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  • Como cada miércoles

    Como cada miércoles

    Como cada miércoles a las diez, Alejandro dio un beso a su mujer, cogió la basura y salió de su piso en dirección a los contenedores de la calle de al lado. O al menos, eso es lo que su mujer creía. Con la bolsa maloliente colgando a su costado bajó las escaleras con paso tranquilo, atento a cualquier vecino cotilla que pudiese salir de su casa en ese mismo instante. Nadie se asomó y nadie le vio continuar bajando, hasta el garaje y hasta la zona de servicio de su edificio, la zona donde estaba la salida de emergencia que daba directamente al callejón de atrás.

    Abandonando la bolsa en el estrecho pasillo que daba a la salida de emergencias sacó su llave, copiada directamente del manojo de llaves del portero, y abrió con sumo cuidado. En teoría la puerta debería haber estado abierta, pero el miedo a los robos la mantenía siempre bien cerrada. Situación que le convenía, pues el pasillo quedaba sellado tanto desde dentro como desde fuera. Una cámara acorazada, un refugio seguro.

    Como cada miércoles a las diez y diez, su vecino Simón tocó rápidamente a la puerta. Tres golpes rápidos y breves, dos golpes más, otros tres para terminar. Alejandro le abrió rápidamente y sus manos se lanzaron a por Simón que le recibió entre sus brazos. Ninguno de los dos reparó ya en el anillo de casado que adornaba la mano del otro, y por sus mentes ni siquiera asomó la idea de que, tan solo unos pisos más arriba, cinco y siete respectivamente, aguardaban sus esposas y familias.

    La boca ávida de Simón capturó la de Alejandro que no tardó en morderse los labios para evitar gemir. Aunque la puerta se había cerrado tras ellos y se sentían a salvo ninguno quería arriesgar y ser descubiertos. Las manos grandes y ligeramente ásperas de Simón recorrieron su cuerpo sobre la ropa, tirando del jersey de punto hacia arriba hasta que consiguió arrancárselo. Alejandro se soltó el botón del vaquero y agarró la cintura del pantalón de tela que llevaba su vecino. Le gustaba su forma clásica de vestir, consideraba que le daba un aire clásico que casaba muy bien con su aura de maduro refinado.

    Bajó el pantalón hasta las rodillas de Simón y cuando las manos del hombre le empujaron hacia abajo no dudó en hincarse de rodillas delante de él. Su boca salivó en anticipación y dirigiendo una rápida ojeada al rostro del maduro se metió su pene en la boca. No tenían demasiado tiempo y no querían desperdiciar ni un solo segundo. Simón acarició el pelo de Alejandro, cortado de forma informal y que le hacía aparentar más joven de los treinta que tenía en realidad. Moviendo sus caderas adelante y atrás le ayudó a tragar sus buenos diecinueve centímetros. Su pubis cubierto de vello donde ya asomaban las canas como una mayoría se acercaba y se alejaba de Alejandro cada vez más rápido mientras su pene crecía hasta llenar por completo el espacio en la garganta del hombre más joven.

    Alejandro chupaba con avidez, intentando tragar todo el pene que le ofrecían y a la vez bajar sus vaqueros. Simón avanzó, obligándole a retroceder de rodillas hasta quedar pegado a la pared. Su vecino apoyó una de las manos en el cemento mientras la otra guiaba su cabeza para que no se separase. Forcejeando aún con sus vaqueros Alejandro acarició los testículos de Simón, que empezaban a colgar a causa de la edad, viendo su tamaño ligeramente agrandado. Por fin consiguió soltar el botón y bajar la maldita cremallera, dejando espacio suficiente a su erección que creció dentro de los ceñidos bóxers. Simón tiró de su cabello, obligándole a levantarse y abandonar su fantástico pene.

    Tras un beso rápido Alejandro se dio la media vuelta, apoyando ambas manos en el hormigón y ofreciéndose a su vecino quien no dudó en bajarle el bóxer de un rápido tirón. Del bolsillo de su chaqueta sacó un preservativo y tras rasgar el fino envoltorio azul se le deslizó en el pene con un movimiento ágil, ensayado cientos de veces. Alejandro gimió con anticipación y chupó dos de sus dedos, usándoles para lubricar ligeramente su orificio y que pudiese acoger a su amigo en cuanto este estuviese listo. Simón terminó de acomodar el preservativo y separando las nalgas del más joven presionó su glande contra el ano de Alejandro.

    Aunque era imposible que cualquier vecino los escuchase, ni siquiera si alguien bajaba a la cochera, Simón tapó la boca de su vecino con la mano antes de empujar, deslizándose con esfuerzo dentro de Alejandro. El hombre más joven apretó con fuerza los labios, esforzándose por no gemir mientras procuraba relajarse. Sabía que era el tiempo quien mandaba y si no querían ser descubiertos debían acelerar, pero eso no hacía más sencillo los primeros momentos, cuando el duro pene de su vecino se abría camino a través de su esfínter, aún cerrado y estrecho.

    Simón empezó a acelerar sus empujones, moviendo las caderas una y otra vez y pegando más y más a su vecino contra la pared. Colando la mano libre entre sus cuerpos aferró el pene de Alejandro y le acarició con rapidez, al mismo ritmo al que impulsaba su pelvis adelante y atrás. En el desierto pasillo resonaba el entrechocar de sus cuerpos, un frenético golpeteo in crescendo que subía y subía su intensidad mientras los gemidos y jadeos empezaban a escapar de sus bocas. Los empujones de Simón eran cada vez más duros y su mano se movía una y otra vez, ascendiendo por toda la longitud de Alejandro, aprovechándose del líquido preseminal que soltaba para lubricar su mano.

    Con un gemido que se amortiguó contra la palma de su vecino, Alejandro alcanzó el orgasmo. Oleadas de apresurado placer recorrieron su cuerpo mientras su vecino tiraba de su pene y se apretaba más contra su cuerpo, ligeramente sudado. Con dos fuertes empujones terminó también, gimiendo contra su cuello y procurando no soltarle hasta que los escalofríos, fruto del orgasmo, remitieron por fin. En seguida se separó del más joven y se apresuró a recolocarse la ropa. En tan solo cinco minutos estaba perfectamente compuesto, listo para salir como si nada hubiese pasado. Tiró el preservativo en el saco de basura que su vecino debía tirar y con un beso rápido y fugaz salió del pasillo.

    Como cada miércoles a las diez y media, Alejandro recogió la bolsa de basura tras recolocarse la ropa y limpiarse superficialmente con un pañuelo de papel. Comprobó que ningún vecino estaba cerca y saliendo por el callejón de detrás de su edificio tiró la basura, volvió a su portal a paso vivo y subió las escaleras silbando suavemente. Sabía que la cita se repetiría el miércoles siguiente, su rutina secreta particular. Desechando de su mente los últimos retazos de su encuentro con su vecino abrió la puerta de su piso, adentrándose de nuevo en la cotidianidad de siempre.

    –Nota de ShatteredGlassW–

    Gracias a todos por haber leído este relato escrito a petición de un lector a través de mi correo electrónico. Si queréis que escriba algo para vosotros podéis pedirlo a través de mi email, si la temática me gusta y dispongo de tiempo, os haré un relato personalizado. Por supuesto, las personas, lugares y hechos descritos en el relato son completamente producto de mi imaginación, y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

    Si tenéis comentarios o sugerencias y queréis comunicaros de una forma más personal conmigo podéis hacerlo a través de mi correo electrónico: [email protected]

  • La hermana de mi amiga

    La hermana de mi amiga

    Aún recuerdo la primera vez que admiré su belleza, solo recuerdo el momento, pero no la época exacta, su hermana y yo estudiábamos juntos, vivíamos muy cerca y nuestras familias eran muy allegadas así que siempre fue común vernos compartir espacios fiestas reuniones o cualquier ocasión.

    Casi en un abrir y cerrar de ojos el tiempo paso hasta que se convirtió en una de las más bellas mujeres que he visto en mi vecindario, no sabía mucho de ella pero algo siempre me llamo la atención.

    Era algo diferente, no era la típica historia de la atracción física al azar, había algo como de película quizás por lo extraño de pensar en ella o porque jamás hubo un contacto que me pudiera hacer pensar de esa manera acerca, todo estaba en mi mente como una idea que nace un día y más nunca se va, como una fantasía inalcanzable, como una locura perfecta.

    Un día me decidí a escribirle y fue divertido porque al final somos conocidos, unos qué nunca hablan pero que podrían hacerlo, yo había estado ausente por 3 años así que el contacto fue como algo nuevo, algo de un futuro en el cual ya no somos los mismos y desde entonces le escribía constantemente.

    Al principio sentí que hicimos buen contacto buena química en la conversa y comenzó a gustarme más aún con lo que descubría de su personalidad hasta que pensé justamente en esa situación de la famosa historia de las 50 sombras de grey, será ella la sumisa perfecta? La que se una a mi fantasía de cumplir sus fantasías y a la vez satisfacerme al satisfacerla?

    No lo sabía realmente era más que todo una idea en mi mente pero me fui atreviendo más y más hasta que un día la invite a tomarnos algo y hablar. Fuimos a un lugar por unas cervezas y la conversación fluyó de manera elocuente, después de unas varias estábamos en ambiente pero sin tensión sin demostrar otra intención solo disfrutando del momento.

    Estábamos en mi carro y al terminar la velada me sentía un poco encendido después de muchos tragos, quizás ella estaría igual pero era la hora de irnos, ambos tenemos responsabilidades más allá de la diversión así que nos dispusimos a volver, en mi mente pasaban muchas cosas y pensé que no iba a dejarla ir sin decirle lo que pensaba lo que quería hacer, una idea no dejaba de aparecer una y otra vez hasta que le dije: qué pasa si en el trayecto de aquí a la casa te hago tener un orgasmo con mis dedos?

    Ella reaccionó y dijo está loco? Y le dije, si, un poco, pero no tienes que hacer nada solo relajarte y al llegar quiero que lo estés aún más, así que mientras manejo voy a tocarte y es todo lo que haré causarte un buen orgasmo o tratar de hacerlo al menos, solo desabrocha tu pantalón y mientras te toco te voy a dar mi teléfono para que veas una escena porno y no te desconcentres porque quiero que enfoques tus pensamientos en que debes acabar antes de llegar a tu casa.

    Sonrió hubo un pequeño silencio un poco de tensión y decidí tomar la iniciativa, deslicé mi mano derecha hasta su pantalón lo intente desabrochar fue difícil pero ella me ayudo, metí mi mano y le dije agarra mi teléfono que esta allí al frente deslízalo entra a la galería y dale play al primer video, así lo hizo y comenzó a observar mientras yo manejando ahora más de espacio comencé a reconocer su vagina jamás antes vista por mis ojos pero ahora tocada por mis manos y no tardó tanto en sentirse la humedad qué me ayudaría a deslizar mis dedos por los bordes de su clítoris ahora lubricado y caliente, lo que veían sus ojos era un buen sexo anal practicado con mucho deseo y mi excitación aumento cuando ella comenzó a reaccionar ante mis manos, me mordia los labios decía cosas y ella solo veía y sentía, yo tenia que estar pendiente de la vía pero también de tocar muy bien, era todo lo que quería…

    En algunos momentos tenia qué cambiar de velocidad el carro así que sacaba la mano y la volvía a meter y cuando eso sucedía lo hacía con más ganas con más efusividad y ella comenzó a gemir suavemente y a hacer gestos increíbles qué me hicieron sentir la necesidad de solo darle circularmente a ese clítoris ardiente para que llegara de una manera que hasta ese momento jamás imagino ese día: rodando por la ciudad de regreso a su casa.

    Me concentre en ese movimiento estábamos muy excitados los dos, comenzó a gemir más y no pare hasta que sus movimientos y mi celular cayendo por el asiento demostraron qué se vino divinamente.

    Luego saque la mano continúe el trayecto y la deje en su casa despidiéndonos como dos vecinos de toda la vida, como lo que hemos sido.

  • Puta por necesidad

    Puta por necesidad

    El relato que voy a contar es totalmente verídico aunque sucedió hace ya algún tiempo. 

    Actualmente vivo en Estados Unidos, pero la experiencia que les voy a platicar sucedió en México, comenzaré platicando que me casé con el que actualmente es mi esposo a los 18 años, él era un tipo guapo y trabajador un año más grande que yo, nos conocíamos desde adolescentes porque vivíamos en el mismo barrio así que mi familia lo aceptó como mi novio y nuestra relación duró sólo unos cuantos meses cuando decidimos casarnos además de que en ese lugar se acostumbra casarse joven.

    Crispín que así se llama mi marido al principio fue muy cariñoso conmigo, tuvimos un hijo al año de habernos casado y 4 años después Dios nos bendijo con una hermosa niña, la historia que les voy a contar inicia cuando yo tenía 27 años y mis hijos 8 y 4 respectivamente, mi marido empezó a llegar tarde a casa y tomado, al principio yo le reclamaba porque tomaba, Crispín me contestaba de mala gana que tenía derecho a echarse unas cheves con sus amigos por tanto que trabajaba, pero poco a poco fue en aumento las veces que llegaba borracho y sin dinero, también me gritaba y si yo le contestaba me pegaba así que mejor no le decía nada, mis hijos cuando lo veían lloraban y se metían a su cuarto y yo junto con ellos, cada vez me daba menos dinero para la despensa por gastar en su vicio por lo tanto no salía la semana tenía que pedir prestado a los vecinos o fiado en la tienda para darle de comer a mis hijos.

