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  • Mi segunda vez en baños de vapor

    Mi segunda vez en baños de vapor

    Hace ya algún tiempo, seguía en la ciudad de Toluca, en el Estado de México, tenía algo de tiempo libre y había quedado con buen sabor de boca de la anterior visita a los baños de vapor, por lo que agarre mi mochila, metí unas sandalias, una toalla y algunos extras, encaminando a las instalaciones de los baños, con bastante ánimo de saber que iba a encontrar este día.

    Llegando, nuevamente, directo a la recepción, está vez no fui a la alberca, si no que me fui directo a los baños de vapor, siendo recibido por el señor de la vez pasada, pidiéndome el boleto y entregando en mis manos una sábana y llevándome a un cubículo del vestidor, dónde puse mis cosas y me cambié, yendo directo al área del vapor.

    Está vez al entrar al área de regaderas, había varias personas, al menos unas 8, algunas sentadas en las mesas y otras en las regaderas, solo observé a algunos y me dirijo a las regaderas, dando el necesitado remojo, sintiendo que me estaban observando, pero no prestándole mayor atención.

    Una vez terminado el ligero baño, me voy e ingreso a la puerta blanca que me lleva al vapor general, me percante de que no había nadie al interior, aún así, ingreso y me siento al fondo, con la esperanza de que entrara alguien y se diera algo, estuve unos minutos y no entro nadie, optando por salir y dirigirme nuevamente a las regaderas y acomodándome bajo el fresco chorro de agua que vertía.

    Vuelvo a notar que alguien me observa, pero sigo sin darle mayor importancia, al quitarme del chorro, noto a una persona madura, de unos 50 años, de 1.80 m de alto, corpulento, un poco panzón, de tez blanca, cabello negro, de bigote, desnudo, de unos 17 cm de verga erecta, no muy grueso, que me estaba observando y a su vez sobándose la verga. Cuando se dio cuenta que dirigí mi mirada a el, se acercó caminando a mi y puso una mano en la pared frente a dónde estaba observando, cómo tratando de detener mi paso, la otra la puso sobre mi hombro, acerco su cara a mi oreja y me dijo que le guste mucho, desde que entré le había llamado la atención, que si yo quería, podríamos disfrutar de un buen momento juntos.

    Con esta acción que el tomo, sentí su total dominación hacia mi, aprovechando que era más alto y corpulento que yo, a esto su mano que estaba en mi hombro, bajo a mi cintura y sentí como me atrajo hacia el, no pude oponer resistencia alguna y de un momento a otro ya estaba su cuerpo pegado al mío, nuestras vergas rosando y ya me estaba plantado un tremendo beso, que solo atiné a corresponder, bajado su mano a mi nalga y empezó a manosearla, sintiendo también su otra mano que ya había quitando de la pared y manoseando mis nalgas y abriendolas, girando mi cuerpo mientras me besada, en dirección a donde estaban los demás asistentes, abriendo mis nalgas y dejando expuesto mi culo a sus ojos, yo me deje hacer, me estaba gustando la sensación y solo pase mis brazos sobre su cuello y segui besandolo.

    Me deja de besar, me pone de espaldas a él, poniendo una mano entre mis nalgas y metiendo su dedo entre la raja, me va llevando a una de las mesas y hace que me incline, con su mano hace que me recueste boca abajo sobre la mesa y retira su mano de mi espalda y pone ambas manos sobre mis nalgas, manoseandolas y aprovecha para abrir nuevamente mis nalgas y decir en voz alta, para que todos los oyeran, “que rico culito Tienes y mira como está palpitando, ansioso de verga”, me pega una nalgada y pone su cuerpo sobre de mi, sintiendo como me domina con su físico, empieza a pasar su verga por entre mis nalgas, pasándola entre ellas de arriba y abajo y de vez en cuando echando algo de saliva entre su verga y mis nalgas, yo estoy gimiendo cada que siento su roce, se aparta y me hace que me acomode ahora boca arriba, levanta mis piernas con su mano, las pone cruzadas completamente levantadas y estiradas, sosteniendolas con una de sus manos, con la mano libre, separa una de mis nalgas, dejando a la vista y vulnerable mi culito, se hace aun lado y alcanzo a ver qué detrás de el, estaban observando, unas 8 personas, entretenidos y masturbándose con el espectáculo que estaba haciendo el conmigo.

    Me dio una sensación de excitación al verme objeto de deseo de los ahí expectantes, inclusive, hubo 3 que expresaron a viva voz, que también querían comerse ese culito, que les dejara también cogerme, que querían llenar mi culo de leche, después de unos segundos que dejó a la vista mi culo, me plantó una nalgada, acomodo mis piernas sobre su hombro, y puso la punta de su verga a la entrada de mi culo y empezó a presionar un poco, para que se fuera abriendo paso la cabeza de su verga, se detuvo, la quitó, echo un poco más de saliva y volvió a ponerla en la entrada de mi culo, volviendo a presionar y está vez, logrando entrar, abriendo mi esfínter y arrancandome un gemido de placer, que provocó algunos murmullos alrededor, pero se detuvo, saco su verga, bajo mis piernas, me hizo levantarme, me volvio a poner sobre la mesa en posición boca abajo, le dio un beso a mis nalgas, las abrio con sus manos, paso su lengua por mi culo, se levanto y me dio un par de nalgadas, me tomo de la mano y me llevo con el a otro lugar del área, está vez a los vestidores, me metió en uno de los cubículos abiertos junto con el.

    Al entrar al cubículo, me tomo contra el, me pego a la pared y me comenzó a besar y a manosear mis nalgas, pasando toda sus manos por ellas, pasando sus dedos por mi culo y de vez en cuando tratando de meter alguno de ellos, dejo de besarme un momento, para meter uno de sus dedos en su boca, lo ensalivo bien, me siguió besando y siento como lo puso en mi culo y empezó a meterlo, metiéndolo y sacandolo, tratando de ir más profundo, me besa con más fuerza y mete más su dedo, deja de besarme y pone una mano sobre mi nuca y la otra sobre mi cadera y me hace voltear dándole la espalda, y poniendo mi cara contra la pared y acomoda su verga entre mis nalgas, está vez la va bajando hasta acomodarse en la entrada de mi culo, escucho como suelta un escupitajo y empieza a meter su verga y voy sintiendo como empieza a abrirse paso en mi interior.

    Su miembro empieza a perforar mi interior, llegando hasta el fondo sin más, la deja en mi interior y se queda inmóvil, acerca su cara a mi y diciéndome al oído, que le gusta como siente que mi culo lo está chupando, que le gustó cómo lo estoy apretando, a lo que después de esto, empieza a sacar de manera lenta su verga, hasta sacarla completamente, se agacha y abre con sus manos mis nalgas y me dice que mi culo está palpitando de deseo de seguir siendo penetrado por su verga, que ha quedado bastante abierto y se ve rico como está, se pone de pie y mete nuevamente su verga hasta el fondo, suelto un gemido y el empieza a sacar y meter su verga, aumentando su ritmo de poco a poco, deteniéndose de vez en cuando y volviendo a embestir, yo sigo gimiendo de placer, siento que mi culo está fascinado por la sensación de tener esa verga dentro de el, y el suelta entre bufidos frases como, “que rico estás, que rico culo tienes”, de pronto empieza a bufar de manera mas fuerte y rápida, de pronto saca su verga, y siento como echa toda su leche caliente en mi espalda y como escurre a mis nalgas, al terminar de soltar todo, y entre bufidos, mete la punta de su verga en mi culo, la saca, me da una nalgada, me agarra contra el, me vuelve a besar y me dice “que rico estuvo, ahora ve al vapor donde estabas”.

    Salgo del cubículo y me voy al vapor, entrando directo a la regadera más cercana, para quitarme los rastros del placer recibido en ese rato.

    Al entrar, siento las miradas de varios, me dirijo a la regadera y al estar en el chorro de agua, siento que alguien toma mi mano, volteo a ver quien era, al voltear, veo a un joven, de unos 25 años aproximadamente, de unos 1.70 m de altura, complexión delgada, tés morena oscura, bastante lampiño, llevaba puesta la sábana que dan ahí, se acerca a mi oído y su mano pasa a agarrar mi nalga y apretarla, diciéndome que le había gustado cuando mostraron mi culo, que si lo podía probar, le respondí que si, me jalo de la mano y me llevo a la mesa de cemento, se quitó la sábana, dejando ver una verga no muy grande, de unos 14 o 15 cm, delgada, me acomodo dandole la espalda y paso su verga por entre mis nalgas, de arriba a abajo, me recostó boca abajo, sobre la mesa y se posicionó detrás de mi abriendo con sus manos mis nalgas y echando un poco de saliva con sus dedos, levantándose y acomodando la punta de su verga en la entrada de mi culo, abriéndose paso sin mayor dificultad, lanzando una exclamación de satisfacción y diciendo, “que rico culo tienes”, empezando a sacarlo y meterlo, aumentando su ritmo, a la vista de los ahí presentes, estaba mostrándoles cómo se cogía mi culo, haciendome gemir de placer y el por igual lanzando gemidos y diciendo frases y obsecinades de mi culo que estaba cogiendo. En no mucho tiempo, deja de cogerme, saca su verga de mi culo, me levanta de la mesa y me hinca en el suelo, poniendo su verga frente a mi cara y masturbándose, diciéndome que cierre mis ojos, al cerrarlos, escucho como empieza a gemir más fuerte y siento un líquido caliente en mi cara, escuchando sus gemidos fuertes y resoplidos de su fuerte eyaculada.

    Al abrir mis ojos, veo como el que me estaba cogiendo se aleja de mi y también, alrededor mio, a unos 5 hombres, que estaban de espectadores y masturbándose, ya habiendo quedado satisfecho, me levanto y me dirijo a la regadera a quitarme toda esa leche caliente que me echaron de los dos que me encularon, agarro mi sabana y me voy al vestidor, tomo mi toalla, me seco, me cambio y me retiro de ese lugar, por el día de hoy había tenido bastante deliciosa acción. Esperando algún día de estos poderla repetir.

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  • Mi primera terapia sexual

    Mi primera terapia sexual

    Ésta es una historia real, aunque reconozco que por lo extraño de su contenido pareciera ser inventada, narra la ocasión en la que fui a consulta con un médico, uno que no había conocido antes, por las razones que a continuación les narraré…

    Tenía más de una semana sintiendo una sensación extraña en mi vagina, no era precísamente una molestia, ya que no experimentaba dolor, comezón, flujo, mal olor o problemas para orinar…

    Sólo sentía una intensa descarga de placer, una agradabilísima sensación de calor y humedad en el interior de mi vagina, seguida de rondas deliciosas de contracciones concéntricas…

    Lo extraño de ésa situación, era que eso me ocurría espontáneamente y sin previo aviso, sin que tuviera relación con alguna experiencia erótica o sexual…

    Por la pena que sentía al tener que dar explicaciones, decidí no acudir con mi médico de siempre, y busqué en la guía telefónica el número y dirección de un ginecólogo con el que agendé una cita.

    Sé que es un dicho muy viejo y conocido aquel que dice: …»A los sacerdotes y a los doctores, siempre hay que decirles toda la verdad»… Y era precísamente el confesar la verdad lo que me apenaba.

    Después de comentarle y describirle mis síntomas el doctor me hizo una serie de preguntas acerca de mi vida sexual…

    Me sentí algo ruborizada al inicio, debido a que el médico era un hombre muy apuesto y varonil, y también algo más joven que yo, justo era el tipo de hombre que sexualmente me fascina y me hace perder el control por completo…

    Yo le comenté con lujo de detalles que me fascina muchísimo el sexo, y que solía tener actividad sexual muy intensa, constante y variada, pero que mi marido tenía ya un par de semanas fuera de la ciudad debido a un viaje de trabajo…

    Le conté que para aliviar su ausencia me encargué de masturbarme con un vibrador como suelo hacerlo, hasta venirme y así poder dormir cada vez que él viaja…

    Le confesé que para variar un poco, un día antes de su partida, había encargado un dildo de látex muy realista, así como un gel rubefaciente para las noches solitarias que estaban por venir…

    Le comenté que mis síntomas habían iniciado varios días después de haber estrenado el dildo y usado también el lubricante.

    El doctor me dijo que tenía una idea de lo que pudiera estar ocasionando mis síntomas, pero que era necesario realizarme una revisión vaginal para corroborarlo…

    Antes de pasar a la sala de exploración para revisarme, el médico me vió muy fijamente a los ojos y me dijo que le respondiera con toda honestidad si es que en ése momento yo estaba sintiendo ésos síntomas…

    Agregó, a manera de explicación y supongo que también para contribuir a tranquilizarme, que ésa información le era crucial para saber en cual de las salas de revisión debía valorarme…

    Visiblemente ruborizada, yo lo miré a los ojos y le respondí afirmativamente asintiendo con la cabeza, me dijo que si los síntomas eran leves, entonces debería pasar a la sala contigua, en donde me debería desnudar de la cintura para abajo, descalzarme y luego recostarme sobre la mesa clínica para que luego el me pudiera revisar bien…

    También me dijo que si los síntomas que yo estaba experimentando era muy intensos, entonces debía pasar al cubículo situado al fondo de un pasillo, que no tendría necesidad de retirarme la ropa, incluida la interior, no tampoco el calzado…

    Y fue muy enfático al señalar que si así era, y pasaba al cubículo situado al fondo del pasillo, debía colocarme los accesorios metálicos que se encontraban prendiendo de las pierneras de la camilla clínica, y luego recostarme sobre ella para esperarlo

    Luego de haberme dado ésas muy inusuales indicaciones, el doctor salió del consultorio para que yo pudiera dirigirme a alguno de ambos cubículos, y siguiera sus instrucciones tal y como él como me las había dado…

    Supuse que la disyuntiva que me había planteado aquel distinguido médico, era para evitarme la pena de tener que expresar que en realidad yo estaba experimentando ésos síntomas muy intensamente…

    Así que me dirigí al cubículo situado al fondo del pasillo, experimentando con cada paso una excitación y también una ansiedad crecientes…

    Y ésa era la verdad, pues prácticamente tenía que esforzarme para no emitir un profundo y sonoro gemido de placer cada vez que mi cálida y lubricada vagina se estremecía con los deliciosos espasmos concéntricos, que me tenían cada vez más y más excitada…

    Me coloqué los accesorios metálicos sobre los tobillos, me recosté y me cubrí con una sábana azul que supuse que se encontraba ahí para ése propósito…

    En cuanto estuve instalada, el doctor tocó a la puerta y me preguntó si ya podía pasar, a lo que yo le respondí afirmativamente, entró y me dijo que subiera las piernas sobre las pierneras y lo escuché accionando los extremos de los seguros metálicos que pedían de mis tobillos al riel metálico de la mesa de exploración…

    Sentí un poco de tirantez y también una notoria reducción de la movilidad de mis piernas y cadera, me sentía algo incómoda, vulnerable pero más que éso, también muy excitada…

    Escuché cuando el doctor se puso unos guantes y cuando escuché su voz diciéndome lo que estaba por hacerme. No pude contener el profundo gemido de placer que escapó de mi garganta…

    El varonil Galeno introdujo sus dedos en el interior de mi vagina, y nuevamente me arrancó un profundo gemido de placer, luego dijo que efectivamente, tal y como él lo había supuesto, yo padecía de un verdadero síndrome de abstinencia sexual…

    Me dijo que mi adicción al sexo me había llevado a ése síndrome de abstinencia, y que una reacción alérgica al látex y al gel rubefaciente con el que traté de aliviar la abstinencia, en realidad habían logrado incrementar los síntomas…

    Luego me dijo que iba a darme una sesión de terapia para aliviar mi malestar, que consistía en un masaje vaginal interno con sus dedos, y que iba a sentir un poco frio había lubricado sus dedos con una crema e para no lastimarme…

    El doctor empezó a frotar muy delicada y lentamente las paredes internas de mi vagina con la crema untada en sus dedos enguantados, yo empecé a sentir una creciente excitacion, y gemía con cada estocada de los hábiles dedos de aquel jóven galeno…

    El doctor me dijo que mi vagina era muy estrecha, que sus esfínteres se contraían con una muy buena presión, y que tenía además un grado de lubricación óptima…

    Yo ya no escuché que más me dijo el galeno, sólo recuerdo que salió de mi un profundo suspiro, y luego sentí algo así como el impacto de un relámpago, que me hizo estremecerme por completo y luego me sentí como flotando en otra dimensión…

    Escuché la voz del apuesto médico diciéndome que ya habíamos logrado avanzar algo, pero que aún no habíamos terminado, y continuó estimulando con sus dedos insertados profundamente dentro de mí vagina trazando círculos. No pude contenerme más y me vine una vez más, muy intensa y ruidosamente.

