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  • Una mamada, conchita y culote… final feliz

    Una mamada, conchita y culote… final feliz

    A finales del año pasado, me dio la curiosidad de visitar lugares de masajes, especialmente esos que tienen la reputación de apegarse a las leyes y lo que en otras palabras significa que no encontraras un masaje con un final feliz, como suelen llamarles a estos lugares. En este país esta industria de entretenimiento por llamarlo de esta forma, está dominado por la comunidad asiática, es raro encontrar un lugar de estos con personal latino, anglo o africano. También, como cualquier otro negocio y en esta época dominado por las redes sociales, todos los negocios tienen una reputación dada la crítica que se deja en estos medios acerca de estos negocios y los lugares de masajes no se quedan atrás. Es como uno sabe si en tal lugar se puede encontrar además de un masaje la oferta de favores sexuales.

    Por varios años he visitado estos lugares donde un masaje de una hora se te ofrece entre $60.00 a $80.00 dólares y luego ya en medio del masaje y en la privacidad de un pequeño cuarto iluminado con una luz tenue y regularmente con una música de relajamiento se te ofrece ya una masturbación, sexo oral o, el servicio completo por una suma extra. Yo me di a la tarea en buscar y averiguar de estos lugares y visitar algunos donde supuestamente se rigen por las leyes. Encontré algunos cuya critica cae en esa reputación y debo decir que en ninguno me ofrecieron servicios sexuales por dinero, pero que sí se da sexo en esas pequeñas habitaciones, claro que sí se da. Recuerdo solo uno donde el masaje se dio de lo más normal sin ninguna insinuación de otra cosa.

    Como les dije, este tipo de negocios está dominado por los asiáticos, pero hace poco visité uno de estos lugares y, aunque el nombre y las fotografías a la entrada pintaban a un lugar oriental, me llevé la sorpresa que las mujeres que me recibieron tenían aspecto latino y guiado por su acento al hablarme en inglés, me confirmaban que deberían ser de habla hispana. Por alguna razón la gente no me mira como hispano y regularmente la gente se comunica conmigo en ingles… y bueno, estas dos mujeres, aunque con un inglés con un acento marcado podían conllevar una conversación fluida. Decidí en solo comunicarnos en inglés.

    Me hicieron pasar a una pequeña habitación iluminada tenuemente donde me pidió que me desvistiera para tomar un baño. Yo ya me puedo esta rutina religiosamente y luego viene por mí a los minutos donde quedo ante ella como dios me trajo al mundo y me pide que me acueste en una especie de camilla, donde ella me bañará a su antojo. Me pide si deseo enjabonarme mis partes privadas o sí ella puede hacerlo, pero para eso está pidiendo permiso. Obviamente que se lo doy y le hago la broma que ella puede hacer conmigo lo que ella quiera.

    En la plática me hace saber que su nombre es Elena y que es de Honduras. Ahora déjenme describir a esta mujer de nombre Elena. Le calculé la edad de unos 40 años, se le puede ver la madurez en ese rostro y aunque no lo describiré de facciones bonitas, tampoco era fea la mujer. Su cuerpo es de esa estructura de las llenitas, de brazos semi gruesos, piernas con muslos potentes y aunque usaba pantalones y un chaleco azul claro como los que usan enfermeros y médicos, podía intuir que tenía caderas anchas, un trasero pronunciado y, lo único que tenía ante mi vista y con toda seguridad podía decir, tenía unas buenas tetas de una copa doble D. Esta mujer Elena tenía una buena vibra, una sonrisa maliciosa, quizá podría decir de chica coqueta, pero que la camuflaba en un rostro maduro de esa experiencia que la daba ya su cuarta década. Pensé que este sería uno de esos lugares donde la reputación de apegarse a las leyes era una realidad y me conformé con ello.

    Pasé del baño al mismo cuarto de donde salí solo envuelto en una toalla y me secó lo mejor que pudo y tenía una especie de calentador que se sentía rico dado el frío de la temporada a pesar de estar en este lugar con calefacción general. Me puso una toalla para cubrir mi trasero y se dedicó a masajear mis espaldas, el área de mis glúteos, las piernas y mis pies. En todo eso esta mujer me hacía plática y me preguntaba que zonas quería que masajeara con más énfasis. Sentía rico cuando aplicaba presión a mi espalda baja y mis glúteos y se lo hice saber. A los diez, quince minutos me hace que me voltee y nuevamente me pone la toalla para cubrir la zona de mi sexo y comienza a masajearme los pectorales y puedo ver que ya no tiene el chaleco y supongo que no tiene sostén, pues los pezones se le marcan definitivamente. Mi imaginación estaba en lo correcto, pues se le miraba una cadera ancha y un trasero muy llamativo. Ella continuaba con su plática y tuvo que ver como mi verga reaccionaba al estimulo, pues la toalla comenzó a elevarse como si fuera carpa de circo y fue cuando ella inició la plática de doble sentido y cachonda:

    – Creo que su amiguito se despertó. ¿Le molesta la toalla? Si gusta se la puedo remover si es que así estará más confortable.

    – ¡Si no te incomoda a ti… por mí no hay problema! No serás la primera que me miraría desnudo.

    Ella removió la toalla y tomó una pequeña toalla húmeda de agua caliente y me limpio el glande que se podía ver brilloso pues ese liquido preseminal comenzaba a aparecer. Elena me quedó mirando sin ningún mensaje y continuó con la plática mientras me hacía masaje en las piernas.

    – Se mira que se cuida mucho… tiene un cuerpo bien tonificado. ¿Hace mucho ejercicio?

    – Juego tenis y tengo una rutina de correr o caminar todas las mañanas.

    – ¡Se le nota! ¿Es usted casado?

    – No… soy un hombre soltero.

    – Pero tendrá por ahí alguna amiguita que se encargará de calmar toda esa fuerza que miro que usted lleva.

    – ¿Por qué lo dices?

    – Pues mire como se me ha puesto.

    – Lo siento, no puedo evitarlo dado al estimulo que siento de tus manos en mi cuerpo.

    – No se tiene que disculpar y es entendible; usted no me ha tenido que tocar, para que también yo viendo lo que veo y tocando también me estimule.

    Obviamente me estaba diciendo que se estaba calentando con solo tocar mi cuerpo y ver erecta mi verga frente a ella. Creo que esa excitación era mutua, pues al igual uno se excita con tan solo ver a una mujer mostrando algo de senos en alguna blusa escotada o simplemente ver unas piernas atractivas o un bonito trasero cubiertos por unos pantalones jeans. Esta mujer me tenía totalmente desnudo y con mi verga totalmente erecta a consecuencia de ese toque de sus manos calientes en un masaje que también para ella era excitante. Reinicié la plática y ahora yo era quien hacía las preguntas:

    – ¿Eres casada? ¿Tienes familia?

    – Si… -contestó como dudosa. – Tengo dos hijos: Una nena de 8 y mi hijo de 12.

    – ¿A tu esposo no le molesta que estés dando masaje a otros hombres? ¿Quizá él sepa o se imagina que están frente a ti semi desnudos?

    – No… para nada. El cree que me dedico a limpiar casas y no sabe nada de esto. El trabaja en la construcción y la mayoría de veces se aleja de la casa, pues tiene que ir a trabajar a diferentes estados.

    – ¿Y cómo terminas dando masajes en este lugar?

    – Mi amiga, la otra muchacha que vio al entrar, junto con ella limpiábamos la casa de la dueña de este lugar y un buen día nos hizo la propuesta y aceptamos intentarlo.

    – ¿Te gusta?

    – Al principio como que era inconfortable ver a los hombres desnudos, pero luego como entenderá uno se acostumbra y hay veces, como ustedes los hombres, uno disfruta de ver un buen ejemplar y que uno tiene la oportunidad de tocar.

    – ¿Nadie se ha propasado contigo?

    – ¡Oh… de eso que no le quede duda! Muchos lo intentan o te hacen propuestas indecorosas.

    Escuchaba en la voz de Elena la serenidad de una mujer de experiencia. Parecía tener mucha confianza en sí misma a pesar de que vacilaba en ciertas ocasiones buscando la palabra adecuada en un idioma que no era el materno. Ella me había abierto la avenida para sár mas directo con ella, pues ante mi tenía a una mujer madura de alrededor de los 40 años y podía ver en esa luz tenue de la habitación como se le marcaban los pezones, pues era obvio que no llevaba sostén por debajo de esa blusa blanca y su chaleco que le daba la personificación de personal médico también se lo había quitado. Continué con la plática:

    – Verdaderamente no culpo a tus clientes… pues con todo respeto, verte con solo esa blusa sin sostén, como que incita mucho más la excitación si a eso le agregamos que esa misma chica te esta dando un rico y placentero masaje en áreas erógenas y en las cuales uno se siente vulnerable.

    – Bueno… lo de removerme el chaleco y no llevar un sostén tiene en verdad otro propósito. Si se me moja el sostén, significa que me la pasaría incomoda en el resto del masaje y siempre he pensado que si ustedes están semi o totalmente desnudos, pues que más puede el agregar al morbo el que no lleve sostén.

    – Bueno… no me lo tomes a mal. ¡Tienes bonitos senos! Afortunado tu esposo. -le dije

    – ¡Gracias! – Me había contestado con una interrogante sonrisa.

    Esta mujer hondureña de nombre Elena se había abierto conmigo y me daba esa libertad de llevar esta conversación a otros niveles, pues muchas veces aunque en ese afán del masaje se dan platicas, regularmente nunca no son tan personales. Me había contado de esas propuestas indecentes, de los muchos hombres que le habían de alguna manera tocado su cuerpo mientras les daba el masaje. Aquello me llevó a hacerle otra pregunta muy personal:

    – ¿Le has sido infiel a tu marido?

    – Bueno… sí. -Me dijo como pausada y continuó. -La verdad que no ha sido difícil no serlo, pues pasar semanas que él se va por cuestión de trabajo y sin ser atendida o sentir los afectos de tu hombre siempre lo ponen a uno en ese borde y… ahora le agregamos que por aquí de vez en cuando llega un buen ejemplar, como que se presta para que uno de ese paso. Al principio me costo asimilarlo, pero hablando con mi amiga, ella me decía que nuestros maridos lo más probable hacían lo mismo. Si muchos hombres lo hacen teniéndolo a uno cerca, porque no lo harían si constantemente están distanciados de uno.

    – Tiene sentido y no te juzgo… la verdad que siempre esta ese morbo y cómo que lo prohibido excita mucho más. -le dije.

    Elena seguía masajeando mis piernas y rodillas y para esto mi pene yacía libre a su vista erecto en toda la plática. Intuía que mi pene le excitaba al igual que a mi me excitaba ver esos hermosos melones con ese pezón erecto que era evidente en su blusa blanca. Para esto ya había pasado la primera media hora del masaje pactado y en esta ocasión fue ella quien me lo preguntó:

    – ¿Y esa cosa que usted tiene cuanto mide? Imagino que ha de hacer feliz a algunas de esas amiguitas que usted dice tener.

    – Creo que mide alrededor de 21 centímetros. -Le contesté.

    – ¿Quiere que le dé un masaje a su cosita?

    – ¡Claro que me gustaría! Como te dije antes… tú puedes hacer con ella lo que quieras.

    – ¿Está seguro? ¡Usted no sabe todo lo que me está pasando por esta cabeza!

    – ¡Aquí la tienes! -le repetí.

    – Primero, le voy a dar una chupadita y luego veremos que es lo que pasa. No haga mucho ruido, que esa vieja china tiene la costumbre de husmear por las puertas. – me dijo susurrando a mi oído.

    – Échale llave. -le dije.

    – No tienen llave, pero ella nunca abre una puerta.

    Tomó el tronco de mi verga con una de sus manos y se agachó para absorber con su boca el glande y estuvo besándolo delicadamente en un principio. Me abrió las piernas para tomar mis huevos en una especie de masaje con sus uñas y esa combinación se sentía super deliciosa. Hizo una pausa y se hizo una cola para que su cabello no le hiciera estorbo, pero también a mi me daba mejor vista de cómo chupaba mi verga. Hacía una pausa y me quedaba mirando con esos ojos de zorra en celo y me preguntaba: ¿Te gusta? ¡Tienes una linda pija! – me decía en español, como para evitar que alguien supiera lo que pasaba y quizá también pensando que yo no entendía lo que decía. Luego haciendo otra pausa decía otra vez en español: – ¡Quiero que me des con esta verga en el culo… entiérrame esta verga mi amor! – Le hice de señal que se acercara a mi y ella se acercó a un lado de la cama y le pregunté al oído aun comunicándome con ella en inglés:

    – ¡Quiero chuparte las tetas!

    – Si mi amor… son suyas… ¡Usted se puede comer mis tetas cuando quiera! – lo último me lo decía en español.

    – ¡Me quiero comer tu conchita y tu culito! – volví a decir en su oído.

    – ¡Usted me puede hacer lo que quiera… tiene mi permiso! ¡Usted no sabe lo puta que me pone con solo mirar su verga! – nuevamente lo último lo decía en español.

    Le levanté esa blusa de algodón y me quedaron sus tetas disponibles y comencé a chupárselas. Mientras le chupaba las tetas y que ella misma me juntaba las dos tetas para poder chupar los dos pezones a la vez, yo adentraba una de mis manos y la deslicé entre sus pantis. Llegué a ese hueco mojadito y sentía que esta mujer hervía de excitación. Le metía los dedos mientras ella juntaba sus tetas para chupar los pezones y me decía trémula: -Usted si sabe como chupar unas tetas… ya me imagino como chupa una panocha. Bajé de la cama de masajes para poder bajarle esos pantalones azules y descubría unas pantis estilo bikinis de color negras. Podía mirar la humedad a pesar de que la luz era tenue y ahora era ella la se acostaba en esa cama con las piernas abiertas y me lancé a chuparle la panocha mientras ella mordía una toalla para ahogar los gemidos.

    Su panocha era una de labios gruesos, bien depilada y tenía un olor dulzón como a durazno y creo que usaba una de esas mini toallas femeninas que le impregnaban ese olor. Le metía la lengua lo más que podía en ese hueco y a la vez comencé a apretarle los pezones con mis manos. Podía sentir literalmente el vibrar de su panocha o podría decir panochón y el río de jugos calientes y salados que emanaban de ese hueco que me hicieron saber que estaba a punto de correrse. Hice una pausa, la halé a la orilla del final de un lado de la cama de masajes y le deslicé mi verga hasta sentir pegar mis huevos en sus nalgas. Como no podía hacer ese vaivén por el ruido que provocaba ese chasquido de entrar y salir de mi verga en su vagina y mi pelvis pegando en sus nalgas, opté por hacerle ese vaivén semi lento mientras le masturbaba con mis dedos el clítoris. Sus piernas estaban en contra de mi cuerpo elevadas y fue hasta que le chupaba los dedos de uno de sus pies mientras mis dedos chaqueteaban su clítoris, que escuché ese gemido ahogado pues continuaba mordiendo la misma toalla. Sentí su embate, pues creo que perdida en la excitación dejó de importarle que ruido hacíamos.

