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  • Ofreciéndome al jefe de mi esposo (final)

    Ofreciéndome al jefe de mi esposo (final)

    Lentamente nos acostamos a los lados de él conscientes de que la mirada lujuriosa de hombres y mujeres estaba fija en nosotros tres, me di cuenta de que una compañera del trabajo de mi esposo se acercó y le dijo algo al oído, era una buena amiga según mi marido y repentinamente se dieron un beso francés mientras ella se empezaba a desnudar.

    Era una mujer de la edad más o menos de mi esposo, estaba ahí con su marido y volteando a ver a los demás, entre besos y caricias cachondas empezaron a desnudarse también.

    Mi esposo se desnudo también dejando a la vista su erección provocada por verme entregarme a su jefe tan descaradamente.

    Seguramente no sería la única vez que me acostaría con él y no imaginábamos en ese momento lo que tenía en mente él: pensaba no desaprovechar la oportunidad de tener una hembra caliente a su disposición y me haría su putita.

    Pensaba llevarme a reuniones sola con él y dejar claro que era la inocente esposa de uno de sus empleados para que me vieran someterme a lo que me pedía él…

    Los demás invitados a la reunión quedaron completamente desnudos y sin quitarnos la vista empezaron a masturbarse algunos hombres y algunas mujeres los ayudaban.

    La amiga de mi marido estaba muy tetona, algo sólida de cuerpo sin llegar a estar gorda y se inco rápidamente frente a mi marido tomado sus manos y poniéndolas sobre sus senos mientras ella empezaba a mamarlo con lujuria.

    Después al llegar a casa me platicaria mi esposo que ella le dijo que estaba caliente por él desde que se conocieron y su marido la dejó mamarlo mientras él se masturbaba viéndolos.

    Llegamos a la cama y acostamos al jefe de mi marido En Medio de nosotras, lo empezamos a besar en la boca alternadamente dándole la lengua mientras nuestras manos recorrían su cuerpo.

    Frotandole cada una nuestro cuerpo mientras lo acariciabamos, vi como mi marido se venía en la boca de su amiga y ella gimiendo lo recibió caliente.

    Mi mano llegó hasta la verga erecta de su jefe y lo apreté con lujuria, quería meterlo profundo en mi raja velluda mientras los demás empleados compañeros de mi esposo me veían ser ensartada cómo una puta.

    Era justo en éstas ocasiones que mi faceta de esposa caliente salía a la vista y cada vez era más recurrente la idea en mi mente de volverme prostituta de tiempo completo.

    Después del nacimiento de mi segundo hijo lo platicaria seriamente con mi marido, no tenía caso negarlo ya:

    Me encantaba el sexo con hombres o mujeres y me calentaba mucho vestirme descaradamente para deleite de ellos.

    Mi madre se fue acomodando sobre la cara del jefe de mi marido y empezó a descender para ponerle la velluda vagina en el rostro, aproveché ese momento para montarme sobre él y dejarme ensartar lentamente por esa verga gorda.

    Mi marido se acercó a nosotros y jalo a mi mamá para empezar a fajar con ella de pie dejándome sola momentáneamente con su jefe.

    Entendí que lo que hacía era para que todos me vieran coger con su jefe sin distracciones

    Estando así, completamente penetrada por su jefe y moviendo mis caderas salvajemente sube él, recordé brevemente la primera vez que mi esposo y yo lo hicimos.

    Ambos teníamos cierta timidez la primera vez que nos vimos desnudos y de ese momento a el presente, nuestra vida, mi vida sexual, había dado un giro de 180°!

    Sabía que en mi trabajo me conocían ya como una mujer casada dispuesta a complacer sexualmente a quien me lo pidiera ahí y tenía ya una fama muy bien ganada de caliente y cachonda.

    Y ahora los compañeros de trabajo de mi marido me conocerían también como una caliente dispuesta a lo que quisieran y me excitaba mucho las nuevas posibilidades que se abrían para nosotros.

    Me gustaba tener amantes, los complacía en todo y estaba dispuesta a tener más su alguien me lo pedía.

    En eso pensaba mientras me movía como puta sobre mi macho cuando lo sentí empezar a endurecerse más en señal de su inminente orgasmo y aumente las embestidas de mi cadera para recibirlo intensamente.

    Tomándome de los pezones y pellizcandolos con extrema rudeza empezó a venirse dentro de mi raja lo que provocó que iniciara mi venida también.

    ¡Me vengo! ¡Me vengooo! Gritaba mientras sentía sus embestidas intensas llenándome de su semen hirviendo.

    Literalmente estaba hirviendo!

    Nunca había sentido un semen dentro de mi vagina tan caliente y la sensación me hizo venirme de nuevo mientras me acercaba a él para besarlo intensamente.

    Wow… Que palo tan rico me acababan de echar frente a los demás! ¡Me encantó! Decidí en ese momento ofrecerme a él de manera permanente, sería su amante si lo quería o lo que fuera! Me conquistó con ese sentimiento de calidez en la vagina recibiendo ese semen espeso y caliente.

    Lo besé casi con reverencia y él, sabedor de que ya me tenía cautiva a su disposición acariciándome las nalgas mientras seguía cogiéndome me soltó una pregunta a quemarropa:

    Te gustó coger contigo más que con tu marido?

    Al decir eso me tomó de la caderas y embistió de nuevo con lujuria mi vagina velluda empapada por mis venidas y su semen.

    Los demás parecieron escuchar la pregunta y esperaron atentos mi respuesta mientras le correspondía con movimientos cachondos de mis caderas.

    Sí! Me gustó más tu forma de cogerme!

    Dilo fuerte y claro! Me indicó él, ¡quiero que los demás te escuchen también!

    Aaaah… gemir de nuevo sintiendo mi tercer orgasmo llegarme como un golpe en pleno rostro.

    Sí, dije casi gritando, me gustó más coger contigo que con mi marido, ¡eres buenísimo papi!

    Dije sinceramente sintiéndolo llenarme de nuevo la vagina con su semen.

    Volteando a ver a mi marido mientras sentía el semen derramarse de mi velluda raja, completé el comentario diciendo:

    ¡Estoy a tu disposición cuando me la quieras meter de nuevo! ¡A solas o frente a quien tú quieras!

    Mi marido y yo ya habíamos platicado desde hace mucho este tema, él sabía que cuando me entregué a mi primer amante, me gustó más coger con él y me gustó más su verga.

    Sabía también que Tony era practicante mi dueño, nunca había probado una verga negra y era definitivamente por mucho lo mejor que había experimentado en mi vida y así me aceptaba, caliente y puta.

    De hecho, estaba con mi marido porque lo amaba y hacer el amor con él era diferente, me entregaba a él como su esposa, lo demás era plenamente sexo.

    Y vaya que si me gustaba el sexo, día a día aumentaba mi calentura y me excitaba mucho ofrecerme a hombres diferentes, me gustaba sentir diferentes vergas en mi boca y vagina o ano y pues.

    Solo así lograba saciar mi deseo de sentir y saborear diferentes hombres, mamarles y sentir como se venían en mi boca era mi pasión, vivía para eso y no pensaba cambiar mientras me encontrarán atractiva.

    Mi esposo entonces se acercó a mí y me ayudó a levantarme para dejar a mi madre ser penetrada ahora ella por el jefe de mi marido a la vista de todos también.

    Le dió tremendo palo también haciéndola gemir como perrita que éramos y estando abrazados mi esposo y yo viendo la acción se acercaron varios hombres y mientras le decían a mi marido lo atractiva que era me acariciaban descaradamente.

    Varios de ellos me pidieron les diera oral lo cual hice con gusto y algunos más me pidieron una cita para cogerme después a solas.

    Acepté gustosa mientras mi marido me veía orgulloso de tener una hembra tan caliente y dispuesta.

  • Perdidos (cap. 7): Dispuestos a correr riesgos

    Perdidos (cap. 7): Dispuestos a correr riesgos

    Durante otro paseo a pie por la isla, madre e hijo quedan demorados en la “guarida de amor” por una tormenta inesperada, y tras tener una charla de intimas confesiones y hacer el amor, descubren que el placer por correr riesgos les fascina a los dos.

    Noveno mes:

    Un día Jonatán despertó muy engripado, y cómo solo deseaba estar acostado, no pudo acompañar a su mamá en la tradicional caminata que realizaban todos los días madre e hijo. Entonces Jonás decidió tomar el lugar de su hermano para acompañarla a Judith, en la caminata alrededor de toda la isla, que les llevaba buena parte de la tarde.

    Fue la primera vez en la que Jonás y Judith, pasaron tanto tiempo juntos a solas. Ellos ni bien se alejaron lo suficiente del campamento, entrelazaron sus manos y ya no eran madre e hijos sino novios, o más bien 2 amantes ocultos del resto de los demás.

    Ella le mostraba las Grutas que se formaban en los acantilados en aquel sector de la isla.

    En cierto momento ellos se animaron a entrar a una de ellas.

    -Esta podría ser nuestra “guarida de amor” ¿no te parece? Le pregunta él abrazándola tiernamente por atrás, mientras ella observaba detenidamente los detalles de aquel lugar.

    -¡Jajaja! ¿guarida de amor? Y ¿Qué sería eso exactamente? Pregunta Judith llena de curiosidad y picardía.

    -Un lugar a donde vendríamos solo para “cruzar todos los límites” sin tabúes, complejos ni testigos. Le responde Jonás.

    -¡Uhhh, me intriga saber a que limites te estarías refiriendo! Asique no tendían que haber testigos ¿para tanto srá la cosa che? Le pregunta ella poniéndose de frente a él y dándole besitos en las mejillas.

    -Mhm. Le responde Jonás, empujándola suavemente contra una de las paredes de la gruta, y besándola apasionadamente.

    -¿Y entonces que haríamos exactamente acá? Insiste tiernamente ella.

    -¡Haríamos el amor salvajemente una y otra vez, varias veces antes de volver con los demás! Le responde su hijo.

    -¡Mhhh! ¡Estaría buenísimo! pero, te pusiste a pensar que haríamos si mami queda preñada? Dice Judith.

    -¡Pero veríamos la manera de que no pase eso! Le responde él abrazándola y besándola.

    -¿Entonces queres que este sea nuestro segundo lugar de amor? Le pregunta ella tiernamente entre besos y caricias.

    -¿Por qué el segundo? ¡más bien el tercero! Responde su hijo.

    -No, sería el segundo, porque solo tendríamos dos lugares, el manantial y acá. Le explica Ella

    -¿Y la cama mientras todos duermen, y el mar en verano? Responde su hijo.

    -El mar en verano, si estamos solos, puede ser. Pero en la carpa mientras tus hermanos duermen sería muy arriesgado, a ese lugar lo cambiaríamos por este. Dice ella con voz de estar visiblemente muy excitada con las caricias de su hijo, los besos y la conversación.

    -Pero disfrutaste de las pajas que nos hacíamos por las noches ¿no? Le pregunta Jonás.

    -Mirá, te voy a contar algo. ¿te acordas de la primera noche que te pajié en la carpa? ¿te acordás que Vos me pedias que te cabalgara? ¡Yo te juro Jonás que, si me lo pedías una vez más, ya no me negaba! Le dice Judith.

    -¡Jajaja! ¿queres hacerlo ahora? Le pregunta su hijo y la besa apasionadamente.

    -Mmmh, ¿ahora acá?, no sé amor, cómo que no estoy preparada para esto todavía…mirá, por hoy disfrutemos el hallazgo de este lugar, conozcámoslo, y si querés “juguemos” un poquito cómo para aliviar nuestras tensiones, unos besitos, unas caricias, quizás una pajita, y volvemos al campamento más tranquilos. Y en otra oportunidad que volvamos, te prometo que vamos a hacer “otras cosas”, pero vayamos de apoco ¿bueno? Le propone Ella.

    -¿Y si no aguantamos y el jueguito se nos va de las manos? Le pregunta él

    -¡Jajaja! No te preocupes, una mamá siempre sabe cómo ponerle límites a su hijo. Le responde Judith.

    -Y ¿si es mami la que pierde los estribos? Inciste Jonás.

    ¿Me estás poniendo a prueba? Lo reta su mamá.

    -Y podríamos ver que pasa ¿no? Insiste el chico con una mueca picara en su rostro.

    -Está bien, acepto el reto, veamos quien aguanta más su compostura, pero al juego lo maneja mami, ¿de acuerdo? Pone su condición ella.

    -¡De acuerdo! Hoy jugamos a tu modo, pero la próxima vez jugamos a mi modo ¿te parece? Le dice su hijo.

    -Muy bien, acostate en ese lugar boca arriba. Le indica Ella señalándole una piedra rectangular cómo una camita de una plaza.

    Jonás lo hace y su mamá acerca a la “cama” una piedra sobre la cual se sienta junto a su hijo.

    -Vamos a hablar un poco, para ir ambientándonos en lo que está pasando entre nosotros, vas a ver en mamá a una “psicóloga”, y vamos a conversar sobre tu sentimientos, tu intimidad y vamos a tratar de descubrir juntos, cómo es que un muchacho cómo Vos perdido en una isla deshabitada junto a su mamá y hermanos, termina convirtiendo a su madre y única mujer en la isla, en el objeto de su deseo. . Propone cómo juego ella.

    -¡Uyyy, interesante, interesante. Responde Jonás.

    -Bueno caballero, cuénteme, ¿cómo empezó esta historia del viaje a esa isla perdida con sus hermanos y su mamá? Pregunta Judith cruzándose de piernas y acomodándose para oír una larga historia.

    Y efectivamente su hijo se despacha con una larga “novela” que empieza varios meses antes del inicio del viaje.

    Jonás relata hasta los últimos encuentros con su novia Jessica previos al viaje en cuestión con su familia. Historia que es escuchada por Judith, con gran atención y sin interrupción alguna.

    Pero cuando el chico se disponía a comenzar con el relato del viaje. Judith, quizo volver hacia atrás.

    -¿Tenías una vida sexual muy activa con Jessica? Le pregunta Judith.

    -¡Si, ni hablar, me la comía cada vez que podía y casa en cualquier lugar! Responde el chico.

    -¿Te la comías? Pregunta Ella fingiendo no entender la expresión.

    -Bueno, le hacía el amor apasionadamente. Se explica Jonás.

    -¡Ah, entiendo… y ¿cómo eran exactamente esos encuentros. Insiste su mamá.

    -Bueno doc, lo hacíamos en diferentes lugares, en diferentes posiciones y… Relataba el chico, cuando la “doctora” lo interrumpe.

    -¿Lugares, posiciones? ¿cómo sería eso? Insiste en seguir ahondando en detalles la “doc”.

    -Bueno, lo hemos hecho en casa, en casa de Ella en nuestro yate familiar, en casa de un amigo. Dice Jonás mirándola fijamente, y viendo en la mirada de Ella, que Judith estaba tratando de llevar la conversación a un punto interesantemente caliente con consecuencias impredecibles.

