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  • De nuevo el amor (Coque) (capítulo quince)

    De nuevo el amor (Coque) (capítulo quince)

    A Julio y a Paco los vi como a los dos días, hablamos, me invitaron de nuevo aunque me dejaron claro que sólo querían que fuera yo sin William.

    – ¡Mira, ven tú solito! – me dijo Paco, después agregó – es que a este no le va eso de que me lo singue.

    – ¡Oye, que ya te dije que no soy maricón! – protestó Julio.

    – ¡Sí, sí, ya lo vi! – dijo Paco con ironía viendo el malestar de Julio.

    Quedamos que después del noticiero iría, les pareció bien esa hora. Estaba claro que aquella trastada de William había puesto a aquellos dos en conflicto y más siendo gente tan cerrada que seguramente terminarían comprendiéndose y aceptándose mutuamente, cada cual en su rol, en el más cómodo pero era demasiado temprano para que llegaran a ese punto. Estaban en el verdadero huracán del conflicto, lo supe después, porque Paco quería singarse a Julio cada vez y éste, pues no se dejaba porque lo que había pasado con William no era nada y le echaba la culpa al alcohol. Daba risa las réplicas de los dos, porque entonces Paco le proponía que bebiera para que así se dejara penetrar, en fin, una comedia y de las peores.

    Paco me esperaba, me contó sobre todo aquella historia y me pidió que hablara con Julio para que lo convenciera. El plan era que singaríamos al principio y después él saldría a buscar a un amigo para que así nos quedáramos los dos y conversáramos.

    – … bueno, he invitado a un socio, un negrón que tiene buena morronga, yo le conté que te había singado y me pidió que quería probar porque una vez quiso cogerle el culo a uno, pero le partió el culo…

    Fue la explicación que me dio mientras íbamos por el camino hacia la casa. En la casa Julio nos esperaba sin camisa, estaba sensual y se le veía bien machote. Paco trajo de la cocina cervezas y mientras tomábamos en silencio, me percaté que a Paco se le estaba parando. Me le acerqué mientras le cogió el paquete por encima del pantalón.

    – ¡Coño, parece que algo quiere salirse! – le dije con malicia.

    – ¡Sí, salirse para que la meta en tu culo!

    – ¿Quieres singarme ya? – le respondí mientras me bajaba los pantalones y me daba la vuelta quedando frente a Julio, mientras que echaba saliva en mi mano para untarme en el culo.

    A Julio aquello le gustó, se le veía en la cara, en los ojos y en la pinga ya parada. Paco, se sacó la pinga, la escupió y quiso meterla de un golpe.

    – ¡Oye, no, así no, eres el primero y mejor, suave! – le reprimí.

    Me hizo caso muy a pesar de su alarde de macho, me fue metiendo su pinga poco a poco allí de pie frente a Julio.

    – ¿Cómo te sientes así clava´o? – me preguntó cuando la metió toda.

    – Ya sabes que bien…

    – ¿Te gusta, mami?

    – ¡Sí, papi, me gusta…!

    Singamos así, de pie frente al sofá donde estaba sentado Julio, yo de vez en cuando bebía tragos de la botella de cerveza, pero siempre mirando a Julio.

    – ¡Oye!, ¿no quieres que te la mame? – le pregunté a Julio.

    En nada estaba yo recibiendo pinga por la boca y por el ojete. Paco al rato dijo que se venía y así lo hizo, Julio se puso a jugar un rato con su pinga antes de metérmela, me daba golpecitos y me preguntaba:

    – ¿Qué…? ¿Quieres pinga?

    – ¡Sí, sabes que me vuelve loco!

    – Tienes ese culo lleno de leche de otro macho…

    – ¡Papo, falta la tuya… – le respondía yo para animarlo.

    – ¿Eres maricón?

    – ¡Sí, papo, maricón rente al culo…

    No me hizo esperar mucho, me singo con fuerza, como demostrando que era bien macho y más para que su amigo lo viera.

    – ¿Ya ves? Esto es lo que me gusta a mí…singar a un maricón.

    Paco sonrió, como diciendo que ya sabía él de aquel macho, porque al parecer hablaba con él y no conmigo. En fin, yo me desentendí de aquella comedia e intenté disfrutar del momento porque de verdad que los dos estaban buenos y singaban bien, aunque al parecer tenían tantos deseos que no pasó mucho tiempo para que se viniera Julio. Ambos había terminado en nada, pero eso no iba a ser problema para una segunda tanda al cabo del rato. Me puse el calzoncillo y me senté en el sofá.

    – ¡Coño te has quedado con la leche de los dos en el culo! – exclamó Paco con orgullo.

    Lo había hecho pensando en el resultado, William me lo había enseñado y hasta el momento había dado buen resultado. Paco se fue a buscar al otro, nos quedamos nosotros dos solos, Julio sentado en un extremo del sofá, también en calzoncillos como yo pero con la camiseta que no se había quitado.

    – ¡Oye! ¿Qué les pasa a ustedes dos? – decidí ir directo al grano.

    – Ja, hideputa, seguro que te contó ya…

    – Bueno, sí, algo me dijo.

    – ¡Mira, chico, yo no soy maricón! – me dijo poniéndose algo brusco. – y ese se cree que me puede manguear como le da la gana y no. Yo soy tan macho como él.

    – ¡Mira, no grites! Eso lo sabemos nosotros, pero si el asunto es de pasar un buen rato… ¿no me digas que no lo pasaron bien aquel día?

    Se levantó enfadado, bufaba como un toro. Se sentó en una butaca.

    – ¡A ti te gusta que te den por culo! ¡Coño, a mí no! – decía mientras manoteaba.

    – ¿Sabes una cosa? A mí me gusta, me vuelve loco pero me costó trabajo aceptarlo…, pensaba que era menos macho que el bujarrón que me singaba, pero no, me equivocaba… El asunto es de dos machos que gozan, claro uno da pinga y otro recibe.

    – ¡Qué no va conmigo más! Una vez probé y ya.

    – Bueno, pero vimos que Paco también te dio el culo ¿no?

    – ¡Sí, pero dice que yo soy más maricón! ¡Que lo tengo escondido!

    – Él lo tiene también escondido…

    – ¡Mira, yo hablo con él! Pero si quieren gozar pues tienen que querer los dos…porque yo no voy a estar aquí todas las veces para que me den pinga.

    Estaba claro que las posiciones estaban bien definidas y la fiesta no tenía salida. Ellos se habían metido en un callejón sin salida y lo mejor era que no sabían cómo salir. Al rato llegó Paco con el invitado que presentó como El Coque, un negro fuerte que no había visto antes, bastante joven, con un bigote de camionero que volvía loco.

    – ¡Mira, Coque, este es el brother que te dije! – nos presentó Paco.

    – Pue, vamo a ver… – me dijo dándome la mano.

    Julio fue a la cocina a traer cervezas.

    – ¡Nos lo acabamos de singar hace un rato! – explicó Paco con orgullo. – Tiene tremendo culo y aguante.

    – Yo una vez quise singarme a uno y de la primera clavá, lo raje…- contó Coque y todos rieron.

    – ¡Pues hoy vas a coger un culo! ¡El mío, macho! – le dije provocativo.

    – ¡Huy, pero valiente el chico! – replicó Coque.

    – Es muy atrevido, no veas como traga pinga…, la semana pasada tres nos lo singamos por turno y él contento. – agregó Julio.

    – ¡A ver! ¿Deja ver ese culazo? – pidió Coque.

    Yo me quité los calzoncillos y abrí las piernas. Coque las sostuvo y miró mi ojete que por la posición dejaba escapar el semen de los otros dos. Era maña, sabía que eso le iba a gustar.

    – ¡Cojones pero si lo tiene chorreando leche! ¡Aguánteme aquí las piernas que se la voy a meter ahora mismo.

    Así fue, Julio y Paco sostuvieron mis piernas mientras Coque se sacaba la morronga ya parada y recogía el semen para untarse en la punta. Metió la mitad de un golpe, yo me doble sobre mi espalda porque lo sentí.

    – ¡Oye, si te duele, dime y paro! – dijo Coque.

    Yo le dije que siguiera, que metiera su pinga hasta los huevos cosa que aplaudieron los otros dos. Cuando Coque sintió y vio que la había metido toda empezó a resoplar y a moverse.

    – ¡Ah, ah…cojones, es la primera vez, es mi primer culo…, esto es mejor que un chocho!

    Me singaba a lo bestia, gozando de mi culo. Al rato le dije que quería cambiar de posición, que la sacara. Así lo hizo y me puse de rodillas sobre el sofá empinando el culo para que me lo singara de nuevo. Coque empezó a meter y a sacar la pinga de golpe diciendo que así se iba a venir.

    – ¡Te voy a llenar de leche, maricón! ¡Te voy a preñar ahora mismo!

    – No, papo, no, sigue, sigue dándome pinga… quiero que me goces el culo.

    Julio y Paco estaban sorprendidos de aquella escena. Nos miraban sin dar crédito a lo que veían. Coque se vino al rato pero no sacó la pinga, siguió singando para lograr un segundo orgasmo. Al rato le dije que prefería acostarme y que me singara acostado. Coque era un animal, singaba con gusto y daba placer, y lo mejor era que besaba, me besaba la nuca, las orejas, la boca. Esta vez fue muy pasional. Cuando se vino y sacó la pinga, pude ver lo grande que la tenía.

    – ¿Te gusta este pingón, nene? – me preguntó con cariño.

    Yo en respuesta me agaché y empecé a mamarle la pinga medio erecta y goteando las últimas gotas de semen. Eso le gustó mucho, después cuando me levanté, me abrazó.

    – ¡Oye, nene! ¿Quieres que sea tu marido? ¡Mira, que tú eres el primero que se singa esta pinga!

    Paco y Julio estaban sentados en unas butacas viendo aquello, habían quedado como apartados de aquella escena. Yo contento con aquel tipo que no paraba de besarme y acariciarme mientras me proponía que fuera su gente. No pasó mucho rato mientras conversábamos cuando se le volvió a parar la pinga. Yo lo miré y mientras le sonreía, me senté sobre la pinga metiéndome de nuevo aquella morronga.

    – ¡Cojones, este sí que es un maricón de verdad! – exclamó Paco.

    – ¡No, no…a partir de hoy este culo es mío! Este es mi jeva pa´que lo sepan. – dejó claro Coque.

    – ¡Contra que te invitamos para darle pinga los tres! – terció Julio.

    – ¡Mira, pregúntale qué pinga le gusta más!

    – ¡La tuya, la tuya, papi! – agregué con zalamería.

    – ¡Así me gusta, mami, aquí tienes tu pinga pa´rato! – me confirmó orgulloso Coque.

    Por mucho que insistieron Paco y Julio tuvieron que conformarse con ver cómo el conocido o amigo me acaparaba para sí y sin dejarles nada. Cuando se vino nos vestimos para irnos a pesar de las protestas de aquellos dos. Salimos a la calle, Coque iba contento.

    – ¡No sabes, macho lo que me gustas! Mira, si te digo que eres al primero que singo de verdad, te puede parecer raro… pero eres el primero.

    – Singas muy bien para ser primerizo.

    – Je, je, je…, mira, no es que sea primerizo, eres el primero que singo sin esos problemas de que “me duele”, de que “es muy grande y solo la mitad”… y con las jevas no me gusta na. -concluyó. – Me gusta sentir un culito que apriete mi morronga y el tuyo hoy lo ha hecho genial. ¿Sabes una cosa?

    – ¿Qué?

    – Se me está parando de nuevo…

    En efectivo, la erección era visible por encima del pantalón. Me gustaba el muy cabrón, era un tipo muy fogoso, aunque eso podía ser el principio.

    – Si quieres nos metemos en ese matorral y te la mamo…

    – No, mami, no quiero que me la mames… yo quiero darte pinga de nuevo por culo.

    Sí, me gustaba, el muy hijo de puta sabía lo que quería y cómo pedir lo que quería. Aprovechando esa oscuridad que siempre había, nos metimos detrás de unos matorrales. Me bajé los pantalones y abrí mis nalgas. Coque se arrodillo y empezó a mamar mi culo.

    – ¡Cojones, lo tienes lleno de mi leche! Espera que ahora te voy a dar más…

    Fue lo que dijo antes de hacerme sentir aquella pinga gorda y grande que entró bien, sin trabajo alguno. Nos demoramos bastante pero gozando a tope por lo que no nos pareció mucho tiempo, se vino y se preocupó porque me viniera yo. No dejó de bombear mi ojete hasta que no me vine. Nos besamos largamente, miré su pinga que por la poca luz que había, tenía un aspecto de ensueño. Me agaché y besé su miembro, lo olí, lo lamí y terminé chupando su pinga.

    – ¡Coño que se me va a parar de nuevo! – me dijo.

    – ¡Papo, sólo estaba limpiándola para que no le quede ni una gota de leche!- en respuesta me besó.

    – Eso es lo que me gusta de ti…, te gusta la pinga y que te den leche y pinga.

    – Sí, me gustas mucho…

    – Puedo no gustarte, me basta con que te guste la pinga que te voy a dar.

    Desde ese momento me convertí en la pareja de Coque y aunque delante de algunos amigos o de los pocos familiares que sabían de mí, me sentía algo raro, me daba lo mismo. Coque era negro, macho y tenía un buen machete, y lo principal, nos gustábamos mutuamente. Aquella noche me fui a dormir a su casa, vivía en una casa pequeña, bueno, un cuarto que había construido detrás de la casa de los padres y que se entraba por un pasillo lateral directo al patio. Aquella noche la pasamos abrazados y acariciándonos, dándonos placer el uno al otro. Supe que era enfermero en el hospital y que por suerte no trabajaba al día siguiente, me contó que desde hacía tiempo se había hecho aquel cuarto porque aparte de querer independizarse algo, por su trabajo le era mejor porque a veces tenía que dormir de día cuando tenía guardias nocturnas. Su familia sabía lo de él y lo aceptaba sin problemas, aunque algunos de los hermanos eran demasiado cheo para compartir todo.

    Yo le conté de mí algo, él me dijo que me había visto alguna que otra vez con William pero que no se había atrevido a invitarme porque yo ni lo había mirado. Yo ni me acordaba el haberlo visto con anterioridad. Al día siguiente nos levantamos tarde, casi al mediodía después de una noche tan ajetreada, la hermana entró y Coque nos presentó. La mujer muy simpática, me dijo:

    – ¡Coño, a ver si nos sale bueno y me cuidas a mi herma!

    – ¡No te imaginas lo bien que nos llevamos en la cama! – agregó él.

    – Pues mejor, niño… mejor que todo comienza por una buena cama.

    Era simpática la hermana, no conocía a nadie más porque todos se habían ido al trabajo pero me prometió presentarme a los demás. Abrió las persianas para que entrara un poco el sol, se le veía bello como un adonis de ébano, no era de esos cachas musculosos, pero tenía buen cuerpo y aquel calzoncillo blanco le resaltaba mucho con su piel negra. Vino hacia mí y me abrazó.

    – Me gusta ver cómo me miras…

    – Es que me gustas un montón…

    – Y tú a mí blanquito… ¿entonces te van los negros?

    – No, papo, me gustas tú qué sabes dar lo que me gusta…

    – ¡Mi pinga y mi leche son tuyas!

    Yo lo besé, me acosté a su lado desnudo abrazando la almohada.

    – ¿Sabes lo que quisiera?

    – No me cuesta adivinarlo… – respondió acariciando mis nalgas.

    Yo suspiré al sentir como me acariciaba y saber que me miraba. El sol nos daba en la cama y yo quería ser de él. Se levantó a buscar vaselina, pero lo detuve.

    – No, papo, no…  que me singues con saliva…

    – Pero…

    – ¡Papo, si voy a ser tu gente, mi culo tiene que abrirse solo cada vez que tu pinga lo roce! – le dije escupiendo en mi mano y untando la saliva en mi ojete.

    – Si te duele me lo dices… – me dijo mientras ponía su pinga en mi culo.

