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  • Teniente del Ejército

    Teniente del Ejército

    Me llamo Elena de La Fuente, teniente del Ejército, servir a la patria siempre fue mi deseo, cuando era adolescente me encantaba mirar a los militares corriendo sudados y semidesnudos cerca de donde vivía. Fui observando aquellos cuerpos varoniles que me fui descubriendo como mujer. Ingresé al Ejército porque quería respirar aquella virilidad, aquellas hormonas masculinas que exhalaban de aquellos cuerpos, quería sentir el olor a sexo de una tropa.

    Hoy me levanté excitada, sintiendo el calor de la lujuria entre mis piernas, fui a trabajar. Llegué y los soldados estaban haciendo una formación ante nuestro comandante, un hombre maduro, bonito, alto, con rasgos deliciosamente varoniles. Cuando lo vi por primera vez, sentí el fuego que aquel hombre me causaba, mi corazón latía tan acelerado de deseo solo con imaginar aquellas manos fuertes tocándome.

    Fue en esa formación que nuestras miradas se cruzaron, sentí en ese momento que el fuego que me quemaba también lo quemaba a él. Solo por la mirada de deseo que él me lanzó, ya sentí que podría disfrutar allí mismo de tan intenso que fue.

    Estaba excitada desde que me desperté, y el pensamiento de tener sexo me acompañaba durante todo el día, fui a trabajar de esa manera, tenía mi rutina y ¡necesitaba concentrarme! Mi mente vagaba imaginado a aquellos soldados todos con sus falos erectos deseándome. Después de la finalización de la formación, un sargento me fue a llamar.

    “El comandante quiere hablar con usted.”

    No sabía con certeza cual era el asunto, pues él mantenía una postura muy cerrada, pero mi intuición de mujer sedienta ya comprendía el mensaje.

    Cuando entré en su despacho, me cuadré e hice el saludo militar y él me dijo que descanse, quedé en postura de descanso: piernas entreabiertas y las manos para atrás a la altura de mis glúteos. Él me miraba con ojos de lujuria, que devoraban mi cuerpo. Nuestras miradas se conectaron y sentí que él me deseaba locamente. Trancó su puerta, y llegó por detrás de mí, quedó muy próximo a mi cuerpo, yo con las manos para atrás pude sentir su volumen tocando mis manos, ¡él también me deseaba! Mi corazón latía fuerte, alimentando el fuego de la lujuria dentro de mí. Mi vagina comenzó a sentir un hormigueo y a quedar cada vez más caliente. Él respiraba próximo a mi oído, oliendo mi cuello él pegó su cuerpo al mío, bajó sus manos por mi uniforme, acariciando mí cuerpo hasta llegar a la mitad de mis piernas, me apretó contra su cuerpo, y yo pude sentir su pene queriendo salir de sus pantalones. Quedó así, acariciando mi coño por encima de mi uniforme, oliendo mi cuello, y diciendo a mi oído:

    “Te quiero follar”

    Fui cediendo al fuego que me quemaba, y comencé a acariciar su palo, me di la vuelta hacia él y ojos en los ojos fue nuestro diálogo, fue una señal de lo que nosotros dos queríamos hace mucho tiempo… sentir uno al otro.

    Él abrió mi chaqueta, sacó mi camiseta y muy despacio bajaba sus manos por mis senos duros, llenos de lascivia, él chupaba mi pezón con tanta fuerza, que en la medida que él chupaba, mi vagina quedaba cada vez más mojada, yo sentía que mi clítoris se endurecía y sentía un hormigueo. Descendió sus manos bajando mis pantalones y sintiendo el fluido que escurría por entre mis piernas. Me tiró boca abajo encima de su escritorio de comandante y con su boca y su lengua chupaba mi vagina que estaba pronta para ser penetrada. Sentí la delicia de aquel falo grueso y duro entrando en mí. Sin piedad él metía en mi concha húmeda como si quisiera meter todo su cuerpo, la excitación que tomaba cuenta de mi cuerpo era insoportablemente deliciosa, a cada inserción yo gemía de placer. Él metía por atrás en mi coño y lamía mi cuello como un vampiro queriendo devorarme y agarraba mis senos con fuerza. El olor de su aliento de hombre viril me excitaba cada vez más. Fue tan intensa su cogida que mi cuerpo se se puso rígido de placer y ¡tuve un orgasmo! Tan deliciosamente, con todo mi cuerpo en un escalofrío de excitación y placer.

    Él me dio la vuelta y quedamos frente a frente. En sus ojos pude ver la lujuria que yo causaba en él, miré a aquel falo palpitante de deseo y lo coloqué todo en mi boca suave, mojada y caliente, bajaba mi lengua hasta sus bolas, chupaba y lamía su pene duro de tanta tensión. Él gemía bajito de placer. Yo lo succionaba lentamente, saboreando su gusto, mi boca lo devoraba más y más y él gemía de tanto placer. Y fue con su palo entero en mi boca que él estalló de placer en mi garganta, gimiendo con su voz grave y excitante, su gozo escurría caliente, dulce y ácido y yo continuaba chupándolo, quería sorber hasta su última gota.

  • Reventaron a mi gordita (parte 1)

    Reventaron a mi gordita (parte 1)

    Hola, mi nombre para motivos de contar esta historia será Erik y a mi novia la llamaré Rosi, somos de Costa Rica, tenemos 14 años juntos y les prometo que esto es completamente real así que pueden masturbarse con la certeza de que todo lo que imaginen mientras leen realmente pasó. Estoy con ella desde que empezamos la carrera en la universidad mi novia mide 1,62 es blanca, pelo castaño y lacio, algo gordita pero sin panza, es digamos gordibuena, muy buena para ser sinceros, tiene unas tetitas pequeñas con el pezón rosado y grandes caderas, muy buen culo y unas piernotas.

    Cuando esto paso Rosi tenía 28 años y yo 31, siempre hemos tenido una vida sexual satisfactoria, yo siempre he disfrutado mucho sexualmente con ella por varias razones, pero principalmente porque ella es muy estrecha, el huequito de su vagina no se hace grande por más sexo que tengamos sigue siendo muy chico y porque ella es muy pero muy «lloroncita» por decirlo de alguna manera, gime muy rico y dice cosas que te ponen la mente a mil, ella siempre es una chica muy dulce y amable pero cuando tiene sexo esa forma de ser combinada con la excitación la convierten en la chica más sumisa y tierna que se puedan imaginar, en fin que cogérsela es una verdadera maravilla al menos en mi opinión.

    La historia que les voy a contar en este relato comienza porque me hice muy aficionado a los vídeos cuckold, me excitaban muchísimo y a veces antes de culearla veíamos videos, yo empecé a introducir esos vídeos cuckold poco a poco y hablarle de eso mientras lo hacíamos, a ella al principio le parecía raro y no me daba bola con el tema pero poco a poco fue cediendo y comenzó a dejarse llevar.

    Yo le decía que quiera que otro «mae» (persona, hombre así se dice en mi país es como wey en México) se la culeara frente a mi y eso la mojaba más pero siempre después de culear el tema quedaba ahí no más, incluso a veces me decía que no le hablara mucho de eso porque la excitaba mucho y yo nunca la iba a dejar hacerlo, entonces yo empecé a pensar seriamente en entregársela a otro mae pero no sabía exactamente como.

    Un día le pregunté exactamente con estas palabras «en verdad te dejarías que otro mae te reviente la panocha y que yo vea como lo hace»… Se puso roja de la pena pero vi que se calentó con la pregunta pero no me dijo nada, ya en la noche la excite lo suficiente para convencerla de masturbarse para mí que eso me encanta, haciéndolo ella abierta de piernas se estaba masturbando y mientras se venía y movía las caderas desesperada y me veía a la cara me dijo “si mi amor si, si quiero otra picha, deje que otro mae me la meta mi amor…”. Ufff jejeje eso me puso como loco y me la culee durísimo ese día.

    No pasó ni una semana y me di a la tarea de buscarle un mae en una página. A mi la picha me mide 15 cm y no la tengo delgada la verdad es bastante gruesa pero no me pregunten porque el morbo que yo tenía era buscar un mae que le reventara la vagina a Rosi, un mae con una picha mucho más grande que la mía, hablé con varios maes y he de confesar que les mostré fotos de mi novia en hilo, y hasta sin nada en 4 enseñando su panocha depilada, y se ponían como locos diciéndome que, que gordita tan rica que si yo estaba seguro que quería compartirla y bueno mil cosas más…

    No sé porque algo que siempre se repetía era que me decían que le querían chupar el culo, todas esas cosas me tenían a mi como loco super templado porque yo aunque si sentía celos estaba muy excitado y dispuesto a dejar que se la culearan.

    Al final escogí al tipo porque a mi novia le pareció guapo, era alto, atlético no era moreno pero si de piel bastante más oscura que mi novia, pero principalmente porque con todos los que hable él fue el más pervertido y más morboso y su picha media 19 cm me dijo y era muy gruesa.

    Al llegar el sábado de esa semana estaba todo planeado pero mi novia quería que fuéramos a tomar algo primero porque así si se arrepentía o el tipo le caía mal no teníamos que sacarlo de la casa sino simplemente le decíamos que no y listo.

    En fin llegó el sábado a las 9 de la noche nos vimos con él, se llama Gustavo por cierto y ese es su nombre real, fuimos a un bar en el centro de Heredia y ahí lo vimos, Rosi estaba muy nerviosa pero el tipo era simpático y se la supo ganar rápido la hizo reír, yo no me metía mucho en la conversación solo los dejaba hablar, al rato ella fue al baño y note como Gustavo se le quedaba viendo como poseído al culo de mi novia porque andaba puesto un pantalón blanco que le quedaba tan tallado que se veía clarísimo el hilo dental blanco de encaje y diminuto que tenía puesto, (no fue el único que la vio) muchos maes más se quedaron viendo también.

    Ya para ese momento yo sentía una sensación como entre nervios, celos y mucha excitación por lo que se podía venir, le dije al mae que cuando ella volviera el fuera al baño un minuto para hablar con ella y preguntarse si se daría algo o no, él se fue al baño y le pregunté a Rosi y me contestó, con una pregunta. “Ud. Que cree? Me tiene templada con esto hace meses y el mae me gusta”. Ahí sentí una excitación que no se describir de lo exageradamente excitado que estaba. Me apure a pagar, yo me tomé 3 cervezas, Gustavo 2 y Rosi se había tomado 3 tragos de vodka para agarrar valor me dijo después pero obviamente no estaba ebria solo caliente.

    Pedimos Uber porque no llevamos carro porque íbamos a tomar y nos fuimos para la casa, tengo que mencionar que siempre quisimos vivir lejos de la ciudad por eso vivimos en monte de la Cruz que es casi bosque como a 6 kilómetros de la ciudad, la casa más cercana está como a 300 metros de la nuestra, si no viviéramos ahí de seguro hubiéramos ido a un motel porque yo la conozco y se cómo se pone, pero bueno vivir así de alejados fue una gran ventaja ese día.

    Por fin llegamos, todo el viaje en silencio…

    Entramos a la casa nos sentamos en la sala y le dije a Rosi, amor este mae te estaba viendo el culo cuando fuiste al baño, la tomé de la mano la puse de pie de espaldas a Gustavo y le baje un poco el pantalón por detrás para que le viera el hilo de la tanga blanca en la piel también blanca de mi novia, una imagen lindísima eso… Ahí todo se puso muy muy caliente yo estaba actuando ya por la desesperación de ver lo que quería ver aunque tenía muchos celos también la templazon me podía y Gustavo dijo, “no puedo creer la gordita tan rica que me voy a comer”, le voltee a ver la cara a Rosi y lejos de ofenderse se le notaba que le gustaba, de hecho en ese momento ella me abrazo y me besó como 20 segundos pero yo le dije, “no mi amor yo me la como siempre hoy Ud. es de él”.

    Me senté en el sillón y Gustavo de puso de pie y la empezó a tocar y besar el cuello por detrás, ella al principio no le respondía pero a los segundos se dio vuelta y empezaron a besarse como su tuvieran hambre y en ese momento salió el Gustavo que había conocido yo por mensajes, empezó a ser el pervertido que yo quería ver culearse a mi mujer.

    Me acuerdo casi perfectamente de todo lo que le decía… Que como se ocurría ponerse ese hilo que ella lo que quería era que se la culearan; que si ella sabía la pichota que se iba a comer?; que si sabía la bronca en la que se había metido?; que la iba a hacer gritar como putita…

    Y la Rosi entre besos y toqueteos gemía ya un poco porque a ella le excita mucho que le hablen así, a veces me volteaba a ver con cara de templada perdida y seguían besándose, él le bajo el pantalón la sentó en el sofá y se lo quito por completo el igual la blusa, la dejo solo en el hilo y el bra, sentados en el sillón le quitó el bra y se le comenzó a comer las tetitas y ella empezó a gemir ya más fuerte y yo super templado ya me estaba masturbando.

    En eso él se desviste pero del todo y bueno, yo lo había visto en una foto pero en persona es distinto, Rosi no había visto nada de eso aún y la verdad 19 mínimo si le mide al cabrón. A mi me sorprendió ver qué Rosi se asustó pero como por 5 segundos y después se fue directo a mamarle la picha como la puta más puta del mundo y ahí fue cuando ella entró ya en el punto de excitación que no tiene vuelta atrás y me decía, esto quería? Verme así? Mamando picha-vea que pichota que me van a meter -uy que picha más rica…

    La agarraba con las dos manos y me veía a mi como haciéndose la perrita mala, la chupaba como nunca la había visto y le decía a Gustavo ay que pichota -que pichota tan grande. Él le decía que la iba a hacer llorar y ella gemía de solo oír eso jajaja eso era una gozada la verdad estar viendo y escuchando todo eso, él la puso de pie y luego de 4 en el sillón le bajo el hilo e hizo lo que me había prometido, empezó a mamarle el culo a mi Rosi como loco y ella se dejaba hacer mientras gemía y pedía picha empezó a masturbarse mientras el mae le mamaba el culo así estuvieron como 5 minutos y luego él se sentó a la par mía al frente a verla masturbarse también y le decía que se viniera si quería verga, “tiene que regarse putita si quiere mi picha” y ella al oír eso pues se vino y gemía y decía ay ay ay quiero tu picha quiero tu picha.

    Luego de semejante show se fueron al cuarto la acostó en la cama le abrió las piernas y la besaba y le hablaba al oído yo no podía oír nada porque estaba como a 5 metros pero así abierta de piernas para otro con su pene rozándole el clítoris se besaban suave y rico como enamorados, murmuraban y seguían besándose con pasión, me acerque la puerta del cuarto justo cuando Rosi le decía, suavecito que su picha es muy grande…

    Ella tiene algo muy excitante en mi opinión y es que cuando se la metes dice cosas como “ay ay no no déjeme ya ya ay mi panochita” pero en realidad lo dice porque no puede evitarlo se pone en planes sumisos muy pervertidos jaja pero quiere que se la sigan metiendo. Yo estaba esperando oír eso maximizado con ese pene enorme.

    Entré al cuarto me senté cerca como a un metro y ellos hablando como si yo no estuviera, ella con sus brazos en su nuca besándolo abierta de piernas para él. Y el preguntándole “quiere picha putita?” Y ella asentía con la cabeza y lo besaba. “Quiere picha gordita rica?” Y ella asentía con la cabeza y lo besaba. “Quiere mi pichota? Quiere una picha de verdad? Quiere que la reviente?” Y ella sin importarle que yo estaba ahí le decía “métamela métamela quiero su picha ya” y el mae me volvió a ver a mi, se rio un poco y le dijo a Rosi que si quería picha tenía que decir que la tenía más rica que la de su novio y ella sin dudarlo ni un segundo le dijo “siii su picha es mas rica su picha es mas ricaaa”.

    En ese momento el hijueputa de Gustavo se la clavó lo más que pudo le entró como la mitad y Rosi empezó a pagar gritos… Más que nunca. “ay que pichota ay que pichota… Que rico… No no… Ya ya… Ay ay… Ay mi huequito ay mi panochita… Ay mi amor me están culeando… Culeeme culeeme ay suavecito, que rico ayy ayyy, mi amor me están metiendo una pichota, soy una puta soy una puta”. (tengo grabado ese audio aun).

    En ese momento me vine yo de la excitación ya no pude aguantar, mientras Gustavo poco a poco le iba abriendo la vagina a mi novia y le entraba casi toda ya. Y ahí paso algo que nunca había visto porque Rosi siempre se viene solo masturbándose ya sea que la esté penetrando o no pero cuando tenía 3/4 de esa verga grande y gorda adentro empezó casi que a convulsionar y a regarse o venirse como sea que le digan Uds. Y gritaba “Aaaay” medio gemía y lloriqueaba de placer y se besaba con el Gustavo ese mientras con sus manos intentaba como apartarlo porque no soportaba tan fuerte orgasmo y el cabrón más duro le daba y le decía “tome picha putita, tome picha gordita puta, tome picha gordita rica. Eso querías verdad puta? Que te viera tu novio bien culiada!!! Dígale que es mía, diga que ama mi picha”.

    La muy puta no solo lo dijo sino que lo dijo peor o mejor… Opinen Uds… “soy suya soy suya soy su putita, amo tu pichota amo tu piichota” y ahí en ese momento yo vi claramente como el tipo este empujó lo más que pudo su verga dentro de ella y ella al sentirlo lo trajo a su boca porque sentía que se venía de nuevo y quería venirse gimiendo mientras lo besaba. Ahí estaba yo viendo como le había sacado 2 orgasmos seguidos en menos de 1 minuto.

    Así pasaron como 10 minutos pero después del tercer orgasmo de Rosi la puso en 4 y empezó a reventarla más duro y le metía un dedo en el culo y ella se dejaba sin reclamar cosa que a mi a veces me decía que no porque le dolía o que se lo metiera muy suave con lubricante pues al tipo este lo dejo meterle el dedo entero, todo y se lo metía y se lo sacaba al ritmo que le metía la verga, yo me senté en la cama porque quería besarla pero termine acostándome quedando mi cara bajo la de Rosi y ella me besaba a como podía porque también gritaba y decía cosas mientras un completo desconocido le reventaba la vagina y el culo con el dedo, yo la besaba después de que ella le había mamado la verga y lo había besado a él, pero más que besarla la estaba consolando “tranquila mi amor si quiere gritar grite que aquí nadie la va a oír” le dije y ella… “ay qué rico que rico soy una puta mi amor soy una puta” decía por la semejante reventada que le estaban dando, no hay morbo mayor que ver a tu novia, mujer, esposa lo que sea, en 4 siendo reventada por un tipo y besándote como buscado tu aprobación y consuelo a la culiada que le están pegando.

    Mi novia, mi mujercita gordita y linda se vino 7 veces en media hora 3 de misionero y 4 en 4 nunca mejor dicho, las últimas 2 veces que se vino estando en 4 yo estaba sentado en la cama yo le hablaba a un oído y Gustavo al otro la volvimos reloca la verdad. Yo le decía que era una puta por dejarse meter la picha de un desconocido y que le estaban metiendo un dedo en el culo que si seguía así también le iba a reventar el culo ese tipo, y cuando yo me callaba Gustavo le decía al otro oído que dijera que ella era de él y que ahora iba a a ser su putita.

    Y bueno pues ella al estar expuesta a tantos estímulos esos últimos dos órganos con la picha de Gustavo adentro ya toda que no sé ni cómo le entraba… Mientras le decíamos cochinadas a bueno y el dedo en el culo hizo que se viniera y pegará gritos pero muy fuertes que yo creo que si alguien más que nosotros la hubiera escuchado pensaría que la estaba matando, bueno talvez no porque gritaba “ayyy soy una putaaa soy una putaaa que rica picha mi amor”. Que al final ya no sabía si ella le decía mi amor a él o a mí, pero no me importaba yo también me vine como 3 veces jeje por cierto en ese último orgasmo de ella se vino él también jadeando como animal le tiró toda la leche en la cara que por cierto tengo la foto de eso que me sirve para jalármela cuando estoy solo.

