampoco dejó de mirar la instantánea. De pronto siguió.- Otro día te cuento los detalles, si aún los quieres escuchar, solo te adelantaré que después de ese día nunca más fui la misma. Ese día comencé a ver al sexo como una eterna y constante búsqueda del placer carnal en todas sus manifestaciones… En ese cumpleaños me volví la puta que ahora soy…

    Yo: eres la puta con más garbo que conozco… -sonreí cálidamente- te puedo hacer una pregunta más?

    Vali: la que quieras…

    Yo: por qué el papá de ese pendejo tenía la foto en su poder?

    Vali: al comienzo ni me lo pregunté, luego no logré establecer conexión alguna entre el tonto y mi foto… pero luego, por algo que mencionaste, lo supe… este loco una vez nos dijo a mi marido y a mí en una conversación sobre fútbol de barrio, que conocía a varias personas de mi juventud, nombrando solo a uno. Curiosamente ese uno aparece en segundo plano en la foto. Maldito…

    Yo: entiendo… te quiere tener en sus manos, Vali… quería meterte miedo, pero a mi entender no tienes de qué preocuparte… tienes la foto y por si todo falla y si lo que temes es que se entere tu esposo, él al ver la imagen se dará cuenta que es de hace mucho tiempo y que por ello no le debes ninguna explicación por ello…

    Vali: yo no entendería eso… pero sé que tienes razón…

    Vali miraba la foto con ojos que no logré descifrar. Arrugaba la frente, juntaba las cejas, débilmente sonreía. La observaba sin querer interrumpir sus pensamientos, por lo que con el fin de darle intimidad, me levanté para ir en busca de algo para la sed.

    Vali: para dónde vas, Cris???

    Yo: a la cocina… quiere que le traiga algo?

    Vali: por qué eres tan gentil conmigo si lo único que soy es una puta…

    Yo: tal vez lo seas, pero eres una con estilo… y me agrada eso… Además para ser sincero no eres mi esposa…

    Vali: y si lo fuera???

    Yo: si lo fueras… de partida nunca me hubieras contado nada de tus vivencias y si supiera que me engañaste… no te lo perdonaría…

    Vali: y por qué no???

    Yo: porque los hechos demuestran que sigues incurriendo en lo mismo… y creo que no es porque tu esposo no te satisfaga, sino porque lo necesitas… digamos que tienes vocación de puta…

    Vali: jajaja… tal vez tengas razón… me gusta estar contigo porque siempre me subes el ánimo…

    Yo: y porque te gusta mi corneta… no lo niegues…

    Los dos: jajaja…

    Vali: aún quieres escuchar la historia de esto???

    Yo: todo el rato, chica… todo el rato… qué haces?

    Vali: prepararme para contarte lo de esa noche… por???

    Yo: porque a menos que sientas frío, no necesitas ponerte nada encima… Así como estás, piluchita, es mucho más que buenísimo…

    A partir de las siguientes líneas será Valeska o Vali quien narrará en primera persona la historia.

    II

    El día que cumplí los 19 años, recuerdo que fue un jueves, lo celebré con mis padres, abuela y Hugo, el primer pololo que me permitieron en la casa. Hugo es 6 años mayor que yo y manteníamos una relación seria desde hace casi dos años. Siendo los últimos meses algo agitados.

    Dije agitados, porque alrededor de tres o cuatro meses antes del cumple, lo fui engañando con cada uno de sus 7 amigos del barrio con los que mantenía una relación desde la niñez, en venganza a un tonto beso que se dio con otra tonta por ahí.

    Dado que Hugo nunca dio muestras de saber nada, pues sabía, era muy celoso y de enterarse ya algo habría hecho en represalia, no le di más vueltas al asunto, olvidándolo. Tremendo error de mi parte. Ese día con mi familia se comportó como siempre. En el momento de los regalos, al entregarme el suyo me dijo al oído, -este es el primero, el otro te lo daré el sábado, en la casa que nos prestó mi tío para tu fiesta, qué le parece?-.

    El día del cumpleaños, con Silvana, mi amiga del alma, decidimos arreglarnos juntas en su casa. Ella, 5 cm más alta que yo, de complexión parecida, pero más voluptuosa, sobre todo porque la Silvi se gasta aún el medio ni que culaso.

    Pelo negro, abundante, largo y ondulado, ojos almendrados y una generosa boca, sobresalen en un rostro atractivo. Para la ocasión, se puso una minifalda hasta medio muslo de algodón strech ajustada y larga hasta una palma sobre la rodilla.

    Yo en cambio, terminé decidiéndome a favor de un ajustado peto negro sin sostenes para arriba. Lo combiné con una minifalda de mezclilla celeste, larga hasta medio muslo y unos zapatos rojos con los dedos descubiertos y una caña sobre el tobillo unida por tiras rojas tipo sandalia romana, pero con taco alto.

    Hugo pasó por nosotras a las 8 pm en punto. Media hora después llegábamos a nuestro destino. La casa parecía vacía, pues ninguna ventana dejaba traslucir luz desde el interior. Mi negro, al parecer leyó la decepción en mi cara, pues puso su mano en mi hombro y como contando un secreto, dijo: -están todos invitados a las 9, chiquita.- y sonrió.

    Hugo: vengan… entremos… tengo todo listo…

    Silvana: -en cuanto las luces iluminaron el interior.- wow… tu tío… parece que tiene dinero… es muy linda.

    Yo: si, amor… es igual de bella como la recordaba… y el tío willy?

    Hugo: en la parcela reparando no recuerdo qué… -Silvana abrió una puerta de madera con un traga luz rectangular en el centro casi tan largo como la puerta misma.- esa, Silvi, es la habitación que uso yo cuando vengo a quedarme. Y ésa, -dijo apuntando a otra puerta al fondo de la habitación donde nos encontrábamos.- es la pieza del tío. No lo intenten. Siempre está cerrada, excepto cuando él está.

    Yo: por qué no le ponemos color a esto para que de una vez, parezca una fiesta de cumple…

    Hugo: esa es mi chiquita… pónganse cómodas mientras cumplo el deseo de esta hermosa mujer.

    Luego de besar tiernamente mis labios, dio media vuelta y partió. En menos de 5 minutos quedó todo funcionando y nosotros tres, acomodados en tres sitiales alrededor de una mesa que soportaba el picadillo y los vasos.

    Conversamos animadamente los tres durante un rato hasta que un comentario misógino respecto a las capacidades de una mujer en el juego de suelo que requiere, elasticidad, equilibrio y fuerza, conocido en Chile con el nombre de twister. Lo reté en ese mismo momento, contestando que ni la ocasión ni la ropa eran las adecuadas. No repliqué, pero no lo olvidé.

    Nos servíamos la tercera ronda de tequila con limón y sal, las 10 pm estaban a escasas vueltas del segundero cuando los invitados comenzaron a llegar. El primero fue su mejor amigo, Daniel. Dado que venía solo, nos explicó que la Jime, su pareja, se encontraba en cama con fiebre, pero que le enviaba a Vali, todo su amor.

    De ese modo, fueron apareciendo sin sus parejas, Carlos que terminaron, Claudio que nadie pudo cuidar al niño, Pablo, Pancho que no le dieron permiso, los gemelos José y Pato (todos sabíamos que no tenían pareja) y Arturo que el hijo de ella se enfermó y no quiso dejarlo con nadie más. En el fondo, cada uno tenía una excusa plausible para por lo menos, llegar solos. Cuando ya estábamos todos, noté una curiosa casualidad. Había follado con cada uno de los hombres que se encontraban en la habitación.

    Durante las siguientes dos horas, bailamos, bebimos, bailamos, bebimos, bebimos, bailamos, bebimos, bebimos, bebimos y por supuesto, reímos a carcajadas en innumerables ocasiones. No recuerdo en qué momento la Silvi pasó de bailar, animada, con Carlos, Pancho y los gemelos a hacerlo solo con los gemelos. En todo caso, parecía a gusto.

    Mientras Silvi contoneaba sensualmente su cuerpo para los gemelos, yo bailaba algo más desinhibida por el tequila pero no tanto como mi amiga con Pancho que de dejar a mi amiga llegó sin perder el ritmo a mi lado, sumándosele Carlos y luego Claudio. Me hacía la de la chacra cada vez que al oído alguno de mis parejas de baile me decía lo rica que estaba o por qué no nos íbamos a otro lado.

    No faltó el más audaz que acompañó sus soeces palabras con un sutil pellizco al pezón de mi seno derecho que me propinó por detrás por lo que no alcancé a individualizarlo. En fin, dijo, -te follaría aquí mismo, putita.-

    Miraba continuamente a mi Hugo. Cada vez que lo hacía, encontraba sus ojos enfocados en los míos con intensidad. Conversaba con Daniel de manera fluida y cercana, pero sin perderme de vista en ningún momento. Eso me gustaba.

    Bailamos por otra hora más, pero al cabo, cansados y acalorados. Corrimos los muebles hacia los costados y nos sentamos sobre la alfombra, uno al lado del otro, formando un círculo. Daniel, ocioso, tomó una botella vacía de grolsh, la acostó y comenzó a hacerla girar.

    Daniel: y si jugamos verdad o prenda –reto… quién se anima.

    Hugo: yo le entro… ven Vali… juega también…

    Yo: -me sentí acorralada e incapacitada para negarme.- está bien… háganme lugar, por favor.

    III

    Resultó divertido al principio, pues las preguntas eran superfluas o banales. Pero después de llevar jugando poco más de una hora, en un momento dado, las preguntas y pruebas comenzaron a cambiar, poniéndose cada vez más picantes y audaces, hasta que…

    Daniel: -la botella apuntaba a Claudio- Has follado con alguno de los presentes? Verdad o prueba…

    Claudio: cuál es la prueba…

    Hugo: debes chuparle el pito al Pablo por 30 segundos.

    Claudio: en ese caso… prefiero verdad… la respuesta es sí…

    La botella giró una vez más. Una vez inmóvil, su gollete apuntaba a mi persona… tragué saliva. Miraba a Hugo, porque pensaba que él preguntaría, pero fue Daniel quien habló.

    Daniel: Y tú, chica, has follado con alguno de los presentes???

    Yo: y cuál sería la alternativa a contestar?

    Hugo: te trataremos como a una puta que contratamos para saciar nuestros más bajos apetitos y cumplir todos aquellos sueños que nos hacen despertar mojado…

    Yo: si… -era obvio, pensaba yo, que Hugo pensaría que me refería solo a él… me sentí aliviada-.

    Hugo: mmm… es que no te lo dije… se lo dije o no se lo dije? –Hablando a sus amigos.- no estoy incluido en la pregunta por lo obvio de la respuesta… Entiendes???

    Yo: -con mirada desafiante- te daré mi respuesta solo si tú me respondes si acaso tienes alguna preferencia especial por saber la verdad o que cumpla el reto…

    Hugo: ya que lo preguntas y dadas las circunstancias, te diré que por lejos prefiero cumplas el reto…

    Yo: -los 5 amigos me miraban como si el hambre los devorara por dentro y yo fuera un pollo asado-. Quieres que me traten como a una puta… a mí… a tú mujer… en qué estás pensando? Te convertiste en un pervertido… qué harás tú… mirar o participarás???

    Hugo: mira cabrita… estoy al tanto de todo…

    Yo: de qué hablas… quieres hablar claro???

    Hugo: córtala con fingir que no sabes de qué hablo.

