Blog

  • Mi hermano menor / Mi mamá / Sexo con el amigo de papá

    Mi hermano menor / Mi mamá / Sexo con el amigo de papá

    Mi hermano menor y yo

    Vengo aquí a contar mi experiencia real con mi hermano. Eso pasó hace unos cuantos años cuando yo tenía 25 años y mi hermano tenía 18.

    Voy a contar un poco como es mi contextura física. Mido 1,65, en ese momento pesaba unos 59 kilos y soy de tes blanca, pelo castaño y tetas y culo bastante bien. De mi hermano diré que para su edad estaba bastante bien también físicamente.

    Para no hacerla tan larga voy a contar cómo empezó lo nuestro.

    Era un sábado que yo había salido con unas amigas a un boliche, como siempre llegaba de madrugada a mi casa no había problemas. Ahora… ese día mi hermano que había venido de otra provincia se quedó en casa así que decidí volver cerca de las 2 de la madrugada. A él no le avisé nada porque según yo ya estaría durmiendo y además la fiesta estaba algo aburrida, así que me despedí de mis amigas y cogiendo un taxi me volví.

    Entré por la puerta sin hacer ruido y para llegar a mi habitación primero debía pasar por la de mi hermano que era la primera.

    Oh sorpresa cuando voy pasando y veo que la puerta no estaba del todo cerrada y se podía ver perfectamente para adentro. Lo que vi me dejó con la boca abierta.

    Mi hermano estaba sentado frente a su computadora con auriculares puestos y en la pantalla se podía ver cómo dos mujeres estaban teniendo sexo. Mi hermano está de más decir que tenía su pija en la mano y se estaba masturbando con cierta velocidad.

    Debo decir que la escena me puso bastante caliente ya que hacía unos días yo no tenía sexo así que ver eso, y ver el tamaño que se cargaba mi hermano me hizo mojar.

    Por miedo a ser descubierta, me fui rápidamente a mi habitación y cerré con llave. Mi plan era dormir pero me era imposible sabiendo que a unos pasos mi hermano se estaba dando una rica paja.

    Me levanté y poniéndome completamente en bolas me fui al baño y sentada en el inodoro con las piernas abiertas me toqué la conchita que ya estaba tan mojada que no hacía falta lubricarme.

    El solo hecho de pensar en la pija de mi hermano hizo que tuviese el mejor orgasmo que recuerde.

    Mi fantasía comenzó ahí. Ya no miraba a mi hermano de igual manera, cada vez que estaba cerca miraba su entrepierna y mi conchita comenzaba a mojarse. Traté de olvidarlo cogiendo con otros hombres pero era peor porque en cada uno de ellos lo veía a mi hermano y debo decir que tener orgasmos gracias a él eran de lo mejor.

    Cómo él nunca se enteró que yo lo descubrí, seguido mentía que me iba de fiesta para después volver temprano y encontrarlo con la pija en la mano.

    Fue sino hasta un sábado que había tomado unas copas de más cuando me envalentoné y al llegar temprano y otra vez encontrar a mi hermano masturbándose entré a su habitación como si no supiese lo que hacía. Cuando me vio Brian (mi hermano) se tapó de inmediato la pija y apagó la computadora.

    Él se disculpó y yo le dije que todo estaba bien y que si quería seguir pajeandose que lo hiciera que era normal.

    Brian sonrió tímidamente y yo me acerqué y besé su mejilla. Cuando llegué a mi habitación no hace falta decirles la tremenda paja que me hice, pero esta vez dejé un poco la puerta abierta y pude ver de reojo que mi hermano observaba desde la puerta.

    Sin el mínimo pudor y ya que estaba algo borracha me levanté y abrí la puerta sorprendiendo a Brian que tenía la pija nuevamente en su mano en todo su esplendor.

    Sin decirle ni una palabra y sin dejar que él diga nada, lo agarré del brazo y lo llevé a la cama haciendo que callera de espaldas.

    En ese instante y sin pensarlo fui directo a su pija y le di la chupada de mi vida.

    Ver qué mi hermano gozaba me ponía aún más puta y subiéndome a la cama me senté en su cara pidiéndole que me metiera su lengua adentro.

    Para tener 18 años el pendejo la chupaba como los dioses, chorro tras chorro iba acabando en su cara.

    Yo le pedí que me cogiera en 4 y sin pensarlo dos veces Brian me llevó hasta la orilla de la cama y me ensartó toda su pija.

    Era tanto lo que me cogía que me temblaban las piernas.

    Cuando pude notar por su respiración y por cómo aceleraba sus embestidas, le pedí que me llenará de leche su cara y así lo hizo.

    Desde ese momento mi hermano se volvió mi amante por qué a pesar que después yo hice mi vida y él tenía novia, nunca dejamos de vernos y recordar nuestra primera vez…

    Mi mamá, que tentación.

    Cómo explicar que a partir de coger con mi hermano mi mundo cambió. Ya no solo mi calentura estaba por él, sino incluso por mis padres. Especialmente por mi madre.

    Uff pedazo de mujerón como para no calentarse. Hasta la más hetero se le mojaría la tanga y es que esas tetas y culo no lo tenía cualquiera y todo eso gracias a qué iba al gym y también de noche se ejercitaba con la barra de mi papi.

    Sexo con el amigo de papá (1).

    Esta historia que voy a contarles pasó cuando yo tenía 24 años y cuando Marcelo, el amigo de mi papá tenía 44 años.

    Marcelo era amigo de mi papá hacía muchos años pero al vivir en otra provincia de Córdoba yo no lo conocía, así que cuando lo vi por primera vez lo ignoré un poco.

    Estaba yo un día en Facebook viendo fotos e historias cuando me llega una solicitud de amistad. Cuando vi que era de Marcelo la acepté y me desconecté. Por la noche cuando volví a entrar a Facebook vi que tenía un mensaje privado y cuando entré a ver de quién era, ¿que creen? Ya se lo imaginarán. ¡Marcelo!

    -hola Flor -me escribió.

    -hola, todo bien? -le respondí yo.

    No pasaron ni 5 minutos que estaba obteniendo una respuesta.

    -sí, sí todo bien. Y vos? -me preguntó.

    -yo bien, gracias. Disculpa, necesitas hablar con papá por lo que me escribis? -le pregunté yo.

    -no, Flor, solo quería saludarte ya que no pude presentarme bien -me respondió – te molesto? Si es así no te escribo más.

    -no hay problema -le dije yo- solo que no sabía si necesitabas nada.

    Así comenzó nuestra conversación y de ese momento no paramos de hablar cada día. Primero por Facebook y después por Whatsapp.

    Debo decir que era un hombre bastante simpático así que pegamos onda casi al instante. Marcelo cada mañana me escribía para preguntarme cómo estaba y desearme buenos días.

    Yo al instante le respondía y cuando venía a casa nos echábamos unas miraditas y reíamos cuando papá y mamá no se daban cuenta.

    Bueno para no hacerla larga, está de más decir que muchas veces hablamos de sexo e intercambiamos fotos y videos nuestros masturbándonos o hacíamos videollamada por la madrugada.

    Si bien a mí me gustaba el sexo pero Marcelo me volvió adicta. Cada noche le pedía hacer video llamada para poder llegar a un rico orgasmo.

    -abrí las piernas bebé que papi va a chuparte la conchita -me decía casi susurrando y yo obedecía al instante. Mientras él me pedía que cerrará los ojos y me frotara la conchita con mis dedos suavemente imaginando que era su lengua.

    Yo solo cerraba la boca para aguantar mis gemidos para no ser descubierta.

    Cuando abría los ojos para ver lo que Marcelo hacía, podía ver cómo miraba atento por la pantalla y como se la jalaba con una mano mientras que con la otra mojaba un dedo y se lo introducía en su culo.

    Esa escena me prendía más y aceleraba el movimiento en mis manos hasta que veía como saltaban chorros de mis jugos y como Marcelo hacía lo mismo con su semen.

    Así es como comenzó nuestra calentura con el amigo de mi papá.

    En el próximo relato les contaré la primera vez que me cogió y la sorpresa que me dio, que para nada lo imaginaba pero que me encantó.

  • La primera vez en tu cuerpo

    La primera vez en tu cuerpo

    Besé tus labios con sabor a néctar poseído, bajé lentamente a tu templo prohibido succionando tus puertas cerradas, abriendo gemidos apagados entre suspiros omitidos y risas prohibidas.

    Besé tu cuerpo apagado por el tiempo que dejo tu sonrisa abandonada.

    Besé tu mirada mientras entraba en tu deseo perdido por el beso omitido.

    Besé tus pensamientos por sudor cansado por el clima de lluvia seca por el olvido omitido por el pensamiento denegado por el auto complacimiento impaciente, sentido.

  • Mi esposa y yo, un eyaculador precoz (parte 2)

    Mi esposa y yo, un eyaculador precoz (parte 2)

    Como David ya había trabajado su cuerpo en el gimnasio, para que pudiera mostrar sus avances y Fernanda se diera cuenta, usábamos la piscina para pasar el momento. Tomábamos cervezas, hablábamos, y David aprovechaba de tomar el sol. Fernanda podía apreciar el cuerpo trabajado, sobre todo el six pack de su abdomen. Físicamente quedaba claro para mi esposa que David era más macho que su marido precoz. Aparte David usaba un traje de baño Psycho Bunny que ayudaba que se le marcará más la verga.

    Otra cosa que estaba haciendo, que yo estaba teniendo poca voluntad de hacer las cosas para que David se ofreciera, y fuera él quién ayudara a Fernanda. Por ejemplo, estábamos haciendo un cuarto para guardar mercadería, además de guardar bidones de agua purificada por cualquier cosa. Para llevarla al cuarto Fernanda me pidió que le ayudara, pero le dije que no podía ya que tenía que atender unos asuntos de trabajo. Por lo que David ayudó a Fernanda cargando los bidones de agua que eran pesados para ella. Era una buena imagen para ella ver a un hombre con el torso desnudo, que estaba dispuesto ayudarla, y que pudiera ver los brazos de David con sus músculos desarrollados.

    Con Fernanda teníamos un perro Beagle que se enfermó, y había que llevarlo al veterinario. David la acompaño al veterinario, ya que dije que tenía una reunión por zoom de trabajo, aunque esta vez era verdad. Lo que si no era obligación que estuviera. Salieron solos, eso era lo que me importaba. Llevábamos un buen tiempo en el cual Fernanda no mostraba un interés romántico hacía David. A veces dudaba si esto realmente funcionaría, porque estar meses y que no pase nada, era para desanimarse.

    Lo que si crecía eran las discusiones que tenía con Fernanda. Me reclamaba siempre por el poco tiempo que le estaba dedicando a ella, y amen de no tener nada de intimidad. Pero me resulta irónico que hablemos de intimidad si no puedo follar, si me vengo en segundos. En la noche para evitar que intentará insinuarme que tuviéramos sexo oral, me dormía apenas me acostará en la cama. Seguía haciendo lo mismo para frenar el impulso de comerme la vagina de Fernanda, mientras ella no estaba en casa, iba a donde estaba la ropa sucia y olorosaba sus calzones. Ese manjar de olor me hacía venirme a los segundos.

    Si se preguntan por el tema de Windy y las cámaras IP, el administrador del foro de voyeur tenía un Telegram VIP de contenido voyeur. Así que me había dicho que no subiera más por el foro los videos completos, sino fragmentos de 2 minutos. Los videos completos estarían en el canal de Telegram VIP de pago. Termine pasando el resto de videos, así que había 32 videos de Windy follando en el canal de Telegram. Los videos de Windy atrajeron a mucha gente que quería seguir viendo videos nuevos. Mejor así, no quiero que los videos se difundan tanto. Aunque siempre está la excusa de «hackearon» las cámaras en el caso que se dieran cuenta. La canción de Bad Bunny “Yunaguni” que dice en una parte «Shorty tiene un culo bien grande, eh De-demasiao’ grande», es como si la compusieron viendo el culo de Windy.

    Pasaron dos cosas a las semanas siguientes en la cual vi que ya las cosas estaban teniendo sus frutos con Fernanda, y que cuando las vi, me vine enseguida. Primero, como ya les conté Fernanda es religiosa, y evito decir explícitamente cual es por evitar problemas. Ella no usaba nada de ropa ajustada, que se le pudiera marcar su trasero, ni era generosa con los escotes. No usaba colaless ni tangas, pero si calzones pantaletas o cacheteros. Pero aun así, vistiéndose recatadamente, siempre se ve hermosa, y sí, sexy también.