    Un día, la señora de la tienda que, era una mujer gorda como de unos 60 años llamada doña Mago me aconsejó que lo dejara que yo era muy bonita y que no faltaría algún hombre que me aceptara con mis hijos, en ese momento regresé a casa pensando en lo que me dijo la señora, yo nunca lo había pensado, de hecho había dejado de mirarme como la mujer que era, me miré en el espejo y mi cara se veía maltratada porque ya ni me arreglaba y por un momento quise sentirme atractiva así que me metí a bañar y al enjabonarme puse especial atención en mi cuerpo empezando por mis piernas que eran lindas y torneadas, mis nalgas grandes y redondas, mi cintura que aunque no era la misma que a los 18 pero seguía siendo pequeña a pesar de haber tenido 2 embarazos, mis tetas ya eran más grandes aunque algo caídas esa experiencia me calentó un poco, ya que mi marido tenía mucho tiempo que ni siquiera pensaba en sexo y ni me tocaba por andar borracho.

    Salí del baño con tan solo una toalla alrededor de mi cuerpo y me fui a mi cuarto, tiré la toalla y me observé por varios minutos en un espejo que tenemos de cuerpo entero dándome ligeramente vuelta viendo las nalgas que nuevamente volví a ver bonitas y el resto de mi cuerpo que no estaba del todo mal y recordando lo que me dijo la señora de la tienda, sin embargo no asimilaba dejar a mi esposo, por mis hijos y por lo que pensaría mi familia, ese día me maquillé y me peiné para ir a recoger a mis hijos a la escuela, aunque me tuve que poner la misma ropa, ya que no tenía mi marido hacía años que no me compraba nada.

    Ese día por la tarde espere a mi esposo pidiendo a Dios no llegara borracho para ver si hubiera la posibilidad de coger, pero aunque no llegó tomado si llegó muy enojado creo que lo hacía para no darme dinero y que yo no le pidiera.

    Así pasaron varios días y tuve que ir nuevamente a la tienda a pedir despensa fiada, le comenté a la señora Mago que en cuanto tuviera le pagaba, ella me contestó que ya le debía mucho que porque no hacía algo para ganar dinero, le dije que no sabía hacer nada y me dijo que ella conocía a alguien que me podría dar dinero a cambio de estar conmigo, yo me ofendí porque sabía exactamente a qué se refería ya que se rumoraba en el barrio que la señora Mago de joven le ponía los cuernos a su marido y se iba a coger con cualquiera por dinero, le dije que yo le iba a pagar que me diera la mercancía y después me fui a mi casa y no me pude quitar la idea de la cabeza, se me hacía lo más bajo que una mujer puede hacer, qué pensaría mi familia si se enterara, para colmo esa noche mi marido llegó borracho y me arme de valor reclamándole que para tomar si tenía dinero y para pagar la tienda no, él no dijo nada solamente volteó y me puso un cachetadón en la boca, yo me metí al cuarto de los niños por enésima vez a llorar mi desgracia.

    Toda la noche pensé que no era justo que Crispín me tratara así y también reflexioné en la propuesta de la señora, en ese momento llena de coraje decidí que iba a ponerle los cuernos a mi marido por dinero con quien fuera, ya que él no merecía que lo respetara tanto. Al día siguiente después de que mi marido se fue a trabajar y que dejé a los niños en la escuela pase a la tienda y le dije a la señora que ya lo había pensado y que estaba dispuesta a ser puta de cualquiera, la señora se rio y me dijo ¿uno es decente hasta que le aprieta el hambre verdad?

    Le platique como estaban las cosas en mi casa y le dije que había tomado esa decisión por despecho, pero también por la necesidad de darle de comer a mis hijos, sin embargo tenía que aconsejarme ya que yo nunca había estado con un hombre que no fuera mi marido, me contestó que no me preocupara que ella me iba a ayudar y que fuera en la tarde para ver que me conseguía.

    Más tarde fui con muchos nervios a la tienda a ver qué razón me tenía la señora, cuando llegué había algo de gente comprando así que me esperé hasta que no había nadie, ella me miró y se sonrió, -Ya está. Te conseguí un cliente, yo me sentía con la moral hasta el suelo, pero ya había dado ese paso así que tenía que continuar y también por la deuda que tenía ya en la tienda.

    La señora me dijo es un señor divorciado se llama Rafael es muy educado te va a tratar bien ya le dije que era tu primera vez y me dijo que mañana a eso de las 11 te esperaba en su casa, le pregunté que donde era y me dio una dirección, para mí estaba bien a esa hora ya que estarían los niños en la escuela y mi marido trabajando, le dije que cuánto le cobraba y la señora me contestó que eso yo lo tenía que decidir, me fui a casa y no pegué el ojo en toda la noche pensando en lo que me esperaba y los nervios de ser infiel con alguien que aún desconocía.

    Me levanté temprano le preparé el desayuno a Crispín y llevé a los niños a la escuela, de regresó pase a la tienda y le pedí a la señora Mago prestado para el camión, se rio y me dijo toma vete en taxi para que llegues rápido, la verdad que me fui tal como andaba, ya que como mencioné antes no tenía ropa bonita y aunque tuviera no quería que los familiares o vecinos que me encontrara sospecharan.

    Me subí en el primer taxi que encontré y le di la dirección, me llevó a un fraccionamiento residencial muy bonito y me dejó afuera de una casa con el número 21, toqué el timbre y salió Don Rafael, era un hombre de unos 40 años, delgado, no muy alto y ya con algunas canas en su cabello, su voz era gruesa y eso es algo que a mí me atrae de los hombres.

    Me saludó y me invitó a pasar, a mí me daba mucha pena y se me caía la cara de vergüenza además de que estaba demasiado nerviosa, al entrar me dijo que me sentara y que si quería algo de tomar, yo le respondí que no, que estaba bien.

    Rafael vivía solo, me platicó que tenía 5 años de divorciado y que su único hijo vivía con su ex, después de platicar un poco me dijo que pasáramos a la recámara, yo creo que me veía demasiado nerviosa porque me dijo que si no estaba segura de lo que iba hacer mejor lo suspendíamos, por un momento quise salir corriendo, pero por una parte necesitaba el dinero y por otra también quería sentirme mujer otra vez.

    Le dije que estaba bien que no pasaba nada, Rafael se me acercó por la espalda, me abrazó muy fuerte y me besó el cuello, desde ese momento sentí cosquilleo por todo el cuerpo y un calor de excitación que ya había olvidado, sentí su bulto muy rico pegado a mis nalgas que como ya les había platicado son grandes y redondas, me deje llevar por ese momento de cachondeo y eché mi culo un poco hacía atrás para sentir mejor ese pedazo de carne que se cargaba el señor Rafael, él me siguió besando, bajó sus manos hasta la cintura y poco a poco me iba subiendo mi vestido hasta que me lo sacó por la cabeza, yo me quedé sólo con mi calzón y mi bra, después me dio la vuelta y me quitó el brasier y dejó libres esos melones que me cargo de tetas, me dijo que los tenía grandes y hermosos después empezó a lamerlos por todos lados, pasaba su lengua en círculos por mis pezones, luego trataba de metérselos todos a la boca aunque no le cabían pero hacía un esfuerzo, se pasaba de uno a otro como para ver cual estaba más sabroso, yo disfrutaba muchísimo de esas mamadas que me estaba dando, me empujó suavemente a la cama y después de recostarme me quitó con suavidad mi ropa íntima y empezó a chuparme con la misma intensidad que las tetas la vagina, metía su lengua lo más profundo que podía y hacía movimientos muy ricos que me hacían explotar de placer, mi marido nunca me había hecho sexo oral así que era algo nuevo para mí, lo estaba disfrutando tanto que sin darme cuenta soltaba leves gemidos y tomaba a Rafael por la cabeza para hundirlo aún más en mi cosita, estaba tan caliente y apenas íbamos empezando.

    Después de estar así algunos minutos él se quito la ropa y pude ver su verga, hasta ese momento sólo había visto la de mi marido y esta era algo diferente, mi marido la tiene morena y Rafael la tenía clara, de tamaño parecido a la de Crispín pero esta se me antojaba más, se veía más limpia ya que también la traía depilada me la acercó a la cara y yo sin más me dejé ir a chuparla, me la metí poco a poco a la boca, pero no me cabía toda, él me tomó de la cabeza y me empujó un poco para que me entrará más y me decía “Hasta que te queden los huevos en los labios” yo hacía un esfuerzo por meterla toda, ya la sentía hasta las anginas, pero me aguantaba era un placer tener toda esa vergota en mi boca, de repente hacía arcadas y él se reía, me pedía que volteara a verlo y yo lo hacía ya con lagrimas en los ojos, pero sin dejar de meter hasta el fondo ese sabroso tronco.

    Después de un rato se recostó en la cama y me pidió que me sentara en su falo, para ese momento yo ya había olvidado hasta quién era, me estaba entregando completamente al placer de la carne y ¡qué carne!

    Me paré sobre él y poco a poco me fui bajando hasta quedar cerca de su verga la cual ansiaba ya tener dentro, cuando entraron los primeros centímetros me sentí en la gloría y bajé primero despacio y después más rápido y más fuerte sentía que me entraba hasta el fondo y yo me levantaba y me sentaba con fuerza, en ese momento hubiera querido que entraran hasta los huevos, él me agarraba de las caderas para regular el ritmo y también me guiaba con fuerza para que su pito entrara derechito en mi panochita.

    Me miraba con ternura y yo sin pensarlo lo empecé a besar con mucha pasión mordiéndole los labios, creo que se calentó mucho y me pidió parar un poco, me sentí un poco apenada, pero me dijo que era porque ya casi se venía y no quería terminar tan rápido me dijo que ese manjar era para disfrutarse con calma, yo me quite de encima y él me pidió que me pusiera en cuatro, obedecí de inmediato y cuando ya estaba en esa posición me levantó un poco más el culito y me empezó a dar nuevamente una lengüeteada que me volvía loca, mi marido nunca se había atrevido a tanto.

    Después se acomodó detrás de mí y me paseaba la verga por mi rajita, pero sin meterla yo la deseaba tanto que hacía el culo para atrás para comérmela yo solita, pero él me la daba a desear y seguía ese juego de solo frotármela, por fin se decidió a metérmela primero fue metiendo la cabeza poco a poco, yo sentía cada pliegue de su pene como me iba entrando hasta tenerla toda adentro.

    Rafael todavía empujaba con fuerza para que entrara todo ese pedazo de carne, yo la sentía hasta media espalda, aunque casi era del tamaño de la de mi marido Rafael llegó a donde él nunca había llegado, por primera vez en la vida sentí mi panocha completamente llena, después comenzó a meterlo y sacarlo con ritmo y velocidad cada embestida me hacía bramar de placer, siempre he sido muy callada a la hora de tener sexo, pero esta vez pujaba para que mi macho se diera cuenta que lo estaba gozando y me diera más fuerte, llegó el momento de mayor excitación y él me decía que tenía un culote muy rico y eso a mí me calentaba mucho, yo le decía que si se le gustaba, él respondía que sí y ya entrada le pregunté que ¿qué le parecían mis nalgas? ¿Qué si eran nalguitas o nalgotas? Rafa decía que nalgotas y no sé porque me calentaba que me dijera eso.

    Al oírlo yo más le paraba el culo para que me siguiera penetrando, hubo un momento como que él se cansó y se quedó parado, pero al sentir que ya no me entraba la verga yo hice mi trabajo, me empujaba hacía atrás casi con el mismo ritmo que él lo estaba haciendo, sentía muy rico como sus huevos pegaban en mi culo, no tardó mucho soportando mis movimientos cuando expulsó un chorro de leche en la vagina y después el resto me los hecho en la espalda y se recostó a un lado de mí. Así nos quedamos un rato y después me dijo “nunca había cogido tan rico, eres fenomenal”, yo no contesté nada pero pensaba exactamente lo mismo, jamás mi marido que había sido mi único hombre, me había hecho sentir tan mujer y tan puta. Creo que salí ganando con esta experiencia a la cual accedí por necesidad.

    Finalmente nos cambiamos y me dijo qué cuanto me debía. Yo no supe que responder y me quedé pensando (tal vez yo soy quien le tenga que pagar a él por cogerme de esa manera) no sé, págueme lo que les paga a otras, se rio y sacó de su cartera dos mil pesos y me los dio, a mí se me hizo mucho, pero como estaba de endeudada se los acepté sin decir nada, llegó el taxi que me había pedido momentos antes y se despidió dándome un gran beso que me volvió a calentar, pero ya era tarde así que me subí al coche y me fui a casa.

    Llegué primero con la señora de la tienda y le pagué lo que le debía, además de agradecerle el favor que me había hecho, ella sólo sonrió y me dijo -Por la cara que traes te ha de haber ido muy bien.

    Yo simplemente asentí y la señora me dijo –Si vuelves a necesitar dinero me dices…

  • Me follo a la madre de mis amigas de la infancia

    Me follo a la madre de mis amigas de la infancia

    Al fin pude cumplir una de mis mayores fantasías que tenía en la vida, follarme a una madura, ya sea vecina, conocida laboral o que mejor que la mamá de mis amigas de la infancia.

    Yo no conocía a la señora, solo había convivido con sus hijas un par de años de niños, ya había pasado el tiempo y cada quien había hecho su vida.

    Por algunas circunstancias la señora tuvo que regresar a la CDMX a vivir, ya que vivía en Monterrey.

    La señora no estaba de mal ver, era chaparrita güerita, conserva muy bien su figura a pesar de sus 45 años.

    Se veía que todavía traía la juventud encima y le gustaba pasarla bien con jóvenes, tuvo que rentar un departamento cerca de mi casa lo cual facilitaba verla diario salir por su mandado o simplemente verla fumándose un cigarrito por las noches en la calle.

    Poco a poco, pasando el tiempo comenzamos a interactuar, saludándonos cómo cualquier vecino que se encuentra por la calle, a veces sola o con sus hijas, aunque yo la observaba con ojos de deseo y supuse ella lo notaría, siempre vestía leggins ajustados y shorts muy pequeños trasparentando tangas o cacheteros de encaje.

