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  • Los juegos pervertidos de mi madre

    Los juegos pervertidos de mi madre

    ¿Alguna vez has vivido una situación tan bizarra que, cuando la cuentas, todos creen que eres un mentiroso porque un relato tan fantasioso es difícil de creer? Pues, si ese es tu cazo, te entiendo perfectamente, porque algo similar me paso a mí. Antes de empezar, quiero dejar bien en claro que, para mantenerme en el anonimato, no voy a revelar mi nombre ni el de ninguno de los involucrados en esta historia, y también les advierto de una vez que este será un relato fuerte en contenido, así que están advertidos.

    Yo provengo de una familia rota, pues mis padres se separaron cuando yo era joven y, desde entonces, he vivido con mi madre. Mi madre desde siempre había sido una mujer muy hermosa la cual, con su cabellera marrón y sedosa, sus labios rojos como rubíes, sus tetas del tamaño de melones, sus muslos gruesos y firmes, y con su inmenso trasero conformados por dos gigantescas nalgas que parecían montañas de carne, despertaba el deseo de los hombres y la envidia en las mujeres en nuestro vecindario.

    Algo curioso siempre me llamo la atención desde que era niño es que mi madre, desde su divorcio, había tenido una inmensa cantidad de novios y/o amantes, lo cual no era de extrañar de una mujer tan bella y con atributos tan destacados como los suyos, pero lo raro es que dichos noviazgos no solían durar más de un par de semanas. Una vez, le pregunte a mi madre del porque sus relaciones duraban tan poco, y lo único que ella me respondió fue: “es porque ellos no saben apreciar mis juegos”. En aquel momento, y con la inocencia típica de un niño, intuía que a lo que mi madre se refería por “juego” hacia refería a algo como un juego de mesa o algo así, pero pronto descubrirá la verdad.

    En el momento en que todo lo que les voy a narrar paso yo tenía 18 años, y mi madre 42. Era una noche de fin de semana como cualquier otra, en la que yo estaba volviendo a casa después de haber salido con mis amigos y, al ingresar a mi hogar, vi a mi madre sentada en el sofá de la sala, con un rostro que reflejaba molestia y enfado.

    “mama ¿Qué haces aquí?” le pregunte, sorprendido “¿no se supone que ibas a salir con tu novio?”

    “si, pero el imbécil que cancelo la salida a último momento” me respondió, molesta “ojala me hubiera avisado con más tiempo, porque ya había preparado todo para mi noche de juegos con él ¡estuve toda la tarde preparando todo para nada!”

    “tranquila, son cosas que pasan”

    “espera… ¿y si jugamos juntos?” me pregunto ella “hace mucho que no pasamos una velada madre e hijo ¿no crees que sería divertido y que nos ayudaría a reforzar nuestro vinculo?”

    “si ¿Por qué no?” le respondí, inocentemente “¡hagámoslo! Total, no tengo nada que hacer”

    “¡perfecto entonces!” me dijo, y toda la molestia que tenía en ese instante se esfumo “solo espérame un momento, que me voy a vestir para el juego y regreso”

    Mi madre se fue a su habitación y, unos momentos después, bajo disfrazada de granjera, vistiendo con una camisa manga corta a cuadros roja, un overol azul, un sombrero de vaquero, y cargando varios baldes de metal.

    “¿y esos baldes?” le pregunte, con curiosidad

    “¡son para el juego, ya lo veras!” exclamo ella, con cierta picardía “vámonos al sótano, allí entenderás el juego”

    Una vez en el sótano de la casa, pude ver una camilla para masajes, la cual tenía un agujero en el medio. Al ver eso, me comencé a poner nervioso y, al darme vuelta, me di cuenta de que mi madre había cerrado la puerta.

    “¿listo para empezar el juego?” me pregunto, con una mirada que emanaba lujuria y deseo

    “¿Qué… que clase de juego?” le pregunte, nervioso

    “yo lo llamo “granja milf”” dijo ella, mientras se acercaba a mi, con un paso firme “el juego es simple: tú te vas a desnudar, te acostaras en esa camilla, y mami te ordeñara todo el semen que tengas en el cuerpo hasta que quedes seco”

    “pe… pero…” le dije pero, antes de que pudiera decir algo, ella me beso apasionadamente, entremezclando su lengua con la mía, y haciéndome tener una erección

    “¡nada de peros, obedece a mami!” exclamo ella, mientras me sacaba la remera “¡cuando mami dice “hoy cogemos” tu solo respondes: “¿Qué tan duro?!”. Y, desde ya te advierto, que a tu mami le gusta muy rudo”

    Una vez que ella me desnudo por completo, hizo que me acostara boca arriba

    “¿sabes? La verdad, y pese a que estaba muy enojada al principio, creo que fue mejor que ese idiota me cancelara a último momento” dijo ella, mientras sacaba sus enormes tetas de su overol de granjera “¡porque tu verga es mucho más grande que la de él y que varios de mis exs!”

    Luego, ella embadurno sus tetas en un abundante aceite de masaje, se subió encima mío, y me comenzó a refregar sus inmenso pechos aceitados contra mi pecho. La sensación era tan suave, que no pude evitar soltar uno que otro gemido.

    “¡hazlo, gime para mí, gime con mucha fuerza!” me susurro ella al oído, mientras me mordía la oreja “aquí abajo nadie te oirá, solo yo, y me encanta que mis amantes giman”

    Tras restregarme sus enormes tetas por encima de todo el cuerpo, ella se quito casi completamente desnuda, dejándose puesto únicamente su sombrero de vaquero y sus botas, y se sentó en mi cara con su gigantesco culo.

    “¡cómo me encanta sentir como tu inocente cara es devorado lentamente por mi trasero!” exclamo ella, mientras movía sus nalgas de adelante hacia atrás “¡vamos, dale amor al culito de mami en forma de un rico beso negro! ¡Quiero sentir tu lengua tan adentro de mi culo como sea posible!”

    Acatando las órdenes de mi madre, introduje mi lengua dentro de su ano, y ella pego un gran grito de placer, al tiempo que se movía con más brusquedad sobre mi rostro.

    “¡mas, quiero más lengua, sé que puedes dar más!” exclamo la milf, entre gemidos, mientras ejercía mas presión sobre mi cara con sus enormes nalgas “¡haz que mami llegue al orgasmo y te juro que te lo voy a compensar!”

    Al escuchar sus palabras, me despertó una gran curiosidad por saber que era lo que ella me haría de cumplir sus exigencias, así que contigua metiendo y sacando mi lengua de su ano a mayor velocidad, al tiempo que la nalgueaba con fuerza. Finalmente, y tras varios minutos, mi madre pego un grito de placer, lo que indicaba que había tenido un gran orgasmo.

    “¡que rico beso!” exclamo ella, mientras se paraba “¿sabes? Muchas mujeres fantasean con besos parecidos a los que se ven en las telenovelas, pero yo prefiero los besos negros que se ven en las películas porno ¡esos si son más de mi estilo!”

    “bueno… mama… yo ya cumplí con mi parte del trato…” le dije, avergonzado, mientras le mostraba mi verga, completamente erecta y palpitante de tanta excitación que tenía “te voy a pedir que cumplas tu promesa, por favor”

    “no te preocupes por eso, cariño” exclamo ella, mientras se sonaba los nudillos “mami es una mujer de palabra, y te aseguro que usare todos mis años de experiencia con hombres para solucionar tu “problemita””

    Luego, mama me ordeno que me pusiera boca abajo, y mi verga quedo colgando por el orificio de la camilla de masaje. Rápidamente, ella coloco un balde de metal justo por debajo de donde colgaba mi miembro, y se descubrió en ambas manos.

    “ese culito tuyo se ve apetitoso ¡deséame buen provecho!” exclamo ella, mientras enterraba su cara en mi trasero, al tiempo que me hacia una gran paja con sus dos manos

    Todo mi cuerpo se estremeció al sentir la lengua de mi madre entrando y saliendo de mi ano mientras me hacia una potente paja con sus manos ensalivadas. Mis gemidos se escucharon en toda la habitación, y eso motivo a esa milf a ser más brusca en cada uno de sus movimientos. Un rato después, mi cuerpo no lo pudo soportar más, y solté una potente eyaculación, la cual cayo directamente en el balde que mi madre había puesto debajo de mi verga.

    “lo llenaste bastante ¡nada mal para ser la primera corrida de la noche!” exclamo ella, contenta, mientras se ponía debajo de la camilla “pero se ve que tus pelotas aun están cargadas de deliciosa leche, y esta granjera no se ira hasta que te haya quitado hasta la última gota”

    Luego, mama me empezó a hacer una paja con sus inmensas tetas, al tiempo que me lamia y chupaba los testículos. Sus chupones eran tan fuertes que, por un momentos, creí que me iba a dejar sus bolas.

    “¡aquí viene una grande!” exclamo ella, mientras soltaba mi segunda descarga dentro del balde “¡excelente! Solo dos descargas más y ya habremos llenado el primer recipiente”

    “solo por curiosidad… ¿Qué piensas hacer con mi semen después de esto?” le pregunte

    “depende de cuantos baldes puedas llenar. Yo siempre me quedo con un balde para mi consumo personal, y los que sobre se los vendo a los bancos de esperma”

    “espera… ¿vendes el semen de tus amantes?” le pregunte, sorprendido

    “pues claro ¿Cómo crees que termine de pagar la casa? Pero bueno, ahora soy yo la que te quiere hacer una pregunta”

    “¿Cuál?”

    “¿eres virgen?”

    “si… lo soy” le respondí, con vergüenza

    “¡que rico, un jovencito virgen para mi solita!” exclamo ella, con una voz sensual “espero que estés preparado, porque mami te va a desvirgar, pero te advierto que no voy a ser para nada suave”

    “espero que hayas traído condones, porque no quiero correr el riesgo de dejarte embarazada”

    “no te preocupes, no hace falta usar protección, porque te voy a quitar la virginidad con mi culo gordo”

    Tras haber hecho esa firme declaración, ella me agarro las manos, y coloco mi verga cerca de su ano. Luego, de un solo un bruco movimiento, ella levanto sus nalgas hasta tocar la parte de debajo de la camilla, lo que provoco que mi verga entrara violentamente dentro de su culo, el cual se sentía mas apretado de lo que había previsto.

    “¡PUTA MADRE, CALCULE MAL!” grito ella, mientras apretaba con fuerza mis manos “¡pensé que mi culo iba a resistir tu inmenso miembro viril, pero parece ser que mordí más de lo que puedo masticar!”

    “¡debemos parar!” exclame, mientras sentía como el ano de mi madre me exprimía la verga como si fuese un triturador

    “¡para nada, no te libraras tan fácil de mí!” exclamo ella, mientras subía y bajaba sus nalgas, permitiendo que mi verga entrara y saliera de su culo “¡una buena granjera siempre sabe cómo domar a sus bestias, y tu verga no será rival para mí!”

    Nosotros continuamos teniendo sexo anal salvaje, divididos únicamente por la camilla de masaje, la cual temblaba cada vez que mi madre levantaba las nalgas para que su culo se engullera por completo a mi verga, y solo nos deteníamos cuando yo tenía que eyacular, cada vez que sentía que iba a acabar, se lo decía a mi madre, la cual inmediatamente se sacaba mi verga del culo para dirigir mi disparo de semen hacia uno de sus baldes y, una vez que mi descarga saliera por completo, continuar con nuestra sesión tan particular de sexo.

    Tras muchísimos orgasmos, sentía que estaba a punto de perder la conciencia.

    “¡mama… creo que ya no puedo más!” le dije, mientras comenzaba a perder el conocimiento

    “¡vamos hijo, solo uno más, yo sé que puedes!” exclamo ella, mientras movía sus nalgas a toda velocidad “¡enorgullece a mami con una última corrida!”

    “¡creo que ya está aquí!” exclame, mientras aguantaba mis ganas de eyacular

    “perfecto” dijo ella, mientras se sacaba mi verga del culo “esta no la voy a guardar dentro de un balde, me la voy a tomar toda directamente de la fuente ¡a veces es bueno consumir las cosas recién salida de fábrica!”

    Rápidamente, mi madre se metió mi verga en su boca y yo, al no poder aguantar más, solté mi última descarga. Luego, mi madre salió debajo de la camilla, con la boca que parecía un globo de lo llena que la tenía, y se tragó todo el semen de un solo movimiento.

    “¡excelente trabajo, hijo!” exclamo ella, contenta “llenaste un total de cuatro baldes de semen, la mayoría de mis amantes no llegan ni a dos, y eso que se me cayeron varias gotas en el suelo ¡me enorgulleces profundamente!”

    “gracias… mama…” exclame, sintiéndome agota, mientras intentaba ponerme de pie

    “tranquilo, yo te ayudo” me dijo ella, mientras me ayudaba a caminar

    Una vez fuera del sótano, mi mama me llevo a mi habitación, y me arropo como si fuera un niño pequeño.

    “ahora descansa, duerme hasta tarde si quieres, y no te preocupes por el desastre del sótano, yo me ocupare de limpiar todo”

    “¡gracias, mama!” exclame, mientras me acomodaba “la verdad, me encantaron tus “juegos”, deberíamos repetirlo un dia de estos”

    “¡y ese “día de estos” será mañana mismo, así que descansa, porque ya veras lo que te tengo preparado!” exclamo ella, mientras me daba un beso en la frente “ahora descansa y recupera tus fuerzas, porque las vas a necesitar”

    Tras darme el beso de las buenas noches, mi madre se fue de mi habitación y, en ese preciso momento, comprendí porque ninguna de sus parejas era capaz de estar con ella por mucho tiempo. Sea como fuese, estaba muy cansado como para seguir pensando, y me quede dormido rápidamente pues, como bien dijo mi madre, necesitaría todas mis fuerzas para jugar su próximo juego.

  • No puedo escribir sin masturbarme antes

    No puedo escribir sin masturbarme antes

    A veces la soledad me duele. Y no es soledad de vacío, sino de puñales clavándose de manera estratégica en sitios en donde alguna vez las sensaciones me hicieron estallar de placer. Placer, eso esa es la solución a muchos males cotidianos. Pero también pude ser un gran problema cuando la carencia del mismo lo abarca todo.

    Ayer fue miércoles y tenía que escribir un nuevo relato. Me propuse escribir para subirlos miércoles y domingos, pero ayer no tuve la fuerza o la energía necesaria para hacerlo. Y no me sentí del todo bien con eso. Mi ritual para hacerlo es simple: antes de escribir, tengo que masturbarme. Si no lo hago, escribo apurada, incomoda, como para sacármelo de encima. Y eso no está bueno. La paja pre escritura es una nueva forma de placer que descubrí y que, de cierta manera, me llena. Obviamente, si estoy escribiendo esto hoy jueves, es porque ayer algo falló. Pero de esa falla nació esta nueva historia.

    Me desnudé como si estuviese frente a ese amante al que no deseo tanto, como si estuviese a punto de emprender una misión de la cual no estoy tan interesada. Me senté al borde de la cama y me quité el jeans negro con la tanga del mismo color al mismo tiempo. Mis piernas gritaron de alegría al liberarse de la presión. Me quité la remera y el corpiño. Me sentí una boluda. Imaginé a las demás personas que escriben relatos como los míos. ¿También tienen un ritual? ¿Es similar al mío? Quizás en los próximos días trate de averiguarlo.

    Abrí la cama y me acosté. Prendí el televisor y le ordené con mi voz que abriera una página de videos porno. En la página principal, me llamó la atención una miniatura, la cual abrí sin dar tantas vueltas. El título del video es “Anal duro Follando con una curvilínea universitaria! ¡Dos corridas enormes!”. En la imagen se ve a una chica rubia. Primero, mirando directamente a la cámara, el pelo le cuelga angelicalmente enmarcándole el rostro y sus dos lindas tetas apuntan hacia abajo. Al lado, está ella de espaldas, algo inclinada, sentada sobre una buena pija. Sentí que algo muy bueno estaba por comenzar.

    Al reproducir el video, está ella, de frente, en un plano americano (desde la cabeza hasta la cintura) cabalgando de frente a cámara. Tiene una tanga rosa corrida para poder ser penetrada. El corpiño rosa, medio transparente y con detalles blancos, algo bajo, dejando a la vista unos pequeños, rosados y puntiagudos pezones. Solo está ahí, cabalgando y gimiendo. La cámara, jugando a ser la visión del hombre, hace movimientos extraños. La toma desde abajo, habiendo total hincapié en el rostro de ella, algo que me agrada mucho. Ella disfruta y juega con su corpiño. Parece que se lo va a sacar, pero no. Los pezones están cada vez más enormes y apetecibles. Se acomoda el pelo, se pone en cuclillas sobre la paja y sigue montando, necesito dejar de ser una simple espectadora cuanto antes.

    Mientras ellos siguen en lo suyo, yo arranco con lo mío. Siempre voy primero a mis tetas. Creo que es la parte de mi cuerpo que más me gusta tocar. Soy bastante básica con respecto a eso. Las acaricio con suavidad, casi con ternura, con las palmas de mis manos, como si estuviese pidiendo permiso. La dureza de mis pezones me hace cosquillas, por lo que me detengo ahí. Los recorro con las palmas de mis manos hasta la punta del dedo del medio. Con este empiezo a hacer circunferencias cada vez más rápidas e intensas. Suspiro profundamente y bajo mi mano derecha hasta mi concha, la cual ya muestra suficientes indicios de humedad. Con la mano que quedó arriba, masajeo con fuerza mis tetas, tratando de juntarlas lo más que puedo. Me gusta sentir presión en ellas, que me duelan un poquito. Abajo, juego con mi clítoris. Lo tomo con los dedos índice y pulgar y lo aprieto. Primero, con suavidad, después, con más fuerza hasta que me duele. Lo suelto y me acaricio la concha, de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba, con mucha suavidad. La intensidad de las caricias aumenta a medida que los gemidos de la rubia se hacen más sonoros y agitados. Quisiera cerrar los ojos y hacer de cuenta que estoy cogiendo con ella, pero es tan hermosa que no quiero perderme ninguno de sus gestos. De igual manera, logro entrar en situación e imaginar que es ella la que me está tocando. Y la fricción se vuelve cada vez más violenta.