    Pablo: todos le contamos… así que te sugiero dejes de hacer el ridículo… -alzando el tono.- puede alguien bajar el volumen de la música, por favor.

    En cuanto la cortina de música desapareció, todos oímos con claridad los típicos sonidos que se emiten en una follada. Silvi, aullaba como perra en celo. La voz de uno de los gemelos de súbito alcanzó el volumen suficiente para ser escuchada nítidamente.

    Gemelo 1: baja los decibeles, será mejor, perra… o el que te escuche querrá participar de la fiesta que tenemos acá… te gusta la verga de mi hermano, putita??? –jadeos fueron la respuesta- y ahora… me la chuparías mientras gozas con la de mi hermano??? Eso, putita… cómetela toda… dale fuerte bro, así es como más le gusta…

    Después de eso, no fue necesaria mi respuesta. Antes que pudiera reaccionar cuatro brazos fuertes tomaron cada una de mis extremidades, acostándome mirando al techo y abriéndolas al máximo de sus posibilidades y otras tantas más, tocándome con aspereza todo mi cuerpo. El bikini había desaparecido y por primera vez, sentí miedo cuando vi a Hugo, mirándome como si estuviese viendo la filmación en vivo de una película porno conmigo como protagonista.

    Nunca antes había visto esa mirada en sus ojos. Fría y calculadora, soberbia y retorcidamente lujuriosa. Quería castigarme por mis infidelidades y las humillaciones que de ellas derivaron para su persona y no ocultaba, al contrario, resultaba evidente que lo estaba gozando.

    Hugo: te voy a dar una alternativa a tu dilema… es fácil. Deténganse por favor, amigos… Opción A: eres una buena perra y por ello además de usarte, te haremos gozar… Opción B: eres una perra poco cooperadora y solo te usaremos sin preocuparnos si acaso lo gozas o no…

    Yo: seré una buena perra… lo prometo…

    Hugo: una lástima… pero en fin… suéltenla… será nuestra putita como su amiguita ya lo es de los gemelos y por cierto, de todo aquel que quiera sumarse a su fiesta privada… Volviendo a ti, -me dijo- quiero que saques ese bikini y vengas para, entre mis piernas, te pongas en 4 de manera tal que puedas chuparme la verga. Amigos… definan el orden en el que, uno tras otro, se la follarán…

    Yo: -arrodillada antes de quedar en 4- y no que me harían gozar…

    Hugo: nunca especifiqué el orden… mis palabras fueron además de usarte, te haremos gozar… y me estoy ateniendo a su sentido literal para honrarlas a ellas, a nosotros y por supuesto a ti.

    A partir de ahora, el relator vuelvo a ser yo, Cri.

    Vali: nunca admitiría que lo dije, Cri, pero si soy sincera, aún no estoy segura si me lo merecía o no, pero de lo que sí estoy segura es que aquella vez sentí más miedo y dolor que placer y… sentí que fui algo así como marcada… tuve esa sensación hasta que los conocí a ti y tu amigo JC… Ustedes lo cambiaron todo… especialmente tú Cri… me tratas de tal manera que… que no quiero separarme de tu lado y eso me está comenzando a asustar…

    Yo: enamorarte de un amante es una estupidez típica de un adolescente… enfócate mujer… te trato bien no solo porque es lo que corresponde haga, sino porque así soy yo con todas las personas… Atento, cordial, amable, bueno para escuchar… La única razón por la cual recibirías un golpe de mi parte es que en un momento de mucha calentura, tú me lo pidieras… me pidieras que te golpeara…

    Vali: Uy que rico…

    Yo: tu problema principal es que eliges a tus amantes con los ovarios cuando deberías hacerlo con tu cerebro para una vez hecha la elección recién ahí pasarle el control al clítoris y no antes o al revés. Entiendes…

    Vali: no… más o menos… si po… pero…

    Yo: y dale con que las gallinas mean… por qué mejor no sigues con la historia aunque más o menos me imagino lo que pasó.

    Vali: Versión resumida o cuento corto: fue Claudio quien comenzó y menos mal, pues si bien su verga era grande y gruesa, la de Pablo era descomunal…

    Nuevamente toma la primera persona Valeska desde el siguiente reglón.

    Ahí estaba yo. En 4 patas, comiéndome la polla de Hugo con la boca y al mismo tiempo, siendo, bruscamente follada por el coño que a pesar de tenerlo mojado, la brutalidad con la que fui penetrada, solo causó dolor.

    Claudio me folló el coño a todo ritmo por largos 20 minutos, acabando, por órdenes de Hugo, entre mis nalgas para que escurriera por el ano antes de caer. Fue eficazmente reemplazado por Carlos, repitiendo casi calcado el modus operandi de su antecesor. En otras palabras, penetró en mi coño de una sola y brusca puntada, comenzó de inmediato con un ritmo salvaje, pero a diferencia de la anterior, la follada de Carlos duró poco más de 5 minutos, repitiendo el mismo ritual al acabar.

    Durante todo ese tiempo, Hugo mantuvo mi boca ocupada con su erecta verga, llevando el ritmo de la mamada, utilizando mi pelo como verdaderas riendas. Aumentó la velocidad del mete y saca casi al mismo tiempo que Carlos, pero lo mantuvo casi dos minutos después que éste eyaculara, acabando en la entrada de mi garganta, obligándome a tragar la mayor parte de su semen. Aquella fue la segunda vez que probé el sabor del semen y… como en la vez anterior, no logré determinar si me gustaba, Sin embargo, al menos sabía no me desagradó.

    Hugo: -en cuanto sacó su verga de mi boca- trágatelo todo, puta… eso… y ustedes tienen permiso para darle duro a esta perra… sin golpes… no queremos moretones o marcas en la piel…

    Entonces, entre Pancho y Daniel me dieron vuelta, dejándome acostada de espalda. Pancho separó mis rodillas empujándolas con una mano en cada una de ellas. Y como sus amigos, penetró mi coño ásperamente, iniciando un mete y saca tosco y arrítmico. De pronto, a mi derecha, vi una sombra acercarse. Era la verga parada de Daniel ofreciéndose como un codiciado dulce.

    Mi boca se abrió gracias a la presión que ejercieron las manos de Hugo sobre mi mandíbula. Nuevamente estaba siendo bruscamente follada por dos pollas. Una en mi boca y la otra en mi coño. Luego de un rato, acabaron ambos casi al mismo tiempo, salpicándome los pechos y el estómago con abundantes fluidos seminales.

    Nuevamente fui puesta en 4 y penetrada por Claudio y Arturo por el coño y la boca respectivamente y follada como si fuera una puta, porque a partir de ese momento, comenzaron a tratarme como si de verdad fuera una cualquiera no solo en el trato físico, sino también en el verbal.

    Por momentos sentía como llegaban, audibles, los aullidos, casi gritos de mi amiga provenientes de la otra habitación. Perdí la noción del tiempo en la penumbra del lugar y ya no diferenciaba una polla de otra… Solo recuerdo claramente que durante horas fui follada por el coño y la boca por al menos, tres parejas distintas.

    Al final, cuando todos estaban saciados incluso hastiados de sexo, nos dejaron tranquilas. Entonces, nos vestimos y cuando estábamos a punto de salir de la casa, apareció Hugo, interponiéndose entre la salida y nosotras.

    Hugo: supongo que sabes por qué te pasó esto o no… puta descarada… no me esperes a tomar onces… ni hoy ni nunca más… en cuanto a ti, Silvi… debo decirte que eres una diosa… y follarte fue de película… ya lo sabes… cuándo quieras…

    Yo: eres un idiota pervertido…

    Hugo: si… y tú una puta en celo…

    Silvana: vámonos, Vali… -ya fuera de la casa, agregó,- menos mal que te deshaces de este parásito, bueno para nada… te sacaste un cacho de encima, amiga… y no sé cómo duraste tanto con alguien que folla tan mal…

    Las dos: jajaja

    Yo: me duele todo, especialmente el coño y mandíbula, pero no recuerdo haberlo gozado y tú…

    Silvana: tampoco, amiga…

    Yo: tú me conoces, amiga y sabes que no soy lesbi…

    Silvana: yo tampoco, pero sí… vamos…

    El relator vuelvo a ser yo desde acá en más.

    Yo: y…

    Vali: y qué?

    Yo: y qué pasó con tu amiga Silvana…

    Vali: ah no… no seas pillín… esa es otra historia…

  • Hermana buscona

    Hermana buscona

    Como todas las noches de aquel invierno frio fui y me metí en la cama de mi hermano con un minishort y con una remera pequeña que apenas cubría mis tetas.  Quería que él se diese cuenta que ya no era una niña sino una mujer que se sentía atraía por el pero hasta ese momento siempre se mantuvo detrás de la raya. Yo lo buscaba todas las noches y lo hacía siendo poco sutil, me encantaba frotarle la cola de manera disimulada o sino lo que hacía era agarrarle el brazo para que me abrace y que me tocase también pero él no lo hacía. Entonces yo decidida para que ocurra algo entre nosotros hice algo que no había hecho hasta ese momento.

    Lo que hice en primer lugar fue agarrar su mano y llevarla a mi entrepierna, entonces con estas abiertas de par en par hice que me tocase allí abajo, con lo cual yo empecé a gemir. Pasados unos segundos fui soltando su mano para que el solo me tocase y ya cuando tenía ambas manos libres comencé a tocarme las tetas por debajo de la remera y continúe gimiendo ya que el continuo tocándome allí abajo.

    Entonces debido a todo esto entre en un estado de calentura total que me condujo a subirme encima de el. En este nuevo lugar que no conocía hice algo que tampoco había hecho hasta se momento y que fue sacarme la remera y enseñarles las tetas en vivo y en directo. El al verlas abrió tanto sus ojos que dejó de tener sueño así que ya no quería dormir, ahora quería tocarme las tetas, por lo tanto, elevo sus brazos hasta llegar a ellas.

    Sus manos envolvieron por completo la copa de mis senos y sus dedos se hundieron en mi piel provocando que hiciera un gemido bastante agudo y particular. Al mismo tiempo que el me apretaba las tetas empecé a menear mi cadera generando cierto roce entre su miembro viril y mi cola, esto y sumado a que me estaba tocando las gomas provocó que en cuestión de segundos sufriera una erección. Entonces el sintió que debía tomar el control de la situación así que bajo sus manos hasta tenerlas en mi cadera y agarrándome fuerte me hizo dar vuelta dejándome debajo suyo.

    A continuación el se sacó la remera y se dejó caer encima mío, entonces comenzó a besarme en el cuello y fue bajando hasta llegar a mis tetas. Allí me las volvió a agarrar y apretar como ya lo había hecho pero con la diferencia que ahora se llevó mis pezones a su boca. El me los empezó a morder y a chupar lo cual hizo que yo moviera la cabeza para todos lados ya que estaba sintiendo un nuevo tipo de placer.

    Luego de quedarse momentáneamente en mis tetas fue bajando más y al llegar a mi cintura decidió quitarme mi minishort y mi ropa interior. Entonces abrió mis piernas y llevo su boca hasta la entrada de mi vagina. Allí el mirándome a los ojos comenzó a darme pequeños besos tras otro y luego eso se convirtió en lamidas que iban desde abajo hacia arriba. Sin duda esto hizo que me retorciera y que apretara las almohadas con mi manos pero nada de eso se compara con lo que hizo a continuación.

