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  • La sombra de las Pirámides: Jacqueline y Karl

    La sombra de las Pirámides: Jacqueline y Karl

    «Si no te importa, creo que descansaré un poco», suspiró Hilary mientras Jacqueline terminaba de secar con una toalla el cuerpo desnudo de piel clara de Hilary.

    Hilary se acercó a la pared y bajó la litera inferior.

    «Por favor», dijo Jacqueline, usando la toalla en sí misma.

    Les tomó dos palanganas y casi una hora, pero las dos mujeres finalmente se sintieron limpias. Sus repetidos pedidos de agua para bañarse comenzaban a molestar a Jean. Jacqueline miró el cuerpo desnudo de Hilary mientras ésta subía a la litera inferior. Su doncella, por lo general recatada, no se molestó en cubrirse. Hacía calor en la cabina e incluso después de lavarse tenían un brillo húmedo en la piel debido al sudor. Hilary se veía muy hermosa en ese momento, acostada de lado, con los ojos cerrados mientras intentaba dormir.

    «Mmm, ¿qué estás haciendo?» preguntó Hilary cuando Jacqueline se deslizó detrás de ella.

    «Ssshh», susurró Jacqueline en su oído, acurrucándose detrás de ella.

    Jacqueline besó a su amiga justo debajo de la oreja antes de mover sus labios hasta el cuello de Hilary. Su mano se deslizó alrededor de Hilary, acariciando suavemente el pecho de la pelirroja. El pezón de Hilary estaba plano hasta que la punta del dedo índice de Jacqueline comenzó a dar vueltas a su alrededor, poco a poco despertándolo. A medida que se endurecía, Jacqueline comenzó a pellizcarlo suavemente y a girarlo entre sus dedos. Hilary gimió, empujando su trasero contra la entrepierna de Lady Ainscow quien deseó tener una polla entre sus piernas para darle a Hilary lo que realmente quería.

    Jacqueline empujó su otro brazo debajo del cuello de Hilary y usó esa mano para provocar los pezones de Hilary mientras su otra mano acariciaba suavemente sus costillas y su estómago. Sus dedos peinaron el espeso vello púbico rojo de Hilary y fue recompensada por un temblor de la irlandesa cuando la punta de su dedo encontró su clítoris. ¡Estaba distendido y muy mojado! Hilary quería esto.

    Salieron gemidos de la garganta de Hilary mientras rodaba sobre su espalda, sus caderas subiendo hacia el dedo de Jacqueline, moviéndose más rápido cuando Jacqueline agregó un segundo dedo. La inglesa giró la cabeza de su amiga hacia ella y se besaron con amor y pasión. Jacqueline rompió el beso, los labios de Hilary siguieron los de ella sin querer que terminara, pero Jacqueline se inclinó sobre Hilary y chupó un gran pezón distendido entre sus labios. Hilary gritó, golpeando los dedos de su empleadora más rápido incluso cuando Jacqueline aumentaba su velocidad. Las paredes del coño de Hilary se apretaron alrededor de sus dedos justo antes de que los dedos y la mano de Jacqueline se empaparan por el orgasmo de Hilary. La pelirroja pareció colapsar en la cama.

    «Te amo, Hilary Collins», dijo Jacqueline mirando el cuerpo desnudo de Hilary.

    «Yo también te amo», respondió Hilary, abriendo los ojos.

    Levantó la cabeza y Jacqueline se inclinó, besándola de nuevo. Prolongó el beso, esperando que Hilary hubiera aceptado sus nuevos deseos lésbicos. Realmente quería que Hilary se mudara a su casa una vez que llegaran a Londres.

    Su beso fue interrumpido por varios golpes fuertes en la puerta. Jacqueline se levantó rápidamente de la cama. Sus ojos se posaron en la puerta y en el bolso del muslo con su Enfield dentro.

    «¿Quién es?» ella preguntó.

    «Tengo una carta para Mademoiselle Ainscow», dijo la voz con profundo acento del asistente francés, Jean, que se irritaba fácilmente.

    «Un instant s’il vous plait», respondió mientras se ponía de pie y se cubría la cabeza con una túnica.

    Jacqueline abrió la puerta hasta la mitad y bloqueó la entrada para proteger la forma desnuda de Hilary de la vista. Jean luchó por evitar que sus ojos miraran fijamente la fina seda que cubría el pecho de Jacqueline.

    «¿Oui?»

    «Tengo una carta para usted, Mademoiselle», dijo, mirando furtivamente hacia abajo cuando le entregó la carta. «El caballero espera una respuesta.»

    Una sonrisa se dibujó en la boca de Jacqueline mientras leía la simple invitación.

    «Hauptman Karl Jaeger, solicita la presencia de Lady Jacqueline Ainscow en la cena de esta noche a las 7:00 p.m.».

    El francés se aclaró la garganta dos veces antes de que Jacqueline lo mirara.

    «Por favor, informe al Hauptman que estaré encantada de reunirme con él para la hora de la cena».

    «Tres bien, Mademoiselle», respondió inclinando la cabeza para echar otro vistazo a sus pechos antes de volverse para irse.

    Jacqueline corrió hacia su equipaje y sacó su vestido de noche. Era un Lucien Lelong, un modisto parisino bastante famoso en aquella época.

    «Hilary, ¿te importaría pedir otra palangana de agua caliente?»

    «Por supuesto, Lady Ainscow», dijo Hilary con un poco de frialdad, pero Jacqueline no se dio cuenta.

    Hilary se puso de pie y se puso el vestido por la cabeza.

    Más tarde, cuando Hilary regresó, Jacqueline sumergió su cabeza en el agua y comenzó a lavarla con jabón. Se secó el pelo y se sentó en el sofá mientras Hilary peinaba sus largos mechones negros hacia la derecha para que cayera sobre su hombro derecho. A Jacqueline no le gustaban los cosméticos, pero conservaba un lápiz labial rojo y un delineador de ojos para ocasiones especiales. Levantó un pequeño espejo de mano mientras se maquillaba. Se puso de pie y extendió los brazos mientras Hilary le untaba perfume en la entrepierna, el vientre, las axilas y el cuello.

    «¿Me prestas tu ropa interior para la noche?» preguntó Jacqueline.

    «Quedó en el callejón con la tuya», dijo Hilary.

    «¡Oh!» dijo Jacqueline sorprendida.

    Jacqueline se puso la liga antes de colocar un delicado pie en el nailon blanco y desenrollarlo por la pierna, sujetando las correas de la liga a la media. Hizo lo mismo con el otro pie.

    «¿Tal vez deberías cancelar?» preguntó, viendo a Jacqueline ponerse el vestido por la cabeza.

    Luchó un poco tratando de apretar sus senos en las copas del vestido.

    «No, pero me temo que mi vestido es bastante ajustado».

    El vestido de Jacqueline era azul oscuro y escotado en la espalda. Tirantes finos lo sujetaban sobre sus hombros. Las copas revelaron mucho escote y sin su sostén, sus pezones eran claramente visibles a través de la parte superior. De hecho, el vestido la abrazaba con tanta fuerza que la hendidura de su ombligo y el contorno de su montículo púbico también estaban claramente definidos.

    Jacqueline iba a causar un gran revuelo, especialmente en los pantalones de un apuesto oficial alemán, pensó Hilary con celos, aunque su mente estaba confundida sobre quién era exactamente de quien estaba celosa. Jacqueline se estaba arreglando para Jaeger claramente esperando tener relaciones sexuales esta noche. De todas formas Hilary necesitaba quedarse allí con el PENE mientras Jacqueline se iba.

    Jacqueline se pusolos guantes azules. Combinaban con su vestido y le llegaban hasta los codos. Hilary miró a su ama. No era frecuente que viera a Jacqueline Ainscow vestida. Estaba tan deslumbrante como cualquier estrella de Hollywood caminando por la alfombra roja.

    Jacqueline le sonrió. Estaba complacida con su apariencia. Se paró frente a Hilary, su sonrisa se desvaneció y se volvió seria.

    «Volveré contigo», dijo Jacqueline, inclinándose hacia adelante.

    Hilary cerró los ojos y se encontró con el beso de Jacqueline, un temblor de emoción le aceleró el pulso. Jacqueline le guiñó un ojo y salió de la cabaña mientras Hilary se limpiaba el lápiz labial de la boca con el dorso de la mano.

    Jacqueline se abrió hasta el coche comedor. Su entrada causó un gran revuelo: todos los ojos masculinos se volviénron hacia ella. Incluso los hombres que miraban hacia otro lado notaron las miradas de los demás y observaron por encima del hombro para ver lo qué estaba pasando. Jaeger levantó la vista, rápidamente echó hacia atrás su silla y se puso firme. Una sonrisa de deleite iluminó su rostro a la vez que Jacqueline también se alegraba por encontrarse nuevamente con su antiguo amante.

    «Te ves encantadora, Fraulein Ainscow», dijo una voz alemana con un fuerte acento.

    Jacqueline miró hacia para ver a Blobel sentado solo en una mesa bebiendo vino. Levantó la copa hacia ella en un saludo a su belleza.

    «Danke, Sturmbannführer», respondió Jacqueline inclinando la cabeza hacia él por el cumplido.

    Llevaba puesto su uniforme negro de las SS con el brazalete del Partido Nazi alrededor de su brazo. Una extraña mezcla de blanco y negro con su piel pálida.

    Ella miró hacia donde estaba Karl en el otro extremo del vagón. Llevaba el uniforme de gala del ejército, el amplio pecho decorado con medallas, incluido el más alto honor, la cruz de caballero en el cuello. La mayoría de los pasajeros masculinos, todavía mirando a Jacqueline, no se dieron cuenta de que sus compañeras, esposas e hijas, también miraban al apuesto oficial alemán.

    Jacqueline atravesó el vagón restaurante sin detenerse ni apartar la mirada de Karl Jaeger. Se detuvo justo frente a él, ambos mirándose a la cara.

    «¡Qué bueno verte, Karl!», dijo.

    Él se inclinó y le susurró al oído:

    «Y es bueno verte, especialmente con ese vestido».

    La besó en la mejilla y acercó la silla para ella. Jacqueline se sonrojó como una colegiala y tomó asiento. Había una bandeja de ostras en la mesa, algunas conchas vacías que mostraban que había disfrutado algunas. Ella tomó una ostra.

    «Me alegré cuando Hilary me dijo que estabas a bordo».

    Jacqueline echó la cabeza hacia atrás y se tragó la ostra.

    «Sí, toda una coincidencia», respondió.

    Él había pedido una botella de vino que levantó y llenó su copa. Confío en que sería de su agrado. Jacqueline tomó un sorbo del vino y asintió con aprobación justo cuando el mesero se acercó.

    «Quiero el filete de ternera con patatas chateau.»

    «Una excelente elección, mademoiselle», respondió él, perdiendo momentáneamente la compostura cuando notó su escote y el contorno de sus pezones debajo del vestido. Se recuperó rápidamente. «¿Y usted, Monsieur?»

    «El chaud-froid de los animales de caza».

    «Tres bien, Monsieur», respondió el camarero, mirando de reojo a Jacqueline de nuevo antes de irse corriendo.

    «Felicitaciones por su ascenso, Hauptman», le dijo ella. «Eras un humilde Oberleutnant la última vez que te vi.» [Oberleutnant = teniente]

    «La patria premia a los que la sirven bien», respondió.

    «¿Crees que habrá otra guerra?» Jacqueline lo miró seriamente.

    «Quién sabe cuando se trata de políticos…», dijo, encogiéndose de hombros. «Pero el canciller Hitler tiene mi máxima confianza para hacer lo que sea necesario para mantener la paz».

    «Aún así, Alemania está preparando su maquinaria de guerra».

    «Paz a través de la fuerza», respondió él, llenando su copa de nuevo.

    «A veces pienso que el mundo estaba mejor antes de que las ciudades-estado se unificaran».

    «Deutschland uber alles» dijo él.

    [«Deutschland, Deutschland über alles, über alles in der Welt» (Alemania, Alemania por encima de todo, por encima de todo en el mundo). Eran los primeros versos del Himno Alemán. Desde 1952 se solo se canta la tercera estrofa que comienza «Einigkeit und Recht und Freiheit / Für das deutsche Vaterland! (Unidad y justicia y libertad

    para la patria alemana) por ser más políticamente aceptable para otros países]

    Su conversación fue interrumpida por el mesero que regresaba con su comida y los dos se pusieron manos a la obra. Karl cortó un trozo de su carne.

    «Odd Blob y yo te buscamos antes», dijo Jaeger.

    «¿Odd Blob?»

    «Blobel, mi asesor político. Lo conociste anoche».

    «Sí, por supuesto», dijo Jacqueline, cortando un trozo de carne y enrollándolo en la salsa.

    Mordió la carne y masticó lentamente. Disfrutaron de su cena, terminaron con las ostras, luego con el vino, y ordenaron budín de postre.

    «¿Cómo estuvo tu carne?»

    «Deliciosa, pero esperaba un corte de carne alemana de primera», dijo mirándolo fijamente, mientras sacaba la lengua para lamer un pequeño trozo de budín de su labio.

    Él se atragantó levemente mientras tragaba lo último de su vino.

    «Hilary me dijo que tu coche es bastante lujoso para ser un tren», le dijo a Karl, pestañeando.

    Jaeger se levantó rápidamente.

    «Permítame darle un recorrido, señorita Ainscow».

    Estaban a la mitad del vagón de equipajes antes de volar a los brazos del otro. Su beso fue apasionado, las lenguas hurgando hambrientamente en la boca del otro. Karl le bajó los tirantes del vestido sobre los hombros hasta que salieron sus pechos. Él los apretó y los levantó, empujando sus pezones hacia arriba para encontrar sus labios. Gruñó con lujuria cuando primero chupó uno, luego el otro pezón. Jacqueline saltó sobre él rápidamente envolviendo sus piernas alrededor de su cintura. Se besaron de nuevo mientras él la llevaba hacia la puerta. Estuvieron afuera brevemente, todavía besándose mientras Karl la hizo pasar al autocar de lujo del partido nazi. Puso a Jacqueline sobre sus pies para que pudiera quitarse el vestido. La observó mientras se aflojaba el cuello para quitarse la Cruz de Caballero. Sus manos se abrieron paso por su uniforme mientras ella lentamente se quitaba los guantes.

    «Déjalas puestas» —le ordenó cuando las manos de ella bajaron para sacarse las ligas.

    Jacqueline se dejó la liga y las medias puestas y se paró frente a él. Se arrodilló ante él y rápidamente desabrochó su cinturón. Le bajó los pantalones y la ropa interior, su polla saltó dura como una roca.

    «Bueno, parece que Mjolnir me extrañó tanto como yo lo extrañé», dijo antes de chupar la gran cabeza de la polla.

    Ella tomó la mitad de su polla mientras lo miraba quitarse el uniforme. Esta vez fue Jacqueline quien gruñó alrededor de la polla en su boca mientras observaba su físico musculoso en forma completo con cicatrices de batalla. Ella movió su boca alrededor de su polla antes de retirarse y besar la cabeza. Jacqueline se puso en pie de un salto y se subió a la cama más cercana. Karl se movió entre sus piernas cuando ella preguntó:

    «¿Cuánto falta para que regrese el Major Blobel?».

    «Toda la noche.» Karl le sonrió. Se subió sobre ella y agarró su polla, guiándola entre sus piernas abiertas. «Le dije que buscara otra cosa que hacer».

    . . . . . . . . . . . . . . . .

    Hilary estaba molesta por estar sola sin que se le permitiera unirse a Jacqueline y Jaeger para cenar. Miró alrededor de la habitación en busca del pepino de Jacqueline, que nunca había comido, pero no lo encontró, probablemente lo tiró junto con el pan del emparedado. Ella no tenía tanta hambre de todos modos, su estómago todavía se sentía lleno de la semilla de Aket. Hubo un fuerte golpe en la puerta. Llegó de repente y la sobresaltó, haciéndola saltar un poco. La joven irlandesa se levantó y abrió la puerta.

    «¿Sí?» preguntó ella abriéndola.

    «Buenas noches, Fräulein» —dijo Blobel, con una Luger en la mano.

    Él apuntó hacia ella y le indicó que se apartara mientras entraba en la cabina.

    . . . . . . . . . . . . . . . .

    Las piernas cubiertas de nailon de Jacqueline envolvieron la cintura de Karl mientras él enterraba su gran polla dentro de ella. Su lujuria lo quería fuerte y rápido, pero después de lo que el PENE les había hecho a ella y a Hilary, Jacqueline se sentía más apasionada.

    Karl cubrió su cuerpo con el suyo y la besó de nuevo. Esta vez, él movió su polla dentro y fuera de ella lenta y rítmicamente. Ella tembló enterrada en su abrazo protector dos veces. Su coño se apretó y se espasmó alrededor de su polla, tratando de ordeñar su semilla, pero él se resistió y tiró de su polla hasta que su necesidad de correrse disminuyó.

    Jaeger se empujó hacia arriba y se arrodilló, guiando su pene dentro de ella. Sus fuertes brazos tomaron sus rodillas y la levantaron en sus embestidas. Le gustaba así. Sus profundos ojos azules podían captar su belleza desnuda, sus labios entreabiertos en suaves gemidos, sus pechos temblando, la forma en que su vientre ondulaba mientras él la penetraba, su polla entrando y saliendo brillando con su excitación. Jacqueline le devolvía la mirada con igual adoración, sus músculos tensos por el esfuerzo, y lo más importante, su polla enviaba ondas de placer a través de su cuerpo cada vez que la empujaba profundamente. Karl gruñó y enterró su polla, el coño de Jacqueline apretándolo con fuerza, sabiendo lo que venía. Su primer chorro de semilla desencadenó un intenso orgasmo cuyas contracciones succionaron su semilla dentro de su matriz. El orgasmo duró varios estallidos más fuertes de semen que los dejó a ambos exhaustos por un momento. Karl dejó caer sus piernas y se derrumbó sobre ella, respirando con dificultad. Él jadeó en su oído mientras Jacqueline se retorcía debajo de él, aún superada por la lujuria.