    Hasta que llegó una noche que yo regresaba de laborar cansado, y no esperaba lo que sucedería después.

    Me encontré a la señora afuera de mi casa fumándose un cigarrillo y hablando por teléfono, en cuanto me vio corto su llamada y me saludo bruscamente llamando mi atención.

    La saludé y comenzamos a conversar, resulta que se había quedado sin empleo y tenía que pagar parte de la renta de su departamento, se encontraba muy estresada, o eso pude notar, así que la invité a pasar a mi casa a tomar un té o un café para que se relajara, no pensé que fuera aceptar, pero así fue, se metió a mi casa inmediatamente.

    Sentí un escalofrío muy fuerte, supongo que era de emoción a algo por el estilo, la mujer que había deseado había caído fácilmente a mi hogar con el pretexto de la falta de dinero, sabía que lo que sucediera esa noche, me iban a costar unos cuantos pesos.

    Cerré la puerta de mi casa, recién estaba llegando de laborar, encendí las luces y mi sala se encontraba un poco desordenada, mientras recogía un poco ella seguía charlando y contándome su situación económica.

    Yo le daba pequeños consejos y le recomendaba empleos donde yo había laborado y era más fácil que la contrataran, ella accedió a tomar unas cuantas direcciones de empresas.

    Seguimos charlando mientras tomábamos café, ella sentada alado de mi en el sofá principal, las luces estaban tenues y me tomé un momento para observarla de pies a cabeza.

    Realmente era guapa la señora, su perfume olía muy femenino y fresco, se veía que recién se había bañado, yo en cambio venía sudado del día común laborando. Vestía unos leggins color blanco que trasparentaba su tanga y sus grandes nalgas, ya que las tenía bien paraditas y en forma.

    Vestía unos zapatos rojos junto con una blusa color menta con un pequeño escote, no tenía muchos pechos, pero se defendía por su gran figura de trasero que se cargaba.

    Al sentarse con las piernas cruzadas más resaltaban sus piernas, yo cada que le tomaba a mi café, le hacía un comentario para hacerla sentir bien y le sobaba su pierna suavemente para reconfortarla.

    Pasaron los minutos, la tasa de café se iba terminando y cambiamos el tema, comenzamos a platicar de mi edad y de cómo me gustaban las mujeres, le insinúe que me encantaba tener sexo y no me importaban las relaciones serias, solo satisfacerme con mujeres lindas, cómo ella.

    Se sonrojo al instante, pero me dio la razón! Me comentó que era mejor pasarla bien y disfrutar el momento, ya más en confianza, me platico que había estado saliendo con un chico de la misma edad que la mía, pero que honestamente no la satisfacía.

    Cuando me dijo eso volví a sentir un dolor de estómago, sabía que era el momento de proponerlo, era hoy o nunca.

    Entrando en una plática más acalorada, le comencé a acariciar más sus piernas hasta que ella reaccionó y me dijo que le estaban causando calor mis caricias, le dije que se podría quitar el mayon si quería.

    Entre risa y risa poso su mano en mi verga, evidentemente yo ya la traía muy dura, se marcaba bastante por el pans que vestía esa noche.

    Sintió lo duro que estaba mi pene y se volvió a sonrojar;

    -hay dios!! Que acabo de tocar, discúlpame quería agarrar tu pierna

    -no te preocupes no pasa nada, ve como la pones…

    Ella se sonrió y nos comenzamos a besar bruscamente ya con bastante excitación, ya en confianza pude posar mi mano en medio de sus piernas y sentir ese calor que emanaba de su vagina, el mayon junto con su tanga, las tenía ya mojadas de fluido.

    -te ponen caliente los menores que tú!!

    -hay sí, me cogen super rico! Espero y tú no me decepciones, solo si me prestas dinero para pagar lo que debo, me ayudarías…???

    En cuanto me hizo esa pregunta me levanté del sillón frente a ella y me bajé el pans junto con mi bóxer, dejando salir en todo su esplendor mi verga durísima y ya super parada, se marcaban todas las venas fluyendo de mi verga caliente.

    Con mi mano derecha agarré mi verga y con la izquierda la tomé a ella de la nunca y le clave toda mi verga, hasta el fondo de su boca.

    Ella no se esperaba tal acto, puesto que lo hice bastante brusco ahogándola con toda mi verga al instante.

    Ella dando arcadas escurriendo baba hacia sus pechos, quería alejarme con sus manos, aunque fue en vano por qué mi fuerza era mayor, solo le quedo observarme directamente a los ojos, le salían lágrimas de sus ojos, con su boca desencajada, tratando de tragar todo el animal de verga que podía caber en su boca.

    Comencé a meter y sacar bruscamente mi verga, ella ya se había dado cuenta que no sería una mamada normal, como a cualquier chico, está sería una garganta profunda.

    Cómo accedió muy fácilmente a mamarme el pene, la tomé con mis 2 manos de la nuca y la obligaba a tragársela más, podía sentir sus labios llegando hasta el tope de mis huevos, cada que le llegaba hasta el tope, hacía arcadas y caras de vomitar, pero se la sacaba de golpe y salía mi verga escurriendo de su baba.

    -esta noche vas hacer mi puta, y te vas a tragar mi verga por el dinero prestado.

    Ella tomo mi verga con su mano y comenzó a masturbarme con toda la baba que me escurría de los huevos.

    -que rica verga tienes papito, está enorme

    -te gusta puta, trágatela toda!

    -tienes leche para mi?

    -tengo suficiente, es cosa que me hagas deslecharme.

    Su rostro había cambiado, inmediatamente el calor y excitación se había apoderado de los dos, comenzábamos a sudar y su rostro se veía sonrojado, me seguía observando con una mirada de puta mientras seguía masturbando mi verga.

    Le di una cacheta fuerte en la mejilla.

    -sigue tragándote mi verga perra, me encanta como te la comes

    Pensé que se espantaría con la cachetada, pero más se puso caliente, como una perra comenzaba a mamar mi verga de una manera única, ya no hacía falta empujarla, ya ella sola se esforzaba por metérsela hasta la garganta.

    La acomode haciendo que se recargara bien en los descansos del sofá, ya que me subí totalmente al sillón quedando con todo mi pene a su merced.

    Seguí cogiéndome su boca por un largo instante, metía y sacaba mi verga como si se tratara de una vagina jugosa, aunque en este caso era su boca que escurría chorros de baba, cayendo por su escote y pechos, mojando su blusa. Con sus manos por momentos me indicaba hasta donde no podía más, se la sacaba para que tomara aire, su blusa ya la tenía completamente mojada y llena de baba, cada vez más viscosa de sus arcadas, mi verga no dejaba de entrar y salir de su garganta.

    Su rostro se veía cansado, no dejaban de salir lágrimas de sus ojos y su cara se veía sofocada con mi verga, la estaba ahogando de tantas metidas.

    Saqué mi pene para que se diera un respiro, su frente goteaba de sudor, tomé mi verga con mi mano y comencé a restregársela en la cara, ensuciándola más de sudor y de su propia baba con mi verga, le volví a dar otra bofetada en la mejilla está vez con más fuerza.

    -ponte de perrito puta, dame ese rico culo que te cargas.

    Me baje del sillón y le ayude a voltearla, me encanta esta parte cuando las mujeres se vuelven completamente sumisas y se dejan coger como unas putas.

    Se acomodo en mi sillón y se puso en 4, me tomé un momento para observar ese culo empinado frente a mi como regalo sorpresa.

    Baje su mayon lentamente descubriendo sus nalgas blanquitas con unos coquetos lunares y una hermosa tanga roja, combinaba con sus zapatos.

    En 4 comencé a decirle más majaderías, cómo que se veía bien puta y rica con su tanga, o que se vestía y era igual de puta que sus hijas, mientras le daba fuertes nalgadas en cada pompa.

    Esto la calentó a tal grado que comenzó a chorrear squirts de su vagina mientras le daba dedo en su ano.

    -ufff! Eso mamita así vente, serás mi puta??

    -aaah… ah!

    sí papito, seré tu perra, me tienes extasiada!!

    Con tantas nalgadas que le di, sus nalgas no tardaron en irritarse y ponerse rojas, con mis dedos hice de lado su tanga empapada y me agaché a chupar todo ese corazón frente a mí.

    Se empino de una manera exquisita, con sus manos se abrió las nalgas floreándomelas para mí, toda su colita deseosa de verga, salía un aroma a pucha muy delicioso.

    Comencé a acariciar sus nalgas mientras con mi lengua chupaba todo su fluido que escurría de su vagina, tenía una vagina hermosa, tan pequeña y rosita que hasta parecía de una niña de 18 años y no de una señora, completamente rasurada.

    Pasaba mi lengua en su ano y su vagina rosadita, comencé a succionar su clítoris mientras introducía 2 dedos en su ano, ella ya gemía de placer.

    Se sentía muy rica la sensación de tener mis dedos dentro de su ano, ella lo apretaba cada que le lamía el clítoris o introducía mi lengua en su vagina.

    Me levanté después de haberme saciado de tanto fluido que trague y de sus venidas con mi lengua, ya había recibido todos los orgasmos que quería, ahora solo necesitaba deslecharme.

    Me levanté y mi verga seguía viscosa de baba, creo que me había vomitado unas pequeñas flemas, por qué parte de la baba en mi verga parecía moquillo color blanco, muy espeso.

    Abrí su culo y le dejé caer una enorme flema viscosa que le escupí de mi garganta hacia su ano, y comencé a frotar la cabeza de mi verga en él.

    -métela suavecito mi rey, tu verga está bien gorda

    -cállate perra, ahora te voy a romper el culo

    -si papito, rómpelo y llénamelo de tu leche

    -eso quieres puta, claro que te la daré

    Basto de un empujón para que ese rico ano que tenía se expandiera y tragara toda mi verga hasta el tope

    -aaaah…! No mames!

    -te dije que te la tragarías toda puta!

    -aaah… está bien rica!! Aaaah!

    Comencé a cogérmela por el culo, su ano paso de ser del tamaño de un cacahuate y la de un limón, apretaba con fuerzas mi verga cada que la tenía hasta el fondo, metía y sacaba mi verga y salía viscosa de su baba de esa perra, la tenía disfrutando al máximo con mi cogida, sus nalgas estaban ya moradas de las nalgadas tan fuertes que le daba mientras le jalaba el cabello y follaba su culo.

    Sacaba mi verga para escupirle más a su cola y volvérsela a meter, así estuvimos por minutos completos y llenos de placer.

    Había pasado el tiempo volando, llevábamos casi 1 hora de estar cogiendo, su ano ya estaba irritado y muy rojo junto con sus nalgas, era muy güerita la señora. Al fin había destrozado esas nalgas que se me habían antojado desde que las había visto.

    Al fin sentía el placer de estarme follando a la mamá de mis amigas, la cual una de sus hijas, también ya me la había follado tiempo atrás, esa es otra historia que relataré después, ella no lo sabía, en ese momento.

    Después de tantos gritos. majaderías y del sonido que emanaba en toda la sala de estar aplaudiendo, que en realidad eran sus nalgas chocando en mi cuerpo, sentí la sensación extasiante de por fin sacar mi leche.

    Comencé a bombearla aún más fuerte, más sádico, y nalguearla más, ella ya no podía más con el ardor de su ano y de sus nalgas, ya quería que terminara.

    -te gusta puta? Así te cogen?

    -ufff no papito, me has dejado sorprendida, ya no puedo más con tanto orgasmo.

    -y eso que aún no te cojo por tu vagina perra, pero eso será en otra ocasión.

    -dame tu leche papi ahhh!! Ya dámela!! Aaah!! ¡Ya la quiero!

    -así, así toma perra! no dejes de moverte

    -mas!!! Mas!! Ah… Ahhh…

    -te llenare ese rico ano, que buena puta eres!!!

    -aaaah siii duroo!!! Aaaah… Aaah así así así así!!!

    Ella sola se abalanzaba hacia a mí, introduciéndose toda mi verga hasta el tope

    -aaaaah!

    Al fin pude venirme, mi verga se engordo más de lo que ya estaba, mi cabeza se hincho al máximo, se la deje hasta el fondo y comencé a eyacular leche caliente y viscosa dentro de su ano, podía sentir como apretaba su culo, mientras ella sentía los calambres de mi verga chorreando semen dentro de ella una y otra vez, cómo 7 corridas de leche le avente.

    -no mames!!! Que delicioso!! Sacas abundante leche

    -ooh… oohg… cómo no iba a sacar tanta leche después de tremenda follada que nos dimos perra!

    Saque mi verga ya flácida de su ano, su culo estaba totalmente irritado y abierto escurriendo mi leche, se había comportado como toda una vil puta en mi casa, sus nalgas ya no eran blancas, eran rojas, con las siluetas de mis manos marcadas entre tonos morados.

    La ayudé a levantarse, estaba mareada y así se subió su tanga y su mayon, su blusa había quedado toda manchada y mojada de baba, su rostro estaba desalineado, mojado de sudor y sonrojado, su bilé y la pintura de sus ojos todo despintado, ya se le habían comenzado a poner morados sus cachetes de las bofetadas que le había dado.

    Mientras recuperábamos el aliento, ella comenzó a arreglarse el cabello y a lavarse la cara, tenía sus ojos muy rojos de que había estado llorando, al parecer mientras la follaba analmente también había estado sacando lágrimas de sus ojos, pero eran lágrimas de dolor y satisfacción, ya me la había cogido como una vil perra.

    Entre a mi habitación a buscar mi billetera y saque unos cuantos billetes.

    -tómalos, ese dinero te lo regalo, pero recuerda lo que dijiste, que serías mi puta

    -si papito muchas gracias, me hiciste mi noche!!!

    -no hay de que, cuando necesites búscame

    -gracias, me voy por qué les dije a mis hijas que iría a la tienda, seguro ya están preocupadas.

