Blog

  • Mi esposa con mi mejor amigo

    Mi esposa con mi mejor amigo

    Hola que tal amigos les relato la primera experiencia cornuda de mi vida junto a mi esposa. Llevamos 9 años de matrimonio tenemos dos hijos.

    Ella se llama Laura y yo Gabriel ambos de 30 y 31 años respectivamente pues bien ella es una mujer de 1.64 delgada de piel blanca senos pequeños pero con unas nalgas de infarto y cadera bien pronunciada.

    Cuando nos conocimos realmente nos enamoramos y nos hemos amado hasta la fecha he de añadir que tanto ella cómo yo nos dimos nuestra primera vez y el sexo es muy bueno pero siempre hacia falta algo más no se cómo pasó sinceramente pero cuando estábamos en pleno sexo siempre se me venía a la mente como sería el verla a ella con otro hombre? Cómo gemiria cómo se moveria? Etc. y al momento de estarla cogiendo me excitaba aún más esas ideas en mi cabeza pero no me atrevía a decirle nada puesto que ella siempre a Sido muy reservada la típica chava callada del salón la que nunca hablaba para nada y en el sexo también era reservada así que decirle que fantaseaba con verla coger con otro era imposible pero fue hasta que en una de esas noches después del sexo simplemente le pregunté:

    -oye tu alguna vez has tenido alguna fantasía?

    Ella me miró extrañada y me contesto.

    -no, por qué preguntas eso?

    Le comenté: lo que sucede es que tú y yo jamás hemos estado con otra persona, a ti nunca te ha causado curiosidad saber que se siente estar con alguien más?

    Ella me miró y me dijo:

    -no yo me siento bien así! Nunca lo he pensado y tú?

    Yo le dije: si lo he pensado pero esa respuesta la ofendió pensó que yo quisiera estar con otra mujer a lo cual le dije – yo he soñado verte a ti coger con otro hombre.

    Ella se quedó sorprendida y me dijo por qué piensas eso?

    Le dije no se llevó tiempo con esa idea de qué una mujer que era virgen y que solo ha sido tocada por mi saber que se siente verla ser cogida por otro.

    Ella me dijo que soy raro.

  • Lo hicimos en presencia de mis suegros

    Lo hicimos en presencia de mis suegros

    Era una tarde lluviosa, estábamos sentados en la sala de mi novio en compañía de sus padres, viendo una película y pasando una tarde familiar de lo más normal.

    De pronto mi suegra siente frio y pide a mi suegro ir por una cobija, pero antes que termine la frase; mi novio se levanta voluntariamente y va corriendo donde la habitación de su madre y trae 2 cobijas y las reparte entre sus padres y nosotros.

    Mi suegra agradece y dice cuando no, mi bebe de considerado y en eso añado a su comentario diciendo, siempre tierno mi amor, te amo; a lo que él responde: me amaras mucho más luego, con una sonrisa sospechosa; la cual me intriga pero sin sospechar lo que vendría .Él se sienta estira una pierna sobre el mueble y otra deja caer al piso quedando piernas separadas , ahora siéntate en medio me dice y nos cubre con la cobija dejando solo descubierto nuestras cabezas para supuestamente seguir viendo la película.

    No pasa ni medio minuto cuando siento sus frías manos recorrer mis muslos de manera lenta y delicada hasta llegar a mis caderas y a la vez me susurra al oído, ¿deseas que continúe? Pero antes que responda sus manos ya están presionando suavemente mis pechos lo que me provoca una sensación de placer. Esta vez me susurra nuevamente: No respondiste amor y me besa el cuello despacito para no hacer ruido y sospechen sus padres que estaban cerca en otro mueble, me gustó tanto sentir esa sensación que dije si con la cabeza.

    Entonces empezó a explorar mi cuerpo sin censura, metió las manos entre mis piernas y empezó acariciarme bajo la cobija con esos dedos largos, tanto como pudo y me hizo jadear; por momentos pensé se darían cuenta aunque felizmente el volumen alto de la T.V fueron mi salvación, cada vez estaba más caliente y mojada; cuando sintió mis cálidos fluidos entre sus dedos me deslizó el buzo poco a poco y de manera disimulada me pego junto a su verga que estaba fría y tiesa a la vez, sentirla me dio una sensación de placer y miedo ya que quería sentirla dentro mío, pero su grosor y tamaño me intimidaban, para esto ya me tenía sentada sobre su verga y mis manos acariciándola, todo el frio de la lluvia se había ido y mi cuerpo hervía de placer y solo quería sentir más.

    Como era costumbre mis suegros se quedaban dormidos a mitad de película y esta no fue la excepción por eso decidimos hacerlo antes que despierten y nos pillen, él se sentó al filo del mueble y me subió de espaldas sobre él abriéndome las piernas para introducir su verga en un solo empujón y sin tanta delicadeza, lo que me provoco un gran quejido; por eso me tapo la boca y me metía y sacaba la verga con movimientos lentos y alternaba con otros circulares estos me volvían loca y el hecho de tener tapada la boca y cuidar la cobija que no se caiga por si los padres despertaban me excitaba más, pero no contentos con eso nos fuimos a la cocina caminando entrelazados como la raíz a su árbol y mientras me penetraba yo colocaba un tacho con agua para disimular por si los padres despertaban y darles un café instantáneo, nuestro nivel de perversidad aumentaba tanto como nuestras ganas; ya en la cocina no hubo reparos y me inclinó sobre la mesa mirando siempre a la sala y cuidando a los suegros y me penetro tanto como pudo esta vez amortiguo mis gemidos con una servilleta, recuerdo esa tarde como una de las mejores de mi vida porque sentí y disfrute de mi sexualidad al máximo. Me vine a chorros con esa larga verga, una y otra vez gracias a su gran resistencia me permitió ver la gloria.

  • Café caliente y caramelo

    Café caliente y caramelo

    De todos los hombres de la barra lo elegí a él. Sus labios grandes, carnosos, rosas encarnados, la línea como perfilada… Esa boca era una fruta que morder con placer.

    Estaba solo. Tenía una mirada pícara y traviesa color caramelo con la que acababa de cruzarme un par de segundos; me sonrió de medio lado y luego se concentró en su copa casi vacía, que agarraba con ambas manos, o quizás no miraba a nada y mantenía una conversación en silencio consigo mismo, instalado en a saber qué pensamiento, deseando yo en cierto modo que fuese obsceno y hacia mí.

    Volví rápidamente a mi café, ni siquiera había abierto aún el azucarillo y ya había repasado a todo el personal del lounge, llegando a la conclusión de que era él con quien quería probar suerte, si es que me atrevía a atacar, claro, y no se quedaba el morbo encerrado sólo en mi cabeza, como me había pasado en otras ocasiones.

    Mientras removía el café con la cucharita me preguntaba si se habría dado cuenta de mis lascivas divagaciones, pero me interrumpí yo sola mentalmente contestándome «no, sólo habrá sentido que lo observabas tonta, tienes demasiada timidez como para decirle con la mirada, en dos segundos, cómeme el coño en este bar con esa boquita de fresón humedecido, en el baño, no mejor, aquí mismo, encima de esta mesa, después de que arrastres al vacío la taza de café, así de película, y dejes el tablero libre para, después de cogerme, soltarme, y posar mi culo en él». Pero dos segundos pusilánimes sólo dieron para retirar fugazmente la mirada mientras ese deseo canalla se interrumpía un instante entre sonrojos tontos.

    Con los ojos cobardemente escondidos en el café, la nube de nata daba vueltas a la vez que se iba disolviendo en la leche demasiado caliente para mi gusto, humeante aún, y comencé a penetrar en ella la cucharita, la llenaba, la alzaba y dejaba caer en alto la esponjosa mezcla esperando que se enfriase antes; volvía a introducirla y sacarla, introducirla y sacarla, una y otra vez, alternando ese intento por atemperar un poco la bebida con una imagen de esa enorme boca y su lengua entrando y saliendo de mi vagina, y con unas cuantas miradas furtivas más que lancé cautelosamente para no ser sorprendida de nuevo sin estar preparada, y que me calentaron más si cabía ante ese adonis que había activado tanto mi interés. Ni siquiera era mi tipo, ni por edad, demasiado joven, ni por aspecto, demasiado guapo, pero esa boca me tenía hipnotizada.

    Estar sentado con los brazos apoyados en la barra pero algo alejado de ella hacía que su culito se dispusiese respingón. Pensé que con esos músculos definidos sin excesos y ese trasero prieto que se advertía bajo el vaquero sería probable que usara la bici asiduamente. Me encantan los culitos de los ciclistas cuando suben una cuesta, sobre todo ese momento en el que necesitan ponerse de pie en los pedales para transmitirle más fuerza al vehículo, momento en que se dibujan las líneas de sus fibras en las mayas con trazos muy eróticos.

    El chico volvió a coger su vaso servido de nuevo con Cuatro Rosas sin hielo, y antes de mojar esos labios tan apetecibles volvió a mirarme, esta vez sin prisa, de abajo a arriba, siguiendo el largo de mis largas piernas cruzadas a lo Sharon Stone, comenzando desde mis botas chelsea de tacón fino hasta el bajo de la falda de tubo con cintura alta en la que estaba embutida, y que sentada y cruzada quedaba algo más arriba de mis rodillas. Antes de que subiera más su mirada ya había estirado mi tronco y dirigidos hacia atrás mis hombros, adelantando así mis senos muy sutilmente, en un movimiento desapercibido, estilizando mi figura hacia una postura provocadora. Aquella falda me sentaba de muerte pero empecé a pensar que probablemente no era la prenda más apropiada para un instinto básico, para abrirme bien de piernas sobre la mesa y dejar que mojara su fresón en mi ya humedecida entrepierna.

    Cuando hizo una parada en mi escote, cuya abertura dejaba adivinar adrede la forma de mis servidos pechos, mi piel comenzó a erizarse y mis pezones se endurecieron y se volvieron tan sensibles que el roce de la ajustada camisa blanca de seda sobre ellos me reexcitó soberanamente. Entonces él se mojó ligeramente los labios con su lengua acabando por morderse un poco el inferior, y justo en ese instante una punzada intensa de placer en el clítoris, erectándolo, me hizo apretar las piernas contra el pubis y empinar el culito, ambos actos reflejos, igual que un animal, igual que una gata en celo. Fue cuando caí en la cuenta que yo ya no había refugiado más mis ojos en el café porque ya no estaban tímidos ni avergonzados sino desatadamente hambrientos.

    Sus ojos caramelo, grandes y rajados aterrizaron en los míos nuevamente, con una mirada esta vez descarada y condescendiente, sin tapujos, regalándome otra sonrisa de medio lado tan marcada como la intención que me estaba mostrando. «Ahora sí lo sabe», me dije, «está claro, me lo está poniendo bien fácil», y es que su faz excitada lo decía todo. Mi cortedad, gloriosamente y al fin, huyó escurridiza y sin avisar, mis piernas empezaron a descruzarse manteniendo el mismo estilo que cuando estaban cruzadas, muy de pose, en un aviso hacia él de que iba a ponerme en pie, mientras mis ojos le contestaban en tono fogoso con una invitación a seguirme al baño. La desfasada idea de la mesa se esfumó, evidentemente, ante la presencia de espectadores y como no, la posible llamada a la policía a poner orden en aquel innecesario escándalo.

    Andando en pasos lentos hacia el baño, dejé caer mis caderas bajo el sensual bass de Tricky y la pícara voz de The Antlers en un Parenthesis que arrancó a sonar, tan erótico como oportuno, justo cuando comenzaba a levantarme del asiento, sin dejar de mirar insinuadamente al caramelito que parecía ser que me iba a comer, en una caminata provocativa y sensual que culminé con una última mirada buscando su asentimiento.

    Tras la primera puerta había un pasillo con cuatro puertas más. «Ellas» y «Ellos» primero y «No pasar» y «Privado» al fondo. Abrí la puerta de «Ellas» y con un solo pie dentro unas manos me cogieron de la cintura, me tiraron hacia atrás hasta dar en seco con un cuerpo y unos labios rozaron mi oreja derecha mientras una voz me susurraba «tengo un sitio más idóneo al que llevarte, preciosa». Mis cachetes notaron su erección y mis flujos se desbordaron en cataratas ante la idea de tal prominencia. Me di la vuelta y cogiéndome la nuca con su mano acercó a mi boca su fresón, que ya había yo mordido antes sin dolor en mi mente, y comenzó a beber de los míos en una actitud super excitada. El asunto prometía.

    Guiando mi cuerpo hacia el privado sin parar de comerme la boca y el cuello, me puso de espaldas a la puerta, me subía la falda con una mano y con la otra introducía una llave en la cerradura para abrir la puerta de un golpe. Su desenfreno tocándome siguió hasta llegar a una mesa llena de papeles y utensilios de oficina que arrastró al vacío con su brazo, cogiéndome y soltándome rápidamente sobre la mesa, con mi culo en el borde y la falda ya arrugada en la cintura. Con sus dedos sobre mi pecho me indicó que me tumbara y con la otra mano me quitó hábilmente las braguitas, poniéndoselo yo aún más fácil con movimientos sincronizados totalmente con los suyos.