    Costó trabajo que entrara así, pero entró al final.

    – ¡Ya la tienes clavá!

    – Entonces escucha…, quiero que seas mi marido. – le dije con zalamería.- ¿serás mi marido? Mi macho.

    Como respuesta sentí como empujó bien adentro su sexo haciéndome sentirlo.

    – Ya lo soy…, soy tu macho, tu marido y tú mi jeva, mi maricón gozador…

    Volví a tener por compromiso a un negro, de nuevo en el pueblo los rumores se levantaron que yo estaba con aquel negro y todo lo que se les ocurrió. Pero a mí me importaba poco lo que dijeran de mí, estaba feliz con él y él conmigo. Como a la semana fuimos al cumpleaños de un amigo, yo en calidad de pareja aunque no sabía que allí estaría la antigua pareja de Coque. No me gustó mucho aquello porque en resumida, él me había dicho otra cosa.

    – Mira, papo, a ver, no te mentí ni nada de eso…, te dije la verdad. Tú has sido el primero que me singo así metiendo hasta el tronco y sin chistar. Claro que antes tuve mis cosas, como tú las tuyas. – me besó con pasión. – ¡Sí, ese fue mi gente! Pero eso pasó hace tiempo porque de verdad que él no podía con mi pinga y yo no estaba para esas cosas, lo dejé porque me enrolé con una jeva, con una mujer y bueno cuando te conocí a ti, yo estaba solo.

    – Ya me imaginaba que eso de primerizo era un cuento…

    – ¡No, mi vida! ¡Verdad, pura verdad! – me juró – Tú has sido el mejor y el único que he singado así, nadie, escucha, nadie se ha querido meter mi tranca completa y a mí me gusta singar.

    – ¡Bueno, no pasa nada! Pero no creo que a tu ex le guste mucho que estemos aquí juntos.

    – ¡Bah, me tiene sin cuidado! Ya hemos terminado hace tiempo.

    Nosotros acaramelados allí muy a pesar de las miradas furiosas del ex, que por casualidad estaba solo y eso lo hacía rabiar más. Eso lo supe por el amigo que cumplía años que se sentó a mi lado.

    – ¡Oye, cuida a Coque, no lo había visto tan feliz con nadie!

    – Bueno, recién empezamos…

    – ¡Mira, es muy buena gente, es un pan!

    – Lo sé…, y me gusta mucho – dije mientras lo besaba.

    – ¡Tú eres su segunda gente, así que lo estrenas! – me confesó sin preguntarle nada – ¡Oye y que lo que tiene es mucho! ¡Le decían El Bate…, ya sabes por qué!

    Reímos, seguimos charlando de otras cosas hasta que Coque me dijo que era mejor irse y aunque el amigo propuso que nos quedáramos más tiempo, nos fuimos. Mientras caminábamos rumbo a la casa me dijo como si se franqueara.

    – ¡Mira, mami, de verdad que me llenas! Me gustas un puñao…, no he encontrado gente así… y mira, con un blanquito me ha tocado enamorarme.

    – Sí, papo, así es…, a mí me pasa lo mismo… ¿pero qué coño le importa a la gente lo que hagamos? Tú y yo estamos bien, nos gustamos y en la cama mejor…

    – Eso es lo que vale…, mi vida. – me susurró al oído – ¿sabes lo que quiero?

    – ¿Qué? – como respuesta me plantó un beso en la boca. – ¡Oye que nos llevan presos por esto!

    – ¡Ven, vamos a sentarnos en el parque un rato! Allí, en la oscuridad…

    Allí nos fuimos y nos sentamos en un banco al amparo de la oscuridad que imperaba en el parque y de los árboles. Él se sentó apoyando su espalda a la pared y yo entre sus piernas abiertas, él me abrazó con cariño mientras besaba mi nuca.

    – Me estoy enamorando de verdad, mami…

    – Y yo ya lo estoy…, me gustas….

    Sus caricias me excitaban, él se excitaba más aún. Sentía su pinga ponerse dura. Estuvimos un rato sin decirnos nada porque nada nos hacía falta decir. Yo me volví, lo miré, me gustaba ver sus ojos bajo aquellas pestañas tan largas y su boca bajo el bigotico sensual que tenía.

    – ¡Papi!, ¿me dejas que te mamé la pinga?

    – Ya sabes que es tuya, toda tuya… todita para ti…

    Me lo dijo con cariño, agarrando mi cara y besándome. Yo abrí la portañuela y saqué aquel pingón que tanto me gustaba. La besé, la roce con mis labios y mi bigote, empecé a chupar la cabeza de su pinga, él me miraba y yo lo miraba.

    – ¡Si… si quieres vamos y singamos en la casa! – me dijo jadeando.

    – No, papo, no…quiero mamarte la pinga aquí en el parque, en medio del pueblo…

    – Eso me gusta de ti…, eres un loco a pinga…, es tuya… sácame la leche, mami… sácamela.

    Seguí yo mamando su pinga, haciéndole sentir todo el goce del mundo, a veces se le escapaba algún gemido, me acariciaba la cabeza diciendo “así, mami, así”, “qué rico mamas”. Así estuvimos hasta que se vino en mi boca, yo aproveché para tragarme todo el semen y dejarle limpia, bien limpia la pinga. Sentí que eso le gustaba, que le llenaba de orgullo.

    – Eres el mejor mamando…, uf, ¡qué mamada! Y te has tragado toda la leche sin decir nada…, glotón. – me besó – Me gusta ese olor a leche mía que tienes, me vas a volver loco, me has embrujado…

    – Papo, tu leche no se debe desperdiciar más… ya sabes, o en mi culo o en mi boca.- sabía el efecto de mis palabras. Me besó con arrebato.

    – ¡Es tuya, mami, es tuya toda!- y agregó después del beso- no sabes lo que me gusta que mi gente sea así, un poseso a mi pinga, a mi leche… ¿sabes? Me han dicho que tú has cogido mucha pinga y que tenías el culo descocido, pero son chismes, yo mismo te he singado y me encanta tu culito, pero conmigo vas a tener la pinga que te gusta.

    Yo volví a lamer la cabeza de la pinga que había dejado asomar unas gotas de semen. Coque se sentía orgulloso, más macho que nadie.

    – ¡Mami, vamos pa´la casa que quiero singarte ahora! – nos levantamos y me agarró las nalgas- ahora le toca a ese culito tener su lechita.

    Llegamos a la casa, cuando caímos en la cama desnudos y abrazados éramos muy felices. Yo me puse boca abajo mientras él ponía un cojín debajo de mí para que mi culo quedara alto. Empezó a untar crema en mi culo, sentí el frío y el olor de una crema conocida.

    – ¿Eso es lidocaína? – le pregunté con rareza.

    – ¡Sí, mami… hoy quiero darte pinga bastante tiempo, primero que ya me vine y segundo que quiero gozar bien.

    Sabía lo que aquello significaba porque lo había hecho con ese analgésico, no se sentía nada y se podía singar mucho.

    – ¿La has usado antes?- me preguntó mientras ponía su pinga en mi culo.

    – ¡Sí!

    – ¡Ah, me han dicho que la gente la usa en los bailes de perchero para que al pasivo no le partan el culo!

    – Papo, a mí me gusta sentir…

    – Ya vas a sentir mañana cuando se te pase la crema… – metió la pinga despacio hasta atrás. La sentí a pesar de la crema y sus efectos, sentí que me metía algo duro y grande: la pinga de mi negro. Rápido empezó a moverse, a singarme, a embestir a lo macho. – ¿Mami rica, te gusta lo que te estoy haciendo?

    – ¡Sí, macho, me gusta que me des pinga!

    – ¿Mami, te gusta mi pinga?

    – ¡Sí, sí!

    – ¡Pues la tienes bien clavá la tienes en tu culo! ¡Goza, maricón!

    – ¡Dame pinga, dame!

    – ¿Tú eres maricón?

    – ¡Soy tu maricón! Papi.

    – ¡Te gusta la pinga! ¿Eh?

    – ¿Y a ti mi culo?

    – ¡Sí, mami, sí…, me vuelve loco ese culito rico y estrecho que tienes! Lo sabes bien, me estás volviendo loco…ya sólo pienso en singarte, maricón.

    – ¡Vamos, vamos, dame pinga… dame, coño, dame…

    Yo le animaba, él seguía dando pinga y ambos recibíamos placer, un placer mutuo, de dos. Estuvimos mucho rato y lo más interesante que sin cambiar de posición, creo que al cabo de una hora se vino dando mugidos. Se quedó dentro, me besó, me prometió el cielo y la tierra.

    – ¡Ahora quiero sacarte la leche a ti! Ve y lávate el culo.

    Lo obedecí, regresé y me puso con las piernas para arriba y empezó a mamarme el culo recién singado.

    – ¡No te toques la pinga! Quiero sacarte la leche mamándote el culo…

    Comprendí que quería hacerme algo que poca gente lograba, pero con lo caliente que estábamos pues quizá podría ser. Empezó a lamer mi culo, a decir que se salía su leche, a meter su lengua.

    – ¡Papi, méteme le dedo aunque sea!

    – ¡No, yo tengo que hacer venirse a mi jeva con la lengua!

    Estaba convencido de que lo lograría y finalmente lo logró, me vine casi gritando de tanto placer que me provocó. Aquella noche dormimos abrazados, muy juntos y satisfechos de tenernos el uno al otro.

    Efectivamente al día siguiente me sentía adolorido, además de molido por el no dormir. No era mucho pero me sentía incómodo, sobre todo cuando fui al baño. Coque se levantó como si nada, claro no iba a dolerle el rabo.

    – ¡Mami, ven pa´cá que tu negro te tiene algo! – lo escuché decirme desde la cama, me imaginaba qué era. Cuando entré en el cuarto allí lo vi acostado blandiendo su pinga al aire. – ¡Ven, ven…que ya te toca tu lechita!

    – No sé… – dudé yo – Me has dejado adolorido…

    Me acerqué acostándome a su lado, nos abrazamos besándonos y acariciándonos. Me hizo volverme y abrió mis nalgas.

    – ¡Se ve bien, todo rico como siempre! – Me besó el culo, las nalgas- Ese culito quiere su leche…

    – No, me duele, de verdad…

    – ¿Qué es lo que te duele si no te he metido nada? – dijo propinándome una nalgada sonora.

    – Papo, me vas a joder si me singas ahora…

    Se acostó sobre mi espalda haciéndome sentir su pinga entre mis piernas.

    – ¿No la sientes?

    – ¡Sí, papo, sí, la siento y me gusta! Lo sabes bien.

    – Pues esto es carne para ese hueco…

    No iba a detenerse en sus intenciones, iba a singarme porque lo deseaba. Me acordé de William cuando me decía que yo era maricón para complacer a los machos, me dejé llevar.

    – ¡Mira, mi vida, quédate quieto y verás cómo gozas!

    Me puso algo frío, pero no era la crema analgésica sino un lubricante, me puso la pinga en el ojete y empezó a penetrarme. Me dijo que si me dolía que le dijera, que pararíamos entonces. Cuando se dejó caer sobre mi espalda y habiendo metido toda su pinga en mi maltratado culo, me dijo.

    – Mami, ¿ya sientes mi pingón dentro?

    – Sí…, sí…

    – ¿Tú eres mi jeva?

    – ¡Sí, papi, sí lo soy!

    – Ya ves, si eres mi jeva pues te voy a singar, las jebas complaces a sus maridos…

    – Y lo hago…, pero ayer me singaste duro…, me siento algo raro…

    – ¿Pero ahora cómo sientes el culito?

    – Rico, papi, rico… pero síngame con cuidado…

    – A ver, mami, a ver… mira nos ponemos de lado y tú mismo serás quien se mueva y así controlas todo.

    Eso hicimos, de costado yo empecé a moverme, a mover mi cintura para sentir como me singaba mi negro que no paraba de besarme y acariciarme.

    – ¿Sabes una cosa? Cuando nos empezaron a ver juntos, mucho vinieron con chismes diciéndome que eras un enfermo a la pinga y que habías cogido más pinga que nadie. – me besó – que hasta puta fuiste pero me gustaste desde el primer momento y si te quiero hacer mi jeva, es para que estés contenta siempre, bien servida y singada.

    Ni protesté porque no tenía sentido.

    – Mami… ahora eres mi jeva, mi gente y sabes complacer a tu macho. Ya ves cómo te estoy dando pinga, despacio, suave porque me lo has pedido. Yo sé que tengo un buen tronco pero eso es lo que te gusta a ti…

    Al rato le que no podía más, que mejor se lavaba la pinga y yo se la mamaba. Le entusiasmó la idea, regresó para que yo me ocupara de chupar hasta que se viniera en mi boca. Yo mamaba y lo miraba.

    – ¿Sabes? Alguien me dijo que tú eras el “Tragaleche”…

    – ¿Qué hijdeputa te dijo eso? – protesté yo.

    – Sigue, sigue, mami… mira, no te pongas bravo, fue un chisme, ya sabes que el mundo es pequeño…, yo conozco a ese tipo, es un mierda.

    Seguía hablando mientras en mí hervía la sangre de esos chismosos, al parecer no tenía ni que contarle mi pasado porque ya se lo habían contado con lujos de detalles.

    – ¡Cuándo me venga, no te tragues la leche, quiero que me la des en la boca!

    Me pidió, al rato se vino llenando mi boca de leche. Después nos besamos y le di toda su leche en un beso. No me sorprendió lo que hizo pero me gustó, me hizo acostarme y abriendo mis nalgas con un beso en mi culo echó su leche. Después se acostó abrazado a mí.

    – ¡Te quiero, papi, me has hecho algo lindo!

    – Ya te dije que eras mi gente, ese culito estará bien alimentado siempre…

    Claro que lo iba a estar con lo que después empezó para volverse un huracán. Empezó cuando fuimos a casa de un hermano de Coque que vivía en Marianao, un tipo gracioso y bien plantado como diría mucha gente. Fuimos a llevarle unos tenis que no sé quién había vendido y él los quería.

    – ¿Esta es tu jeva, mi herma? – fue el saludo mientras abrazaba a Coque mirándome.

    – No empieces a joder. – fue la réplica de Coque.

    – Me imagino que tendrá buen culazo para estar contigo. – bromeó mientras me daba la mano, me atraía hacia él para abrazarme. – Yo soy el hermano mayor y lo sé todo, Lucas.

    – ¡Ya, lo sabes todo y lo has visto todo!, así que no nos jodas con tus cosas. -protestó Coque.

    – Oye, si te hubiera visto por la calle no habría pensado que fueras maricón! – se confesó conmigo.

    – Bueno, no voy gritando por la calle… – le dije.

    Cuando el hermano salió a no sé qué, Coque me contó que Lucas vivía solo, que había estado casado. Me contó que el hermano era un loco pero muy buena gente. Aprovechando que estábamos en la casa solos, yo me senté sobre mi macho, abrazándolo y besándolo. Me gustaba, nos gustábamos mutuamente. Así nos vio Lucas cuando entró.

    – ¡Ya empezaron con la mariconería! ¿Eh? – dijo riéndose.

    Yo quise levantarme pero Coque me abrazó y no me dejó.

    – ¡No le hagas caso que él sabe lo que hay! – me calmó Coque.

    Lucas había ido por una botella de ron y unos refrescos tropicolas, trajo vasos y se sentó frente a nosotros en otro sofá. Empezamos a beber tragos, a charlar de cosas diferentes. Cuando Lucas le soltó a su hermano.

    – ¡Mi herma, te veo feliz con este blanquito!

    – Pues sí, es lo mejor que me ha pasado. – dijo mientras me daba un beso en la boca. – me he enchochado con él…

    – ¡Querrás decir enculado! – bromeó Lucas con malicia, después me dijo.- no te pongas bravo, no lo hago para ofenderte, es que se ve que mi hermano está feliz contigo. Ya me lo había dicho Merche, pero ahora lo compruebo.

