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  • Orgía extrasensorial en el cementerio

    Orgía extrasensorial en el cementerio

    Hay cosas que suceden y no necesitan explicación. Pero hay otras que, por más que nos esforcemos, carecen totalmente de lógica y de sentido. Lo que hoy voy a contarles, es una de estas últimas. Que el misterio y la confusión no sean impedimento al delirio y al disfrute. Yo la pesé increíblemente bien. Espero que vos también.

    Siempre me llamaron la atención los cementerios. En el ambiente se percibe algo sublime, sagrado y sobre natural que crea una atmosfera de paz y respeto. Jamás me dieron miedo, nunca creí en la posibilidad de que los muertos pudiesen salir de sus tumbas y atacar a los vivos. Primero, porque es físicamente imposible. Y después, ¿por qué, teniendo la posibilidad de revivir, nos atacarían? Son muertos, no tontos. Una cosa totalmente diferente, y en la que sí creo, es en las energías. Por más que los cadáveres lleguen sin vida al campo santo, creo que son acompañados por un aura que está más allá de la vida y de la muerte. De alguna forma, esa energía es el último signo vital que conservan, más allá de que sus corazones y sus mentes ya no estén entre nosotros.

    Aquella noche no era del todo consciente de mis actos, lo que espero que no le quite credibilidad a mi relato. Lo que sucedió es tan real como aquella noche con mi amor de universidad en la terraza, o con mi hermana y mi cuñado en ese encuentro que todavía, de solo pensarlo, me hace sentir calor. Me había juntado a estudiar con dos amigas. “Estudiar”, siempre empezaba con alguna charla inocente, una cervecita, algo rico para fumar. Esa vez, puse toda mi atención en eso de fumar. Suelo hacerlo con frecuencia, casi siempre sola mirando alguna película vieja. Me es mas simple controlarme en soledad, por eso esa noche me excedí un poco.

    Abandoné el departamento de mi compañera y manejé sin rumbo por la ciudad, hasta perderme en los suburbios. Sin siquiera notarlo, llegué a las afueras. Me sentía mareada, por lo que decidí detenerme y tomar un poco de aire. Una antigua y poco amistosa fachada de piedra se dibujó a cincuenta metros de donde estaba. Comprendí que era el antiguo cementerio de la ciudad, el cual jamás había visitado. La noche estaba hermosa. Cálida, estrellada, algo húmeda. Cruce el arco de piedra y avancé por las pequeñas calles arboladas. El clima en la pequeña ciudad era diferente al que había dejado atrás. Una brisa fresca me acariciaba y me revolvía el pelo. De inmediato sentí como mis pezones se endurecían, atrapados en un top de color violeta. Llevé mis manos hacia mis pechos y empecé a masajearlos suave, pero cada vez con mas intensidad. Sentía necesidad de apretarlos, de estrujarlos, de hacer que me duelan. Miré hacia los costados y la soledad que sentí fue absoluta. Me bajé el top hasta la cintura, dejando al aire mis pechos duros y redondeados, con los pezones como punta de flecha. La libertad que sentía era inmensamente excitante. Sabía que no era normal lo que estaba haciendo, pero el coro de susurros me hizo olvidar eso de pensar.

    Los susurros se entremezclaban entre sí, pero me fue muy sencillo reconocer que pronunciaban mi nombre: Martina. Las voces eran arrastradas por el viento desde todas las direcciones. Intenté vislumbrar alguna figura entre las sombras, pero no conseguí nada. Me topé por un instante con la realidad en el instante en el que una mano helada y firme se apoyaba en mi hombro. Reconocí donde estaba, pero ningún instinto de supervivencia me pidió que corriera. Simplemente cerré los ojos y comencé a temblar. La mano comenzó a moverse hacia adelante, sin dejar de rozar mi cuerpo. Cuando llegó a mi pecho izquierdo, una respiración fría y agitada se posó sobre mi oreja. Acabé. No me preguntes cómo, ni porqué. No trates de encontrarle sentido. Tuve un orgasmo intenso que me sacudió por completo, de manera tan violenta que casi me caigo. Me salvó la otra mano que, rodeándome el cuerpo, se apoyó con fuerza sobre mi otro pecho. Mis dos tetas estaban aprisionadas por unas manos heladas, sentía esa respiración infernal aturdiéndome en la nuca y una protuberancia dura apoyada en mi culo. Cada vez me aprisionaba más, atrayendo mi cuerpo hacia el suyo.

    Siguiendo la línea de cosas que no tienen explicación, como pude, me bajé el short negro de jean que me aprisionaba por debajo, seguido inmediatamente por mi tanguita roja. Además del ensordecedor coro de susurros, se levantó una intensa ráfaga de viento caliente que viajó vaya a saber desde donde, directamente hasta mi concha. Era viento, pero adentro mío se sentía como la pija más grande y caliente que jamás me había penetrado. Quise gritar, pero una mano se aferró a mi boca impidiendo que cualquier sonido salga de ella. Los susurros me estaban rodeando, podía sentir el aliento caliente de cada uno de ellos. Sus manos me envolvían entera. Apretaban, pellizcaban, desgarraban mi piel. Tomé coraje y abrí los ojos. Nada. La típica escena de un cementerio vacío, con la diferencia de que extrañas fuerzas me impedían cualquier clase de movimientos. De repente siento como una mano fuerte me toma por el pelo y me arroja hacia el piso. Caigo de rodillas, para luego ser atrapada nuevamente por las sombras invisibles. De rodillas, mirando histéricamente hacia todos lados sin ver más que penumbras, sentí como una pija de tamaño descomunal ingresaba a mi boca. Me dolió mucho debido a su grosor, pero una vez que acostumbré los músculos de la boca, entró y salió infinidad de veces como si esa boca siempre hubiese sido suya. Sentí como un líquido espeso y caliente, similar a nada que hubiese probado antes, me inundaba la boca y los pechos, para de inmediato recibir media docena mas de pijas invisibles que estallaban un tras otra hasta casi ahogarme.

    Perdí la noción del espacio y del tiempo, dándole importancia solamente al acto de disfrutar. Algo volvió a tomarme del pelo, esta vez con mucha mas violencia. Sentí como lagrimas frías y saladas me recorrían la cara y se mezclaban con ese líquido espeso que había saboreado hasta minutos antes. Manos invisibles me sostenían de los brazos, mientras otras me obligaban a abrirme de piernas. Cedí sin ninguna clase de esfuerzo. Intento imaginar esa escena y vuelvo a mojarme como en ese momento. Si me ves desde afuera, estoy media suspendida en el aire, con los brazos extendidos hacia los costados, desnuda y con las piernas abiertas. De repente siento como una pija enorme y caliente entra en mi conchita, haciéndome estallar de placer. Siento unas manos tomándome por la cintura y penetrándome con rapidez y violencia, mientras por debajo una boca gelatinosa se entretiene con mi clítoris. Dos bocas me destruyen las tetas, mordiéndolas de manera sobre humana, como si quisieran despedazarlas. El dolor es tremendo, pero el placer que siento me hace olvidar de todo.

    Siento como una pija tras otra me penetran y acaban adentro mío, hasta que alguien me susurra con claridad en el oído: “esta noche no la vas a olvidar nunca”, para de inmediato sentir una pija metiéndose en mi culo. Seca, sin ninguna preparación previa. Jamás sentí un dolor mayor. Sentí como algo se me rompía por dentro, pero me era imposible moverme. Me mordí los labios hasta hacerlos sangrar, lo que hizo que una boca invisible se pegara a ellos de manera ansiosa, casi animal, succionando cada gota de sangre que brotaba. Comencé a gritar. Una mezcla de placer y dolor hacían de mis gemidos algo embriagador, que me excitaba incluso a mí misma. Mis gritos no hacían mas que enloquecer a esos seres que me estaban haciendo suya. De repente sentí un golpe en la nuca que me hizo caer de rodillas. Me obligaron a ponerme en cuatro, para penetrarme de a tres. Sentí una pija en boca, una en mi conchita y otra en mi culo. Desde siempre fue una de mis mayores fantasías una penetración triple. Jamás había imaginado que se diera en ese extraño contexto, pero así era. A pesar del miedo y del dolor, decidí que lo mejor sería disfrutarla al máximo.

    Me dejé llevar. Me convertí en la mina mas puta del cementerio. Disfrute de cada golpe, de cada mordida, de cada acabada sobre y dentro de mí. Perdí la cuenta de la cantidad de orgasmos que tuve. Estaba desnuda en medio de un cementerio, siendo violada por fuerzas de vaya a saber uno de dónde venían y la estaba pasando increíble. Caí rendida sobre el pasto, sin conocimiento, totalmente destruida.

    No puedo asegurarte que todo lo que relaté acá sucedió realmente. Mi cuerpo está cansado, dolorido y lleno de marcas. Se me hace imposible moverme. Con gran dolor puedo mover mis dedos sobre el celular para dejar sentado este testimonio. Estoy empezando a sentir frío, creo que tengo fiebre. La humedad de las paredes de a poco se me mete en los pulmones dificultándome el acto de respirar. A lo lejos escucho voces humanas, reales, no como las que me ultrajaron anoche. No sé qué hacer, no sé como seguir, tengo demasiadas preguntas y no sé quién pueda ayudarme. Tengo muy poca batería y nada de señal. Por eso escribirte, contarte esta extraña experiencia, fue lo único que se me ocurrió hacer al despertar recostada en este ataúd. Intentaré gritar, quizás alguien me escuche y me rescate. Nuestra historia no puede terminar acá.

  • Otra sesión de sexo tras la siesta en el Caribe (parte 5)

    Otra sesión de sexo tras la siesta en el Caribe (parte 5)

    Nos despertamos de la siesta cuando se ponía el sol, desnudos y entrelazados con mi mujer y Coqui. Pasamos de las caricias a los besos y ya estábamos otra vez calientes, mi mujer mojada y nosotros al palo.

    Sonó el celular de nuestro amante. Mientras leía el mensaje mi mujer empezó a chuparnos la pija a los dos y yo acariciaba y besaba el cuello y la boca de Coqui.

    -Tenemos el show y las clases de baile una hora después de la cena, nos dijo, con voz sofocada por la tremenda mamada de mi mujer, que estaba alzada de nuevo.

    -Uno rapidito, rogó ella, y se deslizó ávida para montarse rápidamente sobre su pija, soltando un gruñido largo de placer y empezando a menearse para adelante y para atrás.

    -¡Qué puta sos!, le dije, mientras lo chuponeaba al moreno y lo acariciaba.

    Yo también quería más y no sabía cómo, pero me encantaba comerle la boca y acariciar el cuerpo de Coqui. Me arrodillé a su lado y llevé mi pija al lado de su cara para que se la comiera, lo que hizo enseguida. Me lo estaba cogiendo por la boca y mi mujer lo cabalgaba como una yegua alzada.

    Luli se corrió gritando con varios orgasmos prolongados, pero como sentía la pija dura y caliente dentro de sí, siguió su vaivén desenfrenado. Retiré mi poronga de Coqui y la puse al alcance de la boca ávida de Luli, que se la tragó y chupó como si no lo hubiera hecho nunca. Me miró y me dijo:

    -Quiero más, no puedo parar.

    Me puse detrás suyo y ella se inclinó sobre el torso del masajista besándolo y morreándolo, mientras me ofrecía su concha empapada y llena de aquel pingo marrón y enhiesto. Fui apoyando mi glande en su concha donde entré muy despacito, ella berreaba y me gané mi lugar.

    Teníamos una doble, Luli gemía y gruñía delirante. Pudimos sincronizar el movimiento con Coqui, que elevaba sus caderas para empalarla mejor. Sentir su pija rozándose mojadísima con la mía dentro de mi mujer me llevó a las nubes. Me prendí de su cintura, le di más rápido y acabé en dos minutos.

    Ella pedía que no parásemos, pedía más y más, pero mi pija se salió y el moreno le hizo varias veces un meneo de caderas que la volvieron loca y tuvo un orgasmo múltiple que pareció durar una eternidad. Se desplomó sobre él y lo besó y chupó con pasión.

    Coqui la seguía bombeando, ella decía que no podía más, así que aproveché mi oportunidad, la desplacé a un costado y empecé a chupar y lamer la pija morena llena de flujo vaginal, mi leche y el líquido seminal del potro caribeño. Chupé, lamí y tragué ese tronco hasta que se me acalambraron los maxilares. El potro lo notó porque sólo le lamía la pija, así que se levantó, me tomó de la cintura, me llevó a los pies de la cama, donde me la puso de una forma increíblemente suave, como a mí me gusta, de a poco, primero la cabeza, luego hasta la mitad, se quedó quieto, y enseguida me la puso hasta el fondo, donde se quedó mientras mi ano se volvía a amoldar.

    Cuando empecé mis contracciones y relajaciones fue la señal para que empezara una cogida espectacular, que yo acompañé coordinando con su ritmo. Más me daba, más le pedía, hasta que se tensó, dejó que me moviera yo solo y eyaculó todo lo que le quedaba en mi interior. Sentí de nuevo el líquido caliente dentro de mí y chorreando por mis piernas y me quedé, de nuevo al palo.

    Coqui se recostó sobre mi espalda sin salirse, yo no quería se saliera y empezó a besar mi espalda y mi cuello. Giré la cabeza para apoderarme de su lengua incansable y seguí contrayendo y dilatando mi culo. No podía parar del deseo de tener esa pija morena adentro, moviéndose apenas morcillona. Lentamente se fue retirando, me giró tomándome de las caderas y me la empezó a mamar con fruición. Yo no tenía más nada para dar, pero se sentía delicioso, le acaricié la cabeza y lo miré a los ojos, hasta que mi mujer vino a darme un beso de lengua apasionado y decir que nos teníamos que duchar y vestir.

    Tuve varios espasmos y una corrida escasa en la boca de Coqui. Y nos fuimos a duchar, otra vez. Seguimos con los morreos, caricias y besos de a tres, pajas, mamadas y metidas de dedos por todos los agujeros, pero estábamos exhaustos.

    Nos secamos, el potro caribeño se enfundó su remera y la bermuda blanca que le quedaba tan marcada y nos saludó para ir a vestirse para la cena y el show. Me vestí sencillo con camisa hawaiana y bermudas, y mi mujer se puso un solero fucsia de lycra ajustado que resaltaba sus pezones parados y una tanga hilo dental con la toallita higiénica pues todavía estaba muy húmeda.

    Salimos de la cabaña, nos dimos un morreo de campeonato en la puerta, sin que nos importasen las miradas de los otros turistas que pasaban, nos miramos a los ojos y nos dijimos te quiero, al unísono.

  • Los ojos de Beatriz

    Los ojos de Beatriz

    I.

    Beatriz cerró la puerta de su cuarto con cerrojo y se metió al baño. Aún sentía la calidez en su entrepierna como la noche anterior y al recordar el bulto de su hijo presionando contra sus nalgas se le pusieron duros los pezones; los sentía palpitar húmedos debajo de la bata. Le había pedido que se quedara con ella pues a veces no podía calmar a su hermana y solo él conseguía dormirla de nuevo, cosa que hacía tan pronto la tomaba en sus brazos. Una vez lograda esa proeza, se acostaba junto a ella y se quedaba dormido, pero entonces se volteaba y quedaba justo detrás de ella, recargando su pene en sus nalgas como había sucedido hace un par de noches.