    Mis gemidos se acoplan perfectamente a los de ella, como si siempre hubiésemos cogido juntas. Muy de fondo, se escuchan los gemidos de él. La cámara muestra un primerísimo plano de la verga entrando en su cocha. Después las manos de él le acarician los pechos, para darle la señal de quitarse el corpiño. Al fin puedo ver con plenitud la hermosura de sus tetas, las cuales se ven muy similares a las mías, con una simetría perfecta. Ella sigue cabalgando mientras yo me mojo y me caliento cada vez más. Su rostro mezcla placer y dolor me inyecta de una energía avasallante, y llegó a acabar por primera vez, justo en el momento en el que ella comienza a bajar la intensidad de sus movimientos. Parece todo perfectamente coreografiado. Llevo mis dedos empapados hacia mi boca y los saboreo, pensando que es su sabor, mientras me mira y vuelve a subir la intensidad.

    En un cambio de plano muy poco cinematográfico, la cámara me muestra el inicio de la segunda imagen que describí de la miniatura: la rubia de espaldas, sentada sobre la pija. Sus movimientos son igual de intensos que al final de la toma anterior. Su culo se ve enorme y delicioso, casi tanto como la pija que está comiendo. El hombre hace lo que cualquier persona de bien haría en esa situación: la nalguea, haciendo que ese sonido me encienda aún más. Aprovechando la humedad de mis dedos, los llevo hasta mi culo y empiezo a jugar ahí. Me cuesta demasiado poco entrar, lo que hace que el pacer sea sublime. Dejo por un rato mis tetas y meto varios dedos en mi conchita y en mi culo al mismo tiempo. El culo, la espalda, los movimientos y los gemidos de Carla me sumergen en un estado de placer extremo. Me aíslo del video, de la cama y del universo y me dedico solamente a darme placer, metiendo y sacando dedeos de un lugar para llevarlos a otro. Meto, saco, chupo, vuelvo a meter. En un momento, mientras dos dedos se entretienen con mi culo, comienzo a tirarme del pelo con fuerza. Me duele, pero me gusta. Me pego en la cara, me escupo la mano varias veces y la llevo a mi cara. Me siento una puta sucia, pienso en que te encantaría verme así y me vuelvo mas loca.

    Me pongo en cuatro, con la cabeza apoyada en la almohada y me masajeo la concha con mucha fuerza, metiendo y sacando dedos sin sentido, pero con mucho placer. Acabo así, como una perrita puta y totalmente loca. Siento mis jugos bajando por mis muslos. Siento que voy a tener que cambiar las sábanas, pero no me importa. Dejo caer mi cuerpo sobre la cama como si este ya no tuviera vida. No tengo idea de que pasa en el televisor, pero los gemidos de Carla me hacen saber que se viene una explosión. Por más cansada que esté, no puedo dejarla sola en esto. Recupero fuerzas y me estiro hacia la mesa de luz. Del segundo cajón, saco a la cosa más parecida a un novio que tengo. Yo le digo “consu”, lo que viene, obviamente, de consolador. Me lo llevo a la boca y lo chupo. Inmediatamente después me lo llevo a la concha y la acaricio con él. Lo meto sin nada de tacto, lo que me genera un choque eléctrico en todo el cuerpo que me hace vibrar. Después de varias sacudidas rápidas, vuelvo a llevarlo a mi boca para chuparlo como si de eso dependiera mi vida.

    En el televisor, Carla se nalguea a ella misma con fuerza. El hombre también la nalguea, para luego sacar su pija de ese hermoso culo y acabar. Entre gemidos y suspiros, su leche la empapa, haciendo que, simplemente con contemplar la escena, vuelva a correrme.

    El video se corta abruptamente, dejándome con una sensación de vacío, de que me usaron y se fueron. Pero no me puedo quejar con nadie. Oh quizás sí, un poco con vos. Aunque no creo que tengas ganas de discutir ahora. Ojalá que a esta altura del relato estés bastante loco, bastante mojado, pensando en lo hermoso que sería compartir una sesión de porno juntos. Comentar la trama, quejarnos por los cortes, hacer nuestra propia peli porno.

    Después de acabar tres veces con Carla y su amante, una bruma se apoderó de mi existir y me dormí de inmediato. Tuve pesadillas, pero las olvidé tan pronto desperté. Después me quedé el resto de la tarde en la cama escuchando música, sabiendo que tenía que escribir un relato, pero sin la fuerza física y ni mental para hacerlo. Igualmente, creo que resultó positivo. Ayer no tenía idea sobre que iba escribir. Hace media hora, tampoco. Pero recordando toda esa bruma que inmovilizó, salió este relato. Ojalá sientas que la espera valió la pena.

  • Éxtasis en un domingo lluvioso

    Éxtasis en un domingo lluvioso

    Hojeo una revista femenina con desgana.  Estoy aburrida. Es domingo por la tarde y llueve a cántaros. Todos mis planes de fin de semana literalmente se han venido abajo… hasta ahora. Quería correr en la playa, caminar por el parque, andar en bicicleta y pasar el mayor tiempo posible al aire libre. De lunes a viernes estoy sentada en una oficina durante los cinco largos días, con archivos y carpetas, apenas puedo tomar un descanso debido a todo el trabajo que tengo, a menudo miro con nostalgia por la ventana cuando hace buen tiempo entre el lunes y el viernes.

    El clima no molesta a mi marido. Siempre tiene algo que hacer en casa. Puede sentarse frente a su computadora durante horas. Él no ama la naturaleza tanto como yo. No le importa si llueve o no. Dejo caer mi revista al suelo y me acuesto, cierro los ojos y pienso en qué más puedo hacer que me satisfaga este domingo. No quiero empezar el lunes por la mañana con este ánimo…

    De repente, mi esposo está parado frente al sofá. Me sonríe con esa sonrisa lasciva que he llegado a conocer demasiado bien.

    «Deberíamos usar este domingo lluvioso para algo muy especial…»

    Su voz es suave como el aceite y fluye sobre mí, sobre mis senos, mis muslos y finalmente se concentra en mi regazo. Me levanta y me besa, largo y fuerte hasta que me mareo. Luego me toma de la mano y me lleva detrás de él, subiendo las amplias escaleras hasta nuestro amplio y luminoso baño.

    Yo sé lo que eso significa. Nos amaremos en este domingo lluvioso. Lo mejor que puedes hacer en un día como éste. No solo nos duchamos, también disfrutamos de nuestra ducha. Nos desnudamos muy despacio y con mucho placer, nos metemos en la ducha y nos enjabonamos con extensas caricias. Tengo la espuma con olor a suave seducción y erotismo apasionado sobre mis pechos. Mi esposo acaricia mis pezones y me mira provocativamente. Fernando también distribuye la espuma entre mis piernas hasta que me hace cosquillas y vibro con el deseo de caricias más íntimas.

    Pero no tan lejos todavía. Con el chorro tibio que salpica de la ducha, volvemos a enjuagar nuestros cuerpos libres. El agua rueda por mis pezones y gotea por mi vello púbico en un hilo fino.

    Juegos eróticos en la ducha

    Agarra mi trasero y me da la vuelta, empujándome un poco más cerca. Presiono mis senos contra la fría pared de la ducha, arqueo mi espalda y empujo mi trasero hacia afuera. Fernando empuja mis piernas para separarlas. Puedo ver las gotas de agua reunidas en la parte superior de mi feminidad, demorándose allí como si quisieran ser estimuladas antes de caer al suelo. Mi marido abraza mis pechos por detrás, lo que se siente increíblemente erótico en ese momento. Amasa mis duros pezones, los frota de un lado a otro entre las yemas de sus dedos, aprieta mis senos y luego se agacha detrás de mí. Un agradable escalofrío cubre mi piel, ya estoy temblando de emoción y esperando que finalmente me toque donde fluyen mis nervios de lujuria.

    Cuando me toca allí, hago una mueca de deseo. Me muevo hacia atrás. Fernando sigue recorriendo con sus dedos mi perla de amor, provocando que se agrande y con ganas de saborearla. Puedo sentir su lengua. Primero en mis nalgas, luego en el medio. Mete la cabeza debajo de mi regazo y en esta posición se las arregla para presionar sus labios en las puertas de mi placer. Prueba mi feminidad. Quiero saber hasta qué punto mi excitación ha afectado el sabor de mi lujuria. Me lame extensamente con placer y me provoca un primer y casi incontrolado gemido. Dentro de mí todo empieza a hervir y hervir. Estoy caliente. La piel de gallina que se forma en mi piel es excitación pura.

    Mi marido sale de la ducha, se dirige a uno de los armarios del baño de atrás con una mirada misteriosa y vuelve con un consolador largo y curvo en la punta. Lo miro sorprendida. Todavía no teníamos un juguete sexual. Eso es nuevo. Inesperado pero emocionante. Cuando pasa mi primer asombro, siento curiosidad y quiero probar este juguete del amor. ¿Cómo será si no es su miembro natural el que me hace feliz, sino uno artificial?

    Juegos previos con el consolador

    Enjabona el juguete y lo frota suavemente entre mis piernas. Cierro los ojos y espero tensamente a ver qué hará. Ya puedo sentir la punta del dildo deslizándose alrededor de mis nalgas, una y otra vez, hasta que accidentalmente se desliza en medio y descansa en la entrada de mi trastienda. Aguanto la respiración. Nunca he…

    El consolador sigue jugando conmigo. Lo empuja de nuevo allí y me hace desear. Lujuria desconocida. Por primera vez en mi vida amorosa, sentiré algo en mi ano.

    ¡Por fin me penetra!

    Y luego, infinitamente lento, como en cámara lenta, el poderoso pene de mi marido se aprieta de repente entre mis muslos y se empuja más adentro de mi vulva, que suspira con el deseo del éxtasis. Me llena con su placer y se desliza hacia adelante y hacia atrás mientras simultáneamente usa sus dedos para levantar un poco mis nalgas y nuevamente rotar el miembro artificial alrededor de mi ano. Ante mis ojos se disparan fantasías que me marean. Estoy tratando de prepararme para el placer total, lo que puede sorprenderme.

    Mi esposo todavía me deja en la oscuridad acerca de si quiere tomarme doblemente, si despertará mi lujuria doblemente… Mis senos comienzan a apretarse. Primero en los pezones, que todavía presiono contra la fría pared de azulejos. Entonces la sacudida se extiende hasta mis pechos. Es una de mis señales de que mi cuerpo está tratando de iniciar el orgasmo. Gimo fuerte y me abro completamente a mi hermoso captor para que pueda sentir lo lejos que he llegado al clímax.

    Fernando me conoce bien. Entiende lo que mi cuerpo le dice. Me enjabona con cremoso gel entre mis nalgas y el área que va a hacer en un momento, particularmente persistentemente. Lleva mucho tiempo, me hace retorcerme. Hasta que está seguro, absolutamente seguro, de que yo también lo quiero. Yo también lo quiero de verdad, tengo sed de él y no puedo pensar en otra cosa. Todo lo que he vivido antes con él no será comparable a lo que está a punto de hacerme. Ya estoy temblando de placer. Y no sé qué haré si cambia de opinión…

    Sexo anal por primera vez

    Y finalmente siento el material frío y suave deslizándose enérgicamente contra mi ano, brevemente alrededor de él, luego presionándolo suavemente. Por primera vez en mi vida amorosa me conquistan analmente. No pensé que sería tan emocionante. Estoy sudando de placer y anticipación. Mi regazo arde desde hace mucho rato, porque Fernando no deja de deleitarme con su masculinidad incansable de manera constante y persistente. Me presiono un poco contra la punta del consolador y trato de mantenerme relajada a pesar de mi tensión, que es casi insoportable en este punto de atrás. Respiro profundamente, suspiro ruidosamente y lo asimilo, poco a poco. Y lo empuja maravillosamente dentro de mi burbujeante interior, que ya espera con más anhelo esta vara de amor desconocida, nunca sentida, que me masajea, calienta y despierta en mí sensaciones sexuales que no pueden ser más placenteras…

    Grito, me retuerzo y siento con un creciente deseo que realmente puedo aceptar esta cosa hasta el fondo. Estoy tan caliente, tan excitada por los hábiles juegos previos y por mis propios pensamientos, que mi trastienda casi lo devora. Fernando lo mueve de un lado a otro, a veces más rápido, a veces más lento, con tal virtuosismo que mi deseo todavía puede crecer de manera constante. Mis gemidos aumentan, mis suspiros aumentan, mis gritos llegan a un punto crítico. El frío de los azulejos no puede refrescarme. El calor que inunda mi cuerpo solo puede ser calmado por un clímax redentor…

    Mi esposo a veces mueve el dildo al unísono con su miembro, a veces solo él, luego ambos en diferentes ritmos, con diferentes intensidades. La interacción de ambos me provoca el mayor éxtasis sexual que jamás haya experimentado. Más, más, más, más… ruge en mi cabeza.

    De ambos lados: ¡éxtasis puro!

    El fino goteo de la ducha rueda por mi cuerpo, sobre mis senos, estómago, se acumula en mi vello púbico, finalmente rueda por mis muslos pero no puede refrescarme… Pronuncio los sonidos más traviesos, palabras que mi esposo quizás no haya escuchado antes de mí, y lo insto a que provoque mi orgasmo. Siento como si estuviera tratando con dos hombres al mismo tiempo. Esta noción me excita increíblemente. Lleva mi excitación al máximo y mi ansia de satisfacción no se detiene. Cierro los ojos e imagino que Fernando no es el único hombre que se mueve dentro de mí, no el único cuerpo cuya lujuria estoy sintiendo en este momento. El segundo hombre no tiene rostro, ni siquiera puedo ver su cuerpo, solo puedo definir su pene. Ese falo grande y cálido, palpitando detrás de mí donde ningún miembro se había atrevido a ir.

    Llego al clímax, es como una fiebre que se ha apoderado de mi cuerpo que está temblando y haciendo que mis sentidos sean incontrolables…

  • El placer de follar con mi suegro

    El placer de follar con mi suegro

    Desde que descubrí a mi suegro desnudo en su habitación no he podido sacarlo de mi cabeza.

    Y confieso que me he tocado varias veces pensando en él…

    Soy Saira tengo 22 años, me casé hace dos años con Esteban en medio de mi carrera universitaria, no, no deje la escuela por él. Seguí estudiando y estoy a punto de terminar administración de empresas.

    Fue un flechazo a primera vista hasta, ese momento yo no era muy popular entre el sexo opuesto. Pienso que es por mi físico: tengo el cabello rubio y ondulado, en mi rostro lo que más me gusta son mis ojos alegres y vivarachos, mi nariz es alargada y tengo unos labios gruesos para la geometría de mi cara, pero creo que es lo que más les llama la atención a los chicos, soy una mujer delgada, muy delgada se podría decir y aunque me esfuerzo con rutinas de ejercicios no puedo conseguir más volumen corporal, al principio me afectaba mucho, pero con el tiempo dejó de importarme o eso creí.

    Porque cuando conocí a Esteban y me comenzó a cortejar no lo podía creer y me enamoré con el primer ramo de rosas rojas que me regaló.

    Nos casamos luego de 6 meses de relación.

    Pará ambos somos nuestras primeras experiencias y hasta ese momento yo no conocía nada referente al sexo más que lo que mis amigas me contaban en medio de las charlas entre nosotras.

    Lo cierto es que yo nunca he sentido nada de lo que ellas describen del placer. Mi marido apenas entra en mí y se corre a los pocos movimientos antes de que yo pueda sentir rico. Al principio no me importo lo amo y sé que se esfuerza por complacerme en ese aspecto me ha regalado algunos tímidos orgasmos con un par de juguetes, su mano o con su boca pero después de ver a mi suegro algo en mí despertó y ahora si que me sentía insatisfecha luego de cada encuentro es por eso que muchas veces luego de que Esteban me monta y termina le doy un par de minutos, el tiempo suficiente para que se quede dormido luego pongo mis manos entre mis piernas y con su semen aún en mi vagina me tocó pensando en mi suegro hasta sentir esa sensación de alivio y poderme dormir.

    Nunca he pensado ser infiel menos con mi suegro, pero lo que no sabía hasta ese momento es que mi situación estaba a punto de cambiar y mucho.

    Mi suegro es sexi y guapo está en los 40’s y veo que a dónde quiera que vamos se lleva las miradas indiscretas de muchas mujeres, siempre está bien vestido elegantemente con alguno de sus trajes a la medida aunque a mí se me gusta mas cuando está en casa vestido de forma casual con alguna playera de algodón y short. Es el presidente de una empresa multinacional y debe ir por la vida vestido adecuadamente para su cargo.

    Es alto lo que disimula su barriga que comienza a crecer, se rasura la cabeza a pesar de tener un prominente pelo negro al igual que su barba cerrada lo que lo hace muy atractivo, eso y su personalidad. Su presencia impone y mucho, a dónde va siempre lleva la voz de mando sin la necesidad de ser autoritario. Y como persona es muy amable con todos, desde el personal del estacionamiento hasta sus socios más allegados.

    Vivimos en la misma propiedad; mis suegros y mi cuñada en la casa principal y Esteban y yo vivimos en una casa más pequeña al final del jardín, en una casa para invitados cerca de la alberca que terminó siendo nuestra temporalmente mientras él se establece en el negocio y yo termino mis estudios y podamos permitirnos ir a nuestro hogar definitivo.

    Me encanta la propiedad está a las afueras de la ciudad sin mucho tráfico y es tranquilo, tiene un gran jardín y muchos árboles frutales.

    En eso estaba yo buscando entre las ramas de uno de los ciruelos algunas frutas maduras para llevar a mi boca estaba cerca de la recamara de mis suegros, algo en la habitación; un movimiento llamó mi atención.

    Mire con más cuidado y descubrí a mi suegro desnudo masturbándose mientras miraba la pantalla de su teléfono.

    Me quedé plantada en ese mismo lugar sin saber cómo actuar. Pude irme como si nada ocurriera, pero lo cierto es que me quedé ahí hipnotizada con los movimientos de su mano sobre su paquete.

    Me metí en su intimidad y no hice ruido ni movimientos para que no me descubriera espiando.