    – Pues sí, brother… como lo ves, estoy bien, feliz porque hasta que no nos conocimos, yo no había singado de verdad…

    – Entonces, es lo que se dice un buen culazo… – después a mí me dijo – ¿darás buena cintura?

    – Bueno, cuando tu hermano me deja, doy cintura pero él es una máquina dando… – besé a Coque sin terminar la frase.

    – ¡Ya dando pinga! – agregó Lucas – ¡Oye, que sé que mi herma tiene buen morrongón! ¡Qué yo lo he visto en acción!

    – ¡Oye, oye… para! – le recriminó Coque.

    – ¡Bah, no te hagas el santo que tú y yo hemos estado dando pinga en el mismo cuarto! – me aclaró – yo con una jeva y él tratando de singarse a un maricón que gritaba más que mi jeva… je, je, je.

    – ¿Y eso, no me habías contado? – le pregunté a Coque.

    – ¡Na del otro mundo!- se excusó Coque. – estábamos aquí, y na´empezamos a singar. – Lucas con una putica del barrio y yo con un amiguito de la putica…

    – Ja, ja, ja, me acuerdo… me parto de risa de recordarlo… – grito Lucas – ese pajarito chillaba por cualquier cosa y lo más cómico, no podía meterse la morronga de mi herma porque no le cabía, no podía mamársela porque era muy grande… je, je, je.

    – ¿Y cómo terminó la singueta? – le pregunté yo.

    – Ja, ja, ja…, mira mi herma ya cabrón de tanta mariconería, fue a la cocina y trajo una lata de leche condensada y puso al pajarito a lamer la pinga como si fuera un helado… uf… estuvo dando lengua…, qué te digo, la putica y yo nos vinimos y estos dos seguían…

    – No se dejó singar… – dijo riéndose Coque.

    – ¡Bah, comemierda, no sabe lo que se perdió! – agregué yo.

    – ¡Mami, tú eres la mejor jeva! Yo contigo lo que sea…, mira cómo me tienes de caliente.

    Efectivamente, la pinga estaba dura y se le marcaba por encima del pantalón. Al frente estaba Lucas mirando sin perderse nada.

    – Si quieres vamos pa´l cuarto y te bajo eso. – le dije yo bajito.

    – ¡Mami, no, mejor aquí! – me susurró al oído. – yo me volví como indicando que allí estaba el hermano. – ¡Mami, no te preocupes, a él le gusta mirar!

    Había dado luz verde con aquella frase. Estaba claro que el hermano pues le interesaba bastante el asunto. Nosotros empezamos a lo nuestro como de costumbre y pronto la sensación de que alguien nos miraba despareció. Al rato de haber estado mamando la pinga de mi negro, éste me puso de pie y abriendo mis nalgas empezó a lamer mi culo. Yo gozando, mirando al hermano que parecía excitarse a mil con el espectáculo.

    – ¡Ven pa´cá, mi herma, pa´que veas cómo le entra solita!

    El otro se acercó, me agarró por los hombros como queriendo decirme que aguantara pero terminó sorprendido cuando vio como Coque ponía su morronga en mi culo y la metía sin detenerse, arrancando de mí solo suspiros de placer.

    – ¡Cojones, brother! ¡Eso sí que es un maricón de ley! – dejó escapar Lucas.

    – ¡Ya ves…, es mejor que una jeva! ¡Mira, mira cómo traga pinga y sin chistar, solo goza! – le corrigió mi negro.

    – ¡Oye y con lo machito que se ve, se abre to! – comentó mientras pasaba su mano por mis nalgas hasta llegar al culo lleno por la pinga de Coque, su hermano. – ¡Qué no me creo que se la hayas metido toda así de golpe y con saliva na´má!

    – ¡Mi herma, tuve que darle mucha pinga para llegar a esto! Pero ya ves, ahora ese culo se abre solito… – dijo con orgullo de macho Coque.

    – ¡Oye, Lucas, es que a mí me gusta la pinga y que me den pinga! – le dije yo a modo de calentarlo más, después le dije a mi negro. – dame pinga, macho, dame para que este vea lo que es singar rico…

    Coque me singaba duro, provocando chasquidos al golpear sus huevos con mis nalgas. Yo de pie gozando y más porque Lucas me había pegado su pinga en el brazo. La tenía dura. Al rato le escuché murmurar algo al hermano, y aunque no alcancé a escuchar todo claro, supe de qué se trataba.

    – ¡Mi herma, esta es mi jeva y hace lo que quiera su macho que soy yo! – a mí me dijo dándome una nalgada. – ¡Mami, saca la pinga de mi herma y ya sabes, trátalo como se merece!

    Lucas se puso delante de mí, yo desabroché el pantalón y saque su pinga gorda, pero no tan grande como la de Coque. Comenzó a singarme la boca agarrando mi cabeza.

    – ¡Mi herma!, ¿quieres darle pinga tú ahora por culo? – le propuso Coque, yo propuse irnos a la cama porque ya de pie, estaba algo cansado pero mi marido se impuso. – ¡No, mejor mami te sientas en su pinga y le das cintura un rato!

    Lucas se sentó en el sofá con la piernas bien abiertas y la pinga parada, yo fui a sentarme sobre él pero Coque me atajó.

    – ¡No, mami, de frente a mí, quiero que mires a tu macho mientras te singan!

    Así empecé yo a moverme mirando a mi negro, a mi macho, a mi marido que desnudo me miraba mientras se manoseaba la pinga, la pinga que tanto me gustaba. Lucas no resistió mucho tiempo mis movimientos y se vino casi aullando.

    – ¡Maricón, coge leche! – gritó.

    Cuando me la sacó sentí un gran alivio, me arrastré de rodillas hasta mi negro para mamarle la pinga y sacarle la leche.

    – ¡Mi herma, mira, mira y aprende!

    Yo le mamé la pinga hasta que se vino llenando mi garganta de semen caliente. Me la tomé toda, dejándole la pinga limpia y reluciente.

    – ¿Se la ha tragado toda? – preguntó con asombro Lucas.

    – Je, je, je, pues mira, este tiene dos huecos pa´recibir leche: la boca y el culo, así que ya desde que estamos juntos, no he desperdiciado ni una gota. – agregó Coque con jocosidad.

    – ¡Quédate así! ¡Uf…, cómo me pone ver ese culo chorreando mi leche!

    Me pidió Lucas y me quedé allí de rodillas frente a Coque, mejor dicho en cuatro y empinando mis nalgas hacia arriba para que Lucas viera, de vez en cuando dejaba escapar el semen para arrancarle alguna que otra exclamación.

    – ¡Oye, mi brother, tremendo maricón que te has echado! ¡Cómo hace pucheros con el culo recién singado!

    – ¡Pues, lo soy, soy maricón y me gusta que me den pinga! – le dije yo volviendo la cabeza.

    – ¡Mi herma, si quieres, métesela de nuevo, no ves que te la está pidiendo! – le dijo Coque.

    – ¡Oye!, ¿no le partiré el culo de tanto singar?

    – ¡Dale que a él le gusta! ¿Verdad, mami?

    – ¡Sí, papo, sí!- me levanté y fui hasta Lucas. – ¡Dame pinga, macho! ¡Dame que eso es lo que me gusta! – le dije con vicio.

    – ¡Ya ves, mi herma, ya ves! ¡Dale tú primero que después le doy yo! -concluyó mi negro.

    Me singaron los dos por turnos, la sala se llenó de olor a leche. Yo estaba bien, a pesar de la singada que me había propinado y que ambos tenían buenos pingones. Terminamos acostándonos a dormir los tres en la cama bajo el ventilador de techo. Dormimos algo, bueno, al menos Lucas y yo, Coque desconectó rápido y yo me hubiera dormido si no fuera porque al rato o no sé a qué tiempo sentí la pinga de Lucas en mi culo de nuevo.

    – Psh, estate quietecito que mi brother duerme. – me susurró al oído.

    – ¡No! – le dije en voz baja.

    – Déjame, no seas mala, anda mami…mira, te la meto y ya…

    Mientras me decía aquello, trataba de meter su pinga en mi ojete, que ya dilatado, ofrecía poca resistencia.

    – Mami, ábrete un poco…, así, así… deja que te entre solita…, ya, coge pinga, maricón.

    Cuando me la metió se quedó quieto, abrazado a mí.

    – Era esto lo que yo quería…, tenerte así clavá.

    Coque se movió algo y nos dijo con molestia.

    – ¡Coño, dejen dormir y váyanse a singar a otro lado!

    Nos levantamos y nos fuimos a la cocina. Allí Lucas empezó a singarme de pie, era una máquina moviéndose, dando pinga. Al rato sentí como que algo caliente me llenaba y a medias se me salía. El muy cabrón se estaba meando en mi culo. Vencido la sorpresa inicial, me entregué a gozar lo que me propinaba Lucas.

    – ¿Te gustó, mami?

    – Mmmm.

    – ¿Pero te gustó o no? – volvió a insistir.

    – ¡Claro que le gustó! No ves que es maricón del culo. – dijo Coque desde la puerta del dormitorio.

    Me fui al baño a expulsar el meado y lavarme, cuando regresé escuché como discutían. Coque le echaba en cara que yo era su gente y que me respetara.

    – ¡Oye, esa es mi jeva, mi mujer! Así que punto final a esas singuetas…

    – Mi brother, pero no te das cuenta que es tremenda puta…, le gusta la pinga, la leche…

    – Yo le doy caña a tope…

    – … y ya ves…, se vino conmigo a singar dejándote en la cama…, abre los ojos.

    Salí del baño, me vestí y le dije a Lucas.

    – Mira, negro, soy maricón y me gusta la pinga y que me den pinga y leche, no lo voy a negar, tampoco voy a negar que me gusten los negros y por eso me pudiste singar, pero hay una cosa, aquí estoy en tu casa, en tu cama y con mi gente al lado que quiso que singáramos. Por lo demás, me voy, arréglense los dos como les dé la gana.

    – ¡Oye, mami, espera, no te pongas así! – fue lo que se le ocurrió a Coque decirme.

    – ¡Mira, ese es tu hermano!

    – Pero si tú me gustas así, bien puta… ¡ven acá!

    – ¡Bah, deja a esa putica blanca que seguro en la parada liga a algún bugarrón! – gritó Lucas con desprecio.

    Salí como una bala para tratar de que Coque ni me siguiera.

  • Conociendo a Laura

    Conociendo a Laura

    Hola a todos y a todas, antes que nada me gustaría describirme un poco. 

    Soy un joven de tono de piel clara salvó parte de los brazos y el rostro por andar bajo el sol desde pequeño, 1.68 de estatura aproximadamente, cabello negro, de complexión media, y un gusto tremendo por las mujeres maduras.

    Hace unos años entré a trabajar en una verdulería, todo iba normal aprendiendo una labor nueva trataba de poner todo mi empeño en el trabajo, para esto justo enfrente había una tortillería y la señora que la atendía desde el primer momento que la vi me llamó mucho la atención una señora de unos 43 años aproximadamente me pareció hermosa pero lo que más me atrajo de ella fue su tremendo culo cada que salía para atender a su jefe se inclinaba en la ventanilla del auto y tenía una vista espectacular de ese culazo.

    Así pasaron los días hasta que uno de tantos me quedé tan embelesado con su trasero que no me percate que me había atrapado y solo se me quedó viendo, apenado por saberme descubierto me voltee y entre al negocio, a partir de entonces cada que la veía tras el mostrador me giñaba el ojo o me mandaba un beso.

    Pasaron los días hasta que un día llegó el jefe con mercancía y mientras descargamos la mercancía se acercó aquella señora a saludar al jefe y entre platicas y risas me di cuenta que tampoco me quitaba la vista de encima pasaron unas horas platicando hasta que el se fue y ella se fue a cerrar su negocio, al haber cerrado fue a la verdulería estaba solo y paso tras el pequeño mostrador donde estaba acomodando las cosas y empezamos a platicar.

    -Hola

    -Hola señora cómo está

    -Bien acabo de cerrar me apetecía pasar a saludarte, me llamo Laura por cierto no me gusta que me digan señora

    -Mucho gusto Laura que puedo hacer por ti

    -Me he dado cuenta que te me quedas viendo mucho y me intriga saber por qué

    -Honestamente me parece una mujer muy hermosa y no me es fácil disimularlo cómo se habrá dado cuenta

    -Que no me hables de usted…

    -Seguro que es por qué te parezco hermosa nada más?

    -Esta bien ya no te hablaré de usted

    -Más te vale.

    -Pero no has contestado a mi pregunta

    -La verdad se me hace una mujer hermosa y muuy sexy.

    -De verdad te parezco sexy

    -Por supuesto a quien no con tremendo cuerpo que tiene está mucho mejor que muchas que conozco y no dudo que envidien tener su cuerpo

    -Woow gracias por el cumplido

    Para ese entonces me había excitado la situación a mil y traía tremenda carpa en los pantalones la cuál no pasó desapercibida.

    -Pero qué tenemos aquí te has puesto duro

    -Disculpa es que hablar contigo me ha hecho pensar un sin fin de cosas

    -Cómo que cosas

    -Lo que me gustaría hacer con alguien como tú, con una sexy madurita

    En eso llegaron clientes, no sabía cómo ocultar mi erección y ella se dio cuenta que me puse nervioso y me ayudó a despachar, cuando se fue la gente ella estaba en la parte de adentro del pequeño espacio que había para despachar y yo en la salida, al retirarse paso frente a mi dándome la espalda y se inclino pegando su culo en mi erección.

    -Bueno me voy a casa hasta mañana descansa

    -Igualmente.

  • Viaje desafortunado (III)

    Viaje desafortunado (III)

    Recordaba esa noche:

    Tenía a Angie montada sobre mí, moviendo las caderas con intensidad, al otro lado mi amigo enculaba a Gaby, y esta tenía su rostro casi sobre mí, alcance uno de sus pechos y lo acaricie, el otro está firmemente agarrado mientras la cogían. Cuando me sentí ir, le dije a Angie y ella se movió con más energía, trate de aguantar cuanto más, pero me corrí, ella se estremeció también y dio un gran pujido al correrse; seguimos moviéndonos, ella aun en clímax y yo esforzándome en seguirle el ritmo, hasta que ella misma se cansó y se hizo a un lado y quedo de espaldas a mi lado, viendo la cara de Gaby, las dos se rieron y Angie estiró la mano para agarrarle uno de los pechos a Gaby, miraba eso cuando sentí que me tocaban entre las piernas, al mirar hacia abajo Marisol se acomodaba sobre mí, con su cuerpo desnudo, sin señas de actividad tal como las otras dos, es decir, Angie estaba sudando, el cabello revuelto, la cara, los pechos y las nalgas rojas, casi igual a Gaby, que seguía jadeando siendo enculada; pero Marisol apenas se había unido a la fiesta, no había sido la mejor cacería de PC y ahora la tenía asomándose sobre mí, quitándome el condón que había usado con Angie, recogiendo mi leche con sus manos, lo rego sobre mi verga y comenzó a frotarme con sus manos, luego se inclinó y sus labios fueron bajando alrededor de la punta. Me comenzó frotando las piernas y su boca dando tímidas probadas de mi verga, luego su mano explorando mis bolas y comenzó a ponérmela dura otra vez, ella daba amorosas probadas en mi tallo, que se engrosaba nuevamente con sus atenciones.

    Angie se vino sobre mi rostro con sus pechos, comencé a chuparlos, tenía unos pezones deliciosamente redondos y sensibles, también me acariciaba el pecho y creo que le recogía el cabello a Marisol, que se le venía encima del rostro. Era delicioso probar sus pezones duros y bien parados, ella jadeo con fuerza, sus pechos presionaban contra mi rostro casi sin dejarme espacio para respirar, estire la mano para levantar uno y tener aire, ella se rio, mostrando su gran sonrisa cuando le apreté la teta y luego que le agarre con fuerza la nalga. Marisol agarro mi mano y la llevo a que le frotara su coño, cruzo la mirada conmigo y se puso en posición con su boca sobre mi verga, se acomodó levantando las nalgas.