    Nos despedimos con un beso en la boca, se terminó por arreglar y como pudo salió de mi casa sin que la vieran los vecinos, que rico fue verla irse, sabiendo que iba llena y escurriendo mi leche de su rico trasero.

  • Vacaciones en Oaxtepec

    Vacaciones en Oaxtepec

    Cuando mis hijos estaban niños, mis padres y otros tíos, decidieron que sería muy bueno ir de vacaciones al centro turístico de Oaxtepec, donde rentaríamos algunas cabañas juntas, una para cada familia. Permanecer desde el viernes en la tarde hasta el domingo en la noche. En nuestro caso, Saúl, mi esposo, rentó una cabaña para nosotros y sugirió que ocupáramos una de las más aisladas para evitar que el escándalo, que preveíamos harían en la noche mis tíos y mi padre, despertara a los niños.

    Coincidió que Roberto, primo de mis primos y mi primer amante, y estaba de visita con unos tíos míos y también fue invitado. Además, por si fuera poco, Saúl tendría una reunión el sábado por la mañana y nos alcanzaría después de su junta. ¡No podíamos desperdiciar Roberto y yo esa oportunidad…!

    Después de la comida, caminamos un poco y quedé de acuerdo en que dejaría abierta la puerta para que Roberto entrara cuando lo considerara más adecuado. En la noche le hablé a Saúl para decirle que llegamos bien. Todo estuvo muy bien, pues en la terraza de la cabaña del extremo opuesto a la nuestra fue donde los más jóvenes nos pusimos a cantar a platicar, pero en su interior, los tíos se pusieron a tomar y jugar cartas.

    Poco a poco, nos fuimos retirando, creo que nosotros, mis hijos, ya casi dormidos, y yo muy expectante, fuimos los primeros, y lo hicimos a media noche. Me despedí de cada uno con un beso. A Roberto le dije, en voz muy baja, que lo esperaría. Pero atrás de nosotros estaba mi prima Chavela, ocho años menor que yo, y, por el gesto de desprecio que me hizo, parece que se dio cuenta de lo que habíamos acordado. Lo peor de toda esta situación vino un par de años después, cuando mi matrimonio estaba muy deteriorado, en que me reclamó que yo anduviera con Roberto, ya que nos vio haciendo el amor (vestidos, pero Roberto con el pene afuera y yo con la pantaleta a un lado), y le contesté que eso a ella no le importaba. “A mí sí me importa, pues me gusta Saúl y quiero darle un poco de lo que tú no le das”. Supongo que lo cumplió, pues a Saúl lo veía muy feliz cuando ella iba a pedirle ayuda para estudiar algunas materias de matemáticas. Además, la infeliz de Chavela, al salir del cuarto de estudio se cotoneaba moviendo las nalgotas al despedirse y a mi marido se le caía la baba al verla.

    Bueno, después de este coraje que me dio al acordarme de mi prima, regreso a donde estaba. Mis hijos dormían en la cama matrimonial y yo reposaba desnuda en una de las camas individuales del cuarto contiguo. Escuché que la puerta se abrió y me puse de pie para recibir a Roberto, quien, al verme, cerró sigilosamente la puerta y se vino directamente a mí para abrazarme y besarme. Me escurrí al sentir su pene con una erección tremenda. Le ayudé a desvestirse y en un santiamén quedó igual que yo. Allí, en la sala, me colgué de su cuello y le sujeté la cintura con mis piernas. Roberto me sostuvo de las nalgas y su pene entró todo para mi deleite. Sólo se escuchaban jadeos y ahogué los gritos de mis orgasmos; sentí el calor del amor que Roberto me depositaba en la vagina, sus manos cedieron en fuerza y descendí tocando el suelo. Al tomarlo de la mano para llevarlo a la cama, me pareció ver una silueta de cabellera blonda que se escurría entre la sombra del jardín. Seguro que era Chavela…

    Roberto y yo nos acostamos de cucharita para caber en la cama individual y dormimos un poco. Escuché que mi hijo me llamaba y me levanté; “Quiero agua”, me dijo y le alcancé el vaso que estaba en el buró. Volvió a dormirse y regresé con Roberto. Le chupé el pene para dejarlo listo y me monté a cabalgarlo hasta que me vine. Me dejó descansar, pero al poco tiempo se subió en mí y moviéndose rico, diciéndome “Te amo, mi puTita”, se vino en mí. Roberto acarició mi pecho y se puso a mamar mis tetas acariciando mis nalgas y piernas con la otra mano. Dormimos abrazados, sólo despertábamos para besarnos constatando nuestra felicidad. En la madrugada, aún se escuchaban las risas y los cantos de mis parientes cuando nos dimos la última muestra de amor para despedirnos. “Sal con cuidado, yo cierro”, le dije mientras él se vestía. Se fijó que no anduviera alguien cerca y, silencioso, salió después de darme un beso. Cerré y me fui a dormir.

    En la mañana del sábado, llegó Saúl. Iba acompañado de Chavela, quien, dando toquidos a la puerta, le dijo “Me consta que aquí están ellos” y se rio. Me puse una bata y abrí; Saúl le agradeció a Chavela, despidiéndose con un beso. Me pareció que ella le acarició el pene sobre la ropa, y lo constaté cuando entró, por lo notorio del bulto. Como aún era temprano, Saúl se desvistió y me quitó la bata, después de ver a los niños, con el falo muy erecto, en parte por el apretón que le dio Chavela y otro tanto por mi olor y desnudez, me llevó a la misma cama donde Roberto y yo habíamos “dormido”, es un decir. Él quiso chuparme la vagina, pero yo no se lo permití pues seguramente aún tenía resabios de amor. “No perdamos tiempo y aprovechemos esto”, le dije montándome en Saúl, haciéndolo venir pronto, yo también me vine mientras le aseguraba que lo amaba (“también a ti”, pensé sin decírselo). Me tomó de una teta y acarició tal como lo había hecho Roberto para quedarnos dormidos, nosotros también; hasta que nos fueron a despertar los niños.

    Fuimos a desayunar al restaurante, donde coincidimos con otros de los parientes, casi todas las mujeres. Nos asoleamos, estuvimos con los niños y mis padres en el chapoteadero de la cabaña. En la noche otra vez hubo tertulia. Acosté a los niños en las camas individuales, mientras pensaba en lo que habría pensado la recamarera al cambiar la sábana húmeda de semen de mis dos amores, además de los vellos que nos desprendimos en la refriega.

    Nos acostamos, desnudos y nos besamos y acariciamos como si estuviésemos recién casados.

    –¿Recuerdas las veces que estuvimos en Oaxtepec? –le pregunté.

    –Sí, las veces que pelé a la mandarina en el vestidor –dijo en alusión al color de mi traje de baño que me quitó para hacerme el amor– También cuando renté una cabaña igual a ésta para gozarnos. ¡Ni siquiera salimos a nadar ese día! –completó.

    –Sí, fue muy hermoso, le dije y puse mi pelambre sobre su boca para que me chupara como le gusta.

    –Aún sabes a mí –dijo y siguió chupando– ¡Estás riquísima! –gritó.

    –¡Cállate, que vas a despertar a los niños! –le espeté en voz baja, moviéndome para sentir también su nariz, además de sus labios y su barba.

    Me pareció ver otra vez la silueta de alguien por la ventana, pero no dije nada. “¿Qué tal que no es Chavela sino Roberto?”, pensé. y decidí darle una gran función al voyeur. Prendí la luz de la lámpara para que el mirón, o mirona, no se esforzara mucho. Hicimos el amor en muchas posiciones y culminamos en un “69”. Apagué la luz antes de dormirnos.

    Al día siguiente, próximos a retirarnos, cuando los responsables entregaban las cabañas. Le pregunté a Roberto si él había estado espiando por la ventana. “No, me mantuve alejado de ustedes siempre”, dijo. Fue entonces que volteé hacia un lado y vi a Chavela, quien con la cara notoriamente roja sobre su piel blanca se retiró de allí. “¿Sería ella?”, preguntó Roberto al darse cuenta también de la cara subida de tono.

    Todos regresamos a casa sin ningún contratiempo. Pero aprovecharé, para contarles algo más de Chavela.

    Cuando Saúl y yo ya estábamos mal en nuestra relación, Roberto me veía cuando venía a la Ciudad de México. Varios de mis tíos y yo vivíamos en un conjunto habitacional de pequeñas casas. El estacionamiento estaba rodeado por unas casas, ninguna tenía ventana hacia él y otra parte lo ocupaba el frente de una escuela pública. Roberto solía estacionar su camioneta al lado de la escuela, donde casi nadie transitaba en la noche. Allí hacíamos el amor. Yo me hacía a un lado la pantaleta, Roberto se sacaba el pene y me sentaba sobre él.

    Una vez que ya me iba a bajar, pues habíamos concluido el coito, me quedé helada pues vi que Chavela había estado observando todo. Ella se encaminó hacia la zona donde yo tenía que pasar.

    –¿Por qué no te divorcias para que andes a gusto como puta? –me recriminó.

    –¡A ti no te importa lo que yo haga con mi vida! –le contesté

    –A mí sí me importa, pues me gusta Saúl y quiero darle un poco de lo que tú no le das –contestó como una sentencia–. Divórciate, o no lo hagas, yo no lo necesito –dijo, dejándome en la duda–, ya sé lo que es pasar una noche con él –remató disipándola.

    Años después, cuando ya estábamos bien, le pregunté a Saúl si le gustaba alguna de mis primas para coger.

    –Varias de ellas me gustan para eso, también tus hermanas y algunas tías, pero no voy a cogerme a todas las que quieran. ¡No andes de celestina! –contestó tajante, creyendo que se lo decía porque alguna me hubiese dicho que quería con él.

    –No, sólo es una pregunta –dije– ¿Te cogiste a Chabela? –le pregunté directamente.

    –¡Ja, ja, ja!, ¿quieres mi catálogo de tus familiares? Yo no soy el padre del hijo de la hermosa “Princesa pelos de elote”. ¡Ja, ja, ja…! –dijo refiriéndose a Chavela

    Continuó riendo y, celosa al escuchar que se refería a mi prima como “hermosa”, le lancé dos cachetadas. Sólo atiné en la primera, la segunda fue detenida por su mano. Continuó riendo a carcajadas “¿Y ahora qué?”, preguntó antes de volver con su risotada.

    Aunque hayan pasado muchos años, y estoy segura que Chavela se lo tiró muchas veces, no dejo de sentir celos tremendos. La verdad, todas mis primas, tías y hermanas, trataron a Saúl con mucho cariño cuando se supo que yo tenía como amante a Roberto, seguro que se manoseó, o se cogió, a algunas, todas son chichonas y nalgonas, y eso le encanta a él…

  • Show sexual de mi mujer en el Caribe (parte 6)

    Show sexual de mi mujer en el Caribe (parte 6)

    Mientras íbamos al restaurante del complejo hotelero con Luli, mi mujer, nos cruzamos con los animadores Kevin y Coqui, que venían de los alojamientos del personal, ambos impecables con camisas entalladas y bermudas ceñidas en tonos pastel. Los saludamos, mi mujer les comió la boca a ambos, totalmente desatada y los invitó a cenar con nosotros.

    Trataron de excusarse, pero ella insistió y se dirigió resueltamente al maitre, sonriéndole con malicia. Le pidió una mesa para cuatro pues tenía invitados y era su primera noche en el hotel. Con gesto adusto, buscó y rebuscó en su planilla hasta que halló un reservado que había sido recién desocupado, pero que aún no estaba disponible, si podíamos esperar. Encantados y agradecidos, dijo Luli, relamiéndose.

    Tomamos un trago mientras aguardábamos y ella no dejaba de coquetear con ambos, acariciando sus brazos y acercándose a sus cuerpos con atrevimiento. Ya se notaban los bultos en sus bermudas, cuando se acercó un joven camarero, Andy, para llevarnos a la mesa. Tostado por el sol, lucía encantador con su pelo castaño claro, corto, pero con un mechón rebelde sobre la frente que lo hacía más simpático, ojos celestes, cara ligeramente angulosa rematada en una barbilla hundida y un cuerpo esbelto de atleta, con acento extranjero. También lucía una variante del uniforme del personal, camisa entallada color salmón y bermudas ceñidas color crema, que destacaban su silueta y atraían nuestras miradas.

    Nos condujo hasta el reservado, invitándonos a mi mujer y mí a sentarnos del lado de la pared, frente a frente, y nuestros acompañantes a cada lado, Kevin del suyo, Coqui a mi izquierda, con los muslos bien pegados entre nosotros.

    -¿De dónde sos?, le preguntó Luli al camarero.

    -De Toronto, estoy estudiando español y hostelería, respondió solícito el canadiense, sin sacar los ojos del escote generoso de mi mujer.

    -Hablás muy bien castellano.

    Agradeció, nos repartió el menú y llegó Adriano con la carta de bebidas. Otro bombón el colega, también tostado, bien formado, pelo y ojos negros, pestañas que parecían pinceles, brazos musculosos sólo lo necesario y una sonrisa que derretía las velas. Los caribeños pidieron cervezas y nosotros un Chardonay que nos recomendó Adriano.

    Dimos cuenta de la lasaña de verdura con salsa rosé y pesca del día con verduras al vapor, mientras con las manos libres acariciábamos los muslos de los compañeros de asiento. Luli no dejaba de gemir y decir qué rico a cada bocado, mirando a Kevin y chocando sus copas. Coqui se dejaba hacer y cuando llegué a su bulto, noté que ya estaba al palo, como yo.

    Dejé caer la servilleta y descubrí el motivo de los gemidos de mi mujer. Estaba sobando la pija erecta de Kevin sobre la bermuda, mientras él hurgaba en su tanga con los dedos. Me alcé sonriente, le guiñé el ojo a Luli y le mandé un beso al aire, gesticulando un te quiero con mis labios. Igual, vocalizó ella, devolviendo el beso con creces y sobresaltando a Kevin. Supongo que le debe haber apretado el paquete.