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    Hilary trató de no hacer arcadas cuando sus labios besaron el pubis de Blobel. No era como Jaeger o Aket en el departamento de pollas, pero su polla tendría unos 17 cm. de largo. Presionó sus labios con fuerza alrededor del eje y tiró hacia atrás, su polla se deslizaba lentamente fuera y dentro de su boca. Ella lo miró. Su uniforme de las SS estaba desabrochado y abierto, dejando al descubierto su gordo vientre blanco. Se había quitado el sombrero y su cabeza calva brillaba por el sudor. Blobel la miraba fascinado chupando su polla. Todavía tenía el arma en la mano. Hilary sacó su polla de su boca.

    «Guarda esa pistola antes de que se dispare», le ordenó al nazi.

    Odd Blob miró su Luger y la dejó junto a él en la cama. Hilary estaba arrodillada en el suelo y tomó su polla de nuevo en su boca moviendo la cabeza rápidamente. Él deslizó sus dedos gordos entre su exuberante cabello rojo, quizás el cabello más hermoso que jamás había visto, y sostuvo su cabeza con fuerza mientras ella chupaba su gorda polla alemana.

    «¡Chúpala, schlampe!» gruñó. «¡Más duro, rotkopf Irisch schlampe!» [rotkopf Irisch schlampe = puta irlandesa pelirroja]

    Ella lo miró con enojo, pero obedeció y lo chupó con más fuerza. Su lujuria superaba todo lo demás. El alemán agarró su cabeza con fuerza y la empujó para que su miembro penetrara lo máximo posible. Blobel gimió, su polla se sacudió y descargó su semen en su garganta. Hilary luchó, no por miedo a ahogarse, sino por su necesidad casi adicta de probarlo. Él relajó su agarre y ella se echó hacia atrás para que los últimos chorros pudieran llenar su boca.

    «Eso es, schlampe, prueba el semen de un macho ario superior».

    Hilary se aseguró de haber ordeñado lo último de su semen antes de dejar que su polla cayera de su boca. Era fea, pálida y gorda como su dueño. Ella se incorporó y ayudó a quitarle los pantalones abiertos antes de guiar al hombre gordo para que se acostara en la litera inferior. No era el hombre en forma como Jaeger, la mamada casi lo había dejado dormido. Hilary tomó la Luger por el cañón y la hizo a un lado mientras se subía a Blobel y se sentaba a horcajadas sobre él. Su mano agarró su polla y tiró de ella. Sintió que se endurecía de nuevo. Blob abrió sus ojos perezosos y le sonrió mientras ella se levantaba para tomarlo dentro de ella.

    . . . . . . . . . . . . . . . .

    «Todavía estás duro», susurró Jacqueline al oído de Karl. «Sácala.»

    Karl gimió en señal de queja, pero se levantó. Ella se arrodilló. Sacó su polla, Mjolnir era gigantesco y desenfrenado, enrojecido por la sangre. Jacqueline se humedeció los labios.

    Karl levantó las cejas sorprendido, pero obedeció, deslizando su cuerpo hacia arriba hasta que ella estuvo arrodillada alrededor de su estómago. Ella apretó sus pechos alrededor y capturó el glande en su boca. Él comenzó a deslizar su pene de un lado a otro a través de sus senos.

    Jacqueline le sonrió, lamiendo la parte inferior de su pene. No era su sonrisa normal de felicidad y alegría, era una sonrisa sensual y sucia llena de lujuria y promesas. Ella levantó la cabeza y tomó la punta de su polla en su boca. Su polla entró en su boca. Él la dejó mamar la cabeza por un momento.

    La cabeza de su polla entró en su boca. Jaeger observó con incredulidad cómo ella pellizcaba y apretaba sus propios pezones mientras él la follaba en la boca.

    Su polla entró a fondo en su boca en el siguiente empujón y disparó su primer taco contra la parte posterior de su garganta. Él no había medido bien sus embestidas y se retiró, el esperma saliendo de la cabeza cubría su rostro con su pudín blanco. Tenía la boca abierta, la lengua afuera queriendo probar más. Karl agarró su eje, el semen salpicó todo su seno derecho antes de que pudiera mover su polla hacia su boca que esperaba. Sus labios se encontraron con la cabeza de su polla mientras él sacudía el eje y Jacqueline tragaba con avidez hasta la última gota.

    «¿Desde cuándo tragas?» preguntó él, pero su única respuesta fue un guiño mientras lamía la perla final como goteo de la hendidura en su pene.

    Karl se salió de ella y se puso de costado.

    «Cásate conmigo», jadeó él, frotando su vientre con cariño.

    ***********

    Hilary montó lentamente la polla gorda del mayor. Sus manos presionaron su pecho tembloroso dejando marcas rojas. Ambos eran de color blanco pálido. Ella se hundió en su polla y se inclinó para besarlo mientras se corría sobre su polla gorda y pálida.

    «Ja Fraulein» —gimió Odilo. «¡Monta ese fleischpeitsche ario superior!» [fleischpeitsche = látigo de carne]

    Hilary gimió y se corrió de nuevo. Su coño se contrajo como loco alrededor del pene del alemán regordete

    Odilo agarró y apretó sus pesados pechos mientras empujaba su polla dentro de ella.

    «¡Así que gut sie sexy Hure!» [Bueno, puta sexy] La polla de Odd Blob explotó su semen en sus contracciones orgásmicas. «¡Nehmen sie mein sperma!» [Toma mi esperma]

    Blobel le acarició los pechos mientras ella permanecía sentada, jadeando en su regazo. Podía sentir su polla marchitarse dentro de ella, ablandándose, pero atrapando su semilla alemana superior dentro de ella. Cierta pureza racial irlandesa era cuestionable, pero Hilary era demasiado perfecta para no provenir de una sólida estirpe aria. Deseaba que su semilla hubiera sido plantada dentro de ella.

    «¿Te gusta mein schwanz?» preguntó él. «¡Gut! No es tan grande como el de Jaeger, pero sigue siendo ario y te dio mucho placer».

    «Sí, mucho placer», gimió Hilary, con los ojos cerrados para no mirar el rostro pálido y el vientre hinchado del hombre.

    Los ojos de Blobel brillaron con intensidad cuando levantó la mano y le pellizcó los pezones.

    «Así es como debe ser», afirmó. «Mujeres que sirven voluntariamente para los hombres de Alemania. Nuestros soldados necesitarán mujeres para servirles y gracias al PENE DE OSIRIS tendrán muchas esclavas sexuales dispuestas. ¡Seré un héroe del TERCER REICH! ¡DEUTSCHLAND ÜBER ALLES!»

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  • Perdidos (4): El despertar de los cachorritos de mami (II)

    Perdidos (4): El despertar de los cachorritos de mami (II)

    Llega el cumpleaños de uno de los chicos, y mamá les permite tener una “animada fiesta”, tras la cual un dialogo muy serio y franco entre madre e hijo, pone a Jonás y Judith en un camino sin retorno en su relación.

    Sexto mes:

    Todo seguía aconteciendo tal cual venía pasando. Pero llegó el cumpleaños Ronaldo y Tomás quienes cumplían 20 años, y por aquellos días estaba medio decaído de ánimo.

    Entonces Judith, quiso que ese cumpleaños fuera el primero que se festejara en la isla, ya que el resto e incluso el de ella misma habían pasado sin pena ni gloria.

    Asique ese día ella preparó una comida especial, que alcanzó hasta para la cena. Y a la noche, cómo la temperatura era bastante baja, ella permitió abrir algunas pocas botellas de bebidas alcohólicas y tomar, en honor a la ocasión.

    Todos estaban muy contentos ese día, y al llegar la noche todos bebieron de más.

    Al dormirse los muchachos, solo quedaron Jonás y Judith despiertos, quienes no habían bebido tanto, o por lo menos tenían más resistencia a la bebida que el resto.

    Y mientras ordenaban todo en la cueva que hacía las veces de comedor y que por las noches alumbraban con antorchas y fogatas. Conversaban sobre temas varios.

    Cuando todo estuvo ordenado, ellos se sentaron a conversar a la luz de las antorchas y una casi apagada fogata.

    Jonás la notaba muy rara a su mamá esa noche, quizás por la bebida o por alguna otra causa también, pero Judith estaba siendo muy demostrativa con él, muy amorosa, y hasta en cierto punto muy sensual con sus comentarios y bromas.

    Pero cuando quedaron solos y tranquilo la cosa siguió.

    – Yo te voy a preguntar algo, y quiero que me digas la verdad. Disparó Judith.

    – Está bien. Responde Jonás.

    – Vos ¿me espias a mí? Le pregunta ella.

    – ¿Cómo? Pregunta nerviosa él.

    – Por ejemplo, cuando voy a bañarme al manantial, o voy al monte a mear o cosas así, me he sentido observada últimamente y… otras cosas más. Dice ella muy seria.

    – Mamá yo… Alcanza a decir él.

    – No quiero excusas, quiero respuestas. Insiste ella.

    – Si, alguna vez lo he hecho. Confiesa avergonzado.

    – ¿Desde cuándo mi amor? Le pregunta ella suavemente, tratando de tranquilizarlo.

    – Mhhh, ¿desde cuándo te sentiste espiada? Indaga estratégicamente él.

    – No sé, creo que desde hacen varias semanas, tal vez un mes. Dice ella.

    – Creo que es ese el tiempo que llevo haciéndolo. Le miente él

    – ¿Te gusta hacerlo? Le pregunta ella.

    – Si, que sé Yo, me gusta verte. Dice él con la mirada en el piso.

    – Tranquilo hijo, está todo bien. Es muy difícil sobre llevar lo que estamos pasando, hace tiempo que no estás con Jessica, tenés en claro que probablemente no la vuelvas a ver, soy la única mujer que ven vos y tus hermanos, además tenés que dormir conmigo en una cama chica, cómo que son muchas cosas ¿no? Reflexiona Judith.

    – Si, pero igual, es cómo que está mal ¿no? Dice Jonás avergonzado y preocupado por lo que pueda responder su mamá.

    – Mirá, que sé yo. En circunstancias normales, no te lo discuto, pero bajo estas circunstancias en las que nos está tocando vivir, deberíamos dictar nuestras propias normas, e ignorar algunas normas sociales. Le responde ella sorprendiéndolo.

    – Y ¿Cuáles serían las normas que impondrías en este caso específico?, Le pregunta él.

    – Bueno, a mí no me gustaría hablar tanto de imposición de normas, más bien me gustaría discutirlas cómo personas adultas que somos. Además, no te creas que yo soy de mármol, también tengo mis debilidades con el sexo opuesto, y ahora estoy sintiéndome tan sola cómo vos y Jony, que él tenía a su noviecita Camila, y ahora a la única mujer que ve es a mi. Dice Judith.

    – Bueno, entonces ¿tengo derecho a verte? Le pregunta Jonás.

    – Si, claro mi amor, pero no solo en el manantial, cuando lo necesites y estemos solo me decís y te muestro lo que quieras. Le dice ella tiernamente.

    – Y Vos ¿no vas a querer nada? Le pregunta él

    – Si, obvio, cuando estemos solos podemos “vernos” los dos. Le propone Ella.

    – ¿Cómo sería eso de vernos? Pregunta Jonás.

    – Hagamos esto, decime ¿cómo hacías para espiarme en el manantial? Pregunta ella.

    – Me iba detrás de ti unos minutos después que vos y me ocultaba entre las rocas y te miraba con los largavistas. Responde él.

    – Jajaja, que bien la hacías ¿eh? Bueno, ahora no te van a hacer falta los binoculares, ahora nos vamos a bañar juntos ¿te parece? Responde Judith.

    – Claro, me encanta. Responde casi emocionado el muchacho.

    – ¿Vamos a dormir? Le pide dulcemente su mamá.

    – Vamos. El chico apaga todo y va tras su mami a la cama.

    Jonás se entretiene unos minutos antes de llegar a la carpa, y cuando lo hace busca a tientas la cama que compartía con su madre. Y al encontrarla, se sienta en el borde y comienza a sacarse la ropa para ponerse el pijama. Pero cuando se lo va a poner.

    – Acostate así no más. -Le murmura ella ya acostada.

    Él obedece sin más, y al meterse en la cama, descubre que su madre lo espera con una grata sorpresa, al darse cuenta de que solo está acostada con una remera, un corpiño y bombacha. Era la primera vez que la tenía en la cama sin pijama,

    – ¿Te gusto así? Le susurra ella tiernamente.

    – ¡Siii, me encantas! Le responde él

    – Asi, vas a poder acariciarme mejor. Le dice ella

    – ¿Acariciarte? ¿puedo acariciarte? Le responde él.

    – ¡Jajaja! ¿no lo hacías casi todas las noches? ¿en serio creías que yo dormía tan profundo? Lo desenmascara su mamá.

    – ¿Estabas despierta todas las noches? Le pregunta sorprendido Jonás.

    – ¡Aaah! ¿así que me metías mano todas las noches? Le pregunta ella entre risitas picaras.

    – Bueno, no todas, solo a veces. Responde avergonzado su hijo.

    – Pero lo disfrutabas ¿no? Pregunta ella.

    – Si, claro. Y ¿vos? Responde él.

    – Al principio, me ponías muy incómoda, no sabía cómo pararte, pero ya últimamente, esperaba a la noche para estar entre tus brazos. Le confiesa ella.

    – ¿De verdad? Le pregunta Jonás.

    – ¡Si mi amor, ya te dije que mami no es de palo! Yo también necesito un hombre a mi lado. E igual que vos, ya pierdo las esperanzas de que algún día nos encuentren y nos rescaten. Dice Judith.

    – Mhhh, claro. Solo atina a responder Jonás.

    – ¿Te puedo confesar algo? Le pregunta nerviosa ella.

    – ¡Siii claro! Responde él.

    – ¡Jajaja, no sabés cómo disfruté sentir tus erecciones jajaja! Dice ella entre risas de nervios y vergüenza.

    – ¡No me digas! Responde el chico.

    – ¿Te excitabas conmigo o pensabas en Jessica? Le pregunta ella.

    – ¡Jajaja! Últimamente me excitas vos. Le dice él, nervioso y con vergüenza.

    – Modestia parte, me lo imaginaba. Dice francamente su mamá.

    – Sos hermosa, y re piola conmigo y con todos nosotros mamá. Le responde él

    – Te y los amo. Le responde ella.

    – Yo también te amo. Le dice Jonás muriéndose de ganas por comerle la boca de un beso. Pero ella se da la vuelta y le da la espalda.

    – ¿Vas a ir conmigo mañana al manantial? Le pregunta su mama ya casi durmiéndose.

    – ¡Claro, mañana nos bañamos juntos! Le responde.

    Jonás la abraza de atrás, y ambos se duermen profundamente.

    Al día siguiente para cuando Jonás se despierta, su mamá ya se había levantado y estaba lavando la ropa.

    Jonás se levanta, y ambos se saludan con una pícara sonrisa

    Todo transcurría normal en aquel soleado día. Hasta que los muchachos iban a darse un baño al manantial, antes de que fuera el turno de la mamá, tal cómo lo hacían siempre.

    – ¡Ey Jony! Te pido un favor. Le dice Jonás a su hermano mientras iban de camino al manantial.

    – ¿Qué pasa? Le responde su hermano.

    – Yo sé que hoy te toca ir a vos a espiar a mami, pero ¡dejame ir a mí! Le dice Jonás.

    – ¡Aha? Y ¿se puede saber por qué? Le pregunta Jonatán.

    – ¡Es importante boludo! No te puedo explicar todo acá porque nos pueden escuchar los demás. Pero en síntesis hubo un avance importante con mami anoche. Le resume Jonás.

    – ¿Ya te la comiste hijo de puta? Le pregunta Jony lleno de envidia.

    – ¡No, no aún no! ¡Pero me surgió una oportunidad única con ella! ¡apoyame en esta boludo, si me sale bien, nos la vamos a coger todos! Le suplica Jonás.

    – ¿Y después puedo ir 2 días seguidos a espiarla Yo? Le pregunta Jony.

    – Mirá, te cuento resumidamente ¡quiere que nos bañemos juntos! Le responde Jonás.

    – Ok, anda hoy vos, pero mañana voy yo. Le dice Jony.

    Los muchachos se bañan durante unos cuantos minutos, y luego cada uno retoma sus actividades diarias. Jony se despide de Jonás con unas palmadas en el hombro, se miran y se sonríen. Y Jonás se separa de ellos fingiendo retomar sus actividades de juntar leña cómo hacía cada tarde, y cuando vio a la mamá dirigirse al manantial, le chifló, y la saludó con la mano. Ella le sonrió y siguió su camino sola, para que nadie los viera ir juntos cuando supuestamente ella iba a higienizarse.

    Transcurrido unos minutos, el chico corrió hacia el manantial. Cuando Judith lo oyó correr hacia ella. Estaba acostada en su toallón, solo con un conjunto de bombacha y corpiño blanco. Ella se levanta y lo recibe con los brazos abiertos una gran sonrisa.

    Se abrazan, y ella da unas vueltas frente a él para exhibirse frente a su hijo en ropa interior.

    – Antes que nos metamos al agua, ¿me mostrarías desde donde me espiabas y cómo lo hacías? Le pregunta ella tiernamente y con mucha curiosidad.

    – ¿En serio queres saberlo? Le responde él.

    – ¡Siii! me pregunto cómo nunca te vi! Le responde ella.

    – Bueno, vamos, seguime. Le responde su hijo.

    Ambos caminan varios metros alejándose bastante del manantial, y llegan a las rocas donde se ocultaba Jonás cada tarde para ver a du mamá tomar su baño totalmente desnuda.