    Se repuso de su espectacular corrida y sin mucho tiempo que perder pues estábamos acercándonos a la hora final del masaje, me dijo al oído de una manera determinante: -¡Quiero que me lo haga por detrás… quiero sentir su verga llenándome el culo! – Ella misma asumió la posición y se apoyó en contra de la orilla de la cama y ella misma se había lubricado el culo con los jugos de su vagina y tomó mi verga y se la llevó a su ojete. Yo solo empujé tres o cuatro veces y sentí que ese anillo me apretó el glande. Le temblaban las piernas y luego ella me dijo en voz baja: ¡Que rica se siente tu verga… empújala hasta el fondo…quiero sentir tus bolas pegando en mi panocha! -A empezar el vaivén íbamos cuando se escucha una voz desde el otro lado de la puerta: -Elena… cinco minutos. -Era la mujer oriental que Elena llamaba China, aunque esta mujer luego me di cuenta que era de Corea. Elena solo me dijo: Córrase en mi culo… quiero sentir su corrida. Por la presión del tiempo sentía que me tardaba demasiado en correrme, pero le di un embate continuo y los gemidos de Elena me estimularon para tocar el cielo. Ella se había ido contra la cama, mientras ella me decía que se estaba corriendo justo cuando sentía el chorro de semen caliente entrar a su ano. Le temblaban los glúteos y Elena, esta mujer hondureña de nalgas espectaculares había logrado correrse en el último segundo.

    Elena se encargó de limpiarme la verga con una toalla húmeda y regó algo aromático para camuflar el olor a sexo que sé era penetrante en el lugar. Nos vestimos apresurados ambos, me dio un beso en los labios y me dijo: -Me gustó mucho tu verga… la próxima vez comenzamos como terminamos… quiero sentir tu verga rompiéndome mi culito… que rico me lo hiciste acabar.

    Sali del lugar dejándole una buena propina a Elena y la China con una mirada lujuriosa me pegaba palmaditas en mi espalda baja cuando me extendía un recibo y fue cuando Elena y su amiga se llevaron esa inesperada sorpresa por parte mía. Mientras la mencionada China hacía la transacción, yo escuchaba la plática de Elena y su amiga también hondureña en español y esta le decía: – Me vas a tener que contar, ese hombre si que te dio una buena cogida… como se escuchaba que jadeabas cuando te corrías. – Yo me les quede viendo cuando me despedida y les dije en español cuando me retiraba:

    – Que no te cuente… porque no vengo mejor contigo la próxima vez… ¿Te atreves?

    – ¡Aquí lo esperamos! -me dijeron ambas al unísono sonriendo.

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  • Me cogí a mi tía (2)

    Me cogí a mi tía (2)

    Luego del relato anterior la mujer de mi tío seguía viniendo a casa de mis padres e incluso ya le daba igual a ella él dónde nos besábamos o dónde se lo arrimaba. Una ocasión en una reunión estaba en una habitación buscando unas cosas yo llegue por atrás y se lo arrimé mientras le roscaba sus pechos con mi manos y le decía en el odio lo buena que se veía, ella solo volteo y me beso, rápidamente nos separamos porque alguien subía las escaleras.

    Hasta aquí no había tenido oportunidad de meterle la verga o qué me la chupara pero ya no aguantaba más. Como mi tío o sea su esposo trabajaba toda la semana desde temprano y llegaba tarde pues ella venía a casa de mis padres a esperar en lo que salía su hijo de la escuela, entonces yo una ocasión me fijé que ella había subido al cuarto de lavado que es una habitación a la cual casi nadie sube más que a lavar, entonces yo subí a alcanzarla y al llegar la tomé rápido y la bese, estaba loco por metérsela y ella estaba igual creo pues empezó a respirar muy rápidamente, empezamos besándonos muy apasionadamente, luego le mame sus pechos y después me saqué la verga y le dije chúpamela, ella al parecer casi no lo sabía hacer pero lo disfruté bastante.

    Luego la puse de pie, la medió senté en un buró y le desabroché su pantalón, llevaba una tanga como de encaje negra, le comencé a meter los dedos mientras la besaba y ella gemía como loca a lo cual ya no aguante y le pregunte ¿te la meto?, ella respondió que si mientras se bajaba su tanga y se colocó empinada frente a una ventana para que ella viera que no subiera nadie, ahí comencé a metérsela mientras en mi mente decía «al fin lo logré» se la metía muy rápido y luego lento a lo que ella me tomaba de las manos y las ponía en sus pechos y solo gemía, así pasó algo de tiempo hasta que ya no aguante y me vine, la saque rápidamente y me vine en su culo a lo que ella solo me preguntó preocupada ¿te viniste a dentro?. Yo solo le dije que no, que todo lo saque a fuera.

    Luego de eso solo nos limpiamos y besamos de nuevo muy apasionadamente y bajamos ya que ella iría por su hijo a la escuela.

    ¿Quieren siga contando estos encuentros?

  • Tecnología de punta (I)

    Tecnología de punta (I)

    Hola, mi nombre es Juan Torrelles. Ingeniero en informática. De 31 años, casado desde hace casi 3 años. Jefe del área de T.I. de una corporación importante del gobierno.

    Habito en un complejo urbano exclusivo de Valencia. Apenas 30 grandes casas. Vivo aquí desde hace 5 años y fui de los pioneros en asentarme definitivamente. Considero de importancia la seguridad. Y la ejerzo en mi propiedad, aunque desde que la urbanización fue llenándose y más aún desde que me casé, la seguridad interna ha sido descuidada.

    Mi esposa es toda una atleta de fitness y participa en competencias de alto nivel, sus abdominales son una piedra y se destacan “sus chocolates”. Sus tetas derivan de la silicona.

    Es mi deber llevarla en las mañanas al gym y luego ir por ella cerca del mediodía. La dejó en casa y regreso a mi oficina. Donde almuerzo algo ligero hasta las 5 o 6 de la tarde, cuando retorno a mi hogar y cenamos juntos.

    Es nuestra rutina diaria y todo iba de maravilla hasta hace casi cuatro meses.

    Todo fue normal esa mañana, la dejé en la acera que da acceso al edificio donde funciona el gym, que esta a dos locales de un cruce con otra calle. En la siguiente manzana o cuadra, hay un puesto de ventas de jugos naturales. Decidí disfrutar de un jugo de natural de naranja y me estacioné, justo en ese momento ocurrieron dos hechos que sumaron su aparición: 1.- detrás de mí se estacionó un camión mediano que ocultaba mi vehículo de la salida del gym, y 2: mi esposa salió de gym y se subió a una camioneta silverado azul con negro y cruzar en la esquina a la derecha.

    Todo lo pude ver desde mi asiento, con mis espejos retrovisores. No reconocí la camioneta, pero si era ella, ese color naranja con gris es llamativo.

    Compré el jugo y me fui a la oficina. Casi al cumplirse el plazo para ir a buscar a Miranda –así se llama mi esposa- le pedí el carro prestado a un subalterno, le dije que mi camioneta presentaba una falla y me fui como 20 minutos antes de la llamada habitual de Miranda.

    Me ubiqué en la misma acera, como 20 metros antes de la entrada, no espere mucho cuando apareció la camioneta azul. Vi al conductor, le reconocí porque era un empresario conocido por los éxitos en sus empresas. Ella descendió, entró al edificio y apenas desde el mismo primer piso, extrajo su móvil y me llamó.

    Le dejé sonar cuatro veces y respondí. – Voy en camino. Colgué de inmediato. La sangre me hervía. Quería darle una coñaza apenas entrara, pero necesitaba saber más antes de actuar. Esperé unos 10 minutos, encendí el auto y le llamé. – Estoy llegando- colgué.

    Un minuto después hice sonar la corneta y ella estaba dentro del edificio y me ubicó sorprendida por no estar en mi carro. Salió hacia mí.

    Le explique que la camioneta no quiso encender y ya estaban 2 técnicos revisándola.

    Así pasé toda la tarde, pero decidido a recabar toda la información necesaria activé el sistema de seguridad, consistía en cámaras y micrófonos bien ocultos y disimulados en todas las habitaciones, cocina, sala, baños y área externa, en total 16 cámaras. Dispuse de un disco duro de 250 Gb para recopilar todo. Ahora podía verla en tiempo real y escuchar su voz.

    La ubiqué por primera vez saliendo del baño de prisa y respondiendo una llamada.

    – Hola papí. Como estás… – Si vengo llegando del gym y estoy saliendo de la ducha… mañana? (por un momento pude asegurar que hablaba con su papá, cuando la siguiente respuesta me dejó en el aire)

    – Si mi amor, me voy a depilar para ti… ¿quieres que Nataly venga con nosotros?, perfecto ella menea ese culo demasiado bien y le encanta tragar semen… si… estoy desnuda… quieres una foto… bueno (y se tomó una selfie de su busto aún húmedo)

    Salió del baño, puso el altavoz del celular y pude oir claramente la voz del hombre:

    – Mami, ve a tu habitación y dame más. Anda

    – Voy papi – y se apresuró para subir a nuestro lecho y tomarse no menos de 6 fotos, con las pierna abiertas, desde atrás mostrando las nalgas firmes, abriendo su vagina con el pulgar y el índice. Y respondió

    – Ahora tu papi, muestráme tu verga, negra inmensa: él dijo

    – Cuando llegué a casa, si mi tio llegó, seguro le encantará que llenemos tu móvil de nuestras vergas, ¿si?

    – Bueno, chao, debo cocinar. – chao, -dijo él.

    Hasta el momento tenía claro algo: mi esposa hacía el amor en grupo de tres o cuatro. Al menos tenia dos amantes al mismo tiempo. Tenia relaciones lésbicas. Era insaciable y yo no lo sabía.

    Reflexioné que fue oportuno no volverme loco al mediodía. En mi pc tenía un programa especial. Pero debía endulzarlo para que ella instalara esta app en su móvil.

    Le hice una transferencia de Bs. 3.000a a su cuenta. Cuando estuve seguro que su móvil había recibido la información, le llamé.

    – Cariño ¿mío como estas?

    – Bien mi amor – y pude ver como se metía dos dedos en la boca, en el gesto clásico de querer vomitar. Le dije:

    – ¿Te llegó una transferencia de Bs. 3000?

    – Si papí ¿y eso?

    – La empresa nos dió un bono aun mayor, pero no puedo transferirlo por razones de seguridad. Si deseamos que los montos sean mayores y te lleguen directamente, debes aceptar una app que ellos indican, así tendrás los montos directos a tu cuenta, y yo ni me enteraré y no tengo problemas, te amo y quiero que seas capaz de comprar lo que desees a ti y a tu familia, ¿si? – vi como se alegraba y casi brincaba de gozo.

    – Como tu digas mi amor.

    – Bien cariño, ya te la mando.-y el envié la app.

    De inmediato pude ver como la descargaba y la aceptaba. Casi al mismo tiempo, le transferí Bs. 5.000. Ahora brincaba de alegría y yo tendría toda la información suficiente para acumular pruebas de su infidelidad si enviaba o recibía fotos, además de poder grabar todo que ella dijera, con el móvil aún apagado, y poder saber donde se encontraba por GPS.

    No tardó el llamar a su amiga Nataly, yo la conocí porque vivía en la misa urbanización. Estaba explotada, tetas y culo hechos a la medida King Size. Moreno su cabello a la cintura delgada. Era difícil no mirarla.

    – Hola marica. Donde estás, vente de una.

    – Voy, déjame ponerme algo encima.

    Mi adorada esposa, buscó una botella de vino de la nevera de vinos y la abrió. Sonó el timbre, era Nataly por supuesto, en una bata de casa de botones, se arrojo sobre Miranda y se besaron con una profundidad y ganas que mi verga se estremeció.

    Fuera la bata y nada debajo de Nataly, Miranda se subió la blusa y tampoco nada debajo. Lo que si había debajo del sillón eran dos cajas, las sacaron y extrajeron vibradores, uno como de gel transparente y otro color piel humana, ambos bien gruesos y grandes.

    Se lamieron las cucas en un 69 prolongado y aunque los móviles de cada uno sonaron, ninguna respondió.

    Me fui al baño de mi oficina con mi laptop, estaba demasiado excitado al ver a esas dos hembras dándose placer.

    Ahora se penetraban mutuamente con esos consoladores inmensos y yo me masturbaba como no lo hacía desde hace años.

    En un momento Nataly abrió las piernas y debió tapar su boca, estaba eyaculando o acabando como si orine saliera de su cuca. Y entonces, Miranda lamió, bebió tragó todo lo que pudo, su cabello, sus pechos, empapados en aquella sustancia blanquecina. Nataly se contorsionó presa de un intenso orgasmo y Miranda se puso de espaldas a la alfombra con la boca abierta en espera de más leche de Nataly, y la recibió con ansia y alegría, Sonreía Miranda, más satisfecha que Nataly… le dijo

    – Te gané, acabaste antes que yo- Nataly respiraba profundo y comentó:

    – Te haré acabar zorra, como la perra que eres y se colocó sobre Miranda y le dio una sorpresiva bofetada, ZAZ!!!

    – Si mi amor, dame más, dijo Miranda y comenzó a tocar su clítoris con fuerza.

    Nataly, se inpulsó para darle otra bofetada, pero no fue en la cara, fue en una teta y Miranda gritó.

    – Coño de tu madre, si, dame más!- y Nataly descargó su puño directo a su cuca,

    – Aah – dijo Miranda y empezó a empujar su puño cerrado dentro de Miranda, quien miraba con los ojos entornados, henchida de placer

    Cuando el puño casi estaba dentro, con la otra mano Nataly le propinó otra bofetada y Miranda, comenzó a temblar, a convulsionar y a gritar

    – Coño si, ya, rico, métela toda

    Yo no pude contenerme más y eyaculé abundante y sabroso.

    Nataly metió su puño y Miranda lo abrazó como si fuera un bebe, encogiendo sus piernas y temblando sin control.

    Cerré mis ojos y quité mis audífonos, miré la pantalla. Miranda y Nataly se besaban con una profunda ternura, lentamente.

    En un primer momento tuve como meta, pedir el divorcio.

    Después de lo ocurrido y la forma como me sentí. Ya no estaba tan seguro.

    Quería recabar todas las evidencias posibles, además de conocer con mayor precisión, lo inmensamente zorra que es mi mujer. Y si eso implicaba algún goce como el vívido, bien valía la pena le sfuerzo.

  • Atención personalizada

    Atención personalizada

    Laura no lo vio venir. Instalada confortablemente en su papel de ama de casa a la antigua usanza, dejaba discurrir su vida cómoda y placentera y, aunque era consciente de que los recursos que le proporcionaba su marido eran bastante limitados, ella, buena administradora por naturaleza, conseguía mantener una relativa calidad de vida. Quizá por eso, cuando su marido le planteó su deseo de separarse, una sensación de hundimiento universal la dejó confundida y descentrada.