    En cuanto mi cuerpo terminó de sacudirse por la gran intensidad del orgasmo, abrí los ojos, ví al doctor que me miraba fijamente y comenzó a decirme que no me preocupara que era muy natural que me había acabado de ocurrir, pues yo era una mujer muy fogosa y a la menor provocacion mi cuerpo respondió a la terapia…

    Luego agregó, mientras me masajeaba la vulva muy gentilmente, que mi pareja era un hombre muy afortunada al tenerme como compañera sexual…

    Y luego me preguntó si sentía que con sólo ésa sesión sería suficiente para aliviar mis síntomas, y me dijo que no era su intención incomodarme, pero que era crucial para él saber si es que yo, era también adicta al semen…

    Ésta vez afirmé casi con desesperación y también con una gran sonrisa de complicidad, al intuir las implicaciones que mi adicción al semen pudieran tener para que el doctor tuviera que complementar y reforzar mi terapia…

    El apuesto y varonil profesional de la salud sonrió muy feliz y satisfecho en cuanto le otorgué mi consentimiento informado para que tratase con una terapia algo más directa y agresiva a mi afección…

    Después de una muy intensa sesión de terapia, habiéndome prodigado copiosas irrigaciones de semen en todas y cada una de mis cavidades corporales para aliviar mi Síndrome de Abstinencia Sexual y Seminal, el doctor desactivó los sujetadores de mis tobillos y me dejó sola tendida sobre la mesa de exploración…

    Yo estaba temblando, de las muy intensas venidas que tuve, como pude me paré y me limpié, me acomodé la ropa y salí al consultorio, donde el apuesto médico me esperaba…

    Yo no lo miraba a la cara, tenía algo de verguenza aún, y no podía creer lo que había pasado en aquel cubículo durante mi intensa sesión de terapia, pero también me sentía tranquila y profundamente aliviada…

    Aunque cerré los ojos e hice un esfuerzo consciente para tratar de no pensar en ello, yo simplemente no podía dejar de pensar en el gran y potente instrumental con el que aquel médico contaba, así como la gran maestría con la que me había aplicado el tratamiento de irrigación seminal…

    Le pregunté al galeno por el monto de sus honorarios, y él me respondió que siempre era todo un placer ayudar a las pacientes como yo, y que conmigo lo haría gratuitamente, desde ahora y cada vez que yo lo necesitara…

    Me extendió su tarjeta y me dijo que con mucho gusto me atendería también en una consulta a domicilio, para tener aún mejores resultados con la terapia, tomé su tarjeta y le di las gracias…

    Luego de despedirnos, salí del consultorio y fui a mi casa, aún temblaba por la excitación y también sentía el semen escurriendo por mi entrepierna y empapando mi vulva…

    Sonreí agradecida por haber encontrado la más deliciosa terapia para el Síndrome de Abstinencia Sexual y Seminal que del que padezco periódicamente cuando mi pareja sale de viaje.

    Cuando se trata de viajes largos, suelo requerir terapia intensiva, y el apuesto y varonil galeno me prodiga sus excesos cuidados mediante muy prolongadas sesiones de terapia y consultas domiciliarias.

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    «Sensualidad a Cada Paso»

  • Fantasía lujuriosa de una profesora

    Fantasía lujuriosa de una profesora

    Acabo de volver del trabajo. Desde hace más de dos años soy profe de literatura en colegios secundarios para adultos. Una paja. Sus chistes tontos, sus miradas lascivas… todo el tiempo siento que me desnudan con la mirada. Que en sus pensamientos me tocan, me muerden, me hacen cosas que me encantan. Cosas que seguramente jamás se cumplan en la realidad. Pero, por suerte, nadie puede vigilarme en mi imaginación.

    Ahí me veo a mí, rodeada de chicos y chicas de 18, 19, hasta 23 años. Estamos todos desnudos, pero ellos solamente tienen ojos para mí. Soy su reina, su diosa, su más grande deseo. Y yo me aprovecho. Los seduzco con tan solo existir. Mis manos recorren mi cuerpo como serpientes hambrientas y peligrosas. Me acerco al que parece ser más tímido. Tomo su mano y llevo a mis pechos. Los aprieta, primero, con temor. Cuando entra en confianza y los aprieta con más fuerza, lo obligo a chuparlos. No sabe cómo hacerlo, lo que me da mucha ternura. Siento como muchas manos empiezan a apoderarse de mi cuerpo. Tocan, aprietan, rasguñan. Una rubia de 18 años, de ojos claros y cuerpo de modelo, se me acerca mirándome con intensidad. La tomo por la nunca y la arrastro hasta mi boca. Nos besamos mientras deslizo mi mano libre hacia su juvenil y húmeda conchita. Mi otra mano hace un rato está ocupada masturbando una pija de tamaño considerable. Estoy demasiado caliente.

    Siento como varias manos se apoderan de mi conchita. No puedo más. Necesito comerme una buena pija. O varias. Por eso organizo a los chicos para que se pongan a mi alrededor mientras me arrodillo. Desde esa posición, todas se ven enormes y deliciosas. Voy probando de a una, quedándome más tiempo con las que más me llenan la boca. Al costado, las chicas se besan y se tocan entre ellas. Parece una escena desprendida desde el mismísimo infierno. Me recuesto sobre el piso y abro las piernas. La humedad de mi concha la hace ver como a un manjar irresistible. Señalo a uno de mis alumnos. Él sabe lo que quiero. Se arrodilla y me penetra de un solo saque. Me duele, pero me encanta. Se empieza a mover adentro mío cada vez con más violencia. Siento como su pija estalla adentro de mí. Mientras una nueva pija entra en mi concha insaciable, una de las chicas se sienta sobre mi cara y comienzo a succionarle la concha. Siento que acaba varias veces sobre mí, lo que me vuelve loca. Después de que el cuarto alumno me llena la concha de leche, decido que quiero ser su perrita. Me pongo en cuatro, a la espera de una buena pija. Pero no llega solo una, sino dos.

    La primera pija me llena la conchita totalmente empapada, pero la segunda me hace delirar de placer. Entra por mi culito con una violencia tremenda, lo que me hace estallar en una catarata de orgasmos continuos. Mi cara queda contra el piso, mis tetas sienten el frio de la superficie. Alguien me toma por el pelo obligándome a chuparle la pija. Alguien más lo imita. Tengo dos pijas en la boca, una en mi concha y otra en mi culo. Siento que estoy en un hermoso libro entre el cielo y el infierno. A mi alrededor todo es un delirio. Varias chicas son penetradas por todos sus orificios, es como si cada vez más personas estuviesen en la habitación. Los gemidos e insultos inundan todo el lugar. Es imposible saber dónde empieza un cuerpo y a donde termina. Acabo infinidad de veces, mientras las pijas entran en un hueco y pasan a otros sin ningún orden. Estoy agotada, pero mis ansias de placer pueden más que la cordura. Cuando recupero un poco la razón, estoy de rodillas, con cinco de mis alumnos preparándose para descargar una gran dosis de semen en mi cara. Abro bien grande la boca, mientras una de las chicas, desde atrás, me besa el cuello y me masturba la concha con violencia. Acaba el primero, el segundo, y así todos, depositando su leche en mi cara, en mi boca, en mis ojos, en mis tetas, ahogándome del jugo más delicioso de la vida.

    Despierto recostada en el sillón, totalmente mojada y con mis tetas al aire. Mis pezones tan duros que me duelen. La fantasía fue hermosa, pero necesito más. Empiezo a tocarme la concha cada vez con mas fuerza. Pienso en mis alumnos, sí, pero también pienso en vos, que estás leyendo esto. Pienso en que me lees mientras te pajeas. Quiero que imagines que tu mano es boca, mi concha o mi culo. Quiero que sientas que me estas cogiendo, que te la estoy chupando como nadie. Yo imagino que tu pija es mi mano, por eso me masturbo cada vez con mas fuerza. Aguanta, aguanta un poquito más. Seguí cogiéndome así, sí, dale, no pares. ¿No das más? Yo tampoco. Dale, apurate, dame con más fuerza. Dale, así. Descarga. Larga todo eso a donde quieras. Lléname la concha de leche, estalla adentro de mi culo, ahógame. Acaba y oblígame a acabar vos… fue tremendo. No siento las piernas. Siento un infierno de calor y de temblores en mi concha. Siento la leche de mis alumnos mezclarse con la tuya y desespero. Desespero porque nuestro encuentro algún día se haga realidad.

  • Amalia

    Amalia

    1.

    Amalia es la hermana menor de mi madre, vive en España y tiene 3 hijos mayores que yo. Durante mi infancia y adolescencia fuimos muy unidos, pero cuando se casó se fue a vivir a España y desde entonces solo la veíamos en las fechas especiales. Aunque siempre estuvo en comunicación, la distancia y el tiempo la volvieron más una amiga lejana que un familiar.

    Siempre fue una mujer sumamente atractiva. Desde que estaba en la escuela de artes había tenido infinidad de pretendientes, y muchos de ellos con dinero y malas mañas. Aún hoy, con 50 años recién cumplidos, no dejaba de atraer miradas a donde quiera que fuera, no tanto por su cara o sus ojos de color, sino porque tenía unas tetas enormes. Si bien no eran monstruosas ni nada muy exagerado, sí que eran grandes. Y al igual que una buena parte de las mujeres que tienen el busto muy grande, sus caderas y sus nalgas eran pequeñas, pero no importaba. Alta, piel clara y de cabello castaño; no tenía una sola cirugía en el cuerpo ni en la cara.

    Al momento que sucede esta historia yo tenía 31 y me acababa de divorciar. Había regresado a la capital para empezar desde cero y justo cuando apenas iba a cumplir una semana en casa, mi abuela se lastima la cadera. Fue una situación algo complicada al principio pues ni mi madre ni yo podíamos hacernos cargo de ella por el trabajo. Ella aún no se jubilaba y yo apenas acababa de entrar a trabajar a un despacho de abogados.

    Una mañana cuando me disponía a salir a trabajar, abrí la puerta y ahí estaba ella. Amalia me abrazó apenas al verme y muy eufórica me besó ambas mejillas. Llevaba un vestido azul muy ceñido y el cabello oscuro en una cola. Su perfume dulce y sus pechos presionándose sobre mí me provocaron una erección que me costó trabajo disimular; aquella mujer no dejaba de ser atractiva y no había perdido la figura que recordaba. Fue una gran sorpresa para todos, especialmente mi abuela, pues sabía que ella no dejaba su casa ni su marido por nada. Aunque aquello fue un encuentro muy breve estuvo lleno de muchas emociones por parte de los dos. Era la primera vez que nos veíamos en persona en muchos años y sin duda notábamos el paso del tiempo, aunque en su caso parecía que pasaba en balde. Sin dar muchos detalles nos explicó que quería estar cerca de la familia en estos momentos y sobre todo ayudar a su madre, pero no mencionó a su esposo ni a sus hijos, cosa que se nos hizo raro. “Ella tendrá sus razones” me dijo mi madre antes de irme al trabajo.

    Todo el día estuve pensando en ella, en su perfume y por su puesto en sus pechos. Recuerdo que más o menos cuando tenía 15 años me enseñó a jugar ajedrez en un curso que dio en una casa que rentaban antes de irse a España; una residencia de ladrillo muy grande y oscura. No sé por qué recuerdo tanto esa oscuridad. Era como si intencionalmente hicieran que la casa estuviera en penumbra aún con las ventanas abiertas y el sol entrado a plomo. Fue en aquella primera clase que todo cambió para siempre.

    Acababa de entrar el verano por lo que el aire acondicionado era indispensable. Recuerdo que me recibió su esposo y me llevó hasta una habitación que habían acondicionado como un salón, con varias mesas pequeñas, cada una con un tablero de ajedrez; había como 6 o 7 niños concentrados en sus piezas. Yo estaría frente a Amalia en la mesa más grande. Tan pronto me senté se me fueron los ojos directo a su escote; llevaba una blusa verde muy brillosa y delgada que dejaba entrever la forma de sus pezones.

    Con un movimiento que hizo, el primer botón se salió del ojal y sus pechos casi salen disparados de la blusa. Su piel era muy blanca y tenía pecas en todo el pecho; eso hizo que se me pusiera muy dura y además que no pudiera concentrarme durante todo el juego. No sé si ella estaba consciente de lo que estaba pasando, o siquiera se haya dado cuenta, pero en varias ocasiones se inclinó demasiado hacia adelante dándome un espectáculo de primera con sus tetas que, a decir verdad, estaban a punto de salirse de la blusa. La clase terminó sin nada más relevante, pero desde ese día obtuve material para muchas, muchas noches y se convirtió en mi fantasía predilecta. Imaginaba que durante esa sesión nos íbamos a otro cuarto o al baño a coger siempre pendientes de la puerta, o que tan pronto y nos dejaban solos ella estaba sobre mí, con sus tetas en mi cara dándome de sentones hasta correrse. Mi imaginación volaba.

    Me parecía una idea muy excitante que estuviera en casa. ¿Tendría alguna oportunidad para que pasara algo? Me preguntaba constantemente. Mi madre en una ocasión me contó que varias veces la encontró a ella y a su entonces novio cogiendo en el sillón de la sala o en su cuarto. Imaginar que podría toparme con una sorpresa de ese tipo en estos días me producía erecciones instantáneas.

    2.

    Pasaron los días y las semanas, y nuestra convivencia era de lo más normal. Entre las prisas de mi trabajo y su labor como enfermera de tiempo completo de mi abuela, nos manteníamos algo apartados. Por las mañanas, antes de irme, platicábamos un poco en la cocina; ella preparaba el desayuno para todos y por las tardes la comida. Cenábamos todos juntos y por la noche a veces veíamos algo en la tele de la sala. Pese a que me excitaba muchisimo la idea de llevármela a la cama, no podía pensar en alguna situación que concluyera de esa manera. Algunas ocasiones, mientras preparaba el desayuno en piyama, nada sugestivas, por cierto, me sorprendió mirando su trasero o su escote, a lo que solo sonreía sin inmutarse. Y siempre me quedaba petrificado por la vergüenza y solo salía de ahí. Quería acercarme a ella, pero cuando lo intentaba terminaba apenado y balbuceando como niño. Y se que ella lo notaba.

    Ya por las noches me ponía a “planear” como seducirla o al menos atreverme a hacer algo, pero nunca pude concretar nada. Era mi tía y de cierta forma había una barrera que me impedía seguir; sabía que estaba mal, y por lo mismo me reusaba a detenerme.

    Por fin la suerte me sonría, pues un sábado mi madre se llevaría a mi abuela al hospital para hacerle unos exámenes de rutina y no regresaría hasta el domingo por la tarde. Era mi oportunidad perfecta para lograr un avance. Amalia también estaba algo deseosa de tomar estas minivacaciones pues cuidar a mi abuela de tiempo completo era algo agotador. Temprano me comentó que quería que la llevara al centro a comprar algunas cosas y por la noche quería ir al cine. Pero una “desafortunada” tormenta hizo que nos quedáramos en casa desde temprano.

    – ¿Qué tal si jugamos, ajedrez? Han pasado años desde la última vez. – Dije mientras preparaba la mesa del comedor.

    – ¿Y me vas a ganar?

    – Lo intentaré, tía.

    – Si me ganas te daré un premio. – Dijo con voz algo melosa. El corazón casi me estalla y mi pene reaccionó de inmediato a sus palabras. Por lo que acto seguido puse el tablero en la mesa y traje algunas botanas y vino. Ella amaba el vino.

    Durante la partida solo conversamos de lo que había sido de mi desde el momento en que se fue: como salí de la carrera, mi independencia y finalmente mi matrimonio fallido con Rebecca. Ella se mostraba muy atenta a lo que platicaba y me interrumpía de tanto en tanto para preguntar detalles que se le iban. Movía sus piezas y me preguntaba de ella y detalles de la boda, a la que le hubiera encantado acudir.

    – ¿Y novias, Arturo?

    – Acabo de salir de aquello… no quiero volver a meterme en otro problema. – Contesté tratando de entender que estaba pasando en el tablero. Ella rio con mi respuesta.

    – ¿Y nunca te has fijado en una mujer mayor?

    – No que va, si con trabajos me hizo caso una de mi edad… – Ella rio fuertemente y separó un poco sus piernas dejándome ver una parte de sus muslos.

    – Tendrías mucho éxito, la verdad. A estas alturas buscamos estabilidad más que emoción… sin mencionar una que otra buena revolcada. – Dijo guiñándome un ojo. Aquello de plano hizo que se me parara de golpe y perdí toda la concentración que tenía en el tablero. – ¿O me vas a decir que se divorciaron porque no le cumplías? – La pregunta me hizo sonrojar y no supe que responder.

    – Si cumplía, pero al final nada era como queríamos. – Balbuceé.

    – Búscate una como yo, entonces. ¡Y si es casada, mejor aún! Somos más interesantes.

    – Nunca he hecho algo así, pero no dudo que si sería… emocionante. – Respondí con la mirada en su escote. Trataba de no parecer un pelmazo siguiendo el ritmo de la conversación, pero ella llevaba la delantera.

    – ¿Ya ves que si quieres? – Dijo riéndose.

    Noté que se estaba ruborizando y de alguna manera la sentí más desinhibida. No sé si era el alcohol o el giro que estaba tomando la plática. Nunca tocamos el tema de las novias cuando era joven y no recuerdo que fuera tan atrevida con algunas cosas. No tenía pelos en la lengua y siempre fue muy directa, pero hacer insinuaciones de ese tipo y hablar con soltura de su vida sexual era ya otra cosa distinta. ¿Tenía alguna posibilidad de cogérmela esa noche… o algún otro momento? Debía saberlo, era ahora o nunca.

    – Yo seré tu novia entonces, de mentiritas, pero tienes que obedecerme en todo ¿eh? – Dijo burlona. Yo fingí reírme ante aquella insinuación, pero en realidad hizo que se me pusiera como piedra. – Es más, si me ganas te voy a dar una sorpresa – me dijo al tiempo que se servía otra copa.

    – ¿Qué clase de premio? -balbucee incrédulo ya con una dolorosa erección. Ella solo empinó su copa con la mirada fija en mi entrepierna. No podía pensar correctamente y estaba muy ansioso. ¿Qué querrá decir con eso? Sus ojos pasaban de mi mano a mi entrepierna y sonreía de manera muy sugestiva, mientras yo temblaba de ganas sin saber qué hacer. Después de un rato de mover piezas casi al azar, finalmente llegó la jugada que esperaba – Jaque. – Dije al poner la reina a 2 casillas del alfil.

    Amalia rio y se llevó una mano a la frente, como no pudiendo creer que le ganara semejante apuesta. Le di un sorbo a la copa ya casi vacía mientras ella retiraba el tablero de la mesa con las piezas aun sobre él. Y justo cuando me iba a acomodar en el sillón, se sentó sobre la mesa frente a mí, abriendo las piernas. Estaba atónito, de piedra. Amalia sonrió una vez y poniendo sus manos en mis hombros me dio un sonoro beso en la mejilla.