    Tumbada con las piernas cruzadas tras sus cachetes, como en un amago de no dejarlo escapar, me desabroché la blusa con rapidez mientras el lamía y mordisqueaba graciosamente mi cuello a la vez que con sus dedos recorría toda mi vulva. Me bajó el sostén, ni paró en desabrocharlo siquiera, y comenzó a comer mis erectas tetas como un crío ansioso por amamantar, alternando breves lamidos, pequeñas succiones y más mordisquitos graciosos en mis duros pezones, para luego seguir con su lengua por las aureolas y los senos dibujando grandes círculos. Mis gemidos, de volumen algo controlado, se mezclaban con el ruido de su chupeteo, que abandonó para bajar la cintura de mi falda y trazar una línea de saliva con la punta de su lengua hacia mi ombligo y qué rodeó haciendo círculos a la vez que decía «mmmmm el ombligo de Venus», cosa que no entendí y me prometí buscar después su significado.

    Mis fluidos corrían hacia la mesa deslizándose por mi culo, mi clítoris estaba bien erecto, estaba preparada y ansiosa por que me penetrara con ese supuesto gran miembro, pero entonces separó mis piernas mientras se agachaba y me dio un lamiscazo desde el culo hasta la pepita que se tradujo en electricidad recorriendo mis vértebras. «Sepárate esos labios, felina», a cuyo imperativo obedecí como una perra. Empezó lamiendo los labios externos e internos lentamente, realizando sutiles succiones que iba intensificando poco a poco. Los calambres ya empezaron a recorrerme la pelvis, la espalda y los brazos, y a medida que él trabajaba el clítoris maestramente e introducía después su lengua en mi vagina, sentí que el primer orgasmo estaba cerca, cosa que no me podía perder. Me incorporé todo lo que pude evitando cambiar la postura de mi pelvis frente a su cabeza, que era perfecta, y miré la escena mientras alcanzaba el cielo, corriéndome en esa boca de fresa que estaba haciendo y se veía tal y como había imaginado sentada a la mesa enfriando el café.

    Sin dejarme descansar tras la primera corrida, cosa que no era necesaria ni mucho menos, se puso de pie, y pasando la cara externa de su mano por su boca se limpió un poco mis fluidos para terminar lamiéndose y escrutó diciendo «qué coño más rico, es un río de fresa», cosa que me hizo bastante gracia por la coincidencia en la fruta. Llevó su mano a su pene, largo, ni grueso ni delgado, y con un glande precioso. Yo hice el amago de agarrarlo para llevármelo a la boca, pero el me apartó cariñosamente. «Quiero follarte ya, tan húmeda», lo cual me pareció morbosamente inteligente. Introdujo su miembro despacio y sin problema, entre mmms y alabanzas a mi lubricación y a lo bien que deslizaba su polla dentro de mí. A movimientos suaves y cortos sucedieron embestidas cada vez más largas y fuertes combinadas con movimientos circulares, los suyos y los míos, cada vez todo más enérgico conforme alcanzábamos el cielo esta vez los dos. Sus gemidos anunciaban la venida de su fuente y mis espasmos y mis calambres la desembocadura de mi río, que al llegar tiró de mi cuerpo hacia atrás volviendo a encontrarme tumbada en la mesa, disfrutando el clímax generado por la simultaneidad de nuestros orgasmos.

    Él cayó entonces rendido sobre mí, con su pene aún dentro, decreciendo poco a poco su tamaño. Y entonces, levantando su cabeza de mis pechos, con una sonrisa de medio lado y mirándome a los ojos acaramelada y plácidamente me preguntó: ¿y cómo te llamas, preciosa felina? A lo cual contesté ¿y para qué nombres, caramelo? Sólo soy café caliente.

  • Me gustó por las gambas

    Me gustó por las gambas

    Mi nombre es Daniel. Tengo 42 años. Mido 1.70, soy castaño de ojos claros y piel blanca. Tengo una contextura física tirando a musculoso aunque no se me marcan los abdominales. Soy un tipo masculino, y disfruto serlo. Me gustan los hombres masculinos. Principalmente los heteros, como a muchos… Estoy casado con una mujer desde hace 11 años.

    Y aquí comienza mi historia…

    Durante mi adolescencia temprana nos chupábamos la pija con un vecino del barrio y yo me lo cogía a él.

    Después me puse de novio con una chica, después con otra, y así sucesivamente.

    Siempre les gustó cómo me las cogía porque en general a todas les chupaba bien la concha.

    Pero yo siempre quería volver a estar con un flaco.

    Y mi imaginación volaba. Y mis pajas eran diarias.

    Ya de grande, a los 30 años, me decidí y conocí a un tipo mas grande que yo, por una página.

    (Abro un parentesis… siempre busqué encamarme con tipos petisos, como yo o menos, masculinos, pijudos y musculosos. y si tuvieran piel trigueña, o no blanca leche, mejor. Porque para blanco estoy yo…)

    Este tipo cumplía con algunas de estas características que yo buscaba. Y sí que no sabia cómo tratar un culo. Yo era prácticamente virgen, porque no puedo contar la culeadas de pibito como experiencia anterior.

    Literalmente me rompió el ojete. No fue agradable, en lo más mínimo. Me hizo doler. El sólo quería que su pija entrara en mi culo. Y yo no supe qué carajo hacer.

    Algo que aclaraba siempre cuando planeaba conocer a alguien es que no quería besos. Que no me gustaban. Nunca me gustaron mucho. Que no besar era como una condición que yo ponía.

    Y como no pudo ser de otro modo, este tipo me llenó la boca de saliva.

    En fin.

    De ahí en más entraba en las páginas de contacto y buscaba algo que me gustara. Pero nunca concretaba.

    Y era principalmente porque yo buscaba un activo, masculino, petiso, musculoso, y fachero. Y lo fachero para mí tiene que ver más con una cuestión de actitud que de belleza (porque el que me rompió el ojete era rubio de ojos celestes…), y esas cosas son difíciles de encontrar.

    Y así transcurrió mi vida. Me casé, tuve hijos, pero nunca dejé de buscar.

    Hasta que finalmente sucedió.

    En una página de contactos vi su foto. Una foto que me voló la cabeza. Sólo se veía la parte media del cuerpo. Desde el pecho hasta las rodillas. Vistiendo un pantalón corto y nada más.

    «Eso es lo que quiero», pensé. Y entré a ver el perfil.

    32 años, 1.68 m, deportista, activo.

    ¿Qué más podía pedir?

    Y le mandé una solicitud, esperando que me la rechazara. Porque imaginé que un pibe así, con ese cuerpo, activo (algo muy buscado en las paginas de contactos), debería tener muchos contactos para seleccionar.

    Y me respondió.

    Me mandó un par de fotos sencillas que me gustaron mucho.

    En una de ellas estaba vestido con ropa deportiva, pantalones cortos, con una cerveza en la mano, y me dije: «esa es una actitud de macho».

    Le hice algunas preguntas y todas las respuestas me gustaron. Cuando me escribía, no tenía dudas de lo que quería; se lo notaba un tipo amable, masculino, con las cosas claras. Y yo no quería quilombos en mi vida. Era el tipo con el que me quería encamar.

    Nos pusimos en contacto por Telegram y me pasó algunas fotos más.

    Yo estaba cada vez más convencido de que quería estar con él.

    Las fotos del cuerpo estaban espectaculares.

    Piel más clara que los trigueños, lampiña. Buenos pectorales, linda panza (muy poca, pero la suficiente como para excitar), unas gambas de futbolista impresionantes (que debo admitir que fue lo que más me impactó a primera vista), y una cola de película.

    Su cuerpo era musculoso, natural porque no hacía gym. Tenía todo lo que quería. Y cuando me mostró la pija fue lo más. Se veía una pija hermosa, más oscura que su piel, simétrica, recta, gruesa.

    Y la foto de cara, cómo describirlo. Ojos rasgados, marrones, de mirada profunda. Muy poco bello, pelo castaño, corto, prolijo. Un pendejo hermoso. Con las cosas claras.

    Le mandé un audio para escuchar su voz. Y me contestó. Qué voz de macho. No se le caía una sola pluma. Hablaba tranquilo, como si nos conociéramos de toda la vida. Así de clara la tenía. Ya me lo imaginaba cogiéndome la boca y diciéndome que me la comiera toda.

    Yo estaba como loco. Quería tocarlo ya. Sentirlo. Coger con él.

    Pero él no estaba apurado. Y eso hacía todo más interesante.

    El quería primero charlar, tomar una cerveza o un vino, conocernos… Y yo, que no tenía experiencia con tipos, no sabía si la ansiedad de estar con él me iba a permitir contenerme.

    Luego de algunos intentos fallidos, por diferentes motivos, quedamos en encontrarnos.

    El vivía en otra ciudad, y encima yo casado… Difícil lograr un encuentro. Pero yo estaba decidido a arriesgarlo todo por estar con él. Y si no pegaba onda, no me importaba, al menos lo iba a disfrutar mirándolo un poco en vivo y en directo.

    Y llegó el día.

    Me pasó la ubicación y me dirigí a su casa.

    Me bajé del auto y él salió a abrirme la reja.

    Salió como si nada pasara, con ropa deportiva, pantalón largo de algodón negro, de esos que se afinan en las piernas y marcan bien la cola (de los que tienen buena cola). Abrió la reja y me invitó a pasar.

    Si en las fotos estaba bueno, en persona, no les cuento.

    Me invitó a sentarme en un sillón frente al TV y me ofreció una copa de vino. Se puso a charlar, tranquilo, con un manejo de la situación increíble.

    Yo ya sabía quién iba a mandar en esa relación. Ya sabía quién iba a coger a quién y quién iba a terminar con la boca o el culo lleno de leche.

    Cuando se sentó al lado mío quería tocarle la gamba. Quería manotearle la pija. Pero él no hacía nada, solamente charlaba y tomábamos vino.

    Y entonces pensé que tal vez yo no satisfacía sus expectativas.

    Y de repente me besó.

    Pero… a mí no me gustaban (sí, bien escrito está el verbo) los besos.

    La puta, che. Que no podía creer lo bien que se sentían esos labios, esa lengua. Qué campeón este tipo. Nunca me había pasado algo así.

    Ya ni siquiera me enfocaba en tocarlo, porque besarlo era tan pero tan placentero que me llenaba, me colmaba, me cubría de placer.

    Y yo, que no me gustaban los besos…, no podía ni quería parar.

    «Cómo puede ser tan exquisito?», pensaba. «¿Cómo puede gustarme tanto esto?». «¿Cómo puede gustarme tanto sentir sus labios, su lengua, su saliva?».

    Y me costaba contenerme, porque él sabía lo que hacía, y yo no me podía controlar, y lo aprisionaba contra mí, pero él ponía el límite, y me frenaba. Ufff, eso sí que era peor, más quería yo. Pero él me enseñaba, me mostraba, me chupaba el labio, me buscaba la lengua, me besaba, me indicaba qué y cómo hacer hablando y sin decir nada también. Un experto. Un experto en el brindar placer.

    Pero en el medio de esta idiotez que sucedía en mi cabeza, que me sentía como flotando, me bajó de un hondazo. Agarró mi mano, se la llevó a su entrepierna y me dijo: «Agarrame la pija».

    ¡Qué hijo de puta! Ni me dio tiempo a prepararme para hacer eso. Eso que yo quería desde hace tantos años, tocarle la pija dura a un macho. Y que desde que me besó hasta ese momento se había esfumado de mi cabeza porque su boca me llevó a otro planeta.

    Y encima me lo dijo con esa voz de macho, con esa intensidad, con esa dureza que no te da opción (y encima es la que cualquiera hubiera querido).

    Mi pija estaba que explotaba, pero no me importaba en lo más mínimoo. Sólo me enfocaba en disfrutar de esa boca, de esos labios, de ese labio de abajo carnoso que tenía una consistencia dura que daban ganas de morderlo todo el tiempo, de chuparlo, succionarlo, tocarlo. Y ahora le había sumado su pija….

    «Dale, agarrame la pija», me volvió a decir.

    Pero es que yo no tenía otra opción, porque mi mano estaba ahí mismo, con la de él encima dirigiéndola. Y yo no lo podía creer. Este macho, hermoso, masculino, musculoso, me estaba mandando a agarrarle la pija. ¡Y ni tuve que pedírselo!

    Volaba…

    Mientras lo besaba lo olía, le tocaba el pelo, el cuello, la cara.

    !Qué piel! ¡QUE PIEL! Impresionante esa piel, suave, extremadamente suave, lisa. De esas pieles que parecen aterciopeladas. Que no podés dejar de tocar porque es placentera al tacto.

    Pero necesito detenerme acá. Porque tocarlo fue increíble. Era tan agradable hacerlo que no podía parar de hacerlo. Tocarlo y besarlo al mismo tiempo era grandioso. Tocarle el pelo y despeinarlo. atraerlo hacia mí. Tocar su cuello, sus orejas, su nuca. La gloria misma.