    -¿En que lugares de tu casa lo han hecho? Preguntó Judith sin más preámbulos.

    -Esa pregunta ¿se refiere a que si lo hemos hecho en la cama grande de mamá? “Dispara” su hijo mirándola fejamente a los ojos.

    -¡Mhm! Responde ella bajando la mirada avergonzada.

    -¡Siii, era nuestro lugar favorito de la casa, era el lugar más cómodo! Responde Jonás sin miramientos, y disfrutando de los nervios de mamá. Sentía que la había puesto contra las cuerdas.

    Y la verdad es que ella misma estaba arrepentida de haber hecho semejante pregunta. Porque la respuesta tan tajante y descarada de su hijo, la había “golpeado” muy duro, la había dejado sin aire, sin aliento, sin poder de reacción.

    Era cómo si aquel “golpe” de su hijo, la hubiera hecho caer en la lona del cuadrilátero, y su hijo la humillaba mirándola con una sonrisa triunfal, viéndola tirada en el suelo del pudor, sin poder reaccionar y solo luchando para poder respirar.

    Judith, al ver la actitud sobradora, burlona y humilladora, con la que su hijo la miraba fijamente. Se sintió herida en su orgullo, El mocoso insolente de su propio hijo y la chirusa que tenía por novia, ¡se revolcaban en su cama a escondidas de ella! Quiso preguntarle si era verdad lo que le contaba, pero, aunque no lo fuera, supo por la sonrisa que había en la cara de Jonás, que él le diría que si, de todos modos. Entonces cerró sus ojos y al instante la imagen de su hijo “comiéndose” a Jessica en su cama se instaló involuntariamente en la mente de Judith. Y si bien sintió un poco de asco al principio, una extraña sensación de placer fue ganando lugar en su mente.

    Entonces, se envalentonó, tomó aire e interrumpió el silencio que ya llevaba varios segundos entre ellos.

    -¿Cómo lo hacían en la cama de mami? Pregunta Ella casi sin voz.

    -Bueno, de algún modo ese era nuestro lugar especial, porque era el más cómodo, pero también cómo que era el más prohibido. Por aquello de que era la cama de mamá, había que esperar a que se de la ocasión para poder usarla sin que ella lo supiera… y hasta creo que para mí por lo menos, había algo más en aquel lugar. Comienza a contarle y sincerarse él.

    -¿Algo más? ¿cómo qué? Insiste ella en ahondar en detalles.

    -Sí, no sé, o no lo sabía en ese entonces, pero ahora creo que estoy comprendiendo que era ese algo más. Relata Jonás.

    -¡Te escucho! Le dice casi suplicante Judith.

    -Bueno… Es que, en ese momento, todos los obstáculos que tuvimos que pasar para lograr estar ahí, me generaban una adrenalina muy especial. Recuerdo que, en algunas oportunidades, me preguntaba y hasta más bien me imaginaba las cosas que haría o más bien habría hecho mi mamá ahí, y eso me excitaba aún más. Dice él.

    -Y ¿Jessica lo notaba. Pregunta nerviosa Judith.

    -¡Jajaja, supongo que sí, porque reconozco que ese tipo de pensamientos me ponían particularmente intenso! Explica él mirándola con deseos.

    -¿Qué te imaginabas sobre mami? Pregunta curiosa y nerviosa ella.

    -Quizás haciéndolo cómo nosotros, en varias posiciones, varias veces, y cosas así. Dice él.

    -¿Cuál es tu posición favorita? Pregunta ella.

    -Bueno, me gusta que me cabalgue, y ponerla en cuatro para el sexo anal. Responde Jonás.

    -¿Sexo anal? Pregunta sorprendida ella.

    -¡Si, nos encanta! Responde él, viendo la cara de sorpresa de Judith, y sospechando seriamente que la cola de su mamá era completamente virgen.

    -¿En serio te excitabas imaginándome? ¿y con quién? Pregunta decidida Judith.

    -No sé, con nadie en particular en aquel momento. Pero ahora creo entender porque me gustaba tanto aquella situación. Dice Jonás.

    -¿Por qué?, Pregunta su mamá.

    -Creo que, en realidad, siempre te tuve en mi mente, siempre fuiste cómo una fantacia prohibida para mí. Confiesa él.

    -¡Guau, guau, guau… es que no lo puedo creer! Exclama ella al escuchar semejantes palabras.

    -Y ¿que opinión te merece eso? ¿te enoja? ¿soy un pervertido por pensar así de mi propia…Alcanza a decir Jonás cuando Judith lo interrumpe.

    -¡Tal vez, tal vez me hubiera enojado si me enteraba esto en casa, tal vez te hubiera dicho un montón de cosas, te hubiera llevado a un psicólogo. Pero ahora, acá, bajo estas circunstancias, que al parecer van a durar por el resto de nuestras vidas… ¡ya no sé qué pensar! Ósea, estás Vos, un chico re joven, lleno de vida hermoso y vigoroso, que de pronto se queda sin novia, ni contacto con el sexo opuesto…por otro lado Yo, una mujer con algunos años más que Vos, pero sola y obviamente con todas las mismas necesidades que cualquier mujer. ¡Que de pronto se encuentra atrapada en una isla desierta y solitaria, y escucha a su propio hijo mayor haciéndole semejante confesión! Comenta ella cómo exteriorizando un pensamiento concluyente sobre todo aquello.

    -Bueno, Pero en todo esto Vos terminaste siendo la más favorecida ¡Teniendo a 4 viriles cachorros para una sola perra! Si se me disculpa la analogía. Dice Jonás,

    -¡Si! No me gustó mucho eso de “perra”, pero entiendo a donde estás queriendo llegar con esa metáfora. Pero aun así en todo caso Yo ya te elegí a Vos, y de llegar a tener algo, será solo con Vos. Dice Ella con voz firme.

    -¿Y qué va a pasar con los demás? ¿Cuánto crees que podremos mantener este secreto solo entre nosotros? Además ¿ellos van a ser cómo nuestros cervidores eunucos? O sea solo van a saber que nosotros ¿y ellos nada? Le plantea Jonás.

    -Creo que tocaste el punto. Volvamos al campamento y olvidemos toda esta ridícula locura, antes de que sea tarde. Dice Judith poniéndose de pie y yendo hacia la salida de la cueva en la que se encontraban.

    Jonás, se levanta de inmediato de la piedra donde estaba acostado y corre tras ella.

    -¡Mamá, espera, no hay que tomar una decisión ahora mismo! Le dice él alcanzándola, abrazándola de atrás y empujándola contra la pared de uno de los costados de la cueva.

    -¡Dejame, déjame! Dice Judith mientras forcejea con su hijo.

    -¡Sabíamos que de todos modos esto iba a pasar! ahora el punto es: Si porque estamos atrapados acá sin salida y para el resto de nuestras vidas, vamos a vivir una vida solo de comer y ver cómo nos devora el tiempo hasta matarnos a todos. O tratamos de vivir lo mejor que podamos y satisfaciendo no solo a nuestros estómagos, sino también a todas nuestras necesidades humanas, asumiéndolo todo cómo la normalidad, o la vida que nos tocó vivir y punto. Plantea Jonás en un desesperado intento de hacer “recapacitar” a mami.

    Ella se deja vencer en la lucha, y queda apoyada contra la rocosa pared en absoluto silencio mirándolo fijamente a los ojos a Jonás, entonces los ojos de Judith, se llenan de lágrimas, y llora en silencio, pensando en la amarga vida que les esperaba.

    Jonás la abraza tiernamente, y ella hace lo propio con el chico.

    Luego de unos largos minutos abrazados, Jonás la besa en los labios, y ella se deja besar sin corresponderle ni dejar de llorar. Pero al final ella entreabre sus labios, y comienzan a besarse cada vez más apasionadamente.

    Estaban besándose y acariciándose mutuamente, ella ya casi no lloraba, y él no aguantaba la excitación, provocada por los besos, caricias, el dialogo abierto y sincero que habían tenido. Además, la idea de desvirgarle el culo a su mamá, no dejaba en paz a su cabeza.

    Es entonces que escuchan unos fuertes truenos allá afuera, y ellos interrumpen su arrumaco, para asomarse a ver cómo había cambiado el clima repentinamente.

    El cielo se había puesto negro, había viento y empezaban a caer las primeras gotas de lluvia. Judith, quiso ir al campamento, pero su hijo la convenció de que estaban muy lejos, y la tormenta estaba ya sobre ellos. Y que ahora lo mejor era esperar.

    Ambos se sentaron a conversar y esperar que la tormenta amaine. Ellos conversaban de temas varios. Judith cada tanto manifestaba su preocupación por el resto de los chicos, que no sabían a donde estaba su madre y su hermano mayor.

    Pero Jonás, le recordaba a su mamá que ellos todos se habían vuelto expertos en el arte de la supervivencia durante todo ese tiempo en la isla. Algo que no tranquilizaba del todo a su mamá que insistía en volver.

    Entre conversaciones y los arrebatos de Judith por volver a “casa”, fue pasando el tiempo y la lluvia no paraba de caer, y entonces, y para colmo de males empezaba a oscurecer.

    Viendo que la cueva se volvía cada vez más oscura, Jonás busco los palos más secos que encontró e hizo con ellos unas pocas antorchas para iluminar aquel lugar.

    Ellos conversaron a la luz de las antorchas, mientras afuera no paraba de llover, y se hizo completamente de noche.

    Tres horas más tarde, las antorchas ya casi se apagaban, y ellos decidieron apagarlas antes de que se consuman e irse a dormir juntos en aquella piedra rectangula que era cómo una cama de 2 plazas.

    Ella se acuesta del lado de la pared, y su hijo, del lado de la orilla. Improvisaron unas mantas con unos toallones que llevaba Jonás en una mochila con la que él acostumbraba a llevar varios elementos de supervivencia a cada incursión que hacían por la isla. Y con eso se taparon.

    Aúnque permanecieron abrazados un largo rato en silencio, ninguno de los 2 podía dormir.

    Por un Lado, Ella, no dejaba de pensar en que debían haber vuelto antes de que se largara semejante temporal, o por lo menos antes de que oscureciera, y los chicos quedaran solos tanto tiempo e incluso toda la noche.

    Por otro lado, Jonás no dejaba de pensar en la oportunidad que se le había dado con su mamá gracias a la gripe de su hermano Jonathan, y que sería tanto cómo desperdiciarla, si en esa misma noche no lograba cogérsela. Y el principal motivo para intentar lograrlo esa misma noche era esa virginal cola que su pene rosaba cuando Judith se dio la vuelta y tras darle un dulce piquito en los labios a su hijo, quedó dándole la espalda.

    Jonás comenzó a acariciarle los pechos, a besarle tiernamente la nuca, y cómo ella no reaccionaba, solo permanecía inmóvil quizás despierta y disfrutando de los mimos de su hijo. El chico se decidió a ir por más. Quizás a ir por todo o nada esa misma noche.

    Entonces bajó su mano deslizándola por el vientre, hasta llegar a la zona vaginal de Judith, siempre por encima de la ropa. Pero al llegar al elástico de la calza negra que llevaba puesta esa noche ella, intentó introducir sin excito su mano por debajo de la calza para, aunque sea llegar a acariciarla por encima de la bombacha.

    Su mamá que estaba completamente despierta, y que si bien los tiernos besos y caricias de su hijo, la habían relajado, la habían hecho despreocuparse un poco, aunque sea por ese momento. Ahora también la estaban empezando a excitar, al ver cómo el duro fierro de Jonás apretaba la entrada de su “puerta trasera”, mientras la mano no se daba por vencida en el intento de colarse entre la calza y hasta quizás la propia bombacha para llegar a acariciarle su peluda concha.

    Viéndose entre dos opciones, la de detener todo aquello y hasta enfadarse con el chico, y dejarse llevar y dejarlo avanzar. Tras meditarlo unos cuantos instantes, optó por la segunda.

    Entonces se da la media vuelta quedando acostada boca arriba, y separa levemente las piernas, y aplanando su vientre unos segundos, consigue poder ayudar a que la mano de su hijo se cuele dentro de la calza entre ella y la bombacha negra que traía ese día haciendo juego con la calza y el corpiño.

    Entonces Jonás captó que su mamá estaba despierta y que lo estaba dejando seguir adelante.

    Ellos comienzan a besarse mientras Jonás le acariciaba la concha a su madre por encima de la bombacha, jugando con algunos pelitos que se escapaban por los costados de la prenda íntima de la mujer.

    -Meteme la mano adentro de la bombacha. Le pide en voz baja y entre besos Judith.

    El chico obedece de inmediato y empieza a acariciarle esa concha peluda a su mamá que entre besos en la boca y caricias en la concha.

    Transcurridos unos minutos, Jonás siente cómo la concha de mamá comienza a humedecerse y humedecerle la mano y hasta la bombacha. Era obvio que la calentura de Judith, iba en franco y progresivo aumento con el pasar de los minutos.

    -¡Pajeame! Le pide Ella en voz baja pero casi al punto del jadeo entre besos apacionados.

    El chico la obedeció de inmediato y sin dejar de besarla, le introdujo un dedo, y luego de un suave mete y saca, le introdujo otro dedo y la empezó a masturbar cada vez más rápido y profundo, y tras unos minutos de oírla jadear dentro de su boca mientras él la besaba, supo el momento exacto en el que mamá iba a terminarle en la mano. Entonces, se detuvo de repente.

    -¡Hoy quiero que sea distinto, esta noche quiero algo más, algo especial, creo que me lo merezco! Dice Jonás reclamándole a su mamá llegar más alla de un intercambio de pajas cómo lo hacían hasta ahora en cada encuentro íntimo.

    -¡Está bien Jonacito mi amor, Yo también necesito algo más esta noche! Le responde ella, para muy grata sorpresa de su hijo.

    Entonces casi por inercia Judith se sienta en la “cama”, y pasándole por encima a su hijo, sale de ella, y Jonás puede oírla desvestirse en la oscuridad.

    -¡Desvestite! Le pide Ella.

    -¡Esperá, déjame prender alguna antorcha, quiero hacerlo a media luz! Le pide él para hacer más especial aquella noche en la que todo parece indicar que por fin “lo logrará”.

    -¡No, no, no, otra vez con más calma y en la que me sienta preparada para que me veas, lo hacemos a tu modo, pero hoy será a mi modo! ¿bueno?, Le pide su mamá.

    -¡Pero si ya nos hemos visto desnudos! Protesta su hijo.

    -¡Por eso mismo, no perdamos tiempo, y aprovechá ahora que estoy decidida! Insiste Judith.

    -Está bien, está bien. Dice Jonás en tono de resignación.