    Jonás le explica cómo se escondía entre las rocas. Y cómo la espiaba con los binoculares desde allí.

    Ella al oír las explicaciones y detalles, se sonrojaba y se preguntaba cómo fue tan tonta y descuidada con su privacidad, estando sola en medio de la nada con 4 jóvenes machos en plena adolescencia y juventud.

    – ¿Te gustaba lo que veías? Le pregunta tímidamente ella.

    – ¡Si, venía cada día a verte! Le responde su hijo.

    – Y ¿te… te masturbabas? Le pregunta ella roja de vergüenza y su mirada fijada en el piso.

    – A veces sí, otras veces solo te miraba.

    – ¿Me veías cuando yo me…? Pregunta Judith, llena de vergüenza al recordar que ella muchas veces aprovechó sus baños solitarios para sus desahogos femeninos.

    – ¿Cuándo te masturbabas? ¡solo te vi una vez parada desnuda en la orilla masturbándote. Mientras le responde esto, recuerda que él ya no era el único que la espiaba, y quizás su hermano Jonatán, la había visto también.

    – Es que generalmente lo hacía dentro del agua, rara vez lo hago estando afuera. Le explicó Judith.

    – ¿Lo haces todos los días? Le pregunta su hijo.

    – Casi siempre, y vos cuando te masturbabas… ¿querías hacerlo conmigo? Le pregunta ella.

    – Últimamente sí. Responde él aguantándose las ganas de besarla.

    Pero, su mamá da por finalizada la charla, se da vuelta y camina hacia el manantial.

    Jonás la sigue, y al llegar Jonás se saca el pantalón y la remera quedando solo en calzoncillo.

    – Pensé que te ibas a venir con la maya. Comenta su mamá al verlo con el calzoncillo gris.

    – Eso que tenes puesto, tampoco es un bikini. Le responde él pícaramente.

    – ¡Jajaja! ¿Vamos al agua con mami? Le pregunta ella tiernamente, tomándole la mano. Y ambos entran al agua.

    Luego de nadar un buen rato, él ve que Judith se dirige a la orilla y saliendo del manantial, toma su jabón y champú y le hace señas a Jonás para que se acerque a ella.

    Ella estaba con el agua hasta los tobillos.

    Entonces ella le da a él el champú y el jabón, y con las manos libre, se saca el corpiño y la bombacha.

    Jonás que no tuvo tiempo a reaccionar, la queda mirando azorado, estupefacto, incrédulo.

    – ¡Buenoo! ¿Qué pasa? ¿nunca la viste a Jessica desnuda? Y a mi ¿no me espiabas desnuda? Le pregunta ella sonriéndole tiernamente.

    – Si ¡pero es distinto! A Jessica le he visto, pero es otra cosa, y a Vos te he visto también, pero de lejos, ¡nunca te había visto de cerca! Le responde el chico.

    – ¿Estoy muy peluda? Le pregunta su mamá avergonzada, viendo que su hijo, no sacaba los ojos de su peluda concha.

    – ¡No, estás perfecta! Le responde su hijo.

    – ¡Me enjabonarías por favor? Le pregunta ella dándole la espalda.

    Jonás toma el jabón y le empieza a enjabonar la espalda, mientras ella le ayuda recogiéndose el pelo.

    – Oy, gracias por ayudarme mi amor. Le dice ella mientras su hijo le enjabona la espalda.

    Jonás en ese momento, no puede evitar una fuerte y repentina erección, cosa que cuando Judith se da la vuelta y queda de frente a él para que la enjabone de frente, no puede evitar notarla y sorprenderse.

    – Yo ya estoy desnuda hace rato, pero en cambio Vos seguís con el calzoncillo puesto ¡eso no vale! Protesta ella, queriendo ver aquel pene erecto.

    – ¡Ay, mamá! Protesta él avergonzado.

    – ¿Qué hijo? ¡Yo si pude sacarme la bombacha y el corpiño! Y ¿vos no podrías quedar desnudo también cómo mami? Protesta ella.

    – Pero…. Dice é poniéndose colorado mirando su pene.

    – ¿No te gustaría que te bañe cómo cuando eras chico? Le pregunta ella.

    – ¡Si claro, pero…Dice nervioso

    – Te sacas el calzoncillo o te lo saca mamá ¡Vamos! Lo “regaña” ella cómo cuando era niño.

    – Está bien. Accede él resignado, y se lo saca, pero entonces queda parado frente a su mamá con una gran erección.

    – ¡Guau, guau, guau! Exclama ella al ver el tamaño y dureza del pene de su hijo.

    – Perdón mami. Casi murmura él avergonzado con la mirada en el piso, o mejor dicho en el agua.

    – Te prometo que después vemos que hacemos con ese asunto. Le murmura ella dulcemente refiriéndose a la erección.

    El chico toma el jabón y empieza a enjabonar el cuello los hombros y pechos de su mamá.

    Al llegar a las tetas, no puede evitar acariciarlas con las 2 manos, y se entretiene un buen rato en esa zona.

    Para cuando se da cuenta de lo que está haciendo, levanta la mirada hacia su madre, y ve cómo ella lo disfrutaba en silencio con los ojos cerrados. El silencio reinaba entre los dos, solo se oía el agua que caía de una pequeña cascada que había en el manantial a varios metros de ellos.

    Jonás enjabona el vientre y baja suavemente la mano hasta la vagina de Judith. Cambia de mano el jabón, se moja la mano libre en el agua y la lleva a la vagina de Judith, quien entre abre sus piernas, para facilitarle la tarea a Jonás.

    El chico acaricia la velluda concha de su madre, y la enjuaga con groseras caricias, que de inmediato estimulan la excitación de ella.

    Ella se muerde los labios, y cierra los ojos, tomando por los hombros a su hijo con las dos manos, y abre más las piernas en clara señal de aprobación a Jonás.

    Entonces el chico le acaricia el clítoris, hasta ver que su mamá mira hacia el cielo y flexiona levemente las rodillas cómo pidiéndole más.

    Jonás mete un dedo dentro de la mojada concha de su madre, y ella flexiona aún más las rodillas y le aprieta suavemente los hombros.

    Entonces el chico empieza a masturbarla deliberada y rápidamente. Ella aprieta con fuerza los hombros de su hijo con sus manos. Permanece así unos minutos en los que su hijo la masturba con verdadera pasión y ahínco.

    Hasta que siente que su mamá le clava las uñas en los hombros, sus ojos se abren cómo queriendo desorbitarse y y boca se abre lo más que puede, pero no emite sonido alguno. Y tras unos breves instantes, ella da 2 pasos atrás, y cae sentada en el agua totalmente agotada.

    Judith, sentada en el agua lo miraba fijo a su hijo, cómo pidiéndole explicaciones por lo que habían hecho, o más bien, por lo que ella se había dejado hacer por su hijo.

    Tras unos segundos, ella agacha la cabeza y se cubre el rostro con las 2 manos.

    El chico permanecía parado frente a ella con su pene apuntando a su mamá. Cuando ella lo vuelve a mirar, Jonás, se chupaba los dedos con los que la había pajeado.

    Esto hizo que Judith, se incorporara de inmediato, y dirigiéndose a un lugar más profundo, se diera un chapuzón.

    Al emerger del agua, lo volvió a mirar a su hijo, y sale del agua llorando.

    El chico quiso dialogar con ella, pero ella solo lloraba mientras se secaba con la toalla. Luego se vistió y se fue. Y rato después hizo lo propio su hijo, quien estaba muy preocupado por la reacción de Judith. Él creía que lo había arruinado todo.

    Continuará…

  • Entre hombres (II)

    Entre hombres (II)

    Quién me diría que mi lado más guarro se despertaría navegando en barcos, rodeada de tíos entre 25 – 35 años, Dios mío que viciosa soy de verdad.

    Una mañana del 11 de marzo me embarque en mi fragata rumbo al mar Atlántico, volvía a ser la única chica en el barco pero distintos compañeros y distinta fragata.

    Me ponía tan cachonda esos hombres con el traje de militar esos brazos musculosas con esas venas marcándose en sus brazos.

    Que era un vicio, lo que sentía por dentro al transcurrir la mañana y al pasar casi la tarde noche decidí darme una ducha antes de acostarme, entre al baño de mujeres y no me creia lo que estaba haciendo estaba tan excitada que empeze a tocarme como una puta perra hasta correrme del gusto dejando mi coño empapado.

    Al ducharme salí vestida y unos de mis compañeros se me quedo mirando fijamente era alto, esbelto y moreno con ojos penetrantes, me molaba muchísimo ese hombre, pero estaba casado y con 2 hijas, solo cruzamos miradas y nos saludamos.

    Al llegar a mi habitación me di cuenta que mi compañero me seguía y me metí en mi habitación me tocó la puerta y me dijo – puedo pasar, se te cayó algo en el pasillo. –

    Yo como buena soldado obedecí y la abri en ese momento el me agarro del cuello y me tiro a la cama con fuerzas yo me resistía pero no podía aguantar las ganas.

    Me miro fijamente a los ojos y me grito – ¡Te voy a follar como a una perra!

    Me arrancó la ropa, me miro fijamente a los ojos y metió su enorme polla en mi coño estrechó, mientras me tapaba la boca con su mano para que no gritara mucho.

    Él no se dio cuenta y dejó la puerta entornada entonces otro compañero que pasó para cerrar la puerta, y se quedó mirando la situación, podia notar que debajo de su pantalón se notaba esa gran polla a punto de ereccionar, se sacó su gran polla y se puso a masturbarse mientras veía como era envestida a pollazos por otro compañero, no podía aguantar las ganas de comerle la polla al otro así que le dije que me la metiera en la boca.

    Dios que locuron de noche la verdad acabe llena de semen tanto por la boquita de zorra que tengo tanto por mi coñito estrechó.

    A la mañana siguiente estos 2 militares hablaron con mi capitán de lo que había pasado y Dios mío de mi vida, que enfado cogió

    Me llamaron por megafonía y allí fui y estaban los 3 mirándome con una cara de pervertidos me llevaron a las cocheras de los barcos y me ataron de pies y manos fui follada por la boca por los 3 tragandome todo su semen y luego por el coño acabe rendida y para excitar más la cosa me gritaron cogiendome del cuello – Puta! Como digas algo no vuelves a trabajar más como nosotros.

    Fin.

    Tengo 22 años y tengo fantasía sexuales con militares y mi sueño es entrar a la Marina.

  • Con mi hermano Matías (parte 2)

    Con mi hermano Matías (parte 2)

    -Amorcito- me dice mi hermano cuando me abraza por detrás.

    Yo me volteo, le coloco mis brazos en torno al cuello mientras el me agarra fuerte de la cintura y nos besamos durante varios minutos.

    -Nuestra madre acaba de irse y no volvera por un bien rato.

    -¿Y?

    -Podríamos bañarnos juntos- sugiere Matias, pero lo que el quiere en realidad es que tengamos sexo debajo de la ducha le digo que acepto y nos vamos al cuarto de baño.

    Una vez que ingresamos al baño nos desnudamos y luego entramos bajo la lluvia los dos juntos.

    El agua templada aterrizando en nuestros cuerpos es un verdadero placer.

    El me besa mientras nos humedecemos con el agua y luego me dice que le deje pasarme el jabón.

    Yo digo que si y el agarra el jabon: primero me lo pasa por el cuello muy delicadamente, luego por mis brazos, va bajando y se concentra mucho en los pechos lo que hace es llenarme de jabón las tetas para luego tocarmelas y se siente verdaderamente placentero (el agua, y sus manos con jabón me estan poniendo super hot).

    Empiezo a gemir por que quiero que baje y llegue a la zona de mi vagina.

    Me limpia el abdomen mientras me da pequeños besos en esa parte, se desliza muy despacio hasta llegar a mi vagina, me mira a los ojos y lo que debe ver en ellos es lujuria pura.

    No deja de mirarme mientras me llena de jabón el coño, me pasa más que en otras zonas (me pica un poquito pero aun así es excitante) cuando termina de pasar jabón ahí empieza a meter los tres dedos que tiene con más jabón.

    Siento cómo un fuego placentero y ardiente dentro de mi vagina ya que mi hermano saca y mete sus dedos fuerte y rápido, los hunde bien en el fondo y los retira, entonces es ahi cuando me entrego al placer y empiezo a gemir fuerte ya que mi madre no se encuentra en casa.

    -¡Te quiero adentro ahora mismo!- le grito entre gemidos.

    El me voltea y apoyo ambas manos en la pared, levanto el culo y Matias me toma de la cadera mientras dirige su miembro y lo introduce en mi culo

    -Esto es lo que querias- me dice mientras me da sus violentas y salvajes embestidas.

    -Si, pero más fuerte- se que se toma esto de la fuerza muy enserio y me penetra como si me quisiera reventar el trasero, siento como el agujero de mi culo se va abriendo por su gran pene y también me voy acostrumbrando a su intensidad, a esa intensidad que tanto me gusta y me arranca los más fuertes gemidos.

    Después de unos minutos me levanto a upa, yo enrede mis piernas en su cintura y el puso una de sus manos libres por detras de mi cabeza para evitar que con la intensidad de las embestidas me golpee la cabeza contra la pared mientras que con su mano libre me sostenia.

    Cuando su pene ingreso en mi vagina lo hizo con el doble de fuerza que cuando me lo habia metido por el culo.

    Le agradeci por el gesto de su mano para protegerme la cabeza y me dedique a disfrutar del maravilloso y fuerte sexo que me estaba brindando mi hermano, mi vagina se puso bien roja pasados unos minutos por la fuerza que el ejerce en sus embestidas.

    Cuando eyaculo lo hizo adentro de mi vagina y me inundo toda la concha de un rico y calentito semen.

  • Prácticas mediterráneas

    Prácticas mediterráneas

    Acabo de llegar al apartamento de hoy, un bonito ático cerca del mar, se ve el playazo… he subido con la maleta, la abro, extiendo el campamento, los juguetes, las toallitas, el neceser. Hace un día soleado, estos días de primavera de Valencia que mas que primavera parece verano. Esta todo perfecto. Hago un poco de tiempo, recibo tu mensaje, ya estas llegando, bajo a la calle a recibirte, no conoces este apartamento, es tu segunda sesión, y ademas hay que ser cortés, como se suele decir, lo cortes no quita de ser un guarro! Bajo, y en unos minutos apareces, te veo llegar, sonríes, lo pasamos bien el primer día, lo vamos a disfrutar hoy también nos saludamos, reímos un poco, nos miramos, hablamos un poco, abro la puerta del portal, subimos por la escalera, me comentas lo cerca que esta este ático de la playa lo bueno de la ubicación… la verdad que lo es…

    Una vez subimos, al entrar al apartamento, ves la terraza, todo el mundo alucina con ella… se ve el mar, toda la playa del cabanyal. Te paras a mirar, es un espectáculo… yo la tengo mas vista, en este apartamento he hecho de todo… a mi me interesa mas tu culo… lo miro mientras miras, que bueno… al apoyarte en la barandilla el vaquero que llevas te lo marca bastante… seguro que luego meteré mi lengua en el, me encanta tu culo.

    – Quieres tomar algo??…

    – Si, un poco de agua.

    – Bonitas vistas verdad.

    – Preciosas, una pasada, no había visto esta playa así nunca, voy a hacer una foto…

    – Hazla claro, todo el mundo que sube alucina – Te haces un selfie con el mar de fondo.

    Charlamos un poco en plan distendido mientras bebemos un poco de agua en la terraza, nos da el sol, se esta muy bien… No se si te has percatado pero otra cosa espectacular de esta terraza es que todos los edificios alrededor son mas bajos, nadie te ve en la terraza, bueno nadie que este relativamente cerca, desde un hotel que hay un poco alejado si que te pueden ver, y también desde otro edificio que esta en otra manzana, desde ese edificio si que te pueden ver mas… no perfectamente pero si…

    – Y esta terraza ademas es súper privada, te has fijado que solo nos pueden ver desde ese edificio y desde el hotel??

    – Siii… encima casi privada… podríamos jugar aquí fuera…

    – Y casi nadie nos podría ver… siempre queda la duda, no?… jajaja

    – Me gusta eso… me gusta la idea…

    – Te gusta que te vean?

    – Me pone la idea si…

    – Y que mas te pone, cuéntame… porqque el otro día básicamente hicimos lo que te propuse yo.

    – Me encanto sentirme sometida, eso también lo llevaba yo en la cabeza…

    – Si, se te veía metida en el papel…

    – Sabes, me gustaría que me azotaras.

    – Ummm… perfecto, y aquí en la terraza?

    – Pues si, seria espectacular.

    – Un autentico espectáculo para los mirones sin duda…

    – Si… quiero que me vean siendo azotada… me estoy poniendo mucho

    – Y yo… voy empalmadisimo de oírnos… no te preocupes que hoy te voy a castigar aquí para que todo el mundo vea el tipo de zorra que eres… no problem.

    Me acerco a ti, y te desabrocho el pantalón, te lo bajo hasta los tobillos, te ayudo a sacártelo de los pies… no te bajo las bragas negras que llevas, tu te quitas el jersey y la camiseta interior que llevas, te quedas en ropa interior, te agarro de la cara y te beso, te miro fijamente.

    – Pues te voy a dar tus merecidos azotes, los vas a contar en voz alta, estamos perrita.

    – Si mi amo -Cogiéndote del brazo te pongo contra la barandilla mirando al mar-

    – Espérate aquí zorra – me acerco a mi maleta y saco los dilatadores y el lubricante – lo primero es lo primero… no perrita?… que es lo primero?… dime…

    – Abrir mi culo mi amo.