    Una día me aviso que saldría a comprarse ropa pero yo no le tomé importancia. El asunto, que Windy hizo una fiesta bailable para la congregación(los colombianos buenos para bailar) y Fernanda iría, yo me excuse con asuntos de trabajo. Aparte no quería ir, si sería descarado si ando compartiendo videos de ella cogiendo. Algo de cordura me queda. Pero sin desviarme, mientras veo a Fernanda vertirse para ir donde su amiga, mientras estaba buscando los «pantalones» para ponérselos, veo su culo con colaless negro. Mientras se subía los pantalones, me bajo tal la calentura que me vine, jamás había visto el culo de Fernanda en colaless. Para rematar, no eran pantalones, sino unos leggins deportivos rojos. Su culo se veía maravilloso.

    Reconozco que después que se fue, me bajaron los celos. Pero entiendo la realidad, de que le sirve a ella ponerse sexy ante un tipo que se viene solo al ver el culo en colaless de su esposa. Me entere que a esa fiesta bailable fue David. Lo segundo fue tiempo después, Fernanda hizo ahora en nuestra casa un bailable. Yo no iba estar, esta vez estaría jugando online con amigos, pero era la excusa. Fernanda no había invitado originalmente a David, pero yo si me encargue de invitarlo. Mientras pusieron música de baile salsa y merengue. Yo por las camaras IP de mi casa, podía ver toda el baile desde el segundo piso. David saco a bailar a Fernanda. Después de un momento, ponen lentos. La primera canción que pusieron fue «Can You Feel the Love Tonight» de Elton John. Vi la escena que me dio una sensación mezclada entre calentura y celos. Fernanda y David bailando bien pegados. David tenía sus manos por lo que podía apreciar por las cámaras, justo por encima de las nalgas de Fernanda. La cosa ya estaba hecha y no podía ahora venir con arrepentimientos.

    Cuando terminó el baile, y se fueron todos. Al irnos acostar, trate de que tuvieramos intimidad con Fernanda pero me aparto y me dijo que no tenia ganas. Eso me produjo una calentura grande. Ya no quería que le diera placer a través del sexo oral. A la mañana siguiente, mientras ella se vestía, pude ver otra vez ese culo en colaless, ya no estaba usando su ropa interior anterior. Me acerque a ella, mientras le acariciaba sus piernas le subía su vestido para ver otra vez esas nalgas, me atajo las manos y me dijo: «ahora no, así que nos vemos». Literalmente no quería que la tocara.

    Al tiempo Fernanda se metió en clases de crossfit. Así que compramos maquinas e instrumentos para que tuviera su propio gimnasio en casa. Mientras ella estaba en la trotadora, las calzas deportivas hacían que se viera su culo tan hermoso. Cuando estaba en la biclicleta de spinnig, ver esas nalgas paraditas desde el sofá donde estaba sentado con el notebook, me produjo una calentura, que para varias me vine. Yo creo que sino tuviera recursos económicos hace rato me hubiese dejado.

    También termino tomando clases de twerk. Ahora estaba usando poleras que eran más escotadas, y Fernanda lo mas lindo que tiene son ese par de tetas. Verla caminar por la calle, ahora que le gusta usar calzas, noto que los hombres se dan vuelta para mirarle su culote.

    Un viernes salimos a tomar tragos con Fernanda para que se juntara con unas compañeras de colegio. Eramos un grupo de 9 personas, yo era el único hombre. Era un local de baile y karaokes. Mientras pusieron muisca para bailar, tenían 3 bailarinas y 3 bailarines que también animaban el local. Cuatro de nuestro grupo incluyendo a Fernanda salieron a bailar a la pista entremedio de varias chicas de otras mesas. Después de 4 canciones, ponen «Miénteme» de Tini y María Becerra, y en ese momento uno de los bailarines aparta a Fernanda para bailar esa canción, mejor dicho perrear. Ver como ese tipo se le ponía por detrás a Fernanda, rozando su verga por las nalgas de Fernanda, y ver la cara de Fernanda de pasarla bien. Aparte de verla de como se inclinaba para ponerle su culo, yo en la mesa sentado sintiéndome como pelotudo. Tratando de disimular delante de las otras amigas de Fernanda para que no notaran que me había venido. Fuí al baño para limpiarme y me quede ahí un buen tiempo.

    Para resumir, y no dar detalles innecesarios para avanzar en la historia. Fernanda cada vez estaba mas fría y distante. Lo único que me quedaba ya era el olor de su vagina que dejaba en sus colaless. Una vez se había bañado y por estar apurada para salir, dejo la ropa encima de la cama. Yo tome sus colaless para sentir el olor de su vagina y su culo. Me senté a la orilla de la cama para disfrutar de su olor, y Fernanda entró viendo que olorosaba sus colaless. Venía a buscar su Iphone que se le había quedado. Lo unico que me dijo fue: «deja eso después en la ropa sucia» y se volvió a irse como si nada. No le importaba lo que estaba haciendo.

    De hecho eso marco un antes y un después. La siguiente vez que se cambio de ropa al bañarse, me paso sus colaless y me dijo: «toma es lo único que tendrás de mi para satisfacerte, disfrutalo». A los pocos días trata de nuevo de acariciarla mientras estaba sentado en el suelo, me aparto las manos bruscamente, se dio la media vuelta y me dijo «no me toques, mira…». Cuando dijo eso, me puse el pie con sus zapatillas en la verga y me empezó a pisar fuerte mientras restregaba. Me dolió mucho al punto que me agarre a su pierna, mientras me venia. Me volvió a decir con una cara enojada: «mirate, no me sirves, das pena». Se fue a salir vaya a saber donde. La realidad es que hace tiempo no me decía donde iba.

    Ese mismo día surrealista cerca del atardecer, David me manda un mensaje que a la noche se venia a mi casa con Fernanda. Me dice que esta vez se venía la cogida. Así que me dijo que le avisara a Fernanda que saldría y que no volvería a casa. Me menciono que me quedará en el dormitorio de invitados, para que escuchara la follada que le iba a dar. Después me manda al WhatsApp un video de 3 minutos, que lo mostraba manejando, pero después enfoca la cámara hacia abajo donde se ve la mano de Fernanda agarrando la verga de David y masturbándolo. El corazón me latía a mil por la adrenalina.

    Se me ocurre revisar la cómoda de madera donde Fernanda guardas sus cosas personales y ahí veo dos cajas de condones. Mientras espero que lleguen, voy a buscar los colaless usados de Fernanda y me pongo a tomar el olor de su ano para calmar la adrenalina…

  • El lado oculto de la luna

    El lado oculto de la luna

    Estaba exhausto, pero contento. Al fin pude enviar el proyecto con las correcciones ajustadas. Verifiqué que el archivo estuviera en la bandeja de enviados y decidí cerrar todo. Ahora a celebrar, si todo seguía su curso en menos de 5 días los recursos serían aprobados y podíamos ampliar adquirir los equipos que aumentarían la capacidad de producción, logrando vender aún más, con precios competitivos y a una cantidad mayor de clientes.

    Bien merecía celebrar, pero sólo. Mi esposa estaba en la casa de sus padres por razones de control médico. Mi hija de 19 estaba donde una amiga. Mis compañeros de trabajo, se habían retirado hace dos horas.

    Cerré todo, dejé el maletín con todo adentro y salí sin preocupaciones. Aún era temprano, algo más de las 9 de la noche. Ya afuera, caminé y entré en un bar cercano, lo había visto siempre desde afuera. Fui a la barra y pedí un cerveza bien fría. La disfruté con calma. Pedí la segunda y de pronto sonó una voz a mi derecha.

    – Hola forastero, ¿tienes mucha sed? – ¿forastero?, extraña forma de hablar, suspiré profundo y respondí:

    – La merezco, ¿quiere una? – hubo una breve pausa y respondió:

    – Por supuesto, me llamo Tulio – ahora si voltee y mira mi acompañante, fornido y barbudo, rubio total, fácil debía superar el metro ochenta.

    – Soy Silvio – Tulio apretó firme mi mano y preguntó:

    – ¿Qué estamos celebrando?

    – Que estamos vivos, que terminamos una fase y empezamos otra.

    – Jajaja, en eso tienes razón – a partir de allí la conversación fluyó sobre beisbol, futbol y tatuajes. Tulio era un experto tatuador y tenía un local en la misma acera.

    Al rato, debía ir al baño,

    – Tulio, ¿Donde queda el baño?

    – Vamos, yo también deseo aligerarme, 5 cervezas es bastante en mi tanque.- nos levantamos y le seguí.

    Ciertamente, Tulio era sólo un poco más alto que yo, eso sí; fornido, musculoso y amplio, similar a una nevera. Quizá tendría 40 o mas años.

    Ya en el baño, fui a un cubículo y descargué. Ya listo por salir de ahí, me voltee y Tulio estaba detrás, muy cerca de mí. Retrocedí, abriendo mis ojos, mostrando mi asombro. Tulio se acercó aun más, me tomó por los hombres y me atrajo hacia él. Estampo sus gruesos labios en los míos, su lengua entró con cariño, lenta. El aroma del alcohol entraba en mi nariz, en mi boca. Yo aún con los ojos abiertos, sorprendido, me dejé llevar y los cerré, instintivamente subí mi mano derecha y apreté su bulto, inmenso. Él hizo lo mismo. Se separó de mi y me dijo,

    – ¿te vienes conmigo?

    – Si…

    – Sigueme

    Él pago lo adeudado de prisa y lo seguí, yo estaba temblando, no sabía porque lo seguía a él. Antes de llegar a la puerta, miré a mi alrededor, nadie se fijaba en nosotros.

    Ya en la acera, tres puertas más allá, entró y lo seguí.

    Todo era obscuridad.

    Se iluminó la estancia y fue una sorpresa, había 4 divanes y sillas de cuero. Entré con él en un despacho cerrado, había un diván alto, se giró y me levantó el vilo y colocarme sentado sobre el diván. y dijo:

    – Quiero hacerlo rudo, ¿me dejas? – vaya, hasta el momento ni siquiera sabía que yo, podía estar en esta situación. Soy casado… y curioso.

    – No se te ocurra pegarme… adelante.

    Lo que ocurrió a continuación fue una tormenta en 10 minutos, Tulio se despojaba de su ropa y yo intenté lo mismo, cuando él me rompió la camisa y me hizo arrodillar, colocándome frente a tu herramienta, erguida, rosada con melena dorada, inmensa y con un olor fuerte.

    Abrí mi boca lo más que pude y comencé a tragar esa tranca, no sabía cómo hacerlo, no quería dañar esa pieza con mis dientes. Poco a poco, Tulio aumento la velocidad y la profundidad en cada entrada, era divino sentir sus manos guiando mi cabeza. Cesó el movimiento, extrajo su vara y me levantó, se inclinó y me beso con grosería, su saliva y la mía se escurrían fuera de nuestras bocas, descendiendo por nuestros rostros y cuellos.

    Sus manos apretaban mis nalgas y comenzaron a separarlas y unirlas, como preludio de su próximo deseo.

    Separé mi boca de la suya y comencé a lamer su cuello, quería regresar nuestras salivas a mi boca, mordí sus pezones, duro y él me apretó contra su pecho. En mis manos, estaba su verga, mojada y dispuesta.

    Me hizo subir de espaldas al diván, él se inclinó, subió mis piernas, las separó y descendió su boca directo a mi culo. Allí su lengua empapó todo y lamió mi hoyo, apenas haciendo entrada.

    Lo que siguió, superó todo lo esperado. Se puso de pié, tomó su pene y lo desplazó de arriba a abajo entre mis nalgas, ubicó la entrada y me miró fijo.

    Wow, dolía, mucho, pero yo mismo tomaba mis nalgas y la halaba hacia fuera con mis manos, quería ser penetrado, si iba a entregar mi culo, tenía que ser con Tulio.

    Detuve mi respiración y le dije

    – Entra, ven, dame duro – y lo hizo

    De una sola embestida terminó de entrar y dolió, mucho, casi rompo mi labio inferior en compensación a esa penetrada. Él se mantuvo dentro, pude sentir como palpitaba dentro.

    Inicio la retirada y fue doloroso, yo intentaba tomar sus pierna con mis brazos extendidos y atraerlo de nuevo.

    Así lo hizo, regresó a mi, se retiraba. Regresaba, se retiraba.

    – Coño que divino Tulio, que rico.- él no dijo nada, pero comenzó a aumentar el ritmo de entrada y salida.

    Mirar a ese toro embistiendo mi culo, imponente, brillante y todopoderoso me excitaba demasiado. Nunca imaginé pasar por esto. Era probar el lado oculto de la Luna. Descubrir que otro hombre me hiciera lo que solía yo hacer, era nuevo e impactante para mi.