    -Acostate en la cama bocarriba, y no preguntes ni pidas nada, mami lo hará todo, cómo ella quiera y hasta donde ella quiera ¿entendiste mi amor! Le marca las condiciones ella.

    -Está bien. Responde su hijo.

    Ni bien Judith, queda completamente desnuda, acomoda a su hijo en el centro de aquella improvisada cama, y el chico queda por unos instantes, en la más absoluta expectación: ¿Cuál será la idea que tendrá ella en mente? ¿se la mamará? ¿lo pajeará? ¿lo cabalgará sin más preámbulos?

    Entonces puede sentir a su mamá tomándole el erecto y engarrotado pene con su mano, y hacerle una suave paja

    Entonces su cabeza empieza a especular ¿todo volverá a quedarse en un orgasmo en las manos de mami? ¿me irá a sorprender con una mamada?

    -¡Mamá! Solo atina a decir Jonás cuando Ella lo interrumpe.

    -¡Shhh, no digas nada y disfrutemos de esto, esta noche será distinto, lo prometo… recién estoy empezando. Le explica ella.

    Ella lo pajeaba suavemente, mientras Jonás en su mente esperaba impacientemente que de un momento a otro Judith se metiera la verga en la boca, y le diera una buena mamada, tan buena que le haga olvidar las de Jessica.

    Pero eso nunca pasó, en cambio, en un momento dado, ella deja de pajearlo a su hijo, y boleando una piern sobre él, vuelve a tomarle la verga con la mano y la dirige a los labios de su concha. Jonás al sentir su verga en la entrada de la concha peluda de su madre, queda al borde del éxtasis.

    -¡Espera mamá, espera! Le suplica él sujetándola para que ella no se la fuera a clavar en su peluda y humeda cueva, porque el solo sentir a su pija entrar en aquella calida cavidad maternal, lo haría derramarse totalmente y de inmediato dentro de ella.

    Judith, comprendió de inmediato lo que pasaba, y lo obedeció a su hijo. Entonces se inclinó sobre él y lo besó en los labios tiernamente.

    -Tranquilo amor, no hay apuro en esto, mami sabe lo que hace. Los dos llevamos mucho tiempo de inactividad, Yo más que Vos. Y tenemos que ir muy despacio paso a paso para no cometer errores, y disfrutar de esto al máximo. Le dice ella.

    -¿Hace mucho que no lo haces? Le pregunta Jonás cómo para charlarle de algo mientras se calmaba un poco.

    -Ya perdí la cuenta, y te diría que cómo que ya no pensaba prácticamente en eso, solo alguna paja muy esporádica, de vez en cuando. Le responde Ella mientras suavemente le vuelve a tomar la verga, y la rosa muy delicadamente de arriba abajo en los labios vaginales.

    -¿Te gusta rozártela en la entrada? Le pregunta él.

    -¡Si, si me encanta! Es la primera vez que lo hago, y descubro que me fascina, quizás porque es la primera vez en años que una verga me toca la concha. Explica ella esforzándose por no dar rienda suelta con jadeos y gemidos por el inmenso placer que sentía con ese jueguito sexual.

    -¿Querés que te la haga entrar? Le pregunta su hijo impasciente por penetrarla de un empujón.

    -¡Nooo, sigamos así! Es, es peligroso si te llegas a a venir adentro. ¿Te gusta hacer esto?, Dice ella.

    -Ok, está bien… si me encanta sentirte. Le responde él.

    -¿Lo hacían con Jessica? Pregunta Judith, sin dejar de cabalgarlo suavemente.

    -No, con ella lo hacía con forro y la penetraba normalmente. Rsponde Jonás.

    -¿Te gusta la concha de mami? Pregunta ella.

    -¡Me encanta! Responde é.

    -¿Más que la de Je… Jessica? Insiste Judith acelerando su cabalgata, el rose de su vagina con la verga de su hijo ya la tenía al borde del jadeo y el orgasmo.

    -¡La de mamiii! Le responde él muy excitado con la pregunta comparativa de Judith.

    -¿Te la vas a coger siempreee? Le pregunta ella teniendo su orgasmo.

    -¡Si, mamá te amo, quier que seas mía desde ahora y para siempre!

    -¿Pensabas en mi cuando te la llevabas a mi cama y te la cogías? Alcanza a preguntar ella antes de tener un ataque de imparable jadeo con su segundo orgasmo.

    -¡Jamás pensé en otra, ni si quiera podía concentrarme en ella! Le dice Jonás para excitarla más.

    -¡Ah! Emite un fuerte jadeo Judith, cuando tiene un intenso orgasmo.

    Y Jonás no puede evitar tener el suyo al sentir el eco de los jadeos y palabras de su mamá en aquella cueva.

    Ella cae derrumbada sobre su hijo, y así se quedan profundamente dormidos.

    Ya había amanecido hacía un par de horas, cuando ella se despierta sobresaltada, y al recordar al resto de la familia, se viste rápidamente mientras llam a gritos a su hijo.

    Cuando el muchacho se despierta, ella estaba completamente vestida, y entonse ni bien Jonás se viste, ambos corren por la playa camino a “casa”.

    Cómo el camino de regreso era bastante largo, por momentos corrían a toda prisa, por momentos trotaban, y por momentos caminaban.

    Muchas veces Jonás la dejaba adelantarse en la carrera, solo para verle esa maravillosa cola que al parecer nadie le había estrenado aún a su mamá.

    Judith, llevaba un aspecto de muy enojada, con su hijo Jonás, con ella misma o quizás también con toda la situación.

    Unos metros antes del campamento, ella reduce la marcha visiblemente muy cansada.

    -¿Estás enojada mami? Le pregunta Jonás preocupado.

    -La verdad que un poco sí. Los chicos solos en la carpa, y nosotros muy de “Luna de miel”. Dice Ella indignada consigo misma.

    -¡Bueno, pero… Alcanza a decir Jonás, cuando Judith, se para frente a él y lo interrumpe diciéndole:

    -Escuchame, ahora vamos a actuar con absoluta normalidad, solo vamos a decir que nos agarró la tormenta y nos tuvimos que refugiar en una cueva ¿entendiste? Le indica Ella.

    -Ok, mami, pero… ¿te gustó lo que vivimos? Le preguntó tiernamente Jonás.

    -¡Me encantó, fue divino, pero muy arriesgado! Responde Judith.

    -¿Te gusta correr riesgos en esto? Le pregunta Jonás.

    -No lo había pensado, pero ahora que lo decis, creo que sí. A Vos ¿te gustaba correr riesgos en mi cama con Jessica? Le pregunta curiosa Judith, mientras retoman la caminata.

    -¡Si, me encantaba! Le responde él.

    -Cómo se nota que somos madre e hijo ¿Eh? Reflexiona ella.

    -¡Jajaja! Rien ambos.

    -¿Qué hubiera pasado si te descubría en mi cama con ella? Le pregunta un poco avergonzada su mamá.

    -¡Te hubiera propuesto hacer un trio! Responde medio en broma Jonás

    -¡Aaaay, nooo, no pensé que me fueras a salir con eso! Se escandaliza ella.

    -¡Jajaja! ¿y que querías que te dijera? Le responde Jonás

    -¡Que desgraciado! Le responde su mamá.

    -Bueno, Yo contesté con la verdad a tu pregunta, ¿puedo hacerte una pregunta Yo y escuchar una respuesta sincera de tu parte? Le dice Jonás.

    -¿Si hubiera aceptado hacer el trio? Arriesga ella por la pregunta de su hijo.

    -¡Mhhh, hubiera sido una muy interesante pregunta, pero no! Le responde su hijo

    -¿Cuál es la pregunta entonces? Responde ella intrigada.

    -¿Sos virgen por atrás? Le pregunta su hijo.

    -¡Si, claro, completamente virgen, jamás se me hubiera ocurrido por ahí! Le responde Judith.

    -¿Puedo hacerte una última pregunta antes de llegar a “casa” y tener que ocultar todo este asunto a los demás? Le pregunta seriamente Jonás.

    -Está bien. Responde su mamá.

    -Si todo lo nuestro sale a la luz con los demás, y decidieras tenernos cómo tus “machitos” ¿harías trios con nosotros? Le pregunta Jonás.

    -No, bueno no sé. Es algo que no quiero ni pensar por ahora. Responde muy seria Judith.

    Ambos siguen caminando unos metros más, y justo antes de llegar a visualizar el campamento a lo lejos, se dan un último abrazo y un beso apacionado, antes de tener que meter debajo de la alfombra su amor prohibido ante los demás.

  • Infidelidad adquirida (IV)

    Infidelidad adquirida (IV)

    Es jueves de la tercera semana, Ángel llega en dos días.  El gordo me evade y yo ya estoy medio despechada. Tengo que hacer algo. Estoy desesperada por verlo. Sé donde vive así que medio de locura me visto sexy con un vestido corto como de costumbre y me voy para su apartamento. Le digo al vigilante que no me anuncie que quiero darle una sorpresa, uso mis encantos para evadir los protocolos de seguridad, siempre funciona y me deja seguir.

    Llego al apartamento del gordo y toco la puerta. Se oyen unos pasos pesados y la puerta se abre. Su cara es sonriente inicialmente, pero al verme el horror lo invade. Me toma del brazo con fuerza y me hala adentro.

    ¡¿Qué haces aquí?! – Me grita.

    Quería verte, no aguanto más que evadas

    Mi novia está por llegar

    Me lleva a empujones a la habitación principal, ya la conozco, ahí fue donde follamos por primera vez cuando me vendí por una prórroga de la hipoteca. Apenas entramos se oye el timbre. Me mira fijamente, escóndete y no hagas ruido. Me empuja hasta un armario y me encierra allí.

    El armario tiene rejillas así que me permite ver hacia el cuarto. No sé por qué lo hago, no sé por qué estoy inmovil en un armario porque un tipo horrendo me lo ordena, no soy yo, pero así es como está la cosa. El gordo entra con una chica, es bajita, nada espectacular, de pelo castaño rizado, lleva gafas. Se ríen, ella entra al baño con un maletín, él espera en el cuarto usando el control remoto para activar el televisor, pone porno, especificamente un video de un gang bang, muchos tipos y una chica. Mira hacia el closet y sonríe.

    La chica sale del baño, lleva puesto algo, no podría llamarlo un vestido, es una suerte de correas que empiezan en su estómago y se conectan en su espalda donde hay un gancho plateado. No está tan buena como yo, de eso estoy segura.

    La chica se pone a gatas y avanza así hasta el gordo. Él saca de detrás de su silla una correa de perro que engancha en la espalda de la chica. Se levanta y la lleva de paseo por la habitación. La deja sola por un momento y sale de allí. Vuelve con una bandeja pequeña y un plato redondo de perro. Pone ambas cosas sobre la cama. En la bandeja hay un polvo blanco, es cocaína, en el plato hay comida de perro jugosa.

    Toma la correa de la chica y la lleva a la bandeja, ella inhala, después la lleva al plato y ella mete su cara allí y mastica aquello, saca su boca llena de comida de perro hasta las mejillas. El gordo empieza a follarsela. Después de un rato ella se monta en la cama, él le ata las manos en la espalda y por primera vez noto que sobre la cama, en el techo, hay unas agarraderas. El gordo, mi gordo, se sostiene de ellas y le pisa la cabeza a la chica. Es dominación clara y plena.

    Pasan horas en eso, me quito los tacones para descansar los pies. No me puedo sentar porque no vería nada. Ellos apagan todo y se duermen. ¿Se habrá olvidado de mí? Resignada me siento en el suelo y recuesto mi cabeza a la pared, me quedo dormida.

    Una mano me toca, es el gordo que me jala y me saca del armario. Me lleva a empujones a la puerta del apartamento y me dice que me vaya.

    Quiero lo mismo que ella, mañana mismo, sino te juro que la busco y le digo todo – Lo amenazo.

    ok, pero vete

    Al otro día espero su llamada pero no llega. Decido llamarlo a las 3pm.

    Hola – Le digo secamente.

    Llega a mi apartamento a las 7pm – Me responde.

    Me pongo sexy, quiero que note la diferencia con su novia. Mi vestido tiene lentejuelas, estoy radiante. Uso mi ropa interior más cara y exclusiva. Llego a su apartamento, el gordo abre la puerta, todo está oscuro. Lo beso pero él me toma del brazo y me lleva directo a la habitación sin decirme nada.

    Quítate la ropa – me ordena.

    Eso hago, me pide que se la entregue y saca un balde que está en una esquina, pone todo dentro, mi vestido, mi tanguita, mis zapatos. Les rocía un líquido y saca una caja de fósforos. Enciende uno y lo deja caer en el balde, mi ropa se enciende. Estoy desnuda aunque no quisiera.

    Me lleva a la cama y me amarra por manos y pies. Los brazos no los puedo mover, pero las piernas quedan con cierta tolerancia y puedo ponerme de rodillas sí quiero. El gordo verifica la calidad de los nudos.

    Mi amor me gusta esto – Le digo. Él me mira y no responde. Acto seguido sale de la habitación.

    Estoy unos segundos a solas, cierro mis ojos y pienso en lo que vendrá, en su verga. La puerta se abre, giro mi cabeza tanto como puedo para verlo pero para mi sorpresa lo que veo son tres tipos con capuchas negras. Sus cuerpos son atléticos, claramente ninguno de ellos es mi gordo.

    Hey, ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando? – Lo llamo por su nombre pidiendo respuesta.

    Pero nada. Uno de ellos se pone entre mis piernas y derrama el contenido de un frasco en su verga. El tipo me penetra.

    ¡Ah! Oyeee ¿qué pasa? ¿quiénes son ellos? – grito. Pero no hay respuesta.

    El tipo me empieza a follar con fuerza y pronto el terror de la situación va cediendo para dar paso a un placer físico potente. Me da con fuerza, con consistencia, sin parar, es un atleta. No puedo evitar gemir, mis piernas están tan abiertas que su verga entra tan profundo como su miembro viril desea. Otro de ellos se acerca y me la posa en la boca, no quiero eso, trato de evitarlo pero mis movimientos están restringidos, él toma mi cabeza y a la fuerza me la mete en la boca, no se la chupo, él me está penetrando la garganta.

    Se turnan para follarme y no tarda en ocurrírsele a uno de ellos la idea de metérmela por el culo.

    nooo, por favor no, espera espera – Le digo.

    El tipo se detiene por un momento y me mira.

    Yo no vine a esto, yo vine a verlo a él, por favor, dejame, por favor… te lo suplico- le ruego.

    No hay caso, se lubrica el pene y me clava por detrás.

    ¡Aaaaah nooo, ayudaaa! – Grito.

    No fue poco tiempo. Me cogen por más de una hora como quieren. De repente se oye abrir la puerta del cuarto. Entra el gordo, los tipos se levantan inmediatamente y salen de allí.