    A los 43 años, sin una formación específica y nula experiencia laboral todos sus esquemas vitales se derrumbaron estrepitosamente.

    Cuando, pasados los primeros momentos, estuvo en condiciones de recapacitar, comprendió que su matrimonio estaba soportado por la mera costumbre y por unos lazos que, por pura rutina, eran inconsistentes. El no haber tenido hijos era una causa más que había deteriorado la estabilidad de la pareja.

    Su marido no le dio ninguna explicación de sus planes de futuro, y sólo la dejó entrever que se iría a vivir al piso de una amiga. Laura fue incapaz de obtener más detalles y tampoco insistió, agobiada por la incertidumbre que le planteaba su perspectiva de futuro. Su marido le había dejado caer que él pagaría el alquiler del piso durante dos meses pero que ella tendría que hacerse cargo del mismo en lo sucesivo o, en su caso, dejarlo libre.

    Laura era consciente de que sus posibilidades de obtener un empleo eran prácticamente nulas y, recapacitando, sólo se encontró habilitada para hacer tareas domésticas y de limpieza.

    Sin dejarse abatir más de lo que ya estaba, pensó en dónde podría encontrar trabajo como asistenta o similar. Consultó en internet posibles agencias de empleo y, efectivamente, encontró anuncios tanto de empresas como de particulares. Ella aspiraba a tener un empleo a jornada completa con la garantía de un contrato laboral. Enseguida se percató de que no era lo que abundaba en las ofertas de empleo. Lo más solicitado era limpieza por horas, casi siempre en casas particulares o, en caso de oficinas, trabajos de una o dos horas diarias. Se dedicó a ir llamando a todas las ofertas y obtuvo cita para cuatro posibles clientes. Tres casas particulares y una pequeña tienda de tejidos. Ese mismo día hizo las visitas y consiguió llegar a un acuerdo con dos casas. Una, familiar, en la que ambos cónyuges trabajaban y que la contrataron para dos días a la semana, tres horas al cada uno a 10 euros por hora. De contrato y alta en seguridad social ni mencionarlo. En la otra casa vivían cuatro estudiantes y en un primer vistazo dedujo que allí habría que trabajar en firme. La suciedad y el desorden era la tónica general y se notaba que hacía meses que nadie había pasado una bayeta, una fregona o una simple escoba por ninguna parte. Con ellos concertó un día a la semana, cinco horas, también a diez euros la hora. De contrato no se habló. En ambos casos la incorporación era inmediata.

    Volvió a casa más animada. Las cantidades previstas no eran suficientes para sufragar sus gastos más elementales pero era un atisbo de solución y, sobre todo, se percató de que ese campo podrían surgir nuevas posibilidades.

    El primer día de trabajo fue en la casa de la pareja. Cuando ella llegó a la hora prevista ellos ya estaban preparados para salir. Aunque la mujer, una chica joven, le dijo que lo esencial era el baño, ella, acostumbrada a limpiar su casa extremo su cuidado en pulir y ordenar a conciencia. Cuando salió fue consciente de que llevaba consigo los primeros treinta euros que había ganado en su vida.

    En la casa de los estudiantes la tarea fue menos minuciosa pero más eficaz. El cambio fue tan espectacular que cuando antes de irse llagaron dos de los chicos se quedaron estupefactos al ver el cambio producido. La verdad es que el piso parecía otro, incluso más grande.

    Durante un par de semanas Laura siguió atendiendo ambas casas con normalidad. Su clientela parecía satisfecha de su labor. El último día la señora le preguntó si le interesaba atender a una amiga suya que también necesitaba asistencia. Por supuesto lo afirmó y así consiguio trabajo en las dos mañanas que le quedaban libres. Incluso completó mejor las mañanas, ya que, en la nueva casa le pidieron que fuera cuatro horas. Con ello, Laura obtenía unos ingresos con los que podria atender, aunque con cierta estrechez, todos sus gastos.

    Las circunstancias no variaron durante los meses siguientes hasta que pensó en buscar algun trabajo de tarde para incrementar sus ingresos.

    Casualmente, en chat de personas mayores de Madrid, encontró un aviso de un «señor mayor» que buscaba asistencia en horario de tarde. Conectó con él mediante un privado y el comunicante, despues de preguntarle edad, estado y escasos datos sobre su persona sólo le dijo de él mismo que tenía 70 años de edad. Le dio su dirección, en un barrio acomodado de Madrid y la citó para el día siguiente. Laura, procuró arreglarse con cuidado y discreción para causar buena impresión en la entrevista y se presentó a la hora fijada.

    Ya al ver el portal y la entrada del edificio confirmó que sus habitantes tendrían un alto estatus social.

    Cuando llamó al piso, le abrió un señor que se correspondía con los pocos datos que le había dado por chat. Estatura media, delgado, pelo blanco y facciones regulares. Con un gesto serio pero no adusto la invitó a pasar y la dirigió a un gabinete que denotaba ser su pieza preferida.

    La invitó a sentarse en un sofá de piel y él, lo hizo en un sillón de orejas que se veía especialmente cómodo.

    Después de un breve saludo entró en materia explicando sus circunstancias personales que en síntesis eran que llevaba viudo cinco años. Su esposa había padecido una larga enfermedad que finalmente la quitó la vida.

    Durante largos años había dedicado su tiempo a cuidarla y atenderla y solo la dejaba en manos de una enfermera cuando tenía que dar clase en la universidad. El fallecimiento de su esposa coincidió con su jubilación. Desde entonces había seguido viviendo enclaustrado. La atención doméstica la tenía confiada a una señora relativamente mayor que ya en tiempos en que vivía su mujer asistía todos los dias en jornada de mañana. Finalmente, animado por un viejo amigo, había empezado a hacer algunas salidas a eventos de carácter cultural. Llegado a este punto le confio que todo esto guardaba relación con su petición en el chat. Para no divagar más le confió que su intención era recibir a una mujer de sus características una tarde a la semana para disfrutar de su compañía en la que, si se llegaba a un acuerdo, incluiría relaciones sexuales

    Laura se quedó pasmada. Aquella aclaración la sorprendió absolutamente. En ningún caso habría supuesto que la larga parrafada concluyese con esa propuesta. Su desconcierto fue tan evidente que el dueño de la casa se disculpó por su franqueza y reconoció que la oferta había sido muy brusca pero lo justificó alegando que no quería malos entendidos.

    Admitió que podía ser molesto pero se amparó en que a du edad no podia utilizar eufemismos. Llevaba muchos años sin tener sexo y quería aprovechar el tiempo que le pudiera quedar. Confesó que lo había intentado una vez con una profesional y el resultado había sido nefasto. Por eso buscaba una persona de mente abierta y dispuesta a participar en su aventura. Entendia que a ella no le interesara y, en tal caso, lamentaba haberla molestado.

    Laura, entretanto, se había serenado. Seguía impactada pero al tiempo iba pensando en las ventajas que pudiera tener aceptar la proposición. Para ella el sexo nunca había sido un tema tabú aunque nunca había tenido una aventura fuera de casa. El sexo con su marido le resultaba plácido pero nada enloquecedor. Muchas veces se quedaba a medias pero por pereza lo disimulaba. En realidad lo consideraba una especie de peaje para mantener el equilibrio matrimonial. Con escasos resultados, como la realidad había demostrado.

    El señor había terminado de expresar sus pretensiones y quedó expectante a la reacción de Laura.

    Ella, confesó que la sorpresa la había desconcertado. Era algo tan imprevisto que necesitaba pensarlo con tranquilidad. Le confesó que nunca había tenido experiencias en ese sentido y que incluso el sexo con su marido había sido algo accesorio. Le pidió tiempo para meditar serenamente lo que le ofrecía

    El señor quedó muy complacido por su reacción. Le demostraba ser una persona prudente pero no timorata. Al tiempo la había estado observando y le gustaba su físico, bien formada pero sin estridencias, facciones regulares y gesto amable

    Acepto su planteamiento y quedaba a la espera de su llamada. Sólo insinuó que tuviera en cuenta, cuando lo meditase, que en ningún caso la cuantía economica iba a ser un inconveniente.

    Laura captó el mensaje y se despidió.

    De vuelta a casa en el metro comenzó a reflexionar sobre la situación que se le planteaba. Por una parte era consciente de que lo que lo que le proponían era entrar en el terreno de una prostitución maquillada. Al tiempo el entorno y la especial situación no parecía tener relación con la sordidez de ese mundo. Sabia que tenía que pensarlo friamente. Y trató de cambiar su pensamiento hacia cuestiones más cotidianas y meditarlo al dia siguiente.

    Llego a su casa, se hizo una cena ligera y, para relajarse, se sirvió una ginebra con agua tónica, cosa excepcional en ella, pero consideró que la situación lo merecía. Durante el resto de la noche se fue sintiendo cómoda y segura. Sin duda la ginebra contribuyó a esa sensación y, aunque de manera provisional, pensó que antes de rechazar la oferta le convenía conocer todas las condiciones y circunstancias para poder decidir con criterio. Una vez definida esta postura se metió en la cama y se quedó profundamente dormida.

    A la tarde siguiente llamó por teléfono al señor y le comunicó que estaba dispuesta a conocer los detalles y que posteriormente decidiría.

    Le visitó de nuevo. El ya la estaba esperando y retomó la última conversación. En síntesis le confirmó lo que ya había esbozado. Pasar una tarde completa haciéndole compañía. Compartir sus costumbres habituales, charlar, leer, escuchar música merendar o cenar, según conviniera y, entre estas actividades introducir unos ratos para realizar sexo. Le aclaró que sus apetencias eran relajadas y nada estridentes y, en lo que dudaba era en si necesitaría tomar algún estimulante, tipo Viagra, o no sería necesario. En todo caso la experiencia marcaría las pautas en este sentido.

    Laura escuchó atentamente y, quizá despejado el factor sorpresa, le parecieron sensatas las palabras de Don Arturo, que era el nombre de su interlocutor. Contestó que algo así era lo que suponía que le iba a proponer aunque quiso matizar que si sus conversaciones se iban a basar en las aficiones de él, nunca podría estar a su altura y su participación sería muy deficiente, ya que su formación era muy básica. También en cuanto al sexo su experiencia era muy poco sofisticada aunque quizá en ese aspecto sí pudiera documentarse y actualizarse. Don Arturo matizó que sus aficiones eran muy sencillas y en ningún caso le apetecería reproducir en sus encuentros la ya lejana actividad académica. Insistió en que lo que necesitaba era olvidar la soledad monacal en la que vivía y tener las satisfacciones que la responsabilidad y las circunstancias le habían negado. Dando por entendido la situación global entró de lleno en la cuestión económica. Él había pensado en recibirla una tarde a la semana, de cuatro a nueve, a razón de cien euros por hora, quedando abierta la posibilidad de negociar cualquier otra cuantía. Laura tuvo que hacer un esfuerzo por disimular el impacto que le causó la cifra. Suponia ganar en cuatro tardes el doble de lo que obtenía durante todas las mañanas del mes. Incluso el esfuerzo no era comparable al que suponia mantener relucientes las viviendas de sus clientes. El factor sexo era la clave que rompía la comparativa.

    Contestó que por supuesto la cantidad le parecía muy generosa y que no habria nada que negociar.

    Añadió que había previsto escucharle , meditar y, una vez segura, darle la respuesta pero en realidad ya no tenía nada que pensar por lo que si él estaba de acuerdo se ponía a su disposición desde ese momento.

    Don Arturo no ocultó su satisfacción y sugirió que los días de encuentro fueran los jueves. Sellaron el acuerdo con dos timidos besos por parte de Laura y un estrecho y entrañable abrazo por parte de don Arturo.

    A partir de entonces Laura mantuvo su actividad diaria habitual, asistiendo puntualmente a sus obligaciones de mañana contraídas pero las tardes de los jueves pasó a ser una especie de rito en el que se encontraba inmersa en una ceremonia propia de una vestal. Don Arturo se reveló como un oficiante amable, atento y cariñoso que tomaba el cuerpo de Laura con la máxima veneración y respeto, quizá descubriendo ya septuagenario, las dulzuras que el ambiente de su procedencia y las vicisitudes de su madurez le habían negado. Percibió que estaba viviendo una experiencia única e irrepetible que le llenaba de satisfacción y de gozo. Al tiempo de disfrutar de orgasmos intensos desconocidos hasta entonces era consciente de que haber encontrado a Laura en lo que en aquellos momentos era la gran aventura de su existencia. La paz y el sosiego que llego a disfrutar le hacían sentirse compensado por los años en los que el sacrificio y el deber moral le habían secuestrado de una vida plena.

    Para Laura también resultó una profunda catarsis ya que descubrió que, en lugar de un mero recurso económico como pretendía encontró un compañero atento y cariñoso como nunca había disfrutado.

    Con el paso de las semanas y los meses la afinidad de sus personalidades, por otra parte tan diferentes, crearon un clima de confianza y respeto que indujeron a Don Arturo a pedir a Laura que pensará en la posibilidad de unir sus vidas de forma más estable, viviendo juntos con carácter permanente. Laura no quiso caer en la tentacion. Para ella hubiera supuesto un cambio sustancial en su futuro y con todo afecto declinó el ofrecimiento. Para ella la presencia de don Arturo en su vida había sido providencial ya que, independientemente del desahogo material que estaba disfrutando, era consciente del afecto y el cariño que había recibido. Aun así no quería que nada se pudiera convertir en una carga u obligación para don Arturo. Le reiteró su amistad y le garantizó que ella siempre estaría a su disposición pero nunca sería una rémora.

    Don Arturo ya preveía que su respuesta podría producirse en este sentido y no insistió pero, en su fuero interno se propuso insistir en su propósito en el futuro.

    Esta relación, nacida a finales de 2018, se mantuvo sin variaciones durante el año siguiente y en las mismas, e incluso más íntimas, circunstancias, se presentó 2020.

    En el mes de febrero, Laura recibió en el móvil un mensaje, breve y conciso, de don Arturo. En el comunicaba que estaba ingresado en un centro privado aquejado de Covid19. Prometía tenerla al corriente de la evolución.

    Laura, agobiada, intentó visitarle inmediatamente. Se puso en contacto con el Sanatorio donde sólo pudo obtener la información de que ese paciente estaba ingresado en la Uci y que por razones del obligado aislamiento no era posible visitarle. Le ofrecieron tenerla al corriente de su evolución y la informaron de que podría llamar por teléfono sin restricciones para recibir noticias de su estado.

    Durante una semana, todos los días, Laura llamó y percibíó buenas sensaciones en las palabras de la señorita comunicante.

    El día 28 de febrero su respuesta fue drástica: el paciente Don Arturo Martínez había fallecido de madrugada.