    El abrió toda su boca y me tapo la raja con ella, entonces comenzó a succionar y a meter su lengua dentro mío. Esto literalmente me hizo ver la estrella porque su lengua no se quedaba quieta sino que se movía para todos lados así que llego a tocar todo, incluso las partes que son más sensibles. Obviamente yo provocado por esto empecé a gemir más fuerte por lo cual tuve que taparme la boca para que no se escuche nada hacia afuera.

    Después de este hermoso momento que me hizo sentir y sin bajarse de la cama se quito el short y el calzoncillo quedando en pelotas al igual que yo. Entonces se acercó hacia mi y se coloco justo a mi lado con su pene erecto a centímetros de mi boca. El quería que yo se la chupara y no hizo falta que me lo diga, yo misma entendí que era eso lo que quería así que se la agarre con una mano y empecé a darle besos por todo el tronco.

    El cerro sus ojos e inclino su cabeza hacia atrás al sentir mis besos en su miembro en una clara muestra de que sintió placer al yo hacer eso. Esto me motivo a seguir haciéndolo por varios segundos más hasta que en cierto momento decidí abrir la boca y metermela dentro. Entonces yo con su pija dentro de mi boca comencé a chuparsela y el en otra clara muestra de placer empezó a retorcerse y a realizar pequeños gemidos que sonaban como un ahhh.

    Luego de estar varios segundos haciéndolo me fui sintiendo más cómoda y me empezó a gustar el sabor que tenía así que ocurrió que se la empecé a chupar de forma más natural, como si ya tuviese cierta experiencia. Por lo tanto, se empezó a escuchar en toda la habitación de mi hermano el típico «glup glup glup» que hacen las mujeres que cuentan ya con cierta experiencia tragando.

    Fueron aproximadamente unos 15 minutos los cuales yo pasé con su pija en mi boca, o sea, que su miembro terminó todo ensalivado y perfecto para penetrarme pero el no quiso hacerlo sin protección así que me tuve que conformar con que me eyacule en las tetas aquella noche.

  • Facebook me sorprendió (6): Final

    Facebook me sorprendió (6): Final

    Como ya he dicho nos llevamos 28 años de diferencia, pero la edad es solo un número. Luego de tan exquisito día de sexo, miles de cosas rondan por mi cabeza, nos relacionamos por primera vez por las redes sociales, Facebook específicamente, y en forma casi inmediata, forjamos eso que llaman piel.

    Nuestra historia, con el correr del tiempo, causo muchas diferencias con nuestras familias, pero al fin pudimos superar el mal momento de esos prejuicios… su dulce voz me trajo a la realidad:

    –Gino, no es que no me guste estar con vos, ni que la haya pasado mal, pero quisiera ir a casa, tengo algunos compromisos que debo resolver.

    –No hay problema mi princesa, vamos y te dejo en tu hogar.

    Dicho esto nos aprontamos y la lleve a su casa; luego de unos mimos, caricias y besos, nos despedimos con un, hasta luego.

    Ya en la soledad de mi morada, volvieron a mi cabeza los pensamientos interrumpidos, sobre una plataforma que permitió mi “amistad” con Mica y todas las trabas que sobrevendrían en nuestra relación, porque nunca entenderían, como una de las tantas redes sociales, logro que dos personas se toparan con, hasta ahora, la mejor historia de amor, en esta época muy cibernética y tecnológica que ha cambiado mucho las formas en que se interactúa, y las personas pueden llegar a relacionarse e incluso a enamorarse.

    Hasta este momento, todo sucedía entre encuentros fugaces, y escrituras por WhatsApp, que se dividían en noches de sexo y largas charlas, se nos hizo simple, sobre todo por watts, poder hablar de las cosas más censurables, pues tuvimos una conexión casi inmediata, con varias cosas afines, playa, mar, montañas tranquilidad y buen sexo, creo que nos sentíamos muy a gusto hablando y como nos hacíamos sentir, convirtiéndose muy de a poco el alguien, tanto especial como esencial, en mi vida.

    Que hermoso fue ese día en que salió de la pantalla y esas letras se transformaron en una persona tangible, no la conocía físicamente pero ya me gustaba, el conocerla fue una experiencia formidable, sentí volver a la adolescencia y experimente el revuelo de las mariposas en mi estómago. Alguna vez leí, que el mejor sexo, comienza con un buen oral, obvio no literal, si no con palabras que incentiven el morbo, que endulcen las neuronas y hagan mojar cualquier ropa interior, fue por eso que al hablar ya sea por teléfono o por mensajes, aparecía en mí, lo erótico y romántico, como antesala de lo que vendría en nuestros encuentros. El sonido que había predeterminado en el móvil me avisa que tengo un mensaje, observo el preview y es esa persona que hace aflorar en mí, los más bajos y oscuros deseos cuando comienza con su escritura tanto hermosa como dulce, cochina e indecente; que incentivan aún más el morbo que, la verdad, no sabía, habitaba en mí.

    Dado a que se había desocupado de las obligaciones que debía cumplir, nos dedicamos a los mensajes.

    –Hola Gino, hace un rato que no estoy con vos y ya te extraño.

    –Si mi pequeña, me pasa lo mismo, quisiera que pase el tiempo más deprisa.

    –Reconozco en este punto, que ahora me tienes a tus pies. Me excita que juegues en mi mente, sentirme esclavizada por ti.

    Y una confesión, cada vez que entras en mi mente, mi sexo se moja, notando como se estremece vibrando por vos.

    –Nuestra amistad se fue gestando a gran velocidad, y hemos compartido cosas que tanto a vos como a mí nos movilizaron en el interior, descubriendo un universo totalmente desconocido, me gustaría que ambos podamos compartir confesiones, con la impunidad que nos da el “anonimato” de estas letras.

    –¿Te parece que no estoy haciendo una confesión? Confesión mezcla con apertura de alma y corazón, si estoy en este momento de mi vida como una adolescente que ansía encontrarse con su amado.

    –Sí, note lo que estas describiendo, quizás exprese algo que debo y no lo sé hacer… (Mi sexo sabía sobre lo que escribía y se elevaba a la máxima expresión para ella.) Pues me pasa lo mismo, cuando hablamos por teléfono o por mensajes, mis testículos se endurecen y mi miembro palpita, humedeciéndose con su líquido pre seminal. Quisiera que en esos momentos estuvieras aquí, para así despojarte lentamente de tu ropa depositando tu cuerpo desnudo sobre la mesa y rozar acariciando con mi lengua toda tu vagina para arrancar esos deliciosos gemidos que salen de tu boca y que tu cuerpo se contorsione al ritmo de tu orgasmo.

    –Tengo deseos de estar en esa situación, pues me gustaría luego de tu turno (risitas) que me hagas sentir como tu pecho tupido de esos bellos, roce el mío, tus fuertes manos acaricien mi flancos, espalda y piernas, para luego caer sobre la alfombra y fundirnos en un 69 hundiendo nuestras cabezas entre las piernas para saborear nuestros fluidos, mientras juegas con tu inquieta lengua en mi clítoris ya erecto.

    –Te puedo decir en este mismísimo momento, que mi excitación sobrepasa los límites que haya conocido, con solo leerte creo en cualquier momento, expulsar todo el semen acumulado.

    –Siii pero lo quiero para mí, dámelo todo aquí en mi boca.

    Le gusta el sexo, me lo hacía saber, sin ningún tipo de tapujos me lo demostraba, enloqueciendo mi vida.

    –Quiero tenerte aquí, desnuda poder ver como abres tus estilizadas piernas dejando al descubierto tú sexo depilado y suave como terciopelo (recibo una solicitud de video llamada y la acepto, escuchando…).

    –Si lo pedís lo tenés, abro para vos mis piernas…

    Veo en la pantalla del móvil que se encontraba desnuda y sus piernas se iban abriendo lentamente a la vez que se tocaba sus labios mayores y menores con dos dedos; cuando sus piernas estaban totalmente abiertas, metió uno de sus dedos en su cueva, jugando un rato entre la inserción y su clítoris, haciendo luego, muy hábilmente la introducción de los dedos índice y medio, se escuchaba de fondo el típico chasquido de los líquidos introduciendo sus dedos, se estaba masturbando para mí no lo podía creer, viendo su boca abierta, que dejaban escapar intensos gemidos mi efervescencia estaba en un punto limite el cual ya no tenía un vuelta atrás; mi excitación era total, me contuve lo más que pude, el orgasmo fue simultaneo y espectacular, ella con su masturbación y yo sin tocarme si quiera. Cuando recuperamos el aliento, cortamos la llamada y seguimos por mensaje. –Te pido disculpas, nunca se me había ocurrido antes hacer algo así, pero me surgió, me dio ganas de complacerte de esa manera y lo hice.

    –No hacen falta las disculpas, lo disfrutamos los dos, en mi caso me pareció fantástico, nunca tuve una experiencia de este tipo y tenemos la posibilidad de hablar libremente, aceptarnos tal cual somos, nos decidimos a jugar en este gran juego estando en esa etapa de reinvención, en la que estamos haciéndonos saber mutuamente, nuestros más íntimos deseos y en el caso de ahora, fíjate que la distancia, nos acercó. Si falta la imaginación, fallaría nuestra comunicación y esa complicidad que desarrollamos. Te juro estoy viviendo algo paradisiaco, en donde el tiempo no me preocupa ni me apura.

    –Como ya lo habíamos hablado, ambos crecimos en un entorno muy “pacato” en donde el sexo era tabú, y el estar descubriendo y haciendo tantas cosas nuevas, nunca antes experimentadas por mí y que me anime a hacer, solo las escuchaba por boca de mis amigas o algún video que he visto, me preocupaba por estar a la altura de la circunstancia.

    –No deberíamos preocuparnos por hacerlo perfecto, en el sexo todo es exploración y saber cómo descubrir nuestros deseos, no se debería comprar lo que nos dicen, que no nos pinten mariposas de colores, no existen buenas o malas formas, o quien nos puede decir que es lo correcto o incorrecto en cuanto a las relaciones sexuales se refiere, cuál sería el punto clave, disfrutar.

    –Sí, coincido con vos, lamentablemente tenía incorporado el cielo, el infierno, el sufrimiento eterno, el ¿vas a perder la virginidad? La famosa mancha roja de la sabana, la edad de la primera vez, sabiendo que para la primera vez no hay edad. Al fin y al cabo, ahora verdaderamente ahora, estoy descubriendo mi cuerpo y lo que me gusta, cuanto me perdí.

    –Bien, esa es la actitud, nunca deberíamos permitir ni permitirnos que las cosas que nos causan placer estén dependiendo de terceros; en nuestro caso, tenemos la posibilidad de hablar, intentar de cualquier manera, sea con acciones o palabras, para decirnos lo que nos gusta y realmente nos hace disfrutar.

    Lamentablemente es tarde, tengo que descansar para mañana estar fresco en el trabajo, pero necesito reunirme urgente con vos, tengo algo importante que decirte.

    –¿me tengo que preocupar?

    –Jajaja, para nada, pero es sorpresa, hasta mañana.

    Lo que tenía para decir se lo dije a los dos días de la conversación, era si quería venir a vivir conmigo y compartir nuestras vidas, cosa que acepto, hoy llevamos casi 9 años de una feliz convivencia, a pura vida y puro sexo como si fuera el primer día.

    Hasta aquí he compartido la historia ocurrida gracias a las redes sociales, espero les haya gustado, si desean, acepto críticas y sugerencias, pues quisiera seguir escribiendo con la pretensión de mejorar mis relatos, gracias por haber leído lo que humildemente trate de compartir con ustedes.