    -¿Todo bien?, les pregunté.

    -Muy bien, respondieron al unísono.

    Tomamos el helado y un café para cerrar la cena. Cuando los camareros vinieron a retirar el servicio, los invitó a las clases de baile del show, bien bañaditos. Dijeron que sí, porque era una de las materias que habían elegido para rendir libres y, además, coincidía con su horario de salida, pero les llamó la atención lo del baño.

    -Me gustan los chicos bañaditos y perfumados. Los esperamos en el jardín cerca del salón, así me muestran cómo bailan para que pueda aprobarlos, les dijo con picardía.

    Salimos los cuatro al aire nocturno por una puerta cercana, para evitar miradas indiscretas sobre nuestros bultos y fuimos hasta el jardín. Kevin la llevaba de la cintura baja resueltamente y ella le manoseaba los glúteos en el camino, mientras le susurraba al oído cada tanto. Estaba oscuro y limpiamos la humedad del roció en un banco con toallas de papel para sentarnos a esperar a los canadienses. Era para tres, así que nos hizo sentar con Kevin al medio y ella se ubicó en su regazo, de espaldas, bien ubicada sobre su miembro duro, empezando el meneo que tan bien sabía hacer.

    Coqui y yo le metimos mano entre las piernas hasta llegar a su conchita húmeda, separando la tanga hacia un lado y hacia el otro. Gimió mientras se volvía a chuponear con Kevin y éste le sobaba las tetas ya por debajo del escote. Cada tanto, me besaba o aprovechaba los labios carnosos de Coqui mientras yo aprovechaba la calentura de Kevin para acariciarle los pectorales e interponer mi mano entre su pija erecta y las nalgas de mi mujer, gozando de ambas cosas.

    Estábamos tan excitados que no notamos que habían llegado Andy y Adriano, que nos miraban con asombro y carraspearon. Lejos de sobresaltarse, Luli se acomodó algo el vestido, les tendió las manos e hizo que la levantaran de su cálido asiento, agradeciéndoles con un tremendo morreo a cada uno. Hizo que la tomaran de la cintura y se fue con ellos metiéndoles las manos en los bolsillos traseros para acariciarles las nalgas.

    El salón estaba apenas iluminado, a medio llenar y sonaba la música. Pudimos elegir mesa con sillones en un rincón apartado y oscuro, sentándonos tres por lado, ella entre los canadienses, después de chuponearse con Kevin y Coqui, guiñándome un ojo. Apenas ubicada entre los estudiantes comenzó a acariciarles los brazos y las piernas, mientras les susurraba lo lindos que eran y qué fuertes que estaban.

    Llegaron los mojitos y tras un trago, de las caricias pasó a los besos para saborear sus lenguas ávidas. Ellos me miraban asombrados. les asentí con una calentura que me explotaba porque acariciaba los duros paquetes de mis compañeros de asiento, y empezaron a meterle mano en los pechos por fuera y por dentro del escote. Lilu detuvo su morreo un instante y me sacó la lengua. Era la señal y le gruñí por encima de la música:

    -¡Las dos! ¡A fondo! Dale.

    Maniobró para abrirles las bermudas uno por uno y sacarles la pija para sobárselas, y enseguida se inclinó para chupar una y pajear al otro. Gemían ambos y los fue alternando, pasando de uno al otro como quien da vueltas en una calesita. Tomé mi mojito de un trago y me adelanté en el sillón sin soltar los pingos caribeños para tratar de ver algo de la mamada que mi mujer daba a los canadienses, pero sólo logré que me acariciaran el culo y me pusieran más frenético.

    Kevin propuso ir a bailar, sin importarle exhibir el bulto que pugnaba por romper sus bermudas, y mi mujer fue soltando la pija de uno y sacando la boca de la empalmada poronga del otro camarero, los dejó recuperar la compostura, y se levantó para bailar al compás de Kevin, sin preocuparse porque su vestido mostraba más de lo que cubría. Bailaron, se acariciaron y se morrearon sin ataduras en la pista, al punto que los canadienses les hicieron corro junto con varias parejas y aplaudían mientras Luli y Kevin se daban sin tapujos, a punto de tener sexo delante de todos.

    Me quedé en el sillón para sacarme el gusto con Coqui, que respondía con ganas y aproveché para besarlo apasionadamente y abrirle la camisa para lamer sus pectorales, abdominales y apoderarme de su glande suave y rosado como un helado de frutilla. Se lo lamí con mucha delicadeza hasta que no aguanté más y empecé a tragarme su tronco enhiesto por enésima vez. Levantaba sus nalgas para metérmelo hasta el fondo y yo aceleraba mi chupada hasta que empecé a sentir que le salía líquido seminal, que me apresuré a lamer en su delicioso glande rosado y húmedo.

    Le susurré al oído que me gustaba mucho, que me lo volvería a comer todo, pero quería ir a ver qué pasaba en el corro que se formó en la pista. Le acomodé la ropa y me lo llevé de la mano hasta ponerme detrás de Andy, que se sobresaltó al sentir mi bulto entre sus nalgas.

    -Perdón, le dije.

    -No es nada, no sabía quién era.

    -Somos nosotros, le dije, pues tenía a Coqui apoyándome su paquete y tomándome de la cintura.

    -Todo ok, me dijo y me sonrió.

    Casi lo beso de lo lindo que estaba, pero atiné a decirle al oído que fuera a la pista a unirse al festín con Luli y Kevin.

    -Es muy caliente tu mujer, me dijo.

    -Ni lo dudes, le dije con voz ronca por el deseo.

    Cuando Luli lo vio, alzó los brazos invitándolo a tomarla de frente. Fue un frenesí de besos y morreos entre los tres y el corro estalló en vítores. Mi mujer les abrió la camisa a los dos y fue acariciando sus pectorales alternativamente, mientras les comía las bocas y bajaba las manos a ambos bultos, que se notaban durísimos y apetitosos, mirando hacia todos fingiendo asombro, la muy calentona.

    Al mismo tiempo, yo meneaba mi culo atrayendo a Coqui a mi espalda y recostándome sobre él, que me pasó sus brazos por delante para sobar mi pija parada y me apoyó con total descaro. Mi mujer empezó a bajar los cierres de las bermudas de Kevin y Andy, mientras la barra aullaba y aplaudía, y sacó los miembros duros de ambos para pajearlos, relamiéndose.

    Mientras, seguía chuponeándolos alternativamente y ellos le manoseaban los pechos, el culo y levantaban su vestido para incursionar en su tanga empapada. Entrelazaba las lenguas uno a uno hasta que los instó a besarse entre ellos mientras se arrodillaba a besarles la pija tomando una con cada mano. Lamió y chupó los glandes chorreantes de líquido seminal, ante la ovación del corro.

    Mientras, yo me besaba con furor apasionado con Coqui y empujaba mi culo hacia su pingo durísimo, él me sobaba la pija ya por dentro de mi bermuda y entreví a dos metros a Adriano que nos miraba asombrado con los ojos como platos. Sin soltar los generosos labios y la ansiosa lengua de Coqui, le guiñé un ojo al canadiense morocho y lo llamé con la mano. Se acercó y le pregunté si le gustaba el espectáculo de mi mujer, mirando al bulto de su bermuda, donde su pija pugnaba por romper el cierre.

    Sólo asintió y me atreví a manosearle el miembro por encima de la tela. Dio un respingo, resopló y cerró los ojos, dejándose hacer. Miré a Coqui y le hice señas al trasero del camarero. Quitó una mano de mi bulto y lo llevó al glúteo de Adriano, mientras yo le sobaba la pija y notaba la humedad que se filtraba por la fina tela de su bermuda.

    Por suerte, no permitían celulares en la fiesta bailable, porque la situación entre Kevin, Luli y Andy en el centro de la pista se desmadró definitivamente.

  • Volviendo a las andadas

    Volviendo a las andadas

    Antes de comenzar la pandemia me registre en una app de citas, las mujeres que he conocido en ella son pocas, pero las experiencias únicas.

    Esta es la historia de mi encuentro con Olga, una madura de 50 años, recientemente divorciada y con ansias de coger. La historia y lo que puedo contar de Olga es breve, estuvo mucho tiempo casada con una persona religiosa, la mentalidad mediocre de su ex esposo los llevo a alejarse con el tiempo y finalmente a separarse de una manera bastante desagradable después de una infidelidad, por lo que llevaba poco mas de dos años sin coger y solo masturbándose para sobre llevar la situación.

    Después de mucho platicar por fin pudimos ponernos de acuerdo y quedamos de vernos el jueves de la semana pasada en un restaurante cerca del aeropuerto de la ciudad.

    Nos quedamos de ver temprano para irnos a pecar, me preguntó que si yo quería algo especial o que me gustaba y le dije que me encanta la lencería, los ligueros principalmente y si no era mucho pedir que se llevará una tanga muy muy pequeña que apenas le quedará y se le perdiera entre las nalgas y los labios y que fuera completamente depilada.

    Durante todo el tiempo que platicamos salió varias veces el tema del sexo anal y me dijo que le gustaba pero que era muy estrecha y había tenido problemas por lo mismo, sobre todo porque cuando probaba le llegaba a doler, así que le dije que le iba a regalar un juego de plugs, el cual compre desde hace tiempo anticipandome a la oportunidad.

    Entonces cuando nos estábamos poniendo de acuerdo le pregunté que que prefería, si se los mandaba o se los llevaba el día que nos viéramos y escogió la segunda opción, me dijo «quiero que me enseñes a usarlos mientras estamos en el hotel».

    Llegue al restaurante a las 10 de la mañana y después de unos minutos llegó ella, la cuestion es que siempre fue un poco insegura por su edad y me dijo varias veces que si me quería echar para atrás ella comprendía, así que en cuanto llegó le di un beso en la boca, algo sencillo y rápido, pero que la hiciera sentir segura, de ahí nos subimos a su carro y nos fuimos luego al hotel, escogí ese restaurante porque a la vuelta de la calle hay un motel bastante discreto.

    Ya en el cuarto del motel fue que pude verla bien, traía un vestido negro ligero, medias de malla y tacones, se veía bastante bien aunque como siempre estaba un poco insegura, así que me acerque a ella y la volví a besar, está vez lento, con calma mordiendo ligeramente sus labios, mientras con mis manos la jale hacia mi y comencé a apretar sus nalgas con fuerza, después de unos cuantos besos mis manos fueron subiendo a sus pechos, traía brasier, así que lo desabroché y ella se lo termino de quitar, el escote del vestido me ayudó a liberar fácilmente sus senos y comencé a lamer sus pezones mientras mis manos recorrían de nuevo sus nalgas y subían su vestido para disfrutarlas directamente, con los dedos descubrí que traía una tanga que no cubría nada, justo como se la pedí y las medias eran parte del liguero.

    Termine de sacarle el vestido y le pedí que me dejara verla completamente, ella tomo mi mano y dio una vuelta como si estuviera bailando, desde que la vi en el restaurante me causo una erección y tenerla ahí desnuda frente a mi totalmente disponible termino de ponerme al 100, Olga comenzó a acariciar mi verga sobre el pantalón y luego a desvestirme, voló la camisa, luego el pantalón y solo me quedé en boxer frente a ella.

    Se acostó en la cama y abriendo las piernas me dijo «soy tuya, tómame como quieras, úsame» me acerque a ella, su tanga estaba completamente mojada y se perdía entre sus labios, lentamente empecé a lamerlos, empezando por los labios exteriores, puso sus piernas sobre mis hombros, la escena era excitante, ella totalmente abierta de piernas y sobre mis hombros con todo y tacones y yo lamiendo su vagina sobre la tanga, la hice a un lado y comencé a lamer su clítoris, lamidas largas y lentas, todo el camino desde su ano hasta el clítoris, su sabor era delicioso y siempre que pasaba entre sus labios aprovechaba para penetrarla un poco con la lengua, se dió la vuelta poniéndose en cuatro, se veia tan sexy, con la tanga corrida de lado, totalmente abierta.

    Empecé a lamer su ano, despacio, sin prisa, penetrandolo con mi lengua, lubricandolo, mientras la masturbaba con mis dedos, en esa posición llego el primer orgasmo, pude sentirlo en mis dedos y en la lengua, comenzó a gemir con más fuerza y a mover las caderas.

    Con la voz entre cortada me dijo «cogeme, cogeme duro, llevo tiempo esperándolo».

    Ella estaba en cuatro, con las nalgas bien levantadas y el pecho pegado al colchón empecé a penetrarla, sus gemidos sabían a gloria, sus caderas se movían al compas de cada embestida y el sonido del choque de mi cadera contra sus nalgas inundó el cuarto, mis manos estaban en su cadera y la jalaba con fuerza para llegar lo más adentro posible.

    Llegó el segundo orgasmo (si, si los conté casi todos) mientras ella mordía una almohada y clavaba sus uñas en las sábanas y gemía al punto de empezar a gritar, su vagina apretaba riquísimo con cada contracción.

    Sin salirme la dejé descansar un poco, seguia penetrandola pero despacio, con calma, saliendo casi del todo y entrando hasta el fondo, con media sonrisa perversa volteo a verme y me preguntó «trajiste mi regalo?».

    Con la promesa de lo que venía me separé de ella para buscar los plugs, era un paquete de 3, de diferentes tamaños, de látex, rojos con imitaciones de gemas color blanco en un extremo, se los enseñe y totalmente excitada me dijo «enséñame a usarlos», tomé el más pequeño y le dije «vamos a empezar de a poco, si te duele dime para detenerme, el chiste es que lo disfrutes, no que te duela».

    Sentada en la cama tomo el plug que tenía en mis manos y mirándome con toda la lujuria del mundo me dijo «mi culo es tuyo, haz con el lo que quieras» mientras lamía el plug para lubricarlo.