    Varias veces le había visto el pene cuando entraba a su habitación por las mañanas y por general, su miembro erecto hacia una «carpa» con las sabanas. Ella lo miraba un segundo y luego apartaba la vista, pero en días recientes, cada vez le costaba más dejar de mirarlo. Ya lo había visto desnudo cuando iban a la playa y se cambiaba el traje de baño, o cuando salía de la regadera en casa; siempre de manera accidental. Nunca lo vieron con morbo y aunque Ricardo terminaba apenado, ella solo le sonreía como si no pasara nada, aunque tuviera la cara completamente roja. No recordaba que su padre tuviera el miembro de ese tamaño, o siquiera el padre de Adriana, que cada día aborrecía más por su ausencia.

    Llevó una mano a su pecho y sintió su peso. La leche brotó de su pezón inmediatamente y comenzó a masajearlo despacio. Cerró los ojos disfrutando la sensación, pero de pronto, la imagen del pene de su hijo apareció súbitamente en su mente y se detuvo. El corazón le latía muy fuerte y su cabeza daba vueltas, pero quería continuar pues estaba muy caliente. Bajó su mano hasta su vagina y la frotó despacio. Poco a poco los flujos empezaron a brotar y fue introduciendo uno y luego dos dedos. Tenía la boca abierta y apretaba fuertemente los ojos conforme iban avanzando por su estrecha cavidad. Imaginaba que la penetraban por detrás mientras jugaban con sus pechos o le daban nalgadas con una mano. Esto hizo que se estremeciera más mientras se mordía los labios para no hacer ruido. Aumentó el ritmo de su mano y al poco tiempo se corrió.

    Fue un orgasmo muy fuerte que no tardó nada en llegar, empapando su mano y el pijama con los fluidos que salían de su interior. Quería más. Se desvistió y se metió en la regadera; el agua caliente corría por todo su cuerpo e inmediatamente comenzó a acariciarse. Tenía unos pocos minutos antes de que Adriana se despertara. Masajeaba con fuerza sus pechos mientras metía y sacaba dos dedos de su vagina, que resbalaban perfectamente por la gran cantidad de fluido que emanaba de ella. Se detenía en su clítoris y cuando lo masajeaba en círculos sentía que estaba por explotar. Bajó la otra mano a su entrepierna y se introdujo un dedo, al tiempo que la otra se entretenía con su botón.

    Gimió despacio tratando de que el sonido del agua corriendo opacara su voz y cuando le vino un orgasmo nuevamente gimió tan fuerte que la bebé se despertó. Volteó inmediatamente a la puerta horrorizada, esperando que Ricardo apareciera, pero no fue así. Terminó de asearse rápidamente y salió de la ducha. Tenía más de un año sin sexo y no podía recordar cuándo fue la última vez que se corrió de esa manera haciendo el amor. Marcel, el padre de Adriana, había desaparecido tan pronto supo que estaba embarazada, por lo que toda la atención y cuidados los obtuvo de Ricardo, su hijo, desde que le mostró la prueba de embarazo. Lo había tenido a los 13 años y a los 19 se volvió madre soltera, haciéndose cargo ella misma de todo.

    Sin darse cuenta, la interacción entre ellos pasó de ser una relación de madre e hijo a la de casi una pareja funcional. Durante el embarazo la acompañó a todas sus sesiones de ejercicios en la clínica y estuvo al pendiente de ella todo el tiempo. Inclusive pidió que estuviera con ella en el parto, pero cuando surgieron algunas complicaciones lo sacaron a la sala de espera y no la vio hasta que llevaron a Adriana a los cuneros.

    Aunque la cercanía era muy tierna y cómoda trajo también mucha incomodidad, sobre todo cuando le daba de comer a la bebé. Ricardo hacía todo lo que podía por apartar la vista de sus grandes senos, pero terminaba siempre viéndolos descaradamente cuando su madre no se daba cuenta. Esta situación al principio, lejos de incomodarla, le parecía algo gracioso, pero con el paso del tiempo fue adquiriendo tintes eróticos que le provocaban cierta calidez en su entrepierna.

    El por su parte estaba feliz con la relación que tenían. Siempre se mostraba cariñoso con ella y viceversa; nunca faltaba quien los confundiera con una pareja joven, pues Beatriz se veía casi de su edad. Alta, de cabello castaño y ondulado, solía llevarlo casi siempre en una cola. No era una mujer despampanante o de medidas exuberantes, pero con el embarazo, sus caderas se veían más anchas y sus pechos habían aumentado varias tallas. Estaba orgullosa de su figura, pero más de su trasero; no era muy grande, pero era firme y «respingón» y gustaba de lucirlo en mezclilla muy ajustada. Eso sí, Ricardo estaba consciente de la belleza de su madre.

    – Ricardo ¿podrías ayudarme? – Lo llamó su madre. Cuando este entró en la habitación ella tenía a la bebé en su regazo y se estaba acomodando en la cama; metió la mano al sujetador y sacó pesadamente uno de sus senos. Ricardo notó que esa mañana en particular habían amanecido más inflamados y llenos de leche que el día anterior, por lo que se ruborizó y apartó la mirada. Su madre colocó a la bebé en su pecho y fue directamente a su pezón, del cual ya brotaba la leche. Mientras acomodaba las colchas miraba de reojo el enorme pecho de su madre y comenzó a tener una erección. Preparó rápidamente la cuna para cuando la regresara y salió de la habitación. Era la tercera o cuarta vez que tenía una erección viendo los pechos de su madre y eso lo avergonzaba; solo rogaba porque no se hubiera dado cuenta.

    Nunca le había visto los senos y mucho menos desnuda; ni siquiera en ropa interior por accidente, como le había contado Pablo, su mejor amigo, con su tía. Pero ahora, con la bebé en casa, necesitaba estar lo más cómoda posible, aunque no tuviera intimidad, y eso terminaba en esos momentos “incómodos”.

    Al cabo de un rato, cuando regresó a su habitación, su madre estaba intentando abrir el seguro del sujetador. – Me incomoda mucho el brasier – le explicó molesta. Ricardo tomó a la niña, que no paraba de moverse, y vio cómo se quitó el sujetador en un solo movimiento; sus pechos colgaron libres, lo que provocó una mueca de satisfacción en el rostro de su madre. La leche continuaba brotando de sus senos cuya inflamación no había disminuido e intentó no verlos nuevamente, pero era imposible no hacerlo. Colocó a la bebé en su otro pecho y se relajó. Esta operación se repetía por lo general en las noches, así que Ricardo esperaba impaciente la hora de dormir para ver, casi descaradamente, los pechos de su madre. Al finalizar, regresaba a su cuarto con una erección que terminaba desahogando apenas cerraba la puerta.

    Esa noche nuevamente le pidió que durmiera con ella, y cerca de las 11 lo despertó para que fuera a su cuarto. Beatriz apagó la luz de su buró y se apresuró a meterse entre las cobijas. El aire acondicionado estaba muy bajo por lo que hacía un poco de frío en la habitación. Ricardo se acostó dándole la espalda a su madre y se tapó con la colcha para evitar algún incidente, aunque sabía que sería inútil, y su madre terminaría viendo su erección en algún momento de la noche.

    – Acércate más ¡tengo frío! -Le dijo su madre buscándolo con su mano. Ricardo recargo su espalda sobre la de ella y extendió los pies; sentía sus nalgas moverse tras de él.

    – ¿Quieres que ponga otra cobija mejor?

    – ¡Si…! Bueno, no, mejor abrázame. No puedo dormir con tanta cosa encima. – Dijo descubriéndose la cara.

    Ricardo se giró y se fue acercando a ella. Con movimientos torpes pasó su brazo sobre su cintura, pero alejó la pelvis de sus nalgas. Su madre se dio cuenta, pero no dijo nada y al echar un vistazo a la bebé, se quedó dormida. Él, por su parte, incapaz de conciliar el sueño, trató de distraerse pensando en mil cosas. El aroma de su cabello era tan dulce y su piel tan suave que se sentía como en un sueño. Poco a poco fue soltando su cuerpo hasta quedarse dormido también

    Cerca de la madrugada, su madre lo despertó con pequeños golpecitos en la pierna. – Richy… Richy, despierta, corazón. – Decía con voz adormilada. Cuando él se despertó se dio cuenta que tenía una dura erección fuera del short presionando sobre el culo de su madre. – Me estás empujando al borde, hazte para allá-.

    Casi de un salto, se alejó lo más que pudo de ella guardándose el pene nuevamente. El corazón le latía demasiado rápido y estaba rojo de vergüenza. “¿Cuánto tiempo habré estado así para que se diera cuenta?” Se preguntaba en silencio horrorizado.

    – Ay, no seas exagerado Ricardo, pégate más que tengo frio. – Le ordenó su madre. Apretó lo más que pudo el pene entre las piernas y se acercó a ella. Su madre nuevamente se pegó a su cuerpo pero continuó despierta. La sensación de la erección de su hijo frotándose inconscientemente sobre su culo la había acalorado bastante. Hace mucho que no sentía esa calidez y el cosquilleo inequívoco de la excitación se hizo presente. “Es mi hijo ¿cómo puedo sentirme así? ¿Qué clase de madre soy?” se preguntaba sin poder hacer nada para calmar los nervios. Una cosa era fantasear con él e imaginarse una sesión amatoria y otra muy distinta era verdaderamente excitarse con su tacto y su cercanía.

    Poco a poco fue bajando las manos y cuando tocó su entrepierna sorpresivamente estaba ya empapada. Comenzó a pasar un dedo a todo lo largo de su vagina pero se detuvo cuando Ricardo se movió nuevamente. Le costó demasiado relajarse hasta quedarse dormida.

    A la mañana siguiente Ricardo despertó con el sol en la cara. Eran casi las 10 de la mañana y su madre ya se había levantado. Era sábado y no había mucho que hacer. Se quedó acostado y con la mirada perdida recreó toda la situación en su mente. Tocó su lado de la cama y de inmediato se avergonzó, pero la sensación de las nalgas de su madre persistía y no podía hacer otra cosa en ese momento más que masturbarse pensando en ella.

    II.

    Aunque pasaron varias noches después de aquel incidente, no podían apartar aquella situación de su mente. Ricardo se sorprendía de pronto pensando en ella en clase y su madre en él cuando le daba pecho a Adriana, que cada día se ponía más inquieta. Por esta misma razón, Beatriz le pedía a su hijo que durmiera con ella con más frecuencia y tal como aquella noche, se repetía aquella inusual situación: Ricardo inconsciente frotaba su erección en sus nalgas y ella se dejaba hacer, terminando empapada cada vez. Por la mañana, cuando lo despedía en la puerta, apenas entraba a la casa se acomodaba en el sillón para masturbarse casi frenéticamente, esta vez, pensando en él abiertamente. Esto era algo nuevo para ambos y estaban conscientes de que algo estaba sucediendo entre ellos, pero tenían demasiado pudor para hacerle frente y hablar abiertamente de eso. Simplemente se estaban dejando llevar, sobre todo Ricardo, que ansiaba a que llegara la noche para sentir nuevamente el contacto de las nalgas de su madre y ella, del bulto de su hijo.

    Finalmente, después de varios días de batallar con la bebé, por fin tenían un momento de paz y querían aprovecharlo viendo su serie favorita, pero tan pronto se acomodaron sobre la cabecera de la cama, uno junto al otro, se quedaron dormidos. Todo ese fin de semana Adriana no había dormido ni media hora, cuando ya estaba nuevamente despierta y haciendo un gran escándalo por lo que su hermano debía calmarla inmediatamente. Cuando esta se dormía, su madre le daba un sonoro beso en el cachete a modo de agradecimiento y, en algunas ocasiones, muy cerca de los labios.

    Ricardo despertó y volteó a ver a su madre, que dormía plácidamente con la cabeza recargada en su hombro. Por el movimiento de su pecho, notó que poco a poco iba creciendo la mancha de leche que brotaba a veces sin control. Llevaba puesto un sujetador de lactancia, pero emanaba tanto líquido que ya había mojado la camiseta. Producía demasiada y siempre terminaba guardando el excedente en botellas, mismas que Ricardo veía siempre con la tentación de beberse de un sorbo. Cuando ella lo sintió moverse pasó su brazo por su cintura y lo abrazó. Aquel gesto, para variar le provocó una erección que trató de cubrir con una almohada, pero su madre, más que verla, podía sentirla. Estaba despierta y sumamente cómoda. Sentía la necesidad de quedarse así con él y, sobre todo, de explorar abiertamente las sensaciones que le provocaban su tacto. Estaba mal, pero no quería detenerse.

    Se miraron a los ojos un momento y entonces, como un movimiento instintivo, Ricardo acercó su cara para besarla tiernamente en los labios. Fue un beso muy largo, cálido y totalmente inesperado que ella correspondió. Su madre lo abrazó con más fuerza y subió su pierna a las de él. El corazón de ambos latía rápidamente y su respiración también se aceleraba conforme aquel beso se prolongaba. La habitación pronto se inundó del sonido de sus besos y ambos se abrazaron, quedando ella completamente sobre él; sentía el bulto palpitante entre las piernas de su hijo y eso la animaba a seguir. Hasta ese momento, ninguna experiencia les había parecido tan excitante como lo que estaba sucediendo y su lívido estaba al tope.

    Entonces, Adriana comenzó a llorar y Beatriz abrió los ojos. Vio a su hijo con la cara enrojecida y la respiración agitada. Súbitamente, el aura que se había creado en torno a ellos se rompió y quedaron expuestos tal cual eran: madre e hijo. Ella se incorporó bruscamente y tomó a Adriana en sus brazos, que pataleaba y berreaba sin control. Ricardo balbuceó algo, pero su madre no lo escuchó; solo atinó a sonreírle con una extraña mezcla de excitación y sorpresa, pero no dijo nada. Calmó un poco a la bebé y se fue a su habitación. El permaneció inmóvil en la sala, totalmente excitado por los labios de su madre y preguntándose si debía ir con ella o esperar a que lo llamara como las otras noches. Le dolía el pene por la erección, pero sabía que no era momento de hacer nada. Estaba decidido a que pasara algo y prefería que fuera ella quien tomara la iniciativa, y aún si no lo hacía, no le tomaría mucho trabajo incitarla.

    Beatriz no solo estaba asustada. Temía la razón por la que había disfrutado tanto ese beso y, sobre todo, porque se había excitado al punto de humedecerse. Estaba caliente y deseosa y se lo había demostrado de la mejor manera. Y cuando tenía que extraer la leche de sus pesados senos con la máquina, imaginaba que era Ricardo quien los vaciaba completamente, para posteriormente colocarse sobre ella y penetrarla sin miramientos. Aquel pensamiento la inquietó demasiado y tuvo que echarse agua fría en la cara para calmarse. Pronto caería la noche y quería repetir aquella experiencia tan excitante para ambos.