  • Infidelidad adquirida (III)

    Infidelidad adquirida (III)

    A la segunda semana la tensión, por lo menos de mi parte, con Yuli era palpable. Al llegar en las tardes después de caminar por los caminos de herradura de aquella región conociendo a la gente, siempre me la encontraba con la escoba. Había empezado a comunicarme mejor con ella, o bueno, lo que se podía. Ella podía leer mis labios y entender mis expresiones, pero para yo entenderla, Yuli tenía que escribir en un papel y mostrarme. Aquello naturalmente hacía lenta la charla, pero me resultaba encantadora.

    Pude saber que vivía con su madre por uno de los caminos más alejados, que no tenía pareja ni hijos, que había estudiado hasta la primaria. Saber más de ella solo hacía que mi fijación se intensificara. Un viernes me dijo que iría a un festejo con gente del pueblo esa noche, una celebración local muy popular que ocurría una vez al año, algo que tenía que ver con la fundación del pueblo. Me invitó.

    Me dijo, o más bien me escribió que pasaría por mi tras ir a su casa y cambiarse de ropa. Acepté gustoso. Pensé que Diana, en lo que había hecho por nuestra familia, me sentí terrible de salir con Yuli. Era una invitación amistosa de su parte, pero claramente mis pensamientos hacía rato se dirigían más allá. Me aguanté el sentimiento de culpa y me di una ducha para esperar a Yuli.

    Ya había caído la noche cuando tocó la puerta. Estaba espectacular, como de costumbre su ropa no cubría mucho de su cuerpo, llevaba una falda negra pomposa con bordes de colores y un top blanco, en la cabeza una bandana naranja adornaba su afro. La mezcla de colores en la ropa era bastante particular, casi inocente.

    Caminamos juntos por un par de kilómetros hasta el punto de la celebración. No fue sorpresa que la fiesta fuera en la cantina aquella. El único sitio de esparcimiento de aquel tipo, para encontrar otro lugar parecido debías caminar 75 días por la selva. Contra cualquiera de mis preceptos, la gente se entusiasmó al verme, me reconocían como “el ingeniero”, cosa que yo no sabía hasta ese momento.

    Me invitaron a una mesa y me ofrecieron alcohol, tragos cortos de ron o algo parecido. Me sentía alegre por el recibimiento y por supuesto no me negué a sus atenciones. La gente bailaba y festejaba. Me di cuenta que Yuli no vestía de una manera especial, todas las chicas de su edad, pocas en realidad, vestían igual muy ligeras de ropa y no parecía ser algo atractivo para los hombres, era lo normal. No era normal para mí, menos con 10 tragos de ron en la cabeza.

    De repente Yuli se acercó a mí, me extendió la mano, no entendía para qué pero la tomé y me levanté, me estaba invitando a bailar. Pero si era sordo muda, como escucharía la música. Pues parece que no era un tema de escuchar, ella se dejaba llevar por lo que veía que hacían los otros. Como película cliché, ahí estaba yo, el blanco que no sabe bailar con una diosa negra, que aunque sordomuda, me hacía quedar en ridículo. Pero nadie miraba, a nadie le importaba, los pocos que me vieron bailando solo me animaron, era un ambiente muy positivo.

    Yuli se acercó a mí, nuestros cuerpos rozaron. También me puso el culo sobre la verga y empezó a moverlo. En cualquier otro contexto sería una clara manifestación sexual, pero había visto a todas las mujeres hacer lo mismo toda la noche, era una forma más de bailar en aquellos recónditos parajes.

    Bailé varias veces con Yuli, afortunado que llevaba un jean de trabajo de esos gruesos y duros y mi erección nunca fue muy evidente para ella. Como en todo pueblo la gente se acostaba temprano, así que la fiesta terminó a eso de las 12, solo se quedaron algunos viejos bebiendo. Yuli sacó un papel.

    Vamos, te acompaño hasta tu casa y sigo – Decía el papel.

    Empezamos a caminar, había bebido mucho, ella también. Le decía que me había divertido mucho, le agradecía por invitarme. Como yo no entendía lenguaje de señas ella no podía responderme, solo sonreía y asentía con la cabeza o haciendo thumbs up con las manos.

    Yo estaba a cien, como no estaba hacía tiempo, ni siquiera con Diana.

    Al llegar a la casa me dirigí a la entrada, ella no me siguió. Me di la vuelta y la vi batiendo la mano en señal de despedida.

    No! espera, necesito que veas algo, solo un momento – le dije y asintió.

    Caminamos hasta mi habitación, ella entró buscando con la mirada algo diferente, lo que fuera que yo quería que viera. La vi de espaldas y me abalancé sobre Yuli. Una mano agarró su culo bruscamente y la otra apretó una de sus tetas perfectas medianas. Ella trató de zafarse, no gritó, era muda, aunque físicamente podía hacerlo, hacer sonidos con su boca no era lo acostumbrado, solamente forcejeó conmigo. Fue el instinto, no se cual de todos pero algún instinto fue. Mi puño se apretó y lo encajé directamente sobre uno de los oídos de Yuli, ella cayó desmayada.

    ***

    Ángel vuelve en una semana, a pesar de haber pensado en tener aventuras la verdad es que solo me he visto con el gordo. Lo demás ha sido nutrir mi cuenta de Instagram con fotos, algunas viejas, algunas nuevas, mi estrategia es que si alguien conocido me pregunta digo que es una estafa, una suplantación y safo. Eso pasa mucho hoy en día en las redes.

    Me llaman del colegio de los chicos, ellos son pequeños aún, tienen 8 y 7. Resulta que se ha peleado y porque uno chico atacó al más pequeño y el más grande lo protegió, el otro quedó lastimado, mi hijo mayor afronta un proceso de expulsión. Siento algo de culpa, lo habré descuidado por andar pensando en otras cosas… solo ha sido un mes y algo más… no creo.

    Me citan en el colegio. Me pongo un jean azul apretado, unos tacones negros y una blusa negra. No sé cómo no verme sexy, es mi estilo, mis curvas son mi presentación y me han servido, no sólo para fines sexuales, en general ser bonito o bonita es un ventaja genética, la gente te acepta y cede más.

    Llego al colegio, nos citan en un salón a los padres del otro niño y a mí y mi esposo. Claramente Ángel no está así que asumo toda la carga yo, como de costumbre. Entro al salón, está el director, la profesora del curso y una pareja, los padres del niño. El papá se me queda viendo embobado, la señora me mira también pero con desprecio. Estoy acostumbrada amiga.

    Empiezan los descargos, los niños no están para contar sus versiones, las autoridades ya tienen versiones de todo aquello así que partimos de la idea de que mi hijo le partió la madre al hijo de la otra pareja y terminó en el hospital. Nada grave, pero hospital es hospital y se vuelve dramático el tema por supuesto. En su posición estaría igual de alarmada, pero tengo que luchar por mi hijo y su continuidad en el colegio.

    Tras un rato de discusión la conclusión es que mi hijo mayor debe ser expulsado. Todos salen del salón excepto el directo de disciplina y yo que indignada me rehúso a la decisión tomada.

    Hablemos en privado por favor, necesito que me escuche – le digo.

    Camino con el director hasta su oficina. Ya me vendí por una prórroga para la hipoteca, sé lo que puedo lograr con lo que Dios me dio. Entramos a la oficina, estratégicamente cierro la puerta con seguro, él se sienta en su silla tras su escritorio, yo me siento frente a él.

    Director Jimenez, comprenda, fue solo una pelea entre chicos, el niño se golpeó contra la pared tras un empujón, es algo que puede pasar incluso en medio de un juego de niños, la intención de mi hijo no fue hacerle daño sino proteger a su hermano – le alego.

    Entiendo señora Diana, pero comprenda que debemos sentar precedentes antes estas situaciones.

    ¿Qué podemos hacer? ¿Que puedo hacer para que cambie de opinion?

    eeeh no entiendo señora Diana, no creo que haya algo que usted pueda hac…

    ¿Que quiere que haga? Yo hago lo que quiera pero no expulse a mi hijo

    El director me mira y se hace un silencio tensionante. Él está pensando cosas, lo estoy sacando de su marco de acción, lo tengo, doy el siguiente paso.

    No puedo evitar notar que me ha visto desde que llegué ¿Hay algo que le parece atractivo?- Le digo.

    Señora Diana… yo…

    ¿Pídame lo que quiera? ¿qué quiere?… ¿quiere que follemos?

    Señora Diana… yo

    Un trato sencillo director, usted me folla ya, aquí mismo, como usted quiera… y no expulsa a mi hijo…

    Su silencio lo expone, me levanto de la silla, dejo mi bolso y me acerco a él. Empujo si silla con rueditas y me arrodillo debajo del escritorio. El tipo está inmóvil, es mío, mi hijo no será expulsado si sexy madre puede evitarlo. Le abro la bragueta y le saco la verga, es mediana, ni comparación con el gordo, comparable con la de mi esposo. Me la trago. Hago el mejor trabajo de mi vida, de verdad que me esfuerzo porque el director sienta algo que no ha sentido nunca.

    Después de un rato me pongo de pie, me doy media vuelta, abro el botón de mi pantalón y lo bajo de un tirón junto a mi panty hasta la mitad de mis muslos. El director tiene mis nalgas grandes en la cara, pero está a punto de presenciar algo mejor, me inclino sobre el escritorio y empino mi culo, como tengo tacones mi parte trasera se eleva con majestuosidad y le doy una vista privilegiada de coño y ano. Mi hijo se quedará en el colegio.

    El director agarra mis caderas e incrusta su nariz entre mis nalgas. Su lengua juguetea con mi coño. Es rico, no lo voy a negar. Después se pone de pie y jadeando agitado veo como sujeta su verga mediana y la dirige a mi coño para penetrarme.

    Dale papi, dame duro porfa – Le digo actuando como una pro. No me gusta el director, pero una folladita en la dirección de disciplina del colegio me parece divertido, además que estoy logrando lo que vine a buscar.

    El tipo se afana más y más hasta que sus incursiones son sonoros golpes de su cuerpo flaco con mis nalgas. Espero que esta oficina tenga buen aislamiento de sonido, aunque no parece. El director me coge en cuatro mientras yo con mis brazos extendidos desordeno todo su escritorio pulcramente acomodado.

    El tipo se viene en un frenético gemido y me llena el coño de leche. Debo recordar que tras tener dos hijos tomé la decisión de desconectarme así que a este coño puede entrar tanta leche como quiera, mi cuerpo no engendrará más humanos.

    El director cae en su silla agotado, levanto mi pantalón y lo abrocho.

    ¿Tengo su palabra? -le digo.

    Sí señora Diana, su hijo no será expulsado.

    ***

    Mientras estaba inconsciente subí a Yuli a mi cama y la desnudé, amarré cada una de sus extremidades a los cuatro bordes de la cama con mis camisas y sudaderas. Estaba como loco, no era del todo consciente de lo que hacía. Por un momento me puse de pie y la vi, ya había pasado una línea, por lo menos terminaría de atravesar el camino.

    Sus nalgas eran perfectas, duras, sin ninguna estría o mancha, irreales. Me lancé entre sus piernas y separé sus nalgas. Su vagina al abrirse era como ver la luz en la oscuridad, un rosado intenso contrastaba con su piel negra, le metí la lengua por ahí y en el culo también.

    Humedecí mi verga con saliva y la penetré, su coño era apretado. Tras unos minutos de darle así se despertó.