    Su mano subía y bajaba por su miembro a distintos ritmos, más lento a veces y luego a una velocidad feroz, luego acariciaba sus bolas de repente o se concentraba en tocar solo la cabeza de su verga, note como ese movimiento le hacía temblar las piernas de placer. Luego me concentré en sus gestos, en la manera en que su rostro se iba transformando, en como se ponía de puntitas cuando su mano estaba en la parte más alta de su erección, en el movimiento de cadera que lo acompañaba. Era como si estuviera follando con alguien invisible. Y por las relaciones de mi cuerpo podría decir que yo también estaba follando ahí con él…

    El calor me invadió, lleve una ciruela a mi boca y la mordí, un pequeño mordisco que me permitió poner la lengua entre la carne de la fruta, lami imaginando mi boca en su dureza, casi podía sentir los movimientos de su cadera chocando contra mi garganta y sentí placer, podría decir que ese hombre me hizo sentir más placer sin tocarme a más de tres metros de mí que lo que me provoca mi marido cuando invade mi cuerpo.

    Su explosión fue brutal vi como su simiente salía disparado a gran velocidad y distancia de su cuerpo, pero lo mejor fueron sus gemidos de placer que llegaron hasta donde yo estaba, ahí sí que me moje, casi corrí a mi habitación a desnudarme deslice mis dedos entre el vello dorado de mi pubis y seguí bajando hasta mis labios húmedos y calientes, me deje llevar pensando en el hombre que acababa de derramar su semen sobre el suelo de la habitación deseando que me bañara con una de sus descargas.

    Han pasado cuarenta y cinco días con ocho horas y treinta y cuatro minutos desde que lo espíe en su habitación, ahora nos encontramos como familia en unas merecidas vacaciones de ocho días en la costa del Pacífico mexicano.

    El lugar es hermoso una casa en renta cerca de un peñasco y debajo unos 20 metros de la roca una playa privada solo para nosotros.

    La vegetación de la zona hace prácticamente inaccesible las visitas inesperadas y sólo se puede entrar a la playa por las escaleras desde de la propiedad o por la playa si vienes en bote.

    Estaba tirada en uno de los camastros fuera de mi habitación. Me quedé en topless aprovechando que todos se habían ido al poblado más cercano a surtir los víveres para los últimos tres días de vacaciones.

    Así que por primera vez en lo que llevo de vida me anime a sacar al sol mis pequeños limones y disfrutar el paisaje, me hice un par de fototetas con el pensamiento de enviarle algo picante a Esteban y de ese modo llegará a casa y me metiera en la habitación y me hiciera suya. Sí, estoy en esos días del mes donde el deseo se incrementa y las ganas no desaparecen.

    Tomé varias fotos desde distintos ángulos y estaba decidiendo cuál era la mejor foto para enviarla a mi marido.

    Casi solté el teléfono cuando la voz de mi suegro me sugirió enviar las últimas dos.

    Sentí que la cara me ardía de la vergüenza y me tape por instinto con una de mis manos mientras buscaba la toalla más cercana para cubrir mi desnudez.

    Cuánto tiempo llevaba ahí? Será que Esteban también vio mi sesión de fotos casera?

    Y mi suegra y cuñada? Que vergüenza me dio.

    En medio de todos estos pensamientos solo atine a decir:

    —Lo siento señor pensé que estaba sola.

    —No te preocupes Saira disfrute mucho el espectáculo. Ya te he dicho que me digas Pepe como todo el mundo.

    No te quería asustar. Me quedé en casa para evitar que te quedes sola, pero creo que mejor debió quedarse mi hijo.

    Aquí estamos solos, una idea llegó a mí y creo que a él también. Lo notaba es su mirada. Me veía igual que Esteban cuando tiene ganas de sexo.

    Sucedió en un segundo

    El abrazo

    El beso

    Las caricias

    Sus labios sobre mi boca

    Su boca recorriendo mi cuello

    Su mano tocando mis tetas ya duras y erectas ante su contacto.

    Esteban nunca hace eso. Estoy rendida ante mi suegro con tan solo unas pocas caricias…

    Metió su mano por debajo de mi pequeño traje de baño y no me negué, yo también esperaba sus caricias deseaba que notará mi humedad que en realidad era suya.

    Sus dedos la sintieron de inmediato y una sonrisa llena de morbo llegó a su boca

    Acercó su boca a mi oído y preguntó.

    —¿Puedes correrte en menos de un minuto?

    Esa sola pregunta me puso en modo perra y me deje llevar.

    Cerrando los ojos por sus caricias dije:

    —No lo sé.

    Luego obediente y cómplice sonreí y abrí los ojos de nuevo.

    Me quito la toalla que cubría mis senos. Cuando mis tetas estuvieron libres de nuevo, las miró sin dejar de jugar con sus dedos entre mis piernas, un par de pezones rosados estaban esperando por sus besos que no demoraron. Con una mano los acuno uno para luego llevarlos a su boca: besaba, chupaba, succionaba.

    Todo fue maravilloso, caliente e inesperado.

    Sentí la explosión dentro de mi cuerpo y luego la pierna flaquear lo que me obligó a colgarme de su cuello para no caer.

    Todavía no me reponía del placer cuando mi suegro me dijo:

    –Fueron exactamente 43 segundos cuando tus piernas flaquearon -y con esa sonrisa agregó-.

    Pues sí, no has durado ni un minuto zorrita.

    Escucharlo hablarme así me puso en modo Zorra aún más si es que eso es posible.

    Pero no se detuvo como lo hace su hijo siguió acariciando mis tetas sin piedad basándose en las reacciones de mi cuerpo mientras yo seguía abrazada a él y con la cabeza en su hombro.

    Me levantó en peso y caminó cargando mi peso hasta entrar en la sala, ahí suavemente me depósito sobre el ancho sofá de la estancia. Fue quitando los adornos y cojines que le estorbaban, luego comenzó a bajar mi traje de baño.

    Le ayudé levantando mis caderas y salieron por mis pies, él beso cada una de mis rodillas luego siguió besando mis piernas hasta mis tobillos y terminar con el dedo gordo de cada pie dentro de su boca.

    Me acomode y deje caer mi peso sobre el respaldo, luego abrí mis pies y los subí al cojín.

    Mi sexo húmedo brillaba lo note cuando metió sus dedos entre mis pliegues y luego me los mostró. Note luego del primer beso que le encantó el sabor de mi flor.

    Su lengua ávida de mi esencia disfrutaba subiendo y bajando sobre mi vulva y eso me volvía loca.

    Mis piernas comenzaron a tensarse de nuevo, otro orgasmo se apoderaba rápidamente de mí.

    Pará mí sorpresa se retiro justo a tiempo, me dejo a un lengüetazo del orgasmo, pude notar como le divertía mi frustración. No me esperaba lo que hizo pero probé mi sabor en su boca, me dio a probar mis jugos con su lengua y me encantó.

    —Casi casi

    Dijo entre beso y beso.

    —Eres un cabrón. -Conteste

    —No seas desesperada, la paciencia tiene sus recompensadas.

    Abrió de nuevo mis piernas antes de volver a poner su cabeza entre ellas.

    Esta vez comenzó lento, su lengua recorría cada centímetro de mis pliegues lentamente, llegaba a mi botón más sensible succionaba y jugaba en él con movimientos circulares que hacían que me retorciera del placer.

    Repitió el proceso muchas veces hasta que encontró la velocidad y ritmo adecuados que me llevaron de nuevo al éxtasis y esta vez sentí como mis jugos estallaron en su boca.

    No me di del todo cuenta a qué hora se quedó sin ropa, pero cuando lo vi desnudo parado frente a mí me quedé boca abierta.

    Rayos!!

    que herramienta!!!

    De cerca se ve más grande de lo que recordaba.

    Antes de hoy solo he estado con mi esposo y nunca he visto a otro hombre desnudo y aunque no me quejo del tamaño de Gonzalo la verdad es que la verga de su papá es mucho más grande y gruesa, con la venas marcadas.

    Ya quiero tenerla por todos lados

    Esta vez fue por todo. Tomó su verga con la mano pegada a los huevos y la dirigió a la entrada de mi gruta.

    Se me escapó un gemido de placer cuando sentí como empezaba a abrirse camino por mi interior. Por fin lo tenía dentro caliente y duró.

    Espero un poco para que me acostumbrara al tamaño y luego comenzó a moverse

    Me penetraba en un ángulo desde arriba, el tronco de su falo estimulaba mi hinchado clítoris en cada movimiento, mientras la cabeza que no llegaba a salir de mí acariciaba zonas sensible es un maestro del placer .

    Me sentía en la gloria. De repente cambiaba el ángulo y entraba directamente desde abajo fuerte y más profundo, más intenso, más salvaje y placentero. Un sube y baja que me llevó al cielo una vez más, nunca había tenido tanto placer en mi vida y sentía que ya no podía más, pero él aún no acababa conmigo. Y sinceramente aunque yo estaba agotada tampoco quería que aquello acabará.

    Me giró de forma que yo quedara recostada encima de un cojín y con él culo en alto sobre el sofá.

    —Tienes un culito precioso.

    Acarició con descaro cada una de mis nalgas y luego sentí el escozor que causó su mano al nalguearme varias veces.

    Perfecto, ahora tienes el color correcto

    Entró en mi sin piedad yo estaba tan húmeda que entraba y salía de mí sin el menor esfuerzo, esta vez tape los gritos de placer con un cojín.

    Sus manos me sostenían firmemente de las caderas y de repente azotaba de nuevo mi culo que agradeció las caricias

    Uno de sus dedos resbaló y fue a rozar mi ano lo que provocó un nuevo nivel de placer que él notó.

    Él estaba a punto lo pude sentir más duro y firme eso me encanto.

    No podría prolongar por mucho tiempo ese ritmo.

    —Quiero correrme en tus tetas.

    —Hazlo

    Salió de mí y se paró en medio de mis piernas. Comenzó a masturbarse rápidamente como en su habitación. Unos pocos segundos después el primer chorro de su lefa cayó sobre mi rostro cerca de mis ojos, los demás quedaron derramados por mi boca, cuello, tetas y abdomen.

    Luego con uno de sus dedos tomó un poco de la leche sobre mi teta izquierda y la llevó a mi boca.

    —Esto es algo que no se desperdicia gatita.

    Me gustó el mote y abrí mi boca obediente. Mientras sentía mi entrepierna dolorida y satisfecha por primera vez en mi vida.

    Sabía que no sería la última vez que lo haríamos.

    Cuando Esteban regresó yo dormía plácidamente en el camastro donde todo comenzó.

  • Mi ex novia y mi ex cuñada me la chupaban mientras dormía

    Mi ex novia y mi ex cuñada me la chupaban mientras dormía

    He contado en otros relatos la aventura que tuve con la hermana de mi entonces novia, mientras vivía con nosotros y mientras mi novia me ponía los cuernos con otras personas. Debo insistir que estos relatos son reales, ni siquiera cambio los nombres porque no creo que lleguen a leer estas historias que se pierden en la web, aunque me excita pensar que lleguen a hacerlo.

    Desde que empecé a andar con Viri me di cuenta que le encantaba hacerme sexo oral. Aprovechaba cualquier momento a solas conmigo para chuparme la verga, y al principio hacíamos cosas muy atrevidas. Una vez me hizo una mamada mientras estábamos en el cuarto que compartía con mi hermano, mientras él se encontraba afuera en la sala haciendo sus tareas. Pudiendo entrar en cualquier momento, a Viri no le importó eso y en nuestra calentura, saboreaba mi verga hasta que casi me corría. Eso sí, a ella nunca le gustó que me viniera en su boca.

    Una de las cosas que gustaba hacer era despertarme con una buena mamada, parecía excitarle el hecho de hacer que mi verga se pusiera dura en su boca mientras yo aún dormía. Varias veces desperté con ella haciéndome una buena mamada casi a punto de correrme, pero parecía que cuando yo despertaba perdía el interés por continuar. Me decía que le gustaba pensar que sus mamadas provocaran que tuviera sueños eróticos y le parecía muy caliente esa idea.

    Conforme la relación avanzó el sexo disminuyó y con ella poniéndome los cuernos, todo se deterioró. Fue entonces cuando comencé a tener sexo con su hermana Claudia, mientras vivía con nosotros ya que ella, siendo estudiante, se le dificultaba encontrar un lugar para rentar. He contado cómo comenzó todo con ella en otros relatos.

    Un día que mi novia no llegó a casa aprovechamos para tener sexo toda la noche, fue muy rico porque empezamos teniendo sexo en la barra de la cocina, donde comíamos todos los días Viri, Claudia y yo y al final, Claudia y yo dormimos en su cama después de correrme en la misma almohada en la que se quedó dormida. A la mañana siguiente me desperté con el rico placer de sentir la boca de Claudia mamándome el pito, y supe lo que pasaba, le comenté que a su hermana también le gustaba hacer eso. Ella solo me sonrió y me dijo que era muy rico y que su fantasía era pensar que solo le estaba dando placer a un órgano genital, que solo eran ella y una verga para ella, que ojalá no me molestara eso. Le dije que al contrario, me encantaba, que ojalá a más mujeres les gustara hacer eso (hasta la fecha no he conocido a otra amante que disfrute de esto).

    Una noche, unos días después de este episodio, se me ocurrió comentarle a Claudia durante la cena, mientras Viri no nos escuchaba, que podía hacerme una mamada mientras dormía cuando quisiera. Aunque Claudia siempre me decía que se sentía mal por lo que hacíamos a espaldas de su hermana, le excitaba demasiado y pude ver su cara de maldad cuando le hablaba de esas cosas mientras su hermana estaba presente.

    Viri, mi novia, era la única que salía muy temprano de la casa para ir al trabajo, mientras que Claudia y yo nos levantábamos más tarde. Así que a la mañana siguiente, en cuanto Viri salió de la casa, fui al baño y aproveché para quitarme toda la ropa. Claudia dormía en un sofá en nuestra sala, por lo que me acerqué a ella para decirle al oído: voy a dormir otro rato, si gustas ya sabes donde encontrarme, mientras me enderezaba para regresar a mi cuarto, pude ver como abrió los ojos y al ver mi pene semierecto balanceándose, se mordió los labios y solo escuché un gemido afirmativo que era más una mezcla de excitación y sueño. Me acosté en mi cama, solamente tapado hasta la cintura por una delgada sábana y traté de dormir de nuevo. Pasaron unos minutos, y en verdad estaba conciliando el sueño, cuando entre sueños escuché una respiración entre cortada que venía de la puerta del cuarto, decidí seguir jugando al dormido y que Claudia disfrutara como quisiera.

    Poco a poco, sentí como se subía a la cama y acercaba su cuerpo a la zona de mi cintura, su respiración era cada vez más notoria. Claudia bajó los pocos centímetros de la sábana que cubrían mi verga y sentí su aliento envolviendo mis huevos y mi pene semi parado. Estuvo unos segundos así y comenzó a lamer muy suavemente toda su longitud, después comenzó a engullirlo y sentí cómo su cálida boca cubría toda mi verga. Claudia sabía que yo estaba despierto, pero me excitaba pensar que le gustaba que me hiciera el dormido, ese día íbamos a jugar a que le sacaba la leche a una verga sin cuerpo. Estuvo varios minutos dándole placer suave y muy húmedamente con su boca, mientras yo solo aumentaba el ritmo de mi respiración, pero cuando sentí que estaba a punto de explotar, no pude dejar de soltar un gemido de placer que hizo que ella sacara mi pene de su boca para continuar masturbándome muy hábilmente con sus manos, en ese momento sentí el orgasmo que salpicó su cara y mi pecho a montones, vi esta escena unos segundos después, cuando abrí los ojos y levanté mi cara para ver su trabajo. Ella solo sonreía con la cara pintada con tres chorros de leche en la frente, la mejilla izquierda y los labios. -Me encantas, nadie me pone así de zorra.

    Por supuesto que Claudia tenía aventuras con otros hombres, en ese momento no tenía pareja y siempre ha sido de mente muy abierta. Pero esas palabras me quedarán en la memoria para siempre. Hasta la fecha me masturbo pensando en los momentos que viví con ella, además de las fantasías del cornudo que fui cuando mi ex me engañaba pero aun así, yo todos disfrutábamos.

    ¿A ustedes les gusta que se las mamen mientras duermen? ¿O qué tal chupar una buena verga durmiente?

  • La naturaleza aflora en MaryCarmen, primera infidelidad

    La naturaleza aflora en MaryCarmen, primera infidelidad

    Hola mi nombre es MaryCarmen Flores, quiero seguir compartiéndoles mis anécdotas, les recuerdo que pueden leer mis otros relatos, o mi presentación para resolver cualquier duda con respecto al hilo de la historia, o si lo prefieren pueden escribirme y con gusto respondo a sus preguntas.

    Llevaba un poco más de dos años saliendo con Sergio las cosas, iban bien sobre todo la parte del sexo, ambos aprendimos muchas cosas y se podría decir que nuestra relación era buena, salíamos de manera regular y experimentábamos muchas cosas nuestro noviazgo, podría decirse que era dulce y aunque basábamos mucho de nuestra relación en el aspecto sexual, no teníamos bien definido el rumbo, es decir aún nos costaba un poco dar ese paso.

    El destino nos llevó a ambos a cambiar de escuela, ya teníamos ambos más de 20 y mi padre pasaba por una situación laboral complicada, yo ya no podía pagar una escuela privada y Sergio decidió cambiar de carrera nos veíamos cada vez menos, aunque cuando nos veíamos nuestros encuentros eran pasionales, no me podía quejar después de ese tiempo juntos, él conocía mis secretos, yo conocí a los suyos y digamos que para mi familia era un buen chico, aunque no les contara mucho de nuestra relación.

    Lo que sí se notó en el cambio de universidades, es el hecho de que ahora yo me paseaba sola por los pasillos, tal vez una amiga o algún compañero me acompañaban en ocasiones, tuve que hacer un selectivo para que me dieran una oportunidad en el equipo de voleibol de la universidad, pero al final lo conseguí y pasaba un poco más de tiempo con las chicas del equipo, esto me dio cierta visibilidad en la universidad y como mi manera de vestir en la escuela no cambió, es decir, seguía usando los escotes pronunciados y las faldas cortas, y a la hora de jugar o a la hora de entrenar ropa bastante apretada, lo que sí motivó a algunos de los chicos de la universidad a empezar a buscarme, es bien sabido que yo estaba a gusto con Sergio, por lo tanto no les daba muchas esperanzas a estos chicos, o quizás ninguna. Pero también es cierto que a una mujer le halaga tener a chicos a su alrededor.