    – Richy, cariño, ¿me ayudas? – Susurró inclinándose sobre el sillón. Cuando Ricardo se despertó lo primero que vio fueron sus grandes pechos balanceándose sobre él, bajo la holgada bata azul que siempre llevaba. Ella se dio cuenta y ruborizada trató de bromear al respecto, haciendo aquel momento aún más incómodo. Con el pretexto de ir al baño, esperó un momento para bajar un poco la erección que surgió apenas oyó su voz y al cabo de un momento considerable fue a su habitación.

    La máquina había dejado de funcionar esa tarde y al no saber cómo repararla, en su desesperación, la arrojó al piso y está se abrió. Le explicó la dolorosa hinchazón de sus pechos al no ser capaz de vaciarlos por completo, urgiéndole sacar toda la leche. Ricardo tomó la máquina e intentó hacer algunos ajustes mientras su madre se acomodaba en la cama. Se abrió la bata delante de él y aparecieron sus senos hinchados y con restos de leche seca alrededor de la aureola.

    Tomó una toalla mojada y comenzó a limpiarlos lentamente como si Ricardo no estuviera ahí. Él hacía lo posible por concentrarse en la máquina, pero no podía dejar de ver como tocaba sus blancos pechos y hacía ciertos gestos de placer cuando pasaba la toalla sobre sus pezones. Terminó de poner los cables en su lugar y después de acomodar la máquina ésta por fin volvió a funcionar.

    En cuanto puso la ventosa en su pecho, la fuerte succión provocó que lanzara un gemido y se tapara la boca inmediatamente ruborizada. Ambos rieron nerviosos. La máquina comenzó a succionar liberando la presión en sus pechos. Cerró los ojos y se recargó sobre el respaldo de la cama, totalmente relajada. Ricardo solo la miraba y miraba sus pechos presionados por las ventosas que apenas y cubrían la aureola. La leche brotaba casi a chorros y en cuestión de unos minutos ambos recipientes estaban casi llenos. A estas alturas, su erección era más que evidente y sin dejar de ver sus pechos, comenzó a frotarse por encima del pantalón; estaba listo para quitar la mano si su madre abría los ojos. Notó que su respiración se había acelerado y tenía los labios muy apretados: estaba excitada. No sólo por la sensación de la succión, sino porque sabía que su hijo estaba ahí, viéndola, comiéndose con los ojos cada milímetro de sus pechos.

    El extractor comenzó a pitar y ambos salieron de su ensimismamiento. Los recipientes estaban completamente llenos, pero aún sentía la presión en sus pechos. Ricardo fue a buscar más frascos para la máquina, pero todos estaban ocupados y sólo encontró biberones vacíos. Pero cuando regresó con ellos, Adriana se había despertado y estaba tratando de hacerla dormir de nuevo. La encontró inclinada sobre la cuna, con ambos pechos balanceándose libremente hacia enfrente. Pensó que aquello había terminado pero su madre le pidió ayuda nuevo, sentándose frente a él sobre la cama. – Tienes que aprender a hacerlo tú también. – Le pidió su madre.

    Ricardo, con la mano temblorosa, tomó el pecho de su madre levantándolo un poco. Era pesado y muy suave; colocó la ventosa y encendió la máquina. La leche empezó a brotar de su pezón y Beatriz se mordió el labio inferior al sentir nuevamente la succión. La mano extendida de Ricardo no alcanzaba a cubrir completamente su seno. Él se tomó su tiempo observándolo y concentrándose en su suavidad. Lo presionaba un poco y lo movía en círculos lentamente. La respiración de su madre se fue acelerando conforme su pecho se iba vaciando y él lo notó. Beatriz miraba de reojo la erección de su hijo bajo el short y se humedecía también. Pronto la leche dejó de brotar y la máquina se detuvo, pero Ricardo continuaba absorto masajeando sus pechos con los ojos cerrados. Le dio unos ligeros golpecitos en el brazo para hacerlo reaccionar y ambos rieron nerviosamente; eran como dos adolescentes que iban a una cita por primera vez.

    Acomodó todo nuevamente sobre la mesa de noche y se dispuso a irse a dormir. Su madre lo detuvo en la puerta y sin abrocharse la bata lo abrazó. Ricardo sintió sus senos desnudos por primera vez y nuevamente tuvo una erección, solo que esta vez, ambos lo sintieron.

    – Gracias por ayudar a mamá, cariño – Y acto seguido le dio un beso en los labios. Fue un beso corto pero lleno de emociones como hace un momento. Se despidió torpemente y se fue a su cuarto. En cuanto cerró la puerta, se acostó y comenzó a masturbarse rápidamente. La imagen de su madre con las ventosas presionando sus pechos era lo más excitante que había visto de ella hasta ahora. Se moría por acariciar sus pezones húmedos y llevárselos a la boca. ¿A qué sabrá su leche? se preguntaba. Acabo rápidamente y los chorros de semen que lanzó fueron a parar al piso, cerca de la puerta. ¿Ella se habrá tocado también cuando me fui? ¿Lo hará pensando en mí?

    Lo había decidido ya: iba a tener sexo con su madre.

    III.

    Esa noche ninguno de los dos pudo dormir. Habían cruzado la barrera que había entre ellos y sabían que se acercaban también cada vez más a terminar todo en la cama. Ricardo estaba listo para dar ese salto, pero su madre, aunque se excitara demasiado con la situación, estaba temerosa de hacerlo. Con todo aquello ya no podía verlo como hijo y se sentía atraída hacia él cada vez más. “¿Cómo puedo quererlo como hombre si es mi hijo? Se recriminaba constantemente. Aquel pensamiento siempre venía acompañado de la cálida sensación de la excitación y pronto pasó a imaginarlo abiertamente haciéndole el amor a escondidas en alguna reunión familiar o en su cuarto, con toda la libertad que le daba aquella intimidad. Al final, el ímpetu de la juventud se impondría ante la cordura de la experiencia.

    Cuando Beatriz despertó notó que su entrepierna estaba empapada. Los sueños eróticos eran más frecuentes y aunque no recordaba mucho al despertar, sabía que soñaba con su hijo. Se masturbaba con más frecuencia que en su adolescencia y a estas alturas, muy seguramente, más seguido que Ricardo. Pero cuando apenas acariciaba la entrada de su vagina por encima de la pantaleta, Adriana despertó con uno de sus acostumbrados berrinches. El día transcurrió más lento que de costumbre.

    Por la noche, Adriana continuaba inquieta. Los berridos se escuchaban hasta el cuarto de Ricardo y era uno tras otro. Ambos se impacientaban tanto por aquella situación que sin pedirlo, Ricardo entró al cuarto de su madre y tomó a la niña en sus brazos y la arrulló. Justo como las otras veces, los berridos pararon y se mantuvo quieta pero tan pronto la intentaba poner en su cuna se alteraba. Asi sucedió varias veces hasta que por fin, después de darle un biberón se quedó dormida.

    Beatriz le agradeció con un beso corto en los labios y después de arroparla bien se acomodó en su lado de la cama. Estaba cansada y necesitaba dormir, pero tambien se sentía un poco excitada por la presencia de su hijo. Ricardo se recostó junto a ella pero no pensaba dormir. El calor de su cercanía era una tentación enorme, y no pensaba desaprovechar esa oportunidad ahora que las cosas habían cambiado tanto. Sentía que la habitación daba vueltas y necesitaba salir de ahí, pero también quería estar con ella y sentir su calor. No supo cuando tiempo paso sumido en sus pensamientos cuando se dio cuenta que su madre estaba profundamente dormida. Se fue acercando a ella lentamente y cuando estuvo lo suficientemente cerca para sentir el calor de su cuerpo, puso su mano en sus nalgas. Las recorría despacio y apenas tocándola. Eran muy firmes y suaves. Lentamente bajaba las manos hasta sus muslos y regresaba de nuevo a su culo; tenía que hacerlo apenas rozando su cuerpo para que el movimiento no la despertara. Ricardo se sacó el pene del short y comenzó a masturbarse al tiempo que acariciaba el culo de su madre. Retiraba la mano de cuando en cuando pero cada vez avanzaba más entre sus nalgas. Quería hacer más, pero el temor a que lo descubriera lo frenaba, sin saber que ella ya estaba despierta. Pasó un dedo ligeramente por su vulva y la sintió húmeda. Beatriz se mantenía inmóvil pretendiendo estar dormida, quería saber hasta dónde podrían llegar. El masaje en su vulva hizo que se mordiera los labios y notó como su respiración se agitaba. Ricardo presionaba cada vez más y sentía como sus dedos se iban humedeciendo con sus fluidos.

    Acercó su pene a sus nalgas y presionó despacio. La humedad y el calor que despedían lo obligaban a seguir y cuando Beatriz sintió el glande apuntando a su vagina hizo el culo para atrás, quedando su pene entre sus piernas. Ricardo se quedó inmóvil pero la respiración profunda de su madre le hizo creer que estaba dormida. Se empezó a mover frotando su pene en sus labios que podían sentirse por la humedad de la pijama. Se movía despacio y se detenía levemente de sus muslos para prolongar la sensación. Cada vez presionaba con más fuerza la entraba de su vulva que ya estaba totalmente empapada.

    Entonces Beatriz, al borde del orgasmo, no pudo contenerse más y volteó a verlo. Ante tal gesto, Ricardo quitó la mano de su muslo balbuceando una disculpa y se incorporó en la cama, pero su madre lo tomó de la muñeca y lo trajo hacia ella con cariño. Se besaron. Fue un beso corto y estático pero muy tierno; Beatriz lo miraba fijamente pero no era una mirada de reproche o de molestia, aquello era una invitación. Nuevamente se besaron y sus labios empezaron a moverse hasta que sus lenguas entraron en contacto. Beatriz se pegó a su hijo y comenzó a mover su culo sobre su erección ya fuera del piyama. Ricardo se mantenía estático mientras su madre restregaba las nalgas cada vez con más fuerza, sosteniéndola de las caderas para agarrar ritmo. La barrera entre ellos había desaparecido y ahora eran solo una pareja que deseaba más que nada hacer el amor.

    Ricardo deslizó su mano hacia su coño y cuando tocó sus labios su madre dio un respingo acompañado de un gemido corto. Recorría toda su vulva con los dedos y presionaba cerca del clítoris, mientras le empujaba el culo con su pene. Como el movimiento de su mano se dificultaba, su madre se quitó hábilmente el short pegando nuevamente el culo sobre su pene que resbaló entre sus nalgas. Estaba empapada, sentía sus flujos empezar a correr por sus muslos. Ricardo apretó sus tetas con ambas manos y comenzó a frotarse entre las nalgas de su madre, yendo a parar varias veces a la entrada de su vagina. Ambos respiraban muy agitadamente y se retorcían con fuerza entrelazando sus piernas. Beatriz sentía el orgasmo ir y venir cada vez que el pene de su hijo se colocaba en su vagina, por lo que tomó la iniciativa y lo agarró por primera vez con dos dedos; Ricardo se estremeció al sentir el tacto de su madre masajeando su glande.

    Se bajó un poco más para ponerse en posición y su madre guio su pene hasta la entrada de su coño. Cuando sintió la calidez de su vagina empujó fuertemente hasta que sus huevos chocaron con sus nalgas. Apenas sintió el cálido interior de su madre cuando inevitablemente se corrió. Jamás había terminado de esa manera y en esa cantidad, pues los chorros calientes brotaban de su vagina y empapaban la sabana. Pero aquello no estaba ni cerca de terminar. Ella suponía que su hijo era inexperto y estaba segura que era su primera vez. Por lo que se dispuso a incorporarse, pero Ricardo la sujetó fuertemente de las caderas y tras sacar su pene lleno de semen la embistió nuevamente. Ella volteó a verlo sorprendida de su iniciativa y se relajó nuevamente sobre la cama. Empezaron a coger despacio pues no había prisa: tenían toda la noche. Ricardo la penetraba muy lentamente, pero con mucha fuerza. Su madre resollaba fuertemente con cada empujón y paraba más su culo para facilitarme la entrada. Bajó su mano hasta su muslo para levantarle la pierna, gesto que ella facilitó y tras acomodarse nuevamente detrás de ella comenzó a bombearla más rápido. Beatriz gemía ya sin control al compás de sus movimientos; se acariciaba los pechos y apretaba fuertemente sus pezones.

    Ricardo estaba a punto de venirse por segunda ocasión cuando el interior de su madre se contrajo rápidamente. Lo tomó del pelo y dejó escapar un largo gemido mientras se fundían ambos en un intenso orgasmo. Esta vez no eyaculó mucho, pero si fue un orgasmo prolongado. Se quedaron quietos en silencio mientras recuperaban el aliento; la mueca de placer de Beatriz se transformó en una sonrisa que iluminó su cara enrojecida. Se quedaron dormidos al poco tiempo con el pene de Ricardo aún dentro de ella.

    A la mañana siguiente, Ricardo se despertó con su rostro entre las grandes tetas de su madre. La noche anterior parecía un sueño pero la calidez del cuerpo desnudo de su madre hizo que se despabilara por completo. Habían cruzado aquella barrera prohibida y no se arrepentía en absoluto; estaba seguro que su madre tampoco. Vio por primera vez sus pechos blanquecinos que caían sobre su rostro y comenzó a masajearlos despacio; sus pezones reaccionaron con su tacto y se endurecieron rápidamente, dejando escapar pequeñas gotas de leche. Eran de un color rosado con una aureola grande, más de lo que había podido ver aquella vez en el pasillo. Su madre abrió los ojos y le sonrió mientras se estiraba, haciendo que sus pechos se inflamaran y uno de sus pezones fuera a parar a sus labios. Lo abrazó fuertemente y besó su frente mientras pasaba los dedos entre su cabello.

    – Mamá, yo… – Lo interrumpió poniendo un dedo en sus labios y movió la cabeza. Ricardo entendió el gesto y guardó silencio. Beatriz miraba los labios de su hijo y luego veía sus ojos expectantes. Lo besó tiernamente y cuando sintió su lengua lo apartó poniendo una mano en su barbilla. «Despacio.» Le susurró y volvió a besarlo, esta vez movió sus labios lentamente y ella asintió sin separarse de él. Después de una larga temporadas sin sexo ni amor, aquello era como un torrente de luz que iluminaba su vida. Se sentía jovial y amada nuevamente y la emoción de esta nueva relación, tan prohibida y a la vez excitante, cambiaban su perspectiva ante la vida totalmente. Ahora estaba segura que los sentimientos que venían gestándose desde hace tiempo en torno a su hijo eran reales.

  • Mi compañera de clases

    Mi compañera de clases

    Todo surgió ese día en aquella fiesta de recreación universitaria. Pues somos estudiantes de medicina y frecuentemente organizamos reuniones los fines de semana para despejar el estrés de la semana.

    En una de esas fiestas estábamos ya pasados de tragos y consumiendo alguna que otra sustancia ilícita, cuando se nos ocurre calentar la fiesta ya que estábamos algo aburridos y nos dedicamos a jugar verdad o desafío. Yo soy una chica de mente abierta aunque un poco retraída a la hora de jugar ese tipo de juegos. Todo iba bien, preguntas leves para comenzar y luego subir la intensidad de las preguntas.