    Tulio comenzó a jadear y aumento su velocidad, ya no había molestia, solo placer y calor.

    Mojé mis dedos en mi boca y comencé a echarme una paja, intentado ir al ritmo de Tulio.

    – Que rico es Tulio – esas palabras funcionaron como una disparo de salida, él aumento la intensidad de su respiración y la fuerza en cada entrada – lo comprendí así y actué en consecuencia.

    – Tulio, vente, que rico, si Tulio, aja, me has hecho tu hembra, dame más.

    A cada frase, Tulio se afanaba en cada choque y la velocidad era arrollante, hice lo mismo y le dije

    – Voy a acabar por ti Tulio, ven

    Su respiración era un solo silbido continuo. De pronto, sus ojos se expandieron y sentí aquel calor que inundaba mis entrañas. Casi al mismo tiempo, eyaculaciones verticales, espasmódicas, sabrosas.

    – Te suplico que no te retires Tulio- él se inclinó un poco sobre mi, untó su mano con mi semen y lo tragó como si fuera miel en sus dedos.

    Se separó de a poco y dijo:

    – ¿Nos bañamos?

    – Ve adelante, te sigo.

    Le seguí, sólo me tomo un instante descender y seguir el sonido de la ducha. Al entrar, Tulio estaba buscando una pastilla de jabón de una repisa alta, entré y no pude dejar de admirar su cuerpo. El agua se desplazo fresca desde mi cabello y disfruté poder frotar su cuerpo.

    El salió y me lanzó una toalla. Siguió a su despacho, mientras secaba mi cuerpo.

    Ya afuera, me sirvió un café bien fuerte y me dijo.

    – ¿Tu no eres gay? Ni bisex.

    – Pues hasta hoy no lo sabía.

    – Pero si estabas en ese bar, es porque deseas estar con otro hombre

    – ¿Cómo? – pregunté yo.

    – Claro, ese es un bar de contacto homosexual. Una vez al mes vengo a conversar y ver si se puede congeniar con alguien, la mayoría son amanerados y travestis. Usualmente me retiro, Tu no eres amanerado y vistes como un oficinista y era la primera vez que te veía.

    Estaba anonadado.

    – O sea que… ¿tu pensabas que yo era gay? – dije en verdad sorprendido.

    – Al verte ahí lo creí, pero al conversar y nunca llevar la conversación al tema, me di cuenta que no eres.

    – ¿Y por que me besaste?

    – Oye, si no decidieras estar conmigo, al menos me habría llevado el sabor de ti. Y para ti sería yo, el primer hombre en tu vida.

    – Vaya, un error me metió en esto. No, no me arrepiento. Creo que debería irme.

    – Como quieras Santiago.

    Terminé de vestirme y antes de salir, le dije

    – ¿Una vez al mes dijiste?, – le sonreí y él respondió.

    – O quizá quieras hacerte un tatuaje.

    Cerré tras de mi la puerta.

    *************

    Como regalo para mi amigo Tulio…

  • Mi vida con Eduardo (II)

    Mi vida con Eduardo (II)

    Cada vez amo más a Eduardo. Hace unos 3 meses finalmente pudo quedarse una noche fuera, su hija había ido un fin de semana con su madre, de visita en la ciudad. Me llamó un viernes y me dijo: “Este fin de semana me quedo contigo, prepárate Francy”. Así, autoritario como a veces es conmigo. El corazón me dio un vuelco: “¡Sí mi amor… síi!”, atiné a decirle solo eso. Una felicidad me invadió, tal que quede como loquita. ¡Dos noches y dos días con él…! Hasta ese momento solo nos veíamos unas horas, dos veces a la semana, cuando él podía por su trabajo y su hija. Hacíamos el amor, un café y algún traguito y nada más. Pero me llamaba antes de dormirse, hablábamos cosas lindas, a veces me celaba y me pedía que le contara mi jornada.

    –No quiero que coquetees con ningún hombre, tú eres solo mía, ¿estamos? –me dijo serio, un poco autoritario.

    –Sí Eduardo, sabes que te soy fiel y que te amo. Y tú tampoco con otra, ¿ya?

    –Francy, soy solo tuyo, esto que tengo en mi mano es solo para ti… –yo imaginaba su pene en su mano, quizás ya duro por la conversación al teléfono. Más de una vez hicimos el amor por ese medio. Él iniciaba:

    –Bésame bebé…

    –Smuaaac…! ahí va mi beso amor mío

    Luego me pedía describirle como estaba vestida. Siempre duermo con babydoll y calzones, o pijama de franela femenino en invierno. Son mis noches sola. Alguna vez me ordenaba tomar una foto a mi culito y dernas en la cama y enviársela por whatsapp. Y me hablaba: “Baja a mi pene, bésalo Francy”, “Ábrase las nalgas amor…!” “Comienzo a metérselo bebé”. Cosas así, y yo gemía y le hablaba con pasión, con voz femenina y dulce, como si estuviera de verdad cogida por él. Hasta que sentía su voz cuando acababa, su gemido de macho. ¡Qué feliz me sentía esas veces, haberlo satisfecho de esa manera! Nos dábamos las buenas noches, y yo a soñar con él.

    Bueno, esa vez que me anunció que dormiría conmigo, comencé a prepararme como nunca. Fui a comprar alguna lencería nueva, una calza ajustada y una faldita corta de simil cuero. Además algunas cosas para comer y beber, cosas que él me había dicho que le gustaban. ¡Iba a atender a mi hombre, a cocinar para él, ver su ropa, quizás lavarla, plancharla…! Estaba como loca, me sentía súper mujer. La casa la limpié a fondo, cambié sábanas, ordené mi ropa, todo para mi Eduardo.

    Ese viernes llegó como a las 8 de la noche. Cuando tocó el timbre yo estaba ya vestida, calza violeta, blusa blanca, zapatitos de taco bajo y abajo un colaless negro y un peto ceñido, también negro. Mis labios pintados sobriamente y mis pestañas crespas. Acudí a abrir la puerta con el corazón palpitante. Ahí estaba mi amor, mi Eduardo, con cara de cansado pero sonriéndome.

    –¿Cansadito mi amor?

    –Sí bebé, un poco, fue un día de locos, la construcción con problemas y yo solo para resolver todo.

    Eduardo es constructor civil, y tiene a cargo escuadras de obreros y técnicos. Un trabajo que lo hace más viril a mis ojos, siempre lo imagino con su casco y su porte fuerte ordenando a obreros y dando indicaciones.

    –Ahora descansará amor, con su Francy –le dije y eché mis brazos a su cuello, empinándome para besarlo. Correspondió a mi beso con pasión y buscó mi cuello para besarlo.

    –Estás linda mijita, linda…

    Qué alegría oír eso, me había esmerado mucho. Lo acomodé en el sofá y llevé su bolso al baño, traía su cepillo de dientes, su perfume, alguna ropa interior y sus pantuflas. Venía preparado mi amor. Acomodé todo eso en el baño y dormitorio y corrí a verlo.

    –Amor, sáquese la chaqueta, aquí están sus zapatillas de descanso, ¿se las pongo?

    –Sí Francy, gracias, que linda eres.

    Me sentí dichosa de quitarle sus zapatos y calcetines, y calzarle sus zapatillas de cuero marrón, me sentí como una esposa, cariñosa con su hombre. Lleve sus zapatos y chaqueta a mi dormitorio, que ahora sería también el suyo.

    Volví a sentarme a su lado, buscando sus labios, mimosa y coqueta. Me tomó mi cabeza y me besó con cariño y después con ardor. Así estuvimos besándonos y acariciándonos un buen rato. El me tocaba mis nalgas y muslos por encima de mi calza ajustada y me abrió un poco la blusa para acariciar mi pecho y cuello. No pude resistir y puse mi mano sobre su paquete viril, por encima del pantalón. Ya estaba duro, debo decir que Eduardo es un hombre muy caliente, se erecta fácilmente.

    –Sáquelo bebé –me ordenó en voz baja. Bajé la cremallera y abrí el bóxer. Ahí estaba su herramienta de dominio sobre mí. Yo adoraba su pene, lo conocía enteramente, lo sentía tan mío.

    Lo acaricié un rato con mis manos, que tengo pequeñas, cosa que a él le gusta. Me tomó de la nuca y me hizo agacharme para ponerlo en mi boca. Sentí su aroma de macho, sudado después del trabajo, no había tenido de ducharse en la obra, me dijo.

    –No importa amor, me gusta tu olor de hombre de trabajo duro, nos tenemos confianza ¿no?

    –Mi Francy… mmm, mmm –yo ya tenía su pene en mi boca y lo chupaba suavemente mientras él me acariciaba mis nalgas, suspirando de placer. Yo bajé del sofá y me arrodillé ante sus piernas para seguir chupando su imponente pene, aferrada a sus muslos de macho. Lo miraba hacia arriba, buscando sus ojos, mostrándole amor y entrega.

    –Ya bebé, levántese.

    Lo hice y me puse de pie ante él, mirándolo sumisa. Me dio vuelta y comenzó a bajarme la calza, hasta quitármela entera. Quedé en calzones, mi culito a la altura de su rostro. Comenzó a besarme los muslos y el nacimiento de mis nalgas. Luego me bajó los calzones y me besaba las nalgas, buscando mi agujerito con su boca. Siempre estoy muy limpia y perfumada de esa parte.

    –Qué rico huele su culito bebé, me gusta que siempre esté así –me dijo suave para luego meter su lengua dentro y lamer. Yo casi me desmayaba, como siempre que me hace eso. Sé que precederá a la penetración. A él le gusta y además me lubrica con su saliva.

    Después se bajó los pantalones y el bóxer, quedando sentado con su pene levantado al aire.

    –Venga amor, siéntese en su macho.

    Me abrí las nalgas y con una mano cogí su pene para ubicarlo frente a mi hoyito húmedo. Él me tomó de la cintura y me bajó más, empujando su pene dentro, un poco brusco.

    –¡Ay amor…! –grité con un dolorcillo y placer al mismo tiempo. Ya estaba dentro, enteramente dentro de mí. Una vez más era su mujer, él ejercía su derecho y me poseía como le daba la gana.

    –¡Muévete mujer…! –ordenó con voz fuerte. Como dije antes, vivo en casa aislada y no hay vecinos que puedan oír nuestras voces, gemidos y gritos. Y aunque oyeran que más daba, en esos momentos era una mujer que gozaba su hombre, y punto.

    Comencé a moverme hacia arriba y hacia abajo, su pene casi salía pero luego me lo metía yo misma con mis movimientos. El me daba palmazos en las nalgas, sabe que me gustan.

    –¡Dale, dale Francy, así me gusta…! Mi hembra golosa…

    –Síii, tu hembra, solo tuya amor…

    Finalmente él se arqueó y gimió acabando. Sentí su semen caliente dentro y me quedé quieta, gozando ese sublime momento.

    –Te amo Eduardo, te amo… –no pude dejar de exclamar.

    –Lo sé Francy, también te quiero cada vez más. Límpielo amor, como sabe que me gusta.

    Me levanté y su pene salió de mi culito. Me volví, me arrodillé y empecé a lamerlo, tragando los restos de semen, hasta dejar limpio su pene, como había hecho antes. Mientras, de mi culito salían los restos que me había dejado dentro, mojando mis muslos.

    –¡Qué rica eres Francy…! Mejor que cualquier mujer –exclamó mi dueño. Yo feliz.

    Luego me pidió preparar el baño para una ducha, cosa que hice diligentemente, dejando champú, jabón, toalla a mano y una bata masculina que le había regalado antes y que usaba cuando venía, me hacía el amor y se duchaba antes de volver a su casa. Yo seguía en calzones y blusa cuando él entró al baño, me dio una palmada en mi traserito, me agradeció y me hizo salir. Quizás quería hacer sus necesidades, Eduardo es limpio y pudoroso en esos momentos. Yo también. Aunque una vez me sorprendió haciendo pipí sentada, como una mujer, me sonrío y cerró la puerta del baño. Me hizo sentir más mujer esa vez.

    Mientras se duchaba preparé la cena, arreglé la mesa muy bien, linda iluminación y una música suave, creando ambiente.

    Cuando entró a la cocina yo me había puesto la calza y delantal, el en su bata azul, me abrazó por detrás y me besó el cuello y una oreja. Me di vuelta y lo besé con amor, apretando mis labios contra los suyos. De inmediato reaccionó y me agarró de las nalgas, apretándome contra él. Quizás estaba prendido nuevamente.

    –Amor, déjeme terminar la cena ¿ya? –le rogué coqueta.

    –Mmmm… bueno, te suelto por ahora Francy.

    –Vaya el living, le llevo su whisky con hielo amor.