    Una de tantas veces en las que iba caminando por los pasillos, se me acercó un chico al que no había visto yo por la escuela, y me saludó.

    – Hola, qué tal -me dijo con una sonrisa amplia en su rostro yo por cortesía saludé.

    – Hola, mucho gusto – pero seguí caminando sin disminuir el paso, me dirigí a la cafetería ya que tenía una hora libre y necesitaba comer algo antes de mi siguiente clase, era rutina de todos los días. iba a la cafetería compraba algo de comer y 5 o 10 minutos antes de que comenzara mi clase, recibía una llamada de Sergio.

    Sin embargo el chico continuó caminando a mi lado, sin decir palabra, simplemente caminaba a mi lado.

    – ¿Qué?, ¿vas a comprar mi comida del día de hoy? -Pregunté de manera burlona.

    – Si tú me lo permites, lo haría con mucho gusto. -M e contestó él exactamente con el mismo tono en que yo hice la pregunta, y entonces me paré 20 pasos antes de la puerta de la cafetería, volteé y lo miré, y estaba ahí un chico moreno, de ese moreno oscuro que no se sabe si es por sus raíces o por tanto sol que había tomado, ojos negros penetrantes, con una mirada fuerte, intimidante hasta cierto punto. Su cabello corto, casi al rape, una boca gruesa que intentaba esbozar una sonrisa, aunque en esa boca más bien parecía una simple mueca, nariz ancha y nuevamente unos ojos negros que me obligaban a volver a vista hacia ellos, la mirada definitivamente me intimidaba, tal vez un poco, tal vez mucho, no sabría decirlo en ese momento, después de observarlo durante unos segundos y de no encontrar palabras con las cuales rebatir su socarronería, retomé mi camino hacia la cafetería, entré y me fui directo a la hacia la línea de servicio, tome una bandeja y comencé a pedir mi comida, volteé disimuladamente hacia los costados y no lo vi, vaya parece ser que me deshice de él, y entonces llegué a la caja dispuesta a pagar y la muchacha de la caja me dice “ya está pagado” mientras levanta su dedo índice de manera tímida y señala una mesa del fondo de la cafetería, con una sonrisa cómplice en sus labios, yo volteo hacia el fondo de la cafetería, en dirección donde su dedo apunta y sí ahí estaba él, con esa mueca en sus labios simulando una sonrisa, y con sus manos señalando la silla que se encontraba frente a él, voltee hacia la cajera fingí una sonrisa y me dirige hacia la mesa de mi benefactor.

    Al llegar a su mesa, me pare a un costado de la silla que él me indicaba. sin sentarme, le dije:

    – Gracias por la comida, pero no creo que sea una buena idea que nos sentemos juntos -dije de manera seca y un tanto brusca.

    – ¿Y por qué es eso? – preguntó él, sin que la curvatura de sus labios dejara de apuntar hacia arriba.

    – Bueno. Es que tengo novio, y esto no se verá bien – dije yo de manera decidida y rotunda.

    – Ah sí, el chico del auto negro se ve un buen tipo él. -mientras decía estas palabras, la expresión de mi cara cambió de dureza a sorpresa en menos de 1 segundo, “pero qué carajos sabe él”.

    – ¿Que acaso me espías? o ¿de qué se trata esto? – dije yo volviendo a endurecer las facciones de mi rostro, y levantando un poco la voz.

    – ¿Espiarte yo?, para nada, pero toma asiento que te explico en un momento, además deberías de comer, no se te vaya a pasar el tiempo y recuerda que hoy sales hasta las 6. – aún no terminaba de decir estas palabras y mi cara ya era un poema, resulta que este tipejo no sólo sabía quién era mi novio, también conocía mi horario de clases, y yo en mi vida lo había visto en la escuela, pero ¿qué diablos pasaba?

    – ¿Me quieres explicar cómo demonios sabes tú todo eso sobre mí?

    – Calma, por supuesto que te la voy a explicar, pero, anda come, permíteme ir por algo para mí, no tardo.

    Lo vi levantarse y no observé hacia dónde se dirigía, ya que yo daba la espalda hacia la barra y la entrada al comedor, trate de serenarme y después de dar una ojeada a mi reloj, comprobé que realmente debería de comer. Decidí probar un poco de la ensalada que había pedido, con visibles muestras de mal humor en mi rostro, no pasó ni 1 minuto y él estaba de regreso con una botella de agua simple, me miró se sentó abrió la botella y dio un largo trago a ella, casi media botella fue lo que tomó, sin perderme de vista, mis ojos tampoco dejaban de mirarlo a él.

    – ¿Y bien? – Pregunté molesta, mientras mordisqueaba una rodaja de tomate qué traía en el tenedor.

    – Bien MaryCarmen, déjame te explico de dónde viene todo esto.

    – ¿Cómo?, aparte de todo, ¿Sabes mi nombre?

    – Ah, por favor, Cualquiera que se haya presentado a un par de juegos de la selección de voleibol sabe cuál es tu nombre – bien bien, lo reconozco, punto para él, esa no la vi venir, me dije para mí misma- y saber que esta es tu hora de comida todos los días, tampoco tiene mucho sentido, yo termino mi clase de resistencia de materiales, allá en los salones H, y tú pasas todos los días proveniente, tal vez, de los S o de los R, no lo sé, no estoy seguro.- Bueno era cierto, yo terminaba mi clase en el S6 y después de 5 o 10 minutos me iba caminando y cierto pasaba por enfrente de los salones H, que eran justamente los salones donde las ingenierías tomaban sus clases, y si bien era cierto que yo notaba las miradas de algunos chicos mientras pasaba por esos salones, no le tomaba importancia, realmente era normal que los chicos voltean a ver a las chicas en la escuela y más si la chica en cuestión acostumbraba a mostrar un poco de piel, así que nunca volteaba.

    Continúe reflexionando en esto, mientras la mirada intensa del chico no me perdía de vista.

    -Está bien te concedo esa, pero ¿y qué hay de mi novio? ¿cómo sabes quién es él?- le dije con tono fuerte, aunque no con la misma seguridad con la que había hablado instantes anteriores,

    – Ah, eso es más sencillo, – dijo él relajando un poco la mirada- cada martes y jueves él viene a recogerte aquí, – me sorprendí dejando caer el tenedor sobre el plato de ensalada- calma, calma, deja termino de decirte. – continúa él – y es que tampoco es que una persona que entra al estacionamiento escuchando rock a volumen considerable, se pase por desapercibido, ¿no es así? – me preguntó suavizando un poco el tono de voz.

    – Bueno, -dije yo- seguramente no será él el único que entra con música a alto volumen. -respondí

    – No, no lo es, pero la música que les gusta a ustedes es un poco, digamos, peculiar – mi sorpresa iba en aumento- por supuesto que hay chicos que les gusta la música rock, pero, ¿Iron Maiden, Black Sabbath? no es algo tan frecuente de escuchar. – bien, ahora estaba convencida este chico definitivamente era un acosador.

    – De acuerdo, pero aun así, ¿me sigues después de salir de clases o qué? – continuaba mi reclamo.

    – No para nada, esta parte tiene una explicación aún más sencilla que la anterior, es más creo que tú sola podrás encontrar la respuesta.

    – ¿Yo?, ¿y por qué?

    – Bien, recordemos, ¿en dónde es que te recoge tu novio esos días? – preguntó con un tono bastante socarrón.

    – Pues en el estacionamiento

    – Si claro, el estacionamiento, pero, ¿en que parte del estacionamiento?

    – En la parte trasera, frente al estadio de fútbol.

    – Seamos un poco más específicos ¿quieres?

    – Ya lo dije, frente al estadio de fútbol, a un costado del pasillo que va a las canchas de basquetbol.

    – Bien, nos estamos acercando, – dijo él con un tono que denotaba su placer por hacerme contestar esas preguntas- ¿y recuerdas que hay justamente entre el estadio y ese pasillo? – sí lo recordaba, por supuesto que lo recordaba.

    – Deben ser los vestuarios del del estadio

    – ¡Bingo! – gritó él de manera festiva, por supuesto era una cafetería escolar y nadie tomaba importancia por uno que otro grito que se escuchaba en su interior, así que no tome en cuenta que él levantará así la voz, me le quedé mirando y él hizo lo propio con esa mueca en sus labios, después de unos segundos ahí en la cuenta desvié mi mirada, cogí un poco más de la ensalada que había en mi plato, y respondí antes de meterla en mi boca.

    – El equipo de fútbol ¿cierto? – él no respondió, no había necesidad, recordé que el equipo de fútbol practicaba martes y jueves en el estadio, y para la hora que yo pasaba por ahí, ellos seguramente ya estaban en los vestuarios, pero por supuesto, un auto con el volumen un poco alto escuchando música, digamos diferente, y una chica subiendo al auto y saludando de manera efusiva a su novio, desde luego llama la atención, así que ahí estaba la respuesta.

    Él no dijo más por un par de minutos, y yo no tuve la valentía de levantar mis ojos. Después el clásico sonido de un teléfono de aquel entonces, timbrando dentro de mi bolsillo delantero rompió el silencio entre ambos. El chico se levantó, tomó su botella de agua, enfatizó la mueca en su boca y de manera seca dijo.

    -Que tengas buen día, me saludas a Sergio. – y sin decir más. se retiró. Las sorpresas continúan, conocía el nombre de Sergio, mi novio, no le di importancia en el momento y contesté confundida.

    Platiqué con mi novio por unos minutos y después me retiré a clases, el resto del día transcurrió de manera normal. Dieron las 6 de la tarde y como rutina, después de despedirme de mis amigas, me encaminé hacia el estacionamiento trasero de la universidad, Ahí, entre los carros estacionados, podía protegerme de la vista de mucha gente, el estadio estaba ahí, y yo normalmente me sentaba en una de las jardineras que estaban frente a los vestuarios, era algo retirado y había varios carros de por medio, 10 minutos después, sin yo verlo sabía que Sergio se acercaba, podía escuchar la música y aunque normalmente él bajaba un poco el volumen antes de llegar a donde me recogía, el volumen aún era alto, me levanté de las jardinera, y empecé a caminar lentamente hacia el auto, y de manera disimulada voltee a hacia los vestidores, Y ahí estaban, a través de las pequeñas ventanas altas de esos vestidores, se veían 3 o cuatro cabezas asomadas, seguramente los chicos parados sobre las bancas, para poder alcanzar a ver, no lo distinguía a él, pero sabía que ahí estaba, me subí al auto, le di a Sergio un beso y nos fuimos.

    Esa noche Sergio y yo terminamos en un motel después de cenar, durante la cena, si bien me animaba con la plática de Sergio, no podía dejar de pensar en esos ojos, ¡por Dios! no era un chico tan atractivo, Sergio era 10 veces mejor que el, pero su mirada intensa y su hablar pausado hacían que yo no pudiese sacarlo de mi cabeza, ¿pero qué me estaba pasando? no entendía, mientras estaba con Sergio nunca me había llamado la atención ningún otro, no era momento de empezar, y cuando entramos a la habitación era yo la desespera. Y antes de que él cerrara la puerta, yo ya lo estaba besando frenéticamente, tardamos poco en llegar a la cama, y tardamos aún menos en estar desnudos. Mis movimientos eran rápidos, bruscos, feroces, llenos de deseo, y mientras Sergio trataba de seguirme el ritmo, yo pensaba en un futbolista, en un futbolista del que no sabía ni su nombre, no tarde mucho en llegar al clímax y Sergio me siguió un poco después. Creo que esa noche no desquitamos como hubiésemos querido el costo de la habitación, pero a mí no me importó y Sergio no dijo nada, aunque no estoy segura si realmente no lo notó.

    Al día siguiente, miércoles, mis clases transcurrieron de manera normal, en mi hora libre, tome un camino diferente hacia la cafetería, vaya, 5 minutos más de caminata no era nada del otro mundo. Así que, llegué por la parte de atrás de la cafetería, le di la vuelta y entre. Tomé una bandeja y me formé para pedir, esta vez la cajera no me dijo que la cuenta estaba pagada, lo cual me provocó cierto alivio, aunque su risita burlona no fue muy de mi agrado, tomé bandeja y fui a buscar una mesa libre en el rincón más apartado de la cafetería. Aunque sí, intencionalmente me senté con la vista hacia la puerta, ¿pero que estaba esperando? ¿acaso quería yo que sucediera algo? ¿acaso estaba deseando que algo pasara? y si lo deseaba o no, sucedió, 10 minutos después lo vi entrar se paró un par de metros después de la puerta y comenzó a buscar algo con la mirada, algo o alguien, y finalmente la encontró, la encontró sentada en el rincón más alejado de la puerta, con una mirada disimulada, tratando de esconderse detrás de las personas que allí estaban. Nuestras miradas se cruzaron por escasas décimas de segundo y mientras él la sostuvo, yo cobardemente la desvié.

    Por supuesto que era cobarde, por favor, tenía novio, entonces él se dirigió a la barra, pidió nuevamente una botella de agua y salió de la cafetería sin voltear su vista atrás. No puedo negar que me decepcionó su actitud, pero ¿acaso estaba esperando que otra cosa sucediera? Bien, era el momento de dar vuelta a la página y seguir con mi vida, tenía un novio al que adoraba y eso era más que suficiente para olvidarme de esta situación, definitivamente tenía que hacerlo y así continuó el día tratando de evitar cualquier recuerdo de lo que pudiera haber sucedido con este chico.

    Al día siguiente, jueves, decidí hacer lo mismo que había hecho el día anterior, qué importaba si este chico me seguía simplemente era necesario ignorarlo, entonces tomé el camino largo a la cafetería, 5 minutos más de caminata no me harían daño, pero a unos cuantos metros de llegar a la puerta, ahí estaba el, en su cara no se veía esa mueca que simulaba una sonrisa, no, su rostro ahora era serio, duro y los ojos entrecerrados, vaya tipo, ahora resulta que estaba enojado. Definitivamente pasaría por un lado de él saludaría con cortesía y seguiría mi camino rumbo a la cafetería.

    -Hola, buenos días -le dije sin disminuir el ritmo de mi caminar, y con apenas ligeros movimientos de cabeza, no iba a tener un contacto visual con él,

    – Buenos días -respondió él -,¿Tanto te molestó mi presencia como para cambiar tus hábitos?

    – No, para nada, nada que ver contigo, perdón debo ir a comer, aunque eso ya lo sabes, nos vemos después. – Dije sin detener ni un solo momento mi camino. Creo que eso debió haber sido muy claro, con el tiempo se aburriría y dejaría de buscarme, bien por hoy ¡misión cumplida! El resto del día terminó de manera normal o al menos eso pensé en ese momento.

    Al salir de clases compartí un par de minutos con mis amigas y después me despedí de ellas y caminé como de costumbre hacia el estacionamiento, pensé en dirigirme hacia mi jardinera favorita, Y cuál fue mi sorpresa al encontrar sentado al mismo chico al que había evitado en los últimos días.

    – ¿Qué haces tú aquí? – pregunte con tono molesto, a quien usurpaba mi asiento.

    – Esperándote – respondió él con un cinismo impresionante.

    – ¿a mí?

    – Por supuesto, dijiste que no tenía nada que ver conmigo el que tomaras nuevas rutas, así que decidí venir a buscarte.

    – Ajá, bueno, me has visto, ya dentro de poco llegará mi novio, al que ya conoces, no quiero verte aquí.

    – Bueno, de hecho, lo que tengo que decirte, tomará solo 30 segundos.

    – ¿y qué tienes que decirme? le espeté clavando mi mirada en sus ojos, ¡grave error! Nuevamente noté la curvatura de sus labios ir hacia arriba y contestar con total desfachatez.

    – Come conmigo el día de mañana.

    – ¿Qué estás loco? ¿Por qué habría de comer contigo?

    – Sólo es una invitación a comer, nada más.

    – No tengo intenciones de comer contigo mañana, ahora vete, no debe tardar en llegar Sergio – lo observé mirarme con esa intensa mirada negra, y cruzar los brazos sobre su pecho.

    – Bueno, mi intención no es irme de aquí sin antes recibir un sí. – este chico no paraba de sorprenderme. ¿era posible tanto cinismo?

    – Ya te dije que no, no lo voy a hacer.

    – Bien, por supuesto estás en todo tu derecho, sin embargo, me gustaría continuar insistiendo por alrededor de 5 minutos más. -dijo mientras volteaba a ver el reloj en su muñeca, tratando de enfatizar lo que él decía.

    – ¿Qué, estás loco o qué? sabes que viene mi novio.

    – Sí lo sé, realmente no es importante, solo te estoy invitando a comer el día de mañana.

    – He dicho que no.

    – Bien, solo estoy insistiendo un poco. – aún no terminaba de decir esta frase, cuando a lo lejos se escuchó la música del auto de Sergio, apenas era un murmullo pero como bien lo había dicho el chico, sus gustos eran inconfundibles, sus labios se curvaron aún más y yo sin saber qué más responder dije;

    – Está bien, mañana nos vemos – Justo en ese momento, él comenzó a caminar rumbo a los vestidores, ese pequeño edificio que estaba justo enfrente de nosotros.

    – Hasta mañana Mary – dijo justo cuando el auto de Sergio paraba, pero lo hizo sin voltear a verme, sabía que Sergio no escuchaba desde adentro del auto y ya había al menos 10 metros de distancia entre nosotros, como para suponer que él estuviera hablando conmigo, vaya que era osado. El resto de la tarde y noche no pude dejar de pensar en él, me estaba volviendo loca.

    Llegó el viernes. Día en que los maestros en su mayoría no dan clases porque es un día destinado a laboratorios. Sin embargo las pocas clases que teníamos, nos obligaban a estar allí la mayor parte del día, y yo normalmente, iba a comer 30 o 40 minutos después de lo que lo hacía de lunes a jueves, y con ese pretexto pensé tal vez el día de hoy puede evitar la famosa comida, tomé el camino normal, el que tomaba todos los días, al final de cuentas si él iba a estarme buscando, me encontraría de cualquier manera, ya conocía mi rutina y no fue tan grande mi sorpresa, cuando lo encontré a mitad de camino, sentado en una banca, volteando justamente en la dirección en la que yo venía caminando, al verme, él se levantó y me saludó.