    – Muy bien, eso es… quitate las bragas, perrita, y ábrete las nalgas que te meta el mediano, vamos…

    Con las dos manos, como buena perrita, abres tu culo, derramo un poco de lubricante sobre tu ano, unto el dilatador, entrará fácil, lo pongo en tu ano, presiono levemente, lo giro, sigo presionando, abre un poquito, estiras tu culo con tus manos mientras tu respiración se hace un poquito mas fuerte, se mete poco a poco, llega a la parte grueso, y pum, tu ano lo engulle, se lo queda, ya tienes esa bolita de acero dentro tuyo, el diamante fuera, sentir esa bola obligando a tu culo abrirse te pone cachonda, te sienta tan bien, es como que esta pensado para ti y tu culo, es súper sexy, con el dentro mueves el culo de lado a lado, tu coño abajo mojado completa la escena, acerco una silla de la terraza, me siento con mi cara a cm de tu culo para ver la escena en primera fila, pones tus brazos contra la barandilla, te sigues meciéndote con el culo empopa tus nalgas hunden el zafiro del dilatador, abro tus nalgas yo, lo tengo delante, dejas de mecerte y pones el culo empopa todo lo que puedes, chupo alrededor del dilatador, bajo mi lengua hasta tu vagina, meto mi cabeza entre tus piernas como puedo, me mojo la cara al pasarla por tu coño intentando lamerlo, toco el dilatador, lo meto y lo saco sin que salga, gimes, toco con mi mano tu coño, lo palmeo…

    – Que gusto perrita… como me gustan los coños mojados… te voy a dar esos azotes que necesitas, aquí en la terraza… a la luz del sol, como públicamente, para bajarte los humos…

    – Si mi amo, duro mi amo.

    – Si, duro, claro, te voy a poner el culete rojo… eres peleona, verdad?… pues ahora te vas a enterar lo que le pasa a las niñas contestonas como tu… necesitas mucha educación y respeto por quien manda…

    – Mandas tu mi amo, haz conmigo lo que se necesite.

    No habías acabado la frase y te di el primero, un fustazo en todo la nalga derecha, no te lo he vuelto a decir, pero enseguida te pones a contarlos, 1, 2, 3, 4… cada vez que te doy, das un pequeño saltito y un pequeño murmuro, te doy en el derecho, y en el izquierdo, suena bien tu culo, cada vez que retiro la fusta te recolocas en la posición para recibir el siguiente. Azotarte al aire libre tiene mucho punto, apoyada con tus manos en la barandilla de obra, mientras miras la playa y la calle, recibes los fustazos que te mereces, por perra, que es lo que eres, la gente camina por la calle haciendo su vida normal.

    – Ves a la gente putita?

    – Si amo.

    – Ser castigada aquí, públicamente, es lo que mereces, para lo que has venido.

    – Si mi amo, lo merezco, soy una puta.

    Cada varazo te lo voy dando cada vez mas fuerte, cada saltito tuyo es cada vez mayor, tu placer es cada vez mas grande, mi polla cada vez mas abultada. Acabo con los fustazos, 20 te has llevado, seguidos.

    – Arrodillate perrita, vamos.

    Sin rechistar, te arrodillas, me acerco a ti, saco mi polla, abres tu boca, la meto, hasta el final, instintivamente pones tus manos contra mis caderas, mal. Saco mi polla de tu boca.

    – Muy mal, zorra. Meto mi polla y aguantas. Y punto.

    – Lo siento mi amo.

    – Vas a tener que mejorar esto.

    Te dejo allí arrodillada, me meto dentro de la casa, cojo unas cosas de la maleta y vuelvo. Sin explicarte nada, me acerco a ti, dejo las cosas sobre la mesa de la terraza, una de ellas es una cinta, me acerco a ti, mi polla delante de tu cara toca tu nariz y tus pómulos, vendo tus ojos.

    – Que se dice perrita?

    – Gracias mi amo.

    Arrodillada con los ojos vendados, desnuda con tu sujetador puesto, al sol, me acerco a la mesa nuevamente, cojo un cinturón corto, te rodeo por tu espalda, cojo tus manos, gimes, las pongo por detrás de tu espalda, y las ato con el cinturón, a la altura de tu culo a rayas rojas de los fustazos.

    Vuelvo a la mesa, cojo otro cinturón, vuelvo por tu espalda, rodeo con el tus brazos a la altura de los codos, aprieto y te obliga sacar tu pecho. Toco tu cara con mi mano, la paso por tu boca medio abierta, callada, paso mis dedos por tus labios, sacas tu lengua y lames mis dedos, te restriegas la cara en mi mano, la buscas, como las perritas que buscan el calor de su dueño, ser admitidas.

    – Harás cualquier cosa que yo te pida.

    Sigues restregándote en mi mano mientras me escuchas, estas en trance, hipnotizada Me perteneces, hago lo que me da la gana contigo.

    – Abre la boca.

    La abres, y dejo escapar un poco de saliva de mi boca sobre ella, la recibes. Me encanta ver a una mujer así de entregada, feliz y contenta de descubrirse su instinto mas primario, cavernícola, todos lo llevamos dentro, tienes que rebuscar sin complejos, allí lo tienes, en tu cerebro reptiliano.

    Me acerco nuevamente a la mesa, falta la guinda del pastel, cojo el gancho anal, vuelvo a ti, por tu espalda, pongo una mano en tu cadera derecha y la otra en tu hombro izquierdo empujándolo levemente hacia adelante.

    – Saca tu culo perrita.

    Arqueas tu espalda, lo sacas. Acerco mi mano derecha a tu culo, entre tus nalgas, paso mi mano, tu dilatador asoma entre ellas, lo toco, lo empujo hacia adentro, le doy unos toques.

    – Eres mi perrita. Si?

    – Lo soy mi amo, soy tu perrita.

    Cojo el dilatador entre mis dedos, estiro hacia afuera, lo saco, no del todo, lo veo abriendo tu ano, lo vuelvo a meter dentro, lo saco nuevamente, te follo con el, me gusta verlo, es pura dedicación y amor, un poema romántico sin final ni principio.

    A estas alturas tu coño debe de estar deshaciéndose, sigo follándote el culo con el dilatador, mi otra mano en tu hombro te mantiene ligeramente reclinada, tu espalda se sigue arqueando, jadeas, muestras tu culo para que siga trabajandotelo, te gusta ser una zorra con el culo roto. Me gustas.

    Acabo de follártelo, y saco finalmente del todo el dilatador, tu culo ha quedado bien abierto, meto mis dedos en el fácilmente, sigue mi mano en tu hombro, te guio, meto mis dedos en tu culo.

    – Quien te esta metiendo el dedo en el culo? Puta.

    – Tu mi amo, es para ti, todo para ti.

    Cojo el gancho, lleva puesta la punta gorda, para que lo notes bien, que no se te vaya a olvidar la lección, lo unto con un poco de lubricante, lo acerco a tu ano, y para dentro, hasta el fondo, paso el otro extremo del gancho entre tus manos atadas y tu espalda, y con la cuerda cogida al gancho lo amarro al cinturón que llevas a la altura de tus codos, estiro de el hacia arriba, bien ajustado, bien firme, sodomizada, atada, y con los ojos vendados, estas como tienes que estar, las cosas así no se te olvidaran, ahora mismo tu cerebro es una esponja, lo capta todo y lo relaciona con tu coño mojado, mi olor, mi voz. Acerco mi mano a tu coño, esta empapado.

    – Me pongo delante tuyo, de pie, te voy a follar la boca sin piedad, no la mereces, estas para esto, esto es lo que quieres, acatar y servirme.

    – A ver como lo haces esta vez.

    Mientras me escuchas y jadeas, acerco mi polla a tu boca, la abres, y la meto dentro, hasta el fondo, cojo tu cabeza, y comienzo a follártela, en tandas de 5, te dejo respirar entre ellas, las cuento en voz alta, ahora estas totalmente entregada, no te planteas nada, estas viajando, repito varias tandas. Mi polla babea y se mezcla en tu boca con tu saliva, esto también lo relacionara tu cerebro. Ahora si que te has comportado, el gancho en el culo hace milagros, mano de santo para las devotas!

    – Ahora si perrita, muy bien!!…

    – Gracias mi amo.

    – Levantate.

    – Mi amo creo que me he meado.

    Te ayudo a ponerte de pie, y literalmente has dejado un charquito en el suelo, has tenido un skirting, espectacular, debe ser la primera vez que te pasa, has pensado que te meabas. Pero no, el gancho dentro de tu culo ajustado, su bola moviéndose en el, mi polla en tu boca entrando y saliendo, atada, vendada, y vualá… te ha llegado. Es una experiencia nueva. Perfecto, no se te olvidara jamas.

    Pongo la mano sobre tu coño, tengo la necesidad de chupártelo, te has portado bien, debe saber a gloria, me quiero restregar en el, en ti, que tu olor se mezcle con el mio. Mientras te toco, te beso, llevas todavía la venda, sigues atada, sigues sodomizada por el gancho pero se ha desajustado, paso mi mano por tu culo y lo empujo hacia adentro, siento que tu coño se estremece en mi mano, te cojo del brazo y te doy la vuelta y te conduzco dentro de la casa, llegamos al sofá, te quito la venda y comienzo a desatar tus brazos, desabrocho los cinturones, desato el gancho que cae hacia abajo, lo empujo hacia abajo lentamente y sale de tu culo, te das la vuelta, me besas, nos besamos, nos miramos.

    – Siéntate en el sofá, quiero beberte entera.

    – Quiero que me folles, mi amo.

    Te sientas reclinada en el sofá, abro tus piernas, las subes al sofá, me enseñas tu bonito coño, pierdo el juicio viendo la escena, me arrodillo yo en el suelo, la idea de meter mi lengua dentro tuyo me nubla cualquier otro pensamiento, me dirijo directo a el, lo chupo, me encanta, aquí es donde quiero estar, saboreandolo, hundo mi nariz en el, meto mi lengua, restriego mi cara, tu coño babea, jadeas, me agarro a tus piernas, tu olor y tu flujo inundan mi boca y mi cara. Te vas, te pegas una corrida de campeonato, absorbo todo lo que puedo, me lo bebo, te bebo a ti, entera, no quiero perder nada. Mi polla me estalla, babea. Después llegara su turno. Sigo chupando, escucho tus gemidos, cojes mi cabeza y la aprietas contra tu vagina, me encanta esto. Tu corrida es la puta gloria.

    Me incoporo y me dejo caer sobre ti, te voy a reventar. Mi polla entra casi sin querer en tu coño, resbalando, la meto y abres los ojos al sentirla, mi cara contra la tuya, comienzo a follarte, me abrazas mientras lo hago, abierta para mi, mojada para mi, eres para mi. Mi dura polla entra y sale de ti, una y otra vez, veo tu cara de placer, resoplas, resoplo, con ritmo, sigo fuerte. Te corres, mi polla asoma de tu coño bañada en tu corrida, continuo follándote, llega mi turno, me voy, saco mi polla, apoyo una mano en el sofá me la cojo con la otra, me pajeo y me corro sobre ti, grito al hacerlo, mi semen sale con presión, cae en tu cuello, tu pecho, tu estomago, sobre tu coño, te lleno. Me miras mientras lo hago. Caigo sobre tu lado, respiro hondo. Terapia de choque, me siento tan aliviado, relajado. Esto es el puto Nirvana.

  • El cambio de Esperanza

    El cambio de Esperanza

    Qué tal, no sé bien como empezar esto. Creo que el punto de cambio de mi vida fue como el primer año en pandemia cuando decidí juntarme. Había un chico que siempre me pretendía; me hablaba bonito, me regalaba cosas en el trabajo, Flores, cartas. Todo muy cursi y a mi me hacía sentir muy bien. Siempre estuve acostumbrada desde chica que me hablaran bonito, cordial, amables y atentos por eso decidí juntarme con Julio. Julio es un hombre dulce, atento, procurador y empático. Es gordito por si se lo preguntan y de barba, de piel apiñonada. A diferencia de mi soy muy delgada con cara bonita. Esto provoca que la gente me hable con mucha más amabilidad de la normal y casi como si fuera tonta. Ustedes quizá no lo han pensado pero eso me cae mal y así empezó todo.

    Después de como 8 meses de cortejo decidimos intentarlo y al cabo de otros 6 nos juntamos. Todo muy rápido ya que de verdad nos caíamos bien. Tenemos mucha tranquilidad, cuando llegamos a un desacuerdo de inmediato uno de los dos empieza a mediar la cosas. Si, van a decir que ahora viene el pero haha. Pues no aún no. Ya que me sentía muy agradecida con la vida.

    En el trabajo ya me había acostumbrado a que la gente me hablara como boba. Incluso a veces era yo algo sarcástica para demostrarles que no tenían porque hacerlo. Pero no funcionaba muy bien mantenían cierto nivel de consideración que con otros no tenían. Incluso con los demás equipos con los que trabajábamos.

    En un desayuno un compañero (ya cuando regresamos a oficinas) se empezó a quejar de otro con el que trabajamos, aún trabajamos. Nos empezó a decir que era muy cortante, que pidió ayuda y le dijo que no podía que esperara su turno, que incluso le dijo que ea un tema urgente y el chico le pidió el visto bueno del líder de área para ese tema urgente como dudando de él. Mi compañero se sintió muy ofendido haha, pero siendo objetivos estaba mal. Yo le dije que veía correcta la reacción del otro equipo, si no tienes tiempo lo dices, si dices que es urgente entonces quien lo dice? Creo que mi compañero entendió un poco mejor. Porque bueno así como me tratan de tonta también a veces nunca me debaten nada o me tiran de ignorante una de las dos.

    En una ocasión me toco una revisión justo con el chico que nos platico mi compañero. Era un chico normal, moreno, delgado en forma, ojos grandes cafés con lente, bien arreglado, ni guapo ni feo, bien parecido y muy serio. Sentí una especie de temor, pero tenía que continuar la revisión, ya que no avanzaba. Recuerdo la charla fue algo así.

    — Esperanza verdad?

    — si claro, tu eres Marco? —yo ya sabía quien era.

    — si si el —sin mirarme en absoluto.

    — Vale, pues el reporte está mal, esto no cumple con el estándar tal, estos resultados no cuadran con la fórmula x y el formato no es el correcto

    — Entiendo Marco, el formato si es el correcto es el que baje de su propia página —en ese momento me volteo a ver.

    — en serio? Deja reviso —después de un par de minutos— Es cierto, es un erro nuestro Esperanza, ya mande mensaje para que lo corrijan. Bueno esos son los puntos a corregir.

    — Pero si el formato es el que descargue aún así tengo que hacer la corrección?

    — Así es — no me quitaba la mirada

    — Pero es el que descargue

    — lo se es un error de nuestro equipo, sin embargo, cuando lo entregues con el área del impuestos te lo van a regresar porque no tiene los nuevos datos, tendrás que hacerlo más adelante. Me gustaría ayudarte pero no me da tiempo. Ten por seguro que no sucederá de nuevo.

    — Esta bien Marco, lo hago y te lo mando.

    — No es necesario, lo harás bien no?

    — si claro

    — entonces no me mandes a revisar algo que harás bien

    — con el resto de compañeros hacemos eso

    — bueno a ellos les gusta perder el tiempo a mi no. Será algo que propondré. Ya estamos todos grandes como para equivocarnos cuando sabemos que hacer no crees?

    — pienso lo mismo y estoy de acuerdo, gracias

    No estaba acostumbrada a hablar de es forma. Quizá porque todos manejamos un tipo de cordialidad ficticia en los trabajos o porque le damos vueltas a las cosas y muchas veces no solucionamos nada. También me di cuenta en su forma de negociar el arreglo del formato, sin percatarme accedí cuando no debí hacerlo. Acepto su error sin tema a pesar de parecer inflexible. Llegue a la conclusión de que solo es muy serio. Me empezó a llamar la atención. Y como seguro ya piensan, no me hablo como una tonta.

    Fueron pasando las semanas y notamos algunos cambios que nos fueron para bien a todos. Y comentamos que el más ágil todo. Veníamos en el elevador y en eso entró Marco, yo venía con mi esposo.

    — Marco cómo estás? —parecí sorprenderlo.

    — Qué tal esperanza, todo bien y tu? —miro rápido a mi alrededor

    — igual bien, gracias por los cambios

    — cualquier que pensara en ustedes lo hubiera hecho

    — bueno ya has visto que no cualquier haha

    — haha es cierto — no lo había visto sonreír.

    — Qué tal me llamo Julio un gusto soy … — le dio la mano a Marco.

    — un compañero del trabajo del área Y

    — Ah qué tal Julio, un placer. Me gustaría hablar un par de cosas con tu líder —Julio se rio.

    — Justo soy el Líder amigo

    — Perfecto entonces te busco en la semana —se dieron un apretón de manos donde vi más firme a Marco y Julio muy blando, también noté la fijeza en los ojos de Marco.

    — hasta luego chicos nos vemos.

    Yo empezaba anotar estas cosas. Quizá porque me frusta a bastante que me traten como a una niña tonta. Empecé a fijarme más en cómo habla la gente, sus gestos, sus movimientos, sus palabras, sus acciones. Y seguro por eso me atraía Marco. Pero no a todos.

    De hecho en una ocasión me toco estar en una reunión donde un compañero se quejaba de meco con su jefe y asistió el nuestro también y otros 3 o 4 compañeros. Se quejaban de que se apegaba mucho a las reglas. En la reunión el líder de Marco lo defendió y el nuestro nos defendía pero no se llagaba a nada. En eso Marco pidió ver los casos concretos de los cuales se quejaban para concluir algo. Mi primero compañero expuso su caso y la queja. Marco pidió permiso para explicar porque actuó así y nuestros jefes accedieron. Se levantó y empezó a pintar en la pizarra el proceso y las consecuencias de saltarse en específico esas partes. Saco un par de datos de tiempo y riesgos. Concluyó que era más caro saltarse eso que seguirlo tanto en tiempo como dinero y recurso. Mi segundo compañero expuso su caso y era casi lo mismo. Al final solo dijo que entendía la molestia pero no podía actuar solo porque a alguien le incomodaba y que no podía sentarse con cada uno a explicarles un proceso que todos deberían conocer. Fue muy serio pero sin ser prepotente explicando pasó a paso todo con pausas y en fin me sentía excitada! Como algo así podía hacerme sentir de esa forma. Un fetiche raro supongo. Saliendo de la reunión incluso les pidió disculpas y les dijo que intentaría explicar el porqué de sus decisiones. Ellos aceptaron.