    Todos los días 28 de cada mes Laura Méndez deposita un pequeño ramo de flores en una lápida del cementerio madrileño de la Paz.

  • Admiradora secreta en mi trabajo

    Admiradora secreta en mi trabajo

    Bienvenidos nuevamente, trataré de ir contando mis experiencias vividas a lo largo de mis 55 años de vida. No serán en orden cronológico. Cualquier comentario y/o sugerencia será muy bienvenidos.

    Mi segundo trabajo, ya recibido de Licenciado en Administración de Empresas, fue en un Laboratorio de Cosméticos, donde la mayoría del personal eran mujeres. No sé si algún lector o lectora ha tenido la suerte de trabajar en una empresa con esa conformación de personal, pero nunca en mi vida me sentí tan seducido por mujeres como en ese lugar. Las mujeres cuando se juntan, se potencian, pierden su timidez, son más atrevidas, es algo hermoso de ver y de sentir, por lo menos para mí.

    Me habían contratado para la parte de Planificación de Producción, reportaba directamente a la Gerencia y tenía que trabajar en coordinación con Julia, 59 años de edad y era la encarga de Producción, una señora que le faltaba 1 año para su jubilación, fama de tener muy mal carácter y cada vez que la miraba me hacía recordar a la actriz Argentina María Rosa Gallo, y también tenía que trabajar con Lorena, 32 años y era la encargada de ventas, alta casi 1,75 de altura, muy estilizada, un rostro muy armonioso, pechos pequeños, cola en forma de manzana, muy paradita, hermosa, muy parecida a Ingrid Grudke, pero morocha.

    Cada vez que tenía que pasar por las líneas de Producción, recibía silbidos y piropos, yo tenía 26 años y hacia 6 meses que estaba de novio con la que fuera mi esposa durante 22 años. Con el paso del tiempo fuimos entrando en confianza con Lorena y siempre era objeto de sus burlas.

    -Hoy pase por Producción y las chicas de las blisteras te envían besos y saludos, sos todo un galán en Producción Daniel-

    -Gracias Lorena, no es para tanto, se nota en esta empresa la carencia de personal masculino, las chicas están revolucionadas, los otros días encontré una carta en el parabrisas de mi auto-

    -Que lindo y hermoso. ¿De quién era la carta? Mira que tenes que portarte bien Daniel, te vas a casar el año próximo-

    -Ya se, gracias por recordármelo, la carta era anónima, escrita con bolígrafo de tinta verde, no le reconocí la letra, pero me encantaría saber quién es-

    -¡El que busca encuentra Dany! Es lindo buscar, a mí me encantan los acertijos, tal vez pueda ayudarte. ¿Y que decía la carta?-

    -En la carta me decía que todos los días nos cruzamos en el trabajo, le enloquece mi perfume, en especial cuando vengo recién afeitado y que su fantasía es una tarde, al salir del trabajo la invite a tomar algo y terminemos en un hotel haciendo el amor apasionadamente-

    -¡Oahu! ¿Y que te pareció su fantasía? ¿Tenes idea de quién puede ser?-

    -La fantasía me encanta y no tengo la menor idea de quién puede ser, la que ya descarte desde un primer momento fue a Julia, me quedan 35 mujeres más-

    -¿Estoy incluida?- Me pregunto Lorena mirándome por sobre sus lentes y con una sonrisa sensual en su rostro-

    -No descarto a nadie Lore, pero no creo que vos seas ese tipo de mujer. Que va al frente de esa forma-

    -Quien te dice, tal vez jajaja. Estuve casada y solo aguante dos años, me cansa la rutina y me aburre de sobremanera, no me quiero imaginar lo que debe de ser estar toda la vida casada y haciendo el amor siempre con la misma persona. No sé para que te casas vos. Sos joven, muy guapo, una buena carrera por delante y podrías tener a quien quieras-

    -Lo tendré en cuenta Lore, gracias-

    -Yo si fuese vos, comenzaría por Ingrid, la colorada de pechos grandes, entra por la tarde a trabajar, está en RRHH.-

    -Sí, ya se bien quien es, y ¿Porque ella?

    -¿Sos ciego o qué? No te diste cuenta como te mira, te come con los ojos cada vez que te ve.-

    La charla quedo en eso, se hizo la hora de salir del trabajo y nos fuimos, al salir y pasar por la oficina de RRHH, busque con la mirada a Ingrid y era cierto lo que decía Lorena, no dejaba de mirarme y hasta me guiño un ojo y se mordió el labio inferior, lo que me causo una erección espontanea, que por suerte no se vio porque la tape con mi maletín.

    Al otro día busque una excusa cualquier y justo la cruce en la de entrada de personal. Nos saludamos y charlamos un rato, trate de sacarle algo de información para saber si era ella o no y no tuve suerte. Por la tarde cuando me subo al auto, me encuentro con otro papel en el mismo lugar que el anterior que decía:

    “¡FRIO! ¡FRIO! Mejor suerte la próxima vez. Una pista: Me gusta usar colaless (Tanga) y cada vez que hablamos me mojo toda” y la nota tenía estampado un beso en un labial rojo, tono N° 06.

    ¿Quién demonios será? Me está volviendo loco esta mujer, pensé para mis adentros. Me va a pedir por favor que deje de cogerla cuando la agarre. Todo este juego debo de confesar que me estaba excitando de sobre manera.

    Al otro día nuevamente en la oficina con Lore, le muestro la carta y ella me dice:

    -Que zarpadita, me encanta esta mujer, me gusta- Lorena se reía mientras me lo decía –Por lo menos ya sabes que ropa interior usa y el color de su labial-

    -Si claro, es de mucha ayuda. ¿Y cómo hago para verles la ropa interior a las mujeres de acá?-

    -Vos no podes, pero yo sí, cuando se estén cambiando para entrar a trabajar, entro al vestuario con alguna excusa y las espió por vos –

    -Que envidia que te tengo Lore, me encantaría espiarlas a mí también jajaja-

    -No sabía que tenías ese morbo, interesante jajaja-

    -Tengo ese y muchos otros más Lore-

    -Cada día te me pones más interesante para mí Danielito- Dijo esto mirándome a la cara y con una sonrisa sensual en su cara

    Pasaron unas dos semanas y todo estaba tranquilo, no me habían dejado más notas, y comenzaba a extrañar a mi admiradora secreta.

    -Bien Daniel, ya tengo 4 posibles mujeres que usan colaless y lápiz labial rojo Tono 06-

    -Bien, excelente ¿Quiénes son? ¿Sus nombres?-

    -Te vas a caer de espalda cuando te lo diga-

    -No sigas con la intriga, por favor.-

    -Bueno Danielito-diciendo mi nombre en forma jocosa -Tenes a las hermanas Rodríguez, Fernanda y Alba, después esta Florencia y por ultimo Adriana, todas trabajan en Producción-

    -Bien, yo pensé que podían ser muchas más-

    -¿Y cómo pensás encararlas para saber si fueron ellas quienes te dejaron la nota?-

    -Pienso ir una por una, mostrarles una parte de la nota y preguntarles si fueron ellas-

    -¿Y si todas que dicen que sí, que la carta es de ellas? ¿Qué piensas decirles?-

    -Les voy a preguntar que decía la primera carta que me dejaron-

    -Bien pensado Dani, excelente, suerte en tu búsqueda querido-

    La próxima semana de trabajo, en cada momento que tenía libre y con la complicidad de Lorena, buscaba encontrarme a solas con las damas en cuestión y preguntarles sobre la nota. Las hermanas Rodríguez, me dijeron que jamás harían algo así, pero si quería podíamos salir los tres un fin de semana. Florencia me dijo que estaba de novia, y que por ahora no tenía intenciones de engañar a su pareja, pero que una excepción conmigo podría hacer y por ultimo Adriana, me confeso que sí, que había sido ella la de la nota y que eran sus labios pintados en la segunda nota, pero cuando le pregunte sobre el contenido de la primera nota, me dijo que me había escrito un poema, eso delato que no había sido ella la autora de las notas secretas. Lamentablemente estaba en cero nuevamente.

    Al otro día, no estuve casi en la oficina, tuve que salir a ver a unos proveedores y al regresar tarde al trabajo, ya se habían ido todos, revise mis mails y al salir y dirigirme a mi auto, me encontré con una tercera nota.

    “¿Ya te diste por vencido amorcito?”

    “Espero que no, porque el premio que te está esperando es muy grande, te dejo un regalo. Lo podes encontrar en el segundo cajón del lado izquierdo de tu escritorio.

    Si queres tenerme en persona, quiero que te masturbes en tu oficina y acabes sobre el regalo que te deje y después lo vas a dejar en el casillero N°38 del vestuario de Mujeres”

    Una vez que hagas esto, te diré quién soy y me tendrás toda para vos”

    Lo primero que hice fue salir del auto inmediatamente y dirigirme de regreso a mi oficina a buscar mi regalo, entre a la oficina y lo busque en mi escritorio, era un sobre blanco liso, sin ninguna inscripción, lo abrí y dentro me encontré con una foto polaroid. Se podía observar a una mujer a media luz, en ropa interior de color coral, solo la parte de abajo, bien metida entre sus glúteos, estaba recostada sobre un sillón de espaldas y se podía apreciar una cola hermosa, redonda, daban ganas de morderla.

    Mientras miraba la foto y buscaba detalles para tratar de averiguar quién podría ser, mi erección iba creciendo más y más, al grado que ya me estaba doliendo, me desabroche el pantalón, lo deje caer a mío pies, junto con mis bóxer y comencé a tocarme con una mano y con la otra sostenía la foto, estaba reclinado sobre el sillón de mi oficina tocándome, imaginando las cosas que le haría a mi admiradora secreta, cuando siento una risita detrás mío, al darme vuelta, me encuentro con Lorena mirándome.

    -Veo que lo estás pasando muy bien Dany.-

    -Oh Lorena, perdona, no sabía que estabas aun en la oficina-

    Trate de taparme y vestirme lo más rápido posible, al pararme veo que Lorena se acerca más a mi

    -¿Y si te ayudo mejor?

    Lorena se arrodillo, me miro a los ojos y me pregunto

    -¿Puedo?

    No me dejo ni responder, me separo las manos que estaban tratando de tapar mi erección.

    Beso mi pene, le pasaba su lengua como si fuera un helado, después abrió su boca y me lo devoro de una sola vez, hasta lo más fondo de su garganta, para sacarlo otra vez y volver a jugar con sus labios sobre la cabeza de mi pene, en ningún momento dejo de mirarme a los ojos mientras lo hacía, eso me enloquecía. Mientras seguía jugando con mi pene en su boca, fue desabrochando su blusa, no tenía corpiño, pude ver ser sus pechos, no eran muy grandes, pero coronados con unos pezones muy parados rosados, hermosos. Dejo de comerme Lorena y la ayude a levantarse, quedando bien pegada a mi cuerpo. La mire a los ojos y nos besamos, nuestras lengua jugando una con la otra, la tome la cara con mis manos y seguimos besándonos. Lorena me termino de quitar la poca ropa que me quedaba, al fin podía sentir sus pechos sobre mi piel. Baje con mis manos por su espalda desnuda hasta su cola, que apreté con fuerza

    -¿Te gusta Dany? Si te portas bien tal vez la tengas

    -Sería el hombre más afortunado del mundo si me das tu cola Lorena

    -Seguí como vas hasta ahora y la tendrás

    No podía parar de besarla, su boca y lengua eran adictivas. Deje de besarla y fui a buscar su oreja y cuello, que mordí suavemente para después ir bajando por su cuerpo hasta sus pechos.

    -Despacio Dany con mis pechos, son muy sensibles

    -Si amor, no te preocupes Lorena, voy a besarlos como si fueran de miel

    Uno a uno fue besando sus pechos, alternando entre el derecho y el izquierdo, jugaba con ellos en mi boca, los succionaba despacio y los volvía a soltar, tratando de no morderlos. Lorena comenzó a gemir y pedirme que no pare, que eso la ponía muy caliente. No pare un momento, la tenía abrazada besando sus pechos, y sentí como su cuerpo comenzó a temblar, era un temblor suave, lento, armonioso. Lorena apoyo sus manos sobre mi cabeza y me apretó contra sus pechos.

    -Estoy acabando Dany, no pares… Seguí por favor te lo pido… No pares amor ahhh Dany…. Ahí, ya mi amor, yaaa.

    Sentí como su cuerpo se tensionaba y después se rendía al placer, su respiración era profunda, intensa.

    -Uh Dany, hace años que no tenía un orgasmo tan intenso, te estaba deseando desde el día que te presentaste

    -Gracias Lorena, siempre me has parecido una mujer muy hermosa y sensual

    -Que te parece si seguimos esto en otro lugar, querés conocer mi casa?

    -Me encantaría Lorena

    Nos vestimos y salimos de la oficina. Me indico donde vivía, por suerte no era muy lejos del trabajo. Apenas subió al auto, puso su mano sobre mi entre pierna

    -Puedo? Me pregunto Lorena

    -Claro, hace de cuenta que es tuyo

    Me apretaba el pene por sobre mi pantalón, que cada vez estaba más duro y grande

    -Linda sorpresa me diste Dany, sos muy dulce jajaja

    Mientras viajábamos para su casa, Lorena logro desprender mi cinturón y abrir mi pantalón, saco mi pene afuera y comenzó a comerlo, su boca subía y bajaba sobre mi pene, sus labios envolvían mi pene, haciéndome sentir muchísimo placer.

    Al fin llegamos a su casa, me acomode la ropa y subimos a su departamento, un lindo mono ambiente muy amplio.

    -Bienvenido a mi casa Dany, espero que te guste

    -Con vos acá y los dos solos Lorena, es imposible que no me guste

    Apenas cerró la puerta de su departamento, nos besamos con desesperación, la lleve contra la misma puerta de entrada, nuestras lenguas se cruzaban en un hermoso baile sensual dentro de nuestras bocas.

    -Vamos a la cama, que vamos a estar más cómodos Dany

    Me agarro de la mano y fuimos hasta su cama, me recosté sobre la cama y ella apago las luces de la casa, estábamos a oscuras, solo alumbrados por la luz que entraba por el ventanal a la calle.

    Nos fuimos besando y quitando la ropa el uno al otro, hasta quedar totalmente desnudos. Nos abrazamos besándonos y Lorena quedo arriba mío. Comenzó a mover sus caderas, de adelante para tras, una y otra vez sobre mi pene y yo sentía como se iba mojando cada vez más. Bajo su mano Lorena y agarro mi pene guiándolo dentro de ella, primero apoyo la punta de mi pija en su vagina y mirándome a los ojos fue bajando sobre mí cuerpo, mi pene la fue penetrando en cámara lenta, era estrecha su vagina, podía sentir las paredes de su vagina apretando mi pene que entraba justo.