    Ella nunca se toma la leche pues adivinen la de este tipo se la trago y hasta le succionaba la picha para sacarle más. Se quedaron ahí en la cama yo me fui al patio a fumarme un cigarro ya eran como la 1 am después de fumar me fui por afuera del cuarto a espiar por la ventana por entre las cortinas podía ver bien quería ver cómo actuaban sin mi, vi a mi novia de espaldas en el lavamanos lavándose los dientes se había puesto el hilo de nuevo y estaban recostados conversando.

    Yo escuchaba mejor lo que él decía porque habla más fuerte pero a ella con dificultad él le estaba diciendo que nunca se había culeado una mujer tan estrecha y que estaba muy rica y que quería seguirla viendo y ella se reía y algo le diría, pero no escuché porque la muy puta le hablaba bajito y al oído, así estuvieron como 10 minutos hasta que la comenzó a tocar y decirle otra vez cosas sucias mientras le chupaba las tetitas y para mi sorpresa ella quería más aún porque se abrió de piernas se quitó de nuevo la tanga hilo y se puso a masturbarse mientras él la chupaba por todo lados y le decía cosas y escuché claramente como él le seguía diciendo gordita rica y es raro que eso la excite tanto, pero se masturbaba mientras él le decía eso y se vino.

    No sé si ellos sabían que yo estaba viendo por la ventana, pero a mí me daba igual todo era muy excitante.

    Si quieren que les siga contando déjenmelo saber.

  • Amiga de un extraño

    Amiga de un extraño

    Y así la vida pasa, y nos encontramos a personas al azar o al menos eso creemos. Yo no estaba buscando a nadie y sé que él tampoco estaba buscando a nadie, buscaba un lugar pero nada más.

    Estaba sentada en la mesita de la esquina como lo hacía todos los viernes al salir de labores, leyendo el libro de turno, bebiendo dependiendo del humor, café, té, cerveza o ron.

    Al caer la noche él se acercó a mí, de todas las personas fue a mí. Tocó mi hombro y ambos sentimos el toque de electricidad, «disculpa, no quería interrumpir» me dijo, «me puedes ayudar con esta dirección, creo que me he perdido».

    Entonces subí la mirada y ahí estaba, un par de ojos preciosos, con los últimos rayos del sol que caían tenían un brillo particular y me perdí en ellos. Él sonrió y me volvió a preguntar si le podía ayudar.

    Pensé, «que vergüenza» , cómo me pude quedar viendo cual imbécil. Vi el papel y le guíe lo mejor que pude. Mientras lo veía más cerca vi sus manos, se veían duras pero a la vez delicadas, firmes pero tiernas.

    Después me agradeció, sonrió y se fue hacia donde le había guiado… Y pensé, que extraña es la vida, al presentarte a personas con las que nunca más vas a coincidir.

    A la siguiente semana, en el mismo lugar y a una hora similar, nuevamente me tocaron el hombro y volví a sentir la electricidad, volteé a ver y era él, quien al verme sonrió y me dijo que me había visto del otro lado de la calle y decidió cruzarse para agradecerme lo del otro día. Me preguntó que bebía y si podía acompañarme.

    Lo pensé como medio segundo y dije «sí claro», no sabía su nombre ni él el mío, pero no sentía que fuera necesario saberlo. Lo vi viéndome en el reflejo de la ventana y comencé la conversación normal y común, a qué se dedicaba, a que uni iba, de dónde era y demás cosas. Hasta el tema sentimental, ahí paró y me dijo que justo iba a verse con una chica pero que era algo incierto, no se sentía cómodo pero la costumbre era difícil de romper.

    Le dije que lo entendía perfectamente, ya que yo ahí sola en verdad no estaba sola. No llevaba el anillo porque desde el segundo año de casados lo perdí y nunca pensé reponerlo. Y así nos adentramos en un territorio nuevo, cuando sentí ya eran mucho más de las 10 pm y debía volver a casa, él y yo teníamos varias llamadas perdidas. No sentimos el tiempo y no nos importó.

    Me preguntó si podríamos encontrarnos a charlar nuevamente y claramente dije sí, a la siguiente semana llegué al restaurante y él ya me esperaba, supe que puso atención ya que tenía 4 opciones en la mesa, café, té, cerveza y ron. Lo vi y sonreí, él me preguntó «qué día fue hoy?» le dije «Ron» .

    Comenzamos a beber despacio, charlando y al par de horas sentía como poco a poco se humedecía mi ropa interior… Ese día en particular llevaba falda con un pijazo que dejaba descubierta una de mis piernas, mi ropa interior era casi nula, un inútil hilo que era más simbólico que lo que cubría.

    Pensé, «no me puedo excitar solamente al hablar con alguien» pero esto no era sólo hablar, él estaba llegando a lugares que no esperaba. Decía las frases correctas como si me conociera, que absurdo, obviamente no me conocía.

    Nuevamente dieron las 10, los dos lo vimos y luego nos vimos y decidimos ignorar y seguir. El tiempo caminaba demasiado rápido. Y eran las 11.40 pm él preguntó si me podía acompañar y le dije sí. Ese día no llevaba auto, así que Uber o taxi, él dijo taxi. No lo entendí hasta mucho después, nos subimos y dentro del auto su mano rozó la mía, me vio y dijo «disculpa» esa palabra detonó otra corriente de electricidad en mí y nuevamente sentí lo húmeda que estaba.

    Quitó su mano y yo me acerque a él, abrí mi falda en la abertura de mi pierna y abrí las piernas. Le pregunté en lo bajo, «creo que tengo una situación acá abajo, me ayudas?».

    Él me vio como no creyendo lo que estaba diciendo, y con mis ojos le reafirmé lo que ya le había pedido, acercó su mano a mi pierna y sentí que estaba fría, nuevamente me dijo «disculpa» y le tomé la mano y la moví a mi pierna descubierta.

    Él lentamente fue rozando mi pierna hasta que bajó por mi rodilla, al llegar ahí la empujó de manera suave pero firme, a lo que yo respondí y me abrí más. Sentía como su mano pasó por la parte interna de mi pierna hasta llegar cerca de la entrada de mi vagina y clítoris, sentía un calor indescriptible y logré verlo al humedecer sus labios.

    Al llegar a este punto me vio como pidiendo permiso para introducir sus dedos en mí, a lo que yo con una mirada dije sí.

    Entonces pensé… Tiene dos opciones, entra a la fuerza en mi o lo hace lentamente. Mucho de lo que él hiciera iba a dictar el camino de esto…

    Vi que vaciló al mover sus dedos dentro de mí, la calle tampoco ayudaba, demasiados baches y movimientos involuntarios, pero se concentró y de manera suave hizo un masaje con su pulgar en los labios de mi vagina, eso mando todas las señales correctas a mi cerebro. Estaba lista para lo que fuera.

    Después de esto, se percató que apenas llevaba algo ahí abajo y sonrió, no conmigo, pero si de mi. Lo movió a un lado y puso sus dedos índice y medio en mis labios de la boca, la abrió lento e hizo que con mi lengua los mojara, esto, esto me detonó.

    Después de haberlos mojado los introdujo en mi vagina y en mi clítoris comenzó a masajearlo, nuevamente los saco y ahora él los mojó con su lengua y los volvió a introducir en mi.

    El éxtasis que sentí fue demasiado, sentía que una energía me recorría la columna y solo quería que me tomara como quisiera ahí en ese momento.

    Con la otra mano comenzó a rozar mis pezones encima de mi ropa. Siendo honestos, lo único que yo quería era que me arrancara la ropa, pero claro, como olvidarlo íbamos en un taxi.

    Creo que un gemido escapó de mí, porque en ese momento el taxista nos vio a través del retrovisor, pero ambos estábamos cerca, con ropa y sin ninguna seña de algo indebido. Estábamos juntos uno al otro, recostaba mi cabeza sobre su hombro izquierdo y él su cabeza sobre la mía.

    Creo que ambos sentimos el camino eterno, pero finalmente llegamos a nuestro destino.

    Bajó y tomó mi mano para bajar, hacía demasiado tiempo que alguien no hacía eso por mí…

    Abrió la puerta y me dejó entrar, nos quitamos los zapatos y continuamos a un pasillo corto donde había alfombra en la mayor parte del apartamento.

    Colocó un poco de música, y para mi sorpresa era un cantante del cual guardaba gratos recuerdos, Aute.

    Las luces de la sala eran tenues, me preguntó si quería una copa de vino, cerveza o algo más. Acepté la copa de vino, y nos sentamos en el sillón de la sala, creo que dimos uno o dos sorbos y comenzamos a besarnos.

    Los besos eran una mezcla entre deseo, cariño, locura, pasión. Tomó mi cabello en sus manos y lo besó, después de eso, sujetándolo me acercó a él y lamió desde mi cuello hasta mi oreja. Se acercó a mí oído y me preguntó «lo quieres mamar?» yo asentí con la cabeza. Y lentamente me coloqué de rodillas frente a él, él seguía sentado y sujetando mi cabello.

    Desabotoné su pantalón y pude ver como su verga sobresalía de su ropa, podía verlo duro, excitado y también húmedo. Lo saqué con mis manos y estaba enorme, duro y listo para mi. Puse mi mirada arriba sobre sus ojos antes de besar la punta de su verga, supe que eso le gustó porque soltó un gemido que fue totalmente involuntario y parte del momento.

    Después de besar la punta comencé a introducirlo en mi boca, una y otra vez, él no dejaba de sujetarme por el cabello, no con fuerza pero con la necesaria para tomarme mientras le mamaba la verga, la sentía muy dentro de mi garganta, y sentía como se ponía más y más dura dentro de mi boca.

    Entre mamada y mamada subía la mirada, quería ver como lo disfrutaba, ni siquiera estaba segura que lo disfrutara, pero cada vez que lo veía sus ojos no mentían, lo disfrutaba tanto o más que yo.

    No sé cuánto tiempo estuve arrodillada, el tiempo es efímero cuando estás en ese trance sexual delicioso.

    Al cabo de un buen tiempo él me levantó, permaneció sentado y con sus manos movió mi hilo por un lado, introdujo sus dos dedos como lo hizo en el carro y aparte pudo sentir como lo mojada que estaba me corría por ambas piernas.

    Después de correrlo me preguntó, «te quieres sentar?» a lo que contesté «sí por favor», en ese momento me tomó por las caderas y me acercó hacia él, abrí mis piernas y de frente a él me senté sobre su enorme, caliente y mojada verga.

    Lo deseaba, él lo deseaba y comencé a hacer movimientos continuos adelante, atrás, a un lado, al otro, arriba, abajo.

    Él abrió mi blusa de un sólo y quedó al descubierto mi brasier, el cual apenas podía contener mis senos. Yo no dejaba de moverme y él bajó el brasier, descubriendo por completo mis C, al quedarse sin soporte rebotaban en todas direcciones con los movimientos que hacíamos.

    Los tomó con ambas manos e hizo movimientos circulares alrededor de mis pezones, no los tocó a la primera como muchos hubieran hecho, entonces supe que no había prisa, que era para un deleite mutuo.

    Luego humedeció sus dedos en mi boca y continuó haciendo los movimientos circulares alrededor de los pezones, esto me había excitado demasiado, su verga, sus manos, sus ojos, sus labios, sus brazos, su lengua, todo de él me excitaba. Después se acercó a mis pechos y pensé que se los iba a comer de una sola vez, en cambio comenzó a mover su lengua arriba y abajo sobre ellos, casi como pintando con su lengua sobre mí.

    Esto claramente me había excitado demasiado y él lo notó, en mis gemidos, en mi mirada, en la forma en la que arqueaba mi espalda y como me movía sobre él.

    Después de esto, mordió ambos lados de mis pechos, pero no de una manera violenta, casi como con un sutil cariño. Y después con su mano derecha tomó mi pecho izquierdo, me vio y lo vi casi como autorizando. Existía entre nosotros un respeto tácito, casi transparente pero eso permitía que hiciéramos todo lo que el otro quisiera, rozando la línea del autoritarismo y del consentimiento.

    Después de esto lo metió a la boca, no cupo entero pero fue un buen intento, y como un niño comenzó a mamarlo, lo sentí tan rico que mis movimientos sobre su verga aceleraron su paso, estaba demasiado excitada y podía sentir pequeñas explosiones dentro de mí, como fuegos artificiales que no podía controlar. Sabía que esto era el cielo, y que no quería bajar de él, literal.

    Debido a los movimientos y la aceleración pude ver como sus músculos se tensaron, su respiración fue más rápida y fuerte, sus gemidos aumentaron y lo sabía con sentirlo, su verga estaba casi lista para explotar dentro de mí.

    Al sentir esto y oírlo supe que ya quería acabar pero estaba haciendo todo lo posible por no hacerlo, acerqué mis labios a su oído y le dije «lléname toda» después de escuchar esto me tomó por las caderas y me impulsó a que mis movimientos fueran más rápidos y fuertes sobre su verga.

    Al cabo de unos minutos pude sentir esa gran explosión, soltó un gemido y apretó sus manos sobre mis nalgas, del cual me tenía sujetada, al sentir esto no pude contenerme más y me solté, bien dice la expresión que todo lo que sube debe de caer.

    Y sí, después de que su leche llenó el interior de mi vagina por completo, mi propia excitación lo sacó al acabar yo también, aún sobre él, no acabé por completo y él lo supo. Puso su mano sobre mi cuello y me dijo «sácalo todo» al escucharlo y su mano en mi cuello detonaron en mi nuevamente los fuegos artificiales, así que con dos movimientos sobre su verga acabé.

    Si me preguntan, no tengo idea cuanto tiempo duró nada, no sabía si era de noche, de día o en que día estaba. Lo único que sabía era que ese hombre y yo fusionamos nuestras almas durante ese tiempo.

    Obviamente habíamos hecho un verdadero desmadre, la alfombra alojaba los fluidos de ambos, el sillón también era testigo de la pasión que hubo. Y me levanté con cuidado, le dije que disculpara, sabía que de los dos yo era la que más desastre había dejado. Él me vio, casi con ternura me dijo «esto no es nada que me preocupe, es la señal de que lo disfrutaste y con eso tengo suficiente».

    Al terminar, pidió el taxi para mi casa, nos despedimos con beso tierno en la mejilla y me alejé de ahí, más sonriente que nunca. Ahora me pregunto, ¿qué haremos la próxima semana…?

  • La Gloria de las tetas

    La Gloria de las tetas

    Fue en el último año de colegio cuando todos cumplirían 18, pero yo ya tenía 19 puesto que cuando era pequeño tuve algunas complicaciones con el oído. A pesar de la edad yo era un chico muy tímido y reservado, eso sí, era responsable y muy caballeroso.

    Cómo era evidente fui a parar al salón de orientación pues no era nada normal que un chico de 19 años fuera tan cohibido por ahí. Por aquel entonces, la profesora de orientación era una mujer de unos 43 años, no tenía un rostro muy afable ni un gran culo que sustentará la teoría de que las mujeres de cierta estatura suelen tener un gran trasero. No era el caso de ella, pero lo que sí tenía eran unas tetotas tan parecían operadas. Por cierto, y se me estaba olvidando se llamaba Gloria. La misma Gloria que luego llegaría a conocer más profundamente.

    Todas las semanas asistía a sesiones que duraban alrededor de dos horas todas con el objetivo de que yo dejara de ser aquel chico tímido y en ocasiones retraído. En un principio mis padres no estaban de acuerdo con que yo asistiera a estas sesiones pues consideraban que yo mejoraría con el tiempo a medida que iba creciendo. Pero la profesora los convenció de que era necesario. Ella hacía todo lo posible para que yo mostrara mejorías, charlábamos sobre temas de diversa índole e incluso llegamos a practicar algunas dinámicas. Pero nada yo seguía exactamente igual hasta que un día me llamó en cierto tono molesta y me dijo:

    -Ya no sé qué hacer contigo tendré que hablar con tus padres mañana urgentemente.

    Al día siguiente hablaron y quedaron en que aumentarían las horas de sesión a la semana.

    Para lo que no hubo problemas pues la semana que venía era la semana de giras académicas por lo que la escuela iba a estar prácticamente vacía, a excepción de las trabajadoras manuales y la secretaria. Esta última tuvimos un incidente que más adelante les revelaré.

    Para aquella semana mis padres se decidieron irse a pasar unos días de vacaciones. Por lo que me quedaba solo dueño de casa considerando que ya tenía 19 años y podía estar a cargo de la casa. Además de que no tendría la obligación de llegar temprano como nadie me esperaba.

    El viernes anterior a esa semana comenzamos a ver películas motivacionales por lo que tuve que llevar mi computadora, ya que la de la profesora estaba en reparaciones. Ella me dijo que se quedaría con ella para descargar otras películas a lo que acepté sin más.

    El lunes cuando llegué al colegio los buses ya habían partido y la escuela parecía una escuela fantasma sin el bullicio acostumbrado. Caminando por el pasillo me encontré con la secretaria, su nombre era Sheyla y era una mujer de baja estatura con senos de gran tamaño y una cintura que daba realce a un culito no de grandes proporciones, pero sí que debía estar rico.

    Tan tímido y callado pero en el fondo era un pervertido, pero eso nadie lo sabía o al menos hasta ese día. Le pregunté a la secretaria si la profesora Gloria había llegado a lo que respondió que sí, que ya tenía rato de estar en su salón de orientación.

    Me dirigí enseguida y pude ver que la puerta estaba media abierta y que las luces estaban apagadas. Supuse que veríamos una película cuando de repente escucho su voz que me dice que pase y cierre la puerta. Además de eso que encendiera las luces y tomara asiento. A todo esto yo no sabía en donde estaba. Para mi sorpresa cuando enciendo las luces contemplo lo que para mí era un sueño. La profe Gloria tenía sus pechos al aire y confirmaba la teoría aquellos pechos eran operados, pero no por eso dejaban de ser unas tetotas que de haber vivido en la época de los dioses a ella la habrían adorado de la misma manera en que yo estaba embelesado mientras una adrenalina recorría mi cuerpo y mi verga comenzaba a templarse de moda que pronto se me notaría. Estaba congelado y a la vez ardiendo.

    Cuando me dijo:

    -Así que esto es lo que te gusta?

    -No sé a qué se refiere. Contesté.

    -Quién te ve tan tímido y ¡eres un pervertido! -Me dijo

    -¿De qué habla? -pregunté.

    No me respondió sino que giró la pantalla del computador y me mostró la carpeta llena de vídeos XXX que tenía.

    -Es más voy a decirle a tus padres lo que en realidad eres.

    Le supliqué que no lo hiciera que yo era un chico bueno. Estaba decidida, pero le rogué hasta que me dijo que no lo haría. Sentí un alivio interior.

    -Pero con una condición. Necesito que hagas algo por mí.

    -Sí, claro lo que usted diga. -Respondí

    -Bájate los pantalones. -me dijo-. Quiero que me des tu verga

    -Qué dice. -Le contesté.

    -Quiero ver cómo lo tienes. -Mientras se abalanzó sobre mí tirándome sobre la silla.

    Comenzó a quitarme los pantalones y el calzoncillo dejando descubierta mi verga que ahora entre sus manos que la frotaban con cierta presión.

    -La tienes negra de tanto pajearte. ¿Verdad?

    Sí, le contesté. A la vez que impulsado por instinto endemoniado me levanté buscando sus pechos y le rasgué la blusa y comencé a mamar los pezones de sus tetotas mientras que mi polla se iba endureciendo en su totalidad. Hasta que le bajé los pantalones y el pantie. Estaba como la imaginaba durante mis pajas. Se levantó y buscó en su bolso con desesperación. Hasta que lo encontró era una botella de aceite.

    Se colocó inclinada sobre el escritorio y yo cómo por imán le pegué mi verga y se la froté en la raja.

    -Quiero que me la metas por el culo.

    Yo bien caliente se la metí hasta que pegó un brinco acompañado de un gemido mientras le chorreaba el aceite. Ya no podía aguantar más así que comencé.