    Al salir de la reunión me quede con el unos segundos y le pregunté si quería ir a comer. Me dijo que no tenía tiempo ese día pero mañana claro. Acepte y me dio un abrazo donde pude sentir en mi muslo lo que en ese momento pensé era su teléfono. Ambos nos dimos cuenta y noté su vergüenza, solo nos despedimos.

    No sacaba de momento todo. Es que me sentía muy atraída por cómo era. Incluso llegue a pensar cómo sería en la cama, que me gustaría sentir su firmeza, su dominio, su carácter incluso tomándome algo agresivo. Ahí caí en cuenta, o mejor dicho en la noche. Estaba muy excitada me tocaba y cuando llego Julio quería hacerlo y lo hicimos pero de una forma muy dulce, pausada, tranquila, si con pasión pero no con es energía que necesitaba sentir, me trataba como una muñeca como si me fuera romper. Yo necesitaba otra cosa, sentirme como una mujer completa. La razón es sencilla, mi frustración de cómo me trataban la esta canalizando al sexo pero yo a pesar de saberlo no podía controlarlo.

    Al día siguiente comimos juntos y le pregunté por julio. Me respondió que julio lo iba a buscar. Yo le dije que como lo sabía y solo me respondió que era su intuición. Le pedí que me explicara. E hizo una cara de rareza. Me dijo que en el elevador sabía que era mi esposo o por lo menos su novio, por la interrupción. También al saludarlo sintió duda por lo que cree que le gustaría reglar esa situación al reafirmar que el relato el líder, la única forma de hacerlo es ignorarlo o pedirle el mismo la reunión. Y no lo ignoraría. Yo me reí y le dije que era una teoría muy loca. El solo se rio y dijo que si que era loco pero vería que sucedía y apostamos. Yo conocía a Julio y pensaba que no lo haría. Quedamos en salir a comer un finde semana. Terminamos de comer, se levanta y su bulto se recarga con el borde de la mesa. Toma su charola y empieza a caminar. Yo sentada aún arreglando mis cosas me percaté de eso. Estaba en un punto donde no sabía qué hacer con todas mis sensaciones. Nos despedimos.

    Llego el fin de semana y le pregunté a Julio que si había arreglado al reunión con el area de Marco. Me dijo que había puesto la reunión para la siguiente semana. Me sentí decepcionada y emocionada. Qué raro se siente. Ya no pregunté más pero Julio lo percibió y empezó a darme una explicación. Me dijo que invito al líder de Marco, pero este le dijo que ese tema lo lleva él así que lo invitara. O se Julio intento saltarse a Marco pero no pudo haha. Perdón por reírme.

    Tal como quedamos me inventé algo para Julio, no fue difícil, algo de unas amigas para poder salir con Marco. Estaba muy nerviosa toda la semana. De hecho no pude evitar tocarme. Deslizaba mis dedos sobre mis bragas ya húmedas. Quería que fueran su lengua, sentir su barbilla al subir hasta mi clitoris, su lengua fuerte presionándolo, jugando para bajar y subir abriendo mis labios mojados y que se hunda en mi humedad. Quería sentirlo, yo me mojaba mucho al meter mis dedos, después me imaginé cómo sería su dureza y empecé a meterme más y más los dedos, rápido, los doblaba dentro de mi rapidín lento, frotaba mi clitoris con mi otra mano hasta que me corri en pocos minutos. Mis piernas temblaban y yo estaba muy agitada.

    Llego el sábado me arregle. Un vestido sencillo negro liso, un sujetador y bragas de encaje, labios rojos que resultan con mi piel blanca. Julio me pregunto porque iba tan arreglada. Me hice la digna y le dije que casi no salíamos ya. Que irire con mis amigas y quería ponerme la ropa que nunca me pongo. Lo hice sentir mal pero no me importó mucho en ese momento. Me dijo que me llevaba pero le dije que no hacía falta que estaba bien de vez en cuanto tener tiempo solos. El comprendió eso. Me sentí mal de nuevo pero de nuevo lo evite.

    Llegue con Marco cerca del trabajo. Se bajo me miro, me dijo que iba muy guapa, me sonroje y nos abrazamos. Olía muy rico e iba de camisa, saco sport y jeans negros. Me abrió la puerta y nos fuimos a un restaurante muy bonito.

    — ya sabías que vendríamos a este lugar?

    — la verdad no haha pero te vi muy linda y pensé en este lugar, debí preguntar a donde querías ir? — solo me reí ya entendí un poco más sus bromas

    — no no está bien, oye eres muy diferente al del trabajo

    — soy más serio, pero sigo los mismos valores, hacer las cosas bien

    , respeto, humildad, sinceridad

    — bueno deberías agregar saber decir las cosas haha

    — haha tienes razón a veces soy muy concreto y eso se mal entiende. Pero a últimas no soy responsable de cómo se lo tome la gente mientras lo haga educado y con respeto y nunca se lo he faltado a alguien

    — tienes razón — yo quedaba muy complacida con su forma de pensar que no se si se la mejor o correcta pero me hacía sentido.

    La comida pasó muy agradable sin prisas, sin preguntas forzadas, muy natural. Aunque si había miradas que causaban tensión en ambos. No pude evitarlo y pregunté.

    — Y que tipo de mujeres le gustan a alguien como tú?

    — alguien como yo?

    — solo responde

    — humm bueno me gustan las mujeres seguras pero tímidas, fuertes pero sensibles…

    — y de cuerpo? Porque siempre la atracción empieza por el físico

    — es cierto creo lo mismo. La verdad no tengo un gusto en eso, como es físico me atraen mujeres muy diferentes, pero tengo preferencia por chicas delgadas, así como tu —me sonrió coqueto y me deshice no supe que decir.

    — oye se que tienes esposo perdón si …

    — no no descuida es solo que no pensé que podría gustarle a alguien como tú

    — bueno no dije que me gustaras —era cierto ! Y me sentí rechazada— segundo no creo ser un súper hombre he asi que descuida, oye que pasa?

    — no nada

    — ah haha Esperanza lo siento, lo que quise decir es que no dije que me gustaras pero la verdad es que si me gustas mucho —lo mire y a pesar de su seriedad noté que era sincero y su rostro era más gentil.

    — lo dices para hacerme sentir bien

    — Esperanza —maldito sabía usar mi nombre— no te dejas, cuestionas muchas cosas, intentas hacerlas mejor, quieres tomar más responsabilidades. El problema que veo es que todos intentan hacer las cosas por ti no se por que haha, a lo mejor porque eres linda, también te hablan como si no pensaras jaja, si dijeras lo que piensas sería diferente.

    En ese momento me agaché. Me sentí bien. Tenía razón era algo que yo y había pensado y que lo veía. Volteé a ver a Marco y sonreía amable, me extendió su mano y la tome, suave pero firme para sostenerme. Pasaron algunos minutos creo y solo el mesero nos interrumpió.

    — una copa de coñac por favor —pedí

    — alguna en específico? —me quede callada

    — Martell por favor

    — vs o vsop caballero?

    — vsop esta bien con un hielo.

    — para usted?

    — un tequila el que sea promedio está bien

    Nos sonreímos había sido mucho por lo menos para mi. Pero no fue incómodo fue de acompañamiento. Seguimos hablando de cosas de la vida más normales, anécdotas graciosas, nos reímos mucho. Pedimos la cuenta y fuimos al estacionamiento. Marco pago y pidió la llave sólo le indicaran el piso y así fue. Se me hizo extraño pero me imaginé que quería que estuviéramos un poco más solos. Caminamos y seguimos platicando. En el auto nos sentamos y no pude evitar decirle que también me gustaba pero era casada. En eso me beso.

    Me tomo del rostro y sentí sus labios retorcerse con los míos y mi lengua como nunca salía en busca de la suya y al ritmo de nuestros labios nuestras lenguas jugaban. Sin haberme dado cuenta me tenía hacia su cuerpo y mis manos tomadas de sus hombros y después de su rostro y después inquietas por todo su cuerpo. Estábamos agitados y nos seguíamos besando. Serrato su rostro un par de segundos, yo iba a decir algo que no recuerdo y me beso de nuevo con ta, furia que sus manos fueron hacia mis pequeños senos, yo gemí y después sus manos fueron en medio de mis piernas y seguro sintió la humedad por encima. Mi mano fue hacia su entre pierna y ahí me detuve al sentir su miembro. Era mucho más grande que el de Julio, el tenía 10 cm ya parada y está se sentía aún algo blanda y ya no había en mi mano. Eso me hizo morder sus labios y abrí los ojos para ver su reacción, el sonrió casi invitándome a continuar, lo mordí de nuevo algo más fuerte y lo mire, el me lamió la boca y yo hice lo mismo, después le lamí la mejilla, no se porqué hice eso, después la otra, después su cuello, regrese a besarlo y querer quitarle los labios mientras mi mano masajeaba su tremendo bulto. Me detuvo con su mano apretando mis mejillas me beso fuerte que hizo que mi cabeza se hiciera algo hacia atrás, con su otra mano la puso en el cinturón y me hizo un gesto invitándome, yo asentí y se desabrocho el cinturón, le ayude y volteé a mirar, no había nadie, se levantó un poco y bajamos su pantalón y yo arrebatada baje el bóxer. Vi la verga más grande que había visto, no he visto muchas unas cuatro en verdad, no se cuanto debía medir pero si tres de mis manos pequeñas. Yo me quede pausada. Sentí su mano enredarse en mi cabello y agacharme hacia su virilidad, mi boca se abrió y mis labios abrazaron su glande que apenas cabía en mi boca, empecé a salivar mientras intentaba tragar. Sentía su piel caliente, sus venas en mi boca y en mi mano que la sostenía firme a pesar de que no alcanzaba a rodearla. Su cadera subía y bajaba unos centímetros como follando mi boca y yo recibiendo en mi boca.

    Yo sostenida del cabello me giro hacia el y yo sin soltar su carne lo mire, me avergoncé y noté su calentura en el, sonríe con tu verga en la boca y regrese a comerla toda, la babeaba, la apretaba, en ocasiones la mordía, no se de donde sacaba todo eso.

    El se inclinó hacia mi asiento y con su mano hizo de lado mis bragas y empezó a masturbarme yo se la comía cada vez mas hambrienta y el me masturbaba cada vez mas rico. Como de película le dije que iba a terminar y el me dijo que igual. Sentí sus palpitaciones en mi mano y mi boca y yo sentía que me iba a orinar y lo hice! Mientras mis piernas recibían espasmos mi boca recibía mas su dureza y la leche saliendo a borbotones de mis labios por poder tragarla toda, nunca había comido semen!, si lo había recibido en mi boca pero no me lo había pasado. Me levante, me recosté y el igual, respiramos varios minutos. Nos miramos sonriendo complacidos.

    — estás sudando —le dije.

    — tu igual, y tienes mi semen en tu cara

    Baje el espejo y tenía una tira gruesa de leche en mi frente, otra en mi mejilla y mi boca brillante en mi barbilla, mire mi vestido y tenía otra tira más mitad en mi pecho y mitad en el vestido. El miro el asiento mojado y se rio, yo me asuste. Me dijo que no me preocupara. Saco una franela y la colocamos ahí. Me dio clínex par limpiarme y yo saqué unas toallas húmedas de mi bolsa. No hablamos de eso el resto del camino. Pasamos por un helado y nos sentamos en el parque. Hablamos de cualquier cosa. Cuando regresamos al coche olía a sexo y nos reímos. Me llevo cerca de casa nos despedimos de beso en la mejilla.

    Toda esa semana evite hablarle a Marco. Pero también toda la semana me masturbe tanto que ya me sentía rosada. Pero estaba extasiada por tanto placer. Tuve relaciones con Julio pero no era lo mismo. Incluso le decía, apriétame, dame una nalgada, lo hacía pero con temor. Toda la semana lo intenté pero no era lo mismo. Incluso le hice un oral delicioso recordando la virilidad de Marco, pero al volver en si no era la misma sensación. Decidí aceptar mi relación de es forma, tampoco soy una chiquilla que se va a divorciar, no ahora. Pero algo tenía seguro. Tenía que sentir a Marco dentro.

  • Recuerdos de una vida laboral

    Recuerdos de una vida laboral

    Desde hace algunos años he participado esporádicamente en distintos chats de los muchos que se encuentran en internet. Normalmente los que más he visitado han sido los de más de 40 años.

    Encuentro que, independientemente de lo heterogéneo de los participantes, el chat es un procedimiento de comunicación entre personas desconocidas que aportan sus ideas, comentarios, opiniones y propuestas que se difunden bien en las páginas generales o en los privados que pueden abrirse bilateralmente. Los contenidos son tan libres como espontáneos siendo imprevisible la expresión de cada cual.

    La situación generada con la pandemia que padecimos incrementó mis conexiones, ya que las actividades que habitualmente ocupaban mi tiempo han quedado relegadas en espera de mejores tiempos.

    Suelo usar un nick compuesto por mi nombre unido a mi edad (46).

    Los mensajes que recibo en privado son variopintos y diferentes si bien es cierto que abundan los de contenido sexual variando la temática según la personalidad de cada comunicante, desde simples alusiones a aspectos personales a alucinantes propuestas rayanas en lo disparatado.

    Hay una variante no muy frecuente pero realmente repetida en la que se pregunta si se realiza sexo a cambio de dinero. No sé si lo que se pretende es realmente establecer un contacto de esta índole o simplemente es una provocación lúdica de alguien desocupado. En todo caso, para evitar posibles confusiones yo me limito a cerrar la comunicación o contestar tajantemente que no.

    Aun así estas demandas me han hecho reflexionar sobre el fondo de la cuestión. ¿Hasta que punto las mujeres tenemos interiorizado que el sexo es una fuente de recursos desde un punto de vista histórico y antropológico?

    Aunque personalmente rechazo esta interpretación no puedo evitar reconocer que en mi experiencia personal han existido influencias más o menos vinculadas a este tipo de comportamiento. La primera de ellas es una que jamás reconoceré personalmente pero que en mi fuero interno no puedo ignorar: dudo mucho que yo me hubiera casado con mi marido si hubiese sido pobre y no gozara de una posición desahogada.

    La segunda, mas evidente aunque igualmente no reconocida, tuvo lugar en el ámbito laboral en que me encontré hace ocho años.

    Entonces trabajaba en una empresa cuyo nombre no hace al caso mencionar por razones obvias.

    Mi puesto era de una simple administrativa adscrita a la Subdirección Financiera de la Compañía. El jefe de la misma, un vejete simpático, competente y razonablemente pasota que terminó sus últimos momentos, previos a su jubilación, dirigiendo la unidad con la solvencia que le proporcionaba su amplia experiencia sin crear tensiones entre el personal y manteniendo un clima de discreto paternalismo.

    Su vacante se cubrió rápidamente con la incorporación de un ejecutivo relativamente joven 38 años (por cierto, igual que mi edad), que, casualidades de la vida, era el yerno de uno de los socios mayoritarios de la empresa.

    Aparte de la comidilla propia de las circunstancias se observó que, independientemente de su formación académica, que era más o menos la adecuada, su falta de experiencia era apoteósica.

    Justo es reconocer que el muchacho, con una imagen de pijo innegable, hizo verdaderos esfuerzos para ponerse al día, paliando en parte el mal efecto que había causado su nombramiento con una dedicación y un interés evidentes.

    Cuando habían pasado seis meses desde su incorporación se produjo en el departamento una vacante por la jubilación de un compañero. Siguiendo la pauta habitual en el procedimiento la plaza se ofreció en primera instancia a los miembros de la Subdirección. El puesto no era relevante en modo alguno si bien, al considerar mis posibilidades, advertí que, aparte del incremento económico que era modesto, el cambio aparejaba una modificación de la categoría profesional que, quizá más adelante, pudiera serme útil en una posible promoción. Esto me decidió a solicitar la vacante.

    Cuando finalizó el plazo de presentación de instancias una compañera amiga de recursos humanos me sopló, confidencialmente, que yo era la única solicitante. Me quedé ilusionada y esperé noticias sobre la resolución.

    La siguiente noticia sobre el tema fue una citación para una entrevista de idoneidad que me haría el propio subdirector. Me quedé extrañada porque no tenía idea que fuera necesario. Mi amiga me aclaró que en los protocolos figuraba esa posibilidad aunque que el anterior subdirector siempre la obviaba.

    El día previsto me presenté en el despacho del jefe y una vez los saludos de rigor, bastante protocolarios, me hizo una serie de preguntas relacionadas con la actividad del área. Al ser muy similares a las tareas que yo dominaba fui ganando seguridad y me sentí cómoda y tranquila. Todo bien hasta que al final me hizo una pregunta que me dejo desconcertada y fuera de juego; me dijo que cuál era mi opinión sobre el enfoque estratégico que debería tener la empresa para ampliar el mercado. Yo me quedé en blanco porque no tenía ni idea y consideraba que no era una materia propia de una simple administrativa. Lo cierto es que todo mi aplomo se vino abajo y entre titubeos y reiteraciones no di pie con bola. Él me escuchaba sin decir nada y eso me ponía mas nerviosa. Al final, cuando terminé de decir incoherencias me dio fríamente las gracias y me dijo que recibiría noticias en breve.

    La brevedad se convirtió en una espera de quince días lo que a mí me dio mala espina. Ya me hice a la idea de que mi petición iba a ser desestimada.