    – ¿Con eso basta?

    – No creo. – Me dio un beso en la otra mejilla, pero esta vez más largo y silencioso.

    – ¿Ya?

    -No, aún no. – Se inclinó hacia mí y me besó nuevamente en la mejilla, pero muy cerca de los labios. «Ya está, es todo o nada», pensé. Entonces, en un arranque de valentía y ya con el ligero mareo del alcohol como respaldo, la tomé del rostro y la besé. Jamás en mi vida hubiera imaginado que tendría una cita con ella o, más bien, que un encuentro casual se convertiría en algo sexual. Aquel beso se sentía como un triunfo y hasta ese momento era lo más excitante que me había pasado. Ella me correspondió de inmediato y su lengua pronto alcanzo la mía. Comenzó a respirar más rápido y casi de un salto se sentó sobre mí. Su agilidad me tomó por sorpresa al igual que su iniciativa y sin separar sus labios de los míos se desabotonó la blusa. El corazón, al igual que mi pene, casi se me salen del cuerpo cuando sus pechos, a punto de reventar el sujetador, saltaron hacía mí. No quería perderme nada, ni un solo centímetro de ella. Mis manos aprisionaron sus pechos y cuando pase un dedo por sus pezones, que ya estaban duros como piedra, dejó escapar un profundo suspiro. Con la boca alternaba entre sus su cuello y sus tetas, haciendo que se retorciera un poco y moviendo las caderas instintivamente sobre mi pene, que pugnaba por salir del pantalón. Le quité el sujetador como pude y sus blancos pechos cayeron finalmente sobre mi cara; eran sumamente suaves y aún más grandes de lo que parecían y cuando mi lengua tocó su pezón gimió fuertemente. Pasaba de uno a otro con la lengua mientras presionaba mi pene en su entrepierna. Ella hacía lo propio hasta que tomamos un ritmo fuerte y muy placentero.

    -Me voy a venir…- dijo casi como un susurro y aceleró los movimientos con su pelvis. Yo estaba lejos del orgasmo por lo que me concentré en succionar más fuerte sus pezones y darles pequeños mordiscos con los dientes. – ¡Arturo, me voy a venir! – exclamó y sin dejar de moverse sobre mi tuvo un estruendoso orgasmo, acompañado de fuertes espasmos. Me excitaba tanto escuchar como su voz se descomponía en agudos gemidos que me detuve sosteniéndola por la espalda. Se dejó caer sobre mi abrazando gentilmente mi cabeza con ambas manos. Tenía el rostro en su cuello y sentía como poco a poco empezaban a correr algunas gotas de sudor que iban a parar a mi boca. Debió sentir mi pene palpitar bajo su entrepierna porque aún sin recuperar el aliento, se puso de pie y me tomó de las manos. -Vamos arriba. Hay que terminar la noche como se debe. – Y acto seguido nos dirigimos a su habitación.

    La casa era cálida y muy oscura. Casi no había luces encendidas y las pocas que había apenas iluminaban el pasillo por donde íbamos. Su cuarto estaba arriba, asi que al subir pude ver de cerca su firme trasero; cuánto tiempo fantaseé con su cuerpo y hoy finalmente lo tendría a mi disposición. Recuerdo una ocasión, de las ultimas veces que la vi en la oficina de mi tía, que llevaba una falda azul marino muy entallada. Tanto, que se podía ver el elástico de la ropa interior a la mitad de sus nalgas. Ese día no pude quitarle la vista de encima y solo pensaba en cómo sería el escabullirnos a algún cubículo u oficina vacía y coger sobre un escritorio, aun con la ropa puesta y tratando de no hacer ruido.

    Cerró la puerta tras de si y apagó las luces, dejando prendida solo la del baño. Me rodeó el cuello con los brazos y me besó despacio; no se estaba restringiendo nada y actuaba como si todo aquello ya estuviese planeado desde mucho antes de nuestro encuentro. Mis manos bajaron hasta sus nalgas y me entretuve en ellas un rato, masajeándolas despacio; me dio un escalofrío al sentir por primera vez su firmeza y suavidad. Con cada caricia suspiraba más profundo y el movimiento de sus labios se hacía más rápido.

    Giré con ella hasta que quedó de espaldas a la cama y se dejó caer. Poco a poco fui subiendo las manos por sus piernas hasta llegar a su falda y la fui levantando conforme avanzaba, quedando casi enrollada en su cintura. Aquella maravillosa visión era mi máxima fantasía erótica: encaje y medias. Sus pantys dejaban ver un coño perfectamente depilado y sin una sola imperfección. Se lo quité despacio y suspiró conforme la prenda iba bajando por sus piernas. Sus labios eran pequeños y de un color rosa y podía ver la humedad bajando ya por su vagina. En segundos me desvestí completamente y acerqué mi cara a su entrepierna.

    -No me gusta- me detuvo poniendo su mano sobre su vagina y cerrando un poco las piernas. -Hazme el amor, mejor- Y cuando besé sus muslos abrió nuevamente las piernas cerrando los ojos. Acerqué el glande a su vagina y empecé a presionar despacio. -Así, justo así…- Frotaba mi pene a lo largo de su vagina y me detenía presionando un poco sobre su entrada, que estaba húmeda pero no estaba lubricada. Ella extendió la mano hacia su buró y me dio un pequeño gotero de color negro. -Solo un poco, para que nos dure la noche- y sonrió. Vertí el líquido viscoso sobre su vagina y tan pronto éste tocó su piel gimió despacio. Masajeé con dos dedos toda su raja y cuando me detenía sobre su botón gemía más fuerte. Acerqué nuevamente el glande y recorrí su vagina con él. Sentía sus espasmos y una calidez como ninguna otra. Me detuve un momento a ver su rostro, desecho en una mueca de placer, pasando la lengua por sus labios y sujetando sus pezones.

    Entonces empujé el glande hasta que estuvo dentro, lo que hizo que me volteara a ver con la boca abierta – ¡Niño, estas enorme! – Sujeté con fuerza sus caderas y metí todo mi pene de golpe. Amalia gritó de placer y al darse cuenta se tapó la boca sin dejar de mirarme. Pensé que la había lastimado, pero cuando comenzó a mover sus caderas me di cuenta que no. Asi empecé un mete-saca muy despacio, pero con fuerza, trayéndola hacia mí de la cintura cada vez que entraba. Ella gemía cada vez con más fuerza sincronizando mis movimientos con su voz. Sus pechos, que apenas caían ligeramente a los costados, se estremecían con cada embestida. Me aprisionó con sus piernas y me tomó de las manos para apoyarse. No tardamos en tomar un delicioso ritmo que se acentuaba con sus gemidos, que estas alturas eran más berridos que otra cosa.

    – ¡Cógeme!¡Cógeme fuerte, mi amor! – Decía con cada embestida apretando los ojos. No podía dejar de ver sus grandes pechos llenos de pecas, moverse de arriba a abajo. Tantas veces que los imaginé de mil formas en mi juventud y hoy estaban ahí desnudos y vibrando con cada embestida. Los sujetaba suavemente y luego jalaba sus pezones con mis dedos, lo que ocasionaba gemidos más profundos. Vaya que eran sensibles. Me incliné a besarlos y tan pronto tuve uno en la boca, sentí como su vagina empezaba a contraerse con más fuerza. – ¡Arturo me voy a venir ya! – Estaba cerca del orgasmo y yo estaba empezando a perder la pelea. Aceleré mis movimientos tomándola de la cadera y haciendo un esfuerzo por no correrme dentro. ¿Podía hacerlo? O más bien ¿Debía hacerlo? Al ser una mujer madura di por sentado que sus días de fertilidad habían terminado y no “corríamos peligro”. Digo, no me pidió protección desde el principio. Entonces sus gemidos se hicieron más largos y cuando ya no podía más ella explotó en un fuerte orgasmo que me hizo terminar de inmediato. Sendos chorros de semen la inundaron irremediablemente, haciendo que me volteara a ver nuevamente.

    – ¡No has tenido ni chanza de salir! – Dijo riendo y tratando de recuperar el aliento. Me tumbé junto a ella aun excitado y con el pene todavía erecto y palpitante. Ella lo vio con una sonrisa y lo tomó con una mano. -En mis tiempos de universidad nunca me topé con una de estas- dijo apretujándola despacio y recorriéndola con la mano.

    – ¿Nunca? – pregunté incrédulo.

    – ¡Que va! Tuve puros… que solo llegaban justo a la mitad. – Dijo midiéndolo con su mano extendida.

    – ¿Tía, te gustaba mucho coger?

    – ¡No tenía otra cosa que hacer! – Exclamó entre risas. -En teatro tuve un maestro que se parecía mucho a ti. Nos la pasábamos cogiendo como conejos, en todas partes. En mi audición, cuando recién entré, me pidió que me quitara toda la ropa y me dejó solo en pantys. Yo ya había tenido experiencias con 2 novios, pero él era cosa seria. Me pidió que le recitara unos versos mientras caminaba por su oficina y cuando menos lo pensé, ya lo tenía atrás de mi dándome como si se le fuera a ir la vida en ello.

    – ¿Te gusta de perrito?

    -Si, pero ya no puedo, me duelen mucho las rodillas. Prefiero asi, sobre mí… En una ocasión, mi maestro fue a verme a mi casa; nadie sabía que estábamos saliendo. Digo, él tenía 38 y yo apenas 19 ¿te imaginas el escándalo? Salí sin que nadie se diera cuenta e hicimos el amor en el carro de tu abuelo. Fue apenas un “rapidín” pero me dejó embarazada.

    – ¿De… Sarah? – Pregunte sorprendido.

    -No. Lo perdí. Pero cuando mi papá se enteró casi lo mata. -Yo la miraba incrédulo por la tranquilidad con que contaba las cosas y sobre todo la confianza que sentía para decirlo. – ¿Sabes de que otra manera me gusta? – Tomó nuevamente el gotero y vertió un poco sobre mi pene. Lo masajeó de arriba a abajo hasta que estuviera totalmente cubierto y sin decir nada se sentó sobre el engulléndolo por completo. -Me gusta mucho de caballito- Cerró los ojos y comenzó a mover sus caderas apoyando ambas manos en mi pecho. Con cada sentón gemía con más fuerza y se inclinaba hacia atrás, dejándome ver sus perfectos pechos en toda su forma y esplendor. Estos botaban y se balanceaban a los lados de manera circular. -Agárrame los pezones- me decía, y yo sin chistar le obedecía. Los jalaba y los apretaba provocándole esas hermosas muecas que solo pueden formar este placer en particular.

    Cuando sentí que sus movimientos se hicieron más veloces la levanté un poco de las piernas y comencé a penetrarla más fuerte y más rápido. – ¡Así! ¡No te detengas! – decía bufando. Sentí su interior contraerse con más fuerza que la vez pasada y sin decirme nada tuvo un orgasmo casi silencioso, pero más violento, acompañado de apenas un gemido. Me detuve de golpe y abracé su cuerpo que no paraba de temblar. -Dios mío pero que ricura tienes entre las piernas, muchacho…- me dijo casi al oído. Dejo caer todo su peso sobre mí y la besé. Fue un beso con lengua muy largo y lleno de lascivia. Con ambas manos acariciaba sus nalgas y de cuando en cuando pasaba un dedo sobre su ano. – ¿Te quieres correr adentro o en mi boca? – pregunto dándome pequeños mordiscos en los labios. -Aunque la siento todavia muy dura para acabar…- Se rio y sin contestarle me incorporé hasta quedar recargado sobre la cabecera. Ella entendió el gesto y se subió nuevamente sobre mí, engullendo mi pene otra vez. Me abrazó la cabeza quedando mi cara entre sus pechos y la penetré así. Gemía despacio casi en mi oído y cuando estaba totalmente dentro de ella me apretabas más la cara contra sus senos. Así estuvimos unos minutos hasta que finalmente me corrí, llenándola nuevamente de semen que segundos más tarde comenzó a brotar de su vagina.

    Jugaba con sus dedos en mi cabello en lo que se recuperaba, y cuando mi pene se salio naturalmente de ella se levantó para limpiarse.

    – ¡Me has rellenado como pavo! – Me grito desde el baño. Escuché el chirrido de la llave y el agua correr un momento. Entonces regresó desnuda y sonriente con una toalla mojada y papel de baño. Nos limpiamos en silencio y una vez que habíamos retirado el resto del lubricante y fluidos de ambos me dispuse a vestirme.

    – ¿Qué haces? – preguntó con ambas cejas levantadas.

    -Pues… me visto.

    -Ah no, señor, usted se me queda aquí. – Dijo en tono burlesco quitándome el calzón de la mano. – ¿O no quieres pasar la noche conmigo?

    – Tía, ¿qué pasa si llega mi mamá y nos encuentra así?

    – Dime Amalia. Y claro que no va a regresar. Siempre se queda en el hospital con tu abuela.

    – Esta bien, no tengo problema.

    – Entonces a la cama. Voy por lo que quedó de vino y en un momento regreso.

    Amalia salió de la habitación desnuda y contoneándose. Se le veía más fresca y alegre que cuando llegó y su voz se había hecho un poco más cantarina. Me tapé nuevamente con la colcha, repasando mentalmente todo lo que había sucedido. Era simplemente el sueño de mi juventud hecho realidad al fin; mejor de lo que pensé que sería. Recordé las veces que veía su escote cuando me enseñaba a jugar ajedrez y sobre todo como se movían sus pechos cuando caminaba. De alguna manera era la fantasía de todo estudiante, o al menos, todo estudiante que haya tenido una maestra buenona.

    Amalia apareció de nuevo en la habitación, con una bata negra que apenas le cubría los muslos y una cajetilla de cigarros a la mitad. Los puso en la mesa de noche y se metió de inmediato a la cama. Nos besamos una vez más y nos quedamos dormidos abrazados; apenas era medianoche.

  • Estrenando mi camioneta de aniversario de bodas

    Estrenando mi camioneta de aniversario de bodas

    Hola baby, espero que estes bien y te sigas masturbando con mis relatos, de antemano te agradezco el apoyo que le das a mis relatos. Y asimismo te invito a que me sigas en Facebook, me encuentras como Ishtar Flores para que te deleites con mis fotos, mismo nombre que uso en esta nuestra querida pagina de CuentoRelatos. Vengo a compartirte otra experiencia sexual a través de un relato, tratando de ser lo más posible leal a lo que viví. Sin más preámbulo comenzamos, le mando un beso a tu miembro.

    Si eres mi fan sabrás que mi marido me regalo una camioneta por nuestro aniversario 25, por cierto, en este aniversario me cogió mi suegro (ya compartí el relato por si gustas leerlo) es una preciosa camioneta color negra con ampliación trasera, es una camioneta todo terreno, así como su dueña. Evidentemente tiene poco tiempo de que la uso, me daba cuenta que tardaba para arrancar, se lo comente a mi esposo Joel y prometió llevarla al mecánico, sin embargo, no lo hizo. Aquel jueves, aproximadamente a las 16 pm, justo antes de llegar al centro de Coyoacán, la camioneta no me permitió continuar, le hable a mi marido, pero por su trabajo no podía irme a traer por lo que me dijo que llamaría al señor Lino su mecánico de confianza, asimismo me dijo que le marcara cuando Lino llegara. El taller del mecánico se encuentra en Taxqueña, por lo que no tardo en llegar. -buenas tardes Verónica, Joel me pidió que viniera por la camioneta- le dije si, gracias y llame a mi señor. -Mi amor ya llego Lino- Joel me dio la siguiente indicación: Deja que Lino se lleve la camioneta al taller y tú te vas en taxi a la casa, escuchaste. Me lo dijo en un tono de mando.

    Replique, si amor, e intuí que no quería que llegara al taller con Lino, y estuviera sola con él y sus ayudantes, ya que tenía jóvenes machos, que me miraba con deseo, cuando acudía al taller acompañada de mi esposo, por lo que mi marido, temía que pudieran incomodarme o hacerme algo. -le dije si amor, yo te marco cuando llegue a casa-me dijo voy a colgar porque mi jefe viene para mi oficina, ok, besos, le dije. Lino me dijo que se ofrecía a llevarme, y le dije que esperaría un taxi, me quede parada en aquel lugar, en la ciudad de México, con un calor infernal, y viendo que los taxis de aplicación no me respondían, desesperada por el calor, decidí aceptarle la ayuda del mecánico. En avenida, Taxqueña tengo una amiga, a la que iría a visitar, por lo que el viaje no duraría mucho, le dije que aceptaba su ayuda, y su cara se ilumino y me dijo, permíteme ayudarte y subí a la grúa, la cual por obvias razones estaba sucia y en condiciones poco favorables, al subir lo primero que note era un periódico, de esos que circulan en la ciudad, mostrando mujeres en baños menores. Lino se subió y arranco la grúa, mientras manejaba note, como su mirada libidinosa se perdía en mis piernas y muslos, ya que mi mini vestido, se subía, yo discretamente trataba de bajármelo, pero no servía de mucho.