    ¿Por qué me haces esto? Yo quería estar contigo – Le digo llorando.

    Quería saber a que estabas dispuesta

    ¡¿Violándome?! maldito idiota

    ¿A que estas dispuesta?

    Su pregunta trasciende. En sus manos trae un bandeja con cocaína, me dice que me va a recuperar, hago lo que dice, me sirve, me animo. Él va a un cajón y saca una especie de palo, es delgado. Me da un golpe en las nalgas.

    Aaaah… ufff – digo.

    Pronto me desata.

    ¿Puedes hacer algo por mí? – me pregunta.

    Lo que tú quieras mi amor

    Sale de la habitación y vuelve a entrar con los tres sujetos que me acababan de follar. Me extiende la mano y me lleva al baño. Me mete a la ducha y me pide que me arrodille. Los cuatro, el gordo y los tres tipos se empiezan a pajear frente a mí. Pronto eyaculan y cubren mi cuerpo de semen espeso y pegajoso. Tienen especial interés en cubrirme la cara con aquello y tengo que retirar el líquido con mis manos para poder seguir viendo un poco. No contentos con aquello todos orinan sobre mí.

    Los tres tipos se van y no los veo más. Pienso en ducharme para limpiarme pero algo me dice que el gordo no quiere eso, así que no lo intento. Me ayuda a ponerme de pie, resbalo con los fluidos que están en el piso de la ducha y me golpeo una rodilla. Me lleva al cuarto y espero que me de algo para cubrirme, pero no, continuamos el camino por el apartamento hasta la puerta de salida. Cuando veo que trata de sacarme del lugar pongo algo de resistencia pero su mirada fija y un serio jalón me hacen ceder. Me lleva desnuda, follada y bañada en semén y orines por el pasillo y hasta las escaleras. Es tarde, casi dos de la mañana, no es probable cruzarse con alguien, pero es posible. Miro con angustia para todos lados, él parece estar tranquilo.

    Evitamos el elevador, supongo que por las cámaras. Bajamos cuatro pisos por las escaleras hasta llegar al sótano de estacionamiento. Caminamos hasta su auto, el gordo abre la cajuela y me carga para soltarme ahí dentro y lo cierra. En total oscuridad siento como el auto se enciende y emprende la marcha. No puedo decir cuánto tiempo estuve ahí así como no puedo decir cuánto tiempo me follaron los tres tipos.

    El auto se detiene. La cajuela se abre y la luz de la calle me ciega. Me toma en sus brazos, lo abrazo por un momento durante unos pasos hasta que me pone de pie. Estoy en la puerta de mi casa. Entro y corro como loca hasta mi habitación, cierro la puerta con seguro tras de mí. Me miro en el espejo, son un desastre, una basura, un humano cubierto de orines y semen, ultrajada. Me meto a la ducha y me quito todo aquello. Me seco pero no me pongo nada, sigo desnuda. Ya limpia me acuesto en la cama, el sueño me quiere vencer.

    En mi teléfono hay un mensaje. Un corazón, es del gordo.

    ¿Cuándo nos volvemos a ver? – le escribo.

  • Sexcape (parte II)

    Sexcape (parte II)

    Después de ese orgasmo mutuo, ella recostó su espalda en mi pecho con mi verga aún dura metida en su cuquita, hablábamos de lo que acababa de pasar, eran las 11 pm, nos besábamos y me dedicaba con mis manos acariciar cada parte su cuerpo sobre todo sus grandes pechos y pezones pequeños al mismo tiempo su clítoris suavemente, haciendo estremecer y sensible.

    Se levantó y saco mi verga de su cuquita suspirando fuerte, me dio un beso, bajo por mi cuerpo hasta mi Verga metiendola en su boca chupando y lamiendola, saboreando sus jugos sobre mi verga brevemente, agarro una manta y la botella de tequila dando un sorbo, salió de la carpa puso la manta sobre la arena, se puso de espalda hacia la carpa, se quitó la única prenda que aún tenía en su cuerpo su hilo, lo hizo de manera sensual poniéndose en 4 sobre la manta, me lo lanzó la prenda entendí la invitación mientras admiraba su culo grande de nuevo sobre la manta; fui hacia ella con mi verga erecta, tome la botella de tequila para dar un sorbo, ella por su parte coloco mi verga entre sus pechos haciendome un masaje ruso con ellas apretado mi verga divinamente y con su lengua jugaba con la cabeza de mi miembro.

    K- quiero más de tu verga Dani.

    D: y yo de tu cuquita- me acosté en la manta y la senté en mi cara, comenzando a lamer toda la extensión de su cuquita y chupar su clítoris mis manos no dejaban de acariciar, amasar sus pechos y nalgas, mientras ella completamente arqueada gimiendo con fuerza Mirando hacia el cielo oscuro de la noche con una sus manos afincaba mi cabeza a su cuquita y con la otra tomaba mi verga con fuerza y me masturbaba enérgicamente, uno de mis dedos se colo por su culito invadiendolo no puso objecion más bien le gustó afincandose más a mi gimiendo y suspirando más fuerte, se rescoto encima de mi de espalda haciendo un 69 invertido ella me chupaba la verga de lado sus labios me apretaban con fuerza y si boca se sentía muy caliente, metí un dedo en su cuquita tenía sus orificios de placer invadios mientras me comía su clítoris haciendola explotar en un nuevo orgasmo bañándome con su delicioso néctar.

    La baje de mi cara, poniéndola boca abajo, su cuerpo temblaba y suspiraba, empecé a recorrer su cuerpo besandolo desde los pies, pasando por los muslos, sus espalda hasta llegar a su cuello, puse mi cuerpo completo sobre ella afincando mi verga a sus nalgas, ella gimiendo me pide que se lo meta, coloco la punta de mi verga en la entrada de su cuquita sin meterlo acariciando sus labios vaginales, ella al sentir el tacto de mi verga lleva su mano por debajo de su cuerpo y lo posiciona mejor a la entrada y mueve sus cadera metiendo una parte de mi verga haciéndonos gemir a ambos, empieza a aumentar el ritmo de sus caderas mientras sigo arriba de ella, no aguanto, tomo el control, la agarro del cabello, elevo su culo y empiezo a moverme con fuerza penetrandola duro y rápido mi otra mano invadia su culo con dos dedos, ella gemia y se acariciaba a si misma el clítoris y apretaba sus pechos se lo saque sentía sus espamos, apretando mi verga que no dejaba de traladar su cuquita llegando a explotar ella en un nuevo orgasmo. Me quedé quieto mientras ella gemia y temblaba disfrutando de sus espasmos, mi verga seguía dura y no había terminado aún.

  • Mi hijo me dio por el culo creyendo que estaba dormida

    Mi hijo me dio por el culo creyendo que estaba dormida

    Hola. Me llamo María. Tengo 39 años. Estoy casada. Mi esposo viaja semanas intercaladas por si trabajo. Es decir que una semana está en la casa, y la siguiente está de viaje. Y tengo un hijo de 19 años. Está estudiando en la universidad. Él no es hijo de mi actual esposo, pero mi esposo lo quiere como si fuera hijo suyo.

    Trataré de ser concisa y resumiré el relato para no ser aburrida. Anteriormente ya había notado que mi hijo me miraba diferente. Es decir no como se mira a una madre. El me miraba mucho el culo, un día lo pillé masturbándose oliendo mi calzón. Él no me vio. Y yo no le dije nada. Hasta que llegó la fiesta de mi cumpleaños. Allí vino amigos de mi esposo y también mis amigos y amigas. Todo iba normal. Mi esposo es de poco beber. Se marea muy rápido.

    Vi que mi hijo le daba licor a mi esposo. De pronto mi esposo quedó dormido en el sillón. Mi hijo me dijo que lo dejáramos allí para que descanse un poco, así pasaba el tiempo. Todos querían bailar conmigo. Entonces mi hijo me empezó a servir vino a cada rato. Él me decía: mamita disfruta de tu fiesta. Esto es una vez al año. Yo le recibía las copas que el me daba. De pronto me sentí un poco mareada. Y le dije a mi hijo: me voy a descansar. Me siento mareada. Tu sigue con los invitados. Él me dijo: está bien mamita. Deja la puerta abierta para llevar a mi padre cuando se despierte. Subí al segundo piso donde están los dormitorios.

    Entré a mi dormitorio y dejé la puerta abierta pensando en lo que me dijo mi hijo. Estuve despierta escuchando los murmullos de la fiesta. Poco a poco los murmullos fueron desapareciendo. Hasta que todo quedó en silencio. Entonces escuché que alguien subía por las gradas. Pensé que era mi esposo. Yo estaba con la luz apagada. Echada de costado con mi camisón de dormir. Y mi calzón. Escuché que entraba a mi dormitorio. Y me hice la dormida. Cuando se acercó a mi cama, escuché la voz de mi hijo diciendo: mamita ya estás dormida? No contesté nada. Pero me sorprendí que era mi hijo y no mi esposo. El repitió la misma pregunta. Yo seguí callada. Luego él puso su mano sobre mi hombro y me movió ligeramente y dijo: mamita, estás dormida? Como yo no contestaba nada, seguramente el creyó que yo estaba bien dormida y borracha.

    Entonces el jaló las sábanas y lo tiró al piso. Luego empezó a alzar mi camisón hasta mi cintura. Yo estaba asustada. Mi corazón latía a mil por segundo. Él puso sus manos en mis nalgas y dijo susurrando. Que rico culo tienes mamita. Empezó a jalar hacia abajo mi calzón logrando sacarlo todo. Quedé con el culo al aire pero en la misma posición. El estrujaba mis nalgas susurrando: que rico culo, que rico culo. El metía sus dedos hasta llegar a mi vagina. Luego prendió la luz. Yo casi me delato que estaba despierta. Pero hice un esfuerzo para seguir simulando que estaba dormida.

    Entonces mi hijo empezó a sacarme el camisón. Poco a poco con mucha delicadeza logró sacármelo. Luego me hizo voltear quedando yo con el culo hacia arriba. Después el hizo una bola con las sábanas y me lo puso debajo del pubis. Así quedé con el culo levantado y totalmente desnuda en las manos de mi hijo. El separó mis piernas para tener acceso a mi vagina y a mi culo. Luego puso su nariz justo al agujero de mi culo. Lo olió varias veces. Luego lo lamió de abajo a arriba. Y de arriba a abajo. Me metió el dedo al culo y escuché que se lo chupaba el dedo. También me metió el dedo a la vagina y se lo chupaba.

    Me daba nalgadas sonoras con sus manos diciendo: este culo se lo das al cabrón de tu marido. Eres una puta. Cada vez hablaba más fuerte. Ya sin temor a que me despierte. Así estuvo por varios minutos. Hasta que lo escuché buscar en la gaveta de mi mesa de noche. Luego sentí que había agarrado una de mis cremas y me lo puso en el culo. Después sentí que me puso la punta de su verga en mi culo. Poco a poco fue empujando. Yo sentía un dolor que por poco le digo que saque su verga. Pero me aguanté. Como mi culo estaba levantado por la sábana que él puso debajo de mi pubis, no tuvo ningún problema para meterme su verga, yo estaba totalmente a su disposición y sin escapatoria. Yo ya estaba bastante excitada con todo lo que me hacía mi hijo. Aguanté el dolor hasta que sentí que sus testículos chocaban con mi vagina y mi culo. Ya tenía la verga de mi hijo metida en mi culo hasta el fondo. El murmuró: ya estás con la verga dentro de tu culo. Puta de mierda. Que rico culo tienes mamacita. Luego empezó a moverse con el bombeo típico de mete y saca.

    Él se movía cada vez más fuerte como si quisiera destrozarme el culo. Yo solo aguantaba con los ojos cerrados y mordiéndome los labios para no hacer ningún ruido que me delate que estaba despierta. Hasta que de pronto empezó a gritar: hay mamita, hay mamita, aaaay mierda. Que rico culo. Y se quedó inmóvil encima mío con su verga dentro de mi culo. Yo sentí como un líquido calientes inundaba mis tripas. Así estuvo el un buen rato. Sin moverse. Hasta que su verga se achicó y recién me lo sacó del culo. Luego me limpió, y me vistió como me había encontrado. Luego se fue. Yo me quedé muy excitada y conmocionada. Tuve que masturbarme pensando en mi hijo y en lo que me había hecho. Luego me dormí.

    Al día siguiente, como a las 11 de la mañana, bajé a la sala. Mi esposo seguía dormido en el sillón. Lo cubrí con una manta y lo dejé descansar. Al rato bajó mi hijo y me saludó: buenos días mamita. Ya estás levantada. Que tal dormiste? Yo solo atiné a decirle: estoy bien. Luego el salió y me dijo que volvería por la tarde. Estoy en una encrucijada. No sé si encararlo a mi hijo y decirle que lo que hizo está muy mal. Pero tengo miedo que lo pueda traumar o algo así.

    También pienso si no le digo nada, el tratará de hacer lo mismo cada vez que yo me pase de copas. No sé qué hacer. Agradecería algún consejo sobre lo que conté. Tengo algunas fotos mías que puedo enviarles. Mi correo es: [email protected]

    Agradeceré sus consejos y sugerencias.

  • La chica de los relatos aparece en tu casa

    La chica de los relatos aparece en tu casa

    Nunca me gustaron los relatos eróticos. En mis lecturas cotidianas busco evitar libros en donde haya demasiadas escenas de este tipo. ¿Por qué los escribo entonces? Por vos, que estás leyendo y disfrutándome. Te imagino ahí, expectante a ver qué pasa. Yo sé que no te importa si es real o no. Sé que muy adentro tuyo todo lo que sucede es real y que siempre vos y yo somos los protagonistas. Y eso me encanta. Hacerte volar, que te sacudas, que liberes tus tensiones a través de mis relatos. Por eso, lo que escribo hoy, es solamente para vos. Imagina esta escena.

    Estás en tu casa, sentado en el living o frente a la mesa de la cocina. Suena el timbre. Son las dos de la mañana. No esperas a nadie, pero al abrir la puerta, te encontrar conmigo. Primero desconfías, te encanta lo que ves, pero no logras unir mi presencia con nada. Hasta que te saludo. “Hola, soy Martina. La chica de los relatos”. Luego de un instante de confusión, tu rostro se ilumina de una manera encantadora. Sabes quién soy. Sabes porque estoy ahí.