    Mi verga comenzó a h.undirse en las profundidades de su culo y ella comenzó a gemir

    -Ah… ah sí

    -Oh… oh… sí, papi. Eres como un toro

    En ese momento con mis manos libres comencé a agarrar sus tetas que estaban duras como una piedra. Aumenté la intensidad y pude sentir como apretaba su culo hasta sentir la estrechez de aquel culo tan acogedor. Poco después sólo éramos oleadas de calor hasta naufragar, sí porqué mi verga ya se había perdido en aquel mar de placer.

    Pronto saldrían las estrellas y el cielo cuando comencé a verlas apreté sus tetotas y aumenté el ritmo cómo si no hubiera un mañana comencé a verlas más de cerca mientras que ella gemía y decía toda clase de improperios:

    -Oh, sí papi, destrózame el culito. Llénamelo de leche

    -oh, sí esto es tuyo. Dame más, dame más duro. Oh… sí. Esperaba más de ti.

    Al oír esas palabras me enfurecí.

    Apoyé mis piernas como un toro y le agarré las tetas mientras mi verga ya en el descontrol impactaba violentamente contra su culo. Empapados en sudor el placer incrementaba a unos niveles indetenibles hasta llegar a la Gloria en forma de chorros de leche caliente. Su culo escupía leche y más leche cómo qué de seguir así llegaría a ser un gran semental.

    Aunque faltaban un par de meses para que terminara el año escolar ya yo había alcanzado la Gloria. Sí, la Gloria de las Tetas porque eso no terminó fue solo el inicio de una historia de lo más caliente.

  • La vida es un carrusel (capítulo dieciséis)

    La vida es un carrusel (capítulo dieciséis)

    Salí huyendo de casa del hermano de Coque, tratando de poner distancia entre ellos. Yo deseaba que Coque hubiera salido detrás de mí, alcanzándome y convenciéndome regresar pero no logró hacerlo o no habrá salido. No lo supe porque salí como una bala y girando a diestra y siniestra para que no me viera. No me importaba caminar más o alejarme de la parada de guagua. Me daba lo mismo. Al doblar una esquina, di de narices con una guagua que paraba en la parada y me metí sin pensarlo dos veces y sin siquiera saber adónde iba la misma.

    Me bajé en La Habana Vieja y por casualidad vi que me había bajado casi en la puerta de aquella casa donde había estado con Ramiro cierta vez y se me ocurrió que podía meterme allí. Claro que no era tan ingenuo como para tratar de ir a tocar a la puerta, busqué un teléfono público y llamé a Ramiro, le conté un poco de algo y le dije que estaba allí, en los bajos de aquella casa y que me gustaría entrar de nuevo. Me contestó que le diera unos minutos y que lo volviera a llamar. Me di un paseo, compré un helado y regresé para llamar.

    – ¡Oye, esto me lo tendrás que agradecer! – me dijo con sorna.

    – Ya sabes que soy muy agradecido. – le respondí.

    – ¡Mira, quédate ahí al lado del teléfono! Llamo ahora de nuevo y alguien irá a buscarte. Ya les hablé de ti, así que entras con buena recomendación…, ah, no me des las gracias y agradécemelo ya sabes cómo.

    – ¡Bien, papo, te llamo!

    – ¡Bueno, nene, ya cuelgo y llamo! ¡Qué te den por donde te gusta! – fue la despedida que me dio.

    No esperé mucho tiempo, vino un hombre mayor, calvo y bigotón que me preguntó si yo era el amiguito de Ramiro, me llamó la atención que habló sin que se cayera el cigarrillo de los labios. Subimos las escaleras sin que mediara palabra entre nosotros, en la entrada estaba el dueño, lo recuerdo por lo amanerado que era. Vino y me dio un beso, le dio las gracias al que me trajo y apartando la cortina entramos en la sala.

    – ¡Oye, maricón, que te habías perdido! Pero lo mejor es que ya conoces el camino, ya te daré mi teléfono para que estés en comunicación directa conmigo. – yo sonreí acertando. – Eso sí, me gustaría tener alguna manera de localizarte porque ya sabes, esto aquí a veces es por rachas.

    Yo miraba alrededor, había gente, algunos se besaban y manoseaban, otros conversaban simplemente.

    – ¡Mira, éste es Andreas, un italiano que parla un poco de espangolo! -dijo con gracia y nos dejó. – Bueno, ya sabes…

    Andreas era un tipo alto, bastante fuerte aunque tenía su panza, llevaba un bigote que ya blanqueaba de las canas.

    – ¡Ciao, chico…! Mucho gusto…

    – ¡Hola! – le sonreí yo, al menos era simpático de físico.

    – ¡Io cerca compañía! ¡Tú eres molto simpático! Me place… – me dijo mientras pasaba su mano por mi nuca.

    – Pues aquí estoy para hacerte la compañía que quieras. – le respondí coqueto.

    – ¿Ma podemos andiare in privato? – me susurró al oído.

    Se levantó y con su mano sobre mi hombro nos dirigimos hacia las habitaciones. Él ya sabía cuál era porque ni le dijo nada la dueño que la pasar nos sonrió. En la habitación al cerrar la puerta se abalanzó a mí para besarme mientras agarraba mis nalgas. Me gustaba la manera en que lo hacía, no era brusco y sí muy pasional. Tenía un aliento suave y un buen olor.

    – ¡Caro, amigo! – me dijo sosteniéndome en sus brazos.- Io tengo un problema, il mio cazzo è troppo grande…, grande pinga…, ¿comprendes?

    Yo miré como se le marcaba y de verdad que era grande, aunque no como para asustarse con aquello. Fui bajando hasta arrodillarme y quedar con mi cara a la altura de su paquete. Lo besé y le dije.

    – ¡A mí me gusta bien grande!

    Él sin quitarme la vista de los ojos empezó a desabrochar los botones del pantalón, el cinto y por último sacó su pinga para blandirla delante de mí. Efectivamente, era grande y gorda, de cabeza pequeña pero hermosa y estaba tan tiesa que parecía que iba a explotar. Me encargué de lamerla, de besarla, de tratar de mamarla aunque con bastante trabajo porque no entraba toda en la boca. Andreas gozaba, decía cosas en su lengua y trataba de meter la pinga en mi boca.

    Al rato se separó para despojarse de las ropas, yo hice lo mismo y sabiendo lo que podría gustarle, me giré apoyando las manos en la pared para que él pudiera ver mis nalgas. Su reacción fue la que yo esperaba, se lanzó a mis nalgas a lamerlas y besarlas, abriendo con su manos mis nalgas empezó a lamer mi culo. Después sentí el frío lubricante y como empezaba a meter su pinga. Creo que si no hubiera tenido aquel tiempo con el negro de Coque, pues me hubiera dolido algo. Pero eso sí, se sentía. Cuando la tuvo dentro y empezó a singarme no dejaba de decir: “mío amore, mío amore”.

    Fue una singada larga, muy pasional, estuvimos de pie bastante rato, después me llevó a la cama pero sin sacar su pinga de mi culo. Allí boca abajo me singó a su antojo, besándome sin parar, acariciándome. Fue una singada como si hubiéramos sido amantes. Después nos tumbamos de costado, él levantando una de mis piernas para seguir singando. Cuando se vino y sacó su pinga, comprobamos que se había roto el preservativo.

    – ¡Oh, mi scusi!

    Se veía que estaba algo apenado, yo lo besé y le dije que era un accidente. Fue a lavarse, yo a evacuar el semen y lavarme, volvimos a la cama para abrazarnos. Lo besé, me gustaba su boca, la manera que besaba.

    – ¡Oh, caldo cubano! ¡Caliente!

    Repetía mientras acariciaba mi espalda, mis nalgas. Su pinga no había perdido del todo la dureza por lo que al rato ya estaba bien dura de nuevo. Yo me senté sobre él, escupí mi mano y me preparé el culo para sentarme en su pinga, esta vez sin condón ya que con el anterior, toda precaución había quedado en la nada. Andreas no cabía en su asombro cuando me senté sobre su pinga y me la fui metiendo lentamente mientras lo miraba. Cuando llegué a sentir que estaba bien clavado, me encorvé y lo besé.

    – ¡Mi amor, mi amor!

    Él solo exclamaba aquello mientras yo era quien se movía sobre él.

    – ¡Oh, qué maricone cubano! ¡Oh, me gusta, me piache!

    Yo seguía dando placer a aquel macho y aunque hacía poco que lo conocía, habíamos compenetrado bien, bueno, él me había penetrado mejor. Al rato tomó las riendas Andreas, me hizo notar que quien llevaba la batuta era él. Me tumbó en la cama y me hizo ponerme a lo perrito para seguir dando pinga hasta que se vino dando empujones para meter más adentro su pinga. Quedamos agotados allí, abrazados y unidos hasta que la pinga se empezó a poner floja. Fue a lavarse, después yo. Antes de salir nos dimos muchos besos y me decía muchas cosas que no lograba comprender.

    Salimos complacidos, abrazados. El dueño nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja. Acompañó al italiano hasta la puerta y regresó.

    – ¡Oye, de verdad que eres el mejor porque a ese no hay quien se lo singue! Es mucho ¿no?

    – Bueno, sí… pero singa de maravilla. – le dije yo.

    ¡Mira, tú no te me vayas a perder ahora, ya hablaremos! Andreas se fue porque tiene asuntos de trabajo pero me dijo que regresaría y que quería contigo pasar toda la noche.

    Me fui a la sala, no conocía a nadie de los que estaban allí. Pero no estuve mucho tiempo solo, el dueño vino con un mexicano.

    – Mira, este es lo mejor que hay. – le dijo refiriéndose a mí. – ¿qué? ¿Le conviene?

    – Pos sí, tiene buenos labios… – fue lo único que dijo aquel ser pequeño de estatura y de rasgos aindiados.

    – Él viene a por una buena mamada, nada de singar…así, que ya sabes…-y dirigiéndose al extranjero. – Dígame dónde desea, ya sabe que un privado es más caro…

    – ¡Yo quiero aquí!

    Me quedé sentado donde estaba, el mexicano arrogante se plantó delante de mí y sacó su pinga de color oscuro para que yo me la metiera en la boca. En ese momento si me sentí humillado, el dueño viendo mi confusión, me susurró al oído, “esto es paga doble para ti, no te preocupes”. Todos los de la sala pusieron su vista en lo que estaba pasando. Casi no tuve tiempo de nada, ni de pensar porque ya tenía en mis labios su pinga. Se la mamé, se la mamé allí delante de todos. Algunos se acercaron para ver, otros se sentaron en otros sitios para tener mejor vista. Por suerte mi tortura duró poco, el muy pendejo se vino en nada agarrando mi cabeza para llenarme la garganta. Fue mi triunfo sobre él, me tragué su leche y le limpié la pinga y se la guardé. Él se largó sin decir nada. Yo me fui al lavabo.

    Estando en el lavabo entró el señor que había ido a buscarme, era quien cambiaba las ropas de cama de las tres habitaciones que había.

    – ¡Veo que desde que llegaste no has parado!

    – Maldito idiota de mierda… – murmuré yo.

    – ¡Bah, no lo tomes a mal! Es un tonto porque pudiendo singar, mira lo que ha hecho…, es un payaso pero es un cliente fijo y ya sabes, el negocio es el negocio.

    Al pasar por detrás de mí se me pegó diciéndome.

    – ¡Oye! ¿Y a los que trabajamos aquí no nos da un chancecito?

    Me sorprendió aquello que me había dicho, lo miré desde el espejo.

    – ¿Qué? ¿Quieres que te la mame?

    – No, nene, me conformó con que me dejes darte lengua en ese culito… -vio mi confusión. – Mira, después de la singada del italiano, pues que te den lengua te aliviara bastante.

    Me dejé hacer, me bajó los pantalones y arrodillándose detrás de mí, abriendo mis nalgas, empezó a lamer mi ojete. Me hizo volver a sentir, a ser el de antes, a desear singar.

    -Me dejas que te eche el lechazo en el ojete, después te lo limpio. – me dijo, yo asentí deseando sentir su semen caliente en mis nalgas.

    Cuando se iba a venir se levantó y lo que realmente hizo fue meterme la pinga. El muy cabrón estaba bien armado. Se vino y al sacarla, pues volvió a lamerme el culo. Después me subió los pantalones y besándome en la nuca, me dijo.

    – ¡Coño, que si fuera yo más joven…, te sacaría de esta vida y me casaría contigo!

    Así fue como empezó mi relación con Juanca, es decir Juan Carlos, así se llamaba el señor, que tenía 57 años, calvo y bigotudo, algo sexy y buen singador. Ese día estuve con dos más que me singaron, y las dos veces nos metimos en el baño para que Juanca me aliviara mi ojete. Me fui con él, me fui a su casa que vivía cerca.

    – Mira, ven conmigo, yo no soy joven, tengo casi sesenta pero sé dar pinga y lengua…, yo antes era de los bugarrones de la casa, pero ya el tiempo ha pasado. No te voy a prohibir que sigas singando allí, tú eres joven y necesitas mantenimiento.

    Fue sincero conmigo y así empezamos a vivir juntos. Yo no iba todos los días a la casa a singar, me pusieron miércoles, viernes y sábado, el resto estaba en la casa esperando a que llegara mi nuevo marido. Al dueño le pareció bien aquello, aunque finalmente descubrí que todo había sido un complot para que no me perdiera. Él mismo me lo dijo como a los dos días. No les guardé rencor a ninguno de los dos, ni al dueño ni a Juanca.

    – Mi niño, déjame que te dé pinga ahora… – me despertó por la mañana.

    Yo me volví para dejarle, pero él me hizo volverme y me dijo.

    – Quiero singarte de frente, a ver, te la meto y bajas los pies, te voy a singar de frente para que veas lo que es singar como lo hacen los cheos.

    Efectivamente, me sorprendió aquella manera, primero me penetró y después me hizo bajar las piernas, él quedó sobre mí y como tenía una pinga larga pues al menos la mitad me quedaba dentro. Singamos con pasión, era mejor de lo que parecía, besaba muy rico. Cuando se vino me dijo.

    – Quiero hacerte mi mujer.

    Así fue, me convertí en la pareja de Juanca. Los días que no trabajaba, me ocupaba de la casa y de esperarlo. Los días en que trabajábamos juntos, pues regresábamos juntos. El italiano no regresó porque nada supe de él. Me sentía bien, supe que Coque me estaba buscando y hasta había ido a mi casa, pero con había tenido la preocupación de no decir a nadie nada. Me sentía bien, tranquilo con mi nueva vida.

    Un día Ramiro pasó por allí, por suerte estaba yo. Nos alegramos ambos de vernos.

    – ¡Ya me enteré que le has cogido el gusto a esto! – me dijo dándome un sonado beso.

    – Bueno, lo paso bien… – fue mi respuesta porque en realidad sabía a qué se refería.

    – ¡Mira, que no te de pena, yo también me doy mi vuelta por aquí! – me dijo a modo de confesión. – ¡A los dos nos gusta esto! ¡Claro a ti dar culo y yo a dar pinga!

    Yo le conté algo de lo que había pasado y de que al menos, me mantenía algo alejado de aquel torbellino en que me había metido con Coque. Aunque eso sí, Ramiro me recomendó hablar con él porque la gente hablando se entendía. Al rato dejamos de hablar porque Ramiro se fue con un ligue, yo estuve un rato hablando, después me fui a hablar con Juanca porque me aburría allí.

    – ¡Oye, vete al último cuarto que te están esperando! – me dijo el dueño de la casa que había ido a buscarme. – Son gente especial, así que ya sabes…

    – ¿Son? Es decir…

    – ¡Sí, sí, son dos tipos que vienen por aquí a veces!

    Allá fui, cuando entré en la cama estaba uno de ellos, grande y corpulento, moreno con barba y rapada la cabeza. Fumaba un puro recién encendido. El otro estaba en el baño, de espalda lo vi, era muy blanco, de pelo rojizo, se volvió para saludarme.

    – ¡Come here! – me dijo el rapado apartando la toalla que le cubría la pinga.

    Me quité la ropa mirando cómo se excitaba poco a poco. Me subí a la cama y me incliné sobre él acariciando su pinga dura.

    – ¡Suck my dick!

    Era comprensible lo que me pedía y yo lo complací al momento. Gimió cuando engullí la cabezota de su pinga. En ese momento sentí que el otro me acariciaba las nalgas con su pinga. Con una mano la toqué, era gorda, muy gorda. Mientras yo le mamaba al barbudo, el otro me lamía el culo y metía sus dedos. Al rato, un buen rato largo, se tumbó en la cama para que yo le mamara también, el de la barba me dio un condón para que se lo pusiera. Era un condón de color negro, él mismo se echó lubricante y se puso detrás de mí para clavarme la pinga sin consideración.

    Gemí bajo aquella embestida brutal. Mira que había singado yo, pero aquella clavada de repente me dejó como muerto y sin aire. Él ni se dio por enterado o quizá viendo mi sufrimiento, se excitó más, porque empezó a singarme con bastante fuerza. El otro me puso en la boca su pinga para que se la mamara, me costaba trabajo por lo gruesa y solo podía chupar la cabeza. El otro exclamaba a veces “good ass” y seguía. Al rato sacó su pinga y tiró el condón a un lado, se acostó para que yo me ocupara de su pinga mientras el otro ocupaba el sitio. Por suerte ya estaba bien dilatado mi ojete y no sentí mucho. Cuando cambiamos de pose, me di cuenta que me estaba singando sin condón. Al ver mi cara de desagrado me dijo.

    – Condón no sirve, condón chico.

    Quise huir al ver su intención de seguir singando sin condón. Pero el de la barba empezó a decirme “relax, relax”, mientras me sujetaba para que el otro pudiera singarme. Después me tumbaron en la cama para singarme los dos por turno, se turnaban entre sí. No niego que lo gozara y que pronto se me pasara aquello de singar sin condón con dos extranjeros. Eso sí uno se vino en mis nalgas pero el barbudo me clavó la pinga hasta la garganta para venirse y llenarme de leche. Vi en su cara que le gustó aquello que había hecho. Estuvimos un rato descansando pero no mucho porque a los muy cabrones no se le bajaba la pinga y de nuevo me vi recibiendo pinga de aquellos dos animales. La segunda venida si la recibí en el maltratado culo. El del pelo rojizo sacó su pinga, se masturbó y disparó su leche en mi culo y después metió su pinga, el barbudo hizo lo mismo. Me gustó verlo como me singaba con el puro en la boca, como se masturbó sin quitárselo de la boca.

    Me dejaron molido, me quedé en la cama mientras ellos se ducharon, se vistieron y salieron sin antes decirme un “good maricón”. Al rato Juanca entró, me besó y abrió mis piernas para ver el ojete.

    – Mi niño te lo han dejado bien rojo…, oye, ¿te singaron sin condón? – le conté lo que había pasado. – Pero no debes dejarte singar así, estos son extranjeros…, papi, tienes que tener cuidado. ¿Te duele?

    – No sé…, me lo siento adormecido…

    – Pero, nene, no te dejes singar así…

    Él vio que sus palabras me hacían sentir mal, y decidió calmarme. Empezó a lamerme mi culo, el culo lleno de semen de los otros dos. Su pinga se quería salir.

    – ¿Me vas a singar? -le pregunté.

    – Si me lo pides, lo hago porque ya sabes que me gustas mucho. – fue su respuesta.

    – ¡Sí, Juanca, sí, síngame tú ahora! Al menos contigo lo hago porque me gustas… – él se levantó, cerró la puerta por dentro y vino a meter su pinga en mi culo dilatado y chorreante de semen. – ¡Qué culito más caliente tiene mi nene! ¿Te duele?

    – ¡No, papo, no, síngame!

    Juanca me singó como él sabía hacerlo, con pasión, con amor, preguntándome cómo me sentía, si quería así o más lento, o más rápido. Cuando se vino se quedó quieto y me susurró al oído.

    – El último lechazo es el que vale. Quiero que te vayas pa´la casa con mi leche adentro. – esperó a que me hiciera la paja y me viniera. Se bebió mi leche.

    Cumplí con lo que me había dicho, le prometí que me quedaría con su leche porque él era mi macho. Llegué a la casa a dormir porque me sentía cansado. Cuando llegó se acostó a mi lado diciéndome.