    Le marque a mi amiga y no estaba, Lino escucho y vi una sonrisa en su rostro, le dije déjame en la entrada del metro, pero él me dijo permíteme llegar a mi taller enfrente hay una base de taxi confiables, para que sea mas seguro y yo me quede tranquilo, con un poco de molestia termine aceptando. Cuando llegamos al taller, para mi sorpresa estaba cerrado y Lino se bajó abrir la cortina, me dijo, que no estaban los chalanes, habían ido arreglar un tráiler y no había nadie, entramos al taller, el cual era grande, olía mal y estaba muy sucio, un clásico taller de mecánico. Me ayudo a bajar, y le dije gracias, bueno tengo que irme, pero el me dijo espera deja mostraste lo que tiene la camioneta para que se lo digas a Joel, le comente -no hay problema, haz lo que tengas que hacer- me insistió es para que el cliente no piense que le voy a robar- visiblemente molesta acepte. Antes de abrir el cofre de la camioneta, cerro la cortina y quedamos en obscuridad, solamente un foco alumbraba, y una parte de luz solar que entraba por el patio trasero del taller, me sentí insegura. Lino abrió el cofre y me explico ciertas cosas que francamente no entendí, al no entenderle miré su taller, el cual tenía un sinfín de calendarios de mujeres en bikini y poster de modelos prácticamente desnudas, pero mi sorpresa mayúscula fue cuando di un vistazo a su oficina pude notar que tenía un elegante vestido de mujer en la silla de su oficina. Lino pareció darse cuente y sonrió. Me dijo vamos a revisar la parte trasera de la camioneta, yo intentaba caminar sexi con mis tacones en medio de un muladar. Mientras, me percate por el espejo que él iba viéndome morbosamente mis piernas y nalgas.

    Yo iba vestida fiel a mi costumbre, como la meretriz que soy, con un mini vestido muy ajustado a mi cuerpo, que resaltaba mis atributos físicos y era un deleite para los caballeros, el minivestido era color gris, me llegaba hasta la mitad de mis muslos, y al sentarme se levantaba dejando ver ms muslos y algo más, era liso, con mangas que cubrían mis hombros, espalda y brazos, aunque tenia un poco de transparencia que le daba un toque sexi, lo acompañaban unas medias color carne, y unas zapatillas de color gris sin apertura, lo adorne con las joyas que me dio mi suegro por ser su puta, un reloj que me dio uno de mis amantes en un encuentro casual, y mis dos anillos de meretriz, recuperados después de volver a coger con mi suegro, labios rojos y cabello suelto, sumado a que llevaba mi clásico plug anal dorado, con tapa negra en forma de corazón, lucia fenomenal, pero esa vestimenta no era digna de un taller mecánico.

    El señor Lino, rondaba en los 45 años, y ciertamente parecido a mi esposo, es chaparro, gordo, aunque un poco mas tosco que mi señor, moreno, con bigote como mi esposo, cabello negro, y poco agraciado, a los que me siguen en Facebook, concluirán que don Lino, es semejante a mi marido, Joel. Por lo tanto, el mecánico no me gustaba y no me atraía, pero por una extraña razón me recordaba a mi señor. Sumado a que olía mucho a sudor, y transpiraba mucho, y tenia un olor a orines en su overol, quizás como es señor de la vieja escuela, no esta acostumbrado a lavar su pene después de orinar. Francamente me sentía incomoda en aquel taller y estando a solas con él, me resultada desagradable.

    Lino abrió la puerta y vio que la camioneta tenia, un espacio, me dijo supongo que es para poner las compras del super mercado -solamente moví la cabeza, indicando que si- yo francamente no entendía para que abrió la puerta, fue cuando el muy cínico me dijo, mira Verónica quiero que observes esa parte de la camioneta, yo toda inocente me asome y estire mi cuerpo, dejando ver mi culo al mecánico, le mencione: que quieres que vea no entiendo dije con molestia- fue cuando sentí un arrimos de verga muy duro- -mamacita no sabes cuantas ganas te tengo, me excitaste desde la primera vez que te vi- -desgraciado cerdo, quítate, y el muy cabron me agarro de mi cintura y me dio unos arrimones, no te hagas la esposa decente, si bien que eres una puta, te encanta pintarle los cuernos a Joel -le dije, si lo hago, pero yo elijo al amante- jaja pues ahora yo te elegí, decía, mientras me arrimaba su miembro.

    Después me agarro y me puso de pie, quedamos fuera de la camioneta, y en solo un segundo sentí la presión de sus manos sobre mi espalda, después sus manos tocando y oprimiéndome por la cadera mientras intentaba levantar mi mini vestido. Presa del miedo y aturdida por la sorpresa, intente forcejear, defenderme, pero su fuerza fue mayor que la mía, y en la semioscuridad de ese taller, le daba un tinte de terror a momento. Empecé a gritar -el muy cínico, dijo nadie te escuchara, atrás es terreno baldío y si te disté cuenta no hay muchas casas, yo intentaba golpearlo como podía. Superándome en fuerza y tamaño, de un movimiento brusco, me volteo y comenzó a besarme los senos, al verme de pies a cabeza, por un momento quedo en schok, pues yo soy alta y uso tacones altos, tenía una estatura de 1, 80 aproximadamente y el es de la estatura de mi marido, 1 ,65. Se sorprendió de tener una Yegua de ese tamaño y fue cuando yo aproveche para darle un empujón muy fuerte, y así, correr.

    El problema es que, con mis tacones, no podía correr con velocidad, sumado a que era un taller muy sucio, por lo que pise aceite que se encontraba tirado en el suelo, y caí al piso, golpeándome muy fuerte, me dolieron las nalgas, este golpe me dejó con las piernas abiertas. Me encontraba, aturdida por el golpe no podía moverme, lo que el aprovecho y se desnudó quitándose el overol junto con su bóxer, saliendo un miembro de tamaño normal muy prieto y cubierto por los sus vellos púbicos, Lino era físicamente muy parecido a mi esposo, y también su miembro, con la única diferencia que el del mecánico era más gordo, -dijo, te gusto, perra, lo vi en tu mirada- sin perder el tiempo, se recostó sobre mí, subió mi vestido a la altura de mi cintura, hizo la tanga a un lado, y con su mano coloco su gordo pene en la entrada de mi vagina, froto la cabeza du su sucio miembro en mi clítoris y lo introdujo de golpe, debido a que su miembro es de tamaño normal, entro de un jalón todo completo, su verga se sentía caliente y dura, me quemaba por dentro, tomándome de los muslos me los dobló hacia adelante mientras iba sintiendo su miembro centímetro a centímetro sentía como me iba abriendo la vagina, dejo caer su gordo cuerpo sobre mi esbelto cuerpo, lo que provocó que la penetración fuera más dura, después buscó mi boca, me negaba a besarlo, fue cuando don Lino, con gran experiencia, realizo movimientos de caderas empujó su pelvis y me lo enterró todo, hasta los testículos, sacándome un grito de dolor, que con el pasar de los minutos fue de placer, mi cuerpo me traiciono –aaah, si, que rico-, dije inconscientemente, mientras arañaba su espalda en señal de que ya estaba gozando.

    Eres una perra, bien que te gusta la verga, pero te haces del rogar, -si querido, me encanta. Pero tengo que darme a respetar y sonreí irónicamente- yo ya estaba hirviendo de lujuria, y don Lino, seguía embistiéndome muy duro, después se puso de rodillas, y continuaba clavándome su verga, le dije levántame porque el suelo es duro e incomodo y esta sucio, el respondió, -sucia como tu- y se volvió acostar encima de mí, esta vez fui yo la que busque sus labios gruesos que me recordaba a mi cornudo digo a mi esposo, estiro mis brazos y nuestras manos se unían, mientras su gordo pene castigaba mi vagina –ay que delicioso, lo tienes don Lino- gracias amor, su cuerpo todo sudoroso y manchado por la grasa de los carros, le daban un toque único, a la follada, yo gemía, y escuche sonar mi celular, pero no podía contestar, minutos mas tarde el de Don Lino, sonó pero no quiso contestar, finalmente se apiado de mí y me levanto, mi espalda pudo descansar del duro y frio piso y del enorme peso de su cuerpo.

    Por lo tanto, quedamos sentados en el suelo, Lino se sentó y doblo sus piernas de manera que sus talones se acercaron entre sí. Es una posición utilizada también para ejercicios de meditación. Por mi parte, me senté suavemente encima de él y, con mis largas piernas, rodeé la cintura gorda de mi amante. Esta posición, me permitió una estimulación directa de mi clítoris. Por ende, comencé a gemir como puta -mmm, aaaah, que rico. El balanceo suave realizado en esta posición me estaba llevando al paraíso, sumado a que Lino, también le daba placer con sus manos a mi clítoris, por lo que obtenía más placer y me permitió llegar al orgasmo, tuve mi primer squit, mojando el sucio pene del mecánico, -tremenda puta, ya te corriste —yo estaba vibrando y gozando mi orgasmo y solté un desgarrador pero delicioso grito -aaaah, mmm- mis líquidos nos mojaron, comencé a realizar una variedad de movimientos. No me limitaba a subir y bajar. La comodidad de esta postura me permitió forman círculos y otras formas con las caderas. Por momentos, me tiraba un poco hacia atrás y tomaba el control del ritmo. Por lo que el señor dijo, espera puta, coges bien rico, pero aun no me quiero venir- Por lo tanto, Lino para controlar la eyaculación y tener ahora el control, tomo la cintura de su amante para frenar mi ritmo y hacer pequeñas pausas para evitar un final precoz.

    Para tomar un respiro, lo mejor fue que comenzamos a besarnos y acariciarnos, mientras el pene seguía en mi panocha, -que rico, papi, no sabía que cogías tan rico, le dije- me besaba muy tiernamente, por lo que el sexo desenfrenado se convirtió en pasión y romanticismo, esta postura sexual nos proporcionó la posibilidad de dar y recibir besos y caricias desde el principio hasta el final del encuentro, ardíamos en deseo y parecíamos los enamorados más cariñosos. Después de varios minutos, volvimos a retomar los movimientos bruscos, yo me echaba hacia atrás y el hizo lo mismo, y su pene salió, nuevamente lo introdujo, y seguimos cogiendo parecía una especie de mecedora, que rico, mmmm aaah gemiamos mutuamente. Nos volvimos a unir en un abrazo, yo sentía su gordo abdomen y su pecho sucio, lleno de pelos, la penetración más la estimulación de zonas erógenas, como eran el cuello, orejas y pechos son las partes del cuerpo más excitantes. En esta posición nos pudimos besar cada una de ellas mientras hacíamos el amor. Lógicamente, el clímax nos hizo llegar a puntos inimaginables. Y volví a tener un orgasmo –aaaah mmmm le mordí el cuello y le arañe la espalda, como muestra del placer que me estaba produciendo- cuando recupere el aliento, no podía creer que aquel gordo mecánico ya me hubiera hecho venir dos veces, sin duda su fealdad la reponía con su manera de coger, igual que mi osito es decir mi esposo, Joel.

    Por fin nos pusimos de pie, y yo me agache para besarlo, le quedaba muy alta, y sonaron los celulares, le dije es Joel, déjame responder- donde estas amor, te dije que me avisaras, cuando llegaras a casa- le dije, amor no he regresado pase con mi amiga Carolina (quien vive en Taxqueña) aaa ok, amor, luego te marco- Lino, dijo yo también tengo llamadas y mensajes de tu señor, pero solamente le mandare mensaje, indicando que estoy arreglando la camioneta, Joel le preguntó si yo ya me había ido, a lo cual Lino, le respondió aseverando que yo había tomado un taxi. El mecánico, se hinco y me quito la tanga, la introdujo en su boca, luego se la quitó la coloco en su pene y se masturbo con ella, posteriormente me la metió completamente en mi boca,

    Eres una puta tremenda, mirando mi vagina, dijo: ¡Tienes un bizcochito sabroso! ¡Listo para darle de besos!, Me dijo, al mismo instante que se lanzaba sobre de él, a llenarlo de besos, a separarme los vellos de mi vagina, a descubrirme mi clítoris, a darle besitos, a morderlo con sus labios, a estimularlo, a lengüetearlo todito, haciendo que me revolcara de aquel placer: ¡aaagh, aaah, gemia, de placer. Sus manos estaban sobre mi cintura y su boca se presionaba con fuerza sobre de mi monte de Venus. Hacía unos movimientos entre horizontales y giratorios con la lengua, que me estimulaban locamente. –aaaah sentía quebrarme- cuando volvió a sonar el celular, me dijo no contestes, pero alcance a ver que era mi amiga Carolina, le dije es mi amiga, déjame decirle que no me vaya a desmentir con mi señor, ok, dijo Lino. Respondí mientras el mecánico, me besaba mi concha, Carolina dijo: Veronica, me mando mensaje Joel que si te encuentras conmigo, que le digo, y respondí, entre gemidos dile que estoy contigo aaaah por favor, Carolina se percató que estaba en celo: desgraciada, andas cogiendo, jejeje, seguramente con un joven semental y atlético de aquellos que te asechan —dije, si, bye querida, en mi mente comente si supieras que es un gordo y señor, que es el mecánico.

    Después Lino, me volteo y vio mi plug dorado anal, – sí que eres una puta, deja quitarlo y saco unas pinzas y de un solo golpe lo saco, aaah, se lo puso en la boca y parecía un bebe con un chupón, después me lo paso a mi boca, ahora yo daba pucheros con mi plug dorado y fuimos a la parte trasera de la camioneta, y en el espacio libre dijo: ponte en cuatro quiero cogerte de perrito, amor quiero romper ese culo sagrado, como pude subi a la camioneta y me acomode, él se puso atrás de mí, Se levantó y de la bolsa del overol sacó una botellita de aceite de bebé, lo vi abrirla y echar un chorrito en su grueso y duro pene, lo embadurnó bien y quedó brillante resaltando las venas y su roja cabeza, se veía imponente, colosal, sentí un escalofrío al imaginarme esa gruesa tranca abriendo mi culito, seguramente me partiría en dos. Me tomó de la cintura y me acomodó boca abajo. Que colita tan hermosa y carnosa tienes no sabes como la voy a disfrutar- expresó. Acariciaba mis nalgas y recorría con la mano el surco entre mis nalgas, lubricando el canal, llenándolo de aceite de bebé. Me dijo que abriera más mis piernas y me metió dos dedos embadurnados de aceite, resbalaron profundo y los empezó a meter y sacar, asegurándose de lubricarme muy bien por dentro, cerré los ojos y gemí levantando más mis nalgas, me estremecía, estaba totalmente entregada a este maduro. Aaagh- se me escapó un gemido.

    No puedo esperar a romper tu culo, sabes que no he cogido desde noviembre del año pasado, estoy como burro en celo, yo no respondía pues tenía el plug anal en mi boca, solamente se oían gemidos y pucheros de mi boca. Deseaba que ya me lo metiera, aunque sentía miedo con tremendo pedazo, era tamaño normal pero muy gordo, puso su miembro en la entrada de mi ano, intento meter la cabeza pero no dejaba, despacio lo hizo, pero intento de nuevo y ahora si entro la dura cabeza, después parte del tronco, por lo que comenzó a bombearme, lento y profundo, la sacaba hasta dejar sólo la cabeza y me la clavaba hasta el fondo, cada que me penetraba sentía que me faltaba el aire y gemía al momento que me la sacaba, dentro y fuera, rozando mis paredes por dentro y haciéndome vibrar de placer, yo estiraba mis manos sobre los asientos de la camioneta, comenzó un vaivén de lujuria, ya me tenia bien ensartada en su verga, y comenzó a penetrarme muy duro -zaz, zas-zas- se escuchaba, me jalo del cabello, esa verga me estaba quebrando, chocaba violentamente con su panza gorda, y su pene velludo, destrozaba mi ano, fue cuando en momento de violencia, expulse el plug anal, y grite, aaaaah, desgraciado, me estas partiendo, pero sigue- no podía creerlo que en la camioneta de mi aniversario estuviera cogiendo con el mecánico.

    Aagh movía mi cadera acompañando sus ricas y duras embestidas disfrutando tan delicioso coito anal… puse mi dedo acariciando mi clítoris diciéndole: sigue, dame maaas duroo!! La luz de la camioneta se había encendido sumado al sudor de nuestros cuerpos, y yo particularmente sudaba más porque tenía el vestido puesto, prácticamente solamente mis zonas intimas descubiertas, y el calor de la cercana primavera, esa camioneta era una sauna de lujuria. estaba subiendo sus manos por mi vientre cogió mis senos con sus manos besando mi cuello haciendo que me encogiera de hombros por lo que me hizo sentir, era muy morboso y excitante estar con otro hombre que no era mi marido pero que físicamente se parecía a él, solamente que más gordo y también su pene más gordo, abrazándome por detrás, cogiendo mis senos y metiendo paquete entre mis nalgas, en mi camioneta de aniversario, y dispuesta a que hiciera conmigo todo lo que quisiera. Después con sus toscas manos me nalgueaba, castigaba mis carnes, y con sus toscas manos apretó mis nalgas, lo que hizo que su miembro se viera más atrapado y dijo me vengo, y eyaculo en mi ano, salió mucha leche, no era mentira de que no cogia desde el otro año, su leche era muy cremosa y apestosa también. Nuevamente quedo encima de mí, me sentía satisfecha, aunque muy adolorida del ano y rodillas, espalda, por los lugares tan incomodos de coger, piso, días atrás en el cemento, ahora en la camioneta, esta ultima dejaba marcadas mis rodillas, por estar en la posición de perrito, Lino, se quedó pegado a mi, y sus espermatozoides ya forman parte de mi ano, y los que salieron, escurrían por mis muslos, y se pegaban en la camioneta- Lino dijo: voy a tener que lavar esta camioneta.

    Salimos de la camioneta, y me comenzó a besar, para después invitarme una cerveza, la acepte, cada quien agarro un embace de caguama y no las tomamos lo que ayudo a mitigar el dolor del sexo duro que teníamos, mi amor aun no termínanos, le dije claro que no, aún falta otro round, sentencie, perdida completamente en mi deseo. Terminamos cada quien su embace de cerveza y me ofreció otro, y al final otro, estábamos brindando con pura cerveza, mientras el fumaba, y me abrazaba, todos nuestros cuerpos bañados, en sudor, fue cuando me quito el mini vestido- a ver, mamita, déjame desvestirte, y se limpio el sudor con mi vestido -no, alcance a decir, y lo coloco en la camioneta, ¿Por qué te pusiste tan brava? Ya sé que no te gusto, pero tu marido también es feo y gordo Respondí, me gusta jugar a la esposa decente, sentir adrenalina, es correcto mi marido también es feo, pero los feos cogen bien rico, al decir esto sonreímos.