    Y ya imaginaba que si tenía esa piel en el cuello y el rostro, tenía la misma piel en la pija (ya verán que no me equivoqué…)

    ¡Qué perfume! No sé cuánto era de él y cuánto agregado. Porque el olor que emanaba se mezclaba con el gusto que percibía cuando lo besaba y le chupaba el cuello. Muy natural. Exquisito. No tenía olor. Nada. Sólo un tono perfumado natural que también imaginé sería así en todos lados.

    Nos paramos. Nos pusimos de pie (porque él quiso, obvio) y pude tocarlo todo. Qué cola hermosa. Qué piernas musculosas. Todo duro. Todo firme. Y sí, no dejaba de besarlo mientras lo tocaba. No podía.

    Lo apoyaba. Sentía su pija contra la mía. Sentia su abdomen duro.

    Se sacó el buzo y quedó en musculosa. Le quería sacar la remera y cuando lo estaba haciendo veo que se mete la mano en el pantalón para bajarlo y me dice: «chupamela».

    Cómo describir lo que sentí en ese momento… Imposible. Lo miré a los ojos. me temblaban las patas.

    No me dejó ni siquiera verlo en bolas para poder disfrutarlo! No perdía tiempo,

    Le terminé de sacar la remera como pude, le chupé las tetillas y la panza antes de bajar…

    Qué piel. ¡Por favor! ¡Qué piel! Lo chupaba, lo tocaba. Pero no me dejó hacer, porque ahí no mandaba yo. Se me había dado vuelta todo sobre el sexo. Acostumbrado a dirigir con mi pareja, pasé a ser sumiso.

    Acá se hacía lo que él quería. Sin violencia. Sin palabras.

    Era como bailar el tango. Pero mandaba él. Y qué bien lo hacía.

    Me arrodillé y me encontré frente a una pija gorda, con una cabeza morada de un tamaño acorde al contorno de esa verga (sí, terrible cabeza tenia ahí abajo este hijo de puta). Pero juro que no me dio tiempo ni a contemplarla, porque se agarró la pija con una mano, me agarró de la nuca con la otra y me la mandó a guardar en la boca…

    Pero no la puntita. Este quería que me la metiera toda. Pero no me entraba! Porque esa pija era gorda de verdad.

    Me ensalivé un poco los labios y volví a intentar… obvio que con una mano en mi nuca que no me daba más opciones.

    Mientras tenía la pija en la boca le iba sacando el pantalón, el slip y las medias. Y él se sostenía de mi nuca.

    Ya completamente en bolas se la seguí chupando.

    No puedo decir que sentí la piel suave de su prepucio en ese momento, o que esto o aquello, porque realmente me la metía hasta la garganta.

    «Así, toda», me decía.

    La sentía bien al fondo Y eso me gustaba. Mi sueño hecho realidad.

    Lo que no me imaginé es que ahí mismo me iba a dar un pijazo que me iba a hacer caer las lágrimas.

    «Sí, toda», me decía. Y me cogía la boca. Literalmente hablando. Porque le daba al movimiento de cadera…

    Una mano la ponía en mi nuca, la otra debajo de mi cara, para sentir hasta dónde entraba su pija. Y el movimiento de cadera hacía todo lo demás. Me la sacaba toda y me la volvía a meter. Reiteradas veces.

    Cuando la sacaba un poco intentaba chuparle la cabeza. Quería disfrutar y terminar de comprobar que su piel era perfecta en todos lados. Pero enseguida me la volvía a meter. Y ya no sólo se me caían las lágrimas, cada tanto se me producía una arcada por lo adentro que me la metía.

    «Vení», me dijo. «Vamos a la habitación».

    Y recién ahí lo vi completamente desnudo. Porque antes solo estaba de rodillas y con la pija en la boca.

    Parado frente a mí. Con esa pija erecta, gorda, y esa cabeza perfecta, morada. Las gambas musculosas haciendo juego con su torso.

    Qué ejemplar de macho.

    No podía dejar de admirarlo.

    «Qué lindo tipo que sos», le dije.

    «Vamos a la cama», me respondió.

    Se dió vuelta y empezó a caminar.

    Un orto perfecto. Como no podía ser de otra manera.

    Una espalda ancha y cintura chica.

    Y yo deleitándome con el espectáculo… sí, de culo y de cuerpo entero.

    Ya en la cama me hizo acostar de frente a él y me volvió a besar. «Tranquilo», me decía. «Yo te muestro». Y me enseñó a disfrutar de sus labios.

    Pero no mucho.

    «Chupámela», me dijo. Y me hizo bajar hasta su verga erecta.

    Intenté nuevamente metérmela toda, pero me daba arcadas. La posicion no era la mejor. pero a él le gustaba. Me hizo acostar boca abajo mientras le chupaba la pija porque me quería ver el culo.

    «Qué lindo culo tenés», me decía. «Uh, sí, tragátela toda». «Así, toda». Y me daba un pijazo.

    «Sí, toda», repetía. «Toda». Y me la volvía a meter.

    «Cométela toda, es para vos». «¿Te gusta?, ¿te gusta la pija?», me decía. Y no le podía contestar, porque él no me dejaba que me la sacara de la boca que ya me la metía otra vez.

    «Vení, acostate boca arriba con la cabeza colgando».

    Dudé un poco. Sabía lo que quería hacer. Y si en una posición en la cual yo podía tener cierto control, no podía controlar que me hiciera dar arcadas, sabía que en ésta, me dominaba al 100% y que la pija iba a entrar más al fondo aún.

    Dicho y hecho.

    Se acomodó de pie detrás mío. «Abrí la boca», me dijo. Y me la metió.

    Una mezcla de placer, miedo, desesperación… todo junto.

    Pero… ¡qué PLACER!. Sentir las bolas de ese macho cuando me metía la pija en la boca, tocarle las piernas, saber que me controlaba por completo. Indescriptible.

    «Te gusta?, Mmm? Te gusta?», me decía. «Toda». «Toda». Y exactamente eso pasaba. Entraba toda. Y arcada tras arcada, la sacaba por completo y me la volvía a meter.

    Me pasaba la verga llena de saliva por la cara, me golpeaba la cara con la pija. Y otra vez la verga en el fondo de mi boca.

    No se cansaba. Era un pijazo tras otro.

    Y yo soñaba despierto esa maravillosa experiencia.

    «Sentate». Y le hice caso.

    Estaba todo congestionado. La nariz tapada de tanta pija. Los ojos llorosos.

    Me trajo servilletas y Vick vaporub.

    Sí, tenía toda la intención de que se me despejara la nariz para poder volver a cogerme la boca.

    Nos volvimos a acostar un rato. Me dio unos besos.

    «Vamos a hacer un 69», me dijo.

    Qué bien que me chupó la pija!, y qué rápido se fue para mi ojete!!!

    No duró mucho ese 69. Me hizo poner boca abajo y me comio el orto.

    ¡Qué placer! Nunca imaginé que se podía sentir eso. Me devoró el culo. Y me lo empezó a preparar.

    «Relajate», me decía.

    Lógico, sabía que semejante pedazo no iba a entrar así nomas.

    Mucha saliva, un dedo, dos dedos, tres dedos. Y en el interín abria un envase de forro.

    «Sacá la cola». Decía.

    Y yo no hablaba. Sólo me dejaba hacer.

    Y llegó el momento en el que se me subió encima…

    Notaba que tenía una mano con los dedos metidos en mi culo y la otra agarrándose la pija para guiarla hasta mi agujero.

    Intentó. Pero no entró.

    No dijo nada.

    Volvió a bajar y otra vez comenzó con la lengua y los dedos. Yo volaba. No veía nada, porque estaba boca abajo. Solamente imaginaba lo que hacia.

    Y otra vez subió.

    «Relajate. Sacá cola». Y sentí que algo caliente estaba empezando a meterse adentro mío. y me dio miedo a que me doliera.

    Pero no. No entiendo cómo pasó. De un momento para el otro tenía la pija de este macho adentro de mi ojete. Quien ni lerdo ni perezoso me empezó a coger.

    Primero despacio.

    «Te gusta», me decía

    «Me encanta» le contestaba. «Cómo me gusta sentirte atrás mío. Sentir tu verga en mi orto».

    «Que bueno que te guste», dijo y cambió el ritmo.

    Y era tanto el placer que no me acuerdo todas las posiciones que me hizo poner. Que la pierna para aca, que para alla, que levanta la cola.

    El tipo este no se cansaba nunca…

    Y con la pija ensartada me hizo poner boca arriba. Con mis piernas sobre sus hombros.

    Y me besó, pero sin dejar de cogerme. Todo un experto en la cama.

    Y lo pude ver. Lo pude mirar cogerme. Mirarlo a los ojos. Leer sus expresiones, ver su cuerpo en movimiento, sus caderas, su abdomen. Y lo tocaba. Y no lo podía creer.

    «Te gusta», me decía

    «Me encanta» le contestaba. «Qué bien me coges».

    Y se intensificó más la cogida. Y le cambiaba la cara. Se mordía el labio. Y se escuchaba el golpeteo de los cuerpos.

    Me cogió un rato más. Me la sacó. Y se fue a lavar la verga al baño.

    Volvió y me dijo: «¿me la chupas?»

    Yo no lo podía creer. Un macho insaciable.

    Se sentó contra el respaldar de la cama y me invitó a chupársela.

    Ahora sí. Ahora era mia esa verga.

    La tocaba, la chupaba, le metía la lenga debajo del prepucio. Le tocaba los huevos, se los chupaba.

    Y otra vez me cortó del bambo.

    Y otra vez la pija al fondo. Cómo le gustaba al hijo de puta!

    «Toda», decía. «Toda». Y me empujaba la cabeza.

    Y me gustó el jueguito. E intentaba mantenerle la pija al fondo de mi garganta lo que aguantara mi respiración. Y hacía como que tragaba para estimular su glande. Y le gustaba… «Uh! qué rico!», decía. Y daba un empujoncito más que me hacía dar una arcada.

    Yo la sacaba para respirar, pero él me la volvía a meter. No paraba. y nuevamente lo mismo. Me la dejaba al fondo de mi garganta, chocaba mi frente con su abdomen, me daba un empujón con la cadera para que entre más su pija hasta darme una arcada y yo la sacaba de ahí.

    Y así estuvo jugando conmigo un rato.

    Y me gustaba.

    «Te gusta?», Me decía. Y yo no podía hablar. Porque tenía esa hermosa pija en la boca.

    «Date vuelta», me dijo. Se puso un forro. Agarró lubricante, se embadurno la pija, me puso en cuatro y me dijo «para la colita».

    Y otra vez me empezó a coger.

    Era tanto el placer que me dejaba sin aliento, no respiraba. «Respira», me decía. Y yo volaba en placer.

    No paraba. Cogía, cogía y cogía. Y yo disfrutando.

    Siempre me decía «para la colita, eso, para la colita». Y hacia lo que podía.

    Después de garcharme en varias posiciones, se sacó el forro y se fue a lavar la pija.

    «Chupamela», me dijo.

    Me hizo sentar contra el respaldo de la cama. Él se paró adelante mío. La pija quedaba justo a la altura de mí cara. «Chupamela» fue la orden. «Abrí la boquita». Y de una se fue esa verga al fondo de mí garganta. Sentía su abdomen contra mí cara. Cada tanto una arcada. Cómo me cogía la boca! Manejando siempre la situación. Todo un macho alfa

    «Pedime la lechita», me dijo.

    Y se la pedí. Se la pedí y se la pedí. «Mírame» me decía. Y lo miraba con toda esa pija en mí boca. Y los ojos llorosos porque me la mandaba a guardar hasta el fondo.

    Una vez había probado el semen. Y me desagradó.

    Con el quise probar qué pasaba.

    «Pedime la lechita» me volvió a decir. Así lo hice, y él, mirándome desde ahí arriba, se pajeo y vi el placer en sus ojos, vi el momento del clímax, y en ese instante, me empezó a tirar la leche adentro de la boca. Una leche tibia, rica, dulzona. Una leche que tragué completamente.

    Y bueno, después de eso nos bañamos, lo bañé, lo toque, y me cocinó unos churrascos con ensalada. Yo me vestí, cenamos, y antes de que me fuera me dijo » me la chupas un poquito más?».

    Pero cómo decir que no! Me dejó sentado como estaba en el sillón, se me puso adelante, y otra vez esa pija en mí boca.

    Me cogió la boca como si no hubiera estado garchando hacia una semana. Yo no lo podía creer. Era un sueño de película hecho realidad.

    Y obviamente me dijo «abrí la boquita», » mírame», mientras se pajeaba.

    Lo miraba a los ojos. Veía su placer, su gozo. Su excitación. Yo mantenía la boca abierta. Esperaba otra vez esa leche caliente.

    «Pedimela» me dijo. «Dámela, dámela toda. Dame la leche». Ahí va, me dijo, ahí va, y me volvió a vaciar su esperma en mí boca.

    Y sentí esa leche caliente adentro de mí boca, en mis labios, en mí lengua. Y le lo tragué todo.

    Para mí fue el día de sexo más placentero de toda mi vida.

    Aún sigo sin creer que eso me haya sucedido.