    – ¡Quiero que dejes de ser puta en esa casa! – yo lo abracé y besé. -Ya he hablado y no tienes que ir más, quiero que seas mío, solo mío.

    – ¿De verdad que lo quieres?

    – Sí, mi niño, sí…, yo tengo para darte lo que tú quieres y estoy de acuerdo, de vez en cuando, de que te eches a otros. Tengo a otros amigos bugarrones que con solo llamarlos, estarían aquí para darte gusto.

    Así empezó la nueva vida, no tuve que ir más a la casa aquella. Con Juanca estaba bien, nos queríamos, nos dábamos placer mutuo. Como a las dos semanas me dijo.

    – Mi niño, hoy viene un amigo mío, quiero presentártelo y bueno, podemos singar los tres si quieres.

    – Estoy bien contigo, créeme. – le dije.

    – Lo sé, mi niño, lo sé, pero tú eres más joven que yo y estás acostumbrado a que te den caña. Lo sé, cuando te conocí lo sabía y bueno, yo te lo busco y te lo traigo aquí a nuestra casa.

    Vino su amigo que se presentó como Berto, era un tipo rudo, con barba y pelo muy rizado. Me apretó la mano fuerte a lo macho mientras me miraba fijamente.

    – ¡Oye, asere, pues no parece tan maricón como me dijiste! – le comentó a Juanca a modo de introducción.

    – ¡Ya lo verás, no te preocupes que esta cosita rica sabe lo que hace! – le dijo Juanca abrazándome.

    Juanca puso la tele con la pelota, como estaba el campeonato pues era casi obligado en cada sitio, yo no seguía ese deporte, pero con él lo veía. Nada que nos sentamos los tres en el sofá a ver el juego, bebiendo cerveza y ellos dos fumando. Al rato Berto sin ningún disimulo y muy directo metió su mano por el pantalón en busca de mi culo, metió su dedo y se inclinó a mí oído para decirme.

    – ¿Sabes que te voy a dar pinga hasta que me canse?

    – ¡Oye, no me lo asustes! – salió en mi defensa Juanca. – ¡Bueno, no creas, que a mi niño le gusta que le den sus buenas tandas!

    Entre el manoseo y besos, me fueron desnudando porque Berto se quedó con los pantalones puestos, aunque con la pinga afuera.

    – ¡Mi nene, Berto quiere darte primero por culo! – me dijo Juanca – Como le había contado lo rico que lo tienes, pues ya sabes…, además es la visita.

    Yo muy obediente me puse a lo perrito para que el amiguete de Juanca materializara su deseo. Sentí como escupió mi culo y puso su pinga en mi ojete para empezar a empujar. Me la metió de un golpe, casi a secas, gemí, jadeé porque muy a pesar de la costumbre y el entrenamiento que tenía, aquella manera brusca pues dolía algo. Berto no se dio por enterado, cuando sintió que me había clavado su pinga hasta los cojones, empezó a singarme sin piedad alguna. Juanca miraba, se tocaba su pinga, se veía que gozaba de la escena. No sé cuánto tiempo estuvimos singando, al rato le dije que cambiáramos de pose. Me lanzó al sofá y continuó como si nada. Opté por quedarme quieto y dejarlo hacer, cuando se dio cuenta me dijo al oído.

    – ¡Así no me vas a sacar la leche!

    Comprendí lo que quería y era lo normal, comencé a moverme, a dar cintura para tratar de que Berto se sintiera el más macho del mundo. Volvía mi cabeza para tratar de mirarlo, con una mano tocaba mi culo y su pinga que se movía como una máquina. Me quejaba, gemía y le decía que me singara duro, que quería su leche.

    – ¡Eso es, mamita rica, ya ves cómo te tengo clavá! – me decía con vicio.- ¡Juanca, mira cómo le doy pinga a tu jeva!- remataba orgulloso.

    – ¡Papi, dame pinga, hazme tu puta! – le decía yo.

    – ¡Oye, brother!, ¿estás oyendo lo que me dice? – deteniéndose, me murmuró al oído – ¡Te vas a enviciar con esta morronga!¡Vas a pedirla a gritos! – Sacó su pinga rápido y me dijo – ¡Vamos, chupa ahora, maricón!

    Me dejó el culo ardiendo y con esa sensación de vacío al sacarla de pronto y sin aviso. Sabía lo que quería el muy cabrón, era venirse en mi boca. Mi ojete no descansó ni un minuto porque Juanca ya se había acomodado para singarme.

    – ¡Mami, estás cómo te gusta, recibiendo pinga por todos los lados! -comentó Juanca aunque me pareció que hablaba más con el amigo que conmigo que estaba bien ensartado.

    Cosas del destino, Juanca se vino primero, llenando mi culo de leche y diciéndome que me había dejado preñado. Berto siguió singando mi boca, que tenía llena de baba y mocos porque con tanta singada, ni respirar podía. Hice algunas arcadas que casi se me escapa un vómito, sacando su pinga, le rogué.

    – ¡Sígame el culo, papo, ya no puedo más!

    Para mi asombró, me hizo caso, yo pensaba que me torturaría más, pero simplemente cambió a mi culo y continuó como si nada. Berto tenía agallas de buen bugarrón porque daba pinga y no se le caía nada y no se venía. Juanca se fue a la cocina dejándonos a nosotros singando.

    – ¿Oye, no te gusto?- le pregunté de golpe.

    – ¿Qué tú crees, mami? ¿Acaso lo dudas?

    – ¿Por qué no me das leche?

    – ¿De verdad que quieres mi leche? – se detuvo en sus movimientos.

    – ¡Sí, quiero que me llenes el culo de leche!

    – ¡Ya lo tienes lleno de leche de Juanca!

    – ¡Quiero la tuya ahora! ¡Dame leche, papo!… te lo pido… dame leche.

    – Mira, mariconcito, a ver, te voy a singar un rato más y cuando me vaya a venir, te la meto en esa boca rica que tienes para ver como tragas leche de macho… ¿Sí?

    Así mismo fue, me singó un rato bastante largo hasta que sacó la pinga y me di la vuelta para recibir en mi boca sus chorros de leche porque el muy cabrón aparte de ser buen singador, buen bugarrón, tener buena pinga, era lechero. Explotó en mi boca camino a mi garganta adonde quería llegar con su pinga mientras se aferraba a mi cabeza. No miento, el semen se me salió hasta por la nariz y hubiera salido hasta por los ojos. ¡Qué manera de echar leche! Me dio la impresión que meaba en lugar de venirse de la cantidad y mira que yo había corrido mundo.

    Berto quedó bien satisfecho, Juanca contento y yo molido de la singueta porque de verdad había sido mucho, aquel tipo era una máquina singando, y echando leche era lo mismo. Berto se fue despidiéndose con “hasta la próxima, mariconcito”. Cuando nos quedamos solos, Juanca me abrazó como tratando de darme cariño.

    – ¿La pasaste bien?, mi niño.

    – Bueno, sí, pero ese tipo es una máquina singando…

    – Mi vida pero tú eres el mejor, le sacaste la leche y eso no lo hace todo el mundo.- se franqueó. – Yo lo conozco desde hace mucho y es de dar pinga y no venirse. Te lo digo, antes los pasivos le huían porque empezaba a singar y no terminaba nunca.

    – Entonces hoy me he ganado un premio. – bromeé.

    – ¡Sí, mi vida! – dijo besándome – Yo ya ni sabía si lo ibas a lograr o no, te lo digo, hubo un momento que pensé lo contrario…, pero eres el mejor.

    – ¡Oye, y echa leche a chorro! – Juanca se rio bastante con aquello.

    – ¡Bueno, ni se lo digas, pero entre la gente le pusimos “El lechero”!… je, je, je.

    – ¡Y dímelo a mí! Me pareció que se meaba en vez de venirse…, no te miento, papo, me llenó la boca de leche.

    – ¿Sabes una cosa?

    – ¿Qué?

    – Primero que me gusto verte como gozabas, segundo que en ese culito.- me dijo tocando mis nalgas – se quedó solo mi leche.

    – ¡Ya sabes que para eso eres mi macho!

    Sabía que aquella treta de retener, en lo posible, el semen que una vez William me había enseñado no fallaba. Pero bueno, a Berto le habrá gustado aquello de venirse en mi boca y sobre todo que le limpié la tranca hasta dejársela sin una gota de semen.

    Al otro día al mediodía Juanca se fue a trabajar, yo salí a la calle a buscar algo y cuando regresaba a la casa, escuché que me llamaban. Era Berto desde un carro. Me acerqué para saludarlo, iba con otro que no conocía, un mulato cachas en camiseta.

    – ¡Oye, nene!, ¿no quieres dar una vuelva con nosotros? – y sin esperar respuesta me presentó al que manejaba. – ¡Mira, este es Migue, bueno, Miguel!

    – ¡Oye, de ti he oído maravillas! – me dijo mordiéndose los labios.

    – ¡Bah, no hagas caso! – le dije yo.

    – ¡Sube, nene, sube…! – viendo mi indecisión agregó Berto. – ¡Oye, tú sabes que aquí hay pinga pa´ti! Así que dale, sube…

    – ¡Tú sabes que sin Juanca, no! -le dije.

    – ¡Papo, anda, ven con nosotros, vas a gozar como a ti te gusta! – me dijo Miguel.

    – Ayer me dieron mucha pinga… – quise explicar.

    – ¿Dime que no te gustó? – fue la pregunta de Berto.

    – ¡Sí…!

    – ¿Bueno, pues vamos? ¡Vas a gozar como nunca!

    No sé qué me pasó o quizá por mi deseo de singar que me subí en el carro aceptando la invitación de singar con los dos. Berto y yo nos sentamos detrás, estaba claro que él no se iba a quedar con las manos cruzadas. Cuando el carro arrancó, metió su mano por detrás del pantalón buscando mi culo. Yo le facilité la búsqueda, él metió el dedo.

    – ¡Brother, qué culo tiene este maricón…, caliente! – le comentó algo soez a Miguel. Yo acaricié tu pinga por encima del pantalón. La tenía ya dura.- ¿Ya la quieres, nene?

    – ¡Sí, macho, lo que quiero es que me singues hasta que me llenes el culo de leche! – le dije yo sabiendo que aquellas palabras las escucharía Miguel que estaba muy atento mirando por el espejo.

    -¿Lo has escuchado pedir pinga? ¿Lo has escuchado, brother?

    – Pues, mariconcito, hoy te vas a dar gusto porque te vamos a dar pinga los dos por turno… – dijo Miguel. – Yo ya estoy que exploto, la tengo que se me va a reventar…

    – ¡Oye, tócasela! ¡Cógele la pinga para que veas lo que hay!- yo alargué la mano y palpé el bulto que Miguel tenía, me mostré asombrado por lo gorda y larga. Berto agregó. – ¡Oye, nene, yo no te doy cosas malas!

    Seguimos calentando los motores hasta llegar a casa de Miguel que estaba a las afueras de La Víbora. Casi campo. Bajamos y entramos a la casa los tres como centellas. Tras cerrar la puerta nos amarramos en un remolino de besos, abrazos y al minuto estábamos los tres desnudos en la cama. Miguel tenía una pinga descomunal, gorda y larga, tamaños que a veces no se encontraban en un mismo ser. La de Berto, pues quedaba en desventaja aunque él estaba bien dotado.

    – ¡Caballeros, vamos a hacer una cosa! – propuso Miguel. – Como yo estoy que reviento ya, mejor que me mame la pinga y me saque la leche.

    – ¡Nos vas a sacar la leche mamando ahora, nene! – me dijo Berto agarrando mi cara para que empezara a mamar.

    Así fue, empecé mamando la pinga de Berto pero como no se venía, dejó el sitio a Miguel alegando que no se podía venir así que se iba a encargar de mi culo. Miguel gozaba metiendo su pinga hasta atrás y sacándola provocándome arqueadas. Berto ensalivó y metió el primer empujón que me hizo retorcerme porque no me sentía bien. Pero el ver el dolor que me provocaba le animaba más, se veía más macho en ello. Hubiera gritado pero tenía la pinga de Miguel hasta la misma garganta.

    – ¡Ya ves, mariconcito, que estás ensartado y bien ensartado! – comentó Miguel.

    – ¡Eso es lo que le gusta! – agregó Berto.

    Yo disfrutaba, disfrutaba por partida doble, además por tener a dos machos que me daban placer. Berto singaba como una máquina y Miguel gozaba metiendo tu pinga en mi boca hasta los cojones, se deleitaba haciéndolo, la metía despacio y ya cuando estaba adentro, no la sacaba se quedaba quieto provocando cierta asfixia, la sacaba igual de despacio, mojada de saliva. Al rato se vino, sentí el chorro caliente de semen, yo mismo le sujeté para que no sacara la pinga de mi boca.

    – ¡Oye, mira cómo me agarra para coger su lechita! – se sorprendió Miguel.

    Seguía con la pinga dura, Berto le dejó el sitio para que me singara. Costó trabajo pero la metió jadeando y comentando lo que sentía. Me tiró en la cama y comenzó a singarme sin compasión, a lo bestia, a lo guajiro.

    – ¡Macho, pero mira cómo goza recibiendo pinga! – su sorpresa aumentaba.

    – Ya te lo dije…, este es de los buenos, de los que les gusta singar.

    Siguió sin detenerse, ya me parecía una eternidad, hasta que se vino dando jadeos que quizá lo escuchó todo el vecindario.

    – ¡Nene, sabes que me toca a mí ahora!- me dijo Berto acercándose.

    – Sí, papo, estoy esperando por tu leche…

    Me acosté sobre mis espaldas sujetando mis piernas para que Barto viera bien mi culo recién singado y lleno de leche. Así me singó duro, a su antojo, hasta que se vino llenando mi ojete de más semen. Quedamos acostados los tres en la cama, sudados y contentos.

    – ¡Oye, se ha quedado con la leche adentro!

    – ¡Pues, hombre, claro… que para eso es maricón! – le explicó Berto – ¿Verdad, nene, que eres maricón?

    – ¡Sí, sí, mi culo está lleno de leche de mis machos!

    – ¿Has dicho “de mis machos”? – me preguntó Miguel.

    – Lo has oído bien, ahora somos sus machos… – le repitió Berto.

    -¿De verdad que te ha gustado?¿Quieres convertirte en nuestra jeva?- preguntó Miguel.

    – ¿Qué tú crees? – le dijo Berto

    – Lo será mientras le demos lo que le gusta… pinga y leche. – sentenció Miguel. – ¡Coño, se me está poniendo dura de nuevo!

    – ¡Pues ya sabes dónde está el hueco que baja las pingas! – le dije girándome para permitirle que me volviera a singar.

    Me quedé de costado a Berto mientras Miguel metía su pinga de nuevo, no tan dura, pero entraba bien. Cuando la metió hasta atrás, nos besamos.

    – ¡Berto, ya ves…, esto es lo que me vuelve loco! – le dije.

    – ¡Ya lo veo, pues con nosotros tendrás mucho!

    – ¡Tiene un culo de oro! – agregó Miguel.

    – ¡Te lo dije, brother, que lo que le pagamos a Juanca es poco! – dijo Berto.

    – ¿Cómo que le pagaron a Juanca? – pregunté asombrado.

    – Pues… bueno, sí… Juanca cobra, a mí hoy me hizo una rebaja pero a Miguel le cobró completo. – Dijo Berto.- ¿Qué? ¿Tú no sabías lo del negocio?

    – Lo del negocio sí, pero de que me vendía, no, me dijo que eras un amigo que no tenía con quien singar.

    – ¡Ja, hideputa! ¿Eso te dijo?

    – ¡Nene, ese viejo se va a forrar contigo! ¡Y lo mejor que ni te enteras! -me dijo Miguel al oído.

    – Pues no, ya no… ahora soy la jeva de ustedes dos. – le dije besando a uno primero y después al otro.

    Aquello fue el pistoletazo para que Miguel empezara a singarme como antes, me sentía raro porque en mí bullía la sangre por lo que Juanca había hecho. Lo peor es que si hasta el momento quizá pasó por mi mente el hecho de que era yo quien lo engañaba, me resultaba extraño, el engañado era yo. Allí estaba singando con dos que habían pagado a mi gente, a mi marido como le gustaba decirme. Me dejé arrastrar por aquel torbellino de sexo, al rato estaba ya entregado a ellos sin pensar mucho en Juanca y lo que había hecho. Terminamos cansados, dormimos un rato abrazados los tres, felices.

    Después Berto se fue a su casa, Miguel me llevó en el carro hasta casa de Juanca para que recogiera mis cosas.

    – ¡Mira, nene, ahora recoges y nos vamos pa´mi casa y singamos tú yo solitos! – me dijo acariciándome el muslo.

    – ¡Oye, macho, que ustedes dos me han dado mucha caña hoy! – le dije.

    – ¡Je, je, je! Te gustó ¿no?

    – Claro que me gustó, ¿acaso lo dudas? – le pregunté con coquetería.

    – ¡Oye, mira que he singado yo maricones, pero tú lo gozas a tope! Mira, te voy a tener como una reina, eso sí, hay que singar a diario, dejarme sin leche porque si no entonces, salgo, y te pego los tarros. – me dijo de manera sincera.

    Entre en la casa, recogí lo que tenía, cerré la puerta y tiré la llave por la rendija. Abajo le dije a Miguel que parara cerca de un teléfono y llamé a Juanca. Se lo dije, le dije lo que pensaba y lo que iba a hacer.

    – ¡Oye, tú no sabes quiénes son esos dos! Recapacita, porque conmigo tendrás todo lo que te gusta pero no creas que son mejores que yo.

    – ¡Tú me estabas vendiendo!

    – ¡Bien, bien, eso podemos hablarlo! Pero cometes un error en irte con esos dos… ¡Mira, espérame y hablamos!

    – ¡No, no… ya está hablado! – le dije colgando.

    Nos fuimos los dos, no diría yo contento por lo que acababa de pasar pero de todas maneras aliviado por desprenderme de Juanca y aquella casa. Era cierto que a Miguel no lo conocía, lo mismo que a Berto, pero me daba lo mismo.

  • Mi esposa me volvió su puta

    Mi esposa me volvió su puta

    Mi fijación por el chiquito de esposa me llevó a probar su dedo en mi ano cuando me propuso que si yo me dejaba, ella también, fue ahí donde acepté y a la vuelta de dos años soy una sissy sumisa y ansiosa de recibir la verga de plástico que casi a diario me mete mi esposa.

    Les cuento, yo fui un macho alfa, panzón, gruñón y sin saber que mi lado femenino estaba a punto de explotar por ese dedo que cambió mi vida de una forma tal que ahora peso 77 kilos (pesaba más de 100) uso pantys, medias, liguero, mis uñas de los pies pintadas y totalmente rasurada porque así lo decidió ella.

    Usamos el mismo panty cada día hacemos match con el color de uñas en los pies, usamos el mismo desodorante y perfume, me pone corset para hacer cintura, me compro una jaula que me coloca en el pene y solo ella trae llave, he pasado días de castidad total, pero a la hora que ella decide cogerme derramo tanta leche y tanto placer que un par de veces me he extasiado tanto que estuve a punto de una convulsión de placer.

    Estar limpia para ella es una regla diaria, enemas tres al día, completamente depilada y sobre todo de mi pusyboy pues hay veces que le encanta lamerme mi chiquito y sujetar mi pene enjaulado claro yo de perrito y ella usa su lengua y me penetra con ella hasta el orgasmo, me dice palabras como “te gusta putita!! que nalgas tan lindas tiene mi nena, donde está el macho puta”.

    Los sábados tenemos la noche de muñecas, las dos nos arreglamos y ahí si me viste toda de mujer, es mi día favorito, me quita mi jaula peneana, me pone super femenina siempre de faldita, tomamos unas copas de vino.

  • Vacaciones calientes

    Vacaciones calientes

    Al fin llegaron las esperadas y merecidas vacaciones para Nati y Alex. Dejaron a sus dos hijos al cuidado de los abuelos y se escaparon durante 15 días a una pequeña ciudad marítima a descansar de la rutina, de los hijos, del trabajo, a desconectarse y pasar momentos juntos e intentar revivir aunque sea un poco todo eso que fueron durante el noviazgo.