    Me invitas a pasar y te digo que me gusta tu casa. Me decís que perdone el desorden y te digo que no hay problema, que mi departamento suele estar mucho peor. No doy vueltas y te pido que me invites a conocer tu habitación. Ante tu desconcierto, te tomo de la mano. Me llevas a tu habitación y todo está en penumbra. Cuando amagas a prender la luz, te digo que no hace falta, me cuelgo de tu cuello y te como la boca. Es un beso apurado, nada romántico, pero súper caliente. De inmediato tus manos comienzan a tocarme toda, tratando de abarcar la mayor cantidad de superficie de mi cuerpo. Te pido que te calmes, tenemos toda la noche por delante. Siento la dureza de tu pija contra mi muslo, y me encanta. Me arrodillo y empiezo a besarte por encima del pantalón. Me tomas por el pelo, me haces doler, pero me encanta. Me quito la blusa y quedo en corpiño. Tus manos se meten en el apretando con fuerza mis tetas grandes y redondas. Mis pezones ya están muy duros. Te encanta pellizcarlos. Haces el intento de quitarte el pantalón, pero te detengo. Quiero que me apoyes así, con ropa. De un tirón me pones de pie, me das la vuelta y siento como enorme pija se apoya en mi culo. Empezas a frotarte, de arriba para abajo con mucha fuerza. No das más. Te morís de ganas de metérmela toda, hacerme gritar y ver qué tan cierto es lo que sucede en mis relatos. Logro escaparme de tus garras y enciendo la luz.

    Tus ojos desorbitados parecen estar fuera del mundo. Sonrío con la mejor cara de puta que tengo y te señalo la cama. Te dirigís hacia ella mientras te agarras la pija. Se me hace agua la boca, pero quiero jugar un rato más. Te acostas en el centro de la cama y yo me paro sobre ella, frente a vos. Empiezo a moverme seductoramente mientras me quito el pantalón. La hermosa y sexy combinación de mi tanga con mi corpiño hace que tus ojos se abran de una forma increíble. Me siento sobre tu pija y te pido que te sientes. Vuelvo a besarte. Me encanta sentir tu lengua dentro mi boca mientras tus manos suben y bajan desde mi espalda hasta mi culo. Mientras nos comemos, empiezo a hacer suaves movimientos de roce entre mi concha y tu pija todavía escondida dentro del pantalón. Con gran maestría desprendes mi corpiño por detrás, dejando al aire mis tetas, esas que tantas veces imaginaste al leer y releer mis relatos. Por esta noche son tuyas y de nadie más. Te invito a que me las chupes y los haces con gran placer, pero también un poco bruto. Me haces doler, pero más me duele, más calor siento en mi concha. Dejo que te diviertas un rato más, hasta que te empujo y te digo que pares.

    Te quito el pantalón y el bóxer. Tu pija es hermosa. Creo que hasta ahora ni en mis más locos relatos imaginé una pija que me caliente tanto como la tuya solamente con mirarla. Logro ver el debate interno a través de tus ojos. Te morís de ganas de que te la chupe hasta hacerte venir violentamente adentro de mi boca. Pero también querés ponerme en cuatro y llenarme toda la concha de lechita. Te entiendo. Sonrío, te acaricio la cara y te doy un beso muy suave entre los labios. Un beso de novios, casi un beso de amor. Sin que te lo esperes, vuelvo a empujarte sobre la cama y, de un salto, giro y ubico mi concha en tu cara, dejando a tu hermosa pija frente a mí. Quiebro mi cuerpo y me acerco a ella, introduciéndola completa adentro de mi boca. Siento el estremecimiento de tu cuerpo al sentir esa parte tan linda adentro mío por primera vez. Te la chupo así un rato, mientras vos te comes mi conchita. Lo haces increíble. Intercalas besos con lengüetazos y chupones. Me encanta que me chuponees la concha, que me dejes la marca de tus labios, como diciendo “esta concha en mía”. Y sí, mi amor. Mi concha es tuya. Mis tetas son tuyas, mi culo es tuyo. Mientras existan estos relatos, voy a ser siempre tuya y vos siempre mío.

    Estamos en un momento clave. Siento que tu pija es demasiado grande para mi boca. La beso, la escupo, trato de comérmela lo más que puedo, pero me está costando. No puedo evitar sentir arcadas, pero al contrario de hacerme parar, quiero seguir chupándola. No me canso de decirlo, tenés una de las pijas más hermosas que me he comido. Y mira que he comido bastantes, pero la tuya no se puede comparar. Sigo esforzándome, chupando y chupando, bajando la intensidad cuando siento que vas a explotar. A esta altura, yo ya exploté varias veces, por lo que me doy la vuelta, sentándome sobre tu pija y recostando mi cabeza en tu pecho. Estamos muy cansados, pero los dos queremos más. Te beso en los labios y siento el sabor de todos los jugos que fui soltando a medida que me hacías acabar. Me encanta. “¿Me querés coger?”, te pregunto con cara y voz de nena putita. Me decís que sí, sin poder siquiera articular esa simple palabra. Estás tan caliente como yo.

    Me siento de un golpe en tu pija. Entra hasta el fondo. Me decís que no podes más, lo que es súper entendible. Te pido que te calmes y empiezo a moverme muy suavemente, dibujando círculos con mi conchita. Acompañas mi ritmo mientras con una mano me agarras de la cintura y con la otra me apretas una teta. Me muevo cada vez más rápido. Se me hace imposible no gritar como una puta. Te golpeo el pecho con mis manos. ¿Te gusta que me mueva así? ¿Te gusta que sea tu puta? ¿Querés cogerme todos los días? Tus respuestas son vagas, pero me calientan cada vez más. Por eso acelero el ritmo. Las suaves sacudidas del principio, se convierten en golpes certeros sobre tu pija. Voy a acabar. “Aguanta puta”, me decís, lo que hace que me vuelva más loca. Empiezo a masajearme con intensidad el clítoris. Me estás dando la mejor cogida de mi vida.

    Acabo por tercera vez en la noche, en el preciso instante en el que tu pija estalla adentro mío. Me desplomo sobre tu cuerpo. La mezcla de nuestros fluidos se siente algo mágico. Respiramos agitados, cansados, destruidos. A pesar de eso, no quiero que pierdas la erección, por lo que me arrodillo en la cama y te la vuelvo a chupar. El sabor de tu leche y de la mía es un manjar servido por los mismos dioses. Tu sabor y el mío explotan en mi boca encendiendo aún más mis ganas de seguir siendo tuya. Te tomo de la mano para que te levantes y me cojas. Hago el amague para sacarme la tanguita, pero me decís que no, que mejor me la deje. Me pongo en cuatro sobre la cama, me corres la tanguita y me das una embestida que me hace ver lucecitas de colores en todo a mi alrededor. No puedo evitar guardar mis gritos e insultos. “Si mi amor, dame. Cógeme fuerte. Lléname toda de lechita, por favor”. Eso te enciende aún más, haciendo de tus arremetidas algo totalmente placentero y fuera de control.

    Siento como tus dedos comienzan a jugar con mi culito. Los frotas por encima, pero no hay nada de resistencia. Mi culito se abre dejándolos pasar. “Cada vez que escribo termino imaginando lo hermoso que debe ser sentir tu pija en mi culo”, te digo, agitada, con el poco de voz que puedo soltar. ¿Querés que te rompa el culo, Martina?”, me preguntas. Sí, por favor. Rómpeme toda.

    Tu pija salió de mi conchita y empezó a jugar con la entrada de mi culito. “dale, metemela, por favor”, te suplico. Siento como de a poco metes la puntita, y las lucecitas de colores que veía antes se convierten en millones de estrellas haciendo implosión. Comienza a entrar la puntita, luego la cabeza entera. Te moves despacito, me preguntas si me duele. Te digo que sí, pero que no pares. La metes cada vez más y no puedo evitar no moverme. Está toda adentro. Nunca una pija tan grande y hermosa como la tuya entró en mi colita. Te pido que me cojas, que te muevas cada vez más rápido. “Pegame”, te pido. Comenzás con chirlos suaves, pero a medida que aceleras la penetración, los golpes se vuelven más duros y seguidos. Me arden las nalgas, las siento rojas, pero no te detenes. Ni de pegarme ni de cogerme. Acabo por cuarta vez en la noche. Llevas tu mano hacia mi concha, recoges los jugos que salen a borbotones y con ellos te mojas toda la pija para volver a meterla en mi culo. A esta altura, ya perdí la noción del tiempo. Siento que hace mil años me estas cogiendo.

    “Voy a acabar”, me decís. “Damela a donde quieras”, te respondo. Sacas la pija de mi culo, me tiras del pelo y me obligas a arrodillarme en el piso. Te pajeas un poco frente a mí, te obligo a que te la sueltes y me la meto entera en la boca. Te la chupo sin usar las manos. Me estas cogiendo por la boca, hasta que siento que algo espeso y caliente se estrella contra mi garganta. Saco tu hermosa pija de mi boca y dejo que sigas acabando en mi cara. Tu leche se me mete por los ojos, me chorrea por las tetas, por la panza, e incluso sigue bajando hasta mi concha. Vuelvo a chuparla hasta que no te quede ni una sola gota.

    Tomados de la mano nos metemos a la cama. Reposo mi cabeza en tu pecho, mientras me acaricias el culo y yo juego con tu pija que de a poco se acomoda para descansar. Nos besamos tiernamente, como dos enamorados que se aman hace tiempo. ¿Por qué viniste a verme esta noche?”, me preguntas.

    Vos viniste primero. Yo no tengo idea de porqué empecé a escribir. Pero vos viniste, te quedaste… y desde entonces todo lo que escribo es por y para vos. Quiero que esta relación dure para siempre.

    Gracias por leerme. Gracias por estar.

  • Noche de luna y de copas, me comí a Luna y me fui en su boca

    Noche de luna y de copas, me comí a Luna y me fui en su boca

    Siempre estoy en busca de una linda chica para llevarla a la cama y algunas veces esto se da de una forma normal y sin muchos esfuerzos o algunas veces debo de ser intuitivo y ser mucho más atrevido para llegar a esa meta. Cómo llegué a ese punto con Luna, es el ejemplo de las cosas que uno se debe atrever a hacer para lograr el cometido.

    La conocí el verano pasado en una de esas reuniones que mi hermana hace para agradecer a todos los empleados de nuestra compañía. Llegó con su novio a esta reunión social que se daba en mi casa y debo decir que ella no trabaja para nosotros, es el novio quien comenzaba a trabajar para nuestra compañía. En ese momento no le di mucha importancia a su presencia, pero la verdad que Luna me pareció uno de esos rostros exóticos, una mezcla de rostro latino y hawaiana. Ese día llevaba unos jeans de mezclilla y una blusa suelta donde se podrá apreciar una bonita figura con un obligado énfasis en sus pechos y glúteos, pues la verdad que es imposible no apreciarlos. Creo que solo crucé unas cuantas palabras con ellos, pues esa noche ya tenía a una chica en mi agenda con quien pasarla rico.

    Meses después llegó nuevamente con su novio a casa, pues este debería recoger una computadora que le permitirá laborar afuera de las oficinas y esa tarde departieron con nosotros un poco más de tiempo y más que todo, me permitió platicar con Luna y conocer un poco más de ella. Y es como supe que tenía poco saliendo con nuestro empleado, de quien omitiré su nombre, que tenía 22 años y que era de origen mexicano y que había nacido en la Florida. Hasta ese punto todo fue de lo más normal. Todo cambiaria para la siguiente ocasión que vino para esa fiesta que mi hermana da a principios de otoño.

    Regularmente son entre 80 a 100 personas que atienden este evento, en la cual mi hermana se encarga de incentivar ofreciendo algunos regalos a los empleados. Todo es buen ambiente, pues además de una cena formal, hay música y sobre todo, bebidas de todo tipo. La gente platica, baila y en el sótano de la casa es un gran bullicio. Esa noche para tomar aire fresco salí y donde todos parecían estar adentro, pues estaba un poco frío. Veo que hay una silueta de una mujer que parecía fumaba, pero la verdad era su aliento gélido el cual parecía humo y cuando me acerco es esta chica de nombre Luna.

    Esa noche a penas la había saludado. Vi que tenía un vaso con algún tipo de bebida embriagante, yo llevaba un whisky con un par de cubos de hielo y me dirigí hacia donde estaba ella. La noté que estaba bajos los efectos del alcohol, pues las palabras le salían pausadas y me dijo que estaba disfrutando los jardines en una noche clara de luna y que le parecía fascinante el ruido del rio. Le dije que nos acercáramos a la casa de huéspedes y desde allí se puede no solo escuchar al rio, pero también verlo. Ella accedió sin ninguna objeción y me dio esa expresión de admiración cuando llegamos al patio trasero de la casa de huéspedes, la cual tenía la luz encendida y todo preparado pues es muy común que en eventos como estos, más de un par de parejas se queden a dormir en ella, pues se ven indispuestos a conducir por los efectos del alcohol.

    A este punto todo es normal, le pedí a Luna que me diera un minuto, pues entraria a la casa de huéspedes a servirme otro trago. Cuando regresé no pude de dejar de admirar ese bonito culo en esos jeans que se le miraba en la distancia y es cuando el espíritu de depredador apareció. Como no tenía mucha confianza con ella ni tampoco mucho tiempo para eso de la conquista… a sabiendas que ya tenía novio, me llegó a la cabeza hacerle una propuesta indecente dado su estado bajo los efectos del alcohol y obviamente yo también estaba cayendo a ese estado también. Esto lo había hecho con chicas totalmente desconocidas, pero nunca con alguien a quien no conozco muy bien pero que estaba en mí mismo ambiente social, más que todo, ella era la novia de uno de nuestros empleados, aunque es mi hermana la que funge como su jefe.

    Luna en esta ocasión vestía sus típicos pantalones jeans, una blusa negra y un chaleco corto azul de la misma tela que sus pantalones jeans. Lo procesé en esos pasos y después de retomar la plática la preparé para hacerle la pregunta:

    – Luna, puedo contar con tu discreción… sabes, me gustaría hacerte una propuesta y no quiero que me lo tomes a mal y no pretendo ofenderte. Soy una persona muy discreta y me gustaría saber si esto que te voy a proponer es algo que solo quedaría entre tú y yo.

    – Dígame Sr. Zena… me tiene intrigada. Dígame… claro que si… puede contar con mi discreción.

    – ¿sabes lo que es un fetiche?

    – ¡Creo saberlo!

    – Pues bien, me gustaría ofrecerte $300.00 por tus pantis.

    – ¡Que…! ¿Por los pantis que llevo puestas? Realmente nunca pensé que esa fuera su propuesta… nunca me lo imaginé.

    – Disculpa si te molesté.

    – No es eso… no se preocupe. Simplemente no me esperaba que fuera algo así.

    – ¿Oh… dime, cuanto quieres?

    – No es cuestión de dinero… simplemente no me lo esperaba. Usted parece de esos hombres muy elegantes que pueden conquistar a cualquier mujer. ¿Mire, yo no quiero su dinero, pero en… ¿dónde me los quito?

    – Pasa a la casa de huéspedes, la puerta está abierta y la calefacción encendida.