    Haber conocido a un macho, dominante, lindo, musculoso, pijudo, lechero y que encima de tener rico olor y rico gusto, coge bien

  • Fotos por el parque

    Fotos por el parque

    Marcos quería hacerme unas fotos sexys. En casa ya teníamos hechas muchas en todas las habitaciones y en casi todos los atuendos que se me habían ocurrido, de desnuda del todo a lencería sexi e incluso algún disfraz. Yo también le había hecho unas cuantas a él desnudo o casi.

    Y también teníamos bastantes en las que estábamos follando: Su polla entrando en mi culo o en mi coño, o mi cara pasando la lengua por ella, incluso de cuerpo entero acoplados usando espejos o el temporizador de la cámara.

    Todo nos ponía. Puede que fuera algún tipo de fetiche. Pero ninguna que nos hubiera hecho una tercera persona, desde el reportaje y video que nos hizo mi amiga y ex amante…

    Hoy queríamos algo más, algo nuevo. Al aire libre iluminadas por el sol. Aprovechamos un paseo por el parque mas grande de la ciudad en un medio día de verano. Cuando todo el mundo estaría comiendo y daría pereza salir con el calor.

    Yo con mi mejor conjunto de lencería: Sujetador y tanga de encaje y un finísimo vestido fácil de quitar por encima. Y Marcos aprovechaba para hacer los primeros disparos con nuestra reflex digital.

    Ya mientras paseábamos me levantaba la falda junto a los árboles, me abría el escote al lado de los macizos de flores. En los bordes de las fuentes me tumbaba levantando el vestido para descubrir mis muslos hasta el pubis al completo. En los bancos los separaba del todo apartando el tanga para que en la foto se vieran los labios de la vulva.

    Para que pudiera inmortalizar el pubis y las tetas a la vez me abría el vestido del todo. El fino sujetador no tardó en desaparecer en las entrañas de mi bolso. Yo también le tiré unas cuantas fotos al duro rabo cuando se lo sacaba por la bragueta sabiendo que estaba así en mi honor.

    En un rincón oculto por arbustos me saqué el vestido del todo y solo con el tanga me dispuse a posar para el indiscreto ojo de la cámara y yo aprovechaba con mi móvil a hacérselas a el.

    En eso estábamos cuando por la misma entrada que habíamos cruzado minutos antes penetró una hermosa chica. No soy celosa, ya habíamos hecho algún trio, pero en ese momento pensé que ella podía quedarse con lo que quisiera.

    Las interminables piernas salían de un cortísimo short vaquero hasta unas mínimas sandalias. Su preciosa visión me hizo dar un respingo similar al que dio ella al vernos a nosotros, a mí casi desnuda.

    La cara de susto que puso dio paso enseguida a una de morbo y calentura, una pícara sonrisa. Sus pechos pequeños y duros apenas cubiertos por un fino top con la espalda desnuda temblaron de excitación.

    Marcos que le daba la espalda y no la había visto se dio cuenta de mí cambio de expresión. Pensando que nos habían pillado se volvió despacio mirando a los ojos de la exuberante joven. Nos sonreía mientras se aproximaba a nosotros y nos saludó cerrando a su espalda la cortina vegetal que nos aislaba del resto del parque. Nos preguntó:

    – ¿Me permitís posar a mi también?

    Y se acercó a mi. Dejó unos libros de asignaturas universitarias que llevaba bajo el brazo sobre el banco. Puse mis manos en su cintura desnuda y mirando sus ojos azules le contesté:

    – Naturalmente, con una belleza como tú seguro que las fotos quedarán fantásticas.

    Por el rabillo del ojo vi como Juan inmortalizaba el momento en que nuestros labios se juntaron en un tierno beso. Pronto su lengua juguetona invadió mi boca a lo que respondí entregando mi saliva. Sus tetas se aplastaban contra las mías desnudas.

    Uno de sus duros y ahusados muslos se deslizó entre los míos presionando mi pubis entre mis piernas. Provocando mis primeras humedades, mi primera corrida, aunque ya estaba tan excitada por la situación que mi coño empezó a chorrear.

    – Estás muy mojada, quiero probarlo.

    Separé mi cara de la suya y comencé a lamer su barbilla, orejas y cuello. Deslicé mi mano con suavidad por su entrepierna. Sorprendida, pero no mucho, noté algo que ya estaba buscando, ella estaba tan húmeda como yo. La tela vaquera de su short sobre su pubis estaba mojada.

    Mi marido seguía obnubilado por su bello cuerpo. Se había dado cuenta hace tiempo de mi no tan oculto secreto ¡me gustan las mujeres! Así que no se extrañó de la bienvenida que le estaba dando a la desconocida.

    – Vamos cielo, aprovecha esa belleza. Me decía.

    Y estaba deseando hacerle el amor a nuestra nueva amiga. Le deshice los nudos que sujetaban la ligera tela sobre sus durísimos pechos, no muy grandes, sino cónicos y duros. Los nudos que sujetaban el pañuelo que ella llamaba top uno a su espalda desnuda y otro en su fino cuello.

    – Me encanta esta prenda. Tengo que comprarme un top igual.

    – Podríamos ir de compras juntas.

    Tiré de ella hasta que nuestras pieles entraron en contacto los pezones duros como piedras. El bronceado de su epidermis me decía que no era la primera vez que aprovechaba ese rincón para exponerla al sol, casi desnuda del todo.

    Sus manos tampoco paraban quietas y recorrían mi cuerpo suavemente buscando puntos que me excitaban más, las axilas, el largo de la columna, mi nuca, llegando a la raja de mi culo, ya con las yemas o con las uñas pintadas de rojo de sus finos dedos.

    – Joder, nena, ¿como sabes donde acariciarme?

    – Es fácil, donde me gusta a mí.

    Yo también aprovechaba para acariciar su suave piel. Hacerle sentir mi deseo a través de mis manos y mis besos. Recorriendo con las yemas de mis dedos sus pezones duros como guijarros bajando despacio por su vientre hasta el short que aún conservaba.

    Podría recordar para siempre la escena lésbica que estaba protagonizando gracias a las fotos que Marcos no había dejado de hacer, pero quería saborearlo hasta el fondo. Me agaché a probar sus bellos y duros pechos, chupar sus pezones pequeños oscuros y duros como piedras entre mis labios.

    – Termina de desnudarme.

    Abrí el botón de su pantaloncito y bajé la cremallera. Mi mano se introdujo con suavidad entre la tela y la suave piel. Mis dedos separando los chorreantes labios de su húmeda vulva.

    Cogió mi mano y lamió sus propios jugos mientras yo empezaba a buscarlos de su lugar de origen con la lengua. Bajaba la cabeza siguiendo las curvas de su cuerpo. Había bajado el short y el tanga hasta sus delicadas rodillas.

    No podía separar al máximo los torneados muslos, así que levanté sus rodillas hasta sus tetitas. Pasé la lengua por su piel, por la cara interna y la parte de atrás de los muslos, por el depilado monte de Venus mirando sus bellos ojos que me suplicaban que avanzara mas. Ella gemía en mis oídos.

    Por fin saboreé los jugos de su vulva, aún mas rica y húmeda de lo que pensaba, abrir sus labios con la lengua y notar su duro y pequeño clítoris en mis labios a la vez que ella me alagaba los oídos con sus gemidos.

    Le hice una seña a Marcos para que me ayudara para que nuestras lenguas se unieran en su coñito. Mientras juntaba su cara a la mía y su lengua y saliva sobre su coño estiraba el brazo para sacar una foto en la que salíamos los dos comiendo tan apetecible manjar.

    – ¡Joder que bueno! Nunca había tenido dos lenguas lamiéndome.

    Agarré su polla con la mano, mas dura que nunca. Le dejé a él solo con su dulce conejito y aún con su sabor en mis labios fui a buscar su boca. Empecé a besarla de nuevo, intercambiar nuestras salivas. Me indicó que quería chuparme a mí. Sobre el banco de piedra en el que estaba ella tumbada.

    Apoyé uno de mis pies a cada lado de su cuerpo y fui bajando mi cadera despacio sobre su cabeza. Ella me esperaba ya con la legua fuera haciendo contacto con mi excitado clítoris casi de inmediato. Se me escapó un gemido en ese instante.

    Podía ver a mi marido con la cabeza entre sus piernas. Para ayudarlo sujeté sus tobillos con las manos y levanté la espalda de la piedra. Así Marcos pudo alcanzar también su culito.

    – ¡Follatela!

    Mientras tanto ella investigaba mi coño y culo lo mas profundo que podía con su lengua juguetona. Sujetaba mis nalgas con fuerza, abriéndolas e incluso investigando mi ano pasando por el perineo. Ni siquiera sabía su nombre y ella me estaba comiendo el coño, me estaba saboreando entera.

    Revolví el pelo de Marcos acariciando su nuca y le indiqué que se la follara. Se incorporó, se echó sus pies al pecho y desde mi privilegiada posición veía como el glande iba abriendo los arrugaditos labios de su vulva depilada. Recorría con el pulgar mojado en mi saliva si piel y acariciaba su pubis buscando el clítoris. Oía como ella al sentirlo gemía aun mas y me clavaba la lengua aun mas dentro.

    Mientras sus dos depilados pubis terminaban uniéndose una y otra vez. Acerqué mi cara a la de mi marido sacando la lengua y buscando la suya hasta cruzarlas en una inimaginada cadena de placer. La cámara ya estaba olvidada a un lado, pues nadie quería dejar de gozar para inmortalizar el momento.

    Me corrí en sus labios y ella no dejó ni un segundo de chuparme. Se que mi chico estaba a punto de correrse y lo empujé para que la sacara del húmedo agujero y arrodillarme a sus pies para recoger la lefa en mi boca.

    Ella que acababa de tener un orgasmo estaba laxa sobre la losa de piedra esperando que compartiera el semen de mi marido con ella en su boca.

    – ¿Quieres probarlo?

    No quise defraudarla y como en una película porno la dejé caer mezclada con mi saliva entre sus labios que se abrieron asomando la lengua para recogerlo. Junté la mía con la suya cruzándolas y jugando con el líquido mezclándolo y haciendo espuma.

    Acercó la polla a nuestras bocas y dejamos que se fuera ablandando despacio. Acariciandola con nuestra lenguas y terminando de limpiarla nosotras. Ya mas relajados los tres después de nuestros orgasmos nos acomodamos en el banco sin dejar que las manos dejaran de acariciar suavemente la piel de los demás.

    La invitada sentada entre nosotros era quien recibía mas atenciones pero ella tampoco dejaba de acariciar nuestros cuerpos. Dos de sus dedos recorriendo mi vulva.

    Por fin conseguimos presentarnos. Laura ya había visitado ese oculto rincón para tomar el sol desnuda o solo con su tanga, ademas de broncearse tenía el morbo de estar en medio de la ciudad sin la protección de la ropa.

    – ¿Te vienes a tomar algo a nuestra casa? Le dije.

    Encontrarse con nosotros fue una placentera sorpresa. Visto que todos teníamos ganas de más la invitamos a continuar en casa con una copas y algo de cena. Accedió a acompañarnos. Recogí su tanga y me lo puse y le ofrecí el mío a ella no sin antes humedecerlo un poco mas en mi propio coño.

    Mientras Marcos se vestía con su ropa sin dejar de pasear su mirada y a veces el objetivo de la cámara sobre nosotras. Laura me ofreció su casi trasparente top que en mis tetas dos tallas mayores quedaba completamente lascivo.

    Los costados de mis pechos asomaban por el lateral de la prenda que llegaba a un par de centímetros a los lados de mis pezones, el sujetador ya olvidado en el fondo de mi bolso. El short me entró por los pelos y en mi cadera me marcaba el culo como si me lo hubieran pintado encima.

    Laura es mas alta que yo así que la falda de mi vestido que sobre mis piernas ya era corta en sus largos muslos solo llegaba a cubrir el duro culo, sus prietas nalgas a punto de asomar a cada paso que daba.

    El escote no mostraba el canalillo que yo podía lucir con la ayuda del sujetador oprimiendo y juntando mis tetas. En cambio en ella se abría entre sus pechos mostrando la piel hasta un poco por encima del ombligo. No pude evitar abrirlo para echarle un vistazo a las preciosas tetitas y un rápido beso y lamida a sus pezones.

    Sin soltarnos del brazo mientras Marcos nos hacía unas ultimas fotos a nuestras espaldas torneadas y lascivas piernas al aire. O girándonos abrazadas, cogidas de la cintura, para que fotografiara nuestros escotes y rostros sonrientes de chicas que acaban de disfrutar buenos orgasmos.

    Salimos de allí alegrándonos con las miradas lascivas que nos echaba el resto escaso de la gente que paseaba por el parque. Por suerte nuestro piso no estaba lejos, y no había mucha gente por la calle. Todos con los que nos cruzábamos se nos quedaban mirando.

    Deseaba volver a comerme su dulce coñito mientras Marcos me follaba el culo. Y hacíamos algunas fotos más en nuestra cama.