    Angie se levantó, cuando Marisol comenzó a chuparme, cosa que aprovecho PC, quien ya se había corrido dentro de Gaby, para acercarse al culo en alto de Marisol y comenzar a chuparle y lamerle, esto hizo que Marisol gimiera y comenzara a moverse y chuparme con fuerza, mire hacia un lado y ahora Angie le comía el coño a Gaby, quien se recuperaba de la montada que le dio PC. Ahora era Marisol la que tenía dos palos para ella, chupándome a mí y esperando que PC, se la jalaba para ponerse duro otra vez para metérsela.

    Ese recuerdo me mantenía con la verga dura cada vez que cerraba los ojos y pensaba en ello, había pasado una semana y vi en el whatsapp de mi amigo sus imágenes paseando por el mar, igual en el de Gaby. Las chicas me habían enviado la información que les pedí, según les explique, les dije que haría mi informe, que me acompañaran la semana siguiente, pero categóricamente Angie me dijo que no podía, que esperaría su recomendación de la empresa y la notificación del bono prometido.

    Un viernes, de la semana antes de viajar a entregar el estudio final para la empresa de PC, tocaron a mi puerta y al abrir, la figura de Angie apareció, venia en un vestido azul de una pieza, con un cinturón marcando la cintura, botines rojos de tacón alto, el cabello negro recogido en una cola alta y apenas un collar de cuentas rojas alrededor del cuello; ella se giro hacia mí solo cuando se apoyó detrás de un sofá y tiro su bolso al suelo.

    Y no pude más que lanzarme sobre ella, la tome de la cintura y la fui llevando hacia la barra del desayunador.

    Le comencé a besar los hombros y deslizar los tirantes del vestido, le gustaba como la tocaba porque ladeaba la cabeza para ofrecerme su cuello y que pudiera ver hacia su escote, sus pechos me fascinaban, si tenían el normal maltrato del tiempo, pero su piel clara, era preciosa, aunque ya habían amamantado, no dejaban de ser unos pechos atractivos, deseables y tentadores.

    -Los quiere chupar?

    Que más decir que claro que los deseo chupar, se desabotono la blusa y la dejo caer por sus hombros, ahora solo su sostén retenía sus pechos, me senté en el sofá mientras los observaba bien la tome por la cintura y la atraje, metí la cara entre los pechos, sentir su calor, ella tenía una sonrisa de oreja a oreja enseñando los dientes, llevo sus manos a los hombros y comenzó a deslizar los tirantes, yo pasaba las manos bajo su falda, frotando sus muslos carnosos y subiendo hacia sus caderas. Los tirantes resbalaron por sus hombros y llevo una mano hacia mi cara, paso los dedos por mi rostro, yo le bese la palma y chupe el pulgar que me ofreció a la boca.

    Entonces dejo caer el sostén y tuve nuevamente sus pechos libres frente a mí, fui directo a un pezón a chuparlo y hundir la cara en la carne cálida y suave, aguantar a quedarme sin aire con el rostro pegado y el parado pezón en mi boca, ella dio un gran suspiro y se le escapo una risa de deleite, yo seguí explorando con las manos bajo la falda, apretando sus nalgas. Jale sus nalgas hacia mí y dio un pequeño chillido cuando perdió el equilibrio y me cayó encima, con el peso de sus pechos asfixiándome con su frondosidad, tome aire en cuanto pude y volví a ocultar la cara entre sus pechos. Se fue acomodando y se apoyó en sus brazos para darme más espacio para respirar, fui subiendo su falda, dejando sus nalgas al aire; entre sus pechos podía ver hacia su ombligo, me acarició la cabeza y acerco su cara a la mía para comernos la boca. Saboreaba sus pezones grandes y marcados.

    Estaba ya bien duro y no me di cuenta en cuanto ya me había bajado los pantalones y mi verga, ya le rozaba las nalgas, sus pezones en mi boca y su cuerpo encima de mí.

    -que rico se le para

    Me encanta como se le suelta la lengua, su tono ligeramente grave y ocasionales agudos en una voz melosa era un buen acompañante a sus movimientos de cadera acomodándome la verga entre sus nalgas

    -mmm, como me pone!

    Cuando ya la punta atravesaba entre sus labios mojados, se puso de espaldas a mí, quitándose por fin la falda, dejándome ver sus nalgas redondas, su pantaleta era de color oscuro, no era de las provocativas, pero eso que importaba, si tenía a disposición todo su cuerpo, ella volteo a verme y me hizo señas con la mano de que me acercara, me pegue a ella, y agarre su cintura, le bese el cuello y ella paso sus manos por mi espalda, buscando hacia abajo metiendo las manos bajo mi bóxer. Me apretó las nalgas con las uñas y yo pellizque con fuerza sus pezones.

    -Deme por ahí!- me susurro alzando la cabeza con los ojos cerrados y el cuerpo vibrante.

    Me fui directo, alcance un condón de mi mesa y me lo puse rápido, comencé a frotarle en su ano, le di una lamida alrededor lo que la hizo estremecer y se la puse directamente ahí, comencé a presionar y presionar para abrirme paso, ella gimió, pensé que le dolía, pero más bien extendió sus brazos hacia atrás quedando recostada sobre su cara, con los pechos aplastándose contra la cama y la boca gimiendo; con sus manos me trataba de agarrar de los costados.

    -Dele, dele! Quiero que me la meta!

    Entonces me fui con más fuerza, sentía la resistencia a entrar, pero poco a poco se hacía más fácil, ella no dejaba de gemir, su cara ahora estaba roja, su espalda cubierta de sudor brillaba, al igual que sus preciosas nalgas también rojas de tanta palmada, yo las jalaba para abrirla más y ella también las jalaba. Sentí como apretaba sobre mi verga, aun con ella agarrándose las nalgas para hacerme espacio, el roce ya me irritaba la verga, pero también ya estaba por correrme, me estremecí y solté un chorro, mi verga se templó y lo sintió en las paredes de su ano, como vibro al momento de correrme, ella se alzó en sus brazos y arqueo la espalda, el cabello húmedo se le pegaba en la cara, sus pechos se bamboleaban libres y pesados, nos desplomamos en la cama, pegados cuerpo a cuerpo, aun sentía el palpitar en mi verga y ella seguía jadeante y frotándose entre las nalgas con la mano, se dio vuelta y nos besamos, me entretuve nuevamente con sus pechos, tan deliciosos melones de pezón oscuro, nos quedamos dormidos.

    Sonó mi teléfono, me desperté desnudo y sintiendo sed, no estaba a oscuras porque la lámpara de noche estaba encendida, mire alrededor y ahí seguía una mujer de cuerpo exuberante, desnuda, con el cabello revuelto y pegado a la cara, con los senos a la vista y durmiendo de lado, con las nalgas descubiertas y nuevamente en su color natural, recuerdo que en la noche mantenían un tono rosado intenso, de tanto roce de cuerpos, solo acordarme sentí el calor en el cuerpo nuevamente; le tendí una sábana encima, me puse un bóxer y me dirigí a la cocina.

  • La nueva verga favorita de mi esposa

    La nueva verga favorita de mi esposa

    Con Diego el hombre de nuestro anterior relato nos vimos otra vez y fue igual de excitante a nuestro primer encuentro, por eso relataré esta vez nuestra experiencia con Giovanny, un hombre nuevo y misterioso. Todo comenzó como un año después de habernos visto por primera vez con Diego. Por la misma página donde contactamos a Diego nos contactó otro hombre, muy discreto, mostraba cierta desconfianza cuando de saber sobre el otro se trataba. Inicialmente se contactó conmigo, ya en ese momento la dinámica era que los hombres se contactaran conmigo y yo determinaba si le podrían gustar a mi mujer, eso era como un primer filtro.

    Después de saber que físicamente si le gustaría a mi pareja el se contacto con ella, ya de ahí en adelante era cosa de ellos dos, mi pareja tenia la libertad de estar con otra persona a solas o compartir conmigo. Con los días la química entre ellos dos se dio, eso era lo mas importante. El se convirtió en un hombre que cuando mi esposa estaba caliente chateaba con el y por medio del sexting se calentaba y ya después se desquitaba en la cama conmigo. Con este hombre no se pudieron dar las cosas por temas de tiempos, nunca coincidía, cuando uno podía el otro no podía, además que él vivía en otro municipio que, aunque cercano a Bogotá si había cierta distancia (no lo había mencionado, vivimos en Bogotá), fue así como ese contacto con Giovanny se fue quedando en uno que otro mensaje cada dos o tres meses, igual las ganas si quedaron.

    Una tarde del año pasado mi esposa y yo estabamos en la casa sin mucho que hacer pero si con muchas ganas de experimentar algo, era uno de esos días que quieres coger como nunca pero solo quieres hacer algo diferente, así fue como tome la iniciativa y le dije a mi esposa que le escribiera a Giovanny y le dijera que si quería cogérsela ese mismo día que hiciéramos un trio. Para suerte de los tres ese día estaba trabajando en la ciudad y tenia la tarde Libre, coordinamos todo para vernos esa misma tarde.

    Para hacerlo mas interesante, le dije a mi esposa que se viera ella primero con él, sería la primera vez que se verían frente a frente y que más interesante que se calentaran los dos antes de mi llegada, además que ella ese día iba con ropa muy provocativa. Fue así como se pusieron una cita en la localidad de chapinero, efectiva mente se encontraron y decidieron ir a tomarse algo a un bar mientras esperaban mi llegada, yo ya sabia a donde estaban así que una hora después fue mi llegada, esa hora que estuvieron solos les basto para entrar en mas confianza, aunque ya habían tenido sesiones muy calientes por medio del sexting, no era un secreto que nunca se habían visto y la química tenia que ser prioritaria, eso no fue un problema, cuando llegue ya estaban entrados en confianza, lógico yo sabía y había acordado con mi esposa que mientras estuvieran solos en el bar ella se comportaría de una manera muy insinuadora para que por lo menos uno que otro beso no faltara.

    Todo esto se dio, y cuando yo llegue ya estaban en confianza y el estaba ansioso por conocerme también, para nuestra suerte el sitio estaba completamente solo y estaban en el segundo piso donde había mucha mas privacidad, en ese sitio nos tomamos un par de cervezas. En algún momento ingreso otro grupo de gente y se hicieron al lado de la mesa nuestra, fue ahí cuando les dije a mi esposa y a Giovanny que nos cambiáramos de sitio, en ese mismo piso había un salón muy privado conde solo había una mesa y dos sofás, ingresamos ahí y en un momento que Giovanny se levanto para ir al baño le propuse a mi esposa que se pusiera muy pervertida, que nos besara al tiempo, que le tocara la entrepierna y se dejara manosear de él, a ella al inicio le dio mucho miedo porque estábamos en un sitio publico pero la tensión del momento la llevo a aceptar, efectivamente hizo todo lo que le había pedido pero fue tanta la tensión que no duramos mas de 15 minutos hasta que decidimos ingresar a un Motel.

    Ingresamos al Motel, ella y yo ya con mucha confianza ya que no seria nuestra primera vez, pero ese no era el caso de Giovanny, era evidente que era su primero vez y los nervios y la pena no se hicieron esperar, fue así como ya en la habitación y después de pedir unas cervezas a la recepción nos toco tomar la iniciativa a nosotros, mi esposa hizo exactamente lo mismo que la primer vez con Diego pero Giovanny tenía mucho miedo, inclusive mi esposa tuvo que calentarlo mucho para que el decidiera desvestirse. Fue algo muy curioso porque notamos que el miedo de el era no por pena si no por miedo a que quizás le fuéramos a hacer algo, fue un poco incomodo, pero lo entendimos ya que en la ciudad donde vivimos se ven muchas cosas de extorciones y cosas así cuando de explorar en el sexo se trata.

    El con los minutos fue dejándose llevar, fue una sorpresa cuando se desvistió porque este hombre tenia un pene muy grande y grueso, evidente mente era el doble del mío, en grosor y en lo largo, para mi esposa fue una sorpresa la cual por sus gestos faciales note que estaba mas deseosa que nunca, era normal mi pene en promedio mide unos 17 cm el de Giovanny media casi 30 y era muy grueso. Fue como sin mas largas al asunto les dije que yo solo quería ver cómo le cogían a ella, lo único que les propuse querer grabar todo a lo que el acepto sin mayor reparo.

    Fue muy excitante mientras los grababa ver como a mi esposa casi no le cabía esa verga en la boca, era la verga más grade que había tenido, y fue más excitante la escena cuando vi que el la acomodo y dirigió su verga a su rica y jugosa Vagina, en su primer envestida mi esposa pego un grito, un gemido que seguramente se escucho hasta la siguiente habitación, la cogía con tantas ganas y fuera que mi esposa solo se disponía a hacer lo que el le pedía, no alcance a grabar mas de 5 minutos y ella me pedía que me uniera, así que ahí fue cuando me integre a esta tan pervertida escena de sexo entre ellos dos, lógicamente antes de ese acomode mi celular en tal posición que pudiera grabar toda esa película sexual. En mi celular quedo un registro fílmico de mas de una hora, registro que después edite para sacar ciertas tomas, censurar nuestros rostros y todas esas escenas se las compartimos a él, al día siguiente.

    Espero les guste este relato de una pareja la cual disfruta del sexo casual, dure mucho sin escribir pero tengo la intención de seguir compartiéndoles al igual que estas muchas más experiencias. Me gustaría saber si les gustan mis relatos.

  • Trío salvaje con mi hermana y mi cuñado (parte 1)

    Trío salvaje con mi hermana y mi cuñado (parte 1)

    Lo que pasó esa noche me da un poco de vergüenza. No por el hecho en sí, sino por los protagonistas.  Mi hermana Julia es siete años menor que yo. En esa época teníamos veinticinco y dieciocho. Siempre fuimos muy unidas. Debido a que nuestros padres trabajaban mucho, yo, en cierta medida, hice las veces de madre. Jamás la vi con otros ojos que no sean de hermana mayor, por eso me cuesta comprender lo que sucedió esa madrugada.

    Me mandó un mensaje a eso de las cinco de la mañana pidiéndome por favor que la deje a ella y a su novio quedarse en mi casa. Tenían un cumpleaños en el centro, por lo que se les complicaba para volver de la capital hasta el interior. No dudé en decirle que sí, que mi casa es su casa. Hasta ahí, todo normal.

    Los esperé en el living mirando televisión. Llegaron, nos saludamos y me contaron detalles aislados de la fiesta. No me interesaba demasiado, pero a esa hora no tenía más que hacer. Me pidió que, si podía darse un baño antes de dormir, y le dije que sí. Mientras se duchaba me quedé con Jairo, su novio, en el living. Parecía ser un chico de no muchas palabras, pero en su mirada había intensidad que un poco me incomodaba. Yo trataba de sacarle conversación para no aburrirme, pero estaba complicado. Dejé de hacerlo y me propuse seguir mirando la película, cuando finalmente comenzó a hablarme.

    Me dijo que ahora sabía por qué mi hermana era tan linda. Le dije que ella era mucho más linda que yo, a lo que protestó con vehemencia negándome la razón. No me di cuenta en qué momento se quitó la camisa. Yo tenía un short muy corto y una remera larga. Era una noche de calor. Tampoco me di cuenta de que cada vez estaba sentado más cerca mío. Él me miraba fijamente, con la respiración agitada. Yo no quitaba los ojos de la pantalla. Cuando la incomodidad fue extrema, me levanté con la excusa de ir a ver si mi hermana necesitaba algo.

    Cuando entré al baño la vi y quedé maravillada. Ya no era mi hermanita, era un mujer totalmente formada y hermosa. Sus curvas eran muy sexis, sus formas maduras y redondeadas se asimilaban mucho a las mías. Me vio entrar y sonrió. Me preguntó que qué me había parecido su novio y le dije que estaba bien. Que lo que importaba era que la hiciese feliz. Me dijo que si, que era muy feliz, que por fin había encontrado alguien que la cogiera bien. Me reí como tonta diciéndole que no necesitaba tanta información. Me dijo que era una aburrida, que quizás yo también necesitaba una buena cogida. Eso me molestó, por lo que Salí de inmediato.