    Observe el celular, y me di cuenta que eran las 17:30 pm y también me percate que su gordo miembro, estaba erecto, por lo que le dije, demonos prisa, mi marido llega a las 21 pm, tengo que irme a bañar, si perra ya voy, me puse en cuclillas, acerco su sucio miembro, que olia al semen, mis jugos anales, y a pescado, hizo su prepucio para atrás y el dolor fue mas intenso. La escena era asquerosa, Lino ya apestaba todavía mucho a sudor, estaba sucio de grasa y con mucho vello en la parte baja. Su gran barriga sobresaliendo por encima, pero me decidí y acerqué la cara a ese sucio miembro y empecé a besarlo de piquito, me dijo abre la boca al tiempo que me dio una bofetada, por lo tanto aturdida por el golpe, abrí mi boca y el olor era asqueroso pero el sabor era peor, reprimiendo mis ganas de vomitar, empecé a lamer aquel miembro de un sabor totalmente agrio e hice un gesto de desagrado imposible de disimular, pero creo que él estaba tan inundado de placer que ni cuenta se dio. Dirigió mi cabeza de arriba hacia atrás, sin dejar salir su duro falo, ajustando la velocidad y profundidad a su antojo. Cuando alcanzó su máxima extensión, no pude evitar sofocarme varias veces, pues en varios embistes, llegó a tocar el fondo de mi garganta. Luego de un tiempo que pudieron ser segundos o siglos, me soltó la cabeza.

    Ahora yo tome el control, porque ahora podía moverme más relajadamente, ajustando la velocidad, y ya que mi saliva había eliminado casi todo el sabor, empezar a sentir lo rico que era sentir ese miembro. Solo de vez en cuando sentía como me tomaba de la nuca, jalándome hacia su pene ya totalmente erecto y me retenía algunos segundos, con mi frente rozando su voluminosa y sudada panza, mientras se entretenía manoseando mis tetitas y pellizcándolas a su antojo. Luego de varios minutos, me tomó de los hombros, y se retiró suavemente. – Bueno bonita, ahora vamos a la parte delantera de la camioneta, llegamos el puso una sábana sucia y se sentó en la parte del volante, dijo ahora tu mi amor, me quede pensando unos minutos, analizando como poderme acomodar en ese asiento tan estrecho.

    Así que subí, y sin dudarlo, lo monte para cabalgarlo, mi pierna izquierda quedo enterrada a lado de la palanca y la derecha en el limite de la puerta, ufff mamacita, bien que te sabes acomodar, cuanta experiencia teiens para coger en camionetas, estaba incomoda, pero disfrutando, me movía suave y rápido, sus manos apretaban mis muslos, mis tetas y mi trasero el cual lo arañaba y apretaba como loco. Que delicia era aparearme en mi camioneta nueva, estrenarla con el mecanico, mi regalo de 25 años de casada, era mi escenario de infidelidad y yo estaba como Puma en celo, siendo cogida por don Lino. ¡Ah!! Que rico no mames, uhm, muévete, así, ¡que rico!, decía Lino, mientras mi cuerpo y el suyo se rozaban y resbalaban por el sudor, nuestro sudor ya era uno mismo, asi como nuestros fluidos internos y nuestras lenguas. Siendo una puta de experiencia, me di la vuelta y me daba de sentones que a él lo tenían viendo estrellas, sus manos apretaban mis carnosas nalgas, me jalaba el cabello, y mordía mi espalda.

    Inmediatamente, me cargo con sus manos, quede en el otro asiento, y me dijo ahora móntame analmente, respondí, claro papacito tus deseos son ordenes, pensaba quitarme las zapatillas, pero las deje, me acomode y lo volví a montar de un solo golpe, y sin darme cuenta me golpie en el techo y reímos- Don Lino, decía, uhm, que ricas nalgas, ¡y que rico culo!! ¡me la estaba metiendo por el culo! Me dolía, me tenía bien trenzada, pero gozaba como una Leona, me daba sentones, una vez que logro entrar toda la verga, empezó a moverse como un toro poseído, me dolía, pero al mismo tiempo me encantaba tenerlo ahí dentro. Sus embestidas eran magnificas, gemía, jadeaba, recibía de nalgadas fuertes que sus manos quedaban marcadas en mi trasero, me apretaba el cabello como maniático, que rico me estaba empalando. Debido al frenesí, sin querer, tocábamos el claxon varias veces, lo que nos hacia reír, la camioneta me acompañaba en mis gemidos. Finalmente me dijo vamos a salir, aquí hace un calor de los mil demonios, le dije, si, aparte ya me sentía muy incomoda y mis piernas querían acalambrase, por lo incomodo de la posición.

    Me dijo ponte en cuatro enfrente de la camioneta y pon tus manos estiradas, lo obedecí y cuando el se puso atrás dijo a chinga, estas bien alta y esos tacones te levantan mas, por lo que trajo un banco de unos 15 cm de alto y se subió en el, ambos sonreímos y me dijo, como lke hace Joel, para montarte, si esta igual de chaparro que yo, le dije, usa tus técnicas. Antes de continuar, saco otro cigarrito y una cerveza, fumamos y bebimos el alcohol ya me había hecho efecto, estaba yo tan caliente que no esperé más, le ordene ya métemela, hay que seguir copulado, me coloque de pie y estire mis manos, recargaba mi cuerpo en el cofre, y el se acercó encima de su banco y me ensarto su pene hasta el fondo; ambos gemimos: “¡Aaah!”, nos quedamos pegados por un momento como perros en celo, y comenzo a girar su cadera, lo que me volvía loca, después de unos minutos, sentía como me escurrían mis jugos internos acompañados de su semen, que ya empezaba a escurrir, yo aventaba mi culo y comencé a moverme, haciendo que su miembro entrara y saliera de mi ano -aaaah que rico, es delicios, me mordía los labios- mi sudor escurría en el cofre, el se acercó, mas y quedo también recostado, cabron me aplastas le dije, pero no le importo, creí que romperíamos el cofre,: “¡ah sí, sí, así, así aaaah!”, yo gritaba más fuerte.

    Despues tomo un respiro, saco su miembro, y puso la cabeza de su verga justo en la entrada de mi esfinge y sin previo aviso me la ensartó toda, hasta los huevos. – Ay delicioso, pegué un alarido que se debió haber escuchado en toda la cuadra. Si bien mi ano estaba acostumbrado a recibir grandes cogidas, me dolió pero lo goce, al metérmele de una forma brutal, de un solo golpe me hizo retorcer de dolor, fue como si me hubiera enterrado una daga al rojo vivo, sentí morir, era un dolor terrible, forcejeé, manoteé, empujé su pecho con todas mis fuerzas, movía mi cuerpo, intentando hacerlo menos doloroso, pero lo único que conseguía era mover su verga en mi interior, intenté patalear, y lo que lograba era apretar su verga en mi interior, gritaba, ¡me dijo: esto te mereces por ser una puta infiel! -Si mi amor- le conteste, y me siguió penetrando usando esa técnica. Mientras me daba unas nalgadas, y me mordia la espalda, -aaah que rico, señor, me lastimas, pero me encanta, que me penetren analmente- -ya lo se perra, te encanta la verga- saco su miembro, lo masturbo y nuevamente lo introdujo en mi ano irritado, nuevamente lo saco, con sus manos separo lo mas que pudo mis nalgas y penetro –mmm, asi amor, asi, sigue, hazme tuya, reviéntame, rómpeme, soy una perra en celo, castígame por infiel—en cuanto dije esto, volvió a penetrarme duro, muy duro- mis nalgas chocaban con su cuerpo, mientras su pene entraba en mi ano, me tomaba de la cintura, para poderme embestir con más fuerza -te lo mereces por puta, por infiel, estas bien hermosa y rica, estas bien sabrosa —gracias amor, alcance a decir.

    Fue cuando se resbalo del cajón, y por ende, perdimos el ritmo, dijo ven amor vamos a mi oficina, tome la delantera y lo agarre de su miembro, mientras caminábamos, me dijo voy a sentarme en mi silla y me montas nuevamente, inmediatamente le di la espalda y me senté en ese miembro, el arqueo la espalda y presionando mis nalgas contra su ingle, hacia que salieran gemidos de mi boca, mientras me mordía y chupaba mi espalda, continuamos un tiempo así, yo me sentía la conductora de esa silla caliente. Me di cuenta en el reloj de la oficina, que ya eran las 20:32 pm ya teníamos que acabar, por lo que hice la clásica montada con tacones, que ayudaban a quedar en una posición muy rica, -quede ensartada analmente, mientras el me dedeada mi vagina y mordía mis pechos, ufff delicioso –estábamos muy calientes- con sus manos abría mi vagina, jalaba mi clítoris, mis labios vaginales, mientras su miembro castigaba mi ano, me daba unos sentones tan deliciosos y dolorosos, cuando me vino otro orgasmo -aaah mi amor- también orine, lo moje completamente a mi amante en turno- Un buen rato estuvimos haciéndolo en esa posición, que rico era montar ese miembro parado del mecánico, recargando mis manos en su peludo pecho, seguí saltando sobre su pene y a moverme hacia adelante y hacia atrás para que mi clítoris también rozara con su abdomen. Él me tomó de la cadera y me marcó el ritmo del movimiento.

    Estaba completamente fascinado y antes de que se viniera, lo desmonte, y me incline para mamarle el pene, le hacia movientes circulares con mi lengua en su glande, y frenillo, para después morderle sus testículos –aaah señora, Flores, que rico lo hace —aquel hombre parecido a mi esposo, lo miraba fijamente a sus ojos, los dos sabíamos que era una experiencia inolvidable, fue cuando el gordo del mecánico, no tardó mucho en venirse; me agarró con fuerza de mis cabellos y abriendo tremendamente los ojos y la boca gritó: aaaah me vengo, ya, que rico, aaaah y sin más ni más soltó grandes chorros de semen dentro de mí; sentí como si su pene fuera un volcán, que soltaba chorros y chorros de su leche. Le succione todo el semen, incluso el que quedo en su silla —y me los trague enseñándole mi garganta ufff eres una Diosa, señora. Le bese los labios, y me levante, me dijo tengo que orinar y lleno su vaso y me dijo bebelos, hermosa y sin ningún reparo asi lo hice, volvió a jalar su miembro esperando que saliera mas semen, pero yo lo había limpiado todo, sin embargo, al orinar sus fluidos de semen y orina, hacían una perfecta combinación y me bebi toda esa orina, aaah, nuevamente le enseñe mi boca, la cual estaba vacía.

    Sublime Verónica, ni las putas de la Merced, cogen como tú, vi mi celular y tenia mensajes de mi marido que llegaría a las 22 pm, tenia el tiempo justo para llegara a bañarme, pero como me iría olía a semen, cigarro, grasa, estaba borracha, Lino, salió lo vi que fue a la camioneta y trajo mi vestido le dije gracias querido, pero dijo, no puta, este vestido se queda, que dices, grite, replico y sentencio: mira puta yo con las mujeres que tengo sexo, les quito el vestido y el vestido de la puta mas rica, lo coloco en mi silla de oficina símbolo de mi victoria, -que desgraciado, dije y añadí y como pretendes que me vaya, me dijo aun tenemos tiempo, te llevo en la camioneta del taller, e ingreso hasta tu casa, asi no te verán, le dije ok, pero ya no perdamos tiempo, -ya íbamos a salir, cuando dijo espera, tengo que quitar, este vestido, de aquí, y ahora poner el tuto y así lo hizo.

    Mi lujuria combinada con el alcohol, me nublaban todo pensamiento racional, subí a la camioneta del mecánico, y nos dirigimos a mi casa, yo iba en baños menores, con la tanga, medias y tacones, hacia frio, y el me acariciaba mis piernas mientras manejaba. Al llegar a la cuadra de mi casa, vimos a unos vecinos, por lo que tuvimos que esperar, tardaron 20 minutos aproximadamente que se me hicieron eternos, afortunadamente mis hijas me decían ´pr mensaje que llegarían en media hora, finalmente no había nadie, le di las llaves para que Lino se bajara y abriera el sahuan grande, ingresamos cerro la puerta, y me dijo amor ha sido una experiencia inolvidable, ahora fui yo quien lo beso muy cachondamente, dándole besos con la lengua, me agarro mi vagina y me dijo mañana ve por la camioneta, no tenía nada grave, jejeje.

    Inmediatamente ingrese al baño, y tarde mucho en quitarme la grasa, fue muy difícil, llegaron mis hijas y yo seguía en ducha, llegamos mamá, dijeron y Estefani, cuestiono: por qué, te estas bañando otra vez, si en la mañana lo hiciste, respondí, ay amor, con estos calores, me quise ducharme, al fin pude terminar de bañarme me puse mi bata y llego mi marido, el cual me beso, y dijo, ya me hablo don Lino, dijo; que le dio mantenimiento completo a la camioneta, respondí, completo, que bien, añadió mañana voy por ella, quieres acompañarme para que después la pruebes, yo dije en mi mente probar, la verga del mecánico, jeje, le dije ok.

    Al siguiente día llegamos al taller, esta vez sí estaban los jóvenes, que me morbosean, pero ahora sentía mas picaras sus miradas, intuí que su jefe les comento que me cogió. Uno de ellos dijo, pasen don Lino, los espera en la oficina, y asi lo hicimos, al llegar dijo, Joel cómo estas, señora buenas tardes, mi esposo un tanto serio, por las miradas que me daban los ayudantes, dijo, ya venimos por la camioneta, cuanto le debo, a lo que don Lino, respondió; mi estimado Joel, no es nada, no tenia nada grave, y mi esposo, respondió, asombrado, pero me dijiste que le diste mantenimiento completo asi es, fue completo, sonrió don Lino, haciendo referencia a la cogida que me propino, mi esposo dijo pero si la limpiaste, claro, que la limpie, bueno dame $500, fue cuando don Lino, se levantó para estrechar la mano, de mi marido, y me pude dar cuenta que mi mini vestido estaba en su silla, no me percataba porque su gordura lo topaba me quede perpleja esperando que no lo reconocería mi señor, -mi amor vámonos, dijo mi esposo, claro respondí y justo cuando iba a dar la vuelta vi mi plug anal dorado, se me había olvidado y ahora estaba en el escritorio. Mi esposo dijo, adiós, Lino, gracias siempre tan eficiente, el mecánico respondía, de nada, un gusto atender la camioneta, estimado Joel, adios señor Lino dije tímidamente, adios bella señora. Mi esposo se puso serio al escuchar dicha palabra, hasta luego muchachos, hasta luego señor y señora, se quedaron mirándome, sabían que el mecánico me había cogido. Salimos del taller y mi señor me dijo, bueno amor, a donde quieres que vayamos a estrenar tu camioneta, regalo de nuestro aniversario, en mi mente, dije amor, yo ya la estrene con el mecánico.

  • DNA 3

    DNA 3

    Para mí, esta es una de las mejores escenas de la actriz pornográfica de nacionalidad checa Daniella Rush, realizada para la película “DNA: Deep N’ Ass 3”, que se editó en el año 2002; probablemente algunos meses antes del desafortunado accidente automovilístico que ocasionó su prematura retirada de la grabación de películas pornográficas.

    La escena, que dura 19 minutos con 30 segundos, es una demostración magistral de la perfección del cuerpo de Daniella Rush, así como de la soltura con la que ella puede llegar a manejar vergas de hasta 23.5 centímetros dentro de ella (por su vagina o su ano), como la del actor estadounidense Lexington Steele, quien es el encargado de empalar a esta Diosa Checa.

    Desarrollo de la Escena

    Comienza a sonar un loop musical. Sobre unas escaleras y un barandal metálico encontramos acariciándose a sí misma a Daniella Rush, quien está vestida con un top blanco cruzado, minifalda color azul rey; así como sus ya acostumbradas zapatillas de plataforma de acrílico transparente que muy comúnmente suele lucir en otras escenas y sesiones de fotos. Daniella no está usando ropa interior, por lo que, cuando se levanta un poco la mini para tocarse, nos permite ver ya sus bien formados cachetes del culo. A continuación, Daniella levanta su pierna derecha y la apoya sobre el barandal, acariciándola de una forma exageradamente seductora, en un recorrido con su mano que termina en sus genitales, los cuales, por la falta de ropa interior, han quedado irremediablemente expuestos a la cámara.

    Con un primer plano de su sexualidad, seguido inmediatamente de otro de su culo durante el recorrido, Daniella va subiendo lo que resta de los escalones metálicos. El loop musical continúa, acompañado de algunos taconazos de las zapatillas de prostituta que ella está usando.

    Corte a un piso superior, donde Daniella pronto encuentra un grupo de sillas en donde puede tomar asiento, para proceder a liberar sus hermosos senos del top blanco. A juzgar por su mirada, pareciera que Daniella sabe perfectamente que, con esa introducción a su escena, bastará para que todos los hombres que la estén viendo tengan ya una erección bajo sus pantalones, si no es que unos ya se han empezado a tocar y, como consecuencia, las gotas de líquido preseminal están comenzando a brotar de sus vergas.

    Cada vez con menos ropa, ella gatea un poco por encima de las sillas, mientras se sigue acariciando y exhibiendo. El ambiente en la locación de grabación debe estar tan cachondo ya, que se puede escuchar la voz del director, Jules Jordan, pidiéndole que se toque a ella misma. Con suma delicadeza, Daniella acaricia sus pezones, para luego humedecer en saliva sus dedos, y comenzar a estimular su clítoris y recorrer toda su vulva que se aprecia hinchada, sabedora seguramente de todo el placer que está por recibir.