    Se puso en cuatro de nuevo, con una mano separo sus nalgas y con la otra empezó a masturbarse lentamente, comencé a lamer su ano de nuevo, lubricandolo con saliva lo más posible, penetrandola con mi lengua hasta donde era posible, tomé el lubricante y desde lo alto deje caer unas gotas sobre su ano, con los dedos empecé a distribuirlo mientras la penetraba poco a poco, primero haciendo círculos sobre su ano, luego poco a poco, primero la punta de los dedos y avanzando con calma, hasta que mi dedo entro por completo.

    Lo metia y sacaba lentamente, en un punto me di cuenta que había dejado de masturbarse y simplemente disfrutaba de mis manos, use un poco más de lubricante, dejandolo sobre la abertura de sus nalgas, con una mano tomé el plug y lo lubrique hasta que quedó totalmente brilloso, retire mi mano y apoye despacio la punta del plug sobre su ano, ella comenzó a mover las caderas y a gemir, poco a poco fui empujando el plug, cuando entro del todo comencé a jugar con el, sacándolo un poco y metiendo lo de nuevo, cuando su ano se adapto al plug empecé a sacarlo hasta la parte más gruesa para que su ano se fuera dilatando, no pude aguantar más y metí mi verga en su vagina, totalmente húmeda, escurriendo y empezamos a coger de nuevo.

    «masturbarte para mí» le dije y así en cuatro llevo su mano de nuevo a su clítoris y comenzó a frotarlo con fuerza mientras yo la penetraba, unos minutos después se separó de mi, se acostó boca arriba y abriendo las piernas todo lo que podía me dijo «tómame».

    Su tanga ya solo estorbaba, así que se la quite y entre en ella, sus piernas rodeaban mi cadera, sus uñas se clavaban en mi espalda y yo lamía sus pezones con fuerza.

    Cada que entraba en ella sentia el plug en su ano y eso me excitaba más, mientras la besaba tuvo un orgasmo, estridente, fuerte, de esos que sacuden tu mundo por completo.

    Después de unos minutos se levantó de la cama, se acomodo juntos en la orilla, puso sus manos sobre el colchón y levantando la cadera me dijo «termina lo que empezaste, son 3 plugs y apenas haz usado uno».

    Me levanté de la cama, lentamente saque el plug de entre sus nalgas, tomé de nuevo el lubricante y prepare el segundo plug, poco a poco lo fui metiendo, jugando con su ano, metiendolo y sacándolo poco a poco, ese costo un poco más de trabajo porque no podía meterlo por completo y ella misma lo empujaba hacia afuera, cuando entro por completo gimió con fuerza y luego se levantó, tomo mi verga entre sus manos y poniéndose en cuclillas comenzó a lamerlo como si fuera un dulce.

    Yo la veía por el espejo mientras hacía esto y pude verla como comenzó a masturbarse se nuevo, después de lamer un rato, metió mi verga por completo en su boca, sus labios tocaban mi cadera y lo hacía de forma magistral, se que tuvo otro orgasmo en ese momento porque sentí como su garganta y su boca oprimian mi pene.

    La tomé por el cabello con fuerza mientras lamía mi verga y la sacaba de su boca para jalar aire.

    Se levantó con calma, subiendose a la cama separo sus nalgas y me dijo «estoy lista, ven por mi culo», tenia el plug completamente adentro, me costó un poco de trabajo tomarlo, entre el lubricante y lo profundo que había llegado me complicaron las cosas unos segundo, pero tomándolo con firmeza comencé a sacarlo lentamente, ella solo gemía y seguía separando sus nalgas, cuando el plug salió lo reemplace con mis dedos, está vez eran dos y entraban y salían con facilidad, con la otra mano comencé a masturbar su clítoris y penetrarla con los dedos.

    Estaba completamente lubricada, así que fue bastante sencillo, mientras frotaba con fuerza su clítoris la penetraba analmente con los dedos, ella soltó sus nalgas y comenzó a gemir con fuerza mientras se agarraba del colchón, con la voz entre cortada y gimiendo me dijo «que me haces que se siente tan bien, hazme gozar, hazme tu puta, cogeme».

    Saque los dedos y acerque mi verga a su ano, poco a poco comencé a entrar en ella, hasta que mi cadera choco con sus nalgas, ella solo gemía y disfrutaba del momento, le di unos segundos para que se acostumbrara a mi pene y ella fue la que empezó a moverse lentamente.

    Después de unos minutos entraba y salía con toda la facilidad del mundo, ella gemía y en un momento se quedó completamente en silencio, «estás bien?» Le pregunté, «si por favor no te detengas» fue lo único que me dijo, seguí penetrandola hasta que me dijo «súbete a la cama», me subí y ella se montó sobre mi, con sus manos guío mi verga hacia su ano y comenzó a cabalgarme con fuerza, con sus manos tomo sus senos y comenzó a apretarlos y a jugar con sus pezones.

    Pude sentir su orgasmo mientras se desplomaba sobre mi, gimiendo en mi oído, susurrando «mira como me tienes, montada sobre tu verga, completamente descontrolada y gimiendo mientras me coges por el culo».

    La dejé descansar un poco, el último orgasmos había sido intenso, nos quedamos así un rato acostados, ella sobre mi y yo dentro de ella.

    Después de un rato acostados ella se levantó al baño, «necesito hacer pipí» me dijo y se fue contoneando el trasero sabiendo que la observaba.

    Después de unos minutos regreso a la cama, se puso de rodillas y masturbándose despacio me dijo con lujuria en los ojos «quiero más, puedes?» Yo todavía no me había corrido, claro que podía, se acostó sobre la cama, abrio las piernas y con su mano en el clítoris me pidió que lo lamiera, de nuevo mi lengua recorrió su clítoris, sus labios y la entrada de su vagina, ella acariciaba mi cabello y me decía «así, así, sigue, me estás volviendo loca».

    Minutos después me dijo «recuerdas mi fantasía?, Me la vas a cumplir», «estás segura?» Le pregunte y solo me sonrió y asintió con la cabeza.

    Empecé a penetrarla de nuevo, su vagina era increíblemente cálida y apretada, minutos después salí de ella y la penetre por el ano, despacio, lento, con calma, solo para cambiar de nuevo a su vagina, su fantasía siempre había sido esa, que se la cogieran pasando de la vagina al ano y de regreso y pues quién soy yo para negarle semejante gusto.

    Al principio gemía con fuerza, jugaba con sus pechos y se mordía los labios, pero después de un rato se quedó callada, con los ojos cerrados y mordiendo sus labios, antes de que pudiera preguntar comenzó a correrse con fuerza y a respirar con dificultad, de su vagina salió disparado un chorro, estaba teniendo un squirt, el segundo del día después me enteré y al entender lo que sucedía empecé a penetrarla con más fuerza, hasta que simplemente se dejó caer en la cama totalmente agotada, tomamos un tiempo para que se recuperará, pensé que iba a tardar más pero a los pocos minutos se levantó de nuevo, quitándome el condón llevo de nuevo mi pene a su boca, «termina en mi boca» fue lo único que alcance a escuchar.

    No voy a mentir, la maestría con la que lo hizo y la excitación del momento me hicieron terminar pocos minutos después.

    Casi se me va el alma, las piernas me temblaron y eso acabo conmigo.

    Nos quedamos acostados en la cama un rato, platicando de todo y nada a la vez, después de un buen rato nos levantamos a bañarnos e irnos del motel, pasamos un buen rato ahí y la verdad es que valió un chingo la pena.

    Ya tenemos planeado vernos de nuevo esta semana, después les contare como me fue.

  • Perdidos (11): El cumpleaños de Jonathan

    Perdidos (11): El cumpleaños de Jonathan

    Durante el resto de ese día Jonathan evitó todo tipo de contacto con su madre y su hermano mayor. Y es que estaba realmente celoso y furioso con todo lo que había visto a escondidas durante el “el encuentro clandestino” y amoroso que habían tenido su hermano Jonás y su mamá.

    Muchas cosas pasaban por su cabeza, se sentía traicionado por su hermano, quien se comía solito a mami sin poder conseguirle una “cita” con ella. Y se sentía humillado por su mamá, quien a sabiendas de que é también sufría los efectos de la “soledad”. Ella tenía descaradamente un romance con el mayor de los hijos, y al mismo tiempo les coqueteaba con ropas ajustaditas, a él y al resto de sus hijos.

    Esa actitud de coquetería altanera, de hecho, Judith la mantuvo durante los próximos días siguientes, por lo que el “odio” hacia ella se fue acumulando en Jonathan, quien ya no contaba con la “ayuda” de su hermano Jonás para acercarse a su mamá, ya que el mismo Jonathan había decidido tomar las riendas de su propia estrategia para llegar a cogerse por fin a su hermosa y altaneramente coqueta madre.

    Fue así que tres semanas después de haberlos visto encamarse en aquella cueva estando él mismo escondido a pocos metros de ellos. Una mañana después de espiarla practicando sus sensuales ejercicios de Joga, tomó la firme decisión de jugarse el todo por el todo con ella.

    Judith concluyó su sesión de yoga con eróticas poses y sensuales movimientos, sabiéndose ya abiertamente observada por su fiel espectador de cada mañana, se dirigió a él con la ya tradicional calza rosada que al caminar se le metía tanto en su zanja trasera cómo en su zanjita delantera, enmarcándole bien su culo y concha. Y miraba descaradamente cómo su hijo ya no se contenía a comerla con la mirada.

    Jonathan la llamó y la invitó a caminar y ella aceptó gustosamente

    Mientras caminaban por el trayecto que había elegido Jonathan, ella disfrutaba de cómo su hijo no miraba el camino por verla en esas fachas.

    Ellos charlaban animadamente de temas varios, mientras Jonathan en su mente iba contando los minutos en forma de cuenta regresiva, del tiempo que les faltaba para llegar al lugar geográfico a donde la quería llevar.

    Al llegar a la cueva donde Jonás y ella tenían su encuentro clandestino, Jonathan la invita a entrar para descansar un rato de la caminata y el calor que estaba empezando a hacer esa mañana.

    Judith, aceptó entrar, pero enseguida notó algo raro en la cara de satisfacción de su hijo.

    Ellos se sentaron en aquella “cama” rocosa donde tantas veces Jonás y Judith habían dado rienda suelta a sus instintos de hombre y mujer.

    Charlaron durante algunos minutos de cualquier cosa hasta que el chico sacó el tema de conversación por el cual la había llevado hasta ese preciso lugar de la isla,

    – Mami ¿cómo llevás adelante tu soledad en este lugar? Disparó Jonathan.

    – La verdad, que cómo estoy con mis 4 hijos conmigo, ya no estoy sola. Se hace totalmente la desentendida ella.

    – Si claro yo también opino lo mismo, pero ¿cómo lo sobre llevás cómo mujer? Se arriesga a preguntarle él

    – ¡Ahh, bueno mira qué sé yo hijito, cómo que trato de no pensar en eso, claro yo ya estoy bastante acostumbrada a ese tipo de soledad, pero me imagino por ahí que quizás a vos y ustedes en general, cómo son más jóvenes y están en una época de sus vidas donde las hormonas mandan, supongo que eso sumado a que vos y Jonás ya tenían novias para cuando nos pasó todo esto en el caso de ustedes debe ser más difícil. Dice Judith algo nerviosa, sospechando que su hijo tenía algo entre manos.

    – Si claro, me imagino que quizás a tu edad las cosas se pueden llavar con más calma, pero… ¿Cómo lo sobre llevan con Jonás? ¿Ósea ustedes duermen juntos, a una edad en donde una persona de la edad de Jonás ya pudiera ser tu pareja? Dice Jonathan con cierta picardía en su mirada.

    – ¡Cuidado con lo que estás diciendo Jonathan!… ¡Ustedes todos son mis hijos, y eso no lo va a cambiar esta isla deshabitada, ni ninguna otra cosa! ¡Yo entiendo que toda esta situación porolongada en el tiempo nos está poniendo nerviosos a todos, pero ante todo tenemos que conservar la calma! Dice muy firme en su posición la mamá.

    – Mamá, tranquila, ya lo sé todo desde hace mucho tiempo y lo entiendo perfectamente, acá todos estamos pasando “hambre” solo digo que no es de familia comer a escondidas y el que “come y no convida tiene un sapo en la barriga”. Dice él jocosamente.

    – ¿Qué te pasa? Pregunta su mamá enojada.

    – ¿No se te hace familiar este lugar?, ¿No vienen aca con Jonás a… Dice él

    – No sé Jonathan, hemos venido alguna vez, pero no a lo que estás insinuando. Dice Judith aterrada por el descaro de su hijo y al borde del llanto por los nervios que le provocaba estar perdiendo el control de la situación.

    – Mirá mami, no es necesario que te pongas mal, solo reconóceme lo que ya es obvio y listo. A ver, tampoco me extraña tanto todo esto, Jonás siempre fue tu consentido, y era obvio que una vez más el elegido iba a ser él, yo solo te traje acá para dejarte en claro que ya lo sé todo. Dice él.

    – Está bien hijito, perdóname. Pero no es verdad que él sea mi favorito, simplemente es el mayor y el hombre de la casa o algo así. Dice llorando su mamá.

    – Si, está bien, mamá, pero él no es el único que quedó solo, yo estoy en su misma situación. Replica Jonathan.

    – Si mi amor, mami te entiende. Comenta Judith llorando.

    – Entonces si es verdad que me entendiste, solo te pido el mismo trato que con Jonás. Dispara Jonathan.

    – ¿Cómo sería eso? Pregunta ella incrédula por lo que acababa de escuchar.

    – Quiero que nos turnemos con vos, mira. La semana que viene es mi cumpleaños, nuestra primera vez, podría ser mi regalo de cumpleaños de tu parte. Le propone él.