  • El poder de la mente

    El poder de la mente

    A veces, hay días como hoy, donde la intensidad del pensamiento es tan fuerte, el sentimiento y el deseo de estar juntos me invade… y mi cuerpo sucumbe, reacciona, como si alguna vez en la vida tú y yo hubiéramos coincidido…

    Que increíble es el poder de la mente o el poder del espíritu o vete a saber qué historia loca se podrán inventar en tiempos venideros para justificar estos anhelos tan incoherentes como ciertos, tan de la nada haciendo un todo, tan misteriosos, etéreos y terrenales…

    Quién eres y quien soy los que habitamos ese mundo tan de otro mundo, tan de otro tiempo, tan ajeno y tan cercano.

    Quienes somos que estamos y no hemos estado nunca, ni ese tú que eres, ni esta yo que soy y sin embargo mi alma lo siente todo, absolutamente todo.

    ©Maleventum

  • Descubriendo el edging y otras técnicas de masturbación

    Descubriendo el edging y otras técnicas de masturbación

    Era una noche como cualquier otra, me disponía a comenzar una de mis tantas sesiones de masturbación aprovechando que me encontraba solo en casa hasta el día siguiente. Me dispuse a buscar en páginas porno algún vídeo adecuado que me calentara entre las muchas categorías que había hasta que una de tantas me llamó la atención, el Edging.

    No sabía de qué se trataba pues para ese momento con 18 años solía buscar directamente cualquier video porno que se me cruzara sin importar cual fuese, excepto en esa ocasión que ya estaba aburrido de lo mismo y si me dio por revisar las categorías más a fondo. Entré a la categoría y por el momento solo aparecían videos de chicas masturbando hombres o chicas y chicos en solitario dándose placer, pero no entendía de que iba el asunto. Regresé al buscador para encontrar algo de información y conseguí de que se trataba. El Edging se origina de la palabra Edge (borde) en inglés, resultó ser una práctica que consiste en dar o darse placer hasta un punto cercano al orgasmo, para luego detenerse o bajar el ritmo, repetirlo una y otra vez prolongando todas esas ricas sensaciones que se dan antes de acabar. Básicamente llegar al borde del orgasmo una y otra vez sin llegar al punto de no retorno para evitar acabar.

    La verdad que estaba muy interesante la idea así que ya con conocimiento sobre el tema y mucha curiosidad decidí intentarlo pues no solía pajearme por mucho tiempo, lo normal era iniciar y acabar lo más pronto posible, cosa que ya era un poco repetitiva y ya quería ir experimentando cosas nuevas, tenía tiempo de sobra. Regresé nuevamente al porno y me puse a buscar en la misma categoría encontrándome con un video que ponía por título edging joi español de una chica latina muy hermosa de unos 21 años quizás, morena cabello negro con una figura perfecta que para mí sorpresa daba instrucciones específicas en español de cómo debía masturbarme todo muy detallado y muy explícito haciendo contacto visual con el observador. No había visto nada igual hasta ese momento, ya me había provocado una erección brutal que debía estimular furiosamente por lo cual le di al play.

    Iniciaba con la chica dando específicas instrucciones de que hiciese exactamente lo que ella indicaba mientras usaba un pene dildo para demostrar todas las técnicas a seguir. Y ahí estaba yo embobado siguiendo sus instrucciones, sin perderle pista comencé como me indicaba primero acariciando mi pene despacio por encima de mi ropa interior de arriba abajo prestando especial atención a la punta, mis boxers estaban un poco húmedos ya y me estaba comenzando a doler contener semejante erección que la chica me estaba provocando. Luego de estarme estimulando unos segundos sobre el boxer, finalmente me ordena desnudarme por completo y de último bajar lentamente mi ropa interior hasta dejar salir mi pene que saltó de golpe quedando completamente parado esperando por más instrucciones, lo tenía aún con la piel arriba, no se me bajaba sola por mi estrecho prepucio y estaba en ese momento lleno de líquido preseminal.

    Me ordena comenzar a pajearme imitando sus movimientos y lo mismo que le hacía al dildo, lento de arriba abajo prestando más atención a la cabeza, bajé despacio mi cuerito revelando el glande que estaba babosito y brillaba por tanto líquido preseminal que me estaba saliendo, y no sé por qué, pero me provocaba probarlo sentir su sabor, pero no me atrevía a hacerlo todavía; seguí con mis movimientos de arriba abajo un rato más hasta su siguiente instrucción. La chica de pronto pregunta si estaba saliendo presemen de mi pene a lo que asentí, haciendo como que de verdad me hablaba y podía ver mis respuestas, en mi mente yo estaba con ella en esa habitación; continúa preguntando si no había probado antes mi semen, mi corazón se aceleró, ya me imaginaba lo que me iba a pedir y no tardó en sugerirlo, me dice que lo pruebe a lo cual accedí de inmediato, me excitó demasiado esa orden tanto que mi presemen continuaba saliendo más y más. Con mi dedo tome un poco de esa babita viscosa que me salía y algo nervioso la acerque a mi lengua, tenía un sabor algo salado, pero ya decidido quise seguir probando más, así que esta vez tome todos mis fluidos con el dedo y los lleve a mi boca, seguía sintiendo ese leve sabor salado y un poco de olor a semen, pero me había gustado mucho, que rico lo que sentía en ese momento, me puso a mil tener los fluidos en mi boca.

    Continué pajeando con el cuerito sobre el glande un poco más rápido por indicaciones de la chica que me mandaba a incrementar el ritmo y llegar lo más cerca posible al orgasmo. Estaba que no aguantaba y sentía que se acercaban las ganas de orinar características que siento antes de acabar; me hace un pequeño conteo regresivo desde 10 para que me acerque lo más que pueda al clímax y cuando estaba a punto de llegar al 1 me ordena parar, sentí una leve contracción que me sacó un poco de presemen, mi respiración estaba agitada y daba pequeños jadeos de placer aaajj!! Que rico ser dirigido por esa mujer tan hermosa con esa voz tan sexy que me volvía loco.

    Después de llegar al borde del orgasmo intenté calmarme un poco, me indica agarrar el pene erecto con una mano desde el tronco y que posicione la palma de la otra mano sobre la punta para comenzar a hacer círculos haciendo presión. Aaajjj!! Se sentía demasiado ricoo estaba demasiado sensible, me venían oleadas de placer que iban hacia mi interior y me contraía un poco por espasmos con cada movimiento de la mano sobre mi glande que resbalaba con facilidad por mis fluidos, ya casi se acercaba el orgasmo y nuevamente me ordena detenerme. Estaba impaciente por acabar, lo necesitaba demasiado, pero debí contenerme y calmar un poco mi excitación, la chica controlaba muy bien mi ritmo y yo estaba gozándolo como nunca.

    Decide dejarme descansar por un momento mientras se acerca de rodillas sobre la cama, mueve a un lado su panty y hace un closeup de su vulva abriendo bien los pliegues de sus labios estimulando su clítoris rosadito. Que espectáculo me estaba dando, aquello en vez de calmarme solo me tenía muy erecto y soltando mucho presemen, se gira mostrando su hermoso trasero y lentamente fue bajando su panty mostrando por completo su culo y vulva con algunos bellos que ya estaba un poco húmeda por la digitación que se hacía.

    Nuevamente me ordena continuar con la paja y masajear mis bolas mientras ella se sigue dando placer con sus dedos, que rico se sentía todo aquello, la mezcla de placer por pajearme, su voz tan pervertida que me tenía loco, los comandos que me daba todo era espectacular. Procede a darse vuelta, sentarse y abrirse de piernas, agarra el dildo y me instruye cambiar de técnica. Tomando el juguete me indica bajar todo mi cuerito hasta abajo a todo lo que da y sujetar mi pene desde la base, luego agarrar saliva con la otra mano y masturbar la cabeza hasta el frenillo imitando sus movimientos. Comienza un juego de pajear rápido unos segundos y parar, una y otra vez hasta que sienta que no pueda más, detenerme y seguir así unos minutos.

    Estaba que no daba más de tanta estimulación, seguía con detalle sus movimientos arriba y abajo sobre mi glande que brillaba por la mezcla de saliva y fluido preseminal, rozaba mi prepucio estirado y el frenillo que estaba muy sensible con cada bombeo de mi mano; seguí como por dos minutos así hasta que sentía demasiado cerca el orgasmo y no pude aguantar por más tiempo, llegue al punto de no retorno y seguí pajeando hasta que iniciaron las contrataciones, seguido de múltiples descargas de semen que salían a chorros hacia mi abdomen, jadeaba y jadeaba, nunca me había salido tanta leche con tanta fuerza como esa noche, quedé tendido con los ojos cerrados y aún agitado por tantas descargas de placer. Fue de mis mejores pajas hasta la fecha.

    A partir de ese momento mis pajas siempre han sido prolongadas haciendo edging y termino casi siempre eyaculando muchas veces con mucha intensidad, he llegado a contar hasta 16 disparos de leche en cada sesión, es brutal. Por cierto, JOI (Jerk off Instruction) fue otra categoría que conocí esa noche, son instrucciones para masturbarse, justo lo que hacía la chica en el video combinado con edging y me cambió la vida. Les sugiero lo busquen en su página porno favorita, conozco otras categorías y técnicas que también he probado, pero eso lo dejo para futuros relatos.

  • Mi esposa, hermosa, puta e insaciable

    Mi esposa, hermosa, puta e insaciable

    Sé que suena ‘depravado’, pero mi fantasía era que mi esposa me chupara la verga delante de otras personas. No en lugares como el centro de la ciudad, o en la tribuna de un estadio de fútbol, sino en lugares relativamente discretos, donde la pudieran ver sin ocasionar un escándalo. No es que ella no me importara, al contrario, la amo con todo mi corazón y creo que es la hembra más hermosa del mundo. Simplemente se trata de una fantasía ‘pervert’ que un día me invadió. Y sé exactamente qué día. Fue cuando, de hecho, ella me chupó la verga mientras otras personas la veían sin que ella se diera cuenta.

    Fue en un hotel de la costa, la recuerdo perfecto. Ella estaba hermosa, tenía un vestido de tela finita de esos que se usan en la playa, que sugería atrevidamente su sexy y curvilíneo cuerpo. Mi esposa es una rubia con cara de «muñeca preciosa», le decían que se parecía mucho a Kate Moss, y es cierto. Cuando esto sucedió ella estaba a mediados de sus treintas y estaba realmente en su mejor momento. Estábamos en un tercer piso a la calle, salimos al balcón a fumar un porrito y a mirar la vista de la ciudad.

    Los dos estábamos cachondos y tras besarnos un poco, comencé a manosearle la cola cuando de repente ella ya estaba en cuclillas metiéndose el falo en la boca. Me lo estaba dejando duro como un garrote, una delicia de los dioses. De sólo recordarlo se me endurece. De repente miro hacia abajo y veo un tipo saliendo de un restaurante ubicado en la banqueta frente del hotel y se le ocurre levantar la vista hacia y nos ve.

    Al principio el tipo parecía no entender, como no creyendo el alucinante espectáculo que tenía delante de sus ojos. Pero dos segundos después ya estaba parado mirando absorto. Encima mi esposa, en cuclillas, tenía su hermoso culo al aire, porque yo, antes de que apareciera el tipo, le había levantado el vestido para dejarle la cola al desnudo ya que eso me calentaba. Al principio le quise avisar que nos estaban mirando, porque yo también me sentí incómodo, pero me la estaba succionando tan rico que no dije nada, además la situación por incómoda que fuera me calentaba. Mi esposa, no se sacaba la verga caliente de la boca, seguía moviendo su blonda cabeza hacia atrás y adelante, deleitada en su faena, obnubilada de placer, como si nada existiera en el universo salvo esa verga caliente que saboreaba en ese instante.

    Abajo el tipo miraba encantado, cuando de repente se le acercó una mujer, su esposa quizás, quien curiosa de ver que estaba observando su marido volteó hacia arriba y también se puso a mirarnos. Habrán pasado unos 30 segundos o más, en los que mi esposa me hizo sexo oral con el culo al aire a la vista de un par de completos extraños. Cuando de repente se dio cuenta y se sobresaltó, yo me hice el distraído y actúe como si también recién me hubiera dado cuenta, Y la tapé con un pareo. La pareja se fue caminando, seguramente a coger, después de presenciar terrible show hot en vivo y en directo.

    Fue desde esa vez que la idea se quedó dando vueltas en mi cabeza. Pero nunca me animé a decírselo. Aunque yo sentía que a ella podría gustarle. Ya que aquella vez me pareció que la situación también la excitó como a mí.

    Tiempo después, hicimos un crucero por el Mediterráneo, saliendo de Barcelona, que es donde vivimos. El barco estaba espectacular, y lo mejor de todo era que no iba atiborrado de gente. Había suficiente espacio para pasarla bien y relajarse. Era un verano cálido, y Carla, así se llama mi mujer, estaba radiante. Su cuerpo parece una botella de Coca-Cola, como decía la canción. Su presencia es capaz de calentarle los huevos al macho que se le cruce. Sobre todo con los trajes de baño que usaba en la alberca del barco, que dejaban casi al desnudo su hermoso cuerpo. Había varias albercas, pero nosotros siempre elegíamos la más pequeña y apartada, en donde sólo había unas pocas parejas aparte de nosotros.