    Cuando le lleve su trago había prendido el televisor y veía noticias. Me agradeció con otra caricia en mis nalgas. Sabe que me encantan sus manos allí, es como mi punto G.

    Cenamos conversando de varias cosas, de su trabajo y del mío. Me confío algunos problemas domésticos con su hija y yo le di algunos consejos de mujer. Con Eduardo me siento mujer, pienso como mujer.

    Después de cenar Eduardo se quedó en el sofá a ver TV y gustar un bajativo que le preparé. Me sentía tan dichosa de atenderlo como su mujer, mimarlo y hacerlo sentir bien. Despejé la mesa y lavé la vajilla, todo en orden.

    Luego me fui a sentar a su lado, el me abrazó y miramos televisión, un documental sobre África creo. Me besaba y yo a él, me acariciaba los muslos y nalgas, yo le besaba el cuello y los labios. Casi ni veíamos el programa tv. En un momento Eduardo me tomó una mano y la llevó debajo de su bata, a su pene. ¡Oh, estaba duro nuevamente!

    –Amor, quiero ducharme, desde esta mañana he hecho varias cosas y me siento un poco sudada, después vamos a la cama. ¿Me permite eso mi amor? Por favor, también tengo ganas de ti…

    –Bueno regalona, sabe que la consiento, vaya a sus cosas, yo me iré a la cama ahora.

    Corrí al dormitorio, elegí ropa de noche y me encerré en el baño. Me duché largamente, lave mi agujerito con un chorro de agua caliente, unas cremas, perfume, otros calzones, un babydoll rosado y unas medias con liga. Quería estar muy tentadora para mi amor.

    Cuando salí del baño Eduardo estaba ya en cama, sentado, a torso desnudo, mirando su celular y wasapeando con su hija, según me dijo.

    –Pero qué linda mi Francy, venga con su hombre –exclamó levantando la sábana. Me metí feliz a la cama, abrazándome a su pecho peludo, que tanto me gusta, jugando con mi deditos entre sus pelos de macho. Él estaba solo con los bóxer. Me acariciaba mi pelo y mis hombros. Así estuvimos un rato hasta que Eduardo me recostó y prácticamente se subió sobre mí, buscando mis labios con su boca, besándome el cuello y las orejas, mis hombros y brazos. Luego bajó los tirantes del baydoll y me besó los pezones, los chupó y mordió suave. Yo gemía de placer y le revolvía su pelo. ¡Qué delicia! Eduardo sabía cómo hacer gozar una mujer. Yo sentía su pene ya endurecido sobre mis muslos. ¡Seré nuevamente suya!, pensé con el placer de siempre.

    Así fue, esta vez no me llevó a mamarle su pene, sino que me puso boca abajo, me quitó los calzones y se sacó su bóxer, y me dejó las medias. Abrió mis piernas, separó mis nalgas y salivó en mi hoyito, lo lamió y apunto su pene. Sentí su entrada suave, esta vez no fue brusco. Me penetró lentamente, hasta metérmelo por entero. Yo lo sentía dentro, y apretaba mi culito para darle más placer a él.

    –¡Mi amor… soy tuya, tuya..! –exclamé.

    –Sí Francy, solo mía…

    Y luego empezó a entrar y salir, bombeando duro, como macho embravecido haciendo suya a su hembra: ¡yo era su hembra en ese momento! Me sentía en el cielo, y mi amor por él era inmenso, y se lo decía en medio de mis gemidos, dándole más energía a sus embestidas. Esa segunda vez demoró más en acabar, para felicidad mía. Me besaba los hombros, el cuello y me giraba la cara hacia él para besarme la boca. Yo sentía todos sus 80 kilos sobre mí, me sentía pequeñita (soy más bien delgada, apenas 65 kilos). Mi hombre grande, duro, podía hacer lo que quisiera con su Francy. Acabó con un bufido y se desplomó sobre mí, que seguía boca abajo. Nos quedamos quietos, yo sintiendo su respiración agitada aún y su pene que dentro de mi culito se iba aflojando poco a poco, pero siempre dentro, como una afirmación de que Eduardo era mi dueño, el único amo y señor de Francy. ¡Me sentí tan mujer en esos momentos! No sé si las mujeres de verdad sienten su femineidad con tanta intensidad como yo.

    Me puso en posición cucharita para dormirnos felices, él agotado por el día de trabajo y por el sexo conmigo. Mi cabeza sobre su brazo y su otra mano cogía una tetita mía (son chiquitas, pero algo hay). Yo sentía sobre mis nalgas su pene en reposo y húmedo aún, y de mi agujerito salían unas gotas de su semen. Sentía su respiración en mi cuello y su calor de hombre. Me sentía protegida, chiquita abrazada por ese macho, a quien amaba ya tanto. Me dormí suavemente, feliz como nunca lo había estado con alguna otra persona.

    Había amanecido recién, y la luz entraba delicadamente por la ventana de mi dormitorio, cuando desperté sintiendo una presión en mi trasero. Eran sus manos que, él de costado, abrían mis nalgas suavemente y sus dedos buscaban mi agujerito. Luego sentí su la cabeza de su pene que buscaba entrar. ¡Oh, mi amor es insaciable, de nuevo…! Pensé, dichosa de despertar tanto deseo en él, y era mi deber de someterme a sus ganas de hombre.

    –Amor mío, ¿qué quiere, otra vez suya…? –murmuré aún un poco dormida.

    –Tranquila Fran, quédese así, de ladito, lo haré suave… –me susurró al oído.

    Yo acomodé mi colita para recibirlo; Eduardo me abrió aún más las nalgas y levantó una de mis piernas para penetrarme más fácilmente. Cuando entró di un gritito:

    –¿Duele mi Fran? –me dijo en voz baja.

    –Un poquito amor mío, mójelo por favor.

    Sacó la cabeza y la humedeció con su saliva, y también con sus dedos mojó mi hoyito, que todavía conservaba algo de su semen de una horas antes. De ese modo volvió a entrar, hasta meterlo todo. Yo movía mi colita para darle más placer. Así estuvimos un buen rato, él sujetándome fuerte de las ancas y dándome algunas palmadas en las nalgas.

    –¡Mi mujer…! ¡Que rico culito tienes Francy! –exclamaba con voz ronca.

    –¡Sí amor, es solo tuyo, haz lo que quieras con él, mi dueño, te amooo!

    De improviso su respiración se aceleró, dio un mugido y acabó dentro de mí. Yo apreté mis nalgas para que no se saliera tan pronto, pero en esa posición resbaló fuera, hasta que Eduardo se quedó de espaldas recuperando aliento. Me di vuelta hacia él y lo besé fuerte. Yo también había acabado, un chorrito corto de mi pequeño miembro, el clítoris como lo llamaba con cariño Eduardo. Seguí besándolo, su boca, mejillas, cuello, sus hombros y brazos musculosos. Con mi mano sostenía y jugaba con su pene lacio, que aun así era grande.

    –Francy…

    –Dime amor.

    –Si seguimos así vas a quedar preñada –me dijo riendo por lo bajo.

    –¡Ay amor! No seas malito, sabes que es un sueño imposible –le respondí haciendo un pucherito.

    –Es solo un juego Fran, algún día nos vamos a imaginar eso, ¿ya?

    Nos dormimos nuevamente, yo imaginado esa fantasía hermosa: darle un hijo (mejor una hija) a Eduardo, el hombre que me había conquistado y ganado mi amor.

    Aún quedaban dos días y una noche de ese primer de semana juntos, solos los dos, Eduardo y yo.

    Próximamente seguiré con este relato, y les contaré lo maravillosa que fue esa experiencia.

    Francy (Chile)

  • Lo que deja la mitología (final)

    Lo que deja la mitología (final)

    Continuando el relato anterior. Al llegar a la carpa, su cuerpo bien formado, con fibra por doquier, lucia esa malla usada cuando recién arribamos al camping, observo que el sol había hecho maravillas en esa anatomía escultural, dándole un color, por ahora rojizo.

    Al entrar, hicimos otras rondas de cerveza bien helada, la iluminación que teníamos en la carpa, no fue necesaria, aun la luz de la luna bañaba el interior por el mosquitero que oficiaba de ventana, que dejaba ver tanto final de sus piernas como su continuación, esa hermosa y respingada cola, abstraído en admirar ese paisaje tan bien esculpido por la naturaleza (y el gym), la deseaba, me puse a recapacitar en lo que estaría pensando, tan callada, tal vez tenga vergüenza por haber tenido sexo con su hermano, de tanto pensar no me percate de su monologo.

    -Titu, ¿no me escuchas? Te decía (mirándome a los ojos si ningún pudor) que había pasado un momento nunca antes experimentado con nadie, lo pase muy bien.

    -Yo también lo he pasado de maravillas, besas espectacular, tibia y húmeda, te sentí en mi boca, tan suave, ni que hablar del resto hermanita, lo haces delicioso, una mujer extremadamente sensual y erótica, que lo hace muy bien.

    -Quiero que sepas y lo tengas claro, hoy fue la mejor sesión de sexo que he tenido.

    – ¿en serio? Tuviste un par de novios, me vas a decir que ninguno…

    -Sí, he tenido varias relaciones, es cierto, tal vez la inexperiencia o quizás las ganas de tener sexo cada vez que podía, debido a la revolución de hormonas por la edad. A juicio de verdad, de las tres parejas que he tenido y he mantenido sexo, ninguna esta, ni estará a la altura de lo que me hiciste sentir hoy. Con vos, se despertó mi demonio sexual.

    – ¿Es para tanto? solo me deje llevar por la pasión y el amor que te tengo, (riendo) me estas alimentando el ego hermanita, si me llego a caer de ahí arriba me rompo un hueso.

    Reímos por un rato, hablando tonterías y bebiendo un poco más.

    Dispuestos a dormir, nos recostamos en una suerte de colchones que improvisamos.

    Mi cerebro está repleto de pensamientos, en su gran mayoría cargados de lujuria, me estaba desconociendo.

    Recostada de lado la abrace, acerco la redondez firme de su trasero, que hizo contacto con mi sexo, haciendo que este comience a cobrar vida nuevamente, se dio cuenta, ejerciendo cada vez más presión, mi corazón latía a ritmo acelerado, parecía escapar de mi garganta.

    Mientras tanto, su respiración se hacía más agitada, dejando escapar de su boca algún gemido tímido, me deje llevar por la pasión y la lujuria vehemente que me envolvía, presione mi sexo contra sus glúteos, empujo más y más sus nalgas contra mi erección.

    Con olor a sexo invadiendo la carpa comencé unas suaves caricias sobre su cuerpo, deteniéndome y atendiendo especialmente sus pechos, sus gemidos ahora eran más audibles.

    Se puso boca hacia arriba, a la vez que iba privando a su cuerpo de la poca ropa que traía puesta, quedando con su bella desnudez totalmente expuesta, hizo lo mismo con mis shorts.

    Sensual como es ella, se puso a gatas, apoyada en sus cuatro miembros, giró dejando su trasero apuntando hacia mí, atinando solamente a besar y recorrer con mi lengua su rosada vagina, desde el clítoris hasta el periné, fue bajando la cabeza hacia el piso a la vez que cruzo los brazos para apoyarla en ellos, ofreciendo por completo y con más comodidad para mí, en toda su plenitud la cavidad vaginal, pudiendo así saborear los fluidos que emanaba, con más comodidad.

    Como ocultar mi excitación ante tan grandiosa vista, hasta el paraíso anal, entre rosado y un tono amarronado me elevaban las hormonas al máximo.

    Sin dudar ni un segundo, me lance al orificio anal con una lengua impaciente y deseosa de vulnerarlo, al sentir la punta de ella, dio un respingo arqueando la espalda, ya era imposible detener los gemidos de placer. La vi tomar con sus manos la almohada y apretarla suavemente, relajo el esfínter para facilitarme la tarea.

    -Brother, si lo vas a hacer por favor con cuidado, aun nadie pudo traspasar esa fortaleza.

    -Entonces no hermanita…

    -Cállate y seguí, soy toda tuya. (Me ordeno)

    Abocado nuevamente a la tarea que llevaba a cabo, introduje la punta de mi lengua, entraba y salía, por momentos jugaba en su exterior, cuando veo que me alcanza algo, era una crema que había llevado por si el sol le quemaba la piel, leo la etiqueta y decía, leche de ordeñe, entendí inmediatamente de que se trataba, abrí el envase poniendo dos dedos dentro, para sacar un poco del contenido y pasarlo suavemente en derredor de la que iba a ser la entrada y anfitriona de mi sexo.