    – ¿Queee?, ¡soy tu madre! Le replica Judith casi gritándole.

    – ¡También Jonás es tu hijo! ¿no? Le retruca el chico.

    – ¡Si, pero…! Dice ella ya sin argumento.

    – ¡El Sábado es mi cumpleaños, acomodá tu agenda para en algún momento del día venir a darme “el regalito”, o si no abstenete a las consecuencias! Le dice Jonathan antes de irse de la cueva y dejarla a Judith sola llorando desconsoladamente, sintiéndose humillada en su propio juego.

    Mientras que Jonathan, se fue con la cabeza en alto disfrutando del paisaje marítimo que le ofrecía el camino de retorno a casa. Ahora ya solo restaba esperar que se venciera el tiempo de plazo que le había dado a mamá para entregarle su regalito de cumpleños.

    Al llegar al campamento, Jonathan seguía disfrutando del gran avance que había logrado para por fin echarse al plato a su madre.

    Cuando por fin la vio llegar a Judith, notó que traía una cara muy preocupada, y que, si talvez la viera así su hermano Jonás, iba a tener problemas con él.

    Entonces, se le acerca a Judith, y le dice:

    – Escuchame tres cosas: anda cambiando la carita, que aquí no ha pasado nada, solamente hemos caminado y charlado, y además a partir de ahora vas a tener 2 pijas para vos solita. Segundo: Jonás no tiene que saber lo que pasó, si él hizo con vos lo que hizo. Y yo me lo enteré de casualidad, pues conmigo va a ser de igual modo. Y tercero, en mi cumpleaños te quiero vestida así cómo estás ahora, con la calza bien metida en la zanja del culo y en la zanjita de la concha. ¿Ya pensaste cuando me vas a dar el “regalito” ¿. Le dice Jonathan.

    – El sábado a la mañana. Le dice Judith.

    – ¡perfecto, que linda manera de arrancar festejando mis 22. Le dice sonriéndole él.

    Judith, mira al piso resgnada y se va.

    Ella no estaba tan molesta porque ahora se sume Jonathan a la locura que estaba viviendo con Jonás desde hace ya un buen tiempo, pero si le molestaba, y la humillaba mucho el trato agresivo que tenía con ella. Era algo que quería hablarlo muy seriamente con él en algún momento.

    Los días fueron pasando y el sábado se fue acercando cada vez más inevitablemente. Y eso era algo que a Jonathan lo alegraba de sobre manera al tiempo que lo impacientaba, él sentía que de algún modo sería el mejor cumpleaños de su vida con un regalo que jamás hubiera esperado recibir.

    Por su lado Judith, pensaba en cómo iría a ser el encuentro con Jonathan, que iba a querer exactamente de regalo, y cómo haría ella para imponérsele y en todo momento manejar este asunto ella misma.

    El Vierna por la tarde, Jonás y Judith, fueron a “caminar” después de almorzar. En el camino a la cueva, Jonás la notaba distinta a su mamá, le costaba conectarse con los temas de conversación y estaba muy dispersa, incluso por momentos parecía cómo querer contarle lo que le pasaba, pero a último momento se frenaba y se lo callaba.

    Su hijo se daba cuenta que algo no andaba bien, a estas alturas madre e hijo se conocían perfectamente y se podían entender sin hablarse, pero si ella no era capaz de decirle lo que le pasaba, él jamás la incomodaría con insistencias sobre el particular que la aquejaba.

    Por su parte Judith consideraba que era un asunto que cómo mujer adulta tenía que manejarlo sola. Además ¿Qué le podía decir? ¿Qué en unas horas tendría que abrirse de patas para su hermano? Y, por otro lado, sabía perfectamente que era algo que ella misma se lo había buscado solita.

    Al momento del jueguito sexual, Judith, definitivamente no estaba a la altura de las circunstancias, y con solo unos besos y caricias, Jonás supo que era mejor dejarlo para otra ocación. Ella le agradeció la comprensión y le pidió disculpas. Pero él le restó importancia al asunto, ya que era la primera vez que se iban de aquel lugar sin algún jueguito intimo.

    Al llegar al campamento familiar, ella se sintió más aliviada y agradecida por la comprensión de Jonás, y eso fue motivo para que frente a la familia su humor cambiara.

    Esa noche al irse a dormir, Jonathan estaba eufórico, la espera por concretar su fantasía, esa fantasía que se le había instalado en la cabeza, sobre todo desde que había descubierto la relación entre su hermano mayor y su madre, la espera por tener a mamá cómo la tenía su hermano, había terminado, o más bien estaba por terminar.

    Muy temprano, al amanecer, cómo cada mañana Judith despertó, y su hijo Jonathan, al oírla, salto de la cama, cómo cada mañana en la que la espiaba haciendo sus poses de relajación frente al mar, pero esa mañana del día de su cumpleaños, sería destinta a las otras anteriores, esa mañana era la mañana del día de su cumpleaños, donde su mamá más allá de lo que hicieran específicamente hoy, pondría fin a su “soledad” desde hoy en adelante, y por cómo venia la maño en este año que ya llevaban varado en esa isla, todo parecía indicar que la familia pasaría el resto de sus vidas en estas condiciones, lo que convertía al derecho de “comerse” a mamá en el mejor regalo de cumpleaños que se podía recibir en la vida, si te tocara un destino final así y si tu madre fuera la preciosa, atlética y por demás atractiva Judith.

    Jonathan, se vistió y al salir de la carpa su mamá iba a la orilla del mar vestido tal cual se lo había pedido su hijo, haría unos minutos de meditación frente al mar, y enfrentaría su destino con Jonathan.

    – ¡Te voy a estar esperando, no se te ocurra fallarme! Tené en cuenta que hoy vamos a comer a la una de la tarde todos juntos, y el trayecto a la cueva a donde vamos es lejos, y no tendrás mucho tiempo para “entregarme el regalo”. Le grita él desde lejos emprendiendo su camino al lugar indicado. Judith asiente con la cabeza y siguió tratándose de concentrarse inútilmente en sus ejercicios matutinales, pero los nervios, y el miedo y hasta algo de excitación, la obligaron a abandonar su yoga y unos minutos después siguió el mismo camino que su hijo.

    Jonathan, al llegar a la cueva entró en ella y descansó en su interior un buen rato, y cuando empezó a impacientarse en la espera de su madre, salió a esperarla afuera.

    Caminó un buen rato por el lugar, dando vueltas en círculos pensando en por qué rayos Judith se demoraba tanto a llegar a su primera “cita” con él en este día tan especial.

    ¿Es que acaso se tomaría el atrevimiento de tener la osadía de dejarlo esperando después de que él le advirtió claramente de que eso le traería consecuencias?

    Ya estaba perdiendo la calma, ya pensaba en volverse al campamento familiar o por lo menos salir a su encuentro recorriendo el camino de regreso a “casa”.

    Dejó pasar unos minutos más y eso hizo. Salió al encuentro de ella por el camino de regreso a casa, y justo después de recorrer los primeros metros, vio venir a lo lejos.

    – ¡Pensé que ya no venías! Le dijo en tono aspero su hijo Jonathan.

    – Me demoré un poquito perdón. Le responde su mamá

    – No sé cómo te manejas con Jonás creo que vienen juntos ¿no? … pero te aclaro desde el principio que conmigo es importante la puntualidad, sobre todo a la hora del sexo ¿entendiste? Continúa en su tono de macho dominante Jonathan.

    – ¡Ayy bueno! . Reacciona Judith sorprendida por la dureza e intolerancia de su hijo.

    – Fijate que ya deben ser casi las 10 de la mañana y para el medio día tenemos que estar en el campameto para que el “capitán de barco hundido” y los demás me canten el feliz cumpleaños y cómamos pescados y cangrejos una vez más. Le dice Jonathan.

    – ¿Por que lo tratas asi a Jonás? Él solo intentó poner a salvo a toda la familia y eso te incluye a vos. Le responde ella harta ya de la altanería de su hijo.

    – Ah tenes razón, ahora resulta que nos salvó la vida tu hijo favorito. Dice Jonathan en tono burlón.

    – ¡No tengo favoritismos con mis hijos, todos son iguales en mi corazón, pero eso vos nunca jamás lo entendiste, y desde que papá nos abandonó te pusiste peor conmigo y Jonás!… bueno, mira acá estoy cómo me lo pediste, ¿Qué querías que hagamos? Dice Judith para cortar de una vez la discusión por viejos rencores familiares, y dar paso al verdadero motivo del encuentro.

    Entonces él la toma de la mano y la lleva hasta la entrada de la cueva, y la deja mirando a la “pared” haciéndole apoyar las manos en ella, le hace separar las piernas y echar la cola hacia atrás.

    Jonathan, se para detrás de ella y la observa. Allí estaba la bella Judith, con su pelo castaño claro lacio bajando por su espalda deslizándose por su remera verde y espalda hasta llegar casi a su cintura.

    Jonathan la miraba en silencio, observándola detenidamente y adimirando el escultural cuerpo de mamá moldeado por años de gimnacio, caminatas, joga y una sana y acotada dieta alimenticia.

    Cómo el tiempo pasaba y el silencio y quietud dominaban la escena, Judith no pudo evitar mirar de reojo hacia atrás y en ese preciso momento es que Jonathan se le acerca suavemente por detrás. Entonces ella vuelve su mirada a la pared, y cierra sus ojos en un gesto de total resignación y sumisión a los caprichosos deseos de su conflictivo hijo.

    Jonathan visiblemente excitado por aquel culo parado con aquella calza rosada metiéndose en la zanja de mamá. Posa sus dos manos en las firmes nalgas de Judith, quien siente cómo un escalofrio recorre todo su cuerpo cuando su hijo se apodera con sus firmes manos de sus nalgas

    Y entonces Jonathan al percibir el pequeño temblequeo del cuerpo de mami con el escalofrio, le pregunta:

    – ¿Esta maravilla es por el gim?… ¿te estás calentado perra?

    A lo que Judith solo responde afirmativamente con un leve movimiento de cabeza, cómo para complacerlo con su respuesta.

    – ¡Nunca antes había prestado atención a lo buena que estás! . debiste haber tenido muchos admiradores ¿eh? ¿te dicen muchas cosas en la calle? ¿Cuántos tipos se te tiraron desde que quedaste solita? ¡Yo hubiera hecho lo que sea, aunque sea para echarmo un polvo con vos! Continuó admirándola su hijo.

    Pero Judith permaneció en silencio ante semejantes palabras de su propio hijo.

    – ¿Te gusta perra? Le vuelve a preguntar él con voz más autoritaria y nalgueándola

    – ¡No me digas así!, soy mamá y merezco respeto, ¿acaso tratabas así cómo a una puta a Camila? Pero ni bien la terminó de nombrar a Camila, Jonathan la toma firmemente en sus brazos y la hace girar hasta que quedan frente a frente.

    – Nunca más vuelvas a dirigirte con esa palabra a Camila… ¿sabes por que?… porque ella a diferencia tuya, no coquetea ni se encama con su propia familia. Le replica firmemente Jonathan, mostrándole su mano en posición para abofetear a su mamá, quien lo mira con los ojos bien abiertos y llenos de lagrimas por la indignación por lo que había acabado de escuchar.

    – Si estoy acá dejando que me metas mano y no sé que más me harás, es por complacerte por tu puto cumpleaños ¿sabes? ¡Yo tampoco soy una puta para merecerme esto! Le replica ella entre sollozos.

    – ¡Corrección mamita!, si te pedí esto es porque estoy hasta la coronilla de tener que soportar de verlo al capitán de barco hundido de mi hermano, cojerse él solo a la única mina de la puta isla en la que nos metió para todo el resto de nuestras vidas, alejándome de mi gran amor y toda mi vida, de la que ahora solo tengo recuerdos. Mientras que él cómo premio, mami se lo lleva a la cama todas las noches, y lo cabalga cada vez que le es posible, ¿cómo hacía para calentarte cuando te traía acá? ¿se ponía su gorrita de capitán de barco hundido y te recordaba las que pasaste vos con la tormenta en alta mar, entre ataques de histeria, mareos y vómitos? Se burla Jonathan

    – ¡Noo, me trata con ternura, dulzura, es compañero, amigo, servicial, buen hombre, buen hijo! ¡Snif, snif! Y ¿Sabes que? ¡Si, si me equivoqué al caer en tentación con, él, pero fue por amor, fue tanto por él cómo por mí! pero te prometo que sí lo necesitas vos también, mamá va a tener las mismas atenciones que con Jonás, pero te pido que nos tratemos bien, con cariño con amor y ternura ¿bueno mi amor? Le dice llorando Judith.

    – Está bien mami, cómo digas, entonces yo ¿a partir de ahora, también puedo… Es decir ¿nos vamos a turnar con Jonás para estar con vos? Refleccióna muy feliz él.

    – ¡Mhm!… lo prometo. Le murmura ella secándose las lagrimas del rostro.

    – Pero, quiero que por lo menos durante un tiempo sea a escondidas hasta de Jonás. Le pidió él.

    – ¡Mhm! Creo que también lo prefiero así, para mí sigue siendo un poco difícil todo esto, todo se dio muy de repente con la persona menos esperada y ahora con vos. Le dice su mamá

    – Estás hermosa ¡te amo! Le dice su hijo.

    – ¡Jajaja, gracias, me vestí así para vos, para tu cumple mi amor. Dice Judith muy tiernamente.

    Entonces Jonathan se acerca a ella tanto cómo para poder respirar su aliento. Empieza a acariciarle los pechos, mientras la mamá cierra los ojos y disfruta de las primeras caricias con ternura que le hace su hijo Jonathan.

    Con sus dos manos, baja lentamente hasta el vientre casi plano de Judith, y lo acaricia tiernamente mientras acompañaba los movimientos de la respiración de su mamá.