    Luna me quedaba viendo mientras se adentraba por la puerta y por la mente me pasaba que, si me daba sus bragas, estaría también dispuesta a algo más. ¿Qué chica está dispuesta a darte las bragas? Sabía que el alcohol hacía la propuesta y aquella respuesta mucho más fácil, pero no quería empujarla, aunque me daban las ganas de entrar por esa puerta y comenzar a posesionarme de su cuerpo. Esperé en el patio cubierto escuchado y viendo al río. La puerta se abrió y en los segundos estaba Luna extendiéndome sus pantis con una sonrisa que no sabría como describirla. Eran unos calzones tipo cacheteros de color rosa y los extendí y los olí en frete de Luna. Ella me dijo:

    – ¿Está seguro de que es todo lo que quiere?

    – La verdad que me gustaría mucho más… pero no sé si… (no me dejó terminar).

    – Mire… entremos. No tenemos mucho tiempo para más, pero le puedo dar una mamada a su verga… ¿quiere?

    Obviamente que quería y sin decir palabra entramos y fue como algo apresurado y esta chica Luna me soltó los pantalones y comenzó de una forma frenética a chuparme la punta de la verga. Lo único que me dijo en esos instantes mientras me la sacaba: – ¡Usted sí que tiene una verga grande! – Yo estaba parado y ella estaba sentada en un sillón y le comencé a coger esa bonita boca con un vaivén rico y sin hacerla atragantar… lo suficiente para correrme en ella. Tres minutos de un mete y saca constante y me corrí en su boca. Había uno de esos pequeños manteles que cubría una mesa esquinera y con eso se limpió su pequeña boca. Podía oler la corrida mía en su boca y de esa manera comencé a quitarle el pantalón jean que en un principio intentaba negarse pues me decía que no teníamos protección y que no deseaba salir embarazada. No le dije mucho y accedió cuando le dije que solo se la quería mamar.

    Le eché llave a la puerta, subió las piernas para poder despojarle de esos pantalones que no sé cómo se los ponen, pues no le salían fácilmente. Una vez sin ellos y puesto no tenía bragas comencé a chuparle la panochita, que era de esas pequeñas y obviamente la tenía depilada. Le hundía la lengua y Luna solo me tomaba del cabello dejando escapar unos gemidos y su respiración se hizo profusa. Le lengüeteé ese clítoris frenéticamente y dos de mis dedos se introdujeron en esa cueva caliente y húmeda. Tres movimientos así y Luna me anuncio que se corría. Me halo del cabello mientras esta linda chica de 22 años bufaba del placer. ¡Que rico es escuchar los gemidos de una mujer cuando viven un orgasmo!

    Estaba lleno de sus jugos vaginales y salí hacia el baño y segundos después llegaba Luna a hacer lo mismo. Nos limpiamos y usamos un antiséptico mentolado en ese afán de camuflar ese olor penetrante del sexo. Parecía que los efectos del alcohol le habían pasado a Luna en esos 12 últimos minutos de sexo oral, pues solo eso nos tomó a ambos para corrernos. Salimos como si nada había pasado y en ese camino hacia el jardín de la casa ella llevaba el hielo derretido en su copa tomándolo y yo llevaba una cerveza en mi mano y le dije:

    – ¿Quieres que vaya por condones y te espero esta noche?

    – No… usted no sabe cómo me siento. Nunca imaginé hacer algo así.

    – No te preocupes, de esto nadie lo sabrá.

    – Por favor…pero, aunque nadie lo sepa, yo sé que caí e hice algo mal y no sé cómo le voy a ver la cara a mi novio.

    – Entiendo… imagina que todo esto no ha pasado… Por mi todo esto quedó en ese cuarto y gracias por complacerme… te recordaré cuando mire estas bragas.

    Alguien salió a nuestro encuentro y nos decían que su novio había salido a la calle en busca de ella. Ella se unió al bullicio de la fiesta, yo me fui a mi habitación y nuevamente extendí sus bragas para volverlas a oler y volví a recordar esos gemidos cuando la estaba haciendo correr. Desde entonces no he vuelto a saber de Luna.

    Escríbeme si te gusto este relato y si piensas que si he intentado follármela como se debe.

    Tonyzena21@gmail

  • Un singular aniversario de matrimonio

    Un singular aniversario de matrimonio

    Relato de cuando con mi amigo Ignacio, nos follamos con el permiso de su esposo a una señora adinerada y de perfecto cuerpo como regalo de aniversario por 15 años de feliz matrimonio. Nos conocimos en el hotel, donde ellos vacacionaron y nosotros trabajábamos. Mi amigo como Barman y yo como garzón. Fue en el invierno de 2005, tenía 19 años cumplidos y era un año menor que Nacho.

    I

    Era el segundo año para mí, trabajando en el hotel. Había visto de todo, pero nunca imaginé ser partícipe de lo que les voy a contar. El hotel estaba casi vacío. De las 80 habitaciones, solo 3 se encontraban ocupadas. Dos en el 4 piso habitadas por un minero en cada una y la tercera, en la planta Nº 10 por una pareja de unos 40 y tantos y dos hijos de 13 y 8 años.

    Los mineros rara vez se los veía, pero a partir del siguiente día a su arribo, la familia mantuvo por los 10 días que duró su estadía, una cronológica rutina. En efecto, bajaban todas las mañanas a tomar desayuno. Luego, mientras la señora retornaba a su habitación para recibir 2 horas de masaje, el señor y los chicos realizaban todo tipo de actividades dentro de las instalaciones del hotel.

    Almorzaban, puntualmente a las 2 pm y mantenían una dicharachera sobre mesa por más de una hora, tiempo durante el cual los adultos daban cuenta de dos vasos de whisky cada uno. En las tardes, el señor dormía su siesta mientras la señora disfrutaba con los niños de las piscinas y del bar en medio de ellas hasta la puesta de sol.

    La señora a pesar de sus 44 años, lucía un cuerpo perfecto. De estrechos hombros, casi un 1.70 m. Senos de talladas formas más bien pequeños, pronunciada cintura y prominentes caderas solo eran el acompañamiento de un delicado y bello rostro. Enmarcado en un liso, largo y rubio cabello que le caía hasta justo encima del codo. Al mirarla parecía una veinteañera.

    La quinta mañana, después de una tarde del día anterior donde la señora lució un diminuto bikini de forma muy sensual, el esposo, apoyado en la barra, conversaba con Ignacio. El señor era un tipo afable y de finos modales. Alto, corto pelo rubio, inexpresivos ojos que a pesar de ser casi celestes, mantenían una vacua mirada y una prominente barriga no concordaban con su casi chillón tono de voz.

    Esposo: ya te dije que mi nombre es Eduardo… -le dijo en tono afable a Nacho, luego, dirigiéndose a mí, señaló,- te voy a preguntar lo mismo y espero una respuesta honesta… qué te pareció el bikini de mi esposa???

    Yo: cual bikini, sr Sa… perdón, Eduardo… hablando en serio… y con todo respeto, en su lugar no podría pasar una sola noche al lado de esa diosa sin al menos, tocarla…

    Nacho: -hablándole al esposo- te lo dije o no??? Pero por qué nos preguntas todo esto… estoy seguro conoces a la mujer que tienes al lado…

    Esposo: -por un par de segundos nos miró a ambos a los ojos, intensamente, como si buscase penetrar en nuestros pensamientos.- me parecen bueno cabros… cuento corto: les gustaría ganarse unas lukas extras???

    Nacho: claro… qué es lo que tenemos que hacer???

    Esposo: es muy fácil… quiero que… se follen a mi esposa…

    Nacho: Acaso escuché bien, Juaco???

    Yo: si… él dijo que nos folláramos a su esposa…

    Esposa: escuchen… les daré 100 mil a cada uno si siguen unas instrucciones que les voy a dejar… si no se apegan a ellas, lo sabré… tomaré sus miradas como que entendieron el mensaje… esto es lo que harán… mañana tomaré a los niños y me iré en una excursión al interior con la excusa de regalarle un día solo para ella… entonces…

    El plan era simple. Tendríamos todo el día para seducirla, pues ella no sabía que su propio esposo nos pagó para ello y nosotros no podíamos hablar del tema. Rondaban las 9 am cuando el esposo y los chicos salían de paseo. Una hora después, la señora llegó al bar de la piscina temperada. Vestía un sexy y corto vestido color blanco de algodón, ajustado en el busto y a partir de la cintura, holgado.

    La vestimenta nos permitía distinguir claramente sus voluptuosas curvas a penas cubierta por un diminuto bikini, blanco también. Estaba contenta y radiante. El cabello suelto. Los pezones erectos. Descalzos los pies.

    Sra.: hola Ignacio, hola Joaquín… se ven estupendos como siempre esta mañana…

    Nacho: buenos días, señora, el gusto es todo nuestro… qué le sirvo???

    Sra.: Me llevas un tequila margarita… hoy quiero celebrar…

    Si bien, solicitó mi ayuda en 4 oportunidades para cubrir su piel de bloqueador solar, casi todo el tiempo estuvo sola, tomando sol, bañándose en la piscina y bebiendo por casi dos horas. Menos de un minuto después de servirle el cuarto, con señas, otra vez, me llamó a su lado.

    Yo: llamó la señora???

    Sra.: puedes sentarte a los pies de mi cama a conversar un minuto??? Mientras me untas más pantalla solar…

    Yo: me encantaría, pero tengo que atender a los demás???

    Sra.: no seas así conmigo… no hay nadie más… si llega alguien, te vas… ya??? –asentí, pues al fin y al cabo tenía razón. Tomé asiento en el lugar señalado.- te puedo hacer una pregunta??? Qué pensarías si tu esposa, el día del aniversario número 15, toma a los niños y como regalo te dice que hagas lo que te plazca por todo ese día…

    Yo: pues pensaría exactamente en determinar qué es lo que me place o quiero hacer y luego, sin culpas ni remordimientos, sencillamente hacerlo…

    Sra.: eso pensé… podrían enviar a la habitación a alguien para un masaje, por favor???

    Yo: por supuesto…

    Veinte minutos después, era yo quien subía por el ascensor directo a la habitación 1002 a reunirme con la señora que, con mi amigo, nos debíamos follar… Estaba tranquilo, sabía lo que hacía, pues era el mejor discípulo del masajista en jefe del hotel. Al llegar, toqué la puerta, recibiendo desde dentro un claro, -pase-.

    Sra.: otra vez tú??? No es que me queje… al contrario, me das más confianza, pues contigo y tu amigo, son los con los que más he conversado… sabes hacer masajes???

    Yo: por supuesto… digamos que le pedí al masajista de turno que me diera la oportunidad de practicar con usted, pues no quería perderme esta rara oportunidad…

    Sra.: rara oportunidad???

    Yo: si… la de poder satisfacer plenamente a una hermosa mujer como lo es usted, mi señora…

    Sra.: todos dicen lo mismo… y dime, Claudia… mírate… qué puede ver un bello y atlético joven como tú, en una vieja como yo… mejor no me lo digas… ahora comencemos… me duele acá y acá. –dijo señalándose la parte alta de la espalda. Se acostó mirando al suelo-. –Luego de un par de minutos, señaló sin cambiar de posición- de verdad sabes, chiquillo…

    Yo: relájese y sienta… lo que estoy haciendo es ordenar la musculatura de su espalda alta… luego haré lo mismo con el resto de la espalda y parte posterior de sus piernas. Todo eso demorará unos 15 minutos… Después de eso, usted debe elegir entre… bueno… ahí lo sabrá…

    II

    Estirada de estómago sobre la camilla de masajes. La señora recibía en su aceitada espalda un reconfortante masaje. Finalizó apretando y masajeando con vigor sus glúteos por el par de minutos finales, separándolos de modo de abrir sin tocarlos, su vagina y ano, escuchándose los primeros gemidos de la sesión. Detuve mis manos justo antes de rozar por primera vez, su excitado coño.

    Yo: que le pareció, mi señora??? Quiere que siga???

    Sra.: -con la voz ronca- o sea… solo me has trabajado la espalda…

    Yo: -sonriéndonos con complicidad- disculpe mi torpeza, Señora mía… por favor, dese la vuelta y relájese… quiere que le cubra los ojos?

    Sra.: -siempre sonriendo- no es necesario… qué manos tienes, Joaquín…

    Yo: que bueno que le gusten a la señora…

    Los siguientes 5 minutos aquellas manos que tanto le gustaron a la señora de Eduardo, descontracturaron los pocos nudos que quedaban en pies, tobillos, pantorrillas, rodillas y muslos. Pasaba mis dedos por la parte alta interior del cuádriceps donde éste se une a la ingle cuando audibles quejidos quebraron el expectante silencio.

    Como si mis oídos no escucharan nada, siguieron su camino, posándose justo encima de su monte de Venus, subiendo en círculos concéntricos, tocando cada centímetro de su perfecto abdomen. Tenía los ojos apretados, crispados los puños también. Los dedos de los pies se separaban en movimientos espasmódicos e involuntarios. La señora estaba experimentando el primer orgasmo de la jornada, tensando completamente su cuerpo.

    En el momento en el que relajó sus músculos, puse mi mano, inmóvil, en su entre pierna y con los ojos fijos en los de ella, inicié un suave sube y baja, frotando coño y clítoris por encima de su empapado en aceite traje de baño. Al mismo tiempo, mi otra mano apretaba con tierna rudeza sus pechos alternativamente corriendo en cada oportunidad la parte de arriba del bikini.

    Yo: necesito, mi señora, me dé el permiso expreso para continuar con el masaje o…

    Sra.: sigue… por favor…

    Yo: -apretaba con fuerza controlada sus dos senos- le voy a quitar el bikini… -gemido, como respuesta.- tomaré eso como un sí… Está cómoda así??? -otro gemido- Entonces, le voy a pedir abra sus piernas y me entregue su hermoso y depilado coño… eso… así…

    Sra.: -erectos los pezones, la voz ronca por la excitación, la mirada intensa.- te gusta lo que ves, Joaquín?

    Yo: es usted una hermosa hembra, señora… La más hermosa que he visto… y si me lo permite quiero que se sienta tan bien, que nunca olvide estos minutos con su servidor…

    Sra.: eso ya lo lograste, Joaquín… y si… te lo permito…

    Entonces, de pie a su lado, acerqué mi boca a su seno más cercano para darle un tierno beso en la punta de su duro pezón. Repetí lo mismo con el otro solo para meterme todo lo que pude un seno en mi boca y con fuerza succionarlo. Le hice lo mismo al otro. Iniciaba la tercera vuelta cuando de improviso, introduje en su coño, sin oposición alguna por lo mojado del sector, mis dedos, anular y corazón, enteros. La miré a los ojos.

    Yo: está lista, señora???