    Carla usaba unas tanguitas para el infarto, que casi dejaban al desnudo su cola. Y obviamente no era yo el único que las admiraba. Noté cómo el barman de la alberca, un moreno treintañero alto y esbelto, no le sacaba los ojos del culo a mi mujer. Pero no era su único fan, el mesero, un chico que apenas pasaría los 20, cada vez que podía le echaba una mirada libidinosa a las nalgas de Carla. Como no había mucha gente en esa alberca, los dos se juntaban en la barra por largos ratos a cachondearse con mi esposa, admirándole el culo y las tetas. Lo hacían con discreción pero sus caras lascivas eran indisimulables. Pero a mí no me molestaba, al contrario.

    La tercera noche del crucero, era una noche estrellada y calurosa. Carla tenía puesto el mismo vestido que aquella vez en el hotel de la costa, lo noté en el momento en que la vi. Eso me calentó y me dejó el miembro alterado. Decidimos buscar una cubierta apartada solitaria y oscura con la intención de fumarnos un porrito tranquilos mirando el mar.

    Fumamos un poco de unas flores exquisitas que habíamos metido de contrabando y quedamos bien locos. Carla, completamente en su mundo, contemplaba lo hermoso del mar y apoyándose en el barandal se inclinó para mirar hacia abajo. La tela de “aquel vestido” era finita y se le transparentaba la tanguita metida en la cola. Eso me detonó, dejé que mi falo sea libre y automáticamente se comenzó a hinchar y a poner rígido. Me acerqué por detrás y se lo apoyé en las nalgas. Sorprendida pero sin separar el culo del miembro, volteó la cabeza y me dijo “¡cerdo!”. Acto seguido, aun sin darse vuelta, tanteó con la mano hacia atrás hasta encontrar mi verga, la cual agarró y comenzó a manosear por encima del short, moviendo la mano hacia arriba y abajo agarrando mi verga con firmeza. La di vuelta y comenzamos a besarnos, su mano volvió veloz a agarrarme el bulto, mientras que las mías fueron directo a su cola. Comencé a manosearle las nalgas y a masajearle suavemente el agujero del culo por encima del vestido con dos dedos. Estábamos “on fire”. No tardé en levantarle el vestido y dejarle la cola al aire. Eso me volvía loco y sabía que a ella también. Le saqué la tanga de la cola y la corrí hacia un costado. Abrí sus nalgas con las dos manos y apoyé el dedo del medio en su culito caliente. Sentí como se dilataba, feliz, como esperando acción. A ese culito le encantaba que juguetearan con él.

    En un instante Carla se puso en cuclillas, sacó el pito de mi pantalón y se lo introdujo en la boca. Chupaba como si fuera el fin del mundo mientras se frotaba la vulva.

    De repente de reojo noté que unos metros más allá una braza brillaba en la oscuridad. Me sobresalté, había alguien. Entrecerré los ojos y agudicé la vista hasta percibir dos tipos fumando en las sombras. Estaba oscuro pero se notaba que nos estaban mirando en silencio.

    Carla chupaba tan delicioso que yo estaba cerca del nirvana y, re caliente, no me importó que nos estuvieran mirando y tampoco le avisé a ella. Una vez más, mi esposa estaba en cuclillas con el culo al aire chupando verga delante de desconocidos. ¡Mi fantasía se estaba cumpliendo otra vez! Pero no sé si habrá sido esa noche calurosa y estrellada en el Mediterráneo, o la locura de la mota… sumado a mi pene duro oportunamente apoyado en su culo, lo que la desató. Quién sabe. Lo cierto es que esa noche Carla parecía poseída.

    Mientras ella me la seguía chupando “obnubilada de verga”, uno de los dos tipos se acercó cauteloso y se paró a unos 2 metros más o menos. Era un joven flaco y despeinado con cara de sinvergüenza, me di cuenta que era el mesero. Con los ojos abiertos y enormes como los de un búho, desenfundó el pito y sin miramientos comenzó a pajearse mientras mi esposa me chupaba la pija como endemoniada. Yo lo miré y no le dije nada, él ni me miró. Tenía la mirada clavada en Carla, como si estuviera en trance mientras se la jalaba como un sicótico. Su miembro era grande, pero se veía aún más grande por su cuerpo flaco y espigado. De repente mi esposa abrió los ojos, sorprendida miró al chico y sonrió como pudo sin sacarse la verga de la boca.

    Como si la mirada de Carla lo hubiera sacado de su trance, el joven, caliente como el infierno mismo, no pudo contenerse y en un milisegundo un chorro abundante de leche brotó de su glande, bañando de semen la cara de mi mujer. Los chorros de leche estallaban sucesivamente en la cara de Carla y le chorreaban mientras ella seguía mamando verga. Como buen muchacho, tenía leche de sobra y seguía eyaculando. Se acercó más, y apuntando con el falo hacia abajo comenzó a enlecharle las nalgas. Parecía una canilla de leche, no paraba de salir.

    Mi esposa, re caliente, me succionaba el falo más y más fuerte mientras sentía como le chorreaba la leche por las nalgas. Como si se tratara de un récord mundial, el chico seguía lanzando leche, y volvió a apuntar con su explosivo falo a la cara de ella. Redoblando la descarga sobre su carita de puta extasiada, sin dejar un espacio sin cubrir de leche. Carla sacó mi verga de su boca y comenzó a frotársela por la cara embarrándola del semen del chico, para después volver a comérsela y así saborear la leche del joven semental. “mmm… que rica leche calientita…” dijo la muy puta. Al mismo tiempo, todavía en cuclillas, tomó la mano del chaval y se la llevó hacia su cola enlechada. Por segunda vez se sacó mi verga de la boca y le dijo al chico “junta la leche en mi culito y méteme el dedo”.

    El chico, aun sin poder creer lo que estaba viviendo, al igual que yo, obedeció y se arrodilló atrás de Carla y comenzó a manosearle las nalgas cubiertas de leche, con una mano le corrió la tanga a un costado y con la otra le embarraba de leche el ano, y con delicadeza se lo penetró con el dedo grande. La cara de Carla era de lujuria absoluta, parecía estar gozando como una zorra en celo.

    Todavía en lo oscuro, el otro tipo presenciaba el increíble espectáculo mirando de lejos. Mi esposa volteó sin soltar el pito de la boca y lo llamó con la mano. El tipo salió de las sombras y para sorpresa mía y de Carla apareció un enorme falo negro. Sí, era el barman que se estaba pajeando en lo oscuro y trajo a la luz un miembro largo, grande y grueso, haciendo honor al mito. La cara de asombro y felicidad de Carla eran indisimulables. El moreno se acercó decidido y arrimó su negro y venoso tronco a la cara de Carla, tocando su mejilla con su enorme cabeza. Ella no dudó y engulló la verga palpitante del negro. Mientras empezó a pajearme, y con la otra mano seguía frotando su coño.

    Carla gozaba y gemía como perra, sintiendo placer al jugar con dos vergas en la boca mientras su culo era estimulado por el chico, que ya le metía dos dedos moviéndolos en suave cadencia dilatando esa cola feliz, deseosa de atención. Carla gimió “mmm… me encanta en la colita, que rico”. Mi cabeza y mis huevos estaban a punto de estallar.

    Luego de unos minutos de delicioso e intenso placer, Carla tomó de la muñeca el brazo del chico, y moviéndolo hacia abajo y atrás se sacó los dedos del culo y dijo “quiero que me chupen la colita”. La levanté, le bajé el vestido para cubrirle la cola y le dije “vamos al camarote”. Los dos invitados nos siguieron.

    Íbamos los tres metiéndole manos a Carla por los pasillos del barco. Eran tres pares de manos frotando todo su precioso cuerpo. Manoseándole el culo, las tetas y la vulva, así íbamos como podíamos tropezando por los pasillos del barco. De tanto manoseo, ella tenía de nuevo la cola al aire y una teta se le asomaba por encima del vestido, y le gustaba, sonreía de placer y alegría. Se la iban a recoger entre tres, su fantasía. Y le iban a dar mucho placer en el culo, lo que más la entusiasmaba. Su cuerpo vibraba en una mezcla de adrenalina, felicidad y calentura.

    Entramos al camarote y en un segundo Carla se sacó la tanga y se volvió a subir el vestido dejando su redonda y hermosa cola a la vista una vez más. Los dos visitantes no soltaban sus miembros mientras se les hacía agua la boca mirándole el culo a mi esposa. Carla rápidamente se subió a la cama y se puso en cuatro, apoyando sus antebrazos en el colchón y parando la cola bien en el aire.

    Nos quedamos los tres como idiotas admirando ese culo por unos segundos, hasta que yo comencé a darle spanking con la verga en las nalgas, a lo que se sumaron los otros dos suertudos. Carla reía y movía la cola en círculos y hacia atrás, como reclamando atención urgente en el culito, sólo deseaba que le dieran placer en esa cola puta. Entonces el negro se ubicó delante de ella, su carita hermosa quedó a centímetros del vergón descomunal del moreno, que se inclinó y estiró sus brazos hacia la cola de mi esposa y con sus grandes manos le abrió bien las nalgas, dejándole el rosadito agujero del culo expuesto.

    Como hipnotizado por el culo de Carla, el joven semental hundió su cara y comenzó a saborear ese manjar de los dioses. “Ay…! Que rico” dijo ella, “me encanta en la colit…”. No terminó de decir eso, que la inmensa verga negra ya invadía su boca y la dejó hablando con la boca llena.

    Yo retrocedí y me dispuse a mirar el espectáculo. Carla, en cuatro, disfrutando de dos extraños dándole placer anal y oral delante de mí. Pensé “la fantasía se fue un poco de las manos”, pero estaba gozando tanto como mi esposa, así que en ese momento nada me importó salvo ver como mi mujer gozaba como una verdadera Diosa del Sexo.

    El joven semental estaba ensimismado chupándole el culo a Carla, así como ella lo estaba succionándole el vergón al negro, que a cada movimiento entraba más en su boquita. El moreno empujaba y le sostenía la cabeza por detrás para q tragara más verga. Era un espectáculo increíble. Ella se veía hermosa.

    De repente el chico dejó de chupar y se incorporó decidido, le abrió las nalgas, y se quedó admirando el agujero del culo semi abierto, latiendo, como pidiendo verga. Agarró su falo y se dispuso a penetrarlo. Ya estaba empujando para entrar la cabeza, cuando lo frené y le dije que se pusiera un condón. Me miró nervioso y me dijo que no tenía. Su amigo el negro, que seguía como en trance cogiendo por la boca a Carla, no respondía a mis preguntas hasta que reaccionó y me dijo que tampoco tenía. A Carla no le importaba nada. Agarré la mano del pibe y metí su dedo del medio en el culo de Carla, que se estremeció al momento. Le dije al pibe “dale así que le gusta”. Ella soltó de su boca el vergón del negro y exigió caprichosa “¡Quiero verga en el culito”. Entonces corrí al pibe a un lado y me puse a chuparle el ano a mi mujer, era una delicia, me incorporé y me embadurné el garrote con saliva y enfilé hacia el agujero, empujé casi nada y entró la cabeza. Carla gimió atragantándose con el pito del negro, y estirando la mano hacia un costado tanteó el aire buscando el miembro del chico, lo agarró y se lo acercó a la boca, junto con la verga del moreno. Apenas le cabían los dos pitos en la boca, que por turnos entraban y salían. Mientras yo le daba su merecido por la cola. “Mi sueño” murmuró Carla “una en la cola y dos en la boca… mmm que rico”.

    El muchacho, desquiciado de calentura, gritó “yo tengo que coger ese culo!”, y se fue decidido a buscar condones. Yo sentía que estaba a punto de expulsar mi leche, y haciendo esfuerzos para contener la eyaculación, súbitamente le saqué la verga del culo a Carla, aun no quería acabar, quería seguir gozando de la puta deliciosa de mi esposa. Pero ella se quejó al instante “quiero que me cojan la cola”. Entonces el negro estiró el brazo y sin darle descanso al culo de mi esposa le metió dos dedos. Sus manos eran grandes, así que ella debe haber sentido como si fuera otra verga más. Complacida se movía hacia atrás y adelante para disfrutar de la doble penetración por culo y boca. Verla así era un sueño. Me excitaba terriblemente.

    En menos de 2 minutos el chico volvió con los preservativos, rápidamente se calzó uno y pidió lugar a su oscuro amigo, quien retiró los dedos del culo de Carla, que estaba absolutamente entregada al placer. Con decisión, el joven semental penetró el ano de mi esposa y comenzó a bombear. Al moreno parecía sólo importarle cogerle la boca. Estaba como ido, también bombeando como loco. Así se quedaron por un largo rato, ninguno se corría.

    Luego el negro reclamó el culo. Y se intercambiaron de lugar. Su pito era tan grande que Carla se relamía mientras el negro se ponía el condón. A pesar de que el agujero del culo estaba abierto y feliz pidiendo más verga, al moreno le costó hacer entrar la cabeza de su enorme herramienta. Cuando pasó, le siguió inmediatamente todo el falo negro que ingresó entero, firme y decidido. Carla gimió como loca, con el culo penetrado por un pene XXL y la verga del chico llegándole hasta la garganta. Por segunda vez el jovenzuelo no se pudo contener y eyaculó soltando su jugo caliente en la boca de mi esposa, que no pudo evitar tragar el poderoso torrente de semen del joven semental. Los chorros de leche brotaban sin parar en la boca de Carla, que se atragantó de tanto caudal.