    Nati es una mujer de 32 años, 1,62 m de altura, pelo largo hasta mitad de la espalda castaño claro, con una cara hermosa angelical, linda voz, pecosa (Alex le suele decir pequitas cariñosamente), tiene un cuerpo voluptuoso, un culo parado grande y duro de tantas horas de gimnasio, y lo mejor que tiene son sus tetas… 120 de talla, bien puestas a pesar de haber amamantado a dos hijos.

    Alex tiene 36 años, 1,95 m de alto, delgado pero no escuálido, bien llevado, pelo castaño claro.

    Día 1: El bikini azul.

    Llegaron a destino a media mañana, una linda cabaña con una habitación, un baño y una cocina-comedor. No era grande, pero para ellos dos era más que suficiente.

    ¿Está linda la cabaña no amor? – dijo Alex.

    ¡Me encanta! Y lo mejor es que desde el ventanal se puede ver el mar.

    Ahí nomás se besaron y terminaron de acomodar los bolsos y demás bártulos.

    Vamos un ratito hasta la playa que todavía quedan unas cuantas horas de sol, ¿te parece? – dijo Alex.

    Dale, esperá que me ponga la malla y vamos.

    Alex enseguida se puso su short de baño y ya estaba listo.

    Cuando la vio salir a Nati del baño se sorprendió, había cambiado su bikini floreado y amplio de siempre y en su lugar tenía puesto un bikini azul tornasolado, la parte de arriba eran los típicos triángulos que cubrían pezones y solo un poco más, atados por tiras muy finitas. La parte de abajo era muy chica, apenas cubría con un triángulo adelante y atrás desaparecía casi por completo. Se veía como una auténtica diosa.

    Wow! Uff! Estás terrible amor! Y ese bikini?

    ¿Te gusta? Es nuevo, una sorpresita para vos, pero si te parece muy atrevido también traje el floreado… me puedo cambiar.

    No no, me encanta, me dan ganas de cogerte ahora mismo

    Jaja no ahora no, vamos a la playa, dale!

    Nati se puso un pareo blanco encima, y salieron para la playa de la mano.

    Por suerte, como ya era final de temporada, no había mucha gente en la playa y pudieron encontrar un lugar rápidamente.

    Extendieron las toallas y llegó el momento: Nati se sacó el pareo y lució su cuerpazo enfundado en el bikini azul. Alex miró disimuladamente como los hombres de los alrededores no perdían detalle de su mujer. Si bien eso le generó cierto sentimiento de celos, también le dio morbo. Enseguida caminaron juntos hasta la orilla del mar

    Vos viste como te miran todos los tipos?

    Ay! ¡Callate! Mirá si me van a mirar a mí habiendo tanta pendeja linda?

    Nada que ver vos con una pendeja, vos sos una tremenda hembra. Y además todavía sos joven.

    Jajaja gracias por el “todavía”.

    Jajaja tonta.

    Nati se quedó en la orilla donde el agua solo le llegaba poco más arriba de los tobillos, pero Alex se metió unos 40 metros a nadar un poco, el mar estaba tranquilo y se podía nadar bien. Después de un ratito miró hacia donde estaba Nati pero ya no estaba, había vuelto a las toallas y la vio acostada boca abajo tomando sol y a pocos metros dos hombres de unos 40 años estaban parados charlando entre ellos sin perder detalle del cuerpo de Nati.

    Alex los observó por un ratito hasta que se fueron, y recién ahí salió del mar y fue con su mujer mientras pensaba: ¿Qué estaba pasando? ¿Nati no se daba cuenta de que tenía a dos tipos mirándole el culo a menos de 5 metros? ¿Por qué me quedo pasivo ante esto y no hago nada, será que me calienta la situación de mi mujer siendo objeto de deseo?

    Ya era pasado el mediodía, el sol estaba muy fuerte y decidieron ir a la cabaña a comer algo. Como estaban apenas cruzando la calle que bordea la playa, Nati ni se puso el pareo y fue con el bikini. Esta actitud a Alex lo sorprendió. ¿Qué le estaba pasando a su recatada esposa?

    Ese día ya no regresaron a la playa, se quedaron a descansar en la cabaña.

    Día 2: Los amigos.

    Se levantaron a eso de las 9 de la mañana, desayunaron algo rápido y fueron para la playa solo con lo puesto, Alex con el short de baño y Nati con el bikini azul tornasolado, ambos con las gafas de sol y una pequeña riñonera donde llevaban algo de efectivo por las dudas. Tenían pensado caminar por la playa un rato por eso querían ir livianos.

    Cruzaron la calle y emprendieron el camino, caminaron por la orilla del mar, serían las 10 de la mañana, todavía había poca gente en la playa. Alex no perdía detalle de las tetas de su mujer, que si bien las conocía de memoria, en ese bikini quedaban super sexi y excitantes.

    Estuvieron caminando más de 40 minutos cuando de repente escucharon que alguien les gritaba:

    ¡Alex! ¡Ey acá, acá!

    Alex miró al lugar de la playa de donde provenían los gritos y vio a Lucho haciéndole señas con los brazos extendidos. Lucho era un ex compañero de trabajo, con quien siempre había tenido una muy buena relación y amigos en común, un pibe super divertido y carismático, muy fachero, rubio de ojos claros, alto (no tanto como Alex) de cuerpo delgado con algo de pancita cervecera pero de muy buen ver. Estaba acompañado por otro hombre, morocho, con el cuerpo que se notaba más trabajado de gimnasio, sin llegar a ser un patovica, tenía los músculos muy marcados.

    Ey! Luchito! ¡Mirá donde nos venimos a encontrar!

    Alex tomó de la mano a Nati y fueron acercándose hasta ellos.

    ¿Cómo andás papá? Tanto tiempo! ¿Qué hacés por acá?

    Nos vinimos unos días a descansar de los niños jaja – dijo Alex al mismo tiempo que se daban un abrazo amistoso.

    ¡Qué bien che! Hola Nati, ¿cómo estás? – Dijo dándole un beso en la mejilla. Se conocían de alguna que otra vez que se habían cruzado.

    Bien, acá estoy disfrutando un poco de la tranquilidad de la playa y el mar. – respondió Nati algo cortada e incómoda, no le hacía mucha gracia cruzarse con un conocido usando ese bikini tan sugerente.

    Que bueno, yo me vine unos días a parar a la casa de mi primo Javi – Dijo señalando a quien lo acompañaba

    Hola un gusto – dijo Javi saludando también con beso a Nati y luego a Alex, sin perder detalle en ningún momento de las hermosas tetas contenidas por ese pequeño bikini azul.

    ¿Para dónde están yendo? – preguntó Lucho

    Salimos a caminar por la playa, a ningún lugar en específico – respondió Alex mientras miraba disimulado por sus gafas de sol como Javi y Lucho daban miradas furtivas a su mujer.

    Quédense acá con nosotros si quieren, tenemos la conservadora llena de birras y unos sanguchitos de fiambre.- dijo Lucho

    No es mala idea eh! – respondió Alex mirando a Nati buscando su aprobación.

    Nati realmente no quería quedarse ahí, prefería estar sola con Alex y no con estos dos que si bien Lucho siempre le había caído muy bien, al otro que la devoraba con la mirada no lo conocía. Además estar con el bikini diminuto delante de ellos no le hacía gracia y la hacía sentir avergonzada “¿porque mierda no me traje el pareo?” Fue lo primero que pensó. Pero al ver a Alex tan contento de cruzarse con su amigo, no quiso ser aguafiestas, total sería solo un rato y después volvían a estar solos.

    Si dale, nos quedamos un rato.

    Lucho y Javi tenían solo dos reposeras (obviamente no esperaban visitas) pero enseguida le ofrecieron una a Nati, quien aceptó con gusto sentarse, estar parada con ese bikini junto a tres hombres la ponía nerviosa, por más que uno de ellos fuese su marido.

    Las cervezas empezaron a girar, cada uno con una lata y la verdad es que con el correr de los minutos descubrieron que Javi era tan carismático como Lucho.

    La charla iba mucho por el pasado en común de Alex y Lucho, recordando viejas y divertidas anécdotas tanto en el trabajo que compartían en la oficina, como en juntadas y salidas.

    Lucho sacó un porro y lo prendió.

    Cosecha propia jeje – dijo al encenderlo

    Que rico aroma que tiene – sentenció Alex

    El porro fue pasando de mano en mano, de boca en boca, para dejar a los cuatro muy entonados.

    ¡Qué calor hace! Voy al agua, ¿vienen? – dijo Javi

    Vamos – respondieron todos al mismo tiempo lo cual los hizo reírse a carcajadas por la casualidad

    Cuando Nati se levantó de la reposera sintió el efecto de las 3 latas de cerveza y el porro. Alex también estaba entonado. Lucho parecía un dibujo animado. Y Javi parecía ser el menos afectado por las sustancias.

    El agua estaba hermosa.

    Nati y Alex se fueron juntos un poco más adentro.

    ¿Lo estás pasando bien amor? – preguntó Alex – Si querés nos volvemos

    No no, los chicos son copados y la estamos pasando bien.

    Si, la verdad que si. Muy buena onda.

    Siguieron un ratito más en el agua y vieron que Lucho y Javi ya habían vuelto a las reposeras.

    Salieron también ellos del agua y la sorpresa de Alex fue enorme al ver que el bikini de Nati al estar mojado se transparenta más de la cuenta. Sin llegar a ser totalmente transparente, se adivinaban las areolas y los pezones con bastante facilidad, en especial cuando el sol le daba de lleno. Eso le generó mucho morbo y decidió no decirle nada a Nati para que no se sienta incómoda, aunque le costaba imaginar que ella no se hubiese dado cuenta, pero quizás por el efecto del alcohol y el faso, no se percató de su transparencia.

    Cuando llegaron a donde estaban los chicos, los dos se quedaron embobados mirando los pechos semi-transparentes de Nati y rápidamente intentaron disimular.

    No hay mas birra – dijo Lucho

    Acá a unos 200 metros hay un kiosco que vende – dijo Javi – Voy a comprar

    No no, ustedes ya invitaron la primera vuelta, ahora invitamos nosotros – dijo Alex – Voy yo a comprar

    Te acompaño amor – dijo Nati

    No no, está bien, quedate acá que ya vuelvo.

    Seguro? Bueno dale. No tardes mucho.

    Mientras se estaba yendo vio como Lucho sacaba de la mochila una pelota de vóley.

    Vamos a jugar un ratito así movemos las cachas

    En la playa, a unos 30 metros de donde estaban, había colocada una red de vóley entre dos postes para uso público, y como había tan poca gente nadie la estaba utilizando.

    Enseguida fueron los tres entre charla y risas hasta la red, a todo esto Nati seguía con el bikini mojado y sus pezones se notaban duros, como queriendo romper la tela que los mantenía prisioneros y al estar tan despistada, ella todavía no se había percatado de esto.

    Empiecen ustedes y cuando llega Alex me sumo a pelotear – dijo Lucho

    Dale – dijo Javi tirando la pelota hacia Nati desde el lado opuesto de la red

    Nati había jugado de chica muchos años al vóley en un club de su barrio, pero ahora estaba fuera de práctica, aunque se notaba en sus movimientos que la técnica estaba ahí latente, solo había que practicar. Se pasaban la pelota de lado a lado, y Lucho no perdía detalle de todo el cuerpo de Nati, aprovechando que ella estaba concentrada en la pelota y no lo veía. Sus tetas se tambaleaban de arriba a abajo en cada movimiento amenazando con escapar de su tela, su culo vibraba en cada salto que daba. Era un poema ver a esta mujer así, con un bikini semitransparente, diminuto, con un cuerpo de infarto. Hasta que pasó lo inevitable, una pelota larga de Javi provocó que Nati se deba estirar más de la cuenta pegando un salto para poder devolver la pelota, pero dejando afuera su pezón derecho. Nati no se percató de esto, pero Lucho que estaba al costado de la cancha de vóley sí y se quedó embobado mirando. Javi obviamente también vio ese pezón duro y puntiagudo lo cual lo “obligó” a perder la atención en la pelota y tirarla a cualquier lado. En eso Nati lo mira a Lucho que está perdido en sus tetas, y al mirar para abajo descubre que su pezón está afuera.

    Ay! Perdón! ¡Qué vergüenza! – dijo Nati acomodando el bikini y poniéndose roja como un tomate pero sintiendo una extraña sensación, la de sentirse deseada, y esto la hizo humedecer y provocó que sus pezones se pongan más duros, si es que esto era posible.

    En eso vieron que Alex ya había guardado las latas de cerveza en la conservadora y venía con 4 latas en mano hacia donde estaba el “partido” de vóley (que más que partido era una exhibición de su mujer a dos hombres).

    Acá traigo las birritas – dijo Alex notando cierta tensión en el ambiente y mirando los pezones super duros de su mujer a través del bikini, que al estar ya más seco no se transparentaba tanto, pero si se notaban perfectamente la dureza de sus timbres.

    Dale sumate al vóley en el equipo de Javi que yo juego con Nati – dijo Lucho no sin antes darle un buen trago a la cerveza (cosa que todos imitaron)

    Alex no podía creer lo que veía: su mujer en un bikini azul tornasolado que dejaba muy poco a la imaginación con los pezones durísimos marcándose en la tela, era demasiado. Y lejos de generarle enojo, esta situación le generaba mucho morbo y excitación. Ver como Javi y Lucho se la devoraban con la mirada, le provocaba sensaciones encontradas: celos por un lado, y calentura por el otro.

    Nati a esta altura, y después de haber mostrado un pezón, no estaba ajena a toda esta situación. Como toda mujer, se daba cuenta de las miradas que generaba con su cuerpo, como se quedaban embobados mirando sus tetas y su culo, y esto si bien la ponía incómoda y le daba pudor, también inevitablemente le generaba una humedad muy cálida en su entrepierna y los pezones los tenía super duros (una mezcla de la excitación y de la brisa fresca del mar).

    Empezaron a jugar, y si bien costó entrar en partido (sobre todo a los tres hombres que no perdían detalle de Nati) en un momento la tensión bajó y el vóley se puso lindo. Entre jugada y jugada Nati se acomodaba el bikini, impidiendo así que sus tetas 120 se escaparan, los pezones ya no estaban duros y el partido iba muy parejo. Era la última jugada y el equipo de Nati y Lucho sacaba para partido. Pelota al otro lado, Alex la levanta y Javi salta a rematar y empatar la contienda, pero Nati da un salto al mejor estilo voleibolista profesional estirando los brazos para arriba bloqueando el remate no solo logrando así el punto para su equipo y ganando el partido, sino también provocando que sus dos tetas salgan en su totalidad del bikini, lo cual en la euforia del momento no notó. Enseguida Lucho se acercó por detrás al grito de “dale campeón” a abrazar a su compañera de equipo ya que al estar a espaldas de Nati todavía no había visto esas tetas. Nati rápidamente se dio vuelta y se abrazaron con Lucho y empezaron a saltar abrazados “dale campeón dale campeón!!” Pero enseguida sintió la piel del torso de Lucho directamente en sus tetas y pezones por lo que instantáneamente se le pusieron duros como rocas.

    Del otro lado de la red Alex y Javi no daban crédito a lo que veían. La mujer de uno de ellos saltando abrazada en tetas con un amigo del marido.

    Enseguida se separaron y Nati, sin mucho apuro, guardó primero una teta y después la otra. Todo esto lo hizo de frente a los tres hombres que la miraban y no perdían detalle de nada.

    ¡Qué bien que les ganamos! – dijo como si nada

    Y también con el bloqueo final que hiciste, nos dejaste rendidos – dijo Javi en un tono medio de doble sentido.

    Necesito ya un chapuzón – agregó Nati. Mientras pensaba ¿qué me está pasando? Acabo de abrazar en tetas al amigo de mi marido mientras él nos miraba. Y encima después me las guardo en el bikini delante de ellos sin ningún tapujo. Uff, y estos pezones que no se me bajan con nada!

    Terminaron lo poco que les quedaba en la lata de cerveza a cada uno y fueron al agua.

    Una vez fuera del mar, se dispusieron a comer los sándwiches de fiambre.

    Nati, con el bikini mojado y su transparencia, se sentó en una de las reposeras.

    En la otra reposera se sentó Javi, y Lucho y Alex se sentaron en la arena.

    La comida vino muy bien.

    Ya eran cerca de las 3 de la tarde, el sol pegaba muy fuerte y el porro otra vez entró en escena (la cerveza en ningún momento se había ido).

    Los cuatro ya estaban bastante mareados.

    A pesar de lo fuerte que estaba el sol, se levantó un viento playero algo fresco, lo cual impedía que los pezones de Nati bajaran su dureza, sino todo lo contrario, ella sentía que estaban cada vez más duros, como queriendo atravesar el bikini diciendo “acá estamos, disfruten la vista”. La charla y las risas seguían, Nati ya estaba muy mareada, y en un arrebato de sensatez, y miedo tal vez, porque su calentura iba en aumento con tanta mirada que recibían sus tetas, de tres hombres que estaban solo con shorts de baño y sus torsos desnudos, de los cuales dos eran desconocidos para ella, fue demasiado… y le dijo a Alex:

    ¿Vamos volviendo amor? Tenemos una larga caminata hasta la cabaña

    Dale, termino esta birrita y volvemos – respondió Alex.

    Si quieren puedo acercarlos, tengo el auto acá en la salida de la playa – se ofreció Javi muy gentilmente.

    Alex y Nati se miraron, y entendieron enseguida que preferían volver caminando, la ventaja de conocer a alguien por tantos años, que con solo una mirada se entienden.

    No gracias Javi, volvemos caminando que nos va a venir bien mover las piernas. – respondió Alex.

    Terminaron la cerveza, y quedaron en mensajearse para encontrarse otro día de estos. Se despidieron y emprendieron el regreso.

    Lucho y Javi se quedaron mirando el culo de Nati alejándose en la playa.

    El camino de regreso a la cabaña fue bastante silencioso. Los pensamientos de ambos eran muchos como para encima tener que mantener una conversación.

    Alex sentía una mezcla de celos con excitación, pero esta última era tan fuerte que opacaba a los celos. No podía quitarse de la cabeza la imagen de su mujer en tetas delante de su amigo y el primo de este. Aunque fueron pocos segundos, fue una imagen muy fuerte. Tampoco podía dejar de pensar en esos pezones marcándose en la tela del bikini y en los momentos en que se transparentaron, ni en las miradas de Lucho y Javi, primero disimuladas, pero con el correr del tiempo (y las cervezas) casi descaradas… Pero lo que más lo ponía era la actitud de Nati, esa actitud de “yo no fui” que se hace la distraída, mezcla de niña inocente con puta de lujo… una actitud muy extraña nunca antes vista en ella.

    Por su parte Nati sentía una mezcla de arrepentimiento con excitación. ¿Por qué se había mostrado tan descaradamente frente a esos dos hombres, y encima en presencia de su marido? ¿Acaso eso la calentaba? Incluso llegó a rozar con sus pezones en el festejo voleibolero mientras Alex miraba embobado la escena. ¿Por qué Alex no dijo ni hizo nada al respecto? ¿Será que eso lo calentaba? ¿O no quiso armar una escena? Si, seguro es eso, no quiso armar una escena delante de los amigos. Definitivamente fue el alcohol que nos hizo poner como locos. No va a volver a pasar nada igual. Todo esto se preguntaba y respondía Nati a sí misma. Aunque ni ella se lo creía…

    Llegaron a la cabaña. Estaban liquidados. Entre la extensa caminata, todo el día al sol, las cervezas y el porro, apenas pudieron darse una ducha, picar algo rápido y dormir. La vida de casados con hijos (y los treinta y pico) los tenía fuera de estado en las prácticas que incluían alcohol y otras sustancias. Faltó rematar el día con sexo, pero ambos estaban liquidados como para eso. Ya habría tiempo después, las vacaciones recién comenzaban…

    Día 3: Topless

    La luz entraba por el ventanal, el sol se notaba radiante en el horizonte, serían las 8:30 de la mañana y ya se notaba que el día pintaba espectacular.