    – Hola, puntualísima como siempre, – al decir esto confirmé que el nivel de atención que él prestaba a ciertos detalles era sorprendente, aunque hasta cierto punto alarmante. Decidí no contestar y simplemente esbocé una media sonrisa y moví un poco la cabeza a modo de saludo y seguí caminando rumbo a la cafetería, él caminó a mi lado sin decir una palabra hasta llegar a la barra de la cafetería.

    Ambos ordenamos y cómo era de esperarse él insistió en pagar. Otro detalle que olvidaba mencionar es que los viernes debido a que había menos clases, la cantidad de gente en la cafetería era mucho mayor, pero había una mesa libre, una mesa pequeña, pegada a una de las paredes del lugar, y ahí fuimos a sentarnos, y yo ataque.

    – ¿Y bien? he cumplido mi palabra, y he venido a comer contigo, podemos dejar este juego de lado por favor. – dije con el tono más serio que podía.

    – ¿El juego? no hay ningún juego aquí Mary.

    – Entonces ¿qué es todo esto? – pregunté.

    – Simplemente te invité a comer, para conocernos

    – Parece ser que tú me conoces más que mi propia madre. – dije en tono irónico

    – No es así, pero, aunque así fuera, aún falta que tú me conozcas a mí. – era cierto, realmente yo no sabía nada de él. Y siendo realista la curiosidad era mucha, así que decidí darle una oportunidad, al final de cuentas realmente no estaba haciendo nada malo.

    – Bien, dime qué es lo que tienes que contar. – Dije mientras exprimía un limón sobre el filete de pescado que tenía frente a mí.

    – Gracias por la oportunidad, me llamo Rolando Martínez, estoy en octavo semestre de ingeniería mecánica. Tengo 22 años y soy mediocampista en la selección de la escuela. Me gusta mucho la música de los setentas y ochentas, aunque realmente no soy de gustos tan rockeros como los de tu novio -este último comentario logró arrancar una sonrisa. Los gustos de Sergio y los míos en cuanto a música eran muy similares

    Seguimos conversando por espacio de 40 o 45 minutos, platicamos de comida, deportes, música, gustos en común, sí, los teníamos. Y justamente cuando estábamos hablando de música me dijo;

    -Mañana hay una fiesta en casa de un amigo, más que una fiesta es una reunión, una tertulia, él también es de nuestros mismos gustos musicales. ¿No te gustaría ir conmigo? – La pregunta retumbó en mi cabeza por lo inesperado de esta.

    – Vaya, pensé que realmente habíamos quedado claros, en que solo podía existir una amistad. -y no dude en decirle.

    – oye, yo creo que te estás confundiendo, tú sabes que tengo novio, y no me gustaría que las cosas fueron por un ritmo que no lo es.

    – Espera, espera, espera. – me interrumpió el, levantando ambas manos – creo que quien está confundiendo las cosas eres tú, yo en ningún momento te estoy proponiendo que seas mi novia, disculpa, pero jamás fue mi intención. – su respuesta me dejó perpleja. – simplemente te pedí que fueras conmigo una velada, escuchemos música, platicamos a gusto, y si algo más sucede, ya seria de los 2. – vaya cinismo que demostraba en sus palabras.

    – Es que justamente está ahí el problema, ¿Cómo puedes decirme que algo más puede suceder? Entiéndelo, yo no quiero nada más, -,Y comencé a acomodar mis cosas sobre la charola, dispuesta a levantarme.

    – ¿Que no quieres nada más? ¿y cómo puedes estar tan segura de que no quieres nada más? si ni siquiera te has planteado la idea, ni siquiera lo has tomado como una posibilidad.

    – Es que no es una posibilidad.

    – ¿Y quién lo dice? ¿tu, o tu novio?

    – No importa quién lo diga.

    – Bien, disculpa, al final de cuentas creo que tienes razón, yo soy el confundido, nunca creí que serías una chica que no puede darse la oportunidad, de reunirse con sus amigos fuera del cerrado círculo de su novio, y además que vea esa palabra de “algo más” como algo necesariamente pecaminoso, no, no es así, ese “algo más” depende de tu ingenio, de tu gusto, de tu imaginación, ¡pero está bien!

    La manera en que él exponía a estas ideas, realmente me calentaba la cabeza, y era cierto, durante 2 años, el centro de mi mundo fue Sergio, y nada más, un poco de voleibol, un poco de mis amigas, pero el 80% de mi tiempo se lo llevaba El. Las palabras de Rolando me hicieron dudar, y creo que él debió notarlo, tal como yo lo había hecho, colocó todas sus cosas sobre su bandeja, y sin voltear a verme me dijo;

    -Esta vez no voy a insistir, de 3 a 4 estaré fuera del laboratorio de mecánica, sé que no son tus rumbos, tú nunca caminarías hacia allá, pero si te interesa ir conmigo a la fiesta, simplemente aparece por aquellos rumbos, deja que yo te vea, ni siquiera necesitas dirigirme la palabra, yo me daré por enterado y me encargare de todo, si no te interesa, sabre comprender – se puso de pie tomó su bandeja y se dirigió a la barra a dejarla, yo me quedé sentada un par de minutos más.

    Después de la clase de las dos de la tarde, normalmente iba a casa estaba un rato y después salía a caminar para qué Sergio me recogiera o si él no podía salía con mis amigas. Iba caminando rumbo a la salida, y pocos metros antes de llegar a ella decidí doblar a la derecha en un pasillo, sí, efectivamente, ese pasillo me llevaría hacia los laboratorios de ingeniería. Normalmente eso eran lugares por los que no caminaría, pero era viernes y todo mundo hacía lo que quería, así que no era raro que alguien estuviera caminando por ahí, llegué a laboratorio de electrónica y al lado de este, estaba el de mecánica, pero no quería llegar. Finalmente, la cordura se apoderó de mí y decidí dar media vuelta y retirarme, no tenía nada que estar haciendo ahí, volteé hacia todos lados para asegurarme que nadie se fijara de mi extraño proceder y un segundo antes de dar la media vuelta, lo vi, su mirada penetrante a 30 m de mí, fija. Se aseguró de que yo lo viera y después desvió la mirada y continuó platicando con sus amigos, no volvió a dirigir la mirada hacia mí, me quedé helada por unos segundos y después di la media vuelta y me fui. “Demonios”, pensé para mis adentros, sin embargo lo hecho, hecho estaba, y por alguna razón mi corazón latía a una velocidad inesperada, tantas cosas en mi cabeza.

    Esa noche, Sergio y yo fuimos al cine, pero mi cabeza estaba en otro lado, que ni siquiera recuerdo la trama de la película, de regreso a casa, Sergio me preguntaba por los planes para el día siguiente, ¿qué quería hacer yo? inventé una excusa tonta para decirle que el sábado no podía qué mejor el domingo y así nos despedimos. Al día siguiente a las 10 de la mañana teníamos un juego en la escuela, en el auditorio de la Universidad, este resultó ser algo bastante sencillo, y terminó en menos de 1 hora. Mientras me cambiaba de ropa en los vestidores escuché que mi teléfono sonaba un par de ocasiones, 2 mensajes me habían llegado, terminé de cambiarme y al tomar el teléfono de la mochila, descubrí que los mensajes eran de un teléfono que no conocía, “felicidades por la victoria” decía el primero de ellos. El segundo decía “la fiesta comienza a las 8 de la noche. Paso por ti 8.30, solo dime a dónde”. Volví a leer el mensaje con cuidado era evidente de quién era el mensaje y ni siquiera me molesté en preguntarme cómo había conseguido el número, era caso perdido. Puse el teléfono nuevamente en mi maleta, no sabía que responder.

    Al llegar a casa, me di un baño, platiqué un poco con mis hermanos, y ayudé a mi madre a preparar la comida, tras esto fui nuevamente a buscar mi maleta y a sacar el teléfono, seguro era que ya tenía algunos mensajes de Rolando esperando por una respuesta, tal vez sí se molestaba y decidía cancelar la invitación, sin embargo, mi sorpresa fue tal que no había un solo mensaje. Eran casi las 4 de la tarde, podría dejar de contestar el mensaje e ignorarlo un poco más, pero por alguna razón decidí contestar.

    Le dije que pasara a recogerme a una farmacia que estaba a escasas 3 cuadras de mi casa. Después de la comida subí a mi cuarto y comencé a pensar qué me pondría, vaya, parecía que iba a salir con alguien a una cita, pero esto no era una cita, era simplemente un amigo, invitándome a una fiesta. Así que escogí algo muy casual, un pantalón de mezclilla y una blusa blanca con manga a 3 cuartos y botones al frente, por último, lo rematé con unos tenis Converse. Un look apropiado para una fiesta y no para una cita

    A las 8:20 de la noche, salí de mi casa, no hacía más de 5 minutos en llegar a la farmacia, sin embargo no soportaba estar más en mi casa, debía salir, tenía que tomar aire, el nerviosismo estaba a flor de piel, llegué a la farmacia y mire mi reloj 8:24 “uff” tendría que esperar 6 minutos y eso si él llega puntual. ¿qué hacía? debería yo haberlo hecho esperar. Decidí dar otra vuelta a la cuadra y así poder matar al nerviosismo y el tiempo al mismo momento, pero mientras empezaba a caminar, un auto azul paró frente a mí, y vi salir a rolando de él y con él venía esa mueca que pretendía hacer una sonrisa.

    – Hola, perdón por hacerte esperar. -dijo mientras se apresuraba a abrir la puerta del copiloto – por favor sube – Y mientras él daba la vuelta al auto para subirse a él, yo notaba como mi corazón se aceleraba por el nervio, ¿qué estoy haciendo? me repetía varias veces en mi cabeza. Durante los 15 minutos que duró el viaje platicamos de cosas sin importancia, el clima, la radio, cosas así. Hasta que por fin llegamos a una colonia céntrica. La casa de su amigo estaba ubicada enfrente de donde estacionamos, era una casa grande y hasta afuera lograba escucharse a Phil Collins sonando en las bocinas. Entramos y él empezó a saludar a sus amigos y a mí me presentaba como una amiga de la escuela. Después nos ofrecieron algunas bebidas y comenzamos a platicar con sus amigos, no había más de 15 personas en la reunión, la verdad, el ambiente era bastante agradable y estaba disfrutando de la velada. Pasadas las 10 de la noche, los amigos poco a poco empezaron a formar grupos más pequeños, unos de ellos bailaban, otros reían a carcajada abierta en una esquina y otros simplemente platicaban entre ellos. No me di cuenta en qué momento Rolando y yo quedamos solos platicando en el sofá.

    – ¿Te agrado la reunión Mary? – preguntó él con un tono bastante amable

    – Sí, tus amigos tienen excelente charla

    – Lo sé, por eso son mis amigos, – la verdad es que durante las casi 2 horas que habíamos estado en la reunión, lo había pasado muy bien, la compañía de Rolando era agradable, sus amigos eran atentos y el ambiente era especialmente bueno para mí. Rolando y yo continuamos platicando durante un espacio de una media hora más en ese sofá, descubriendo que teníamos demasiadas cosas en común. El volumen de la música nos obligaba a inclinarnos un poco para alcanzar a escuchar nuestras voces. Y en una de esas ocasiones, Rolando se inclinó hacia mí y yo me acerqué pensando que quería decirme algo, cuál fue mi sorpresa cuando sus labios se posaron sobre los míos y comenzaron a moverse sobre ellos, de una manera lenta y pausada. Después de unos segundos me retiré un poco hacia atrás, pero él no lo hizo y su oscura mirada se clavó en mis ojos y tras esa mirada deshice el camino hacia atrás y regresé a sus labios que en esta ocasión ya no eran lentos ni pausados, sino agresivos y voraces, su lengua se abrió paso entre los míos y encontró mi propia lengua, ambas jugaron por unos instantes.

    Sentí la mano izquierda de rolando recorrer la parte externa de mi pierna hasta llegar a mi cadera y quedarse ahí por unos segundos, mi propia mano izquierda le correspondió colocándose detrás de su nuca, había perdido el control y él lo sabía, en ese instante la mano que estaba estacionada en mi cadera subió y entró por debajo de mi blusa, y llegó hasta mi seno, mis pezones reaccionaron de inmediato, y mi vagina se lubricó. Abrí los ojos para voltear a ver alrededor, nadie nos veía, cada quien estaba en su propio asunto, sin embargo, él lo notó, sacó la mano por debajo de mi blusa y me dijo “espérame aquí” y fue directamente con el dueño de la casa, le susurró algo al oído y el dueño de la casa apuntó rumbo a las escaleras, y luego al techo, por supuesto que sabía de qué se trataba, ese era mi momento de levantarme e irme. Rolando venía caminando hacia mí y cuando llegó a mi lado me extendió la mano derecha. Fui tras de él tomados de la mano, rumbo a las escaleras, subimos los 16 escalones y llegamos a la planta alta y entramos por la segunda puerta, y ahí estaba una habitación amplia, con una cama matrimonial en el centro y el sonido de la puerta cerrándose con seguro detrás de mí.

    Rolando no tardó mucho tiempo, enseguida sus labios volvieron al ataque, tomando los míos, los cuales le correspondían con autonomía. De ahí paso a mis pechos sin pasar por un punto intermedio y los acariciaba con pasión mi respiración se agitaba y mis manos se posaban sobre su abdomen. Cuando comencé a sentir su mano derecha lidiando con los botones de mi blusa, me separé un poco para darle más libertad de acción y en ese momento tomé los bordes de su playera y la levanté por encima de su cabeza, tenía un torso bastante bien trabajado y me dispuse a recorrerlo con la punta de mis dedos. Mientras él se deshacía del último botón de mi blusa, y la empujaba hacia atrás sacándola por mis brazos y aprovechó el movimiento para llevar su boca al canalillo de mis pechos y sus manos fueron directo al broche de mi bra, en cuestión de 1 segundo mi bra había desaparecido y su lengua ahora jugaba con uno de mis pezones, mi respiración era extrema y ahora comenzaba a jadear, la humedad de mi entrepierna era total y yo recorría mis manos sobre el poco cabello que había en su cabeza, lo estaba disfrutando. Cuando él se separó, mis manos fueron directamente a su pantalón deshice el botón y bajé la bragueta con una velocidad increíble, y posteriormente bajé sus pantalones al mismo tiempo que bajaba sus calzoncillos y ahí estaba, su pene erecto con la cabeza roja y con cierto brillo debido al líquido preseminal que ya se dejaba ver. Lo tomé con ambas manos y pasé mi pulgar sobre la cabeza, esparciendo todo ese líquido por toda su cabeza, Rolando cerró los ojos, inclino su cabeza hacia atrás, yo me puse de rodillas, y comencé a recorrer todo el largo de ese maravilloso pene con mi lengua, hasta llegar a la punta y después metérmela en la boca, lo comencé a chupar arriba y abajo, ayudándome con mi mano derecha, mientras que con la izquierda acariciaba sus testículos.

    Después de unos cuantos minutos, el visiblemente excitado, se retiró hizo que me parara y después me levantó en el aire llevándome directamente a la cama. Me colocó de rodillas sobre ella y después se encargó de mi pantalón, Ya tumbada sobre la cama él colocó sus dedos entre mi piel y el elástico de mis bragas y los deslizó lentamente, sin prisa. Yo no resistía más la excitación y apenas retiro mis bragas utilice mis piernas para tirar de él, atrayéndolo hacia mi cuerpo, la penetración fue sencilla, la posición de mis piernas y el exceso de lubricación de mi entrepierna lo hicieron algo sencillo, y mientras él recorría mi cuello con su boca, mis manos, y específicamente mis uñas, se clavaban en su espalda. Yo no lo reconocía, pero llevaba buena parte del día esperando esto, por supuesto que la culpa era de Rolando él había guiado todo hasta este punto, y ahora lo estaba disfrutando, pero llegó el momento de disfrutar y lo haría a mi modo, así que me toca guiar, mi mano derecha fue hacia un costado de él y aplicando un poco de fuerza sobre sus costillas, logré que el rodará sobre la cama, enseguida lo hice yo y me coloqué a horcajadas sobre él. Con mi mano izquierda tomé su erección y la guíe a la entrada de mi húmeda vagina, él me miraba sorprendido y cuando estaba él a punto de decir algo, me dejé caer sobre él, la penetración fue profunda, vigorosa, hermosa. Mi cuerpo subía y bajaba sobre ese falo impresionante, lo estaba disfrutando y por el gesto en su cara, sabía que él también lo hacía. Esto hizo que yo me pusiera aún más caliente de lo que ya estaba, la noche prometía, incline mi cuerpo hacia atrás, mis pechos se levantaban y los pezones apuntaban hacia el techo de esa habitación. Sus gemidos sonaban acompañando los míos, se encontraba luchando por alargar ese momento que estábamos viviendo y me di cuenta por la presión que sus manos ejercían sobre mis caderas, disminuí un poco el ritmo, yo tampoco quería que esto acabara tan pronto. Sus manos se relajaron, pero el movimiento de mi cuerpo continuaba, estaba gozando a lo máximo y entonces él, con gran fortaleza logró sentarse y nuevamente tenía él el control, me sujetó con fortaleza y comenzó él a mover sus caderas de una manera pausada.

    Poco a poco, ambos recuperamos el aliento, aunque el sudor de nuestros cuerpos era muestra de lo que estábamos viviendo. Con sus manos atrajo mi cabeza hacia la suya y me dio un beso, posteriormente me levantó nuevamente, para inmediatamente depositarme sobre la cama. Yo me recosté relajando un poco las piernas, pero el vino enseguida y con sus dedos se encontró el camino hacia mi vagina y los utilizo de guía para penetrarme nuevamente, esta vez desde atrás, sus movimientos ya no eran lentos, estábamos en un total frenesí. Ambos estábamos entregados al deseo y mientras él bombeaba con ímpetu, con una de sus manos sujetaba una de mis piernas en el aire, el ritmo era tan asolador que sentía como yo succionaba cada vez con más fuerza su erección en mi interior. Poco a poco la electricidad comenzó a fluir desde mi vagina y en una explosión delirante, recorrió toda mi espalda. Varios espasmos sacudieron con fuerza todo mi cuerpo y aún no terminaban cuando sentí en mi espalda el impacto de 3 o 4 chorros tibios. Esto, sumado a la respiración y gemidos que escuchaba tras mi oído, me indicaron que él también había terminado de buena forma, me desparramé rendida en el colchón. Permanecí así por algunos minutos, hasta que desde atrás una mano comenzó a acariciar mi seno y posteriormente pellizcar mi pezón. Bien podría continuar ahí y hacer la noche aún más increíble, sin embargo, por alguna extraña razón, no me sentía cómoda con una fiesta debajo de nosotros y sabiendo que todos nos habían visto subir las escaleras, además quién sabe, tal vez el destino podría nuevamente llevarnos a “algo más”.