    -Me encanta ti pija Dany

    -Y a mí me encanta tu conchita Lore

    -Me alegro, porque esta noche mi conchita quiere muchos mimos tuyos

    Lorena comenzó a cabalgarme, lentamente al principio y a media que pasaba el tiempo, se hacía más intensos sus movimientos y nuestros gemidos se hacían más intensos y estaban indicando el orgasmo próximo de los dos.

    -La quiero adentro Dany, dame tu lechita, la quiero toda.

    -Si Lore, ya mi amor, movete así, un poco más…

    -Si amor, dámela toda, ya, ya, ya amor… ¡Uhhh que hijo de puta! Como me estás haciendo acabar guacho!

    La agarre fuerte de la cintura y hundí mi pija lo más profundo que pude dentro de ella y le di toda mi leche.

    -Tomaaa amor… tomala toda!

    Nos quedamos uno dentro del otro, hasta que nuestra respiración se calmó.

    -Dany, sácala despacito, quiero sentirla toda

    Si Lorena, vos tranquila

    Nos recostamos uno al lado del otro abrazados, nos miramos a los ojos y comenzamos a sonreír.

    -No sabias que fueran tan buen amante Dany, lo tenias escondido.

    -Soy buen amante, gracias a vos, que logro sacar lo mejor de mi.

    Nos volvimos a besar y nos abrazamos de costado en la cama hasta caer dormidos.

    Al otro día, cuando el sol estaba comenzando a asomar por la ventana, siento la mano de Lorena jugando con mi pene. Comencé a despertarme muy lentamente, al abrir mis ojos, me encontré con Lorena entre mis piernas, tomando mi pija entre sus manos.

    -Hola dormilón, te despertaste?

    -Si Lore, imposible no despertarme con tus mimos

    -Le puedo dar unos besos?

    -Es toda tuya Lore, podes hacer lo que quieras

    Lorena abrió su hermosa boca y se introdujo toda mi pija hasta la garganta de una sola vez, eso me sorprendió de sobre manera y mi pija reacciono de inmediato, creciendo y levantando temperatura. Después de unos minutos en que Lorena me dio el mejor sexo oral que me dieron hasta ahora, me dijo:

    -Creo que ya esta lista para su premio

    Lorena cambio de posición en la cama y se puso en cuatro, dejándome esa cola hermosa a mi disposición.

    -Despacio Dany, muy despacio y con mucho amor y sera toda tuya

    Me fui acercando y la agarre de las caderas y apoye mi pija en la entrada de su cola, me acerque mas a ella y fui besando su espalda, mientras con mi pija jugaba apoyándola en su hermosa cola, ella abrió mas los cachetes de su cola con sus manos y al sentir la punta de mi pija en su cola, se tiro para atrás en un rápido movimiento y la cabeza de mi pija entro sin problemas.

    -Lo que mas duele es la cabeza amor, después me entra toda

    La fui penetrando hasta el fondo, su cola se estaba comiendo toda mi pija

    -Como me gusta Dany, que puta que soy. Te gusta?

    -Me encanta Lore, me enloqueces

    -Agarrame del pelo y dame duro amor

    Hice lo que ella me indicaba sin dudarlo. Comenzamos un hermoso movimiento rítmico, ella empuja para atrás y yo para adelante, cada vez mas y mas rápido.

    -Me vas a dar tu lechita en mi cola amor?

    -Lo que vos me pidas Lore

    -Mmmm dámela amor, dámela toda, quiero sentir tu lechita caliente en mi cola

    -Si amor, te la doy toda, toda

    La agarre fuerte del pelo y la penetre lo mas adentro que pude, los dos delirando de placer, nuestros gemidos cada vez mas intensos.

    -Ya amor, acabo, ahí te doy mi leche, toda amor, toda…

    -Si amor, dámela toda en la cola, es mía, todo mía…

    Caimos sobre la cama agotados, uno arriba del otro. Después de un rato, ya era hora de asearnos, vestirnos y salir para el trabajo.

    -Te bañas vos primero amor o voy yo, me pregunto Lorena

    -Mejor nos bañamos juntos

    -Excelente idea

    Después de un excelente baño energizante, salimos de la ducha y me fui a la cama a buscar mi ropa para vestirme. Lorena comienza a buscar en el cajón de su placar la ropa interior para ponerse y veo algo familiar, algo que llama mi atención de inmediato. Un conjunto de color coral, igual al de la foto de mi admiradora secretas.

    Lorena me mira y agarra ese conjunto de ropa interior, un colaless (tanga) para ponerse. La miro y ella me guiña un ojo

    -Te gusta como me queda amorcito? Dando una vuelta sobre si misma, modelando para mi

    -Me parece conocido ese conjunto, le digo.

    -Tontito y me dio un beso…

  • Mi deseo más íntimo

    Mi deseo más íntimo

    Soy un hombre de 38 años, y tengo deseos incontrolables de entregarme a otro hombre, de disfrutar sus caricias, sus besos, de que me haga sentir deseado, ver la lujuria en sus ojos por la excitación de tenerme desnudo, quiero dejarme llevar y que me haga lo que quiera, que me penetre en las posiciones que más le exciten, quiero saborear su miembro hincado frente a él, mirándolo a los ojos, viendo el placer que le proporciona la humedad de mi boca, mi lengua, mi mirada, mientras lo jalo de las nalgas hacia mí para tragar si es posible su verga completa, hasta que me ahogue con ella, que me tome de la cabeza y me coja por la boca como si fuera mi culo.

    Después que me ponga como quiera para que me coja, para que me coma el culo como más se le antoje, yo lo recibiría en cuatro, con mi pecho y mi cara completamente recostados en la cama, con las nalgas completamente elevadas, abiertas lo más que se pueda para recibir su lengua, sus dedos, para que me nalgueé fuerte y después me penetre, despacio, suave, sintiendo como me llena con su miembro cada centímetro de mi ano, hasta sentir sus huevos pegados a mis nalgas, mientras me dice palabras sucias, no importa que me diga perra, zorra, puta; en ese momento seré lo que sea para disfrutar esa cogida que tanto he deseado.

    Le voy a pedir que me coja de lado, el detrás de mí, levantando mi pierna y abrazándome del cuello con el brazo que queda debajo, mientras yo giro mi cabeza para besarnos mientras mete su verga en mi culo hambriento de hombre.

    Cuando termine quiero que me llene de leche, en el culo, en mi pecho, en mi boca, donde él quiera pero que yo pueda disfrutar su sabor de macho.

    Cuando hayamos terminado y estemos descansando lo voy a despertar con mi boca en su miembro, disfrutando el olor y sabor que quedó en él, para repetir las veces que nuestros cuerpos resistan.

    Quiero explicar que soy un hombre varonil, no me siento mujer, simplemente soy un hombre con el deseo de disfrutar de lo mismo que yo la doy a las mujeres, con el deseo de sentirme deseado y que me hagan el amor como yo lo hago con mi esposa, quiero saber que se siente ser poseído con el deseo que se siente por una mujer, algún día lo haré.

  • Día libre

    Día libre

    Es verano y las temperaturas han estado muy por encima de los veinticinco grados desde hace unos días. Me tomé unos días libres y estoy acostado en mi cama disfrutando del sol que brilla a través de las ventanas. Hace una hora cuando desperté abrí las cortinas y me acosté un rato. Me volví a dormir y sentí los cálidos rayos del sol acariciando mi cuerpo desnudo. Lentamente acaricio mi cuerpo mientras me estiro, cuando mi mano acaricia mi polla inmediatamente comienza a crecer. Lo acaricio por un momento y luego dejo que se hunda en mi estómago con el cálido sol sobre él. Con los ojos cerrados disfruto del calor y la excitación de mi cuerpo. Mis pensamientos se remontan a hace unos días, salí con unos amigos y conocí a una chica muy hermosa. Después de hablar un rato y hacer algunas cosas divertidas vino conmigo. Pasé una noche maravillosa con ella, la chica nunca paró.

    Se fue al día siguiente solo para regresar esa misma noche. Tuvimos una noche maravillosa, luego ella se fue de nuevo y no he vuelto a saber de ella. Cuando empiezo a sacudirme la polla con la mano lentamente, siento que la excitación crece. Por un momento sigo mimándome, luego suelto mi polla con una sonrisa y me estiro completamente en la amplia cama. Saqué la colcha y me quedé desnudo disfrutando del sol. De repente escucho abrirse la puerta del dormitorio, sobresaltado miro a mi alrededor. Mi ama de llaves está parada en la puerta. Había olvidado que ella siempre venía a limpiar este día. Es una mujer morena agradable, un poco fornida y de pechos grandes. Su rostro siempre es alegre, tiene unos misteriosos ojos oscuros y unos hermosos labios carnosos rojos. Casi siempre usa una falda que le llega justo debajo de las rodillas y su cabello suele estar recogido en una cola de caballo.

    Ahora lleva una blusa ligera que está un poco abierta para que pueda ver la base de sus poderosos senos. Por un momento quiero taparme pero luego decido simplemente acostarme, con los ojos entrecerrados la miro y veo que sus ojos oscuros recorren en silencio mi cuerpo. Mi pene todavía está duro mientras el sol golpea mi cuerpo con sus cálidos rayos.

    “Buenos días Nancy, lo siento, todavía estoy en la cama pero no tengo ganas de levantarme. ¿Estoy estorbando?”

    Ella permanece en silencio por un momento, luego comienza a reírse y entra en la habitación. Sus ojos están enfocados en mi pene duro del que salen unas gotas de humedad que quedan brillantes en mi estómago.

    “No sabía que te tomaste el día libre, que te quedes en tu cama y disfrutes del sol, eso lo entiendo muy bien. Limpiaré el baño, la cocina y la sala.”

    Sonriendo, me mira con ojos radiantes, su lengua acaricia lentamente sus labios y me da un ligero escalofrío. Me estiro y paso mi mano por mi miembro duro. Nancy lo mira con creciente admiración, no se da la vuelta y continúa mirando mi pene que ahora está en mi mano. Mi mirada recorre su cuerpo y siento que la erección crece. Los ojos de Nancy se humedecen un poco y su boca está ligeramente abierta para que pueda ver su lengua rozando sus dientes.

    «¿No tienes ganas de poner tu mano u otra cosa alrededor de mi polla?»

    Por un segundo la veo sobresaltada. Luego me mira con ojos chispeantes, su boca se abre un poco más. Se vuelve hacia mí y pone las manos en las caderas.

    «¿Entonces al señor le gustaría que su ama de llaves lo acaricie?»

    La miro y asiento lentamente, ella se para frente a la ventana y el sol arroja sus rayos a su alrededor por lo que la miro con los ojos entrecerrados. Debido al sol, no puedo ver su rostro. Vuelvo a hundir mi cabeza en la almohada, agarro mi pene y empiezo a masturbarlo muy lentamente. Mis ojos están cerrados, no sé dónde está ella en este momento ni qué está haciendo. El placer fluye desde los dedos de mis pies por todo mi cuerpo. Siento que no pasará mucho tiempo antes de que explote. De repente siento su mano sobre la mía, abro los ojos y miro directamente a los suyos. Se sienta a los pies de la cama, inclina la cabeza y lame la parte inferior de mi pija dura. Cuando su lengua llega al glande y la desliza a lo largo de la parte sensible de mi verga por un momento, casi que acabo.

    Levanto mi trasero de la cama y gimo profundamente. Inmediatamente, Nancy me suelta y vuelve a pararse detrás de la cama. Lentamente se afloja la blusa y se la quita. Aparece un bonito sujetador con un «relleno» debajo de él. Se desabrocha la falda y la deja deslizarse hasta el suelo, lleva unas bragas diminutas que en realidad no pueden cubrir sus nalgas. Se sienta en la cama y lentamente se arrastra hacia arriba. Cuando sus labios están cerca de los míos, presiono mis labios contra los suyos, nuestras lenguas se encuentran en un largo y cálido beso. El sol deja que sus cálidos rayos se deslicen por su espalda, haciendo brillar su hermosa piel oscura. Acaricio su cuerpo y aflojo el sostén, cuando cae sobre mi estómago agarro sus senos oscilantes. Gimiendo, empuja su lengua más entre mis labios y con sus dedos aprieta mi pierna con fuerza.

    Lentamente, se eleva un poco más, sus labios me sueltan y tengo un gran pezón oscuro presionado en mi boca. Lo acaricio con la lengua y lo muerdo suavemente con los dientes. Con mi otra mano acaricio su vientre y luego la deslizo entre las bragas y su vientre. Con las rodillas se mueve un poco más para darme más espacio.

    Cuando mis dedos tocan su vagina ella aguanta la respiración por un momento, ya está muy mojada. Deslizo un dedo adentro y la hago gemir. Acaricio su clítoris con mi pulgar e inmediatamente introduzco un segundo dedo dentro de ella. Se mueve un poco más con las piernas separadas, lo que me da más espacio. A medida que inserto más mis dedos, siento su punto sensible, beso su cuello y paso mis dedos por su punto G con movimientos rápidos cuando mi pulgar presiona su clítoris.

    No puede contenerse más y alcanza un orgasmo que la sacude violentamente y la hace gemir. Sus fluidos fluyen libremente de ella sobre mi mano y gotean sobre mi pene. Cae hacia adelante, está completamente agotada encima de mí. Mis manos están atrapadas entre ella y yo, puedo mover un poco una mano y tratar de acariciarla de nuevo.

    Presiona su cuerpo con más fuerza contra el mío para que el espacio desaparezca, ya no pueda hacer nada. Mientras el sol nos calienta disfruto de su hermoso cuerpo moreno sobre el mío. Un momento después se levanta y se arrastra más arriba, su vagina mojada acaricia mi pecho. Siento su calor acariciando mi rostro y luego presiona su cueva húmeda en mi boca. Cuando mi lengua acaricia lentamente sus labios vaginales y su clítoris, se levanta y se da la vuelta.

    Vuelve a bajar su concha en mi boca y continúa con la cabeza gacha. Mientras la acaricio con mi lengua y mis manos recorren sus nalgas, siento que sus labios tocan mi pene. Siento como si me diera una descarga eléctrica, con un movimiento descontrolado me muevo para que mi verga desaparezca a medias en su boca. Presiona sus dientes un poco en mi pija dura y eso es demasiado para mí: con impulsos salvajes rocío mi semen en su boca gimiendo. Se traga cada gota y continúa mimándome con sus labios y su lengua. Poco a poco siento que mi placer disminuye un poco pero mi pene permanece duramente erecto. Con su deliciosa boca se asegura de que se mantenga duro: Lamo sus labios vaginales y dejo que un dedo desaparezca en su culo e inmediatamente otro dedo en su concha. Cuando mi lengua comienza a acariciar su clítoris, ella va y viene salvajemente sobre mi cara. Se queda quieta por un momento, luego aprieta ssus piernas y en una sacudida deja que sus cálidos fluidos salados fluyan hacia mi boca.