    Buen día pequitas – le dijo Alex a Nati mientras le daba un beso suave en los labios

    Hola amor, ¿qué tal dormiste?

    Como un tronco. ¿Qué te parece si nos levantamos y aprovechamos el día playero?

    Me encanta la idea. Preparo el mate y vamos.

    ¿Te parece si vamos a otra playa? Ayer Javi me comentó de una playa muy linda y poco concurrida que queda a media hora en auto.

    Si dale, me encanta la idea. Pero no van a estar Lucho y Javi, ¿o si?

    No no, hoy nosotros dos solos. A disfrutar de nuestra compañía.

    ¡Siii, que lindo! – respondió Nati dando un abrazo y beso en la boca.

    En menos de 1 hora, ya estaban en el auto camino a la playa escondida. Alex llevaba puesto el short de baño y ya iba en cueros porque el calor era infernal. Nati tenía el bikini azul y el pareo blanco encima. Iban tomando unos mates y esta vez traían la conservadora con cervezas y algunas cosas para picar en el día.

    Estacionaron el auto y el último tramo para llegar a la playa debía ser a pie, unos 300 metros de sendero entre médanos y vegetación. Iban cargados con la conservadora.

    Al finalizar el sendero, justo en la desembocadura a la playa, había un cartel que decía:

    “En esta playa está permitido practicar nudismo”

    Y más abajo, en letra más pequeña aclaraba:

    “la práctica de nudismo NO es obligatoria”.

    Alex!! Este boludo de Javi te recomendó una playa nudista! ¡¿Vos sabías?!

    Nooo te juro que no, estoy tan sorprendido como vos – sentenció Alex diciendo realmente la verdad.

    No me pienso poner en pelotas – dijo Nati algo enojada

    Dice que no es obligatorio, ya que estamos acá podemos entrar y ver que onda, la playa se ve muy linda y gente todavía no vimos… sería una picardía irnos ahora.

    Mmm, está bien, pero si no me gusta nos vamos!

    Dale, trato hecho.

    Siguieron caminando, y se encontraron con que la playa tendría unos 500 metros de orilla rodeada por médanos y vegetación muy tupida, con un único accesos: el sendero por el que entraron, ya que en ambos extremos de la playa había rocas y acantilados que la hacían inaccesible. Realmente era una playa paradisíaca e ideal para la práctica de nudismo ya que no era apta para mirones.

    Había pocas personas, 3 parejas desparramadas a lo largo de la playa: 1 de las parejas estaban vestidas con sus respectivos trajes de baño, la otra pareja la mujer hacía topless, y la tercera estaban en pelotas (al estar lejos no se distinguían muy bien sus partes íntimas). Todos cincuentones, pero muy bien llevados. Que el ambiente sea así de relajado y que cada quien esté en la suya a Nati la tranquilizó. Se situaron en una parte de la playa cerca de unos arbustos alejados de la orilla, extendieron las toallas, Nati se quitó el pareo y se quedó con su bikini azul tornasolado. El sol estaba fuertísimo y no había nada de viento, era un día hermoso de playa.

    Podrías hacer topless, total por lo que cubre el bikini que tenés puesto…

    Jaja que tonto, no sé si me animo…

    Dale tonta, acá no nos conoce nadie, además esas tetas merecen ser mostradas al mundo

    Jajaja que nabo!! – respondió una Nati ya mucho más relajada – No se.. Quizás en un rato me anime… vamos a ver.

    Mmm que lindo, espero que si. Tomá, tomate una birra así te vas desinhibiendo – y le extendió una lata bien fría.

    No me quieras emborrachar Alexito – dijo una sonriente Nati.

    Así pasaron el rato, se tomaron dos latas de cerveza cada uno mientras charlaban.

    Como te comieron con los ojos ayer Lucho y Javi, ¡los volviste locos!

    Ay! Vos decís? – dijo Nati haciéndose la desentendida.

    Dale, me vas a decir que no te diste cuenta?? Primero que con ese bikini es muy difícil no mirarte el cuerpazo que tenés, segundo cuando se te moja se semitransparenta, más motivos para no perder detalle, y tercero jugando al vóley se te escaparon y las vimos en su plenitud… los dejaste atontados. Corrijo: NOS dejaste atontados jajaja

    Ay qué vergüenza, perdón amor… no sé qué me pasó.

    ¡No me pidas perdón! Estuvo bueno, me gusta lucir a mi mujercita, que todos vean la hembra que tengo de compañera.

    Jajaja siempre el mismo calenturiento vos…

    Hacé topless, dale! Animate!

    ¿Vos decís? – Comenzaba a aflojar Nati… en realidad le causaba curiosidad y excitación estar en tetas en un lugar público.

    ¡Claro mujer! Si acá cada quien está en la suya, a lo sumo te van a mirar las tetas y nada más…

    Ni nada menos… no se…

    Dale, es hoy o nunca.

    Está bien, pero si me siento incomoda me vuelvo a poner el bikini

    Si obvio, como vos digas.

    Ahí nomás Nati dio el último trago que quedaba en la lata de cerveza, se llevó las manos a la espalda y desató el nudo del corpiño y se lo sacó por la cabeza. Sus tetas quedaron al aire, desafiando la gravedad, blancas y enormes, con la areola marrón clarito y esos pezones que ya de por sí eran grandes y puntiagudos. Alex, a pesar de conocer esas tetas de memoria, se excitó con la situación y la pija se le puso morcillona, y se lo hizo saber a Nati:

    Ufff ya se me está parando…

    Jajaja me alegra que todavía te gusten.

    Te las chuparía acá mismo, ¿te las chupo?

    Ni se te ocurra! Porque me las cubro de nuevo

    Está bien, está bien… voy a intentar contenerme… jeje

    Alex sacó un porro que le había dado Lucho el día anterior y lo encendió, ambos fumaron un poco.

    Vamos al agua que hace un calor infernal – dijo Alex

    Esperá que me pongo el bikini

    Nooo! Dale! Vení así!

    Mmmm eeeh bueno… – dijo Nati luego de dudarlo un poco, total al fin y al cabo estaban en una playa donde nadie los conocía y con muy poca gente.

    Fueron caminando de la mano hasta la orilla, el agua estaba fresca, pero no helada, temperatura justa. Se metieron bastante rápido hasta la altura del pecho. Alex no perdía detalle de las hermosas tetas de Nati que asomaban entre ola y ola .

    Nati sentía algo totalmente nuevo para ella, la libertad de andar en tetas no estaba nada mal, al contrario de como había imaginado se sentía muy a gusto. Todavía nadie la había visto directamente, pero algo le decía que podría soportarlo. “Al fin y al cabo son solo tetas…” pensaba Nati…

    En eso estaban cuando escucharon desde la orilla que alguien los llamaba

    Alex! Nati! Hey!! – gritó Lucho

    “No por favor, otra vez no, no puede ser” pensó Nati. “No lo puedo creer, no alcanzó con que me vieran ayer con el bikini que ahora me van a ver las tetas”.

    Luchito!! – gritó Alex saludando con los brazos desde el mar

    ¿Vos sabías que venían? – preguntó en voz baja Nati, en un tono molesto

    Te juro que no amor, es casualidad. – respondió Alex, nuevamente con la verdad.

    Estoy en tetas, no sé si te acordás. ¿Qué hacemos?

    Y nada, ¿qué vamos a hacer? Estás en una playa nudista haciendo topless, ¿qué tiene de malo? Además, técnicamente, ayer ya te vieron las tetas.

    Eso fue diferente, un accidente. Ahora estoy en tetas.

    Relajate amor… y disfrutá del día. Y si te sentís incómoda te vestís. Pero por mí no tengo problema. – Dijo Alex seguro de lo que decía y con el medidor del morbo en aumento.

    Nati, dubitativa, recordando lo vivido el día anterior, sumado al efecto de la cerveza y el porro y pensando en que estaban de vacaciones y repitiendo para sí misma “son solo tetas, solo tetas” se animó.

    Está bien, voy a intentar ser lo más natural posible – dijo finalmente Nati

    Se miraron y se sonrieron cómplices. Algo había en ese cruce de miradas y sonrisas que los hizo sentir seguros. Estaban de vacaciones y tenían pensado disfrutar.

    Comenzaron a salir del agua, y a medida que se acercaban a la orilla quedó en evidencia el topless de Nati, que entre el agua fresca y la situación tenía los pezones enormes y super duros. Se fueron acercando a Lucho y Javi que estaban embobados mirando esas tetas moviéndose al compás de la caminata, coronadas con dos pezones marrones y en punta, era imposible no mirarlos.

    ¡Qué casualidad! – rompió el hielo Alex

    Si, hermosa casualidad – soltó Javi sin dejar de mirar las tetas.

    Hola chicos, ¿cómo están? – dijo Nati algo nerviosa, pero segura.

    Bien, vinimos a pasar el día acá, trajimos la parrillita para hacer unas hamburguesas.

    Qué bueno. Nosotros también vinimos a pasar el día acá, la verdad que tenías razón Javi, esta playa es el paraíso. – dijo Alex

    ¿Viste? No te mentí, está muy buena.

    Solo omitiste un pequeño detalle: ¡es nudista! – dijo Nati en chiste

    Bueno, solo un detalle, pero se nota que a vos mucho no te molesta jaja – soltó Javi haciendo alusión a sus tetas al aire

    Todos rieron por la ocurrencia. Esto a Nati la hizo sentir más cómoda. Lucho y Javi hacían un esfuerzo sobrehumano para no estar embobados mirando las tetas, y esto a Nati le causaba mucha gracia y a la vez la excitaba. Alex por su parte no perdía detalle de la situación y su morbo seguía creciendo, tener a su mujer en tetas delante de dos amigos era más excitante de lo que hubiese imaginado.

    ¿Qué les parece si unimos fuerzas y pasamos el día juntos? Nosotros trajimos hamburguesas de sobra – dijo Lucho con la mejor de las intenciones. Era evidente que no querían perderse el espectáculo de tetas (y de todo el cuerpo también) que estaba dando Nati.

    Me parece excelente – respondió Alex.

    Caminaron hasta donde estaban las cosas y enseguida Javi se encargó de preparar todo para hacer el fuego.

    ¿Querés que me ocupe del fuego Javi? – se ofreció Alex. Siempre fue un gran asador y era el parrillero designado de todas y cada una de las reuniones familiares y de amigos.

    En serio? Estaría buenísimo, yo soy medio queso para esto.

    Dale, despreocupate, yo lo hago.

    Estuvieron charlando, cada uno con una cerveza y Nati se sentía mucho más a gusto, ya la vergüenza era mínima, eso sí, los pezones seguían duros, era lo único que un poco la incomodaba. Pero al ver que los chicos ya habían pasado el primer encontronazo con sus tetas y se iban acostumbrando a tenerlas ahí a la vista, ella se fue relajando cada vez más, hasta llegar al punto en que ya ni pensaba en sus tetas al aire libre y también, gracias a Dios y todos los santos, sus pezones volvieron a su estado natural.

    Amor, me ponés protector solar? El sol está muy fuerte. – le dijo Nati a Alex

    Alex en ese momento estaba en plena faena preparando el fuego y tenía las manos sucias con carbón.

    Uh estoy con las manos todas negras…

    Si querés yo te paso la crema Nati – se ofreció Javi amablemente.

    Alex y Nati se miraron y ambos entendieron sin palabras que había luz verde para aceptar la propuesta. Total, ¿qué podría pasar?

    Bueno dale, tomá – le dijo Nati extendiendo el pote de crema en sus manos – Me acuesto en la toalla.

    No, mejor así de pie, más cómodo.

    Ok – dijo Nati situándose de pie dándole la espalda (y la perfecta visión de su enorme culo entangado) a Javi, pero quedando de frente a Lucho y Alex.

    Javi se puso crema en las manos, y comenzó a pasar suave y lentamente crema en la nuca, en los hombros, en la parte alta de la espalda.

    En ese momento Nati sintió un escalofrío que la recorrió desde los dedos de Javi directamente hasta su concha. Casi al mismo tiempo sus pezones, como era de esperar, comenzaron a crecer. “Nooo otra vez no, la puta madre” pensó Nati. Para colmo, de frente estaban su marido y el amigo de éste sin perder detalle de la situación. Javi agregó más crema y siguió lentamente aplicando crema, “va muy lento” pensó Nati. Y claro, una oportunidad así no era para desaprovecharla rápido, Javi eso lo sabía y quería disfrutar de la piel de esa hembra lo más posible. Fue bajando por toda la espalda, y de a poco fue acercando sus manos a los bordes de las tetas para también embadurnar con crema. Los pezones explotaban y su concha ya estaba muy húmeda, instintivamente Nati se mordió el labio inferior y cerró los ojos por 2 segundos. Esto no pasó desapercibido por los dos mirones (Lucho y Alex). Javi siguió bajando hasta que tuvo que ponerse en cuclillas, quedando el culo de Nati a escasos 30 cm de su cara, firme y grande, con un pedacito de tela azul que se perdía en esa raya. Sin pedir permiso, agregó más crema en sus manos y comenzó el masaje (si, porque eso ya era un masaje) por la parte exterior de los muslos y poco a poco fue cubriendo la totalidad del culo.

    Nati no podía creer lo que estaba pasando, estaba muy excitada, las manos firmes y grandes de Javi amasando su culo la estaban volviendo loca, pero lo que más la calentaba de toda esta situación, era que Alex, su marido desde hace 10 años, con quien tenía dos hijos, estuviese parado a 3 metros expectante de la situación, sin decir nada y notablemente caliente. Eso la ponía a mil. Javi siguió bajando por sus piernas hasta dar por terminada la faena. Se incorporó y sin dejar pensar a Nati le dijo:

    Ahora por delante y terminamos

    Y se puso rápidamente delante de Nati, notando enseguida esos dos pezones duros como rocas apuntando directamente al horizonte. Esto hizo que Javi se envalentonara más (y eso que ya estaba envalentonado)

    Enseguida comenzó a pasarle crema por la cara hasta bajar al cuello, luego siguió con los brazos y volvió al pecho, la parte entre el cuello hasta donde comienzan a nacer las tetas. En esa parte se quedó más de la cuenta, como si estuviese meditando si seguir bajando o no. Pero al ver que Nati no decía nada, y que Alex estaba atento de la situación, también sin decir nada sumado a que los pezones lo miraban como diciendo “dale, vení” no lo pensó más, se puso nuevamente crema en las manos y fue directo a las tetas, sin amasarlas, sino pasando la palma y dedos de la mano suavemente, sin tocar los pezones, pero rodeándolos lentamente, dándoles varias vueltas alrededor…

    Nati no entendía porque permitía esto, estaba en una playa con su marido y dos tipos más de los cuales uno le estaba tocando las tetas y ella estaba cada vez más caliente, sentía que le iban a explotar los pezones y los jugos de su concha ya habían formado una pequeña manchita de humedad que se notaba en la tela del tanga.

    Javi ya había pasado crema en ambas tetas, así que por más que le doliera en el alma, ya no tenía excusas para seguir masajeando esas enormes mamas. Siguió bajando por el vientre, la cintura y finalmente la parte frontal de las piernas, no sin antes notar la pequeña manchita de humedad.

    Listo! Ya estás protegida del sol! – dijo Javi como si nada.

    Gracias Javi – respondió Nati con la voz algo entrecortada por la excitación.

    Nati se sorprendió al ver que debajo del short de Javi se marcaba un bulto enorme, evidentemente tanto masaje le había despertado la verga, “debe tener una pija gigante” pensó Nati. Javi la sorprendió mirando su entrepierna y hubo un cruce de miradas con cierta complicidad…

    En un ratito están las hamburguesas – rompió el silencio Alex.

    Buenísimo, estoy muerta de hambre – Agregó Nati parada al sol esperando a que su cuerpo absorbiera toda la crema que tenía embadurnada.

    Si alguien le hubiera dicho a Nati apenas unas horas antes que iba a estar en tetas con los pezones duros delante de tres hombres, siendo unos de ellos su marido, en una playa pública, y que Javi le iba a tocar las tetas a plena mirada de su marido y Lucho, que iban a estar charlando como si nada, tomando cerveza y fumando, y que encima su excitación iría en constante aumento, jamás lo hubiese creído. Pero era la realidad, ya estaba mucho más desinhibida, después del episodio del protector solar estar en topless no le incomodaba para nada, todo lo contrario, le gustaba, la hacía sentir poderosa ante esos tres hombres, y comenzó sentir muchas ganas de coger, “en cuanto volvamos a la cabaña quiero que Alex me de mi ración de pija” pensaba. Las miradas, ya sin disimulo, de Lucho y Javi, lejos de incomodarla, le causaban cada vez más calentura. Estaba irreconocible, ella no era así, así de putita. ¿o si lo era? “mejor ni lo pienso y sigo el consejo de Alex: disfrutar del día…”

    Por su parte, Alex no era indiferente a todo lo sucedido, a pesar de que un extraño como Javi había manoseado a su mujer descaradamente delante de sus narices, esto lejos de ponerlo celoso o desplazado, contrariamente lo excitó muchísimo. Ver a su mujer disfrutar, con los pezones duros, con sus expresiones de excitación que él conocía mejor que nadie, inevitablemente le despertaron algo que no sabía que existía en él. Sumado al hecho de que cada vez la notaba a Nati con más naturalidad en topless, que Lucho y Javi no dejaban de mirar su cuerpo y que en sus shorts se notaban, al menos, dos pijas en estado morcillona. ¿Por qué permitía esto? La respuesta era fácil: calentura. Cuando uno se calienta hay un punto de no retorno en donde todo vale. ¿Hasta dónde estaba dispuesto a llegar? ¿Y Nati, hasta dónde estaría dispuesta a llegar? “Me la quiero coger ya mismo” pensaba Alex, mientras la miraba con ojos inyectados en fuego.

    Las hamburguesas vinieron muy bien para el bajón, eran muy necesarias para calmar, al menos por un rato, toda esa tensión sexual que flotaba en el ambiente. La playa seguía super tranquila, con algunas pocas personas además de ellos repartidas a lo largo de la playa.

    Voy al agua – dijo Alex

    Vamos – dijeron los demás.

    Y se pusieron en marcha los cuatro camino al mar, Nati ya estaba disfrutando desde hace rato el estar exhibiendo sus tetas, ver cómo la miraban ya sin cortarse ni un pelo, y como ella se mostraba de la misma manera. Entraron al agua, se refrescaron, lo necesitaban.

    Después de un rato de estar cada uno en la suya fueron saliendo.

    La primera en salir fue Nati, que fue directo hasta las toallas.

    Al minuto la siguió Lucho y pegadito a él salió Javi. Alex se quedó nadando, siempre le gustó nadar en el mar.

    Se encontraron los tres en las toallas, y se pusieron a charlar de lo bien que estaba el clima y lo linda que era esa playa, Nati estaba, como casi todo el día, con los pezones durísimos y notaba como las miradas de Lucho y Javi, se desviaban en todo momento a sus tetas sin disimulo. Esto la tenía excitada, muy excitada.

    Alex volvió del agua, y la escena de ver a su mujer charlando con dos hombres a escasos centímetros, con las tetas al aire y los pezones duros y con un tanga diminuto que apenas cubría su intimidad le generaron un morbo y un estado de calentura enorme.

    El día siguió pasando, se veían en el horizonte unas nubes negras que cada vez se acercaban más y a eso de las 6 de la tarde, Alex y Nati decidieron irse.

    Bueno, nosotros ya nos vamos yendo – dijo Alex

    Dale, nosotros en un toque ya nos vamos también, esta noche jugamos al fútbol con los pibes -. Dijo Javi

    Qué bueno un fulbito! – dijo Alex

    Si, se arman lindo partidos, si querés vení, nos falta uno para completar.

    Es que no traje botines…

    Por eso no te preocupes, yo te presto

    Ey! Y yo que hago mientras tanto?? – dijo Nati fingiendo enojo y poniendo cara de pobrecita.