    Entre verdades y desafíos ya algunos estaban en ropa interior y ya sabíamos muchos de los secretos más íntimos de los participantes. Hasta que llega mi turno y una de mis compañeras me pregunta que si ya había estado con alguien de mi mismo sexo, lo que afirmé con la cabeza, luego me pregunto que se sentía. Y en un arrebato de valor le dije que si quería saber tenía que probarlo ella misma y valorar si le gustaba o no (Ella es una morena lindísima de facciones finas y una sonrisa que enamora a cualquiera, además tiene un cuerpazo de infarto).

    Entonces ella sin decir más nada, se para de su sitio y se dirige a donde me encontraba sentada y se sienta a horcajadas sobre mis piernas y me planta un apasionado beso , a lo que yo me quedo paralizada del asombro ya que todos pensábamos que ella era totalmente heterosexual.

    Luego de esto se para agarrándome de la mano y llevándome a su habitación ya que ella era la dueña de la casa.

    Ya estando en su habitación comenzamos a basarnos más intensamente y le quité la ropa con desespero. Quedando expuesta con su cuerpo totalmente desnudo dejando ver un par de senos grandes y un tatoo en el medio de estos. Fue tanta la excitación que comencé a basarlos y juguetear con mi lengua sobre sus pezones y le daba pequeños mordiscos.

    Luego fui bajando besando su abdomen hasta llegar a su pelvis, la cual estaba completamente depilada. Me quedé unos minutos mirando ese coñito delicioso que iba a disfrutar.

    Continué besando sus muslos hasta que quedé frente a frente con esa vagina que estaba llena de fluidos de la excitación que tenía. Le pase la lengua desde la vagina hasta el clítoris y soltó un leve gemido. Seguí jugando con mi lengua en su clítoris, su respiración ya estaba entrecontada y se empezaba a agitar. Hacía movimientos circulares, movimientos de arriba hacia abajo y daba pequeñas mordiditas. Los gemidos se escuchaban en la habitación hasta que se escuchó un grito en el que pedía que le metiese dos dedos, y eso hice. La comencé a penetrar con mis dedos poco a poco. Primero dos y luego tres, sólo se escuchaba sus gritos de placer pidiendo que no parase. Eso me tenía excitada al máximo, ya que para mi no hay nada mas reconfortante que saber que una mujer está loca de placer gracias a mi. Llegó un punto en el cual dio un grito y explotó en un maravilloso orgasmo en el cual sus fluidos recorrían su vagina y yo los recogía con mi lengua, pues adore su sabor y era una pena desperdiciar el fruto de mi trabajo.

    Nos quedamos un rato abrazadas en su cama hasta que nos quedamos completamente dormidas y no supimos más nada de la fiesta. A la mañana siguiente su madre entra a la habitación y se queda totalmente estupefacta al ver a su hija completamente desnuda con quien se supone que era una compañera de aula. Y para mi sorpresa sólo se echó a reír y pregunto que tal había sido la noche a lo que la hija contestó que había sido la menor de su vida.

    Ya ha pasado una semana desde entonces, hoy es sábado nuevamente y hay otra reunión, creo que no puedo esperar hasta la noche.

  • La puta de mi hijo

    La puta de mi hijo

    Esta historia es verídica, de como pasé de ser su papá a convertirme en la mujer y puta en la cama de mi hijo.

    Hola! Me llamo Ángel y mi nombre de mujer es Jessica, soy de León, Guanajuato, actualmente tengo 40 años cumplidos en noviembre, a la edad de los 20 en la fábrica donde laboraba conocí a la que ahora es mi expareja llamada Vianey en ese entonces ella era 2 años menor que yo, con lo cual tuvimos un noviazgo, posteriormente nos juntamos en unión libre al año tuvimos un hijo él se llama Vicente actualmente tiene 20 años nació con un tremendo, rico y delicioso pene que actualmente le mide 23 centímetros de puro amor para su segunda madre Jessica (yo, jajaja) a lo cual me siento muy orgullosa de haber procreado a mi propio macho alfa, mi hombre, mi marido!

    Siguiendo con la línea temporal del relato, la unión libre que tenía con Vianey fue como cualquier otra relación monótona a lo cual solo duró 5 años, ya que no nos entendimos cayendo en la rutina, aparte de que no complacía al 100 % en el sexo a mi pareja por tener un pene pequeño de 10 cm, en algunas ocasiones me fue infiel buscando hombres pero hombres de verdad con vergas grandes, gruesas venudas.

    Por eso mejor decidimos separarnos, llegando a un acuerdo de que ella se quedaría con nuestro hijo entre semana para criarlo, los fines de semana la pasaría conmigo…

    En el transcurso de los años, mientras mi hijo iba creciendo yo poco a poco deja de interesarme en las mujeres, me adentraba poco a poco en el mundo del Travestismo, me excitaba muchísimo ver esos videos porno de travestis, crossdreser y transexuales me excitaba, me ponían a mil ver ese morbo de como un hombre fornica a otro hombre pero en versión femenina, vestida muy puta, muy provocativa con lencería y muy producidas en maquillaje para los machos; ya viviendo solo en mi casa tenía más libertades un día común me disponía a fumar un poco de marihuana para pasar el rato y relajarme, estando bien volado posteriormente me puse a ver videos porno.

    La excitación se intensificó gracias a la plantita milenaria, la excitación era tanta que empecé a sentir placer imaginando en el viaje que yo podría ser esa chica rubia en el video con enormes senos cuerpos tan espectaculares que a cualquier macho podría seducir, me comencé a masturbar acostado en la cama tocaba mis pezones, por primera vez me sentía una chica, sentía tanto placer imaginarme vestida de nena con lencería, zapatillas, peluca y muy producida con maquillaje de zorra putona.

    Por suerte mi expareja dejo los juguetes sexuales porque ya no le hacían falta, agarre un consolador mediano que estaban en el clóset me coloque un babydoll con unas zapatillas que eran de mi ex, regrese a seguir viendo el vídeo en la cama ya un poco más femenina chupando e introduciendo el consolador con mucho lubricante para que no me doliera tanto… El efecto de la yerba con la excitación de verme en lencería con zapatillas me hizo tener por primera vez lo que es tener un orgasmo de mujer.

    Desde ese momento cambio mi sexualidad ahora me sentía más atraída por los hombres de verdad, comencé a comprar más lencería, zapatillas de plataforma muy altas, pelucas, vestidos, perfume con feromonas de mujer, claro todo esto lo hacía en la intimidad; conforme pasaban los años desperté mis dos dualidades de ser hombre y sentirme mujer, a nuestro hijo lo criamos y educamos con el amor que no le iba a faltar ni de la madre ni del padre, conforme mi hijo iba creciendo y estudiando, yo cada vez me volvía más femenina me sentía mas mujer, estando normal en el trabajo o en mi casa me llegaba excitación de la nada de querer vestirme de mujer con el deseo de estar con un hombre de ser poseída por un macho de saber qué se siente ser una completa mujer al 100%.

    Estando excitada fumando marihuana me sentía en una consciencia de puro placer (por cierto es algo que sigo haciendo cuando tengo sexo y es increíble estar en ese estado de consciencia) aún no me animaba a dar ese paso de contactar con hombres reales, con lo que primero me anime a crear una cuenta en redes sociales de Facebook y Twitter (que por cierto me pueden encontrar como Jéssica Yannina) al crear la cuenta de Facebook y subir fotos rápidamente me llegaron muchas solicitudes de hombres aunque muchos no tenían fotos de perfil me enfoque más en los perfiles que podrían ser un poco más reales a lo que conforme pasaba el tiempo empecé a usar parches hormonales y a tener encuentros con hombres que me trataban como una verdadera mujer pero esas historias las dejaré para otra ocasión en este relato me centraré más en mi hijo, mi macho, mi hombre, mi domador en la cama…

    Mi hijo actualmente estudia la universidad es becado que con trabajo, sacrificio de sus padres ha sabido salir adelante, a continuación les detallaré las características de mi hijo ya qué es un hombre muy guapo, apuesto, con un físico muy varonil el mide 185 cm de tez moreno claro, ahora le relataré como mi hijo me descubrió vestida de mujer en lencería, zapatillas, peluca y muy producida con maquillaje, esto sucedió por medio de Facebook al bloquear a familiares y amigos de mi perfil de Jessica, un día jueves en la noche me llegó una solicitud de amistad con el nombre de ‘Arturo activo fogoso’ entré a su perfil y le cheque sus fotos, se veía muy bien aunque no salía su rostro en ninguna de ellas, no le di mucha importancia aceptando la solicitud de amistad a las pocas horas me envío Inbox diciéndome: Hola mamacita cómo estás me gustaría conocerte soy de tal Colonia y me gustaría invitarte a pasarla rico en un hotel…

    Se me hizo raro porque por esa colonia vive mi ex pareja aunque no le di mucha importancia proseguí con la charla, le contesté: Hola bebé cómo estás soy una travesti 100% pasiva, claro me gustaría, aunque tengo lugar en casa propia y la podremos pasar rico…

    Activo fogoso: claro no te preocupes, yo llevo las cervezas, la botella condones y un lubricante de fresa. Casualmente el tipo de sabor que suelo comprar se me hizo raro pero le dije que si que lo esperaría el sábado en la noche, aprovechando que había comprado lencería nueva…

    El viernes no fui a trabajar aprovechando el día para depilarme y hacer todo lo que hace una nena antes del encuentro con su macho en turno, llegó el sábado y me dispuse hacerme un lavado (enema) para estar bien limpia de mi hoyito que mi hombre lo disfrute al máximo, seguido de un baño saliendo de la ducha me coloque una crema humectante con un aroma a flores muy femenino me comencé a maquillar muy producida muy zorra, me veía muy puta, escogí un atuendo de novia babydoll blanco con liguero y medias de red con una zapatilla de cristal altas y un velo de novia que me hacía verme muy sexy, ya estaba lista preparada para recibir la visita, en eso tuve una notificación me llegó un mensaje de activo fogoso: Hola mija ya ando casi cercas llego en Uber…

    Le contesté: si está bien te espero, le mandé una foto sexy de lo que traía puesto

    Activo fogoso: wow! mamacita estás como quieres mi reina, ahorita te voy a hacer sentir toda una puta en la cama

    Yo: hay papi que rico me hablas, quiero que me hagas toda una hembra en la cama…

    Mientras llegaba me dispuse a fumar un poco de weed, mi placer se intensificó más me empecé a sentir más excitada muy femenina, muy mujer caminaba y haciendo movimientos muy femeninos me dirigí hacia la ventana para ver a qué hora llegaba, regresé al baño a retocarme el maquillaje en eso sonó el timbre me dirigí hacia la puerta abrí con mucho cuidado y discreción de qué no me vieran los pinches vecinos que son muy chismosos…

    Al entrar, cuál va siendo mi sorpresa que era mi propio hijo, me quedé petrificada sin saber qué hacer le dije discúlpame hijo no sabía que vendrías hay qué vergüenza que me mires así vestida de mujer; a lo cual él contestó: No te preocupes papá, ya sabía que te gusta la verga a gritos lo descubrí porque sin querer mire toda tu colección de lencería que tenías guardada en el clóset junto con pelucas y zapatillas, un día que tú no estabas en la casa estaba buscando una chamarra tuya para ponerme, me excite demasiado al imaginar cómo te verías vestida de mujer, por eso preferí no decirte nada, buscando a ver si de casualidad te encontraba en el Facebook por eso cree otra cuenta y por fin te contacte vengo a hacerte mi puta!

    Yo: hay hijo me haces sentir toda una perra en celo…

    Entonces mi hijo encendió el estéreo y puso la canción de la bichota’ de Carol G diciéndome: quiero que me bailes esta canción lo más puta que puedas quiero que me pongas la verga bien dura para que me la empieces a mamar como una perra busca vergas que eres…

    Me dispuse a bailarle tan sexy a mi propio hijo, mostrando mi culo y mis tetas algo crecidas debido a las hormonas, notaba a mi hijo tan caliente tan excitado de ver a su propio padre vestido de mujer bailando como toda una puta, se dispuso a sacarse su pene yo al verlo me sorprendí me excite de ver semejante pitote que tenía mi hijo 23 cm de pura verga rica cabezona, me incline para empezar a besar su pene a lo cual él me dice: espera dame un beso, nos dimos un enorme beso introdujo su lengua en mi boca, nos devora vamos las bocas el uno al otro sin parar de acariciar y darme nalgadas Hijo: ahora sí papá o debería decir mamá, mama mi verga quiero ver qué tan puta eres, quiero ver si lo haces mejor que mi novia; al decir esa palabras me activo el modo zorra muy muy perra le devore la verga de un solo bocado a lo cual mi hijo se sorprendió diciendo: wow! a mi novia muy apenas le cabe la mitad

    Le contesté: claro así somos las putas pasivas nos entrenamos para ser todas unas putas complacientes y entregadas a los verdaderos hombres alfa, estuve chupando la verga de mi hijo por casi una hora mirándolo a los ojos diciéndole que él era mi macho, mi hombre, mi marido… Claro mi puta de ahora en adelante yo seré el hombre que nunca pudiste ser, seré el dueño de tu culo, perrita! – me contestó… Ahora ponte de a perra en el sillón para mamarte el culo que te cargas, mira nada más quien pensaría que mi propio padre tendría mejor culo que el de mi novia; comenzó a abrirme las nalgas con cada mano introduciendo su lengua en mi ano, mamaba y succionaba mi ano, sentía un placer tan enorme que empecé a gemir muy fuerte, me dio una fuere nalgada como diciendo te van a oír tus vecinos, yo estaba enloquecida de placer, terminó de lamer mi culo diciéndome: vamos mi puta ponme el condón con la boca, a lo que rápidamente me puse el condón en los labios colocándoselo con la boca desde la cabezota hasta la base, pasando mi lengua por sus hermosos huevos de toro que tiene, me metí sus dos bolas en mi boca y las succionaba mi hijo bufaba de placer por lo que su propio padre alías Jessica le hacia ahora convertida en mujer la más puta y zorra, me dijo espera te tengo un regalo me dio una bolsita al sacar lo que contenía me excito demasiado era una cadena para perras putas, me la coloco llevándome a la misma habitación donde mi propio hijo habia sido procreado… Súbete a la cama zorrita – me dijo: acomodate, mi hijo se desnudo por completo, acomodó el celular en el tocador y comenzó a grabar a su propio padre de vieja siendo fornicado por su propio hijo con semejante trozo de macho cabron, me puse de perrita se subió a la cama e introdujo todo su pitote erecto, me hizo gritar de placer hay papi! – exclame

    Mi hijo comenzó el bombeo el mete y saca, me hacía sentir en las nubes…

    – hay mi amor, mi vida, que rico me lo haces papi, me cogía mientras sus manos las tenía en mis senos

    Hijo: vas a ver qué de ahora en adelante solo vas a querer de mi verga, voy a ser tu esposo en la cama

    Yo: hay si mi amor, mi marido, mi macho!