    Tiene un orgasmo de una manera feliz, un momento después se levanta y se sienta encima de mi pene. Con un suspiro se deja deslizar sobre mi palo, la calidez de su vagina me vuelve a dar una sensación maravillosa. Con caricias largas me empieza a coger. Yo acaricio su clítoris con mis dedos. Me mira directamente y se muerde suavemente los labios, la agarro y la giro para quedar encima de ella. Pongo sus piernas sobre mis hombros. Con los ojos cerrados Nancy disfruta cada embestida, se enfrenta a mis empujones y nuestros cuerpos se golpean cada vez más fuerte. Con mis dedos sigo acariciando su clítoris, de repente, gruñendo, obtiene un nuevo orgasmo. Me contengo por un momento, con suaves movimientos sigo cogiéndola. Saco mi pene de ella y le doy la vuelta y ahora está en la cama sobre sus manos y rodillas frente a mí.

    Acaricio sus nalgas. Ella abre un poco más sus piernas y gime suavemente debajo de mí. Me pongo detrás de ella y presiono suavemente mi pene entre sus nalgas, disfrutando de la maravillosa sensación de dejar que mi pija se deslice dentro de ella. Cuando estoy completamente dentro de ella me permito disfrutar de la presión de sus nalgas en mi mástil. Lentamente la cojo con fuertes embestidas en su culo mientras deslizo mis dedos sobre su cueva y acaricio su duro clítoris. Cuando le meto un dedo en su concha, siento mi pene a través del delgado tabique rectovaginal. La sensación se hace más grande y Nancy tampoco puede quedarse quieta: comienza a apretar mi falo más y más fuerte con su culo.

    “¡Oooh! ¡Esto es felicidad! ¡Acaba duro en mi culo yaaa me voy de nuevooo!”

    Siento su vagina apretando mis dedos y su culo apretando mi pene con fuerza, sorprendentemente ella llega a un nuevo clímax. Este tratamiento maravilloso ya no lo puedo contener: derramo con fuerza mi semen en su culo. Un momento después me salgo de ella y me acuesto a su lado, el sol comienza a desaparecer lentamente de mi habitación. Nancy me mira con una sonrisa, recibo un largo beso de ella. Con sus dedos acaricia mi pecho y toma mi pezón entre sus labios, con su lengua lo acaricia. Tengo algunos escalofríos de felicidad y siento que la emoción regresa muy lentamente. Nancy se baja de la cama y sale de la habitación, un momento después escucho el agua de la ducha. Sonrío, me levanto y voy al baño. Cuando entro, Nancy acaba de salir de la ducha, recibo un rápido beso de ella y me pongo bajo el agua corriente.

    Estuve mucho rato bajo los rayos de la felicidad, cuando llego al dormitorio veo que Nancy ya se ha cambiado y hecho la cama. La cafetera está encendida en la cocina. Hago un sándwich y tomo una taza de café. Un momento después, Nancy entra en la habitación y comienza a trabajar en la cocina. La observo durante mucho tiempo y espero que no sea la última vez que me despierte de esa manera.

  • Esta es la historia de cómo me conoció el jefe de mi novio

    Esta es la historia de cómo me conoció el jefe de mi novio

    Fue un día sábado en el que yo no trabajé y me fui a la oficina de mi novio a esperar que saliera para irnos a pasear, su trabajo era en una casa de 3 pisos que habían adecuado para que las habitaciones fueran oficinas. Le mandé mensaje y él me dijo que me pasara y lo esperara en la recepción, así lo hice y desde ahí podía ver como trabajaba mi novio y sus 2 compañeros de su área, como los sábados eran tranquilos para ellos, estaban haciendo trabajos repetitivos como archivar actualizar los equipos. Yo quería que sus compañeros me vieran, porque me había ido muy sexy con una minifalda negra y una blusa escotada color gris, mi novio me presentó con sus compañeros y continuaron con sus trabajitos, yo me movía de un lado a otro platicando con ellos y recargándome en los escritorios para que así se me subiera mi falda y mostrara todas mis piernas.

    Así estuvimos unos minutos, yo dejándome ver y ellos disimulando que no me veían. Luego de eso bajó el jefe de mi novio. Mi novio nos presentó y yo muy atenta le extendí la mano y con el brazo junté un poco mis pechos para que se viera más mi escote. El jefe de mi novio que se llamaba Jorge me dio la mano y me jalo con la otra tomándome de la cintura y plantándome un beso en la mejilla mientras yo me tuve que poner de puntitas ya que era un hombre de 1.85 m y yo a penas mido 1.64. Con toda confianza me dijo que les ayudara y me dio su celular y me dijo que le tomara fotos a todas las tarjetas de clientes que tenía en una caja justo ahí. Yo confundida voltee a ver a mi novio pues yo no trabajaba ahí, pero mi novio agacho la cabeza e hizo como que no veía. Eso me gustó de sobremanera, el ver a mi novio sobajado y cediendo toda la autoridad sobre mí, y ver a su jefe todo un macho jalarme y darme ordenes como si yo estuviera a su servicio.

    Ese día fue todo lo que sucedió, pero yo me quedé con ganas de conocer más a ese hombre así que comencé a ir a la oficina de mi novio cada día que salía temprano esperando ver a su jefe, pero no todos los días lo veía, pero los días afortunados en cuanto lo veía me acercaba inmediatamente a él para que me tomara de la cintura y me besara, algunas de esas veces dejé a mi novio hablando solo por correr a saludar a su jefe.

    Yo sabía que el sábado podría pasar más tiempo con él, así que planee seducirlo un poco, dejaría que viera por accidente fotos sexys mías en mi celular para así despertar en él un morbo hacía mí. Entonces me envié 3 fotos sexys mías para que quedaran en los archivos recientes mezcladas con las demás fotos de las salidas con mi novio. En una foto estaba yo frente al espejo con mi cuerpo de lado y sin ropa con una mano cubriéndome los pechos; en otra foto estaba de frente en ropa interior muy ajustada y en la última salía viendo hacía arriba mostrando un gran escote y con mi cara de putita como esperando una corrida con la boca abierta y la lengua un poco de fuera.

    Así llegó el sábado y me fui vestida muy sexy con unas calzas negras super ajustadas y sin ropa interior, zapatillas y una blusa blanca desfajada que tapaba un poco mis nalgas y mi entrepierna que estaba super marcada. Llegué a la oficina y me puse a platicar con mi novio y sus compañeros para irles tomando confianza comencé tocándoles el hombro y pegándoles mis piernas en sus brazos ya que ellos se encontraban sentados en sus escritorios y yo me movía de un lado a otro.

    No me di cuenta cuando llegó el jefe a mis espaldas y al escuchar su gruesa voz voltee inmediatamente a saludarlo de beso. Me saludó, les preguntó a todos como iban y me jaló de la muñeca mientras me ordenaba que lo ayudara con el proyector en la sala de juntas. Yo caminé detrás de él moviendo las nalgas y giré a ver a mi novio, sus compañeros me veían el trasero con cara de bobos y mi novio de nuevo estaba con la mirada agachada fingiendo que no le molestaba, que mi novio viera como otro hombre me llevaba y no dijera nada me excitó muchísimo.

    Ya en la sala de juntas que era un poco pequeña me dijo Jorge si sabía configurarle una mejor resolución al proyector que estaba en el techo, mientras él se sentaba en una silla a preparar unas diapositivas en su laptop. Yo le dije que no era experta pero que podía intentarlo. Entonces le dije que me subiría a la mesa y él me dijo que adelante, pero entendió que necesitaba ayuda y se acercó a darme la mano, me subí primero a una silla y fingí un poco de miedo para subirme a la mesa, así que lo tome de los hombros con las dos manos, ya arriba de la mesa al separarme le dejarle ver toda mi entrepierna marcada. Sus ojos se clavaron en mí y yo me reí de forma picara. Él se fue a su silla y así pasaron algunos minutos mientras yo le picaba a los botones del proyector y en momentos me ponía de puntillas y luego me dejaba caer de talones para que mis nalgas rebotaran, no podía ver si él me veía, pero lo hice una y otra vez para asegurar que sí.

    Así comencé con mi plan de mostrarle mis fotos, así que le comencé a sacar platica sobre que lugares frecuentaba y eso. Llegó el momento en el que le comencé a platicar lo increíble que estaba un nuevo lugar al que habíamos ido con mi novio. Le dije que tenía fotos de la comida en mi celular y en un momento se las podría mostrar. Él aceptó y cuando me bajé de ahí me acerqué a él y le empecé a mostrar las primeras fotos mientras le decía lo rico que estaba todo. Así pase a la foto donde estaba desnuda de perfil y la pasé inmediatamente, pero la siguiente foto era yo en ropa interior, solo exclame:

    -Ay esas no. – y pasé a la siguiente foto de mi rostro con la boca abierta.

    -Esa comida se me antojó más. – Me dijo y yo pregunte. -Cuál? – mientras regresaba a las fotos de los platillos.

    Él comenzó a deslizar la pantalla hasta dejar la foto de mi carita y me dijo. -Esta. – Yo me sonrojé y le pregunté por qué.

    – Se ve más deliciosa. – Me dijo mientras me veía fijamente. Yo evadí su firme mirada. Me pidió que le pasara la foto, pero me negué, le dije que no podía porque eran para mi novio.

    -Entonces déjame verla una vez más. – Yo lo pensé poquito. -No, mejor haz esa mirada para mí.

    Me quedé sorprendida, pero al ver su firmeza cerré los ojos y abrí mi boca al tiempo que sacaba lo más que podía mi lengua. Ya estaba mojando mi calza cuando él se acercó más a mí y me puso las manos en los hombros mientras me empujaba hacia abajo a la vez que decía.

    -Creo que en la foto estabas de rodillas.

    Yo me deje caer de rodillas frente a él mientras seguía conservando la mirada de putita.

    Él me tomó de la cabeza y me pegó mi cara a su pantalón. Sentí su enrome verga en mi cara y le di un par de lamidas por encima. A prisa me paré y le dije – Voy a ver si ya acabó mi novio. – Y salí a toda prisa moviendo mis nalgas para que pudiera verme bien.

  • Web de contactos

    Web de contactos

    Divorciada, sola, aburrida, cachonda y curiosa me metí en una web de contactos y me hice un perfil. No es que pensara que iba a encontrar nada interesante, pero bueno, por probar nada se pierde.

    Al principio ni siquiera me propuse pagar para acceder a los contenidos superiores. Solo curioseaba, pero los perfiles mostraban bastante material sin tener que poner dinero.

    Al cabo de unos días y tras ver un montón de salidos, clarísimos fakes y otros especímenes raros uno de ellos me llamó la atención. Un chico de mi ciudad y estaba claro por que en la mitad de sus fotos salía en sitios que yo conocía.

    Lugares públicos de mi lugar de residencia y en los que salía vestido. La otra mitad de sus fotos eran desnudos donde se veía bien claro su bonito cuerpo delgado y sexi, incluso en algunas de ellas un precioso rabo depilado. Una auténtica margarita entre cerdos.

    Me llamó mucho la atención, parecía guapo aunque la cara estaba algo difuminada. Por las fotos en exteriores estaba claro que no era un fake. Incluso alguna en la que estaba al volante de su coche. No sólo sus fotos eran interesantes, las descripciones y lo que buscaba indicaban que tenía algo en la azotea, para ser tan joven. No solo el serrín habitual en los chicos de esa edad.

    Había algo que me echaba para atrás, el chico tiene diez y nueve años. Yo con poco mas de cuarenta y aunque no me conservo mal del todo no podía ni pensar en llamar su atención.

    Pero si algo me animaba a, tirar, digo poner dinero en una web era ese perfil. Tras pensarlo unos días y volver a revisarlo varias veces… y comérmelo con la vista, admirar cada detalle de sus fotos.

    En cuanto pagué y subí de nivel se desbloquearon unas pocas fotos más. Por fin pude ver su cara, en las fotos anteriores la tenía pixelada, y aunque no me sonaba de nada seguía segura de que vivíamos muy cerca. Imágenes muy subidas de tono demostrando que el chico era un pervertido. Además de estar impresionantemente bueno.

    El texto que acompañaba al perfil daba pistas de eso mismo, tal y como se describía. Justo el tipo de chico que me gustaba, bisexual, lascivo, pero dulce y cariñoso. Además estaba buscando eso mismo en sus parejas, bisexuales, morbosas y abiertas a nuevas experiencias.

    Volviendo al tema de las fotos. Una en su baño con una toalla atada muy baja en la cintura, parecía el David de Miguel Ángel, incluso tenía los mismos surcos en las inglés que la mencionada escultura. Ya en ella se veía que estaba depilado del todo. Eso era sólo el entremés.

    En la siguiente tenía en la mano una polla suave y dura de respetables dimensiones. Parecía acariciarla y al verla era yo quien deseaba tocarla o tenerla en la boca. Incluso en otra foto se le veía a cuatro patas acariciandose el culo, el ano, metiéndose uno de sus dedos, justo por donde me gustaría pasar la lengua. Lo dicho, todo un pervertido, como yo.

    Al fin me decidí a mandar un mensaje y ver si el chico contestaba. Incluso para la ocasión me hice algunos selfies en los mismos lugares de sus fotos y con el mismo ángulo. Exactamente el mismo no, en mis fotos intentaba que se viera lo más posible de un más que generoso canalillo.

    A mi espalda se podían ver los mismos edificios públicos que se veían en sus retratos. Vestida por supuesto, aunque con un escote que le dejaba apreciar mis encantos. Se las mandé con mi mensaje para que supiera que mi perfil era verdadero:

    – Me han gustado tus fotos, y puesto que somos de la misma ciudad. Quizá podríamos conocernos un poco y ver lo que puede pasar.

    En mi perfil también había incluido en la parte bloqueada fotos de mi cuerpo. Posaba en lencería, la más sexi que guardaba en mis cajones y en una de ellas me apartaba el sujetador para que se vieran mis grandes y oscuros pezones.

    En otra me separaba la tela del tanga que ocultaba mi vulva y dejaba mi depilado coñito a la vista del objetivo de la cámara de mi móvil. Jugaba con mi clítoris, con el dedo índice.

    En realidad no me hacía muchas ilusiones de que un bombón como él se fijara en una milf como yo. Y no estoy mal del todo, algo voluptuosa pero con los kilos bien repartidos, y me gusta lucirlos con ropa sexi y ajustada. Mis pechos talla cien llaman la atención y puedo sentirme orgullosa de mis escotes.

    Quizá todo eso me hiciera destacar del resto de sus admiradoras. Pasé unos días esperando que me respondiera, estaba segura de que unas cuantas lobas adolescentes atraerian antes su atención.

    Por fin recibí en el móvil una notificación de la web en el correo. Sintiéndome como una tonta decidí esperar a llegar a casa, ponerme cómoda para ver el mensaje, salir por fin de la incertidumbre. Si el chico no quisiera nada conmigo no se habría molestado en escribir. Así que tenían que ser buenas noticias.