    Podés venir a vernos jugar, a veces van algunas novias de los chicos.

    Bueno, si Alex quiere jugar, yo hago el sacrificio, ¡qué buena esposa que soy! Jaja

    Jaja gracias amor, sos la mejor!

    Bueno, jugamos a las 7 de la tarde, en unas canchitas que quedan acá a unos 20 min en auto – avisó Javi – así que podemos hacer un ratito más de tiempo acá y vamos directo, total tengo toda la ropa en el auto, hasta los botines de más.

    Yo tendría que ir a cambiarme de ropa, solo traje el pareo! – dijo Nati

    Y… Lo que pasa que si van hasta donde están parando, ya no van a llegar a la hora del partido – dijo Lucho – además no te hagas drama, estamos en ambiente playero, ir en pareo es lo más normal.

    Ay pero no se… andar en la playa en pareo si, pero en otros lados…

    No pasa nada Nati, es una hora, jugamos al futbol y nos vamos – le dijo Alex

    Bueno, ya me debés unas cuantas vos eh! A ver cuando me las pagás jiji – dijo Nati en tono de broma

    Gracias!

    Nati se puso la parte de arriba del biquini, todo ante la atenta mirada de sus tres admiradores, y después se colocó el pareo blanco, que al ser de una tela muy fina se transparentaba tanto que era casi como no tener nada.

    Lucho sacó un porro y dijo – el último antes de irnos. Y todos fumaron un poco y terminaron una última lata de cerveza cada uno.

    Bueno, es hora de irnos – dijo Javi

    Caminaron hasta los autos y Javi le indicó a Alex que lo siga hasta las canchitas, no sin antes comprobar que los botines le quedaban justo para sus pies.

    Subieron al auto, y emprendieron el viaje, las nubes que antes estaban en el horizonte, ya estaban sobre sus cabezas. Estaba pronosticado tormenta para esa noche.

    Llegaron 2 minutos antes de las 7 a las canchas, era un lugar con 2 canchas de fútbol 5 descubiertas, ambas estaban ocupadas con tipos jugando.

    Se bajaron del auto y caminaron al encuentro de los demás que ya estaban todos esperando. Se quedaron todos sorprendidos al ver a Nati con su pareo blanco que dejaba notar debajo un bikini azul diminuto, haciendo notar lo buena que estaba y el tamaño de sus tetas. Nati se sintió un poco cohibida, pero como ya venía entonada por todo un día haciendo topless ante desconocidos, no le dio tanta importancia, al fin y al cabo estaba vestida.

    Los hombres se pusieron a hablar entre ellos, todas esas boludeces que hablan los hombres, riendo y cargándose entre ellos. Alex enseguida fue uno más de ellos. Nati, sin embargo, quedó medio aislada de la conversación y se fue a sentar a unos bancos. Enseguida se desocupó una de las canchas y entraron a jugar, 5 vs 5.

    Mientras el cielo se ponía cada vez más negro, Nati se entretuvo mirando el partido los primeros 10 minutos, pero enseguida se aburrió, miró a su alrededor y vio que había vestuarios femeninos. Decidió aprovechar el tiempo y darse una ducha para quitarse la sal del mar, fue al auto a buscar la toalla y se dirigió a los vestuarios.

    Al entrar se encontró con un área de unos 3 x 3 metros con un banco largo en el medio en un costado 2 bachas y un espejo, en el otro costado dos baños y en el fondo una entrada que llevaba a las duchas las cuales eran 4 sin separaciones entre sí, simplemente duchas una al lado de otra.

    Se quitó el pareo y el bikini y los dejó hechos un bollito en el banco, y encima colocó la toalla y se fue a las duchas desnuda, solo con el shampoo y el jabón.

    El agua estaba caliente y la presión era ideal.

    Afuera, mientras tanto se desató la tormenta perfecta, viento y lluvia torrencial que enseguida inundó las canchas e hizo imposible poder seguir jugando. De todo esto Nati no se enteró, y seguía tranquilamente debajo de la ducha enjabonándose.

    Las canchas se fueron vaciando y la mayoría se iban yendo a sus autos, y algunos a los vestuarios, estaban tan acostumbrados a que nunca había mujeres que ambos vestuarios eran de uso de hombres siempre, era lo más normal. Alex se fue hasta el auto, imaginando encontrar a Nati ahí refugiada. El masculino estaba lleno así que Lucho, Javi y 4 chicos más de los que estaban jugando se dirigieron al femenino…

    Ninguno se percató que debajo de la toalla que había en el banco, estaba el pareo y el bikini, por lo que imaginaron que alguno se estaría dando una ducha. Enseguida Lucho, Javi y otro de los chicos que se llamaba Pablo se sacaron la ropa y enfilaron para las duchas. Los otros tres se quedaron cambiándose en el banco, no pensaban ducharse.

    Al entrar a las duchas lo que vieron los dejó pasmados, Nati con todo el pelo lleno de espuma, con los ojos cerrados, desnuda, una diosa. Las tetas grandes, curvas hermosas, una conchita totalmente depilada, con el agua y la espuma recorriendo el cuerpo. Realmente era una imagen impactante. Los tres se quedaron embobados mirándola. Nati sintió una presencia, abrió los ojos.

    Lo que vio la dejó sin reacción. Lucho, Javi y un tercer tipo que ni conocía, a escasos 2 metros de ella en pelotas observándola embobados. Instintivamente miró las tres pijas, la del desconocido (Pablo) era una pija de tamaño normal aunque bastante gruesa y con los pelos prolijamente recortados. La de Lucho era más grande, bien depilada, bastante parecida a la de Alex. Pero la de Javi era impresionante, también estaba depilada, y era gruesa y larga y circuncidada. No pudo evitar excitarse con la vista y sus pezones hicieron lo suyo: otra vez se pusieron duros y largos.

    Continuará…

  • Trío con el animador en la cabaña del Caribe (parte 4)

    Trío con el animador en la cabaña del Caribe (parte 4)

    Tras un breve descanso en la playa del Paraíso,  volvimos a ducharnos con el Coqui, sin dejar de besarnos y pajearnos, hasta que estuvimos de nuevo al palo.

    -¡Qué buena está tu mujer!, me dijo. Y cómo le gusta coger.

    -Sí, nos gusta mucho la pija, sobre todo de los bombones como ustedes. ¿Tenés que volver a tu trabajo?

    -No, ya terminó mi horario y estoy libre hasta pasado mañana, me dijo.

    -¡Genial! Vení a nuestra cabaña.

    Debíamos continuar por la playa hacia el lado contrario de donde habíamos llegado y, tras dejar la caleta Paraíso por otro sendero a través del palmar, llegamos, otra vez transpirados. Entramos y pusimos el aire acondicionado, pero debíamos ducharnos de nuevo, así que nos bañamos juntos otra vez.

    Le comí la boca, los pectorales, los abdominales y mi premio mayor, esa pija morena que me volvía loco de placer. Se la chupé varios minutos, viéndolo a los ojos, apretando sus nalgas duras e incitándolo a cogerme por la boca. Cerraba los ojos y gemía de placer, por lo que pensé que iba a correrse dentro de mí, pero se contuvo, así que me alcé para besarlo con mucha pasión y le hice señas para abajo. Sin dudar, se arrodilló y me mamó un largo rato, masajeándome el ano con sus dedos, cuando nos interrumpió mi celular. Mensaje de mi mujer:

    -En 10 minutos estoy en la cabaña. Me tengo que bañar, estoy transpirada.

    -Te espero, le respondí.

    Así que nos secamos rápidamente, le pedí a Coqui que se acostara en la cama, que se hiciera el dormido y tapé apenas su hermoso cuerpo con la sábana mientras me envolvía con una toalla, que no podía ocultar mi erección. En dos minutos llegó Luli y le abrí la puerta. Estaba radiante y me dio un morreo de escándalo, mientras saludaba a Kevin que se iba en la combi.

    -¡Qué linda estás!

    Volvió a besarme y me empujó dentro de la cabaña. Se sorprendió cuando vio a Coqui en la cama, pero le dije que era el masajista que había contratado.

    -Me va a hacer falta, me susurró pícara, pero voy a ducharme primero, mientras se iba desnudando y caminaba hacia el baño.

    Me acerqué a Coqui y le hice señas de silencio, pero al quitarle la sábana pude ver su verga empinada y me lancé a chupársela con frenesí un par de minutos, al tiempo que él se movía para cogerme bucalmente. Lo detuve y lo alcé de la cama para comerle la boca a lengüetazos, apretarlo contra mi cuerpo y acariciar mucho sus glúteos.

    -Vení para el baño, le susurré al oído.

    La puerta estaba abierta y Luli tarareaba una canción, mientras se enjabonaba las piernas y nos mostraba su culo redondo, firme y enjabonado.

    -El masajista está listo y tiene una barra de chocolate de regalo, le dije.

    No se dio vuelta y me respondió que le faltaba terminar. Le dije que él le daría una mano para acabar,

    -¿No querés ver la barra de chocolate?

    Hice entrar a Coqui al baño tomándolo de su poronga morena y dura y sobándole el culo.

    -Mirá qué rico bombón te vas a comer.

    Giró y se sobresaltó un poco, pero enseguida sonrió, lasciva. Me adelanté para besarla y le dije que era todo suyo. Me devolvió el beso con mucha pasión y me susurró:

    -Te quiero mucho, puto.

    -Yo te quiero más, putísima. Cometelo todo, te voy a mirar.

    Metí a Coqui en la bañera. Lo recibió directamente con un morreo monumental y agarrándole la pija, mientras el Coqui la tomaba de sus nalgas y la apretaba contra sí. Se besaron y enjabonaron mutuamente, pechos, culos y una intensa sobada al duro miembro del masajista. Me senté en un banco a ver el espectáculo, grabándolo con el celular que apoyé en un estante, mientras me hacía la paja.

    Después del intenso franeleo y manoseo, Coqui la volteó para enjuagarla y apoyarle la pija entre los glúteos, al tiempo que ella no paraba de besarlo con la cabeza hacia atrás. El moreno le masajeó y apretó los pechos, y ella gemía muy caliente, empujando su culo hacia atrás y meneándose. Cuando terminaron de enjuagarse, Luli empezó a besarlo en la boca con mayor pasión todavía hasta que empezó a lamer su cuello, los pectorales, mordisqueó y le chupó los pezones duros, lo que retribuyó Coqui con creces, comiéndole los pechos y haciéndola gemir como una perra en celo.

    Mi mujer pasó a lamer sus abdominales, mirándolo a los ojos con esa mirada que pone cuando se emputece, hasta llegar a su premio mayor. Empezó lamiendo el glande rosado como si fuera un helado, acariciando y apretando delicadamente los huevos morenos y suaves, y llevando sus dedos hasta el dulce agujero ya dilatado del trasero. Se lo masajeó con dos dedos al notar la facilidad con que entraban, mientras su boca se apoderaba del pingo negro y recto por el tronco hasta el fondo, como ella sabía hacerlo y tomaba uno de sus glúteos para instarlo a cogerla por la boca.

    Empezaron un vaivén de entra y sale lento pero intenso, mirándose a los ojos. Cada dos o tres chupadas me miraba a mí que me estaba masturbando como un loco pajero. No me corría porque ya había acabado varias veces, pero estaba re caliente. Cuando notó que de la pija morena salían gotitas pre seminales, se apresuró a chuparlas con placer, relamiéndose y volviendo a meterse toda la poronga en la boca.

    Era una cogida oral tremenda, pero Coqui tenía auto control y le fue separando la cara de a poco y alzándola, la besó apasionadamente tomando sus glúteos y metiendo la punta de su duro miembro en su concha empapada. Luli lo apartó apenas y mirándolo a sus ojos le pidió que se la metiera toda.

    -¿La quieres toda adentro?

    -Sí, por favor. Necesito tu pija ahora, toda.

    La giró para que se apoyara en los bordes de la bañera y se la puso sin miramientos en la concha por atrás. Se sintió el chapoteo por lo mojada que la tenía. Empezaron un meta y saca coordinado al instante y mi mujer gemía y ronroneaba como varias gatas en celo, pidiendo más y más. Yo no daba más, así que me puse en pie y me acerqué con la pija bien al palo para ponérsela en la boca. Me la comió hasta atragantarse, para después chuparla al compás de las embestidas de Coqui, que ella acompañaba empujando su culo para atrás.

    Me miró a los ojos como pidiendo perdón y entendí que quería concentrarse en la cogida, así que me retiré un poco para seguir masturbándome. Varios minutos, no sé cuántos, estuvieron dale que te doy, gimiendo y gruñendo, hasta que mi mujer dijo que se venía y que quería más matraca, que no parara. Coqui aumentó sus arremetidas y se puso tenso apretando las caderas de mi mujer hasta que dijo que se iba a correr.

    -No te salgas, seguí, quiero tu leche, gruñó mi Luli.

    Cuando el masajista empezó su eyaculación, le dijo con voz entrecortada:

    -Ahí tienes, mi leche, toda tuya.

    Mi mujer tuvo un multi orgasmo que la dejó temblando, apoyada en la bañera. El masajista la tomó de los pechos para que se levantara, ella le pidió que por favor no se saliera. Yo estaba a mil por hora pajeándome y me fui acercando para besarla y decirle que la quería mucho y que la deseaba más que nunca. Ella jadeando me agarró la pija para seguir pajeándome y giró la cabeza hacia atrás para retribuir a Coqui con un largo y profundo beso de lengua. Volvió a besarme a mí y pidió que yo le agradeciera al masajista, sin soltarme el miembro y sin dejar que la poronga morena se saliera de su concha llena de leche.

    Empezó a menearse un poco recompuesta y me miró como rogando que le diera las gracias a Coqui. Me metí en la bañera y le di a Coqui un tremendo morreo, tomándolo de sus hermosos, redondos y firmes glúteos. Luli se unió a nuestros lengüetazos en un increíble beso de a tres. Pasábamos de una boca a otra como enloquecidos, al tiempo que los mantenía apretados entre sí. Mi mujer me susurró al oído que otra vez sentía la pija dura del masajista en su concha y que le parecía que estaba para comérsela.

    Se separó para volverse frente a Coqui y besarlo de nuevo, mientras juntaba nuestras pijas con sus manos y me hizo un guiño señalando hacia abajo. Comprendí y empecé a lamer el cuerpo del moreno, chuparle las tetas a mi mujer, los pectorales de Coqui, sus abdominales, que me volvían loco, y llegué a tomar su poronga chorreando los jugos de mi mujer y su propia leche.

    Como dudé un poco, sin dejar de chuponear a Coqui, Luli empujó suavemente mi cabeza hacia su pija y me la tragué de golpe casi hasta el fondo. Me dio una especie de arcada, pero de la calentura que tenía la empecé a chupar con desenfreno. El masajista estaba agotado, su poronga seguía parada y empecé a meterle los dedos en el culo, que lo hizo gemir de placer, mientras seguía chupándole la pija.

    De pronto, Luli me alzó, me besó sin piedad, se fue girando para poner a Coqui de espaldas a mí, hizo que él le chupara los pechos y me lo dejó servido con su culo en pompa. Lo tomé suavemente de las caderas y le apoyé la punta de mi pija en su ano dilatado, fue entrando suavemente, Coqui gemía, pero se iba amoldando, se la fui metiendo lentamente hasta llegar al fondo y me quedé quieto.

    Cuando empezó a contraer y dilatar su ano fue la señal y empecé un mete y saca suave, despacio, hasta casi salirme de él para volver a entrar. Él coordinó su vaivén hacia atrás, sus glúteos firmes chocaban con mi pelvis, intensifiqué mis embestidas y en pocos minutos pude eyacular algo de la leche que me quedaba en su precioso culo, por segunda vez en el día. Me quedé adentro mientras él se erguía y le daba un tremendo morreo a mi mujer, meneando su trasero con mi poronga morcillona adentro.

    Nos abrazamos y besamos los tres, hasta que mi mujer recuperó su calentura y se arrodilló a chuparle la pija al masajista que la seguía teniendo erecta. Nosotros seguimos con nuestros lengüetazos, caricias y meneos, con mi pija en su ano lubricado con mi leche. Coqui comenzó a cogerse a mi mujer por la boca, mientras yo lo apoyaba y lo magreaba. Tras varios minutos de menear su culo contra mi pija, de los prolongados morreos conmigo y de la felación de escándalo que le hacía mi mujer, acabó dentro de ella, que escupió la poca leche que se había tragado, pero volvió a la carga para chupar y lamer el glande rosado y la pija morena que tanto le había gustado.

    Algo cansados, nos enjuagamos bien, nos secamos frotándonos mutuamente y fuimos desnudos a la cama. Luli se recostó entre los dos, yo a su espalda y ella vuelta hacia Coqui para besarlo, acariciarlo y sobarle su pija siempre enhiesta y ya húmeda de nuevo. El masajista era una máquina sexual y ella no quería desaprovechar la oportunidad. Yo le susurraba al oído:

    -¡Qué buena poronga tiene!

    -¡Siií!, me respondió extasiada, mientras seguía acariciando con una mano sus pectorales y abdominales y haciéndole la paja con la otra, sin dejar de besarlo y lamerlo.

    Se volteó un momento con los ojos brillantes, me besó con mucha pasión, me dijo que me quería mucho y que se lo iba a coger de nuevo.

    -Es todo tuyo, bombón. Comételo todas las veces que quieras, que yo te ayudo.

    Otra sesión de chupones y besos de lengua y ya se me paraba de nuevo. Nunca me había pasado tantas veces y la puse entre las nalgas de mi mujer, que se movió muy caliente y jadeando.

    -No doy más, me dijo, se levantó y se sentó de golpe sobre la pija morena que la tenía a mil, para disfrutarla mejor.

    Lo miraba a los ojos, extasiada y cuando se la metió toda empezó a cabalgarlo y a menearse, gimiendo y gozando, como nunca lo había hecho conmigo. Con voz sofocada por el calentón, al tiempo que me acercaba a Coqui para acariciarlo y besarlo, le dije:

    -Imaginate cuando Kevin te agarre de nuevo.

    Estalló en otro orgasmo al pensar en el bellísimo Kevin y gruñó como una gata en celo, acelerando su meneo sobre la poronga del masajista, al que ya estaba besando y acariciando, mientras él me sobaba la pija. Le susurré a Coqui:

    -Hablale de Kevin, decile que lo nombre.

    -Llamalo a Kevin, decile cómo te gustaría que te coja otra vez.

    Fue el acabóse.

    -Kevin, Kevin, ¡cómo me gusta coger con vos! Quiero tu pija, quiero cogerte otra vez.

    Apuró más su meneo, apretando sus pechos y llevando las manos de Coqui con ella. Tuvo otro tremendo orgasmo múltiple que parecía no terminar nunca, hasta que se dejó caer sobre su pecho y nos besó a los dos, haciendo un trío de magreo increíble. Yo había notado que Coqui no se había corrido así que la desplacé un poco para poder chupar la pija morena empapada con los jugos de mi mujer, extasiado, lamiendo hasta los huevos depilados y húmedos, mientras ellos se besaban y gemían de placer.

    Seguí lamiendo hacia abajo y llegué a meterle los dedos en el ano, que ya estaba lubricado. Me dieron ganas de cogerlo de nuevo, pero también de tomar la misma posición de mi mujer, así que probé a sentarme sobre la poronga del masajista lentamente, hasta que también me la metí toda adentro y empecé a moverme suavemente. No tenía la maestría de Luli pero me daba mucho gusto, hasta que Coqui alzó sus caderas para empalarme mejor y mi mujer le dijo algo al oído.

    Me pidieron que saliera y me pusiera boca arriba en la cama, casi a los pies, Coqui se arrodilló frente a mí, levantó mis piernas hasta sus hombros y me la puso de un saque, provocándome oleadas de placer con sus embestidas. Mi mujer no vaciló en montarse de espaldas a mi cara, aprovechando mi erección, y de frente a Coqui. O sea que usaba mi pija para abrazarse y besarse con el masajista mientras él me empalaba. No me corrí en el acto porque creo que se me había terminado la capacidad de hacerlo, pero me volvía loco la escena.