    Esa noche terminamos la velada con sus amigos y posteriormente me llevó a mi casa, y sí, efectivamente, volvimos a tener “algo más” en unas cuantas ocasiones. Mi relación con Sergio empezó a deteriorarse poco a poco, y aún sigo pensando que no tuvo nada que ver mi situación con Rolando. Aunque es posible que él haya detonado algunas actitudes, que antes no existían, el asunto es que un par de meses después terminamos, y salvo lo que algunos puedan pensar, nunca tuve nada serio con Rolando, era real cuando él aseguró que no quería ser mi novio.

    Mi vida siguió y en un futuro no muy lejano, Rolando también formó parte de mi pasado, aunque conserve muchas amistades de aquellas tertulias a las que llegamos a asistir juntos. La vida da vueltas y esta vez a mí me tocaba estar por encima de Sergio y de Rolando y continuar adelante, pero eso es tema para otro relato más.

    Por favor recuerden que sus comentarios son bienvenidos ya saben cómo contactarme, besos, MaryCarmen.

  • ¡Hablando!

    ¡Hablando!

    Los niños están con la abuela materna y la casa está libre y sin visitantes. Lorena y Eduardo se van quitando la ropa, juegan con las correas de cuero que fijan a la cabecera, primero las manos y luego las piernas son las atadas. Eduardo Inicia el sexo oral con ganas, lo pone muy húmedo, su lengua se mueve en círculos por todas partes, desde el ano hasta el clítoris.

    Lorena se retuerce, amarrada, sometida, gime gozando suavemente mientras mueve sus caderas en círculos. Eduardo le amasa los senos pequeños coronados por pezones largos y duros. Ella se muerde los labios, frunce el entrecejo, suspira; después se acerca al miembro para lamer el tronco y el glande; mientras él le toca el clítoris que está sensible, suave y muy hinchado. La desamarran por un momento para voltearla mientras le jala el cabello, le hace sacar la cadera y parar las nalgas. Eduardo trata de penetrarla por el ano.

    Lorena se resiste porque la tiene corta pero gorda, trata de sacarse la punta de ese miembro porque le duele, aunque siente su hoyito irritado y excitado prefiere evitarse las molestias posteriores a la penetración anal. Eduardo se excita más y con el miembro más hinchado y duro le picotea la entrada de la vagina y la penetra de poco a poco. Lorena empuja sus nalgas para sentir ese verga gorda: Él le lame las axilas, se encuentra muy excitado y le hace la petición: “¡Háblame, háblame!”, “¿qué quieres que te cuente?” pregunta Lorena, “lo que quieras” responde él.

    “Te contaré la vez que me la metió el capitán, esa vez me gustó mucho, me chupo mis deditos, sentí su lengua larga en los talones, luego fue subiendo por las piernas y me lo lamio rico, sin prisas, me vine en tres orgasmos uno tras otro, luego me lo quiso meter, le dije que no me sentía preparada para su enorme verga, que me iba a doler, que me había dado miedo. El capitán me paso sus manos por mi cabello, me puso su miembro en las manos y me dijo que yo solita me lo iba a ir metiendo según lo fuera sintiendo. Me puso de ladito y me amaso las nalgas para relajarme mientras me beso la espalda y el cuello, sentí su miembro desde la punta de mis dedos hasta más allá de la muñeca. Lo tenía grande y sabroso, lo apreté, era largo y venoso, lo froté varias veces en la entrada de mi vagina, lo meneaba y me golpeaba el clítoris con él, mientras él me decía que siempre le había gustado, que cuando se cogía a mi amiga a mi era a quien se imaginaba, que siempre quiso tener mis nalgas así entre sus manos y frente a él para cogerme, que se lo había puesto muy duro. Yo me lo metía un poco y me lo sacaba. La cabeza de su pene era pequeña pero después se iba haciendo el pene largo y ancho. Al tener su verga entre mis manos me dieron ganas de que ya me cogiera. ‘Métemelo” le dije y tomo mis caderas y me penetró rápido y profundo, me vine muy fuerte. Los espasmos que sentí hicieron que se saliera su pene, pero me dio miedo que me desagarrara y le pedí que se la chaquetera sobre mí. Al principio no quería, pero con tal de complacerme se la jalo frente a mí, no podía dejar de ver esa verga grande y poderosa, me apretó las chichis con la otra mano y eyaculo sobre mí. Me lleno el vientre y los senos de su semen, yo ya no quise más por ese día. Ya días después me entro algo raro y ya no quise coger en otra ocasión con él, aunque me llamaba y trataba de convencerme, me decía que sólo me lo iba a chupar rico, que mi hoyito si aguantaba su verga, que yo solita me lo podía meter hasta donde quisiera, hasta me ofrecía dinero, de repente me excitaba escucharlo y me daban ganas, pero ya no me animé, también sus amigos me hablaban para decirme que saliera con ellos, igual me ofrecían ponerme casa y ‘cogerme diario para que estuviera bien atendida’”.

    Eduardo le retuerce el clítoris en círculos a Lorena y la penetra con fuerza, ella se viene respirando muy fuerte y después él también lo hace mientras le dice que sus nalgas lo vuelven loco. Viene la calma después de hacer el amor, pero a Lorena se le antoja un segundo encuentro y le dice a Eduardo: “¿Sabes quién de la colonia también quiere cogerme?”. Eduardo abre los ojos y siente como su miembro empieza a crecer nuevamente mientras Lorena sonríe y le dice: “en un ratito te cuento”.

  • Doble / Depilación

    Doble / Depilación

    La fantasía se cumplió pues desde hace tiempo le pedí un trio a mi esposa con una shemale local muy femenina y con un caramelo muy gordo y no tan largo.

    Yo estoy acostumbrada a la verga plástica de 23 cm que usa mi esposa para cogerme así que tuve mis dudas al contratar a esta persona. Llego rompimos el hielo con unos tintos deliciosos y a la segunda copa se acerca a mi Raquel (la shemale) y comienza a besarme yo volteé a ver a mi esposa y asintió con su cabeza.

    Mi sorpresa fue que aparte de estar de acuerdo comenzó a masturbarse, después me arrodille y comencé a tocar por primera vez en mi vida una verga real estaba que me venía pero me aguante, bajé su panty volteo otra vez a ver a mi esposa y me dice adelante putita tienes mi permiso, de inmediato comencé a mamar esa polla que soñé incluso cuando era «hombre» o más hombre que hoy, mi masculinidad no existe en lo absoluto.

    Le mame tanto tiempo la verga a Raquel que mi esposa terminó viniéndose ella sola sentada en el sofá y viendo como su puta probaba pene lo que siguió fue increíble se puso su Arnés con 23 cm el cual domino a la perfección me puso en cuatro y comenzó a cogerme. Raquel por su parte se puso frente a mí y comenzó a mamar otra vez su verga gorda y sabrosa.

    Con una señal de mi esposa Raquel se va para atrás y mi esposa me mete los 23 cm en mi boca, recibo también por primera vez una verga real en mi ano y comienza a bombear mis nalgas con tanta fuerza que entre en un éxtasis total recibiendo verga por mi boca y por mi colita, me fui a otra galaxia mi próstata era embestida por primera vez por una verga real mientras le chupaba a mi señora su verga plástica, sentí que mi mujer estaba chorreándose otra vez al ver cómo me cogían y escuchaba mis gemidos de placer, les comenté que estaba a punto de venirme y las 2 sacaron sus instrumentos de mi cuerpo me levante se arrodillaron frente a mí y fue una de la venidas más memorables de mi vida pues fue la primera vez que recibí 2 vergas.

    Dios mío cada día soy más puta y femenina, me encantó la shemale!!

    Depilación.

    Aun que estamos depiladas totalmente a mí me causa mucha reacción la crema depiladora que usamos en mi chiquito y mi entre pierna.

    El sábado mi mujer me dijo que pasaría por mí y seria sorpresa a donde iríamos, llego el día me puse pantis negros con encaje y un ligero negro también medias del mismo color y después mi ropa de hombre unos pantalones de mezclilla, botas y camisa vaquera.

    Me subí al carro y me dice amor vamos a un SPA te van a depilar muy bien tu culito nena pues cada vez que usas esa crema duras días adolorida y no puedo cogerte eso me enfada.

    Llegamos al SPA y nos atendió un mujer muy elegante ya con algunos años pero con un cuerpo envidiable, nos pasó a una sala nos preguntó que si nos habíamos bañado y las dijimos que si (yo por costumbre me hago enemas varias veces al día) me señaló la cama y me dijo que me desvistiera se extrañó un poco al ver mi cuerpo tan femenino de la cintura para abajo y luego me comentó, te ves linda solo quítate el panty mi reina, me lo quite me acosté boca abajo y directamente me puso una solución en mis nalgas y mi chiquito que me puso mi pene al 100 el masaje era increíble me tomo de la cintura y me bajo las piernas al suelo quede expuesta con mi culo al aire mi esposa me quito mis botas y saco unos tacones míos de su bolsa y me los puso me vio a los ojos y comprendí que tenía todo listo para pasar esa tarde acompañadas con la dueña del SPA.

    Lo siguiente fue increíble la señora se arrodillo y comenzó a chupar mi ano de una forma increíble después me introdujo su lengua y me cogió con un va y ven que me llevo a otra galaxia de placer, mi mujer comenzó a besarme diciéndome palabras sucias como te gusta putita!! y fue entonces que sentí una verga entrando en mis nalgas quise voltear y mi esposa no me dejó me seguía besando yo comencé a gemir en su boca y sentía esa verga entrar y salir tan rápido que estuve en éxtasis por varios minutos.

    Me vine en la cama sobre un papel y entonces siento cómo desaparece quien me cogió tan rico al momento de correrme fue entonces que mi mujer me dejó de besar me señaló mi semen y con mi lengua lo metí a mi boca, nos volvimos a besar por un minuto para después tragármelo y sentir como mi chiquito estaba palpitando de placer recogí mis pantys camine con mis tacones al baño me limpie y me di cuenta que la solución que me puso la dama era lubricante de sabor, con razón me comió el culo tan rico pero mi duda era quien me había cogido tan intensamente.

    Ya en el carro de regreso a casa le pregunté a Lily que quien me había cogido me contesto que la dama era realmente una shemale y que eso había sido mi regalo de cumpleaños que será la siguiente semana pero ella no va a estar por viaje de trabajo.

    Le dije que mejor regalo que ese no había y que yo le prepararía una sorpresa igual o mejor para su cumple. Te amo Lily.

  • Mi marido me coge pensando en mi hermana

    Mi marido me coge pensando en mi hermana

    Jorge mi marido fantaseaba con mi hermana de 18 años. Y como para que no lo hiciera, Martina era flaquita, tez blanca y pelo negro, con buen culo y un par de tetas gorditas.

    Desde que mi marido la conoció quedó embobado, no me lo dijo pero yo lo capté al instante.

    Venía a casa seguido y cuando me cogíamos ponía videos de marido-cuñada. Esto lejos de enojarme, me calentaba.

    Fui yo la que fui preguntándole si mi hermana estaba buena y cuando me tenía en 4 le decía que se imaginara que era mi hermana y Jorge me cogía uff como nadie.

    En ocasiones robaba las tangas de mi hermana y se las daba a mi marido para que se masturbara con ellas y las llenara de leche. Eso nos volvía loco a ambos.

    Ya no disimulaba cuando le miraba el culo a mi hermana porque sabía que yo no me iba a enojar.

    Fue tanta la obsesión de Jorge por coger a Martina y tanto lo que a mí me gustaba que un día decidí hablar con mi hermana y le conté lo que pasaba. Al principio mi hermana se sacó de onda pero con el correr de los días fue pensando en el favor que le había pedido y lo aceptó.

    Este consistía en ser su regalo para el cumpleaños de mi marido que sería 15 días después.

    Yo estaba feliz por qué era una completa sorpresa para mi marido.

    15 días después levanté temprano a Jorge con el desayuno en la cama y le dije que en el trascurso del día tendría un regalo. Aunque él me insistió en que le dijera que era yo no le dije nada y tampoco le hice sexo oral o cogimos por qué quería que estuviese bien cargado.

    Eran cerca de las 10 de la noche cuando quedamos «completamente solos» en casa. Por supuesto que mi hermana estaba escondida en su habitación sin que Jorge lo supiera.

    Cachondeamos un rato cuando entré a la habitación mía una silla de madera y lo hice sentar. Le até las manos atrás de la silla y le tapé los ojos con un pañuelo. Cuando lo hube asegurado bien me arrodillé y le chupé la verga hasta que estuvo en su máximo esplendor.

    Fui sigilosamente hacía la puerta e hice entrar a Martina quien estaba completamente en bolas. Cuando Martina vio la verga de Jorge me sonrió y yo con una mueca la invité a qué se comiera la barra de su cuñado.

    Ni corta ni perezosa mi hermanita se arrodilló y comenzó a chuparle los huevos a Jorge y a pajearle la verga.

    Jorge me decía que se lo estaba haciendo bien sin saber quién era que se lo hacía. Yo di una pequeña risita y me acerqué a quitar el pañuelo de los ojos de Jorge.

    Cuando vio que quien le estaba comiendo la verga era mi hermana me miró sorprendido y yo le dije que era un pequeño regalito por su cumpleaños.

    Jorge sonrió y se quedó embobado mirando trabajar a mi hermana.

    Martina se levantó y sentada a horcajadas se introdujo toda la verga de mi marido. Jorge y yo estábamos muy calientes y disfrutando del espectáculo.

    Martina se acercó a Jorge y le comió la boca mientras seguía moviéndose en su verga.

    Yo me arrodillé y aproveché para comerle el culo a mi hermana y chuparle los huevos a mi marido. También obviamente me metía los dedos hasta provocarme dos orgasmos que dejaron el suelo empapado de mis jugos.

    Cuando estaba cerca de correrse mi marido le pidió a Martina que saliera así acababa pero la pendeja no le hizo caso e intensificó los movimientos. Sin poder aguantar más mi marido se derramó entero dentro de mi hermana quedando completamente exhausto.

    Desde ese rico momento Martina es nuestra puta y cada vez que ella o nosotros queremos la traemos a mi cuarto y hacemos de ella lo que gustamos. Cómo cuando ella y yo nos cogimos por primera vez. Pero ese relato será en otro momento…

  • Tropezando con la misma piedra (capítulo diecisiete)

    Tropezando con la misma piedra (capítulo diecisiete)

    Miguel me llevó a su casa donde dejamos mis cosas que pocas eran, después me llevó a la parada para que cogiera la guagua a mi casa, pues hacía más de un mes que no había llegado por allí, aunque sí había llamado. Supe que Coque me había estado buscando como cosa buena pero como nadie sabía mi paradero, pues nadie le había podido decir nada. William fue el primero que me encontré como siempre en su punto de caza, sentado donde siempre.

    – ¡Vaya, a quién veo! – me dijo con alegría. – ¡Oye, culo, ya sabrás que el negro está como loco buscándote!

    – Eso ya me han dicho, pues si no me ha encontrado es porque no ha sabido buscar bien. – le respondí con sorna.

    – Mira, no sé qué pasó entre ustedes dos, pero conociéndote a ti, me imagino que te hizo algo que no aguantaste.

    – ¡Lo sabes bien! Mira, estoy muy abierto a mil cosas pero algunas llegan a cruzar la línea de lo prohibido y ese…, bueno, ese se pasó y siguió de largo.

    -Pero, ¿por qué no hablaste con él?

    – Uf, me huele esto a que tú sabes todo…, no te hagas el sueco conmigo. – le dije sabiendo que estaba al día de todo lo ocurrido.

    – ¡Bueno, en este pueblo de mierda todos lo saben todo! Y él vino a preguntarme, lo conocía desde hace tiempo y te confieso, por primera vez lo vi que estaba metido con alguien.

    – ¿Me imagino que le habrás dicho muchas cosas mías para que se le quitarán de la cabeza esas ideas de encontrarme?

    – Mira, culo, le dije lo que ya sabes, que tú eras muy maricón, más puta que las gallinas, un gozador tremendo y uno de los mejores culos que me he singado. Pero eso sí, le dije que tú teniendo una pinga buena en lugar seguro, eras el tipo más fiel y que si te le habías escapado era porque algo te había hecho. No me dijo nada, pero sí se quedó pensativo y eso me dijo que tenía yo razón. Te conozco bien y sé que cuando tienes un compromiso, te entregas todo, pero que a la primera mierda pones pies en polvorosa.

    – ¡No quiero saber de él! – le respondí.

    – ¡Mira, eso lo sé! Pero ten en cuenta que si no sabe que estás aquí, no pasarán ni cinco minutos que no lo sepa. Vas a tener que darle cara al asunto o el culo… je, je, je. – se rio a carcajadas.

    No me hacía gracias aquello pero sabía que me estaba diciendo la verdad porque con solo el hecho de que yo apareciera en mi casa, pues Coque lo sabría enseguida y más que no faltarían personas deseosas de ver el espectáculo. Lo más conveniente era darle cara y que el encuentro tuviera lugar fuera de mi casa y el vecindario. William me propuso que él iría a buscar a Coque y que nos encontraríamos en su casa, que fuera directo. Al menos William sabía cómo arreglar las cosas y cómo sería mejor que nos encontráramos.

    A la hora fui a la casa de William, allí estaban los dos. William se me acercó, me dio un palmadita en el hombro mientras nos decía que saldría por un rato, que iría a casa de la madre y regresaría para después del noticiero.

    – ¡Recuerden que están en mi casa! – nos advirtió antes de salir y cerrarnos con llave.

    Estuvimos un rato sin dar ni siquiera un paso ni decir nada. Coque estaba hermoso con su bigote y aquellos ojos que tanto me gustaban. Se me acercó, me abrazó fuerte y me susurró al oído.

    – ¡Coño! ¿Por qué me hiciste eso?