    Me desnudé del todo, no me costó mucho, apenas llevaba un ligero vestido de tirantes entallado en el pecho que sostenía mis domingas y un tanga debajo. Pleno agosto y hacia mucho calor. Abrí el ordenador y pude leer su respuesta en una pantalla más grande.

    – Tus fotos también me han parecido muy sugerentes. Eres una mujer muy sensual y estaría encantado de que nos conociéramos.

    Solo con eso y un nuevo vistazo a sus fotos y tuve que dedicar un rato a acariciarme a mí misma. Deslicé dos dedos acariciando los depilados y suaves labios de mi coño. La otra mano la usé para pellizcar con suavidad mis pezones. Amasando el volumen de las tetas para notar unas caricias más intensas.

    Mi humedad resbalaba hasta el tapizado imitación cuero de la silla. Me había olvidado de poner una toalla. Me penetré con esos dedos sacándolos y metiéndolos cada vez más rápido en mi encharcada vagina y bastaron unas pocas caricias con el pulgar en el clítoris para que llegara el orgasmo, fuerte e imparable.

    No esperé un momento más para responder de nuevo. Echando el todo por el todo me decidí a enviarle el correo de contacto que había creado para la ocasión y que también servía como cuenta de Skype. Ni siquiera sabía si le llegaría o la web me lo cortaría para que todos usáramos su servicio de mensajería.

    Efectivamente los mensajes en los que se mencionaba otro servicio de correo se borraban de forma automática. Aún así usando su mensajería nos mantuvimos en contacto y cambiamos algunas fotos más. Esta vez fotos eróticas al aire libre, no necesariamente en público pero sí en un lugar público.

    Era un parque de la afueras con una elevación se distingue toda la ciudad, sabía donde hacerme unas fotos para él. Esta vez me bajé los tirantes del vestido, la tela en la cintura, los pechos al aire y de fondo toda la ciudad. Pellizcándome un pezón con una mano y la otra para sostener el móvil.

    En las siguientes aprovechaba para enseñar más, levantar la falda del vestido, enseñar el tanga. Y luego sin él, ya guardarlo en el bolso.

    Publiqué algunas de esas fotos pixelando la cara en la parte pública del perfil y a él se las mandé enseñando en rostro.

    Un par de días más tarde recibía las suyas en el mismo parque, en el mismo banco que había usado yo. En una de ellas solo se le veia la tableta definida como si se machacara en el gimnasio, para el general.

    En la que yo recibí se había bajado el pantalón y había tenido la precaución de llevarse un palo selfie para que se viera más de su cuerpo. Todo su cuerpo al completo y en él su polla se distinguía dura, desafiante.

    Estábamos jugando y aunque no consiguiera más que eso me sentiría satisfecha.

    Viendo que él interés era mutuo decidí darle mi teléfono, aunque tuve que pintármelo con un rotulador en el vientre y mandarlo como una foto. Esperaba que me llamara con los nervios de una quinceañera. Sé que en cuanto vio el mensaje me llamó por fin oia su linda voz. Era sensual, grave y cálida.

    – Hola, ¿eres Yolanda?

    – Sí, ¿Y tú? ¿Alex?

    – Me han gustado mucho tus fotos. Me gustaría conocerte.

    Estaba muy nerviosa. Apenas atinaba con frases coherentes.

    -A mí también. Podríamos quedar a tomar una copa el viernes. Si no vas a quedar con tus amigos.

    – Estoy seguro de que prefiero quedar contigo.

    Me dió el nombre de un oscuro pub que desde luego yo conocía y una hora. Era el sitio y el momento perfecto.

    – Si genial, me viene bien. Estoy deseando verte en carne y hueso.

    Ahí se me escapó una risita tonta, como si fuera una adolescente.

    – Estupendo. Allí nos vemos.

    Ahora se me presentaba otro problema. ¿Qué me iba a poner? Quería estar perfecta. Aún hacia calor así que ir sexi no sería difícil.

    Tenía un conjunto de lencería perfecto para la ocasión. Un regalo de una amiga, lo hizo como una broma pero me vendría perfecto. Sería ideal para una noche de bodas, blanco de encaje muy suave. El sujetador de media copa, un tanga muy reducido y un liguero para enganchar unas finas medias.

    Los vestidos provocativos que tenía, con la espalda desnuda o escotes profundos, no me valían por que se vería el sujetador y no quería prescindir de esa prenda que me parecía my sensual en ese caso.

    Me decidí por una minifalda negra de vuelo, la más corta que tenía. Una blusa blanca, en este caso tan fina que se trasparentaba el sostén. Con irme abriendo botones del escote podría mantener su atención.

    El peinado en un recogido, levantando la melena para que el cuello quedara libre. Un maquillaje sin excesos, las sandalias con el tacón más alto que pude encontrar. Y solo una sencilla gargantilla como única pieza de joyería. Mirándome al espejo decidí que era posible que un chico como él se fijara en mí.

    Me consideraba preparada, después de echar unos condones al bolso, al menos lo más que podía aunque no pude quitarme los nervios de encima.

    Llegué pronto y me pedí mi veneno habitual un cuarenta y tres cola, para intentar relajarme. Miraba al resto de la parroquianos dudando de si se presentaría o todo sería una broma cuando lo vi entrar.

    Llevaba una camisa blanca que se le pegaba al pecho dejando poco a la imaginación, sus vaqueros ajustados tampoco y unos mocasines. No me fue difícil reconocerlo, aparte de que era como en las fotos, era el chico más guapo del sitio y me buscaba a mí entre todas las mujeres del local.

    Le hice una seña y con una preciosa sonrisa vino directo hacia mí. Cogiendo mi cintura y sin decir nada me dio dos besos en las mejillas, cerca de la comisura de los labios.

    – Bueno Yolanda ya me ves en vivo. ¿Qué te parezco?

    – Aún mejor de lo que me esperaba. ¿y yo? ¿no te defraudo?

    – En absoluto. Ya sabía lo que me iba a encontrar y lo esperaba con ansia.

    Llamé al camarero que se había entretenido bastante hasta ese momento echándole buenos a mi sujetador y le pedí una copa para él. La recogimos y nos fuimos al fondo del local.

    Que yo sepa aún hoy siguen estando los cómodos sofás en los que las parejitas pueden estrechar lazos. Y meterse mano de forma descarada.

    Nos sentamos muy juntos aunque yo hubiera preferido hacerlo sobre sus muslos. Ya nos habíamos contado casi todo lo necesario en las charlas que habíamos tenido en el chat así que cogí una de sus manos y la puse en mi muslo.

    Me pareció ridículo andarnos con timideces y se merecía que yo cortara el hielo. Acariciaba mi pierna con suavidad y noté un gesto de sorpresa cuando llegó a la blonda de la media y tocó directamente mi piel. Creo que en ese momento se dio cuenta de que llevaba un liguero.

    Me hablaba al oído rozando mi oreja con sus labios y a veces con la lengua. Pero no decía mucho, ni falta que hacía aparte de algunos cumplidos.

    – Me gustaste desde la primera foto que ví y me encanta tu actitud.

    Yo aprovechaba para acariciar su torso que me tenía impresionada desde la primera vez que lo vi en una foto. Conseguí meter la mano entre los botones de la camisa y acariciar y pellizcar uno de sus pezones. El gemido con que me deleitó hizo que todo aquello valiera la pena.

    Al fin mirándolo a los ojos busqué su boca. Sus dulces labios me devolvieron el beso mordisqueando los míos juguetón. Saqué la lengua buscando la suya y en vez de dejar que la pusiera en su boca, sacó la sin hueso y las cruzamos lascivos fuera de los labios. Dejando que hilos de saliva se cruzaran entre nuestros rostros y resbalaran hasta nuestros pechos.

    Hacia cinco minutos que lo tenía enfrente como quien dice y sus hábiles dedos estaban a punto de llegar a mi encharcado tanga. Estábamos cambiando saliva como si hubiéramos pasado por un desierto.

    Al sentarme había tenido la precaución de levantar la falda y poner el culo directamente sobre el tapizado del sofá. Pretendía que pudiera tocar toda la piel que le dejaba a su alcance. Lo aprovechó, y pronto su otra mano subía por la parte externa del muslo hasta agarrar mi nalga. Esa vez la que suspiró fui yo haciéndole notar que me gustaba.

    Ya había abierto su camisa y me dedicaba a lamer su cuello, barbilla y cualquier parte de su piel que pudiera alcanzar. Allí no podíamos hacer mucho más y estaba deseando tener en las manos y en otros sitios todo aquello que había visto en las fotos. Tenía pensado llevarlo a un hotel pero en ese momento lo mandé todo al cuerno.

    – Vámonos a mi casa. Estaremos mas tranquilos.

    No teníamos nada que recoger y las copas estaban pagadas. Galante me cogió del brazo y nos encaminamos a mi piso. No sin muchas paradas por el camino para besarnos con pasión y para que pudiera agarrar con firmeza mi culo.

    Allí estaba mi puerta contra la que lo acorralé comiendo literalmente su boca con ansia. No perdí más tiempo y abrí su camisa dejando en el suelo alguno de los botones.

    Me incliné a chupar sus pezones durísimos ¡estaban así por mi culpa!. Mientras tanto Alex se había apoderado de mis nalgas por debajo de la falda y las amasaba a dos manos directamente sobre mi piel.

    Distrayendo una mano de su cuerpo solté el broche que mantenía la mini en su sitio y la dejé caer al suelo y mira que me fui difícil hacerlo. Unos pasos atrás para salir de la prenda y que él pudiera ver el tanga, el liguero y mi cuerpo de cintura para abajo. Su sonrisa lasciva me dijo todo lo que quería saber.

    Con estos pasos nos íbamos acercando a mi dormitorio dejando por el camino un reguero de prendas. Su vaquero quedó al lado del sofá donde se apoyó para quitárselo, mi blusa por el pasillo.

    Cuando Alex se sentó en mi cama yo me apoyé en el marco de la puerta en una pose sexi luciendo mi lencería. Ya tenía claro que le gustaba pero me hizo un gesto para que me acercara a él. Me subí a caballito sobre sus muslos de frente refugiándome en sus brazos.

    Apoyé el culo justo encima de su duro paquete bien pegada a su torso haciéndole notar mis tetas que rebosaban por encima de las medias copas. Sin apartar mi pubis del suyo me inclinó hacia atrás para lamer mis tetas y chupar mis pezones.

    Habilidoso soltó el broche de la prenda con una sola mano y lo arrojó al suelo. Yo movía la cadera frotándome cachonda contra su dura polla. Tenía el tanga encharcado. Alex levantó mi brazo y lamió mi axila suave. Hacía todo el recorrido sin despegar la lengua de mi piel, lamiendo y humedeciendo todo lo que alcanzaba.

    Lo empujé para que se echara y así poder hacerme cargo de la situación y ser yo la que lamiera su suave y depilada piel. Subía sobre su cuerpo dejando que sus suspiros y gritos alagaran mis oídos.

    Pude chupar cada centímetro de su cuerpo del cuello a sus bíceps. Bajando por las axilas, deteniéndome en los pezones y todo el pecho. Bajaba por el vientre y jugaba con su ombligo en la plana y marcada tableta.

    Le hice levantar el culo lo justo como para sacarle el ajustado y pequeño slip y su polla saltó hermosa ante mis ojos, suave, dura y depilada.

    Terminé de quitarle el calzoncillo y con toda la tranquilidad del mundo me puse con sus huevos. Conseguí meterlos en mi boca y chuparlos. Dejé su polla para luego.

    – Levanta las piernas, quiero probar ese duro culito. Lo deseo desde que vi como te metías un dedo en él.

    Lo hizo y pude pasar la lengua por toda la raja. Estaba bien limpio casi recién duchado. Le clavé la sinhueso en su ano dilatándolo para poder jugar con uno de mis dedos allí.

    Su rabo ante mis ojos parecía que iba a estallar. Joder como gemía y suspiraba, como una locomotora de vapor con la caldera a punto de reventar. Seguí hasta lamer sus pies pasando la legua por todo el largo de sus piernas. Chupé sus dedos de uno en uno poniendo la lengua entre ellos.

    No quise hacerle sufrir más y estaba segura de que no tardaría en recuperarse tras una primera corrida. Yo estaba bien húmeda y no necesitaba más juego previo. Me había sacado el tanga mientras estaba arrodillada entre sus muslos.

    Con el liguero y las medias por única vestimenta volví a subirme sobre su cuerpo. Guiando su pene con mi mano lo conduje hasta los encharcados labios de mi vulva y me fui dejando caer. Penetrándome a mi misma con el rocoso instrumento.

    Sus manos tampoco paraban quietas empezando por mi cadera fueron subiendo sin prisa hasta apoderarse de mis voluptuosos pechos.

    Subiendo y bajando sin prisa, notando como entraba en mi cuerpo. Como mi coño que derramaba jugos hasta mojarle los huevos recibía todo el placer prometido en esas fotos.

    Estaba tan cachonda que apenas entró en mí me corrí. Y seguí corriéndome mientras lo cabalgaba. Era él quien aguantaba sin derramarse dentro de mí. Ya era hora de probarlo con la lengua.

    Llevé mi cadera sobre su carita de salido vicioso y me puse a degustar en un sesenta y nueve su enorme caramelo con sabor a mi xoxito. El también se dedicó a lamer lo que le ofrecía, de mi pubis depilado a la espalda sin dejar nada sin probar, el clítoris, la vulva, el perineo y el ano.

    Y eso me hacía casi, solo casi, soltar la polla del placer que me estaba brindando. Por fin conseguí su lefa en mi boca y la retuve allí.

    Sabía que aceptaría lo que estaba maquinando, me giré y desde un palmo de altura dejé caer el semen mezclado con mi saliva sobre su boca abierta. Junté mi boca con la suya hasta remover la mezcla con mi lengua. La suya no paraba quieta y de cruzaba con la mía. Sus manos no dejaban de recorrer mi piel.

    – Me gusta que seas así de guerra, como yo.

    Era hora de tomar un descanso y relajarnos. Aproveché para apoyar la cabeza en su poderoso pecho y oir como latía de rápido su corazón bajo mi oreja. No paré de acariciar su vientre y pecho, llegando a pellizcar los pezones.

    Sus poderosos brazos me tenían rodeada pero incluso si llegaba con una mano a acariciar mi culo y dilatar mi ano con uno de sus dedos. Ya me lo había comido antes así que no le costaba mucho penetrarlo.

    – Así que también quieres follarme el culo.

    – Lo quiero todo de este hermoso cuerpo.

    – No te lo pienso negar, nada de mí. Pero… ¿Ya estás listo?

    – Compruébalo tu misma.