    Finalmente, recibí un aviso para que pasara a verle. Cuando entré, me saludo muy amable y enseguida me enfrió diciéndome que el resultado de la entrevista había sido positivo desde el punto de vista operativo pero que se esperaba que un puesto como el que se quería cubrir requería un mayor conocimiento de la cultura de la empresa. Yo me quedé muda ante esa afirmación que no entendía, lo único que me salió fue reconocerle que sentía no haber dado la talla. Hice ademán de levantarme y salir del despacho pero me detuvo y me dijo que no obstante habría forma de equilibrar el mal resultado de la entrevista. A partir de ese momento me soltó un galimatías sobre la cooperación a título personal del que inicialmente no entendí nada. Después, mediante medias palabras y lugares comunes me parecía entender que lo de la cooperación personal se refería a sí mismo. En la duda no quise precipitarme y espere a que me aclarase de qué demonios estaba hablando. No conseguí entenderlo del todo, aunque llegué a la conclusión de que mi intuición era acertada. Me estaba proponiendo, eso sí, mediante un lenguaje equívoco, meterme en su cama.

    Cuando termino su perorata le dije que no sabía realmente en que consistía la colaboración pero que lo pensaría. Me contestó que le parecía bien. Que lo pensara y le diera respuesta lo antes posible.

    A mi no me quedaba ya ninguna duda del chantaje de que era objeto, pero decidí forzarle a que fuera él quien se pronunciase de una forma indubitable. A los dos días pedí permiso para verle y cuando me recibió le solté directamente que después de pensar detenidamente en lo que me había dicho había llegado a la conclusión de que lo que pretendía de mi era que me acostase con él. Que me disculpase si no era así, pero que me lo aclarase porque estaba sumida en un mar de dudas. El todavía no reconoció que esa fuera su intención, aunque no lo desmintió expresamente y reconoció que en ese terreno nada era descartable. Para mi ya había quedado claro así que le dije que me daba por enterada y que necesitaba reflexionar antes de tomar decisión alguna. Respondió que estaba de acuerdo y que le hiciese llegar la respuesta afirmativa o negativa.

    Estuve un par de días dando vueltas al asunto. Por una parte me molestaba que se utilizase esa estratagema para forzarme a tener sexo, cosa que a mi tampoco era algo que me repugnase. Por otra, pensé que había tenido varias aventuras que habían resultado totalmente prescindibles. Finalmente decidí lanzarme a la piscina y le envié un correo dando en principio mi conformidad condicionada a las circunstancias que le pedía me concretase.

    A vuelta de correo me envió un mensaje en el que me citaba el siguiente viernes en un restaurante que estaba al otro extremo de Madrid.

    Allí estaba yo esperándolo cuando él llegó en su coche. Yo había llegado en taxi para no hacerle esperar pero tampoco quería manifestar ansiedad así que cuando entró esperé un par de minutos e hice como que llegaba en ese momento. A él ya le habían dado una mesa situada en un sitio discreto pero no escondido. Fui directamente a la mesa y al verme se levantó rápido y esperó a que me sentara.

    Se sorprendió de mi rapidez y le dije que el metro había venido muy bien, no le comenté lo del taxi para no dar una impresión de demasiado interés. Se mostró muy agradable y simpático, nada que ver con su pose en la empresa y estuvimos hablando de naderías sin hacer alusión al motivo del encuentro. Cuando miré la carta me di cuenta de que el sitio era de postín, la comida le iba a salir por un pico, pero se notaba que él estaba en su ambiente.

    Al comenzar a hablar me pidió que nos tuteásemos, lo que estuvimos haciendo todo el tiempo. Sólo dejó claro que en el trabajo deberíamos mantener el trato habitual.

    La conversación, totalmente distendida, trató de lugares comunes sin mayor interés y sólo, cuando esperábamos los postres, decidió entrar en materia. Me confesó que le había atraído desde el primer momento y que había aprovechado mi petición del puesto para tenderme esa encerrona. Quise que me concretara que era lo que deseaba exactamente de mi y reconoció que buscaba tener un solo encuentro íntimo conmigo para hacer sexo. Había pensado que fuéramos a un hotel un día por la tarde.

    Ya había supuesto yo que su propuesta iba a ser por el estilo así que sin hacerme la interesante le contesté que estaba conforme con el trato. Si se sorprendió con mi rápida respuesta no lo manifestó. Se comprometió a que el lunes daría la orden de formalizar mi nombramiento.

    Después, en tono más personal, me preguntó si tenía alguna preferencia en materia de sexo. Contesté que, dadas las circunstancias, prefería cumplir mi parte del trato adaptándome a sus deseos. No parecía tener una intención definida aunque dejó caer que prefería no usar preservativo. Yo dudé en aceptar y le mostré mi recelo, aclarándole que tenía pánico a cualquier contagio. En cuanto a un embarazo indeseado lo descarte porque yo utilizaba siempre anticonceptivos. Me aseguró que estaba sano y que sólo había tenido sexo con su mujer. Le di un voto de confianza y acepte. Le insistí en si había algo más que debiera saber y él, un poco dubitativo en ese momento, reconoció que pudiéramos tener alguna dificultad porque su tamaño era algo superior a lo normal. No me preocupó lo más mínimo y se lo dije, con un poco de gel no suele haber mayores problemas.

    Quedamos en abrirnos dos direcciones de correo reservadas y usarlas para comunicarnos con la máxima discreción.

    Cuando salimos lo hicimos por separado por ese acuerdo de mantener el secreto.

    Efectivamente el lunes siguiente recibí una llamada de mi compañera anunciándome que se había aceptado mi nombramiento y que ya estaba en marcha el papeleo.

    También recibí un correo de origen en principio desconocido en el que él me pedía que contestase con mi nueva dirección. Así lo hice y durante unos días quedé pendiente de recibir su mensaje.

    Tardó en llegar una semana. Me proponía vernos una tarde en una especie de hotel en el que alquilaban habitaciones por horas. De entrada me pareció un poco cutre pero eché un vistazo a la página web y vi que era un sitio muy selecto. Ya las tarifas definían su categoría. Di mi conformidad y quedamos citados para el siguiente jueves.

    Entretanto pensé qué ropa iba a ponerme y, después de darle muchas vueltas, decidí llevar un atuendo sencillo con un ligero toque elegante. Eso sí, me compré un conjunto de ropa interior que me salió por un pico pero que me sentaba de maravilla.

    El día fijado fui con tiempo para echar un vistazo antes de entrar. Desde la calle no se apreciaba nada especial. El establecimiento estaba en una entreplanta que no se veía desde la calle. Esperé un rato hasta que salió mirando a la acera. Me acerqué y me dijo que ya había gestionado todo y que iríamos directos a la habitación. Efectivamente el local estaba decorado con gran lujo y la tenue iluminación en tonos violáceos daban sensación de relax. El cuarto, que después supe que era de los más caros, era espléndido. También iluminado con tonos moderados disponía de todo tipo de comodidades, incluyendo un cuarto de baño con un jacuzzi espectacular. La cama era gigantesca y su ropa exquisita.

    Intuí que él estaba nervioso. Una vez lanzado se había mentalizado pero en aquel momento le vi vacilar. Para romper la tensión le propuse tomar una copa de champán, cortesía de la dirección, según rezaba una tarjeta y, aunque resultó ser un cava mediocre, sirvió para romper el hielo.

    Pasé al baño y aproveché para aplicarme unas gotas de gel en la vulva. No me olvidaba de su advertencia sobre el tamaño y no quería descuidarme. Cuando entre en la habitación él seguía sentado en uno de los sillones. Me acerqué y le pregunté como quería que empezáramos.

    Él continuaba indeciso, nervioso, se le notaba claramente su inexperiencia en este tipo de encuentros. Decidí tomar la iniciativa y le fui desabrochando la camisa lentamente. Mi ejemplo le hizo reaccionar y me fue también desnudando. Al quedarnos ambos solo con la ropa interior se confió y era evidente que se sentía más cómodo. Me desprendió el sujetador que cayó al suelo y cuando empezó a bajarme las bragas lentamente yo le quité los calzoncillos de un tirón.

    Cuando vi su pene, semierecto, pensé en lo que él había definido como algo superior a lo normal era un ejemplar enorme, tanto en grosor como en longitud y me entraron serias dudas de si, una vez totalmente erecto, mi vagina iba a poder asimilar aquel monstruo.

    No pude menos que comentarle que a qué lo que el llamaba algo mas grande era una barbaridad. Volvió a sentirse inseguro y me dijo que si no podía ser lo dejábamos. Le tranquilice con una caricia y le animé a que se relajara porque todo se podía intentar.

    Antes de tendernos en la cama pasé de nuevo al cuarto de baño y me di un poco más de gel para facilitar la penetración. Cuando regresé estaba tumbado boca arriba, me puse a su lado y le acaricie lentamente el miembro. Como yo suponía al conseguir la erección su tamaño quedó en evidencia y volví a dudar si me entraría sin causarme serios daños. Para no agobiarme me lancé a la tarea, le deje tumbado y me coloqué encima para poder controlar yo la acción. Fue entrando con dificultad, pero poco a poco conseguí que mi vagina se dilatase lo suficiente para recibir aquella mole sin molestias. Cuando sentí que todo estaba en mi interior hice un pequeño movimiento para acomodarme y cual sería mi sorpresa cuando él tuvo un fuerte estremecimiento y noté su eyaculación en mi interior.

    Esperé unos momentos para ver como reaccionaba, pero se quedó muy quieto, con los ojos cerrados y la cara relajada.

    Sin decir nada, me levanté de nuevo al baño y según daba unos pocos pasos sentí como un río de semen me bajaba por los muslos. Me metí en la ducha y me lave a fondo para desprenderme de todo aquello, me sequé y volví a la cama. Estaba con los ojos muy abiertos y con un gesto preocupado. Le hice una caricia de complicidad y me tendí a su lado pasándole la mano por el pecho.

    “Lo siento”, dijo con un hilo de voz.

    “¿Por qué?”, le pregunté.

    “Porque ha sido ridículo.”

    “No, simplemente estabas muy tenso”.

    “¿Te he hecho daño?”

    “En absoluto, y eso es lo que te ha bloqueado, estabas pensando en que me lo podías hacer.”

    “Si, cierto, pero no sólo es eso”

    Vi que quería desahogarse aunque no sabía si sería oportuno provocar su confidencia, tiré por un tema neutro.

    “¿Hace mucho que no tienes un orgasmo?”

    “Sí, bastante”

    “Eso que es ¿una semana?¿Dos?”

    “No, meses, muchos”

    Me quedé extrañada, sabía que llevaba casado dos años con una mujer preciosa, una auténtica belleza que le había visitado un par de veces en su despacho y había causado sensación; por su físico, entre los hombres y por su gesto altivo, entre las mujeres. Que no tuviera sexo una pareja joven me resultaba extraño. No quise incidir con más preguntas porque en temas tan íntimos es mejor no inmiscuirse.

    Le volví a poner la mano en el pecho y le animé a que descansara un rato.

    Por un momento pensé que se había quedado traspuesto pero vi que seguía con los ojos abiertos y la mirada perdida.

    Pasaron unos minutos en silencio que rompí yo:

    “Bueno, ¿que te parece repetir, a ver si nos sale mejor?”

    “¿No te importa?”

    “No, ya que estamos vamos a aprovechar la tarde.”

    Pese a que su tamaño era claramente grande en aquel momento su pene estaba en estado de flacidez. Puse mi boca en su glande y le di unos cuantos lametones. Pegó un respingo, no se lo esperaba pero reaccionó enseguida abriendo las piernas. Cuando me metí la punta en mis labios y succione levemente su erección se disparó rápidamente y tuve que sacarlo de la boca porque materialmente no me cabía. Seguí un rato pasando mi lengua por su prepucio y cuando vi que estaba a punto le pedí que se pusiera encima y, sobre todo, que entrase muy despacio.

    Se lo tomó tan al pie de la letra que le tuve que animar a avanzar un poco más.

    Esta vez también entró hasta el fondo. Yo notaba la presión en las paredes y el fondo de la vagina y me sentí, primero cómoda y después excitada.

    Se fue moviendo lentamente, lo hacía con profundidad, sacando el pene casi entero para volver a entrar despacio pero apretando cada vez más en cada envite. Yo estaba ya francamente excitada; habitualmente no soy muy fluida pero percibía que estaba inundada con lo que el pene entraba y salía con toda facilidad.

    También observé que él iba excitándose, su respiración y jadeos se intensificaron al tiempo que aceleraba sus movimientos y sus embestidas me llegaban con más fuerza, seguimos durante dos o tres minutos a todo ritmo y finalmente explotó en un orgasmo que le produjo una serie de estremecimientos. Al tiempo, cuando sentí su emisión de semen yo me corrí como una loca. Hacía tiempo que no tenía un orgasmo de aquella intensidad.

    Durante un rato se quedó tumbado encima de mi, luego se giró y en su expresión note su satisfacción.

    Nos quedamos tumbados, callados, descansando. Al rato volvió la cara hacia mi. Con un gesto serio y amable simplemente dijo:

    “Gracias”

    Contesté: “de nada, era lo pactado.”

    Durante un par de minutos nos miramos en silencio. Yo intuía que el deseaba hablar aunque :no se decidía. Tomé la iniciativa.

    “¿Hay algo que quieras contar?”

    “Sí, no te imaginas el bien que me has hecho. Pensaba que nunca podría tener sexo con normalidad. Mi mujer se ha negado siempre a que la penetrase.”

    “La verdad es que yo también he tenido mis dudas, no creas que tu tamaño es frecuente. Lo que no entiendo es que nunca hayáis tenido sexo.”

    “Sí, pero tú, que no tienes ninguna vinculación me has aceptado e incluso has intentado que llegara a tener un orgasmo, y me has inducido a repetir, cosa que yo no me hubiera atrevido.”

    “Míralo de otra forma, si lo hubiéramos dejado después de ese primer intento yo me hubiera sentido frustrada por no haber sabido complacerte, me parecería haber incumplido mi parte del acuerdo”

    “No me convences, pero en todo caso repito, gracias”

    “Vale, vamos a dejarlo así y voy a ver si ese cava cutre que nos han dejado está todavía frio”

    Me levante, llené las copas con el cava, le di una y brindé con la mía: “Bienvenido al gremio de los infieles”

    Bebimos y nos tumbamos de nuevo en la cama. Le puse la mano en el miembro que estaba en estado de reposo y él se puso a acariciar mis pezones que enseguida se erizaron.

    A la vista de que aquello parecía animarse, le pregunté por cuanto tiempo había alquilado la habitación, me dijo que por dos horas.

    “Pues no estaría de más que llamases a recepción y prolongases la estancia por lo menos por una hora más” “No te parece?”

    “Conforme”

    Fue al teléfono y tras breve conversación, dijo que todo arreglado, que podíamos estar todo el tiempo que quisiéramos.

    Agoté el contenido de la botella de cava en las copas, bebimos y nos quedamos durante un rato tumbados, relajados y cómodos.

    De forma discreta propicié que me confiara la situación tan extraña que tenía con su mujer. Debía estar deseando desahogarse porque fue desgranando una serie de situaciones que me confirmaron que su matrimonio hacía aguas por todos lados.

    En síntesis los dos eran de una religiosidad extrema, especialmente su mujer que al no poder consumar con normalidad el matrimonio, al parecer las pocas penetraciones que habían compartido eran tan poco profundas que él dudaba de que el himen se hubiera desgarrado, aunque ella ya no se consideraba virgen.

    A su vez él, precisamente por su mentalidad tradicional, no había tenido ninguna experiencia con otra mujer ni siquiera con una profesional y por otra parte, estaba angustiado por tener que recurrir a la masturbación para calmarse.

    Percibí hasta que punto debía estar ofuscado y obsesionado para haberme hecho la propuesta de irse a la cama conmigo.

    Lo único que podía hacer yo en esa situación era calmarle y tranquilizarle, así que traté de convencerle de que el sexo era algo natural y que luchar contra su necesidad era forzar la esencia del ser humano.

    Al tiempo le fui acariciando de nuevo el fláccido miembro que otra vez adquirió la consistencia y el volumen que ya había demostrado.

    Cambié de posición y le invité a probar una postura que sin duda le iba a gustar y me coloque de rodillas con los brazos doblados y la cabeza baja, y le pedí que me penetrara desde atrás.

    Él siguió mi idea y esta vez entró sin ninguna dificultad hasta el fondo. Seguramente mi vagina se había adaptado a su tamaño, lo cierto es que ambos nos fuimos excitando y de nuevo llegamos a la explosión final prácticamente al mismo tiempo.

    Me siguió sorprendiendo la copiosa emisión seminal que producía y fui otra vez a baño a lavarme a conciencia.

    Cuando nos fuimos, él se quedó para liquidar la cuenta del hotel y yo me fui caminando hacia mi casa, no muy distante. Me apetecía ir reflexionando sobre la peripecia en que me veía inmersa porque la situación no respondía a lo que yo esperaba. En lugar de un episodio simplemente sexual para conseguir una ventaja laboral me había encontrado con una persona totalmente diferente a la imagen que tenía de él por lo que en vez de estar molesta por una invasión oportunista en mi intimidad me sentía satisfecha por el contacto humano que se había revelado, y, también, por que no decirlo, por los dos orgasmos brutales que me había proporcionado la aventura.

    Durante los días que siguieron no varió nada en nuestra actitud en la empresa. Yo ya estaba integrada en el nuevo puesto, que como preveía no presentaba ninguna dificultad, y el ambiente laboral siguió siendo el mismo. Al jefe le vi en contadas ocasiones y siempre de paso, ambos mantuvimos una actitud distanciada como si no hubiera pasado nada. Yo era consciente de que cualquier imprudencia por nuestra parte podría tener efectos negativos para ambos. Por mi parte tenía fama de mujer seria y responsable que, en mi tiempo libre, me dedicaba a mi familia y a mi casa. Siempre había tenido mucho cuidado de no dejar traslucir nada que pudiera intuir mi doble vida.