    El chico sacó la verga y terminó su tarea de semental eyaculando sus últimos chorros en la cara, que tenía una expresión de dicha celestial, aun disfrutando del grueso sable corvo del negro dentro su hermoso culo. Carla se relamía y juntaba la leche de su cara con la mano y se la llevaba a la boca para seguir tragando. Rápidamente tomé el lugar del chico e introduje el miembro duro en la boca de mi mujer, quien gustosa le dio la bienvenida.

    El joven se echó de espaldas en la cama buscando descanso, pero Carla, insaciable, no lo permitió, tomó su órgano viril y comenzó a masturbarlo. Como buen adolescente, luego de unas cuantas sacudidas el pito ya estaba duro otra vez. Carla llena de felicidad gritó “¡me encanta la verga dura, grande y caliente! “quiero que me penetren los tres!”.

    Haciendo contorsionismo, Carla logró acomodarse encima del chico sin que las dos vergas que la penetraban por boca y culo dejaran de hacerlo. Y se ‘ensartó’ la ñonga del muchacho en la panocha. Ahora tres pitos calientes la penetraban al mismo tiempo. Gemía como loca con una expresión en la cara de gozo absoluto. Los tres falos se sincronizaron en perfecta armonía y cogían hermosamente a Carla quien disfrutaba como perra en celo de su primera triple penetración. Mi esposa era una verdadera puta hermosa amante de la verga. Y eso me encantaba.

    Por casi una hora las tres vergas fueron desfilando por los diversos orificios de Carla, inundándola de placer y brindándole múltiples orgasmos, vaginales, anales y mentales, sobre todo. Ella casi se venía de sólo pensar en que tenía tres hombres para ella sola. Entonces pidió espacio, se dirigió a buscar algo al closet y regresó sonriente sacudiendo un dildo en su mano y, con carita de pícara, dijo en versito “llegó la hora de mi lechita… pero con dildo en la colita!”.

    Se acomodó en la cama apoyando sus tetas en el colchón y parando bien la cola le dijo al joven “chúpame la colita”. El joven amante lamió con alegría y dedicación el culo de Carla hasta quedar listo para recibir el dildo. Entonces lo lubriqué y con cariño se lo introduje entero en el ano. Carla lanzó un gemido de placer, ya había tenido múltiples orgasmos anales esa noche pero su colita estaba insaciable. Era un butt-plug grande y grueso que se veía hermoso dentro del culo de mi mujer.

    Con el plug en la cola se arrodilló, abrió la boca y sacó la lengua reclamando el semen de los tres machos. Nos acercamos y rodeamos su hermosa carita de puta con los tres falos hinchados y venosos, y nos preparamos a darle su leche a la cerdita hermosa. Una vez más el muchacho fue el primero en lanzar y de su inagotable manguera brotó un chorro abundante de semen que entró directo en la boca de Carla, quien ansiosa tragó el caliente néctar y volvió a sacar la lengua rápidamente para recibir más.

    Pronto mi verga y la del moreno se le unieron en la tarea aumentando el caudal de leche que caía sobre Carla. Bajo las tres vergas ella disfrutaba del baño de semen caliente que siempre había deseado. Como si fuera Cleopatra gozaba lujuriosa bajo la lluvia de leche que al mismo tiempo inundaba su boca, caía copiosamente sobre su cara, y salpicaba sus tetas y todo su cuerpo. Tenía dentro de su boca un desbordante cóctel de leche de tres hombres, el cual saboreó y tragó hasta la última gota. Cuando la catarata de leche finalmente terminó, Carla dijo “Gracias por la lechita, estaba deliciosa” se recostó de lado en la cama y se quedó dormida, toda cubierta de leche y con el plug en el culo. Se veía preciosa, como una Diosa del Sexo debe verse.

    Continuará…

  • Un sueño vívido

    Un sueño vívido

    Soñé que estaba dormida y comenzaba a sentir un calor en mis piernas, que iba subiendo poco a poco y yo decía que es… Pero no me animaba a abrir los ojos. Poco a poco iba subiendo hasta que pude distinguir que era una respiración profunda y caliente sobre mí, unos labios y una lengua que me fue recorriendo entera.

    Abrí los ojos y vi hacia abajo justo cuando estaba besando mis labios de abajo y lentamente iba abriéndolos con sus manos para llegar a mi clítoris. Ya cuando lo vi usted extendió uno de sus brazos y me tapó la boca, ahí supe que todo tenía que seguir igual para no hacer ruido. Y comenzó a besar, a lamer, y a introducir un par de dedos dentro de mí, cabe decir que estaba demasiado excitada y eso dio paso a que me mojara muchísimo.

    Con su otra mano comenzó a sacar mis jugos poco a poco y me los dio en la boca, lo que me encantó. Y de a poco fue metiendo más su mano dentro de mí. Después siguió besándome por todo el cuerpo me dio media vuelta y me mordió una nalga justo como lo prometió.

    Me besó entera desde pies hasta llegar a mis caderas, que tengo poco pero usted me hizo sentir la mujer más hermosa del mundo. Siguió besando hasta llegar a mis tetas y allí con sus dedos trazó la forma de ellos en forma circular.

    Después de sus dedos iba su lengua y así fue alternando entre los dos, no los besaba, no los mordía solo los iba recorriendo poco a poco, suave, sin prisa, y con todo el cariño. Comenzó a tocar mis pezones con la punta de sus dedos, no los oprimió ni nada brusco, y pasó por ellos una flor morada pequeña, ni idea de como o donde la consiguió pero lo hizo.

    Y seguía recorriéndolos suavemente, llegó a mi cuello y mis orejas ahí puso especial cuidado y me lamió lentamente. Me respiró al oído lento pero firme y en ese momento sentí que mi clítoris había explotado y estaba demasiado mojada. Con su mano tomó una de mis manos y la subió, tomó la otra y la subió también. Entonces, ahí en ese momento supe que me iba a tomar.

    Me vio a los ojos, beso mi nariz lo cual sentí lindo y curioso de hacer, y luego recorrió mis labios con uno de sus dedos, ya que me tenía sujetada con los brazos arriba con una sola mano.

    Y después me dijo “Buenas noches amor” y ahí volví a explotar, sentía su cuerpo presionando el mío pero no de manera brusca, sino levemente pero demasiado rico. Después de que me dijo eso, me volteó la cara hacia un lado y me habló al oído. Y me dijo «me la puedo coger?» después de que escuché eso apenas pude tragar solo quería que me abriera y me penetrara ahí de una buena vez. Le dije que sí moviendo la cabeza y todavía me dijo al oído «gracias».

    Ha sido el mejor gracias de toda mi vida. Y después de eso me besó en los labios, fue un beso suave pero apasionado, no rudo ni nada, fue tan lindo que lloré, ni se cómo pasó ni lo esperaba pero creo que asumí en mi mente que era nuestra primera vez juntos. Había demasiadas cosas guardadas y si, sentí como unas lágrimas rodaron mi mejilla mientras me besaba. Después de eso, abrió mi pierna derecha levemente hacia arriba y así un lado. Y con la mano que tenía desocupada comenzó a sentir lo mojada que estaba, y tomó su enorme pene y empezó a hacer movimientos circulares cerca del clítoris. Yo ya no aguantaba más, lo quería dentro de mí. Así que lo vi a los ojos y en un momento me volvió a ver, y le dije en lo bajo «cójame».

    Entonces tomó su pene y me lo introdujo lentamente casi saboreando el momento de cómo él iba entrando en mí y abriendo mis paredes dentro. Seguía tomando mis brazos con su mano y empezó a introducirlo y sacarlo una y otra vez mientras me besaba los labios, me mordía los pezones y me decía cosas lindas al oído.

    Y ya me desperté sudando y demasiado extasiada cuando vi, eran las 5.20 am y era hora de levantarme seguir con la vida como nada hubiera pasado…

  • Hermanos en la ciudad

    Hermanos en la ciudad

    Hola queridos lectores, les cuento que estoy más que feliz, hubo gente a la cual le gustaron mis relatos y me han pedido que les organice y le escriba el suyo; sigo innovando en esta materia que me era desconocida, desde ya gracias a todos por dedicar ese tiempo (tan importante para cada uno de ustedes) a la lectura de los mismos. Recibí un mail que a continuación transcribo.

    «Hola Luisfa, que tengas un buen día, he leído tus relatos en CuentoRelatos, los que me gustaron mucho, vos podrás hacerme uno a mí con algunas cosas que me pasaron, es un tema muy delicado y no me doy maña para escribirlo. Lo único que te pido es la reserva de los nombres y el lugar donde vivo, si podes cambiar datos, o sea, anonimato.»

    «Hola sí, no habría problema en hacerlo, siempre y cuando no tenga un contenido de pedofilia ni maltrato de ningún tipo, si es así pásame como te salga, un resumen de lo que deseas contar, lo escribo y te lo envío, si te gusta lo subimos a la página.»

    Me envió los datos necesarios para poder comenzar, a continuación paso a relatar.

    Somos dos estudiantes universitarios venidos de un pueblo del interior, por razones económicas, mi hermana, Nadia de 19 años, y yo Juan José, de 22, comenzamos la facultad al mismo tiempo, ambos en diferentes carreras, ella administración de empresas y yo diseño gráfico.

    Para comenzar a relatar nuestra historia, debo aclarar que ambas universidades quedan en el mismo polo, cosa que nos permite estar compartiendo muchas cosas la gran parte del día, en casa, en las horas de descanso entre clases, la ida a la facultad, la vuelta, compras, limpieza, comida, así también como salidas y amigos en común que habíamos hecho.

    Después de casi dos años de convivencia, cierto día regresábamos a casa caminando de clases (el departamento quedaba cerca) al intentar cruzar una calle una moto baja de la vereda a la acera y pasa muy cerca de nosotros, casi atropella a Nadia y en mi afán de protegerla caigo al piso doblándome el tobillo; la gente que vio lo sucedido llamo a una ambulancia dado que no me podía parar del dolor.

    A la llegada del servicio de emergencias me trasladaron a un sanatorio, mi pie y tobillo estaba muy hinchado y se estaba poniendo de color violáceo y más dolor, me dice el médico de la ambulancia que puede ser una fractura, cosa que descartaron en la clínica, diagnostico: fisura de tobillo.

    Tratamiento: antiinflamatorios.

    Tiempo de curación: 6 a 10 semanas, con inmovilización, me pusieron una bota de plástico que se podía sacar y poner.

    Reposo mínimo: 7 días con los medicamentos y pierna en alto.

    Solicitamos en la facultad unos días, hasta que me pudiera mover, un pedido para que le consideren a mi hermana unos días.

    Y aquí es donde todo comenzó.

    Al segundo día de estar en cama y con mucho dolor, Nadia vio mi cara de tristeza, se acercó a la cama a preguntarme, si a parte de lo sucedido me pasaba algo más, sentándose al borde de la cama, tomo mi mano, acariciando con la que tenía libre, mi rostro, esa acción hizo que un rayo de electricidad recorriera mi cuerpo, sensación que nunca había sentido, un hormigueo entre mis testículos y el ano que me sobresalto, pero a la vez me gusto, le contesto a su pregunta con un no pasada nada, pidiéndole que prepare unos mates, le dije entre broma y nervios por lo que había sentido.

    Cuando fue a preparar la infusión, mi cabeza loca comenzó a pensar, lo que yo creía eran tonterías.

    Nunca había prestado atención a mi hermanita como mujer, la observaba mientras se movía por la cocina.

    Tomando nota mental de lo que veía…

    Altura: 165.

    Peso: 51 kilos.

    Pelo: largo, hasta el comienzo de la cintura, con una bandita que le sujetaba su sedoso y brillante cabello castaño claro, formando una cola de caballo.

    Ojos: verdosos (no tan verdes) de dulce mirada

    Tetas: turgentes (estaba sin corpiño) y se notaban sus pezones.

    Culo: redondo y paradito, se deja ver entre el pantalón corto deportivo su firmeza, redondez y dureza. Respingón que le dicen.

    Labios: pequeños pero carnosos, los que al sonreír dejaban ver una dentadura blanca, perfecta.

    No solo su rostro era bonito… su cuerpo, aunque no alcanzaba la perfección, mostraba que la naturaleza había sido generosa con ella, sin mencionar sus piernas, que sobresalían por la firmeza adquirida por el deporte, de sus muslos.

    La silla hizo ruido al lado del sofá en el que me encontraba sacándome de mi pensamiento, había llegado con el mate en la mano y en la otra el termo con el agua caliente, su histriónica y nerviosa risa me hizo reír a mí también, tome el mate, se lo pase y continuaba riendo.

    -Princesa, ¿puedo preguntar el motivo de su risa?

    -Si mi príncipe, es que nunca había visto a tu lacayo de pie y tan duro. (Más risas)

    Mientras me decía esto miraba mi pene el que hacia fuerza y quería escapar del pantalón de dormir que traía puesto, me sonroje, pero nos echamos a reír ambos.