    Pude ingresar mi dedo pequeño para ir dilatando las fibras del esfínter, cuando estuve seguro que ya no le molestaba, fui ingresando otro y así hasta llegar al dedo pulgar.

    -Ya basta de dedos, ahora quiero sentirte dentro mío y que me llenes de tu esperma caliente.

    Dijo esto a la vez que sus manos fueron directo a sus glúteos para separarlos, quedando apoyada solamente con la cabeza en la almohada.

    -Te encanta ver esto, estoy deseosa de recibirte.

    Que delicioso fue disfrutar de esa vista, no sé si me pareció o en realidad pasaba, creí por un momento ver como palpitaba, a la vez que su vagina despedía fluidos, la carpa se impregno de mucho más olor a sexo.

    Saque nuevamente más crema que oficiaba de lubricante, depositándola en el orificio, apoye el glande y sin más comenzaron las delicadas embestidas, con un poco de dificultad, comenzó a penetrar hasta quedar toda la punta dentro, me detuve un rato para que se acostumbrara.

    – ¿Te encanta esto? Se siente hermoso, no te detengas ni tengas pena, estoy dispuesta a recibirte todo.

    Note un dejo de dolor en el tono de voz y sus manos presionando con fuerza y firmeza la almohada, haciendo caso a su pedido, unte el resto de mi pene con crema para que cumpla la función de la forma menos dolorosa posible, aunque ya estábamos fundidos el uno con el otro.

    Ejercí presión en una forma lenta pero continuada, las paredes de su vagina se encargaron de cubrir la erección del pene ingresando, hasta que los testículos toparon con la suave piel de sus glúteos avisando que había llegado al final del recorrido, estaba todo adentro, deteniéndome para que tomara un respiro y pudiese gozar del momento.

    Pigu paso sus dedos por los testículos, parecía una acróbata, para acariciarlos un rato, dejando su faena esa misma mano se deslizo a su entrepierna acariciando la anatomía externa de su vulva; aprovechando el momento de éxtasis, separe la hendidura de sus glúteos comenzando con el movimiento para que pueda sentir en su apretado agujero la esponjosidad y firmeza de mi pene.

    -Siento entrar y salir, tus testículos pegando en mi vagina, creo desfallecer de placer, el fuego que comenzó en mi agujero lo siento ahora en toda mi piel, por favor, que esto dure, que no termine jamás, quiero mucho más.

    Arqueo su cuerpo acompañando con un vaivén de caderas, hacia adelante y atrás, buscaba el orgasmo, bombee despacio, sin prisa, pero sin pausa, constante, entraba y salía de su hermoso culo.

    Según me dijo después, sintió como si un rayo atravesara su cuerpo, el que dio un par de convulsiones, aumentando el ritmo de su vaivén contra el pene, no lo puedo precisar, pero no creo haya pasado mucho tiempo, antes de llegar a su orgasmo.

    Fue una eyaculación simultánea, ambos llegamos al clímax juntos, nuestros líquidos se mezclaron, los míos, que invadieron con frenesí sus entrañas al igual que los de mi hermana intentando bañar todo mi sexo.

    Cayo desplomada al piso de la carpa, acompañe su cuerpo con el pene aun dentro, con delicadeza lo saque escuchando un gutural…

    -No lo saques por favor, nunca había experimentado tan hermosa sensación, agradezco que haya sido con vos, que seas el primero, pero… cuanto que me perdí.

    -Me hiciste asustar tonta, pensé que te habías desmayado.

    Ambos reímos, nos abrazamos besándonos, otra cerveza y van…

    -Tener sexo oral y vaginal fue para mí, lo que naturalice, aunque estoy siempre dispuesta a innovar, de hecho querido hermano, te lo acabo de demostrar, como también te voy a demostrar que puedo crear e inventar posiciones, más, las que figuran en el Kama Sutra, te prometo ser tu perra, si querés, para siempre, en mi corta vida nunca había sentido entrar un pene en mi culito, porque tuve miedo, cuando vi tu delicadeza para hacer el amor, pensé, es el indicado, fíjate que de un momento a otro y casi sin pensarlo, estaba disfrutando de mi iniciación en el sexo anal, siempre lo voy a recodar como el orgasmo más lindo, tierno y exquisito que tuve en mi vida sexual.

    Nuestra estadía en la playa fue corta pero jugosa, pasamos los días teniendo sexo en cuanto loco lugar apareciera y de las formas más inconcebibles, pero siempre disfrutando cada uno del cuerpo del otro.

    Creo, la gente pensaba que éramos marido y mujer, nos vieron tan enamorados e inseparables que no le dejamos lugar a dudas.

    Pero, siempre hay un pero, se terminó lo mejor, acabaron las mini vacaciones, hicimos las maletas, acomodamos la carpa emprendiendo el camino hacia nuestro hogar, el que transcurrió todo normal.

    Recién llegados al departamento, procedimos a la limpieza, hacer compras para tener alimentos en casa y sobre todo preparar la cena.

    Luego de cenar, fui a mi cuarto para descansar, me acosté desnudo como me gusta, quedando dormido enseguida debido al cansancio adquirido por el viaje.

    El sol de la mañana bañaba mi rostro cuando desperté, las cortinas de la ventana entreabierta flotaban por la brisa cálida que pasaba por ella, rodé en el colchón hacia mi lado derecho viendo algo que me sorprendió, mi hermana yacía en su sueño a mi lado, con la única cobertura de la sabana tocando su piel, que dicho sea de paso, olía muy rico.

    Me levante lo mas silencioso posible, cerré las cortinas para que la luz no la moleste, me dispuse a preparar algo para desayunar; mientras iba a la cocina pensaba que preparar, como siempre, no supe ser original, calenté agua, con una temperatura de 80 grados aproximadamente, cargue el termo con ella, En el mate puse tres cuartas partes de yerba y la bombilla; en un plato, galletitas de miel que son sus preferidas; fui a la habitación con una bandeja y lo preparado dentro, suavemente la desperté.

    -Buen día dormilona, me parece que se equivocó de cama anoche.

    -No mi Rey, ningún equivocarse, quería dormir con mi hombre.

    -A si mírela usted a la señorita, cama pequeña y dos personas… mala combinación, lo que da por resultado dolores varios con el correr del tiempo, ¿un matecito con sus galletas preferidas?

    -Por supuesto camarero, era justo lo que ordene.

    Reímos por un rato entre mate y mate. Al terminar el desayuno le comente que en un rato tenia que ir a la casa de unos amigos para arreglar una cena pendiente, lo que no objetó.

    Mi día transcurrió entre visitas de cortesía y para arreglar el encuentro de la barra.

    Al regresar a casa, me esperaba una rica cena hecha por la más bella.

    -Buenas noches señorito, quiere darse un baño antes de cenar, puede hacerlo tranquilo, falta para la cena.

    -Como no señorita, ya que usted manda, yo obedezco.

    -Bañáte tranquilo hermano, ya esta preparada tu ropa en el baño.

    -Ho, (cara de sorpresa y en broma) me debo estar por morir.

    -Para nada, como vos me “atendiste” tan bien en las vacaciones, quiero retribuirte.

    -Te amo hermanita.

    Apure el baño para no retrasar la cena, cuando salgo me encuentro con la mesa servida, nos sentamos, cenamos opíparamente un espectacular pollo al horno con papas y verduras, acompañado con un vinito tinto que lo terminamos haciendo sobremesa.

    Lavamos juntos la vajilla y la acomodamos en sus respectivos lugares.

    Preparamos café, uno para cada uno, lo llevamos al balcón para sentarnos al fresco en dos sillas de camping.

    -Hermano querido, hoy te tengo una sorpresa, creo te va a gustar.

    -A si, decime que sería esa sorpresa.

    -Si te lo digo dejaría de ser sorpresa… (Risas)

    -Que chistosita la niña.

    Hablamos de cómo nos fue el día, nuestros amigos, la vida en sí misma.

    Al primer bostezo, dijimos de ir a dormir, lo que aceptamos los dos.

    -Perdón hermanito, pero debo hacer esto…

    Me cubrió los ojos con un pañuelo guiándome, a lo que intuí por el camino que hacíamos, era mi cuarto, al paso iba apagando las luces, entramos, saco la venda y lo que vi me sorprendió.

    Era en efecto mi cuarto, ya no había una cama pequeña, ahora había dos camas pequeñas juntas y dos colchones pequeños transformados en grande, que hábilmente cosió para que así fuera.

    Se desnudo y entro bajo las sábanas. Golpeando con una mano el lado libre dijo.

    -Ven, solo faltas tú, (risitas) parece el título de una canción.

    Me saqué también toda la ropa y me acosté también; sin dejarme terminar de reposar mi cuerpo en la cama, se abalanzó sobre mí, besándome tanto o más cariñosamente que en nuestras vacaciones. Tendido de espaldas subió sobre mi cuerpo a horcajadas, uso mi pelvis como cojín, y con su vagina frotaba el miembro, el que estaba ya mirando hacia arriba y palpitando, intentó hacerlo perder dentro de su cálida y sedosa cueva, cosa que no se lo permití, con una mano atrape las suyas, con la otra, su cintura e invertí la situación, cosa que no me costo mucho por las diferencias de peso y contextura.

    Una vez que ella estaba de espalda y sentado sobre sus piernas, estirando los brazos hacia atrás le tomo los tobillos, me abro paso hacia los pies de la cama llegando a ponerme de rodillas entre sus piernas, los eleve ubicando cada uno de ellos sobre mis hombros, acerque mi sexo al suyo lentamente y pude observar su cara de ganas.

    Cuando hicimos contacto, sin dudar y debido a la humedad de su vagina, de un solo envión mi miembro se perdió tomando contacto con sus paredes apretadas, arrancando un gran gemido de placer.

    Debido a la posición, me pareció tocar el fondo vaginal con la punta de mi pene, eso hizo en mí, elevar la excitación a un punto imposible de describir, generando una duda en el tiempo que tardaría en eyacular.

    Sus caderas se movían en forma circular, hacia adelante y atrás, hacia los costados, gran juego de esas sabrosas caderas que me hicieron enloquecer, frenéticamente arremetí contra su vagina, tan complaciente, benevolente, aguantaba mis acometidas furiosas.

    En un instante nos encontramos los dos en un solo grito de placer con mis gotas de sudor bañando su piernas, solo se escuchaba el ruido de una vagina encharcada de fluidos y el resto de sus gemidos que iban apagándose de a poco.

    Saque mi miembro de a poco, desde mi posición privilegiada podía ver como salía perdiendo de a poco su dureza, al acabar de evacuar ese bello lugar, observaba como hilos de semen salían de la base vaginal haciendo un recorrido lento desde la desembocadura pasando por el periné, el agujero estrenado días atrás en la carpa, para terminar, descansando sobre las sabanas tan pulcras y puesta hacia un rato sobre el mullido colchón, mudo testigo de lo ocurrido.

    Ya recostados y en descanso, me dijo…

    -Sabes una cosa…

    No la deje terminar.

    -Lo único que sé, es que quiero toda una vida con vos, ser para vos y lo seas para mí, compartir lo que nos quede por vivir, con aciertos, errores, buenas, malas, con dinero, sin dinero, pero junto a vos.

    Pasaron los años, ambos nos recibimos en nuestras respectivas carreras, nos fuimos a vivir a España, Pigu, tuvo la suerte de poner una veterinaria de pequeños animales y le va muy bien, yo fui contratado en un canal televisivo como columnista de historia y mitología.

    Hace varios años estamos en pareja, con el anonimato permitido por el desarraigo.

    Hoy fue día de buenas noticias, me dieron la conducción de un noticiero, Pigu, para el año que viene tiene a cargo una catedra como profesora en la facultad de veterinaria y nos confirmaron que esta entrando en el tercer mes de embarazo.

    Todavía le sigo preguntando si la lectura de mis libros fue responsable de nuestra historia, nunca me respondió…

  • Una historia épica

    Una historia épica

    Era el primer día que ingresaba a la escuela militar y me sentía orgulloso de eso, pues había sido elegido entre muchachos de todos lados del país, para convertirnos en un oficial.

    La escuela militar está un poco separada de la ciudad como a cuatro kilómetros, esta era inmensa, y está toda circundada por muros como todo cuartel.

    Los que ingresamos en el primer año no podemos salir en los primeros 3 meses, y nuestros familiares nos visitan solo los domingos. A nosotros nos dicen perros, a los de segundo año chivos, a los de tercero vacas y así sucesivamente, claro está que a nosotros nos tratan como esclavos los de años superiores, y nuestras cuadras están separadas las mismas que constan de tres pisos y en cada uno, el primero es de 3er año, el segundo de 2do año y el tercero del 1er año. No puede un cadete de un año pasar a otro bajo sanción.