    No me dejó responderle, me estaba besando con pasión mientras me abrazaba pegándome a su cuerpo, haciéndome sentir su cuerpo y sobre todo su sexo que ya se ponía duro. En nada estábamos desnudos en la cama. Coque me comía a besos, me lamía, me mordía pero todo en silencio, sin decir ni una palabra. Poniéndome con las nalgas hacia arriba, después de lamer mi culo, lo escupió y poniendo su pinga mientras la metía, me dijo.

    – ¡Ahora cuándo la tengas adentro vamos a hablar en serio porque a los maricones como tú hay que darles pinga pa que comprendan!

    Sentí como me entraba su pinga, la misma que tantas veces me había hecho feliz y que en parte era de las que no olvidaba. Costó algo de trabajo como de costumbre muy a pesar de que con la calentura, todo se hacía más fácil.

    – ¡Ya la tienes dentro! ¿Qué pasó?

    – ¡Tú lo sabes bien!

    – ¡Si te lo estoy preguntando es porque no lo sé! – me dijo mientras empujaba su pinga. – Dime, ¿qué te pasó? ¿Por qué te perdiste?

    – Piensa en aquel día…

    – ¡Ya, lo sé, mi hermano se pasó contigo!, pero no era motivo para que tú y yo termináramos así ¿no?

    – Coque, tengo los pies en la tierra…

    – ¡No, lo que tienes es mi pinga metida en tu culo! – me interrumpió haciendo que sintiera su fuerza de macho dentro de mí. – ¡Mira, maricón, tú y yo somos compromiso, estamos casados!

    – Eso digo yo pero tú le diste la razón a él, yo aquel día sobraba entre ustedes dos. Por eso me largué, tú que siendo mi gente, mi compromiso, me llevaste allí para que otro me singara y le permitiste que me echara tierra encima.

    – Mi amor, yo recuerdo todo muy bien…, pero ¿cómo se te pudo meter en la cabeza eso?

    – Los escuché, escuché cómo tu hermano quería abrirte los ojos…

    – ¡Mami, pero que bobo eres! – me dijo con cariño mientras me besaba y pasaba sus dedos por el borde que unía su pinga en mi culo .- Me acuerdo de todo lo que pasó, yo mismo les dije que se fueran a singar a la cocina y me dejaran dormir tranquilo. Ya ves cómo me has puesto na´más de verte…, te voy a decir una cosa, no me importa que te hayan singado otros machos en este tiempo, pero quiero que tengas claro que yo no me he singado a nadie más.

    Empezó a besarme, a singarme lentamente mientras me repetía que me quería mucho.

    – Las veces que me pajeé pensando que te tenía así como ahora, bien clavado. Quiero que goces como te doy pinga… – quise decir algo pero me silenció- No, no me digas nada, goza, goza que quiero darte leche, dejarte preñado ahora mismo.

    Estuvimos bastante tiempo singando de lado, en esa posición hasta que se vino dejando su pinga dentro pero ya algo más blanda. Me besó, me miró a los ojos y me dijo.

    – Te quiero mucho, más de lo que te imaginas. ¿Volvemos?

    Le dije que sí, que lo quería igual, nos besamos como colegiales, con pasión. Así nos encontró William cuando regresó, se acercó a la cama para vernos. Claro que ya se le había parado al entrar.

    – ¡Coño, me alegro que hayan resuelto el problema!

    – ¡Gracias a ti, brother! – le dijo Coque. – ¡Y ahora encuérate y ven a singar!

    Después me murmuró al oído que sabía que William había sido el primero y que no había problemas, que era gozar y pasar página. No pasó ni un minuto cuando ya me estaba dando pinga por la boca mientras Coque retomaba fuerzas por detrás. Empezaron a turnarse para singarme, yo bien dueño de la situación porque estaba recibiendo mucha pinga de los dos machos de mi vida. William que me había iniciado y enseñado mucho, sobre todo a gozar y dar goce; Coque que me había conquistado para sí con su amor y ternura, y claro con su pinga y su manera de singar. William se vino primero, paso otro rato para que Coque lo hiciera. Allí quedamos agotados los tres.

    Ya en la calle y rumbo a casa de Coque, me dijo.

    — ¡Quiero que todos sepan que eres mi gente! Yo te quiero y si un día hacemos un trío o una orgía, yo siempre seré tu gente, tu marido. ¿Está claro?

    ¡Sí, papo, sí!

    – Me gusta ver como alguien te singa, hoy viendo a William dando pinga y tú gozando, uf, se me para de pensarlo.

    – William tiene mucha calle…

    -Si te cuento que cuando lo conocí, quiso singarme, pero tú sabes que no me va dar el culo y a él tampoco…, fue en una fiesta y él estaba. Allí alguien sacó a relucir tu nombre y William me habló de ti y yo de lo nuestro. ¿Sabrás? Enseguida me dijo que nos ayudaría a volver pero que tenía que prometerle que cuidaría de ti.

    Llegamos a su casa, la hermana después de besarme me recriminó lo que había hecho. Al parecer todos estaban al tanto de los sucesos porque me dijo que el hermano de Coque era un envidioso. Ya en el cuarto nos desnudamos y nos quedamos en la cama, lo besé con cariño porque muy aparte de todo, me seguía gustando. Acaricié su pinga con cariño.

    – ¡Dime que la extrañabas!

    – ¡Sí, papi, sí, sabes de sobra que la extrañé mucho!

    Me atrajo hacia sí, me abrazó, me hizo acostarme a su lado bocabajo y empezó a acariciar mis nalgas, mi ojete recién singado por William y por él. Se me escapó un poco de semen que corrió hacia los huevos.

    – ¡Hum, mami, pero si lo tienes lleno de leche todavía! No te preocupes, que yo ahora te voy a dar más leche.

    Se subió encima de mí y metió su pinga sin usar lubricante ni saliva, pero como estaba bien lubricado y con la leche de ellos, la pinga entró fácil. Estuvimos singando mucho tiempo, no podría decir cuánto tiempo. Singábamos simplemente por singar porque no intentábamos venirnos o terminar, un sexo pasional sin fin. Después nos quedamos dormidos, cansados y felices. Por la mañana nos despertamos a eso de las nueve, él se metió en la ducha porque tenía que ir a trabajar. Antes me dijo.

    – ¡Mami, saca del congelador un plástico y ponlo afuera para que se derrita!

    Había en el congelador una vasija de plástico con algo que parecía o agua o batido, lo dejé como me dijo fuera y fui a preguntarle.

    -¿Qué es eso, durofrío?

    – ¡Ven, métete aquí conmigo! – me atrajo a la ducha, me abrazo. – No es duro frío, pero es para ti.

    – ¿Y qué es?

    – ¡Mami, ahí eché las pajas que me hice todo este tiempo! Esa es tu leche, mami… – lo besé con cariño. – Es la leche que te iba a dar, así que es tuya… puedes hacer lo que quiera, si quieres te la tomas o te la echas encima…

    – Mejor me la metes…, papo, si es mi leche, era leche pa mi culo ¿no?

    – ¿Sabes, mami? Me has dado tremenda idea y yo pensaba singarte y echarte la leche encima, pero será mejor que te singue y te la eche dentro de mi culo ¿porque ese es mi culo? ¿Verdad?

    Aquella idea le gustó, ya con escuchar lo que le decía se me había puesto dura, pero esperamos a la tarde después que el llegara del trabajo. Por la noche vino a buscarme, traía una bolsa y se le veía cierto brillo malicioso en los ojos. Le pregunté adónde íbamos pero me dijo que sería una sorpresa, que ya lo sabría a su debido tiempo. En el parque nos encontramos con William y con uno de sus socios bugarrón también, Lalo con quien una vez nos habíamos ido en un bote por el río. Ya me iba imaginando lo que sucedería porque con ellos juntos, la singueta parecía estar en el aire. Después del saludo nos fuimos al carro de Lalo y cogimos rumbo a Güira de Melena.

    – ¡Bueno, me vas a decir adónde vamos! – le pregunté a mi negro.

    – Ya te dije que lo sabrás a su tiempo… – me dijo besándome.

    – ¡Culo, es una sorpresa! -soltó William con su manera de hablarme.

    Pasamos Güira y seguimos rumbo a Cajío, la playa que estaba al sur, pero no llegamos, entramos por un callejón de tierra colorada rumbo a la finca de un amigo de Lalo, y al parecer de Coque y de William. La oscuridad era enorme en el campo y más en aquel campo, a lo lejos aparecieron unas luces, al acercarnos vi al amigo de ellos que esperaba en el portal.

    – Ese es el Caballo, así le decimos. – dijo Lalo para que yo supiera -, se llama Luis, pero entre nosotros le decimos el Caballo y seguro que te imaginas por qué…

    El resto rio porque estaba claro, esos nombretes decían mucho. No lo conocía, pero ya estaba claro cuál era su mejor cualidad. Era la finca de Luis, un tipo grande y con una panza sobresaliente, rústico, sin afeitar con un bigote grande y fumaba un tabaco grueso. Repartió abrazos y estrechones de manos a todos.

    – Este es mi gente… – me presentó Coque que al parecer lo conocía de antes.

    – Pues un gusto conocerte al fin. – me dijo apretándome de nuevo contra sí. – me han contado maravillas de ti y pa´que este negro se haya enamora´o de ti… uf, me parece que eres un buen tipo.

    – ¡Un buen culo es lo que es! – agregó Williams como de costumbre.

    – ¡Bueno, eso se sabe! – agregó Coque besándome.

    – ¡Se sabe y lo vamo a comprobá! – agregó Luis sonriente. – ¡Claro que con el pelmiso de tu marió!

    – Estamos aquí pa´eso…, a mi gente le gusta mucho la pinga y yo quiero tenerlo contento y servido. – terció Coque pasándome el brazo por los hombros.

    -¿De verdá que te gustan los pingones?- me preguntó Luis acercándose y cogiendo mi mentón.- Me he enterao que ese culo traga cantidá…

    – ¿Sabes para que tengo mi culo? – le pregunté cogiendo su pinga por encima del pantalón.

    -¡Cojones, este tiene madera! – bromeó Luis.

    Pasamos a la casa, en una mesa había botellas de ron, limonada y cosas de picar. Los muebles, dos sofás y un sillón dispuestos alrededor de un colchón que estaba forrado con un nailon negro. Coque sacó de la bolsa que llevaba unos tubos de lubricante y uno de lidocaína. El Caballo me indicó dónde estaba el baño, lo tenía todo preparado para que me limpiara bien. Luis me trajo de la cocina agua tibia y la echó en el jarro para lavativa, la manguerita estaba ya puesta así como la punta. Sabía qué hacer y me puse en ello, sin prestar mucha atención de que Luis se había quedado mirando, hice todo, me puse dos lavativas y comprobé que estaba bien limpio. Al rato me silbó para que lo mirara, estaba en la puerta y la pinga se le marcaba por debajo del pantalón, enorme, gorda. Se la acariciaba con suavidad, se mordía el labio inferior. Coque apareció a su lado, me hizo un giño y se volvió a ir para la sala, era un gesto cómplice como dándome luz verde o dándosela a Luis.

    Se me acercó y quedó plantado delante de mí, yo estaba sentado en la taza, después de haberme puesto la lavativa. Lo tenía delante, cerca, con las manos en jarras en la cintura, moviendo un poco sus caderas hacia delante y atrás, como si ensartara algo con su pinga que quería salirse del pantalón. Nos miramos en silencio, me sonrió y me hizo una seña, un giño, con los ojos indicándome lo que quería que hiciera. Empecé a desabrochar la hebilla del cinto, chasqueando la lengua me dijo que lo mirara. Así lo hice, palpaba con mis manos, buscando en su pantalón y calzoncillo para sacar su pinga que salía sola. Mirando a Luis me metí en la boca lo que pude de su pinga, él cerró los ojos de placer, le gustaba. Me costaba algo de trabajo, no era fácil, olía a sudor pero no era desagradable, era un olor a macho duro. No tuve que mamar mucho, porque con un movimiento brusco, me alzó, me hizo girar y ofrecerle mi culo. Mientras se untaba lubricante, me dijo.

    – ¡Ponte enfrente del espejo que quiero velte la cara cuando te la vaya metiendo…!

    -¡Ten cuidado, macho! -le pedí.

    – ¡Oye, esto que tú tienes es pa´recibí pinga a trote y moche! – me dijo mientras me ponía el lubricante en el ojete. Puso su pinga y empezó metiendo despacio.- ¡Ademá!, ¿tú ere maricón o no? – yo aguantaba la respiración, tratando de no sentir dolor, él volvió a preguntarme. – ¿tú ere maricón o qué?

    – ¡Sí, macho, soy maricón!

    – ¡Pue, coge pinga, maricón! – dijo haciendo presión para meter todo su miembro de un golpe, sin parar. -me dio la impresión de que me iba a desgarrar, traté de concentrarme y de relajarme y dejar que deslizara a su antojo su pinga.-Ya la tienes adentro, maricón.

    Me hizo jadear un poco al clavarme su pinga, pero me acomodé rápido y cuando empezó a singarme a lo bestia, ya estaba yo gimiendo de placer y él sintiendo que era el verdadero macho, seguía bombeando a su antojo. Al rato me hizo moverme hacia la puerta, diciendo que fuéramos a la sala para que los otros vieran como me tenía clavado. En la sala Lalo le mamaba la pinga a William y a Coque, todos miraron en nuestra dirección.

    – ¡Miren cómo lo traigo! -dijo Luis.

    – ¡Caballo, tú no pierdes el tiempo! – le dijo William acercando su pinga a mi boca. – ¡A ver, culo, a tragar pinga por to´os lo lados!

    — ¡Cojones, tiene un culo tragón y lo mejor, estrecho! – agregó Luis.

    Coque se acercó, me besó y agarrando mi cabeza para que volviera a chupar la pinga de William, me preguntó:

    Mami, ¿te sientes bien así? – yo solo pude asentir con un movimiento de la cabeza porque la boca la tenía ocupada, después les dijo a todos. – Pues, arriba, vamos a singar por turno y todos a llenarle el culo de leche a mi jeva.

    No tenía que pedir más, lo tenía todo allí, a mí disposición y yo dando todo lo que podía dar. Gozaba yo sabiendo que era el centro de aquellos cuatro machos y que por turno me darían caña a su antojo, y más que uno de ellos era mi pareja. Me gustaba Coque, era muy cariñoso y le iba el vicio de la singueta a tope, nos iba a los dos y nos queríamos por eso más. Allí estábamos disfrutando, Coque se apartó un poco para ver cómo me singaba Luis primero.

    Luis al rato apretó sus movimientos y se vino rugiendo como un león, le tocó su turno a William que me tiró en el colchón bocabajo y me singó a su antojo, después le siguió Lalo que me hizo sentarme en su pinga y que por suerte se vino muy rápido. Al final mi marido, Coque me singó.

    — ¡Mami, ese culito está lleno de leche!

    ¡Pero falta la tuya, la que más quiero! – le dije con amor mientras lo besaba.

    Me gustaba mucho sentirme abrazado por mi macho, por mi negro rico y sentir como su pinga me llenaba despacio, buscando entrar toda e intentando darme placer. Sabía cómo lograrlo, sus caricias, incluso, cuando empujaba con fuerza, eran deliciosas, porque sabía dónde tocar y cómo hacer que yo sintiera al máximo.

    Nuestro idilio duró hasta que se vino Coque, porque ya estaba esperando Luis de nuevo que como buen guajiro no se calmaba tan pronto ni con una sola venida. Pasé de los brazos de mi marido a los del otro que se encargó de seguir singándome sin consideración. William había logrado convencer a Lalo a que le diera el culo, al menos un alivio para mí si tenía a otro que singar. Sabía que a Lalo le iba todo y supongo que por eso lo habían traído, para que cooperara con tantas pingas. Pronto estábamos Lalo y yo en el colchón recibiendo pinga ya de todos, unos singaban y sacaban dando espacio a otro. Fue una vorágine de sensaciones. Luis se vino de nuevo en mi culo, William en el de Lalo, Coque por supuesto me dio su leche en la boca.

    Después descansamos un poco, bebimos algo y nos fuimos a bañar a un estanque que había cerca. Allí amparados por la oscuridad jugueteamos algo, aunque yo más con mi gente, mientras que los otros dos con Lalo. Al rato Lalo vino a nosotros y le pidió permiso a Coque para singarme. Y claro que mi gente dijo que sí, allí nos amarramos el uno del otro, porque Coque me susurró al oído que si deseaba podía singarmelo yo también. Los otros tres guardaron silencio al ver cómo nos cambiábamos y nos singábamos mutuamente. Lalo se vino primero en mi culo, después yo en el de él.

    – ¡Me has solprendi´ó! Pensaba que tú era solamente hembra puta. – me dijo Luis pasándome el brazo por el hombro cuando regresábamos.

    Claro que mucha gente se llevaba esa sorpresa porque en genral se imaginan a los pasivos como pasivos incapaces de asumir el rol de activos. A Luis le gustó aquello.

    – ¡Mira que me he singa´o maricones pero tú ere el mejol! A ti se te para cuando te la meten.- agregó Luis.- Uf…Coque, cuida a este, es lo mejolcito que hay.

    Llegamos a la casa a la media noche, ya nos disponíamos a irnos cuando Luis llamó a Coque a un lado, estuvieron hablando y al rato Coque me hizo seña para que me acercara.

    – ¡Mira, mi amor, Luis me propone que nos quedemos! Pero yo mañana tengo que trabajar y yo te pido que te quedes con él. – quise protestar, pero me besó. – No me digas nada, yo quiero que te quedes con Luis, es un buen amigo y confío en él.

    Quise protestar pero Coque no quiso oír nada, William intervino para que me quedara. Lalo prometió venir con el carro al otro día por la noche a buscarme. Y así fue como me quedé con Luis, el Caballo, en su casa a pasar la noche y el día porque si Lalo vendría, solo sería por la noche.

    – ¡No te va´rrepentí! – me susurró al oído mientras me abrazaba por la espalda y veíamos el carro alejarse. – ¿Sientes mi pingón?

    Entramos a la casa, apagamos las luces y nos desnudamos. Nos acostamos en el colchón que había en la sala, me comentó que era el lugar más fresco. Se mostró más tierno de lo que había hecho durante nuestra orgía, quizá porque estábamos solos. Me acariciaba el cuerpo con sus manos grandes, me besaba continuamente y repetía que le gustaba mucho.