    Cambio de ritmo de la música, coincidiendo con un primer plano de la cara de Daniella recostada sobre dos o tres sillas. La cabeza de la verga de Lexington Steele entra a cuadro y rápidamente Daniella abre los labios para comenzar a saborearla. El tratamiento que ella le da es cariñoso; succiona la cabeza y le pasa la lengua como si de un caramelo se tratara. Un caramelo muy largo y negro que pronto va a estar entrando y saliendo de su vagina y más tarde de su culo.

    Durante esta parte podemos caer en cuenta de que la verga de Lex debe ser tan gruesa como la muñeca de la mano de ella; y posiblemente aún no hayamos terminado de contemplar esta conclusión, cuando en pantalla Daniella ya se encuentra lamiendo sumisamente los testículos gordos que cuelgan del actor pornográfico y, alternándose un poco entre lamer verga y escroto, esta increíble chica arroja un par de miradas a la cámara, como si cuestionara al espectador «Desearías que fuera a ti a quien le como el pito y los huevos, ¿verdad?”.

    Al fin llega el momento de que el hinchado coño de Daniella reciba 23.5 centímetros de verga negra y, con su minifalda enrollada hasta la cintura y el cuerpo ligeramente arqueado, por fin Lex comienza a introducir su miembro, permitiéndole la cortesía de que, al menos durante estas primeras estocadas, sea ella quien pueda controlar el ritmo de la penetración, en un movimiento de «entra-saca» que impulse su cuerpo contra el pene de él.

    Pero a estas alturas de la escena, Daniella Rush se ha convertido ya en una auténtica perra en celo, que desea ser dominada por su macho y que este tome el control de la cogida. Razón por la cual, luego de cambiar de posición, quedando ella ligeramente apoyada sobre el cuerpo de Lex, podemos ser testigos de una sutil transición en donde ella pasa de mover su cuerpo a quedarse quieta y abandonarse al ritmo que su amante quiere imponer.

    Aquí es cuando llega uno de los momentos más morbosos de la escena: Lex de pie sosteniendo a Daniella en el aire con sus manos sobre los muslos de ella, quien lo recibe pegando su espalda al pecho de él y cruzando uno de sus brazos alrededor de su cuello para evitar caerse. Por un momento muy breve lo único que sostiene a Daniella y la aparta del piso son esos brazos en sus muslos, el de ella alrededor del cuello y la verga de Lex que ya está llegando muy dentro de su vagina. Sus zapatillas de acrílico de puta barata ni siquiera están cerca de rozar el suelo.

    Y justamente en este momento es cuando, quien les escribe, piensa: «¿Cómo es posible que esta mujer tan perfecta se atreva a dar este espectáculo? ¿Acaso no podría una mujer de sus características arreglárselas para llevar una vida mucho más fácil, sin tener que exhibirse? Y si a Lex se le ocurriera en ese momento eyacular dentro de la Diosa de mujer a la que está empalando… ¿podría dejarla preñada?

    Tres chorros espesos y calientes de semen salen disparados volando bien arriba, y luego caen pesados sobre mi cintura y parte de mi camisa, sacándome de mis pensamientos. Yo ya estoy fuera de combate, pero en pantalla con trabajos ha transcurrido la primera mitad de la escena.

    Ahora Daniella recibe a Lex a cuatro patas sobre una de las sillas. Sus gemidos, como los de las gatas en celo que llaman a algún macho para aparearse con ellas, no paran de escucharse.

    Corte a un nuevo cambio de posición, en donde Daniella, ahora completamente desnuda, se dispone a dejarse encular por la verga de 23.5 centímetros y que es tan gruesa como la muñeca de su mano. A estas alturas, lo único que se le permite seguir usando son sus zapatillas de plataforma de acrílico transparente, esas que siempre le terminan dando un toque de prostituta vulgar a cualquier mujer que las lleve puestas.

    Es linda la forma en la que ella se va empalando por el culo sobre la verga del Negro. Pienso que, si hubiera podido aguantar mi eyaculación hace tan solo un par de minutos, de cualquier forma, es aquí hasta donde en definitiva no hubiera podido resistirme a derramar mis espermatozoides.

    Los genitales de Daniella continúan hinchados, por lo que ella, al tiempo que sube y baja sobre la verga que tiene alojada en su culo, vuelve a ofrecerle placer a su clítoris con una de sus manos.

    Ahora ella yace recargada sobre un comedor de cristal templado, arqueada para recibir de nuevo a Lex por el culo quien, como en la parte del sexo vaginal, se dispone a tomar el control del ritmo al que habrá de encularla. La gruesa vara de carne poco a poco va desapareciendo entre los perfectos y redondos cachetes del culo de ella, y una vez que se ha alcanzado la profundidad deseada, da inicio un proceso continuado de salir y volver a entrar en su ano.

    Daniella y su ojo del culo ya se encuentran totalmente entregados, por lo que, a partir de aquí, se empiezan a suceder una serie de posiciones sexuales sobre las sillas en donde lo único verdaderamente a destacar es el profesionalismo de ella como Actriz Pornográfica de primer nivel que, sabedora de lo que implica el sexo anal ha tomado las debidas precauciones de higiene en su preparación; así es que, a pesar de lo profundo que Lex pueda llegar dentro de sus intestinos, no logra arrastrar una sola evidencia de materia fecal. Y casi como si ella quisiera terminar de dejarlo bien claro, permite que Lex le saque el miembro del culo y se lo ponga en la boca para lubricar y de paso probar el sabor de su ano.

    Es triste, pero nada puede durar para siempre, por lo que Lexington Steele luego de divertirse un poco más con el ano de Daniella, retira su miembro y se posiciona delante de su cara mientras se comienza a masturbar con la intención de acabar en su cara. Daniella lo sabe y al parecer también lo quiere, puesto que con su mano derecha toma el miembro de Lex y lo ayuda a masturbarse. El pito de Lex es tan largo que en él pueden trabajar ambas manos y aun así no lo abarcan.

    Daniella, nuevamente, en un acto de total sumisión, abre su boca y saca su lengua instantes antes del clásico gruñido de Lex que anuncia el inicio de su eyaculación. Desafortunadamente en esta ocasión la corrida del negro decepciona, ya que apenas salpica de manera tímida la cara de Daniella. Probablemente mi eyaculación de hace 10 minutos le hubiera dejado la cara atravesada de gruesos hilos de semen, desde su mentón hasta su pelo. ¿O quizás yo hubiera terminado dentro de la vagina de esa perra en celo, con la ilusión de dejarla preñada? No lo sé, ¿tú que crees?

    Como las buenas putas, Daniella termina exprimiendo el semen que queda alojado en la uretra de la verga y, de paso, se la mete a la boca para limpiársela al negro, al tiempo que, creo yo, aprovecha para disfrutar una última vez el sabor de su propio culo impregnado en ella.

    Definitivamente una gran escena de Daniella Rush dirigida por Jules Jordan, con la que no paro de disfrutar masturbándome.

  • La sombra de las Pirámides: La traición

    La sombra de las Pirámides: La traición

    Jacqueline volvió de limpiarse la cara y los pechos en el lavabo. Karl le sonreía con los ojos entrecerrados.

    «Oh, no, no lo harás», dijo ella. «No dormirás hasta que yo lo diga.»

    Se arrastró entre sus piernas y comenzó a chupar su gran polla. Mjolnir volvió rápidamente a la vida en su boca. Le dio un último beso y se arrastró a cuatro patas junto a Jaeger.

    «Házmelo por detrás», ordenó.

    «¡Jawohl!» [Sí señorita]

    Se incorporó rápidamente y se arrodilló detrás de ella. Ambos gimieron cuando él empujó lentamente su pene, enterrándolo y haciendo una pausa, solo para disfrutar la sensación de estar completamente dentro de ella. Jacqueline gimió y apretó su entrepierna contra él. Karl la agarró por las caderas y lentamente comenzó a meter y sacar su polla.

    Después de un minuto o dos Karl aumentó la velocidad de tal manera que habría hecho correrse a un hombre normal en segundos. Sintió la cercanía de la eyaculación pero todavía no estaba dispuesto a disparar su carga. Quería que durara un rato más y tiró de su polla. Jacqueline siguió empujando su trasero contra él como si todavía estuvieran follando.

    Jaeger miró su polla, hinchada, enorme, gorda, desenfrenada y reluciente con sus jugos de amor mientras se elevaba por encima de su culo. Agarró la base de su polla y miró las nalgas blancas de Jacqueline.

    Golpeó la dura polla con fuerza en su nalga izquierda. Ella se estremeció y gimió. Golpeó su polla con fuerza en la otra nalga. Ella gimió de lujuria. Karl bajó su polla una y otra vez y se sobresaltó cuando ella le echó un orgasmo en los muslos por haber sido azotada. No pudo soportarlo más y golpeó su polla roja enojada de nuevo en ella haciendo que su orgasmo volviera.

    Karl ahora utilizó su mano para darle una palmada en la nalga izquierda hasta que su mano quedó roja e irritada. Luego cambió a su nalga derecha. Su coño se agarraba y temblaba alrededor de su pene cada vez que su palma hacía contacto con la carne que se movía en sus nalgas. Nunca le habría hecho esto a ninguna mujer a menos que supusiera que ella lo disfrutaría. Aún así, él que disfrutaba disciplinándola, aunque sabía que ella nunca se sometería; Jacqueline era demasiado independiente y valoraba su libertad.

    Antes de que el PENE la hubiera infectado, Jacqueline no habría permitido que ningún hombre hiciera esto con ella. En cuanto a la nueva Jacqueline Ainscow, no había ningún tipo de acto sexual que su cuerpo no deseara. Todo le producía un inmenso placer. A pesar de que su mente vagaba del suave cuerpo femenino de Hilary a la gran polla negra de Aket y de ser sodomizada por Ahmed comenzó a crecer el deseo de ser sodomizada de nuevo. Su culo necesitaba ser follado.

    La mano de Jaeger estaba a punto de abofetear su trasero nuevamente cuando Jacqueline se tambaleó hacia adelante y su polla saltó de su coño. Observó cómo se balanceaba, arrojando gotas de sus fluidos por todo su trasero. Estaba boca abajo en la cama, con el culo en el aire, sus labios todavía estaban abiertos como si su polla todavía estuviera dentro de ella. Era una pose muy sumisa y le gustaba. Él agarró la base de su pene y la inclinó hacia su coño.

    Una fracción de la cabeza estuvo dentro de ella. Karl sostuvo la base de su polla y vio cómo los labios de su coño se abrían y empujaban hacia atrás. Luego, Jacqueline movió su raja lentamente arriba y abajo de la cabeza de su polla varias veces antes de abrir más las piernas, su culo bajó de modo que la cabeza de su polla se deslizó por su perineo y se posó en el apretado capullo de rosa fruncido de su ano. Él asumió que fue un error de su parte, pero luego, su trasero empujó contra su pene invitándolo a entrar.

    «Por favor», suplicó Jacqueline, sonando desesperada. «Fóllame el culo, Karl».

    Asombroso, pensó el alemán. Su polla era tan dura como el acero cuando ella empujó hacia abajo. La cabeza de su polla era gruesa en comparación con su recto fruncido. Se abrió para la cabeza de su polla, estirándose ampliamente, sorprendentemente fácil. Jacqueline jadeó ruidosamente.

    «¿Quieres que me detenga?» preguntó.

    La respuesta de Jacqueline fue agarrar sus nalgas y mantenerlas abiertas para él. Empujó con fuerza su polla. Jacqueline gimió y se sintió como si estuviera sollozando, pero siguió manteniendo las nalgas abiertas para él. La abertura creció de tamaño abriéndose más y más y luego, su cabeza empujó hacia adentro.

    Ella sentía su eje empujando más profundamente en sus entrañas. Todavía dolía, pero la parte difícil había pasado. La polla de Karl era grande que un ano promedio necesitaba adaptarse. Él trató su trasero bombeando lentamente, dejando que su cuerpo se acostumbrara a su tamaño, moviéndose un poco más profundo con cada embestida. En poco tiempo, Jacqueline comenzó a empujar su trasero hacia atrás en sus embestidas, soltando sus nalgas y poniéndose de nuevo en cuatro patas cuando él comenzó a follarle el culo de verdad. Agarró sus caderas y bombeó su trasero.

    Él bombeó su culo con fuerza hasta que ella gritó, su orgasmo roció la parte delantera de sus muslos. Karl sintió que el esperma brotaba de sus bolas. Gruñó, golpeando su polla hacia adelante, su esperma bombeó hacia sus entrañas. Él gruñó de nuevo, sintiendo otro chorro de su semen. Agotado, cayó sobre su espalda mientras ella se derrumbaba sobre el colchón, su pene aún arrojaba gotas de esperma. Karl jadeaba pesadamente cuando le devolvió el beso y susurró:

    «Ich liebe dich, de nuevo. «Te amo».

    Jacqueline gimió contenta, su cuerpo satisfecho ahora que él había tomado los tres agujeros. Su polla se marchitó, aún tapando su ano. Él gimió, le tomó mucho esfuerzo retirarse y liberar su pene. Su ano inmediatamente pareció una cascada, goteando esperma rápidamente para correr por su perineo y cubrir su entrepierna. Se derrumbó con fuerza a su lado, dejando que la gravedad lo llevara al colchón. Ella también estaba exhausta, pero logró bajarse de la cama y encontrar un recipiente para limpiarse. Cuando estuvo satisfecha, volvió a la cama junto al alemán que roncaba y se acurrucó debajo de su brazo, poniendo una pierna sobre la de él mientras ella también se dormía.

    Jacqueline se despertó después de unas horas con oleadas de placer saliendo de su pecho. Su pezón estaba duro, una lengua parpadeando sobre la larga protuberancia. Abrió los ojos y pasó la mano por el cabello rubio rapado al ras de Karl.

    «Buenos días», susurró ella.

    Jaeger estaba arrodillado junto a la cama. Él le guiñó un ojo, besó su pezón y se puso de pie. Su polla estaba gorda y sobresalía.

    «Ven», dijo él, tendiéndole la mano.

    Jacqueline la tomó y se bajó de la cama. Podía oír el agua corriendo mientras él la conducía hacia la bañera grande.

    «Esto sí que es un lujo», afirmó, mirando con tanta lujuria el baño como lo había hecho con su polla.

    «Este autocar es utilizado por altos funcionarios del partido. Tiene su propio tanque de agua en el techo y un sistema de calefacción eléctrica»

    «¿Eres un nazi de alto rango ahora?»

    «Nein, pero tengo conexiones», dijo, guiñándole un ojo y sosteniendo su mano mientras ella entraba en la bañera.

    Jacqueline se deslizó hacia el agua y se recostó, observando cómo Karl hacía lo mismo del otro lado.

    «Esto es agradable», gimió.

    Su gemido se volvió más fuerte cuando él levantó uno de sus pies fuera del agua, besando la base antes de que su mano comenzara a amasar su pie. Dejó caer ese pie y se puso a trabajar en su otro pie y pierna. Jacqueline gimió deslizándose más abajo en el agua hasta que su cabeza quedó sumergida.

    «¿Tienes jabón?» preguntó ella, emergiendo por aire.

    Jager sonrió. Se agachó a un lado de la bañera y sacó una botella, entregándosela.

    «El champú de Breck» —dijo Jacqueline—. «¿Qué pensarán después?» Abrió la botella.

    «Americanos», dijo Karl, encogiéndose de hombros. «Embotellan y comercializan todo. Toma, permíteme.»

    [Breck’s Shampoo era nuevo en aquel momento, al igual que el shampoo empaquetado en general.]

    Vertió un poco de champú en su palma mientras Jacqueline se inclinaba hacia adelante, las puntas de su cabello flotaban en el agua. Frotó sus manos con el champú y comenzó a enjabonar su cabello, masajeándolo. Sus dedos se sintieron tan bien en su cuero cabelludo que ella ronroneó un poco.

    «Eres muy bueno, Karl».

    «Vuelve a Alemania conmigo y seré bueno contigo para siempre».

    «No puedo. Todavía no. No estoy lista para establecerme». Jacqueline bajó la cabeza y la sacudió bajo el agua.

    «Supongo que entonces solo tendremos estos breves encuentros», dijo, con tristeza cuando ella volvió a levantarse y se secó los ojos del agua. Su sonrisa volvió. «Me dijiste una vez que habías pasado tiempo buscando un monstruo en el lago Ness.»

    «Sí y concluí que es nada más que un mito. ¿Por qué?»

    «Creo que está aquí en la bañera con nosotros», dijo Karl.

    Jacqueline levantó una ceja, luego sonrió cuando Karl levantó las caderas y su pene erecto se liberó de la superficie.

    «Tal vez debería tratar de capturarlo entonces», dijo, inclinándose y engullendo la cabeza de su polla en su boca.

    Jacqueline ajustó su posición e hizo un excelente trabajo al darle una de sus mejores mamadas. Su vientre gruñó cuando los efectos del PENE se apoderaron de ella al ansiar el sabor de su semen. Su mano amasó delicadamente sus bolas mientras acariciaba su eje y chupaba la cabeza de Mjolnir. Su pene estalló, llenando su boca con su delicioso semen. Ella gimió mientras saboreaba y tragaba cada chorro hasta que su polla dejó de retorcerse en su boca. Jacqueline no se detuvo allí, siguió chupando, manteniéndole su miembro dura. Cuando sintió que estaba a punto de eyacular de nuevo, Jacqueline se dio la vuelta en la bañera, alcanzando entre sus piernas su polla y guiándola hacia su coño. Se sentó en su regazo y se recostó contra él. Karl la rodeó con sus brazos. Jacqueline suspiró y cerró los ojos, su mejilla junto a la de él. Besó su oreja, luego su mejilla, luego su cuello. El alemán alcanzó el champú y derramó un poco sobre sus senos mientras sus fuertes manos enjabonaban sus senos, pezones y vientre. Lentamente movió su pene, solo moviéndose un poco dentro de ella, pero sus músculos vaginales parecieron hacer el resto, contrayéndose y tirando de su pene hasta que tuvo el primero de varios orgasmos. Pasó mucho tiempo antes de que su pene estallara dentro de ella, bombeando más de su semilla en su matriz. Para entonces el agua se había enfriado.