    Mi nombre es Rubén, apenas pasaba de los 18 años, en mi cuadra había 40 cadetes y yo escogí la litera inferior de mi camarote y en el piso había 4 cuadras.

    El día iniciaba a las 6 am. Donde formábamos y pasamos lista, luego pasaba entre ejercicios, entrenamiento acerca de armamento marchas y entrenamiento físico entre ranas, canguros y rapábamos continuamente. El almuerzo era a la 1 pm. y la cena a las 6 pm.

    En la noche a las 9 pm. Se formaba, se pasaba lista y nos dirigimos a las cuadras para dormir, se apagaban las luces y cada uno a sus literas.

    Esa noche como era verano, usamos short. polo y sandalias que nos proporcionaba el estado.

    Sentí ganas de orinar y me dirigí al baño, me baje la bragueta, saque mi pene, en ese instante ingresó otro cadete, musculoso el, moreno, pero no tanto, se puso al costado mío y saco su miembro, ohhh. Un miembro prominente. Su prepucio dejaba escapar un glande ancho, me quede extasiado pues no estaba acostumbrado a ver penes, pero siempre me daban curiosidad, claro aparte del mío que es de tamaño medio, lo que consideraba normal.

    – Hola, me llamo Luis. ¿Quieres tocarlo? – me sorprendió y me sonrojé.

    – ¿Cómo me haces esa pregunta?

    – Wooo, no te enfades, pero vi que lo mirabas y pensé que te gustaba – si me gustó, pero no podía afirmarlo.

    – ¿Si quiero puedes tocarlo? Por qué no me lo tocas tú primero – dije en son de protegerme ante su pedido.

    Entonces sucedió lo imprevisto, el cogió mi miembro y empezó a masturbarme, yo no sabía qué hacer en ese momento, pero miraba su inmenso pene y en realidad quería cogerlo y lo hice. Empecé a masturbar esa hermosa y gran verga y poco a poco lo vi y lo sentí hincharse en mi mano, que delicia, siempre me dio curiosidad por hacerlo, pero solo era un sueño hasta ahora. El continuaba masturbándome y acercó sus labios a mi cuello y me beso suavemente, yo seguí masturbándolo, no quería o no podía soltarlo y sus besos en mi cuello me excitaron a full como nunca había sentido una sensación así. Emití un pequeño gemido que rápidamente él sintió y me dijo suavemente al oído – Chúpamela – con sus manos en mi cabeza me dirigió a su miembro y no me resistí, me puso de rodillas y allí estaba su fabuloso miembro frente a mí.

    – Por favor mira si alguien entra – le dije un poco asustado pero decidido a chupársela.

    – No te preocupes yo tampoco quiero que nos vean, ni hablar.

    Entonces empecé a lamer su glande y me dirigí a sus huevos, con pequeñísimos mordiscos, lo cual al parecer le gustaba pues gemía lentamente, luego subí cuan largo su pene y llegué a su robusto y jugoso glande y lo introduje hasta mi garganta, no podía meterla toda pues era muy grande, pero el me cogió de los cabellos y con un movimiento de péndulo empujaba mi cabeza haciendo que su miembro entre y salga de mi boca y garganta, dándome arcadas por momentos, levanté la cabeza y lo vi, estaba en trance, erguido inclinado hacia atrás y su cabeza pegada a su nuca, con la mirada al techo, gimiendo ya desesperadamente, en ese momento paró y me dijo.

    – Quiero metértela – como ya había pasado esto y yo estaba excitado al máximo, mi cuerpo estaba caliente y ávido de algo más, asentí con la cabeza.

    – Vamos al retrete – como eran baños comunes había cuatro inodoros cada uno separado con su puerta.

    Entramos, bajó la tapa del inodoro y yo cerré la puerta, se bajó la trusa y me bajó la mía acariciándome las nalgas lo que me hizo delirar de placer, me dio la vuelta y su pene que estaba super rígido lo dirigió a la entrada de mi ano, yo deseaba, necesitaba que me la introdujera como nunca había siquiera soñado, me sentía en las nubes y parecía una eternidad el preámbulo que pasaba, quiso ingresar pero golpeó mi nalga derecha, trato de enrumbar la dirección y chocó con mi nalga izquierda, por fin con su dedo índice, dirigió su verga a mi ano, me agarró de la cadera jaló mi cuerpo para que ingresara su pene, y.. me hizo gritar de dolor, salté como en un resorte, impacté la puerta con mi cara y me di cuenta que me hizo lagrimear de dolor.

    – Tranquilo, no pasa nada – me dijo y guardamos silencio por un momento para ver si nadie había escuchado el ruido.

    – Por favor termina de chupármela, no me dejes así.

    Claro, estaba cliente y yo también, así que me arrodillé y se la chupé desenfrenadamente, que él y yo gemimos como locos, y sentí que su verga se hinchó tomaba dimensiones colosales, parecía un obús a punto de disparar y al fin explotó dentro de mi boca y garganta, era un líquido lechoso un poco ácido, pero no sabía mal, me agradó, parte me lo tragué y parte discurrió por mis mejillas.

    Entonces él se levantó y me levantó y es aquí que me besó en los labios por primera vez, fue algo tierno, delicioso, cerré los ojos sin querer abrirlos pronto, y un sentimiento de satisfacción plena inundó todo mi ser. Nos apartamos, nos miramos a los ojos y me dijo.

    – Eres muy hermoso, te parece si nos vemos luego.

    – Si, si – fue lo único que salió de mis labios, quería decir mucho más pero no pude.

    Cada uno fue a su litera. Esa noche ya no pude dormir pensando en todo lo ocurrido hasta que tocó la diana (trompeta) y empezó un nuevo día.

    Es una historia verdadera, continuará.

  • El hermano mayor de mi mejor amiga

    El hermano mayor de mi mejor amiga

    El motivo por el cual me encanta ir a la casa de mi mejor amiga Valeria es por su atractivo hermano mayor: José es un chico de cabello dorado y ojos verdes, tiene también barba del mismo color de su cabello, usa gafas negras, es bastante corpulento y tiene 19 años, solo un año más que yo, desde que lo conocí he soñado con perder mi virginidad con él.

    Ya he notado las miradas lujuriosas que dirige hacia mis pechos, pero ya lo he decidido, hoy voy a ir a la casa de Val y perderé la virginidad con José.

    Dentro de unos minutos… Golpeo la puerta y me abre José, cuando me ve una gran sonrisa adorna su rostro.

    -Hola Cele- me dice abriendo los brazos para que lo valla a abrazar

    Lo abrazo y apoyo mi cabeza en su pecho.

    -Val no está en casa, pero ven pasa igual- dice abriendo por completo la puerta e ingresamos a la casa los dos juntos.

    -José, no he venido por Val, estoy aquí por ti, es a ti a quien quiero- no le doy tiempo a responder y me lanzo a su boca

    Por la sorpresa el abre los ojos pero después los cierra y me continua con el beso, paramos unos segundos para sonreír y seguir besándonos, estamos felices por eso. Yo le chupo el labio y se lo muerdo un poquito, sé que a él le gusta porque puedo ver que lo está disfrutando.

    Cuando nos detenemos yo decido ser directa y le digo.

    -Se que es muy rápido, pero quiero dejar de ser virgen ahora mismo y ser tu mujer

    -Yo también quiero convertirte en mi mujer, así que esta perfecto- me responde mientras me toca el trasero y me lleva a su habitación.

    Cuando ingresamos a la habitación sus manos se apoderan de mi trasero mientras me baja el jean y a su vez me pasa su bonita lengua por todo mi cuello y también me da besos en esa zona.

    -¿Puedo morderte un poquito?

    -Hacelo

    Empieza con mordiscos suaves, sensuales pero de los que más disfruto son las mordidas con mayor intensidad, esas me hacen gemir de deseo y estoy segura que me va a dejar unas bonitas marcas.

    -Para que todos sepan que eres mi mujer- me dice en cuanto termina de morder mi cuello.

    Luego cuando me saca el sostén hace el mismo trabajo del cuello pero con las tetas, las acaricia, las muerde, las chupa, me escupe mucha saliva y luego me las frota rápidamente para que al final queden super mojadas. Con las estimulaciones del cuello y de las tetas, mi vagina ya se encuentra muy mojada y lista para la penetración. Cuando estamos completamente desnudos me pide que me siente en su cara. Yo lo hago y mi trasero queda bien posicionado.

    Él lo agarra con ambas manos y lo abre para ver el agujero de mi ano, se chupa los dedos y finalmente me introduce tres dedos en mi culo, es super delicioso, luego los saca y se los mete en la boca. Me acuesto en la cama y observo su miembro, es muy grande y grueso para mi primera vez, pero es el pene del chico que amo así que eso no importa. El siente mis nervios y me dice.

    -Bebe, te hice todas esas estimulaciones para entrar más fácilmente, tu relájate y confía en mi- me da un pequeño beso en los labios y me pregunta:

    -¿Estas lista? Si te duele mucho, decime y me voy a detener, lo menos que quiero es lastimarte.

    -Estoy lista- separe más las piernas y las eleve, él se puso arriba mío y con una embestida su pene ingreso adentro de mi vagina.

    Primero fue un dolor que duro unos minutos, pero fue el más bonito que he sentido en toda mi vida, pues, estoy uniendo mi cuerpo al chico del cual estoy enamorada. Pero cuando el empezó con sus suaves embestidas el dolor fue disminuyendo y empecé a disfrutar del sexo. Hasta le pedí que me diera más fuerte y José lo hizo pero siempre con cuidado porque hace unos minutos yo era virgen. Me la saco de la vagina para preguntarme otra cosa.

    -¿Estas dispuesta a hacerlo por atrás?

    -Si

    -No quiero que te sientas presionada.

    -Quiero hacerlo por detrás

    -Duele un poquito más- me aviso José

    -Pero lo deseo igual- dije y me puse en cuatro parando bien el culo

    El me tomo de los pechos y la metió suavemente, pero tenía razón, dolió mucho más que por adelante. Di un grito, pero le dije que estaba bien y que siguiera, el dolor tardo un poco más en irse pero la penetración del trasero fue mucho más rica y deliciosa que la de mi vagina, hasta he gemido más. Finalmente eyaculo dentro de mi culo y en mi rostro. Mire hacia las sábanas y vi que había sangre.

    -No te preocupes amor- salió de la cama y volvió con un papel y me limpio la sangre de la vagina.

    -Siempre voy a cuidarte, ahora descansa- dijo abrazándome.

    -Ahora soy tu mujer.

    -Lo eres.

  • Afloración de complejos con los tríos

    Afloración de complejos con los tríos

    Quienes leyeron mi relato anterior, el cual hicimos Ber y yo,  él la primera parte titulada “Un sueño cumplido con Mar” (nuestro primer día juntos) y yo la segunda, “Ber, Bernabé y yo” (el segundo día, pero en trío), seguramente recuerdan que el segundo día me quedé impactada pues dormité poco tiempo y al abrir los ojos vi a los dos haciendo un 69. Sí, shokeante, pero no tanto, pues previamente a esa escena del 69 ya habían pasado otras dos cosas.

    Después de una cogida de mi amante, Ber se fue a mi pepa y se puso a chupar las venidas conque habíamos culminado Bernabé y yo el coito. “¡Está muy rica!” exclamó Ber y, sin previo aviso, le empezó a mamar la verga a mi amante. Bernabé se sorprendió también, pero se le paró la verga.

    Por si eso hubiese sido poco, más tarde, después de que simultáneamente se habían venido ambos en mí, Ber empezó a lamerme la cuca, abrevando lo que faltó por escurrir y ¡Bernabé se fue sobre los huevos y la verga de Ber para limpiarle el aparato con la lengua! ¡Yo no lo podía creer!

    Así que el 69 entre ellos era previsible.

    Días después, Ber me escribió “fue maravilloso disfrutarte, sola y acompañada”, a lo que respondí “¡Sí, sola estuvo riquísimo! Acompañada… todos nos disfrutamos, ¡putos!”

    En el caso de Ber, sabemos de sus antecedentes por los relatos: le gusta mamar verga y, dice, que sólo lo hace cuando está muy caliente. Pero yo sí me sorprendí en el caso de Bernabé y, días después (un lunes) pasó el diálogo siguiente.

    Después que terminamos la primera ronda de limpieza (me refiero a las chupadas tan ricas que me da mi amante para limpiarme la leche de mi marido que me embadurno al coger sábado y domingo) donde me hace venir riquísimo con su lengua, y de la primera venida de mi amado dentro de mí. Mientras le chupaba el pene, exprimiéndole el blanco amor que me gusta, le pregunté:

    –¿Desde cuándo te gusta mamar verga? –y, viéndolo a los ojos esperando su respuesta, me puse a lamerle los huevos.