    – ¡No, quéate así, quieto!-me dijo cuando intenté acariciar su pinga dura. -Despué vaj a tenel tiempo e hacel lo qui quieras, pero ahora soy yo quien hace y dice… – dijo abriendo mis nalgas y empezando a lamer mi ojete. – ¡Papi, qué rico e´tá este culito lleno de leche!

    – ¿Te gusta? -le pregunté con ingenuidad coqueta.

    – Mmm… tú lo sabej bien… —hablaba y me comía el ojete. – lo que maj me gu´ta es que de´pué de tanta pinga que te hemo da´o, lo tienej rico y estrechito.

    – Pues mi culo está para ser singado… -le dije a modo de invitación.-Lo sabes bien…

    – ¿Quierej que te la meta? Tú na´má tienej que pedil… – yo abrí mis nalgas invitando.- ¡No, así, no… pidémela!

    Tuve que rogarle como él deseaba, pedirle una y otra vez que me singara, se veía que el gustaba, jugaba con su pinga en mi ojete ensalibado y me hacía pedir de nuevo. Al rato fue él quien no pudo más y me clavo su pinga, a lo macho, solté un quejido pero me acomodé rápido. Se abrazó a mi espalda y quedamos así un rato. Sentía su enorme pinga llenando mi culo, su panza en mi espalda y los pelos de su pecho, sus brazos me rodeaban, me besaba tiernamente. No esperaba de Luis esa ternura. Aquel bestia que antes había visto y sentido, se había transformado en un hombre tierno, cariñoso. Entre caricias y besos, me hablaba de sí, algún que otro movimiento suave y lento, como deteniéndose en el goce, en el placer. Me contó que aquella finca era de los padres, que antes era más grande pero que tuvo que vender una parte cuando se divorció. Había estado casado, que tenía un hijo pero que cuando la mujer se enteró de le gustaban los maricones, se divorció, hubo juicio y tuvo que dividir la tierra y vender una parte para compensar a la ex mujer. Me dijo que no había visto más al hijo porque se lo tenían prohibido, que fue duro pero que con el tiempo se había acostumbrado. Por ese motivo no había tenido una relación seria con nadie, por temor a que lo metieran preso. Pero el tiempo lo aplaca todo, ella se había casado y vivía en Pinar del Río, bien lejos, él continuaba pagando por el hijo hasta la mayoría de edad.

    Tenía buena relación con Coque, mi gente, se habían conocido en una fiesta de perchero y los dos se habían traído a la casa a un mariconcito al que le estuvieron dando pinga dos días. Desde aquel entonces, de vez en cuando ellos se reunían, que a William y a Lalo los conoció después. Me contó que con Lalo había tenido un amorío, pero que no había cuajado porque a Lalo también le gustaba coger culo y a él no le iba eso. Ya después solamente había tenido singantes esporádicos.

    -¡Me gustaría tener una gente como tú! – me susurró al oído. – No sabej la cantidá de amor que te daría, seríaj feliz conmigo.

    – Yo tengo gente. – le recordé.

    – Tu gente o tu mari´o, como quieraj llamalo, te ha deja´o aquí ¿para qué?- una pregunta bastante incómoda, guardé silencio. – Te ha deja´o para esto. -dijo tocando mi culo lleno con su pinga. – Pa´que te singue.

    Tenía razón, allí me había dejado Coque como si todo lo anterior, todo lo que había dicho de amor y de pareja se hubiera evaporado en el aire.

    – Mira, no te pi´o que dejej a tu negro…, no, no soy celoso en principio…-me besó. – Sé mío, ven de vej en cuando, te necesito…

    Yo guardé silencio, él también aunque siguió moviéndose mientras me tenía abrazado. Estuvimos singando así un rato, en silencio, sin decir nada, solo escuchando nuestra respiración o jadeos, o gemidos de goce. Me volvió a contar que había singado a otros pero que le gustaba yo, mi tipo, que no era una “loquita” de esas que hay por ahí, que le gustaba el tipo de macho que tenía y sobre todo, que cuando daba el culo se me paraba la pinga. Era cierto y a muchos les parecía raro. Sus besos calientes me llenaba la nuca, sentía sus manos agarrarme los hombros, el cuello, el pecho. Más besos y aquel sexo largo y despacio.

    – Ya vej, podemoj singal mucho tiempo…, te voy a tenel así to´o el tiempo que resijtas.

    Era tierno, un amante casi ideal, besaba, lamía, abrazaba y acariciaba o empujaba como un animal sin consideración, a veces gozaba el momento de saberse dueño, macho alfa, dominante. La noche fue larga, estuvimos jugueteando largo rato hasta que me propuso que nos viniéramos para después dormir algo. Yo me vine rápido mientras él me singaba y decía obscenidades, pero a él le costaba trabajo. Le propuse que me singara la boca y que me echara la leche en la garganta. Le gustó aquella idea, le expliqué que tenía que meter toda la pinga y singarme duro sin importarle la baba o los amagos de vomitar que podía provocarme, que no parara hasta echar la última gota de leche. Me puse en posición con la cabeza hacia abajo para facilitar la singada, aquello le pareció gustar porque sentí su pinga más dura. Me costaba trabajo porque casi no me dejaba ni respirar, empezó a moverse y yo a resoplar por la falta de aire y la baba que se me salía y espumeaba. Al rato se detuvo y sacó su pinga chorreante de saliva y babas, para preguntarme si no me iba a ahogar. Cuando me repuse, le expliqué en qué consistía y sobre todo que tenía que darme ese gusto y concentrarse para venirse. Me sonrió, vi en sus ojos el goce por aquella explicación que le había dado y sentirse que era más macho que nadie. Aprendió rápido la lección porque demoró poco para venirse en mi garganta mientras me agarraba la cabeza con fuerza.

    -¡Cojonej, eso sí que me ha gusta´o! – exclamó mientras me ayudaba a incorporarme. – ¡Nunca había hecho esto! Ja…si te vieras esa cara llena de leche y baba… – agregó mordiéndose el labio inferior.

    Yo sentado lo miraba, estaba bueno, era un tronco, su pinga enrojecida le colgaba chorreando baba espumosa y semen. Lo atraje hacia mí y empecé a lamer su pinga con suavidad.

    – ¿Qué? ¿Te quedajte con hambre?

    – No seas tonto, te la estoy limpiando para que te quede bien limpiecita y sin una gota de leche.

    -¡Coño, pero si erej más maricón de lo que pensaba!

    Aquella replica mía, tan estudiada y repetida, sabía que surtiría el efecto deseado. Se me tiró encima besándome, diciendo que me quería, que yo era lo que estaba buscando. William me lo había hecho saber, a los bugarrones les encantaba que el maricón fuera así, bien maricón. Dormimos abrazados con el ventilador delante, ambos satisfechos de aquella noche de locura.

    Nos levantamos algo tarde, besándonos y acariciándonos mucho. Nos gustábamos y era evidente, muy excitados, deseándonos mutuamente. Quise sentarme en su pinga pero me llevó al baño, nos metimos en la ducha y allí sí me clavo su pinga haciéndome soltar quejidos de placer, porque ya no me dolía, lo deseaba, lo esperaba. Se estuvo quieto un rato y comprendí por qué estábamos allí, sentí como me llenaba de algo caliente. Me estaba meando dentro el muy cabrón.

    – ¡Cuándo me despielto lo primero, es mear! ¡Y lo mejol es en tu culo!

    Me dijo con vicio, le gustaba lo que hacía y al parecer tenía maestría en ello. Yo sentía que me reventaba con el orine caliente dentro y su pinga impidiendo que saliera. Empezó a singarme, a moverse, la sensación era muy grande y aunque antes lo había probado, esta vez era más fuerte. De vez en cuando se escapaba algo de orina que corría por mis piernas, la sentía caer caliente y su olor invadía el baño. Luis me singó de un golpe, no se detuvo, no paró hasta que se vino.

    – ¡Uf, eres el mejor! No muchoj aguantan que le meen y se los singuen después!- me dijo mientras me besaba y acariciaba.- Ahora ha´te una paja, no te voy a sacal la pinga hasta que no te vengas.

    No me costó trabajo lograr venirme, estaba tan caliente, me sentía tan bien y tan a su antojo que me vine en nada. Eso le gustó, me besó, sacó su pinga que hacía de tapón y todo salió, por suerte que estábamos en la ducha. Él abrió la ducha y el agua se llevó todo, después me enjabonó, me bañó y sin dejar de mirarme a los ojos. Se veía contento, feliz, enamorado. Desayunamos juntos, él preparó el café, el pan, aunque entre broma me aclaró que si yo fuera su gente, el desayuno lo tendría que hacer yo y no él, pero como era el invitado, hoy no iba a fijarse en ello.

    Después me dijo que me quedara descansando, que tenía que hacer algo, controlar a algunos trabajadores de la finca y que vendría a buscarme a las tres o cuatro horas. Me quedé allí, estuve recogiendo todo, poniendo todo en orden y hasta me eché en la cama a dormir un rato porque estaba cansando de tanto singar. No sé cuánto dormí pero me despertó Luis cuando se acostó a mi lado, me besó.

    – Veo que has recogido to´o, eso me gucta…, has dormi´ó bagtante. Ya son las cinco.

    – Estaba cansado…

    – ¡Bien, puej ejpero que tengas ya fuelzaj! Ven vamos.

    Lo seguí, salimos al portal y cogimos por el jardín hacia la derecha, hacia los establos de los animales. Me contó que haríamos algo que me iba a gustar, entramos al establo, no muy grande. Tenía vacas, terneros y un caballo. Escuhé voces al otro lado de la pared, eran quizá los trabajadores. Abrió uno de los cubículos y sobre la paja había una colchoneta.

    – ¡Confia en mí! Ven…

    – ¿Qué quieres hacer?

    – ¡Ven, papi, ven! Sé que te va a guctar, yo no te haría na malo.

    Me atrajo hacia sí, me abrazó, me besó. Me susurró al oído que me iba a gustar mucho, que solo tenía que hacer los que me gustaba pero que me vendaría los ojos. Vio mi asombro, pero se apuró a calmarme, diciéndome que era solo la venda y que no me ataría. Quería que complaciera a algunos de sus trabajadores.

    – ¿Cuántos son? ¿Por qué la venda?

    – Mira, nene, en el campo ej así…, muchoj no quieren que loj veaj. Así ej mejol, al final me dicej cuántos te han singa´ó ¿no te gucta?- me besó varias veces.- Yo ejtaré aquí, no te preocupej.

    Le dije que sí, me puso la venda y me dijo que no me la quitara, que me acostara boca abajo en la colchoneta o me pusiera en cuatro, que vendrían ahora lo guajiros a darme pinga. Me quedé allí acostado escuchando, sentí pasos y sus susurros. No podía ver cuántos eran pero allí estaban, alguno que otro resopló, escuché que alguien se desabrochaba la hebilla del cinto y alcé mi culo al aire para invitar a ese decidido que estaría desnudándose. Escuché que alguien con voz ronca decía que iban a sortear el primero, seguro que con monedas o con palitos, yo esperaba.

    Sentí una mano ensalivada en mi culo, escupió varias veces y puso su pinga en mi ojete. La metió hasta atrás, yo casi grité. Esto pareció gustarle porque escuché algunas exclamaciones de aprobación. Se agarró a mis caderas y me singó con fuerza, sin detenerse, me singó hasta que se vino, sentí como jadeaba, cómo apretaba sus manos. “Buen culo”, fue lo que dijo al sacar su pinga. Después otro tomó su turno, empujaba y empujaba cuando sentí que alguien pasaba y se ponía de rodillas delante de mí, con su mano me cogió el mentón para llevar su pinga a mi boca. Desde ese momento perdí la cuenta, fue un remolino de sensaciones, por la boca y por el culo, me singaron no sé, pero todos quedaron satisfechos y yo también. No me imagino cuánto tiempo pasamos singando, uno quiso que me pusiera de pie con las manos apoyadas a la pared, la leche me chorreaba por la entre pierna. Ese que me singaba de pie me agarraba el pecho y me llamaba puta, hembra, bicha. Sacó su pinga cuando se vino y unas manos me hicieron acostarme en la colchoneta y poniéndose sobre mí me singó igual, gozando él solo, bueno, quizá era lo que pensaba que el goce era de él solo, pero se olvidaba o no sabía que yo estaba bien así, recibiendo pinga a diestra y siniestra. Alguien se puso delante para que le mamara la pinga, sentí el sabor salado y cierto olor que me indicaba que ya me había singado el culo y ahora seguía con la pinga tan dura como si nada. No me echó el lechazo en la boca, quiso singarme de nuevo, este si lo recordaré porque me singó mucho tiempo, le era difícil venirse dos veces seguidas. Cuando lo consiguió, pues era el final.

    Escuché que se despedían de Luis diciendo “buen culazo”, “ese sí que es maricón” y alguien ya algo lejos le grito “a ver cuándo repetimos”. Luis me dijo.

    – ¡Ya puedej quitalte la venda! – lo hice y cuando me acostumbré a la luz lo vi allí de pie, vestido pero con la pinga parada. – Ya vej, nene, yo no te he singaó todavía.

    Empezó a quitarse la ropa despacio, mirándome con tranquilidad, hasta chiflando alguna canción que no podía identificar. Yo acostado sobre mi espalda, alcé mis piernas y las sostuve con mis manos esperando a que me diera él la última singada. Se acomodó y deslizó su pinga en mi culo singado y chorreante de leche. Cuando quedamos bien unidos, me abrazó, me dio un beso como si quisiera comerme todo, un beso pasional, su lengua entraba en mi boca, los chasquillos inundaron el lugar.

    – ¡Erej mi vida! ¡Coño, pero qué rico estáj, qué rico singaj y cómo te gujtas! ¿Sabej una cosa?

    – ¿Qué, papi?

    – ¡Uf…! mirando cómo te daban pinga esoj guajiroj…, me gujtaj máj…yo estaba ahí, loco, a punto de salltarte encima y singalte, pero me contuve.

    – Pero ya ves, ahora eres tú quien me va a singar último, ¿sabes una cosa?

    – ¿Qué, nene? Dime…, dime…

    -¡Macho, quiero tu leche, quiero que me preñes! – le dije mirándole a los ojos y sosteniendo su cara con la poca fuerza que me quedaba.

    Esa fue la palabra clave para dar comienzo a la pasión, hicimos el amor como unos poseídos. No fue singar, fue hacer el amor entre dos personas que se adoraban. Nos besábamos con fuerza, no dejamos de besarnos, de acariciarnos hasta caer agotados y lograr venirnos a la vez. Nos quedamos allí, abrazados, fundidos el uno con el otro. Yo pensaba qué pasaría cuando viniera mi gente, no sé pero estaba algo confundido. Allí estaba Luis o El Caballo como le decían, dándome cariño, amor y sexo, mi Coque había desaparecido dejándome allí, como si se prestara una cosa o algo. Me había dejado allí no porque yo se lo pidiera o lo deseara, simplemente me dejó allí para que Luis me tuviera.

    Al rato nos vestimos y salimos del establo, yo le dije que quería ir a bañarme pero me dijo que me quedara así, que iríamos a una poceta cercana a bañarnos. Esta vez fuimos a caballo, no queda lejos pero me gustó el paseo, sobre todo porque me hizo sentarme delante de él, sintiendo su respiración en mi nuca. Me hablaba de sí, del campo, de lo duro que era arreglarse con todo. Llegamos al sitio, una poceta que usaban para almacenar el agua para el regadío. Ya caía la noche, el agua estaba fresca y se agradecía después del calor del día.

    Nos bañamos tranquilos, divirtiéndonos y despreocupados de todo. Nos tendimos sobre el suelo de cemento para secarnos, ya casi estaba oscuro aunque la luna alumbraba algo. Regresamos a la casa, por el camino empezó a besarme, a acariciarme.

    Mira, mi nene…, tengo que decilte algo. – no me dejó preguntarle, me besó.- Estaj aquí polque Coque no quiere que ejtéj en el pueblo.

    Aquella confesión me devolvió a la realidad, a ese mundo del que creía haber salido. Me contó que Coque se casaba con una mujer, la novia de hacía tiempo, que la boda había sido ayer y que también estaría el hermano. Al parecer todos estaban al tanto y en complot contra mí.

    Mira, tu me gujta mucho… quiero que seaj mi jeva pero no quiero empezar con una mentira. Te quiero aquí en mi casa para mí… y si te bujco machoj, es pa´dalte gujto, pero seráj mío.

    De nuevo mi vida giraba por completo, me perseguían aquellas aventuras raras. Coque casándose, todo aquello que habíamos vivido era solo un pasatiempo. William se había prestado también para aquella farsa. Luis me contó que no, que la idea de presentarnos había sido de William, al menos William se salió con la suya dejándome en buenas manos. Le dije a Luis que quería irme al pueblo, que quería verlo con mis propios ojos. Me calmó, me dijo que no hiciera ninguna locura y que me olvidara de todo. Que no valía la pena pero que me comprendía.

    ¡Mira, mi vida, te comprendo bien! -me besó- si quierej ilte, te busco un taxi pa´que te lleve. Pero cuando lleguej al pueblo no loj vaj a encontlal…se fuelon de luna de miel.

    No pude saber adónde se habían ido, pero lo sabría. En la casa llamó a alguien que vendría a buscarme y llevarme al pueblo. Me dijo que era una persona de confianza, que le pagaría y que no me preocupara, que no hiciera ninguna locura. Me besaba, me decía que me quería y me preguntaba si volvería. No dejaba de acariciarme, de besarme, me hizo volverme y me bajó el pantalón, ensalivó mi culo y me metió la pinga.

    -¡Quiero que te lleves el culo lleno de mi leche!

    Fue lo que me susurró, yo no estaba muy a gusto porque tenía en la cabeza mil cosas, quizá él lo comprendió y se apuró, vino y me dejó vestirme justo cuando por el camino se vieron las luces del carro que venía a buscarme.

    – Si se me sale tu leche, vendré a porque me des más. – le dije dándole un beso.

    Sabía que le gustaría aquello, porque era un sí, un sí de que vendría a vivir con él. Pero tenía que ir y poner en su lugar a Coque. No era la primera vez que me hacía algo, la primera vez en casa del hermano, me dejó. Me fui, Luis me dijo que me esperaría.