    Me dirigí hacia la cocina. Me serví un vaso de agua y cuando me disponía a beber, sentí una respiración muy agitada en mi espalda… y algo muy duro apoyándose en mi cola. Quede paralizada. Dos manos me tomaron de la cintura, obligándome a que me arquee hacia atrás, lo que me hacía sentir cada más esa dureza que se me clavaba por encima de la ropa. En un susurro le pregunté que qué estaba haciendo. La única respuesta que recibí fue sentir como el par de manos que me tomaba de la cintura subía hacia mis tetas. Las acarició, las apretó, me hizo doler. Me di vuelta y lo empujé, mientras notaba que estaba totalmente desnudo. El tamaño de su verga era increíble. Larga, gruesa, cabezona, acompañada por dos huevos de gran dimensión. “Arrodíllate”, me dijo sin más. Obedecí y llevé mi boca directamente a esa verga hermosa que me apuntaba. Pasé mi lengua por la cabeza haciendo círculos, luego recorrí ida y vuelta varias veces todo el largo. Unas inmensas venas rojas enmarcaban la superficie, dándole un aspecto monstruoso que hizo que mi conchita empiece a humedecer. Me la comí entera. La escupí varias veces mientras chupaba y pajeaba. Me animé a probar esas bolas y estaban riquísimas. Solo una ya me llenaba la boca entera. Acabó de manera abrupta y en gran cantidad adentro de mi boca. Me la tapó con una mano obligándome a tragar toda su leche. Me fascinó.

    Mientras me ponía de pie, apareció mi hermana, totalmente desnuda y todavía mojada. “¿Arrancaron sin mí?” preguntó con una mirada divertida. Mi cuñado me dio la mano para ayudarme a levantarme y me guio hasta mi habitación. Mi hermana nos siguió. Me pidieron que me arrodille sobre la cama. Mi hermana se puso al lado mío y sonreía absurdamente. “¿Ustedes están drogados?”, pregunté. Lo que los hizo reírse a carcajadas. Mi hermana besó intensamente, metiendo su lengua hasta el fondo de mi garganta. Respondí al beso de manera intuitiva. Mientras estábamos en eso, me quitó la remera, alejándose un poco para verme mejor. “Martí, siempre me encantaron tus tetas. No sabes la cantidad de veces que me masturbé pensando en que te las comía enteras”, me dijo. Y yo respondí: “¿y qué esperas?”. Esas palabras llegaron desde un sitio muy lejano de mi inconsciente. Jamás había pensado en una escena similar con mi hermana. Sentía que algo estaba mal. Que no podía estar deseándola de esa manera. Ella sonreía cada vez mas feliz. Me las chupó con una suavidad que era desconocida para mí. Mis tetas son grandes, redondas y firmes, todo un manjar digno de ser disfrutado. Por eso todas las veces que me las chuparon fueron algo bruscas, intensas. Pero ella lo hacía con cariño, con una ternura y una suavidad que me encantó.

    Mientras jugábamos, mi cuñado estaba sentado en un sillón que tengo junto a la cama. Nos observaba y se masturbaba sonriente. Mi hermana iba de mi boca a mis tetas, de mis tetas a mi boca. En ese momento sentí lo mucho que me apretaba el short, y me lo quité sin dejar de besarla. De la mano, hizo que me recueste en la cama. Se recostó sobre mí, pero en dirección opuesta. Me besó la concha con besos suaves y rápidos, para seguir con lengüetazos y pequeñas mordidas que me hacían estremecer. Yo imité cada uno de sus movimientos. Su concha era chiquita, rosada, exactamente igual que la mía. Nos chupábamos cada vez con más intensidad, llenando la boca de la otra con jugos exquisitos. Recuerdo de momentos juntas de nuestra infancia comenzaron a invadir mi mente de formas tormentosas. Eso que estaba sucediendo estaba mal, no podía ser. Comencé a llorar de manera histérica. La quité de encima mío con un empujón tan fuerte que la hizo caer de la cama. Me tapé la cara con las manos mientras tiraba patadas al aire.

    No sé cuanto tiempo duró mi ataque de histeria, pero cuando me calmé, los busqué con la vista y los encontré cogiendo en el sillón. El sentado, y ella cabalgándole la pija con sus ojos de fuego clavados en mí. No podía creer lo que veía. Sentía el corazón destrozado, la cabeza revuelta, pero la concha me ardía como nunca jamás me había pasado. Me levanté algo mareada y con el estómago revuelto. Me sentía mal, pero la escena que tenía ante mis ojos me atraía como un imán. Caminé despacio y me ubiqué de frente a ellos. La mirada desafiante de mi hermana me enloquecía. Le acaricié la cara, algo que duró apenas un instante, ya que se llevó mis dedos a su boca y los chupó con gran maestría sin dejar de cabalgar. Con mi mano libre le acaricié y le apreté sus hermosas tetas, mientras ella comenzó a masajearme la concha. El placer que me estaba dando es indescriptible.

    De repente dejó de cabalgar y de un salto se paró junto a mí. Sabía lo que quería. Sin dudarlo monté la pija de mi cuñado, quedando frente a frente, para estallar de placer. Al sentir esa hermosa pija adentro mío, un orgasmo me sacudió entera. Mi hermana tuvo que sostenerme por atrás sino me caía de espaldas. Sentía sus pechos duros en mi espalda y sus manos apretándome los míos con fuerza. Me encontré con los ojos de mi cuñado y nos besamos apasionadamente. Comencé a cabalgarlo cada vez con más fuerza. Luego de diez o quince minutos dejando la vida en esa cogida, sentí como acabó adentro de mí. Mi concha se empapó de esa leche que parecía hervir. Me senté en su falda y noté como la pija seguía igual de grande y dura. Mi hermana se arrodilló y empezó a chuparla. Iba de un lado a otro, de su pija a mi concha, tomándose es coctel de jugos calientes. Acabé de nuevo.

    Mi hermana se sentó también en la falda de mi cuñado. Nuestros cuerpos parecían solo uno. Nos besamos los tres apasionadamente, sudados y con muchas ganas de seguir.

  • Vanessa

    Vanessa

    Espero que les haya gustado mi anterior relato.

    Continuo con uno, dónde me cogí por primera vez a la hija gordibuena de Lupe, ya les conté cómo es ella físicamente, también fue en los tiempos de la pandemia y sé que por eso pasó, lo que pasó con ella.

    Cómo una joven normal, Vanessa, que así se llama, tenía la hormona a todo lo que daba, se le notaba inmediatamente, lo caliente que era, no buscaba quien se la hizo, sino quién pagará los platos rotos, el afortunado en esos tiempos fui yo.

    Yo creo que todo comenzó, en una de las veces que me cogí a Lupe cuando su esposo se iba a trabajar, esa ocasión, a pesar de que estaba a oscuras toda la parte de abajo del edificio, pude notar cierto movimiento de las cortinas del departamento de Lupe, no sabía bien quién era, si la hija mayor o la menor, pero se notaba que nos estaba espiando, con esa situación en puerta, puse más empeño en la cogida que le estaba dando a Lupe, que traía como siempre la chamarra larga sin nada abajo, la misma adrenalina de saber que alguien estaba escuchando y tal vez viendo como me cogía a Lupe y más pensando que debía de ser una de sus hijas, me tenía con la verga más dura que de costumbre, le daba con todo a Lupe, se la metía lo más profundo que podía, ella estaba recargada en un carro como siempre, tenía la chamarra entre los dientes, yo me las ingenié para abrirle las piernas y poder estar entre ellas para poder darle más profundo, al parecer lo logré, porque ese día la hice que se viniera más veces de lo que habíamos hecho antes, su chamarra en la boca no podía contener los gemidos que salían de su boca; el imaginar que tenía un público, que al ver cómo tenía a Lupe, pensar en que le gustará a quien lo estuviera viendo, me tenían a mil, antes de que la llenará de leche, deje de ver, los movimientos de las cortinas, esa mañana llene la panocha de Lupe como la primera vez, sentí que las descargas de leche llegaban hasta lo más profundo de su panocha, cuando terminé, como siempre ella me mamo la verga para limpiármela.

    Al día siguiente, me encontré con la hija mayor, me saludo como siempre, pero no noté algo que me hiciera dar un siguiente paso; a los 3 días me encontré con la menor, como les dije, usaba ropa que hacía que se viera más rica y cachonda al mismo tiempo, ese día traía un pequeño short blanco que transparentaba una rica tanga de hilo dental de color oscuro, una pequeña blusa que con trabajo contenía sus grandes tetas, el mismo brasier hacia que se vieran más grandes todavía, al ver esa hermosa mujer, mi verga se puso un poco dura, como traía puesto un pants se notó de inmediato el bulto que se alzaba dentro de mi trusa, ella bajo la mirada y la poso claramente en mi verga, así estuvimos unos instantes, ella se día la vuelta y me dejó ver ese delicioso par de nalgas, en un va y ven, muy cachondo. Supe de inmediato que ella era la que nos había espiado, pasé todo el día pensando en cómo le haría para poder meterle la verga.

    La oportunidad, la busco ella, ese día estaba arreglando mi carro, cuando termine lo empecé a lavar, ella pasaba a cada rato, al principio, traía puesto un mayon blanco, que dejaba ver qué no traía ropa interior, tal vez, pensó que no le hice caso, pero no era eso, era mitad de la tarde y cualquier vecino podía entrar o mi esposa bajar, ahí podía arder Roma pensé, por eso era muy discreto con las miradas que le hacía a Vanessa, al rato, ella regreso con un pequeño short que se le metía un poco en las nalgas, parecido a un boxer, obvio de mujer.

    Yo estaba escuchando algo de música en el radio de mi carro, ella se acercó caminando lo más sensual que pudo, me preguntó qué canción era la que estaba escuchando, Lossing my Religión, le dije, eso obviamente no le importo nada, me dijo que si me gustaba el reguetón, yo en lo personal no soy de ese tipo de música, pero le dije que me gustaba como lo bailan las mujeres, ella se puso roja, ya estaba caliente era seguro, le dije que si sabía bailarlo, me contestó que sí, le dije que si me enseñaba como, ella volteó su mirada a mi verga descaradamente, se lamió sus carnosos labios, me preguntó que si de verdad, me gustaría que ella me bailará reguetón, pero hay un problema señor, me dijo, no hay música y aparte hay que perrear, yo sabía perfectamente que era el perreo, pero me hice el inocente, le dije que no había problema con eso, ella contesto que estaba bien, corrí a su departamento, para subirle al volumen a la canción que estaba escuchando, que era un reguetón.

    Me dijo -fíjese bien señor y no se espante por lo que haga, está bien, le dije-, yo esperaba con ansias que empezará a bailar, ya no me importo lo que pasará, si alguien llegaba en ese momento o bajaba mi esposa; ella comenzó su baile de manera muy erótica, tocándose las tetas, las nalgas y la panocha, ya mi verga estaba dura como una piedra, ella se dio cuenta, más roja se puso, después de un par de minutos de excitante espera, me dijo ahora voy a perrear señor, no se enoje, ni se espante por lo que vea y haga.

    En ese instante, se volteo de espalda hacia mí, poniendo sus nalgas directamente en mi verga, ella la sintió, comenzó a moverse al ritmo de la música, pero con una clara calentura en su cuerpo que la hacia ver más puta que siempre, cuando sintió que mi verga estaba bien parada, dio un grito ahogado, se acomodo de tal manera que con sus nalgas, atrapó mi verga en medio de ellas, se tallaba literalmente, el culo y la panocha con mi verga, ella ya jadeaba, tanto por el baile como por la excitación, ya no pude más, la tomé de la cadera, la jale lo más que pude para que sintiera la dureza de mi verga, no dijo nada, al contrario, cómo que quería que la penetrará en ese mismo instante, le agarre sus tetas por arriba de la ropa primero.

    Después aprovechando lo corto de su blusa, le metí la mano izquierda, directo a su teta por debajo del brasier, tenía los pezones muy duros, la pellizque un poco, mientras mi mano derecha, buscaba la forma de meterse directamente en su panocha, cómo tenía el short muy apretado, no pude, me conforme con tocarla con cierta brusquedad por arriba de su prenda, le besaba el cuello y los oídos, le dije que quería meterle la verga, ella solo contesto con un si apagado, en ese momento, con escasos 3 minutos de cachondeo, se vino, se tuvo que tapar la boca con las manos para que no se escucharán sus grito, era de las que el sexo las hace gritar.

    En ese momento, me grita mi esposa desde arriba, para avisarme que ya estaba lista la comida, nos separamos de inmediato, ella tenía los pezones tan duros que ni el brasier, los podían ocultar, cuando la vi de frente tenía una gran mancha en la parte de su short que le cubría la panocha; le dije que no me podía quedar así, señalando mi verga, ella me contestó que mañana, tratará de no bajar a mover los carros, que me las ingeniara para que su mamá no saliera a coger conmigo, ella lo sabía, sabía que me estaba cogiendo a su mamá, no le importo por supuesto, me dio un beso rápido en la boca y se fue corriendo a su departamento.

    En ese momento, pensé que como me iba a hacer para que mi esposa no se diera cuenta, de lo mojado que estaba mi verga, recordé que estaba lavando el carro, lo seque rápido y me eche más agua a la altura de mi cintura para que no se notará lo mojado que me había dejado Vanessa, subí a comer, pero antes le dije a mi esposa que me daría una ducha, porque había terminado empapado con la lavada del carro, me metí al baño, me duche rápidamente, pensé en masturbarme, pero tenía que guardar mi leche para la batalla del día siguiente, mejor pensé en que como le haría para que no saliera Lupe a abrir el portón.

    La idea se me vino a la mente, en lo que estaba comiendo, le diría al vecino que no iba a estar al día siguiente, que hiciéramos el movimiento de los carros, en cuanto llegará de trabajar, se me hizo buena idea. Al terminar de comer, mi esposa, me dijo que iría a visitar a su puta madre; a mí suegra ya me la había cogido varias veces en años anteriores, aunque la puta señora, me busco por algún tiempo, ya no me la volví a coger, en fin; le dije que sí, que estaba bien, mientras yo iba a aprovechar para hablar por teléfono con el vecino, para decirle de los carros.

    Cuando le marque al vecino, la suerte estaba de mi lado, me dijo que iba llegando precisamente en ese momento, rápidamente baje, Lupe ya le estaba abriendo el portón, se extrañó un poco de verme ahí, también estaba la gordibuena de Vanessa, que al verme, discretamente bajo su mirada a mi verga y me guiñó un ojo, saludé al vecino, eche a andar el carro, mientras, también discretamente, se me acercó Lupe, me preguntó que, si no íbamos a coger en la mañana, le dije que no porque tendría que salir en la noche y no regresaría hasta pasado el mediodía, Vanessa que estaba junto a ella, pero un poco atrás, se tocaba, discretamente, las tetas y la panocha, no traía más que una blusa larga a media pierna, por el reflejo del sol que dio, cuando se abrió el portón, pude notar que no traía nada abajo de esa blusa, me dijo, ya ni modo, con una mueca de desagradó, pero Vanessa se le iluminó su lindo rostro, después de unos momentos en los que movimos los carros, bueno yo nada más adelante el mío, el del vecino quedó atrás, se cerró el portón, los vecinos se metieron a su departamento, Vanessa hábilmente se quedó con el pretexto de ver el carro de su papá, el vecino le prestó las llaves, sabía que lo que quería era poner su música en su carro, así lo hizo puso para variar un reguetón, fue hacia dónde estaba yo, se colgó de mi cuello, nos comenzamos a besar, yo le estruje sus nalgas, comprobé que no traía ropa interior, metí mis manos alzando un poco su blusa de atrás, que delicia tenerla así, me tuve que contener, para no cogermela en ese mismo instante, le dije que esperara, que alguien podía vernos, le propuse que nos viéramos en la mañana, después de que se fuera su papá, ahí aprovecharíamos el momento para que yo le metiera la verga, ella me contestó, que -así como le haces a mi mamá verdad-, le pregunté que así mismo, también le pregunté que si no le importaba que le metiera la verga a su mamá y a pocas horas a ella, me contestó -ella sabrá a quien le da las nalgas, así como yo se a quien se las doy-, eso me sorprendió un poco, pero quién era yo para cuestionar la moral de esa familia, cómo tenía la puerta abierta del carro de su papá, se agachó un poco para darle unos besos a mi verga, por encima de la ropa, esto me prendió tanto, pero tuve contenerme, para no meterme en problemas.