    Sra.: lista para qué??? Ah!!! Ahhh!!! Que me estás haciendo… ahhh!!! Me orino… para… Ayyy!!! Para… me orinooo…

    El fulminante y rápido sube y baja de mis dedos en el coño de la señora la tomó por sorpresa, separando en un acto reflejo, aún más sus rodillas, permitiendo más profundidad y rapidez en el movimiento de la mano. Menos de un minuto después, la señora eyaculaba una, dos, tres, cuatro veces seguidas, entre gritos y exclamaciones poco decorosas, mojando todo alrededor con sus abundantes fluidos.

    Aún no terminaba de recuperarse del desconocido y arrebatador clímax cuando comencé a tocarle su erecto y duro clítoris sin sacarle los dedos, mas manteniéndolos inmóviles. La señora no tardó en excitarse de nuevo. Meneaba compulsivamente sus caderas al tiempo que arqueaba cada vez más la espalda hasta quedar apoyada solo en la cabeza y la planta de ambos pies.

    El intenso orgasmo dejó desparramada sobre la camilla de masajes a la caliente señora. Sudaba profusamente y su agitada respiración le impedía articular palabra. Sus ojos exageradamente abiertos miraban más allá del blanco techo. De su entre abierta boca, escurría un hilo de saliva.

    Yo: espero el masaje esté siendo placentero para la señora… desea continuar con la parte final del tratamiento???

    Sra.: pensé habías terminado??? Y se puede sentir más aún???

    Yo: jejeje… le cuento: van dos etapas de tres. Esta última es la única que tiene 3 subetapas, pero vamos en orden… La respuesta a la primera pregunta, entonces es un obvio no, aún no hemos terminado y para la segunda pregunta, la respuesta es: depende de cada uno… Todos somos diferentes en cuanto a la forma y cantidad de placer que el cuerpo puede procesar…

    Sra.: entiendo… y tú piensas que yo puedo sentir más aún???

    Yo: tengo una tincada con usted… pero la única manera de saber cuál es su límite es buscándolo… y me atrevo a decirle que ésta es una buena ocasión para empezar… qué me dice…

    Sra.: no me mal entiendas… si quiero, pero me remuerde la conciencia el pensar en Lalo…

    Yo: entiendo… pero la insto a recordar las palabras que él mismo le dijo… recuerdo usted me contó que le dijo que hiciera lo que quisiera o no..?

    Sra.: si… y conozco a Lalo… no me juzgará por lo que decida hacer…

    Yo: entonces se atreve???

    Sra.: qué más da!!! Soy toda tuya, Joaquín… y no me digas más señora… mi nombre es Sandra.

    Yo: -en cuanto aceptó, me desvestí prontamente. una vez desnudo le dije,- entonces, señora mía… tenga la amabilidad de quedar apoyada en sus rodillas y manos por favor…

    Sra.: qué???

    Yo: que te pongas en 4 patas, Sandra… eso… -de pie a su lado, tocándole pechos, coño, clítoris y ano, ávidamente- ahora… usted elige… prefieres la verga en la boca o en el coño…

    Sra.: en el coño, pendejo… no se la chupo ni a mi marido… no me gusta…

    Yo: ok… te gusta que te follen de manera suave o con rudeza?

    Sandra: Lalo nunca me la ha hecho con rudeza… no puedo contestar por ignorancia…

    Yo: eso lo podemos solucionar, señora…

    Sandra: deja de decirme señora… ya te lo dije… me llamo Sandra… y… ahhh!!! Que grande tienes la verga… ay!!! Despacio… para que se acostumbre… ay!!! Déjalo ahí… eso… ahhhh… ay!!! No tan adentro que me duele… ay!!! Qué te acabo de… ay!!!

    Yo: shuuu!!! Calladita se ve más bonita… mejor tócate el clítoris tú misma… hazme caso… eso… ves como deja de doler y empieza a gustarte… eso, frótalo con ganas mira que ahora te voy a dar la follada de tu vida, Sandrita…

    III

    Tomándola de las caderas, follamos como locos desde la primera embestida. Al comienzo el dolor y el placer lucharon palmo a palmo por la supremacía en las sensaciones que dominaban a Sandra, sin embargo, al poco, una serie de temblores involuntarios denotaban el intenso orgasmo que le invadía todas sus terminales nerviosas receptoras del placer.

    Detuve por unos segundos el mete y saca, solo para reiniciarlo con más ímpetu. Los destemplados aullidos de Sandra llenaban toda la habitación. De pronto, comenzó a vociferar órdenes que la follara más duro, más fuerte, más profundo. Repetía una y otra vez, así, más duro, eso y otras expresiones de más alto calibre. Al sentir que estaba por acabar, aumenté el ritmo de la follada, lo que no pasó desapercibido para Sandra, quien se dio vuelta, señalando en voz alta, -quiero que acabes dentro de mí… escuchaste… adentro, por favor…- y así lo hice casi un minuto después.

    Luego, de casi un minuto, descendí de la camilla, aun caliente. Di la vuelta hasta quedar de frente a Sandra. Ella, al notar mi verga de nuevo erecta, sonrió. –Quieres más, parece…- En un tono divertido, señaló. Mi respuesta fue el ofrecerle la mano. Al tomarla, se dejó dirigir hasta el albo lecho donde por iniciativa propia, subió, estirando de lado su cuerpo casi al centro de la cama.

    Yo: mira lo que tú y tu cuerpo me producen… eres la mujer más excitante que he conocido… quieres saber si puedes sentir aún más, me preguntabas… me atrevo a apostar que la respuesta es sí…

    Sandra: viniendo de ti, me halagan mucho tus palabras… y… sí, quiero sentir más…

    Yo: entonces tendrás que confiar en mí… un poco más aún…

    Sandra: no te la voy a chupar… ni lo pienses…

    Yo: nada de eso… mira… antes que termine el día, me rogarás que te pase mi verga para chupármela… En serio… pero lo que te pensaba proponer es que cubras tus ojos con esta venda especial para ello… La oscuridad intensifica las otras sensaciones…

    Conversamos después de tapar sus ojos por casi 5 minutos. La mayor parte del tiempo fue Sandra quien habló. Estaba acostada mirando al cielo, los brazos cruzados detrás de la cabeza, las piernas estiradas, cruzados los tobillos. Charlaba con soltura y garbo cuando llegó mi compa. Entró sigilosamente. Nos saludamos por señas… Al ver a Sandra no hubo necesidad de explicar nada. Le mandé a guardar silencio, desnudarse y esperar.

    Sandra: oye Joaquín… y tu amigo, Ignacio???

    Yo: en la barra… quieres que lo llame???

    Sandra: no te molestaría eso???

    Yo: molestarme qué???

    Sandra: que se uniera a nosotros??? Eso, lo dije…

    Yo: eso es lo que quieres?

    Sandra: es que… nunca había estado con otro hombre que no sea el Lalo… y ahora… no lo sé… con todo sino pa’ qué… o no…

    Yo: caíste, redondita… serás nuestra perra sin duda, -pensé, pero le dije,- En media hora más termina su turno… ahí lo llamaremos. Mientras tanto te parece no lo esperemos ociosos…

    Sandra: aún la tienes dura… ven para acá…

    Pronunciaba las palabras al mismo tiempo que se ubicaba de modo tal que parecía una perra en celo. En cuatro, el culo parado, la cabeza apoyada en la cama. La mano tocándose el clítoris con énfasis.

    Sandra: ya po… métela…

    Yo: quiero que me la chupes, Sandra…

    Sandra: es que siento que es humillante…

    Yo: sientes que me humillé cuando te chupé el coño hace un rato atrás???

    Sandra: no… pareció incluso que lo disfrutabas…

    Yo: el sexo oral, vaginal o anal son formas de expresar amor físico… además… cómo puedes afirmar que no te gusta si nunca lo has probado… te aseguro que es como el chocolate… lo saboreas y nunca más deja de gustarte… o eso es lo que me han contado…

    Sandra: jejeje… sí, claro… y estoy segura que no lo creerás, pero de verdad nunca lo he hecho… y también es cierto que el Lalo era hasta hoy el único hombre con el que tuve sexo… Me alegra mucho que seas tú el segundo…

    Yo: bla, bla, bla… toma… abre la boca… ahora ciérrala y mientras la mueves hacia adelante y hacia atrás, la succionas, ojalá rítmicamente… ohhh!!! Lo estás haciendo muy bien… te gusta???

    Sandra: -solo sacó la verga para hablar- no me desagrada… mmmm…

    IV

    Menos de un minuto después, Sandra chupaba la verga con ansias y verdadera maestría. Tras un breve ademán, de las sombras apareció Nacho. Desnudo, la verga erecta como el mástil de una bandera. Se acercó hasta quedar detrás de Sandra, entre sus abiertas nalgas.

    Nacho posó su mano abierta en el glúteo derecho. Por un breve segundo, Sandra bajó unos milímetros el respingado culo, solo para subirlo aún más al sentir la segunda mano en su otra nalga. Detuvo su candente movimiento al chuparme la verga los instantes suficientes para ser perforada hasta el fondo por su dilatado coño.

    Al tercer intento logramos coordinar. La señora Sandra, con 44 años, fornicada por un solo hombre hasta hoy; sin haber probado el sexo oral, estaba siendo follada de forma gentilmente brusca, por dos tipos desconocidos, al mismo tiempo por el coño y la boca, a todo ritmo.

    Durante casi 10 minutos nos follamos en diferentes posiciones a Sandra, intercambiándonos con mi compa cada 3 minutos más o menos de lado. Cuando Nacho estaba en la boca, no pudo aguantar más. Trató de sacar la verga de la boca de Sandra, pero ésta, apoyó su mano derecha en su glúteo y empujó de modo de asegurarse de recibir la mayor parte de la descarga de mi compa.

    Mientras Nacho eyaculaba, detuve por completo el mete y saca, pero no saqué la verga del coño. Al contrario, con el índice de mi mano derecha, comencé a tocar los alrededores y el ano mismo con sutileza y decisión. Gimió.

    Sandra: no… por ahí no…

    Yo: oh vamos… no comiences de nuevo… hace un rato nunca habías chupado verga y resulta que hasta te comiste el semen en tu primera vez… te prometo que no te obligaré…

    Sandra: qué diablos… hoy es el día de los premiados parece… despacito, ok?

    Nacho venía de vuelta del baño con tres heladas botellas con agua y una botella de Jack Daniel’s cuando notó que Sandra, aún en 4, se tocaba el clítoris con fruición mientras era taladrada a un buen ritmo con mi polla en el coño y con casi la mitad de los dedos índice y corazón incrustados en su rosado culo, en un coordinado mete y saca a dos pistones.

    Al soltar la cadera para tomar la botella de agua, fue Sandra quien mantuvo el ritmo con precisión suiza mientras bebía un largo trago de helada y refrescante agua. Ignacio, sin quitarle la venda de los ojos, le puso el pico de la botella en los labios, empinándola. También bebió con avidez, pero sin parar de follar.

    Reemplazó la botella por la polla de Nacho, tomándola ella con la misma avidez que lo hizo con el vital elemento. Nuevamente, Sandra, la esposa reprimida y caliente, recibía dos vergas al unísono. Empero esta vez, tres de mis dedos tapaban su tercer orificio con sentida eficacia.

    Por cada 5 jadeos y gemidos de lascivo placer, se escuchaba un débil quejido de dolor. Al poco, ya solo había quejidos y gemidos de placer y pasajeras exclamaciones como dame más o solo más… Comprendí que era el momento. De una sola vez extraje verga y dedos e inmediatamente ubiqué la punta de mi verga en su ano y comencé a presionar. Sandra de una se sacó la verga de Nacho de la boca. Exclamó,

    Sandra: ay!!!

    Yo: quieres que pare… te dolió porque tienes todo el glande dentro de ti…

    Sandra: no… déjalo… quieto… ahhh…

    Nacho volvía al ataque, frotando su clítoris con la mano y chupando sus pechos con ansias. Entonces, continué. El dolor y el placer se unieron por casi un minuto tras el cual, el primero fue desplazado por el segundo. El orgasmo que invadió a la señora me permitió llegar hasta el tope del culo de Sandra.

    Sandra: -en cuatro, ensartada por el culo con mi verga. En cuanto recuperó el aliento, dijo,-pendejo… en una mañana he hecho más cosas en la cama que en 25 años de matrimonio… ahhhh… donde está la otra verga… mmmm… fóllame, pero que no me duela… tanto…

    Solo las tres primeras embestidas fueron suaves y lentas, pues entre la cuarta y la quinta pasó de hacernos el amor a una sencilla y caliente follada. No alcancé a durar 10 minutos al ritmo frenético que ella misma impuso en ese apretado y depilado culo. Al fin, llené sus intestinos con mi semen y casi de inmediato fui reemplazado por un ávido Nacho.

    Sin dudarlo, Nacho penetró de una sola vez hasta el fondo, el dilatado culo de Sandra, quien respondió, empinándolo aún más y soltando un sentido quejido como asentimiento. Nacho juntó en la mano su pelo en una sensual cola de caballo, usándola como riendas para domar a una potranca bella y salvaje, jalando de él con cada embestida, obligando a la esposa de Eduardo a estirar su cabeza hacia atrás, arqueando la espalda en el proceso.

    Por varios minutos estuvieron así. De pronto, mi verga nuevamente comenzó a reaccionar por lo que fui directo a ubicarme debajo de Sandra con sus senos meneándose a centímetros de mi cara. Con mi boca chupaba con ganas sus dos pechos mientras poco a poco fui corriéndome hasta quedar con mis caderas entre las rodillas de Sandra.

    Posé mi mano sobre la de mi compa, quien de inmediato redujo el mete y saca de 100 a 0 los segundos suficientes para que Sandra se sentara e introdujera por el coño mi verga sin sacarse la de Nacho del culo. En cuanto estuvimos acoplados, iniciamos la follada lentamente primero, y en la medida en la que nos coordinábamos, fuimos aumentamos el ritmo progresivamente. No pasó mucho para follarnos como dementes, a dos pistones, a la caliente señora.

    Qué les puedo decir, la señora puritana, pero de coño porno, pasó de ser una esposa fiel y cartuchona a la puta de dos desconocidos. Sandra estaba siendo follada por dos vergas distintas, a todo ritmo por el culo y el coño y lo estaba gozando. El coño de esa mujer estaba diseñado para follar.

    Follamos los tres por poco más de una hora, tiempo durante el cual, Sandra, siempre mantuvo tapado dos agujeros y descubrió que si no dejábamos de estimularla después de un orgasmo, podía seguir follando casi de inmediato.

    Sandra: -acostada de espalda sobre el abdomen de Nacho quien le perforaba el culo y conmigo, encima de ella, entre sus separadas piernas, haciendo lo propio por su coño.- pendejos… me van a matar a polvos… acaben de una vez y déjenme descansar, por favor… ahhhhh…

    Nacho: no puedes venir a quejarte a estas alturas… o no Juaco?