    Mi hijo me acomodaba de diferentes posiciones, en cada intermedio chupaba la verga de mi hijo para volver a dejársela limpia en son de que ya era mi hombre, mi hijo ahora mi esposo a escondidas del mundo… Una de esas posiciones me encantó enamorándome más cuando mi hijo me dijo: mami recuerdas cuando me cargabas en tus brazos; si mi amor aún lo recuerdo, le contesté…

    Hijo: pues te voy a regresas ese cariño, Jessica!

    Mi hijo Vicente a la orilla de la cama sin sacar su maravilloso pito de mi ano acomodó mis piernas sobre sus hombros colocando sus manos en mis nalgas me levanto hacia el me alzó con mucha facilidad yo rápidamente lo abrace por detrás de su cuello fundiéndonos en un unos besotes apasionados devorando nuestras bocas «padre travesti e hijo activo dotado» teniendo sexo duro!

    Duramos cogiendo toda la noche, nunca me había sentido tan plena, tan mujer con un hombre real y más sabiendo que es mi propio hijo… poco a poco nos fuimos cansando quedando dormidos abrazados con el pene aún adentro de mi culito, dormí algunas horas y me desperté como a las 9 am para prepararle el almuerzo a mi hijo o más bien dicho a mi nuevo macho, mi futuro esposo; quería que mi hijo recuperará energía para que me hiciera el amor antes de que mi hijo regrese a la casa de su madre… Pero eso lo dejaré para otro relato.

    Si les gusto mi relato pueden escribirme a:

    [email protected], espero les haya gustado amores, muchos besos.

  • Fantasías de una hija (partes 1 y 2)

    Fantasías de una hija (partes 1 y 2)

    Lucy había regresado del trabajo. Siendo una joven de apenas 23 años, su figura resaltaba ante la mirada morbosa que varios hombres le lanzaban mientras caminaba en la calle.

    Sus largas y delgadas piernas deslumbraban con la combinación de sus pantimedias, haciendo que fuera deseada ante la vista de señores de todas las edades que no dudarían un instante en llevarla a un cuarto de un motel para darle la follada de su vida y disfrutar de su exquisito y firme cuerpo.

    Llegando a casa se sometió ante la pregunta de su padre quién con un tono desafiante le preguntó sobre su paradero en todas estas horas.

    —Fui a una entrevista de trabajo, padre.

    —A estas altas horas de la noche no puedes estar afuera. Con esa ropa de secretaria que llevas levantarás la morbosidad entre los hombres.

    —»Hombres», ¿Eso te incluye a ti?

    —No digas estupideces.

    —Entonces, tampoco te enojes por cosas sin sentido. Me iré a bañar. Si viene mamá,

    Ella continuó su camino y dejó a su padre, quién a propósito prestó atención ante la siguiente escena que pasaría por sus ojos.

    Subiendo las escaleras para llegar al piso de arriba, la falda de su hija no dejó nada a la imaginación. Estaba usando ropa interior blanca que resaltaba de forma excitante sus muy preciosas nalgas que incluso dejaban un leve rebote con cada paso que daba.

    Sin perder el tiempo, los pantalones del padre se pusieron apretados. Una fuerte reacción ardiente recorrió su entrepierna y una angustia por comenzar a manosearse ante esta vista tan perfecta que tenía sobre su bella creación le frustraba.

    Cuando su hija desapareció de su vista, urgido por las ganas de autocomplacencia fue hasta su cuarto y sacó de uno de los burós un encaje de color morado que había robado del cuarto de su hija.

    Bajó sus pantalones como si le estuvieran quemando y dejó su miembro duro como madera al descubierto. Con gran excitación comenzó a masturbarse mientras olía el encaje perteneciente de ese hermoso trasero que adoraba observar.

    —Oh, Lucy. Tu olor es tan excitante.

    No recordaba la cantidad de veces que había realizado esto. Desde que su esposa dejó de satisfacerlo, un gran problema se había desarrollado. No importaba la cantidad de prostitutas que pagara y follara para quitarse esta urgencia, su miembro solo resaltaba de esta forma con la exquisita figura de su hija.

    Pensando en la cantidad y formas en que ella podría brindarle para follarla usando su coñito, una extensa cantidad de semen no tardó en salir, no sin antes poner el encaje justo en la punta del pene.

    El encaje de su preciosa hija había quedado hecho un desastre al estar manchada con su líquido blanco, pero para él esto todavía no había terminado.

    Parte 2.

    El día había sido muy largo para Lucy. Suspiró y se desprendió de su ropa para quedar totalmente desnuda. Su cuerpo claro y delgado estaba empapado de sudor con unas gotas deslizándose entre sus pechos bien desarrollados.

    Se metió a la ducha y girando el grifo de agua dejó esparcir todo el líquido en su joven y firme cuerpo. El olor del jabón desapareció al del sudor en cuestión de poco tiempo.

    A los pocos minutos, su cuerpo comenzó a sentirse deseoso. Sus manos, que parecían ser controladas por sí mismas, fueron directamente hasta la zona baja de su entrepierna.

    Deseosa por sentir placer, sus dedos le ayudaron para intentar sofocar la llama que tenía en su interior.

    Dictada por su perversa imaginación, recordaba todas las miradas perversas que esos hombres habían tenido al verla. No importaba si fueran los de la calle, o los de la oficina, ya que incluso los mismos entrevistadores no dudaron en centrar su mirada en sus pechos o piernas largas cuando entraba a tomar asiento.

    Dejándose llevar por el placer que le brindaban sus dedos, no hubiera rechazado la oferta si uno de los entrevistadores le hubiera dicho que debía usar su boca para conseguir el trabajo. Como si tuviera un miembro de frente, lo saboreaba deslizando su lengua en sus labios.

    Al sentir que sus dedos no eran suficientes, recurrió a un estimulador que tenía en su bolsa y comenzó a recorrer sus labios de abajo hasta tocar el punto sensible.

    Tan solo de imaginar cómo en la calle varios hombres pudieron sujetarla y llevarla a un callejón para después arremeter contra su cuerpo uno a uno para terminar dejándola saciada por dentro, sus fluidos caían hasta el suelo de la ducha.

    Cuando sus fantasías perversas la dominaron, los espasmos no faltaban en hacerse presentes mientras evitaba dejar salir sus quejidos del fuerte placer que sentía.

    —Estoy a punto. Me están follando entre todos.

    Sus piernas se juntaron y el placer explotó justo en medio de ellas. Temblorosa y exhausta por la tremenda autosatisfacción que se había dado, decidió quedarse otro rato más sentada en la ducha.

  • Una historia épica (2)

    Una historia épica (2)

    Hola, soy Rubén nuevamente, luego del encuentro con Luis, no pude dormir bien las siguientes noches, tratamos de revivirlo en el baño sin embargo era ya muy concurrido por los otros cadetes y no pasó de un beso o una pequeña masturbación.

    Al día siguiente empezó la rutina, nos hacían marchar, correr, ranear, hacer planchas y nos hicieron ir a la parte posterior donde estaba el circuito de entrenamiento, entonces saltábamos un pequeño charco artificial, saltamos un muro, subíamos por una soga un altar de troncos de 4 metros para bajar por el otro lado y al subir me quedé sentado en lo más alto a propósito, para ver a través del perímetro del cuartel, observando el mar a lo lejos. Me gritaron que baje pues hacia demorar a los demás, lo hice, pasamos por unas llantas, luego por un tubo, continuamos rampando bajo alambres de púas y pasamos por un tronco evitando caer a otro charco, y luego correr rápido a la meta pues era con tiempo.

    Al terminar el circuito nos dirigimos rápidamente a nuestras cuadras a cambiarnos la ropa de faena y salir con short, polo y sandalias y claro un jabón dirigiéndonos a las duchas, que era una construcción amplia, con varias duchas en serie y todo abierto o sea que todos nos vemos como Adán, en cueros.

    Como Luis y yo andábamos juntos, nos bañamos uno al lado del otro, todos le veían su paquete y yo me sentía orgulloso pues él era mío. Es aquí que le conté sobre el muro en la parte posterior que era más bajo y que se podía ver el mar, le interesó y me dijo entonces.

    – Escapémonos, he escuchado que ya lo han hecho y que no les ha pasado nada, no los atraparon, lo hicieron de puro gusto y ellos ahora son héroes en este cuartel.

    – Me gustaría hacerlo, hay que planificarlo bien, nos expulsarían si nos atrapan.

    Entonces empezaría la operación fuga, es así que como no había teléfonos celulares en la clase de informática, como yo me sentaba al último usé clandestinamente el internet y por wasap le dije a mi hermano que me compraran un chisguete de jalea grande para humectar mis codos y rodillas que estaban muy resecos, me lo dieron el domingo de visita.

    Me pasé tres días tomando y calculando los tiempos en que hubiera puntos ciegos como para evadir la vigilancia de la policía militar, caminaba por entre las aulas, las cuadras y la armería tomando los pasos y la mejor trayectoria hacia los muros posteriores y veía los movimientos de la policía militar y conocer las horas en que estaban más descuidados. Luis debía ubicar una soga la cual consiguió de la armería que es con las que sujetaban las cajas contenedoras.

    Llegó el día, estábamos en clase de historia de las más grandes batallas del país, salimos en el momento de un pequeño receso que, hacia el profesor, que dicho sea de paso no se daba cuenta de nada de lo que sucedía en la clase. Estábamos en el segundo piso y teníamos que avanzar agachados pues nos vigilaban dese abajo, eran 2 sujetos uno en el medio del patio y el otro el extremo, bajamos la escalera y vi mi reloj, el que estaba en medio tenía la costumbre de tomar agua a esa hora, saque media cara y lo vi dirigiéndose hacia los lavatorios, salimos y fuimos detrás de la construcción de las duchas que colindaba con los muros laterales, al terminar el mismo volví a mirar a los vigilantes y el que estaba en el extremo se puso de acuerdo con el que ya avanzaba y ambos se dirigieron a tomar agua. Salimos entonces y continuamos detrás de las aulas que estaban al frente de las nuestras y nos internamos en los matorrales, nos agachamos y de cuclillas avanzamos por entre las púas de los arbustos.

    El tramo era largo y parecía interminable, hasta que llegamos al circuito de entrenamiento y debíamos ubicar una loma que llegaba a los muros posteriores donde la subida sólo ahí era factible.

    – Es aquí – le dije a Luis.

    – Bien, tu me ayudas a subir y luego yo te ayudo

    – ¿Bien, tienes la soga no?

    – Si acá está – sacó una soga de casi 3 metros.

    Me puse frente y de cara a la pared y Luis subió a mis hombros, y poco a poco lo levanté, luego agarré sus pies y lo subí hasta que llegó al borde, subió al mismo.

    – Te arrojo la soga – me dijo.

    Cogí la soga y poco a poco fui trepando el muro, ya casi llegando Luis me coge del antebrazo y me ayuda a subir. Estando arriba y agazapados vimos todo el cuartel, inmenso, imponente, vimos al otro lado y observamos una línea celeste, era el mar.

    Nos descolgamos y caímos sobre unos terrales muy irregulares, el mar estaría como a 900 m o algo más. Escondimos la soga y fuimos avanzando y atravesamos unas chacras de tomates, otra de ajíes pequeñitos y uno de limones, Luis cogió algunos, no sé para qué. Acabaron las chacras y atravesamos un largo trecho entre tierra y arena, la cual estaba muy caliente ya que estábamos ya en el medio día. Y divisamos el mar, llegamos a la orilla y nos quitamos los borceguís y la ropa, nos quedamos en calzoncillos y nos dispusimos a entrar al mar, pero dije.

    Si nos mojamos lar trusas vamos a mojar los pantalones, así que nos quitamos y quedamos en bolas. No había nadie en ninguna parte, estábamos lejos de toda civilización, solo había algunos pelícanos, gaviotas y unos carreteros que salían de sus huecos en la arena. El mar estaba tranquilo y corrimos hacia él, jugamos, nos empujamos, caíamos a las aguas y luego no zambullimos bajo las olas antes que rompieran. Era la libertad que queríamos, entonces nos acercamos y nos abrazamos, el agua llegaba en medio de nuestros tórax, unimos nuestros labios con tal frenesí que no interesaba el golpe de las olas.

    Sus labios acariciaban los míos mientras sus manos recorrían mi espalda hasta llegar a mis nalgas, su lengua penetró a mi boca y le dio una suave caricia la mía y sentí que me desvanecía

    Me sacó del mar y me tendió sobre la arena húmeda, me acarició con sus labios mi cuello y mi oreja izquierda, luego fue a la derecha y empezó a bajar por mi cuello hacia mis tetillas, la cuales las mordisqueo sin hacerme doler, es más, me escarapeló el cuerpo.

    Bajo y me besó el pubis y empezó a chuparme el pene, esto me encantó y me hizo blanquear los ojos, luego levantó mis piernas sobre sus hombros y me alzó el culo, y me lamio el ano, su lengua lamía alrededor de mi agujero y poco a poco penetró el mismo, yo me sentía desfallecer de placer.

    Su verga estaba pletórica, inmensa y colosal, se la cogió y quiso meterla entonces, pero.

    – Espera – le dije – dilátamelo primero

    – ¿Como? Me respondió

    – Lo vi por internet en estos días y es para que penetre y me duela menos, en mi bolsillo hay un chisguete que es lubricante así puede entrar más fácil.

    Él se paró y corrió al bolsillo de mi camisa, trajo el lubricante y me introdujo en el ano, me metió un dedo, luego dos y le pedí que tratara de introducir uno más, para que la dilatación sea más efectiva y así lo hizo.

    Cogió su pene y acercó el glande a mi ano, yo tenía miedo, pero ansiaba que lo hiciera, soñaba con ello. Empujó muy lentamente tratando de ganar la resistencia de mi virginal agujero, empujaba un poco más y un dolor me arrancó una mueca de mi rostro.

    – Te duele – preguntó preocupado, pobrecito.

    – Un poquito, pero sigue, sigue.

    El lubricante al parecer hizo efecto y el glande ingresó en su totalidad y empezaron las arremetidas, con cada una, una nueva sensación de dolor y de placer se mezclaban mientras que Luis se erizaba y gemía. Yo sentía su colosal miembro dentro de mí y sus bolas chocaban con mis nalgas, y empecé gritar fuerte, un poco por dolor y otra por el frenesí del gozo que sentía a cada embestida de mi macho.

    – Aahha, que rico, soy tu diva, tu zorra, tu mujer, tu puta.

    – Eres hermoso Rubén, eres bello, me encanta tu culo estrecho y riquisisísimo, arggg, ahhha

    – Así mi amor grita, siéntelo, mi culo es tuyo, mi virginidad es tuya, ahhha.

    El panorama era maravilloso, el cielo azulino, el delante mío moviéndose rítmicamente y el mar detrás a los costados de él, su sombra dejaba ver su cabello ondulando suelto al viento y a la brisa marina. Había soñado este momento pero era mucho, muchísimo mejor, era un cuento de hadas lujurioso y erótico, del cual no quería despertar jamás, su miembro desplazándose cual péndulo dentro de mí, ya no me dolía, era todo placer, lo veía entrando y saliendo de mi culo, yo cerré mis ojos y me confundí en ese unísono de gritos y gemidos de Luis y los míos, y la sinfonía de las aves y del mar al romper sus olas.