    Efectivamente su polla volvía a apuntar al techo. Yo quería volver a ver la cara de vicio que ponía cuando me follaba así que ponerme a cuatro patas descartado. Le alcancé el lubricante que tenía en la mesilla. Sin ello ese cacharro podía hacerme un destrozo o mi esfinter hacérselo a él por muy dilatada que estuviera.

    Levante las rodillas hasta las tetas como había hecho él antes y tras una buena ración de lubricante en mi ano y en su nabo procedió a insertarlo hasta el fondo. Hasta que sus huevos golpeaban la parte baja de mi espalda.

    Como alcanzaba a masajear mi clítoris yo estaba disfrutando por delante y por detrás. Esta vez ya no paramos hasta que se corrió en mis tripas. Pero claro no lo dejó así, elevó más mi espalda con sus fuertes brazos empezó a comerme el culo con su lefa rezumando de mi interior.

    Era tarde y le dije que se quedara a dormir. Se levantó antes que yo para prepararnos un desayuno con el que renovar fuerzas. Comimos desnudos y antes de que se fuera a su casa cerca del mediodía volvió a follarme por todos mis orificios, a lamer todo mi cuerpo y yo el suyo.

  • Mis dos primas del interior

    Mis dos primas del interior

    Otra vez y orgulloso que me pidan plasmar un relato, hoy me lo solicito una persona que comparte mi espacio laboral y por casualidad leyó un uno de los míos sin saber que era yo quien lo hacía, otro compañero le comento, se decidió y me lo pidió.

    Hay lazos familiares que involucran vínculos, que ubican como personajes centrales muy complicados, por cierto, van en varias direcciones, humanos entre sí, hijos a padres o padres a hijos, en si involucra toda relacion interfamiliar construyendo unas prácticas colectivas, las que llamamos, amor filial, un sentimiento de amor idealizado que es la temática que nos ocupa en este relato.

    La experiencia me ocurrió cuando alquilamos una casa quinta para vacacionar en familia, a escasos ocho kilómetros de casa. El predio poseía una casa con varias habitaciones, dos baños y medio, living comedor, sala de estar y juegos, para completar el espacio, una cocina amplia. Su terreno es amplio, con pileta grande y arcos para jugar futbol y/o vóley, más juegos para niños.

    Somos varios de familia, padre y madre cabeza de familia, los que viven en eterna discusión por cualquier tontera, cuatro hermanos, cada uno con sus respectivas parejas e hijos, sumando dos primas que recién llegaron de una localidad del interior a pasar sus vacaciones.

    Voy a ir a lo que me ocupa, pues si relato todo el entorno familiar este sería extenso, diría, muy extenso.

    Mi relación marital Viene fallando hace más o menos un año, vivimos juntos, no tenemos descendencia aun, pensábamos buscar un niño, pero de común acuerdo decidimos esperar por la situación económica, nos pareció que traer un niño y no poder cubrir sus necesidades como corresponde, era todavía muy apresurado, queríamos afianzarnos más económicamente, y yo, veo venir el final de mi matrimonio en forma inminente. No deslindo responsabilidades, creo en este punto, que gran parte de lo que está ocurriendo es mía, no por infidelidad, si no por desatención hacia mi esposa, quise reparar el daño, pero la herida es irrecuperable, solo me aboqué al trabajo desatendiendo todo el entorno, matrimonio, amigos, familia.

    Como está la situación, en este punto ya ni relaciones sexuales tenemos, debo confesar también, que hasta el día de hoy no engañe a mi esposa.

    Era un día sábado y soleado, el calor apretaba demasiado a primera hora de la tarde, por lo que aproveche la siesta familiar y las compras que otros habían salido a realizar.

    Mi futura ex esposa, se retiró, según me dijo no quería ser hipócrita, argumento problemas de su familia y desapareció.

    Con ese clima hermoso, me zambullí a la piscina en cuestión para disfrutar del frescor del agua cristalina que reposaba en ella, me detenía cada tanto en un rincón a disfrutar el golpeteo producido en mi cuerpo por el movimiento del líquido elemento.

    Disfrutaba con mis ojos cerrados, tanto del sol como la frescura del agua, cuando de repente el sol se escondió, abro los ojos muy despacio para que la resolana no me ciegue, pensando que se había nublado, pero no, era la sombra que producía el esbelto cuerpo de mi prima. Puedo observar a contraluz su figura andando hacia el borde, su refinada estampa no era escultural, pero traía lo suyo, redondeado culo, tetas aparentemente firmes que bailaban dentro de su sostenedor, cosa que después confirmaría, debajo de su abdomen marcado por el ejercicio sus piernas largas y rollizas, cabello a media espalda, que le ponía fin a la vista que tenía desde mi lugar. Luce verdaderamente espectacular dentro de su bikini.

    – Hola Fabiana, ¿descansaste?

    – Hola primo, no ni un poquito, mucho calor en la habitación.

    – Qué pena, debes estar cansada del viaje.

    – No, para nada, soy de las que duerme todo el viaje, sobre todo si el clima dentro del ómnibus es agradable.

    – Por qué no vas a ponerte la malla y haces pileta conmigo.

    Sin mediar palabra se sacó la remera y unos cortos futboleros que lucía, dejando ver un bikini diminuto, tirándose a la pileta de un salto, su ingreso al agua fue tan perfecto que no salpico nada de agua.

    Menos mal que me encontraba en el agua, mi sexo se encontraba en plena erupción, haciendo bulto con mi short.

    Emergió del agua como en las películas, haciendo el pelo hacia atrás, reflejando en las gotas de agua el sol.

    Cruzamos unas palabras, le ofrezco algo de tomar aceptando.

    Para esto mi erección ya no era tal, salgo para preparar un par de tragos escuchando mientras lo hago.

    – Por favor primo, que sean tres.

    No entendí por qué, pero lleve tres copas, duda que se aclaró al momento de pisar el deck de la piscina.

    Se encontraba también Carolina, la hermana de Fabiana, quien es tal vez más escultural que Fabi, pero más enjuta.

    Quien rompe el silencio y me saca del asombro es Caro.

    – Que cara de asombro Robertito, tanto tiempo que no nos vemos y te quedas mudo, siempre fuimos el trio bravo.

    Cuando dijo trio, mi cerebro rebusco en sus lugares más recónditos todas las obscenidades que se pueden tener en esa caja de pandora que tenemos dentro del cráneo.

    – Para nada Caro es que te creí reposando.

    – Mmmmm. Que tenías pensado con Fabi que no podamos hacer de a tres.

    Lo dijo tan lanzada y sin filtro que, hasta me hizo ruborizar. Brava la pequeña.

    – Nada primita, sinceramente no pensaba en nada.

    – A que no te creo, tartamudeaste, te pusiste colorado y estas sin palabras y entre otras cosas tu entrepierna dice lo contrario (reía a carcajadas) a ver cómo está el amigo, al fin y al cabo es de la familia también.

    Me tomo del miembro y lo acaricio al tiempo que ambas reían con total desparpajo.

    Totalmente sorprendido y con un dejo de vergüenza atine a decir.

    – Caro que puede venir el resto de la familia (lo dije buscando tiempo para pensar con claridad)

    – No sé si te diste cuenta, estabas tan abstraído…

    – Hace un rato salieron todos.

    – Cuando decidí venir a la piscina.

    – Los vi charlando y me dije que no quería perderme la fiesta.

    hablaban alternadamente y rapido, lo que no me dejaba pensar con claridad. No sabía que decir ni que hacer en este momento, cuando me di cuenta y quise reaccionar estaba rodeado por los brazos de mis primas que hacían una ronda después de acercarse nadando hacia mí.

    – No tengas miedo primo, tengo entendido que no vuelven hasta entrada la madrugada y no te vamos a comer.

    – Por el contrario, la vas a pasar de diez y no lo vas a olvidar nunca más en tu vida.

    Mientras me decían eso se acercaron entre sí para fundirse en un beso y acariciarse mutuamente mientras una le iba sacando la ropa de baño a la otra, quedando totalmente desnudas.

    – Que pasa primo cagón, tenés miedo de dos indefensas niñas (riendo)

    Tímidamente me acerque, Fabi me tomo del brazo para de un tirón hacerme unir a ellas, mientras Caro, “buceando” comenzó a sacarme el short quedando liberado mi pene, sin perder la oportunidad de pasarle la lengua, intento meterlo en su boca pero no pudo, después me diría que le entro agua.

    Perplejo por lo que estaba ocurriendo (reconozco que me gusto) me fui soltando más rápido de lo imaginable, mis manos recorrían ambos cuerpos disfrutando la redondez de los pechos tallados en esos cuerpos como también sus entrepiernas, sedosas y depiladas al detalle.

    Siendo un inexperto en estas huestes no sabía desenvolverme, así que empecé a crear.

    Caro que fue la más lanzada fue la elegida para comenzar la tome de sus axilas y la eleve hasta sentarla en el borde de la pile, pues a esa altura me quedaba justo para posar mis labios en su vagina, cosa que empecé a disfrutar de inmediato, mi curiosa lengua recorrió todo el contorno de sus labios carnosos abriéndose paso a una fiesta de fluidos que emanaban de su interior, mientras las manos de Fabiana jugaban con mi pene y testículos.

    En un instante Fabi de un brinco salió de la pileta poniéndose al lado de su hermana pidiendo que le haga lo mismo cosa que me apresure a realizar de idéntica manera, estaba disfrutando a pleno, cuando llego a tocar con la punta de la lengua en clítoris ambas se pararon y tomándome de los brazos me sacaron a mí también.

    Nos besamos entre los tres por un largo rato, hasta que el sol nos secó la piel, Carolina nos tomó de las manos, nos guio hasta la habitación donde ellas dormían, cerro con llave Fabi se sentó en la cama yo en una silla, con mi verga dura, comienza con una masturbación leve, arrimo mis manos a sus tetas profiriendo pequeños pellizcos en sus pezones, me mira como enojada, entendí el mensaje, estire sus pezones con firmeza, escuche sus primeros gemidos de placer, en realidad era una mezcla de placer y dolor, mi calentura iba en aumento.

    Arrodillada frente a mí veo como desaparece dentro de su boca toda la extensión de mi verga, como puede, saca la lengua, intenta tocar mis huevos, al no llegar los sujeta con una mano acercándolos a ella, mientras me masturba con la otra.

    Como un acuerdo tácito sin mediar palabras Fabi se integro a la reunión para un trabajo en equipo poniéndose de cuclillas para chuparla a dúo elevándome al séptimo cielo.

    Me estaba regocijando con ese cuadro que estaba admirando, cuadro digno de los mejores pintores.

    Pasado un tiempo de juegos, tanto con mi verga como con sus lenguas que iban y venían por toda la extensión de mi sexo, entrelazándose por momentos en ellas mismas para acabar en un beso libidinoso.

    Nos incorporamos de la posición en que estábamos para ir al lugar que iba a ser participe de nuestro encuentro, ya recostados le pedí a Caro que pusiera su vagina en mi boca, deseaba probar los jugos que emanaban de ella, Fabi se resistía a dejar mi miembro en paz, continuaba mamando de él.

    Seguía admirando el espectáculo que me estaban brindando, mi morbo se retorcía en el cerebro, estaba a su máxima expresión cuando ambas me “ordenan” ponerme cómodo, tomo la silla y me siento en una posición privilegiada para poder observar con lujo de detalle lo que estaba por venir.

    Besándose intensamente comenzó lo que nunca pensé ver en directo,

    Poniéndose enfrentadas emprendieron la faena hurgar con sus lenguas el interior de sus vaginas en una hermosa posición a la que llamamos sesenta y nueve, con grititos y gemidos de placer cambiaron la pose, Caro poniéndose en posición de perrito para que su hermana continuara en el agujero más chiquito curioseara con su lengua, esto hizo que arqueara el cuerpo, en pleno éxtasis me pide acercarme y que seguir la faena, sin perder ese ritmo impuesto por ellas, con mi lengua semi dura escarbe ese culo maravilloso, con unos glúteos suaves y sedosos que lo protegía, poniendo su culo en alto me hace la invitación para que lo penetre, aprovechando la lubricación que se había hecho acreedor por las lenguas apunte la punta del pene y apoyándola comencé a introducirla, hizo algo inesperado, empujo hacia atrás haciendo que se pierda todo mi miembro de una vez, solo un pequeño grito escapo de su boca el resto eran gemidos de placer.

    Mientras caro me recibía por su duro y apretado trayecto rectal, Fabi hacia lo propio con su lengua en su sexo depilado hasta hacerla acabar con un gemido que nos asustó.

    Después del gran orgasmo, invertimos los roles, acostándome boca arriba Fabi se sentó en mi sexo para cabalgarme, mientras caro se arrodillo en mi cara ofreciendo su vagina chorreante de líquido agridulce el que me propuse saborear.

    Luego de estar disfrutándonos por un rato siento la inminente descarga de mi semen la que pongo sobre aviso con mis gemidos, ambas imprimieron mas vehemencia en sus movimientos experimentando por primera vez un orgasmo simultaneo, como lo logramos no sé, pero los tres acabamos descargando nuestros fluidos casi al mismo tiempo, antes que mi pene perdiera firmeza la saque de esa vagina cálida que la cobijaba, Fabi lo limpio con su lengua, mientras Caro le hacia lo mismo acicalando el sexo de su hermana, tomando todo el semen que salía del lugar donde segundos antes, lo ocupaba mi verga.

    Por un largo rato quedamos acostados y abrazados, con un beso fugaz entre medio.

    – La verdad primas, nunca me imaginé, ni en sueños vivir esta situación.

    – ¿Estas arrepentido?

    – Ni en broma, estoy más que feliz, solo que al ser familia…

    – Cleopatra, reina de Egipto, gobernó en matrimonio primero con uno de sus hermanos y luego con otro.

    – En España, por ejemplo, el incesto no es delito, no se permite el matrimonio civil entre adultos con vínculo familiar si con un tío o tía, pero no puede casarse con su sobrino o sobrina.

    – Algunos países desarrollados no sancionan las relaciones sexuales entre dos adultos con vínculo familiar directo o indirecto.

    – Pero sin embargo, en Nairobi, es grave, en esta parte de Kenia, según la tradición hay comunidades que si del incesto nace un niño, se le da muerte al pequeño.

    Me apantallaron con datos, recapacitando en lo hablado y sucedido me puse a investigar sobre el tema.

    Pasamos unas vacaciones de maravillas, no me falto mi dosis de sexo ni un solo día, con una, con otra, con las dos, estaba más que fascinado.

    Finalizadas las vacaciones, de vuelta en casa, resolví mi situación marital, por decisión propia y por lo lejana y distante de la convivencia.

    Ya viviendo solo, tanto Fabiana como Carolina, pusieron la excusa en su casa que necesitaban abrir sus horizontes pues en el pueblo no había futuro y venían a probar suerte a la capital.

    Hace un tiempo somos un trimonio, o un matrimonio grupal como nos gusta llamarlo, vivimos muy felices, hasta estamos programando la llegada de un hijo.