    –Hace muchos años –dijo después de hacer un esfuerzo por recordar algo. Contó cosas que yo no esperaba, pero seguía con la vista fija en sus ojos y alternando las chupadas en cada una de sus bolas–. Sí, entonces nos gustaba mucho darnos gusto de esa manera, y de otras más, pero la que me parecía mejor era la de mamar y ser mamado –Dijo esto último parafreaseando la canción que cantaba Angélica María y fue muy popular cuando él era joven.

    –Y ahora que tuviste una verga cerca, no te cortaste para recordarlo –le dije pasando a chuparle el glande.

    –Me gustó mucho cómo me la chupó Ber, me remonté a esos años y se la mamé; además, estaba llena de tus jugos, mi amor, ¡sabía riquísimo!

    –Se notaba que te gustó, tu cara delataba el placer que sentías con la verga adentro de la boca– le hice ver–. Yo sabía que te gustaba la leche sola, ya fuera que estuviera seca y me la lamías sobre el cuerpo o que estuviera líquida, como la que te di en el condón –eso lo conté en mi relato “Travesura a mi amante”–. ¿Te gustó tomarla del envase? –pregunté refiriéndome al 69 que hizo con Ber.

    –Ya la había tomado así, pues mis amigos y yo eyaculábamos y nos gustaba hacer venir a otro mamándole, pero nunca había chupado unos huevos tan ricos–dijo lanzando un suspiro por las mamadas que yo lo daba y los jaloncitos de escroto con las que las acompañaba– Debido a eso, decidí corresponderle a Ber por la mamada que me dio hasta que los dos nos venimos en el 69.

    –¿Entonces sí te gusta tomar la leche en el envase…? – pregunté dándole un jalón a todo su aparato, con una mano en los huevos y otra en el tronco.

    –Sí, pero me gusta más en el atole de una puta muy cogida, que viene mucho haciendo la ordeña para mí… –dijo y entornó los ojos, recordando a la puta de su ex, y sentí celos.

    –¿En quién estás pensando? –pregunté aireada.

    –En la puta que me da gran variedad de atoles, le sale rica con cualquier leche que usa –contestó descaradamente– Si la probaras, sabrías por qué. Claro que también me gusta el atole que tú haces con tu marido, eso te lo he demostrado siempre, putita…

    –¡No me digas puta! ¡Yo sólo cojo con mi marido y contigo! Bueno, también lo hice con Ber por esos huevos tan lindo que hasta a ti te gustó chupar –exclamé, pero me calmé cuando recordé los huevos de Ber.

    –Me has dicho que te gustaría ver cómo cogemos mi ex y yo. Así que este sábado lo pregunté si le gustaría que hiciéramos un trío nosotros tres: tú, ella y yo –me informó –claro que se lo propuse cuando ella estaba gozando la cogida que le daba, pero interrumpió abruptamente el acto –confesó– y me gritó “¡¿Qué te piensas que soy? ¿Una puta como esa gorda?!” –dijo y terminó carcajeándose al recordar.

    Me molesté tanto por esas palabras, que le di una cachetada a Ver al tiempo que le gritaba “¡Ya te dije que no soy puta!, ni gorda”. Bernabé se rio, me abrazó y me dijo, “Yo no dije eso, sólo te estoy contando qué pasó, tú estás muy buenota, ya quisiera ella estas nalgas tan hermosas”, expresó y me puso bocabajo para besarme y lamerme la cola.

    Días después, por correo me preguntó “¿Harías un trío conmigo y la puta chichona?” Desde luego que Bernabé quería chiches y nalgas ricas al mismo tiempo, aunque tuviese que juntar a dos viejas.

    “¿Ella ya ha hecho tríos?”, le pregunté. “Sí, pero sólo HMH y no conmigo”, contestó. “Seguramente contigo no, porque sabe que la dejarías sin la leche del otro”.

    Al siguiente lunes que nos vimos para retozar en su departamento, tomé el dildo y vi que tenía pegado un pelo negro.

    –¡Guácatelas, no lo limpiaste! Vino la puta y se lo metió –protesté.

    –Sí, estuvo aquí el viernes y jugamos, imaginando que hacíamos un trío. Me contó cómo lo hacía. Le pregunté si entre sus parejas no se daban unos “llegues” entre ellos y me dijo que a veces sí, y que había visto que, cuando estaba ella en un 69 con uno y el otro penetrándola en la vagina desde atrás, quien estaba succionándole el pene también le lamía el tronco o las bolas al otro.

    –¿Serán tan putos como tú o más? –le dije metiéndole el consolador en la boca.

    –No lo sé, pero sí se me antojó al verlo entrar y salir de tu pucha, me daban ganas de lamérselo a Ber lleno de ti, de la baba que él te sacaba al bombearte –contestó mamando con placer el dildo pues seguramente sabía a su puta ex.

    –¿Y ya lo probaste por acá? –le dije sacándoselo de la boca y poniéndoselo en el ano.

    –Ja, ja, ja, no, por allí no quiero –dijo al sentir la presión que yo hacía con el juguete en el anillo–. Pasó a veces, cuando alguno de los amigos lo pedía, se lo dábamos por allí. También me tocó tenerlo dentro, pero sólo acepté para darle gusto a alguno de ellos, ni me gustaba ni lo contrario. Sólo lo metía cuando alguno lo pedía o cuando hacíamos el trenecito –confesó Bernabé alegremente su putez.

    –¿Te hubieras dejado si Ber te lo pide? –pregunté pensando en que tal vez también le gustaría recordar de bulto esa parte de su infancia.

    –No lo creo, ni tampoco yo le hubiese dado si él quería –contestó quitándome el consolador de la mano y lo fue a lavar al baño.

    Como si nada hubiera pasado, nos pusimos a hacer lo nuestro, a cumplir con el ritual de los lunes. Me chupó, me cogió y me metió el consolador por la panocha mientras me enculaba. Luego lo saco reluciente y muy mojado y se puso a mamarlo con placer, siguiendo con el trabajo de su pene dentro de mí ano mientras yo le gritaba “¡Puto, puto!” al venirme.

    A los tres días me escribió diciéndome que su ex aceptaba hacer un trío conmigo, si él aceptaba hacer antes un trío con cada una de sus dos “parejas” y luego, en otra noche, la satisficieran juntos entre los tres. “¿Qué opinas?” Me preguntó. “Que vas a terminar penetrado por ellos”, le contesté. “No me refiero a eso, sino a ti, ¿Aceptas?”, insistió.

    Lo que sí es cierto, es que no tengo claro lo que yo podría hacer. Me gustaría ver cómo cogen Bernabé y su ex, pero participar… ¡No sé! Estoy segura que terminaré mamando chiche y panocha, además de unas tijeritas, ¡esa puta es peligrosa!

  • Aventuras de una ninfómana (parte 3)

    Aventuras de una ninfómana (parte 3)

    Hola chicos y chicas, maduros y maduritas, ya me tenéis de vuelta por aquí para relataros otra de las pequeñas aventuras que he experimentado en mi pasado cercano. Los hechos que voy a pasar a narrar ocurrieron en los días siguientes a convertirme en la esclava sexual de Juanjo.

    Era la media mañana de un jueves como otro cualquiera. Estaba concentrada en mi trabajo repasando los retoques al último proyecto que teníamos en marcha. Pasaban pocos minutos de la 1 de la tarde cuando comenzó a sonar el teléfono de mi despacho. Me recliné en mi cómodo sillón de oficina y descolgué el auricular.

    – ¿Diga?

    – Hola zorrita…. ¿echas de menos a tu amo?.- Me estremecí al escuchar la sensual y varonil voz de mi dueño provocándome al otro lado de la línea.

    – Juanjo, estoy trabajando y aunque siempre es un placer jugar contigo ahora mismo me pillas liada.- Le contesto con un toque de coquetería en mi voz para no hacerle enojar.

    Ahora le ha dado por hacerme llamadas pervertidas en horas de trabajo y eso consigue desconcentrarme, cosa que no me puedo permitir con un proyecto tan impórtate entre mis manos.

    – Vamos perrita, si sé que te mueres por comer polla ahora mismo.- No puedo evitar resoplar divertida al ver como ignora mi protesta, comienza con su juego y yo estoy más que dispuesta a seguírselo, para qué engañarnos.

    – Solo puedo comer la de mi amo y ahora mismo no estás a mi lado.- Jadeo juguetona al auricular sabiendo que al otro lado Juanjo seguramente la tiene ya, como mínimo, morcillona.

    El silencio llena la línea y por un momento pienso incluso que se ha cortado.

    – Sube a mi despacho.- La orden es clara y por el tono autoritario sé que no me puedo negar. Madre mía, creo que esta vez el juego se me ha ido de las manos.

    Ni si quiera contesto ya que es obvio que no espera dicha respuesta asique cuelgo el teléfono, me levanto del sillón y después de acomodar mi vestido rojo entallado hasta por debajo de la rodilla y de escote en forma corazón, cojo un folder con los avances impresos del proyecto para disimular y salgo rauda al despacho de dirección en el que me espera, vete tú a saber que, Juanjo puede llegar a ser impredecible y temerario.

    Cuando se abre el ascensor en la planta 13 y salgo no puedo evitar recordar cómo fue la última vez que estuve allí. Como Juanjo hizo de mi lo que quiso junto al pervertido del conserje. Me empiezo a excitar solo con el recuerdo y las expectativas que no puedo evitar crearme. Cada día que pasa me siento más descontrolada y todo es culpa de mi obsesión con el sexo y las constantes provocaciones de Juanjo.

    Solo hay que pararse a pensar un momento. Marco, mi marido, está solo un par de plantas más abajo trabajando en su oficina y aquí estoy yo, zorreando con su mejor amigo y expectante a lo que quiera que me tenga preparado esta vez.

    Saludo de pasada a Marisa y Celes que están concentradas en sus respectivas mesas antes de llamar y entrar en el despacho de Juanjo.

    – Cierra con seguro.- Me pide sentado tras el enorme escritorio de roble.

    El mueble en cuestión se ve robusto y macizo. Es de color oscuro, envejecido, dándole ese toque de antigüedad que desprenden las cosas caras. Sus dimensiones son amplias y desde mi posición solo puedo observar a Juanjo de más o menos cintura para arriba. O al menos lo que me deja ver la gran pantalla de su ordenador de sobremesa colocada en el centro del escritorio tapando así casi por completo al hombre detrás del. Os estaréis preguntado a que viene tanto resumen pero todo tiene un porqué que lo entenderéis más adelante.

    – Tan obediente como siempre, eres una buena perra, Maka.- Me dice apartando su atención del pc y centrándola en mí.- Ven aquí.- Me ordena más serio a la vez que se aparta del escritorio aun sentado en su sillón de cuero negro. Hoy lleva un traje gris perla que le queda como un guante y a mí me enciende como a un demonio.

    – Juanjo, estamos trabajando y las chicas están fuera por no mencionar que Marco está hoy en el edificio por si no lo recuerdas.- Le comento antes de que mi lujuria gane a mi razón.

    Él me observa serio como sopesando la situación (o eso me parece a mí) y yo por un momento me siento desilusionada porque no continuemos con esto, joder estoy enferma de sexo.

    – Mira, grandísima puta, como no te pongas de rodillas ahora mismo entre mis piernas y me comas el rabo te saco desnuda al pasillo y llamo a Edwin para que esta vez te sodomice en presencia de quien quiera mirar.- Su profunda voz autoritaria y exigente me hace estremecer y que mi sucio coño comience a humedecerse.- Sé que eso le encantaría a la ninfómana exhibicionista que llevas dentro.-

    No le contesto y contoneando mis caderas de las cuales no pierde vista, me acerco a sus pies y me arrodillo ante él. Inclino mi cabeza hacia atrás y saco mi lengua en un gesto vulgar y obsceno que se que le encanta. Me agarro las tetas y me doy un estimulante masaje por encima de la ropa que sé que se la está poniendo bien dura. El bulto en su pantalón es más que evidente, incluso delata que carga hacia derechas. Se puede apreciar como su enorme verga no para de crecer y abrirse paso entre la apretada tela.

    – Mira que eres puta.- Me dice con cierto tono de desprecio que no hace más que encenderme. Adoro como me hace sentir, sucia, su fulana personal, su agujero donde meterla – Metete debajo del escritorio.- Me ordena apartándose un poco para dejarme pasar.

    La verdad es que me sorprende su petición ya que aunque entro de sobra estando sentada o de rodillas un poco doblada no le veo el sentido, claro que como siempre me pasa con él todo tiene su propósito y eso lo descubriría poco después. Que hijo de puta que es, pero como le deseo también.