    Y eran testigos las gaviotas, los piquillos, el pelícano a lo lejos y los carreteros que salían de sus madrigueras para todos observar el gran amor entre Luis y yo.

    Sentí su miembro hincharse dentro de mí y aceleró sus embestidas y sus gemidos y gritos, yo me retorcía de placer y sucedió eso, eyaculé sin coger mi pene, grandes chorros y casi desmayándome de lujuria, de gozo y deleite por ese mi macho, sentí que lo amaba desde siempre.

    Un grito inmenso salió de los labios de Luis y sentí un río tibio, suave, cálido dentro de mí, Luis quería incorporarse, pero le pedí que se quedase dentro de mi culo, el vio el semen en mi abdomen lo cogió con sus manos y se lo bebió. Eso me gustó, pues no había ascos entre nosotros, se tendió encima y me beso tiernamente y me sentí realizado.

    Pasado un momento saco su verga y la agarré y bebí hasta la última gota y el me miro con una mirada de tierno amor.

    Regresamos por donde habíamos salido, y nos reunimos con nuestros compañeros, nadie se dio cuenta, a nadie le importamos, solo fue cuestión nuestra.

  • Perdidos (9 y 10): Reconciliación y confesión

    Perdidos (9 y 10): Reconciliación y confesión

    Capítulo 9. Reconciliación y confesión.

    Las cosas empiezan a saberse, y tarde o temprano Judith tendrá que enfrentar la situación.

    Al llegar al campamento familiar, Mamá se pone a conversar con Ronaldo, y Jonás es abordado por su hermano Jonathan.

    – ¡Uy uy, uy! ¿la primera pelea de la parejita? Antes mami llegaba con esa sonrisa que tanto sé reconocer en la cara de una mina, la de mujer bien cogida, pero con la cara que tiene hoy, más bien intuyo otra cosa ¿Qué pasó? ¿de quién es el primer berrinchito de pareja? ¿tuyo o de ella? Le pregunta Jonathan.

    – ¡Me la re mandé boludo, me la re mandé, me quiero morir! Se sincera Jonás.

    – ¿Te la cogiste sin su consentimiento? Le pregunta Jonathan.

    – ¡Nooo, tarado cómo se te ocurre!, pero si digamos que se me fue la mano! Responde Jonás.

    – ¿Qué le hiciste tarado de mierda?, Insiste furioso su hermano.

    – Mierá te pido por esta vez que no me pidas tantos detalles, tené en cuenta que ella es nuestra mamá y toda una dama, y no tenemos derecho a revelarnos todo lo que hacemos en la cama o incluso lo que hiciéramos con ella cada uno de nosotros, si se llegara a dar el caso, ¡pero créeme que esta vez el re contra mil cagué! Le explica Jonás.

    – ¡Jajaja! ¡Yo sabía, ¡Yo sabía que no eras más que un capitán de barco hundido, y a todo barco que capitaneas lo terminas hundiendo! Fíjate vos, repasemos un poco nuestra historia familiar. Ok, por esas cosas de la vida, te tocó ser el mayor de los hijos, y te ganaste el el favoritismo de mamá, incluso para ella yo siempre he sido el irresponsable, inmaduro y que se yo cuantas boludeses más. En cambio, a su hijo favorito le paga cursos en la marina, le compra un flor de auto y hasta un yate para uso familiar. Okey, pues que cuando su chico favorito le dice que obtuvo su título, ella se le ocurrió que, durante nuestras vacaciones, teníamos que hacer un viaje de aventuras con su “capitancito”… okey, todos agachamos la cabeza en señal de reverencia ante “nuestro capitán”. Dejamos nuestras parejas, mamá, vos y yo, y todos en general, dejamos: Amigos, actividades, trabajos y vida social. Y nos embarcamos a la aventura del naufragio en una isla remota al mando del capitán “Papanatas”, quien: perdió el rumbo del barco, lo chocó, lo hundió, poniendo en riesgo la vida de todos. Pero faltaba el premió de mamá ¿cómo no iba a premiar a su hijo favorito por traernos a esta isla de mierda y solitaria? Y entonces premia a su hijo favorito abriéndosele de patas, a escondidas del resto, para que solo ustedes puedan “comer”. Cuando yo los descubro, el capitán de barco hundido me dice que me quede tranquilo, que para mí iba a haber comida también, y que posiblemente con el tiempo comeríamos todos de la única mujer en la isla. Solo había que cerrar filas detrás del “capitán papanatas” y su gran estrategia, y el resto sería cuestión de tiempo, porque no vaya a ser cosa, que alguien se mande por su lado y haga cagada… y ahora viene y dice: ¡Me la re mandé, la re cagué! Y yo me pregunto ¿cómo no lo supuse? ¿Si estábamos al mando de un papanatas que lo único que tiene a su favor es el consentimiento de mamá? ¿te acordas el miedo que tenías a que yo cometiera alguna imprudencia y lo arruinara para todos? ¡no mi rey, tranquilo! ¡Yo no se lo voy a arruinar a nadie, vos te cavaste la foza solito! Pero escúchame muy bien Jonás, cómo líder, hasta acá llegaste. Porque yo a partir de acá, me abro camino solo. ¿okey? Le reprocha Jonatan y se va.

    Jonás tras escuchar semejantes palabras de su hermano, queda aturdido y pensativo en todas las verdades que Jonathan le acababa de tirar por la cabeza, y es que realmente sentía que su hermano tenía razón, en que había decepcionado a todo el mundo.

    Realizó sus actividades cómo todos los días, y fue con sus hermanos al manantial a bañarse, antes que lo hiciera Judith, cómo era la costumbre familiar.

    Entonces, al regresar al campamento, se dio cuenta de que faltaba Jonathan, y se dio cuenta de que se había quedado espiándola a la mamá. Lo cual no le molestó, porque asumió de que él mismo ya había estado con ella.

    Todo transcurrió con absoluta normalidad, hasta que llegó la hora de dormir. Un rato antes de irse a dormir, Judith, notó la tristeza profunda en la expresión de la cara de Jonás. Entonces lo llamó para charlar a orillas del mar lejos del resto.

    – ¿Te quedaste mal por lo de hoy? Le preguntó ella con voz tierna.

    – La verdad que si mamá. Le responde él.

    – Mira Jonás, a mi no me gustó nada lo que me hiciste, hasta llegué a vomitar, y ni si quiera tuviste la consideración de que era mi primera vez y lo estaba haciendo cómo vos lo querías, yo… Estaba hablando ella cuando Jonás la interrumpe.

    – ¡Y lo hacías perfecto! Le dice el chico.

    – Y ¿y por qué no me dejaste seguir sala cómo venía? ¡me la metías hasta el fondo y hasta te vomité! Le reprochó ella.

    – ¡Perdón, fue la excitación, la adrenalina de tu primera mamada, haberte visto mearte de placer! Le dice él.

    – ¡Jajaja, siii! ¡He de reconocer que también estuviste perfecto, que yo también te hice tragar mi meada, no me aguanté fue el orgasmo más maravilloso de mi vida! Confesó Judith

    – Si, si yo no hubiera metido la pata así, hubiera sido lo mejor hasta acá. Comenta Jonás.

    – Al principio pensé en darte un castigo ejemplar por haberme hecho vomitar co tu verga y leche, pero después recordé cómo disfruté la semejante chupada de concha que me disté y recordé que me meé en tu cara y boca y ahora vos no te quejás por eso… Solo prométeme que no te vas a poner nunca más agresivo conmigo, y hacemos de cuenta que aca no pasó nada. Le pide ella

    – Claro, nunca más. Le promete su hijo, y reconciliados.

    – Otra cosa: tampoco me gustó lo que me hiciste cuando intentaste darme por el culo, no me obligues a tener que castigarte, con un castigo ejemplar, acordate que yo no soy Jessica, soy tu madre, soy una señora y no una mocosa de la calle cómo tantas que te has clavado ya ¿me entendiste? Lo regaña con voz firme y autoritaria Judith.

    – Si mamá, perdóname, fue mucha la calentura que me dio cuando me measte y me puse cómo loco, no me pude controlar, no sé qué me pasó cómo que ya no era yo. Le explica Jonás asustado por lo que pudiera hacer Judith para darle su castigo ejemplar.

    – Bueno mi amor, tranquilo, mami te entiende y te perdona, yo sé por lo que estás pasando comprendo que llevabas una vida sexual muy activa con Jessica, y ahora dormís con mamá y ella te pone límites a la hora de cogértela, yo también tengo mis momentos donde pierdo las riendas, pero tenemos que poder controlarlo, tenemos que poder con esto, mami ta va a ayudar ¿bueno? Lo consuela ella tiernamente.

    – Si mamá… yo sé que me frenás bastante a la hora de “coger” o bueno de hacer lo que hacemos, pero por lo menos me permitis que lo hagamos y eso te lo quiero agradecer. Le responde él.

    – ¡jaja! Ya te expliqué qué mamá no es de piedra, y también necesita a alguien en su vida. Le dice ella.

    – Si lo sé… Responde Jonás suspirando muy pensativo.

    – ¿Qué pasa hijito? Pregunta Judith al darse cuenta de que algo estaba pasando por la cabeza del muchacho.

    – Pasa que me haces sentir muy privilegiado, y pienso en los demás. Dice en referencia a sus hermanos.

    – Decime algo… ¿te pondría celoso que yo… tuviera algo con Jony por ejemplo? Le pregunta ella intrigada.

    – Sinceramente creo que un poco si. Responde Jonás.

    – ¿Y si la situación fuera al revés? O sea, si en vez de tener hermanos, y que todos quieran conmigo porque soy la única esperanza que les queda en la isla, para continuar una vida sexual o incluso llegar a tener sexo alguna vez en la vida cómo el caso de Tomy y Rony, digamos que mami, hubiera tenido a vos y 3 hijas. Quiere dicir, que vos tendrías a 4 mujeres para vos solo ¿no es así? Reflexiona Judith.

    – ¡Así es!… ¡Ahh, te entiendo a donde queres llegar! ¿queres saber si yo me acostaría con las 4 para que ninguna sienta que hago diferencias y que tendrá que pasar el resto de su vida sola o incluso morirse sin conocer el sexo ¿no? Concluye Jonás.

    – ¡Mhm! Le confirma su mamá desviando su neviosa mirada al mar.

    – Y… La verdad es que sería hasta tentador por mi parte poder estar con todas ustedes siendo ellas tan bonitas cómo mamá, y por otro lado si yo solo estuviera con vos entonces sería injusto para ellas. Se sincera Jonás con su mamá.

    – Entonces: ¿me das tu permiso o consentimiento para no “discriminar” a nadie? Pregunta nerviosa ella sin apartar su vista del mar, pero no pudiendo evitar mirarlo de reojo muy nerviosa.

    – ¿Con quién por ejemplo? Insiste en saber Jonás.

    – Bueno, Jonathan debe extrañar a Camila supongo, además lo he visto comerme con la mirada en ciertas oportunidades, y hasta creo que me espia cómo lo hacias cuando me baño en el manantial. Comenta pícaramente Judith.

    – ¿Enserio te ha espiado? Pregunta él fingiendo no saberlo.

    – No estoy muy segura de eso, pero me parece que sí. Cuenta ella.

    – Mhhhh, bueno, está bien, podés incluirlo a él también, pero ¿puedo ser tu favorito? Dice Jonás muy resignado.

    – ¡Jajajahh, claro que sí mi amor! Aunque tendrá que ser nuestro secreto porque está mal que una mamá haga esa diferencia entre sus hijos. Comenta pícaramente su mami.

    – Y ¿eso quiere decir que ya no te da tanto pudor todo este asunto, y que quizá llegará el día en que todos seamos tus amantes ¿. Pregunta él.

    – ¡Ay, cómo suena eso, “mis amantes” jajajahh, no sé si serían cómo mis amantes!… pero he pensado mucho en algo que me planteaste un día. ¿Cómo voy a hacer con el resto de los chicos, si sale a la luz lo nuestro?, y si alguien me pidiera tener el mismo derecho que vos tenes, ¡cómo hago para negárselo?… ¿Diciéndole que no podemos porque somos madre e hijo ¿Y cómo si pude con vos? O sea, no sé si buscaría tanto tener algo con el resto, sino que de descubrirse todo, ya no tengo moral para negarme con nadie, porque si te lo permití a vos ¿por qué se lo niego a Jonathan? Digamos que a vos te lo permití para que no la extrañes a Jessica, y hago lo mismo con Jonathan para que no la extrañe a Camila, y yo me lo permití en un principio porque no soporté la soledad cómo mujer. O sea, acá por H o por B, vos y Jonathan me tienen a mi, ¿Los otros tienen que vivir cómo los “eunucos de la isla”?… ¿Entendes en la que me metí al caer en tentación con vos? Razona Judith.

    – La verdad que si mami, te entiendo, y con Jonathan pensamos igual. Confiesa Jonás.

    – ¿Con Jonathan quién? Reacciona Judith totalmente estupefacta.

    – Mira mamá, Jonathan lo sabe todo desde hace algún tiempo ya, y él quiere su parte en todo esto, Alcanza a contarle él.

    – Y ¿¡Ahora que hago¡? Dice ella horrorizada y pasmada.

    – Tranquila, yo lo estoy conteniendo, le dije que vos necesitas un tiempo para esto. Al principio se puso cómo loco, pero logré calmarlo un poco, o por lo menos por ahora. Pero si he de serte sincero, es un gran alivio para mí que ya estés al tanto de la situación. Le dice Jonás.

    – Gracias hijo, gracias por todo lo que haces por mi y tus hermanos… no te preocupes mi amor, mami se va a encargar de esto. Todo esto fue mi culpa, yo te metí en esto, ahora tengo que pagar las consecuencias solita cómo corresponde… si yo no hubiera permitido esto entre nosotros, nada de esto hubiera pasado. Vamos a dormir mi amor, ya tuvimos suficiente de todo este asunto por hoy. Dice Judith, muy preocupada, sabiendo que esta noche sería difícil dormir con todo esto en su cabeza.

    Capítulo 10. Jonathan, al acecho de mamá.

    Judith, comienza a corresponder a los asedios de Jonathan, quien tras presenciar uno de sus “encuentros clandestinos” con su hermano mayor, se obsesionará con ella definitivamente.

    Al día siguiente, Judith despertó y se levantó muy temprano, y se relajaba haciendo sus ejercicios de yoga a orilla del mar poniendo su mente totalmente en blanco y llenándose de la paz y la armonía de la naturaleza del lugar, cómo acostumbraba a hacer cada mañana cuando se levantaba mucho más temprano que los chicos. Pero esa mañana Jonathan despertó temprano, y cuando salió de la carpa, vió a su madre a lo lejos, muy cerca del mar practicando su amado yoga, con poses muy elásticas sugerentes y hasta eróticas, o por lo menos así lo pensaba Jonathan, que se queda observándola durante un largo tiempo, en el que no puede evitar una gran erección, disfrutando de la elasticidad del jovial y hermoso cuerpo de Judith, muy trabajado gracias a años de cuidado, gimnasio, caminatas al aire libre con amigas y yoga y meditación.