    Coqui me cogía en un vaivén estremecedor, le daba tremendos besos y la tomaba de sus glúteos para ayudarla a cabalgarme. Ella se abrazaba a su espalda para empujarlo contra mí mientras se prendía a su boca como una lapa y se meneaba sobre mi pija como enloquecida. Luego de varios minutos me empezó el cosquilleo previo a la eyaculación y dije que me iba a correr. Luli incentivó su meneo y su magreo con Coqui, hasta lograr que yo acabara, estremecido y temblando, intensamente, pero con poca leche.

    Ella logró su deseo, como noté enseguida. Se salió de mí y se me puso en cuatro de frente, mientras ofrecía su culo al masajista que no paraba de cogerme. Mi mujer empezó a moverse sobre mi poronga morcillona y empapada por nuestros fluidos, que bajaban a lubricar mi ano relleno con la pija morena.

    De pronto, mi mujer le dijo a Coqui que lo estaba esperando y el masajista no se hizo desear. Mojó sus dedos en nuestros jugos y le metió dos en el culito a mi mujer, que dio un respingo, pero enseguida gimió y empezó a empujar hacia atrás. La masajeó bastante hasta meterle un tercer dedo, sin dejar de cogerme, y yo intentaba besar los pechos bamboleantes de Luli.

    Ella sólo tenía concentración en su culo ya dilatado y lubricado por los dedos de Coqui y no paraba de empujar hacia atrás. El masajista salió de mi culo, se puso de pie y la fue enculando de a poco, mientras mi mujer berreaba de gusto hasta que llegó al fondo y ella le pedía más y más. La tomó de la cintura y empezó el mete y saca que tan bien sabía hacer hasta que acompasaron sus movimientos.

    -¡Cómo te gusta, puta!

    -Siii, me dijo. Más, más, no pares, decía y empujaba para atrás.

    Tras unos minutos de acometidas de Coqui, mi mujer se corrió de nuevo cogida por el culo, hasta que cayó exhausta sobre mí. Coqui salió de su culo y volvió a penetrarme con mucha facilidad para él y gran placer para mí. Gemí y también le pedí más.

    -Sos re puto, me dijo mi mujer ronroneando, y me gusta mucho.

    -Te quieeero, le dije y nos besamos con mucha pasión.

    Coqui me cogió cada vez más rápido varios minutos hasta derramar la leche que le quedaba en mi culo y agotado se dejó caer sobre un costado de la cama resoplando. Esta vez me puse yo en el medio para besarlos alternativamente, jugueteando con los pectorales de uno y los pechos de la otra.

    Así, colmados de placer y de leche, nos fuimos quedando dormidos.

  • El mejor sexo por cam

    El mejor sexo por cam

    De regreso compartiendo algunas de mis experiencias o mejor dicho, todas aquellas veces que he disfrutado de este bello placer. A continuación les presento una más.

    Después de aquel episodio de voyerismo que viví protagonizado por tan esplendida mujer, les quiero platicar una de mis primeras experiencias de sexo a distancia, agradeciendo tan infalible tecnología. Si, estoy hablando de sexo por cam.

    Después de meses que deje por la paz el voyerismo, me quedé muy tranquilo pero mi cuerpo me pedía esa parte, tenía que sacar de alguna manera mis ganas, el placer y mis bajos y más sucios instintos como humano.

    Una noche comencé a navegar por la red, y me encontré una página muy conocida en aquellos años de 2010, más o menos. Tenía 20 años, sediento de arrojar leche de mi pene a todas horas, comencé a buscar mujeres, debo aclarar que salía de todo un poco, pero tuve la suerte de encontrarme con alguien muy especial quien ahora es mi esposa.

    Yo en USA y ella viviendo México, comencé a platicar con ella durante mucho rato, casi todos los días la relación se fue tornando más concreta, la confianza, la lealtad todo se dio para un extraordinario escenario de Amor.

    Un tema nos ligaba a otro y claro está, el tema del sexo, así mismo quiero confesar que tuve suerte pues mi esposa en ese entonces tenía 26 años, yo tan solo de 20 años, pero se dio. Y con esa edad sus fotos me decían que estaba de pies a cabeza extremadamente hermosa, ella poseía y a la fecha posee un cuerpo sumamente atractivo, ella es (Gordibuena, más buena que gorda, aclaró) nalgas anchas, bien paradas y firmes, unas piernas torneadas al mismo tiempo que sus pantorrillas dejan ver un escultural cuerpo, pechos grandes, y que decir grandes excelentes para su cuerpo y para mí.

    Una noche, después de a ver hablado de todo un poco decidí llevar un poco más la platica a lo hot, con la ayuda de la cam podía verla de frente aunque a distancia, le comencé a decir que le gustaría que le hiciera, ella amablemente comenzó a decirme todo lo que quería que le hiciera. Así se calentó el entorno y pues yo no iba a perder la oportunidad de que se desnudara, para romper el hielo me quite la playera, ella asombrada me elogio mi pecho, sin mas ni más le pedí que me dejara ver más, se quito una blusa casi transparente que traía, sus pechos dentro del brasier me dejaron ver un poco esos hermosos pechos, un brasier de encaje rojo, le pedí que se los tocará, mi pene ya estaba super erecto, ella me pide que le deje ver mi pene, para no hacer un poco de emoción me levante puse mi pene a la altura de la cámara y mostré por encima del short que traía mi pene, sin mas me dice: dejame ver tu bóxer, me quito el bóxer y asi lo puedo contemplar mejor, y la ereccion que tenía, no tarde en pedir ver sus pechos al aire, obediente lo hizo.

    Wow, no me metían las fotos, de verdad sus pechos estaban hermosos, ella jugaba con ellos su aureola bien formada de un face claro, su piel apiñonada, traía un short muy corto que dejaba ver sus piernas, le pedí que se lo quitara, como siempre obediente asintió y se lo quito, date la vuela, dejame ver tu culo, se dio la vuelta, se puso a gatas en su cama y ahí estaba su culo, me imaginaba como la iba a embestir una vez teniéndola a mi lado, ahí mismo le pedí que se bajara las bragas, así lo hizo.

    Que hermoso culo y que grande era, se formaba un corazón desde donde estaba en esa posición, después de eso, se dio la vuelta, abrió sus piernas y como invitación me dejó ver su hermosa panocha, estaba un poco peluda, ya que nadie la había usado ya hace mucho, así que ella sin tener a quien ofrecerla dejó que se llenará de bello.

    No importandome, la pedí que abriera con sus dedos sus labios vaginales, y comenzó, comenzó a masturbarse, un poco agitada después de unos minutos me dice: quiero ver tu pene, no tarde en bajarme el boxer para mostrarle mi pene, acércalo, me decía… Lo arrime a la cámara y mi pene me punzaba en mi mano, ella se lamia sus labios, que rico esta, se ve muy grande… Jálatela por favor,… Así lo hice, duramos buen rato masturbandonos, se lamia sus pechos, la vi venirse varias veces, pero era mi turno… Me vine en mi mano, dejame ver tu semen se lo mostré y ella, finalizó diciendo, muy pronto me los comeré y los tendré en mi boca, te lo prometo, prometeme lo mismo, si, así será, te lo prometo.

    Y así pasaron varios meses hasta que un día, me encontré con ella. Pero eso, es para otra historia.

  • Sensaciones sexuales (VII)

    Sensaciones sexuales (VII)

    El sonido del mensaje me indicaba que era mamá. Tomé mi teléfono y efectivamente el mensaje de whatsapp decía: “Me invitaron Norma y el marido a almorzar con ellos y pasar la tarde y aprovechar la pileta. No hice nada para comer. Comprate y cocinate vos”.

    Era una mala y una buena noticia a la vez. Mala porque yo debía cocinarme y buena porque me permitiría disponer de la casa prácticamente todo el día.

    También tenía que compensar a Lauty por haberle dicho que no el día anterior, así que todo se alineaba para un excelente almuerzo de amigos.

    Mientras aún estaba en viaje le escribí a mi amigo “Lauty, te invito a almorzar. Voy a preparar algo que te va a encantar. Sorprendeme con la bebida”. Inmediatamente después le pedí al papá de Naty que me deje unas cuadras antes, ya que tenía que ir al supermercado a comprar cosas para el almuerzo. Minutos después ya estaba caminando hacia la carnicería. Elegí un buen trozo de carne y camino a la caja elegí especias apropiadas para una comida afrodisíaca.

    Llegué a casa y luego de encender el horno para que vaya precalentando, me fui a mi dormitorio, elegí el conjunto de ropa interior negro que me había comprado hacía pocos días, y un vestidito de gasa rosa que seguramente a Lautaro le iba a encantar. Zapatos de taco color negro y por supuesto unas gotas de mi adorado Blue Seduction de Antonio Banderas.

    Preparé una salsa crema con los ingredientes que había comprado más algunos otros que tenía en casa y puse la carne al horno. Sólo era cuestión de esperar. Un buen momento para poner un disco de Harry Styles y todo el clima sería perfecto.

    Me senté en el sofá a esperar e inmediatamente volvían a mi mente todas las imágenes del fin de semana, Naty desnuda, Lauty acariciando mi cuerpo, su anécdota con Vanesa, Andrea mi vecina también completamente desnuda, lo que vi entre Fernanda y Alejandro y por supuesto, lo que había pasado anoche en el dormitorio de Naty. No tuve que pensarlo, mis manos como acto reflejo ya estaban en mi vulva acariciándola, jugando en círculos, dándole caricias al clítoris. Estaba sola así que podía gemir sin pudor, y lo hice disfrutando lo rico que es masturbarse.

    El timbre sonó, pero lo ignoré, no estaba más en el sofá, estaba en las nubes del placer disfrutando mi paja. Una vez más el timbre sonó y volví a la tierra. Seguramente era Lautaro, me paré de inmediato, me acomodé el pelo aún sin saber si estaba despeinada y me dirigí a la puerta.

    Allí estaba él, hermoso, sonriente, con una camisa clarita, jeans y unos zapatitos que le daban la imagen de un hombre seductor.

    -Hola Mary ¿llego en mal momento? Estás hermosa.

    Por mi cabeza pasó la respuesta “sí me interrumpiste algo muy lindo” pero mi boca respondió: “muchas gracias, vos también estás muy elegante. Pasá y ponete cómodo. Falta un poco para la comida”.

    Lautaro pasó y apenas entró me mostró una botella que traía en su mano. Era un champagne Barón B extra brut. No sé quién se lo dijo, pero era mi debilidad. Amo el champagne. Aunque las burbujas rápidamente hacen sus efectos en mi.

    Fuí a buscar dos copas y con una habilidad asombrosa, Lauty descorchó esa botella y sin perder tiempo sirvió la burbujeante bebida. “Por nuestra amistad” dijimos a vez y las copas se chocaron. Estaba frío y muy rico. Invitaba a tomarlo todo y disfrutar del hermoso momento que estábamos pasando.

    Casi vacía la dejé en la mesa y fui a ver si la carne ya estaba en el punto deseado. Así fue que me agaché para ver cómo venía la cocción y Lauty, que estaba detrás de mí dijo: “que hermosa estás Marisa”. Morí de vergüenza y de ternura a la vez.

    -Gracias- vos también estás muy elegante.

    Saqué la bandeja del horno y me dispuse a agregarle la salsa y servirla en sendos platos. Fuimos a la mesa y nos sentamos uno frente al otro.

    Lautaro estaba hermoso, daban ganas de comerlo a besos. Pero en vez de ir por arriba le dije “espero que lo disfrutes” al tiempo que rozaba con una de mis piernas la suya.

    -”Lo estoy disfrutando”- me dijo, al tiempo que con atrevimiento él rozaba con su pierna la mía.

    Nuestras miradas se cruzaron y sin decir palabra alguna, nos dijimos con los ojos “quiero más”.

    Con mucho disimulo me saqué los zapatos y esta vez mi pie desnudo fue a su rodilla y a la parte interior de sus muslos. Me encantó la carita que puso. Masticaba y me miraba ardiente. Yo jugaba con mi pie entre sus piernas. Sirvió champagne y esta vez brindó “por lo más hermoso que tiene nuestra amistad”. Una vez más nuestras copas volvieron a chocar en el aire.

    Seguimos comiendo y charlando. Como buenos amigos. Como dos personas que no pueden estar ni un minuto sin mirarse.

    Esta vez fue él, quien con su pie desnudo tocó mi rodilla. Sonreí. Tengo muchas cosquillas. No se detuvo. Él también fue a la parte interna de mis muslos. La diferencia es que al tener vestido, estaba disfrutando de mi piel. Mi corazón se aceleró. Me daba mucho morbo tener a ese hermoso hombre tocando mis piernas.

    Yo había puesto música en YouTube, y aunque parezca increíble, la inteligencia artificial parecía entender qué era lo que estaba pasando en esa habitación en ese momento. De las canciones elegidas al azar empezó a sonar “Perfect” de Ed Sheran. Canción que hizo que Lauty se parara, se vaya de mi lado de la mesa y me invitara a bailar.

    Me sorprendió que estaba ya descalzo. Yo solo me había quitado un zapato, así que me paré, me quité el otro y empezamos a bailar. Lento, muy lento. Suave. Muy juntitos los dos. Sentía algo hermoso en todo mi cuerpo. Lauty leyó mi mente y mientras bailábamos muy lentamente se fue desabrochando la camisa al punto de quitársela y solo quedar con el jean.

    Disfruté abrazarlo y acariciar su torso desnudo. Él sabía que no me podía resistir a disfrutar de eso.

    Me abrazó muy fuerte y acercó su cara a la mía. Pensé que me iba a besar. No me equivoqué. Me besó con muchas ganas. Yo solamente me dejé llevar. Sentí que tenía un pase al paraíso, a la gloria. Su lengua jugaba con la mía y competían a ver quien ganaba territorio antes que la otra.

    -¿Vas a seguir comiendo?- me preguntó. Sólo respondí “No” con un movimiento de cabeza.

    Me tomó de la mano, dejó que yo me pusiera delante de él y caminamos hasta el sofá. Cuando estábamos por llegar me abrazó desde atrás y me dio un beso en el cuello. Me derretí. No podía creer lo rico que era tener ese hombre abrazándome.

    Como un verdadero conocedor encontró rápidamente el cierre invisible de mi vestido y lo bajó. Con mucho cuidado me quitó aquella prenda y yo quedé frente a él con solo mi ropa interior. A él le gustó. No paraba de mirarme y se notaba que gozaba al verme así.

    Una vez más, con la música de fondo, volvió a colocarse detrás de mí y me abrazó. Ahora mi piel sentía la suya. Bailábamos muy lentamente. Yo sólo me dejé acariciar, sentía su respiración tan cerquita.

    No pude aguantarme y mis manos buscaron su miembro, aun con el jeans puesto, se notaba que estaba a punto caramelo. Lo apreté un poco a modo de pedir permiso. Lauty entendió el mensaje. Abrió su pantalón y con una mano llevó la mía otra vez a ese lugar que yo deseaba. Ya no era el jeans, ahora era la tela del bóxer la única barrera entre su pene y mi mano. Yo suspiré. Me encantaba saber que estaba tieso por mí.

    Me puse frente a él y mientras lo miraba a los ojos bajé su ropa interior. Su miembro erecto ya estaba en libertad. Por poco tiempo ya que mi mano lo abrazó y comenzó a masajear sintiendo esas venas que rodeaban ese maravilloso órgano.

    Nos besamos una vez más. Él respiraba profundo en demostración de aprobación a lo que yo hacía. Acariciaba mi espalda. Yo creía estar en otro nivel de la galaxia, tanto que nunca noté que había desabrochado la parte de arriba de mi ropa interior. Cayó en mis pies y mis pezones disfrutaron de la piel de mi amigo. El éxtasis de estar así no tiene comparación.

    Lauty se sentó en uno de los extremos del sofá. Eso hizo que yo me pudiera acostar. Sabía que la vista que él tendría de mi cuerpo que solamente vestía mi tanga lo iba a excitar mucho más. Con mucha libertad y ganas lleve su miembro a mi boca. Esa sensación placentera de sentir como crece, como resbala es muy difícil de describir. Era recorrerlo de punta a punta con mis labios y con la mano. Combinarlo con besos y lengüetazos hacía que Lauty se estremeciera. Sus caricias por mi espalda llegaban a mi cola y eso me ponía tremendamente cachonda. Estaba al rojo vivo.

    Lautaro se paró. Lo miré a los ojos desde el sofá. Me tomó de la cintura. No sé cómo hizo pero de un solo movimiento me dejó boca arriba y sutilmente me sacó la bombacha. Estaba empapada. Tomó mis piernas y llevó mis pies a sus hombros. Me besó un pie y luego el otro. Pasaba su lengua en cada dedito. Yo me estremecía.

    Me imaginé que el camino a recorrer iba a ser mis piernas. Ya lo había hecho con Vanesa y esta vez me tocó disfrutarlo a mí. Me hizo muy feliz. Llegó a mi vulva besándome las dos piernas y sólo me dejé llevar por su juego. Tenía toda la libertad. Pasaba su lengua en círculos, de arriba a abajo y de izquierda a derecha. Cuando encontró mi clítoris exploté de éxtasis. Gemí muy fuerte. Lauty se dio cuenta y siguió chupando y mordiendo mis labios. Yo rogaba en mi ser que me penetrara de una vez, aunque lo que estaba sintiendo era algo magnífico.

    Leyó mi mente. Dejó de lamerme y se arrodilló en el sofá. Buscó el preservativo en su pantalón, con tranquilidad se lo colocó mientras miraba mis piernas abiertas. Mi conchita estaba muy mojada y lo llamaba a gritos.

    Eligió la posición del misionero para comenzar. Cerré los ojos y disfruté mientras entraba en mi. Mi viejo amigo de la niñez con quien he jugados juegos de niños, ahora era un hombre y se estaba luciendo como un artista del sexo. Entraba y salía con mucha habilidad y sabiendo qué partes debía rozar y cuáles no.

    Lo abracé con mis piernas y dejé que sus embistes me hicieran feliz. Disfrutaba cada movimiento. Mis ojos no podían ver, estaban en otra galaxia. Sus manos agarraban mi cola y me sentía la mujer perfecta para ese hombre perfecto.

    Confieso que no tengo idea cómo lo hizo, pero en un momento mi espalda se despegó del sillón y quedé en el aire. Mi cuerpo solo se sostenía por su pene en mi interior y sus brazos fuertes que me hacían subir y bajar con un ritmo increíble. Parecía volar. El nivel de goce era algo único.

    Después de tan dedicada sesión de amor, dejó que mis pies estuvieran otra vez en la tierra. Pero no para descansar, sino para que apoyara mis brazos en el sofá y él pudiera colocarse detrás de mí. Fue magnífico. Sentir como entraba y salía era indescriptible. Sus manos estaban sobre mi hombro y sentía la fuerza y la pasión que dejaba en cada embestida.

    Me encantaba sentirlo gemir, respirar fuerte. Yo también lo hacía. Repetía “see” una y otra vez. El sexo estaba presente en cada centímetro cuadrado de esa habitación. No me importaba si los vecinos de arriba o de abajo sintieran algo. Yo seguía en mi mundo de placer.

    “Voy a acabar” gritó en un momento. Y comenzó a moverse con más ritmo y más fuerza. Yo no me quería perder ese momento así que apreté mi sexo y disfruté ese vigor. “Haceme acabar hijo de puta” le grité, estaba descontrolada. “Yes” fue la palabra que anunció su orgasmo. Y fue la palabra que invitó al mío a ser protagonista también. Me temblaban las piernas. Nos aflojamos. Estábamos exhaustos. Lauty salió de mi interior y luego se quitó el preservativo. Yo caí rendida en el sofá. Aún sentía mis piernas temblar. Él se acostó a mi lado y me acarició el rostro. Nos miramos felices del momento vivido. Nos besamos una y otra vez. Nos acariciamos y disfrutamos la desnudez del otro.

    Los dos desnudos en el sofá era una invitación a una foto que eternizara ese momento, pero ninguno de los dos se animó.

    Continuará…