    Debo confesar que era la primera vez que había visto a mi hermana con otros ojos que no fueran los de hermano, sin darme cuenta que todo eso había provocado semejante erección en mí.

    Pasados unos días, Nadia retomó el curso normal de la facultad, pedía los apuntes míos para no perder continuidad.

    Aprovechando la soledad del departamento y que había empezado a desplazarme, con dificultad, podía hacer algunas cosas, intercalaba entre la computadora y preparar el almuerzo, como así también acomodar un poco para no cargar tanto a Nadia.

    Escucho el ruido de la llave introduciéndose en la cerradura y la puerta abriéndose, entra mi princesa y acercándose me da un abrazo y un beso en la mejilla.

    -Hola mi príncipe, hoy un día de total aburrimiento en la puta clase, por suerte estas, me puse a pensar en vos y todo a mi alrededor se aclaró y se puso más bello mi día.

    -Vos pensando en mí, ¿se puede llegar a conocer ese pensamiento?

    -Tal vez en la cena, y si te portas bien, solo si te portas bien te lo cuento. (Risas)

    Nuestra tarde transcurrió con poca charla, mucho estudio y muy tranquila.

    Al caer la tarde comenzó el proceso de preparación para la cena, la cual preparamos entre los dos, me acerco un banco alto y mientras ella hacia lo que llevaba cocina, yo preparaba el resto.

    Con la mesa puesta, nos dispusimos a cenar unas ricas presas de pollo con verduras, para tomar, un vino tinto que nos habían mandado nuestros padres, servimos dos copas, brindamos por nosotros y cenamos.

    Al terminar de comer, la cena transcurrió entre charlas casi insustanciales, me ofreció un café o un té para hacer sobremesa, cosa que me sorprendió, pues siempre al terminar se lava los trastos y luego vemos tv.

    -Gracias princesa, prefiero hacer sobremesa disfrutando el vinito, hace mucho que no bebía algo tan rico.

    -Bien, entonces puedo acompañarte y dejamos la botella limpia, mañana ya es sábado y no hay responsabilidades temprano.

    -Claro amor, y de paso charlamos un rato.

    Pusimos el canal de música, acercamos al sillón una mesita baja, dispusimos las copas y la botella sobre ella, apagamos la luz del techo y prendimos un velador que nos proveía una luz difusa.

    Ya acomodados y relajados, le disparo.

    -A ver señorita misteriosa, que es eso que le hizo pensar en mí.

    -Me da pudor contarte, solo te digo que sos quien ilumina mi vida, como me cuidas, fíjate que estás pasando esta situación por haberme protegido de un inconsciente que paso rápido con una moto.

    -Hasta ahí te creo, pero tu mirada me dice que hay algo más detrás de esa historia, fíjate que arrancaste diciendo, me da pudor, somos hermanos, entre nosotros nunca hubo secretos de ningún tipo.

    -Prometeme que no te vas a enojar conmigo.

    -Tan grave es, te lo prometo.

    -Estando en clases, como te dije aburrida, recordé la situación del otro día (apuro un trago más de vino) y pensaba por que causa te habías puesto así, que estuviste a punto de romper el pantaloncillo de la erección que tuviste.

    Me hizo poner colorado, si saber que contestar, cuando rebusque una excusa en mi cabeza, puso su dedo índice sobre mi boca haciéndome callar.

    -Shhh no digas nada, déjame continuar, (acabo la copa de vino) te vi mirándome fijamente y luego te encuentro así, pero me quedo la duda, porque sin querer, juro que fue sin querer, estaba buscando información en la computadora y voy al historial para buscar un artículo que ya había abierto y no lo encontraba, vi una página que llamo mi atención, era una de relatos eróticos.

    Se levantó en silencio, pensé que se iba a la pieza, y yo sin saber que decir, en un segundo regreso con otra botella de vino en su mano, la abrió, lleno as dos copas, se sentó nuevamente continuando su exposición.

    -Lo que más me llamo la atención, es que estuviste leyendo relatos sobre incesto y por favor no te pongas mal, solo es una charla, y lo que quiero saber es si estabas así por lo que habías leído o por mí.

    -Me dejas sin palabras, si a vos te dio pudor, a mí me da mucha vergüenza, pero ya que estamos abriendo el dialogo, voy a sincerarme, fue por vos, comencé a pensar que nunca te había visto como mujer, siempre como hermana, pero verte vestida así me hizo reparar en vos, desde el pelo hasta los pies, observándote me di cuenta del pedazo de mujer que sos, bella por donde te miren, pero bueno, solo me queda pensarlo nomas puesto que sos mi hermana y el incesto está mal visto.

    A esta altura ya habíamos acabado todo el vino, se levantó por otra, regreso pero esta vez no estaba abierta.

    -El incesto mi bello hermanito, si es real que está mal visto, pero existe y muchísimo más de lo que la gente cree, cuando en realidad, no tiene nada de malo, está asociado solamente con puros aspectos del tipo ético, prejuiciosamente moral, creencias religiosas y valores morales.

    -Diablos señorita, como ha crecido usted, tanto del físico como de su cerebro.

    -Hermano del alma, destape usted el último vinito, que ya vengo.

    Muy dispuesto a continuar la conversación me dispongo a descorchar el vino en cuestión, cuando escucho el ruido de la ducha, mi morbo pudo más, sin pensarlo y disimuladamente fui a mi cuarto para intentar ver algo más, como escuchaba la ducha estime que la puerta estaba abierta, así fue, pude ver a mi venus platónica en toda su desnudez, esos pechos redondos y turgentes como los había imaginado así también su culo duro y hermoso y su delantera perfectamente depilada, la que pude apreciar cuando se dio vuelta, no me pudo ver pues tenía shampoo en su pelo y sobre sus ojos la espuma, se avizoraban unos labios vaginales hermosos. Sin enjuagarse el pelo y con la espuma que tomaba de él, bajo su mano a la entrepierna y empezó a higienizar la zona, cosa que tardo un poquito en retirar su mano, algún dedo que otro por momentos se perdía dentro de su cavidad vaginal.

    Ya totalmente “al palo” regrese al sillón.

    Tardo unos minutos más, regresando y tomando la ubicación que antes tenía a mi lado, con una particularidad, venia en ropa interior, tome un almohadón y cubrí mi erección, agarro la copa y la tomo de un sorbo, mientras lo hacía, con su mano libre agarro mi miembro, lo acaricio suave pero firme, mi excitación superaba todas las que había tenido con anterioridad.

    Estaba en un punto de no retorno, no podía ni quería detener eso.

    Nos abrazamos buscando nuestras bocas, fundiéndonos en un hermoso beso, nuestras lenguas se buscaban junto a nuestras manos que exploraban tímidamente, como pidiendo permiso, nuestros cuerpos.

    Llego a posar mis manos en esas tetas firmes, duras, con unos pequeños pezones que se encontraban erectos efecto de nuestras caricias, rodeo su torso con mis manos para llegar a desabrochar el corpiño, la miro como buscando su aprobación, no dijo nada, afuera con él, un obstáculo menos, acerco mi boca a sus pezones para chuparlos y empezar a disfrutarlos, abre su boca, cierra sus ojos, tira la cabeza hacia atrás dejando escapar un suspiro, se entregó por completa a disfrutar, mientras lo hacía fui bajando mis manos para encontrarme con ese tesoro que ya deseaba con ansias, me encuentro con su tanga, que en su parte delantera ya se encontraba muy mojada de los jugos vaginales, mis manos se empezaron a entorpecer de la emoción no pudiendo sacarla con comodidad, ella me ayudo recogiendo las piernas.

    En este punto no lo podía creer, tenía a mi hermana desnuda frente a mí, sin dudar comencé a jugar en el contorno de su vagina cuando de pronto tomo mi mano y no me dejo continuar, me asuste pensando que se había arrepentido.

    Se paró frente a mí, y muy lentamente se fue arrodillando, me abrió las piernas e introdujo su pequeña mano por el agujero de la pierna del pantaloncito, vulnero el calzoncillo y comenzó a jugar con mi pene, luego de un rato, intento sacarlo por donde había ingresado su hábil mano, no pudiendo hacerlo.

    -Por favor párate, quiero tener en mi boca tu sexo.

    -¿Segura?

    -Shhh por favor, deja de hablar y ponte de pie.

    Después de haberme retado, me pare y ella saco mi pantalón y el bóxer como si fuera uno solo, mi pene salió disparado hacia adelante como un ciclope deseoso de sangre.

    Lo tomo con ambas manos, no es que sea tan grande, sino que tiene manos pequeñas, comenzó a darle pequeños besos, intercalando con lamidas suaves, iba de la punta a los testículos hasta que llego lo que estaba esperando, lentamente lo rodeo con sus labios y se lo fue introduciendo de a poco en su boca con un lento mete y saca mientras sus manos lo llevaban de arriba hacia abajo, lo hacía con una delicadeza absoluta.

    La verdad no sé cuánto tiempo paso, fue un sexo oral magnifico, me hizo perder la noción del tiempo transcurrido, las sensaciones de eyaculación ya estaban viniendo, era inminente la expulsión de mi esperma, le aviso tanto con mis gemidos y movimientos como con palabras, diciendo.

    -Ya llego mi princesa.

    No me permitió sacarla agarrándome del culo y haciendo presión hacia su cara, eso hizo que explote en toda su magnitud y en toda su boca, el semen escapaba por la comisura de sus labios mientras tragaba todo mi líquido, la saco de boca para lamer lo que estaba en su rostro para volver a introducirlo en la cavidad y limpiarlo con su lengua.

    -Exquisito, manjar de dioses, nunca imagine que mi príncipe era tan rico, y como en la infancia, me estaba alimentando nuevamente.

    Ahora me tocaba a mí darle el placer que mi princesa está esperando.

    Creo haber sido un poco rudo cuando la levanté de la posición en que se encontraba y la empuje, suavemente, al sillón, le pedí disculpas a lo que me respondió solamente con un suspiro y cara de placer.

    Cayo de espaldas y me arrastro sobre ella con sus brazos pequeños pero fuertes, la comencé a besar en su rostro atrapando sus labios con los míos, recorrí cada centímetro de su piel suave con mis manos y labios, hasta llegar a ese lugar húmedo y cálido que tanto deseábamos ambos en este momento de éxtasis pleno al que nos estamos entregando.

    Con mi lengua comencé a vencer su tesoro, moviéndola a su alrededor e introduciendo la punta de ella, la movía dentro de su vagina, frotando por momentos el clítoris con movimientos circulares lo que hacía que se humedeciera más dejando salir esos jugos de sabor entre agrio y dulce que me encanto degustar, trate de no dejar pasar ni desperdiciar una sola gota de ese icor de dioses.

    Mientras, mis ojos se deleitaban con sus contorsiones de placer.

    Sin lugar a equivocarme, me parece haberle arrancado por lo menos tres orgasmos los que agradeció con gemidos y gritos que particularmente no había percibido nunca.

    Sin perder la continuidad, comencé a jugar en su vagina con mi mano y mis dedos, nuevas sensaciones le recorrieron el cuerpo cuando mis dedos, que se iban humedeciendo uno a uno, iban ingresando hasta llenarla de ellos.

    La habitación se inundó de suspiros y gemidos que escapaban de su boca los que me indicaban el ritmo a seguir.

    Ya me había recuperado del primer orgasmo y estaba preparado para el segundo round, me posicione sobre ella frotando la punta sobre su clítoris y labios vaginales, no hizo falta ejercer presión sobre su vagina, cuando paso por la entrada comenzó a deslizarse sola a su interior y al sentir esa calidez vaginal con un movimiento rápido y enérgico pero sin ser agresivo, todo el miembro se ocultó en su interior, ambos gemimos del placer.

    Con movimientos de cadera inicie el consabido mete y saca, por momentos lentos y suaves, por momentos rápidos y contundentes que ella los recibía gustosa, marcando el ritmo con su propia pelvis, elevándola o simplemente con unos desplazamientos laterales o circulares, digamos, manejo los tiempos a su ritmo.

    Nunca pensé que con mi princesa estaba teniendo el mejor sexo que nunca me habían dado.

    Ya estaba sintiendo ese cosquilleo que precede a la descarga, cuando escucho que me dice.

    -Mi príncipe, me voy, estoy por terminar para vos, me estas elevando y llevando al éxtasis total.

    Su grito y sus gemidos de placer hicieron que yo también llegue al orgasmo, expulsando todo mi semen tibio en el interior de esa vagina que deseaba ser llenada.

    Nos quedamos quietos, aun con mi pene dentro, sentía las contracciones que me indicaban su orgasmo casi interminable, cada contracción iba acompañada de un movimiento corporal y un suspiro o gemido, cuando finalizaron, se abrazó fuerte a mí.

    Luego de un rato de acariciarnos y besarnos mucho, fuimos hasta la ducha para bañarnos, nos enjabonamos mutuamente, cosa que nos gustó mucho, como pude por la limitación del tobillo lesionado, lo hicimos otra vez bajo la cálida caída de agua.

    A partir de ese día, sobro una habitación en el departamento, compramos una cama grande y comenzó una nueva vida para nosotros, ahora, éramos marido y mujer.

    Mi princesa, paso a ser mi Reina.