    No era la primera vez que Jonathan la ha espiado haciendo yoga mirando al mar y de espaldas al campamento, no era la primera vez que se excitaba viendo elastizar su dócil y esbelto cuerpo con aquellas hipnotizantes imágenes de eróticas poses.

    Cada tanto masajeaba su pene por encima del pantalón cómo haciéndose una paja, pero sin llegar orgasmo.

    Cuando Judith finaliza sus ejercicios, Jonathan de inmediato se da la vuelta y simula estar en lo suyo, cómo lo simulaba cada mañana en la que se deleitaba con mamá haciendo Yoga. Esa mañana Judith aprovechando el hermoso y cálido del clima, se había puesto una calza rosada y una remera blanca.

    Al regresar ella al campamento, lo vio a Jonathan, quien cómo de costumbre simuló estar haciendo sus cosas, pero al verla caminar hacia donde estaba él, notó cómo esa calza rosada se le metía en la zanjita vaginal, enmarcando perfectamente la concha a su mamá.

    Jonathan, no pudo evitar fijar su mirada en esa zona del cuerpo de su mamá.

    Ella que después de la charla que había tenido anoche con Jonás, ya no miraba igual a su hijo Jonathan. No pudo ser indiferente a las descaradas miradas de su hijo a su entrepierna.

    Lo saludó llena de pudor y vergüenza, y fue a la carpa a buscar ropa para cambiarse y ya no verse así frente a su o incluso sus hijos.

    Pero estando en la selección de algún cómodo pantalón que ya no exhibiera su tajo vaginal e incluso pensó en cambiarse la bombacha. Entonces pensó en el dialogo de anoche con su hijo mayor, y pensó que cuanto antes enfrentara a Jonathan, menos traumático resultaría para ambos, y llegada a esa conclusión fue que se quedó con la misma ropa y se dispuso a disfrutar de las miradas de su “nuevo admirador”.

    Y así transcurrió el resto de ese y los venideros días, Judith disfrutaba de sus encuentros íntimos con Jonás y las halagadoras miradas de Jonathan, quien incluso ya la notaba distinta con él.

    Jonathan buscaba más cercanía con su mamá y ella le daba el espacio incluso quitándole el suyo a Jonás, quien empezaba a sentirse desplazado por su hermano y esto lo ponía muy nervioso y celoso.

    Cierto día Llegó la hora del baño de Judith en el manantial, y ella le pidió a Jonás que la acompañara, pero Jonás le dijo que hoy era el turno de Jonathan para ir a “espiarla”.

    Judith al escuchar esto se puso muy nerviosa y hasta pensó en no ir a tomar su tradicional baño ese día. Pero finalmente tomó coraje y salió rumbo al manantial. Mientras se sacaba la ropa hasta quedar en un conjunto de corpiño y bombacha rosado, miraba hacia la roca donde se ocultaba Jonás para espiarla, porque allí seguramente estaría oculto su hijo Jonathan espiándola.

    Agudizaba los esfuerzos de su vista para tratar de descubrirlo, pero no lo vehía desde esa distancia.

    Luego de pensar y reflexionar en silencio sentada en una roca escuchando el ruido de la cascada a lo lejos, se sacó el corpiño, luego la bombacha y se metió al agua y nadó desnuda un buen rato mientras imaginaba que haría Jonathan mirándola y que haría ella si se le aparece de repente estando nadando completamente desnuda.

    Por un lado, le dio un poco de miedo, pero por otro lado pensó que jamás se atrevería a algo así.

    Ese día Judith volvió al campamento después de su banio en el manantial y todo quedó ahí.

    Al día siguiente, después de comer unas almejas al medio día, Judith invito a Jonás a ir a “caminar”. Y obviamente Jonás sabiendo lo que eso significaba, acepto muy gustosamente.

    Pero ese día Jonathan decidió seguirlo por atrás a una distancia considerable y llevó lo binoculares para no perderlos de vista.

    Jonathan quería saber a dónde exactamente iban a hacer la “cochinada”.

    Entonces fue que después de un largo trayecto, llegaron a la cueva donde siempre iban.

    Al verlos entrar muy de la manito, tuvo rabia de su hermano Jonás, tuvo la idea de esperar un rato, y entrar en la cueva para sorprenderlos en pleno acto, y así todo el “hermetismo” del dichoso asunto inmoral de su hermano con su mamá, se acabaría de una buena vez o todo tomaría otro rumbo de una puta vez.

    Pero, sintió que no era el momento, que tenía que esperar hasta un nuevo encuentro para sorprender a la “parejita”, llegando él primero a aquella cueva.

    Y así fue que se retiró del lugar muy rabioso. Pero también consiente de que hoy había hecho un descubrimiento muy bueno para su estrategia.

    Jonás, y su mamá seguían haciendo los mismos jueguitos eróticos de siempre, la cola de Judith seguía siendo virgen, él jamás había vuelto a pedírsela, y cómo no quería volver a perder el control por la excitación cómo la vez que casi la viola por atrás, y después la hizo vomitar con su pija en la boca y obligándola a que le “tome la leche”, dejaba que sea Judith quien tome las riendas en los encuentros íntimos, y cómo ella no quería entregarle la virginidad de su cola aun, y tampoco le tragaba la leche, muy de vez en cuando le chupaba la pija y él tenía la precaución de eyacular afuera para que ella no reciba los potentes y abundantes lechazos que le hacía largar al meterle la pija hasta la garganta y escucharla toser, ahogarse y tener arcadas. De vez en cuando, Judith lo hacía chuparle la concha, ya que esto la fascinaba, pero nunca más había vuelto a mearse como en auella primera vez. En síntesis, ambos se habían propuesto en no realizar prácticas que les haga “perder la compostura”, sino más bien tener una pasión controlada en cada encuentro.

    Siguieron pasando los días, Judith, seguía exhibiéndose ante Jonathan, con sus pantalones y calzas ajustado, y sus movimientos eróticos en sus momentos de hacer yoga. Cosa que incluso ya despertaban también algunas miraditas, aunque más inocentes de los mellizos Tomás y Ronaldo, que hasta ahora eran casi totalmente ajenos a mamá cómo mujer, salvo alguna esporádica paja de Tomás con las bombachas de mami.

    Alguna vez, mientras tenían sus jueguitos eróticos con Jonás, ella se excitaba aún más recordando las miradas que le echaba su hijo Jonathan, y las erecciones que ella le provocaba.

    Llegó el día en que Jonathan se enteró a media mañana de que Judith y Jonás iban a salir a “caminar”, entonces Jonathan, que hacía 2 días había ido a la cueva de los encuentros clandestinos entre su madre y su hermano mayor, para reconocer el terreno, había visto todos los recovecos que había para esconderse en el interior del lugar.

    Entonces se les adelantó varios minutos en salir del campamento y provisto de una botella con agua, empezó a correr y correr, hasta llegar a la dichosa cueva de los encuentros clandestinos entre madre e hijo.

    Y al llegar, bebió un largo trago de la botella y se sentó a descansar y a esperar impacientemente a la “parejita”.

    Se recostó en la roca rectangular que su hermano y su mamá usaban de cama, una especie de sueño o modorra se estaba apoderando de é en esa oscura y fresquita cueva. Cuando de repente reconoce las voces de Jonás y su mamá que estaban prácticamente entrando en la cueva.

    Entonces Jonathan salta de la “cama” y junta su botella y con ella en la mano se esconde en un oscuro rincón del interior de la cueva prácticamente enfrente de la “cama. La cueva durante gran parte del día se iluminaba tenuemente por dentro con la luz del sol.

    – Bueno señorita llegamos al “cueva hotel”. Le dice Jonas a su mamá cargándola en sus brazos al entrar a la cueva.

    – ¡Ay gracias caballero¡ ¿Me puede bajar?

    – ¡Cómo no señora! Le responde él.

    Ellos se sientan al borde de la “cama”, y mientras descansan habla de temas varios, e incluso Ocasionalmente lo nombran a Jonathan.

    Po su parte el propío Jonathan escuchaba muy atentamente la conversación que tenían su mamá y su hermano.

    Entonces en un momento madre e hijo, dejan la conversación de lado y comienzan a besarse tiernamente en los labios. Y poco a poco la ternura va abriendo paso a la pasión.

    Ella se acuesta sobre Jonás y literalmente se lo devora a besos acompañados de desenfrenadas caricias.

    Todo se pone más caliente aun cuando ella empieza a bajar hasta llegar al pecho del muchacho y le pide qu se saque su camiseta, y después ella le desabrocha el pantalón.

    Entonces Judith, se arrodilla al borde de la cama, y saca del calzoncillo negro de su hijo mayor, la erecta verga de este, que levanta frente a ella como un duro y largo mástil.

    Jonathan no podía creer lo que veía la muy perra de su madre le iba a comer la pija a su hermano. La excitación y la ira se apoderaron al mismo tiempo de Jonathan, que por un lado veía a su madre “en acción” por primera vez, y por otro lado lo veía a Jonás tirándose frente a él a la única hembra en aquella remota isla.

    Judith empezó a pajear suavemente a Jonás, al tiempo que Jonathan saca su pija del pantalón y comienza a pajearse frente a ellos.

    Grande fue la sorpresa de Jonathan cuando ve a u madre abrir la boca y meterse la pija de su hermano casi hasta la mitad en ella.

    – ¡Aaah! Decía Judith, mientras la pija de Jonás desaparecía en su boca frente a la mirada atónita de Jonathan.

    – ¡Ayyy así mami, así mamita hermosa te amo sos la mejor! Le dice Jonás.

    – ¡Vamos perra, así así hija de puta, tragala toda perra callejera! Murmuraba Jonathan en su escondite.

    – ¡Aaaah, guac, aaah, guaac! Hacía Judith, intercalando sus sostenidos en “A” (cómo le gustaba a Jonás) y las arcadas que cada vez que se metía la punta de la pija en la garganta, no las podía evitar tener.

    – ¡Sacá la lenguita, mamita, saca la lengüita mamitaaa! Le pedía Jonás cómo en cada vez que Judith se la mamaba.

    – ¡Ahhh, Ahh, Aaah! Murmuraba casi jadeante Jonathan en su escondite ante semejante escena.

    – ¡Aaaaahh, guac, aaahh, guac! Seguía complaciéndolo Judith, en todo lo que Jonás le pedía y en la manera que a rlla le resultaba posible sin vomitar cómo en aquella su inolvidable primera mamada a su hijo mayor.

    – ¡Es increíble la muy hija de puta se la mete casi hasta el fondo! Murmura Jonathan sin dejar de pajearse.

    Pero, antes que Jonás acabe en su boca o mejor dicho en su cara, cómo su mamá se lo solía permitir, Judith, detiene su mamada. Ella se saca su pantalón verde oscuro de jeans, y queda con una bombacha rosada, y luego de sacarse su remera verde agua se saca el corpiño rojo.

    Rápidamente se saca la bombacha, y Jonás ya también estaba desnudo para ese entonces ella le pide que le chupe la concha, y su hijo mayor la acuesta en la cama, le abre y flexiona las piernas a ella, y se dedica a complacerla con su boca labios y lengua.

    – ¡Ah, ahhh! Se queja y retuerce de placer Judith, mientras Jonás le devoraba la concha.

    – ¡Ayy pero que puta de mierda que sos cómo te gusta que te la coman cerda, cerda cochina Sos una cerda cochina! Le murmuraba Jonathan a su madre sin que nadie allí pudiera oírlo.

    Tras unos minutos de, gemir, jadear y hasta aullar con su orgasmo, Judith se sube sobre Jonás y lo cabalga rosandose el pene con la vagina y es así cómo Jonás y Jonathan gracias a su paja viéndolo a ellos, tienen un espectacular orgasmo, cosa que Jonathan, tuvo que callar usando para ello todas sus fuerzas.

    Luego de semejante sesión sexual, Jonás y Judith, fueron a nadar desnudos un rato al mar, y Jonathan luego de oler la bombacha de su mamá que había quedado en el suelo, la deja donde estaba y se va al campamento, pensando en todo lo que había visto.

    Al llegar al campamento, Jony estaba cómo aturdido, idiotizado, abombado, atontado con todo lo que había visto, escuchado y presenciado de tan cerca. La desnudes de su madre no se borraba de su mente, la confirmación por sí mismo de la “relación clandestina” que tenían su madre y su hermano mayor, todo eso lo tenía totalmente shockeado y por más que sus hermanos, Tomás y Ronaldo le hablaran, le costaba seguirles el hilo de la conversación, cosa que sus hermanos menores, no tardaron en notar.

    Algo estaba claro, para Jonathan su madre ya no era la misma, ya no la podía seguir viendo solo cómo madre y con la que por su “soledad” en aquella isla sin Camila a su lado, veía a veces cómo el objetivo de sus pajas. Judith a partir de ahora se convertiría en el objeto de obsesión de su hijo Jonathan quien se propuso de ahora en más, acecharla hasta conseguirla tener cómo la tenía su hermano mayor.

  • Mi casa de playa (2)

    Mi casa de playa (2)

    Wilker, el chico que acababa de darme la cogida de mi vida, se fue. Aún era temprano, restaban horas para que anocheciese. Entré, me di un baño y me disponía a recostarme cuando tocaron la reja de la casa. Salía a ver de quién se trataba, pensaba si era Wilker que se devolvió por alguna razón.

    Al salir, estaba un muchacho muy negro, alto y fornido con cara de loco, pelón y de unos 20 años más o menos. Le pregunté un poco asustada qué quería. Me pidió agua ya que, según él, andaba sediento. Le busqué una jarra y vaso, se los llevé pero estaba intranquila, me daba miedo ese tipo… Bebió casi toda el agua, me veía con morbosidad y al bajar mis ojos, noté una fuerte erección bajo su pantalón tipo bermuda. Le miré directamente a la cara, el me observaba de arriba abajo, detallándome. Me devolvió las cosas y me dispuse a entrar a la casa cuando sentí que abrió la reja. Apresuré mis pasos hacia adentro y cuando me giré para cerra la puerta ya lo tenía allí, casi encima de mí. Asustadísima le grité que qué pasaba?, qué hacía? Él sólo me veía con lujuria, sacó su lengua y se relamió los labios, restregó sus manos y me dijo:

    -Oí el show que montaste con Wilker aquí, estaba en la casa de al lado haciendo limpieza y no pude evitar escuchar todo, especialmente cómo gritabas y le pedías que te cogiera… Eres una puta, verdad? Una mujer casada que tira con cualquiera que le provoque, no? Estás ansiosa de guevo es la cosa? Mira el mío, míralo porque te lo voy a meter…

    -No, n… no… po… por favor, las cosas no son así… no me hagas daño… ¡Cálmate, te lo pido!

    -Daño? haha. Y no me calmo nada, estoy loco por ti, estás riquísima y eres bella… Lo que te voy a dar es una tremenda cogida porque eres una cualquiera y te gusta que te lo metan y punto, quien sea. Así son las cosas… ¡perra!