    En cuanto a él yo era consciente de que cualquier indiscreción podía llegar a oídos de su suegro con las consecuencias imprevisibles que pudieran derivarse.

    Dos semanas más tarde recibí en el correo secreto un mensaje en el que me decía que quería hablar conmigo. Realmente lo había recibido tres días antes, pero yo había dejado de abrir ese correo. De hecho ese día lo hice por curiosidad pensando que debería anularlo.

    Al contestar le dije que lo había visto por casualidad, si seguía interesado en hablar conmigo que me avisara cuándo y dónde.

    La respuesta fue inmediata, proponía volver a comer al restaurante del primer día, aunque él preferiría repetir la visita al sitio de nuestro encuentro, dando por sentado que no tenía que sentirme obligada ya que con la primera vez se había cumplido nuestro acuerdo.

    Contesté que yo también prefería ir al hotel. No di más explicación ni aclaración. Supuse que él ya entendería cual era mi parecer.

    Me citó para el día siguiente a la misma hora.

    Cuando llegué, con una mínima antelación, él estaba ya en la esquina del edificio esperándome. Como la vez anterior ya había pedido la llave y fuimos directos a la habitación.

    Esta vez los dos estábamos mucho más relajados y yo simplemente tenía curiosidad por saber que novedad le había impulsado a citarme.

    Nos sentamos en los sillones y él se encargó de abrir la botella que había en la cubitera. Esta vez sí era un buen champan. Me extrañó y lo comenté, con una sonrisa me confesó que lo había traído y había pegado el cambiazo. Bebimos despacio y con tranquilidad.

    Antes de nada me agradeció mi presencia, había meditado mucho durante los quince últimos días y se sentía muy satisfecho por haber descubierto, gracias a mi, una forma de entender el sexo que desconocía, tanto desde el punto de vista físico como mental. Se le habían derrumbado prejuicios que le agobiaban al tiempo que había disfrutado como no había podido nunca imaginar.

    También me confesó que le gustaría mucho que siguiéramos viéndonos, en el contexto que yo quisiera, aunque reconoció que a él le gustaría que fuera compartiendo sexo. En todo caso lo dejaba a mi criterio. Él por su parte había pensado en la forma de compensarme pero no había encontrado ningún resquicio en la empresa para poder mejorar mi situación.

    Yo me esperaba algo parecido. Era consciente de la conmoción que la sesión anterior le había causado. Descubrir el sexo a los treinta y muchos años tenía que ser traumático desde cualquier punto de vista y se le veía afectado, aunque eso sí, positivamente.

    “no tienes que compensarme con nada” le contesté. “si estoy aquí es porque me apetece” así que, mientras te apetezca a ti, cuenta conmigo”

    “lo único que quiero dejar claro es que no quiero que sea un compromiso por ninguna de las partes y no afecte en absoluto a nuestras vidas familiares” “no quiero que nuestros encuentros perjudiquen a otras personas».

    Continuamos charlando amigablemente durante un buen rato, dando cuenta de la botella de champán, hasta que él inició un acercamiento y me abrazó estrechamente.

    Nos desnudamos mutuamente y nos tumbamos en la cama, que era tan grande y cuidada como la vez anterior. Él ya estaba casi a punto y con unos cuantos lametones terminó de llegar a su máxima erección que tanto me había impresionado. Esta vez no utilicé gel pero no fue necesario, lentamente se introdujo en mi vagina y me sentí llena y completa.

    La tarde fue tranquila y apacible. Hicimos sexo varias veces, cambiando de posturas y él tuvo varios orgasmos y yo llegué dos veces a la gloria.

    Entre medias estuvimos charlando amistosamente. Él estaba intrigado por mi vida familiar y privada. Le puse al corriente de lo mas esencial. Hija de un modesto funcionario había estudiado hasta Cou en un colegio de monjas y después había trabajado en varios sitios hasta que conseguí entrar en la empresa gracias a la ayuda de un amigo de mi padre. Me crie en un ambiente religioso, mi padre era muy beato, aunque a mi las monjas me habían eliminado cualquier devoción, si algo tenía que agradecerles era que me habían hecho atea a los trece años. Era tal la discrepancia entre lo que predicaban y lo que practicaban que me convencí de que tanta hipocresía no podía sustentar nada cierto.

    Me casé joven con un hombre 15 años mayor que yo, influida en parte por asegurar un estatus económico que por mis medios hubiera sido imposible conseguir y en parte por la presión de mis padres que veían en aquel hombre una salida conveniente. En realidad siempre ha sido un buen hombre pero he echado de menos una vida más incentivada y no con un perfil tan anodino.

    Había querido mantener mi empleo para conservar mi independencia, aunque ésta era más teórica que real ya que en realidad con mi sueldo no podría mantenerme decentemente pero me daba la suficiente fuerza moral para no considerarme una mantenida.

    Había tenido algunos episodios, más o menos pasajeros, con varios hombres, algunos muy satisfactorios, otros pasables y bastantes totalmente prescindibles.

    Y hasta ahí podía contar.

    Me escucho con atención y quedó pensativo. Reconoció que por lo que había podido captar pensaba que mi situación económica era precaria. Confiaba en esa circunstancia para convencerme para aceptar su propuesta pero ahora no entendía bien por qué había aceptado.

    “Si te soy sincera yo tampoco, me dio un pálpito de que las cosas no eran tan sórdidas como parecían y ahora veo claramente que no me equivocaba»

    “Somos dos náufragos de diferentes embarcaciones que hemos recalado en la misma playa».

    Nuestra relación se convirtió en costumbre y, durante varios meses, seguimos encontrándonos en el mismo establecimiento, Los contactos profesionales eran los mínimos y siempre procuraba que hubiera testigos, aunque no fuera necesario, para mantener una distancia prudencial. Lamentablemente circunstancias imprevistas complicaron la situación. La empresa recibió una oferta de una multinacional del sector que deslumbró, primero al Consejo de Administración y después a la mayoría de los accionistas. En resumen, un agresivo equipo de ejecutivos desembarco en la empresa y, entre otras medidas, determinaron hacer cambios en la plantilla. Yo fui una de las primeras en ser despedida en unas condiciones que, sin ser leoninas, no dejaron de crearme un vacío personal y moral que tarde en superar.

    Por alguna razón, nuestros contactos por email se cortaron de raíz. Y lo único que supe de él, pasado algún tiempo, fue que también fue despedido.

  • En el Caribe, calientes con los animadores (parte 2)

    En el Caribe, calientes con los animadores (parte 2)

    Salí por mi lado, ya que mi bóxer azul oscuro podía ocultar mi pija parada, pero hice una carrerita para alcanzarlo.

    -¿Para dónde vamos?, quise saber.

    -Por un sendero que hay entre las palmeras se llega a la playita Paraíso, donde hay un cuarto de baño, una ducha exterior y el cobertizo para guardar equipos de salvamento.

    Lo seguí un buen trecho con muchos nervios hasta que llegamos a un claro con la playita y el cobertizo con la ducha. Era una caleta muy tranquila y desierta, libre de miradas indiscretas. Debajo de una piedra sacó unas llaves y mientras me pedía que abriese el grifo de la ducha, entró al cuarto de baño para tomar frasquitos de jabón y crema enjuague.

    Nuestros cuerpos estaban sudorosos y todavía olíamos a cloro. Dejé salir el agua que estaba en la cañería caliente por el sol, hasta que estuvo razonablemente más fresca para usar el duchador. Yo seguía excitado, pero a él se le había puesto solo morcillona debajo del slip.

    -Tenemos que compartir el duchador, ¿no te parece?

    Dudó, pero al fin se metió conmigo debajo del agua y me dio un frasquito de gel de baño. Me fui enjabonando mientras él se mojaba y le pregunté si podía enjabonarle la espalda. Asintió y no dudé. Le pasé el frasco y empecé a pasarle gel de baño por los hombros y la espalda. Le enjaboné las piernas torneadas y me alcé para que se enjuagara, apoyando mi bulto sobre su culo, «sin querer», pero no se quitó.

    -¿Te ayudo?, y sin recibir respuesta le pasé las manos entre sus brazos y lo empecé a enjabonar por adelante.

    Estaba en una nube acariciando sus pectorales y sus abdominales hasta que llegué al borde del slip y seguí por la parte de afuera sobando su pija dura a través de la tela.

    -Creo que te gusta mucho, me dijo.

    Gruñí mi asentimiento al tiempo que le metía la mano adentro del slip y le enjabonaba bien la pija y los huevos. Se recostó sobre mi cuello y me pidió:

    -Así, así, sigue, sigue.

    Más me hablaba, más le apretaba mi cuerpo contra su espalda y su culo bien redondo.

    -¡Qué bueno estás!, le dije, y qué hermoso pingo tenés.

    Se tomó de mis nalgas para apretarme más contra él y me atreví a besarle y lamerle el cuello, de un lado y del otro, hasta que inevitablemente llegué a sus labios carnosos y le di un larguísimo beso de lengua al que se sometió. Nos entrelazamos ya de frente con besos y caricias mutuas, me apoderé de sus firmes glúteos, le fui bajando el slip con una mano y con la otra me libraba del bóxer hasta que nuestras pijas se enfrentaron enhiestas y rozándose en un vaivén frenético. Me detuve y lo miré a los ojos:

    -Te voy a comer todo, le dije, perdida toda inhibición.

    -¿Todo?, me preguntó.

    -Vas a ver, le respondí.

    Empecé a besarlo desde el cuello, los pezones, sus pectorales bien marcados, sus abdominales de hierro con una piel que parecía de terciopelo y llegué a su pubis depilado hasta que me quedó su pija circuncisa frente a la boca. No me quise apresurar y le fui besando y lamiendo el glande rosado y húmedo, para después ir chupando su tronco moreno, de un lado y del otro, metiéndomelo de a poco en la boca, saboreándolo mientras lo miraba a los ojos y él me tomaba de la cabeza para acompañar el vaivén. Sin soltar sus glúteos, lo insté a cogerme por la boca y me acompañó en el ida y vuelta.

    Comencé a meterle un dedo en su rico ano, de a poco, hasta que me detuvo. Sin sacarme la pija de la boca, que yo chupaba deleitado, tomó un frasco de crema enjuague y me untó bien los dedos.

    -Ahora sí, me dijo.

    Se lo metí sin demora y entró con facilidad. Fui masajeando su perineo sin dejar de chupársela hasta que le metí otro dedo. Dio un respingo, pero se acomodó y empezó a contraer y dilatar su ano, así que le pedí más crema enjuague. Ya eran tres los dedos empapados que metía en su precioso culito. Noté que le salía líquido pre seminal y se lo chupé con ganas. Él mismo se apretó la base del pene para no acabar y me alzó para darme un beso mundial.

    Me susurró al oído que estaba muy caliente, que me quería coger y acabar en mi orto. Le dije que era justo lo que necesitaba pero que primero me tocaba a mí por haber ganado y porque ya tenía listo su agujero. No se hizo rogar y se puso de espaldas, apoyándose en el grifo de la ducha, dejándome sus nalgas en pompa y separándolas con una mano.

    Tengo una poronga normal así que no tuve problemas en arrimarle primero la punta y luego a metérsela lentamente, masajeando su perineo y arrancándole gemidos de placer. Se fue amoldando hasta que pude entrarla toda y quedarme dentro de su hermoso culo mientras lo tomaba de la cintura y lo instaba a erguirse para besarlo en la boca larga y dulcemente. Él me tomó de las nalgas para sostenerse con la pija adentro y estuvimos un par de minutos entrelazando nuestras lenguas bien a fondo.

    No perdí tiempo para volver a sobarle su pingo bien duro y ligeramente curvado. Me sentía en las nubes cuando lo acariciaba, besaba y enculaba. Volvió a inclinarse y comenzó a contraer y dilatar su ano invitándome a sacar y meterle la pija. Acompasamos el ritmo, gruñendo y gimiendo de gusto varios minutos supongo, porque perdí toda noción del tiempo, sólo recuerdo que lo hacíamos con suavidad y que él se movía como una anguila. No quería terminar nunca, pero llegó punto en que no pude aguantar más el cosquilleo, aceleré las embestidas y llegué a un clímax tremendo, derramando toda mi leche en su ano y quedándome quieto sobre su espalda resoplando hasta calmarme.

    De a poco me fui aflojando y me fui saliendo, mientras él giraba y me daba otro beso largo, húmedo y apasionado mientras nos agarrábamos los glúteos mutuamente. Mi pija y su culo chorreaban semen, Coqui largaba bastante líquido pre seminal y pensé que se había corrido.

    -¿Acabaste?

    Me dijo que no, así que volví a lamer su cuello, pectorales y pezones que chupé y mordí suavemente arrancándole gemidos, seguí hacia abajo lamiendo sus abdominales hasta que llegué a mi premio mayor, otra vez. Se la chupé con más ganas que la primera vez, si eso fuera posible, el glande rosado, el tronco moreno hasta el fondo, los huevos unidos, suaves y depilados, yendo y viniendo mientras atraía sus nalgas hacia mí. A él le pareció que había llegado su momento y apretó bien fuerte la base de su pene.

    Fue la señal para que me pusiera de pie para que pudiéramos besarnos y acariciarnos de nuevo.

    -No puedo parar de chuparte la pija, me gusta mucho, le susurré al oído, y sigo caliente.

    Me miró a los ojos y con una pícara sonrisa me dijo que le tocaba a él.

    -Dame un minuto, le pedí y me puse el duchador directamente en la puerta de mi ano, echando bastante agua en mi interior. Por pudor, me corrí unos pasos y vacié todo lo que me había entrado y alguna eventual suciedad. Lo hice dos veces más, recordando lo aprendido con el primo de mi primo.

    Tras otro morreo interminable, lleno de caricias y franeleos, me puse en cuatro patas sobre una toalla, mirando hacia el palmar. Me tomó por la cintura y me penetró despacio, de la forma más suave y delicada que me podía imaginar hasta metérmela toda, provocándome oleadas de placer cada centímetro que me penetraba. Se la retenía con mi ano cuando se echaba para atrás y me dilataba cuando entraba de nuevo y luego traté de coordinar las contracciones con un vaivén para llegar a tenerla lo más adentro posible.

    Coqui manejaba sus movimientos con mucho control y varias veces se detuvo, dejando su pija entera dentro de mí, me tomaba de los hombros para alzarme y besarme larga y profundamente, sin salirse y yo forzándome para que no se saliera. Varios minutos estuvo de meta y ponga, hasta que se puso tenso y volvió a detenerse, a lo que yo apuré mis movimientos y Coqui llegó al éxtasis y acabó en mi culo varios chorros de semen que sentí cálidos mientras me seguía moviendo aprovechando la lubricación de su leche y la apertura de mi ano.

    Como pude, me recosté boca abajo pidiéndole que no se saliera de dentro de mi cuerpo, pese a que yo estaba de nuevo empalmado. Se lo dije, y empezó a moverse de nuevo, aunque con su pija morcillona. No podía dejar de contraer y dilatar mi ano, estaba excitadísimo, hasta que me calmé sin perder mi erección.

    Fue saliendo de mi culo y se acercó a la ducha para lavarse los genitales, el culo y las piernas, mientras yo me deleitaba con el espectáculo de su físico viéndolo desde el suelo. Me guiñó un ojo y me dijo que fuera hasta él para que me lavara mis partes lechosas, lo que hizo a conciencia y minuciosamente.

    Yo no podía parar de tocarlo, acariciarlo, jugar con sus huevos, su pija, sus glúteos y todo su cuerpo moreno, mientras me comía su boca fresca, suave y carnosa.

  • El club de dominación

    El club de dominación

    Ha pasado un año desde que me apunte a una aplicación de citas para hacer el amor. Al principio me costo dar con la tecla y pasaban semanas hasta conseguir que una chica me aceptase. Luego el procedimiento era bastante rutinario. Un par de bebidas en el bar o cena para dos, algunos cumplidos, muestras de generosidad e invitación a tomar algo en casa.

    Mi apartamento no era muy grande, pero tenía un salón amplio, un dormitorio decente y el plus que da la limpieza y la decoración abstracta con gusto. La semana pasada lo hice con Amaya. Pelirroja de cabello largo y rizado que hablaba mucho. Nos quitamos la ropa a los quince minutos. Un poco de sexo oral por turnos, primero jugué con los pelillos de su pubis pasando la lengua por su sexo hasta hacerla gritar. Luego, ella se ocupó de mi pene con gran entusiasmo y mucha saliva.

    Nos besamos durante un rato con pasión.

    Luego todo discurrió con naturalidad. Amaya se puso a cuatro patas sobre la cama y volviendo su rostro me pidió que la, con perdón, «follase».

    Mi miembro estaba preparado y se deslizó con facilidad dentro de su vagina. Todo fue muy rápido. El orgasmo, sus placenteras convulsiones mientras mi cuerpo yacía sobre el suyo y el semen blanquecino resbalaba por su espalda.

    Todo bien la verdad y sin embargo no estaba satisfecho. Quizás me molestó que se fuese diez minutos después sin dar las gracias. Quizás me incomodó que todo aquello no hubiese sido más que un intercambio de fluidos, una carrera que Amaya parecía correr todos los días. «¿Amaya? ¿Sería ese su nombre o también formaría parte de la farsa?»

    Hace tres días tuve una idea. Formar un club con las vecinas de mi bloque. Bien es cierto que algunas casi me doblan la edad, que la chica de enfrente tiene poca carne y el culo plano y que las del tercero están casadas. Pero eso da igual, de hecho añadía más morbo al tema. Quería sexo, pero no buscaba amor o cariño, sino más bien probar algo nuevo, algo que despertase mis instintos. Las novelas estaban ahí, un hombre guapo con gustos oscuros, un chico malo que quería atarlas y dominarlas. Todo eso era una novela, una novela que yo convertiría en realidad.