    Estando ya acomodada bajo su mesa él se acercó, se desabrochó completamente los pantalones y su orgullosa erección saltó irguiéndose pulsante ante mí. Resulta que no soy la única que anda por ahí sin ropa interior últimamente.

    – Traga cerda.

    No tuvo que repetir su orden para que me insertara la mitad de su polla en mi boca. Mientras que comenzaba a mamársela él terminó de casi pegar su silla contra el escritorio y me agarró de la cabeza con ambas manos para marcar la velocidad que más le gustaba. Me sentía acorralada y a la vez excitada. Su dura pieza de carne entraba y salía a buen ritmo en mi cavidad bucal hundiéndose hasta casi mi garganta. Con las manos libres y mi boca llena de verga arremangué mi vestido hasta la cintura y me bajé la tanga negra de encaje que llevaba puesta. Esta situación tan clandestina con Marisa y Cele trabajando al otro lado de la puerta me estaba poniendo súper cachonda. Me incliné un poco para poder llegar hasta mi sexo pero antes de lograrlo mi amo se percató de lo que estaba sucediendo.

    – Maldita perra desobediente.- Susurró encolerizado antes de darme un puntapié en pleno coño al tener las pierna abiertas a la vez que me zarandeaba con un poco de fuerza de los cabellos.- No te he dado permiso para eso, zorra. Veo que estás rogando por un castigo.- Declara con malicia en su voz.

    – No amo. seré buena. Se lo suplico.- Lloriqueo a la vez que lamo miserablemente su miembro y no aparto mi mirada de sus ojos impasibles y con una chispa de lujuria en ellos.

    – Tengo que hacer una video llamada asique si eres una buena zorra y me la comes en condiciones mientras hablo me pensaré lo de tu castigo. No te paso una más, ¿Entiendes estúpida puta?-

    – Gracias amo.- Voy a darle la mamada de su vida.

    Vuelvo a mi posición entre sus piernas y a la vez que comienzo a lamerle los huevos veo como se descalza del pie derecho y escucho como empieza a sonar el tono de la video llamada en la gran pantalla de su ordenador.

    – ¿Que pasa Juanjo? ¿aburrido o necesitas algo?.- Me quedo petrificada con los huevos de Juanjo metidos aún en la boca al reconocer la voz de mi esposo que sale de los altavoces de pc.

    – En serio tío, te estoy viendo el capullo. Guárdatela salido.- Le dice entre risas y yo reacciono apartándome todo lo que puedo y escondiéndome en el estrecho hueco bajo su escritorio.

    – Oh venga! no te pongas puritano ahora que anda que no hemos jugado en equipo tu y yo antes.- Le dice el bastardo cogiendo su rabo y encaminándolo a mi boca de nuevo obligándome a acercarme a su entrepierna.

    ¿En equipo? imagino que se refiere a sus juergas de universidad que se que buenas se han corrido juntos aunque tampoco pienso mucho en ello cuando su verga entra otra vez de nuevo en mi boca. Estoy entre aterrada y al borde del orgasmo cuando Marco le contesta.

    – ¿En serio me has llamado solo para enseñarme tu polla? estas tonto o drogado.- Le dice riéndose pero con un tono de regaño en su voz.- ¿Y si llega a estar por ejemplo Maka ahora aquí? ¿Que la digo? ¿O mi secretaría?- Solo oírle hacer mención a mi siento que mi almeja empieza a dar espasmos pidiendo atención.

    – Mira que buen rabo tiene nuestro Juanjo, por ejemplo.- Le sugiere con sorna.- Nah, ahora en serio Marco.- El tono de su voz ha cambiado al serio y dominante aunque sin dejar del todo de lado el juguetón. Se recuesta en su sillón y encamina su pie descalzo hacia mi sexo.

    Marco ha dejado de reírse y puedo imaginármelo, ya que no le veo, expectante como yo ante lo que Juanjo tiene que decir. Me aterra que me deje al descubierto pero a la vez estoy reprimiendo el orgasmo que amenaza con provocarme el frote insistente de su empeine contra mi clítoris.

    – Ahora mismo tengo a una zorra comiéndome la polla bajo la mesa.- Le suelta a la vez que comienza a mover sus caderas contra mi cara. Por suerte el ángulo de la webcam me deja fuera de su vista.

    – Que cabrón, me llamas para darme envidia.- Marco parece encantado con la situación y yo estoy ya corriéndome bajo el escritorio y gimiendo con la verga de Juanjo en el fondo de mi garganta.- Joder como gime esa zorra. Tiene la boca bien llena ¿eh?- Si tan solo él supiera.

    – Se la traga hasta el fondo, es la mejor puta que me he follado en mucho tiempo ¿y sabes qué?- Yo tiemblo aterrada casi al borde del colapso mental cuando Juanjo comienza un suave vaivén de sus caderas y su pie mientras que continua hablando.

    – Esta zorra no solo está casada la muy puerca si no que es empleada de nuestra empresa. En serio Marco, es una golfa que trabaja más poniéndome duro que haciendo otra cosa.- Hace una pausa y se aparta un poco para mírame a los ojos con una sonrisa divertida.- Tiene el mejor culo que me he jodido jamás. Sube y démosle una doble follada. ¿Te apetece?- Completamente impactada con lo que ha dicho le doy un golpe en la pierna y le reprocho con la mirada.

    A cambio recibo otro puntapié pero esta vez con más fuerza de lleno en mi chocho húmedo e hinchado a la vez que oigo la respuesta de Marco y me retuerzo en medio de otro orgasmo doloroso pero totalmente satisfactorio.

    – No jodas tío, Maka me arrancaría los huevos si se entera. Eres un cabrón, me llamas solo para calentarme. Eres un pervertido hijo de puta.- Le reprocha medio en broma medio en serio.- Anda, ábrele el culo a esa cerda que yo me voy a buscar a Maka para ir a comer o que al menos me la coma ella. Los gemidos de esa puta me la han puesto bien dura.-

    – Bah, tú te lo pierdes. Dale saludos a tu linda esposa de mi parte.- Le dice meneándose el rabo descaradamente para que Marco lo vea y sé que lo hace con segundas, es más que evidente. Aun noto palpitante mi sexo por el golpe recibido. Mi cuerpo convulsiona leventemente superado por el torbellino de emociones que me embarga.

    – Y nada de follar en horario laboral, como me entere te sancionaré.- Le termina diciendo riéndose antes de cortar la llamada y sacarme tirando de un brazo de mi escondite bajo la mesa.

    – La próxima vez que me retes como hoy esto no será nada comparado con lo que haré contigo.- Me amenaza antes de tumbarme boca arriba sobre una parte de su amplio escritorio y hundir su miembro entre mis piernas.- Piensa que ahora mismo mientras Marco te está buscando empalmado soy yo el que te está reventando el coño, puta. Te vas a llevar mi corrida hoy bien a dentro.

    Mi caliente y necesitada vagina da espasmos al ritmo de las fuertes embestidas anunciando un más que próximo orgasmo por parte de ambos.

    Juanjo me taladra a la vez que cogiéndome de los muslos alza y abre más mis piernas para llegar más profundo. El pesado escritorio se balancea y rechina a cada acomedida de su verga contra mi agujero.

    – Gime para mí como la perra que eres, no te contengas.- Jadea aumentando sus embestidas y haciéndome perder el poco control y sensatez que me quedaba.-

    – Hmmm, ah, ah, Juanjo, siiii, sigue follandome, siii, me corro. Mi sexo explota expulsando fluidos empapando la verga de mi amo y exprimiéndola en lo más profundo de mis entrañas.

    – ¡Toma corrida cerda!- Me grita a la vez que cierra sus manos entorno a mi cuello y comienza a apretar a la vez que su semen inunda mi útero. Yo me siento desvanecer de placer experimentando uno de los orgasmos más intensos de mi vida. Siento como estoy perdiendo la conciencia, como mi cuerpo convulsiona para terminar laxo sobre la mesa y con el semen de Juanjo escurriendo entre mis piernas.

    – ¿Que diría ahora el bueno de Marco si te viera así?- Pregunta al aire a la vez que con un par de toallitas húmedas limpia su pene semi erecto. – Se te está saliendo mi corrida y eso no podemos permitirlo.

    Le observo aún espatarrada sobre su escritorio e intentando recuperar el aliento y las fuerzas suficientes para incorporarme.

    – Espera, sigue con las piernas abiertas.

    Veo como se guarda la polla en los pantalones, abre un cajón y saca algo de dentro después de rebuscar un poco en el.

    – Vas a llevar metido esto en tu sucio coño de golfa el resto del día. No te lo vas a quitar hasta que llegues a casa.- Me anuncia a la vez que inserta una bala vibradora de unos 9 cm de largo y 3 de ancho más o menos y terminada en un pequeño cordón que queda colgando fuera de mi húmedo sexo.

    Puedo sentirla amoldarse a mi vagina según esta va volviendo a estrecharse y recuperando su forma.

    – Ya puedes vestirte.- Yo le hago caso e incorporándome con su ayuda me pongo de pie y comienzo a recolocarme el vestido.

    De pronto siento como la maldita bala comienza a vibrar en mi interior haciéndome gemir sin poder evitarlo, aún estoy híper sensible después de tan buenos orgasmos.

    – ¿Que cojones?- Vuelvo a gemir al notar como la vibración va en aumento. Juanjo a todo esto me enseña con un gesto de burla el pequeño mando a distancia que tiene en una de sus manos.

    – Ya me contarás mañana con todo lujo de detalles que tal lo has pasado hoy. Anda, ve a buscar a Marco que tendrá los huevos a punto de estallar y nada de darle tu coño. Te doy permiso para mamársela o que te dé por el culo pero tu coño de zorra es mío, ¿Me oyes puta?- Me deja en claro a la vez que pasa su mano entre mis piernas mojando sus dedos con mis fluidos y tirando levemente del cordón que cuelga fuera de mi sexo.- El tanga me la quedo de recuerdo y mañana por la noche eres mía. Apáñatelas como quieras pero te quiero conmigo hasta el sábado por la mañana.

    – No puedo hacer eso, Marco-

    -¿Que cojones no entiendes aún de que eres mía y puedo hacer lo que me salga de los huevos contigo? Maldita zorra estúpida.- Sisea contra mi cara y estrujando mis barbilla con una de sus grandes manos.- Mañana por la noche, uff, mañana vas a saber lo que es someterte a los deseos de tu amo. De ti depende que sea suave y placentero o no creo que quieras saber de la otra opción.- Me asegura dejándome libre y volviéndose a sentar en su sillón.

    – Ok, ya veré que me invento. Cuando lo sepa te llamo.- Claudico expectante por lo que pueda estar preparando para mí.

    – No hace falta. Estate mañana a las 9 en el aparcamiento subterráneo que hay en la calle Alcalá. Espera mi llamada.-

    – Como deseé mi amo.- Sin nada más que discutir salgo de su despacho y suspiro aliviada al ver que no están ni Cele ni Marisa. Por la hora doy por sentado que estarán en su descanso de la comida.

    Salgo casi corriendo camino a las escaleras para no cruzarme con nadie en el ascensor. Cuando estoy por abandonar la planta veo como Marco sale del elevador y va directo a la oficina de Juanjo. Por suerte el no repara en mi presencia y entra sin llamar. Nunca supe que pasó después y hasta hoy sigo con la duda de a qué había ido mi marido allí. ¿Tal vez a follarse a la guarra calentona? pues que se joda que era yo y se va a quedar con las ganas. Claro que rato después bajó a mi despacho y bueno eso ya os lo contaré en la próxima entrega junto con lo que me tenía preparado el pervertido de mi amo.

    De sobra me conocéis y ya no aguanto más el calentón que me cargo asique me levanto desnuda como estoy del sofá del salón, dejo el portátil sobre la mesa de café y salgo al patio a comenzar con mi show nocturno.

    Marco está durmiendo en nuestra habitación, son cerca de las 2 de la mañana y me voy a poner a 4 patas sobre una tumbona junto a la piscina a la vez que empiezo a meterme un consolador realista negro y de grandes dimensiones por mi culo. La bala vibradora que me regaló mi amo bien insertada en mi almeja desde la tarde, no puedo dejar de gemir a la vez que me imagino cómo voy a ser observada desde la lejanía, ya saben que hay una puta exhibicionista que se muere por enseñar lo muy cerda que puede llegar a ponerse, Quiero sus corridas, quiero que giman mi nombre, quiero que se la meneen soñando con hundirse en mi húmedo coño, siii, hmmm. Nos vemos, mis amados lectores.