    Esto lo decía mientras se tocaba su pene por encima del bermuda, ¡estaba como poseído! Yo boquiabierta le veía estupefacta, y paralizada del miedo, ante el hecho de que ese hombre me haría algo. Empecé a llorar pero eso emocionó más a mi victimario, se reía. Entonces se quitó la franela, bajó sus pantalones y quedó desnudo frente a mí, cerró la puerta de un trancazo y me ordenó que me desvistiera y no hiciera nada estúpido porque si no me iría muy mal. Aterrorizada entré en parálisis, no reaccionaba…

    Así que el tipo se aproximó y de un tirón me desgarró la blusa, se fajó a besarme y chuparme las tetas con rabia y muchas ganas. Bajó mi short y empezó a manosearme las nalgas, los muslos, yo seguía en trance pero en minutos fui retornando a la realidad, deseando que llegase de repente mi esposo o Wilker para que me salvasen, pero eso no sucedería…

    Así, el bicho continuaba haciendo lo que quería conmigo, me acariciaba, me besaba, me mordía, metía sus dedos por mis agujeros, hasta que, repentinamente, sentí que me mojaba en mis entrañas… Qué me pasaba? Estaba sintiendo placer de ser violada, abusada? Eso no era normal, ¡si bien he sido puta esto era diferente, no sé!

    Mi vida corría peligro y paralelamente mi excitación ante aquel riesgo, el manoseo y aquella lengua que me recorría todita iba creciendo, pero no decía una palabra, no me salía pronunciar ni pio. El tipo entonces a empujones me llevó al cuarto principal, me tiró sobre la cama, traté en ese momento de golpearlo y esforzarme para escapar pero no podía, él era muy fuerte y me apretaba con todo su ser:

    -¡Quédate quieta mujerzuela, no me obligues a pegarte! ¡Quieta te dije…!

    Luego de segundos de continuar luchando me dio una cachetada que me dejó atontada, separó mis piernas, empezó a chuparme la vulva y metía su lengua por mi ano. Yo duré un tiempo en shock hasta que fui recobrando conciencia, el temor a otro trancazo como el recibido me hizo aflojarme y resignarme. Y resulta que al rato de estar así un cosquilleó me invadió… Emití gemidos, quejidos de placer y repentinamente lo tomé por la cabeza rapada, haciendo presión sobre mi centro. Tuve un orgasmo ipso facto y el negro se dio cuenta que algo en mí cambió:

    -Ajá perrita, te gustó? Sabía que eras así, una mujer fácil, hahaha. Te gusta a los coñazos, no? Ahora vas a ser mía también, y te voy a coger y dar duro para que goces conmigo más que con Wilker, ¡pedazo de puta! Pero me la vas a mamar primero…

    Se acostó y me haló por los cabellos hacia su miembro, allí empecé a chupar y chupar, me sentía ya envuelta por la lujuria carnal de ser tomada así, a la fuerza, por aquella bestia. Mi resignación se convirtió en deseo incontrolable, le besaba el pene, lo olía, lo mamaba y, en eso, el tipo se corrió haciéndome tragar todo sus semen.

    -Aaaah, qué rico me la mamaste zorra, ufff, la mejor mamada de mi vida me la acabas de dar… El calorcito de tu boca es único ¡Acuéstate que te voy a coger!

    Lo hice, me acosté y separé mis extremidades inferiores y me penetró, su mástil grueso se había puesto a punto rápidamente a pesar de la reciente acabada. Me cogía durísimo, acercó su boca a la mía y yo abrí los labios para fusionar nuestras lenguas en besos calientes, luego bajaba y lamía mis tetas con los pezones firmes ante tal disfrute:

    -Aaah mamacita, te gusta mi guevo? Dime que te gusta porque me diste una chupada de escándalo, veo la cara de putaza que pones, y esos besos que me correspondiste tan sabrosos…

    -Aaagh, sssiii, sii me gusta, tu guevo es perfecto, te lo mamaría otra vez apenas al verte, coño cógeme, aahg, viólame por ser una perra, anda… viólame por provocarte, dame duro y hazme tu hembra…

    -Mi mujer, eso eres… aaah, verdad que soy mejor que ese carajito Wilker de mierda?… Dime quién te lo hace más rico, ah?

    -Tú me lo haces mejor que nadie, aahg, tú eres mejor que Wilker, que mi esposo…- decía esas incoherencias pero es que lo estaba disfrutando mucho -Tu pene es tan sabroso y grueso que me haces acabar muchas veces… aaahg, me siento tan puta, aahg, aaay, tan bien así recibiendo tus embestidas, el roce de tu piel, tu sudor y ni siquiera te conozco, qué ricooo…- Había tenido ya 3 orgasmos, estaba echa una máquina multiorgásmica para un mismo día, ¡era increíble!

    -Toma perra, toma lo tuyo… Voy a acabarte adentro mamacita, aaah…

    -Anda sí, acaba machote, super hombre, me estás violando a gusto, Dios…

    -¡Te violo pero a ti te gusta, perra!

    -Es cierto, me gusta que me hayas tomado a la fuerza, aahg, me gusta que me hagas tu mujer de esta forma… qué rico negro, dame más, dame más… soy tu puta, tuya, sólo tuya…

    El negrazo se vació dentro de mí, esa cargamento de lechita calentita me produjo otro orgasmo soberbio. Allí cayó de un lado de la cama, yo lo abracé y lo empecé a besar por sus orejas, cuello, brazos. Chupaba sus desos, tocaba su miembro como implorando más de él. Mientras mi sodomizador me insultaba, me decía de todo por reaccionar de esa forma a pesar de ser tomada brutalmente, y a mí no me disgustaba que lo hiciese, me encendía, decía al fin y al cabo la verdad…

    Era toda una puta consumada, había gozado hasta de una violación, pasando del miedo y dolor al disfrute y placer. En pocos minutos el miembro del negro se empezó a empalmar y él, arrogante, me decía que viese lo que es un verdadero macho y que ahora, ese trasero que le había ofrecido a Wilker para otro día sería de él. Me ordenó ponerme de lado, lo hice sobre mi izquierda, se rescostó atrás de mí y comenzó a restregarme su pene por medio de mis nalgas mientras me besaba, me pasaba la lengua por las orejas, por la espalda, hombros… Frotaba con sus manazas mis senos hasta que, poco a poco, metió la cabeza de su verga en mi ano. Allí la dejó unos segundos mientras yo sufría pero era esa combinación única que sentimos de placer y dolor:

    -Tu culo se va a ir acostumbrando a mi guevo, relájate pa’ que lo goces, putita mía…

    -Ayy, me duele, ufff me duele…

    -Qué? Quieres que no te lo meta por ese culazo, ah? Acaso crees que te voy a perdonar, perra del carajo? – me gustaba su violencia, cómo me trataba…

    -Nooo, ay, no ese eso papito… Aaaay…

    -Entonces qué? Cállate y goza nada más, ¡sufre por puta…! – introdujo la mitad de su virilidad en mi ano y empezó un mete y saca brutal.

    -Aaagh, aaaay, aay… – chillaba yo…

    -¡Aguanta nojoda! – gritaba el negro y seguía haciéndome suya.

    -Uuuf, mierda me duele…. Pero dame así mi amor, me lo merezco… Aaay, ese dolor es sabroooso mi rey… Aaay, es tan grueso, me gustaaa, aaagh…

    -Vaya si eres puta vale, ah? hahaha, ahora te voy a destrozar ese culito pa’ que aprendas a gozar con un verdadero guevo de hombre, zorra sinvergüenza, y me vas a pedir otro día que te coja así de nuevo…

    Inició una penetración más profunda y empezó a vapulearme, me cogía con intensidad mientras mi ser se sentía inundado por aquella vergota que me arrancaba alaridos, y después orgasmos y orgasmos. Yo decía:

    -Aaahg, ay, me estás rompiendo el culo, aaay, pero dame duro, no importa, es diviiiinooo…

    Me folló el culo como por 20 minutos y acabó en mis intestinos. Quedé exhausta, muerta… No podía moverme casi, me dolía todo por dentro y por fuera. Sentí que el tipo se levantó, orinó, se bañó, se acercó a la cama y me dijo que de ahora en adelante sería su mujer. Debía complacerlo en todo ya que era una perra y él lo sabía, que dudaba que me negase a entregérmele otra vez. Así que cuando visitase la costa nuevamente, debía buscarlo ¡Que debía inventar razones para venir sola a la casa de playa o, si venía con mi marido, igual escaparme y ser su hembra!

    Al verme semi consciente, anotó en un papel la dirección donde vivía o sitios que frecuentaba, yo asentí con la cabeza y le prometí cumplir con sus exigencias pero ya casi no podía de veras hablar, ni pensar. Me besó y se fue, oí cerrar la puerta, la reja y, al rato de saberme solita ya de noche, sumamente adolorida me fui quedando dormida… muy cansada y destruida; abusada pero en el fondo complacida de una forma diferente.

    (Continuará).

  • ¡Ay papi esto me calienta!

    ¡Ay papi esto me calienta!

    Era viernes en la noche, para ser más exacta, 7:30 pm. Vanesa se estaba preparando para ir al bar-discoteca llamado «Sensaciones» que estaba a 7 kilómetros de su casa, iba a divertirse con los de su grupo de la Universidad. Sacó un vestido rojo vivo que le llegaba a la mitad del muslo, de tirantes finos y espalda abierta hasta la mitad. Sabía que si su padre, Ricardo, la veía así le iba a denigar las salidas durante un mes entero, por eso se puso un abrigo negro, ancho y largo, un poco elegante, con pelusas plateadas en el borde del cuello y botones grandes en forma de zafiro. Se colocó unos tacones puntifinos del mismo color del abrigo y ya maquillada y con su carterita llena de todas las cosas que una mujer puede tener para estar bien arreglada y segura, salió de su cuarto. Al llegar a la sala y caminar rumbo a la puerta sintió que la tomaban por la cintura.

    -Ehh pequeña, ¿cómo te vas a ir sin despedirte de papi?

    Tragó en seco ya que no quería que su padre de curioso le desabrochara el abrigo para ver que se puso su dulce hija.

    -Ohh papiii -dice Vanesa riéndose como tonta- ¿Papito no te acuerdas que cuando terminamos de cenar y yo subí rápido a mi habitación a ducharme para la salida con mis amigos, me despedí de ti con un besito en la cara ya que tú ibas a ver un filme? -Dice intentando girarse y ver el rostro de su querido padre.

    Características del padre, que por cierto tiene 40 años y es divorciado ya que su esposa lo abandonó y se fue con otro hombre dejándolo a él a cargo de Vanesa. Mide 1.80, trigueño de ojos pardos, facciones finas y mandíbula semi cuadrada con poca barba. Es un hombre atlético, va al gimnasio para mantener su buen físico. Trabaja en un restaurante francés como chef de cocina y producto al trabajo ha viajado mucho, incluso por peticiones de clientes, ya que es el mejor en España. En estos momentos se encuentra de vacaciones por 3 meses y luego volverá a retomar su empleo.

    -Si mi niña, claro que me acuerdo jaja, pero te ibas a ir sin despedirte de mi y eso no lo voy a tolerar -dice mirándola con sus ojos cristalinos, tornándose un poco negros por saber lo que iba a hacerle a su niña, su mandíbula se tensaba y su respiración era más fuerte.

    -Papi por faaa dejarme ir, prometo que no lo haré más, te lo prometo de verdad. -Decía Vanesa con carita tierna y haciendo pucheros, cosa que calentaba más a su padre.

    -Nena lo siento, pero de esta casa no vas a salir sin antes recibir un buen castigo.

    Diciendo esto, la cargó y la puso sobre su hombro derecho, Vanesa movía sus piernas en señal de forcejeo porque no quería que su padre hiciera lo que ella imagino: darle azotes.

    -Papitooo por faaa, por favor déjame, no lo haré más te lo prometo.

    -Tranquila pequeña, esto será bueno para ti, te enseñará a despedirte siempre de tu padre y a enseñarle lo que tienes puesto, ¿piensas que no me di cuenta que escondías con el abrigo lo que traes abajo?

    Ella se ruborizó, sus cachetes estaban rojos por la vergüenza y sabía que a su padre no le iba a gustar lo que iba a ver. Llegaron a su cuarto y la puso con gentileza en la cama, le quitó los tacones, y cuando iba a desabrochar el abrigo ella puso sus manos sobre las de él.

    -Vanesa, quita las manos -dijo Ricardo mirándola con autoridad.

    -Pa… papi no puedo hacerlo -decía ella nerviosa y tartamudeando, y en un movimiento rápido y posesivo su padre le agarró fuerte las manos y le desabrochó el abrigo, frunció el ceño cuando vio tal vestido.

    -¿Así ibas a ir a la disco ehh? -dijo con molestia.

    -Papi es que quería ponerme algo acorde, no me iba a drogar ni nada malo, solo me puse esto porque quería sentirme a gusto.

    -¿Sentirte a gusto, o hacer sentir en las nubes a los machos que te iban a comer con la vista allá? -Le replicó él con molestia visible.- Quiero que entiendas que tu cuerpo es mío, ya que soy tu padre y no voy a permitir que otros lo miren mientras te contoneas con ese trapo rojo. Estoy seguro que tu novio no te mira como yo lo hago, sabes que te devoro con la mirada.

    Vanesa se mojó cuando escuchó a su padre diciendo todas estas cosas, ella se sentía atraída hacía él, ya con 19 y con el cuerpo más desarrollado, volvía loco a su padre y a ella se sentía deseada por él y le gustaba.

    Ricardo le quitó hábilmente la braga negra con flores rojas que traía puesta y la tiró a un lado de la cama.

    -¿Y con esa braga tan sexy ibas a ir para allá nenita?

    -Pa… papi es que yoo -dijo excitada y con el chochito mojado.

    -Shhh calla perrita.

    Él se agachó y sin más dilación lamió su coñito húmedo desde el acabar de su vagina hasta el inicio del clítoris. Vanesa dio un gritito ahogado.

    -Pa… papito aaah, que ricooo.

    -¿Te gusta perrita? -le preguntó dándole nalgadas e introduciendo su lengua en la vagina para luego dar círculos en ella y lamer también sus labios menores.

    -Siii, mu… chooo papi.

    Cuando Vanesa acabó en la boca de su papi con un delicioso orgasmo, él se quitó la ropa, terminó de desvestir a su hija y entró sin avisar dentro de ella con la posición del misionero, esto hizo que ella chillaba de placer.

    -Mírame a los ojos mientras te cojo y dime que vas a hacer antes de salir de casa. -Ordenó dándole dos nalgadas.

    -Te voy a enseñar la ropa… que lleve puesta, la braga y voy a darte un beso antes de sa… salir de casa -le contestaba ella toda excitadita y a merced de su padre.

    Luego él la colocó en posición de perrito manoseó sus nalgas y comenzó a darle nalgadas, una primero y a otra después, estuvieron teniendo sexo durante dos horas y luego de que Ricardo la folló en diferentes posiciones, la llevó hasta el bar y se fue para luego volverla a recoger.