    Yo no me detuve, como dije, había cruzado una línea, una actitud desconocida para mí, jamás en la vida habría pensado en abusar de alguien como lo estaba haciendo. Pero mi mente me decía que si ya había iniciado no había nada más que hacer que terminar. Al despertar su cara de confusión, luego de miedo. Giró su cabeza para verme y algo trató de decirme, por supuesto que no la entendí. Le tomé fotos y videos y pronto me vine pajeandome sobre su culo.

    Me quedé dormido a su lado en un rincón entre la X que formaba con su cuerpo sobre mi cama. Me desperté pronto, aún la oscuridad reinaba y mi mente se aclaró un poco. Yuli me miraba y trataba de decirme algo con sus gestos, no tenía que saber lenguaje de señas ni nada para saber que me pedía que la soltara. Entonces la realidad me pegó de golpe. Acababa de abusar de alguien, en el mejor de los casos podría escapar de allí y ser un fugitivo, en el peor, la gente de aquel pueblo me quemaría vivo haciendo justicia por propia mano.

    La desaté de tres extremidades y fui a mi closet. Al volverme vi como trataba de quitar el nudo de la pierna que aún estaba amarrada. Saqué un fajo de billetes del armario y me acerqué a ella asegurándome de que me viera.

    Toma, es tuyo si no dices nada… -Dije.

    Era una cantidad considerable. Algo de unos ahorros de Diana que me dio por si alguna emergencia y el resto era un adelanto del sueldo de trabajo que había pedido para enviar a casa pero que no había podido enviar porque en ese pueblo no había como. Ella me miró, miró el dinero, su cara cambió. Asintió, tomó los billetes y se desató para tomar su ropa y salir del cuarto.

    No pude dormir, solo esperaba los golpes en la puerta de la gente del pueblo dispuesta a desollarme vivo. También estaba el remordimiento por haber tomado a la fuerza a Yuli y un poco detrás el hecho de serle infiel a Diana, aunque aquello era lo de menos cuando piensas que te van a prender fuego. Pero nada pasó. Llegó la mañana y nunca nadie tocó a mi puerta. Los dos siguientes días fueron raros, eran sábado y domingo, Yuli no tenía que ir a trabajar y yo simplemente me mantuve en mi cuarto analizando escenarios, no intenté comunicarme con Diana. Faltaba una semana para volver a verla.

    El lunes siguiente salí a trabajar, todo normal. Al llegar a mi casa caída la tarde entré y me encontré con Yuli. Me miró, tomó un papel y se acercó para entregármelo.

    ¿Qué quieres que haga? – decía.

    La miré confundido y ella se empezó a quitar la ropa. La detuve.

    Mira, no te puedo dar el mismo dinero que te di, es mucho, no tengo tanto – le dije asegurándome de que viera mis labios.

    ¿Cuánto me puedes dar?

    ¿Cuánto te puedo dar por qué?

    Por lo que quieras – me escribió en un papel.

    Como todo analista hice mis cuentas rápidamente. Le escribí una cifra cómoda para mí y debajo un texto que decía “cada mes”. Para mi en ese momento más que pagar por nuevas cosas era asegurar su silencio con respecto a lo que había pasado. Le mostré el papel y me miró asintiendo con la cabeza. Me acerqué y estrujé su entrepierna. La llevé a mi cuarto y me la follé. Ese día Yuli no se fue a su casa, durmió conmigo.

  • Mi tía se deja manosear a escondidas

    Mi tía se deja manosear a escondidas

    Que pensarían ustedes si os contase lo que me sucedió una vez en la casa de mis abuelos, todo ocurrió unas navidades hace unos tres años más o menos.

    Resulta que todos los años nos solemos juntar mi familia y las familias de mis otros primos y primas en la casa del pueblo a unos ochenta y seis kilómetros de mi ciudad.

    Como cada año nos vamos allí para celebrar las fiestas de Navidad y Año Nuevo entrante, la verdad es que ese año no me pude quejar de quién se sentó a mi lado en la mesa para la cena; una tía mía que la verdad si os cuento os vais a quedar con la boca abierta de lo bien que lo pasé estando a su lado.

    Todos y todas estábamos arrimados en nuestras sillas para la cena, cuando de pronto sentí algo que me acariciaba la pierna debajo de la mesa, sin apartarme del borde de la mesa pude ver que la mano derecha de mi tía me acariciaba muy despacio la pierna hasta llegar a mi entrepierna; ya os podéis imaginar a que me refiero, me comenzó a tocar mi paquete por encima del pantalón hasta conseguir que aquello se me fuese poniendo bien duro.

    Yo con disimulo bajé también mi mano izquierda y comencé a tocar y acariciar su pierna hasta conseguir subir su vestido hasta la cintura y así poder tocar también su braga, yo con mucho cuidado me desabroché el botón y bajé la cremallera del pantalón hasta dejar libre mi abultado paquete que ya sobresalía por encima del calzoncillo para que así mi tía pudiera masturbarme con más soltura y yo con mi mano por debajo de su ropa interior hacerla lo mismo a ella, juguetear con mis dedos dentro de su coñito y sobar bien sus labios húmedos que mojaban mis dedos con solamente tocar su entrepierna.

    Al mismo tiempo que jugueteaba con su coño podía ver su cara de placer con disimulo hacia los otros comensales que rodeaban la mesa de Navidad, su mano me pajeaba con tanta tranquilidad que mi polla cada vez estaba más y más dura, lo que yo tenía miedo era de correrme y que salpicada por encima de la mesa y pidiera llegar a caer en algún plato, gracias a Dios eso no pasó porque cuando ya estaba a punto de correrme bajé mi mano y apunté hacia abajo presionando su mano también para que no ocurriera ninguna fechoría que pudiera salirse del plano sexual.

    Pasadas dos horas y ya habiendo terminado todos de cenar nos fuimos a otro salón que allí había cerca de donde habíamos cenado para sentarnos junto a una chimenea y poder cantar villancicos de Navidad y así contarnos todas las historietas de navidades pasadas.

    Estando yo sentado en un sillón no podía divisar bien donde se había sentado mi tía que tanto cariño la tenía y que tanto añoraba de siempre, me levanté y fui a buscarla por toda la casa hasta que di con ella, se había metido en el baño para poder darse una ducha y que así nadie la pudiera molestar.

    Me acerqué a una ventana que había fuera de la casa de mis abuelos y justamente por la parte del corral allí la pude ver cómo se duchaba y la caía el agua por sus pechos hasta llegar a su peludito coñito del cuál podía ver cómo sobresalían un poco sus labios.

    Volví a entrar en la casa y sin que nadie pudiera verme me adentré en el baño donde estaba mi tía jabonándose el cuerpo, ya una vez dentro eché el cerrojo de la puerta para que nadie pudiera entrar y así ella y yo poder disfrutar de dicho baño los dos juntos.

    Comencé a desnudarme y ella no quitaba la mirada de mis partes bajas, entré en la ducha y cogí la esponja bien empapada en jabón y comencé a jabonar su espalda y su bello trasero el cual me tenía loco cada vez que se lo tocaba.

    Ahora la tocaba a ella jabonarme a mí por todo mi cuerpo, mi pene comenzó a empinase hasta ponerse como un mástil de una bandera, mi tía se arrodilló en el plato de ducha y comenzó a pajearme al mismo tiempo que me hacía una buena mamada; madre mía como me la chupaba, la verdad es que tenía buen ritmo, como cuando tocan la zambomba pero con mi polla dentro de su boca.

    Así un buen rato, dale que te pego, saqué mi mástil de su boca, la puse contra la pared y la penetré bien honda, hasta que rozase mis testículos los labios de su coño, comencé a ejercitar mi cintura; hacia dentro y hacia fuera, hacia dentro y hacia fuera; así un buen rato, mis manos agarraban su cintura mientras mi pene entraba y salía de su madriguera una y otra vez, con suavidad y delicadeza.

    Pasada una media hora saqué mi polla de su coñito y se la introduje por el agujero de su culo, un poco dolor sintió al principio pero haciéndolo una y otra vez con mucho cuidado la iba dando de si su agujero más sagrado y difícil de penetrar.

    Poco rato después saqué mi pene de su garaje trasero y comencé a correrme encima de ella; sus tetas, su coño y su cara, aquello parecía que nunca terminaba de correrse, mi tía para terminar la faena del baño agarró mi polla, se la metió en su boca y comenzó a masturbarme con ganas para hacer que me corriese del todo.

    De mi polla aún salía semen que quedaba en las reservas de mis huevos hasta que por fin dejó de gotear y dejase mi pene bien estrujado como si de una esponja se tratara.

    Salimos del baño, eso sí; primero salió ella y después yo, para que no pensaran que habíamos hecho algo malo dentro del baño y tanto tiempo encerrados en él.

    Nuestros abuelos nos llamaron para que fuéramos a tomarnos las uvas y la verdad que para mí fue la mejor despedida de año que jamás olvidaré en mi vida.

    Fin

  • Susan, la gringa de 60

    Susan, la gringa de 60

    Se llamaba Susan, pero le decían Sue y trabajaba en la tienda del correo postal. Era rubia, de tez blanca y de ojos celestes. Media casi 1.80 metros, de cara muy bonita, un poco narizona, un rasgo que me fascinaba y de cuerpo del el que alguna vez fue atlético. Nos comenzamos a ver seguido porque por un periodo de dos semanas mandaba paquetes o sobres con muchas fotos a uno clientes que estaban fuera del estado de donde vivo en USA. Siempre me trato de “Sir” cuando me tocaba ella cerca a la hora del “lunch” y yo trababa de estar a esa hora para que me atendiera. Al principio se comportaba muy formal pero después de fue ablandando y hasta soltaba unos gestos coquetos. Vestía siempre su uniforme de polo con cuello color azul y su pantalón de tela color negro. No vestía ningún anillo en sus manos, excepto en el dedo índice, uno de color negro con tonos celestes como sus ojos.

    Me gustaba su delicadeza, su sonrisa y sus lindos pechos cuando volteaba y el polo se apretaba sobre su cuerpo. La señora se mostraba dulce, pero con autoridad, con energía jovial y coqueta en sus “Buenos días”. Después de un tiempo mi viaje al correo postal dejó de ser tan seguido así que no la veía seguido. Un hola, un chao, una sonrisa y un coqueteo quedaban allí sin más que darle vuelta a este amor que se había convertido en platónico. Era una señora muy sensual.

    Revisando una página de citas, encontré a Susan. Se describía como como una persona sencilla, con buenos modales, divorciada hace unos 5 años, pero lo sorprendente de todo es que tenía unos 59 años. Lucía muy bien en las fotos de su perfil. Ya sea en vestido de gala o con shorts vaqueros. Le di un “ME gusta” y no pasaron muchos días para hacer el match. Conversábamos de todo un poco, ella contaba graciosamente sus últimas citas en la cuales siempre el pretendiente quería algo serio y ella solo algo casual. No podían entender que en sus casi 60, alguien estuviese buscando algo formal. A pesar de llevarme casi 20 años, la invite a salir y ella tuvo la buena onda de aceptar. La primera reunión fue en un bar, la pasamos bien viendo el futbol americano en la tele un jueves. Coqueteamos, rozábamos codos y manos y rajábamos de la gente a nuestro alrededor. Al final me dio un beso sensual en la mejilla con un abrazo enterrando sus buenos senos sobre mi pecho y despidiéndose con una mirada hacia atrás al entrar a su casa.