    Jacqueline estaba inclinada detrás de un biombo sujetando las medias de nailon a la liga mientras Karl se cambiaba cerca de la cama. Su bolso del muslo ya estaba atado. El peso del Enfield en el interior se sintió reconfortante en su cadera.

    «Tírame mi vestido», gritó.

    El vestido voló y cayó sobre el biombo.

    «Última oportunidad para cambiar de opinión, Lady Ainscow», dijo Karl. «Podemos cambiar nuestra ruta en un tren con destino a Berlín».

    «Es tentador», respondió ella. Jacqueline se levantó y se quitó el vestido por la cabeza. Se congeló y pareció triste por un momento. «Karl, por favor, no pienses mal de mí por mi comportamiento de anoche».

    «¿Pensar mal? Esa fue la mejor noche de mi vida.» Él rió.

    Jacqueline sonrió aliviada.

    «Simplemente no quiero que pienses que soy una especie de zorra. No era exactamente… yo misma».

    Dio la vuelta a la pantalla. Jaeger se veía guapo con su uniforme. Sus ojos se posaron en el brazalete con la esvástica que él se había puesto.

    «¿Te uniste al partido?»

    Él se encogió de hombros.

    «Uno debe hacerlo, si desea ascender de rango en estos días. En cuanto a usted, mein liebchen, entiendo que estaba sufriendo los efectos del PENE DE OSIRIS y disfruté bastante de su «nuevo yo»».

    Jaeger alcanzó su pistolera y sacó una Luger, apuntándola.

    «¿Cómo…» Jacqueline se quedó atónita y sacudió la cabeza.

    «¡Él PENE…!»

    «Ahora está en posesión de mi socio junto con la señorita Collins».

    «¡Maldito seas Jaeger!» ella gritó. «Si le haces daño a un cabello de Hilary…»

    «Te aseguro que el hermoso cabello rojo de la señorita Collins no sufrirá daños, pero ella vendrá conmigo al igual que tú. Tal vez otra dosis de POLLA sea todo lo que se necesite para hacerte mía».

    Jacqueline pasó junto a él, dirigiéndose hacia la puerta.

    «¡ALTO! ¿A dónde crees que vas?» Levantó el arma y la apuntó cuando ella se detuvo y se dio la vuelta.

    Jacqueline parecía enojada y traicionada porque había una parte de ella que amaba a este hombre.

    «No me dispararás, Karl», afirmó con confianza.

    «Cumpliré con mi deber hacia la patria, Lady Jacqueline».

    Jacqueline caminó descalza hacia la puerta, la abrió y salió corriendo hacia su cabina. Karl no disparó y su pistola.

    *******************

    Hilary estaba arrodillada, con la cabeza hacia atrás y la lengua fuera. El esperma de Blobel cayó sobre su nariz en un hilo hasta la barbilla. Sacudió su polla, más de su eyaculación se liberó en su boca. Hilary lo dejó rodar por su lengua antes de lamer sus labios y deslizar el semen en su boca antes de tragarlo. Había una última gota como una perla colgando de su uretra que ella lamió, dándole un beso en la cabeza de su polla antes de que él subiera la cremallera de los pantalones negros oscuros.

    «Danke Fräulein», jadeó, mirando su vestido.

    Hilary no optó por su vestido habitual, sino que tomó la ropa de «trabajo» de Jacqueline: pantalones, botas y una blusa blanca con botones en la parte delantera. Se sentía extraña sentir sus piernas en los pantalones. Odd Blob la miró con lujuria. Él había recuperado su Luger y la estaba agitando hacia ella.

    «Schnell fräulein. ¡SCHNELL!» [Rápido señorita ¡Rápido!]

    «Voy tan rápido como puedo», dijo ella.

    «Gut, ahora agarra el PENE y nos pondremos en camino».

    Hilary agarró la caja egipcia antigua y la sostuvo contra su pecho mientras Blobel le indicaba con la pistola que lo precediera. Él la siguió hasta el vagón dormitorio, sosteniendo el arma hacia abajo y fuera de la vista, y caminaron lentamente hacia la parte trasera del tren.

    Jacqueline corrió hacia el próximo vagón. Karl era rápido y ella solo había recorrido la mitad del carruaje cuando se vio obligada a girarse para enfrentarlo. El la agarró y mantuvo una presión constante sobre ella tratando de evitar que huyera al vagón comedor. Jacqueline estaba desesperada por asegurarse de que Hilary estuviera bien y su pie descalzo golpeó a Karl. No hizo mucho contra su bota, pero lo sorprendió lo suficiente como para que ella le diera un puñetazo en la nariz. Karl se tambaleó y ella huyó al coche comedor.

    Karl la siguió, un hilo de sangre manaba de una fosa nasal. Los comensales y el personal se pusieron de pie alarmados por el desorden. Las voces se alzaron en estado de shock y Jacqueline escuchó caer una bandeja por la sorpresa. Siguió retrocediendo, metiendo el pie debajo de la pata de una silla y arrojándolo hacia él. Jaeger lo empujó a un lado y continuó su avance.

    «¡Jacqueline!»

    Oír su nombre sobresaltó a Jacqueline y una rápida mirada a la izquierda reveló al mayor gordo, sosteniendo un arma en una mano, con la otra mano agarrada con fuerza alrededor de la muñeca de Hilary. La doncella tenía la caja del PENE con fuerza debajo de su otro brazo. La distracción era todo lo que necesitaba Karl Jaeger, estiró su brazo y consiguió agarrarla por encima de su hombro izquierdo. Jacqueline sintió la brisa a lo largo de su cuerpo: su vestido cayó a sus pies, las correas de los hombros se separaron.

    El ruido en la multitud se hizo más fuerte y los encantos de la joven se mostraron ante ellos, desnudos excepto por la liga y las medias, así como por el bolso atado a su muslo. Forcejeó con Karl observando a Blobel empujar a Hilary hacia la salida.

    «Voy por ti, Hilary».

    Hilary se volvió y sacudió la cabeza con tristeza.

    «Ocúpate de ti misma, Jacqueline», gritó antes de que Blobel la empujara a través de la puerta.

    Jacqueline se detuvo y se volvió para mirar con enojo a Karl.

    «Ese fue un vestido muy caro», gruñó.

    Ella puso en acción sus conocimientos de karate y aikido. Karl nunca supo cómo hizo ella para descargar un golpe con su pie izquierdo en su mandíbula. La mirada de suficiencia de Karl se desvaneció a una de sorpresa al ver que lo más prudente era retirarse. Jacqueline pisó una silla, se subió a una mesa, y con el mismo pie izquierdo alcanzó su hombro izquierdo. Karl retrocedió más rápido cuando Jacqueline saltó de una mesa a la siguiente y finalmente salió por la puerta justo antes de que ella lo alcanzara con otro golpe.

    Jacqueline corrió a través de la puerta a tiempo para verlo subir la escalera al techo del tren en movimiento. Corrió hacia la escalera, esperando un ataque desde arriba, pero no se produjo ninguno. Cuando ella subió al techo, él ya había saltado al siguiente vagón.

    Ella corrió, alcanzándolo en el techo del vagón de equipajes. El tren estaba desacelerando. Sonó el silbato. Se podía ver París y la torre Eiffel en la distancia, pero por encima de eso se cernía la presencia de un zepelín que se acercaba rápidamente con la esvástica nazi claramente visible en una cola.

    Karl retrocedió e intentó sacar su arma. Pero ella voló en un salto acrobático y con sus piernas y brazo lo inmobilizó.

    «Ríndete o ya mismo te quiebro el cuello», ordenó.

    Karl no lo pudo ver pero sintió el cañón del Enfield de Jacqueline en el orificio de su orega. Levantó las manos en señal de rendición.

    «Levántate. Te cambio por Hilary».

    Karl se levantó. Hizo entrechocar sus talones e hizo una reverencia, girando antes de que Jacqueline pudiera detenerlo. Ella lo persiguió, observándolo saltar desde el extremo del vagón de equipajes a través de una brecha cada vez mayor hasta el carruaje nazi. Blobel y Hilary estaban al final del tren. Hilary estaba sosteniendo la caja mientras Blobel acababa de separar el vagón nazi del tren principal. Jacqueline intentó saltar, pero la brecha era demasiado amplia para hacerlo en ese momento. En cambio, se deslizó de la torre, colgando del borde y cayendo al final del vagón de equipajes. Jaeger colgaba de ambas manos del extremo del coche nazi. Cayó de pie ante Hilary y Blobel. El autocar de lujo se detuvo, pero también lo hizo el tren, algo más adelante se detuvo antes de entrar en la estación.

    «Solo deja ir a Hilary». Le gritó Jacqueline a Jaeger.

    «No lo creo, Lady Jacqueline.»

    Jacqueline metió la mano en su riñonera y levantó el Enfield, apuntándolo a Karl. Blobel inmediatamente volvió su Luger hacia ella.

    «Deja ir a Hilary», dijo lentamente con los dientes apretados.

    «No lo entiendes, ¿verdad, Jacqueline? ¿Por qué crees que estoy aquí? Hilary me contactó».

    «Le envié un telegrama desde El Cairo», confesó Hilary.

    «¿Por qué hiciste eso Hilary?» dijo Jacqueline atónita.

    «Porque, Jacqueline…», dijo Hilary. «…soy una espía nazi».

    ****************

    Episodio anterior: “Jacqueline y Karl”

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  • Perdidos (5): Jonás el macho alfa de la manada

    Perdidos (5): Jonás el macho alfa de la manada

    El hijo mayor de Judith, toma la delantera en la competencia con sus hermanos, y madre e hijo comienzan a dar rienda suelta a su pasión.

    Jonás realizó rápidamente sus tareas habituales, y ya de noche regresó al campamento.

    Ni bien lo vio su hermano Jonatán, lo encaró a solas y le preguntó cómo le fue.

    -Y ¿Qué pasó? Pregunta Jonatán.

    -¡Me parece que la cagué, ósea todo venía bien, pero me parece que la re cagué! Se lamenta Jonás.

    -¿Qué mierda pasó, que mierda hiciste? ¿no era que tenías tanto miedo que el que la cagara era Yo? Le pregunta casi rabioso Jony.

    -Mira, el tema es que todo se fue de las manos, y al último cómo que a ella le atacó el cargo de conciencia, y ¡ahora no sé cómo va a seguir todo esto! Le detalla Jonás.

    -¿Te la cogiste y se arrepintió? ¡hijo de mil putas, ahora el único que cogió fuiste Vos y el resto quedamos todos afuera! ¿pensaste que, aunque ella sea mamá, es la únicas te la quisiste coger en la primera oportunidad, ahora nos cagaste a todos!

    ¡ahora, Yo me quedo sin mi parte, Tomás sin la suya, y Roni se va a morir sin saber lo que es ponerla. ¡Todo porque Vos te la quisiste coger en la primera oportunidad que consideraste que se te presentó! Le grita Jonatán y le da una trompada en el pecho.

    -¡Espera imbécil, no fue así, no me la cogí estúpido! La cosa se puso caliente y en lo mejor ella se echó atrás. Le cuenta Jonás.

    -¿Caliente? ¿Hasta donde llegaron?, Insiste Jonatán por más detalles.

    -Nos bañamos, nos desnudamos, y cómo la cosa iba viniendo, le metí mano. Después ella no quiso saber más nada. Eso fue todo. Explicó Jonás sin ahondar demasiado en detalles.

    -¡Okay, hasta acá llegaste cómo capitán del equipo, ¡Yo me abro y voy a hacer mi propio juego por ganarme el lugar de macho Alfa para la única hembra de la manada, por tu estupidez no vamos a perder todos! Dice Jonatán muy disgustado con su hermano mayor.

    -¿No le vas a dar una última chance al “equipo”, mira que quizás Yo pueda estar equivocado y tal vez no todo esté perdido con ella? Le advierte su hermano mayor.

    -¿Cuánto tiempo queres? Le pregunta Jonatán.

    -Es que no sé si es que se trate de tiempo. Le explica Jonás.

    -Hace la tuya hermano, Yo me abro. Le dice Jonatán y se va.

    -¿Cómo que te vas a abrir? Insiste Jonás

    -Mira la verdad, es que acá Vos te estás asegurando el puesto de macho Alfa, y de última me harías o nos harías el favor de compartírnosla, y a mi eso no me termina de cerrar. Además, honda cómo que por lo que Vos mismo decis, ya estás acabado con ella. Y nadie comparte lo que no tiene ¿entendes hermanito? Se burla Jonatán.

    -Aunque lo digas en tono burlón y sobrador, te entiendo. Lo único que te pido es que si la cagás. La cagues para Vos y no para el resto. Le responde Jonás.

    La discusión se termina ahí y cada uno sigue con lo suyo.

    La noche sigue avanzando la familia cena toda junta cómo cada noche, y después de limpiar y ordenar, todos se preparan para dormir.

    Pero Jonás, estaba muy nervioso, se sentía muy inseguro y temeroso de tener que compartir esta noche la cama con su mamá, después de la reacción de ella allá en el manantial, luego de lo que pasó entre ellos.

    Judith, lo notaba raro, nervioso, cohibido, avergonzado, compungido. Y es que también ella durante la cena familiar, y hasta ese momento antes de ir a dormir se había comportado totalmente indiferente con él. Y ella quiso aclarar las cosas antes de dormir.

    Cómo el resto de los muchachos ya estaban acomodándose para dormir en la carpa, Judith le pidió a Jonás que fueran a la cueva donde ellos tenían el “comedor”, porque afuera ya estaba muy oscuro, llovía y no quería que sus demás hijos escucharan la conversación que ella tenía con el mayor de ellos.

    Cuando llegan a la cueva Judith enciende 2 antorchas para alumbrar el lugar, y ella se sienta en una de las grandes piedras que usaban cómo sillas, y él se sienta en otra de ellas, frente a ella.

    -Jonacito, mi amor, quería que hablemos un poco sobre lo que pasó hoy, y de lo que viene pasando desde hace tiempo, quiero hablarlo bien hoy, porque no quiero arrepentirme de nada en el futuro, mira, Yo entiendo por lo que estás pasando, por lo que estamos pasando ambos, y todos en general desde que nos quedamos atrapados acá. Pero ahora necesito concentrar esta conversación muy especialmente en nosotros 2, porque cómo sabrás de acá nos tenemos que ir a la cama los dos, cómo lo hemos hecho en cada noche, pero lo que pasó hoy lo cambió todo, ósea lo que pasó hoy, blanqueó una situación que ya no daba para mucho más, y que tarde o temprano iba a desencadenar algo, pero el tema acá es que no solo Vos tenés necesidades masculinas, Yo también tengo las mías. Y esto con el correr del tiempo se va a tornar cada vez más difícil para todos. Dice Ella mientras su hijo la escucha atentamente con la mirada en el piso.

    -Mamá. Alcanza a decir él, cuando ella retoma la palabra.

    -Todavía no termino. Lo que quiero que acordemos es que: Vamos a ir muy tranquilos con esto, lo que pasó hoy, es nuestro más íntimo secreto. Y con el tiempo veremos cómo evoluciona todo esto. Pero si sigue avanzando, y si decidimos tener una relación de hombre y mujer, no será cosa de un arrebato pasional momentáneo, sino algo muy bien pensado y controlado. Dice Ella.

    -¿Me estás diciendo que nos vamos a dar una oportunidad? Le responde él sorprendido.

    -Te estoy diciendo que no sé cómo manejar todo esto, que cualquier cosa puede pasar con el tiempo. Pero lo que pase, será algo cómo una locura racional. Ósea, mira, lo que pasa es que, en estos meses, no solo nos hemos entendido muy bien, nos complementamos muy bien, nos organizamos muy bien cómo cabeza de la familia yvoz de mando para el resto. Sino que también nos…bueno nos atraemos de algún modo cómo hobre y mujer, y aún así ¡No podemos olvidar que somos madre e hijo! Dice ella.

    -Si mami, tenés toda la razón del mundo. Y no sé qué decirte, pero me gustaría que nos apoyemos mutuamente en todo. Él dice estas palabras y ella se pone de pie le toma la mano a su hijo y cuando este se pone de pie frente a ella ambos se abrazan por unos largos instantes.

    Ellos apagan las antorchas que alumbraban el lugar, y vuelven a la carpa, donde ya todos dormían.

    Ambos se desvisten totalmente a oscuras. Las palabras de Judith aún resonaban en la mente de Jonás.

    Cuando el muchacho se estaba poniendo el pijama, y su mamá se da cuenta de ello, le pide que esta noche no se lo ponga, que la temperatura de la noche no estaba tan baja, y que esta noche no pasaría frio.

    Jonás obedece a su mamá y se acuesta solo con remera y calzoncillo

    Pero cuando aún se está acomodando en la cama, al rosar su cuerpo, se da cuenta que ella tampoco se había puesto el pijama esa noche.

    Jonás cómo puede ignora la situación, y se acuesta dándole la espalda a su mamá.

    Pero varios minutos después, siente cómo ella lo abraza tiernamente y lo besa en la nuca.

    Lejos de poder dormirse, Jonás y Judith, quedan en esta posición durante varios minutos. Y entonces ella comienza a acariciarlo suavemente, y su hijo no puede evitar tener una brutal erección.

    Ella lo sigue acariciando durante varios minutos, y cada tanto le da un tierno beso en la nuca mientras escuchan la lluvia golpeando la lona de la carpa, que en los últimos minutos se había vuelto más intensa.

    Cómo el golpeteo de las gotas de agua sobre la carpa era más intenso, y el ruido también lo era. Ella encontró el momento para hablas en voz baja con él.

    -Jonacito, mi amor. Murmura Judith.

    -Que mami. Responde él.