    El lunes nos reunimos en mi casa, vinieron cuatro. Hablamos de los libros, del sexo, de la dominación y esa misma tarde fundamos el club. Todas se apuntaron y dieron su consentimiento por escrito.

    El martes cité vía whatsapp a Julia, una de las casadas. Rolliza, pelo corto, pechos contundentes y trasero generoso. El mensaje corto y directo, una hora, una orden.

    Llegó un minuto tarde a mi piso y se lo reproché. Se la veía nerviosa y excitada. Pantalones y camiseta holgadas, sandalias y maquillaje. No estaba mal.

    Le ordené quitarse la ropa de cintura para arriba. Luego la esposé y comencé a acariciar sus tetas. La pellizqué un pezón con cierta fuerza y le dí un cachete suave.

    – mereces un castigo. Acompáñame a la habitación.

    Julia me siguió docilmente y siguiendo mis indicaciones se dejó caer sobre la cama. Le quité las esposas y se las puse otra vez atándolas a un barrote de la cama. Luego mientras yacía tumbada sobre la tripa, tiré de sus pantalones y bragas dejándola con las posaderas al aire. Cogí una vara y comencé a azotarla sin miramientos. La azoté hasta que sus nalgas se pusieron bien rojas. Luego, excitado, con el pene crecido, me bajé los pantalones, me puse un condón, me acoplé sobre su cuerpo desnudo y la penetré envistiendo con energía hasta corrernos.

    Por la tarde, antes de cenar, le tocó el turno a la mujer del culo plano. Los pechos eran dos huevos fritos. La desnudé pronto y le metí el dedo en el ano mientras nos besábamos. Tanta atención pareció encenderla y buscó mi pene bajo los pantalones, sin embargo, le impedí que llegase a él y como castigo la azoté con el cinturón en las nalgas. Luego, atándola por las muñecas, de pie, pasé la cuerda por una viga del techó y la tensé. Su cuerpo en suspensión, su espalda desnuda. Cogí un pequeño látigo y le golpee la espalda cinco veces por su atrevimiento. Luego, sin soltarla, me puse frente a ella me baje los pantalones y la tomé allí mismo.

    Al día siguiente le tocó a la otra casada. Bajita, con pelo corto y gafas. Después de tomar una copa la tumbé sobre mi regazo y le dí una buena azotaina sobre los pantalones. No tuvimos sexo. Quería reservarme para la tarde.

    A las ocho en punto llamó a la puerta Alicia, 23 primaveras, rubia, ojos azules, menuda pero con curvas. Alicia era la vecina que vivía arriba, la había oido hacer el amor un par de veces, los muelles de su cama y sus gritos transpasaban paredes. Vestía minifalda de cuero color granate y camisa negra con escote. Sus pechos, tamaño medio, se adivinaban firmes.

    Al principio me dieron ganas de tener sexo tradicional con ella, coquetear, besarnos, descubrir poco a poco sus encantos. Pero no estábamos allí para eso.

    – A qué esperas muñeca. Mi pene necesita atención.

    Ella me miró con sorpresa, quizás no esperaba o no estaba acostumbrada a recibir órdemes de aquel tipo. Sin embargo, pasada la sorpresa inicial obedeció, desabrochó el botón de mis pantalones y tras acariciar mi paquete durante unos minutos mientras me miraba a los ojos, me bajó la ropa, apoyó sus manos en mis nalgas y metiendo el miembro en su boca, comenzó a chupármelo.

    Por algún motivo, detuve sus maniobras pronto. La levanté con brusquedad y la llamé guarra.

    Ella sonrió.

    – Soy lo que tu me digas.

    – calla pedorra.

    De nuevo sonrió. Y luego susurrando las palabras en mi oido me dijo.

    – si quieres me tiro un pedo.

    Mi cara de sorpresa debió ser de lo más cómico.

    – como te atrevas te caliento el culo con la zapatilla hasta dejarlo como un tomate.

    Ella sonrió por tercera vez, me dio la espalda y para mi sorpresa dejó escapar una ventosidad.

    Inexplicablemente mi pene creció con la excitación de todo aquello. La cogí por el brazo, la ordené que se bajase los pantalones y cogiendo un cepillo de madera, comencé a calentarle el culo golpeando a buen ritmo.

    Luego la senté sobre mis piernas, atrapé sus nalgas con mis manos y la besé metiendo la lengua con ansia.

    Mi pene comenzó a palpitar.

    Fuimos a la habitación y allí, mientras edtaba tumbada boca abajo la golpeé con el cinturón seis veces. La puse mirando boca arriba y metiendo el pene en su sexo comencé a cabalgar. Ella se quitó el sujetador. Sus tetas se movían rítmicamente al son que marcaban las embestidas. Antes de correrme, noté como el gas se acumulaba en mi recto. Apoyé mi trasero sobre la cara de mi vecina y lo deje salir. Alicia arrugó su nariz.

    La volteé, la puse sobre mis rodillas de nuevo, descargué un par de azotes y se la metí en el ano con delicadeza, luego la saqué y la volví a meter, esta vez por la vagina, aumente el ritmo. La bese, embestí y descargué entre gemidos. Ella perdió el control durante unos segundos y luego poco a poco se relajó.

    – Guau. – dijo un rato después.

  • Mi casa de playa (1)

    Mi casa de playa (1)

    Estaba en la casa de la playa con mi esposo, pasabamos un sabroso fin de semana largo producto de un «puente» por feriado. Pero como teníamos tiempo sin visitar nuestro lar playero, la grama y el monte estaban muy altos. Siempre por allí pasaban hombres o chicos que se ofrecían, a cambio de un poco de dinero, desmalezar las casas de los turistas. Al rato llegó un jovencito sin franela y con un short, descalzo, de piel curtida, cabello crespo, se notaban sus abdominales bien definidos y su cuerpo, flaco pero durito. Llamó poderosamente mi atención… Le preguntó a mi esposo que si quería se encargaba de limpiar la casa de tanto monte, a lo que Jose (así se llama mi marido) dijo que sí. Yo sentí emoción, algo raro me sucedía pero aquel jovenzuelo me atraía. Confieso antes de continuar mi relato que no soy una joya que digamos, he sido infiel a mi esposo varias veces porque digamos, soy muy caliente, aunque amigas cercanas que conocen de mi conducta dicen «muy puta», hahaha. Pero nunca lo he hecho con alguien menor por muchos años que yo, o con gente relacionada con mi familia o amistades. Tengo 36 por cierto; han sido deslices en viajes que he realizado sola bien por trabajo o placer. Me han tocado amantes ocasionales rondando mi edad o muy mayores ¡Soy de las que cree firmemente que en la variedad está el goce!

    Lo cierto es que no podía dejar de admirar al muchacho, creo que de primeras el niñato se dio cuenta que lo miraba y miraba. Estaba yo a orillas de la pequeña piscina, cargaba un hilo dental blanco que dejaba ver generosamente mis voluptosidades. El chico también me veía pero con asombro, como embobado, salvo cuando mi marido estaba cerca. Al rato de iniciar el corte del monte, empezó a sudar, se veía regio, sus pequeños músculos tensos por la labor que hacía con un machete y aquel abdomen, Diosss. Ya empezaba a agitarme imaginando cosas morbosas y sensuales. En una de esas que cruzamos miradas, le sonreía pícaramente y él me devolvió el gesto. Eso me emocionó, ya estaba desencajada… Mas tendría que conformarme con sólo fantasear con aquel pueblerino ya que estaba allí con mi consorte.

    Pero repentinamente, el Universo conspiró a mi favor. Jose recibió una llamada a su celular; su Jefe le pedía urgente unos papeles que mi maridito tenía en casa. Así que acongogado se me acercó y dijo que debía atender la petición del «Chivo mayor», pero eran tres horas de camino más tres horas de regreso, sin contar el tiempo que le tomaría verse con el Jefe y darle los documentos. Poniendo cara de «tristeza», pues le dije que era el precio del deber, que su buen cargo exigía sacrificios como ese y que total, estaría de vuelta en la noche o mejor, mañana tempranito para seguir nuestro relax de playa ya que quedaban el domingo entero y parte del lunes que era el feriado. Así quedamos, al día siguiente es que él retornaría a la playa. Entonces partió mi esposito amado, al cabo de una rato verifiqué por dónde iba no fuese hacer que se devolviese repentinamente por un imprevisto. Todo bien, iba rodando a la ciudad… Mi cuerpo empezó a emocionarse, se ponían mis pelitos de punta ¡y la cara sentía que se me transformaba como de oveja a loba! Tenía el chance perfecto de tratar de seducir a mi «machetero». Pues bien, me levanté de la tumbona a orillas de piscina, me acerqué al chico quien ya había avanzado en su trabajo, no era tan grande el patio de la casita.

    -¡Hola! Veo que trabajas muy bien, has cortado ya la mitad del monte…

    -Si señora, ya tengo práctica…

    -Vaya, ¿y que tiempo de práctica puedes tener? Eres muy joven aún.

    -Bueno, trabajo en esto desde los 9 años y ya tengo 18…

    -¡Ah okk! Pues posees un cuerpo muy atractivo te diré, ha de ser por el trabajo rudo que vienes haciendo desde pequeño.

    El joven se ruborizó al notar que lo miré de arriba a abajo, sin pudor, bajó la mirada y continuó en su labor. Pensé en una estrategia, allí le ofrecí que tomara un descanso y bebiese un jugo de patilla que es bueno por la deshidratación que el sol causaba. Pasamos dentro de la casa, le pedí se sentase mientras le servía el jugo. Al caminar, lo hacía de manera provocativa, insinuante… Le di su jugo y el muchacho posó sus ojos en mis senos, no dejaba de mirarlos callado, sin sorber el vaso. Viéndolo así le pregunté:

    -¿Qué, te gustan mis tetas? -sonreí maliciosamente.

    -Claro señora son lindas… -respondió con sus ojitos abiertos como faros.

    -Hahaha, qué simpático eres… ¿Cómo te llamas?

    -Wilker…

    -Uff, vaya qué nombre, ¿ah? Wilker

    -Y Wilker, ¿tienes novia?

    -No, no tengo -hablaba entrecortado el pobre.

    -¿Un muchacho simpático y tabajador como tú y sin novia? ¡Qué malo eso!

    -Es que acá no hay muchas chicas así de mi edad, señora. Y las pocas les gustan los tipos mayores con dinero.

    -Ah ya… E imagino que calmarás tus ganitas de alguna forma, ¿eh?

    -¿Mis ganitas? no entiendo…

    -Hehehe, me refiero que a tu edad los jóvenes suelen querer casi todo el tiempo tener sexo con chicas y eso, así que debes masturbarte con frecuencia.

    -Eeehh, bueno, no, esteee, sí, a veces lo hago…. -Estaba muy nervioso el peladito, creo que sudaba más que cuando trabajaba.

    -Mmmmm, o sea, que debes cargar esas bolitas llenitas de leche, hahaha ¿Sabes? Deseaba quedarme a solas contigo, pensarás que soy una sinvergüenza porque siendo una señora casada pues te digo esto. Pero es algo muy curioso lo que siento, y te hablo claro y ‘raspao’; ya que me cuentas que no has podido estar con una chica, te ofrezco ser tu primera mujer, quiero que me cojas y descargues la leche acumulada que llevas en ti desde hace quién sabe cuanto… Voy al grano ya que no tenemos mucho tiempo, cuando se goza, el «señor» tiempo pasa volando y eso lo sé. Disculpa si soy atrevida y sientes pena o te intimidas por lo que te digo ¡pero me llamas la atención, me gustas y punto! Y quiero que tengas tu primera sesión de sexo conmigo.

    -Pe… pero señora, ¿y si llega su esposo? me maaata… No, no qué va, ¡no quiero problemas!

    -Mira Wilker, mi marido fue a la ciudad y no regresará hasta mañana temprano, así que no tienes por qué preocuparte por eso, ¿ok? Te lo digo con certeza…

    -Señora, siento el corazón ‘acelarao’, pero me da como cosa, no sé que hacer primero y mi pene está muy parado…

    -¿Sí? eso significa que estás a punto para la acción, haha. Tranquilito que yo me encargo de todo, te voy a enseñar con paciencia mi lindo -Me acerqué y le di un beso en la boca, nos abrazamos, aparté sus brazos y empecé a bajar dándole besitos húmedos por su pecho, tetillas, bajé por cada abdominal de su estómago que me enloquecía. El chico suspiraba y gemía, le pedí que bajase su short y su miembro orgulloso y desafiante emergió mojado de líquido preseminal.

    -Uuuy, Wilker, vaya trozo de carne que te gastas muchacho… muack -besé su virilidad -Voy a darte una rica mamada amor, algo que sé te gustará y a mí también.

    Pero era predecible, apenas introduje su pene en mi boca y di tres chupaditas el chicó lanzó chorros y chorros de semen los cuales traté de tragar, pero era tanto que inevitablemente bañó mi cara y senos. Al tiempo que acababa, sus piernas temblaban y lanzaba quejidos de placer. Como estaba sudadito, lo sentí salado pero super agradable.

    -Mi Macho, qué leche tan sabrosa me has dado…

    -Señora, es increíble, sentí demasiado rico su mamada… No sabía que era tan bueno eso, pensé que me caía al suelo…

    -Hahaha, ya me di cuenta chico… Tu primera mamada, me encantó ser yo quien te la diese, amorcito.

    Se puso de pie y empezamos a besarnos como locos, me tocaba por todas partes, me apretaba torpemente, quería cubrir mi cuerpo apresurado por todos lados. Lo tranquilicé y le fui guiando en los besos y caricias, era un novicio en ello y me daba morbo ser su maestra. Nos acostamos en el sofá del recibidor, me cubrió de besos todo mi ser, chupaba según mis indicaciones, estuvo por mis pies, pantorrillas, muslos, subió a mis tetas donde se entretuvo un rato, sacándome quejiditos de placer. Me di vuelta y recorrió besando mi cuello, espalda hasta llegar a mis nalgas, yo me estremecía de gusto, le pedí las mordiera suavecito. Le indiqué que las separase con sus manos y metiera su lengua en mi ano. Así lo hizo, me lo chupó también al pedírselo hasta que loca de ganas giré nuevamente y lo llevé a mi clítoris y vagina. Allí le pedía que me lamiera, succionara y moviese su lengua rapidito hasta que tuve un gran orgasmo, fue toda una explosión inmensa… ¡vaya qué orgasmo! Volvimos a besarnos, su verga dura ya estaba dispuesta a darme más placer.

    -¡Ahora mi hombre, me vas a coger! Méteme tu guevo, primero despacio y vas acelerando las penetraciones, ¿ok?

    -Si, si… ¡lo que usted diga mi señora!

    -Mientras me cojes me vas a decir puta, perra, zorra… ¡Así quiero que me trates! Eso soy para ti, papi…

    -Sí, mi perra, te voy acoger y dar duro, eres una puta casada que le gusta que se la coja este muchacho, ¿verdad? Qué putaza eres nojoda…

    -Siii, siii… Cógeme mi macho, hazme tuya, hazme tu mujer… Soy casada pero una zorra que te vio y enloqueció, así que poseéme… Aaagh, aagh, Diosss papacito, dale, así, más rápido, ¡cógeme!

    Me dio fuerte, sudábamos ambos, nos veíamos con lujuria, me puse de lado, luego me monté sobré él, tanto de frente como de espaldas hasta que volvió a acabar mientras yo había alcanzado varios otros orgasmos sublimes. Allí relajados, fuimos a hacer pis, regresamos tomados de la mano al sofá para continuar con besos y caricias, mordiscos, pellizcos en zonas claves que le decía me diera y yo se los daba a él. Eso nos prendió nuevamente, la pasión y el deseo eran algo insólitos, desmedidos… Eramos macho y hembra llevados por el sexo al límite. Me puse en cuatro patas, le pedí me cogiera así.

    -Mira amor, tu perra poniéndose para ti para que me cojas otra vez con tu vergota… -y moví mis nalgas.

    -Aaah, qué rico culo tienes, te ves divina, pareces una perra de verdad… Toma guevo, eso es lo que quieres, ¿no? Ahí va mi guevo que deseas, eres ahora mia, mi hembra, eres una zorra tirona…

    -Aaaay, sí, soy toda tuya, tu mujer amorcito, aaahg, dame duro, cógeme y lléname de semen caliente de nuevo… Eres mejor que mi esposo, me gusta más como me coges tú, ahora seré tu esclava papiii…

    Esas palabras lo llevaron a desenfrenarse, me vapuleba con la fiereza de un toro salvaje, así me dio y me dio hasta hacerme sumar orgasmo tras orgasmo… Entonces volvió a vaciarse dentro de mí, sentí su leche recorrerme, cayó sobre mi espalda y yo sobre el sofá quedándonos pegados largo rato, sin decir media plabara, sólo pequeños gemidos. Luego se levantó y fue al baño, lo esperé y le dije al llegar:

    -Wilker, ha sido maravilloso coger contigo… Te confiezo que tenía años sin tener un sexo tan rico como el que hemos gozado. Pero debes ser discreto ya que soy mujer casada, nada de contar a nadie lo que aquí pasó. Y así me tendrás cada vez que se pueda, ¿trato hecho? -el chico con cara de bobo y casi como enamorado juró que ese sería nuestro secreto, que me protegería y cuidaría para seguir teniéndome como su mujer. Nos dimos besos tiernos pero era ya tiempo de que terminara su trabajo, y así mi marido al llegar mañana encontrase todo en orden, como debía ser. Terminó, recogió la basura en bolsas grandes, se fue a despedir, lo abracé y volvimos a besarnos. Le dije que para el próximo encuentro, que esperaba no fuese muy lejano, le tendría otra «sorpresita», parando mi culito y apuntando con el dedito índice mi ano, en señal de que por ahí iba a venir la cosa!

    (Continuará)…