    Yo: de verdad quieres que paremos… mírate, acabas de tener otro orgasmo y ya estás excitada de nuevo… nos detenemos, Sandra… o seguimos…?

    Sandra: ahhh… si… no… ol-ví-da-lo-o-o… no-o pa-a-aress…

    Poco más de 10 minutos más tarde, de pie con Sandra alzada entre los dos, Nacho por el coño y yo por el culo, en una salvaje follada donde ambos usábamos a esa mujer como un pedazo de carne, logramos alcanzar, al mismo tiempo, un intenso y extenso clímax.

    El reloj gritaba que las 2 de la tarde se habían cumplido y Sandra se desplomaba inconsciente sobre la cama, respirando profunda y prolongadamente. Dormía. Al notarlo, nos levantamos, la cubrimos y luego de ducharnos, nos fuimos. Tal como habíamos acordado, el esposo, nos llamó a las 3 de la tarde. Su esposa aún dormía.

    Le contamos todo lo que había pasado a lo que reaccionó muy satisfecho. Nos dijo, -yo voy a llegar como a las 8 de la tarde por lo que si pide más, ustedes le dan no más y luego arreglamos nosotros.- remató, -no, esperen… si la hacen feliz, les doy medio millón a cada uno, pero sea lo que sea que hagan, háganlo en la habitación.- y colgó.

    Si les gustó mi historia, les puedo contar, en otra ocasión lo que pasó el resto de ese inolvidable día. Solo les adelantaré que luego de colgar fuimos directo con nuestro supervisor, para solicitarle permiso por el resto de la tarde.

    Éste accedió solo porque le presentamos nuestros reemplazos. Recuerdo nos dijo al momento de firmar la autorización, que no nos pagaría el día. Con Nacho nos miramos y sonriendo, al unísono, nos encogimos de hombros para luego firmar.

    Como anécdota, en la liquidación de sueldo de ese mes dice que me descontaron la suma de 18.333 por una inasistencia, pero no dice que recibí, por follarme a una estupenda mujer madura, medio millón de pesos…

    Nacho: ya lo escuchaste, Juaco… se te ocurre algo?

    Yo: muchas cosas, pero comamos algo… pensar con hambre nunca me ha dado resultados…

  • Historia real

    Historia real

    Esta es una historia acerca de la experimentación del placer sin culpas, puede que analizada superficialmente parezca una historia con algunas filias sexuales: exhibicionismo, voyerismo, fetichismo y candaulismo.

    Pero si se analiza un poco más a fondo el relato, entonces se podrá ver que lo que subyace cómo elemento conductor y unificador de todas las acciones que ocurren, es en realidad la complicidad.

    Una complicidad que permite a los protagonistas de ésta historia, poder expandir los límites de la sensualidad, del erotismo y del placer, y así poder disfrutar intensamente y sin límites de su sexualidad.

    Espero que les agrade, e inspire!

    Sobre el plano fijo de una habitación, apareció una sensual mujer apenas vestida con una corta minifalda negra, tan corta que dejaba ver su perfecto culo y exhibía por completo sus hermosas y espectaculares piernas…

    La escena que se desarrollaba en un primer plano de la filmación contaba con un muy alto grado de contenido erótico, así como también una gran carga sexual…

    Quizás por no ser del todo explícita, no se pudiera llegar a considerar del todo como un filme pornográfico, pero una mujer montada a horcajadas sobre la cadera de un hombre tendido boca arriba, cabalgando su erecta virilidad y frotando su expuesta vulva sobre ésa rígida verga, tampoco se podía considerar sólo como un filme erótico…

    Además, la escena contenía también elementos muy francos y reconocibles de fetichismo sexual de pies femeninos y zapatillas de tacón alto…

    Está escena sexual fetichista mostraba a Star, encarnada y ataviada como una verdadera Diva Sexual Fetichista, en plena acción mientras le prodigaba placer sexual a su amante…

    Era evidente que ella también disfrutaba intensamente al prodigarle ésas candentes caricias al afortunado sujeto que estaba montando, que era uno de sus ex amantes, un apuesto joven conocido como el X-Man…

    Lo que probablemente no resultaba muy evidente al ver la primera escena de ése video, es que su amante actual Sir Arthur, también estuviera disfrutando muy intensamente de ése apasionado encuentro sexual, aunque fuera sólo como un espectador indirecto…

    Y quizás resultaría muy extraño al solo ver la escena, suponer que éste encuentro entre Star, y el X-Man, se había llevado a cabo por la petición expresa de su nuevo amante, Sir Arthur…

    Aún más extraño era, que Sir Arthur tuvo que insistir y presionar a Star para que aceptará volver a tener un encuentro sexual con el X-Man, y sobre todo, que insistió en que todo cuanto ocurriera en ése fogoso re encuentro, debía ser filmado en un video XXX…

    Una segunda escena, mostraba el close up de un primer plano del delicioso trasero de Star siendo penetrado profundamente por la rígida verga de su amante…

    Ésta segunda escena, mostraba acciones sexuales mucho más explícitas que la primera, y volvía a exhibir también elementos de fetichismo sexual de pies femeninos y zapatillas de tacón alto…

    Una tercera escena era muy específicamente de corte Fetichista, y mostraba un primer plano de la verga del X-Man frotándose sobre sus tersos y satinados pies calzados en unas muy sensuales zapatillas de acrílico transparentes de tacón alto, conocidas como Clear High Heels Mules…

    Finalmente, después de algunas escenas más con la misma temática fetichista, el desenlace ocurría con ella siendo bombeada muy profunda y frenéticamente por la verga de su amante, que termina eyaculando muy copiosamente sobre sus hermosas nalgas…

    La verga de Sir Arthur estaba completamente erecta, él disfrutaba muchísimo ser un espectador indirecto de ése muy tórrido encuentro sexual que había ocurrido entre la que era actualmente su amante, y uno de los ex amantes de ella…

    Lo que él había acabado de ver, y disfrutar con voyeurística excitación, no podía catalogarse como una infidelidad, ni sólo como una filia voyeurista, era en realidad toda una muy diferente dimensión de intenso placer…

    Él era un verdadero Candaulista, y con su verga palpitando al rojo vivo con una férrea y potente erección, se aproximó más a Star, que yacía a su lado viendo la grabación de la que era co protagonista…

    Star tomó la erecta verga de Sir Arthur en sus manos, y mientras se la llevaba a la boca para comenzar a darse un festín oral con ella, sonrió muy excitada y complacida…

    Nunca antes habría siquiera imaginado que tendría tanta suerte de tener a un par de amantes así, perfectamente complementarios y acoplados para hacerla estallar en intensos arrebatos de placer…

    Sintiendo una creciente sensación de calor y humedad latiendo en su vagina mientras lamía y succionaba la erecta y potente virilidad de Sir Arthur, ella suspendió por sólo unos segundos la excitante estimulación que le estaba prodigando…

    Con la voz más sensuales y seductora, le susurró al oído a su Macho Candaulista:

    -Vuelve a repetir el video!… Quiero verlo nuevamente mientras te mamo la verga!… Aaah!!!… Y quiero también verlo mientras me coges hasta hacerme venirme!!!… -Dijo Star entre gemidos de placer y pausas al volver a su excitante tarea de prodigar placer oral…

    Sir Arthur no contestó, al menos no lo hizo verbalmente, se limitó a tomar el control remoto del reproductor de video, accionó un botón, y las escenas volvieron a proyectarse en la pantalla…

    Star trató de decir algo referente al video, o quizás a la situación que se encontraban experimentando…

    -«Que rico!!!… Me encan… Aaaagh!!!… -Pero fue abruptamente silenciada por la verga de Sir Arthur, que como parte de su tácita respuesta, se la clavó muy profundamente por la boca hasta llegar a la garganta, y comenzó a bombearla así, siguiendo el mismo ritmo que observaba extasiado en la pantalla…

    Star.

    «Sensualidad a Cada Paso»

  • Curso de gerencia avanzada

    Curso de gerencia avanzada

    En oportunidad de mejorar la agestión de proyectos sociales, fui destinado a viajar a Buenos Aires, para realizar un curso de Avanzado de Gestión de Riesgo. Estaría 10 meses fuera de Venezuela en una de las mejores universidades de Argentina, la Universidad de Buenos Aires.

    Los cursos eran de media mañana a cerca del atardecer. En mi primera semana aprendí que el apartamento destinado para mi alojamiento pertenecía a una profesora venezolana en Argentina que se encontraba en Paris haciendo un doctorado, pero claro; estaba alquilado por el gobierno venezolano. La distancia de allí a la universidad son 15 manzanas, como el sector posee mucho movimiento, era entretenido caminar de ida y vuelta.

    El jueves de la primera semana, salí de clases y comencé la caminada a mi destino, cuando un Renault rojo, se detuvo al lado de la vía y el conductor me dijo,

    -Hola Santiago. –le miré y era el facilitador de administración de riesgo.

    -Hola -le respondí, y él me dijo

    -Ven, te daré un aventón –subí y le di las gracias.

    Conversamos sobre la U, Juan Pablo era un joven facilitador de 40 años, alto y delgado.

    Le conté sobre mi ubicación y en la soledad que vivía. Él me preguntó:

    -Crees que mañana después de curso, podamos subir y compartir un rato?, si es si; yo me encargo de traer lo necesario para pasarla bien, ¿de acuerdo?

    -De acuerdo, contesté.-descendí y subí al apartamento.

    A la tarde siguiente, no vi a Juan Pablo y decidí seguir mi camino.

    A media manzana caminando, escuché el claxon, rrrrrr. Miré y era Juan Pablo.

    -Venite Santiago. -entre al auto y él me explicó.

    -Perdoná la demora, tuve que buscar las cosas para el compartir y la diversión.

    -Descuida Juan. Vamos y sorpréndeme.

    Al llegar y salir del coche, Juan Pablo me dio unas cajas de cerveza, unas bolsas de papas y el llevaba dos botellas de vino y un maletín negro, como de médico, esos que parece bolsos de mujer pero con una base muy amplia.

    Puse el tocadiscos, servimos tragos, conversamos, reímos, contamos de nuestra vida, nuestro origen. La verdad que la mezcla de cervezas y vinos, me mareé prontamente, cuando Juan Pablo preguntó:

    -Quiero proponerte un juego, ¿aceptas?

    -Claro, ¿cómo es?

    -Verás, te debo poner esto en las muñecas –unió mis manos y me puso unas esposas cubiertas de terciopelo. Luego me puso unos antifaces cubiertos de la misma tela– ven acompáñame.

    Fui a ciegas, de pronto escuché y sentí como mis manos o las esposas que llevaba se unían a otro objeto metálico. Y ZAZ!!! Juan me empujó y caí sobre la cama, estaba sorprendido y no sabía que decir cuando, intente levantarme, pero mis manos estaban firmemente atadas y Juan Pablo dijo:

    -Debes tener calma, te aseguro que será placentero… -allí estaba yo, ebrio y sometido, Juan Pablo me dijo-

    -Debo quitarte el pantalón, quieras o no, te repito que te va a agradar. –seguido, levanto mi cintura, aflojó el cinturón y fui despojado de zapatos, pantalón y mi bóxer interior. Una pierna, tomada por el tobillo fue separada y noté que era asegurada a un extremo de la cama, al copete inferior. Luego la otra. Sin duda, Juan Pablo quería violarme, yo lo sabía y no podía oponerme, estaba aletargado, sentía la rabia de la situación, pero no podía expresarlo en ira, para defender mi integridad. Ahora me atemorizaba como haría Juan Pablo para evitar mi venganza, en algún momento yo dejaría de estar drogado, a menos que mi vida corriera peligro para silenciarme.

    Juan Pablo me hizo oler un perfume muy dulce, lo siguiente que sentí fueron sus manos subiendo por mis piernas, el subió a la cama y se encontraba frente a mis nalgas, sus manos llegaron a mis nalgas y comenzaron a acariciarme, se había colocado una crema en la manos, porque se sentía la diferencia de temperatura.

    Su masaje en mis nalgas fue seguido por la apertura de las mismas, y su aliento tibio, hundió su nariz y aspiro profundo, dijo:

    -Que rico Santiago, un culo de un maduro, virgen, sólo para mi, te haré desear más. -no dije nada… su lengua comenzó a lamerme y no podía negarlo, se sentía bien, rico.

    Tras una pausa, sentí que entre mis nalgas descendía a mi culo una crema, espesa, fría y coño!!! Comenzó a lamer de nuevo, se estaba comiendo mi culo con una crema, no sabía que era, pero sus suspiros y lamidas me aseguraban que él lo disfrutaba.

    Así me mantuvo, gozando con su lengua dentro de mi. Otra pausa y algo duro y delgado comenzaba a presionar mi hoyo. No fue difícil su entrada, me ardió, tras unos minutos, ese entrar y salir, me gustaba y comencé a gemir.

    -¿Te gusta Santiago? – no respondí.

    Una nueva pausa y ahora algo más grueso se abría paso dentro de mí, nojoda, me dolió, tan pronto entró, Juan dejó de empujar y lo mantuvo dentro, inmóvil. Luego lentamente, lo extrajo suave y antes de sacarlo lo volvió a empujar, suave, lento. Así me mantuvo en esa tortura y agonía, pero para nada era incómodo. Al fin lo retiró.

    Nuevamente me colocó crema y volvió a lamer y comer esa crema con mi culo.

    Pasó un momento y la cama chirrió por el movimiento de su cuerpo, sentí sus piernas tocando las mías. Y como su verga, su punta dura, subía y bajaba entre mis nalgas, Juan Pablo quería entrar en mi.

    Se tomó su tiempo, detuvo su vaivén y su glande presionó para abrirse paso dentro de mí. Apenas comenzó su entrada, el dolor era rudo, Juan no empujaba como loco, parecía un cirujano, con calma.

    Ya adentro, si, comenzó a entrar y salir, lentamente primero, aumentó la velocidad, hasta que era una carrera dura, profunda, ardiente. Cada empujón era más duro y más profundo, más rápido.

    Su clímax fue abundante, tibio y profundo. Sus manos apretaban mi cintura, de pronto se derrumbó sobre mi espalda, su piel desnuda sobre la mía se sentía especial, sentí que no era velludo, musculoso, si.

    No sé cuando ni como, me dormí.

    Al despertar, Juan Pablo no estaba, yo solo con mi camisa, desnudo y el culo, húmedo, acerqué mi mano y toqué mis nalgas, hurgué fuera de mi hoyo, había sustancia de Juan Pablo, con mis dedos extendidos traje todo lo que pude, la olí, y contra todo pronóstico, lamí y chupe mis dedos…

    ———

    a petición de mi amigo Juan Pablo