    -Gracias por entenderme, por estar conmigo en esta, y ser el buen hijo y hombre que Sos… te amo. Le dice ella sin dejar de acariciarlo.

    -Yo también te agradesco mamita, sos la mejor y también te amo. Le responde él.

    En ese momento, ella, baja su mano desde el pecho de Jonás hasta llegar al erecto pene de su hijo. Y para sorpresa de él, con un hábil movimiento lo libera del calzoncillo.

    -¡Mami, noo! Alcanza a murmurar él. Cuando ella le toma el pene con la mano.

    -¡Shhh, hoy a mamá le quedó algo pendiente, y lo va a hacer ahora…¡te acordas del orgasmo que me hiciste tener hoy a la tardecita? Yo prometí devolvértelo y lo voy a hacer. Dijo ella masturbándolo suavemente

    Entonces Jonás se pone boca arriba en la cama y cierra los ojos, dejándola hacer su trabajo.

    Pero mientras ella lo masturba suavemente en silencio y él abre sus piernas. La discusión que había tenido con su hermano Jonatán, volvió a la mente de Jonás. Especialmente cuando Jonatán le dice que él se quedaba sin su parte. Y eso lo hizo sentirse totalmente ganador con su mamá, cosa que en ese momento lo excitó aún más.

    Entonces en un arrebato de calentura, le sacó la mano de su paja a Judith, y le dijo.

    -¡Vení a arriba! Le ordenó a su mamá

    -¿Qué? ¡Nooo! Se negó ella

    -¡Vení a cabalgarme! Le insiste él.

    -¡Nooo, es esto o nada! Lo amenaza su mamá.

    -¡Por favor! Le suplica su hijo.

    -¡Tranquilo, tranquilo, respira profundo y empezamos de vuelta! Trata de calmarlo ella dejando de masturbarlo.

    Viendo que su mamá hablaba en serio, Jonás le obedece y respira profundo hasta tranquilizarse.

    -¿Te parece que vamos muy rápido hijito? Le pregunta ella tiernamente.

    -No sé, tal vez. ¡pero ya no pienso volver a tras! Le dice él.

    -Tranquilo Jonacito de mami, nadie está hablando de volver atrás, mamá tampoco quiere volver atrás, solo me parece que tenemos que ir despacio con esto. Le explica Judith.

    -Si mami, tenés razón, en eso quedamos en la charla de hace rato, Responde él.

    -¿Podemos seguir ahora? O ¿preferís parar acá? Le dice Ella.

    -Intentémoslo una vez más. Le pide su hijo.

    -Tranquilo mi amor todo irá llegando, pero manejemoslo con calma ¿bueno? Le pide ella mientras lo pajea suavemente.

    El no le responde nada, solo disfrutaba en silencio de la hermosa e increíble paja que le hacía su mama en aquella lluviosa noche en la carpa y mientras sus hermanos dormían plácidamente muy cerca de ellos.

    Entonces de pronto ella siente cómo Jonás se pone duro y deja escapar un pequeño jadeo. Ella le toma la mano y ambos se dan un fuerte apretón de manos, mientras la verga de Jonás baña de semen la mano con la que ella lo masturbaba.

    Judith, lo sorprende con un apasionado beso en la boca.

    Jonás, aún estremecido por el orgasmo, siente cómo su mama lo besa, casi ahogándolo con su lengua, y por momentos dándole respiración boca a boca con su aliento.

    Ella se levanta y sale de la cama, y poco después la puede oir salir de la carpa. Jonás queda tratando de recuperar energías y volviendo en si, tras el teremendo orgasmo que le había hecho tener su mami con la mano, y trataba de imaginarse lo que le esperaba cuando logre metérsela en la concha, el culo o incluso la boca.

    Estaba en esos pensamientos, y casi durmiéndose, cuando la siente a Judith volver a la cama, limpiarle la pija con un trapo húmedo, besarlo tiernamente en los labios.

    -¿Dónde estabas mamita? Le pregunta él casi dormido.

    -Fui a refrescarme con la lluvia, para bajar la calentura que tenía, a mear y caminar un ratito para distraerme un poco. Le dice ella mientras lo acaricia suavemente.

    -¿Queres que caminemos bajo la lluvia? Le pregunta él tratando de complacerla.

    -¡Jajaja! Está lloviendo muy fuerte mi vida, lo que pasa es que Yo necesitaba salir un poco, después de lo que pasó. Dice ella

    Ella se acuesta dándole la espalda, y el chico la abraza tiernamente, y se duermen hasta la mañana siguiente.

    Durante el siguiente día Jonás y Judith, actuaron con absoluta normalidad frente a los demás, pero entre ellos, todo había cambiado definitivamente.

    En cuanto a Jonatán, las sospechas, confusión y rabia. Iban aumentando en él

    Jonatán, quería averiguar que estaba pasando entre ellos, y al mismo tiempo quería y ganándose una mejor confianza con su mamá de acá en más.

    Con respecto a Tomás, lo suyo era más hormonal que otra cosa, la posibilidad real de tenerla en la cama a la única mujer en la isla, que resultaba ser su mamá, ni siquiera pasaba por su cabeza todabía.

  • Sensaciones sexuales (VI)

    Sensaciones sexuales (VI)

    Llegamos a la casa de mi amiga Natalia. Era verano y el calor no nos daba un segundo de tregua. Apenas entramos me dijo:

    – Marisa ya conoces el camino.

    Sin mediar otra palabra, y recordando que el dia anterior me había estado mirando la cola mientras subía esa escalera caracol, le respondí:

    – Primero las damas.

    Naty sonrió y subió a su dormitorio, sabiendo que esta vez era yo quien iba a disfrutar del paisaje.

    Una vez en su habitación, nos sentamos cada una en su cama. Si bien yo estaba en la cama de Elena, la sentía como propia, como que era una extensión de mi casa.

    Nos sacamos los vestiditos de algodón, típicos de los que se usan por encima del traje de baño y por supuesto, no podíamos dormir en bikini. Naty ya me había visto totalmente desnuda el día anterior y yo a ella. No tenía sentido ser pudorosas, así que ambas nos quitamos todo y nos quedamos totalmente desnudas. Yo emití una risa pícara y algo vergonzosa. A Naty eso le llamó la atención.

    De repente se puso de pie y se paró a mi lado. Me pidió que me pare. Paso su brazo derecho por detrás de mi cintura y me pegó a ella. Sentí como nuestros pechos se juntaron, como nuestras pancitas se juntaron, como nuestro sexos desnudos estaban tan cercanos.

    Me miró a los ojos y me dijo: “a vos te pasa algo, lo presiento”.

    ¿Se había dado cuenta? Mi corazón empezó a latir muy rápido. Me quedé sin palabras.

    Se acercó a mi oído, corrió mi pelo por detrás de la oreja y me susurró: “me parece que yo sé lo que te pasa”.

    Mi corazón se aceleró, sentí algo especial en el estómago, y finalmente, uff. Naty usando el mismo dedo con el que me corrió el cabello, bajó por mi mejilla. Fue una sensación hermosa. Solo cerré los ojos y disfruté esa caricia. Siguió su camino hacia abajo no sin antes tocar mi pezoncito que me hizo estremecer al sentir ese roce. siguió por mi panza y finalmente llegó a mi pubis. Comencé a respirar con mas fuerza porque me imaginaba lo que se venía. Naty llegó a mi vagina y posó sus deditos allí. Y sí, para que mentir, mis labios estaban totalmente empapados. “Estás muy caliente” me dijo casi susurrando.

    Instantáneamente comenzó a hacer pequeños círculos en mi vulva y yo me rendí abrazándola. Acariciaba su espalda y disfrutaba lo que ella me hacía. En un momento me atreví y agarré uno de los cachetes de su cola. Me gustó hacerlo. Sentí que me mojaba más.

    Un toc-toc en la puerta interrumpió nuestra muestra de cariño. Era la mamá de Naty.

    -Chicas, ¿necesitan algo? voy a apagar las luces.

    -Nada ma!!- respondió Naty, en el preciso instante en que dejó de abrazarme y tocarme.

    -Hoy te salvó la campana- me dijo luego mirándome a los ojos. Se fue a su cama y se acostó para dormir. Yo no pude hacer otra cosa más que copiar dicho acto. Naty apagó la luz y la habitación quedó totalmente a oscuras.

    Me tiré a la cama totalmente desnuda, boca abajo y por supuesto el brazo que Naty no veía, justo con la mano en mi entrepierna. No sé cómo iba a hacer para no hacer ruido pero quería terminar lo que mi amiga había comenzado.

    Mi mano no podía evitar jugar, buscando mi clítoris. Mi corazón salía de mi pecho. Mis piernas querían acompañar el ritmo de mis caricias. Era muy rico todo lo que estaba sintiendo.

    Algo me llamó la atención. Muy cerquita también se sentía un respirar profundo y el ruido de una cama que también se movía.

    Yo estaba muy concentrada en lo mio, asi que ignoré todo lo que pasaba a mi alrededor y me seguí tocando. En un momento Naty me dice: ¿Marisa, te estás masturbando? Me dio mucha vergüenza y respondí: No. ¿Y vos Naty? Ella simplemente respondió: “también”. Y las dos nos empezamos a reír dando un final diferente a ese ratito de excitación.

    Cansada por todo lo que pasó en el día me dormí instantáneamente y de una manera muy profunda.

    Una vocecita me despertó diciéndome al oído: “Dulce despertar princesa hermosa” y me dio un beso en el cachete. Era Naty que ya se había levantado y estaba lista para el desayuno. Yo seguía totalmente desnuda tal cual había quedado la noche anterior. Me dio vergüenza. Me tapé como pude y me vestí lo más rápido que pude.

    Bajamos a desayunar y los padres de Naty se ofrecieron a llevarme porque iban a Pueblo Esther y mi casa quedaba de camino. Así que acepté la invitación y me volví a casa con ellos.

    En el camino me entró un mensaje de whatsapp que me dejó con la boca abierta.

    Continuará…

  • Cogida por el chiquillo (3/4)

    Cogida por el chiquillo (3/4)

    Hasta el martes tuvimos la oportunidad nuevamente de salir, aplique la misma técnica del pasado encuentro con mi vieja así que no tenía ni un ápice de remordimiento, estaba decidido a seguir cogiendo con mi amiguita, pasara lo que pasara, quería explorar más situaciones morbosas, puercas, quería todo con ella. Ese día nos vimos por la tarde y luego por la noche, en la tarde estuvimos cotorreando con unos amigos que teníamos en común, que uno de ellos le tiraba los perros bien cabron a mi amiguita, pero ella nunca le hacía caso al pobre diablo, no era feo tampoco era hermoso como yo, pero si se defendía el güey:

    Yo: qué onda paco, hay anda Lucy (mi Amiguita) ¿le vas a coquetear como siempre?

    Paco: simón güey, me encanta esa chica, hasta sueños húmedos tengo por ella no mames, y nunca me pela, pero tengo la esperanza de que algún día me haga caso

    Yo: pues toma asiento para que no te me vayas a cansar mijo jajaja

    Paco: no te burles culero, de eso pido mi limosna.

    Lucy: qué onda cabrones, y no paco, ando con alguien que me coge riquísimo y punto para que no empieces con tus cursilerías.

    Paco: como sabes que es más cabron que yo si no me has probado, dame chance una vez no seas así, yo te quiero bien, derecho.

    Lucy: si güey y luego me vas a botar por otra más buena que yo, no gracias culero. Aparte ya te dije que tengo un cabron y no lo voy a engañar güey entiende por fa, seamos compas como siempre va.

    Paco: ok prefiero tu amistad a nada de ti, mi pinche Lucy por eso me encantas, pero algún día caerás en mis brazos (spoiler alert: terminaron juntos años más tarde jajaja)

    Entrado el cotorreo estábamos los tres con otros dos amigos, paco quería saber quién era el amante secreto de Lucy, ella lógicamente lo negaba a viento y marea, ni pistas daba de nada, aunque paco era insistente hasta que por ese día desistió. Echábamos chela leve, y una plática muy ligera hasta que sonó mi cel. y tenía que ir a ver unos asuntos de trabajo, así que me moví y de ahí le dije en secreto a Lucy que la vería por la noche en su casa.

    Vámonos a la noche de ese hermoso día, hasta me emociono de volverlo a vivir, llego y abre la puerta, esta ocasión traía una bata blanca como de seda, que puto agarrón nos íbamos a dar, mi pija despertó al putazo:

    Yo: no mames que te ves tan elegantemente puta

    Ella: gracias mamon, esperaba un cumplido como ese, perro

    Entre a su casa y estaba el ambiente caliente al cien, tome asiento en su sillón y comenzamos a beber alcohol para sacarnos el estrés y entrar en manos a la obra. Entre platica la acariciaba, pero no me dejaba ver su interior, era sorpresa, le besaba el cuello, le mordía la orejita, le decía: “eres mi perrita, ya quería que fuera hoy cabrona” “me has dejado fascinado con tu forma de ser tan putamente rica” a lo que me respondía “no mames güey porque me calientas tanto con tus guarradas pinche culero” “ya me comencé a mojar solo con tus besos y tus palabras sucias cabron” mientras me bajaba el cierre y se daba vergazos en las mejillas y le daba lamiditas de gatita a mi verga y la guardaba en mi pantalón. Era un jugueteo con tanto morbo que lo disfrute más aún que la ocasión anterior.

    Llevamos con calma esa noche, yo me quería quedar con ella, eso esperaba que me diera chance para coger varias veces en la noche mientras seguimos tomando cheves en las primeras ocasiones si íbamos al baño, aun no entrabamos en materia, en una vez que fui al baño estaba apuntando al baño y aparecieron sus manos rodeando mi verga: “te ayudo amor” yo te lo sostengo para que no te canses y mientras meaba me agarraba la verga “que rica verga” “me estás haciendo adicta a tu verga cabron” “no la vayas a cagar pendejo eh que no quiero depender de tu puta verga jajaja” ya andábamos jocosos y cachondos al por mayor, regresamos al sillón después de mear casi juntos y continuamos con la plática a lo que nos decimos:

    Ella: güey eres bien jarioso cabron, te pasas, no pensé que fueras tan así, pero no me quiero clavar contigo güey por eso tendremos que hacer los encuentros más esporádicos porque, así como soy de pendeja, me ando clavando y no solo en tu verga güey.

    Yo: estoy disponible cuantas veces quieras mami, mientras te sientas chida yo estoy bien, vamos a darle que a eso venimos güey ya ando bien erecto

    Ella: ay no mames güey que pitote, dámelo es mío, al menos hoy jajaja.

    Iniciamos el acto amatorio, le quité la bata y estaba totalmente desnuda, esas tetotas ricas al aire y esa panochita recién depilada eran un lujo, le pude chupar la puchita rica, puse mi verga entre ese para de tetas para una rusa maravillosa ahí me vine un poco no pude aguantar al sentir tan rico y escuchar sus gemidos de placer, la hice venir varias veces con solo darle un oral de lujo, le metí la verga por todos los hoyos, pero venimos a leer que paso con el chiquito:

    Yo: (me la estoy bombeando en cuatro mientras con mi dedo índice acaricio su ano) te estoy preparando para quedarme con este chiquito, bebé.

    Ella: no chingues güey ah sí papi sigue cogiéndome no me la saques cabron, no mames es que por ahí no me lo han metido, un dedito sí, pero toda tu verga no jodas cabron me vas a lastimar.

    Yo: déjate llevar perrita, fíjate y siente como lo vamos a hacer, no tengas miedo, te tratare como dama.

    Ella: ay mi amor, me encanta que seas tan culeramente romántico conmigo, aunque sea de mentira solo para meterme tu tolete.

    Yo: es que, si me importas güey, eres mi mejor amiga Lucy, no se te olvide y no te haría daño.

    Le metí el dedo índice babeado por ella y de sus jugos también y soltaba gemidos de dolor con placer mientras yo seguía metiéndole el pito en la panocha. Le hice el mete saca por ambos hoyos se empezó a mover más rico, esa cadera temblaba de placer conjuntamente con los apretones de verga que me daba con sus músculos vaginales, siempre me ha excitado demasiado esos movimientos le saque el dedo y la verga, puse la punta en el ano y empezó a entrar ella decía “no mames me estas jodiendo el culo güey” seguía entrando poco a poco hasta tener media verga dentro y decía “ah si cabron me rompiste el culo en dos hijo de puta, ah mételo más cabron toda la verga ya que ya siento riquísimo, eres una bestia culero” metía y sacaba por completo la verga para que sintiera delicioso y así fue, me dijo “vente dentro de mi culo cabron quiero sentir tu leche en mi culo” y ahí me quede dándole por atrás, que no tarde tanto en venirme porque su culo estaba tan apretadito rico que sentía fantástico en el tolete y solté mi leche dentro, terminando me recosté porque ya no podía más por ese momento.

    Ella: ya te cansaste güey, no mames apenas llevamos uno y ya no puedes

    Yo: espérame güey deja recupero un poco el aliento

    Ella: esta bien amor, eres mi cabron.

    Estábamos en su cama, descansando y tomando mas cheves, así nunca me iba a dar la peda por el ejercicio que hacíamos continuamos platicando y riendo de tantas cosas que sería algo demasiado largo el platicar, nos perdimos como hasta las 6am y según íbamos a aguantar muchas cogidas a lo cual no fue así. Yo tenía que salir a trabajar y ella también nos bañamos juntos y se la metí rápidamente hasta que me vine dentro de ella, pero de la prisa fue en un tris. Salimos cada quien a su lugar de trabajo.

    Tuvimos muchos encuentros similares a este, me quedé sin novia (no por esta razón) y continuamos hasta que tuvo que irse de la localidad a trabajar en otro lugar, la verdad nos dolió mucho esa despedida, pero fuimos muy felices siendo amantes. En un siguiente relato les contare esa última vez que estuvimos juntos. Gracias por su atención.