    Sue tenía su encanto, un cuerpo en buena forma para su edad y un buen trasero que sabía menearlo al caminar. No me lo quitaba de la mente al recordar como entraba a su apartamento propio. No tenía un vientre plano ni tampoco brazos fuertes, pero era muy atractiva con una sonrisa que conquistaba. Intercambiamos números telefónicos, pero casi nunca lo usábamos, todo era comunicación mediante la página de citas. La vi un día en el correo por la tarde, le habían cambiado de horario y con una sonrisa me conto que sus últimas salidas habían sido un desastre. Con gracia le susurre que porque no lo hacemos otra vez el viernes… Salir. La diferencia de edad era notable, pero a ella parecía no importarle. Me dijo que si y quedamos ese viernes por la noche.

    Llegado el día y antes de salir a su encuentro en el bar, recibí por texto acerca del cambio de planes. Ella trabajaba ahora por la tarde y se le hacía pesado ir a un bar después del trabajo. Quería pasarlo en casa. Viernes era un día bueno porque los sábados solían ser para Silvia y los martes para Raquel. Viernes dejaba la opción abierta para ver a alguna de ellas. Ambas estaban distraídas con sus problemas de familia o dudas con nuestra relación.

    Después de una pequeña cena, un par de copas de vino y muchas carcajadas, me puse a lavar los trastes. Susan se acercó por mi espalda para darme un abrazo y preguntarme por mis novias. Le explique que eran dos y que no las veía hace ya un tiempo, por eso estaba en la página de citas. Ella reía, mientras me olía el cuello con ambas manos apretándome el pecho.

    -Deja eso. – me dijo mientras se deslizaba bajo mis brazos que lavaban los platos para posicionarse frente a mí.

    La señora de casi 60 era más alta que yo así que tuvo que agacharse para buscar mi boca. Fiel a su estilo sexy y provocador, deambulaba sus labios alrededor de los míos, pero sin tocarlos.

    -Vemos el partido. ¿sí? – pregunto Sue llevándome de la mano al sofá de la sala.

    Susan puso el partido de la MLS, el equipo local jugaba de visita por eso no estaba en el estadio cubriendo el evento. Fue a la cocina y trajo otras dos copas de vino, ella estaba de buen ánimo, sonriendo y más suelta que en el bar. Sentada de piernas cruzadas e inclinada hacia su derecha, mostraba sus lindas piernas bajo la falda del enterizo. Le podía ver todo, incluso dude si llevaba ropa interior. Con la mano izquierda cogiendo la copa y la derecha jugando con su pelo rubio, me conversaba coquetamente de su vida cotidiana y su trabajo.

    La casi de 60 años se paró y puso música country para bailar. Nos pusimos a bailar una lenta de Faith Hill, su artista favorito. La canción era lenta, ella bailaba pegando sus pechos en mi cuerpo, sobrevolaba sus labios sobre los míos al compás de la música. Se dio la vuelta para posicionar su cola apretando contra mi estómago, ella era más alta. Subía y bajaba rozando su culo sobre mi entrepierna, mientras ella sentía mi respiración en su delgado y alto cuello.

    -¿Vamos al cuarto? –preguntó con una sonrisa en los labios.

    Meneando el trasero y agarrando de mi mano me guió hacia su dormitorio. Al lado de la cama me quitó la playera sonriendo con sorpresa el buen estado físico en que estaba. Tenía 40 pero corría seguido y hacia pesas 4 veces a la semana. Además, todos decían que parecía de 30 o menos. Enseguida comenzó a desabrocharme el pantalón para bajármelo hasta los pies como si fuese un niño. Mordiéndose los labios puso ambas manos a mi cintura y lentamente descubría mi pene semirrecto. Totalmente desnudo me senté en la cama reposando mi espalda en el cabecero.

    Susan comenzó a bailar sensualmente, sacudiendo su falda de lado a lado mostrando que si llevaba ropa interior color rosada. Subía y bajaba, se le veía feliz y jovial. Mi pene ya estaba completamente erecto y ella seguía provocándome con sus movimientos. Sue se quitó el enterizo color blanco de flores rosadas. Le quedaba bien ese color hacia resaltar sus cabellos rubio y ojos celestes. Ya en sostén y calzón se podía apreciar lo linda que estaba. Su pecho, sus brazos y piernas estaba cubierto de pecas color café. Sus dos pechos eran pequeños, parecidos a lo de Silvia hasta diría que en mejores condiciones. No se le veía arrugas en ninguna parte de su cuerpo excepto un poco en la parte interior de sus antebrazos y manos. Sue tenía una hija de 30, pero no la había amantado de niña, el gimnasio y los genes mantenían ese cuerpo exquisito en buen estado, incluso mucho mejor que la de Silvia.

    ¡Que culo que tenía la vieja!!! Era redondo, firme, blanco y pecoso. Sabía usarlo al caminar, era su mejor aspecto después de su cara bonita y pícara sonrisa. No era un culo flaco, ni tampoco gordo. Era carnoso con unas piernas fuertes muy sorprendente para su edad. Ella usaba pantalones anchos para disimular sus atributos, fue una gran sorpresa ver lo buena que estaba. Poco a poco se fue quitando su lencería rosada hasta ponerse de rodillas en la cama.

    Estábamos los dos en completo silencio, ella se acercó para sentarse sobre mi vientre jugueteando con la provocación de una posible penetración no solo a su vagina sino a su ano. Una palabra de “OOPS” rompió el hielo, cuando la punta de mi falo chocó contra su ano. Los dos sonreímos para que después ella me pregunte…

    -¿Cómo le gusta hacer el amor a tus novias? – preguntó dándome un beso suave y tierno.

    -Les gusta duro y violento. Pero seré gentil contigo, tú ordenas hoy. – le contesté sabiendo que ella estaba al mando esa noche.

    Sue no había estado con un hombre en 5 años, se le notaba ansiosa hasta se pudiera decir nerviosa. Ella tenía la perversión de pensar que estaba con su hijo y yo con una tía lejana. Entrelazo sus dedos con los míos y se posicionó su vagina en la punta de mi pene. Lentamente Susan bajo para ser penetrada, no había necesidad de manipular mi polla a su orificio. Algo que le gusto a la doña porque sabía que estaba duro y no flácido como lo de su ex que le llevaba 10 años.

    Primero entro la cabeza, luego el tronco y de allí se comía ya todas mis 7 pulgadas. Soltó un suspiro al tenerla todo adentro, sus dedos apretaban más fuertes los míos. Se mordía los labios, con los ojos cerrados mientras hacía movimientos circulares sin levantarse. No había ninguna cosa que Susan no haga sensualmente. La cabalgada comenzó, el ritmo era lento tratando de disfrutar cada segundo con el único propósito de impacientarme. Una pícara mirada la delató.

    Ya con mis manos libres, pude tocar esos maravillosos senos. Suaves y duros excitándome más con cada sentadilla que Sue me daba. Sus manos dirigieron mi boca a sus pechos, como si una madre quisiese amamantar a un bebé. Entendí muy bien su intención, pegando mi boca a su pezón izquierdo succionando desesperadamente, con mordiscos de rato en rato. Susan aumento el ritmo de la cabalgada, ahora abrazando con ambos brazos mi cabeza sin poder escapar de su teta. Sentí como un poquito de secreción salía de su pezón.

    -“Fuck me, baby. Fuck me” – me susurró al oído.

    Cargué su cuerpo delicado poniéndola de espaldas sobre la cama y tomar la posición de misionero. Con las rodillas flexionadas y sus uñas incrustadas en mi espalda se la empujaba mientras enterraba mis dientes en su cuello. Sue tenía un olor increíble, me fascinaba su perfume y me la quería literalmente comer. Gemía, gritaba, la cama crujía a ritmo del sonido de mis huevos chocando con sus nalgas. Su boca busco la mía, sus manos pasaron a apretar mi culo con sus uñas rodeando mi ano. Sus ojos fijos a los míos y un jadeo profundo congelo su boca abierta. Susan se vino, temblando todo su cuerpo bajo el mío y con todo mi pene dentro de ella. Me mordió los labios salvajemente para luego sonreír agotada. Yo no me había venido.

    Todavía estaba entero, ella descansando con una sonrisa en los labios mirando el techo. Se tocó la chucha palpando lo mojada que estaba. Se medió sentó apoyando los codos y vio que mi pene todavía estaba activo. Vio el condón todavía vacío, no había eyaculado. Sonrió y se acercó como una gata hacia mi entrepierna, removió el preservativo para saborear mi glande. Con una seña le dije que se diera la vuelta para verle el culo y hacer un posible 69. Dos dedos penetraron su vagina y mi lengua en su ano era demasiado para ella. Estaba jadeando y empujando más sus muslos hacia mi cara, dejó de jugar con mi pene para solo reposar y lamer mis bolas mientras el placer la invadía. Su ano no lucía virgen pero tampoco extra usado. Me turnaba para lamer y jugar con sus dos orificios, Sue estaba llegando al clímax.

    Repentinamente cambió de posición para tratar de sentarse en mi cara, por el otro lado yo me eche completamente en la cama para recibirla. Con dos dedos ella estimulaba su clítoris mientras yo me comía su culo. Su excitación se acentuaba con el pasar de los minutos, estaba mojada y cerca al orgasmo. Yo estaba contento que le guste el jugueteo anal porque quería tomarla por ese agujero. Sue soltó un grito profundo, sacudió el trasero para poner su vagina en mi boca y recibir su gustoso orgasmo dulce y oliendo a lavanda. Era una señora muy higiénica.

    Con su jugo todavía en mi boca, se me acercó a besarme después de tomar unos segundos para descansar y compartimos su sabor los dos. Me dijo “Ahora me toca” y bajó hacia mi pene. Comenzó a lamerlo lentamente, primero con el glande y luego con la lengua exploro todo. Sue lo chupaba, lento, apretando mis testículos con sus uñas. Tenía que ser cuidadosa con el izquierdo, siempre fue muy sensible después de una operación que tuve de niño. Cada vez que se lo ponía en la boca, lentamente bajaba para comérselo todo. No podía al inicio, pero estaba decidida a lograrlo. Con otras se la hubiese empujado toda rápidamente, pero ella quería hacerlo gentilmente, como la dama que era.

    En cada sacada de su boca, presionaba ligeramente con sus dientes, en otras rodeaba mi glande con su lengua. Tomaba alientos y seguía en el intento de tener mi miembro entero dentro de ella. Sonreía al sacárselo de la boca y succionaba mi cabeza toda mojada ahora con su saliva. Sue encogió las rodillas sobre la cama, tomando una mejor posición. Su lengua ya estaba por llegar a mis bolas, poco a poco lo estaba logrando, me miraba con una sonrisa en los ojos. Pasaron pocos minutos hasta que por fin lo tenía en su garganta. Respiraba hondo para quedarse quieta con toda adentro. Mi respiración aumentaba con cada encimada sobre mi miembro y esos ojos celestes eran de ensueño.

    Sue se quedó con la nariz en mis pelvis y su lengua bajo mis testículos cuando noto como se arqueaba mi cuerpo. Estaba a punto de venirme y ella lo succionaba tomando respiros mientras aumentaba el ritmo de la mamada. Acaricie con mi mano izquierda su rostro indicándole que estaba cerca. Con una su mano derecha, ella me metía una paja mientras succionaba mi glande, siempre con una sonrisa en su mirada.