    Me subí a mi departamento, así como lo supuse, mi esposa ni se fijó que los carros, estaban acomodados de diferente manera, espere con ansias, el momento de acostarme a dormir, todo normal, mi esposa ni sospechó nada, nos dormimos, yo casi no lo hice, por la adrenalina tan grande que tenía, mi verga estaba tan dura que me dolía tenerla dentro de la trusa.

    Eran las 4:30 am, me levanté con mucho cuidado para no despertar a mi esposa, ya tenía cierta práctica, después de bajar en varias ocasiones, al garaje, para el movimiento de los carros, pero también para otra cosa, ya había puesto a la mano lo que me iba a poner: un short algo flojo del área de las piernas, pensé que iba a ser más conveniente, más fácil sacarme la verga para la acción, me quite la trusa, para hacer más fácil todavía la maniobra, una playera algo larga para que no se notará tanto lo parado que tenía la verga; al poco rato, escuché como abrían el portón y lo cerraban, debí de esperar todavía 10 minutos, tenía que dar tiempo a que se volviera a dormir Lupe, que ya me había dicho que tiene el sueño muy pesado y se duerme con mucha facilidad, también Vanessa tenía que hacer su parte, no quería arriesgarme a qué algo saliera mal.

    Me puse unas pantuflas, de peluche para no hacer nada de ruido, baje lentamente las escaleras, que esas si tenían luz siempre, para evitar algún accidente, iba pasando junto al departamento de Lupe y tuve que acelerar un poco el paso, no quería encontrarme con una sorpresa, que la misma Lupe, fuera la que saliera, en lugar de su hija Vanessa, por fortuna no fue así; Vanessa salió con mucho cuidado para no hacer ruido, a pesar de la oscuridad y a contraluz de la escalera, pude ver qué traía un short también holgado de las piernas y una pequeña blusa, que por el tamaño de sus tetas, dejaban ver su estómago, que si bien, no era plano, tampoco era como el de su mamá, realmente eso no me importaba.

    Camino hacia dónde estaba yo, de inmediato, la jale contra mí, quería que sintiera lo duro que me tenía la verga, nos besamos, con mucha pasión, nuestras lenguas entraban en nuestras bocas, cómo una danza de serpientes apareándose, ella bajó su mano, tocó mi verga lenta y suavemente, me dijo que estaba muy dura, que si ella había provocado que estuviera así, le dije que sí, que desde la tarde, me tenía así, hábilmente metió su mano por la abertura de las piernas, acaricio mi verga como toda una experta, mientras ya le había metido las manos en las nalgas, en las tetas, acariciando su panocha, abriéndome paso entre su vello púbico que era abundante, parecía que tenía una tarántula entre las piernas, estaba ya bastante mojada, alcance su clítoris, lo comencé a masajear con los dedos, en cuanto sintió mi caricia, dio un leve quejido, le subí su blusa, para mamarle ese par de tetas, grandes y deliciosas, ella sacó la mano de mi verga de sorpresa, pensé que la había lastimado o peor aún, que alguien había salido de su casa, no era así, se había llevado las manos a la boca, haciendo lo imposible, para no gritar, la estaba haciendo que se viniera, aproveché sus jugos, para meterle un dedo, dentro de su panocha, la tenía muy mojada y muy caliente, ella al sentir mi dedo, dejo escapar un pequeño grito, tuvo que taparse con las dos manos su boca, nuevamente, para no gritar, estaba tan mojada, que mi dedo fácilmente, entro y se lo deje ir hasta lo más profundo de su panocha, ella abría las piernas más, para sentir mi dedo; decidí, usar más dedos, pensé que la podía lastimar, al hacerlo, cuál sería mi sorpresa, que fácilmente le cupieron 4 dedos sin ningún problema, los metía y los sacaba con mucha fuerza y velocidad, de momento, me beso apasionadamente, logré que se viniera abundantemente, lleno toda mi mano, de sus jugos.

    Le metí un dedo en su boca, para que probará sus propios jugos, lo mamo literalmente como si fuera mi verga, le seguía, mamando sus tetas; después de un rato, tomé de los hombros y la dirigí hacia mi verga, que hacía rato que quería atención, me baje un poco el short, para facilitarle la maniobra, puso sus ricos labios carnosos, en mi verga, le dio algunos besos, con la lengua, la rodeó toda, se la metió a la boca, fue algo muy delicioso, pero cuando se la metió a la boca, no se si fue las ganas o que, pero me di cuenta que no sabía mamar, me lastimó un par de ocasiones, con sus dientes. La levanté nuevamente, la besé y le dije que si ya quería que le metiera la verga, me dijo que si.

    La lleve para la parte más alejada del departamento de sus papás, que era, por donde estaba estacionado el carro de su papá, le puse sus manos en la tapa trasera del carro, le baje su short, dejándolo caer hasta sus tobillos, estaba empapado, me saque la verga, la coloque entre sus nalgas, la deslizaba entre su culo y su panocha, ella se empujaba cada que la sentía en la entrada de su panocha, me decía que ya, pero yo quería, gozar todo lo que se pudiera de ese momento, verla así empinada, hacia ver qué sus nalgas estaban mucho más grandes de lo que era en realidad, ya no aguanté más, busque la entrada de su panocha, con lo mojada que estaba, mi verga se deslizó hacia su interior, como un cuchillo caliente sobre la mantequilla, despacio, pero con firmeza, le fui metiendo toda mi verga, hasta que mi vello púbico, quedó totalmente pegado a sus nalgas, ya no estaba tan apretada como yo imaginaba, pero eso era lo de menos, la dejé un minuto sin moverla, sintiendo su calor tan fuerte que de ella emanaba, ella se acostumbro rápido a mi verga que comenzó a morderla con mucha excitación, poco a poco, se la saque toda y repetí la acción varias veces, hasta que la tomé firmemente de la cadera, se la deje ir lo más profundo que pude, como pude le zafé su short, para meterme lo más que podía entre sus piernas, para así lograr que su panocha se abriera más, ella jadeaba cada vez más fuerte, tuve que subirle su blusa a la boca, para que la mordiera, si no, sus gritos, nos hubieran metido en problemas.

    La empecé a bombear, aumentando el ritmo, cada vez más y más, ella parecía un manantial de lo que producía su panocha, no me di cuenta en qué momento, por la fuerza con que la estaba embistiendo, que ya se escuchaba muy fuerte, el choque de mis caderas con sus nalgas, era música para mis oídos, pero tuve que bajarle la intensidad, para que no nos fueran a cachar.

    Después de varios minutos de estar así, ella me dijo que ya, que se los echará, porque ya se hacía tarde, mire mi reloj y ya iban a dar las 5:45 am, apure mis movimientos, cuando sentí que ya me iba a venir, la tomé nuevamente con fuerza de sus caderas, para penetrarla lo más profundo que se pudiera, para dejarle mis mocos hasta adentro; fueron varios disparos largos y copiosos, que le eche, sentía que cada disparo de mocos, era más fuerte que el anterior, hasta que sentí, que me había vaciado totalmente dentro de ella, así quedamos por unos momentos, hasta que recuperamos el aliento, cuando le saque la verga, cayeron unas gotas de mocos al piso, rápidamente nos acomodamos la ropa lo mejor que pudimos, ella me besó, me dijo que le había encantado como me la había cogido, me dijo que esperaba que no fuera la única vez que lo hacíamos, le dije que mientras ella lo quisiera, por mi encantado de cogerla todo el tiempo.

    Se metió a su departamento, yo me subí con cuidado al mío, como mi esposa, tiene el sueño bastante pesado, ni cuenta se dio que había salido, así que no hubo problema, me metí al baño y me di una ducha, para quitar los estragos de la batalla.

    Esa fue la primera vez que le metí la verga a la linda Vanessa, fueron muchas veces, ya les contaré, la primera vez que probé su rico culo, toda una delicia, antes que a mi esposa, no me había tocado ninguna mujer, que gozará tanto de la verga en el culo, pero a Vanessa le encantaba, salió igual de puta que Lupe, su mamá.

    Espero que le guste mi relato, espero pronto subir algún otro, de mi vida sexual, que ricos recuerdos.

  • La buena obra

    La buena obra

    “Como tu esposa considero que nunca te he faltado, bueno, he hecho unas cosas que te quiero decir porque mi consciencia debe estar tranquila y porque me has pedido muchas veces que te platique todas las cosas que me han pasado, mis cochinadas según dices, bueno, hoy te voy a contar una de estas.

    Una vez hice una buena obra, no sé si se puede considerar como algo malo porque creo que fue por una buena causa. Una vez conocí a un viejito con el que trabajé en lo de las encuestas y siempre me insistía, me invitaba a bailar, a comer o a tomar un café, nunca le hice mucho caso, era un acoso suave, me veía de lejos, me regala cosas baratas, me decía que estaba muy linda.

    Así pasó mucho tiempo en que lo dejé de ver hasta que una vez me encontré a una de sus hijas y me dijo que su papá estaba enfermo, que lo iba a ver por la tarde cuando podía encargar a sus niños, por eso lo fui a ver por las mañanas para poder verlo con calma.

    Cuando llegué a su departamento, toqué pero me gritó que pasara, ya no se podía parar a abrir, le gustó mucho que lo visitara. Se veía nervioso pero contento dentro de una cama llena de cobijas y en un departamento descuidado.

    Me paré a ver un poco más el departamento y sus condiciones, me di cuenta que veía mi cadera y mi colita, me dio ternura verlo así, ganoso, excitado, pero indefenso. Me paré para irme y me agaché un poco para que viera mis nalgas mejor, un pequeño regalo. Antes de irme me dijo que tenía algo que decirme. Me dijo que estaba muy mal, que posiblemente ya no se parara de esa cama, su pelvis estaba hecha polvo y su corazón podía fallar en cualquier momento. Me dijo que tenía algo que pedirme pero tendría que decírmelo al oído. Me acerqué y sentí su aliento tibio en mi cuello cuando sentí su aliento entrecortado con las frases llenas de deseo que mencionó.

    Al terminar sus frases, me quedé en silencio, lo miré de frente y no pude negarme, me quité la blusa y luego me di la vuelta y, poco a poco, me fui bajando los mallones a la vez que paraba mi trasero lo más que podía mientras el viejo se jalaba su cosa, me abrí las nalgas para que las viera mejor mientras me tocaba y giraba mi cabeza para verlo; se escuchaba la manera en que su mano chocaba con su cuerpo, varios gemidos ahogados y palabras como “Menéate sabrosa, que rica nalgona”, al ver su miembro con esa cabeza amplia con su tronco delgado y rojo me vino un placer que me empapó; comencé a golpearme las nalgas, a hacer círculos con ellas, a ponerme en cuatro y parar todo lo posible mi cadera, lo que provocó que el viejo derramara todo lo que tenía. Me toqué de frente a él mientras me sostenía la mirada y sentí una vibración que me vino desde dentro.

    Cuando terminé me subí los mallones, me puse la blusa y me despedí. Fue el día que no quise acostarme contigo porque te dije que me dolía la cabeza. ¿Sabes? Ahora que lo pienso creo que tengo más cosas que contarte”.

  • Mi mujer en el mall y yo en la playa, cogiendo (parte 3)

    Mi mujer en el mall y yo en la playa, cogiendo (parte 3)

    Mientras yo me solazaba con Coqui en la playa, mi mujer disfrutaba del paseo de compras, según me fui enterando en el celular. Al llegar allí en una combi, el grupo de mujeres y sus maridos se fueron a recorrer a su aire por el mall, dejando a mi mujer a solas con Kevin, el animador. Le pidió que la acompañara una tienda de mallas y ropa interior y su acompañante se mostró dispuesto. Vieron varias bikinis y conjuntos sexys para la intimidad, pero como ella se mostraba indecisa, Kevin le sugirió que se probara algunos para ver cómo le quedaban.

    -Acompáñame al probador, le dijo la muy atrevida, tomándolo de la mano.

    No se hizo rogar el caribeño y allí fueron. Para no llamar tanto la atención lo hizo esperar en la antesala de los probadores. Se probó la primera y le pidió que entrase.

    -¿Qué te parece?, le preguntó contoneándose con un bikini diminuto blanco y negro.

    -Te queda espléndido. Me molesta un poco el bretel, dijo Luli. ¿Me lo podrías regular?

    -Cómo no, para eso estoy, respondió Kevin y se puso detrás para ajustar el tiro mientras arrimaba su paquete al culo de mi mujer.

    Lejos de escandalizarse, Luli se inclinó un poco para apretarse más al cuerpo de Kevin, mientras él le alzaba un pecho con una mano y regulaba el bretel, para luego tomarle ambos pechos con las manos y decirle que se veían muy bien. Ella se relajó sobre su cuello y lo miró a los ojos hacia atrás.

    -¿Te gustan?

    -Se ven deliciosos.

    Luli llevó sus manos para atrás y le acarició el bulto duro por encima de la bermuda, hasta envolverlo, mientras con la otra lo tomaba de la nalga para apretarlo más contra su culo ansioso.

    -Fijate si se nota la depilación tanga que me hicieron.

    -No veo nada, dijo Kevin.

    Ella tomó la mano con la que el animador aún sostenía su pecho y la deslizó hasta meterla en su bikini, al tiempo que recostándose aún más hacia atrás lo atraía a su boca y le daba beso profundo y húmedo.

    -Estás muy bien depilada y te siento muy caliente ahí abajo, dijo Kevin ya metiendo sus dedos dentro de su concha mojada.

    Profundizó los besos mi mujer y presionó la mano que hurgaba en su interior jugoso para que los dedos entraran todavía más. Gimieron los dos excitadísimos, hasta que mi mujer se volteó, ya con un pecho afuera y le bajó el cierre de la bermuda, dejando salir un pingo enhiesto de buenas dimensiones, ya húmedo de líquido seminal y empezó a pajearlo.

    -Esperá que le voy a contar a mi marido, le dijo al sorprendido animador, mientras le sobaba el pingo. No te preocupes, lo voy a poner a mil.

    «Estoy franeleando con Kevin en un probador. ¿Querés foto?”, me mandó un mensaje.

    -¡Ya!, fue mi rápida respuesta.

    Me mandó tres, los dos acariciándose frente al espejo, besándose y empezando a chuparle el glande.

    -¡Buenísimo! Dale a fondo y contame, le contesté.

    Se deleitó chupando la pija del caribeño hasta que no pudo más y le pidió que se la metiera, bajándose el bikini. Kevin no se hizo esperar y la puso de espaldas para penetrarla mejor. Entró muy fácil en el chocho empapado y se empezaron a mover frenéticamente hasta que un ruido los hizo detenerse. Él tuvo que taparle la boca para que no siguiera gimiendo con la poronga en su interior, porque estaba a punto de orgasmo. Lentamente se la fue sacando, aunque ella trataba de retenerlo.

    -Me estoy jugando el trabajo, la podemos seguir después, te lo prometo, le susurró.

    Luli no podía respirar de la calentura que tenía. Se volvió y le dio un morreo fenomenal de besos, caricias y paja. Kevin pudo detenerla y meterse la pija de nuevo dentro de la bermuda, conteniendo la mojadura con un pañuelo hasta que puso salir del probador.

    Tras varios minutos mi mujer salió con su nuevo bikini puesto y un nuevo pareo más oscuro que no llegaba a ocultar cómo sobresalían sus pezones erectos.