    Ella da unos pequeños pasos hacia atrás, y se apoya sobre el acantilado.

    Entonces Jonathan sigue bajando muy lentamente sus manos por encima de la remera hasta llegar a la calza rosada.

    Se arrodilla frente a su madre y mira bien de cerca cómo aquella ajustad prende de vestir se metía perfectamente en la vagina de la mujer, enmarcando bien la zanjita delantera de la hermosamente provocativa Judith.

    No pudo evitar la tentacíon de juntar sus manos en el centro de la entrepierna, y notar una fresca humedad en la zona veginal de su mamá.

    – ¿Estás muy excitada ya? Le pregunta su hijo incrédulo por la humedad que acariciaban sus manos.

    – Más o menos mi amor. Le responde ella murmurando en un tono sensual.

    – ¡Pero bien mojadita que estás! Le responde él con una gran sonrisa de satisfacción por la humedad descubierta allí a bajo por sus manos.

    – No creo que ya sea para tanto, lo que oasa es que cuando estaba viniendo a acá en el camino me dieron ganas de hacer pis y no tuve con que limpiarme, y cómo la bombacha que uso casi siempre con esta calza están fina y la calza esta me queda tan ajustada al cuerpo, me debo ahaber meado la bombacha y la calza, perdón hijito mami no tenía con que limpiarse. Exiplica Judith un tanto avergonzada por lo notado por su hijo.

    Entonces Jonathan acercó su mano a la zona vaginal, impregnó sus dedos con aquella humedad y se los olió, comprobando que su mamá tenía razón con lo que le acababa de contar.

    Acto seguido hunde su nariz y boca en aquel lugar, haciendo que instintivamente Judith separe sus piernas y con las dos manos acariciaba suave y tiernamente la cabeza de su hijo.

    El chico huele, besa y golpetea suavemente con su lengua la zanja vaginal de su mamá quien no dejaba de acariciarlo tiernamente. Estuvieron así unos largos instantes, hasta que Jonathan se puso de pie, la tomó de la mano y la condujo al interior de la cueva.

    La acostó en aquella roca rectangular, la acomodó bocaarriba, le abrió y fleccionó las piernas, y otra vez se avalanzó sobre ella para disfrutar de aquellos olores. Cuando ya no aguantó más su erección, le sacó las zapatillas, luego la hizo ponerse de pie para desvestirla hasta dejarla con una bobacha rosada como la calza, y un corpiño blanco.

    – ¿Te gusta ver a mamá asi? Le pregunta Judith con una tierna sonrisa en sus labios al ver cómo era devorada por la mirada de Jonathan.

    – Me encanta. Le responde él.

    – ¿Me espiabas cuando me bañaba en el manantial?, Le pregunta ella con picardía.

    – ¿Como lo sabes? Le pregunta sorprendido Jonathan.

    – Intuisión femenina. Le responde Judith.

    – ¿Te lo contó Jonás? Le pregunta Jonathan.

    – Ni falta que hubiera hecho, una buena madre sabe siempre donde están sus pollitos. Le responde ella.

    – ¿Puedo ver más? Le pregunta nervioso su hijo.

    – Hoy es tu cumpleaños y este está siendo el regalo de mamá. Dice Judith sacándose la bombacha y dándosela.

    – ¿Me la regalas? Le pregunta eufórico Jonathan sin poder sacarle los ojos de encima a esa peludicima concha.

    – ¡Jajaja, mami te la presta un ratito para que “juegues”, pero después se la tiene que volver a poner ¿oue van a decir tus hermanos si mami vuelve sin bombacha a “casa”. Pregunta ella casi riéndose.

    – Pero a mi me gustaría conservarla, la bombacha de nuestra primera vez. Dice Jonathan casi suplicándole.

    – Escuchame mi amor, mami no se trajo mucha ropita para estas vacaciones que supuestamente iban a durar un mes, y si cada uno de ustedes me pide el mismo souvenir en la primera vez con mamá, cómo viene la mano, mamá puede llegar a terminar con 4 bombachas menos, y no es que sean todas las que me traje, pero si son muchas para las que tengo. Le explica Judith tiernamente.

    – Pucha, que lastima. Responde Jonathan resignado mientras la huele.

    – Si tanto te gusta verme vestida cómo me vine hoy, mami puede vestirse así para nuestros encuentros ¿Queres? Trata de conformarlo ella.

    – Está bien, ahora subite a la piedra y ponete en 4 patas. Pide su hijo.

    – Pero no vas a poder…. Intenta explicarle mientras complace a su hijo poniéndose a cuatro patas en la “cama

    – Ya sé, ya sé cómo es el asunto con el aujero de mami, hay que rosarle la verga en el hoyo sin embocársela, ya vi cómo lo hace Jonás, Tranquila. Le cuenta él.

    – ¿Cómo es que lo sabes? Pregunta Judith, mientras Judith, mientras Jonathan se desviste rápidamente.

    – Los vi. Responde su hijo ya desnudo colocándose detrás de ella

    Ella se queda callada y llena de vergüenza.

    Entonces su hijo comienza a rozar su pene en la entrada vaginal, mientras Judith gozaba en silencio, y su hijo notaba la creciente excitación de su mamá notando cómo se mojaba más y más. Entonces no resiste más, y tomándola firmemente con sus brazos, la penetra de un solo empujón.

    – ¡Nooo, por favor hijitooo, así nooo, así nooo! Gritaba desesperada Judith tratando de safarze de los brazos de Jonathan.

    – ¡Eso, movete perra, movete ahh, ah, movete, ahhh! Decía su hijo sujetándola fuertemente.

    – ¡Vas a preñar a mamá, vas a preñar a mamá saliii! Gritaba Judith desesperada casi llorando.

    – ¿Te parece?… ¿no te habrá preñado el “capitán” y ahora me lo queres endozar a mí?

    – ¡Nooo, hijito, no, no le hagas esto a mamá. Suplicaba llorando Judith, casi vencida en su resistencia, en parte por la fuerza de Jonathan, pero también por el placer de sentir una pija bien adentro, después de tanto tiempo.

    – ¿Quien te coje mer mami, el “capitán” o yo? Le pregunta él bombeándola salvajemente

    – ¡Ahh, buaaa! Lloraba Judith entregada al placer, y al miedo de que le terminara adentro.

    – ¡Ahhh! Gimió Jonathan con su orgasmo, al tiempo que le retiraba el pene de la vagina.

    Judith, se dejó caer sobre la “cama”, y lloraba desconsoladamente cubriéndose la cara con las manos, mientras Jonathan se vestiá y luego de tomar la bombacha de mamá que estaba en el piso, se fue de la cueva mientras ella permaneció llorando desnuda en la cama un buen rato hasta poder calmarse, vestirse y salir rumbo a “casa”.

    En el camino, ya casi llegando al campamento, Judith se Reencontró con Jonathan.

    – ¡Cambiá esa carita y ponete contenta, hoy es mi cumpleaños, y todo lo que hiciste fue darme el regalo, acá no ha pasado nada.

    – Bueno, está bien, pero devolveme la bombacha, Le reclama su mamá.

    – Me gusta saber que andas sin bombacha, subite bien la calza para que se te meta en el culo y la concha, y andá así en frente de todos, si te oortas bien te la devuelvo esta noche. Le ordena Jonathan.

    Judith intenta volver a hablarle, Pero Jonathan la ignora y se va a conversar con Ronaldo y Tomás.

    La mamá acomoda su ropa cómo se lo había pedido su hijo, y al almorzar, se sentó junto a Jonathan, que, en voz baja a cada momento durante el almuerzo, le pedía a su madre que pidiera un brindiz por él y le dijera feliz cumpleaños, a lo que ella accedía llamando la atención de los demás precentes, quienes al verla así la creían pasada de copas.

  • La rica de mi cuñada

    La rica de mi cuñada

    Mi esposa es una mujer muy sensual y muy hermosa, solo que no es muy afecta al sexo, tiene una hermana 4 años menor que ella, hace 8 años vino a vivir con nosotros para estudiar la universidad.

    Mi cuñada es una mujer morena alta de pechos pequeños pero de un gran culo que invita a cualquiera a pecar, cuando llego a vivir con nosotros acondicionamos un cuarto para que pudiera estar en el, un día al salir al patio a encender el boiler pude ver a través de la ventana como se cambiaba, las cortinas eran trasparentes con la luz encendida son aún más, traía puesto solo una tanga, como le gustan usar pequeñas que no dejan nada a la imaginación, al ver aquella escena no pude aguantar las ganas de espiar y admirar aquel espectáculo, mi cuñada la nombrare Alondra.

    Alondra se untaba crema en el cuerpo pasando por sus pechos con los pezones morenos y bien paraditos al llegar a las piernas dio vuelta dejándome ver esas nalgas tan ricas, la tanga que tenia puesta hacia que su culo resaltara más, tenía temor a ser descubierto y me fui. Al siguiente día me levanté temprano ella salida de bañarse nos encontramos mientras ella se secaba el cabello, buenos días cuñadito.

    Sali al patio a buscar nuevamente ese espectáculo, a través de la ventana pude apreciar como estaba completamente desnuda, se podía apreciar un camino de vellos en su vagina, mientras buscaba en su armario que ponerse podía admirar su culo tan hermoso y esas tetas que invitan al pecado.

    Mi esposa queda embarazada de nuestro primer hijo y el sexo era muy escaso, una ocasión mi esposa estaba dormida en la recamara con la puerta cerrada mientras alondra y yo estábamos en la sala viendo la tv, ella tenia una cobija sobre las piernas no dejaba ver nada, de repente me dice si quiero un café a lo que respondí que si, se levanta y puedo ver sus encantos tenia una blusa de pijama sin sostén tenia los pezones parados, y un short donde se podía ver su coñito al caminar de manera coqueta me la comía con la mirada como deseaba cogerme ese culo hacerlo mío, alondra voltea y me sorprende viéndola.

    Al regresar con el café se sienta a mi lado preguntando sino tenia frio nos tapamos con la cobija, tenia que respirar profundamente para evitar que mi verga se pusiera dura, me dice que estaba aburrida, se levanta a ver a mi esposa y me dice que esta bien dormida, entonces comenzamos a platicar y de la nada me pregunta que como era cogerme a mi esposa si tenia la panza de embrazo que si no me daba miedo, le respondí que tenia rato que no o hacíamos me dijo, pobrecito como te quitas las ganas entonces, a lo que le dije que masturbándome, me dice con razón e encontrado mis tangas con espermas, solía masturbarme con sus tangas sucias el olor en ellas era riquísimo y me hacia venirme muy rico, obviamente le negué lo que me decía, con una sonrisa burlona me dijo no te preocupes no pasa nada, sabes desde hace tiempo me masturbo y últimamente he soñado que me coges que me la metes he tenido sueños húmedos contigo no se por qué.

    Cuando me dijo esto mi verga se empezaba a poner dura, ella lo noto y siguió con la plática, me dijo, de echo te he visto como me espías por la ventana eres un pervertido, pero la ultima vez no te quedaste a ver como me masturbaba, ya no pude mas ya la tenía durísima, me comenzó hacer cosquillas yo también le hice le rozaba las tetas a propósito con mis manos y me ponía detrás suyo para sentir ese culo hermoso, en un descuido abrió las piernas y quede entre ellas me pregunto que era lo duro que sentía, me dio pena, ella me toco la verga, la tenia como cuete que quería salir disparado, me pregunto si quería cogérmela, al momento se quitó el short dejándome ver su coño abierto mojado listo para recibir mi verga dura.

    Me dijo no hay que hacer ruido, me sentí en un sueño no podía creer que aquel culo con el que fantaseaba al fin me lo iba a comer, me comenzó a mamar de arriba abajo pasando su lengua por la punta y luego por los huevos hasta sentía delicioso mientras yo le tocaba su vagina estaba muy mojada cada vez que la tocaba gemía muy rico de repente me dijo cógeme ya no aguanto me monto y comencé a bombear arriba bajo sentía venirme era algo increíble estar dentro de mi cuñada.

    Ella daba las ordenes de como quería que me la cogiera la puse en cuatro bombeaba hasta los huevos, me pidió que le lamiera el ano y que jugara con el mientras se la seguía metiendo nos teníamos que aguantar los gemidos de repente pude notar que su año estaba completamente dilatado listo para recibirme me dijo métela métala ya antes de que me arrepienta se la metí por atrás hasta que me vine dentro de su ano nunca antes me había venido así al sacar mi verga estaba húmeda llena de semen y ella me la mamo para limpiar todos los fluidos al terminar me pregunto si me gusto, para ser honestos me encanto.

  • Sasha y el escudero

    Sasha y el escudero

    Sasha, la guerrera de cuerpo fornido y pecho prominente, acababa de regresar de un feroz combate. Exhausta pero satisfecha, dejó su armadura y espada a un lado y se dirigió a su tienda de campaña en busca de descanso.

    Mientras se quitaba la ropa y se disponía a relajarse, su escudero, un joven apuesto y fuerte, entró en la tienda con una jarra de agua y una toalla en la mano. Sasha le sonrió y le indicó que se acercara.

    «Sé que has estado observándome, joven escudero. ¿Te gustaría aprender de la maestra?», preguntó Sasha con una voz firme y seductora. El escudero asintió con timidez, incapaz de apartar la mirada de la impresionante figura de la guerrera.

    Al principio Sasha tomó y guio las manos del escudero por su cuerpo, enseñándole cómo complacerla. A medida que los dos empezaron a excitarse, Sasha demostró su poder y dominancia masturbando fuertemente con una mano el pene del escudero, a la vez que le introducía por el ano la otra mano.

    Después de unos intensos movimientos y gritos por parte del escudero, junto con la presión de la mano de Sasha en su trasero, no pudo contenerse más y eyaculó fuertemente sobre el pecho de Sasha.

    Sasha le beso y le ordenó marcharse.