    Un jadeo profundo y un “Sue” de mis labios explotaron junto a mi semen en su boca. La gringa se lo tomó todo, incluso recogiendo con sus dedos lo que sobraba al lado de sus labios. No quería perderse nada y seco todo mi pene succionándolo hasta confirmar que nada segregaba de mi miembro. Me lamió las bolas y vino a coquetear un beso que finalmente se lo di.

    -¿Sabes que…? – dijo Sue haciéndose la interesante. – “No eres la primera persona que he tenido sexo después de mi divorcio”.

    -¿Quién fue? ¿Tu instructor de yoga? ¿Pensé que no habías estado con otro hombre? -pregunté curioso de saber ese detalle.

    -Nadie dijo que era un hombre. – replicó Susan mordiéndose el labio.

    El nombre de Karla se me vino a la mente…

  • Me cogí al esposo evangélico de mi amiga Tatiana

    Me cogí al esposo evangélico de mi amiga Tatiana

    Conocí a Tatiana al ingresar a la universidad. Era una chica evangélica. Desde el primer instante nos dimos cuenta que era distinta. Faldas largas, sandalias, blusas. Era muy alta y muy guapa, pero siempre conservadora en su vestir, hablar y proceder. Las primeras semanas hubo un cierto distanciamiento entre el grupo y ella, pero con el tiempo nos conocimos mejor y nos hicimos todas buenas amigas.

    Al principio no participaba de nuestras actividades. Pero con el tiempo empezó a acompañarnos. No bebía, no bailaba, pero estaba con nosotras y se divertía mucho. Los chicos aprendieron a aceptar su forma distinta de ser y al final, a pesar de sus peculiaridades, era una más del grupo.

    Al terminar la universidad mantuvimos el contacto en Lima. Nos reuníamos una vez al mes o algo así. Luego se fue a vivir a Estados Unidos y le perdí un poco el rastro. Volvió casada. Con un gringo, George. Nos lo presentó en una reunión y, para ser sincera, todas la envidiamos. Que hombre para delicioso. De su misma religión. Agricultor. Por las fotos que nos enseñaban, vivían en una enorme casa de campo. Venía cada año al Perú a visitar a sus padres y hermanos. Mientras estaba acá nos reuníamos. Algunas veces con esposos y novios, otras solo salidas de chicas.

    El Facebook hizo todo más fácil y el contacto se hizo fluido. En algún momento su esposo me envió una invitación y acepté. Por tiempo sólo me enviaba saludos por mi cumpleaños o me felicitaba por alguna publicación de mis logros o cualquier cosa que le resultara interesante.

    Poco a poco fuimos tomando más confianza e intercambiábamos mensajes con más frecuencia. Nos hicimos amigos y la familiaridad se hizo mayor.

    De pronto dejó de escribirme. No le di importancia. Pero como un mes después le escribí y le pregunté como estaba, si todo estaba bien.

    Se soltó completamente. Creo necesitaba alguien con quien hablar. Me dijo que Tatiana lo había engañado. Que ya la había perdonado, pero que aún le dolía.

    Me sorprendí muchísimo. No me imaginaba a Tatiana, tan conservadora, tan religiosa, tan seria y formal, engañando a su esposo.

    Le dije que, si la había perdonado, para adelante y que olvide todo. Fueron semanas en las que fui su paño de lágrimas. Hasta me compartió fotos del “amante” de su esposa. Un tipo que me parecía muy feo. Sin gracia. Gringo también, pero de los gordos y maltrechos. Nada que ver con George, que era realmente lindo, absolutamente lindo.

    Pasaron los meses y todo se tranquilizó. Me dijo que había perdonado y olvidado y dejamos de hablar del tema. Cuando les tocó venir a Perú me preguntó si un día podíamos salir a almorzar o tomar un café. Que quería agradecerme toda la buena vibra en sus días más difíciles. Le dije que por supuesto.

    Estando ya por venir me pidió si podíamos salir sin que Tatiana supiera. Ella no sabía que yo había sido su confidente y paño de lágrimas. Me pareció razonable. Llegaron a Lima y, antes de verme con ella, salí a almorzar con George. El puso como pretexto que almorzaría con amigos misioneros de su iglesia (que era la misma que Tatiana) y yo simplemente salí. Justo Alonso estaba en un viaje de trabajo y todo en orden.

    Fuimos a un restaurante en San Miguel. Algo lejos. No se como él había conseguido el dato. Estuvo todo rico y durante el almuerzo no podía dejar de pensar como Tatiana había podido engañar a un hombre tan encantador y lindo. Sobre todo, con el feo y gordo de las fotos.

    Hacia el final del almuerzo, sentí que George se iba poniendo nervioso. Noté su incomodidad. Le pregunté que le pasaba. Me dijo que Tatiana había vuelto con su amante. Le repregunté sobre como sabía eso. Sacó su celular y me mostró fotos de Tatiana cogiendo con el tipo de las fotos que había visto antes. Fotos absolutamente explícitas, ella en perrito, ella chupando, fotos de ella cogiendo por el culo. Entre lágrimas me dijo que ella y él llegaron vírgenes al matrimonio.

    Le pregunté como las había obtenido y me dijo que había hackeado el teléfono de Tatiana. En esas circunstancias no me pareció algo fuera de lo normal. Supongo hasta algo de derecho tenía. Estaba destrozado. Se puso a llorar en el restaurante. El momento se volvió incómodo. Le dije que mejor vayamos a seguir conversando a otro lado.

    Salimos y el no podía parar de llorar. Pensé llevarlo a mi departamento, pero deseché la idea. Con su más de 190 cm era un ingreso absolutamente escandaloso al edificio y seguro seguido de habladurías de los vecinos. Caminamos unas cuadras y no paraba de llorar. Pasamos junto a un hostal y le pregunté si quería tomar una habitación para estar a solas y en calma.

    Aceptó. Pero estaba tan perturbado que fui yo quien pago. Supongo el recepcionista pensó que era una pepera que había drogado a un turista y que le iba a robar. O una puta con un cliente extranjero. Sea lo que sea, pague y entramos a la habitación.

    Me senté en la cama, apoyada en el respaldar. Él se sentó en una silla que había al lado. Seguía llorando. Me dijo que la amaba, que sin ella no podía vivir. Pero que no sabía que hacer. Me siguió enseñando fotos, de todo calibre. Me sorprendió ver a mi recatada amiga siendo tan puta.

    Finalmente le pregunté el porque el creía que ella hacía eso. Me dijo que lo habían hablado. Que ella nunca gozaba con él. Que ella le había confesado que veía pornografía en internet y se masturbaba. Luego había conocido a su amante por un chat.

    Le dije que era un hombre demasiado lindo. Que como ella no podía gozar con él. Que cualquier mujer estaría feliz y dichosa con él en la cama. Me miró y me dijo que eso no era cierto. Que le mentía para que no siguiera apenado.

    El momento me empezó a ser caliente. Estaba en un hotel, con el demasiado guapo esposo de mi amiga. Él llorando por ella y yo allí consolándolo. Le dije que a mi me parecía un hombre muy atractivo. Le pedí que se siente a mi lado. Se levantó de la silla. Se sacó los zapatos y se sentó a mi lado en la cama. Seguía sollozando.

    Decidí que era mi momento y le cogí el pene sobre el jean. Me miró sorprendido y le dije que cualquier mujer sería feliz con él en la cama. Sentí como se iba erectando. Le desabroché el jean, le bajé el cierre. Saqué su pene del boxer y encontré lo que esperaba, un enorme pene americano.

    Se lo chupe hasta sentir que estaba completamente duro. Le pedí que se desvista. Me obedeció. Se puso boca arriba y lo cabalgué. No se movió. Me miraba hasta con miedo. No atinaba a nada. Lo cabalgué hasta mi primer orgasmo. Por la cara que puso, me resultó obvio que nunca había visto un orgasmo femenino, al menos, no con él. Decidí seguir disfrutándolo.

    Me puse en perrito y le instruí como ponerse detrás de mi. Lo empecé a gozar como una puta. Él se movía en una forma absolutamente sosa. Pero yo igual gozaba con su tamaño y con el morbo de que era el esposo de mi amiga. Llegué. Le pedí que me la metiera por el culo. Me respondió que eso no se hacía.

    Le dije “cógeme por el culo gringo cornudo”. Eso lo motivó y lo hizo. Violento. Sin saber cómo. Sin tino ni talento ni arte. Pero lo gocé. Tuve un tercer orgasmo anal y él se vino conmigo. Al terminar se puso a llorar de nuevo.

    Le pedí que nos vistamos. Lo hicimos. Nos fuimos. Entendí porque Tatiana buscaba fuera lo que no encontraba en casa.

  • Juego previo

    Juego previo

    No llevaba mucho tiempo en el bar, apurando una cerveza cuando te vi aproximarte a la puerta. Se me hizo más largo de lo que había sido, imagino que por los nervios y la incertidumbre de saber si al fin nos conoceríamos. Pero sí, después de un tiempo mensajeándonos, dimos el paso definitivo.

    Al pasar la puerta del local me doy cuenta que las fotos no te hacen justicia. Llevas un vestido de una sola pieza, que se ajusta a tu cuerpo, resaltando cada curva. Queda un poco por encima de la rodilla, dejando admirar tus piernas bien torneadas. Tú cabello suelto, enmarca un rostro casi angelical, en el que destacan dos hermosos ojos marrones, de mirada limpia, dulce, y una sonrisa que deslumbra y contagia al contemplarla. Es inevitable que el resto no voltee a mirarte mientras te acercas a mi mesa.

    Me levanto torpemente, como es habitual en mí cuando estoy nervioso. Nos decimos un hola un tanto tímido y nos damos un beso. Tu dulce y sutil fragancia me invade y se anida en mi subconsciente. Tanto es así, que mientras escribo, por momentos creo tenerte a mi lado. Poco a poco vamos rompiendo el hielo, y la conversación va tornándose fluida, amena, como las que manteníamos a través del teléfono. Después de un rato de charla, buscas dentro de tu bolso, sacas una cajita que dejas en la mesa, me miras fijamente, y me preguntas:

    —¿Te acordás que en una de nuestras conversaciones, me contaste una fantasía que te rondaba por la cabeza?

    —Si, claro que lo recuerdo, espero no te molestara.

    —No me molestó en absoluto —dices mientras acercas la cajita hacia mí, sonriendo mientras te muerdes el labio.— Esto es un regalo, espero que lo disfrutes. Bueno, los dos.

    Debo admitir que estoy un poco sorprendido, pero aún sin abrir la caja, se lo que contiene. Dentro hay un mando inalámbrico, que controla un vibrador que llevas dentro de tu tanga.

    —¿Estás segura? —te pregunto.

    —Totalmente, aunque reconozco que estoy un poco nerviosa —dices sonrojándote levemente.

    Al ver venir al mozo hacia nuestra mesa, retiro la caja y la meto en el bolsillo de mi saco. Pero no todo queda allí guardado, el mando, lo conservo en mi mano, oculto a la vista de miradas curiosas.

    Una vez a nuestro lado, mientras le pides una bebida, yo acciono el juguete que llevas puesto. La sonrisa se dibuja en tu rostro, y no podes evitar un pequeño sobresalto, que no pasa inadvertido para el mozo, el cual te pregunta si estás bien.

    —Si sí, me dio un pequeño calambre en la pierna, no es nada.

    Al marcharse, me miraste con una sonrisa en los labios y un brillo en tu mirada, regañándome por lo hecho.