    -Te faltó la lencería, dijo Kevin.

    Eligió un par de conjuntos de tanga muy provocativos, pero no se los probó. Mientras la vendedora pasaba la tarjeta, volvió a besarlo profunda y largamente a Kevin, ya sin ningún pudor y fueron a pedir refrescos porque el resto de los compradores tenían para rato. Los apuraron enseguida y se fueron a meter en la combi, que estaba a la sombra de unos árboles en el extremo más alejado del parking.

    Apenas entraron y cerraron la puerta, se prendieron en un intenso morreo, lleno de besos y caricias, mientras caminaban prendidos hacia el fondo, donde fueron a caer sentados en los últimos asientos, a salvo de miradas indiscretas por los vidrios polarizados y las cortinas. Empezó a sobarle el bulto encima de la bermuda a Kevin, mientras éste le metía mano entre las tetas y por la concha burbujeante. Estaba a punto del orgasmo, cuando le sacó la pija y se la empezó a chupar con frenesí.

    Tras un par de minutos, se acordó de mí y activó una video llamada. Yo estaba acurrucado a la sombra junto a Coqui, desnudos y de nuevo al palo, acariciándonos y besándonos. Abrí la llamada y la vi jadeante.

    -¿Estás bien?, le dije mientras tenía a Coki a mis espaldas apoyando su pija entre mis nalgas.

    -Estoy muy bien, me respondió, mirá, y dirigió el celular a la poronga de Kevin que pajeaba con su otra mano.

    -¡Guau! Atiné a exclamar, qué buena está.

    -¿Te la comerías?, me dijo.

    -¡Toda entera!, le respondí mientras giraba la cabeza, le daba un beso húmedo a mi galán moreno y me apretaba bien contra su cuerpo firme y su pija bien dura.

    -¡Qué buen beso!, casi como cuando me besás a mí. Mirá, me dijo, y le dio flor de morreo al Kevin y en pantalla fue besándolo por sus pectorales y abdominales hasta alcanzar la pija y empezar a saborearle el glande, el tronco y los huevos.

    -Está riquísima, ¿se nota?

    Le respondí que me había recalentado y empecé a pajearlo al Coqui mientras lo volvía a besar. Enseguida Luli apoyó el celular en la ventanilla contraria enfocándolos a ambos, se puso de pie, se quitó el bikini, y se sentó a horcajadas sobre las piernas de Kevin para ir metiéndose su pija en el coño bien lubricado hasta llegar al fondo y empezó a montárselo como poseída.

    -¡Buenísima cogida!, le grité.

    -Te quiero, me dijo.

    Coqui me susurró que mi mujer lo había calentado mucho y quería volver a coger.

    -Dale, pero de frente, para verte.

    Se arrodilló frente a mí, me alzó las piernas y me la puso sin problemas, porque tenía el ano ya dilatado y bien lubricado por los restos de leche que me había echado antes. Mi mujer incentivó su cabalgata sobre Kevin al ver el cuerpo de mi amante mientras me daba a fondo y escuchaba mis pedidos de más y más.

    Luli hizo sus firuletes de entrar y salir y menearse sobre la pija de Kevin varios minutos hasta que el caribeño empezó a jadear con fuerza y empujarla hacia arriba para metérsela más adentro y ambos se corrieron a la vez. Coqui vio todo y acabó dentro de mi culo otra vez con todo su cuerpo transpirado brillando como una estatua de mármol negro.

    Sólo quedaba yo muy caliente porque tenía las manos ocupadas, pero Coqui se recostó sobre mí para besarme poco a poco bajando hasta mi pija y me la chupó con maestría mientras lo enfocaba con el celular. No duré ni dos minutos y eyaculé en su boca el poco semen que me quedaba, que no dudó en tragarse hasta la última gota y volver a besarme bien a fondo haciéndome saborear mi propia leche.

    -¡Estuviste bárbaro!, me dijo Luli aún sentada sobre Kevin que no dejaba de chuparle las tetas y besarla profundamente a cada momento.

    -Kevin todavía está al palo, me dijo.

    -Aprovechalo, le respondí, exhausto.

    Y empezó a menearse de nuevo apretándolo contra sus pechos bamboleantes. Noté que Kevin también se impulsaba y después de varios minutos de montada, volvieron a correrse juntos en un éxtasis sexual increíble.

    Siempre previsora, en su bolso Luli llevaba unas toallitas húmedas con las que limpió meticulosamente la pija aún enhiesta de Kevin que era una máquina sexual inagotable, para después ponerse un apósito dentro de su bikini que pudiera contener la catarata de jugos y leche que salían de su coño y facilitarle uno a Kevin para que la humedad no mojara su bermuda.

    Una vez recompuestos se dieron un beso interminable de lengua y más caricias, hasta que se oyeron golpes en la puerta de la combi y Luli me dijo que cortaba la video llamada, pero que la seguiríamos más tarde, en el complejo hotelero y en persona.

  • Salida, la milf

    Salida, la milf

    Me hubiera encantado afanar uno de esos carteles que en los edificios indican la «salida» y colgarlo sobre la cabecera de mi cama. Pero uno bien grande en verde fosforito. En casa de mis padres hubiera quedado raro. Pero así era como me sentía, caliente siempre, húmeda y con ganas.

    He tenido experiencias, tanto con chicos como con chicas y la verdad es que a mis veintipocos años me encanta el sexo. Me llamo Sonia y adoro el placer de unas manos y una lengua recorriendo mi piel aunque a temporadas, por suerte no muy largas, tengan que ser mis propios dedos los que me den placer.

    Me gusta vestir sexi, faldas y pantalones muy cortos y ajustados, tops pegados y con grandes escotes. He hecho el amor con chicos y chicas, cuerpos y pieles calientes, gente con la que disfrutar sean como sean.

    Hoy he visto a una pelirroja por la calle, eso llamó mi atención, mi cabello también es rojo. Tendrá algo más de cuarenta, normal, voluptuosa, piel clara, pero con una bonita sonrisa. Llevaba unas mallas ajustadas, muy finas, casi trasparentes y al fijarme en su pubis cubierto con un pequeño tanga que se marcaba yo mojé el mío.

    Mis largos y bronceados muslos salían de mi falda mas corta y mis hombros desnudos en una camiseta con escote barco muy fina. Me apetecía, la deseaba, quería tener en mis manos ese culito respingón y besar sus labios rojos. Si alguien me llama la atención la verdad es que no suelo ser muy sutil o discreta.

    Al pasar a su lado fingí que me torcía el tobillo, un truco nada difícil con el largo de mis tacones y me apoyé en ella. Sin pretenderlo todavía apoyé la mano en un pecho lleno, grande, quizá un poco blando pero muy deseable. Vamos que casi sin quererlo ni objeción por su parte le sobé una teta. Ella solícita consiguió sujetar mi cintura e impedir que ambas diéramos con nuestros huesos en la acera.

    Simpática me preguntó como me encontraba. Yo me hice más la dolida de lo que me sentía, frotándome el tobillo.

    – ¿Te sigue doliendo?

    – Ya casi nada, eres muy amable.

    No me dejó sola a mis medios y me acompañó hasta la silla de una terraza cercana. Le ofrecí invitarla a un café por su amabilidad.

    – Tómate un café conmigo. Te has portado muy bien.

    – Claro, no tengo nada que hacer.

    Accedió pues parecía que estaba ociosa simplemente dando un paseo. Incluso me cogió el pie y sacó mi sandalia de tacón para dejarla a un lado de la silla.

    – Dejáme darte un masaje, se me da bien y te relajará.

    Estaba sentada enfrente de mí, en una silla de terraza. Yo sabía que ella estaba mirando bajo mi corta falda y veía mi encharcado y minúsculo tanga blanco. Sabía que la mancha de humedad se notaba perfectamente.

    Me encontraba muy a gusto con el suave masaje que ella me daba en el tobillo, separando los muslos todo lo que podía para que ella no tuviera que esforzarse mucho para ver más de mí. Deseaba que subiera por mi pantorrilla acariciando mi piel.

    El guapo camarero aprovechó a echar un jugoso vistazo a nuestros escotes. En otro momento y si hubiera estado sola puede que hubiera echado el anzuelo con él. Sara aprovechó para comentar lo duro que parecía el culo del joven. Un comentario ciertamente heterosexual pero a la vez morboso y provocador.

    – ¡Es guapo el mozo! Ese culito está como para darle un bocado.

    Inclinada sobre mi tobillo que seguía toqueteando para comprobar el daño, yo podía ver un bonito y generoso escote en su top y sabía que ella le había echado un buen vistazo al mío. Empecé a adularla y decirle lo bien que le sentaban las mallas y que su culo parecía tan duro o más que el del camarero.

    – Con esas mallas el tuyo y tus muslos están preciosos. Seguro que hay mucha gente que le encantaría darte un buen mordisco a tí.

    Creo que se sonrojó un poco y cuando agachó la cabeza para ocultarlo separé un poco más los muslos para que viera más de mi tanga, para entonces ya completamente empapado por la situación.

    Mi pie descalzo todavía entre sus manos rozaba sus muslos sin la menor intención de apartarlo de allí. Procuraba acariciar con el pie la finísima tela que cubría sus piernas. Su mano se tomaba cada vez mas confianza con el tobillo y empezó a subir por la pantorrilla cumpliendo mi deseo. Se me escapó un suave suspiro cuando tenía sus manos en mis gemelos.

    Viviendo la sensualidad del momento. Los rayos del sol calentaban nuestros cuerpos pasando entre las hojas de un árbol. Pasé una mano por mi escote bajando un poco más la tela desde mis hombros pecosos a mis senos sin sujetador exponiendo más de mi cuerpo a la luz y a su vista, casi hasta la aureola del pezón. Me incliné hacia ella para susurrarle al oído:

    – Me gustas.

    Ya he dicho que la sutileza no es lo mío. Se lo dije poniendo una mano en su muslo. Se dejó llevar. Me permitió seguir por su pierna hacia arriba, hacia su tanga. Mirándola a los ojos, me incliné hacia ella, la besé por primera vez y me respondió. Abrió los labios para recibir entre ellos mi lengua investigadora. Cuando alejé mi cara de la suya y lo hice muy despacio, me dijo:

    – Nunca he hecho nada con una mujer y menos con una chica tan bonita como tú. Tu también me gustas.

    Me alegró el cumplido y que no remarcara mi juventud. Ni que rechazara de plano mis atenciones. Me puse en otra silla, a su lado para coger su brazo y así poder acariciar su teta y pellizcar su pezón con discreción. Besarla en el cuello oliendo el perfume de su roja cabellera.

    Sabia que el camarero nos observaba desde detrás de la barra por la amplia cristalera del local. Pero eso aún me calentaba más. Empezar a darle ese espectáculo y saber que él no nos tendría a ninguna de las dos. Por lo menos ese día.

    Por fin ella se decidió y sentí su mano en mi muslo desnudo acariciando con ternura mi piel desnuda. Estaba deseando desnudarla entera y explorar todo su cuerpo pero no podía llevarla a casa donde mis padres podían interrumpirnos. Así que dejé caer como por descuido:

    – ¿Vamos a tu casa?

    Pensaba en lo que podía encontrar allí, en lo que ella tendría en su vida, marido o hijos o estaríamos solas, podíamos ir a un hotel o solo acariciarnos en el parque o en su coche. Le daba vueltas en mi cabeza a todo eso hasta que ella me sacó de dudas.

    – Estará mi hijo, me contestó.

    – Si es tan guapo como tú no me importará.

    ¿He mencionado que me gusta disfrutar y no me limito? ¿Chicos o chicas?

    – ¡Si! ¿vas a querer follar a la madre y al hijo?.

    – ¿Te importaría? o ¿te vas a poner celosa?

    Le pregunté sonriendo con picardía a ver hasta donde ella podía llegar. Lo pensó durante un momento, y en esos segundos me entró miedo de que se echara atrás. Pero soltó una carcajada y me contestó.

    – ¿Sabes? Si yo me estoy planteando follar contigo y es algo que nunca se me había ocurrido, creo que no me importaría que también lo hicieras con él.

    Por la calle camino a su piso íbamos cogidas de la mano aunque la mía se iba de vez en cuando a su firme culo, que me había llamado la atención por vez primera. Al tacto se notaba tan duro como a la vista.

    Y ella tampoco dejaba sus manos quietas cogiéndome de la cintura para apretarse mas a mi cuerpo y hacerme notar su teta en mi brazo. En alguna esquina también nos besábamos cogidas de de la cintura. Los besos se fueron haciendo poco a poco más profundos, más lascivos. Mi lengua buscando la suya y su saliva. Y me recibió con gusto.

    – Me estoy poniendo muy cachonda contigo.

    Al poco tiempo llegábamos a su piso. Abrió la puerta y me dejó pasar delante. Supongo que para me llevara la sorpresa del siglo.

    El hijo, Mario, estaba en el salón jugando a la Play vestido tan solo con un ajustado bóxer. Tan guapo como su madre y con un bonito cuerpo fibrado.

    Por un lado quería arrastrar a Sara a su dormitorio para arrancarle la ropa y lamer todo su sudado cuerpo. Pero el chico mas o menos de mi edad también había llamado mi atención. No creía que mi fantasía incestuosa de follar con los dos a la vez pudiera hacerse realidad. Pero ya vería como salían las cosas.

    – Ella es Sonia, una amiga. Cielo. Y él es Mario mi hijo.

    En principio saludé al chico con un par de besos lo mas cerca de la boca que me atreví y bien pegada a su cuerpo. Haciéndole notar mis tetas en su pecho desnudo y sin vello. Correspondió a mi confianza cogiendo mi cintura y sujetándome un momento contra su cuerpo.

    – ¡Mami que amiga tan guapa! Disculpad mi atuendo, pero hace mucho calor.

    Nos pidió perdón por su escasa indumentaria achacándolo al calor reinante pero a ninguna de las dos nos molestaba en absoluto verlo así. Mirábamos su piel expuesta, yo por lo menos. De hecho ella parecía más que acostumbrada a verlo así. Ella fue a ponerse algo mas cómodo mientras yo me libraba de mis tacones y charlaba con el chico y él nos preparaba unos refrescos a ambas.

    – ¿Hace mucho que sois amigas?

    – Nos hemos conocido esta mañana, pero me ha caído muy bien y me parece preciosa.

    – Ya he visto que os gustáis. ¿Qué intenciones tienes con ella?

    Me preguntó con mucho cachondeo. Como si él tuviera que protegerla.

    – Creo que me gusta toda la familia. Y mis intenciones son las más sucias y pervertidas que puedas imaginar.

    – Tengo mucha imaginación. Y a mí también me gusta lo pervertido y morboso.

    Sara interrumpió ese intercambio de no tan veladas insinuaciones apareciendo desde su dormitorio. Venía espectacular, lo único que cubría su cuerpo era un camisón de raso, de tirantes que descubría sus hombros tan pecosos como los míos. Le dejaba un escote espectacular donde lucía sus voluminosos pechos y bastante cortito, así que sus muslos aparecían desnudos casi al completo.

    Ambos la mirábamos con la boca abierta embobados ante esa exhibición de pura sensualidad. No podíamos conocer las dudas que la habían asaltado mientras se despojaba de las ropas de calle. Pero una vez decidida estaba claro que no se cortaba un pelo. Vino directa hasta mí y volvió a sujetar mí cintura para darme un húmedo y lascivo beso ante las narices de Mario.

    No hacía falta mucha imaginación para deducir que bajó el ajustado slip del chico su polla depilada crecía al vernos juntas.

    – Vaya dos preciosidades pelirrojas. Creo que no me necesitáis para nada. Me voy a jugar a mi cuarto, os dejo solas, tres son multitud.

    Sara me miraba a los ojos cuando le respondió.

    – Creo que a ninguna de las dos nos molesta que te quedes, cariño. ¿No te gustaría mirar?

    – Pues claro. Pero no creía que tú lo quisieras, mami.