    —Eres muy malo —me dices con una sonrisa pícara.

    —Entonces, tendré que parar —dije.

    —No, para nada, es algo nuevo para mí, y excitante.

    Esas palabras me dan pie para continuar con el juego. Así que mientras te pregunto cómo ha sido tu día, aumento un punto el ritmo del juguete. Esta vez, estás más preparada, y tu reacción es menos notoria, pero tu sonrisa al responderme confirma que disfrutas del momento.

    Nuevamente se acerca el mozo con tu bebida, al depositarla sobre la mesa aprovecha para deleitarse con tu escote, le doy dos velocidades más al vibrador, y no puedes silenciar un nuevo gemido. Le das las gracias, él vuelve a su trabajo tras la barra, no sin antes despedirse con una sonrisa, y una mirada cargada de deseo.

    —Parece que le gustas —te digo.

    —No sé, quizás, pero ahora mismo, me interesa más gustarte a vos, y sentir —respondes.

    —A mi no me gustas —dejo correr unos segundos, en los que vislumbro sorpresa en tu rostro—. A mí me encantas.

    Al decirte esto aumenté nuevamente la intensidad, cerraste los ojos y te mordiste el labio para evitar que se te escapase un nuevo gemido, tu respiración se agitaba, tus piernas cambiaban de posición casi constantemente, un rubor se dibujaba en tu rostro.

    —¿Qué sientes? —te pregunté.

    —Calor —respondiste riend —. Excitación, nervios, quizá un poco de vergüenza o miedo de que se den cuenta. Placer, sobre todo placer. Nunca creí que sería capaz de hacer algo así.

    Mientras seguíamos conversando manipulaba el ritmo del vibrador, para que, esos cambios fueran llevándote poco a poco al éxtasis final, pero intentando hacerlo durar el máximo de tiempo posible, para deleite de ambos.

    Después de jugar con la intensidad del vibrador durante este tiempo, y con el morbo que sientes por estar expuestos en cierta manera, la excitación está llevándote prácticamente al clímax, se nota en tus gestos corporales, en cómo te muerdes el labio para callar cualquier gemido delatador, tus piernas se cierran impulsivamente, cada vez que sientes el latigazo del placer en tu intimidad. A medida que te acercas al éxtasis final, te resulta más difícil ocultarlo, de ahí que, no sin una sonrisa pícara en tu rostro me digas:

    —Si seguís así, vas a hacer que me corra aquí mismo, me tenés tan excitada, que no creo que pueda evitar gritar.

    —¿Nos vamos a otro lugar entonces? —te digo.

    Asentís con la cabeza mientras gemís al sentir un nuevo cambio de intensidad. Nos levantamos, mientras nos dirigimos hacia la salida, aprovecho para avivar aún más la situación. Esta vez, tus piernas flaquean levemente y te aferras a mi brazo aún más, clavándome las uñas en el. Una vez en la calle nos dirigimos a mi coche, estacionado un poco más retirado de los demás.

    Antes de dejarte subir a él, te apoyo sobre una de sus puertas , aparto un mechón de tu cabello, acaricio tu cuello con el dorso de mi mano, nuestras intensas miradas no necesitan palabras que expliquen lo que anhelan. Por primera vez, nuestras bocas se encuentran, nuestras lenguas se exploran, se unen en un baile de sensaciones. Mis manos acarician tu cuello, tu espalda, tus caderas. Aunque me cuesta hacerlo, me separo de vos para abrir la puerta y permitir que subas al coche. Una vez instalados vuelven los besos, las caricias, los gemidos, la urgencia de sentirnos el uno al otro. Tu mano se dirige al cierre de mi pantalón, pero te detengo para explicarte:

    —No, aún no, este es tu momento y quiero ver como lo disfrutas sin que nada me desvíe de tu placer.

    Tu boca busca nuevamente la mía, mientras eso ocurre vuelvo a poner el vibrador a trabajar, tu gemido se entremezcla en nuestras bocas, en nuestras lenguas, en nuestros seres. Un nuevo cambio de ritmo y tu respiración se altera, uno más y dejas de besarme para coger aire y jadear más intensamente. Beso tu cuello, acaricio tu vientre, tus piernas se mueven por iniciativa propia. Mi mano asciende y se apodera de uno de tus senos por encima de la ropa, tus jadeos son sonoros y continuados, un punto más de vibración, más gemidos, más intensos, mi mano que se cuela por tu escote, para acariciar tu pecho sin la barrera de la tela de tu vestido. Tu piel tersa, tus pechos firmes, tus pezones duros de excitación, lo atrapo entre mis dedos y lo aprieto, me pides que lo haga más fuerte, aflojo y recorro el contorno de tu pecho, vuelvo a recogerlo entre mis dedos, lo aprieto un poco más que antes.

    —Me corro —exclamas entre jadeos.

    Pongo el vibrador al máximo y explotas en un éxtasis maravilloso, los jadeos se convierten en gritos, los pequeños espasmos de placer en convulsiones orgásmicas, tus manos se aferran a la puerta, a mi pierna. Tu rostro refleja la crispación del placer intenso que vives en estos momentos, tus ojos el brillo de la lujuria, tu boca verbaliza espontáneamente el placer, todo tu cuerpo exterioriza ese momento único que es la llegada del clímax.

    Y yo, yo lo disfruto viéndote, sabiéndome participe de haberte ayudado a llegar a él.

  • Sexo casual con una milf

    Sexo casual con una milf

    Esta situación la viví hace ya casi 3 años, llevaba casi 3 meses de que me había separado de mi ex señora, donde en el último tiempo en el ámbito sexual ya no había nada de nada.

    Yo físicamente soy un hombre tes morena, ojos negros, mido 1,64 en ese momento pelo largo, piernas ejercitadas, tengo buen cardio ya que hago bicicleta, decidí buscar sexo casual ya que necesitaba sexo, soy una persona que ama el sexo por lo cual decidí buscar mujeres para sexo casual en una página, a la cual luego de una semana encontré una dama de aproximadamente 45 años yo en ese momento tenía 32 años, a la cual llamare Patricia, ella aparecía sin foto de perfil, pero se describía muy ganosa de sexo.

    Le hable y a la hora me respondió el email, donde luego de hablar de nosotros de los que hacíamos y los gustos que teníamos, accedió a darme su whatsapp y comenzar hablar por ahí, lo primero que hicimos fue intercambiar fotos, a lo que ella me envió una foto donde aparecía con un vestido muy cortito donde resaltaban, sus grandes senos unas piernas muy firmes, contextura normal con un pequeño rollito, unos labios carnosos y una mirada muy hot además de un trasero muy bien trabajado, lo que me provocó mucho placer.

    Luego que le comenté de que me había gustado su foto, me conto que llevaba como 8 meses sin sexo y que el ultimo hombre con el que estuvo no la pudo complacer en la cama y que quería probar con un chico más joven que ella, luego de comentarme lo que le gustaba hacer en la cama las poses y detalles, acordamos cuando juntarnos, y eso sería en 3 días más ya que ella tenía cosas que hacer antes.

    Durante esos tres días seguíamos hablando, ese mismo día en la noche reviso mi whatsapp y me había mandado un pack de 5 fotos donde aparecía masturbándose mostrando una vagina deliciosa depilada 100% y unos senos muy ricos que me provocaron una erección inminente y que decidí sacarle una foto y enviársela a lo que la calenté mas y me envió un video masturbándose con sus dedos, donde le devolví un video yo también masturbándome, pasaron los 3 días y nos juntamos.

    Cuando la vi, llego con una calzas que le quedaba muy ajustadas y una polera deportiva muy apretada donde se le resaltaban sus senos y se marcaban sus pezones, caminamos al motel y cuando entramos comenzamos a besarlos de inmediato mientras la besaba le empecé a tocar sus nalgas para luego bajarle las calzas a lo que ella no me lo permitió, y me empujo a la cama me bajo mi pantalón y mi slips y me empezó a chupar mi pene lo cual lo hacía muy rico luego de un rato se sacó la polera y empezó a masturbarme con sus senos.

    Luego de un rato ella misma se desnudó se dio vuelta y me coloco su vagina rosadita muy rica en mi cara a lo que la estuve lamiendo un buen rato su vagina y sobre todo tu clítoris, en un momento sentí un orgasmo de su parte, se dio vuelta y coloco mi pene dentro de tu vagina y empezó a saltar encima del el, estuvimos de forma muy desenfrenada así un buen rato mientras yo chupaba y lamia sus pezones mientras ella refregaba mi cabeza en sus senos, luego de acabar se colocó al lado mío y me pidió que la penetrara en cuatro, a lo que accedí, al penetrarla empezó a mover su trasero, a lo que me éxito mucho más, luego de terminar, me subí encima de ella y le separe las piernas y empecé a penetrarla de forma muy salvaje agarrándole sus senos y ella masturbándose.

    Solo sentía sus gemidos acompañado de gritos desenfrenados, donde me decía, ¡dale corazón, sigue no pares, lo haces rico!, luego de esto me abrazo y me confeso que no me tenía mucha fe pero que lo había pasado increíble, acordamos juntarnos de nuevo, sin embargo no logramos otra junta.

  • Tocándome hasta venirme a chorros

    Tocándome hasta venirme a chorros

    Hola. Primero quería presentarme. Literalmente me llamo Barbie y todos dicen que parezco una Barbie. Cumplí 18 años hace unos meses y aun sigo siendo virgen de todos lados. (Boca también) Tengo el pelo rubio decolorado, una piel blanca que siempre trato de broncear. Pero lo más interesante de mi son mis lindas y grandes nalgas redondas y paraditas, siempre me las han halagado. Por otro lado mis pechos son pequeños pero redondos y con unos pezones que les encanta estar erectos. Tengo una increíble figura a pesar no mover un dedo jaja y soy muy linda dicho por todos. Se preguntarán porque sigo virgen a pesar de ser tan caliente, la verdad es que solo me quieren coger mocosos de mi edad y yo quiero un hombre, fantaseo con tener mi primera vez con uno de 30 años, con gran pitó y que me enseñe lo que es una buena cogida.

    Aunque algo que si hago mucho es masturbarme. Me encanta leer un relato de acá para excitarme.

    Pasó mis dedos por encima de mis bragas para comprobar que estoy lo suficientemente mojada para empezar a masajear mi clítoris. Mis dedos así de mojados deslizan fácil mente hasta mi entrada. Me cabe solo un dedo, dos completos jamás aunque esté muy caliente, mi vagina estrecha y virgen no lo resiste. Así que con ese único dedo empiezo a estimular mi punto g haciendo ganchito, de vez en cuando saco mi dedo para probar mis deliciosos jugos. Como ahora estoy muy caliente meto un dedo a mi ano, me gusta sentirme llena y estrecha de ambos lados, hace que me moje más. Siento que ya me voy a correr así que saco mis dedos y le doy toda la atención a mi clítoris, primero con movimientos suaves y circulares, hasta llegar a la suficiente velocidad para correrme a chorros, mi cuerpo se contrae y mi corrida moja toda mi cama, mis piernas y mi alrededor. Me encanta recogerlo con mis dedos para llevarlo a mi lengua, me encanta mi sabor

    Al principio tenía pensado contar otra historia pero al ir escribiendo me mojé tanto que termine masturbándome como les acabo de relatar. Cuénteme, ¿Les gusto? ¿Como más me podría masturbar? ¿Qué quieren saber de mí?