    La que contesté fui yo.

    – Creo que le puede el morbo de la situación y a mí también. Me gustaría que te quedaras y le dieras tu apoyo. Creo que nunca ha estado con una chica.

    – Tu eres la primera, pero me gusta el sexo y quiero probar contigo y quiero que mi hijo esté con nosotras.

    Vino con las dos y nos rodeó con sus fuertes brazos. Giré la cabeza lo suficiente como para incluirlo en el beso. Ella no se separó y un segundo más tarde juntábamos las tres lenguas. Hasta ese momento pensaba que podría follar con los dos pero por separado.

    La idea de un trío no se me había pasado por la cabeza. Ya estaba muy caliente antes pero esa situación me estaba poniendo a mil, a punto de correrme sin tocarme apenas.

    De hecho empezaba a sospechar que puede que aunque yo fuera la primera relación lésbica de ella es posible que entre ellos ya hubiera habido algún roce o por lo menos deseo.

    Enseguida empecé a notar manos por mi culo, subiendo la tela de la faldita y agarrando directamente la carne de mis nalgas. Libre por el reducido tamaño de mi tanga. Yo también empecé a subir su camisón y me dí cuenta que ella no se había puesto nada bajo el raso. Así pude deslizar un dedo por el poderoso culo y llegar a su ano, mojado con sus propios jugos.

    Cuando quise darme cuenta mi falda estaba a mis pies y los dos tiraban de la blusa para desnudarme. En cuestión de segundos sólo estaba con el tanga, Mario con su slip pero con la polla asomando y su madre con el camisón recogido en la cintura. Las dos teníamos los muslos húmedos y toda la habitación olía a nuestros jugos.

    Aunque nos costó separar el beso y las manos, consiguió arrastrarnos hasta su cama. Antes de empujarla al colchón terminé de desnudarla mientras Mario tiraba del tanga, que se quedó roto entre sus dedos.

    Me giré hacia él para besarlo, largo, húmedo y con mucha lengua. Yo bajaba sus gayumbos hasta dejarlos caer a sus pies. Notando su dura polla apoyada en mi plano vientre. Sara sentada en la cama justo detrás de mí, besaba mi retaguardia y pasaba la lengua por mis nalgas ensalivando la raja.

    Se lo puse mucho más fácil según me inclinaba para pasear la sin hueso por el poderoso torso del muchacho. Para mordisquear sus pezones, lamer el limpio sudor de sus axilas depiladas.

    Poco a poco mi grupa sobresalía más, separaba mis pies lo que abría mi culo en el que Sara se recreaba. Cuando clavó la legua en mi ano yo tenía la polla entre mis labios. Chupaba sus huevos suaves y lo hacía suspirar. La quería bien dura pero no pretendía que se corriera pronto.

    Así que me giré a buscar el coñito de su madre dejando mi culo para él. Estaban bien sincronizados, levanté los muslos de la madura separándose y clavando la lengua en sus labios buscando el clítoris.

    Ella ya había ensalivado mi ano pero él dejó caer más saliva por mi raja y el su glande y fue directo por mi entrada posterior aunque la delantera chorreaba. Me sorprendió pero también me agradó, me encantó ese atrevimiento. Mientras me daba por el culo literalmente yo le daba su primer orgasmo a Sara y lamía sus jugos.

    Lo hacía suave moviéndose dulce, entrando y saliendo de mi cuerpo. Haciéndome notar cada penetración. Apreté el culo exprimiendo su rabo mientras él me masturbaba acariciando mi conejito. Él también parecía muy cachondo y se corrió llenándome de lefa.

    Descubrí lo pervertido que podía ser. Se arrodilló detrás de mí y empezó a lamer mi ano con su semen rezumando de mi interior. Me estaba comiendo entera, coño y culo y me derramé en su lengua. Gemía entre las piernas de Sara haciéndole gozar a ella.

    Fui subiendo sobre su cuerpo, trepando por la cama buscando su boca, sus besos.

    -¿Te está gustando la experiencia?

    Le pregunté entre risas.

    – Me está encantando, de las mejores veces que me han comido el coño, cielo.

    – ¿Y tu chico? Ahí parado, pobrecito, ¿no crees que necesita unos cariñitos?

    Le hicimos un gesto para que viniera con nosotras y nos pusimos a revivir el reblandecido pene a dos bocas. Yo llevaba el ano limpio, siempre lo lavaba por dentro y por fuera cuando iba de caza así que el único sabor que tenía sobre la piel era de su semen. En segundos ya estaba apuntando al techo y nosotras seguíamos pasando la lengua por el tronco y los huevos.

    Quería verlo entrando en la vulva de Sara Así que me puse sobre ella en un sesenta y nueve y lo llamé para que se la follara. Yo misma lo guiaba a su interior pero no antes de darle una buena lamida al glande. Mientras se movía delante y atrás yo le acariciaba los testículos depilados. O la sacaba de vez en cuando y lo chupaba con el sabor de su madre.

    Ella entre tanto no perdía la oportunidad de darme placer a mí y no se le daba nada mal. A pesar que seguía afirmando que el mío era el primero que se comía. Entre lamida y lamida a la polla de su hijo yo solo podía gemir y suspirar. Además en primer plano veía como se abrían sus labios al paso del gordo nabo. Apenas me quedaba sitio cuando la sacaba para darle algunas lamidas a su clítoris.

    Ya no pararon hasta que él se corrió. Yo no tenía dudas que ella ya lo había hecho varias veces pues cada vez estaba a punto de arrancarme el clítoris por la fuerza con que lo sorbía. Aproveché para volver a saborear la lefa y sus jugos cuando la sacó.

    Terminamos los tres en la cama, yo en medio, riendo y satisfechos. Estaba convencida que no seria mi última visita a esa madre cachonda y a su morboso hijo.

  • El famoso y pecaminoso parque

    El famoso y pecaminoso parque

    Todos recorríamos aquel parque al centro de nuestra ciudad cuando caía el sol. De día lo frecuentaba todo tipo de gente. De noche el público era especializado. En aquel tiempo aún era un lugar con los árboles tan frondosos que de día proporcionaban agradable sombra y de noche regalaban segura protección.

    Después de las nueve de la noche nadie podía alegar inocencia: buscábamos cuerpos, sexo. Era ideal el lugar: parque enorme, deficientemente iluminado, algunas de sus avenidas eran caminos oscuros por la noche, excelentes para lo que uno quisiera. En ésta banca había un hombre de pie con la verga de fuera mientras otro se la mamaba con hambre atrasada. El mamador resultó ser uno que había sido maestro mío de matemáticas años atrás y quien se las daba de macho, supermacho, hipermacho, ultramacho y para probarlo se cogía a cuanta joven estuviera dispuesta y hete aquí que éste ubermacho homófobo de actitudes de mataputos le encantaba mamar verga en lo oscurito, típico de los hipócritas closeteros; lo maravilloso es que él se dió perfecta cuenta de que yo lo ví, son sensacionales las inesperadas venganzas que regala la vida.

    En otra ocasión, en un sitio del parque bautizado por la gente como “el homociclo” dedicado a un célebre personaje de nuestra historia nacional conocido por una sola de sus frases, me tocó ver por allí a un compañero de trabajo con todo y vestidazo, pestañas postizas, peluca, medias, tacones y rellenos. Nos vimos, nos reconocimos y cuando después lo volví a encontrar en el trabajo me saludó efusivamente con ésos clásicos manotazos de machote en la espalda. El mensaje era claro: guarda mi secreto. Lo que yo no sabía era que el dichoso secreto lo conocían al menos otras veinte personas más. Pero ante el mundo es un casado hombre de familia… con gusto por los jovencitos. Cosas que uno ve en la vida.

    Todos los que recorríamos ésas veredas pensábamos que éramos muy discretos y que nadie veía lo que hacíamos. Lo que hace la calentura. Una noche lluviosa recorría aquellas avenidas del parque mal iluminadas y solitarias por el clima. Todo estaba mojado, el olor a tierra y vegetación empapada era vigorizante. Traía la verga bien parada. No hacía frío, pero el agua y la vegetación refrescaban bastante. Creyendo que no encontraría nada, empecé a encaminarme a la estación de metro más cercana cuando a veinte metros vi parado junto a una banca a un joven moreno completamente empapado por la lluvia. La ropa mojada se le pegaba al maravilloso cuerpo.

    Era un hombre muy joven, de cuerpo marcado, piernudo, nalgón, moreno, de labios sabrosos, ojos color ámbar, piel satinada sin un solo vello y voz suave. Y con una sonrisa que desarmaba a cualquiera. Eso fue lo primero que me ofreció cuando me acerqué a él, la sonrisa. Lo segundo que noté al acercarme era un generoso paquete: el chico se cargaba una muy sabrosa verga que se notaba luego que pedía guerra a gritos. No recuerdo exactamente cuál era la conversación ni cómo comenzó, pero sí recuerdo que al quinto o sexto enunciado ya nos estábamos besando apasionadamente. La sombrilla que traía la cerré para mojarme a gusto con aquel bello muchacho.

    La tercera cosa que noté mientras nos besábamos con ardor era que el muchacho olía intensamente a semen, todo su cuerpo despedía un fuerte aroma a macho jarioso, era como si su piel estuviera impregnada del olor a semen de hombre joven y caliente, hasta sus labios sabían a semen. Sus jeans a duras penas podían contener su verga que estaba firme, palpitante, anhelante de boca que la ordeñara. Nos metimos un faje de campeonato pero no pasó nada más. Después me contó que llegando a su casa se masturbó rabiosamente pensando en mí. Desde luego, yo hice lo mismo y me vine abundantemente diciendo en voz alta su nombre como si me estuviera cogiendo.

    Durante semanas nos encontrábamos casi a diario a la misma hora por los mismos senderos y se repetía la escena: sonreírnos bajo la lluvia, besarnos con ardor, acariciar nuestras lenguas mutuamente, meternos las manos por todas partes, antojarnos las vergas, apretarnos los huevos, meternos los dedos por el culo… hasta que no pudimos más y acabamos en un hotel, uno casi horroroso que yo ya conocía y era ideal para tales expediciones y daba la afortunada casualidad de que estaba cerca al famoso parque.

    ¿A quién le importa saber cómo nos quitamos la ropa? Ni yo lo recuerdo, ¡shazam!, desapareció y ya. Virgen santa, qué cuerpazo se cargaba aquel chico moreno. Ni un solo vello en todo el cuerpo. Las piernas más hermosas que he visto por encima de las de muchas mujeres: fuertes, potentes, marcadas sin ser exageradas, de muslos poderosos y pantorrillas hechas para ser mordidas y besadas, unas rodillas coquetas que me encantó morder y perderme en la parte posterior de ellas. Recorrí con los labios ésos muslos larguísimo rato. Unas nalgas redondas, paradas, abundantes, morenas, tersas y calientes al tacto que besé, lamí, acaricié, mordí, unté mi cara en ellas, las acaricié con mi pecho desnudo y virtualmente las cubrí de saliva. Tenía el abdomen ligeramente marcado, un bello lavadero para fregarlo con la lengua. Su pecho era sublime, sus pezones sensibles lo hacían reaccionar a cada caricia, cada lengüetazo. Sus brazos perfectos me rodeaban y me besaba con tal pasión que parecía un novio enamorado.

    Y, en efecto, olía potentemente a semen. Todo él. Nos trenzamos en un sesenta y nueve memorable. Me cogió por la boca con ritmo y ardor, yo era su puta y estaba feliz de serlo. Se comía mi verga como si no hubiera nada más importante en el mundo, estrujaba mis huevos y tenía dos dedos metidos en mi culo haciéndome suspirar mientras yo era feliz con la boca llena de su verga de macho joven jarioso, y mientras mamaba su verga amasaba sus huevos hermosos y me hundía cada vez más en su penetrante aroma a semen, agarraba sus nalgas, jugaba con su culo.

    Empezó a respirar más rápido e intenso, aceleró su cadera, su verga entraba y salía de mi boca a mayor velocidad y con mi verga dentro de su boca gimió, su culo se contrajo, sus huevos se encogieron y con unas sensuales contracciones me llenó la boca de sabroso semen en cantidades que delataban que llevaba al menos un día sin masturbarse. Gimió, rugió, gruñó, se contrajo, me enterró la verga hasta el fondo y me sumergió en su semen que era tanto que escapaba de mi boca. Me dijo puta muchas veces y yo, con la boca llena de semen, le dije que era su puta. Saboreé su exquisito semen que sabía tan fuerte como él olía. Yo estaba extasiado de saborear su verga empapada de saliva y semen, brillosa, palpitante, olorosa, poderosa. Mi moreno de verga poderosa.

    Apenas me terminé de tragar su semen, me montó. Me abrió las piernas y me cogió. Su verga era larga y gruesa. Estaba tan excitado que semejante animal me cogió sin problemas. Y me cogió rudo, duro, sin piedad, diciéndome que era su puta y que le repitiera que era su puta, me agarraba de las nalgas mientras su verga me taladraba y literalmente sentía sus huevos chocar con mis nalgas. Bufaba, respiraba como si corriera los diez mil metros en la recta final, sudaba a chorros y su olor a semen aumentó, su cabello estaba empapado de sudor, sus labios enrojecidos por la furia de su besos, me dió un par de nalgadas poderosas que nada más me enardecieron más y le grité que me cogiera como a una puta. Eyaculó entre gruñidos, poderosas contracciones y hasta creí que iba a desvanecerse porque se derrumbó sobre mí. Sentí cómo su verga se hinchaba al eyacular.

    Empapados de sudor, saliva y semen nos seguimos besando y acariciando. Volví a disfrutar sus piernas y a comerme sus nalgas. Saboreé su culo. No le dí tiempo a reaccionar y lo puse en cuatro para cogerlo. Qué culo más divino. Chocaba con sus nalgas mientras veía su espalda brillante de sudor, con una mano alcancé su verga para masturbarlo y apretarle los huevos. Me vine mientras lo abrazaba fuertemente y lo besaba en los labios. Se soltó y nos enredamos en otro sesenta y nueve. No soltó mi verga hasta que le llenara la boca de semen. Yo no me dí por satisfecho y le mamé la verga hasta hacerlo venirse en mi boca dos veces más.

    ¿Fue un romance? No lo sé, escribí poemas eróticos describiendo minuciosamente cómo le mamaba la verga y lo mucho que disfrutaba que me llenara la boca de su semen, que me había vuelto adicto a su verga, su semen, sus huevos, su olor y la hermosa manera que tenía de alcanzar el orgasmo, un poema tras otro describiendo cómo me cogía, cómo le mamaba la verga, cómo yo lo cogía, narrando las veces que fuimos al cine a ver cualquier estúpida película americana llena de explosiones nomás para sacarle la verga y mamársela hasta que se viniera cuantas veces pudiera durante la película y yo disfrutar felizmente todo su semen sin desperdiciar una sola gota. Sus huevos parecían producir cantidades espectaculares de semen.

    Una vez en el cine, una chica que iba con su novio no nos quitaba la vista y se le notaba la envidia de la verga que tenía en la boca y las ganas de coger con nosotros. En otra ocasión en efecto eso pasó, nos ligamos a una chica que inventó un pleito con su novio y acabamos los tres en la cama. Le metimos la verguiza de su vida, quizá valga la pena contar esa historia más tarde. Baste decir que la chica estaba como en trance viendo a dos hombres muy guapos cogiendo entre ellos con la potencia que ningún novio había usado para cogérsela.

    Una noche lo ví en el famoso parque acompañando a tres señores cincuentones cuya fecha de caducidad ya había pasado. Entre las sombras le dieron sus vergas a mamar y le bajaron el pantalón. Hasta entonces comprendí: vendía caro su amor y a mí nunca me había cobrado un solo centavo. No dije nada ni me hice notar, pero tuve la sensación de que una etapa había terminado. Diez años más tarde lo vi por las calles del centro de la ciudad: iba de la mano con su marido o novio, no lo sé. Se veía muy enamorado y parecía feliz.